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La “fatwa” bolivariana por Xavier Velasco – Milenio – 23 de Junio 2018

Hay libros que dan miedo, y éste es de esos. Más que sobre política y políticos, tiene que ver con crímenes en tal modo escandalosos, y no obstante secretos, que pasan fácilmente por delirios. Pero ahí están los datos, los testigos, las fechas y registros que han hecho de la larga investigación una auténtica bomba de papel, donde narcotráfico, terrorismo, latrocinio, tiranía y asesinato son cosa cotidiana para sus tenebrosos protagonistas: malandros con poder y buena prensa cuyos alcances son tan incalculables como el dinero sucio y ensangrentado que cada día pasa por sus manos.

El brasileño Leonardo Coutinho es uno de esos periodistas atrevidos y duros cuya supervivencia se antoja prodigiosa. Luego de varios años entregado a la investigación de crímenes de Estado en las modalidades de terrorismo y narcotráfico, el reportero y editor de la revista Veja ha reunido en un libro inenarrable los hallazgos bastantes para situarlo entre el horror y el thriller. Editado en Brasil bajo el título de Hugo Chávez, el espectro, el ancho reportaje de Coutinho es a un tiempo increíble y verosímil, chusco y escalofriante; tanto así que los hechos y dichos que relata pecarían de absurdos en una buena novela de espías, pero una vez reunidos adquieren un sentido siniestro y elocuente.

A lo largo de tres años de pérdidas, el vuelo 3006 de Conviasa e Irán Air —primero semanal, más tarde quincenal— conectó las ciudades de Teherán, Damasco y Caracas. Nunca iba el avión lleno de pasajeros, y si bien los boletos se ofrecían a la venta, éstos sólo se hacían disponibles por intercesión gubernamental. Apodada “Aeroterror” por varios de sus mismos operadores, la ruta cumplía funciones tan poco turísticas como el transporte de armas, dinero, militares, terroristas y eventualmente drogas entre Irán y Venezuela, regímenes hermanos ante el mundo.

Parecería un chisme amarillista, pero su larga cola lo hace apenas otro síntoma insólito de la complicidad documentada entre los dos gobiernos, por motivos profundos que Coutinho rastrea sistemáticamente hasta pintar un fresco entre hilarante y estremecedor. ¿Qué pensar de las “fábricas de cemento” en Venezuela, teóricamente binacionales pero celosamente administradas y custodiadas sólo por iraníes, de donde nadie vio salir ni entrar cemento? ¿Y aquella mina de oro adjunta a un yacimiento de uranio enriquecido, protegida asimismo por oficiales persas e inaccesible para nadie más? ¿Era Hugo Chávez el primer valedor de Cristina Kirchner, o apenas un atento intermediario entre ayatollahs y neoperonistas, en el nombre de cierto programa nuclear inmencionable?

Pocas licencias son tan auspiciosas como las que se otorgan los protagonistas de El espectro. Si parece incongruente la imagen de un clérigo islamista traficando con drogas, una fatwa lanzada hace treinta años por Mohammad Hussein Fadlallah, señalado gurú de Hezbolá, hace polvo las dudas al respecto: “Producimos drogas para Satanás, que son Estados Unidos y los judíos. Si no podemos matarlos con armas, los vamos a matar con drogas”. A partir de coartada tan oportuna, no precisaba ya el sumo socialista del siglo XXI más que acercar un poco a sus amistades. ¿O es que unos luchadores de su calibre serían tan ingratos para dejar colgados de la brocha a los buenos amigos de las FARC? Y ya entrados en gastos, ¿por qué no trabajar todos unidos, en nombre de principios tan ínclitos y prístinos que unos cerros de coca, unos litros de sangre y un diluvio de dólares nunca podrían manchar?

“Chávez derribó la frontera entre su país y el narcoterrorismo”, escribe Coutinho, e ilustra con ejemplos tan conspicuos como los 173 cambios de identidad fabricados por el gobierno venezolano a terroristas islámicos, que a partir de ahí viajaban por el resto de América Latina sin ser importunados por la Interpol. Nada del otro mundo, tras el relato de Pablo Escobar visitando a los Castro a domicilio y durmiendo en la casa donde diez años antes pernoctó Leonid Brézhnev. Según las oficiosas pesquisas de Coutinho, de este lado del charco la fatwa la dictó el mismo Fidel Castro, impulsor y creyente de la “guerra asimétrica” que faculta al rebelde para hacerse maleante sin restar galanura a su plumaje.

Ya entrados en tirar barreras y fronteras, cuenta el autor que Chávez, Cabello, Maduro y el resto de la banda bolivariana no escatimaron bríos para impulsar la agenda de sus leales, y ello incluiría el envío de tropas de asalto y armas a Bolivia, así como el ingreso de Evo y los suyos en el negocio del tráfico de coca, valiéndose de aviones y bases militares, con algunos difuntos de por medio —uno de ellos, muy bien documentado, el suicidio asistido del fiscal Nisman— y la amable miopía de los gobiernos de Lula y Dilma.

Y así hasta nuestros días: el thriller negro de Leonardo Coutinho (“una fantasía sin credibilidad”, han coincidido ya, sin otra explicación, algunos entre sus protagonistas) se extiende hasta el inicio de 2018. Lo único hasta hoy inexplicable, dado el calibre usual de tantos años lleva divulgando, es que el propio Coutinho siga aún con vida, habidas tantas fatwas en su contra.

Otro gorila se reelige en la salvaje amazonia por César Indiano – La Patilla – 25 de Mayo 2018

unnamed-7Latinoamérica es una subregión políticamente perdida y malograda. Todo esto dio comienzo en 1998 cuando un gorila venezolano engatusó a los electores diciéndoles que traería para Venezuela y para América Latina “una revolución sin armas”, es decir, una revolución de gallinas que consiste en montar farsas electorales, en convertir a los militares en sicarios de sus propios paisanos y en burlarse de las instituciones establecidas las veces que sean necesarias con tal de mantener incólume “un altar socialista para venerar a una bestia”.

Cuando en 1998 los venezolanos salieron en masa a votar por aquel proyecto político depravado no sabían, los pobres, que estaban labrando las estacas de su propia perdición. Fue cosa de años para que se revelaran las verdaderas intenciones del primer mandamás que perifoneaba insultos contra el mundo entero mientras suprimía – de forma metódica – las libertades básicas del comercio, de la convivencia y de la propiedad privada en su propia nación. Venezuela había caído en la trampa política más brutal de su historia.

Todo “plan socialista” siempre ha tenido dos objetivos estrictos, uno, robarle los bienes a las personas prósperas y dos, quitar de los cargos públicos a los individuos honorables para colocar en su lugar a una trulla de cretinos. Lo curioso es que a partir de 1998 estos atracadores vestidos de redentores, descubrieron que pueden lograr estos nefastos objetivos sin necesidad de derramar tanta sangre y sin necesidad de fatigarse inútilmente en guerrillas de montaña.

Los socialistas del Siglo XXI simplemente idearon un modelo de emboscaba para inmovilizar a las frágiles democracias de América Latina y digamos que les ha ido muy bien. Con la muerte del Gorila I el 28 de diciembre del 2012 a las 4 am de un paro respiratorio, las riendas de este proyecto ignominioso quedaron en manos del Gorila II, Nicolás Maduro. Leer más de esta entrada

AMLO y el Hoplias Malabaricus por Ibsen Martínez – El País – 1 de Mayo 2018

UnknownSé muy bien que señalar semejanzas entre AMLO y el Robin Hood de Sabaneta [Hugo Chávez] disgusta mucho a mis panas mexicanos de la barra de Morena

Que mis amigos mexicanos me saquen de dudas: me pregunto si el peje tan mentado que presta apodo a Andrés Manuel López Obrador no será, por casualidad, el mismo animalito de branquia y escama que aquí abajo llamamos guabina.

La guabina que conozco es pez de río y en los afluentes llaneros del Orinoco llegan a cobrarse ejemplares de hasta cinco kilos. No es pez de raudal; se encuentra mucho más a gusto en los rebalses. Su nombre técnico es hoplias malabaricus.

Siempre creí, en mi ignorancia, que lo llamaron así porque el mucílago que cubre sus escamas dificulta manipularlo al sacarlo del agua. Se pone escurridizo y obliga al pescador a hacer malabares para que no escape. Pues no: el hoplias se apellida malabaricus porque el primero que avistaron y describieron, allá por el siglo XVIII, vivía en un río de la región de Malabar, en la India.

Una vez me invitaron a pescar ¡en kayak! las guabinas que se crían en la represa de Cabuy, cerca de Nirgua, en el estado Yaracuy. Por eso me consta que es tan voraz y omnívoro que ataca enérgicamente casi cualquier carnada. Como en la vida siempre he preferido mirar desde la orilla me perdí la experiencia del kayakismo, mas no la pitanza que prepararon y brindaron los pescadores.

La verdad, aquella guabina, con ser de carne tan apreciada y a pesar de lo bien aderezada y cocida a la fricandó, me supo a tilapia de supermercado, con un retrosabor tan cenagoso que no, mil gracias.

El diccionario de la Real Academia, valgan lo que valieren sus saberes, imparte de guabina una acepción cubana : persona que, interesadamente y con frecuencia, cambia de parecer o de filiación política, o que se abstiene de tomar partido. En Venezuela, añade el libro gordo, llamamos guabina a quien sabe hurtar el cuerpo cuando pretenden emplazarlo en el curso de un debate. Es la acepción que interesa hoy a esta columna con que llego a tiempo de participar en el juego de salón venezolano favorito de la temporada. Consiste en hallar parecidos entre Andrés Manuel López Obrados y Hugo Chávez.

Miré de punta a cabo el debate entre los candidatos presidenciales mexicanos y, sin que me quede nada por dentro, sostengo que el ganador indiscutible fue López Obrador pero que, como guabina, Chávez era, libra por libra, muy superior al candidato de Morena.

Allí donde AMLO no mostró más recursos que sentarse bovinamente en la soga y desgranar resbaladizos tópicos redistributivos, Chávez habría valseado, de campanazo a campanazo, con los golpes telegrafiados por Anaya y las simplonas puyitas de Meade, lanzando jabs en retroceso, como Carlos Monzón, haciendo sidesteps y pegándolos todos sin parar de hablar basura antiimperialista, indigenista y bolivariana.

Pero ahí cesan las diferencias: en casi todo lo que se alcanza a ver desde aquí abajo, el comandante eterno y el peje tabasqueño me son absolutamente indistinguibles.

Sé muy bien que señalar semejanzas entre AMLO y el Robin Hood de Sabaneta disgusta mucho a mis panas mexicanos de la barra de Morena. A mí también me repugnaban en un tiempo las comparaciones por aquello de que suelen más bien oscurecer que iluminar. Pero me he convencido de que los populismos de última generación latinoamericana, con ser proteicos y polimorfos, terminan, extraña e insidiosamente, por ser idénticos en su perversidad. Esto se hará más y más patente cuanto más cerca se esté de las elecciones mexicanas y colombianas.

Me basta escuchar a AMLO decir lo que piensa hacer con Pemex o con el avión presidencial para que me ataque el déjà vu.

Chávez decía, en plan candidato, que para qué tanto avión. Ya en plan presidente electo, nuestro peje sacó a la venta la flotilla de Pdvsa y remató el presidencial. Al rato, urgido por su misión de revolucionario trotamundos, encargó un avionazo para ir a sus cumbres con Putin, Lukashenko, Gadafi, Teodoro Obiang, Lula, Evo Morales y Ahmadinejad. No te cuento las coimas que corrieron cuando hubo que dotar de nuevos aviones a la petrolera estatal.

Me dicen, y ahora lo recuerdo, que AMLO no es muy amigo de viajar fuera de México. Ahí si me agarraron; ahí puede que haya una diferencia.

 

Detenidos en Madrid la enfermera y el jefe de seguridad de Chavez por J.M.Zuloaga – La Razón – 26 de Abril 2018

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Agentes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) se incautaron ayer, en el domicilio madrileño de los súbditos venezolanos Adrián José Velásquez Figueroa y Claudia Patricia Díaz Guillén, de una caja fuerte con abundante documentación, según han informado a LA RAZÓN fuentes de la investigación.

Ambos fueron detenidos por orden de la Audiencia Nacional que respondía a una requisitoria de las autoridades venezolanas. Adrián José Velásquez Figueroa y Claudia Patricia Díaz Guillén fueron, respectivamente, jefe de seguridad y enfermera personal del fallecido presidente venezolano Hugo Chavez.

Una vez sean analizados los documentos encontrados se realizará un informe para que sea incorporado a la causa. Lo que estarían buscando los agentes serían movimientos de dinero relacionados con los «Papeles de Panamá», en los que, al parecer, aparecieron los nombres de los arrestados. Además se les acusa también de una posible apropiación indebida de capitales. En cualquier caso, las fuentes informantes subrayaron que la Policía española no sabía nada de este asunto y que actúa en función de la requisitoria de la Justicia venezolana.

El abogado de los detenidos, Manuel S. Varela, ha atribuido su arresto a la búsqueda de «chivos expiatorios» por parte del régimen venezolano «para distraer a la gente de la miseria que está viviendo el pueblo» de ese país.

El fiscal general de Venezuela, Tarek Saab, informó de esta detención a través de Twitter el pasado 10 de abril, y dijo que se debía al caso de los llamados «Papeles de Panamá». Finalmente, los arrestos no se produjeron hasta ayer.

Tanto Guillén como Velásquez Figueroa, marido y mujer, están señalados en la investigación de los «Papeles de Panamá» por supuestamente haber recibido ayuda del bufete panameño Mossack Fonseca para «blindar» una fortuna no declarada, informa Efe. Esta misma investigación ubica a la pareja como personas muy cercanas a la primera magistratura, a Guillen como enfermera de Chávez y ex tesorera de la nación y a su esposo como jefe de seguridad del fallecido jefe de Estado.

En un comunicado difundido a partir de la detención, la defensa de Guillén y Velásquez afirma que sus clientes «llevan años perseguidos por el régimen venezolano» y «han visto sus familiares detenidos sin cargos, y sin la habilidad de consultar abogados o acceder a un debido proceso legal».

 

“Maduro está más cerca de Pinochet que de Allende” por Silvia Ayuso – El País – 10 de Abril 2018

El escritor venezolano presenta en París su novela de más éxito, Patria o Muerte (Premio Tusquets 2015)
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Alberto Barrera Tyskza (Caracas, 1960) ha cambiado por unos días las calles de México, donde reside desde que tuvo que marcharse de Venezuela, por las de París, para promocionar la salida en francés de su novela de más éxito, Patria o Muerte (Premio Tusquets 2015). Pero el escritor que supo retratar todo un país a través de la enfermedad y muerte de Hugo Chávez no se siente con fuerzas para escribir una segunda parte retomando la historia con la elección de Nicolás Maduro y la vertiginosa crisis sin fondo en que parece sumida Venezuela. “En este momento, la tragedia es tan impactante que no permite una elaboración literaria”, lamenta. “Vas por la calle y ves gente recogiendo basura o que se muere porque no tiene insumos médicos. Eso tarda mucho en que se pueda volver literatura. Ahora es solo tragedia”.

Pregunta. ¿Cómo se cuenta hoy Venezuela?

Respuesta. Tampoco sé yo cómo se contaría hoy, es difícil. No era fácil predecir lo que iba a pasar después de la muerte de Chávez y, de hecho, creo que mucha gente pensó que Maduro no iba a durar tanto. Pero con el paso del tiempo ha resultado ser alguien capaz de ir quitándose los enemigos internos, y se ha afincado en el poder. Ha ejercido la represión como nadie nunca pensó, de una manera salvaje y muy fuerte, y se mantiene atornillándose cada vez más ahí, concentrando más poder y soportando incluso la falta de legitimidad internacional, sin ningún reparo.

P. ¿Cree que se le subestimó?

R. No sé ni siquiera si él quiere estar todavía ahí, o si en más de un momento se ha dicho: “Ya no me quiero hacer más cargo y quiero esconderme de la historia”; y no puede o no lo dejan. Él también representa un poder que pueden ser los cubanos, o los militares, o ambos. Es impresionante el poder que Maduro ha dado a los militares, ha militarizado a la sociedad más que Chávez, que era militar. Si uno piensa en términos de la izquierda latinoamericana, Maduro está mucho más cerca de [el dictador chileno Augusto] Pinochet que de Salvador Allende.

P. ¿Pueden cambiar algo las elecciones de mayo?

R. No creo. Lo que busca Maduro es legitimidad, así sea artificial, la posibilidad de invocar un proceso electoral, aunque demasiados países no lo reconozcan. Pero eso no soluciona la crisis.

P. En la época en que se sitúa Los últimos días del Comandante parecía imposible en Venezuela no hablar de política. ¿Cómo es ahora?

R. Hoy el tema fundamental es la economía, y eso es un éxito del oficialismo, porque es una forma de control, la gente no habla de política sino de dónde va a conseguir la comida, en qué precio están… Las discusiones se han reducido a un tema: sobrevivir.

P. Escribió la biografía Hugo Chávez sin uniforme y una novela. ¿Siente fascinación por él?

R. Es un personaje que determina demasiado en la vida de los venezolanos, en mi generación. Entender a Chávez es también entender al país; Chávez no existe solo, el líder carismático necesita carismados, hay que preguntarse qué pasó, qué país es ese, qué somos los venezolanos para que se produjera un fenómeno como Chávez, y ahora estamos en esta voltereta en la que hemos perdido 20 años. Tenemos un país arruinado, una sociedad dividida y diezmada. Ya nuestra idea de país es totalmente distinta y por lo tanto nuestra idea de futuro, cada uno tiene un hermano, un hijo repartido por algún lado…. y tu idea de cómo vas a envejecer y morir cambió. Este personaje, este Chávez que refunda el caudillismo en Venezuela y que es caudillo militar, hombre mediático, showman petrolero y religioso, me parece muy interesante, sigue siendo una parte lamentable de la tradición latinoamericana.

P. ¿Y Maduro?

R. Siempre sentí que su tarea, en una buena parte, era proteger la imagen de Chávez. Y lo ha logrado. Se ha hecho cargo de la tragedia, devotamente está asumiendo esa carga, quedando mal ante la historia, pero lo está haciendo. Creo que hay una decisión de salvar a Chávez de esta crisis, de no asociarlo. Maduro es como un sacerdote que hace el trabajo sucio y se sacrifica por Chávez. Y hasta ahora, uno puede decir lo que sea, pero ahí se mantiene.

P. ¿Cómo pasarán a la historia Chávez y Maduro?

R. Me figuro que pasarán a la historia, pero es muy temprano, no sabemos quién podrá contar la historia. Uno de los grandes trabajos ahora es ver cómo queda una memoria, unos testimonios de todo esto. Es interesante que de las manifestaciones de 2014 queden muy pocos registros, y muchos de los que estaban en las redes fueron borrados. La memoria histórica es fundamental.

P. En el futuro, ¿Maduro tendrá su novela propia?

R. No la escribiré yo, no creo.

 

La paja, el trigo y Henri Falcón por Ibsen Martínez – El País – 21 de Marzo 2018

UnknownEl candidato es remedo imperfecto del Chávez que en 1997 aseguraba no ser comunista

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha servido de una figura de los Evangelios para advertir que la candidatura presidencial de Henri Falcón es instrumento de la dictadura de Maduro. “Habíamos pedido a la oposición venezolana que separara la paja del trigo”, ha dicho Almagro, “y Falcón es la paja que se ha separado sola”.

Temí por un instante que Falcón respondiese con algo sobre la paja en el ojo ajeno y la viga en el tuyo. Sucede que Falcón imposta grotescamente los gestos del telepredicador aficionado a las locuciones bíblicas que fue Hugo Chávez. El maestre técnico de tercera Henri Falcón es, al fin, vástago político de Chávez.

Un vistazo a YouTube y apreciará usted cómo Falcón intenta desplegar en público la misma gestual, el tono de voz, las pausas y giros suasorios de quien fue su comandante la noche en que juntos salieron a matar inocentes para derrocar un Gobierno legítimo.

El parecido de Falcón con Chávez pudiera no ser cosa estudiada y emane, más bien, de algo interior sumamente genuino: la metempsicosis, vulgo reencarnación. Ante un micrófono, el mismo tic con que el “presidente eterno” solía sorber mocos en mitad de una frase nos remite, en Falcón, al Chávez preelectoral que en 1998 aseguraba a Jorge Ramos no ser comunista y valorar el papel de la empresa privada. Falcón no ha sido, por cierto, el único político de oposición venezolano que condena las declaraciones del secretario general de la OEA sobre la sangrienta tragicomedia electoral que tantas muertes, prisiones y éxodo ha precipitado desde 2014.

“Almagro no ayuda”, afirmó tersamente, hace solo semanas, Henry Ramos Allup, expresidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), al criticar la incansable gestión del secretario general en pro de la restauración de la democracia en Venezuela.

Desazona a estas alturas ver una nutrida fracción de sedicentes políticos de oposición, algunos de ellos promotores del llamado Frente Amplio (esa operación de rebranding de la MUD, como la llama Héctor Schamis), fingir ver en Falcón un puente hacia la democracia y la convivencia ciudadana.

Aunque sus dichos alimentan la general suspicacia de que los tiene por paniaguados de Nicolás Maduro, han tenido eco en el gremio opinador de tuiteros, columnistas y hasta en la aceitosa subespecie de los demoscopas anfibológicos, esos hablantinosos del tipo “si bien es cierto, no es menos cierto”.

Todos se han ido moviendo hacia un sibilino consenso según el cual las elecciones convocadas por Maduro son, ciertamente, una invitación al degüello, pero que, en aras de restituir al voto su calidad de arma absoluta, conviene acudir y ofrecer el pescuezo a la cuchilla. Según estos fundamentalistas del voto a cualquier precio, no hay que sobrevalorar el papel de la comunidad internacional porque donde se bate el cobre es en Venezuela, no en Bruselas ni en los despachos de la OEA.

Vistas así las cosas, se arguye, no debería perderse de vista que Falcón es un disidente del chavismo; en el peor de los casos es un chavista light. Y que, al fin y al cabo, fue jefe de campaña presidencial de Henrique Capriles. El argumento de fondo en favor de votar masivamente por Falcón es el ya manido de que un gran volumen de votos puede derrotar el fraude. Acaso tengan razón los falconistas y yo sea un inactual impolítico, pero aborrezco la idea de seis años más de dictadura y pienso, con Almagro, que eso es todo lo que logrará apuntalar quien participe en la farsa electoral.

Prefiero dejarme aconsejar por lo que veo en YouTube: un militar exgolpista, de taimado traje y corbata, remedo imperfecto de Hugo Chávez.

 

Unos sufren y otros celebran 5 años sin Chávez por Sonia Domínguez Ramírez – Yo influyo – 5 de Marzo 2018

Este lunes se conmemora el quinto aniversario de la muerte de Hugo Chávez, el controvertido presidente venezolano quien instauró el socialismo en su país y que, a decir de su sucesor, Nicolás Maduro, se destacó por su lucha en “la Revolución Bolivariana por rescatar el amor a la Patria, y defender la soberanía de la nación frente a los ataques de sectores imperialistas”.

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El rostro de Venezuela se ha transformado dramática y radicalmente desde que 1998 Chávez llegó por primera vez a la presidencia, la cual solo dejó a causa de su deceso después de haber sido mandatario por seis veces de manera consecutiva.

Hoy para nadie es indiferente la figura de Chávez, mientras algunos lo laurean otros lo señalan como el personaje que sembró la desgracia para los venezolanos.

Entre contrastes

Ante la carencia de datos oficiales, la Universidad Simón Bolívar (USB), la Central de Venezuela (UCV) y la Católica Andrés Bello (UCAB) se dieron a la tarea de realiza un estudio a nivel nacional para conocer cómo vivían los venezolanos, es así que de acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (ENCOVI 2017), en donde se desprendió el dato de que entre 2015 y 2017 aumentó en 10 puntos porcentuales el empeoramiento de la calidad de vida de las personas, no solo en lo que se refiere a la pérdida del poder de compra, sino en lo que concierne a las dimensiones más estructurales de los hogares.

Después del ingreso, la precariedad de los servicios a la vivienda, las condiciones de la vivienda y el empleo, así como la protección social son las principales causas de la pobreza que se padece en el país.

De acuerdo al ENCOVI 2017, de 2014 a 2017 se presentó un incremento de beneficiarios de Misiones Sociales ya que aumentó de 8.3 a 42.8 el porcentaje de personas que reciben ayuda por parte del estado, sin embargo las misiones pasaron a ser una bolsa o caja de comida que está vinculada al Carnet de la Patria.

El gobierno venezolano ofrece a la población productos de primera necesidad a través de las cajas o bolsas de CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción) la cual tiene un costo de 25 mil bolívares y contiene cuatro kilos de arroz, 10 de pasta, un litro de aceite, seis latas de atún, 2 salsas de tomate, 1 mayonesa, dos kilos de lenteja, dos de caraotas, uno de azúcar, medio kilo de leche y dos harinas de maíz.

La encuesta señala que la frecuencia de recepción de las bosas/cajas CLAP es discrecional. Poco más de la mitad de los hogares beneficiarios no la reciben periódicamente, porcentaje que aumenta al 69% en las ciudades pequeñas y caseríos.

Mientras esta es la realidad día a día en Venezuela, en varias partes del mundo aplauden este legado dejado por Hugo Chávez.

Hoy da cuenta la Agencia Venezolana de Noticias que a cinco años de la desaparición de Chávez, el presidente ruso, Vladimir Putin, junto a su pueblo y miembros de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) se sumaron a los actos conmemorativos con ofrendas florales, expresaron su respeto al líder bolivariano y ratificaron los lazos de amistad entre ambas naciones.

Mientras que en Hong Kong, la comunidad chino-venezolana junto a estudiantes presentaron el libro Testimonios gráficos del comandante Hugo Chávez en la República Popular China, a un lustro de su pase a la inmortalidad.

Y por otra parte, el pueblo Ziortza Bolibar, municipio de la provincia de Vizcaya, del país Vasco, un grupo de militantes también rindió homenaje al Libertador Simón Bolívar y expresó su solidaridad con Venezuela ante las arremetidas de la derecha contra el pueblo y el Gobierno Bolivariano. Estas actividades contaron con la presencia del viceministro de Relaciones Exteriores para Europa, Yván Gil.

 

 

Miseria y dictadura, el legado de Hugo Chávez por Ludmila Vinogradoff – ABC – 5 de Marzo 2018

Se cumplen cinco años de su muerte y Maduro la conmemora con una purga militar

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Hoy se cumplen cinco años de la fecha oficial de la muerte de Hugo Chávez. Para conmemorarlo, su heredero, Nicolás Maduro, ha preparado una reunión de la Alianza Bolivariana (Alba), con participación de Evo Morales, para apoyar su reelección el 20 de mayo.

Chávez fue un teniente coronel del Ejército que logró 15 minutos de fama con su expresión «por ahora», cuando el 4 de febrero de 1992 dio un golpe de Estado frustrado contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Su asonada militar le sirvió para lanzarse como candidato en 1998 y ganar la presidencia de Venezuela, que con astucia y la bonanza petrolera le permitieron perpetuarse en el poder hasta que el cáncer lo venció en 2013.

Antes de morir entregó el país a Maduro, quien aplicó su «Plan de Patria», cuyos resultados se traducen en la miseria y destrucción que ha sufrido el país más rico de la región en estos cinco años, además de una deriva dictatorial que pretende perpetuar con una llamada a las urnas sin las garantías mínimas para la oposición.

El régimen ha puesto al sector castrense al frente de la economía, las finanzas, la producción de Petróleos de Venezuela y el Arco Minero. Pero la exaltación entre el oficialismo al que aún se venera como «comandante eterno» contrasta con las medidas represivas para aplastar posibles rebeliones y descontento en los cuarteles. Este sábado se publicó un decreto que degrada y expulsa de la Fuerza Armada a 24 altos oficiales, entre ellos el vicealmirante en el exilio Mario Iván Carratú Molina, el exministro de Defensa Raúl Baduel y el capitán Juan Cagaripano, estos dos últimos presos. En total, hay 137 militares privados de libertad y acusados de rebelión y traición a la patria, según la periodista Sebastiana Barráez. Se suman a los 240 presos políticos civiles, según el Foro Penal Venezolano. En los cuarteles los soldados se sienten vigilados hasta en su sombra por el G-2 cubano.

En el plano social, la severa crisis económica ha impulsado un éxodo de más de cuatro millones de venezolanos por hambre, inseguridad y falta de empleo. Más del 60% de los jóvenes quiere abandonar el país para buscar trabajo en otro sitio y enviar algo a sus familiares e hijos pequeños que se quedaron.

Celebración bolivariana

El legado de Chávez se traduce en miseria y hambruna con una inflación de 2.700% en 2017 y de 13.000% para 2018 y una caída en la economía de 15% del PIB, la hiperinflación está desesperando y matando de hambre a los venezolanos. Los precios tienen menos de 24 horas de duración. Solo quedan activas unas 2.300 empresas de 260.000 empresas que había cuando Chávez tomó el poder.

La reelección de Maduro significa continuar o empeorar en esa línea y el boliviano Evo Morales ha venido a apoyarlo y recibir otro tanto del venezolano para su campaña en el altiplano andino. Hay un intercambio de apoyos para continuar en el poder.

Hell of a fiesta by Enrique Krauze – The New York Review of Books – 8 de Febrero 2018

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In the spring of 2017, and all through the year, social media feeds in Venezuela were filled with images of deprivation and despair: long lines of people hoping to purchase food; women fighting over a stick of butter; mothers who could not find milk to buy; children picking through garbage in search of something to eat; empty shelves in pharmacies and stores; hospitals without stretchers, drugs, or minimum levels of hygiene; doctors operating on a patient by the light of a cell phone; women giving birth outside of hospitals. Venezuela’s economy, the economist Ricardo Hausmann wrote in a recent study, is suffering a collapse that is “unprecedented” in the Western world.1 Between 2013 and 2017 the country’s national and per capita GDPs contracted more severely than those of the US did during the Great Depression and more than those of Russia, Cuba, and Albania did after the fall of communism.

Krauze-1-030818.jpgThis is a humanitarian crisis of immense proportions. By May 2017, Venezuela’s minimum monthly wage wasn’t enough to meet even 12 percent of a single person’s basic food needs.2 A survey of 6,500 households by three prestigious universities showed that 74 percent of the population had lost on average nineteen pounds in 2016. Infant mortality in hospitals has risen by 100 percent. Diseases nearly eradicated in many countries, like malaria and diphtheria, have flourished; illnesses largely new to the area, like Chikungunya, Zika, and dengue, have spread. Caracas is now the most dangerous city on the planet. All this is happening in a country that has one of the largest oil reserves in the world.

None of the present crises seemed likely in 2007 and 2008, when I made a number of visits to Venezuela. Caracas was seen as the new Mecca for the European, Latin American, and American left. Progressive news organizations, magazines, and newspapers including The Guardian, The New Yorker, and the BBC reported favorably on Hugo Chávez, whose presidency lasted from 1999 until 2013. They mentioned the dangers of his cult of personality but yielded to it all the same. Chávez, as the writer Alma Guillermoprieto succinctly noted in these pages, was “indisputably fascinating, and often even endearing.”3 Leer más de esta entrada

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