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Una inyección de honestidad para Venezuela por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 10 de Febrero 2019

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Por 20 años Venezuela ha estado sometida a un régimen de terror caracterizado por la deshonestidad. ¿Cómo se ha manifestado esa honestidad? En promesas hechas al pueblo que fueron incumplidas, no por imposibilidad de cumplirlas sino por falta de honestidad para hacerlo.
Ejemplo 1: Chávez prometió terminar con la pobreza. Cuando, después de doce años tuvo que abandonar el poder por fallecimiento (porque si no hubiera fallecido todavía estaría allí), los venezolanos eran más pobres que antes, a pesar de un ingreso nacional durante esa etapa de más de un millón de millones de dólares. ¿Era imposible cumplir con esa promesa? No. El incumplimiento fue debido a que las prioridades de Chávez no incluían la eliminación de la pobreza sino la consolidación de su poder. En sus momentos de candor él y sus colaboradores siempre admitieron que la superación de la pobreza era incompatible con la consolidación de su poder, porque un país liberado de la pobreza no los seguiría escuchando. El incumplimiento de la promesa de eliminación de la pobreza fue un producto de su deshonestidad.
Ejemplo 2: Chávez y sus cómplices a lo Ramírez Carreño hablaron de una empresa petrolera de naturaleza “social”, de una nueva y mejor nacionalización del petróleo y de una soberanía petrolera, para remplazar lo que ellos llamaban la entrega  de la industria petrolera venezolana al capital internacional por parte de los gobiernos anteriores. Desde que comenzaron a actuar bajo ese lineamiento la industria petrolera venezolana se vino a pique, perdiendo casi dos millones de barriles diarios de producción, con PDVSA sujeta a un saqueo ya muy bien documentado por parte de una pandilla de malhechores, llevando a la industria petrolera nacional a la ruina y convirtiendo a PDVSA en el hazmerreír de la comunidad petrolera internacional. ¿Es que era imposible actuar de otra manera? Por supuesto que no. Hubieran podido actuar honestamente pero prefirieron utilizar el ingreso petrolero para engordar a sus seguidores, aumentando la nómina de PDVSA de 40.000 a 150.000 empleados, dando contratos fraudulentos a sus familiares y amigos, falsificando índices operacionales y regalando el petróleo a sus amos cubanos y a sus amigos nicaragüenses. Prefirieron endeudarse con los chinos y con los rusos, quienes ahora exigen pago. Pretenden achacarle todos estos males a la “agresión externa”. Este fracaso ha sido un producto de la deshonestidad del chavismo/madurismo. 
   
Hay muchos otros ejemplos cuya extensión no cabría en este escrito. Lo importante ahora es barrer esta basura, fumigar estos excrementos, desinfectar el podrido ambiente que ha prevalecido alrededor del poder político venezolano y emprender el camino de la verdadera redención. Para lograr emprender este camino es preciso ir con la honestidad por delante. Y la honestidad debe tener tolerancia cero. No hay tal cosa como ser “razonablemente” honesto. La honestidad es una preñez moral y nadie puede estar moralmente medio preñado. O se es honesto o no se es.
Por ello no logro comprender los intentos de grupos venezolanos y actores externos quienes abogan por un diálogo, por una transacción, por una “reconciliación”, a fin de resolver –según ellos – la tragedia venezolana, olvidando el componente ético esencial y cultivando un relativismo moral que, de imperar,  aseguraría el regreso de los bandidos al cabo de pocos años, amparados en sus dineros mal habidos, confiados en la capacidad casi infinita de olvido que tienen las grandes masas.
Uno oye o lee a Eduardo Fernández, Claudio Fermín, Leopoldo Puchi,  Simón García, Luis Vicente León, José Antonio Gil Yépez, Marcos Polesel, Oscar Schemel, Jesús Seguías, Timoteo Zambrano, José Luis Zapatero, Manuel Rosales, Henri Falcón y su grupo, Enrique Ochoa Antich, a algunos intelectuales estadounidenses, a Andrés López Obrador,  José Mujica, a Bernie Sanders y algunos otros promover un arreglo con los bandidos que han robado, asesinado, reprimido y entregado la soberanía venezolana a los cubanos y tiene que preguntarse cuáles son las razones que los animan para plantear este camino de “solución” a los venezolanos. Se dice que ello debe ser así a fin de evitar derramamiento de sangre inocente.  Y uno piensa: ¿Es que las miles de víctimas de la satrapía chavista de estos últimos 20 años no cuentan? ¿Hasta cuándo vamos a sacrificar la honestidad intelectual en aras del pragmatismo? Yo quisiera escuchar los argumentos de quienes hoy oxigenan al narco-régimen de Nicolás Maduro en nombre de la concordia y la reconciliación. 
 
Tengo la convicción de que el país requiere una inyección masiva y universal de honestidad. Honestidad para vernos al espejo tal y como somos. Honestidad para reconocer que debemos adoptar cambios actitudinales radicales a fin de sobrevivir como sociedad viable en un futuro cada vez más exigente. Honestidad para saber cuáles son nuestras fortalezas reales y nuestras reales debilidades. Honestidad para estar conscientes de que no somos ni una potencia ni la borra de la humanidad, sino que somos un país de mediano tamaño, con cualidades y debilidades que debemos reconocer, las unas para sentirnos orgullosos, las otras para remediarlas con nuestro esfuerzo.
Honestidad significa despertar de ese sueño donde nos imaginamos dueños del universo, a fin de enfrentar nuestra realidad de país modesto, pero con potencial para ser parte de la humanidad que camina hacia adelante. Esa inyección masiva de honestidad requerida para Venezuela deberá tener un componente significativo de Educación Ciudadana. Consistirá en crear una masa crítica de ciudadanos para remplazar mucho de nuestro gentío. Esos planes ya existen.  Cuando los ejecutemos y podamos tener una masa crítica de ciudadanos encontraremos que el país será inmune a las promesas populistas de los falsos líderes. Cuando ello sea una realidad no habrá más Chávez, muchos menos tendremos Maduros. El país estará liderado por venezolanos honestos y pujantes, conscientes de sus derechos y de sus deberes.
Estamos aún lejos, al menos una o dos generaciones, de esta tierra prometida. Otros la verán pero aún quienes no podremos verla debemos ayudar al país a caminar hacia ella.  

Venezuela 2019: nuevo intento por alcanzar la transición democrática por Margarita López Maya – ProDaVinci – 21 de Enero 2019

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El 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro inició un segundo período presidencial presentándose para el juramento protocolar ante el Tribunal Suprema de Justicia (TSJ). Enseguida se dirigió al Fuerte Tiuna para escuchar un juramento de lealtad a su persona por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en boca del ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López. Fueron ceremonias inéditas, pues los presidentes electos tienen pautado por la constitución presentarse ante la Asamblea Nacional (AN) para hacer el juramento de inicio de mandato. Pero Maduro ya no es un presidente electo, sino un dictador, que en 2018 se hizo elegir en comicios que no han sido reconocidos, por el cúmulo de irregularidades con que fueron llevadas a cabo, ni por el parlamento venezolano, ni por actores relevantes de la comunidad internacional.

Así, la situación política de Venezuela para 2019 se enmarca en un contexto abiertamente autoritario y altamente conflictivo, donde la sociedad ya da señales de que participará en una confrontación de resultado incierto. Al igual que otros años de alta beligerancia ocurridos en el pasado, 2019 encuentra a las fuerzas que apoyan a Maduro, poderosas pero minoritarias, aferrándose al poder, mientras que los actores nacionales opositores se aprestan de nuevo a buscar el anhelado cambio democrático para Venezuela. Tal cambio es reconocido hoy como condición sine qua non para superar la aguda, global y estructural crisis.

1. La crisis estructural de Venezuela

Como resultado de las orientaciones de gestión del primer gobierno de Nicolás Maduro, la crisis venezolana ha alcanzado una escala sin precedentes en la historia del país y en muchos aspectos en la de América Latina. Se ha producido el colapso del aparato productivo, incluyendo la bancarrota de la estatal petrolera, PDVSA, y el retroceso de los avances en bienes y servicios alcanzados en la modernización desarrollista del pasado. Igualmente, Maduro puso punto final al régimen democrático construido por varias generaciones de venezolanos. Sobre los escombros de la sociedad y de la república, la élite gobernante se empeña en permanecer de manera indefinida en el poder con la consolidación de una dictadura totalitaria, afín al modelo de Cuba, que ha sobrevivido seis décadas.

El viaje hacia este régimen ha sido posible gracias a múltiples factores nacionales e internacionales. En lo interno y político, una ruptura populista ocurrida en las elecciones de 1998, permitió el ascenso al poder de un líder mesiánico y una nueva élite, que rechazó el proceso modernizador y democratizador previo, para instaurar un orden revolucionario, anti capitalista en lo económico y anti representativo y/o iliberal en lo político. Al desaparecer hacia 2013 los principales soportes legitimadores de este proyecto: el líder mesiánico y los recursos inagotables derivados de la renta petrolera, la élite profundizó un modelo autoritario y de rasgos totalitarios, de naturaleza patrimonialista, como modo de perpetuarse en el poder.

El proyecto chavista ha fracasado como capaz de resolver los problemas estructurales que aquejaban a la sociedad ya hacía al menos dos décadas. Si algo consiguió dicho proyecto fue agravar los problemas que en primer lugar habían ocasionado la crisis societal desde los años ochenta.

La literatura sobre la crisis estructural de la economía petrolera rentística venezolana es abundante. Según ella, la sociedad fue moldeada en el siglo XX por una economía dependiente del petróleo, mercancía que requiere de un esfuerzo mínimo para ser extraído, pero proporciona una rentasignificativa, que se obtiene de colocarlo en el mercado mundial. Esa renta, en Venezuela, ingresa a las arcas del Estado y desde ahí se distribuye a la sociedad a través de planes y criterios emanados básicamente de las élites gobernantes. Venezuela posee lo que se conoce como un Petroestado, es decir, una estructura estatal moldeada por el negocio petrolero, que tiende a ser centralizado, ineficiente y corrupto. La clase gobernante tiende a independizarse de la sociedad pues ésta carece de músculo para controlarla. Los contrapesos institucionales sobre el Ejecutivo son débiles, pues desde allí es donde se administra este recurso, superior a cualquier sector privado nacional.

Así, la modernización venezolana si bien pareció muy exitosa, tuvo su talón de Aquiles en la extrema dependencia al ingreso fiscal petrolero, condicionado al precio internacional de éste, sobre el cual el país tiene poco control. La economía rentística dio forma a una sociedad en apariencia moderna, pero donde el trabajo y su producto tuvieron poca relación. La renta moldeó una sociedad poco productiva con niveles de consumo impensables en otras sociedades modernas no rentísticas. Hacia fines de los setenta este problema estructural se hizo presente e insoluble, agravado por la inestabilidad del precio petrolero internacional. Ello engendró una crisis societal global, abrupto empobrecimiento y descontento generalizado.

A fines del siglo emergió el líder populista Hugo Chávez y su movimiento bolivariano como alternativa societal. La ciudadanía respaldó su oferta de cambio hacia la democracia participativa y protagónica, que devino en el proyecto socialista en curso. Su concepción económica sería inicialmente antineoliberal, luego antimercado, lo que profundizó los rasgos rentísticos de la economía. Con la crisis hipotecaria de EEUU y sus consecuencias en la economía-mundo y, a fines de 2013, la caída abrupta de los precios petroleros, se hizo claro que el proyecto, lejos de subsanar las fallas estructurales de la economía, las había profundizado.

Chávez en lo político, por otra parte, se movió tempranamente para obtener el control del Poder Judicial para garantizarse libertad de acción y darles una fachada legal a sus decisiones. En su segundo gobierno impuso sin apoyo popular el socialismo del siglo XXI, una propuesta distinta a la participativa, ya abiertamente autoritaria y centralista, cuyo objetivo explícito, crear un hombre nuevo reveló rasgos totalitarios. La falta de contrapesos institucionales al Ejecutivo, la eliminación del pluralismo y del sufragio universal, directo y secreto en la propuesta del Estado Comunal, el despojo de la autonomía del Banco Central de Venezuela (BCV), el debilitamiento de la alternancia y la obligación de toda organización social de construir el socialismo, presentes en los documentos oficiales actuales, lo alinea con los modelos socialistas fracasados del siglo XX. La ausencia de contrapesos al poder se constituyó en caldo de cultivo perfecto para la metástasis de una corrupción generalizada y la penetración del crimen organizado en todos los espacios del Petroestado, haciéndolo crecientemente incapaz de cumplir funciones mínimas de Estado y dejando a la población sin acceso a derechos humanos básicos.

2. Conflicto y lucha política en tiempos de Maduro

Ante el fracaso del proyecto, hacia 2013, ya electo Maduro como sucesor del líder mesiánico, la sociedad entró de nuevo en crisis abismal y conflictividad social creciente. La élite gobernante ha intentado estabilizarse, arrogándose derechos como discípulos del comandante eterno, respaldándose con una combinación de represión, propaganda totalitaria y el desarrollo de instrumentos clientelares y de control social como el Carnet de la Patria y las cajas de comida distribuidas por los Consejos Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Esta deriva ha encontrado constante y creciente rechazo por parte de sectores de la sociedad, inicialmente de ingresos altos y medios, pero hoy extendido a todos los estratos sociales y expresado en permanente y creciente turbulencia sociopolítica. En 2014, 2016 y 2017, la confrontación fue especialmente abierta e intensa, pero de poco resultado para impulsar un cambio político. En consecuencia, en 2018 prevaleció una atmósfera letárgica, de reflujo en la lucha y rechazo a los dirigentes políticos opositores.

El gobierno, si bien ha sobrevivido, tampoco ha logrado mayor reconocimiento, legitimidad y/o estabilidad. Analicemos brevemente los episodios confrontacionales descollantes previos para caracterizar y comprender el contexto sociopolítico actual donde se ha vuelto a abrir una estructura de oportunidades políticas.

2014: Un ciclo de protestas

Este ciclo se desencadenó en febrero desde la ciudad de San Cristóbal por el movimiento estudiantil. Fue motivado inicialmente por la inseguridad reinante, que hace de Venezuela un país con una violencia de las más altas del mundo, a lo que se le sumaría luego agravios relacionados con la penuria socioeconómica y la represión. Las protestas se extendieron a Caracas y otras urbes. La respuesta de las autoridades fue represiva e inusitadamente violenta. Junto a los cuerpos de seguridad se incorporaron grupos civiles armados, oficializándose las muertes por encima de cuarenta. Esto fue un factor primordial, junto con la débil articulación de la lucha y divisiones de la dirigencia opositora con relación a esta estrategia, en la extinción de la rebeldía en el mes de mayo. En abril, ante la presión y a instancias de UNASUR, gobierno y oposición convinieron en conversar. En esa oportunidad estuvieron acompañados por Colombia, Brasil y Ecuador, con la presencia del Nuncio Apostólico. El gobierno, que en el momento de más tensión hizo gestos de ceder a la demanda de diálogo, cuando se sintió más en control, la desestimó. La percepción de actores sociales y políticos opositores fue considerar que la estrategia de movilización había sido errada y el fracaso completo.

2016: Las protestas del referendo revocatorio presidencial (RRP)

Un segundo episodio notable se inició en abril de 2016, motivado por la estrategia de partidos opositores de iniciar un proceso revocatorio presidencial contra Maduro. Éstos habían ganado en diciembre de 2015 la mayoría calificada en la AN y el gobierno actuaba desconociendo esta nueva realidad, cerrándose a la dinámica institucional dialógica entre Ejecutivo y Legislativo, e iniciando pasos planificados para debilitar el parlamento. En marzo los partidos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) iniciaron lo conducente a la activación de este recurso constitucional.

El proceso revocatorio se vio permanentemente obstaculizado por otros poderes públicos: el Poder Judicial y el Electoral se movían subordinados a los intereses del gobierno, que buscaba neutralizar el mecanismo. Los partidos opositores se vieron con permanentes e inesperados escollos colocados por el Consejo Nacional Electoral (CNE), mientras la ciudadanía que, según las encuestas, favorecía abrumadoramente la consulta, fue movilizándose al llamado de partidos, movimiento estudiantil y otros actores para presionar su prosecución.

Ante los retardos, la MUD, la plataforma partidaria que articulaba a la oposición, convocó a una marcha en Caracas para el 1º de septiembre. Cientos de miles de personas concurrieron, desencadenando una cadena de movilizaciones diarias de allí hasta octubre. El Observatorio Venezolano del Conflicto Social (OVCS) registró en esos dos meses 1.047 protestas, 17 diarias, cerca del 20% relacionados directamente con la demanda del revocatorio. La situación hacia mediados de octubre se hizo muy difícil para Maduro, quien invitó al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero a Caracas para iniciar acercamientos con los partidos del parlamento en búsqueda de un diálogo. Pero, casi inmediatamente, el 20 de octubre, el CNE suspendió arbitrariamente el RRP que ya había activado. Diosdado Cabello aseguró que vendría “una cayapa legal” contra la MUD y los partidos opositores. Como respuesta, la MUD anunció que acudiría a la Organización de Estados Americanos (OEA) para solicitar se aplicase la Carta Democrática Interamericana a Venezuela y convocó a una protesta el miércoles 26 que se llamaría la Toma de Venezuela.

El día 23, el parlamento fue asaltado por grupos chavistas violentos y el 26, con la calle apoyándola, la AN decidió someter a juicio político al presidente. Los esfuerzos por presionar al gobierno para que aceptase el proceso revocatorio se vieron, sin embargo, frustrados una vez más, ya que los partidos de la MUD aceptaron concurrir a una Mesa de Diálogo, impulsada por el Vaticano y UNASUR. La instalación de dicha Mesa a fines de mes contó con la presencia de un emisario del Papa y tres delegados de UNASUR, incluido su presidente Ernesto Samper. También estuvo presente Rodríguez Zapatero. A pedido del gobierno, la MUD se avino a paralizar el juicio político y levantó una marcha a Miraflores pautada para entregar el resultado. El gobierno de Maduro, que había prometido, a pedido de la MUD, levantar la decisión de desacato que pesaba sobre la AN por la incorporación de los diputados del Estado Amazonas, desproclamadosilegalmente por el CNE, no cumplió su promesa y se desinteresó por la negociación. La oposición, desorientada, dividida y derrotada, nuevamente perdió fuelle.

El ciclo de protestas de 2017

Un tercer esfuerzo comenzó en abril, cuando los partidos opositores convocaron a una protesta en repudio a las sentencias dictadas en marzo por el TSJ, cerrando técnicamente a la AN. Duró hasta el 30 de julio, cuando tuvieron lugar unas elecciones plagadas de vicios, para la designación de diputados que conformarían una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), convocada inesperada e irregularmente por Maduro. El OVCS registró 6.729 protestas en ese lapso, cincuenta y seis diarias y un saldo de 163 muertos repartidos en catorce de los veintitrés estados del país.

Este ciclo tomó su fuerza de la generalizada percepción nacional de que se contaba con apoyos de la comunidad democrática internacional, para intentar torcer el curso dictatorial que había tomado el gobierno. Desde que el TSJ dictara las sentencias, la Secretaría de la OEA, la OEA misma, el gobierno de EEUU, y la directora de DDHH de la Unión Europea, entre otros actores, expresaron su preocupación, repudio e hicieron declaraciones de apoyo a la AN. Internamente, Julio Borges, presidente del parlamento, rompió ante medios de comunicación las espurias sentencias y la Fiscal General de la Nación, hasta ese momento alineada con Maduro, declaró roto el hilo constitucional. En mayo, el gobierno de EEUU impuso sanciones a los magistrados de la Sala Constitucional, por haber usurpado las funciones del parlamento.

El gobierno pareció flaquear después de las marchas multitudinarias del 19 y 20 de abril, pero poco después arreció la represión, que incluyó una violencia inusitada, como el uso de bombas lacrimógenas contra el cuerpo de manifestantes y allanamientos nocturnos sin órdenes judiciales a residencias de sectores medios y populares como mecanismo de terror. Los civiles armados se consolidan como aliados de los cuerpos de seguridad estatales. El 1º de mayo Maduro tomó la iniciativa de convocar una ANC, y el 30 de julio se eligieron sus diputados, con bases contrarias a la constitución. En las filas opositoras, y como reacción a la atroz represión, se hicieron presentes modalidades y actores violentos en la protesta, lo que de manera importante contribuyó a debilitarla. La represión, de nuevo la división de dirigentes opositores que no lograban consensuar una propuesta de lucha común, y las agendas particulares de algunos, incorrectamente estimando que Maduro pronto caería, cerraron el ciclo sin alcanzar los objetivos.

Como resultado de la movilización y de la aguda represión, el presidente de República Dominicana (RD) en septiembre convocó a una tercera Mesa de Negociación urgente. Gobierno y oposición plantearon sus condiciones, siendo la del gobierno en primerísimo lugar el reconocimiento a la ANC. Escogieron acompañantes: por el gobierno Bolivia, Nicaragua y San Vicente y las Granadinas, por la oposición México, Chile y Paraguay. La Mesa de RD fue más estructurada que las del pasado. La oposición se hizo acompañar por un equipo de técnicos y expertos, y sostuvo cuatro peticiones principales, entre ellas, el reconocimiento por parte del gobierno a la AN y a la crisis humanitaria del país. Al igual que las anteriores, la Mesa se levantó en enero sin alcanzar los objetivos, pero los partidos opositores tuvieron esta vez un saldo positivo, al presentarse con mayor coherencia y al ser más evidente la poca disposición del gobierno ante la comunidad internacional para una sincera negociación. La gota que colmó el vaso fue el adelantantamiento de las elecciones presidenciales por parte del CNE, por decreto de la ANC, en medio del proceso de negociación. Julio Borges, presidente de la AN y quien presidió la delegación opositora, no retornó al país, temeroso de la integridad física de su familia, que fue amenazada por el gobierno durante el proceso.

3. 2019: Una nueva estructura de oportunidades políticas

Al iniciarse 2019 varios factores concurren para abrir una nueva oportunidad para el cambio político. Si bien es cierto que pese a todo pronóstico el gobierno sobrevivió su primer período, el contexto actual poco favorece su estabilidad para este período constitucional (2019-2025). La conversión del régimen en una dictadura, el desconocimiento a la ANC y a los resultados de la espuria elección presidencial de 2017 por parte de actores internacionales y la AN, junto al continuo agravamiento de la crisis estructural, vienen aislando a Maduro, obstaculizándole el acceso a recursos de instancias internacionales para perpetuarse en el poder.

Sanciones sobre funcionarios de Maduro, incluido él mismo y la primera dama, por parte de actores como el gobierno de EEUU, la Unión Europea y el Grupo de Lima, ejercen presiones sobre la élite gobernante para que rectifique y negocie un cambio que ponga fin a la interrupción democrática y la crisis global. En instancias como la OEA y la ONU, el Tribunal de la Haya, la Corte Interamericana de DDHH, o la OIT, se acumulan expedientes de violación de DDHH e involucramiento con actividades delictivas de funcionarios militares y civiles. Estas sanciones les impiden moverse, invertir o disfrutar con seguridad de sus fortunas, adquiridas en el ejercicio patrimonial del poder en estos años.

Internamente, los actores políticos opositores han venido reconstruyendo sus vínculos y pensando estrategias unitarias más cónsonos con la realidad de sus fuerzas, muy diezmadas y desprestigiadas por fracasos pasados. En este nuevo período legislativo, cumpliendo acuerdos políticos, la AN quedó presidida por un diputado del partido Voluntad Popular (VP), fundado por Leopoldo López, un líder carismático, que tiene casa por cárcel, cumpliendo desde 2014 una sentencia de trece años, responsabilizado por el gobierno de la violencia en las protestas de ese año. Su partido, junto a Primero Justicia (PJ), han sido severamente perseguidos y destruidos por la represión gubernamental.

El 5 de enero, el diputado Juan Guaidó, durante su juramento como presidente de la AN para el año legislativo 2019, pronunció un discurso certero. Se refirió a la usurpación de la Presidencia por parte de Maduro, y la intención de la AN de liderar, con el apoyo popular, acciones conducentes al cambio político. Guaidó, un joven de 35 años, de origen humilde, con una carrera política que se originó en el movimiento estudiantil, pareció capturar el imaginario popular. Solicitó la activación de la política de la calle, para presionar a la dictadura a entrar en razón, y presentó la estrategia política consensuada por los partidos opositores para alcanzar la transición democrática. Se resume ésta, primero en un protagonismo de la AN como el articulador de las fuerzas para el cambio, construyendo tanto el marco jurídico como un entorno de poder ciudadano que incluye a los militares y la diáspora. Segundo, unas líneas de acción que comprenderían los objetivos de: a) Hacer cesar la usurpación; b) Crear un gobierno de transición; c) Alcanzar condiciones para elecciones justas y transparentes.

Para iniciar la activación del poder ciudadano, Guaidó llamó a cabildos abiertos en todos les espacios nacionales para escuchar y alentar a la gente a organizarse y movilizarse en apoyo a la Asamblea. Fijó la fecha del 23 de enero, icónica en Venezuela por ser el día que cayó la anterior dictadura en 1958, para dar la primera manifestación de músculo sociopolítico. Los cabildos abiertos comenzaron a realizarse en todas las urbes del país.

Comentarios finales: los desafíos

El gobierno de Maduro, pese a las debilidades señaladas, sigue controlando, sin duda, todos los hilos del poder. En lo internacional, como contraparte a las alianzas internacionales de los partidos opositores, ha ido construyendo vínculos con Rusia, China, Irán y Turquía, contando con que, a cambio de condiciones favorables a sus intereses, le sirvan de aliados para neutralizar presiones de EEUU y otros actores de la comunidad internacional. Cuba, por otra parte, es su socio y aliado en todo lo concerniente a estrategias frente al imperialismo, y es el sostén del aparato represivo totalitario interno.

Las instituciones militares, siguen siendo el principal pilar del régimen y pese a descontentos, deserciones, amenazas y detenciones, los altos mandos siguen mostrando lealtad al dictador. Sin embargo, 2018 fue año de alzamientos, respondido por una severa represión, con denuncias de torturas y maltratos. Más de 180 militares están presos, una cifra histórica. Hay, además, un número similar de investigados, sometidos a presiones e interrogatorios. Es un sector que Maduro, bajo asesoría cubana, no ha descuidado desde 2013, cuando procedió a restructurarla para, entre otros aspectos, fortalecer a la Guardia Nacional sobre otros componentes, en su capacidad de control interno de país, y ampliar la Guardia de Honor Presidencial y otros cuerpos para protección del dictador.

Los militares son un sector privilegiado, con irrestrictos accesos al Petroestado. Tienen cuotas de poder que los ponen en control de sectores clave como el de importación y distribución de alimentos, el sistema cambiario, la petrolera PDVSA y el Arco Minero. Los privilegios se refuerzan con controles en los cuarteles y con exigencias como el de jurar lealtad personal a Maduro con cierta frecuencia. La institución ha perdido sus rasgos corporativos. Los diferentes grupos de poder necesitan la supervivencia de la élite gobernante para proteger sus intereses y salvarse de persecuciones de la justicia nacional o internacional. Los oficiales de rangos medios o bajos sufren las penurias del venezolano común y es allí donde las lealtades pudieran, con menos resistencia, romperse con las presiones nacionales e internacionales.

Las características desprofesionalizadas de los componentes militares refuerzan la importancia y centralidad de estrategias y tácticas dirigidas por la sociedad civil y política nacional, apoyada y articulada a la comunidad internacional para interrumpir la marcha hacia la consolidación del régimen autoritario. Si bien son necesarias fracturas en el apoyo del sector militar a Maduro, son los civiles quienes tienen el reto de liderar la lucha ante unos sectores militares profundamente desinstitucionalizados, autoritarios y corrompidos. En este orden de ideas, la esperanza que se despertó este enero con la AN y Guaidó, es apenas un embrión necesitado de cuidados intensivos diarios para evolucionar hacia un movimiento nacional capaz de llevar a la dictadura a ceder en sus objetivos y negociar la transición.

La batuta de la compleja trama de alianzas y redes a vincularse entre sí, con un propósito y estrategia comunes es del parlamento venezolano, como poder público plural, legal y legítimamente electo en 2015, que terminará su mandato en 2021. Es una responsabilidad suprema que los diputados doblen su vocación de servicio y encuentren la madurez política para manejar, con consensos y mediante decisiones políticas y legales bien pensadas, la nave que ha de llegar al puerto. Las leyes de Transición y de Amnistía, introducidas a mediados de enero a la AN, van en la dirección correcta. Ellas someten a discusión pública los términos para que la transición que se inicie sea consensuada. Allí se dan incentivos a tirios y troyanos para incorporarse a esta causa. El espacio para dirimir diferencias dentro de un propósito común es el parlamento, y votar es lo justo. La ciudadanía y la comunidad internacional, por su parte, exigen disposición de los partidos a deponer anteriores muestras de ambiciones e intereses personales o partidistas, en pro de la acumulación de fuerzas necesaria para forzar a la cúpula gobernante a aceptar el cambio democrático. Los fracasos anteriores deben servir de referencias para no cometer errores, que podrían ser fatales.

2018 pudo parecer un año letárgico, pero fue en él donde comenzaron acciones soterradas por parte de organizaciones y personalidades civiles, muchas ni políticas ni partidistas, para restañar heridas entre partidos y dirigentes. También se activaron y crearon asociaciones civiles para registrar y denunciar la violación de DDHH en las instancias internacionales y crear estructuras colectivas de solidaridad, dentro y fuera del país para asistir a una población huérfana de derechos. En marzo se constituyó la plataforma Frente Amplio para la Venezuela Libre (FAVL), con el propósito de encontrar espacios articuladores para el diálogo y la acción de actores políticos y sociales. Estas iniciativas deben continuar, expandirse y fortalecerse, porque un tejido social denso y sólido es imprescindible para sostener la ruta de la transición y, sobre todo, para garantizar la consolidación democrática, después de la devastación extrema padecida. Será, sin duda, un proceso largo, difícil, lleno de obstáculos.

Una tarea que luce de extrema importancia es la de encontrar formas innovativas para informar, educar y organizar a la ciudadanía sobre el proceso en marcha y las responsabilidades de cada quien. ONG concentradas en el derecho a la información veraz y a la libre expresión han crecido en Venezuela, y vienen dando un aporte invaluable en denunciar internacionalmente y neutralizar adentro y afuera, a los medios oficialistas cargados de mensajes subliminales y mentirosos. Deben multiplicarse y fortalecer su dimensión pedagógica dirigida a la ciudadanía. También han de fortalecerse ONG dedicadas a monitorear el derecho a la salud y a la educación, así como instituciones educativas, académicas y universitarias, que están en capacidad de analizar y elaborar propuestas de políticas para afrontar la crisis humana compleja y la reconstrucción de la colapsada economía y Petroestado. ONG que han acompañado y auxiliado a los presos políticos y comunes, ante un sistema penitenciario atroz; iglesias que dan consuelo, denuncian las precarias condiciones de la población pobre y acompañan el sufrimiento de las familias. En fin, es menester doblar desde la ciudadanía y sus tejidos organizativos los esfuerzos por fortalecer la conciencia y acción ciudadana, vinculando lo social y político con miras a un gran movimiento prodemocrático nacional.

En Venezuela necesitamos como parte de ese tejido social, un sector económico nuevo, organizado, productivo, empresarial y financiero, que esté convencido de las bondades de un régimen democrático y dispuesto a apoyarlo con sus bienes y trabajo, sabiendo que entraña sacrificios como deponer intereses individuales, ganancias temporales en pro del bien común. La mentalidad del rentismo, del dinero fácil, del enchufe, del tráfico de influencias, harían naufragar el proceso. Con los sindicatos y los gremios también hará falta otra concepción de la lucha laboral, donde superar la mentalidad de exigir derechos sin deberes es obligatorio. En Venezuela, los intereses individuales y forajidos antes y con el chavismo han sido muy fuertes, penetraron el Petroestado y el sistema social hasta la médula y no será pronto, ni fácil, que puedan ser erradicados. La experiencia en América Latina señala que, los pasajes más exitosos a la democracia se han dado cuando las élites económicas, sociales y políticas asumen un genuino interés por la democracia y están dispuestos a sacrificarse por ella. Se trataría entonces de construir las bases de una nación ancha, donde todos compartamos intereses, asumamos deberes y nos reconozcamos con los mismos derechos.

El año parece decisivo para quienes propugnan el cambio democrático. De darse un vigoroso movimiento sociopolítico, seguramente un proceso de negociación entre gobierno y oposición volverá a surgir. Es inevitable, si la vocación política es por una solución pacífica y democrática a la crisis estructural de la nación. Entendamos que, reconstruir la república pasa por reconocer sus profundos déficits democráticos, de desigualdad social y de exclusiones culturales, que trajeron estos desarrollos nefastos. Por ello, 2019 es un año que nos exige a cada ciudadano, organización, partido, activista y dirigente político responsabilidad, cabeza fría, el deber de estar informados, crecerse en la adversidad y actuar sin extremismos ni búsqueda de líderes mesiánicos. Hoy, más que nunca se tiene la posibilidad de construir una democracia más robusta que la anterior, aprendiendo de sus gazapos y entendiendo las oscuras corrientes nepóticas, caudillistas, intolerantes y primitivas del alma nacional, que sirvieron de sustrato a la tragedia chavista que hoy agoniza. Contribuyamos todos para que la AN, la nave que guía esta nueva estrategia, no se hunda en los torbellinos y peñascos que amenazan desde adentro y desde afuera y desde todas direcciones.

La gran estafa llamada Hugo Chávez por Xabier Coscojuela – Deia – 14 de Enero 2019

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EL pasado 7 de diciembre se cumplieron 20 años del primer triunfo electoral de Hugo Chávez. Ese día, la mayoría de los venezolanos que fue a votar lo hizo por quien ofrecía convertir la democracia representativa en participativa, acabar con la corrupción y reducir la desigualdad social.

Veinte años después, se puede afirmar, sin ninguna duda, que la “revolución” encabezada por el hoy difunto Hugo Chávez es un fraude descomunal que ha provocado una auténtica catástrofe en todos los aspectos de la vida venezolana.

La democracia participativa no pasó de ser un enunciado para captar incautos, pero lo peor es que el chavismo acabó con la democracia en el país. Hoy vivimos bajo un gobierno autoritario, que utiliza los tribunales, el Consejo Nacional Electoral, la Fiscalía, para burlarse de la voluntad popular, perseguir y encarcelar a los opositores. Los derechos políticos están confiscados y dependen de los caprichos de Nicolás Maduro y la camarilla que lo acompaña.

La voluntad popular fue burlada y desconocida a partir de diciembre de 2015, cuando los venezolanos le dieron la mayoría calificada a la oposición en la Asamblea Nacional. Después, impidieron el referéndum revocatorio en 2016, convocaron una Asamblea Constituyente violando la Constitución y le robaron el triunfo a Andrés Velásquez en Bolívar.

Posteriormente, adelantaron las elecciones presidenciales luego de inhabilitar a varios candidatos y no cumplir el acuerdo suscrito con quienes participaron en esos comicios celebrados en mayo pasado. Este golpe de Estado ha sido dado a plazos, con la total complicidad del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, y el alto mando militar, corresponsables de todo el desastre que vive el país.

En materia de corrupción lograron lo que parecía imposible: superar, y por bastante, a la que se produjo durante los gobiernos de Acción Democrática y Copei. Una buena parte de quienes han ocupado posiciones relevantes en el gobierno durante estos veinte años han robado con premeditación, alevosía e impunidad. Y lo siguen haciendo.

Lo que se viene revelando en el exterior, lo que ha sido denunciado en Venezuela por periodistas y diputados, da cuenta de que vivimos, también, en una cleptocracia. Cualquier oportunidad es buena para robar, malversar, dilapidar, derrochar. El país disfrutó el mayor ingreso petrolero de la historia y no fueron capaces de resolver ni mejorar ninguno de los problemas existentes, todo lo contrario.

El sistema sanitario está por el suelo. Enfermedades erradicadas o muy controladas han vuelto a aparecer causando estragos en algunos estados. Los hospitales y centros de salud no cuentan con lo indispensable y quienes allí trabajan reciben salarios de hambre.

En la educación la situación no es mejor. Fuga de profesores a todos los niveles, lo que genera una pérdida de la calidad de la enseñanza. Todo ello provocado por unos salarios de hambre. La mejor palanca para lograr la equidad social está inoperante.

De la economía no hay mucho que agregar. Todos los venezolanos viven a diario el desastre, la hecatombe que han provocado con sus políticas de expropiaciones, ataques a la propiedad privada, pillaje y corrupción. Lograron lo que parecía imposible: tener a la gallina de los huevos de oro -Pdvsa- al borde de la quiebra.

La historia secreta de los bonos del Sur por Juan Carlos Zapata – KonZapata – 24 de Diciembre 2018

Los bonos del Sur se convirtieron en la fiesta de los millones. Fue una operación de geopolítica financiera para evitar el colapso del kirchnerismo y Argentina. Una operación en la que ahora se confirma: campeó la corrupción. Se sabe por las nuevas investigaciones abiertas en Buenos Aires. Si en Argentina hay un hombre clave, Claudio Uberti, en Venezuela hay otro, Nelson Merentes, exministro de Finanzas de Chávez.
Los bonos del Sur conectan a Hugo Chávez y Néstor Kirchner / Foto: Wikipedia

Los bonos del Sur conectan a Hugo Chávez y Néstor Kirchner / Foto: Wikipedia

Nelson Merentes no es nada más un funcionario. Es toda una historia. Un antecedente de tales kilates que en el equipo del exministro de Finanzas, Tobías Nóbrega, solían comentar: ¿Si lo hizo Merentes por qué no nosotros? A lo que hacían referencia era al activismo en materia de emisión de deuda. Merentes es el hombre deuda, es el hombre bono. Bajo su gestión en el Ministerio de Finanzasocurre casi de todo. También es cuando se producen las operaciones de los bonos del Sur. Los bonos que conectan a dos expresidentes muertos, Hugo Chávez y Néstor Kirchner (Leer más: Chávez y Kirchner: 2 presidentes muertos salpicados por la corrupción). Y esto es lo que justifica que se revuelva la historia. La corrupción con los bonos del Sur. Una olla que ha sido destapada en Argentina en el caso que lleva por nombre ‘Los cuadernos de las coimas’, y que ha sentado en el banquillo al poder kirchnerista, incluyendo a la expresidenta Cristina Fernández.

En las investigaciones que llevan a cabo las autoridades argentinas se ha sabido de métodos, de personajes, de esquemas al puro estilo de la mafia, gracias a las delaciones de los propios involucrados. Y es uno de ellos, Claudio Uberti, ex ministro del kirchnerismo, el que más ha dicho. Entre otros detalles –detalle- que Néstor Kirchner y Hugo Chávez se repartieron 50 millones de dólares de utilidades obtenidas con los bonos del Sur. Quien diseñó la operación fue Merentes.

“Primero quiero decir que la ingeniería de los bonos es impecable. Otra cosa es que se hayan repartido cupos y comisiones. Ese es otro problema. No puedo negar que hubo comisiones.”

Suerte la de este modesto profesor universitario que en 1991 pegaba afiches en la parroquia El Valle del candidato a la Alcaldía de Caracas, el editor Miguel Henrique Otero. Que salta y se monta en el tren de los ucevistas que llegan al gobierno. Y luego, de sencillo habitante, nativo del pueblo de Naiguatá, en el litoral varguense, se gana el mote del Rey de Naiguatá, pues nadie como él se había elevado tan alto en las galaxias del poder. Experto en números –es matemático formado en Europa oriental– y estrategia electoral, había sido, en 1999, el creativo de la guía (el Kino Chávez) que entubaba el voto de los candidatos chavistas para la Asamblea Nacional Constituyente, con lo cual el mandatario se garantizó la mayoría y control absoluto.

Cuando Merentes salvó a Hugo Chávez

Es este universitario, en plan de ministro de Finanzas, quien asume la responsabilidad del destino de los recursos del Fondo de Inversión y Estabilización Macroeconómica, FIEM. Como el presupuesto de 2002 presentaba un déficit de 4,7 billones de bolívares en un escenario de conflicto en el que urgía atender pagos de salarios y compromisos de deuda, apeló a la plata que estaba en el FIEM. Es decir, se admitía el desvío del dinero recurriendo a causas de carácter presupuestario. Este será uno de los tantos ejemplos de desvío de partidas, sólo que en tanto la figura presidencial estaba de por medio, cogió fuerza de escándalo.

Chávez había comenzado pidiendo “un millardito” de las reservas del Banco Central de Venezuela (BCV), y los sucesivos ministros de Finanzas, José Rojas, Nelson Merentes, Tobías Nóbrega, Rodrigo Cabezas y Rafael Isea, lo complacerán en sus peticiones, hasta el punto de que en 2008 las transferencias del BCV al Fonden-Ejecutivo ya habían acumulado 25.000 millones de dólares, y entre esa fecha y el 2011, otros 15.000 millones de dólares. ¿En qué se gastaba el dinero? ¿Con qué criterio de transparencia? La historia se conocería después. El dinero se botó. Y la crisis le explotó a Nicolás Maduro.Nelson Merentes. / Foto Twitter: @VTVcanal8

Si Merentes había salvado a Chávez ¿quién salvaba a Merentes? ¿Quién lo salvó y lo designaba en Ciencia y Tecnología, y en Bandes, y en el Ministerio de Desarrollo Social, hasta volver en 2005 a Finanzas como sustituto de Tobías Nóbrega? Pues Chávez. ¿Y quién guardaría silencio ante las sospechas tejidas en el manejo de emisiones de bonos y notas estructuradas en el curso de su gestión? Pues Chávez. ¿Y quién lo designa en la presidencia del Banco Central en abril de 2009? Pues Chávez. ¿Y quiénes le garantizarían su tranquilidad futura? Los favorecidos por Merentes. Merentes no es Claudio Uberti en cuanto a poder se refiere. Pero Merentes sabe tanto como Uberti.

Lo del FIEM era una evidencia acusadora. Sin embargo, salvar a Chávez conllevaba ser premiado. El premio consistió en llegar al Ministerio de Ciencia y Tecnología y ser luego titular del Ministerio de Desarrollo Económico y al mismo tiempo presidente del Banco de Desarrollo, Bandes. Muchos cargos en un solo hombre. Bien valía el silencio. O el crimen que en este caso sí pagaba, con creces. De hecho, en Bandes lo alcanzará otra operación de dudosa ejecución: el cambio de bonos con el fin defondear la Tesorería Nacional. Con la suerte de que el mercado actuó a favor de los papeles, recuperando precio y beneficio.

Comienza la fiesta con los bonos del Sur

Luego viene lo medular: en el registro de las operaciones financieras los bonos argentinos han sido uno de los grandes negocios de estos tiempos. En la cuenta del economista José Guerra, exgerente de Estudios del Banco Central de Venezuela, se establece que “entre 2005 y 2006, Venezuela compró aproximadamente 3.850 millones de dólares de esos papeles con el objeto de apuntalar a las alicaídas finanzas gauchas. Al principio esos bonos se vendieron a tres bancos venezolanos que los adquirieron al tipo de cambio oficial con una pequeña prima para que la República de Venezuela pudiese mostrar un beneficio en la transacción. Posteriormente, ahora en manos de esos bancos, fueron negociados en la Bolsa de Valores de Nueva York y el efectivo obtenido en dólares convertido a bolívares a la tasa de cambio del mercado paralelo”.

Era un subsidio conveniente, de alto vuelo, alta factura y de cero riesgo. “Cuando el escándalo se hizo público, el Ministerio de Finanzas, encabezado entonces por Nelson Merentes, optó por socializar la asignación de los bonos a buena parte del sistema financiero y todos quedaron contentos”, escribía Guerra en el diario Tal Cual. Las alforjas bancarias se llenaban.

La cortina de la “democratización” de los bonos movía al presidente Chávez a defender al ministro y defender la operación, casi como devolviéndole el favor a Merentes.

Bonos y más bonos. Notas estructuradas. Buenas y malas notas. Era la fiesta. Era el banquete. Al punto de que el anuncio de una emisión ya, de por sí, lucía sospechoso. ¿Para qué? ¿Quién estará detrás? ¿Quiénes los favorecidos? Pues como dice Guerra, “las operaciones con títulos de deuda no se quedan allí. A lo largo de 2005, el Ministerio de Finanzas asignó discrecionalmente ‘notas estructuradas’ y bonos de la deuda pública por 1.385 millones de dólares a ciertos bancos, para que fuesen empleados en el mercado paralelo para estabilizar su cotización. Ese monto se amplió durante 2006 a más de 7.500 millones de dólares, con lo cual se dieron un banquete al comprar títulos al precio oficial de la divisa y venderlos al del mercado de ‘permuta’. Venezuela no es un país corrompido, sino que tiene un gobierno corrupto, cosa totalmente diferente”.

El banquete de Merentes y Chávez

¿Se superaba Merentes a sí mismo en el período 2005-2006-2007? Superaba el récord anterior, el propio y el de otros, en términos de sospechas y dudas, incluyendo lo que se decía de la gestión de su antecesor, Tobías Nóbrega. De hecho, cualquiera del equipo de Nóbrega que sea consultado hoy, presenta como excusa lo siguiente:

Rodrigo Cabezas. / Foto: PSUV

Rodrigo Cabezas. / Foto: PSUV

–Con Merentes todo fue peor. Al menos con Tobías el plan financiero funcionó.

Es el director del diario Últimas NoticiasEleazar Díaz Rangel, advertido por el nuevo ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, quien enciende el alerta, en su columna del 12 de agosto de 2007.

“¿Qué ha pasado con las colocaciones e inversiones del Gobierno en el exterior? ¿Quiénes se ganaron en 2006 centenares de millones de dólares con esas transacciones que hicieron perder al Estado venezolano más de mil millones? ¿Cuáles son los bancos europeos donde ocurrieron algunas de esas transacciones? ¿Quiénes son los funcionarios o exfuncionarios involucrados en esas operaciones? ¿Y quiénes los intermediarios del sector privado? ¿Qué organismo controla o deja de controlar estas operaciones?”. Lo que estaba lejos de saber Díaz Rangel es que Chávez y Kirchner también ganaron, a confesión de Uberti.

Los autores intelectuales: Kirchner y Chávez

Por la fecha en que Díaz Rangel revelaba los datos de las operaciones se hablaba de la averiguación ordenada por el ministro Cabezas con el objeto de aclarar lo sucedido en la gestión de Merentes con las notas estructuradas y con los bonos argentinos empaquetados y negociados por la República y entidades extranjeras y bancos privados venezolanos. O sea, era de Finanzas, no de la oposición ni de los medios de donde provenía la averiguación.

Se señalaba que el expediente estaba en manos de Hugo Chávez, por lo cual se especulaba por qué en 2010 el exministro Merentes no había sido designado director ante el Banco Central, según había sido la promesa del presidente, al sustituirlo en el despacho.

En tanto Cabezas insistía en la responsabilidad de Merentes en el diseño de las notas de renta fija con riesgo argentino, brasileño y ecuatoriano, adquiridas por la Tesorería Nacional, Chávez mantenía a Merentes en el congelador. La promesa de recompensarlo por su lealtad va a cumplirse sólo cuando haya necesidad de llenar la vacante en la presidencia del BCV, acaecida la muerte de Gastón Parra Luzardo.Pero ahora se sabe. Las averiguaciones no continuaron pues ello implicaba revelar la propia responsabilidad de Chávez y Néstor Kirchner con los bonos del Sur. Merentes fue el factor. Los presidentes, los autores intelectuales.

La ingeniería financiera perfecta

Un operador de la época de Merentes admitía:

–Primero quiero decir que la ingeniería de los bonos es impecable. Otra cosa es que se hayan repartido cupos y comisiones. Ese es otro problema. No puedo negar que hubo comisiones. Los niveles cambian con los ministros y los funcionarios. Hay quienes andaban sacando cuentas y marcando el monto de la comisión.

En efecto, ingeniería impecable. Y si no es porque cambió el poder en Argentina menos que poco se supiera sobre la corrupción.

Bonos y más bonos. Notas estructuradas. Buenas y malas notas. Era la fiesta. Era el banquete. Al punto de que el anuncio de una emisión ya, de por sí, lucía sospechoso. ¿Para qué? ¿Quién estará detrás? ¿Quiénes los favorecidos?

Este operador, antes de que Carlos Kauffman hablara en Miami por el caso del espionaje a Guido Antonini Wilson –el hombre del maletín de los 800.000 dólares incautado en el aeropuerto de Buenos Aires– y revelara las comisiones pagadas a Nóbrega y a su esquipo, Jesús Bermúdez, Alejandro Dopazo y Lenin Aguilera, ya había señalado el grado de complicidad entre estos. Conocía el entramado en tiempos de Nóbrega. Por ello, es fuente de alta credibilidad en el caso de los bonos del Sur.

Hubo otra nota de Díaz Rangel, el domingo 26 de agosto de 2007, que iba más al grano y abría el abanico de lo que era el banquete con Merentes: “Quince fueron los bancos emisores de las notas estructuradas valoradas en 8.000 millones de dólares del Estado venezolano”. Se mencionan los quince bancos, entre ellos, el caído Lehman Brothers, y en algunos de los quince, señala Díaz Rangel, “hubo mediación de particulares en combinación con altos funcionarios y ganaron millones de dólares en operaciones donde el único y gran perdedor fue el Estado venezolano”.

La realidad es que la alquimia financiera funcionaba. A los banqueros de inversión, a los funcionarios, a los operadores y a los intermediarios, se les movía la cabeza. Contaban con el respaldo del presidente Chávez. ¿En qué? En lo siguiente: mientras la magia de los bonos y el endeudamiento respaldara su propósito de hacerse con recursos, se hacía la vista gorda. Volteaba la vista porque lo de Chávez era el poder y si había plata que lo afincara en el poder, pues… no problem.

La gestión de Merentes hace énfasis primero en las operaciones con los bonos argentinos y después con las notas estructuradas. El Gobierno compraba bonos argentinos a precios que nadie pagaría en el mercado de papeles. Luego el Gobierno los colocaba entre los bancos locales con una prima de anzuelo. Después, los bancos se desprendían de los títulos en el mercado internacional. Por las condiciones ofrecidas por el Gobierno, los bancos, inclusive, vendían los papeles con descuento, pues los dólares obtenidos se cambiaban a tasa de mercado no oficial o paralelo, generando así una utilidad de amplio rango.

A pesar de que Chávez repetía que las ganancias de la banca eran groseras, la razón de adquirir bonos argentinos y pasarlos por el mercado local, aun a costa de beneficios inmensos en bolívares aprovechando el diferencial cambiario, respondía a una especie de “geopolítica financiera” de atraerse aliados regionales y establecer un anillo protector ante los adversarios del modelo chavista. Estaba, además, la urgencia de consolidar la relación con Kirchner y salvar al kirchnerismo y a Argentina del colapso.

Señal del doble discurso del revolucionario era que esa utilidad de la banca parecía no molestarle al mandatario, en vista de que cumplía con un interés de tipo político a su favor. Es decir, guardaba silencio ante las ganancias de la banca a cambio del juego político regional. Y los banqueros acumulaban sin importar que estuvieran contribuyendo a la estrategia de sostenimiento de Chávez en el poder.

Después él mismo le restaría a los bancos –no a los banqueros– parte de lo obtenido cuando reclame dinero en vez de notas y el nuevo ministro Rafael Isea y su asesor, Moris Beracha, bajen la cotización del dólar permuta, restándole margen de rendimiento a los papeles y poniéndolos en aprietos. Los apretará cuando en 2009 arremeta contra los bancos de los boliburgueses y cuando estreche las operaciones y el poder de los banqueros tradicionales, y cuando tumbe las casas de Bolsa, y cuando amenace con retirarles los depósitos públicos a los bancos y con la estatización de toda la banca.

Cuba primero, Brasil y Argentina más tarde, como luego Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Paraguay y Uruguay y la Honduras de Manuel Zelaya, van a gozar de las preferenciales atenciones de la petrochequera del gobierno de Hugo Chávez.

Paso a paso con los papeles de la corrupción

La preocupación inicial de Merentes era la posición financiera de Argentina que estaba en moratoria con parte de su deuda. El ministro propone y logra que el gobierno de Kirchner convenga en la necesidad de transar uno de los pocos papeles líquidos de la República, el Boden 12, para más tarde crear uno nuevo, Boden 15.

Tobías Nóbrega. / Foto: Youtube

Tobías Nóbrega. / Foto: Youtube

Merentes –explica uno de los técnicos al tanto del diseño del producto- partía del siguiente principio:

–Un papel líquido puedo recuperarlo y darle la vuelta usando los bancos locales.

Se pensó en los grupos Santander y BBVA con bases en los mercados tanto de Venezuela como de Argentina. Según la fuente, a ambos grupos se les propuso tomar la ventaja de ser los primeros en entrar en la operación y marcar la ruta, ante lo cual aquellos apuntaron condiciones que resultaban inaceptables, vistas en conjunto: garantía en precios, liquidez, utilidad.

En fin, en la primera operación tres instituciones, como apunta el hoy diputado a la Asamblea Nacional, José Guerra, terminaron aceptando el papel de rompehielos.

La reacción no se haría esperar. Hecha la primera operación, 350 millones de dólares en bonos argentinos, aparecieron los señalamientos. Y los primeros en disparar serán los banqueros que habían quedado fuera del negocio, los mismos que después al entrar en el circo guardan la pistola en la cartuchera. Se decía que Finanzas había escogido a dedo tres bancos para transar los bonos argentinos. Se hablaba de altas comisiones embolsilladas por los intermediarios. Y se hablaba de la utilidad cambiaria ejecutada por los tres grupos. Se criticaba también el riesgo implícito de Argentina, ante lo cual, el vicepresidente José Vicente Rangel, en defensa de Merentes, calificaría a los economistas de “chimbos” y piratas.

Según los analistas, la ecuación de las relaciones no mentía, y los banqueros, viendo lo que los tres colegas habían ganado ahora pedían a gritos participar en las operaciones.

En el sentido de acallar las protestas el equipo de Merentes diseña un mecanismo de participación que consistía en la solicitud, por parte del banco, de estar interesado en intervenir en la operación. Finanzas concibe ruedas semanales de adjudicación para cinco bancos. Una vez agotados los 30 bancos del mercado, se repetía la lista. Así cada seis semanas. Y así, el gobierno de Kirchner reflotaba, en el mercado local los bancos ganaban, se mantenía a raya la cotización del dólar en el mercado paralelo o de permuta, y la República Bolivariana de Venezuela se desprendía del riesgo argentino.

Pero si el esquema de participación era transparente, ¿en qué consistía la irregularidad? Un banquero suelta una frase lacónica aunque efectiva:

–En el mismo esquema.

–¿Cómo es eso?

–Los bancos “agradecidos” por la utilidad, generosa y abundante, se quedaban con un porcentaje y a los operadores e intermediarios entre Finanzas y los bancos se les repartía la otra parte. Si el banco era grande y serio, el porcentaje a repartir era menor. Si el banco era pequeño, modesto, entregaba una mayor parte, aunque agradecido siempre al haber sido tomado en cuenta.

Se sabe que no todos los bancos entraban en el juego del pago de las comisiones por los bonos del Sur.

El mecanismo establecía un escenario de aparente transparencia, pero algunos de los banqueros pagaban las comisiones pues entre otras razones consideraban que ante el cerco de la política chavista de ponerle límites a las ganancias y operaciones de la banca, los bonos argentinos paliaban la situación de estrechez. Es decir, los bancos admitían, sin afirmarlo, que eran cómplices de una operación con elementos más allá de lo financiero.

Los bonos del Sur respondían a una especie de “geopolítica financiera” de atraerse aliados regionales y establecer un anillo protector ante los adversarios del modelo chavista.

Después la gestión de Merentes pasa a la segunda fase, que es combinar los bonos argentinos con las notas estructuradas. Estas consistían en la compra de un paquete de bonos –argentinos, venezolanos, ecuatorianos– por parte del Fonden. Una operación cuadrada por un intermediario jugando en tres puntas: en una, el banco que emitía la nota; en la otra, el cliente, es decir, el Fonden, el Estado venezolano; y en otra más, él mismo y sus contactos, colocando el cóctel de papeles entre los bancos locales.

Cero riesgo. Negocio seguro. El Fonden, o Fondo de Desarrollo Nacional, es un organismo creado para enrutar los ahorros en divisas del Estado e invertirlos en programas de desarrollo. No fue siempre así, pues el Fonden terminó operando con las notas estructuradas de al menos 15 entidades extranjeras conocidas que entraron en el banquete. La jugada de Finanzas consistía en que, otra vez, aprovechando el diferencial entre el dólar oficial y el dólar paralelo, también podía hacerse de más bolívares para destinarlos a gasto corriente y fiscal, objeto para el que tampoco el Fonden había sido creado. O sea, el Gobierno metido a especulador.

Y no sería la primera ni la última vez, pues más tarde los ministros Rodrigo Cabezas y Rafael Isea seguirían operando con las notas estructuradas, y con Alí Rodríguezen Finanzas y Rafael Ramírez en PDVSA, el Gobierno intervendría directamente vendiendo en el mercado paralelo dólares de la factura petrolera con la intención de rendir los bolívares. Con Rodríguez, apenas durante las dos primeras semanas de junio de 2008, fecha de su estreno en el Ministerio, no hubo notas estructuradas. Más tarde, la operación de cambio se mudaba a la tesorería de PDVSA, desde la cual se intervenía directamente el mercado con los petrodólares, en afán de buscar bolívares sin que el dólar permuta bajara de precio.

En la etapa de menor liquidez de los bonos argentinos, Merentes y su equipo optan por usar el Fonden, adquiriendo las notas empaquetadas con bonos venezolanos, argentinos y ecuatorianos. Es entonces cuando intervienen los 15 bancos extranjeros a los que hace referencia Díaz Rangel. La lista que se ofrece va de más a menos, es decir, según la cantidad manejada: “Barclays Bank PLC (más de 2.000 millones), Lehman Brothers, Calyon, Welstb AG, AB Svensk Expotkredit Sek, HSBC Bank USA, Credit Suisse, Deustche Bank AG FLR, Dresdner Bank AG, ING Bank NV, Morgan Stanley, BNP Paribas y JP Morgan”.

Rafael Correa especulador

Era la bulla del oro. Los hoteles de Caracas estaban abarrotados de hombres de negro tras el botín dorado. Merentes los tenía en sus manos. El economista Orlando Ochoa recordaba que “en aquel momento, Merentes argumentó que Venezuela se convertiría en el principal centro de intermediación de deuda en América Latina. La razón que justificaba la emisión de estos papeles es que ayudaban a reducir la liquidez monetaria en bolívares y le restaban presión al mercado cambiario no oficial. Pero esta emisión de papeles no es un instrumento usual de política económica”. Y era el control de cambios lo que justificaba la venta de los papeles –llámense bonos argentinos o notas estructuradas– para que bancos y demás actores del mercado realizaran la utilidad, favorecidos por el diferencial cambiario.

Decía Ochoa que “en 2006 la mecánica de colocación de bonos argentinos, a la que le siguió la de notas estructuradas al tipo de cambio oficial, generó una enorme avidez de banqueros y operadores financieros y se constituyó en una parte importante de las ganancias de la banca. Habría que preguntarse si Chávez sabía de estas operaciones”. Lo sabía. La idea era de Chávez, la idea que respondía a la necesidad de consolidar la geopolítica bolivariana y si para ello había que permitirles ganancias extras a los odiados banqueros, pues no importaba. De nuevo, el fin justificaba los medios. De allí que no era gratuito que reclamara y recordara a los banqueros que con su gobierno habían ganado mucha plata. Él también.

“A principios de 2007 –señala Ochoa– Chávez quiso disponer de recursos del Fonden, pero no había liquidez porque gran parte del saldo estaba en notas estructuradas y los bonos ecuatorianos habían caído. Eso coincidió con la destitución del ministro Merentes y (la tesorera) Carmen Menéndez de Maniglia, lo que hace suponer que el presidente estaba descontento con las implicaciones de estas operaciones con recursos del Fonden”.

Se refiere Ochoa al momento, ya Cabezas es el nuevo ministro, en que el presidente de EcuadorRafael Correa, dice, en los días previos a la asunción de mando, que su país puede declarar una moratoria de la deuda. Caen los bonos de Ecuador y Venezuela resulta afectada por la baja. Correa enmienda el error y los bonos se recuperan. En Ecuador aparecen las sospechas de una maniobra especulativa de los actores del nuevo gobierno, y en Caracas se llegó a decir que era la forma de Correa pagar los compromisos contraídos para el financiamiento de la campaña electoral. En todo caso, al aumentar el riesgo de Ecuador, los títulos no tenían demanda y es cuando a la gestión de Cabezas se le escapa el control del cambio paralelo o permuta, lo cual, puro azar, garantiza que las notas estructuradas se mantengan rentables en términos de bolívares. Ahora que sale a la luz pública lo hecho por Chávez y Kirchner, por qué no darle credibilidad a la versión de que Correa también jugó a la manipulación. Sería otro caso para el gobierno de Lenín Moreno que ya ha puesto en evidencia la corrupción en tiempos de Correa.

Cuando Venezuela saltó al vacío: 20 años del triunfo de Chávez por Marcel Gascón Barberá – Libertad Digital – 7 de Diciembre 2018

Chávez había dejado claro muchas veces que el suyo no sería un Gobierno más, sino una nueva etapa histórica irrevocable.

 

Hugo Chávez | EFE

Muchos venezolanos mirarán estos días hacia atrás con melancolía y desazón. ¿Qué hubiera sido de su país, y de sus vidas, si la mayoría hubiera votado distinto? ¿Cómo tanta gente se dejó embaucar por un militarote golpista responsable de varias muertes? Hace 20 años, el 6 de diciembre de 1998, más de la mitad de los electores venezolanos entregaron el mando a Hugo Chávez.

La Venezuela de finales de los 90 era un país con enormes problemas. Años de dependencia del petróleo y exuberancia en el gasto habían dejado una economía sin músculo y un Estado hipertrofiado, a menudo corrupto e ineficaz, que era urgente reformar para salvar al país del colapso. Paralelamente, la explosión demográfica había multiplicado el número de pobres. Las laderas de las colinas de Caracas y otras ciudades se habían cubierto de precarias casitas atestadas de desharrapados, a quienes la Administración no alcanzaba a ofrecer lo mínimo.

En ese río revuelto se había propuesto pescar Chávez, un militar dicharachero y ególatra muy influido por la izquierda castrista, que había empezado a conspirar dentro del Ejército a principios de los años ochenta. Su primer intento serio de hacerse con el poder fue por la fuerza en 1992, y dejó varios muertos. Al mando de Chávez, los militares que le siguieron en el golpe tomaron el Palacio de Miraflores con la idea de matar al presidente. El presidente era Carlos Andrés Pérez, que escapó escondido en el maletero de su coche y logró controlar la situación con un discurso de firmeza desde la televisión.

Pese a su derrota y la mala publicidad que debió haberle dado la sangre derramada, Chávez salió envalentonado del golpe. Justo después de la intentona, el golpista derrotado habla ante las cámaras en nombre de su “movimiento militar bolivariano” para reconocer el fracaso de su misión “por ahora” e insistir en que “el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”. Aunque sabía que le esperaba la cárcel, Chávez se mostraba confiado, arrogante incluso. “Vendrán nuevas situaciones”, aventuraba el militar, tocado con después popularísima boina roja de la brigada de paracaidistas a la que pertenecía.

Chávez fue preso por su insurrección, y entre rejas consiguió el capital político que le permitiría ganar las elecciones años más tarde. En la izquierda antisistema de la que provenía, pero también en los salones burgueses que frecuentaban empresarios y políticos, el teniente coronel Chávez había conquistado cierto prestigio. Claro que no era la forma de arreglar las cosas, decían los más civilizados. Pero el Gobierno de Carlos Andrés Pérez le había dado innumerables motivos al militar para rebelarse.

El gobierno de Carlos Andrés estaba formado por brillantes tecnócratas aún muy jóvenes que habían estudiado en EEUU con las exitosas becas del Estado del Bienestar petrolero venezolano. Aunque formaba parte del partido socialdemócrata Acción Democrática, Pérez llevaba a cabo un programa de reformas tan ambicioso como inaplazable, y contra él habían jurado odio eterno la izquierda antisistema, la clase política tradicional, de izquierda y de derecha, y casi todos los sectores productivos nacionales. Los dos primeros le acusaban de neoliberal. Los terceros entendían perfectamente la necesidad de modernización. Para todos menos su sector en particular, donde las circunstancias exigían una excepción a la hora de eliminar el proteccionismo. Como había venido a desmontarles el pesebre, a unos y a otros, todo valía contra Carlos Andrés, hasta el golpista Chávez, y acabaron tumbándole.

El peor momento del segundo Gobierno de Pérez (que ya había sido presidente en los años setenta) fue el tristemente célebre Caracazo, ocurrido nada más llegar Carlos Andrés al poder, en 1989. Su iniciativa de reducir los subsidios y controles de precios que el petróleo había permitido aplicar en Venezuela desde mucho antes de Hugo Chávez hicieron subir el precio de los billetes de autobús y otros servicios básicos. Más de lo que podían permitirse los usuarios, pero menos de lo que necesitaban los transportistas. Miles de personas bajaron de los cerros de Caracas para protestar contra los incrementos quemando, saqueando y destruyendo todo lo que encontraron a su paso. El Gobierno desplegó al Ejército, y 276 personas, según el saldo oficial, murieron durante la represión. La misma izquierda de inspiración cubana que había agitado el avispero para encender la protesta tomó el Caracazo como un símbolo que hasta el día de hoy es parte central del discurso del chavismo.

A Carlos Andrés le sustituyó otro clásico de la política venezolana, que al igual que Pérez ya había sido presidente antes. Procedente de las filas del otro gran partido de la democracia venezolana, el socialcristiano Copei, Rafael Caldera había sido uno de los grandes críticos del segundo y último Gobierno de Carlos Andrés, pero una vez llegó al poder se dio cuenta de que había que hacer lo mismo. Para aplicar las políticas de austeridad que antes había saboteado nombró al exguerrillero comunista Teodoro Petkoff, que mucho tiempo antes había abjurado del comunismo y la lucha armada para reciclarse en un socialista democrático que siempre rechazó el chavismo. Como con Carlos Andrés, las reformas daban poco a poco sus frutos, pero Venezuela había perdido demasiado tiempo, y cuando a Caldera se le acabó el mandato las mejoras solo se veían en algunos gráficos.

Al principio de su segunda presidencia, en 1994, Caldera tomó una decisión polémica, que tendría consecuencias dramáticas para la historia de Venezuela. El recién elegido presidente indultó a Hugo Chávez. Después de pasar dos años en prisión el golpista volvía a la arena política, esta vez sin las armas. Lo primero que hizo fue visitar a Castro en La Habana, donde se declaró “un soldado de un latinoamericano entregado de lleno, y para siempre, a la causa de la Revolución de esta América nuestra”.

Sembrando sobre el terreno fértil que le daba la desesperación de la gente, Chávez empezó a construir su perfil de candidato, y cuatro años después se presentaba a las elecciones como el candidato favorito para sustituir a Caldera. Su discurso era el de todos los revolucionarios que aceptan el camino de las urnas cuando no tienen más remedio o se ven con opciones: la democracia venezolana bipartidista venezolana era un sistema corrupto y oligárquico, que el líder popular enterraría subido a la ola de indignación y esperanza de la gente. El “candado” constitucional por romper de Pablo Iglesias eran para Chávez las “cadenas” de la democracia bipartidista venezolana decadente y burguesa. El “régimen del 78” de Podemos era en el discurso del chavismo originario “la IV República”, que dio 40 años de democracia a Venezuela y había que eliminar con una nueva Constitución que al fin trajera la democracia de verdad, la del pueblo que entrega su soberanía a quien viene a salvarle.

Chávez elegía el discurso y se disfrazaba de lo que hiciera falta según el escenario y el auditorio. Sobre las tarimas de los barrios pobres, con ese patetismo religioso y cursi de macho providencial que enamoró a los futuros creadores de Podemos, tronaba contra una clase dirigente elitista y culpable a la que le había llegado la hora y prometía a los descamisados la abundancia que se les debía. En los platós en los programas del sistema, con corbata y sin boina y un estilo condescendiente y pedagógico que recuerda al del Iglesias amable, prometía estabilidad y moderación y esquivaba con circunloquios las preguntas más incómodas.

Pese al golpe y a sus muertos y las declaraciones de lealtad a Castro, pese a todas las promesas de revolución y el tono bélico con el que hacía campaña, pese a todo ello, multitud de venezolanos formados e inteligentes y buena parte de las élites creyeron poder utilizarlo o se dejaron cautivar por la energía, la simpatía y la frescura del bravucón con ínfulas, que un día como hoy de hace 20 años ganó las elecciones.

Chávez había dejado claro muchas veces que el suyo no sería un Gobierno más, sino una nueva etapa histórica irrevocable que cambiaría para siempre la historia del país. En otras palabras, el chavismo había llegado para quedarse, y hoy vemos que llegó por las urnas, pero nunca se irá por las urnas.

Entre quienes sí vieron quién era el comandante eterno está una de las que fue sus víctimas, el banquero venezolano exiliado Eligio Cedeño. Así cuenta su impresión inmediata de Chávez en un documental de Jorge Lanata. “Cuando yo conocí a Chávez, antes de que fuera presidente (…) me di cuenta de que era un delincuente perfecto y de que iba a acabar con mi país, porque tenía muchísimo odio (…) Mis orígenes fueron en las zonas populares de Venezuela, y lo comparé siempre, por su forma de ser y su forma de actuar, con los peores delincuentes de donde yo vivía. Su conducta para mí fue muy fácil de determinar. No hay ningún estafador exitoso que no sea simpático”.

Igual de claro lo tenía el expresidente Carlos Andrés Pérez 15 días antes de las elecciones que encumbraron a Chávez, y así lo explicó en una entrevista en una de las televisiones que cerró el chavismo; pronosticó con preocupación los resultados y alertó del evidente “autoritarismo” del candidato:

En estos momentos el pueblo desea un cambio profundo y radical, y comete el error en su ceguera de creer que un vengador es quien nos puede venir a resolver las cosas, sin darse cuenta que eso nos va hundir aún en peores circunstancias que las que estamos viviendo actualmente.

“Yo quisiera que los venezolanos se dieran cuenta de que vamos a hundir el país en una tragedia”, añadió Carlos Andrés, y pronosticó como consecuencia del triunfo de Chávez “una dictadura”:

Aquí no habrá ley, aquí no habrá derechos de expresión, aquí las cárceles se abrirán para quien no esté de acuerdo con este Gobierno, no se le permitirá a nadie disentir y todos los problemas que hoy vemos y con los que queremos acabar se harán más graves aún.

La gran estafa llamada Hugo Chávez por Xabier Coscojuela – TalCual – 6 de Diciembre 2018


Hoy se cumplen 20 años del primer triunfo electoral de Hugo Chávez. Ese día, la mayoría de los venezolanos que fue a votar, lo hizo por quien ofrecía convertir la democracia representativa en participativa, acabar con la corrupción y reducir la desigualdad social.

Veinte años después se puede afirmar, sin ninguna duda, que la “revolución” encabezada por el hoy difunto Hugo Chávez es un fraude descomunal que ha provocado una auténtica catástrofe en todos los aspectos de la vida venezolana.

La democracia participativa no pasó de ser un enunciado para captar incautos, pero lo peor es que el chavismo acabó con la democracia en el país. Hoy vivimos bajo un gobierno autoritario, que utiliza los tribunales, el Consejo Nacional Electoral, la fiscalía, para burlarse de la voluntad popular, perseguir y encarcelar a los opositores. Los derechos políticos están confiscados y dependen de los caprichos de Nicolás Maduro y la camarilla que lo acompaña.

La voluntad popular fue burlada y desconocida a partir de diciembre de 2015, cuando los  venezolanos le dieron la mayoría calificada a la oposición en la Asamblea Nacional. Después impidieron el referéndum revocatorio en 2016, convocaron una Asamblea Constituyente violando la Constitución y le robaron el triunfo a Andrés Velásquez en Bolívar.

Posteriormente adelantaron las elecciones presidenciales luego de inhabilitar a varios candidatos y no cumplir el acuerdo suscrito con quienes participaron en esos comicios celebrados en mayo pasado. Este golpe de Estado ha sido dado a plazos, con la total complicidad del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López y el alto mando militar, corresponsables de todo el desastre que vive el país.

Banner 20 años de Chávez

En materia de corrupción lograron lo que parecía imposible. Superar, y por bastante, a la que se produjo durante los gobiernos de Acción Democrática y Copei. Una buena parte de quienes han ocupado posiciones relevantes en el gobierno durante estos veinte años han robado con premeditación, alevosía e impunidad. Y lo siguen haciendo.

Lo que se viene revelando en el exterior, lo que ha sido denunciado en Venezuela por periodistas y diputados, da cuenta de que vivimos, también, en una cleptocracia. Cualquier oportunidad es buena para robar, malversar, dilapidar, derrochar. El país disfrutó el mayor ingreso petrolero de la historia y no fueron capaces de resolver ni mejorar ninguno de los problemas existentes, todo lo contrario.

El sistema sanitario está por el suelo. Enfermedades erradicadas o muy controladas han vuelto a aparecer causando estragos en algunos estados. Los hospitales y centros de salud no cuentan con lo indispensable y quienes allí laboran reciben salarios de hambre.

En la educación la situación no es mejor. Fuga de profesores a todos los niveles, lo que genera una pérdida de la calidad de la enseñanza. Todo ello provocado por unos salarios de hambre. La mejor palanca para lograr la equidad social está inoperante.

De la economía no hay mucho que agregar. Todos los venezolanos viven a diario el desastre, la hecatombe que han provocado con sus políticas de expropiaciones, ataques a la propiedad privada, pillaje y corrupción. Lograron lo que parecía imposible: tener a la gallina de los huevos de oro -Pdvsa- al borde de la quiebra.

Al paso que va, puede pronto producir un millón de barriles al día, la misma cantidad que extraía en 1945, con la diferencia que hoy en este país viven más de 30 millones de personas. El pésimo manejo de esta empresa les impidió aprovechar el último incremento de los precios del crudo.

En resumen, las ofertas y las promesas hechas por Hugo Chávez en 1998 resultaron una estafa. Un fraude. Han provocado una catástrofe en el país. Lo que ocurre demanda a la dirigencia opositora lograr la unidad más amplia posible que permita a la brevedad salir de Maduro y la camarilla corrupta que lo acompaña.

Democracia vs. Chavez 1959/2011 – Asociación Civil Primer Poder – Junio 2012

Los chavistas demócratas de Almagro por Thays Peñalver – Venepress – 11 de Noviembre 2018

Hay dos cosas que no existen, chavismo “democrático” o chavismo “engañado” con aquello del “es que yo pensé que el socialismo era otra cosa”

Los chavistas demócratas de Almagro

 

Algunos cuadros del chavismo que se dicen demócratas se han molestado con mi opinión sobre si son democráticos o no, hoy bien vale explicarles ampliamente cual es mi posición. “Chavista democrático” es un oxímoron muy peligroso, una contradicción en sus términos y esto no lo digo porque a mi me provoque o porque desprecie a la disidencia del proceso que estamos viviendo, sino porque Hugo Chávez era marxista y su proyecto es comunista, así que si alguien es chavista, pues tiene que creer en ese modelo. Por eso considero que puede existir el concepto de “chavismo disidente”, tanto como “chavista arrepentido” como puede también ser renegado o converso, que deberían ser bienvenidos en la transición republicana, pero chavismo democrático, discúlpenme pero eso no existe, porque Chávez no lo era y no solo por golpista, sino porque su proyecto desde sus orígenes fue y continua siendo, la imposición de una dictadura militar de corte comunista en Venezuela. Y esto no tiene nada de democrático.

Podríamos aceptar que existen los llamados “bolivarianos demócratas” entre quienes se destacarían muchos ex militares del “4-F” que acompañaron la conspiración y los intentos de golpe, pero que al darse cuenta de las intenciones marxistas de Hugo Chávez al llegar al poder, optaron por dar varios pasos atrás y retirarse o mas tarde fueron purgados por los comunistas, considero que a esos habría que darles la bienvenida e incorporarlos a la recomposición democrática, pero porque no creyeron en el proyecto de Chávez, por lo tanto tampoco pueden ser llamados chavistas.

Insisto en que es peligroso no aclarar estos términos, porque no son pocos los analistas y peor aun los políticos opositores de Venezuela, que sostienen que hay un chavismo democrático, porque con esa afirmación continúan mal educando al pueblo sembrando un falso concepto: que Chávez no fue, ni es el culpable principal de nuestro presente. Es terrible esto porque están dando a entender que posiblemente era un hombre demócrata o idealista y bonachón con un proyecto humanitario, de buenas intenciones y que llegaron otros desde sus propias filas a destruir su “legado” y robárselo todo. Cuidado con estas irresponsables afirmaciones, porque están dejándole a las nuevas generaciones la puerta abierta para creerse redentores o algo peor, darle continuidad al peor experimento llevado a cabo en este país, el chavismo.

Lo peor repito, es que no solo son algunos analistas, sino la clase política de alto nivel, que se niega o no se atreven a educar a las bases para que responsabilicen de nuestro presente a Chávez, los estamos viendo desde hace tiempo usando el mismo lema que el gobierno: “no es conveniente hablar mal de Chávez”, como me dijera en una ocasión un líder político en clara demostración de su absoluta ingenuidad en la política, pero sobre todo su desconocimiento del enemigo que tenía al frente.

No amigos lectores no se trata de hablar mal o bien de Hugo Chávez, sino de analizar, entender y ser objetivos con su proyecto, se trata de definir al hombre y a su proceso, pero sobre todo, se trata de no confundir a los venezolanos mas de lo que están. Si alguien es chavista no tiene excusas y no se haga pasar por demócrata porque su líder no lo engañó nunca ya que Chávez se los dijo alto y muy claro:

“Yo soy marxista y creo que el marxismo (..) yo soy un revolucionario y también soy marxista. (en el pasado no habían) las condiciones objetivas, no había condiciones objetivas en aquel momento (pero sí) Este es el proyecto nuestro, ahora (marxista). No! no lo estoy imponiendo, estoy llamando a que lo construyamos entre todos; no engañé a nadie, la campaña electoral del año 2006, vayan a buscar los videos y lo dije en todas partes: Vamos al socialismo”.

Por lo tanto hay dos cosas muy claras y que no existen, chavismo “democrático” o chavismo “engañado” con aquello del “es que yo pensé que el socialismo era otra cosa”. Y es que no se puede ser mas chavista que Chávez, ni interpretarlo a conveniencia. Porque para serlo debe primero que todo creer en el propio Hugo, es decir respetar “las verdades, en el marxismo”, plantear que la clase media actual (burguesa) debe “extinguirse” junto a su “visión burguesa de la sociedad” y que si protesta debe darles gas del bueno “porque son fuerzas reaccionarias del Estado Burgués”, debe usted compartir la tesis de Marx: “Proletarios del mundo, Uníos” debe explicar que “Marx tenía razón cuando hablaba de la explotación del hombre por el hombre”  y en especial, que también en “tenía razón en ese problema de la plusvalía”, debe creer en el “nuevo modelo” no sólo productivo, no sólo de propiedad sino además de distribución, en el que se elimina “la intermediación capitalista, ¿eh? La grosera plusvalía”. Ese es vuestro líder y créanme, no era nada democrático.

Si alguien es chavista entonces debe comulgar con frases como estas dichas por el propio Chávez cuando se refería al “robo de un sistema, el Capitalismo. Cuya naturaleza es el saqueo, el robo, la explotación de los recursos naturales y luego el saqueo a la población”, usted tiene que dar la “batalla por el socialismo, batalla anticapitalista” para “quebrar ese modelo, capitalista y expropiar cualquier negocio que explote al pueblo (que son todos), para transformarlo en el mercado socialista y quitarle la plusvalía” porque la “llamada plusvalía, es la explotación del trabajador”.

Si alguien es chavista debe creer fielmente en el “sistema que estamos creando en Venezuela, un sistema socialista” basado en “la colectivización no forzosa (..) humanamente gratificante (..) para no echarles el ejercito como hizo Stalin (..) sino voluntaria, de la mano del Estado”, dejando solo al que tenga “dos vaquitas o el carrito de helados tin tin tin o las barberías” debe creer en “la propiedad social de los medios de producción y especialmente en nuestro caso, de los factores estratégicos de la economía” (que son todos industria, comercio y distribución mayorista, agricultura y turismo), porque se los dijo bien claro, “en nuestro proyecto (..) todo el alimento que se suministra en Venezuela viene por vía de la propiedad social (..) y no solo los alimentos sino los canales de distribución” y punto. Clap, clap, CLAP.

Por eso le insisto, Si alguien es un chavista verdadero, significa que usted debe creer en el comunismo ortodoxo del siglo XX, pero omitiendo el “error de Stalin de hacerlo por la vía de la fuerza”. En fin no creer en el comunismo por su nombre, sino creer fervientemente en la suma de sus partes, que es lo que hizo Hugo Chávez hasta el día de hoy, aunque no esté vivo.

Usted amigo chavista debe entonces continuar con el legado y proponer que los trabajadores tomen el control de las empresas que todavía quedan en pie,  porque Chávez pretendía que todas pasaran a ser “propiedad social de los medios de producción, para que ésta no se convierta de un mecanismo de explotación del hombre por el hombre, como lo es en el capitalismo” y además deben seguir luchando para hacer creer a todos que es ese el “mecanismo, un proceso de liberación del hombre”.

Por lo tanto usted para ser chavista e identificarse con Chávez sabe muy bien que tiene que ser comunista, así que no se trata estimados opinadores, analistas y políticos de caerle bien al chavismo disidente llamándolo democrático o aplaudiendo cuando ellos se autocalifican de esa forma, se trata, repito, de educar a un país para que no vuelva a caer en la trampa del socialismo depredador que acabó con Venezuela. Podemos entender que los puentes hacia el otro lado sean importantes, nos imaginamos que ya están en eso, pero si realmente están trabajando por el futuro y en beneficio de nuestro país, no dejen de decir nunca que en el comunismo la única democracia conocida, es aquella en la que no cabemos los millones de venezolanos que nos consideramos librepensadores

Para nadie es un secreto que vivimos tiempos de cambios y que la comunidad internacional maneja los hilos conductores de esos cambios, pero aquí en Venezuela uno de los tantos problemas que enfrentamos, además de estar secuestrados por el comunismo, es que pareciera (y los hechos, obstáculos y errores cometidos así lo indican) que en la clase política opositora, hay mucho comunista disimulado, estos personajes siempre han estado agazapados esperando su turno al bate, han ido sigilosamente barriendo con los liderazgos emergentes y con una generación completa del relevo político porque muy posiblemente creen que Chávez falló en la aplicación del modelo, pero ellos son los llamados a llevar el proceso histórico.

Y aquí bien vale detenernos un segundo para explicarles a los analistas y a la clase política que difunde esas ideas del chavismo democrático, el inmenso daño que están haciéndole al tejido social venezolano aplicando el término, pues lo peor que pueden hacer esos políticos y analistas es confundir al pueblo en lo que es o no es una democracia. Sobre todo cuando los comunistas impusieron el termino en la “internacional comunista”, con fines de demoler los verdaderos valores democráticos, de allí al “oxímoron peligroso” Republica Democrática del norte de Vietnam, Republica democrática Norcoreana, Democrática del Congo, Democrática de Yemen o la Republica unitaria y democrática de Cuba. De allí que los “verdaderos demócratas” sean exactamente Fidel Castro o cualquiera de los 25 dictadores mas despiadados del África.

De manera que, crea o no en Chávez, en lo que sí debe creer es en lo que nos está pasando: “el Estado se irá extinguiendo como una llama que va apagándose, extinguiendo el Estado burgués. El Estado burgués tiene que ir en nuestro caso transformándose, en la praxis decimos aquí en el Estado Comunal”. Usted si es chavista debe destruir “este estado burgués, que acorta o que limita el avance y el desarrollo del socialismo y a su vez (colaborar) con el montaje del estado socialista, del estado comunal”. Si alguien es chavista es radicalmente anticapitalista y todo aquel que tenga ideas liberales es el enemigo. Dicho de otro modo, usted como chavista no puede creer en la separación de los Poderes, en la justicia imparcial, en la autonomía de los Poderes públicos ni en las instituciones, porque todo eso es “el estado burgués”.

¿Usted conoce a alguien chavista? Entonces él deber creer que los controles no son únicamente para obtener precios mas baratos, sino para asfixiar al sector privado hasta acabar con éste “esclavismo capitalista y de todo lo que es la plusvalía y el precio, el dinero, la especulación capitalista y la podredumbre burguesa”. Por eso, aunque de este lado no lo quieran admitir, la hiperinflación ha sido intencional para acabar con la institución del dinero, para que la moneda se extinga, como en efecto sucedió y para que la clase media burguesa termine destruida y exiliada sus profesionales, profesores de todas las áreas y su juventud. Esto no es un “modelo económico errado que ha traicionado al Comandante”, señores sean honestos, estamos ante un modelo político que su líder  que se hartó de explicarnos en interminables cadenas de radio y TV, y que ustedes muy saben que lo están llevando en la practica y sistemáticamente.

Finalmente, amigos lectores, también le explico que no existe tal cosa como “yo soy chavista, pero no madurista”, porque Chávez se lo dejó a todos muy claro con la posición “firme, plena, irrevocable, absoluta y total” de que Nicolás Maduro sea el próximo líder de la revolución y el único capaz de llevar adelante su modelo comunista. Así que ni lo ha traicionado ni se le ha “volteado”, de modo que no insistan porque no hay forma de deslindarse del presente porque todos están atados a la misma falla de origen: Hugo Chávez.

Así que no hay democracia en el chavismo, no porque se vote o no como en Cuba (que así lo ha resumido hasta la oposición), sino porque en el mundo de los chavistas, no cabemos los capitalistas, los liberales, los del centro, izquierda o la derecha, los que creemos en la propiedad privada, en el respeto a la Constitución y las leyes, la separación y vigilancia entre si de los Poderes, en fin los “burgueses” pues en el chavismo  a nosotros nos toca la “reeducación”, nuestro destino para los chavistas es la disidencia en la que toda protesta es “ser reaccionarios”, nos toca el exilio, la cárcel o algo peor.

Me despido citando al gran poeta Charles Baudelaire: “El mejor truco del diablo fue convencernos de que no existe”, el mejor truco del chavismo es precisamente ese, convencernos de que no son comunistas, sino los verdaderos demócratas. Lástima que en esta tarea, muchos opositores los estén ayudando. 

«El pueblo soy yo»: así fue el descenso a los infiernos de Venezuela por culpa de Hugo Chávez por Alicia G.Arribas – ABC – 7 de Octubre 2018

El cineasta e historiador Carlos Oteyza analiza en su nueva película cómo logró el líder venezolano hacer que cambiase el país.

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El cineasta e historiador Carlos Oteyza ha quitado el velo de mentira que se esfuerza por mantener el gobierno venezonalo en torno a la imagen de Hugo Chávez. Pero no lo ha hecho a través de los cauces habituales, sino mediante una nueva cinta que será estrenada por fin en las salas españolas y en la que lleva a cabo una disección de cómo y por qué este controvertido personaje es el responsable del «hoy venezolano». Se trata de «El pueblo soy yo», un documental cuyo subtítulo: «Venezuela en populismo»,

Formado en París, Oteyza lleva cuarenta años analizando la vida de su país, Venezuela, donde nació, vive y trabaja, tanto con cine de ficción, con cintas como «El Escándalo» (1987), sobre un caso real de corrupción y espionaje dentro de la industria petrolera nacional, como en una serie de documentales de la que hoy presenta su penúltimo capítulo.

De hecho, explica el director, habría que empezar a contar la historia en los años 80.

«Entonces había tanto dinero que pensamos que saldríamos del tercer mundo y entraríamos en el primero; esos dinerales, que vuelven locos a los futbolistas -pone como ejemplo- también enloquecen a un país porque sus gentes se creen que son ricos. Y solo fue que tuvimos dinero y lo gastamos, no lo invertimos».

Apoyado en testimonios de intelectuales e investigadores «de posición crítica pero que no vierten en la película», aclara Oteyza, -de Enrique Krauze a Loris Zanatta, pasando por el biógrafo de Chávez Alberto Barrera Tyszka, o la escritora Ana Rosa Torres- Oteyza no quiere «dar soluciones», ni siquiera analizar políticamente su situación actual.

«Es un toque de atención, una provocación a una mirada reflexiva que ayude a entender el proceso que nos ha llevado a esta tragedia que vive Venezuela», apunta.

Y alerta de que «cualquier democracia que sufra una crisis económica grave puede devenir en populismo»; hoy, afirma tajante, «el populismo está aquí, en Europa, no sólo en América Latina, acechando. Y esto no cambiará hasta que no aceptemos que hay una crisis de las democracias».

Las nuevas realidades, explica, impactan en la gente que «empieza a no sentirse representada y así surgen los líderes carismáticos que saben hablar bien en la tele; en Venezuela -resume-, las consecuencias han sido aterradoras».

La diáspora, el desabastecimiento, los sueldos de treinta dólares al mes de las clases medias, el inmovilismo político de Nicolás Maduro, la intervención de los medios de comunicación y la desintegración de las instituciones: esas son las consecuencias del populismo.

Autor de la trilogía «El reventón. Una historia del petróleo en Venezuela (1883-1999)», documental en tres partes que se remonta al descubrimiento del petróleo en 1883, Oteyza ya hizo cine sobre los gobiernos del dictador Marcos Pérez Jiménez y de las dos presidencias de Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993).

Ahora explica en cinco partes las condiciones que permitieron que un golpista saliera de la cárcel para ser presidente de la república; su enamoramiento con el castrismo, cómo se deshizo de las instituciones, o el tremendo desengaño de la gente.

Capítulo aparte merece la intervención en este proceso de «algunos españoles que estuvieron en Venezuela cuando el barril del petróleo estaba a 100-110 dólares. Eso duró algunos años, pero esos asesores se volvieron para España sin pensar que esos precios del petróleo no durarían siempre, y todo se vino abajo», explica Oteyza.

«Cuando uno ve el país hoy, ve que aquello fue espuma, una burbuja que se escapó; era un momento ideal para dar discursos bonitos. Aquellos españoles pensaron que estaban modelando una nueva forma de gobernar en el siglo XXI», dice en referencia a algunos dirigentes de Podemos, entre ellos, Juan Carlos Monedero, al que no nombra.

«Pero el precio del petróleo bajó, las empresas tomadas dejaron de producir y se volteó la tortilla. Lo que parecía un modelo se convirtió en un dolor. Es importante que en España tengan esto claro”, advierte, porque “estos líderes tratan siempre de convencer de que todo el problema se basa en la corrupción y eso es una manera de tomar luego la constitucionalidad», como pasó en Venezuela, dice.

El documental se estrena el viernes 11 de octubre en las salas españolas.

 

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