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Cuando Venezuela saltó al vacío: 20 años del triunfo de Chávez por Marcel Gascón Barberá – Libertad Digital – 7 de Diciembre 2018

Chávez había dejado claro muchas veces que el suyo no sería un Gobierno más, sino una nueva etapa histórica irrevocable.

 

Hugo Chávez | EFE

Muchos venezolanos mirarán estos días hacia atrás con melancolía y desazón. ¿Qué hubiera sido de su país, y de sus vidas, si la mayoría hubiera votado distinto? ¿Cómo tanta gente se dejó embaucar por un militarote golpista responsable de varias muertes? Hace 20 años, el 6 de diciembre de 1998, más de la mitad de los electores venezolanos entregaron el mando a Hugo Chávez.

La Venezuela de finales de los 90 era un país con enormes problemas. Años de dependencia del petróleo y exuberancia en el gasto habían dejado una economía sin músculo y un Estado hipertrofiado, a menudo corrupto e ineficaz, que era urgente reformar para salvar al país del colapso. Paralelamente, la explosión demográfica había multiplicado el número de pobres. Las laderas de las colinas de Caracas y otras ciudades se habían cubierto de precarias casitas atestadas de desharrapados, a quienes la Administración no alcanzaba a ofrecer lo mínimo.

En ese río revuelto se había propuesto pescar Chávez, un militar dicharachero y ególatra muy influido por la izquierda castrista, que había empezado a conspirar dentro del Ejército a principios de los años ochenta. Su primer intento serio de hacerse con el poder fue por la fuerza en 1992, y dejó varios muertos. Al mando de Chávez, los militares que le siguieron en el golpe tomaron el Palacio de Miraflores con la idea de matar al presidente. El presidente era Carlos Andrés Pérez, que escapó escondido en el maletero de su coche y logró controlar la situación con un discurso de firmeza desde la televisión.

Pese a su derrota y la mala publicidad que debió haberle dado la sangre derramada, Chávez salió envalentonado del golpe. Justo después de la intentona, el golpista derrotado habla ante las cámaras en nombre de su “movimiento militar bolivariano” para reconocer el fracaso de su misión “por ahora” e insistir en que “el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”. Aunque sabía que le esperaba la cárcel, Chávez se mostraba confiado, arrogante incluso. “Vendrán nuevas situaciones”, aventuraba el militar, tocado con después popularísima boina roja de la brigada de paracaidistas a la que pertenecía.

Chávez fue preso por su insurrección, y entre rejas consiguió el capital político que le permitiría ganar las elecciones años más tarde. En la izquierda antisistema de la que provenía, pero también en los salones burgueses que frecuentaban empresarios y políticos, el teniente coronel Chávez había conquistado cierto prestigio. Claro que no era la forma de arreglar las cosas, decían los más civilizados. Pero el Gobierno de Carlos Andrés Pérez le había dado innumerables motivos al militar para rebelarse.

El gobierno de Carlos Andrés estaba formado por brillantes tecnócratas aún muy jóvenes que habían estudiado en EEUU con las exitosas becas del Estado del Bienestar petrolero venezolano. Aunque formaba parte del partido socialdemócrata Acción Democrática, Pérez llevaba a cabo un programa de reformas tan ambicioso como inaplazable, y contra él habían jurado odio eterno la izquierda antisistema, la clase política tradicional, de izquierda y de derecha, y casi todos los sectores productivos nacionales. Los dos primeros le acusaban de neoliberal. Los terceros entendían perfectamente la necesidad de modernización. Para todos menos su sector en particular, donde las circunstancias exigían una excepción a la hora de eliminar el proteccionismo. Como había venido a desmontarles el pesebre, a unos y a otros, todo valía contra Carlos Andrés, hasta el golpista Chávez, y acabaron tumbándole.

El peor momento del segundo Gobierno de Pérez (que ya había sido presidente en los años setenta) fue el tristemente célebre Caracazo, ocurrido nada más llegar Carlos Andrés al poder, en 1989. Su iniciativa de reducir los subsidios y controles de precios que el petróleo había permitido aplicar en Venezuela desde mucho antes de Hugo Chávez hicieron subir el precio de los billetes de autobús y otros servicios básicos. Más de lo que podían permitirse los usuarios, pero menos de lo que necesitaban los transportistas. Miles de personas bajaron de los cerros de Caracas para protestar contra los incrementos quemando, saqueando y destruyendo todo lo que encontraron a su paso. El Gobierno desplegó al Ejército, y 276 personas, según el saldo oficial, murieron durante la represión. La misma izquierda de inspiración cubana que había agitado el avispero para encender la protesta tomó el Caracazo como un símbolo que hasta el día de hoy es parte central del discurso del chavismo.

A Carlos Andrés le sustituyó otro clásico de la política venezolana, que al igual que Pérez ya había sido presidente antes. Procedente de las filas del otro gran partido de la democracia venezolana, el socialcristiano Copei, Rafael Caldera había sido uno de los grandes críticos del segundo y último Gobierno de Carlos Andrés, pero una vez llegó al poder se dio cuenta de que había que hacer lo mismo. Para aplicar las políticas de austeridad que antes había saboteado nombró al exguerrillero comunista Teodoro Petkoff, que mucho tiempo antes había abjurado del comunismo y la lucha armada para reciclarse en un socialista democrático que siempre rechazó el chavismo. Como con Carlos Andrés, las reformas daban poco a poco sus frutos, pero Venezuela había perdido demasiado tiempo, y cuando a Caldera se le acabó el mandato las mejoras solo se veían en algunos gráficos.

Al principio de su segunda presidencia, en 1994, Caldera tomó una decisión polémica, que tendría consecuencias dramáticas para la historia de Venezuela. El recién elegido presidente indultó a Hugo Chávez. Después de pasar dos años en prisión el golpista volvía a la arena política, esta vez sin las armas. Lo primero que hizo fue visitar a Castro en La Habana, donde se declaró “un soldado de un latinoamericano entregado de lleno, y para siempre, a la causa de la Revolución de esta América nuestra”.

Sembrando sobre el terreno fértil que le daba la desesperación de la gente, Chávez empezó a construir su perfil de candidato, y cuatro años después se presentaba a las elecciones como el candidato favorito para sustituir a Caldera. Su discurso era el de todos los revolucionarios que aceptan el camino de las urnas cuando no tienen más remedio o se ven con opciones: la democracia venezolana bipartidista venezolana era un sistema corrupto y oligárquico, que el líder popular enterraría subido a la ola de indignación y esperanza de la gente. El “candado” constitucional por romper de Pablo Iglesias eran para Chávez las “cadenas” de la democracia bipartidista venezolana decadente y burguesa. El “régimen del 78” de Podemos era en el discurso del chavismo originario “la IV República”, que dio 40 años de democracia a Venezuela y había que eliminar con una nueva Constitución que al fin trajera la democracia de verdad, la del pueblo que entrega su soberanía a quien viene a salvarle.

Chávez elegía el discurso y se disfrazaba de lo que hiciera falta según el escenario y el auditorio. Sobre las tarimas de los barrios pobres, con ese patetismo religioso y cursi de macho providencial que enamoró a los futuros creadores de Podemos, tronaba contra una clase dirigente elitista y culpable a la que le había llegado la hora y prometía a los descamisados la abundancia que se les debía. En los platós en los programas del sistema, con corbata y sin boina y un estilo condescendiente y pedagógico que recuerda al del Iglesias amable, prometía estabilidad y moderación y esquivaba con circunloquios las preguntas más incómodas.

Pese al golpe y a sus muertos y las declaraciones de lealtad a Castro, pese a todas las promesas de revolución y el tono bélico con el que hacía campaña, pese a todo ello, multitud de venezolanos formados e inteligentes y buena parte de las élites creyeron poder utilizarlo o se dejaron cautivar por la energía, la simpatía y la frescura del bravucón con ínfulas, que un día como hoy de hace 20 años ganó las elecciones.

Chávez había dejado claro muchas veces que el suyo no sería un Gobierno más, sino una nueva etapa histórica irrevocable que cambiaría para siempre la historia del país. En otras palabras, el chavismo había llegado para quedarse, y hoy vemos que llegó por las urnas, pero nunca se irá por las urnas.

Entre quienes sí vieron quién era el comandante eterno está una de las que fue sus víctimas, el banquero venezolano exiliado Eligio Cedeño. Así cuenta su impresión inmediata de Chávez en un documental de Jorge Lanata. “Cuando yo conocí a Chávez, antes de que fuera presidente (…) me di cuenta de que era un delincuente perfecto y de que iba a acabar con mi país, porque tenía muchísimo odio (…) Mis orígenes fueron en las zonas populares de Venezuela, y lo comparé siempre, por su forma de ser y su forma de actuar, con los peores delincuentes de donde yo vivía. Su conducta para mí fue muy fácil de determinar. No hay ningún estafador exitoso que no sea simpático”.

Igual de claro lo tenía el expresidente Carlos Andrés Pérez 15 días antes de las elecciones que encumbraron a Chávez, y así lo explicó en una entrevista en una de las televisiones que cerró el chavismo; pronosticó con preocupación los resultados y alertó del evidente “autoritarismo” del candidato:

En estos momentos el pueblo desea un cambio profundo y radical, y comete el error en su ceguera de creer que un vengador es quien nos puede venir a resolver las cosas, sin darse cuenta que eso nos va hundir aún en peores circunstancias que las que estamos viviendo actualmente.

“Yo quisiera que los venezolanos se dieran cuenta de que vamos a hundir el país en una tragedia”, añadió Carlos Andrés, y pronosticó como consecuencia del triunfo de Chávez “una dictadura”:

Aquí no habrá ley, aquí no habrá derechos de expresión, aquí las cárceles se abrirán para quien no esté de acuerdo con este Gobierno, no se le permitirá a nadie disentir y todos los problemas que hoy vemos y con los que queremos acabar se harán más graves aún.

La gran estafa llamada Hugo Chávez por Xabier Coscojuela – TalCual – 6 de Diciembre 2018


Hoy se cumplen 20 años del primer triunfo electoral de Hugo Chávez. Ese día, la mayoría de los venezolanos que fue a votar, lo hizo por quien ofrecía convertir la democracia representativa en participativa, acabar con la corrupción y reducir la desigualdad social.

Veinte años después se puede afirmar, sin ninguna duda, que la “revolución” encabezada por el hoy difunto Hugo Chávez es un fraude descomunal que ha provocado una auténtica catástrofe en todos los aspectos de la vida venezolana.

La democracia participativa no pasó de ser un enunciado para captar incautos, pero lo peor es que el chavismo acabó con la democracia en el país. Hoy vivimos bajo un gobierno autoritario, que utiliza los tribunales, el Consejo Nacional Electoral, la fiscalía, para burlarse de la voluntad popular, perseguir y encarcelar a los opositores. Los derechos políticos están confiscados y dependen de los caprichos de Nicolás Maduro y la camarilla que lo acompaña.

La voluntad popular fue burlada y desconocida a partir de diciembre de 2015, cuando los  venezolanos le dieron la mayoría calificada a la oposición en la Asamblea Nacional. Después impidieron el referéndum revocatorio en 2016, convocaron una Asamblea Constituyente violando la Constitución y le robaron el triunfo a Andrés Velásquez en Bolívar.

Posteriormente adelantaron las elecciones presidenciales luego de inhabilitar a varios candidatos y no cumplir el acuerdo suscrito con quienes participaron en esos comicios celebrados en mayo pasado. Este golpe de Estado ha sido dado a plazos, con la total complicidad del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López y el alto mando militar, corresponsables de todo el desastre que vive el país.

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En materia de corrupción lograron lo que parecía imposible. Superar, y por bastante, a la que se produjo durante los gobiernos de Acción Democrática y Copei. Una buena parte de quienes han ocupado posiciones relevantes en el gobierno durante estos veinte años han robado con premeditación, alevosía e impunidad. Y lo siguen haciendo.

Lo que se viene revelando en el exterior, lo que ha sido denunciado en Venezuela por periodistas y diputados, da cuenta de que vivimos, también, en una cleptocracia. Cualquier oportunidad es buena para robar, malversar, dilapidar, derrochar. El país disfrutó el mayor ingreso petrolero de la historia y no fueron capaces de resolver ni mejorar ninguno de los problemas existentes, todo lo contrario.

El sistema sanitario está por el suelo. Enfermedades erradicadas o muy controladas han vuelto a aparecer causando estragos en algunos estados. Los hospitales y centros de salud no cuentan con lo indispensable y quienes allí laboran reciben salarios de hambre.

En la educación la situación no es mejor. Fuga de profesores a todos los niveles, lo que genera una pérdida de la calidad de la enseñanza. Todo ello provocado por unos salarios de hambre. La mejor palanca para lograr la equidad social está inoperante.

De la economía no hay mucho que agregar. Todos los venezolanos viven a diario el desastre, la hecatombe que han provocado con sus políticas de expropiaciones, ataques a la propiedad privada, pillaje y corrupción. Lograron lo que parecía imposible: tener a la gallina de los huevos de oro -Pdvsa- al borde de la quiebra.

Al paso que va, puede pronto producir un millón de barriles al día, la misma cantidad que extraía en 1945, con la diferencia que hoy en este país viven más de 30 millones de personas. El pésimo manejo de esta empresa les impidió aprovechar el último incremento de los precios del crudo.

En resumen, las ofertas y las promesas hechas por Hugo Chávez en 1998 resultaron una estafa. Un fraude. Han provocado una catástrofe en el país. Lo que ocurre demanda a la dirigencia opositora lograr la unidad más amplia posible que permita a la brevedad salir de Maduro y la camarilla corrupta que lo acompaña.

Democracia vs. Chavez 1959/2011 – Asociación Civil Primer Poder – Junio 2012

Los chavistas demócratas de Almagro por Thays Peñalver – Venepress – 11 de Noviembre 2018

Hay dos cosas que no existen, chavismo “democrático” o chavismo “engañado” con aquello del “es que yo pensé que el socialismo era otra cosa”

Los chavistas demócratas de Almagro

 

Algunos cuadros del chavismo que se dicen demócratas se han molestado con mi opinión sobre si son democráticos o no, hoy bien vale explicarles ampliamente cual es mi posición. “Chavista democrático” es un oxímoron muy peligroso, una contradicción en sus términos y esto no lo digo porque a mi me provoque o porque desprecie a la disidencia del proceso que estamos viviendo, sino porque Hugo Chávez era marxista y su proyecto es comunista, así que si alguien es chavista, pues tiene que creer en ese modelo. Por eso considero que puede existir el concepto de “chavismo disidente”, tanto como “chavista arrepentido” como puede también ser renegado o converso, que deberían ser bienvenidos en la transición republicana, pero chavismo democrático, discúlpenme pero eso no existe, porque Chávez no lo era y no solo por golpista, sino porque su proyecto desde sus orígenes fue y continua siendo, la imposición de una dictadura militar de corte comunista en Venezuela. Y esto no tiene nada de democrático.

Podríamos aceptar que existen los llamados “bolivarianos demócratas” entre quienes se destacarían muchos ex militares del “4-F” que acompañaron la conspiración y los intentos de golpe, pero que al darse cuenta de las intenciones marxistas de Hugo Chávez al llegar al poder, optaron por dar varios pasos atrás y retirarse o mas tarde fueron purgados por los comunistas, considero que a esos habría que darles la bienvenida e incorporarlos a la recomposición democrática, pero porque no creyeron en el proyecto de Chávez, por lo tanto tampoco pueden ser llamados chavistas.

Insisto en que es peligroso no aclarar estos términos, porque no son pocos los analistas y peor aun los políticos opositores de Venezuela, que sostienen que hay un chavismo democrático, porque con esa afirmación continúan mal educando al pueblo sembrando un falso concepto: que Chávez no fue, ni es el culpable principal de nuestro presente. Es terrible esto porque están dando a entender que posiblemente era un hombre demócrata o idealista y bonachón con un proyecto humanitario, de buenas intenciones y que llegaron otros desde sus propias filas a destruir su “legado” y robárselo todo. Cuidado con estas irresponsables afirmaciones, porque están dejándole a las nuevas generaciones la puerta abierta para creerse redentores o algo peor, darle continuidad al peor experimento llevado a cabo en este país, el chavismo.

Lo peor repito, es que no solo son algunos analistas, sino la clase política de alto nivel, que se niega o no se atreven a educar a las bases para que responsabilicen de nuestro presente a Chávez, los estamos viendo desde hace tiempo usando el mismo lema que el gobierno: “no es conveniente hablar mal de Chávez”, como me dijera en una ocasión un líder político en clara demostración de su absoluta ingenuidad en la política, pero sobre todo su desconocimiento del enemigo que tenía al frente.

No amigos lectores no se trata de hablar mal o bien de Hugo Chávez, sino de analizar, entender y ser objetivos con su proyecto, se trata de definir al hombre y a su proceso, pero sobre todo, se trata de no confundir a los venezolanos mas de lo que están. Si alguien es chavista no tiene excusas y no se haga pasar por demócrata porque su líder no lo engañó nunca ya que Chávez se los dijo alto y muy claro:

“Yo soy marxista y creo que el marxismo (..) yo soy un revolucionario y también soy marxista. (en el pasado no habían) las condiciones objetivas, no había condiciones objetivas en aquel momento (pero sí) Este es el proyecto nuestro, ahora (marxista). No! no lo estoy imponiendo, estoy llamando a que lo construyamos entre todos; no engañé a nadie, la campaña electoral del año 2006, vayan a buscar los videos y lo dije en todas partes: Vamos al socialismo”.

Por lo tanto hay dos cosas muy claras y que no existen, chavismo “democrático” o chavismo “engañado” con aquello del “es que yo pensé que el socialismo era otra cosa”. Y es que no se puede ser mas chavista que Chávez, ni interpretarlo a conveniencia. Porque para serlo debe primero que todo creer en el propio Hugo, es decir respetar “las verdades, en el marxismo”, plantear que la clase media actual (burguesa) debe “extinguirse” junto a su “visión burguesa de la sociedad” y que si protesta debe darles gas del bueno “porque son fuerzas reaccionarias del Estado Burgués”, debe usted compartir la tesis de Marx: “Proletarios del mundo, Uníos” debe explicar que “Marx tenía razón cuando hablaba de la explotación del hombre por el hombre”  y en especial, que también en “tenía razón en ese problema de la plusvalía”, debe creer en el “nuevo modelo” no sólo productivo, no sólo de propiedad sino además de distribución, en el que se elimina “la intermediación capitalista, ¿eh? La grosera plusvalía”. Ese es vuestro líder y créanme, no era nada democrático.

Si alguien es chavista entonces debe comulgar con frases como estas dichas por el propio Chávez cuando se refería al “robo de un sistema, el Capitalismo. Cuya naturaleza es el saqueo, el robo, la explotación de los recursos naturales y luego el saqueo a la población”, usted tiene que dar la “batalla por el socialismo, batalla anticapitalista” para “quebrar ese modelo, capitalista y expropiar cualquier negocio que explote al pueblo (que son todos), para transformarlo en el mercado socialista y quitarle la plusvalía” porque la “llamada plusvalía, es la explotación del trabajador”.

Si alguien es chavista debe creer fielmente en el “sistema que estamos creando en Venezuela, un sistema socialista” basado en “la colectivización no forzosa (..) humanamente gratificante (..) para no echarles el ejercito como hizo Stalin (..) sino voluntaria, de la mano del Estado”, dejando solo al que tenga “dos vaquitas o el carrito de helados tin tin tin o las barberías” debe creer en “la propiedad social de los medios de producción y especialmente en nuestro caso, de los factores estratégicos de la economía” (que son todos industria, comercio y distribución mayorista, agricultura y turismo), porque se los dijo bien claro, “en nuestro proyecto (..) todo el alimento que se suministra en Venezuela viene por vía de la propiedad social (..) y no solo los alimentos sino los canales de distribución” y punto. Clap, clap, CLAP.

Por eso le insisto, Si alguien es un chavista verdadero, significa que usted debe creer en el comunismo ortodoxo del siglo XX, pero omitiendo el “error de Stalin de hacerlo por la vía de la fuerza”. En fin no creer en el comunismo por su nombre, sino creer fervientemente en la suma de sus partes, que es lo que hizo Hugo Chávez hasta el día de hoy, aunque no esté vivo.

Usted amigo chavista debe entonces continuar con el legado y proponer que los trabajadores tomen el control de las empresas que todavía quedan en pie,  porque Chávez pretendía que todas pasaran a ser “propiedad social de los medios de producción, para que ésta no se convierta de un mecanismo de explotación del hombre por el hombre, como lo es en el capitalismo” y además deben seguir luchando para hacer creer a todos que es ese el “mecanismo, un proceso de liberación del hombre”.

Por lo tanto usted para ser chavista e identificarse con Chávez sabe muy bien que tiene que ser comunista, así que no se trata estimados opinadores, analistas y políticos de caerle bien al chavismo disidente llamándolo democrático o aplaudiendo cuando ellos se autocalifican de esa forma, se trata, repito, de educar a un país para que no vuelva a caer en la trampa del socialismo depredador que acabó con Venezuela. Podemos entender que los puentes hacia el otro lado sean importantes, nos imaginamos que ya están en eso, pero si realmente están trabajando por el futuro y en beneficio de nuestro país, no dejen de decir nunca que en el comunismo la única democracia conocida, es aquella en la que no cabemos los millones de venezolanos que nos consideramos librepensadores

Para nadie es un secreto que vivimos tiempos de cambios y que la comunidad internacional maneja los hilos conductores de esos cambios, pero aquí en Venezuela uno de los tantos problemas que enfrentamos, además de estar secuestrados por el comunismo, es que pareciera (y los hechos, obstáculos y errores cometidos así lo indican) que en la clase política opositora, hay mucho comunista disimulado, estos personajes siempre han estado agazapados esperando su turno al bate, han ido sigilosamente barriendo con los liderazgos emergentes y con una generación completa del relevo político porque muy posiblemente creen que Chávez falló en la aplicación del modelo, pero ellos son los llamados a llevar el proceso histórico.

Y aquí bien vale detenernos un segundo para explicarles a los analistas y a la clase política que difunde esas ideas del chavismo democrático, el inmenso daño que están haciéndole al tejido social venezolano aplicando el término, pues lo peor que pueden hacer esos políticos y analistas es confundir al pueblo en lo que es o no es una democracia. Sobre todo cuando los comunistas impusieron el termino en la “internacional comunista”, con fines de demoler los verdaderos valores democráticos, de allí al “oxímoron peligroso” Republica Democrática del norte de Vietnam, Republica democrática Norcoreana, Democrática del Congo, Democrática de Yemen o la Republica unitaria y democrática de Cuba. De allí que los “verdaderos demócratas” sean exactamente Fidel Castro o cualquiera de los 25 dictadores mas despiadados del África.

De manera que, crea o no en Chávez, en lo que sí debe creer es en lo que nos está pasando: “el Estado se irá extinguiendo como una llama que va apagándose, extinguiendo el Estado burgués. El Estado burgués tiene que ir en nuestro caso transformándose, en la praxis decimos aquí en el Estado Comunal”. Usted si es chavista debe destruir “este estado burgués, que acorta o que limita el avance y el desarrollo del socialismo y a su vez (colaborar) con el montaje del estado socialista, del estado comunal”. Si alguien es chavista es radicalmente anticapitalista y todo aquel que tenga ideas liberales es el enemigo. Dicho de otro modo, usted como chavista no puede creer en la separación de los Poderes, en la justicia imparcial, en la autonomía de los Poderes públicos ni en las instituciones, porque todo eso es “el estado burgués”.

¿Usted conoce a alguien chavista? Entonces él deber creer que los controles no son únicamente para obtener precios mas baratos, sino para asfixiar al sector privado hasta acabar con éste “esclavismo capitalista y de todo lo que es la plusvalía y el precio, el dinero, la especulación capitalista y la podredumbre burguesa”. Por eso, aunque de este lado no lo quieran admitir, la hiperinflación ha sido intencional para acabar con la institución del dinero, para que la moneda se extinga, como en efecto sucedió y para que la clase media burguesa termine destruida y exiliada sus profesionales, profesores de todas las áreas y su juventud. Esto no es un “modelo económico errado que ha traicionado al Comandante”, señores sean honestos, estamos ante un modelo político que su líder  que se hartó de explicarnos en interminables cadenas de radio y TV, y que ustedes muy saben que lo están llevando en la practica y sistemáticamente.

Finalmente, amigos lectores, también le explico que no existe tal cosa como “yo soy chavista, pero no madurista”, porque Chávez se lo dejó a todos muy claro con la posición “firme, plena, irrevocable, absoluta y total” de que Nicolás Maduro sea el próximo líder de la revolución y el único capaz de llevar adelante su modelo comunista. Así que ni lo ha traicionado ni se le ha “volteado”, de modo que no insistan porque no hay forma de deslindarse del presente porque todos están atados a la misma falla de origen: Hugo Chávez.

Así que no hay democracia en el chavismo, no porque se vote o no como en Cuba (que así lo ha resumido hasta la oposición), sino porque en el mundo de los chavistas, no cabemos los capitalistas, los liberales, los del centro, izquierda o la derecha, los que creemos en la propiedad privada, en el respeto a la Constitución y las leyes, la separación y vigilancia entre si de los Poderes, en fin los “burgueses” pues en el chavismo  a nosotros nos toca la “reeducación”, nuestro destino para los chavistas es la disidencia en la que toda protesta es “ser reaccionarios”, nos toca el exilio, la cárcel o algo peor.

Me despido citando al gran poeta Charles Baudelaire: “El mejor truco del diablo fue convencernos de que no existe”, el mejor truco del chavismo es precisamente ese, convencernos de que no son comunistas, sino los verdaderos demócratas. Lástima que en esta tarea, muchos opositores los estén ayudando. 

«El pueblo soy yo»: así fue el descenso a los infiernos de Venezuela por culpa de Hugo Chávez por Alicia G.Arribas – ABC – 7 de Octubre 2018

El cineasta e historiador Carlos Oteyza analiza en su nueva película cómo logró el líder venezolano hacer que cambiase el país.

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El cineasta e historiador Carlos Oteyza ha quitado el velo de mentira que se esfuerza por mantener el gobierno venezonalo en torno a la imagen de Hugo Chávez. Pero no lo ha hecho a través de los cauces habituales, sino mediante una nueva cinta que será estrenada por fin en las salas españolas y en la que lleva a cabo una disección de cómo y por qué este controvertido personaje es el responsable del «hoy venezolano». Se trata de «El pueblo soy yo», un documental cuyo subtítulo: «Venezuela en populismo»,

Formado en París, Oteyza lleva cuarenta años analizando la vida de su país, Venezuela, donde nació, vive y trabaja, tanto con cine de ficción, con cintas como «El Escándalo» (1987), sobre un caso real de corrupción y espionaje dentro de la industria petrolera nacional, como en una serie de documentales de la que hoy presenta su penúltimo capítulo.

De hecho, explica el director, habría que empezar a contar la historia en los años 80.

«Entonces había tanto dinero que pensamos que saldríamos del tercer mundo y entraríamos en el primero; esos dinerales, que vuelven locos a los futbolistas -pone como ejemplo- también enloquecen a un país porque sus gentes se creen que son ricos. Y solo fue que tuvimos dinero y lo gastamos, no lo invertimos».

Apoyado en testimonios de intelectuales e investigadores «de posición crítica pero que no vierten en la película», aclara Oteyza, -de Enrique Krauze a Loris Zanatta, pasando por el biógrafo de Chávez Alberto Barrera Tyszka, o la escritora Ana Rosa Torres- Oteyza no quiere «dar soluciones», ni siquiera analizar políticamente su situación actual.

«Es un toque de atención, una provocación a una mirada reflexiva que ayude a entender el proceso que nos ha llevado a esta tragedia que vive Venezuela», apunta.

Y alerta de que «cualquier democracia que sufra una crisis económica grave puede devenir en populismo»; hoy, afirma tajante, «el populismo está aquí, en Europa, no sólo en América Latina, acechando. Y esto no cambiará hasta que no aceptemos que hay una crisis de las democracias».

Las nuevas realidades, explica, impactan en la gente que «empieza a no sentirse representada y así surgen los líderes carismáticos que saben hablar bien en la tele; en Venezuela -resume-, las consecuencias han sido aterradoras».

La diáspora, el desabastecimiento, los sueldos de treinta dólares al mes de las clases medias, el inmovilismo político de Nicolás Maduro, la intervención de los medios de comunicación y la desintegración de las instituciones: esas son las consecuencias del populismo.

Autor de la trilogía «El reventón. Una historia del petróleo en Venezuela (1883-1999)», documental en tres partes que se remonta al descubrimiento del petróleo en 1883, Oteyza ya hizo cine sobre los gobiernos del dictador Marcos Pérez Jiménez y de las dos presidencias de Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993).

Ahora explica en cinco partes las condiciones que permitieron que un golpista saliera de la cárcel para ser presidente de la república; su enamoramiento con el castrismo, cómo se deshizo de las instituciones, o el tremendo desengaño de la gente.

Capítulo aparte merece la intervención en este proceso de «algunos españoles que estuvieron en Venezuela cuando el barril del petróleo estaba a 100-110 dólares. Eso duró algunos años, pero esos asesores se volvieron para España sin pensar que esos precios del petróleo no durarían siempre, y todo se vino abajo», explica Oteyza.

«Cuando uno ve el país hoy, ve que aquello fue espuma, una burbuja que se escapó; era un momento ideal para dar discursos bonitos. Aquellos españoles pensaron que estaban modelando una nueva forma de gobernar en el siglo XXI», dice en referencia a algunos dirigentes de Podemos, entre ellos, Juan Carlos Monedero, al que no nombra.

«Pero el precio del petróleo bajó, las empresas tomadas dejaron de producir y se volteó la tortilla. Lo que parecía un modelo se convirtió en un dolor. Es importante que en España tengan esto claro”, advierte, porque “estos líderes tratan siempre de convencer de que todo el problema se basa en la corrupción y eso es una manera de tomar luego la constitucionalidad», como pasó en Venezuela, dice.

El documental se estrena el viernes 11 de octubre en las salas españolas.

 

Venezuela: del culto al líder al colapso total de un régimen por Alberto Rojas – El Mundo – 7 de Octubre 2018

Hugo Chávez, en una foto de archivo. Kimberly WhiteMUNDO

¿Cómo hemos llegado a esto? Esa es una de las preguntas que flota en el ambiente de la sala en la que acaba de proyectarse El pueblo soy yo. Venezuela en populismo, del director Carlos Oteyza. El filme documental, gestado en los últimos dos años, repasa, explica y contextualiza toda la trayectoria del chavismo, desde el fallido golpe de Hugo Chávez en 1992 hasta el actual colapso económico de un moribundo régimen bolivariano en manos de Nicolás Maduro.

El retrato que realiza, basado en datos y trufado con un coro de voces de historiadores, economistas y analistas políticos resulta tan demoledor como las imágenes devastadoras de la población venezolana rebuscando comida en la basura con el sector petrolero hundido, las empresas secuestradas, las tiendas vacías y la gente huyendo del país.

La distancia que va del país que más crecía en Latinoamérica al más pobre, más violento y con índices récord de inflación de la actualidad son 19 años y una idea: el populismo. El documental, que se estrena el próximo jueves 11 en cines, analiza cómo Hugo Chaves usó las herramientas populistas para auparse al poder, filtrarse en todas las capas del país y hacer del Estado una prolongación más de su idolatrada figura.

Son armas conocidas: la forja del líder carismático, la división de la sociedad en nosotros, el pueblo y ellos, el enemigo, ofrecer soluciones simples para problemas complejos, tumbar la ley y reformarla para adecuarla al nuevo orden, arrinconar y perseguir a la oposición, acosar a los medios y obligarles a publicar todo aquello que interesa al chavismo con la excusa patriótica, crear un enemigo externo (“el imperio yanki”) y culparle de conspirar contra el Estado mientras inventas colaboradores internos de ese enemigo (opositores), conseguir el culto religioso del pueblo con un reparto de la riqueza basado en la catarata de dinero que llegaba del petróleo en su momento de precios altos y una expropiación masiva de grandes empresas para nacionalizar pérdidas pero privatizar beneficios. Por último, mimetizarse con el propio Estado hasta que el Estado es la proyección de uno mismo. Y todo, en nombre del pueblo.

El historiador y cineasta Carlos Oteyza, nieto del gran periodista español Luis de Oteyza, espera que “el público vea el documental para comprobar el crimen que el Gobierno de Venezuela está cometiendo contra sus propios ciudadanos”. La película presenta imágenes violentas de protestas tomadas en condiciones de gran riesgo, igual que los vídeos del interior de los hospitales o las morgues, prohibidos por el régimen y grabados con cámara oculta. “Cuando comenzamos a rodar en 2015 aún era posible hacer esto. Hoy hubiera sido mucho más peligroso, porque la represión de Maduro se endureció mucho a partir de las grandes manifestaciones de 2016, en las que hubo muchos muertos”, cuenta Carlos Oteyza.

Uno de los asuntos centrales del documental es el uso y abuso del petróleo por parte del chavismo, que marca diferencias con populismos anteriores (el peronismo o el castrismo) y actuales (Cinco estrellas, Liga, Ukip, Frente Nacional, Alternativa para Alemania…). Hugo Chávez tomó el poder de Petróleos de Venezuela, expulsó a 23.000 trabajadores y la puso en manos de trabajadores afines pero incompetentes.

Mientras los precios del crudo estuvieron altos, Chávez usó ese enorme caudal de dinero para poner en marcha necesarios programas sociales, que llevaron la alfabetización, la lucha contra la pobreza y las consultas médicas gratuitas a los barrios más desfavorecidos, pero sin control económico y a un enorme coste: “No se reinvirtió ningún beneficio en la industria, por eso llegó un momento en el que sacar barriles de crudo era cada vez más caro y más difícil”. Luego, en cuanto bajó el precio del petróleo en los mercados, el choque con la realidad fue terrible. “Venezuela ha vivido un drama que merece conocerse”, dice Oteyza.

En sus tiempos de esplendor, Chávez se antodenominó descendiente y continuador de Simón Bolívar, hijo predilecto de Fidel Castro y hasta le cambió el nombre al país de República de Venezuela a República Bolivariana de Venezuela, como hicieron los jemeres rojos con Camboya (rebautizada como Kampuchea democrática). Pero el país que acaba legándole a Nicolás Maduro ya está quebrado, con el tejido industrial petrolero destruido, las cosechas sin plantar y el ejército comiendo de su mano y participando en el tráfico ilegal de gasolina.

Enrique Krauze, escritor y productor del documental, asegura que no pierde la esperanza con Venezuela “porque si la perdemos le cerramos la puerta al azar, pero es cierto que cambiar la situación es difícil. En Cuba se atrincheraron y ahí siguen“.

El Pueblo Soy Yo – pelicula documental

2447.pngEl que alguna vez fue el país con mayor crecimiento económico del mundo es ahora un referente de colapso y miseria. El Pueblo Soy Yo: Venezuela en Populismo es una película documental que plantea desmontar los hábiles mecanismos del poder autoritario en el gobierno iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. La película desentraña la aparición del líder carismático en un momento de crisis, y cómo este, valiéndose de los altos precios petroleros, se abre camino para apoderarse de las instituciones, polarizar a la sociedad, silenciar los medios de comunicación y desarticular el aparato productivo. Todo esto, por supuesto, en nombre del pueblo. En un mundo cada vez menos transparente, donde el atajo del populismo acecha para poner en peligro las democracias, El Pueblo Soy Yo: Venezuela en Populismo nos impone preguntarnos si alguna sociedad, por más estable que sea, puede considerarse eximida de una irrupción populista y sus consecuencias.

Hugo Chávez manipula desde la muerte por Juan Carlos Zapata – ALnavio – 1 de Octubre 2018

La exsecretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, ha escrito un perfil de Hugo Chávez. Un texto en el que no faltan imprecisiones, omisiones y contradicciones. Juan Luis Cebrián, exdirector de El País, asume que la señora Albright ha querido ser equilibrada con Chávez. Pero cuidado. El libro Fascismo una advertencia puede confundir a incautos. La señora Albright señala que Chávez no fue un fascista y, sin embargo, los elementos que aporta de definición de lo que es un líder fascista, dibujan a Chávez.
Chávez fue brutal militarizando el discurso político / Foto: Wikipedia

Chávez fue brutal militarizando el discurso político / Foto: Wikipedia

De pronto el lector se encuentra con afirmaciones como esta: “La presidencia de Hugo Chávez fue la expresión de una democracia auténtica y al mismo tiempo una amenaza para esta”. ¿Quién lo escribe? Madeleine Albright en su libro Fascismo una advertencia. De pronto la cita confunde. Porque ya se sabe. De democracia auténtica bien poco la de Chávez y en cambio amenaza y destrucción de la misma es la línea de acción del chavismo. Con Chávez, el Poder Judicial, el Poder Electoral, la Asamblea Nacional, el Ministerio Público, la Contraloría General, el Banco Central, todos pasaron a ser dependientes del Ejecutivo. O de Chávez mismo que era todo el poder. ¿No lo sabían en la Casa Blanca de Bill Clinton? ¿En el Departamento de Estado de la señora Albright?

Chávez fue brutal y cruel

En el libro de Madeleine Albright hay una historia repetida –un lugar común- sobre los orígenes pobres de Chávez, que ni tan pobre era en verdad, pero es una especie que intenta justificarlo en su evolución política. Se repite la falsa versión del Chávez que en la campaña electoral de 1998 no se descubre como socialista cuando entonces ya el discurso lo desnudaba

Pero el de pronto no es tal, en virtud de que en el capítulo dedicado a Chávez, ‘El presidente vitalicio’, abundan las imprecisiones, omisiones y contradicciones al punto de expresar que Chávez ni fue “un cínico ni un sibilino” y que “nunca identificó la brutalidad con la virilidad”. Por el contrario, Chávez fue cínico y sibilino en el poder, y también brutal y hasta cruel. Que no haya masacrado a los opositores, como recoge la exsecretaria de Estado de Bill Clinton, no significa que no lo haya querido hacer. De hecho, el 11 de abril de 2002, el día de la rebelión cívico-militar que lo echó del poder, impartió la orden tajante de activar el Plan Ávila, a la cual se negaron los jefes militares por cuanto obedecerle se hubiera traducido en una masacre de proporciones gigantescas. Ese día, un grupo de matones emboscó la manifestación con un saldo de varios muertos y los asesinos fueron reivindicados como héroes. Chávez también fue brutal e inclusive cruel en el discurso y en los actos. Con la jueza María Lourdes Afiuni. Con su compadre, el general Raul Isaías Baduel. Con el excandidato presidencial Manuel Rosales. En estos tres ejemplos, Chávez acusó, sentenció y envió a paredón. Chávez fue brutal permitiendo la organización y operatividad de los círculos bolivarianos y los colectivos armados, y cínico al defenderlos y mostrarlos como estructuras hechas para la actividad social y no para sembrar el miedo y el terror y pese a las evidencias de que dispuso, nunca los desarmó, y nunca actuó contra ellos. Chávez fue brutal militarizando el discurso político y dividiendo a la sociedad. Chávez fue brutal pronunciándose por la aniquilación de la oposición a la que veía como enemiga y jamás en calidad de adversario. Chávez fue brutal y cruel pactando con las FARC y el ELN y dándole carta blanca a la Fuerza Bolivariana de Liberación, FBL, con lo que los tres grupos guerrilleros –los dos primeros de Colombia y el tercero de inspiración chavista- actuaron con impunidad en el país, matando, cobrando la vacuna, secuestrando, traficando, sembrando el miedo y el terror entre la población, y matándose y aniquilándose entre sí, protagonizando una guerra por el control de territorios. Chávez fue cruel y brutal, cínico y sibilino, dejando que la guerrilla colombiana avanzara en operaciones de narcotráfico, y con ella los carteles de México, y con ellos todos, la resultante de un Estado cómplice, de un Estado delincuente, arrojando una maraña de relaciones que parió el primer capo de rango internacional, Walid Makled, al que luego Chávez extraditó a Caracas con el fin de silenciarlo porque lo que declaraba en Bogotá a la DEA y al DAS, salpicaba a buena parte del poder chavista, incluyendo al mismo Chávez. Chávez fue brutal porque su gobierno permitió el avance de la violencia con índices y crueldad jamás registrados en el país. Y nada hizo por combatir la inseguridad. Es más, llegó a justificar el acto de robar. Chávez fue brutal en el insulto de sus enemigos, internos y externos. Y en la manera de manejar los dineros públicos: a su antojo. Chávez fue brutal y cruel sembrando odios, dividiendo todo un país.En el texto de Albright no faltan imprecisiones / Flickr: Chatham House

Chávez desmontó la democracia

En el libro de Madeleine Albright hay una historia repetida –un lugar común- sobre los orígenes pobres de Chávez, que ni tan pobre era en verdad, pero es una especie que intenta justificarlo en su evolución política. Se repite la falsa versión del Chávez que en la campaña electoral de 1998 no se descubre como socialista cuando entonces ya el discurso lo desnudaba, el viaje que hizo y el discurso que pronunciara en La Habana al salir de la cárcel lo desnudaban, ya en el poder había acuñado la frase de que Venezuela se encaminaba hacia el mar de la felicidad cubano, y la entrevista-libro Habla el Comandante publicado en campaña, lo ponía más que en evidencia. Otro cantar es que la élite empresarial y política que lo acompañó, lo financió y lo respaldó se autoengañó, y ello forma parte de la historia. Lo que no sabíamos es que también la señora Albright y el propio presidente Clinton se confundieron con el torrente de palabras, la simpatía, la sonrisa del Chávez que conocieron en septiembre de 1999 en la ONU. Ahora uno se explica también el porqué de la posición comprensiva del entonces embajador de los Estados Unidos en Caracas, John Maisto, que solía decir que a Chávez había que juzgarlo por lo que hacía y no por lo que decía. La señora Albright confiesa esta perla: “Clinton era uno de los pocos que podía coincidir con Chávez palabra por palabra y por eso le había llamado la atención como me la había llamado a mí. Creíamos hallarnos ante un líder joven y apasionado que además quería solucionar los problemas… que deseaba ganarse el respeto del mundo”. Esa era la fecha del primer discurso de Chávez en la ONU, el 21 de septiembre de 1999. Y, para descargo de Clinton y Albright, fue toda una pieza en vista de la novedad del personaje y lo que proponía. En su intervención, habló de un proceso de transición democrático, humanista, en paz, explicó cómo la Constituyente iba a producir una nueva Constitución y un nuevo pacto y modelo político que comenzaría con el nuevo milenio, dijo que en ese modelo podían convivir mercado y Estado, actores privados e inversión extranjera, habló de un relanzamiento ético del país, anunció la creación del Poder Moral con el fin de acabar con el origen de la crisis que era la corrupción, y dijo que todo el proceso de transformación se produciría en democracia y que en tal sentido todos los pueblos del mundo podían estar tranquilos. Era la repotenciación de Venezuela. Se equivocaron Clinton y Albright como se equivocó el país. Se equivocaba Maisto, quien, encandilado por Chávez, ya guardaba distancia con los viejos partidos del status, AD y Copei. Albright compara en el libro a Chávez con lo que era el gobierno de Rafael Caldera, ella que visitó Caracas junto a Clinton se dio cuenta de que al país lo conducía “un grupo de ancianos bastante cansados haciendo chapuzas” en el Gobierno. Se equivocaron los empresarios que creyeron podían manejarlo. Se equivocaron muchos de los que fueron sus aliados que más tarde serían víctimas de su brutalidad, su crueldad, su cinismo y sibilismo. Y hay que entender que la señora Albrigth haya sido encandilada por el Chávez de entonces, pero lo que resulta inexcusable es que a estas alturas elabore un diagnóstico impreciso del personaje y del modelo político y económico que montó. No es que lo defienda y lo exculpe. Tal vez pretenda ser “equilibrada”, tal cual escribió Juan Luis Cebrián, exdirector de El País de Madrid, este sábado en el suplemento Babelia. Pero se trata de un equilibrio delicado. En todo caso, la propia Albright se encarga de señalar que la luna de miel con Chávez duró bien poco porque ya en diciembre de 1999, a raíz de la tragedia del estado Vargas –un deslave mató a miles de personas en el litoral cercano a Caracas-, el mandatario se negó a que Estados Unidos pudiera prestar ayuda de socorro y reconstrucción de la zona: los equipos pueden entrar pero no el personal, escribe Albright que dijo Chávez. El buque tuvo que regresar con cientos de marines y bulldozer y tractores a bordo. Lo cierto es que en 2000 ya Chávez no era el del discurso en la ONU ni mucho menos, pues como anota la señora Albright, “en cuanto tomó posesión de su cargo empezó a desplumar el pollo”; o sea: a desmontar el edificio institucional de la democracia que llevaba vigente 40 años.
¿En la Casa Blanca de Bill Clinton no sabían quién era Chávez? / Foto: Wikipedia

El modelo de Chávez

“Chávez impulsó en Venezuela un cambio trascendental, pero de ahí no se puede colegir que hizo todo lo que prometió”. Esto se lee en el libro. Y la ironía es que Chávez sí hizo todo lo que prometió, a despecho de Maisto, sólo que escogió el modelo equivocado del rentismo al extremo, del populismo al extremo, del control político al extremo, de la manipulación del pueblo al extremo, del consumismo al extremo, y del gasto al extremo cuando hubo petrodólares para regalar. Que en lo del gasto fue cruel y brutal pues sabiendo que era casi un imposible que sobreviviera al cáncer, en 2012 permitió que se gastara al extremo con lo cual se acentuó el saqueo de los dólares y se terminó de descomponer la economía, y todo en aras de la reelección de un moribundo: él. Dice la señora Albright que con Chávez la gente disfrutó de una atención sanitaria mejor, que comió más, que tuvo la gasolina más barata del mundo y que hizo que los pobres “se sintieran parte integral del país”. Cada una de estas afirmaciones puede ser desmontada con facilidad. Los pobres para Chávez no eran ciudadanos sino votos y potenciales militantes de base de una estructura de poder. Es mentira el avance en salud, y la inexistencia de nueva infraestructura hospitalaria, así lo constata en aquellos y estos días. Y en cuanto al consumo, todo se debió a lo dicho más arriba. Los altos precios del petróleo permitieron financiar el rentismo, y una de sus expresiones, la burbuja de consumo, basada en importaciones con sobreprecio que engordaban las cuentas de los corruptos, los boliburgueses, y al mismo tiempo destruían el aparato productivo nacional, que era uno de los objetivos de Chávez, pues así debilitaba el poder empresarial, y con ello se garantizaba el reinado vitalicio. La señora Albright apunta que “Chávez desperdició enormes cantidades de dinero en proyectos que cayeron por sí solos porque no supo darse cuenta de que una compañía petrolífera”, por ejemplo, debe estar dirigida por un “experto en la materia”. No, señora Albright. Él sabía que a quienes colocaba en los ministerios, en los bancos, en PDVSA, en las empresas básicas, en las gobernaciones, desconocían la materia. A Chávez sólo le importaba la lealtad. Que lo siguieran en el plan de eternización en el poder. Los huecos generados por la mala administración le importaban poco porque podían ser cubiertos con los petrodólares que manaban en abundancia. Tan es así que se hacía la vista gorda ante el saqueo siempre y cuando el funcionario fuera leal hacia su figura y hacia el proyecto; en caso contrario, era purgado del poder. Así fue destruida PDVSA, que no era fácil de destruir.John Maisto solía decir que a Chávez había que juzgarlo por lo que hacía / Foto: US Department

John Maisto solía decir que a Chávez había que juzgarlo por lo que hacía / Foto: US Department

¿Era Chávez fascista?

Como el libro trata de la amenaza del fascismo, la señora Albright introduce un punto polémico. Que Chávez no era fascista. Que el ideal que persiguió, eso sí, “lo llevó a las puertas del fascismo”. Señala esto y antes ha definido que un “fascista es alguien que se identifica en grado extremo –y dice hablar en nombre- con un grupo o una nación entera, que no siente preocupación alguna por los derechos de los demás y que está dispuesto a utilizar los medios que sean necesarios –inclusive la violencia- para alcanzar sus objetivos”. Lo sorprendente es que en Chávez pueden observarse las tres condiciones. Fue sectario. Desde que llegó al poder impuso la condición de privilegiar a los suyos, a sus seguidores, a los que se vestían de rojo, y entre los suyos a los militares y los adulantes. Por otro lado, un líder que se preocupa por los derechos de los demás, construye un modelo que funcione con el fin de generar riqueza estable. No es el caso de Chávez. El modelo era el poder por el poder. Y ello implicaba la dádiva nacional e internacional. La dádiva se transformó en despilfarro, y esto condujo a la ruina del país. A las puertas de la muerte y del fascismo, siguió despilfarrando, convencido de que la prioridad, como legado, era el poder, que el movimiento no perdiera el poder, y para mantenerlo había que dar la sensación de bonanza –ya no la había- y construir el mito Chávez, el de un líder eterno que entregó todo por el pueblo. Como bien afirma la señora Albright, un fascista “espera contar con el respaldo de la muchedumbre”. Y agregamos: Incluso hasta después de muerto. La tercera condición es más evidente. No hay dudas de que Chávez estaba dispuesto a llegar a la violencia –la guerra civil inclusive- si ella hubiese sido necesaria “para alcanzar los objetivos”. Entonces, ¿era fascista o no Hugo Chávez? Del libro se extrae alguna guía: Chávez prometió el hombre nuevo. Y esto es fascismo. En el fascismo, el líder es primero. Y esto era Chávez. En el fascismo la única verdad es la del poder y el líder. Y esto era Chávez, que mentía y manipulaba, y torcía la historia. Los fascistas son agresivos. Son militaristas. ¿Y Chávez? En el fascismo la política es espectáculo. Lo fue con Chávez. Dice la autora que el fascismo “tal vez deba ser visto no como una ideología política, sino más bien como un medio para conseguir y mantener el poder”. Y en esto de confundir, Chávez era un maestro; mostrándose a conveniencia democrático, capitalista, socialista, comunista, déspota, autoritario, fidelista, maoísta, marxista, peronista, guevarista, humanista, cristiano, bolivariano, y predicador religioso.

 

Denuncian cómo Néstor Kirchner y Hugo Chávez se quedaron con 50 millones de dólares por Daniel Santoro – Clarin – 16 de Septiembre 2018

El arrepentido Uberti reveló ante el juez Bonadio manejos con títulos argentinos. Afirmó que ambos se dividieron la ganancia y que el ex Presidente trajo desde Venezuela sus US$ 25 millones vía aérea en valijas.

Hugo Chávez y Néstor Kirchner, en Venezuela en 2004. AFP

El ex titular del Occovi, Claudio Uberti, confesó ante la Justicia que cuando Hugo Chávez hizo comprar 500 millones de dólares de títulos de la deuda externa argentina en el 2007 se organizó primero una maniobra especulativa que dio “una ganancia de 100 millones de dólares”. Esa ganancia provino de usar las versiones sobre cuándo y cómo se iban a comprar los títulos para especular con su precio.

La mitad de esa ganancia fue como comisión a bancos que intervinieron y “Néstor y Chávez se quedaron con 25 millones de dólares cada uno”, contó Uberti en su declaración ante el fiscal Carlos Stornelli y el juez federal Claudio Bonadio en la causa de los cuadernos de las coimas, según revelaron a Clarín fuentes judiciales.

Uberti precisó que luego esos 25 millones de dólares fueron traídos “en valijas” por vía aérea a Buenos Aires desde Caracas.

El ex funcionario conoce los negocios venezolanos: era el representante especial del ex ministro de Planificación, Julio De Vido, en Venezuela.

La forma en que se movilizó la plata se relaciona con la famosa valija del venezolano Guido Antonini Wilson descubierta el 4 de agosto del 2007 por María Luján Telpuk, agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). La causa de la valija de Antonio se había cerrado y la reabrió el juez en lo penal económico Pablo Yadarola, quien seguramente pedirá ahora a Bonadio esta nueva confesión de Uberti.

Los investigadores de la causa de los cuadernos buscan ahora confirmar todos los datos suministrados por Uberti, quien ingresó el mes pasado al régimen del imputado-colaborador. Esta nueva línea de investigación de la plata negra de los Kirchner tendrá una enorme repercusión internacional.

Los datos sobre la conexión Venezuela de estos fondos ilegales del ex matrimonio presidencial están en una ampliación de las indagatorias que ya había hecho Uberti. En las dos primeras había confesado cómo recaudó coimas de los concesionarios viales y cómo se enteró de que cuando murió Néstor, en el departamento de Juncal y Uruguay había 60 millones de dólares escondidos.

Esta nueva confesión de Uberti se relacionada con una operación financiera de agosto del 2007. Ese mes Argentina concretó la colocación de deuda más cara desde el default del 2002: le pagó a Venezuela una tasa en torno al 10,6% por la compra de 500 millones de dólares en Boden 2015, en medio de un extraño contexto.

Con la llegada del presidente venezolano Hugo Chávez a Buenos Aires se avanzó en la negociación para la colocación de estos títulos. En principio, había trascendido que Venezuela compraría Boden 2015 por 1.000 millones de dólares. Pero la operación se hizo, finalmente, por 500 millones.

Este fue el aporte argentino a la tercera emisión del llamado Bono del Sur que se completó con un título propio del gobierno de Hugo Chávez. En aquella visita, el mismo Chávez había detallado que su país compró en dos años en total 4.572 millones de dólares en títulos argentinos.

Pero luego Venezuela ya se había desprendido de, al menos, la mitad de estos bonos, contribuyendo a la caída del precio de los papeles de la deuda argentina. “Es una cifra importante”, dijo Chávez en aquel momento. “Seguramente será suficiente por este año. Y si Argentina lo requiriera podríamos seguir en 2008”, aseguró en momentos en que su país tenía excedente de dólares por el aumento del precio del petróleo a nivel internacional. Con estas palabras, Chávez parecía restarle peso a la posibilidad de comprar otros 500 millones de Boden 2015 hacia finales de este año.

Mientras los bonos argentinos se derrumban, el venezolano aseguró que los papeles argentinos tenían “gran rentabilidad”.

La compra de bonos argentinos no fue la única relación financiera entre Néstor y Chavez. En el 2004 se había creado un fideicomiso argentino-venezolano para el intercambio de fuel oil por productos industriales en el banco suizo UBS.

El fideicomiso lo administraban la petrolera PDVSA y el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), y su cuenta en la Argentina la manejaba el Banco Nación. Pero en el 2010, luego de la denuncia pública del ex embajador argentino Eduardo Sadous, el UBS le pidió datos al Bandes para investigar si había habido operaciones de lavado de dinero, tal como reveló Clarín en el 2013. Como consecuencia de la negativa del Bandes a dar “información detallada” de las operaciones, el UBS cerró la cuenta del fideicomiso.

Según las fuentes, el banco suizo pedía datos sobre los movimientos financieros de las cuentas de la venezolana Compañía de Mecanizado Agrícola y Transporte Pedro Camejo S.A. y la argentina Madero del Plata S.A. (ex Madero Trading) para investigar si hubo lavado dinero. Este aspecto de la relación con Venezuela lo investiga el juez federal Julián Ercolini, quien seguramente ahora pedirá a Bonadio la confesión de Uberti.

En un cable secreto enviado por el entonces embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous, a la Cancillería, y fechado el 28 de mayo del 2004, saltó la punta de la turbia relación de los Kirchner con Chávez.

El informe relata que ese 3 de junio iba a llegar a Caracas una delegación oficial presidida por el secretario de Minería, Jorge Mayoral, e integrada por el presidente del OCCOVI, Claudio Uberti; el presidente del INTA, Carlos Cheppi; el jefe de ceremonial de Planificación Federal, José María Olazagasti; y la asistente de ese ministerio, la rubia Victoria Bereziuk. Agrega, en potencial, que el objetivo de esa comitiva sería tomar contacto con la petrolera PDVSA, el Bancoex, y el Ministerio de Energía y Minas; y el Ministerio de Agricultura. Sadous cerró su cable secreto con un ruego diplomático: “Por lo expuesto, y debido al total desconocimiento de esta sede sobre ese particular, se agradecerá poder recibir confirmación de la misma así como programa de actividades y vuelos respectivos”.

Era el primer indicio de la “embajada paralela” que manejaba De Vido, a través de Uberti.

Como antecedente de las maniobras con los acuerdos bilaterales con la Venezuela chavista, Sadous informó además a la Cancillería que habían desaparecido “90 millones de dólares de las cuenta del fideicomiso que estaba en un banco en Nueva York (una sucursal del UBS) cuando lo trajeron a Caracas, lo vendieron en el mercado negro de dólares y luego pusieron esa plata en el mercado oficial, donde se hicieron de una diferencia de 14 millones de dólares. Esto fue en enero de 2005 y fue lo que motivó mi reemplazo por Nilda Garré”.

Sadous fue embajador en Caracas entre 2002 y 2005 cuando fue removido por Néstor Kirchner y luego en el 2010, cuando la diputada del ARI Elisa Carrió hizo trascender su cable secreto, De Vido le hizo un juicio y logró procesarlo por falso testimonio con el apoyo de jueces adictos a los K.

En ese cable Sadous alertó al entonces canciller Rafael Bielsa sobre la existencia de una “embajada paralela” a la suya, y también sobre las irregularidades en el fideicomiso binacional investigado ahora por la Justicia. La “arquitecta” de ese fondo fiduciario fue Marta Cascales, pareja del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, entonces al mando de la secretaría de Comunicaciones.

El 25 de noviembre del 2004, el diplomático en otro cable secreto se explaya sobre el malestar que existe entre empresarios que no podían acceder al registro de proveedores de PDVSA para participar de las ventas a Venezuela debido a que existía “falta de transparencia en la gran central de compras de esa firma en Houston, Texas”.

Tras otras consideraciones, concluye: “Tal vez, la reciente creación del grupo informal de seguimiento del fideicomiso -con la coordinación venezolana del lic. Franklin Méndez y del Ing. Claudio Uberti por la parte argentina- genere un nuevo ámbito de debate donde este tema pueda reverse”.

En ese mismo cable, Sadous le informa a la Cancillería que se enteró por “comunicaciones informales con “Planificación”, que “Uberti estaría viajando hacia esta (sic) en las próximas semanas para analizar todos los temas vinculados al fideicomiso”.

El diplomático cierra su escrito con una frase ambigua sobre cómo se realizaban los negocios en Caracas: “A criterio de esta representación no deben generarse muchas esperanzas en lograr un acceso amplio de las empresas Gapp sin existir socios locales que conozcan los mecanismos, códigos y canales informales usuales en el ámbito petrolero en esta” (sic).

Chávez, Maduro y la tercera vía por Ibsen Martínez – El País – 21 de Agosto 2018

Esta expresión llegó a ser la favorita de Hugo Chávez antes de acceder al poder

Los venezolanos de mi generación aún recuerdan el tiempo remoto en que Hugo Chávez hacía su primera campaña electoral con un libro de Anthony Giddens bajo el brazo.

En materia económica, el Chávez candidato se pintaba a sí mismo como una especie de socialdemócrata ecléctico, dicharachero y nativista, solo un poquitín interventor en cuestiones petroleras. Un militar exgolpista y filantrópico, un televangelista del culto bolivariano que fingía haber leído al sociólogo por entonces favorito de la progresía europea. Tony Blair era el kennediano arquetipo de fin de siglo y Chávez no se recataba de ponerlo de ejemplo. Hablo, por supuesto, de antes de la foto que Blair se hizo con George W. Bush y José María Aznar en las Azores.

Con excepción del todavía irredento Gustavo Petro, a todos nuestros fenómenos populáricos les hemos escuchado, en campaña electoral, decir jaculatorias que tienen por tema la tercera vía.

Chávez procuraba, por supuesto, disipar temores, ya no en el grueso del electorado venezolano, rendido de adoración futurista desde el mismísimo momento en que el teniente coronel se alzó en armas en 1992, sino en eso que los cursis aún llamamos “poderes fácticos”. En esto no se distinguió de los mesías que han venido luego.

Todos, sin excepción, desde Lula da Silva a López Obrador, impostan en algún momento de sus campañas la prudente mesura y el equilibrio doctrinal en materia económica que, adornados con un toque de espontaneidad ante las cámaras, granjea una invitación al Foro Económico de Davos.

La estrategia suasoria y el habla de Chávez a fines de los 90 se llenaron de fórmulas del tipo “si bien es cierto, no es menos cierto”. Como en “si bien es cierto que el socialismo esto y lo otro, no es menos cierto que el capitalismo tal y más pascual”. Lo dicho: una tercera vía.

La beatífica tercera vía de Hugo Chávez ganó por avalancha las elecciones de 1998 con el beneplácito de banqueros, propietarios de medios, académicos, todos los poetas teporochos de América Latina, Ignacio Ramonet, Noam Chomsky y Oliver Stone. Cumplida su función embobecedora, la tercera vía dio paso al expolio y al saqueo universales que, en menos de 20 años, condujo al caos apocalíptico que es hoy la Venezuela de Nicolás Maduro.

En los medios llamados altermundistas circula un libro titulado El pensamiento económico de Hugo Chávez, cuyo autor es el tardomarxista gaditano Alfredo Serrano Mancilla, teórico español de la misma estirpe de Errejón y Monedero. Allí se dice que el de Chávez es un “pensamiento alquímico, marcado a fuego por la coyuntura, sin perder de vista la perspectiva estratégica”. También que en él hay una quincalla de Simones (Bolívar y Rodríguez), de István Mèszáros, del allendista Carlos Matus, de Oscar Varsavsky, John Kenneth Galbraith, Velasco Alvarado, de nuevo Omar Torrijos y Antonio Gramsci.

Al profesor Serrano se le tiene, con mucha razón, por mentor de Nicolás Maduro en cuanto a economía. Dicho con la parla color salmón de los suplementos económicos, Serrano es el cerebro del milagro económico venezolano. No en balde Maduro lo ha llamado el “Jesucristo español que vino a salvarnos del neoliberalismo”.

La ONU estima que la catástrofe y la tragedia venezolanas han causado más de dos millones de refugiados aventados, solo en lo que va año, al resto de Suramérica. De ellos, un millón trescientos mil clínicamente desnutridos. Fruto de la destrucción de la estatal petrolera y de una hiperinflación de un millón por ciento anual, es la mortandad infantil y de enfermos crónicos salvables que en menos de cinco años se cuenta ya en decenas de miles.

¡Otro mundo es posible! Vayamos hacia él armados del pensamiento alquímico bolivariano de Hugo Chávez y la fóquin tercera vía de Nicolás Maduro.

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