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«El pueblo soy yo»: así fue el descenso a los infiernos de Venezuela por culpa de Hugo Chávez por Alicia G.Arribas – ABC – 7 de Octubre 2018

El cineasta e historiador Carlos Oteyza analiza en su nueva película cómo logró el líder venezolano hacer que cambiase el país.

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El cineasta e historiador Carlos Oteyza ha quitado el velo de mentira que se esfuerza por mantener el gobierno venezonalo en torno a la imagen de Hugo Chávez. Pero no lo ha hecho a través de los cauces habituales, sino mediante una nueva cinta que será estrenada por fin en las salas españolas y en la que lleva a cabo una disección de cómo y por qué este controvertido personaje es el responsable del «hoy venezolano». Se trata de «El pueblo soy yo», un documental cuyo subtítulo: «Venezuela en populismo»,

Formado en París, Oteyza lleva cuarenta años analizando la vida de su país, Venezuela, donde nació, vive y trabaja, tanto con cine de ficción, con cintas como «El Escándalo» (1987), sobre un caso real de corrupción y espionaje dentro de la industria petrolera nacional, como en una serie de documentales de la que hoy presenta su penúltimo capítulo.

De hecho, explica el director, habría que empezar a contar la historia en los años 80.

«Entonces había tanto dinero que pensamos que saldríamos del tercer mundo y entraríamos en el primero; esos dinerales, que vuelven locos a los futbolistas -pone como ejemplo- también enloquecen a un país porque sus gentes se creen que son ricos. Y solo fue que tuvimos dinero y lo gastamos, no lo invertimos».

Apoyado en testimonios de intelectuales e investigadores «de posición crítica pero que no vierten en la película», aclara Oteyza, -de Enrique Krauze a Loris Zanatta, pasando por el biógrafo de Chávez Alberto Barrera Tyszka, o la escritora Ana Rosa Torres- Oteyza no quiere «dar soluciones», ni siquiera analizar políticamente su situación actual.

«Es un toque de atención, una provocación a una mirada reflexiva que ayude a entender el proceso que nos ha llevado a esta tragedia que vive Venezuela», apunta.

Y alerta de que «cualquier democracia que sufra una crisis económica grave puede devenir en populismo»; hoy, afirma tajante, «el populismo está aquí, en Europa, no sólo en América Latina, acechando. Y esto no cambiará hasta que no aceptemos que hay una crisis de las democracias».

Las nuevas realidades, explica, impactan en la gente que «empieza a no sentirse representada y así surgen los líderes carismáticos que saben hablar bien en la tele; en Venezuela -resume-, las consecuencias han sido aterradoras».

La diáspora, el desabastecimiento, los sueldos de treinta dólares al mes de las clases medias, el inmovilismo político de Nicolás Maduro, la intervención de los medios de comunicación y la desintegración de las instituciones: esas son las consecuencias del populismo.

Autor de la trilogía «El reventón. Una historia del petróleo en Venezuela (1883-1999)», documental en tres partes que se remonta al descubrimiento del petróleo en 1883, Oteyza ya hizo cine sobre los gobiernos del dictador Marcos Pérez Jiménez y de las dos presidencias de Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993).

Ahora explica en cinco partes las condiciones que permitieron que un golpista saliera de la cárcel para ser presidente de la república; su enamoramiento con el castrismo, cómo se deshizo de las instituciones, o el tremendo desengaño de la gente.

Capítulo aparte merece la intervención en este proceso de «algunos españoles que estuvieron en Venezuela cuando el barril del petróleo estaba a 100-110 dólares. Eso duró algunos años, pero esos asesores se volvieron para España sin pensar que esos precios del petróleo no durarían siempre, y todo se vino abajo», explica Oteyza.

«Cuando uno ve el país hoy, ve que aquello fue espuma, una burbuja que se escapó; era un momento ideal para dar discursos bonitos. Aquellos españoles pensaron que estaban modelando una nueva forma de gobernar en el siglo XXI», dice en referencia a algunos dirigentes de Podemos, entre ellos, Juan Carlos Monedero, al que no nombra.

«Pero el precio del petróleo bajó, las empresas tomadas dejaron de producir y se volteó la tortilla. Lo que parecía un modelo se convirtió en un dolor. Es importante que en España tengan esto claro”, advierte, porque “estos líderes tratan siempre de convencer de que todo el problema se basa en la corrupción y eso es una manera de tomar luego la constitucionalidad», como pasó en Venezuela, dice.

El documental se estrena el viernes 11 de octubre en las salas españolas.

 

Venezuela: del culto al líder al colapso total de un régimen por Alberto Rojas – El Mundo – 7 de Octubre 2018

Hugo Chávez, en una foto de archivo. Kimberly WhiteMUNDO

¿Cómo hemos llegado a esto? Esa es una de las preguntas que flota en el ambiente de la sala en la que acaba de proyectarse El pueblo soy yo. Venezuela en populismo, del director Carlos Oteyza. El filme documental, gestado en los últimos dos años, repasa, explica y contextualiza toda la trayectoria del chavismo, desde el fallido golpe de Hugo Chávez en 1992 hasta el actual colapso económico de un moribundo régimen bolivariano en manos de Nicolás Maduro.

El retrato que realiza, basado en datos y trufado con un coro de voces de historiadores, economistas y analistas políticos resulta tan demoledor como las imágenes devastadoras de la población venezolana rebuscando comida en la basura con el sector petrolero hundido, las empresas secuestradas, las tiendas vacías y la gente huyendo del país.

La distancia que va del país que más crecía en Latinoamérica al más pobre, más violento y con índices récord de inflación de la actualidad son 19 años y una idea: el populismo. El documental, que se estrena el próximo jueves 11 en cines, analiza cómo Hugo Chaves usó las herramientas populistas para auparse al poder, filtrarse en todas las capas del país y hacer del Estado una prolongación más de su idolatrada figura.

Son armas conocidas: la forja del líder carismático, la división de la sociedad en nosotros, el pueblo y ellos, el enemigo, ofrecer soluciones simples para problemas complejos, tumbar la ley y reformarla para adecuarla al nuevo orden, arrinconar y perseguir a la oposición, acosar a los medios y obligarles a publicar todo aquello que interesa al chavismo con la excusa patriótica, crear un enemigo externo (“el imperio yanki”) y culparle de conspirar contra el Estado mientras inventas colaboradores internos de ese enemigo (opositores), conseguir el culto religioso del pueblo con un reparto de la riqueza basado en la catarata de dinero que llegaba del petróleo en su momento de precios altos y una expropiación masiva de grandes empresas para nacionalizar pérdidas pero privatizar beneficios. Por último, mimetizarse con el propio Estado hasta que el Estado es la proyección de uno mismo. Y todo, en nombre del pueblo.

El historiador y cineasta Carlos Oteyza, nieto del gran periodista español Luis de Oteyza, espera que “el público vea el documental para comprobar el crimen que el Gobierno de Venezuela está cometiendo contra sus propios ciudadanos”. La película presenta imágenes violentas de protestas tomadas en condiciones de gran riesgo, igual que los vídeos del interior de los hospitales o las morgues, prohibidos por el régimen y grabados con cámara oculta. “Cuando comenzamos a rodar en 2015 aún era posible hacer esto. Hoy hubiera sido mucho más peligroso, porque la represión de Maduro se endureció mucho a partir de las grandes manifestaciones de 2016, en las que hubo muchos muertos”, cuenta Carlos Oteyza.

Uno de los asuntos centrales del documental es el uso y abuso del petróleo por parte del chavismo, que marca diferencias con populismos anteriores (el peronismo o el castrismo) y actuales (Cinco estrellas, Liga, Ukip, Frente Nacional, Alternativa para Alemania…). Hugo Chávez tomó el poder de Petróleos de Venezuela, expulsó a 23.000 trabajadores y la puso en manos de trabajadores afines pero incompetentes.

Mientras los precios del crudo estuvieron altos, Chávez usó ese enorme caudal de dinero para poner en marcha necesarios programas sociales, que llevaron la alfabetización, la lucha contra la pobreza y las consultas médicas gratuitas a los barrios más desfavorecidos, pero sin control económico y a un enorme coste: “No se reinvirtió ningún beneficio en la industria, por eso llegó un momento en el que sacar barriles de crudo era cada vez más caro y más difícil”. Luego, en cuanto bajó el precio del petróleo en los mercados, el choque con la realidad fue terrible. “Venezuela ha vivido un drama que merece conocerse”, dice Oteyza.

En sus tiempos de esplendor, Chávez se antodenominó descendiente y continuador de Simón Bolívar, hijo predilecto de Fidel Castro y hasta le cambió el nombre al país de República de Venezuela a República Bolivariana de Venezuela, como hicieron los jemeres rojos con Camboya (rebautizada como Kampuchea democrática). Pero el país que acaba legándole a Nicolás Maduro ya está quebrado, con el tejido industrial petrolero destruido, las cosechas sin plantar y el ejército comiendo de su mano y participando en el tráfico ilegal de gasolina.

Enrique Krauze, escritor y productor del documental, asegura que no pierde la esperanza con Venezuela “porque si la perdemos le cerramos la puerta al azar, pero es cierto que cambiar la situación es difícil. En Cuba se atrincheraron y ahí siguen“.

El Pueblo Soy Yo – pelicula documental

2447.pngEl que alguna vez fue el país con mayor crecimiento económico del mundo es ahora un referente de colapso y miseria. El Pueblo Soy Yo: Venezuela en Populismo es una película documental que plantea desmontar los hábiles mecanismos del poder autoritario en el gobierno iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. La película desentraña la aparición del líder carismático en un momento de crisis, y cómo este, valiéndose de los altos precios petroleros, se abre camino para apoderarse de las instituciones, polarizar a la sociedad, silenciar los medios de comunicación y desarticular el aparato productivo. Todo esto, por supuesto, en nombre del pueblo. En un mundo cada vez menos transparente, donde el atajo del populismo acecha para poner en peligro las democracias, El Pueblo Soy Yo: Venezuela en Populismo nos impone preguntarnos si alguna sociedad, por más estable que sea, puede considerarse eximida de una irrupción populista y sus consecuencias.

Hugo Chávez manipula desde la muerte por Juan Carlos Zapata – ALnavio – 1 de Octubre 2018

La exsecretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, ha escrito un perfil de Hugo Chávez. Un texto en el que no faltan imprecisiones, omisiones y contradicciones. Juan Luis Cebrián, exdirector de El País, asume que la señora Albright ha querido ser equilibrada con Chávez. Pero cuidado. El libro Fascismo una advertencia puede confundir a incautos. La señora Albright señala que Chávez no fue un fascista y, sin embargo, los elementos que aporta de definición de lo que es un líder fascista, dibujan a Chávez.
Chávez fue brutal militarizando el discurso político / Foto: Wikipedia

Chávez fue brutal militarizando el discurso político / Foto: Wikipedia

De pronto el lector se encuentra con afirmaciones como esta: “La presidencia de Hugo Chávez fue la expresión de una democracia auténtica y al mismo tiempo una amenaza para esta”. ¿Quién lo escribe? Madeleine Albright en su libro Fascismo una advertencia. De pronto la cita confunde. Porque ya se sabe. De democracia auténtica bien poco la de Chávez y en cambio amenaza y destrucción de la misma es la línea de acción del chavismo. Con Chávez, el Poder Judicial, el Poder Electoral, la Asamblea Nacional, el Ministerio Público, la Contraloría General, el Banco Central, todos pasaron a ser dependientes del Ejecutivo. O de Chávez mismo que era todo el poder. ¿No lo sabían en la Casa Blanca de Bill Clinton? ¿En el Departamento de Estado de la señora Albright?

Chávez fue brutal y cruel

En el libro de Madeleine Albright hay una historia repetida –un lugar común- sobre los orígenes pobres de Chávez, que ni tan pobre era en verdad, pero es una especie que intenta justificarlo en su evolución política. Se repite la falsa versión del Chávez que en la campaña electoral de 1998 no se descubre como socialista cuando entonces ya el discurso lo desnudaba

Pero el de pronto no es tal, en virtud de que en el capítulo dedicado a Chávez, ‘El presidente vitalicio’, abundan las imprecisiones, omisiones y contradicciones al punto de expresar que Chávez ni fue “un cínico ni un sibilino” y que “nunca identificó la brutalidad con la virilidad”. Por el contrario, Chávez fue cínico y sibilino en el poder, y también brutal y hasta cruel. Que no haya masacrado a los opositores, como recoge la exsecretaria de Estado de Bill Clinton, no significa que no lo haya querido hacer. De hecho, el 11 de abril de 2002, el día de la rebelión cívico-militar que lo echó del poder, impartió la orden tajante de activar el Plan Ávila, a la cual se negaron los jefes militares por cuanto obedecerle se hubiera traducido en una masacre de proporciones gigantescas. Ese día, un grupo de matones emboscó la manifestación con un saldo de varios muertos y los asesinos fueron reivindicados como héroes. Chávez también fue brutal e inclusive cruel en el discurso y en los actos. Con la jueza María Lourdes Afiuni. Con su compadre, el general Raul Isaías Baduel. Con el excandidato presidencial Manuel Rosales. En estos tres ejemplos, Chávez acusó, sentenció y envió a paredón. Chávez fue brutal permitiendo la organización y operatividad de los círculos bolivarianos y los colectivos armados, y cínico al defenderlos y mostrarlos como estructuras hechas para la actividad social y no para sembrar el miedo y el terror y pese a las evidencias de que dispuso, nunca los desarmó, y nunca actuó contra ellos. Chávez fue brutal militarizando el discurso político y dividiendo a la sociedad. Chávez fue brutal pronunciándose por la aniquilación de la oposición a la que veía como enemiga y jamás en calidad de adversario. Chávez fue brutal y cruel pactando con las FARC y el ELN y dándole carta blanca a la Fuerza Bolivariana de Liberación, FBL, con lo que los tres grupos guerrilleros –los dos primeros de Colombia y el tercero de inspiración chavista- actuaron con impunidad en el país, matando, cobrando la vacuna, secuestrando, traficando, sembrando el miedo y el terror entre la población, y matándose y aniquilándose entre sí, protagonizando una guerra por el control de territorios. Chávez fue cruel y brutal, cínico y sibilino, dejando que la guerrilla colombiana avanzara en operaciones de narcotráfico, y con ella los carteles de México, y con ellos todos, la resultante de un Estado cómplice, de un Estado delincuente, arrojando una maraña de relaciones que parió el primer capo de rango internacional, Walid Makled, al que luego Chávez extraditó a Caracas con el fin de silenciarlo porque lo que declaraba en Bogotá a la DEA y al DAS, salpicaba a buena parte del poder chavista, incluyendo al mismo Chávez. Chávez fue brutal porque su gobierno permitió el avance de la violencia con índices y crueldad jamás registrados en el país. Y nada hizo por combatir la inseguridad. Es más, llegó a justificar el acto de robar. Chávez fue brutal en el insulto de sus enemigos, internos y externos. Y en la manera de manejar los dineros públicos: a su antojo. Chávez fue brutal y cruel sembrando odios, dividiendo todo un país.En el texto de Albright no faltan imprecisiones / Flickr: Chatham House

Chávez desmontó la democracia

En el libro de Madeleine Albright hay una historia repetida –un lugar común- sobre los orígenes pobres de Chávez, que ni tan pobre era en verdad, pero es una especie que intenta justificarlo en su evolución política. Se repite la falsa versión del Chávez que en la campaña electoral de 1998 no se descubre como socialista cuando entonces ya el discurso lo desnudaba, el viaje que hizo y el discurso que pronunciara en La Habana al salir de la cárcel lo desnudaban, ya en el poder había acuñado la frase de que Venezuela se encaminaba hacia el mar de la felicidad cubano, y la entrevista-libro Habla el Comandante publicado en campaña, lo ponía más que en evidencia. Otro cantar es que la élite empresarial y política que lo acompañó, lo financió y lo respaldó se autoengañó, y ello forma parte de la historia. Lo que no sabíamos es que también la señora Albright y el propio presidente Clinton se confundieron con el torrente de palabras, la simpatía, la sonrisa del Chávez que conocieron en septiembre de 1999 en la ONU. Ahora uno se explica también el porqué de la posición comprensiva del entonces embajador de los Estados Unidos en Caracas, John Maisto, que solía decir que a Chávez había que juzgarlo por lo que hacía y no por lo que decía. La señora Albright confiesa esta perla: “Clinton era uno de los pocos que podía coincidir con Chávez palabra por palabra y por eso le había llamado la atención como me la había llamado a mí. Creíamos hallarnos ante un líder joven y apasionado que además quería solucionar los problemas… que deseaba ganarse el respeto del mundo”. Esa era la fecha del primer discurso de Chávez en la ONU, el 21 de septiembre de 1999. Y, para descargo de Clinton y Albright, fue toda una pieza en vista de la novedad del personaje y lo que proponía. En su intervención, habló de un proceso de transición democrático, humanista, en paz, explicó cómo la Constituyente iba a producir una nueva Constitución y un nuevo pacto y modelo político que comenzaría con el nuevo milenio, dijo que en ese modelo podían convivir mercado y Estado, actores privados e inversión extranjera, habló de un relanzamiento ético del país, anunció la creación del Poder Moral con el fin de acabar con el origen de la crisis que era la corrupción, y dijo que todo el proceso de transformación se produciría en democracia y que en tal sentido todos los pueblos del mundo podían estar tranquilos. Era la repotenciación de Venezuela. Se equivocaron Clinton y Albright como se equivocó el país. Se equivocaba Maisto, quien, encandilado por Chávez, ya guardaba distancia con los viejos partidos del status, AD y Copei. Albright compara en el libro a Chávez con lo que era el gobierno de Rafael Caldera, ella que visitó Caracas junto a Clinton se dio cuenta de que al país lo conducía “un grupo de ancianos bastante cansados haciendo chapuzas” en el Gobierno. Se equivocaron los empresarios que creyeron podían manejarlo. Se equivocaron muchos de los que fueron sus aliados que más tarde serían víctimas de su brutalidad, su crueldad, su cinismo y sibilismo. Y hay que entender que la señora Albrigth haya sido encandilada por el Chávez de entonces, pero lo que resulta inexcusable es que a estas alturas elabore un diagnóstico impreciso del personaje y del modelo político y económico que montó. No es que lo defienda y lo exculpe. Tal vez pretenda ser “equilibrada”, tal cual escribió Juan Luis Cebrián, exdirector de El País de Madrid, este sábado en el suplemento Babelia. Pero se trata de un equilibrio delicado. En todo caso, la propia Albright se encarga de señalar que la luna de miel con Chávez duró bien poco porque ya en diciembre de 1999, a raíz de la tragedia del estado Vargas –un deslave mató a miles de personas en el litoral cercano a Caracas-, el mandatario se negó a que Estados Unidos pudiera prestar ayuda de socorro y reconstrucción de la zona: los equipos pueden entrar pero no el personal, escribe Albright que dijo Chávez. El buque tuvo que regresar con cientos de marines y bulldozer y tractores a bordo. Lo cierto es que en 2000 ya Chávez no era el del discurso en la ONU ni mucho menos, pues como anota la señora Albright, “en cuanto tomó posesión de su cargo empezó a desplumar el pollo”; o sea: a desmontar el edificio institucional de la democracia que llevaba vigente 40 años.
¿En la Casa Blanca de Bill Clinton no sabían quién era Chávez? / Foto: Wikipedia

El modelo de Chávez

“Chávez impulsó en Venezuela un cambio trascendental, pero de ahí no se puede colegir que hizo todo lo que prometió”. Esto se lee en el libro. Y la ironía es que Chávez sí hizo todo lo que prometió, a despecho de Maisto, sólo que escogió el modelo equivocado del rentismo al extremo, del populismo al extremo, del control político al extremo, de la manipulación del pueblo al extremo, del consumismo al extremo, y del gasto al extremo cuando hubo petrodólares para regalar. Que en lo del gasto fue cruel y brutal pues sabiendo que era casi un imposible que sobreviviera al cáncer, en 2012 permitió que se gastara al extremo con lo cual se acentuó el saqueo de los dólares y se terminó de descomponer la economía, y todo en aras de la reelección de un moribundo: él. Dice la señora Albright que con Chávez la gente disfrutó de una atención sanitaria mejor, que comió más, que tuvo la gasolina más barata del mundo y que hizo que los pobres “se sintieran parte integral del país”. Cada una de estas afirmaciones puede ser desmontada con facilidad. Los pobres para Chávez no eran ciudadanos sino votos y potenciales militantes de base de una estructura de poder. Es mentira el avance en salud, y la inexistencia de nueva infraestructura hospitalaria, así lo constata en aquellos y estos días. Y en cuanto al consumo, todo se debió a lo dicho más arriba. Los altos precios del petróleo permitieron financiar el rentismo, y una de sus expresiones, la burbuja de consumo, basada en importaciones con sobreprecio que engordaban las cuentas de los corruptos, los boliburgueses, y al mismo tiempo destruían el aparato productivo nacional, que era uno de los objetivos de Chávez, pues así debilitaba el poder empresarial, y con ello se garantizaba el reinado vitalicio. La señora Albright apunta que “Chávez desperdició enormes cantidades de dinero en proyectos que cayeron por sí solos porque no supo darse cuenta de que una compañía petrolífera”, por ejemplo, debe estar dirigida por un “experto en la materia”. No, señora Albright. Él sabía que a quienes colocaba en los ministerios, en los bancos, en PDVSA, en las empresas básicas, en las gobernaciones, desconocían la materia. A Chávez sólo le importaba la lealtad. Que lo siguieran en el plan de eternización en el poder. Los huecos generados por la mala administración le importaban poco porque podían ser cubiertos con los petrodólares que manaban en abundancia. Tan es así que se hacía la vista gorda ante el saqueo siempre y cuando el funcionario fuera leal hacia su figura y hacia el proyecto; en caso contrario, era purgado del poder. Así fue destruida PDVSA, que no era fácil de destruir.John Maisto solía decir que a Chávez había que juzgarlo por lo que hacía / Foto: US Department

John Maisto solía decir que a Chávez había que juzgarlo por lo que hacía / Foto: US Department

¿Era Chávez fascista?

Como el libro trata de la amenaza del fascismo, la señora Albright introduce un punto polémico. Que Chávez no era fascista. Que el ideal que persiguió, eso sí, “lo llevó a las puertas del fascismo”. Señala esto y antes ha definido que un “fascista es alguien que se identifica en grado extremo –y dice hablar en nombre- con un grupo o una nación entera, que no siente preocupación alguna por los derechos de los demás y que está dispuesto a utilizar los medios que sean necesarios –inclusive la violencia- para alcanzar sus objetivos”. Lo sorprendente es que en Chávez pueden observarse las tres condiciones. Fue sectario. Desde que llegó al poder impuso la condición de privilegiar a los suyos, a sus seguidores, a los que se vestían de rojo, y entre los suyos a los militares y los adulantes. Por otro lado, un líder que se preocupa por los derechos de los demás, construye un modelo que funcione con el fin de generar riqueza estable. No es el caso de Chávez. El modelo era el poder por el poder. Y ello implicaba la dádiva nacional e internacional. La dádiva se transformó en despilfarro, y esto condujo a la ruina del país. A las puertas de la muerte y del fascismo, siguió despilfarrando, convencido de que la prioridad, como legado, era el poder, que el movimiento no perdiera el poder, y para mantenerlo había que dar la sensación de bonanza –ya no la había- y construir el mito Chávez, el de un líder eterno que entregó todo por el pueblo. Como bien afirma la señora Albright, un fascista “espera contar con el respaldo de la muchedumbre”. Y agregamos: Incluso hasta después de muerto. La tercera condición es más evidente. No hay dudas de que Chávez estaba dispuesto a llegar a la violencia –la guerra civil inclusive- si ella hubiese sido necesaria “para alcanzar los objetivos”. Entonces, ¿era fascista o no Hugo Chávez? Del libro se extrae alguna guía: Chávez prometió el hombre nuevo. Y esto es fascismo. En el fascismo, el líder es primero. Y esto era Chávez. En el fascismo la única verdad es la del poder y el líder. Y esto era Chávez, que mentía y manipulaba, y torcía la historia. Los fascistas son agresivos. Son militaristas. ¿Y Chávez? En el fascismo la política es espectáculo. Lo fue con Chávez. Dice la autora que el fascismo “tal vez deba ser visto no como una ideología política, sino más bien como un medio para conseguir y mantener el poder”. Y en esto de confundir, Chávez era un maestro; mostrándose a conveniencia democrático, capitalista, socialista, comunista, déspota, autoritario, fidelista, maoísta, marxista, peronista, guevarista, humanista, cristiano, bolivariano, y predicador religioso.

 

Denuncian cómo Néstor Kirchner y Hugo Chávez se quedaron con 50 millones de dólares por Daniel Santoro – Clarin – 16 de Septiembre 2018

El arrepentido Uberti reveló ante el juez Bonadio manejos con títulos argentinos. Afirmó que ambos se dividieron la ganancia y que el ex Presidente trajo desde Venezuela sus US$ 25 millones vía aérea en valijas.

Hugo Chávez y Néstor Kirchner, en Venezuela en 2004. AFP

El ex titular del Occovi, Claudio Uberti, confesó ante la Justicia que cuando Hugo Chávez hizo comprar 500 millones de dólares de títulos de la deuda externa argentina en el 2007 se organizó primero una maniobra especulativa que dio “una ganancia de 100 millones de dólares”. Esa ganancia provino de usar las versiones sobre cuándo y cómo se iban a comprar los títulos para especular con su precio.

La mitad de esa ganancia fue como comisión a bancos que intervinieron y “Néstor y Chávez se quedaron con 25 millones de dólares cada uno”, contó Uberti en su declaración ante el fiscal Carlos Stornelli y el juez federal Claudio Bonadio en la causa de los cuadernos de las coimas, según revelaron a Clarín fuentes judiciales.

Uberti precisó que luego esos 25 millones de dólares fueron traídos “en valijas” por vía aérea a Buenos Aires desde Caracas.

El ex funcionario conoce los negocios venezolanos: era el representante especial del ex ministro de Planificación, Julio De Vido, en Venezuela.

La forma en que se movilizó la plata se relaciona con la famosa valija del venezolano Guido Antonini Wilson descubierta el 4 de agosto del 2007 por María Luján Telpuk, agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). La causa de la valija de Antonio se había cerrado y la reabrió el juez en lo penal económico Pablo Yadarola, quien seguramente pedirá ahora a Bonadio esta nueva confesión de Uberti.

Los investigadores de la causa de los cuadernos buscan ahora confirmar todos los datos suministrados por Uberti, quien ingresó el mes pasado al régimen del imputado-colaborador. Esta nueva línea de investigación de la plata negra de los Kirchner tendrá una enorme repercusión internacional.

Los datos sobre la conexión Venezuela de estos fondos ilegales del ex matrimonio presidencial están en una ampliación de las indagatorias que ya había hecho Uberti. En las dos primeras había confesado cómo recaudó coimas de los concesionarios viales y cómo se enteró de que cuando murió Néstor, en el departamento de Juncal y Uruguay había 60 millones de dólares escondidos.

Esta nueva confesión de Uberti se relacionada con una operación financiera de agosto del 2007. Ese mes Argentina concretó la colocación de deuda más cara desde el default del 2002: le pagó a Venezuela una tasa en torno al 10,6% por la compra de 500 millones de dólares en Boden 2015, en medio de un extraño contexto.

Con la llegada del presidente venezolano Hugo Chávez a Buenos Aires se avanzó en la negociación para la colocación de estos títulos. En principio, había trascendido que Venezuela compraría Boden 2015 por 1.000 millones de dólares. Pero la operación se hizo, finalmente, por 500 millones.

Este fue el aporte argentino a la tercera emisión del llamado Bono del Sur que se completó con un título propio del gobierno de Hugo Chávez. En aquella visita, el mismo Chávez había detallado que su país compró en dos años en total 4.572 millones de dólares en títulos argentinos.

Pero luego Venezuela ya se había desprendido de, al menos, la mitad de estos bonos, contribuyendo a la caída del precio de los papeles de la deuda argentina. “Es una cifra importante”, dijo Chávez en aquel momento. “Seguramente será suficiente por este año. Y si Argentina lo requiriera podríamos seguir en 2008”, aseguró en momentos en que su país tenía excedente de dólares por el aumento del precio del petróleo a nivel internacional. Con estas palabras, Chávez parecía restarle peso a la posibilidad de comprar otros 500 millones de Boden 2015 hacia finales de este año.

Mientras los bonos argentinos se derrumban, el venezolano aseguró que los papeles argentinos tenían “gran rentabilidad”.

La compra de bonos argentinos no fue la única relación financiera entre Néstor y Chavez. En el 2004 se había creado un fideicomiso argentino-venezolano para el intercambio de fuel oil por productos industriales en el banco suizo UBS.

El fideicomiso lo administraban la petrolera PDVSA y el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), y su cuenta en la Argentina la manejaba el Banco Nación. Pero en el 2010, luego de la denuncia pública del ex embajador argentino Eduardo Sadous, el UBS le pidió datos al Bandes para investigar si había habido operaciones de lavado de dinero, tal como reveló Clarín en el 2013. Como consecuencia de la negativa del Bandes a dar “información detallada” de las operaciones, el UBS cerró la cuenta del fideicomiso.

Según las fuentes, el banco suizo pedía datos sobre los movimientos financieros de las cuentas de la venezolana Compañía de Mecanizado Agrícola y Transporte Pedro Camejo S.A. y la argentina Madero del Plata S.A. (ex Madero Trading) para investigar si hubo lavado dinero. Este aspecto de la relación con Venezuela lo investiga el juez federal Julián Ercolini, quien seguramente ahora pedirá a Bonadio la confesión de Uberti.

En un cable secreto enviado por el entonces embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous, a la Cancillería, y fechado el 28 de mayo del 2004, saltó la punta de la turbia relación de los Kirchner con Chávez.

El informe relata que ese 3 de junio iba a llegar a Caracas una delegación oficial presidida por el secretario de Minería, Jorge Mayoral, e integrada por el presidente del OCCOVI, Claudio Uberti; el presidente del INTA, Carlos Cheppi; el jefe de ceremonial de Planificación Federal, José María Olazagasti; y la asistente de ese ministerio, la rubia Victoria Bereziuk. Agrega, en potencial, que el objetivo de esa comitiva sería tomar contacto con la petrolera PDVSA, el Bancoex, y el Ministerio de Energía y Minas; y el Ministerio de Agricultura. Sadous cerró su cable secreto con un ruego diplomático: “Por lo expuesto, y debido al total desconocimiento de esta sede sobre ese particular, se agradecerá poder recibir confirmación de la misma así como programa de actividades y vuelos respectivos”.

Era el primer indicio de la “embajada paralela” que manejaba De Vido, a través de Uberti.

Como antecedente de las maniobras con los acuerdos bilaterales con la Venezuela chavista, Sadous informó además a la Cancillería que habían desaparecido “90 millones de dólares de las cuenta del fideicomiso que estaba en un banco en Nueva York (una sucursal del UBS) cuando lo trajeron a Caracas, lo vendieron en el mercado negro de dólares y luego pusieron esa plata en el mercado oficial, donde se hicieron de una diferencia de 14 millones de dólares. Esto fue en enero de 2005 y fue lo que motivó mi reemplazo por Nilda Garré”.

Sadous fue embajador en Caracas entre 2002 y 2005 cuando fue removido por Néstor Kirchner y luego en el 2010, cuando la diputada del ARI Elisa Carrió hizo trascender su cable secreto, De Vido le hizo un juicio y logró procesarlo por falso testimonio con el apoyo de jueces adictos a los K.

En ese cable Sadous alertó al entonces canciller Rafael Bielsa sobre la existencia de una “embajada paralela” a la suya, y también sobre las irregularidades en el fideicomiso binacional investigado ahora por la Justicia. La “arquitecta” de ese fondo fiduciario fue Marta Cascales, pareja del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, entonces al mando de la secretaría de Comunicaciones.

El 25 de noviembre del 2004, el diplomático en otro cable secreto se explaya sobre el malestar que existe entre empresarios que no podían acceder al registro de proveedores de PDVSA para participar de las ventas a Venezuela debido a que existía “falta de transparencia en la gran central de compras de esa firma en Houston, Texas”.

Tras otras consideraciones, concluye: “Tal vez, la reciente creación del grupo informal de seguimiento del fideicomiso -con la coordinación venezolana del lic. Franklin Méndez y del Ing. Claudio Uberti por la parte argentina- genere un nuevo ámbito de debate donde este tema pueda reverse”.

En ese mismo cable, Sadous le informa a la Cancillería que se enteró por “comunicaciones informales con “Planificación”, que “Uberti estaría viajando hacia esta (sic) en las próximas semanas para analizar todos los temas vinculados al fideicomiso”.

El diplomático cierra su escrito con una frase ambigua sobre cómo se realizaban los negocios en Caracas: “A criterio de esta representación no deben generarse muchas esperanzas en lograr un acceso amplio de las empresas Gapp sin existir socios locales que conozcan los mecanismos, códigos y canales informales usuales en el ámbito petrolero en esta” (sic).

Chávez, Maduro y la tercera vía por Ibsen Martínez – El País – 21 de Agosto 2018

Esta expresión llegó a ser la favorita de Hugo Chávez antes de acceder al poder

Los venezolanos de mi generación aún recuerdan el tiempo remoto en que Hugo Chávez hacía su primera campaña electoral con un libro de Anthony Giddens bajo el brazo.

En materia económica, el Chávez candidato se pintaba a sí mismo como una especie de socialdemócrata ecléctico, dicharachero y nativista, solo un poquitín interventor en cuestiones petroleras. Un militar exgolpista y filantrópico, un televangelista del culto bolivariano que fingía haber leído al sociólogo por entonces favorito de la progresía europea. Tony Blair era el kennediano arquetipo de fin de siglo y Chávez no se recataba de ponerlo de ejemplo. Hablo, por supuesto, de antes de la foto que Blair se hizo con George W. Bush y José María Aznar en las Azores.

Con excepción del todavía irredento Gustavo Petro, a todos nuestros fenómenos populáricos les hemos escuchado, en campaña electoral, decir jaculatorias que tienen por tema la tercera vía.

Chávez procuraba, por supuesto, disipar temores, ya no en el grueso del electorado venezolano, rendido de adoración futurista desde el mismísimo momento en que el teniente coronel se alzó en armas en 1992, sino en eso que los cursis aún llamamos “poderes fácticos”. En esto no se distinguió de los mesías que han venido luego.

Todos, sin excepción, desde Lula da Silva a López Obrador, impostan en algún momento de sus campañas la prudente mesura y el equilibrio doctrinal en materia económica que, adornados con un toque de espontaneidad ante las cámaras, granjea una invitación al Foro Económico de Davos.

La estrategia suasoria y el habla de Chávez a fines de los 90 se llenaron de fórmulas del tipo “si bien es cierto, no es menos cierto”. Como en “si bien es cierto que el socialismo esto y lo otro, no es menos cierto que el capitalismo tal y más pascual”. Lo dicho: una tercera vía.

La beatífica tercera vía de Hugo Chávez ganó por avalancha las elecciones de 1998 con el beneplácito de banqueros, propietarios de medios, académicos, todos los poetas teporochos de América Latina, Ignacio Ramonet, Noam Chomsky y Oliver Stone. Cumplida su función embobecedora, la tercera vía dio paso al expolio y al saqueo universales que, en menos de 20 años, condujo al caos apocalíptico que es hoy la Venezuela de Nicolás Maduro.

En los medios llamados altermundistas circula un libro titulado El pensamiento económico de Hugo Chávez, cuyo autor es el tardomarxista gaditano Alfredo Serrano Mancilla, teórico español de la misma estirpe de Errejón y Monedero. Allí se dice que el de Chávez es un “pensamiento alquímico, marcado a fuego por la coyuntura, sin perder de vista la perspectiva estratégica”. También que en él hay una quincalla de Simones (Bolívar y Rodríguez), de István Mèszáros, del allendista Carlos Matus, de Oscar Varsavsky, John Kenneth Galbraith, Velasco Alvarado, de nuevo Omar Torrijos y Antonio Gramsci.

Al profesor Serrano se le tiene, con mucha razón, por mentor de Nicolás Maduro en cuanto a economía. Dicho con la parla color salmón de los suplementos económicos, Serrano es el cerebro del milagro económico venezolano. No en balde Maduro lo ha llamado el “Jesucristo español que vino a salvarnos del neoliberalismo”.

La ONU estima que la catástrofe y la tragedia venezolanas han causado más de dos millones de refugiados aventados, solo en lo que va año, al resto de Suramérica. De ellos, un millón trescientos mil clínicamente desnutridos. Fruto de la destrucción de la estatal petrolera y de una hiperinflación de un millón por ciento anual, es la mortandad infantil y de enfermos crónicos salvables que en menos de cinco años se cuenta ya en decenas de miles.

¡Otro mundo es posible! Vayamos hacia él armados del pensamiento alquímico bolivariano de Hugo Chávez y la fóquin tercera vía de Nicolás Maduro.

La agotada revolución bolivariana por Diego Carcedo – El Heraldo – 31 de Julio 2018

Este movimiento nacido en Venezuela, que siguieron varios países latinoamericanos, ha ido retrocediendo al constatarse su fracaso y ya apenas se mantiene en el régimen de Caracas y, cada vez menos, en Cuba.

La llamada Revolución Bolivariana que durante algún tiempo protagonizó la política latinoamericana y entusiasmó en ámbitos de la izquierda intelectual, está agotando sus últimos días. Nació y evolucionó en torno al petróleo venezolano y el caudillaje de Hugo Chávez, pero nada parece ya detener su final. La situación en Venezuela, la más desastrosa que ahora mismo se está viviendo en el continente, es el ejemplo mas elocuente del fracaso de una política inspirada en veleidades y nunca en realidades.

Ecuador fue el primero de los seguidores del chavismo que desertó. La elección de Lenin Moreno para sustituir en la presidencia a Rafael Correa inició la desbandada. Hoy, Correa está evadido de la Justicia y Ecuador recupera la normalidad democrática. Y Moreno estuvo comprometido con la Revolución Bolivariana hasta que se dio cuenta de que aquello era una utopía.

En BoliviaEvo Morales también se fue apartando de las ideas del chavismo y es el único de los líderes que continúa sobreviviendo a la experiencia. El que más se resistió fue Daniel Ortega, el líder sandinista que jugaba en Nicaragua con todos los recursos para perpetuarse en la presidencia, compartida para mayor escarnio de la imagen pública con su mujer Rosario Murillo. Ortega, a quien parece haberle llegado la hora, se despide perpetuando la tradición del traidor. Llegó al poder derrocando al dictador Anastasio Somoza, con el plausible argumento de devolverle la libertad al pueblo y, lejos de hacerlo, lo que hizo fue asumir su herencia autoritaria y represiva perpetuándose en el cargo. Una imparable revuelta popular, que sus matones están reprimiendo sin contemplaciones, amenaza ahora con precipitar su caída, pero no sin antes dejar el recuerdo de un baño de sangre con un saldo de 300 víctimas.

Detrás del chavismo y de sus iniciativas bolivarianas ha estado siempre el castrismo.Venezuela contribuía con su crudo a mantener el régimen cubano y La Habana ejercía de capital ideológica y motor de la revolución. Pero ahora también en Cuba las cosas están cambiando. Desde la retirada de Fidel Castro y el acceso y renuncia a medias de su hermano, el anacronismo comunista aislado ha entrado en liquidación. El nuevo presidente, Díaz Canel, parece estar moviéndose con mucha prudencia, pero sin descanso, para impulsar un cambio progresivo hacia estructuras de libre mercado. Estos días se ha filtrado, probablemente de manera intencionada, que el borrador de la Constitución que se está elaborando no incluye al comunismo como guía del Estado y reconoce el derecho a la propiedad privada.

El hecho de que el propio Raúl Castro esté al frente de la comisión encargada de redactar la nueva Carta Magna es la mejor garantía de que el cambio en Cuba está en marcha y, de rebote, que la Revolución Bolivariana está pasando a la historia, aunque no así sus desastres.

Luisa Ortega Díaz reveló que Diosdado Cabello la llamó al morir Chávez por Sebastiana Barráez – El Nacional/Punto de Corte – 12 de Julio 2018

La fiscal general en el exilio aseguró que recibió una llamada el 28 de diciembre de 2012 en la que Diosdado Cabello le informó la muerte del ex presidente
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Luisa Ortega Díaz, fiscal general en el exilio, reveló que Diosdado Cabello, presidente de la asamblea nacional constituyente (ANC), la llamó el 28 de diciembre de 2012 para informarle que el ex presidente Hugo Chávez había muerto.

En una entrevista con la periodista Sebastiana Barráez para Punto de Corte, la fiscal general reveló que luego de la primera llamada telefónica, Cabello se retractó de lo dicho y nunca le presentó el acta de defunción de Chávez.

“Yo estaba fuera del país el día 28 de diciembre (2012) y me llama Diosdado: ‘vente que Chávez se murió’. Nosotros comprando pasajes para regresar a Venezuela, pero después me llama para decirme que no se murió. Te cuento lo que ocurrió, tal cual. Siempre pedí el acta de defunción de Chávez, el tema de las hijas, de las otras hijas que tenía, todas esas cosas, incluso tenemos una investigación sobre ese caso”, confesó Ortega.

La fiscal general también habló sobre los conflictos de poder que existen en el gobierno de Nicolás Maduro. Explicó que según la información que ella manejaba, Cabello iba a ser el candidato en las pasadas elecciones y dijo que con esa incongruencia se evidencian los problemas en el núcleo del Estado.

“Existe un conflicto entre Diosdado y Maduro. Diosdado me dijo que él iba a ser el próximo candidato y yo no sé qué pasó ahí. Pero Diosdado estaba convencido que en las elecciones, que debieron ser en diciembre de este año, él sería el candidato. Ahí indudablemente hubo un conflicto de poder”, declaró la fiscal general.

Ortega Díaz aseguró que si pudiera darle un mensaje a Nicolás Maduro le diría: “Renuncia, vete, permítele a los venezolanos ser felices. Tú no quieres a Venezuela porque tú no eres de Venezuela. Deja que los venezolanos se desarrollen, crezcan y encuentren el camino de la libertad. Entrégate a la justicia”, concluyó.

 

La “fatwa” bolivariana por Xavier Velasco – Milenio – 23 de Junio 2018

Hay libros que dan miedo, y éste es de esos. Más que sobre política y políticos, tiene que ver con crímenes en tal modo escandalosos, y no obstante secretos, que pasan fácilmente por delirios. Pero ahí están los datos, los testigos, las fechas y registros que han hecho de la larga investigación una auténtica bomba de papel, donde narcotráfico, terrorismo, latrocinio, tiranía y asesinato son cosa cotidiana para sus tenebrosos protagonistas: malandros con poder y buena prensa cuyos alcances son tan incalculables como el dinero sucio y ensangrentado que cada día pasa por sus manos.

El brasileño Leonardo Coutinho es uno de esos periodistas atrevidos y duros cuya supervivencia se antoja prodigiosa. Luego de varios años entregado a la investigación de crímenes de Estado en las modalidades de terrorismo y narcotráfico, el reportero y editor de la revista Veja ha reunido en un libro inenarrable los hallazgos bastantes para situarlo entre el horror y el thriller. Editado en Brasil bajo el título de Hugo Chávez, el espectro, el ancho reportaje de Coutinho es a un tiempo increíble y verosímil, chusco y escalofriante; tanto así que los hechos y dichos que relata pecarían de absurdos en una buena novela de espías, pero una vez reunidos adquieren un sentido siniestro y elocuente.

A lo largo de tres años de pérdidas, el vuelo 3006 de Conviasa e Irán Air —primero semanal, más tarde quincenal— conectó las ciudades de Teherán, Damasco y Caracas. Nunca iba el avión lleno de pasajeros, y si bien los boletos se ofrecían a la venta, éstos sólo se hacían disponibles por intercesión gubernamental. Apodada “Aeroterror” por varios de sus mismos operadores, la ruta cumplía funciones tan poco turísticas como el transporte de armas, dinero, militares, terroristas y eventualmente drogas entre Irán y Venezuela, regímenes hermanos ante el mundo.

Parecería un chisme amarillista, pero su larga cola lo hace apenas otro síntoma insólito de la complicidad documentada entre los dos gobiernos, por motivos profundos que Coutinho rastrea sistemáticamente hasta pintar un fresco entre hilarante y estremecedor. ¿Qué pensar de las “fábricas de cemento” en Venezuela, teóricamente binacionales pero celosamente administradas y custodiadas sólo por iraníes, de donde nadie vio salir ni entrar cemento? ¿Y aquella mina de oro adjunta a un yacimiento de uranio enriquecido, protegida asimismo por oficiales persas e inaccesible para nadie más? ¿Era Hugo Chávez el primer valedor de Cristina Kirchner, o apenas un atento intermediario entre ayatollahs y neoperonistas, en el nombre de cierto programa nuclear inmencionable?

Pocas licencias son tan auspiciosas como las que se otorgan los protagonistas de El espectro. Si parece incongruente la imagen de un clérigo islamista traficando con drogas, una fatwa lanzada hace treinta años por Mohammad Hussein Fadlallah, señalado gurú de Hezbolá, hace polvo las dudas al respecto: “Producimos drogas para Satanás, que son Estados Unidos y los judíos. Si no podemos matarlos con armas, los vamos a matar con drogas”. A partir de coartada tan oportuna, no precisaba ya el sumo socialista del siglo XXI más que acercar un poco a sus amistades. ¿O es que unos luchadores de su calibre serían tan ingratos para dejar colgados de la brocha a los buenos amigos de las FARC? Y ya entrados en gastos, ¿por qué no trabajar todos unidos, en nombre de principios tan ínclitos y prístinos que unos cerros de coca, unos litros de sangre y un diluvio de dólares nunca podrían manchar?

“Chávez derribó la frontera entre su país y el narcoterrorismo”, escribe Coutinho, e ilustra con ejemplos tan conspicuos como los 173 cambios de identidad fabricados por el gobierno venezolano a terroristas islámicos, que a partir de ahí viajaban por el resto de América Latina sin ser importunados por la Interpol. Nada del otro mundo, tras el relato de Pablo Escobar visitando a los Castro a domicilio y durmiendo en la casa donde diez años antes pernoctó Leonid Brézhnev. Según las oficiosas pesquisas de Coutinho, de este lado del charco la fatwa la dictó el mismo Fidel Castro, impulsor y creyente de la “guerra asimétrica” que faculta al rebelde para hacerse maleante sin restar galanura a su plumaje.

Ya entrados en tirar barreras y fronteras, cuenta el autor que Chávez, Cabello, Maduro y el resto de la banda bolivariana no escatimaron bríos para impulsar la agenda de sus leales, y ello incluiría el envío de tropas de asalto y armas a Bolivia, así como el ingreso de Evo y los suyos en el negocio del tráfico de coca, valiéndose de aviones y bases militares, con algunos difuntos de por medio —uno de ellos, muy bien documentado, el suicidio asistido del fiscal Nisman— y la amable miopía de los gobiernos de Lula y Dilma.

Y así hasta nuestros días: el thriller negro de Leonardo Coutinho (“una fantasía sin credibilidad”, han coincidido ya, sin otra explicación, algunos entre sus protagonistas) se extiende hasta el inicio de 2018. Lo único hasta hoy inexplicable, dado el calibre usual de tantos años lleva divulgando, es que el propio Coutinho siga aún con vida, habidas tantas fatwas en su contra.

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