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Casas muertas por Miguel Otero Silva – 1955

UnknownEn 1955, Miguel Otero Silva publicó su segundo libro “Casas muertas” donde refleja la entonces situación del país en retraso. Hoy en día, un fragmento de la novela se vuelve viral por la semejanza que tiene en 2017. Quienes lo difunden resaltan la importancia literaria que tuvo hace unos años y lo reafirman actualmente.

*A continuación, el fragmento:*

“`Yo no vi las casas, ni vi las ruinas. Yo sólo vi las llagas de los hombres. Se están derrumbando como las casas, como el país en el que nacimos. No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado cómo los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice.

Los estudiantes dejaron sus casas y sus libros y sus novias, para hundirse en los calabozos de la Rotunda y del Castillo, para que los mataran de un tiro, para que los mandaran a morirse en Palenque. Sería un crimen dejarlo solos.

Los que mandan son cuatro, veinte, cien, diez mil. Pero los otros, los que soportamos los planazos y bajamos la cabeza, somos tres millones. Yo sí creo que se puede hacer algo. Yo no soy un iluso, ni un poeta del pueblo, sino un llanero que se gana la vida con sus manos, que ha criado becerros, que ha domado caballos. Y sé que se puede hacer algo.

Yo no soy partidario de la guerra civil como sistema, pero en el momento presente Venezuela no tiene otra salida sino echar plomo. El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, o en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.“

Venezuela leída como tragedia por Fernando Mires – Blog Polis – 27 de Agosto 2017

39768fernandomires1640x360No sin suma preocupación le leído el artículo de hoy domingo 27 de agosto escrito por Mario Vargas Llosa con relación a Venezuela. Su título: Venezuela, hoy. Se trata de un texto muy pesimista. Venezuela, a juicio del escritor, vive una tragedia sin salida. Lo dicho es, por cierto, una redundancia.
Desde Ésquilo, Euripides y Sófocles no existen tragedias con salida. En las comedias de Aristófanes sucedían también tragedias pero no eran trágicas porque su final -el final es lo que determina si una obra pertenece al género de la tragedia o no- no era trágico. De tal modo cuando Vargas Llosa – quien ha escrito novelas trágicas y otras no tanto- opina que en la Venezuela de hoy ya no vale la pena votar porque el régimen nunca realizará elecciones libres y a la vez no propone ninguna alternativa, quiere decir, lisa y llanamente, que él está leyendo la reciente historia de Venezuela como una tragedia.
Claro está, Vargas Llosa no pica en los anzuelos abstencionistas, ni sueña con una intervención extranjera o con un general mágico que nadie sabe donde está. Incluso, desde el punto de una lógica deductivista, Vargas Llosa tiene razón. El problema es que la historia – y este es el detalle que pasa por alto- no se deja regir por la lógica deductivista.
Aplicando la lógica deductivista nadie puede negar que el régimen de Maduro es tramposo. Desde abril de 2013 cuando le fueron robadas las elecciones presidenciales a Capriles, el régimen no ha parado de hacer trampas. Todos sabemos que si la oposición ha logrado ganar elecciones a la dictadura, ha sido a pesar de esas trampas. Eso también lo sabe Vargas Llosa. Seguramente también sabe que en todos los regímenes dictatoriales, la oposición, a sabiendas de que les van a ser robadas las elecciones –está en la naturaleza de cada dictadura robarlas- ha puesto en la primera línea de sus reivindicaciones las elecciones libres y secretas.
Para que se entienda mejor lo expuesto voy a contar una historia. Voy a contar esa historia que comenzó en la RDA un día 7 de junio de 1989. Ese día tuvieron lugar las elecciones comunales destinadas a consagrar una nueva victoria del Frente Nacional formado por el partido del régimen (SDE) y otros partidos filiales (al estilo del Polo Patriótico con respecto al PSUV.)
Las elecciones estaban desde un comienzo viciadas. Prácticamente no había candidatos de oposición. Solo se podía votar SÍ o NO. Pero si alguien votaba NO y a la vez no anulaba a todos los candidatos de la larga lista uno por uno, el voto valía como SÍ.
Como suele ocurrir, la oposición al régimen se dividió en dos fracciones. Una llamaba abiertamente a no votar. La otra llamó a votar NO. La primera, afirmaba que votar era legitimar a la dictadura comunista. La segunda fracción aducía que no se podía estar a favor de las elecciones libres y al mismo tiempo no participar en elecciones, por muy sucias que estas fueran.
La segunda fracción, la no-abstencionista, no solo fue a las elecciones. Además organizó grupos destinados a llevar recuento mesa por mesa.
Las elecciones estuvieron plagadas de irregularidades. En cada cabina, por ejemplo, había un representante de la dictadura cuya función era escribir el nombre y la dirección de cada votante.
Como era de esperarse, las elecciones comunales fueron ganadas por el gobierno con amplia mayoría. No así según la oposición. Reunida en diferentes iglesias evangélicas cotejó los resultados oficiales con los que ella había anotado en los lugares de votación. Gracias a esos recuentos, llegó a la convicción de que el régimen había cometido un fraude monstruoso (algo parecido al de las elecciones por la constituyente en Venezuela.)
La oposición denunció el fraude a diversas organizaciones internacionales. En vano. De acuerdo a la doctrina de la no-injerencia en los asuntos internos de estados extranjeros, la oposición de la RDA no contó ni siquiera con el apoyo de los partidos democráticos de Alemania Occidental. Recuerdo incluso que el gran escritor Günter Grass propagaba en ese entonces (estoy hablando de apenas unos meses antes del derribamiento del muro) que había que resignarse frente a la realidad de una Alemania políticamente diferente y convivir con ella en los términos más normales posibles.
Grass, al igual que Vargas Llosa con respecto a Venezuela, leía la historia de la DDR como una tragedia. Esa historia había llegado a su final, la DDR sería comunista durante mucho tiempo y no había más alternativa que aceptar los hechos. Los disidentes estaban abandonados a su suerte.
El fraude de junio fue, sin embargo, el punto de partida de la rebelión nacional que culminaría en noviembre de 1989. El 7 de julio, justo un mes después, la oposición realizó una demostración en Berlín-Este contra el fraude electoral. Los manifestantes fueron violentamente apaleados. La brutalidad de la dictadura desató una ola de solidaridad con la oposición. Instintivamente muchos entendían que “algo” estaba cambiando desde que el ex estalinista Gorbachov puso en práctica su Perestroika. Fue esa la razón por la cual durante todo el resto del año 1989 la oposición no dejó de denunciar, todos los 7 de cada mes, el fraude electoral de junio. Esa denuncia sería el eje en torno al cual lograron articularse las demostraciones de los lunes en diferentes ciudades de la DDR, especialmente en Leipzig y Dresden. Entre esa denuncia y la caída del muro hay una relación cronológica y política a la vez.
Naturalmente la denuncia del fraude en las elecciones de junio no determinó la caída de la dictadura. Pero si la oposición no hubiese participado en esos comicios no podría haber alegado fraude. Y fue precisamente esa denuncia el hecho significante que impulsó a las grandes demostraciones de masas. Cabe agregar que en esos días de junio y no en noviembre, con la caída del muro, los disidentes levantaron la consigna “nosotros somos el pueblo” en contraste con la afirmación oficial de que “el pueblo” había ganado las elecciones. ¿Se entiende? La consigna central fue “elecciones libres”. No “abajo el muro” ni mucho menos “Honecker, vete ya”
Desde el punto de vista de una razón puramente deductivista no tiene sentido participar en las elecciones regionales venezolanas pues, para muchos, el fraude está cantado de antemano. Pero desde el punto de la lógica política, siempre imprevisible, la razón deductivista está destinada a fracasar.
Por cierto, con honestidad Vargas Llosa afirma que él “quisiera estar equivocado”. Con la misma honestidad, quienes estamos a favor de la participación electoral afirmamos que “quisiéramos no estar equivocados”. Cada decisión política es una apuesta al futuro.
Pues, al fin y al cabo, los demócratas de la RDA, al perder en fraudulentas elecciones, ganaron.

 

Narcodictadura chavista e izquierda chilena por Axel Kaiser – El Mercurio – 15 de Agosto 2017

“Mientras Venezuela aplicaba el manual cubano de construcción de la dictadura comunista, la comunidad internacional observaba casi maravillada el experimento…”

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El año 2005 fui invitado a Caracas por una semana, a investigar la famosa “revolución bolivariana” de Chávez. Recuerdo que en esa época, luego de entrevistar a personajes líderes de diversos sectores, mi conclusión fue que Chávez había llegado al gobierno utilizando la mascarada de la democracia para convertirse en dictador y no dejar jamás el poder. Desde entonces he dicho a mis amigos venezolanos que la democracia era una ilusión que el régimen chavista utilizaba para legitimar su dictadura. También era claro que con su política socialista el país quedaría totalmente arruinado.

En 2005, las expropiaciones sin indemnización ya habían comenzado y el intervencionismo estatal en la economía se desbocaba tan violentamente como la corrupción. Solo precios del petróleo récord evitaban que el descalabro fuera más acelerado, pero también sabíamos que eso no iba a durar. Las violaciones a los derechos humanos ya eran denunciadas por algunos organismos internacionales y la prensa era censurada, mientras el Parlamento había sido reducido a una sola Cámara cada vez más servil al dictador. Los tribunales, en tanto, eran purgados por el régimen y el Banco Central convertido en una sucursal financiera del chavismo.

Mientras Venezuela aplicaba el manual cubano de construcción de la dictadura comunista, la comunidad internacional observaba casi maravillada el experimento.

Para gran descrédito nuestro como chilenos, fue un compatriota, José Miguel Insulza, uno de los más entusiastas legitimadores de la dictadura militarizada chavista cuando le tocó presidir la OEA. Pero la de Insulza no ha sido la única deslealtad chilena que han debido enfrentar los venezolanos. La Presidenta Bachelet siempre se declaró amiga de Chávez y lo alabó hasta el cielo con ocasión de su muerte. Peor aún, hasta hace poco, nuestro Gobierno, a través del canciller Heraldo Muñoz, se resistía a condenar enérgicamente al régimen dictatorial venezolano. Hace tan solo un par de años Muñoz decía que era “prematuro” hablar de la liberación de presos políticos en Venezuela. Hoy, el tono ha cambiado, porque el costo internacional de no condenar a Maduro es demasiado alto. Pero incluso así, la ONU, la OEA de Almagro, la Unión Europea y Human Rights Watch, entre otros, han tenido palabras más duras para con el régimen socialista de Maduro que nuestro Gobierno.

Reflejando ese espíritu internacional de total rechazo a Venezuela, recientemente el ex Presidente socialista español Felipe González llegó a declarar, literalmente, que “el Chile de Pinochet respetaba más los derechos humanos que el paraíso de paz y prosperidad de Maduro”. Esto debe haberse sentido como una puñalada en el corazón de cierta izquierda, tan acostumbrada a jugar de víctima mientras se pone del lado de los dictadores de su color político. Lo cierto es que la hipocresía de nuestra izquierda lo único que hace es dar la razón a aquellos que afirman que si hubiera alcanzado el poder total que buscó bajo la Unidad Popular habría seguido el mismo sendero criminal de Maduro, Chávez y Castro. Y por qué no creer eso si hasta hoy no oculta su admiración por Chávez y la dictadura castrista, la que, dicho sea de paso, es la principal sostenedora del régimen de Maduro a través de su servicio de inteligencia y sus más de 60 mil infiltrados en Venezuela.

Para el ex presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el venezolano Diego Arria, quien sacó a Orlando Letelier de Chile después de negociar con Pinochet y recibió a varios socialistas perseguidos después del golpe de Estado, el Gobierno chileno acomoda los principios que dice defender dependiendo de quién se trate. En cuanto a la tesis de Muñoz y otros cancilleres de América Latina, según la cual el problema venezolano debe resolverse dialogando, todos ellos saben que eso es una estupidez. Como han dicho Arria y María Corina Machado, la solución para un país secuestrado por una narcodictadura militarizada involucrada en la exportación del 60% de la cocaína que se consume en Europa, es “no convencional”.

Lamentablemente, como las fuerzas armadas venezolanas han sido purgadas y son cómplices de los carteles de la droga, es muy improbable que la solución venga de ese lado. Solo quedaría una intervención militar extranjera al estilo de lo anunciado por Trump, pero como esa opción también es improbable, al parecer, tendremos que convivir con una narcodictadura socialista por mucho tiempo más, con todo lo que ello implica para los venezolanos y para nosotros en términos de seguridad y estabilidad interior.

 

La increíble y triste historia…por Roberto Alifano – El Imparcial – 2 de Agosto 2017

robertoalifano_big.jpgEs grave tarea juzgar el presente de un país a través de la enojosa política sujeta siempre a cuestiones ideológicas o financieras; más aún si responden a intereses totalitarios. Lo deseable, lo grato, sería hacerlo a través de su cultura. Intentaré una elemental aproximación a la década del 70’, que fue de gloria para Venezuela. A pesar de sus contrastes sociales, era la “tierra prometida”. En su subsuelo reposaba la mayor reserva probada de petróleo del planeta. Sus barriles de crudo, eran un verdadero océano de combustible, que podían cubrir la demanda de todos los Estados Unidos y buena parte de Europa, como se pronosticaba, para los próximos cien años.

En consonancia, su exquisita y universal cultura, era una de las más influyentes de América Latina. Manuel Díaz Rodríguez, prosista y narrador de refinado lenguaje, se destacó como una de las figuras más importantes que el modernismo produjo en el continente. Le sucedieron Luis Urbaneja Achelpohl, Rufino Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra y Rómulo Gallegos, autor de la inmortal novela Doña Bárbara, que culminó toda una etapa de la narrativa venezolana.

En el siglo XX, empezaron a brillar los altos nombres de Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva, Julio Garmendia, Guillermo Meneses y Héctor Mujica, cuyas creaciones pretendían liberar la prosa del costumbrismo, del criollismo y de la temática rural, desarrollada con un modo de contar lineal. En ese contexto se destaca también Salvador Garmendia, que aborda en sus temas argumentos de consecuencias hiperrealistas y fantásticas. Para esa época dorada, también sobresalieron sus poetas y ensayistas; Juan Liscano editaba la revista Zona Franca y la editorial Monte Ávila era una de las primeras con grandes tiradas en sus ediciones.

No faltaron notables artistas plásticos de todas las tendencias, entre los que sobresalen nombres como el de Bárbaro Rivas, Armando Julio Reverón, Héctor Poleo, Jesús Rafael Soto, Oswaldo Vigas y Gabriel Bracho. En tanto que en cine también se destacan directores y actores de primer nivel. Fueron los años en los que Renny Ottolina, en la Cadena Venezolana de Televisión, conquistaba al público con su programa dinámico y diverso, que parecía hecho en estos tiempos. Este animador descomunal sabía muy bien cómo llamar la atención de la gente con sus entrevistas y monólogos, que cautivaban frente a los emergentes televisores en color, que se multiplicaban como los panes y el vino bíblico.

En Isla Negra, la casa de Pablo Neruda, conocí en 1971 a Miguel Otero Silva, autor de la famosa novela Casas muertas, que, según algunos críticos con los que coincido, fue precursora del “realismo mágico”. Yo era un joven e inquieto periodista que cubría en Chile, para mi país, la dinámica información que sucedía durante el gobierno socialista de Salvador Allende. A Otero Silva y a su esposa, María Teresa Castillo les caí bien y me invitaron a viajar a Caracas para colaborar en El Nacional, el diario de la familia. Neruda, con ese humor sabio y sarcástico que lo caracterizaba, me aconsejó: “Debes aceptar el ofrecimiento de Miguel. Venezuela es el país más próspero de América. Te puedes hacer un hombre rico allí, y yo no quiero tener amigos pobres, Roberto”.

No viajé inmediatamente porque me encontraba bien instalado en Chile y el proceso socialista de la Unidad Popular era único y atrapante. Lo hice algunos años después y me fue bastante bien en Venezuela. Trabajé para la Enciclopedia Británica y pude ahorrar el dinero suficiente para instalarme luego durante una larga temporada en Europa. En la moderna Caracas conocí y trabé amistad con los poetas Juan Liscano y Luis Pastor y con el consagrado autor de Las lanzas coloradas, el talentoso y amable don Arturo Uslar Pietri.

De manera que mi afecto hacia ese querido país está plenamente justificado. Como ahora mi dolor… Conocida como la Venezuela Saudita, debido a su gran expansión y crecimiento económico que fueron causados esencialmente por incrementos sustanciales en los precios del petróleo en el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez, donde la cotización llegó a niveles increíbles para esos años; pero, como nada suele ser demasiado duradero en nuestra melancólica y fragmentada América, los precios empezaron a caer y comenzó la historia de inestabilidad y el malestar económico alcanzó a la tierra de Simón Bolivar.

Hagamos un poco de estadística. Para lograr un mayor bienestar de la población, se requiere en los países algo más que aumentar las cuentas de ingreso, sino contar también con una justa distribución de la riqueza. Los datos estadísticos nos muestran que en 1970 la población urbana representaba más del 75 por ciento del total, y que en 1972 el sector primario de la economía empleaba un 20 por ciento de la población activa, mientras que el sector secundario un 28 por ciento, y el terciario el 52 por ciento restante. Con esas buenas bases estadísticas, se sentaron en ese período las bases de una renovada modernización del país, que alcanzó un pico máximo y empezó a decaer.

Con un criterio progresista y con un alto ingreso per capita, el entonces presidente Rafael Caldera impulsó un genuino cambio en Venezuela. El sistema político vivió entonces sus mejores años. Se desmontó y pacificó la guerrilla, que durante años se parapetaba en las montañas y se crearon nuevos partidos. Yo recuerdo, de aquellos años, a algunos líderes que me tocó entrevistar (Pompeyo Márquez, Américo Martín, Héctor Mujica, Alexis Adam, José Vicente Rangel y Teodoro Petkoff, yerno del poeta Luis Pastor, íntimo de García Márquez y también mi viejo amigo).

Los partidos políticos como el PCV, el MAS, el MIR y el MEP, se legalizaron ante los entes respectivos del Estado y comenzaron sus proselitismos, buscando crecer y convertirse en una fuerza política más acorde al momento histórico. En esa década, democristianos y socialdemócratas se alternaron legalmente en el gobierno disfrutando de los generosos ingresos petroleros; pero, todo llegó a su fin durante el “caracazo” de 1989. Hoy, un gobierno populista que lleva casi veinte años ha sumido al país en la violencia, con una recesión, que lo ha dejado sin reservas y endeudado por más de 95 mil millones de dólares. A eso se suma la inflación más alta del mundo y carente de todo tipo de insumos. Entre 1999 y 2014, Venezuela ingresó casi 1.000 millones de dólares por exportaciones petroleras. Pero el país no se industrializó y sigue importando lo esencial del consumo. A diferencia del peronismo, que se viene resignando a perder elecciones, la patética “revolución bolivariana”, que también perdió a su líder y también lo reemplazó por un personaje grotesco, mientras que en la Argentina, después de la muerte de Perón, dictadura militar mediante, se sucedieron varios (y varias).

Este incoherente Gobierno, cada día más desprestigiado, parece decidido a llegar a las últimas consecuencias violando su propia Constitución y reprimiendo a mansalva. En perspectiva, vemos pues un derrumbe del mal llamado “socialismo bolivariano”, y una continua y creciente violencia del conflicto, que puede desembocar en una cruenta y abierta guerra civil si las Fuerzas Armadas se dividen. El “chavismo” se descompone, pero el poder militar, entrampado en negocios multimillonarios con el gobierno, hasta ahora le responden, aunque hay ya síntomas de fractura.

Al momento de cerrar este artículo, veo por televisión como las fuerzas del Gobierno acribillan a balazos a un joven indefenso y como el grotesco presidente Nicolás Maduro ordena la detención de varios líderes opositores; entre ellos a Leopoldo López y Antonio Ledesma, el alcalde de Caracas. Llego así a la dolorosa conclusión, después presenciar esos hechos, de que Venezuela ya está inmersa en una guerra civil, aunque con armas de un solo lado y bajo el omnímodo poder del repudiable terrorismo de Estado.

He puesto el énfasis de esta evocación en la cultura y profundizaré un poco más en un aspecto que bien vale mencionar: el auge del cine venezolano de aquella década del 70’, quizá los años de mayor apogeo de la gran pantalla de ese país. Recuerdo que en 1975, estando yo allí, el Gobierno venezolano aprobó una política crediticia para estimular la producción cinematográfica y publicó las normas para la comercialización de películas venezolanas. Se produjeron importantes filmes tales como: Cuando quiero llorar no lloro (1976) de Mauricio Wallerstein, El Pez que Fuma (1977) de Román Chalbaud, País Portátil (1979) de Iván Feo y Antonio Llerandi, y Bolívar sinfonía tropical (1980) de Diego Rísquez, entre tantas otras.

En un encuentro que tuve en México con el entrañable Gabriel García Márquez, antes de dejarnos para siempre, me resumió con tono poético su devoción por Venezuela: “Yo estuve radicado en Caracas durante la década del 50’ y he recorrido el país a lo largo y a lo ancho –evocó con una sonrisa-. No haberme quedado a vivir para siempre en esa tierra increíble y mágica es una de mis grandes frustraciones. Me gusta su gente, con la que me siento muy parecido, me gustan sus mujeres tiernas y bravas, y me gusta su locura sin límites y su sentido experimental de la vida. Pocas cosas me gustan tanto en este mundo como el color del Ávila al atardecer…”

Por desgracia, ese querido lugar de nuestra América se desbarranca. Sea lo que fuere y lo que el destino depare a Venezuela, estas inútiles palabras no intentan ser más que una serie de consideraciones afectuosas hacia un país muy querido, que tanto ha dado a la cultura. Lo que importa ahora es la unidad de un pueblo que hoy está dividido y parece sin rumbo. ¡Ah, con la increíble y triste historia cada vez más amarga, grotesca y desesperante!

 

Los Presidentes Ricos y… La Herencia de Chávez por Thays Peñalver – RunRunes – 22 de julio 2013

thumbnailthayspeñalverSi usted se fija bien en la última historia presidencial, Hugo Chávez nació en una casita de barro, durante la dictadura. Y nada más llegada la democracia fueron sacados a una casa de verdad, con luz eléctrica; se le educó gratuitamente, se le operó y trató gratis. A su padre se le educó en programa especial y se le transformó en maestro, en coordinador, en director de colegio, director de grupo y jefe de sección hasta llegar a la cúpula de los destinos públicos, jubilándose a los 20 años de trabajo y con lo reunido pasó de un rancho de bahareque, con techo de palma a dos aguas a comprar con su esfuerzo de profesor y empleado público una finca de 20 hectáreas, con tractor, desgranadoras, ordeñadoras y más de 100 animales de todo tipo (1). Ya quisieran hoy los campesinos tener esas oportunidades.

Era como para estar agradecidos con la democracia porque salieron de la miseria, algo que en 150 años de dictadura y botas militares nadie soñó en su familia. Sus hijos serían profesionales universitarios, educados gratuitamente y a todos se les dio empleo digno. Y aun siendo ellos la prueba más clara de que Venezuela es la tierra de las oportunidades, se empeñaron en mentir descaradamente, sobre que la democracia nunca dio oportunidades a los pobres.

Abra, amigo lector, cualquiera de las biografías del despropósito que dirige esta *“Nueva República”*, y se encontrará con una única constante. La mayoría de los ministros, gobernadores y alcaldes nacieron en la pobreza durante la dictadura militar o el comienzo de la democracia, como muchos de nosotros, el resto son representantes de la clase media baja. La mayoría de ellos siendo pobres, pudieron estudiar gratuitamente en las escuelas y liceos, asistieron gratuitamente a las universidades que no existían en dictadura, absolutamente todos consiguieron buenos empleos.

Del liderazgo principal en los ministerios, a todos -y especialmente a los comunistas- la democracia les permitió no solo graduarse, sino que fueron enviados a las mejores universidades de Europa y Estados Unidos a hacer sus maestrías y doctorados algunos Nacidos en la pobreza y llegado Chávez, todos ellos ya eran universitarios, maestros y doctores, con sus casas y automóviles, todos tenían buenos empleos y una vida digna.
¿Pueden ellos decir que los pobres no tuvieron oportunidades, siendo ellos la prueba clara de lo contrario?,
¿Pueden ellos hablar de que los oligarcas no les dieron oportunidades, si sus propias biografías son prueba categórica de lo contrario?
Y ¿quiénes fueron los oligarcas? *¿Rómulo Betancourt?* Hijo de un inmigrante canario establecido en la Guarenas del siglo XIX.
*¿Raúl Leoni?* Hijo de otro inmigrante radicado en El Manteco asolado por la malaria.
*¿Carlos Andrés Pérez?* Que nació en un rancho del siglo XIX y que salió a lomos de un burro de su tierra.
*¿Jaime Lusinchi?* Hijo de una increíble doña María que regentaba una pensión y a veces se iba sin comer a la cama para que su hijo pudiera estudiar medicina.
*¿Rafael Caldera?* huérfano de padres españoles y criado en el estricto hogar de Tomás Liscano. Si algo ha tenido la presidencia democrática de Venezuela, sus ministerios y la mayoría de su funcionariado toda la vida es que ha estado “100% libre de ricos y burgueses”.
¿Justicia, Independencia de Poderes? ¿Acaso no hay mayor mentira cuando los golpistas hablan de la justicia de la 4ta República, cuando ellos querían nombrar al Fiscal General, Ramón Escobar Salom, para su Junta de Gobierno?
La verdad es que Chávez su familia y quienes hoy gobiernan estaban relegados a vivir como todos los dictadores y comunistas que se adueñan de un País, porque el Cabito terminó viviendo en un hotel de París con botellas de coñac de 1.000 dólares de la época; Marcos Pérez Jiménez en su cuenta tenía nada menos que el presupuesto de la educación de todos sus ancestros.
Mientras que a Rómulo hubo que hacer una colecta para comprarle una casa porque no tenía dónde vivir y aceptó el regalo condicionado a que una vez muerto, la casa sería un museo. Sus hijos, por tanto, no heredaron absolutamente nada, como tampoco heredaron fortuna los hijos de Leoni. Conozco a los hijos de Lusinchi que heredaron solo buenos recuerdos, y Caldera legó su dignidad a toda prueba, como Luis Herrera del que nadie puede negar que más allá de sus quesos llaneros, jamás se preocupó en hacer fortuna. Dejo de penúltimo al “hombre más temido y odiado por Chavez” CAP, que muere en estado de semiabandono (por los millones que votaron por él). Y de último dejo al hombre que nunca sabremos cuánto legó a sus hijos, informense como viven, y no se como hizo el inocente, porque con “su sueldito”, dos ex esposas y varios hijos, es difícil). Pero a Venezuela sí le dejó el mas grande legado: Hugo Chávez dejó partido en dos al país, destruyó a la izquierda, reinstauró el militarismo, triplicó la deuda, quebró las arcas, y parafraseando a Cabrujas: “Ni la caída del muro de Berlín, ni Yeltsin inaugurando un McDonald’s junto a la tumba de Lenin, hicieron tanto por la derechización nacional”.

 

Los dos rostros por Fernando Mires – Blog Polis – 10 de Agosto 2017

39768fernandomires1640x360Hay que tener cuidado al afirmar si un hecho pasará a la historia o no. Nunca se sabe. Lo único cierto es que la historia se hace con hechos. O acontecimientos que tienen lugar (es decir, que se hacen su lugar) en el tiempo. Los hechos, a su vez, son históricos cuando determinan a otros hechos o porque son portadores de una fuerza simbólica, o por las dos razones a la vez. Por eso va a ser difícil que ese domingo 6 de agosto de 2017 pase desapercibido a la mirada de los historiadores que nos ocupamos con la dramaturgia venezolana.
Por una parte, ese día tuvo lugar un evento simbólico y con toda probabilidad –se sabrá después- desencadenante. Dirigentes de la oposición organizada en la MUD y políticos representantes de una fracción del chavismo que ha roto con lo que ella llama madurismo, sostuvieron un encuentro cuyo objetivo fundamental fue sellar una unidad en torno a la defensa de la Constitución de 1999.
Por otra parte, ese mismo día tuvo lugar en el fuerte Paramacay un levantamiento de militares quienes bajo el mando del capitán Juan Guaranipano dieron a conocer un encendido comunicado en contra de la tiranía de Maduro. Para Maduro un regalo del cielo: la posibilidad de realizar su último sueño: el de convertirse, si no en un nuevo Chávez -eso ya no puede serlo– por lo menos en un Erdogan latinoamericano. Pero tampoco lo será. No tiene detrás de sí una religión y mucho menos la mayoría electoral que goza el turco.
Es decir, en un solo día, con diferencia de muy pocas horas, emergieron hacia la superficie no solo los dos rostros de la oposición venezolana. Son, además, los dos rostros que han impregnado la historia latinoamericana desde la independencia hasta nuestros días.
Un rostro es constitucional, democrático, asambleísta. El otro es militar, violento, golpista. El primero cree en los debates, en los diálogos, en las alianzas. El segundo en el acto heroico, en la proclama mesiánica, en la fuerza bruta. No fue entonces casualidad que la dictadura solo viera al segundo rostro. Al fin y al cabo, dictadura y golpismo se entienden entre sí como perros de la misma raza. A pesar de estar situados en puntos antagónicos, la dictadura y los militares rebeldes hablan idéntico lenguaje: el lenguaje de las balas. No así en el hecho político surgido en defensa de la Constitución que tuvo lugar en la UCAB ese 6/A
Más allá de su importancia simbólica, el encuentro constitucionalista del 6/A podría llegar a ser el punto de partida que llevará a la formación de un frente democrático, nacional y antidictatorial mucho más amplio que la oposición existente y real. Su destino dependerá de su capacidad de expansión.
Por el momento el encuentro solo ha dado lugar a una informal vinculación de organizaciones políticas con vocación constitucionalista. Quizás alguna vez logre incorporar a gran parte de las organizaciones civiles y eclesiásticas, al mundo de la cultura, a los gremios de trabajadores y empresarios y, no por último, a los militares democráticos sometidos a la dictadura interna que ejerce sobre ellos el alto mando.
En otros términos, el 6A puede llegar a ser el día en el cual comenzó a nacer un nuevo centro hegemónico más allá de izquierdas y derechas y otros modelos en extinción. Un centro que por el solo hecho de existir, contará, sin duda, con el apoyo de todo el occidente democrático. Un centro, en fin, destinado a ser un nuevo espacio de convergencia entre todas las fuerzas democráticas de la nación.
Si todo eso sucede, el 6/A pasará a ser, sin lugar a dudas, un día muy histórico.

 

Dualidad de poderes por Fernando Mires – Blog Polis – 29 de Julio 2017

Download (47).jpgEl 30 de julio la dictadura militar de Nicolás Maduro consagrará institucionalmente la dualidad de poderes que venía gestándose mediante la creación de una constituyente cubana cuyo único objetivo es la supresión del sufragio universal para asegurar el poder de una oligarquía militar-civil en contra de la voluntad de la inmensa mayoría de la nación.
El término dualidad de poderes merece una explicación adicional. Su origen teórico proviene de las plumas de Lenin y Trotzky durante “la revolución de febrero” – la única, la verdadera revolución, la antizarista- que dio origen al gobierno provisional, democrático, social y parlamentario de Alexander Kerensky. En términos más exactos, aquello que tuvo lugar en el breve periodo que va desde febrero a noviembre de 1917, fue una trilogía de poderes: el del aparato militar y burocrático zarista enquistado en el Estado, el del gobierno provisional (liberal, democrático y parlamentario) y el supuesto poder de los soviets (concejos). Leer más de esta entrada

La salida del Gomecismo por Luis Ugalde – Revista SIC – 29 de Junio 2017

 

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En tres años se disolvió el poder gomecista que a finales de 1935 era total; el país salió del gomecismo y éste salió del poder. Muerto el dictador, la salida fue rápida, relativamente incruenta y de recorrido impensable. ¿Qué papel juegan el liderazgo opositor con presión de gente en la calle y el gobierno que trata de mantenerse cediendo y enfrentando a sus inmovilistas? Veamos los hechos para aprender política. Muere el dictador Gómez en diciembre de 1935 y asume la presidencia su Ministro de Defensa López Contreras que, con “calma y cordura”, encauzará ejecutivamente la transición de la Venezuela dictatorial que se resiste a morir (para los gomecistas duros López será un traidor). Entendamos a aquella oposición plural que, saliendo de las cárceles, del exilio y de la clandestinidad, avanzó incierta entre dolores de parto. López proclamó su fidelidad a Gómez y protegió a sus familiares enviándolos al exilio, mientras permitía el regreso de encarcelados y exiliados y hasta los nombró ministros.

Los intelectuales opositores, encabezados por Andrés Eloy Blanco, publican su “Manifiesto” de cambios democráticos y sociales. La oposición empieza a definirse en agrupaciones y embriones de partidos como ORVE, PRP, UNR… La FEV (Federación de Estudiantes venezolanos) con Jóvito Villalba al frente se pone los pantalones largos y con lenguaje radical exige al gobierno un cambio total sin ambigüedades. La gente sale a la calle en marchas multitudinarias, con tolerancia y represión. El 13 de febrero de 1936 el río desbordado de gente (30.000 personas en una Caracas que no llega a 300.000), marcha desde la UCV (Esquina S. Francisco) hasta la Gobernación y luego hasta Miraflores. López Contreras recibe a una comisión encabezada por el Rector y el estudiante Jóvito Villalba que exige cambio total del gobierno, con exclusión de los gomecistas y con libertades democráticas y sindicales… López da buenas palabras y algunos golpes de timón audaces, como nombrar gobernador de Caracas al general Elbano Mibelli recién salido de la cárcel de La Rotunda. Las grandes protestas de febrero obtienen la sorprendente respuesta de nuevo gobierno con hombres que han pasado por la cárcel y el exilio y con el “Programa de Febrero” -que señala necesidades con visión crítica- elaborada por opositores (se atribuye a Caracciolo Parra Pérez, Alberto Adriani y Diógenes Escalante). Eran los cambios que urgían; la Constitución antidemocrática podía esperar mientras se adelantaban las transformaciones…

Queda el paso desagradable del nombramiento presidencial por el Congreso gomecista. Los encandilados por la utopía todavía no distinguen el camino de su meta, rechazan el Congreso gomecista y exigen de inmediato una Asamblea Constituyente (¡!) o nuevo Congreso elegido con voto popular. Pero otros comprenden la transición, temen una reacción dictatorial y ven con realismo la elección gomecista de López. Rómulo Betancourt dirá “hay que aceptar la reunión del Congreso gomecista con el pañuelo en la nariz”. En los jóvenes la política empieza a sembrarse con la utopía, pero sólo nace cuando saca su tren de aterrizaje para transformar lo necesario en posible y lo posible en real. No pocos (ayer y hoy) se estrellan en el primer intento de aterrizar su utopía. Y así, con dos pasos adelante y uno atrás, vendrán las grandes manifestaciones de junio de 1936, la inédita huelga petrolera de diciembre, las nuevas leyes y prácticas represivas anticomunistas con las que cualquier opositor era tachado de “comunista”, como hoy de “imperialista”. Habrá nuevos exilios y clandestinidades… pero, a pesar del poder militar y de las leyes dictatoriales, el gomecismo agoniza y la democracia va naciendo en la gente. Más tarde vendrá el cambio de Constitución y la elección presidencial del 41.

Hoy, con más razón, no es la Constitución lo que le duele a Venezuela, sino su sistemática violación desde el poder. Más bien la Constitución actual es un arma de los demócratas para exigir cambios en el gobierno; todos a una con una decena de puntos claves. La salida del gomecismo se produce desde dentro con López Contreras cambiante, presionado por las circunstancias y por una oposición que denuncia, protesta y dialoga al mismo tiempo. Ya habrá tiempo para leyes, elecciones presidenciales y constituyentes; incluso tendrán su oportunidad los prometedores de la “refundación“ de la República por enésima vez en nuestra historia, utopía sin tren de aterrizaje para cambiar la realidad que exige gente desterrando prácticas que violan sus esperanzas y bloquean sus capacidades realistas de lograrlas. Por ahora, militarismo en maduración.

El holocausto de Venezuela – Editorial Orbi News – 30 de Junio 2017

En estos días hemos visto, con ojos llenos de estupor, las tácticas nuevas empleadas por el narcorégimen de Maduro que, por la furia desatada, se asemejan a los últimos estertores de una bestia mortalmente herida.

Cuando se pronuncia la terrible palabra “holocausto” acuden a la memoria recuerdos tristes y vergonzosos que creíamos lejanos y esperábamos no ver repetidos. En pleno Siglo XX la humanidad fue testigo insensible de varios genocidios que cobraron muchas vidas: el armenio (1915-1923), el Holodomor ucraniano (1932-1933), el holocausto judío (1939-1945), la revolución cultural de Mao Tse Tung (1949-1969), el genocidio de Camboya a manos de Pol Pot (1975-1979), la matanza de Ruanda (1994) y otras muchas, si nos remontamos a la historia desde sus principios.

Las motivaciones, variadas, desde religiosas hasta étnicas, pero también en nombre de la instauración del comunismo/maoísmo, como lo fueron el de Ucrania, el de Pol Pot y el de Mao Tse Tung. Matanzas sin sentido por motivos casi siempre expansionistas. Común entre todos estos sangrientos hechos, es la indiferencia con la que la comunidad internacional observa mas no interviene. Muestra de ello es lo que está pasando en Venezuela donde en nombre del narcocomunismo se está asesinando a la población desarmada.

Este nefasto narcorégimen, ha cobrado a lo largo de estos 18 años, solo en muertes violentas a manos de la delincuencia, más de 300.000 vidas. A esa suma habría que añadir todos los que perdieron sus vidas por la desnutrición y la falta de medicamentos. De hecho, matar de hambre es uno de los métodos que se aplican a los pueblos que se quiere someter. Holodomor significa eso: “matar de hambre” y nuestro dictador sabe muy bien cómo poner en práctica esta técnica de Stalin, que fue responsable de la muerte de 40 millones de personas durante su mandato entre 1924 y 1953. En Venezuela hay toda una generación, o lo que quedará de ella al final de esta pesadilla, que no tendrá la talla y peso que corresponden a su edad cronológica, la crisis de nutrición aunada a la crisis de salud resultarán en una mortalidad infantil abismal. Los niños ingresados en el J. M. de los Ríos por desnutrición en lo que va del año, ya duplican el número de casos atendidos en todo el año pasado.

Hitler, a su vez, exterminó en sus hornos crematorios a 6 millones de judíos entre 1939 y 1945 y lo peor de todo esto, es que se han encontrado documentos que demuestran que la comunidad internacional estaba en conocimiento de lo que estaba sucediendo. ¿Por qué razón nadie, sociedad o iglesia, hizo nada para frenar la locura del desquiciado nazi?

Las imágenes de Venezuela que llenan las pantallas de la televisión, que dan la vuelta al planeta, que llenan las redes sociales, tampoco hoy en día son suficientes para que alguien haga algo. ¿Cuál es el precio de la mordaza? Los narcodólares han tejido un eficiente y poderoso bozal, todos temen perder la teta y a nadie le importa cuánta sangre inocente es derramada por los esbirros en su afán de mantenerse en el poder.

Son del conocimiento público también, las torturas a las que son sometidos los muchachos que son detenidos en las manifestaciones: interrogatorios crueles, actos de barbarie realizados a placer por oficiales perversos. Violaciones, humillaciones y vejaciones que hacen que Pedro Estrada parezca un niño de pecho al lado de estos despiadados soldaduchos. Golpeados, obligados a dormir en los excrementos que les son lanzados, obligados además a ingerir gasolina, presos políticos incomunicados con la consiguiente tortura psicológica, además de la física, de los mismos y de sus familiares, que desconocen el paradero y estado físico de sus seres queridos, como son los casos, entre otros, de Leopoldo López y del General Vivas.

Tanto ensañamiento en contra de la población desarmada que reclama sus legítimos derechos es algo nunca visto, ensañamiento en contra de los estudiantes, del futuro de la nación, un hecho imperdonable y que no debe ser olvidado. En 90 días van 100 muertos, mártires de esta narcodictadura, 100 hogares enlutados, 100 familias deshechas, 100 madres cuyas vidas se acabaron… Y para rematar, nuevos medios de transporte en camiones/cava herméticamente cerrados y llenos de gases lacrimógenos, una cámara de gas rodante, ¡a la usanza de Hitler! Muy doloroso ha sido ver cómo se llevaban a los muchachos de la Universidad Simón Bolívar en una de estas cámaras de gas, sin embargo más doloroso ha sido ver a una cantidad enorme de gente viendo a través de los cristales cómo se llevaban a los muchachos. Si hubiesen salido todos, si hubiesen actuado, eran muchos más que los esbirros, los muchachos estuvieran libres ahora. Es la indiferencia de la que hablamos, ¿si la tenemos dentro del país, cómo no la vamos a tener fuera? ¿Y todavía nos preguntamos por qué no hemos salido de este régimen?

Los últimos días de un régimen se caracterizan por el recrudecimiento de la barbarie, vienen tiempos más difíciles para Venezuela, pero se ha ganado mucho terreno. No hay tiempo ahora para llorar los muertos y relamerse las heridas, ya vendrá el tiempo para el luto cuando la pesadilla haya terminado. Es tiempo de seguir en la lucha, resistir y cubrirse de una coraza para no decaer. Pero también es tiempo ya de que los organismos internacionales dejen de estar “vigilantes” y pasen a ser organismos actuantes y también es hora de que algunos políticos de turno dejen de llenarse la boca de palabras huecas que no conducen a nada solamente por mantener su bozal de arepa. Hay que tomar medidas drásticas porque el tiempo pasa y al final, no muy lejano, está el comunismo en pleno apogeo.

NOTA ACLARATORIA:

Una lectora nos aclara, que los ciudadanos presentes el día que arrestaron a los jóvenes estudiantes y los metieron en el camión-cava en donde los ahogaron con gas, no estuvieron indiferentes, muchos de ellos estaban en una agencia bancaria, retenidos por la Guardia Nacional, quienes los apuntaban con armas de fuego para que no socorrieran a los jóvenes. Es importante para Orbi News hacer esta aclaratoria ya que en Venezuela no hay indiferencia, la sociedad civil democrática está masivamente en las calles demostrando rechazo al Régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro, régimen que en nuestra opinión, tiene los días contados.

 

Venezuela y los piratas del Caribe por Fernando Gonzalo – Blog Polis – 27 de Junio 2017

La ironía, del griego “eironeía” (ignorancia fingida) se suele utilizar burlonamente y cuando se convierte en insulto es un sarcasmo. Un episodio con esas características es lo que se ha estado escenificando, en las reuniones de la OEA, en estos días de Junio, en Cancún.

Para hablar del comportamiento de quienes son los actores de ese episodio, vale la pena hacer una referencia histórica que contrasta fuertemente con la realidad de hoy. Corría el año de 1806 cuando Haití se convirtió en centro de asilo de venezolanos. Se encontraban refugiados allí los patriotas que luego fueron principales protagonistas de la gesta de independencia: Santiago Mariño, Bartolomé Salom, Luis Brion, Carlos Soublette, Manuel Piar, Francisco Bermúdez y muchos otros de menor rango militar.
En suelo de Haiti se había realizado (entre 1791 y 1804) el primer movimiento revolucionario en América Latina y la primera y única rebelión de esclavos exitosa de la historia. Ese país que nació de una rebelión de esclavos, bajo la presidencia de Alejandro Petión, volcó su apoyo decididamente a la causa de la libertad. De allí partió la llamada “expedición de los Cayos” que fue preludio de la campana de liberación de Guayana de 1817. Para esa expedición Petión había recibido a Simón Bolívar en Enero de 1816 y le había facilitado 6.000 fusiles, municiones, el flete de varias goletas, una importante suma de dinero y lo que Petión consideró su principal aporte a la causa de la independencia: “una imprenta completa”. Según Petión la difusión de las ideas de libertad eran el arma principal de la independencia.

Aquellos hombres, descendientes de esclavos procedentes de Africa, se habían inspirado en los filósofos de la ilustración. Los que habían sufrido la mayor deportación de la historia, que fue el comercio trasatlántico de esclavos (siglos XVI y hasta el XIX) tenían como norte “la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”. La ambientación de esa inspiración haitiana y caribena está estupendamente relatada en la novela “El Siglo de las Luces” de Alejo Carpentier: “la historia de la Revolución Francesa está harto atareada en describir los acontecimientos ocurridos en Europa, como para desviar la mirada hacia el Caribe”….donde se respiraba muchas ansias de libertad y donde, según Carpentier “también funcionó la guillotina en la plaza pública”. Allí la idea de que “los hombres tienen un derecho inalienable a la vida, la libertad y la propiedad y que cuando eso es violado el pueblo está legítimamente autorizado para destituir al monarca”, era ya propiedad popular de mucha gente.

Resulta una ironía que, con esa noble tradición histórica, los pueblos caribenos hayan dado las espalda a la trágica violación de los derechos humanos en la Venezuela de hoy. Sus representantes ante la OEA han dicho que lo que ocurre en Venezuela es un tema interno y llaman a “SUAVIZAR POSICIONES” y alegan la no injerencia. Se entiende que en la diplomacia debe haber un equilibrio entre pragmatismo y principios, pero sin renunciar a que la dignidad y la hermandad de los hombres es el primer principio. Se dice (el paso de lo sublime a lo ridículo) que hay que resolver el “conflicto” pero se da a entender que “para mi” otras cosas son mas importantes. Por ello, en este caso, la ironía se convierte en un insulto, es decir en un sarcasmo de dimensión histórica.
A pesar de semejante deslealtad coyuntural de los gobiernos del Caribe, estamos confiados en el inevitable flujo de la historia en favor de la Libertad y la Democracia.

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