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¿Se asomó la brisa bolivariana? por Adolfo P. Salgueiro – El Nacional – 12 de Octubre 2019

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Una constatación bastante obvia es aquella que revela que los ciclos de la historia política tienen carácter pendular y que los cambios en la dirección del péndulo se producen en intervalos cada vez más breves. Tal fenómeno se está comenzando a constatar en la realidad latinoamericana donde, después de casi una década de predominio, los movimientos políticos relativamente moderados de centro derecha, derecha o centro izquierda –todos esencialmente democráticos– están siendo puestos a prueba por fuerzas que responden a parcialidades fundamentalmente izquierdistas, comunistas, populistas   castrochavistas, Foro de Sao Paulo, etc., poco comprometidos con el respeto al juego democrático y que, muchas veces, valiéndose de la democracia logran atentar contra ella habiendo infiltrado  sus instituciones.
También hay movimientos de derecha que haciendo uso de las mismas herramientas originadas en la democracia buscan idéntico fin de preponderancia generalmente alejados de la práctica de ella (Bolsonaro, Le Pen, Salvini, Vox, etc.). En casi todos los casos la percepción de fracaso de las gestiones de gobiernos desgastados suele ser lo que impulsa al enojo del votante, la reacción y el retorno del péndulo.
Unas veces el relevo se produce según las reglas acordadas y otras se lleva a cabo con ruptura de las mismas. Algo de eso es lo que está ocurriendo en nuestro continente latinoamericano sumido en estas últimas semanas en una vorágine de inestabilidad que ha provocado insólitos comentarios como el del capitán Cabello, quien –con el cinismo que le caracteriza– ha afirmado que pareciera haber “renacido una nueva brisa bolivariana en el continente”.
La inestabilidad presente en las zonas fronterizas colombo-venezolanas, en las que la usurpación que aún despacha desde Miraflores ofrece sin rubor alguno su apoyo a los grupos terroristas infiltrados en nuestro territorio, siembra temor, desestabilización y la alta posibilidad de que un incidente (verdadero o falso) genere la chispa que encienda la mecha de una confrontación internacional armada de alto vuelo entre pueblos hermanos. No es una especulación teórica, sino una realidad palpable diariamente en Táchira, Zulia, Amazonas, Bolívar, Apure, etc.
Los eventos que sacuden a Ecuador ilustran claramente la necesidad impostergable de sincerar una economía que no puede soportar más el desangramiento que producen los subsidios a los combustibles, pero también demuestra que intentarlo desata reacciones –entendibles sí– que se explotan arropándose en el populismo más descarado. Así mismo pasó con el Caracazo de 1989 y pasa hoy en Quito y otras ciudades ecuatorianas donde –de paso– se comenta la presencia de infiltrados venezolanos que , una vez detenidos, revelan su militancia chavista y su condición de agentes pagados para desatar la violencia.
Pocos reconocen que si se solicita un megapréstamo a una institución financiera internacional, resulta razonable que esta aspire a supervisar su utilización. Igual ocurre cuando un banco nos financia la hipoteca de nuestra casa y nos sujeta a limitaciones que le aseguren la recuperación de su préstamo. Si existe alguna otra manera sería bueno que quien tenga la receta la comparta ahorita mismo.
Afortunadamente en Ecuador la represión ha sido moderada, llevada a cabo por fuerzas del orden –no por militares– y sin que se haya agotado la posibilidad del diálogo que ya ha empezado a aflorar. Pensar que los próceres de la “revolución bolivariana” tienen la sinvergüenzura de “condenar los excesos policiales” luce como una muestra de deshonestidad discursiva repugnante aunque no sorpresiva.
En Perú es difícil opinar si la decisión del presidente Vizcarra de disolver el Congreso se ajusta a la Constitución o no. El hecho de que la medida sea apoyada por 90% de la población no la convierte necesariamente en constitucional toda vez que los congresistas –bandidos o no– han sido elegidos por el pueblo en comicios tan transparentes como fueron los que invistieron a Kuzcinsky en la presidencia y a Vizcarra como vicepresidente de la república. Por lo menos en este caso constatamos la fortaleza de las instituciones que han podido aguantar varios golpes fuertes sin haber colapsado.
En Argentina parece ya cantado que el populismo kirchnerista regresará a la Casa Rosada propinando un severo castigo a un Macri que –bien o mal–  tuvo que tomar medidas para reparar lo que el kirchnerismo le dejó como herencia. La consecuencia será el regreso de medidas populistas para que a la vuelta de otros cuatro años haya que intentar volver a reparar el daño.
En Uruguay –el mismo 27 de octubre como en Argentina– hay la posibilidad de que el Frente Amplio de la izquierda gobernante no pueda conseguir reelegirse en la primera vuelta. De ser así es bien posible que la coalición entre el Partido Nacional y el Colorado pueda desalojar a quienes han venido inicialmente coqueteando con el chavismo-madurismo y últimamente se han cuadrado con él sin rubor alguno.
En Bolivia el 20 de este mismo mes de octubre se decidirá si Evo gana en primera vuelta o no. De no ganar existe una esperanza de que las alianzas que se puedan tejer alrededor de Carlos Mesa para la segunda vuelta puedan desalojarlo del poder que ha ejercido ya por tres mandatos, hablando muchas estupideces en materia política pero cometiendo pocas en materia de conducción económica.
De este ajedrez que hemos resumido, los venezolanos tenemos mucho que ganar o que perder. Si ganan los kirchneristas en Argentina , Evo en Bolivia o el Frente Amplio en Uruguay o si tumban a Lenín Moreno en Ecuador, la situación de Venezuela en el Grupo de Lima (con México ya perdido hace un año), o en la OEA donde la representación de Guaidó se apoya en una inestable mayoría, o las decisiones dentro del TIAR, bien pueden complicar el apoyo internacional regional que hasta ahora es elemento determinante para mantener la esperanza del cese de la usurpación.
Como consecuencia de lo anterior, es evidente que Guaidó tiene que apurar al máximo la velocidad para lograr las tres metas que se ha propuesto (cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres) antes de que cambien para peor las circunstancias exógenas. Para que eso sea posible, quienes comparten, condicionan y limitan la acción del presidente (E) precisan empujar todos en la misma dirección y con la vista puesta en el futuro de la patria y no en el interés inmediato de sus toldas. La cortesía con mis lectores me sugiere destilar optimismo, la razón me hace ser escéptico.

Auge y caída de la producción petrolera por Eddy Reyes Torres – El Nacional – 12 de Octubre 2019

El petróleo ha tenido su papel entre nosotros desde tiempos inmemoriales. Los primeros conquistadores apreciaron que nuestros indígenas lo utilizaban con fines medicinales, para la iluminación y el calafateo de sus canoas. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557) fue el primero en dejar constancia escrita de ello en su Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Allí, al referirse a la isla de Cubagua, dicho autor nos dice que tiene en la punta del oeste una fuente o manadero de licor, como aceite, que corre por encima del agua del mar, el cual es llamado por los naturales stercus demonis (estiércol del diablo), aunque otros lo llaman petrolio o asfalto. Más adelante, al visitar el área del golfo de Venezuela, el autor hace mención a la existencia de ojos o manantiales de betún que los nativos llaman mene.

Es en 1864 cuando se otorga la primera concesión petrolera en el país. El beneficiario fue el venezolano Manuel Olavarría, quien no obtuvo resultados positivos. Más tarde, en julio de 1914, cerca del pueblo de Mene Grande, en el estado Zulia, el Zumaque 1 dio formalmente inicio a la producción de petróleo en territorio venezolano (264 barriles diarios). Pero será el 14 de diciembre de 1922, momento en que el pozo Barrosos-2 comienza a arrojar sin control, durante 9 días, 100.000 barriles diarios de petróleo, cuando se ratifica ante el mundo el enorme potencial minero de nuestro país. La presencia de las grandes compañías norteamericanas e inglesas fue entonces la secuencia inevitable.

Paso a paso nuestra economía comenzó a recibir las mieles del extraordinario regalo de la naturaleza, aunque junto con ello vino también un mal ineludible: la poca disposición o capacidad del Estado para promover el desarrollo de un sector industrial privado, capaz de competir en el ámbito internacional para inducir así la acumulación de capital y el crecimiento de la producción. Como resultado de lo anterior, los niveles de crecimiento que logramos alcanzar en educación, salud, vialidad, transporte, vivienda, energía eléctrica, empleo público, alimentación, seguridad, cultura y estabilidad económica, entre otros campos, fueron posible gracias a la renta petrolera. La sociedad venezolana se hizo así dependiente del Estado, cuando es este el que debería depender de toda la sociedad.

Lo cierto es que desde que arrancó en forma la extracción del petróleo en nuestro país, esta fue incrementándose en el tiempo de manera sostenida, aunque con ocasionales caídas derivadas de las crisis que han afectado al mercado internacional. Las estadísticas ponen de manifiesto nuestra posición singular y, en ciertos momentos, especialmente ventajosa. Así, en 1929 Venezuela era el segundo país productor de petróleo, por detrás de Estados Unidos. Para 1945, a finales del gobierno de Isaías Medina Angarita, la producción fue de 1.000.000 de barriles diarios y, en 1998, la cifra se elevó a 3.300.000 barriles diarios. En 2011, durante la gestión de Hugo Chávez Frías, la producción bajó a 2.380.000 barriles diarios. Y según el último informe de la OPEP, en el mes de septiembre del presente año, en plena gestión de Nicolás Maduro Moros, el promedio mensual cayó a 680.000 barriles diarios.

A lo largo de ese proceso, la conducta manirrota de la revolución opacó a la del primer gobierno de Pérez: los regalos contantes y sonantes llegaron a todos los puntos de América y a los camaradas revolucionarios esparcidos por todo el orbe. Junto con lo anterior, los estrafalarios endeudamientos con China y Rusia dejaron al de la era democrática –que en propiedad se inició con Carlos Andrés y concluyó con la segunda presidencia de Rafael Caldera– como un inofensivo niño de pecho.

De manera que el régimen revolucionario no aprendió la lección bíblica de José y el faraón de Egipto, contenida en el Génesis, relativa a la conveniencia y necesidad de ahorrar en los años de fertilidad. Por eso hoy tenemos una industria petrolera destruida, con una producción inferior a la que teníamos en 1945, una deuda externa quintuplicada y una economía paralizada.

Con el anterior telón de fondo, el actual presidente de Pdvsa, el mayor general de la Guardia Nacional, Manuel Salvador Quevedo Fernández, tuvo el tupé de declarar recientemente desde Rusia que a finales de este año Venezuela estará produciendo 1.600.000 barriles diarios de petróleo. A este experto militar solo podemos decirle: amanecerá y veremos.

Venezuela: Bolívar no, España sí por Carlos Leañez Aristimuño – El Mundo – 10 de Octubre 2019

Venezuela nace sobre un error: la secesión temprana y traumática del Reino de España, del cual éramos parte orgánica y nos dio el ser.
RAÚL ARIAS

Venezuela nace sobre un error: la secesión temprana y traumática del Reino de España, del cual éramos parte orgánica y nos dio el ser. En efecto, no existíamos como pueblo antes de la llegada de los españoles. Quienes habitaban estas tierras no éramos nosotros, eran simplemente sus primeros pobladores. Para que el nosotros se constituyese debía darse el encuentro entre sus dos elementos fundamentales: las muy diferentes -amén de enemigas- tribus indígenas y los españoles. Una vez dado el encuentro comenzó el nosotros, la vertiginosa forja de un pueblo nuevo: los descendientes de factores muy distintos juntan sangres y costumbres. Lo indígena pervive, mas ya no en un plano preponderante. El catolicismo y la lengua española -con sus maneras y acentos particulares en cada lugar- se vuelven los códigos primeros de organización de la existencia de cada quien: ha nacido un pueblo nuevo cuyas coordenadas esenciales remiten a España. Bolívar lo admite: “Un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España”.

Pero Bolívar -incansable, audaz, brillante y feroz- es el principal actor de la pulverización de “todo lo que formaba nuestra esperanza”. Inevitable, quizá, ese resultado, al darse la convergencia del genio político-militar con el sentimiento de que la Corona borbónica afectaba privilegios de su estamento, con el naufragio de España ante Napoleón, con las nulas dotes políticas de Fernando VII, con el empeño inglés en fragmentar el Imperio… Mas no fue fácil. Salvo una parte de la ínfima capa mantuana -dueña del país-, prácticamente todos valoraban a la Corona como benéfica y fuente de la legitimidad del poder. Éramos españoles. Por lo tanto, hubo que forzar una guerra civil de secesión -propagandísticamente rotulada como de independencia entre realistas y patriotas- desplegando ferocidad y la más hiperbólica versión de la leyenda negra antiespañola.

Para separar lo que era uno, Bolívar hubo de ponerse al frente de un cataclismo que, según cálculos conservadores, arrasó con un tercio de la población y desintegró el tejido social y económico. La ferocidad entre 1813 y 1820 fue máxima y avalada por el Decreto de Guerra a Muerte de Bolívar: “Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables”. Sólo este tipo de guerra, al dividirnos artificialmente y provocar el terror, fue capaz de separar, movilizar y confrontar. Y vaya si hubo terror. Bolívar escribe, tras la llamada Campaña Admirable, que, a su paso, “todos los europeos y canarios casi sin excepción fueron fusilados”. Peor: centenares de prisioneros y enfermos fueron ejecutados -con frecuencia degollados para ahorrar municiones-. Ante las peticiones de clemencia del arzobispo de Caracas, Bolívar responde: “Uno menos que exista de tales monstruos es uno menos que ha inmolado o inmolaría a centenares de víctimas”. Monstruos, afirma también en la Carta de Jamaica, “insaciables de sangre y de crímenes”, que deben ser combatidos “hasta expirar o arrojar al mar” porque “… rivalizan con los primeros monstruos que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva con furor en los campos y en los pueblos internos”. No sorprende entonces esta acotación:“Más grande es el odio que nos ha inspirado la península que el mar que nos separa de ella”. Lucha armada, liderada, claro, por militares: lo civil bajo tutela, subordinado, en sordina. Odio a España: corte con los vínculos con Occidente, los capaces de permitirnos perfilar la noción de individuos responsables acreedores de libertad.

Tanta destrucción y odio aplicados a lo español -auténtica automutilación- no pueden conducir sino a lo que el propio Bolívar señala: indigencia, soledad. Leamos: “En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos y sus devastaciones tales que casi la han reducido a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa, no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de la América. Sus tiranos gobiernan un desierto y solo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una precaria existencia: algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan”. Más temprano, en 1814, indica: “Una devastación universal ejercida con el último rigor ha hecho desaparecer del suelo de Venezuela la obra de tres siglos de cultura, de ilustración y de industria. Todo ha sido anonadado”. Todo. ¿Por qué desgarrar lo que “formaba nuestra esperanza”, lo que construyó “uno de los más bellos países” sobre la base de “tres siglos de cultura, de ilustración y de industria”? Por la “libertad” y por la “gloria”, según escribe a su tío en 1825: “¿Dónde está Caracas? se preguntará usted. Caracas no existe; pero sus cenizas, sus monumentos, la tierra que la tuvo han quedado resplandecientes de libertad; y están cubiertos de la gloria del martirio. Este consuelo repara todas las pérdidas”. Claro. Ante la magnitud de las mismas ha de procederse de inmediato a erigir y mantener un altisonante relato donde los autores del cataclismo se tornan semidioses forjadores de un momento mítico de gloria, desprendimiento y heroísmo absolutos que nos da el ser, forja la legitimidad del poder e imprime la misión del pueblo venezolano.

Venezuela nace sobre la gloria del martirio. Los mártires -todos hombres de charreteras- y sus descendientes -por consanguinidad o por afinidad política- purgan lo español y quedan legitimados para repartirse bienes y poder político invocando ser los auténticos sucesores de la gesta del XIX y de Bolívar. Siempre hay una guerra a muerte que librar contra algún imperio del mal y la misión del pueblo es seguir a los sucesores hasta la victoria final que nunca llega. Así, la misión eterna de los venezolanos es la lucha por su soberanía y la de otros pueblos ante los poderosos malvados de turno, acumulando más y más gloria. Así, hoy, ante todas las calamidades que ocasiona la revolución bolivariana en la cotidianidad, se responde: “Sí, pero tenemos patria”.

El relato que funda a Venezuela debe ser revisado para apuntalar la primacía de lo civil y la aceptación cabal de nuestra raíz española -raíz principal- sin complejos de inferioridad ni subordinaciones anacrónicas. Subrayemos que el mejor tiempo de nuestra vida republicana -y por ello el más denostado por el chavismo- fue uno en donde los civiles mandaban, los derechos de los individuos eran razonablemente respetados, el país se hallaba inserto en los circuitos económicos mundiales y había ángulos múltiples en el debate público: los 40 años de república civil previos al chavismo, donde lo militar y sus glorias fueron como nunca asordinados en beneficio de una sensible racionalidad política y económica. Fue un tiempo en el que Bolívar se bajó de los caballos, se vistió de paisano y comenzó a ser debatido.

Debemos entrar de nuevo en esos tiempos, pero muchísimo más a fondo, sin miedo a descolocar por completo al padre de la patria. Porque lo militar y sus glorias no pueden regir a un pueblo sin hacer, de sus componentes, soldados. Porque la libertad que anheló era la propia de la soberanía -independencia- y ella poco vale si quienes habitan el territorio no son individuos libres con derecho a ir en pos de sus sueños. Porque España no es una desnaturalizada madrastra, sino parte integrante de nuestro ser que debemos entender para entendernos. Pongamos a Bolívar en su lugar: genio político-militar que desencadenó un proceso de devastación material y espiritual que nos dejó como legado la cultura del sobresalto violento quimérico permanente. Coloquemos a España en su puesto: raíz principal de la nación por la vía del catolicismo y la lengua española, que nos conectan a Occidente y a valores en donde el individuo, su libertad y su responsabilidad son centrales. Veamos cómo podemos retomar así el camino hacia un país fuera de tercos automatismos colectivos que lo condenan al fracaso. Cuando Bolívar descanse en la paz que nunca nos dio, podrá advenir la república de ciudadanos libres e iguales que necesitamos.

Carlos Leáñez Aristimuño es profesor de la Universidad Simón Bolívar (Caracas).

El hombre que engañó a los nazis está enterrado en Choroní – ProDaVinci – 1 de Marzo 2018

¿El mejor doble agente de la Historia? Joan Pujol García amasó logros únicos durante su inusual y excéntrica vida. En los años de la Guerra Civil Española, sirvió como soldado tanto para los Republicanos como los Nacionalistas y contaba entre sus mayores hazañas no haber disparado ni una sola bala a favor de alguno de los bandos. Sin embargo, su gran mérito se centra en su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial. Sin él, el desembarco en Normandía habría sido imposible.

Bajo los seudónimos Arabel para los alemanes y Garbo para los ingleses, desarrolló uno de los mejores trabajos de campo al suministrar información falsa para los nazis. Creó una compleja estructura ficticia de agentes y subagentes que no eran más que él mismo. De este modo llegó a entregar mensajes erróneos —o tardíos— capaces de desequilibrar importantes maniobras alemanas, gracias a la blindada verosimilitud de su red. Al mismo tiempo proporcionó datos claves a la Inteligencia Británica (MI5) sobre encriptación y quiebre de códigos, manejo de información por aire y radio, además de otros métodos de espionaje utilizados por los nazis.

Muchos lo consideran el más importante de los dobles agentes. Su singularidad radica en que la mayoría de los dobles agentes son espías capturados que, al ser extorsionados, aceptan trabajar para ambos bandos. Sin embargo, Pujol lo era por decisión propia, así que sus superiores lo ignoraban. Tanto que ganó reconocimientos como la Cruz de Hierro alemana y la Orden Real del Imperio Británico, una rareza histórica que muy pocos hombres (si es que existe algún otro) tienen en su biografía.

El futuro espía que criaba gallinas. Joan Pujol García nació en Barcelona, España, el 14 de febrero de 1914. Hijo de Mercedes Guijarro García, una andaluza que provenía de una estricta crianza católica, y Juan Pujol, hombre más bien liberal y secular, dueño de una fábrica productora de tinta que mantenía a la familia entera.

Tras estudiar de pequeño en una escuela de la Hermandad de los Maristas y de adolescente en un colegio católico en Barcelona, Joan abandonó los estudios y se dedicó a trabajar como aprendiz en una ferretería y luego en la crianza de aves de granja.

En 1931, tras cumplir seis meses de servicio militar, le desagradó profundamente la vida de milicia. Al ejército tampoco le gustaba Pujol García, apuntando su “falta de lealtad, generosidad y honor”. Pero en 1936, al estallar la Guerra Civil Española, tuvo que volver a vestirse de soldado, muy a pesar suyo. Fue capturado por las fuerzas Republicanas, luego de evitar enrolarse en el ejército, pero logró escapar una semana después. Consiguió una falsa documentación que lo hacía muy viejo para servir en la guerra, así que volvió al mundo de las gallinas en una granja comunitaria.

La práctica agrícola bajo reglas comunitarias tampoco fue de su agrado, así que ya no detestaba la estructura militar sino también detestaba el Comunismo. Poco después se unió a los Republicanos, pero con la clara intención de desertar cuanto antes y unirse al lado Nacionalista llevando algo de información. Pero la experiencia con el otro bando fue aún peor: Pujol García se sintió asqueado con la ideología fascista de los Nacionalistas, e incluso fue maltratado varias veces por sus superiores. Logró ser dado de baja y se casó con su primera esposa, Araceli González.

Al finalizar su travesía personal por distintos pensamientos y modos sociales de vida, la visión personal de Pujol estaba hecha: odiaba a los Republicanos por la persecución que realizaron en Cataluña —en un momento su madre y hermana fueron rehenes— y por sus inclinaciones comunistas, pero también a los sublevados por su claro discurso fascista y dictatorial. Pero en 1940, tras la victoria de Francisco Franco, se comprometió a contribuir de alguna manera con la humanidad, especialmente en contra de Franco, el fascismo y el comunismo en Europa.

Arabel: el titiritero nazi. Pujol García decidió aportar sus esfuerzos a la causa Aliada como espía. Ofreció sus servicios al Imperio Británico varias veces, pero fue rechazado en cada oportunidad. Esto no aminoró su entusiasmo, pero sí le hizo perseguir su objetivo desde otro ángulo: convertirse primero en un agente alemán y luego ofrecer sus servicios como agente doble a los ingleses. Creó una identidad falsa haciéndose pasar por un oficial gubernamental franquista que apoyaba los esfuerzos de Hitler y ofreció sus servicios a Friedrich Knappe-Ratey —un agente alemán en Madrid que operaba bajo el nombre “Frederico”—, apuntando su movimiento constante entre España y Londres como una ventaja.

Tras ser aceptado y haber aprendido con rapidez ciertos métodos de espionaje —como la escritura secreta y el tratamiento de códigos—, fue asignado a la labor de reclutar agentes y fundar una red de espías en Londres. Pero, bajo el nombre código de Arabel, Pujol hizo todo lo contrario: se mudó a Lisboa y desde allí redactó informes falsos que elaboraba usando guías turísticas de Londres, revistas, películas y horarios de trenes que le aportaban los datos necesarios para construir sus falsos reportes.

Aunque tenían errores factuales —Pujol nunca había ido al Reino Unido y desconocía ciertas costumbres— y no estaba relacionado con el sistema monetario inglés —algo que dificultaba la rendición de cuentas a los nazis—, sus reportes eran altamente apreciados por la inteligencia alemana. Tanto que, a propósito de sus informes sobre la contratación de nuevos agentes —todos ficticios—, los alemanes dejaron de buscar más agentes en Inglaterra, impresionados por su campaña de reclutamiento.

Ya para el final de la guerra, Pujol había creado a siete “agentes”, quienes a su vez “reclutaron” a 19 subagentes más. Su manejo de identidades falsas y de las acciones de sus agentes lo convirtió en un auténtico titiritero virtual, capaz de concretar operaciones enteras a sus falsos agentes, incluso atribuyéndoles el éxito o culpa —dependiendo del caso—, o enfermándolos y asesinándolos a conveniencia para mantener su fachada ante los alemanes.

Garbo: el héroe invisible. El servicio de inteligencia británico sospechaba que alguien le suministraba información falsa al enemigo. Tras conocer el gasto de recursos alemanes en perseguir la pista falsa de un convoy militar aliado —pista suministrada por Pujol—, el MI5 decidió contactar al agente. Pujol se mudó a Inglaterra el 24 de abril de 1942 y le fue dado el nombre código Garbo. Sus operaciones eran controladas por su oficial superior Tomás Harris, ya que hablaba español y eso le permitió trabajar en conjunto con Garbo y escribir más de 300 cartas dirigidas a un puesto de correo concertado por los alemanes en Lisboa. Estas cartas, enviadas por correo o por un piloto de KLM, fundaron la red falsa de espionaje de Garbo.

El contenido de los informes enviados a Alemania por Garbo era una mezcla de ficción, datos verdaderos sin mucha utilidad e información confidencial de gran importancia que era suministrada a los alemanes demasiado tarde para servir de algo. Un ejemplo claro fue la Operación Torch, la invasión de fuerzas británicas y estadounidenses al frente de África del Norte: a través de uno de sus “agentes”, Pujol informó (en una carta fechada antes del aterrizaje de las fuerzas aliadas, pero enviada más tarde por correo) que buques de guerra con tropas y maquinaria habían abandonado el puerto de River Clyde, en Escocia, y que iban pintados en camuflaje mediterráneo. La carta, como se esperaba, llegó tarde, pero la inteligencia alemana apreció los esfuerzos de Garbo, notando la veracidad y profundidad de los datos aportados.

Así siguió hasta ofrecer tal vez su mayor aporte al frente Aliado: su colaboración a Operación Fortitude, una de las más grandes operaciones de engaño durante la Guerra y tal vez la más importante. Destinada a engañar a la inteligencia alemana, para que creyeran que la invasión de Europa por el norte sería en Pas de Calais (sección sur de Fortitude) o en Noruega (sección Norte), aminoraron la cantidad de tropas alemanas postradas en Normandía, lo que aseguró el éxito de la Operación Overlord.

Garbo se encargó de mandar más de 500 mensajes de radio antes del D-Day con información falsa para desviar la atención y los esfuerzos militares de los alemanes hacia Pas de Calais. Alimentó a la inteligencia nazi con reportes de unidades de combate estacionadas en el sur y este de Inglaterra, comandadas por el general George S. Patton, y que esperaban la orden de ataque, cuando en realidad, se trataba de aviones de cartón y tanques inflables estacionados en la costa inglesa.

Los detallados reportes de Garbo —que incluían datos verdaderos y falsos respecto a cantidad de tropas, fecha y hora de partida del Reino Unido y destino— hicieron creer a los alemanes que el primer desembarque en Normandía sería una distracción de la invasión principal. Y cayeron. La entrada y posterior batalla en Normandía fue una victoria decisiva para los aliados. Mientras eso sucedía, el mariscal Gerd von Rundstedt se negaba a movilizar las tropas de Pas de Calais, confiado en los reportes de Garbo que afirmaban que el ataque era una trampa.

Garbo en Venezuela. Meses después de la invasión a Normandía, Garbo fue condecorado con la Orden del Imperio Británico el 25 de noviembre de 1944, de manos del rey Jorge VI, por su valiosa labor de espionaje y manipulación que resultó en tan notable aporte a la causa aliada. Irónicamente, Arabel había sido distinguido en abril del mismo año con la Cruz de Hierro, una distinción raramente entregada a espías y que requería la aprobación personal del propio Hitler.

Tras la guerra, Pujol se alejó del seudónimo Garbo temiendo represalias de antiguos nazis. Así que viajó a Angola, con asistencia del MI5, y fingió su deceso por causa de malaria. Luego de la falsa muerte, se trasladó a Lagunillas, en Venezuela.

Ya en Venezuela, vivió en varias zonas del país y era un apasionado de las costas del Caribe. Pujol asumió una nueva identidad. Años después, en la década de los ochenta, fue contactado por el político inglés Rupert Allason, quien consiguió localizar al elusivo Garbo tras una larga y laboriosa búsqueda. Allason estaba sumamente interesado en la historia de Garbo y fue él quien lo rescató de la oscuridad histórica y dio a conocer su paradero al Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, con quien Garbo logró reunirse en 1984. Aprovechó la visita a Inglaterra para reunirse en el Club de las Fuerzas Especiales con antiguos compañeros del MI5, quienes daban a Garbo por muerto desde finales de los años cuarenta.

A los 76 años de edad, Joan Pujol García murió en Caracas el 10 de octubre de 1988. Fue enterrado poco después, tal como dejó ordenado en vida, en el costero pueblo de Choroní, estado Aragua.

Referentes en la pantalla. Una historia tan nutrida parece un plato fuerte para la gran industria audiovisual. Sin embargo, no existen referencias que superen a la película Garbo, el hombre que salvó al mundo (Edmon Roch, 2009) que, aunque obtuvo varios premios en las categorías de cine documental en España, no llevó mucho más lejos de sus fronteras la historia de Joan Pujol.

Además, otra película titulada Hitler, Garbo… y Araceli descubre la participación de su primera esposa, Araceli González Carballo, en el trabajo de Garbo. Esta pieza, de mediano presupuesto y calidad televisiva, ha contado con la participación de talento e inversores de la localidad de Lugo, lugar donde nació Araceli, interesados en develar el rol aparentemente fundamental que cumplió esta paisana en la historia del siglo XX.

***

Algunos libros disponibles sobre esta historia:

Agent Garbo: The Brilliant, Eccentric Secret Agent Who Tricked Hitler and Saved D-Day

Operation Garbo: The Personal Story of the Most Successful Spy of World War II

GARBO: The Spy Who Saved D-Day (Secret History Files)

Pasado común: a propósito de “Telón de fondo” de Elías Pino Iturrieta por Manuel Gerardo Sánchez – ProDaVinci – 6 de Octubre 2019

El pasado 3 de septiembre se presentó en Barcelona, España, Telón de fondo, historias distintas de Venezuela, de Elías Pino Iturrieta. A continuación reproducimos el texto de su presentador, el historiador y narrador Manuel Gerardo Sánchez.

Telón de fondo es el resultado de un propósito —o más bien es un empecinamiento— que Elías Pino Iturrieta ha defendido a lo largo de su carrera como historiador: hacer del estudio del pasado un conocimiento potable y accesible. La enjundia metodológica, el abigarramiento de citas a pie de página y la seriedad del aparato crítico, ese que la disciplina histórica ha porfiado en refinar para endomingarse de «ciencia», lejos de seducir al interesado lo alejan de los libros. Lo ahuyentan. Por añadidura, convierten a las historiografías en mamotretos pesados que sueltan un parpadeo antipático. La mueca huraña que zapatea curiosidades y anestesia imaginaciones.

Sin burlar el método que exige hoy la labor de Heródoto, Telón de fondoabjura de la aspereza del ídem e ibídem, de los engreimientos de eruditos, de los conceptos que se vuelven fárragos y de esa prosa abstrusa, repleta de tecnicismos y máximas pomposas, tan común en las investigaciones académicas. Su índice reúne un rimero de petites histoires que, junto a la precisión del dato y a la oportuna ubicación de la fuente, no cancela el viaje en el tiempo ni reprime la ensoñación maravillosa. Al contrario, los impulsa. Los ensayos que compila este título publicado por Editorial Alfa pasean al lector por las geografías del pretérito, lo hechizan con el fragor y el chisme de antaño, lo acercan a las mentalidades que, a pesar del vestido descolorido, desfilan en las pasarelas del gerundio —por aquello de «el pasado no pasa, se disfraza de presente»— y, por supuesto, lo ponen en contacto con personajes y sucesos que amarillean en los crepúsculos del olvido. Entonces, Elías Pino, con su pluma elegante y tono entretenido, desempolva identidades y acontecimientos que se enmohecen en los archivos para convertirlos en memoria viva. Un acto de resurrección que conjura gracias a la palabra, única finalmente en obrar el milagro, el «levántate y anda» que certifican las ansias de quienes, como Lázaro, buscan luz y entendimiento.

Por su hechura narrativa y la escogencia atinada de las anécdotas, los textos que conforman Telón de fondo parecen más bien pequeñas fabulaciones o apólogos sin moralejas. ¡Menos mal! No evangelizan. No reclutan a fanáticos de propagandas. Son la prueba escrita de la voluntad de divulgación ya expresada por Pino Iturrieta: «Considero que, aparte de las investigaciones profesionales a las cuales obliga mi oficio, se debe procurar que los conocimientos lleguen a capas amplias de destinatarios que no se acercan a los libros destinados a la creación de entendimiento sobre el pasado desde una perspectiva académica».

Estos breves artículos rescatan singularidades. Ponen la lupa en hechos que la historiografía de postín desestima por preferir las convulsiones semánticas y las riquezas interpretativas de los grandes capítulos: guerras, emancipaciones, democracias y dictaduras, contiendas electorales y biografías de los héroes. Desentierran nombres de gente común, anónimos sin coronas ni charreteras, cuyas épicas se libran en el campo doméstico. Revisitan fragmentos en apariencia aislados de la vorágine social y política en la que se inscriben. Pero el autor nunca los divorcia de sus contextos: «Se debe procurar un contacto con los problemas del tiempo que les correspondió, o con la sensibilidad de los hombres de la época, con eso que algunos llaman ‘clima de opinión’, para que se pase del solaz a la reflexión y de la lectura ligera a la solución progresiva de un rompecabezas», aclara en los primeros párrafos. Por último, el conjunto suelta fulguraciones que brillan dentro del grand récit de la historia y permite que el detalle, eso que a primeras vistas luce baladí o insignificante, guíe a un panorama más amplio y complejo.

Sí, Elías Pino distingue en las particularidades, en el tráfico de la vida privada y en los vaivenes de lo cotidiano un tesoro informativo. Lo avalúa y con sus herramientas teóricas desbroza caminos para la comprensión. Pero, sobre todo, reconoce la necesidad de recurrir al pasado, su numen y objeto de estudio, para explicar situaciones de la actualidad. De hecho, los escritos de Telón de fondo nacen, tal como lo advierte en la introducción, de una noticia que pellizcó su conciencia y perspicacia para corregir las estrecheces del examen inmediato: «Los hechos del presente requieren un nexo con hechos anteriores, no solo porque lo tienen de veras sino también porque la mayoría de los análisis que ahora se producen de la vida venezolana no se salen del presente, se quedan en las vivencias del día, como si la historia comenzara con la partida de nacimiento del analista y terminara con el acta de su defunción».

Telón de fondo descubre las manipulaciones, argucias y tergiversaciones que, desde sus privilegios, ventilan los poderosos en sus discursos. Algunos liberan o esclavizan. Otros no consienten objeciones ni refunfuños e izan, como banderas, enunciados irrefutables en detrimento de la razón y de la diversidad. Por citar un ejemplo: la narrativa redactada después de las guerras de independencia. Ennoblece la naturaleza de la república, encumbra a los libertadores en recompensa de sus sacrificios, acucia la tutela y el gobierno de estos próceres por la herida sangrante en la batalla y, por supuesto, rompe todo vínculo con la colonia y el imperio español por considerarlo un período de oscurantismo y maldad. Estas páginas, asimismo, destronan a falsos ídolos, señalan los vacíos y los eventos que reclaman exégesis y reniegan de credos hasta hace poco asumidos como dogmas. ¿A principios del siglo XIX la mayoría del pueblo llano aupaba la causa patriota? Finalmente, quien se sumerja en estas profundidades no encontrará remanso, sino vértigo. Se quitará los velos que ocultan miradas y juicios. E identificará el gigantesco poder que tiene la historia —del que abusaron Bolívar, Guzmán Blanco y Chávez— para muñir y controlar voluntades, carencia y afectos por medio de relatos que sustituyen versiones por otras. Hay cuentos que abolen, barren y anulan verdades.

Un libro denuncia el genocidio silenciado que Simón Bolívar aplicó a los españoles en América por César Cervera – ABC – 29 de Septiembre 2019

El libro «El terror bolivariano», de Pablo Victoria, presenta a un libertador muy alejado del mito

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Una cosa es matar al enemigo en combate y otra, muy distinta, ejecutar a un millar de soldados enfermos a machetazos tras mantenerlos cautivos durante un año. A principios de 1814, tropas del bando de los llamados libertadores se afanaron en ejecutar a españoles cautivos en las mazmorras de Caracas. Dado que la pólvora era escasa y cara, también se emplearon sables y picas para asesinarlos, sin importar que estuvieran heridos e inmóviles. Este tipo de matanza desplegada en las Guerras de Emancipación no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia establecida para la eliminación total de «la malvada raza de los españoles», como denuncia el catedrático y escritor Pablo Victoria en su libro «El terror bolivariano» (La Esfera de los Libros).

El hombre que ideó aquel plan se llamaba Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar, un descendiente de españoles que había combatido a Napoleón y que, hasta el estallido de la guerra, no había dado señales de albergar tanto odio contra la madre patria. Hoy se puede contemplar su estatua en plazas de muchas ciudades españolas, entre ellas en el Parque del Oeste de Madrid.

«Que los españoles dediquen estatuas a un genocida de su pueblo, artífice de un antecedente claro del holocausto judío, me deja verdaderamente sorprendido. Creo que es el único país en el mundo que puede homenajear así a sus enemigos», defiende en una entrevista con ABC Pablo Victoria, colombiano de nacimiento y de nacionalidad española, que justifica esta anomalía por el complejo que arrastra el país: «Los españoles han asumido la Leyenda Negra como cierta y verdadera, cuando es completamente falsa. España nunca cometió atropellos desde sus instituciones en América y, de hecho, protegió a las minorías como negros e indígenas. Por algo los indios, sobre todo en el sur de Colombia, permanecieron fieles a la corona hasta el final.

Tras una investigación de doce años, Victoria pretende en su nueva obra, dividida en dos volúmenes, romper con el discurso -hegemónico en ambos lados del océano- que divide la Guerra de Emancipación entre patriotas y traidores, amantes de la libertad y opresores, americanos y españoles. Porque el Rey de España no era un invasor o un extranjero que se había implantado allí de la noche a la mañana, sino el señor natural, frente al que algunos españoles americanos se rebelaron y otros, en cambio, se mantuvieron leales. Lo que viene a ser una guerra civil repleta de odios, cuentas pendientes yvillanos como Bolívar. «Es un personaje histórico que no ha tenido biógrafos sino aduladores que le representan como alguien magnánimo, despegado de pasiones, inteligente y culto. Ciertamente era ilustrado, y por eso hay que señalarle y juzgarle con más rigor por ser capaz, aun así, de cometer tantos asesinatos y de una crueldad tremenda», apunta.

La crueldad del mito

Para distanciarse del héroe que le enseñaron en la escuela y en su entorno familiar, este autor colombiano ha recopilado cartas y documentos del propio Bolívar, que le muestran como «alguien inmensamente cruel y cuya motivación era acaparar poder y ser un dictador toda su vida». «En mi investigación demuestro que aspiraba a establecer una dictadura en los territorios americanos. Es más: quería, con el apoyo de Inglaterra y de algunas provincias de América, coronarse emperador del continente», explica Victoria en «El terror bolivariano».

Muerte de Simón Bolívar, por Antonio Herrera Toro.
Muerte de Simón Bolívar, por Antonio Herrera Toro.

Nada que ver con el manojo de virtudes con las que Netflix ha plasmado al libertador en su reciente serie «Bolívar: una lucha admirable». «No la quiero ni ver. Todo lo que dicen allí es completamente falso y no es casualidad que el mundo anglosajón produzca una ideologización del héroe así. Los británicos siempre ambicionaron tener un pie en el continente y, además, quisieron vengarse de España por colaborar en la independencia de EE.UU. Bolivar sirvió a sus propósitos», sostiene este colombiano de cuna.

De aquellos polvos estos lodos. Como recuerda en su libro Pablo Victoria, los viajeros europeos y estadounidenses que recorrieron la América española antes de la rebelión elogiaron las ciudades de Lima y México como las de mayor esplendor del mundo por su nivel de desarrollo. Todo aquello se vino abajo con las nuevas repúblicas o -como lamentó el propio Bolívar- «tres siglos de progreso han desaparecido». «Lo que hoy sucede en Venezuela, sus expropiaciones, sus caciques y su miseria, tiene su antecedente en esa catástrofe que originó Bolívar. A la vista de la ruina, en sus últimos días el libertador se arrepintió de sus hechos y reconoció que “era mejor con los españoles”», recuerda el autor del éxito editorial «El día que España derrotó a Inglaterra», que narra a su manera la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo.

«Su propia existencia desmiente el mito de que los criollos se levantaron contra España porque tenían cerrado el acceso a las instituciones y cargos de la Corona»

El hilo conductor de su nuevo libro son unas memorias inéditas que Victoria halló por casualidad en la casa de la familia de su mujer en Cali (Colombia). Un texto escrito por Joaquín de Mosquera y Figueroa, que llegó a ser en tiempos de la guerra contra Napoleón presidente de la regencia española y diputado de las Cortes de Cádiz, lo que le colocó en una posición privilegiada para comprender las verdaderas motivaciones de ambos bandos. «Su propia existencia desmiente el mito de que los criollos se levantaron contra España porque tenían cerrado el acceso a las instituciones y cargos de la Corona. Don Joaquín nació en Colombia y llegó a ser Rey virtual de España. Y no es un caso aislado. El comandante de la flota española era criollo, como también lo fueron obispos, cardenales y un virrey de México. Los españoles de un lado y de otro éramos los mismos», resume el escritor.

 

La rendición de Breda por Laureano Márquez – Curadas – 18 de Septiembre 2019

La rendición de Breda, por Laureano Márquez

«¿Hablamos como caballeros o hablamos como lo que somos?»

Mario Moreno Cantinflas

 

Sin duda, rendirse es también una opción. El diccionario de la Locademia da varias definiciones del vocablo: “Hacer con ciertas cosas actos de sumisión y respeto”, “Vencer, sujetar, obligar a las tropas, plazas, embarcaciones enemigas a que se entreguen”, “someter algo al dominio de alguien” y -curiosamente- también “vomitar”. Y es que rendirse ante el mal es siempre una opción que tiene un carácter irremediablemente vomitivo.

Cuando Hitler invadió Francia, el país galo se dividió en dos: la Francia ocupada por los nazis y un “Estado” francés, cuya capital estaba en Vichy, de allí el nombre de “el régimen de Vichy”. Esta Francia “independiente” estaba sometida por entero al control alemán, aunque se le permitían ciertas acciones «autónomas» como para dar la ligera impresión de que era un país. Se le permitió, por ejemplo, tener relaciones diplomáticas y un pequeño ejército de soldados armados con chinas. Se le autorizaba a Pétain llamarse presidente e incluso, si le apetecía, colocar sobre su humanidad una banda con los colores de la bandera francesa.

Claro que la Francia de Vichy compartía los postulados de su invasor: perseguía y deportaba judíos, encarcelaba, detenía, torturaba y asesinaba a sus paisanos. Ese era el precio. Lo gracioso es que Pétain se declaraba “neutral” frente al conflicto entre los aliados y fascistas (Oui, comme vous l’écoute).

Finalizada la guerra, porque las guerras finalizan, Pétain se hizo acreedor del desprecio unánime de los franceses, fue acusado de traición, encarcelado y degradado. El  régimen de Vichy quedó como una vergonzosa mancha, la nación francesa rendida a los fascistas, frente a la Francia digna de la resistencia, perseguida, torturada y fusilada. ¿no sé si me explico?

Rendirse sin duda es una opción, pero es la peor de todas. Tan humillante que hay gente que prefiere morir antes de hacerlo. El cuadro de Velázquez inmortalizó la rendición de Breda. Los españoles siempre les tuvieron ganas a los países bajos e intentaron conquistarlos y someterlos. Los llamados “tercios de Flandes” no son unas cervezas Heineken que se tomaron los españoles en Holanda, sino un ejército destinado para su conquista. En Breda se libra una batalla entre los españoles comandados por Spínola y el “bajista” Justino de Nassau. Este último es retratado por el pintor con las llaves de Breda en sus manos entregándolas en gesto de rendición, mientras, Spínola en un acto de nobleza española (¡que los había!) le sostiene para impedirle arrodillarse en señal de sumisión.

Hay rendiciones dignas y otras humillantes. Esta no es la de Breda, sin duda. Algunos prefieren ser Petain y otros De Gaulle. Y es que Nicolás se parece más al Führer que a Spinola

¿Quién realmente traiciona a Venezuela? por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 15 de Septiembre 2019

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Las infames acusaciones de Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez contra Juan Guaidó, de estar negociando la entrega del Esequibo a cambio del apoyo de la Gran Bretaña, me obligan a escribir este artículo, el cual iniciaré con una breve reseña histórica del despojo territorial que sufrió Venezuela por parte de Inglaterra.

En 1777, al crearse la Capitanía General de Venezuela, se estableció el río Esequibo, desde su nacimiento hasta su desembocadura en el océano Atlántico, como frontera oriental entre dicha Capitanía y los territorios coloniales de Holanda. El mapa de la Gran Colombia de 1819 así lo muestra. En 1814, Gran Bretaña quedó en posesión de esos territorios coloniales, los cuales constituyeron, a partir de 1831, la Guayana Británica. El gobierno británico, en su afán expansionista, estimuló el avance de colonos al oeste del río Esequibo. Ese avance permitió establecer arbitrariamente un nuevo límite mediante las líneas Shomburgk: la primera, 1834, en la cual se le concedía indebidamente a la Gran Bretaña, 4.290 km²; la segunda, 1839, que incrementaba el despojo a 141.930 km². Ante ese atropello, Alejo Fortique, representante de Venezuela ante Inglaterra, presentó formal protesta.

Esa protesta se mantuvo en el tiempo, hasta 1897, fecha en que se logró la firma del Tratado Arbitral de Washington con el objeto de resolver la controversia mediante un arbitraje. Sin embargo, el poder imperial británico y  la debilidad del gobierno de Ignacio Andrade, facilitaron el impedimento para que Venezuela tuviera una propia representación en dicho arbitraje, la cual fue asumida por Estados Unidos. El tribunal arbitral, el 3 de octubre de 1899,  falló, de manera unánime, a favor de Inglaterra. El 4 de octubre Ignacio Andrade protestó la decisión, aunque Cipriano Castro, ya en el poder, la aceptó y ordenó demarcar los nuevos linderos en diciembre de 1899. En 1948, a la muerte de Severo Mallet Prevost, uno de los supuestos abogados estadounidenses defensores de Venezuela, se hizo público un documento que revelaba la negociación secreta que provocó la sentencia contraria a Venezuela. Ante tan comprometedor documento, el gobierno de Raúl Leoni denunció ante las Naciones Unidas la írrita decisión del Laudo Arbitral de París. Esta acción condujo a la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966 entre Venezuela, la Gran Bretaña y su colonia Guayana Británica en el que las dos últimas reconocían la reclamación venezolana. Un gran triunfo diplomático.

Ese era el estado de las negociaciones entre Venezuela y Guyana, ampliada con la firme posición hecha pública por Venezuela de no reconocer ninguna concesión o proyecto de desarrollo que se hiciese en el territorio en reclamación hasta no lograr una solución a la controversia. Con el triunfo de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998, se abandonó esa posición y se implementó una política exterior que solo buscaba fortalecer su megalomanía de liderazgo mundial sin importarle  comprometer intereses vitales de Venezuela. Fue así como, en visitas oficiales a Guyana, expresó en el año 2004: “Venezuela no se opone a ningún proyecto de desarrollo en el Esequibo, autorizado unilateralmente por Guyana, si beneficia a su pueblo”; y en el año 2007 expresó: “Venezuela inició la reclamación del Esequibo por presiones de Estados Unidos para desestabilizar el gobierno comunista de Cheddy Jagan”. Tan entreguistas declaraciones solo buscaban satisfacer la posición de Fidel Castro sobre el tema y congraciarse con Guyana y la Asociación de Estados del Caribe para obtener su respaldo en organismos multilaterales y otras instancias internacionales.

Para colmo, Nicolás Maduro, en una visita oficial en agosto de 2013, guardó un ominoso silencio ante el hecho de que Guyana había otorgado, durante ese mismo año, concesiones petroleras a las transnacionales Anadarko, Exxon Mobil y Shell en el mar  territorial correspondiente a  la zona en reclamación, con el riesgo de haber podido crear la delicada figura del Stoppel, mediante el cual, con el silencio, en ciertas circunstancias, se incurre en una posible aquiescencia que puede llegar a producir derechos a la parte contraria en una controversia. En realidad, y todos los venezolanos lo saben, los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro desaprovecharon, conscientemente, la fuerza que le daba a Venezuela la bonanza petrolera y las ventajas comerciales que concedía a los países del Caribe para lograr que Guyana aceptara una “solución práctica de la controversia” como lo establece el Acuerdo de Ginebra. Así las cosas, Guyana logró que António Guterres, secretario general de las  Naciones Unidas, enviara el diferendo territorial a la Corte Internacional de Justicia, sin haber agotado todos los medios de solución pacífica previstos en el artículo 33 de la Carta de dicha organización.

Estas son, a grandes rasgos, las acciones ejecutadas por Hugo Chávez y Nicolás Maduro en el ejercicio de la Presidencia de la República, las cuales, sin dificultad, pueden tipificarse como delitos de traición a la patria. Por eso, llama la atención la desfachatez de Nicolás Maduro de acusar a Juan Guaidó de estar negociando la entrega del territorio Esequibo. Es más que conocido por el pueblo venezolano que la oposición democrática siempre ha criticado con firmeza la conducta entreguista de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”. El único responsable de la actual situación que enfrenta Venezuela, en el caso de Guyana, es Nicolás Maduro y su nefasto gobierno. Esa es la verdad.

El Frente Institucional Militar solicitó a la Asamblea Nacional venezolana que rompa relaciones diplomáticas con Cuba por Sebastiana Barráez – Infobae – 15 de Agosto 2019

La asociación de militares en situación de retiro le envió un mensaje al presidente interino Juan Guaidó

Soldados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana

Soldados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana

La asociación de militares en situación de retiro llamada Frente Institucional Militar (FIM) le solicitó a Juan Gerardo Guaidó Márquez y a los diputados de la Asamblea Nacional que se “declare como acto de soberanía la ruptura de relaciones diplomáticas con la dictadura cubana, ordenando a su vez la retirada de sus tropas y milicianos que ocupan posiciones en las diferentes áreas estratégicas y el cese oficial de la ayuda material que está desangrando a nuestro país”.

El FIM lo preside el Vicealmirante Rafael Huizi Clavier. El Vicepresidente es el General de Brigada (Ej) Teodoro Díaz Zavala. El resto de la directiva la integra el Coronel (Ej) Rubén D. Bustillos Rávago como Secretario de Organización; los representantes de los componentes: por el Ejército el Cnel. Luis Enrique Sucre, por la Guardia Nacional el General de Brigada Simón Figuera Pérez, el de la Armada es el Capitán de Navío Pedro Betancourt y por la Aviación el Cnel. Ángel Rodríguez Campos.

El acuerdo lo firman 278 oficiales, entre ellos, además de la directiva, 101 oficiales del generalato y almirantazgo, así como 105 coroneles y capitanes de navío, siete tenientes coroneles, seis capitanes de fragata, dos capitanes de corbeta, siete mayores, ocho capitanes, siete tenientes de navío, dos capitanes, dos tenientes, tres tenientes de fragata, tres tenientes, un primer teniente y dos cabos.

Dicen que el FIM es un frente de opinión y están legitimados ante el país “a través de nuestras acciones y desempeño a lo largo de 19 años dedicados a defender la institucionalidad de la Fuerza Armada Nacional, nuestra independencia e integridad territorial y el estricto cumplimiento de la Constitución Nacional y leyes de la República”.

“En cumplimiento de nuestras obligaciones constitucionales, como miembros de la Fuerza Armada Nacional en las cuatro fuerzas que la integran según el artículo 328 de muestra Carta Magna, participamos activamente en la guerra armada ocurrida cuando fuerzas subversivas, adiestradas y financiadas por Fidel Castro Rus en búsqueda de beneficios políticos y económicos para Cuba, trataron de apoderarse de nuestro país, a sangre y fuego, desencadenando una lucha que causó ingentes pérdidas de vidas humanas y materiales, lo que no lograron porque los derrotamos militarmente evitando así que el Castro-Comunismo se implantara en Venezuela“.

En atención a esa guerra consideran pertinente que la Asamblea Nacional, “en la persona del Presidente encargado de la República, Juan Gerardo Guaidó Márquez,  reconozca que en la década de los años 1960 1970 nuestra nación venezolana fue vilmente atacada por agentes subversivos contra el orden democrático, reforzados con invasores cubanos, y entrenados y financiados por la dictadura cubana, y que esa Guerra librada contra las fuerzas cubanas y sus cómplices nacionales,  es la única librada en contra de un enemigo extranjero después de la guerra de independencia y en la que la Fuerza Armada Nacional resultó victoriosa”.

La Asamblea Nacional (Reuters)

La Asamblea Nacional (Reuters)

La Fuerza Armada en Machurucuto

Recuerdan que en 1967 Venezuela presentó como evidencia, ante la Organización de Estados Americanos (OEA), los elementos capturados en el episodio denominado el “Desembarco de Machurucuto“, ocurrido el 8 de mayo de 1967. Eso fue cuando el régimen de Fidel Castro ordenó el desembarco de armas, guerrilleros y tropas cubanas, intentando reforzar uno de los frentes militares más importantes de su lucha armada, identificado como José Zamora que operaba en el cerro “El Bachiller”.

“Nuestra FAN capturó o dio de baja a casi todos los hombres traídos desde La Habana, ataque que fue probado ante la prensa internacional por el Gobierno de Venezuela mostrando a los dos soldados cubanos capturados, Manuel Gil Castellanos y Pedro Cabrera Torres, y aunque Cuba no reconoció su acción, mediante la investigación se comprobó que las subametralladoras AK 47, en posesión de los cubanos, poseían seriales de armas vendidas por la República Checa a Cuba”.

Destacan que como consecuencia de esa invasión, el Gobierno de Venezuela del entonces presidente Raúl Leoni, en 1967, rompió toda relación con Cuba que luego fue retomada en 1974.

En 2017, Héctor Pérez Marcano, uno de los ex guerrilleros venezolanos que participó en el desembarco de Machurucuto, afirmó que, aunque originalmente fueron los movimientos de izquierda venezolanos los que buscaron apoyo en La Habana, “en realidad ellos fueron utilizados como instrumentos, ‘peones’, de Fidel Castro”.

Critican que la dirigencia política de la era democrática no reconoció esa gesta militar como una victoria de la Fuerza Armada, “que ha debido sancionarse con la ruptura definitiva de relaciones con la dictadura castrista, con la intención de seguir manteniendo ocasiones de relación con esos invasores. Ese error despejó el camino hacia la tiranía y la crisis que actualmente afecta al pueblo venezolano“, sentencian.

Solicitan a la Asamblea Nacional que, aún cuando sería un reconocimiento extemporáneo, haga un reconocimiento a la Fuerza Armada “por la victoria obtenida en esa guerra librada contra las fuerzas invasoras cubanas y sus cómplices nacionales“.

Ese reconocimiento “está encuadrado dentro de los llamados del Presidente encargado, Juan Gerardo Guaidó Márquez, para golpear a la amoral y actual FANB y poner en evidencia, ante las filas subalternas, a los traidores que la dirigen bajo el auspicio de Cuba, Rusia y el terrorismo internacional“.

Consideran que podría aprovecharse ese mismo acto, para que la Asamblea Nacional declare, como acto de soberanía, la ruptura de relaciones diplomáticas con la dictadura cubana, “ordenando a su vez la retirada de sus tropas y milicianos que ocupan posiciones en las diferentes áreas estratégicas y el cese oficial de la ayuda material que está desangrando a nuestro país”.

Los notables y cleptoparasitos juntos por Javier Blanco – Pombopack – 1 de Agosto 2019

El hilo conductor de la historia que hoy nos trajo hasta aquí, donde los resentimientos no curados, los “notables” que dieron “lecciones” para llevarnos a este caos y que hoy todavía pregonan “las salidas YA”  (muchos desde un exilio financiado por “banqueros y guisadores prófugos”) salidas con “fuerza” que no tienen ni buscan….este artículo los describe perfectamente:

“El 4 mayo de 1993, hace 25 años, la CSJ decidió el ante juicio de mérito de CAP, Jefe de Estado. La ponencia estuvo a cargo del Magistrado Gonzalo Rodríguez Corro. 9 magistrados votaron a favor y 6 salvaron sus votos. Una condena que no sólo sentenció a Pérez sino al país entero. Una conjura impulsada por “los notables”, desde cuyo pedestal -puro y moralista- ellos o sus vástagos aun pretenden dar lecciones de ética y política. Cuánta hostilidad, reconcomio y arrogancia comportó la salida de Pérez.

Aún flota.

Aún la padecemos.

La denuncia fue hecha por José Vicente Rangel. El 11 de marzo de 1993, el Fiscal General Ramón Escovar Salóm solicitó el ante juicio de mérito ante la CSJ. La solicitud también incluía a los ex ministros Alejandro Izaguirre y Reinaldo Figueredo Planchart y a otros funcionarios. Dos días después un grupo de notables respaldaron al Fiscal General. Caldera a la cabeza. Uslar en la retaguardia y toda una rebelión de náufragos (Dixit Mirtha Rivero), que jamás le perdonaron a Pérez ser presidente dos veces.

Caldera y el Chiripero

El cuadro político era otro. Caldera se hizo candidato del MAS y otras organizaciones que adoptaron el mote: “El Chiripero”. COPEI se dividió y nace “Convergencia”. Oswaldo Álvarez Paz derrota la maquinaria de Eduardo Fernández y se alza con la denominación copeyana. Claudio Fermín se impuso al caudillo Alfaro Ucero, derrotando a su candidato Carnero Lauría como aspirante por AD, y Andrés Velásquez de la Causa R sorprendía como fenómeno electoral. El presidente del Senado Octavio Lepage cubrió el interinato por un mes, al tiempo que el Congreso Nacional elegía como presidente provisional al historiador Ramón J. Velásquez. La noche del 20 de mayo Pérez se dirige al país y lanza su presagio: “Hubiese preferido otra muerte”, y concluyó: “(…) quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse”.

Caldera asumió el poder tras su victoria electoral en diciembre de 1993. Más tarde sobreseía a Hugo Chávez Frías de su leva de armas. Se cerraba el ciclo de la conjura política de mayor envergadura de la era democrática, mordida de poder que nos conduciría como un tren desenfrenado a los tiempos de mayor crispación social, política y económica que haya conocido la república. Tiempos de tempestades anunciados por Pérez como el peor retroceso histórico desde nuestra gesta de independencia. Una involución republicana nacida de una profunda mezquindad e inmadurez política que hoy pagamos todos con el precio de la devastación indiscriminada.

Vale decir que a partir de este antecedente, le queda muy grande muchos notables-de antes y de ahora- acusar a las nuevas generaciones políticas de colaboracionismo y traición.

La humildad: Lección no aprendida

El antejuicio de mérito de CAP sin duda significó el precedente inmediato perverso que abonó el camino a la llegada de Hugo Chávez Frías. Pérez lo advirtió… ‘De ganar Chávez Venezuela entrará a una dictadura violenta, de asesinos y facinerosos de la cual será muy difícil salir.’ Palabras proféticas por apocalípticas pero además devastadoras de cara al conocimiento que tenía Pérez de todos los entornos minados de inquina y sed de venganza. No sólo de una izquierda trasnochada, sino peor, de “colinas y tepuyes” indigestos. Y esta falta de nobleza y humildad en el entendimiento del poder y la política es la que nos mantiene como perro que se muerde la cola en un laberinto de miseria, sangre y anarquía.

Pérez predijo, cito: “Como no soy un acumulador de resentimientos, me equivoqué al suponer que todos actuábamos así y que las diferencias y los duelos políticos nunca serían duelos a muerte. Supuse que la política venezolana se había civilizado y que el rencor y los odios personales no determinarían su curso. Me equivoqué.” No hay que ser un letrado para concluir que nada hemos aprendido de esta lección de quiebre y fracturas históricas provocadas por duelos políticos a muerte como sentenció Pérez. Y como extirpe marcada por la huella perenne de la irreverencia y la intemperancia, seguimos patinando en esta historia de miserables y desplazados que se repite una y otra vez desde arriba hasta abajo, hoy día en todos los sectores.

Ni vencido ni derrotado

Así se despidió Pérez desde Miraflores, al abandonar el cargo de Jefe de Estado en mayo de 1993. Un mensaje corto pero contundente y reflexivo: “pido a mis compatriotas que entiendan estas reflexiones no como expresión nostálgica o dolida de quien se siente vencido o derrotado. Mis palabras son una convocatoria a la reflexión de mis compatriotas sobre los duros tiempos que nos esperan… ojalá que nos sirva la lección de esta crisis. Que se inicie una rectificación nacional de las conductas que nos precipitan a impredecibles situaciones de consecuencias dramáticas para la economía del país y para la propia vigencia de la democracia que tanto sacrificio ha costado a nuestro pueblo”.

Lamentablemente no hemos reflexionado ni rectificado nada de nada. Las alegóricas penurias que alertó Pérez llegaron para quedarse. Pues nada. Parafraseando su prédica al tiempo de su caída: “Venezuela toda hubiese preferido otra muerte”.

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