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PDVSA 1998: antes de la tormenta por Luis A. Pacheco – ProDaVinci – 17 de Octubre 2018

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Cuando uno mira hoy las ruinas del Partenón, colgadas de alto de la Acrópolis de Atenas, es difícil imaginar que esos mármoles manchados fueron una vez el pináculo de una civilización que nos dio los principios de la filosofía, las matemáticas, la lógica y la democracia. Los miles de turistas que visitan el lugar cada año necesitan cerrar los ojos y silenciar los ruidos de la ciudad de la Atenas de hoy para poder imaginar a Pericles dirigiéndose a los atenienses en un día cualquiera.

Aunque la analogía puede parecer pedante para el lector, y probablemente lo sea, mirando las ruinas de lo que queda hoy de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) es difícil imaginar que, al igual que el Partenón, alguna vez fue el faro de la modernidad de Venezuela. PDVSA fue el más raro de los especímenes: una corporación estatal exitosa y una de las compañías integradas de petróleo y gas más elogiadas.

En este ensayo retrocederé en el tiempo y, con el beneficio de la retrospectiva, no sólo describiré cómo era PDVSA en su apogeo, sino también trataré de identificar sus virtudes y defectos. Ya que pasé 16 años de mi vida profesional en PDVSA, mis puntos de vista no carecen por completo de sesgos y opiniones, pero he hecho todo lo posible por errar del lado de la verdad como la veo, en lugar de tratar de ser neutral.

Elegí a PDVSA en el año 1998 como el retrato familiar del cual derivar el análisis. La elección de este año es arbitraria, pero es relevante porque es el año en el que Hugo Chávez, entonces un oficial retirado del ejército y un golpista fallido, fue elegido como presidente de Venezuela con una mayoría significativa. Se puede argumentar que 1998 fue el último año en el que PDVSA disfrutó de una relativa independencia de la interferencia política y el punto de partida de la pendiente descendente que ha llevado a la empresa a la difícil situación en que se encuentra hoy.

La nacionalización

Antes de analizar 1998, volvamos brevemente a 1975, año en que el entonces presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, en un entorno de altos precios del petróleo, impulsó la legislación en el Congreso para estatizar la industria petrolera y expropiar a las empresas privadas que habían operado la industria desde su inicio a principios del siglo XX. En ese momento, la verdad poco conocida por los venezolanos era que el nivel de producción de petróleo del país estaba disminuyendo y que se necesitaba de una nueva inversión significativa para recuperar la dinámica de la industria.

Como resultado del proceso de nacionalización, se creó a PDVSA como una empresa “holding” para administrar y coordinar todas las operaciones relacionadas con el petróleo en Venezuela, que pasaron a manos de filiales operadoras.

Ramón Espinasa, ex economista jefe de PDVSA y ahora analista de la industria, argumenta que las razones detrás de la transición exitosa y la consolidación y el crecimiento de la industria petrolera nacional son muchas, pero las más importantes son las siguientes:

  • PDVSA, aunque era una empresa estatal, estaba sujeta a la ley privada, una corporación cuyas acciones eran propiedad de la nación. Siendo de derecho privado, PDVSA y sus subsidiarias estaban sujetas al Código de Comercio, con las garantías de transparencia y responsabilidad que esto conlleva. La relación a distancia aseguró que el Gobierno no tuviera interferencia directa en el funcionamiento de la empresa.
  • En el momento de la nacionalización, la decisión fue mantener las estructuras de las empresas transnacionales que operaban en el país, que se convirtieron en filiales de PDVSA. De la misma manera, se mantuvieron los sistemas de control y balance existentes antes de la nacionalización para asegurar la transparencia de las nuevas corporaciones nacionales. Estas estructuras se fusionaron gradualmente hasta que a finales de 1997 sólo existía una empresa operadora.
  • Para 1975, casi todo el personal, a todo nivel, era venezolano. La naturaleza de una empresa de derecho privado permitió que PDVSA y sus filiales aseguraran salarios competitivos con la industria petrolera internacional y así mantener al personal más calificado, al menos en las etapas iniciales.
  • A PDVSA se le permitió conservar las ganancias netas después de impuestos para financiar sus inversiones. Además, se estableció una reserva legal del 10% del ingreso bruto anual para financiar los gastos de PDVSA. La empresa pudo entonces crecer de manera constante, financiar sus inversiones y pagar impuestos similares a los pagados en otros países petroleros.

En 1975, la industria petrolera venezolana producía 2.346 MBD (miles de barriles diarios), por debajo de su pico de producción de 3.708 MBD en 1970, y las reservas probadas de petróleo crudo eran del orden de 18.390 MMB (millones de barriles). Tenía cuatro grandes refinerías construidas por las compañías petroleras extranjeras durante los años 40 y 50 para procesar petróleos livianos y medianos y que estaban orientadas a satisfacer el mercado de “fuel oil” residual de la costa atlántica de los Estados Unidos, pero que no estaban adecuadas para el cambiante mercado de transporte automotor.

Adelantando la mirada

Miraremos entonces a PDVSA alrededor de 1998 como representación de la evolución de la industria petrolera venezolana desde su nacionalización. Esta elección es una simplificación, ya que las cifras son en todo caso una representación incompleta de la organización y su gente, su estrategia y su ejecución, pero nos dará al menos una imagen razonable de la compañía y su dinámica en ese momento.

En 1998, la producción de Venezuela fue de 3.279 MBD de petróleo crudo, 170 MBD de GLP (gas líquido de petróleo) y 3.965 MMPCD (millones de pies cúbicos por día) de gas natural, lo que equivale a una producción total de 4.133 MBPD de petróleo equivalente, con unas reservas de 76.108 MMB de petróleo crudo y 146.573 BCF de gas natural, un aumento significativo en comparación con 1975.

Del mismo modo, en 1998, PDVSA tenía una capacidad neta de refinación de petróleo crudo de 3.096 MBPD, de los cuales 1.620 MBD estaban en Venezuela (incluida la Refinería Isla en Curazao), 1.222 MBD en los Estados Unidos y 252 MBD en Europa; esto como resultado de que PDVSA ejecutó con éxito, durante las décadas de los 80 y 90 del siglo XX, la llamada “Estrategia de Internacionalización”. La estrategia giraba alrededor de la adquisición de capacidad de refinación en nuestros principales mercados, con el objetivo de asegurar la colocación de sus crecientes volúmenes de petróleo mediano y pesado. En paralelo, se invirtió fuertemente en Venezuela para transformar el parque de refinación nacional, para así minimizar la producción de “fuel oil” y aumentar la producción de derivados de alta calidad, como demandaba el mercado mundial.

El grupo de refinerías CITGO en los Estados Unidos (9 refinerías), Nynas Petroleum en Suecia / Bélgica / Reino Unido y Ruhr Oel en Alemania, formaron un valioso conjunto de activos: el 45% de las exportaciones de petróleo crudo -85% del petróleo pesado venezolano- se procesaba en estas refinerías.

Para el año 1998, PDVSA estaba en camino de convertirse en una compañía de energía, mucho antes de que esas denominaciones estuvieran de moda: primero, el Gobierno había asignado a PDVSA la gestión de la problemática industria petroquímica nacional y luego el control de las minas de carbón en el occidente de Venezuela. Además, PDVSA finalmente había creado una filial dedicada exclusivamente al desarrollo de la industria del gas natural y, mediante el uso de la tecnología propietaria, Orimulsión, había desarrollado un nicho de mercado de combustible de calderas basado en una parte de los vastos recursos de hidrocarburos pesados en la Faja del Orinoco.

Toda esta evolución requirió de tecnología y personal bien entrenado. La tecnología fue responsabilidad de INTEVEP, el laboratorio de investigación que entre 1976 y 1999 registró más de 300 patentes, con alrededor de 160 investigadores con títulos de doctorado y más de 200 con títulos de maestría. La capacitación y la educación fueron llevadas a cabo principalmente por CIED, una institución educativa que había evolucionado desde sus humildes comienzos, CEPET, hasta convertirse en una universidad corporativa, y que tenía la capacidad en todas sus sedes a nivel nacional para atender a dos mil personas por día, brindando una amplia gama de cursos, desde la formación técnica básica hasta la educación ejecutiva avanzada.

En los años 90, con la bendición del Gobierno de entonces, PDVSA diseñó y ejecutó la “Estrategia de Apertura”, diseñando innovadores modelos de negocios que permitirían la participación del capital privado en el desarrollo de proyectos aguas arriba y la participación en la cadena de distribución del mercado interno. Los modelos de negocios así diseñados adoptaron muchas formas: contratos operacionales para campos marginales, contratos de participación en las ganancias para la exploración a riesgo y empresas mixtas para el desarrollo de proyectos integrados para la Faja del Orinoco.

Para 1998, esta estrategia había atraído a 55 empresas de 18 países diferentes, incluidas 12 empresas venezolanas, que recaudaron USD 2 mil millones (USD 3 mil millones de 2018) de bonos de firma, y compromisos de inversión de alrededor de USD 20 mil millones hasta 2001 (USD 30 mil millones de 2018). Como resultado, PDVSA otorgó o creó 33 contratos operativos, 4 empresas conjuntas en la Faja del Orinoco, 8 contratos de exploración a riesgo, así como múltiples empresas extranjeras y venezolanas que participan en el negocio de distribución y venta de lubricantes y combustible. El resultado de la estrategia abarcó una verdadera cornucopia de actores e inversiones, que le permitieron a la nación visualizar un futuro brillante en sincronía con su abundante base de recursos de hidrocarburos.

Una ilusión destrozada

Para finales de 1997, PDVSA se había convertido en una corporación muy compleja, bajo presión del aumento de los costos, los bajos precios y el creciente papel de las compañías extranjeras en la industria. Fue así como entonces PDVSA acomete una importante reorganización de su negocio de petróleo y gas. PDVSA decidió fusionar sus tres filiales operadoras integradas de petróleo y gas (Corpoven, Lagoven y Maraven) en una sola, creando en su lugar divisiones de negocios bajo la administración de una PDVSA que ahora va más allá de su misión coordinadora. La reorganización, aunque sin duda fue necesaria desde el punto de vista empresarial, dejó a su paso una serie de grietas organizacionales asociadas con el descontento del personal y la coexistencia forzosa de diversas culturas corporativas, un legado de los días de prenacionalización cuya importancia fue subestimada, y que resultó no ser un buen presagio para los años por venir.

Para 1998, el largo periplo de PDVSA había resultado, según la mayoría de las cuentas, en un éxito. Sin embargo, a pesar de su indudable evolución técnica y comercial, no todos fueron elogios en un país que consideraba que la industria seguía siendo un enclave. La política de cuotas de la OPEP, por ejemplo, siempre fue un tema polémico entre el ministerio de energía y minas de Venezuela y los tecnócratas de la compañía. Otras fuentes de irritación también contribuyeron al roce: los salarios y beneficios de los trabajadores petroleros; el aislamiento de la industria de la sociedad general, en particular de las comunidades en áreas operativas; la discusión en torno a las inversiones en el extranjero; y, lo que es más importante, la controversia creada por el creciente papel del capital extranjero en las actividades de exploración y producción. Sin duda, esta irritación no se limitó a los políticos, sino que se extendió a los académicos, a los empresarios y al público en general.

Los gerentes de PDVSA se formaron en una cultura que perseguía ante todo la excelencia técnica y, en general, estaban mal equipados para ser sensibles a los posibles matices políticos de sus actividades y decisiones. En el argot de la gerencia moderna, PDVSA no era muy hábil en la gestión de su entorno social y político. A su vez, paradójicamente, a la sociedad en general le importaba nada o muy poco entender el negocio de la industria petrolera, siempre y cuando éste produjera suficientes ingresos para que el país los disfrutará.

Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, en un entorno de bajos precios del petróleo, no llegó solo. El nuevo presidente trajo consigo una opinión prejuiciada sobre la industria petrolera y sus trabajadores, derivada de años de tensiones y malentendidos, así como también se rodeó de un grupo de asesores compuesto de adversarios históricos de PDVSA; no en vano, la clase dirigente de PDVSA sentía desconfianza de sus nuevos amos políticos.

Hoy entiendo que las dos fuerzas estaban destinadas a enfrentarse tarde o temprano. En el 2002, después de algunas escaramuzas, las tensiones explotaron de manera destructiva en el contexto de una crisis social y política generalizada. PDVSA ya no se recuperaría.

Veinte años han pasado desde 1998 y muy poco queda de la PDVSA que describo aquí. Como venezolano me debato entre la tristeza causada por el paraíso perdido y la comprensión de que la utopía era defectuosa y que su pérdida era inevitable. Las empresas estatales son propensas al fracaso, ya sea por ineficiencia o como víctimas de la injerencia política, y PDVSA no fue una excepción.

En Atenas, las ruinas del Partenón dan testimonio de una época dorada. En Venezuela, la posibilidad de progreso que una vez fue su industria petrolera es casi imposible de identificar entre los escombros en un país enmarañado en la agitación política y colapso económico generalizado. Los venezolanos parecen haber olvidado los principios que guiaron sus aspiraciones y sueños durante décadas y hoy se ven obligados a lidiar con un mundo de ilusiones destrozadas.

“Exigir una intervención es un deber ciudadano de los venezolanos” por Orlando Avendaño – Panampost – 7 de Octubre 2018

El diplomático Diego Arria plantea una propuesta. Existe un recurso que los venezolanos pueden aprovechar para rescatar su libertad. Es momento de persuadir a Estados Unidos

El diplomático Diego Arria recordó las experiencias venezolanas con la intervención de Estados Unidos. (Casa de América)

El 29 de septiembre el expresidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, exembajador y exconsejero de Kofi Annan, Diego Arria, publicó un video en sus redes sociales. En él, dice: “En 1895 el presidente Grover Cleveland de Estados Unidos se dirigió al Congreso de su país, diciendo que no se podía permitir que Inglaterra, la potencia de la época, abusara de los derechos de Venezuela en la delimitación del territorio con Guayana. Gracias a esa intervención, que casi cuesta una guerra entre esas dos potencias, Venezuela evitó que le robaran el territorio”.

Asimismo, recuerda: “En 1902 otro presidente norteamericano, Theodore Roosevelt, forzó a Alemania, Italia e Inglaterra a retirar el bloqueo que tenían sobre el puerto La Guaira y Puerto Cabello para el cobro de deuda”.

“Este es el momento, también, para una gran oportunidad. Para que el presidente norteamericano, en las actuales circunstancias, imite el comportamiento de defensa de nuestros intereses, como lo han hecho en dos oportunidades en el pasado para suerte nuestra”, asevera Arria.

“Un poco de historia”

“Las dos intervenciones de Estados unidos en Venezuela fueron muy importantes y positivas para nosotros. Un poco de historia”, escribió el exembajador en su cuenta de Twitter.

Y, ciertamente, es importante recordarlo. Porque en momentos en los que se discute la posibilidad de una intervención militar en Venezuela, con el objetivo de deponer al régimen de Nicolás Maduro, muchos han tratado de apartar cualquier argumento a favor de una incursión bélica, recordando las «desastrosas» experiencias de Estados Unidos en la región.

Por ello es esencial rescatar que, pese a cualquier revés del pasado, la experiencia de Venezuela con la injerencia estadounidense ha estado enmarcada dentro de los intereses de ambas naciones. Porque eso sí, y hay que señalarlo siempre —con la intención de no exhibir demasiada candidez—: Estados Unidos jamás interviene as a gesture of goodwill. No. No hay beatos. Pero, a veces, los intereses de esa gran nación también son los nuestros.

Según se lee en el libro The Venezuelan Boundary Controversy, en 1895, el presidente Cleveland dijo en el Congreso: “Debemos resistir, por todos los medios en nuestro poder, como una agresión contra nuestros intereses y derechos, la apropiación de Gran Bretaña de cualquier territorio o el ejercicio de su jurisdicción gubernamental sobre cualquier territorio que, luego de investigación, hemos determinado que pertenece a Venezuela”.

Por la disputa territorial del Esequibo, Venezuela persuadió a Estados Unidos. En ese momento se argumentó que el comportamiento británico violentaba directamente los principios de la Doctrina Monroe. Las presiones del Gobierno americano forzaron a la administración del primer ministro Lord Salisbury a, finalmente, aceptar la demanda de arbitraje estadounidense sobre todo el territorio.

Luego, entre fines de 1902 y principios de 1903 las marinas del Imperio Británico, el Imperio Alemán e Italia se posaron frente a las costas venezolanas. Exigían el pago inmediato de las deudas que habían contraído los Gobiernos de Venezuela. La disputa terminó cuando la opinión política y el presidente de entonces, Cipriano Castro, sedujeron al Gobierno estadounidense a blandir, nuevamente, la Doctrina Monroe —pero ahora bajo la dinámica del Colorario Roosevelt, del gran Theodore Roosevelt—.

Al respecto, el brillante pensador venezolano, Carlos Rangel, escribe en su obra Del buen salvaje al buen revolucionario: “Está claro. La Doctrina Monroe estaba destinada a prevenir contra cualquier intento de alguna potencia europea de establecer nuevas bases en el Hemisferio, aprovechando la debilidad de las repúblicas hispanoamericanas (…) los Estados Unidos se comprometerían a no permitir más en el Caribe el desarrollo de una situación análoga a la que se produjo en Venezuela en 1902, cuando barcos de guerra alemanes, británicos e italianos acudieron a las costas de ese país con el pretexto de presionar el cobro de deudas”.

Las intervenciones de Estados Unidos, como señala Rangel en su libro, se trataron de “una cuestión de seguridad nacional”. Y aunque algunos, cediendo a un arcaico complejo latinoamericano y haciendo referencia a distorsiones de la historia, niegan que siempre han obedecido a la defensa de principios genuinos de supervivencia.

Y hoy Diego Arria dice que, como Venezuela amenaza los intereses de los países de la región, el presidente Donald Trump “debería ejercitar los mismos instrumentos y capacidades que fueron favorables en el pasado”. Esto “para preservar no solo parte de nuestro territorio, sino de nuestra soberanía. Esto sería un procedimiento más que bienvenido por los venezolanos”.

“Ambas intervenciones fueron extremadamente beneficiosas para Venezuela. Así que, cuando la gente habla sobre la injerencia americana, nosotros tenemos que decir que, en nuestro país, solo ha beneficiado a nuestra gente y a nuestra nación”, dice el expresidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

“Más que el fin de la guerra, queremos darle fin al inicio de todas las guerras” — F. D. Roosevelt

Sobre las intervenciones malas y buenas: cabría preguntarse qué hubiera sido de Panamá —hoy un país próspero— si Estados Unidos no hubiera derrocado al dictador narcotraficante Manuel Noriega; o si no hubiera jugado un papel determinante en la derrota de las Potencias Centrales entre 1917 y 1918; o qué hubiera sido de Europa si Estados Unidos no hubiera invadido la Alemania nazi; o si no colaboraran con las potencias Occidentales en las ofensivas en Medio Oriente contra el grupo terrorista ISIS, hoy disminuido, pero cuya barbarie ha esparcido el terror por el continente; o qué hubiera sido de Cuba si en vez del fracaso, las intervenciones contra el régimen criminal de Fidel Castro hubieran triunfado.

“Ante la incursión de China y Rusia, la Doctrina Monroe parece recobrar su validez”

A propósito de su importante mensaje sobre las experiencias venezolanas con Estados Unidos, el PanAm Post conversó con Diego Arria, quien, seguro, podría ser el hombre internacional más relevante de Venezuela. Quien, con criterio, puede hablar al respecto.

“Me cansé de ver en el Consejo de Seguridad que, mientras cientos de miles de personas murieron en Bosnia, en el Congo y Ruanda, se instalaban las partes a «conciliar sus diferencias de manera pacífica»”, dijo.

“Los venezolanos no merecemos correr esta misma suerte, pero vamos en el mismo camino”, agregó.

El diplomático aseguró que, por el terrible drama humanitario, los venezolanos estarían dispuestos a aceptar “cualquier clase de ayuda”. El objetivo supremo es lograr el rescate de la libertad, ese gran valor que ha sido secuestrado. Y, por lo tanto, es inhumano, ahora, rechazar la posibilidad de una incursión militar en Venezuela.

“Cuando una persona sufre, hay que liberarla de cualquier manera. En el caso de los norteamericanos, tienen una historia gris o negra en muchos lugares del mundo; pero en Venezuela es absolutamente transparente”.

Ahora, siguiendo esta línea, Arria hace una propuesta. Sensata y bastante pertinente.

Estados Unidos ya ha intervenido en Venezuela. Existe una Doctrina Monroe y en esos momentos fueron venezolanos los que persuadieron a los Gobiernos americanos

“No podemos librarnos solos. La Francia invadida recurrió a defenderse desde Londres con el general De Gaulle y con la resistencia activa en su territorio, mientras que sus políticos se acomodaron con los nazis desde Vichy. Hoy la Doctrina Monroe parece recobrar su validez ante la incursión de China y Rusia en nuestro continente”.

Entonces, frente a ese escenario, es momento de la persuasión. De insistir. De que la administración republicana rescate experiencias previas, pero exitosas. Y hay un recurso que permite evadir cualquier sermón, represión o advertencia, de que una “invasión” violentaría cualquier principio constitucional de Venezuela.

“Muchos países nos piden que busquemos salidas institucionales. Bueno, el artículo 333 de nuestra Constitución nos da esa salida”, dijo Arria. Este apartado de la Carta Magna establece que “todo ciudadano, investido o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar con el restablecimiento de su efectiva vigencia”. Es un deber y el artículo 333 no establece límites.

Es decir: cualquier forma, ¡cualquier alternativa!, aún desagradable o incómoda, es legítima si pudiera derivar en el restablecimiento institucional y democrático de Venezuela. Y esto lo saben actores determinantes de la comunidad internacional. Como el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, quien dijo al PanAm Post en una entrevista reciente que él entiende que los venezolanos respaldarían cualquier acción que saque a Maduro.

“¡Como sea! No hay peor cosa para Venezuela que tener a Maduro (…) Ya hoy la gente es consciente, en la dimensión del sufrimiento personal y familiar y social que arrastra encima, que ya es tiempo para una intervención humanitaria”, dijo Almagro al PanAm Post.

Teniendo en cuenta que el artículo 333 de la Constitución obliga a los venezolanos a colaborar con el restablecimiento de las instituciones; y que ya las alternativas domésticas se agotaron (porque las elecciones terminan consolidando el régimen, los diálogos no trascienden, las manifestaciones son suprimidas por la tiranía y los militares sufren el control intenso de los servicios de inteligencia), quedan menos opciones. Algunas, no convencionales.

“El pueblo venezolano es el que más ha invertido —¡sangre, hambre y miseria, prisión y tortura!— para recuperar su democracia y no la ha podido recuperar todavía. Hoy todos somos responsables de eso. Somos responsables de apoyar a ese pueblo venezolano que ya ha pagado su precio por la libertad, para que verdaderamente la tenga”, dijo también Almagro al PanAm Post, en una clara referencia a que ya el rescate de su libertad no está en las manos de los venezolanos.

Arria coincide, en parte, con el secretario. Dice que, si bien los venezolanos aún podrían acudir a las manifestaciones o el poder económico del exilio podría imponerse, hoy esas opciones, sorprendentemente, parecen más improbables que una intervención.

La administración republicana es tajante. Hay movimientos fronterizos. Cabecillas del chavismo han sido señalados como narcotraficante. Países denunciaron al régimen de Nicolás Maduro en la corte Penal Internacional. Y coge fuerza una iniciativa de senadores estadounidenses para designar al régimen como patrocinador del terrorismo.

“La opción militar parece la más probable. Hay una colección de hechos gravísimos que parecen impulsar esta alternativa”.

Entonces, si el artículo 333 de la Constitución establece como un deber de los venezolanos derrocar al régimen, y se toma en cuenta que por elecciones no se pudo, que los diálogos son inertes, que las protestas son masacradas y que los militares inundan los calabozos, “exigir una invasión se vuelve una obligación ciudadana”.

“La Constitución no te pone límites. Te dice: ‘Esa es tu obligación’. ¿Cómo tú la ejecutas? Ese es otro problema. Pero nadie te ha dicho que no puedes tumbar al Gobierno, que no puedes promover un golpe militar. Esto incluye promover, para mí, y lo digo y lo sustento: conspirar abiertamente para promover un derrocamiento del régimen”, dijo Diego Arria.

“El 333 no te limita”, dice el diplomático, quien insiste que los países del mundo deben entender que la Constitución venezolana vuelve eso una exigencia legítima: “Que otras naciones no tengan algo similar en sus Constituciones no invalida nuestro derecho”.

Arria asevera: “Los países deben respetar la modalidad que escojamos que, sin duda, dada la realidad de un país secuestrado a la fuerza por las armas y los cubanos —y hasta con apoyo logístico militar de Rusia—, nos obliga a solicitar la intervención externa”.

“Solo Estados Unidos está en la capacidad de liderar nuestro rescate”, dice Diego Arria.

«No hay ninguna calamidad que pueda invitar a una gran nación que sea igual a la que sigue una sumisión supina al mal y a la injusticia, y la consiguiente pérdida del respeto y honor nacional, debajo de la cual están protegidos y defendidos» — Cleveland

Estado policial: Cierre de frontera y confiscación de bienes por Aura Palermo – La Cabilla – 6 de Octubre 2018

El legado petrolero de Hugo Chávez Frías por Gustavo Coronel – La Patilla – 2 de Octubre 2018

Un grafitti dice “Fuerza Pueblo” con la silueta roja de Hugo Chávez en  Barinas, Venezuela Junio 12, 2017 | REUTERS/Carlos Eduardo Ramirez

Durante el período 1999-2018 Venezuela ha sido material y espiritualmente destruida por un gobierno liderado, primero, por el fallecido Hugo Chávez Frías y, a partir de 2013, por Nicolás Maduro Moros.

Trabajo Especial de Gustavo Coronel | Geólogo, exdirector de Pdvsa

Agonizante en 2012 Chávez impuso al país a Maduro, quien ha acelerado el proceso de destrucción nacional comenzado por Chávez. Durante estos casi veinte años de régimen abiertamente dictatorial Venezuela ha experimentado cambios dramáticos, casi todos negativos:

1- Ha pasado de una tasa de inflación de 35% en 1999 a 14.000% en 2018
2- El Producto Interno Bruto experimentará este año una caída del 15% mientras el promedio en América Latina es de un aumento del 2-3%
3- El 70% de las empresas existentes en 1999 han cerrado sus puertas
4- Existe una crisis política, social y económica que ha colocado al país en el foso del progreso en la región latinoamericana.
5- La corrupción del régimen es de una magnitud nunca antes vista en el país
6- Unos dos millones de ciudadanos se han ido de Venezuela, en su mayoría miembros de la clase media, los mejor educados.
7- Desde el régimen se ejercen el abuso de poder, la represión a la disidencia y la ineptitud en las funciones de gobierno.
8- Venezuela ha sido transformada en un satélite político de la Cuba castrista, a la cual el régimen chavista le transfiere alrededor de 4000 millones de dólares al año, en dinero efectivo o petróleo.

Este escrito describe el proceso de destrucción que Hugo Chávez llevó a cabo en la industria petrolera venezolana, su trágico legado petrolero.

I. LA INDUSTRIA PETROLERA VENEZOLANA ANTES DE LA LLEGADA DE HUGO CHÁVEZ AL PODER

En 1999, cuando Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela, la industria petrolera venezolana tenía casi 30 años de haber sido “nacionalizada”. Realmente nunca hubo una verdadera nacionalización sino una estatización de la industria, ya que el monopolio de la actividad fue a manos de una empresa 100% propiedad del estado, prohibiéndose a empresas petroleras privadas venezolanas como Mito Juan y Talón continuar llevando a cabo sus actividades. Durante estos treinta años PDVSA se mantuvo operando de manera razonablemente eficiente, aunque con el correr del tiempo el mundo político comenzó a intervenirla de manera progresiva. En la década de 1990 estudios hechos por empresas consultoras para PDVSA ya mostraban que PDVSA tenía exceso de personal y que su comportamiento y resultados operacionales y financieros eran inferiores a los de las grandes empresas transnacionales.

Sin embargo, sus aportes al país durante estos treinta años fueron positivos. Con excepción de un caso de espionaje industrial en donde un pequeño grupo de empleados de comercialización internacional de la empresa Maraven (Caso de los Petro Espías) se apropiaron indebidamente de dinero de la empresa, caso denunciado en su momento, la industria petrolera venezolana estuvo esencialmente exenta de escándalos de corrupción como los que han abundado en este siglo bajo el régimen chavista.

II. HUGO CHÁVEZ LLEGA A LA PRESIDENCIA

Al llegar a la presidencia en 1999 Hugo Chávez dijo que, en primer lugar, “resolvería los problemas políticos”, para luego encargarse de los asuntos económicos y sociales. Esta fue una curiosa manera de establecer prioridades, ya que es imposible separar lo político de lo económico y de lo social. En todo caso ello lo llevó, en un inicio, a designar a un tecnócrata de la industria petrolera, Roberto Mandini, como nuevo presidente de PDVSA. Esta designación apuntaba en la dirección correcta, ya que Mandini era un gerente probado de muchos años de experiencia en el sector petrolero. Sin embargo, Chávez le colocó al lado un “comisario político”, un ex-empleado de la empresa de bajo nivel, llamado Héctor Ciavaldini, quien había sido despedido de PDVSA por incompetente y la había demandado en búsqueda de dinero. La misión de Ciavaldini era la de informar a Chávez sobre Mandini.

Mandini no estaba acostumbrado a trabajar en estas condiciones. Su descontento con esta situación se incrementó rápidamente. A los pocos meses fue a Miraflores a hablar con Chávez y le exigió la remoción de Ciavaldini. Pensaba Mandini que Chávez apreciaría la diferencia entre un espía ignorante, Ciavaldini, y un gerente de primera línea como él.

Mandini se equivocó. El despedido fue él. Al tomar esta decisión Hugo Chávez dio el primer paso firme hacia la destrucción de Petróleos de Venezuela. Héctor Ciavaldini fue nombrado presidente de la empresa excediendo – con su pobre labor – las peores expectativas sobre su calidad gerencial. Comenzó, por instrucciones de Chávez, una cacería de brujas en contra de los gerentes profesionales de la empresa no afectos al nuevo gobierno y se involucró en una arrogante batalla en contra del sindicato petrolero con motivo del nuevo contrato colectivo.

En adición a sus abusos y desaciertos Ciavaldini continuó su demanda en contra de la empresa, lo cual representó algo nunca visto antes. ¡Una empresa demandada por su presidente!

Chávez se dio cuenta de la incompetencia de Ciavaldini y lo destituyó, nombrando en su lugar a un General del Ejército, Guaicaipuro Lameda, quien era un competente hombre de finanzas. Lameda visitó La Habana y tuvo una larguísima entrevista con Fidel Castro, dándose cuenta de que Chávez había caído bajo la tutela intelectual de Castro. A su regreso Lameda se convenció de que la única manera de mantener eficiente a PDVSA era con el concurso de la gerencia profesional. De manera progresiva se puso al lado de esa gerencia y en contra de los deseos de Chávez de manejarla políticamente. Chávez lo destituyó y Lameda se enteró de esta destitución en la radio, mientras manejaba su auto por Caracas.

III. LOS CUATRO PASOS EN LA DESTRUCCIÓN DE PETRÓLEOS DE VENEZUELA

Control político: el primer paso en la destrucción de PDVSA

Al despedir a Guaicaipuro Lameda Hugo Chávez tomó una decisión que generaría su salida de la presidencia, al menos por breve tiempo. Nombró presidente de la empresa a un profesor marxista de la Universidad del Zulia llamado Gastón Parra. Parra era un estudioso de los aspectos financieros y legales de la industria petrolera pero carecía de conocimientos sobre los aspectos gerenciales y operacionales de la industria petrolera y de experiencia en el plano internacional. Consideraba a los gerentes profesionales como vendidos al imperialismo estadounidense y sus escritos estaban llenos de críticas hacia la industria petrolera venezolana. En un discurso pronunciado en Enero 2004 Hugo Chávez admitió, con cínico orgullo, que este nombramiento había sido hecho por él para provocar una rebelión en PDVSA y poder llegar a controlarla políticamente.

Este nombramiento de Gastón Parra provocó una reacción de los empleados de PDVSA, la llamada Gente del Petróleo. Esta reacción desencadenó una movilización general de la población, culminando en una gigantesca marcha en Caracas, en la cual unos 700.000 venezolanos marcharon hacia el centro de Caracas. Chávez ordenó la represión de los manifestantes, quienes fueron agredidos a disparos desde el sector llamado Puente Llaguno. Igualmente Chávez ordenó al ejército salir a la calle con tanques y armas largas. El ejército se negó a cumplir esas órdenes y le pidió la renuncia. En la madrugada del 12 de Abril, 2002, el general Lucas Rincón (hoy embajador del régimen en Portugal) dijo a los venezolanos que la Fuerza Armada le había pedido la renuncia a Chávez y que este había aceptado el pedido. En un contragolpe militar días después el general Raúl Baduel restituyó a Chávez en la presidencia.

Chávez regresó a la presidencia decidido a tomar el control político de PDVSA, ahora con la excusa de la insubordinación de los empleados. Procedió a despedir a unos 22000 técnicos y gerentes de la empresa, decisión que condenó a la empresa a operar con una nómina progresivamente incapaz. La consecuencia de esta decisión fue no solo la caída en la calidad técnica y gerencial de la empresa sino la pretensión de remplazar calidad con cantidad. Hoy en día PDVSA tiene unos 160.000 empleados, casi cinco veces más de los que tenía en 1999.

El cambio en la Misión de PDVSA: segundo paso en su destrucción

Al regresar al poder, después de su breve expulsión, Hugo Chávez remplazó a Gastón Parra por Ali Rodríguez Araque, uno de sus cómplices de mayor confianza y le dio instrucciones que marcaron el segundo paso en el camino de la destrucción de la empresa. Le ordenó que cambiase la Misión de la empresa, de empresa petrolera a empresa social Desde 2002 hasta 2004 Rodríguez actuó para llevar a cabo esta orden. PDVSA pasó de ser una empresa que producía petróleo y gas para su venta a ser una empresa que construía casas, que financiaba programas sociales, que importaba comida y otras actividades no relacionadas con su misión original. Uno de los resultados inmediatos de este cambio fue el incremento de la nómina y otro, peor aún, fue el rápido incremento de la corrupción. La conversión de una empresa comercial en una empresa social es, de manera inevitable, una sentencia de muerte. Durante su presidencia de PDVSA Ali Rodríguez Araque puso los activos y equipos de la empresa a la libre disposición del gobierno de Chávez, lo cual dio origen a la híper-corrupción que se desarrolló a partir de su presidencia.

Ministro de Energía y Petróleo se convierte en presidente de PDVSA: el tercer paso en su destrucción

Cuando Rafael Ramírez, el ministro de Energía y Petróleo fue nombrado, simultáneamente, Presidente de PDVSA, se perdió toda posibilidad de mantener controles financieros y operacionales en la empresa. La misma persona se convirtió en supervisor y supervisado. Este es un pecado capital en la gerencia de cualquier empresa, la cual debe tener contrapesos institucionales. Estos contrapesos se perdieron con la llegada de Ramírez a PDVSA. Esta intolerable dualidad iba a durar unos diez años, desde 2004 hasta 2014. Durante este período se abrieron todas las compuertas de la corrupción. Ramírez manejaba la empresa como cómplice directo de Hugo Chávez. El ingreso petrolero que debía ingresar al país vía el Banco Central de Venezuela fue desviado, en gran parte hacia fondos financieros sin transparencia alguna, como es el caso de FONDEN. La empresa se comenzó a endeudar en gran escala para financiar las campañas políticas de Chávez. De una deuda de unos $3000 millones en 2001 PDVSA pasó a tener una deuda no menor de unos $80.000 millones en 2014, ya que se confiscaron numerosas empresas de servicios petroleros sin pagar indemnización, se emitieron bonos en dólares por un valor de unos $50.000 millones y se recibieron préstamos cuantiosos de Chevron, Schlumberger y de los gobiernos de Rusia, Japón y, particularmente, de China. Las finanzas de PDVSA se debilitaron de tal manera que el Banco Central de Venezuela comenzó a imprimir dinero inorgánico para inyectarle bolívares a PDVSA, una deuda interna que equivale hoy a unos $50.000 millones adicionales y que nunca va a ser pagada por la empresa.

Durante la presidencia de Rafael Ramírez el Director de Exploración y Producción fue Eulogio del Pino, quien luego lo remplazaría en la presidencia en 2014. Estos dos personajes actuaron sin controles para otorgar contratos multimillonarios a empresas sin credenciales. Ambos están bajo investigación de híper-corrupción. Del Pino está preso en Venezuela y Ramírez está perseguido por la justicia internacional. Los casos de presunta corrupción más notorios, los cuales no han sido debidamente investigados durante este período de Ramírez-Del Pino incluyen:

– Contratación de la gabarra Aban Pearl a una empresa intermediaria, a un sobreprecio de unos $350.000 diarios. Esta contratación arrojó pérdidas a la Nación por unos $300 millones

– Contratación de Gabarras de Perforación a la empresa PetroSaudí, una empresa corrupta, la cual le dio a PDVSA dos gabarras viejas a un grosero sobreprecio. Este contrato dio pérdidas a PDVSA por más de $1000 millones

– Adquisición de turbinas y otros equipos generadores de electricidad a la empresa Derwick Associates, a sobreprecios que han sido estimados en unos $1500 millones

-Contratación directa de tanqueros al empresario Wilmer Ruperti, luego demandado por la misma PDVSA, por falsificar su nombre en contrataciones con una empresa Rusa. Inexplicablemente Ruperti es aún contratista de PDVSA y ha financiado la defensa de los narco-sobrinos de Cilia Flores, condenados en Nueva York por contrabando de drogas

– Fraudes de contratación con Bariven, por parte de Roberto Rincón y asociados en Houston, con montos defraudados que se estiman en más de $1000 millones. Hay una media docena de gerentes de PDVSA presos en USA por este fraude, además de Roberto Rincón y su socio

– Lavado de dólares por parte de ex-empleados del Ministerio a cargo de Ramírez y de familiares del ministro, en bancos de Andorra y España. Hay gente presa en Venezuela y en España, incluyendo a Nervis Villalobos, ex-viceministro en el ministerio de Ramírez y Diego Salazar, primo hermano de Ramírez, además de los hermanos Luongo, del mismo grupo. Las sumas mencionadas por las informaciones de prensa montan a unos $4.000 millones de dólares

– Fraude relacionado con ventas de petróleo venezolano a través de empresas comercializadoras en conspiración con empresas venezolanas y empleados de PDVSA, por montos que se estiman en unos $10.000 millones. Este fraude ha sido objeto de una demanda en curso en el estado de Florida y ocurrió durante toda la presidencia de Ramírez y ocurre todavía

– El inmenso fraude de PDVAL, en el cual se importaron miles de toneladas de alimentos ya en mal estado y se enterraron cerca de los puertos venezolanos. Este fraude le costó a la Nación miles de millones de dólares y nadie ha sido castigado, ni siquiera investigado debidamente

– El saqueo del Fondo de Pensiones de los empleados de PDVSA, en el cual se perdieron unos $500 millones, sin que ello haya sido debidamente manejado por la empresa.

– El contrabando en gran escala de hidrocarburos a países limítrofes, manejado por presuntos cómplices de Ramírez y/o del Pino, tales como José Luis Paradas y su prima Gladys.

Un informe de la Asamblea Nacional de Venezuela responsabiliza a Rafael Ramírez por la pérdida para la Nación de unos $11000 millones, gigantesca suma con la cual Venezuela hubiera podido hacer tareas constructivas en favor de sus ciudadanos. En su momento el ilegítimo Tribunal Supremo de Justicia venezolano, hoy bajo la presidencia de un asesino, prohibió cualquiera investigación en contra de Ramírez, quien anda libre todavía. La mayoría de los contratistas corruptos de PDVSA arriba mencionados no han sido llevados a la justicia y viven a todo lujo en USA o en Europa.

Control de PDVSA por el sector militar: cuarto paso en su destrucción

Una vez despedido Rafael Ramírez de la presidencia de PDVSA el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, nombró a Eulogio del Pino como nuevo presidente de la empresa, quien se mantuvo allí desde 2014 hasta 2017. Como hemos dicho arriba, del Pino era un cómplice de Ramírez. A pesar de tener mucha mejor formación académica, su formación ética no era mejor. Durante su paso por la presidencia de la empresa cometió, al menos, dos grandes crímenes en contra de la Nación: (1), le dio entrada a la empresa a los militares, ignorantes en materia petrolera, quienes han logrado contratos de servicios petroleros a través de una empresa fantasma llamada CAMIMPEG; y (2), estructuró un absurdo sistema de planificación corporativa en base al cual se involucraba a miles de obreros en la elaboración de un demagógico Plan Corporativo, el cual estaba línea con el grotesco Plan de la Patria, documento politiquero y cursi creado por Chávez para “guiar” las políticas del Estado. Este sistema de “planificación” llevó a los obreros a pensar que ellos eran los nuevos gerentes, lo cual ha incrementado el caos gerencial de la organización. En especial la entrada de los militares a controlar la empresa ha sido el golpe de gracia para PDVSA. Maduro nombró presidente a un general de la Guardia Nacional, Manuel Quevedo, completamente ignorante en materia petrolera y permitió la entrada al sector de una empresa militar llamada CAMIMPEG, sin experiencia alguna en el sector, la cual se ocupa de servir de intermediaria entre PDVSA y empresas de servicios de experiencia, con el fin de obtener una parte de los beneficios de los contratos. Esta intermediación simplemente ha representado una manera más de saquear a PDVSA.

IV. LOS RESULTADOS DE LAS POLÍTICAS PETROLERAS DEL CHAVISMO

Las consecuencias de las destructivas políticas petroleras impuestas por Hugo Chávez y por su sucesor, Nicolás Maduro, están a la vista y pueden resumirse de la siguiente manera (cifras aproximadas):

 

 

 

Estas cifras, aunque aproximadas, reflejan la realidad del colapso sufrido por PDVSA durante los 20 años bajo el régimen chavista. Pero las cifras solo nos dan parte de la historia. El centro de investigación, INTEVEP, ha prácticamente desaparecido. El centro de Entrenamiento Empresarial, el cual llegó a ser reconocido a nivel regional, ya no existe. Los accidentes industriales se han multiplicado. En 2012 una gran tragedia en la refinería de Amuay cobró 50 vidas y fue producto de falta de mantenimiento, por lo cual las empresas aseguradoras rehusaron pagar los daños. Los derrames petroleros también se han multiplicado y han contaminado ríos importantes, como el rio Neverí en el oriente de Venezuela. Las deudas de la empresa y su creciente incapacidad de pago le han restado credibilidad y prestigio internacional a la empresa. Sus tanqueros son capturados en puertos extranjeros por acreedores que exigen su pago. En la OPEP, Venezuela carece de la influencia que tuvo en el siglo pasado y las cifras de producción que utiliza la organización son diferentes a las que envía el régimen, el cual carece de credibilidad en el seno de la organización.

Toda esta tragedia ha sido causada por la política petrolera impuesta por Hugo Chávez, la cual se basó en dos componentes principales: (a), Total control estatal del negocio y (b), Utilización de los ingresos petroleros venezolanos como arma política doméstica e internacional.

(a) Control total del negocio

Aunque el control estatal ha sido una constante de la política petrolera venezolana durante los últimos 50 años, Hugo Chávez la llevó a extremos populistas y demagógicos, más que nacionalistas, que resultaron ser especialmente negativos para el país. En efecto, Chávez hostigó de tal manera a las empresas transnacionales que las más importantes se fueron del país, incluyendo Shell, British Petroleum, ExxonMobil, y ConocoPhilips, las cuales habían sido protagonistas del desarrollo de la Faja del Orinoco y factores fundamentales en la construcción de plantas especiales de mejoramiento del petróleo extra pesado en esa región. Al salir estas empresas se paralizó ese desarrollo. Durante el régimen chavista no se ha construido ninguna otra planta de mejoramiento para ese petróleo y, como consecuencia, Venezuela se ve obligada a importar petróleo liviano para mezclarlo con el petróleo pesado de la faja del Orinoco, a costos excesivos. En realidad, hasta esa actividad está paralizada porque PDVSA no tiene dinero para pagar por la importación.

Para agravar aún más la situación Chávez procedió a invitar a Venezuela, como remplazo de las empresas de experiencia, a un grupo de empresas de países ideológicamente afines, es decir, Rusia, China, Vietnam y Cuba. Ninguna de estas empresas tenía la misma tecnología o solidez financiera o gerencial de las que se habían ausentado. Ello provocó el estancamiento del desarrollo de la Faja del Orinoco, área que contiene significativas reservas de petróleo pesado que no se han desarrollado debidamente en los últimos 20 años. La relación entre estas empresas extranjeras y el régimen chavista ha sido tan insatisfactoria que algunas de ellas también se han ido del país, incluyendo a PetroVietnam. Hoy en día la inversión petrolera extranjera en Venezuela esencialmente ha desaparecido, ya que las empresas foráneas en la Faja y en otras áreas petroleras se mantienen a la expectativa, en vista de la inestable situación política y financiera existente en el país y a las caóticas actuaciones del nuevo presidente de PDVSA, General Manuel Quevedo. Más aún, estas empresas pidieron en Abril de este año al régimen que despida al general Quevedo por incompetente.

(b) utilización del ingreso petrolero venezolano como arma política doméstica e internacional

El tutelaje ideológico ejercido por Fidel Castro sobre Hugo Chávez llevó a la utilización del cuantioso ingreso petrolero venezolano para comprar lealtades políticas en la región latinoamericana y en todo el mundo para “la revolución bolivariana”, nombre que contaminó la figura del libertador Simón Bolívar. En el plano doméstico el ingreso petrolero no fue debidamente utilizado para la estructuración de programas de educación, de salud y de infraestructura que pudieran sacar a los venezolanos de la pobreza sino en la estructuración de una política de dádivas y limosnas diseñada para mantener a los pobres venezolanos con algún dinero en el bolsillo, a cambio de su lealtad política al régimen. Miles de millones de dólares fueron utilizados en financiar las llamadas “Misiones”, la cuales daban a los venezolanos pobres un pescado al día sin enseñarlos a pescar. Aunque es imposible saber cuánto dinero fue malgastado y robado en estas actividades populistas, no creo exagerado decir que sobrepasó los $200.000 millones. Estamos hablando del llamado gasto social entre 2005 y 2014, etapa durante la cual entraron a Venezuela no menos de unos $500.000 millones de ingresos petroleros.

Pero si la corrupción imperante en el plano doméstico fue horrorosa no es menos cierto que en plano internacional fue muy cuantiosa. Para comenzar, Hugo Chávez transfirió a Cuba petróleo subsidiado, prácticamente, por valor de unos $50.000 millones entre los años 2003-2012. Otros $15.000 millones de subsidio fueron a los pequeños países del Caribe y de Centro América, también en forma de subsidios. Chávez hizo promesas y dio dinero para la construcción o modernización de hasta 17 refinerías en todo el mundo, en Brasil, Nicaragua, Cuba, Jamaica, Siria y hasta las islas Fiji. Dio dinero a Irán, a Bielorrusia, a Hezbollah, a Uruguay, a la Argentina de los Kirchner, a las FARC, todo en base a acuerdos políticos. Dio contratos corruptos a Odebrecht, en complicidad con Lula da Silva. Financió, con dinero petrolero venezolano, las campañas presidenciales de Ollanta Humala en Perú, Daniel Ortega en Nicaragua, Frente Farabundo Martí en El Salvador, Andrés López Obrador en México, Rafael Correa en Ecuador, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y, sobre todo, Evo Morales en Bolivia. En total, unos $150.000 millones de dinero venezolano fueron a financiar los locos proyectos geopolíticos de Hugo Chávez en todo el mundo.

Hugo Chávez fue culpable de despilfarrar o de permitir el robo por sus amigos de una suma cercana a los $450.000 millones de dinero venezolano. El resto del dinero fue utilizado en proyectos y programas sociales que nunca dieron frutos, excepto la creación de una estructura de corrupción doméstica y transnacional.

Hoy en día la población venezolana es más pobre que cuando Hugo Chávez llegó al poder

V. CONCLUSIÓN

El trágico incremento de la pobreza en Venezuela es inexplicable ya que las presidencias de Chávez y Maduro obtuvieron ingresos totales que sobrepasan $1.3 millones de millones. Un país que obtenga esta magnitud de ingresos, con una población de 30 millones debería ser una tacita de plata. Pero Venezuela es hoy un país miserable, con una población hambrienta, enferma, desconsolada, sufriendo los abusos de un régimen cruel, inepto y corrupto.

El legado de Hugo Chávez ha sido uno de muerte, corrupción, enfermedad y destrucción material y espiritual. Quienes llevaron a cabo sus órdenes en el sector petrolero, fueron sus cómplices y deberán ir a la cárcel: Héctor Ciavaldini, Ali Rodríguez Araque, Rafael Ramírez, Asdrúbal Chávez, Eulogio del Pino, Nelson Martínez, Manuel Quevedo, las directivas de Petróleos de Venezuela desde 2004 en adelante, gerentes y empleados involucrados en la híper-corrupción imperante en la empresa. Son centenares de bandidos que deben ser castigados por la justicia. La mayoría de ellos andan libres, disfrutando de sus dineros mal habidos. Por ello es que la justicia deberá prevalecer.

Por qué si no hay justicia, habrá revancha.


REFERENCIAS

  1.  Para una amplia discusión de estos índices, ver: “1981-2015, Una Memoria Ciudadana”, Gustavo Coronel, Amazon Books, 2018
  2.  Detalles del proceso nacionalizador y post-nacionalizador de la industria petrolera venezolana pueden encontrarse en “The Nationalization of the Venezuelan Oil Industry”, Gustavo Coronel, Lexington Books, 1993, 1994
  3.  Ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2017/10/la-tragica-involucion-de-la-gerencia-en.html
    La trágica involución de la gerencia en PDVSA: de Alfonzo …

    lasarmasdecoronel.blogspot.com

    La crisis gerencial en PDVSA estalló en 2002, cuando el difunto nombró a Gastón Parra presidente de la empresa petrolera. Parra, a quien conocí muy bien, era un profesor universitario dotado de una estrecha visión de la industria petrolera, totalmente apegado a una visión marxista de la economía, quien apenas habría visto un pozo petrolero en fotografías.

  4.  Detalles en: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2009/12/pdvsa-en-2002-violacion-protestas.html y video de su discurso:https://www.youtube.com/watch?v=DhKxPNmewA0
    LAS ARMAS DE CORONEL: PDVSA en 2002: violación, protestas …

    lasarmasdecoronel.blogspot.com

    El 15 de Enero de 2004 Hugo Chávez presentó ante la Asamblea Nacional su versión de lo ocurrido en PDVSA durante 2002 y 2003. Hablando con un acento pomposo, mezcla de Fidel Castro y Joselo, el dictador dijo esencialmente que el 2003 “les había traído el regalo de PDVSA”.

    UD. LO VIO – CHAVEZ: “GENERAMOS EL PARO PETROLERO”

    www.youtube.com

    CHAVEZ: “LAS CRISIS SON NECESARIAS Y HAY QUE GENERARLAS…

  5.  La historia de estos acontecimientos es narrada en sumo detalle en: “The Silence and the Scorpion:, Brian Nelson, Nation Books, NYC, 2009
  6.  “Un futuro para Venezuela”, Revista SIC, Junio 17, 2005, http://revistasic.gumilla.org/2015/un-futuro-para-pdvsa/
    Un futuro para Pdvsa | Revista SIC – Centro Gumilla

    revistasic.gumilla.org

    José R. Medina. Han pasado ya más de diez años desde que el Gobierno tomó el control absoluto de la industria petrolera y decidió cambiar la misión y visión de dicha empresa; alineándola con el modelo país que el difunto presidente Chávez instauró en Venezuela.

  7.  Información del diario El Nacional: http://www.el-nacional.com/noticias/politica/saab-implica-rafael-ramirez-corrupcion-millardos-dolares_217146 ; http://www.reportero24.com/2014/04/25/gustavo-coronel-carta-a-rafael-ramirez-2/ y Wall Street Journal:https://www.wsj.com/articles/u-s-investigates-venezuelan-oil-giant-1445478342
    GUSTAVO CORONEL: Carta a Rafaél Ramírez | Reportero24

    www.reportero24.com

    “Que lástima que no exista la prisión perpetua…”. Sr. Ramírez: Deseo hablarle con la mayor seriedad y sentido de responsabilidad, indignado ante los desafueros que ustedes han cometido en estos pasados 15 años.

  8.  Ver Caracas Chronicles, Julio 2012 https://www.caracaschronicles.com/2012/07/18/the-aban-pearl-stew/
  9.  Ver: http://www.sarawakreport.org/2017/01/petrosaudis-1mdb-financed-venezuelan-adventure-and-the-money-it-didnt-make/
  10.     INFODIO, el blog de Alek Boyd tiene múltiples detalles sobre  corrupción en los contratos de Derwick Associates, ver:http://infodio.com/240518/francisco/dagostino/elemento/bribes/pdvsa/derwick
  11. http://www.recivex.org/ens-2006-11-27-EN.pdf ; http://resistenciabucarecaracas.blogspot.com/2007/12/gobierno-ruso-demanda-wilmer-ruperti.html
  12. http://elestimulo.com/elinteres/como-roberto-rincon-estafo-1-000-millones-a-pdvsa/ ; http://fcpa.stanford.edu/enforcement-action.html?id=588
    Foreign Corrupt Practices Act: Enforcement Action

    fcpa.stanford.edu

    Roberto Enrique Rincon-Fernandez (“Rincon”) was a resident of Texas who controlled, together with others, a number of closely held companies, which were used to secure contracts with Petroleos de Venezuela, S.A. (“PDVSA”), the state-owned and state-controlled oil company in Venezuela.

    ¿Cómo Roberto Rincón estafó $1.000 millones a Pdvsa?

    elestimulo.com

    El proceso de los Estados Unidos de América contra el millonario venezolano Roberto Enrique Rincón Fernández por fraude y sobornos por al menos 1.000 millones de dólares de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) da nuevas pistas sobre la corrupción en los gobiernos chavistas, e involucra sin nombrarlos a ejecutivos de la estatal, según las actas del caso.

  13. https://www.diariolasamericas.com/america-latina/andorra-investiga-35-exaltos-cargos-pdvsa-corrupcion-n4147702 ; https://elpais.com/internacional/2018/04/06/actualidad/1523042786_132646.html
    Andorra investiga a 35 personas por el saqueo de PDVSA

    elpais.com

    Un juzgado indaga la estructura de la petrolera venezolana por un desfalco de 2.000 millones

    Andorra investiga a 35 exaltos cargos de PDVSA por …

    www.diariolasamericas.com

    Una jueza de Andorra remitió a Venezuela una lista con los nombres de 35 personas a quienes está investigando el pequeño país europeo en una causa sobre una trama de corrupción que involucra …

  14. “Rebosan las cloacas de petróleos de Venezuela”, http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2018/03/rebosan-las-cloacas-de-petroleos-de.html
    LAS ARMAS DE CORONEL: REBOSAN LAS CLOACAS DE PETRÓLEOS DE …

    lasarmasdecoronel.blogspot.com

    Hace unas horas salió a la luz un nuevo saqueo de petróleos de Venezuela, algo de una magnitud sin precedentes, aún mayor que las notas estructuradas, que la Faja del Orinoco, que los bolichicos de Derwick Associates que las gabarras de Petrosaudí y Aban Pearl o los tanqueros de Ruperti.

El nieto del chichero es una excepción por Iñaki Anasagasti – Deia – 23 de Septiembre 2018

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La fotografía tiene aire tropical. Es lógico. Está sacada en el puerto de la entonces Ciudad Trujillo (Santo Domingo), capital de la República Dominicana en diciembre de 1939. Son dieciséis vascos que jamás hubieran pensado que su destino pasaría por América. De los dieciséis, el señor de la txapela, de más edad, era D. Luis Aranguren, un republicano de Bilbao. También podemos ver al Dr. Díaz de Rekarte de ANV, los demás son jelkides, gudaris, del PNV. En la parte derecha abajo, el primero  con el sombrero en la mano, es mi aita, Comisario del Batallón Larrazabal y a su lado Juan Goikoetxea, gudari del Padura, protagonista de lo que voy a contar. Su cuñado Pedro Agirrezabal está asimismo en la fotografía  así  como Zarobe, Juan Martin Alegría, los hermanos Urkidi, y José Mari Barrenetxea. Llegaban a Venezuela con lo puesto, juventud y la idea  clara que terminada la guerra mundial, ya iniciada, volverían pronto a casa. ¿Qué pintaban ellos en el trópico?. Desgraciadamente la mayoría están enterrados en aquella Tierra de Gracia.

Tuvieron que rehacer sus vidas en aquel país tan generoso y en el caso de Juan Goikoetxea, como en otros, triunfaron económica y socialmente. Goikoetxea se fijó cómo en las calles de Caracas, gentes del pueblo voceando  vendían en la calle una bebida blanca a la que llamaban chicha. Un perol de aluminio lleno de aquel aparente brebaje con hielos  flotando  transportados  en un carromato rústico era una de las bebidas del venezolano en la calle  para saciar la sed y alimentarse ya que este producto estaba hecho a base de arroz, leche, a la que se le agrega leche condensada y canela al gusto, quedando una bebida espesa que se bebía fría, con hielo y es muy sabrosa. Yo siempre que podía la tomaba. La vendían los chicheros.

Viendo aquello, Juan Goikoetxea, seguramente la probó, le gustó, la pasteurizó, la  envasó y la vendió comercialmente logrando un gran éxito con su Chicha A-1, cuyos anuncios publicábamos en la revista Euzko Gaztedi del Centro Vasco de Caracas ya que aquel antiguo gudari ayudaba a todas las iniciativas vascas y al Gobierno Vasco en el exilio, como por ejemplo cuando nos quitaron la Delegación de París en la Av. Marceau  y en una semana, tras el llamamiento del Lehendakari Aguirre, hubo que comprar otra en la rue Singer.

Todo ésto para decir que hace dos meses fue noticia el que un joven venezolano, su nieto, había sido el único que se había enriquecido en España. Se trataba de Andoni Goikoetxea, un joven  médico de treinta años que ante la caótica situación de Venezuela cogió el portante y se asentó en Madrid en 2012  donde ejerció la medicina pero su gusanillo empresarial le hizo comprar un local para dar un servicio de venta de hamburguesas y tequeños de forma distinta y ha sido tal el éxito de su iniciativa que hoy factura sesenta millones de euros al año, tiene 50 Goiko Grill abiertas en el estado español, una acaba de inaugurar en Bilbao y pronto en Donosti, los camareros y camareras son venezolanos a los que así ayuda y se va a expandir por toda Europa hasta el punto que un Fondo de Inversión le ha comprado el 80% de la empresa siguiendo él dirigiéndola  y ampliando el negocio. Y no para.

Pero  Andoni  es la excepción y  no la expresión de los miles y hasta millones de venezolanos que huyen del hambre, la inseguridad, las colas, la falta de alimentos, el impago de las pensiones (los pensionistas de Bilbao podrían solidarizarse con sus compatriotas en situación límite que no cobran nada tras una vida de cotización), la libertad de expresión racionada, el encarcelamiento de quien disiente, la inmensa corrupción, un ejército que ha convertido el país en un cuartel, el asentamiento del narcotráfico, la dirección cubana, la hipermillonaria inflación, y sobre todo del venezolano de a pie que ha de soportar una dictadura bolivariana monitoreada desde La Habana y tras haber recibido en tiempos de Chávez los “sabios” consejos de varios dirigentes de Podemos que lloraron a lágrima viva cuando murió aquel militar golpista contra un régimen democrático presidido por Carlos Andrés Pérez.

No es casualidad que los venezolanos no se van a Cuba ni a Corea sino a Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Argentina, Chile, Panamá, Miami, España y Euzkadi. Ya saben cómo es el paraíso socialista de las propuestas de Podemos y en Euzkadi hay ya más venezolanos que exiliados fueron a Venezuela en 1939. Y cada semana vienen en inmenso  y sobrecogedor goteo  huyendo de aquel marasmo hasta el punto que el Lehendakari Urkullu, el 8 de Septiembre, primer Día de la Diáspora, tuvo el generoso impulso de recordarles y comprometerse con ellos de esta manera: ”Envío un afectuoso saludo a la colectividad vasca de Venezuela y a los venezolanos ante la preocupante situación en que se encuentran. Mantenemos una comunicación fluida y, desde nuestras posibilidades, intentaremos seguir ayudándoles. No os vamos a abandonar, como tampoco vosotras y vosotros abandonasteis a quienes llegaron a Venezuela desde Euzkadi”.

El Alderdi Eguna nació en 1977 en Aralar trayendo importada la idea de lo que hacían Acción Democrática y Copei  dos partidos venezolanos en el Parque Los Caobos de Caracas en su fiesta anual. Y aquello tocó la fibra de tal manera  que sigue celebrándose cada año, éste  con la novedad que la ONG Tierra de Gracia, va a tener txozna y el resultado de la venta de sus arepas y tequeños lo empleará en medicamentos para los vascos que sufren la situación de ausencia de medicinas porque Maduro se niega a declarar a Venezuela en situación de crisis humanitaria. El “no os vamos a abandonar” del Lehendakari también va a estar presente el domingo 30 en Foronda.

Las barbudas del diablo por Asdrúbal Aguiar – RunRunes – 15 de Septiembre 2018

download.jpgEn mi precedente columna – La mano de Dios – señalo como vertebral que “Venezuela no tendrá siglo XXI sin redescubrir su auténtico ethos. Uno que le hable y nos hable de civilidad en el espacio de lo compartido, como patrimonio intelectual de lo venezolano”, consistente con el ideario liberal de nuestros verdaderos padres fundadores.

Ahora agrego que, en esa empresa de grave enmienda histórica pendiente, ajena a las reescrituras, no pueden entremeterse los barbudos del diablo; ello, si se entiende que los barriales que le dan forma a nuestra actual tragedia tienen una causa mediata de la que somos culpables todos, a menos que optemos por negar a nuestros mayores o creernos, en lo personal, ínsulas de un desierto sin historia.

Una foto de 1959 que tropiezo en las redes es reveladora. De un avión de Cubana de Aviación, posado en el aeropuerto de Maiquetía, se bajan Fidel Castro y la camada de guerrilleros que le acompañan, entre otros, Celia Sánchez, Pedro Miret, Paco Cabrera, Violeta Casals, Luis Orlando Rodríguez. Multitudes de venezolanos los cercan y celebran. Repiten el asombro y la exaltación que hacen presa de nuestros antepasados ante la llegada de Cristóbal Colón a las costas de Paria, al Paraíso Terrenal.

El presidente de la Junta de Gobierno, Contralmirante Wolfgang Larrazábal – reseña María Fernanda Muñoz teniendo como fuente los archivos de la embajada de la isla en Caracas – antes le ha hecho un obsequio de armamentos y pertrechos al visitante “ilustre”. Esta vez el jefe del Apostadero Naval de La Guaira le entrega como homenaje un rifle FAL. Allí se encuentran las representaciones de AD y de URD, encabezadas por Luis B. Prieto Figueroa y Jóvito Villalba.

Hace 60 años, pues, precedido de los discursos laudatorios y encendidos de Gustavo Machado por el partido comunista, del mismo Jóvito, y de los dirigentes adecos José González Navarro y Jesús Ramón Carmona, un Castro exultante deja su huella cancerígena sobre el cuerpo de nuestra balbuceante democracia civil. Desde la Plaza O’leary, en Caracas, nos traza un catecismo. Hugo Chávez Frías lo perifonea más tarde, en la hora apropiada, como último eslabón de una larga cadena. Es apenas un ingenioso muñeco de ventrílocuo.

“De Venezuela solo hemos recibido favores. De nosotros nada han recibido los venezolanos…; hicieron llegar el bolívar hasta la Sierra Maestra, divulgaron por toda la América las trasmisiones de Radio Rebelde, nos abrieron las páginas de sus periódicos y algunas cosas más (¿?) recibimos de Venezuela”, confiesa el recién bajado de la Sierra Maestra.

Su mira sobre nuestras Fuerzas Armadas y la envidia de nuestra economía petrolera destacan en él desde esa hora germinal. Su despropósito lo deja colar, como ejemplaridad y para quienes le oyen sin ánimo crítico: “Se decía que era imposible una revolución contra el ejército, que las revoluciones podían hacerse con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el ejército, e hicimos una revolución contra el ejército. Se decía que, si no había una crisis económica, si no había hambre, no era posible una revolución y, sin embargo, se hizo la Revolución”.

Miguel Ángel Bastenier dirá bien que “El fantasma de Bolívar es siempre el espectro más fácilmente conjurable en la memoria del pueblo venezolano”. Castro, desde antes, sabe cómo usarlo y exprimirlo, anhelante ya, en aquél 23 de enero de 1959, de expandir su épica destructora hacia América Latina, tal y como lo denuncia Rómulo Betancourt en 1964.

“Los hijos de Bolívar tienen que ser los primeros seguidores de las ideas de Bolívar. Y que el sentimiento bolivariano está despierto en Venezuela lo demuestra este hecho, esta preocupación por las libertades de Cuba, esta extraordinaria preocupación por Cuba. ¿Qué es eso, sino un sentimiento bolivariano? … ¿Y por qué no hacer con relación a otros pueblos lo que se hace con relación a Cuba?”, pregunta este Almirante descubridor redivivo a quienes le miran pasmados, embelesados, y se apretujan en medio de los edificios de El Silencio caraqueño.

Cuando el citado Bastenier, desde El País de España, editorializa en 1989 sobre “La coronación de Carlos Andrés Pérez” lo hace, transcurridos 30 años desde el memorable discurso de Castro, para destacar los hechos protuberantes, a saber, “la apabullante figura del líder cubano” y el constatar que “lo más visible de la opinión venezolana se le ha entregado hipnotizada”.

“Yo no pretendo trazarle pautas a este pueblo, …” dice éste a los venezolanos para despedir su maratónica perorata a un año de la caída de Marcos Pérez Jiménez y para justificar, zorrunamente, su mefistofélico providencialismo: “Yo no he hecho más que hablarles a ustedes como les he hablado a mis compatriotas [pues] llevo dentro de mí toda esa fe que las multitudes son capaces de inyectarles a los hombres. Ojalá que … puedan ser entendidas [estas palabras mías] en todo su hondo sentido, …,”.

Castro, al término, presenciando la toma de posesión de CAP en el Teresa Carreño no hace sino celebrar el momento de madurez de su accionar germinal. Tanto que, transcurridos los 25 días abre las puertas del infierno y su primera llamarada se engulle a varios centenares de inocentes, durante El Caracazo. Lo demás es cosa sabida, realidad sufrida hasta el despellejamiento, por ausencia de memoria.

Iruña es nombre de mujer por Iban Gorriti – Deia – 10 de Septiembre 2018

Reeditan las memorias de Pedro María Urrutikoetxea, gudari que puso a su hija el nombre de la capital de Nafarroa tras haber sufrido prisión en el Fuerte de San Cristóbal

Urrutikoetxea con su hija Iruña

Urrutikoetxea con su hija Iruña

Urrutikoetxea, en Caracas con un retrato de Simón Bolívar a su espalda;con su hija Iruña;y montando a caballo, durante la contienda bélica. Fotos: Familia UrrutikoetxeaUrrutikoetxea durante la contienda bélica
  • “Decía que las navarras eran de una solidaridad sin límite, llevaban a los presos lo que no tenían”
  • “A todos los gudaris, gracias, porque hicisteis el mundo un poco mejor y disteis esperanza”

Iruña es nombre de mujer. Lo era ya de la capital de Nafarroa, pero también de la hija del gudari llamado Pedro María Urrutikoetxea, del batallón Padura, soldado sabiniano que imprimió sus memorias en un libro titulado La hora del ultraje, publicado por la histórica editorial Ekin y que estos días está de actualidad porque se ha reeditado de nuevo.

Iruña Urrutikoetxea es el nombre materializado de aquella promesa que hizo el gudari jeltzale cuando logró conservar la vida y disfrutar de la libertad al salir del Fuerte de San Cristóbal, donde fue preso de Franco. El soldado del lehendakari Aguirre lo detalla en el tomo. “Puedo resumir en un breve espacio la impresión global que recibí de aquella gente: Catorce años después de abandonar aquel fuerte navarro en el que sufrí prisiones y presiones increíbles, me nació una hija. La bauticé Iruña, como mi mejor homenaje a aquellos compatriotas, repito, incomparables”.

Desde Caracas, su hija opina al respecto y pone en valor la importancia de las emakumes navarras de la época de Emakume Abertzale Ba-tza. “Decía que aquellas mujeres de Navarra eran algo increíble. De una solidaridad sin límite. Les llevaban a los presos lo que no tenían y en condiciones infrahumanas en invierno. Aita aseveraba que los presos les debían la vida”, evoca, y va más allá: “Es que su agradecimiento a ellas fue eterno. Algunos presos, como Juan Mari Pallín, se casaron con algunas de la navarricas. Aita no, era agradecimiento a todas en general”, valora Iruña. Enfatiza que si había algo que el gudari Urrutikoetxea siempre solía repetir era que “el día que Navarra sea patriota, Euzkadi será libre”. “Y no le gustaba nada que dijeran que Navarra no era vasca. Desde que llegó a Venezuela, iba cada año a Euzkadi. Cuando yo nací iba también y pasábamos unos días en un parador en Urbasa. Navarra, a donde fue por primera vez durante la guerra, siempre fue algo especial para él”.

Pedro María Urrutikoetxea Landajo nació en Bilbao, en concreto en la “República de Abando”, como reivindicaba. Era hijo de Pedro Antonio Urrutikoetxea, de Saldarian, “indiano porque emigró a Cuba y regresó”, y de Leonor Landajo, natural de Arrankundiaga.

Residió en Caracas, capital de Venezuela, desde 1952 hasta que murió en 1996, y allí llegó a ser presidente ejecutivo de Sud América Seguros Generales. “Falleció estando de vacaciones en Bilbao, en el Hospital de Basurto. Está enterrado junto a su padre y madre, y mi ama en el cementerio de Arrankudiaga”, matiza Iruña.

En el libro ahora recuperado, el vizcaino acentúa que fue a la guerra voluntario, inscribiéndose en el cuartel de Castillo Elejabeitia (carretera de Zeberio), en el batallón Padura, en la compañía de ametralladoras. Su entrega contra el golpe de Estado de 1936 arrancó en el frente de Ubidea y Otxandio. A continuación pasó a lntendencia Militar y presenció los bombardeos de Durango y Gernika. Según narra, volvió a infantería y tras pasar por Azterrika se retiraron “atravesando la Gernika destruida”.

La hora del ultraje vuelve a ver, por tanto, la luz estos días. “Lo hemos reeditado porque a mí solo me quedaba una copia, mis tres hijas tenían la suya pero ya tengo tres nietos y no más libros. Entonces me dediqué a comprar ejemplares de segunda mano por internet y al final decidí digitalizarlo. Por ahora es privado, pero espero hacerlo público. No he decidido la estrategia”, responde Iruña, quien no conoce más mujeres que se llamen como la capital navarra.

“Ninguna. A la nieta de una prima de mi aita la llamaron Irunia. Es el caso más parecido”, narra tras haber visitado este mismo verano el Fuerte de San Cristóbal. Ha viajado al terrible lugar en diferentes ocasiones. Primero, junto a su padre durante el franquismo. “Recuerdo que entonces estaba habitado, pero nunca nos dejaron entrar. Aita les decía, como excusa, que éramos venezolanos, que nos llamaba la atención esa construcción… pero nunca pudimos entrar”, sonríe. A partir de entonces ha retornado dos veces más. “Está cerrado y en malas condiciones. Estando en Iruña en junio pasado, Hedy Herrero me dijo que se programan visitas. Espero poder ir a alguna”, asevera.

Pena de prisión

Pedro María también sufrió las cárceles bilbainas de Escolapios y Larrinaga. “La construcción del fuerte de San Cristóbal, como está dentro de la montaña, es muy sobrecogedor para mí. Aparte de la historia de aita, el lugar asusta, es tenebroso”, pondera esta venezolana licenciada en Comunicación Social que en 1996 comenzó a trabajar como periodista a través de internet, labor que abandonó por una razón política.

“A partir de mediados de 1998, al ver cómo el teniente coronel golpista -en referencia a Hugo Chávez- ascendía en las encuestas como candidato presidencial, me enfoqué más que nada en demostrar que era un Castro comunista que nos llevaría a lo que hoy vivimos. Lo vi muy claro. Gracias a aita entendí que el fascismo y el comunismo son igualmente destructivos. Las palabras democracia y libertad eran vocablos repetidos constantemente por él”, valora a DEIA la hija del gudari Urrutikoetxea.

A día de hoy, hay por lo menos 16 gudaris y milicianos del Euzkadiko Gudarostea con vida, todos ellos nonagenarios o centenarios. Iruña les envía un mensaje de agradecimiento. “¡Gracias! Porque hicisteis que este mundo fuera un poco mejor y disteis esperanza. Conocí a uno de ellos, José Moreno, del batallón San Andrés de STV, en junio en Artxanda, en el Gudari Eguna de La Huella. A él y a ellos, eskerrik asko!”.

Ya no reconozco mi país por Thays Peñalver – Venepress – 1 de Septiembre 2018

El venezolano es el único ser en el planeta, que alienta y aplaude su propio suicidio

Ya no reconozco mi país

Los ataques furibundos a Farmatodo, Lorenzo Mendoza, Henrique Capriles y muchos de los influenciadores, son sencillamente repugnantes. No solo por parte del régimen, sino por parte de esa vorágine desalentadora que todo lo destruye a su paso. Ahora bien, yo no apelaré jamás a la frase: “ya no reconozco a mi país”, ni mucho menos “en que nos hemos convertido” cuando veo los ataques monstruosos contra lo poco que queda en pie, porque a mi país lo reconozco, y muy bien.

Quien dice “ya no reconozco a mi país” vivía en un gueto y tuvo que salir a encontrarse con la realidad, con la Venezuela que siempre ha sido. Usualmente es presa de todos esos mitos urbanos, como que la culpa de todo la tuvo la famosa telenovela “Por estas Calles” o frases tan grandilocuentes que simplifican nuestro destino hasta convertirlo en una cosa distinta de lo que realmente somos, porque la culpa de todo la debe tener alguien que no sea el propio venezolano por eso la culpa la tienen siempre los políticos, la culpa es de los empresarios, de los comerciantes y en especial los medios de comunicación y si, hasta las telenovelas.

Pareciera que no hubiésemos tenido cronistas de nuestra tragedia diaria, Ibsen Martínez tan solo escribía lo que veía todos los días en Venezuela, pero era más fácil echarle a él la culpa por haberse atrevido a narrarlo en el formato de un guión para la televisión. Ese que dice “ya no reconozco a mi país” podría antes que a Ibsen, echarle la culpa a Tirso Pérez León, uno de los escritores del Show de Joselo o a su equipo creativo, pues bastaba con aquella escritura para deducir fácilmente que todo estaba perdido. Un equipo de dramaturgos, mucho más conscientes que la clase política, nos dibujaban una vez por semana la idiosincrasia y la conducta del venezolano, pero algo peor, nos hacían reírnos de nosotros mismos en la mayoría de los hogares.

Esa Venezuela “ilustrada” que corría a Miami de compras, mientras en los cuarteles se cuajaba el destructivo movimiento Bolivariano. Toda una tragicomedia (vista hoy) de una realidad que nos llevó a donde estamos. Personajes como un abogado estafador, un mentiroso compulsivo, un mendigo que hostigaba a los transeúntes hasta que le daban dinero, un sifrino espeluznante que hablaba de riquezas frente a la miseria de los barrios y que seguramente no podía justificar el origen de su dinero, un niño recogido que abusaba de la buena fe de sus padres adoptivos, hasta hacer llorar al padre de la casa, un amo de casa que abusaba verbalmente de su mujer de servicio, un gerente que hostigaba a su secretaria con insinuaciones sexuales. Mientras en los otros canales se sobreexponían también comportamientos contra la autoridad, la humillación a funcionarios policiales y los antivalores que padeciamos.

¿Qué usted no reconoce a  muchos?  Le voy a rescatar la imagen que había de uno que arrancaba muchas carcajadas. Se trataba de un empleado público que en su oficina tenía un cuadro con con la Foto del presidente de turno, pero tenía doble cara, así que dependiendo de la visita que recibiera, lo cambiaba del presidente Adeco, al presidente Copeyano para alagar a su visita o escapar de un problema o salirse con la suya. Era el más venezolano de todos los personajes, la avasallante realidad de un País que no creía para nada en la democracia, ni en los partidos políticos, sino en cómo sacarle provecho propio al Estado utilizando a los funcionarios y al partido. Y todos, absolutamente todos, se carcajeaban con la realidad, incluidos los propios adecos y copeyanos, ignorantes del trágico destino que les esperaría apenas meses después del final del programa, cuando los militares de extrema izquierda de golpe, se adueñaron del país.

Ese personaje no es otro, que los millones de ninies que dicen no soy ni chavista, ni antichavista como si fuera posible tal elección. Esos millones de seres envilecidos que no quieren meterse en problemas nunca y además pretender extraer de los ganadores alguna sobra. Esos millones que no van a los paros, no firman revocatorios ni consultas, ni se comprometen, ni van a las marchas.

Así, en el nombre de una nueva moralidad, quienes saltaron por estas calles los días del Caracazo fueron los verdaderos personajes, los de carne y hueso a robarse todo en las bodeguitas de los barrios que terminaron arrasadas, ocurrió lo mismo en las carnicerías de donde vivían, como hoy, en los que se cargaban reses enteras al hombro, mientras los “doctores chimbin” y más atrás los “pavo lucas” con aquellas muecas macabras dibujadas en sus rostros, porque habían logrado cargar con tremendos televisores de 40 pulgadas en las zonas de clase media saqueadas por “el vivo criollo”, personaje que por cierto existe en cualquier clase social. Fue sin duda alguna, como bien lo dijo otro dramaturgo, otro de los “culpables” por señalarnos la realidad todas las semanas, José Ignacio Cabrujas: “el día más venezolano que he vivido, nunca había sido tan interpretado por nuestra historia”. Yo añadiría: bien interpretado.

Y hoy, mientras seguimos sin reflexionar sobre lo que hemos sido como país y actualmente somos, vivimos el episodio histórico más auténticamente venezolano. Por qué? Porque “rodilla” se convirtió en el pran pues a eso lo llevó su modo de vida, los waperó están representados por los bolichicos porque siempre abusaron de otros desde que eran niños y el policía después de tanto maltrato terminó envilecido y torturando. Eudomar y el hombre de la etiqueta terminaron sus días como las máximas autoridades judiciales. Pero no se convirtieron, sencillamente fueron la evolución lógica de su comportamiento[i]. Entre todos, demostraban una sola cosa, estaban tan corrompidos los de arriba, como los del medio, como los de abajo.

Pero repito, culpar a nuestros escritores por mostrarnos quienes somos es absurdo. Para culpar a la telenovela por demostrar nuestros anhelos, habría que remontarse a su origen, pues son adaptaciones modernas de algo que vieron los hermanos Grimm en su Cenicienta, tan absurdo como culpar a Víctor Hugo de educar a los franceses en sus “vilezas” Miserables, para encontrar a los culpables tendríamos que irnos atrás, y mas atrás de Alejandro Dumas con La dama de las camelias o su Conde de Montecristo, habría amigos que culpar al más “malandro” de todos, ese que escribió Romeo y Julieta.

Por eso muchos culpan a las telenovelas, pero porque nunca han abierto un libro.

Yo si reconozco a mi país, por eso entiendo el odio desatado. También entiendo todo esto como el secuestro que es y la violencia de los jefes comunistas, que viven como billonarios allá arriba en el Politburó, enviando con los dineros públicos a sus hijos a vivir y disfrutar en el capitalismo más salvaje que es lo que quieren para sus hijos, pero a los nuestros les toca la Clap. Lo que despreció profundamente es al que ataca lo poco que queda en pie de este lado.

Porque el venezolano es el único ser en el planeta, que alienta y aplaude su propio suicidio.

Lorenzo Mendoza es uno de los pocos héroes y referentes que nos quedan. De acuerdo a Forbes desde 2005 ha perdido el 70% de su fortuna y pasó de estar en el puesto 119 al puesto 1198 y es factible que salga de la lista de billonarios para el 2020. Buena parte de lo que le queda, ya no está en Venezuela pero Lorenzo sigue aquí. Repito, entiendo los ataques de los comunistas, pero jamás entenderé al que le dice “ese tiene suficiente rial”, “que venga a regalar la Harina Pan” como si no llevara 18 años regalándola, con muchos aplaudiendo de este lado semejante suicidio. Porque ese que lo dice es el más peligroso de todos, el que no entiende que cuando el poder industrial privado ha perdido el 70% de su patrimonio, de allí hacia abajo, la pobreza es absoluta, incluido el que lo dice.

El que se regodea, es el más peligroso de todos los venezolanos. Es aquel que frente al paro nacional inventaba y difundía el slogan: “liberen al oso” porque él quería tomar cervezas. El que hoy, dice que no se puede comprar la cerveza y lo culpa, sin entender que la mayoría de las plantas de Polar ya están paradas y los miles de trabajadores calificados han emigrado.

Henrique Capriles es otro de los pocos referentes que nos quedan. Puede uno quejarse a veces del lenguaje empleado o de alguna respuesta. Pero hay que reconocer que su partido político ha participado y firmado el informe final de la investigación del caso Odebrecht en la AN. Tanto como le reconozco que se ha dejado el pellejo, ha conocido la cárcel, el acoso, le han disparado los círculos bolivarianos, pesan sobre él los más horrendos expedientes penales y entiendo el ataque de los comunistas. Pero lo que no entiendo es el ataque de todos aquellos puros de sangre, que no defienden la institución más sagrada del derecho que reza: “toda persona es inocente, hasta probar lo contrario”, porque son tan perversos como los comunistas.

Pero el que lo dice, es aún más peligroso que los comunistas. Porque cree que cuando todo esté destruido, cuando no quede piedra sobre piedra del sector industrial, comercial y político, vendrán los seres puros a gobernar a “rodilla”, “eudomar” a los “waperó” y junto a ellos harán una Venezuela próspera y feliz. Sin entender, que ellos fueron los enterradores.

Entiendo a los que con su camisa roja gritan contra Farmatodo. Porque son sencillamente “tropas” de agitación comunista, adscritas a un “alto mando”, entiendo que el video se hace para que nosotros, estúpidamente lo difundimos en las redes, porque es la historia del comunismo. A quien no entiendo es al que dice “pana, es que también se pasan con los precios”. Sin duda alguna, son los más peligrosos de todos, pues no entienden que el ataque es contra el patrimonio de la última gran cadena de distribución privada que queda en el país. La última amigos. Y cuando esta falte, ya no quedará ninguna más y nadie más a quien culpar.

Y lo peor de todo es que ese que se quejaba ya no lo hará más, porqué se habrá ido o llamará al 0800 y no le contestarán o le dirán que no hay medicina, acudirá callado a Farmapatria y le dirán que tampoco y luego acudirá de rodillas a los 22 mil mercales y se dará cuenta que ya no existen, pero lo hará “callaito”, porque si no, no le venderán su cuota racionada de productos nicaragüenses, bolivianos etc.

Así que no, yo si reconozco a mi país todos los días, lo reconozco en los pocos, poquísimos héroes del trabajo que salen a producir, trabajar y a luchar, lo reconozco en las caras de quienes salen a trabajar sin importarle nada, en las caras perplejas de los que viven en una burbuja y se niegan a participar, en los que dicen “es que a mi la política no me gusta”, lo reconozco en la actitud del montón de vagos que quieren vivir de los demás y también reconozco al malo, a ese bando de los envilecidos que cada día crece más.

Parafraseando a Fermin Toro. “Entiendo la libertad de opinión e imprenta, lo que no entiendo es que no dejaran ni una sola reputación en pie”. Porque el que dice que todos son malos, si aquí nadie sirve, ningún político, ningún empresario, ningún comerciante ningún medio, periodista o influenciador, ¿la verdad? Es que el que lo dice es el que no vale nada.

Reflexionemos o apaguemos la luz

[i] para quienes son muy jóvenes o leen fuera del país. Rodilla era un personaje muy común de la Venezuela de los 80’s, un muchacho que había decidido tomar el camino de la delincuencia, para vivir de un arma. Los waperó eran dos personajes, los hijos de un alto y poderoso funcionario que abusaban constantemente de un policía. Eudomar Santos era la clave del comportamiento mas venezolano, el de sobreviviente.

Represión y castrismo por Elizabeth Burgos – Revista Zeta – 22 de Agosto 2018

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-Torturas al estilo cubano.

Desde hace veinte años  Venezuela vive bajo un clima de sorpresas y sobresaltos. Mantener un contexto de crisis permanente es la clave principal de la perennidad del régimen castrista. Desde 1959 el mantenimiento de un estado de  crisis permanente en Cuba con el objeto de tener a la población “en guardia” contra la “invasión del imperio”, le impide a la gente pensar en la penuria y en la instalación de un régimen totalitario.  Es el empeño de suscitar en permanencia crisis a nivel regional, (desde guerra de guerrillas, rebeliones universitarias, intelectuales “orgánicos” regidos por La Casa de las Américas) para diversificar la atención del “imperio” y para que Cuba deje de ser objetivo principal. Hoy, mientras Cuba trata de consolidar una fachada de reformas para paliar las consecuencias de la crisis económica venezolana buscando salvar el sistema, Nicaragua y Venezuela ponen los muertos.

Cuarenta años de democracia forjaron un imaginario, una manera de percibir el mundo, modelados por un orden democrático. Un modelo que se rige por una temporalidad, marcada por períodos determinados por las leyes y lapsos de tiempo en sintonía con el devenir de los ciudadanos. Se eligen presidentes por un período determinado.  La alternancia permite elegir a otro, incluso, de otra tolda política. De igual manera sucede con los poderes regionales y municipales.

La instauración en Venezuela desde 1998 de un modelo de régimen político diseñado por el castrismo, de carácter vitalicio, continental y mundial (Hugo Chávez dixit), ha trastocado la percepción del contexto político del venezolano. Y pese a la dramática experiencia que vive la población, la oposición no parece percibir aún la naturaleza, características y especificidad del régimen al que se opone.

No deja de extrañar que tras veinte años viviendo bajo un régimen diseñado en La Habana y a pedido de Hugo Chávez, (recomiendo consultar el discurso de Chávez en diciembre de 1994 en su primer viaje a La Habana en el que prometió “alimentar a Cuba, para que esta lo ayudara con su experiencia” a realizar en Venezuela el modelo cubano, para lo que se “necesitaba cuarenta años” para cambiar las mentalidades), significa que el régimen de Maduro necesita ganar todavía veinte años; así logrará formar nuevas generaciones reducidas a aplaudir a la dirigencia y a “resolver” la penuria : la democracia no será ni siquiera un recuerdo lejano. La docilidad se convertirá en la norma de comportamiento, las remesas que enviarán del exterior los exiliados, ayudarán a sobrellevar  las penurias. El cambio de mentalidades, inexorablemente, se impondrá. El carnet de la patria garantizará la permanencia del régimen.

Responsables y analistas políticos, incluso investigadores de alto nivel académico, continúan tomando como referencia al gobierno del general  Pinochet para explicar la naturaleza del régimen de Maduro. A raíz del cariz perverso de la captura de Juan Requesens, han subido el tono y han dirigido la mirada hacia el régimen de Hitler. Acuden a  Goebbels, por su empleo de técnicas modernas de manipulación de masas, como si no bastaran las desarrolladas por Fidel Castro que los hipnotizó durante medio siglo. Basta recordar el desfile de presidentes de la república, incluso europeos (François Hollande), que acudían a rendirla pleitesía al “Comandante en Jefe” durante sus últimos años de vida.  Otros, hasta ahora renuentes a referirse al comunismo, han dado el paso y han mencionado el elemento ideológico del comunismo en la manera de la aplicación de la tortura psicológica que manifiestamente le han aplicado a Requesens. Han recordado el caso de Arthur London, comunista checo, vice-ministro de relaciones exteriores bajo el régimen de Stalin, que se hizo célebre por su libro Confesión y la posterior película que le inspiró ese libro a Costa Gavras, en el que narra su experiencia de autoinculpación de “agente del enemigo”, en el marco de uno de esos tantos procesos celebrados durante el período estalinista. Lo curioso de esos intentos de explicación es la ausencia de ejemplos cubanos. Ni siquiera se menciona la cercanía con Cuba, y el hecho de que las técnicas de manipulación y de represión que se están aplicando en Venezuela, son producto de un aprendizaje de técnicas aprendidas, precisamente en Cuba.

La represión en un régimen totalitario forma parte de su doctrina militar, por lo tanto, existe una escuela de entrenamiento destinada a formar personal especializado en técnicas de represión en la que se entrenan militares y miembros de los aparatos policiales venezolanos desde hace veinte años.  Lo procedente debería ser entonces, referirse al ejemplo cubano. No hay necesidad por lo tanto de recurrir a los ejemplos de la  Alemania de Hitler, ni al la dictadura de Pinochet para ilustrar la política represiva del gobierno de Maduro.

Existen innumerables ejemplos de las técnicas de represión empleadas por el régimen castrista, incluso, desde la Sierra Maestra, en donde se instauró la pena de muerte y era aplicada de manera cotidiana, mucho antes de la llegada al poder de los hermanos Castro. Tomaría demasiado espacio, enumerar los diferentes ejemplos de la “justicia revolucionaria” castrista. Mencionaremos los más conocidos, porque el tema es demasiado amplio. Se trata simplemente de informar sobre un tema que atañe directamente la vida de los venezolanos para que perciban el grado de tecnicidad que están adquiriendo los expertos criollos encargados de la represión. Lo analiza a perfección el gran especialista sobre la formación de los revolucionarios latinoamericanos, Louis Mercier Vega, La révolution par l’État,  una obra maestra siempre vigente sobre el tema. En relación a la  especificidad del castrismo afirma que: ”reinventó una nueva categoría de dirigentes, gerentes, administradores, procedentes de todas las categorías sociales, elevándolos a niveles diversos del aparato del poder, desligándolos del sus medios de origen. Estos ya no son los intérpretes de los intereses o deseos de sus grupos sociales, sino al contrario, transformándolos en agentes de ejecución de las decisiones tomadas en la cima del poder”: en Venezuela, la cima del poder es La Habana. Este esquema erradica el sistema endogámico y de complicidades en los estratos de la élite que siempre ha existido en la Venezuela republicana. De allí que la buena voluntad de la élite dirigente de la oposición, choque contra un muro y no logre establecer un diálogo y negociar  con el poder. Ya la endogamia y la complicidad no funcionan dentro de ese nuevo esquema. O adhieres, o eres enemigo: de allí que la opinión pública, bloguista o tweetera, intuya (cosas de la inteligencia colectiva que se le deberían tomar en cuenta en lugar de reprocharle), que el diálogo no funciona, y los acuse, seguramente de manera injusta,  de traición. Pero al igual que Tocqueville, que al final de su celebre ensayo, De la democracia en América, dice que percibe una especie de opresión que amenaza a los pueblos democráticos, y que no se parece en nada  a lo ya conocido , y que él mismo no logra darle nombre; algo que anula “el libre arbitrio; que encierra la voluntad en un pequeño espacio; y poco a poco le arrebata al ciudadano hasta el uso de sí mismo”, también la intuición de los ciudadanos que vierten críticas ante lo inexplicable y no explicado, no encuentran las palabras para definir lo que les está sucediendo, pero sin embargo, perciben que algo no encaja.

El juicio más sonado en los inicios del régimen castrista, fue el de los pilotos en febrero 1959, que marcó la pauta de la “justicia” que iba a imperar e impera todavía en Cuba. Cuarenta y tres pilotos, miembros de la aviación del Ejército Nacional, acusados de “genocidio” fueron juzgados por un tribunal revolucionario. Absueltos por el mismo tribunal, Fidel Castro ordena invalidar el fallo. Fueron juzgados de nuevo y condenados a 30 años de trabajos forzados, pena abolida en Cuba desde 1902. El presidente del tribunal que los absolvió, siendo Comandante del ejército Rebelde castrista, se suicida tras el nuevo veredicto. El abogado defensor de los pilotos, hecho prisionero fue  sometido a hostigamiento durante toda su vida.

El famoso juicio a “Marquitos”, en 1964, un ex miembro de la Juventud Comunista de Cuba (del antiguo partido comunista, Partido Populista Popular  – PSP), acusado de haber delatado a unos jóvenes miembros del Directorio Revolucionario que habían intentado asesinar al entonces presidente, el general Fulgencio Batista. Más que demostrar la culpabilidad de Marquitos, el trasfondo del juicio era el de implicar a Joaquín Ordoqui, miembro del PSP, vice ministro de la Defensa, que el tribunal acusaba de haber protegido a Marquitos. Fidel Castro, después de haber utilizado los buenos oficios del PSP para establecer relaciones privilegiadas con Moscú, deseaba deshacerse  de esa influencia que disminuía la hegemonía de su poder. A Marquitos, por supuesto se le aplicaron todas las técnicas de la Stasi (tortura blanca, drogas, etc) para que confesara. Fue fusilado inmediatamente. Un amigo de Marquitos, Jorge Valls, que asistió al juicio, se levantó clamando su inocencia, fue condenado a 24 años de cárcel que cumplió hasta el último día. Experiencia que consignó Jorge Valls en uno de los mejores libros sobre las cárceles cubanas bajo el castrismo.

Ordoqui se libró de la acusación, pero poco después un documento llegó a las manos de Castro, que demostraba que Ordoqui había “colaborado” con la CIA durante su exilio en México. Hecho poco creíble dado el grado de relación de Ordoqui con los soviéticos.  Gracias a la intervención de Moscú no fue condenado a muerte. Sufrió arresto domiciliario hasta su muerte.

El encarcelamiento del poeta Heberto Padilla (1971), escritor totalmente identificado con la revolución, por haber escrito un libro de poemas, Fuera del Juego,  que sugería criticas a la revolución, sometido a una confesión pública confesó todo cuanto le dictó el aparato policial, hasta acusó a su mujer, amigos etc. en cumplimiento del dogma castrista: “Dentro de la revolución, todo. Contra la revolución, ningún derecho”. A partir de ese juicio, ningún escritor cubano se atrevió a escribir algo sospechoso de crítica. La posición de los intelectuales se fisuró frente al caso Padilla. García Márquez rehusó firmar una carta en protesta por esa detención. Sí firmó Mario Vargas Llosa, Sartre y Simone de Beauvoir. Julio Cortázar, firmó la primera carta, pero luego se desdijo.

El general Arnoldo Ochoa, se auto acusó del delito de tráfico de drogas, siendo totalmente inocente, en aras de “salvar la revolución”. Al teniente coronel Antonio de la Guardia, que sí traficó con drogas por orden de Fidel Castro, se le ordenó se auto acusara “para salvar a la revolución”, que el “asunto quedaba entre nosotros”. Es decir, que lo sacarían durante algún tiempo de la esfera pública, hasta que se olvidara el caso. Ambos fueron fusilados.

Innumerables son los testimonios de ex presos políticos cubanos sometidos a tortura y a encarcelamientos de más de 30 años. El uso de los excrementos, como lo hicieron con Leopoldo López y ahora con Juan Requesens, es una vieja técnica cubana utilizada en la primera fase del castrismo, en el Presidio Político de Isla de Pinos que albergó 15.000 presos políticos entre los años 1959-1967. Celdas de castigo, campos de trabajo forzado, torturas, eran el pan cotidiano del tratamiento que sufrían los presos. A los “plantados”, término utilizado por los presos que se negaban a ejecutar los trabajos forzados, se les obligaba a bayonetazos a ingresar a las cloacas por donde se evacuaban las heces fecales de la inmensa prisión. Es una técnica seguramente estudiada por el cuerpo de psicólogos adjunto al Ministerio del Interior cubano (MININT), experto en torturas y en métodos de ablandamiento de prisioneros.

Vale la pena recordar a los miles de “alzados”,  – “bandidos” según la apelación del régimen -. en su mayoría campesinos, que tomaron las armas contra Castro desde el mismo año 1959, contrarios a la reforma agraria que les negaba la propiedad de la tierra y los convertía en empleados del Estado mediante cooperativas. El último alzado fue apresado y fusilado en 1966.

Un poco largo este recuento en momentos en que la lectura ha cobrado el formato del Tweet. Pero creo necesario, aunque de manera somera, un cierto conocimiento de la historia del castrismo, que es también ya parte de la historia de Venezuela.

 

Naipaul y Venezuela por Ibsen Martínez – El País – 14 de Agosto 2018

Sir Vidia se interesó por el país sudamericano, a solo 90 millas náuticas de Trinidad y Tóbago, su lugar de origen

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En un libro de juventud, V.S. Naipaul (1932 – 2018) examinó elementos del carácter moral de su país que encuentro semejantes a los del mío. Naipaul visitaba Trinidad luego de una larga ausencia, y experimentaba el temor del reencuentro.

“Sabía que Trinidad carecía de importancia y de creatividad, y que era cínica — dice en The middle passage, escrito en 1960—. Las únicas profesiones eran la abogacía y la medicina porque ninguna otra era necesaria. Se reconocía el poder, pero a nadie se le otorgaba dignidad alguna. A toda persona eminente se le tenía por tortuosa y desdeñable. Vivíamos en una sociedad que se negaba a tener héroes. […]

“Trinidad era un lugar donde una recurrente palabra de agravio era «engreído», expresión de resentimiento ante cualquiera que poseyese una destreza poco común. Tales destrezas no eran requeridas por una sociedad que nada producía, que nunca tuvo que probar su valía y a la que nada exigía ser eficiente. […] La generosidad –la admiración entre iguales— era, por tanto, desconocida; una cualidad que solo conocí en los libros y hallé solo en Inglaterra”.

Se refería Naipaul a Trinidad, y hablaba de ella como luego hablaría de la India, del mundo islámico, de las Indias Occidentales y también, en más de una ocasión, de nuestra América: sin zalamería, con desasida franqueza, sin marco teórico ni idealización ni desengaño. Motivos sobrados para haber merecido en vida el repudio biempensante de la corrección política.

De “cerdo misógino y almanaque de infelices opiniones” lo tacha David Rieff en un tuit que acabo de leer. De su misoginia feroz no tengo duda. Otro juicio me merecen sus opiniones.

“Mis antecedentes son a la vez excesivamente sencillos y excesivamente confusos— declara en su discurso de aceptación del Nobel, en 2001—: nací en Trinidad; una pequeña isla en la desembocadura del gran río de Venezuela, el Orinoco. Así que Trinidad no está estrictamente en Suramérica ni estrictamente en el Caribe”. Son coordenadas que cualquier venezolano también podría hacer suyas: aunque pisemos Terra Firma, me late que no somos del todo suramericanos ni del todo caribeños.

Apropiarnos de ellas me parece más a útil a una literatura “de indagación nacional” – expresión que debo a Christopher Domínguez Michael— que las barrocas coordenadas que daba la inflazón barroca de Arturo Uslar Pietri: “sabemos por los cartógrafos que Venezuela es el castillo de proa de esa rabilarga galeaza que pinta en el mapa la América española”.

Naipaul —Sir Vidia, para nosotros, devotos— se interesó, ¡y mucho!, por Venezuela, no solo por la prelación de nuestra Historia sobre la de su país de origen, sino también porque solo nos separan 90 millas náuticas. Testimonio, entre muchos, del doble flujo cultural entre mi país y Trinidad, propiciado por la cercanía, es la palabra mamagay que en inglés trinitario nombra lo mismo que el español de Venezuela y Colombia: mamar gallo; esto es, tomadura de pelo, evasiva engañosa. Trinidad ha sido refugio de todos los exilios políticos venezolanos desde tiempos coloniales.

Para escribir “La pérdida de El Dorado”, imprescindible portento que narra las vicisitudes arrostradas por Sir Walter Raleigh en nuestra Orinoquia, Sir Vidia aprendió nuestra lengua para adentrarse en las crónicas de Indias, en archivos sevillanos, en memorias virreinales.

Su imaginación se prendió de personajes como Antonio de Berrío, segoviano que combatió en Flandes a las órdenes del Duque de Alba y vino al reino de los chibchas con Jiménez de Quesada, su tío político, de quien heredó el quimérico título de gobernador de El Dorado. Francisco de Miranda mereció de Naipaul largos capítulos en dos de sus libros.

Sir Vidia apreció menos a Miranda como precursor independentista que como superlativo producto atormentado del sistema de castas colonial español. Era canario, un “blanco de orilla”; un descastado, no un aristocrático español de América, como Bolívar.

La condición de súbdito colonial comportó para Miranda, tanto como para Naipaul, un exilio y una privación de la complejidad de la cultura metropolitana que, instintivamente, ambos prefirieron a las discriminatorias y crueles simplicidades de la sociedad colonial.

De su “almanaque de infelices opiniones” espumo una frase, referida a la Argentina, que resume su visión de nuestra América, comarca de pesadillas cuyas gentes, dolorosamente: “no tienen causas, tan solo enemigos”.

Vale la pena rumiarla, como quien descifra un koan budista.

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