elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Historia

Ron en Venezuela | Historia y Origen – Actualidad-24.com – 14 de Julio 2020

origen-historia-ron-en-venezuela.jpg
Historia del Ron en Venezuela. Primera Destilería de Ron Fundada en Venezuela. Primer Ron Fabricado en Venezuela. Curiosidades y Ron de la Independencia. 
El ron es una bebida alcohólica, elaborada a partir de la caña de azúcar o de melazas por fermentación, su origen se remonta a 1650, cuando es mencionado por primera vez en documentos provenientes de Barbados.

Primer Ron Elaborado en Venezuela…..Carúpano

En 1762 es fundada la hacienda en el Valle de Macarapana, en Carúpano, por el capitán español Félix del Fierro y es ahí, donde se produce por primera vez en Venezuela lo que hoy se conoce como Ron Añejo.
En 1853, la hacienda es bautizada con el nombre de Hacienda Altamira, nombre histórico y de tradición que se mantiene en la actualidad.
primer-ron-elaborado-en-venezuela
En 1889 consigue sus primeros premios, recibe medallas y diplomas en la Exposición de París.
En 1954, la familia Morrison compra la Hacienda Altamira que estaba abandonada desde 1901 y se asocia con Alejandro Hernández, dueño de Industrias Pampero y en proporciones iguales, fundan Destilería Carúpano, C.A., y restablecen la actividad de molienda de caña, destilación y añejamiento de rones. La asociación duró hasta el año 1962. En la actualidad, Destilería Carúpano, C.A. sigue siendo una empresa familiar, administrada por la cuarta generación.
n 1991, el Ron Añejo Carúpano Reserva 12 Exclusiva fue seleccionado como el primer ron venezolano de exportación para el mercado mexicano.
En 2014, Ron Carúpano recibe el reconocimiento como el mejor ron del mundo en el Congreso Internacional de Madrid.

Ron de la Independencia de Venezuela | Ron de los Libertadores….Santa Teresa
En 1796, el conde Martín Tovar Ponte, miembro de la Junta de Gobierno de 1810 y del Congreso de 1811, y uno de los firmantes del Acta de la Independencia de Venezuela, funda en los Valles de Aragua la Hacienda Santa Teresa y decide, a partir de la caña de azúcar y con un alambique artesanal, destilar aguardiente para compartirlo con los amigos que lo visitaban.

En 1814 en plena Guerra de Independencia, el general realista José Tomás Boves pasó por los Valles de Aragua, camino hacia Caracas, arrasando todo a su paso. En medio de la estampida, uno de sus soldados raptó a una niña de 8 años, pero Juana, una antigua esclava de la familia Ribas, lo abordó para ofrecerle 7 pesos macuquinos a cambio de la pequeña. Por suerte, el oficial aceptó la venta sin saber que aquella niña era Panchita Ribas y Palacios, perseguida por ser sobrina del general del Ejército Patriota, José Félix Ribas, y prima hermana del Libertador Simón Bolívar.

La mujer, que había sido liberada por la familia Ribas, llevó a la niña a la Hacienda Sabana Larga, en Cagua, donde se refugió hasta el fin de la guerra. En 1821, Panchita regresa a las tierras de sus parientes y descubre que estaban devastadas y que era la única sobreviviente de la familia Ribas.Un tiempo después, Panchita Ribas se casa con Gustav Julius Vollmer, un alemán que había llegado desde Hamburgo en 1826, en busca de oportunidades de negocios en Venezuela. Con esfuerzo y sacrificio, el matrimonio logra rescatar las tierras de los Ribas en Aragua, y tiene un hijo, Gustavo Julio Vollmer Ribas. Este en 1885, compra la Hacienda Santa Teresa, en donde hizo instalar un alambique de cobre traído desde Colonia, Alemania, para iniciar la fabricación y venta del ron a una escala mayor de lo que hasta entonces se había hecho en la hacienda. En 1909 registra la marca como Ron Santa Teresa.

En el siglo XX, la propiedad y el negocio pasan a la tercera generación de la familia a manos de su hijo Alberto Vollmer Boulton, quien inicia la producción de ron a gran escala hasta convertir a Santa Teresa en el ron líder de Venezuela.
A partir de 1947, integrantes de la cuarta generación, los hermanos Gustavo y Alberto Vollmer Herrera, modernizan la empresa instalando la destilería más avanzada de América Latina.
El 23 de septiembre de 1955 se inaugura la C.A. Ron Santa Teresa y salen al mercado el Carta Roja, Carta Blanca y Popular. En 1958 se lanza su gran éxito, el Ron Santa Teresa Gran Reserva.

En 1996 sale al mercado Santa Teresa 1796, el primer ron elaborado totalmente mediante el tradicional método de solera, reservado hasta entonces para la producción de brandy y jerez. El resultado fue un ron suave, seco y balanceado, ganador de varios premios internacionales como uno de los más prestigiosos rones del mundo.

Ron Pampero
historia-ron-pampero.jpg

En 1938 es creada Industrias Pampero, C.A. por Alejandro Hernández, hijo de un pescador de la Isla de Margarita. El Ron Pampero, conocido en Venezuela como Caballito Frenao, está compuesto al 100% de ron oscuro venezolano, una mezcla de varios rones en barrica de roble blanco durante un mínimo de dos años. Además, es conocido por haber establecido los estándares de la producción de ron en Venezuela y fue el primer ron en ganarse el calificativo añejo por el gobierno venezolano.

Ron Cacique
historia-ron-cacique

En diciembre de 1961, la compañía Licorerías Unidas fundada en los años 50, por Gustavo Vegas León e hijos, lanzan al mercado venezolano el Ron Cacique. En 1992, en conmemoración al descubrimiento de América sale al mercado la edición especial Cacique 500 Años.

Otros Rones Venezolanos

Ron Añejo Barrica, Ron Bodega 1800, Ron Cañaveral, Ron Diplomático, Ron El Muco, Ron Estelar De Luxe, Ron Ocumare, Ron Quimera, Ron Tepuy, Ron Veroes, entre otros.
Dato: En 1954 es promulgada en Venezuela, la Ley Orgánica de la Renta de Licores por el presidente de Venezuela, general Marcos Pérez Jiménez, donde se establece que para que el destilado de caña pueda llamarse Ron debe tener como mínimo dos años de añejamiento en madera.

DOC Ron de Venezuela: Es una denominación de origen controlada otorgada por el Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual (SAPI) desde el año 2003 a los rones venezolanos que cumplen con los requisitos de tener un mínimo de dos años de envejecimiento en barrica de roble blanco y 40 grados de alcohol anhidro. Además, en Venezuela se prohíbe alterar la mezcla del ron con sustancias que aporten color, sabor o aroma de manera artificial, por estas razones, los rones venezolanos son únicos y están considerados como uno de los mejores del mundo.

Un 5 de julio por Soledad Morillo Belloso – El Universal – 5 de Julio 2013

yo a los 56.jpg
Las señoras y señoritas de la época desbarataron sus trajes y sus enaguas. Con esas telas, las de la ropa de ventanas y la de su lencería de cama y baño confeccionaron los uniformes que usarían los ejércitos patriotas. Hasta los curas entregaron los manteles de los altares. Con sus manos acostumbradas al quehacer de corte y bordados, las damas fueron cosiendo sin pausa. Así, los soldados y oficiales lucieron augustos. Los estandartes estaban hechos con las tapicerías de los sillones de las estancias.

El acta del 5 de julio de 1811 fue redactada por Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi. Recuerdo que mi adorado profesor, el Dr. Manuel Pérez Vila, me apuntaba siempre que el 5 de julio de 1811 no se firmó el Acta de la Independencia. Ese documento, sin duda el más preciado para los venezolanos, fue redactado la noche del 5 de julio y la mañana del 6. El texto fue aprobado por el Congreso el 7 de julio.

El 8 de julio de 1811, por la Confederación de Venezuela, el Poder Ejecutivo ordena que el Acta sea debidamente rubricada, publicada, ejecutada y autorizada con el sello del Estado y Confederación. Ello fue suscrito por Cristóbal de Mendoza; Juan de Escalona; Baltasar Padrón; Miguel José Sanz, Secretario de Estado; Carlos Machado, Canciller Mayor; y José Tomás Santana, Secretario de Decretos. El acta como tal fue suscrita durante varios días hasta completarse en el mes de agosto de 1811.

Para lograr la emancipación, la tierra se nos sembró de cruces y flores de muertos. Nuestro camino a la libertad estuvo signado por la perplejidad, el miedo, el error, el abatimiento, la humillación, la ambición, la traición, la ignominia. Y también por el arrojo, el coraje, la dignidad, el sacrificio y el más inmenso dolor. Nuestra emancipación fue escrita con tinta de obituarios, rezada por miles de manos que se unieron en rosario. De la guerra salimos libres pero con el alma nacional salpicada de llagas, con olor a humo y pólvora encrustado en la piel y con la urgencia de poner orden en la nuestra nueva república, todo ello mientras nos lamíamos las heridas, secábamos nuestros llantos con pañuelos gastados y zurcidos y dábamos cristiana sepultura a nuestros muertos.

Los que están hoy en la cúspide del poder se llenan la boca hablando pomposamente de “Patria liberada”. Son los mismos que con impudicia y sin decoro han entregado nuestra Venezuela, nuestra soberanía y nuestros recursos a esos carcamales sátrapas que llevan décadas asfixiando y pudriendo al pueblo cubano. Pontifican sobre nuestra historia, llenan pantallas, micrófonos y calles con versiones panfletarias de nuestro devenir, pero el esfuerzo de generaciones de venezolanos ha sido degradado sin conmiseración alguna hasta niveles de albañales. Nos han hecho esclavos de un guión decadente plagado de mentiras y falsedades, de promesas zalameras, de ofertas engañosas. Algunos dicen que somos hoy un satélite del castrismo, que nos han tornado en una republiqueta de poca monta, una provincia súbdita cuya única importancia es contar con una chequera presta a usarse para pagar ambiciones barbáricas, en tanto a los venezolanos no nos dejan sino las sobras de su pantagruélico festín. Yo creo -y qué duro decirlo y peor aún escribirlo- que nos han carcomido las entrañas, que como un virus infecto penetraron en nuestro torrente sanguíneo, que a nuestra nación la han tornado en una mujer que luego de violada es obligada a ofrecer sus favores para complacer los deseos lujuriosos de otros. Nos venden unos salvajes que trafican con nuestros sueños de progreso. Hoy somos una colonia. Bolívar y Martí lloran de rabia y vergüenza.

De mis padres heredé un libro edición especial en el cual se narran todos los antecedentes y acontecimientos del 5 de julio de 1811. Recuerdo haberme pasado muchas horas en la biblioteca de casa pasando sus hojas. Alguna vez creí de niña que yo lograba transportarme a esos tiempos, a esos sucesos. Dejaba de ser una lectora pasiva, en una simple espectadora de nuestra historia y me convertía en una protagonista. Ese libro, con sus páginas ya amarillentas y atacadas por polillas, es un valioso tesoro para mí. Me recuerda cuánto lucharon los que vinieron antes de nosotros. Fuimos república porque otros mucho antes que nosotros se pusieron de pie, dieron cara al miedo y con coraje se negaron a ver aquel presente como un fatal e irremediable destino.

De los firmantes del Acta de Independencia de 1811, trece fallecieron antes de la Batalla de Carabobo; de dos se perdieron sus huellas de vida antes de que pudiesen gritar que éramos independientes. Es decir, lucharon y ofrecieron su vida por la nación y jamás vieron a la Venezuela emancipada.

Haremos bien si, en lugar de tanto comprar moneditas falsas y aceptar la sumisión del esclavismo del s. XXI, recordamos que hubo unos que nos legaron una Patria que estamos obligados a cuidar y proteger de estos traficantes de almas.

La olvidada historia de cómo Venezuela fue cedida por años a una acaudalada familia alemana obsesionada con la búsqueda de El Dorado – BBC News – 4 de Julio 2020

Bartolomé Welser, El Viejo
Bartolomé Welser, El Viejo, la cabeza de la poderosa familia de banqueros y comerciantes alemanes que colonizó Venezuela por casi dos décadas.

Cuando se habla de las potencias europeas que colonizaron América Latina se suele pensar en España y Portugal.

Pero el Sacro Imperio Romano Germánico -como se conoció hasta el 1800 a la actual Alemania- también tuvo un papel, aunque breve y poco conocido, en la historia de esta región.

Durante 18 años, entre 1528 y 1546, una familia de banqueros y comerciantes alemanes tuvo a su cargo la llamada Provincia de Venezuela, un territorio situado en el norte del actual país caribeño, que acababa de ser descubierto por la corona española.

Se trataba de una transacción económica: la familia en cuestión, los poderosos Welser de Augsburgo, le habían prestado mucho dinero al rey español Carlos I, quien también era emperador del Imperio Romano Germánico (bajo el título de Carlos V).

Fue justamente para obtener este último título, que requería ganar los votos de siete príncipes electores, que el monarca se endeudó fuertemente con algunos banqueros europeos.

Sus principales prestamistas fueron dos familias del sur de Baviera, los Welser y los Fugger. Pero eventualmente los primeros se convirtieron en acreedores de la deuda total, que ascendía a lo que hoy serían unos US$25 millones.

El problema fue que cuando Carlos logró ser nombrado emperador alemán, en 1520, no comenzó a devolver el dinero. Tras años de negociaciones, las partes llegaron a un acuerdo.

En vez de dinero, Bartolomé Welser y su familia recibieron una porción de tierra en el Nuevo Mundo, que podrían explotar para su propio beneficio.

Mapa que muestra las divisiones coloniales en el Nuevo Mundo, en 1538. En verde se ve la Provincia de Venezuela (también llamada Provincia de Caracas).
Image captionMapa que muestra las divisiones coloniales en el Nuevo Mundo, en 1538. En verde se ve la Provincia de Venezuela (también llamada Provincia de Caracas).

El rey le cedió al banquero alemán la Provincia de Venezuela, que pasó a llamarse Klein-Venedig (Pequeña Venecia, en alemán).

En busca de El Dorado

La región, que también se conoció como Welserland (país Welser) y Welser-Kolonie (Colonia Welser), era de especial interés para esta familia de comerciantes y financistas, ya que en la época muchos estaban convencidos de que allí se encontraba la mítica ciudad de El Dorado, hecha de oro.

La zona que quedó en manos de los alemanes se extendía unos 900 kilómetros, casi desde la actual frontera con Colombia, al oeste, hasta lo que hoy es la ciudad de Barcelona, capital del estado de Anzoátegui, al este.

El acuerdo establecido con la corona era que los Welser fundarían dos ciudades y construirían tres fortalezas, desde las cuales se organizarían las expediciones a la selva para buscar oro.

A cambio, podrían gobernar a gusto: nombrando sus propios gobernadores, usando a los indios como mano de obra forzada y trayendo hasta 4.000 esclavos desde África.

Si bien no tenían que pagar impuestos al rey, se acordó que el monarca se quedaría con un décimo del oro hallado.

Con el fin de encontrar ese tesoro, los Welser nombraron como gobernador de la Provincia de Venezuela al explorador alemán Ambrose von Alfinger, quien ya era representante comercial de los banqueros en la isla de La Española (hoy República Dominicana y Haití).

También enviaron a su colonia a 400 mineros alemanes, que acompañaron a Alfinger en sus expediciones.

El conquistador alemán no encontró El Dorado y tampoco logró hallar las riquezas que anhelaban los Welser.

Sin embargo, sí dejo su huella en la historia de Venezuela: en 1529 fundó Maracaibo, hoy una de las ciudades más importantes del país caribeño.

De mal en peor

Cuando Alfinger falleció en 1533, a causa de una herida producida por una flecha, fue reemplazado por Georg von Speyer, quien no tuvo mejor suerte.

Tras años de expediciones infructuosas, Von Speyer renunció por problemas de salud en 1539 y un año después falleció.

Para entonces, muchos de los colonizadores que habían llegado desde Alemania habían perdido la vida, ya sea a causa de enfermedades locales para los que no estaban inmunizados o en enfrentamientos con los pueblos indígenas.

Pero los Welser no bajaron los brazos. El heredero de la familia, también llamado Bartolomé, como su padre, viajó personalmente a Venezuela en 1540 y se sumó a una larga expedición organizada por el tercer gobernador alemán de la región: Philipp von Hutten, quien ya había explorado la zona junto con Von Speyer.

Un dibujo de 1560 que muestra a von Hutten (centro) y a su antecesor, von Speyer (derecha).
Un dibujo de 1560 que muestra a von Hutten (centro) y a su antecesor, von Speyer (derecha).

Por cinco años recorrieron el interior de la provincia.

Ante su ausencia, y cansado de los muchos problemas que había generado tener una colonia alemana en su territorio, el rey Carlos reclamó el derecho de nombrar a un gobernador interino.

Envió a Juan de Carvajal a la capital de la provincia, Santa Ana de Coro.

Cuando los exploradores regresaron, en 1546, Carvajal los capturó y los ejecutó.

El monarca español dio por terminado el acuerdo con los Welser por incumplimiento de contrato.

Así concluyó la principal experiencia colonizadora alemana en América.

Bolívar y sus negros por Ibsen Martínez – El País – 22 de Junio 2020

bolivar-1-1100x572-1-780x405.jpg

Muchos historiadores  que conozco, reaccionarios y progres por igual, habrían titulado “Bolivar y los afrodescendientes” sin pensárselo mucho, arrebatados por el revisionismo crítico de la memoria que para bien o para mal circula ya, anaeróbicamente,  desde hace décadas.

Mientras decidía titular como lo hago, un nuevo brote de derribo de estatuas se diseminaba por un mundo plagado ya de coronavirus.  El disparador  ha sido el  asesinato de George Floyd en Minneapolis y una lista parcial de las estatuas derribadas, pintorreteadas o simplemente denunciadas en flamígeros manifiestos  deja ver que la ira no alcanzará solamente a los  traficantes y propietarios de esclavos negros.

Ya han rodado por tierra las estatuas de gente tan dispar como  Junípero Serra, el fraile franciscano mallorquín, misionero en la Alta California del siglo XVIII, y Robert Clive, soldado, exitoso hombre de negocios, duelista  y crudelísimo primer gobernador  británico de Bengala, allá por 1760 y pico. Como de costumbre, varias estatuas de Cristóbal Colón han dado en el suelo.  Nadie, al parecer, supera a Cristóbal Colón como el hombre más odiado  en los memoriales del vilipendio.

El diario Clarín, de Buenos Aires, publicó el fin de semana pasado un artículo  del historiador Carlos Malamud cargado de inquietantes y bien argumentadas dudas sobre la puntería, que no la oportunidad, de lo que llama  “guerra de las estatuas”.

Advierte Malamud en su pieza que la reacción contra Colón, que comenzó mucho antes del V centenario de su desembarco en Guanahaní,  en 1992, hace también de España  una entidad culpable de genocidio. En Estados Unidos, por ejemplo se pasó de cambiar el “Día Colón” por el de “los pueblos indígenas, aborígenes y nativos”.

“En este esquema dicotómico – señala Malamud—parece haber estatuas buenas y estatuas malas, que representan gestas rescatables y gestas reprobables. Ante eso, ¿deben caer las estatuas más aborrecibles? Y en caso afirmativo, ¿quien lo decide? Muchos de quienes aplauden lo ocurrido con Colón, los conquistadores españoles y los esclavistas seguramente se opusieron en su día al derribo de las 11 estatuas de Hugo Chávez (10 en Venezuela y una en Bolivia), o de la retirada de la horrenda escultura de Néstor Kirchner de la sede de Unasur.  Todo lo cual me llevó a pensar en cuán lejos pueden llegar la corrección a corrección política y el culto a los héroes en sus tortuosidades.

Imbuido de la ortodoxia cultivada en los departamentos de estudios “multiculturales” de muchas universidades gringas, Hugo Chávez dio en propalar que Simón Bolívar fue el hijo de una esclava negra. Para Chávez, se trataba de una verdad solo vergonzosa para los supremacistas blancos que forjaron el culto a Bolívar y se sirvieron de él durante más de un siglo.

Un antropólogo soviético, Mijail Gerásimov, fue el padre de la llamada “escultura forense”. Juntando caprichosamente disciplinas como la estadística demográfica , la antropometría y la medicina legal, Gerásimov recuperó por orden de Stalin, el rostro de Iván el Terible a partir de su calavera.  Hugo Chávez halló su  Gerásimov en Philippe Froesch, artista francoalemán dedicado a reconstruir el rostro de figuras históricas tales como Maximiliano Robespierre .

Con tecnología digna de la serie CSI:  Cyber,  y a partir de tomografías de la osamenta del prócer, Froesch  “reconstruyó”, a gusto de Chávez, el rostro de Bolívar que llegó a figurar en los  billetes de quinientos bolívares antes de la dolarización alentada por Maduro.

 

El Bolívar de Froesch muestra pronunciados arcos superciliares y labios gruesos: es un Bolívar zambo, palabra  ésta que, proferida en  Venezuela, no entraña desdén racista  y solo designa familiarmente al mestizo de negro e indio que somos muchos en Venezuela. La gente al verlo dijo que al Bolívar zambo de Froesch solo le falta la verruga que Chávez ostentaba en la frente.

Bolívar fue aristócrata y rico: un “gran cacao”, un blanco criollo descendiente directo de vascos llegados a Venezuela en el s. XVII. En 1825  posó en Lima para el retratista Gil de Castro y dictaminó que el resultado era “de la mayor exactitud”. En ese retrato, las peninsulares facciones del héroe son el cruce perfecto entre un José María Aznar, narigudo, con bigotazo, y un Imanol Arias chaparrito y de incipiente calva. Es el retrato de Bolívar, propietario de esclavos.

Desde 1815, sin embargo, cuando obtuvo ayuda de Alexandre Pétion, primer presidente de Haití, para armar una expedición patriota, Bolívar   honró repetidas  veces, con solemnes  decretos,  la promesa  hecha al líder negro de liberar a los esclavos de Venezuela.  En el primero, dictado en junio de 1816,   ofreció la libertad a todos los esclavos que se alistaran en el Ejército Patriota.

Abolir la esclavitud estuvo entre las propuestas que Bolívar elevó al Congreso de Angostura, en 1819, que aprobó la creación de la Gran Colombia. “Es una idea muy noble, ­ dijeron los legisladores­ ,  pero ¿no sería  mejor esperar a que ganemos la guerra de Independencia y mejore la economía?”.

En 1827, tres años antes de morir, Bolívar fue por última vez a Venezuela  y,  a su paso por los valles de Aragua,  libertó a todos los esclavos de su hacienda de caña en San Mateo. Una tradición caraqueña cuenta que, al saberlo, los esclavos de  María Antonia Bolívar, hermana mayor del Libertador y también plantadora de cacao y añil, dejaron las haciendas en los valles del Tuy e hicieron a pie todo el camino hasta Caracas para  escuchar de labios de  su ama confirmación de lo que anhelaban .

La buena señora se decía “española de América”, había sido realista y repudiado  las ideas de su hermano en carta al rey Fernando VII  quien le concedió  una pensión para retribuir su lealtad a la Corona. Llamaba “pardocracia” a la nueva república.

“Mi hermano el Libertador puede hacer con sus negros lo que le dé gana”­ respondió, airada, al comité de esclavos  agrupado a las puertas  de su casona en la equina de Gradillas.  La doña se armó al atenderlos de una barra de 12 libras, de las  usadas para atrancar portones. “Ustedes mejor regresen por donde vinieron y  pónganse a trabajar”. En carta al mismísimo Bolívar, María Antonia  cuenta cómo descargó la barra en los lomos de un desvergonzado afrodescendiente.

Y así fue quedando esta cosa de la emancipación de los esclavos hasta 1854.  Confiemos en que los colectivos chavistas no se enteren nunca de este cuento de familia y les dé por derribar estatuas de Bolívar.

Serían, esos sí,  fines de mundo.

 

Las cosas sí pasan! por José Toro Hardy – Analitica.com – 16 de Junio 2020

download
“¡No pasa nada!”, es la frase que expresa el desaliento de muchísimos venezolanos que ven con desesperación el deterioro masivo de su nivel de vida e impotentes observan como sus hijos y sus familiares huyen del país en busca de futuro y libertad. “No pasa nada, nunca pasa nada, a esta gente nada les importa!”, suelen repetir.

¡Sí pasan! Es la respuesta a esos compatriotas angustiados, sólo que quizá no al ritmo que muchos quisieran. Veamos las páginas de la historia. Eso sí, las cosas sólo pasan cuando están dadas las condiciones. Veamos:

Desde que concluye la II Guerra Mundial, dos sistemas entran el conflicto: el capitalismo y el comunismo. El primero fue capaz de llevar la prosperidad a las naciones que lo adoptaron y mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. El segundo fue capaz de instaurar un control centralizado de sus economías y un control absoluto de sus ciudadanos, privándolos de libertad e instaurando estados policiales y ejércitos poderosos.

Al final del día, la balanza se inclinó por el sistema que fue capaz de generar más riqueza permitiendo que esta permease con mayor eficiencia a los ciudadanos. Ese fue el sistema capitalista. En tanto que el sistema comunista llegó a un punto en que sus economías ya no eran capaces ni siquiera de mantener el gasto de la maquinaria burocrática, policial y militar que habían creado.

Llegado ese momento, las cosas comenzaron a pasar con rapidez. En 1989 cayó el Muro de Berlín y, durante el llamado “Otoño de las Naciones”, una a una las feroces tiranías comunistas tras la Cortina de Hierro comenzaron a desmoronarse.  Sin disparar un tiro se fueron los dictadores de Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y, con un poco más de violencia, Rumania, todo ello frente a la mirada impotente de la URSS , a la cual le llegó también su turno en 1991, desmembrándose en 15 naciones diferentes.

Una situación similar se vivió en Suramérica a manos de las dictaduras militares que plagaron el continente en décadas anteriores. Y en el caso de ellas no se trataba de gobiernos comunistas. Todo lo contrario. Sin embargo, en nombre de la lucha contra el comunismo, el resultado fue el mismo: la pérdida de la libertad. Pero, llegado el momento, todas se vieron obligadas a replegarse y permitir el regreso a la democracia, lo cual ocurrió también sin disparar un tiro, con la sola excepción de Paraguay. El caso de Cuba se tratará aparte.

La conclusión es siempre la misma. Cuando están dadas las condiciones es inevitable que las cosas pasen. Con las particularidades propias de cada país, el denominador común que desencadena los cambios es la economía. Excepción hecha de Chile cuya economía con Pinochet estaba creciendo, las demás dictaduras del continente enfrentaban unas condiciones económicas deplorables.

Y no es que las crisis económicas tumben gobiernos. Lo que sí ocurre es que ellas ponen en funcionamiento mecanismos sociales y políticos que terminan desestabilizando y provocando rupturas aún a los más feroces regímenes dictatoriales.

Esos regímenes terminan por generar un rechazo creciente de la comunidad internacional y, máxime, cuando se percibe que hay una violación sistemática de los DDHH y actividades vinculadas al narcotráfico y otras de carácter ilícito que contaminan los sistemas financieros internacionales y violan normas éticas que se traducen en niveles de corrupción inaceptables.

En la medida en que estos regímenes dejan de cumplir con los contratos suscritos perjudicando a empresas de otros países, expropian sin compensación,  caen en default, no cumplen con decisiones de tribunales de arbitraje, incumplen acuerdos y tratados internacionales, inevitablemente se van hundiendo en un aislamiento progresivo.

Cuando muchas de esas situaciones se acumulan se puede llegar al extremo de caer bajo la denominación de Estado Forajido. El término fue creado por el filósofo  y teórico político norteamericano John Rawks (1921-1992). Esos Estados  corren el riesgo de caer dentro del ámbito de acción de algunos acuerdos como el Tratado de Roma o la Convención de Palermo.

La historia lo demuestra: ¡las cosas sí pasan!

La muerte de Rommel por Luis Ugalde S.J. – elucabista.com – 12 de Junio 2020

erwin-rommel-nazi-2_80c5c0be_1280x720-848x478
El Mariscal Rommel fue un verdadero genio de la guerra, admirado por Hitler y los alemanes y temido por los enemigos. Su Afrika Korps y sus tanques lograron triunfos resonantes en los blitzkrieg (guerra relámpago) en el Norte de África. Pero a partir de 1942 el incontenible avance alemán se paró en todos los frentes: Inglaterra no se rindió, EE. UU. entró en la guerra y la Unión Soviética ganó la heroica batalla de Moscú y contraatacó con millones de hombres y contó con el apoyo de miles de tanques, aviones y material de guerra estadounidense. En 1943 la derrota alemana parecía inevitable y al año siguiente los avances aliados eran imparables en todos los frentes. Generales alemanes, de criterio militar, vieron que la guerra estaba perdida. Sobre todo, luego del exitoso “Desembarco de Normandía” que los alemanes no pudieron impedir. Rommel era de los convencidos de que la guerra estaba perdida, y el realismo imponía negociar la paz y ahorrar millones de vidas y el arrase total de Alemania. Pero Hitler no podía renunciar a su mito y razón de ser y se convirtió en el principal obstáculo para terminar el horror de la guerra ya inevitablemente perdida; contra toda racionalidad había que mantener la ilusión del triunfo y hablar de acuerdos era traicionarlo. Su mente perversa se aferraba al triunfo imposible. Con su ministro de propaganda Göbbels disfrazaba las derrotas en triunfos y cultivaba esperanzas en prodigiosas armas secretas. “No capitularemos jamás. Podemos caer, pero arrastraremos un mundo con nosotros” (Hitler). Si los alemanes son incapaces de frenar el avance del enemigo – decía -, no son dignos de seguir viviendo. Rommel se entrevistó con Hitler y discutió acaloradamente, pero sin éxito. En adelante el Führer lo vio como traidor. Luego del atento fallido del general Stauffenberg contra Hitler en julio de 1944, este lo incluyó entre los sospechosos y decidió matarlo; debía ser ejecutado por traidor y cobarde. Degradarlo públicamente y ejecutarlo era perder a Rommel como mito del régimen y héroe del pueblo que lo adoraba, pero la mentira oficial, capaz de convertir derrotas en triunfos, podía combinar la ejecución de Rommel como traidor con su glorificación como héroe nacional. Los tiranos se  consideran dueños de la verdad  y usan la mentira para cambiar las derrotas de muerte en triunfos de vida. El Führer mandó dos generales a casa de Rommel para que este escogiera el modo de ejecución de su muerte: O lo llevaban preso a Berlín para someterlo a juicio popular, deshonra pública y ejecución, o le otorgaban la especial deferencia de suicidarse. En el primer caso Rommel y su familia quedarían deshonrados. En el segundo, su muerte sería presentada como consecuencia de heridas de accidente y el régimen le rendiría honores fúnebres y le levantaría un monumento como héroe nacional. Rommel pidió unos minutos para pensar y optó por el suicidio. Los generales lo metieron en el carro y le dieron la pastilla de cianuro con la que inmediatamente se mató.

En su solemne funeral en la ciudad de Ulm el representante de Hitler, Mariscal de Campo von Rundstedt dijo en el elogio fúnebre que el “corazón de Rommel pertenecía al Führer” y luego se expresó ante el cadáver: “Nuestro Führer y comandante supremo te envía por mi mediación su agradecimiento y saludos”. Ese mismo día Hitler comunicó que Rommel había fallecido por las graves heridas causadas por el accidente que había tenido meses antes. En todo el país se escenificó la burla nazi de las honras fúnebres como héroe nacional.

Venezuela no es Alemania, ni los vernáculos paramilitares motorizados que amenazan y disparan son comparables a los miles de tanques en su avance triunfal. Pero también en Venezuela hay 5 millones de exiliados y muchos más millones en la miseria y desesperados. Pero el régimen se proclama como el triunfador de la pandemia en las Américas y campeón del mundo en la defensa humanista de los pobres, y con la información y comunicación secuestradas, trata de disfrazar la derrota en triunfo y la muerte en vida. Todo el que sensatamente ve que con este régimen no hay futuro es un traidor y terrorista; debe ser execrado. Pero millones que celebraron las promesas revolucionarias, hoy las viven como cenizas y muerte. La dictadura no tiene cómo ocultar la tragedia y el sufrimiento de esa muchedumbre de venezolanos. La única salida es el cambio de régimen con un nuevo gobierno inclusivo de transición y elecciones democráticas para la reconciliación y reconstrucción.

El tirano nazi exigió prolongar la guerra perdida y extremar el sufrimiento de Alemania y del mundo con más millones de muertos y destrucción de ciudades y fábricas; hasta que, con la caída de Berlín, se suicidó.

Moraleja: Cuando un régimen decide prolongar su agonía a las puertas de la muerte, se agrava su carácter criminal. ¿No habrá ni sensatez ni fuerza para parar el actual genocidio venezolano?

Carlos Andrés Pérez, ese hombre sí camina por Luis Beltrán Guerra – PanamPost – 10 de Junio 2020

Es riesgoso demandar sacrificios al pueblo ante una democracia erosionada. ¿Habrá sido, igualmente, el escenario del presidente?

 

Carlos Andrés Pérez
Carlos Andrés Pérez y Jimmy Carter. (Foto: Wikimedia Commons)

He de aclarar que he venido como teólogo, no como profeta. Disertaré acerca de CAP esforzándome en “lo que quiso ser, lo que fue y lo que no pudo ser”, lo cual trasciende lo meramente venezolano.

La teología examina a “la envidia”, sentimiento de quien, estando al acecho, ansía lo de otro, ¿Será que el mal tiene que ver con la obstinación del espíritu y la indolencia del corazón? Los éxitos y dificultades del “caminante”, cercanos a celos, resentimiento y animosidad.

En lo formal, ante un Estado para que nos conduzca, camino presunto al bien común, mediante leyes, la ejecución y aplicación de ellas, que emergen de funciones separadas, pero se controlan. Son “fórmulas organizativas” para conformarnos en sociedades. Pero, “algunas democráticas, otras no”.

La regla, subsumirnos en esa morfología. Pero somos humanos, por lo que todo es posible, “la sustitución de unos por otros” y devaluándonos: “Ni lo uno, ni lo otro. sino todo lo contrario”, achacaron al Presidente. La burla ante el éxito y el proverbio “el que se mofa del pobre afrenta a su hacedor”. Y, “A Carlos Andrés lo que le falta es una cuota de ignorancia”. “Quien se regocija de la desgracia será castigado”. Lo axiomático cede a la pugnacidad.

Esas calificaciones despectivas al dos veces Presidente por voto popular mojaban el pasto para la envidia, alimento de la historia constitucional incierta de los suramericanos. En el contexto, también, es riesgoso demandar sacrificios al pueblo ante una democracia erosionada. ¿Habrá sido, igualmente, el escenario del Presidente? No sé, pero exigir al sistema cuando hay falencias, ha de pensarse.

En la ruptura constitucional, ¿cabría “la soberbia”, aparente consecuencia de la controvertida reelección presidencial? Específicamente, la de 10 años prohibitivos. Tal vez en Chile, a raíz de las explosiones populares, se analice la conveniencia de repetir para una 2da magistratura. Por cierto, en CAP II se arguye el éxito de la economía del país sureño, con fundamento parecido al de Caracas. Pero los discrepantes reían de “la mano invisible”, sin conocer, ni siquiera, “la metáfora de la economía de mercado”. Plantean las protestas contra Piñera II, pretendiendo similitud con “El Caracazo”, lema del “groupuscule” perverso que no podía tolerar que no gobernaba “un godo”. Lo hacía “CAP”, las letras que definían al Presidente del pueblo.

La intensa vida partidista y parlamentaria, así como la cercanía con Rómulo Betancourt, lo condujo a la primera presidencia. “Este es el hijo que no tuve”. Un espaldarazo. La dedicación para querer serlo, un determinante dinamismo, garras y entusiasmo, justifican “Ese hombre sí camina”. Y con esa gloria vuelve a ser electo. ¿Sería, acaso una de las causas de su debacle? Pregunta importante.

En lo relativo a las políticas económicas, la primera por Gumersindo Rodríguez y la otra por Miguel Rodríguez, por lo que “Venezuela ha sido gobernada en dos ocasiones por Pérez y, este, entre dos Rodríguez. ¿Las calificaciones? La primera, cercana al populismo socialista. “La Gran Venezuela”, una locura. La segunda, neoliberal y sus ductores,  los “Chicago Boys”. La mixtura de la envidia y la pugnacidad devaluaron los programas y a sus conductores: “Paquetico Rodríguez y encantador de serpientes” a Miguel. “Enano siniestro” a Gumersindo.

¿Habrá sido, “El caminante”, víctima de herederos de la godarria española, enemigos de las masas populares? En el primer gobierno, el liderazgo democrático resistió los embates, no en el segundo, debilitado ante “el godismo”. Carlos Blanco menciona al grupúsculo, ya algunos enterrados.

El alzamiento (Chávez) mirado como reacción castrense ante necesidades populares de las últimas décadas. El Presidente Caldera, para algunos, entusiasmado a un segundo quinquenio, no lo cuestionó duramente, lo contrario del Senador David Morales Bello: “Mueran los golpistas”. Al eterno defensor de CAP, para sorpresa, no le fue bien.

“El caminante” luchó para no ser “Jarrón chino en apartamentos pequeños sin espacio para ponerlos”. Aprovechó, por el contrario, el reposo constitucional (10 años) en analizar el presente y futuro, cara a la magistratura dos. Germina “la elección directa de los gobernadores de Estado”, deuda presunta a la Constitución del 61. Para el jurista Eloy Lares Martínez “la ley de destrucción nacional”. CAP asume el reto promulgándola y en los comicios le va mal a AD. Pero, además, los electos se convierten en “presidenticos y los Estados en republiquitas”.

“El bribón criollo” pasaba la mano a sus compañeros, superiores y subalternos, obnubilándolos con charlatanerías. No con “táctica, mando y ocasión”. Se le trató como héroe, así como a los oficiales en el golpe y el largo gobierno que, desde donde no sabemos, todavía dirige. No otra puede ser la contestación.

¿Venezuela fue objeto de un complot? Son más que suficientes las apreciaciones del Presidente en el Congreso que lo sustituiría: “Supuse que la política se había civilizado y que el rencor y los odios no determinarían su curso. Quiera Dios que los causantes no se arrepientan”. El Señor no les perdonó.

El que sí fue derechito al brete: el país, hoy destruido. El subsuelo institucional: “Si el Ejecutivo no se limita por la Constitución y la Ley, la Asamblea no legisla, los tribunales no controlan el exceso de poder, no hay Estado de derecho” (María A. Grau).

El análisis de “Ese hombre sí camina” no deja de ser complicado. Sus adictos, no obstante, decían, “El gocho para el 88”, asomando un segundo y hasta un tercer gobierno. Los más ilustrados pensaban, tal vez, en emular a Angela Merkel, la canciller alemana con 15 años consecutivos a los mandos de la Unión Europea.

Pudiéramos afirmar, en aras de un juicio ambicioso, que Kant en el otro mundo le dijo: “Aprendió a actuar guiado por la voz del deber. Y a pesar de ello CAP respondió: Me llamaron de todo, incluso, “Locoven”.

Me despido. Soy el teólogo Atanasio, el venezolano. No el de Alejandría.

Marlene Nava, periodista e historiadora: “Maracaibo está muerta. La mataron” por Milagros Socorro – La Gran Aldea – 4 de Junio 2020

 

A partir de sus propias vivencias, la conocida escritora zuliana, Marlene Nava, hace un desgarrador retrato de la devastación de su ciudad, Maracaibo, antes ruidosa y dinámica, hoy convertida “en un cementerio”.

 

Entraba al aula en una nube de gasa. Como estaba un poco más que rellenita, solía usar batolas anchas, de telas finas y colores vivos. Avanzaba entre las hileras de mesas con máquinas de escribir, con sus sandalias y sus uñas pintadas. La daba en maquillarse más de la cuenta. Sin necesidad, puesto que tenía -tiene- unos ojos verdes y destellantes. Ya no está gorda, al contrario. Y el pequeño tumulto de sus irrupciones ha dado paso a la morosidad de quien ha padecido varias enfermedades graves y muchos despechos.

Era -es- una gran periodista. Muy destacada en la prensa del Zulia. Escritora de ficción y, con el tiempo y los estudios, también historiadora, con varios libros de historia del Zulia en su haber.

Gran lectora, en español y en inglés. Creció en el próspero hogar del doctor Carlos Nava, obstetra muy conocido en Maracaibo. Estudió en los Estados Unidos cuando era una jovencita. Creo recordar un noviazgo con un seminarista o algo así, cortado de raíz por la familia con una matriculación en un high school mención Artes, que completó.

“Estado anímico: En pie de lucha. Armas: Dos blogs: Vos sí que sois y Marlene Nava Writing Coach. Un sueño: Que cese este infierno. Y una esperanza: Vivir para contarlo”

La evoco llegando a la clase de Periodismo Interpretativo en la Universidad del Zulia, risueña, curiosa, más interesada en escuchar que en hablar. Los ojos pintados de lila y ocre como un crepúsculo en Paraguaná. Y esa risa, dorada, ingeniosa. Marlene Nava es la inteligencia y la sensibilidad. Una vez fui testigo de una entrevista que le hizo a uno que vino al periódico a dar declaraciones. El hombre empezó a balbucear datos sin aparente conexión. Marlene le hizo un par de preguntas y fue como meter una masa en el horno, la papilla pálida que el entrevistado ofrecía, cobró volumen y color con las preguntas de ella. Pocas veces he visto un entrevistador tan hábil y despierto. Amiguera, parrandera de mediodía (no recuerdo haber sido convocada a la preciosa terraza de su casa en Maracaibo de noche), bailadora, aficionada a cuitas románticas de sus amigos, cocinera de raciones enormes. Invencionera, como se dice en el Zulia a la gente impulsiva y dada a emprender cambios sin mucha meditación. Se ha metido en enredos considerables, de los que ha salido con su gran fórmula vital: Amor y verdad. Cariño desmedido y autenticidad. Otra cosa, es refractaria al rencor. No sabe dónde se guardan las inquinas, de manera que las deja mal puestas y se le olvidan.

Marlene Nava nació en Maracaibo, el 10 de diciembre de 1945. En 1971, egresó de la Universidad del Zulia con el título de Periodista (entonces se llamaba así). Y no dejó de trabajar ni un día. Incluso, mientras era estudiante.

Hace unas semanas, leí en el muro de Facebook de Marlene (que, por cierto, ofrece notas periódicas, crónicas, poemas y retazos de memorias) unas confesiones muy duras. Aquí unos fragmentos:

11 de abril: “… hoy piso paisajes de arideces, aridez en el alma, aridez en el cuerpo, aridez en la calles, en las conversaciones, en las relaciones. […] vivimos un camino de miserias. Nos movemos, sobrevivientes, recibiendo -y quizás repartiendo- codazos a diestra y siniestra […] nos movemos como sombras sin norte. […] hoy me toca contemplar a mis nietos y otros niños comiéndose una arepa vacía”.

Marlene Nava
Marlene Nava nació en Maracaibo, el 10 de diciembre de 1945. En 1971, egresó de la Universidad del Zulia con el título de Periodista. Y no dejó de trabajar ni un día. Incluso, mientras era estudiante.

20 de abril: “Cuando mi suegra me hablaba de que en su juventud, mientras la gente de su pueblo huía de la plaga comunista por aquellas sendas heladas de Estonia, desenterraban desesperados papas y se las comían crudas y aún sin madurar, me sonaba a hipérbole. Pero ahora el hambre me mira cara a cara, a toda hora, desde mi ventana. […] Esta noche fue un anciano desecho, sollozando ante los balaustres. Las luces de la iglesia iluminaban los escasos y canosos cabellos, levantados como sabanas de paja seca y, desde el contraluz, brillaban sus lágrimas. Llegó arrastrando los pies, apenas sostenido por un palo que hacía de bastón. Se recostó a la pared y susurró: “Me estoy muriendo”. Esta mañana habían sido los niños de todos los días, revolviendo desechos acumulados la jornada anterior. En desagradable desayuno, se embadurnaban las caras y las manos de pestilentes desechos extraídos de los containers en la esquina; y desde sus bocas, manaban variopintos jugos malolientes en asquerosos deslaves. Al mediodía, madres con dos y tres criaturas suplicando por “un bocadito aunque sea para ellos”… Y en las tardes, los jóvenes, alguna vez estudiantes del vecindario, que ahora practican el trueque, cambiando hasta mayores tesoros familiares por una arepita o “aunque sea un pedazo de pan viejo”. Sacan de sus bolsillos anillos de graduación, cadenitas con dijes de San Valentín, las leontinas del bisabuelo o las yuntas de plata de su papá, “total, las usaba solamente los domingos para ir a misa”. Es el hambre nuestra de cada día que, desde mi ventana, muerde los bordes de mi alma. Y la impotencia me hace llorar, me hace odiar a quienes le han robado la vida a tantos hermanos de la vida y de la tierra”.

“Me da vergüenza reconocer el hambre”

-Te confieso -me dijo cuando le propuse una entrevista sobre la situación del Zulia y de ella misma- que me da pena decir que tengo hambre.

“Siento vergüenza, porque me asomo a la ventana y los veo: Chiquitos que, sin aspavientos, comen asquerosas masas descompuestas, que extraen de bolsas vecinas a una gusanera. Y me pregunto si mi hambre, si el hambre de todos, alguna vez alcanzará ese grado de decadencia. Tengo miedo. A desbaratarme. He visto llorar a mis nietos cuando se vuelve a ir la luz y se interrumpe su única conexión con el mundo. Sienten, así me lo han dicho, que tienen la muerte siempre cerca”.

-¿Cómo describirías lo que estás viviendo?

-Me he planteado mil formas para responder esta pregunta, para respondérmela yo misma. A ver. Mi situación se parece a los desaliñados clientes de la farmacia, que sopesan la decisión entre un blíster para la tensión o cuatro cápsulas para la diabetes. A la ancianita vecina, que debió regresar el tomatico y la cebollita que fungirían de salsa para la pasta, porque esta amaneció más cara y la pensión no alcanza para nada. Se retrata en cada lamento, en la piel agrietada, los zapatos rotos y los pies cansados de cientos de caminantes que transitan veredas miserables. Me siento de mil años. Ingresos: 250 mil bolívares mensuales de pensión. Desempleada y buscando trabajo. Estado anímico: En pie de lucha. Armas: Dos blogs: Vos sí que sois y Marlene Nava Writing Coach. Un sueño: Que cese este infierno. Y una esperanza: Vivir para contarlo.

-Perdóname, por favor, esta pregunta, es solo por documentar. ¿Cómo te sientes?

-Me siento sitiada, abandonada, desamparada. Mi situación es la de millones de venezolanos: Desprotegidos, con pérdida total en sus haberes materiales y espirituales. Sin esperanzas, sin mañana. Robados, timados, presos en una madeja de sinsentido. Como una película mala. Yo tenía un proyecto de vida. Planificado. Medido. Trabajado. Para estos tiempos, los finales de mi vida. Me soñé regalando los saberes y los haceres: Dictando talleres, conferencias, generando debates, formas de lucha por la defensa del patrimonio cultural. En universidades, en colegios, en plazas. En vez de eso, estoy empobrecida, llorando la historia perdida. Y con un solo par de zapatos para toda ocasión (uso faldas largas para esconder su deterioro).

“Maracaibo está muerta. Eso no lo entiende el resto del país. No es que la ciudad se ha transformado, es que la mataron. Y yo, que la lloro a diario, solo quiero que vuelva a la vida”

-¿Solo así?

-No. También estoy en pie de lucha, creyendo en mis herramientas y aferrada a ellas, como mi tabla de salvación.

-¿En qué zona de Maracaibo vives?

Vivo en Santa Lucía, zona habitada por una mayoría de escasos recursos y una minoría de ingresos muy altos, de procedencia desconocida. Declarada Patrimonio Nacional, Zona de Interés Turístico, Zona Histórica y Patrimonio Municipal. Entre la mayoría empobrecida funciona de maravilla la permanente extorsión de los devotos del Gobierno con las cajas CLAP, bonos y demás. Mientras tanto, hemos visto cerrar los negocios tradicionales de ventas caseras de empanadasmandocascepillados, tetas de frutas, charcuteríaspanaderías. Los únicos que prosperan -a costillas de la necesidad de sus vecinos- son los bachaqueros, ahora disfrazados de pulperos, panaderos y charcuteros, con mercancía que traen de Colombia semanalmente. El trueque se ha hecho cotidiano: Cambio estas verduritas por medio kilito de arroz. Le traigo estos limones, ¿puede darme un poquito de café?

Crece a toda marcha una casta que da terror: El sobreviviente, ese que reparte codazos para obtener prebendas. Me estremezco al pensar que llegue el día en que todos estemos obligados a convertirnos en “sobrevivientes”. Si traes alguna compra a casa, corres el riesgo de que te lo arrebaten. Hay miedo de nuestros propios vecinos. Las tertulias, los compartires generosos, la reunión vespertina que nacía de la espontaneidad, murieron también. Está también un grupo de privilegiados a los que nunca les quitan el servicio eléctrico, les envían camiones cisterna cada semana, así como bolsas super especiales de comida. De vez en cuando, esos reciben la visita de un funcionario de alta jerarquía. Finalmente, hay un extraño fenómeno: Están adquiriendo viviendas a gran escala para convertirlas en centros de juegos, pequeñas tascas o negocios de otro género. Las casas de Santa Lucía, patrimonio cultural del país, están siendo destruidas con la anuencia de las autoridades.

-Como historiadora, ¿qué evaluación haces de la transformación de Maracaibo?

-Maracaibo está muerta. Eso no lo entiende el resto del país. No es que la ciudad se ha transformado, es que la mataron. Y yo, que la lloro a diario, solo quiero que vuelva a la vida. Tengo en mi archivo una fotografía de mediados del siglo 20, que mostraba la rada de Maracaibo y su malecón ambos llenos de embarcaciones de todo tipo, testimonio de la enorme actividad de su Puerto. Hoy, el Puerto está cerrado. Desde aquí escuchábamos las gentiles sirenas de los barcos saludando la ciudad a su llegada. Hace meses que no suenan.

“La vida en Maracaibo. No hay cine, ni parque, ni playa, ni bar, ni choza, ni cancha. No hay nada que hacer. Ni a dónde ir. Medio se sostiene el Teatro Baralt con un grupo de valientes de la Universidad del Zulia, que arman espectáculos de la nada”

-¿Cómo es un día cualquiera en Maracaibo?

-La meta cotidiana de los habitantes de Maracaibo es conseguir comida. Eso impone varios pasos. El primero, buscar efectivo, lo que implica derretirse en colas de dos y tres horas a pleno sol. Y, además, una gira por los bancos, que comienza en la madrugada, a pie, hasta que el día alcanza los 35 o 40 grados, para reunir algo, dadas las restricciones para el retiro de dinero. El segundo paso, ir al Mercado de Las Pulgas, devenido centro financiero del occidente del país. Allí se fijan tasas de cambio; se determina el valor real de cada denominación, independientemente del monto grabado en el billete; se establecen precios variables para un mismo producto de acuerdo con el sistema de pago: En efectivo 50; por transferencia 70; y por punto 85. Y eso es ley. Se compran, venden y permutan billetes de todas las denominaciones y procedencias (pesos colombianos, euros, dólares) en mesas repletas a cielo abierto, resguardadas por funcionarios de la Guardia Nacional. A las doce del día Las Pulgas es el infierno. Los mismos peregrinos de los bancos ahora emprenden camino a casa, con medio kilo de arroz, una bolsita con verduras variadas y maltrechas, y dos chorizos. Es el ansiado de tres muchachos, una mujer, dos ancianos, y hasta el perro que se nutre de migajas. Muchos andan a pie, como trashumantes de una promesa ancestral. Otros toman lo que resta del Metro o algún bus destartalado de las rutas de ayer. Esa es la vida en Maracaibo. No hay cine, ni parque, ni playa, ni bar, ni choza, ni cancha. No hay nada que hacer. Ni a dónde ir. Medio se sostiene el Teatro Baralt con un grupo de valientes de la Universidad del Zulia, que arman espectáculos de la nada. Los chamos del Teatro Esencial tomaron la calle un día para llenarla de poesía y allí se han quedado, como la voz del alma maracucha llamando a la vida. La gente de la URU (Universidad Rafael Urdaneta) a veces monta presentaciones de su Filarmónica, el coro de jóvenes estudiantes y su grupo teatral. Y el Teatro Bellas Artes se defiende con sus festivales de cine y sus muestras matutinas ocasionales. Pero el centro está vacío. Las calles, después de las once de la mañana, quedan solas.

-¿Esto es así en toda Maracaibo?

-Hay una mínima isla de excepción. Un cuadrante entre la Avenida Doctor Portillo y la calle 72; y la Avenida Bella Vista con la Avenida 3F, que se mantiene activo. Dicen que gracias a los formidables ingresos de boliburgueses y enchufados, que han aprendido a disfrutar de la buena vida. En esa área han germinado nuevos cafés, restaurantes, tascas, sitios de solaz. Es una zona privilegiada, que conserva rastros de sus antiguos encantos. Claro, a precios inaccesibles para sus antiguos usuarios. Es como esos clubes para oficiales que muestran las películas de trama bélica.

-¿Qué es lo que más extrañas de la normalidad?

-El olor del cafecito recién colado, la corneta del transporte escolar, el vocerío de los chamitos del colegio vecino, el despertador, la ducha tempranera. Mi horario. Mi trabajo. Mis entrevistas. Mi juguito de naranja en la esquina del Central. Mi seguridad de que llegaría a las nueve, tomando el bus de Ruta 6 y empalmando con Ziruma. Mi certeza de que, al regresar, compartiría la cocina y la comida con los nietos, con los hijos, con los vecinos, con mis chamitos del comedor Bocaditos. Pero en Maracaibo no hay gasNo hay alimentos. No alcanzan los recursos. Lo que extraño es la normalidad. La regularidad. De los actos. Visualizar lo que va a ocurrir, dónde vas a estar mañana, que va a pasar la hora que sigue. Planificar, con la opción de modificar fácilmente tus planes. Esperar el viernes como la antesala de un día especial. Nada de eso existe ya en Maracaibo. Y lo peor no es que seamos espectros en un escenario post nuclear sino esta incertidumbre… ¿Qué somos?, ¿a qué nos han condenado?, ¿somos cobayas de un experimento maquiavélico?, ¿hasta cuándo se solazarán con nuestro dolor y nuestra desesperación?, ¿seremos eternamente esta noria, que no abandona su punto de partida y que repite al infinito su camino de pesadumbre?, ¿cuál es nuestro futuro? No tengo palabras, yo que siempre tuve tantas, para explicar la sensación de estar en un inmenso campo de concentración, que hasta hace unos años fue tu propia ciudad. La sensación de que nunca escaparás de esta prisión, que para ti y los tuyos no habrá amanecer. Ni siquiera somos capaces de imaginar qué va a pasar dentro de una hora, que rumbo disparatado nos impondrán en los próximos minutos. Y eso genera un miedo indescriptible, que te roba el sueño, la palabra, el sentimiento, las ganas de vivir.

-Maestra, no sabe lo que me ha costado este ejercicio.

-Hay que hacerlo. Claro que ni en mis peores pesadillas hubiera pensado que estaba formando periodistas para que escribieran las terribles noticias de una ciudad muerta junto al Lago que tanto he amado y reseñado.

Ah, olvidé contarte que por las mañanas me levanto a recolectar el agua del aire acondicionado del vecindario para lavar los corotos (una cucharada en cada uno, porque cada noche funcionan un par de horas o poco más). Que, como el gas está directo, porque de otro modo no llegaba, tenemos tizne en las uñas, las manos, la ropa, la cara y el alma. Que tengo la piel zajada, porque con el tizne se me pega la grasa y no tengo agua con que sacármelo. Que no quiero morir en una ciudad que ya es un cementerio.

Historia del Petróleo en Venezuela por Humberto Calderón Berti – La Gran Aldea – 2 de Junio 2020

Historia del petróleo en Venezuela
 En momentos cuando la industria petrolera venezolana se encuentra arrasada por años de desinversión, endeudamiento y politización de sus estructuras, dejando de lado la capacidad profesional de su recurso humano, bien vale la pena dar una mirada a la historia del petróleo en el país, pues Venezuela no puede desligarse de lo que la explotación y comercialización de hidrocarburos implica ni puede pensar en una recuperación nacional sin el rescate de su actividad petrolera. Humberto Calderón Berti, experto petrolero formado académicamente en el área, ex presidente de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) y ex ministro de Energía y Minas, revisa con detalle esa historia, que La Gran Aldea ofrece como una forma más de hacer periodismo para construir futuro.

 

La traición de las élites por Carlos Raúl Hernández – El Universal – 24 de Mayo 2020

Antonio Gramsci argumentó que para llegar al poder, los revolucionarios debían producir previamente “la reforma intelectual y moral de la sociedad”. Consistía en que sus intelectuales, que llama “orgánicos”, deconstruyeran (eso quedó cool) los valores “burgueses” y crearan nuevos. Es la “transición porque la nueva sociedad no termina de nacer y la vieja no termina de morir… larga marcha dentro las instituciones democráticas”, sin asaltarlas como hizo Lenin.

A fuerza de realidad Gramsci se hizo reformista en los Cuadernos de la Cárcel, de la que lo sacó su amigo Mussolini. Muchos de sus seguidores, Palmiro Togliatti y el PCI, Umberto Cerroni, Norberto Bobbio, Lucio Coletti, Nikos Poulantzas derivaron a un comunismo anticomunista, socialdemócrata, gradualista. Pero a su pesar sembró la semilla de la negación. Desvertebrar las tradiciones, hacer común un lenguaje que partiera la sociedad, era moda, versión de izquierda de la “transvaloración de los valores” del nihilismo nietzscheano, tomado por Hitler, quien así desintegró la moral de la democracia de Weimar.

Los intelectuales orgánicos locales que “transvaloraron los valores” fueron Arturo Uslar Pietri, Ramón Escovar Salom, Juan Liscano, Ernesto Mayz Vallenilla y su staff. La democracia entre 1958-1968 había elevado nuestro nivel de vida a velocidad sin parangón en el mundo. De un rincón miserable, rural, atrasado, con 80% de población campesina y analfabeta, en tiempo record Betancourt, Leoni y los tractores de Sucre Figarella hicieron el país más escolarizado, con menos analfabetas, y con las más extensas redes de acueductos, tendidos eléctricos, cañerías, carreteras, teléfonos, autopistas y hospitales.

Betancourt paró en seco a Fidel Castro, exportó la democracia a Latinoamérica y España. En los 80 colapsó en la región el modelo populista-rentista con la Crisis de la Deuda, y Carlos Andrés Pérez en 1989 asume las reformas para corregir sus fallas. Pero en un rugido reaccionario, los “notables orgánicos” convencieron a las clases medias de que vivían una sentina de corrupción, aunque los ministros, Miguel Rodríguez, Naím, Hausmann, Cisneros, son lumbreras intachables.

Eclipse de corazón. La izquierda reaccionaria denunció el cambio como “neoliberalismo de tecnócratas sin corazón”, pese a que el nivel de ingresos se incrementó, los pobres recibieron amplios beneficios de 27 programas sociales, y en 1991 el crecimiento del empleo hizo que los empresarios tuvieran que importar mano de obra que escaseaba. Pero la reforma intelectual y moral, hizo que vieran como esperanza la revolución en 1998, enterrada antes de nacer, porque había muerto con el muro de Berlín.

Los que se formaron, estudiaron y disfrutaron un país civilizado y próspero, cuyo nivel de vida era el más alto del subcontinente, todavía hoy creen la prédica oscura. Aun hablan de “cuarta república”, “puntofijismo”, y repiten falsedades de los pobretólogos de entonces. Desde Uslar, hasta quienes extraen de una letrina moral Por estas calles, inventaron pavorosos niveles de pobreza, corrupciones masivas, catástrofes sociales falsas. Ese veneno tornó las clases medias creadas por la democracia en asesinos de la democracia.

Gracias a la educación gratuita y la masiva distribución de recursos, hijos de campesinos y obreros tuvieron niveles de ingreso, salvando EEUU y Canadá, más altos del mundo, y superiores a los de Europa (un profesor universitario raso ganaba cerca de 1000 dólares, mientras un titular Ph.D en Francia percibía cerca de 350 dólares antes de impuestos). Los notables articularon, unieron, conspiraciones en marcha de la izquierda y la derecha, cuando el país se descentralizaba para elegir popularmente los gobernadores.

Tales asesores, tales resultados. Inicia la reforma política, y la reforma municipal crea alcaldías electas. La reforma económica nos puso a crecer a la par de China. Pero el motín exquisito hubiera abortado, si sinvergüenzas de partidos del sistema no derrocaran a Pérez, aterrados por la emergencia reaccionaria y loquitos por aparecer en la foto con los notables. Primero cobró Caldera y su ambición de poder lo llevó a destruir Copei y sobreseer a los golpistas para que derrotaran a líderes como Eduardo Fernández.

Descarriló las reformas, solo para regresar a los dos años, con el rabo entre las piernas, a remedar el Gran Viraje de Pérez con una miseria llamada Agenda Venezuela que provocó su propio hundimiento. La Corte Suprema de Justicia, sin remilgos académicos, enjuició a un Presidente sin delito y desde ese momento se convirtió en rastacuera jurídica de Chávez, desconoció recursos contra su candidatura presidencial intentados por dar un golpe de Estado (hasta que éste la disolvió harto de adulancia).

Chávez halagado por instituciones que debían meterlo en cintura, triunfa ante partidos derruidos y recibe adulancia reptil de empresarios, gerentes de medios, intelectuales, políticos hasta que los pateó y devolvió a sus ratoneras. Habla bien del gran exterminador su virtud de no dejarse comprar por pobres diablos Ese es el origen de la tragedia, la traición de las élites que pagaron caro y por culpa de ellos, todos en este país

(Varios conspiradores contra Pérez siguen en su ley como asesores de la oposición. Ya vimos el fruto de su trabajo)

A %d blogueros les gusta esto: