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Huyendo de pesadillas por José Toro Hardy – 14 de Noviembre 2017

Unknown.jpegQuisiera hablar hoy acerca de una amenaza fundamental que nos afecta como nación … es una crisis de confianza. Es una crisis que golpea nuestros corazones.

Creíamos que éramos una nación rica. Que la naturaleza había dotado a Venezuela de tierras fértiles, de agua en abundancia, de recursos naturales de todo tipo, en particular de inmensas reservas de petróleo.

A lo largo del Siglo XX Venezuela pudo disfrutar de una etapa de paz enriquecedora. Tuvimos, sí, dictaduras. Sin embargo, aunque cueste reconocerlo, comparadas con otras de la región fueron relativamente benignas.

El maná abundante de petróleo que nos cayó del cielo definió el curso de la vida nacional. Podemos analizar la influencia de ese petróleo en tres etapas diferentes.

En una primera y prologada fase, el petróleo fue una bendición. Su efecto benéfico cambió la vida de los venezolanos. Logramos en un tiempo asombrosamente corto lo que otros tardaron siglos en alcanzar. De ser el país más pobre de Latinoamérica pasamos a ser el más rico. Acabamos con el paludismo, la tuberculosis, la difteria e infinidad de otras enfermedades endémicas y epidémicas que diezmaban a la población. Pasamos a tener tasas de mortalidad y expectativas de vida similares a la de las naciones desarrolladas. Levantamos un país moderno, lo electrificamos y construimos una de las represas más grandes del mundo. Erradicamos el analfabetismo. Sembramos escuelas, liceos y universidades por todas partes. Desarrollamos autopistas, carreteras, caminos vecinales. Construimos aeropuertos, puertos y servicios públicos que llegaron hasta los más apartados rincones del país.

Ya para 1947 Venezuela era el cuarto país del mundo con mayor Renta Media per cápita, sólo superado por EEUU, Inglaterra y Francia. El Bolívar venezolano y el Franco Suizo fueron las monedas más sólidas del mundo, más que el dólar norteamericano. Teníamos la menor tasa de inflación del planeta. De hecho, entre 1920 y 1980, Venezuela fue la economía del mundo que más creció.

Durante esa etapa la característica más relevante del petróleo fue la estabilidad de sus precios. Los venezolanos podíamos planificar y sabíamos hasta dónde nos alcanzaba la cobija.

La segunda fase de nuestra historia petrolera se inicia en la década de los setenta. En esos años los precios del petróleo comenzaron a dar bandazos al ritmo de recurrentes conflictos en el Medio Oriente. Cuando los precios se disparaban, como ocurrió a raíz de la Guerra del Yom Kippur y el Embargo Petrolero Árabe, los venezolanos nos indigestamos de tanto dinero. Creíamos tener a para Dios agarrado por las chivas. Nacionalizamos el petróleo y fuimos capaces de manejarlo admirablemente bien. De lo que no fuimos capaces fue de administrar bien los ingresos que nos proporcionaba ese petróleo.

A cada aumento brusco de los precios seguía una caída igualmente brusca. Nuestra economía se volvió una montaña rusa. Pensamos entonces, junto con la OPEP, que la solución era reducir la oferta para que los precios subiesen.

Pero la economía venezolana nunca más volvió a recuperar la vitalidad sostenida de los años anteriores. Nos consolábamos pensando que estábamos construyendo una sólida democracia.

Y llegamos así al Siglo XXI donde se produjo un cambio trascendental en el impacto de los hidrocarburos sobre la sociedad. De ser una bendición, el petróleo se transformó en una maldición, en el excremento del diablo como lo previó Pérez Alfonzo. Muchos de los males que creíamos erradicados para siempre están regresando.

En manos de una dirigencia populista, dogmática y corrupta, los ingresos petroleros más altos de la historia dejaron de ser un instrumento para un desarrollo económico y social sustentable y pasaron a ser una fuente para financiar una ideología e imponer un exhaustivo control político a la nación. Nos fuimos por el despeñadero de la peor crisis económica del Hemisferio Occidental.

Hoy impotente y con el corazón destrozado -como el de tantos padres- observo a mi hija menor marchándose. La nuestra era una nación a la cual todos querían venir a sembrar sueños. Hoy es un país del cual todos se quieren ir huyendo de pesadillas.

Los peligrosos votistas por Alicia Freilich – El Nacional – 12 de Noviembre 2017

 

1480239147514.jpgLos sufragios continuos en tiranía militarista remontan a un episodio muy trágico de la historia judía durante el nazismo. La cúpula hitlerista comisionó agentes expertos en actuación teatral para simular arreglos, negociaciones, diálogos, con las autoridades administrativas de guetos en los territorios ocupados. Se consultó a las múltiples dirigencias de aquellos autogobiernos centenarios, hubo desconfiados que se abstuvieron, pero prevaleció el criterio de religiosos y votistas, gentes de fe, diestra en pactos de supervivencia comunitaria basada en su experiencia de siglos para conservar una tradición de larga historia sin tierra propia y mucha geografía ajena hasta la refundación de Israel, pronto harán setenta años. Los actores nazis pidieron datos, información minuciosa sobre la población judía en sus respectivas comunidades a fin de ubicarlos en puestos de trabajo seguros. Eso prometieron. A cambio de esa entrega serían protegidos por el Reich. Al final de aquella noche larga, todos fueron ceniza del Holocausto. El fascismo en todas sus máscaras es ideología de odiantes que simulan odiar el odio mientras lo practican.

Este episodio de colaboración, inocente o culpable, es uno de los más complejos, polémicos y dolorosos del judaísmo y, por desgracia, puede servir de ejemplo en la actualidad fascista mundial. Algunos pretenden silenciarlo por vergüenza, pero no puede, no debe olvidarse, así lo explicó en su momento Hannah Arendt con precisión analítica y profundo pesar en Los orígenes del totalitarismo (1951).

Marianne Kohn de Beker (Z’L, bendito su recuerdo) venezolana, filósofa por título de la UCV, discípula de Juan David García Bacca, humanista cotidiana, promotora de talleres, seminarios, fundaciones, cursos, congresos, dedicó su sabiduría vital a explicar cómo el fascio, pulpo siempre vivo, toca hoy día, envenena y despersonaliza países, regiones, sistemas, imperios, por paradoja con liderazgos ultrapersonalistas, filtrándose por entre los eventos más domésticos, en apariencia muy lógicos, convirtiendo el engaño populista, la mentira diaria, en método seductor que forja sumisión, error, trampas necesarias para crear y conservar la criminalidad con etiquetas de revolución, neodemocracia, independentismos.

El régimen chavista, fascio-totalitario, ya en su ciclo de cierre teatral, inicia el de la tiranía constituyente sin disfraz para eliminar a la Venezuela republicana constitucional y convertirla en colonia del imperio neoestalinista-castro-putinesco. Se valió mucho tiempo de los José Vicente Rangel, pero, ya perfeccionada, recurren a los electoralistas de oficio, cresta de una oposición formalista que pide, ruega, exige votar a los hambreados y enfermos, mental y físicamente debilitados. Votar cuando, como y donde lo ordena la dictadura: hoy sí, mañana quizá, ya no, veremos, pasado mañana sin falta, siempre votistas por inercia, incompetencia o conveniencia. Ojo, pero cuidado con una radical diferencia del Judenrat, el suicida experimento citado al principio de esta nota, pues aquellos cayeron del casi todo por inocentes. A estos les importa un rábano las evidencias del siglo XX y menos las locales, reinciden a sabiendas del resultado, sus egos grandes, manipulados y hasta gratificados consolidan el venefascismo. Antes bananero y cafetero, luego petrolero, ahora del arco minero.

La extinta MUD, sin el aval popular mínimo que exige lo racional, insiste en el diálogo con los odiantes constituyentes y sus delegados que la han desconocido de facto. Si pretende sobrevivir a través de ese disparate por demás repetido, revela que perdió no solo la sensatez, también la vergüenza.

“La historia me absolverá” es una frase de Hitler que plagió Fidel Castro. Queda por ver cuántos pueden olvidar a los 300.000 venezolanos en 20 años asesinados por balas, desnutrición y enfermedad, mientras los votistas absuelven al social-fascismo, se autoperdonan y promueven el voto que no elige.

 

Cuando 12.000 sin papeles españoles llegaron a la próspera Venezuela de los años 50 por David Placer – AlNavio – 9 de Noviembre 2017

Más de 120 barcos canarios ilegales cruzaron el Atlántico entre 1948 y 1952 en búsqueda de una vida más próspera. Los últimos supervivientes relatan un viaje lleno de penurias, sin agua ni comida y a merced de los temporales. Debían pasar la cuarentena en La Orchila, pero en pocos meses ganaban “fortunas” y se adaptaban con gran facilidad al país donde “todo era demasiado barato”.

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Hace 65 años 12.000 españoles se lanzaron al mar y llegaron a Venezuela
Es la misma historia pero contada en dirección contraria. Sucedió hace 65 años cuando los españoles se lanzaron al mar, aprovechando los alisios, los mismos vientos que ayudaron a Colón, para alcanzar una mejor vida. Bordeaban la costa africana hasta Cabo Verde y de allí se internaban en el océano hasta llegar a Venezuela. Casi siempre a La Guaira y Carúpano, aunque también llegaron a Margarita y a Trinidad. Era un mes de viaje que costaba unas 5.000 pesetas, una fortuna para la época. Sabían que pasarían trabajo, que casi siempre era suficiente para todos y que probablemente serían detenidos por la policía venezolana al llegar a tierra firme. Leer más de esta entrada

La vejez del centauro por Ibsen Martínez – El País – 31 de Octubre 2017

Unknown.jpegVer a tantos militares venezolanos millonarios me ha llevado a preguntarme por las alarmas financieras del general Páez

Ver a tantos generales y coroneles venezolanos de hoy, ya millonarios mucho antes de la edad de retiro gracias al narcotráfico y un corrupto holding de empresas militares, sin haber cruzado disparos jamás con una fuerza invasora, me ha llevado, no sé por qué, a preguntarme por las alarmas financieras que en su vejez agitaron a José Antonio Páez, general en jefe y padre, él también, de la patria.

De Bolívar sabemos, por brillantes historiadores contemporáneos, que el Pequeño Gran Hombre no murió pobre, como quiere la leyenda de la camisa prestada con que lo sepultaron. De los demás integrantes del all star emancipador luego se han sabido cosas. Tan pronto el último regimiento español regresó a casa, muchísimos integérrimos militares patriotas se dedicaron con entusiasmo al despojo intensivo de tierras cultivables y al abigeato en gran escala.

Los accidentes de la vida de Páez fueron tantos y tan contrastantes que cuando le tocó exiliarse por segunda vez su riqueza se había esfumado por completo

Los más avispados entablaron lo que hoy llamaríamos “alianzas estratégicas” con casas comerciales inglesas como consignatarios de café, carne en salazón, cueros, plumas de garza. Otros, muchas veces los mismos, aparte de derrocarse unos a otros y hacer redactar constituciones a razón de una cada cuatro años, se dedicaron al negocio de eximport, se asociaron a la ganadería y la minería también inglesas o prestaron sus nombres a directorios de la banca criolla mientras aún ocupaban la presidencia de la República. Y así, hasta morir en olor de modestia y honradez republicanas.

Por eso me interesó la empresa comercial que José Antonio Páez, el más longevo de nuestros generales independentistas y dos veces presidente de Venezuela, acometió en la Argentina desde su exilio en Nueva York cuando frisaba ya los 80 años.

No es que, después de independizarnos, Páez no hubiese arramblado con tierra, café y ganados como los demás, pero los accidentes de su vida fueron tantos y tan contrastantes que cuando le tocó exiliarse por segunda vez su riqueza se había esfumado por completo. En la entrega pasada lo dejé en el Buenos Aires de 1868, tratando de colocar una ingeniosa máquina de desollar reses accionada a vapor. El viejo era un tipazo, la verdad. Se había alzado de ser un rudo condotiero de guerrilleros a caballo en el llano venezolano hasta ser el talentoso músico diletante que organizaba veladas operáticas para sus ministros, todos ellos manchesterianos vástagos de la nobleza criolla. En una de esas, Páez llegó a cantar el Otelo, de Shakespeare.

El presidente Sarmiento le brindó una modesta ayuda financiera más que oportuna, pero el general Páez no logró nunca entusiasmar con su máquina a ningún ganadero argentino. Fue huésped hasta del entrerriano Justo Urquiza. Comieron asados y hablaron de equitación gauchesca, pero a Urquiza lo asesinaron antes de cerrar trato con el nuestro.

Más tarde, en la Boca del Riachuelo, en un establecimiento salador de cueros, propiedad del chileno Mariano Baudriz, Páez quiso hacer una demostración de su máquina a un grupo de distinguidos estancieros. La máquina apenas se dejó ensamblar: le faltaban o sobraban piezas; se desarmaba al tratar de echarla a andar. Sus inventores habían timado al general fingiendo una demostración “exitosa” en un matadero de Nueva York.

El general Páez encajó muy bien el fracaso. El resto de su estadía en casa del comerciante porteño Adolfo Carranza, sita en Florida 345, lo invirtió en componer romanzas dedicadas a las hijas de su anfitrión. Han llegado hasta nosotros: son de mucho mérito.

Paéz regresó a Nueva York, donde murió poco después, impecune, pero sin desengaño de la vida, en una casita marcada con el número 42 de la calle 20 Este. No sé qué querrá decir ni cuánto pueda valer este cuento.

 

Chávez, abstencionista por Ibsen Martínez – El País – 11 de Octubre 2017

1507681671_472307_1507681719_miniatura_normal.jpgHacer a un lado su abstencionismo allanó a Hugo Chávez el camino a Miraflores

¿Dónde habría terminado la carrera de Hugo Chávez de haber perseverado en llamar a la abstención electoral? Recordemos: Hugo Chávez también hizo flamear la bandera abstencionista cuando le dio por recorrer Venezuela de punta a punta, luego de salir de la cárcel de Yare. Infatuado por la idea que se hacía de sí mismo, acaso pudo gozarse durante un tiempo en andar por ahí, derrotado, incomprendido y hablando solo, como Bolívar en Pativilca. Es sabido que el Comandante Eterno creía en la reencarnación y que, cada vez que la vida le obligaba a volar bajo, se consolaba pensando que era Bolívar, el “hombre de las dificultades”, segunda parte.

Muy pronto, sin embargo, Chávez se persuadió de que eso de andar por los pueblos exhortando al populacho mulatón y desdentado a no acudir a las urnas porque las elecciones son una farsa burguesa en la que el pueblo nunca puede ganar puesto que el sistema electoral está calculadamente concebido por la oligarquía y el imperialismo yanqui para etcétera, etcétera, era una inconducente pendejada.

Ciertamente, él no había hecho la fuerte inversión de encabezar un alzamiento militar y purgar pena de prisión para terminar de invitado crónico dominical de los programas de opinión radiales de San Rafael de Ejido, Estado de Mérida o Temblador en Monagas. Pero para aquel Chávez abstencionista, apóstol del voto nulo militante, acudir a elecciones era convertirse en auxiliar de uno de los más sofisticados dispositivos de dominación que los ricos hayan urdido nunca para joder a los pobres del mundo: las elecciones.

La leyenda de su vida quiere que sea en esa sazón cuando Luis Miquilena, un antiguo organizador sindical que ya en 1936 integraba el all star de los comunistas venezolanos, le muestre, a comienzos de 1997, una encuesta de “intención de voto” en la que Chávez le saca ventaja de 900.707 cuerpos a la Gran Esperanza Blanca del ya agotado bipartidismo de Acción Democrática y Copei: Irene Sáez, exreina de belleza, ex relacionista pública de un ya olvidado banquero fraudulento, antigua alcaldesa del municipio de Chacao, la más rubia de las tontas entre las rubias tontas.

Fue Miquilena quien le hizo ver a Chávez que, de lanzar su candidatura en aquel momento, ganarle la presidencia de Venezuela a la reina tonta sería pelea de burro contra tigre, como suele decirse.

Miquilena le habló también de un episodio de nuestro siglo XX en el que la insurgencia se impuso justamente porque no se abstuvo de acudir a una elección.

La composición sectaria de un colegio electoral obsecuente y presto al fraude no fue entonces motivo suficiente para que una coalición democrática tirase la toalla en 1956. En efecto, fue durante lo más intraficable de una dictadura militar cuando se impuso entre los partidos opositores la decisión de ir a unas elecciones convocadas por aquella y descrito por los abstencionistas de entonces como un matadero.

Sabemos lo que pasó: juntos derrotaron al dictador Pérez Jiménez, desencadenando la crisis política terminal de aquel régimen odioso.

Traigo a colación las elecciones de 1952 porque, admitido y dicho por el propio Chávez, escuchar a Miquilena alegar vehementemente contra el abstencionismo fue decisivo en su carrera hacia el poder. Hacer a un lado su abstencionismo de muchacho malcriado allanó a Hugo Chávez, al fin, el camino a Miraflores.

Sí, sí; ya sé que hay que tomar con pinzas las comparaciones entre momentos históricos distintos. Sin embargo, he invitado al diabólico Luis Miquilena a mi columna, a solo cuatro días de las elecciones regionales del 15 de octubre, porque este cuento de Chávez aún puede tener cierto valor didáctico para los indecisos.

 

 

El diablo se mete por el bolsillo por Rafael Viloria – TalCual – 6 de Octubre 2017

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La salvación de la patria depende de nosotros mismos, con nuestra voluntad y disposición. Para ello hay que poner en marcha una verdadera revolución social democrática que produzca los cambios y transformaciones necesarias, para arrebatarle al diablo su nefasta misión que nos destroza a todos por igual
Desde tiempos muy remotos en la historia de la humanidad. Aun cuando ni siquiera nos imaginábamos los incalculables avances del desarrollo de los medios de comunicación (hoy llamados redes); hemos recibido pequeños y grandes mensajes que de forma extraña o no han producido interés o su contenido es tan profundo, que mejor ha sido mostrar grados de indiferencia, dejando que el mundo siga igual.

En tiempos en que el hijo del carpintero de Galilea (El Nazareno), andaba en sus giras “Libertarias” se decía que primero entraba un “Camello por el ojo de una aguja, que un rico en el Reino de los Cielos”.

Siglos después. En un concilio Ecuménico del ya existente “Vaticano”, el Papa Juan XXIII dijo: “El Vaticano debe abrir las puertas y las ventanas para que entre el aire y entre el sol.

Tiempos después a propósito de la Visita que nos dispensaría “El Papa Juan Pablo II”, dijo a través de los medios de comunicación en general “hay que despertar, reaccionar, para rescatar la fe, la confianza para construir la esperanza.”

Ahora: muy reciente. Como dicen los hermanos de Oriente, “antiel”. El Papa Francisco, allá en Medellín, en una de sus Ruedas de Prensa, Francisco dijo: “El Diablo se mete por los “Bolsillos”.

Todo el mundo sabe que es un bolsillo, donde están ubicados y para qué sirven ”Bolsa que tiene una prenda de vestir u otro objeto para llevar o guardar alguna cosa.” Entre ello “Dinero”. Bien habido y hasta mal habido.

Nos sorprende El Papa Francisco, cuando con tanta precisión relativa, indica que el “Diablo” “Se mete por los bolsillos”. A riesgo de alguna impresión, voy a tratar de indicar el primer bolsillo, por donde el “Diablo” hizo su exitosa entrada que a la postre marco en la historia de la humanidad una situación que se transformó en un “Flagelo”, que no habido forma ni manera de poder erradicar.

La historia sagrada de la humanidad Reseña el rol que jugó el apóstol Judas al recibir treinta (30) denarios de Plata para facilitar un proceso que término llevando al Nazareno a su crucifixión.

El Diablo: encontró en el bolsillo de Judas el camino que le permitiría transformar la conciencia de quien ocupaba un espacio junto con el Nazareno la búsqueda libertaria contra el imperio Romano.

Creo que el Papa Francisco nos está obligando a deponer las aptitudes de manifiesta indiferencia y por consiguiente descubramos cuantos, bolsillos existen en la administración pública, por donde, no solo uno sino muchos diablos, están haciendo estragos a la sociedad en su conjunto.

Cada día que pasa las “armas” que se están empleando para evitar la proliferación del flagelo existente; descubrimos que no es un problema de leyes; de discursos exaltados, de cuerpos uniformados del color que sea; de capacidad técnica y operativa, lo que podrá dar al traste con lo que hoy denominamos corrupción desenfrenada.

El diablo no solo invadió los bolsillos de la “Cosa Pública”, se apoderó y casi que para larga vida de los niveles de conciencia de quienes manejan la administración de los recursos financieros de la gestión pública.

Razón le asiste al Papa Francisco al asegurar y comparar con el diablo, que entra por los “bolsillos” de miles y miles de funcionarios públicos. Peor que las siete (7) plagas de Egipto lo que en nuestro País acontece hoy día. Los Resultados son visibles y tangibles al conocimiento público de la sociedad. Claro que lo que está ocurriendo no es nada que paradójicamente no tuviéramos conciencia de su existencia, lo que pasa es que sirios y troyanos, no hemos sido valientes para rechazar abiertamente, y combatir desde sus cimientos mismos las causas, efectos y consecuencias que de tal situación se han originado.

Los venezolanos estamos entrampados. La habilidad de los expertos en el manejo de los medios de comunicación nos hacen creer que los verdaderos responsables de lo que pasa en nuestro país somos nosotros mismos por no seguir los postulados de aciagas falacias utópicas en lo social, económico y político.

Estamos ciegos, sordos y mudos frente a la realidad que frente a nosotros tenemos, sabemos lo que tenemos que hacer, como lo debemos hacer, para que hacerlo como, cuando y con quien. El problema es que tenemos que despertar, reaccionar y actuar ya. No podemos seguir esperando a los falsos mecías que nunca llegaran.

La salvación de la patria depende de nosotros mismos, con nuestra voluntad y disposición. Para ello hay que poner en marcha una verdadera revolución social democrática que produzca los cambios y transformaciones necesarias, para arrebatarle al diablo su nefasta misión que nos destroza a todos por igual. Cerrémosle los bolsillos a la perversidad satánica.

Ex Presidente de Central Cooperativa Nacional de Venezuela (CECONAVE)

 

¿Una nación de suicidas? por Tulio Hernández – El Nacional – 1 de Octubre 2017

1480238570963.jpgNo es monopolio de los gobernantes. Cuando una sociedad está enferma, la mayoría de sus integrantes también lo está. La cúpula es siempre la más enajenada. Pero las víctimas suelen ser también presas de patologías extremas.

Perturbado, por ejemplo, estaba el pueblo mejor educado de Europa, el alemán. Terminó seducido, como una adolescente ilusa, por Adolfo Hitler. Un sargento neurótico con derecho de exterminar con el apoyo popular a humanos considerados pecaminosos. Judíos. Comunistas. Homosexuales.

Perturbadas también estaban sus víctimas. Las del Holocausto. Que como lo cuenta Primo Levi en Si esto es un hombre, llegaban a situaciones de confusión mental, desesperación irracional o pérdida de la dignidad con tal de sobrevivir en medio de tanta privación.

II

Eso, intuyo, nos está ocurriendo a buena parte de los venezolanos en medio de la debacle terminal que padecemos desde hace por lo menos 24 años. Desde que Rafael Caldera, en su rol de Saturno devorando a sus hijos, llegó al poder asesinando al partido que fundó. El disparo en el pecho a la democracia bipartidista. Es mi hipótesis delirante: “La tentación del suicidio político se ha convertido en Venezuela en una tradición moderna”.

Suicidas fueron los liderazgos de AD y Copei negándose a emprender los cambios urgentes que las alarmas encendidas –Caracazo, golpes militares, estudios académicos– reclamaban. Aprendices de suicidas fueron los protagonistas del Carbonazo, que convirtieron una rebelión popular de masas en onanista opereta bufa. Atornillaron en el poder a Hugo Chávez. Le dieron el oxígeno que la realidad política le negaba.

Suicida la dirigencia política opositora que, en 2005, ordenando abstención, le regaló a la tiranía roja bananera el poder absoluto en la Asamblea Nacional. Y suicida, más suicida pero con más suerte que los anteriores, la terquedad de la dirigencia chavista empeñada en seguir las fórmulas de un modelo, los estatismos comunistas, fracasado en todos los lugares donde triunfó.

Cada cierto tempo algún venezolano actualiza aquella frase cruel: “Estábamos al borde del abismo, pero hoy hemos dado un paso al frente”.

III

Ahora nos enfrentamos a un nuevo círculo suicida: la obsesiva élite parapolítica que, desde su templo mayor en Miami, predica la abstención para las próximas elecciones de gobernadores.

¿Quiénes son? Lo podemos inferir por sus rostros más visibles. Como el de Diego Arria. Una claque de políticos menores, eternos derrotados, que nunca ha obtenido un cargo importante de elección popular. Un club de corazones solitarios.

¿Qué argumentan? Que ir a elecciones es legitimar el poder de lo chavomaduristas y traicionar las luchas de calle que tantos muertos dejaron

¿En qué se equivocan? En que el chavomadurismo no necesita legitimarse porque ejerce su poder al margen de la ley y la Constitución. Es un gobierno de fuerza. Así convoque a elecciones, luego de las sanciones de Estados Unidos y Canadá, en el escenario internacional, es un Estado forajido. Pero si se les deja, si logran, gracias a la abstención, hacerse de todas las gobernaciones en elecciones democráticas, les estaremos regalando otra bombona de oxígeno.

¿Y los muertos? ¿Los estamos traicionando? Por supuesto que no. Lamentablemente toda lucha contra un gobierno de terror se lleva, siempre, muchas vidas. 30.000 se cargaron los gobiernos militares de la Argentina. Y, al final, hubo que negociar una salida. Porque, entre otros que manejan el sentido común, Sun Tzu nos ha enseñado que una de las artes mayores de la guerra es saber cuándo replegarse. No vale la pena seguir llevando muertos, que honramos, al molino de los rojos si sabemos que no podemos derrotarlos con palos y piedras. Dos pasos adelante, uno atrás, decían en Vietnam. Y derrotaron a los gringos.

IV

Entonces solo nos queda la lucha política. Que los abstencionistas de Miami, allá ellos, aguarden pacientemente la llegada de los Marines vía Los Roques. Que se bronceen a la espera de que los militares rebeldes salgan del clóset. O que terminen de armar el Frente de Liberación Nacional Comandante Urdaneta. Mientras tanto a nosotros, a los mortales, a los de a pie, solo nos queda ir a elecciones porque en democracia menguada quien abandona un espacio de lucha no tiene perdón de Dios.

El día después por José Toro Hardy – El Nacional – 28 de Septiembre 2017

Unknown“The Day After” (El día después) fue una famosa película protagonizada por Jason Robards y John Lithgow presentada por la cadena ABC en 1983. Se refería a una guerra nuclear entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. Pero de ese film sólo pretendo tomar prestado el título.

“El día después” que me viene a la mente se refiere a lo que habrá que hacer en Venezuela después de esta etapa de locura. Vale la pena volver atrás las páginas de la historia para entender lo que fuimos y con angustia comprender lo que se ha destruido en este irracional holocausto revolucionario.

Según Asdrúbal Baptista el Producto por Habitante en Venezuela para 1920 era de apenas $ 170. Estábamos sumidos en la más absoluta miseria. La expectativa de vida de un venezolano al nacer era de 30 años. Más del 80% de la población era analfabeta y el 50% vivía de lo que producía en sus conucos, del trueque o lo que cobraba en fichas en los latifundios. Las vías de comunicación eran el mar y los ríos. El valor total de las exportaciones venezolanas era de apenas Bs 167 millones.

Sobre aquella economía paupérrima se abalanza de la noche a la mañana un producto que vendría a cambiarlo todo: el petróleo.

Comienza entonces una aventura fascinante: Venezuela. Los venezolanos ya no recordamos que durante 60 años seguidos -entre 1920 y 1980- fuimos la economía del mundo que más creció. En un lapso asombrosamente corto fuimos capaces de lograr lo que otras naciones tardaron muchos siglos en alcanzar. Éramos la envidia del mundo, el país del futuro.

Ya para 1947, según cifras de la ONU (National and per Capital Income in Seventy Countries, NY 1947) Venezuela era el cuarto país del mundo con mayor Renta Media per cápita, sólo superado por EEUU, el Reino Unido y Francia, pero muy por encima de Alemania, Italia, Japón, China, URSS y muchos otros.

El Franco suizo y el Bolívar venezolano eran las dos monedas más sólidas del planeta. La inflación era, a todos los efectos prácticos, inexistente. En un lapso increíblemente breve fuimos capaces de erradicar el paludismo, el mal de chagas, la anquilostomiasis, la tuberculosis, la difteria e infinidad de enfermedades endémicas y epidémicas. Llegamos a tener tasas de mortalidad similares a las naciones desarrolladas pero con la tasa de natalidad de los países pobres, con lo cual la solución de los problemas sociales era una meta elusiva. Electrificamos el país y construimos la segunda mayor represa del planeta: Guri. Llenamos la geografía nacional de carreteras, autopistas, caminos vecinales, acueductos, cloacas, hospitales, puertos y aeropuertos y los servicios públicos se extendían. Por todas partes surgían escuelas públicas y privadas, así como también universidades. Para 1980 el analfabetismo en personas mayores de 25 años era del orden del 2%. El nivel de vida mejoró exponencialmente. El sistema financiero crecía a ritmo impresionante y nuevas industrias, apoyadas por créditos blandos del Estado, nos permitían avizorar que Venezuela podría incorporarse al privilegiado grupo de las naciones desarrolladas. Estábamos sembrando el petróleo.

Nuestros jóvenes, con una formación excelente lograda en nuestras universidades, viajaban con becas de la Fundación Mariscal de Ayacucho a realizar estudios de post grado en el exterior con el objetivo de regresar a volcar sus conocimientos en su propia patria donde tenían un futuro promisorio.

En algún momento comenzamos a torcer el rumbo y después nos hundimos en el marasmo revolucionario. Cuando los errores que se cometen son percibidos con amargura pero a tiempo, las sociedades pueden retomar el camino del progreso. Muchos países sufrieron tragedias peores a la nuestra y lograron levantarse.

Recuperemos la fe en nuestro futuro. ¡Sí, sí podemos! Invito a los jóvenes a soñar nuevamente con Venezuela. Espero que hayamos aprendido la lección. Fueron años de locura y populismo que nos hicieron retroceder varias décadas. Ojalá que nunca, nunca volvamos a repetir los mismos errores.

En próximos artículos profundizaré sobre el cómo. Por ahora todo indica que esta tragedia destructiva está colapsando. El mundo entero, de manera casi unánime, nos apoya. Debemos prepararnos para la aventura vibrante de la reconstrucción. Invito a todos, en especial a los dirigentes políticos, a prepararse para “el día después”.

Casas muertas por Miguel Otero Silva – 1955

UnknownEn 1955, Miguel Otero Silva publicó su segundo libro “Casas muertas” donde refleja la entonces situación del país en retraso. Hoy en día, un fragmento de la novela se vuelve viral por la semejanza que tiene en 2017. Quienes lo difunden resaltan la importancia literaria que tuvo hace unos años y lo reafirman actualmente.

*A continuación, el fragmento:*

“`Yo no vi las casas, ni vi las ruinas. Yo sólo vi las llagas de los hombres. Se están derrumbando como las casas, como el país en el que nacimos. No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado cómo los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice.

Los estudiantes dejaron sus casas y sus libros y sus novias, para hundirse en los calabozos de la Rotunda y del Castillo, para que los mataran de un tiro, para que los mandaran a morirse en Palenque. Sería un crimen dejarlo solos.

Los que mandan son cuatro, veinte, cien, diez mil. Pero los otros, los que soportamos los planazos y bajamos la cabeza, somos tres millones. Yo sí creo que se puede hacer algo. Yo no soy un iluso, ni un poeta del pueblo, sino un llanero que se gana la vida con sus manos, que ha criado becerros, que ha domado caballos. Y sé que se puede hacer algo.

Yo no soy partidario de la guerra civil como sistema, pero en el momento presente Venezuela no tiene otra salida sino echar plomo. El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, o en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.“

Venezuela leída como tragedia por Fernando Mires – Blog Polis – 27 de Agosto 2017

39768fernandomires1640x360No sin suma preocupación le leído el artículo de hoy domingo 27 de agosto escrito por Mario Vargas Llosa con relación a Venezuela. Su título: Venezuela, hoy. Se trata de un texto muy pesimista. Venezuela, a juicio del escritor, vive una tragedia sin salida. Lo dicho es, por cierto, una redundancia.
Desde Ésquilo, Euripides y Sófocles no existen tragedias con salida. En las comedias de Aristófanes sucedían también tragedias pero no eran trágicas porque su final -el final es lo que determina si una obra pertenece al género de la tragedia o no- no era trágico. De tal modo cuando Vargas Llosa – quien ha escrito novelas trágicas y otras no tanto- opina que en la Venezuela de hoy ya no vale la pena votar porque el régimen nunca realizará elecciones libres y a la vez no propone ninguna alternativa, quiere decir, lisa y llanamente, que él está leyendo la reciente historia de Venezuela como una tragedia.
Claro está, Vargas Llosa no pica en los anzuelos abstencionistas, ni sueña con una intervención extranjera o con un general mágico que nadie sabe donde está. Incluso, desde el punto de una lógica deductivista, Vargas Llosa tiene razón. El problema es que la historia – y este es el detalle que pasa por alto- no se deja regir por la lógica deductivista.
Aplicando la lógica deductivista nadie puede negar que el régimen de Maduro es tramposo. Desde abril de 2013 cuando le fueron robadas las elecciones presidenciales a Capriles, el régimen no ha parado de hacer trampas. Todos sabemos que si la oposición ha logrado ganar elecciones a la dictadura, ha sido a pesar de esas trampas. Eso también lo sabe Vargas Llosa. Seguramente también sabe que en todos los regímenes dictatoriales, la oposición, a sabiendas de que les van a ser robadas las elecciones –está en la naturaleza de cada dictadura robarlas- ha puesto en la primera línea de sus reivindicaciones las elecciones libres y secretas.
Para que se entienda mejor lo expuesto voy a contar una historia. Voy a contar esa historia que comenzó en la RDA un día 7 de junio de 1989. Ese día tuvieron lugar las elecciones comunales destinadas a consagrar una nueva victoria del Frente Nacional formado por el partido del régimen (SDE) y otros partidos filiales (al estilo del Polo Patriótico con respecto al PSUV.)
Las elecciones estaban desde un comienzo viciadas. Prácticamente no había candidatos de oposición. Solo se podía votar SÍ o NO. Pero si alguien votaba NO y a la vez no anulaba a todos los candidatos de la larga lista uno por uno, el voto valía como SÍ.
Como suele ocurrir, la oposición al régimen se dividió en dos fracciones. Una llamaba abiertamente a no votar. La otra llamó a votar NO. La primera, afirmaba que votar era legitimar a la dictadura comunista. La segunda fracción aducía que no se podía estar a favor de las elecciones libres y al mismo tiempo no participar en elecciones, por muy sucias que estas fueran.
La segunda fracción, la no-abstencionista, no solo fue a las elecciones. Además organizó grupos destinados a llevar recuento mesa por mesa.
Las elecciones estuvieron plagadas de irregularidades. En cada cabina, por ejemplo, había un representante de la dictadura cuya función era escribir el nombre y la dirección de cada votante.
Como era de esperarse, las elecciones comunales fueron ganadas por el gobierno con amplia mayoría. No así según la oposición. Reunida en diferentes iglesias evangélicas cotejó los resultados oficiales con los que ella había anotado en los lugares de votación. Gracias a esos recuentos, llegó a la convicción de que el régimen había cometido un fraude monstruoso (algo parecido al de las elecciones por la constituyente en Venezuela.)
La oposición denunció el fraude a diversas organizaciones internacionales. En vano. De acuerdo a la doctrina de la no-injerencia en los asuntos internos de estados extranjeros, la oposición de la RDA no contó ni siquiera con el apoyo de los partidos democráticos de Alemania Occidental. Recuerdo incluso que el gran escritor Günter Grass propagaba en ese entonces (estoy hablando de apenas unos meses antes del derribamiento del muro) que había que resignarse frente a la realidad de una Alemania políticamente diferente y convivir con ella en los términos más normales posibles.
Grass, al igual que Vargas Llosa con respecto a Venezuela, leía la historia de la DDR como una tragedia. Esa historia había llegado a su final, la DDR sería comunista durante mucho tiempo y no había más alternativa que aceptar los hechos. Los disidentes estaban abandonados a su suerte.
El fraude de junio fue, sin embargo, el punto de partida de la rebelión nacional que culminaría en noviembre de 1989. El 7 de julio, justo un mes después, la oposición realizó una demostración en Berlín-Este contra el fraude electoral. Los manifestantes fueron violentamente apaleados. La brutalidad de la dictadura desató una ola de solidaridad con la oposición. Instintivamente muchos entendían que “algo” estaba cambiando desde que el ex estalinista Gorbachov puso en práctica su Perestroika. Fue esa la razón por la cual durante todo el resto del año 1989 la oposición no dejó de denunciar, todos los 7 de cada mes, el fraude electoral de junio. Esa denuncia sería el eje en torno al cual lograron articularse las demostraciones de los lunes en diferentes ciudades de la DDR, especialmente en Leipzig y Dresden. Entre esa denuncia y la caída del muro hay una relación cronológica y política a la vez.
Naturalmente la denuncia del fraude en las elecciones de junio no determinó la caída de la dictadura. Pero si la oposición no hubiese participado en esos comicios no podría haber alegado fraude. Y fue precisamente esa denuncia el hecho significante que impulsó a las grandes demostraciones de masas. Cabe agregar que en esos días de junio y no en noviembre, con la caída del muro, los disidentes levantaron la consigna “nosotros somos el pueblo” en contraste con la afirmación oficial de que “el pueblo” había ganado las elecciones. ¿Se entiende? La consigna central fue “elecciones libres”. No “abajo el muro” ni mucho menos “Honecker, vete ya”
Desde el punto de vista de una razón puramente deductivista no tiene sentido participar en las elecciones regionales venezolanas pues, para muchos, el fraude está cantado de antemano. Pero desde el punto de la lógica política, siempre imprevisible, la razón deductivista está destinada a fracasar.
Por cierto, con honestidad Vargas Llosa afirma que él “quisiera estar equivocado”. Con la misma honestidad, quienes estamos a favor de la participación electoral afirmamos que “quisiéramos no estar equivocados”. Cada decisión política es una apuesta al futuro.
Pues, al fin y al cabo, los demócratas de la RDA, al perder en fraudulentas elecciones, ganaron.

 

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