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Economista José Manuel Puente advierte: Venezuela está al borde de un colapso de su sector externo – Contrapunto.com – 26 de Enero 2020

La “revolución bolivariana”, que dice ser antiimperialista, le cedió su política monetaria y cambiaria a la Reserva Federal de Estados Unidos, lo cual es una paradoja, subrayó el profesor del IESA

Venezuela está al borde de un colapso de su sector externo, con reservas de cerca de 6 mil millones de dólares que hacen que el gobierno de Maduro no tenga cómo hacer frente a la defensa del bolívar, por lo que necesita desesperadamente ayuda internacional, advirtió este domingo el economista José Manuel Puente, profesor del IESA.

Solo mil millones de esas reservas son en efectivo, alertó Puente en entrevista con Carlos Croes en su programa Diálogo con, transmitido por Televen. Es el nivel más bajo de reservas en 30 años.

Según Puente el tipo de cambio “va a seguir devaluándose durante 2020”.

El bolívar está muy mal, ya que la economía está “dolarizándose de facto” debido a que “los entes económicos han perdido toda credibilidad” en el bolívar.

El país tiene seis años en recesión y el gobierno no hace nada, deploró.

Persiste “una economía negra” del narcotráfico, el contrabando de gasolina y comercio de oro que genera “un flujo de divisas” y que “alimenta ese flujo de dólares” en la economía venezolana.

A su juicio esto es negativo, porque implica que la “revolución bolivariana” le cedió sus potestades en política monetaria y cambiaria a la Reserva Federal de Estados Unidos. Esto es “toda una paradoja” porque se trata de una revolución que se dice antiimperialista y ahora le cede a EEUU su soberanía monetaria.

Venezuela, enfatizó, es el único país del planeta con hiperinflación.

Venezuela eleva el ingreso mínimo mensual a 6.70 dólares – Deutsche Welle – 11 de Enero 2020

Según estimaciones de gremios, un venezolano requiere cerca de 600 dólares para cubrir sus gastos esenciales en alimentación, transporte y vivienda.    

Symbolbild Venezuela Bolivar (picture alliance/dpa/M. Sayao)

El gobierno de Nicolás Maduro incrementó 50% el ingreso mínimo en Venezuela, que aún así llega a apenas 6,7 dólares mensuales, según un decreto publicado este viernes (10.01.2020).

El ingreso mínimo, que suma el salario básico y un bono de alimentación obligatorio, pasó de 300.000 a 450.000 bolívares por mes, equivalentes a 6,7 dólares al cambio oficial, en medio de una inflación que el FMI proyectó en 200.000% el año pasado y la violenta depreciación de la moneda local.

Pero el nuevo ingreso mínimo solamente alcanza para comprar unos cuatro kilos de carne de res y Maduro culpa del agravamiento de la crisis económica del país a una batería de sanciones de Estados Unidos que incluyen un embargo petrolero, fuente de 96% de los ingresos de Venezuela.

No obstante, la oposición atribuye el descalabro al elevado gasto público y a la corrupción de la llamada revolución bolivariana, en el poder desde 1999, en medio de la más prolongada bonanza petrolera de Venezuela (2004-2014).

Venezuela - Öffnung der Grenze zu Kolumbien (Getty Images/S. Mendoza)Devengar un salario inferior al 1.25 dolar diario coloca a muchos venezolanos en situación de pobreza extrema.

El nuevo salario, que se considera en vigor desde el 1 de enero, mantiene a la mayor parte del sector productivo por debajo del umbral de la miseria establecido por Naciones Unidas según el cual una persona que devengue menos de 1,25 dólar por día está en pobreza extrema.

Según estimaciones de gremios, un venezolano requiere cerca de 600 dólares para cubrir gastos esenciales de alimentación, salud, vestimenta, vivienda y transporte.

Como efecto de esa severa crisis, un vocero de Naciones Unidas anunció este mismo viernes que Venezuela perdió su derecho al voto en la Asamblea General, debido a las deudas acumuladas en sus contribuciones obligatorias al presupuesto del organismo.

Junto a la petrolera nación sudamericana también fueron afectados naciones empobrecidas o en conflictos como la República Centroafricana, Comoras, Gambia, Líbano, Lesotho, Santo Tomé y Príncipe, Somalia, Tonga y Yemen.

Petro, una estafa al ciudadano que vive de su salario, un SCAM por Alexander Guerrero – Blog Alexander Guerrero – 1 de Enero 2020

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¿Había pensado Usted que el Petro vendría con el mercado negro bajo el supuesto afirmado por el gobierno de ser dinero fiduciario? El Petro en realidad es otra cosa, mas parecido a un SCAM, una estafa y solo dinero paralelo desmaterializado, es decir, digitalizado, veamos esos detalles en esta radiografía a su estructura de valor.

El Petro, un dinero paralelo diseñado para engañar a consumidores de bajos recursos y bolivarizados, los dolarizados no tienen utilidad de un dinero paralelo al Bolívar. De esta manera, el sistema de servidumbre tiene dinero falso y bajo control del Estado, un cuasi-dinero digitalizado, unidad de cuenta, ergo, no es dinero fiduciario.

De partida y por definición de su arquitectura digital, el Petro (que tiene un -supuesto- precio de 30 dólares) no se puede canjear por ninguna otra moneda, tampoco puede efectuar las tres principales características que definen al dinero, sea o no “cripto”.

De acuerdo con las reglas que controlan el cambio/canje/arbitraje del Petro, el Petro habiente -tenedor- vende una ilusión que el gobierno le vende como divisa o valuta, aquella moneda fiduciaria emitida por un país que la respalda por su poder económico, siguiendo la regla de abandono del Patrón Oro, en 1972, por los Estados Unidos.

Sin embargo, sus características principales como dinero, precautelativa, especulativa y transaccional no están entre las características del dinero digital y paralelo con el cual definimos al Petro; por lo tanto, el Petro no califica ni como valuta, ni divisa o dinero fiduciario. Pero, es un emisario político, lleva al público que lo demanda al servilismo del Estado, una señal acerca de su poder coercitivo que ejerce como dueño de una señal electrónica que trata de operar como dinero paralelo digitalizado.

De esta manera, el Estado expresa sin tapujos, en las buenas y en las malas, que el Petro es moneda digital porque el Estado lo impone. El usuario del Petro, que ahora lo utiliza como un “token” o ficha de cambio, sabe que circula electrónicamente bajo control de cambio y no es convertible, no es dinero fiduciario y es propiedad de un Estado.

Revisemos la teoría y política monetaria para aprender más del Petro y el dinero. Observemos el “core” (punto central) del concepto y eso que el Gobierno impone como dinero-divisa: el Petro.

Para calificar como dinero, fiduciario, de curso legal y paralelo, éste debe presentarse como unidad de cambio (transaccional) para adquirir bienes y servicios sin ninguna limitación, también debe poseer la capacidad de ser dispuesto por su propietario como instrumento financiero de ahorro, y por último debe estar disponible para actividades especulativas que representan, igualmente, mecanismos que lo hacen propietario de ese dinero paralelo y hacen que el dinero absolutamente sea convertible por otro dinero o instrumento financiero denominado en cualquier moneda.

Nada de eso posee o caracteriza al Petro, ergo, no es dinero, quizás con el mismo valor intrínseco de una “chapita” de una soda o una polarcita. El cripto-experto del Gobierno dice -y copio- “…los artículos que se pueden comprar con el Medio-Petro no son sólo alimentos y medicinas, también ropa, zapatos y electrodomésticos…” Esa otra restricción del Petro se puede extender a todo el diagrama distributivo de la oferta de bienes en el mercado, tanto por individuos como empresas, bajo acción de la propiedad privada.

Bajo esas condiciones de control de cambio impuesto desde su creación, como dinero paralelo, al no poder intercambiarse por otro dinero, como naturalmente caracteriza operaciones financieras en el mercado monetario en cuanto al dinero (paralelo y no paralelo), de curso legal, nos preguntamos: ¿Qué tendría que hacer un agente económico para tener acceso al Petro?

Supongamos que ese sea su deseo, para obtener una cartera electrónica que le permita hacer transacciones (así como hemos afirmado anteriormente), operaciones transaccionales, ahorro incluyendo su carácter especulativo, el Petro disfruta de fuertes reglas cambiarias. Quien tiene un Petro tendrá que morir disfrazado de Petro, no podrá canjearlo en el mercado por dólares, euros, títulos, bonos, acciones; ergo, no es dinero “digitalizado”, es una “chapita” para un truque por empanadas.

Así, por ejemplo, ¿qué hará el comerciante con los precios que él dispone de bienes para venderle las cosas que necesita y que estan permitidas? ¿Tendrá ese comerciante incentivos e instituciones que le permitan hacer con el Petro lo que hace con otro dinero en circulación, por ejemplo, el Bolívar hiperinflacionado, ¿con su poder de compra destruido? ¿Dividirá su patrimonio en, digamos, una mitad dinero FIAT -dólares bolívares- y la otra mitad en Petros? Si así lo hace ese agente económico inmovilizará más de la mitad de su capital -incluyendo la parte de su patrimonio en Petro-, lo cual significa que la mitad(¡!) de su capital quedará inmovilizada por las reglas cambiarias establecidas en el Petro.

Recapitulemos; una moneda normal la definen tres cualidades: la transaccional, (comprar pan y vino), una segunda, precautelativa (ahorrar, hacer a ese dinero plenamente convertible a otra moneda, reserva internacional) y, una tercera, especulativa, que me permite subastarlo, venderlo, tirarlo al aire y ver si cae de “cara o sello”.

Como se puede ver, el Petro no es dinero contante y sonante, tampoco y mucho menos, fiduciario, por las mismas razones, está sujeto por definición a un férreo control del Estado, su propietario. Tampoco es dinero paralelo porque no ejecuta o no permite que se ejecuten todas las funciones del dinero fiduciario, o FIAT. Entonces, propongamos llamarlo, con exactitud: “DINERO PARALELO” (no Cripto-dinero), sino dinero digitalizado, de circulación restringida, bajo control de cambio.

La reacción del público ha sido de inmediata desconfianza -como todo lo que se siente y proviene del gobierno- a tal grado, que ni a nivel internacional ni nacional se registran en los centros de las cripto-monedas, operaciones y transacciones. El gobierno, en autos de esas limitaciones, ha buscado convertirlo en dinero paralelo digitalizado y en unidad de cuenta como lo propone el segundo decreto al respecto.

En otras palabras, el Petro está sujeto a una regulación que inhibe su cambio, ergo, está bajo control de cambio y, ello, es evidente. El gobierno teme que si lo habilita a cambiarse se devaluará -como dinero paralelo- de inmediato detrás del Bolívar, su pariente principal.

En un largo artículo que publiqué por estos lados y por otros, de los cinco que he escrito sobre el Petro adelanté sus características: un dinero paralelo restringido, no cripto, pero si digitalizado. Por cierto, el Petro no podrá ser cripto-dinero porque su transacción en el mercado abierto está prohibida y si no se comporta como base monetaria que circula en efectivo y digitalizado, no es fiduciario o no es dinero FIAT, como lo es toda moneda impresa y acuñada por un Estado.

Debo acotar que tampoco es “cryptomoney”, entre otros razones porque está en poder y propiedad del Estado. Acotamos firmemente: sólo es cripto-dinero si ese dinero es privado. En este caso es propiedad del Estado con la pretensión de ser divisa sustitutiva de otras divisas (euro, dólar, yen, etc.) y por ello no es cripto-dinero, entre otras tantas características que hemos discutido en esta nota. Recordemos que la condición de privado es sencilla y se entiende como aquello que dice: “hoy es mío y mañana es tuyo” y, en el intercambio, hubo bienes valorados por ambas partes en un cierto punto de equilibrio, que define la relación de precio entre esas dos dineros: el dinero paralelo al Bolívar, perteneciendo al gobierno.

Finalmente, una acotación a algo que el gobierno ha dejado de reflejar en su propaganda acerca del Petro es aquello relacionado con las reservas. Recordemos que el supuesto respaldo al Petro provenía del petróleo y el oro, más otras cosas; no sabemos que lo sea del narcotráfico, pero, dudamos al respecto y esperamos una negativa del gobierno inmediatamente a esta acotación de un posible respaldo del “narcobusiness” al Petro.

En lo que respecta al petróleo como supuesto respaldo, queda afirmar que nadie “con un dedo de frente” creerá que una moneda paralela en propiedad del Estado venezolano, en realidad, estará en el mismo entorno que ha llevado al Bolívar a devaluarse perdiendo más de 123 ceros. Todos sabemos que el bolivar se depreció en un 99% porque el petroleo cayó dos millones de barriles diarios de producción.

Respecto del oro, éste está en manos de bandas criminales que son agentes económicos asociados con hombres del gobierno, civiles y militares. Y, hay muchos indios muertos porque los truhanes del oro llegaron a depredar sus tierras en búsqueda del oro con los más contaminantes y depredadores sistemas de extracción y refinación primaria, creando el síndrome de la Tragedia de los

Con todos estos elementos, el Petro luce y se comporta como una estafa, el engaño lo divulgó al país el superintendente de cripto-monedas, quien destacó, esta semana, que el Petro es un experimento -y así lo creo un experimento de ingeniera social- que quiere crear una mecanismo de pago, unidad de cuenta, sin poseer valor intrínseco. Cualquier tribunal internacional, con este argumento monetario que expongo y desarrollo puede declarar el desaguisado del Petro como una estafa del gobierno, digo, entre otras de tantas estafas.

Por ello habrá mercado negro para el Petro, quien tenga Petros podrá ir al mercado negro a vender con descuento, al portador, y recibir menos dólares de los que muestra el decreto. La devaluación llegará, a raudales, junto con la hiperinflación, lo cual causará un segundo colapso financiero a las finanzas públicas y al Banco Central de Venezuela. Así habrá hiperinflación bolivariana y Petro-inflación.

Definimos al Petro como dinero paralelo no trasferible y bajo control de cambio, como una estafa realizada por el poder coercitivo del Estado armado hasta los dientes… para obligar al ciudadano de menores recursos que será destino de pagos con Petro por parte del gobierno, particularmente salarios y otros pagos no salariales.

Remesas y actividades ilícitas ayudaron al régimen a superar el año 2019 – El Nacional – 1 de Enero 2020

El régimen ha encontrado uno de sus pilares de sostenibilidad lo que le permite mantener contentos a los generales y seguir ejerciendo control sobre las fuerzas armadas

actividades ilícitas
Las ventas de oro en el exterior, la producción ilegal y contrabando del metal son algunas de las razones. Pero también está el hecho de que el régimen convirtió a Venezuela en una gigantesca operación de lavado de dinero | Foto EFE/Miguel Gutiérrez

El año 2019 fue uno de los más difíciles para la economía venezolana. La contracción económica de 28%, las sanciones internacionales y la hiperinflación encontraron equilibrio con las actividades ilícitas del régimen. Además de las remesas en el exilio.

Así coincidieron analistas en entrevista con El Nuevo Herald. Señalaron que las actividades ilícitas del régimen se han convertido en unos de sus pilares de sostenibilidad. Esto debido a que permiten mantener contentos a los generales para seguir ejerciendo control sobre las fuerzas armadas.

Juan Fernández, experto económico y ex gerente de Planificación y Control de Finanzas de Petróleos de Venezuela, afirmó que se ha formado «una especie de burbuja económica que ha permitido a Maduro mantener la lealtad del estamento militar».

Actividades ilícitas para evadir sanciones

Dichas actividades ilícitas (contrabando de oro y el lavado de dinero) ayudan a la administración de Maduro a sortear el impacto de las sanciones estadounidenses, indicó Fernández.

Explicó que las restricciones americanas en paralelo al gradual colapso de la producción petrolera propinaron un duro golpe a las exportaciones de crudo del país, que en el pasado alimentaban más de 90% de los dólares que eran vendidos en Venezuela.

No obstante, la economía venezolana se encuentra dolarizada y la moneda estadounidense está siendo utilizada libremente para la compra de bienes y servicios. Lo que hace preguntarse a muchos: ¿De dónde salen los dólares?

El lavado de años de corrupción

Las ventas de oro en el exterior, la producción ilegal y contrabando del metal son algunas de las razones. Pero también está el hecho de que el régimen convirtió a Venezuela en una gigantesca operación de lavado de dinero, aseguró Fernández.

«Las gigantescas fortunas de jerarcas chavistas en el exterior (que suman varias decenas de miles de millones de dólares) comenzaron a enfrentar dificultades para ser movilizadas debido a las sanciones. Por ello, sus dueños comenzaron a trasladar ese dinero a Venezuela, donde está siendo lavado. Es dinero de toda índole, desde el de la droga y el contrabando hasta de la corrupción acumulada durante años», dijo Fernández.

Por otro lado están las remesas de dinero. Estas se han convertido en una importante tabla salvavidas para la atribulada economía venezolana, a propósito de los millones de venezolanos que se encuentran en el exterior y que comienzan a enviar ayuda a sus familiares.

No hay números exactos de los montos que entraron en 2019 al país. Pero estimaciones colocan la cifra en cerca de 4.000 millones de dólares.

Falsa sensación de bienestar

Esta situación ha estado generando cierta sensación de bienestar pese a la terrible contracción económica.

Pero eso es solo para un pequeño sector, dijo el economista Alexander Guerrero.

«Aquí se crearon dos mercados, uno que está dolarizado y uno que está bolivarizado. Quienes ganan en dólares compran en dólares, y ellos no tienen problemas de escasez ni de inflación, porque la inflación de ellos es cero. Y estos suman entre 20% y 25% de la población», agregó.

La realidad

Señaló que la diferencia de los venezolanos que no ganan en dólares son quienes reciben en bolívares un salario mínimo de 5 o 6 dólares al mes, y son los que viven revisando la basura para comer.

Francisco Ibarra, director de la firma Econométrica, dijo que el efecto de la dolarización informal ha ayudado a reducir la escasez en el país.

«La situación sigue estando bastante mal, pero el país ya no atraviesa por el mismo grado de escasez que había estado padeciendo a lo largo de los últimos dos años. No hay una gran diversidad de productos, pero el país sí está hoy mucho más abastecido», afirmó.

Y aunque el país sigue inmerso en la hiperinflación, el escenario inflacionario ha disminuido. Pasó de los niveles cercanos al millón por ciento que vio en 2018, a una comparativamente menos tenebrosa de 20.000%, según cálculos de Económetrica.

Ibarra dijo que la desaceleración de la inflación se debe a un notable cambio en la política económica.

«El régimen lo único positivo que hizo fue que desistió en la política suicida de los aumentos salariales descomunales que estuvo decretando. Cada vez que lo hacía, esto tenía una incidencia porque aumentaba de inmediato los costos y las empresas trasladaban esto a los precios. El gobierno finalmente aprendió eso y por eso la situación cambió, aunque seguimos registrando una hiperinflación», concluyó.

Entorno Económico Venezuela 2019/2020 por Asdrubal Oliveros – Venamcham – Diciembre 2019

A fake Walmart, cases of Dom Pérignon and the almighty dollar by Anthony Faiola , Rachelle Krygier and Mariana Zuñiga – The Washington Post – 25 de Diciembre 2019


A security guard keeps watch at a mall decorated for Christmas in Caracas, Venezuela.
Last Christmas, devastated Venezuela saw shortages of everything from tinsel to toilet paper. This year, the socialist government has given a weary nation an unexpected holiday gift.

A dose of the free market.

President Nicolás Maduro is making tentative moves away from the socialist policies that once regulated the prices of basic goods, heavily taxed imports and restricted the use of the U.S. dollar. As a result, the South American nation’s economic free fall is beginning to decelerate. The national inflation rate — still the world’s highest — has slowed from a blistering 1.5 million last year to a relatively breezy annualized rate of 15,000 percent.

The changes might be temporary, and amount largely to an economic Band-Aid. There are no signs, for instance, of a larger strategy to reverse the agricultural land grabs and company seizures that helped lay the groundwork for one of the worst economic implosions of modern times.

But as the new measures take hold, once-empty store shelves have overflowed this holiday season with beef, chicken, milk and bread — albeit at prices so high that a significant segment of the population is actually worse off. More moneyed Venezuelans, however, are flocking to dozens of newly opened specialty stores — including at least one fake Walmart — brimming with stacks of Cheerios, slabs of Italian ham and crates of Kirkland Signature Olive Oils, much of it bought and shipped in containers to Venezuela from Costco and other bulk retailers in Miami.

Maduro remains deadlocked in a political standoff with opposition leader Juan Guaidó and his backers in Washington, who have ratcheted up pressure to force his ouster. But U.S. sanctions against Venezuela do not appear to have crimped surging imports — mostly because they prevent Americans from doing business with only the government, not private Venezuelans.


A woman checks out a shop window in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

“The government had been unable to restart the economy any other way, so it’s doing what the people want” by giving in to the free market, said Ricardo Cusano, president of Fedecamaras, Venezuela’s chamber of commerce. The socialists are still in power, he said, but “they have lost the ideological war.”

Plagued by hyperinflation and economic collapse, depressed Venezuelans dubbed last Dec. 25 the “Christmas without lights” — a day largely bereft of the traditional holiday bunting and toys for children. But as the economy begins to show modest signs of life — particularly in the relative bubble of Caracas, the capital — there have been visible changes on the streets.

Meager Christmas markets opened to peddle baubles to a slightly more optimistic populace. More holiday decorations popped up inside stores, along with, proprietors say, more parents buying toys and clothing for children. The capital is suffering its worst traffic jams in years as car owners with greater access to imported spare parts drag long out-of-commission vehicles back onto clogged roads.

The eased restrictions have made the holiday season merrier for a small minority of rich Venezuelans, many of whom live in mansions behind high walls in Eastern Caracas.

The tip piggy bank in an imported goods store in Caracas is stuffed with dollar bills. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

Adult-sized mannequins in Santeria Iyawo attire tower over a child-sized mannequin at El Cementerio market in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

“There were things you just couldn’t get — dishes you just couldn’t make,” said Pablo Gianni, manager of Anonimo, a lavish new Caracas eatery that opened this month complete with a glass-walled wine cellar stocked with shelves of four-figure vintages of Dom Pérignon.

“But now, it’s like legal contraband,” he said. “They’re letting everything in.”

The changes taking shape here are the product of a combination of factors. For years, the government strictly limited the use of the U.S. dollar, long portrayed as an instrument of Yanqui imperialism. But last year, the government freed the exchange rate and more broadly legalized dollar transactions. It also eliminated massive import taxes on a host of goods.

But those measures have begun to work through the economy really only in recent months, as the government has taken the further step of abandoning attempts to control retail prices. Stocks of bread, chicken and beef that once sold for nearly nothing are now being sold at market rates, at least partly normalizing farm production and sales through supply chains.

Just as importantly, there are simply far more dollars in the Venezuelan economy now. About 4.5 million Venezuelans have fled starvation and poverty in recent years, creating a global diaspora that collectively sent $3.5 billion in remittances this year — more than triple the amount two years ago, according to Ecoanalitica, a Caracas-based economic analysis firm. In addition, economists say, the economy is awash in dollars from illegal mining, drug trafficking and other illicit activities.


A saleswoman waits for customers in an imported goods store in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

By some estimates, there are three times as many dollars in circulation as bolivars, creating a de facto dollarization of the economy that is stabilizing inflation. Last month, even Maduro seemed to hail the almighty dollar.

“I don’t see the process they call dollarization as bad,” he said in nationally televised comments. “It can aid the recovery of the productive areas of the country and the functioning of the economy.”

Across Venezuela, mechanics and electricians, engineers and architects are increasingly charging in greenbacks. More companies are supplementing their employees’ salaries with U.S. currency. Collectively, economists say, 60 to 70 percent of families here are now regularly receiving some dollars — buying even some Venezuelans of more modest means a merrier Christmas this year.

“Last year was very hard for us. There was practically no Christmas,” Yelitza Mineros, 33, said as she eyed the prices in dollars at a Caracas toy store with her 7-year old son and 3-year old daughter.

Her husband, a mechanic, began earning in dollars a few months ago, she said, giving them the extra money they needed to buy new clothes for their children.

Her son, Rodrigo, held up a Spider-Man action figure with a big grin as she spoke.

“This year, we’re doing better, and we can get them their toys,” she said. “That gives me a lot of joy.”


After last year’s “Christmas without Lights,” the decorations have returned to Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

Venezuela remains deeply mired in the worst economic crisis in modern Latin American history. Years of chronic mismanagement and, to a lesser extent, U.S. sanctions including an oil embargo have severely damaged the lifeblood of the economy: petroleum production. Venezuelans, including residents of the relatively shielded capital, are struggling with worsening gasoline shortages, lingering blackouts and broken state hospitals.

And more food on store shelves doesn’t mean everyone can eat. In western Caracas, for instance, a grocery store that last year sold price-controlled products and suffered from shortages was now well now stocked with goods ranging from imported motorcycle helmets to Diet Coke. But with two chicken thighs at $1.70 and butter at $2 in a nation with a minimum wage of $6 a month, the aisles were mostly devoid of shoppers.
Mariutka Oropeza, 54, sits in her home while her son plays with cards in Guarenas, Venezuela. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

For the poorest Venezuelans with no access to dollars, life is harder. Mariutka Oropeza, a 54-year-old woman who lives with her three adult children in a small apartment in eastern Caracas, has struggled to afford medicines and treatment for her arthritis, hypertension and uterine cancer. She was shocked recently to discover that one of her new prescriptions was going for $70 a box — well out of reach for a family with a household income of $30 a month.

Her family once survived by waiting in hours-long lines for regulated goods. But now that the government has stopped enforcing fixed prices, a bag of cornmeal that once cost her 25 cents now costs four times that amount.

“It’s painful,” Oropeza said. “People say, ‘Oh, we are doing a little better’ because many of them receive remittances from their families abroad. But oh, my God, we are not doing better at all.”

“I remember when this government started ruling, and called the dollar the big enemy. Look where they have brought us now,” she said. “The dollarization of the country.

“What they’re really doing is killing us.”


Customers leave an imported goods store decorated for Christmas in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

¿Una dolarización «antiimperialista»?O cómo desapareció el dinero en Venezuela por Manuel Sutherland – Nueva Sociedad – Diciembre 2019

¿Cómo pasó el dólar de ser la causa de todos los males a ser una suerte de «bendición» para el gobierno de Nicolás Maduro?
¿Una dolarización «antiimperialista»?  O cómo desapareció el dinero en Venezuela

El gobierno bolivariano se ha caracterizado por un verbo «antiyanqui» inusualmente encendido. En los últimos tres años, los vituperios contra todo lo que representa Estados Unidos han sido más que recurrentes, debido al franco apoyo de Donald Trump a la oposición más beligerante. Por todo ello y por las espinosas sanciones económicas impuestas desde Washington, ha sido muy fácil lanzar permanentemente acusaciones de «sabotaje» y de «guerra económica». Para los seguidores más entusiastas del gobierno, el dólar estadounidense representa así el cúmulo de todos los males económicos de una nación sacudida por el colapso macroeconómico más profundo de su historia.

Para los «guerreros económicos» de Nicolás Maduro, todos los males se achacan a la nefanda influencia del dólar en la economía venezolana, que de manera consuetudinaria ataca a la moneda nacional hasta depreciarla por completo. Esta pérdida de valor del bolívar sería la culpable de la hiperinflación, la baja de salarios y la crisis en general. Así las cosas, en 2018 aseguraban que el aumento en 42.000% de la base monetaria, exclusivamente emitida por el Banco Central de Venezuela (BCV), no tenía nada que ver con la hiperinflación; es decir, no importa cuánto dinero se lance a la calle, su influencia en los niveles de precios sería cero.

De tal forma, se vendió la tesis de que el dólar es la punta de lanza del ataque imperial contra la Patria. Que el gobierno haya aumentado la base monetaria en más de 2.400.000% en los dos últimos años sería irrelevante. Blandiendo esta tesis, parte de la izquierda se ha volcado a justificar todos los problemas de la economía local con el argumento de que el dólar ahoga y enajena a la población venezolana. Este es, precisamente, el caballito de batalla ideológico de los gobiernos cuya inestabilidad económica es objeto de estudio y chanza.

El petro y la criptomoneda estatal que derrotaría al dólar

Hasta hace poco el mismo presidente Maduro hablaba del «narcodólar», «dólar criminal» y «dólar golpista». Con ahínco firmó decretos en favor de eliminar el dólar como moneda de cambio en el país e invirtió ingentes recursos en lanzar una criptomoneda, el petro. El petro estaría atado a las cotizaciones de varios commodities de exportación y no se iba a poder «minar» como una criptomoneda normal, porque estaría respaldado en las reservas de petróleo del país. La idea es que el petro fuera un medio de pago confiable y estable, aunque estuviera atado a un bien de precio muy volátil: el petróleo, cuyo valor, dicho sea de paso, disminuyó en más de 50% en el periodo 2008-2019.

El petro es una idea llamativa pero con una pésima ejecución y diseño. Desde un principio pareció ser otro de los planes mágicos de salvación económica (como el plan de cría de «conejos urbanos») y que haría recuperar el salario mínimo en el país, que entre 2001 y 2019 pasó de 401 dólares a 7 dólares mensuales. Luego de ese inusual devenir crematístico, casi nada nuevo ha pasado en ese ámbito.

Un viraje radical: el dólar como «bendición»

A contrapelo de los sesudos análisis de economistas ortodoxos que aseguraban que Venezuela iba a terminar en una suerte de comunismo norcoreano, el gobierno ha experimentado desde agosto de 2018 un serio, aunque vergonzante, viraje «liberal». En el marco de la segunda reconversión monetaria del chavismo, cuando se le quitaron cinco ceros al bolívar (hace diez años se le habían quitado tres ceros), se lanzó el nuevo «bolívar soberano» y se prometió una ortodoxia presupuestaria severa. Déficit cero y disciplina fiscal emergieron de pronto en el discurso de Maduro, aunque poco después haría exactamente lo contrario, incrementando en 3.600% el ingreso mínimo legal, con un aumento sideral de la emisión de dinero sin respaldo. Pocos meses más tarde procedería a decretar la libre convertibilidad de la moneda, la importación sin mayores requisitos y la plena legalidad del comercio en divisas extranjeras.

Sin duda alguna, hubo tres sucesos que empujaron a Maduro a esta apertura. El primero es la radical hecatombe de la economía. En sus manos, el PIB cayó 50% entre 2013 y 2018, y más grave aún fue la caída interanual reflejada en el primer trimestre de 2019: -26 %. En segundo lugar, el apagón de marzo de 2019 dejó a millones de personas sin poder comprar, ya que el dinero en efectivo (bolívares) es extremadamente escaso, y sin electricidad era imposible comprar en comercios habilitados con puntos de venta electrónicos. Esto impulsó a los comercios a recibir casi cualquier forma de pago. En tercer lugar, el gobierno sufrió los fuertes embates de las sanciones económicas y la insurrección continua del ala más radical de la oposición. Todo ello aceleró los cambios fundamentales hacia una apertura que venía gestándose poco a poco, contradiciendo a un ala de la izquierda que esperaba (ahora sí) la «profundización de la revolución».

Lo que comenzó como una «medida de emergencia» fue mutando en una cotidianidad dolarizada, que llegó al paroxismo con las afirmaciones de Maduro en una entrevista en televisión nacional, en la que enunció sin ambages: «Yo no lo veo mal, no lo veo mal (…). Me declaro pecador (…) es autorregulación necesaria de una economía que se niega a rendirse. (…) Hay que evaluar cómo ese proceso de lo que llaman ‘dolarización’ puede servir para la recuperación y el despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía. Es una válvula de escape».

Luego de 15 años de férreo control cambiario, de infinidad de convenios cambiarios y de múltiples organismos de gestión (CADIVI, SITME, SICAD, SIMADI I, SIMADI II, DIPRO, DICOM, etc.), ahora el gobierno bolivariano «descubría» que la creciente dolarización informal del país es una bendición. Y el «dólar criminal» pasó a ser un elemento positivo para la economía.

La tremebunda escasez que todos pensaban que aumentaría, por la crisis o por las sanciones, ha disminuido considerablemente. Poco a poco se observa un importante crecimiento en la oferta de bienes y servicios. Muchos empresarios ven en la oportunidad de emprender o rescatar viejos negocios que tenían mercados potenciales. La veloz carrera por posicionarse en ellos ha impulsado a muchos a arriesgarse con cierto éxito. El vigoroso incremento de «bodegones» repletos de mercancías importadas parece reflejar una demanda capaz de comprarlos en dólares. Ello ha llamado la atención a empresarios nacionales, que saben que producir en el país es mucho más económico que importar, debido a los bajos salarios, la energía barata, etc. Ni hablar de los bajos impuestos y la nulidad total en cuanto a tributos y normas relativas a la cuestión ecológica. Esto se articula con la paulatina apertura económica del gobierno, lo que, de conjunto, augura una leve recuperación económica o rebote luego de la histórica caída del PIB en el primer trimestre de 2019.

La dolarización esconde la destrucción del bolívar

El júbilo de Maduro y de sus más cercanos colaboradores con la dolarización informal y desreglamentada no deja de ser sorprendente. Los más connotados patriotas no se preocupan ahora por la pérdida de soberanía monetaria y de libertad económica que implica una dolarización. Parece que no se dan cuenta de que la destrucción del bolívar no es sino la forma monetaria que toma la devastación económica: la ruina del poder adquisitivo, de la precaria seguridad social, de los ahorros y de los fondos que millones guardaban para su vejez. Evidentemente, la hiperinflación como expresión de la pérdida total del valor de la moneda ha empobrecido a millones, destruido hogares y empujado a más de cuatro millones de personas a la emigración. Estamos hablando de casi un sexto de la población total.

Los números de la aniquilación dineraria son realmente impresionantes. En estos días, apenas se posee como circulante en bolívares un equivalente de 700 millones de dólares (a la cotización del dólar oficial). Hace ocho años esa misma liquidez monetaria en bolívares equivalía a 44.000 millones de dólares. Si se mide per cápita, la liquidez monetaria por habitante ronda los 22 dólares. Países como Trinidad y Tobago tienen cerca de 11.000 dólares en ese indicador. La escasez de bolívares asfixia terriblemente a la economía. Sin suficientes medios de pago, la recuperación estructural, torpedeada por las sanciones económicas de Estados Unidos, es completamente imposible.

Algunos datos del colapso

La depreciación del bolívar con respecto al dólar compete al gobierno central, que con mano de hierro dirige el BCV. El desastroso resultado de los indicadores no puede ser achacado a las sanciones de Trump ni al «bloqueo». Países como Cuba, Corea del Norte o Irán, fuertemente sancionados, no tienen ni 1% de la inflación que tiene Venezuela. Así la responsabilidad por el caos monetario es enteramente interna.

Siendo sucintos, la inflación acumulada en los últimos 24 meses (de septiembre de 2017 a septiembre de 2019) alcanza la cifra de 17.665.911,53%. Estos números, que reflejan el incremento de los precios en más de 17.000.000%, son oficiales ya que surgen del BCV. Si observamos la inflación desde septiembre de 2013 hasta septiembre de 2019 (la última disponible el 11 de diciembre de 2019), notamos que la inflación acumulada alcanzó la cifra de 1.195.117.764,02%. Si, más de 1.100.000.000% (BCV).

Aterrizando en el tipo de cambio, no es difícil ver cómo el bolívar se ha depreciado en casi 100%, con respecto al dólar. En los dos últimos años (de diciembre de 2017 a diciembre de 2019), el tipo de cambio ha aumentado 4.140.709,75%. Si hacemos la medición desde 2013 hasta 2019 (diciembre a diciembre), el tipo de cambio ha aumentado en 7.208.437.400,34%.

Lumpencapitalismo

La voraz hiperinflación que destruyó el bolívar (que es plenamente recuperable) impuso esta dolarización anárquica. Según casi todas las estimaciones, la cantidad de dólares es quizás unas ocho veces más grande que la cantidad de bolívares. Las entradas de divisas por remesas, narcotráfico, corrupción (por las sanciones ya no se fugan tantas divisas) y contrabando de gasolina y minería ilegal han hecho que frecuentemente se pague hasta lo más mínimo en dólares. Esta nueva realidad ha horadado la autoestima de muchas personas que perciben salarios de alrededor de 15 dólares mensuales, mucho más alto que el mínimo, y que ven cómo una pequeña parte de la sociedad compra carros de 200.000 dólares, come caviar y paga oficinas de lujo.

Las clases que magistralmente bosquejó Karl Marx según sus atributos productivos parecen reducirse en el imaginario venezolano a dos: los que ganan en divisas y los que reciben bolívares (los pobres). Florece la importación de lujo y la producción nacional desfallece. Un lumpencapitalismo se erige así entre la mar de ilegalidades, evasiones y bandas armadas extractivistas que se han hecho «empresarias» a fuerza de crímenes de todo tipo. El Estado se ausenta y se retrae. Los controles absurdos se abandonan de facto, pero con ellos las regulaciones necesarias también desaparecen. Reina el descontrol y se profundiza la desigualdad del ingreso en niveles nunca antes conocidos.

Aun así, podría haber alternativas a la debacle. Urge un programa de emergencia económica alejado de los intereses inmediatos de los bandos en pugna. Sindicatos, ONG, universidades y algunos partidos podrían trabajar en un plan que ordene y coloque en el centro a los trabajadores y las trabajadoras venezolanos y sus condiciones de vida, para luego impulsar un plan alternativo de mayor envergadura que reordene la vida económica y social del país.

Hiperinflación 2010/2019 – 20 de Diciembre 2019

Maduro crucificó a la banca en su fallido intento por frenar la devaluación por Zenaida Amador – ALnavío – 5 de Diciembre 2019

Para gestionarse en medio de la crisis Nicolás Maduro ha aplicado una extraña mezcla de medidas económicas, que no atienden los problemas de fondo de la economía venezolana, pero que intentan contener la escalada del dólar mientras flexibiliza de forma desordenada los controles de cambio y de precios, creando una precaria sensación de mejoría en medio de la debacle del país. Este modelo implicó un sacrificio severo para un sector clave del país: la banca.
Maduro ha aplicado una extraña mezcla de medidas económicas / Foto: Prensa Maduro
Maduro ha aplicado una extraña mezcla de medidas económicas / Foto: Prensa Maduro

Cifras de la firma GlobalScope muestran que para octubre de 2019 la cartera neta de créditos de toda la banca venezolana sumó 295 millones de dólares, 86% menos que un año antes. Pero no hay que perder de vista que una década atrás se ubicaba en unos 40.000 millones de dólares. El dato da cuenta de la miniaturización del sistema financiero a causa del proceso destructivo del país, con seis años de recesión, pero muy particularmente por el efecto directo del más reciente “plan” económico de Nicolás Maduro.

Este plan se construyó partiendo de la idea de que muchos acudían al sistema financiero para solicitar créditos en bolívares, valiéndose de las distorsiones generadas por el propio régimen al imponer tasas de interés reales negativas en un país hiperinflacionario, para luego voltearse con esos recursos a comprar dólares y sacar una ganancia cambiaria, lo que -desde la óptica de las autoridades- alimentaba la espiral alcista del valor del dólar. Sobre esta premisa Maduro decidió secar a la banca, a fin de evitar que el circuito cambiario siguiera funcionando.

Para ello elevó el encaje legal que las instituciones financieras deben mantener en reserva en el Banco Central de Venezuela (BCV) y que, en consecuencia, no pueden prestar. Desde el último cuatrimestre de 2018 se han hecho varios ajustes del encaje hasta establecer que la banca debe tener en reserva 57% de todas las captaciones y 100% del aumento en nuevos depósitos, lo que tiene un efecto astringente muy severo sobre el ya alicaído sistema.

Solamente en los primeros tres meses de este año el sector financiero y de seguros experimentó una contracción de 55,6%, según las cifras del BCV, acumulando así 16 trimestres de declive. El deterioro en la infraestructura del sistema, el cierre de sucursales, el atraso tecnológico y en la red de cajeros automáticos, y la pérdida de personal han ido de la mano de este proceso.

La restricción de fondos a causa del encaje, que deja a la banca no sólo limitada para prestar sino incluso para atender su operatividad, ha hecho que algunas instituciones deban acudir al mercado interbancario en la búsqueda de fondos para gestionarse.

La poca disponibilidad de recursos ha hecho que la tasa overnight, a la que los bancos se prestan entre sí, escale de forma alarmante, al punto de que al cierre de noviembre hubo operaciones a una tasa máxima de 999%. En este comportamiento del mercado interbancario también influyen las penalizaciones indexadas que aplican las autoridades a las entidades que incumplen con el nivel de encaje exigido.

Lo insólito es que en la actualidad la banca tiene congelados en el encaje legal unos 600 millones de dólares, según cálculos privados.

Plan fracasado

Así que las medidas de Maduro, además de golpear con fuerza a la banca, también dejaron a la economía sin financiamiento. La Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) señala que la falta de crédito y la contracción de la demanda son los factores que más impactaron al sector en el primer trimestre de 2019, cuando la manufactura nacional cayó 56,3% con respecto a igual período de 2018, según los datos del BCV.

Pero lo peor de todo es que estas dolorosas estrategias del régimen han sido infructuosas. Pese al recorte en el crédito y la estrechez en la que se encuentra la banca en lo que va de año el bolívar se ha devaluado en 98,26%, cotizándose cerca de 40.000 bolívares por dólar al cambio oficial a la fecha. Dada la tendencia, se proyecta que la paridad puede cerrar el año apuntando a sobrepasar los 50.000 bolívares.

La razón de fondo es que persisten los problemas estructurales de la economía que atentan contra el valor de la moneda, especialmente en un contexto donde las propias autoridades propician un proceso de dolarización de hecho y los venezolanos, en la medida de sus posibilidades, buscan hacerse de moneda dura antes que seguir anclados al bolívar que parece estar condenado a desaparecer.

En las raíces de esos problemas estructurales se encuentra la emisión monetaria por parte del BCV para financiar el déficit fiscal del régimen. De enero a octubre de 2018 este financiamiento tuvo un crecimiento de 100.000%. Vale decir que en agosto de 2018 Maduro prometió que erradicaría esta práctica y, en efecto, hubo un intento por hacerlo, por lo que en los primeros 10 meses de 2019 el financiamiento monetario creció en 3.000%. Sin embargo, la práctica se sostuvo y en este último trimestre del año se acentuó, lo que explica el acelerado deslizamiento del dólar en las últimas semanas, según firmas como Econométrica, y nuevo combustible para la hiperinflación.

Así es el fracaso de Nicolás Maduro con la inflación, el petro y la dolarización por Guillermo Ortega – ALnavío – 26 de Noviembre 2019

¿Qué busca Nicolás Maduro con el petro? Cree tener un plan para combatir la hiperinflación y aunque muy pocos creen que lo tiene, lo ha ido ejecutando. A veces da la impresión de que a Nicolás Maduro lo asesora una secta monetarista ingenua. Toda la parafernalia en relación al petro, la criptomoneda, medio de pago que, de tiempo en tiempo, Maduro resucita, parece ser una pieza fundamental en ese plan. En realidad la pregunta no es si tiene un plan, la interrogante fundamental es cuáles son sus posibilidades de éxito.
El petro parece ser una pieza fundamental en el plan de Maduro / Foto: Sunacrip
El petro parece ser una pieza fundamental en el plan de Maduro / Foto: Sunacrip

Desde agosto de 2018, cuando se introdujo el bolívar soberano y se hablaba de aumento de la gasolina, ajuste fiscal y disciplina monetaria, mucho de lo cual quedó en la retórica del momento, el gobierno de Nicolás Maduro ha venido jugando a una fuerte restricción del crédito bancario con el objetivo de reducir la tasa de inflación. Es la recomendación de ese grupo de asesores. Es la tesis fundamental del monetarismo ingenuo, el control de los agregados monetarios traerá como consecuencia el abatimiento de la inflación. La fuerte restricción de caja ha producido una brutal contracción del gasto fiscal que también encaja en el esquema.

La retórica del Plan Real

No es difícil imaginar que algunos de los asesores iniciales del plan de Nicolás Maduro, cuando se hablaba de ajuste fiscal draconiano, coqueteaban de igual manera con el Plan Real brasileño de 1994. Todo es parte del mismo programa. Introducir una unidad de cuenta que ancle las expectativas. Hay que destacar, lo convencieron además de eliminar algunas de las políticas más equivocadas: el control de precios y el cambiario. Trataron de avanzar sin éxito con la eliminación del subsidio a la gasolina e introdujeron algunos nuevos tributos como el reciente impuesto al patrimonio. Pero al final, la caja se ha ajustado por vía de los hechos, con una brutal contracción del gasto, y lo único en firme que queda es la restricción del crédito bancario.

Sin embargo, como en todo experimento monetarista ingenuo, los resultados de nuevo vuelven a porfiar con la doctrina. La tasa de inflación reportada por el Banco Central de Venezuela (BCV) cedió de mayo a julio, con tasas de inflación que llegaron a bordear el 20%, pero los resultados desde agosto apuntan a un recrudecimiento del proceso hiperinflacionario.

Un nuevo episodio

Como se sabe la definición formal de la hiperinflación es en cierta forma arbitraria. Tasa de inflación mensual igual o superior a 50%, sostenida a ese nivel, y un colapso de la demanda de dinero, en otras palabras, en la confianza de la gente en el signo monetario. La definición introducida por Phillip Cagan, el célebre economista norteamericano, en una nota a pie de página de su famoso artículo de 1956, todavía es muy útil para caracterizar esos eventos en que el gobierno monetario colapsa.

La hiperinflación venezolana encaja en esa definición original. Si tomamos el índice de precios, y empezamos a finales de 2017, Venezuela ha experimentado más de dos años con un proceso clásico de hiperinflación. Si en cambio se toma la tasa de cambio del mercado paralelo, la duración ya alcanza tres años. Aun así, no estamos entre los episodios más severos, aunque sí se va a recordar entre los casos más prolongados. Para colocarnos en perspectiva, la hiperinflación en Hungría en 1945 llegó a registrar tasas de inflación promedio diarias de 207% y tuvo una duración de 11 meses. Es la hiperinflación más severa que se conoce. La más prolongada ha sido la nicaragüense de 1986, con cinco años.

El ritual del petro

El gobierno quiere utilizar el petro como parte del ritual del monetarismo ingenuo. Para ello tiene las facultades exclusivas de emisión monetaria. No obstante, el hecho que tenga esa facultad no significa que puede determinar el precio de la moneda. Es un caso de libro de texto. El gobierno entra en diferentes relaciones con los agentes económicos, por ejemplo cobra impuestos y presta algunos servicios, paga proveedores y empleados, realiza transferencias, etc. En la medida que toma dinero del Banco Central y realiza esos pagos, el dinero circula y entonces se determina el nivel de precios. Es un asunto sencillo pera a veces poco comprendido. La inflación es sencillamente un resultado de oferta y demanda. El dinero es un activo para sus demandantes y un pasivo para sus oferentes. Un crecimiento sostenido en la oferta de ese activo conduce a una disminución en su precio.

En el proceso venezolano no hay nada muy diferente y la llegada de los monetaristas implicó que el alto gobierno ya no hablase más de inflación inducida. Al final se comprendió que el exceso de oferta monetaria sobre la demanda real de dinero, tiene mucho que ver con la inflación. Con el arribo de los monetaristas el acento se alejó de los controles y el énfasis se colocó en el control de los agregados monetarios.El Plan Real de Fernando Henrique Cardoso en Brasil no funcionó por arte de magia / Foto: WC

El Plan Real de Fernando Henrique Cardoso en Brasil no funcionó por arte de magia / Foto: WC

La determinación del precio de la moneda

El petro comenzó siendo un ejercicio en ese mundo esotérico de las criptomonedas. En ese ambiente existe de todo, desde estafas hasta algoritmos muy interesantes y útiles que pueden resolver muchos problemas prácticos, pero quienes comenzaron a asesorar al gobierno en el diseño de la estrategia antinflacionaria vieron en ese instrumento la misma narrativa que se utilizó en el Plan Real brasileño: la introducción de una unidad de cuenta que permitiese anclar las expectativas.

El objetivo es sustituir al bolívar por otro instrumento de pago y al mismo tiempo anclar las expectativas con una moneda que en teoría mantiene su valor en dólares. El gobierno pretende que sea el petro. Pero como suele suceder, en un mercado no es posible controlar cantidades y precios al mismo tiempo. El gobierno pretende que su precio sea fijo, pero de nuevo el resultado final es un asunto de oferta y demanda. Al igual que no puede contener sus necesidades de financiamiento en bolívares, lo mismo va a pasar con los petros.

Es cierto que tiene muchas formas como para imponer en principio su uso. Puede pagar en petros y al mismo tiempo aceptarlos como forma de pago, para cancelar impuestos, vender algunos activos y aceptar petros. Lo que no puede hacer es obligar a los agentes a mantener petros como reserva de valor. Si emite demasiados petros, y tiene un amplio margen para hacerlo, en teoría hasta más de siete veces el tamaño actual de la economía venezolana, el resultado previsible es que el precio caiga en la misma forma en que lo ha hecho el precio del bolívar.

No basta con proclamar que tenga respaldo petrolero. La promesa en sí misma, que está débilmente documentada, es hecha por un gobierno que ha repudiado todas sus otras deudas. Es una de las tantas promesas incumplidas de un gobierno que tiene una reputación muy precaria. Además, no importa el respaldo que tenga, depende al final de cuántos petros puedan emitirse. Si se aceptase la proclama que hay un límite en monto de emisión, ese límite es demasiado laxo.

A veces se cree que el proceso de hiperinflación puede acabar por muerte natural en la medida que el gobierno no consigue más incautos que demanden la moneda que emite. Se produce un total proceso de sustitución por otra moneda y sencillamente no hay más impuesto inflacionario que recaudar. Pero eso depende del poder que tenga el gobierno para obligar a los agentes económicos a aceptar la moneda como forma de pago. Población particularmente débil es todo el universo de empleados públicos, pensionados y proveedores que no tienen otra forma de cobrar sus deudas. La duración depende de forma crucial de ese elemento.

Cualquiera que se haya acercado a un cursito de teoría monetaria, sabe que el dinero tiene tres funciones básicas: unidad de cuenta, medio de intercambio y reserva de valor. El abuso de la emisión monetaria hace que el bolívar pierda valor y pierda esos tres atributos. Pierde su condición de medio de pago por cuanto no existen instrumentos eficientes para realizar transacciones, no hay denominaciones adecuadas y tampoco es reserva de valor por cuanto la inflación hace que sea imposible mantenerlo por mucho tiempo.

Ese proceso de dolarización forzada que estamos viviendo es una consecuencia directa de una política monetaria que financió masivamente al gobierno. No es algo que pueda valorarse como positivo, sino un desplazamiento de una moneda por otra.

Hoy tenemos una situación, donde conviven varias monedas, dos de ellas, el bolívar y el petro, emitidas por el mismo actor. El gobierno todavía abusa de su poder de pagar a algunos de sus acreedores con bolívares, con lo cual sigue deteriorando el poder de compra de los que adquieren bolívares. Ahora pretende hacerlo de forma masiva, con una moneda que en teoría mantiene su poder de compra, pero en la práctica continúa abusando de su poder de emisión.

Un programa de estabilización

Una gran lección en materia de estabilización es que el solo control del agregado monetario no basta. No hay plan antinflacionario sin tres componentes básicos. Ajuste fiscal que permita reducir de forma ostensible las necesidades de financiamiento monetario. Anclaje de expectativas que permitan detener la inercia en la fijación de precios y un tremendo esfuerzo de venta. Es difícil determinar la combinación exacta porque recuperar la demanda de dinero siempre es un asunto de fe. Pero no hay plan de estabilización que haya funcionado sin la presencia de esos tres componentes. El Plan Real brasileño, ejecutado por Fernando Henrique Cardoso en 1994, no funcionó por un ejercicio de magia. Se introdujo una unidad de cuenta virtual que luego terminó por sustituir la moneda original, ello permitió anclar las expectativas y recuperar la demanda de dinero. Detrás había un plan ordenado de ajuste fiscal.

El gobierno sigue teniendo una brecha muy importante de financiamiento y en realidad no hay arreglo monetario que solucione de forma mágica ese problema. Suele suceder con esos ejercicios de monetarismo ingenuo que efectivamente el control monetario funciona, pero la caída en el nivel de precios no es permanente. La tasa de inflación termina repuntando. Es lo que se observa en los resultados de septiembre y octubre. Incluso si el gobierno adoptara una especie de patrón oro, en cualquiera de sus variantes, la promesa tendría muy corta duración.

De las tres condiciones que debe tener un plan antinflacionario, el gobierno en realidad no tiene ninguna. No tiene suficiente ajuste fiscal. Tampoco tiene algo que ancle las expectativas y su esfuerzo de venta es sólo una retórica confusa.

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