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Maduro crucificó a la banca en su fallido intento por frenar la devaluación por Zenaida Amador – ALnavío – 5 de Diciembre 2019

Para gestionarse en medio de la crisis Nicolás Maduro ha aplicado una extraña mezcla de medidas económicas, que no atienden los problemas de fondo de la economía venezolana, pero que intentan contener la escalada del dólar mientras flexibiliza de forma desordenada los controles de cambio y de precios, creando una precaria sensación de mejoría en medio de la debacle del país. Este modelo implicó un sacrificio severo para un sector clave del país: la banca.
Maduro ha aplicado una extraña mezcla de medidas económicas / Foto: Prensa Maduro
Maduro ha aplicado una extraña mezcla de medidas económicas / Foto: Prensa Maduro

Cifras de la firma GlobalScope muestran que para octubre de 2019 la cartera neta de créditos de toda la banca venezolana sumó 295 millones de dólares, 86% menos que un año antes. Pero no hay que perder de vista que una década atrás se ubicaba en unos 40.000 millones de dólares. El dato da cuenta de la miniaturización del sistema financiero a causa del proceso destructivo del país, con seis años de recesión, pero muy particularmente por el efecto directo del más reciente “plan” económico de Nicolás Maduro.

Este plan se construyó partiendo de la idea de que muchos acudían al sistema financiero para solicitar créditos en bolívares, valiéndose de las distorsiones generadas por el propio régimen al imponer tasas de interés reales negativas en un país hiperinflacionario, para luego voltearse con esos recursos a comprar dólares y sacar una ganancia cambiaria, lo que -desde la óptica de las autoridades- alimentaba la espiral alcista del valor del dólar. Sobre esta premisa Maduro decidió secar a la banca, a fin de evitar que el circuito cambiario siguiera funcionando.

Para ello elevó el encaje legal que las instituciones financieras deben mantener en reserva en el Banco Central de Venezuela (BCV) y que, en consecuencia, no pueden prestar. Desde el último cuatrimestre de 2018 se han hecho varios ajustes del encaje hasta establecer que la banca debe tener en reserva 57% de todas las captaciones y 100% del aumento en nuevos depósitos, lo que tiene un efecto astringente muy severo sobre el ya alicaído sistema.

Solamente en los primeros tres meses de este año el sector financiero y de seguros experimentó una contracción de 55,6%, según las cifras del BCV, acumulando así 16 trimestres de declive. El deterioro en la infraestructura del sistema, el cierre de sucursales, el atraso tecnológico y en la red de cajeros automáticos, y la pérdida de personal han ido de la mano de este proceso.

La restricción de fondos a causa del encaje, que deja a la banca no sólo limitada para prestar sino incluso para atender su operatividad, ha hecho que algunas instituciones deban acudir al mercado interbancario en la búsqueda de fondos para gestionarse.

La poca disponibilidad de recursos ha hecho que la tasa overnight, a la que los bancos se prestan entre sí, escale de forma alarmante, al punto de que al cierre de noviembre hubo operaciones a una tasa máxima de 999%. En este comportamiento del mercado interbancario también influyen las penalizaciones indexadas que aplican las autoridades a las entidades que incumplen con el nivel de encaje exigido.

Lo insólito es que en la actualidad la banca tiene congelados en el encaje legal unos 600 millones de dólares, según cálculos privados.

Plan fracasado

Así que las medidas de Maduro, además de golpear con fuerza a la banca, también dejaron a la economía sin financiamiento. La Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) señala que la falta de crédito y la contracción de la demanda son los factores que más impactaron al sector en el primer trimestre de 2019, cuando la manufactura nacional cayó 56,3% con respecto a igual período de 2018, según los datos del BCV.

Pero lo peor de todo es que estas dolorosas estrategias del régimen han sido infructuosas. Pese al recorte en el crédito y la estrechez en la que se encuentra la banca en lo que va de año el bolívar se ha devaluado en 98,26%, cotizándose cerca de 40.000 bolívares por dólar al cambio oficial a la fecha. Dada la tendencia, se proyecta que la paridad puede cerrar el año apuntando a sobrepasar los 50.000 bolívares.

La razón de fondo es que persisten los problemas estructurales de la economía que atentan contra el valor de la moneda, especialmente en un contexto donde las propias autoridades propician un proceso de dolarización de hecho y los venezolanos, en la medida de sus posibilidades, buscan hacerse de moneda dura antes que seguir anclados al bolívar que parece estar condenado a desaparecer.

En las raíces de esos problemas estructurales se encuentra la emisión monetaria por parte del BCV para financiar el déficit fiscal del régimen. De enero a octubre de 2018 este financiamiento tuvo un crecimiento de 100.000%. Vale decir que en agosto de 2018 Maduro prometió que erradicaría esta práctica y, en efecto, hubo un intento por hacerlo, por lo que en los primeros 10 meses de 2019 el financiamiento monetario creció en 3.000%. Sin embargo, la práctica se sostuvo y en este último trimestre del año se acentuó, lo que explica el acelerado deslizamiento del dólar en las últimas semanas, según firmas como Econométrica, y nuevo combustible para la hiperinflación.

Así es el fracaso de Nicolás Maduro con la inflación, el petro y la dolarización por Guillermo Ortega – ALnavío – 26 de Noviembre 2019

¿Qué busca Nicolás Maduro con el petro? Cree tener un plan para combatir la hiperinflación y aunque muy pocos creen que lo tiene, lo ha ido ejecutando. A veces da la impresión de que a Nicolás Maduro lo asesora una secta monetarista ingenua. Toda la parafernalia en relación al petro, la criptomoneda, medio de pago que, de tiempo en tiempo, Maduro resucita, parece ser una pieza fundamental en ese plan. En realidad la pregunta no es si tiene un plan, la interrogante fundamental es cuáles son sus posibilidades de éxito.
El petro parece ser una pieza fundamental en el plan de Maduro / Foto: Sunacrip
El petro parece ser una pieza fundamental en el plan de Maduro / Foto: Sunacrip

Desde agosto de 2018, cuando se introdujo el bolívar soberano y se hablaba de aumento de la gasolina, ajuste fiscal y disciplina monetaria, mucho de lo cual quedó en la retórica del momento, el gobierno de Nicolás Maduro ha venido jugando a una fuerte restricción del crédito bancario con el objetivo de reducir la tasa de inflación. Es la recomendación de ese grupo de asesores. Es la tesis fundamental del monetarismo ingenuo, el control de los agregados monetarios traerá como consecuencia el abatimiento de la inflación. La fuerte restricción de caja ha producido una brutal contracción del gasto fiscal que también encaja en el esquema.

La retórica del Plan Real

No es difícil imaginar que algunos de los asesores iniciales del plan de Nicolás Maduro, cuando se hablaba de ajuste fiscal draconiano, coqueteaban de igual manera con el Plan Real brasileño de 1994. Todo es parte del mismo programa. Introducir una unidad de cuenta que ancle las expectativas. Hay que destacar, lo convencieron además de eliminar algunas de las políticas más equivocadas: el control de precios y el cambiario. Trataron de avanzar sin éxito con la eliminación del subsidio a la gasolina e introdujeron algunos nuevos tributos como el reciente impuesto al patrimonio. Pero al final, la caja se ha ajustado por vía de los hechos, con una brutal contracción del gasto, y lo único en firme que queda es la restricción del crédito bancario.

Sin embargo, como en todo experimento monetarista ingenuo, los resultados de nuevo vuelven a porfiar con la doctrina. La tasa de inflación reportada por el Banco Central de Venezuela (BCV) cedió de mayo a julio, con tasas de inflación que llegaron a bordear el 20%, pero los resultados desde agosto apuntan a un recrudecimiento del proceso hiperinflacionario.

Un nuevo episodio

Como se sabe la definición formal de la hiperinflación es en cierta forma arbitraria. Tasa de inflación mensual igual o superior a 50%, sostenida a ese nivel, y un colapso de la demanda de dinero, en otras palabras, en la confianza de la gente en el signo monetario. La definición introducida por Phillip Cagan, el célebre economista norteamericano, en una nota a pie de página de su famoso artículo de 1956, todavía es muy útil para caracterizar esos eventos en que el gobierno monetario colapsa.

La hiperinflación venezolana encaja en esa definición original. Si tomamos el índice de precios, y empezamos a finales de 2017, Venezuela ha experimentado más de dos años con un proceso clásico de hiperinflación. Si en cambio se toma la tasa de cambio del mercado paralelo, la duración ya alcanza tres años. Aun así, no estamos entre los episodios más severos, aunque sí se va a recordar entre los casos más prolongados. Para colocarnos en perspectiva, la hiperinflación en Hungría en 1945 llegó a registrar tasas de inflación promedio diarias de 207% y tuvo una duración de 11 meses. Es la hiperinflación más severa que se conoce. La más prolongada ha sido la nicaragüense de 1986, con cinco años.

El ritual del petro

El gobierno quiere utilizar el petro como parte del ritual del monetarismo ingenuo. Para ello tiene las facultades exclusivas de emisión monetaria. No obstante, el hecho que tenga esa facultad no significa que puede determinar el precio de la moneda. Es un caso de libro de texto. El gobierno entra en diferentes relaciones con los agentes económicos, por ejemplo cobra impuestos y presta algunos servicios, paga proveedores y empleados, realiza transferencias, etc. En la medida que toma dinero del Banco Central y realiza esos pagos, el dinero circula y entonces se determina el nivel de precios. Es un asunto sencillo pera a veces poco comprendido. La inflación es sencillamente un resultado de oferta y demanda. El dinero es un activo para sus demandantes y un pasivo para sus oferentes. Un crecimiento sostenido en la oferta de ese activo conduce a una disminución en su precio.

En el proceso venezolano no hay nada muy diferente y la llegada de los monetaristas implicó que el alto gobierno ya no hablase más de inflación inducida. Al final se comprendió que el exceso de oferta monetaria sobre la demanda real de dinero, tiene mucho que ver con la inflación. Con el arribo de los monetaristas el acento se alejó de los controles y el énfasis se colocó en el control de los agregados monetarios.El Plan Real de Fernando Henrique Cardoso en Brasil no funcionó por arte de magia / Foto: WC

El Plan Real de Fernando Henrique Cardoso en Brasil no funcionó por arte de magia / Foto: WC

La determinación del precio de la moneda

El petro comenzó siendo un ejercicio en ese mundo esotérico de las criptomonedas. En ese ambiente existe de todo, desde estafas hasta algoritmos muy interesantes y útiles que pueden resolver muchos problemas prácticos, pero quienes comenzaron a asesorar al gobierno en el diseño de la estrategia antinflacionaria vieron en ese instrumento la misma narrativa que se utilizó en el Plan Real brasileño: la introducción de una unidad de cuenta que permitiese anclar las expectativas.

El objetivo es sustituir al bolívar por otro instrumento de pago y al mismo tiempo anclar las expectativas con una moneda que en teoría mantiene su valor en dólares. El gobierno pretende que sea el petro. Pero como suele suceder, en un mercado no es posible controlar cantidades y precios al mismo tiempo. El gobierno pretende que su precio sea fijo, pero de nuevo el resultado final es un asunto de oferta y demanda. Al igual que no puede contener sus necesidades de financiamiento en bolívares, lo mismo va a pasar con los petros.

Es cierto que tiene muchas formas como para imponer en principio su uso. Puede pagar en petros y al mismo tiempo aceptarlos como forma de pago, para cancelar impuestos, vender algunos activos y aceptar petros. Lo que no puede hacer es obligar a los agentes a mantener petros como reserva de valor. Si emite demasiados petros, y tiene un amplio margen para hacerlo, en teoría hasta más de siete veces el tamaño actual de la economía venezolana, el resultado previsible es que el precio caiga en la misma forma en que lo ha hecho el precio del bolívar.

No basta con proclamar que tenga respaldo petrolero. La promesa en sí misma, que está débilmente documentada, es hecha por un gobierno que ha repudiado todas sus otras deudas. Es una de las tantas promesas incumplidas de un gobierno que tiene una reputación muy precaria. Además, no importa el respaldo que tenga, depende al final de cuántos petros puedan emitirse. Si se aceptase la proclama que hay un límite en monto de emisión, ese límite es demasiado laxo.

A veces se cree que el proceso de hiperinflación puede acabar por muerte natural en la medida que el gobierno no consigue más incautos que demanden la moneda que emite. Se produce un total proceso de sustitución por otra moneda y sencillamente no hay más impuesto inflacionario que recaudar. Pero eso depende del poder que tenga el gobierno para obligar a los agentes económicos a aceptar la moneda como forma de pago. Población particularmente débil es todo el universo de empleados públicos, pensionados y proveedores que no tienen otra forma de cobrar sus deudas. La duración depende de forma crucial de ese elemento.

Cualquiera que se haya acercado a un cursito de teoría monetaria, sabe que el dinero tiene tres funciones básicas: unidad de cuenta, medio de intercambio y reserva de valor. El abuso de la emisión monetaria hace que el bolívar pierda valor y pierda esos tres atributos. Pierde su condición de medio de pago por cuanto no existen instrumentos eficientes para realizar transacciones, no hay denominaciones adecuadas y tampoco es reserva de valor por cuanto la inflación hace que sea imposible mantenerlo por mucho tiempo.

Ese proceso de dolarización forzada que estamos viviendo es una consecuencia directa de una política monetaria que financió masivamente al gobierno. No es algo que pueda valorarse como positivo, sino un desplazamiento de una moneda por otra.

Hoy tenemos una situación, donde conviven varias monedas, dos de ellas, el bolívar y el petro, emitidas por el mismo actor. El gobierno todavía abusa de su poder de pagar a algunos de sus acreedores con bolívares, con lo cual sigue deteriorando el poder de compra de los que adquieren bolívares. Ahora pretende hacerlo de forma masiva, con una moneda que en teoría mantiene su poder de compra, pero en la práctica continúa abusando de su poder de emisión.

Un programa de estabilización

Una gran lección en materia de estabilización es que el solo control del agregado monetario no basta. No hay plan antinflacionario sin tres componentes básicos. Ajuste fiscal que permita reducir de forma ostensible las necesidades de financiamiento monetario. Anclaje de expectativas que permitan detener la inercia en la fijación de precios y un tremendo esfuerzo de venta. Es difícil determinar la combinación exacta porque recuperar la demanda de dinero siempre es un asunto de fe. Pero no hay plan de estabilización que haya funcionado sin la presencia de esos tres componentes. El Plan Real brasileño, ejecutado por Fernando Henrique Cardoso en 1994, no funcionó por un ejercicio de magia. Se introdujo una unidad de cuenta virtual que luego terminó por sustituir la moneda original, ello permitió anclar las expectativas y recuperar la demanda de dinero. Detrás había un plan ordenado de ajuste fiscal.

El gobierno sigue teniendo una brecha muy importante de financiamiento y en realidad no hay arreglo monetario que solucione de forma mágica ese problema. Suele suceder con esos ejercicios de monetarismo ingenuo que efectivamente el control monetario funciona, pero la caída en el nivel de precios no es permanente. La tasa de inflación termina repuntando. Es lo que se observa en los resultados de septiembre y octubre. Incluso si el gobierno adoptara una especie de patrón oro, en cualquiera de sus variantes, la promesa tendría muy corta duración.

De las tres condiciones que debe tener un plan antinflacionario, el gobierno en realidad no tiene ninguna. No tiene suficiente ajuste fiscal. Tampoco tiene algo que ancle las expectativas y su esfuerzo de venta es sólo una retórica confusa.

Derrotados por el Dólar por José Guerra – Informe21.com – 24 de Noviembre 2019

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Durante años, los principales voceros del régimen estuvieron culpando a Dólar Today de todos los males de la economía venezolana. A ese tipo de referencia del precio del dólar le pusieron varios nombres tales como el “dólar criminal”, “el dólar guarimbero”, entre tantos otros. Algunos de los más fanáticos llegaron a decir que se trataba de un instrumento del imperialismo americano y de Donald Trump diseñado para socavar las bases de la economía. Claro, con en esa mentalidad tan limitada de los hombres del régimen, toda la culpa de todos los males, la tiene siempre un tercero, nunca los ejecutores de este desastre de modelo económico que han aplicado en Venezuela.

Con el correr del tiempo y como expresión de la hiperinflación, el dólar y también el euro se han venido instalando sostenidamente en la economía, al punto tal que, según algunas firmas que analizan la situación económica nacional, más del 30% de las transacciones se realizan en dólares. Es más, el mismísimo Banco Central de Venezuela emitió una resolución mediante la cual los créditos bancarios se cobran con base en una unidad de valor que toma como patrón al dólar.

La guinda de la torta, sin embargo, la puso Maduro, quien en una entrevista con José Vicente Rangel el día 17 de noviembre, afirmó que él veía con mucho interés el uso del dólar y que además, le parecía muy bien que se dolarizara la economía porque se trataba de medios alternativos de pagos, porque ello representaba una válvula de escape para drenar las presiones de la economía. La cara de asombro y marchita de Rangel no cabía en la pantalla de los televisores.

Esta posición representaba un giro de trescientos sesenta grados con lo dicho anteriormente, según lo cual, todo lo que ha sucedido y sucede en Venezuela en términos de sustitución monetaria, obedece a una conspiración de las fuerzas pro imperialistas de la derecha venezolana, para usar una de las frases predilectas de Pedro Carreño, uno de los intelectuales de mayores quilates que tiene el régimen.

Lo cierto de todo, es que el dólar derrotó al régimen y lamentablemente, se ha venido consolidando lo inevitable cuando hay un proceso tan virulento de hiperinflación: la dolarización de facto de la economía. De esta manera, la dolarización de una gran cantidad de precios, menos el salario, no es una válvula de escape sino el resultado inevitable de un proceso de ruina de la economía nacional, cuya expresión más visible es la destrucción de la moneda.

El dólar en Venezuela: cómo sobreviven quienes solo tienen bolívares Guillermo D. Olmo – BBC News – 22 de Noviembre 2019

Enfermeras.Muchos colectivos, como el personal de enfermería, reclaman que se les pague en dólares

Venezuela se dolariza, pero no todos pueden subirse a ese tren.

De acuerdo con un reciente informe de la consultora Ecoanalítica, las transacciones en la moneda estadounidense alcanzan ya el 53% del valor total de las que se realizan en el país.

En Maracaibo, una de las ciudades más importantes del país y una de las más golpeadas por la crisis económica, ese porcentaje sube hasta el 86%.

Sin embargo, según los estudios, un amplio sector de la población no tiene acceso a la divisa o lo tiene solo muy esporádicamente.

Son muchos los que cobran su sueldo o pensión en bolívares, la moneda nacional, que lleva años perdiendo valor sin freno a causa de la hiperinflación que sufre el país.

Aunque muchos reciben ayuda de sus familiares emigrados o cobran en dólares por trabajos puntuales en la economía informal, los expertos creen que aún hay una mayoría que se maneja en bolívares.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo en una reciente entrevista que la dolarización “puede servir para la recuperación” y como “válvula de escape” para la economía del país, que ha perdido más del 50% de su Producto Interno Bruto (PIB) en los más de 6 años que lleva en el poder.

Sus palabras causaron gran polémica, porque suponían una rectificación de la política de control de cambios que durante años llevaron a cabo los distintos gobiernos chavistas y por lo que dijo de los que solo disponen de bolívares.

Maduro afirmó que a estos “los salva la patria”, con el sistema de bonos y ayudas del gobierno.

MaduroDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionDespués de años, Maduro rectificó una política llevada a cabo por los distintos gobiernos chavistas y dijo que ahora aprueba el uso del dólar en Venezuela.

Muchos empleados públicos perciben modestos salarios en bolívares y ayudas en forma de pagos especiales y bolsas con alimentos, pero hay colectivos que denuncian que son insuficientes.

También cobran en bolívares muchos de quienes trabajan por su cuenta o en el sector privado.

En palabras de Asdrúbal Oliveros, economista de Ecoanalítica, la dolarización “excluye a los que solo tienen acceso a bolívares, cuya capacidad de compra está severamente limitada“.

Para los venezolanos que viven en bolívares, o “bolos”, como se los conoce popularmente, la vida consiste a menudo en la búsqueda de propinas que no alcanzan, compaginar varios trabajos y una lucha diaria por cosas básicas como la comida, el agua o el transporte.

BBC Mundo conversó con algunos de ellos.

“Me pagan en bolívares o hacemos trueque”

A la casa de la enfermera Francis Guillén empiezan a llegar más bolívares, pero nunca dólares.

Ella lo intenta, pero no lo consigue.

Francis GuillénLa enfermera Francis Guillén está pensando en dejar su trabajo en un hospital por lo poco que le pagan.

Hace un año, harta de comprobar que los 420.000 bolívares mensuales (menos de US$15 al cambio) que le pagan en su trabajo en el Hospital Pérez Carreño de Caracas no eran suficientes para cubrir las necesidades de su familia, decidió emprender.

“Empecé vendiendo obleas en el hospital. Después aprendí cómo elaborar champú y geles para el cabello, y mi marido y yo empezamos a venderlos”.

Con los productos para el pelo, dio en el clavo, y su éxito le permitió mejorar sus ingresos, pero siempre en bolos.

Tanto ella como su marido, que la ayuda en el negocio, ofrecen a un dólar el kilo de gel fijador, pero, según cuenta, “casi nadie paga en dólares”.

El trato suele ser 18.000 bolívares por un cuarto de kilo. A veces, incluso, quienes no tienen efectivo les cambian paquetes de pasta o arroz por su producto capilar.

Cómo funciona el trueque en el mercado de Puerto La Cruz

Ni sus compañeros en el hospital, ni los otros fieles de la iglesia evangélica a la que acuden, ni la gente que compra en el puesto ambulante que coloca su marido a diario en el bulevar de Catia, una zona popular al oeste de Caracas, manejan la divisa.

Ella, no obstante, se alegra porque con su nuevo negocio su familia ingresa el equivalente en bolívares a US$200 mensuales, mucho más de lo que le pagan en el hospital.

“Ahora al menos nos alcanza para lo esencial”, dice, mientras observa a su hijo pequeño corretear contento por la casa que habitan en un barrio de ranchitos en la zona de Artigas, en el oeste de Caracas.

“En un buen día de ventas, puedo ganar más que en todo un mes de trabajo en el hospital”, explica.

Francis, no obstante, conserva su empleo allí y participa en los paros y otras protestas que lleva a cabo estos días el personal de enfermería venezolano en demanda de un sueldo digno y contra el deterioro del sistema sanitario público del que culpan al gobierno de Maduro.

Lo hago por vocación. Vengo de una familia de enfermeros y me niego a entregarle la salud a un régimen que está matando a los venezolanos”, afirma.

Francis GuillénFrancis empezó a vender champú y geles para el cabello y eso se ha convertido en el principal sustento de su familia.

Pero todo tiene un límite y Francis piensa en dejar su empleo por lo poco que le pagan, la misma razón que empujó a su esposo hace un año a abandonar su puesto en el servicio de Bomberos del Distrito Capital.

Tengo compañeras que hacen trabajos por libre (independiente) y les pagan en dólares en el este de la ciudad”, dice.

En la capital de Venezuela hay un gran contraste entre el oeste, donde vive la gente con menos ingresos, y el este, donde suelen estar los vecindarios de mayor renta.

Recuerda que una vez hace tiempo la contrataron en el este para cuidar de una persona mayor los fines de semana y le pagaban US$10 por seis horas de trabajo. Es de las pocas veces que tuvo ingresos en divisas y un recuerdo que la anima a seguir los pasos de otras enfermeras que dejaron los hospitales públicos para trabajar por su cuenta.

También se acuerda de la época en la que su sueldo de enfermera en un hospital público le alcanzaba para llevarse a su familia de vacaciones a la Isla Margarita.

“Me da mucha pena, porque ahora no podemos pagarlo y mi hijo no ha podido conocer lo maravillosa que es Venezuela”.

“Alguien deja un dólar una vez al mes”

El empleado de la petrolera estatal Nelson Candelario se levanta siempre mucho antes de que salga el sol.

Gasolinera.Los empleados de la petrolera estatal dependen de las propinas de los clientes y muy pocos dejan dólares.

Vive en la zona de La Bombilla, un barrio de ranchitos en lo alto de Petare, el arrabal, considerado uno de los más extensos de América Latina, que domina gran parte del paisaje urbano de Caracas.

Llegar a su puesto de trabajo en una gasolinera de la zona caraqueña de Chuao le lleva mucho tiempo y dinero.

Solo en el pasaje ya me gasto todo mi sueldo“, le dijo a BBC Mundo, mientras llenaba los depósitos de los autos que iban llegando a la estación de servicio.

Nelson se gasta en transporte 8.000 bolívares diarios, lo que significa que solo en desplazarse se le va un buen pellizco del salario mínimo que le paga PDVSA, 150.000 bolívares mensuales, más otros 150.000 que percibe del llamado Cesta Ticket, una ayuda oficial complementaria.

En total, percibe unos US$10 mensuales al cambio ,una cantidad que cuando usted lea esto seguramente se habrá reducido, porque la cotización del dólar habrá subido, igual que los precios.

Tiene 6 hijos: 4 de ellos todavía dependen económicamente de él y de su esposa. “Con eso uno no les da de comer, si acaso, los tiene a medio comer”, lamenta.

Como todos los empleados de las gasolineras de Venezuela, Nelson se ayuda con las propinas que dejan los clientes después de repostar. La gasolina es casi gratis en el país y la costumbre es dejarle unos bolívares al trabajador que despachó el combustible.

“La mayoría dejan 100 bolívares”, cuenta. Son menos de diez centavos de dólar. A final de mes, reúne unos 40.000 bolívares extras por esta vía, pero tampoco esto es suficiente, ya que esta cantidad equivale a poco más de un dólar y medio.

Dólares.El uso del dólar es cada vez más frecuente en Venezuela y ya convive con la moneda local, el devaluado bolívar.

Su mujer ha montado en casa un negocio de venta de empanadas, en el que él echa una mano los fines de semana, que se ha convertido en un flotador para la economía de una familia a la que no le entran dólares por ninguna parte.

En la gasolinera ve alguno muy de vez en cuando. “Aproximadamente una vez al mes alguien deja una propina de un dólar en la gasolinera, pero luego piden el cambio en bolívares”, dice Nelson.

En realidad, cree él, es la manera que han encontrado algunos de conseguir bolívares en efectivo, muy escasos en el país, pero que abundan en los puntos de abastecimiento de PDVSA.

Los bolívares en efectivo se suelen usar para pagar las propinas de los aparcacoches y en transacciones de muy poco valor.

A veces, también hay quien, a falta de “bolos” en efectivo, entrega algún regalo. Esta mañana, una mujer que no tenía dinero le dejó a Nelson un paquete de galletas.

Nelson se queja de que la hiperinflación que afecta al país desde 2017 les golpea a ellos doblemente. “Los precios no paran de subir y eso, a la vez, hace que la gente deje cada vez menos propina”, indica, mientras sujeta la manguera de la gasolina y un fajo de bolívares arrugados.

A la pregunta de si escuchó las declaraciones de Maduro sobre la dolarización responde con desinterés. No sabe muy bien de qué le están hablando. “Uno escucha tantas tonterías…”, dice.

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Liliana del Valle.La maestra Liliana del Valle se queja de que su sueldo no le basta.

“Camino dos horas hasta el mercado”

Para Liliana del Valle, maestra de 38 años, la vida en la Venezuela de la crisis se resume en “estirar y estirar”.

Eso es lo que, dice, está obligada a hacer para resistir la incesante subida de los precios con un sueldo que apenas le alcanza para dos kilos de carne.

Con los 150.000 bolívares mensuales (unos US$5 al cambio) que le pagaban en una escuela pública en la zona de La Quebradita, en Caracas, había que hacer milagros.

Se queja de que las bolsas CLAP, alimentos subsidiados que entrega el gobierno, no siempre llegaban y de que tampoco son suficientes las ayudas que recibe a través del Carnet de la Patria, una polémica tarjeta implantada por el gobierno de Maduro que se exige para percibir los beneficios.

“Yo me saqué el Carnet de la Patria porque decían que sin él no recibiría la bolsa CLAP”, indica.

Gracias a esa tarjeta llegó este mes el bono llamado “Paz y felicidad”, unos 90.000 bolívares (poco más de US$3). “Cada 4 o 5 meses recibo un pollo“, cuenta.

Liliana considera las ayudas del gobierno un mero “camuflaje”.

Para completar sus ingresos, empezó a impartir clases particulares a hijos de vecinos y compañeros de trabajo que tenían dificultades con sus estudios por las que cobraba 20.000 bolívares (alrededor de US$0,70)

Y se acostumbró a hacer sacrificios antes impensables en el día a día para llegar a fin de mes.

Persona cargando agua.La casa de Liliana lleva semanas sin recibir suministro de agua, un problema muy habitual en Venezuela.

“Voy a pie hasta los mercados de Coche o Quinta Crespo a hacer mis compras para ahorrarme el precio del pasaje; a veces son dos horas de camino”, cuenta.

Compra en estas zonas populares porque los precios son más bajos y los comerciantes ofrecen descuentos a quien paga en bolívares en efectivo. Para hacerse con el preciado efectivo, muy escaso en el país, aguarda paciente cada mañana la fila en una sucursal bancaria en la que casi nunca le permiten retirar más de 3.000 bolívares (unos 10 centavos de dólar).

Proveerse de lo básico es una lucha que requiere paciencia y tesón.

Su casa lleva semanas sin recibir suministro de agua, un problema muy habitual en Venezuela, y a veces le toca caminar hasta caños y fuentes en los que aprovisionarse.

Ahora está buscando trabajo y acaba de presentar su candidatura en la escuela en la que trabaja su esposo, también docente, porque allí pagan algo más.

En cualquier caso, no será en dólares.

“Hay una enorme diferencia para los que tienen dólares. Uno ve que andan más desahogados”, afirma.

“Pero yo no tengo familia fuera, así que no tengo esa suerte”, lamenta.

No escuchó las declaraciones de Maduro sobre las ventajas de la dolarización, pero tiene un mensaje para él> “Si el presidente nos quiere dolarizar, que nos pague el sueldo en dólares”.

De lo contrario, cree, sus palabras no serán más que una “falacia”.

El suicidio de Venezuela por Moisés Naím y Francisco Toro – Noticias de Israel – 17 de Noviembre 2019

Examinemos los siguientes dos países latinoamericanos. El primero es una de las democracias más antiguas y estables de la región. Tiene una red de protección social más robusta que la de sus vecinos. Sus esfuerzos por ofrecer salud y educación universitaria gratuita a todos sus ciudadanos comienzan a dar resultados. Es un ejemplo de movilidad social y un verdadero imán para inmigrantes de toda Latinoamérica y Europa. Se respira libertad en los medios y en los partidos políticos quienes cada cinco años compiten ferozmente durante las elecciones y el poder cambia de manos regular y pacíficamente. Este país logró esquivar la ola de dictaduras militares que azotó a la mayoría de sus vecinos latinoamericanos. Su alianza política con los Estados Unidos es de larga data. Gracias a sus profundos vínculos comerciales y de inversión, numerosas multinacionales de Europa, Japón y Estados Unidos lo escogieron como su base de operaciones para América Latina. Además, posee la mejor infraestructura de Sudamérica. Ciertamente, está muy lejos de ser un país que ha erradicado las plagas que azotan a los países pobres. Sufre de fuertes dosis de pobreza, corrupción, injusticia social, ineficiencia y debilidad institucional. Aun así, bajo cualquier criterio con el que se le mida, le lleva enorme ventaja a casi todos los países en desarrollo.

El segundo país es una de las naciones más empobrecidas de América Latina y la dictadura más reciente de la región. La mayoría de sus escuelas y universidades han colapsado. Su sistema de salud está en el olvido tras décadas de desidia, corrupción y falta de inversión; el paludismo y el sarampión, entre otras enfermedades que hacía tiempo habían sido derrotadas, regresaron por la revancha. La gran mayoría de la población no tiene suficiente comida y ha perdido peso muy rápidamente; sólo una pequeña élite come tres veces al día. Los servicios públicos (agua, electricidad, transporte, comunicaciones) son precarios o inexistentes. Su violencia epidémica lo coloca entre los países con la tasa más alta de homicidios del mundo. Tal es la catástrofe, que millones de sus ciudadanos huyen a otros países, lo que se traduce en la más intensa ola de refugiados que se haya visto en América Latina. Se respira opresión: las detenciones arbitrarias son normales y la tortura común. Ningún otro gobierno (con la excepción de otras dictaduras) reconoce sus farsas electorales. Los pocos medios de comunicación que aún no están bajo el control directo del Estado, se autocensuran por temor a represalias. Para fines de 2018, su economía habrá batido récords: la mayor inflación del mundo y una contracción de cincuenta por ciento en sólo cinco años. Es un verdadero paraíso global para el tráfico de drogas. Los Estados Unidos, la Unión Europea y otros países latinoamericanos han acusado y sancionado a la cúpula en el poder, del presidente para abajo, funcionarios, militares, sus testaferros y sus familiares, por sus vínculos con las mafias del narcotráfico. El principal aeropuerto está casi siempre desierto y las pocas aerolíneas que aún conectan al país con el resto del mundo transportan sólo unos escasos pasajeros que deben pagar precios exorbitantes. Un país antes integrado al mundo es ahora el país mas internacionalmente aislado de América Latina.

Estos dos países son, de hecho, uno solo, Venezuela, en dos momentos diferentes: a principios de los años 70 y hoy. La transformación de Venezuela ha sido tan radical, tan completa y tan devastadora que es difícil aceptar que no fue el resultado de una guerra. ¿Qué le pasó a Venezuela? ¿Cómo es posible que las cosas le salieran tan mal?

En una palabra: el chavismo. Bajo el mando de Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, el país ha sufrido una mezcla tóxica de políticas públicas devastadoras, autoritarismo y corrupción a gran escala. Todo esto bajo una influencia cubana tan amplia y profunda que, en la práctica, luce como una ocupación. Cualquiera de estos elementos habría creado por sí solo una grave crisis. Al juntarse, configuran una tragedia. Hoy, Venezuela es un país pobre, un estado fallido y mafioso, dirigido por un autócrata tutelado por una potencia extranjera: Cuba.

EL CHAVISMO EN EL PODER

Para muchos observadores la explicación de la crisis venezolana es simple: el socialismo impuesto por Chávez y sus asesores cubanos es la causa de la debacle. Pero si esa es la causa, ¿por qué Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Nicaragua y Uruguay, países que también tuvieron gobiernos socialistas en los últimos 20 años, no han colapsado? Cada uno de ellos ha padecido consecuencias políticas y económicas negativas, pero ninguno, con la excepción de Nicaragua, sufrió una crisis tan demoledora como la de Venezuela. De hecho, algunos hasta han prosperado.

Si el socialismo no es el culpable del fracaso venezolano, entonces podríamos achacar el problema al petróleo. Efectivamente, la etapa más aciaga de la crisis coincidió con la fuerte caída de los precios internacionales del crudo a partir de 2014. Pero todos los petroestados del mundo sufrieron serios shocks económicos externos ese mismo año, cuando sus ingresos por exportaciones de hidrocarburos cayeron drásticamente. Sin embargo, Venezuela fue el único que colapsó de manera catastrófica, de modo que esta explicación tampoco es satisfactoria.

En realidad, la decadencia del país comenzó hace cuatro décadas, no hace cuatro años. Para 2003, en Venezuela el PIB por trabajador ya había descendido un 37 por ciento con respecto a su punto más alto en 1978. Esta caída en los ingresos generó las condiciones sociales y políticas de un caldo de cultivo que Chávez supo aprovechar muy bien para llegar al poder.

Pero las causas del fracaso de Venezuela tienen raíces más antiguas y profundas. Varias décadas de gradual descalabro económico le abrieron el camino a un demagogo carismático que, inspirado por una ensalada de malas ideas, consiguió instaurar una autocracia corrupta, controlada por la dictadura cubana. Y, si bien es cierto que muchos elementos de la crisis actual anteceden a la llegada de Chávez al poder, cualquier intento por explicarla debe centrarse en su legado y en la influencia cubana.

Hugo Chávez nació en 1954 en una familia de clase media baja, en un pueblo rural. Ingresó a la Academia militar gracias a una beca como jugador de béisbol y, muy pronto, fue secretamente reclutado por un pequeño movimiento izquierdista que pasó más de una década conspirando para derrocar al régimen democrático. Chávez, entonces teniente coronel, se hizo figura pública el 4 de febrero de 1992, cuando encabezó un golpe de estado fallido. Su desventura lo llevó a la cárcel, pero también lo convirtió en un improbable héroe popular, que encarnaba la creciente frustración generada por una década de estancamiento económico. Después de ser indultado, se lanzó en 1998 como outsider a una campaña presidencial en la cual la apatía, la antipolítica, la mediocridad de los políticos de turno y la miopía de empresarios e intelectuales le permitió llegar a la presidencia. Derrotado el sistema bipartidista que había anclado la democracia venezolana durante 40 años, Chávez tuvo carta blanca para imponer su visión a una Venezuela harta de los políticos de siempre.

¿Cuál fue el detonante de la explosión de furia populista que llevó a Chávez al poder? La decepción. El desempeño económico estelar que Venezuela había experimentado por cinco décadas hasta los años 70 perdió ímpetu. El camino para acceder a la clase media se hacía cada vez más estrecho. Como lo observaron los economistas Ricardo Hausmann y Francisco Rodríguez: “Para 1970, Venezuela se había convertido en el país más rico de América Latina y uno de los veinte países más ricos del mundo, con un PIB per cápita más elevado que el de España, Grecia e Israel y sólo inferior en 13 por ciento al del Reino Unido”.

Pero para principios de los años 80, otro shock petrolero desestabilizó la economía y con ello la política. Un menor ingreso petrolero condujo a recortes en el gasto público, reducciones en los programas sociales, la devaluación monetaria, una inflación galopante, una crisis bancaria y al aumento del desempleo y de la penuria para los pobres. Aun así, la ventaja alcanzada por Venezuela con respecto a otros países de la región fue tal que, cuando Chávez fue electo, el ingreso per cápita era sólo superado por el de Argentina.

Otra explicación común para el ascenso de Chávez al poder es que representó una reacción de los electores ante la desigualdad económica generada por la corrupción imperante. Sin embargo, cuando Chávez llegó al poder, el ingreso estaba distribuido más equitativamente en Venezuela que en cualquier otro país de la región. Si la inequidad fuese tan determinante de los resultados electorales, un candidato como Chávez habría debido surgir antes en Brasil, Chile o Colombia, donde los índices de desigualdad económica eran más altos que los de Venezuela.

Puede que Venezuela no estuviera colapsando en 1998, pero estaba estancada y, en algunos aspectos, en regresión. Los precios del petróleo se habían derrumbado a apenas US$ 11 por barril, lo que dio pie, una vez más, a una nueva ronda de austeridad. El descontento popular abrió grandes oportunidades para Chávez y él supo explotarlas como ningún otro político venezolano lo había hecho. Sus elocuentes denuncias de la desigualdad, la exclusión, la pobreza, la corrupción y la anquilosada élite política tuvieron éxito entre los votantes, que veían su poder adquisitivo disminuido y sentían nostalgia de una época más próspera. La inepta y paralizada élite política y económica tradicional, nunca tuvo el nivel de resonancia con el pueblo que alcanzó el joven y simpático teniente coronel.

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, saluda al lado del presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel, durante una reunión en el Palacio de Miraflores en Caracas, en mayo del 2018. – MARCO BELLO / REUTERS

Los venezolanos apostaron a Chávez. Lo que obtuvieron fue no sólo un outsider decidido a arrasar con el statu quo, sino también un líder que rápidamente se transformó en ícono izquierdista latinoamericano, con seguidores en el mundo entero. Chávez se convirtió en la nota discordante y en la atracción principal de las cumbres globales, así como en líder de la ola global de sentimiento anti-americano, que habia recrudecido debido a las decisiones del presidente George W. Bush y, especialmente, su invasión a Irak.

La vocación militar de Chávez y su carácter lo llevaban a concentrar el poder y a tener una profunda intolerancia hacia quienes disentían de su opinión. Así, fue neutralizando no sólo a los dirigentes opositores, sino también a sus propios aliados políticos cuando éstos se atrevían a cuestionar sus decisiones. Muy pronto, sus colaboradores se dieron cuenta de cómo debían actuar para sobrevivir en el entorno del presidente: guardarse las críticas y apoyar sin discusión sus decisiones. Desaparecieron entonces los debates sobre las políticas a seguir y el presidente se dedicó a implementar una agenda radical, con poca reflexión y sin mayor discusión. Y con mucha influencia de Fidel Castro y sus agentes.

En 2001, sin consulta previa ni debate alguno, Chávez promulgó un decreto-ley sobre reforma agraria, la Ley de Tierras, una pequeña muestra de lo que vendría. Expropió extensas haciendas comerciales y las entregó a cooperativas de campesinos que carecían de conocimientos técnicos, de competencias gerenciales y de acceso al capital que les permitiera seguir produciendo a escala industrial. La producción de alimentos colapsó. Sector tras sector, el gobierno de Chávez aplicó políticas autodestructivas parecidas. Sin ofrecer compensación alguna, expropió empresas mixtas petroleras con participación extranjera y nombró como gerentes a sus seguidores políticos que no tenían la capacitación técnica necesaria para dirigirlas. Nacionalizó las empresas de servicios, incluyendo el principal operador de telecomunicaciones del país, y dejó a Venezuela sumida en una escasez crónica de agua y electricidad y con una de las conexiones a Internet más lentas del mundo. Incautó compañías de acero, lo que provocó la caída de la producción de 480.000 toneladas métricas mensuales, antes de la nacionalización en 2008, a prácticamente cero hoy en día. La confiscación de compañías de aluminio, empresas mineras, hoteles y aerolíneas tuvo resultados idénticos. Ninguna de las empresas expropiadas por el gobierno aumentó su producción. Absolutamente todas la disminuyeron y la gran mayoría dejó de funcionar.

Los líderes designados por el gobierno saquearon las compañías expropiadas una tras otra y llenaron las nóminas con seguidores y amigos del presidente y su familia. Cuando, inevitablemente, se topaban con problemas financieros, apelaban al gobierno, siempre dispuesto a rescatarlos. En 2004, los precios del petróleo habían aumentado de nuevo y llenado las arcas del estado de petrodólares que Chávez gastaba sin restricciones, controles, ni rendición de cuentas. Seguidamente, empezaron los préstamos fáciles provenientes de China, cuyos líderes estaban encantados de otorgarle créditos a Venezuela, a cambio de un suministro garantizado de petróleo a largo plazo y a buenos precios. Dependiendo de la importación de todo lo que no podía producir la devastada economía venezolana y mediante créditos que fueron mayormente usados para financiar un fuerte, y muy aplaudido, aumento del consumo, Chávez pudo proteger temporalmente al público del impacto de sus desastrosas políticas y seguir gozando de una amplia popularidad.

Pero no todo el mundo estaba convencido. Los trabajadores de la industria petrolera estuvieron entre los primeros en hacer sonar la alarma ante las tendencias autoritarias de Chávez. Fueron a la huelga en 2002 y 2003, para exigir una nueva elección presidencial. En respuesta a estas protestas, Chávez despidió a casi la mitad de la fuerza laboral de la compañía petrolera estatal e impuso un complejo régimen de control de cambio. El sistema para obtener las divisas necesarias para importar o para viajar se convirtió en un sumidero de corrupción cuando los acólitos del régimen se dieron cuenta de que comprarle divisas al gobierno, a la tasa de cambio oficial, y venderlas inmediatamente, a la tasa del mercado negro, podía rendirles inimaginables fortunas de la noche a la mañana. Este fraude, a través del arbitraje cambiario, creó una de las élites corruptas auspiciadas y protegidas por el gobierno más ricas del mundo. A medida que esta cleptocracia iba perfeccionando el arte de desviar los ingresos de la renta petrolera hacia sus propios bolsillos, los estantes de los supermercados venezolanos se iban vaciando.

Estos resultados eran tristemente predecibles, y fueron mil veces pronosticados. Pero mientras más fuerte hicieron sonar la alarma los expertos locales e internacionales, más se empecinaba el gobierno en su agenda. Para Chávez, las advertencias de los tecnócratas eran señal de que la revolución iba por buen camino. “Ladran, Sancho, pues avanzamos,” decía, citando a Cervantes.

CHÁVEZ TRANSFIERE EL PODER

En 2011, Chávez fue diagnosticado con cáncer. Los mejores oncólogos de Brasil y los Estados Unidos ofrecieron atenderlo. Pero él prefirió ponerse en manos de Cuba, el país en el cual confiaba no sólo para su tratamiento, sino también para garantizar la discreción en torno a su condición física. A medida que progresaba su enfermedad, también aumentaba su dependencia de La Habana y se ahondaba el misterio que rodeaba su estado de salud. El 8 de diciembre de 2012, un Chávez muy debilitado apareció por última vez en televisión para pedirle a los venezolanos que eligieran como su sucesor a Nicolás Maduro, el entonces vicepresidente. Durante los siguientes tres meses, Venezuela fue gobernada espectralmente y por control remoto: de La Habana emanaban decretos con la firma de Chávez, pero nadie lo había visto y muchos especulaban que había muerto. Cuando se anunció finalmente su muerte, el 5 de marzo del 2013, lo único que quedó claro en medio de un ambiente de secretos, mentiras y ocultamientos, fue que el próximo presidente de Venezuela continuaría la tradición de la influencia cubana.

Hacía tiempo que Chávez consideraba a Cuba como un modelo de revolución a seguir y, en momentos críticos, siempre acudía al presidente Fidel Castro para pedirle consejo. A cambio, Venezuela le enviaba petróleo: la ayuda energética a Cuba (bajo la forma de 115.000 barriles diarios, vendidos a crédito y con descuentos sustanciales) alcanzaba los US$ 1.000 millones al año para La Habana. La relación entre Cuba y Venezuela se convirtió en algo más que una alianza. Había sido, como lo decía el mismo Chávez, una “fusión de dos revoluciones” (en la que extrañamente, Cuba, el socio dominante de la alianza es más pobre y pequeño, pero tiene tanta experiencia y superioridad de competencias que domina la relación). Cuba tiene como prioridad minimizar la visibilidad pública de su presencia: la mayoría de las consultas se llevan a cabo en La Habana y no en Caracas y sus funcionarios en Caracas son expertos operando en las sombras.

Gran parte de los venezolanos, incluyendo muchos líderes de la oposición, tardaron años en darse cuenta de la importancia que tenía esta influencia cubana. Para el resto del mundo este fenómeno también era invisible.

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El ex-líder cubano Fidel Castro y el ex-presidente de Venezuela, Hugo Chávez, leen una copia del periódico del Partido Comunista de Cuba, “Granma”, en La Habana, en junio de 2011. -HANDOUT / REUTERS

El dirigente ungido por Chávez para sucederle había dedicado su vida a la causa del comunismo cubano. De adolescente, Maduro se afilió a un partido extremista marxista pro-cubano en Caracas. A los 24 años, en lugar de ir a la universidad, fue a formarse a la escuela para cuadros internacionales de Cuba y convertirse en un revolucionario profesional. Como Ministro de Relaciones Exteriores de Chávez, de 2006 a 2013, raras veces llamó la atención hacia sí mismo: sólo su inquebrantable lealtad hacia Chávez, y Cuba, propulsaron su ascenso a la cumbre del poder. Bajo su liderazgo, la influencia de Cuba en Venezuela se arraigó aun más. Llenó los cargos clave de la administración pública con activistas entrenados por organizaciones cubanas y funcionarios del gobierno cubano pasaron a asumir responsabilidades de carácter confidencial en el seno del estado venezolano. Los reportes diarios de inteligencia que informan a Maduro, por ejemplo, son producidos no por venezolanos, sino por funcionarios de seguridad cubanos.

Con el asesoramiento de los cubanos, Maduro ha restringido drásticamente las libertades económicas y ha borrado toda huella de liberalismo que podía quedar en la política y las instituciones del país. Ha continuado y ampliado la práctica de Chávez de encarcelar, exilar o expulsar de la vida política a aquellos dirigentes que se hacían demasiado populares o difíciles de cooptar. Julio Borges, diputado y dirigente clave de la oposición, huyó al exilio para evitar ser encarcelado mientras que Leopoldo López, el líder más carismático de quienes se oponen al régimen, se alterna entre la cárcel militar y el arresto domiciliario. María Corina Machado, otra figura prominente de la oposición, ha sido asaltada físicamente en repetidas ocasiones. Más de 100 presos políticos permanecen en las cárceles y las denuncias de tortura son frecuentes. Las elecciones que se dan de vez en cuando se han convertido en una farsa y el gobierno ha despojado de todo poder a la Asamblea Nacional, elegida legítimamente y controlada por la oposición. Maduro ha reforzado las alianzas de Venezuela con diversos regímenes anti-americanos y anti-occidentales. Ahora es Rusia la que le provee de armamento, seguridad cibernética y la asesoría y administración de su industria petrolera; China ofrece el financiamiento y la infraestructura; Bielorrusia está para la construcción de viviendas; e Irán para la producción de automóviles.

Al romper con los últimos vínculos de las alianzas tradicionales de Venezuela con los Estados Unidos, Europa y otras democracias latinoamericanas, Maduro perdió el acceso a las fuentes tradicionales de asesoría económica experta. Rechazó el consenso de los economistas de todas las tendencias políticas: aunque le habían advertido infinitas veces de su explosivo potencial inflacionario, Maduro prefirió confiar en los consejos de Cuba y de asesores políticos marxistas radicales, quienes le aseguraron que financiar sus déficits presupuestarios imprimiendo dinero no tendría consecuencia alguna. Inevitablemente, esta política causó una demoledora hiperinflación.

La fatal combinación de la influencia cubana y una corrupción desenfrenada con el desmantelamiento de los mecanismos de control y salvaguardia, junto a la más crasa incompetencia, han mantenido a Venezuela atada a políticas económicas catastróficas. A medida que las tasas mensuales de inflación superan los tres dígitos, el gobierno improvisa respuestas que no hacen sino empeorar aun más la situación.

ANATOMÍA DE UN COLAPSO

Países como Noruega, el Reino Unido y los Estados Unidos, ya eran democracias liberales antes de convertirse en productores de petróleo. Las autocracias que han descubierto riquezas de esta industria, como Angola, Brunei, Irán y Rusia, no han logrado dar el salto a la democracia liberal. Durante cuatro décadas, Venezuela parecía haber vencido milagrosamente ese destino: logró democratizarse y apuntar al liberalismo a partir de 1958, décadas después de haber descubierto el petróleo.

Pero las raíces de la democracia liberal venezolana resultaron ser poco profundas. Dos décadas de políticas económicas mal llevadas diezmaron la popularidad de los partidos tradicionales y un demagogo carismático, cabalgando la ola de un boom petrolero, no perdió la oportunidad de aprovecharse de la situación. Bajo estas inusuales condiciones, logró barrer en pocos años toda la estructura de control y contrapesos democráticos.

Al concluir el boom de los precios del petróleo en 2014, Venezuela no sólo se quedó sin los ingresos de los cuales dependía la popularidad y la influencia internacional de Chávez, también perdió el acceso a los mercados crediticios del mundo. Esto dejó al país doblemente expuesto: no sólo tenía menos petrodólares, sino que debía dedicar una mayor proporción de sus menguados ingresos a pagar la gigantesca deuda contraída durante el boom. Venezuela terminó con la estructura política típica de las autocracias que descubren petróleo: una oligarquía depredadora, extractiva, que ignora los sufrimientos del pueblo, pero que mantiene contenta a una élite militar, dispuesta a reprimir violentamente a sus compatriotas cuando protestan.

La crisis resultante se está transformando en el peor desastre humanitario del hemisferio occidental. Las cifras exactas del colapso del PIB son difíciles de obtener, pero los economistas estiman que excede la caída del 40 por ciento del PIB de Siria desde el 2012, que fue producto de su devastadora guerra civil. La hiperinflación, que ya supera un millón por ciento anual, ha llevado al 61 por ciento de los venezolanos a la pobreza extrema. Un 89 por ciento de los encuestados afirma que no tenía dinero para comprar suficiente comida para sus familias y un 64 por ciento señala que había perdido un promedio de 11 kilogramos (alrededor de 24 libras) en peso corporal, debido al hambre. Cerca de diez por ciento de la población, 2.6 millones de venezolanos, ha huido a países vecinos.

El Estado venezolano ha dejado de proveer casi todos los servicios públicos fundamentales, como salud, educación y seguridad ciudadana. Lo único que los venezolanos pueden esperar en forma consistente de parte del Estado es su implacable violencia represiva. Ante las protestas masivas de 2014 y 2017, el gobierno respondió con miles de arrestos, palizas brutales, torturas y el asesinato de más de 130 manifestantes. Para finales del 2018 los reportes de torturas sistemáticas a militares que se oponen al gobierno son comunes.

Mientras tanto, la criminalización del país ha ido aumentando, ya no sólo porque los criminales logran evadir las fuerzas policiales o porque actúan en complicidad con ellas, sino porque el estado se ha transformado en el principal protagonista de la actividad económica criminal. El tráfico de drogas se ha posicionado, junto con el petróleo y la manipulación del mercado de divisas, como fuente clave de ganancias mal habidas para la élite gobernante. Funcionarios de alto nivel, e incluso miembros de la familia presidencial, han sido implicados en casos de narcotráfico en los Estados Unidos. Una pequeña élite bien conectada ha robado al erario público en proporciones sin precedentes. En agosto, varios empresarios cercanos al régimen fueron acusados en tribunales federales de los Estados Unidos del lavado de más de US$ 1.2 mil millones en fondos ilegalmente obtenidos, y ésta es sólo una en la vertiginosa variedad de estafas que constituyen parte del saqueo de Venezuela. Todo el sureste del país se ha convertido en un gran campo de minería ilegal, donde gente desesperada por el hambre, que ha dejado las ciudades, ha llegado a probar suerte en peligrosas minas manejadas por bandas criminales que operan bajo protección militar. Dentro de las cárceles, bandas criminales trabajan de la mano con las fuerzas de seguridad oficiales y dirigen lucrativas operaciones de extorsión que los han convertido en las autoridades civiles de facto a todo lo largo del país. La Oficina Nacional del Tesoro, el Banco Central y la compañía petrolera nacional se han transformado en laboratorios donde se conciben complicados crímenes financieros. Con el colapso de la economía de Venezuela, la frontera que separa el estado del crimen organizado ha desaparecido.

EL DILEMA VENEZOLANO

Cuando el presidente, Donald Trump, se reúne con algún dirigente latinoamericano, suele insistirle que la región debe hacer algo frente a la crisis venezolana. Trump le ha pedido a su equipo de seguridad nacional que busque alternativas “fuertes”, y llegó a declarar en una oportunidad que existían “numerosas opciones” para Venezuela y que él “no descartaba la opción militar”. El Senador republicano Marco Rubio de Florida también ha coqueteado con la respuesta militar. Sin embargo, el Secretario de Defensa James Mattis, se hizo eco de un sentimiento común en el aparato de seguridad norteamericano declarando públicamente que “la crisis venezolana no es un asunto militar”. Todos los países vecinos han manifestado su oposición a un ataque armado contra Venezuela.

Y con razón. Las fantasías de Trump sobre una invasión militar son profundamente erradas y extremadamente peligrosas. Aunque un ataque militar dirigido por los Estados Unidos seguramente podría derrocar a Maduro sin dificultades, cualquier intervención apoyada en la fuerza militar debería ser parte de un plan y no un evento aislado. Requiere organización, apoyos internacionales reales y no retóricos, y un plan de lo que pasaría en los días y meses posteriores a la caída del gobierno. Una de las más difíciles decisiones es quién gobernaría a Venezuela después de Maduro. Como ya hemos dicho la oposición ha sido diezmada por sus conflictos internos y por la efectividad de los agentes cubanos para neutralizar a cualquiera que se destaque como líder.

Sin embargo, los Estados Unidos continuarán bajo presión para encontrar alguna manera de contener el colapso de Venezuela. Hasta ahora, las iniciativas propuestas sólo han servido para resaltar el hecho que, en realidad, es poco lo que Estados Unidos puede hacer. Durante la administración de Obama, los diplomáticos estadounidenses trataron de abordar directamente al régimen. Pero las negociaciones fueron infructuosas. Maduro utilizó estos acercamientos bajo mediación internacional para neutralizar las protestas callejeras: los dirigentes suspendían las manifestaciones para darle un chance al diálogo, pero los negociadores chavistas sólo presentaban evasivas y otorgaban concesiones mínimas, diseñadas para dividir a sus opositores, mientras ellos mismos se preparaban para la próxima ola represiva. Los Estados Unidos y los países vecinos parecen haber entendido al fin que, tal como están las cosas, el diálogo juega a favor de Maduro.

Algunos han sugerido utilizar sanciones económicas severas para presionar a Maduro e instarle a que renuncie. Los Estados Unidos ya lo ha intentado. Aprobaron varias rondas de sanciones, tanto bajo la administración de Obama, como bajo la de Trump, para impedir que el régimen adquiriera nuevas deudas y para obstaculizar las operaciones financieras de la petrolera estatal. Junto con Canadá y la Unión Europea, Washington también aplicó sanciones contra funcionarios específicos del régimen, al congelar sus bienes en el exterior e imponerles restricciones de viaje. Pero tales medidas son redundantes: si la tarea consiste en destruir la economía de Venezuela, ningún conjunto de sanciones podrá ser más eficaz que las que le ha propinado al país el propio régimen. Lo mismo se puede aplicar a un posible bloqueo petrolero: la producción de petróleo ya está en caída libre. En la Venezuela de hoy es difícil conseguir gasolina.

Washington puede enfocar su estrategia política en otras áreas. Estados Unidos puede tender una red más amplia contra la corrupción, e impedir no sólo a los funcionarios deshonestos, sino también a sus testaferros y familiares, disfrutar de los frutos de la corrupción, del tráfico de droga y de la malversación. También sería útil ampliar el existente embargo norteamericano de armamento y convertirlo en uno global.

Después de un largo período de vacilaciones, el resto de los países latinoamericanos han comprendido al fin que la inestabilidad de Venezuela se desbordará inevitablemente por sus fronteras.

A medida que retrocede la “ola rosa” de centro izquierda de los primeros años de este siglo, un nuevo grupo de dirigentes más conservadores en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú ha inclinado la balanza contra la dictadura de Venezuela, pero la falta de opciones factibles también los limita. La diplomacia tradicional no ha funcionado e incluso ha sido contraproducente. Por ejemplo, en 2017, los países latinoamericanos amenazaron con suspender la membresía de Venezuela en la Organización de Estados Americanos. El régimen respondió retirándose unilateralmente de la organización, lo que reveló cuán poco le importaba la presión diplomática tradicional.

Refugiados venezolanos cruzan el Rio Táchira para llevar sus pertenencias a Colombia en agosto del 2015. – Carlos Garcia Rawlins / REUTERS

Los exasperados países vecinos de Venezuela observan la crisis cada día más a través del problema migratorio; su prioridad es detener el flujo de personas hambrientas que huye de Venezuela y crea nuevas presiones sobre sus servicios públicos. A medida que va surgiendo una reacción en contra del flujo de refugiados venezolanos, algunos países latinoamericanos están pensando encerrar sus puertas, una tentación que deben resistir pues sería un error histórico que sólo empeoraría la crisis.  La realidad es que los países latinoamericanos no tienen idea de qué hacer para influir en Venezuela. Tal vez no haya nada que puedan hacer, salvo aceptar a los refugiados, lo cual al menos ayudaría a aliviar el sufrimiento del pueblo venezolano.

PODER PARA EL PUEBLO

Hoy, el régimen está tan sólidamente afianzado que es mucho más probable que se dé un cambio de caras que un cambio de sistema. Tal vez Maduro pueda ser desplazado por un dirigente ligeramente menos incompetente, capaz de estabilizar la economía y reducir las presiones sociales e imponer un rol menor para Cuba. Tal solución sólo significaría una petro-cleptocracia bajo dominación extranjera más estable y no un retorno a la democracia.

Aún si las fuerzas de la oposición, o un ataque armado de los Estados Unidos, lograran de alguna manera reemplazar a Maduro por un nuevo gobierno, la agenda que se les impondría por delante sería abrumadora. El régimen que reemplace al de Maduro tendría que reducir el inmenso papel que ahora juegan los militares en todas las áreas del sector público. Tendría que partir de cero a reconstruir servicios básicos como la salud, la educación y la seguridad. Tendría también que reconstruir la industria petrolera y estimular el crecimiento en otros sectores económicos. Tendría que enfrentar a los traficantes de droga, a las bandas criminales, a los mineros depredadores, a los ricos criminales financieros y a los extorsionistas que se han enquistado en cada órgano del estado. Y tendría que acometer todos estos cambios en el contexto de un entorno político tóxico y anarquizado y en medio de una grave crisis económica.

Dada la magnitud de estos obstáculos, es probable que Venezuela siga siendo pobre e inestable durante mucho tiempo. El desafío inmediato para sus ciudadanos y sus líderes, así como para la comunidad internacional, es contener el impacto del declive de la nación. A pesar de todas las miserias que ha sufrido, o quizás a consecuencia de ellas, el pueblo venezolano nunca ha dejado de luchar contra el mal gobierno que lo azota. Hasta el día de hoy, los venezolanos han seguido organizando cientos de protestas todos los meses. La mayoría de ellas apuntan a problemas locales, movidas por vecinos o grupos de base con poco liderazgo político, pero muestran a un pueblo con la voluntad de pelear por sus intereses.

¿Bastará esto para cambiar el rumbo sombrío por el que va el país? Probablemente no. La desesperanza está llevando a más y más venezolanos a fantasear con una intervención militar dirigida por Trump: un deus ex machina fervientemente deseado por un pueblo que ha sufrido por demasiado tiempo. Pero se trata sólo de una fantasía de venganza, no de una estrategia seria.

La mejor esperanza de los venezolanos está en asegurarse de que no se extingan las protestas y la disidencia social. La resistencia a la dictadura debe mantenerse viva. Porque esa tradición de protesta podría un día sentar las bases de la recuperación de las instituciones cívicas y de las prácticas democráticas. No va a ser fácil, ni mucho menos rápido. Pero Venezuela ha dado grandes sorpresas en el pasado, y puede volver a hacerlo.

Economía venezolana sufrió una reducción de 43% – Venepress – 14 de Noviembre 2019

La inflación en los últimos 12 meses en Venezuela se ubicó en 24.312%

Economía venezolana sufrió una reducción de 43%

La Asamblea Nacional (AN) anunció este jueves que la inflación en Venezuela para el mes de octubre es de20,7%, mientras lo acumulado en lo que va de año es de 4.035,2%.

En el primer semestre del año, la actividad económica había sido 25% menor que la de los primeros seis meses de 2018, de acuerdo al informe del Parlamento.

Los más recientes datos oficiales del ente emisor mostraron que la economía cayó 26,8% en los primeros tres meses de este año, profundizando una recesión que inició a principios de 2014.

Venezuela era hasta hace cuatro años la cuarta economía latinoamericana, la AN calculó que la economía venezolana pasó a tener un tamaño similar a la de Guatemala y produce menos de 70.000 millones de dólares.

“En medio del deterioro de la actividad económica, la inflación en los últimos 12 meses se ubicó en 24.312%, bajo una hiperinflación que comenzó hace dos años. En octubre, los precios aumentaron 20,7%”, según la Asamblea Nacional.

Nicolás Maduro miente sobre la economía pero la Cepal y el FMI lo ponen en su sitio por Daniel Gómez – ALnavío – 12 de Noviembre 2019

“Todos los indicadores marcan que 2020 será el año de reinicio del crecimiento económico del país”, dijo este lunes Nicolás Maduro, el mismo día en que el FMI y la Cepal publicaron datos que lo desmienten.

Para 2020 el FMI espera más desempleo e hiperinflación / Foto: Prensa Maduro
Para 2020 el FMI espera más desempleo e hiperinflación / Foto: Prensa Maduro

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones UnidasCepal, señala que la economía de Venezuela se contraerá 14% en 2020 en el informe de perspectivas económicas publicado este lunes.

Este lunes el Fondo Monetario Internacional (FMI) también presentó sus proyecciones de desempleo en el mundo de cara a 2020. Ocupa el primer lugar Venezuela, con un índice de parados de 50,5%. Le saca más de 20 puntos de distancia a otras economías en problemas como Sudáfrica Sudán.

En este informe, el FMI también recuerda que la hiperinflación en Venezuela continúa y que el próximo año será 500.000% superior. Este 2019, detalla el organismo, será de 200.000%.

Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, también ofreció unas declaraciones para el servicio de noticias del Fondo en las que recordó que el problema del éxodo seguirá agravándose.

“Venezuela está experimentando una grave crisis humanitaria, que desencadena grandes flujos migratorios en toda la región. Observando las tendencias actuales, se espera que el número de migrantes de Venezuela llegue a 6 millones de personas para fines de 2019. También se estima que alrededor del 90% de estos migrantes se establezcan en la región de América Latina y el Caribe, lo que ejercerá presiones inmediatas sobre las necesidades de gasto público y los mercados laborales”, explicó el experto.

Nicolás Maduro, autor de este desastre económico, parece ajeno a todo lo anterior. El mismo lunes en que los organismos internacionales presentaron datos de recesión, desempleo, hiperinflación y éxodo, Maduro dijo por la televisión estatal:

“Todos los indicadores marcan que 2020 será el año de reinicio del crecimiento económico del país”.

¿Por qué? “Los factores que explican el crecimiento son”:

– La elevación de la producción de riquezas industrial.

– La elevación petrolera y aurífera.

– La desaceleración y control de la inflación inducida, por la vía de los factores reales de la economía.

Parece poco creíble el discurso de Maduro. Sin embargo, no es la primera vez que Maduro miente sobre la economía.

En agosto le mintió a los chinos. En entrevista con la agencia china Xinhua, Maduro anunció un plan. 11 líneas de acción para reactivar la economía que iba a difundir próximamente. Todavía se sigue esperando por esos anuncios.

Y en septiembre también le mintió a los rusos. “He activado un programa económico bastante completo. Integral. Que puede integrarse perfectamente a la visión económica de la cooperación Rusia-Venezuela”, le dijo Nicolás Maduro al presidente ruso, Vladímir Putin, nada más llegar a Moscú.

Nicolás Maduro adelanta la Navidad por Florantonia Singer – El País – 2 de Noviembre 2019

El chavismo celebra las festividades navideñas un mes antes, justo cuando la economía cumple 24 meses de hiperinflación

Nicolás Maduro, en un acto de Gobierno este miércoles.
Nicolás Maduro, en un acto de Gobierno este miércoles.

Este 1 de noviembre, en la víspera del Día de Muertos, cuando por las calles se cruzan los que escarban las bolsas de basura en busca de comida con los pocos que se apuntaron a la moda de Halloween y van con disfraces de monstruos y guasones, Nicolás Maduro festeja. Para el líder chavista y su Gobierno, la Navidad ya comenzó. Esta semana ordenó que las festividades comenzaran un mes antes y que cada ministerio y gobernación hiciese una fiesta. Este viernes encendió una cruz en el cerro Ávila de Caracas, que desde hace más de 50 años se ha encendido el 1 de diciembre e iluminó con luces amarillas, azules y rojas el Hotel Humboldt —un lujoso edificio en el pico de la montaña caraqueña que solo usa el Ejecutivo—, desde donde pasó revista a las celebraciones de su burocracia y bailó con su esposa.

“Nadie nos va a quitar la alegría ni la paz. Nadie nos va a quitar la determinación de mantener la paz. Serán dos meses de alegría para los niños. En el 2020 vamos a florecer, y no porque yo me llame Cilia Flores, sino porque tenemos un pueblo y un presidente firme para dar felicidad a todos los hogares”, ha dicho la esposa del líder chavista.

A principios de esta semana, Maduro aprobó el gasto de 11 millones de euros para la compra de 13.500 toneladas de pernil, el corte de cerdo típico en las fiestas de Venezuela, que aseguró que distribuirá a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), su programa de alimentos a precios subsidiados. “Voy a aprobarlos inmediatamente para garantizarle al pueblo en diciembre sus perniles y todo lo que necesite nuestro pueblo. ¡Aprobado para avanzar!”, reiteró en una cadena nacional de radio y televisión, reconociendo que el año pasado la mercancía no llegó a tiempo para las cenas navideñas y fue insuficiente.

El adelanto de las bonificaciones y el festejo, si bien lo ha vuelto una tradición desde 2015, lucen como una conjura para disuadir el descontento que se vive en el país no solo por la caída de la economía, sino por el deterioro de los servicios públicos, la falta de gasolina y de gas doméstico para cocinar. Para gran parte de los venezolanos se vislumbran unas fiestas sin electricidad, ni agua y con poca compañía, pues la migración que forzó la salida de más de cuatro millones de venezolanos ha provocado la separación de muchas familias. De hecho, el éxodo masivo, que este año se ha exacerbado según los informes de la Acnur, solo revela una agudización de la emergencia humanitaria. Una situación que traerá al país al coordinador del Socorro de Emergencia, Mark Lowcock, del 4 al 6 de noviembre, según anunció este viernes la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

En las últimas semanas, Maduro se ha enfrentado a una serie de protestas y paralizaciones de gremios como el de las enfermeras, profesores universitarios y maestros que reclaman mejores condiciones salariales y de vida. Algunos sectores han amenazado con una huelga general, una paralización que ocurre de facto por el colapso generalizado del país. El líder de la oposición Juan Guaidó ha convocado para el 16 de noviembre una gran movilización nacional con la intención de retomar la presión en las calles, desgastada tras 10 meses de intentos de forzar la renuncia de Maduro para iniciar una transición política que zanje la crisis venezolana.

VERSIONES CRUZADAS POR EL CRIMEN DE EDMUNDO RADA

El ministro de Interior del chavismo, Néstor Reverol, presentó detalles de las pesquisas del asesinato del dirigente de Voluntad Popular, Edmundo Rada. La versión del Gobierno es que Rada fue asesinado por la pareja actual de su exnovia Tibisay Vilera. Se trató, según Reverol, de un “crimen pasional” y no de una persecución política por las denuncias que había hecho Rada contra las ejecuciones extrajudiciales de las Fuerzas Especiales de la Policía Nacional en los barrios, como ha señalado su familia. “Edmundo Rada fue a llevarle el alimento canino a Tibisay y se encontró con Anderson Miguel Machado, pareja actual de Tibisay, quien confesó que en esa residencia, Anderson le propinó un disparo a Edmundo. Esto es todo lo contrario a lo que ha dicho Juan Guaidó, quien intenta politizar este hecho”.

El ministro aseguró que chequearon vídeos de seguridad donde fue hallado el cadáver e investigaron los últimos movimientos bancarios realizados por Rada, lo que supuestamente los dirigió a la escena del crimen. En su versión, el cuerpo fue trasladado en un automóvil, fue calcinado y luego abandonado en la carretera Petare-Santa Lucía por el acusado junto a tres personas más.

Tadeo Rada, hermano del dirigente local, ha asegurado que la familia nunca tuvo acceso del expediente y que no conocen a los cuatro hombres señalados por Reverol. “No creemos en esa teoría”, ha expresado.

Por qué se ha empezado a usar el euro en Venezuela por Guillermo D. Olmo – BBC News – 1 de Noviembre 2019

Euros y dòlares.
El euro ha comenzado a aparecer en los intercambios en Venezuela, un país en el que la moneda local no deja de devaluarse.

Dólares estadounidenses, pesos colombianos, reales brasileños, oro…y ahora también euros.

En la distorsionada economía de Venezuela la moneda europea se ha hecho también un hueco.

Debido a la imparable hiperinflación, la constante pérdida de valor del bolívar,la moneda nacional, y a que esta es cada vez más escasa, el pago en divisas se ha generalizado en el país.

Según la consultora Datanálisis, las transacciones en moneda extranjera superan ya el 50% del valor total.

Aunque el dólar es la más utilizada, en zonas fronterizas con Colombia y con Brasil se aceptan también las monedas de estos países, el real y el peso colombiano.

Y en el extenso cinturón minero del Estado Bolívar, adonde llega poco efectivo, se paga incluso en oro.

El euro es el último invitado al rompecabezas monetario venezolano.

¿Cómo apareció el euro?

Los expertos coinciden en que la fuente de los euros que han aparecido es el gobierno y su aparición, consecuencia de las sanciones impuestas por Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro para forzar su salida del poder.

Con la capacidad para captar dólares restringida por las sanciones que pesan sobre sus exportaciones petroleras, tradicional fuente de ingresos para el estado venezolano, el gobierno ha hecho una apuesta por las exportaciones de oro y otros minerales como alternativa.

PDVSASe cree que los euros que han aparecido proceden de pagos a proveedores de la petrolera estatal, que busca la manera de sortear las sanciones de Estados Unidos.

Se cree que países como Rusia o Turquía, con los que la Venezuela chavista mantiene buenas relaciones están pagando en euros en efectivo por los cargamentos de oro, una fuente vital de liquidez en medio de la grave crisis económica y la presión de Estados Unidos y sus aliados.

La agencia Bloomberg publicó recientemente que entre abril de 2018 y mayo de 2019 se enviaron desde Moscúa Venezuela dólares y euros en efectivo por valor US$315 millones.

Aunque “determinar con exactitud el origen último de los euros que han empezado a circular es casi imposible”, señala Henkel García, economista de Econométrica.

“Puede haber sido el pago a exportaciones de oro o quizá reservas que estaban en el Banco Central de Venezuela”, dice.

Luis Vicente León, director de Datanálisis, indica en conversación con BBC Mundo que “la mayoría de los euros proviene de las transacciones que ha llevado a cabo el Banco Central de Venezuela”.

García señala que “la banca ha tenido que introducir los euros en el mercado casi a la fuerza, porque si no se les imponía una penalización”.

En 2018, el vicepresidente para el Área Económica, Tareck El Aissami, anunció un plan para vender euros y yuanes, la moneda china, a través del mecanismo cambiario oficial, el famoso Dicom.

El Aissami.El vicepresidente Tareck El Aissami (dcha) anunció un plan para subastar euros.

El Aissami dijo que serían más de 2.000 millones de euros los que se colocarían por esta vía.

El Ministerio de Comunicación venezolano no respondió a una solicitud de información de BBC Mundo.

¿Para qué se usa el euro?

El uso del euro es un fenómeno reciente y minoritario.

Se admite en muchos bodegones, las tiendas de artículos importados que han proliferado últimamente.

Y también en intercambios de cierto valor, como la compra de generadores eléctricos, demandados en un país que sufre frecuentes apagones.

A veces, el euro se utiliza para completar el monto total de bienes o servicios que han sido parcialmente abonados en dólares o bolívares.

“Se suele dar entre agentes más formales, gente que puede depositar los euros en cuentas bancarias en el extranjero o que puede salir de Venezuela con ellos”, indica León.

Productos.Las tiendas de artículos importados gana popularidad y en muchas se puede pagar tanto en dólares como en euros.

El consumidor medio no se maneja en euros.

“La gente prefiere usar el dólar porque la dificultad de enviar el dinero fuera de Venezuela es todavía mayor con el euro”, apunta García.

No tan popular

Muchos particulares y empresas venezolanas tienen cuentas en dólares en el exterior que utilizan para recibir y realizar pagos.

Es la única manera de depositar en el banco los dólares que reciben, algo imposible en Venezuela por las restricciones legales.

Ese uso no es tan frecuente con los euros.

En consecuencia, “al ser más difícil de intercambiar, el euro no es tan popular como el dólar“, dice García.

Eso se traduce en que la mayoría de negocios fijan el mismo precio en dólares y en euros, ignorando que la moneda de la Unión Europea cotiza a veces hasta un 10% más en los mercados internacionales.

Dólares.El dólar es más apreciado que el euro en Venezuela porque es más fácil de transar.

¿Crecerá el uso del euro?

León advierte de que el uso creciente de divisas en efectivo para transacciones de cierta entidad, como las que actualmente realizan las empresas venezolanas que están acumulando gran cantidad de efectivo en dólares que no pueden ingresar en los bancos locales, puede alentar comportamientos delictivos.

“Un país que renuncia a su moneda, como Venezuela está haciendo con el bolívar, abre la puerta a que se hagan grandes pagos en efectivo en divisas que en otros lugares se rechazarían por sospechosos”.

“Ese es el entorno ideal para un narcotraficante que puede ingresar en el sistema sin llamar la atención”, alerta el experto.

Aunque no lo ha admitido públicamente, los expertos creen que el gobierno ha reducido drásticamente la emisión de bolívares para frenar su devaluación frente al dólar y combatir la hiperinflación, verdadero flagelo en un país que ha perdido más de la mitad de su Producto Interno Bruto desde que Maduro llegó al poder y del que se han marchado más de 4 millones de personas en los últimos años, según las cifras de Naciones Unidas.

Banco Central de Venezuela.Las sucesivas reformas monetarias no han servido para frenar la pérdida de valor del bolívar y la extensión del uso de las divisas.

Sin embargo, dado que no parece que ni la devaluación del bolívar ni las sanciones de Estados Unidos vayan a revertirse pronto, es previsible que el efectivo en divisas siga aumentando.

No está claro que vaya a ser en euros.

“Es el gobierno el que ha introducido los euros, así que todo dependerá de su capacidad para seguir generándolos”, concluye León.

¿Qué hay detrás de las cifras del Banco Central de Venezuela que complican a Maduro? por Zenaida Amador – ALnavío – 21 de Octubre 2019

Un Banco Central desmantelado y politizado, como casi todas las instituciones de Venezuela, había recurrido al silencio como forma de ocultar el colapso de la economía. Así se mantuvo por cuatro años, omitiendo estadísticas clave mientras apuntalaba la gestión expansiva del gasto público de Nicolás Maduro con una generación masiva de dinero sin responder a la realidad productiva del país. Y así fue hasta abril de este año cuando, por razones que todavía no han sido explicadas, el Banco Central de Venezuela comenzó a mostrar las cifras de la hecatombe.
El BCV ratifica que Venezuela avanza hacia el sexto año de recesión / Foto: BCV
El BCV ratifica que Venezuela avanza hacia el sexto año de recesión / Foto: BCV

Los datos más recientes, que corresponden al primer trimestre de 2019, dejan claro que Venezuela avanza hacia el sexto año de recesión. Lo ratifica el Banco Central de Venezuela (BCV). Sólo en los primeros tres meses del año, en comparación con igual período de 2018, el desplome fue de 26,8%.

Más allá de lo que en un primer vistazo se puede advertir, los datos del BCV dejan al desnudo que la crisis económica que hoy vive Venezuela se ha exacerbado por las políticas dictadas por el régimen de Nicolás Maduro. De hecho, el sector no petrolero tuvo un desplome de 27,3% mientras que el petrolero -sobre el cual inciden de forma más directa las sanciones internacionales- cayó 19,1%.

En el caso del sector petrolero los resultados van de la mano de la abismal caída experimentada en la producción. Las últimas estimaciones internacionales señalan que en septiembre el bombeo estuvo por debajo de los 700.000 barriles diarios y la tendencia es a que siga cayendo.

El sector no petrolero ha sido víctima de la decisión de Maduro de restringir el crédito como estrategia fallida para contener la hiperinflación y frenar la devaluación del bolívar. Valiéndose de incrementos radicales del encaje legal, Maduro limitó el volumen de recursos de los que dispone la banca para otorgar financiamientos y que era el único oxígeno que recibía el sector privado para seguir operando en un contexto recesivo e hiperinflacionario.

Si bien la medida bajó el ritmo de aceleración de los precios, Venezuela sigue en hiperinflación. Según el BCV, la tasa de inflación de septiembre fue de 52,2%, y no hay soluciones de fondo al problema hiperinflacionario. El bolívar, por su parte, siguió desintegrándose. Entre enero y junio la devaluación (medida a la tasa oficial) fue de 90,52% y la pérdida se valor de la moneda ha seguido adelante.

La práctica restrictiva, que comenzó en el último trimestre de 2018, no logró los objetivos esperados e hizo un hoyo en la economía en el inicio de 2019. Además, fue destruido el poder de compra del salario y se arrastró el consumo que, según el BCV, se contrajo 34,8% en el primer trimestre, lo cual se voltea sobre la propia economía y acentúa su paralización.

Ya la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) había señalado al cierre del primer trimestre que 14% de las 2.500 empresas que siguen operativas en el país no tuvieron producción alguna, mientras que las que sí trabajaron lo hicieron a 18% de su capacidad instalada, produciendo básicamente una semana al mes. Ahora el BCV lo confirma: el sector manufacturero cayó 56,3% en ese período.

El Banco Central además reportó que el sector construcción se contrajo 74,1%, algo que vienen advirtiendo los voceros de ese sector, que es uno de los que más rápidamente genera empleos. Las estimaciones de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela apuntan a que en todo 2019 no se habrá terminado la construcción ni de 1.000 viviendas.

A la par de esto, el sector de las instituciones financieras y de seguros retrocedió 52,7% y el del “comercio y servicios de reparación” experimentó una caída de 39,2%.

Sin barriles de petróleo

En el caso del sector petrolero los resultados van de la mano de la abismal caída experimentada en la producción. Las últimas estimaciones internacionales señalan que en septiembre el bombeo estuvo por debajo de los 700.000 barriles diarios y la tendencia es a que siga cayendo.

De hecho, si Estados Unidos no extiende la licencia de operación a Chevron en Venezuela se podrían perder otros 300.000 barriles de producción.

El BCV en su reporte del primer trimestre da cuenta del menor ingreso petrolero percibido por la nación. Unos 6.100 millones de dólares ingresaron por exportaciones petroleras, mientras que en igual período de 2018 el monto llegaba a 7.300 millones.La crisis económica se ha exacerbado por las políticas de Maduro / Foto: PSUV

El respiro le llegó a Maduro por otras vías distintas de la petrolera, algo que es sabido a nivel mundial, ya que el régimen se ha dedicado a sacar del país oro y otros minerales para su venta a través de mecanismos sobre los cuales no hay rendición de cuentas. En todo caso, lo poco que se puede advertir en las cifras del BCV es que las exportaciones no petroleras saltaron 140% para sumar unos 2.500 millones de dólares en el primer trimestre de 2019.

El cuadro más trágico

Las estimaciones del BCV muestran un cuadro desalentador. La caída acumulada de la actividad productiva en Venezuela desde 2013 se acerca a 60%, un nivel sólo experimentado por países como Japón, Francia y Alemania en los años de las guerras mundiales.

Algunos organismos, como el Fondo Monetario Internacional, creen que al cierre de 2019 la contracción económica será de 35%, lo que revela que algunas actividades y sectores prácticamente habrán desaparecido y otros seguirán, aunque siendo una mínima porción de lo que fueron en 2013.

Además, la hiperinflación sigue su curso y el consumo se desploma.

La hecatombe ha quedado retratada. ¿Qué revelan las cifras del Banco Central de Venezuela?

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