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Las recomendaciones de chavistas a Maduro para “marcar un nuevo rumbo de la economía venezolana” – La Patilla – 10 de Junio 2018

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Un grupo de profesionales – economistas, abogados, internacionalistas, contadores, filósofos- que se dicen “comprometidos con el desempeño de la revolución bolivariana y con los gobiernos del Comandante Chávez y del presidente Maduro”, elaboraron el siguiente documento, que “resume el trabajo de quince días aproximadamente, pero que de alguna manera recopila el esfuerzo intelectual de varios años de esfuerzo” para “plantear propuestas para combatir y derrotar los mecanismos de la guerra económica y que estén articuladas con la superación de la vulnerabilidad de la economía venezolana”

Pretenden enviarle el documento a Nicolás Maduro esta semana para su consideración.

El documento tiene el título de “Recomendaciones para atender la coyuntura económica y mercar un nuevo rumbo de la economía venezolana” y en él se lee que para ellos es “de suma importancia diferenciar entre la economía determinada por la racionalidad capitalista y sus relaciones de dependencia con el capital transnacional, y la otra economía, la fundamentada en el poder del pueblo como horizonte socialista. Así como precisar que la eficacia de la guerra económica activada por los centros de poder hegemónicos está relacionada con:

1) la alta dependencia de la economía nacional respecto a las transnacionales que monopolizan la producción, importación y distribución de los bienes de la industria, medicamentos, maquinarias y repuestos;

2) la fuga de las divisas provenientes de la exportación de petróleo”.

Y continúa con “Nos enfocamos en la hiperinflación inducida por la manipulación de la paridad cambiaria que distorsiona el valor de la moneda nacional; la guerra de precios, el desabastecimiento programado y selectivo de alimentos y de medicinas; la escasez del efectivo, y en los problemas relacionados con el suministro de bienes y servicios, particularmente en el transporte público y el gas doméstico. La política del presidente Nicolás Maduro de diálogo y paz, y de fortalecimiento del sistema de protección de la población venezolana, mediante el programa de la patria, los CLAP, los Hogares de la Patria, la política de vivienda y de pensiones, y la inamovilidad laboral, significan victorias políticas esenciales ante el asedio imperialista. Es crucial consolidar las victorias logradas, el pueblo está urgido de definir victorias en el ámbito de lo económico, en el campo de su lucha cotidiana contra la hiperinflación inducida, el cerco comercial y financiero y la guerra económica: es necesario corregir lo que estamos haciendo mal, lo hecho a medias, es urgente actuar sin demora alguna y tomar las medidas que estén a la altura de las circunstancias”.

En resumen proponen más controles, más impuestos, más racionamientos, la sobrevivencia del estado sobre la ruina de la nación. Si usted piensa que estamos muy mal, con esas recomendaciones, sin duda alguna, estaremos peor.

Es un documento sin ninguna recomendación rescatable, pero sin duda alguna, refleja la manera primitiva y autoritaria que grupos de – economistas, abogados, internacionalistas, contadores, filósofos – chavistas, entienden de la relación de producción y comercio entre los ciudadanos para la provisión de sus bienes y servicios.

De terror, los resultados de esa comprensión, están a los ojos de todo el planeta.

Habiendo durado tanto el mal… por Luis Vicente León – ProDaVinci – 10 de Junio 2018

lvl-300x359Las acciones del gobierno son contradictorias y primitivas. Insiste en repetir aquello que amplifica el problema y ya es irrelevante si lo hace por convicción, por presión de los beneficiarios internos o porque se quedó entrampado. En cualquier caso, el resultado es el mismo: un país aislado, la población con su calidad de vida pulverizada y una economía famélica.

Mientras esto pasa, la oposición está presa en sus conflictos internos entre moderados y radicales, lo que parece mostrar su incapacidad para entender la real magnitud del problema y el tamaño y peligro de su enemigo. Ante su incapacidad de articulación, ha quedado dependiente de la acción internacional, sin duda muy importante como complemento, pero nunca como sustituto de la acción política interna.

Por ahora vemos a mucha gente celebrar, con buenos deseos, las sanciones económicas y financieras internacionales, los discursos encendidos, insultos elegantes o arrabaleros (da igual), mientras la vida de la gente empeora a pasos agigantados. ¿Cuánto tiempo antes de que se vuelvan a frustrar? Es cierto que esto recrudecerá, como ocurrió también en Cuba, Siria, Zimbabue y Korea, pero sin una acción interna inteligente; la mayor probabilidad es tener el mismo resultado.

Muchos de mis amigos (y quienes no lo son), con la mejor intención, celebran los ataques verbales contra el gobierno de Maduro. Si hablamos de fresquito, cómo no coincidir con ellos. Pero eso no resuelve el tema central. Por ahora, sólo se ve el cierre de opciones a una solución real, el aislamiento, el deterioro económico, mucho peor que el actual, no sólo para el gobierno, sino para todos los que vivimos aquí.

El gobierno, mientras tanto, intenta recorrer la ruta convencional de los países sancionados, de los que hay una larga historia que contar: cambiar la fisonomía económica del país hacia otros aliados que le permitan subsistir a sus “jerarcas” y hacer al pueblo, en general, más dependiente de los repartidores de migajas.

Estará activa un rato la celebración provocada porque algunos países y organizaciones decentes le griten al gobierno lo que realmente es, pero luego ¿qué?

En efecto, el gobierno está pasando aceite. La crisis económica lo desborda y apenas empieza a recibir los embates brutales de la hiperinflación, que es mucho más concreta y demoledora que cualquiera de sus otros enemigos. La división interna lo pone en alto riesgo de implosión y sus jerarcas están en el momento crucial en el que se debaten entre quedarse encerrados, ellos y sus familias, en una autocracia paria o fracturarse y abrirse a una negociación de coexistencia o salida protegida. El tema es que estar en el primero o en el segundo escenario podría depender de la inteligencia de su adversario interno, que no puede ser sustituida por nadie mas. La teoría política es contundente. Los cambios de una autocracia a una democracia ocurren cuando el costo de permanencia del gobierno se hace infinito y el costo de salida de ese gobierno se reduce y se negocia. Si no trabajas en ambas variables, ocurre lo que ha ocurrido en los países donde se fortalece el primer escenario… y he de decir que son varios.

En todo caso, miremos por encima de los nubarrones del presente y pensemos que a la larga prevalecerá la racionalidad. Quizás es momento de recordar a Don Quijote cuando, después de una secuencia de sus famosas derrotas, le decía: “Sábete, Sancho, que todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal sea durable y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está muy cerca”.

Hiperinflación según CEDICE – Mayo 2018

¿Qué esperar de la economía venezolana luego del 20M? por Asdrúbal Oliveros, Gorka Lalaguna y Ana Isabel Heredia – ProDaVinci – 30 de Mayo 2018

 

colas-418x220.jpgDespués del 20 de mayo, Venezuela parece comenzar a asimilar el inicio de una nueva etapa de la crisis sistémica que aqueja al país desde hace poco más de cinco años. Un escenario donde la incertidumbre generalizada en torno al devenir de la política es más que compensada por la certidumbre de un mayor deterioro económico en el corto y mediano plazos.

A pesar de que los procesos electorales en Venezuela suelen ser percibidos como potenciales puntos de quiebre, el 20M, plagado de manipulaciones electorales, no representó más que un paso adicional en la consolidación y perpetuación de un régimen autoritario.

El recrudecimiento de la crisis económica jugó un papel central en la narrativa electoral. A modo resumen, la semana previa al 20M, el cuadro económico venezolano ofrecía lo siguiente:

1. La semana del 4 al 11 de mayo (11/05) los precios se incrementaron alrededor del 25,9% (1.661% acumulado en lo que va de año). 5,8 puntos porcentuales (pp) por encima del registro agregado del año 2012.

2. La producción petrolera acumula siete meses de caída a una tasa promedio mensual de 83.000 barriles diarios (kb/d), para ubicarse en 1,50 millones de barriles diarios (mb/d)[1]. Una caída de 1,4 mb/d (-47,9%) con respecto al máximo obtenido durante la gestión de Nicolás Maduro.

3. Tanto la República como PDVSA acumulan USD 4.426 millones en cupones vencidos (USD 3.615 millones formalmente en cesación de pagos), distribuidos en un grupo de 22 títulos, entre los cuales algunos acumulan más de 190 días de retraso a la par de un endurecimiento de sanciones, producto del rechazo de la comunidad internacional.

4. La economía venezolana, con una tasa de pobreza que supera con creces el umbral del 80,0%, acumula 17 trimestres de contracción (15,2% proyectado al cierre de 2018).

Creemos que no hay razones para pensar que, como consecuencia de la “contienda” electoral, la crisis económica vaya a mejorar. Por el contrario, el recrudecimiento de la restricción externa y el aceleramiento del proceso hiperinflacionario, en el marco de mayor incertidumbre política, provocarán un escenario más dramático. Leer más de esta entrada

Vértigo de locura por José Toro Hardy – La Patilla – 23 de Mayo 2018

Unknown.jpegLos teléfonos celulares con sus cámaras terminan siendo los mejores observadores en los procesos electorales. El día 20 las redes sociales transmitieron en vivo la situación de los centros electorales durante todo el día y en toda la geografía nacional. El denominador común es que la gran mayoría de ellos estaban desiertos, tal como estaba la plaza frente el centro electoral donde votó el presidente, ante cuya imaginaria multitud gesticulaba teatralmente.

No obstante, cómo era de esperar, el CNE anunció esa noche unos resultados que parecieran contrastar marcadamente con el testimonio visual que todos pudimos ver. Ahora bien, ¿cuál es la realidad? ¿Es que acaso con eso van a resolver los graves problemas reales del país? Veamos:

Según cifras publicadas por el BCV en sólo un año la Liquidez Monetaria aumentó en un 5.617 % rozando ya el trillón de bolívares. Peor aún, en apenas una semana (previo a las elecciones y por razones obvias) la citada Liquidez se incrementó en un 16,5%. Sé que para quienes no son economistas estas cifras pueden significar poco, pero la realidad es que se trata de dinero sin respaldo que emite el Banco Central para financiar el déficit fiscal.

Crece vertiginosamente la cantidad de bolívares en la economía, coincidiendo con una brutal caída en la producción de bienes y servicios. Esos bolívares tratan de comprar bienes que no existen en el mercado. Cualquiera que tenga los más elementales conocimientos de economía sabe que la consecuencia inevitable es un aumento de los precios que será tanto más elevado cuanto mayor sea la emisión de ese tipo de dinero “inorgánico”. Por eso, nuestra Constitución prohíbe expresamente al BCV financiar el gasto público:

Art. 320

“En el ejercicio de sus funciones el Banco Central de Venezuela no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias”.

En el caso venezolano, la violación de tal artículo es tan descarada, que entre mayo del 2017 y abril del 2018 el solo “financiamiento a empresas públicas no financieras” (léase PDVSA) creció 246 veces alcanzando la increíble suma de 1,9 billones de bolívares.

Durante ese mismo lapso la producción petrolera de Venezuela cayó aceleradamente. Hoy producimos lo mismo que en 1949, hace casi 70 años. Muchos analistas estiman que a fines del 2018 la producción podría ubicarse en torno a un millón de barriles diarios. Mientas tanto, arbitrajes internacionales perdidos como en el caso de ConocoPhillips, Russoro, Exxon Mobil y muchos otros que cursan ante el CIADI, comienzan ya a traducirse en embargo de activos petroleros venezolanos en el exterior, como está ocurriendo actualmente en Aruba, Curazao, Bonaire y San Eustaquio.

Todo lo anterior, sumado a la destrucción masiva del aparato productivo ha llevado a Venezuela a padecer lo que luce como una de las más severas crisis económicas que ha padecido el mundo entero en medio siglo.

La hiperinflación que padecemos, en medio de una brutal caída del Producto Interno Bruto, es la causa del brusco empobrecimiento que sufrimos los venezolanos.

Pero lo peor está por venir. Llevamos ya un semestre entero en hiperinflación. Conforme a las cifras que nos proporciona la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (porque el BCV ya no las suministra), el nivel de los precios está creciendo vertiginosamente. Si la inflación promedio mensual alcanzase un 80% durante el 2018, la hiperinflación de este año alcanzaría un 115.583 %. Si tal promedio de inflación mensual fuese del 85%, la inflación del año alcanzaría a un 160.616 %.

Cabe preguntarse, ¿es que acaso tan dramáticos escenarios podrán resolverse con anuncios electorales más propios de Alicia en el país de las maravillas?

La realidad es tan terca como dura. Ya el Banco Interamericano de Desarrollo declaró a Venezuela en default y las principales agencias calificadoras de riesgo soberano seguirán el ejemplo, aunque por ahora hablan de “default selectivo”.

La consecuencia inmediata de esos comicios fue su desconocimiento por parte del Grupo de Lima, EE.UU, la Unión Europea, el Reino Unido y el G-7, que incluye a Japón. Todos están claros. No es con mayores dosis del mismo veneno como se van a curar los graves males de Venezuela.

Estamos enfrentados a un abismo de ilegitimidad. Nuevas sanciones están siendo propuestas en momentos en que la industria petrolera, que aporta el 96% de todas las divisas que percibimos, parece hundirse en un vértigo de locuras.

Venezuela: la frontera final de la utopía por Carmen Beatriz Fernández – Estudios Política Exterior – 24 de Mayo 2018

Unknown-1.jpegEl día 19 de mayo, en vísperas de las elecciones presidenciales convocadas por la Asamblea Constituyente de Nicolás Maduro, un tópico se hizo tendencia en Venezuela en las redes sociales durante todo el sábado: #RoyalWedding. Ello por sí solo es indicador de lo poco interesantes que eran las votaciones a las que estaban convocados los venezolanos al día siguiente, que en cifras oficiales arrojaron un 52% de abstención.

La coletilla “oficial” en el dato de participación es relevante, porque las cifras no oficiales reportadas por Reuters a las 6 de la tarde (hora formal del cierre de las mesas) eran del 32%. Unas horas después, cuando se anunció el primer parte, el dato subió hasta el 48%. Aún dándolo por bueno, un 52% de abstención es marca récord en la que fue la democracia más antigua de la región. En 1958 se estrenó la democracia venezolana con apenas un 6,6% de abstención. Y fue creciendo en procesos subsiguientes: en 1963 al 7,8%; en 1968, 3,3%; en 1973, 3,5%; en 1978, 12,5%; en 1983, 12,3%; en 1988, 18,1%; en 1993, 39,9%; en 1998, la primera victoria de Hugo Chávez tuvo un 36,5% de abstención; en 2000, 43,4%; en 2006, 25,3%; en 2012, la de Henrique Capriles contra Chávez, alcanzó un 19,5%; y en 2013, cuando Maduro fue anunciado ganador, el 21,4 %.

La abstención es la expresión de apatía y descontento de la mayoría del electorado a una convocatoria írrita en otro intento de Maduro por “huir hacia adelante”. Convocó a unas presidenciales adelantadas mientras se negociaban las condiciones electorales en República Dominicana y a espaldas de estas, como ardid que buscaba atropellar el proceso de diálogo. El llamado a las urnas fue hecho por la Asamblea Nacional Constituyente, que a su vez había sido otra huida hacia adelante madurista para escapar del referéndum revocatorio.

Los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática, con los ahora ilegalizados Primero Justicia y Voluntad Popular a la cabeza, así como la Iglesia y un amplio conglomerado de fuerzas sociales agrupadas bajo la denominación común de Frente Amplio, decidieron no participar electoralmente. Han clamado fraude de la convocatoria, del proceso y de las propias elecciones. No están solos: 44 países han hecho lo mismo, incluidos los multilaterales G7 y Grupo de Lima.

Pero cantar fraude suele ser común entre quienes pierden elecciones. ¿Qué es lo que lo hace diferente esta vez? Bien sabemos que no hay elecciones totalmente perfectas. No las hubo en la democracia venezolana, y desde 1998 se han ido haciendo progresivamente más imperfectas. Todos los políticos se aferran al mando y son las instituciones las que le ponen freno a las desmedidas apetencias del poder, naturales en el ethos del político. Podríamos decir que “los políticos son chavistas por natura”, parafraseando al politólogo polaco Adam Przeworki. Pese a su retórica utópica, o más bien por ella misma, desde la llegada de Chávez a la presidencia su mayor empeño estuvo en la destrucción del andamiaje institucional.

El símil de la cancha inclinada que tanto se usa para definir sistemas electorales desequilibrados es muy bueno: la cancha se ha ido progresivamente inclinando hasta hacerle prácticamente imposible al jugador opositor meter goles. Pero ahora se ha ido más lejos en tres sentidos muy perversos. En primer lugar, el gobierno se abrogó la potestad de escoger a su contendor. Cualquier opositor con estatura suficiente como para poder retarle en una contienda presidencial está preso, exiliado, inhabilitado o muerto. Segundo, esta vez los electores están incompletos. Se calcula que unos cuatro millones de venezolanos, o hasta el 20% del padrón electoral, han salido de las fronteras nacionales. En teoría tendrían derecho a voto, pero solo 100.000 están registrados para hacerlo, pues las trabas administrativas para hacerlo son muchas y variadas. Tercero, la hiperinflación impide cualquier rastro de normalidad electoral. Es un proceso que lleva a millones de personas a no aspirar diariamente a ir más allá de la mera subsistencia. En este contexto, el gobierno instaló un sistema de electoral que es en realidad un aparato de dominación social basado en el hambre. La hiperinflación venezolana es un monstruo de proporciones apocalípticas que genera muerte, destrucción y éxodo a su paso ¿Cómo puede el responsable de ese monstruo haber sido reelecto? Solo con un fraude de similar tamaño.

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Fuente: The Washington Post

Pocos países del mundo han reconocido al mandatario “re-electo”. Rusia, China, Cuba, Turquía, Siria, Irán, Bielorrusia, Nicaragua y Bolivia son algunas excepciones. El listado parece el de miembros de un sórdido club de autoritarismos, pero un esfuerzo por detener la catástrofe venezolana deberá incluir a alguno de estos países, probablemente a la propia Cuba, como actor clave.

El futuro no luce prometedor en el corto plazo. La presión poselectoral seguirá, vendrán más sanciones, la asfixia financiera se consolidará, habrá más episodios de enajenación de activos petroleros y se profundizará el éxodo de venezolanos por tierra, con fuertes presiones demográficas a otras naciones de la subregión. Cada “huida hacia delante” de Maduro ha conducido al país, y a sí mismo, a un abismo más profundo. Finalmente, se impondrá el equilibrio tras un costoso proceso, que nadie puede prever en detalle pero que ya se asoma en las presiones internacionales, los movimientos institucionales de la Asamblea Nacional y la profunda inquietud en el sector castrense.

Quedará una certeza: Chávez soñó la utopía y Maduro hizo realidad la distopía.

 

Lo que viene por Luis Vicente León – ProDaVinci – 13 de Mayo 2018

lvl-300x359Esto que la mayoría de la gente percibe como el clímax de la crisis es apenas el inicio. La hiperinflación es un fenómeno exponencial. Sin atacar la raíz del problema, el crecimiento de precios se amplifica convirtiéndose en un huracán.

Comenzamos a experimentar la hiperinflación en noviembre y los cambios de un trimestre a otro son impresionantes. El crecimiento de los precios ha sido dramático y el problema es que todo apunta a que en tres meses recordaremos a este trimestre casi con cariño.

De eso se trata de la hiperinflación. Comienza con un crecimiento mensual de precios del 50% que, de mantenerse en el mismo nivel, alcanza al final del año un 12.000%. Pero no es un crecimiento lineal. Un bien que arranca costando un millón de bolívares, termina costando al mes siguiente un millón y medio y al siguiente dos millones doscientos cincuenta mil y al siguiente tres millones cuatrocientos mil y al siguiente cinco millones y luego siete millones, once millones, dieciocho millones, veintiséis millones, treinta y ocho millones, cincuenta y ocho millones, ochenta y seis millones, ciento veintinueve millones y siga exponenciando por ahí. Pero, si además ocurre el fenómeno clásico de que ese porcentaje mensual crece, la cosa se complica. Con un 65% mensual la inflación anual llegaría a 166.000%, un número que queda pálido si llegamos al 100% mensual, algo que, en muchos rubros, está pasando.

Esto no es un juego. El impacto sobre la vida de la población es demoledor. Los asalariados llevan la peor parte, pues es imposible que sus sueldos acompañen este crecimiento a la velocidad de la hiperinflación y una semana de desfase significa que el sueldo que inicia cubriendo media cesta de bienes puede terminar no cubriendo ni el autobús para comprarla.

Los aumentos de sueldo por decreto no son más que intentos desesperados de colocar un torniquete rudimentario en una pierna amputada. La relación entre la inflación desbordada y la devaluación del tipo de cambio es directa. Es imposible mantener estable el tipo de cambio paralelo mientras los precios internos se desbordan. Es muy simple, si los bienes siguen creciendo y el tipo de cambio no, el único bien barato sería el dólar y la gente lo demandaría furibundamente, con lo cual su precio se dispararía exponencialmente y las barreras artificiales para que eso ocurra sólo sirven para encarecer aún más la operación negra.

La teoría y la historia son muy claras: más controles, cierres de empresas y negocios, amenazas, presos y persecuciones sólo empeoran dramáticamente la situación y hace mil veces más difícil resolverla. Cierras panaderías y no hay pan. Apresas carniceros y no hay carne. Expropias centrales azucareros y no hay azúcar. Y el precio de los bienes que no hay… es infinito.

La ruta para atender el problema es harto conocida y probada en el mundo entero. Una vez desatada la hiperinflación, no hay más remedio que enseriarse. Los intentos de mantener el error inicial de los controles, echándole la culpa a otros, fallan estrambóticamente y hacen insostenible el país. La presión de cambio es brutal y, entonces, ocurre lo que en todos los casos de hiperinflación en el mundo terminó pasando. O el gobierno cambia el modelo que lo llevó ahí, abre la economía, libera las operaciones cambiarias, busca y permite el flujo de recurso externos, negocia con el sector privado y restablece equilibrios políticos que permitan recuperar confianza o cambia el gobierno y el nuevo hace lo que el otro tenía que hacer. Hay experiencias de las dos cosas, pero no hay ni una sola distinta a esas dos opciones. Y algo está clarísimo. No hay hiperinflación infinita y no se sale de ella sin un modelo racional. Saque usted sus conclusiones.

 

Verdades sobre el artículo “escrito” por Nicolás Maduro para El País por Sabrina Martín – Panampost – 3 de Mayo 2018

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La nota de opinión, supuestamente redactada por el mandatario venezolano, incluye al menos una decena de mentiras refutables que lo ridiculizan aún más, a él y a su falsa campaña electoral enmarcada en un reciclaje de promesas incumplidas

El dictador de Venezuela se estrenó como columnista en un medio que hasta ayer, 2 de mayo, gozaba de credibilidad; pero con esa “novatada”, el diario El País decidió convertirse en cómplice de las intenciones de Maduro de seguirle mintiendo al mundo
“Nuestra democracia es proteger”, así inició Nicolás Maduro “su” columna llena de mentiras en el diario español El País, un escrito que sorprendió a Venezuela y al mundo, no por las patrañas que se dedicó a relatar, sino porque un presidente que pronuncia mal y se expresa peor, no debe ser capaz de escribir tantas líneas con “coherencia”.

En pleno día internacional de la Libertad de Prensa, el dictador de Venezuela se estrenó como columnista en un medio que hasta ayer, 2 de mayo, gozaba de credibilidad; pero con esa “novatada”, el diario El País decidió convertirse en cómplice de las intenciones de Maduro de seguirle mintiendo al mundo.

La nota que supuestamente fue escrita por el mandatario, cuenta con al menos una decena de mentiras refutables que ridiculizan aún más a Nicolás Maduro y a su falsa campaña electoral enmarcada en un reciclaje de promesas incumplidas, donde él parece su propio candidato opositor al prometer cambios que como “presidente” es incapaz de cumplir.

1. “La economía es el corazón de nuestro proyecto revolucionario”

Esta afirmación que Maduro hace en la columna, quizás no es del todo errada cuando el régimen se ha dedicado a pulso a destruir la economía. Efetivamente demostraron que para instaurar el socialismo es necesario hundir a la población en la miseria, acabar con la propiedad privada y destruir las inversiones.

Actualmente Venezuela es el país con la mayor inflación del mundo, los salarios más bajos de la región, y una escasez de alimentos y medicamentos que supera el 90%.

A esto se le suma que la principal empresa del país, la estatal petrolera PDVSA, está prácticamente en quiebra con la producción de crudo en sus mínimos históricos causando una escasez de divisas sin precedentes; a tal punto que el mismo régimen se ha visto obligado a caer en default y dejar de pagar algunos compromisos internacionales.

Que Maduro diga que la “economía” es su proyecto revolucionario, deja en evidencia que está dispuesto a seguir destruyendo lo que queda del sector productivo mientras se mantenga en el poder.

Hoy Venezuela es el país más pobre de la región con una economía de guerra donde los venezolanos se ven obligados a comer de la basura para sobrevivir; este precisamente es el legado del chavismo y el verdadero “proyecto revolucionario”.

En su columna, Maduro promete además una “economía productiva estable, soberana y próspera”; pero la causa del desastre económico se debe a los controles de cambio y de precios que el régimen ha impuesto durante más de una década.

Hay que preguntarse qué impide a Nicolás Maduro revertir esta situación y qué hará diferente de ser reelecto. La verdad es que solo le interesa perpetuarse en el poder y no modificar en lo más mínimo sus políticas económicas.

2. “Nuestra democracia es distinta a todas”

Sí, es verdad, la supuesta democracia en Venezuela es diferente a las del resto del mundo porque simplemente en el país suramericano lo que hay es una tiranía dictatoria disfrazada de democracia autoritaria. Finalmente ninguna dictadura en el mundo ha aceptado que lo es, todas juran que son “verdaderas democracias”, cuando en realidad no lo son.

Para que una democracia sea tal, tiene que existir separación de Poderes, respeto a los derechos fundamentales y además justicia, pero en Venezuela sucede todo lo contrario.

El Poder Ejecutivo controla al Judicial, al Ciudadano, al Electoral, y al único independiente, que es el Poder Legislativo representado por la Asamblea Nacional de mayoría opositora, decidió bloquearla y anularla creando una Constituyente chavista.

Y si a eso le sumamos las violaciones a derechos humanos, la represión, el cierre de medios de comunicación, la persecución a disidentes, los presos políticos y las fraudulentas elecciones, se puede decir que efectivamente la “democracia” de Venezuela es distinta porque es una dictadura de manual.

Nunca, además, una dictadura ha dicho que es tal; todas, y especialmente las comunistas, se disfrazan de “democracias orgánicas” o “democracias populares”. El régimen de Maduro no puede ser considerado democrático bajo ningún concepto, como han expresado desde Luis Almagro hasta Federica Mogherini.

3. “La revolución se volvió feminista”

Maduro habla de que supuestamente hace 20 años existía una “violencia obstétrica” y que ahora con su “revolución” se empodera a las mujeres con un “parto humanizado“. Esto sí es una descarada mentira que arropa a toda la sociedad venezolana, y sobre todo a esas madres que se ven obligadas a parir a sus hijos en el suelo de los hospitales.

La realidad es otra. La condición de los hospitales venezolanos es deplorable, no hay medicamentos ni insumos médicos. En Venezuela no existen las condiciones sanitarias para traer a un niño al mundo.

En el país suramericano no solo se trata de dar a luz en el suelo o en una silla, como se puede evidenciar en cientos de imágenes que circulan en los medios de comunicación social, una vez superado el parto, toca rezar para que el niño sobreviva ante las peores condiciones al nacer. La cifra de bebés neonatos que han fallecido en Venezuela a causa de la falta de medicamentos y distintos insumos es cada vez más preocupante.

Según datos publicados por la prensa local, el número de muertes entre los neonatos aumentó en 30 % durante 2016, a un total de casi 11.500 muertes, lo que refleja la gravedad de la crisis venezolana.

4. “Hemos promovido una política de pleno empleo”

En su primera columna en el diario El País, el candidato a la reelección por siempre o quien le haya redactado la nota, tuvo el descaro de afirmar que en revolución “no es justicia que alguien siga siendo pobre si trabaja todo el día”.

Y realmente desde que se instaló el chavismo en el poder, el pobre sigue siendo pobre y la clase media desapareció sumándose también a los bajos estratos de la economía. El salario mínimo de un trabajador en Venezuela es el menor de la región (USD$ 4).

Maduro, quien señala que durante los Gobiernos chavistas han promovido una política “de pleno empleo”, ignora que Venezuela es un país donde trabajar en más costoso que quedarse en casa. Ignora ademas que de 800 .000 empresas existentes en Venezuela antes de que llegara Hugo Chávez al poder (1999), solo quedan unas 230.000, lo que significa la “muerte” de al menos 570.000.

Además en abril la canasta básica superó los Bs. 75.000.000 (USD$ 125), lo que significa que hoy los venezolanos necesitan más de 30 salarios mínimos para poder sobrevivir. De hecho, especialistas pronostican que en los próximos días los ciudadanos igual necesitarán 75 salarios por la imparable hiperinflación.

A esto se suma, que desde 2002, el régimen no permite el ingreso de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para supervisar el funcionamiento del mercado laboral, cuyos indicadores de empleo tampoco se rigen por los estándares de esta institución.

5. “Decidimos responder al bloqueo comercial inhumano”

El régimen habla de un bloqueo económico que él mismo generó. Al destruir la principal empresa petrolera del país, los ingresos en divisas disminuyeron drásticamente y por esa razón, el mismo gobierno tomó la decisión de reducir las importaciones, no solo de materias primas, sino también de alimentos y medicamentos.

En Venezuela el mayor bloqueo económico es protagonizado por el régimen que, con los controles de cambio y de precios, impide el libre mercado.

En Venezuela no existe una “guerra económica”, y sí así fuera, el régimen ha mostrado su gran incapacidad para resolverla. La escasez de productos básicos tiene más de una década afectando a los ciudadanos, siempre en aumento, mientras que las sanciones internacionales que han sido impuestas directamente a funcionarios del chavismo, comenzaron a aplicarse el año pasado.

6. “En mi corazón está primero que todo la gente”

No hay peor mentira que esta afirmación escrita en la columna de Maduro, quien ha negado la posibilidad de un canal humanitario bajo la excusa de una supuesta intervención extranjera.

En la nación gobernada por Maduro cientos de venezolanos han muerto por no contar con los medicamentos necesarios para cumplir con sus tratamentos, mientras que cientos de niños sufren desnutrición y están a punto de perder sus vidas; la razón: la dictadura impide la apertura de un canal humanitario con la vil excusa de que existe la posibilidad de una supuesta “intervención extranjera”. No les importa la vida de los ciudadanos, les importa su “estabilidad política”.

Mientras Maduro niega la crisis y que se abra un canal humanitario, gran cantidad de venezolanos desesperados ante esta situación, deciden hurgar en la basura para poder alimentarse. Al mismo tiempo quienes dependen de medicamentos que escasean, se van resignando a vivir sus últimos días solicitando sus tratamientos a través de las redes sociales.

Entonces para el régimen no está primero la gente. Para la dictadura está primero perpetuarse en el poder, porque conocen que de no hacerlo terminarán presos por los crímenes de lesa humanidad cometidos.

Pero de todas las descaradas frases de Maduro en su primera columna, esta es la peor: “Porque para nosotros solo hay libertad y democracia cuando hay un otro que piensa distinto al frente, y también un espacio donde esa persona pueda expresar su identidad y sus diferencias”.

Venezuela y el mundo han sido testigos de la brutal represión que el régimen emprendió contra millones de personas que decidieron salir a protestar; fueron miles los heridos y cientos los asesinados por la dictadura. Son cientos los presos políticos en el país, que por expresar su inconformidad ante la calamidad que se vive, han sido perseguidos, torturados y vilipendiados.

Hay que esperar con qué otras mentiras llenará Nicolás Maduro o su “pluma fantasma” una eventual nueva columna en el diario El País, con qué otras frases descaradas intentará engañar al mundo en medio de la peor crisis humanitaria que se haya visto en el país suramericano. Porque al menos en “su” primera columna, la única verdad que hay es que no hay ninguna.

 

Nicolás Maduro y la banalidad del mal por Moisés Naím – El País – 5 de Mayo 2018

Este artículo desmonta, una a una, las afirmaciones que el presidente de Venezuela defendió en una tribuna reciente publicada en este periódico
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Que la maldad puede ser banal ya nos lo explicó Hannah Arendt. Después de asistir al juicio contra Adolf Eichmann en 1961, Arendt escribió que su principal sorpresa fue descubrir lo anodino que era ese monstruoso ser humano. Este oficial de las SS fue uno de los principales organizadores del Holocausto, en el que fueron asesinados más de seis millones de niños, mujeres y hombres. Arendt cuenta que Eichmann no era muy inteligente; no pudo completar los estudios secundarios o la escuela vocacional y solo encontró empleo como vendedor itinerante gracias a los contactos de su familia. Según Arendt, Eichmann se refugiaba en “frases hechas, clichés y el lenguaje oficial”. Uno de los psicólogos que lo examinó reportó que “su única característica inusual era ser más normalen sus hábitos y en su lenguaje que el promedio de la gente”.

Por supuesto que hay grandes diferencias entre Adolf Eichmann y Nicolás Maduro. Pero también similitudes. A Maduro tampoco le fue muy bien en los estudios o en su vida laboral y sus tropiezos gramaticales siguen haciendo las delicias de quienes lo siguen en redes sociales. Las “frases hechas, clichés y el lenguaje oficial” saturan su vocabulario. Su banalidad es ya legendaria.

El presidente de Venezuela acaba de publicar un muy revelador artículo de opinión en EL PAÍS. En él documenta su mendacidad, confirma su banalidad y despliega su inmensa crueldad.

Comienza afirmando: “Nuestra democracia es distinta a todas. Porque todas las demás… son democracias formadas por y para las élites”. Resulta que la opulenta élite creada por Hugo Chávez, y perpetuada por Nicolás Maduro, lleva dos décadas enriqueciéndose ilícitamente y ejerciendo el poder de manera nada democrática. Su control sobre todas las instancias es absoluto. Un ejemplo: entre 2004 y 2013, el Tribunal Supremo de Justicia dictó 45.474 sentencias. ¿Cuántas de estas fallaron en contra del Gobierno? Ninguna.

Maduro continúa: “La revolución cambió y se volvió feminista. Y entre todos y todas decidimos remover la violencia machista de nuestro sistema de salud y empoderar a las mujeres a través del programa nacional de parto humanizado”. Según la prestigiosa revista médica The Lancet, la mortalidad de las madres en Venezuela en los últimos años ha aumentado un 65% y la mortalidad infantil, en un 30%. ¿Parto humanizado y feminista?

El año pasado, el 64% de la población perdió, en promedio, 11 kilos de peso por falta de comida

Pero Nicolás Maduro no solo se preocupa por las madres. También lo angustian los jóvenes: “Hace 20 años, antes de nuestra revolución bolivariana, era normal echar la culpa de la cesantía de los jóvenes a los propios jóvenes… que por flojos merecían una salud paupérrima, sueldos de hambre y vivir sin techo. Pero con nosotros en el Gobierno la cosa cambió…”. En esto el presidente tiene razón, la cosa cambió: ahora el poder de compra del salario mínimo es un 94,4% más bajo de lo que era en 1998. En la práctica, el salario mínimo “en la calle” es de poco más de tres dólares al mes (2,5 euros). Un mes de salario mínimo “oficial” solo alcanza para comprar dos kilos de pollo. Y ni siquiera todos lo alcanzan. Una enfermera que trabaja por su cuenta, por ejemplo, gana el equivalente de seis centavos de dólar al día. Pero hay más: los jóvenes que tanto preocupan al presidente son las víctimas más frecuentes del desenfreno criminal que sacude al país. Venezuela sufre uno de los más altos índices de asesinatos del mundo. ¿Qué ha hecho Maduro al respecto? Nada.

Naturalmente, la prioridad del presidente es el pueblo: “… Es esencial que la economía esté al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de la economía… La economía es el corazón de nuestro proyecto revolucionario. Pero en mi corazón está primero que todo la gente”. Esa gente que puebla el corazón del presidente está siendo diezmada por la primera hiperinflación latinoamericana del siglo XXI y por la falta de alimentos, medicinas y productos básicos. Según el Fondo Monetario Internacional, los precios subirán un 13.000% este año. El año pasado, el 64% de la población perdió, en promedio, 11 kilos de peso por falta de comida. Este año el desabastecimiento es aún peor y hay severos racionamientos de agua y electricidad. Menos mal que la economía que preside Maduro está al servicio del pueblo. ¿Cómo sería si no fuese así?

Además de desplegar su liderazgo económico y social, el presidente de Venezuela usa su columna para reafirmar sus credenciales democráticas: “Para nosotros solo hay libertad y democracia cuando hay un otro que piensa distinto al frente, y también un espacio donde esa persona pueda expresar su identidad y sus diferencias”. Para centenares de presos políticos, ese “espacio” es una celda inmunda donde viven hacinados en condiciones inhumanas y donde algunos de ellos son regularmente torturados, tal como lo han denunciado todas las organizaciones internacionales de derechos humanos. En la Venezuela de Chávez y Maduro, pensar distinto se volvió muy peligroso.

Un mes de salario mínimo “oficial” solo alcanza para comprar dos kilos de pollo. Y ni siquiera todos lo alcanzan

Para profundizar en la democracia que reina en su país, Maduro ha convocado elecciones anticipadas y es uno de los candidatos con más posibilidades de ganar, a pesar de que sus votantes se están muriendo de hambre: “Nos hemos empeñado con pasión en transparentar, en respetar y en hacer respetar las leyes electorales para las elecciones del próximo 20 de mayo… Y ese proceso será limpio y modelo…”. El pequeño detalle que omite el presidente y candidato es que 15 Gobiernos de América Latina, más la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá han denunciado como fraudulentos los inminentes comicios y han declarado que no reconocerán sus resultados. Maduro el demócrata inhabilitó a los principales partidos de la oposición; sus candidatos más populares están presos, exiliados o descalificados, y no permite que observadores internacionales independientes monitoreen el proceso electoral. Pero el presidente no está solo. La gran democracia rusa mandará un equipo de observadores para garantizar la pulcritud del proceso. Cuba y Nicaragua también.

Es muy revelador que, en su larga columna, Maduro no haya dedicado ni una línea a comentar sobre el infierno que están viviendo los venezolanos. En las encuestas que miden la felicidad expresada por la gente en distintos países, Venezuela solía estar en los primeros lugares. Hoy es uno de los lugares más infelices del mundo; ocupa la posición 102 entre 156 países encuestados. Los millones de venezolanos que han abandonado su tierra tampoco merecen comentario alguno de Maduro.

Y es que una de las peculiaridades más indignantes del régimen de Chávez y Maduro es la criminal indiferencia que han mostrado ante el sufrimiento de los venezolanos que ellos dicen amar. La indolencia, el desinterés, la pasividad con los cuales Maduro trata las trágicas crisis que crecen y se multiplican, matando a diario cada vez a más venezolanos, parecieran no afectarlo, no motivarlo a actuar, a buscar ayuda. Es al contrario: Maduro niega que Venezuela sufra una crisis humanitaria y no permite la ayuda internacional que podría ya haber salvado miles de vidas.

Sí; Maduro es banal. Pero también letal.

Un “superaumento” de salario con final empobrecedor por Sabrina Martín – Panampost – 1 de Mayo 2018

Con una imparable hiperinflación, este supuesto incremento salarial solo alcanza para comprar unos dos kilos de pollo en un mes.

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Aunque el salario es de 4 dólares en bolívares, solo en papel moneda se percibe la miserable suma de casi 2 dólares (El Billuyo)
Venezuela es el único país donde un aumento de salario entristece a los trabajadores, pues en un escenario con la mayor inflación del mundo, el sueldo simplemente se mantuvo en USD $4 y solo alcanza para cubrir el 1% de la canasta básica.

Este lunes 30 de abril, Nicolás Maduro anunció un aumento del 95,4% del ingreso mensual de los trabajadores; se trata del tercer ajuste del año que en realidad solo empobrece aún más a los venezolanos.

Lo “curioso” en Venezuela es que el sueldo básico queda en 1.000.000 ( USD$ 1,6) ; a esto se le suma un bono con tickets de alimentación de 1.555.500 (USD $2,5); por lo que aunque el salario es de 4 dólares en bolívares, en efectivo esto solo representa la miserable suma de casi 2 dólares.

Con una imparable hiperinflación este supuesto “súperaumento” solo alcanza para comprar unos dos kilos de pollo en un mes; situación que con el paso del tiempo seguirá empeorando y probablemente dentro de unos días, solo alcance para la compra de un café.

De acuerdo con el economista y diputado José Guerra, en términos prácticos (“de bienes”),“el nuevo salario integral de Bs 2.550.000 equivale a un kg de carne, un kg de arroz y un paquete de harina de maíz”.

Ante el anuncio de Nicolás Maduro, miles de venezolanos salieron a las calles para hacer “compras nerviosas”; acudieron a los mercados y supermercados para tratar de acceder a la mayor cantidad de alimentos posibles tras el aumento de precios que inminentemente se dará en los próximos días.

Los locales comerciales colapsaron y los puntos de venta dejaron de funcionar por el excesivo uso de tarjetas de débito y de crédito; todo, en medio de la incertidumbre de no saber qué va a pasar en un país con una economía de guerra enmarcada en la inflación más alta del mundo, los salarios más bajos de la región y una escasez de alimentos y medicamentos que se profundizará aún más con el anuncio presidencial.

En abril la canasta básica superó los 75.000.000 (USD$ 125), lo que significa que hoy los venezolanos necesitan más de 30 salarios mínimos para poder sobrevivir. Sin embargo, especialistas pronostican que en los próximos días los ciudadanos igual necesitarán 75 salarios por la imparable hiperinflación.

La economista Alicia Sepúlveda, coordinadora del observatorio económico legislativo de Cedice Libertad, explicó a PanAm Post que el salario mínimo está respondiendo a unas consecuencias de políticas públicas que tienen a la población inmersa en un proceso hiperinflacionario.

“La gente no se alegra porque ante un proceso inflacionario tan acelerado, ese ajuste de precios en nada aporta a mejorar el ingreso y como la inflación es acelerada se deteriora rápidamente”, señaló.

Sepúlveda explicó que este aumento unilateral de salario solo generará mayor desabastecimiento y más desempleo, pues a las empresas que quedan les costará mucho más poder cumplirlo; sobre todo cuando Nicolás Maduro amenazó con sancionar a aquéllas que aumenten sus precios.

“El sacrificio que tienen que realizar las empresas para pagar ese nuevo monto es mucho más alto y eso va a tener como consecuencia mayor cierre de empresas y menor posibilidad de acceder a bienes y servicios”, agregó.

Y es que aumentar solamente el salario mínimo no resuelve los problemas económicos del país suramericano, enmarcados en una inflación que cerró en 2017 en casi 3.000 %, y una escasez de alimentos y medicamentos única en la historia de esa nación.

La realidad es que en Venezuela una familia, para poder comer completo, debe ganar cada día el equivalente a un salario mínimo mensual; y eso, en Venezuela es imposible.

La solución

Sepúlveda explicó que mientras se mantenga una política monetaria de controles, la situación en el país empeorará empobreciendo aún más a la población.

“Nosotros tenemos que poder rescatar el poder de compra de la moneda, crear confianza, y a la vez tener la posibilidad de invertir y que la inversión empresarial pueda generar riquezas, eso no se logra con un sistema de controles de precio o de restricción al control de cambio o de todas esas políticas nefastas que viene aplicando el régimen. Mientras el gobierno siga empeñado en intervenir y restringir al sector privado vamos a seguir en esta situación”, señaló.

“Este tipo de políticas lo que hace es deteriorar más la calidad de vida y la hacer más precario el poder acceder a los bienes y servicios”, sentenció.

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