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El Chupasueldo – El Chigüire Bipolar – 25 de Mayo 2019

Venezuela vive la peor crisis económica para un país sin guerra, según los expertos por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 17 de Mayo 2019

En Maracaibo, dos hombres revisaban los desperdicios en busca de objetos que todavía sirvieran o que pudieran ser reciclados. CreditMeridith Kohut para The New York Times

MARACAIBO, Venezuela — El colapso de Zimbabue con Robert Mugabe. La caída de la Unión Soviética. La desastrosa crisis de Cuba en la década de los noventa. El desplome de la economía de Venezuela ha superado todos esos desastres.

Venezuela experimenta el mayor colapso económico sucedido en un país sin guerra en al menos 45 años, según los economistas.

“Cuesta pensar en una tragedia humana de esta magnitud que no sea producto de una guerra civil”, comentó Kenneth Rogoff, profesor de economía de la Universidad de Harvard que fue el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Este puede ser el ejemplo más sobresaliente de políticas desastrosas en décadas”.

Jenifer Del Valle Vejar Martínez con su bebé de dos meses, durante un apagón CreditMeridith Kohut para The New York Times

Para encontrar niveles similares de devastación económica, los economistas del FMI mencionan a países devastados por la guerra, como Libia a principios de esta década o Líbano en los setenta.

No obstante, Venezuela, que fue el país más rico de América Latina, no vivió un conflicto armado. Según los economistas, el mal gobierno, la corrupción y las políticas erróneas del presidente Nicolás Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, desataron una inflación desenfrenada que clausuró empresas y destruyó al país. Además, en meses recientes, el gobierno de Donald Trump ha impuesto duras sanciones para tratar de paralizar todavía más a esta nación.

Mientras la economía del país se desplomaba, grupos paramilitares tomaron el control de poblaciones enteras, los servicios públicos colapsaron y el poder adquisitivo de la mayoría de los venezolanos se redujo a un par de kilos de harina al mes.

En los mercados, los carniceros se ven afectados por los apagones frecuentes por lo que, al final de cada jornada, compiten para vender la carne en descomposición; quienes antes trabajaban como obreros escarban entre pilas de basura en busca de sobras y plástico reciclable. Los minoristas hacen decenas de viajes al banco con la esperanza de depositar varios montones de billetes cuyo valor se desvanece debido a la hiperinflación.

Aquí en Maracaibo, una ciudad de dos millones de habitantes en la frontera con Colombia, casi todos los vendedores de carne en el mercado principal han dejado de vender cortes, debido a que las vísceras y las sobras como la grasa y las pezuñas de vaca se han convertido en la única proteína animal que pueden costear muchos de sus clientes.

Personas que compraban despojos no refrigerados y otros subproductos de carne de res en un mercado de Maracaibo. CreditMeridith Kohut para The New York Times

En parte, la crisis actual se ha desencadenado por las sanciones estadounidenses que buscan obligar a Maduro a ceder el poder al líder de la oposición nacional Juan Guaidó. Las recientes medidas de Estados Unidos contra Petróleos de Venezuela, la petrolera estatal venezolana, han dificultado que el gobierno de Maduro pueda comercializar el petróleo, que es el principal producto de exportación del país. Aunadas a la prohibición estadounidense a comercializar bonos venezolanos, el gobierno de Trump ha dificultado la importación de productos, desde alimentos hasta medicinas.

Maduro culpa a Estados Unidos y a la oposición venezolana por la hambruna generalizada y la falta de suministros médicos, pero los economistas independientes afirman que la recesión comenzó años antes de las sanciones que, si acaso, aceleraron el colapso.

“Tenemos una batalla cruenta contra las sanciones internacionales que le han hecho perder a Venezuela al menos 20.000 millones de dólares en 2018”, aseguró Maduro en un discurso reciente. “Nos persiguen las cuentas bancarias, las compras en el mundo de cualquier producto, es más que un bloqueo, es una persecución”, agregó el mandatario.

La escasez ha sumido a buena parte de la población en una crisis humanitaria que se profundiza, aunque un grupo importante de los mandos militares y funcionarios de alto nivel que siguen siendo leales a Maduro pueden tener acceso a los recursos que quedan para sobrevivir, o incluso se enriquecen de manera ilegal.

Muchos venezolanos se han acostumbrado a que cada mes se registre una nueva caída histórica.

En el Lago de Maracaibo, comerciantes y obreros que perdieron sus trabajos lavaban el plástico reciclable que recolectaron. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Venezuela tiene las mayores reservas comprobadas de petróleo en el mundo pero su producción, que alguna vez fue la más grande de América Latina, ha caído más rápido en el último año que la de Irak después de la invasión estadounidense en 2003, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Venezuela ha perdido a una décima parte de su población en los últimos dos años, debido a que han huido, e incluso atravesado montañas, desatando la crisis de refugiados más grande que se haya visto en la región.

La hiperinflación de Venezuela, que se espera que alcance los diez millones por ciento este año, según el FMI, está en camino de convertirse en el más largo periodo de aumentos incontrolados de precios desde el que se vivió en el Congo en la década de 1990.

“En esencia, este es un colapso absoluto del consumo”, mencionó Sergi Lanau, economista en jefe adjunto del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés), una asociación comercial financiera.

Un grupo de hombres llenaban envases de plástico con agua de un arroyo sucio, su única fuente de líquido durante los días en que no les llega el suministro. CreditMeridith Kohut para The New York Times

El instituto calcula que, durante el gobierno de Maduro, la caída en el rendimiento económico de Venezuela ha experimentado el declive más pronunciado que haya tenido un país que no está en guerra desde 1975.

Para fin de año, el producto interno bruto venezolano habrá disminuido un 62 por ciento desde el comienzo de la recesión en 2013, que coincidió con la llegada al poder de Maduro, según las estimaciones del IIF (el gobierno de Venezuela no ha publicado sus estadísticas macroeconómicas oficiales desde 2014, lo que obliga a los economistas a depender de indicadores como las importaciones para calcular la actividad económica).

En comparación, el declive económico promedio en las antiguas repúblicas soviéticas fue de alrededor del 30 por ciento durante el punto más álgido de la crisis a mediados de la década de los noventa, según cálculos de la asociación.

Por ahora, el gobierno está concentrando sus pocos recursos en la capital, Caracas. No obstante, la presencia del Estado es cada vez más débil en el interior del país, y su ausencia es particularmente visible en Zulia, el estado más poblado de Venezuela.

Su capital, Maracaibo, alguna vez fue el enclave petrolero de Venezuela. En marzo, un apagón sumió al estado en una semana de oscuridad y caos que dejó 500 negocios saqueados.

La energía eléctrica ha sido esporádica desde entonces, lo que acrecienta la escasez de agua y gasolina y deja a las poblaciones sin sistemas bancarios ni cobertura de telefonía celular durante días enteros.

El mercado Las Pulgas, que alguna vez fue un bullicioso laberinto de puestos donde los vendedores vendían alimentos y artículos para el hogar, se ha convertido en el rostro de la crisis.

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Vendedores con bolsas de dinero, que ha perdido buena parte de su valor, en un puesto del mercado Las Pulgas en Maracaibo. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Juan Carlos Valles llega a su pequeño restaurante ubicado en un rincón del mercado a las 05:00 a. m. y comienza a preparar caldo de res con huesos y cachapas en la oscuridad. Dice que desde marzo no ha tenido luz en el local, sus ventas han caído un 80 por ciento desde el año pasado y cada día es una lucha contra los soldados que lo obligan a aceptar billetes de bajas denominaciones que casi carecen de valor.

El dinero que gana, lo invierte de inmediato en huesos y harina de maíz, porque los precios aumentan a diario.

“Si descansas, pierdes”, dijo Valles, quien ha tenido este restaurante desde 1998. “El dinero ha perdido su valor. Para cuando lo llevas al banco, ya perdiste una parte de lo que tenías”.

Según el IIF, los ingresos reales en Venezuela han caído a niveles nunca vistos en el país desde 1979, lo que ha ocasionado que muchas personas sobrevivan de tareas como recoger leña, recolectar frutas y acarrear agua de los arroyos.

Daniel González, de 53 años, cuidaba a sus hijos y los de su vecino en el barrio Arco Iris en Maracaibo.CreditMeridith Kohut para The New York Times

“El gobierno habla de soluciones en el mediano y largo plazo, pero el hambre sucede ahora”, declaró Miguel González, director del consejo comunal del barrio Arco Iris en Maracaibo.

González dijo que perdió su empleo en un hotel cuando fue saqueado en marzo, las personas que irrumpieron en el local arrancaron hasta los marcos de las ventanas y el cableado eléctrico. Ahora recoge ciruelas silvestres que vende por unos cuantos centavos en los parques de la ciudad. La mayoría de la dieta de su comunidad consiste en frutas silvestres, alimentos elaborados con harina de maíz frita o cocida y caldo de huesos de res, dijo.

Lejos de la capital del estado, las cosas son todavía peores.

La Isla de Toas, que alguna vez fue un paraíso turístico de unos 12.000 habitantes que vivían en los caseríos de pescadores, ha quedado casi abandonada.

“Aquí no hay representantes del gobierno local, regional ni nacional”, afirmó José Espina, conductor de un mototaxi. “Estamos solos”.

La electricidad y el agua potable solo están disponibles unas horas al día. El barco que da servicio regular a la región continental se descompuso el mes pasado. Un barco prestado por la petrolera estatal remolca de vez en cuando a un ferri oxidado que lleva unos cuantos suministros de alimentos subsidiados, el precario sustento de los residentes más pobres de la isla.

Un barco petrolero arrastra el ferry oxidado desde la Isla de Toas hacia el continente para conseguir escasas cantidades de alimentos subsidiados. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Según el alcalde, Héctor Nava, la hiperinflación ha reducido todo el presupuesto de la isla al equivalente a 400 dólares al mes, unos 3 centavos de dólar por residente.

El hospital no tiene medicamentos ni pacientes. La última persona en ser hospitalizada fue una mujer que murió luego de agonizar todo un día por la escasez de tratamiento para su enfermedad renal, según confirmaron los médicos de la institución.

Las camas del hospital de Toas yacen vacías, Anailin Nava, de dos años, se consume en una choza cercana debido a la desnutrición y una parálisis muscular tratable. Su madre, Maibeli Nava, dice que no tiene dinero para llevarla a Colombia en busca de tratamiento.

El hospital de la Isla de Toas está vacío, su último paciente murió sin recibir cuidados médicos. Cerca de esa institución de salud, Anailin, una niña de dos años de edad, sufre desnutrición severa y una parálisis muscular tratable. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Las cuatro canteras que constituyen la única industria de la isla no han producido desde que el año pasado unos ladrones se llevaron todos los cables de energía que las conectaban a la red eléctrica. Los activistas locales de la oposición calculan que una tercera parte de los residentes se ha ido de la isla en los últimos dos años.

“Esto era un paraíso”, dijo Arturo Flores, coordinador de seguridad de la municipalidad local, quien vende una bebida de maíz fermentado a los pescadores locales para aumentar en algo su salario, equivalente a cuatro dólares mensuales. “Ahora, todos están huyendo”.

En el otro lado del estado de Zulia, en el pueblo ganadero de Machiques, el colapso económico ha diezmado la industria de la carne y los lácteos que suministraba estos productos a todo el país.

Los apagones eléctricos hicieron que cerrara el matadero, que alguna vez fue uno de los más grandes de América Latina. Grupos de hombres armados extorsionan a los ganaderos que todavía mantienen sus rebaños y les roban ganado.

“No se puede producir si no hay ley”, manifestó Rómulo Romero, un ganadero de la localidad.

El matadero de Machiques, que alguna vez fue uno de los más grandes de América Latina, ha estado inactivo por los cortes de energía eléctrica. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Los comerciantes locales se han unido para ayudar en la reparación de las líneas eléctricas y mantener las torres de telecomunicaciones en funcionamiento, también colaboran con la alimentación de los trabajadores públicos y buscan diésel para los generadores eléctricos de respaldo.

“Prácticamente, hemos asumido las funciones del Estado”, dijo Juan Carlos Perrota, un carnicero que lidera la cámara de comercio de Machiques. “No podemos simplemente cerrar la puerta con candado y darnos por vencidos. Tenemos la esperanza de que esto mejorará”.

Venezuela’s socialist zeal, corruption offershocking lessons by Martin Weiss – Money and Markets – 15 de Abril 2019

Martin Weiss: Venezuela’s Socialist Zeal, Corruption Offer Shocking Lessons

Most people cannot fathom the sheer depth of Venezuela’s crisis — let alone learn the true lessons it has to offer.

I can. My family and I first went to Venezuela when I was 14 — my sister lived there in the upscale Las Mercedes neighborhood of Caracas.

Back then, the bolivar was worth about 25 U.S. cents. Today’s it’s worth far less than the paper it’s printed on.

Luxury stores lined immaculate avenues. Today they’re shuttered or in ruins.

On a subsequent trip, I visited the Ciudad Universitaria, thinking I might try attending classes there for a semester or two. Today, it’s in shambles.

We toured the countryside by car. Now people cringe at the mere thought of doing so. You’d need a police escort or someone riding shotgun.

VenezuelaMy father walked my nephew to his school bus stop each morning. That would be suicidal today.

But the Venezuela story is not simply an isolated anomaly in an otherwise normal world; it shatters widely cherished myths about all modern economies …

Myth No. 1: “The situation is so bad it couldn’t possibly get any worse.”

Everyone believed — or desperately wanted to believe — that modern economies have a built-in floor that protects citizens from utter collapse.

Venezuela has proven them wrong. Every time it was said that the country had hit rock bottom, it promptly got a lot worse.

Most economists adhere to a similar theory. At Wharton and the Fed, they’ve built elaborate computer models to predict GDP growth and inflation. But they’re also wrong.

As you’ll see from the next shattered myths, those models have no way of factoring in social and political chaos — let alone predicting their economic impact.

Myth No. 2: “Hyperinflation like we saw in Germany in the early 1920s is impossible in modern, resource-rich economies.”

Venezuela-2After World War I, Germany’s productive capacity was leveled by war, and the government was unable to meet its reparations payments to the Allies. So Berlin’s Weimar regime ran the printing presses 24/7.

In 1922, a loaf of bread cost around 160 marks. Less than one year later, it went for 200 trillion marks.

Fast-forward to the 21st Century and ask any economist if that kind of extreme hyperinflation would be possible in peacetime, in a relatively large economy with the richest oil reserves in the world.

What would they say? “No way, José!”

Venezuela proves them wrong, too.

A few years ago, for example, widely respected economists predicted that Venezuela’s inflation rate would peak at around 1,000%. That was already said to be “beyond extreme.”

More recently, the International Monetary Fund figured they’d get ahead of the inflation forecasting game and went out on a limb. They said Venezuela’s inflation would reach an unthinkable 1.3 million percent.

Wrong again! Venezuela’s inflation this year will be close to 51 million percent.

Myth No. 3: “In a bad depression, the economy contracts between 5% and 10%.”

In America’s Great Depression, GDP fell four years in a row.

It contracted by 8.5% in 1930, 6.4% in 1931, 12.9% in 1932 and 1.2% in 1933.

Thus, in modern, resource-rich economies today, that experience is generally viewed as the worst-case scenario. Typically, the biggest declines that economists envision are in the 5% to 10% range.

So you can imagine their shock when they saw the GDP numbers coming out of Venezuela:

Venezuela

In 2014 and 2015, Venezuela’s GDP contracted by an average of 5% per year, a decline that economists already called a “severe depression.”

Then, just as it was widely believed that the economy would begin to recover, it contracted by more than 16% in 2016, another 16% in 2017, and still another 16% in 2018.

But if you think that’s bad, consider the current estimate for 2019: At least 25% of Venezeula’s GDP is expected to be wiped out this year.

A big part of that collapse is taking place in Venezuela’s oil industry, once its pride and joy:

Venezuela

When oil production plunged from 2.5 million barrels per day in 2013 to just over 1 million last year, it came as a shock to both domestic and foreign observers alike. Now, in 2019, it’s expected to fall to just a half-million barrels per day.

Myth No. 4: “Nothing like this could ever happen in advanced countries.”

The fact is, Venezuela is (or at least WAS) an advanced country. So it already shatters this myth.

Moreover, no country in the world is immune to the two main causes of the disaster: Not just the government’s socialist zeal but also its rampant corruption.

Hugo Chávez, president from 1999 to 2013, can be blamed for introducing the former.

Nicolás Maduro, the disputed president today, did the most to introduce the latter.

And as you can see from the charts, both played a major role in destroying Venezuela’s economy.

So don’t blindly assume that the people of Venezuela are unique. They don’t have a monopoly on extreme socialism. They certainly aren’t the only ones vulnerable to rampant corruption.

Comunicado de la Academia Nacional de Ciencias Económicas – 12 de Abril 2019

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La Academia Nacional de Ciencias Económicas ante el colapso de la economía

La Academia Nacional de Ciencias Económicas se siente impelida a dirigirse a la Nación ante los sufrimientos causados por el colapso de la economía venezolana. Estimaciones responsables –porque el régimen no publica cifras al respecto desde 2016—señalan una contracción de la actividad económica en 2018 del 18%, quinto año consecutivo de disminución. El ingreso promedio por habitante es hoy la mitad del de 2013, inferior incluso a la cifra de 1950. El Banco Mundial, en su informe trimestral, pronostica una caída adicional del PIB del 25% para 2019, de continuar las cosas como están. La hiperinflación cerró en 1.687.000% según registros que lleva la Asamblea Nacional y, para el presente año, estimaciones iniciales del FMI no excluían la posibilidad de que llegase a 10.000.000%, cifra que, de concretarse, estaría entre las más altas conocidas en todos los tiempos.

Tal desempeño ha tenido un efecto devastador en el nivel de vida de los venezolanos. El salario mínimo es hoy menor que seis dólares al mes, según su cotización oficial. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida levantada por la UCAB, la UCV y la USB registró que la pobreza, medida por insuficiencia de ingresos, afectó al 94% de los hogares en 2018. Según la FAO, entre 2015 y 2017 el 11,7% de la población se encontraba desnutrida. El informe de Human Rights Watch y la Universidad Johns Hopkins de EE.UU. reporta la reaparición de enfermedades previamente erradicadas, como el sarampión y la difteria, la multiplicación por once de los casos de malaria entre 2009 y 2017, y un incremento significativo de otras enfermedades, como la tuberculosis. La UNICEF, por su parte, informa de un incremento de la mortalidad infantil del 76% entre 2012 y 2017. Estos retrocesos son resultado del deterioro en las condiciones sanitarias del país durante los últimos años, altamente correlacionado con el desplome sostenido de la economía. De continuar agravándose, estas calamidades y muchas otras que sería demasiado largo mencionar aquí, habrán de empeorar aún más. En particular, el colapso del Sistema Eléctrico Nacional, con sus reiterados y prolongados apagones, y los estragos que ello ha ocasionado en la prestación de otros servicios básicos, algunos vitales como el agua y la atención hospitalaria, representan una grave amenaza para muchos, sobre todo de los más desasistidos.

Lamentamos concluir que este desastre humanitario ha sido urdido, en gran medida, por las funestas políticas instrumentadas por quienes, contrariando el orden constitucional, se empeñan todavía en controlar el poder. Siendo presidente Nicolás Maduro, esta Academia le hizo numerosos llamados para que rectificara su conducción de los asuntos económicos en aras de revertir el deterioro creciente que se proyectaba sobre las condiciones de vida del venezolano. Desgraciadamente, fueron desoídos. Poderosos intereses cultivados en torno al intervencionismo estatal, la depredación de los recursos de la Nación y la no rendición de cuentas mostraron ser mucho más fuertes que el interés por atender los derechos fundamentales y el bienestar de la población. Ante ello, más de tres millones de venezolanos han huido del país en búsqueda desesperada de condiciones que le aseguren su subsistencia.

Estos efectos destructivos habrán de continuar mientras el actual régimen ilegítimo desista en abandonar el poder. Su incompetencia y desidia no sólo acabó con la prestación eficaz de los servicios públicos, sino que dañó severamente la producción de petróleo, la principal fuente de ingresos de los venezolanos. Según fuentes secundarias registradas por el Boletín Mensual de la OPEP, habrá caído a apenas 732.000 barriles diarios en marzo, menos de la cuarta parte de hace 20 años. Esta situación se une a la cesación de pagos de los compromisos financieros internacionales del Estado (default) para restringir las importaciones a los niveles de hace cinco lustros. Junto a la destrucción del aparato productivo y comercial del país, ha reducido drásticamente la oferta de bienes y servicios a la población. Al colapsar la actividad económica, también lo ha hecho la base tributaria del Estado. Hoy, quienes usurpan el manejo de la cosa pública dependen más que nunca de la emisión monetaria para financiar sus gastos, alimentando así la dinámica alcista en los precios. Los intentos por contener su impacto inflacionario aplicando encajes prohibitivos a la banca han eliminado en la práctica la función intermediadora del sistema financiero, llevándolo al borde de su desaparición. Si bien el alza de precios de marzo fue de 18,1%, habiendo sido mayor al 50% los dieciséis meses anteriores, esta reducción se ha hecho a costa de una contracción brutal en la actividad económica y de futuras penurias para la población.

Esta Academia reitera una vez más que el país sí puede superar la trágica situación a que lo han llevado, aplicando un programa que libere las fuerzas productivas a través de la eliminación de los controles y las regulaciones, en un marco de estabilización macroeconómica que sustituya el financiamiento monetario del gasto por un generoso financiamiento internacional, con una reestructuración inteligente de la deuda externa que alivie su carga sobre la economía. Ello permitirá derrotar la inflación y unificar y estabilizar a su vez un tipo de cambio libre. Junto al restablecimiento de las garantías jurídicas de un Estado de Derecho, atraerá un importante flujo de inversiones extranjeras. Actualmente la producción industrial y agrícola trabajan con menos del 30% de su capacidad, pudiéndose recuperar rápidamente, generando empleo cada vez mejor remunerado si, además de todo lo anterior, se atacan de manera concertada los cuellos de botella existentes, incluyendo el colapso de los servicios públicos. Para éstos y otros fines, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial han manifestado estar prestos a considerar importantes créditos para Venezuela, que se harían efectivos de darse las condiciones apropiadas.

Es decir, el empobrecimiento continuo del venezolano en absoluto constituye una fatalidad. Lo que hoy se interpone a la posibilidad tan inaplazable de mejorar de manera sostenida sus condiciones de vida es la persistencia en mantenerse en el poder de una camarilla contraria al interés nacional, en violación del ordenamiento constitucional. Los miembros de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, sobrecogidos por las dimensiones de la tragedia urdida sobre los venezolanos y convencidos de que ésta puede y debe superarse, hacen un llamado angustioso a que cese de inmediato la presente usurpación del poder para que un gobierno de transición convoque perentoriamente comicios presidenciales con todas las garantías, de manera que el país pueda elegir un presidente legítimo que aplique un programa de rescate y recuperación de la economía, capaz de devolverle al venezolano su dignidad y de abrirle posibilidades de una mejora sostenida en sus condiciones de vida.

Es hora de que prevalezcan los intereses de las mayorías por encima de mezquinos apetitos abocados a enriquecerse a costa de la destrucción de la Nación.

En Caracas, a los doce días del mes de abril, 2019

Humberto García Larralde – Presidente

Sary Levy Carciente – Secretaria

El holodomor venezolano por Emmanuel Rincón – Panampost – 12 de Abril 2019

El hambre en Venezuela no es un invento de las cadenas norteamericanas ni es parte de una batalla ideológica: es un asunto palpable.

Cada minuto que un representante de algún alto gobierno intenta mediar en la crisis venezolana, se firma la sentencia de muerte de una persona. (Foto: Flickr)

Ciudadano argentino, chileno, americano, colombiano, español, o de cualquier parte del mundo: si mañana le escribiesen al correo electrónico a ofrecerle un puesto de trabajo, en el cual le prometen todos los beneficios de la ley, y empleador le propusiera trabajar 8 horas al día, 5 días a la semana por un pago mensual de medio kilo de leche en polvo, ¿usted aceptaría? Por supuesto, no hay ni que preguntarlo, la respuesta es un rotundo no. Ahora bien, ¿por qué un venezolano debería aceptar trabajar bajo estas condiciones?

Las desastrosas políticas económicas tomadas por el gobierno socialista de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sumadas a la destrucción de la empresa privada, el saqueo organizado de la nación, los índices de corrupción más elevados de América Latina, junto al latrocinio de PDVSA, convirtieron a Venezuela en un cementerio de gigantes proporciones, un depósito de cadáveres, un lugar en el que la vida no es posible y donde la economía es una auténtica locura. Que el sueldo mínimo decretado por el Ejecutivo Nacional solo permita comprar un condimento de ajo picado al mes lo explica todo. Sí, tal como lee: un sueldo mínimo mensual es el equivalente a un frasco de condimentos, o a medio kilo de leche en polvo. Esto ayudará a entender por qué los venezolanos salen de su tierra recorriendo miles de kilómetros a pie, o se van por el norte en lanchas y balsas buscando una tierra firme que los alimente.

En la Venezuela de hoy, el sueldo mínimo es de 18 000 bolívares, el equivalente aproximado a 5 dólares al mes. La hiperinflación en Venezuela es tan absurda que los precios han superado la barrera del dólar, lo que quiere decir que el país petrolero ha destrozado hasta el poder adquisitivo de la moneda estadounidense. Esto se traduce en que, además de que los venezolanos ganan una miseria, los productos en el mercado cuestan 2 a 6 veces más que en una economía como la colombiana, por poner un ejemplo cercano.

Durante los últimos días tuve la oportunidad de volver a mi país y aproveché para ir a un par de supermercados a efectos de hacer un pequeño sondeo. La realidad que me encontré fue la siguiente:

  • Detergente de ropa, 2 litros: 58 600 bolívares, es decir, 16 dólares (un venezolano promedio debe ahorrar más de tres meses para poder comprar detergente y lavar su ropa).
  • Pasta, 1 kilo: 7 000 bolívares o 2 dólares (con el sueldo mínimo un venezolano puede adquirir 2 kilos y medio de pasta al mes).
  • Pasta de tomate: 19 642 bolívares o 5,3 dólares (deberá comer la pasta a secas, porque para comprar salsa se debe trabajar más de un mes, y aun así no alcanza).
  • Jamón de pechuga de pollo: 18 000 bolívares o 5 dólares por 500 gramos, ¿alcanzarán 500 gramos de jamón para alimentar una familia por un mes?
  • Manzana por kilo: 33 151 bolívares  o 9 dólares (un sueldo mínimo no alcanza ni para un kilo de manzanas).
  • Litro de leche: 5 750 bolívares o 1, 57 dólares (afortunado el que pueda comprar 4 litros de leche al mes).
  • Kilo de sal: 6 195 bolívares o 1, 70 dólares (por el trabajo de un mes un venezolano promedio, podría comprar 3 kilos de sal).
  • Litro de aceite: 17 000 bolívares o 4, 65 dólares.
  • Condimento de ajo picado, 55 gramos: 21 000 bolívares o 5,75 dólares.
  • Leche chocolatada 400 gramos:  29 000 bolívares o 7,95 dólares.
  • Lavaplatos de 600 ml, 22 811 bolívares o 6 20 dólares.

Últimamente, distintas personalidades del mundo se han atrevido a cuestionar la severidad de la crisis venezolana. Figuras como Almudena Grandes, la comisionada Bachelet o Carlos Montero, entre otros, han intentado poner en tela de juicio la magnitud de lo que viven los venezolanos.

En el momento en que escribo estas letras, cuento ya 32 horas sin luz. Previo a ello, estuve 23 horas sin agua. Esta tarde, para poder trabajar, tuve que salir a comprar una pimpina de gasolina (por la que pagué 20 000 pesos colombianos, es decir, más de un sueldo mínimo venezolano) para poder prender una planta y así cargar mi computador. La catástrofe del socialismo es tal, que en Bogotá pago aproximadamente 50 000 pesos mensuales por el servicio de electricidad durante todo el mes; mientras que aquí debo pagar 20 000 pesos para encender una planta que me permita cargar mi computador, y me dará una energía limitada durante unas 16 horas cuando mucho (no puedo prender aires acondicionados, neveras, u otros artefactos eléctricos). Algo similar ocurre con el agua. En ciudades como Caracas, Maracaibo o Valencia, entre otras, las personas se han visto obligadas a pagar por cisternas de agua para así poder bañarse y medianamente limpiar sus hogares (cabe acotar que las cisternas se pagan en divisa estadounidense, y sus precios van desde los 100 a 120 dólares, unos 20 sueldos mínimos de un venezolano).

Venezuela cae 18 puestos y ya es el cuarto país más pobre de Latinoamérica – El País – 10 de Abril 2019

Solo Honduras, Nicaragua y Haití tienen un PIB por habitante inferior, según el FMI

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Venezuela fue durante décadas el país más rico de Latinoamérica. En términos de renta per capita o producto interior bruto (PIB) por habitante llegó incluso a situarse entre los cinco primeros del mundo tras los estragos causados en Europa por la Segunda Guerra Mundial. Después, gracias a sus enormes riquezas naturales y, en particular, a sus exportaciones de petróleo, se mantuvo a la cabeza de Latinoamérica entre los grandes países. Sin embargo, el colapso político, económico y social de los últimos años ha hundido el país en la clasificación regional y, según los datos y estimaciones del FMI, es ya uno de los más pobres de Latinoamérica en términos de PIB por habitante.

Han superado a Venezuela países como El Salvador, Guatemala, Bolivia o la vecina Guyana, tradicionalmente mucho más pobre. Colombia, que durante décadas fue fuente de emigración a Venezuela, tendrá este año un PIB por habitante que duplica al venezolano.

Y la situación no hace más que empeorar. El FMI prevé que en este año el PIB retroceda un 25%, la inflación sea de 10.000.000% y la tasa de paro supere el 44%. En el caso de Venezuela, en todo caso, los datos hay que tomarlos siempre con reservas. El caos monetario que vive el país, la falta de datos fiables y la negativa del Gobierno a colaborar con el FMIprovocan una especie de apagón estadístico.

La corrupción, la mala gestión y la caída de los precios del petróleo deterioraron la situación económica de Venezuela a finales del siglo pasado. Pero ha sido la política de control de cambios, de controles de precios, de expropiaciones y nacionalizaciones llevada a cabo por el régimen chavista la que ha arruinado su economía de una forma y a un ritmo solo comparable a la de países que han sufrido una guerra. Eso, a pesar de que los precios del petróleo se han multiplicado durante el chavismo.

La pésima gestión económica ha desatado una hiperinflación y una depreciación de la moneda que han dejado sin valor al bolívar, hasta el punto de que no se consiguen billetes ni siquiera para los gastos diarios. Eso, a pesar de las diferentes reconversiones monetarias que han ido quitando ceros al bolívar para tratar de maquillar su hundimiento. Alguien que hubiera cambiado 10.000.000 de dólares en bolívares en 2013 y hubiera conservado esos bolívares, ahora tendría apenas el equivalente a un centavo de dólar, lo que da idea del desastre económico que está viviendo el país.

FMI: la hiperinflación venezolana llegará al 10.000.000% este año por Sandro Pozzi – El País – 9 de Abril 2019

El Fondo Monetario Internacional cree que la economía de América Latina se recupera a ritmo lento

Sede del Fondo Monetario Internacional en Washington
Sede del Fondo Monetario Internacional en Washington MANDEL NGAN AFP

La situación económica de Venezuela todavía empeorará más este año. El FMI calcula que la economía del país caribeño se contraerá un 25%, que se sumará al 18% de 2018. Y a esto hay que añadir la hiperinflación en que vive el país y que este año llegará al 10.000.000%, lo que ha llevado a la institución que dirige Christine Lagarde a hablar de “crisis humanitaria”.

En lo referente al conjunto de la región, la debilidad en la expansión en la recta final de 2018 continuará en el futuro inmediato y se califica incluso de “precaria” en el grupo de los emergentes, por la incertidumbre creciente. La revisión a la baja que hace el Fondo Monetario Internacional de las perspectivas incluye así a las mayores economías de América Latina pese a que se sigue anticipando una recuperación a medio plazo.

FMI: la hiperinflación venezolana llegará al 10.000.000% este año

La proyección que se da ahora para la región es de un crecimiento del 1,4% para 2019. Es un recorte de seis décimas respecto a la indicación que se dio en enero y representa solo un repunte de cuatro décimas frente a 2018. La previsión es que se coloque en el 2,4% en 2020. En este caso es una décima menor de lo anticipado, aunque como señalan los técnicos dependerá del rendimiento de Argentina.

El perfil del crecimiento en general para los países emergentes se complica por varios factores. Primero, están los cuellos de botellas que sufren sus economías. Segundo, la moderación de la actividad en los países avanzados. Tercero, el efecto de unas condiciones financieras más rígidas así como en algunos caso el alto endeudamiento. Y por último, el abaratamiento de la energía y las materias primas.

Empezando con la mayor economía de América Latina, el crecimiento en Brasil se acelerará progresivamente de un 1,1% en 2018 a casi duplicarlo hasta un 2,1% este año. Será en todo caso cuatro décimas menos robusto de la actualización que hizo el organismo que dirige Christine Lagarde hace solo tres meses. De ahí subir al 2,5% en 2020, que se mejora sin embargo tres décimas.

El gran reto para Brasil, según el FMI, pasa por contener el incremento de la deuda pública sin que el proceso de consolidación fiscal trastoque el gasto en los programas sociales a los más vulnerables. La política monetaria puede continuar laxa para apoyar la demanda interna, ya que la inflación se encuentra cerca del objetivo. También se insiste en la reforma laboral y en la mejora de las infraestructuras.

Cambio político

México experimentará una moderación de un crecimiento del 2% el pasado ejercicio a un 1,6% este. Supone, además, un recorte de medio punto porcentual respecto a la previsión de enero. De ahí rebotará al 1,9% en 2020 pero estará tres décimas por debajo a lo proyectado. Como en el caso de Brasil, se cita un “cambio de percepción” en la dirección política del país con la nueva administración.

El organismo considera “esencial” que a las autoridades mexicanas “eviten retrasar las necesarias reformas estructurales” porque crearía más incertidumbre –con el efecto que tendría en las inversiones y la creación de empleo. También recomienda mantener el plan de consolidación fiscal a medio plazo para creer confianza. Sobre la estrategia monetaria, ve margen para reducir tipos “si fuera necesario”.

El FMI considera que el acuerdo de libre cambio entre Estados Unidos, México y Canadá supone un paso en la buena dirección que contribuye a rebajar la tensión asociada a los litigios comerciales. Pero recuerda también que el nuevo USMCA –como le llama el presidente Donald Trump- está sujeto ahora al proceso de aprobación del Congreso de EE UU, donde cada vez más demócratas expresas dudas.

Argentina es en este momento el gran asterisco para América Latina. La previsión es que su economía se contraiga durante la primera mitad de 2019 por una moderación de la demanda. Aunque volverá a retomar la senda del crecimiento en el segundo semestre conforme la renta disponible de las familias crezca y el sector agrícola se recupere del golpe de la sequía el pasado que sufrió el pasado año.

La previsión es que la recesión que sufre la economía argentina se relaje del un 2,5% en 2018 a un 1,2% en 2019, para de ahí pasar a crecer del 2,2% en 2020. “La aplicación del plan de estabilización es crucial para elevar la confianza de los inversores y restaurar un crecimiento sostenido que mejore la calidad de todos los segmentos de la sociedad”, señala al hablar de los esfuerzos de estabilización.

Venezuela is the biggest economic disaster in modern history by Matt O’Brien – The Washington Post – Febrero 2019

For the last 20 years, Venezuela has been conducting an experiment into what happens when a government declares war on all forms of expertise. And in the last five years, the results have become clear: You get one of the biggest economic catastrophes in modern history.

Despite having the largest oil reserves in the world, Venezuela’s economy has shrunk by 47 percent since the end of 2013. That, to put things in perspective, is twice as bad as Greece has done during the euro crisis, and, if trends continue, will soon be worse than either Zimbabwe did during its hyperinflation or Ukraine did in the years after communism collapsed. Which is to say that, barring countries beset by civil war, Venezuela is on the verge of having suffered more economic damage than anyone else in recent times.

What’s made this even more painful, though, is that Venezuela also has the worst inflation in the world today. The International Monetary Fund, for its part, guesses that it will be 10 million percent by the end of this year, but it’s just that: a guess. Our best estimate is that it’s about 112,000 percent, not that that’s much consolation. The price controls that the government has used to try to deny this reality, meanwhile, have only led to the country being short on food and medicine — why stock your shelves if you’re forced to sell things at a loss? — and long on lines and violence. It’s an economic crisis that has begotten a humanitarian crisis that’s fueling a migrant one. About 3 million people, or 10 percent of the total population, have fled to neighboring countries such as Colombia.

How did a country that should have been so rich end up so poor? Well, there are two stories you normally hear, and neither is correct. The first is that this is just about oil. Venezuela’s economy, after all, depends on it, so it doesn’t exactly seem like a surprise that the one has collapsed when the other has, too. The only problem with this is that as true as it is, it isn’t true enough. All you have to do is look at Saudi Arabia. It’s no less reliant on oil, but it has managed to grow 11 percent the past five years. Something else, then, must be going on in Venezuela.

And if you listen to Fox News, you know what that’s supposed to be: socialism. The idea, as former New York mayor Michael R. Bloomberg put it, is that “radical redistribution” has inevitably killed Venezuela’s golden goose. If that were the case, though, why has a country such as, again, Saudi Arabia been able to spend a lot of its oil money on its people without suffering the same sort of fate? Or a country such as Denmark been able to raise taxes far above what Venezuela’s ever tried while still growing at a healthy clip? The answer, of course, is that socialism is not really to blame.

What has happened is that low oil prices have revealed the extent of the Venezuelan government’s mistakes, which had nothing to do with taxing the economy too much and everything to do with managing it too poorly. The simple story is that the government took over one sector of the economy after another — steel, mining, agriculture, to name a few — and got rid of people who were good at their jobs so they could bring in ones who were good at being loyal. This made production predictably crater, and things that used to be made at home suddenly needed to be bought from overseas.

The government could at least cover up how much of the economy had been hollowed out this way as long as high oil prices gave it the money it needed to buy things. But it was never able to cover up as much as it should have, because its oil industry was being hollowed out, too. The Chavistas, you see, had fired most of the experienced engineers who had been striking against them, forced out foreign companies that knew what they were doing, and generally treated the state-owned oil company as a piggy bank that they could take money out of without ever having to put anything back, even as oil production fell off for lack of investment. That’s why the government had to turn to the printing press to pay for things even when oil prices were in the triple digits, and has really had to now that crude prices have fallen so much the past few years.

The best way to think about the Chavista regime, then, is as an extremely shortsighted mafia. Instead of charging businesses for protection — nice factory you got here, be a shame if anything happened to it — the government simply looted them until there was nothing left. It tried to pretend this wasn’t happening by using some of its oil profits to give people homes and health care, and, when that wasn’t enough, printing the money it needed instead. But eventually it couldn’t even do that once those profits disappeared, and it had to print so much money that it became worthless.

And despite all this, there’s no guarantee that the Chavistas are going to lose their grip on power. Far from it. The military is staying on their side against the opposition. Why? Because as bad as the Chavistas have been for the economy, they’ve been kind of good for themselves and their cronies. It’s not just about the wealth they’ve expropriated. It’s that they’ve set up a system where they can make money off its destruction. For some of them, that’s meant using the machinery of the state for drug trafficking. For others, it’s been using the regime’s preferential access to dollars to make risk-free profits in the currency markets. But in any case, the story’s been the same: Ruin is working out just fine for them.

Which, when you think about it, might be the worst news of all. It means that this experiment in human misery may have a long way to go.

Alarma que Venezuela entra en otra fase más aguda de la crisis económica por Zenaida Amador – ALnavío – 28 de Marzo 2019

Concluye el primer trimestre de 2019. Este lapso en Venezuela ha sido determinante en materia política para exponer los desmanes del régimen de Nicolás Maduro, forjar su desconocimiento internacional y restringirle el margen de acción; pero en términos económicos y sociales también ha sido uno de los períodos más corrosivos para los venezolanos, quienes a duras penas intentan sobrevivir a la crisis, la escasez y las fallas de los servicios básicos en un país que parece colapsar por los cuatro costados.
Maduro tiene problemas adicionales con la economía / Foto: @NicolasMaduro
Maduro tiene problemas adicionales con la economía / Foto: @NicolasMaduro

Para la economía venezolana los primeros tres meses del año se asemejan a un agujero negro. Algunos economistas estiman que solamente en marzo, debido a las fallas reiteradas del sistema eléctrico, se han reportado pérdidas que superan 3% del Producto Interno Bruto, PIB, en una economía que viene de cinco años consecutivos de recesión.

A lo largo de marzo se han registrado múltiples apagones de magnitud nacional que, además de implicar costos en términos de vidas humanas por fallas en los servicios mínimos de atención médico-hospitalaria, han terminado de hundir el aparato productivo en general y a la ya depauperada industria petrolera, que aporta 90% de los ingresos de Venezuela.

Al cierre de marzo las exportaciones petroleras podrían totalizar sólo 900.000 barriles diarios, según cálculos de varios analistas del sector, tomando en cuenta las paralizaciones operativas reportadas en los mejoradores de crudo de la Faja Petrolífera del Orinoco y el cese de despachos desde puertos venezolanos.

El empobrecimiento y el deterioro se aceleran y se extienden por todo el país. Mientras tanto Maduro, quien se resiste a abandonar el poder, responde a la crisis con las mismas fórmulas que ha aplicado desde 2013: endosar la responsabilidad de los problemas a otros, relanzar planes ya aplicados anteriormente (por ejemplo, los 15 motores productivos) y anunciar reestructuraciones de fondo en su gobierno, que siempre equivalen a enroques de funcionarios y cambios de nombres de instituciones. “Voy a anunciar los nuevos métodos de Gobierno y un cambio profundo en el Gobierno Bolivariano de Venezuela. Pido el apoyo del pueblo, pido la unión cívico-militar”, dijo antes de que el más reciente apagón retrasara sus anuncios

Vale destacar que en promedio la nación venía exportando alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, pero las sanciones petroleras dictadas por Estados Unidos contra el régimen de Maduro a finales de enero han mermado este flujo. Sin embargo, el desplome abrupto de marzo es consecuencia directa de la ausencia general de electricidad que viene azotando al país desde el 7 de marzo.

El efecto de las sanciones petroleras ha hecho que progresivamente bajen los envíos de crudo venezolano a EEUU y que se canalicen a otros mercados, como India y China.

Pero es el desplome en los volúmenes lo que se traduce claramente en menores ingresos para una nación cuyas reservas internacionales se ubican en 8.700 millones de dólares.

En esencia, las menores exportaciones derivan de la pérdida de producción petrolera. Cuando Maduro llegó al poder en 2013 el bombeo rondaba los 2,7 millones de barriles por día y en la actualidad apenas suma un millón de barriles debido a la desinversión y las políticas adoptadas. La firma Ecoanalítica calcula que en estos momentos el retroceso de producción está entre 20.000 y 30.000 barriles semanales.

Además, las gestiones internacionales de Juan Guaidó, como presidente encargado de Venezuela, se han traducido en un cerco a los flujos financieros que ha intentado movilizar infructuosamente Maduro, restándole margen de maniobra.

En el piso

Desde este lunes 25 de marzo el país experimenta una nueva falla eléctrica masiva, que alcanza a prácticamente 90% del país. Sólo entre lunes y miércoles se calcula que las pérdidas directas del apagón suman 600 millones de dólares y todavía no se han contabilizado los efectos colaterales, como la pérdida de inventarios en varios sectores por el colapso en los sistemas de refrigeración, entre otros elementos.

Maduro atribuye las fallas a ataques perpetrados a las instalaciones eléctricas por parte de opositores a su régimen, lo que entra en franca contradicción con los señalamientos hechos tras el apagón del 7 de marzo por el ministro de la Defensa,Vladimir Padrino López, según las cuales tales instalaciones serían militarizadas y supervisadas por las Fuerzas Armadas.

Expertos en el área como José Aguilar, consultor en materia eléctrica, atribuyen las fallas a problemas acumulados por más de una década en mantenimiento y falta de experiencia en quienes dirigen el sector. Así, por ejemplo, cada intento fallido de recuperación del suministro de energía tras los apagones genera daños en los equipos de transmisión y distribución, acrecentando el riesgo de un colapso mayor en el sistema de dimensiones inimaginables. A esto se suma la corrupción asociada al manejo eléctrico, que sobrepasó los 30.000 millones de dólares en operaciones y compras con sobreprecios desde 2009.

Al cierre de marzo las exportaciones petroleras podrían totalizar sólo 900.000 barriles diarios / Foto: @PDVSA

Al cierre de marzo las exportaciones petroleras podrían totalizar sólo 900.000 barriles diarios / Foto: @PDVSA

Lo cierto es que la inestabilidad en el servicio eléctrico agudiza las fallas en el suministro de agua potable, de gas doméstico, así como en las conexiones telefónicas y de Internet, lo cual acentúa el estancamiento de las actividades productivas.

Este cuadro se agrava dada la parálisis en las importaciones. El régimen de Maduro, que por años cercó al sector privado y que hizo todas las gestiones necesarias para centralizar 80% del total de las importaciones, a inicios de 2019 les informó a los empresarios que carecía de recursos para seguir haciendo estas compras en el exterior y les instó a que hicieran gestiones propias para importar los insumos y las materias primas que requieren para producir.

Aunque algunas empresas privadas han hecho lo correspondiente para retomar el manejo de las importaciones, el ritmo de respuesta es mucho más lento del que el país demanda aun con los efectos de la recesión. De allí que esté en mínimos la capacidad de la agroindustria para reponer inventarios, especialmente tras la ola de saqueos ocurrida en varias zonas de país en medio de los apagones y que afectó severamente la capacidad productiva de varias industrias en el estado Zulia.

Efectos colaterales

Entre febrero de 2018 y febrero de 2019, últimas estimaciones de la Asamblea Nacional, la inflación llegó a 2.295.981,8% tras año y medio de hiperinflación. En febrero fue de 53,7%, una tasa inferior a las experimentadas meses atrás, como resultado no de una política correctiva de las distorsiones económicas sino como fruto de la destrucción del consumo a causa de la pérdida de poder de compra del ingreso.

Juan Guaidó, por su parte, ha reiterado que la única forma de recuperar la economía pasa por lograr un cambio de Gobierno. A su juicio, es posible estabilizar la economía, permitir la gobernabilidad y “abrir las puertas del progreso, pero el único bloqueo es la soberbia de Miraflores (Palacio de Gobierno) que está compuesto por un pequeño grupo cada día más aislado del mundo”.

De hecho, Maduro ha seguido adelante con la emisión monetaria para financiar su gestión deficitaria, sin importar los efectos inflacionarios de esta política, sólo que ahora lo hace a la sombra, ocultando las cifras que permitan hacerle un seguimiento a sus operaciones.

No obstante, le ha aplicado una fuerte presión a la banca -con un aumento del encaje legal- para constreñir el crédito y mitigar así los efectos directos de sus propias decisiones, cerrando opciones de financiamiento al sector privado y a los ciudadanos.

La consecuencia inmediata sobre la banca ha sido que ante la falta de liquidez algunas instituciones incluso han incumplido con el encaje legal y han pedido préstamos interbancarios a tasas por el orden de 60%, poniendo en evidencia su precaria situación.

El empobrecimiento y el deterioro se aceleran y se extienden por todo el país. Mientras tanto Maduro, quien se resiste a abandonar el poder, responde a la crisis con las mismas fórmulas que ha aplicado desde 2013: endosar la responsabilidad de los problemas a otros, relanzar planes ya aplicados anteriormente (por ejemplo, los 15 motores productivos) y anunciar reestructuraciones de fondo en su gobierno, que siempre equivalen a enroques de funcionarios y cambios de nombres de instituciones. “Voy a anunciar los nuevos métodos de Gobierno y un cambio profundo en el Gobierno Bolivariano de Venezuela. Pido el apoyo del pueblo, pido la unión cívico-militar”, dijo antes de que el más reciente apagón retrasara sus anuncios.

Juan Guaidó, por su parte, ha reiterado que la única forma de recuperar la economía pasa por lograr un cambio de Gobierno. A su juicio, es posible estabilizar la economía, permitir la gobernabilidad y “abrir las puertas del progreso, pero el único bloqueo es la soberbia de Miraflores (Palacio de Gobierno) que está compuesto por un pequeño grupo cada día más aislado del mundo”.

¿De verdad Caracas es la ciudad más barata del mundo? por Zenaida Amador – ALnavío – 26 de Marzo 2019

Recientemente se conoció la noticia de que Caracas es la ciudad más barata del mundo, información que generó sorpresa y extrañeza entre los caraqueños.
Los caraqueños padecen una inflación diaria de 4% / Flickr: Eneas
Los caraqueños padecen una inflación diaria de 4% / Flickr: Enea

La Encuesta sobre el costo de vida de The Economist Intelligence Unit sostiene que Caracas es más barata que otras capitales que han sido arrasadas por la guerra, como Damasco, en Siria. La publicación llegó a esta conclusión tras medir los precios de 160 productos y servicios pagados en dólares y ese es el punto donde entran en conflicto los datos estadísticos en frío y la realidad cotidiana de los caraqueños, quienes padecen una inflación diaria de 4% y se ven limitados para cubrir sus necesidades básicas, lo que va desde no contar con agua potable ni electricidad hasta no poder acceder a alimentos ni medicinas.

Aunque se habla de que Venezuela está dolarizada, la verdad es que los billetes verdes no están en manos del grueso de los venezolanos. El dólar es usado como referencia porque la moneda local ha sido destruida por año y medio de hiperinflación, lo que hace que los precios salten vertiginosamente. Pero la mayoría de los venezolanos percibe ingresos en bolívares y esa es una de las principales razones por las cuales cerca de 90% de la población vive en condiciones de pobreza.

El salario mínimo establecido por ley en Venezuela es de 18.000 bolívares, monto que equivale a unos 5,5 dólares al mes. Sin embargo, un caraqueño requiere de esos 5,5 dólares para comprar un kilo de harina de maíz precocida, un kilo de lentejas y un kilo de pasta, lo que obviamente no le alcanza para alimentarse un mes. Si quiere comprar un champú necesita 6 dólares, 3,5 dólares para cuatro rollos de papel higiénico y 4,5 dólares para medio kilo de café.

En enero, la canasta alimentaria ascendió a 360.115 bolívares, según estimaciones del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda), es decir, unos 110 dólares.

De acuerdo con un estudio de la firma Datos, efectuado en enero pasado, apenas 3% de los venezolanos puede adquirir con su ingreso más de los bienes que necesita y sólo un 6% dice poder cubrir por completo sus necesidades, el resto descarta alrededor de 60% de los bienes y servicios que requiere porque no puede costearlos.

El esfuerzo de sobrevivencia se concentra en la comida. Según este mismo estudio, para 98% de los venezolanos la prioridad está en comprar alimentos.

Y esto responde a dos factores clave: la hiperinflación y la escasez. El desabastecimiento de bienes básicos es una constante, lo cual es altamente alarmante en cuanto a alimentos y medicinas, cuya producción local está prácticamente paralizada tras cinco años continuos de recesión en los cuales se destruyó más de la mitad de la economía. La dependencia de las importaciones es extrema, pero el país carece de divisas para encarar estas compras.El dólar es usado como referencia porque la moneda local ha sido destruida / Foto: WC

El dólar es usado como referencia porque la moneda local ha sido destruida / Foto: WC

Tener dólares

Algunas empresas en Venezuela, bien sea porque tienen un brazo corporativo fuera del país, porque realizan exportaciones o porque en su actividad generan ingresos en divisas por alguna vía, complementan el pago en bolívares a su personal con una porción en dólares. Otros profesionales, por su perfil de trabajo, logran prestar servicios a empresas que operan fuera de Venezuela, lo que les garantiza un ingreso en dólares.

También hay una porción, de alrededor de 30% de la población, que recibe algún tipo de aporte de sus familiares en el exterior a través de remesas que, según estimaciones de la firma Ecoanalítica, se ubican en 90 dólares promedio al mes.

El hijo de Yesenia Torres emigró a Perú en agosto de 2018 en un largo viaje por tierra. Es uno de los más de 5 millones de venezolanos que han salido de Venezuela en los últimos años en la búsqueda de mejores condiciones de vida y que en lo que va de año le ha enviado dinero a su mamá en sólo dos ocasiones. El monto total en tres meses: 60 dólares. “Es todo lo que puede mandar, porque ha sido duro para él conseguir trabajo”, argumenta Torres, quien trabaja para una compañía que presta servicios de limpieza de oficinas en Caracas que le paga salario mínimo. Las remesas de su hijo hacen la diferencia. Sin embargo, su dieta diaria se basa en arepa con margarina, y arroz o pasta que mezcla con granos, los cuales prepara con agua y sal porque “los aliños están muy caros”.

Sin embargo, quienes tienen algún ingreso en dólares, incluyendo a la señora Torres, constituyen el segmento de la población que de mejor manera enfrenta los embates de la crisis. Y, en definitiva, son quienes pueden comprar con más facilidad algunos productos escasos que sólo están disponibles en el mercado negro “en dólares”.

¿Servicios regalados?

En el estudio de The Economist se toman en cuenta los precios de los servicios medidos en dólares. Muchos de estos servicios públicos se ofrecen prácticamente gratis ya sea porque están en manos del Estado o porque tienen tarifas reguladas, por lo que resulta risible el ejercicio de tratar de comparar su costo en dólares con el que tienen en otras capitales del mundo. Este hecho impacta en los resultados y puede generar la ilusión de que Caracas es una ciudad baratísima.

Es la ciudad de las calles rotas, sin alcantarillas, sin alumbrado público y con los semáforos inoperativos, donde miles de caraqueños se desplazan a pie o montados de cualquier forma en camiones porque el transporte público ha colapsado, y se resguardan temprano en casa debido a la desolación que se adueña de Caracas en cuanto cae el sol por la inseguridad y la casi inexistente actividad cultural y nocturna. En síntesis, una costosa ciudad en términos de calidad de vida, aunque barata a los efectos de los ejercicios estadísticos

En Venezuela los servicios públicos apenas funcionan dada la política de precios impuesta por la “revolución bolivariana”, que a lo largo de los años ha generado severas distorsiones en la economía, destruyendo la capacidad productiva y empleadora del país, así como el ingreso de la población.

Ser la capital del país le permite a Caracas gozar de algunos beneficios que el resto de los estados han perdido desde hace mucho, porque el régimen de Nicolás Maduro trata de mantener las operaciones de ciertos servicios públicos en zonas estratégicas de la ciudad para minimizar la exposición de la crisis venezolana.

Pero la precariedad es extrema y el más reciente apagón nacional, de unas 100 horas de duración, es una clara muestra de ello. De allí que dentro de la propia Caracas haya zonas donde es normal carecer del servicio eléctrico por varios días continuos, pasar meses sin recibir agua potable o gas doméstico, afectando hospitales y escuelas. Así, por ejemplo, la Universidad Simón Bolívar, una de las principales del país, ha suspendido sus actividades académicas porque no recibe agua desde el 4 de marzo.

Sin garantías

Algo similar pasa con la gasolina, la más barata del mundo, que en la actualidad cada usuario paga según el efectivo del que disponga porque el precio del producto no tiene expresión en el cono monetario vigente. Esta gratuidad del combustible es una de las razones que inciden en los severos problemas que enfrenta la industria petrolera nacional, cuya capacidad de producción está prácticamente en el suelo y, en consecuencia, su potencial para generarle ingresos a la nación.

El deterioro es tal que para contar con gasolina el país requiere importarla directamente o comprar en el exterior parte de las mezclas básicas para su elaboración, lo que hace que sean habituales las fallas en la oferta de combustibles. Las colas en las estaciones de servicio son una constante y hay que surtir los vehículos con la mezcla que esté disponible a riesgo del daño que esto pueda generar al motor.Con el salario mínimo se compra un kilo de harina de maíz, uno de lentejas y otro de pasta / Foto: WC

Con el salario mínimo se compra un kilo de harina de maíz, uno de lentejas y otro de pasta / Foto: WC

Incluso quien perciba un alto ingreso en dólares tiene que convivir con la precariedad de la ciudad y eso incluye no tener garantías de que a la hora de un accidente o enfermedad podrá contar con los equipos médicos y las medicinas requeridas, ni siquiera ingresando en las mejores clínicas de Caracas.

Lo cierto es que Caracas es la capital de Venezuela, ese convulso país que cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo y un vasto potencial gasífero y minero aún por desarrollar, pero que está sumido en una emergencia humanitaria compleja. Es la ciudad de las calles rotas, sin alcantarillas, sin alumbrado público y con los semáforos inoperativos, donde miles de caraqueños se desplazan a pie o montados de cualquier forma en camiones porque el transporte público ha colapsado, y que se resguardan temprano en casa debido a la desolación que se adueña de Caracas en cuanto cae el sol por la inseguridad y la casi inexistente actividad cultural y nocturna. En síntesis, una costosa ciudad en términos de calidad de vida, aunque barata a los efectos de los ejercicios estadísticos.

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