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La hiperinflación venezolana alcanza un ritmo del 1.700.000% en el último trimestre por Victor Ventura – elEconomista.es – 6 de Diciembre 2018

En la última semana, los precios llegaron a duplicarse

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Un manojo de billetes de bolívar. Foto: Reuters.

Según el índice “café con leche” de Bloomberg, que estima el crecimiento de los precios en base a la bebida típica del desayuno ante la falta de estadísticas oficiales, la inflación se disparó en el último mes. Entre el 7 de noviembre y el 5 de diciembre, los precios crecieron un 233%, de 120 a 400 bolívares por taza. Ese nivel situaría al país caribeño en el puesto 22 de las peores crisis hiperinflacionarias de la historia, al nivel de la marca dejada por países como Georgia, Moldavia o Rusia durante la descomposición de la Unión Soviética al principio de la década de 1990.

No solo eso, sino que la velocidad a la que crecen los precios sigue acelerándose. En la última semana se duplicaron, saltando de 200 a 400 bolívares por café, una señal bastante preocupante de cara a la devaluación oficial, la subida del salario mínimo y la nueva emisión de dinero prometida por Maduro para este mes. El dato interanual, por su parte, se sitúa en el 285.000%.

Mientras, en el mercado negro de divisas, el bolívar ha caído a 567,35 unidades por dólar. Así, el ‘billete verde’ ha aumentado un 115% en este mes, por detrás de los precios. Una situación que suele ser común en los países con hiperinflación: la divisa no se devalúa al nivel de la inflación y, al final, los precios acaban subiendo también en dólares. Ni eso les queda a los que estén deshaciéndose de sus bolívares para comprar dólares.

¿Es la hiperinflación en Venezuela consecuencia del financiamiento monetario al déficit fiscal? – ProDaVinci – 5 de Diciembre 2018

Consultamos a 38 economistas para conocer su opinión acerca de las causas de la hiperinflación en Venezuela, a través del grado de acuerdo y sus comentarios ante la siguiente afirmación:

“En Venezuela, la hiperinflación fue causada por una pronunciada expansión de la cantidad de bolívares circulantes por parte del Banco Central de Venezuela, destinados a financiar el déficit fiscal del gobierno venezolano”

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Resultado ponderado por grado de confianza

“El estado venezolano no está en capacidad de incrementar sus ingresos de forma significativa en el corto plazo. Para mejorar su posición fiscal, Venezuela necesita un financiamiento de multilaterales como el Fondo Monetario Internacional. De lo contrario, se vería forzada a reducir el déficit fiscal a través de mayores contracciones del gasto público, lo cual desestimularía la actividad productiva y profundizaría la depresión económica”.
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“En las condiciones actuales que enfrenta Venezuela, los beneficios potenciales de implementar una dolarización superan las desventajas relacionadas con la pérdida de la política monetaria y competitividad de la producción local”.

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Resultado ponderado por grado de confianza

Cómo poner fin a la pesadilla de Venezuela por Ricardo Hausmann – ProDaVinci – 5 de Diciembre 2018

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Desear que un problema desaparezca, rara vez es una estrategia efectiva. Mientras la comunidad internacional ha estado enfocando su atención en otros asuntos, la catástrofe venezolana se ha profundizado. Y de continuar las tendencias actuales, ella solo puede empeorar.

Con un día de trabajo al salario medio, ahora se compran 1,7 huevos o un kilo de yuca, la caloría más barata disponible. Un kilo de queso local cuesta 18 días de trabajo al salario medio, y un kilo de carne cuesta casi un mes, dependiendo del corte. Los precios se han estado elevando a tasas hiperinflacionarias durante 13 meses seguidos y la inflación va camino a exceder la marca de 1.000.000% este mes. La producción continúa cayendo como una piedra: según la OPEP, en octubre de 2018 había bajado el 37% en relación al año anterior, o casi 700.000 barriles diarios.

De acuerdo a Alianza Salud, una coalición de ONG, los nuevos casos de malaria en 2018 se han multiplicado por 12 desde 2012, lo que se traduce en un total de más de 600.000, que es el 54% de todos los casos en Las Américas. Amplias extensiones de territorio venezolano han sido cedidas a organizaciones delictivas, entre ellas grupos terroristas como las FARC y el ELN de Colombia, que actúan en colusión con miembros de la Guardia Nacional en la producción de oro y coltan, como también en el narcotráfico.

Como consecuencia, los venezolanos han estado saliendo de su país de manera masiva, creando una crisis de refugiados de proporciones semejantes a la siria, y que es la más grande de la historia de Las Américas. Dado que Facebook informa que tiene 3,3 millones de usuarios venezolanos en el exterior, mi equipo de investigadores en el Center for International Development de la Universidad de Harvard estima que debe haber por lo menos 5,5 millones en total. Entre quienes tuiteaban solo desde Venezuela en 2017, para noviembre, más del 10% había dejado el país. Pese a sus valerosos esfuerzos, Colombia, Ecuador y Perú encaran cada vez mayores dificultades para hacer frente al flujo de refugiados.

Es más que evidente que los problemas de Venezuela no se resolverán a menos que y hasta que haya un cambio de régimen. Después de todo, tanto el régimen como el colapso económico son consecuencia de la eliminación de los derechos básicos. Los venezolanos no pueden invertir y producir para satisfacer sus necesidades debido a que se les han arrebatado sus derechos económicos; y tampoco pueden cambiar políticas desatinadas porque también se les han arrebatado sus derechos políticos. Un giro requiere el reempoderamiento de los venezolanos.

Afortunadamente, se vislumbra un fin a esta pesadilla, pero ello exigirá coordinación entre las fuerzas democráticas venezolanas y la comunidad internacional. El 10 de enero marca el fin del periodo del presidente Nicolás Maduro, el que comenzó con su elección en 2013. Su elección a un segundo periodo en mayo de este año fue una farsa: no se permitió que participaran los principales partidos de oposición y sus candidatos, y Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón y los países más importantes de América Latina, entre muchos otros, se negaron a reconocer el resultado de dicha elección. Esto significa que no reconocen la legitimidad de la presidencia de Maduro más allá del 10 de enero.

La solución lógica es que la Asamblea Nacional, elegida en diciembre de 2015 con una mayoría de dos tercios de la oposición, resuelva el impasse constitucional designando a un nuevo gobierno interino y a un nuevo alto mando militar, capaces de organizar el retorno a la democracia y de poner fin a la crisis. Sin embargo, los diputados están actuando con cautela en relación a esto, puesto que, en el mejor de los casos, temen ser ignorados o, en el peor, ser encarcelados, exiliados o torturados a muerte y luego arrojados por la ventana de un décimo piso, como le ocurrió en octubre a Fernando Albán, concejal de la ciudad de Caracas. A menos que las fuerzas armadas respeten las decisiones de la Asamblea Nacional, será muy difícil hacerlas cumplir.

Es por ello que esta solución requiere de la coordinación entre la comunidad internacional y las fuerzas democráticas venezolanas. Estas no saben con certeza cuánto apoyo internacional van a recibir, y la comunidad internacional tampoco sabe con certeza cuáles son los planes ni el nivel de cohesión que tienen dichas fuerzas.

Como es el caso con todos los problema de coordinación, hay buenos y malos resultados que se autocumplen. Por ahora, dado que la comunidad internacional no ha dejado en claro a quién se reconocerá como gobernante legítimo de Venezuela después del 10 de enero, las fuerzas democráticas venezolanas no han logrado unirse en torno a una solución.

Pero los venezolanos han estado haciendo sus tareas y sentando las bases organizacionales para el cambio. Los partidos políticos, los sindicatos, las universidades, las ONG y la Iglesia Católica se han unido para formar una iniciativa llamada Venezuela Libre. Han organizado congresos en los 24 estados del país, en los que han participado 12.000 delegados, y, el 26 de noviembre, llevaron a cabo un evento nacional para lanzar un manifiesto que esboza el camino de regreso a la democracia. Además, han estado elaborando un detallado plan económico, que han discutido ampliamente con la comunidad internacional, para superar la crisis y restaurar el crecimiento.

Esta es una excelente oportunidad para que la comunidad internacional se mueva hacia una solución coordinada: una negativa explícita a reconocer a Maduro después del 10 de enero, junto con el reconocimiento de las decisiones de la Asamblea Nacional con respecto al gobierno de transición, y ayuda para implementarlas. Además, es preciso enviar un claro mensaje a las fuerzas armadas venezolanas de que las decisiones de la Asamblea Nacional deben ser respetadas.

Una solución a la catástrofe venezolana no solo es deseable, sino también posible. El mundo no puede dejar pasar esta oportunidad. El 10 de enero puede convertirse en un nuevo comienzo.

La asfixiante vida de los venezolanos tras un año de hiperinflación por Florantonia Singer – El País – 4 de Diciembre 2018

El 48% de las familias son pobres. La carne y la fruta se han convertido en productos de lujo y los negocios se ven obligados a cerrar

Un hombre en un mercado en Caracas. En el vídeo, ciudadanos venezolanos hablan sobre la hiperinflación. GETTY / EPV

Los números, en Venezuela, ya no dicen casi nada. En noviembre del año pasado se registró una inflación récord: los precios aumentaron ese mes un 57%, según el seguimiento que hace la Asamblea Nacional. Venezuela entró en la temida hiperinflación que se advertía desde hacía dos años. Aunque la cifra de este noviembre aún se desconoce, en octubre ya triplicó la registrada hace un año, un porcentaje escandaloso para los economistas que se convierte en sofocante en la vida cotidiana. El viernes, las autoridades venezolanas anunciaron una devaluación del bolívar del 43%. Un día antes habían elevado el salario en un 150%.

Cancino vive ahora del pequeño cafetín que abrió en una clínica en Caracas a principios del terrorífico 2018 que pintaban los expertos. Llevaba seis meses sin trabajo, después de que disolviese la compañía que tenía con otros socios residentes en el extranjero. “Todos los meses renunciaba el personal porque se iba del país. Todos los meses teníamos que entrenar a nuevos empleados, se hacía imposible seguir trabajando acá. Era muy difícil estar ajustando salarios, retener a las personas, lidiar con aumentos de alquiler y fallas de servicios”. Los pocos ahorros en dólares que tienen ella, su marido y sus hijas de seis y 12 años los preservan como un seguro: para cuando venga una emergencia médica

Karina Cancino, ayer en su puesto de café en una clínica de Caracas.
Karina Cancino, ayer en su puesto de café en una clínica de Caracas. F. S.

Para los venezolanos, la hiperinflación —un fenómeno del que la región no sabía desde principios de la década de los noventa, cuando Perú sufrió una fortísima subida de precios— ha implicado un empobrecimiento mayor del que se ha registrado nunca antes en América Latina. Primero porque la voracidad de la escalada inflacionista se produce en un país sin apenas industria y sin agricultura y totalmente dependiente de la importación, lo que ha cronificado el desabastecimiento. Segundo, porque un año después del problema —al menos en la definición técnica de hiperinflación, porque la escalada había empezado mucho antes—, el Gobierno de Nicolás Maduro ni siquiera se refiere al mal por su nombre, sino que lo mete en el saco de la llamada “guerra económica” que ha afrontado con medidas contraindicadas. A una economía infestada de liquidez, las autoridades le siguen agregando dinero con consecutivos aumentos de salarios y bonificaciones que el fisco no está en capacidad de respaldar, por lo que se ve obligado a imprimir más y más billetes. El perro que se muerde la cola.

César Reina, de 45 años, ha perdido peso, aunque con los ingresos extra dice que se ha repuesto: come una o dos veces al día

César Reina, de 45 años, hace milagros con el sueldo mínimo que gana como mensajero en una empresa. “Antes, uno podía guardar un poco del salario y juntar para comprarse algo. Ahora se vive al día”. Vive al día en un barrio en La Guaira, en las afueras de Caracas, y desde hace dos meses comenzó a ocupar las horas que le quedan libres haciendo trabajo de albañilería a destajo. “Pinto, reparo cosas, hago lo que sea. Con eso pude pagar la inscripción y los útiles escolares de mi hija pequeña, porque solo el pantalón para la escuela me costaba 1.800 bolívares [el salario mínimo que regía desde agosto hasta este jueves, cuando el Gobierno lo aumentó hasta los 4.500 bolívares soberanos]”. La mayor de sus hijas, de 21 años, emigró a Chile a principios de noviembre sin ni siquiera haber podido terminar la carrera de Comunicación Social. “Allá ya tiene trabajo y está mejor”.

César Reina, ayer en Caracas.
César Reina, ayer en Caracas. F. S.

Reina reconoce que ha perdido peso, aunque con los ingresos extra dice que se ha repuesto: come una o dos veces al día. La sardina se ha vuelto común en su dieta. “En mi barrio era tradición los domingos hacer una sopa de costilla y pollo para compartir con los vecinos, pero ya no se puede hacer sopa y mucho menos compartir”.

Desde la populosa Petare, cerca de la capital, Maura García también hace magia con los ingresos mínimos que recibe para cubrir las cuentas y apoyar a hijos y hermanos. En su sector llegaban con cierta regularidad las bolsas del Clap, el programa de alimentos a bajo costo que ideó Maduro para compensar las dificultades para acceder los alimentos en un país donde las muertes por desnutrición van en aumento. Desde hace más de un mes no llegan y durante el último año la energía del día, más que en el trabajo, la gasta en conseguir comida: con intercambios entre compañeros o haciendo largas colas cuando llegan los productos con precios regulados a los supermercados. “Hace tiempo que no sé lo que es comer carne ni frutas”. Con su sueldo apenas puede comprar 15 huevos. Como en el caso de Reina, uno de sus hijos emigró a Colombia hace un año. Aun en situación irregular, puede enviar algo de dinero para que su madre pueda comer.

Sin visos de cambio

La Encuesta de Condiciones de Vida, presentada esta semana por la Universidad Católica Andrés Bello, refleja que el 48% de los hogares venezolanos son pobres, dos puntos más que un año antes. Esa es una de las razones que más ha empujado la migración, que se calcula en casi 700.000 personas solo este año, un éxodo que también ha estimulado una economía de remesas que da cierta holgura a un grupo. Como en todas las hiperinflaciones recientes, el dólar se ha hecho cada vez más común para las transacciones: las divisas extranjeras han reemplazado al devaluado bolívar en consultas médicas, servicios profesionales y técnicos y hasta para comprar algo tan básico como harina de maíz en el mercado negro.

Maura García, ayer en el barrio de Petare, en Caracas.
Maura García, ayer en el barrio de Petare, en Caracas.

“Cuando entramos en hiperinflación no imaginábamos que fuera tan agresiva. Esperábamos algo como lo que ya había ocurrido en Sudamérica, de 20.000% o 50.000% como en Bolivia, pero esta ha rebasado todo”, explica el diputado José Guerra. La hiperinflación venezolana ya es la tercera más prolongada de cuantas han sacudido América Latina, solo superada por la de Bolivia en los años ochenta —18 meses— y la de Nicaragua, también a finales de aquella década —58 meses—.

El FMI prevé que Venezuela cierre 2018 con una inflación de siete dígitos, en el entorno de los 2.500.000%, una cifra que se hace incluso difícil de pronunciar. Las recientes medidas anunciadas por Maduro de aumentar salarios proyectan un espiral ascendente de los precios: para honrar los compromisos se ha aumentado la masa monetaria entre 15% y 20% cada semana. “La hiperinflación va a seguir el próximo año, porque las causas que las han motivado se mantienen y parece que el Gobierno tiene más cerrados los accesos a financiamiento externo”, agrega Guerra.

Los hermanos Nil y Manuel Rodríguez Domínguez cerraron en noviembre el bar familiar que mantuvieron por 28 años en Chacao, una zona de juerga al este de Caracas. Una calurosa despedida con clientes habituales de la tasca le puso un precipitado cierre a un ciclo. “El último año se hizo muy difícil sostener el ritmo de precios”. El negocio vivía de la cerveza, que empezó a aumentar tan rápido que se hacía difícil ofrecerla a un precio que la gente pudiera pagar y que a ellos les quedaran ingresos para reponer el inventario. Estos malabares se han convertido en habituales entre los comerciantes, pero los hermanos han tirado la toalla: han vendido el negocio y emigrarán a Galicia, en España, a la tierra de sus padres. Hace un año, el precio del dólar paralelo llegó a los 100.000 bolívares (que hoy equivalen a un bolívar soberano), con lo que era posible drenar la angustia de la crisis hasta con seis cervezas. Esta semana, el billete verde se cambia por casi 500 bolívares: no alcanza ni para un par.

Maduro aumenta un 150% el salario mínimo en plena hiperinflación por Florantonia Singer – El País – 30 de Noviembre 2018

El incremento sitúa el suelo salarial en apenas nueve dólares mensuales, menos de un tercio del valor que tenía en agosto, cuando se anunció el plan económico del Gobierno

Protesta contra el presidente Maduro.
Protesta contra el presidente Maduro. MARCO BELLO REUTERS

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha anunciado este jueves un nuevo aumento en el salario mínimo —del 150% en esta ocasión— 100 días después de la implementación del plan de recuperación económica redactado por el propio Gobierno, que restó cinco ceros al devaluado bolívar y no logró frenar la hiperinflación. La nueva remuneración será de 4.500 bolívares soberanos mensuales a partir de este viernes, un monto que en el mercado paralelo equivale a nueve dólares. Es poco menos de un tercio del valor que registraba en agosto pasado, cuando, con la reconversión del salario, el ajuste implicó un incremento del 5.900%.

Desde agosto, el salario mínimo en Venezuela está anclado a la criptomoneda creada por Maduro y fijado en el valor de medio petro. El Gobierno había dicho que el petro está soportado en el precio de la cesta petrolera, por lo que el sueldo iría fluctuando, algo que nunca ocurrió. Este jueves, Maduro aumentó de un tirón el valor de la divisa virtual de 3.600 a 9.000 bolívares soberanos por petro, aunque el barril de petróleo bajó, una medida que calificó como “un factor de corrección” del plan económico. Aunque no señaló cual será la nueva tasa del llamado dólar dicom, controlado por las autoridades venezolanas desde hace 15 años, el ajuste implica una nueva devaluación de la moneda.

Las medidas también significan un enorme aumento del gasto fiscal, que deberá ser cubierto con la impresión de dinero inorgánico —sin respaldo— y se suma a las numerosas remuneraciones extras que ha anunciado a propósito de la llegada de la Navidad. Esta práctica ha estimulado la voraz hiperinflación, que aqueja la economía del país sudamericano desde hace un año y que de acuerdo con la estimación hecha en octubre por el FMI cerrará este 2018 en 2.500.000%. Entonces, el Fondo incluyó a Venezuela en el club de las grandes crisis: el de las naciones que han sufrido las recesiones más brutales de las últimas décadas.

Maduro insistió este jueves durante su discurso que, ante la grave crisis económica que enfrenta el país, “Dios proveerá”, y remarcó que los múltiples compromisos de deuda externa han complicado el manejo de las finanzas. “Venezuela tuvo que cancelar alrededor de 74.000 millones de dólares en deuda en los últimos 36 meses. Fue un desangramiento. Venezuela tuvo que sacar de sus entrañas esos recursos”, dijo el mandatario.

El Gobierno venezolano tiene hasta este viernes, 30 de noviembre, para entregar los indicadores económicos al FMI so pena de ser sancionado por el organismo multilateral. Según la agencia Bloomberg, el Banco Central de Venezuela habría entregado ya los números, en los que reconocería una inflación del 860% en 2017. La cifra choca con la calculada por el propio Fondo Monetario —2.300%—. “Hemos logrado una desaceleración importante de la inflación, muy por debajo de las profecías malignas del Fondo Monetario Internacional”, aseguró Maduro.

El bolívar venezolano acelera su derrumbe por Victor Ventura – elEconomista.es – 27 de Noviembre 2018

El coste de los alimentos básicos ya triplica el salario mínimo mensual

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Billetes de bolívar sin valor, tirados por el suelo. Foto: Reuters.
Las cifras son alucinantes: desde la reconversión monetaria del pasado mes de agosto, ha perdido tanto valor como en los primeros 20 meses de Gobierno de Maduro, entre 2013 y 2015. En apenas estos tres meses, el tipo de cambio del bolívar ha pasado de 60 por dólar a 416, una subida del 594,48% en el precio de la divisa estadounidense, lo que indica la brutal velocidad de la inflación.

Casualmente, el bolívar antiguo -100.000 equivalen a 1 actual- rondaba el mismo valor cuando Maduro llegó al Gobierno: tocó los 60 bolívares antiguos por dólar en noviembre de 2013, 7 meses después de su toma de posesión. De esta forma, podemos hacer una comparación muy directa sobre cuánto tardó en perder el mismo valor: entre el 9 de noviembre de 2013 y el 15 de junio de 2015, el viejo bolívar se depreció lo mismo que el nuevo desde su creación, el pasado 20 de agosto, hace apenas 3 meses.

Por supuesto, el resto de cifras alcanzan niveles igual de absurdos. El dólar ganó un 27,85% frente al bolívar la semana pasada, según la media del mercado negro de divisas -el único que funciona- recopilada por Monitor Dólar Venezuela.

Además, según las estimaciones del diputado opositor Ángel Alvarado, que lleva un cálculo reudimentario del IPC ante la falta de datos oficiales, la cesta de la compra básica (aceite, azúcar, arroz, carne, café, queso, harina y huevos) aumentó un 25% la última semana y ya se sitúa en 5,450 bolívares, tres veces el salario mínimo mensual.

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Mientras todo esto ocurre, el Gobierno de Maduro sigue sin anunciar ninguna nueva medida, pese al clamoroso fracaso del “paquetazo” de agosto que pretendía estabilizar los precios. Tampoco sigue sin saberse nada de los 2.000 millones de euros que supuestamente irían a reforzar el mercado cambiario y estabilizar el valor del bolívar, ni dela implantación de un precio para la gasolina, que sigue regalándose. Sin señales de movimiento alguno, la inercia sigue haciendo su trabajo.

Fábrica de miseria por José Toro Hardy – El Nacional – 22 de Noviembre 2018

José Toro HardyOtra vez se corre el rumor de que se decretará un nuevo aumento del salario. El régimen no aprende. Nada se gana con aumentar el salario cuando el beneficio que aporta tal aumento es menor que el perjuicio inflacionario que acarrea.

El primero de septiembre se produjo el último aumento del salario. Lo único que logró fue un cierre masivo de empresas y desató una arremetida en el proceso de hiperinflación que ya se encontraba en fase de aceleración. Según distintas versiones, a estas alturas ya el aumento de los precios diluyó entre 75% y 95% del poder de compra adicional que produjo aquel incremento. Es tal la pérdida del poder adquisitivo que padece nuestra moneda que se calcula que hacia el mes de junio de 2019 ya habrá que eliminarle nuevamente varios ceros a pesar de que apenas en mayo pasado ya se le habían quitado cinco.

La pobreza crece en términos de vértigo. Habría que enfrentar con urgencia el problema al menos por dos vías de choque: la primera es atacar de frente las causas de la inflación y la segunda concentrar los mayores esfuerzos para estimular aumentos en la producción y la productividad.

Quizá habría que empezar por el sector petrolero, dado su potencial de aportar recursos. Pdvsa, después de haber sido la empresa que más bienestar aportaba a los venezolanos, es la que hoy en día genera más empobrecimiento porque es la que más contribuye a la inflación, vía monetización del déficit de su flujo de caja a través de auxilios financieros que recibe del BCV.

Hoy somos absolutamente dependientes del ingreso petrolero que aporta cerca de 96% de las divisas que le ingresan al país. Ahora bien, ese ingreso depende de 2 variables: cuánto petróleo se produce y a qué precio se vende. En las últimas semanas el precio ha disminuido 20%, en tanto que la producción petrolera cae dramáticamente. En 1998 producíamos 3,5 millones de barriles diarios y nos aprestábamos a incrementar la producción gracias a la Apertura Petrolera. Hoy producimos 1.170.000 b/d y la producción está cayendo a razón de 40.000 barriles por día cada mes.

Lo cierto es que el dogmatismo, la corrupción, la ineficiencia y la incapacidad acabaron con Pdvsa. Si no la hubiesen destruido, Venezuela estaría produciendo unos 5,5 millones de barriles diarios de petróleo y la pavorosa crisis que nos está carcomiendo nunca hubiese estallado.

Pero no se trata solo del sector petrolero. Con igual tenacidad destruyeron y saquearon el resto de la economía venezolana.

“¡Exprópiese, exprópiese, exprópiese!”, proclamaba el presidente Chávez, mientras Rafael Ramírez afirmaba: “Pdvsa es roja rojita”.

Para muestra basta un botón. Esas dos citas sirven para explicar el efecto dominó de devastación que se desencadenó en todo el país. Cada funcionario competía para ser más radical que el otro. Cerca de 8 millones de hectáreas fueron expropiadas o invadidas en el sector agrícola. Miles de industrias y empresas también lo fueron y otras tantas llevadas a la quiebra. Hoy en día el campo venezolano está semiabandonado e improductivo. La escasez nos agobia y el comercio agoniza, el sector industrial apenas sobrevive, el sistema eléctrico y los servicios públicos, incluida la salud, en el acabose. El signo monetario por el suelo. Un exhaustivo sistema de controles de todo orden asfixia la economía y padecemos la mayor hiperinflación del planeta. La población viniéndose a menos aceleradamente y los venezolanos huyen por millones de su país.

Incapaz de aceptar el daño que ha causado, el oficialismo pretende culpar de todo a una supuesta “guerra económica”.

Sin embargo, la triste realidad es que, no sé si por ignorancia o por dogmatismo, en lugar de enfrentar los problemas que padecemos recurriendo a la racionalidad, el régimen insiste en profundizarlos repitiendo una vez tras otra los mismos errores que ahonda en cada giro adicional de este vertiginoso círculo vicioso de empobrecimiento en que nos están hundiendo y que ha llegado a convertirse en una verdadera fábrica de miseria.

Escenarios económicos de Venezuela en el año 2019 por Ambar Román – Venepress – 16 de Noviembre 2018

De acuerdo a Luis Vicente León, se vislumbra una época de incremento de hiperinflación mucha incertidumbre política

Escenarios económicos de Venezuela en el año 2019

El analista político y económico Luis Vicente León, indicó en su espacio en Venepress, entre los escenarios económicos y políticos que se vislumbran para el año 2019, se contempla el sostenimiento prolongado de la hiperinflación en Venezuela. No obstante, explicó que hay dos escenarios: Que el Gobierno se adueñe de los sistemas de producción del país y en el mejor de los casos que la economía se flexibilice.

Insistió en que el Ejecutivo debe resolver el tema de confianza de la moneda,  el apoyo y promoción a la productividad en el país y la manera de despojarse de las sanciones impuestas por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

En materia política dijo que se esperan varias alternativas entre las que destaca una implosión dentro del chavismo que  hará que disidentes o radicales puedan convertirse en grandes enemigos de Maduro que lo obligarían a un cambio.

El presidente de la encuestadora Datanálisis señaló que la mayoría de los venezolanos piensa que el país necesita un cambio político y económico.

 

Hyperinflation, Political Change in Venezuela by TalCual – Latam Herald Tribune – 14 de Noviembre 2018  

Venezuela is together with Zimbabwe the only two nations with hyperinflation in this century. And the country can set new records despite a forecast by the IMF of hyperinflation exceeding 1 million percent. Specialists have pointed out that according to experience abating hyperinflation represents a change in policies from those who rule the country, or a change in governments

All forecasts for 2019 are truly alarming. Hyperinflation already completed its first year. According to International Monetary Fund (IMF) forecasts, annual inflation may exceed 1 million percent. In this way, Venezuela would easily exceed the highest inflation known so far in Latin America (Bolivia) in the last century. It would be placed in the rankings of a few countries with hyperinflation throughout the year.

We are, together with Zimbabwe, the only nations that have got to know these processes in this century. The country can set new records. We heard local economist Asdrúbal Oliveros pointing out two original features of hyperinflation in Venezuela: it is the only oil-producing country where this situation has been produced and also the only where it has coexisted with cash shortages.

Local economist, university professor and former Minister Rodrigo Cabezas has stressed in several forums and interviews that the policy of the government lacks a coherent plan to combat inflation. While it is true that initially with the announcements of President Nicolás Maduro had emerged favorable expectations in some sectors, as reflected in a survey conducted by the Catholic University Andrés Bello, those expectations were dashed a few days later when the increase of the minimum salary became nothing with the massive increase in prices on a daily basis.

Jesus Faría, and economist and member of the Constituent Assembly, recognizes that the Government has not been able to cope with the “hyperinflationary scourge” and that it will be able to do so thanks to an increase in oil production when it is widely known that the very serious situation in the oil industry is the result of the ongoing mismanagement and corruption there.

The United Nations Food and Agriculture Organization (FAO) said in a recent report that our country has registered the largest increase in hunger and malnutrition between 2016 and 2018. That report draws particular attention because, a few years ago, that organization had praised Venezuela for its alleged performance in that area.

Specialists have pointed out that according to experience abating hyperinflation represents a change in policies from those who rule the country, or a change in governments, with the rare exception of Zimbabwe which attempted to overcome it by allowing the use of various foreign currencies.

Despite rumors circulating on the Government’s intention to bring forward a comprehensive economic plan whose priority objective would be to tackle the main problem of the economy, we have serious doubts about that purpose because of the dogmas and concepts that members of Venezuela’s ruling elite are prisoners of.

Various spokespersons of the democratic opposition have announced a few days ago that they would be holding a series of meetings in order to move in the right direction, however it is required to have a sense of urgency in line with the needs. For its part, Frente Amplio (Broad Front), a coalition of opposition political parties and civil society, has been developing a series of extremely important initiatives, among them the holding of regional congresses which will culminate with the celebration of the national event later this month.

All these activities are necessary and important, but the reconstitution of a political leadership to assume the leadership of the democratic opposition makes an urgent priority. This seems so simple to achieve, but it has been impossible until now. Inexplicably.

Venezuela pasa a la historia con hiperinflación más dañina de Latinoamérica por Nélida Fernández – El Nuevo Herald – 12 de Noviembre 2018

Con un año de hiperinflación que prácticamente acumula un millón por ciento en 12 meses, Venezuela se ha convertido en el país de América Latina que reporta el ciclo inflacionario más dañino de la historia de la región y que aún no presenta indicios de parar.
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