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En los primeros tres meses de 2020 la inflación acumuló 145,37% – El Nacional – 6 de Abril 2020

El rubro que más aumentó en marzo fue el de los servicios, incluyendo el aseo urbano y el gas doméstico

inflación

La Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional divulgó este lunes los índices de inflación. Señaló que, a pesar de la cuarentena por el coronavirus covid-19, los bienes y servicios siguen aumentando.

«La hiperinflación se mantiene a pesar de la pandemia. La inflación de marzo fue de 21,2% y la inflación acumulada de los tres primeros meses de 2020 alcanza 145,37%», dijo el diputado Ángel Alvarado.

La inflación interanual, es decir, comparando marzo de 2019 con marzo de 2020, se ubicó en 3.365%.

Servicios

Los rubros en los que se presentó el mayor índice inflacionario en mayo fueron los servicios, que se incrementaron 101,1%. Esto incluye el aseo urbano y el gas doméstico.

El transporte fue otro de los sectores con incrementos más notorios; es decir: con 72,2%.

Los servicios en comunicaciones subieron 11,1%.

Alimentos

El diputado agregó que el rubro de alimentos presentó un aumento de 15,5% en el tercer mes, y que la canasta alimentaria para cinco personas supera los 263 dólares.

Venezuela: diagnóstico complejo e incierto porvenir por Pedro Mario Burelli – El Nacional – 7 de Marzo 2020

Pedro Mario Burelli, ex director de Petróleos de Venezuela, indica que los venezolanos, y los extranjeros que quieran ayudar en esta terrible encrucijada, deben abrir los ojos, dejar de soñar con soluciones fáciles para problemas extremadamente difíciles e inclusive irresolubles

Esta es una lista parcial de problemas que no podemos ignorar. Problemas y distorsiones que se han acumulado en las últimas cuatro décadas, y con particular intensidad y malignidad durante la llamada Revolución Bolivariana.

La lista debe ampliarse, y definirse cada elemento con gran precisión, pero espero que este primer esfuerzo sirva como advertencia a quienes dentro y fuera de Venezuela -por desconocimiento, comodidad o complicidad- saltan a conclusiones erradas, simplifican diagnósticos o escenarios, y sueñan con soluciones milagrosas.

El porvenir de Venezuela será regido por todos los problemas que hoy la definen y por la muy compleja interrelación entre ellos.

(Nota: esta lista de problemas o crisis, dividida en grandes categorías, no tiene, a propósito, un orden en particular)

1. Lo humano e inhumano de la crisis

  • Padecemos una crisis humanitaria compleja que lejos de amainar crece cada día y tiene efectos graves a corto, mediano y largo plazo. 1 de cada 3 venezolanos padecen de inseguridad alimentaria, para 2.3 millones de ellos el tema es severo. En su reciente evaluación, el World Food Program de las Naciones Unidas estimó que son más de 9.3 millones los venezolanos necesitados de ayuda alimentaria inmediata. La escasez y/o carestía de las medicinas afecta a una proporción aún mayor de la población, y las estadísticas de muertes por enfermedades que habían sido erradicadas o por falta de fármacos y/o tratamientos son tan escalofriantes como dolorosas.
  • Observamos un aumento vertiginoso de la pobreza extrema y la marginalidad; se puede hablar de la pauperización estructural y extrema de la mayoría de la sociedad venezolana.
  • Se ha producido el colapso en la escolaridad a todos los niveles: preescolar, primaria, bachillerato y universitario. El número de niños fuera del sistema crece cada mes, la calidad de la educación es pésima en todos sus niveles y el Régimen insiste en la indoctrinación ‘chavista” como principal objetivo en primaria y bachillerato. La autonomía universitaria está totalmente vulnerada; el financiamiento a las principales universidades públicas se ha reducido al mínimo.
  • Colapso de la infraestructura social: hospitales, ambulatorios, escuelas, campos deportivos, parques, museos etc. La falta de construcción de planta física nueva, y de mantenimiento de la existente, ha llevado a Venezuela a niveles de calidad de infraestructura de hace 70 u 80 años. En algunos casos no existe operatividad alguna de las instalaciones con el consiguiente desamparo de quienes dependían de ellas.
  • Venezuela ha sufrido el éxodo continuo de profesionales y técnicos, con pérdidas importantes de médicos y enfermeros, maestros y profesores, e ingenieros y científicos de todas las ramas.
  • PDVSA y la CVG han perdido prácticamente toda su gerencia profesional y sus técnicos más cualificados. La Fuerza Armada ha sido diezmada por bajas y deserciones. En total, 5 millones de venezolanos han emigrado desde el 2013. La partida de jóvenes universitarios, y sobretodo aquellos graduados de las mejores universidades, es particularmente preocupante mirando al futuro. Según el World Economic Forum, en el mundo, solo Haití ha tenido una fuga de cerebros mayor que la de Venezuela.
  • Paliar, y luego revertir, la catástrofe humanitaria implica una operación de asistencia internacional con pocos paralelos en la historia ya que el daño y las carencias se extienden por todo el territorio nacional. Los retos financieros, logísticos y de seguridad serán enormes. Los cálculos más optimistas hablan de una fase de ayuda humanitaria sostenida de 9 a 12 meses. Otros calculan años de asistencia humanitaria y apoyo internacional en el delicado campo de la seguridad nacional y ciudadana.
  • El retorno de la diáspora no será tan rápido o completo como muchos pronostican (y todos queremos). Problemas que se destacan en este trabajo harán que el llamado ‘día después’ sea un periodo de mucha inseguridad y precariedad. Quienes han encontrado sosiego y empleo fuera del país difícilmente regresarán a Venezuela hasta no tener evidencia de estabilidad – en el sentido más amplio – y garantías ciertas de sustento económico. El círculo vicioso aquí es que la reconstrucción depende en cierto grado del retorno del talento que continúa emigrando.

2. Los derechos humanos dejaron de ser un derecho

  • Organismo Internacionales y reconocidas ONGs han reportado abusos sistemáticos de DDHH y crímenes de Lesa Humanidad perpetrados por el vasto aparato de represión civil y militar bajo órdenes de un núcleo duro (y sádico) del Régimen hoy de facto. El SEBIN, la DGCIM, la GNB, la Policía Nacional Bolivariana y sobretodo sus Fuerzas de Acciones Especiales o FAES, y la Fiscalía General de la República, son los instrumentadores de esta política y reciben para ello asesoría de los servicios de inteligencia y represión de aliados como Cuba, Rusia e Irán.
  • A pesar de un discurso ‘indigenista’, el Régimen abusa de los derechos de nuestros pueblos indígenas. Sin excepción, todos los pueblos indígenas sufren abandono y desplazamientos forzados. La crisis humanitaria ha afectado a todas las comunidades indígenas y los 34 pueblos indígenas que residen al sur del Orinoco están particularmente amenazados por la violencia y la destrucción del medio ambiente que caracteriza la minería ilegal e indiscriminada. Las matanzas que se han reportado son solo lo más noticioso de una profunda y vergonzosa tragedia que hay que detener cuanto antes.

3. El colapso del Estado y de la institucionalidad democrática

  • La Administración Pública ha sido efectivamente desmantelada. El clientelismo, la falta de profesionalismo, la ausencia de controles y la corrupción resultante han sido factores fundamentales en la quiebra operativa, financiera y moral del Estado y por consiguiente, del país. Como consecuencia, las herramientas administrativas disponibles a un Gobierno de Transición serán limitadas, y será imposible ejecutar una limpieza total en el corto y mediano plazo. Los funcionarios a ser designados por un nuevo gobierno tendrán que convivir con personal redundante, inútil o peor. Esto garantiza que la gestión pública será estructuralmente deficiente y precaria por años. Esta innegable realidad tiende a no estar muy bien calibrada en los planes para el hipotético ‘día después’ que comienzan a abundar dentro y fuera del país.
  • Colapso y desinversión en los servicios públicos y la infraestructura física del país. La planta física asociada a la generación y distribución de electricidad, los sistemas de saneamiento y distribución de agua limpias, las telecomunicaciones y el aseo urbano se encuentran en un estado deplorable, comparable a la de países de muy bajo desarrollo o aquellos abatidos por una guerra. Además, el retraso en inversiones, y el descuido en mantenimiento, afecta a todas las autopistas, carreteras, ferrocarriles, metros, puertos y aeropuertos del país.
  • El colapso de la gestión ambiental es particularmente preocupante por su impacto en toda la sociedad. La irresponsable eliminación del Ministerio del Ambiente, el desmantelamiento de organismos rectores y la corrupción en ejecución de obras, ha resultado en empresas hidrológicas sin supervisión (82% población no recibe agua de forma continua, 75% centros de salud no reciben agua de forma continua), cuencas productoras de agua intervenidas y contaminadas, y los embalses eutrofizados y también contaminados. Recordemos que sin agua no hay país!
  • Debido a la obsolescencia de la infraestructura petrolera y la falta de total mantenimiento y pericia se producen constantes derrames petroleros. Entre el 2010-2019 PDVSA fue responsable de decenas de miles de derrames de crudo y otras sustancias contaminantes del ambiente. Además, las empresas petroleras internacionales que operan en el país tampoco invierten en esta área, debido al desmantelamiento de la institucionalidad de la administración ambiental.
  • Actualmente el país no tiene activado el Sistema Nacional de Protección Civil. La Fuerza Armada no ha sido formada en materia de atención de desastres (Ej. terremotos, deslaves, inundaciones, incendios), tampoco los cuerpos de seguridad ciudadana. No hay planes de reducción de riesgos ambientales y adaptación al cambio climático ni protocolos de contingencia. No hay maquinaria para la remoción masiva de escombros. No hay equipos médico – hospitalarios tales como camas hospitalarias, sillas de ruedas, quirófanos portátiles, plantas eléctricas, camillas, entre otros que se requieren para dotar a edificaciones que pueden funcionar como refugios u hospitales de campaña. No hay capacidad instalada de comunicaciones alternativas, la telefonía móvil es muy vulnerable a la falta de energía eléctrica. En todas las ciudades grandes la población de bajos recursos supera el 60% y la extensión territorial de zonas informales supera el 40%. Estos desarrollos urbanos son vulnerables inherentemente, pero además están emplazados en laderas inestables o lechos de inundación de ríos.

4. El Estado mafioso y el desimperio de la ley

  • Venezuela se consolidó como un emporio para el Narcotráfico en todas sus fases: producción (en base a pasta de coca importada), transformación (en sofisticadas plantas industriales), tráfico y lavado del ingreso, con participación de componentes de la Fuerza Armada y funcionarios del Régimen, incluidos el Sr.Maduro, su esposa y muchos miembros de su Gabinete, además de un sinfín de actores externos. Clasificar al Estado Venezolano como un NarcoEstado es por tanto adecuado: el dinero del narcotráfico además ha comprado, y sigue comprando, a jueces, fiscales, funcionarios públicos, militares, policías, políticos, empresarios y medios de comunicación.
  • La ciudadanía está expuesta a una criminalidad rampante e impune aupada por personeros del Régimen y del partido PSUV, y alcahueteada por fiscales y jueces maleados. Así vemos a megabandas, pranes, trenes, sindicatos criminales, colectivos, la FBL – Fuerza Bolivariana de Liberación, el ELN y las FARC, hacer de las suyas en todo el territorio nacional. La inseguridad resultante es para cientos de miles la razón principal para abandonar el país. (Lamentablemente aun fuera del país los venezolanos siguen siendo presa de bandas criminales).
  • La corrupción endémica y la impunidad sistemática han degenerado en un desmoronamiento de la ética del funcionario público y de la ciudadanía en general. Décadas de impunidad han minado los principios y valores de nuestros conciudadanos y la inmensa crisis que se vive en el país los ha llevado, como a los cubanos, a ‘resolver’ como bien puedan, disponiendo de lo ajeno, y más aún de lo del Estado.
  • Los corruptos de gran escala, es decir individuos que en los últimos 20 años han robado o han hecho fortunas de cientos y miles de millones de dólares, aspiran preservar la impunidad y con ese fin ejercen una influencia desmedida sobre la política en Venezuela.
  • Se pudiera hablar de una Alianza Pro Impunidad (API) que agrupa a civiles y militares, funcionarios públicos, ‘empresarios’ y financieros que por encima de todo quieren preservar su dinero mal habido y su libertad. Para este grupo, la mayor amenaza es el sistema judicial de los EE.UU. por lo cual toda solución en la que Washington lleve la voz cantante es una amenaza que hay que bloquear. La mayoría de las divisiones dentro de la oposición se deben a las maniobras – cada vez más desesperadas – de la API.
  • Continúa el contrabando de extracción con incalculables costos para un Estado que se hace la vista gorda. Los principales rubros: gasolina, gasoil, lubricantes, asfalto y todo tipo de minerales. Los involucrados, sobretodo militares, actúan con el beneplácito o ‘licencia’ del Estado, o directamente como socios de importantes jerarcas del Régimen.
  • Presencia de la guerrilla colombiana a lo largo y ancho del territorio nacional: el ELN y la disidencia de la FARC llenan los vacíos del Estado y en algunos estados o municipios son efectivamente la autoridad única. Sin duda alguna existe una demostrable pérdida de control territorial por parte del Estado a favor de todo tipo de criminales, inclusive estos extranjeros.
  • Como es de esperarse en un Estado Mafioso, observamos el colapso integral del sistema de administración de Justicia y de todo el aparato de seguridad ciudadana. A la cabeza del Tribunal Supremo de Justicia está un criminal convicto cuyas actuaciones son delictivas y en completa sintonía con la nomenclatura del Régimen, que sin excepción está involucrada en múltiples actividades criminales, además de ser todos unos violadores consuetudinarios del ordenamiento constitucional de la República.

5. ‘El Dorado’ se tornó rojo, rojito

  • La explotación minera en todo el país, y en particular al sur del Orinoco, tiene las siguientes características: ilegalidad, depredación del medio ambiente, violencia descarnada, presencia creciente de guerrilleros y mercenarios extranjeros, abusos de DDHH y desplazamiento forzoso de comunidades indígenas, enfermedades/epidemias y desvío o apropiación indebida de minerales o del dinero producto de la venta del material minado. Se puede definir el sur del Orinoco, es decir 61% del territorio nacional, como un medio país fallido.
  • La naturaleza desordenada de la explotación minera al sur del Orinoco está propiciando un conflicto armado por el control de minas que tiene muchos paralelos con los conflictos por minerales en África. Ya se puede hablar de #OrodeSangre #DiamantesdeSangre #TierrasRarasdeSangre y #ColtandeSangre. De no detenerse este conflicto a tiempo, la gobernabilidad futura estaría en peligro, y también la integridad de Venezuela como país. Pasamos del petróleo a los minerales olvidando, parece que a propósito, todo lo aprendido en el sector petrolero, y en la muy exitosa fundación de la empresas extractivas de la CVG.

6. Diversas fuerzas armadas, todas fuera de orden y alineación 

  • Desarticulación de la organización militar con el propósito de lograr la eliminación efectiva de la Fuerza Armada como la Institución del Estado garante de la integridad del mismo, para evitar que se torne en un obstáculo para la consecución de los objetivos ‘políticos’ (o mas bien, criminales) del Régimen. Esto se ha logrado en gran medida desplazando de su control el uso legal de la fuerza del Estado hacia otras organizaciones y actores mejor alineados con los sórdidos objetivos del Régimen, en detrimento de la seguridad de toda la sociedad. La hipertrofia de las FAES y el reciente otorgamiento a la Milicia del rango de Fuerza dentro de la organización militar actual son prueba de esta peligrosa estrategia.
  • Se fracturó la línea de mando de la FANB y se pulverizaron la misión, la visión y los valores una vez compartidos. Eso y la participación creciente de la elementos de la FANB en actividades ilícitas convierten a esta organización militar en parte medular de la crisis y no de su solución. La posibilidad de un gran conflicto interno está latente en un país donde se militarizó la administración pública, se politizó a la Fuerza Armada, se fragmentó el monopolio de la fuerza y se criminalizaron la organización militar y las policías.
  • La reestructuración geográfica de las FANB en ZODIs y REDIs ha creado caudillos militares regionales que se ocupan de actividades económicas legales e ilegales, ejerciendo además control político-social en esos territorios implicando esto la disolución acelerada del Estado-Nación como está concebido hasta ahora. En algunos escenarios de conflicto podríamos ver al país fraccionado regionalmente con fuerzas militares, y otros elementos armados también por el Estado, enfrentados y controlando diferentes áreas del territorio nacional.
  • Hugo Chávez cambió la doctrina militar de Venezuela y luego cambió los requisitos de entrada a las diferentes academias militares, cambió el pensum de estudio de las mismas a una combinación de marxismo, castrismo y chavismo que poco tiene que ver con la formación de profesionales militares. Además no solo se aumentó el número de alumnos admitidos, sino que se aumentó el número de mujeres sin cuidado alguno a las distorsiones que ello pudiera traer en la disciplina y moral de la institución armada. Un reto inmediato de la Transición será qué hacer con los institutos de formación militar y todos los cadetes que cursan estudios en ellos.
  • La reinstitucionalización de la FANB será una tarea urgente y delicada para un Gobierno de Transición cuya estabilidad y duración, no solo va a depender de la atención a la grave crisis humanitaria y económica, sino que se verá amenazada desde el día 1 por un complejo problema de seguridad interna con grandes posibilidades de fragmentación territorial que pudiera implicar, en el corto plazo, la disolución del Estado, tal como lo conocemos actualmente, motivado por los múltiples y perversos intereses internos en pugna, e intereses internacionales ya en juego dentro de nuestro territorio. Vale advertir que los recursos humanos que se requerirían para reconfigurar la organización militar no pueden salir del seno de una organización tan desdibujada y corrompida.

7. La economía y sus infinitas distorsiones

  • Profundos desequilibrios macroeconómicos han destruido la capacidad de planificar, invertir y ahorrar. Muy pocos países han vivido una crisis de esta magnitud (caída acumulada de 75%+ del PIB en 5 años) y complejidad (no hay un solo sector sano en la economía), y ningún otro la ha sufrido adrede y sin propósito de enmienda.
  • La hiperinflación finalmente destruyó al Bolívar que para todos los efectos dejó de tener valor y por lo tanto dejó de ser moneda de circulación aceptada. Esto le resta al Estado, si tuviera esa intención, toda capacidad de corregir las principales distorsiones macroeconómicas.
  • La súbita -y no oficializada- dolarización de la economía está asociada con una estrategia deliberada de permitir a cárteles y mafias locales e internacionales lavar en Venezuela – sin restricción alguna – fondos provenientes de negocios ilícitos y la corrupción. Esto trae consecuencias tóxicas para el país. Por un lado crea una suerte de apartheid basado en acceso o no a divisas, y a la vez garantiza que en el tiempo los activos principales del país (empresas, concesiones, bienes inmuebles y tierras) caerán en manos de estas organizaciones criminales y de quienes por años han saqueado al país. A este paso el país será feudo exclusivo de criminales.
  • La República de Venezuela y PDVSA están en default en todas sus deudas externas e internas, y en pagos resultantes de litigios y de otras acreencias con socios. El monto total de la deuda, estimado en $160Bn, corresponde aproximadamente a 240% del PIB.
  • Años de desinversión, falta de mantenimiento, nacionalizaciones caprichosas, éxodo de dueños y empleados, y el colapso en la demanda han destruido la capacidad productiva del sector privado, con el consiguiente colapso en la generación de empleo. Hoy sobreviven 2.000 empresas de las 12.500 que había en enero de 1999.
  • Venezuela es el único país que ha perdido deliberadamente la capacidad de autoabastecerse en alimentos teniendo todas las condiciones para producir la mayoría de sus necesidades. La destrucción de la actividad ganadera, agrícola, agroindustrial y pesquera es casi total. La pérdida de soberanía alimentaria, y la hambruna resultante niegan al chavismo, por sí solas, toda bondad.
  • El sector financiero, y en particular la banca comercial, se redujo, aún más, como porcentaje del PIB y quedó a la merced de un Estado que no la interviene, pero que si la asfixia. La banca, poco rentable, descapitalizada y desactualizada tecnológicamente, enfrenta hoy un encaje legal que elimina cualquier posibilidad de emitir préstamos, y la pérdida de valor y confiabilidad del Bolívar desincentiva los depósitos de sus clientes que hoy lo que requieren son servicios de custodia para divisas en efectivo que son su modo de pago y único mecanismo de protección frente a la continua depreciación del mal llamado Bolívar Soberano.

8. Degollaron a la gallina de los huevos de oro, y a las demás también

  • Finalmente se dio el muy anunciado colapso total de PDVSA y del sector petrolero. En este sector la recuperación se hará difícil por lo complejo que será garantizar la seguridad jurídica y física en una eventual transición; por lo extenso de la destrucción operativa y administrativa de PDVSA; por los planes de producción de nuestros principales competidores y de países vecinos; por la calidad de nuestro petróleo más abundante, y por estar entrando el mundo en lo que podría ser el final del ciclo de los hidrocarburos.
  • La competencia ha sido y será feroz. En 1998 una guerra de precio iniciada por Arabia Saudita llevó al colapso de los precios del crudo en los mercados internacionales. La cesta Venezolana llegó a valer $7.50 en promedio siendo nuestro ‘break-even’ fiscal $10.35. Esa crisis, mal manejada por el gobierno del Presidente Caldera, tuvo mucho que ver con la elección de Hugo Chávez al final de ese año. Arabia Saudita triunfó al suspender Chávez la política de Apertura y el proyecto de Orimulsión. Rusia pasó de producir 4.6 MMBD en 1999 a 11.2 MMBD hoy. Venezuela que debería estar produciendo 6.0 MMBD solo produce 720 MBD. El país con las mayores reservas de petróleo ha quedado marginado por la estupidez de Hugo Chávez y sus ‘asesores’ petroleros, la impericia resultante del despido de 21,000 profesionales y técnicos de PDVSA en el 2003, por la corrupción rampante, y por la astucia de nuestros competidores que han sabido aprovechar todos estos imperdonables errores.
  • No existe sector alterno que pueda contribuir lo que el petróleo ha contribuido a la economía y al desarrollo de Venezuela por casi un siglo. Aun si se atrae inversión al sector, la recuperación será lenta y la necesidad de inversión hará que el sector consuma muchos más recursos de los que en el corto o mediano plazo puede generar para el Fisco. Esto nos obliga a imaginar un país con un ingreso per cápita muy bajo, es decir, mucho más pobre y por lo tanto proclive a sufrir aún mayor penuria y el continuo desangre de la emigración.
  • Colapso absoluto del resto del aparato productivo del Estado, y en particular de la empresas de la CVG, debido a la inepta gerencia, agobiante politización y desmedida corrupción. Esto también afectó a todas las empresas nacionalizadas por el Gobierno de Hugo Chávez, incluidas las más simbólicas: CANTV, EDC, CEMEX, Sidor y Sivensa.

9. Relaciones turbias y peligrosas

  • Existe una compleja relación con dos super potencias: China y Rusia. Con la primera existe una deuda importante que habrá que renegociar, y con la segunda una multitud de vínculos poco transparentes que tocan sectores claves como petróleo, gas, minería y la FANB. Estas relaciones hacen a estos dos poderes lejanos actores importantes en el futuro de Venezuela. Es difícil predecir qué actitud tomarán Beijing y Moscú en una transición eventual donde es previsible que los Estados Unidos y sus aliados jugarán un rol protagónico.
  • Desde el 2006 las FANB se han reequipado con material bélico de fabricación rusa. Esto obliga a mantener una relación en el corto y mediano plazo con un país cuyos objetivos y valores pueden estar en completa contradicción con los de un Gobierno de Transición o un gobierno democrático resultado de un eventual evento electoral. Invertir fondos para sustituir sistemas de armamento ruso por el(los) de otro(s) país(ses) no parece ser prioridad dadas las múltiples necesidades apremiantes del país. De todos modos habrá que definir en su momento si es prioridad política (y si es viable) romper este vínculo.
  • La penetración cubana ha trastocado los sistemas de educación, de salud, de registros y notarías, de identificación y de seguridad e inteligencia, y ha contribuido a ideologizar a jóvenes y a elementos diversos de la sociedad y la política. Mientras el castrismo se mantenga en el poder en La Habana habrá que prever el deseo de controlar el destino de Venezuela por las buenas, las regulares o las malas. Todo escenario futuro del país será afectado por una Cuba comunista necesitada de mucho de lo que Venezuela le ha dado desde el 2002.
  • En el intento desesperado por mantenerse en el poder, el Régimen de facto, y sus principales jerarcas, han optado for reforzar alianzas políticas, de negocios y criminales con un sinfín de actores externos. Desde las relaciones con Siria e Irán – que son poco transparentes pero muy peligrosas, a los negocios auríferos con Turquía y los Emiratos Árabes, al extraño acercamiento con la hiper sancionada Norcorea y el creciente rol de mafias o cárteles colombianos y mexicanos en la cadena de explotación y exportación de oro (Ej. el mercurio que se usa para la minería ilegal del oro viene de México y es el Cartel de Sinaloa quien monopoliza esas ventas; o que un porcentaje importante del oro sale del país vía Colombia y de allí se exporta como oro del país vecino). No es difícil visualizar en un futuro cercano una estructura de poder económico, político y territorial en el país que incluya a ciertos de estos ‘aliados’ que se han posicionado o bien a lo largo del período chavista, o en estos meses de usurpación y desesperación de Nicolás Maduro.
  • Finalmente, la precariedad institucional contribuye a una pérdida de capacidad de defender los intereses del país en general. Un ejemplo particularmente serio es el litigio fronterizo con una Guyana cuyas circunstancias cambian radicalmente al comenzar la explotación petrolera en aguas en disputa. En general la recuperación de la soberanía será compleja al tener que lidiar con países y grupos irregulares que se sienten con derechos adquiridos tras años de alegre convivencia con el chavismo.

10. Es la politica, ¡estupido!

  • El colapso del andamiaje político – partidos, líderes y prácticas – no solo no se ha resuelto, sino que se ha profundizado desde el 99. Los partidos no son mucho más que logos y colores. La política está muy desprestigiada.
  • El financiamiento de la política no es transparente y hay evidencia de que los grandes financistas de algunos partidos, y de muchos políticos, son individuos cuyas fortunas son mal habidas y están en la mira de autoridades judiciales de diversos países. Además, es bastante probable que el narcotráfico busque penetrar, o haya penetrado, los círculos opositores (es lo que han hecho en otros países).
  • El liderazgo político es deficiente en muchos sentido La brecha entre la capacidad y experiencia de nuestra dirigencia política y los retos que presenta el país son extremos. Por si sola esta brecha nos hace ser pesimistas sobre la conducción del país en el futuro inmediato. Dicho esto, existe en la generación de políticos jóvenes, incluido el Presidente (E) Juan Guaidó, un compromiso con el país y una sorprendente valentía que son razón para que muchos no pierdan las esperanzas.
  • La demostrable escasez de talento y experiencia en los cuadros de la política opositora hacen difícil imaginar una transición exitosa. Son más de 9.000 puestos claves que habrá que llenar en un gobierno Si ese gobierno no incorpora en los niveles más altos a profesionales y técnicos independientes podemos predecir su fracaso cuasi inmediato.

11. Las expectativas y el desencanto como variables

  • Finalmente, la crisis de expectativas que se avecina puede tener un impacto sobre la gobernabilidad, sobre la paz y sobre la recuperación del país tan o más grande que problemas tangibles, o físicos, antes descritos. En estos 21 años el país se ha desdibujado con discursos, planes y ejecutorias que obligan a replantearse el tipo de país que es viable a futuro.
  • Quienes simpatizan con el chavismo tendrán que entender que el manejo irresponsable de un boom de precios del petróleo no es un modelo repetible, factible o deseable. Hay quienes creen que hay un ‘chavismo bueno’ que puede retornar y paliar la penuria. En realidad vendrán años de vacas flacas y crecimiento dentro de limitaciones impuestas por las limitadas fuentes de financiamiento que estarán a nuestro alcance. La supervivencia de algo llamado ‘chavismo’ implicaría o bien un conflicto continuo y destructivo, o el abandono de mucho del pensamiento y líneas de acción de Hugo Chávez Frías.
  • Para los opositores, amarrados unos al llamado ‘Plan País’ y otros a un pasado hoy sepultado bajo las ruinas de la República Bolivariana, también habrá decepciones. El llamado ‘Plan País’ es un ejercicio noble fundamentado en escenarios poco probables donde se han omitido problemas que parecen haber ahuyentado a sus creadores. Temas como la criminalidad rampante, la Fuerza Armada y las amenazas a la seguridad nacional e integridad territorial, que tienen importancia vital a la hora de hablar del ‘día después’ y de una posible Transición, no han sido abordados con seriedad. El país petrolero donde el Estado reparte entre treinta millones la renta que doce mil producen no es repetible, ni deberíamos buscar repetirlo.

Conclusiones

  1. Siempre que se enfrentan tantas crisis ineludibles, el éxito está en definir y abordar prioridades con una lógica fácil de compartir y que se pueda validar con éxitos tempranos. Cada actor en la sociedad tiene su propio esquema de prioridades, pero le corresponde al liderazgo político (ese que lamentablemente hemos descrito como deficiente) armar un plan basado en grandes consensos y respaldado por equipos de expertos (venezolanos dentro y fuera de Venezuela e internacionales). Para ello es indispensable contar con apoyo internacional muy concentrado o especializado que contribuya a generar esos éxitos tempranos sobre los cuales se construirán las fases sucesivas del plan. Hay que generar confianza y compromiso colectivo para fortalecer el piso político y ganar de los ciudadanos la comprensión y paciencia que se requieren para atacar progresivamente, y no simultáneamente, este aterrador cúmulo de problemas.
  2. Utilizando el símil de un paciente con muchas dolencias, debemos abordar aquellas que son fatales antes que las que son de menor gravedad o urgencia. Un tumor etapa 4 en el cerebro con alto riesgo de metástasis siempre tendrá precedencia sobre un diagnóstico de colesterol muy alto o un fuerte dolor causado por el rompimiento del menisco en una rodilla.
  3. Los venezolanos, y los extranjeros que nos quieran ayudar en esta terrible encrucijada, tenemos que abrir los ojos, dejar de soñar con soluciones fáciles para problemas extremadamente difíciles e inclusive irresolubles. Si hacemos el diagnóstico correcto podemos sacar del quirófano a los médicos y enfermeros que nada saben de lo que nos está matando como individuos, como sociedad y como país. Hasta ahora los problemas se han agravado porque hay mucha ignorancia e improvisación tanto dentro como fuera de Venezuela. Un diagnóstico correcto y consensuado debería poner fin a esta absurda y costosa pérdida de esfuerzos y tiempo.
  4. Luego de siete años debemos concluir que ninguno de los problemas puede ser solucionado con Nicolás Maduro y sus secuaces en el poder o como parte de una aberrante coalición. Por lo tanto, tenemos que imaginar que la tarea de reconstrucción es posterior a la salida del poder de quienes hoy lo usurpan.
  5. El riesgo es que al salir Maduro del poder las prioridades la definirán un sin número de conflictos con elementos armados dispuestos a todo para sabotear o ponerle fin a un nuevo gobierno. Este escenario de conflicto, que es tan previsible como inevitable, generará más caos, dolor y éxodo. Sería prudente que el caso base que usemos contemple este riesgo y no un optimismo pueril, ergo, irresponsable.
  6. La reconstrucción de Venezuela será una costosísima tarea de una o dos Para ello debemos contar con el sostenido apoyo de la Comunidad Internacional en un sinfín de áreas. Debemos entender que en alguna de ellas el nivel de inherencia de extranjeros en nuestros asuntos domésticos será muy grande. Esto lo tenemos que asimilar sin reservas. Un país no es soberano, ni independiente, si no se puede alimentar o sanar a sí mismo, si no tiene recursos propios para rescatar sus sectores claves, si su población está indefensa frente a mafias de todo tipo, y si el Estado está arruinado bajo cualquier definición del término. La recuperación de nuestra autonomía, de nuestra independencia y de nuestra soberanía es una tarea adicional, pero primero tenemos que ponernos de pie y ganar algo de fuerza como sociedad.
  7. Venezuela tiene su futuro a riesgo. Llegamos aquí por la indolencia de unos y la criminalidad de otros. No hacer nada al respecto sería desastroso. Lo que hagamos estará lleno de riesgos adicionales y jamás tendremos una garantía de éxito. El reto es asumir de un vez la tarea de hacer país y para eso tenemos que dejar de hacer mucho de lo que llevamos años haciendo.

Cuentas en divisas en Venezuela: ¿Un impulso crucial a la dolarización de facto? por Víctor Salmerón – ProDaVinci – 27 de Febrero 2020

 
Cuentas en divisas en Venezuela: ¿Un impulso crucial a la dolarización de facto?

Tras dos años en los que la hiperinflación pulverizó a la moneda venezolana, el dólar se convirtió en la referencia para calcular los precios y en un medio de pago empleado a diario. Cumplida esta etapa, ha comenzado un proceso determinante para profundizar una dolarización no decretada por el Gobierno pero que opera de facto: la banca comienza a jugar.

Estudios del Fondo Monetario Internacional como Monetary Policy in Dollarized Economies o Monetary Policy under De Facto Dollarization del economista Peter Bofinger, indican que a mediados de los años noventa, en países donde la hiperinflación destruyó la confianza en la moneda como Perú, Bolivia, Nicaragua y Camboya, la dolarización de facto se profundizó, entre otras cosas, gracias a que los depósitos en dólares llegaron a representar al menos la mitad de las captaciones de la banca y una porción relevante en el portafolio de créditos.

Los bancos venezolanos comienzan a captar dólares, amparados en la norma vigente, el Convenio Cambiario 1, el cual les permite ofrecer cuentas en moneda extranjera, pero el proceso es incipiente. Cada día, comercios como supermercados, farmacias y ferreterías, al igual que una lista creciente de empresas, envían camiones blindados con sacos de dólares a oficinas bancarias de las principales ciudades del país.

Los bancos guardan sacos de dólares en sus bóvedas y ofrecen a sus clientes el servicio de custodia, es decir, los dólares quedan guardados en las bolsas que traen los camiones y formalmente no ingresan como depósitos. Para permitir algún grado de movilidad, los bancos crean “cuentas custodia” y permiten que entre clientes del mismo banco se transfieran dinero de un saco a otro, registrando las transacciones.

Además, los bancos ofrecen a los clientes que tienen cuentas custodia y necesitan bolívares, la posibilidad de vender parte de los dólares en el mercado cambiario formal. También es común que las agencias bancarias se utilicen para repartirles dólares en efectivo a empleados que reciben bonos como complemento del salario.

Por las cuentas custodia las empresas y los comercios no reciben intereses, al contrario, pagan una comisión mensual de 2% sobre el dinero que tienen en las bóvedas de la banca. No obstante, un número reducido de empresas ha comenzado a utilizarlas para otorgar créditos de corto plazo a empresas urgidas de divisas, a fin de obtener beneficios.

La otra modalidad son las cuentas corrientes en dólares y euros que les permiten al cliente realizar pagos en divisas a clientes del mismo banco con una cuenta similar. Un detalle relevante es que como la mayoría de las entidades financieras internacionales han dejado de prestar el servicio de corresponsalía, es difícil transferir los fondos de una cuenta en dólares en Venezuela a una cuenta en el exterior.

Desde los años 80, cuando la economía sustentada en la renta petrolera comenzó a dar signos de debilidad, la mayoría de los venezolanos con capacidad para ahorrar han optado por comprar dólares y depositarlos en el exterior. La falta de bancos corresponsales que canalicen la transferencia de fondos complica la posibilidad de que alguna cantidad de estas divisas ingrese a las cuentas en Venezuela.

Fuentes explican que la mayoría de los dólares en efectivo que circulan en Venezuela han ingresado por familias que traen divisas en efectivo desde el exterior o ya las tenían desde la época del control de cambio, una porción de las remesas, exportaciones de oro, contrabando -en especial de gasolina a Colombia- y en alguna medida, de actividades ilícitas.

Además, todas las semanas el Banco Central de Venezuela vende euros en efectivo a través del sistema financiero. La semana pasada vendió dólares en una operación que aún no se sabe si será recurrente.

El reto para la banca es contar con mecanismos de control, a fin de evitar que divisas provenientes de operaciones ilícitas ingresen al sistema financiero.

La expansión

En un entorno donde el Gobierno ha reducido al mínimo el crédito bancario con el objeto de contener la inflación, las comisiones por servicio se han convertido en la principal fuente de ingresos de los bancos; por lo tanto, desarrollar productos que capten dólares y permitan movilizarlos es la prioridad en un sistema financiero ávido de obtener una porción de la creciente dolarización de las transacciones.

De acuerdo con un estudio realizado por Ecoanalítica, que durante la primera semana de febrero de este año registró 15.952 transacciones en 258 comercios de las diez principales ciudades del país (Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo, Margarita, San Cristóbal, Mérida, Puerto Ordaz y Porlamar) 55,7% de las personas pagó con dólares, 35,7% con bolívares y el resto con otras monedas como euros y pesos colombianos.

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que “por ahora estamos viendo cuentas custodia y cuentas corrientes intrabancos; esto se va a extender a cuentas que permitan movilizar el dinero de un banco a otro, y no es descabellado que la banca comience a prestar sobre esas divisas”.

El estudio realizado por Ecoanalítica indica que en 8 de cada 10 transacciones las personas cancelan con dólares en efectivo, por lo tanto, existe un amplio margen para ofrecer medios de pago a través de la banca.

Arelys Pérez, vicepresidente de banca de personas del Banco del Caribe, entidad financiera que recientemente comenzó a ofrecer cuentas corrientes en dólares y euros, no observa lejano el día en que la banca venezolana ponga en funcionamiento un sistema que permita realizar pagos en divisas de un banco a otro.

“Creo que es algo que debe ocurrir, no voy a decir a corto plazo, pero a mediano plazo veo muy factible que la banca tenga un suichetransaccional en divisas”, dice.

Las consecuencias

La dolarización de facto, en la que el dólar gana peso en la economía pero convive con una moneda que el banco central continúa emitiendo, como es el caso del bolívar, genera impactos en distintos frentes.

Teóricamente las cuentas en dólares podrían facilitar el ingreso al país de divisas que los venezolanos tienen depositadas en bancos del exterior, algo que por ahora luce muy lejano, y ayudar a preservar el valor de los depósitos en el sistema financiero y elevar la intermediación mediante la entrega de créditos en dólares.

La dolarización parcial también genera problemas para las autoridades, en especial al Banco Central, que solo puede controlar la fracción en bolívares de la cantidad de dinero en la economía, es decir, la herramienta de la política monetaria pierde efectividad.

Al mismo tiempo, estudios del Fondo Monetario Internacional indican que “en un esquema de sustitución monetaria aumenta considerablemente la volatilidad del tipo de cambio porque puede haber cambios frecuentes e inesperados en el uso de la moneda doméstica y el dólar para realizar transacciones. Debido a que ambas monedas son usadas para el mismo propósito, existe un gran número de razones, difíciles de identificar, por las cuales los agentes económicos quieran trasladarse del uso de una a otra, aspecto que genera volatilidad en el tipo de cambio”.

Otro factor a tomar en cuenta es que la devaluación de la moneda impacta la capacidad de pago de los clientes que no tienen ingresos en dólares, algo que incrementa el riesgo de una mayor morosidad en caso de que la banca comience a otorgar créditos en divisas en volúmenes relevantes.

Las autoridades venezolanas han tomado medidas para impulsar la relación entre el dólar y los créditos de la banca. El 21 de octubre de 2019 el Banco Central emitió una resolución que relacionó a los créditos comerciales, la categoría que incluye préstamos al comercio y el financiamiento de corto plazo, con la fluctuación del dólar.

La resolución tiene como consecuencia que el monto a pagar por capital e intereses aumenta si el precio del dólar sube en el mercado oficial y se mantiene igual si el dólar desciende.

Desdolarizar

La principal causa de la dolarización de facto es una inflación elevada que destruye la confianza en la moneda propia, por lo tanto, podría pensarse que una vez se logra controlar la inflación es fácil acabar con la influencia del dólar, pero la historia indica que salir de la dolarización es un proceso largo y complicado, aun en países que implementan ajustes exitosos.

Luis Zambrano Sequín, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, explica que “una vez que una economía se dolariza, desdolarizarla es un problema. La sociedad se va estructurando y conformando sobre la base de la dolarización. Perú tiene 15 años tratando de desdolarizar su economía y Colombia ha comenzado a hacerlo”.

“La única forma de desdolarizar es ganando credibilidad, haciendo política económica correcta, teniendo disciplina fiscal, ganando prestigio, recuperando la credibilidad en la moneda y eso no sucede de la noche a la mañana, es un proceso muy lento”, dice Luis Zambrano Sequín.

Asdrúbal Oliveros señala que “la dolarización está en unos niveles difíciles de revertir, aunque en economía muy pocas cosas son irreversibles; pero hemos llegado a un nivel donde buena parte de las transacciones del retail se están haciendo en dólares o monedas distintas al bolívar, esto dice que la pérdida de confianza en la moneda local es muy significativa”.

Por la fuerza

Hasta el momento, el gobierno de Nicolás Maduro ha optado por convivir con la dolarización de facto, pero la historia registra episodios en los que súbitamente se ha intentado revertir el proceso por la fuerza. En noviembre de 1982 las autoridades bolivianas convirtieron de manera forzosa los dólares depositados en la banca a pesos bolivianos, y en agosto de 1985 el entonces presidente del Perú, Alan García, ordenó convertir a moneda nacional los depósitos en divisas, que representaban 58% de las captaciones de la banca.

El 14 de febrero, Nicolás Maduro explicó que la libre circulación del dólar ha ocurrido en una “economía de guerra”, por el impacto de las sanciones de Estados Unidos y agregó que es necesario debatir “¿hasta dónde nos están llevando a un capitalismo salvaje y qué debemos hacer para preservar el modelo humanista, el modelo socialista?”.

Inmediatamente agregó: “Quiero que el pueblo opine, vamos a hablar claro, qué piensa el pueblo del tema de la dolarización, cuáles son las soluciones, cómo canalizarlo en esta etapa de guerra de resistencia, en esta etapa tan dura y difícil, qué elementos positivos tiene, qué elementos deben regularse, qué elementos no deben regularse”.

Economista José Manuel Puente advierte: Venezuela está al borde de un colapso de su sector externo – Contrapunto.com – 26 de Enero 2020

La “revolución bolivariana”, que dice ser antiimperialista, le cedió su política monetaria y cambiaria a la Reserva Federal de Estados Unidos, lo cual es una paradoja, subrayó el profesor del IESA

Venezuela está al borde de un colapso de su sector externo, con reservas de cerca de 6 mil millones de dólares que hacen que el gobierno de Maduro no tenga cómo hacer frente a la defensa del bolívar, por lo que necesita desesperadamente ayuda internacional, advirtió este domingo el economista José Manuel Puente, profesor del IESA.

Solo mil millones de esas reservas son en efectivo, alertó Puente en entrevista con Carlos Croes en su programa Diálogo con, transmitido por Televen. Es el nivel más bajo de reservas en 30 años.

Según Puente el tipo de cambio “va a seguir devaluándose durante 2020”.

El bolívar está muy mal, ya que la economía está “dolarizándose de facto” debido a que “los entes económicos han perdido toda credibilidad” en el bolívar.

El país tiene seis años en recesión y el gobierno no hace nada, deploró.

Persiste “una economía negra” del narcotráfico, el contrabando de gasolina y comercio de oro que genera “un flujo de divisas” y que “alimenta ese flujo de dólares” en la economía venezolana.

A su juicio esto es negativo, porque implica que la “revolución bolivariana” le cedió sus potestades en política monetaria y cambiaria a la Reserva Federal de Estados Unidos. Esto es “toda una paradoja” porque se trata de una revolución que se dice antiimperialista y ahora le cede a EEUU su soberanía monetaria.

Venezuela, enfatizó, es el único país del planeta con hiperinflación.

Venezuela eleva el ingreso mínimo mensual a 6.70 dólares – Deutsche Welle – 11 de Enero 2020

Según estimaciones de gremios, un venezolano requiere cerca de 600 dólares para cubrir sus gastos esenciales en alimentación, transporte y vivienda.    

Symbolbild Venezuela Bolivar (picture alliance/dpa/M. Sayao)

El gobierno de Nicolás Maduro incrementó 50% el ingreso mínimo en Venezuela, que aún así llega a apenas 6,7 dólares mensuales, según un decreto publicado este viernes (10.01.2020).

El ingreso mínimo, que suma el salario básico y un bono de alimentación obligatorio, pasó de 300.000 a 450.000 bolívares por mes, equivalentes a 6,7 dólares al cambio oficial, en medio de una inflación que el FMI proyectó en 200.000% el año pasado y la violenta depreciación de la moneda local.

Pero el nuevo ingreso mínimo solamente alcanza para comprar unos cuatro kilos de carne de res y Maduro culpa del agravamiento de la crisis económica del país a una batería de sanciones de Estados Unidos que incluyen un embargo petrolero, fuente de 96% de los ingresos de Venezuela.

No obstante, la oposición atribuye el descalabro al elevado gasto público y a la corrupción de la llamada revolución bolivariana, en el poder desde 1999, en medio de la más prolongada bonanza petrolera de Venezuela (2004-2014).

Venezuela - Öffnung der Grenze zu Kolumbien (Getty Images/S. Mendoza)Devengar un salario inferior al 1.25 dolar diario coloca a muchos venezolanos en situación de pobreza extrema.

El nuevo salario, que se considera en vigor desde el 1 de enero, mantiene a la mayor parte del sector productivo por debajo del umbral de la miseria establecido por Naciones Unidas según el cual una persona que devengue menos de 1,25 dólar por día está en pobreza extrema.

Según estimaciones de gremios, un venezolano requiere cerca de 600 dólares para cubrir gastos esenciales de alimentación, salud, vestimenta, vivienda y transporte.

Como efecto de esa severa crisis, un vocero de Naciones Unidas anunció este mismo viernes que Venezuela perdió su derecho al voto en la Asamblea General, debido a las deudas acumuladas en sus contribuciones obligatorias al presupuesto del organismo.

Junto a la petrolera nación sudamericana también fueron afectados naciones empobrecidas o en conflictos como la República Centroafricana, Comoras, Gambia, Líbano, Lesotho, Santo Tomé y Príncipe, Somalia, Tonga y Yemen.

Petro, una estafa al ciudadano que vive de su salario, un SCAM por Alexander Guerrero – Blog Alexander Guerrero – 1 de Enero 2020

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¿Había pensado Usted que el Petro vendría con el mercado negro bajo el supuesto afirmado por el gobierno de ser dinero fiduciario? El Petro en realidad es otra cosa, mas parecido a un SCAM, una estafa y solo dinero paralelo desmaterializado, es decir, digitalizado, veamos esos detalles en esta radiografía a su estructura de valor.

El Petro, un dinero paralelo diseñado para engañar a consumidores de bajos recursos y bolivarizados, los dolarizados no tienen utilidad de un dinero paralelo al Bolívar. De esta manera, el sistema de servidumbre tiene dinero falso y bajo control del Estado, un cuasi-dinero digitalizado, unidad de cuenta, ergo, no es dinero fiduciario.

De partida y por definición de su arquitectura digital, el Petro (que tiene un -supuesto- precio de 30 dólares) no se puede canjear por ninguna otra moneda, tampoco puede efectuar las tres principales características que definen al dinero, sea o no “cripto”.

De acuerdo con las reglas que controlan el cambio/canje/arbitraje del Petro, el Petro habiente -tenedor- vende una ilusión que el gobierno le vende como divisa o valuta, aquella moneda fiduciaria emitida por un país que la respalda por su poder económico, siguiendo la regla de abandono del Patrón Oro, en 1972, por los Estados Unidos.

Sin embargo, sus características principales como dinero, precautelativa, especulativa y transaccional no están entre las características del dinero digital y paralelo con el cual definimos al Petro; por lo tanto, el Petro no califica ni como valuta, ni divisa o dinero fiduciario. Pero, es un emisario político, lleva al público que lo demanda al servilismo del Estado, una señal acerca de su poder coercitivo que ejerce como dueño de una señal electrónica que trata de operar como dinero paralelo digitalizado.

De esta manera, el Estado expresa sin tapujos, en las buenas y en las malas, que el Petro es moneda digital porque el Estado lo impone. El usuario del Petro, que ahora lo utiliza como un “token” o ficha de cambio, sabe que circula electrónicamente bajo control de cambio y no es convertible, no es dinero fiduciario y es propiedad de un Estado.

Revisemos la teoría y política monetaria para aprender más del Petro y el dinero. Observemos el “core” (punto central) del concepto y eso que el Gobierno impone como dinero-divisa: el Petro.

Para calificar como dinero, fiduciario, de curso legal y paralelo, éste debe presentarse como unidad de cambio (transaccional) para adquirir bienes y servicios sin ninguna limitación, también debe poseer la capacidad de ser dispuesto por su propietario como instrumento financiero de ahorro, y por último debe estar disponible para actividades especulativas que representan, igualmente, mecanismos que lo hacen propietario de ese dinero paralelo y hacen que el dinero absolutamente sea convertible por otro dinero o instrumento financiero denominado en cualquier moneda.

Nada de eso posee o caracteriza al Petro, ergo, no es dinero, quizás con el mismo valor intrínseco de una “chapita” de una soda o una polarcita. El cripto-experto del Gobierno dice -y copio- “…los artículos que se pueden comprar con el Medio-Petro no son sólo alimentos y medicinas, también ropa, zapatos y electrodomésticos…” Esa otra restricción del Petro se puede extender a todo el diagrama distributivo de la oferta de bienes en el mercado, tanto por individuos como empresas, bajo acción de la propiedad privada.

Bajo esas condiciones de control de cambio impuesto desde su creación, como dinero paralelo, al no poder intercambiarse por otro dinero, como naturalmente caracteriza operaciones financieras en el mercado monetario en cuanto al dinero (paralelo y no paralelo), de curso legal, nos preguntamos: ¿Qué tendría que hacer un agente económico para tener acceso al Petro?

Supongamos que ese sea su deseo, para obtener una cartera electrónica que le permita hacer transacciones (así como hemos afirmado anteriormente), operaciones transaccionales, ahorro incluyendo su carácter especulativo, el Petro disfruta de fuertes reglas cambiarias. Quien tiene un Petro tendrá que morir disfrazado de Petro, no podrá canjearlo en el mercado por dólares, euros, títulos, bonos, acciones; ergo, no es dinero “digitalizado”, es una “chapita” para un truque por empanadas.

Así, por ejemplo, ¿qué hará el comerciante con los precios que él dispone de bienes para venderle las cosas que necesita y que estan permitidas? ¿Tendrá ese comerciante incentivos e instituciones que le permitan hacer con el Petro lo que hace con otro dinero en circulación, por ejemplo, el Bolívar hiperinflacionado, ¿con su poder de compra destruido? ¿Dividirá su patrimonio en, digamos, una mitad dinero FIAT -dólares bolívares- y la otra mitad en Petros? Si así lo hace ese agente económico inmovilizará más de la mitad de su capital -incluyendo la parte de su patrimonio en Petro-, lo cual significa que la mitad(¡!) de su capital quedará inmovilizada por las reglas cambiarias establecidas en el Petro.

Recapitulemos; una moneda normal la definen tres cualidades: la transaccional, (comprar pan y vino), una segunda, precautelativa (ahorrar, hacer a ese dinero plenamente convertible a otra moneda, reserva internacional) y, una tercera, especulativa, que me permite subastarlo, venderlo, tirarlo al aire y ver si cae de “cara o sello”.

Como se puede ver, el Petro no es dinero contante y sonante, tampoco y mucho menos, fiduciario, por las mismas razones, está sujeto por definición a un férreo control del Estado, su propietario. Tampoco es dinero paralelo porque no ejecuta o no permite que se ejecuten todas las funciones del dinero fiduciario, o FIAT. Entonces, propongamos llamarlo, con exactitud: “DINERO PARALELO” (no Cripto-dinero), sino dinero digitalizado, de circulación restringida, bajo control de cambio.

La reacción del público ha sido de inmediata desconfianza -como todo lo que se siente y proviene del gobierno- a tal grado, que ni a nivel internacional ni nacional se registran en los centros de las cripto-monedas, operaciones y transacciones. El gobierno, en autos de esas limitaciones, ha buscado convertirlo en dinero paralelo digitalizado y en unidad de cuenta como lo propone el segundo decreto al respecto.

En otras palabras, el Petro está sujeto a una regulación que inhibe su cambio, ergo, está bajo control de cambio y, ello, es evidente. El gobierno teme que si lo habilita a cambiarse se devaluará -como dinero paralelo- de inmediato detrás del Bolívar, su pariente principal.

En un largo artículo que publiqué por estos lados y por otros, de los cinco que he escrito sobre el Petro adelanté sus características: un dinero paralelo restringido, no cripto, pero si digitalizado. Por cierto, el Petro no podrá ser cripto-dinero porque su transacción en el mercado abierto está prohibida y si no se comporta como base monetaria que circula en efectivo y digitalizado, no es fiduciario o no es dinero FIAT, como lo es toda moneda impresa y acuñada por un Estado.

Debo acotar que tampoco es “cryptomoney”, entre otros razones porque está en poder y propiedad del Estado. Acotamos firmemente: sólo es cripto-dinero si ese dinero es privado. En este caso es propiedad del Estado con la pretensión de ser divisa sustitutiva de otras divisas (euro, dólar, yen, etc.) y por ello no es cripto-dinero, entre otras tantas características que hemos discutido en esta nota. Recordemos que la condición de privado es sencilla y se entiende como aquello que dice: “hoy es mío y mañana es tuyo” y, en el intercambio, hubo bienes valorados por ambas partes en un cierto punto de equilibrio, que define la relación de precio entre esas dos dineros: el dinero paralelo al Bolívar, perteneciendo al gobierno.

Finalmente, una acotación a algo que el gobierno ha dejado de reflejar en su propaganda acerca del Petro es aquello relacionado con las reservas. Recordemos que el supuesto respaldo al Petro provenía del petróleo y el oro, más otras cosas; no sabemos que lo sea del narcotráfico, pero, dudamos al respecto y esperamos una negativa del gobierno inmediatamente a esta acotación de un posible respaldo del “narcobusiness” al Petro.

En lo que respecta al petróleo como supuesto respaldo, queda afirmar que nadie “con un dedo de frente” creerá que una moneda paralela en propiedad del Estado venezolano, en realidad, estará en el mismo entorno que ha llevado al Bolívar a devaluarse perdiendo más de 123 ceros. Todos sabemos que el bolivar se depreció en un 99% porque el petroleo cayó dos millones de barriles diarios de producción.

Respecto del oro, éste está en manos de bandas criminales que son agentes económicos asociados con hombres del gobierno, civiles y militares. Y, hay muchos indios muertos porque los truhanes del oro llegaron a depredar sus tierras en búsqueda del oro con los más contaminantes y depredadores sistemas de extracción y refinación primaria, creando el síndrome de la Tragedia de los

Con todos estos elementos, el Petro luce y se comporta como una estafa, el engaño lo divulgó al país el superintendente de cripto-monedas, quien destacó, esta semana, que el Petro es un experimento -y así lo creo un experimento de ingeniera social- que quiere crear una mecanismo de pago, unidad de cuenta, sin poseer valor intrínseco. Cualquier tribunal internacional, con este argumento monetario que expongo y desarrollo puede declarar el desaguisado del Petro como una estafa del gobierno, digo, entre otras de tantas estafas.

Por ello habrá mercado negro para el Petro, quien tenga Petros podrá ir al mercado negro a vender con descuento, al portador, y recibir menos dólares de los que muestra el decreto. La devaluación llegará, a raudales, junto con la hiperinflación, lo cual causará un segundo colapso financiero a las finanzas públicas y al Banco Central de Venezuela. Así habrá hiperinflación bolivariana y Petro-inflación.

Definimos al Petro como dinero paralelo no trasferible y bajo control de cambio, como una estafa realizada por el poder coercitivo del Estado armado hasta los dientes… para obligar al ciudadano de menores recursos que será destino de pagos con Petro por parte del gobierno, particularmente salarios y otros pagos no salariales.

Remesas y actividades ilícitas ayudaron al régimen a superar el año 2019 – El Nacional – 1 de Enero 2020

El régimen ha encontrado uno de sus pilares de sostenibilidad lo que le permite mantener contentos a los generales y seguir ejerciendo control sobre las fuerzas armadas

actividades ilícitas
Las ventas de oro en el exterior, la producción ilegal y contrabando del metal son algunas de las razones. Pero también está el hecho de que el régimen convirtió a Venezuela en una gigantesca operación de lavado de dinero | Foto EFE/Miguel Gutiérrez

El año 2019 fue uno de los más difíciles para la economía venezolana. La contracción económica de 28%, las sanciones internacionales y la hiperinflación encontraron equilibrio con las actividades ilícitas del régimen. Además de las remesas en el exilio.

Así coincidieron analistas en entrevista con El Nuevo Herald. Señalaron que las actividades ilícitas del régimen se han convertido en unos de sus pilares de sostenibilidad. Esto debido a que permiten mantener contentos a los generales para seguir ejerciendo control sobre las fuerzas armadas.

Juan Fernández, experto económico y ex gerente de Planificación y Control de Finanzas de Petróleos de Venezuela, afirmó que se ha formado «una especie de burbuja económica que ha permitido a Maduro mantener la lealtad del estamento militar».

Actividades ilícitas para evadir sanciones

Dichas actividades ilícitas (contrabando de oro y el lavado de dinero) ayudan a la administración de Maduro a sortear el impacto de las sanciones estadounidenses, indicó Fernández.

Explicó que las restricciones americanas en paralelo al gradual colapso de la producción petrolera propinaron un duro golpe a las exportaciones de crudo del país, que en el pasado alimentaban más de 90% de los dólares que eran vendidos en Venezuela.

No obstante, la economía venezolana se encuentra dolarizada y la moneda estadounidense está siendo utilizada libremente para la compra de bienes y servicios. Lo que hace preguntarse a muchos: ¿De dónde salen los dólares?

El lavado de años de corrupción

Las ventas de oro en el exterior, la producción ilegal y contrabando del metal son algunas de las razones. Pero también está el hecho de que el régimen convirtió a Venezuela en una gigantesca operación de lavado de dinero, aseguró Fernández.

«Las gigantescas fortunas de jerarcas chavistas en el exterior (que suman varias decenas de miles de millones de dólares) comenzaron a enfrentar dificultades para ser movilizadas debido a las sanciones. Por ello, sus dueños comenzaron a trasladar ese dinero a Venezuela, donde está siendo lavado. Es dinero de toda índole, desde el de la droga y el contrabando hasta de la corrupción acumulada durante años», dijo Fernández.

Por otro lado están las remesas de dinero. Estas se han convertido en una importante tabla salvavidas para la atribulada economía venezolana, a propósito de los millones de venezolanos que se encuentran en el exterior y que comienzan a enviar ayuda a sus familiares.

No hay números exactos de los montos que entraron en 2019 al país. Pero estimaciones colocan la cifra en cerca de 4.000 millones de dólares.

Falsa sensación de bienestar

Esta situación ha estado generando cierta sensación de bienestar pese a la terrible contracción económica.

Pero eso es solo para un pequeño sector, dijo el economista Alexander Guerrero.

«Aquí se crearon dos mercados, uno que está dolarizado y uno que está bolivarizado. Quienes ganan en dólares compran en dólares, y ellos no tienen problemas de escasez ni de inflación, porque la inflación de ellos es cero. Y estos suman entre 20% y 25% de la población», agregó.

La realidad

Señaló que la diferencia de los venezolanos que no ganan en dólares son quienes reciben en bolívares un salario mínimo de 5 o 6 dólares al mes, y son los que viven revisando la basura para comer.

Francisco Ibarra, director de la firma Econométrica, dijo que el efecto de la dolarización informal ha ayudado a reducir la escasez en el país.

«La situación sigue estando bastante mal, pero el país ya no atraviesa por el mismo grado de escasez que había estado padeciendo a lo largo de los últimos dos años. No hay una gran diversidad de productos, pero el país sí está hoy mucho más abastecido», afirmó.

Y aunque el país sigue inmerso en la hiperinflación, el escenario inflacionario ha disminuido. Pasó de los niveles cercanos al millón por ciento que vio en 2018, a una comparativamente menos tenebrosa de 20.000%, según cálculos de Económetrica.

Ibarra dijo que la desaceleración de la inflación se debe a un notable cambio en la política económica.

«El régimen lo único positivo que hizo fue que desistió en la política suicida de los aumentos salariales descomunales que estuvo decretando. Cada vez que lo hacía, esto tenía una incidencia porque aumentaba de inmediato los costos y las empresas trasladaban esto a los precios. El gobierno finalmente aprendió eso y por eso la situación cambió, aunque seguimos registrando una hiperinflación», concluyó.

Entorno Económico Venezuela 2019/2020 por Asdrubal Oliveros – Venamcham – Diciembre 2019

A fake Walmart, cases of Dom Pérignon and the almighty dollar by Anthony Faiola , Rachelle Krygier and Mariana Zuñiga – The Washington Post – 25 de Diciembre 2019


A security guard keeps watch at a mall decorated for Christmas in Caracas, Venezuela.
Last Christmas, devastated Venezuela saw shortages of everything from tinsel to toilet paper. This year, the socialist government has given a weary nation an unexpected holiday gift.

A dose of the free market.

President Nicolás Maduro is making tentative moves away from the socialist policies that once regulated the prices of basic goods, heavily taxed imports and restricted the use of the U.S. dollar. As a result, the South American nation’s economic free fall is beginning to decelerate. The national inflation rate — still the world’s highest — has slowed from a blistering 1.5 million last year to a relatively breezy annualized rate of 15,000 percent.

The changes might be temporary, and amount largely to an economic Band-Aid. There are no signs, for instance, of a larger strategy to reverse the agricultural land grabs and company seizures that helped lay the groundwork for one of the worst economic implosions of modern times.

But as the new measures take hold, once-empty store shelves have overflowed this holiday season with beef, chicken, milk and bread — albeit at prices so high that a significant segment of the population is actually worse off. More moneyed Venezuelans, however, are flocking to dozens of newly opened specialty stores — including at least one fake Walmart — brimming with stacks of Cheerios, slabs of Italian ham and crates of Kirkland Signature Olive Oils, much of it bought and shipped in containers to Venezuela from Costco and other bulk retailers in Miami.

Maduro remains deadlocked in a political standoff with opposition leader Juan Guaidó and his backers in Washington, who have ratcheted up pressure to force his ouster. But U.S. sanctions against Venezuela do not appear to have crimped surging imports — mostly because they prevent Americans from doing business with only the government, not private Venezuelans.


A woman checks out a shop window in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

“The government had been unable to restart the economy any other way, so it’s doing what the people want” by giving in to the free market, said Ricardo Cusano, president of Fedecamaras, Venezuela’s chamber of commerce. The socialists are still in power, he said, but “they have lost the ideological war.”

Plagued by hyperinflation and economic collapse, depressed Venezuelans dubbed last Dec. 25 the “Christmas without lights” — a day largely bereft of the traditional holiday bunting and toys for children. But as the economy begins to show modest signs of life — particularly in the relative bubble of Caracas, the capital — there have been visible changes on the streets.

Meager Christmas markets opened to peddle baubles to a slightly more optimistic populace. More holiday decorations popped up inside stores, along with, proprietors say, more parents buying toys and clothing for children. The capital is suffering its worst traffic jams in years as car owners with greater access to imported spare parts drag long out-of-commission vehicles back onto clogged roads.

The eased restrictions have made the holiday season merrier for a small minority of rich Venezuelans, many of whom live in mansions behind high walls in Eastern Caracas.

The tip piggy bank in an imported goods store in Caracas is stuffed with dollar bills. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

Adult-sized mannequins in Santeria Iyawo attire tower over a child-sized mannequin at El Cementerio market in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

“There were things you just couldn’t get — dishes you just couldn’t make,” said Pablo Gianni, manager of Anonimo, a lavish new Caracas eatery that opened this month complete with a glass-walled wine cellar stocked with shelves of four-figure vintages of Dom Pérignon.

“But now, it’s like legal contraband,” he said. “They’re letting everything in.”

The changes taking shape here are the product of a combination of factors. For years, the government strictly limited the use of the U.S. dollar, long portrayed as an instrument of Yanqui imperialism. But last year, the government freed the exchange rate and more broadly legalized dollar transactions. It also eliminated massive import taxes on a host of goods.

But those measures have begun to work through the economy really only in recent months, as the government has taken the further step of abandoning attempts to control retail prices. Stocks of bread, chicken and beef that once sold for nearly nothing are now being sold at market rates, at least partly normalizing farm production and sales through supply chains.

Just as importantly, there are simply far more dollars in the Venezuelan economy now. About 4.5 million Venezuelans have fled starvation and poverty in recent years, creating a global diaspora that collectively sent $3.5 billion in remittances this year — more than triple the amount two years ago, according to Ecoanalitica, a Caracas-based economic analysis firm. In addition, economists say, the economy is awash in dollars from illegal mining, drug trafficking and other illicit activities.


A saleswoman waits for customers in an imported goods store in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

By some estimates, there are three times as many dollars in circulation as bolivars, creating a de facto dollarization of the economy that is stabilizing inflation. Last month, even Maduro seemed to hail the almighty dollar.

“I don’t see the process they call dollarization as bad,” he said in nationally televised comments. “It can aid the recovery of the productive areas of the country and the functioning of the economy.”

Across Venezuela, mechanics and electricians, engineers and architects are increasingly charging in greenbacks. More companies are supplementing their employees’ salaries with U.S. currency. Collectively, economists say, 60 to 70 percent of families here are now regularly receiving some dollars — buying even some Venezuelans of more modest means a merrier Christmas this year.

“Last year was very hard for us. There was practically no Christmas,” Yelitza Mineros, 33, said as she eyed the prices in dollars at a Caracas toy store with her 7-year old son and 3-year old daughter.

Her husband, a mechanic, began earning in dollars a few months ago, she said, giving them the extra money they needed to buy new clothes for their children.

Her son, Rodrigo, held up a Spider-Man action figure with a big grin as she spoke.

“This year, we’re doing better, and we can get them their toys,” she said. “That gives me a lot of joy.”


After last year’s “Christmas without Lights,” the decorations have returned to Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

Venezuela remains deeply mired in the worst economic crisis in modern Latin American history. Years of chronic mismanagement and, to a lesser extent, U.S. sanctions including an oil embargo have severely damaged the lifeblood of the economy: petroleum production. Venezuelans, including residents of the relatively shielded capital, are struggling with worsening gasoline shortages, lingering blackouts and broken state hospitals.

And more food on store shelves doesn’t mean everyone can eat. In western Caracas, for instance, a grocery store that last year sold price-controlled products and suffered from shortages was now well now stocked with goods ranging from imported motorcycle helmets to Diet Coke. But with two chicken thighs at $1.70 and butter at $2 in a nation with a minimum wage of $6 a month, the aisles were mostly devoid of shoppers.
Mariutka Oropeza, 54, sits in her home while her son plays with cards in Guarenas, Venezuela. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

For the poorest Venezuelans with no access to dollars, life is harder. Mariutka Oropeza, a 54-year-old woman who lives with her three adult children in a small apartment in eastern Caracas, has struggled to afford medicines and treatment for her arthritis, hypertension and uterine cancer. She was shocked recently to discover that one of her new prescriptions was going for $70 a box — well out of reach for a family with a household income of $30 a month.

Her family once survived by waiting in hours-long lines for regulated goods. But now that the government has stopped enforcing fixed prices, a bag of cornmeal that once cost her 25 cents now costs four times that amount.

“It’s painful,” Oropeza said. “People say, ‘Oh, we are doing a little better’ because many of them receive remittances from their families abroad. But oh, my God, we are not doing better at all.”

“I remember when this government started ruling, and called the dollar the big enemy. Look where they have brought us now,” she said. “The dollarization of the country.

“What they’re really doing is killing us.”


Customers leave an imported goods store decorated for Christmas in Caracas. (Andrea Hernández Briceño/For The Washington Post)

¿Una dolarización «antiimperialista»?O cómo desapareció el dinero en Venezuela por Manuel Sutherland – Nueva Sociedad – Diciembre 2019

¿Cómo pasó el dólar de ser la causa de todos los males a ser una suerte de «bendición» para el gobierno de Nicolás Maduro?
¿Una dolarización «antiimperialista»?  O cómo desapareció el dinero en Venezuela

El gobierno bolivariano se ha caracterizado por un verbo «antiyanqui» inusualmente encendido. En los últimos tres años, los vituperios contra todo lo que representa Estados Unidos han sido más que recurrentes, debido al franco apoyo de Donald Trump a la oposición más beligerante. Por todo ello y por las espinosas sanciones económicas impuestas desde Washington, ha sido muy fácil lanzar permanentemente acusaciones de «sabotaje» y de «guerra económica». Para los seguidores más entusiastas del gobierno, el dólar estadounidense representa así el cúmulo de todos los males económicos de una nación sacudida por el colapso macroeconómico más profundo de su historia.

Para los «guerreros económicos» de Nicolás Maduro, todos los males se achacan a la nefanda influencia del dólar en la economía venezolana, que de manera consuetudinaria ataca a la moneda nacional hasta depreciarla por completo. Esta pérdida de valor del bolívar sería la culpable de la hiperinflación, la baja de salarios y la crisis en general. Así las cosas, en 2018 aseguraban que el aumento en 42.000% de la base monetaria, exclusivamente emitida por el Banco Central de Venezuela (BCV), no tenía nada que ver con la hiperinflación; es decir, no importa cuánto dinero se lance a la calle, su influencia en los niveles de precios sería cero.

De tal forma, se vendió la tesis de que el dólar es la punta de lanza del ataque imperial contra la Patria. Que el gobierno haya aumentado la base monetaria en más de 2.400.000% en los dos últimos años sería irrelevante. Blandiendo esta tesis, parte de la izquierda se ha volcado a justificar todos los problemas de la economía local con el argumento de que el dólar ahoga y enajena a la población venezolana. Este es, precisamente, el caballito de batalla ideológico de los gobiernos cuya inestabilidad económica es objeto de estudio y chanza.

El petro y la criptomoneda estatal que derrotaría al dólar

Hasta hace poco el mismo presidente Maduro hablaba del «narcodólar», «dólar criminal» y «dólar golpista». Con ahínco firmó decretos en favor de eliminar el dólar como moneda de cambio en el país e invirtió ingentes recursos en lanzar una criptomoneda, el petro. El petro estaría atado a las cotizaciones de varios commodities de exportación y no se iba a poder «minar» como una criptomoneda normal, porque estaría respaldado en las reservas de petróleo del país. La idea es que el petro fuera un medio de pago confiable y estable, aunque estuviera atado a un bien de precio muy volátil: el petróleo, cuyo valor, dicho sea de paso, disminuyó en más de 50% en el periodo 2008-2019.

El petro es una idea llamativa pero con una pésima ejecución y diseño. Desde un principio pareció ser otro de los planes mágicos de salvación económica (como el plan de cría de «conejos urbanos») y que haría recuperar el salario mínimo en el país, que entre 2001 y 2019 pasó de 401 dólares a 7 dólares mensuales. Luego de ese inusual devenir crematístico, casi nada nuevo ha pasado en ese ámbito.

Un viraje radical: el dólar como «bendición»

A contrapelo de los sesudos análisis de economistas ortodoxos que aseguraban que Venezuela iba a terminar en una suerte de comunismo norcoreano, el gobierno ha experimentado desde agosto de 2018 un serio, aunque vergonzante, viraje «liberal». En el marco de la segunda reconversión monetaria del chavismo, cuando se le quitaron cinco ceros al bolívar (hace diez años se le habían quitado tres ceros), se lanzó el nuevo «bolívar soberano» y se prometió una ortodoxia presupuestaria severa. Déficit cero y disciplina fiscal emergieron de pronto en el discurso de Maduro, aunque poco después haría exactamente lo contrario, incrementando en 3.600% el ingreso mínimo legal, con un aumento sideral de la emisión de dinero sin respaldo. Pocos meses más tarde procedería a decretar la libre convertibilidad de la moneda, la importación sin mayores requisitos y la plena legalidad del comercio en divisas extranjeras.

Sin duda alguna, hubo tres sucesos que empujaron a Maduro a esta apertura. El primero es la radical hecatombe de la economía. En sus manos, el PIB cayó 50% entre 2013 y 2018, y más grave aún fue la caída interanual reflejada en el primer trimestre de 2019: -26 %. En segundo lugar, el apagón de marzo de 2019 dejó a millones de personas sin poder comprar, ya que el dinero en efectivo (bolívares) es extremadamente escaso, y sin electricidad era imposible comprar en comercios habilitados con puntos de venta electrónicos. Esto impulsó a los comercios a recibir casi cualquier forma de pago. En tercer lugar, el gobierno sufrió los fuertes embates de las sanciones económicas y la insurrección continua del ala más radical de la oposición. Todo ello aceleró los cambios fundamentales hacia una apertura que venía gestándose poco a poco, contradiciendo a un ala de la izquierda que esperaba (ahora sí) la «profundización de la revolución».

Lo que comenzó como una «medida de emergencia» fue mutando en una cotidianidad dolarizada, que llegó al paroxismo con las afirmaciones de Maduro en una entrevista en televisión nacional, en la que enunció sin ambages: «Yo no lo veo mal, no lo veo mal (…). Me declaro pecador (…) es autorregulación necesaria de una economía que se niega a rendirse. (…) Hay que evaluar cómo ese proceso de lo que llaman ‘dolarización’ puede servir para la recuperación y el despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía. Es una válvula de escape».

Luego de 15 años de férreo control cambiario, de infinidad de convenios cambiarios y de múltiples organismos de gestión (CADIVI, SITME, SICAD, SIMADI I, SIMADI II, DIPRO, DICOM, etc.), ahora el gobierno bolivariano «descubría» que la creciente dolarización informal del país es una bendición. Y el «dólar criminal» pasó a ser un elemento positivo para la economía.

La tremebunda escasez que todos pensaban que aumentaría, por la crisis o por las sanciones, ha disminuido considerablemente. Poco a poco se observa un importante crecimiento en la oferta de bienes y servicios. Muchos empresarios ven en la oportunidad de emprender o rescatar viejos negocios que tenían mercados potenciales. La veloz carrera por posicionarse en ellos ha impulsado a muchos a arriesgarse con cierto éxito. El vigoroso incremento de «bodegones» repletos de mercancías importadas parece reflejar una demanda capaz de comprarlos en dólares. Ello ha llamado la atención a empresarios nacionales, que saben que producir en el país es mucho más económico que importar, debido a los bajos salarios, la energía barata, etc. Ni hablar de los bajos impuestos y la nulidad total en cuanto a tributos y normas relativas a la cuestión ecológica. Esto se articula con la paulatina apertura económica del gobierno, lo que, de conjunto, augura una leve recuperación económica o rebote luego de la histórica caída del PIB en el primer trimestre de 2019.

La dolarización esconde la destrucción del bolívar

El júbilo de Maduro y de sus más cercanos colaboradores con la dolarización informal y desreglamentada no deja de ser sorprendente. Los más connotados patriotas no se preocupan ahora por la pérdida de soberanía monetaria y de libertad económica que implica una dolarización. Parece que no se dan cuenta de que la destrucción del bolívar no es sino la forma monetaria que toma la devastación económica: la ruina del poder adquisitivo, de la precaria seguridad social, de los ahorros y de los fondos que millones guardaban para su vejez. Evidentemente, la hiperinflación como expresión de la pérdida total del valor de la moneda ha empobrecido a millones, destruido hogares y empujado a más de cuatro millones de personas a la emigración. Estamos hablando de casi un sexto de la población total.

Los números de la aniquilación dineraria son realmente impresionantes. En estos días, apenas se posee como circulante en bolívares un equivalente de 700 millones de dólares (a la cotización del dólar oficial). Hace ocho años esa misma liquidez monetaria en bolívares equivalía a 44.000 millones de dólares. Si se mide per cápita, la liquidez monetaria por habitante ronda los 22 dólares. Países como Trinidad y Tobago tienen cerca de 11.000 dólares en ese indicador. La escasez de bolívares asfixia terriblemente a la economía. Sin suficientes medios de pago, la recuperación estructural, torpedeada por las sanciones económicas de Estados Unidos, es completamente imposible.

Algunos datos del colapso

La depreciación del bolívar con respecto al dólar compete al gobierno central, que con mano de hierro dirige el BCV. El desastroso resultado de los indicadores no puede ser achacado a las sanciones de Trump ni al «bloqueo». Países como Cuba, Corea del Norte o Irán, fuertemente sancionados, no tienen ni 1% de la inflación que tiene Venezuela. Así la responsabilidad por el caos monetario es enteramente interna.

Siendo sucintos, la inflación acumulada en los últimos 24 meses (de septiembre de 2017 a septiembre de 2019) alcanza la cifra de 17.665.911,53%. Estos números, que reflejan el incremento de los precios en más de 17.000.000%, son oficiales ya que surgen del BCV. Si observamos la inflación desde septiembre de 2013 hasta septiembre de 2019 (la última disponible el 11 de diciembre de 2019), notamos que la inflación acumulada alcanzó la cifra de 1.195.117.764,02%. Si, más de 1.100.000.000% (BCV).

Aterrizando en el tipo de cambio, no es difícil ver cómo el bolívar se ha depreciado en casi 100%, con respecto al dólar. En los dos últimos años (de diciembre de 2017 a diciembre de 2019), el tipo de cambio ha aumentado 4.140.709,75%. Si hacemos la medición desde 2013 hasta 2019 (diciembre a diciembre), el tipo de cambio ha aumentado en 7.208.437.400,34%.

Lumpencapitalismo

La voraz hiperinflación que destruyó el bolívar (que es plenamente recuperable) impuso esta dolarización anárquica. Según casi todas las estimaciones, la cantidad de dólares es quizás unas ocho veces más grande que la cantidad de bolívares. Las entradas de divisas por remesas, narcotráfico, corrupción (por las sanciones ya no se fugan tantas divisas) y contrabando de gasolina y minería ilegal han hecho que frecuentemente se pague hasta lo más mínimo en dólares. Esta nueva realidad ha horadado la autoestima de muchas personas que perciben salarios de alrededor de 15 dólares mensuales, mucho más alto que el mínimo, y que ven cómo una pequeña parte de la sociedad compra carros de 200.000 dólares, come caviar y paga oficinas de lujo.

Las clases que magistralmente bosquejó Karl Marx según sus atributos productivos parecen reducirse en el imaginario venezolano a dos: los que ganan en divisas y los que reciben bolívares (los pobres). Florece la importación de lujo y la producción nacional desfallece. Un lumpencapitalismo se erige así entre la mar de ilegalidades, evasiones y bandas armadas extractivistas que se han hecho «empresarias» a fuerza de crímenes de todo tipo. El Estado se ausenta y se retrae. Los controles absurdos se abandonan de facto, pero con ellos las regulaciones necesarias también desaparecen. Reina el descontrol y se profundiza la desigualdad del ingreso en niveles nunca antes conocidos.

Aun así, podría haber alternativas a la debacle. Urge un programa de emergencia económica alejado de los intereses inmediatos de los bandos en pugna. Sindicatos, ONG, universidades y algunos partidos podrían trabajar en un plan que ordene y coloque en el centro a los trabajadores y las trabajadoras venezolanos y sus condiciones de vida, para luego impulsar un plan alternativo de mayor envergadura que reordene la vida económica y social del país.

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