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Científicos cucarachos por Eugenio Montoro –

UnknownUn conocido chiste cuenta del científico que toma ron con coca cola y se emborracha, toma vodka con coca cola y se rasca, toma brandy con coca cola y se vuelve golilla y concluye que como el factor que está presente en todos sus experimentos es la coca cola a ella se deben los mareos.

Otro peor es el de la cucaracha. El científico pone una cucaracha en la mesa y toca un timbre y la cucaracha sale corriendo. Le corta una pata toca el timbre y vuelve a salir corriendo, le quita otra, toca el timbre y vuelve a correr, así hasta que el pobre bicho se queda sin patas y toca el timbre muchas veces y la cucaracha no se mueve. El científico concluye que la cucaracha se vuelve sorda cuando le quitan las patas ya que su sentido del oído lo tienen distribuido en las extremidades motoras.

Algo similar ocurre con los analistas científicos chavistas y las evidencias repetidas, que gritan una real razón, son modificadas mediante mareos fanáticos que los llevan a conclusiones disparatadas.

El sistema eléctrico nacional está muy mal. La generación del Caroní anda en muletas, las líneas de distribución claman por mantenimiento, los generadores térmicos casi no funcionan, las subestaciones hacen chispazos, los transformadores explotan, hay racionamiento diario, hay fallas frecuentes, el personal técnico se ha marchado, la centralización llenó de burocracia y lentitud a la operación, decenas de proyectos mayores siguen sin concluir y decenas de miles de millones de dólares supuestamente fueron invertidos para mejorar el sistema sin tener resultados. Todo esto, llevaría a cualquier persona a concluir que el manejo gerencial de esa empresa es muy malo pues los resultados así lo demuestran. Por muchísimo menos de esto cualquier gerente decente o ministro renunciaría sin chistar y sin que se lo pidan.

Pero sorpresa, ningún gerente ni ministro renuncia y cada vez que ocurre alguna falla importante se explica con una conclusión similar a la de la cucaracha, la falla eléctrica ha sido producto de un sabotaje. Otras fallas menores son producto de la lluvia o del sol o de algún pájaro mañanero que estiró demasiado las alas.

La hiperinflación nos galopa por el lomo. Los entendidos dicen que es producto de la emisión de dinero a lo loco y a la misma velocidad que el populista aumenta los sueldos y las limosnas a la población y también por tener un cambio del dólar controlado que desbarata la lógica económica y crea un mercado negro de divisas. Pero entonces los cucaracheros del régimen explican el fenómeno por el bloqueo del imperio, la guerra económica o cualquier otro disparate salvador.

Pero al no encontrar algún externo al chavismo a quien echarle la culpa de la enorme baja en la producción de petróleo, han puesto presos a supuestos “enemigos” internos, haciendo creer que la baja no es culpa del perfecto régimen sino de unos infiltrados majunches disfrazados de chavistas.

Cuidar la imagen del revolucionario cuando se derrumba el País entero por su pobre dirección es algo difícil de entender. En el mundo civilizado cualquier presidente con resultados tan malos renunciaría con mucha vergüenza. Aquí nos comen las cucarachas de las explicaciones.

Hay que buscar un buen insecticida.

Giordani o el “chavismo crítico” por Ibsen Martínez – El País – 30 de Julio 2018

Unknown

Esta coral de malversadores, ladrones y verdugos de los derechos humanos que hoy clama por la renuncia de Maduro se presenta como disidencia

La hiperinflación venezolana debió alcanzar la cota de 1.000.000% para que un grupo de exministros del Gabinete del extinto Hugo Chávez, algunos de ellos todavía actualmente en funciones de Gobierno, elevasen su voz de indignada protesta. Alguno de ellos ha exigido, con toda la vehemencia que Twitter permite, nada menos que la renuncia de Nicolás Maduro y la inmediata formación de un nuevo Gobierno —chavista, desde luego— que honre lo que los adeptos llaman “el legado de Chávez”.

Desde que fue arrojado, sin ceremonias, del tren ministerial de Maduro, tan pronto como este se afianzó en la presidencia, en 2014, el exministro suele mostrarse escandalizado y no se recata de hacerse cruces ante el milmillonario saqueo de los fondos públicos de la república que solo ha sido posible gracias, entre otras provisiones, al socarrón control de divisas concebido e instrumentado por el propio Giordani hace más de tres lustros.

Durante 16 años, Giordani fue infaltable comparsa de Aló Presidente, el maratónico show dominical de Hugo Chávez. El Comandante peroraba interminablemente, desgranando chascarrillos, moralinas, anécdotas de su infancia llanera, insultos y, claro está, también instrucciones de carácter siempre perentorio, mientras Giordani y el resto del sanedrín cabeceaban asintiendo y sonreían extasiados, sin chistar. El mito fundador de la gesta neobolivariana cuenta que Giordani y un puñado de profesores universitarios de nuestra izquierda borbónica fueron un domingo, a mediados de la década de los noventa, a la cárcel donde Chávez purgaba pena por rebelión militar y presentaron sus respetos al milico golpista.

Siempre mentiroso y bocazas, Chávez hizo saber que preparaba una tesis de maestría de tema económico o histórico para no recuerdo ya cuál universidad del mundo. Giordani ofreció, humildemente, su experiencia como tutor académico, Chávez le sonrió y en ese mismo instante el oscuro profesor universitario se convirtió en el López Rega del Comandante Eterno.

Esta coral de malversadores, ladrones y verdugos de los derechos humanos que hoy clama por la renuncia de Maduro se presenta como disidencia y gusta describirse a sí misma como “chavismo crítico”. Exige honrar la memoria del desaparecido con el retorno a una ortodoxia que resuma el pensamiento socialista del siglo XXI. Esto no le impide, al mismo tiempo, exigir a Maduro que despliegue en breve un programa afín al aborrecido consenso de Washington: levantar el control cambiario, cegar la brecha fiscal en procura de equilibrios macroeconómicos, flexibilizar el modelo de negocios petroleros, liberalizar la política de control de precios, cosas así. No faltan analistas que ven en todo ello la evidencia de profundas fracturas en la falange de apoyo a la dictadura, el signo de un inminente colapso de la misma, un taimado amago de congraciarse desde temprano con la oposición, previendo lo peor que pudiese ocurrir.

Me inclino, sin embargo, por pensar que la hiperinflación es sumamente neurotóxica y que ese griterío solo traiciona pasajeras alteraciones de ánimo. Bien vistas las cosas, Nicolás Maduro no ha traicionado en absoluto el nefasto legado de Chávez. Al contrario, persevera en sostener, contra viento y marea y en temporada de vacas flacas, lo esencial del Plan de la Patria concebido por Chávez y aprobado fervientemente por el descontentadizo Jorge Giordani.

La hiperinflación de Venezuela explicada con un billete de 100.000 bolívares por Florantonia Singer – El País – 30 de Julio 2018

Es el billete con denominación más alta en el país y da para pagar una fotocopia

Billetes de 100.000 bolívares (aunque con tres ceros menos)
Billetes de 100.000 bolívares (aunque con tres ceros menos). Getty Images

En hiperinflación el sistema de precios está destruido. De ahí que las referencias de los precios en Venezuela sean algo esquizofrénicas: una taza de café puede costar más que un medicamento y una lata de atún cuesta el salario de todo un mes. La entrada en hiperinflación se decretó (por la Asamblea Nacional opositora a Nicolás Maduro) en noviembre de 2017. El país cumple nueve meses en este devastador proceso: según el FMI, la inflación podría llegar al 1.000.000% este año.

El billete de 100.000 bolívares, el de más alta denominación en Venezuela, alcanza para comprar muy pocas cosas. Paga, por ejemplo:

-Una fotocopia.

-Un caramelo.

– Un bollo de pan dulce.

– 20 viajes en autobús dentro de Caracas.

-Un huevo.

-La encendida de un cigarrillo en un kiosco.

-16.000 litros de gasolina de 95 octanos (para cargar el tanque de un coche pequeño más de 450 veces).

-Un mes del móvil o del servicio de internet, pues la mayoría de los servicios tiene las tarifas congeladas por el gobierno, lo que a su vez ha llevado a un deterioro por la imposibilidad de los proveedores de hacer mantenimiento e inversiones.

Los billetes de 100, 50, 20, 10 y 5 bolívares solo son aceptados en las gasolineras. El de 100 que el presidente Nicolás Maduro se propuso sacar de circulación en diciembre de 2016 ha tenido un inexplicable tiempo extra, porque es poco lo que se puede hacer con él. A menudo se ven tirados por las calles o son reusados como papel de reciclaje para artesanías. No vale nada.

El salario mínimo actual son 5.196.000 bolívares (1,40 dólares al cambio), que en billetes de 100.000 serían 52 piezas. En diciembre de 2017 con 100.000 bolívares se compraba 1 kilo de detergente, que hoy, ocho meses después, cuesta 12.000.000 de bolívares (120 billetes). En marzo de 2018 un litro de leche costaba 140.000 bolívares. Hoy cuesta 1.750.000 de bolívares, un poco menos que una taza de café en una panadería que está por el orden de los 2.000.000 bolívares (20 billetes).

Cinco ceros menos a partir de agosto

Para el 20 de agosto se espera la entrada de un nuevo sistema monetario al que se le restarán 5 ceros a la moneda. Se trata de la segunda reconversión en 10 años (en 2008 ya se habían restado tres ceros). Esta medida contribuye a hacer más manejables las cuentas cotidianas, pero que no resuelve el problema de fondo de la hiperinflación.

Este año la Asamblea Nacional comenzó a medir la inflación y en junio registró 128% (2,8% diario, 46.000% de junio de 2017 a junio de 2018); la de mayo fue de 110%. A la velocidad actual, los precios se están duplicando cada 26 días. Ya van dos meses con inflación de 3 cifras, y los economistas aseguran que eso va a acelerar la hiperinflación hasta niveles difíciles de imaginar cómo los que ha recalculado recientemente el Fondo Monetario Internacional, que pronostica que al cierre de 2018 el indicador llegará a 1.000.000%.

Según estos datos, el detergente que se compraba en diciembre pasado con el billete de más alta denominación, el de 100.000 bolívares, terminará costando al cierre de este año 1.000 millones de bolívares, que luego de la reconversión pasarán a ser una cifra más  manejable de 10.000 bolívares.

Pero no hay efectivo

Sin embargo, los billetes en Venezuela también escasean y como todo lo escaso se hace más costoso. Frente a una inmensa masa monetaria, producto de las emisiones sin respaldo que ha hecho el gobierno para dar bonificaciones y aumentar el salario casi cada dos meses, la disponibilidad de piezas de efectivo es bajísima en medio de tanta liquidez, lo que dificulta las transacciones diarias.

De todo el dinero que circula apenas 2,4% son billetes. Los cajeros automáticos solo dispensan 10.000 bolívares diarios. La escasez hace que, cuando tienen dinero, haya colas larguísimas para hacer la transacción. La recarga que hacen los bancos en sus bóvedas dura apenas unas horas. El efectivo, que se necesita para pagar pasajes de transporte, dar propinas, pagar estacionamientos, gasolina y en el interior del país con más frecuencia para adquirir bienes, mucha gente tiene que comprarlo.

Esto ha estimulado un mercado negro de billetes que produce estas paradojas: un billete de 100.000 bolívares cuesta 300.000 bolívares. El dinero en efectivo se vende al 300% de su valor. Es una de las tantas economías subterráneas que estimulan los controles. Esto también genera una distorsión en los precios en algunos mercados de víveres: algo puede ser tres veces más barato si se paga con efectivo, en vez de con tarjetas de débito o transferencias electrónicas.

Se paga a menudo con tarjetas, pero esto tiene otras complicaciones. Los puntos de pago colapsan y  las operaciones son lentas, porque además las telecomunicaciones no son buenas. Además, muchos tienen un tope: si se va a pagar una compra de 100 millones, que es un mercado de alimentos como para 15 días, se debe pasar la tarjeta cinco veces por el aparato, porque los establecimientos solo pueden registrar hasta 20 millones por compra en sus sistemas de facturación. Han surgido medios de pago de transferencias entre personas a través del teléfono y pasa también que se ha desarrollado una especie de confianza, hay gente que acepta el pago después con una transferencia hecha desde casa en caso de que nada de lo anterior funcione. Estos códigos ya son parte de la trastocada rutina de la hiperinflación en Venezuela.

La peste Venezuela y el Orán de Camus por Héctor E. Schamis – El País -28 de Julio 2018

download.jpgHe seguido a Venezuela por décadas. Inicialmente por la anomalía de su democracia petrolera, luego por el colapso del puntofijismo y su consecuente vacío, un escenario propicio para el surgimiento del populismo. Más tarde fue la construcción de un régimen autoritario. Y a partir de 2014 por la crisis política profunda, la cual pensé que era irreversible e implicaba una inminente caída de dicho régimen. 

Erróneamente, pues allí sigue. Lo cual me causa perplejidad al mismo tiempo que corrobora mi ignorancia. Dicho régimen no gobierna, en el sentido estricto del término, pero sí ocupa el poder. Su rasgo más saliente es la degradación institucional causada por una fuerza política que se convirtió en organización criminal estando en control del aparato del Estado.

O de sus ruinas. Así es cuando la corrupción captura la política y los warlords venezolanos se disputan la apropiación de los recursos lícitos e ilícitos. Lo que queda de ese Estado tanto como lo que queda de la salud pública, el tejido social, la estructura productiva y la moneda en un país que parece haber sido destruido por una peste, un país convertido en el Orán de Albert Camus. 

Cómo no pensar en La peste, donde se revela lo mejor y lo peor. Está el Doctor Bernard Rieux, un médico abnegado que dedica sus esfuerzos a curar, pero también está el Doctor Richard, dubitativo y negador de la realidad, hasta que la peste lleva su propia vida. Está el periodista Raymond Rambert, a quien la peste encuentra en Oran por casualidad, pero que se queda a luchar contra la enfermedad y hace de esa lucha su prioridad. Y está también Cottard, personaje con pasado criminal para quien la peste es la oportunidad de lucrar por medio del contrabando. 

Alcanza con leer las noticias sobre Venezuela para leer a Camus. Una noticia recorre las redes. Muchos de los alimentos distribuidos por el gobierno a través del sistema CLAP no son aptos para consumo, llegan pasada su fecha de expiración. En un video que se hizo viral se observa un paquete de frijoles atiborrado con gorgojos. 

Los medios reportan rupturas en las tuberías de varias ciudades del país, produciendo fugas de agua potable y generando escasez. El problema se ha vuelto permanente en muchas urbanizaciones de Caracas. Hay casos de vecinos que se han puesto de acuerdo para contratar empresas de ingeniería privadas y realizar excavaciones en busca de pozos. O bien lo hacen por su cuenta. Allí tiene el lector una definición abreviada del concepto “Estado fallido”. 

La prensa informa acerca de una reciente investigación de Susana Raffalli, conocida experta en seguridad alimentaria. En 16 estados del país, el 15 por ciento de los niños están en riesgo de morir por desnutrición. Ello significa un retroceso de 50 años en el sector salud. No es una cifra a nivel nacional pero es suficientemente crítica. El 33% de los recién nacidos ya exhiben un atraso de crecimiento irreversible. 

Esta semana el FMI pronosticó una inflación anual de un millón por ciento en Venezuela para este año. Ello como concomitante del alto déficit fiscal, financiado con expansión monetaria, y una caída del producto proyectada de 18%, la cual debe agregarse a una contracción de 50% en los últimos cinco años. Se advierte que aumentarán las consecuencias migratorias para los países vecinos. 

Con un sistema de precios destruido, se erosiona la normatividad fundamental de toda la sociedad. Cuando nadie conoce el valor de lo cotidiano, las conductas son puro individualismo; “anomia”, lo llaman los sociólogos. Ello destruye el tejido social, tal como lo expresa el éxodo ininterrumpido. La hiperinflación también es una plaga. 

Los periódicos informan que la Asamblea Nacional, la legislatura elegida legítimamente, ha iniciado una investigación sobre la nacionalidad del presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, Miguel Ángel Martín. Lo hicieron mediante un oficio enviado a la Cónsul General de España, no a través de una consulta con el interesado. Lo absurdo es que Martín fue elegido junto con otros 12 magistrados por la propia Asamblea Nacional, cumpliendo con su prerrogativa constitucional, en julio de 2017. 

Dejaron el país a consecuencia de la persecución del gobierno. Desde el exterior el TSJ trabaja sobre casos por demás sensibles. Entre ellos, la destitución de Maduro y la formación de un gobierno en el exilio, y el caso Odebrecht con sus aportes a las campañas del oficialismo y, según algunos, de la oposición por igual. 

Venezuela hoy o el Orán de Camus en 1947, la vida, el poder, la grandeza y la miseria. Y la peste.

¿El camino de Venezuela?: así fueron las peores hiperinflaciones recientes por Berto Sagrera -La Vanguardia – 28 de Julio 2018

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El país de Nicolás Maduro vive momentos duros pero países como Hungría, Zimbabue o Yugoslavia han pasado por situaciones peores

Venezuela podría protagonizar el segundo caso de hiperinflación más grave del siglo XXI. El Fondo Monetario Internacional (FMI) auguró este martes que el aumento de precios en el país latino llegaría hasta el 1.000.000% al cierre de 2018.

El organismo comparó la inflación de Venezuela con la que vivieron en el pasado países como Zimbabue o Alemania, pero estos no son los dos únicos casos que existen en la historia reciente. Una vista al pasado puede dar pistas de lo que puede suceder en Venezuela si se cumplen las previsiones de la entidad: poder adquisitivo nulo, dificultades generalizadas, espiral inflacionista a peor… Por ahora, borrará cinco ceros a sus billetes.

Hungría descubre los quintillones

El más grave, el que vivió Hungría en julio de 1946, cuando los precios llegaron a cotas del 41.900.000.000.000.000%, la cifra más alta de la historia. La crisis monetaria húngara empezó con el ‘crac’ del 29 y se acentuó con el final de la Segunda Guerra Mundial: el 50% de la industria quedó destruida, la producción de carbón cayó un 40% y los puentes del Danubio fueron derribados.

En tan solo 19 años, el cambio fue espectacular: en enero de 1927, el pengö húngaro se intercambiaba por 5,26 dólares; en julio de 1946, el dólar se intercambiaba por casi cinco quintillones de pengö (30 ceros). Llegaron a imprimirse billetes de un quintillón de pengö, aunque no se pusieron en circulación.

La guerra destruyó la economía húngara. En la imagen, el Danubio con Budapest al fondo (Michael Runkel / Getty)

La inflación diaria del país era del 207% y los precios se duplicaban cada quince horas. Tuvo que intervenir la Unión Soviética para estabilizar la situación. Se creó una nueva moneda: el forinto. Esta nueva moneda equivalía a 4 cuatrillones de pengö (24 ceros). El intercambio con el dólar se situaba en 11,74 forintos. Moscú ayudó en la reconstrucción del sistema productivo y comunicativo del país y el gobierno húngaro puso en marcha reformas fiscales.

Zimbabue, la más grande del siglo

La segunda hiperinflación más grave de la historia fue la de Zimbabue en noviembre de 2008. También es la más importante del siglo XXI. Los precios en el país africano se llegaron a incrementar un 79.600.000.000%. Los precios subían un 98% cada día. Es decir, en muy poco más de un día, el poder adquisitivo de los trabajadores se reducía a la mitad.

Robert Mugabe, en una imagen de 2008 (Tsvangirayi Mukwazhi / AP)

El papel moneda perdió su valor y obligó a sus habitantes a buscar oro en las orillas de los ríos, a comerciar mediante el trueque o a utilizar divisas extranjeras. El país que aún gobernaba Robert Mugabe abandonó en 2009 su moneda, el dólar zimbabuense, para adoptar el rand de Sudáfrica y el dólar estadounidense.

Yugoslavia, otro golpe de la Guerra de los Balcanes

Al poco de empezar la Guerra de los Balcanes, Yugoslavia vivió en enero de 1994 la tercera mayor hiperinflación de la historia. En medio del conflicto, los precios subieron hasta un 313.000.000%. Cada día los precios se incrementaban un 64,6%, es decir, solo necesitaban un día y medio para doblarse. Esta crisis aumentó la tensión en la zona, que cuatro años después empezaría su sangrienta disolución.

La República de Weimar y la llegada Hitler

Hasta este martes, cuando el FMI auguró el aumento de 1.000.000% de los precios en Venezuela, la cuarta hiperinflación más grande de la historia fue la de Alemania en octubre de 1923. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, en 1919 el país se vio obligado a firmar el Tratado de Versalles, que lo reducía a la mínima expresión. Las consecuencias económicas de este acuerdo se fueron acentuando con el paso del tiempo.

Pilas de billetes en un banco de Berlín durante la hiperinflación vivida en la República de Weimar (Getty Images / Archivo LV)

En octubre de 1923, la inflación llegó hasta el 29.500%. Los precios subían un 20,9% cada día. En casi 4 días, la moneda perdía el mitad de su valor. Si bien esta hiperinflación no es tan exagerada como las anteriores, sus consecuencias fueron mucho más importantes: unos diez años después Adolf Hitler llegaría al poder. El líder nazi aprovechó la crisis económica y social de la República de Weimar para introducir sus ideas entre la ciudadanía y comenzar una de las etapas más negras de la historia.

Grecia y la Segunda Guerra Mundial

La última hiperinflación destacable es la que vivió Grecia en octubre de 1944. En los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, los precios aumentaron un 13.800% en el país heleno. Cada día, las personas perdían un 17,9% de su valor adquisitivo.

¿Venezuela?

La inflación de los precios que se prevé en Venezuela es la cuarta mayor de la historia, por ahora, y la mayor en Latinoamérica. Antes, en el siglo XX, otros países como Argentina o Perú también vivieron épocas duras. En Asia, no escapó tampoco a este fenómeno: China y, en menor medida, Japón, por ejemplo, también han tenido capítulos similares en su historia.

La insólita receta de Maduro contra la inflación: Eliminar cinco ceros del bolívar por Ludmila Vinogradoff – ABC – 26 de Julio 2018

El FMI vaticina una hiperinflación de 1.000.000% en Venezuela en el 2018

Es tan fuerte la presión inflacionaria en Venezuela que ha llevado al presidente Nicolás Maduro a anunciar que le quitará cinco ceros a la moneda nacional en lugar de tres, como había previsto hace poco. La medida, postergada ya dos veces, entrará en vigor el próximo 20 de agosto.

El mandatario no ha dejado de sorprender y mantener en zozobra a los venezolanos con sus disparatados anuncios, según los economistas. En una transmisión televisada anoche por la estatal VTV, Maduro detalló la reforma monetaria que debía entrar en vigor el pasado 4 de junio, cuando fue postergada 60 días por falta de billetes en el sistema bancario.

«La reconversión económica monetaria basada en el examen de prosperidad económica va a arrancar el próximo 20 de agosto de manera definitiva con la circulación y emisión del nuevo bolívar soberano del nuevo cono monetario. Se hará una reducción de cinco ceros con este nuevo cono monetario», dijo por la cadena estatal Venezolana de Televisión.

Y añadió: «El nuevo cono monetario va a tener una nueva manera de anclaje al petro para estabilizar y cambiar la vida monetaria y financiera de manera radical».

El nuevo Bolívar Soberano equivaldrá a 100.000 bolívares fuertes. También se someterá a revisión la Ley de Ilícitos cambiarios. Así mismo, Maduro entregará parte de la reserva petrolera al Banco Central de Venezuela para darle mayor capacidad de pago.

Previsión de inflación de 1.000.000%

Maduro lanza sus medidas económicas un día después que el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectara 1.000.000% de inflación para este año con una caída del PIB de 18%. Hasta junio la tasa inflacionaria anualizada era de 40.000%, con 120 puntos de incremento mensual de manera desenfrenada. Todos los días los precios suben un 3,2%.

Hasta los economistas chavistas están cuestionando las medidas económicas de Maduro, quien tilda de «showceros» a los que lo critican. Sus anuncios han traído mayor penurias y no alivio al deterioro sistemático y acelerado de la economía.

La prórroga de la entrada de los nuevos billetes deja en suspenso un mes más sin dinero en efectivo, lo que dificulta la vida cotidiana de los venezolanos como pagar el transporte y los servicios porque debe salir de los viejos billetes y esperar los nuevos.

El FMI proyecta una inflación del 1.000.000% este año en Venezuela por Francesco Manetto – El País – 24 de Julio 2018

“La situación es similar a la de Alemania en 1923 o la de Zimbabue en 2008”, señala un experto del organismo

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La directora gerente del FMI, Christine Lagarde 

El desastre económico de Venezuela, estancada en una profunda crisis institucional, no para de crecer. Y no solo porque su producto interior bruto vaya a contraerse un 18% en 2018, según al última estimación del Fondo Monetario Internacional (FMI). El organismo financiero multilateral proyecta un panorama todavía más aciago en relación con el insoportable incremento de los precios y prevé que la inflación llegue al 1.000.000% cuando se cierre el año, frente a la estimación del 13.800% que hizo en abril. Es la evidencia de que el dinero perdió su función de intermediario en la economía.

“La situación es similar a la de Alemania en 1923 o la de Zimbabue en 2008”, señala Alejandro Werner, el economista en el FMI a cargo del departamento que sigue la evolución de los países de la región latinoamericana, al comparar la situación de Venezuela con otros precedentes históricos. Los precios, insiste el organismo, están descontrolados y el dinero está perdiendo valor a una velocidad exponencial al tiempo que se desploma la demanda.

Un salario mínimo en Venezuela está fijado 5.196.000 bolívares o 1,5 dólares al mes al cambio no oficial (unos 1,3 euros). Es decir, con esa prestación no puede ni siquiera comprarse una lata de atún, cuyo valor supera los seis millones de bolívares. El Gobierno Nicolás Maduro sube estas asignaciones periódicamente. No obstante, el efecto que produce en el marcado está lejos de paliar las consecuencias de la hiperinlfación, puesto que de forma automática, cada aumento supone una multiplicación de los precios de la cesta básica.

La nueva estimación refleja la gravedad de esta situación. El dinero, indican desde el organismo, no tiene ya valor. Eso, señalan los técnicos, provoca que cualitativamente no cambia muchos las cosas para el ciudadano. La diferencia entre una inflación del 10.000%, el 100.000% o del 1.000.000%, señalan los economistas, es menor cuando el dinero ya perdió su función y refleja la ausencia de control. “La destrucción del sistema de precios ya está hecha”, insiste Werner, que indica que esta proyección está sujeta “a un alto grado de incertidumbre”.

Un reflejo gráfico de esa tendencia se da, por ejemplo, en la ciudad colombiana de Cúcuta, ubicada en la frontera, por la que transitan a diario decenas de miles de venezolanos. En los puestos ambulantes no es infrecuente encontrar productos de artesanía como bolsos y carteras fabricados con bolívares. Además, los ciudadanos se ven a obligados a afrontar la escasez de efectivo consiguiendo billetes, necesarios para poder realizar pequeños pagos, a un precio tres o cuatro veces mayor a su valor nominal.

El FMI señala que Venezuela va a encadenar en 2018 su tercer año consecutivo con una contracción de doble dígito en su economía y va camino de perder la mitad de su producto interior bruto en los últimos años. La caída de la actividad este ejercicio la atribuye principalmente a la caída en la producción de petróleo y a las distorsiones que sufre la economía al nivel micro, lo que provoca que se desequilibren todos los indicadores macroeconómicos. Las cuentas públicas seguirán deteriorándose.

“El desplome de la actividad económica, la hiperiflación y el creciente deterioro en los servicios públicos (salud, electricidad, agua, transporte y seguridad) así como la falta de alimentos a un precio subsidiado”, señala Werner, está alimentando los flujos migratorios. Eso, añade, intensifica los efectos económicos de la crisis económica de Venezuela en los países vecinos. “No se ve ninguna línea de política económica que apunte hacia una corrección de la situación de profunda crisis económica, social y humanitarias que vive este país”, lamentó.

Venezuela es el punto negro en la región de América Latina. La proyección del FMI empeora tres puntos porcentuales la que anticipó en abril. La contracción se moderará al 5% en 2019, pero no porque anticipe una mejora de las condiciones económicas. Este desplome, que sigue al 14% en 2017, trastoca el crecimiento medio para el conjunto de los países. También se recortan en esta ocasión las previsiones que se hicieron hace tres meses para Brasil y Argentina.

La actividad económica en términos generales continúa recuperándose en América Latina, como señala Werner, “gracias a un repunte de la demanda interna que comenzó en 2017 y a que la inversión va tomando finalmente cuerpo”. La proyección es de una expansión del 1,6% en 2018 y del 2,6% en 2019, frente al 1,3% en 2017. También hacen de impulso factores externos como el crecimiento en Estados Unidos y el alza en las materias primas.

FMI proyecta una inflación del 1.000.000% este año en Venezuela – La Patilla – 23 de Julio 2018

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó este lunes una inflación anual de hasta 1.000.000% en Venezuela y señaló que magnitud de la crisis puede aumentar las consecuencias migratorias para los países vecinos.

“Proyectamos un estallido de la inflación hasta 1.000.000% para el fin de 2018, para indicar que la situación en Venezuela es similar a la de Alemania en 1923 o Zimbabue a fines de la década de 2000”, señaló el economista jefe del FMI para América Latina, Alejandro Werner.

“El colapso en la actividad económica, la hiperinflación y el creciente deterioro en el suministro de servicios públicos (…) así como la falta de alimentos y precios subsidiados generaron grandes flujos migratorios cuyos efectos tenderán a intensificarse en los países vecinos”, advierte el informe.

La violencia y falta de trabajo, alimentos y medicinas, ha generado la salida del país de 1,6 millones de venezolanos en los últimos dos años, según algunas estimaciones.

Más de un millón, ingresaron a Colombia en los últimos 16 meses, según cifras oficiales colombianas. Entre 2017 y 2018 unos 128.000 entraron a Brasil y unos 68.000 de ellos se dirigieron luego a otros países. Perú acogió a más de 353.000 en los últimos dos años, según las autoridades

Las crisis económica no da señales de mitigarse, según el FMI.

Venezuela continuará “con elevado déficit fiscal financiado enteramente mediante expansión de la base monetaria”, es decir, mediante la emisión de nueva moneda, dice el informe.

Este escenario “continuará alimentando una aceleración de la inflación al tiempo que continúa el colapso de la demanda de moneda”, se añade en el informe.

El FMI advirtió para 2018 espera una contracción del PIB de 18%, en gran medida por la “significativa reducción en la producción de petróleo”.

Así, señaló el Fondo, se trata del tercer año consecutivo de un retroceso real del PIB venezolano en niveles de dos dígitos.

La región, en revisión a la baja

Según el FMI, en 2016 la economía del gigante petrolero sudamericano se contrajo 16,5%, y el año pasado lo hizo con un 14%. De confirmarse la proyección de -18% este año, el país acumularía una recesión superior a 45% en tres años.

El FMI también revisó a la baja su previsión del crecimiento para América Latina, de 2% a 1,6% respecto a abril.

El Fondo recortó su expectativa para Argentina, país donde una fuerte crisis obligó a pedir ayuda financiera.

Según el FMI, Argentina crecerá este año 0,4%, siendo que en abril tenía una expectativa de un avance de 2%. Se trata, entonces, de un fuerte recorte de 1,6 punto porcentual en la expectativa.

Para 2019, el FMI rebajó su expectativa para Argentina de 3,2% a 1,5%.

No obstante, el Fondo mencionó una “recuperación gradual” en 2019 y 2020 “que se apoyará en una recomposición de la confianza bajo un programa de estabilización que tiene el soporte del FMI”.

En junio el FMI aprobó un préstamo de 50.000 millones de dólares para Argentina.

Con relación a Brasil, el FMI señaló que la recuperación de su economía avanza “a paso moderado”.

Así, el FMI rebajó su expectativa de crecimiento de 2,8% expresada en abril a 1,8%, pero mantuvo sin cambios la proyección de un aumento de 2,5% en el próximo año.

Recuperación a ritmo diferenciado

Sobre México, el FMI mantuvo por ahora su previsión de una expansión de 2,3% este año pero señaló que el panorama continúa “empañado” por las “incertidumbres sobre las relaciones comerciales con Estados Unidos” caso las negociaciones para renovar el TLCAN no tengan un fin exitoso.

Para el Fondo, a pesar de ese escenario sin definiciones la economía mexicana deberá avanzar en 2018 apoyada en un fuerte crecimiento en Estados Unidos, pero en cambio recortó 0,3pp su previsión para 2019, de 3% a 2,7%.

De los siete países analizados por el FMI este lunes, las proyecciones se mantuvieron sin cambios este año para Colombia (2,7%) y Perú (3,7%).

En la visión de Werner, a nivel regional se observa un impulso “diferenciado”, ya que algunos países son ‘empujados’ por el crecimiento estadounidense mientras que en otros se registra una “recuperación más difícil”.

A su juicio, eso ocurre porque las condiciones financieras globales se están endureciendo gradualmente, y se verifican presiones financieras en países “con fundamentos domésticos frágiles”, o por incertidumbre política.

“La escalada en las tensiones y conflictos comerciales aumentan los riesgos a la baja para el actual panorama, considerado incluso su potencial impacto en la incertidumbre y las inversiones.

La paradoja de comprar billetes para pagar en Venezuela por Alonso Moleiro – El País – 22 de Julio 2018

La escasez de dinero en efectivo obliga a conseguir papel moneda a un precio tres veces mayor a su valor nominal

Mercado en San Francisco.
Mercado en San Francisco. GETTY

El caos económico generado por el Gobierno de Nicolás Maduro ha consagrado en Venezuela un hábito de urgencia: las gestiones callejeras para comprar dinero en efectivo y poder realizar pagos donde no se aceptan modalidades digitales. Estas operaciones, sin ningún tipo de regulación, casi siempre se ejecutan a un precio de hasta tres o cuatro veces mayor a su valor nominal por la escasez. En un país donde el crecimiento de precios presenta un descontrol sistémico, persisten determinadas transacciones —el pago a jornaleros en fincas, servicios de transporte, el servicio de la gasolina o el importe en algunos estacionamientos— que, con frecuencia, no aceptan pago con tarjeta.

La compra de dinero es una gestión que demanda planificación y contactos. Algunas personas, particularmente algunos empresarios, están obligadas a hacer grandes adquisiciones de billetes para determinadas actividades comerciales, sobre todo en zonas rurales en las cuales se presentan problemas permanentes de servicios como la luz.

Otros, procurando pescar en provecho propio en medio del caos, conscientes de que esta es una demanda permanente, se organizan para ofrecer al mercado esos billetes que habitualmente no se consiguen, o que bancos y cajeros automáticos dispensan en remesas cada vez más magras.

El dinero se oferta de manera detallada, a través de contactos, pero en muchas ocasiones en plena calle: en Caracas, entre otros lugares, en el bulevar de Catia, zona populosa obrera del oeste de la ciudad, o en mercados municipales de alta rotación, como los de Coche y Quinta Crespo. Esta semana, por ejemplo, los pensionados engrosaban kilométricas filas para cobrar sus asignaciones estatales, y tuvo lugar una protesta que se extendió al centro de la ciudad cuando los empleados bancarios les informaron de que no había suficiente cantidad de billetes. Mientras tanto, muy cerca, en la plaza de La Candelaria, algunos vendedores informales ofrecían billetes al triple de su valor nominal.

José Guerra, economista y diputado, exfuncionario del Banco Central, apunta que la compra de dinero, y la escasez de billetes vigente en el país, encuentra su soporte en un rasgo fundamental: la hiperinflación venezolana es la primera que se produce en la era de la digitalización. “Dinero hay”, afirma Guerra. “La emisión descontrolada de dinero es la que provoca el aumento de precios. Lo que no hay es dinero líquido”.

La mayoría de las transacciones se ejecutan con pagos electrónicos y transferencias. “La hiperinflación activa una demanda descontrolada de moneda nominal. En 2008, por ejemplo, el 33% de la liquidez venezolana se expresaba en billetes. En este momento, el efectivo es el 2%”, explica Guerra. “La falta de efectivo se asienta en un descontrol total de los precios, y eso produce una insuficiencia relativa respecto a los bienes que se pueden comprar. El Gobierno emitió un billete de 100.000 bolívares con el que se podían comprar, el año pasado, cinco productos de la cesta básica. Hoy, se podría comprar, si acaso, uno”.

 

Se acaba el control de cambio por Eugenio Montoro – Diario Contraste – 19 de Julio 2018

UnknownHace poco, Jesús Farías diputado, exministro y alto dirigente del PSUV declaraba a los medios de comunicación sobre la necesidad de eliminar el control de cambio de divisas para reactivar la economía, pues, de no hacerlo, hasta se pondría en peligro la permanencia de la revolución. Al día siguiente, Roy Daza también destacado dirigente del PSUV decía algo parecido.

Evidentemente estas declaraciones no fueron espontáneas y corresponden a una orden del alto gobierno para ir generando la expectativa de que esta decisión -que viene el país entero pidiendo hace años- finalmente se tome.

Claro que también podría ser una de las acostumbradas tretas desviadoras de la atención que usan estos malandros, pero como existen otras tantas mucho más eficaces, nos inclinamos a pensar que los mandones están realmente considerando dar su brazo a torcer.

El inmenso desastre que está causando la hiperinflación en todos los aspectos de la vida de la Nación, puede haber llevado a los rojos a la tarea de decidir entre dos caminos. Uno, que es seguir con la guachafa revolucionaria y mantener el control político y económico del País, a sabiendas que esta opción no detendría la inflación y sería de esperar que se generase una presión social enorme y una posible ruptura violenta.

El otro camino es hacer como los chinos y el cuento del color del gato. Mantener y disimular la dictadura comunista como hasta ahora, pero abrir la economía al mercado, donde uno de los principales pasos es precisamente eliminar el control de cambio.

Tomar esta decisión no es fácil para unos fanáticos que en el lóbulo occipital izquierdo tienen grabado con hierro candente que el libre mercado es el odiado capitalismo puro y duro. Sería algo así como para un cristiano católico tomar la decisión de desconocer al Dios triuno.

Pero evitar la catástrofe de perder el poder puede tener un peso decisorio y hacer entonces lo impensable. Unos años atrás un folclórico Aristóbulo Istúriz durante un discurso formal les decía a sus compañeros en cadena nacional “si quitamos el control de cambio, nos tumban” y preguntaba de seguida “¿quieren probarlo?”.

Lo que sucederá está por verse, pero no tardará mucho y por primera vez vemos alguna probabilidad de que realmente ocurra.

La eliminación del control de cambio es una de las llaves para ir destrancando al aparato productivo. La libertad en el manejo de divisas estimularía a todos los fabricantes, comerciantes y empresas de servicio a salir al ruedo de una actividad económica sana y volver poco a poco a la normalidad en algunas cosas.

Pero también por estos días se realiza otra reunión del Foro de Sao Paulo donde usualmente los comunistas se reaniman para continuar en su utopía y podría ser un reforzador en contra de la decisión.

Por otro lado, la decisión, cualquiera que sea, tiene el potencial de fracturar al PSUV por su conocida pugna interna entre los “duros” de la revolución y los que prefieren hacer concesiones para sobrevivir. Hasta ahora han ganado los duros, pero ya no hay dinero ni para soportar el temporal ni para soportarlos a ellos.

Como se decía en las tele novelas “no se pierdan el próximo capítulo” que algo está por pasar.

 

 

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