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Sufrimiento nacional y elección libre presidencial por Luis Ugalde S.J. – El Universal – 7 de Febrero 2020

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Venezuela hoy es un infierno; de eso no hay duda. Lo que se discute es si hay salida este año. Solo habrá si la inmensa mayoría se une en un único camino para recorrerlo juntos hasta llegar a la meta democrática de la elección constitucional de nuevo presidente y cambio de gobierno a un modelo sensato y viable. Afortunadamente hemos empezado con apoyo de los países democráticos al camino de la salida pacífica y constitucional con elección presidencial libre y justa este mismo año.

Es un acierto que esa haya sido la propuesta pública de Guaidó en su audaz y exitosa gira por los foros democráticos y en los abrazos de reconocimiento  de los jefes de Estado  de los principales países europeos y americanos. A Guaidó como presidente de la AN  la Constitución le obliga a encargarse de la Presidencia de la República hasta la elección democrática del Presidente (art.233).  Al mismo tiempo parece que los partidos y grupos que lo apoyan no se atreven a hablar de esta elección presidencial, a causa del modo como el poder ha desprestigiado el camino electoral con inhabilitaciones de personas y partidos, con un CNE exclusivamente gubernamental, un TSJ servil y una ANC supraconstitucional creada para dar con el mazo y eliminar todo resultado que no le guste al Ejecutivo.

La semana pasada el candidato Henri Falcón sorprendió con la petición de repetir la fraudulenta elección presidencial de 2018; fraude que denunció entonces luego de su derrota y que el resto de la oposición había denunciado previamente. Hoy es un hecho evidente la necesidad de repetirla pues se hizo violando la Constitución; por eso tenemos un usurpador en el poder y un presidente de la Asamblea Nacional obligado a dirigir la transición como presidente encargado. El usurpador se propone perpetuar el infierno  y Venezuela entera debe unirse para forzar la salida constitucional de ese infierno.

Maduro ni quiere ni puede ¿Habrá de verdad alguien convencido de que Maduro está tratando de cambiar el infierno que vivimos los venezolanos? ¿Podrían señalar algún signo de rectificación de  este modelo y modo de gestionar el Estado y de imponer su poder? ¿Habrá alguien tan ingenuo que crea que Maduro quiere cambiar el actual infierno con las nuevas elecciones parlamentarias planificadas para acabar con la AN independiente del Ejecutivo?

Aunque quisiera no podría  traer este cambio. Venezuela no puede tener éxito en esa tremenda recuperación sin el apoyo internacional y sin movilización y renovación nacional cívica y espiritual. El salario está aniquilado, las empresas cerradas o trabajando a menos de 30% de su capacidad. La inversión estatal anulada por los robos y por una deuda impagable sin refinanciamiento y la inversión privada muerta por el “exprópiese” y la falta de garantías económicas. La situación es tan grave y ardua y compleja la recuperación del país que va a requerir mucho apoyo internacional y amplia unidad nacional con muy definidas metas de reconstrucción inmediata.

¿Podemos imaginarnos un renacer nacional con espíritu de unidad y abrazos de reconciliación, apertura de cárceles políticas, florecer de inversiones multimillonarias, empleo a manos llenas con salarios de vida y no de muerte, con el sistema educativo de nuevo de pie y en marcha, con servicios de salud, luz, agua, gas, transporte y con millones de exiliados en regreso para reconstruir su vida en Venezuela?

La elección presidencial en 2020 no es solo porque se nos debe la elección de 2018, sino porque no se puede prolongar el actual y creciente sufrimiento nacional. Obligada elección presidencial democrática y constitucional con nuevo CNE creíble, con votación dentro y fuera del país, sin persecución ni presos políticos, sin dirigentes ni partidos inhabilitados, con firme apoyo internacional, incluso del Papa. Sin ANC, con la aprobación pragmática y realista, incluso de rusos y chinos, para un país no dedicado a la venganza y la persecución sino con ánimo de renacer con los pies en la tierra…

Maduro no podría hacer esto, aunque quisiera, pero tiene el privilegio de poder devolver la llave secuestrada de la puerta para salir del actual infierno. La agenda de transición (sin él o incluso con él) debe empezar desde ahora con la terrible emergencia humanitaria, con la reactivación económica y con eliminación negociada de sanciones por cada paso positivo de parte del régimen. Los chavistas de ayer y los opositores de hoy nos iremos haciendo venezolanos nuevos desde mañana, sin esperar más.

¿Y las elecciones parlamentarias? También este año 2020 debe haber elecciones parlamentarias libres, democráticas con nuevo y equilibrado CNE nombrado por la AN (negociado) sin inhabilitaciones políticas, sin presos etc. Pero con solo una elección parlamentaria -como pretende el régimen- con un CNE puesto por su TSJ, esta tragedia nacional no se resuelve, sino que se agrava.

Son necesarias ambas elecciones a fin de año, para lo cual millones de demócratas sufrientes deben activarse desde ahora con una clara conducción política. Con solo parlamentarias, la tragedia y el sufrimiento nacional se agravarán. La miseria, el éxodo y los niños desnutridos aumentarán y también la tiranía política.

Tres tristes listillos por Víctor José López – Blog Infatigables – 17 de Septiembre 2019

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Timoteo Zambrano, Claudio Fermín y Henri Falcón son lo que históricamente se conoce en política como “listillos”. Ha sido Timoteo una guabina, un baboso pez de río lleno de espinas que sobrevive como lo han hecho Claudio, nadando en las corrientes del pozo político sacando provecho personal a costa de los demás. Igual ha sido el rol de Henri Falcon.

 “Listillo” en la vieja literatura es aquel que se marcha sin pagar. Zambrano se ha marchado de muchas mesas de diálogo y situaciones que exigen definiciones, y lo ha hecho sin pagar. Ahora, apoyándose en lo que él califica de Grupo Moderado de Oposición propone vestir el anzuelo del fraude, con la muy provocativa carnada de elegir un nuevo CNE – Consejo Nacional Electoral,arquitecto del desastre político convertido en lodazal de la corrupción.

Ofrecerá el  Grupo Moderado de Oposición liberar los presos políticos, mientras sus jefes cubanos ordenan a Maduro referirse a los  presos políticos como políticos presos, siendo ciudadanos perseguidos o desaparecidos como traidores a la patria, infractores de la Constitución y las Leyes de la República, cuando en realidad son ciudadanos inhabilitados por una justicia servil para sacarlos de raíz de la competencia política, en caso de aspirar cargos públicos.

Presos a quienes se les violan todos los derechos ciudadanos,  vejados y torturados. Presos que habiéndose ordenado judicialmente su excarcelación permanecen en las mazmorras del chavismo.

Propondrán los listillos el retorno del PSUV a la Asamblea Nacional con una directiva elegida por la terna que Timoteo integra junto al inefable Claudio Fermín y el execrable Henri Falcón, que como solución económica emergente propondrán  paliar  la improductividad que causa la política socialista,  con el anhelado trueque propuesto por Hugo Chávez, que soñana en beneficio de su patria,  Cuba, cambiar petróleo por comida (Clap) y medicinas.

La Misión Inmediata es desaparecer a Juan Guaidó, con la retreta de opositores que forman en coro de quejicas que integran estos intelectuales del Twitter que a diario intentan empañar la imagen del Presidente Constitucional de Venezuela.

Ari Ben-Menashe, el misterioso exagente israelí contratado para convencer a Trump de una nueva solución para el país por Guillermo D. Olmo – BBC News – 30 de Julio 2019

Ari Ben-MenasheAri Ben-Menashe figura como director de la firma canadiense Dickens&Madson, dedicada al cabildeo.

Nacido en Teherán, pero excolaborador de los servicios de inteligencia israelíes; proveedor de armas al Irán de los ayatolás; representante del polémico expresidente de Zimbabue, Robert Mugabe; y más recientemente de la junta militar que gobierna Sudán…

Y ahora, además, promotor en Estados Unidos de lo que presenta como una solución para resolver la enconada crisis política de Venezuela.

Es Ari Ben-Menashe, el misterioso personaje que figura como director de la firma canadiense Dickens&Madson, dedicada al cabildeo, la búsqueda de influencia en los centros del poder político, lo que en el mundo anglosajón se conoce como “lobby”.

El portal estadounidense Politico publicó recientemente que Dickens&Madson fue contratada por el político Henri Falcón, quien fuera rival del presidente Nicolás Maduro en las elecciones de mayo de 2018, para convencer a los gobiernos de Estados Unidos, Rusia y otros de que lo apoyen como “candidato de compromiso” a la presidencia de Venezuela en un intento por desbloquear una situación política atascada en el pulso entre Maduro y el líder opositor Juan Guaidó.

“La firma se dispone a cabildear al poder ejecutivo y/o al legislativo del gobierno de Estados Unidos y sus agencias en apoyo a los esfuerzos del partido político Avanzada Progresista para elegir a Henri Falcón como presidente de Venezuela”, afirma el documento presentado al Departamento de Justicia estadounidense, que también especifica que el valor del contrato asciende a US$200.000.

Henri Falcón.Henri Falcón asegura que lo que ha hecho su partido es “contratar de manera legal unos servicios profesionales”.

Aunque al poco de trascender la noticia, Francisco Rodríguez, un economista venezolano afincado en Estados Unidos que asesora a Falcón, dijo que la inclusión de esa aspiración presidencial en los documentos se debió a un “error administrativo”.

El nuevo redactado de los documentos afirma que se trata de “buscar una solución pacífica a la crisis política, humanitaria y económica de Venezuela”.

Falcón le dijo a BBC Mundo que lo único que había hecho su partido era “contratar de manera legal unos servicios profesionales y de representación en el exterior, igual que hacen otras muchas formaciones políticas venezolanas”.

BBC Mundo no pudo contactar con Ben-Menashe.

Ben-MenasheBen-Menashe se vio envuelto en otro asunto polémico en África.

Pero, ¿quién es exactamente este judío iraquí nacido en Irán hace 68 años? ¿Y por qué Falcón y su partido creen que puede influir en los gobiernos más poderosos del mundo en un asunto tan crucial como la situación en Venezuela?

Los años de Israel

Ben-Menashe es un viejo conocido en el mundo de la inteligencia global.

Cuando en 2012 Wikileaks comenzó a publicar los correos que le habían filtrado de la compañía de inteligencia estadounidense Stratfor, era mencionado en algunos de ellos.

En uno, un periodista israelí le advertía al jefe de seguridad de la firma de que Ben-Menashe es “un estafador” y le aconsejaba: “Manténgase alejado de él”.

Donde Ben-Menashe tiene más fama es en los círculos dedicados a la seguridad en Israel.

Oliver NorthEl militar estadounidense Oliver North (izquierda) fue uno de los acusados por el escándalo Irán-Contra.

En 1977 comenzó a trabajar en AMAN, la agencia de inteligencia militar israelí, donde, según contó años después, su carrera se vio favorecida por su dominio de los idiomas inglés, árabe y persa.

Cuando en 1979, la Revolución de los Ayatolás triunfó en Irán, su pasado iraní se reveló especialmente útil a ojos de sus mandos.

Según su propio relato, fue como agente Israelí que se vio envuelto en el caso conocido como Irán-Contra, un escándalo que salpicó a varios altos funcionarios del gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos por vender armas a Irán pese al embargo que en ese momento pesaba sobre el país islámico.

También salpicó a Ben Menashe, que en 1989 fue arrestado en Estados Unidosacusado de intentar vender tres aviones de transporte a los iraníes.

Ya en libertad y enfrentado a los que habían sido sus anteriores empleadores israelíes, comenzó a hacer revelaciones explosivas.

Dijo haber sido en 1980 uno de los asistentes a las negociaciones secretas para posponer la liberación de los rehenes estadounidenses entonces en poder del gobierno iraní.

Jimmy Carter con los funcionarios de la embajada secuestrados en Irán.El presidente de Estados Unidos en 1980, Jimmy Carter, con los funcionarios que fueron rehenes en la embajada de su país en Irán.

Ben-Menashe dijo que miembros del Partido Republicano, entre ellos George Bush padre, se reunieron en secreto con dirigentes del gobierno iraní para que los rehenes no fueran liberados antes de las elecciones, lo que habría favorecido las aspiraciones de reelección del entonces presidente Jimmy Carter frente a las del candidato republicano, Reagan.

Una comisión de investigación de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que lo interrogó largamente concluyó que el relato de Ben-Menashe era “total invención“.

Sea como sea, Ben-Menashe dio su versión de la historia y de lo que vivió en sus años como agente secreto con la publicación en 1992 de su libro “Profits of War: Inside the secret U.S-Israeli Arms Network”, (“Los beneficios de la guerra: dentro de la red secreta de armas de EE.UU. e Israel”, en español).

A la sombra de Mugabe

En 2002 el antiguo agente secreto volvió a los titulares envuelto en un turbio episodio en plena campaña electoral en Zimbabue.

Morgan Tsvangirai, líder de la oposición, fue acusado de intentar asesinar al presidente del país, Robert Mugabe, y juzgado por traición poco antes de unas elecciones en las que las encuestas lo situaban con ventaja.

MorganMorgan Tsvangirai, líder de la oposición, fue acusado de intentar asesinar al presidente del país, Robert Mugabe, a raíz de una conversación que mantuvo con Ben-Menashe.

La prueba de cargo contra Tsvangirai fue la grabación de una reunión con Ben-Menashe en la que se habló de “eliminar” a Mugabe, quien había contratado al exagente israelí, que para entonces ya se había instalado en Canadá y montado allí su firma de cabildeo.

Tsvangirai dijo haber sido víctima de un montaje con fines políticos y resultó finalmente absuelto.

Pese a que Mugabe es una figura controvertida y se le ha acusado de violaciones a los derechos humanos y crímenes contra la humanidad, Ben-Menashe dijo en una reciente entrevista al programa Newshour de la BBC que se sentía “orgulloso” de haberlo representado.

Con la junta de Sudán

Antes de que se lo relacionara con Venezuela, Ben-Menashe se vio envuelto en otros asuntos polémicos en África.

Al cabildero lo contrató Jalifa Hafter, el controvertido militar que comanda el autodenominado Ejército Nacional de Libia y que en la pasada primavera lanzó una ofensiva contra la capital del país y el precario gobierno de unidad nacional allí instalado con apoyo de Naciones Unidas.

La junta militar que gobierna Sudán desde la caída del presidente Omar al-Bashirel pasado abril también recurrió a sus servicios para lograr una cobertura periodística favorable y reconocimiento de los gobiernos de los países occidentales.

Omar al-Bashir (izquierda)Una junta militar lidera Sudán tras derrocar a Omar al-Bashir (izquierda).

Ben-Menashe ha confirmado que la junta le pagará US$6 millones, entre otras cosas, por conseguirles a sus miembros una reunión con el presidente estadounidense, Donald Trump.

Una cantidad considerada escandalosa por muchos, dada la situación del país y las acusaciones de reprimir violentamente a manifestantes pacíficos que pesan sobre los militares sudaneses.

“Ellos quieren que se establezca un nuevo gobierno encabezado por un economista de prestigio que ponga orden en la economía”, dijo recientemente Ben-Menashe, que señaló que su colaboración obedece al deseo de los uniformados de “explicar lo que están haciendo y cuáles son sus objetivos”.

¿Por qué ahora Falcón?

Muchos en la oposición venezolana criticaron a Falcón por participar en las elecciones de 2018.

Mientras que la mayoría de los opositores a Maduro decidieron no tomar parte en unos comicios que consideraban injustos, Falcón sí concurrió, lo que muchos detractores de Maduro interpretaron como una manera de legitimar la “farsa electoral.

A partir del no reconocimiento de esas elecciones la oposición considera que Maduro es un “usurpador” y por eso Guaidó es el “presidente encargado” en virtud de su puesto como presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento).

Juan GuaidóEl gobierno y los delegados de Juan Guaidó negocian bajo la mediación de Noruega.

La defensa frente a las acusaciones de Falcón, que fue chavista, opositor y ahora se presenta a sí mismo como una tercera vía, estaba implícita en el que fue su lema de campaña: “Si votamos, ganamos”.

Ahora que el gobierno y los delegados de Guaidó negocian bajo la mediación de Noruega un arreglo que podría pasar por la celebración de unas nuevas elecciones, Falcón parece haber retomado la iniciativa.

La contratación de Ben-Menashe para mejorar su influencia y reputación en Washington no ha sido su único movimiento después de muchos meses sin apenas actividad pública.

Hace unos días presentó en Caracas su programa “petróleo por alimentos”, por el que Venezuela recibiría la ayuda humanitaria que necesita a cambio de crudo y podría así reducir el impacto sobre la población de las sanciones de Estados Unidos.

Cuando BBC Mundo le preguntó si le gustaría volver a ser el candidato en unas próximas elecciones, contestó: “No se trata de una cuestión personal, sino de devolverle la gobernabilidad al país“.

Y para eso ha contratado al polémico Ben Menashe.

Línea

La nueva vieja oposición por Ibsen Martínez – El País – 25 de Junio 2018

Las tribulaciones del venezolano común no dejan ánimo ni tiempo para discernir si el fin de sus padecimientos y penurias pasa o no por la abstención o el voto
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La oposición venezolana se ha enzarzado en un torneo de diatribas entre dos bandos. Cada bando se ha tornado irrelevante a los ojos de sus compatriotas. Las tribulaciones del ciudadano común no dejan ánimo ni tiempo para discernir si el fin de sus padecimientos y penurias pasa o no por la abstención o el voto.

Ocupados en sobrevivir a una descomunal tragedia humanitaria, los venezolanos libran batallas de antemano perdidas contra la hambruna y las enfermedades. Lo hacen en medio de la total disfunción de un Estado asesino, inepto y en quiebra. Con sus líderes más caracterizados vagando en el exilio, o bien encarcelados o acosados día y noche, la postrada oposición venezolana vive su hora más tenebrosa.

Pese a todo, ella registra una reciente florescencia partidaria de votar en cuanta elección convoque fraudulentamente el usurpador Maduro de ahora en adelante hasta la consumación de los siglos.
La tendencia, autodenominada “Concertación por el Cambio”, surge encabezada por Henri Falcón, exmilitar, chavista de la primera hora y como tal elegido gobernador del Estado Lara hace una década, antes de hacerse opositor al régimen. Finalmente, se desprendió de la MUD (Mesa de Unidad Democrática) para participar en la farsa electoral del pasado 20 de mayo.

Las promesas electorales de Falcón eran derrotar a Maduro y conducir luego una ordenada transición hacia un Gobierno plural, de concordia nacional, animado por un espíritu de diálogo y reconciliación. Un Gobierno dispuesto a liberar a todos los presos políticos, abrir un canal humanitario internacional, dolarizar la economía y entablar trato con el Fondo Monetario Internacional.

Todas las encuestas a la mano indicaban unánimemente que más del 80% de la población aborrece a Maduro y está hasta los epiplones del socialismo del siglo XXI. Ante la posibilidad de votar por un candidato único que adversase a Maduro, el voto mayoritario en favor de Falcón estaba asegurado y la maquinaria del fraude no tendría margen alguno. Así, al menos, veían las cosas en su comando de campaña hace poco más de un mes.

Maduro ganó sus elecciones con una ventaja inverosímil y una abstención electoral cercana al 70%. Aunque luego ha impugnado los resultados, Falcón se apresuró a reconocer la derrota y culpar de ella a una perversa campaña abstencionista alentada mezquinamente por la MUD.

La justificada desafección de los venezolanos hacia la MUD, ¡y hacia Falcón, en tanto que vástago de la misma!, ha sido condenada por Falcón y los suyos como suicida frivolidad antipolítica. El falconismo no entiende la abstención de mayo como expresión de un sentimiento colectivo en el que se mezclan a partes iguales el reproche a toda la dirigencia opositora por sus trapisondistas diálogos con la dictadura y el repudio a la farsa electoral orquestada por Maduro.

Hay que decir que en el curso de los 36 meses que han seguido al triunfo electoral que otorgó a la MUD el control de la Asamblea Legislativa, los partidos que la integran han obrado con oportunista desparpajo, equiparable en todo al de Falcón, a la hora de participar en elecciones carentes de toda garantía.

El grito de guerra del falconismo fue “se gana con votos, no con condiciones”, en socarrona alusión a la exigencia de condiciones electorales creíbles que la comunidad internacional viene exigiendo.

La MUD ya lo había hecho suyo cuando acudió en 2017 a unas elecciones regionales convocadas por la Constituyente fraudulenta, prescindiendo de las consignas con que aquel mismo año había invitado a tomar las calles donde murieron centenares de manifestantes en aras del derecho a votar libremente en elecciones transparentes.

Hay veces en que, para mal de todos, a la antipolítica le sobran razones.

 

¿Qué esperar luego del 20M? por Margarita López Maya – ProDaVinci – 25 de Mayo 2018

Unknown.jpegLa coyuntura electoral vino y ya pasó. Fueron unas presidenciales convocadas anticipadamente por un cuerpo institucional ilegítimo, la Asamblea Nacional Constituyente. Desde que se abriera el proceso y aún antes, estuvo plagado de irregularidades, bajo la mirada impasible de un CNE controlado por Nicolás Maduro y al servicio de los intereses de su cúpula militar y civil. Fueron unas presidenciales que la comunidad internacional rechazó, por no cumplir estándares democráticos internacionales, y la mayoría de los partidos políticos opositores también, por negarse el gobierno durante las negociaciones en República Dominicana a dar mínimas garantías para unas elecciones justas y transparentes. No obstante, algunos candidatos opositores hubo, pero a nadie tomó por sorpresa que esa noche el CNE proclamara a Maduro presidente para un nuevo período de seis años.

En mi criterio, estos comicios no son ningún momento de inflexión en la larga y abismal crisis venezolana, en el sentido de producir un cambio significativo de lo que ha venido ocurriendo. Fueron un episodio más en la continuada marcha del gobierno hacia su meta, que es la estabilización de un régimen autoritario de vocación totalitaria. Lo veo como un episodio donde Maduro sobrevivió una vez más gracias a que talló a su medida este proceso. El chavismo evaluó la necesidad de darle un maquillaje seudo democrático al régimen y encontró algunos actores políticos que le hicieron comparsa. Sin embargo, no todo salió como Maduro esperaba. Así es la política.

El domingo en la noche hubo dos elementos que sorprendieron porque no estaban previstos. El primero fue la no participación de una porción amplia de los ciudadanos que, en números oficiales poco confiables, alcanzó el 53% del registro electoral. Otras fuentes la ubican más bien alrededor del 60%. Como no hubo una infraestructura política opositora suficiente que monitoreara la votación a lo largo del día en las mesas de votación, y como el software de las máquinas de votación está bajo el control de las autoridades electorales que carecen de independencia frente al Ejecutivo Nacional, quedémonos con estos dos estimados de este fenómeno. Cualquiera que sea, ha sido el promedio de abstención más elevado en la historia electoral de presidenciales del país. Y eso nos debe decir algo. Independientemente de si atendieron el llamado de la MUD, que no creo que fuera el caso de una porción significativa de los ciudadanos que se quedaron en sus casas, lo cierto es que fue la no participación la que mejor expresó el rechazo de la ciudadanía a la permanencia de Maduro y su gobierno.

El otro elemento fue la decisión de Henri Falcón, candidato opositor por Avanzada Progresista, una fracción del partido COPEI y el MAS quien, a última hora, y antes de que Lucena, la presidenta del CNE diera los numeritos oficiales, desconoció el proceso electoral, al cual se sometió contrariando en su momento a los compromisos unitarios acordados a principios de año por partidos de la MUD, cuando falló la mesa de negociación en República Dominicana. Alegó que el proceso violó los compromisos que había firmado el oficialismo con él para esta elección y la calificó por tanto de irreal e ilegítima. Creo que lo salvó la campana, porque de haber reconocido los resultados como legítimos, o haberse ido a la cohabitación con el nuevo gobierno de Maduro, hubiera pasado a la irrelevancia. El otro candidato opositor, Javier Bertucci, también exigió, al menos esa noche, un nuevo proceso electoral.

Gracias a estos dos elementos resaltantes de la jornada del 20M, el lunes Maduro amaneció, en mi criterio, un poco más débil políticamente de lo que estaba. O, quizás más vulnerable, según la evaluación que hiciera John Magdaleno de su interpretación de los resultados electorales. Las declaraciones de Falcón han dado pie a la apertura de un potencial espacio político para que factores opositores puedan conversar y quizás ponerse de acuerdo. Ahora todos comparten que las elecciones fueron fraudulentas. Unos por origen, otros por rompimiento de un acuerdo, que cualquiera que conociera al gobierno de Maduro, sabía que iba a romper. Con ello, también, todos se ponen a tono por el momento con el Grupo de Lima, varios gobiernos de occidente y la comunidad democrática internacional. Esto es muy valioso políticamente y si no se aprovecha se nos irá la oportunidad.

Por otra parte, Maduro y su gobierno, aunque quizás un poco preocupados, no acusan recibo. Para ellos su objetivo pareciera ser desde hace ya bastante tiempo simplemente sobrevivir, seguir en el poder y eso vale para cada día que permanecen en Miraflores. Esa noche sobrevivieron una vez más. Eso les basta.

Pero la crisis socioeconómica sigue su curso al abismo, la crisis humanitaria se agrava, la migración se acrecienta y los militares… ¿qué pasa con ellos? Pues nada, siguen lucrándose a costa de la sociedad, el país, el territorio. Sin embargo, tensiones hay -se han visibilizado nuevas detenciones y circulan rumores e informaciones sobre su descontento- pero, ya veremos si este mensaje de la población del 20M les dice algo, cale en algunos, a ver si usan la cabeza y terminan por tomar alguna decisión para presionar a Maduro y su combo para que se vayan. Hoy, de modo análogo a lo que viene sucediendo en Nicaragua, no pareciera haber lugar para la cohabitación, sino para negociar condiciones de salida. Son cinco años de luchas infructuosas y costosas por parte de la sociedad civil y política contra un gobierno que cierra toda salida pacífica, todo porque los militares y unos civiles desalmados no tienen escrúpulos para saquear este país, maldito por sus recursos.

¿Por dónde seguimos?

Considero que en el país existe hoy una estructura de oportunidades propicia para alcanzar en los próximos meses el cambio político en paz. Así pareciera revelarlo la combinación del agravamiento de las condiciones socioeconómicas por la hiperinflación, las amenazas de embargo sobre la producción y los bienes petroleros de la nación, como consecuencia de la sentencia favorable a la Conoco-Phillips en un tribunal de EEUU, con la firmeza y creciente coherencia de las acciones de la comunidad democrática internacional sobre el gobierno para que regrese al hilo constitucional y atienda la crisis humanitaria. Ahora, las señales emitidas el 20M por la ciudadanía que usó las elecciones para transmitir su inconformidad, y unos actores políticos opositores que participaron y luego rechazaron el evento de votación, le echaron un poco más de leña al fuego.

¿Cómo aprovechar esta oportunidad para convencer al gobierno de Maduro o a alguna de las facciones militares que lo apoyan que el tiempo ya se agotó y es tiempo de irse? ¿Cómo se fractura el bloque de dominación?

Las próximas semanas y meses serán complicadas, pero quizás decisivas. Ante ello, es necesario repensar tanto la acción colectiva, como las estrategias de actores políticos para impulsar el desenlace.

Para ello, la sociedad, sus ciudadanos, sus organizaciones sociales, sus ONG, deberán seguir poniendo su parte, además de su sufrimiento. No existe fórmula mágica para superar las dificultades impuestas por un régimen que camina hacia un mayor autoritarismo, y hace uso de instrumentos de represión y guerra psicológica propias de una mentalidad totalitaria, es decir, sin escrúpulos.

En este contexto, es importante tomar conciencia de que una salida en paz hacia una transición democrática no es fácil, es casi inédita y exige mucha creatividad, perseverancia, cabeza fría, solidaridad y apoyo internacional. No pareciera ya que los venezolanos solos podemos derrocar semejante régimen. El estado de necesidad de la mayoría es una importante limitación. Como lo es la fragmentación y debilidad que hoy muestran los partidos políticos de vocación democrática. Pero, dicho esto, sólo nosotros podemos dar las estocadas decisivas para ese final, eso no lo puede hacer la comunidad internacional.

Entonces, para la ciudadanía, para nosotros civiles desarmados, que apostamos por la vida, no existe otra opción que la salida pacífica, no violenta. De eso debemos convencernos y cada uno actuar en consecuencia. Las fórmulas para esa salida no son tan variadas: se lucha por la renuncia de Maduro, algo en lo que debemos siempre insistir, porque sería la menos dolorosa para el cuerpo social, ya que podría iniciarse una transición incruenta; o, sin que sean excluyentes, nos nucleamos en torno a la transición por medio de unas elecciones en condiciones justas, equitativas y transparentes para conformar un gobierno legítimo. No renunciemos a ninguna de las dos, pero en este momento ambas se dificultan por la desmovilización de la ciudadanía y el descrédito que ambas estrategias padecen. Eso debemos superarlo.

Otro gran problema que tenemos se encuentra en la desconfianza, rechazo y/o el descrédito de muchos dirigentes y partidos opositores. Es también un gran escollo pues sin partidos robustos difícilmente podremos alcanzar una transición pacífica y democrática. Enfrentar un gobierno como éste de Maduro ha implicado para muchos políticos persecución, prisión, amenazas a sus familias. Los diputados van para dos años sin sueldo, algunos han sido malheridos por paramilitares chavistas ante la mirada impávida, si no la complicidad, de la Fuerza Armada. Diputados, alcaldes y otros dirigentes se encuentran hoy presos, en el exilio o enfermos. Recordemos eso a la hora de criticarlos, y sin dejar de hacerlo, reconozcamos también aciertos como las parlamentarias de 2015.

Pienso que, ante el panorama actual, la sociedad civil y la ciudadanía debe tomar un rol más activo. En los años recientes se ha visto una multiplicación de organizaciones civiles, de ONG y de distintos grupos y plataformas sociales, constituidos para proteger y garantizar derechos que nos han sido despojados por la dictadura. Están casos como las organizaciones que defienden el derecho a la salud de la ciudadanía, otros que atienden a niños, adolescentes y mujeres, expuestos a la violencia y pobreza, redes sociales que periodistas valientes han tejido para garantizar el derecho al acceso a información veraz y la libertad de expresión, ONG que monitorean la violación de los DDHH de los presos políticos, de las cárceles, de los trabajadores, en fin, Venezuela tiene hoy un tejido social más denso, más solido, que será invalorable cuando hayamos llegado a la puerta de esa transición que anhelamos, porque garantizará unas bases más enraizadas en la sociedad de las instituciones democráticas. Una sociedad civil que sabe por propia experiencia la necesidad de protegerse de las arbitrariedades del poder y defender su autonomía.

Esa sociedad deberá, sin embargo, dada la gravedad de la coyuntura, tomar, en mi opinión un protagonismo mayor ante el colapso de los actores políticos democráticos. No para desplazarlos de sus responsabilidades, pero sí, quizás, para demandar de ellos mayor madurez para resolver la conflictividad entre ellos, que vergonzosamente expusieron en este proceso electoral; exigirles mayor responsabilidad en sus obligaciones, ayudándolos entre otras tareas urgentes a dibujar y componer, con las demandas de la ciudadanía, una narrativa del futuro compartido, que sirva para incentivar y movilizar de nuevo. La ciudadanía, la sociedad civil y la militancia de los partidos deben exigir una renovación de los liderazgos de los políticos. Vemos a algunos liderazgos agotados o limitados por ópticas que no corresponden a estos tiempos. Los relevos deben, a su vez, prepararse para administrar un país devastado con austeridad y honestidad. Otra gran urgencia es volver a encontrar una dirección política unitaria cuya estrategia no se limite a lo electoral, sino que abarque múltiples estrategias de resistencia y lucha en dictadura. Una dirección con coordinación de lo social con lo político, frenando la cooptación a la que suelen estar acostumbrados los políticos frente a los activistas sociales.

¿Cómo se hace esto? Las respuestas son nuestro desafío. Las innovaciones deben estar a la orden del día. Insistamos en una salida pacífica, que el bloque de dominación militar y civil que se ha apropiado del Estado y ha desmembrado a la nación, hoy nos niega. Pero, la política es el arte de lo posible y a ellos debemos remitirnos: con movilización, consultas, asambleas, innovaciones organizativas, estrategias múltiples, con vasos comunicantes entre actores políticos, sociales, academias, iglesia, participando y respetando los espacios de cada quien en las tareas de construir primero en el imaginario, para luego plasmar en el territorio a través de instituciones y estructuras organizativas, otro país donde podamos reunirnos de nuevo, reconocernos como nación. El gobierno ha logrado desacreditar la vía democrática y pacífica, dividir a los partidos, y frustrar a la población. A esto debemos sobreponernos para mostrarle que no puede truncar nuestras aspiraciones de un país libre y con bienestar. Ahora más que nunca debemos levantarnos y continuar, pues las condiciones nos favorecen, muchos países con sus ciudadanos nos están echando una mano. El eslabón que falta para rematar la tarea está en cada uno de nosotros, en nuestra responsabilidad política como ciudadanos de informarnos y actuar, y en las organizaciones que constituimos, apoyamos y controlamos, actuando colectivamente y con firmeza, desprendimiento personal y honestidad.

 

La rebelión de las bases por Tomás Straka – ProDaVinci – 21 de Mayo 2018

Unknown.jpegEn un solo aspecto las elecciones del 20 mayo se desarrollaron según lo previsto por los analistas: Nicolás Maduro ha sido proclamado ganador y buena parte de la comunidad internacional desconoce la legitimidad de los comicios. Pero a partir de este punto las cosas parecieron haber tomado por sorpresa a muchos, comenzando tal vez por el mismo gobierno. La amplitud de la abstención y el hecho de que por primera vez el abstencionismo parece traducirse en un propósito claro ha descolocado a todos los actores del drama. El 21 de mayo nadie está en el lugar en el que estaba el 20, y la decisión que cada uno tome ante las cifras definirá su destino inmediato y tal vez el de todo el país.

La abstención ha sido una protesta de dimensiones similares a las de las firmas contra la Constituyente del 16 de julio de 2017, pero con dos diferencias: esta vez la protesta vino, en su aspecto más notable, del lado de quienes apoyan (o al menos se creía que apoyaban) al gobierno; y no demuestra seguir un liderazgo. Al contrario, ha rematado algunos liderazgos en declive, como el de Maduro, demostrando cuán hondo es el vacío en este aspecto. El Frente Amplio es el que más puede parecerse a un ganador en la jornada, aunque mucho de su triunfo haya sido por carambola. Leer más de esta entrada

Venezuela después del 20M por Fernando Mires – Blog Polis – 21 de Mayo 2018

miresUna máxima recomienda no hacer abuso del tiempo subjuntivo en los análisis políticos entre otras razones porque la política a diferencia de la filosofía no se rige por las pautas del pensamiento especulativo. Hay, sin embargo, excepciones que confirman la regla. Una parece ser la situación surgida en Venezuela después de las elecciones del 20-M. Sí, digo elecciones. Fueron, efectivamente, elecciones en dictadura, como son las elecciones en la Rusia de Putin, en la Bielorusia de Lucaschenko o en la Nicaragua de Ortega. Elecciones viciadas, hechas para confirmar el poder del régimen.

Las de Venezuela pertenecen -han pertenecido siempre desde que hay chavismo- al tipo de las elecciones dictatoriales y bajo ese bien entendido la oposición venezolana ha participado en ellas obteniendo incluso victorias resonantes. No fue ese el caso de las elecciones presidenciales del 20-M. Y es ahí donde surge la pregunta subjuntiva: ¿qué habría sucedido si una oposición tan unida como el 6-D hubiera participado masivamente? La respuesta desde una perspectiva numérica es una sola: una unidad electoral masiva habría sepultado a Maduro. Ningún fraude habría podido contener un aluvión de votos de proporciones tan gigantescas. Por eso la impresión es ya general: la oposición venezolana perdió una gran oportunidad para deshacerse definitivamente de la dictadura. La mejor oportunidad de toda su historia.

No vale la pena, ni en política ni en otros órdenes de la vida, hurgar heridas ni mucho menos llorar sobre la leche derramada. Pero sería omisión no afirmar que la abstención venezolana no fue producto de un plan meticulosamente fraguado por las dirigencias políticas. Por el contrario, fue un producto de su propia impotencia. Porque la abstención -seamos honestos- no comenzó con las presidenciales.

La abstención masiva surgió de la crisis política de la oposición después de que Maduro aplastara a las movilizaciones del 2017 y del mega-fraude que dio vida a la Asamblea Constituyente, hecho que llevó no solo a los electores, también a los propios partidos, a desconfiar de su única arma: El voto. La abstención tomó forma en las regionales de octubre de 2017 y después en los desórdenes electorales de las municipales en diciembre del mismo año. Derrotismo, apatía, dispersión, abstencionismo, ausencia de línea y conducción, fueron los signos de ambas elecciones.

Las regionales y las municipales fueron regaladas por la oposición, a la dictadura. La abstención en las presidenciales de mayo, vista desde esa perspectiva, fue solo el corolario de una crisis política y moral dentro de, y entre los, partidos de la MUD. O dicho en una sola frase: no la abstención llevó a la crisis de la oposición sino la crisis de la oposición llevó a la abstención. Quizás la más clara expresión de esa crisis fue la imposibilidad de los partidos de la MUD para ponerse de acuerdo en torno a un candidato único. Y no precisamente porque faltaran nombres sino simplemente porque el egoísmo de los partidos imposibilitó ese acuerdo. No ha sido por cierto la primera vez en la historia -pienso en los orígenes del fascismo italiano- en que la razón de partido ha terminado imponiéndose por sobre la razón política.

Puede ser que no valga ya la pena detenerse demasiado en hechos ultraconocidos. La MUD al abandonar el centro político abrió un espacio por donde penetraron las tendencias más extremistas de la oposición. Sorpresa, incluso lástima, producía el espectáculo dado por parlamentarios, elegidos en elecciones, pronunciarse en contra de la vía electoral, repitiendo como loros las consignas aventureras de la señora Machado quien al menos fue siempre consecuente con ella misma. No así los personeros de la MUD. De un día a otro echaron por la borda la esencia de su propia historia: las elecciones como medio de lucha política.

La primera gran lección que dejó entonces el 20-M, fue la siguiente: Nunca más la oposición deberá abandonar su única ruta, sobre todo si se toma en cuenta de que no es capaz de transitar por ninguna otra. El precio ha sido muy caro. Ha ayudado a una dictadura a mantenerse en el poder, cuando todos los números hablaban en su contra.
No fue Falcón quien dividió a la MUD. Falcón solo se puso a la cabeza y dio forma política a una gran cantidad de voluntades que nunca habrían acatado la línea anti-electoral de la MUD. Pues si sus dirigentes no lo sabían, deben saberlo ya: siempre el abstencionismo ha sido, es y será divisionista. Si la MUD, o el Frente Amplio dio curso a la abstención electoral debió contar con fuertes divisiones internas. En cambio, cada vez que ha ido con decisión a confrontar electoralmente a la dictadura, el abstencionismo es recluido en sus bastiones tradicionales: los que ocupan hoy SoyVenezuela y otras siglas sin contenido social.

Falcón evitó que el inmenso espacio abandonado por la MUD fuera convertido en algo similar a uno de esos agujeros negros que existen en el universo cuya atracción negativa hace desaparecer a todo lo que aparece en sus cercanías. Falcón mantuvo la línea de la MUD evitando que ella desapareciera tragada por su propia inercia. Gracias a la mantención de esa línea, la oposición podrá, al menos hipotéticamente, rehacer la continuidad con su pasado electoral frente a los desafíos que vienen por delante, todos electorales: la renovación de la AN, elecciones municipales y la amenaza de un revocatorio a los diputados de la AN propuesto por Diosdado Cabello.

Queda así demostrada la importancia que juega la existencia de un candidato en los procesos electorales. Y esa es la segunda lección para la MUD. Frente a una dictadura que adelanta o atrasa elecciones a su mera conveniencia, la disposición a unirse en torno a una persona (la política será siempre personalizada) deberá mantenerse siempre presente. Falcón ocupó el lugar del contrincante que no supo, no quiso o no pudo elegir la MUD, lugar del cual la política jamás deberá prescindir. Más todavía, dio, con sus modestas fuerzas, un poco de “calle” a la lucha política, contraviniendo a un abstencionismo que no llamaba a nada.

Por enésima vez ha sido probado que la lucha en las calles y la alternativa electoral son partes de una sola unidad. Elecciones sin calle, son un absurdo. Calle sin elecciones, lleva a enfrentamientos luctuosos con las fuerzas represivas. Incluso, el mismo Falcón, después de denunciar los atropellos en que había incurrido la dictadura durante el proceso electoral, señaló como posible perspectiva, la repetición de las elecciones. Su idea fue evidentemente, mantener el tema electoral en el centro de la acción. Pues, así como el abstencionismo es fuente de divisiones, las elecciones son fuente de unidad. Nunca la oposición ha estado más unida que durante las contiendas electorales. Nunca más desunida, cuando hace abandono de ellas. Haber mantenido la ruta electoral de la MUD aún en contra de la MUD fue el gran aporte de la candidatura de Falcón. Tarde o temprano la MUD, o lo que quede de ella, deberá agradecer a Falcón.

Como suele suceder, después de una debacle abundan los llamados a la unidad. La mayoría de ellos son insustanciales y no se refieren a objetivos determinados. Suelen ser simples frases piadosas para salir del paso. Por eso, al llegar a ese punto, cabe una reflexión. La unidad por la unidad no existe en política y en algunas ocasiones tampoco es deseable que exista. Para decirlo en clave de síntesis: la unidad es siempre unidad, si no de contrarios, por lo menos de “diversos”. En ese sentido mantener la unidad a cualquier precio puede ser incluso contraproducente y, como ya lo vimos en el caso de la MUD, puede llevar a la inacción. Pues probablemente no pocos dirigentes y activistas de la MUD no estaban de acuerdo con el callejón sin salida a que fueron llevados. Pero una mal entendida lealtad con sus partidos los condujo a la parálisis total. El caso de Henrique Capriles fue muy elocuente. Al renunciar a tomar posiciones definidas en aras de una unidad abstracta, debió expresarse en un lenguaje críptico, es decir, hacer justo lo contrario que debe hacer un líder: señalar vías y hablar más claro que el agua.

Las líneas de la política son siempre divisorias. En tanto la política incorpora a la contradicción, a la controversia y al debate, no la unidad sino la división es su principal característica. Más aún: la división es condición de unidad. Pues solo puede ser unido lo que está dividido. En ese sentido vale la pena hacer una diferencia entre dos términos muy distintos que suelen usarse como sinónimos: División y desintegración. Lo que hay que evitar en política no es la división sino la desintegración. Y la desintegración suele aparecer justo allí donde las líneas divisiorias no están claras. Y bien, el gran problema es que hoy la MUD no solo aparece dividida sino, además, en un abierto estado de desintegración. Así se explica por qué las diferencias políticas toman la forma de simples luchas personales. Una de las tareas que tiene por delante la oposición es retornar a la unidad en la diversidad, razón de ser de todas las grandes coaliciones políticas.

Maduro es derrotable. Su Talón de Aquiles es el voto popular, no la abstención. Por lo mismo, todos sus esfuerzos han estado dirigidos a desprestigiar al voto. Más aún cuando ya no cuenta con el apoyo de muchos de los que ayer fueron sus partidarios. La inmensa mayoría del país está en contra suya. Transformar a esa mayoría en gran fuerza electoral -la palabra electoral incluye la defensa de las elecciones cuando estas son negadas- es posible. Esa vía ya la mostró Falcón.

 

 

El mundo rechaza la reelección de Maduro por Notimex – Yoinfluyo.com – 21 de Mayo 2018

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue declarado hoy ganador de un controversial proceso electoral, de acuerdo con los primeros datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), que le dieron 67.7 por ciento de los votos frente 21 por ciento de su más cercano oponente, Henri Falcón.

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La presidenta del CNE, Tibisay Lucena, informó que Maduro ganó la contienda con 5.8 millones de votos, contra 1.8 millones que obtuvo Falcón, quien en declaraciones previas anunció que desconoce los resultados por un conjunto de irregularidades denunciadas durante la jornada.

Las elecciones se realizaron con el boicot de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y con la advertencia de que sus resultados no serían reconocidos por varios gobiernos de países de América y Europa.

Tras la publicación de los resultados, Maduro exigió respeto para los resultados de las elecciones y afirmó que invitará a dialogar a quienes votaron por la oposición y a quienes no votaron “por cualquier razón”.

El candidato opositor venezolano Henri Falcón desconoció hoy las elecciones en las que enfrentó al presidente Nicolás Maduro, cuya reelección fue proclamada por la autoridad electoral, debido a un conjunto de irregularidades, y reclamó nuevos comicios.

Falcón dijo que las elecciones correspondía hacerlas en diciembre y propuso una nueva elección en octubre, pero sin las irregularidades como la compra de votos.

“Es una obligación denunciar el acuerdo firmado sobre garantías electorales como incumplido por lo que no reconocemos este proceso como cierto, como realizado. No hubo elección y hay que hacer unas nuevas elecciones en Venezuela”, dijo en una rueda de prensa.

Falcón dijo que la compra de voto fue una estrategia generalizada en la jornada, por la operación de los llamados “puntos rojos” del oficialismo a unos metros de las instalaciones electorales.

El mundo comenzó a desconocer el resultado de los comicios presidenciales. En Chile el gobierno del país sudamericano desde ayer mismo desconoció la validez del proceso porque “no cumple con ninguno de los requisitos mínimos y necesarios para ser una elección democrática y transparente, conforme a los estándares internacionales.”

En un comunicado exhortó a convocar a un proceso electoral verdaderamente libre, con observación internacional, participación de todos los actores y sectores políticos, acceso igualitario a los medios de comunicación, finalización de los presos políticos y participación de todos los venezolanos que se han ido del país.

Además, condenó “profundamente las acciones que ha perpetrado la dictadura instaurada por Nicolás Maduro, que no respeta las libertades más elementales de sus ciudadanos y ha desencadenado una tragedia política, económica, social y humanitaria. Chile insta al Gobierno venezolano a respetar sus obligaciones bajo la Carta Democrática Interamericana.”

En Panamá, la Cancillería del país istmeño informó que desconoce los resultados electorales “por no considerar el proceso como democrático ni participativo.”

Esta mañana tocó al gobierno español hacer lo propio, y el presidente Mariano Rajoy afirmó que en las elecciones presidenciales celebradas ayer en Venezuela “no se han respetado los mínimos estándares democráticos”.

Al igual que el gobierno panameño, en su cuenta de Twitter, Rajoy criticó el proceso electoral que dio el triunfo a Maduro y advirtió que “España estudiará junto a sus socios europeos las medidas oportunas y seguirá trabajando para paliar el sufrimiento de los venezolanos”.

 

 

Henri Falcón desconoce el resultado que proclama a Maduro y llama a organizar nuevas elecciones por Alonso Moleiro – El País – 21 de Mayo 2018

El líder opositor denunció voto asistido y 13.000 ‘puntos rojos’, al lado, o dentro, de los centros electorales

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Antes de que la directora del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Tibisay Lucena, emitiera el consabido reporte que iba a dar ganador a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales venezolanas, su rival, Henri Falcón, realizó una comparecencia en la cual dejaba sentado que desconocía los resultados que iban a ser anunciados y exigía la celebración de nuevos comicios.

El pronunciamiento de Falcón fue el corolario de una larga espera, en la cual los periodistas presentes intercambiaban con sorpresa información sobre la magnitud de la abstención de la cita, que sin dudas es la más alta de todas las elecciones presidenciales organizadas en Venezuela en su historia, y que, de acuerdo a reportes extraoficiales filtrados de las propias entrañas del Poder Electoral, llegó al 68%. El Consejo Nacional Electoral reconoce una cifra de participación de 45%.

Los rumores de un presunto pacto de Falcón con Maduro estuvieron circulando de nuevo en la tarde. El anuncio de Falcón produjo una extraña sensación de tranquilidad, que alcanzó a sus detractores. Javier Bertucci, tercer candidato en disputa, también impugnó los procedimientos del chavismo durante la tarde.

“No reconocemos este proceso electoral como válido”, declaró Falcón frente a los medios desde la sede de su comando, instalado en el cuarto piso del Hotel Lido, en Caracas. Fue más allá: “Para nosotros no hubo elecciones, hay que hacer nuevas elecciones en Venezuela. No es un planteamiento, lo que venimos a hacer es un reclamo”.

Falcón fundamentó su actitud impugnadora señalando que, ni las autoridades del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ni los rectores del Consejo Nacional Electoral, ni los miembros de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana cumplieron con su palabra en el llamado Acuerdo de Garantías sellado con su comité de campaña, en el cual las autoridades se comprometían a velar por una campaña equilibrada, sin voto asistido y sin presiones indebidas, que incluyen acarreo de votantes, para el ejercicio del sufragio. Falcón señaló que los responsables aludidos, que no fueron nombrados, –Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena, y el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino- incumplieron con su palabra. Claudio Fermín, jefe del Comando de Falcón, dijo que contabilizaron al menos 900 irregularidades.

Falcon dijo que su comando detectó, al menos, 13.000 puntos rojos chavistas, 87% del total de los centros de votación, a escasos metros, e incluso dentro, de los centros electorales, haciendo proselitismo político, y sirviendo de soporte a “un proceso de compra de votos, en donde se juega con las necesidades de la gente en esta crisis”.

Cotejados, ubicados y transportados por el aparato chavista, los votantes escanean el carnet de la patria, para dejar sentado el ejercicio del sufragio y recibir dinero en transferencia a cambio. Falcón se quejó además de los estragos producidos por el voto asistido, que vulnera el secreto del sufragio y tuerce la voluntad popular.

El candidato presidencial cuestionó de nuevo la postura abstencionista que han observado casi todos los partidos opositores, pertenecientes a la MUD, a la cual atribuyó, de forma algo velada, su derrota, y argumentó que los mecanismos “perversos” del gobierno de Maduro, incluyendo sus delitos electorales, podían ser gestados con mayor facilidad en un contexto con pocos votos.

“Mientras más abstención, más posibilidades de control, de manejo absoluto de un Gobierno que está acostumbrado a esto, a la trampa, a la manipulación, la coacción, a la presión, a jugar con la dignidad de nosotros”, dijo.

A pesar de las críticas de Falcón, que dan continuidad a agrio debate en el universo de la disidencia democrática venezolana actual sobre la pertinencia del voto, el fin de la jornada de este domingo concluyó con las dos agendas de la oposición confluyendo al unísono sobre Nicolás Maduro, mandatario que sale muy debilitado de esta jornada, incluso ante sus partidarios, en la cual ha quedado electo con apenas 25% del padrón electoral, en medio de cuestionamientos por fraude y con altísima abstención. Maduro colecciona el desconocimiento de casi todas las naciones latinoamericanas y europeas, los Estados Unidos, Canadá, la oposición venezolana, incluyendo al clero, y los dos candidatos que compitieron con en la justa. La circunstancia podría aproximar posiciones entre los sectores opositores en discrepancia, en demanda de elecciones limpias, en los días que se avecinan.

Henri Falcón dijo que continuará su lucha para darle a la crisis venezolana una salida democrática y constitucional, y propuso el mes de Octubre como parámetro para organizar nuevas elecciones presidenciales, de carácter constitucional, bajo el entendido que las actuales ni siquiera fueron tales, y bajo el supuesto tácito de que él sería el de nuevo el candidato de la oposición.

 

Maduro se reelige como presidente con una abstención récord y en medio de denuncias de fraude por Francesco Manetto/Maolis Castro – 21 de Mayo 2018

La participación se sitúa en el 46%, según el CNE, y el principal aspirante opositor, Henri Falcón, desconoce los resultados
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Maduro se reelige como presidente con una abstención récord y en medio de denuncias de fraude; Henri Falcón denuncia compra de votos y presiones a los electores en Venezuela

Zapatero insiste en el diálogo e insta a la oposición a transmitir sus quejas al Consejo Electoral

Nicolás Maduro se reeligió este domingo hasta 2025 al frente del Gobierno de Venezuela con una abstención récord en unas elecciones presidenciales celebradas en ese país. Según los datos oficiales, difundidos por el Consejo Nacional Electoral, la participación alcanzó el 46%, aunque fuentes del organismo citadas por Reuters aseguran que al cierre de los colegios electorales, a las seis de la tarde, se situaba en el 32,3%. En las últimas presidenciales, celebradas en 2013, acudió a las urnas casi el 80% del censo. En esta ocasión, en cambio, ni siquiera se podía hablar de unos comicios en paridad de condiciones, ya que los principales partidos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ahora agrupados en el Frente Amplio, rechazaron la cita por carecer, aseguraron, de garantías democráticas. El único adversario real de Maduro -quien según la autoridad electoral ganó con casi seis millones de votos- era Henri Falcón, que obtuvo 1,8 millones de apoyos y desconoció públicamente los resultados denunciando irregularidades.

El mandatario había lanzado una advertencia a los venezolanos. “Votos o balas”, enfatizó por la mañana tras acudir a su colegio electoral, en el oeste de Caracas. El sucesor de Hugo Cháveztrataba de conjurar la abstención. Tras difundirse los resultados salió del palacio de Miraflores y compareció antes miles de seguidores. Habló de “victoria popular permanente”, destacó el margen con el que se impuso a Falcón -un 67,7% frente al 21,2%- y llamó al diálogo.

Maduro recalcó el acento en el carácter “histórico” de la jornada. No obstante, a lo largo del día, decenas de colegios electorales, incluso en los barrios populares, lucían semivacíos, cuando es habitual ver las aceras de Caracas ocupadas por largas colas de venezolanos a la espera de votar. También ocurría en Petare, con un alto porcentaje de militantes y simpatizantes chavistas y uno de los más poblados de la ciudad. “Me dijeron que hiciera la cola del carnet de la patria [un sistema que utiliza el Gobierno para tener un segundo registro de la participación] luego que votara y vine. Voté voluntariamente por Maduro. Creo en él porque yo espero que solucione la situación del país. Todo lo que ha pasado es culpa de la guerra económica”, mantenía uno de los escasos electores a esas horas, adhiriéndose así a la retórica utilizada por el oficialismo para justificar una hiperinflación que, según el Fondo Monetario Internacional, puede llevar a que los precios suban un 1.800.000% en dos años.

Ese es el argumentario exhibido por los aparatos del Estado. “¿Quién fue el gran derrotado de hoy? La abstención. Dijimos que la votación de hoy pasaría a la historia como una votación antiimperialista”, aseveró la presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Delcy Rodríguez. Horas antes, Neisa Calderón, pensionista de 65 años, exigía en cambio un giro profundo y se lamentaba de los procedimientos de control de la población instalados por las autoridades: “No sé por qué debo registrarme para el carnet de la patria, pero lo hago porque así creo que se puede validar mi voto. Voté porque quiero que cambie la situación en Venezuela. De otra manera no hallo cómo hacerlo”.

Movilizar militantes

Los cerca de 20 millones de ciudadanos inscritos en el censo se debatían entre votar y desconocer esta convocatoria como pedían, por ejemplo, las formaciones de los líderes opositores Leopoldo López (Voluntad Popular) y Julio Borges (Primero Justicia). De ahí que Maduro hiciera su llamamiento a primera hora, tratando de infundir miedo en la población y agitando el fantasma del enemigo exterior.

“Que digan lo que quieran de mí, pero es una ofensa al pueblo de Venezuela decir que aquí hay una dictadura”, afirmó. “Hoy Venezuela con este proceso electoral se encamina a una etapa de estabilidad política, estoy seguro, lo siento, lo veo. Llamo a todos los venezolanos, a todas las venezolanas, tu voto decide, voto o balas, patria o colonia, paz o violencia, independencia o subordinación”, continuó el mandatario. En medio de informaciones sobre una baja afluencia a las elecciones, Maduro hizo también una aparición por Facebook Live para solicitarle a su comando de campaña que garantizara el transporte de la militancia hacia las mesas de votación.

El presidente quiere usar los resultados para apuntalar su poder, aprovechando un sistema que basa su fortaleza electoral en las redes asistenciales. Ese era la meta central del chavismo, que convocó estas elecciones a principios de año con unas reglas del juego que, según la gran mayoría de la oposición, favorecen a las autoridades. En este contexto, millones de venezolanos, la mayoría, decidieron no participar. Otros votantes críticos con el oficialismo, en cambio, optaron por apoyar a Henri Falcón, el único competidor de peso, con la esperanza de visualizar un quiebre del régimen.

Los resultados de la votación, que están rodeados de denuncias de irregularidades y sospechas de fraude, muestran el alcance de la deriva de Venezuela, sumida en una terrible crisis económica, pero la participación más baja de la historia del país refleja también el respaldo de los planteamientos de la oposición. “A los venezolanos les imploro que no caigan en la desmoralización. Hoy Maduro es más débil que nunca antes. Estamos en la fase final de un ciclo trágico para nuestro país. Ha quedado expuesto y el mundo desconocerá el fraude hoy”, escribió Julio Borges en su cuenta de Twitter.

Este lunes se conocerán también las reacciones de las principales instancias de la comunidad internacional, muy críticas con esta convocatoria, con la Unión Europea, Estados Unidos y las potencias de América Latina a la cabeza. La Administración de Donald Trump reiteró que no piensa reconocer los resultados. El subsecretario de Estado de EE UU, John Sullivan, insistió en ello. “Tenemos que asegurarnos de que nos mantenemos en nuestro objetivo, que son los cargos corruptos del régimen, y no el pueblo de Venezuela”, afirmó.

 

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