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En Venezuela el coronavirus activó otra vez la amenaza del hambre por José Guerra – ALnavío – 21 de Marzo 2020

La pandemia del coronavirus agarró a Venezuela inmunosuprimida. Es tal el estado de vulnerabilidad y precariedad que los efectos del virus todavía no se han sentido, pero lamentablemente se van a hacer evidentes con los días por venir. Las medidas de resguardo personal y el distanciamiento social, expresado en cuarentenas, tal como se ha aplicado, pueden ayudar a contener la propagación de la enfermedad. Pero crean otros problemas. El más importante es el hambre que amenaza a los venezolanos.
El circuito de suministro está severamente afectado y los inventarios son muy bajos / Foto: FANB

El circuito de suministro está severamente afectado y los inventarios son muy bajos / Foto: FANB

Los hechos son contundentes. En primer lugar, a un país que consume pero no produce ni importa le acecha el hambre. Venezuela sufre una especie de shock económico debido a que una buena parte de la fuerza de trabajo está recluida en su casa sin poder trabajar, en acatamiento a las medidas de prevención. No es fácil prescindir de trabajadores esenciales sin que ello tenga un efecto en la cadena de producción y distribución de los bienes.

En segundo lugar, el circuito de suministros de bienes finales y materias primas está severamente afectado y los inventarios son muy bajos. Las empresas industriales del estado Miranda que mantienen inventarios normales de entre tres y cuatro semanas, actualmente registran acopios de entre cinco y 10 días. Países proveedores como Rusia y Turquía, entre otros, están privilegiando sus mercados internos. Por su parte, los productores locales de insumos primarios como maíz y arroz se encontrarán con obstáculos insalvables a mediano plazo para surtir a los industriales. La gran mayoría de los hogares no cuenta con suficiente despensa para cinco días adicionales de cuarentena.

En tercer lugar, la gasolina muestra un nivel precario de producción en las principales refinerías. En particular el Complejo Refinador Paraguaná está operando a un nivel cercano a los 50.000 barriles diarios pero aún con un mercado interno disminuido la demanda es 150.000 barriles diarios y las importaciones se han restringido sustancialmente. De allí que la escasez de combustibles sea evidente, afectándose de esta manera la movilidad de personas y bienes, especialmente el transporte que moviliza hacia Caracas los vegetales, la carne y los lácteos.

En cuarto lugar, la caída abrupta del precio del petróleo tendrá una incidencia demoledora sobre el flujo de caja del fisco y del Banco Central de Venezuela (BCV). Actualmente el precio de la cesta venezolana promedio se ubica en 20 dólares por barril. A ese precio, la producción de muchos crudos deja de ser rentable, como es el caso de la Faja del Orinoco, justamente donde se concentra más de la mitad de la producción nacional.

Hoy, en Venezuela la única firma de lograr un abastecimiento adecuado para alimentar a una población confinada en sus casas es con importaciones masivas y éstas no existen. El hambre amenaza.

Y en quinto lugar, las reservas internacionales están en su mínimo histórico y el crédito internacional está cerrado para Venezuela. El nivel de reservas internacionales se sitúa en 6.900 millones de dólares y la parte líquida no llega a 1.200 millones de dólares, lo que significa una restricción fundamental para la capacidad de importar. Desde que Nicolás Madurodeclaró el default de la deuda externa en noviembre de 2017, el crédito externo que antes fue abundante, desapareció y con ello la posibilidad de contar con ahorro externo para suplir el déficit local de divisas.

Hoy, en Venezuela la única firma de lograr un abastecimiento adecuado para alimentar a una población confinada en sus casas es con importaciones masivas y éstas no existen. El hambre amenaza.

Venezuela, de la riqueza al hambre por María Yanes – El Nacional – 17 de Diciembre 2019

Nunca, como en estos  veinte años de pesadilla, se han despilfarrado tanto las riquezas que tiene nuestra hermosa Venezuela.

Pudiéramos decir que es el país con mayores riquezas naturales del continente, que van más allá de grandes reservas de petróleo, la más conocida de todas y cuya rentabilidad ha bajado de manera significativa por la desarticulación de la empresa estatal de todos conocida y que fue un puntal a nivel de Latinoamérica y en el mundo. A esto se suman las bondades del Arco Minero, conteniendo en su suelo grandes riquezas como oro, coltán, diamante, cobre, hierro, bauxita y pare usted de contar.

Durante los primeros años de este “gobierno” se manejaron grandes cantidades de dinero producto del alza del precio del barril de petróleo, nunca vista en la historia republicana de Venezuela. Hoy día  vemos con profunda tristeza e impotencia cómo la corrupción y el despilfarro nos convirtió en un país de hambre.

La crisis alimentaria, que se ha profundizado en los últimos cinco años, está causando estragos sobre todo en nuestras poblaciones más vulnerables: los niños, las embarazadas y los ancianos. Algo preocupante en los actuales momentos y que se agudizó de nuevo este año es la desnutrición crónica en sus grados de moderada y severa.

Expertos en el área de nutrición pertenecientes a instituciones reconocidas, como la Fundación Bengoa, han resaltado en sus últimos trabajos que de 30% a 35% de los niños en nuestras comunidades presentan desnutrición crónica. Una situación muy grave por las consecuencias que esto tiene en el desarrollo cognitivo, en la memoria y el aprendizaje, lo que incide de manera directa en la baja escolaridad.

Otro hecho importante es que la desnutrición se ha desplazado a niños menores de 2 años, incluso de 6 meses y hasta en etapa neonatal, lo que ha incrementado la mortalidad en este período de la vida. Esto es producto de que nacen de madres que están igualmente desnutridas y sobre todo de adolescentes que presentan un cuadro severo de anemia. Estudios recientes, también de la Fundación Bengoa, han demostrado que 65% de las mujeres embarazadas en las comunidades tiene anemia.

¿Cómo puede nacer un niño sano, a término, con peso y talla en el rango normal que se espera en la etapa neonatal? El producto de estos embarazos son niños prematuros, de muy bajo peso, con riesgo extremo de morir al nacer. De esto no se escapa otra población vulnerable, como es la correspondiente a las personas de la tercera de edad. En este caso, organizaciones no gubernamentales serias y de gran credibilidad, como Convite, han realizado encuestas a grupos poblacionales en este rango de edad con muestras significativas y a nivel nacional, las cuales han demostrado que 77% de las personas mayores no tiene acceso a suficientes alimentos y 3 de cada 5 se acuestan regularmente con hambre.

En los ancianos, sobre todo en aquellos que pertenecen a los estratos sociales en los que predomina la pobreza, se está viendo una pérdida importante de la masa muscular. Se han convertido en personas muy enflaquecidas y con un cuadro de desnutrición importante, con el inminente riesgo de adquirir enfermedades como la tuberculosis.

La situación en el interior del país es más crítica, sobre todo con el subsidio que da el «gobierno» con las famosas bolsas CLAP, ya que el contenido de estas se ha visto mermado con relación a la cantidad y la calidad de los alimentos.

Puede que haya más abastecimiento de alimentos de manera general, pero el precio dificulta la posibilidad de disponer de ellos, sobre todo en aquellas personas que no reciben este aparente beneficio del régimen relacionado con los CLAP.

La ayuda humanitaria que ha entrado a través de la Cruz Roja Internacional o Unicef relacionada con los suplementos alimenticios no le llega a las poblaciones más necesitadas como a los niños desnutridos, no se ha priorizado este tipo de ayuda. Como se tiene que canalizar a través del “gobierno”, se ha conocido que los reparten en plazas públicas de manera indiscriminada y con fines de proselitismo político.

En Venezuela hay dos realidades: un pequeño porcentaje de ciudadanos, que conocemos, que tiene todas las facilidades a mano; y la inmensa mayoría de la población, más de 80%, que la sufre y que tiene que luchar e ingeniársela para poder sobrevivir cada día que pasa.

Students Fainting From Hunger in Venezuela’s Failing School System by Anatoly Kurmanaev and Isayen Herrera – The New York Times – 30 de Noviembre 2019

BOCA DE UCHIRE, Venezuela — Hundreds of children filed into their school courtyard to hear a local Catholic bishop lead prayers for their education.

“We pray for the youths who are on the streets and can’t come to school,” said Bishop Jorge Quintero, addressing the Augusto D’Aubeterre Lyceum school in the beach town of Boca de Uchire on a steamy morning in October. “There are a lot of them.”

By the end of the 15-minute ceremony, five children had fainted and two of them were whisked away in an ambulance.

The faintings at the primary school have become a regular occurrence because so many students come to class without eating breakfast, or dinner the night before. In other schools, children want to know if there is any food before they decide whether to go at all.

Venezuela’s devastating six-year economic crisis is hollowing out the school system — once the pride of the oil-rich nation and, for decades, an engine that made the country one of the most upwardly mobile in the region. These schools in the past provided children even in remote areas with a solid shot at the country’s best universities, which in turn opened doors to top American schools and a place among Venezuela’s elite.

Hunger is just one of the many problems chipping away at them now. Millions of Venezuelans have fled the country in recent years, depleting the ranks of students and teachers alike. Many of the educators who remain have been driven from the profession, their wages made nearly worthless by years of relentless hyperinflation. In some places, barely 100 students show up at schools that once taught thousands.
Teachers carry a student who fainted.
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

The collapse of the education system in Venezuela is not only condemning an entire generation to poverty, but risks setting the country’s development back decades and severely stunting its growth potential, experts and teachers say.

“An entire generation is being left behind,” said Luis Bravo, an education researcher at the Central University of Venezuela in Caracas. “Today’s education system doesn’t allow children to become meaningful members of society.”

The government stopped publishing education statistics in 2014. But visits to more than a dozen schools in five Venezuelan states and interviews with dozens of teachers and parents indicate that attendance has plummeted this year.

Many schools are shuttering in the once-wealthy nation as malnourished children and teachers who earn almost nothing abandon classrooms to scratch out a living on the streets or flee abroad.

Middle school students during class.
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

It is a major embarrassment for the self-proclaimed Socialist government, which has long preached social inclusion. The situation is in sharp contrast to countries that Venezuelan leaders have held up as role models — Cuba and Russia — both of which have managed to shelter the primary education system from the worst effects of a comparable downturn in the 1990s.

Students began skipping school in Venezuela shortly after President Nicolas Maduro came to power in 2013. A fall in the price of the country’s main export, crude oil, combined with Mr. Maduro’s ill-timed effort to double down on price and currency controls sent the economy into a recession from which it has not yet emerged.

Some Venezuelan children are staying home because many schools have stopped providing meals or because their parents can no longer afford uniforms, school utensils or bus fares. Others have joined parents in one of the world’s biggest displacement crises: About four million Venezuelans have fled the country since 2015, according to the United Nations.

Screen Shot 2019-12-01 at 7.14.14 PM.png
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

Thousands of the country’s 550,000 teachers did not show up to classes when schools reopened in September, according to the national teachers’ union, ditching their $8 a month wages to try their luck abroad or in Venezuela’s booming illegal gold mines.

In Venezuela’s most-populous state of Zulia, up to 60 percent of about 65,000 teachers have deserted in recent years, according to estimates by Alexander Castro, head of the local teacher’s union.

“They tell us that they prefer painting nails for a few dollars than work for a minimum wage,” Mr. Castro said.

To keep schools going, the remaining teachers often teach all of the subjects or combine different school years in one classroom. Nearly all of the one dozen schools visited have slashed working hours; some open for only a day or two a week.A worker plants bananas and plantains on an old half-built stadium outside the Augusto D’Aubeterre Bolivarian school.

Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

In the village of Parmana in Venezuela’s central plains, only 4 out of 150 registered students attended school in October. The four students, of varying ages, sat in the same dilapidated classroom without electricity, practicing everything from the alphabet to algebra as the school’s sole remaining teacher tried to encourage them with a dejected smile.

The rest of the village’s children have joined their parents in the fields and fishing boats to help feed their families.

In the country’s second biggest city of Maracaibo, a sign outside a dilapidated school without electricity recently read: “Please come to classes, even without uniforms.” The children ask teachers at the entrance if there is food before deciding whether to come in.

Maracaibo’s biggest school no longer has any functioning bathrooms. It was designed for 3,000 students; only 100 now show up.

Half of the teachers didn’t return to work after the summer holidays to a school in the town of Santa Barbara outside the capital of Caracas, forcing the principal to enlist parent volunteers to keep the classes going.

Children ask for free fish from a fisherman as he unloads a catch from the day in Boca de Uchire
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

On the other side of the capital, in the town of Rio Chico, most of the rooms in a local school are boarded up for lack of students and teachers. When the remaining pupils arrive, they first ask the whereabouts of the school’s cook, the teachers said.

Mr. Maduro’s mentor and predecessor, Hugo Chávez, made the expansion of public education one of the pillars of his popular “21st Century Socialism” campaign.

For a decade until 2013, the country made steady improvements in school enrollment thanks to generous school meals and handouts of food, utensils and cash to parents and children. Mr. Chavez built hundreds of new schools.

Mr. Chavez’s populist policies, however, had focused more on the quantity of students in school rather than the quality of the education. Then, as the country’s coffers ran dry, his government’s educational progress unraveled.

Yuxi Caruto, 17, feeds her daughter with watered cornmeal during lunch. Ms Caruto is a single mother who is also caring for a neighbor’s children, after she left to find a job in the city.
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

As attendance collapsed, Mr. Maduro continued to claim his government was focused on education spending despite the “brutal economic war” waged by his enemies.

“In Venezuela, not one school has closed or will ever close, not one classroom,” the president said in a televised address in April. “We will never deny access to education.”

To boost the ranks of teachers, Mr. Maduro in August promised to send thousands of the ruling party’s youth members to the classrooms. Education experts say few of these untrained activists will add any pedagogical value or even make it to schools.

At the same time, Venezuela’s pool of real teachers is drying up. The number of graduates at Venezuela’s main teacher training center, the Libertador Experimental Pedagogical University, fell 70 percent from 2014 to 2018.

Venezuelan teachers have been among the worst affected by the country’s economic collapse, as gross domestic product shrank by two thirds since 2013 and minimum wages fell to $8 a month.

School workers protested outside the Ministry of Education last month.
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

Mr. Maduro’s de facto dollarization of the economy this year allowed many public employees in Venezuela to supplement their official salaries in nearly worthless local currency, by charging in dollars for their services.

His backdoor liberalization of Venezuela’s controlled economy, however, brought little benefit to public schoolteachers in poor communities, whose pupils’s families have little access to foreign currency.

In Boca de Uchire, the Caruto family has stopped sending its nine children to a nearby school when the cafeteria doesn’t open.

“I can’t send them to class hungry,” said José Luis Caruto, a 36-year-old unemployed father of two.

His sister, Yuxi Caruto, 17, was the last in the family to drop out from school, discouraged by the unaffordable bus fare. She tried taking up studies again at a local community center, but its teachers stopped showing up after two weeks of classes.

She now spends her time taking care of her 1-year-old son.

“I want to learn to do the math and read and write rapidly. I’m scared that when my son grows and starts asking questions, I won’t know how to respond. But right now, we don’t even have enough to eat.”

An empty classroom in Maria de Lourdes Tamayo Gil Elementary school.
Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

Sheyla Urdaneta contributed reporting from Maracaibo, Venezuela.

Venezuela, el país donde más ha subido la desnutrición entre 2016-2018 – Summarium – 12 de Noviembre 2019

El hambre aumentó en América Latina en 2018 y afectó a 42,5 millones de personas, el 6,5 % de la población de la región, en la que también se incrementó la inseguridad alimentaria y la obesidad sigue siendo un desafío prioritario, advirtió este martes la FAO.

Los 42,5 millones de latinoamericanos que padecieron hambre en 2018 suponen un alza de 4,5 millones respecto al mínimo de 38 millones que se reportó en 2014, subrayó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Ese aumento es atribuible casi en su totalidad a los países suramericanos, donde el número de personas subalimentadas creció en 4,7 millones en el lapso de cuatro años.

Las cifras forman parte del informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2019”, elaborado junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (WFP).

El informe, difundido este martes en la sede regional de la FAO, en Santiago, destaca que Haití es el país de la región con más hambrientos, prácticamente la mitad de su población (49,3 %).

En términos absolutos, Venezuela es el país donde más ha subido la desnutrición, que pasó de 2,9 millones de personas entre 2013-2015 a 6,8 millones en el periodo 2016-2018.

El análisis de las cifras por país refleja una gran heterogeneidad en la lucha contra el hambre. Entre los países que la redujeron sobresale Colombia, que pasó de 3,6 a 2,4 millones de personas en los dos últimos trienios, y México, Bolivia y República Dominicana.

Los países con un menor porcentaje de desnutridos, por debajo del 2,5 % de la población, son Brasil, Cuba y Uruguay. Chile está cerca de este grupo con una prevalencia del hambre del 2,7 %, precisó el informe.

Además del hambre, el sobrepeso y la obesidad se han convertido estos últimos años en el principal desafío en materia de seguridad alimentaria.

Según datos de la FAO, el 24 % de la población en Latinoamérica, unas 105 millones de personas, padece obesidad, prácticamente el doble que el promedio mundial, que es del 13,2 %.

Por cada persona que sufre hambre en América Latina y el Caribe, más de seis sufren sobrepeso u obesidad, un problema que está aumentando en todos los grupos de población, especialmente en adultos y niños en edad escolar. EFE

Más de 6 millones de venezolanos están desnutridos según la FAO – Yo Soy Venezolano – 12 de Noviembre 2019

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«Haití es el país de la región con más hambrientos, prácticamente la mitad de su población (49,3 %), aunque en términos absolutos, Venezuela es el país donde más ha subido la desnutrición, que pasó de 2,9 millones de personas entre 2013-2015 a 6,8 millones en el periodo 2016-2018».

Las cifras forman parte del informe «Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2019», elaborado junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y presentado este martes en la sede regional de la FAO, en Santiago.

Entre los países que redujeron el hambre destaca el caso de Colombia, que pasó de 3,6 a 2,4 millones de personas en los dos últimos trienios.

Los países con un menor porcentaje de desnutridos, por debajo del 2,5 % de la población, son Brasil, Cuba y Uruguay. Chile está cerca de este grupo con una prevalencia del hambre del 2,7 %, precisó el informe. /Con información de EFE/

El hambre en Venezuela, lejos de todo lo conocido en América Latina – Reporte Confidencial – 30 de Julio 2019

Venezuela vive una “crisis crónica y de instalación lenta”, que tras más de una década de políticas erradas, expropiaciones y corrupción se resume con dos cifras aterradoras en medio de la emergencia humanitaria: casi siete de sus 30 millones de personas pasan hambre en un país que hoy solo es capaz de disponer de un tercio de los alimentos necesarios para satisfacer las necesidades básicas. Así lo reseña lanacion.com.ar

Todo comenzó con la ley de expropiación de tierras promulgada por Hugo Chávez en 2007, que sumada a los cambios de modo de producción buscaban el control social soñado por el “comandante supremo” para eternizar su revolución bolivariana. El efecto colateral fue otro: horadaron el sistema alimentario de un país donde el 80% de sus habitantes reportan ingresos insuficientes para acceder hoy a la canasta básica alimentaria.

A la ecuación revolucionaria se le comenzaron a descuadrar los números desde el primer día. El resultado hoy es una hipérbole de tal tamaño que cuesta creerlo: una familia necesita 65 salarios mínimos mensuales simplemente para alimentarse, según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas).

En total, 2.625.000 bolívares cuando el salario mínimo es de 40.000, lo que traducido en dólares son 328 cuando solo se cobran 5 mensuales, a la espera de nuevas subidas gubernamentales y del descuento de la irrefrenable hiperinflación.

“El hambre creciendo impune durante 10 años, menguando a niños que ya enterramos, que se tuvieron que ir (diáspora de cinco millones de personas) o que dejaron de crecer (según Cáritas, un tercio de los niños sufre retardo en el crecimiento y rezago cognitivo)”, acusa Susana Raffalli, una de las principales expertas en nutrición del país.

Expropiaciones de empresas y nacionalizaciones en el campo, la consiguiente caída de la producción, la disminución de la oferta alimentaria que acabó convirtiéndose en escasez, la dependencia de las importaciones y el proceso inflacionario que todavía aterra a los venezolanos se fueron sumando como factores claves para llegar al hambre de hoy. Todos ellos incluidos en un esquema de corrupción que devoró decenas de miles de millones de dólares y que ha llevado a Estados Unidos a sancionar a tres hijastros de Nicolás Maduro; a quien creen es su testaferro (el empresario colombiano Alex Saab); al general Carlos Osorio, quien estuvo al frente del Ministerio de Alimentación, o al exministro Freddy Bernal, entre otros muchos.

“El componente nacional del sistema alimentario venezolano llegó a cubrir más del 70% de la demanda agregada de alimentos, hasta que comenzó la estatización y la corrupción con las importaciones”, profundiza Raffalli para salir al paso de las últimas apreciaciones del presidente de la FAO, José Graziano da Silva, empeñado en disculpar a su organización de la estrecha relación mantenida durante años con el gobierno de Caracas.

“Tenemos un país que debería disponer de 36 kilos de alimentos por mes y persona, distribuidos en 87 rubros, y solo consigue 13 kilos concentrados en seis rubros. Una persona, de acuerdo con la dieta prototipo nacional, debería consumir 75 gramos de proteína por día y hoy consume apenas 18 gramos”, constata Edison Arciniega, director ejecutivo de Ciudadanía en Acción.

Este activista mantiene que la crisis nutricional es un iceberg donde solo se ve la falta de abastecimiento y la desnutrición, pero que por debajo esconde una falla estructural de todo el aparato productivo: la agroindustria solo suministra el 8,1% de su capacidad instalada (170.000 toneladas métricas de 2,1 millones posibles). El derrumbe revolucionario se ha llevado por delante las maquinarias (déficit de repuestos y de nuevos equipos es del 92%), el sistema de transporte de carga (solo funciona el 23%), la capacidad portuaria (cuatro barcos mensuales), el agro animal (reducción del 63%) y el agro vegetal (caída del 77%).

El zar de la economía de Maduro no puede con la economía por Zenaida Amador – ALnavío – 14 de Octubre 2019

La economía venezolana al cierre de 2019 será 60% más pequeña que en 2013. Sólo este año, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el PIB experimentará una contracción de 35%. A la par de esto, el país sigue sumido en un agresivo proceso inflacionario con una variación de precios de 50.100,3% entre octubre de 2018 y septiembre de 2019 y, según la FAO, 6,8 millones de venezolanos padecen hambre. Las proyecciones de organismos internacionales y de firmas privadas indican que el panorama no será diferente en 2020.
Tareck El Aissami: “Estamos en plena fase de recuperación económica” / Foto: Presidencia
Tareck El Aissami: “Estamos en plena fase de recuperación económica” / Foto: Presidencia

Pero Tareck El Aissami, vicepresidente del Área Económica de Nicolás Maduro, opina diferente. “Estamos en plena fase de recuperación económica (…) Estamos generando mayor riqueza y diversificando nuestra economía”, aseguró a finales de agosto.

Vale decir que desde 2018 El Aissami ha trabajado en la búsqueda de opciones para evadir las sanciones internacionales al régimen de Maduro. Eso incluye rutas alternas para los flujos de dinero y de mercancías, así como la identificación de intermediarios y de otras figuras a través de las cuales efectuar las operaciones que buena parte del sistema financiero global le impide.

Más recientemente dijo que “2019 ha sido el año de fuego para forjar nuestro carácter revolucionario de cara a las nuevas victorias de los tiempos futuros”, por lo que augura que “2020 es el año definitivo hacia el despegue y el crecimiento económico real”.

Sus afirmaciones parecen no tener asidero alguno. Así lo sienten los ciudadanos, así lo reflejan las estadísticas disponibles. Pero eso no le importa al régimen.

El Aissami, como Maduro, mantiene el mismo discurso desde mediados de 2018 -cuando asumió el liderazgo del área económica- alternando entre las promesas de un mañana mejor que nunca llega y las acusaciones a mansalva de que los problemas son fruto de la guerra económica, de los ataques de la derecha y del imperialismo, pero jamás su responsabilidad. Su único objetivo es garantizar la sostenibilidad del régimen en el poder.

Protagonista de fracasos

Recién llegado a su nuevo cargo a El Aissami le tocó liderar lo que sería el gran programa de medidas económicas de Maduro, anunciado al país el 17 de agosto de 2018 y que, días más tarde, se complementó con una reconversión monetaria que borró cinco ceros a la moneda.

“La recuperación del poder adquisitivo real del pueblo, el estímulo a la producción nacional, la estabilidad de los precios, son parte de los objetivos del programa de recuperación, crecimiento y prosperidad económica”, afirmó entonces. Ninguno de los puntos se ha cumplido a la fecha porque no se corrigieron los problemas de fondo que, entonces y ahora, mantienen al país en recesión e hiperinflación.

En aquel momento El Aissami asumió la fijación de precios como su bandera. Instaló mesas de trabajo con los empresarios donde les notificaba “precios acordados” que debían poner a los productos y que, en muchos casos, no tomaban en cuenta los costos de producción, por lo que terminaban quedándose en el papel. Para imponerlos tomó medidas radicales, como la ocupación temporal de varios mataderos en el país, lo que dio paso a una aguda escasez de carne.

De forma vehemente ordenó inspecciones, fiscalizaciones y señaló públicamente a diversas empresas y sectores por incumplir los precios acordados. Todo era parte de una gran cortina de humo que no servía para atender ninguno de los graves problemas del país, pero que sí le permitió transitar meses convulsos donde el malestar social ponía al país al borde de un estallido.

Ahora, cuando el sector industrial privado opera al 19% de su capacidad instalada sin garantías de insumos ni de materias primas, cuando el sector comercio y servicios estima que ha perdido cerca de 45% de su tejido y cuando el consumo registra una contracción de 40%, El Aissami permite que -en general- los precios respondan a la dinámica del mercado.

A veces, cuando la circunstancia política lo demanda, el tema vuelve al tapete y hacen amagos de retomar la línea dura. “Señor vicepresidente (El Aissami), lo encargo a usted para que establezca de manera permanente, con información al pueblo, el sistema de precios acordados y justo actualizado; es una orden de pleno cumplimiento y de protección al pueblo”, le recordó Maduro a inicios de septiembre en medio de un evento donde intentaba mostrar en cadena nacional de radio y televisión que el aparato productivo del país sigue activo y que existe capacidad para atender las necesidades alimenticias de la población. El Aissami anotó la instrucción en su cuaderno y hasta allí llegó el tema.

Por más de un año El Aissami también ha estado al frente de varias vueltas de tuerca del fracasado sistema de control cambiario hasta que dio paso al esquema actual, más flexible, pero que ni atiende las necesidades reales de la economía ni termina con las restricciones de fondo. El esquema ha servido para que el régimen venezolano circule parte de los recursos que levanta con la venta de oro y otras operaciones, y para estimular el florecimiento de una economía alternativa e informal, plena de productos importados y de alta gama, que poco o nada tiene que ver con la realidad del país, donde 80% de la población vive en condiciones de pobreza.

El eslabón

Pero desde el punto de vista estratégico, El Aissami ha sido una pieza clave en la coordinación del manejo de la coyuntura de la mano con los aliados de Maduro para darle a su régimen las bocanadas de oxígeno necesarias para sostenerse.

Buena parte de la gestión del oro que se extrae del Arco Minero, de su movilización hacia el Banco Central de Venezuela y de las operaciones que se pactan desde allí, son materias de la Vicepresidencia del Área Económica. Se trata de la nueva fuente de ingresos alternativa de la que nadie rinde cuentas y que sirve para engranar una nueva ingeniería financiera.Según la FAO, 6,8 millones de venezolanos padecen hambre / Foto: EFE

Vale decir que desde 2018 El Aissami ha trabajado en la búsqueda de opciones para evadir las sanciones internacionales al régimen de Maduro. Eso incluye rutas alternas para los flujos de dinero y de mercancías, así como la identificación de intermediarios y de otras figuras a través de las cuales efectuar las operaciones que buena parte del sistema financiero global le impide.

El objetivo ha sido establecer un sistema alterno, preferiblemente a través de Asia y Europa, para compensar el desmantelamiento de las corresponsalías bancarias, apelando también a acuerdos que generen flujos en euros, yuanes o rublos, que el régimen pueda disponer, con baja trazabilidad y control.

En este sentido, ha estado trabajando en conexiones con Rusia, China, India y Turquía. Con esta última gestionó de forma directa los tratos para la venta de oro, donde se han movido más de 1.000 millones de dólares desde inicios de 2018, operaciones que se han traducido en la llegada de productos turcos al mercado y, entre otras cosas, de euros en efectivo para alimentar las mesas cambiarias.

Si bien El Aissami ejerce su rol ante tales interlocutores, está altamente limitado para relacionarse con otros mercados y desempañarse en otros escenarios por las sanciones personales que le han sido impuestas. Es, además, uno de los 10 prófugos más buscados por narcotráfico según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos.

Holodomor por Bernardino Herrera León – TalCual – 3 de Septiembre 2019

Holomodor significa “matar de hambre” en ucraniano. Con esa palabra, el escritor Oleksa Musienko identifica uno de los tantos genocidios del siglo XX. En ese caso, el que llevó a cabo el régimen dirigido por Joseph Stalin para aplastar la resistencia del campesinado contra la colectivización, entre 1932 y 1933. Los archivos oficiales de la Unión Soviética, aunque reconocen un millón y medio de muertes, niegan tal holocausto. Pero los cálculos de El libro negro del comunismo, escrito por excomunistas franceses, lo estiman en diez millones de víctimas. En Ucrania la tragedia se conmemora el cuarto día de cada noviembre y se admite la aterradora cantidad de 7 millones de seres humanos.

Quienes por distintas razones hemos experimentado el malestar que se siente luego de más seis horas sin probar bocado, tenemos idea de lo extremadamente doloroso que es padecer hambre. Morir de hambre no es como un infarto o una enfermedad respiratoria, que mata rápidamente. El hambre mata de muchas formas en una larga agonía que en promedio puede durar dos intensos meses. En dos días de mal comer se agota la glucosa. En dos semanas, quemamos toda nuestra grasa. El tiempo restante, consumimos todas las proteínas y el tejido de masa muscular. Esta última fase es sumamente dolorosa pues el cuerpo, literalmente, se come a sí mismo. La hambruna es una muerte fácil de ocultar, difícil de calcular, pues se disimula en multitud de enfermedades cotidianas, de epidemias y de pandemias.

En las guerras del pasado, la hambruna fue un “arma de guerra”. Efectiva para forzar la rendición incondicional de los vencidos. Su uso es más frecuente, a medida que retrocedemos en el tiempo, cuando la moral humana se debilita en la barbarie. La relación competitiva entre grupos humanos diferentes fue de una inenarrable brutalidad. Pero una cosa es el uso de la hambruna como arma de guerra y otra la crueldad con se aplicaban premeditadamente estos “métodos” para castigar a enemigos ideológicos o religiosos.

El 26 de agosto de 1789, fue aprobada la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” por una Asamblea Nacional Constituyente, en Francia. Unos años antes, la declaración de independencia norteamericana consagraba también sus principios básicos: justicia, bienestar general y libertad. En aquellas formidables ideas ya se repudiaba el genocidio. Poco después, vendrían los tratados de regularización de las guerras, que intentaban disminuir la brutalidad contra los vencidos. Garantizar la vida de quienes se rindieran resultó ser un incentivo para reducir el costo material y humano de las guerras. Pero será desde el 8 de agosto de 1945, cuando se instituye por primera vez el concepto de “crímenes contra la humanidad”, predecesor de otro más elaborado Estatuto de Roma, de 17 de julio de 1998. Desde entonces, los genocidios son condenados y apenas procesados por una aún incipiente justicia internacional.

Todo el peso de este marco moral histórico, toda esta jurisprudencia, hacen mucho más grave el caso de la tragedia venezolana. A un siglo del Holidomor ucraniano, el régimen chavista lleva a cabo otro espantoso genocidio, exterminando a la población de su nación por hambruna, desasistencia médica, altas tasas de homicidios y ejecuciones extrajudiciales masivas, entre otros “métodos”.

El éxodo masivo terminaría de completar el ajuste demográfico que, estiman, sería el ideal para mantenerse en el poder, a bajo costo. Su plan consiste en reducir la demanda social y facilitar el control represivo sobre potenciales brotes de rebeldías y estallidos sociales. Por el momento es imposible calcular el costo en vidas.

Todas estas gravísimas afirmaciones ya se observan a simple vista. La premeditación y la alevosía del régimen chavista se confirma por su persistente negación de la crisis. Su discurso, completamente divorciado de la realidad niega la gravedad extrema de lo que sucede. Su empeño en culpar a otros de este desastre es su recurrente negacionista más usado. Antes la “guerra económica”, ahora el “bloqueo”. No bastaron 20 años en el poder, ni los más abundantes recursos jamás percibidos en nuestra historia para alcanzar una supuesta independencia económica de los Estados Unidos. Sabemos que tal dependencia no era tal. Son argumentos completamente falsos.

Es crucial para las fuerzas democráticas que aun sobreviven en el país, y fuera de él, que pongamos en perspectiva esta nueva fase de la tragedia venezolana. La actual crisis humanitaria no es resultado de un mal gobierno. Tampoco del fracaso de una política económica. Este caos es premeditado. Es inducido. Planificado con fría y extrema crueldad. Propia de mentes enfermas, embriagadas de poder y de odio político y social.

Con la dictadura chavista no cabe un “perdónalos señor, que no saben lo que hacen…”. Ellos, sí saben, y muy bien, lo que hacen. Monitorean a diario el avance de su siniestro plan. Es de extrema importancia tomarlo en cuenta, sobre todo, para desmontar el discurso de los teóricos “cohabitacionistas”, que definen al chavismo como un grupo político más, al que simplemente hay que relevar del poder.

No lo es. Desde sus orígenes, el chavismo conspiró militar y clandestinamente. La antipolítica, el odio a la democracia está en sus genes. Lo demuestran ahora de forma cruel, brutal y devastadora.

La dirigencia opositora no parece caer en cuenta de este drama tan real como grotesco. Está ocupada en una especie de campaña electoral. Sus dirigentes muestran risas de alegría. No sabemos dónde las obtienen.

No nos damos cuenta. Nos acostumbramos a ver gente comiendo de la basura. A dejar que algunos ancianos, mujeres y niños coman de las sobras que dejamos en los restaurantes. A dar trozos de pan a niños en situación de calle. A observar los cuerpos famélicos deambulando por las calles. Ya es común oír llantos de hambre en las esquinas.

Aún no se percibe la crudeza del impacto de la primera fase de la hambruna venezolana. Pero, este último salto hiperinflacionario, que ahora se desata súbitamente, impactará muy rápido. La población que ya arrastra carencias nutricionales se verá de pronto sumergida en una nueva ola masiva de hambruna severa. Comer un bocado al día será un milagro. Las enfermedades acechan.

Como Oleska Musienko con el Holodomor, habrá que bautizar del algún modo, uno de estos días, a esta espantosa tragedia venezolana.

Esto de Maduro no es una dictadura por Paciano Padrón – El Imparcial al día – 20 de Agosto 2019

Por supuesto que el régimen criminal que todavía hoy somete a Venezuela tiene elementos que le asemejan a una dictadura, como las torturas, asesinatos y presos políticos, el control de la opinión pública o el sometimiento de los poderes públicos a una sola voz; no obstante, esta tragedia es más que eso, estamos ante un proceso de destrucción absoluta del país y de su sometimiento al crimen organizado, al narcotráfico, a la guerrilla colombiana y al terrorismo internacional, además de la presencia de soldados cubanos, iraníes, chinos y rusos con la aceptación y complacencia del régimen. Estamos invadidos. No se vislumbra factible una salida solo con el esfuerzo de los venezolanos. El TIAR es una opción, pero también es bienvenida cualquier otra salida que permita sumar fuerzas para sacar al usurpador y a los invasores.

En algo más de 200 años de vida republicana, tres cuartas partes del tiempo hemos estado sometidos como pueblo a gobiernos totalitarios, a dictaduras militares, no alcanzando a 60 años los períodos de gobiernos civiles y democráticos. No obstante, ningún régimen tan destructor como este del llamado socialismo del siglo XXI, máscara del comunismo internacional y del Foro de Sao Paulo. En Venezuela teníamos como ejemplo de férreas dictaduras las de Juan Vicente Gómez y Marcos Evangelista Pérez Jiménez: el primero dominó el escenario por 27 años y murió en el poder; la “Rotunda” es el nombre de la dantesca cárcel de sus presos políticos; Gómez no permitió que las ideas modernas del siglo XX se difundieran en el país, tampoco permitió partidos políticos, sindicatos, organizaciones estudiantiles ni ninguna otra de la sociedad civil, él era el dueño de Venezuela; al morir, todo lo robado quedó en el país y oportunamente fue decomisado y devuelto al Tesoro Nacional. Fue nacionalista al igual que lo sería Pérez Jiménez, a pesar de su temible Seguridad Nacional, la odiada policía política del régimen que torturó y robó; modernizó el país, hizo obras fundamentales y Venezuela quedó en vía al desarrollo.

El salvajismo de este comunismo del Foro de Sao Paulo tiene como política la destrucción económica del país para, al estilo cubano, someter a la población por hambre y enfermedad, desatando una mortalidad y desesperanza, una migración sin precedentes en el continente, que ya se estima cercana a los seis millones de los nuestros, mientras 44% de los que restan desean emigrar y el 25% del total de la población actual de Venezuela confiesa, en encuestas, que está preparando su salida, lo que significa que de no generarse el cambio en los próximos meses, la cuarta parte de la población que hoy permanece en el país saldrá de él como migrante, en búsqueda de sobrevivencia.

Comer de la basura es “normal”, 50% de la población declara que no come tres veces al día, el 77% dice conocer a alguien que está padeciendo hambre extrema, mientras que el 92% de la población total está por debajo de la seguridad alimentaria, dijimos 92%, la casi totalidad de los nuestros.

Si bien la migración masiva genera no pocos problemas a los países hermanos receptores, está igualmente demostrado que produce beneficios recibir a los migrantes, pero más allá de la compensación que pueda producirse entre daños y aportes positivos de una migración masiva, esta narco dictadura de forajidos de la guerrilla, del terrorismo y los traficantes de narcóticos es una amenaza a la paz continental.  Es la región la que debe actuar. Los soldados venezolanos están de tal manera controlados por el G2 cubano, de tal manera penetrados, que poco puede esperarse de ellos. Una acción del TIAR o de una fuerza coaligada por la libertad y la democracia en América, pueden devolver la paz y el camino del desarrollo a Venezuela, y pueden ser garantía de erradicación de la presencia, a cuerpo de rey, del crimen internacional organizado en la región. Es el momento para que el continente reaccione de manera efectiva y contundente, no más declaraciones. Es la hora, el régimen de Maduro está podrido y sin aliento. Se le acabó el tiempo. Esto de Maduro no es una dictadura.

La «Olla Solidaria» socorre a miles de venezolanos sumidos en la pobreza por Ludmila Vinogradoff – ABC – 12 de Agosto 2019

Multitud de venezolanos comen una vez al día gracias a la Iglesia Chiquinquirá
Multitud de venezolanos comen una vez al día gracias a la Iglesia Chiquinquirá – L.V.

La Iglesia católica con los voluntarios tiende su mano a los más necesitados para que no se mueran de hambre

La cita es el sábado en la Iglesia Chiquinquirá. Entre 80 y 100 voluntarios se reparten la tarea de preparar y servir unos 850 platos de comida a los necesitados, que vienen desde los alrededores de Caracas, los Valles del Tuy, Higuerote y de los barrios más pobres de la capital.

Hace tres años los obispos de la Conferencia Episcopal Venezolano decidieron lanzar el programa social la «Olla Solidaria» para alimentar a los pobres pero en la Iglesia Chiquinquirá decidieron ir más allá y bautizar su jornada como la «Olla Milagrosa» en honor a San Isidro Labrador, un santo muy venerado en Madrid.

Carlos Gerome, un hombre sin dentadura con edad indefinida que se ve maltratado por la crisis, no se sonroja al auto calificarse en «situación de calle» o mejor dicho en la indigencia, dice a ABC. «Vivo en Chacao bajo un puente. Vengo aquí porque no quiero seguir comiendo de la basura», dice apretando contra su pecho su deshilachado morral, de los que el régimen chavista regala a los niños en las escuelas públicas.

Gerome llegó a Caracas desde su natal isla de Margarita. En la capital lo atrapó la crisis, se quedó sin trabajo y ahora deambula como alma en pena sin dinero para regresar a su isla donde podía pescar y no se moría de hambre sacando una sola sardina al día.

Pero Caracas es otra cosa. El régimen de Nicolás Maduro ha salvado la capital de dejarla sin gasolina. Aunque escasea se consigue agua, gas y electricidad de manera racionada y a cuenta gotas. Pero en el interior los venezolanos pasan seis meses sin los servicios básicos y cocinando a leña.

Por la escasez aunque menos aguda, la capital se ha visto desbordada de indigentes, mendigos y desplazados de la provincia que no han podido escapar caminando por la frontera hacia Colombia, Perú y Chile.

La FAO de las Naciones Unidas señala que el hambre se triplicó en los últimos dos años (2016-2018). En su último informe afirma que casi 7 millones de venezolanos están en el umbral de la hambruna. La pobreza extrema o la indigencia se disparó del 11% a más del 30% de lapoblación mientras que el 90% de los venezolanos (unos 27 millones de personas) se ubica en el nivel de pobreza general.

Ana Acevedo, tiene 62 años y es abuela de siete nietos. Vive en Antímano, un barrio pobre de la capital venezolana. «Es la primera vez que vengo a este comedor. Vivo con mi hijo, la nuera y los nietos en una casita. Soy lavandera y de eso vivimos pero lo que ganamos lavando ropa no nos alcanza ni para comer. Nunca he visto tanta miseria en los últimos 29 años que vivo en el barrio. El próximo sábado voy a traer a mis nietos a comer en la iglesia Chiquinquirá», dijo rompiendo en llanto.

Elsy Da Costa y Alcira de Hopkins, son dos de las voluntarias que coordinan la logística del comedor católico desde hace dos años y medio. «Empezamos a preparar la comida, cortar las verduras y hortalizas el viernes por la tarde, la refrigeramos y el sábado amanecemos cocinando. Nos ayudan algunos chef de restaurantes y tenemos la donación de pan de las panaderías amigas».

El nombre de la «Olla Milagrosa» surge inspirada en el santo madrileño San Isidro Labrador, cuya olla nunca se vaciaba cuando daba de comer a los pobres. “Ese es el milagro, una vez no teníamos arroz y rogamos al cielo. Bueno, de pronto apareció un paquete grande de arroz y lo cocinamos para los pobres”, dijo a ABC Alcira de Hopkins.

La parroquia San Judas Tadeo comenzó hace dos años y medio el programa con 60 platos pero ese mismo día se duplicó a 120. «Ha ido aumentando de manera veloz por la crisis y el hambre. Ya vamos por 850 platos la jornada del sábado y la demanda crece de manera vertiginosa», dice Susana Mas, coordinadora del sector farmacéutico de beneficencia.

El centro católico ha carnetizado a 600 personas que frecuentan todos los sábados la parroquia. La mayoría son personas de tercera edad, mujeres y niños. Pero hay otros 250 que no están afiliados sino que vienen de vez en cuando, cuando tienen apetito. Mientras esperan su turno reciben charlas de evangelización y valores humanos.

 

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