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Ayuda humanitaria: problema moral, problema operativo – Editorial El Nacional – 20 de Noviembre 2017

Desde hace no menos de un año, voces de las más diversas instituciones y de la sociedad civil organizada vienen clamando porque se permita el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela. La Iglesia y sus núcleos de base, organizaciones no gubernamentales, voceros de los partidos políticos democráticos, líderes sociales y de gremios de trabajadores, profesionales y empresas han coincidido en la petición. A ello se han sumado, en cantidad y representatividad impresionante, voceros e instituciones de más de 60 países. Las desgarradoras secuelas del hambre, el auge de las epidemias y la falta de insumos y medicamentos, la carencia de los bienes más elementales adquieren cada día un peso más significativo en la opinión pública mundial. En el planeta entero, el seguimiento de las penurias venezolanas es diario. No hay día en que la urgencia de abrir un canal de ayuda humanitaria no se plantee en foros, despachos gubernamentales y agencias multinacionales.

Esta preocupación, de carácter unánime, tiene solo una excepción: el gobierno de Nicolás Maduro. La dictadura militarista encabezada por Nicolás Maduro que no habla ni del hambre ni de la enfermedad, que no reconoce la existencia de una crisis que está matando a niños y menguando la vida de la inmensa mayoría de la población.

Este silencio, esta negación no es una demostración más de los males causados por la dictadura. No es equiparable al resto de las violaciones de leyes y derechos humanos. Aquí se trata, ni más ni menos, que del ejercicio del mal sin atenuantes. De la indiferencia del poder embrutecido y ladrón hacia los sufrimientos de las familias venezolanas. Aislados del país, encerrados en sus corruptelas, concentrados en apropiarse de hasta el último céntimo de la renta petrolera en mengua, no les importa la vida, ni las epidemias, ni la acelerada pérdida de peso, que es ahora mismo el rasgo más distintivo de la nación venezolana.

Es tal la demencia de los gobernantes que mientras la sociedad clama por comida y medicamentos, en medio de una perspectiva inflacionaria simplemente terrorífica de 16.000% para 2018, Maduro y el resto de los altos funcionarios, incluyendo sus socios uniformados, hablan de imperialismo, soberanía, sabotaje financiero y sandeces afines. En el país donde los estómagos viven en constante estado de hambre, el poder responde con discursos y soflamas cuyo objetivo no es otro que buscar a quién culpar de las omisiones propias, del robo a gran escala cometido por funcionarios del gobierno, y la incompetencia que jamás podrán achacar a otros.

Los lectores deben saber lo siguiente: fuera de las fronteras de Venezuela, en distintos países, hay galpones con alimentos y medicamentos, estructuras logísticas y sistemas de transporte listos para iniciar una operación de ayuda humanitaria masiva, que podría alcanzar a millones de familias, en todas las regiones. Pero esa ayuda no podría entregarse al gobierno ladrón. Porque ocurriría lo mismo que con el resto de los bienes nacionales: se la robarían, la revenderían, la convertirían en insumos para las redes de bachaqueo. Incluso, podrían usar la ayuda humanitaria para chantajear a los ciudadanos, tal como ocurre con las bolsas CLAP y el carnet de la patria.

La ayuda humanitaria que podría ingresar a Venezuela, como es característico de estas operaciones, provendría de gobiernos, multilaterales, ONG y empresas. No podría entregarse sin la supervisión de técnicos y profesionales, y no podría ser recibida sin la intervención de la Iglesia y la sociedad civil organizada, para que en conjunto sean garantes de su distribución organizada, justa y transparente. Las protestas y todas las formas de lucha de los demócratas deben insistir en este punto. Mientras más rápido se establezcan los canales humanitarios, más vidas serán salvadas. La lucha contra las políticas del hambre es, por encima de muchos otros objetivos, no solo una causa política y moral, sino la más básica de las exigencias humanas.

 

Las Voces del Hambre – Telemundo – Octubre 2017

Madre y niños venezolanos declararon a Telemundo que deben buscar en la basura restos de comida para sobrevivir

En el país la escasez de alimentos, la crisis y la caída del poder adquisitivo ha causado que más del 70% de la población haya bajado de peso por no ingerir la comida necesaria para alcanzar por lo menos al índice de calorías recomendadas por día. La situación ha llevado a las personas a hacer cosas impensadas.

Las Voces del Hambre, un reportaje hecho por la cadena Telemundo y conducido por el periodista venezolano Fernando Girón, muestra cómo los niños venezolanos se pelean con las aves de rapiña por unos huesos desechados por carnicerías. El video en el siguiente link : https://videopress.com/v/j6UJQ0g0

El trabajo producido por el también comunicador Alberto Rodríguez Palencia está centrado en los testimonios de niños y madres que han tenido que recurrir a buscar comida en la basura para poder subsistir en el país.

En el reportaje se reseña como la desnutrición está acabando con la vida de niños menos de dos años y también la falta de existencia de un de natalidad debido a la escasa educación sexual.

Con dramáticos y crudos videos niños y adultos relataron lo que sufren en las calles al no tener qué comer.

 

ONG venezolanas alertan sobre crisis familiar por falta de alimentos – El Estimulo – 23 de Septiembre 2017

Un grupo de organizaciones no gubernamentales que asisten a niños en situación de vulnerabilidad social y problemas nutricionales alertó hoy acerca de la crisis familiar que sufren buena parte de los hogares venezolanos por la dificultad para acceder a los alimentos.

La coordinadora de la Fundación Amigos del Niño que Amerita Protección (Fundana), la psicóloga Ninoska Zambrano, dijo a EFE que la incapacidad de las personas de escasos recursos para acceder a los alimentos “ha hecho que exploten por distintas vías conflictos intrafamiliares que antes se veían en menor medida” en Venezuela.

Comenta que a Fundana llegan, con cada vez más frecuencia, casos que podrían ser tipificados como delitos, pues se presentan familiares con niños que han sufrido golpes y quemaduras como castigo por comer más de lo que se les había autorizado en el hogar.

“Muchos de estos padres desesperados tienen unas maneras de administrar la comida sumamente menguada pero que ellos consideran que es lo que pueden hacer para darles alimento”, dijo Zambrano, que señaló que los adolescentes suelen ser los más maltratados por ser esa una de las etapas de la vida que más alimentación demanda.

La psicóloga indica: “Puedo decir ahora que el 50% o más de las familias que estamos recibiendo están viniendo con algún nivel de dificultad para alimentarse, o los niños presentan desnutrición leve o algunos con alguna situación más delicada”.

Fundana cuenta con albergues con capacidad para unos 130 niños de hasta 6 años en situación de abandono o riesgo y Zambrano señaló que muchos de los que han recibido en los últimos meses tienen problemas de nutrición y otras afecciones asociadas como dermatitis e infecciones de varios tipos.

El abogado Leonardo Rodríguez, director de la asociación civil Red de Casas Don Bosco, a la que pertenecen diez casas que dan cobijo a más de 1.300 menores en todo el país, señaló que “todos los días” llegan adultos buscando a sus hijos porque éstos se han ido de sus casas y desconocen el paradero.

También llegan padres que le piden a Rodríguez permitir que su hijos se quede a vivir en una de las casas Don Bosco porque no tiene cómo alimentarlos.

“Llevamos por lo menos seis meses exigiéndole al (estatal) Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna) que construya un plan nacional para la protección de los derechos de los niños en situación de riesgo, ese plan nacional no existe”, dijo Rodríguez a EFE.

El abogado pidió que “se cierre el chorro que está produciendo que estos niños vayan a la calle” y para ello, dijo, se requiere un plan nacional de atención a la familia y a los chicos que ya dejaron el hogar.

 

Conejos por Alberto Barrera Tyszka – ProDaVinci – 17 de Septiembre 2017

alberto-barrera-tyszka-720Lo más inquietante es la risa. Verlos a todos así, tan divertidos, carcajeándose frente a las cámaras de televisión, manejando con insólita superficialidad las tragedias de la gente. ¿Eso es una reunión de Ministros de un país que está en crisis? ¿Así se comportan, eso dicen, de esa manera hablan y analizan nuestros problemas? ¿Para eso les pagan? ¿En verdad Fredy Bernal cobra un sueldo por proponer que la cría de conejos es una alternativa a la crisis alimentaria del país? ¿Y todos los demás? Los que se mueren de la risa mientras el Ministro habla de mascotas con lacitos, de las diferencias entre el animalito que te llevas a la cama y los dos kilos y medio de carne que puedes llevarte a la boca…todos ellos, ¿también cobran por estar ahí, por banalizar la realidad, por burlarse de esa forma de la gran mayoría de los venezolanos?

Mientras crecen las noticias de niños muertos por desnutrición, mientras se reitera la alarma de la UNICEF por el aumento de un 30% en la mortalidad infantil en el país en el año 2016, tenemos a un equipo de gobierno haciendo chistes sobre la multiplicación de los conejos, debatiendo con grosera trivialidad sobre la experiencia de aquellos que deben explorar en bolsas de basura para poder comer. Lo más indignante es la risa. La frivolidad del gobierno frente al hambre.

¿Por qué conejos? He pasado días dándole vueltas a esa pregunta. No hay dentro de la gastronomía popular, al menos que yo recuerde, algún plato de uso mas o menos frecuente que tenga la carne de conejo como ingrediente principal. No existen, por ejemplo, unas famosas empanaditas de conejo de Jusepín. Tampoco existen alguna legendaria receta de conejo con ají dulce y papelón. O un guiso de arroz con coco y conejo que se coma en Semana Santa en las costas de Falcón. No. Para nada. El conejo no forma parte importante de la historia de la sazón nacional. Pero, sin embargo, sí tiene un sentido diferente, más protagónico, en el habla coloquial. De hecho, podría decirse que el conejo tiene una presencia mayor en nuestra lengua que en nuestros fogones.

La palabra conejo, en Venezuela, también sirve para designar a una persona cándida, “crédula, sin malicia”, como apunta más de un diccionario que se dedica al tema en la web. Se usa frecuentemente para referir la inocencia como cualidad negativa. Se dice que alguien está perdido de conejo para señalar que ese alguien está perdido de pendejo, que está siendo engañado o estafado en su buena fe. Usada en ese sentido, la palabra dialoga mucho mejor en el contexto del ejercicio del poder que viene dominando al país desde hace años. El oficialismo actúa como si todos los demás fuéramos conejos.

Desde ayer, en un desesperado intento por recuperar cierta legitimidad internacional, el oficialismo ha organizado “una cumbre mundial de solidaridad con Venezuela” con la idea de lograr una “declaración de los pueblos en defensa de la revolución bolivariana”. Toda esta palabrería rimbombante, en el fondo, solo es una gran cacería de conejos.

Un Estado que no es capaz de garantizar la supervivencia de los enfermos en los hospitales públicos, gasta el dinero en financiar un evento con casi 200 invitados internacionales. Es un espectáculo irracional y grosero, el show organizado por una élite que se auto proclama como Revolución pero que, todavía, sigue sin explicar dónde están los casi mil millones de dólares que ingresaron al país por concepto de renta petrolera. Se trata de la misma empresa política que se auto define como anti imperialista pero que dona 500 mil dólares para el acto de juramentación de Donald Trump. Son un grupo exclusivo que tiene su ejército privado, que reprime, detiene, condena, tortura, asesina. Llevarán a los felices participantes del mundo a ver los edificios de la Misión Vivienda. Pero nunca les mostrarán los hospitales. Ni tampoco las cárceles. Jamás les mostrarán las estadísticas sangrientas de las OLP.

En el único país donde se impide investigar los casos de corrupción de Odebrecht, esto dijo ayer el Canciller Jorge Arreaza, en el marco de esta nueva cumbre internacional: “Esta es la patria de la humanidad, aquí se están dando las grandes luchas para garantizar que en todos los países del mundo haya una posibilidad de igualdad”. Dicen lo que sea. De cualquier manera. Aunque sea absurdo. Aunque sea inverosímil. Aunque sea increíble. No importa. Siempre quieren conejear a todo el mundo. De eso se trata este encuentro “Todos somos Venezuela”. El gobierno necesita urgentemente recuperar algunos gramos de credibilidad. El discurso del chavismo ha caído aun más que los precios del petróleo.

No hay que olvidar nada de esto cuando, nuevamente, aparece en el horizonte la alternativa del diálogo y de la negociación. Las condiciones son distintas, el contexto ha cambiado, pero los interlocutores siguen siendo los mismos. Todos sabemos que cuando Jorge Rodríguez aparece sonriendo, afirmando que la oposición y el mundo deben reconocer a la ANC y respetar sus decisiones, Jorge Rodríguez solo está disparando al aire, anda de cacería, está buscando conejos.

 

Carne de conejo contra el ‘imperialismo’ por Ewald Scharfenberg – El País – 15 de Septiembre 2017

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Venezuela busca fórmulas para hacer frente a la persistente escasez alimentaria

En una alocución el pasado lunes en la cadena nacional de radio y televisión, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció el controvertido Plan Conejo, una iniciativa destinada a incentivar la cría de ese animal en espacios urbanos para el consumo humano. El mandatario llegaba de una gira internacional por Kazajistán y Argelia, y aprovechó también para informar sobre los resultados del periplo y anunciar el inicio de una ronda de conversaciones con la oposición en República Dominicana.

Desde 2013, Venezuela enfrenta una escasez crónica de productos de consumo básico, fundamentalmente alimentos y medicinas, así como de materias primas para la producción industrial. Mientras el Gobierno atribuye la situación a un complot urdido por el imperialismo y la burguesía local, sus críticos achacan la crisis a la tozudez del régimen, que prácticamente extinguió la base industrial del país mediante políticas de controles y expropiaciones.

Sea cual sea su origen, hay coincidencia en un punto: la escasez seguirá empeorando, una perspectiva inquietante para un país dependiente de las importaciones y que ahora enfrenta sanciones financieras de Estados Unidos y muy posiblemente de Europa.

El Gobierno chavista ha tratado de impulsar cultivos hidropónicos y de corte tradicional en edificios y terrenos baldíos de las ciudades. Los logros han sido pocos, a pesar de que creó un ministerio específicamente dedicado a la agricultura urbana. Ahora, con la caída de los ingresos en divisas que percibe el Estado y las sanciones internacionales, espera que el espíritu de resistencia de la población aflore como un incentivo para estas prácticas de subsistencia.

Al frente del Plan Conejo está Freddy Bernal, actual ministro de Agricultura Urbana, que organizó los llamados CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), otra de las soluciones diseñadas por el Gobierno para superar las dificultades en la provisión de productos de consumo básico. Concebidos como células vecinales para la producción y distribución de alimentos, los CLAP se han implementado, sin embargo, como un mecanismo de reparto de cajas con productos de la cesta básica entre los seguidores del Gobierno. Los críticos del programa cuestionan su naturaleza clientelar y las corruptelas y sobreprecios a los que ha dado lugar por las compras escasamente supervisadas de mercancía importada desde países como México y Panamá.

Inicialmente, Bernal no las tuvo todas consigo con el Plan Conejo. Según reconoció el ministro durante la intervención televisada del presidente Maduro, la fase inicial del plan comprendió la entrega de ejemplares de conejos para la cría en 15 comunidades populares del área metropolitana de Caracas. “Pero cuál sería nuestra sorpresa”, relató Bernal, “cuando volvimos y la gente tenía los conejitos con un lacito porque los habían agarrado como mascotas”, admitió el ministro.

Para Bernal, un policía que participó en las intentonas golpistas del entonces oficial del Ejército Hugo Chávez en 1992, todo estriba en un prejuicio cultural ante el que “la agresión imperial de [Donald] Trump contra el pueblo de Venezuela” brinda una oportunidad “para revisarlo y cambiarlo […], porque han inducido [al país] a comer lo que al imperio le interesa”.

En efecto, el conejo no figura en la dieta regular de los venezolanos. Regularmente, su consumo se asocia a costumbres de colonias extranjeras arraigadas en el país, como la canaria o la portuguesa. Sin embargo, Bernal se ha propuesto vencer esa barrera: “Nos han enseñado que el conejo es una mascota bien bonita, pero son dos kilos y medio de carne con alta proteína y sin colesterol”. Apenas la nueva iniciativa gubernamental se dio a conocer, las redes sociales estallaron con comentarios que oscilaban entre la mofa y la indignación.

“¿Ustedes están hablando en serio? […] ¿Ustedes pretenden que la gente se ponga a criar conejos para resolver el problema del hambre en nuestro país?”, preguntó el gobernador del Estado de Miranda y dos veces candidato presidencial de oposición, Henrique Capriles. Leonardo Padrón, poeta, columnista de prensa y autor de algunas de las telenovelas más populares en Venezuela, ironizó en su cuenta de Twitter: “Bernal dice que a los conejos ya no hay que verlos como mascotas, sino como dos kilos de carne. ¿En cuánto tiempo dirá lo mismo sobre los perros?”. No son pocos los venezolanos que se preguntan lo mismo.

 

Hambre, represión y realismo mágico en la Venezuela de Maduro por Leonardo Mindez – Infobae – 12 de Septiembre 2017

Aunque este sitio lleva más de tres años censurado por el régimen chavista, un enviado especial llegó a la capital venezolana para palpar las sensaciones de la vida cotidiana y las impresiones de dirigentes, intelectuales y especialistas sobre cómo se llegó a este punto y cuál es el camino de salida

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“Firme y pleno”, la exposición homenaje a la vida de Nicolás Maduro se inauguró en la sede de la Cancillería y será exhibida en las plazas Bolívar de todo el país

*Caracas, enviado especial

-¿A qué se dedica?
-Soy licenciado.
-¿Y qué viene a hacer?
-Vengo a participar de actividades culturales.

En lo que va de 2017, ya suman una decena los periodistas extranjeros que fueron expulsados o a los que directamente se les negó el ingreso a Venezuela. El Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa denunció que 376 periodistas fueron agredidos y 33, detenidos ilegalmente durante las protestas de este año en las calles de Caracas. Infobae está censurado por el régimen de Nicolás Maduro desde octubre de 2014 y solo se puede acceder al sitio a través de una VPN y una IP extranjera. Por todo eso, parecía sensata la recomendación de colegas y amigos previa al viaje: “Si quieres estar seguro de que vas a entrar, di cualquier cosa, menos que eres periodista”.

Viajar hoy a la República Bolivariana no es sencillo. Primero, hay que encontrar un pasaje con una combinación de escalas lógica y a un precio sensato, después de que una docena de aerolíneas dejaran de volar a Caracas en el último año. Y una vez en el Aeropuerto de Maiquetía, lo dicho: al periodista le conviene ocultar su identidad o al menos hacerse el tonto.

Ahí estaba, entonces, parado ante la oficial de migraciones con mis medias verdades que levantarían las sospechas hasta de un niño de 5 años. La joven de camiseta crema me clavó la mirada durante un segundo que me pareció eterno, tecleó algo en su computadora mientras yo rogaba que no pusiera mi nombre en Google, me hizo otro par de preguntas zonzas más y finalmente selló el pasaporte y me dio la bienvenida con una media sonrisa.

Unos minutos después, ya estaba montado a un automovil que me estaba esperando y saltaba sobre un asfalto lleno de pozos camino a la que hace 40 años era una de las capitales más prósperas y desarrolladas de América Latina. Entre los carteles y graffitis con imágenes de Simón Bolívar, Hugo Chávez y Maduro que se sucedían a los costados, me quedó grabada una foto gigante del Presidente, abrazando paternalmente a una señora mayor, rubricada por la leyenda “Venezuela, indestructible”.

Ese mensaje triunfalista me volvería a la mente a cada instante durante los días siguientes, a medida que iba tomando contacto con un país colapsado en todos los sentidos posibles, en el que un gobernante que es rechazado por entre el 70 y 80 por ciento de la ciudadanía, según todas las encuestas, se las arregla para seguir gobernando con puño de hierro después de 126 días de protestas en la calles y otorgarle la suma del poder público a una Asamblea Constituyente que terminará de dar vuelta el Estado y barrer con los últimos vestigios republicanos.

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Pintadas contra el gobierno en el centro de Caracas

Durante la última semana, Infobae estuvo caminando las calles de Caracas, conversando con políticos, analistas, periodistas, comerciantes, diplomáticos y gente de a pie, tratando de comprender cómo se llegó a esta crisis y cuál puede ser la salida.

Aquí, unos primeros apuntes de una realidad que oscila a cada paso entre el drama y el delirio.

El hambre

Los puestos de perros calientes son un clásico callejero de Caracas. Pararse a comer una salchicha a la que encima se le coloca una montaña de repollo, cebolla, papitas ruffles, maíz, queso amarillo, salsa de tomate, mayonesa y mostaza, con las piernas abiertas para evitar mancharse, es una experiencia imperdible. Una tarde cualquiera, quien se coma el suyo y arroje al cesto de basura la servilleta con los restos de salsa y algún último maíz pegado, verá a un niño salir corriendo a rescatarla para lamer el envoltorio y pedirle el último sorbo de la lata de bebida. El hambre ya hace estragos.

Al caer la noche, son centenares los que salen a reventar las bolsas de basura en busca de algún alimento.

Dos meses después de la última suba, el Gobierno aumentó la semana pasada otro 40% el salario mínimo. Lo que sería una bendición en cualquier parte del mundo, en Venezuela es un drama. A fin de agosto, la inflación de 2017 ya había alcanzado un 366% según la información recopilada por el Parlamento ya que el Poder Ejecutivo dejó de difundir los datos mensuales desde 2015.

Con este último aumento, el salario mínimo —que cobra el 75% de los venezolanos— llegó a 136.544 bolívares (6,8 dólares al cambio paralelo, que es la única manera de acceder a la divisa estadounidense) más otros 189.000Bs (USD 9,45) en tickets para la compra de alimentos a precios regulados (si es que se consiguen), lo que ubica a Venezuela, con el segundo peor salario mínimo de la región, solo por encima de Cuba.

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“Tenemos hambre”, la pintada en Plaza Altamira, punto de concentración de las manifestaciones opositoras

Lo único absurdamente barato en Venezuela sigue siendo la gasolina, a 6 bolívares el litro. Con un centavo y medio de dólar (sí, USD 0,015) se puede llenar el tanque de un automóvil grande. Se sabe, el petróleo es la bendición y la condena de este país. En el subconsciente del venezolano está afincado que la gasolina es casi gratis. Maduro la aumentó algo el año pasado y fue un escándalo. Hoy no se animaría a hacerlo de nuevo.

Colas en cada esquina, sin garantía de nada

“No soy muy del arroz pero voy a ver si consigo algo”, cuenta una señora de piel canela al final de la cola de unos 30 metros de largo que se formó en la puerta del supermercado Luz de Chacao, una zona de clase media. Es martes, y como su documento termina en 2, está habilitada para comprar alimentos a precios regulados. Pero no hay ninguna garantía. Si tiene la suerte de que el camión distribuyó algo hoy y aún queda algo cuando llegue su turno, podrá comprar un kilo de arroz a 6.000 bolívares (USD 0,3). Si no, deberá recurrir al mercado negro de los “bachaqueros”, donde cotiza a $20.000. “Venezuela está en la miseria. Antes no era así. Si se te acababa tu pasta dental, ibas y comprabas otra. Ahora ya no”. La última la consiguió “en treinta mil bolos (bolívares)”, pero no sabe qué va a hacer cuando se le termine: “Veremos. Yo tengo ya 67 años y vivo al día”.

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Larga fila en el Supermercado Luz del Chacao para comprar algun alimento básico a precio regulado

Todas las mañanas, se forman largas filas en la puerta de cada supermercado y farmacia de Caracas. La gente se junta para ver si ese día entregaron alguno de los alimentos y medicinas que vienen faltando hace meses. Las estanterías vacías son una constante aun en las cadenas administradas por el Estado, como Abasto Bicentenario, donde la escasez es supervisada desde lo alto por las gigantografías omnipresentes de Maduro, Chávez y Bolívar.

Las fotos de Simón Bolívar, Hugo Chávez y Nicolás Maduro decoran desde lo alto una de las sucursales del Supermercado Abasto Bicentenario, en las que sus estanterías y refrigeradores de carnes y pescados lucen completamente vacíos
Por la tarde, las colas se trasladan a los cajeros automáticos. Con una moneda hiperdevaluada y una inflación galopante, el último faltante en la economía venezolana es el dinero en efectivo. Cada banco impuso su propio “corralito”, que habilita a sus clientes a retirar un máximo de entre 10 mil y 25 mil Bs (USD 0,5 y 1,25) por día de los cajeros y otro tanto en las taquillas internas.

“Hoy cambié un cheque por 30 mil bolívares, retiré 25.000 con una tarjeta y ahora voy a sacar aquí otros 10 mil más en este cajero”, contó a Infobae Delvis Reina en la puerta del Banco Venezuela. A ese ritmo, deberá recorrer bancos durante 4 días para juntar los 240 mil bolívares que debe pagar para la inscripción de sus hijas en la escuela. Unos pasos más allá, en la misma cola, Gladis Morán no tiene dudas: “A mí no me vengan con cuenticos. La culpa de todo esto es del Presidente y sus funcionarios. Hay que cambiar el Gobierno porque está visto que son gente incapacitada. La única capacidad que han tenido es la de destruir al país. Ni siquiera han sido buenos robando. Han acabado hasta con la gallinita de los huevos de oro”.

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“Bachaqueros” venden azúcar a granel en un mercado callejero del Petare, la favela más grande Caracas
Paradoja de un Gobierno que se dice revolucionario y a favor de los más pobres, los únicos privilegiados en este entuerto son las élites burocráticas y empresariales con acceso a las divisas: quien tiene unos dólares en el bolsillo, hoy puede vivir en Venezuela como millonario.

Aguas que sobran, aguas que faltan y una fuga incesante

El asfalto de la autopista Francisco Fajardo que atraviesa la ciudad de este a oeste aún está salpicado por los restos de pintura y de las bombas molotov y lacrimógenas que se arrojaron durante los 126 días de protestas entre abril y agosto que dejaron un saldo de 157 muertos por la represión.

Aquella movilización opositora convocada con la ilusión de ponerle fin al régimen terminó, sin embargo, con la instalación de una Constituyente que parece consolidarlo. La gente rumia su desazón, pero la calle, militarizada en cada cuadra, brinda una apariencia de tranquilidad.

“Al final, estos venezolanos resultaron unos cagones”, descarga su bronca Alfredo Bustamente al volante de su Chevrolet del año 80 que apenas se mantiene en pie, mientras vadea lentamente junto a una fila de autos una laguna que la tormenta tropical armó en pocos segundos en uno de los descensos de la autopista. Mientras en algunas zonas la falta de drenajes forma ríos espontáneos que arrastran la basura acumulada en las calles, en otras, los vecinos sufren por la falta del servicio de agua de red durante semanas enteras. Hay quienes aseguran que los cortes del suministro se ensañan con particular crueldad con los barrios opositores. La infraestructura urbana, insuficiente, descolorida y vencida, parece detenida en los años 80. “La ciudad está toda rancheada”, describen con tristeza los caraqueños.

“En mi país y cualquier otro de Sudamérica, cuando la gente sale a pelear a la calle, no se vuelve a su casa tan mansita sin lograr nada”, sigue Bustamante, que llegó del Perú hace 35 años junto con su hermano y dice que ya está grande para dejar su taxi. Pero sus dos hijos y sus sobrinos ya hicieron el camino inverso y partieron a Lima.

Más de 1.800.000 venezolanos viven en el exterior. Más de la mitad de ellos se marchó en la última década, de acuerdo con el Laboratorio Internacional de Migraciones de la Universidad Simón Bolívar. Los profesionales de las clases acomodadas fueron los primeros en marcharse, pero la aceleración de la fuga es exponencial y ya no hay cortes sociales. En los últimos dos años, se duplicó la cantidad de venezolanos en Colombia y ocho de cada diez poseen solo estudios primarios o secundarios, informó el diario El Nacional.

Presos y desaparecidos

El miedo domina la vida cotidiana de los barrios más pobres y más ricos. Medio centenar de personas muere cada fin de semana en Caracas a manos de la delincuencia. Venezuela se ha convertido en el segundo país más violento del mundo contando los que no están en guerra.

El mismo Estado que no controla a las pandillas y promueve los grupos parapoliciales, conocidos como “colectivos”, es el que persigue a los opositores.

“Nunca en nuestra historia republicana habíamos tenido una crisis en materia de derechos humanos tan grave. Desde la absoluta ausencia de políticas coherentes y efectivas para garantizar la vida y la salud de la ciudadanía hasta la sistemática política de persecución judicial injusta contra todo el que se atreva a disentir o a oponerse al gobierno”, le dijo a Infobae el abogado Gonzalo Himiob, del Foro Penal Venezolano (FPV), que defiende al 80% de los 566 presos políticos que hay hoy en Venezuela. “Desde enero de 2014, llevamos registrados casi 12.000 casos de arrestos arbitrarios por motivos políticos. También registramos decenas de torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes y más de 130 asesinatos por la represión del Estado o de grupos paramilitares que obran bajo la más absoluta impunidad, de la mano y con la complicidad de las fuerzas de seguridad del Gobierno”.

Hay 566 presos políticos en las cárceles venezolanas, según el último informe del Foro Penal Venezolano
Hay 566 presos políticos en las cárceles venezolanas, según el último informe del Foro Penal Venezolano
No es extraño que los familiares de los detenidos pasen días y semanas sin información oficial sobre su lugar de detención. Le pasó hace poco nada menos que al ex general Raúl Baduel, un ladero de Hugo Chávez caído en desgracia, que estuvo 23 días desaparecido hasta que las autoridades informaron de su detención en el penal militar de Ramo Verde.

La situación se agravó este año, porque los detenidos comenzaron a ser imputados de delitos más graves, como “rebelión” y “traición a la patria”. Desde abril, 738 civiles fueron acusados ante tribunales militares, y 418 continúan privados de su libertad. Uno de los que logró salir fue Carlos Julio Rojas, un periodista y activista social que pasó 49 días detenido en Ramo Verde. “Ellos creían que me jodían, pero yo los jodí a ellos. Fui el primer periodista que entró allí y ahora puedo contar al mundo todo lo que se vive allí”, le dijo a Infobae. Los detalles de ese calvario en el que perdió 12 kilos se publicarán en los próximos días.

Firme y pleno

Mientras se acumulan la condenas y las sanciones de organismos regionales e internacionales contra los abusos del régimen de Maduro, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), integrada exclusivamente por chavistas, vive su realidad paralela y va por más: creó la orwelliana “Comisión de la Verdad” para investigar las responsabilidades de la violencia política desde la asunción de Hugo Chávez en 1999, amenaza con pedir el encarcelamiento por “traición a la patria” de los políticos opositores y perseguir las “instigaciones al odio” en las redes sociales.

Para celebrar el primer mes del funcionamiento de la ANC “y los cuatro primeros años de su exitoso Gobierno”, la presidente de la Constituyente, Delcy Rodríguez, inauguró en la sede de la Cancillería una exposición en homenaje a la vida de Nicolás Maduro Moros titulada “Firme y pleno”. La muestra fotográfica, que repasa la vida del mandatario desde el biberón hasta el Palacio de Miraflores, aún no ha sido abierta al público, pero se anticipa que recorrerá las plazas Bolívar de todo el país.

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Estas imágenes de Chávez bailando y regando una planta presiden el acceso a la Casa Amarilla, sede de la Cancillería venezolana
“Hay mucho amedrentamiento y discurso ficticio. [La filósofa política] Hannah Arendt decía que cuanto más ficticio, más efectivo. Ficciones ideológicas que cuanto más absurdas, tienen más efectividad. Todo eso genera una vulnerabilidad en el individuo que lo hace más sometible. Esta no es una dictadura cualquiera. La de [el dictador de los años 50, Marcos] Pérez Giménez fue una cosa tecnocrática. Pero esta es una dictadura con vocación totalitaria”, dijo a Infobae la historiadora Margarita López Maya, ex simpatizante chavista y una de las mentes más lúcidas para analizar la actualidad venezolana.

En este contexto, recién esta semana se confirmó que el 15 de octubre se realizarán finalmente las elecciones regionales que fueron suspendidas el año pasado.

¿Cuán transparentes serán los comicios? ¿El Consejo Electoral dejará que se presenten todos los candidatos opositores o muchos serán inhabilitados? ¿Aceptará mansamente el oficialismo perder muchas de las 20 gobernaciones que hoy ostenta (sobre un total de 23)?

Todos esos interrogantes dominan la escena política hoy. Porque, además, estos comicios serán un indicio de en qué condiciones se votará el año próximo para Presidente.

“Ojo, que un Presidente impopular no significa un Presidente débil”, advierte un diplomático que lleva años en Venezuela.

Las comparaciones con Cuba, Corea del Norte y el Zimbabue de Robert Mugabe rondan todas las conversaciones. Pero el chavismo se escurre de las simplificaciones con su propio modelo totalitario.

En los próximos días, Infobae publicará las diferentes miradas que recogió en Caracas sobre la coyuntura crítica que enfrenta el país y las diferentes vías de salida que se avizoran. No hay fórmulas mágicas. Todos coinciden que aún aguardan muchas espinas en el camino.

“Solo espero que estemos viviendo un purgatorio y no un infierno”, ruega Nelson Bocaranda, el periodista que reveló con más ahínco las facetas más oscuras del chavismo.

 

Caritas: 54% de los niños en Venezuela tienen deficiencias nutricionales – El Estimulo – 28 de Agosto 2017

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Caritas Internacional está preocupada ante el deterioro de la crisis humanitaria en Venezuela y el fuerte impacto que la misma está teniendo en miles de hombres, mujeres y niños y su capacidad de supervivencia.

Suzanna Tkalec, directora humanitaria de Caritas Internationalis, dijo que Venezuela se está enfrentando a una crisis cada vez peor con creciente pobreza, escasez de medicinas y alimentos, y tasas alarmantes de desnutrición infantil.

La escalada de violencia y pobreza ha obligado a miles de venezolanos a cruzar a diario la frontera y huir al vecino país de Colombia, en donde también viven en terribles condiciones.

“La mayoría de personas no tienen acceso a alimentos adecuados”, dijo Tkalec, que visitó Venezuela y Colombia en julio para evaluar la situación.

“Para comprar la canasta básica mensual uno necesita 12 salarios base. Hay alimentos en las tiendas, pero los precios son inasequibles para la inmensa mayoría. Es común ver a la gente en las calles de Caracas hurgando en la basura para encontrar algo qué comer”.

Tkalec dice que Venezuela apenas está produciendo 30% de los alimentos que requiere y la inflación galopante está disparando los precios a niveles exorbitantes, lo que dificulta aún más que la gente pueda comprar alimentos para sus familias.

Caritas dice que la desnutrición infantil en partes de Venezuela ya ha alcanzado niveles de crisis. Con la economía en picada, la escasez de alimentos y medicinas y los precios en alza, más de la mitad de los niños menores de cinco años en las áreas monitoreadas por Caritas están padeciendo algún grado de desnutrición.

“Las tasas de desnutrición están en aumento y 54% de los niños tienen algún nivel de deficiencia nutricional”, dijo Tkalec.

“Entre los niños de menos de 5 años, la desnutrición aguda moderada es del 8% y la desnutrición aguda severa es del 3%. No hay fórmula infantil para madres que no pueden amamantar”.

El sistema de salud del país está al borde del colapso, sostiene Caritas. La crisis ha llevado a una grave escasez de medicamentos y a un incremento de las enfermedades crónicas, así como de la malaria y la difteria debido a que no hay vacunas en el país.

“El sector de la salud es el más gravemente afectado”, dijo Tkalec. De acuerdo con Médicos por la Salud, una ONG local que colabora con Caritas Venezuela, únicamente 38% de los medicamentos esenciales incluidos en la lista de la OMS existen en Venezuela y solo 30% de los medicamentos para enfermedades infecciosas básicas se encuentran disponibles en los hospitales públicos.

Los casos de diabetes han aumentado en 95% y la hipertensión en 92% en 2017 debido a la escasez de medicamentos. El índice de mortalidad postnatal se ha triplicado en 2017 y 114.000 personas con VIH/SIDA no tienen acceso a medicamentos esenciales.

Caritas Venezuela ha puesto en marcha un programa para suministrar alimentos, agua, atención médica y nutrición a niños menores de 5 años y ha hecho un llamado solicitando con urgencia donativos para apoyar el programa.

Voluntarios de Caritas estás apoyando comedores de beneficencia comunitarios en varias diócesis católicas en todo el país para proporcionar comidas para los más vulnerables.

Conforme la situación empeora en Venezuela, miles de personas están huyendo de la violencia y la persecución cruzando la frontera hacia Colombia. Fuentes del gobierno estiman que más de 60.000 personas cruzan a diario la frontera entre ambos países y el gobierno parece incapaz de hacerle frente a la afluencia.

Caritas está preocupada por sus condiciones de vida y la falta de seguridad para hombres, mujeres y niños no acompañados que pueden ser forzados a ejercer la prostitución o unirse a grupos armados.

ACNUR dice que el número de venezolanos que solicitan asilo se ha disparado a 50.000 y se espera que esta cifra aumente. Estima que hay unos 20.000 a 30.000 venezolanos en Brasil, 40.000 en Trinidad y Tobago y unos 300.000 en Colombia.

“Dada la seriedad de la situación, apoyamos las medidas tomadas por los gobiernos de Brasil, Chile, Perú y, más recientemente, Colombia, que promueven la colocación laboral para los inmigrantes venezolanos”.

Azuaje ha dicho que la situación actual, que pone en riesgo las vidas y la dignidad de los venezolanos, ha obligado a miles de personas a abandonar el país en una diáspora sin precedente en la historia democrática del país.

El hambre se convirtió en un verdugo para los lactantes en Venezuela por Daniela León – El Nacional – 30 de junio 2017

Del total de niños con desnutrición severa en el país, al menos 48% son menores de 2 años y 16% menores de 6 meses

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Entre la escasez de alimentos y las dificultades económicas, muchas familias han recurrido a la reducción de las ingestas diarias para “rendir” la comida. Sin embargo, el riesgo de estas decisiones es mucho más alto para quienes no pueden elegir, es decir, para los niños, debido a que requieren cantidades apropiadas de nutrientes para el desarrollo de sus funciones. Las consecuencias de la falta de alimentos en los niños son la desnutrición severa, deshidratación, diarreas, sepsis, anemia o incluso la muerte.

Susana Raffalli, nutricionista y colaboradora de Cáritas Venezuela, confirmó que 48% del total de niños con desnutrición severa son menores de 2 años, y al menos 16% son menores de 6 meses. Lo que revela que el mayor peligro no está en la ausencia de alimentos sólidos, sino en la carencia de formula láctea o en la lactancia poco efectiva, como consecuencia de desnutrición en las madres.

Estas cifras coinciden con lo registrado por la prensa venezolana: al menos 15 niños han fallecido durante el primer semestre de 2017 tras presentar cuadros de desnutrición. 12 de ellos eran menores de un año.

2017 inició con malas noticias cuando el 2 de enero se confirmó la muerte de una niña de apenas 6 meses en el hospital Victorino Santaella de Los Teques, estado Miranda. La pequeña presentaba un cuadro de desnutrición severa, deshidratación y anemia.

Cuatros días después, el 6 de enero, falleció un bebe de 51 días de nacido en el hospital materno infantil de Macuto, estado Vargas. Sus padres alegaron que no contaban con el dinero suficiente para comprar fórmulas infantiles, por lo que alimentaban al recién nacido con “leche completa y maicena”.

Desde el 24 de enero hasta el 23 de febrero murieron al menos seis infantes en San Félix, estado Bolívar: Edgarlis Peñaloza de 1 año, Ángel Grillet de 3 meses, Keiner Cardozo de año y medio, Orangelis Figuera de 7 meses, Santiago Velásquez de 3 meses y Joelvis Quijada de 1 mes.

El Correo del Caroní reseñó que la mayoría de los cases de desnutrición en Bolívar fueron atendidos en el hospital Dr. Raúl Leoni | Foto: Correo del Caroní

Para el 26 de febrero, se registró otra muerte en el estado Aragua: Julio César Jiménez, de 6 meses, murió en el Centro Diagnóstico Integral del barrio 12 de octubre de Maracay por desnutrición.

Teresa de Los Ángeles Soto, de 3 meses, murió el 4 de marzo en el Hospital General Simón Bolívar de los Valles del Tuy. La lactante sufría de debilidad aguda por falta de alimentos.

William Hernández, de 9 meses, falleció en el hospital Dr. Manuel Núñez Tovar de Maturín el 5 de marzo. El bebé fue ingresado a la emergencia del recinto junto a sus dos hermanos mayores: un niño de 4 años y una niña de 2 años.

Al día siguiente, el 6 de marzo, murió otro bebé de 2 meses en el hospital Dr. Pedro Emilio Carrillo de Valera, estado Trujillo.

Andrés Quintana, de 2 meses de edad, falleció en el Hospital Universitario de Caracas el pasado 21 de abril. El bebé pesaba solo 2 kilos y murió de un paro respiratorio.

El 7 de mayo murió Yoelsis Sierra, de 7 años, en un Centro Diagnóstico Integral del municipio Mara en Maracaibo, estado Zulia.

El último caso de un deceso por desnutrición fue registrado el pasado 30 de mayo en el hospital Dr. Domingo Luciano de Caracas. Se trató de Nataly Astudillo, una niña de 6 meses que ingresó al centro asistencial con desnutrición y deshidratación severa.

A pesar de que estas cifras son alarmantes, Raffalli alerta que la situación podría empeorar. El índice de desnutrición infantil en el país se ubica por el momento en 11,4%, lo que significa un estado de crisis, porque supera el umbral del 10% aceptable por los estándares de salud internacionales.

“Aunque nosotros podemos registrar un aproximado de los índices de desnutrición severa, nadie registra las muertes por esta causa en Venezuela ni en el mundo, por eso es difícil ver las consecuencias fatales. Los hospitales solo determinan que los niños mueren por paros respiratorios o cardíacos, pero rara vez dicen que la causa fue la desnutrición”, explicó la experta en seguridad alimentaria.

Signos de alarma

Todos los casos recopilados durante este semestre coinciden en que los infantes fueron llevados a hospitales cuando estaban en estado crítico, por lo cual fue imposible su estabilización. Raffalli indicó que existen ciertos signos de alarma que deben ser atendidos por los padres y médicos antes de llegar a la desnutrición severa en menores de dos años:

Debilidad del niño para moverse
Falta de fuerza para alimentarse
Piel reseca
Se enferma con facilidad
Detención definitiva del proceso de crecimiento

El drama de la severa desnutrición infantil en Venezuela – BBC Mundo –

1495278462733.jpgVenezuela está azotado por una grave crisis económica y los más jóvenes son los más vulnerables.
Las últimas cifras publicadas por el ministerio de Salud del país muestran un aumento en la mortalidad infantil. A su vez, Cáritas, una organización no gubernamental, detectó niveles alarmantes de desnutrición infantil en las provincias de Miranda, Vargas, Zulia y Distrito Capital.
En Valles del Tuy, en el estado de Miranda, la madre de Germain dice que no sabe cómo ayudar a su hijo, que pesa la mitad de lo que debería a sus 11 años de edad.
La misma preocupación tiene la abuela de Agnely. Su nieta, que tiene 7 años y peso 18 kilos, solo come una o dos veces al día.
“Me acuesto llorando porque no tengo nada que darles a mis hijos”: especial de BBC Mundo sobre el impacto de la crisis del hambre en Venezuela
Los adultos también se ven afectados por el hambre.
La severa escasez de alimentos y una inflación del 700% empuja cada vez a más gente a buscar comida en la basura.
“Ahora conseguir comida es un lío, de alguna forma tengo que alimentar a mi hija”, dice una mujer desde las calles de Caracas.
Vladimir Hernández, periodista de la BBC, habló con personal médico y con familias afectadas por la desnutrición, un problema que alarma a muchos en Venezuela.
La BBC también intentó contactar con el gobierno sobre este tema y no obtuvo respuesta.

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