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Los ‘balseros de tierra’ de Venezuela por Milagros Lopez de Güereño – La Rioja – 11 de Agosto 2018

Una familia venezolana, camino de la ciudad brasileña de Boa Vista. :: nacho doce/ reuters/
Una familia venezolana, camino de la ciudad brasileña de Boa Vista. :: nacho doce/ reuters 

Miles de ciudadanos huyen cada día a los países vecinos en busca de comida, trabajo y seguridad

La grave situación política, alimentaria y de seguridad cronificada en Venezuela no ofrece ya a sus ciudadanos mejor salida que hacer las maletas en busca de oportunidades para conseguir un trabajo , un salario digno y un futuro para sus familias. En los últimos meses, la marea humana hacia Colombia, Ecuador, Chile o Argentina y también a destinos europeos como España o Reino Unido alcanza categoría de éxodo.

Faltan datos y ni siquiera las estimaciones coinciden. Un millón de personas han podido abandonar el país petrolero sólo en los últimos dos años, en un flujo que algunos cálculos extienden hasta los 4 millones durante los mandatos de Hugo Chávez y su sucesor y actual presidente, Nicolás Maduro. A él y su Gobierno culpan estos emigrantes forzados de todas las calamidades. Para el Ejecutivo, la crisis viene de «la guerra económica» de EE UU, sus aliados de la región y la derecha nacional. La realidad es la estampida aunque la muerte sea una posibilidad para estos ‘balseros de tierra’ del siglo XXI.

Viviana, 30 años; Miguel, 23; Violeta, 76; José Antonio, 86; Manuel, 38; Yasodhara, 24 y Thiago, 1 año son sólo una muestra de los venezolanos que viven separados de sus familias. Viviana y Miguel son hermanos y pueden apoyarse en su ciudadanía española por sus orígenes paternos. Ella a los 27 años viajó a España a abrir camino al resto de la familia. Con su trabajo en una oficina pudo sacar a su hermano el año pasado, y él consiguió un empleo de informático. Quieren reunirse en Madrid con sus padres, pero las cuentas aún no les dan. José Antonio y Violeta están en Caracas. Manuel, el tercero de sus hijos, también se marchó con su mujer y el bebé. «Lo más difícil es la soledad. Tienes la casa llena y de repente se queda vacía», cuenta José Antonio a periodistas venezolanos.

LAS CLAVESEn los últimos meses, las llegadas a Colombia o Ecuador alcanzan la categoría de éxodo 25.000 personas cruzan cada día el puente Simón Bolívar para conseguir alimentos y medicinas

Por los puentes fronterizos

Si hace unos años los emigrantes viajaban en avión a Estados Unidos y a Europa -España, Italia y Portugal-, desde 2016, con los precios de los pasajes inalcanzables, sólo pueden cruzar los puentes fronterizos con Colombia o Brasil y aspirar a quedarse en países de la región a los que llegan por mar o carretera. Entrar en territorio colombiano es el primer objetivo. Antes de abandonar el poder, hace unos días, el presidente Juan Manuel Santos concedió la residencia por dos años a 440.000 venezolanos.

Las llegadas aumentaron once veces en 24 meses, pasando de 48.714 a «870.000 venezolanos regulares, en proceso de regularización e irregulares», según Christian Krüger, director general de Migración, que anticipó que a principios de este mes la cifra estaba ya «cerca del millón». Para Krüger, las políticas de Maduro están detrás del «éxodo». El chavismo, censura, tiene «una política de expulsión hasta de sus propios nacionales, cuanta menos gente esté en el país es mucho más fácil repartir lo poco que tienen».

Colombia es punto de llegada y trampolín, el «principal destino para los venezolanos en Sudamérica», pero además «puente hacia terceros» países. «Esta dinámica no sólo se ha mantenido sino que incluso se ha acrecentado en los últimos meses», señala un informe de Migración Colombia. El objetivo en el segundo caso es llegar a Chile, Argentina, Ecuador, Panamá -que ha comenzado a pedir visado-, Brasil y Perú que, en ese orden, son los nuevos destinos. El miedo y la falta de expectativas ponen en camino a familias enteras, que cargan con lo más imprescindible para comenzar una nueva vida donde en lugar de ejercer de ingenieros tendrán que empezar por limpiar suelos con la esperanza de que sólo sea al principio.

No morir de hambre

Todos -un 59,2% son universitarios- huyen para no morir de hambre, pues según una Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) en 2017 al menos el 87% de la población no podía cubrir los gastos de alimentación. O para no engrosar las estadísticas del Observatorio Venezolano de la Violencia, que cifra en al menos 26.626 las personas asesinadas durante el año pasado.

Muchos de los que no se van cruzan a diario el puente Simón Bolívar, «la frontera más dinámica de América Latina» en las décadas de bonanza, para conseguir alimentos y medicinas que por la hiperinflación -del 14.000% en lo que va de año según el Fondo Monetario Internacional- y la escasez son imposibles de obtener en su propio país. Son 25.000 cada día y tienen que hacerlo a pie porque hace tres años Maduro prohibió el paso de vehículos.

El hambre pone a los burros en peligro de extinción en Venezuela por HernánLugo Galicia – Impacto CNA – 27 de Julio 2018

Eran tantos que eran un problema hasta hace muy poco en Falcón, donde manadas de ellos deambulaban libremente provocando accidentes viales y hasta debían ser despejados de la pista del aeropuerto de Coro, la capital de ese estado en la parte norte de Venezuela.

Señora Bensouda: Es exterminio! Actúe ya! por William Cárdenas Rubio – Análisis Libre – 25 de Julio 2018

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 La Corte Penal Internacional (CPI). Está llegando a la mayoría de edad. No es que 20 sean muchos para una Corte que pretende ejercer su jurisdicción sobre los peores crímenes de la humanidad en el contexto universal. Tal vez son pocos, pero son suficientes para saber lo que hay que hacer cuando hay casos lacerantes, como el de Venezuela, que reciben el repudio de la comunidad Internacional, en el que se clama su intervención desde organismos internacionales, estados y desde órganos de la propia Organización de Naciones Unidas, como su Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

El crimen de exterminio que está ocurriendo en Venezuela ya está bajo el conocimiento de los órganos de investigación de la Fiscalía de la CPI que llevan adelante el exámen preliminar del Caso Venezuela. Así nos lo confirman las recientes comunicaciones que hemos recibido de La Haya.

Este es un delito silencioso, que se está materializando día a día cobrándose miles de víctimas, que mueren de hambre o por falta de medicamentos, o que viven estados de absoluta postración con enfermedades crónicas sin atención médica ni remedio posible, o niños y adultos en estado de desnutrición, con imágenes que nos recuerdan los campos de concentración nazi.

El régimen totalitario ha impuesto intencionalmente condiciones de vida encaminadas a causar la destrucción de una parte de la población, entre otras la privación de alimentos y medicinas. No es este el tipo penal tipificado como Exterminio en el Estatuto de Roma?

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Diá a día la cifra de muertes aumenta sin piedad, con un gobierno delincuente que se niega a recibir ayuda humaniaria ofrecida una y otra vez por estados y organismos internacionales. Los venezolanos que logran huir sin rumbo cierto, salen del país por sus fronteras con lo puesto y acaso con un pequeño maletín donde llevan su vida.

Los hechos son suficientemente conocidos por los funcionarios de la CPI, y también han sido advertidos y denunciados por numerosas personas e instituciones, entre ellos el ya mencionado ACNUDH, quien además ya le ha informado a su Fiscalía que el estado venezolano no tiene capacidad para iniciar una investigación de estos crímenes, ni quiere ni puede. Es decir, ya puede activarse la justicia complementaria de la CPI; se lo está diciendo el más alto funcionario en materia de derechos humanos del mismo sistema de Naciones Unidas.

También la hemos informado, de como se acrecienta la gravedad de los hechos a medida que pasa el tiempo, y por su puesto,  que es más que evidente el interés de la justicia en una situación que parece no tener final, y de que si no se remedia tal conducta criminal, puede ser perfectamente imitada por otros autócratas; basta echar una mirada a Nicaragua.

Sra. Bensouda: Es su momento!

Y si no puede, dígalo ya! Tal vez, a los 20 años sea el momento, para  los Estados Parte en su Asamblea anual, de revisar el Estatuto de Roma y sustituir la figura de un único Fiscal de la CPI, por un cuerpo colegiado de 5 fiscales, uno por cada continente, que cumplan la función de investigar estas denuncias de manera más eficaz, efectiva y eficiente. Una justicia lenta, no es justicia! Y una conducta negligente, en una situación como la de Venezuela, puede comprometer seriamente la responsabilidad de quienes están llamados por ley, a atender estos graves asuntos.

Entonces, Fidel Castro ganó el Mundial por Thays Peñalver – Venepress – 21 de Julio 2018

“El poder para el pueblo”, una frase que siempre viene acompañada de sus aliadas inseparables, la miseria y el hambre

Entonces, Fidel Castro ganó el Mundial

Hoy la extrema izquierda, desde el régimen venezolano que sostiene que: “África ha ganado el mundial” hasta el conato español en Podemos que va mas allá y de una vez y sin tapujo sostienen que han sido “los negros” quienes se alzaron con la copa mundial de futbol. Lo hacen, no sin antes esgrimir eso como una posible bondad para dejar entrar a las pateras (barcos) repletos de refugiados de futuros “ganadores”.

Entrar en esa dinámica xenófoba no trae absolutamente nada bueno. Pero es que el pensamiento es tan extravagante que hay que salirle al paso, porque no son pocos los que lo piensan así. Pues leer las irritantes respuestas y comentarios debajo de esas afirmaciones en los medios, da mucho mas que pensar, sobre todo cuando una de estas sostiene: “al menos los argentinos perdieron con jugadores de pura cepa”.

Expresar esas idioteces es tan repugnante como decir que el mundial de México que ganó Argentina en realidad fue ganado por Croacia, Alemania e Italia porque Maradona, Kempes, Valdano o Ruggeri no son argentinos “de pura cepa”. Lo mismo sería decir que Messi es italiano o catalán porque allí están sus “cepas” verdaderas, antes de que sus familias escogieran emigrar en busca de un mejor destino. Pero ellos son blancos y por lo tanto tienen derecho a la identidad territorial y al uso de las banderas. En fin que en el mundo sobra el idiota que debe sostener que África ya ha ganado seis o siete mundiales porque en Brasil no hay precisamente muchos portugueses jugando. Hay que quitarle a las glorias deportivas a toda América Latina y especialmente a Cuba casi todas sus medallas olímpicas, como a Jamaica a Usain Bolt porque realmente es de África Central, pues de allí son sus ancestros.

El asunto es que para los xenófobos, los africanos o “los negros” como les dicen sin medias tintas, no tienen derecho a una nacionalidad, ni a amar su bandera, ni a cantar el himno del lugar de acogida, son y serán –especialmente para la izquierda destructora- siempre africanos, por lo que ese continente es una verdadera potencia deportiva pues no solo tiene el mejor futbol del mundo, sino el mejor basquetbol, todos los records olímpicos de atletismo y cuidado si no el mejor baseball hoy en día.

Pero ya es hora de explicarles al detalle como fue que “África ganó el mundial”. Los abuelos y padres de Dembelé, Sidibé y Kanté vivían en un país en el que los cuadros políticos desde 1960 fueron formados en Cuba[i], razón por la cual un militar dio un golpe de Estado “Libertar al Pueblo” y así instaurar una Republica Democrática Popular, un eufemismo de comunista, que terminó en una de las mayores dictaduras de izquierda, pero como consecuencia de la crisis económica perpetua se le ocurrió aperturar la economía, lógicamente otro teniente coronel paracaidista formado en Cuba y Rusia dio un golpe de estado creando un “Comité de Salvación de la Republica”. El resultado es una crisis sistémica y un éxodo en pateras, junto a una hambruna perenne de cerca del 30% de la población.

Dembelé, Sidibé y Kanté tendrían una altísima posibilidad de morir de hambre, de haberse quedado en ese país.

Los abuelos y padres de N’Zonzi y Kimpembe vivieron nada menos que las tierras predilectas de Fidel Castro, en las que el Che Guevara intentó hacerse del titulo de libertador, las tierras del “gigante comunista” Patricio Lubumba muerto a balazos y sustituido por el militar ladrón de Mobutu. Finalmente como la destrucción económica y el robo terminaron en la hambruna del siglo, el dictador optó por liberalizar la economía y entonces los comunistas decidieron crear otro de sus comités de salvación nacional e imponer a un guerrillero comunista cuya dictadura natuhereditaria aun se encuentra en el poder. El resultado es el de millones de refugiados y una hambruna como en pocas naciones a tal punto que setecientos mil niños están en refugios y cerca de cuatrocientos mil están a riesgo de morir de hambre. (Unicef).

Matuidí viene nada menos que de otras de las tierras favoritas de Fidel Castro donde cientos de miles de cubanos participaron en la guerra civil para imponer el comunismo y luego de cuarenta años libertando a la nación del capitalismo, millones la han abandonado. En una nación que produce 1,5 millones de barriles y el 25% de su población no es que es pobre, es que esta muriendo de hambre porque todo ese dinero va a parar a las cuentas de los políticos. Mientras que los padres de Mbapee salieron también de una nación que lleva gobernada 35 años y de haberse quedado, no habría jamás llegado a superar la escuela primaria.

Se puede decir que las tierras que ha tocado Fidel, son las tierras arrasadas por el hambre. Como se puede decir también que cualquiera que dijera que “libertaría a su pueblo” en el tercer mundo terminó llevando a ese pueblo a la hambruna general.

Como también llegó a decir Hugo Chávez: “1,2,3 cada tres segundos muere un niño de desnutrición. Lo que no dijo, aún cuando lo sabía perfectamente, es que esos niños mueren en los países gobernados por los “Hugo Chavez”, donde han llegado los libertadores anticapitalistas, casi siempre enfundados en un uniforme militar y haciendo suyas las glorias de los héroes del pasado, llegaron al poder para perpetuarse y nunca gobernar. Un niño no muere cada tres segundos en Chile o en Argentina por desnutrición, ni siquiera mueren de hambre.

Boateng no morirá de hambre en Alemania, pero posiblemente si hubiese muerto en la Ghana de sus padres, donde el 27% de la población está a riesgo de hambre. Pogba no morirá de hambre en Francia, pero tenía todas las posibilidades de fallecer en Guinea y Lukaku no morirá de hambre en Bélgica, como si era posible que le sucediera en el Congo así como a los millones que esperan cruzar de África a Europa. Lo que nadie ve es que todos tienen algo en común: a todos un hombre santo, un libertador milagroso les prometió libertarlos, entregarles lo que “alguien” les había quitado y además, darles todo el poder. Pero lo que hicieron fue robar.

“El poder para el pueblo”, una frase que siempre viene acompañada de sus aliadas inseparables, la miseria y el hambre.

No amigos, África no ganó el mundial, porque primero tiene que vencer a la hambruna y para ello debe entender lo mismo que nosotros, que no hay gestas libertadoras ni mucho menos “hombres milagrosos”. Debe comprender como los venezolanos que no hay manera de progresar de otra forma que no sea esclavizándose al trabajo, al esfuerzo y a la educación, que la política y las ideologías en el tercer mundo solo nos han llevado a la destrucción.

También debemos entender que lo que hace la izquierda europea y mundial cortejando a los dictadores destructivos y hablando el lenguaje comunista, lo único que logran es un boomerang migratorio. La Unión Europea debe comprender primero que cada barco, arma y equipo antimotines que vendan a los sátrapas izquierdosos, les será devuelto en forma de pateras y barcos repletos de sobrevivientes, de seres humanos que huyen de esas guerras y dictadura que son aceptadas y tuteladas por la Unión Europea.

El día que entiendan que en vez de tanques deben vender tractores, que en vez de armas deben vender libros, el día que privilegien el mercado africano sobre otro, ese será el día en el que Venezuela o África, ganen un mundial. Pero hoy los presidentes europeos prefieren fotografiarse con cuanto sátrapa exista en el África o el Caribe felicitándose por el tremendo negocio que hicieron por unos cuantos barcos o armas vendidas, sin tomar en cuenta que el producto de esas armas llegará en breve a sus costas. En fin, cuando los presidentes europeos se den cuenta que cortejar a un dictador tercermundista, es el peor negocio del mundo.

Y Fidel Castro tampoco ganó el Mundial, a él se le debe imputar su cuota del hambre, la pobreza y la muerte diseminada en aras de la libertad del capitalismo. El mundial lo ganaron Francia y los franceses. Porque esos jugadores solo tienen un color, el de la bandera francesa así como la letra de la Marsellesa en sus corazones.

[i] Koulouba.com: Cuba de Fidel Castro: Une immense contribution à la formation de l’élite malienne

Red que se lucra del hambre enVenezuela opera desde Europa por Miriam Burgués/EFE – La Patilla – 16 de Julio 2018

Unknown.jpegLa red criminal trasnacional que se lucra de la venta y distribución de alimentos esenciales para la población en Venezuela, causando hambre en este país, tiene vínculos con personas y empresas que operan desde naciones de la Unión Europea (UE), según el ministro colombiano de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

La información recopilada y compartida por las autoridades de inteligencia financiera de Colombia, México, Panamá y Estados Unidos está sirviendo para que “quede evidente al mundo que el hambre que hay en Venezuela es un hambre inducida”, provocada por la “corrupción”, explicó Cárdenas durante una entrevista con Efe en Madrid.

El ministro, que participó en la capital española en un seminario sobre infraestructuras organizado por la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, es uno de los integrantes del grupo de trabajo creado por los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Estados Unidos para detectar y luchar contra los entramados corruptos vinculados al régimen del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

El grupo se reunió la semana pasada en Cartagena (Colombia) para abordar el caso específico de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) venezolanos, promovidos por el Gobierno de Maduro y encargados de distribuir alimentos de primera necesidad.

Cárdenas detalló que existe un entramado que vende esos alimentos a un sobreprecio y desvía fondos “que se mantienen en cuentas de funcionarios o testaferros del régimen de Maduro”.

Algunas de las personas y empresas de ese entramado corrupto operan desde países de la UE y, por ello, se ha invitado a la próxima reunión del grupo, fijada para septiembre en Washington, al Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac) e Infracciones Monetarias de España.

Según Cárdenas, también “se va a involucrar a las fiscalías” de los cuatro países del grupo de trabajo, dado que “el caso está ya para pasar a la etapa de imputaciones”.

La labor de las unidades de inteligencia financiera “será un insumo determinante para decisiones” frente a la crisis en Venezuela “que se puedan tomar en el escenario no solo judicial, sino también político”, aseguró el ministro.

Por otro lado, Cárdenas resaltó durante la entrevista “el momento extraordinariamente positivo” que, a su juicio, está viviendo Colombia, aunque lamentó que en la reciente campaña electoral se usara “el desprestigio” del país “como instrumento político sin ningún tipo de sustento”.

“Ha habido muchas ‘fake news’ (noticias falsas) sobre la situación en Colombia”, según Cárdenas, que entregará la cartera de Hacienda a Alberto Carrasquilla en agosto, cuando asumirá el nuevo Gobierno del presidente electo, Iván Duque.

Las reuniones de transición que ya ha mantenido con su sucesor han sido “muy cordiales, muy fluidas y con un espíritu muy constructivo”, añadió.

En su opinión, “el Gobierno que llega va a encontrar una economía en proceso de recuperación, con un crecimiento que se está acelerando”, tras un “ajuste difícil” a la nueva realidad de “convivir con menores ingresos petroleros” y a cambios “estructurales” como los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC.

Durante los procesos electorales “se tiende a descontextualizar y plantear un panorama que no es real”, puesto que “la economía colombiana está en uno de sus momentos más sólidos y fuertes”, señaló Cárdenas al destacar, entre otros, los buenos indicadores de inversión extranjera, acceso a financiación y llegada de turistas.

“El país está en una muy buena senda, el próximo Gobierno va a poder cosechar muchísimo de lo sembrado por este Gobierno”, insistió.

La conferencia “Infraestructura para la integración de América Latina”, celebrada en la Casa de América, ha reunido este lunes a ministros y responsables de Economía, Finanzas y Planificación de Bolivia, Brasil, Colombia, España, Paraguay, Perú y Uruguay, entre otras personalidades.

Se trata de la primera conferencia anual de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina en España, con objeto de ser un espacio permanente de dialogo donde representantes políticos y del sector privado compartieron experiencias y propuestas para las alianzas público-privadas.

En Venezuela el hambre se pasea por Orlando Avendaño – Panampost – 13 de Julio 2018

La mujer de Cantaura anda desnuda, dando pasos por el país, como estandarte de la maldad de un modelo, erigido sobre los pobres para profundizar la muerte

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La mujer desnutrida, sin vergüenza, esgrime su arma más letal contra la inaguantable impasibilidad. (Twitter)

Hace quince, diez o cinco años nadie, jamás, lo hubiera imaginado. Es una imagen que sustituye más de medio siglo de prosperidad, abundancia y democracia. Que lo suple de golpe. Y de la forma más despiadada. Que sirve como recordatorio de que ahora Venezuela es un país miserable, discordante incluso en su entorno americano, donde aún impera el desastre y la pobreza.

El retrato de una mujer, esquelética y consumida, caminando por las calles de Cantaura, en Anzoátegui, al este de Caracas, debería remover el estómago de todos los venezolanos. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo se permitió?

La mujer desnutrida, sin ninguna vergüenza, esgrime su arma más letal contra la inaguantable impasibilidad. Anda desnuda, dando pasos por el país, como estandarte de la maldad de un modelo, erigido sobre los pobres para profundizar el hambre y la muerte.

Es altoparlante de la penuria. Por si alguien olvidaba que, en el país de los contrastes, cientos de miles literalmente mueren de hambre. Y de enfermedad, de delincuencia y de tristeza.

La desnutrida de Cantaura se desnudó para pedir comida. En las redes dicen que es no es vieja ni loca. Que solo tiene hambre. Que solo es una víctima del chavismo.

Hace poco menos de un año, la organización humanitaria de la Iglesia Católica, Caritas, estimó que 300 mil niños morirían en Venezuela por desnutrición. La cifra fue desestimada. Sería escandalosa, se argumentó. Pero aparece la mujer de Cantaura para demostrar que no fue una hipérbole; y que Venezuela atraviesa una de las peores crisis humanitarias de la historia contemporánea de la región.

Imágenes solo concebibles en los territorios más desolados de África; o en el Auschwitz del Tercer Reich; o en los Gulags. Pero ocurre hoy, en Venezuela, un país que por años fue considerado como la cuarta nación más rica del mundo.

En Venezuela el hambre se pasea. Lo hace representada en la mujer de Cantaura, en los niños de las calles o en los profesionales harapientos y desbaratados. Ya es un país gris y andrajoso, bastante parecido a la Cuba castrista. Lleno de contrastes porque la corrupción y la renta lo permite; pero también con la penuria más trágica, jamás vista en la región.

Políticos mexicanos mala leche, cómplices de Maduro por por Juan Bustillos – Impacto – 24 de Mayo 2018

A costa de la salud de ancianos y niños venezolanos. millonario negocio inhumano

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Como si nos faltaran escándalos políticos, está por irrumpir uno mayúsculo que involucra a funcionarios federales y estatales mexicanos y a activistas de diferentes partidos políticos, en un millonario negocio inhumano a costa de la salud de ancianos y niños venezolanos.

Los nombres de los beneficiarios de este crimen contra la humanidad, están en manos de agencias norteamericanas y en cualquier momento llegarán a manos de autoridades nacionales y de la opinión pública.

No es noticia que ante la escasez y el elevado costo de los productos alimenticios en Venezuela, más de 14 millones de sus habitantes dependen de la recepción de cajas o bolsas (despensas) distribuidas a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) para alimentarse, aunque sin saberlo esta acción ponga en riesgo su vida, en especial la de niños y ancianos.

De hecho, la población más vulnerable que constituyen los menores de edad y la gente mayor, ha presentado cuadros de diarrea, vómitos y alergias, debido a la ingesta de la leche distribuida en las cajas CLAP, importada desde México con la complacencia de nuestro gobierno.

En el hospital de Catia La Mar, ubicado en el estado Vargas de Venezuela, decenas de enfermos, muchos adultos, pero sobre todo niños, llegan a diario; los padres atribuyen los síntomas de sus hijos al consumo de la leche distribuida por los CLAP porque es la única forma de ingerir lácteos porque el costo actual de la leche en polvo en Venezuela equivale a más de 2 salarios mínimos mensual.

MALA LECHE

Según los resultados de los análisis químicos realizados a varias de las presentaciones de la leche en polvo, proveniente de México y enviada a Venezuela para los CLAP, la marca “Suprema” contiene apenas 4.7 gramos de proteína por cada 100, en lugar de los 29 reflejados en la etiqueta y apenas 115.33 miligramos de calcio, comparado con los 900 que ofrece.

Por otra parte, el estudio químico realizado por la Universidad Central de Venezuela (UCV) sobre la marca “Mac Leche”, otra de las que se envían desde México al gobierno venezolano, evidenció que contiene solamente 8.79 gramos de proteína por cada 100 gramos de producto, en lugar de los 26 que ofrece, y duplica la cantidad de sodio que informa el empaque.

Además, las marcas comercializadas por esta compañía cubren apenas 1/4 de las referencias nutricionales recomendadas de proteína en la leche.

Los resultados obtenidos de estos estudios químicos demuestran que las empresas mexicanas, que desde 2017 han sido las principales surtidoras del CLAP, Grupo Brandon, Deshidratados Alimenticios e Industriales y Dilac, a través de las 6 marcas de productos lácteos distribuidas por el gobierno venezolano: “Lacto Mas”, “Suprema”, “Santa Paula”, “Mac Leche”, “KF Milk” y “Pure Milk”, no cumplen con los aportes nutricionales que necesitan tanto niños como adultos y que, por el contrario, les generan complicaciones en el sistema digestivo pues esos productos son considerados no aptos para el consumo humano.

Algunos expertos señalan que el consumo de estos productos lácteos está enriquecido con vitaminas y minerales en forma de sales, como el sulfato ferroso y carbonato de calcio, que a nivel nutricional son poco eficientes para su asimilación en el cuerpo.

Asimismo, la cantidad de sales que el producto contiene es superior a lo que normalmente se usa para la leche; como consecuencia, esto genera diarreas osmóticas, que son aquellas que se presentan, básicamente, cuando se ingieren sustancias o nutrientes que retienen el agua en parte del intestino, excediendo la capacidad de absorción del colon.

Las empresas mexicanas en complicidad con el gobierno chavista, se burlan del hambre del pueblo venezolano al ofrecerle productos que no ofrecen ningún aporte nutricional a quienes lo consumen.

 

Venezuela: las trampas del hambre en jornada electoral por Francesco Manetto – El País – 29 de Mayo 2018

El desastre económico del país mantiene bajo el yugo a la población. Mientras, el régimen teje fidelidades ante las elecciones presidenciales

El Portugués mide las palabras y evita los aspavientos delante de los clientes. Luce un cuidado bigote con canas y entremezcla los recuerdos con la indignación detrás del mostrador de El Chamo, la carnicería que regenta desde hace décadas en Petare, el barrio popular más grande de Caracas. El Portugués vende, o vendía, solomillos, chorizos y morcillas. José Florentino, este es su verdadero nombre, que pocos conocen, rememora los sucesos del Caracazo, el sangriento estallido social que partió en dos el destino de Venezuela. Se originó en 1989 tras una fuerte subida de precios, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, y sectores del chavismo lo reivindican hoy como premisa de la llamada revolución bolivariana.

“A mí me agarró aquí y me saquearon, pero entonces era fácil porque todo era más barato. La gente ya no hace mercado”. Tras las impresiones de este comerciante, a punto de cumplir 60 años, hay dos realidades en torno a las que existe consenso incluso más allá de las posiciones políticas. Primero, la situación de la gran mayoría de la población, su odisea cotidiana para sobrevivir, nunca había sido tan insostenible. Segundo, la escasez y el yugo de los precios han tejido tramas de fidelidades que atan a los ciudadanos a las autoridades a través de las bolsas de comida y los subsidios y, al mismo tiempo, fomentan negocios informales o directamente al margen de la ley. El kilo de carne se disparó hace semanas por encima de los dos millones de bolívares, la moneda local, y llegó a rozar el salario mínimo integral, fijado en 2,5 millones. Menos de tres dólares al cambio no oficial (2,6 euros).

Hablar de costes hoy en un barrio de Caracas se ha convertido en una especie de quiniela. Los precios aumentan en cuestión de días, a veces horas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un incremento del 1.800.000% en dos años, un drama superado en este siglo solo por Zimbabue. Y mientras el desastre económico se consolida, el régimen de Nicolás Maduro busca fortalecerse en unas elecciones presidenciales convocadas con unas reglas del juego que, según las fuerzas mayoritarias de la oposición, favorecen al Gobierno y suponen un mero trámite. Algo más de 20 millones de venezolanos se debaten entre votar y no acudir a las urnas por falta de garantías como piden las principales formaciones críticas con el chavismo.

“Voy a votar porque es un deber. Un buen ciudadano debe votar”, dice Carmen Holguín, costurera de 55 años, mientras espera el autobús en una larga cola que serpentea en una esquina del sector de Catia, una de las zonas más fieles a la memoria del expresidente Hugo Chávez. “Espero un cambio que sea bueno para todos porque estamos viviendo muy mal. No alcanza el dinero para nada. Cada día suben los precios”, se lamenta. Aunque no confiesa su voto, se intuye su simpatía por Henri Falcón, el representante opositor con más peso en estos comicios. William José y Víctor Valera, transportistas, muestran su desencanto con la política, pero tienen posturas distintas. “No voy a votar, ya me cansé en 2003. Ni por uno ni por otro”, asegura el primero, mientras el segundo está dispuesto a dar su apoyo a Falcón, quien se alejó de los postulados de la revolución bolivariana en 2010. “Lo más seguro es que me lance y vaya a votar. Pienso que ese hombre tiene unas ideas muy claras. Pero la política tiene mil caras”, opina sobre las sospechas de que haya pactado con Maduro un puesto en su Gobierno.

No obstante, las elecciones y su resultado, más que previsible, no son lo que más interesa en las calles de Caracas, en los mercados, en los barrios humildes y en los municipios opositores como Chacao. Con la salvedad de los chavistas ortodoxos, los caraqueños están mucho más preocupados por la seguridad —en 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, según el Observatorio Venezolano de Violencia—, por el colapso de los servicios públicos y un modelo productivo extractivista, por la caída de PDVSA, la petrolera estatal, el desabastecimiento y el aislamiento internacional. Cientos de miles de personas huyeron en los últimos meses a la vecina Colombia en busca de oportunidades.

Dar con alguien con ganas de desahogarse no es difícil. Más complicado es superar la desconfianza inicial, relacionada con el control que ejercen sobre la población las autoridades. La advertencia es habitual: cuidado con los colectivos motorizados, los grupos de choque del chavismo. Junior Moral, de 33 años, está a vueltas con unas cuentas en un establecimiento vacío. En el mostrador, un puñado de empanadas. “Una cuesta ya 200.000 bolívares. Un desayuno, tres empanadas y un jugo serían 800.000 bolívares. Si comes dos días ya prácticamente se te murió el sueldo. ¿Con qué sobrevivimos los otros 29 días? Cada día, cada hora, cada segundo la situación se hace más difícil”, describe. Moral no votará a pesar del hartazgo. O, en realidad, precisamente por el hartazgo. “Si de verdad saliera la gente a votar, yo creo que podríamos ganar, pero como todo está comprado, no va a pasar. Creo que hace cinco años ganó Henrique Capriles”, afirma sobre las elecciones de 2013.

A pocos metros, la discusión en un puesto de plátanos gira en torno a la mala calidad de los servicios y de las misiones, los proyectos sociales de barrio impulsados por Chávez con el apoyo del Gobierno cubano. “¿Qué queremos nosotros de Maduro? Que haga como Chávez, que corte por arriba, no por abajo”, resume Gladys Contreras, de 46 años, enferma y desempleada en un sistema que el año pasado superó el 27% de paro, según el FMI. “Tengo el carnet de la patria y del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela] y yo era de las que me ponía a pelear con cualquiera. Pero no voy a votar. Por ninguno, no tiene sentido porque esto ya está arreglado”, continúa.

El carnet de la patria

El llamado carnet de la patria es un documento con el que el chavismo trata de asegurarse el apoyo de las clases populares. En el país circulan más de 16 millones. Permite acceder a bonos y servicios y, aunque sobre el papel no sirva para tener una atención preferente en la recepción de las cajas periódicas de alimentos, es un instrumento utilizado para medir la fidelidad al régimen.

En Petare, Pedro Key, jubilado de 65 años, y Romina Oporte, educadora de 34, se encargan de repartir esa bolsa a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP). Esto es, una ayuda introducida por Maduro en 2016 que, como ha denunciado en repetidas ocasiones la oposición, es la base de las redes clientelares. Cada caja contiene algunos paquetes de pasta, harina, leche, sal, arroz, azúcar, aceite, atún, tomate y mayonesa… “Soy uno de los que lleva los beneficios a una parte de la población”, explica Key, veterano militante chavista. Cada mes, en el mejor de los casos, coordina la distribución de esos productos a 503 familias de la comunidad.

A pesar de su entrega absoluta a la causa, también transmite perplejidad sobre la situación. “Maduro dice que después, el 21, las cosas van a cambiar. Ojalá sea verdad. Él tiene que mejorar la economía, llevamos cinco años aguantando esto”, explica sobre lo que califica de “guerra económica”. “Los países que hoy tenemos un poco de revolución somos los más atacados en el planeta”, continúa. “Hay una larga tarea, hay que levantar el país”, tercia Romina Oporte. Mientras tanto, la trampa del hambre sigue siendo el principal recurso que permite al chavismo perpetuarse en el poder.

Asalto a la cotidianidad – Editorial Revista SIC – Mayo 2018

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Cualquiera que con ojos externos llega a nuestro país se pregunta: ¿Cómo hace la gente para sobrevivir? La situación es tan caótica que la pregunta cobra una absoluta pertinencia. Sobrevivir en este valle de lágrimas llamado Venezuela es un milagro. No hay condiciones objetivas para semejante proeza. El venezolano de a pie cada día, desde sí, tiene que poner el piso para crear las mínimas condiciones que le garanticen un día más. Vive al día, no hay otra manera de estar. La incertidumbre no es solo existencial, política, económica, social, es sobre todo, biológica: vida o muerte.

La crisis ha quebrado la mínima regularidad de la cotidianidad. En un barrio cualquiera, el día puede transcurrir así: José se levanta, va al baño y no hay agua; se puede llegar a estar hasta 20 días sin agua. Hace sus necesidades fisiológicas y no hay papel; o porque no se consigue o porque es muy caro y no lo ha podido comprar. Si tiene suerte con el agua, debe administrar muy bien el jabón, al punto que, por los costos, va guardando las cascaritas de jabón para después juntarlas y hacer nuevos jabones. Algo parecido pasa con el dentífrico, al final se rompe para extraer el mínimo de crema dental. Si se va a afeitar, lo hace a secas porque la espuma es un lujo. La afeitadora “desechable”, la cuida para prolongarle al máximo la vida útil. Sale del baño y va a la cocina, tal vez no tenga qué desayunar y, además, junto a su esposa, ante la insostenible y escandalosa hiperinflación, han decidido suprimir el desayuno, y en la medida que crece la hiperinflación irán viendo como reajustan los ritmos de comida hasta quedarse con una sola al día o, tal vez, espaciar aún más su dieta personal para priorizar a sus hijos.

Literalmente: quitarse el pan de la boca para que sus hijos coman. José trabaja en un comercio al otro lado de la ciudad y por su antigüedad gana algo más de un salario mínimo. Por falta de un sistema de transporte público que funcione adecuadamente, para llegar a tiempo a su trabajo sale de su casa a las 5 de la madrugada. La flota del transporte público ha disminuido o porque no hay repuestos o porque los propietarios no tienen el poder de compra para reponer y rehabilitar los vehículos averiados. Mientras, el Gobierno habla de guerra económica y sabotaje por parte de los conductores. En consecuencia, José tiene que recorrer 3 km caminando hasta llegar a la parada de los jeepses. No lo hace solo, varios vecinos se juntan para cuidarse entre sí y protegerse de la delincuencia que, ante la desprotección e impunidad por parte del Estado, roban celulares y, también, en ocasiones, loncheras. Una vez que llega a la parada debe esperar entre 30 minutos y 2 horas para montarse en el jeep que lo trasladará al metro. Ante la reducción de la flota del transporte por avería de los vehículos, han comenzado a aparecer camiones que hacen el servicio de transporte público. Las imágenes son dramáticas, la gente va como mercancía y los costos del pasaje son altísimos.

María, la esposa de José, es empleada doméstica. Se ocupaba de hacer servicio de planchado en casas particulares de algunas familias del este de Caracas. Ya no trabaja a diario como lo hacía antes, esto, por dos razones: la primera porque las cuatro familias donde hacía su servicio doméstico de planchar, se fueron del país y perdió su fuente de trabajo. Ahora hace servicio en el barrio, pero la paga no es la misma, a veces plancha por un plato de comida que guarda en un perolito para llevarlo a casa y compartirlo con su familia. La segunda, debido a la crisis de movilidad urbana y la falta de efectivo está prácticamente confinada a su sector. Hace poco se reunieron en familia para organizarse, pues ante la falta de efectivo y la hiperinflación, no le dan los números en sus finanzas para correr con los gastos del pasaje de todos. Ahora, los niños que antes tenían transporte particular, van a la escuela a pie. Para llegar tienen que caminar alrededor de 3 Km, y lo hacen, sobre todo, porque en la escuela funciona un comedor y pueden comer, de lo contrario desertarían de la escuela. María y José no tienen cómo sustentar el hogar, lo que ambos ganan, no les alcanza ni para medio comer; sus hijos, como niños que son, juegan futbol con sus zapatos, pero María y José no tienen como vestir a sus hijos porque un par de zapatos, de baja calidad, vale en el mercado más de diez salarios mínimos.

Bueno, el regreso a casa, después de la jornada de trabajo es otra odisea. Todos andan desesperados por llegar. En la boca del suburbio, donde se hace la cola (fila) del transporte público, hay unos tales fiscales (informales que hacen de intermediarios ente el conductor y el pasajero), que controlan y organizan discrecionalmente el acceso a las unidades de transporte e imponen, según su criterio, el costo del pasaje. Los costos del pasaje, impuestos por estos irregulares, son insostenibles para la economía familiar. José, se ha organizado con otros vecinos, para juntarse a una hora determinada y subir a pie, tres veces por semana, desde la boca del suburbio a la punta del cerro donde vive. Llega extenuado a su casa, con el estómago vacío, rezando para que haya electricidad y no encontrar su calle y su casa a oscuras. Este año, los apagones han sido el pan nuestro de cada día a lo largo y ancho del país. Muchas de las protestas han tenido como tema la electricidad, el agua y la salud. María, su mujer, lo recibe y le sirve una arepa. Le comenta que a la vecina, quien tiene su hijo en Chile, le llegó la primera remesa y gracias a eso pudo comprar unas harinas y, para celebrar la buena nueva, por agradecimiento y solidaridad les regaló unas arepas. Conversan un rato. María le cuenta que hoy fue a comprar la bolsa de comida del clap y pasó 4 horas esperando pero regresó sin nada, al final no la vendieron porque al parecer llegaron incompletas y la gente protestó por el abuso, tal vez mañana la vendan. María le comenta a José que su hermano Juan se va del país la próxima semana, porque no consigue el tratamiento para su hijo que convulsiona. José se inquieta y piensa, “varios de mis amigos del trabajo han renunciado esta semana porque también se van. Yo también lo estoy pensando. Los medicamentos de mi vieja no se consiguen, y esto que estamos viviendo no es vida, pero no es fácil empezar de nuevo”.

Y es que los más amenazados y vulnerables en medio de esta situación son los enfermos crónicos, especialmente los niños, ancianos y enfermos psiquiátricos, quienes en medio de esta situación se han visto obligados a tomar ellos mismos las calles con la consigna “no queremos morir”. Recientemente, las madres de los niños que padecen de cáncer salieron a la calle junto con sus hijos, para exigir un trato digno y respeto a la vida; ellos, quienes deberían estar protegidos por las instituciones públicas. Sus familiares emigran para, con el auxilio de las remesas, poder acceder a los medicamentos y sostener su tratamiento. Mientras, el Gobierno, inescrupulosamente, se empeña en negar la ayuda humanitaria afirmando, desde su ideología, que en Venezuela la gente vive en el mejor de los mundos.

Al brindarle una tribuna a Maduro, diario El País colabora con su dictadura – Editorial Panampost – 4 de Mayo 2018

maduro_editorial.jpg¿Qué pensarían grandes columnistas del diario como Javier Cercas, Javier Marías o Mario Vargas Llosa al saber que comparten el estrado, no con cualquier idiota, sino con un asesino?

No se trata de un ejercicio de la libertad de prensa u “objetividad” periodística; tampoco de un aporte al debate. Es la colaboración directa con el régimen chavista y sus mentiras. (PanAm Post)

Este 3 de mayo apareció un artículo en el diario El País de España titulado Nuestra democracia es proteger. Sorprende su autor: el dictador venezolano, Nicolás Maduro. Se trata de la primera columna del líder chavista en el medio. Al parecer, ahora es colaborador.

El dictador inicia en su presunto debut como columnista: “Nuestra democracia es distinta a todas. Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos. Son democracias clasistas, donde los muchos son vistos como más en cantidad, pero menos en calidad”.

Presunto debut porque no hay quien crea que el mediocre, aquel del “estado Margarita”, la “multiplicación de los penes”, “estudiantes y estudiantas” o “cultivar los pollos”, haya podido siquiera plasmar más de 300 palabras en un documento de Word —y con elocuencia—.

Tampoco es que sea un gran artículo. No lo es. En lo absoluto. Terriblemente redactado y tremendamente pueril —y, aún así, es evidente que los rechonchos dedos de Maduro no teclearon nada antes de la publicación—; pero funciona. Sirve, por supuesto, para difundir su propaganda: “La revolución económica de este nuevo período bolivariano tiene que ser innovadora y creativa. Porque decidimos responder al bloqueo comercial inhumano al que nos han sometido los Gobiernos de Estados Unidos y de Europa, y que tanto daño han hecho a nuestro pueblo”.

Que se suponga que no lo escribió genera, automáticamente, otra especulación: lo escribió otra persona. Y, entonces, ¿cómo es posible que un artículo mediocre, quizá no escrito por el autor al que se le atribuye, terminó en la sección de Opinión de uno de los medios más «prestigiosos» de España?

Es, sin duda, insólito. Porque no se trata de una colaboración más. En el texto, Maduro aprovecha para difundir la sarta de mentiras con las que pretende lograr el indulto de la comunidad internacional. Es la propaganda que le interesa divulgar. Embustes inaceptables.

Dice, primero, que rige un sistema democrático. Habla de los jóvenes y sus programas sociales. De la seguridad social y vuelve a blandir el pretexto de la “guerra económica”. La culpa de la tragedia es de Estados Unidos y de Europa; que “la economía es el corazón” de su proyecto revolucionario; y que, en su corazón, el de Maduro, está la gente.

“La nuestra es una democracia de panas, porque para nosotros la patria es el pana y el otro, mi entraña. Porque para nosotros solo hay libertad y democracia cuando hay un otro que piensa distinto al frente y también un espacio donde esa persona pueda expresar su identidad y sus diferencias”, «escribe» Maduro.

Quien lea las palabras del dictador, al final solo terminará palpando la desvergüenza de un criminal; y de, además, un medio. Nuevamente: se trata de la propagación de las mentiras de Nicolás Maduro. De un intento de seguir condonando la quimera socialista que se ha erigido sobre un mar de cadáveres.

El de Maduro no es sino el régimen de la muerte, la desgracia y la miseria. Son más de veinte mil asesinados al año por el hampa. Más de 300 mil niños con riesgo de morir de hambre, según Caritas. Venezuela es el país en el que la gente se suicida porque el drama de la vida es mayor que el dolor de la soga en el cuello. Es la última nación en el índice de libertad económica en el mundo, de acuerdo con el Fraser Institute. Donde la libertad política también es un delirio; y es la nación donde el Estado mata y tortura mientras el sol todavía alumbra. Y obviamente nada de ello —todas verdades— es mencionado en la columna en El País.

Pero de todos los medios es una desgracia inmensa que sea El País el que se preste para difundir las mentiras del dictador. En este caso no se está hablando, para nada, de un aporte al debate o de un espacio para esa supuesta «objetividad» periodística que jamás nadie debió proponer.

Maduro no tiene nada que debatir ni hay nada que demostrar. Lo que representa él es a un régimen que, no solo se ha comprobado ineficiente para generar prosperidad, sino que se ha convertido en una enérgica máquina de suprimir libertades y extender penuria.

Cada vez que alza su voz el dictador, personalmente o a través de sus tentáculos propagandísticos, lo que hace es blandir sandeces encausadas a resguardar la peligrosa máquina de matar chavista. Y ahora El País se ha prestado para ser, precisamente, uno de esos peligrosos tentáculos.

Si se abre el debate sobre la ética y los principios en el periodismo, lo que ha hecho el diario español es inaceptable. Decía el pensador francés Alexis de Tocqueville: “Confieso que no profeso a la libertad de prensa ese amor completo e instantáneo (…) La quiero por consideración a los males que impide, más que a los bienes que realiza”. Pero en este caso no estaríamos hablando de un ejercicio de esa libertad de prensa. Y en este caso, no se ha impedido un mal; en cambio, se ha realizado.

Si se trata de un pésimo artículo —sobre el que incluso se duda de la autoría de Maduro—, escrito por alguien que no goza de ninguna legitimidad para hacerlo y mucho menos para ser colaborador de un diario como El País; nuevamente: ¿cómo pudo haber terminado en la sección de Opinión?

Capaz estaríamos, entonces, frente a un repugnante acto de palangrismo. El diario El País de España, al brindarle una tribuna a Maduro, también está colaborando con su dictadura. Con la inadmisible difusión de la propaganda del peligroso régimen chavista. Esperemos que no haya sido a cambio de una “colaboración” monetaria, en estos tiempos de vacas flacas para el periodismo. Porque si hubiese sido así, tendría la columna que decir “publicidad”. Esperemos que no sea así, repetimos.

¿Qué pensarían grandes columnistas del diario como Javier Cercas, Javier Marías o Mario Vargas Llosa al saber que comparten el estrado, no con cualquier idiota, sino con un asesino? ¿No merece este terrible acto de complicidad de El País, una protesta que provenga desde las mismas entrañas del diario?

Si es que queda —porque es claro que debe quedar— algún vestigio de ética y principios dentro de El País, este debe rebelarse en contra de aquellos que pensaron que sería una buena idea prestar uno de los medios más «prestigiosos» e importantes de Europa para colaborar con la difusión de la propaganda del dictador venezolano.

 

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