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Venezuela y el hambre en el socialismo por Carlos Sabino – Panampost – 17 de Marzo 2018

Los ciudadanos están inconformes, desean que acabe la terrible situación que soportan, pero no tienen medio alguno para cambiarla.

En el socialismo el hambre del pueblo es un recurso político que usan los gobernantes para que la población permanezca sometida (EFE).

Durante mucho tiempo escuché a toda clase de personas advertir que, si la economía de Venezuela seguía empeorando, la gente se iba a rebelar espontáneamente y acabaría por derribar al gobierno. “Van a bajar los cerros”, se decía ominosamente, aludiendo a que las personas más pobres, en Caracas, viven en lo que se llaman “los cerros”, zonas de deterioro urbano. Pero nada parecido ha sucedido y la dictadura socialista de Maduro sigue allí, incólume, desafiando toda crítica y todos esos pronósticos.

Chávez introdujo precios máximos para los productos de primera necesidad e impuso severos controles a los intercambios en moneda extranjeras en 2003, rompiendo así, inicialmente, los equilibrios básicos del mercado. A medida que los precios oficiales se fueron distanciando de los que hubieran resultado de un intercambio libre, algunos artículos comenzaron a escasear. Los dólares, manejados por el estado, empezaron a no resultar suficientes por el dispendioso manejo de las finanzas públicas y, mucho más aún, cuando los precios del petróleo terminaron su ascenso y entraron en una curva descendente. El gobierno asumió la tarea de importar y distribuir artículos de primera necesidad, mostrando una enorme ineficiencia, mientras muchos productos se importaban fuera de los canales oficiales.

Como los dólares escaseaban cada vez más, pero el gobierno emitía bolívares a discreción, se produjeron dos fenómenos que siempre ocurren en circunstancias semejantes: el dólar que se transaba libremente se fue haciendo más caro, alejándose del precio oficial, mientras que los productos no regulados comenzaron una espiral inflacionaria cada vez más intensa.

Todas estas medidas llevaron a precios cada vez más altos y a un desabastecimiento muy pronunciado, mientras el gobierno repartía productos subsidiados a la gente. Pero no a toda la gente: solo a sus partidarios, pues exigió que los beneficiarios de las mercaderías subsidiadas obtuvieran el llamado “carnet de la patria” y mostraran su lealtad de muchas maneras diferentes al presidente Nicolás Maduro, que ocupó ese cargo luego de la muerte de Chávez.

Hoy la inmensa mayoría de los venezolanos viven en la pobreza y, para ellos, la situación es realmente desesperada. No pueden comprar los productos no regulados, porque una hiperinflación del 13,000% los pone fuera de su alcance, ni reciben oportunamente lo poco que les ofrece el gobierno. El hambre se ha extendido al punto de que mueren diariamente muchas personas, sobre todo niños y enfermos, y la población en promedio ha perdido más de 10 kilos de peso corporal.

La gente ha salido a manifestar durante varios meses del año pasado y se han registrado tumultos y saqueos, pero el gobierno, imperturbable, sigue allí. En una democracia más o menos normal, aun cuando sea muy imperfecta, el presidente hubiera tenido que renunciar: no hubiese soportado las críticas, o el congreso lo hubiera destituido o –en fin- se hubiese encontrado alguna salida: un gobierno que lleva al hambre y la miseria generalizados no puede subsistir por mucho tiempo. Pero en Venezuela no. Muy diferentes son las cosas en el socialismo.

En el socialismo el hambre del pueblo es un recurso político que usan los gobernantes para que la población permanezca sometida. Los ciudadanos están inconformes, desean que acabe la terrible situación que soportan, pero no tienen medio alguno para cambiarla. No solo porque el estado reprime sin piedad cualquier intento de cambio sino porque además tienen que pasar buena parte del día haciendo colas, buscando qué comer y haciendo todo lo que el gobierno les diga para poder sobrevivir. Una población hambreada, que no encuentra el modo de alimentar a sus hijos, no está en condiciones de emprender una lucha política contra quienes, precisamente, la han llevado a tal estado.

Por eso ha sobrevivido la larga dictadura de los hermanos Castro en Cuba, por eso en Corea del Norte y, antes, en la Unión Soviética, los comunistas han podido sostenerse varias décadas en el poder. Porque la combinación entre hambre y represión es sumamente eficaz para someter a los pueblos y permitir que una pequeña fracción de la población goce de todos los privilegios mientras la mayoría sobrevive en precarias condiciones.

La dictadura socialista de Nicolás Maduro, como lo hemos dicho muchas veces, no acabará porque la gente salga a protestar ni por medio de unas elecciones que el régimen siempre controlará. Solo la fuerza, de un modo u otro, podrá terminar con ese estigma que hoy avergüenza a nuestro continente.

Un niño muerto al día: las víctimas de la desnutrición por Alicia Hernandez – El Confidencial – 12 de Marzo 2018

En el estado Bolívar, la falta de un suministro regular de alimentos genera complicaciones médicas derivadas que este año han provocado la muerte de decenas de menores, tantos como en todo 2017

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Apenas se mueve o llora. Joendry es un silencioso bebé de siete meses con las manos diminutas y unos ojos que se aprecian saltones las pocas veces que los abre. No parece inmutarse ni ante el calor agobiante de la sala, las moscas que revolotean y se posan sobre su cabeza o los berridos desconsolados que da otro niño. Su cuerpecito está inmóvil sobre el lecho que su abuela ha improvisado en un banco con dos mantas dobladas y una sábana. En el hospital Raúl Leoni no hay cuna para Joendry. Tampoco hay leche o nutrientes para que se recomponga y sobreviva a la desnutrición severa que lo mantiene en 4 kilos, la mitad de lo que debería pesar.
El centro, conocido como el hospital de Guaiparo, está en San Félix, un sector de Ciudad Guayana, en el estado Bolívar, al sur de Venezuela. Allí, más que contabilizar los ingresos diarios, acumulan fallecimientos. En un fin de semana, dieciséis niños. En una guardia, cinco. Otro día puede que haya suerte y no haya ninguno. Sin haber terminado el primer trimestre de 2018, la mortandad está cerca de las cifras totales de 2017.
Cuando El Confidencial hizo la primera visita al hospital, a inicios de febrero, una doctora de Pediatría a la que llamaremos Alexandra, contó que ya había alrededor de 30 niños muertos por desnutrición. Prefiere mantener el anonimato para evitar represalias. Lleva un registro manual. Un mes después nos dice que la cifra se ha duplicado. “No tengo totalizado lo último, porque llevo unos días fuera del hospital, pero en apenas dos meses y medio ya se deben haber superado las muertes de todo el año pasado, que fueron al menos 76”. Una media de un niño muerto al día.

Mientras los saqueos se extienden por algunas regiones del país, algunas familias luchan por alimentar a sus miembros. La combinación de escasez e inflación se está cobrando un alto precio
Alexandra, que lleva una década en el hospital, dice que siempre ha visto casos de desnutrición, ya sea como patología principal o derivada de otras que llevan al organismo a una mala absorción de nutrientes. “Pero de hace cuatro años para acá, las cifras van en ascenso. Desde 2017 se ha incrementado exponencialmente. 2018 será explosivo”, augura.

Y se basa no solo en la cifra lacerante de muertes. Dondequiera que se mire en el centro, se ven niños con signos de desnutrición. “El 80% de los que vienen está desnutrido. Vienen infectados de neumonía, diarrea… Pero el origen es la malnutrición o la transgresión alimentaria que conlleva a eso. Vienen desnutridos e intoxicados porque muchas veces les dan plantas para que se curen, remedios que no les sirven. Es multifactorial. Y algunos llegan muy complicados, sin signos vitales apenas”.

Desnutrición de madres e hijos
La actual crisis en Venezuela se manifestó en 2013 con la caída de los precios del petróleo, pero en los últimos meses se ha intensificado. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2017, hecha por varias universidades venezolanas, reveló que la pobreza extrema aumentó en el país de 23,6 a 61,2% en solo cuatro años. El 80% de los hogares presenta inseguridad alimentaria y 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día.

Lisbeudis Gil, la abuela de Joendry, tiene las manos y el rostro de una mujer que ha pasado los 60 años, pero apenas tiene 41.”A los dos meses dejó de tomar teta de la madre y empezamos a darle crema de arroz con leche y azúcar. Dejé de añadirle leche porque no la encontraba. No tengo [leche de] fórmula. Y yo no tengo teta”, se lamenta.
Joendry tiene un hermano gemelo, Joandry. Ambos nacieron bajos de peso, aunque uno con ventaja sobre el otro. El primero tenía 2.300 gramos y el segundo 2.800 gramos. Ahora pesan 4.100 y 5.500 gramos respectivamente. La Organización Mundial de la Salud estima que el peso para un bebé de siete meses debe rondar los 8 kilos.
Pablo Hernández, nutricionista y miembro del Observatorio Venezolano de la Salud, lo corrobora: “Deberían estar entorno a los 8,2 kilos. Sobre todo Joendry tiene un riesgo muy aumentado de mortalidad, nació muy bajo de peso. Quiere decir que durante la gestación, la madre estuvo muy desnutrida”. Explica que ambos, por su bajo peso, presentan algún grado de déficit de nutrientes e inmunidad y son susceptibles de contraer enfermedades de riesgo infecciosas que, a la larga, pueden causar la muerte.
“Vienen con varias complicaciones y se consiguen con el desastre de escasez que tenemos en el hospital. No hay hemoderivados para ponerles plaquetas, no hay albúmina o antibiótico. Eso hace cuesta arriba algo que ya viene grave y muchas veces es irrecuperable”, dice la doctora Alexandra. La crisis hace tiempo tocó a los centros de salud, en los que apenas hay insumos tan básicos como agujas o sueros.
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Un hospital difícil de creer
En la sala de observación, en la zona de urgencias, dos enfermeras atienden a un niño con kwashiorkor, un nombre complejo para una imagen dantesca: un cuerpo pequeño, en los huesos, con la barriga enormemente hinchada. Un cuerpo que no ha ingerido proteína en mucho tiempo. En otra habitación contigua hay cinco niños más, todos desnutridos. En la planta de Pediatría se hacinan hasta 3 y 4 pacientes en habitaciones pequeñas, con el aire viciado y concentrado, sin ventilación, con un calor que puede superar los 35 grados. Las camas están desvencijadas. Una zona huele a orín. Todo está lleno de moscas.

Susana Raffalli se ha convertido en una de las voces de denuncia de la desnutrición en Venezuela. Estudió en Guatemala un posgrado en Nutrición Pública, está especializada en gestión de seguridad alimentaria, emergencias humanitarias y riesgo de desastres. Hace unos meses visitó este centro. No daba crédito. “Cómo es posible que viera tantos signos de desnutrición, de libro, todos juntos en un solo pasillo de un hospital. Ni en Guatemala o en Haití vi tanto déficit nutricional junto. Es infernal”.

Encontró queratomalacia, una enfermedad de la córnea por falta de vitamina A. Vio pelagra, que a simple vista parece una enfermedad de la piel, pero genera alteraciones neurológicas y digestivas. “Es la expresión máxima del síndrome pluricarencial, porque es la deficiencia de vitamina B3, que está en todo. Un niño que tiene desorden pelagroide ha tenido una privación nutricional masiva”, dice Rafalli. También vio, por supuesto, delgadez extrema.

Todo junto en una zona donde la malaria y la difteria están a la orden del día. “¿Tú sabes lo que es aguantar una fiebre como la que da la malaria sin grasa corporal que te ayude a aguantar aquel escalofrío?”, dice justo antes de lanzar varios insultos al aire.
En el hospital se ven muchos biberones, pero ninguno de leche. Les dan crema de arroz con azúcar, mezcla que funciona como complemento, pero no como único alimento. Un salario mínimo que no alcanza para comprar un cartón de huevos y una hiperinflación que hace que los precios aumenten cada semana han hecho que cada día se haga casi imposible comprar una lata de leche de fórmula, si es que se encuentra en el mercado.

Medidas de emergencia
“Un niño desnutrido tiene deficiencias de calorías, macro nutrientes, micro nutrientes. Es muy difícil sacarlo de ese cuadro sin suplementos. La crema de arroz lo único que le aporta es carbohidrato. Así, el niño estará hinchado, sin proteína”, dice Pablo Hernández.

Así se alimentaba la bebé Alyn Ramírez. Junto a su cuna está su madre, de 22 años, que dice que no es la primera vez que la trae con el mismo cuadro médico. “Antes le daba Nan [leche de fórmula], pero no la conseguí más o la encontraba muy cara. Empecé a darle otro producto, pero lo rechazó. Aquí llegó con deshidratación y desnutrición severa”.

María Nuria De Cesaris es la coordinadora en Ciudad Guayana de Meals 4 Hope, una ONG que desde noviembre lleva donaciones a Fundaserpe, la Fundación de Amigos del Servicio de Pedriatría del hospital del Guaiparo. Ellos lo distribuyen y así llegan, dos veces por semana, fórmula para los bebés y crema de pollo y verduras para las madres. El servicio médico del hospital lo distribuye para toda la semana. “Hace tres años que el hospital tiene el servicio de tetero [biberón] parado. Y cada vez hay menos comida. Hay un problema estructural fruto de un gobierno irresponsable. Pero mientras, hay que hacer algo con los niños. Nuestro objetivo es que no se mueran de hambre”.

El cerco a la oposición, la falta de credibilidad en los políticos y su fama de empresario exitoso convierten al hombre más nombrado y odiado por el chavismo en presidenciable
En otra cuna, un bebé luce gordito. Pero de cerca se aprecia que ese cuerpo, esponjoso e hinchado, es un edema completo fruto de la desnutrición. La doctora pide a la madre que le quite el pantalón de pijama para que no le haga marca. Obediente, cabizbaja, se lo quita y descubre unas piernas con una piel que es toda una llaga. La madre tiene 21 años y dos hijas más a las que no sabe con quién dejar en unos días, porque su marido trabaja en la mina.

Es de las pocas madres que está con su hijo. Es otra de las cosas que encontró Raffalli, una emergencia pediátrica con abuelas al cargo. “Las mamás suelen ser trabajadoras sexuales del Arco Minero. Se embarazan, vuelven a San Félix, paren y regresan a la mina. Las llaman las baratijas. Ahí es cuando pienso que el Arco Minero es extremadamente extractivo, que esa tierra está subvencionando con su oro ese nivel de desnutrición biológica, social y ética alrededor”.

Bolívar es el estado en el que se encuentra la mayor parte del Arco Minero del Orinoco, una zona de más de 111 mil kilómetros cuadrados (un territorio mayor que la isla de Cuba) rica en reservas de oro, cobre, diamante, coltán o bauxita. Desde hace años hay grandes extensiones de minería ilegal donde reina la violencia, la corrupción, condiciones de trabajo en muchos casos de esclavitud y enfermedades bajo el control de sindicatos del crimen.

Del hospital a la incertidumbre
Dos semanas después, Joendry sigue silencioso, sin apenas moverse, pero ya no en el banco-cuna del hospital, sino sobre un trozo de gomaespuma junto a su gemelo Joandry en casa de su abuela Lisbeudis, en la comunidad de Brisas del Orinoco. La habitación tiene un ventilador sin cubierta que refresca algo el ambiente. Hay dos frascos de medicamentos, los únicos que pudieron conseguir de una larga lista que necesita el bebé para su total recuperación. En la cocina apenas hay medio envase de aceite y unas cucharadas de crema de arroz.

La cabeza del hogar es la abuela, Lisbeudis. En la misma casa viven sus dos hijas de 9 y 10 años y la mayor, Brenda Licett, de 17. Fue ésta la que se enteró de golpe que estaba embarazada y que no vendría una criatura, sino dos. “Cuando lo supe, lloré demasiado, no tenía nada, ni una camisa, ni un pañal”, recuerda.
Lisbeudis es dirigente comunitaria y organiza la entrega de las cajas CLAP, los alimentos que da el gobierno venezolano como modo de paliar la escasez. “Es el único beneficio que recibo y no es suficiente”, dice. La última vez que llegó fue el 3 de febrero con un contenido que no alcanza para tantas bocas: un kilo de azúcar, pasta, arroz y dos litros de aceite.

“Cuando tuve a la mayor [en 2001] tenía todo para mi hija. Su cuna, su comida, todo. Ahora cómo hacemos”. El cambio de situación a lo largo de estos años no la baja de sus convicciones: “Siempre he sido chavista y apoyo a Maduro porque ningún otro gobierno va a venir a arreglar esto, tengo mi casita gracias a ellos, pero pido apoyo, porque no tengo trabajo ni esposo”.

Ella y su hija han tenido que pedir comida a los vecinos, cuenta entre lágrimas. “Me dicen que eso no se hace, pero no voy a dejar morir a mis nietos. El padre no se hace responsable, compra cosas para su consumo, pero no para la leche de los niños”. El ausente es revendedor de alimentos en el mercado de San Félix.

De Cesaris cuenta que muchos de los niños a los que atienden en el hospital de Guaiparo reinciden. Algunos regresan al hospital a tratar la misma dolencia: hambre. “Solo el 20% de desnutrición severa llega al hospital. El 80% se queda en las comunidades, muere allí y no nos enteramos. Es duro que un niño al que se le trató por dos semanas muera a la tercera, en su casa, porque no pudo comer”.

En casa de Lisbeudis, a menos de una hora para el almuerzo, no hay sonidos de ollas ni agua calentándose para un biberón. Una vecina le regala un paquete pequeño de pasta. Espera que alguien más traiga algunas cucharadas de leche en polvo para hacer una papilla para los bebés con ocumo (un tubérculo). Eso para hoy. Para mañana, la incertidumbre de una nevera vacía junto a un colchón de gomaespuma donde Joendry sigue, silencioso, sin apenas moverse, sin apenas llorar.

*Este reportaje se hizo con la colaboración de María de los Ángeles Ramírez Cabello en Puerto Ordaz

Tres Platos Solidarios: Investigación, Educación y Acción Comunitaria – Reto Solidaridad – 27 de Enero 2018

jose_maria_bengoa.pngSi tuviésemos que celebrar la vida del Doctor José María Bengoa, definitivamente lo haríamos sentándonos a la mesa para disfrutar de una buena comida, muy nutritiva, no sin antes invitar como comensales a esos niños que hoy comen poquito o no comen nada en Venezuela. Porque este Doctor, tan venezolano como vasco,  se preocupó por la nutrición de nuestro futuro, muchos años antes de que la crisis actual golpeara la mesa de tantas familias.

Supo agradecerle a Venezuela el haberlo recibido cuando, huyendo de la guerra en España, nos escogió como destino de un exilio. Con apenas tres meses en el país, por allá en 1938, José Mari organizó sus macundales y se instaló como médico rural en la población de Sanare, estado Lara. Probablemente en esos dos días de viaje en autobús nunca imaginó que ese, su primer trabajo en la Venezuela generosa que le daba abrigo, marcaría su carrera como médico y le señalaría el rumbo de una especialización que hoy deja un legado invalorable al país y el mundo entero.  

Tres cosas llamaron la atención del recién graduado al llegar a la población larense y comenzar su trabajo en los caseríos. Los niños, todos ellos, eran bajitos. Pensó en un principio era producto de la genética criolla. Pero además esos niños permanecían quietos, excesivamente tranquilos, durante las horas de recreo. Pensó que era por falta de balones, cuerdas de saltar y otros elementos propios de los juegos infantiles. La explicación de las observaciones anteriores, relacionadas y para nada independientes una de la otra, comenzó a armarla cuando le tocó recibir en el dispensario a niños de 1 y a 3 años con dermatitis similar a las quemaduras, hinchados y una tristeza en la mirada que le partía el alma a este médico solidario, muy humano. Hambre, mucha hambre fue el diagnóstico. Colchonetas para alojar a los niños en peor estado y un tratamiento nutricional con estricto seguimiento fue su proceder inmediato, además de educar a las madres acerca de cómo alimentar a sus hijos sacando provecho de lo que poco que tuviesen en casa.

Nacía pues el primero Centro de Recuperación Nutricional, práctica imitada y extendida en todo el mundo. Comenzaba Bengoa una carrera social bellísima en el área de nutrición, impulsando años más tarde estrategias a nivel nacional, porque no era Sanare la única población con hambre. Ya como funcionario de la Organización Mundial de la Salud, puso en marcha el Instituto Nacional de Nutrición de Venezuela, además de fundar la Escuela de Nutrición y Dietética y la revista Archivos Venezolanos de Nutrición. Muchos años han pasado de aquella experiencia rural. Bengoa se despidió del plano terrenal en 2010, quizás ya vislumbrando que el hambre se regaría por todo el territorio de esa Venezuela que tanto amó.

Pero satisfecho debe sentirse al ver su accionar replicado por otras instituciones que no descasan de denunciar la gravísima situación nutricional de nuestros niños, con investigaciones que soportan cada cifra de alerta, y trabajan arduamente en la educación de una población que tiene que hacer magia, literalmente, para garantizar una adecuada nutrición en casa. Y si te inspiras en una obra tan completa y humana como la de este héroe, bien vale la pena hacerle honor y bautizar la organización con su nombre.

La Fundación Bengoa nace en Caracas, Venezuela, en el año 2000, con el propósito de defender el derecho humano de contar con una alimentación y nutrición saludable, así como educar y brindar herramientas para que todos los venezolanos puedan alimentarse bien, en medio de una crisis de bolsillos mega golpeados. Al igual que Bengoa en su tiempo, científicos e investigadores venezolanos, inquietos por la situación nutricional en el país, toman la iniciativa de agruparse y desarrollar acciones para divulgar y promover la importancia de la nutrición saludable. Se avocan a la investigación, siempre actualizando realidades y cifras, y llevan adelante estrategias para aportar soluciones.

El trabajo de investigación de la Fundación ha permitido corroborar que en algunas comunidades de Venezuela la pérdida de peso llega a 14 kilos durante 2017, lo cual supera en más de 2 kilos la pérdida de peso que registró la encuesta Encovi para 2016.  Maritza Landaeta, directora de esta organización sin fines de lucro, no descansa en denunciar que la desnutrición, en el país, se ha disparado de manera alarmante, y deben utilizarse los adjetivos adecuados para describir la situación actual: “Alimentación en emergencia humanitaria”. La especialista se refiere al plato venezolano como un “plato blanco”: no tiene proteína, no tiene vegetales, no tiene colores. El plato de la buena alimentación debe tener colores, porque eso indica un equilibrio de los nutrientes. Eso no se está dando en Venezuela.

El accionar de la Fundación Bengoa ha permitido la intervención nutricional en escuelas y comunidades evaluando el estado nutricional de sus integrantes, y al mismo tiempo formando a padres, madres, procesadoras, a los niños, para que comprendan la importancia de una buena nutrición; va más allá de estar más flacos o gorditos. Un plato equilibrado de comida, al menos una vez al día, se traduce en salud, en prevención de enfermedades mortales, en energía para el trabajo o el estudio, en alegría para esa mirada tristona que veía Bengoa en cada rostro de los niños. Sus proyectos de nutrición comunitaria han permitido servir platos de comida, y orientación nutricional que surge de la realidad económica de cada población: de lo que disponen más, de lo que pueden llegar a comprar.

Estableciendo alianzas con diversas empresas del área de alimentos y salud, han publicado guías gratuitas de acceso libre por la internet (se agrega link al final) y llevado adelante programas puntuales que se traduzcan en un mejor comer cuando los reales no alcanzan y los ingredientes están escasos. Ejemplo de lo anterior es el programa “Mi avena” que, en alianza con una reconocida marca de este ingrediente nutricional, llevó a cabo inicialmente un plan piloto en 13 escuelas públicas del Municipio Zamora (Guarenas-Guaitre), adscritas a la gobernación de Miranda, para ese entonces presidida por Capriles R. Desde entonces han venido dictando infinidad de talleres nutricionales a docentes y madres procesadoras y se han realizado estudios antropométricos a cientos de niños.

Fundación Bengoa es un espacio excelente para el voluntariado nacional e internacional, y por ello abre sus puertas a profesionales y estudiantes que deseen aportar horas solidarias; sumar esfuerzos a la consecución de su gestión social y de su razón de ser: alcanzar la superación de los innumerables casos de desnutrición y mal nutrición a nivel nacional. Si bien la organización desarrolla actividades para garantizar su sostenibilidad, las donaciones son más que bienvenidas, así como la  incorporación de manos solidarias  siempre aplaudidas y recibidas.

Un día el Padre Quintana fue a visitar el Centro de Recuperación Nutricional en Sarare y le preguntó a Bengoa cuándo daba de alta a los niños. Su respuesta fue clara y sencilla: “cuando sonrían, Padre, cuando sonrían”. Unamos esfuerzos con la Fundación que lleva el nombre de este héroe social para que cada mañana sonría un niño más, porque una sonrisa es señal de esperanza, de mejor país mañana, de sociedad solidaria y más humana.

El diablo está en Miraflores por Héctor Silva Michelena – Blog Polis – 23 de Enero 2018

El pasado 12 de enero de 2018, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) emitió una exhortación en ocasión de celebrar su Conferencia Nº. 109 (CIX). Luego de citar palabras del Papa Francisco, donde dice: “Pienso especialmente en la querida Venezuela, que está atravesando una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes…”, los Arzobispos y los Obispos de Venezuela, en el capítulo II del breve pero objetivo documento, examinan y opinan sobre la situación venezolana en 12 numerales.  En ellos, cumplen y se ajustan a los artículos 21 y 59 de la CRVB. Siguen, además,  los preceptos establecidos en la Encíclica De Rerum Novarum, del Sumo Pontífice León XIII, publicada por el Vaticano el 15 de Mayo del año 1891, base principal de la doctrina de la Iglesia sobre justicia social, fundamentada principalmente en las palabras de Jesús: ”Amaos unos a otros como yo os he amado”.

Esta es la ley moral de esa doctrina:
Si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.

De Rerum Novarum fue una carta abierta dirigida a todos los obispos y catedráticos, que versaba sobre las condiciones de las clases trabajadoras. Este importante escrito surge a la en plena revolución industrial., cuando el capitalismo salvaje imponía condiciones embrutecedores a obreros, mujeres y niños.

Baste leer La situación de la clase obrero en Inglaterra, de Friedrich Engels (1845), precisa descripción de la brutal explotación de los trabajadores, que perduró, casi intacta, hasta bien entrado el siglo XX. Léase además a Charles Dickens, Historia en dos ciudades, (1849), y Oliver Twist, escrita entre 1837 y 1839, y Cuentos de Navidad (1843), donde un anciano un anciano egoísta y avaro asegura que no le importan los demás, lo único que le interesan son los negocios y ganar dinero.

Como el texto ha alcanzado a todo los estratos la población, me referiré sólo a algunos aspectos, a mi juicio, de gran significado para los venezolanos, de cualquier fe. Los hombres pueden elegir sólo dos campos: el del bien o el del mal. No puede haber zonas gises permanentes, la elección es inevitable. Las palabras de Jesús viven. Nadie puede vivir siempre en el filo de la navaja, ni siquiera el agnóstico. El comunista JuliusFusik, antes de ser ejecutado por la Gestapo, dijo: “Hombres, os he amado”.

En esta exhortación, dirigida a todos los venezolanos, la CEV expresa que “Como pastores, en continuo acompañamiento a nuestro pueblo, experimentamos las graves y tristes situaciones que dibujan un panorama negativo y desolador”.  Seleccionemos algunas opiniones que, a mi juicio, son exactas.

Afirman que las medidas instrumentadas por el gobierno para alimentar al pueblo, que padece hambre, son insuficientes y tendientes a crear mendicidad y dependencia del Estado. Dicen que, además los Obispos ya han hecho la siguiente advertencia: “La raíz de los problemas (del país) está en la implementación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado que el gobierno se empeña en mantener”.

Esto lo corroboran más de 100 economistas (yo entre ellos) en su carta abierta al presidente Nicolás Maduro, emitida el 12 de enero pasado. La Carta dice. “Ud. No puede desconocer que las carencias actuales están estrechamente vinculadas al intento de trasplantar un modelo que ha demostrado ser pernicioso para economías en vías de desarrollo y, en consecuencia, al manejo inapropiado de las políticas públicas, Todo gobernante debe saber que, en economía, los resultados dependen de los incentivos. […] Entre los controles más nefastos están los instrumentados sobre el mercado de divisas y sobre los precios, con graves consecuencias para las actividades productivas y comerciales y sobe el bienestar de la población”.

Los Obispos denuncian en su texto la inconstitucionalidad de la ANC, ilegítima de origen y en su desempeño. Y que con la “Ley contra el Odio” y la Intolerancia” criminaliza “toda manifestación en su contra […] cuyo efecto es consolidar un control absoluto de actividades y provocar el miedo y la autocensura”.  Tres días después, Maduro confirmó la advertencia de los Obispos, En efecto, el lunes 15 de enero, cuando rindió su Memoria y Cuenta ante la fraudulenta ANC, arremetió contra los representantes de la iglesia católica venezolana quienes en su Exhortación han sido frontales en su crítica a la situación social, política y económica del país. Aunque la Carta Magna vigente consagra la separación de los poderes públicos y la independencia del Ministerio Público (MP), Maduro instruyó al fiscal nombrado a dedo por la ANC, Tarek William Saab y al presidente del TSJ, Maikel Moreno, determinar si los sacerdotes cometieron delito de odio.

El 8 de enero de 2017, durante la instalación de la asamblea anual de la Conferencia Episcopal, el entonces presidente de la instancia, Diego Padrón, aseguró que el de Maduro “no es un gobierno democrático en sus decisiones, actuaciones y proyectos, ni es legítimo en su desempeño”. Además, Padrón describió a la ANC como un “engendro estratégico de carácter político que no es originaria ni plenipotenciaria”. Como se recordará, a fines de 2017, la fraudulenta ANC aprobó un acto normativo contra el odio que establece penas de hasta 20 años de cárcel por la comisión de actos de odio o discriminación. Los Obispos y Arzobispos de la CEV sólo han seguido la doctrina social de la Iglesia, establecida desde 1891, por León XIII, en la Encíclica mencionada, y desarrollada luego por sus sucesores. A buen seguro mantienen en sus mentes y obras las costumbres del Tábano de Atenas: a Sócrates.

¿Por qué llamaban a Sócrates “el tábano de Atenas”? Un tábano es un insecto molesto, una especie de mosca gigante que además pica. La metáfora de Sócrates y el tábano refiere a la costumbre que este tenía de “aguijonear” a los atenienses con sus preguntas en procura de que se despertaran para acceder al encuentro de la verdad. Una tarea ímproba que, de alguna forma, le costó que fuera luego condenado a muerte.

Consulté al padre Luis Ugalde sobre estas cosas: qué es el mal, los de demonios, la serpiente, creación del hombre…Esto me respondió, en mi correo, brevemente:

“Hola Hector. Te adelanto brevemente unas pinceladas sobre la teología católica, la serpiente, la manzana, el diablo etc. En la biblia hay que distinguir los géneros literarios: los psalmos, los apocalípticos, los proféticos, “los “históricos”… Desde luego el Génesis no es un relato histórico que narra el origen de la humanidad, del pecado etc.  Son relatos antropomórficos, mitos y expresiones simbólicas para expresar el misterio humano. No había paraíso, ni árbol de la ciencia, ni culebra-demonio, ni manzana. Dios no se remangó para coger barro y hacer un muñeco para luego soplar y hacer al hombre o de su costilla hacer a Eva. Tampoco trabajó 6 días y se cansó y luego descansó el séptimo, Ni en Babilonia hicieron una torre que llegara hasta el cielo… Pero todo ello expresa la condición humana de ayer, de hoy y de mañana. El demonio expresa indudablemente el mal y la tentación nuestra inclinación al mal enfrentado al amor de Dios que nos invita a ser como Dios, no por la dominación sino por el amor y la entrega. El mal es una realidad indudable, su simbolización en el demonio evoluciona. Hoy muchos teólogos católicos no creen en la personificación del diablo. Otros sí. Lo que es importante es que existe el mal, la tentación de ser como dioses por el camino de la soberbia, que hace un mundo inhumano, y existe también la invitación de Dios a buscar la plenitud humana de la que Jesús es como el arquetipo de carne y hueso”.

“Los obispos de Barquisimeto y Yaracuy no han sido detenidos. El ataque a ellos ha producido documentos de apoyo a ellos en muchas diócesis y también de todo el episcopado latinoamericano. Si luego puedo te enviaré algo de esto. Es una locura más del gobierno”.

Lo importante, pues, es que el mal existe y la tentación de ser como dioses es inmanente a la naturaleza y la condición humanas. Y la soberbia es su camino. Y Hasta en las cosas aparentemente más neutras, el demoño-símbolo encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos. Su fin justifica sus medios: negar la plenitud humana. El mal pertenece al drama de la libertad humana.

El hambre como herramienta de dominación política por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 21 de Enero 2018

gse_multipart55967El 23 de Abril de 2015 fue publicada una entrevista a Marcelo Resende, representante de la FAO en Venezuela, en la cual dijo: “Las misiones sociales, creadas durante los últimos 12 años, han sido un mecanismo fundamental para erradicar el hambre en Venezuela… en base a  la política de alimentación de un país que revirtió el índice de subnutrición y logró que más de 3.000.000 de personas que antes no tenían acceso a los alimentos pudieran tenerlo…”. 

Esta absurda declaración del Sr. Resende, un mercenario al servicio del régimen chavista, fue refutada en una comunicación remitida al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, por 40 organizaciones no gubernamentales latinoamericanas el 21 de julio de 2016, así como en mi blog, ver:http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2016/07/la-indigna-actuacion-de-la-fao-en.html ,https://www.lapatilla.com/site/2016/08/01/gustavo-coronel-la-fao-sigue-insultando-a-los-venezolanos/ y http://www.analisislibre.org/mi-queja-ante-las-fao-sobre-su-representacion-en-caracas-gustavo-coronel/.

Las misiones chavistas fueron el inicio de una estrategia que terminaría en la utilización abierta del suministro alimenticio controlado a la población como herramienta de dominación política.

Orígenes de la estrategia

La utilización de alimentos cómo herramienta de dominación política tiene sus orígenes modernos en el llamado Plan del Hambre Nazi. Este plan consistió en la transferencia de alimentos producidos en Rusia hacia la Alemania nazi, a fin de alimentar el ejército nazi a expensas de la población soviética, estrategia que causó la muerte por inanición de millones de personas. En el juicio de Nuremberg contra los criminales de guerra nazis  esta estrategia de inanición fue una de las razones que condujeron a las sentencias de muerte de los acusados.

En América Latina las estrategias similares a la usada por el régimen venezolano han sido las de los Castro en Cuba y de Salvador Allende en Chile. En Cuba ha existido desde 1963 un asfixiante racionamiento para la población, el cual la ha colocado en un plan de humillación crónica. Más parecida todavía fue la estrategia llevada a cabo en Chile por Salvador Allende, con las llamadas Juntas de Abastecimiento y Control de Precios JACP. Estas juntas chilenas fueron creadas por Allende en Abril de 1972, integradas por “un grupo de trabajadores que luchan en cada vecindario por lograr un adecuado abastecimiento, control de precios y combate en contra de la especulación”.

La manipulación de los alimentos en función política se basó en una alianza político-militar

En un excelente trabajo publicado  por PROVEA, ver:https://www.derechos.org.ve/investigacion/los-clap-7-indicios-de-discriminacion-politica  se menciona que todos los ministros de alimentación del régimen han sido militares:  el teniente coronel Yván José Bello Rojas, el mayor general Carlos Osorio Zambrano, el general de Brigada Félix Osorio, el mayor general Hebert García Plaza y el general de División Rodolfo Marco Torres, quien fue recientemente remplazado por el General Luis Alberto Medina Ramírez. Las primeras actividades de este tipo que se llevaron a cabo en el régimen datan de 2000, cuando se estructuró la llamada alianza cívico militar propuesta por el anti-semita argentino Norberto Ceresole, creándose dos grupos militarizados, el Plan Bolívar 2000 y el Fondo único Social. Estos fueron centros de gran corrupción, manejados por Víctor Cruz Weffer y William Fariñas respectivamente, ver también: https://www.elcato.org/pdf_files/ens-2006-11-27.pdf

En Julio 2016 Nicolás Maduro anunció la creación del llamado  Comando para el Abastecimiento Soberano, bajo el mando del ministro de la Defensa, General en jefe Vladimir Padrino López. Todos los ministerios quedaron supeditados a Padrino López  en el desempeño de las estrategias para afrontar la escasez de alimentos. Maduro lo dijo: “El Estado Mayor de los Comités de Abastecimiento Popular es un Estado Mayor que tiene más que rango ministerial. Cuando el Estado Mayor cite a un ministro, el ministro está obligado a rendirle cuentas porque le está rindiendo cuentas al pueblo organizado”. Se llegó al extremo de nombrar un general para cada rubro alimenticio: el General Caraotas, el general Leche, etc.

El “ejército” encargado de la logística de distribución de los alimentos estuvo estructurado por tres fuerzas chavistas incondicionales: UNAMUJER, donde militan solamente las mujeres “Bolivarianas, socialistas y chavistas”; El FRENTE FRANCISCO DE MIRANDA, creado por Fidel Castro y Hugo Chávez en  la Habana en 2003 y las llamadas UNIDADES DE BATALLA BOLÍVAR-CHÁVEZ, integradas por “destacados” miembros del PSUV, el partido chavista, quienes forman la estructura base de ese partido, según dice Elías Jaua en la página oficial de ese grupo.

En Mayo de 2016 el régimen designó a Freddy Bernal como coordinador del Centro de Control de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, conocidos como CLAP (Gonorrea, en Inglés) , cuya misión es la de supervisar la distribución de alimentos en las comunidades organizadas “para combatir la guerra económica y garantizar que los alimentos lleguen directamente al pueblo”. Freddy Bernal es un antiguo hampón, miembro de una pandilla de ladrones, hecho preso por la policía de Caracas en la década de los años 60. Hoy en día figura como uno de los miembros del régimen sancionados por USA por estar involucrado en violaciones de derechos humanos y corrupción. Bernal es un civil y quien realmente da las órdenes es el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López. Hace unos días, el 19 de Enero de este año, Padrino López, se reunió  con representantes de los mercados del  sector privado y les dijo que los precios de venta en esos mercados debían mantenerse al nivel de Diciembre, imponiendo así un control arbitrario de precios. Añadió que “estaban llegando a Venezuela 1500 contenedores con cajas de alimentos, para ser distribuidos entre el pueblo venezolano”.

La estructura organizativa de los CLAP se completaba con un grupo de “Inspectores presidenciales” al mando de un militar, el Almirante Carlos Vieira.

Como opera el sistema de los CLAP

El anuncio de la puesta en marcha de los CLAP fue hecho por Nicolás Maduro en Abril de 2016. Maduro dijo: “Comienza una revolución económica en el sistema de distribución de alimentos del pueblo venezolano por la vía del socialismo”. Al decir esto no dejaba duda de que el sistema serviría para consolidar al socialismo-comunismo en el poder. Maduro definió al sistema como : el gran instrumento de la revolución bolivariana fundada por el comandante Chávez para superar y vencer la guerra económica”. El trabajo hecho por PROVEA, arriba mencionado, cita a Aristóbulo Istúriz  en Julio 2016 diciendo lo siguiente sobre los CLAP: “Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) son un instrumento político para defender a la Revolución y al pueblo”. El 8 de junio de 2016, la gobernadora del estado Cojedes, Erika Farías, había dicho: “Los CLAP son una nueva forma de lucha, una nueva organización de base en tiempos de guerra y constituyen un ejército de vanguardia revolucionaria para defender la Patria, profundizar la Revolución”.

No hay dudas de que este sistema comenzó a operar como una herramienta política, convirtiéndose rápidamente en un arma de sometimiento del pueblo.

Los testimonios del pueblo han servido para revelar el grado de exclusión y de manipulación en la distribución de los alimentos. Para comenzar, los chavistas que operan el sistema marcan las casas de los identificados como opositores y  no reparten las bolsas o cajas en esas viviendas. Pero, cuando las entregan, los dejan para el final y  entregan cajas que contienen solo cuatro productos. La distribución divide las zonas en PRODUCTIVAS Y NO PRODUCTIVAS. Las zonas productivas son aquellas donde el chavismo siempre ha ganado las elecciones y allí hacen una distribución “eficiente”. Estas zonas incluyen barrios como Gramoven, Ciudad Caribia, Blandín, etc. Las zonas NO PRODUCTIVAS, como Ciudad Tablitas, no recibe las bolsas o las recibe tarde o incompletas. En un reportaje, ver:https://impresa.prensa.com/panorama/hambre-metodo-control-social-Venezuela_0_4747775275.html , se afirma que los escuálidos (opositores) no reciben la comida.   La organización CEDICE afirma que el régimen utiliza los alimentos como instrumento de control ciudadano, ver: https://www.venezuelalucha.com/cedice-gobierno-utiliza-hambre-una-herramienta-control-la-ciudadania/

Las bolsas llegan de manera irregular, cada mes, y su contenido varía: harina pan, en ocasiones. Pasta y arroz, productos de limpieza, salsa picante o salsa de ajos. Y hay que comprar todo o nada.

El sistema es violatorio de los derechos humanos y de la constitución venezolana.

Los CLAP carecen de basamento jurídico ya que solamente se mencionan en el Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica de fecha 13 de Mayo de 2016. La manera como está puesto en práctica, al obligar al sector privado a cerrar sus puertas y al excluir a venezolanos opositores del acceso a la alimentación, viola múltiples artículos de la constitución venezolana, los cuales hablan del goce de los derechos humanos sin discriminación de ningún tipo y el derecho de los venezolanos a la alimentación. Por su parte la regulaciones de derecho internacional estipulan que un Estado viola los derechos humanos al  negar el acceso a los alimentos a determinados individuos o grupos, tanto si la discriminación se basa en la legislación como si es activa; así como al  impedir el acceso a la ayuda alimentaria de carácter humanitario en los conflictos internos o en otras situaciones de emergencia. Esto es exactamente lo que está haciendo el régimen chavista en Venezuela.

La desnutrición infantil se acerca al genocidio

CARITAS, organización internacional de gran prestigio ha expresado su gran preocupación por la situación venezolana. El problema se agudiza porque el 60% de los pacientes que muestran desnutrición grave son lactantes. Susana Rafalli, de CARITAS, dice que un 33% de la población infantil venezolana muestra retardo en el crecimiento, lo cual incidirá negativamente en su vida adulta. Un informe de CARITAS presentado ante la ONU, ver: http://revistazeta.net/2017/11/17/informe-caritas-venezuela-ante-la-onu/  dice que la mortalidad de los niños venezolanos antes de cumplir su primer año de ha triplicado en los últimos ocho años.

CARITAS afirma que:

  • 69% de los hogares han tenido que cambiar su forma habitual para adquirir/comprar alimentos.
  • 71% de los hogares reporta haber tenido un deterioro de su alimentación.
  • El 69% de los encuestados respondió que nunca ha tenido acceso a los Clap.
  • El 41% de las familias ha tenido que pedir o mendigar por alimento y obtener alimentos en lugares no acostumbrados.

Que puede hacerse?

Lo dicho en este resumen configura una situación de emergencia alimenticia en Venezuela que puede calificarse de tragedia humanitaria. No solo es una tragedia humanitaria sino que ella es  causada  conscientemente por el régimen chavista para mantener al pueblo en estado de sumisión política,  lo cual resultará en la creación de una generación futura mental y físicamente minusválida por la vía de la desnutrición.

Intervención Ya

Cuando a esto se suma la colonización de la cual ha sido objeto Venezuela por el régimen cubano con la complicidad del chavismo y la existencia en Venezuela de un estado fallido, definido como  un estado que no puede o no quiere proveer los servicios esenciales que debe garantizar a sus ciudadanos para funcionar correctamente, es decir, estabilidad, seguridad y garantía de derechos humanos para sus habitantes, es preciso concluir que el régimen venezolano debe ser intervenido cuanto antes, a fin de acelerar su salida del poder.

La naturaleza, diplomática, económica o militar,  de esta intervención será objeto de un escrito posterior.

 

 

 

¿ Por qué la izquierda brasileña está muda ante el hambre que mata niños en Venezuela? por Juan Arias – El País – 18 de Enero 2018

Cerrar los ojos ante esas tragedias es traicionar los valores de la izquierda sensible al llanto de los desvalidos

Creo que no hay nada más doloroso que ver morir de hambre a un niño, y más si eso ocurre en un país que, como Venezuela, posee las mayores reservas de petróleo del mundo y se proclama socialista. No deja, por tanto, de resultar extraño el silencio de la izquierda brasileña frente a esas muertes infantiles por falta de comida en el país amigo. El Partido de los Trabajadores quiere volver con Lula al poder. Tiene todo el derecho de intentarlo democráticamente, pero necesitará decirnos antes qué piensa de lo que está denunciando la prensa mundial sobre Venezuela. Semanas atrás escribió el diario Folha de São Paulo: “El hambre persigue a Venezuela desde hace años. Ahora está matando a niños del país a un ritmo alarmante”. El diario brasileño relata cómo un equipo de The New York Times publicó la última Navidad un largo informe realizado durante cinco meses en 21 hospitales de 17 Estados venezolanos en el que médicos y enfermeros confirmaron que hay niños están muriendo de hambre y desnutrición por falta de comida.

La ONG Provea, defensora de los derechos humanos, ha denunciado a su vez, según el periódico O Estado de São Paulo, que los venezolanos más pobres, ante la crisis de alimentos en una economía que, como ha escrito EL PAÍS, “está en coma”, con una inflación de cinco cifras, se ven obligados a comer una especie de salchichas para perros, hechas con los restos de carnes y grasas sin control sanitario, o el pienso para gallinas que les sirve de sustituto del arroz. Lula, que apoyó las campañas de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, llegó a afirmar que en Venezuela existía “demasiada democracia”. ¿Sigue pensándolo hoy la izquierda brasileña? Lo que sí existe es hambre que mata, mientras aquí en Brasil lo que empieza a preocupar es el exceso de peso y la obesidad, que ya alcanzan a un 53% de la población, incluida la infantil.

Es cierto que muchas veces al gran público, sobre todo el menos culturalizado, no le dice demasiado la falta de democracia de un país y hasta, a veces, alberga nostalgia de las dictaduras, pero lo que no deja de doler a nadie es el hambre de un niño. El mundo está viviendo un giro a la extrema derecha con tintes de nuevos y peligrosos autoritarismos. Más que nunca es necesario que la izquierda social, ya que la ideológica ya ha perdido su sentido, se sensibilice con quienes viven como en Venezuela momentos dramáticos, no ya por carecer de papel higiénico, sino porque allí se muere de hambre. Cerrar los ojos ante esas tragedias es traicionar los valores de la izquierda sensible al llanto de los desvalidos.

Lula, que apoyó las campañas de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, llegó a afirmar que en Venezuela existía “demasiada democracia”. ¿Sigue pensándolo hoy la izquierda brasileña?

Sólo quién ha sentido en su carne el aguijón del hambre puede entender lo que supone para unos padres tener que enterrar a su pequeño muerto por falta de alimentos, como el caso de Venezuela que relata Folha. Lo saben muy bien quienes consiguieron escapar de un campo de concentración nazi. Uno de esos supervivientes brasileños, que vino a almorzar a nuestra casa, quiso comer sólo el pan que había hecho mi mujer. Nos contó que era tal el hambre que masticó en el infierno del campo que aún hoy su mejor manjar es un pedazo de pan. Yo mismo, que soy uno de los sobrevivientes del hambre que azotó a los españoles durante la Guerra Civil de 1936 y el periodo de posguerra, puedo asegurar que pocas cosas son tan duras para un niño como lo era para mi y mis dos hermanos irnos a dormir con hambre. Durante mucho tiempo, y hasta entrado ya en la edad adulta, soñaba, como una pesadilla, con el pan caliente saliendo del horno.

Son recuerdos que hoy se agolpan en mi memoria cuando leo que en la hermana y rica Venezuela hay niños que mueren de hambre o se ven forzados a disputar la comida a los perros y a las gallinas. Y así como me duele su hambre, me duele el silencio de la izquierda rica brasileña que, enzarzada en sus pequeñas disputas políticas, no consigue levantar su voz para denunciar esa tragedia. ¿O es que la izquierda aún sigue pensando que lo que le sobra a Venezuela es democracia? Lo que sí le sobra hoy es el llanto de los que no consiguen comida para sus hijos.

 

Los Descreídos por Laureano Márquez – Editorial TalCual – 17 de Enero 2018

LauQuizá el mayor daño que el régimen ha hecho no es la destrucción de la industria petrolera ni la desaparición del oro ni la quiebra de la agricultura y de la industria; no es ni siquiera el condenar al exilio al 10% de la población, la destrucción del sistema educativo y el haber conseguido que Venezuela tenga la inflación más grande del planeta, que la mortandad de cada día sea solo un dato estadístico, que los niños estén muriendo de desnutrición.

El mayor daño lo ha hecho en la demolición del alma nacional, de la esperanza ciudadana, de la dignidad de un pueblo. También han sucumbido —en este asalto a la cordura— el sentido común, la bondad, la tolerancia, la compasión y el respeto. El mayor daño ha sido hecho en nuestros corazones, que se han vuelto incrédulos, desconfiados; que solo ven maldad y traición por todas partes. Ya no confiamos en nada ni en nadie; toda opinión que no sea la nuestra nos parece interesada, despreciable, digna de agresión e insulto. Estamos en una torre de Babel de sentimientos. La destrucción es, pues, mucho mayor de lo que parece a primera vista. Ya hay momentos en los que dudamos de que Venezuela tenga salvación. Somos una tierra en la que toda maldad tiene su asiento. Estamos cercanos a eso que Hobbes llamaba el “estado de la naturaleza”, es decir, el estado previo al ordenamiento jurídico, a las leyes morales, a las normas de convivencia que hacen de un hombre un ser humano. Estamos —diría Hobbes— “en un estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos”.

Santo Tomás de Aquino decía que un tirano se apropia no solo de los bienes materiales de su pueblo, sino de sus bienes culturales; suprime los valores porque requiere un pueblo que sea lo menos virtuoso posible y promueve la enemistad entre los ciudadanos apelando al viejo principio de “divide y reinarás”. El tirano “despojado de la razón, se deja arrastrar por el instinto, como la bestia, cuando gobierna”, nos dice el Angélico. De esta manera logra envilecer a los ciudadanos hasta el extremo, porque sabe que así los somete mejor. Sin duda, en Venezuela este instinto ha funcionado a la perfección. Los venezolanos hemos sido envilecidos al extremo.

Cómo haremos para volver a creer en nosotros mismos, para considerarnos un pueblo digno de progreso y bienestar, de libertad y democracia; digno de vivir feliz sin necesidad de huir de su tierra. Es una pregunta que nos atañe y nos concierne a todos. En nuestro horizonte hay demasiada hambre, demasiada sangre, demasiado odio. Necesitamos con urgencia volver a creer en algo: creer que somos posibles, que podemos respetarnos y tolerarnos, que comer es una actividad normal del ser humano, que podemos transitar calles seguras, que los desacuerdos no nos condenan a asesinarnos, que hay esperanza y futuro y que ese futuro puede ser del tamaño del empeño que pongamos en él. No puede ser que una tierra que es capaz de producir tanto talento, tantas individualidades inteligentes y capaces, esté condenada al fracaso como proyecto común. Esta lucha comienza en nosotros mismos. Corazón adentro debemos hacer que Venezuela renazca como una aspiración de fe en nuestro espíritu, comprometida con valores, principios e ideas. La lucha es afuera y es adentro. Volver a creer en nosotros es el primer paso para salir de esto, porque a esa certeza no hay fuerza humana que la someta. Ese día veremos a la tiranía desvanecerse hasta convertirse en un mal recuerdo, como cuando, mirando un viejo retrato de nosotros mismos, caemos en cuenta de lo feos que fuimos alguna vez.

 

Saquean comercios por hambre en Venezuela – Yo Influyo – 12 de Enero 2018

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La desesperación por la falta de alimentos provocó que habitantes de diversas zonas de Mérida, Venezuela, realizaran protestas y saqueos a comercios lo que hasta el momento ha dejado un saldo de cuatro personas muertas y 16 heridas, de acuerdo a datos de las autoridades.

Hambre y saqueos

La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Polimérida tuvieron que intervenir para restaurar el orden. En Arapuey, localidad del norte del estado Mérida y limítrofe con el estado Trujillo, son tres las víctimas fatales de las manifestaciones que ocurrieron por comida desde el miércoles en la noche.

El gobernador de Mérida, Ramón Guevara, aseguró que las muertes han sido “producto de carros que andan armados disparando”, y que las víctimas no participaban “directamente” en ningún saqueo ni protesta.

Esta versión coincide con lo informado por el alcalde de Arapuey, Silvio Ruiz Torres, quien aseguró que “un grupo armado en vehículos en movimiento arremetió contra las personas que estaban en un local comercial que hacían cola para comprar arroz”.

Asimismo, la diputada a la Asamblea Nacional por el estado de Mérida, Addy Coromoto Valero, señaló que al menos seis locales comerciales de venta de comida y víveres fueron saqueados por los pobladores, “porque en este pueblo hay mucha hambre.

El gobernador señaló también que en las últimas 48 horas “más de 200 reses han sido descuartizadas” por vándalos que irrumpieron en fincas de la zona alegando tener hambre, y cifró en 12 el total de camiones cargados de alimentos que han sido saqueados cuando se trasladaban hacia “varias partes del país”.

“Este desbordamiento es producto de las clases sociales más desposeídas de la zona (…) hasta altas horas de la noche de ayer esto llegó al límite”, remarcó Guevara para luego ponderar como calmada la situación de este viernes en la región, aunque reconoció, hay “mucha preocupación” de los lugareños y empresarios.

 

Los venezolanos reciben el 2018 en emergencia humanitaria por Marinellys Tremamunno – Yoinfluyo.com – 10 de Enero 2018

Venezuela inicia el año con más de 300 mil niños en estado de desnutrición grave y con enfermedades infecciosas desbocadas. Yo Influyo te presenta la radiografía del país según el balance de Cáritas Venezuela presentado durante la CIX Asamblea Ordinaria Plenaria del episcopado venezolano.

Desnutrición Venezuela

Estas fueron las “Navidades más tristes en la reciente historia de Venezuela”, confesó el presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, monseñor Diego Padrón, durante sus palabras de apertura de la CIX Asamblea Ordinaria Plenaria, realizada el pasado domingo 07 de enero de 2018. ¿Por qué? “De nuestras visitas a las parroquias y comunidades traemos la angustia y el clamor de la gente por pan y remedios”, precisó.

Para entender por qué los venezolanos han vivido las “Navidades más tristes de su historia”, Yo Influyo presenta una radiografía de la crisis humanitaria que vive la nación sudamericana, de acuerdo con el balance presentado por la coordinadora de Cáritas Venezuela, Susana Raffalli, durante la apertura de la asamblea plenaria del episcopado venezolano.

Se pronostica emergencia sanitaria para el 2018. En Venezuela “hay enfermedades remergentes, principalmente la malaria. Se está presentando casi la mitad de los casos de malaria del mundo, es la tasa de incremento de malaria más alta de todo el continente. Tenemos nuevamente difteria, que había sido radicada en los años 50 y tenemos nuevamente sarampión; que cuando hay sarampión esto es el mejor indicio que hay un déficit masivo de la cobertura de vacunación de los niños, porque la vacuna de sarampión es la primera que se pone, es la más barata y fácil de conseguir”. Aseguró que el sistema de inmunización del país se encuentra en estado precario y que puede llevar a una emergencia sanitaria este 2018.

El sistema de salud está desmantelado. “Los pacientes trasplantados han empezado a morir por pérdida de su órgano, por el Parkinson y por algunas otras enfermedades de muy costoso manejo. La gente está desesperada por no conseguir tratamiento… Hay un desmantelamiento del sistema de salud, no solamente en cuanto a las medicinas sino también en materia de equipos y de procesos. Este sector no escapa de los problemas de inflación y escases que sufre el país. Vemos revendedores del mercado negro extorsionando con medicinas en la puerta de los hospitales. Es un mercado paralelo, inhumano, al que la gente común no tiene acceso”.

En emergencia humanitaria por desnutrición. “En octubre de 2016 comenzamos con un 8,7 % de niños con desnutrición grave, es decir 8 de cada 100 niños que se veían en las jornadas de Cáritas tenían desnutrición grave; cerramos el 2017 con 15,6 %, casi el doble, es decir el 2017 generó dos veces más desnutridos que el 2016”. Las cifras de Caritas Venezuela presentadas por Susana Raffalli son graves si consideramos que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existe una emergencia humanitaria en una comunidad cuando el 15 % de sus niños tienen desnutrición grave.

La hambruna podría ser de proporciones inimaginables. “Las proyecciones de Fedeagro, Fedenaga y Cavideas muestran que si en el 2017 cubríamos el 33 % de la demanda, sino se rectifica y no se le da mayor acceso a insumos a la industria alimentaria nacional, ésta va a estar en capacidad de producir solo el 18% de las necesidades de consumo, y se espera que haya una disminución más importante de importaciones… Los estudiosos dicen que la inflación puede llegar entre 2.600 y 5.000% en el 2018, lo cual deterioraría aún más la capacidad de la familia de comprar alimentos”.

En alerta de emergencia nutricional. “Nos mantendremos en niveles de emergencia nutricional todo el año… En el peor de los escenarios es que la desnutrición grave crezca a 1% por mes… Es una situación para la que no vamos a tener capacidad de respuesta”. La coordinadora de Cáritas calculó que existen 300 mil niños en situación de desnutrición grave.

Programas de asistencia en crisis. “Estamos comenzando enero y Cáritas ya tiene casi los inventarios del suplemento nutricional que repartimos agotados. No sabemos cuándo los podremos reponer ni cuándo podremos traer los que tenemos afuera porque no tenemos acceso a divisas, la desnutrición será cada vez más severa”.

 

Esto es genocidio, no crisís humanitaria por Paciano Padrón V. – El Imparcial al día – 9 de Enero 2017

Unknown.jpegCuando un gobierno intencionalmente decide hambrear a su pueblo, dejarlo sin alimentos ni medicinas en búsqueda de su dominio político, de su sometimiento por hambre, de su sumisión por necesidad, no estamos ante una crisis humanitaria, sino ante un genocidio, un asesinato colectivo.

Yo, como muchos, sostuve erróneamente que vivíamos la peor crisis humanitaria de nuestra historia republicana, y llegué a afirmar que Maduro era un incapaz al no mitigar el desabastecimiento. Hoy afirmo lo contrario, Maduro -arlequín del terrorismo internacional que hoy luce “dueño” del país- es un triunfador, Maduro ha logrado el propósito de arruinar la economía pretendiendo someter y arrodillar por hambre al pueblo, pagándole con el carnet de la patria, los CLAP y otras fórmulas igualmente indignas de un pueblo libre.

La mejor demostración de que el hambre es política y propósito del gobierno, es el rechazo a la ayuda internacional, al auxilio humanitario que ha ofrecido el mundo entero para mitigar el hambre de los venezolanos y frenar la muerte de niños, ancianos y adultos. La sorpresa para los donantes es la negativa del gobierno a permitir el ingreso de alimentos y medicinas, ya que estos alejarían el hambre. El régimen asesino y genocida calca los mecanismos cubanos hambreadores de su población para garantizar su permanencia en el poder. Numerosos venezolanos se escapan y van en búsqueda de mejor vida a otros países, mientras que sobre los que quedan se ejercen presiones para obligarlos a bajar la cabeza ante la necesidad de comer. Cuando no está satisfecha esa necesidad primaria, no es fácil pensar en la libertad y la democracia.

Se entiende como genocidio aquellos actos perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial, político o religioso; es matanza de grupos humanos; son lesiones graves a su integridad física o mental, sometimiento intencional a condiciones de existencia que acarrea su destrucción. El genocidio, según la Convención de la ONU de 1948 -ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempos de guerra- es un delito de Derecho Internacional, y en consecuencia puede ser juzgado por los entes internacionales competentes; es un crimen de lesa humanidad.

Lo peculiar de este genocidio terrorista-comunista es que afecta a toda la población, incluyendo a humildes venezolanos que militan todavía en el PSUV, o viven del recuerdo nostálgico de los discursos de Chávez; afecta a todos sin distingo de raza, religión o afinidad política, menos al cogollo del régimen y a los burgueses castro-comunistas que viven como reyes y han robado sin límite.

El tribunal supremo de justicia (así en minúscula) que se arrodilla ante Maduro ha rechazado, mediante sentencias indignas, que en Venezuela exista problema de alimento o medicamento, actuando con complicidad en este exterminio.

Damos con entusiasmo la bienvenida a este ya iniciado 2018, que pinta ser año de cambio, el primero de la reconstrucción nacional. El pueblo y los militares sí deben dialogar y entenderse, por el contrario, el diálogo de Santo Domingo y otros procurados por los aliados internacionales del régimen opresor, solo busca que este gane tiempo. El régimen destructor solo está dispuesto a liberar algunos presos políticos, pero nada hará para atacar el hambre y las enfermedades, para garantizar los derechos humanos y cerrar las puertas al adefesio de la asamblea nacional constituyente. Por supuesto que no cambiará el CNE ni permitirá una elección libre de presidente de la República. Ese diálogo no dará sino respiro al gobierno, yo creo en el diálogo para negociar la partida. De este de Santo Domingo, como antes dijimos, no se podrá obtener más que la libertad de algún que otro preso, lo que no es malo per sé pero es un simple engaño, porque mientras sueltan a unos, ponen en prisión a otros. Rebelión popular y ayuda internacional son el camino de este 2018, que nos llevará indefectiblemente a la libertad, a resembrar la democracia e iniciar la reconstrucción nacional.

 

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