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La instauración de la pobreza en Venezuela – Editorial El Nacional – 12 Julio 2020

El enorme impacto que ha producido la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020 –Encovi–, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, de la Universidad Católica Andrés Bello, tiene una muy probable explicación y es que ratifica, con los adecuados y precisos instrumentos de las ciencias sociales, lo que los venezolanos constatamos todos los días en nuestra experiencia cotidiana: que Venezuela ha perdido aquel halo o aquella imagen o aquella esperanza de país rico, para devenir en poco más de dos décadas en un país no solo empobrecido, sino cada día más y más venido a menos. Estructural y extendidamente pobre. El informe demuestra que los padecimientos no se corresponden a situaciones aisladas o coyunturales, sino que hablan de una nación entera doblegada a los múltiples padecimientos de carencias, estrecheces, dificultades y falta de perspectivas.

Somos un país pobre, que ha perdido un pedazo sustantivo de su población efectiva, 5 millones de personas que, en un cortísimo período de tiempo, han migrado –han huido– a otras naciones. Somos un país súbitamente envejecido, que liquidó una parte de su bono demográfico (que es la ventaja que consiste en que el número de personas en edad de trabajar supere al número de personas dependientes –niños y adultos mayores–). Somos un país paupérrimo, en el que aumenta la tasa de mortalidad infantil; disminuye la esperanza de vida; crece el número de las viviendas en condiciones de precariedad; en el que sube la tasa de hacinamiento; donde la inmensa mayoría de los hogares han sido sometidos a erosivos procesos de desestructuración.

Somos un país devastado y exhausto: que solo excepcionalmente tiene acceso a servicios básicos como agua, electricidad e Internet. Somos un país mísero, en el que 96% de las familias vive en condiciones de pobreza, y en el que alrededor de 4 de 5 de estas familias viven en condiciones de pobreza extrema. Somos un país en el último peldaño de la existencia, donde la inmensa mayoría pasa hambre, vive subalimentado –no se consumen las mínimas proteínas necesarias para la vida–. Somos un país desgarrado, donde la desnutrición infantil tiene la categoría de epidemia: afecta a 30% de la población, lo que autoriza a cualquier ciudadano de bien, a presumir las peores expectativas al respecto, es decir, que todas estas realidades continuarán empeorando mientras se mantenga el régimen de Maduro en el poder.

Este proceso de empobrecimiento rápido y masivo no es el producto de una desgracia sobrevenida. Es la meta de un plan con un específico propósito: erosionar a la sociedad venezolana, hacerla dependiente del uso político de la renta petrolera, debilitar su capacidad de defender la democracia y las libertades. Ya lo sabemos: no había ni programa industrial, ni ejes de desarrollo, ni modelo económico alternativo, ni genuino deseo de erradicar la pobreza.

El régimen nunca escuchó las advertencias que, en marzo de 1999, economistas y gremios empresariales comenzaron a formular con urgencia: las políticas que se anunciaban nos conducirían a la destrucción de la economía productiva, arrasarían con el empleo, provocarían realidades de hambre y enfermedad en todo el territorio. Las denuncias que se hicieron entonces tenían un legítimo fundamento; apenas se hizo con el poder en Cuba, Fidel Castro se embarcó en la tarea de destruir la economía de la isla, cuyo saldo no tardó en materializarse: un brutal empobrecimiento, del que no han podido recuperarse nunca, y que ha convertido al comunismo cubano en un poder mendigo, especializado en someter a su población y vivir de la ayuda extranjera.

Pero lo que probablemente nadie previó, al menos hasta 2004-2005, es que la destrucción sería tan eficaz, tan amplia, tan sistemática y tan profunda. No se estimó que la corrupción y los ilícitos adquirirían la categoría de políticas de Estado, ni que con fundamento en prácticas diseñadas de violación de los derechos humanos y políticos, se produciría una apropiación de los bienes públicos, que la nación venezolana sería manejada como un botín, y que una pequeña oligarquía político-militar haría suyo hasta el último dólar de las arcas públicas, en una operación delincuencial, que ha acabado por empobrecer, de forma extrema, a la inmensa mayoría de la nación venezolana, ese 96% del que habla el reporte de la Encuesta de Condiciones de Vida 2019-2020.

Hay que reconocerlo: han superado las peores expectativas. Han sido capaces de violar las leyes, de desconocer los poderes legítimos, se han apropiado de las riquezas y más de tres centenares de bandas organizadas se han repartido pedazos enteros del territorio para usarlo, explotarlo de forma ilimitada y con plena garantía de impunidad. El poder practica la ruindad, se asocia con delincuentes y narcotraficantes, busca aliados entre terroristas y ladrones de toda ralea y, cada vez que lo cree necesario, detiene, tortura y mata.

El debate sobre el hambre en Venezuela es, ahora mismo, un callejón sin salida: todos los indicadores sugieren que continuará empeorando. Se incrustará, con sus atroces efectos, en cada familia venezolana. Venezuela está en medio de una crisis humanitaria, cuya prospectiva es todavía más sombría. Así las cosas, la sociedad venezolana y sus aliados internacionales están obligados a actuar de inmediato: unir las fuerzas, concentrar la presión y producir en corto plazo, el cambio que las familias venezolanas demandan. Es cosa de vida o muerte.

Es el hambre, estúpido – Editorial El Nacional – 24 de Junio 2020

Un trabajador necesita 138 salarios mínimos mensuales de 2,05 dólares para poder darle a su familia de comer. Esta es una verdad que se ve en las calles diariamente, aunque el régimen quiera esconderlo con una cuarentena. Es el hambre lo que mata al venezolano desde hace años. El covid-19 es solo un accesorio que la hace más letal.

Es un hecho científico que se grita a voces, el estado del sistema inmunológico del ser humano depende de los alimentos que ingiera. Cuando una persona está desnutrida es presa de cualquier tipo de virus que haya en el ambiente. Imagínense lo que puede hacer este coronavirus con alguien que no come.

Por las redes sociales viajan cientos de videos de la gente en zonas populosas de la capital. Salen a la calle a procurarse el sustento, porque la mayoría de los venezolanos se dedica a la economía informal. La mayoría no lleva mascarillas ni respeta el distanciamiento social. ¿De verdad al régimen le sorprende por qué el foco del mercado Las Pulgas, en Zulia, es tan activo? ¿Acaso se han puesto a pensar de qué viviría esa gente si no atiende su puesto?

Si a eso le agregamos que el mayor empleador es el propio Estado que los chavistas tienen secuestrado, y que solo les pagan a sus trabajadores sueldo mínimo, la cuenta está más que clara. El venezolano no tiene dinero para cubrir sus necesidades alimentarias. Pero, insistimos, esto es de vieja data, desde que estos rojos rojitos gobiernan —o lo intentan—.

Es de la completa responsabilidad del régimen el hecho de que las estadísticas de desnutrición del país aumenten cada día. Son los culpables de que esta epidemia de covid-19 pegue con tanta fuerza. Solo hay que leer las declaraciones de los médicos zulianos que alertan sobre personas que mueren sin que les lleguen los resultados de despistaje del coronavirus.

Hacen magia para maquillar los números. No hay manera de saber la verdadera magnitud del impacto de la mezcla de hambre con virus, así como no se ha podido documentar correctamente el aumento de la tuberculosis, del sarampión y de la malaria.

¿De dónde saca el venezolano los 138 salarios para comprar comida? Más en cuarentena, cuando muchos trabajadores han sido despedidos y muchas empresas han cerrado. A ninguno en el régimen se le ha ocurrido poner en práctica un sistema para apoyar a los que generan empleos. No lo hicieron sin pandemia, mucho menos ahora.

Aunque suene terrible, es la pura verdad. En Venezuela la pandemia se llama hambre y el causante es un virus rojo rojito.

La fórmula que diseñó un venezolano para niños con desnutrición por Jackelin Díaz – eldiario – 4 de Junio 2020

Un joven venezolano desarrolló, como proyecto de su tesis de grado, un Alimento Terapéutico Listo para el Consumo a base de maní y chocolate: Esta fórmula, elaborada con productos nacionales, se realizó con la intención de disminuir los índices de desnutrición severa en niños menos de cinco años en el país

Entre una docena de escaleras de cemento una mujer encontró un asiento y juega con su bebé de un año de edad. Después de esbozar una sonrisa se presenta. Su nombre es María y su hija se llama igual. Una camiseta holgada le sirve de escondite a las marcas de los huesos que sobresalen bajo su piel y que advierten sobre su desnutrición.

Su cuerpo enflaquecido asoma los vestigios del hambre y su hija también muestra algunos indicios. Su cabello es liso, marrón oscuro, y es de esos que terminan con una perfecta armonía con la gravedad encima de los hombros. Pero sus puntas se han decolorado, sus mechones se han tornado opacos y amarillentos, siendo otra señal de desnutrición severa.

Foto: José Daniel Ramos

La falta de coloración en las puntas del cabello son signos que reflejan el hambre. La deficiencia de nutrientes en el organismo puede desarrollar que los niños pierdan el color de cabello natural en las puntas.

Las franjas oscuras y claras dan el nombre a esta patología como el “signo de la bandera” debido a que en los niños afectados se tiende a ver mechones de cabello de distintos colores.

María lo sabe, esa mañana solo pudo darle de comer a su hija una arepa sola y agua. Comenta, que no tiene los recursos para poder preparar tetero. Ella todos los días asiste a la Iglesia de San Miguel Arcángel, en Caracas, sitio donde funciona uno de los comedores más importantes de la capital. En este lugar se utiliza, gracias al apoyo de organizaciones internacionales, un alimento terapéutico contra la desnutrición.

Dicho producto fue la base del proyecto de tesis de Óscar Vásquez, un estudiante de Nutrición de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quién desarrolló una fórmula con productos nacionales.

Foto: José Daniel Ramos

Susana Raffalli, investigadora y consultora de la Fundación Caritas en Venezuela indicó que la desnutrición infantil en el país escaló de 8% en febrero a 18% en marzo, mes que se decretó la cuarentena por la pandemia del Covid-19. Dichas cifras, advirtió, representan tres veces la proyección que habían estimado las organizaciones mundiales sobre el incremento de la desnutrición en la nación.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando el porcentaje de desnutrición en un país supera el 15% se puede reconocer que se está viviendo una emergencia humanitaria de carácter nutricional.

Vásquez se basó en estas cifras para desarrollar un alimento. Si bien los suplementos alimenticios son traídos a Venezuela a través de la OMS, dichas organizaciones también recomiendan a los Estados realizar programas que impulsen el desarrollo de alimentos terapéuticos con productos del país de origen.

El alimento fue formulado a base de maní y chocolate y es capaz de recuperar 2,5 kilogramos en el peso corporal de los niños en un período menor a 30 días.

Y es que los resultados empiezan a notarse una semana después de haber iniciado el consumo del suplemento alimenticio. A pesar de esto, los niños deben continuar este tratamiento durante al menos cuatro y ocho semanas para lograr el peso correspondiente a su edad.

Iglesia San Miguel Arcángel | Foto: José Daniel Ramos

El joven explicó para El Diario que utilizó las recomendaciones del Codex Alimentarius (Código Alimentario), normas internacionales de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para elaborar un Alimento Terapéutico Listo para el Consumo.

Este manual establece, de manera obligatoria, que el producto deba ser enriquecido con “premezcla”, compuesta por una carga de vitaminas y minerales que aportan un porcentaje diario de estos nutrientes al niño para que pueda suplir la falta de nutrientes en el organismo.

Vásquez, bajo la supervisión de sus tutores, elaboró cinco productos para su estudio en los laboratorios del Departamento de Ciencias Biológicas, en el Postgrado de Tecnología y Alimentos de la Universidad Simón Bolívar (USB) en la capital. Los dos primeros a base de merey, otro de maní y finalmente la combinación entre maní con chocolate.

Todos fueron desarrollados a partir de leche en polvo, aceite y una premezcla de vitaminas, minerales y hierro», agregó Vásquez
Alimento Terapéutico Listo para el Consumo importado por la ONU en Venezuela | Foto: José Daniel Ramos

La preparación fue comparada, incluso con el modelo internacional del Alimento Terapéutico Listo para el Consumo internacional, el cual es utilizado con fines sociales y es importado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para tratar la desnutrición en el país.

Posteriormente se realizaron pruebas en un centro de Caritas en la Parroquia Santa Lucía, en los Valles del Tuy, para que los niños, a través del gusto y el tacto, evaluaran la preparación que más le agradara. Y es que 89% de los niños prefirieron el producto con maní y chocolate. Óscar había logrado el primer paso en búsqueda de la solución.

Para la OMS 1 de cada 10 niños de un país, menores de cinco años, padecen desnutrición es porque no han tenido una cantidad suficiente de alimentos y lo que han ingerido no tenía los nutrientes necesarios

“El proyecto nació con la intención de tener un producto nutricional que pudiera recuperar a un niño en poco tiempo desde su hogar. Yo quería brindar una respuesta a los índices de desnutrición infantil. Este producto es necesario y esto es un avance para el país”, expresó Vásquez.

Necesidad de desarrollar el producto

Yngrid Candela es profesora de la Facultad de Dietética y Nutrición de la UCV. También fue la tutora de Óscar para su tesis de grado. La especialista es una de las nutricionistas que llevan el control de los niños, jóvenes y adultos en el comedor de la Iglesia San Miguel Arcángel en Caracas.

Candela explicó que el Alimento Terapéutico Listo para el Consumo (ATLC) se fabrica de acuerdo a una composición estándar rica en energía y definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Foto: José Daniel Ramos

Añadió que con frecuencia los ingredientes para los ATLC estándar incluyen leche en polvo, azúcar, aceite vegetal, vitaminas y minerales. Sin embargo, los ingredientes varían dependiendo de la disponibilidad local, el costo y la aceptabilidad de cada país. “Los beneficios de estos insumos incluyen un largo tiempo de almacenamiento sin refrigeración y no requieren preparación”, sostuvo la nutricionista.

“Estos suplementos son realizados en base a un alimento que contenga grasa y que pueda contribuir con el desarrollo de un niño. Es un alimento terapéutico porque es más de lo que una persona necesita en condiciones normales. Por ello, son productos que son destinados únicamente a la recuperación nutricional”, afirmó.

¿Por qué se utiliza un alimento terapéutico y no un plato de comida?

“Esto se ha empleado por el riesgo de contaminación a la que están expuestos los alimentos en su importación. Existen más probabilidades que se contamine un producto desde su cultivo y hasta que se lleva al plato que un alimento que se encuentra en un sobre donde el niño, si lo desea, puede consumir directamente”, señaló Yngrid Candela, nutricionista

Candela puntualizó que las personas no pueden consumir este alimento sin una evaluación médica previa y un respectivo diagnóstico de un especialista. Esto debido a que existen tres productos diferentes: uno para niños con desnutrición severa, otra para moderada y por último para niños en riesgo. Además, las madres deben recibir consejerías que son llamadas “la ventana de los primeros 1.000 días”, una estrategia para salvar la vida de un niño a través de asesoramiento de cómo cuidar un embarazo, lactancia y seguridad alimentaria.

Foto: José Daniel Ramos

“Estos alimentos están contraindicados para niños que sufren de alergia, intolerancia al gluten y también niños que son diagnosticados con autismo. Tampoco lo pueden consumir niños que presenten diarreas o infecciones respiratorias. En estos casos hacemos una evaluación para determinar si ofrecemos o no el alimento”, aclaró.

La nutricionista indicó que en muchos países existen iniciativas para promover la producción de alimentos terapéuticos para niños con ingredientes locales para reducir su costo. Mencionó que existen algunos proyectos que están emprendiendo con granos, el maní y el cacao, esto abre la posibilidad de que lleguen a la industria para manufacturar el suplemento en Venezuela y así generar soluciones que beneficien a los niños en el territorio.

La conversación termina y María espera sobre un pupitre de madera la comida para su hija. Recibirá el alimento que ayudará a crecer a su hija. La mujer se despide mientras enreda su dedo en el cabello de su hija, el que ella desea que recupere su color, pero sobre todo anhela que recupere su peso.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |José Gregorio Silva

Hambre ¿caridad o justicia? por Gioconda Cunto de San Blas – TalCual – 4 de Junio 2020


Hambre

 

«Por un tiempo considerada la “Arabia Saudita” de América del Sur, hoy Venezuela se parece más bien a Siria. Destruida económicamente e inestable socialmente, el país ahora lucha contra un espectro más alarmante: el hambre». Así comienza un extenso trabajo publicado por el reputado diario inglés The Guardian, artículo en el cual las imágenes reflejan con cruda elocuencia el drama que vivimos como sociedad.

Ya el programa ENCOVI (Encuesta de condiciones de vida), llevado adelante con el concurso de tres prestigiosas universidades venezolanas (UCV, USB y UCAB) desde 2014, nos había alertado sobre el incremento de la pobreza en Venezuela; como dato revelador en 2018, 80% de los hogares presentaba riesgo de inseguridad alimentaria, debido a que 90% de la población no tenía ingresos suficientes para comprar alimentos (en abril de 2020 se requirieron 184 salarios mínimos para cubrir la canasta básica alimentaria mensual de una familia de 5 miembros).

Tales cifras han hecho que hoy Venezuela haya sido clasificada con el dudoso honor de ser el cuarto país con mayor crisis alimentaria en el mundo, con 9,3 millones de personas (un tercio de la población) en urgente necesidad de asistencia humanitaria, detrás de Yemen, la República Democrática del Congo y Afganistán, según el reciente Reporte Global de Crisis Alimentarias 2020. De ellos, 2,4 millones presentan serios problemas de inseguridad alimentaria, a los cuales se añaden 1,2 millones de migrantes venezolanos en Colombia y Ecuador en situación similar, que forman parte de ese contingente de más de 5 millones de venezolanos que hacen de nuestro país el segundo con mayor crisis de desplazamiento de población, detrás de Siria.

El reporte global ya mencionado, sin embargo, ha sido sujeto a críticas por parte de un destacado grupo de 8 organizaciones nacionales dedicadas a temas relativos a nutrición, que en un documento respaldado por 80 instituciones y 107 individualidades, reclaman insuficiencias en el reporte global que atenúan la dramática situación actual de Venezuela, con consecuencias negativas en la prosecución de ayuda para enfrentar esta emergencia humanitaria compleja.

En dicho documento se reconoce el esfuerzo realizado en los dos últimos años por algunos organismos y agencias internacionales para visibilizar la magnitud de la grave situación venezolana. Entre ellos, los pronunciamientos de Unicef en 2018, el de los relatores especiales de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU ese mismo año y la visita de la Alta Comisionada en 2019, así como la instalación formal en 2019 de la arquitectura humanitaria de Naciones Unidas (OCHA) a través de la representación en el país del Clúster Mundial de Nutrición.

No obstante, el manejo desactualizado de las informaciones sobre la situación alimentaria y nutricional de Venezuela, en algunos puntos con 11 años de retraso, hace que el lector del reporte global pierda la dimensión del problema en el curso de años recientes.

Un ejemplo en este sentido es que, con base en información inadecuada, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT) excluyó a Venezuela de los países apoyados en su plan de acción frente a la pandemia por Covid-19, una omisión que representa la pérdida de una oportunidad de protección para millones de venezolanos que viven con limitaciones profundas en su acceso a servicios básicos determinantes, entre otras cosas, de la propagación del virus.

Otro elemento a reclamar es que en el reporte global se incluye a Venezuela como ejemplo en distribución de alimentos a través de las llamadas Cajas CLAP, cuando está documentada la corrupción en la ejecución de ese programa, la ineficiente composición nutricional de los productos allí repartidos, la inoperancia del sistema de distribución, en medio del más alto contexto hiperinflacionario del mundo, con repercusiones sobre los ínfimos ingresos familiares y el escaso poder adquisitivo de las familias. Resultado: el mantenimiento de la población vulnerable en hambre crónica.

Y mientras esto ocurre, la cuarentena impuesta a los vecinos para protegernos del coronavirus y resguardar al régimen de protestas ciudadanas por la falta de gasolina, ha hecho que las pocas granjas y fincas dedicadas a la producción agropecuaria hayan ido perdiendo sus productos, al tener serias dificultades para hacerlos llegar a los consumidores.

Una Venezuela famélica que espera por los nutrientes que otra Venezuela debe desechar por no poder mantener la cadena de distribución, afectada por un proceso progresivo de desmantelamiento y destrucción institucional.

El hambre, un tema de inaplazable resolución en esta Venezuela devastada que clama por justicia social.

Hambre al límite por Ramón Peña – La Patilla – 31 de Mayo 2020

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     “Es inaceptable que continúe la situación que vivimos”

Conferencia Episcopal Venezolana, mayo, 2020

La dictadura alardea, y hasta ¡curiosamente! engatusa a organismos como la FAO, con su propaganda de mitigar el hambre con las bolsas Clap. En un revelador pronunciamiento, www.ovsalud.org/noticias/2020 el Observatorio Venezolano de la Salud y otras acreditadas instituciones, denuncian que las bolsas, de distribución esporádica, tienen un aporte nutricional desequilibrado de carbohidratos y grasas, ultra procesados, ajeno a normas alimenticias de protección a lactantes y niños. Agregan: “En una familia de cinco miembros, si preparan tres comidas al día con estos alimentos, cada persona consumiría 1.300Kcal/día  y alcanzaría solo para cinco días. ¿Cómo se alimentan los demás días? Esta estrategia mantiene a los más vulnerables sumidos en hambre crónica.”

El Programa Mundial de Alimentos sobre Crisis Alimentarias 2020, revela que 9.3 millones de venezolanos sufren de inseguridad alimentaria y 60% de la población cae en la categoría de seguridad alimentaria marginal, es decir, una escala de deterioro inocultable. La dictadura insiste en no admitir que el país sufre una crisis alimentaria. Esta postura oficial determinó que el Programa de ONU para los Asentamientos Humanos excluyese a Venezuela del Plan de Apoyo frente a la Covid-19, causando la pérdida de protección para millones de venezolanos que sufren limitaciones profundas de acceso a servicios básicos que pueden ser determinantes en la propagación del virus.

La sombría premonición de Uslar Pietri, de que veríamos a la Cruz Roja repartiendo  platos de sopa en las esquinas de Caracas cuando se agotase el petróleo, no se ha cumplido porque la Cruz Roja todavía no ha venido, o no la han invitado, o no la han dejado venir, pero la realidad supera el vaticinio del ilustre escritor: el petróleo está liquidado, por corrupción e indolencia, y a falta de sopa, en las esquinas de Caracas vemos a ciudadanos hurgar en las bolsas de basura.

 

 

 

 

 

 

 

“Estamos pasando hambre”: el drama de venezolanos que regresaron a su país por el COVID-19 y fueron aislados en condiciones insalubres – Infobae – 28 de Mayo 2020

El régimen de Nicolás Maduro obliga a pasar 14 días de cuarentena en duras condiciones a las personas que deciden volver a Venezuela en medio de la pandemia

Aislados en el estadio municipal de Coro, estado Falcón, denunciaron que están sin instalaciones sanitarias óptimas y recibiendo comida de mala calidad

Venezolanos que regresaron a su país desde Colombia y Perú en medio de la pandemia del coronavirus se encuentran aislados por el régimen de Nicolás Maduro en instalaciones con condiciones insalubres que ni siquiera cumplen con una apropiada ración de alimentos.

Uno de estos sitios fuertemente custodiados por tropas chavistas es el estadio municipal de Coro, en el estado Falcón. A través de un video por redes sociales, varios de los aislados en ese lugar denunciaron que están “pasando hambre” y que la poca comida que les dan “no se la comen ni los perros”.

“Ayer dieron arroz solo, de almuerzo”, contó uno de los confinados en Coro“Ayer dieron arroz solo, de almuerzo”, contó uno de los confinados en Coro

La orden de Maduro es que los ciudadanos que vuelvan a Venezuela deben cumplir 14 días de cuarentena en cualquiera de estos “refugios” dispuestos en varios estados del país para descartar cualquier contagio de COVID-19.

En el video de los confinados en el estadio de Coro, una mujer detalló la situación que viven: “Yo puedo aguantar, pero mi hijo no. Las comidas que están dando aquí son asquerosas, ni los perros se la han querido comer. ¿Cómo es posible que el desayuno sea una olla de arroz que se había quemado?”.

Venezolanos viven en condiciones insalubres durante los 14 días de aislamiento que ordenó Maduro para quienes quieran regresar al paísVenezolanos viven en condiciones insalubres durante los 14 días de aislamiento que ordenó Maduro para quienes quieran regresar al país

El deseo de miles de venezolanos de regresar a su país por la pandemia del coronavirus, que los dejó sin oportunidades de trabajo en Colombia, se convirtió en toda una odisea para familias enteras que a diario chocan con todo tipo de obstáculos para llegar hasta la frontera.

El fenómeno migratorio que se vio en los dos últimos años en las carreteras de Colombia, de los venezolanos caminando en fila, muchos de ellos solo con lo puesto, para llegar a ciudades como Bogotá, Medellín o Cali en busca de mejor vida, se repite ahora pero en sentido contrario.

Protesta de otro grupo de personas que regresó a Venezuela y fue obligado a cumplir con esta medida de aislamiento forzosa en el hotel Plaza Mayor en Caracas

Pero si no la tuvieron fácil al llegar tampoco la tienen al salir porque la frontera, que desde 2015 solo estaba abierta al paso de peatones por orden de Venezuela, fue cerrada completamente en marzo pasado como parte de las medidas para controlar la pandemia.

Según Migración Colombia, el régimen de Nicolás Maduro solo autoriza el paso de 300 retornados diariamente, de los cuales 200 lo hacen por el Puente Internacional Simón Bolívar, que conecta a Cúcuta con la ciudad venezolana de San Antonio del Táchira, y 100 más por el José Antonio Páez, en Arauca.

Según el chavismo, más de 50.000 venezolanos han regresado al país durante la pandemia del COVID-19.

Sobre este retorno, Maduro mencionó que se debe a que “están huyendo” de los gobiernos de los 17 países que componen el Grupo de Lima, a quienes también calificó como “un club de estafadores políticos”. Añadió que esos países están “cundidos de COVID-19, en caos total” y “vienen a meterse con Venezuela en medio de la pandemia”.

Huida y regreso al infierno por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 17 de Mayo 2020

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En 2016, comenzó a extenderse el cada vez más terrible y complejo fenómeno social venezolano, que ha consistido —y consiste— en huir del país. Con el paso de los días, las semanas y los meses, la huida se masificó. Creció de forma extraordinaria en los años siguientes, hasta que en 2018 adquirió las proporciones de problema continental, que ha exigido —y exige todavía— la movilización de autoridades, gobiernos, organizaciones no gubernamentales y organismos multilaterales. En varios artículos me he referido a esta cuestión. A comienzos de 2019 estuve en Cúcuta (capital del Departamento Norte de Santander), ciudad frontera del oeste de Colombia, y pude ver a miles de venezolanos en condición de refugiados, escuchar los testimonios de unos pocos, y comprender la magnitud del dolor y la incertidumbre que envolvían sus vidas.

La primera cuestión que quiero recordar aquí es que alrededor de 4 millones de personas huyeron de Venezuela en un período de unos cinco años. Huyeron ante lo que entendieron como peligros inminentes: el hambre en constante crecimiento; el espacio público en manos de grupos armados; el colapso sostenido de los servicios públicos —especialmente la energía eléctrica y el agua potable; la liquidación de empresas y la desaparición de fuentes de empleo; la aniquilación, en la realidad, de los servicios hospitalarios y de atención primaria. Huían, por la razón primordial que se huye de las dictaduras, las guerras y las catástrofes: para salvar la vida.

Un porcentaje, menor a 8%, lo hizo por vía aérea, atendiendo a una mínima planificación. Más de 90% salió por las fronteras, en buses, arremolinados en camiones, en bicicletas o emprendiendo largas y penosas marchas a pie. Personas solas —especialmente jóvenes—, parejas de todas las edades y hasta familias con niños y bebés, tomaron el riesgo incalculable de cruzar la peligrosísima frontera de Venezuela y Colombia, o la también riesgosa frontera de Venezuela y Brasil, buscando sobrevivir.

Se cuentan por cientos de miles —léase bien, cientos de miles— las personas que huyeron sin un destino al que dirigirse. Que a veces no tenían más referencia que el nombre de un pueblo o una ciudad en Perú, Colombia, Ecuador o Brasil. No más que eso. O que habían escuchado de algún vecino, que tenía un familiar en tal parte. Y nada más. Huían sin un centavo en los bolsillos, sin ninguna perspectiva concreta de trabajo, sin un lugar donde dormir, sin información o idea de cuál sería el punto en el que finalmente se establecerían. Literalmente, sin nada, salvo ese voluntarismo tan poderoso que consiste en sobrevivir.

A lo largo de estos años, no ha habido un día en el que los venezolanos que huyeron no hayan sido fuente de noticias. Para los gobiernos de varios países, mencionaré aquí los de Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia y Panamá, pero también otros, el torrente venezolano ha exigido invertir recursos de toda índole, para atender la emergencia. En la respuesta de las autoridades de la región latinoamericana ha predominado la solidaridad activa, a pesar del costo político que ello ha supuesto.

De distintas partes del mundo, no solo de América Latina, han surgido informaciones que hablan de sorprendentes emprendimientos, de indiscutibles demostraciones de talento, de proyectos que han logrado posicionarse en la producción, los servicios, lo académico o lo cultural. Pero no es todo. También ha ocurrido, especialmente en algunas ciudades de Colombia, Ecuador y Perú, que venezolanos han participado en delitos y acciones criminales. Algunos de estos hechos han sido el producto de una violencia atroz. Esa criminalidad extrema ha sido un factor clave, no lo podemos negar, que ha contribuido a despertar ciertas lamentables expresiones de xenofobia, que es también un tema que merecería una mayor atención de parte de los gobiernos, pero también de entidades como la Cepal, con capacidad de producir un diagnóstico sobre este candente asunto, en el ámbito de toda la región.

Así las cosas, la irrupción de la pandemia ha significado para cientos de miles de compatriotas, que habían logrado establecerse de algún modo en decenas de países —con sacrificios, aceptando empleos precarios, viviendo en condiciones de enorme dificultad—, nada menos que la obligación de regresar a Venezuela, toda vez que la debacle económica que ha desatado el covid-19, hace inviable, insostenible, la posibilidad de mantenerse en los países a los que huyeron. Puesto que la crisis económica tiene un carácter planetario, no queda otra alternativa que volver al propio país.

Un capítulo que merece la mayor atención de los lectores es la nueva ruta de padecimientos que están sufriendo miles y miles de venezolanos que, sin recursos, sin ahorros, sin apoyo de ningún ente, están obligados a regresar a Venezuela, y que no encuentran cómo hacerlo. Muchos están en condiciones de hambre y en la calle, especialmente en América Latina. Compatriotas durmiendo en las calles, apostados en las puertas de alguna embajada, en esperas sin final previsible en terminales de buses o afrontando los peligros de nuevas caminatas, son las nuevas escenas que nos están proveyendo los medios de comunicación.

Como lo advertí en mi artículo del domingo pasado, Venezuela se ha convertido en un territorio que se han repartido centenares de bandas de delincuentes, en su mayoría bandas armadas. En eso consiste la tragedia que deben afrontar los cientos de miles que ya han comenzado a regresar: que no regresarán a una nación, sino al infierno del socialismo del siglo XXI, ahora mismo en una situación mucho peor que cuando se marcharon.

Anarquía y hambre en las cárceles de Venezuela: lo que dejó al descubierto la masacre de la cárcel de Guanare – Infobae / Reuters – 8 de Mayo 2020

Una investigación reveló que el hecho, que dejó 47 muertos, comenzó luego de que guardias chavistas comenzaran a robar el alimento que los presos recibían de sus familiares, su única fuente de sustento. Dos reclusos aseguraron que los soldados ejecutaron a varios de los heridos en el suelo

FILE PHOTO: Security towers are seen at Los Llanos penitentiary after a riot erupted inside the prison leaving dozens of dead as the coronavirus disease (COVID-19) continues in Guanare, Venezuela May 2, 2020. REUTERS/Freddy Rodriguez/File Photo NO RESALES. NO ARCHIVE.FILE PHOTO: Security towers are seen at Los Llanos penitentiary after a riot erupted inside the prison leaving dozens of dead as the coronavirus disease (COVID-19) continues in Guanare, Venezuela May 2, 2020. REUTERS/Freddy Rodriguez/File Photo NO RESALES. NO ARCHIVE.

Tres semanas antes de que muriera baleado, Miguel Calderón, un recluso en la cárcel de Los Llanos, envió un mensaje de voz a su padre.

Vivimos entre la mierda y la basura”, dijo Calderón, un ex soldado de 26 años encarcelado por robo de automóviles, en el mensaje revisado por Reuters.

Al igual que muchos reclusos en las violentas y hacinadas penitenciarías de Venezuela, los 4.000 reclusos del Centro Penitenciario de Los Llanos, en el estado centroccidental de Portuguesa, normalmente subsisten con la comida que los familiares les llevan.

Pero las autoridades prohibieron las visitas debido a una cuarentena impuesta en marzo ante el coronavirus.

Los guardias, desesperados por la escasez nacional, comenzaron a robar la poca comida que entraba a través de las rejas, dijeron los reclusos, lo que obligó a algunos prisioneros a comer animales callejeros.

Para el 1 de mayo, Calderón y otros convictos no pudieron soportarlo más. Alrededor del mediodía, se agolparon en la entrada de la cárcel, exigiendo cambios y algunos intentaron escapar, según dos testigos y otras tres personas familiarizadas con el incidente.

Familiares de reclusos protestan fuera de la cárcel de Los Llanos en Guanare, Venezuela Foto: REUTERS/Freddy RodriguezFamiliares de reclusos protestan fuera de la cárcel de Los Llanos en Guanare, Venezuela Foto: REUTERS/Freddy Rodriguez

Dijeron que un contingente de soldados de la Guardia Nacional que vigilaban el perímetro abrió fuego y golpeó a decenas de reclusos.

Al final del día, 47 prisioneros habían muerto y 75 más resultaron heridos, dijo el grupo no gubernamental Observatorio Venezolano de Prisiones, durante el evento más reciente en la historia de masacres en prisiones venezolanas.

Las dos personas en la cárcel en ese momento, interrogadas por Reutersdicen que los soldados ejecutaron a varios de los heridos en el suelo.

Al día siguiente, la oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos expresó su gran preocupación y pidió una investigación.

Los Ministerios de Información y de Servicios Penitenciarios no respondieron a las solicitudes de comentarios, y Reuters no pudo hablar con ninguno de los guardias o soldados presentes durante el incidente.

La ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, dijo el 6 de mayo en una entrevista con la emisora Unión Radio que era “falsa, de toda falsedad” la versión de la protesta de los presos en Los Llanos por comida.

El fiscal general de Venezuela, Tarek Saab, dijo el viernes que las autoridades estaban investigando el incidente y estaban realizando autopsias a 47 víctimas.

El destacamento de la Guardia Nacional local, en un comunicado, dijo que el director de la penitenciaría había sido herido con un “objeto punzo penetrante”, mientras intentaba hablar en la entrada con los reclusos y cuando intentaron huir “fueron abatidos”.

Eclipsada por una incursión

La historia de la masacre ha sido enterrada por la noticia de una frustrada incursión armada contra el régimen de Nicolás Maduro en la que dos ex soldados estadounidenses fueron capturados y ocho personas abatidas.

Miembros de las fuerzas del régimen de Maduro fuera de la cárcel de Los Llanos. Foto: REUTERS/Freddy RodriguezMiembros de las fuerzas del régimen de Maduro fuera de la cárcel de Los Llanos. Foto: REUTERS/Freddy Rodriguez

La televisión estatal ha estado elogiando a los soldados venezolanos por repeler el tipo de incursión estadounidense que el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha advertido durante mucho tiempo, permitiendo a Maduro desviar la atención sobre el caso de la prisión y otras violaciones a los derechos humanos.

En las últimas semanas, las fuerzas de seguridad dieron muerte a varios venezolanos que protestaban por la escasez de gas y agentes de inteligencia detuvieron a opositores que criticaban la disposición del Estado para combatir el coronavirus.

Una declaración del Departamento de Estado de Estados Unidos dijo el jueves que Maduro estaba usando la fallida incursión “para justificar un mayor nivel de represión” y que “intentaba evitar la responsabilidad” por las muertes en prisión.

Los mortales disturbios son comunes en las hacinadas prisiones de Venezuela, donde los grupos criminales mantienen el control, a menudo con el consentimiento de las autoridades penitenciarias, de acuerdo con activistas de derechos humanos.

Pero este delicado equilibrio de poder está siendo desestabilizado por la crisis del coronavirus.

Una grave escasez de gasolina se ha sumado a las restricciones de la cuarentena, reduciendo el suministro de alimentos, ya limitado de Venezuela.

En ninguna parte se ha sentido la escasez más severamente que en las cárceles, donde se estima que viven unos 50.000 reclusos. Con el régimen apenas capaz de pagar a sus propios trabajadores o asegurar las importaciones de alimentos para la venta a precios subsidiados, el bienestar de los prisioneros se ha reducido aún más en la agenda.

Calderón fue encarcelado hace cuatro años en Los Llanos, un complejo de sucios bloques rodeados de cercas oxidadas cubiertas con vegetación y ubicado a las afueras de Guanare, la capital de Portuguesa.

En el mensaje a su padre, Víctor, Calderón dijo que vivía en un destartalado sector de la prisión llamado “Jumanji”, donde los prisioneros duermen “como perros” ya que no había espacio en las celdas. Los reclusos en esa sección de la cárcel son conocidos como “los manchados”, según activistas y familiares.

Calderón le describió a su padre cómo en un momento vio la cabeza de un gato rodando por el suelo y un grupo de “presos alegres” porque habían encontrado al animal y se lo comieron. Los prisioneros además, dijo Calderón a su padre, defecan al aire libre.

“Esto es una locura, papá”, dijo.

Esperando alimentos

El líder de la pandilla de la cárcel, conocido como Olivo, en un mensaje de WhatsApp distribuido localmente después de las muertes y compartido con Reuters por uno de sus asistentes dentro de la cárcel, dijo que los oficiales estaban “incitando a la violencia” con las nuevas restricciones.

“Nos han quitados los alimentos que con sacrificios nuestra familia, haciendo su mayor esfuerzo, a pesar de la situación, nos hacen llegar”, dijo Olivo.

En su mensaje, Olivo dijo que el 1 de mayo los reclusos fueron de “una manera pacífica” a la entrada de la prisión para expresar sus preocupaciones al director de la cárcel y buscar “una solución, no un conflicto”.

Reuters no pudo llegar a Olivo directamente.

La Guardia Nacional se refirió a él como “líder Olivo” en su declaración.

Calderón esperaba recibir comida, según dos personas que estaban con él en ese momento le dijeron a Víctor en mensajes de voz también revisados por Reuters.

En los mensajes enviados a Reuters a través de Víctor, las dos personas se negaron a ser identificadas debido a preocupaciones de seguridad.

Familiares de reclusos protestan fuera de la cárcel de Los Llanos en Guanare, Venezuela Foto: REUTERS/Freddy RodriguezFamiliares de reclusos protestan fuera de la cárcel de Los Llanos en Guanare, Venezuela Foto: REUTERS/Freddy Rodriguez

Las tensiones aumentaron afuera, aunque no está claro qué provocó el tiroteo.

Yo le decía: no te vas a quedar pegado (quieto), hay que caminar”, dijo en un mensaje una persona con Calderón.

Pero no se movió, dijo la persona. Cuando sonaron los disparos, Calderón recibió un tiro en la pierna y el pecho, dijeron ambas personas. Sus amigos lo arrastraron de regreso al interior mientras los guardias andaban “asegurando” -la jerga que usan en la cárcel para el verbo rematar- a los prisioneros que yacían en el suelo, dijeron.

El general Gherson Chacón, comandante de la Guardia Nacional en Portuguesa, no respondió a los mensajes en busca de comentarios.

Las dos personas que estaban allí dijeron que le quitaron la ropa de Calderón para buscar más agujeros de bala, pero la sangre burbujeaba en su boca y murió “asfixiado”. Según una persona, antes de morir, dijo: “¿Por qué a nosotros nos pasan tantas cosas?”.

Los guardias dejaron el cuerpo delgado de Calderón, vestido solo con calzoncillos, en el suelo fuera de la prisión junto a los otros cadáveres mientras la sangre se acumulaba a su alrededor, mostraron fotos enviadas a Reuters por la legisladora de la oposición, María Beatriz Martínez.

Víctor identificó a Calderón en las fotos.

La policía devolvió el cuerpo de Calderón a Víctor la noche siguiente y su familia lo enterró a la mañana posterior en un cementerio en Guanare.

En una entrevista telefónica, Víctor dijo que no habían recibido un informe oficial de autopsia que confirmara la causa de la muerte de su hijo. Calderón fue nombrado en una lista de 30 de los fallecidos publicada el 4 de mayo en el periódico progubernamental Últimas Noticias.

*Por Angus Berwick y Vivian Sequera, para la agencia Reuters

El hambre exige una respuesta por Ramón Peña – La Patilla – 26 de Abril 2020

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En Venezuela la auténtica noticia de primer plano en los diarios, si los hubiera, no sería el virus chino, sino el hambre. De la Covid-19 hemos estado a cierto resguardo, hasta la fecha, gracias a que el virus viaja por líneas aéreas internacionales, las cuales, en su mayoría, han eliminado a Venezuela de sus itinerarios. Pero nuestra inseguridad alimentaria no viaja, es sedentaria. Se domicilió aquí desde el inicio del proceso “revolucionario” de liquidación del bienestar y se expande indetenible a cada vez mayores capas de la población.

Según la Red Mundial Contra la Crisis Alimentaria, Venezuela es el cuarto país con inseguridad alimentaria aguda. Accedió al lamentable cuadro de honor del hambre universal, acompañando a Yemen, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Afganistán. Países en terribles conflictos armados. Reporta 9,3 millones de venezolanos que amanecen cada día sin certeza de poder alimentarse. Tal es la suerte de uno de cada tres de nosotros.

Con la sobrevenida dolarización de la economía –acogida alegremente por la dictadura- el precio de los alimentos inflado en bolívares incorpora a la marcha de la hambruna a todas aquellas familias que no disponen de ingresos o reservas en divisas. Estamos hablando de al menos ocho de cada diez familias para quienes hacer el mercado es hoy un acto de aflicción.

El cuadro de escasez e inflación alimentaria lo empeora la insólita carencia de combustible. Ante las desesperadas protestas por comida, la respuesta de la dictadura es, con el libreto acostumbrado: represión brutal y culpar e intervenir a los productores de alimentos.

Diezmaron la capacidad interna para producir alimentos, destruyeron las empresas estatales que generaban las divisas para importarlos, no tienen recursos financieros ni crédito internacional, están aislados mundialmente, sin capacidad para contener la inflación ni el alza del tipo de cambio. ¿La salida? Del modo que sea necesario: Un Gobierno  de Emergencia Nacional.

 

 

 

Del coronavirus al hambre: la pandemia que viene por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 26 de Abril 2020

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Luego de algunos avances que tuvieron lugar entre los años 2011 al 2015, desde el 2016 viene creciendo otra vez el hambre en el mundo. La desaceleración de la economía global, que reduce la oferta de empleos, castiga los salarios y precariza el trabajo; el aumento de las desigualdades; y los ataques -cada vez insidiosos y dañinos- de la crisis climática, están entre las principales causas del empeoramiento de las cosas. Sus resultados son simplemente alarmantes: los pobres del mundo se están empobreciendo todavía más.

En el 2018, de acuerdo a cifras presentadas por la Unión Europea, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y el Programa Mundial de Alimentos, 821.6 millones de personas viven en condiciones de hambre, en el mundo. De ese total, alrededor de 113 millones, distribuidos 53 países, está en situación de hambre extrema: pueden morir de inanición o por enfermedades derivadas de la falta de alimentos. A ellos hay que añadir otros 143 millones, que están a un paso de ingresar en la categoría de hambre extrema. Son personas calificadas en lo que se conoce como Fase 2: en riesgo inminente de caer en situación de hambre extrema.

Los esfuerzos por reducir esta cantidad de personas amenazadas no están dando los resultados que se esperaban. El informe usa la categoría de “inseguridad alimentaria aguda”. Describe una realidad terrible y dolorosa: la incapacidad -imposibilidad- de consumir los alimentos mínimos necesarios para mantenerse con vida. En muchos casos, las situaciones de hambre son secuelas directas del cambio climático: los cultivos, muchos de ellos, pequeños sembradíos de subsistencia, han sido arrasados por la sequía prolongada o por inundaciones que lo han destruido todo a su paso. Las consecuencias de la crisis climática no son especulaciones o un riesgo a futuro: son realidades que están acabando, ahora mismo, con vidas humanas y animales, con viviendas e infraestructuras productivas, y con los bienes de familias y comunidades rurales en todos los continentes.

Un posible mapa del hambre muestra una concentración en África, Asia y en América Latina. Algunos de los países más afectados son Siria, Yemen, Nigeria, Sudán del Sur, Afganistán, Etiopía, Nigeria, República Democrática del Congo y Sudán. La mitad de los afectados están en África, distribuidos en 33 países. En la mayoría de estos países las causas remiten a tres factores principales: los conflictos armados, de distinta índole; la crisis climática; y los desastres naturales. En algunos casos, se suma la debacle de origen económico, como los casos conocidos de Zimbabwe y Burundi.

En América Latina, la situación es grave en las cuatro naciones de Centroamérica, pertenecientes al llamado ‘corredor seco’, por la prolongada sequía que los ha dejado sin alimentos: Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. En estos cuatro países, 4,2 millones sobreviven en condiciones de hambre extrema (lo que deriva en los recurrentes episodios de caravanas de migrantes que huyen hacia México y Estados Unidos).

Otros 5,2 millones, en toda la región, forman parte de la mencionada Fase 2. El informe señala que, aproximadamente, unos 400 mil refugiados y migrantes venezolanos, distribuidos en varios países, están en peligro inminente. Las noticias que llegan de Perú, Ecuador, Colombia y otros países, lo ratifican: hay venezolanos viviendo en condiciones de gravísima precariedad. Como es predecible, el documento señala que no hay cifras oficiales que permitan conocer hasta dónde el hambre ha socavado las bases de la sociedad.

Con las invalorables contribuciones de universidades, oenegés y expertos independientes, la ONU ha logrado establecer que 9,3 millones de personas están en riesgo alimentario, es decir, pasan hambre o están subalimentadas. Esto ubica a Venezuela, como el cuarto país del mundo en el ranking del hambre planetaria. La subalimentación, que rondaba casi al 7% de la población en el año 2014, subió casi al 22% en 2018. En el caso venezolano, la hiperinflación, que es una variable totalmente fuera de control (he leído estimaciones que hablan de 11.000.000%), ha diseminado el hambre, incluso entre sectores que, históricamente, calificaban como clases medias.

Así estaban las cosas, cuando se ha producido la irrupción de la pandemia, cuyo coletazo económico, probablemente ni siquiera es posible prever. La estimación que ha hecho la CEPAL, de que el PIB caerá 5,3% en América Latina, podría quedarse corta. Significa, en el marco de este artículo, que el hambre podría duplicarse o triplicarse en América Latina, y que encontrará, otra vez, a los más vulnerables, con menos recursos para afrontar el cierre de empresas, la destrucción de empleo y la disminución de las ayudas gubernamentales. Hemos ingresado en una especie de cataclismo económico, cuya dimensión y alcance, tendrá un alto costo humano, y una recuperación muy lenta.

Como lo afirmo en el título de ese artículo: al coronavirus le seguirá una epidemia de hambre. La ONU estima que se duplicará el hambre en el 2020 (han proyectado la cifra de 265 millones de personas). En los países de economías destruidas, como el caso de Venezuela, las cosas podrían adquirir una gravedad fuera de toda proporción. A lo largo de la semana pasada, en Venezuela abundaron las protestas y los saqueos. Más de un tercio de la población está padeciendo una situación alimentaria que empeora, hora tras hora. Por eso, está en marcha un gigantesco plan represivo, que consiste en aplastar cada manifestación. La pregunta que muchos se hacen a esta hora, si el inminente desbordamiento del hambre, podrá ser contenido con gases lacrimógenos y balas.

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