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La peligrosa fantasía del quiebre militar en Venezuela y sus promotores por Orlando Avendaño – Panampost – 18 de Abril 2019

Un grupo de venezolanos, con el fin de apartar la posibilidad de una intervención militar, vende humo

Es improbable que se produzca un alzamiento militar que deponga a Nicolás Maduro. (Archivo)

El 23 de febrero de este año estuve en el Puente Internacional Las Tienditas, cerca de Cúcuta. Unos días antes me había llegado la información, de fuente confiable, sobre supuestos acercamientos que había tenido el comandante general del Ejército, Jesús Suárez Chourio, con Gobiernos del extranjero. La información era confidencial, partía de un informe y la fuente era muy buena; no parecía pertinente publicarla. Pero ese día, en Tienditas, se la comenté, quizá siendo ingenuo, a un diputado de la Mesa de la Unidad Democrática. Él, con un dejo de soberbia, me apartó, bajó la voz y me dijo: «No sé si con Gobiernos en el exterior; pero te puedo asegurar algo: con nosotros sí está hablando Suárez Chourio. Estamos en contacto y te digo otra cosa: esto es cuestión de horas. Esto está listo. Viene el quiebre». Todos sabemos qué fue lo que ocurrió.

Recuerdo, en la mañana de ese 23 de febrero, haber visto al mayor general retirado del Ejército, antiguo miembro del régimen chavista, Clíver Alcalá Cordones. Yo lo conocí, en la investigación para Días de sumisión, hace varios meses. No me generó confianza, aunque ahora posa de disidente. Pero allí estaba, en Cúcuta, guiando a varios militares que acababan de desertar en la frontera. Clíver, de alguna forma, los comandaba. Junto a él estaba el mayor Parra, un oficial que acababa de huir de Venezuela. A las horas, Parra se reunió con el presidente Juan Guaidó y otros militares en un edificio en Tienditas.

Dos días antes, el 21 de febrero, yo estaba hablando con David Smolansky justo cuando nos enteramos: Hugo Carvajal, ese temible y peligroso militar chavista, director por muchos años del aparato de inteligencia del régimen, reconocía a Juan Guaidó como su presidente. Parecía el preludio de lo inminente, ese quimérico quiebre militar que se vende como la salvación. Le dije a David: «Esto es buenísimo, Hugo tiene mucho peso en el chavismo». Ambos lo vimos como un guiño a lo que viene.

Desde entonces, Hugo Carvajal se ha mantenido, claro que en el exilio, muy activo en las redes sociales. De acérrimo chavista, también narcotraficante, al mayor disidente. Cada mensaje en su cuenta de Twitter parecía una estocada al régimen de Maduro. «Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de restablecer el orden constitucional», dijo en un video publicado el 21 de febrero.

«Este momento histórico requiere del verdadero patriotismo de nuestros soldados. De que hagan lo que tengan que hacer por defender a nuestro pueblo», escribió el 23 de febrero en Twitter. Luego, en un hilo en su cuenta, cargó contra la posibilidad de una intervención militar foránea y blandió la premisa de que los militares venezolanos están a poco de apartarse del régimen y que, además, ellos tienen la capacidad de pacificar el país en una eventual transición.

«Es cierto que alrededor del 90% de la FAN quiere cumplir con sus deberes constitucionales (…) El Ejército, la Armada y la Aviación no se han visto envueltos en crímenes de manera generalizada (…) Para controlar grupos paramilitares no se requiere de asistencia militar de Estados Unidos. Este aspecto es mucho más fácil de lo que imaginan (…) La Fuerza Armada Nacional sana (mayoría del Ejército, Armada y Aviación) puede y estaría dispuesto a limpiar nuestro territorio de las FARC, ELN, narcotráfico y demás grupos irregulares», aseveró.

Hugo Carvajal aseguró, también en su cuenta de Twitter, que le estaría compartiendo información a Juan Guaidó sobre la estrategia para lograr que se produzca, finalmente, el quiebre militar; para evitar, además, la posibilidad de llegar a una intervención militar.

Un paso, a vuelo rasante, por su cuenta de Twitter, da muestra de un intento insistente por parte de Hugo Carvajal para impulsar varias ideas: la Fuerza Armada respalda a Guaidó, pero es prisionera de los cubanos; una intervención militar extranjera solo generaría un mayor desastre; el apoyo de Rusia a Nicolás maduro no existe y la Fuerza Armada tiene el potencial y los recursos para enfrentar a grupos irregulares.

Finalmente, el 9 de abril, pocos días antes de su captura en Madrid, Carvajal escribió en Twitter: «No tengo la menor duda. Maduro saldrá por decisión de la Fuerza Armada Nacional».

Curiosamente, Clíver Alcalá Cordones, quien desde que se apartó del chavismo ha sido bastante discreto, anda de gárrulo por los medios. No utilizaba su cuenta de Twitter desde el 29 de julio del 2017, pero el cuatro de marzo la retomó con un tuit: «La democracia cada vez más cerca. Pronto tendremos justicia en Venezuela».

Tres días después escribió: «La rebelión popular y militar incontenible es la salida más patriótica». «La juventud militar, aquella que ha estado al margen de los ilícitos cometidos por la cúpula militar, debe convencerse del rol histórico que cumple en este momento. El futuro de los venezolanos depende del cese de la usurpación», agregó.

Clíver no tantea alternativas en sus declaraciones. A la periodista Vanessa Davies, en el medio Punto de Corte, le ratificó: «La juventud militar es nuestra reserva moral para deponer a la tiranía».

Por último, en una entrevista al medio EVTV, Alcalá dijo: «No hace falta una coalición internacional. La propia Fuerza Armada puede sacar a Maduro. Esa puede ser una salida importante en Venezuela. Y no solo la Fuerza Armada a lo interno sino la Fuerza Armada desplegada por todo el mundo».

La piedra angular de la estrategia del presidente Juan Guaidó para lograr el cese de la usurpación fue, por varias semanas, el proyecto de Ley de Amnistía. Enfocada en los militares activos, buscaba captar su apoyo para deponer a Nicolás Maduro. Muchos esfuerzos se hicieron en ese sentido y ninguno derivó en algo determinante. Pocas deserciones, muy pocas de trascendencia.

Múltiples mensajes se difundieron por las redes sociales. Guaidó encabezó una campaña para solicitarle apoyo a cada uno de los funcionarios. Se pidió a los ciudadanos imprimir y difundir, en cuarteles militares, cada copia de la Ley de Amnistía. Ante ello, los militares respondieron con apatía y hostilidad. Algunos quemaron, en las caras de los ciudadanos, la Ley.

El 20 de febrero, poco antes de que Clíver Alcalá pisara Cúcuta, y un día antes del anuncio de Carvajal, la fiscal general de Venezuela en el exilio, Luisa Ortega Díaz, quien por mucho fue una de las cabecillas del proyecto de Hugo Chávez, envió un mensaje a la familia militar: «A ustedes, hombres y mujeres de armas, es una decisión patriótica facilitar el ingreso de la ayuda humanitaria. Salven el honor militar que está siendo ultrajado y mancillado».

Unas semanas después, el 14 de marzo, entrevisté a Luisa Ortega Díaz en Bogotá. Con respecto al tema de solicitar una posible intervención militar en Venezuela, la fiscal me dijo: «¿Realmente eso va a solucionar el problema de Venezuela? ¿Realmente eso es lo que quiere la población? Yo creo que cualquier situación que lleve a más tragedia a los venezolanos sería bien doloroso para la población ya sufrida». Asimismo, al margen, Ortega Díaz me insistió en la necesidad de integrar a toda la población, unificarla, para lograr la salida de Maduro.

Y, al preguntarle sobre Suárez Chourio y el rumor de que tanteaba la posibilidad de apartarse de Nicolás Maduro —al margen de la entrevista que se publicó—, Luisa Ortega Díaz me confirmó que está en contacto constante con el comandante del Ejército.

Don’t call it a coup. Venezuelans have a right to replace an oppressive, toxic regime by Joshua Carroll / Kate Woodsome – The Washington Post – 30 de Abril 2019

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On Venezuela, the Trump administration needs to back off

 

DEEP UNCERTAINTY surrounds the latest events in Venezuela. Tuesday began with a pre-dawn recorded address to the public by interim president Juan Guaidó, who stood with members of the security forces at a Caracas air base and declared that a long-anticipated barracks uprising against the regime of Nicolás Maduro had begun. Accompanying Mr. Guaidó was opposition leader Leopoldo López, apparently released from his four-year detention by defecting guards. Venezuelans responded to Mr. Guaidó’s call for street protests and were met by troops loyal to Mr. Maduro. By late afternoon, clashes were taking place, regime officials were promising a decisive “counterattack,” and there was no way to know whether “Operation Liberty,” as Mr. Guaidó dubbed this high-risk move, would succeed or be crushed — or devolve into civil war.

What is not, or should not be, ambiguous is the political and moral essence of this volatile situation. The Maduro regime has violated human rights on a massive scale, leaving hundreds of peaceful opponents dead, and it has led Venezuela into economic catastrophe. Millions of Venezuelans have fled to other countries, including hundreds of thousands to the United States. Having first been elected in 2013, Mr. Maduro forfeited democratic legitimacy in January 2016, when he purported to deprive the National Assembly of its powers because the opposition had won control the previous month. He then manipulated the political system to create a parallel puppet legislature and, on May 20, 2018, engineered his reelection through a flawed process from which both international observers and leading opposition figures were effectively barred. His inauguration as president for a new term in January, in defiance of warnings from neighboring Latin democracies, prompted Mr. Guaidó, leader of the National Assembly, to declare the presidential office vacant and himself its interim occupant, as provided in the Venezuelan Constitution — and supported by more than 50 countries, including the United States.

Therefore, whatever its ultimate outcome or, indeed, its strategic wisdom, Tuesday’s uprising is not a “coup attempt,” as the Maduro regime, echoed by too many people abroad, calls it. Rather, it is the latest in a series of legitimate and, for the most part, nonviolent efforts by Venezuelans, both civilian and military, to throw off an oppressive, toxic regime so that they can freely elect a legitimate government. Supporters of freedom and democracy should stand in solidarity with Mr. Guaidó and the many thousands of Venezuelans now bravely asserting their rights.

The Trump administration has backed Mr. Guaidó, including — appropriately — through the use of tough new economic sanctions aimed at pressuring the Maduro regime to cede power, or persuading the Venezuelan military to oust him itself. Possibly, Tuesday’s events are a sign that Mr. Trump’s policy is succeeding; or, possibly, that there is nothing left of it but desperate measures. A hopeful sign was the immediate and unequivocal backing Mr. Guaidó received from six South American nations, including Venezuela’s four largest neighbors: Colombia, Ecuador, Brazil and Peru. By working closely with these countries, and not by intervening militarily, the Trump administration may increase the chances that Mr. López’s declaration Tuesday — “It’s time to conquer freedom” — proves out.

Nicolás Maduro en su laberinto por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 17 de Febrero 2019

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El extraordinario éxito de la concentración, convocada por la oposición democrática, para conmemorar los doscientos cinco años de la Batalla de la Victoria y el Día de la Juventud, el optimismo mostrado por Juan Guaidó en sus palabras al ratificar, con coraje, que la ayuda humanitaria entraría a nuestro territorio el próximo 23 de febrero y que Nicolás Maduro abandonaría el poder, en el menor tiempo posible, obliga a pensar que existe un plan perfectamente diseñado que definiría, en poco tiempo, el destino de Venezuela. Por supuesto, no lo conozco. De todas maneras, creo de interés discutir el desarrollo que han tenido últimamente los posibles escenarios que he planteado, a fin de poder determinar la influencia que cada uno pueda tener en la solución del grave enfrentamiento existente entre el madurismo que controla, aparentemente, los factores de poder a nivel nacional, y una oposición democrática que ha logrado consolidar el apoyo de las grandes mayorías nacionales y un sólido respaldo internacional. Ellos son: la negociación, la salida militar y la intervención militar multilateral. Lamentablemente, la testarudez de Maduro, al no querer aceptar la convocatoria a elecciones generales, amenaza con conducir a Venezuela, indefectiblemente, a un período de violencia de consecuencias impredecibles.

La negociación pareciera no tener mayores posibilidades de éxito. Nicolás Maduro siempre buscó utilizarla, aviesamente, con el único propósito de ganar tiempo y engañar a la comunidad nacional e internacional, aferrándose a propuestas, imposibles de aceptar por la oposición democrática, con el consecuente fracaso de todos los intentos de diálogo. El papa Francisco, respaldado por la Conferencia Episcopal, evidencia esa conducta engañosa, con absoluta claridad, en su última carta en respuesta a una misiva enviada por Nicolás Maduro, mediante la cual le pedía su apoyo para unas nuevas negociaciones. Esta actitud fraudulenta del régimen, ha traído por consecuencia la radicalización de las posiciones políticas, en rechazo a esta forma de solución que hubiera conducido, pacíficamente, a unas elecciones democráticas, justas y equitativas, como solución de la tragedia venezolana. Ante el temor cierto de que puedan surgir hechos de violencia, un sector de la oposición planteó recientemente la realización de un referendo consultivo para que “el soberano” defina si se debe ir o no a elecciones generales. También se ha discutido la posibilidad de constituir un gobierno de unidad nacional entre el madurismo y la oposición democrática. Ambas opciones han sido mayoritariamente rechazadas por la opinión pública.

La salida militar se ha transformado en la alternativa de solución que busca y desea la mayoría de los actores internacionales que tiene intereses vitales en la solución del grave problema venezolano. La razón es muy sencilla. Fracasada la negociación, es la alternativa de más bajo costo para Venezuela y la región. Además, la Fuerza Armada Nacional, históricamente, ha sido un factor fundamental en la solución de las grandes crisis políticas. Justamente, ese es el llamado que nuestro pueblo le hace a los cuadros militares para que colaboren en impulsar un cambio político respaldando el llamado a elecciones generales. También, mis compañeros de armas, deben entender que el destino de nuestra Institución se encuentra en un grave riesgo. A propósito de esta realidad ha circulado un video que muestra a Diosdado Cabello en un mitin organizado por él en la Escuela de Aviación Militar, en el cual los jóvenes cadetes y del PSUV entonan cantos político partidistas y dan vivas a Nicolás Maduro. Ese ejemplo muestra la conducta amoral y cómplice de los altos mandos de estos veinte años, que han realizado todos los esfuerzos para convertir a la Fuerza Armada Nacional en un cuerpo de milicias al servicio de un partido político, olvidando que nuestra organización es una Institución del Estado y no de un gobierno o persona en particular. Afortunadamente, ese esfuerzo ha resultado infructuoso. La prueba está representada por la gran cantidad de profesionales militares detenidos y torturados por oponerse a ese atentado contra el profesionalismo y la institucionalidad.

Los venezolanos se preguntan, angustiados como se encuentran, qué puede estar ocurriendo en el seno de la Fuerza Armada Nacional. Para mí mismo es difícil saberlo. Lo que sí sabemos es que Hugo Chávez dedicó gran parte de su vida profesional y política a la destrucción de los valores y principios tradicionales de la Institución Armada, para controlarla y ponerla al servicio de sus más oscuros intereses. Sin embargo, a pesar de haber obtenido algunos logros, ese esfuerzo no rindió los frutos esperados. Simplemente, no es posible borrar en veinte años, los valores y la forma de pensar arraigados en el profesional militar por más de un siglo. Se ha impuesto la tradición sobre las nuevas ideas. Además, el rotundo fracaso de la gestión de Nicolás Maduro, con su nefasto modelo económico y político planteado, es rechazado por los propios cuadros militares. El único aspecto en el cual se le puede reconocer un éxito importante al régimen chavista-madurista es en el de la conformación de una organización de inteligencia para la represión, que no estratégica ni de combate, para controlar la vida privada de los cuadros militares y sus familiares que les permite ejercer el amedrentamiento y la represión, en particular para aquellos sospechosos de disentir del régimen. Sin embargo, este es un aspecto que se ha debilitado considerablemente, gracias a los efectos de la inmensa crisis nacional, por lo cual creo que, en determinadas circunstancias, importantes sectores de la Fuerza Armada Nacional podrían reaccionar en contra del régimen madurista.

La intervención militar multilateral, se presenta, en este momento, como el escenario más probable. Es curioso, nadie quiere que ocurra porque todos entienden la tragedia que significaría para nuestro pueblo, para Venezuela y para la región, pero la terquedad de Nicolás Maduro y los intereses de la mafia que saqueó a nuestra Patria posiblemente obligarán, en un tiempo relativamente corto, a que la alianza militar constituida por los Estados Unidos, Brasil , Colombia, la mayoría de los países de América y de Europa se decidan a ejercer su fuerza política, económica y militar a fin de quebrar la voluntad de lucha de la debilitada dictadura madurista. Sus supuestos aliados, Rusia y China, actuarán de manera diferente. Rusia amenazará los intereses norteamericanos en el Asia y en Europa buscando obtener beneficios geopolíticos sin intervenir activamente en las acciones militares. China actuará de una manera mucho más discreta. Es posible que emita algunas declaraciones criticando la intervención, pero sus intereses económicos en el mercado norteamericano y en el de un futuro gobierno democrático impedirán cualquier respaldo al régimen madurista. Cuba, se retirará con rapidez de Venezuela. Bolivia y Nicaragua se limitarán a dar altisonantes declaraciones.

Golpe militar o intervención, dos escenarios por Francisco Olivares – El Estimulo – 15 de Febrero 2019

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, las dos figuras fuertes del chavismo en Venezuela, han descartado la posibilidad de un proceso electoral libre que promueva una transición pacífica. En su lugar han exaltado la guerra prolongada y el despliegue de misiles como advertencia ante los escenarios de golpe interno o de una intervención extranjera.
El grupo más radical del Gobierno, aquel que ha sido vinculado al lavado de dinero, al tráfico ilegal de oro, al narcotráfico y a otros delitos financieros, es el que tendría más que perder frente a una salida negociada en la cual se aplique la solución electoral libre, supervisada internacionalmente, y en la cual se suspendan las inhabilitaciones de los partidos políticos opositores y de sus líderes hoy presos o en el exilio.

Se trata de altos funcionarios, militares o empresarios en las listas de sancionados por el Departamento de Estado o con juicios en tribunales de Estados Unidos, América del Sur o Europa, por distintos delitos ligados a la legitimación de capitales, sobornos y sobreprecios en obras públicas.

Es este sector el que mayor influencia ha tenido en el grupo del chavismo que gobierna, según las informaciones provenientes de los tribunales de EEUU, de disidentes chavistas, la fiscal en el exilio Luisa Ortega Díaz, y lo que han revelado los escándalos de corrupción más sonados en el mundo como los de Odebrecht, Andorra, PDVSA y el caso Andrade. En ellos trasciende el tráfico de miles de millones de dólares manejados por figuras que están o han estado ligadas al alto Gobierno.

De allí que la opción militar ha sido la carta más jugada por Maduro quien, intentando exaltar el patriotismo frente a una intervención extranjera, ha pasado el último mes visitando guarniciones, ordenando ejercicios militares, desplegando públicamente armas misilísticas y anunciando el uso de importantes recursos financieros para adquirir armamentos modernos.

Dos escenarios armados

Sobre la situación militar interna, como señalamos en nuestro análisis anterior “La crisis en Venezuela escala hacia una salida militar” publicado en El Estímulo, hay dos factores a tomar en cuenta.

Los pronunciamientos militares que se han registrado en el último mes son síntomas del deterioro interno, pero se trata de hechos aislados, que solo tienen un efecto sicológico o mediático. Para que un pronunciamiento genere un efecto determinante, debe ser de carácter masivo y vinculado a las guarniciones más importantes del país, especialmente las que están cercanas a la región capital. Igualmente es de recordar que estas guarniciones fundamentales de la capital, como los batallones Ayala, Simón Bolívar y la Guardia de Honor, están comandadas por oficiales altamente ideologizados, formados en Cuba y son receptores de importantes privilegios, mientras sus guarniciones gozan de presupuestos paralelos.

Recientemente, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante Craig Faller, aseguró que unos 2.000 oficiales son el “centro de gravedad”, de la dictadura en Venezuela.

Al comparecer ante el Comité de Servicios Armados del Senado de EEUU, el alto oficial afirmó, además, que la mayoría de estos militares está “a sueldo de Nicolás Maduro”, subrayando que los generales en Venezuela son “más que los existentes en toda la OTAN combinada” (…) “gran parte de ellos están implicados en redes de clientelismo, incluido el tráfico de drogas y los ingresos petroleros, con los que Maduro compra su lealtad”.

De manera que esas unidades, con una mayoría de su oficialidad entrenada en Cuba y con altos privilegios, es una de las garantías con las que cuenta Nicolás Maduro para enfrentar un eventual pronunciamiento militar en contra su Gobierno.

Igualmente se destaca en el informe el desarrollo y reorganización de la llamada defensa aeroespacial de Venezuela, con la activación de importantes grupos misilísticos de defensa aérea y su incorporación a las brigadas geográficas.

Con estas inversiones, el gobierno de Maduro previó escenarios como el actual, en los cuales la crisis económica, política y social, que afecta a todas las instancias del país, pudiera llegar también, como en efecto así ha ocurrido, a la FANB, y en consecuencia exponer al poder central a un escenario de rebelión interna.

Uno de los mensajes que se han dirigido desde EEUU para estimular el quiebre a esa lealtad, no solo ideológica, sino también económica, de los altos mandos militares venezolanos, ha sido la oferta de amnistía.

“Para lograr el control de las fuerzas armadas (en Venezuela) es necesario que se le den garantías a los altos mandos, que son esencialmente corruptas. Maduro los está comprando. Pero, para acabar con esa falsa lealtad a Maduro es necesario darles alguna forma de amnistía. Y eso es muy importante solo si ellos están convencidos de que la amnistía es verdadera”.

Como ejemplo puso el caso de cómo, al final de la década de los 80, cuando Ferdinand Marcos tenía cientos de miles de manifestantes protestando en las calles de Filipinas, “nosotros organizamos su salida y le garantizamos a Marcos que no sería enviado de nuevo a Filipinas para ser juzgado allí por los crímenes cometidos. Creo que esa es la vía para salir de Maduro”.

Esa oferta también ha sido promovida por Juan Guidó y fue el centro de la masiva movilización del pasado 12 de febrero.

Estados Unidos y la intervención

Aunque Donald Trump y voceros de su gobierno han sostenido que todas las opciones están en el tablero para lograr la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela y promover una transición, la opción armada desde el exterior aún no se encuentra en una fase cercana.

Eso significa que el presidente Trump usará a los organismos de inteligencia y la vía diplomática hasta agotarse, más la presión financiera y las sanciones impuestas a figuras del chavismo. De no funcionar esas medidas, la intervención militar se presentará en escalada con bloqueos y ataques selectivos, para finalmente llegar al acto de guerra, como ha ocurrido en otros escenarios.

Es una escala que va del nivel 5 que es la paz, hasta el nivel 1, que es el despliegue de tropas para entrar en combate. Es de destacar que esta fase requiere de la aprobación del Congreso de Estados Unidos y ese paso ya ha encontrado trabas en la bancada demócrata, cuyos congresistas no se han alineado con los republicanos para pactar un apoyo total a Juan Guaidó.

El punto de desacuerdo está justamente en el apoyo al empleo de la fuerza militar en Venezuela.

En la actualidad podríamos ubicar la escala, en DEFCON 4, en la que políticamente se demuestra un compromiso con el proceso de transición hacia la democracia. Esa escala se ha observado en toda la política emprendida por EEUU con los países de la Unión Europea, de Latinoamérica, y las medidas financieras internacionales que se han aplicado en el último mes.

Asimismo se refleja en las declaraciones de sus jefes de seguridad, del propio presidente Trump y las reuniones que ha sostenido el jefe del Comando Sur y declaraciones sobre Venezuela.

Esa fase podría mantenerse por poco tiempo y no pasar de inmediato a la fase DEFCON 3, con movilización de tropas, dependiendo de las acciones que pudiera emprender Nicolás Maduro contra el presidente interino, Juan Guaidó o la Asamblea Nacional de Venezuela, con mayoría opositora. Asimismo está en expectativa la situación que pudiera presentarse con la ayuda humanitaria auspiciada por Estados Unidos y que forma parte de la estrategia geopolítica de EEUU a favor de una transición.

“La ayuda humanitaria entrará sí o sí a Venezuela porque el usurpador va a tener que irse sí o sí de Venezuela”. La frase corresponde a Juan Guaidó y con ella refleja cómo la concentración de ayuda humanitaria que ha llegado a Cúcuta, Colombia, es una estrategia primordial de la acción política en la que se miden las fuerzas del poder dual que se debate en Venezuela.

Asimismo refleja que la estrategia para asistir a las víctimas de la crisis puede convertirse en el primer escenario de conflicto entre las partes que ya alcanzan un rango internacional. Un conflicto entre las fuerzas democráticas y los aliados internacionales de la izquierda radical.

Las imágenes del bloqueo con contenedores por parte del gobierno de Maduro, en la frontera con Colombia, han colocado tal ayuda humanitaria en una confrontación internacional de poderes que puede devenir en la profundización del conflicto y llevarlo al escenario bélico.

Mauricio Claver Carone, quien es el asesor de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental del presidente Donald Trump, en entrevista concedida a El Tiempo de Bogotá, ha declarado que “es solo cuestión de tiempo que la ayuda humanitaria ingresará a Venezuela”.

Cuando una declaración como esta es referida por el asesor de seguridad de EEUU, implica que detrás de esa acción hay un componente geopolítico que incluye a toda la alianza por la transición. En dicha entrevista el experto en seguridad se refirió al “cerco humanitario” y describió el momento que vive Venezuela como “irreversible” que solo concluirá con la salida de Maduro.

“Ningún militar puede detener a los jóvenes venezolanos, ningún militar puede detener la ayuda que el pueblo precisa, la juventud va a llevar adentro y va a lograr que y su pueblo acceda a los recursos necesarios. Sigan adelante, a romper las cadenas” , dice el secretario general de la OEA, Luis Almagro, refiriéndose al rol de la ayuda humanitaria.

De manera que, si bien, aún no está en Colombia el grupo Anfibio de la FA de Estados Unidos con 5 mil marines, en esta fase, una fuerza de medicinas y alimentos comienza a rodear al país.

Venezuela en punto de no retorno: cuatro escenarios por Roberto Mansilla Blanco – esglobal – 24 de Enero 2019

¿Qué posibles opciones se presentan en la crisis venezolana ante la inédita proclamación de Juan Guaidó como presidente interino y las reticencias de Nicolás Maduro a entregar el poder?

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Contextualizado por el simbolismo de una fecha clave como es el 23 de enero para la historia contemporánea venezolana, la capital Caracas y varias ciudades del país respaldaron multitudinariamente la llamada del recién elegido presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, de “defender la Constitución” y de presionar al considerado como “usurpador” gobierno de Nicolás Maduro a entregar el poder, propiciando así elecciones “libres y transparentes” en el marco de una transición “pacífica y democrática”.

El punto máximo de tensión y de presión contra Maduro llegó con la sorprendente proclamación de Guaidó ese mismo día como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela, a través de un cabildo abierto, expresión de asamblea ciudadana. Como presidente de la Asamblea Nacional, elegida democráticamente en enero de 2015, Guaidó hizo valer el mandato constitucional de proclamarse como presidente interino para dar inicio a un período de transición hasta nuevos comicios.

Casi de inmediato, el gobierno de Donald Trump reconoció la legitimidad presidencial de Guaidó, seguido de una mayoría de países a nivel hemisférico e internacional. Por su parte, la Unión Europea, que recientemente había mostrado su respaldo al líder opositor como representante legítimo del poder legislativo, mantiene una posición más bien de prudencia, a tenor de los delicados acontecimientos que se viven en Venezuela.

¿Qué puede suceder?

Con ello, la crisis política e institucional venezolana ha llegado a un punto de absoluto no retorno, en el cual las multitudinarias protestas y manifestaciones contra Maduro han dejado un saldo preliminar de 16 muertos.

Esta crisis política e institucional viene propiciada por el rechazo de Guaidó de la igualmente controvertida juramentación para un nuevo mandato presidencial hasta 2025 por parte de Maduro, vía Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), realizada el pasado 10 de enero. Tras la proclamación presidencial de Guaidó como “presidente interino”, Maduro y su gobierno no sólo desoyeron este hecho argumentando un “golpe de Estado en camino”, sino que decidió suspender las relaciones diplomáticas con EE UU.

Por su parte, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) emitió una declaración pública respaldando el “mandato constitucional” de Maduro. No obstante, no está muy clara la ecuación política dentro del estamento militar venezolano. Las recientes y aisladas manifestaciones de disidencia por parte de algunos efectivos y unidades militares, sumado al hecho de que algunos efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) se negaron a reprimir las multitudinarias manifestaciones realizadas este 23 de enero, en algunos casos uniéndose a las mismas, da a entender que existen fisuras en los cuadros medios del estamento militar.

Por primera vez, Maduro se muestra claramente a la defensiva, con incierta capacidad de maniobra ante una situación en las calles que prácticamente se le va escapando de las manos. Se aferra absolutamente al apoyo del Alto Mando militar y de aliados internacionales con peso geopolítico, como son los casos de Rusia, Turquía y China, quienes le han mostrado su apoyo ante esta nueva crisis.

Sus aliados regionales siguen siendo Cuba, Nicaragua, Bolivia y San Vicente y las Granadinas. Por su parte, Uruguay, otro país que asistió a la juramentación de Maduro el pasado 10 de enero, clama por una solución pacífica y democrática en Venezuela. Mientras, el nuevo Gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador le ha mostrado a Maduro su reconocimiento, pero mantiene también un perfil de prudencia, abogando por la solución pacífica.

Por otro lado, Guaidó se erige ahora como el verdadero líder de la oposición venezolana, concentrando un apoyo prácticamente unánime en todos sus sectores y mostrando una hoja de ruta clara: renuncia de Maduro por ilegitimidad constitucional de su nuevo mandato y transición pacífica y ordenada hacia unas nuevas elecciones presidenciales “libres y transparentes”.

Amparado en el artículo 233 de la Constitución Bolivariana de Venezuela (1999) que le faculta de asumir la presidencia de la República en calidad de presidente del poder legislativo ante una situación de irregularidad, Guaidó ha cosechado un inmediato respaldo internacional como ningún otro líder opositor venezolano obtuvo con anterioridad.

Cuatro escenarios abiertos

En esta lucha de poderes institucionales en clave de confrontación política, se abren cuatro posibles escenarios:

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Renuncia negociada de Maduro para propiciar una transición pacífica y una convocatoria electoral presidencial. Es el escenario ideal para Guaidó y la comunidad internacional que lo respalda. No obstante, el inmediato apoyo a Maduro por parte del Alto Mando de la FANB dificulta seriamente esta situación, dejando abiertos escenarios de tensión y violencia política.

Golpe militar. Una opción posible, pero dependerá del grado de fractura y descontento hacia Maduro existente tanto en la FANB como en los organismos de seguridad del Estado, así como de los verdaderos apoyos que tenga Guaidó en estos estamentos. En todo caso, esta opción se desliza dentro del escenario de la violencia que está latente, empeorando así la tensión política.

Intervención internacional. Aunque Trump y su homólogo brasileño Jair Bolsonaro han sopesado esta posibilidad valorando “todas las opciones” existentes incluida “la intervención militar” en Venezuela, es una alternativa con escaso apoyo hemisférico e internacional. Hace semanas, el Grupo de Lima se pronunció claramente en contra de esta opción. Todo dependerá del grado de deterioro de la crisis venezolana, en caso de que derive en un escenario de violencia y de posible guerra civil, que eventualmente propicie una intervención exterior.

No obstante, la escalada de la crisis venezolana y su implicación exterior determina la posibilidad de una presión internacional contra Maduro para que acepte una mediación internacional que de paso a nuevas elecciones. Es una iniciativa similar al primer escenario descrito, y que también hace causa común con las expectativas de Guaidó y la oposición.

Una de las primeras medidas del líder opositor al asumir la presidencia interina fue abrir canales para la ayuda humanitaria a Venezuela. La presión exterior a favor de esta acción ante el estado de debilidad política de Maduro puede ser clave en este sentido.

Autogolpe de Maduro con el apoyo de la FANB y de elementos afines al régimen. Otra opción no deseada ni por Guaidó ni la oposición como tampoco por la comunidad internacional. Bajo este contexto, la crisis venezolana entraría también en un peligroso laberinto de violencia y en posibles escenarios de guerra civil, aunque de baja intensidad.

La ruptura de relaciones con Washington por parte de Maduro podría suponer un adelanto de que, desde el Palacio de Miraflores, estén manejando seriamente esta opción. Pero sus resultados serían inciertos ante el mayoritario rechazo internacional al nuevo período presidencial de Maduro. De ocurrir, el aislamiento exterior de éste se intensificará, colocando al país en una situación prácticamente de paria internacional.

Este contexto deja a Maduro en una situación aún más impredecible, tomando en cuenta la grave crisis socioeconómica en curso y las limitadas líneas de financiamiento y de cooperación económica que tiene, salvo en los casos ruso, turco y chino.

Con estos escenarios abiertos y la incertidumbre en el ambiente, el pulso de Guaidó contra Maduro entra en horas decisivas. La única certeza se establece en que esta confrontación política e institucional viene impulsada por el creciente malestar social hacia Maduro y ante la aparición de una posibilidad de cambio en manos de Guaidó. La crisis venezolana, por tanto, entra ahora en una nueva fase.

Quiénes evalúan la opción militar para Venezuela por Alfredo Michelena – Revista Zeta -7 de Septiembre 2018

Las opciones de la comunidad internacional para forzar la salida de Maduro se agotan.  Sin duda vendrá un endurecimiento de las mismas incluyendo las sanciones petroleras. Pero la necesidad de cambiar a un régimen que oprime a sus ciudadanos se está articulando con la necesidad de eliminar un peligro para la región e incluso para los EE.UU. y entonces la opción militar toma vigencia.

Aunque la  comunidad internacional apuesta por una salida electoral, la intransigencia del régimen está poniendo sobre la mesa nuevas opciones y no solo se trata de endurecer y expandir las sanciones sino de evaluar seriamente la intervención militar.

Los buenos, los malos y los feos

La oposición se encuentra dividida entre los que creen que  la salida es electoral y estos a su vez se dividen entre los que sostienen que hay que buscar la calle para presionar por esta salida y los que simplemente prefieren ver “el cadáver del enemigo pasar”. Entre estos últimos   están los que piden la renuncia de Maduro como condición previa a las elecciones y los que se dedican a prepararse para la próxima elección, que no se sabe cuándo será, y dicen estar dispuestos  a presionar por mejores condiciones, sea en la calle o por medio de negociaciones. Claro, estas son categorías no excluyentes. El otro grupo existente es el que pide como un mantra, la aparición de una “intervención humanitaria”.

La intervención

Para estos últimos la única salida es convencer a los EE.UU. y alguno de los países vecinos que la situación es insostenible y que la única opción que queda es una intervención armada a la cual eufemísticamente llaman “intervención humanitaria”.  Categoría que existe como posibilidad en el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU y que se ha aplicado. Incluso,  anterior a la ONU ya han habido casos que se han catalogado  de esta forma, el más famoso fue  el de Francia en Siria ( Libia) en 1860 cuando interviene por las masacres de cristianos.

Actualmente, “intervención humanitaria” proviene del concepto, desarrollado originalmente por Canadá, de “responsabilidad de proteger”. Esto en términos internacionales es una intervención militar para detener la masiva violación de  los derechos humanos en un país.   Esto ha sido aplicado, a través del Consejo de Seguridad, en  Libia, Côte d’Ivoire, Yémen y Sudán del Sur en 2011  y Siria en 2012. En realidad, si vemos las situaciones actuales de esos países,  no son muy alentadores los resultados.

¿Ya hay intervención?

La comunidad internacional ya ha tomado una posición activa en relación a la crisis venezolana. Técnicamente no ha habido una intervención  en el sentido de que no hay presencia de tropas o funcionarios internacionales o de otros países en territorio venezolano, pues el régimen no lo ha consentido. Pero como consecuencia de la estampida migratoria que ahora suma varios millones de venezolanos desplazados, la comunidad internacional ha hecho presencia en las fronteras de los países colindantes con Venezuela. Incluso ha habido movilizaciones de tropas hacia esa fronteras, por ahora basadas más en la necesidad de proteger a los desplazados venezolanos que otra cosa.

Hay que recordar que en noviembre pasado hubo operaciones militares conjuntas de Perú, Colombia, Brasil e incluso EE.UU. donde el tema del manejo de la crisis humanitaria, claramente expresada en migraciones, estuvo presente.

También está el peligro de desestabilización que esa migración produce en esas fronteras e incluso en el todo el país receptor. Con respecto a la frontera, baste recordar que crecientemente los grupos guerrilleros colombianos, las FARC no desmovilizadas, que son un grupo creciente e importante, así como el ELN, además de las organizaciones criminales trasnacionales incluyendo los narcotraficantes, están activamente reclutando venezolanos, para no hablar de venezolanas que son sometidas a la trata de blancas.

Opciones internacionales, hasta el momento

La posición de la comunidad internacional ha variado en el tiempo, de la aceptación del chavismo como gobierno, hasta su repudio. Este ha sido un proceso lento que se ha articulado con los cambios en América Latina, es decir la resaca de la “marea rosada”, o la desaparición de los gobiernos cercanos al Socialismo del Siglo XXI, y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Para Venezuela, el primer paso fue la intervención de Unasur en 2014 frente a las manifestaciones  que se extendieron por casi medio año, donde se probó por primera vez el diálogo.  Posteriormente, en la OEA se intentó aplicar la Carta Democrática Interamericana al régimen chavista, aunque solo se logró que se reiniciaran unas negociaciones a fin de ir a elecciones limpias, aunque luego se terminó señalando públicamente que en Venezuela había una dictadura o mejor dicho una “alteración” del hilo constitucional.

Dado que todo lo anterior no funcionó, se  creó el Grupo de Lima (GdL).  Mientras esto sucedía, los EE.UU, por impulso de los republicanos en el Congreso y luego con Trump en la Casa Blanca, comenzaron a imponer sanciones individuales a funcionarios venezolanos por corrupción, relaciones con el narcotráfico/ terrorismo, lavado de dinero y actividades anti democráticas.  Asunto al que se incorporó Canadá.

El cuarto paso fue lograr que el Grupo  de Lima explícitamente decidiera no aceptar ni las elecciones para la creación de la Asamblea Constituyente, ni  ninguna de sus decisiones así como tampoco las elecciones de presidente de mayo de 2018, donde se eligió a Maduro para otro período a partir de 2019.  De allí el Grupo de Lima  no ha podido avanzar mucho, más allá de las denuncias, aunque ha logrado reunir a los Ministros de finanzas con los Cancilleres para estudiar la imposición de sanciones más colectivas o al menos de más países.

Con lo anterior, se ha logrado concretar mecanismos de coordinación entre varios países, pero como apoyo a las sanciones de EE.UU. y Canadá. Para el Grupo de Lima, el próximo paso debería ser imponer sanciones colectivamente o al menos que el número de países que lo hacen se incremente.  Otro proceso que apenas ha empezado, es el desmantelamiento de organizaciones regionales como Unasur y la ALBA, con las salidas de Colombia y Ecuador.

Sanciones petroleras

Como vemos los EE.UU. ha sido pionera de las sanciones hacia el “pranato” que nos gobierna tanto en sanciones hacia individuos, como en sanciones financieras.  Estas últimas prohíben a la banca y a los ciudadanos y compañías norteamericanas negociar nuevas emisiones de deuda y  bonos por parte del gobierno de Venezuela, incluyendo PDVSA.  Las próximas sanciones que pudieran tomar los EE.UU. serían la imposición de sanciones petroleras.

Las críticas a una eventual sanción petrolera contra Venezuela,  son por una parte las referidas al contexto venezolano. En este sentido se argumenta que impactarían directamente en la población la más pobre. El contraargumento es que peor las cosas no se pueden ponerse y que el que realmente está empeorando la situación de manera descarada y brutal es el propio régimen; baste ver las medidas económicas recientes.

En cuanto a EE.UU., se argumenta que esta medida afectará negativamente el precio de la gasolina y podría poner en peligro alguna de las pocas refinerías de la costa del Golfo en Texas, que todavía no han migrado hacia otras fuentes, pues un tercio del petróleo venezolano se refina allí.

Por el momento, el embargo o paralización total del comercio de hidrocarburos con Venezuela, llamada “opción nuclear”, pudiera no darse aún y se estarían buscando acciones intermedias como la de prohibir la venta de petróleo liviano y disolventes necesarios para poder transportar y vender el petróleo pesado de la Faja del Orinoco.  Es decir, quedan algunas cartas antes de lanzarse a la “opción nuclear”. Claro, todas estas sanciones son en el fondo una manera de presionar para que el régimen permita una transición hacia la democracia.

¿Una invasión?

Cuando se habla de invasión ya el asunto no es de presionar para que Maduro deje el poder, sino que se trata de sacarlo.  Y esto debe darse en otro contexto. Un contexto geopolítico donde EE.UU. y la región perciban al régimen venezolano como un peligro real.

La Casa Blanca ha vuelto a insistir que todas las opciones están sobre la mesa. Y se sabe que el más proclive a lanzar una invasión es el propio presidente, quien ha tenido que ser persuadido de no hacerlo varias veces.  Trump lo ha dicho públicamente, él quiere resolver el asunto de una manera “fuerte y rápida”.

Se sabe que hace un año, Trump preguntó a los entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, y asesor de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, que dado a que Venezuela  es una amenaza a la seguridad regional, ¿por qué EE.UU. no puede invadir?, como reportó Asociated Press . También se supo que esto lo ha consultado con varios presidentes latinoamericanos y que incluso lo planteó en la cena privada que tuvo con estos presidentes en Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU.

Ahora las cosas han cambiado. El secretario de Estado es Mike Pompeo y el asesor de Seguridad Nacional es John Bolton, dos personas con otra visión de lo que hay que hacer. Pompeo tiene una aproximación geopolítica al asunto. Le preocupa que Venezuela caiga en el caos – asunto que no está muy lejos de ocurrir-  pues según declaró “Los cubanos están allí; los rusos están allí, los iraníes, Hezbollah están allí. Esto es algo que tiene el riesgo de llegar a un punto muy negativo, por lo que EE.UU. debe tomar esto muy en serio “.  Bolton es otro “halcón” que entre otras cosas quiere imponer una línea más dura contra Cuba y por supuesto contra Irán, países aliados del régimen de Caracas.

El peligro venezolano

Si bien es cierto que, EE.UU. no invadiría si no entiende que el régimen es un “clear and present danger” para su país y que los cubanos manejan muy bien eso de retar al imperio sin pasar esa raya roja, el régimen en su torpeza puede configurarlo y lo viene haciendo en varios ámbitos, creando esa sensación de peligro que se necesita para que se dé una invasión.

Los elementos que suman hacia ese aspecto comienzan a apilarse. Comencemos señalando el argumento de que EE.UU. no podría permitir otra Cuba en el continente y al momento tiene dos en gestación: Venezuela y Nicaragua. Y esto como producto de una acción coordinada internacionalmente (Foro de San Pablo/ Rusia/ Irán/ China)  se vuelve importante pues estos dos regímenes  pueden terminar desestabilizando una región que siempre se ha considerado el patio trasero de los EE.UU.

Otro elemento es la necesidad de los EE.UU. de reconquistar los espacios perdidos y ganados por los otros dos imperios, como China y Rusia. La relación con Irán y el terrorismo islámico es otro tema que preocupa en el norte, en especial en este momento de tensión entre ambos países.   Tampoco hay que descartar lo advertido por Tillerson en su viaje por la región cuando dijo que la delincuencia trasnacional organizada es una amenaza para la región. Ni tampoco el resurgimiento de las guerrillas en la frontera colombo venezolana con bases protegidas en Venezuela y alimentadas por los migrantes venezolanos. Así como el aumento del papel de Venezuela en el narcotráfico, el lavado de dinero y otros acciones delictivas internacionales. Sin olvidar el impacto desestabilizador de la estampida migratoria.

Todas esta cosas pueden ir sumando frente a la imposibilidad de hacer que el régimen permita una apertura electoral creíble.  En este sentido ha declarado uno de los senadores que más influencia han tenido en Trump: Marco Rubio. Señaló que al reunirse con Bolton, éste asomó la posibilidad de una intervención militar. Y recientemente declaró: “Durante meses y años, quería que la solución en Venezuela fuera una solución no militar y pacífica, simplemente para restaurar la democracia”. Y agregó, “creo que las Fuerzas Armadas de los EE.UU. solo se usan en caso de una amenaza a la seguridad nacional. Creo que hay un argumento muy fuerte que se puede hacer en este momento, que Venezuela y el régimen de Maduro se han convertido en una amenaza para la región e incluso para los EE.UU. ”

¿Invasión?

Aunque sobran los motivos para ello, una “intervención humanitaria”, que la decida el Consejo de Seguridad de la ONU o la OEA, o incluso del Grupo de Lima, no es un escenario muy probable. Pero tampoco es descartable que se dé un escenario como el de República Dominicana (1965) donde la iniciativa la toma EE.UU. a la cual posteriormente se unen otros países y luego la OEA la condona e interviene a manera de coordinar la transición. Aunque públicamente varios gobiernos latinoamericanos han insistido que esa no es una opción, hay mucho en juego.  Por cierto que, el presidente Lyndon B. Johnson al ordenar la intervención la justificó diciendo que  no quería otra Cuba en el Caribe. ¿Déjà vu?

Aquí el tema no es quien se impondrá militarmente – por cierto olvídense de Cuba en esta ecuación militar, no se atreverá a intervenir abiertamente – sino cómo se dará la ruptura del aparato militar criollo y la transición en términos de la oposición, así como la condiciones de salida del ejército norteamericano (rules of engagement).  Otro tema crucial es cómo la comunidad internacional se repartirá el pastel; es decir cómo y cuándo se producirá la inversión extranjera en el país y quiénes y con cuánto participarán. Asunto de vital importancia para el desarrollo de este empobrecido país.

Internacionalmente no hay dudas que Rusia y China, aliados al régimen, armarían un zafarrancho en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero no intervendrán físicamente. A fin de contrarrestar eso, no hay que descartar que Trump llegue a algún acuerdo previo sobre el asunto. Aquí hay mucha tela que cortar desde las sanciones impuestas por EE.UU. a cada uno de ellos, hasta el tema de Ucrania, pasando por el petróleo, CITGO  y las inversiones en Venezuela. Para muchos analistas es a ese nivel donde finalmente se decidirá el destino de Venezuela. Lo que no nos saldrá gratis.

Para los que esperan esta salida, hay que recordar  las palabras de Rubio: “Trump no avisará si decide actuar sobre Maduro”.

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El gobierno de Trump discutió un posible golpe de Estado con militares rebeldes en Venezuela por Ernesto Londoño y Nicholas Casey – The New York Times – 8 de Septiembre 2018

El gobierno de Donald Trump sostuvo reuniones secretas con militares venezolanos rebeldes para hablar sobre sus planes para derrocar al presidente Nicolás Maduro, según funcionarios estadounidenses y un excomandante militar venezolano que participaron en las conversaciones.

Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda América Latina. Muchas personas de la región aún sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en países como CubaNicaraguaBrasil y Chile, así como por haber guardado silencio ante los abusos que los regímenes militares cometieron durante la Guerra Fría.

En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca señaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diálogo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un país que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”.

Sin embargo, un comandante militar de ese país que estuvo involucrado en las conversaciones difícilmente puede ser considerado como un emisario democrático: está en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense.

Él y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran número de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del régimen, encarcelar a cientos de prisioneros políticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista.

La mayoría de los líderes latinoamericanos están de acuerdo en que Nicolás Maduro, el presidente venezolano, es un gobernante cada vez más autoritario que arruinó la economía de su país ocasionando una escasez extrema de alimentos y medicinas. El colapso desató el éxodo de los venezolanos desesperados que escapan por las fronteras, y con ello abruman a los países vecinos.

Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarían a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podría resultar políticamente contraproducente.

Desde hace mucho tiempo, Maduro ha justificado su autoritarismo con la afirmación de que los imperialistas de Washington están intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrían proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra.

Maduro en un consejo de ministros realizado en Caracas, este mes. La mayoría de los líderes latinoamericanos están de acuerdo en que es un gobernante cada vez más autoritario que ha arruinado la economía de su país. CreditPalacio de Miraflores

“Esto caerá como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomática en asuntos de América Latina durante los últimos meses del gobierno de Barack Obama.

Además del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques a pequeña escala, entre ellos una descarga de artillería desde un helicóptero el año pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto. Los ataques han contribuido a la idea de que el presidente es vulnerable.

Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, señalaron los funcionarios.

Después, en agosto del año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez más.

“Ahora era el presidente quien lo decía”, señaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenía de ese mensajero”.

Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoño pasado y continuaron este año— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con el autoritarismo de Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifrados, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición liderado por el Ejército con el fin de gestionar el país hasta que pudieran convocar elecciones.

Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores.

El recuento de las reuniones clandestinas y los debates políticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, además del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habían conspirado contra el gobierno de Maduro.

Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios.

Un grupo de venezolanos hacía fila en Caracas para comprar alimentos subsidiados por el gobierno, en mayo. El país sufre una escasez extrema de alimentos y medicinas. CreditMeridith Kohut para The New York Times

No obstante, conforme la crisis humanitaria de Venezuela empeoraba el año pasado, los estadounidenses decidieron que valía la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama más claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro.

“Después de muchas discusiones, acordamos que debíamos escuchar lo que querían decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas.

Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de América Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que sería más prudente enviar a un diplomático de carrera.

Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron autorización para negociar ningún asunto importante durante estos encuentros, de acuerdo con un funcionario de alto nivel del gobierno.

Después de la primera reunión, que tuvo lugar a finales de 2017, el diplomático informó que los venezolanos no parecían tener un plan detallado y se habían presentado con la esperanza de que los estadounidenses llegaran con ideas o directrices de apoyo.

El excomandante venezolano señaló que los rebeldes jamás pidieron una intervención militar por parte de Estados Unidos. “Jamás acordé ni se propuso un operativo conjunto”, precisó el excomandante.

Agregó que él y sus colegas consideraron llevar a cabo su plan el verano pasado, cuando el gobierno suspendió los poderes de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, e instaló la Asamblea Nacional Constituyente que es leal a Maduro. No obstante, dijo que abortaron el plan por temor a que sucediera una masacre.

Después planearon hacerse con el poder en marzo, relató el exmilitar, pero el plan se filtró. Finalmente, los disidentes decidieron que ejecutarían la operación durante las elecciones del 20 de mayo, fecha en que Maduro fue reelecto. Pero una vez más, se corrió el rumor de que los conspiradores se estaban preparando y tuvieron que detener sus planes, aunque no hay pruebas de que el presidente supiera que los golpistas habían contactado a los estadounidenses.

Para que cualquiera de los complots funcionara, explicó el excomandante, él y sus colegas creían que era necesario detener a Maduro y a otros personajes principales del gobierno al mismo tiempo. Para lograrlo, los funcionarios rebeldes necesitaban un medio para comunicarse en forma segura. Hicieron su petición durante la segunda reunión con el diplomático estadounidense, que sucedió el año pasado.

Legisladores en Caracas, el mes pasado. Los golpistas se sorprendieron cuando el gobierno instaló una nueva Asamblea Nacional Constituyente, leal a Maduro. CreditCristian Hernandez/EPA, vía Shutterstock

A su vez, el enviado comunicó la petición a Washington, donde fue rechazada por los altos funcionarios. “Quedamos frustrados”, comentó el excomandante venezolano. “No hubo seguimiento. Me dejaron esperando”.

Después el diplomático estadounidense se reunió con los conspiradores por tercera ocasión, a principios de este año, pero no lograron obtener una promesa de ayuda material ni una señal clara de que Washington apoyaba los planes de los rebeldes, según el excomandante venezolano y varios agentes estadounidenses.

Aun así, los venezolanos consideraron las reuniones como una aprobación tácita de sus planes, argumentó Peter Kornbluh, historiador del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington.

“Estados Unidos siempre ha mostrado interés en conocer información de inteligencia sobre posibles cambios de liderazgo en los gobiernos”, dijo Kornbluh. “Pero tan solo el hecho de que un diplomático estadounidense se presentara a una reunión como esa probablemente se percibiría como un espaldarazo”.

En su comunicado, la Casa Blanca dijo que la situación en Venezuela era “una amenaza para la seguridad y la democracia en la región”, y señaló que el gobierno de Trump seguiría reforzando una coalición de “aliados afines y sensatos, de Europa a Asia y a las Américas, para presionar al régimen de Maduro con el fin de restablecer la democracia en Venezuela”.

Agentes estadounidenses han citado abiertamente la posibilidad de que las fuerzas armadas de Venezuela puedan tomar medidas.

El 1 de febrero, Rex Tillerson, que en ese entonces era secretario de Estado, ofreció un discurso en el que dijo que Estados Unidos no había “promovido un cambio de régimen ni la destitución del presidente Maduro”. Sin embargo, en respuesta a una pregunta, Tillerson indicó la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado militar.

“Cuando las cosas estén tan mal que el mando militar se dé cuenta de que ya no puede servir a los ciudadanos, encontrará la forma de realizar una transición pacífica”, comentó.

Días después, Marco Rubio, el senador de Florida que ha buscado influir en el enfoque del gobierno de Trump sobre Latinoamérica, publicó una serie de tuits que animaron a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su presidente.

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Un grupo de venezolanos que esperaba para registrarse ante las autoridades migratorias brasileñas en abril. El colapso económico ha desencadenado un éxodo de venezolanos desesperados.CreditMeridith Kohut para The New York Times

“Los soldados comen lo que encuentran en los botes de basura y sus familias sufren hambre mientras Maduro y sus amigos viven como reyes y bloquean la asistencia humanitaria”, escribió Rubio. Después añadió: “El mundo apoyaría a las fuerzas armadas de #Venezuela si decidieran proteger al pueblo y restablecer la democracia con la destitución de su dictador”.

Durante su época como director de políticas de la Casa Blanca para América Latina, Cruz les envió un mensaje a los venezolanos durante un discurso en abril. Se refirió a Maduro como “demente”, Cruz dijo que todos los venezolanos debían “instar a las fuerzas armadas a respetar el juramento que hicieron de desempeñar sus funciones”, dijo. “Cumplan con su promesa”.

Conforme empeoraba la crisis en Venezuela en años recientes, los funcionarios estadounidenses debatieron los pros y los contras de establecer diálogos con facciones rebeldes de las fuerzas armadas.

“Eran diferencias de opinión”, dijo Aponte, la exdiplomática principal en materia de Latinoamérica del gobierno de Obama. “Había gente que le tenía mucha fe a la idea de que podían aportar estabilidad, ayudar a distribuir alimentos y trabajar en cuestiones prácticas”.

No obstante, otros —entre ellos Aponte— vieron los riesgos de establecer vínculos con líderes de las fuerzas armadas que, según el análisis de Washington, se habían convertido en un pilar del tráfico de cocaína y los abusos a los derechos humanos.

Roberta Jacobson, una exembajadora en México que antecedió a Aponte en el puesto de funcionaria principal del Departamento de Estado para políticas de Latinoamérica, dijo que, aunque desde hace mucho Washington considera que las fuerzas armadas venezolanas sufren de “corrupción generalizada, están muy involucradas en el narcotráfico y son despreciables”, ella pensaba que valía la pena establecer un canal diplomático extraoficial con algunos de sus miembros”.

“Dada la descomposición extendida de las instituciones venezolanas, se tenía la idea de que, aunque no necesariamente eran la respuesta, cualquier tipo de resolución democrática habría tenido que incluir a las fuerzas armadas”, dijo Jacobson, quien renunció al Departamento de Estado a principios de este año. “La idea de escuchar a los líderes de esos lugares, sin importar qué tan indeseables resulten, es esencial para la diplomacia”.

Sin importar cuál sea la lógica, sostener discusiones con los golpistas podría hacer sonar alarmas en una región con una lista de intervenciones infames: la invasión fallida de la CIA en Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro en 1961; el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Chileen 1973, que llevó a la larga dictadura militar de Augusto Pinochet, o el apoyo encubierto del gobierno de Reagan a los rebeldes de derecha conocidos como los Contras en Nicaragua durante la década de 1980.

En Venezuela, un golpe de Estado en 2002 destituyó brevemente a Hugo Chávez, el predecesor de Maduro. Estados Unidos sabía que se estaba gestando un complot, pero lo desaconsejó, de acuerdo con documentos clasificados que más tarde se hicieron públicos. El golpe de Estado tuvo lugar de cualquier forma y el gobierno de Bush abrió un canal de comunicación con el nuevo líder. Los funcionarios estadounidenses después se distanciaron del nuevo gobierno debido a que creció el descontento del pueblo con el golpe de Estado y los países de la región lo denunciaron claramente. Chávez fue restituido como presidente.

En el complot más reciente, el año pasado había de 300 a 400 miembros de las fuerzas armadas vinculados con el plan, pero esa cantidad se redujo a casi la mitad después de las enérgicas medidas emprendidas por el gobierno de Maduro este año.

Al excomandante venezolano le preocupa que los casi 150 compañeros que han sido detenidos puedan ser torturados. Lamentó que Estados Unidos no proveyera los radios a los rebeldes, pues cree que eso pudo haber cambiado la historia del país.

“Estoy decepcionado”, dijo el exgeneral. “Pero soy el menos afectado. Yo no soy prisionero”.

El golpe y las lecciones no aprendidas por Luis Ugalde – El Nacional – 1 de Agosto 2018

Luis-Ugalde-800x478Este gobierno con toda su quincalla revolucionaria llegó a su final. Ningún trabajador que en 1998 ganaba 500 $ al mes defenderá esta “revolución” para ganar ahora 3 $ mensuales. Los frutos son de muerte y el pueblo agradecería a Maduro su pronta renuncia y la negociación para una salida ordenada y con daños controlados. Hoy los rumores llenan el vacío político. La desesperación es mala consejera y puede llevar a desear cualquier aventura golpista sin pensar en las condiciones indispensables para el éxito en la reconciliación y reconstrucción del país Considero importante recordar y meditar sobre los errores de apoyo al golpismo hace 26 años para par evitar nuevas tragedias.

El 15 de febrero de 1992, pocos días después del fallido y sangriento golpe militar, escribimos un artículo, El golpe y las lecciones no aprendidas, celebrando su fracaso y comentando los sentimientos contradictorios de buena parte de la población: Por un lado alivio porque prevaleció la democracia y por otro lado en muchos el deseo de que hubiera triunfado el golpe militar para así castigar al gobierno y a los políticos por el profundo malestar socio-económico y la corrupción que se vivía en la última década (1982-1992):

“ La corrupción descarada- escribíamos– la especulación inmisericorde, el deterioro de los servicios públicos, la desinversión de los capitales, el descaro de lujos y viajes, las mil formas de ineficacia gubernamental, la burla del seguro social, la insuficiencia de empleos y salarios, la irritación que produce ver a muchos políticos dedicados a sus cosas con el dinero del país”(…).Todas las causas que explican el 27 de febrero (el Caracazo de 1989) están ahí, tres años después, como verdad irrebatible y como combustible preparado para la hoguera”. Realidades evidentes que alimentaban la antipolítica y las simpatías por el golpe militar sin pensar en las consecuencias funestas que traería el triunfo de los fusiles: “cárceles, estadios y cuarteles repletos con miles de detenidos; juicios sumarios y fusilamientos arbitrarios; numerosas familias arrastradas al exilio; cientos de miles de venezolanos escondidos, obligados al silencio y al exilio interno de su pensamiento. El país gobernado por la ley suprema del fusil; siempre arbitraria, pues ni es ley, ni es suprema: es la fuerza.” Intuíamos que eso sería el fruto del golpe acompañado del desastre económico-social: “Para estas fechas- escribíamos- el bolívar estaría avanzando aceleradamente en su caída a punto de llegar a cien por dólar (hoy estamos a más de 3 millones y con la hiperinflación anual de 100.000% camino del 1.000.000%). Los capitales apátridas en fuga, los préstamos internacionales congelados, el desempleo camino del 20%, el país aislado de los créditos y financiamientos internacionales y tal vez sometidas a boicot nuestras ventas petroleras”.

Entonces escribíamos “Compartimos las causas del malestar social, pero negamos que ellas justifiquen el golpe. “Toda la indignación que podamos tener frente a la situación actual de nuestro país no constituye un solo argumento para justificar el golpe que empeoraría todo y aumentaría la corrupción”. Entonces señalábamos como lecciones no aprendidas, las que nos dio el Caracazo 3 años antes y las dobles verdades y raseros para los privilegiados y para la población.

El hecho es que no hubo corrección gubernamental y el disfraz democrático de chavismo golpista se disfrazó de democrático y a los seis años triunfo electoralmente.

El desastre que preveíamos en 1992 es un juego de niños ante el colapso general hoy con esta dictadura. Una situación tan catastrófica y desesperada nos puede llevar a desear cualquier aventura golpista olvidando que el fusil puede ser bueno para frenar ciertos males y disuadir, pero no lo es para gobernar y reconstruir un país destrozado y saqueado por sus gobernantes.

Ahora es obvio incluso para los chavistas que este gobierno no tiene futuro y debiera frenar el sufrimiento nacional renunciando y abriendo las puertas a la transición para la reconstrucción y reconciliación del país. No esperamos que Maduro lo haga voluntariamente, lo importante es que la gran mayoría de los venezolanos esté convencida de que esa renuncia es necesaria y lo exija el clamor multitudinario y la imprescindible decisión de la Fuerza Armada de defender la democracia y la Constitución.

Recuperar la vida humana de millones saliendo cuanto antes del actual desastre, pero de tal manera que las diversas fuerzas confluyan en una unidad superior para la reconstrucción democrática y constitucional, incluyendo las elecciones presidenciales, una vez que se hayan restablecido las debidas condiciones como la eliminación de la ANC, la habilitación de todos los candidatos y partidos, cambio del CNE la libertad de los presos políticos perseguidos y exiliados etc.

En septiembre de 1998 meses antes de las elecciones escribíamos: “hay alta probabilidad de que Chávez gane las elecciones y poca de que pueda hacer un buen gobierno; lo que significa una especie de suicidio colectivo”-

Que la pérdida de memoria no nos lleve a otra aventura suicida y caminemos unidos para la reconstrucción democrática y social del país.

 

 

 

 

 

 

Trump, AMLO y los tres futuros de Venezuela por Heinz Dieterich – Aporrea – 10 de Julio 2018

heinz_dieterich.jpg1. Invasión bélica, sublevación militar o levantamiento general

Los tres futuros posibles para Venezuela son la invasión militar, la sublevación militar y el levantamiento general civil. Los tres escenarios son interactivos; su probabilidad total casi el cien por ciento. Sólo imponderabilidades, como el impeachment (juicio político) o la desaparición física de Trump, podrían cambiar este futuro. Un ejemplo respectivo es la invasión militar de Reagan a Nicaragua. Bajo órdenes de Reagan, el Pentágono estableció en noviembre de 1986 un Cuartel General Marítimo en las costas de Nicaragua para dirigir la intervención bélica contra los sandinistas. Cuando la invasión estaba cerca, un periódico libanes publicó (3.11.) los datos del Irangate –venta ilegal de armas a Irán y tráfico de drogas de la CIA, para financiar la agresión contra Nicaragua– que exponían Reagan a la destitución política (impeachment) por el Senado. Ante ese peligro, el criminal de guerra tuvo que cancelar la agresión. Trump también está expuesto a un impeachment y tambaleándose por la guerra de hegemonía contra China, que va a perder. A corto plazo, sin embargo, los tres futuros mencionados para Venezuela son el escenario más realista.

2. Invasión gringa

El planteamiento de Trump de invadir a Venezuela (agosto, 2017), sólo puede sorprender a los ilusos y los que fingen asombro por la supuesta novedad. Toda persona medianamente culta sabe que el Pentágono tiene planes militares operacionales (contingency plans) para invadir a cualquier país del mundo en cualquier momento. Y toda persona latinoamericana medianamente culta conoce la criminal historia intervencionista de Washington en la Patria Grande. De ahí, que no merece un campanazo político o informático el informe sobre Trump: no hay novedad. Al contrario, es evidente, que una intervención bélica a Venezuela sería relativamente fácil. Hay cercanía geográfica; existe una extensa red logística militar gringa en el hemisferio, que incluye al Comando Sur y los “otanistas criollos”, los peones colombianos de la OTAN; el Consejo de Defensa Suramericano de la UNASUR prácticamente ha dejado de funcionar; los generales de pacotilla de las FANB nunca han estado en una guerra y su nada anoréxico Comandante en Jefe no podría repetir la hazaña de Fidel en Playa Girón, porque se quedaría atascado en la torreta del tanque que lo llevaría al campo de batalla.

3. ¿Por qué no ha habido invasión?

El argumento de que la invasión no se ha realizado, porque Trump teme el distanciamiento de los presidentes criollos, es obviamente de risa. Si no le preocupa arriesgar una guerra nuclear con China, porque le importaría la opinión de los empleados políticos imperiales del patio trasero. No, si no se ha enviado a la Cuarta Flota es, porque no ha habido una razón para hacerlo, un casus belli. El petróleo fluye (cada vez menos, por cierto), la venta de garaje transnacional florece, el Esequibo ya se perdió y la implosión del sistema madurista es inevitable e, incluso, calculable en el tiempo. Dado que a los mandamás les gustan las victorias fáciles, como la invasión de Reagan a Granada o de Hitler a Checoslovaquia, Washington no tiene que hacer otra cosa que esperar el curso determinístico de los acontecimientos. Si en algún momento Trump decide enviar a sus pretorianos, será para cobrar en prime time (hora estelar) televisivo los laureles propagandísticos de un easy victory para su electorado interno, frente a un país tan destruido que no podrá defenderse. Maduro y su pandilla le sirven en bandeja de plata al imperialismo una victoria regalada, tal como hicieron Saddam Hussein, Gaddafi y Noriega. Funcionan, objetivamente, como agentes del imperialismo monroeista. De ahí, que no conviene destruir a destiempo a un Calibán que es útil.

4. Hausmann y el intervencionismo

El 2 de enero, 2018, Ricardo Hausmann, profesor de orígen venezolano en la Universidad de Harvard, escribió:

“As conditions in Venezuela worsen…military intervention by a coalition of regional forces may be the only way to end a man-made famine threatening millions of lives.
Al empeorar las condiciones en Venezuela, una intervención militar de una coalición de fuerzas regionales puede ser la única forma para detener una hambruna generada por el hombre, que amenaza millones de vidas.”

Al formular esa propuesta de intervención, Hausmann debería recordar el tweet de Trump a la congresista Maxine Waters: “Be careful what you wish for — ten cuidado con lo que pidas”. Ante la decadencia total de las democracias burguesas criollas, con la matanza uribista sistemática de líderes sociales y desmovilizados en Colombia; el terror en Honduras; la corrupta y terrorista justicia de clase de Brasil, Ecuador y Argentina, contra Lula, Correa y Kirchner; la represión injustificable y disfuncional de Maduro y Ortega/Murillo; la de facto entrega de la política latinoamericana de Trump a la mafia monroeísta de Miami-Washington y el proyecto apocalíptico trumpiano de destruir a China (para recobrar el control del Pacífico), a la Unión Europea (para reconquistar el espacio atlántico) y a la arquitectura jurídica del sistema internacional, una intervención bélica estadounidense terminaría probablemente en una matanza sistemática de los cuadros bolivarianos de base y de nivel medio. Hausmann debería estar consciente de que no habría contrapeso endógeno venezolano para impedirlo. Como tampoco lo hay ahora, en Colombia.

5. Sublevación militar bolivariana

La posibilidad de una exitosa sublevación militar a nivel nacional, es relativamente escasa, debido a las repetidas purgas del régimen desde el mes de marzo. El sistema de espionaje y ejecución del SEBIN (Servicio de Inteligencia Bolivariana) –¿Cuándo se abandonará ese afán y newspeak de vincular todas las obscenidades del régimen con el nombre del héroe Libertador?– operado por los generales Reverol, González López, Padrino López y el teniente Diosdado Cabello, dentro de las FANB y a nivel nacional, hará imposible una organización clandestina nacional como la de Hugo Chávez (MBR-200). Lo que es posible, desde luego, son rebeliones espontáneas locales. Pero éstas, bajo las condiciones actuales y por sí solas, no tendrían la capacidad para derrocar al régimen.

6. Paro general y levantamiento

El escenario más probable del cambio es, por lo tanto, que la unificación nacional de la resistencia contra el régimen se producirá, como en todas las revoluciones clásicas: por el hambre y la deslegitimación total de la camarilla política dominante. Esa unificación, nunca lograda por los partidos políticos, ya es perceptible en la creciente auto-organización de las masas, generada por la falta de medios de subsistencia básica y las ridículas remuneraciones salariales. Sin centros nacionales de dirección todavía, pero con nuevos liderazgos que nacen en la lucha, esta auto-organización se está extendiendo horizontalmente por el país. Paralelamente se opera un gradual cambio de su carácter político: va de la protesta económica hacia la rebelión política. Cuando la protesta se vuelva masiva y violenta, fenómeno que es inevitable ante la frustración y el odio a los usurpadores, los generales de pacotilla y la tropa tendrán su prueba de fuego: ¿Dispararán contra el pueblo, como todos los gobiernos de clase, o no?

7. El precio del cambio

Para poder sacar a gobiernos clasistas ineptos de sus palacios, la historia exige generalmente una cuota de sangre, que puede ser mayor –como en la Revolución Mexicana– o menor, como en el derrocamiento del Presidente Fernando de la Rúa, en Argentina. La némesis de la historia sólo prescindió de esos sacrificios rituales de la transición en la implosión de los regímenes europeos del Socialismo del Siglo 20. Esas transiciones fueron históricamente a-típicas, porque los gobiernos socialistas entregaron el poder a la burguesía, básicamente, como un consejo de administración de una transnacional fracasada lo entrega a una nueva administración. En América Latina, el continente más desigual del planeta y gobernado por oligarquías antidemocráticas bicentenarias, las transformaciones no son ni serán pacíficas. Costarán sangre.

8. Chávez, AMLO, Lula

La experiencia venezolana de Hugo Chávez ilustró muy bien uno de los axiomas de la política, que podemos bautizar “la santa trinidad del éxito político”. O, para ser menos bíblico: Chávez dejó claro, cuáles son los prerrequisitos de una transición latinoamericana desde un gobierno fallido. Se necesita un líder con autoridad moral (o vanguardia colectiva), un programa convincente de rescate nacional y el apoyo de las masas. Al cumplir con esos requisitos situacionales, Hugo Chávez logró convertirse en apenas tres años –después de la cárcel– en Presidente de la Quinta República. La moraleja de la praxis de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su proyecto de la Cuarta Transformación de México es la misma: vanguardia ética, un programa realista de desarrollismo democrático y el apoyo de las mayorías. Donde falta esta trinidad del triunfo, la transición y alternancia no son posibles. Por esa razón es poco probable, que la dictadura brasileña libere a Lula de su secuestro judicial, porque el ex obrero metalúrgico tendría un triunfo electoral abrumador garantizado. En Venezuela no existen las tres precondiciones de la alternancia actualmente, hecho por el cual, el escenario más probable de cambio es, a corto plazo, un paro general y una sublevación civil. Tal escenario incrementará un desenlace violento interno y una intervención militar externa.

9. Trump y Maduro: caimanes del mismo pozo

Maduro y Trump son caimanes del mismo pozo. Son destructores de los sistemas vitales para la reproducción y sobrevivencia de un país. Ambos están enfrascados en una guerra que no pueden ganar: Trump contra el status quo del mundo entero y Maduro contra las leyes de la economía política. Ambos representan las fuerzas de la anti-historia, cuyo perpetuum mobile (energía permanente) es la violencia. Terminarán, como Hitler, en la apocalipsis que ellos mismos generaron.

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