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Viaje de regreso al pasado – Editoria El Nacional  – 25 de Abril 2020

Lo que hoy vivimos en esta malherida Venezuela no es otra cosa que un desvergonzado viaje hacia el pasado. Y lo calificamos de desvergonzado porque llamarlo de otra manera sería correr el riesgo de darle una categoría incierta que, a lo mejor, cualquier fanático puede llegar a utilizar a su favor con fines inconfesables. Peores cosas se han visto en estos menesterosos años.

Pero volvamos más al errático presente de la pandemia chavista que sufrimos desde hace un par de décadas y unos pedacitos más de años, desde que el finado doctor Caldera abriera las puertas para que uno de sus obsecuentes escribanos en Miraflores redactara el “sobreseimiento de la causa” (ojo, no hubo indulto, no se equivoquen) a los alzados contra la democracia y el orden constitucional ese mortecino 4 de febrero y, de paso, a quienes se activaron en un segundo golpe en noviembre del mismo año ¡también fracasado!

Vaya, vaya, menuda capacidad de organización, logística y coordinación para tomar por asalto el poder, sembrando muertos y, de paso, rendirse y terminar con la mayoría de los alzados entre rejas. Pero contaron con suerte: María Moliner en su diccionario nos aclara que sobreseer significa “suspender la tramitación de una causa por entender el tribunal que no hay motivo para proseguirla o por no existir suficientes pruebas”. Está visto que el poder acusa y luego limpia retroactivamente hasta los muertos.

¿Y por qué llegamos hasta la innecesaria e inútil memoria bolivariana, borrada sin misericordia y resucitada como una gesta heroica? Pues sencillamente porque en ese lejano, preciso y sorpresivo momento del acto oficial de sobreseimiento, se dio comienzo al viaje en retroceso que hoy padecemos en Venezuela en toda su extrema crueldad y miseria moral y material.

No es nada de ciencia ficción porque las plagas que nos avisaron en sus libros los anticipadores del futuro no incluían molestias como la falta de gasolina en un país que flota en petróleo, o la falta de agua en un territorio cruzado por ríos escandalosamente caudalosos, ni de tierras cultivables convertidas en desiertos, ni mucho menos de ganaderías enflaquecidas o reducidas a un montón de esqueletos expuestos a la vera del camino.

Los autores de ciencia ficción se mueven entre especulaciones inteligentes que dirigen sus inquietudes hacia las perversidades de avanzadísimas tecnologías y ambiciones y codicias que van más allá del globo terráqueo y sus infinitos alrededores. Lo que jamás imaginaron es que millones de seres humanos huyeran, en una inédita macroestampida, de un país rico, con inmensos recursos naturales y con una población con niveles de formación y educación más que aceptables, incluso superior  a la media en toda la región.

Con esa marcha espontánea, desordenada y con rumbo inseguro (muy distinta a la insigne dirigida por Simón Bolívar) nacía el primer capítulo internacional de nuestro viaje al pasado en pleno siglo XXI. Lo grave era que aquello no estaba en la agenda política de nadie.

Y lo peor es que esa realidad (trágico maravillosa, diría cínicamente Alejo Carpentier) ya estaba anticipada en el experimento, o mejor, en la tragedia de Cuba, hoy empobrecida, miserable y prostituida en función del turismo europeo, endeudada y sin futuro por Fidel Castro y su hatajo de herederos. La marcha cubana, en su mayoría, fue a mar abierto, creando de paso el mayor cementerio marino del Caribe nacido en los innumerables naufragios en la travesía hacia la libertad en Florida.

A ese nivel tenebroso hemos llegado en medio de la pandemia del coronavirus. ¿Qué otra cosa más espantosa podemos esperar si el petróleo –ese “excremento del diablo”, decía Juan Pablo Pérez Alfonzo– vaga por el mundo sin rumbo ni precio fijo, zarandeado a placer por las jugarretas de Rusia y Arabia Saudita y su comandita, mientras la otrora poderosa Venezuela renquea detrás convertida en la pariente pobre de la familia, como un perro enfermo abandonado en la calle, que tiembla y se dobla cada vez que tose.

Vamos entonces (si el precio del petróleo no se apiada de nosotros, y jamás ha existido un mercado petrolero piadoso) embarcados en un viaje hacia el pasado, esto es, a ser otra vez como antes, cuando languidecíamos como una república enflaquecida, plagada de enfermedades como la malaria o la tuberculosis, con vías de comunicación precarias, con campos donde solo crece la delincuencia rural, con pueblos abandonados por la gente joven, con núcleos urbanos sin servicio continuo de electricidad, de agua potable y precaria atención médica, sin flujo permanente de telecomunicaciones y con deficiencias en el transporte urbano y suburbano.

Viajamos hacia el pasado porque nos borraron el futuro, o mejor dicho, lo expropiaron, porque a ellos (ya los conocemos) solo les satisface el presente: en él son ricos, poderosos y privilegiados. ¿Por qué van a ambicionar algo diferente?

 

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (IV) por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 5 de Abril 2020

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Una vez controlada la situación en Fuerte Tiuna, conversé con varios generales que habían estado detenidos en la alcabala de entrada de la Comandancia del Ejército, entre ellos los generales Iván Jiménez Sánchez y Ramón Santeliz Ruiz y el vicealmirante Germán Rodríguez Citraro. Decidí trasladarme a Miraflores a recibir al presidente Pérez. Designé al coronel Rubén Medina Sánchez para que me acompañara. Llegamos cerca de las 3:00 am. Encontré en la antesala del despacho presidencial al señor Luis Alfaro Ucero, lo saludé e intercambiamos algunas palabras. Minutos después se anunció la llegada del presidente Pérez. Lo recibí y nos dirigimos a su despacho. Subí con él a sus habitaciones. La suite japonesa mostraba los destrozos del criminal ataque. Le informé la situación militar y la urgencia de controlar y rendir el Museo Militar, la base Francisco de Miranda, la Brigada de Paracaidistas, la Brigada Blindada y el Cuartel Libertador.

En la conversación le resalté un hecho que consideraba inexplicable hasta ese momento: “Presidente, me he comunicado con todos los comandantes de Fuerza a excepción del general Rangel. Debe estar preso o se encuentra comprometido con la insurrección”. La respuesta del presidente me sorprendió: “Usted no se habrá comunicado con el general Rangel; yo, desde que comenzó la crisis, he estado en contacto con él”. Le respondí secamente: “Usted es el presidente de la República, si el general Rangel se ha comunicado con usted es más que suficiente”. Fue una demostración de la molestia que sentía ante la conducta del general Rangel. Le solicité permiso para retirarme y me trasladé a la antesala presidencial. Allí se encontraba el general Oviedo Salazar. Evaluamos la situación militar durante algunos minutos. Le ordené reorganizar la fuerza de tarea y recuperar la base Francisco de Miranda y la comandancia de la Aviación.

Seguidamente, decidí llamar por teléfono al T.C. Chávez para exigirle su rendición. El T.C. Rommel Fuenmayor logró comunicarse con el Museo Militar. Lo atendió el coronel Marcos Yánez Fernández, su director, quien me había llamado al ministerio informándome, cerca de la 1:00 am, que el T.C. Chávez había tomado sus instalaciones, planteándole mi interés en conversar con el T.C. Chávez.  A los cinco minutos atendió la llamada. La conversación duro cerca de diez minutos:

—Chávez, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Lo estoy llamando desde Miraflores. Ríndase para evitar que continúe el derramamiento de sangre. Reflexione. Piense en sus deberes militares.

—Mi general, no me voy a rendir. Tenemos el control de importantes guarniciones y los combates serían largos y costosos.

—Chávez, le repito, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Ríndase.

—Mi general, ¿por qué usted no viene hasta aquí para que conversemos personalmente?

—Usted está loco Chávez. Si voy al Museo Militar, usted me detiene.

—No, mi general, le doy mi palabra de que no será así.

—Chávez, esa propuesta suya es imposible de aceptar. Ríndase.

En ese momento vi pasar al general Ramón Santeliz Ruiz, quien, como lo habían hecho muchos otros militares y civiles, se había trasladado al Palacio de Miraflores. Conocía su amistad con Hugo Chávez:

—Chávez, aquí está el general Ramón Santeliz Ruiz. Lo voy a enviar para que le demuestre lo comprometido de su situación.

—De acuerdo, mi general.

Inmediatamente informé al presidente Pérez sobre el contenido de la conversación. Estuvo de acuerdo con enviar al Museo Militar al general Santeliz a conversar con Hugo Chávez. La gestión del general Santeliz no tuvo éxito. Juntos se lo informamos al presidente Pérez. Nos escuchó con detenimiento y con mucha serenidad me ordenó: “Ministro, ataque inmediatamente el Museo Militar con la aviación”. El general Santeliz le pidió autorización al presidente Pérez para llamar telefónicamente al T.C. Chávez. Lo hizo. Desde el teléfono nos dijo en voz alta: “Señor presidente, señor ministro, el comandante Chávez se rendirá a las 3:00 de la tarde”. El presidente Pérez se acercó y en voz alta, para que el T.C Chávez escuchara, expresó: “Dígale a ese señor que se rinda ahora o apenas amanezca será bombardeado”.

Acto seguido llamé al almirante Daniels y le ordené movilizar a la Infantería de Marina para atacar el Museo Militar. Me ratificó el control de todas las bases aéreas a excepción de la base Francisco de Miranda. Reflexioné unos minutos. Bombardear las unidades insurrectas complicaría, aún más,  la situación. Le ordené entonces movilizar la Décima Segunda Brigada de Infantería y la Sexta División de Caballería acantonadas, respectivamente, en Barquisimeto y San Juan de los Morros con la finalidad de presionar la rendición de la Brigada Blindada. Me informó que la columna de tanques que se dirigía a Caracas se había rendido, cerca de las 3:00 am, ante la imposibilidad de continuar la marcha, gracias a la fuerte posición defensiva establecida por el coronel Norberto Villalobos y efectivos del Comando Logístico del Ejército.

A las 5:45 am llamé de nuevo a Hugo Chávez desde el despacho privado del presidente de la República:

—Chávez, ¿qué ha pensado? ¿Se rinde o no?

—Mi general, tenemos el control de las guarniciones de Maracay, Valencia y Maracaibo.

—Chávez, si usted no se rinde dentro de diez minutos ordenaré el ataque con la Infantería de Marina y la Aviación. Usted no tiene alternativa. Si resiste, lo único que va a ocasionar es un mayor derramamiento de sangre. Piense en sus deberes militares.

—Mi general, conozco mis deberes militares. No me rindo.

—Chávez, voy a hacer sobrevolar la Aviación sobre el Museo Militar dentro de unos minutos. La Infantería de Marina se desplaza, en este momento, por la autopista. Piénselo. No vale la pena sacrificar la vida de sus soldados.

Hugo Chávez trataba de ganar tiempo con la esperanza de que al amanecer otras unidades se insurreccionaran. Llamé al almirante Daniels y le ordené que hiciera sobrevolar el Museo Militar con los F-16. En ese momento el presidente Pérez me llamó a su despacho. Molesto me dijo:

—Ochoa, ordené el ataque al Museo Militar. No quiero más negociaciones.

—Presidente, voy a hacer sobrevolar la aviación para mostrar nuestro poder de fuego. La Infantería de Marina se desplaza por la autopista. Pienso atacarlo con la Infantería de Marina y la Aviación en caso de que no se rinda.

—No quiero más negociaciones. Bombardéelo a la brevedad posible.

—Presidente, lo haré apenas la Infantería de Marina esté desplegada. Bombardear no es sencillo. La cercanía del 23 de Enero complica la operación. Permítame continuar la negociación.

—Ochoa, le doy diez minutos para que se rindan los insurrectos. Después, ordene el ataque.

—Entendido, presidente.

Aproximadamente a las 6:15 am llamé, nuevamente, al Museo Militar. Me atendió el coronel Yánez Fernández. Hugo Chávez se negó a hacerlo. Le dije que le informara sobre las acciones que estaba tomando para atacarlo. En su informe el coronel Yánez narra lo siguiente: “Así lo hice. Me trasladé hasta la entrada principal del Museo Militar. Allí estaba Hugo Chávez. Se observaba pálido y muy desmoralizado. Le informé mi conversación con el ministro de la Defensa. Se quedó pensativo unos minutos. Los F-16 volvieron a sobrevolar sobre el Museo Militar. Hugo Chávez me dijo en ese momento: Dígale al ministro que conversaré con él. Me dirigí hacia mi oficina. Hugo Chávez me siguió. Tomé el teléfono, le informé al general Ochoa que allí se encontraba el T.C. Chávez. Él me pidió que lo dejara solo en mi oficina para conversar con el ministro Ochoa¹:

—Chávez, ¿qué ha pensado? Observe que la Aviación, la Armada y la Guardia Nacional se mantienen leales al gobierno constitucional. Solo algunas unidades del Ejército se han insurreccionado en muy pocas guarniciones. Las unidades en Caracas en su casi totalidad se mantienen leales. Solo falta por rendirse la base Francisco de Miranda y el Museo Militar. La base Francisco de Miranda está siendo atacada con éxito. Si continúan los combates, usted será responsable de los muertos. Ríndase de inmediato. De no hacerlo ordenaré el ataque al Museo Militar con la Aviación y la Infantería de Marina. Tenga en cuenta que por su terquedad las muertes que ocurran caerán sobre su conciencia. Piénselo.

—Mi general, deme diez minutos para pensarlo.

—Chávez, le concedo los diez minutos.

Transcurrido ese tiempo llamé, de nuevo, al Museo Militar. Me atendió el teléfono el propio Hugo Chávez.

—¿Que ha pensado Chávez?

—Mi general, necesito garantías para rendirme.

—Usted las tiene. A usted y a los demás oficiales sublevados le serán respetados sus derechos humanos y su condición de oficiales de las Fuerzas Armadas. Le doy mi palabra.

—Mi general, me rindo.

—Bien Chávez. Voy a enviar al general Santeliz para que lo traslade detenido al Ministerio de la Defensa.

Eran las 6:30 am. Cerré el teléfono, el presidente Pérez estaba presente y al tanto de la conversación. Le solicité autorización para enviar al general Santeliz  al Museo Militar con la finalidad de detener y trasladar al Ministerio de la Defensa al T.C. Hugo Chávez. Me comuniqué con el almirante Daniels y le informé la rendición del Museo Militar.

1. Ochoa Antich, Fernando, entrevista al coronel Marcos Yánez Fernández, p. 165, Así se rindió Chávez, Libros El Nacional, año 2007

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (III) por  Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 29 de Marzo 2020

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Después de pedirle al presidente Pérez que se dirigiera a los venezolanos, me dediqué a enfrentar la grave situación militar. Ante mi convencimiento que recuperar el control de Miraflores era imprescindible, urgí insistentemente al general Luis Oviedo Salazar a organizar, en el menor tiempo posible,  el grupo de  tarea con el fin de atacar la unidad insurrecta que tenía rodeado el palacio presidencial. Preocupado por el rápido avance de la columna de tanques, proveniente de Valencia, llamé telefónicamente al general Alfredo Salazar Montenegro, Jefe del Comando Logístico del Ejército. Le ordené establecer una posición defensiva en la Autopista Regional del Centro, con la finalidad de impedir el acceso de la columna de tanques a Caracas. De igual manera, al requerirse, con urgencia,  recuperar el control de Fuerte Tiuna, me comuniqué con  el coronel Jhon Torres Aquino, comandante del Regimiento de Comunicaciones del Ejército. Le  ordené preparar su unidad para atacar la compañía insurrecta que tenía rodeado el ministerio de la Defensa y el comando del Ejército. Afortunadamente, el ataque no fue necesario.

El presidente Pérez llamó al contraalmirante Iván Carratú Molina, jefe  de la Casa Militar y le ordenó organizar su salida del palacio presidencial. El CA Carratú muy sorprendido le respondió: “Eso es imposible presidente, todas las salidas están controladas por los insurrectos  e intentar salir pondría en riesgo su vida”. El presidente Pérez insistió de una manera firme y decidida: “Carratú, no le estoy preguntando qué es lo que vamos a hacer. Le estoy ordenando preparar mi salida de Miraflores”. (1) Ante la decisión del presidente de la República, el jefe de la Casa Militar pidió unos minutos para planificar lo necesario. Observó que una de las puertas, la que comunica con la plaza Bicentenaria, no había sido bloqueada por los insurrectos. El presidente de la República, acompañado del CA Carratú, el ministro Ávila Vivas, el señor Alfaro Ucero, el T.C. Dudamel y el comisario Fernández, se trasladó desde su despacho hasta el garaje de Miraflores. Un motorizado de la escolta fungió de chofer. Tomaron un automóvil particular. El señor Alfaro, debió permanecer en Miraflores al no llegar a tiempo para tomar el vehículo.

El CA Carratú ordenó abrir la mencionada puerta. Al hacerlo sonó la alarma. Se produjeron disparos contra el vehículo, desde uno de los carros blindados que rodeaban el palacio presidencial, sin consecuencias. El presidente Pérez ordenó dirigirse a Venevisión. Llamó por teléfono al señor Carlos Bardasano, gerente de la planta, quien le informó que el canal no se encontraba controlado por los insurrectos. Al llegar a la estación fue recibido por el señor Bardasano y de inmediato se preparó un pequeño estudio para que el presidente de la República enviara un mensaje a la nación: “Un grupo de militares, traidores a la democracia, liderando un movimiento antipatriótico, pretendieron tomar por sorpresa al gobierno. Me dirijo a todos los venezolanos para repudiar este acto. En Venezuela el pueblo es quien manda. Su presidente cuenta con el respaldo de las Fuerzas Armadas y de todos los venezolanos. Esperamos que en las próximas horas quede controlado. Cuando sea necesario volveré a hablar”. (2) A los pocos minutos, se escucharon las voces de Eduardo Fernández y de Teodoro Petkoff en rechazo a la asonada militar.

El presidente Pérez decidió dirigirse, de nuevo, al país. “venezolanos, venezolanas: hace una hora me dirigí a la nación para darle cuenta del atropello vandálico de un grupo de militares que desconociendo sus deberes constitucionales pretendieron dar un golpe para asesinarme al tratar de tomar “La Casona” y el palacio de Miraflores. Afortunadamente, la lealtad funcional de las Fuerzas Armadas lo ha impedido. He contado con el respaldo de toda la nación y de los países democráticos del mundo… Ahora quiero dirigirme especialmente a las Fuerzas Armadas Nacionales: oficiales y soldados, les habla su comandante en jefe, su obediencia es para quien tiene el mandato del pueblo, para quien juró la Constitución. Cualquier oficial, cual sea su jerarquía, que pretenda no acatar su mandato debe ser desconocido por ustedes. Ustedes tienen que honrar su juramento, ustedes tienen que honrar al pueblo de Venezuela. Yo les envío la orden precisa y categórica: obedecer a su Comandante en Jefe, obedecer a los comandos naturales firmes en obediencia y acato de la Constitución Nacional”. (3)

El almirante Rafael Huizi Clavier, el coronel Juan A Pérez Castillo y el señor José Hernández redactaron un comunicado, a nombre del Ministerio de la Defensa, para informar a la nación sobre lo que ocurría. Autoricé, telefónicamente, su contenido y les ordené difundirlo a través de Venevisión. Así lo hicieron. La situación militar empezó a modificarse de inmediato. La alocución del presidente Pérez tuvo un gran impacto psicológico en los oficiales insurrectos y se produjo la rendición, sin combatir, de varias unidades bajo el mando de esos oficiales, entre ellas la compañía del regimiento Codazzi que tenía rodeado el Ministerio de la Defensa y la Comandancia del Ejército. Su comandante, el capitán Humberto Ortega Díaz, informó su decisión de rendirse al general Humberto Betancourt Contreras, quien se encontraba entre los detenidos en la alcabala de acceso a la Comandancia del Ejército. El general Betancourt se lo comunicó al general Rangel y este ordenó que fuera detenido y conducido a su oficina. El coronel Raúl Salazar, tomó el mando de la unidad insurrecta con el fin de trasladarla a su cuartel.

El batallón Bolívar y 16 carros de combate pertenecientes al batallón Ayala, al mando del general Luis Oviedo Salazar, sobrepasaron las alcabalas de Fuerte Tiuna a las 2:30 am. Su objetivo: recuperar el control del palacio de Miraflores. El avance se realizó por las avenidas Baralt y Urdaneta. Durante el trayecto se agregó a la columna una compañía de vehículos antimotines del Destacamento No. 51 de la Guardia Nacional. El fracaso en la toma del palacio presidencial, la imposibilidad de capturar al presidente y la aproximación del Grupo de Tarea condujo a los mayores Carlos Díaz Reyes y Pedro Alastre López a iniciar conversaciones con el teniente coronel Rommel Fuenmayor con la finalidad de rendirse. Así lo hicieron, evitando un combate innecesario contra una unidad que los superaba en efectivos y poder de fuego. El teniente coronel Fuenmayor me llamó por teléfono para notificarme la rendición de la unidad sublevada y la llegada a Miraflores del Grupo de Tarea. De inmediato, me comuniqué telefónicamente con el presidente Pérez para informarle que podía trasladarse, de nuevo, al palacio de Miraflores.

¿Por qué fracasó la insurrección militar? El factor sorpresa, elemento fundamental para el éxito de una conspiración de cuadros medios, no se logró totalmente debido a la información aportada por el capitán René Gimón Álvarez y la orden de acuartelamiento, aunque insuficiente, dictada por el general Rangel Rojas a las unidades del Ejército de la Guarnición de Caracas. Los oficiales comprometidos en esas unidades le informaron al T.C Hugo Chávez que, ante esa medida, les era imposible insurreccionarse. Sin embargo, Chávez decidió continuar con el alzamiento. No le importó comprometer la vida de los oficiales y soldados en una operación con tan pocas posibilidades de éxito. La misión del batallón Briceño, bajo su mando directo, era apoyar el ataque del batallón Ayala a Miraflores. Inexplicablemente, Hugo Chávez, en lugar de abocarse a cumplir esa misión,  decidió tomar el Museo Histórico Militar e instalarse allí a esperar el resultado de ese ataque. Otro factor imprescindible en toda operación militar, el comando y control, brilló por su ausencia.

El informe que presentó el coronel Marcos Yánez Fernández, director del Museo, inmediatamente después de los hechos, describe la irresponsable y cobarde actitud que asumió el T.C. Hugo Chávez Frías durante el alzamiento. “En ese momento salí a las puertas del Museo Militar. Allí se encontraba Hugo Chávez. Se veía pálido. Observaba con binóculos los combates que se desarrollaban en los alrededores de Miraflores, pero no tomaba ninguna decisión. Algunos vehículos blindados tipo Dragón disparaban sobre el Regimiento de la Guardia de Honor. La inmovilidad de los vehículos blindados indicaba que estaban siendo fijados por fuego de una unidad muy superior en efectivos como era el Regimiento de la Guardia de Honor. Era imprescindible apoyar con Infantería a los vehículos blindados. Hugo Chávez se encontraba tan impresionado por lo que ocurría que no era capaz de analizar con suficiente claridad la situación militar. Sus respuestas a mis planteamientos fueron totalmente incoherentes. Al darme cuenta del estado de shock que presentaba me retiré a mi oficina”. (4) El batallón Briceño contaba, aproximadamente, con 300 hombres bien equipados y entrenados. Hugo Chávez los mantuvo inactivo hasta su rendición a las 6:30 a.m.


  1. Ochoa Antich, Fernando, Conversación mantenida con Carlos Andrés Pérez el 5 de febrero de 1992, Así se rindió Hugo Chávez p. 145. Libros El Nacional, Año 2007;
  2. Tarre Briceño Gustavo, El espejo roto, p.38, Editorial Panapo, Caracas, 1994;
  3. Wasloxten, Gustavo, Maisanta en caballo de hierro pp. 54-56. Citado por Gustavo Tarre Briceño en El espejo roto”;
  4. Yánez Fernández, Marcos, entrevista, Caracas, 14 de abril de 2006, informe que presentó al ministerio de la Defensa en febrero de 1992, Así se rindió Chávez pp.142, 143, Libros El Nacional, año 2007.

El 4 de febrero: la muerte de la democracia y el nacimiento del autoritarismo por Estefani Brito – El Nacional – 4 de Febrero 2020

Analistas consideran que el golpe de Estado comandado por Hugo Chávez en 1992 fue la antesala a la tragedia nacional actual

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La antesala de una tragedia nacional. El 4 de febrero de 1992, día del intento de golpe de Estado perpetrado por Hugo Chávez, fue la fecha que marcó la muerte anunciada de la democracia y el nacimiento de un modelo autoritario, que hoy somete a los venezolanos.

A 28 años de esa fecha, que dejó tristeza, confusión y desunión, el balance es desalentador, de acuerdo con especialistas. “Ese día nace la catástrofe que vino a Venezuela en los 20 años posteriores”, afirmó el analista político, Fernando Spiritto.

Esta rebelión, denominada Operación Zamora, rompió con más de 30 años de tradición democrática dentro de las Fuerzas Armadas, señaló Fernando Ochoa Antich, ex ministro de Defensa de la época.

“Desde ese día la Fuerza Armada perdió el rumbo y nos ha conducido a esta trágica situación que estamos viviendo”, resaltó.

Para el politólogo Daniel Arias la significación cultural y política del 4-F es enorme. “Destruyó la idea que estaba arraigada en la época que los golpes de Estado eran cosas del pasado y nunca más iba a haber una rebelión militar”, indicó.

Un hecho que se pudo evitar

El descontento social y de la Fuerza Armada tiene sus raíces en el 18 de febrero de 1983, ese “Viernes Negro” que marca una crisis económica. Esto, llevó al estadillo social del 27 de febrero de 1989, con “El Caracazo”, y concluyó el 4 de febrero de 1992 con una rebelión militar, según los analistas.

Sin embargo, este golpe, que tuvo alrededor de cinco horas de duración, pudo haberse evitado, aseguró Ochoa Antich.

“El general comandante del Ejército, Pedro Rangel Roa, recibió la información precisa a las 11:00 am del 3 de febrero de que esa noche iba a haber un golpe. No me informó a mí ni acuarteló a todas las unidades de Venezuela”, mencionó.

El fracaso: Chávez no combatió

Al general dejar en la oscuridad al ministro y acuartelar solo a la guarnición de Caracas, dejó la puerta abierta a los rebeldes. Los entonces tenientes  coroneles Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta, Jesús Urdaneta y Jesús Ortiz  encabezaron el movimiento. Fueron seguidos por 14 mayores, 54 capitanes, 67 subtenientes, 65 suboficiales, 101 sargentos de tropa y 2.056 soldados alistados, pertenecientes a las guarniciones militares de los estados Aragua, Carabobo, Miranda, Zulia y el Distrito Federal.

Rebeldes del 4 de febrero de 1992. Cortesía

“La razón del fracaso del golpe fue porque Chávez no combatió, se encerró en el Museo Militar. Al no combatir hubo tiempo para que las fuerzas leales a la Constitución pudieran reaccionar, porque inicialmente fuimos sorprendidos”, precisó el general retirado.

Calificó esta acción del fallecido presidente como “un grandísimo error de él y falta de valor”, que permitió “para suerte de los venezolanos”, que se controlara la acción.

“De manera inexplicable, él permitió que sus subalternos combatieran y permaneció sin movilizar sus tropas. Si ataca Miraflores posiblemente lo toma porque no habíamos reaccionado suficientemente”, agregó.

El que se rindiera, no obstante, evitó que la cifra de fallecidos y heridos fuera superior. Según cifras oficiales, ese día se registraron 32 muertos y 95 heridos, aunque otros datos hablan de entre 143 y 300 fallecidos.

Proyecto Primera Pagina / Politica. Publicada en el diario El Nacional el 04 de febrero de 1992 (Extra). Titulo: Se rindio el jefe de los golpistas. En la imagen el militar Hugo Chavez Frias. Foto: Reproduccion Microfilm. / Archivo / El Nacional

Errores de la política: la llegada de un presidente

Aunque el golpe fue derrotado casi de inmediato, quedaron unidades que permanecieron en la insurrección. Esto llevó a que se cometiera un error político que mejoraría la imagen del entonces teniente coronel de 37 años de edad.

“Se pensó que era oportuno que él (Chávez) se dirigiera a las unidades para que se rindiera y mostrara que era derrotado. Lamentablemente, el acto fue muy mal orientado; en lugar de servir para que se rindieran generó un impacto en la opinión pública sumamente negativo, desde el punto político”, señaló.

Esta acción, acompañada del discurso de Rafael Caldera desde el Congreso, en el que desestimó el golpe de Estado, hizo pedazo la legitimidad democrática, de acuerdo con los expertos.

“Caldera le dio una especie de legitimidad moral. Habló de que la crisis económica invalidaba los logros políticos que se había conseguido en ese sentido, por tal razón el 4 de febrero cambio la historia de Venezuela”, indicó Arias.

Arias, Spiritto y Ochoa Antich coincidieron que el 4-F deslegitimó el proceso democrático iniciado con el Pacto de Punto Fijo, firmado el 31 de octubre de 1958. Llevó, además, a la presidencia de la República a Caldera, que otorgó el indulto a Chávez.

No obstante, para Spiritto el error que llevará a Caldera “al juicio de la historia”, es el de haber contribuido a deslegitimar el sistema democrático, que él mismo fundó.

Llegada al poder

Ochoa Antich y Spiritto consideraron que lo que catapultó a Chávez a la presidencia fueron los errores políticos de Acción Democrática y Copei. Estos partidos, que durante más de 30 años alternaron en el Ejecutivo, permitieron que se deslegitimara la democracia y se deteriorara la economía.

Además, estas organizaciones tampoco lograron el consenso para postular  un candidato suficientemente aceptable ante la opinión pública de cara a las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998.

“Se debilitaron las estructuras democráticas, los partidos políticos no tuvieron la capacidad de reaccionar y permitieron que democráticamente Chávez llegara al poder”, subrayó Ochoa Antich.

Cimientos cubanos

Los analistas coinciden que los cimientos del régimen cubano estuvieron desde el comienzo en los ideales chavistas. Una muestra, indicaron, es que el primer viaje que realizó Chávez al salir de prisión fue a Cuba, el 13 de diciembre de 1994.

“El elemento cubano ha tenido hegemonía en el chavismo desde que aparece Chávez en la escena nacional. Su primer viaje fue a rendirle pleitesía a Fidel Castro”, expresó Spiritto.

Aunque hay quienes alegan que Maduro se alejó del legado de Chávez, los expertos lo niegan. “Maduro es el chavismo encarnado. Lo que vemos hoy, este desastre político, económico y esta destrucción de la democracia es legado directo de Chávez”, enfatizó el politólogo.

Una Fuerza Armada destruida

El panorama para la Fuerza Armada no fue nada alentador. Desde que Chávez asumió la presidencia adquirieron un talante socialista y dejaron de ser institucionalistas. “Eso que llamamos Fuerza Armada no es tal, la institución desapareció al menos desde el 2002. Lo que tenemos hoy no es más que el brazo político del partido.”, resaltó Spiritto.

A su juicio, esta es un Fuerza Armada Nacional Bolivariana destruida, cuyos jefes son Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, líderes del PSUV. “Es una Fuerza Amada sin capacidad operativa, sin armamentos, que está presente porque es movilizada políticamente”, dijo.

Ochoa Antich sentenció: “La Fuerza Armada es la responsable de toda esta tragedia, porque debió haber reaccionado”.

Esto no es un cuartel por Alberto Rial – El Carabobeño – 12 de Enero 2020

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El chavismo montó su enésimo mamarracho –y su enésimo golpe de estado- con el nombramiento de una directiva parlamentaria formada por “opositores” a sueldo que se prestaron para hacerle el juego a la pretensión oficial de apropiarse del único poder legítimo que queda en Venezuela. La puesta en escena fue lamentable, por lo descarado, tramposo y chapucero. Como siempre, el edificio del parlamento se pintó de verde oliva para impedirle la entrada a los justos y a los periodistas, y dejar pasar a los que se vendieron. La juramentación de Luis Parra como presidente del congreso, zarandeado por los cuatro costados y nariceado por los mandones, fue un espectáculo bochornoso, tumultuario, como solo los rojos podrían hacerlo. El Sr. Parra y sus compinches quedarán para la historia minúscula del país como unos peones sin escrúpulos que se engolosinaron con unas monedas mal habidas y terminaron en el mayor de los ridículos. Las imágenes que se multiplicaron en las redes no dejaron mucho espacio para interpretaciones ni relativismos, a pesar de los discursos (goebbelianos, no faltaba más) de la sargentada y por encima del reconocimiento de la Rusia de Putin al parapeto montado por la usurpación.

Por supuesto que nada de lo que pasó el 5 de enero hubiera sido posible sin el apoyo, la protección y el activismo de los militares. Fueron soldados quienes rodearon la “casa del pueblo”, bloquearon las entradas y –dirigidos por funcionarios y esbirros al servicio del régimen- le cerraron el acceso a la democracia. Lo ocurrido fue un golpe militar, ni más ni menos: no fue un decreto de la ANC ni una sentencia del tsj (en minúscula) lo que detuvo a los diputados; fueron integrantes de las fuerzas armadas mandados por sus jefes y por los jefes de sus jefes. Lo que ya es costumbre no le quita relevancia al hecho de que la dictadura venezolana depende exclusivamente de los militares (venezolanos y aliados extranjeros, se entiende) para imponerse. Sin el apoyo militar, el régimen no podría sobrevivir, lo que parece una verdad de Perogrullo. Pero, aunque una y otra vez se confirma que la fuerza es indispensable para recuperar la República –y hasta para dialogar- una y otra vez se intenta salir del chavismo por métodos civiles, por llamarlos de alguna manera.

La contrapartida al adefesio del 5E vino dos días después, cuando un grupo de parlamentarios opositores rompió el bloqueo de los milicos y logró entrar a la sede de la AN. Ahí, dentro del hemiciclo, se volvió a juramentar Juan Guaidó como presidente de la Asamblea (lo que ya había ocurrido el día del golpe, en la sede del diario El Nacional) y se terminó de ponerle legalidad a lo que era obvio en todas partes. En unas imágenes que deben rescatarse para la historia, alguien recogió el momento en que los diputados rompían el cerco y entraban a la Asamblea a la voz de “esto no es un cuartel”, increpando a los soldaditos. Pero lo más pintoresco de todo es que uno de los GN sale corriendo, sin la menor vergüenza, y pasa frente a la cámara a refugiarse quién sabe dónde de quién sabe qué, como si lo persiguiera la peste negra.

La alegoría es doble: solo con fuerza y determinación –resteo, en realidad- pudieron entrar los diputados a su casa, mientras que los encargados de cerrarles el paso, cuando se vieron superados, solo fueron capaces de correr o apartarse del camino con el culillo en el rostro.

Esto pasa en Venezuela: Maduro desconfía de los militares y los militares desconfían de la oposición por Pedro Benítez – ALnavío – 13 de Diciembre 2019

El nudo gordiano que no logra resolver el campo democrático en Venezuela es el enigma militar. Entre la Venezuela civil y la militar ha habido un abismo histórico que el chavismo ha usado (y usa) a su favor. Mientras la Fuerza Armada no le retire el apoyo a Maduro no hay transición en Venezuela y no lo hará mientras no vea una alternativa clara.
Entre Maduro y los militares hay una situación de desconfianza mutua / Foto: FANB
Entre Maduro y los militares hay una situación de desconfianza mutua / Foto: FANB

El pasado sábado Nicolás Maduro afirmó haber juramentado a 3.300.000 milicianos. “Hemos sobrecumplido la meta (afirmó), tenemos 3.300.000 hombres y mujeres organizados y dispuestos para la defensa y la paz de Venezuela”.

Agregó además que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) reformaría la ley de la Fuerza Armada Nacional (FAN) a fin de incorporar a la Milicia Bolivarianacomo cuerpo combatiente de la misma. Es decir, como el quinto componente militar.

Instituir un cuerpo armado compuesto por militantes del partido oficial, y directamente leales al ocupante del Palacio presidencial de Miraflores, es uno de esos proyectos iniciados por el antecesor de Maduro en el cargo y que este se ha empeñado en ampliar a todo trance.

Con los militares profesionales comprometidos como nunca antes en respaldar a su régimen, con oficiales controlando áreas clave de la economía como por ejemplo lo que queda la estatal petrolera PDVSA, o con su propia empresa minera, Camimpeg, parecería que Maduro puede tener segura la lealtad de la corporación armada y si no de todos sus miembros al menos sí de la mayoría.

Pero resulta que no es así; la insistencia en crear un componente militar no profesional y totalmente politizado es una señal clarísima de que Nicolás Maduro desconfía de los militares. Un dato paradójico dado el compromiso que estos le han demostrado en sus siete años de poder.

Puede que como en otros tantos asuntos Maduro esté exagerando en el número de milicianos (por años lo ha hecho descaradamente con las cifras de la Misión Vivienda), y también parece evidente que esos milicianos en su abrumadora mayoría no tienen ni la condición física, ni la preparación profesional para reemplazar al Ejército o la Guardia Nacional de Venezuela. Pero su sola presencia la usa Maduro como una disuasión ante cualquier intento de insubordinación desde la FAN. Uno de los temores tradicionales de los altos mandos militares venezolanos es la guerra civil o tener que imponerse por medio de una represión sangrienta. En ese sentido los milicianos son la carne de cañón que Maduro ofrece sacrificar en el altar de su propio poder.

Entre Maduro y los militares profesionales hay una situación de desconfianza mutua. El primero sabe que el descontento generalizado que hay con su régimen y contra su persona en la sociedad venezolana hace rato entró a los cuarteles. Por su parte los oficiales también desconfían de Maduro. Debe ser así entre los mandos de mayor jerarquía; después de todo se deben mirar en el espejo de otros jerarcas civiles y militares del chavismo que hoy son perseguidos por el mismo régimen al que sirvieron.

De modo que aquí cabe una pregunta: Si esto es así, ¿por qué los militares siguen respaldando a Maduro?

Hay varias respuestas, pero una en particular luce como la más relevante de todas, esos mismos militares desconfían más de los dirigentes de la oposición venezolana que de Maduro. Prefieren el mal conocido que el mal por conocer. Entre un bando y otro escogen jugar (pese a todos los pesares) con el chavismo. Después de todo, este ha tenido una política hacia ellos que no ha tenido el campo democrático venezolano.Maduro quiere incorporar la Milicia Bolivariana a la Fuerza Armada / Foto: FANB

Maduro quiere incorporar la Milicia Bolivariana a la Fuerza Armada / Foto: FANB

Esto no es un hecho nuevo. Tiene una historia tan larga como la existencia misma del país. Para resumir, digamos que de 1830 a esta parte sólo dos políticos civiles se ganaron el respeto, e incluso el liderazgo, dentro de la institución militar, los expresidentes Rómulo Betancourt y Rafael Caldera.

Para casi todos los demás el mundo militar fue algo ajeno y extraño del que se conocía poco o incluso se despreciaba. Así por ejemplo, el expresidente Carlos Andrés Pérez creyó que la lealtad militar a su persona estaba asegurada porque los golpes y conspiraciones eran cosas del pasado en la Venezuela de fines del siglo XX. Ese fue un grave error que se manifestó en toda su magnitud el 4 de febrero de 1992 con el fracasado intento de golpe militar con que se dio a conocer Hugo Chávez.

Una década después ese abismo entre políticos y militares explicó el intento fallido por desplazar a su vez a Chávez del poder el 12 de abril de 2002.

Desde entonces el chavismo, con todas las ventajas que le ha dado (obviamente) el poder, se ha dedicado a cultivar la lealtad de los oficiales repartiéndoles privilegios, ventajas, cargos y oportunidades de negocios. Pero además, ha tenido una política hacia ellos, esa que se denominó como la unidad cívico-militar. La misma, sin embargo, no ha logrado zanjar la desconfianza entre el grupo proveniente de la ultraizquierda que llegó con Maduro al Palacio de Miraflores y los compañeros de armas de Chávez. Las consecuencias desastrosas que para Venezuela ha tenido el paso del heredero por el poder son evidentes para los militares. Pero ante las alternativas planteadas prefieren el statu quo.

Del lado opositor no ha habido una política, como la que sí tuvieron en su momento los presidentes Rómulo Betancourt y Rafael Caldera (o en Chile el expresidente Patricio Aylwin) hacia el mundo militar, sino por el contrario, mensajes contradictorios y estrategias inconstantes. Nada que salve la mutua desconfianza.

El descontento militar contra Maduro existe, él lo sabe. Por eso su empeño en incrementar y armar a la Milicia. Por eso su servicio de contrainteligencia militar no baja la guardia. Pero la oposición no ha sido capaz de capitalizarlo. Ese no es un error en el que esté sola. También ha sido el error a lo largo de este año de la comunidad democrática internacional que ha respaldado a la Asamblea Nacional (AN) y en particular de la Administración Trump.

Five Misconceptions about the Crisis in Venezuela by Juan Carlos Hidalgo – Cato Institute – Enero 2019

Some media reports and analyses on the latest developments in Venezuela are repeating the following five misconceptions:

1.      “Juan Guaidó proclaimed himself president of Venezuela”

 Juan Guaidó is the president of the National Assembly, a body that is controlled by the opposition. On January 10 a new presidential term started and, as required by the Constitution, the president-elect had to be sworn-in in front of the National Assembly. However, Nicolás Maduro was “reelected” last May in a sham election that the leading opposition parties were prevented from contesting it. Thus, on January 10 most Western governments refused to recognize the legitimacy of Maduro and instead correctly deemed that the National Assembly remained the only legitimate body of the Venezuelan government. The Legislature invoked articles 233, 333 and 350 of the Constitution, declaring Maduro a “usurper.” Article 233 states that given the permanent absence of the president, the president of the National Assembly would assume his/her duties until a new election is organized. Thus, Juan Guaidó didn’t declare himself president. He was invested with such powers by the democratically elected National Assembly that followed the Constitution given the illegitimate reelection of Nicolás Maduro.

2.      “Venezuela is deeply divided”

Not anymore. That was certainly the case back in 2013 when Hugo Chávez died, and Nicolás Maduro succeeded him in power. However, the economic meltdown and ensuing humanitarian crisis, plus the grotesque levels of corruption of the regime, have turned an overwhelming majority of Venezuelans against Maduro. Most polls indicate that over 80% of Venezuelans want Maduro gone. A recent survey indicates that 83% recognize Guaidó as the interim-president.

3.      “There is the risk of a civil war”

To have a war, both sides need to be armed. In the case of Venezuela, only one side—the government—has the guns. So far, Maduro has enjoyed the full support of the armed forces, the National Guard—which is responsible for brutally repressing protests—and the colectivos, which are armed thugs that terrorize the population on motorcycles with the assistance of the police and the National Guard. In previous instances of unrest, almost all the fatal victims have been civilians killed by the National Guard or the colectivos.

4.      “The opposition is encouraging the Armed Forces to launch a coup”

The coup took place years ago and it was carried out by Maduro with the active involvement of the Armed Forces. In 2017 Maduro installed a puppet Constituent Assembly subverting the requirements established in the Constitution. Since then, that Assembly has taken away all the powers of the legitimately-elected National Assembly. The Supreme Court is under such complete control of the regime that since 2005 it hasn’t once ruled against the Executive. What the opposition is encouraging is for the Armed Forces to act in accordance to the Constitution.

5.      “This is a struggle between the Trump administration and Maduro”

It is a struggle between the Venezuelan people and their dictator. Even though the United States has played an important role in denouncing Maduro and imposing targeted sanctions on his regime, it is not the only country to recognize Guaidó as interim president. So far, the following countries have done so too: Canada, Australia, Israel, Argentina, Brazil, Chile, Colombia, Costa Rica, Denmark, Ecuador, Georgia, Guatemala, Guyana, Honduras, Panama, Paraguay, and Peru, as well as the secretary general of the Organization of American States, Luis Almagro. The European Union is on the verge of recognizing the legitimacy of Guaidó too. Thus, this is not a standoff between Washington and Caracas. It is a showdown between the Venezuelan people, who has the support of most Western democracies, and Maduro, who has the backing of several dictatorships and autocracies such as Russia, China, Cuba and Turkey.

La Casa Blanca descarta un golpe militar y negocia una Venezuela sin Nicolás Maduro por Marcos García Rey – El Confidencial – 27 de Junio 2019

Las negociaciones por Venezuela continúan a pesar del aparente punto muerto . En Caracas, Bogotá, Santo Domingo, Madrid y Washington se está pactando un futuro cercano sin Maduro

Foto: Opositores a Maduro se manifiestan durante la visita a Caracas de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los DDHH.(EFE)
Opositores a Maduro se manifiestan durante la visita a Caracas de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los DDHH.(EFE)
“Tras el fracaso de hace unas semanas, los americanos se han dado cuenta de que el modelo clásico de los golpes de Estado de la década de los setenta en Latinoamérica [Chile, Argentina, Bolivia o El Salvador, entre otros] no es viable en la Venezuela de hoy porque los militares controlan todo el tejido socioeconómico y político y la solución va por otro lado”, cuenta a este diario un agente de Inteligencia que conoce de primera mano la diplomacia secreta que se lleva a cabo en diversas ciudades del mundo para dilucidar el futuro del país caribeño. Washington no se siente apremiado, pero tampoco desea que Venezuela se convierta en una Cuba II. La Administración Trump no quiere que un desenlace de la crisis a favor de sus intereses se demore en el tiempo.

Un golpe cívico-militar en Venezuela para derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro estaba planificado para el día 2 de mayo pasado, como contó en exclusiva. El Confidencial. Washington estaba al tanto de esa asonada. Sin embargo, el presidente interino, Juan Guaidó, y el opositor Leopoldo López se precipitaron y lo anunciaron el 30 de abril de buena mañana en Caracas. Esta misma semana la información ha sido reconfirmada por los negociadores internacionales a este diario.

Desprevenidos por la imprudencia de Guaidó y López, los oficiales militares y los magistrados del Tribunal Supremo involucrados en el levantamiento recularon. Entre ellos, plegaron velas el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el presidente del Supremo, Maikel Moreno. Enseguida, el Ejército y el Gobierno restablecieron el ‘statu quo ante’. No les costó mucho y continúa la estabilidad dentro de la inestabilidad general del país. Los militares que tienen capacidad de mando logístico han cerrado filas en torno a Maduro y en torno a los agentes de los servicios de Inteligencia cubano que rodean y asesoran al presidente.

Bolton será sustituido pronto porque ha operado a espaldas de Trump en el caso Irán y porque su desempeño en Venezuela no es satisfactorio

Ahora, asumido el error de cálculo de Estados Unidos sobre una solución rápida para Venezuela, la Casa Blanca y su morador, Donald Trump, apuestan por una transición pacífica que cuente con una junta de gobierno formada por todas las instituciones, incluidos alto militares chavistas, pero sin la participación de Maduro a quien se busca un exilio. España ha declinado ya acogerlo en su suelo. Por su lado, el Gobierno socialista de Portugal de Antonio Costa no ve con malos ojos procurar un refugio seguro a Maduro.

Se busca, asimismo, que Juan Guadió no cobre demasiado protagonismo en el futuro cercano porque Wasington recela de su trabajo y del de sus asesores más próximos. Así lo explica a El Confidencial un venezolano que está mediando directamente entre los asesores más cercanos a Trump en la Casa Blanca y los más altos cargos chavistas dispuestos a poner fin a la presidencia de Maduro. “Tengo el plácet de ambas partes para tender puentes y buscar una solución negociada sin sangre”, asegura esa fuente que desea mantenerse en el anonimato para continuar la diplomacia secreta con todas las garantías.

Los opositores a Maduro Juan Guaidó y Leopoldo López en un mitin en Caracas.(Reuters)
Los opositores a Maduro Juan Guaidó y Leopoldo López en un mitin en Caracas.(Reuters)

Según relata con multitud de detalles ese negociador jefe, la Casa Blanca se ha adjudicado el papel protagonista de la diplomacia para Venezuela porque no confía en Mike Pompeo, actual secretario de Estado, quien ha dinamitado la CIA entre grupos afines y contrarios a una actuación ideológica ‘neocon’. Las fuentes diplomáticas y de Inteligencia consultadas afirman que la CIA está dando palos de ciego en el dosier Venezuela. “El G2 cubano está dando sopas con honda a la CIA”, sostienen esas mismas fuentes. El G2 es el organismo de Inteligencia de Cuba.

Donald Trump también recela de John Bolton, su consejero de Seguridad, quien le ha fallado en una solución temprana para finiquitar el régimen de Maduro y quien le ha presionado para realizar una intervención inmediata en Irán. En su propia cuenta de Twitter, Trump anunció que el pasado 21 de junio había parado un ataque contra objetivos militares iraníes diez minutos antes de que se lanzara. “Bolton será sustituido pronto porque ha operado a espaldas de Trump en el caso Irán y porque su desempeño en Venezuela no es satisfactorio a los ojos del presidente gringo”, asevera con rotundidad esa fuente.

El miedo entre los militares venezolanos a dar un paso en falso existe. El régimen de Maduro no se anda con chiquitas a la hora de represaliar a los díscolos. “Nadie quiere ser una cucaracha en un baile de gallinas”, subraya el negociador jefe venezolano con la Casa Blanca. Al mismo tiempo que cuenta que altos representantes del chavismo clásico ven con buenos ojos una transición controlada que desemboque en la creación de una junta de unos dos años que prepare unas elecciones con garantías en el país. Siempre con la participación de altos militares que tienen actualmente mando. Las negociaciones se llevan a cabo principalmente en Santo Domingo, Bogotá y Washington. Ese negociador jefe venezolano subraya que no trabaja para Estados Unidos, sino que lo hace por el bien de su país.

A Diosdado Cabello ninguna parte lo quiere molestar, confían en que participe en una transición política ordenada

Una de las personas mejor posicionadas para poner orden y a ser protagonista en esa junta de gobierno transicional es Humberto Calderón, actual representante en Colombia del gobierno interino de Guaidó. Calderón fue ministro de Energía y Petróleo y de Asuntos Exteriores en varios periodos ante de la llegada de Hugo Chávez al poder en 2002. Como experto en el sector petrolero, también ejerció como presidente de la estatal PDVSA y de la Organización de Exportadores de Petróleo (OPEP). “Calderón es muy respetado por los militares y los políticos opositores, está limpio de casos de corrupción y, además, pondría en órbita la reanudación la exportación de crudo en poco tiempo”, argumenta el negociador. Hoy, la estatal petrolera PDVSA, que hace poco tiempo garantizaba el 95% del ingreso de divisas del país, está funcionando en mínimos. Por si fuera poco todo lo anterior, Calderón mantiene grandes vínculos personales con el ministro de Defensa actual.

Igualmente, Diosdado Cabello, ‘de facto’ número dos del régimen de Maduro, contaría con respaldo interior y exterior para desempeñar un papel relevante en la transición. “Cabello conoce todo el sistema desde los inicios de Chávez, controla a los militares y no se le conoce un patrimonio robado al país”, explica el enlace entre la Casa Blanca y Caracas. Añade: “A Diosdado Cabello ninguna parte lo quiere molestar, confían en que participe en una transición política ordenada”.

Diosdado Cabello, número dos del Gobierno, junto a Michelle Bachelet. Cabello trabaja en la sombra por una transición ordenada en Venezuela.(EFE)
Diosdado Cabello, número dos del Gobierno, junto a Michelle Bachelet. Cabello trabaja en la sombra por una transición ordenada en Venezuela.(EFE)

Noruega es un pantomima

Desde el pasado mes de mayo, el Gobierno noruego está mediando entre el Ejecutivo de Maduro y parte de la oposición venezolana. Se están celebrando reuniones en Oslo, pero igualmente en las islas caribeñas de Margarita y Barbados.

Cilia Flores, esposa de Maduro, considera traidores a los representantes gubernamentales que acuden a la mediación que auspicia Noruega

Por parte del Gobierno de Caracas, participan, entre otros, el ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, y el ministro de Exteriores, Jorge Arreaza. Por el lado de la oposición, hasta cuatro representantes se sientan con los enviados de Maduro. Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, ejerce a modo de portavoz.

Pero esta vía es una pantomima. El Gobierno de Maduro está fraccionado en clanes de poder. Las reuniones propiciadas por los noruegos no conducen a ningún lugar, según cuentan a este diario fuentes de las negociaciones y de Inteligencia. “Cilia Flores [esposa de Maduro] recela de Jorge Rodríguez y dice en la intimidad que esos representantes que acuden a Oslo, a isla Margarita y próximamente a Barbados están traicionando a su marido”, refiere el negociador venezolano.

A pesar de que la mediación de Noruega sea vista como una vía muerta por Washington, Caracas y otros actores involucrados en las negociaciones clave, el ministro de Exteriores español en funcionesl pidió el 17 de junio a los socios europeos que la repaldaran. “Lo importante es que el proceso de Oslo no embarranque”, indicó Josep Borrell en una rueda de prensa al término del Consejo de ministros de Exteriores celebrado en Luxemburgo, según informó EFE.

El matrimoniio Nicolás Maduro y Cilia Flores en un acto reciente de apoyo popular a su Gobierno.(Reuters)
El matrimoniio Nicolás Maduro y Cilia Flores en un acto reciente de apoyo popular a su Gobierno.(Reuters)

Madrid: lugar de reuniones

James Story es el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Caracas. Convocó al ministro de Defensa venezolano a reunirse la semana pasada en Madrid. Padrino López fue uno de los que en principio habían dado el sí a la asonada frustrada de hace unas semanas, aunque finalmente reculó. Maduro lo ha mantenido en el cargo hasta la fecha. Pero Padrino López finalmente dio plantón a Story y no acudió a la capital española. Canceló su vuelo en el último momento. ¿Por qué? Su viaje fue vetado por la propia esposa de Nicolás Maduro. Como reacción, el diplomático estadounidense, enojado, tampoco aterrizó en Madrid.

Cilia Flores envió a dos representantes: Calixto Ortega, magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, y a Elvis Amoroso, contralor de la República Bolivariana, encargado de velar por la buena gestión del patrimonio público del Estado. La expedición estadounidense fue finalmente de segundo nivel.

Las fuentes consultadas por este diario aseguran que las vías que auguran éxito en las mediaciones para garantizar una transición ordenada en Venezuela no pasan por Madrid, de momento. ¿Hay otras rutas de negociación que afectan a España? Sí, las contaremos.

La peligrosa fantasía del quiebre militar en Venezuela y sus promotores por Orlando Avendaño – Panampost – 18 de Abril 2019

Un grupo de venezolanos, con el fin de apartar la posibilidad de una intervención militar, vende humo

Es improbable que se produzca un alzamiento militar que deponga a Nicolás Maduro. (Archivo)

El 23 de febrero de este año estuve en el Puente Internacional Las Tienditas, cerca de Cúcuta. Unos días antes me había llegado la información, de fuente confiable, sobre supuestos acercamientos que había tenido el comandante general del Ejército, Jesús Suárez Chourio, con Gobiernos del extranjero. La información era confidencial, partía de un informe y la fuente era muy buena; no parecía pertinente publicarla. Pero ese día, en Tienditas, se la comenté, quizá siendo ingenuo, a un diputado de la Mesa de la Unidad Democrática. Él, con un dejo de soberbia, me apartó, bajó la voz y me dijo: «No sé si con Gobiernos en el exterior; pero te puedo asegurar algo: con nosotros sí está hablando Suárez Chourio. Estamos en contacto y te digo otra cosa: esto es cuestión de horas. Esto está listo. Viene el quiebre». Todos sabemos qué fue lo que ocurrió.

Recuerdo, en la mañana de ese 23 de febrero, haber visto al mayor general retirado del Ejército, antiguo miembro del régimen chavista, Clíver Alcalá Cordones. Yo lo conocí, en la investigación para Días de sumisión, hace varios meses. No me generó confianza, aunque ahora posa de disidente. Pero allí estaba, en Cúcuta, guiando a varios militares que acababan de desertar en la frontera. Clíver, de alguna forma, los comandaba. Junto a él estaba el mayor Parra, un oficial que acababa de huir de Venezuela. A las horas, Parra se reunió con el presidente Juan Guaidó y otros militares en un edificio en Tienditas.

Dos días antes, el 21 de febrero, yo estaba hablando con David Smolansky justo cuando nos enteramos: Hugo Carvajal, ese temible y peligroso militar chavista, director por muchos años del aparato de inteligencia del régimen, reconocía a Juan Guaidó como su presidente. Parecía el preludio de lo inminente, ese quimérico quiebre militar que se vende como la salvación. Le dije a David: «Esto es buenísimo, Hugo tiene mucho peso en el chavismo». Ambos lo vimos como un guiño a lo que viene.

Desde entonces, Hugo Carvajal se ha mantenido, claro que en el exilio, muy activo en las redes sociales. De acérrimo chavista, también narcotraficante, al mayor disidente. Cada mensaje en su cuenta de Twitter parecía una estocada al régimen de Maduro. «Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de restablecer el orden constitucional», dijo en un video publicado el 21 de febrero.

«Este momento histórico requiere del verdadero patriotismo de nuestros soldados. De que hagan lo que tengan que hacer por defender a nuestro pueblo», escribió el 23 de febrero en Twitter. Luego, en un hilo en su cuenta, cargó contra la posibilidad de una intervención militar foránea y blandió la premisa de que los militares venezolanos están a poco de apartarse del régimen y que, además, ellos tienen la capacidad de pacificar el país en una eventual transición.

«Es cierto que alrededor del 90% de la FAN quiere cumplir con sus deberes constitucionales (…) El Ejército, la Armada y la Aviación no se han visto envueltos en crímenes de manera generalizada (…) Para controlar grupos paramilitares no se requiere de asistencia militar de Estados Unidos. Este aspecto es mucho más fácil de lo que imaginan (…) La Fuerza Armada Nacional sana (mayoría del Ejército, Armada y Aviación) puede y estaría dispuesto a limpiar nuestro territorio de las FARC, ELN, narcotráfico y demás grupos irregulares», aseveró.

Hugo Carvajal aseguró, también en su cuenta de Twitter, que le estaría compartiendo información a Juan Guaidó sobre la estrategia para lograr que se produzca, finalmente, el quiebre militar; para evitar, además, la posibilidad de llegar a una intervención militar.

Un paso, a vuelo rasante, por su cuenta de Twitter, da muestra de un intento insistente por parte de Hugo Carvajal para impulsar varias ideas: la Fuerza Armada respalda a Guaidó, pero es prisionera de los cubanos; una intervención militar extranjera solo generaría un mayor desastre; el apoyo de Rusia a Nicolás maduro no existe y la Fuerza Armada tiene el potencial y los recursos para enfrentar a grupos irregulares.

Finalmente, el 9 de abril, pocos días antes de su captura en Madrid, Carvajal escribió en Twitter: «No tengo la menor duda. Maduro saldrá por decisión de la Fuerza Armada Nacional».

Curiosamente, Clíver Alcalá Cordones, quien desde que se apartó del chavismo ha sido bastante discreto, anda de gárrulo por los medios. No utilizaba su cuenta de Twitter desde el 29 de julio del 2017, pero el cuatro de marzo la retomó con un tuit: «La democracia cada vez más cerca. Pronto tendremos justicia en Venezuela».

Tres días después escribió: «La rebelión popular y militar incontenible es la salida más patriótica». «La juventud militar, aquella que ha estado al margen de los ilícitos cometidos por la cúpula militar, debe convencerse del rol histórico que cumple en este momento. El futuro de los venezolanos depende del cese de la usurpación», agregó.

Clíver no tantea alternativas en sus declaraciones. A la periodista Vanessa Davies, en el medio Punto de Corte, le ratificó: «La juventud militar es nuestra reserva moral para deponer a la tiranía».

Por último, en una entrevista al medio EVTV, Alcalá dijo: «No hace falta una coalición internacional. La propia Fuerza Armada puede sacar a Maduro. Esa puede ser una salida importante en Venezuela. Y no solo la Fuerza Armada a lo interno sino la Fuerza Armada desplegada por todo el mundo».

La piedra angular de la estrategia del presidente Juan Guaidó para lograr el cese de la usurpación fue, por varias semanas, el proyecto de Ley de Amnistía. Enfocada en los militares activos, buscaba captar su apoyo para deponer a Nicolás Maduro. Muchos esfuerzos se hicieron en ese sentido y ninguno derivó en algo determinante. Pocas deserciones, muy pocas de trascendencia.

Múltiples mensajes se difundieron por las redes sociales. Guaidó encabezó una campaña para solicitarle apoyo a cada uno de los funcionarios. Se pidió a los ciudadanos imprimir y difundir, en cuarteles militares, cada copia de la Ley de Amnistía. Ante ello, los militares respondieron con apatía y hostilidad. Algunos quemaron, en las caras de los ciudadanos, la Ley.

El 20 de febrero, poco antes de que Clíver Alcalá pisara Cúcuta, y un día antes del anuncio de Carvajal, la fiscal general de Venezuela en el exilio, Luisa Ortega Díaz, quien por mucho fue una de las cabecillas del proyecto de Hugo Chávez, envió un mensaje a la familia militar: «A ustedes, hombres y mujeres de armas, es una decisión patriótica facilitar el ingreso de la ayuda humanitaria. Salven el honor militar que está siendo ultrajado y mancillado».

Unas semanas después, el 14 de marzo, entrevisté a Luisa Ortega Díaz en Bogotá. Con respecto al tema de solicitar una posible intervención militar en Venezuela, la fiscal me dijo: «¿Realmente eso va a solucionar el problema de Venezuela? ¿Realmente eso es lo que quiere la población? Yo creo que cualquier situación que lleve a más tragedia a los venezolanos sería bien doloroso para la población ya sufrida». Asimismo, al margen, Ortega Díaz me insistió en la necesidad de integrar a toda la población, unificarla, para lograr la salida de Maduro.

Y, al preguntarle sobre Suárez Chourio y el rumor de que tanteaba la posibilidad de apartarse de Nicolás Maduro —al margen de la entrevista que se publicó—, Luisa Ortega Díaz me confirmó que está en contacto constante con el comandante del Ejército.

Don’t call it a coup. Venezuelans have a right to replace an oppressive, toxic regime by Joshua Carroll / Kate Woodsome – The Washington Post – 30 de Abril 2019

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On Venezuela, the Trump administration needs to back off

 

DEEP UNCERTAINTY surrounds the latest events in Venezuela. Tuesday began with a pre-dawn recorded address to the public by interim president Juan Guaidó, who stood with members of the security forces at a Caracas air base and declared that a long-anticipated barracks uprising against the regime of Nicolás Maduro had begun. Accompanying Mr. Guaidó was opposition leader Leopoldo López, apparently released from his four-year detention by defecting guards. Venezuelans responded to Mr. Guaidó’s call for street protests and were met by troops loyal to Mr. Maduro. By late afternoon, clashes were taking place, regime officials were promising a decisive “counterattack,” and there was no way to know whether “Operation Liberty,” as Mr. Guaidó dubbed this high-risk move, would succeed or be crushed — or devolve into civil war.

What is not, or should not be, ambiguous is the political and moral essence of this volatile situation. The Maduro regime has violated human rights on a massive scale, leaving hundreds of peaceful opponents dead, and it has led Venezuela into economic catastrophe. Millions of Venezuelans have fled to other countries, including hundreds of thousands to the United States. Having first been elected in 2013, Mr. Maduro forfeited democratic legitimacy in January 2016, when he purported to deprive the National Assembly of its powers because the opposition had won control the previous month. He then manipulated the political system to create a parallel puppet legislature and, on May 20, 2018, engineered his reelection through a flawed process from which both international observers and leading opposition figures were effectively barred. His inauguration as president for a new term in January, in defiance of warnings from neighboring Latin democracies, prompted Mr. Guaidó, leader of the National Assembly, to declare the presidential office vacant and himself its interim occupant, as provided in the Venezuelan Constitution — and supported by more than 50 countries, including the United States.

Therefore, whatever its ultimate outcome or, indeed, its strategic wisdom, Tuesday’s uprising is not a “coup attempt,” as the Maduro regime, echoed by too many people abroad, calls it. Rather, it is the latest in a series of legitimate and, for the most part, nonviolent efforts by Venezuelans, both civilian and military, to throw off an oppressive, toxic regime so that they can freely elect a legitimate government. Supporters of freedom and democracy should stand in solidarity with Mr. Guaidó and the many thousands of Venezuelans now bravely asserting their rights.

The Trump administration has backed Mr. Guaidó, including — appropriately — through the use of tough new economic sanctions aimed at pressuring the Maduro regime to cede power, or persuading the Venezuelan military to oust him itself. Possibly, Tuesday’s events are a sign that Mr. Trump’s policy is succeeding; or, possibly, that there is nothing left of it but desperate measures. A hopeful sign was the immediate and unequivocal backing Mr. Guaidó received from six South American nations, including Venezuela’s four largest neighbors: Colombia, Ecuador, Brazil and Peru. By working closely with these countries, and not by intervening militarily, the Trump administration may increase the chances that Mr. López’s declaration Tuesday — “It’s time to conquer freedom” — proves out.

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