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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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Don’t call it a coup. Venezuelans have a right to replace an oppressive, toxic regime by Joshua Carroll / Kate Woodsome – The Washington Post – 30 de Abril 2019

Venezuelans are the losers in the political conflict between the government and the opposition, and the United States is making it worse.

DEEP UNCERTAINTY surrounds the latest events in Venezuela. Tuesday began with a pre-dawn recorded address to the public by interim president Juan Guaidó, who stood with members of the security forces at a Caracas air base and declared that a long-anticipated barracks uprising against the regime of Nicolás Maduro had begun. Accompanying Mr. Guaidó was opposition leader Leopoldo López, apparently released from his four-year detention by defecting guards. Venezuelans responded to Mr. Guaidó’s call for street protests and were met by troops loyal to Mr. Maduro. By late afternoon, clashes were taking place, regime officials were promising a decisive “counterattack,” and there was no way to know whether “Operation Liberty,” as Mr. Guaidó dubbed this high-risk move, would succeed or be crushed — or devolve into civil war.

What is not, or should not be, ambiguous is the political and moral essence of this volatile situation. The Maduro regime has violated human rights on a massive scale, leaving hundreds of peaceful opponents dead, and it has led Venezuela into economic catastrophe. Millions of Venezuelans have fled to other countries, including hundreds of thousands to the United States. Having first been elected in 2013, Mr. Maduro forfeited democratic legitimacy in January 2016, when he purported to deprive the National Assembly of its powers because the opposition had won control the previous month. He then manipulated the political system to create a parallel puppet legislature and, on May 20, 2018, engineered his reelection through a flawed process from which both international observers and leading opposition figures were effectively barred. His inauguration as president for a new term in January, in defiance of warnings from neighboring Latin democracies, prompted Mr. Guaidó, leader of the National Assembly, to declare the presidential office vacant and himself its interim occupant, as provided in the Venezuelan Constitution — and supported by more than 50 countries, including the United States.

Therefore, whatever its ultimate outcome or, indeed, its strategic wisdom, Tuesday’s uprising is not a “coup attempt,” as the Maduro regime, echoed by too many people abroad, calls it. Rather, it is the latest in a series of legitimate and, for the most part, nonviolent efforts by Venezuelans, both civilian and military, to throw off an oppressive, toxic regime so that they can freely elect a legitimate government. Supporters of freedom and democracy should stand in solidarity with Mr. Guaidó and the many thousands of Venezuelans now bravely asserting their rights.

The Trump administration has backed Mr. Guaidó, including — appropriately — through the use of tough new economic sanctions aimed at pressuring the Maduro regime to cede power, or persuading the Venezuelan military to oust him itself. Possibly, Tuesday’s events are a sign that Mr. Trump’s policy is succeeding; or, possibly, that there is nothing left of it but desperate measures. A hopeful sign was the immediate and unequivocal backing Mr. Guaidó received from six South American nations, including Venezuela’s four largest neighbors: Colombia, Ecuador, Brazil and Peru. By working closely with these countries, and not by intervening militarily, the Trump administration may increase the chances that Mr. López’s declaration Tuesday — “It’s time to conquer freedom” — proves out.

Podemos y los proetarras de Bildu se manifiestan en Bilbao a favor del dictador Maduro – OK Diario – 4 de Mayo 2019

Una manifestación convocada en Bilbao por Podemos, EH Bildu y otros colectivos de izquierdas reclama que se ponga fin al “golpe de Estado” en Venezuela y respalda al dictador Maduro.

Podemos y los proetarras de EH Bildu han convocado, junto con otras plataformas de izquierda abertzale, una manifestación este sábado en Bilbao para respaldar al dictador Nicolás Maduro ante lo que califican de “golpe de Estado” e “injerencia externa”. Rechazan, dicen, la “intervención” extranjera en el país latino.

La movilización ha sido convocada por diversas ONGs vascas, los sindicatos CCOO, EHNE Bizkaia, ELA, ESK, Etxalde, Hiru, LAB y Steilas, así como por las formaciones políticas Anticapitalistas, EH Bildu, Ezker Anitza-IU, PCE-EPK y Podemos.

En la marcha, que ha estado encabezada por una pancarta en la que se podía leer ¡Venezuela aurrera, No al golpe’ y en la que se han visto banderas venezolanas, cubanas e ikurrinas, ha tomado parte, entre otros, el representante de Ezker Anitza y parlamentario de Elkarrekin Podemos, Iñigo Martínez. Durante la manifestación, se han escuchado gritos de “fuera el yanki de América Latina” y “Venezuela aurrera”.

Según han denunciado, “la injerencia externa ha llevado a Venezuela a una situación límite y hemos presenciado una escalada que parece llevarnos a una peligrosa situación bélica”.

El pasado miércoles, el propio secretario general de Unidas Podemos Pablo Iglesias condenó “rotundamente” el “golpe de Estado” en Venezuela y ha asegurado que el Gobierno español “se equivocó” al reconocer al autoproclamado “presidente encargado” del país, Juan Guaidó.

Juan Guaidó no quiere unas elecciones libres, quiere un golpe de Estado que provoque una intervención de Donald Trump y un baño de sangre en Venezuela”, dijo Iglesias en declaraciones a los medios durante su participación en la manifestación del Día del Trabajador.

No es golpismo, sino democracia – Editorial ABC – 30 de Abril 2019

download.pngGuaidó se proclamó presidente encargado dentro de sus atribuciones constitucionales y ayer pidió apoyo a las Fuerzas Armadas para defender la única legalidad que existe en Venezuela

Más de sesenta países y la Organización de Estados Americanos reconocen a Juan Guaidó como presiente provisional legítimo de Venezuela. Decir que lo que sucedió ayer en Caracas es un golpe de Estado no solo es incorrecto, sino sencillamente un último gesto, ya desesperado, de apoyo a la dictadura usurpadora de Nicolás Maduro, responsable de la mayor catástrofe humanitaria, económica y política que ha conocido este país en toda su historia. Juan Guaidó se proclamó hace tres meses presidente encargado dentro de sus atribuciones constitucionales -en tanto que presidente de la Asamblea Nacional-, y ayer pidió apoyo a las Fuerzas Armadas para defender la legalidad que representa. La suya es la única que existe en Venezuela. Tarde o temprano tenía que estallar este pulso colosal entre el presidente legítimo y el aparato del Estado que se mantiene del lado del tirano usurpador. Después de haber dado el paso de asumir las competencias presidenciales en contra del régimen bolivariano y lograr el reconocimiento internacional generalizado, Guaidó necesitaba probar que el régimen está en sus últimos estertores, y también que dentro de las Fuerzas Armadas hay venezolanos decentes que no pueden soportar ver la postración y miseria a la que el régimen chavista está condenando a la inmensa mayoría de sus compatriotas.

Maduro huye hacia adelante. No es casualidad que el inicio de la denominada Operación Libertad comenzara con la liberación de Leopoldo López, dirigente demócrata que, de no haber sido detenido y apresado de forma arbitraria, probablemente ahora sería el presidente democrático de una Venezuela en la que no se habría llegado a hablar de la necesidad de recibir comida y medicinas del exterior para evitar el hambre y la desesperación de la población. Tan injusta había sido su condena como hermoso el símbolo que representó su liberación en la madrugada de ayer. Maduro y quienes lo apoyan han adquirido una responsabilidad criminal gravísima al utilizar la fuerza para atacar a los ciudadanos que salieron a la calle a gritar libertad y pedir el fin de la opresión. Cada gota de sangre derramada deberá sumar un grado de culpabilidad en el futuro, porque lo que está sucediendo en Venezuela no puede quedar impune. Cada bala y cada gesto en contra de Juan Guaidó y de lo que representa serán cargos severos contra Maduro y sus cómplices.

La moral de la izquierda. A pesar de las múltiples oportunidades que han tenido para rectificar, nadie esperaba que los altos dirigentes del chavismo pusieran fáciles las cosas a quienes reclaman democracia, comida y seguridad. Tampoco ha extrañado a nadie que los únicos apoyos exteriores de Maduro hayan sido los habituales clientes interesados de la dictadura, empezando por la tiranía cubana, junto al déspota ruso Vladímir Putin y todos los que aún mantienen sus respectivas sucursales del chavismo en América, como Evo Morales o Daniel Ortega. Lo más triste es ver a personajes de la izquierda española, inmunes al drama que padece el pueblo venezolano, salir en defensa de un tirano, cruel e incapaz, que ha transformado un país riquísimo en el erial en el que se asfixia la libertad de los ciudadanos.

El fin de la equidistancia. Desde ayer no caben posiciones intermedias ante lo que sucede en Caracas: entre la opresión y la libertad, entre el hambre y la vida, entre Maduro y Guaidó, todo lo que sea equidistancia resulta indecente para cualquier demócrata. El Gobierno de Pedro Sánchez acertó a la hora de reconocer la legitimidad de Guaidó como presidente encargado de convocar unas elecciones libres. Al mismo tiempo, se puede entender que la complejidad de las distintas áreas de las relaciones entre España y este país tan cercano no permitía hacer ostentación pública del repudio hacia la figura de Maduro. La realidad, sin embargo, obliga a ser coherente: si se reconoce a un presidente como legítimo, se entiende que, en pura lógica, cualquier otro que se empeñe en detentar este cargo no lo sea. Decir ahora -como ayer dio a entender el Gobierno- que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela estaría cometiendo un acto espurio por alentar a los militares a ignorar a Nicolás Maduro, y que no aceptaría el resultado de lo que les parece un golpe de Estado, no ayuda mucho a los venezolanos. El fin de Nicolás Maduro y el triunfo de la libertad están muy cerca. Lo ocurrido en las últimas horas es precisamente la aceleración de un proceso inevitable. Maduro ha desperdiciado numerosas ocasiones de haber admitido la realidad. Es muy probable que ahora sea la realidad la que le pase por encima.

 

Guaidó llama a la movilización permanente y busca el apoyo militar por Francesco Manetto – El País – 26 de Enero 2019

Maduro carga contra el presidente español, Pedro Sánchez: “Si ellos quieren elecciones, que las hagan en España”

El líder opositor venezolano Juan Guaidó reapareció este viernes en el municipio caraqueño de Chacao para anunciar algunos de los pasos con los que busca concretar el desalojo de Nicolás Maduro del poder. Tras proclamarse como presidente legítimo el pasado miércoles, se alejó de los focos durante un día. Su regreso ante miles de seguidores y la prensa estuvo marcado por dos mensajes. Primero, avisó de que las movilizaciones no cesarán hasta lograr el restablecimiento de la democracia. En segundo lugar, insistió en buscar la complicidad de los militares, cuyo apoyo es decisivo para lograr una transición.

Juan Guaidó, en su discurso de este viernes. GETTY IMAGES / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

Este viernes, alrededor de las doce de la mañana, en Caracas se dieron dos fotografías que hablan de la situación institucional que vive Venezuela. De un lado, Guaidó compareció en la plaza de Bolívar de Chacao, uno de los símbolos de la oposición al régimen. Casi en paralelo, Nicolás Maduro convocó a algunos medios en el palacio de Miraflores y acusó al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, de “repetir el guion” del exjefe del Ejecutivo José María Aznar (1996-2004) “apoyando el golpe de Estado” de 2002 [contra el entonces mandatario, Hugo Chávez] con su respaldo al opositor Juan Guaidó. “Si ellos quieren elecciones, que las hagan en España”, dijo antes de agregar que el actual Gobierno español “no fue electo en ningún voto popular. No pueden dar lecciones ni pueden poner ningún ultimátum”. El líder chavista también arremetió contra el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y subrayó que Venezuela se planta “frente a España como siempre” lo ha hecho frente a “su racismo, su discriminación”.

Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, el Parlamento de mayoría opositora elegido en 2015 y despojado de sus funciones por el oficialismo dos años después, es para millones de venezolanos el único presidente legítimo. Tras presentarse como tal durante una jornada de marchas masivas, Guaidó recibió el reconocimiento explícito de Estados Unidos y de los principales países de la región, excepto México. El segundo es el mandatario de facto, porque sigue controlando la vida de la población, aunque las elecciones en las que resultó elegido fueron impugnadas por sus críticos, que las consideran fraudulentas, y rechazadas por la inmensa mayoría de la comunidad internacional por carecer de garantías democráticas.

En medio de este choque, el dirigente opositor anunció parte de su estrategia. “Los que usurpan hoy el poder creen que nos vamos a cansar”, dijo. Pero advirtió: “La semana que viene volveremos a la calle, donde siempre hemos estado. Aquí hay gente en la calle pa’ rato. Hasta que logremos el cese de la usurpación, el Gobierno de transición y las elecciones libres”.

La jornada del miércoles supuso un punto de inflexión en el constante pulso entre la oposición y el Ejecutivo de Nicolás Maduro. Pero ahora el país contiene el aliento ante una etapa de máxima tensión llena de incógnitas. El anuncio de Guaidó multiplicó las expectativas de millones de venezolanos, de procedencia muy diversa, hartos de los abusos del régimen, una crisis económica y una hiperinflación sin precedentes en el país.

De su plan, que ha dejado de ser estrictamente simbólico al haber tenido consecuencias políticas, depende ahora la viabilidad de una nueva etapa. “Aquí hay una ruta muy clara”, detalló Guaidó. “Cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres. El respeto a los derechos humanos, la convivencia y la Constitución son nuestros marcos”, prometió.

Mientras tanto, Maduro compareció en el palacio presidencial de Miraflores y se dedicó a descalificarle, aunque se dijo dispuesto a reunirse con él. Hasta ahora, ningún intento de diálogo ha dado sus frutos y Guaidó lo rechaza al menos hasta la renuncia del líder chavista. El presidente recurrió una vez más a la retórica del enemigo exterior, lanzó acusaciones a Estados Unidos y a España, y amenazó a sus cuerpos diplomáticos. Habló de nuevo de “intento de golpe de Estado” y describió a la oposición con un repertorio clásico: “O son ellos, el neoliberalismo, o somos nosotros con nuestra existencia republicana”.

El político opositor abundó en cambio en la importancia de la transición para volver a tener “una posibilidad de patria” y se dirigió a sus bases ante las informaciones sobre la posibilidad de su detención que empezaron a circular a primera hora de la mañana. “Si se atreven a secuestrar de nuevo al presidente de la única institución legítima, les pido mantenernos en la ruta pacífica y de manera no violenta pero contundente, exigiendo libertad”.

El dirigente de Voluntad Popular explicó que este sábado se celebrarán varias reuniones vecinales y el domingo habrá un intento de aproximación a las fuerzas armadas. “Tenemos dos acciones este fin de semana: el sábado en cada municipio haremos asambleas populares para rendir honor a las víctimas y propagar la información”, avanzó.

También se centró en la importancia de dar a conocer a todos los militares el contenido de la ley de amnistía que les ofrece. “Nos vamos a organizar en pequeños grupos, para que se la entreguen a la familia militar, a sus amigos militares, y después entregarlos a las comandancias cercanas. Son acciones pacíficas”, recalcó. La quiebra de las bases de la estructura militar es uno de los principales objetivos de Guaidó y probablemente el elemento determinante de su desafío a Maduro. No es casual que el sucesor de Hugo Chávez exhibiera el jueves el apoyo de las fuerzas armadas para demostrar que su poder, que ejerce ya sin contrapesos institucionales, sigue intacto. Sin el apoyo de al menos una parte de la estructura militar en Venezuela, en la que oficiales cubanos participan de la cadena de mando, es históricamente impensable alcanzar el Gobierno.

“Les decimos a todos esos funcionarios que Maduro no protege ni perdona a nadie. Nuestra relación con los organismos de seguridad ha sido áspera, pero por encima de eso está el amor por nuestro país y nuestra gente”, les aseguró el presidente de la Asamblea Nacional. “Llegó el momento de ponerse del lado de la Constitución. Soldados de la patria, pónganse del lado del pueblo. Van a tener una prueba importante. ¿Van a permitir el ingreso de la ayuda humanitaria?”, preguntó en referencia a los 20 millones de dólares prometidos por Estados Unidos. Ese ha sido uno de los reclamos centrales de la oposición desde los tiempos de la desparecida Mesa de la Unidad Democrática (MUD). El régimen chavista nunca permitió que abriera un canal humanitario.

Cuando Venezuela saltó al vacío: 20 años del triunfo de Chávez por Marcel Gascón Barberá – Libertad Digital – 7 de Diciembre 2018

Chávez había dejado claro muchas veces que el suyo no sería un Gobierno más, sino una nueva etapa histórica irrevocable.

 

Hugo Chávez | EFE

Muchos venezolanos mirarán estos días hacia atrás con melancolía y desazón. ¿Qué hubiera sido de su país, y de sus vidas, si la mayoría hubiera votado distinto? ¿Cómo tanta gente se dejó embaucar por un militarote golpista responsable de varias muertes? Hace 20 años, el 6 de diciembre de 1998, más de la mitad de los electores venezolanos entregaron el mando a Hugo Chávez.

La Venezuela de finales de los 90 era un país con enormes problemas. Años de dependencia del petróleo y exuberancia en el gasto habían dejado una economía sin músculo y un Estado hipertrofiado, a menudo corrupto e ineficaz, que era urgente reformar para salvar al país del colapso. Paralelamente, la explosión demográfica había multiplicado el número de pobres. Las laderas de las colinas de Caracas y otras ciudades se habían cubierto de precarias casitas atestadas de desharrapados, a quienes la Administración no alcanzaba a ofrecer lo mínimo.

En ese río revuelto se había propuesto pescar Chávez, un militar dicharachero y ególatra muy influido por la izquierda castrista, que había empezado a conspirar dentro del Ejército a principios de los años ochenta. Su primer intento serio de hacerse con el poder fue por la fuerza en 1992, y dejó varios muertos. Al mando de Chávez, los militares que le siguieron en el golpe tomaron el Palacio de Miraflores con la idea de matar al presidente. El presidente era Carlos Andrés Pérez, que escapó escondido en el maletero de su coche y logró controlar la situación con un discurso de firmeza desde la televisión.

Pese a su derrota y la mala publicidad que debió haberle dado la sangre derramada, Chávez salió envalentonado del golpe. Justo después de la intentona, el golpista derrotado habla ante las cámaras en nombre de su “movimiento militar bolivariano” para reconocer el fracaso de su misión “por ahora” e insistir en que “el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”. Aunque sabía que le esperaba la cárcel, Chávez se mostraba confiado, arrogante incluso. “Vendrán nuevas situaciones”, aventuraba el militar, tocado con después popularísima boina roja de la brigada de paracaidistas a la que pertenecía.

Chávez fue preso por su insurrección, y entre rejas consiguió el capital político que le permitiría ganar las elecciones años más tarde. En la izquierda antisistema de la que provenía, pero también en los salones burgueses que frecuentaban empresarios y políticos, el teniente coronel Chávez había conquistado cierto prestigio. Claro que no era la forma de arreglar las cosas, decían los más civilizados. Pero el Gobierno de Carlos Andrés Pérez le había dado innumerables motivos al militar para rebelarse.

El gobierno de Carlos Andrés estaba formado por brillantes tecnócratas aún muy jóvenes que habían estudiado en EEUU con las exitosas becas del Estado del Bienestar petrolero venezolano. Aunque formaba parte del partido socialdemócrata Acción Democrática, Pérez llevaba a cabo un programa de reformas tan ambicioso como inaplazable, y contra él habían jurado odio eterno la izquierda antisistema, la clase política tradicional, de izquierda y de derecha, y casi todos los sectores productivos nacionales. Los dos primeros le acusaban de neoliberal. Los terceros entendían perfectamente la necesidad de modernización. Para todos menos su sector en particular, donde las circunstancias exigían una excepción a la hora de eliminar el proteccionismo. Como había venido a desmontarles el pesebre, a unos y a otros, todo valía contra Carlos Andrés, hasta el golpista Chávez, y acabaron tumbándole.

El peor momento del segundo Gobierno de Pérez (que ya había sido presidente en los años setenta) fue el tristemente célebre Caracazo, ocurrido nada más llegar Carlos Andrés al poder, en 1989. Su iniciativa de reducir los subsidios y controles de precios que el petróleo había permitido aplicar en Venezuela desde mucho antes de Hugo Chávez hicieron subir el precio de los billetes de autobús y otros servicios básicos. Más de lo que podían permitirse los usuarios, pero menos de lo que necesitaban los transportistas. Miles de personas bajaron de los cerros de Caracas para protestar contra los incrementos quemando, saqueando y destruyendo todo lo que encontraron a su paso. El Gobierno desplegó al Ejército, y 276 personas, según el saldo oficial, murieron durante la represión. La misma izquierda de inspiración cubana que había agitado el avispero para encender la protesta tomó el Caracazo como un símbolo que hasta el día de hoy es parte central del discurso del chavismo.

A Carlos Andrés le sustituyó otro clásico de la política venezolana, que al igual que Pérez ya había sido presidente antes. Procedente de las filas del otro gran partido de la democracia venezolana, el socialcristiano Copei, Rafael Caldera había sido uno de los grandes críticos del segundo y último Gobierno de Carlos Andrés, pero una vez llegó al poder se dio cuenta de que había que hacer lo mismo. Para aplicar las políticas de austeridad que antes había saboteado nombró al exguerrillero comunista Teodoro Petkoff, que mucho tiempo antes había abjurado del comunismo y la lucha armada para reciclarse en un socialista democrático que siempre rechazó el chavismo. Como con Carlos Andrés, las reformas daban poco a poco sus frutos, pero Venezuela había perdido demasiado tiempo, y cuando a Caldera se le acabó el mandato las mejoras solo se veían en algunos gráficos.

Al principio de su segunda presidencia, en 1994, Caldera tomó una decisión polémica, que tendría consecuencias dramáticas para la historia de Venezuela. El recién elegido presidente indultó a Hugo Chávez. Después de pasar dos años en prisión el golpista volvía a la arena política, esta vez sin las armas. Lo primero que hizo fue visitar a Castro en La Habana, donde se declaró “un soldado de un latinoamericano entregado de lleno, y para siempre, a la causa de la Revolución de esta América nuestra”.

Sembrando sobre el terreno fértil que le daba la desesperación de la gente, Chávez empezó a construir su perfil de candidato, y cuatro años después se presentaba a las elecciones como el candidato favorito para sustituir a Caldera. Su discurso era el de todos los revolucionarios que aceptan el camino de las urnas cuando no tienen más remedio o se ven con opciones: la democracia venezolana bipartidista venezolana era un sistema corrupto y oligárquico, que el líder popular enterraría subido a la ola de indignación y esperanza de la gente. El “candado” constitucional por romper de Pablo Iglesias eran para Chávez las “cadenas” de la democracia bipartidista venezolana decadente y burguesa. El “régimen del 78” de Podemos era en el discurso del chavismo originario “la IV República”, que dio 40 años de democracia a Venezuela y había que eliminar con una nueva Constitución que al fin trajera la democracia de verdad, la del pueblo que entrega su soberanía a quien viene a salvarle.

Chávez elegía el discurso y se disfrazaba de lo que hiciera falta según el escenario y el auditorio. Sobre las tarimas de los barrios pobres, con ese patetismo religioso y cursi de macho providencial que enamoró a los futuros creadores de Podemos, tronaba contra una clase dirigente elitista y culpable a la que le había llegado la hora y prometía a los descamisados la abundancia que se les debía. En los platós en los programas del sistema, con corbata y sin boina y un estilo condescendiente y pedagógico que recuerda al del Iglesias amable, prometía estabilidad y moderación y esquivaba con circunloquios las preguntas más incómodas.

Pese al golpe y a sus muertos y las declaraciones de lealtad a Castro, pese a todas las promesas de revolución y el tono bélico con el que hacía campaña, pese a todo ello, multitud de venezolanos formados e inteligentes y buena parte de las élites creyeron poder utilizarlo o se dejaron cautivar por la energía, la simpatía y la frescura del bravucón con ínfulas, que un día como hoy de hace 20 años ganó las elecciones.

Chávez había dejado claro muchas veces que el suyo no sería un Gobierno más, sino una nueva etapa histórica irrevocable que cambiaría para siempre la historia del país. En otras palabras, el chavismo había llegado para quedarse, y hoy vemos que llegó por las urnas, pero nunca se irá por las urnas.

Entre quienes sí vieron quién era el comandante eterno está una de las que fue sus víctimas, el banquero venezolano exiliado Eligio Cedeño. Así cuenta su impresión inmediata de Chávez en un documental de Jorge Lanata. “Cuando yo conocí a Chávez, antes de que fuera presidente (…) me di cuenta de que era un delincuente perfecto y de que iba a acabar con mi país, porque tenía muchísimo odio (…) Mis orígenes fueron en las zonas populares de Venezuela, y lo comparé siempre, por su forma de ser y su forma de actuar, con los peores delincuentes de donde yo vivía. Su conducta para mí fue muy fácil de determinar. No hay ningún estafador exitoso que no sea simpático”.

Igual de claro lo tenía el expresidente Carlos Andrés Pérez 15 días antes de las elecciones que encumbraron a Chávez, y así lo explicó en una entrevista en una de las televisiones que cerró el chavismo; pronosticó con preocupación los resultados y alertó del evidente “autoritarismo” del candidato:

En estos momentos el pueblo desea un cambio profundo y radical, y comete el error en su ceguera de creer que un vengador es quien nos puede venir a resolver las cosas, sin darse cuenta que eso nos va hundir aún en peores circunstancias que las que estamos viviendo actualmente.

“Yo quisiera que los venezolanos se dieran cuenta de que vamos a hundir el país en una tragedia”, añadió Carlos Andrés, y pronosticó como consecuencia del triunfo de Chávez “una dictadura”:

Aquí no habrá ley, aquí no habrá derechos de expresión, aquí las cárceles se abrirán para quien no esté de acuerdo con este Gobierno, no se le permitirá a nadie disentir y todos los problemas que hoy vemos y con los que queremos acabar se harán más graves aún.

Cinco países latinoamericanos denunciarán a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional – Infobae – 18 de Septiembre 2018

El canciller peruano confirmó que Perú, Argentina, Chile, Colombia y Paraguay tomarán esta medida durante un intermedio de la Asamblea General de Naciones Unidas por violación sistemática de Derechos Humanos y crimines de lesa humanidad. Es la primera vez que se presenta una denuncia contra un gobierno de la región

Los ministros de relaciones exteriores de Perú, Argentina, Chile, Colombia y Paraguay firmarán la próxima semana una carta en la que denunciarán al presidente venezolano Nicolás Maduro ante la fiscalía de la Corte Penal dictador por violación de los Derechos Humanos de manera sistemática y específicamente por crímenes de lesa humanidad.

El canciller peruano Néstor Popolizio confirmó el martes que tomarán esta medida durante un intermedio de la Asamblea General de Naciones Unidas.

De acuerdo al jefe de la diplomacia peruana, es la primera vez que se presenta una denuncia contra un gobierno de la región. Precisó que la iniciativa no forma parte del Grupo de Lima, que lidera Perú, sino de un grupo de países sudamericanos miembros del Estatuto de Roma, el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional en 1998. “Antes no se ha conocido… es la primera vez”, dijo en una entrevista con The Associated Press en Lima.

El ministro de Relaciones Exteriores de Perú, Néstor Popolizio

El ministro de Relaciones Exteriores de Perú, Néstor Popolizio

Popolizio indicó que se adjuntarán dos informes: uno de un grupo de expertos que presentaron todas sus conclusiones sobre las violaciones sistemáticas de Derechos Humanos en Venezuela ante la secretaría general de la Organización de Estados Americanos y otro elaborado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos. Ambos informes servirán para sustentar la denuncia ante la fiscal de la Corte, Fatou Bensouda, nacida en Gambia.

El canciller peruano dijo que la ventaja de la presentación de una denuncia por parte de países miembros del Estatuto de Roma permite un trámite más rápido. Esto “le da automáticamente una posibilidad a la fiscal y a la Corte Penal Internacional de hacer un procedimiento más acelerado”, explicó.

Poco antes, el presidente venezolano afirmó en Caracas que está evaluando condiciones para determinar si asiste a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York.

Maduro indicó en una conferencia de prensa en el palacio presidencial que quiere acudir a la Asamblea General, pero sostuvo: “tengo que cuidar mi seguridad”.

“A mí me tienen en la mira para matarme”, agregó sin ofrecer detalles.

El gobernante venezolano enfrentó en agosto un supuesto ataque con drones durante un desfile militar en el centro de la capital. Tras ese incidente Maduro no ha vuelto a participar en concentraciones callejeras. Durante sus cinco años de gobierno ha denunciado en varios complots y conspiraciones.

Desde 2016, el mandatario venezolano no acude al Asamblea General.

Maduro dijo el año pasado que no viajó a Nueva York para el encuentro con la ONU porque tenía informaciones de “posibles atentados de sectores extremistas que tienen el poder en los Estados Unidos”.

El gobernante reveló el martes que durante este año las fuerzas de seguridad han abortado tres intentos de golpe de Estado promovidos por militares, y detenido a los que participaron en esas acciones. Asimismo, Maduro afirmó que las autoridades detectaron un nuevo complot dirigido por un general retirado de nombre Francisco Báez que se estaría moviendo entre Miami y República Dominicana para dar un golpe en octubre.

Por el caso del ataque con drones fueron detenidas el mes pasado unas 14 personas, entre ellas tres generales de la Guardia Nacional y el diputado opositor Juan Requesens, que fue inhabilitado por la oficialista Asamblea Nacional Constituyente.

Las autoridades solicitaron también la extradición de nueve supuestos implicados que estarían en Estados Unidos, Colombia y Perú, entre ellos, el ex presidente de la Asamblea Nacional y dirigente opositor, Julio Borges, quien en la actualidad reside en Bogotá.

Presidente Trump : no interfiera en Venezuela – Editorial The New York Times – 12 de Septiembre 2018

*Estados Unidos no debe involucrarse en golpes de Estado, punto*.

Así que es un consuelo saber que el gobierno de Trump optara por no apoyar a los líderes rebeldes en Venezuela que buscaban destituir al presidente Nicolás Maduro; pero sí es inquietante que Donald Trump y sus asesores tomaran la decisión correcta por las razones incorrectas: la falta de confianza en que los conspiradores tuvieran éxito en una operación riesgosa, y no la preocupación por la idea de una intervención en sí misma.

No hay duda de que Maduro es un líder electo de manera ilegítima que ha encaminado a su país hacia un desplome político, económico y social catastrófico. Hubo funcionarios estadounidenses que discutieron la posibilidad de ayudar a destituirlo en tres reuniones que sostuvieron durante el último año con líderes rebeldes —quienes iniciaron el contacto—, como reportó The New York Times el fin de semana.

Debido a la crisis en Venezuela, no es descabellado que haya diplomáticos estadounidenses que se reúnan con todas las facciones, incluidos oficiales militares rebeldes, para tener el pulso del rumbo del país. Por ejemplo: ¿quién quedaría a cargo en caso de un proceso de transición política? ¿Qué tipo de gobierno aspirarían a instalar?

Pero tener varias reuniones con los conspiradores empieza a parecer una colaboración. Es una noticia que terminaría por filtrarse, como sucedió.

Y los comandantes rebeldes tenían razones para pensar que los estadounidenses podrían simpatizar con su causa. El año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una opción militar para Venezuela. Marco Rubio, senador republicano de Florida, también ha sugerido que estaría a favor de una acción armada. Desde su cuenta de Twitter, el senador animó a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su mandatario.

Incluso si Trump se siente tentado a intervenir o actuar militarmente —como sugieren sus declaraciones—, el presidente debería considerar la dolorosa historia de injerencia estadounidense en América Latina y los intentos recientes de interferir en otros sitios para destituir dictadores e instalar democracias.

Durante buena parte del siglo pasado, Estados Unidos acumuló una historia sórdida en América Latina al hacer uso de la fuerza y la astucia para instalar o apoyar regímenes militares y delincuentes brutales con poco interés en la democracia.

Esa “diplomacia de las cañoneras” de principios del siglo XX derivó en el envío de tropas estadounidenses a Cuba, Honduras, México, Nicaragua y otras naciones para erigir gobiernos de acuerdo a la predilección de Washington.

Durante la Guerra Fría, la CIA orquestó, en 1954, la destitución de Jacobo Árbenz, el presidente electo de Guatemala; la invasión en 1961 de bahía de Cochinos en Cuba, y el golpe de Estado en Brasil en 1964. También ayudó a crear las condiciones para que, en 1973, una junta militar en Chile derrocara al presidente democráticamente electo, Salvador Allende.

En años posteriores, Estados Unidos respaldó a los Contras, que enfrentaban a la Revolución Sandinista de Nicaragua (en la década de los ochenta), invadió Granada (1983) y apoyó gobiernos brutalmente represivos en Guatemala, El Salvador y Honduras.

Pocas —si es que alguna— de estas intervenciones puede considerarse que tuvieron un resultado idóneo.

El presidente de Estados Unidos no tiene mucha credibilidad ni buena voluntad para trabajar con la región mientras esta busca una solución a la pesadilla venezolana.

Hay una buena manera de presionar al régimen venezolano: Trump y otros líderes no deben dejar de promover una transición negociada a través del endurecimiento de sanciones enfocadas en Maduro y sus secuaces, quienes han afianzado un sistema autocrático y corrupto. *Cuba, que depende de Venezuela por el petróleo y que tiene una buena relación con Maduro, debería ser incentivada a aprovechar esa cercanía*
(Tengo años insistiendo en esa presión…)

Trump y otros líderes también deben coordinar y ampliar la ayuda para los venezolanos que sufren por la situación en su país.

Es alentador que la Casa Blanca decidiera enviar a las reuniones a un diplomático y no a un miembro de la CIA, lo que habría sido una maniobra más escandalosa. Sin duda, la vía diplomática es preferible a que Estados Unidos intervenga militarmente en otro país, un proyecto que con certeza fracasará de manera miserable.

Sin embargo, gracias a la decisión de Trump de retomar las sanciones a Cuba, de adoptar una postura inflexible sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y su antipatía a los esfuerzos multilaterales, el presidente estadounidense no tiene mucha credibilidad ni buena voluntad para colaborar mientras la región busca una solución a la pesadilla venezolana.

Esta es una situación preocupante porque está claro que *Maduro y su visión socialista han sido desastrosos para Venezuela y la región. Maduro debe dejar el poder.* El país alguna vez fue uno de los más prósperos de América Latina y tiene las mayores reservas comprobadas de petróleo en el mundo. Pero después de dos décadas de régimen socialista y de una corrupción monumental, la economía está colapsada y la inflación anual puede superar el millón por ciento este año, según el Fondo Monetario Internacional. Los alimentos básicos y medicinas son cada vez más difíciles de conseguir. La crisis humanitaria ha llevado a *cientos de miles* (millones)
de venezolanos a huir hacia Colombia, Ecuador, Perú y otras naciones vecinas.

Por lo mismo, aunque la democracia se ha extendido en la mayoría de los gobiernos latinoamericanos en los últimos veinticinco años, hay pocas personas y líderes en la región que protestarían si Maduro fuera destituido.

La participación de Estados Unidos en su derrocamiento, sin embargo, sí atizaría los resentimientos y sospechas regionales hacia Washington. Las noticias de las reuniones le han servido como propaganda a Maduro, quien desde hace tiempo intenta, ridículamente, culpar a Estados Unidos de los problemas de Venezuela.

Es difícil ser optimistas sobre el curso de Venezuela, que muchos expertos predicen terminará colapsando en la anarquía. Aun así, respaldar un golpe de Estado también dificultaría que los estadounidenses se presenten como defensores creíbles de la democracia alrededor del mundo, un esfuerzo que ya ha sido socavado por la desidia de Trump a las normas democráticas en su país y su entusiasmo por algunos tiranos del mundo.

Detienen a militares por presunto plan de golpe en Venezuela – La Estrella de Panama – 28 de Julio 2018

Los delitos que se le imputan son “instigación a la rebelión militar, conspiración para el motín y contra el decoro militar”

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La publicación señala que este plan estaba dirigido por Luis Humberto de la Sotta, segundo comandante de la 8° Brigada de Comandos del Mar “Generalísimo Francisco de Miranda”; Carlos Gustavo Macsotay Rausseo, comandante del 81 Batallón de Operaciones Especiales “CC. Henry Lilong García”; y por Ruperto Molina Ramírez, comandante del Grupo de Fuerzas Especiales Nº 20.

Nueve militares de la Armada de Venezuela fueron privados de libertad por orden de un tribunal militar de Caracas por su presunta participación en un plan de golpe de Estado, denominado “Operación Armagedón”, informó hoy el diario Últimas Noticias de línea editorial pro-oficialista.

Los militares que, según el diario que cita un expediente al que tuvo acceso, buscaban “impedir las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo y el asesinato del presidente Nicolás Maduro”, se encuentran recluidos en la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM).

Los delitos que se le imputan son “instigación a la rebelión militar, conspiración para el motín y contra el decoro militar”.

La publicación señala que este plan estaba dirigido por Luis Humberto de la Sotta, segundo comandante de la 8° Brigada de Comandos del Mar “Generalísimo Francisco de Miranda”; Carlos Gustavo Macsotay Rausseo, comandante del 81 Batallón de Operaciones Especiales “CC. Henry Lilong García”; y por Ruperto Molina Ramírez, comandante del Grupo de Fuerzas Especiales Nº 20.

“Estos tres militares presuntamente captaron al capitán de fragata Luis Alberto Cunes Caldera, a los tenientes de navío Raúl Eduardo Díaz Casado, Ángel José Acosta Pérez, Antonio Julio Scola Lugo; y a los tenientes de fragata Elías José Noriega Manrique y Gustavo Enrique Carrero Angarita”, agregó el diario.

Según dijo el pasado 26 de junio el Parlamento venezolano, de mayoría opositora, en Venezuela hay 152 militares que están tras las rejas acusados de varios delitos.

Desde el Gobierno venezolano, el propio presidente venezolano ha reconocido supuestos planes de “conspiración” dentro de la Fuerza Armada y a finales de mayo pasado ordenó que fuese firmado en los cuarteles un documento que exige lealtad.

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