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¿Qué tiene que hacer la oposición venezolana para avanzar? por  Abraham F. Lowenthal y David Smilde – El Nacional – 21 de Julio 2020

El sólido reconocimiento internacional de la presidencia de Juan Guaidó no cambia el hecho de que Nicolás Maduro controla el territorio, las instituciones públicas, las fuerzas de seguridad y los recursos. Por eso, la oposición debe hacer un esfuerzo realista para reformular el conflicto.

En 1986, Ricardo Lagos y otros líderes de la oposición socialista al régimen del general Augusto Pinochet en Chile visitaron a Felipe González, presidente del Gobierno de España. El fin era discutir detalladamente sus planes para derrocar a la dictadura. González les dijo que la oposición no podría lograr un cambio en Chile sin antes reconocer que estaban atrapados en el fondo de un pozo. “Primero concéntrense en salir del pozo, y luego intenten ampliar su influencia, paso a paso”, aconsejó González a Lagos.

Lagos y la Concertación —una coalición de partidos de centro, izquierda y centroizquierda— lograron su objetivo a través de la construcción de un amplio movimiento que ganó un plebiscito ordenado por el propio Pinochet, celebrado en octubre de 1988 y que habría mantenido al general en el poder hasta al menos 1997. El No consiguió la mayoría en la votación, un resultado que las Fuerzas Armadas de Chile aceptaron a pesar de la oposición de Pinochet.

El consejo de González se debe aplicar a la Venezuela de hoy. La oposición democrática al régimen autoritario de Nicolás Maduro necesita basar su estrategia y táctica en una comprensión lúcida de las realidades concretas, libre de autoengaños. No ayuda a la oposición subestimar el compromiso de quienes militan en el chavismo con su propia visión de Venezuela, ni ignorar el apoyo que ese movimiento obtuvo de un sector de los venezolanos y el respaldo residual que todavía le da.

Tampoco ayuda a la oposición sobrestimar el nivel de apoyo nacional sostenido que ha podido conseguir, ni exagerar la importancia del considerable apoyo internacional que ha reunido. El constructo de que Venezuela tiene dos gobiernos —uno ilegítimo liderado por Maduro y otro presidido por Juan Guaidó, con un sólido reconocimiento internacional— no cambia los hechos: las autoridades de Maduro controlan el territorio de Venezuela, las instituciones públicas, las fuerzas de seguridad, la vasta mayoría de los recursos y la capacidad del país para diseñar e implementar políticas nacionales.

Un gobierno altamente autocrático no puede ser derrocado solo porque es ampliamente reconocido como ilegítimo, ni siquiera por ser muy impopular, sino solo cuando hay apoyo nacional para una fuerza alternativa creíble, capaz de ganarse el respaldo de las Fuerzas Armadas y de gran parte del sector empresarial, de la sociedad civil y de la opinión pública, y demostrar la capacidad gerencial y técnica para dirigir el país.

Los sectores fragmentados de la oposición deben enfatizar lo que los une, no lo que los divide, y subordinar las ambiciones individuales a los objetivos colectivos. La oposición debe articular una visión llamativa y unificadora que le ofrezca esperanza a la mayoría de los venezolanos, así como métodos de participación y beneficios prácticos, no solo proclamar su oposición a los usurpadores y sus errores, por grandes que estos sean.

Construir una alternativa atractiva que movilice al pueblo venezolano sería extremadamente difícil, si no imposible, desde el exilio. Requerirá estar presente, enfrentar de cerca las realidades desagradables y convocar de manera continua el apoyo de los simpatizantes en todo el país.

La mejor manera de lograrlo es participando activamente en los asuntos públicos y la política, y emprendiendo actividades de ayuda y reconstrucción, aun si eso significa cooperar con el gobierno. El acuerdo del mes pasado entre la Asamblea Nacional, presidida por la oposición, el Ministerio de Salud oficialista y la Organización Panamericana de la Salud fue un buen comienzo. Se deben buscar más colaboraciones de este tipo.

Participar en elecciones injustas diseñadas por el régimen de Maduro para asegurar su victoria será extremadamente frustrante, pero de cualquier modo debe intentarse para fortalecer la visibilidad y la capacidad organizativa de la oposición en toda Venezuela, además de consolidar la unidad y experiencia práctica. Estas actividades podrán dar frutos más adelante, aunque la oposición democrática no triunfe en los comicios parlamentarios programados para diciembre.

La oposición democrática debe aceptar que no llegarán milagros desde el exterior. Lo que a menudo se designa como la “comunidad internacional” en realidad son países individuales que, especialmente ahora, tienen problemas propios en los que se están enfocando y no se puede confiar en que vayan a asumir grandes riesgos o costos ni que vayan a invertir mucha energía para resolver las dificultades internas de otro país. Los poderes externos pueden ser relevantes, pero solo si apoyan una estrategia determinada a nivel nacional y solo en la medida en que puedan hacerlo sin contradecir sus propios intereses o enfrentar costos significativos.

La oposición ya ha afectado su credibilidad al aparecer como que dependen de la intervención extranjera. Los demócratas venezolanos deberían estar en la vanguardia de quienes rechazan las opciones militares internacionales en vez de tratar de inducir una intervención de Estados Unidos que seguramente no ocurrirá.

La oposición también debería considerar presionar, por el bien del país y sus ciudadanos, para que se levanten algunas de las sanciones impuestas a Venezuela en lugar de presionar para que se endurezcan esas medidas con la esperanza de que ocasionen la caída del gobierno. Algunas de las sanciones más amplias en vigor, al igual que algunas de las medidas secundarias, tienen costos humanitarios innegablemente altos, y cuanto más duras sean las circunstancias económicas del país, menos energía y espíritu habrá para la movilización ciudadana contra el gobierno autoritario.

Las discusiones amplias y bien preparadas entre representantes del régimen de Maduro y de la oposición democrática proporcionan la mejor ruta disponible para allanar el camino a una transición democrática. Para que esas discusiones sean eficaces, se requiere espacio, tiempo y confidencialidad, no transparencia inmediata. Los mediadores internacionales, como los noruegos —quienes facilitaron las negociaciones más recientes— pueden desempeñar un papel importante en la gestión de esas conversaciones y además brindar una oportunidad para que los interlocutores de cada lado se conozcan individualmente y exploren formas de replantear los problemas en vez de asignar culpas.

Ambas partes usarán el diálogo y las negociaciones futuras para promover sus propios intereses, como se ve en todas las situaciones similares, pero eso no es un argumento válido para evitar un proceso gradual de diálogo enfocado en un objetivo. En muchos casos anteriores, ese tipo de conversaciones ha cambiado la dinámica en situaciones de estancamiento prolongado. Se debe pensar en el diálogo no como un mecanismo para obtener una solución rápida, sino más bien como una manera de reformular el conflicto. En ese contexto, puede haber oportunidades para negociar el levantamiento de algunas sanciones a cambio de mejores condiciones electorales o programar un referéndum revocatorio.

Sobre todo, los venezolanos de ambos bandos y sus simpatizantes internacionales deben aceptar la dura realidad de que las catástrofes económicas, políticas, institucionales y humanitarias de Venezuela continúan y probablemente se verán exacerbadas por la pandemia. Se está haciendo un daño profundo y a largo plazo. Es hora de llevar a cabo esfuerzos realistas con el fin de detener el deterioro, generar acuerdos prácticos y desarrollar una base de apoyo nacional e internacional para la recuperación de Venezuela.

Abraham F. Lowenthal es profesor emérito de la Universidad del Sur de California y director fundador del Programa Latinoamericano del Centro Woodrow Wilson y del Diálogo Interamericano. David Smilde es profesor de sociología en la Universidad Tulane y miembro sénior de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos.

Artículo publicado en The New York Times

La brújula del PSUV y un país entero perdido por Yuri Valecillo – Aporrea – 9 de junio 2020

Nicolás no pasó de ser un muy mal presidente, muy malo y quizás sea el peor de todos de los que pasaron a ser inquilinos de Miraflores y que mientras en EL siglo XX se nombraba a Juan Pablo Pérez Alfonzo como Ministro de Minas, Nicolás nombraba a algún General, mientras en el siglo XX Luis Beltrán Prieto Figueroa era nombrado Ministro de Educación en el siglo XXI se colocaba a Elías Jaua o a cualquier cofrade de su organización, en fin el siglo XXI fue una administración de ineptos y de marrullerías, más que de retórica de demagogia y más que de hacer de destruir, fue un gobierno que persiguió más que cualquier otro a la disidencia, que encarcelo a mas diputados, fueron abatidos o encarcelados más estudiantes, obreros, periodistas e intelectuales que en cualquier otro gobierno de Venezuela.

Los cofrades de Nicolás son como la incapacidad andante, como el desencuentro permanente con el sentido común, con la palabra gubernamental tan devaluada como el nuestra moneda, tan desolada como una ciudad bombardeada con gas mostaza y gas cloro, como la disfuncionalidad de las comunas desde Mao Tse Tung hasta las sacadas de botellas de aguardiente claro e impulsadas sin la más mínima idea de producción, autoconsumo, amor al prójimo y es que las comunas del petit, imortel, courageux, le comandant Chávez no sirvieron para nada aun con la inyección de millones y más millones de endemoniados billetes verdes imaginen ustedes bajo el amparo económico del inexistente bolívar soberano.

Todas las estadísticas, los tratados, análisis, escenarios, prospecciones, tarot, cartomancia, quiromancia nos indican, nos muestran que el gobierno de Nicolás no funciono, que la asesoría de Diosdado o Delcy y Jorge no sirvieron para nada, que FAES es un grupo de exterminio, que los ministros son una comparsa y que hasta el himno del PSUV creación mediocre y miserable del hermano del canciller Arreaza es una carga de mala ritmo, pobre letra, infamante música. Y es que el Arreaza creador de “himnos” deseaba al parecer ser el Andrés Eloy Blanco del PSUV. Creo que termino siendo un Tartufo.

Los días pasan y aun que el desánimo nos intente ganar la partida, aunque parezca que los nubarrones tapan el sol del mediodía, aunque las cosas estén mal tenemos que asumir que Venezuela puede y tiene que escapar de esta partida tan mal jugada, que tenemos que presionar por un CNE confiable, que debemos luchar por la libertad de los presos políticos, por la aparición con vida de los desaparecidos, por castigo a los culpables, por la reaparición de la prensa libre y es que en Venezuela si se cumple aquello de que todo tiempo pasado fue mejor y yo espero que el futuro sea mejor inclusive que el pasado que hoy parece un sueño.

La lucha por la libertad está hoy más presente que nunca, más presente que jamás, y libertad lleva como sinónimo justicia, equidad, transparencia, soberanía, juicios justos, castigo a los culpables de la destrucción de una nación. Pocas veces pudimos ver o notar alguien más perverso que el presente gobierno, patriota es quien trabaja, produce, escribe, enseña, patriota es quien sirve a la patria y no quien se ha servido de ella.

La izquierda y lo errores desde el poder: Si algo es dramáticamente cierto es la capacidad que desde la izquierda se tiene para exculpar sus errores y así como la iglesia católica intenta obviar los desastres de la inquisición. La izquierda que debería ser un hecho libertario desde el poder como en Suecia, Dinamarca, Francia donde la izquierda demuestra habilidad y apertura para defender a sus pueblos y sus territorios. En el llamado tercer mundo algunos gobiernos de izquierda han sido afortunados desde Bachelet y Mujica a Lázaro Cárdenas entre otros. Pero la izquierda protomilitarista venezolana, esa izquierda extraña con sueños húmedos por las charreteras se parece más a las administraciones modelo Mao Tse Tung o Stalin, recordemos: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20191027/471028357016/mao-zedong-china-gran-salto-adelante-gorriones.html

La detención de Javier Vivas Santana no es solo una venganza es la aplicación de la más cruel de las venganzas. Me llegan datos por ahí que se les está pagando o dando beneficios a algunos presos para que molesten, persigan o le hagan daño al profesor. Debemos denunciar ante el mundo no solo su arresto por “delitos” de opinión. Debemos denunciar que su vida corre peligro. Y exigir su liberación.

 

El discurso de la tarima por Adriana Moran – Blog Polis – 5 de Febrero 2020

Miles de personas se juntan en una noche fría alrededor de una tarima en una plaza de Madrid. Todas tienes una historia distinta del exilio a cuestas. Escuchan, aplauden, gritan libertad, piden invasión. En un amplio local cerrado de la soleada Miami la historia se repite. Se vuelven a juntar las almas del exilio en una ciudad a la que el exilio le es familiar. También aplauden, gritan, se entusiasman. Y muchos en Venezuela siguen con atención estas imágenes, tratan de descifrar el discurso y se aferran a la esperanza de que más que en la palabra dicha, haya un mensaje oculto que no se dice pero que pronostica el triunfo. 

Mientras tanto, otros se reúnen en Venezuela alrededor de la tarima oficial desde la que se escupen mentiras y hasta un insólito mea culpa que habla de la necesidad de corregir errores que no son tales porque nadie puede equivocarse tanto y por tanto tiempo sin ver las consecuencias nefastas de su impericia. Una tarima oficial desde la que se mezclan en el discurso la supuesta aceptación de errores con la descripción de felicidades y prosperidades inexistentes. Y otra vez muchos aplauden sin creer en lo que oyen, algunos, y seguramente porque todavía les creen, otros.

Pero muchos venezolanos no están en ninguno de esos dos grupos. No logran descifrar el discurso que habla de todas las opciones que están sobre la mesa y mucho menos están dispuestos a mirar debajo para seguir encontrando fantasías. No creen en invasiones de las que nadie habla fuera de esas tribunas de euforia ni entienden la estrategia de retar al poderoso con un poder que no se tiene. Tampoco soportan ya las mentiras de un autoritario que ha demostrado hasta la saciedad la indolencia de la que es capaz pero que se mantiene aferrado al poder que ejerce con cada vez más saña.

Esos venezolanos, estamos esperando por el mensaje claro que nos convoque a enfrentar la realidad y a juntar las fuerzas que nos quedan en medio del estropicio para dar una respuesta real. Una de fuerza organizada que no le siga dando excusas al poder para no contarse y poner en evidencia su minusvalía. Una que traspase el grito de la tarima y nos dé voz y voto a los que callados, todavía esperamos participar de la estrategia que nos salve.

La “Operación maletín verde”: las claves del escándalo de corrupción que salpica a gobierno y oposición en Venezuela – BBC News – 2 de Diciembre 2019

Guaidó y MaduroLeales a Guaidó y Maduro se han visto implicados en el escándalo.

Juan Guaidó apareció más serio de lo habitual.

Con semblante grave, el líder opositor, reconocido como presidente interino de Venezuela por Estados Unidos y la mayoría de países de Europa y América Latina, se dirigía a los periodistas congregados en una inesperada rueda de prensa dominical.

Sabía que una bomba política acababa de estallar.

El portal de investigación Armando.info había publicado ese día que diputados de varios partidos de la oposición se habían dejado comprar.

Los acusados habían aceptado interceder por varios empresarios de la órbita del chavismo investigados en distintas instancias internacionales por su participación en un esquema de corrupción vinculado con las llamadas cajas CLAP, el sistema de reparto de alimentos a precios subvencionados que lleva a cabo el gobierno de Nicolás Maduro.

Pero la ya conocida como “Operación maletín verde”, como la bautizó el diputado José Guerra, que fue quien primero se refirió públicamente a ella, ya estaba en marcha y los daños políticos para gobierno y oposición aún por cuantificarse.

De qué se acusa a los diputados

Según la información publicada por Armando.info, diputados de diferentes partidos opositores, incluido Voluntad Popular (al que pertenece Guaidó), habían hecho gestiones ante instancias como el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y la Fiscalía General de la Nación de Colombia para que se dejara de investigar a los empresarios implicados en la supuesta red corrupta en torno al sistema CLAP.

Los implicados habían incluso enviado cartas dirigidas a autoridades extranjeras certificando que no había investigaciones en curso en Venezuela contra los implicados.

Milicianos con cajas CLAPSaab y otros empresarios han sido acusados de beneficiarse irregularmente del programa de cajas CLAP.

Al diputado Luis Eduardo Parra Rivero, del partido Primero Justicia, se le acusa de haber negociado con el empresario colombiano Carlos Lizcano para lograr que el grupo de parlamentarios se pusiera a trabajar en defensa de los implicados.

Cómo esta implicado el gobierno de Nicolás Maduro

La oposición, con Juan Guaidó a la cabeza, ha denunciado insistentemente que la corrupción generalizada en los gobiernos de Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después arruinaron a Venezuela.

Las implicaciones de este escándalo salpican tanto al gobierno como a la oposición.

El escándalo en torno a las cajas CLAP estalló en mayo de 2018, cuando investigaciones periodísticas revelaron que los empresarios colombianos Alex Nain Saab Morán y Álvaro Enrique Pulido Vargas se habían beneficiado de contratos millonarios con el gobierno de Maduro para la distribución de los productos CLAP.

El CLAP es una de las apuestas estrellas de Maduro, que lo ha descrito como “el alimento que le llega a las familias” frente al “bloqueo del imperio”, en referencia a las sanciones de Estados Unidos.

Según las informaciones publicadas, firmas vinculadas al entramado empresarial de Saab y de Pulido obtuvieron ingresos millonarios por su participación en este programa, que estaría además entregando alimentos de baja calidad a la población.

Saab fue sancionado el pasado mes de julio por el Departamento del Tesoro estadounidense por “participar con infiltrados de Maduro para llevar a cabo una red de corrupción a gran escala que usaron cruelmente para explotar a la hambrienta población venezolana”.

Pierde la política, gana Maduro

Por Guillermo D. Olmo, corresponsal de BBC News Mundo en Venezuela

Nada podía hacerles más daño a Guaidó y a la oposición venezolana que aparecer como cómplices del mismo chavismo al que acusan de saquear Venezuela y dicen combatir.

Y eso que la rápida reacción de Guaidó, apartando a los legisladores implicados y ordenando una investigación en la que invitó a participar a los medios de comunicación, dista mucho de la que es habitual cuando es el gobierno el señalado. Maduro suele responder a las acusaciones que pesan sobre altos cargos del Estado e incluso miembros de su familia denunciando ser víctima de una “guerra mediática”.

Lo que probablemente quedará, al final y al cabo, será una sensación de descrédito general de la política que podría llevar a muchos venezolanos a pensar que los dirigentes de uno y otro signo son igual de corruptos. De hecho, muchos ya lo piensan.

Esa especie de “todo vale, nada importa” alimenta el desinterés por la política de la castigada población venezolana, una dificultad añadida para los intentos, cada vez menos briosos, de Guaidó por sacar a Maduro a través de la movilización popular.

Mientras, Maduro observa desde Miraflores cómo las puñaladas vuelan de nuevo en público entre sus rivales y, en Estados Unidos, Donald Trump sigue mucho más ocupado en su reelección y en defenderse del “impeachment” que de Venezuela.

Cuáles han sido las reacciones

Ya antes de que saliera a la luz la información periodística que implica a los miembros de la Comisión de Contraloría, su presidente, Freddy Superlano, envió una carta a Guaidó en la que anunciaba su decisión de “separarse” temporalmente del cargo “en aras de facilitar las investigaciones necesarias sobre los señalamientos públicos recientes” y exhortó a hacer lo mismo a sus compañeros en la comisión.

Superlano indicó que ese paso no implicaba “reconocimiento o responsabilidad alguna” en hechos irregulares.

Juan Guaidó.El liderazgo de Guaidó se ve afectado por las noticias.

Ya el domingo, Guaidó anunció la ‘intervención y reestructuración inmediata” de la Contraloría y una investigación abierta y pública en la que estarían invitados a participar organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación independientes.

También dijo que todas las cartas o documentos emitidos por miembros de la Asamblea que exoneraran a empresas o ciudadanos “vinculados con la corrupción” serían anuladas.

La alta dirigencia gubernamental no se ha referido hasta el momento al asunto, aunque en los medios estatales las acusaciones de corrupción en las filas de la oposición ocupan amplio espacio desde hace días.

Cómo les afecta el escándalo a Guaidó y a Maduro

En los últimos días, las supuestas irregularidades se han convertido en un problema que ha crecido como una bola de nieve para Guaidó.

Solo 48 horas antes de la información sobre la compra de diputados opositores, su recién destituido “embajador” en Colombia, Humberto Calderón Berti, daba una rueda de prensa en Bogotá en la que acusaba al entorno de Guaidó de un manejo indebido de los fondos destinados a la operación que el pasado 23 de febrero intentó hacer entrar “ayuda humanitaria” a Venezuela y habló de pagos indebidos en “prostitutas y licor” que estarían siendo investigados por la Fiscalía colombiana.

La polémica llega poco después de que en las últimas movilizaciones de protesta convocadas por el líder opositor se diera una participación mucho más baja a la que era habitual en los primeros meses del año y en un momento en el que las fisuras que tradicionalmente han existido en el bloque opositor venezolano afloran de nuevo.

Manifestantes.Las últimas protestas convocadas por Guaidó no han tenido un gran seguimiento.

Si la semana pasada la dirigente de Vente Venezuela, María Corina Machado, calificó la destitución de Calderón Berti como “un error muy grande”, este lunes, el diputado José Brito, de Primero Justicia, fue más allá.

Brito, uno de los diputados implicados en la supuesta trama de corrupción, llamó “estafador” a Guaidó. Le acusó, además, de haber puesto en marcha una “guerra sucia” para matar la “rebelión” existente contra él en el seno de la Asamblea Nacional.

“Juan Guaidó y Nicolás Maduro son compinches”, afirmó Brito, al que su partido ha decidido expulsar después de que su nombre apareciera involucrado en el escándalo.

Ayuda humanitaria.La operación para la entrada de la “ayuda humanitaria” también estuvo rodeada de acusaciones de irregularidades.

Según el analista Luis Vicente León, de la consultora Datanálisis, “si la oposición entendiera el riesgo que corre, su respuesta sería unificada, dejando de lado por ahora divisiones internas e intereses individuales”.

Para León, aunque también está implicado, todo lo que está ocurriendo beneficia al gobierno. “Sea cual la estrategia de control de daños que use la oposición, este round lo gana Maduro de calle”, indica.

Dos gobiernos por Elías Pino Iturrieta – El Nacional – 25 de Agosto 2019

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Venezuela vive la insólita experiencia de tener dos gobiernos, fenómeno que repercute en términos negativos en la marcha de la sociedad, pero que, como no se puede sostener, conduce a pensar en una salida auspiciosa en el futuro próximo. ¿Por qué? Debido a que la debilidad del régimen usurpador ha permitido una rivalidad en el manejo de los negocios públicos, condenada a una salida que no resiste plazos prolongados. Tal es la rareza y la promesa de la experiencia de nuestros días.

Puede parecer excesivamente entusiasta la afirmación que sostiene la existencia de dos poderes en competencia por el control de la sociedad, debido a que palancas para el ejercicio de la autoridad, como las fuerzas armadas, las policías y la burocracia, permanecen en manos del usurpador. Sin embargo, se trata de una situación engañosa que solo se advierte en la fachada de los fenómenos. Un dominio cabal de esas herramientas, aun trabajando a media máquina, hubiera impedido el ascenso del poder que rivaliza a la dictadura. El hecho de que los detentadores de una autoridad con casi veinte años de andadura hayan permitido, aunque a regañadientes, el fortalecimiento de un gobierno presidido por Juan Guaidó con el soporte inicial de la Asamblea Nacional, un cuerpo sin armas y sin recursos materiales, no solo demuestra su redonda precariedad sino también la ascendencia evidente del antagonista.

De que sea Miraflores la sede de un gobierno chucuto y menesteroso sobran las evidencias en la anarquía que domina la cotidianidad, en las escenas dependientes del capricho de las personas y del peso del azar a través de las cuales se comprueba la desaparición de la batuta. Veamos unos ejemplos. En el mercado cada quien pone los precios que le da la gana, los tratos no dependen de regulaciones establecidas, sino de lo que resuelvan los marchantes cada día; el transporte público es un azar porque nadie lo vigila o porque nadie respeta a los vigilantes; cuando no predomina el desdén, en las oficinas públicas los trámites son el producto de negociados minúsculos entre el usuario y el tipo de la taquilla, y así sucesivamente. El caos policial, caracterizado por la violencia y la arbitrariedad de los agentes, sería un testimonio proverbial de desgobierno si no se pudiera entender como la única forma de sujeción a la cual se aferra la dictadura. ¿Por qué? Mientras reparte la muerte y el terror en un cuentagotas cotidiano, detiene las posibilidades de que la gente tome, por fin, la decisión de vivir sin disimulo en una jungla sin contención, o de ponerle orden al barullo. Y ni hablar de las cabezas del rompecabezas: resulta imposible afirmar que tengan nociones de lo que es un Estado moderno, o de las reglas de la economía, o de los derechos de los ciudadanos, para no ahondar en pormenores realmente terroríficos sobre la orfandad de ideas que los caracteriza y que nos ha metido en un trabajoso laberinto.

Guaidó y su equipo son el centro de la atención mundial, pero también de su favor, mientras ejercen control itinerante del país cuando se mueven en sus espacios. Apenas es cuestión de que el presidente encargado viaje a una región determinada de Venezuela, para que los hombres del lugar se conviertan en la promesa de un gobierno inminente, en las figuras de una nueva administración cada vez más cercana en la cual ponen sus ojos las mayorías de la sociedad.

Sin los dineros públicos, sin grandes aparatos de seguridad, con aeropuertos sorpresivamente clausurados y carreteras llenas de obstáculos, con las limitaciones de quien no tiene el don de la ubicuidad, Guaidó levanta parcelas regionales de gobierno frente a las cuales las del usurpador son una irrisión. Por consiguiente, ir de las partes al todo para dominarlo a cabalidad no es una fantasía, sino el producto de una realidad cada vez más aplastante.

Conflicto político y negociación por Román Duque Corredor – El Nacional – 13 de Julio 2019

Román Duque Corredor
El conflicto entre gobierno y oposición en Venezuela excede del concepto tradicional de conflicto político entre partidos, porque más que una lucha o disputa por el poder, se trata de la confrontación entre dos modelos ideológicos contradictorios del sistema de gobierno. Es decir, un enfrentamiento entre el sistema autoritario socialista-militarista y el sistema democrático social del Estado de Derecho. En efecto, el factor principal de la confrontación política en Venezuela es la imposición desde el poder de la ideología de un socialismo totalitario con apoyo militar. En otras palabras, entre dictadura socialista militarista o democracia.

Si bien se trata de un asunto interno, sin embargo, una de sus causas es externa, por la influencia de gobiernos cuyos modelos ideológicos de poder son el del socialismo totalitario antidemocrático, por lo que en la práctica implica vulneraciones del orden constitucional vigente y de los valores morales del orden social. Dado su naturaleza ideológica, el contrario no es aceptado y por eso es discriminado o excluido, y el gobierno actúa como una clase dominante para imponer su poder con medidas arbitrarias y contrarias a los derechos humanos, para implantar su sistema ideológico del poder. Imposición que se manifiesta en las restricciones a derechos civiles y políticos como la libertad de pensamiento, de expresión, de información, de manifestación y de libre elección. Por ello, el conflicto ha llegado a manifestarse en forma de enfrentamientos violentos y hasta de grupos armados paramilitares. Por otro lado, el conflicto político venezolano ha trascendido de las personas e impactado la estructura social, por razones de una política económica que ha conducido a la escasez de alimentos y medicinas, que ha incrementado los índices de mortalidad y de desnutrición y ha ocasionado la mayor hiperinflación del mundo, por lo que además configura una grave situación social calificada por la ONU de crisis humanitaria compleja. Estas características dificultan la solución, que se califica de crisis humanitaria, por los perjuicios causados a la población respecto de su alimentación y salud: lo que dificulta salidas constructivas.

Una característica del conflicto político venezolano es la utilización de la Fuerza Armada y del Poder Judicial como instrumentos de dominio y de persecución. Y un aspecto definitorio es la de distorsión del proceso constituyente para implantar un sistema ideológico, ante la pérdida electoral del poder legislativo frente a la oposición democrática. Lo que podría llamarse crimen de lesa democracia, como lo es destruir el sistema de partidos y del sufragio libre, universal y directo, y la desmotivación electoral.

Desde otro orden de ideas, la persecución en gran escala, bajo un contexto sistemático organizado y programado de discriminación y de exclusión de los sectores de la población que no simpatizan con el gobierno, así como las desapariciones, las torturas, las detenciones arbitrarias, los presos políticos, el juzgamiento de civiles por tribunales militares y las violaciones de derechos fundamentales en magnitudes crecientes, como parte de ese plan sistemático, permiten calificar el conflicto político en Venezuela, a la luz del derecho penal internacional, de crimen de lesa humanidad de persecución. Por eso, el proceso de negociación para la búsqueda de soluciones a estos crímenes es difícil, largo y de una gran exigencia de fortaleza moral y de formación política por parte de los negociadores, así como de una metodología de negociación clara, transparente y que garantice la participación de la sociedad civil en dicho proceso. Además de una probada experticia en procesos de conciliación y la presencia de observadores internacionales que velen por la irrenunciabilidad e inalienabilidad de los derechos fundamentales y de los elementos esenciales del sistema político democrático, porque de lo que se trata es del derecho del pueblo venezolano de vivir en democracia en libertad, justicia y con dignidad.

Finalmente, la naturaleza dramática del momento obliga a la oposición no solo a mantener su unidad, sino que, en la búsqueda de un gobierno de transición para el cambio político, los intereses particulares no deben privar sobre los principios, y sobre todo que en la escogencia del futuro gobernante se busque consensuadamente no un simple candidato, sino fundamentalmente un verdadero estadista.

El futuro también escasea por Ignacio Ávalos – El Nacional – 12 de julio 2019

Ignacio Ávalos

Desde el púlpito mediático, varias veces a la semana y durante casi dos horas que parecen eternas, Nicolás Maduro nos predica que el país va bien por donde va y que las cosas que andan mal no son responsabilidad del gobierno, sino de sus enemigos.

I.

Nos dibuja, así pues, una realidad distinta a la realidad, a la que cada uno vive en su propia piel y a la que se denuncia desde otras fuentes, a veces incluido el chisme, que nos dejan una fotografía mucho más parecida a la sombría sociedad en la que nos hemos convertido. Adicionalmente, Maduro asoma diversos planes queriéndonos dejar la impresión de que el gobierno gobierna, que pronto el país producirá insulina, transformará radicalmente las escuelas, imprimirá nuevos billetes, otorgará créditos para la producción agrícola y vaya usted a saber cuántas cosas más, parte de un popurrí semanal de medidas a las que resulta difícil encontrarle algún sentido práctico y que, de una u otra manera, nos recuerdan siempre que el tan criticado modelo rentista que rige la vida económica nacional no se ha movido un centímetro. En fin, seguramente no ha habido otra época en la que nos hayamos encontrado tan rodeados de espejismos.

II.

La principal función del actual gobierno es mostrarse simulando hazañas que deberán ser guardadas por la historia. Pero la verdad es que nuestro país se hecho cada vez más incómodo, menos grato, es hoy en día un país del que mucha gente se ha ido y del que más gente aún se quiere ir. El mensaje chavista, que se recibió con tanta esperanza hace dos décadas, se ha ido envileciendo y ha terminado convirtiéndose en una estrategia de poder, infectada por la corrupción y apoyada en un menú variado de mecanismos de control. En semejante contexto, el discurso que transmitía tal mensaje se volvió mentiroso, útil exclusivamente para guardar las apariencias revolucionarias e intentar cubrir, por pudor, ciertas vergüenzas políticas (el Arco Minero, por poner un solo ejemplo y no hablar de los derechos humanos, cuya situación documentó hace poco Bachelet).

III.

El nuestro es un país detenido. En Maduro todavía prevalece, como legado de Chávez, una interpretación del país inspirada en el pasado, un pasado que además se ha reescrito a conveniencia (al punto de que hasta se le cambió el rostro a Simón Bolívar, de nuevo apenas una muestra), y por supuesto no tiene nada que ver con las circunstancias que hoy en día rodean las posibilidades del desarrollo nacional. Así, el futuro pareciera haberse borrado para nosotros. El país ha entrado reculando al  siglo XXI porque los códigos de acuerdo con los que transcurre le resultan casi ajenos.

IV.      

Desde siempre la tarea de la política ha tenido que ver con concebir mundos posibles y tratar de detallarlos para que se construyan de una manera socialmente compartida. En las actuales circunstancias del país para realizarla es indispensable negociar un paquete de acuerdos que asuman, por encima de todo, la profunda crisis nacional (cosa que pareciera obvio decir pero que no lo es, hay mucha agenda particular de por medio) y empiecen a despejar el horizonte. Resulta importante incluir dentro del mencionado unas elecciones (condición necesaria, pero no suficiente, claro) que sean confiables (libres, transparentes y equitativas, esto es, no como las del 20 del pasado mayo), parte integrante de una ruta que conduzca a sacar al país del atolladero en que se encuentra, trazándole otras coordenadas para que recupere el futuro.

 

Estudio nacional Venezuela – Instituto Delphos – Mayo 2019

El hombre detrás de los partidos en Venezuela por Orlando Avendaño – Panampost – 27 de Mayo 2019

Un individuo, sumamente turbio, el vínculo entre dos grandes partidos opositores, bolichicos, jefes de medios y empresarios

Ilustración de la revista Exceso en edición sobre Enrique Alvarado (Exceso).

Un desliz lo expuso. Escribo desliz porque las nota en Al Navío Konzapata no duraron mucho publicadas. Era la pieza que faltaba en esta historia escandinava. Él mismo, Enrique Alvarado, acudió al medio para relatar lo que, pensaba, lo coronaba como un actor político relevante en esta trama.

«Los encuentros de este martes y miércoles en Oslo entre delegados de Nicolás Maduro y la oposición venezolana podrían ser consecuencia de un primer contacto entre la oposición y el Gobierno en Noruega. Este se produjo a finales de 2018 y en él participó la primera ministra, Erna Solberg», se leía, hasta hace unas horas, en Al Navío.

«No es nuevo. No es la primera vez que hay encuentros entre el Gobierno noruego y la oposición venezolana. El primer antecedente se produjo en noviembre de 2018: Enrique Alvarado, hoy embajador de Juan Guaidó en Hungría, y Leopoldo López Gil, padre del opositor venezolano Leopoldo López, viajaron a Noruega en ese momento», continúa la periodista María Rodríguez en el medio.

La presencia de Leopoldo López Gil, padre del reconocidísimo líder opositor, pudiera explicar por qué la tozudez del jefe de Voluntad Popular en sumergirse en una nueva ronda de diálogos —pese a la hipersensibilidad de los venezolanos ante la palabra, los ensayos, basados, claro, en todas las experiencias anteriores—.

Pero aquí el nombre a subrayar es el de Enrique Alvarado. Hablando un poco de él, quizá se sepa, se aclare un poco, el comportamiento de gran parte de la dirigencia opositora venezolana —y la adulteración latosa de esa mantra de tres pasos que enarboló Guaidó como única bandera: el cese de la usurpación, Gobierno de transición y las elecciones, obstinadas, por cierto, por encabezar la fórmula (que si tiene un producto diferente si se altera el orden de los factores)—.

Dice quien lo conoce muy bien, compañero en Copei durante esos tiempos de Caldera, que Alvarado es un bocón, diestro instructor del arribismo y el casquillo. Quizá por ello salió corriendo a Al Navío, a narrar con orgullo su papel protagónico en una intriga que ha menguado la confianza de las gentes en su representación política.

Su trayectoria es censurable. Se le vincula, principalmente, con un gran escándalo de los noventas: el caso Samana.

A propósito, en una edición de noviembre de 1998 de la famosa revista Exceso, se lee:

«La empresa Oto Melara había sido contratada por el Gobierno venezolano para la repotenciación de sus fragatas. Al acceder el nuevo Gobierno, un fax —expedido en Miraflores circula la especia—, pero con el membrete aparentemente correcto, es enviado al Ministerio de Hacienda solicitando sea cancelado el giro faltante: una bicoca de 9,5 millones de dólares. Siguiendo los trámites regulares de contraloría, se expide el cheque y se deposita el pago en el banco que sugiere el supuesto representante de Melara. Cuando, meses más tarde, el emporio italiano vuelve a cobrar la misma deuda, se arma el escándalo. La cuenta donde supuestamente se hizo el escurridizo depósito habría sido de Adrián Kupferschmied. Acto seguido, el Congreso comenzaría las indagaciones para determinar si la Oto Malera —a todas estas quebrada— cobraba a las volandas, antes de ser intervenida, para no compartir la bioca o si alguien se metía en el medio para recibir el botín. El nombre de Enrique Alvarado aparece por primera vez metido en un embrollo cuando corre el rumor de que un cheque habría visto luz un día sábado de transacciones cerradas gracias a sus efectivas diligencias. Luego, cuando el diputado David Paravisini —en la comisión que investigó el caso— aseguró que ‘como alto funcionario de Miraflores, tenía que estar al tanto del movimiento’, aunque jamás lo interpeló. Y por último, cuando se le asocia a Kupferschmied por el mero hecho de ser su vecino».

Alvarado lo niega rotundamente. La indignación lo domina cuando ante él se refiere el caso; pero, en ese momento, y a sus espaldas, muchos socialcristianos, sin éxito, se acercaron al presidente Rafael Caldera para aconsejarle la expulsión del burócrata. Y burócrata, eso, he allí el mayor logro de Enrique Alvarado.

Pero ahora reaparece. Nuevamente en un cargo. De la nada, de ese ostracismo al que la misma dinámica venezolana lo había sometido, vuelve para representar al Gobierno de Guaidó en Hungría. «Y él ni siquiera debe hablar inglés —o haber estado en Hungría alguna vez en su vida—», dice alguien que lo conoce muy bien, sobre todo de aquellos episodios de los noventa.

Leopoldo López Gil y Enrique Alvarado junto a la primera ministra de Noruega.

Sonríe a todos, amigo de todos

A mitad de 2018, en un país americano, se organizó un encuentro entre destacadas personalidades de la región. Allí estaba Leopoldo López Gil, el padre del líder venezolano Leopoldo López. Junto a él un hombre sesentón, relleno y canoso, con lentes redondos. Era Enrique Alvarado.

Varios de los asistentes se sorprendieron. Pero el asombro no fue grato. Algunos incluso le esquivaron el saludo. Pero ahí estaba, de nuevo, en su afán protagónico, el antiguo secretario privado de Rafael Caldera.

Alvarado sigue junto a López Gil. Muestra de ello fue el viaje que ambos hicieron a Noruega en noviembre de 2018. Como el mismo Alvarado contó al portal Al Navío: «Leopoldo López Gil le planteó al Gobierno noruego que nos ayudaran a buscarle una solución al tema venezolano. Ellos quedaron en informarse de la situación venezolana y de involucrarse más en la resolución de conflictos».

La relación entre el padre de Leopoldo López y Enrique Alvarado pudiera tener varios orígenes. Algunos aluden a la cercanía de López Gil al Partido Popular de España y surge un nombre: el político cartaginés Eduardo Zaplana —luego de su exilio voluntario, Alvarado se refugió en Europa—. También, por otro lado, otros señalan sin misericordia como núcleo que los agrupa a todos: los bolichicos.

Enrique Alvarado junto a Leopoldo López Gil.

«Enrique le sonríe a todos, es amigo de todos. No discrimina», me dice quien lo conoció muy bien, otro compañero de trabajo de aquellos tiempos de Caldera. Y el diente se lo ha mostrado a empresarios enriquecidos bajo el chavismo, a dueños de medios de comunicación y a líderes de partidos políticos. Junto a ellos posa alegre.

Banqueros venezolanos, con mucho poder, son íntimos de Alvarado. Incluso el ex viceministro chavista Nervis Villalobos, detenido recientemente en España por corrupción y desfalco de Venezuela, se le asocia a Alvarado. También, y de forma particular, con el director del diario El Nacional, Miguel Henrique Otero.

Con respecto a Otero, la relación es más estrecha. El mismo Enrique Alvarado, como ya se entiende, bastante bocazas, charlatán, dijo al periodista Juan Carlos Zapata que él, en 40 años, había logrado conocer 90 jefes de Estado, 6 reyes y 3 papas. Los últimos que engrosan su considerable lista entraron porque viajó junto a dos hombres poderosos: Leopoldo López Gil y Miguel Henrique Otero.

«En estos dos últimos años, junto a Miguel Henrique Otero, editor de El Nacional, y Leopoldo López Gil, el padre de Leopoldo López, ha visitado 33 países», se lee en el medio Konzapata.

Enrique Alvarado junto al expresidente brasileño, Cardoso, y Miguel Henrique Otero.

Nervis Villalobo, el ex viceministro chavista que de un día a otro fue multimillonario, no habría sido muy generoso con Enrique Alvarado. Supuestamente, según reseñaron medios en mayo de 2018, Villalobo delató a Alvarado por una trama de sobornos. Esto último no pudo ser confirmado. Sin embargo, lo que sí es verídico, es la relación entre Nervis Villalobo y un miembro de la junta directiva de El Nacional.

En octubre de 2015 el diario estadounidense The Wall Street Journal reveló una investigación del Departamento de Justicia contra una gigantesca trama de corrupción que compromete a un directivo de El Nacional, a Nervis Villalobos y al exministro y exembajador chavista, Rafael Ramírez.

Juan Andrés Wallis, un abogado caraqueño, miembro de la junta directiva de El Nacional, controlaba una compañía llamada Atlantic. Según se lee en una nota que recoge la información del Wall Street Journal, publicada en el medio Infodio (dirigido por el prestigioso periodista de investigación Alek Boyd), «en enero del 2012 Atlantic contrató a Nervis Villalobos como ‘asesor financiero’».

«Villalobos es el tipo de persona a quien acuden para que Derwick Associates obtenga miles de millones de dólares en contratos sin licitación. Villalobos es contratado por Atlantic durante dos años, con una comisión del 4% en todas las ofertas que pueda generar», se lee en el medio dirigido por el periodista Boyd.

Derwick Associates, cabe subrayar, es la desacreditada compañía propiedad de Alejandro Betancourt López, Pedro Trebbau López y Francisco D’Agostino —este último, hermano de la esposa del dirigente venezolano y líder del partido Acción Democrática, Henry Ramos Allup—. Todos prosperaron gracias a provechosos contratos con el Estado chavista de Nicolás Maduro.

La trama es compleja y seguirle el rastro, aún más. Son muchos nombres, unos de ellos implicados en el mayor desfalco que ha sufrido una nación. Y, por alguna razón, que no trataremos de adivinar para parecer ingenuos, el nombre de Enrique Alvarado siempre surge. Al final, él sonríe a todos.

«Enrique Alvarado es quien contacta a los boliburgueses y los relaciona con otros», me asegura el mismo que compartió almuerzo con él en los noventa.

Corresponde utilizar el vulgar proverbio, dime con quién andas y te diré quién eres. No busco desvirtuar la nota con pequeñeces, pero no hay otra expresión que quepa. Si algo caracteriza a Enrique Alvarado, si algo lo ha caracterizado toda su vida, son sus relaciones.

Amigo íntimo del periodista Rafael Poleo, y de él tendrá mucho que contar su hija, Patricia Poleo, quien lo recuerda como un oportunista. «Es un individuo nocivo, dañino, insidioso», dice la reconocida periodista venezolana.

Cercano a Voluntad Popular pero, también, y quizá con mayor intensidad, a Henry Ramos Allup, cuñado del boliburgués Francisco D’Agostino.

Hace menos de un año Enrique Alvarado no solo posaba junto a Leopoldo López Gil sino, también, junto al secretario general de Acción Democrática, Ramos Allup. Lo acompañó en sus eventos en el estado Falcón y lo ha acompañado en otras oportunidades.

«Él y su esposa, María Carolina, son muy, muy buenos amigos de Ramos Allup y su mujer desde hace veinte años», me dice el antiguo compañero socialcristiano. Lo conoce bien, conoce la amistad y me comparte fotos.

Enrique Alvarado junto al secretario de Acción Democrática, Henry Ramos Allup.

Todas las referencias sobre Enrique Alvarado son malas, terribles. Una indagación a vuelo rasante, superficial, ofrece los mismos resultados: «Es un bandido», «extorsionador», «un hombre sumamente peligroso».

La gente teme hablar, y, sobre todo, enfrentarse a quienes rodean a Alvarado. Quienes lo han hecho, anteriormente, han tenido que confrontar una inclemente campaña de desprestigio en las redes sociales. El personaje es turbio, subrayan todo. Una mujer, que lo conoció muy bien, me recalca: «¿Turbio? Turbio se queda pendejo».

Es frustrante no poder mencionar a nadie, pero Alvarado está vinculado a líderes de la oposición, por un lado, y a los grandes individuos que han saqueado el país. Estos últimos, sostienen todos, atacan. Muerden duro.

El embajador

De una trayectoria turbia, de años sometido al ostracismo y a la opulencia europea, Enrique Alvarado reapareció en aquella reunión en el país de América. Como mandadero, segundón, de Leopoldo López Gil.

Meses después regresaba como invicto campeador a la dinámica de los cargos públicos. Como si nunca nada hubiera ocurrido, como si no estuviera asociado a la boliburguesía europea, a una masiva trama de corrupción, como si amigos de Caldera no hubieran pedido su remoción por su manejo bravucón y gangsteril de la política y su periferia. Como si Enrique Alvarado no fuera Enrique Alvarado, es designado embajador del presidente Juan Guaidó ante el Gobierno de Hungría.

«Su designación casi provoca la renuncia de otro embajador. Ha traído disgusto entre varios, ya designados, que lo conocen y han sufrido sus desmanes», dijo al PanAm Post, bajo condición de anonimato, un destacado economista venezolano.

Y así va el hombre detrás de los partidos. Ese que también juega con dinero y ahora promueve diálogos. Quizá esta nota lo sobreestima, pero, aunque sea, es el hombre de los contactos. De las relaciones. La pieza que faltaba, la que finalmente pudo dar sentido, a una trama nórdica y caribeña que a tantos ha molestado —y ha tenido confundidos—.

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