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Wuilly Arteaga: No estoy libre porque mi país no está libre – La Patilla – 16 de Agosto 2017

DHUjR4QXkAAkm88.jpgEl violinista-libertario de Venezuela, Wuilly Arteaga sorprendió anoche a familiares, amigos e incluso a sus propios abogados al ser puesto en libertad casi a medianoche del día de ayer, de una manera oblicua a los procedimientos legales ordinarios establecidos para la liberación de los detenidos en causas penales.

Cuando se le preguntó cuáles eran sus planes ahora que estaba en libertad, Wuilly comentó que era cierto que estaba de nuevo en la calle, pero no que no estaba libre. “No estoy libre porque mi país no está libre. Salgo a retomar la lucha por la libertad, en la única forma que sé hacerlo, a través de mi música, pero ahora tengo un nuevo compromiso de vida, un compromiso de lucha adicional por la libertad de los presos políticos. Ninguno de los presos políticos merece estar detenido y bajo ninguna condición, incluyendo los arrestos domiciliarios. Le hice una promesa a los muchachos que con todo el dolor de mi alma dejaba atrás y es que no descansaría hasta lograr que los liberaran a todos. Le pido a Dios me ayude en esa nueva cruzada que me he comprometido realizar. Si debo ir incluso a hablar con el mismo Presidente Maduro para pedir el cese de las detenciones ilegales a los disidentes políticos, lo haré, pero ya no debe haber más detenciones de venezolanos por sus ideologías políticas. Los venezolanos tenemos que seguir luchando mancomunadamente para obtener la libertad del país, la libertad de los presos políticos y que más nunca haya presos políticos en Venezuela”.

Casi a las 10 de la noche, los oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana del Destacamento 433 de El Paraíso donde estaba recluido, le dijeron que recogiera sus cosas que lo iban a sacar de ahí. Por momentos Wuilly creyó que lo iban era a trasladar a otro destacamento militar, pero uno de los guardias le dijo que quedaba en libertad, a lo que él respondió que no, que lo dejaran ahí, que no él se quería ir de ahí, ya que no tenía sentido que él saliera en libertad por el solo hecho que él era Wuilly, sabiendo que los demás muchachos se quedarían detenidos y por eso volvió a meter sus cosas de nuevo en su celda, situación que originó que lo sacaran a la fuerza.

Aún sin entender lo que pasaba, lo montaron en un vehículo y lo trasladaron y dejaron literalmente tirado en la Plaza Altamira. Mientras estaba en el carro, Wuilly iba todo desorientado, sin saber qué estaba pasando en Venezuela, sin saber qué había pasado con la Constituyente o qué había pasado con las marchas que no se veía ni rastros de éstas y sobre todo pensaba en qué habían hecho los dirigentes políticos con el esfuerzo que habían hecho los millones de venezolanos que permanecieron por meses en resistencia, que hasta la vida de más de cientos de ellos había costado, al menos hasta el día que él había sido arrestado.

Al preguntársele sobre su estado de salud, respondió lo que primero haría es ir al médico pues aún tenía problemas para oír en uno de sus oídos que fue brutalmente golpeado el día de su arresto, por el cual comentó que nunca recibió atención médica, sólo un chequeo médico-legal que le hizo la Fiscalía General cuando ya estaba detenido en el Destacamento 433 de la GNB de El Paraíso, pero tratamiento o medicinas, nunca. La golpiza que recibió el día del arresto, no sólo él, sino todas las personas que habían sido arrestadas ese día, que fue tan brutal que llegó un momento que ya los golpes ni le dolían y lo que sentía era una profunda lástima y tristeza por esos oficiales que habían perdido el honor de su divisa, por intereses inconfesables y por ello en su corazón los iba perdonando a cada uno.

Entre tantas cosas que comentó y que serán publicadas en este medio con carácter de exclusividad en varias entregas, Wuilly expresó que hace cuatro (4) días lo fueron a buscar varios efectivos oficiales de la Casa Militar que tenían instrucciones de llevarlo al Palacio de Miraflores. Le cortaron el cabello para que no se le viera el cabello quemado con un yesquero, en uno de los actos de barbarie cometido por uno de los guardias nacionales el mismo día de su arresto, así como le cambiaron de ropa y pusieron ropa limpia. Cuando Arteaga se entera que el propósito era que lo iban a llevar a hablar con el mismísimo Presidente Nicolás Maduro, el violinista le respondió a los oficiales que si a él lo llevaban a hablar con Maduro que él iba no a pedir por su libertad, sino a pedir por la libertad de todos los presos políticos que ahí lo acompañaban en ese Destacamento, ya que él era un preso político igual que los demás y que no esperaba privilegios por encima de los demás. Wuilly no sabe si fue su comentario o algún otro motivo, pero lo cierto fue que los oficiales de la Casa Militar que esperaron por varias horas la llamada del Palacio Presidencial jamás obtuvieron la confirmación, por lo que el traslado no se concretó.

Al sentirse en libertad, Wuilly le dio primero gracias a Dios, a sus padres y hermanos, a su incondicional Hazel, por su apoyo moral y presencia en los medios, que hasta los mismos guardias le decían que la veían en todos lados pidiendo por su liberación. Recordó incluso haber visto a Hazel en la distancia el día que lo habían trasladado al Palacio de Justicia el 30 de Julio. Al Profesor Robert Carmona-Borjas de la Fundación Arcadia, de quien sabía estaba moviendo cielo y tierra en el exterior para lograr la presión internacional que como le dijo uno de los guardias en el vehículo que lo trasladaba a Altamira, fue la que obligó al gobierno a liberarlo. Al Foro Penal y a su Director Ejecutivo, Alfredo Romero y, sobre todo, a todos y cada uno de los venezolanos que le expresaban su apoyo a través de las redes y comenta que logró saberlo, pues para sobrevivir en el cautiverio, tuvo que ganarse la empatía de varios guardias nacionales y uno de ellos en dos oportunidades le prestó su celular y a través del cual logró enviar dos mensajes en sus cuentas de Instagram y Twitter. Ahí fue cuando vio los miles de mensajes de apoyo y las miles de bendiciones que le habían dejado. De corazón gracias y que Dios me los bendiga a todos por sus oraciones y apoyo.

También quiso agradecer especialmente a Ricardo Montaner, Alejandro Sanz, Gabriela Montero, Carlos Baute, Oscarcito y Jorge Ramos de quien dijo se había ganado la exclusiva de cualquiera de sus entrevistas por el video tan emotivo que había a favor de su libertad. A Caterina Valentino a quien más de un guardia me pedía a cada rato que se las presentara. A los Expresidentes Tuto Quiroga, Vicente Fox, Laura Chinchilla y Álvaro Uribe. Al Secretario General de la OEA, el Señor Almagro, a José Miguel Vivanco de Human Rights Watch. A la Congresista Ileana Ros-Lehtinen, al Congresista Jamie Raskin y Carlos Curbelo. A todos esos maravillosos caricaturistas por tan bellas viñetas que le crearon. A todos los artistas y a todos los demás venezolanos y extranjeros que alzaron su voz para pedir por su liberación y para enviarle bendiciones, a todos ellos, su más profundo agradecimiento. Eran tantos nombres que en los 2 o 3 minutos que le prestaban el celular el guardia, esos eran los que más se repetían. Ahora tendrá más calma de verlos todos.

 

Entre Barricadas y Consulta Popular por Nelson Freitez – TalCual – 11 de Agosto 2017

“Es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación”. Entre Barricada-Resistencia y Consulta Popular-Unidad Democrática, hay un continuum posible para doblegar a una espuria dictadura que cada día más carece de legitimidad y no alcanza a lograr gobernabilidad
Aunque han pasado ya días de esa gesta popular que fue la Consulta Popular del 16J, organizado por las fuerzas democráticas del país para auscultar la opinión de la inmensa mayoría nacional sobre la fraudulenta convocatoria constituyente de la dictadura y los caminos para salir de ésta, escribo sobre sus significaciones y vinculaciones con otros procesos sociales y políticos en marcha. En especial, la relación entre esa Consulta y el fenómeno social de las ´Barricadas´, tan desconocido, vilipendiado por la dictadura y retador para comprender en parte el país que somos y podemos ser.

Sobre las ´Barricadas´ llegué a la conclusión, a esta altura del ´Huracán´ político-ciudadano en marcha (como lo llamó L. Padrón), que aunque surgidas en urbanizaciones de clase media como iniciativa puntual de grupos de jóvenes y organizaciones ´radicales´, hoy son asumidas como iniciativa comunitaria con cierta permanencia para la autodefensa ante los feroces y brutales ataques de la GNB y de grupos paramilitares. La GNB fue ejecutando desde temprano en el mes de abril violentos operativos de ataque a urbanismos, con todo su arsenal y repertorio de brutalidad masiva afectando a todas las familias y a seres de todas las edades y condiciones. Lo cual más que generar el efecto paralizante y generador de miedo colectivo, deseado por los ´estrategas´ del terror, terminó por activar a amplios grupos de los urbanismos para la defensa y ´contraataque´.En la medida que transcurrían los días de la protesta, la represión se acentuó y siguió cabalgando la escasez y la ingobernabilidad, la desobediencia civil y las manifestaciones fueron expandiéndose y llegaron con fuerza a los barrios populares, en los cuales aunque en su mayoría no se han instalado ´Barricadas´ permanentes, si se ha optado por cerrar calles y avenidas con frecuencia. Además en diferentes casos se ha combinado la protesta por servicios (agua, gas…) con la manifestación política contra la Dictadura y contra la represión (en el Barrio El Garabatal en Barquisimeto a fines de junio una protesta por carencia de servicio de gas reprimida fuertemente derivó en poblada contra la GNB, destrucción de un Módulo de ese cuerpo y participación de bandas del barrio con sus armas contra esos efectivos.

Con la propuesta de Consulta Popular del 16J y a pesar de los altos y bajos de las diferencias y tensiones entre los grupos de ´La Resistencia´ y la Mesa de Unidad Democrática, se produjo una especie de síntesis y convergencia entre los métodos de acción y las estrategias de ambos segmentos de nuestro universo opositor. Por un lado, los de ´La Resistencia´ con sus iniciativas de autodefensa y confrontación, incrementando sus instrumentos defensivos en medida en que ha aumentado y se ha diversificado el potencial ofensivo y letal de una GNB y unos paramilitares que salen dispuestos a agredir a toda la comunidad e incluso a segar vidas con armas de fuego. Y por otro lado, las iniciativas políticas de la MUD orientadas a movilizar a miles o millones de personas con acciones no violentas y en el marco de la CRBV vigente, generando un proceso de Consulta que logró la manifestación de más de 7.6 millones de venezolanos.

El día de la Consulta aprecié a jóvenes de ´La Resistencia´ resguardando, desde azoteas de edificios reiteradamente agredidos por la represión dictatorial, a miles de ciudadanos que también respondían con su manifestación de voluntad tanto a la represión sufrida como a la profunda aspiración de cambio democrático que anida en el alma de la mayoría de nuestro país. Ese día me quedó perfectamente claro que es viable y necesaria la convergencia y combinación de métodos de lucha democrática y de la resistencia. Eso como se dice en la eucaristía de los católicos “Es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación”. Entre Barricada-Resistencia y Consulta Popular-Unidad Democrática, hay un continuum posible para doblegar a una espuria dictadura que cada día más carece de legitimidad y no alcanza a lograr gobernabilidad.

 

Escribir la historia por Alberto Barrera Tyszka – ProDaVinci – 23 de julio 2017

 

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“Cuando desperté nada podía hacer: seis revólveres me apuntaban a la cara. Abrí un ojo. Un vistazo soñoliento, brumoso, parcial. Podía ser una pesadilla. Fracciones de segundo para saber que estaba preso. Debía hacer algo. Seis revólveres.”

No es el testimonio de un estudiante detenido injustamente en algún prisión del interior del país. Pero podría serlo. Tampoco es un fragmento de una carta de un preso político, llevado sin trámite legal y de madrugada desde su casa hasta El Helicoide. Las comillas con las que comienzo este domingo no fueron escritas en este tiempo y, sin embargo, dolorosamente, de pronto vuelven a formar parte de nuestro presente. Esas tres líneas con un hombre inocente frente a seis revólveres están en la primera página de una novela escrita por José Vicente Abreu en 1964. “Se llamaba SN” es su título. Es un libro terrible y desolador, una denuncia sobre la brutal represión durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. SN era nombre del terror, las siglas designaban a la Seguridad Nacional.

Hoy en día no hay un solo cuerpo de destrucción, un solo nombre. Hoy está el SEBIN pero también está la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana, la milicia, los grupos paramilitares…Actúan sin temor, sin remordimiento, como si la violencia contra civiles que protestan fuera algo natural, como si la represión, la tortura y el asesinato formaran parte de una nueva normalidad.

Quienes invocaron el Caracazo para rebelarse en contra de los poderes establecidos, han terminado reproduciendo miles de Caracazos cada día. Han profesionalizado la ejecución institucional en contra de la población. Han hecho de la masacre no un evento esporádico sino un procedimiento legal; una rutina uniformada, con permiso para liquidar ciudadanos. El chavismo, en vez de combatir la represión, la ha sacralizado. La violencia militar en contra del pueblo es ahora un acto heroico. Atacar entre 7 u 8 a un estudiante, golpearlo con todo y donde sea, dispararle…merece un bono, una condecoración. Hay que entender que la represión que hemos visto y padecido durante todos estos largos días no es un acontecimiento aislado, no es una reacción repentina frente a la multitud indignada. Es un sistema. El mismo sistema que se aplica en las OLP o en la nómina de las empresas públicas. El mismo procedimiento que aprobó el CNE y que define las bases comiciales para la elección de la Constituyente. El Estado como arma de exclusión y aniquilamiento.

Pero hoy el discurso legitimador es mucho más potente, más delirante. Ahora el poder desarrolla y trata de imponer, con mucha más fuerza, su propia justificación. Las dictaduras militares que azotaron a Suramérica en el siglo XX trataron de excusar su violencia denunciando la amenaza comunista. El gobierno de Maduro invoca ahora la amenaza derechista. Pero actúa de la misma manera. El SEBIN y la Fuerza Armada funcionan con los mismos patrones de comportamiento que el crimen organizado. No tienen ningún control. Secuestran ciudadanos. Los desaparecen dentro de los túneles de las fortalezas oficiales. Se mueven al margen de la ley. Y acumulan muertos. Imponen una justicia propia, sin respetar a los tribunales civiles. Y llenan las cárceles de presos políticos…Y siguen repitiendo que todo lo hacen por la paz, por el futuro, por el progreso, por el amor al pueblo y a la patria. También así hablaba Pinochet. Eso mismo también dijo Videla.

El discurso oficial es otra versión de las mismas prácticas represivas del Estado. Es una bomba lacrimógena o una ráfaga de perdigones sobre el orgullo, sobre el derecho a protestar, sobre el ánimo, sobre el sentido común. Te disparan pero, además, te llaman asesino. Te golpean pero, encima, te acusan de golpista. Todo tiene que ver con la misma estructura. El discurso también forma parte del mismo sistema de producción de muerte. Existe para confundir, para desesperar, para generar sensación de impotencia, rabia, locura. Cada palabra y cada pausa, cada cita y cada omisión, tienen un espacio y una función en la maquinaria. No es azaroso el silencio selectivo que practica con demasiada frecuencia el Defensor del Pueblo, por ejemplo. Es otra versión de la violencia. Una forma de tratar de darle un nuevo orden al caos.

Cuando Nicolás Maduro dice que la Constituyente traerá la paz y el reencuentro de todos los venezolanos, lo único que hace es bailar nuevamente sobre los muertos. Cuando asegura que la Constituyente es un milagro, que relanzará la economía, que nos dará una nueva identidad, no está en el fondo diciendo nada. Solo trata de distraer. Habla para evitar decir. Y, mientras tanto, en alguna oscura celda, hoy como ayer, una mano tal vez raya unas líneas sobre un papel y escribe la verdadera historia del país: “Cuando desperté nada podía hacer. Seis revólveres me apuntaban a la cara”.

 

La rebelión de los encapuchados por Maolis Castro – El País – 27 de Julio 2017

Un movimiento autoproclamado La Resistencia crece como una unidad de choque opositora contra las fuerzas policiales durante las protestas
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Decenas de estudiantes de una prestigiosa universidad de Caracas han elegido escudos, máscaras antigás y capuchas para acudir a clase desde hace unos días. No han abierto sus libros. Tampoco han conversado con sus profesores. Solo se han reunido unas horas para organizarse antes de salir a las calles a protestar contra el Gobierno de Nicolás Maduro. “No abandonamos los estudios, solo los alternamos con las manifestaciones. No podemos dejar al país a la deriva y encerrarnos en una burbuja. El Gobierno tiene dos salidas: una es por la vía democrática y otra por la fuerza”, dice C. H., un alumno de Ciencias Políticas.

Muchos estudiantes integran una fracción de La Resistencia, un movimiento nacido con las protestas contra Maduro, desencadenadas en abril tras el intento del Gobierno de despojar de sus facultades al Parlamento, de mayoría opositora, y que han continuado por la convocatoria de una Asamblea Constituyente por parte del Ejecutivo. La Resistencia ha actuado como fuerza de choque ante los ataques de los militares o los policías. Dentro de este grupo también hay profesionales, obreros, exmilitares y desempleados, entre otros ciudadanos.

Calificados como “guerreros” por varios opositores y como “terroristas” por el Gobierno, los insurrectos han crecido sobre las ruinas de la revolución chavista. El movimiento había debutado en las protestas opositoras de 2014, pero ha sido en el reciente conflicto cuando ha adquirido protagonismo. Jorman Ortíz, camarero de un restaurante en Caracas, abandonó sus estudios universitarios para cargar con un escudo en la primera línea de combate. “Cada quien pinta algo en su escudo. Yo puse una bandera de Venezuela en el mío, ya quemada y agujereada por los ataques de la policía”, explica.

Pocos se identifican con dirigentes opositores o alguna corriente política, pero muchos aseguran que su cometido es deponer a Maduro. L. L., un alumno de Ingeniería Civil, dice que combate a los militares para honrar este propósito. “No es una guerra, porque nosotros no tenemos armas letales. Ellos nos disparan balas; nosotros lanzamos piedras. Ellos usan equipos antimotines; nosotros, escudos hechos de zinc o de madera. Nosotros buscamos proteger con nuestros escudos a la población; esquivamos o dispersamos las bombas lacrimógenas que disparan contra la gente”.

Varios oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB, policía militarizada) fueron grabados y fotografiados el 19 de junio cuando dispararon contra manifestantes en Caracas. Uno de ellos asesinó a Fabián Urbina, de 17 años. Durante las protestas han muerto más de un centenar de personas, con un promedio de casi una víctima por día.

Recientemente, el ministerio público, dirigido por la fiscal Luisa Ortega Díaz (antigua aliada del chavismo), citó como imputados al excomandante de la GNB Antonio Benavides Torres, y al director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin, la policía política), Gustavo González, por presuntas violaciones a los derechos humanos durante las manifestaciones. Pero las citaciones fueron invalidadas por el Tribunal Supremo, controlado por el chavismo.

Los ataques a la base aérea militar Francisco de Miranda, conocida como La Carlota (este de Caracas), y asaltos a instituciones del Estado son atribuidos a estos manifestantes. Muchos de los militantes de La Resistencia creen que son objetivos de la policía política. De ahí que varios de ellos tengan como regla no acudir a hospitales o clínicas privadas cuando resultan heridos en una protesta. Alias Azul, de 19 años, ha extraído varios perdigones de plomo de su cuerpo: “El resto lo tengo incrustado. No voy al médico porque después iré a la cárcel y será peor”. “Casi nunca nos identificamos porque somos perseguidos. Por eso duermo en casas de conocidos, en hoteles y en la calle. Cuando hay protestas siempre salgo a combatir”, señala. Su perfil es diferente del de los otros estudiantes entrevistados. Él se rebeló dos días después del comienzo de las manifestaciones. El 3 de abril salió cerca de su casa, vio a sus vecinos gritar por los destrozos de la GNB y quemó una tanqueta. Tras esto no ha regresado a su hogar, pues asegura que es perseguido por la policía.

Exmilitares en las calles

Collar (nombre supuesto) fue un soldado de la GNB, destituido hace dos años por “mala conducta”, confiesa. “Me mandaron a marchar a favor del Gobierno, pero me negué y así me botaron”, dice. Con él está Ruso, que afirma ser otro exmilitar, de ojos claros y de unos 23 años. Los dos aseguran que están dispuestos a “morir con las botas puestas antes de ser arrestados”. A diferencia de la fracción conformada por estudiantes, no descartan que La Resistencia pueda convertirse en un movimiento armado.

En su grupo, de unas 50 personas, muchos están vestidos con harapos, comparten cigarrillos y tienen cicatrices provocadas por disparos de perdigones y canicas. Hay niños que supuestamente no son llevados a la “línea de confrontación”. Según Collar, ellos solo apoyan en “tareas menores” como dar agua a los adultos. “La necesidad es lo que nos llevó hasta este punto. Maduro ha llevado al país a lo más bajo. Hemos perdido tanto, incluso el miedo”.

 

Frenar protestas: disparar al corazón e invadir la casa del opositor por Natalia Matamoros – El Estimulo – 13 de Julio 2017

Para la Policía y Guardia Nacional lanzar bombas y perseguir manifestantes no son suficientes a la hora de detener el clamor del cambio. Van por más. Desde abril hasta hoy han perfeccionado su saña: el blanco son la cabeza y el pecho para que el opositor a Maduro no sobreviva. Accionan armas de fuego, arrojan lacrimógenas para destrozar órganos vitales, arrollan, entre otras inmisericordias. Ellos disparan a matar

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Pese a que Jairo Ortiz vivía en Montañalta, una urbanización del Municipio Carrizal, considerada una zona de guerra y blanco de la represión por las manifestaciones contra el régimen de Maduro, no le llamaba la atención unirse a las convocatorias. Cuando se las topaba, las evadía. Era apático a las actividades políticas, aunque estaba consciente de la crisis del país. Se dedicaba a la poesía, a sus estudios y a tramitar su viaje a Colombia. Planeaba emigrar en mayo para huir de la inseguridad y de la crisis económica y social estancan al país. Su pasaje no lo usó. El viaje se canceló por una razón mayor: lo asesinaron en una de las protestas que tanto rehuyó.

La tarde del jueves 6 de julio, Jairo se citó con su novia en el Centro Comercial La Cascada. Su tío, Julio Grillet, relata que previamente había hecho unas diligencias relacionadas con el viaje. Mientras conversaban de sus proyectos, justo al frente se caldeaba un combate entre manifestantes y las fuerzas de seguridad. Se escuchaban detonaciones acompañadas por los gritos de los vecinos de Montañalta. Hombres y mujeres en la plaza y desde los balcones de los apartamentos vociferaban: “Esbirros asesinos”, “Van a caer”. Otros grupos eran perseguidos por los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y de la Policía Nacional (PNB) que los atacaban con perdigones disparados a quemarropa.

La novia le dijo a Jairo: “Esto se está poniendo feo, vete para tu casa”. El muchacho la acompañó hasta una línea de taxi en Corralito y luego se devolvió a Montañalta. Él vivía en la torre cuatro de ese conjunto residencial. Cruzó la protesta y se topó con un amigo de la infancia. Él lo entusiasmó a quedarse un rato. Le dijo: “Si nos persiguen corremos y listo”. Accedió.

Ambos fueron a buscar unas chaquetas para resguardarse del frío en el apartamento de Jairo y bajaron nuevamente. Esta vez tomaron fotos de las quemas de cauchos y de cómo los funcionarios atacaban a miembros de la resistencia. Algunos los golpeaban y a otros los seguían hasta los apartamentos, mientras les disparaban perdigones. Los asfixiados por los gases tóxicos, eran incontables e ingresaban por lotes a una clínica cercana. El centro de salud parecía un hospital de campaña. Era un caos.

Jairo y su amigo registraban lo que sucedía en las cámaras de sus celulares. No querían perder detalles y eso le molestó a un funcionario de la PNB. El agente en pose desafiante, desenfundó la pistola, se le acercó a Jairo y le disparó a quemarropa en el pecho. Su amigo no lo pudo detener.

El joven se desplomó y junto a él se desvanecieron sus porvenires allende la crueldad. Jairo murió cuando fue llevado a la clínica. Unos funcionarios de la GNB detuvieron el bombardeo de gases y en un gesto de sensatez entregaron al responsable de su muerte. Se trata de Rohenluis Mata Rojas. Él no pertenecía a la Dirección de Orden Público, sino a la brigada de tránsito, cuyos agentes no deberían actuar en protestas de calle, ni usar armas de fuego porque su función se centra en dirigir el paso de vehículos. Rohenluis es uno de los pocos agentes que están siendo investigados por los homicidios ocurridos en las manifestaciones. Hasta la fecha solo 19 funcionarios, entre policías y militares han sido imputados por este delito y otros abusos.

Según la cuenta del Ministerio Público, entre abril y lo que va del mes de julio, las manifestaciones de calle han dejado un saldo de 91 fallecidos En promedio se registra uno por día. De esa cantidad, 68 murieron por tiros, 1 por una rolinera, dos por disparos de metras de un cartucho de perdigón y 5 por arrollamientos, esta última categoría llama la atención por su perversidad. Acaso estrenada como método de ejecución en la Venezuela de Maduro, no se conocía o al menos no atemorizaba como ahora. El resto por otras causas. La mayoría de los caídos por arma de fuego recibieron tiros en la cabeza y pecho. El 60% de los casos involucra a fuerzas de seguridad, mientras que el resto a colectivos y otros a civiles.

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Hay jornadas de protestas que han reportado masacres. Hasta cuatro muertos en menos de 24 horas. Así ocurrió el pasado 30 de junio en Barquisimeto, estado Lara. Allí fue organizado un trancazo. La actividad que se inició de forma pacífica devino violencia y su saldo fue trágico. En medio de la represión recibieron disparos Rubén Morillo, Ramsés Martínez, José Mendoza y Fernando Rojas. Leer más de esta entrada

Amnistía acusa a la policía de Maduro de usar violencia sistemática contra los manifestantes – Amnistia Internacional – El País – 10 de Julio 2017

La ONG sostiene que en algunos casos han abierto fuego o han disparado gases lacrimógenos a quemarropa

Amnistía Internacional responsabiliza al Gobierno venezolano de Nicolás Maduro de incitar a la violencia y de poner en práctica una estrategia premeditada para utilizar la fuerza ilegítima contra los críticos al régimen. La ONG puso nuevamente la alarma este lunes, tras un aumento de muertes durante las manifestaciones que han dejado al menos 91 fallecidos y 1.400 heridos en tan solo tres meses.

“Lo que parecían ser reacciones aisladas por parte de las autoridades venezolanas enfrentando manifestaciones disidentes, en realidad es una estrategia planificada por parte del Gobierno del presidente Maduro de utilizar violencia y fuerza ilegítima contra la población venezolana para neutralizar cualquier crítica”, sostuvo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Desde el 4 de abril, cuando comenzó la ola de protestas sistemáticas en contra de Maduro, Amnistía Internacional afirma que ha podido corroborar que la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana han empleado fuerza no letal de forma indebida, incluyendo disparos de bombas lacrimógenas directamente al cuerpo de manifestantes disidentes. Un ejemplo es el caso de Juan Pernalete, quien murió después de recibir un impacto de un proyectil de gases lacrimógenos directamente al pecho mientras se manifestaba en Caracas en abril pasado. Las fuerzas de seguridad también han utilizado armas de fuego, recalca la ONG. Fabián Urbina murió el 20 de junio después de que un funcionario de la Guardia Nacional le disparara directamente mientras protestaba en Caracas.

“El hecho de que quienes opinan diferente sean las únicas personas a quienes se tilda de terroristas, a quienes se les impide manifestarse y contra quienes se usa la violencia y la fuerza ilegítima es prueba de una estrategia para silenciar el creciente descontento social en Venezuela”, afirma Guevara Rosas.

Asimismo, existen preocupaciones sobre un posible empeoramiento de la situación de cara a las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente convocadas por Maduro para el próximo 30 de julio. La escalada ya es real. La semana pasada, grupos de choque del chavismo irrumpieron en la sede de la Asamblea Nacional (AN), controlada por la oposición, y agredieron a diputados y visitantes. Unas 300 personas permanecieron retenidas en el edificio durante horas, mientras un nutrido grupo de civiles armados del régimen les impedía salir.

Amnistía Internacional tiene evidencia de varios casos de grupos civiles armados que han atacado a la población civil. El informe de la ONG asegura que existen pruebas de que los ataques por parte de estos grupos, denominados “colectivos armados”, se han producido en presencia de las fuerzas de seguridad y que estas no han actuado para proteger a la población.

Según informa la ONG, la violencia no solo atañe a los manifestantes que rechazan el Gobierno de Maduro. También se han documentado ataques contra comunidades y personas que no estaban participando en protestas, incluyendo irrupciones violentas masivas por parte de las fuerzas de seguridad con vehículos blindados y bombas lacrimógenas. Uno de los ejemplos proviene de La Isabelica, Carabobo, donde los habitantes informaron de que en mayo 2017 las fuerzas de seguridad allanaron la comunidad, disparando gas lacrimógeno directamente hacia casas y disparando al azar a transeúntes.

Ante esta situación, la justicia penal internacional —tanto la Corte Penal Internacional, como aquellos países que cuentan con jurisdicción universal— estarán observando de cerca la situación venezolana, amenaza la ONG. Si los altos mandos gubernamentales, militares, y policiales “no eliminan los mecanismos que apuntan a una política estatal de violencia en contra de la población, y no ponen fin a la promoción de la violencia en sus discursos y sus órdenes oficiales, podrán ser llevados ante la justicia penal internacional”, concluye.

 

La “gloriosa” Guardia Nacional cometió atrocidades en Caricuao hasta la madrugada de este #29Jun – La Patilla – 29 de Junio 2017

La Guardia Nacional Bolivariana cometió atrocidades hasta la madrugada en Caricuao y Ruiz Pineda este jueves. También los colectivos armados actuaron en esta zona del oeste de Caracas con disparos y ataques a los manifestantes.

Los funcionarios de la GNB despejaron las barricadas colocadas por los vecinos, pero además derribaron kioscos, muros y portones de los edificios.

En la UD7 de Caricuao llegó una tanqueta militar para detener la protesta, a lo cual respondieron los manifestantes sacando alcantarillas y colocando más barricadas.

Como se observa en los videos subidos a Twitter por los habitantes del sector, una tanqueta derribó el portón de bloque 15 de Ruiz Pineda.

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El terror es su divisa por Milagros Socorro – El Estimulo – 23 de Junio 2017

El Gobierno muestra los dientes de la represión ante una población civil que encara una dictadura. Sus fuerzas uniformadas, armadas, militares o no, disparan, irrumpen en hogares, causan destrozos, amedrentan, asesinan gente. Pero la rebelión no tiene vuelta atrás

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La orden es amedrentar. El ciudadano declarado en rebeldía –y con la claridad política de expresar su desobediencia en forma no violenta- es una fuerza imbatible. Quizá la misma gente no sea del todo consciente de su poder, pero el régimen sí. El régimen sí tiene consciencia cabal de la capacidad de un pueblo decidido a desconocer una autoridad deslegitimada por sus constantes violaciones a la Constitución y a los derechos humanos.

Por eso los voceros del Gobierno se empeñan en regatear las formidables dimensiones de las protestas, diciendo en los medios del Estado que las enormes multitudes no son tales. Y por eso han desatado la cruel represión con la que ya el mundo asocia a Maduro, que ha matado 90 personas en las calles y se ha expresado con cruel encarnizamiento en algunas comunidades, como las Residencias El Paraíso, conocidas como “Los Verdes”, donde los militares irrumpieron, el 13 de junio, sin orden de allanamiento e ingresaron en muchos apartamentos haciendo destrozos y sembrando el terror.

El miércoles de esta semana, encapuchados entraron abruptamente en instalaciones de la ULA Trujillo y dispararon, saquearon y robaron a quienes corrían despavoridos por los pasillos de la universidad. En el Centro Comercial Américas, de Maracay, los policías ingresaron con violencia para sacar a rastras jóvenes manifestantes.

Y el lunes, en Los Palos Grandes, urbanización situada al este de Caracas, unas dos decenas de guardias nacionales recorrieron las calles con sus motos haciendo exhibición de su talante de chafarotes. El ruido de las motos alertó a los vecinos, que se asomaron a los balcones para ver el enjambre de uniformados transitando a contravía del flechado, ocupando toda la carretera y haciendo, pues, alarde de que son los dueños del país, de las calles, y que los ciudadanos no tienen ningún derecho ni pueden atreverse a transitar cuando ellos andan por allí. Inmediatamente, los vecinos empezaron a gritarles: “Asesinos”, “Abajo la dictadura, “Fuera Maduro”. En medio del barullo, uno de los guardias se detuvo y lanzó una bomba lacrimógena contra un edificio. Si había niños, si había ancianos, si había enfermos, al carajo, las bombas están para eso, para arrojarlas contra la población civil que está determinada a luchar contra la dictadura.

Minutos después se sabría que la Guardia Nacional Bolivariana había asesinado el menor Fabián Urbina con un disparo de bala en el tórax y había dejado heridos, también de bala, a otros seis muchachos. Es evidente que, después de matar al adolescente, salieron a recorrer las calles para amedrentar, en previsión de que la gente saliera a protestar por el crimen.

Son tropelías sin cuento, sin límite, sin control. Con órdenes o sin ellas, las fuerzas represivas y sus cómplices, los colectivos/paramilitares actúan conforme a la línea trazada por el régimen: la protesta debe acallarse a toda costa. La gente debe interiorizar el terror e inhibirse de manifestar su disconformidad. El país debe arrodillarse frente a la minoría ilegítima que ha secuestrado el poder y, como han dicho observadores internacionales, nos ha hecho rehenes a punta de pistola.

Pero los hechos demuestran que, lejos de acobardarse, los venezolanos están cada más vez dispuestos a la rebelión pacífica. A dónde estarán dispuestos a llegar para reducir el coraje de un pueblo y una dirigencia que no han demostrado no tener vuelta atrás…

¿Convertirán en un hábito esos paseos en moto para diseminar el miedo, cuando todavía tienen fresca en las manos la sangre de liceístas?

 

Muere otro joven por disparos en el 83 día de protestas en Caracas por Ludmila Vinogradoff – ABC – 23 de Junio 2017

El diputado José Manuel Olivares ha resultado herido con una fractura en la mano. Nicolás Maduro elogia a los cuerpos de seguridad como unos héroes y niega que hayan disparado contra manifestantes

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El joven David José Vallenilla, de 22 años, murió baleado con tres tiros en el pecho, y media docena de manifestantes resultaron heridos por los disparos, entre ellos, el diputado José Manuel Olivares, con fractura en la mano, durante el 83 día de protesta antigubernamental en Caracas.

El asesinato ocurrió este jueves en el distribuidor Altamira de la autopista Francisco Fajardo, adyacente a la base aérea La Carlota, donde se realizan las multitudinarias manifestaciones de protesta de la oposición.

Hay una imagen donde un efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) le dispara a José Manuel Vallenilla a 5 metros de distancia a quemarropa tras las rejas de La Carlota. Con los tres impactos que recibió en el pecho el joven no llegó con vida a la Clínica Avila de Altamira.

La alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) había convocado una marcha hacia la Fiscalía General desde diferentes puntos de la Caracas para respaldar a Luisa Ortega Díaz por su firme posición de denunciar el fraude de la Constituyente que pretende imponer Maduro el 30 de julio.

La MUD también había convocado la protesta permanente hasta salir de Maduro amparándose en el artículo 350 de la Constitución que autoriza a los venezolanos desconocer al gobierno que rompa con la normativa legal. Este era su primer día de rebelión civil pero ya el 83 de una oleada de protestas que han sumado con David José Vallenilla unas 76 víctimas fatales y unas 79 según la cuenta del Foro Penal Venezolano.

Por su lado, el diputado de la Asamblea Nacional, José Manuel Olivares, informó que recibió el impacto de una bomba lacrimógena en el brazo durante la represión en Chacaíto. Tien un dedo fracturado y quemaduras en sus brazos.

Olivares aseguró que «la Policía Nacional Bolivariana iba a robar a manifestantes, nos acercamos y como los vimos a la cara nos lanzaron una bomba». Mientras el presidente Nicolás Maduro aseguró que los cuerpos de seguridad como la GNB y PNB no pueden utilizar armas de fuego contra manifestaciones.

«La GNB y PNB han hecho un esfuerzo heroico sin armas de fuego y sin escopetas; lo suyo lo han hecho con agua y ‘gasesito’ lacrimógeno», dijo Maduro acerca de la represión contra protestas opositoras.

Preguntado en rueda de prensa ante medios internacionales sobre la muerte de Fabián Urbina, adolescente de 17 años de edad que fue asesinado el pasado lunes durante una marcha antigubernamental en el distribuidor Altamira, en Caracas, no descartó que exista una «conspiración» contra la GNB.

Maduro se hizo el desentendido. No mencionó, sin embargo, el hecho de que efectivos de la GNB sacaron pistolas y dispararon balas de manera frontal contra un grupo de jóvenes en Altamira, generando la muerte de Urbina e hiriendo a otros seis ciudadanos, como constataron videos de reporteros en el lugar. Acusó a la oposición de promover la violencia en sus manifestaciones y de tener bandas armadas a su disposición.

 

Referéndum contra la GNB por Marianella Salazar – El Nacional – 21 de Junio 2017

 

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Estamos a milímetros de convertirnos abiertamente en un régimen dictatorial, que de manera oficial se consumará en pocos días al instalarse la fraudulenta asamblea nacional constituyente.
En las últimas semanas, el régimen de Nicolás Maduro, a través de sus cuerpos represivos ha dejado todas sus costuras a la vista al perpetrar los peores crímenes de lesa humanidad. El horrendo crimen del adolescente Fabián Urbina, de apenas 17 años de edad, durante la convocatoria opositora del lunes, a manos de la sangrienta Guardia Nacional Bolivariana, llena otra vez de luto a la nación.

Es posible que este horrendo asesinato haya sido planificado por una mente malévola en las más altas jerarquías del poder, de esas que piensan que cualquier sangre derramada es justificable para mantener el proyecto de destrucción nacional.

Las muertes durante las jornadas de protestas que comenzaron el 1° de abril pretenden atemorizar al pueblo, que se ha declarado en desobediencia civil y está decidido a no abandonar las calles hasta lograr un cambio de gobierno, mientras que gran parte de la sociedad es presa del terror desplegado por la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana, los escuadrones paramilitares conocidos como “colectivos” y los funcionarios armados hasta los dientes que se encargan con extrema crueldad de los allanamientos.

La cabeza vergonzosa de esos especímenes cabalga sobre los generales Vladimir Padrino López, Néstor Reverol y Benavides Torres, convertidos en peones de uno de los más serviles espectáculos jamás conocidos por los venezolanos.

A su manera, el régimen, para sobrevivirse a sí mismo, está centralizando el terror y la impunidad. Una represalia masiva como la ejecutada en los edificios multifamiliares Los Verdes, en El Paraíso, donde habitan más de 5.000 personas, a las que pretenden exponer como conspiradoras y subversivas, pone al descubierto un poder supremamente inmoral, lanzado al ruedo de la represión desaforada y que es capaz de todo tipo de vejámenes a la dignidad humana, de cometer las peores vilezas –incluso contra los animales–, de arrasar y destrozar los bienes y la propiedad de indefensos ciudadanos, que para defenderse solo cuentan con la certidumbre de su sufrimiento.

Un reclamo social.

Una vez que salgamos del narco-gobierno presidido por Nicolás Maduro habrá que analizar muy bien el destino que tendrá ese contaminado componente de la Guardia Nacional Bolivariana, integrado en gran parte por narcotraficantes, secuestradores, criminales y delincuentes de la peor ralea. El gobierno necesita a sus fanáticos e incondicionales, símbolos vivos de la violencia.

Después de la extinción política del “madurismo” hay que plantear entonces la misión que debe cumplir la GNB y cómo la va a cumplir; también de toda la Fuerza Armada Nacional, para adecuarla a los nuevos tiempos en los cuales no será concebible una conducta tan aberrante como la que viene arrastrando, para que tenga verdadera legitimidad de desempeño.

Una vez que la sociedad civil pueda redefinir la verdadera función que debe asumir la FANB, a través –incluso– de un referéndum consultivo, se irá desalojando todo ese odio estimulado por el resentimiento chavista en las líneas de pensamiento de muchos uniformados. La reestructuración a fondo del componente militar es una batalla trascendente que los civiles tenemos que comenzar porque es hoy un reclamo social.

 

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