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Un militar más en el poder por Alejandro Ferrer – 26 de Noviembre 2017

Unknown.jpeg¿Quién es Manuel Quevedo? Nuevo presidente de Pdvsa

El militar activo de la FANB entró en la palestra política tras las protestas de 2014

El Mayor General Manuel Salvador Quevedo Fernández, es el nuevo presidente de Petróleos de Venezuela y, al mismo tiempo, ministro de Petróleo, es militar activo con un pasado arraigado al oficialismo que lideró la represión de las manifestaciones antigubernamentales, lideradas por el líder opositor Leopoldo López, en el año 2014.
Tras sus actuaciones como General de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), rápidamente se inmiscuyó en el mundo político, ejerciendo cargos públicos desde ese mismo año.

2014:
Quevedo fue designado por el presidente de la República, Nicolás Maduro, como Jefe del Comando Regional Número 5 de la Guardia Nacional Bolivariana (CORE 5), encargada de la seguridad y el orden público en la ciudad capital.
El cargo lo obtuvo poco antes de los inicios de las protestas antigubernamentales denominadas “La Salida”, lo que colocó al en ese momento General bajo la mirada del país, siendo quien ordenaba que se dispersaran las manifestaciones, que dejaron un saldo de 43 ciudadanos fallecidos tras seis meses de protestas.

La nueva Guardia Nacional no reprime manifestaciones, solo cumple con su trabajo.
Declaraciones publicadas por la web de El Universal el 6 de marzo de 2014.
Ese mismo año, específicamente el 24 de marzo, entra en su primer cargo público no militar en el gobierno de Nicolás Maduro, al ser nombrado presidente de la misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor y ejerciendo política por primera vez en su carrera.

2015:
Finalizada su gestión a finales de 2015, el Gobierno Nacional lo designa en octubre de ese año como ministro de Vivienda y viceministro para la Industria de Vivienda y Hábitat, sin dejar de liderar la Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor, por lo que manejaba tres cargos en simultáneo.

2016:
En esta oportunidad, el todavía general de la GNB preside dos cargos adicionales: Es nombrado presidente del Banco Nacional de Vivienda y Hábitat (Banhavih) y la Gran Misión Vivienda Venezuela, al tiempo que todavía manejaba el Ministerio de Vivienda, aunque ya no ejercía funciones de viceministro.

2017:
Tras un largo historial de misiones, este domingo el presidente de la República decidió removerlo del Ministerio de Vivienda para nombrarlo ministro de Petróleo y, al mismo tiempo, presidente de Pdvsa, en una búsqueda de “limpiar el nombre” de la petrolera y acabar con la corrupción.

 

Escupir para arriba por María José Ferreiro – Blog Polis – 18 de Noviembre 2017

Muchos que me leen me conocen personalmente, saben que divido mi tiempo entre Bogotá y Caracas por motivos de trabajo. Para el 2018, tendré que añadir un nuevo país: Perú. Me gusta viajar, pero sufro de aerofobia. Créanme que no es fácil dominar una fobia. Leo a mucha gente en Twitter, no hago lo mismo en Facebook o Instagram, ya que considero el mundo de las redes sociales como una burbuja adictiva, donde uno entra y sale por distintos motivos.

Viví en primera persona gran parte de las protestas de este año, vi lo que sucedió en las calles, y vi lo que sucedió frente a mi casa cuando la GNB nos dispensó una “cordial” visita: ese día puse a prueba mi extenso repertorio de maldiciones y groserias. También vi a los guarimberos saboteando marchas, vi a la resistencia, la de verdad, enfrentando a la GNB, tragué una que otra dosis de “gas del bueno”, saqué fotos, hice denuncias, conversé con gente, me senté con chavistas para saber que pensaban. He escrito varias veces en mi cuenta de twitter que tengo amigos chavistas, y eso me ha ganado muchos insultos. De estos amigos cuento con una mano, y me sobran dedos los que aún apoyan a este régimen. En cada uno de esos días de protestas, había una pregunta que me repetía mentalmente: ¿cuanto más se podrá aguantar? No era sólo el cansancio, la parálisis de tantas actividades, lo más grave eran los asesinatos por los esbirros, los miles de heridos (algunos sin recuperarse todavía) los miles de detenidos juzgados sin justicia, el llanto, el dolor y desesperación de las familias, los asaltos a domicilios de madrugada, y una vez más: “haz esta cola, llegó el arroz, no hay pan.”

Día, tras día, sin descanso. Jamás, nunca, se estuvo en la calle por o para la MUD, y aquí hago énfasis en el uso de las preposiciones, que algunos en su ligera e ignorante lectura pasan por alto: POR, PARA. Convocar, no es un para o por. De hecho, también leía a quienes le exigían a la MUD mayor conducción en las protestas. Hubo un momento en que ya ni los puntos de concentración se cumplían. Y llegó un momento en que la GNB ya no permitía concentrarse en ningún punto, la represión no lo permitía. Esos fueron los peores días. También vi con el desgaste de la gente y la horrible represión, como pequeños grupos vandálicos iban tomando protagonismo: llegaban, rompían todo, amenazaban a la gente, asaltaban vehículos, merodeaban, y ninguno terminaba detenido. Grupos que aún hoy en día aparecen y desaparecen, sin que se sepa de donde vienen, si responden a algún interés, o como es que operan. No, estos grupos no son la resistencia que yo vi y reconozco.

Es increible como desde Miami, España, Argentina, México y otros países, dicen que la calle se desmanteló ¿La calle es un casa de lego que se desmantela?. Que la callé se enfrió. Claro que se enfrió, la sangre enfría, el cansancio enfría, el dolor enfría, el miedo enfría, sobre todo cuando después de 4 meses quieres ver algo más que un batallón de la GNB pateándote, disparándote, y arrastrándote a una celda. La más absurda de todas las quejas, favorita de los off shores: la MUD enfrió la calle. Esto es un insulto para miles de personas que protestaron en todo el país, que tragaron gas, que vieron sus hogares asaltados de madrugada por los esbirros de la GNB. ¿Creen realmente que la MUD giró una orden y listo, obedecimos como borreguitos escuchando a su comandante? Hay que tener mucha soberbia y poca capacidad de discernimiento para pensar semejante desfachatez.

Cuando se convocaron a elecciones regionales, elecciones que el régimen suspendió ilegalmente en el 2016, y no quería realizar, ya la calle estaba sóla por razones lógicas que algunos no quieren ver. Estos mismos levantan su queja desde el teclado porque no se siguió adelante “epa, sal a la calle, tienes que hacer esto…que estás esperando, es que no tienen bolas, así no se va a salir de la tiranía”. Para mandar a hacer, el ser humano es muy diligente. Les pregunto a estas personas ¿no sería más noble, valiente y solidario de su parte, ayudar con medicamentos a los cientos de heridos por la represión y que todavía no se recuperan? ¿Aportar con comida a los cientos de detenidos en las cárceles?

Y es aquí donde insisto en un factor común: la mayoría de quienes escriben los reclamos de calle, ya no viven en Venezuela, no todos, obviamente, pero sí una gran parte que se expresa en las redes sociales. A estos tengo algo que decirles con respeto, y honestidad. Sepan, que nadie, sino ustedes mismos, son los responsables de esa frustración que rumian porque se fueron. Sepan, que el dolor que sienten por haberse tenido que ir de su país, para tener una vida mejor, a la cual tienen derecho, no los hace especiales, únicos, o los reyes del lugar que hay que consolar porque les duele mucho. Sepan, que su “dictadura no sale con votos” es una cachetada a millones de personas que no se van a ir de Venezuela, que no tienen a donde ir, o no tienen como irse. Sepan, que su derecho a opinar no está por encima del derecho a responderles. Sepan, que esto es demasiado doloroso para que ustedes, yo, o el otro pisoteen las heridas. Sepan, que la MUD no es perfecta, que es un manojo de errores, pero que a nivel político es lo mejor que hay. Sepan, que tienen razones comprensibles para sentirse como se sienten, pero también deben aprender a valorar a quienes están en otra posición, sintiéndose, quizás, igual a ustedes, o hasta peor porque no saben si van a tener que comer en la noche o tienen a un ser querido injustamente detenido.

No, la MUD no enfrió la calle, ¿cómo podría hacerlo? Si usted es el que dice que con las elecciones regionales se enfríó la calle, entonces está diciendo que la gente que estaba en la calle solo quería elecciones regionales y por eso se retiró. Piense, no duele, es un ejercicio muy útil. Por nada en el mundo me pondría en el lugar de cualquier dirigente político, porque su responsabilidad es muy, muy difícil de calzar. Y me refiero a la dirigencia que asume responsabilidades, no la de adorno o consignas que se dedica a reaccionar contra lo que otros hacen. La calle se enfrió porque somos humanos y la calle duele, sangra, se muere en ella, y si terminas en una cárcel, es mejor que te encomiendes a todos los santos, porque ya no serás dueño de tu vida, los militares lo serán. Ellos decidirán si vives o mueres, ellos decidirán hasta tus horas para ir al baño, si es que hay un baño. Ellos decidirán si te rapan el pelo, si agonizas por unos días, o si te dejan un rato más en una celda inmunda antes de que vuelvas a ver la luz del sol. ¿Quién está dispuesto a eso? Decirle a la gente que haga lo que no se está dispuesto a hacer, es una bajeza.

El régimen por supuesto que no saldrá sólo por el voto, tiene que haber una conjugación de muchos factores, y poner todos a funcionar con efectividad, sin que uno excluya al otro, es una tarea titánica. Esto no va a cambiar hasta que se alcance el punto máximo de oscuridad, y ahí estamos entrando con el fraude del domingo 15 de Octubre: así que, abróchense los cinturones. Si usted es el que se levanta y pone una foto de una marcha de hace 8 o 6 años diciendo que perdió el tiempo porque Chávez no se fue: usted no conoce a su país, ni lo que ha pasado en el. Sufrir consecuencias, no significa necesariamente conocimiento. Jamás entenderé como repitiendo con tono fuerte que el régimen es una narco dictadura, puede al mismo tiempo quejarse de que fue a una marcha y el régimen no cambió, o fue a 100 marchas, y el gobierno no cayó. ¿No le parece que hay contradicción en eso? Piense, es muy útil. Al final, su frustración, no es una competencia con la mia. Su vivencia, no está por encima de la de otro, y lo que usted dice: “se sabía”, aún quien actúa distinto a usted, también lo sabe.

La vida es difícil, la vida duele, la vida no es rosa, la vida puede ser muy gris, y a pesar de eso, hay que levantarse todos los días y salir adelante. La vida no responde a lo que queremos, sino a lo que construimos en consecuencia de las decisiones que tomamos. Unas veces nos equivocamos, y toca volver a empezar, otras veces nos va bien, otras no tanto: pero seguimos, seguimos hasta que dejamos este mundo, es sólo en ese momento en que se terminan todas las opciones.

Manu Militari por Juan Antonio Muller – La Patilla – 2 de Julio 2017

Venezuela es gobernada por la fuerza de las armas. Los militares son los que mandan y controlan, el quehacer político, la actividad económica y financiera, el comercio internacional, la distribución de bienes, el tráfico de drogas, detienen, torturan y juzgan a civiles y apoyan a Nicolás Maduro para brindar al país y al mundo una imagen de respeto por el gobierno civil y la constitución.
Los militares controlan once ministerios: Alimentación G/B (r) Rodolfo Marco Torres, Defensa G/J Vladimir Padrino López, Despacho de la Presidencia Almirante (r) Carmen Meléndez, Ecosocialismo Coronel (r) Ramón Celestino Velázquez, Energía Eléctrica M/G (r) Luis Motta Dominguez, Fronteras y Paz General Gerardo Izquierdo Torres , Habitat y Vivienda General (r) Manuel Quevedo, Obras Públicas Almirante (r) César Alberto Salazar, Pesca Almirante (r) Angel Belisario, Producción Agrícola General (r) Wilmar Castro Soteldo y Relaciones Interiores MG/ (r) Nestor Reverol Torres.
Controlan once gobernaciones de estado: Apure, Coronel Ramón Carrizales, Bolívar G/D Francisco Rangel Gómez, Carabobo Mayor Francisco Ameliach , Guárico Capitán de Navío Ramón Rodríguez Chacín, Nueva Esparta General en Jefe Carlos Mata Figueroa, Portuguesa Contralmirante Reinaldo Castañeda Rivas, Táchira Capitán ® José Gregorio Vielma Mora, Trujillo General en Jefe (r) Henry Rangel Silva, Vargas Comandante General (r) Jorge Luis García Carneiro, Yaracuy Julio León Heredia y Zulia Francisco Arias Cárdenas.
Los principales cuerpos represivos del país están dirigidos por militares de alto rango: Servicio Bolivariano de Inteligencia SEBIN M/G Gustavo González López, Guardia Nacional Bolivariana GNB M/G Sergio Rivero Marcano y la Policía Nacional Bolivariana PNB G/B Alfredo Pérez Ampueda. La FG acaba de imputar al ex comandante de la GNB José Benavides Torres de violaciones a los derechos humanos con decenas de muertos y heridos. Hace días el Coronel Bladimir Lugo de la GNB agredió a diputados en el recinto de la AN.
Al frente del IVSS está el General Carlos Rotondaro Cova. El superintendente de bancos es el Capitán Antonio Morales. El G/B Taylor Rodriguez dirige Gas Comunal. La Universidad Nacional Experimental UNEFA tiene como rector al M/G Luis Quintero Machado y todos sus vicerrectores académicos y sectoriales son oficiales de las FAN.
Cuentan con un emporio industrial, comercial y de servicios constituida por 17 compañías propias y mixtas. En el ramo de infraestructura resaltan Constructora de la Fanb (ConstruFanb), Constructora Ipsfa y Cartera Cordon Fanb (CarcoFanb).
En producción de equipos cuentan con la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares, (Cavim) empresa de radio óptica, metalmecánica, fábrica de fusil AK-103 y de municiones, Empresa Mixta Socialista de Vehículos Venezolanos (Emsoven) y Unidad Naval Coordinadora de Servicio de Carenado (Ucocar), que repara buques.
En servicios operan: Empresa Militar de Transporte (Emiltra), Oficina Coordinadora de Hidrografía y Navegación (Ochina), Oficina Coordinadora de Apoyo Marítimo de la Armada (Ocamar), Empresa de Sistema de Comunicaciones de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (EmcoFanb).
La última incursión empresarial ha sido la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg). También las FAN tienen su banco (BanFanb), un fondo de inversiones y empresa de seguro.
Todo este tinglado copia el modelo cubano de control militar bajo el holding de Gaesa Grupo de Administración Empresarial dirigido por el general de brigada Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, exyerno de Raúl Castro.
Enfrentamos un poder omnímodo que nadie controla o supervisa. Ni siquiera su comandante en jefe. De ahí que resulte iluso e inútil pedirle a las FAN que salgan a defender la Constitución y la Democracia. Los militares son la ley, tienen el monopolio de las armas con las cuales imparten órdenes y defienden privilegios y negocios. Con su proceder están matando el futuro de nuestra juventud. A esta no le queda otro camino que la rebelión armada para borrar el abominable presente.

Militares venezolanos colaboran con la guerrilla por Sebastiana Barráez – El Estimulo – 18 de Septiembre 2017

Visten de negro, botas de caucho, armas de guerra, capuchas y han sembrado terror en la frontera, específicamente en San Antonio del Táchira. Se mueven libremente frente a las autoridades militares venezolanas. Ellos son un grupo de la guerrilla colombiana, llamado Ejército Popular de Liberación (EP), más conocidos como “Los Pelusos”.

Se ha venido enfrentando en las calles del pueblo con los paramilitares, que desde hace años controlan ese territorio. Los paracos han actuado en acuerdo tácito con miembros de la Guardia Nacional Bolivariana. El negocio es así:

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela especifica que “La Guardia Nacional cooperará en el desarrollo de operaciones (planificación, ejecución y control de las operaciones militares requeridas para asegurar la defensa de la Nación) y tendrá como responsabilidad básica la conducción de las operaciones exigidas para el mantenimiento del orden interno del país. La Fuerza Armada Nacional podrá ejercer las actividades de policía administrativa y de investigación penal que le atribuya la ley”.

Es la Guardia Nacional la autoridad en la frontera. Es la que tiene el poder de permitir o impedir el paso de personas hacia Colombia, es la que puede prohibir o permitir el paso de productos, sea alimentos, medicamentos o cualquiera que sea rentable para el contrabando.

Desde hace años, cuando llegó el grupo “Las Águilas Negras” hubo un enfrentamiento entre este grupo paramilitar y la GNB, que rápidamente fue solventado en un acuerdo de cooperación y un pacto de no agresión entre el grupo armado irregular y la fuerza pública regular, según confiaron fuentes militares que requirieron el anonimato por razones de seguridad.

Desde el Gobierno Nacional hubo gran indiferencia ante lo que sucedía en la frontera, a pesar de los gritos de advertencia que desde diversos medios de comunicación la población le hizo al Estado venezolano.

Durante años la Guardia Nacional convivió con los paramilitares, aún después que “Las Águilas Negras” fueron desplazadas por otros grupos paramilitares, llamados “Los Urabeños” y “Los Rastrojos”. Es así como se impuso la “vacuna” o el cobro de extorsión, primero a los contrabandistas, al pasar por las alcabalas rumbo a Colombia, y luego a todo aquel comerciante dueño de negocios grandes o pequeños.

Era la Guardia Nacional la que inicialmente cobraba la “vacuna”, pero ante la cantidad de denuncias y el crecimiento vertiginoso de la “gran industria del contrabando”, se aliaron con los paracos, quienes se encargaban de cobrar la extorsión, a través de una figura llamada “El Mosco”. Esta persona recibía el dinero y a cambio facilitaba una clave, que el contrabandista debía suministrar al funcionario militar en la alcabala respectiva, y solo así le permitía el paso sin requisar el vehículo.

Llegó así la época en que los militares ya no eran enviados como un castigo a la frontera, sino que incluso los guardias nacionales empezaron a pagar altas sumas de dinero para ser asignados a las alcabalas fronterizas.

Aunque el producto por excelencia del contrabando era el combustible, con el avance del deterioro económico en Venezuela y la inclusión de mayor cantidad en la lista de productos subsidiados, también se amplió la cesta del contrabando.

Los paramilitares impusieron el “orden”, a través de la amenaza, el sicariato y el secuestro de jóvenes en la región. Durante años, paracos y GNB actuaron con total impunidad, hasta que hace unos meses apareció el Ejército Popular de Liberación (Los Pelusos), quienes han venido secuestrando y asesinando a los paramilitares, a quienes han sustituido en el control de ese territorio.

El comandante Fidel

La primera acción de “Los Pelusos” fue enfrentar a los paramilitares desplazándolos del lugar que usaban como cuartel central, en el sector “Llano Jorge”, de San Antonio del Táchira; ahora el EPL instaló allí su centro de operaciones.

Han ejercido la violencia, asesinando a quienes identifican como paracos, mientras que por otra parte han secuestrado y desaparecido a jóvenes que no creyeron en la advertencia de que se fueran de la zona o serían ajusticiados.
El jefe de “Los Pelusos” es alias “Comandante Fidel”. Él no sólo comanda el grupo guerrillero, también se encarga de las relaciones públicas del grupo, reuniéndose con autoridades, negociando la libertad de los secuestrados y otras gestiones.

El Ejército popular de Liberación ha recibido ayuda de funcionarios del componente del Ejército Bolivariano venezolano, incluso de un oficial de alto rango, quien mantiene comunicación con el “Comandante Fidel”.

Fue él quien permitió que “Los Pelusos” se instalaran en los cambuches, que a ambos lados del río Táchira ocupaba, hasta ese momento, la Guardia Nacional.

Cuesta entender que el Alto Mando Militar no se dé por enterado de lo que está sucediendo en territorio fronterizo y de la participación de oficiales en esa relación de complicidad con la guerrilla.

“Los Pelusos” han ocupado el control de las trochas que la Guardia Nacional compartía con lo paracos. “Yo fui uno de los secuestrados -cuenta un joven contrabandista- a quien la guerrilla capturó hace unos días, cuando me encontraba en un bar del pueblo. Me advirtieron que no volviera a pasar ni una aguja para Colombia porque en caso contrario sería asesinado”.

La Guardia Nacional mantiene silencio y no actúa cuando “Los Pelusos” recorren el pueblo. Los habitantes de San Antonio han reportado, por lo menos, tres tiroteos en el puente internacional “Simón Bolívar”, cuando la guerrilla y los paracos se han enfrentado, sin que la Guardia Nacional dé respuesta a esa acción.

En uno de esos incidentes, quedó entre el fuego cruzado de ambos grupos irregulares, uno de los transportes escolares que traslada niños que van a las escuelas de un lado a otro entre Colombia y Venezuela.

En otro de los tiroteos, un joven de los que atravesaba el puente dejó registrado en video lo sucedido, donde se observa a la gente tirada en el suelo, tratando de evitar las balas; también se vio a funcionarios de la Guardia Nacional inactivos y solo protegiéndose del enfrentamiento entre los irregulares.

Cientos de personas que se disponen a pasar el puente para comprar alimentos en Colombia o quienes hacen cola para sellar su pasaporte, han sido testigos de la presencia de “Los Pelusos”, uniformados, armados y encapuchados mientras la Guardia Nacional solo es un espectador más.

Ha sido frecuente la presencia de la guerrilla en centros nocturnos o de diversión, chequeando la cédula de los hombres y mujeres que están jugando, conversando o bebiendo alcohol. Recientemente, y en una sola noche, se llevaron a unas doce personas, de quienes no se ha vuelto a saber nada. En algunos casos el EPL chequea la identificación de sus objetivos en una computadora, en la que tienen instalada una data de antecedentes policiales y penales.

La Fuerza Armada

La custodia y defensa del territorio y la soberanía, según especifica la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, es competencia esencial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a lo cual se le agrega que la FANB tiene el monopolio de las armas.

No se sabe por qué la Fuerza Armada permite la presencia de grupos irregulares en territorio venezolano, especialmente de la guerrilla, sea ésta Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ejército de Liberación Nacional (ELN), Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL/FPLN) o Ejercito Popular de Liberación (EPL).

Un reportaje audiovisual recientemente dado a conocer al público, por un grupo de periodistas colombianos de El Pais, evidencia la presencia del Ejército de Liberación Nacional en límites entre Táchira y Zulia, bien retirado de la línea fronteriza; incluso se observa a los elenos luciendo los brazaletes de su organización.

El Gobierno venezolano, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ni el Ministerio de la Defensa le han dado una explicación al país.

Lo que ya es indiscutible e inocultable es que los grupos guerrilleros se desplazan a sus anchas en territorio venezolano, con la misma impunidad que los grupos paramilitares, cuya única víctima es la población civil.

 

Venezuela, crimen sin frontera – El País Colombia – Septiembre 2017

Un equipo periodístico de El País recorrió durante dos semanas las trochas, ríos y desiertos de la frontera colombo-venezolana para documentar cómo funciona la más grande operación de contrabando que se registra hoy en Latinoamérica. Y en ese recorrido obtuvo las primeras pruebas documentales que se conozcan sobre la empresa criminal que las guerrillas y las bandas criminales colombianas han montado en coordinación con la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela. Esta es la historia de un viaje a la frontera de todos y de nadie.

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Las únicas veces que advertimos la presencia del Estado es cuando los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana aparecen para extorsionarnos. Por lo demás, son los diferentes grupos armados ilegales colombianos los que ejercen control no solo en la frontera, sino en amplias zonas del territorio venezolano.

Por eso este viaje de dos semanas, un recorrido de 1.790 kilómetros desde el estado Táchira y atravesando el Zulia hasta la alta Guajira venezolana, fue interrumpido, primero, por hombres del ELN, que tras el desarme de las Farc se convirtió en la guerrilla más antigua de Latinoamérica, fuertemente armados controlando un río al sur del Lago Maracaibo, en el estado Zulia.

Vino luego la extorsión de hombres señalados de pertenecer a bandas criminales colombianas y que actúan escoltados por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, obligados a pagar ‘peaje’ para andar por las trochas o pasos ilegales que dominan disidentes de la guerrilla del EPL y ‘vacunados’ casi en cada retén de la Guardia Nacional.

Imágenes exclusivas que revelarán a lo largo de este especial cómo actúan los grupos ilegales colombianos en asocio con militares venezolanos en un territorio donde la soberanía la ejercen las organizaciones dedicadas a la extorsión, el contrabando y el narcotráfico.

El recorrido se inicia en el municipio de Puerto Santander, 64 kilómetros al norte de Cúcuta. Llevamos solo unas horas sobre la línea fronteriza y de repente estamos parados frente a lo que parece ser una mudanza gigantezca. Familias enteras, ante la crisis política, social y económica, cruzan con sus maletas y enseres hacia Colombia esperando quedarse, mientras los contrabandistas entran por ríos y trochas con todo cuanto pueden sacar de Venezuela.

En los últimos seis años, 350.000 venezolanos han cruzado hacia Colombia para quedarse

Una actividad que ha generado en las últimas semanas episodios de tensión fronteriza ante las incursiones de militares venezolanos lanzando gases lacrimógenos, disparando y despojando a varias personas de sus pertenencias; o la incursión de un helicóptero en Paraguachón, a lo que el Gobierno en Caracas ha dicho que es solo una estrategia de provocación desde Colombia.

Desde este municipio de Norte de Santander, la sensación que queda es que frontera adentro están desmantelando un país; porque no solo entran víveres y combustible, también rieles de tren, chatarra, instalaciones eléctricas, cobre, material de señalización vial, animales en pie, avisos publicitarios, partes de autos, maquinaria pesada y antigüedades, entre muchos otros, según el listado de productos decomisados por las autoridades colombianas.

Las cifras son elocuentes. En los últimos seis años la División de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia (Dian) ha incautado en la frontera con Venezuela elementos por un valor superior a los $291.340 millones de pesos, alrededor de cien millones de dólares.

No obstante Vladimir, un venezolano curtido por el sol y con más de 10 años contrabandeando combustible y carne hacia Cúcuta, asegura que “lo que incautan las autoridades colombianas no es ni el 2% de lo que sale de Venezuela”.

Un contrabando que se intensificó en los últimos años a raíz del control de precios que fijó el Gobierno venezolano a los productos de la canasta básica y cuyos valores irrisorios, como el de la gasolina, incentivaron masivamente el paso de alimentos y medicina hacia Colombia, y son recibidos por mafias que burlan los controles aduaneros locales y cobran entre 10 y 15 veces más.

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Autoridades colombianas estiman que diariamente los contrabandistas pasan de manera ilegal 16 toneladas de alimentos y cerca de tres millones de dólares en combustible, por lo que guerrilleros y bandas criminales encontraron en la frontera un negocio tanto o más lucrativo que el narcotráfico.

Es decir, 1.125.000 galones a través de las 192 trochas que se estiman existen en esta frontera. Es como si todos los días ingresaran desde Venezuela 112 carrotanques de los que tiene Pdvsa con capacidad para 10.000 galones de gasolina.

Un carrotanque con 10.000 litros de gasolina, 2650 galones, cuesta en Venezuela 10.000 bolívares, menos de dos dólares

Con el caer de la tarde las carreteras de Táchira y Zulia se convierten en el escenario de un danzar inusitado de luces. El espectáculo luminoso es producido por centenares de motocicletas conocidas como las ‘moscas’, que son las encargadas de guiar los camiones cisterna de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y los demás camiones que ingresan por las trochas para vender ilegalmente gasolina y productos básicos que tienen precio controlado.

Mientras en Caracas, y en nombre de la soberanía, la Guardia Nacional reprimía con exceso de fuerza, al punto de ser señalada de varios homicidios, a estudiantes y jóvenes que protestaban contra el gobierno de Nicolás Maduro, en los estados fronterizos funcionarios de esa misma institución militar actúan como un grupo criminal más, según pudo constatar El País, extorsionando y en estrecha relación con guerrilleros y bandas criminales, como Los Rastrojos, Los Pelusos y El Clan del Golfo, quienes sostienen entre ellos una guerra por el control territorial en los estados Táchira, Apure y Zulia, y por copar los espacios dejados por la guerrilla de las Farc tras su desmovilización.

Así fue el viaje que realizó El País, en alianza con la plataforma latinoamericana de periodismo CONNECTAS y con el apoyo del International Center For Journalists – ICFJ, a las entrañas de un territorio donde impera la ilegalidad.

La ‘soberanía’ del ELN
No han mentido del todo los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro cuando le aseguraron a su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, que el ELN no se oculta en la frontera venezolana. Más que ocultarse, esta organización, con 54 años de lucha armada, permanece varios kilómetros adentro de la línea divisoria y ejerce control territorial con uniforme y armas en suelo bolivariano.

El País los encontró un par de horas adentro del estado Zulia, suplantando en su papel a la Armada Nacional Bolivariana en la vigilancia y el control de los ríos.

Apostados con armas semiautomáticas y fusiles de largo alcance, según se constató, han instalado puestos de mando en el río Tarra, uno de los afluentes más utilizados para el tráfico de víveres y gasolina y cuyas aguas desembocan al sur del Lago Maracaibo.

La ‘soberanía’ del ELN
La guerrilla del ELN controla toda actividad legal e ilegal sobre el río Tarra, en el estado venezolano de Zulia.
Por ese sector nos desplazábamos en lancha, tratando de registrar la actividad ilegal, cuando fuimos obligados a salir del río y retenidos en uno de sus campamentos durante 20 minutos, muy cerca de los retenes de la Guardia Nacional Bolivariana, que aquí más parecen anillos de seguridad del ELN.

La periodista venezolana Sebastiana Barráez, quien ha seguido de cerca durante los últimos años los fenómenos de criminalidad en la frontera indica que no es extraño ver a guerrilla y paramilitares muy adentro del territorio venezolano “porque se ha registrado su presencia en estados como Barinas y Guárico, que no son fronterizos, pero estos grupos han ido penetrando territorio, tratando de alejarse de quienes tengan el dominio en la línea divisoria”.

“La Guardia Nacional Bolivariana es el componente militar que hace presencia en la frontera y han logrado una especie de convivencia con la guerrilla de las Farc y del ELN, al igual que con Los Rastrojos, pero también ha pasado con Los Urabeños y con Los Pelusos. Aunque hay mayor relación de los efectivos militares con los grupos paramilitares que son los que controlan el contrabando de combustible y de alimentos en la frontera”, señala Barráez.

Los Pelusos desplazaron a sangre y fuego a Los Rastrojos del sector de Llano Jorge, en San Antonio del Táchira

Por su parte Rocío San Miguel, directora de la ONG venezolana Control Ciudadano, agrega que se ha llegado a tal nivel de corrupción y de connivencia con estos grupos porque “el mismo Estado actúa como un cartel”.

“Es una estructura en la que se da, por una ruta estatal, el tráfico de drogas, de gasolina, alimentos y minerales que se compartimentan tres cuerpos armados: La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la guerrilla y los paramilitares”, señaló San Miguel.

A ese contrabando gigantesco responsabilizó el gobierno del presidente Nicolás Maduro el desabastecimiento en Venezuela y junto a los problemas de inseguridad llevaron a que en agosto del 2015 se ordenara el cierre de la frontera con Colombia.

Esa decisión, según José Roberto Concha, director del Consultorio de Comercio Exterior de la Universidad Icesi de Cali, no fue más que una medida desesperada. “El problema del desabastecimiento en Venezuela es simplemente un mal manejo económico”.

Gran parte del pastel del combustible que pasa por los departamentos de Norte de Santander, Cesar y La Guajira se lo lleva la guerrilla del ELN, que operaría en la frontera con una estructura de cerca de mil hombres.

Desde que el gobierno Maduro ordenó el cierre de la frontera y hasta el pasado mes de junio, el Departamento de Aduanas en Colombia, Dian, incautó por los cruces ilegales que controlan las bandas criminales y el ELN contrabando y gasolina por más de 87.000 millones de pesos. Alrededor de 30 millones de dólares.

Productos que tenían como destino final para su comercialización las ciudades de Cúcuta, Valledupar, Maicao y Riohacha, según la información oficial.

Para la guerrilla del ELN es de tanto interés este territorio entre Colombia y Venezuela, donde está anclada la región del Catatumbo, que tiene operando allí el 66% del total de las estructuras que posee en toda Colombia, entre ellos los frentes Noriental, Oriental y Magdalena Medio.

“El Catatumbo es una zona muy compleja; ahí hacen presencia el ELN y una disidencia del EPL, dedicados especialmente al narcotráfico, a cobrar extorsiones a los contrabandistas y al hurto de petróleo del oleoducto Caño Limón Coveñas, del que extraen un producto que llaman ‘Pategrillo’ y que sirve de insumo para el narcotráfico y para ser vendido como combustible para automotores”, explica a El País el general Gustavo Moreno, comandante de la Policía de Norte de Santander.

El ELN y Los Pelusos comparten territorios y negocios del narcotráfico en el Catatumbo

Pero el accionar del ELN no se limita al narcotráfico en la región del Catatumbo. Este grupo guerrillero también ejerce control del lado venezolano en la serranía del Perijá, cerca de municipios como Machiques, en el estado Zulia, donde han sido ubicados pequeños cultivos de marihuana, coca y amapola, además de laboratorios para procesamiento de droga.

Pero con el cierre de la frontera se cortó también el circuito de las comunicaciones entre las Fuerzas Armadas de ambos países y sin esa cooperación binacional, guerrilla y bandas criminales vienen actuando de lado venezolano sin presión alguna, según fuentes militares en Colombia.

Mientras tanto, el Ministerio de Defensa de Venezuela ha negado esa supuesta permisividad con estos grupos y aunque El País intentó insistentemente tener alguna voz o un pronunciamiento oficial de su parte, no fue posible.

‘Bienvenidos a Venezuela’
La frontera en el cruce del Puente Internacional La Unión, que comunica a Puerto Santander con la localidad venezolana de Boca de Grita, es un hervidero controlado por la banda criminal Los Rastrojos, según Inteligencia Militar en Colombia. Los fajos de dinero en bolívares se transportan en cajas y maletines ante la depreciación de la moneda, justo cuando las grandes ciudades se encuentran en crisis por falta de efectivo, el comercio está atiborrado de todo lo que escasea en Venezuela y miles de personas llegan cada día dispuestos a muchas cosas acorraladas por el hambre.

Desde que se cerró la frontera, según la Policía Antinarcóticos, han sido capturados en Colombia 49 venezolanos intentando salir con droga hacia Estados Unidos y Europa, muchas mujeres han terminado en las calles colombianas ejerciendo la prostitución, otros en empleos informales, e incluso, mujeres llegan hasta la línea fronteriza a vender los enseres y su cabello.

Bienvenidos a Venezuela
Miembros de la Guardia Nacional Bolivariana cobran ‘vacuna’ a quienes entran con alimentos a Venezuela.
Sobre el puente internacional, dos venezolanas intentan convencer a una colombiana de que les pague algo más de los 70.000 pesos que les ofrece por su cabello. Pero ante la crisis en Venezuela la oferta ha ido en aumento y eso disminuyó el precio. El dinero que reciben, al cambio, son 175.000 bolívares, el equivalente a cinco salarios mínimos mensuales de dos meses atrás.

Sin cabello, pero con arroz, pañales y harina pan, una de ellas regresa a suelo venezolano. Nos acercamos para intentar hablarle, pero al final del puente un hombre la aborda, tres miembros de la Guardia Nacional Bolivariana la rodean y tras un diálogo de un par de minutos les entrega parte de su dinero antes de internarse en Venezuela. Presumimos que es una extorsión.

Llega nuestro turno. Llevamos víveres con nosotros. Un soldado de la Guardia venezolana pregunta cuánto pagamos por los víveres en Colombia y alerta a una sargento de que no llevamos facturas. Con un gesto la suboficial venezolana le cede el control de la situación a un hombre vestido de civil y de acento colombiano sentado en medio de ellos. Quienes visitan constantemente la frontera aseguran que hace parte de una banda criminal.

Información de Inteligencia de las autoridades colombianas señala que en la frontera y en suelo venezolano opera el Clan del Golfo, banda criminal formada por paramilitares que quedaron al servicio del narcotráfico y de alias Don Mario, y que hace presencia en el sector venezolano de El Guarumito, entre Colón y La Fría, en el estado Táchira.

Igualmente, que quienes actúan más cerca a la Guardia Nacional Bolivariana es la banda criminal Los Rastrojos, cuyos principales jefes Wílber Varela, alias Jabón, fue asesinado en el estado Mérida y Diego Rastrojo, el segundo al mando, fue capturado en Barinas. Esta banda hace presencia en Puerto Santander y del lado venezolano en Boca de Grita, García de Hevia y Orope.

Los Rastrojos ejercen control de territorios en Venezuela desde el 2002

De hecho fue Orope la segunda parada legal en el camino hacia el interior del país, pero ilegal en su proceder. Esta vez la Policía Bolivariana nos ordena abrir la cajuela del carro y en voz baja le pide al conductor una cuota para dejarlo seguir sin revisar el vehículo.

Él accede con el propósito de mostrarnos cómo funcionan las leyes en el Táchira; el dinero debe entregarlo a un hombre de civil que lo oculta en un bolso colgado detrás de un árbol. Esa escena se repite cientos de veces por día y muchas más durante esta serie.

Consciente de que entraremos en tierra de nadie y que la única protección que tendremos será la divina, el guía nos recomienda memorizar, para disminuir riesgos, que en El Guayabo, Encontrados y Santa Bárbara (Zulia) el control es de las bandas criminales; mientras en Casigua-El Cubo y El Cruce el dominio lo ejercen las guerrillas del ELN y los Pelusos, una denominación que se le ha dado a disidencias del Ejército Popular de Liberación (EPL).

A lado y lado de la vía un hecho puede explicar buena parte del desabastecimiento. La hierba ha ocultado lo que anteriormente fueron cultivos de palma y plátano y empresas productivas permanecen abandonadas. Ya no hay quién cultive la tierra.

“Nadie va a trabajar en una finca por 30.000 bolívares al mes cuando eso se los gana uno en un día trabajando la gasolina o haciendo fila para comprar productos regulados y venderlos luego a los contrabandistas”, argumenta el guía, en alusión al llamado bachaqueo que consiste en comprar bastante productos subsidiados e ir a venderlos a Colombia.

Mientras la inflación en Colombia en el 2016 fue del 5,7%, en Venezuela fue del 550%

El salario desde el 2012 de un venezolano retrocedió un 88 por ciento. De los 295 dólares que se tenían como salario mínimo, en junio del 2017 llegaba apenas a 36 dólares, según un estudio de la Universidad de Harvard, lo que ya representa una tragedia para las familias.

Muchas de esas nuevas familias empobrecidas se han visto tentadas a formar parte de la estructura del contrabando, entre ellas la del guía que nos acompaña, un hombre delgado e impregnado de nicotina, quien cuenta que en ocasiones se cuelan varias veces en las filas junto a sus esposa e hijos para comprar productos subsidiados en cantidad y llevarlos a vender a Colombia.

Las trochas o pasos ilegales son marañas de caminos angostos y polvorientos que se extienden hasta algún lado del río en la frontera y por entre ellas desaparecen a diario decenas de camiones que burlan la orden de cierre de la frontera.

El general Antonio Beltrán, comandante de la Brigada 30 del Ejército de Colombia le explicó a 
El País que “Venimos desarrollando tareas conjuntas con la Policía Nacional e interviniendo esas trochas. El año anterior intervenimos 17 y en lo que va de este año llevamos 29; en total y gracias a los servicios de Inteligencia tenemos en este momento más de 55 trochas georreferenciadas”, en Norte de Santander, de las cerca de 200 que existen a lo largo de la frontera.

Los hombres de Megateo
El País recorrió la trocha conocida como la ‘Pika del Dos’, un paso ilegal controlado por Los Pelusos, un grupo disidente de la guerrilla del EPL que se desmovilizó en Colombia en los años 90 y que comandó hasta el día de su muerte, en octubre del 2015, alias ‘Megateo’. Esta banda criminal actúa en la frontera en estrecha alianza con la guerrilla del ELN, según el Ejército colombiano.

A través de este paso ilegal se llega desde la carretera a Machiques, en el estado Zulia, al municipio de Tibú, Norte de Santander, cerca al lugar donde el ELN secuestró a mediados de junio a dos periodistas holandeses y meses atrás a la periodista española Salud Hernández.

Los hombres de Megateo
Los Pelusos, disidentes del EPL, han marcado como suyo el municipio de Tibú, Norte de Santander.
Curiosamente, lo primero que se encuentra un kilómetro adentro del pasó ilegal es un retén de la Guardia Nacional y cuarenta minutos más adentro aparece un sector donde presuntos guerrilleros controlan el paso.

Por esta vena rota circulan junto a nosotros varios camiones con materiales de construcción que también escasean en Venezuela y camionetas transportando carne o ganado en pie para el mercado colombiano, donde costará hasta tres veces más de lo que se consigue por kilogramo en Venezuela.

Un fenómeno que no solo afecta el comercio local en Colombia, sino que generó un brote de fiebre aftosa, según el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, cuando el país fue declarado libre de la enfermedad desde el 2009. Solo entre enero y julio de este año, el Ministerio registraba el decomiso de 1143 cabezas de ganado y 130.340 kilos de carne traída de forma ilegal desde Venezuela.

La carne de contrabando que entra a Cúcuta se hace a través de hormigueo; mucha gente con pocas cantidades

En Cúcuta, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda, se consumen 193 cabezas de ganado diariamente, pero solo se sacrifican 120. Es decir, las 73 restantes, incluso muchas más, ingresan ilegalmente desde Venezuela, donde el kilogramo tiene un costo promedio de 6000 pesos, contra los 18.000 pesos que se pagan del lado colombiano.

Pero por más de que la ‘Pika el Dos’ sea considerada una trocha, a través de la cual confirman las autoridades colombianas que se mueven además de gasolina y víveres, armas, droga e incluso secuestrados, es la vía más activa para ir de un país a otro en vehículo, pese a que los pasos binacionales legales están cerrados.

 

Incautaciones por sectores económicos en la frontera con Venezuela
Ver gráfico
Con el sello GNB
El País recorrió la trocha conocida como la ‘Pika del Dos’, un paso ilegal controlado por Los Pelusos, un grupo disidente de la guerrilla del EPL que se desmovilizó en Colombia en los años 90 y que comando hasta el día de su muerte, en octubre del 2015, alias ‘Megateo’. Esta banda criminal actúa en la frontera en estrecha alianza con la guerrilla del ELN, según el Ejército colombiano.

El recorrido continúa por la alta Guajira venezolana donde el negocio del contrabando y el combustible ya no es de grandes bandas sino de particulares que bajo la modalidad del hormigueo, litro a litro, sacan enormes cantidades de gasolina hacia Maicao (La Guajira) y el Cesar.

El reloj marca las 3:00 de la mañana e iniciamos el recorrido en una caravana de contrabandistas hacia la ciudad de Paraguaipoa, donde la gasolina logra el precio más alto en este lugar de Venezuela antes de ir a Colombia: 14.000 bolívares la pimpina de 23 litros. Cerca de dos dólares.

Antes debemos atravesar el puente sobre el lago Maracaibo para buscar una estaciones de servicio donde se puede llenar el tanque sin que les exijan chip, el dispositivo electrónico que implementó el gobierno Maduro para controlar la gasolina que recibe cada persona y evitar el contrabando.

Ubicar ese sitio donde puedan cargar combustible sin límite les garantiza que la reserva de las camionetas Ford Bronco o los vehículos Caprice Classic saldrán con su capacidad máxima o incluso más, porque la mayoría han inflado los tanques con compresores para expandir su tamaño.

“Lo que se hace es soplar el tanque con un compresor de aire caliente y cuando se infla alcanza un máximo de capacidad que permite meter hasta 20 litros más”, explica uno de los conductores con los que hicimos el recorrido hasta la alta Guajira venezolana.

Con el sello GNB
En cada retén, los contrabandistas deben pagar una cuota a los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana.
En cada una de las alcabalas los miembros de la Guardia Nacional están acompañados por hombres de civil, a quienes los contrabandistas llaman paramilitares, que se encargan de recibir el dinero de la cuota que cancelan los vehículos que saben que van a vender gasolina.

De acuerdo con una base de datos que estructuró El País con cerca de 500 casos de policías y militares involucrados en diversos delitos en toda Venezuela, teniendo como fuente los boletines de prensa de la Fiscalía General, la Guardia Nacional Bolivariana es el arma más corrupta. De los 500 uniformados detenidos, 180 pertenecen a la GNB; el 36% de la medición.

De esos 500 casos analizados, 462 se registraron en los últimos cinco años; es decir, el 92% de ellos y el año en el que se desbordó la corrupción en las tropas chavistas fue 2016, poco después del cierre de la frontera, cuando fueron capturados 313 integrantes de la Fuerza Armada, Policía, Cuerpo Técnico de Investigaciones (Cicpc) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) en la comisión de distintos delitos.

Los mayores casos de corrupción en los uniformados se dan en Táchira, Zulia y Caracas

La mayoría de los casos corresponden a capturas en los estados fronterizos con Colombia y por alianzas criminales con el narcotráfico y con grupos dedicados al contrabando de gasolina, de carne, de víveres, de materiales de construcción y el robo de avionetas y de medicamentos.

“No tengo duda de que esto está ocurriendo y creo que en eso se basa este Gobierno, en la desmoralización de las tropas y la entrega de la soberanía porque si nos vamos al tema financiero y al saqueo monumental, te das cuenta que entonces necesitas un conflicto para poder tapar lo que está ocurriendo”, aseguró a este diario el general en retiro del Ejército Clíver Alcalá, uno de los altos mandos militares del chavismo, quien distanciado de las decisiones de Nicolás Maduro lamenta que la criminalidad en todas sus formas haya permeado las tropas a lo largo de la frontera.

En Paraguipoa abandonamos la caravana de contrabandistas de combustible luego de la venta del hidrocarburo y seguimos en dirección a Colombia en los viejos jeeps que viajan atestados de productos de toda índole para vender en los departamentos de la costa norte.

A diferencia del interior del país, en la alta Guajira venezolana los contrabandistas tienen la libertad de elegir la persona que habrá de extorsionarlos: o la Guardia Nacional Bolivariana en las vías o los indígenas guajiros que cobran por hacer uso de las trochas polvorientas en sus territorios.

“Por las trochas de los guajiros se traga polvo, pero se economiza una buena plata porque los indígenas se conforman con 300 o 500 bolívares, para la Guardia, como viste, 3500 o 4000 bolívares es muy poquito”, dice el viejo nacido en Maracaibo que nos acompaña en esta travesía.

De esos 500 casos analizados, 462 se registraron en los últimos cinco años; es decir, el 92% de ellos y el año en el que se desbordó la corrupción en las tropas chavistas fue 2016, poco después del cierre de la frontera, cuando fueron capturados 313 integrantes de la Fuerza Armada, Policía, Cuerpo Técnico de Investigaciones (Cicpc) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) en la comisión de distintos delitos.

Habilitar trochas en la alta Guajira venezolana es uno de los principales medios de sustento de los indígenas wayú

Minutos más adelante, aparece en la vía otro retén de la Guardia Nacional y sin que el vehículo se haya detenido, el uniformado le pregunta al ayudante del campero “¿Cuánto ha recogido?”. El dinero a su modo de ver no es suficiente y amenaza con requisar a todos; en medio del desespero, los viajeros aportan algo más para aumentar el alijo.

El carro va lleno, por lo que se alcanza a apreciar, de frutas, carne, ropa, zapatos y juguetes; la gente bromea con la suerte que está viviendo.

“A este paso que vamos en Venezuela no van quedar ni pájaros”, dice un contrabandista que viene al lado nuestro en el techo del vehículo tipo campero, y lo hace con conocimiento de causa. Debajo del cajón de madera en el que viene sentado lleva 80 canarios para una venta que ya ha cerrado con antelación en la ciudad de Barranquilla.

Cifras de Inmigración Colombia señalan que en los últimos seis años 350.000 venezolanos han llegado para quedarse en Colombia ante la crisis política, social y económica en su país.

“Al paso que vamos, el último que salga de Venezuela va a tener que apagar la luz y clavar un letrero en Paraguachón que diga ‘Se arrienda este país’ porque no está quedando nada”, sentencia.

En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
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En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando
En el corazón del contrabando

El río bajo el
control del ELN

Casi dos horas después de iniciado el recorrido en lancha por el río Tarra, en el sur del estado Zulia, registramos lo que algunos saben, otros presumen y los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro llevan años negando: el control territorial que ejerce la guerrilla colombiana del ELN decenas de kilómetros adentro de Venezuela.

Tras la desmovilización de la guerrilla de las Farc, el ELN se convirtió en la organización ilegal más antigua en Colombia y Latinoamérica, con 54 años de acciones armadas y sus principales actividades económicas han sido el secuestro, el contrabando y el narcotráfico.

El río Tarra es un enorme corredor fluvial que conecta el municipio colombiano de Tres Bocas (Norte de Santander) con el extremo sur del Lago Maracaibo, en el estado venezolano del Zulia, y por su curso aseguran los lugareños que corre tanta agua como la gasolina que transportan en pimpinas los contrabandistas en dirección hacia Colombia.

Debido a la presión militar en Colombia, desde el año 2000 el ELN se fue asentando dentro del territorio venezolano

Sabíamos por información previa que el recorrido conllevaba riesgos. Algunos rumores hablaban de guerrilleros colombianos, pero era una probabilidad remota porque estábamos dos horas adentro del territorio venezolano. El peligro en realidad era el malestar que pudiera causar entre las bandas dedicadas al contrabando la presencia de unos pescadores desconocidos.

Así quedó establecido en el libreto que preparamos la noche anterior para hacer frente a alguna eventualidad. Pescadores, que llevamos carnada para bocachico y paletón, que nos dirigimos en dirección a Tres Bocas, frontera con Colombia, y que venimos desde El Pato, un caserío en el Municipio de Casigua, en Zulia, uno de los estados con las mayores reservas de petróleo en Venezuela.

Con la lección aprendida, el motor se enciende antes de las 9:00 de la mañana un día de finales de julio y damos inicio al recorrido por el Tarra; no pasa mucho tiempo para empezar a ver el danzar de las canoas que se deslizan hacia Colombia con víveres y decenas de pimpinas de 23 litros de gasolina cada una.

Pero era imposible no llamar la atención cuando transitas en la única lancha vacía por este corredor fluvial. Todo lo que llevamos son equipos de pesca y una vieja nevera disfrazando ante los propios lancheros la intención de registrar ese movimiento ilegal por el río.

Fuentes de Inteligencia aseguran que por los estados Apure y Táchira se han movido los cabecillas del ELN

Con un dispositivo oculto de grabación intentábamos hacer algunas imágenes y cuando aparecen dos lanchas de frente como cerrando el paso y luego se abren para obligarnos a cruzar por el medio. Al parecer alguien no está conforme con nuestra presencia y el ayudante de la embarcación nos pide no sacar teléfonos ni hacer fotografías.

Un par de curvas más arriba centramos la atención en un banco de arena donde varios hombres están cargando una lancha con más de 20 canecas con capacidad para 55 galones de gasolina e intentamos obtener las imágenes con el teléfono celular. De repente un silbido apacigua el rugir del motor y la lancha se reclina lenta contra el barranco.

Luego la voz del lanchero nos alerta y, sin alcanzar a esconder el teléfono, quedamos de frente a un hombre de baja estatura, botas militares, camiseta sin mangas, pelo rapado y aferrando un fusil M-4 en su mano derecha. Pese al calor en esta zona petrolera, la adrenalina congela el cuerpo y escasea el aire.

El río bajo el control del ELN
Apostados sobre un barranco, hombres del ELN ejercen control sobre el río Tarra, en el estado Zulia.
Mentalmente repasamos el libreto de pescadores que preparamos para un duelo verbal con los contrabandistas o la misma Guardia Nacional Bolivariana, pero ignorábamos qué tan eficaz sería para hacer frente a un grupo de hombres armados con fusiles semiautomáticos, como los que portan los ejércitos más avanzados del mundo.

El sol hiere la piel con sus 37 grados de temperatura y llevamos diez minutos sin saber qué o a quién esperamos. Las lanchas siguen bajando por el río, saludan a los hombres sobre el barranco y aunque quisimos pasar desapercibidos, ahora somos el centro de las miradas.

Por los mapas que revisamos previamente, sabemos que el centro poblado más cercano está aproximadamente a 40 minutos de donde presumimos estar y solo sabe de nuestra presencia un grupo de periodistas a ambos lados de la frontera que aguardan atentos una señal. Pero ahora ignoran el riesgo que enfrentamos en esta tierra de nadie. O mejor, en agua de nadie.

En un momento pensamos que era la Guardia Nacional Bolivariana actuando de civil, por el poder de las armas que portan y porque parte de ese recorrido lo realizamos el día anterior por tierra y para llegar a ese punto era necesario atravesar siete puestos de control militar o alcabalas.

De repente el hombre nos ordena dejar la lancha y subir hasta su posición, donde revisa el único bolso que llevamos y realiza algunas preguntas. De una vieja casona ubicada a pocos metros, envuelta completamente por el bosque, otros cuatro hombres portando fusiles AK-47, M4 y Galil, se acercan para vigilar con binoculares de largo alcance la actividad por el río.

La compañía Comandante Diego del ELN es una de las más activas en la frontera por Norte de Santander

Al parecer hay un caserío cerca porque en la distancia se ve a tres personas más y un par de niños jugando descalzos con un vaso de plástico. A un costado de la vieja casa, que creemos que sirve como campamento, aparecen desordenadas varias pimpinas de gasolina y algunos víveres.

Minutos después, lamiendo sus labios como quien acaba de soltar un plato de comida, aparece un hombre de barba y cabello negro a quien los sujetos armados se refieren como el ‘comandante’ y que Inteligencia Militar en Colombia tiene reseñado con el alias de Cristian.

Con marcado acento colombiano solo alcanza a preguntar por los nombres de cada uno de nosotros y nos mira de pie a cabeza cuando su teléfono suena. Al otro lado de la línea parece que los problemas son mayores a los que puedan representar unos pescadores artesanales y con un gesto de mano autoriza que sigamos el camino.

Sin la más mínima pista que nos permitiera saber quiénes eran estos hombres armados a un costado del río Tarra, descendimos de nuevo a la lancha y nos alejamos del lugar.

Evolución de los precios gasolina
Aún con los nervios tallando, aparece 15 minutos más arriba otro grupo de hombres armados; esta vez pasamos sin problema porque su prioridad, según el guía, es cobrarles el peaje a las lanchas que van con víveres y gasolina hacia Colombia. El lanchero, un viejo de unos 65 años de piel cobriza, saluda levantando la mano y ese gesto es suficiente para abrir esa puerta imaginaria sobre el río Tarra y seguir sin contratiempos hacia el caserío más cercano.

En un par de oportunidades intentamos saber quiénes son los hombres que nos detuvieron, pero el lanchero responde con evasivas. Seguramente lo sabe, pero no insistimos porque es claro que en lugares como este el silencio es sinónimo de vida.

A los costados del río decenas de lanchas parqueadas en embarcaderos improvisados permanecen llenas de pimpinas de gasolina a la espera de la que la luz del día descienda y con ella la caravana que ha de llegar a pocos metros de la frontera con Colombia.

El río bajo el control del ELN
Alias Cristian es cabecilla de comisión del Frente Noroccidental de Guerra del ELN, según órganos de Inteligencia.
Tras 28 kilómetros de recorrido llegamos a Tres Bocas, un caserío donde en cada esquina asoma la ilegalidad; donde la devaluación obliga a transportar los billetes de cien bolívares en maletines y grandes bolsas (el Gobierno prohibió el envío de billetes de alta denominación a los sitios de frontera) y el contrabando es el amo del lugar. Un lugar remoto hasta donde tampoco alcanzó el brazo del Estado colombiano a estirar sus instituciones.

Antes de regresar en la tarde, el ayudante de la lancha voluntariamente nos dice en voz baja que los hombres armados pueden ser de un grupo que ha llegado a la región y que llaman ‘Los Pelusos’, que cree que es otra guerrilla que vino de Colombia para reforzar la lucha armada que sostiene el ELN contra los “grupos paramilitares” en territorio venezolano.

Los habitantes de los estados Táchira y Zulia utilizan el término ‘paramilitar’ para referirse a cualquier grupo distinto a la guerrilla. En este caso hacen alusión a la guerra que libran guerrilleros del ELN con las bandas criminales Los Rastrojos y el Clan del Golfo en varios municipios venezolanos por el control de las economías criminales.

En Tres Bocas compramos parte de la faena de los pescadores residentes en la zona y con la nevera llena iniciamos el regreso. En un gesto amable, y esperando saber algo más de los hombres armados, decidimos voluntariamente detenernos en el campamento para dejarles algo de lo que supuestamente llevamos como pesca y vino entonces lo inesperado.

A junio del 2017, fueron capturados en la frontera 29 miembros del ELN e incautadas 89 armas y granadas

Los hombres que prestaban seguridad sobre esa arteria fluvial se acercaron a recibir el pescado vistiendo uniforme camuflado similar a los del Ejército de Colombia y portando sobre su hombro izquierdo brazaletes de colores rojo y negro con la sigla ‘ELN’. Por fin una pesca nuestra.

Una oportunidad inédita para un medio independiente de captar en imágenes a la guerrilla colombiana del ELN actuando en suelo venezolano uniformados y con armas de alto calibre; ejerciendo control territorial.

Sebastiana Barráez, analista y periodista venezolana que durante varios años ha seguido de cerca la situación en la frontera, explicó que la presencia del ELN en Casigua y Encontrados es porque las bandas criminales han copado el espacio en la frontera y ellos se movieron más hacia el interior del estado Zulia buscando territorios que puedan controlar.

El río bajo el control del ELN
Los hombres del ELN tienen un campamento a orillas del río Tarra con algunos cultivos alrededor.
“La guerrilla del ELN ha actuado muy cómoda allí, pero no teníamos conocimiento de operaciones de tipo militar. Sorprenden las imágenes logradas porque lo que sabemos es que ellos andan de civil y la población de esos sectores saben quiénes son porque ellos son una especie de autoridad en la zona”, explicó Barráez

Fuentes de Inteligencia Militar en Colombia afirman que en territorio venezolano operan las Tropas Especiales Capitán Caribe del ELN, al mando de alias ‘Alexis’, que operan en el norte de Tibú, en suelo colombiano, y el municipio de José María Semprum, en el estado Zulia y El Cruce.

Igualmente, un grupo de fuerzas especiales encargadas de prestar seguridad a los jefes del Comando Central de ese grupo guerrillero, al mando de alias Jhoany, con una presencia fuerte en municipios como Cacigua – El Cubo, donde sostienen un enfrentamiento con las bandas criminales por el control territorial.

Recostado contra la frontera con Venezuela, la guerrilla del ELN tiene el 60 % de sus tropas junto a los Estados de Apure, Táchira y Zulia. Sobre la línea fronteriza es alias ‘César’, del Frente de Guerra Nororiental, quien hace presencia con hombres del Frente Luis Enrique León Guerra.

El ELN ha tenido cercanía con el grupo guerrillero venezolano de las Fuerzas Bolivarianas de Liberación

Tal como ocurre en Colombia, la guerrilla del ELN se ha financiado también en Venezuela de delitos como el secuestro y a comienzos de este año Javier Tarazona, presidente del Colegio de Profesores del estado Táchira, denunció que este grupo armado ilegal se está fortaleciendo con el reclutamiento de niños venezolanos en municipios fronterizos.

Incluso, en varias oportunidades se ha denunciado que en el estado Táchira se sintonizan tres emisoras de esta guerrilla en los diales 96.7 FM, 95.5 FM y 90.1 FM con el nombre de Antorcha Estéreo y otra emisora del Frente Oriental sin que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela (Conatel) haya hecho algo para sacarlas del aire pese a las denuncias.

El mayor general retirado del Ejército, Clíver Alcalá Cordones, quien acompañó a Hugo Chávez y ha tomado distancia de las actuaciones de Nicolás Maduro, reconoce en entrevista con este diario que los grupos guerrilleros tenían un pacto con el Gobierno en Caracas desde el gobierno del expresidente Hugo Chávez, pero lamenta que ese acuerdo se haya desbordado.

“En el pasado yo no tengo dudas de que el Gobierno de Venezuela tenía una especie de pacto político con los grupos de este tipo, pero ahora se les permitió avanzar y se les permitió controlar territorios. Estamos en una contradicción, perdiendo soberanía en la frontera y por otro lado pidiéndole a la comunidad internacional que respete nuestra soberanía”, dice el general Alcalá.

Rocío San Miguel, directora de la ONG venezolana Control Ciudadano, aclara, por su parte, que “la Guardia Nacional Bolivariana no está defendiendo en las ciudades del interior la soberanía ni la independencia. Se está defendiendo es la permanencia en el poder de un sistema corrupto”.

Fuentes oficiales aseguran que el ELN recibe atención médica en el municipio de José María Semprum, en Zulia

También contrario al general Alcalá Cordones se pronunció el internacionalista y catedrático de la Universidad del Rosario de Bogotá, Vicente Torrijos, quien cree que la responsabilidad del fortalecimiento de los grupos guerrilleros colombianos en Venezuela le corresponde toda al expresidente Hugo Chávez. “No solo les abrió la frontera y los resguardó de la acción de las Fuerzas Armadas colombianas, sino que les permitió controlar economías ilícitas”.

El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN
El río bajo el control del ELN

Barráez agrega que es innegable que existe un trabajo coordinado en la frontera entre las organizaciones armadas colombianas y la Guardia Nacional Bolivariana “que en principio lo que hacía era cobrarles a los contrabandistas una vacuna o un peaje, pero ahora incluso controlan algunas trochas o pasos ilegales”.

Esa actuación coordinada entre militares y guerrilla del ELN facilitará que con su anuencia, esta noche seguramente saldrán de nuevo la caravana de lanchas cargadas de gasolina y de víveres en dirección a Tres Bocas, en la frontera con Colombia, donde el precio del combustible alcanza hasta mil veces su valor inicial.

El poder de las bandas
criminales

Parece una escena del otro mundo. Tres militares de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) escoltan a un hombre de civil, quien espera al final del Puente Internacional Unión para extorsionar a quienes llegan con alimentos desde Colombia al municipio de Boca de Grita, en el Estado Táchira.

Con el desabastecimiento de alimentos en Venezuela, por este paso internacional llegan diariamente entre 15.000 y 20.000 personas al municipio de Puerto Santander (Norte de Santander), procedentes de los estados Táchira, Mérida y Zulia. Todos pasan conscientes de que además de sus gastos, deben separar el dinero para pagar esta suerte de ‘impuesto al hambre’ a supuestas bandas criminales colombianas.

Ya habíamos intentado cruzar hacia Venezuela una vez, pero mientras renegamos de las filas y la alta temperatura advertimos que una mujer fue separada del camino por los uniformados venezolanos, revisados sus paquetes y antes de proseguir debió pagarle a un hombre de baja estatura, barriga generosa, gruesas cadenas que le cubren el cuello y una mochila en la que va depositando el ‘impuesto’.

Los Rastrojos y Clan del Golfo sostienen enfrentamientos en Venezuela por control territorial

Los estimativos de las autoridades venezolanas señalan que el 40 por ciento de los productos básicos que se encuentran bajo control de precios en ese país pasan de contrabando a Colombia y que buena parte de ellos terminan siendo comercializados en el municipio de Puerto Santander.

La explicación para que los mercados y almacenes estén abarrotados de productos con el sello de Precio de Venta al Público (PVP) registrado en bolívares y con el nombre y la bandera de ‘República Bolivariana de Venezuela’: es simple. En Colombia alcanzan hasta 20 y 30 veces su precio real.

El poder de las bandas criminales
El poder de las bandas criminales
Eso lo saben las bandas criminales y por eso su accionar no se limita a cobrar impuesto de ingreso a Venezuela. Comerciantes de Puerto Santander aseguran con un temor palpable que no solo ellos pagan extorsiones a estas bandas, también los contrabandistas, los vendedores formales e informales en ambos países y quienes se dedican al cambio de moneda.

Con el propósito de entender lo que está ocurriendo, decidimos entonces regresarnos hasta Puerto Santander para comprar productos de primera necesidad y tratar de saber lo que pasa con los uniformados.

Luego de terminar nuestro mercado exprés, preparamos todo para intentar grabar con una cámara oculta lo que ocurre al otro lado del puente, en la eventualidad de que los militares decidieran detenernos. En total llevamos cuatro paquetes con harina pan, azúcar, leche en polvo, arroz, elementos de aseo y un par de llantas de motocicleta que compró el guía para rehabilitar su moto, que completa dos meses parada por falta de cauchos.

Tan pronto el guía supo que el propósito es obtener imágenes, intenta persuadirnos de no hacerlo y advierte que si son esas las intenciones no está dispuesto a caminar cerca de nosotros por una cuestión de supervivencia. Que en ese caso él cruzaría antes o después de nosotros.

“¿Estás loco chico? Tú cree que alguien va a atreverse a grabar aquí donde los paramilitares tienen controlado todo. Si solo sacas un teléfono móvil y de inmediato se te ponen atrás para mirar si estás grabando o te leen los chats. Dicen que controlan hasta con cámaras”, advierte el hombre, en alusión a las bandas criminales.

Decidimos atravesar y uno de los dispositivos de grabación va encendido. Delante de nosotros caminan varias personas con paquetes similares y reducimos la marcha porque queremos saber exactamente lo que ocurre y de qué hablan los uniformados con la gente. Mientras las demás personas se alejan, nos quedamos en el puente viendo las lanchas que pasan de Venezuela a Colombia con víveres, ante los ojos de todo el mundo.

Bandas criminales colombianas extorsionan a comerciantes en los estados Táchira y Zulia

Poco después el camino está despejado y caminamos como condenados directo al paredón. Desde la distancia un soldado alto y lánguido nos ve venir y de inmediato se para de su silla, mientras el hombre de civil que los acompaña le quita el dinero a una mujer que lleva con orgullo una camiseta con los colores de la bandera de Venezuela.

Lo primero que pregunta el uniformado es cuánto pagamos por los productos que estamos pasando y alerta a una sargento de nombre ‘K. Martínez’ de que llevamos víveres. La suboficial nos mira fijo y con solo volver la mirada le cede el control de la situación al hombre de civil de baja estatura y barriga generosa.

Con una mirada intimidante, un par de cadenas doradas que le cubren el cuello y sin guardar el manojo de billetes que le acaba de entregar la última víctima, el hombre pregunta a dónde vamos y qué contienen los paquetes que traemos. Decide luego que para seguir, tenemos que darle dos mil bolívares por cada paquete, mientras los oficiales de la Guardia Nacional permanecen al lado nuestro como simples testigos notariales de la extorsión.

Por más de dos minutos contamos y recontamos los 80 billetes que habremos de entregarle para lograr la suma exigida. En este punto de la frontera es escaso el billete de altas denominaciones y todo gira en torno al de cien bolívares. Mientras tanto el hombre se pone de pie y los guardias se ubican a los lados como armando un cinturón de seguridad.

El guía y otras personas que han debido cancelar la extorsión en el puesto militar aseguran que la Guardia Nacional Bolivariana actúa junto a bandas criminales. Intentamos corrobar esa información con el Ministerio de Defensa de Venezuela, pero nunca obtuvimos respuesta.

Con ocho mil bolívares menos en el presupuesto, recogemos los paquetes para seguir el camino; mientras tanto ya los oficiales de la Guardia Nacional tienen retenida a la próxima víctima. Convencidos de que la situación había sido superada, continuamos el camino pero esta experiencia con los miembros de bandas criminales sobre el paso internacional estaba lejos de terminar.

Venezuela relaciona insistentemente a paramilitares colombianos con un intento de golpe

Información de inteligencia recopilada por las autoridades colombianas señalan que a lo largo de la frontera y dentro del territorio venezolano operan las bandas criminales de El Clan del Golfo, como se conoce ahora al clan de Los Urabeños, y la banda criminal los Rastrojos.

El clan del Golfo es una organización delincuencial al mando de alias ‘Chulo’ e integrada por 104 hombres, según los reportes de Inteligencia Militar en Colombia. Su rango de acción va desde Cúcuta, Villa del Rosario y Puerto Santander y se extiende hasta el municipio venezolano de Guarumito, entre Colón y La Fría, en el estado Táchira.

Sobre el puente, dicen las autoridades, quienes operan a ambos lados de la frontera y suman ya una trayectoria larga de vínculos y coexistencia con la Guardia Nacional Bolivariana es la banda criminal Los Rastrojos, una organización que en esta zona está al mando de alias Necoclí.

El poder de las bandas criminales
El poder de las bandas criminales
Esta estructura de 83 hombres, que según fuentes de Inteligencia Militar en Colombia, habría ampliado su rango de acción reclutando a jóvenes venezolanos, tiene fuerte presencia en Puerto Santander (En los corregimientos de Banco de Arenas y Vigilancia) y los municipios venezolanos de Boca de Grita, García de Hevia y Orope, justo el sector donde nos encontramos.

Contra estas bandas criminales se han realizado 23 operaciones conjuntas de Ejército y Policía de Colombia en lo corrido de este año y se ha logrado la captura de 76 personas relacionadas con estas organizaciones y la incautación de 58 armas de fuego y 11 artefactos explosivos.

De lado venezolano las cifras no existen. El País intentó durante tres semanas hablar con el gobernador de Táchira, José Gregorio Vielma Mora, pero la persona encargada de las comunicaciones se limitó a decir que “hay un manejo tendencioso de los medios colombianos hacia Venezuela” y que “ojalá las imágenes que obtuvieron no sean solo del ELN sino también de los paramilitares colombianos, que hay bastanticos por esta zona”.

“Preocupante la presencia de paramilitares colombianos que cruzan la frontera en ambos sentidos constantemente… contrabandeando gasolina, ganado, víveres, vacunado, sicariando, participando en las protestas opositoras, etc. Ojalá también hayan grabado eso”, respondió a través de mensajes la persona encargada de las comunicaciones en la Gobernación del estado Táchira.

Extorsión en dos actos
Cien metros más delante de donde hemos pagado la extorsión a las bandas criminales, ya en pleno centro de Boca de Grita, Táchira, no nos hemos percatado, pero dos hombres apostados junto al cuartel de la Policía aguardan nuestra llegada.

Desde unas sillas plásticas en plena calle principal nos hacen un llamado y el guía intenta explicarles que ya hemos pagado por el paso de los productos sobre el puente al hombre que se hace acompañar por la Guardia Nacional, pero es inútil.

“Si quiere vamos hasta el puente nuevamente para que veas que ya hemos pagado por estos paquetes”, insiste el guía frente a los hombres, quienes nos sorprenden aún más con su respuesta. “Lo que pagaron allá es para la Guardia y para el Seniat (entidad que recauda impuestos en Venezuela), lo que se paga aquí es lo de nosotros”, dice uno de los hombres recostados sobre una silla y quien se niega a decir a quién se refiere cuando habla de “nosotros”.

Se trata de una extorsión en dos actos y ahora los hombres nos exigen tres mil bolívares más para pasar con las bolsas; todos saben que la cifra no es negociable y que intentar evadir el pago es un pésimo negocio, advierte el guía dejando entrever que no hay opción.

Al revisar las imágenes nos damos cuenta que unos pasos más adelante de donde nos retuvo la Guardia Nacional, dos mujeres y un hombre con uniformes del servicio de aduanas de Venezuela Seniat, permanecían atentos a los movimientos del hombre de civil; asumimos que como auditando y registrando los pagos irregulares que se han hecho.

El creador de Los Rastrojos, Wílber Varela, alias Jabón, fue asesinado en Mérida en enero del 2008

A la corrupción y complejidad de la zona se suman elementos nuevos, según autoridades militares en Colombia. El Clan del Golfo y Los Rastrojos están en proceso de fortalecimiento y han aumentado su pie de fuerza con la llegada de nuevos integrantes desde los departamentos de Chocó y Antioquia para fortalecerse en la lucha que sostienen ambas bandas criminales por control territorial y las economías ilegales.

Ganancia final al cambio
La presencia de la banda Los Rastrojos en Venezuela no es nueva. En el 2008 fue asesinado en el estado Mérida su principal jefe, Wílber Varela, alias Jabón, quien creó esta organización al servicio del narcotráfico para enfrentar en el occidente colombiano a Diego Montoya, alias Don Diego, y su banda criminal Los Machos por las rutas de la droga.

También en el estado Barinas, lejos de la frontera con Colombia, fue capturado a mediados del 2012 a quien todos conocían como Don José, el dueño de una de las más grandes fincas arroceras del estado donde nació el expresidente Hugo Chávez.

Se trataba en realidad de Diego Henao, alias Diego Rastrojo, quien confesó ser el asesino de su antiguo jefe, Wílber Varela, y habló durante su juicio de dos cumbres de narcotraficantes que se hicieron en Barinas junto a Javier Antonio Calle Serna, alias Comba, Daniel ‘El Loco’ Barrera y Juan Carlos Rivera, alias 06.

Las propias autoridades venezolanas han asegurado que tienen registrada la presencia de decenas de paramilitares colombianos en los estados Táchira, Zulia, Apure, Barinas y Mérida, actuando como parte de economías criminales como el contrabando, el tráfico de drogas, la extorsión, el tráfico de armas y el paso de combustible.

Basta con dar un vistazo a los boletines de prensa de la Fiscalía de Venezuela para darse cuenta que en las pocas acciones en las que se han registrado capturas contra bandas criminales están también involucrados miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB.

Las bandas criminales se disputan con el ELN los territorios que dejaron las Farc en Venezuela

Pero toda acción tiene su efecto y una de esas consecuencias es el actual cierre de la frontera ordenado desde Caracas, a raíz de un supuesto ataque de paramilitares colombianos contra tres oficiales del Ejército de Venezuela, según el presidente Nicolás Maduro.

Ocurrió el 19 de agosto del 2015, cuando tres integrantes del Ejército Bolivariano fueron emboscados y heridos por supuestos paramilitares. Sin embargo, el exembajador de Venezuela ante Naciones Unidas Diego Arria aseguró tras refugiarse en España que el hecho que llevó al cierre de la frontera fue un ajuste de cuentas entre la Guardia Nacional y el Ejército venezolano.

Según explicó Arria a los medios, los militares heridos habían detenido días atrás una camioneta que conducían dos agentes de la Guardia Nacional, quienes se negaron a una requisa y pidieron la presencia de un fiscal. Horas después, ante un delegado del Ministerio Público, fue abierta la camioneta y en su interior se hallaron drogas, 47 millones de bolívares y 3 millones de dólares.

En su momento Arria aseguró que el ataque perpetrado contra los uniformados fue una vendetta por el narcotráfico y el control del tráfico de gasolina.

“El trabajo sucio de la Guardia Nacional Bolivariana en este punto de la geografía venezolana la realizan los paramilitares colombianos. No es gratuito que el cerebro de la estructura criminal Los Rastrojos, con quienes hoy comparte escenario la Guardia Nacional Bolivariana haya sido asesinado en Mérida; el señor se movía sin problemas por las zonas controladas por la Guardia”, dijo un analista venezolano quien pidió no revelar su identidad.

El poder de las bandas criminales
El poder de las bandas criminales
“Son manzanas podridas, actuaciones individuales”, aseguró hace pocas semanas el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa venezolano, tras una operación antinarcóticos que dejó al descubierto que varios uniformados actuaban de lado de carteles de droga colombianos.

Sin embargo, las imágenes logradas por El País durante este viaje al corazón del contrabando y la ilegalidad en Venezuela, revelan que se está pudriendo todo el bulto.

A la sombra de las bacrim
A la sombra de las bacrim
A la sombra de las bacrim
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A la sombra de las bacrim
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la trocha
de los Pelusos

Aunque no figure en ningún mapa y los libros de geografía hablen oficialmente de siete pasos internacionales entre Venezuela y Colombia, la ‘Pika del Dos’ es extraoficialmente el cruce número 8 y es la única vía, aunque ilegal, por la que se puede ir en vehículo de un país a otro desde que el presidente Nicolás Maduro ordenó el cierre de la frontera.

La ‘Pika del Dos’ es una de las 57 trochas o pasos ilegales que tienen ubicadas satelitalmente las autoridades colombianas solo en el departamento de Norte de Santander (En total son 192 a lo largo de toda la frontera) y por allí se mueve sin mayores obstáculos el contrabando, el tráfico de drogas, el combustible y toda actividad que represente una economía criminal.

Aquí el pasaporte no es necesario para ir de un país a otro y quienes actúan como ‘agentes consulares’, que de vez en cuando aparecen, son los miembros de la banda criminal Los Pelusos, un grupo disidente de la guerrilla del EPL que comandó Víctor Ramón Navarro, alias ‘Megateo, hasta octubre del 2015, cuando murió en una operación conjunta de la Policía y el Ejército de Colombia.

El Ejército Popular de Liberación, EPL, se desmovilizó el 15 de febrero de 1991

Los Pelusos tienen más de 400 hombres entre el Catatumbo y el territorio venezolano, según fuentes militares en Colombia; obedecen órdenes de alias Pácora y esta organización criminal está dedicada especialmente al narcotráfico, el tráfico de combustible y la extorsión a los contrabandistas.

Ninguna señal en la vía conduce hacia la ‘Pika del Dos’. Para encontrar el camino es necesario tomar la carretera que del Táchira va hacia Maracaibo y solo los que se han codeado en actividades ilegales saben exactamente donde tomar el desvío que en 20 kilómetros lleva hasta el municipio colombiano de Tibú, Norte de Santander, considerado la Capital del Catatumbo.

Sin más excusas para estar sobre la vía que una falsa fórmula para ir del lado colombiano a conseguir algunas medicinas, que también escasean en Venezuela, tomamos este paso ilegal pasadas las 2:00 de la tarde sobre una motocicleta y con un sol que ambienta el camino infernal.

la trocha de los Pelusos
la trocha de los Pelusos
En el punto de entrada, y debajo de una palma de sombra generosa, cuatro hombres en motocicleta fungen como anfitriones en la vía. Dos de ellos conducen delante de nosotros durante un par de kilómetros, vigilando cada movimiento a través de su espejo retrovisor, hasta un puesto rudimentario donde ya nos esperaban unos viejos conocidos en este recorrido por las entrañas del contrabando: funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana.

-“¿Ustedes para quién trabajan?”, fue la pregunta inicialmente del uniformado.
-“Para nadie. Vamos a Tibú a comprar una medicina urgente para una tía y a buscar una tapa lateral que se le perdió a la moto”, explicó el guía venezolano, quien tiene además la misión de llevar la vocería para evitar que el acento colombiano nos deje por fuera del camino.

A diferencia de los vehículos que permanecen estacionados al lado del retén, no llevamos combustible, ni víveres, ni carne, ni cobre, ni materiales para la construcción. Sin nada que llame la atención, el uniformado da la espalda como cediendo el paso y se concentra en su teléfono móvil.

No recorremos ni 20 metros cuando al otro lado del camino uno de sus compañeros de armas parece no estar de acuerdo con lo rápida que fue la detención, nos silba y nos hace regresar de nuevo.
-“Para dónde van por ahí”, pregunta.
-“A Tibú”.
-“¿Qué van a hacer allá?”.
-“A comprar un medicamento para una tía y la tapa de la moto”.
-“¿Ustedes ya se censaron?”.
-“Sí. Debemos estar ahí porque pasamos mucho por aquí”, respondió el guía.

El hombre se convence con la explicación y continuamos el camino hacia Colombia, mientras siguen llegando conductores de camionetas y vehículos para hacer religiosamente la parada frente a una mesa vieja, con dos sillas en el frente donde se ubican quienes llegan a ‘dialogar’ con los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana.

Tras la desmovilización del EPL, 160 hombres al mando de Francisco Caraballo quedaron en disidencia

-¿Para qué es el censo?, le pregunté al conductor de la motocicleta. -“Por plata. Porque los contrabandistas deben dejar una parte de plata ahí. Todos estos carros que vienen vacíos de allá para acá ya fueron a dejar algo de contrabando a Tibú”, responde.

La vía polvorienta es tan transitada como cualquier frontera internacional. Decenas de camionetas Ford Bronco y automóviles Chevrolet Caprice, preferidos por los contrabandistas de combustible por la capacidad que tienen de almacenar hasta 160 litros de gasolina en su tanque, van y vienen.

También camiones de carga desfilan por esta trocha de tierra amarilla con víveres, chatarra, canecas de combustible y materiales de construcción hacia Colombia durante el día y parte de la noche.

De acuerdo con el guía, en esta trocha “hasta el aviso en el que se lee ‘Bienvenidos a Colombia’ es falso. “Aquí estamos todavía en Venezuela. Lo que pasa es que si se paran con todos estos negocios ilegales en el lado colombiano los coge el Ejército o la Policía y los jode. Pero ellos saben que hasta aquí no van a llegar las tropas y que los protege la Guardia”, asegura.

Demostrar que aquí Los Pelusos no solo controlan el territorio y dictan sus normas, sino que deciden a su antojo por dónde debe cruzar la línea fronteriza sería un gran hallazgo. Sin embargo, en este punto de la geografía, en el corazón del convulsionado Catatumbo, tratar de averiguarlo sería tan mala idea como andar por esta trocha con un dispositivo para lectura de coordenadas.

 

Resumen de aprehensiones totales 2011-2017
Ver gráfico
Unos 300 metros más adelante, al lado izquierdo de la vía, aparece un improvisado puesto de control que según los avisos hace parte de un consejo comunal, aunque los conductores aseguran que nadie instala un rancho en la ‘Pika del Dos’ sin el visto bueno de Los Pelusos. Una mujer sale al escuchar el ruido de la motocicleta y nos cobra dos mil pesos o cuatro mil bolívares por cada uno.

Un poco más arriba aparece solo un rastro en el lugar en que los contrabandistas aseguran que salen Los Pelusos para controlar actividades ilegales como el contrabando de aluminio, que se ha incrementado por esta vía.

Los Pelusos tienen presencia activo en los 11 municipios colombianos que conforman el Catatumbo

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Víctor, quien en realidad tiene otro nombre, ha sido compañero de aventuras ilegales del guía que nos acompaña y al encontrarlo en este camino presume de estar haciendo cobres (dinero) con el aluminio.

“Después de que les pague a Los Pelusos no hay problema. Yo lo que hago es que vendo el aluminio y desde Tibú hago una transferencia al banco en Venezuela. Así le pagan a uno mejor el peso y no carga mucha plata para evitar que le quitenmás”, aconseja Víctor.

La región del Catatumbo es una extensión montañosa sobre Colombia y Venezuela

En lo corrido del 2017, el contrabando de aluminio ha tenido un incremento del 629%, de acuerdo con la División de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia, en comparación con lo que se vivió en el 2016. Se pasó de 1445 kilos en todo el 2016 a 10.536 kilos a julio del 2017.

El tráfico de aluminio se ha convertido en otra llamativa fuente de ingresos para los contrabandistas, quienes adquieren el kilogramo en Venezuela por 2500 pesos, poco menos de un dólar, y lo venden en Colombia en 4500 o 5000 pesos, cerca de dos dólares, lo que representa una ganancia del 100 por ciento.

 

‘El pategrillo’
Menos de un kilómetro adelante del retén instaurado por Los Pelusos, un balancín desprovisto de seguridad, y a un lado de la vía bombea petróleo a través de tres tuberías, una de ellas termina junto a una casa cubierta con una membrana negra que impide ver lo que ocurre detrás.

Además de las acciones terroristas contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas para extraer petróleo, las autoridades colombianas y los contrabandistas que acostumbran moverse por la ‘Pika del Dos’ aseguran que en este lado de la frontera pozos como ese bombean para diferentes patronos.

“Esto puede ser de Ecopetrol o de Pdvsa, pero de aquí también se alimentan Los Pelusos y el ELN”, asegura el guía, quien dice conocer bien del tema porque su suegro era “encuellador” de la estatal petrolera venezolana y lo sacaron de la empresa por la cercanía de sus hijas con sectores de la oposición.

Los grupos guerrilleros colombianos tienen la capacidad de refinar artesanalmente ese petróleo y de extraer de él un producto conocido como ‘pategrillo’, que no solo sirve para el procesamiento de cocaína sino que logran extraer gasolina para alimentar el contrabando de combustible.

la trocha de los Pelusos
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El proceso, según explicó una fuente militar, consiste en depositar el crudo en enormes canecas metálicas a las que llaman marcianos y que al exponerlo a altas temperaturas obtienen el ‘pategrillo’ para refinar la cocaína y gasolina para vehículos; el sobrante termina en ríos y montañas generando un grave daño ambiental.

“El Catatumbo es hoy por hoy una zona muy compleja. Ahí tenemos presencia del ELN y Los Pelusos, dedicados especialmente al narcotráfico y al cobro de cuotas o extorsiones a los contrabandistas de hidrocarburos. Igualmente, al hurto de combustible del oleoducto Caño Limón-Coveñas, el cual convierten en el llamado ‘pategrillo’, que sirve para ser utilizado de insumo en el narcotráfico”, explicó el general Gustavo Moreno, Comandante de la Policía en Norte de Santander.

Justamente, unos metros más adelante y tras casi una hora de camino por la trocha, aparecen dos enormes complejos para el acopio y contrabando de gasolina, donde permanecen parqueados varios camiones con canecas de 55 galones y otros más grandes con canecas de 1000 litros, a la espera de poder cruzar durante la noche en caravana hacia Tibú.

Dentro del primero de estos lugares, llegan varios carros Chévrolet Caprice y otras referencias similares a vender el combustible que han adquirido en las estaciones de servicio en los municipios de los estados Zulia y Táchira.

La vía es amplia y el suelo es testigo de los litros de gasolina que por alguna razón se han derramado por este camino, en adelante como recubierto de alquitrán, donde el olor a combustible domina el ambiente y la visión se hace difusa por efecto de los gases asados al calor de la región.

La Pika del Dos es solo una de las 57 trochas identificadas en Norte de Santander

Cien metros más adelante hay otro complejo aún más grande sobre un piso de tierra ennegrecido por el combustible que, según el acompañante, es petróleo para llevar a refinerías artesanales. A los lados permanece parqueada una flotilla de camiones viejos, a punto de chatarrizar, que son los preferidos por los contrabandistas porque se adquieren a bajo costo y las pérdidas no serán mayores si son incautados por el Ejército o la Policía de Colombia.

Cerca de una decena de esas ‘refinerías’ artesanales ha sido destruida en el último año por la Fuerza Pública, todas en la región del Catatumbo, en los municipios de La Gabarra y El Tarra, donde están los laboratorios para producción de cocaína del EPL y el ELN. Una caneca de ‘pategrillo’ cuesta alrededor de 180.000 pesos, 62 dólares, mientras la de gasolina se vende por cerca de 250.000 pesos, que equivale a 86 dólares.

la trocha de los Pelusos
la trocha de los Pelusos
Lo inexplicable es que los miles de galones de combustible que tenemos al frente, en esta bomba de tiempo que por acción del calor en cualquier momento podría estallar, no los haya visto pasar ninguno de los uniformados de la Guardia Nacional apostados kilómetros más abajo en la entrada a la ‘Pika del Dos’.

En adelante, y ya cerca de Tibú, cada centímetro en la vía anuncia que entramos al territorio del EPL. Entre otras cosas porque este grupo no se autodenomina ‘Los Pelusos’, como ha sido bautizado por las autoridades para identificarlos como banda criminal. Ellos prefieren ser vistos como grupo guerrillero.

De acuerdo con los grafitis en postes y paredes, Los Pelusos son el mismo Frente Libardo Mora del EPL y así se lo recuerdan a contrabandistas y visitantes ocasionales como nosotros.

Del lado colombiano, aseguran fuentes de la Policía Nacional, “esta banda criminal se dedica a hurtar combustible del oleoducto entre Tibú y El Tarra para surtir los grandes laboratorios en sectores como Filo Gringo.

Filo Gringo es justo el sector donde hace un par de meses fueron secuestrados dos periodistas holandeses que grababan un programa de reencuentros familiares y por donde también fue plagiada la periodista española Salud Hernández, quien preparaba un informe especial sobre el Catatumbo, muy cerca del lugar en el que ahora nos movemos.

Es inevitable sentir que en Tibú todo mundo te mira; todo mundo habla en secreto de las personas en la moto que nunca habían visto por la región. El consejo del guía es entrar en la farmacia y comprar cualquier medicamento porque está seguro que ‘Los Pelusos’ saben de nosotros desde el momento mismo en que tomamos la ‘Pika del Dos’ y seguramente alguien en Tibú estará pendiente de si entramos o no en búsqueda de la medicina por la que supuestamente vinimos. Con varias pastas y un jarabe que no necesitábamos iniciamos el regreso luego de comer en Tibú.

El resurgir del EPL
La guerrilla del EPL se desmovilizó el 1 de marzo de 1991 y aunque 2200 combatientes entregaron sus armas, un reducto de 150 hombres al mando de Francisco Caraballo se agrupó en torno al Frente Libardo Mora y se asentó en la región del Catatumbo.

Documentos de la Fiscalía General de la Nación indican que este grupo disidente se fue fortaleciendo en la frontera venezolana con la ayuda del ELN, con quienes han atacado conjuntamente unidades militares, oleoductos y estaciones de Policía.

Igualmente, en territorio venezolano han unido fuerzas en los últimos años para disputarle a las bandas criminales colombianas en varios municipios de los estados Táchira y Zulia el control territorial y el manejo de las economías ilegales. Entre ellos los sectores de Casigua El Cubo (Zulia) y Orope (Táchira).

En esa disputa, dicen los estrategas militares, es crucial conservar el control del Catatumbo que es de donde brota, literalmente, el combustible que ha mantenido encendida la guerra en Colombia: la cocaína. Una zona que el abandono del Estado la convirtió en campo abonado a la criminalidad.

John Marulanda, consultor internacional en temas de seguridad, indica que con la crisis política y económica en Venezuela ha aumentado la corrupción y la propia Fuerza Armada ha sentido el desabastecimiento y el problema de los bajos salarios y eso es un incentivo a que se dediquen a actividades ilícitas en la frontera.

Agrega que el fortalecimiento de Los Pelusos (EPL), un grupo que el Gobierno colombiano insiste en decir que se ha extinguido, es producto de la suspensión de la aspersión aérea de cultivos ilícitos, “acordada en la mesa de negociaciones de La Habana” y que generó tantos cultivos y tanta cocaína que pasan para Venezuela para que vía aérea se vaya para el Caribe.

El EPL, junto al ELN, extraen combustible del principal oleoducto colombiano

“Los Pelusos mantienen el control de once municipios del Norte de Santander y ellos allí ponen las leyes de convivencia, ordenan los toques de queda, tienen control del territorio. Todo eso está alimentado por la coca y todo eso es culpa de este Gobierno que no ha tomado medido radicales y ha permitido que crezca de manera incontrolable los cultivos de hoja de coca y ahí es donde han venido creciendo y ha resucitado a la sombra de Los Pelusos, la guerrilla del EPL”, dice Marulanda.

Una capacidad que puede ir en aumento, toda vez que Los Pelusos viene en un proceso de aumento de hombres, reclutando jóvenes entre los 15 y los 20 años, y copando espacios que dejó la guerrilla de las Farc tras someterse al proceso de paz con el Gobierno de Colombia.

Esa cercanía de Los Pelusos con el ELN los convierte también en aliados de la Guardia Nacional Bolivariana. En Colombia han sido capturados varios enlaces de Los Pelusos que estaban a cargo de la compra de armas a militares venezolanos.

Entre ellos ‘Camilo Barrera’, capturado en abril de este año en Villa del Rosario, y quien era cabecilla logístico de Los Pelusos y el encargado de distribuir el armamento que adquiría de militares venezolanos, como fusiles, subametralladoras, pistolas y granadas, según fuentes militares.

la trocha de los Pelusos
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Muchas de esas armas venezolanas han sido encontradas por las autoridades colombianas en operativos contra este grupo ilegal, que junto a Los Rastrojos y el Clan del Golfo, con asiento en Venezuela, hacen parte de los objetivos a desarticular según fuentes militares.

Los Pelusos son para las autoridades de Colombia y Estados Unidos uno de los principales grupos dedicados al narcotráfico transnacional, exportando cocaína hacia Norteamérica y Europa, usando como plataformas a Venezuela y el mar Caribe.

El negocio de las drogas y el contrabando, según las autoridades estadounidenses, no habría alcanzado estos niveles sin la ayuda de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Por esa razón tiene abiertos procesos en varias cortes contra más de una veintena de funcionarios del chavismo, la mayoría implicados en tráfico de armas y de cocaína con organizaciones criminales colombianas y carteles mexicanos como el de Sinaloa.

Los Pelusos en el Catatumbo tendrían al menos ocho enormes complejos para la producción de cocaína, según Inteligencia del Estado, y con una capacidad para producir alrededor de una tonelada cada mes, que sale hacia Venezuela por trochas como la ‘Pika del Dos’ y que llega hasta los puntos de embarque, tras la hazaña de atravesar todo el país, en las costas bolivarianas.

A nuestro regreso a Venezuela, y luego de caer la tarde, la actividad va en aumento y ya los agentes de la Guardia Nacional permanecen recostados bajo una palma, desde donde levantan la mano en señal de saludo, mientras vehículos y camionetas corren extrayendo de su país todo cuanto pueden.

Es como si hubiera llegado ‘la hora feliz’ para los contrabandistas por esta trocha que, al parecer las autoridades colombianas ni venezolanas han visto, desde octubre del 2015, cuando Maduro ordenó el cierre de la frontera, se convirtió en uno de los pasos internacionales más activo de toda América, después de la frontera entre Estados Unidos y México.

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De acuerdo con las autoridades, aunque el Eln es el grupo que más hurta crudo, el Epl roba por lo menos mil barriles de petróleo al mes.

Pero las bandas criminales también viven del contrabando de gasolina y acpm que traen de Venezuela y lo introducen al país ilegalmente. El mayor centro de esta actividad es Puerto Santander, municipio del área metropolitana de Cúcuta y área de frontera con el vecino país. Por esta población ingresaban mensualmente cerca de dos millones de litros de combustible a través de diversos mecanismos fraudulentos.

La dimensión del negocio llevó a las autoridades a intervenir ese negocio ilícito. Desde hace tres meses, agentes de la Policía Fiscal y Aduanera, bajo el mando del director nacional, el general Gustavo Moreno, adelantan operativos en los centros de acopio ubicados en Puerto Santander con el fin de contrarrestar el contrabando. Inicialmente, las medidas adoptadas provocaron fuertes enfrentamientos con los contrabandistas, quienes bloquearon el municipio e incendiaron el edificio de la Alcaldía.

‘Gonzalo Satélite’ es el comandante del Frente Juan Fernando Porras Martínez, del Eln, que opera en Sardinata y Tibú.

Créditos:
Reportería y redacción: Unidad investigativa.

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Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS.

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Geraldine Moreno: la muerte que persiste en la memoria del venezolano por Winnifer Mijares – El Nacional – 1 de Septiembre 2016

Unknown.jpegLa joven de 23 años de edad fue asesinada en Carabobo por la GNB

A Geraldine Moreno le gustaba participar en las movilizaciones en contra del régimen de Nicolás Maduro que se hicieron en 2014, año en que empezó a gestarse la desobediencia civil en Venezuela hacia la gestión del chavismo.

El 19 de febrero de ese año, Rosa Orozco, madre de Moreno, le había dicho a su hija que quería descansar ese día, pero la respuesta fue tajante: “Mamá, Venezuela no espera por ti”. Y salió a protestar en la ciudad donde nació, Naguanagua.

Minutos después de que Geraldine fue a la manifestación, a Rosa le dijeron que su hija había sido herida.

“Salgo a la entrada de la urbanización y veo a mi muchacha en el piso con la cara tapada”, dijo Orozco.

La muerte de Geraldine Moreno, por sus características de tratos crueles e inhumanos, permanece en la memoria del imaginario venezolano, en especial de los ciudadanos que perdieron a sus familiares durante las protestas de 2014.

La joven deportista y estudiante de Citotecnología fue asesinada por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana, quienes le dispararon perdigones en la cara y el cuerpo.

Geraldine fue trasladada a la Clínica Metropolitana. Allí los médicos informaron a los familiares que la estudiante había perdido el ojo derecho y 80% de la masa cerebral.

A pesar del diagnóstico, Rosa Orozco afirmó que su hija pudo articular sus últimas palabras: “¡Bendición! Te espero en libertad, no dejes la calle”. Fueron cuatro días de agonía, el 22 de febrero falleció.

Por el crimen, el Ministerio Público condenó a 30 años de prisión a Albin Bonilla Rojas, sargento de la GNB; y a 16 años y seis meses a Francisco Caridad Barroso, también militar.

A Bonilla lo culparon por el delito de homicidio calificado con alevosía por motivos fútiles y trato cruel en grado de complicidad. A Barroso lo acusaron de complicidad no necesaria y uso indebido del arma orgánica, quebrantamiento de pactos y convenios internacionales, y trato cruel a la víctima.

Sobre el proceso judicial, Orozco señaló que fueron 33 meses de juicio, en los que difirieron siete audiencias.

“Fue el deber del Ministerio Público hacer su trabajo, no pedirles favores”, aseveró.

Luego de tres años del asesinato de Moreno, la convicción de Rosa Orozco sigue intacta. Consciente de que su hija no la acompaña físicamente, considera que siempre la tiene presente en su espíritu. “Nadie me va a quitar el estar con ella”.

Asimismo, se sintió comprometida con los cuatro meses de protestas de este año, pues tiene presente la promesa que le hizo a su hija en la tumba: “Te voy a regalar un país democrático, a ti y a todos los caídos”.

 

Las nuevas (malas) mañas de la policía y la guardia por Andrea Tosta – El Estimulo – 22 de Agosto 2017

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El uniforme ya no es sinónimo de confianza en Venezuela. Tampoco la placa ni el arma numerada. Robos, asesinatos, allanamientos ilegales son algunas de las conductas de funcionarios de la Policía y la Guardia Nacional que los desmitifican, en especial durante las manifestaciones de este año. La calle fría revela que sus andanzas quedaron impunes

Orlando Pérez lleva casi un mes sin trabajo, ni justicia. El hombre de 56 años anda como “mono en rama” y explica por qué: “Lo que salga lo hago”. No tiene posibilidades de mantener por completo y como quisiera a sus 3 hijos y sus 2 nietos adolescentes. Veintitrés días han pasado desde que funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) le robaron su motocicleta y la quemaron en Altamira, Caracas, el 30 de julio. “Es tremendo. No crea que la cosa no está dura. Ellos no tenían porqué hacer eso”, se lamenta.

Solo alcanzó a decir que trabajaba con prensa antes de ver cómo su moto se perdía en la distancia. Cerca de las 2 de la tarde esperaba en la avenida San Juan Bosco a que el periodista que transportaba cubriera los hechos que se desenvolvían dos cuadras más allá, en la plaza Francia. Momentos antes se había escuchado una detonación fuerte: una bomba casera explotó en la avenida Francisco de Miranda y dejó a varios policías lesionados. “Yo creo que en represalia comenzaron a reprimir y llegaron hasta donde estábamos nosotros. Eso fue una estampida. Salieron a arremeter al que era y al que no era”, recuerda Pérez.

Junto a él, otros motorizados esperaban por sus respectivos pasajeros, todos periodistas. Una turba uniformada se abalanzó contra ellos. Pérez no pudo distinguir cuántos funcionarios eran. Solo recuerda gritar su inocencia, que callaron a punta de cascazos. La sangre le corrió por las sienes. “Se ensañó con todo. Yo hasta vi la mano que venía de atrás pa’ pegarme”. Pérez aprovechó su baja estatura y evadió un golpe directo a la frente. “Le digo, si me daba, me mataba”, narra.

Zafarse le permitió presenciar cómo uno de los policías se llevaba su motocicleta, esa con la que recorrió Caracas por años. Se alejaba, al igual que otras seis motos más, que luego los uniformados reunieron para prenderles en fuego. Con las llamas, el hombre perdió su estabilidad laboral y su capacidad para ser sostén de hogar. Es un doliente más de los desmanes de los cuerpos de seguridad del Estado venezolano. Una cifra más de la delincuencia, sin esperanzas de indemnización. Ahora espera que el medio de comunicación en el que trabaja el periodista que lo contrató pueda costear nuevas dos ruedas. Pero la expectativa se pierde con el paso de los días.

Sin diálogo

La autoridad se apropia de lo ajeno sin dar explicaciones. Los dueños de las motocicletas robadas en la autopista Francisco Fajardo no pudieron increpar a los perpetradores militares que el canal VivoPlay captó el 5 de junio en clara flagrancia, por ejemplo. Los pelotones también han ingresado en establecimientos a desvalijar mercancía, como sucedió en Capitolio, en el centro de Caracas, el 27 de julio durante el paro cívico convocado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). “Llegaron como 100 policías de inteligencia encapuchados, pidiendo cédula, lanzaron a todo el mundo al piso boca abajo y nos quitaron los teléfonos. Luego comenzaron a llevarse la mercancía, la metieron en bolsas negras y la montaron en carros particulares”, denunció un comerciante a TalCual.

En 2017 hubo robos de todos los calibres, sin mediar palabra y con un alto grado de intimidación. Grabaciones y denuncias lo constatan, como cuando un grupo de policías nacionales les vaciaron la cartera a dos mujeres que había acudido a la marcha del 6 de junio. El video incluso muestra cómo uno de los hombres le quita el reloj de la muñeca a una de las víctimas. O cuando a un joven vendedor informal no le preguntaron precios y tan solo escuchó el grito de un guardia a viva voz: “agarre todo el mundo agua gratis”. Ese 5 de junio tenía más de 40 cajas llenas de botellas de agua y chucherías. Todo se lo arrebataron.

Fue evidente cómo las fuerzas estatales y regionales desviaron su camino de la institucionalidad. El abogado criminalista Fermín Marmol García apunta que las instituciones son las primeras que deberían dar el ejemplo de respeto a la ley, pero “cuando modelan conducta de irrespeto llamamos a la irracionalidad y el primitivismo. En las protestas fue notorio ver funcionarios de orden público lesionando, robando bienes, sin que haya respuesta del Estado, se alimenta la impunidad, y se perdió su sendero de progreso hace tiempo”. Los PNB que fueron captados robando fueron identificados y serían presentados al Ministerio Público para ser sancionados, pues según el ministro de Interior, Néstor Reverol, tenían “responsabilidad penal y administrativa” que afrontar. “Estos hechos irregulares constituyen acciones individuales y unilaterales que no representan el sentir y la actuación d este cuerpo nacional”, añadió el titular del MIJ. Pero no hubo castigo para esos funcionarios. Tampoco se revelaron sus identidades.

Los más de cuatro meses de protestas en Venezuela visibilizaron las conductas delictivas de los cuerpos de seguridad del Estado. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB), la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y las policías regionales hicieron uso exacerbado de su fuerza contra los manifestantes a lo largo y ancho del país. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo denunció como un maltrato cometido “de forma sistemática y generalizado”. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos presentó un informe preliminar en agosto en el que responsabilizaba directamente a la GNB, PNB y funcionarios de policías locales por los desmanes cometidos.

Las alertas internacionales se prendieron desde finales de abril, cuando la calle estaba caliente y los ánimos caldeados. El Alto Comisionado de los Derechos Humanos ya había pedido al gobierno venezolano aceptar la solicitud de visita al país para constar los hechos violentos que se gestaban progresivamente. Entre abril y julio se generó un saldo de 152 muertes extraoficiales con un variopinto abanico de victimarios: 20 funcionarios de la guardia, 11 policías regionales y 4 PNB dejaron a un lado la ley para reprimir al punto de asesinar. Solo existen 15 imputados del total de muertes. El resto está acusado (11), solicitado (5), uno muerto y 120 perpetradores con estatus desconocido.

Robados y allanados

Las protestas de 2017 no fueron el único escenario para el despliegue de malas conductas policiales y militares. Los trancazos y paros cívicos no estuvieron exentos de irregularidades. Victoria Guevara, de 22 años, se encontraba en la urbanización Terrazas del Ávila, al este de la ciudad, con la Unidad de Primeros Auxilios de la Universidad Metropolitana, conocida como UPA-Naranja cuando los perdigones arreciaron como granizo contra ellos. Eran cerca de las 6 de la tarde del 4 de julio. Ya la ciudadanía había destrancado sus calles. Guevara estaba allí como coordinadora de la agrupación universitaria. Su voz de mando llamó al equipo de 15 personas a mantenerse agachados con las manos al aire ante la llegada violenta de la Guardia Nacional, justo cuando se retiraban del sitio y se dirigían a su casa de estudios. Pasaron dos ballenas frente a ellos y unos ocho militares los miraron con desdén.

“¡Somos Primeros Auxilios!”, gritó la joven. La aclaratoria no bastó para el superior de la unidad que ordenó una inspección, incluyendo un tanteo físico a todos los presentes. No había guardias mujeres. “Básicamente nos manosearon”, relata Guevara, y continúa: “La instrucción era revisar, pero lo que hicieron fue robar”. Les despojaron seis celulares, cuatro máscaras antigases, tres torniquetes y algunas cremas, que metieron en un bolso, también hurtado, mientras les gritaban insultos como “cruces de mierda” y “guarimberos terroristas”.

Además, destruyeron en su cara las donaciones nacionales e internacionales con las que curaban a los heridos. “Se perdieron agentes hemostáticos y compresivas. Nuestras cremas antibióticas, que tenemos por donaciones, las pisaban. Los paquetes de gasas los abrían y tiraban al suelo”. Victoria sintió que esos 20 minutos eran una eternidad, con pérdidas irreparables. “Muchas cosas venían de afuera, y son cada vez más complicadas de traer, aunque de algunas sí teníamos repuesto. Tuvimos que hacer potazo para reponer las máscaras que nos robaron y dos nos las regalaron, menos mal”. La indignación aún se cuela en su hablar rápido.

“Allanamientos” sin orden judicial a urbanizaciones ocurrieron en diversas zonas de Caracas como El Paraíso, El Valle y La Candelaria, dejando daños materiales en muchas ocasiones irreparables, sin responsables visibles que pagaran por las violaciones a la propiedad privada. Más leña para el fuego. También, como en Caricuao, La California y La Urbina, quedaron portones derribados por tanquetas. Lo mismo ocurrió en urbanizaciones de Cabudare y Barquisimeto. Se prometieron castigos, se anunciaron detenciones y culpables, pero se impuso la impunidad.

De acuerdo con el criminólogo Luis Izquiel, la desviación de conducta en cuerpos policiales es un fenómeno venezolano que se acentuó durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Es una situación que Tareck El Aissami reconoció cuando estaba a la cabeza del despacho de Interior y Justicia. “Del total de delitos registrados nacionalmente, entre 15 y 20 son cometidos por funcionarios policiales, sobre todo los delitos que comportan más violencia, como son los homicidios y secuestros”, declaró en 2009. Cifras como aquella son invisibles en la actualidad. No hay organismo público que especifique cuántos ni cuáles crímenes comenten los funcionarios de seguridad del país al año. De acuerdo con los cálculos de Mármol García, 80% de los venezolanos no denuncian los delitos de extorsión y secuestro por la falta de confianza en los entes competentes. “Mucho menos lo harán si los comete un uniformado”, advierte. El profesor de la Universidad Santa María (USM) esclarece que el policía que se desapega de la ley “es más tendente al abuso físico, donde los delitos son contra personas”. cita-robo-1 Papeles, ciudadano

Los puntos de control vial de cualquier policía son percibidos más como caldo de “matraqueos” que como legados de tranquilidad. Igual sucede con las policías estatales y municipales. El criminalista Izquiel atribuye estas conductas al salario “de hambre” que ganan los funcionarios policiales. “No pueden cubrir canasta con su sueldo y es muy difícil atraer personal idóneo, aunado a que los funcionarios bien preparados han abandonado sus cargos por esta misma razón”, aclara. A su vez, señala que los mecanismos de depuración de los cuerpos policiales no son eficientes.

Los instalados por la Guardia Nacional son peores. De reciente data, sirven como escenario de violaciones, como la revisión de celulares personales, escrutinio de vehículos –sin orden judicial, como manda la ley– y “cacheos” que llegan a lo más íntimo de las personas convertidas en víctimas. Aún causan sorpresa, y denuncias, en los afectados. “El matraqueo” verde oliva se va naturalizando. “El control de la sociedad por parte de los militares va avanzando cada día más. Las alcabalas son un episodio más”, lamenta Izquiel.

Luego de la muerte de los hermanos Faddoul, secuestrados en 2006, el Ministerio de Interior y Justicia emitió una resolución aún vigente en la que especificaba las características que deben tener estos puntos de control callejeros: presencia de un cartel móvil con el logotipo de identificación del órgano o cuerpo de seguridad actuante que prevenga a la ciudadanía de la existencia de una próxima alcabala y la previa y plena identificación, con respectivas insignias y cascos numerados, por ejemplo. “Es letra muerta”, condena Izquiel.

 

Wuilly Arteaga: No estoy libre porque mi país no está libre – La Patilla – 16 de Agosto 2017

DHUjR4QXkAAkm88.jpgEl violinista-libertario de Venezuela, Wuilly Arteaga sorprendió anoche a familiares, amigos e incluso a sus propios abogados al ser puesto en libertad casi a medianoche del día de ayer, de una manera oblicua a los procedimientos legales ordinarios establecidos para la liberación de los detenidos en causas penales.

Cuando se le preguntó cuáles eran sus planes ahora que estaba en libertad, Wuilly comentó que era cierto que estaba de nuevo en la calle, pero no que no estaba libre. “No estoy libre porque mi país no está libre. Salgo a retomar la lucha por la libertad, en la única forma que sé hacerlo, a través de mi música, pero ahora tengo un nuevo compromiso de vida, un compromiso de lucha adicional por la libertad de los presos políticos. Ninguno de los presos políticos merece estar detenido y bajo ninguna condición, incluyendo los arrestos domiciliarios. Le hice una promesa a los muchachos que con todo el dolor de mi alma dejaba atrás y es que no descansaría hasta lograr que los liberaran a todos. Le pido a Dios me ayude en esa nueva cruzada que me he comprometido realizar. Si debo ir incluso a hablar con el mismo Presidente Maduro para pedir el cese de las detenciones ilegales a los disidentes políticos, lo haré, pero ya no debe haber más detenciones de venezolanos por sus ideologías políticas. Los venezolanos tenemos que seguir luchando mancomunadamente para obtener la libertad del país, la libertad de los presos políticos y que más nunca haya presos políticos en Venezuela”.

Casi a las 10 de la noche, los oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana del Destacamento 433 de El Paraíso donde estaba recluido, le dijeron que recogiera sus cosas que lo iban a sacar de ahí. Por momentos Wuilly creyó que lo iban era a trasladar a otro destacamento militar, pero uno de los guardias le dijo que quedaba en libertad, a lo que él respondió que no, que lo dejaran ahí, que no él se quería ir de ahí, ya que no tenía sentido que él saliera en libertad por el solo hecho que él era Wuilly, sabiendo que los demás muchachos se quedarían detenidos y por eso volvió a meter sus cosas de nuevo en su celda, situación que originó que lo sacaran a la fuerza.

Aún sin entender lo que pasaba, lo montaron en un vehículo y lo trasladaron y dejaron literalmente tirado en la Plaza Altamira. Mientras estaba en el carro, Wuilly iba todo desorientado, sin saber qué estaba pasando en Venezuela, sin saber qué había pasado con la Constituyente o qué había pasado con las marchas que no se veía ni rastros de éstas y sobre todo pensaba en qué habían hecho los dirigentes políticos con el esfuerzo que habían hecho los millones de venezolanos que permanecieron por meses en resistencia, que hasta la vida de más de cientos de ellos había costado, al menos hasta el día que él había sido arrestado.

Al preguntársele sobre su estado de salud, respondió lo que primero haría es ir al médico pues aún tenía problemas para oír en uno de sus oídos que fue brutalmente golpeado el día de su arresto, por el cual comentó que nunca recibió atención médica, sólo un chequeo médico-legal que le hizo la Fiscalía General cuando ya estaba detenido en el Destacamento 433 de la GNB de El Paraíso, pero tratamiento o medicinas, nunca. La golpiza que recibió el día del arresto, no sólo él, sino todas las personas que habían sido arrestadas ese día, que fue tan brutal que llegó un momento que ya los golpes ni le dolían y lo que sentía era una profunda lástima y tristeza por esos oficiales que habían perdido el honor de su divisa, por intereses inconfesables y por ello en su corazón los iba perdonando a cada uno.

Entre tantas cosas que comentó y que serán publicadas en este medio con carácter de exclusividad en varias entregas, Wuilly expresó que hace cuatro (4) días lo fueron a buscar varios efectivos oficiales de la Casa Militar que tenían instrucciones de llevarlo al Palacio de Miraflores. Le cortaron el cabello para que no se le viera el cabello quemado con un yesquero, en uno de los actos de barbarie cometido por uno de los guardias nacionales el mismo día de su arresto, así como le cambiaron de ropa y pusieron ropa limpia. Cuando Arteaga se entera que el propósito era que lo iban a llevar a hablar con el mismísimo Presidente Nicolás Maduro, el violinista le respondió a los oficiales que si a él lo llevaban a hablar con Maduro que él iba no a pedir por su libertad, sino a pedir por la libertad de todos los presos políticos que ahí lo acompañaban en ese Destacamento, ya que él era un preso político igual que los demás y que no esperaba privilegios por encima de los demás. Wuilly no sabe si fue su comentario o algún otro motivo, pero lo cierto fue que los oficiales de la Casa Militar que esperaron por varias horas la llamada del Palacio Presidencial jamás obtuvieron la confirmación, por lo que el traslado no se concretó.

Al sentirse en libertad, Wuilly le dio primero gracias a Dios, a sus padres y hermanos, a su incondicional Hazel, por su apoyo moral y presencia en los medios, que hasta los mismos guardias le decían que la veían en todos lados pidiendo por su liberación. Recordó incluso haber visto a Hazel en la distancia el día que lo habían trasladado al Palacio de Justicia el 30 de Julio. Al Profesor Robert Carmona-Borjas de la Fundación Arcadia, de quien sabía estaba moviendo cielo y tierra en el exterior para lograr la presión internacional que como le dijo uno de los guardias en el vehículo que lo trasladaba a Altamira, fue la que obligó al gobierno a liberarlo. Al Foro Penal y a su Director Ejecutivo, Alfredo Romero y, sobre todo, a todos y cada uno de los venezolanos que le expresaban su apoyo a través de las redes y comenta que logró saberlo, pues para sobrevivir en el cautiverio, tuvo que ganarse la empatía de varios guardias nacionales y uno de ellos en dos oportunidades le prestó su celular y a través del cual logró enviar dos mensajes en sus cuentas de Instagram y Twitter. Ahí fue cuando vio los miles de mensajes de apoyo y las miles de bendiciones que le habían dejado. De corazón gracias y que Dios me los bendiga a todos por sus oraciones y apoyo.

También quiso agradecer especialmente a Ricardo Montaner, Alejandro Sanz, Gabriela Montero, Carlos Baute, Oscarcito y Jorge Ramos de quien dijo se había ganado la exclusiva de cualquiera de sus entrevistas por el video tan emotivo que había a favor de su libertad. A Caterina Valentino a quien más de un guardia me pedía a cada rato que se las presentara. A los Expresidentes Tuto Quiroga, Vicente Fox, Laura Chinchilla y Álvaro Uribe. Al Secretario General de la OEA, el Señor Almagro, a José Miguel Vivanco de Human Rights Watch. A la Congresista Ileana Ros-Lehtinen, al Congresista Jamie Raskin y Carlos Curbelo. A todos esos maravillosos caricaturistas por tan bellas viñetas que le crearon. A todos los artistas y a todos los demás venezolanos y extranjeros que alzaron su voz para pedir por su liberación y para enviarle bendiciones, a todos ellos, su más profundo agradecimiento. Eran tantos nombres que en los 2 o 3 minutos que le prestaban el celular el guardia, esos eran los que más se repetían. Ahora tendrá más calma de verlos todos.

 

Entre Barricadas y Consulta Popular por Nelson Freitez – TalCual – 11 de Agosto 2017

“Es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación”. Entre Barricada-Resistencia y Consulta Popular-Unidad Democrática, hay un continuum posible para doblegar a una espuria dictadura que cada día más carece de legitimidad y no alcanza a lograr gobernabilidad
Aunque han pasado ya días de esa gesta popular que fue la Consulta Popular del 16J, organizado por las fuerzas democráticas del país para auscultar la opinión de la inmensa mayoría nacional sobre la fraudulenta convocatoria constituyente de la dictadura y los caminos para salir de ésta, escribo sobre sus significaciones y vinculaciones con otros procesos sociales y políticos en marcha. En especial, la relación entre esa Consulta y el fenómeno social de las ´Barricadas´, tan desconocido, vilipendiado por la dictadura y retador para comprender en parte el país que somos y podemos ser.

Sobre las ´Barricadas´ llegué a la conclusión, a esta altura del ´Huracán´ político-ciudadano en marcha (como lo llamó L. Padrón), que aunque surgidas en urbanizaciones de clase media como iniciativa puntual de grupos de jóvenes y organizaciones ´radicales´, hoy son asumidas como iniciativa comunitaria con cierta permanencia para la autodefensa ante los feroces y brutales ataques de la GNB y de grupos paramilitares. La GNB fue ejecutando desde temprano en el mes de abril violentos operativos de ataque a urbanismos, con todo su arsenal y repertorio de brutalidad masiva afectando a todas las familias y a seres de todas las edades y condiciones. Lo cual más que generar el efecto paralizante y generador de miedo colectivo, deseado por los ´estrategas´ del terror, terminó por activar a amplios grupos de los urbanismos para la defensa y ´contraataque´.En la medida que transcurrían los días de la protesta, la represión se acentuó y siguió cabalgando la escasez y la ingobernabilidad, la desobediencia civil y las manifestaciones fueron expandiéndose y llegaron con fuerza a los barrios populares, en los cuales aunque en su mayoría no se han instalado ´Barricadas´ permanentes, si se ha optado por cerrar calles y avenidas con frecuencia. Además en diferentes casos se ha combinado la protesta por servicios (agua, gas…) con la manifestación política contra la Dictadura y contra la represión (en el Barrio El Garabatal en Barquisimeto a fines de junio una protesta por carencia de servicio de gas reprimida fuertemente derivó en poblada contra la GNB, destrucción de un Módulo de ese cuerpo y participación de bandas del barrio con sus armas contra esos efectivos.

Con la propuesta de Consulta Popular del 16J y a pesar de los altos y bajos de las diferencias y tensiones entre los grupos de ´La Resistencia´ y la Mesa de Unidad Democrática, se produjo una especie de síntesis y convergencia entre los métodos de acción y las estrategias de ambos segmentos de nuestro universo opositor. Por un lado, los de ´La Resistencia´ con sus iniciativas de autodefensa y confrontación, incrementando sus instrumentos defensivos en medida en que ha aumentado y se ha diversificado el potencial ofensivo y letal de una GNB y unos paramilitares que salen dispuestos a agredir a toda la comunidad e incluso a segar vidas con armas de fuego. Y por otro lado, las iniciativas políticas de la MUD orientadas a movilizar a miles o millones de personas con acciones no violentas y en el marco de la CRBV vigente, generando un proceso de Consulta que logró la manifestación de más de 7.6 millones de venezolanos.

El día de la Consulta aprecié a jóvenes de ´La Resistencia´ resguardando, desde azoteas de edificios reiteradamente agredidos por la represión dictatorial, a miles de ciudadanos que también respondían con su manifestación de voluntad tanto a la represión sufrida como a la profunda aspiración de cambio democrático que anida en el alma de la mayoría de nuestro país. Ese día me quedó perfectamente claro que es viable y necesaria la convergencia y combinación de métodos de lucha democrática y de la resistencia. Eso como se dice en la eucaristía de los católicos “Es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación”. Entre Barricada-Resistencia y Consulta Popular-Unidad Democrática, hay un continuum posible para doblegar a una espuria dictadura que cada día más carece de legitimidad y no alcanza a lograr gobernabilidad.

 

Escribir la historia por Alberto Barrera Tyszka – ProDaVinci – 23 de julio 2017

 

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“Cuando desperté nada podía hacer: seis revólveres me apuntaban a la cara. Abrí un ojo. Un vistazo soñoliento, brumoso, parcial. Podía ser una pesadilla. Fracciones de segundo para saber que estaba preso. Debía hacer algo. Seis revólveres.”

No es el testimonio de un estudiante detenido injustamente en algún prisión del interior del país. Pero podría serlo. Tampoco es un fragmento de una carta de un preso político, llevado sin trámite legal y de madrugada desde su casa hasta El Helicoide. Las comillas con las que comienzo este domingo no fueron escritas en este tiempo y, sin embargo, dolorosamente, de pronto vuelven a formar parte de nuestro presente. Esas tres líneas con un hombre inocente frente a seis revólveres están en la primera página de una novela escrita por José Vicente Abreu en 1964. “Se llamaba SN” es su título. Es un libro terrible y desolador, una denuncia sobre la brutal represión durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. SN era nombre del terror, las siglas designaban a la Seguridad Nacional.

Hoy en día no hay un solo cuerpo de destrucción, un solo nombre. Hoy está el SEBIN pero también está la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana, la milicia, los grupos paramilitares…Actúan sin temor, sin remordimiento, como si la violencia contra civiles que protestan fuera algo natural, como si la represión, la tortura y el asesinato formaran parte de una nueva normalidad.

Quienes invocaron el Caracazo para rebelarse en contra de los poderes establecidos, han terminado reproduciendo miles de Caracazos cada día. Han profesionalizado la ejecución institucional en contra de la población. Han hecho de la masacre no un evento esporádico sino un procedimiento legal; una rutina uniformada, con permiso para liquidar ciudadanos. El chavismo, en vez de combatir la represión, la ha sacralizado. La violencia militar en contra del pueblo es ahora un acto heroico. Atacar entre 7 u 8 a un estudiante, golpearlo con todo y donde sea, dispararle…merece un bono, una condecoración. Hay que entender que la represión que hemos visto y padecido durante todos estos largos días no es un acontecimiento aislado, no es una reacción repentina frente a la multitud indignada. Es un sistema. El mismo sistema que se aplica en las OLP o en la nómina de las empresas públicas. El mismo procedimiento que aprobó el CNE y que define las bases comiciales para la elección de la Constituyente. El Estado como arma de exclusión y aniquilamiento.

Pero hoy el discurso legitimador es mucho más potente, más delirante. Ahora el poder desarrolla y trata de imponer, con mucha más fuerza, su propia justificación. Las dictaduras militares que azotaron a Suramérica en el siglo XX trataron de excusar su violencia denunciando la amenaza comunista. El gobierno de Maduro invoca ahora la amenaza derechista. Pero actúa de la misma manera. El SEBIN y la Fuerza Armada funcionan con los mismos patrones de comportamiento que el crimen organizado. No tienen ningún control. Secuestran ciudadanos. Los desaparecen dentro de los túneles de las fortalezas oficiales. Se mueven al margen de la ley. Y acumulan muertos. Imponen una justicia propia, sin respetar a los tribunales civiles. Y llenan las cárceles de presos políticos…Y siguen repitiendo que todo lo hacen por la paz, por el futuro, por el progreso, por el amor al pueblo y a la patria. También así hablaba Pinochet. Eso mismo también dijo Videla.

El discurso oficial es otra versión de las mismas prácticas represivas del Estado. Es una bomba lacrimógena o una ráfaga de perdigones sobre el orgullo, sobre el derecho a protestar, sobre el ánimo, sobre el sentido común. Te disparan pero, además, te llaman asesino. Te golpean pero, encima, te acusan de golpista. Todo tiene que ver con la misma estructura. El discurso también forma parte del mismo sistema de producción de muerte. Existe para confundir, para desesperar, para generar sensación de impotencia, rabia, locura. Cada palabra y cada pausa, cada cita y cada omisión, tienen un espacio y una función en la maquinaria. No es azaroso el silencio selectivo que practica con demasiada frecuencia el Defensor del Pueblo, por ejemplo. Es otra versión de la violencia. Una forma de tratar de darle un nuevo orden al caos.

Cuando Nicolás Maduro dice que la Constituyente traerá la paz y el reencuentro de todos los venezolanos, lo único que hace es bailar nuevamente sobre los muertos. Cuando asegura que la Constituyente es un milagro, que relanzará la economía, que nos dará una nueva identidad, no está en el fondo diciendo nada. Solo trata de distraer. Habla para evitar decir. Y, mientras tanto, en alguna oscura celda, hoy como ayer, una mano tal vez raya unas líneas sobre un papel y escribe la verdadera historia del país: “Cuando desperté nada podía hacer. Seis revólveres me apuntaban a la cara”.

 

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