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Rulo y los perros calientes más famosos de Las Mercedes por Giuliana Chiappe – El Estimulo – 31 de Enero 2020

Su verdadero nombre es Alfonso Restifo pero sus propios comensales lo bautizaron como Rulo. Desde hace 46 años elabora los perros calientes más famosos de Las Mercedes.

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Arepas crudas por Federico Vegas – ProDaVinci – 14 de Enero 2020

 

La arepa ha resultado ser nuestro plato más universal. Me cuentan de una arepera en Helsinki cuya gran atracción es la Sami, en honor a los indígenas que viven al norte de Noruega, Suecia y Finlandia, donde salta y hace cabriolas el mejor salmón de Europa.

Uso la palabra indígena con precaución, pues se ha convertido en un adjetivo que encasilla minorías maltratadas. Un diccionario que define “indígena” como “un habitante nativo del país”, ofrece dos ejemplos del empleo de la palabra que revelan los avatares de su condición:

“Una vez desarmados, el ejército pasó a cuchillo a los indígenas”.

“Bartolomé de Las Casas era consciente en el siglo XVI de lo que se hacía con los indígenas».

Los adecos decían en el siglo pasado que el venezolano nace con una arepa bajo el brazo. Aún es cierto, pero solo se da cuenta cuando emigra y ya no las consigue; entonces monta una arepera, como la del maracucho que prepara la suculenta Sami rodeado de nieves casi perpetuas y más blancas que la masa.

Es curioso que nuestro plato más indígena sea el más internacional. La hallaca, tan, literalmente, enredada, no tiene ningún chance. Me atrevo a decir que en Barcelona, España, hay más areperas que en Barcelona, Anzoátegui. Las diez mejores son El Rincón de la Abuela, Arepamundi, El Chamo, Muack, El Rabipelao, Pura Vida, La Taguara, La Taberna del Eixample, La Menuda y El Arepazo. Cada uno de estos locales se fundamenta en un exilio heroico, una locura bien administrada y unos criollos fanáticos que lograron iniciar a los herméticos catalanes.

Ahora resulta que nuestra mayor conquista gastronómica se encuentra en peligro por una infamia que debe tratarse a nivel diplomático, exigiendo una aclaratoria, una disculpa y una indemnización para las areperas afectadas.

Resulta que en la sección El Comidista de El País, el periódico que prefiero de España por lo anecdótico, ocurrente y bien ilustrado, Alfonso Martín ha publicado una receta para iniciarse en el arte de hacer arepas. El preámbulo ya empezó  a preocuparme:

Es el momento de la arepa. Crujiente, tierna, sencilla y con todos los sabores que te puedas imaginar. Será el bocadillo del verano, con un pan sin gluten que se prepara a la sartén en un pispás.

Primer error. Una cosa es comerse una arepa en una arepera y otra prepararla en casa. El término “pispás” se queda corto ante la velocidad de nuestras areperas, donde no has terminado de ordenar la arepa cuando ya la tienes en la boca. Hacerlas en casa es otra cosa. Toma unos treinta minutos entre el despertar del deseo y su satisfacción plena. No es como tostar un pan.

Recuerdo que en los años ochenta inventaron una franquicia que iba a modernizar el proceso, quitarle su aire vernáculo. La idea era civilizar una receta indígena y convertir en “Fast Food” lo que ya era vertiginoso. La revolucionaria inversión fue considerable, incluso agresiva. Trajeron profundas amasadoras y hornos intimidantes, rieles y bandas donde la masa y los rellenos circulaban como en Tiempos Modernos de Chaplin, sin conocer jamás las caricias y palmadas de una mano. Así lograron hacer arepas idénticas al milímetro y tan mórbidas como un manjar de astronauta. El fracaso fue indetenible y merecido.

La receta de El Comidista comienza con un dato histórico y un ingrediente innecesario:

El relleno propuesto es una versión de la Reina Pepiada, en referencia a Susana Duijm, ganadora venezolana de Miss Mundo en 1955. Consiste en una ensalada de pollo con mayonesa, cebollín y aguacate. En nuestra receta lo acompañaremos de una salsa de mango, chiles y lima o limón…

El autor del desaguisado añade rompiendo el encanto y haciéndose el gracioso:

Si prefieres utilizar atún de lata y ahorrarte todo el proceso de cocción, pues oye, tampoco voy a perseguirte con una antorcha y una estaca. Aquí, restricciones ninguna.

Hasta aquí siento algo de dentera, pero no angustia. Es en la cocción de la masa donde se comete una adulteración que habrá ocasionado estragos:

Con las manos mojadas, coger un trozo de masa y hacer una bola. Con la palma de la mano aplastarla y ponerla sobre una sartén o plancha a fuego medio. Cocinar hasta que doren ligeramente y estén esponjosas (unos cuatro minutos por cada lado).

Servir. Abrir las arepas con un cuchillo, rellenarlas del pollo en salsa y a disfrutar.

¿Disfrutar? ¡Pero si están crudas, Alfonsito!  Es ese maldito pispás que quiere abarcarlo todo.

Según las doctas mediciones de Armando Scannone aún faltan 20 minutos en un horno precalentado a 350 grados. Y quien puede dudar de Armando si es nuestro último bastión de honestidad. He notado que en estos tiempos, donde ya nada parece ser cierto ni hay receta que valga, nos aferramos como náufragos a la mentira que más nos convenga. Esto explica que los libros de Scannone, siempre  correctos, tengan algo bíblico que congrega a la familia. Debo agregar que Armando es, además, parte de mi familia, y me refiero a la elegida, pues mi abuelo era su padrino. Cuenta Armando que su mayor don gastronómico es el olfato. Lo descubrió al ser capaz, siendo muy niño, de adivinar cuáles mujeres usaban Shalimar de Guerlain, el perfume de su querida madrina, mi abuela, (este dato se lo debo al libro de  Jacqueline Goldberg y Vanessa Rolfini,  Conversaciones con Armando Scannone)

Yo prefiero dejarlas más tiempo en la plancha (a falta de budare) y, al pasarlas al horno, uso el ardiente broil, cinco minutos por lado (ojo, no todos los hornos son iguales). Quizás mi principal placer sea auditivo y privilegio lo crocante.

Perdonen un breve desliz de inmodestia pero es que mis arepas son gloriosas. Tengo de testigos a Irene Savino y Pablo Lagarribel, vegetarianos irredentos que soltaron lágrimas de añaronza viéndome despachar una de cochino refrito que solo llegaron a olfatear y escuchar el crujir de la concha tostada.

Exagero la proporción de agua para hacerlas más tiernas por dentro, en oposición al infierno a que someto sus dos caras. Si me sobran arepas, al día siguiente las corto en tiras y las tuesto en una plancha con aceite de oliva, tomillo y sal marina.

Cuando pienso en el enorme tiraje de El País y la fidelidad que los lectores de El Comidista sienten por su director, Mikel López Iturriaga, puedo imaginar a millares de gallegos, catalanes, asturianos, navarros, andaluces y los pijos madrileños intentando tragarse esa versión apresurada que debe saber a los menjurjes de esos juegos infantiles a papá y mamá. ¿A cuantos mordiscos puede llevarlos su fe en El País? Terminarán dudando hasta de la belleza de Susana Dujim y, si se están iniciando en el primitivo ritual de nuestras arepas, no pisarán jamás El Rabipelao ni la auspiciosa Arepamundi, y exclamarán mientras escupen lo que no lograron tragarse:

—¡Con razón están tan jodidos!

El caso es que a nuestros embajadores gastronómicos, meritorios dueños de areperas, se les ha perjudicado con esa receta mocha, insolvente. Temo por la suerte de la Reina Pepeada, la Dominó, la Pelúa, la Catira, la Sifrina, la Patapata, la Rompecolchón, con sus sugerentes nombres de transformistas, ahora maltratadas por una promesa incumplida.

Hasta donde sé, no han habido cartas al director. Yo pediría que Alfonso se comiera públicamente su versión en un video trasmitido en cadena nacional y aceptara su culpa con la boca llena. Eso lo haría ser más serio al meterse con la única fórmula ganadora que hemos logrado exportar. Espero que no ofrezca como excusa que todo es relativo y es cuestión de tiempo. Ya Bartolomé de Las Casas era consciente en el siglo XVI de lo que se hacía con nosotros, los indígenas.

Y tú, Mikel López Iturriaga, que has guiado mis primeros pasos por Barcelona y me has traído tanta felicidad, aconseja a tus articulistas que preparen los platos y, de paso, se coman las consecuencias, antes de publicar la receta y alardear con mangos y piñas, adornos innecesarios, clásicos del síndrome de hacer más exótico al indígena. Mira que nuestro patrimonio cultural está muy golpeado. Estamos muy delicados y sensibles, hartos de dar lástima y nos aferramos con pasión a lo sabroso.

La receta que nos concierne salió en septiembre de 2019. La había olvidado, hasta hace un par de días, cuando comencé a imaginarme al ministro Pablo Iglesias cocinando su interpretación de las recetas chavistas que alabó tan sumiso y bien pagado, y se me revolvieron las entrañas.

Esta pastelería de venezolanos se trajo de Caracas a Madrid todo el sabor de la Navidad por Andrea Herrera – ALnavío – 23 de Diciembre 2019

Este empresario se trajo a Madrid los sabores de la reconocida Pastelería Danubio de Caracas. Se llama Andrés Kerese, y en 2018 abrió en la calle Santa Engracia, Evelia, un rincón de sabores que evocan la Navidad en Venezuela. Representa la apuesta internacional de la exitosa fórmula de negocios que la familia Kerese maneja desde hace casi medio siglo en Caracas.
Andrés Kerese abrió la pastelería Evelia en Madrid en 2018 / Foto: AH
Andrés Kerese abrió la pastelería Evelia en Madrid en 2018 / Foto: AH

Esta es la segunda Navidad de Pastelería Evelia en Madrid y el reto es satisfacer la demanda de pedidos del pan de jamón que se hizo famoso en Caracas y se convirtió en un infaltable de la mesa de navideña de los venezolanos.

“Nos instalamos aquí y abrimos el 7 de septiembre de 2018 y no sé cómo, pero se generó una gran expectativa ante la llegada de La Danubio a la ciudad. No sé si fue cierto aire de celebración o algo de espíritu nostálgico entre los venezolanos el que acompañó nuestros inicios en la calle Santa Engracia, 155. El hecho es que desde septiembre y hasta diciembre de 2018, tuvimos tal cantidad de trabajo, que nos vimos muchas veces desbordados”.

Este es el resumen entusiasta que ofrece Andrés Kerese. Señala que “para la elaboración del pan de jamón, trajimos en un contrato por tres meses a un panadero que garantizara que el producto de Evelia replicaría exactamente los sabores de La Danubio de Caracas, y debido a la calidad de la materia prima que encontramos en España, quizás nuestros panes queden hasta mejor que los de allá”.

Andrés Kerese se encargó junto a sus hijos de dar continuidad a la tradición familiar a pocas calles de la glorieta de Cuatro Caminos. Diciembre de 2018 superó las expectativas en Madrid. Hubo tal demanda que, señala, “nos quedamos cortos justamente el 24 de diciembre, fecha crucial para este negocio. Por eso este 2019, establecimos un sistema de encargo prepagado, para garantizar a la clientela que el 23 y 24 de diciembre, quien lo desee, tendrá asegurado su producto recién horneado”.

El esquema funciona. Está funcionando. Andrés Kerese dice que, “a partir de los pedidos asegurados, sacaremos panes para vender en el negocio hasta el límite que nos permita la materia prima y el personal. Quienes lleguen temprano también podrán obtener el pan de jamón o las hallacas. Estaremos aquí como todos los días, hasta las 8 de la noche, tanto el 23 como el 24. El 25 de diciembre y el 1 de enero no se abrirá”.

La historia de la familia Kerese se desarrolla entre levaduras, cremas pasteleras, chocolate y cerezas en marrasquino. El padre de este linaje, un húngaro llegado en 1948 a Venezuela, Pal Kerese, se empleó en una reputada pastelería de la capital y allí conoció a una andina muy trabajadora, Evelia Amaya, con quien se casó y formó familia. En 1970, Kerese se independizó y se instaló con toda la familia en una casa al final de la calle Guaicaipuro del barrio de Chacao, donde montó la Pastelería Danubio, homenaje al río que cruzaba Budapest, la ciudad que le vio nacer.

El promedio de precios de los productos de Pastelería Evelia, está en sintonía con el mercado de productos venezolanos para la mesa de Navidad que se comercializan en Madrid. El precio de los panes de jamón es de 14 euros, las hallacas cuestan 6 euros, los bollitos, 4 euros. “Todas nuestras tortas o pasteles, como les dicen aquí, tienen precios entre 21 y 26 euros y el pay de limón y el de parchita (Maracuyá), está en 18 euros. Los pastelitos cuestan 2,50 y los dulces cuestan 3 euros”, apuntó el empresario caraqueño.

Para ilustrar el volumen de trabajo que Evelia tuvo en la pasada Navidad, Andrés Kerese revisó sus cuentas y comentó que “Evelia preparó entre el 7 de noviembre y el 31 de diciembre un total de 1.890 panes de jamón”, una verdadera barbaridad si se promedia esta cifra de 35 piezas diarias, realizadas prácticamente por un solo panadero, y que durante las primeras semanas del período no alcanzó al día ni un tercio de este promedio, ya que no se habían iniciado las fiestas de diciembre.

La Danubio nace en Caracas como una pastelería especializada en tortas de receta europea y pasteles de hojaldre que pronto ganaron adeptos, pero cuando llegaba diciembre, la demanda, igual para todas las panaderías, obligaba a hacer pan de jamón, un imprescindible, creado a principios del siglo XX en la Panadería Ramellaubicada en la esquina de Gradillas del centro de la capital.

La diferencia de aquel pan a modo de brazo gitano, de masa de pan sobado (dulzona), relleno con jamón, tocineta (panceta), pasitas y aceitunas rellenas de pimientos, hecho por la Danubio, estaba en su sabor y suavidad. Probablemente es uno de los panes de jamón más sabrosos de Caracas y que ahora se encuentra, acompañando al éxodo de Venezuela en Madrid.

Los hijos mayores, Alejandro y Pablo, así como su esposa, trabajaron con Kerese desde los inicios del negocio, que más tarde se convertiría en una empresa familiar que cuenta ya con una tradición de casi medio siglo. En la década de los 90 del siglo pasado, se inició la expansión a seis locales en Caracas y desde 2018 hay una nueva marca en este ecosistema empresarial. Esta, la Pastelería Evelia de Madrid, que dirigen y atienden el menor de los Kerese, Amaya, Andrés y sus hijos Pal y Eduardo.

El reto de Evelia es satisfacer la demanda de pedidos de pan de jamón / Foto: Evelia

El reto de Evelia es satisfacer la demanda de pedidos de pan de jamón / Foto: Evelia

280.000 euros para invertir

La apertura de Evelia tuvo lugar tras una inversión inicial de 280.000 euros, financiados por Abanca. La amortización de esa deuda y los altos gastos operativos del negocio, restringen por los momentos la expansión de este. Sin embargo, la expectativa para este diciembre es que el negocio produzca el colchón económico, que mantendrá la operación de los primeros meses de 2020, que se prevén flojos.

Explica Andrés Kerese que 2019 no ha sido un año tan bueno como lo auguraba el inicio del 2018. “Creo que eso lo llaman el efecto soda, luego de los primeros meses bajamos mucho la facturación y julio y agosto fueron críticos. Este diciembre, aunque ya es un buen mes, no va al ritmo del pasado, lo que esperamos se pueda solventar con la oferta de nuevos productos navideños como las hallacas y bollitos, que también estamos haciendo por encargo”. La hallaca es el manjar típico de Navidad en Venezuela.

Dice Andrés Kerese que “tenemos una gran limitación por el tamaño del local (140 m2 distribuidos en 70 en el sótano para el obrador y 70 entre cocinas y tienda). Sólo estamos trabajando en el negocio miembros de la familia. Mis hijos ayudados por sus esposas, un sobrino que es pastelero, un panadero y por esta temporada, el panadero que vino para reforzar la campaña del pan de jamón, además de la señora que viene por jornadas para la limpieza. El espacio no nos da para más. Contamos con cada miembro de nuestra familia para desarrollar todas y cada una de las actividades: encargarse de las nóminas, de las compras, de la atención en la barra, las mesas, hacer café, limpiar la cocina y hasta los aseos en ciertas ocasiones” continua Kerese.

La clientela de la Pastelería Evelia es 85% venezolana, pero también la hay entre madrileños del barrio. “Lo primero que tienes que hacer en donde llegas, es aceptar que si eres la pastelería del vecindario vas bastante bien. Si a eso le sumas que la clientela venezolana siga buscando los productos que ya conoce, te puedes mantener y sobrevivir. Para nuestros vecinos y clientes españoles, ofrecemos productos que a ellos les gusta comer. ¿Quiénes somos nosotros para cambiar sus hábitos?”.

Explica que de esa forma, para desayunar, “además de nuestros pastelitos y los cachitos, ofrecemos tostadas con tomate y aceite, con mantequilla y mermelada, así como la tostada con salmón y aguacate. También vienen muchos venezolanos de otras partes de España o que se encuentran en otros países y que pasan por Madrid y se acercan a comer algo que les recuerde los sabores que asocian a Venezuela. Queremos conquistar este mercado y eso pasa por asumir, con mucha humildad, que aquí eres una pastelería más entre tantas opciones buenas que hay y tienes que ofrecer algo diferente”.

Esa diferencia con otras pastelerías es que Evelia no cierra a la hora considerada de la comida en Madrid y trabaja con horario continuo, de 9 am a 8 pm de lunes a sábado, y los domingos de 11 am a 4 pm.

“Estamos abiertos en un horario en el que podemos servir comida. Hemos probado algunas cosas que se dan muy bien en Caracas, aunque no siempre tienen éxito aquí. Ahora estamos con las lasañas. Seguimos probando con el menú, queremos evaluar hasta dar con lo que guste a quienes vienen a visitarnos. La competencia del sector es muy fuerte y mientras logramos nivelarnos o tengamos la seguridad de haber pagado todo, las deudas, las facturas y en general las operaciones, no nos podemos descuidar. Hay que esperar hasta asentarnos. Es un trabajo de 12 a 16 horas en el local y mental de casi 24 horas, sobre todo porque tengo responsabilidades en Venezuela y debo atenderlas con el horario de allá. Afortunadamente, mis hijos han demostrado que son capaces de gestionar la empresa de aquí por completo, cuando a mí me toca estar en Caracas”.

Algunas flores de pascua y adornos navideños están dispersos en el salón, decorado de forma muy limpia por Guillermo Barrios y Maitena, arquitectos y empresarios venezolanos que regentan la tienda de artesanía y libros Cesta República. La estancia cuenta con siete mesas pequeñas y un banco de carpintería antiguo que permiten a los visitantes sentarse con comodidad y disfrutar los productos, en un ambiente agradable y con una atención cercana.

La Navidad venezolana: gastronomía, música y tradiciones populares – Boletin Avila Montserrate#37 – 15 de Diciembre 2019

Cómo diferenciar 9 tipos de quesos venezolanos por Mayela Schwartz – La Tienda Venezolana – 9 de Marzo 2019

 

Cómo diferenciar 9 tipos de quesos venezolanos


En el mundo existe muchísima variedad de quesos, pero pocos tan ricos como el queso blanco venezolano. En Venezuela varios son elaborados de manera artesanal. Son deleite para nuestro paladar acompañando una arepa, una cachapatequeños, o incluso solos. Desde el queso duro hasta el muy blando, todos son exquisitos.

Te presentamos a continuación algunos de ellos, pues la variedad es amplia. La diferencia entre unos y otros es tan sutil que muchos pueden apreciar sus cualidades pero no sus diferencias. En este artículo podrás hacerte consciente de sus diferencias.

Queso Telita:

Telita

Quizás el más emblemático y autóctono de los quesos venezolanos. Típico de la región de Los Llanos.  Es un queso cremoso, jugoso, suave y elástico. Suele presentarse en su suero para conservar su textura.  Tiende a estirarse más que el queso de mano y de allí viene su nombre.

Queso de mano:

Al igual que el anterior, es uno de los más populares en Venezuela. Su origen data aproximadamente desde el siglo XVI. Su nombre se debe a que  su elaboración consiste en que una vez cuajada la leche, se hierve, y con la mano se le da forma circular. Acompañante ideal de cachapasarepas y casabe. Este queso cremoso, jugoso y suave deja la boca diluida en su sabor y la llena de una frescura incomparable. Sobre una cachapa puede ser una experiencia gloriosa, acompañando arepitas de chicharrón simplemente la locura, o simplemente solo degustado por pedacitos es increíble. Otra  maravillosa forma de disfrutar el queso de mano es sobre un golfeado recién horneado.

Queso Guayanés:

Guayanés

Originario del Estado Bolívar. El de Upata es muy famoso. Por años ha sido considerado un legado que identifica a la región guayanesa. Se caracteriza por su suavidad similar al queso de mano, pero tienen más sal y un sabor más fuerte. Aunque es originario de esa zona, actualmente se encuentra en todo el país.

Estos quesos, el de Mano, el Telita y el Guayanés, son recomendables comerlos muy frescos, preferiblemente en el momento de comprarlos.

Queso Paisa:
Paisa

Es pasteurizado y suele comerse en lonjas. Ideal para sándwich o para acompañar galletas. Es uno de los quesos más conocido en el exterior.

Queso Palmizulia:

Queso propio del estado Zulia, con un sabor fresco, sal media y textura firme con numerosos huecos. Su mejor característica es que es que es ideal para comerlo de muchas formas.

Queso Palmita:

palmita

Es bajo en sal, con textura firme en forma de bloque. Su textura es media y es un buen acompañante para todo.

Queso de Trenza:

trenza

Se produce con leche de vaca y de cabra. Su consistencia es elástica, como un chicle. Se trenza como un cabello, y de allí su nombre. Es propio de los estados Anzoátegui, Aragua y Falcón.

Santa Bárbara:

Lo distingue su suavidad y poca sal. Su elaboración es muy delicada, lo cual le confiere una imagen bastante presentable, valiosa cualidad considerando que muchas veces solemos “comer con los ojos”. Es de textura cremosa. Sirve para freír, rallar, rebanar, etcétera. No obstante, tiene la desventaja de ser un tanto graso.

Queso blanco duro:

queso duro

Tiene un alto contenido de sal y es duro. La ventaja es que se puede conservar por mucho tiempo. Se puede rallar para hacer el relleno de empanadas, o para colocar encima de los tostones.

Esta cultura de producción artesanal se ha trasladado a otros países donde ya se pueden encontrar varios de estos quesos, producidos por venezolanos, manteniendo la técnica y el sabor propio de nuestro país. En la sección de comida de La Tienda Venezolana podrás encontrar unos deliciosos tequeños rellenos con queso blanco, ¡disfrútalos!.


Cuando la bohemia gravitaba alrededor de Parque Central por Alberto Veloz – El Estimulo – 3 de Junio 2016

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Una vida verdadera y auténticamente álgida, con un inusitado movimiento cultural, político, social y gastronómico fluyó en la zona de Los Caobos-Parque Central en las últimas décadas del siglo XX. Con solo hacer un pequeño inventario de lugares donde acudía la “crema de la inteligenza” caraqueña, nos podremos dar cuenta de que esto fue rigurosamente cierto. Y, aunque parezca increíble, toda esa vorágine se diluyó en tan solo 25 años aproximadamente. No se pueden precisar fechas exactas ya que el declive social ha sido una circunstancia paulatina. Con motivo de los 448 años que cumple Caracas, compartimos estas maravillosas anécdotas

En un rápido recorrido sentido este-oeste podremos identificar los centros neurálgicos de aquel acontecer social que comienza en la Plaza de los Museos con la Galería de Arte Nacional (hoy mudada a la Av. México) y los museos de Bellas Artes y de Ciencias Naturales. La extinta casona de la familia Ramia fue demolida para construir el edificio que fue la sede oficial del Ateneo de Caracas. Allí funcionaron muy activamente las salas de teatro Anna Julia Rojas y Horacio Peterson, la Fundación Rajatabla, la sala de cine Margot Benacerraf, la Librería del Ateneo y su famoso cafetín, lugar obligado de encuentros y desencuentros de la movida intelectual de la época.

hotel hilton caracas, parque central

Si caminamos a la izquierda encontraremos el Complejo Teresa Carreño “el corazón cultural de Caracas” el segundo más grande de Suramérica que cuenta con las salas Rios Reyna y José Félix Ribas, que albergó los desaparecidos Museo Teresa Carreño y la Fundación Amigos del Teatro Teresa Carreño. Al frente, la estructura que todavía se conserva, en apariencia, del otrora Hotel Caracas Hilton con su famoso restaurante La Rotisserie, el bar La Ronda, el Tower Lounge, L´Incontro y en el último piso la Cota 880, boite de atmósfera romántica a media luz, con vista panorámica de la ciudad, donde se presentaban shows y se podía bailar al ritmo de conjuntos musicales.

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Un muy transitado camino de pocos metros lleva a Parque Central donde nos recibe la majestuosa entrada del que se llamaba Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Maccsi) con sus grandes salas de exposiciones que albergaron obras de los más famosos artistas plásticos. La emblemática tienda y el Café del Museo. En los espaciosos pasillos de Parque Central está la Sala Plenaria, que fue centro de encuentros políticos y de importantísimos congresos internacionales. Del Museo del Teclado y el Audiovisual, galerías de arte privadas como la Graphic II y la Muci sólo queda el recuerdo. Todavía permanece ofreciendo sus servicios el Museo de los Niños, obra de Alicia Pietri Montemayor de Caldera Rodríguez, con su vistosa y llamativa estructura.

Ya entrando de lleno en materia gastronómica, tres restaurantes: El Parque, Visconti y Picadilly Pub (Hector´s) convivieron en los enjambres de este conjunto residencial, considerado en su época como el “desarrollo urbano más importante de América Latina”. Estos lugares quedaron en la memoria de sus habitués.

Los tres, tan distintos en su oferta, se parecían mucho por su calidad culinaria, gran ambiente, atención eficaz y además de compartir los mismos comensales y otros, más que comensales, eran clientes consuetudinarios y amantes de una bien provista barra. A éstos últimos no les importaba mucho la comida, pero si los 12 años “in bottle”. De aquella no tan lejana época, todavía queda en pie La Hostería de Parque Central, de lo que solo sobrevive su nombre. Los asiduos a este espacioso local, con decoración mediterránea y mucha madera, siempre recordamos a los atentísimos propietarios Pipo y Lucho, quienes consentían a sus fieles clientes en cualquier capricho epicúreo.

Nace una estrella en El Parque

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Esta frase está utilizada en el más estricto sentido literal porque en el restaurante El Parque nació una estrella el 11 de febrero de 1987, cuando Floria Márquez, la protagonista, rememora con exactitud la primera vez que se acercó al micrófono a las 5:00 de la tarde en “la hora del aficionado”. La misma Floria lo comenta así: “Para pasar una reciente viudez, mis amigas me invitaron a almorzar porque era mi cumpleaños y en la hora del pousse café me pidieron que cantara, ya que lo hacía en privado y sin escuela, solo por divertirme”.

Esa misma tarde el propietario Enrique Siso, junto a Ligia Feo, le pidieron que se quedara a cantar todos los viernes porque vieron en esta simpática señora mucho carisma, espontaneidad y capacidad histriónica. “Luego de tres meses -agrega Floria con deleite- me solicitaron que me quedara fija como anfitriona de relaciones públicas, atendiera a los clientes, de vez en cuando echara una cantadita y buscara artistas para animar las tardes. Esa propuesta me fascinó porque me divertía y a la vez me pagaban”.

Floria Márquez, Parque Central, caracas

Lo primero que sorprendía en El Parque era la terraza con grama artificial, intensamente verde, rodeada de palmeras naturales, cubierta por un gran toldo amarillo. Las paredes íntegramente de cristal separaban el comedor donde se alineaban las mesas vestidas con manteles en tonos beige y marrón; sillas modelo Cesca. Sus respaldos y asientos de esterilla de Viena le conferían una singular elegancia.

El techo estaba revestido por telas de lona en ondas y una gran mesa alta ostentaba perennemente dos soperas Crock negras que contenían sopa de rabo, de cebolla,bisque de langosta, chupe de camarones o cualquier otra crema que preparaba el chefErnesto García. Como dato curioso recuerdo que allí fue la primera vez en Caracas donde los mesoneros utilizaron delantales negros largos, al estilo bistró francés, accesorio que los hacía lucir fashion.

Definir el restaurante El Parque no es fácil porque su propuesta culinaria era de base francesa donde podían figurar las crepes de espárragos o de ajoporro, o una blanquette de pollo, pero con atisbos criollos como el asado negro o la crema de apio. Floria Márquez recuerda con sumo agrado las tartaletas de níspero o de guanábana que preparaba Helena Todd, así como la torta de nueces.

Indudablemente la diversión estaba asegurada en las tardes de El Parque, lo que se llamaba en aquel momento “viernes adecos”simplemente porque esas tardes se hacían larguísimas; había que quedarse hasta la hora del aficionado. Por allí también desfilaron profesionales llevados por la incansable Floria como María Rivas, Nancy Toro, Hedy Baena, Saúl Vera y su Ensamble. Hubo una temporada con Claudio Nazoa y sus pornotíteres, Rubén Monasterios presentaba un menú erótico, Aldemaro Romero bautizó su disco “Amiga mía”. Cualquier cosa podía suceder en el improvisado escenario que tenía como cortina musical a Chicho Barbarrosa y su grupo.

Muy pocos metros caminaba Sofía Imber para instalarse en El Parque, su blanca y moderna oficina estaba justo detrás de la terraza. Siempre se veían entre los habitués a Jesús Soto, Morella Muñoz, Carlos Delgado Chapellín, Ezequiel Zamora, Luis Alberto Crespo, así como a Daniel Fernández Shaw también socio de este recordado restaurante.

En Visconti un chef de postín

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Enzo Esposito, calificado como uno de los mejores chefs de cocina italiana en Latinoamérica, con estudios gastronómicos en la Escuela Hotelera de Salerno, fue el más respetado entre sus colegas de la época dada sus dotes de gran cocinero; sencillo, modesto y sin ínfulas de estrella, que sin embargo le sobraba con que serlo.

Mucho antes de que se acuñara la palabra fusión, Enzo ya era un experto en el arte de experimentar y combinar su sazón italiana con otros productos e ingredientes. Su extenso currículo lo inició en Franco´s en la avenida Solano López, para luego fundar y dirigir La Taberneta, Kwiki, Il Cortile, Lupo di Mare, Visconti de Parque Central, Visconti d´Este en Paseo Las Mercedes y finalizar su exitosísima carrera en Vulcano, en Altamira. Los conocedores del buen hacer de Enzo Esposito olfateaban qué nuevo restaurante abriría e inmediatamente la pléyade de clientes, fans de su sazón, se trasladaban al flamante local.

Visconti de Parque Central causó sensación porque tenía lo primordial que debe prevalecer en un restaurante de lujo que se precie de serlo: excelente comida, eso estaba asegurado con Enzo Esposito, atención de primera supervisada por su dueño Enrique Siso, el mismo de El Parque y una decoración a tono, de lujo sofisticado y elegante, sin estridencias y muy confortable, lo que estuvo a cargo del arquitecto Julio Obelmejías, quien supo conjugar hábilmente los tonos grises, espejos ovalados, apliques de cristal, manteles de hilo color rosa, sillas cromadas, luz tenue y unos espectaculares vitrales con dibujos esmerilados, amén del piano que daban un aire chical lugar. Se requería ir vestido acorde a la ocasión, con chaqueta y traje cóctel, nada de jeans y mangas de camisa.

Aquí no hay duda, este comedor era netamente de comida italiana con un toque francés y acentos mediterráneos. Así leíamos en el menú con una caligrafía estrafalaria: vieiras al Pernod, fettuccine con pimienta verde y cebollín, espaguetis de huevas de trucha, raviolis de conejo en su jugo con zucchine gratinado, ñoquis de papas en salsa de camembert, risotto con hongos y albahaca, o en tinta de calamares -por cierto los risottos eran una de sus especialidades- junto a su plato estrella, los raviolis de pato en salsa de hongos porcini.

 

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El mismo Enzo comentaba: “A los platos míos nunca les pongo nombres extraños para no estar explicando nada, escribo los ingredientes para que se entienda de lo que se trata”. En el capítulo de los postres se notaba la gran diferencia con la competencia y es que mientras en aquellos la oferta no variaba de las consabidas tortas sacripantina o Charlotte, Enzo se esmeraba en presentar una ricotta a maniera di gelato con fichi d´ India y un dulce exótico muy solicitado, las crepes de manzana y cebolla.

Visconti de Parque Central era frecuentado por personajes de la política, el arte, el espectáculo y socialités de verdad. Entre ellos recuerdo a Carmen Victoria Pérez, Herminia Martínez, Omar Lares, Marianella Salazar, Leopoldo Díaz Bruzual “el Búfalo”, Rafael Poleo, Rafael Tudela, Enrique “Catire” Domínguez, Jorge Blanco y la vecina del museo, Sofía Imber, vistiendo sus acostumbrados y precisos trajes tailleur de cuello mao.

Una noche Floria Márquez cenaba con un amigo en Visconti. De pronto, decidió que cantaría algunos boleros y casualmente en la mesa contigua estaba Omar Lares, siempre acompañado de hermosas mujeres y una botella de escocés, quien quedó sorprendido por la voz, dicción y dominio de escena de la novel cantante. En ese momento el autor de Sprit comenzó a escribir constantemente sobre Floria, quien ya había iniciado clases de canto por recomendación de su hermano, el también artista Rudy Márquez.

Esta sala que hizo honor al cineasta Luchino Visconti fue todo un éxito desde su inauguración y una de las primeras víctimas de la desidia, del caos y de la inseguridad que devoró a esta zona de Caracas.

Hectors, avenida casanova

El recordado Héctor Prosperi, luego de tantos años en su pequeño y acogedor local de la avenida Casanova, con paredes pintadas que recordaban escenas de la campiña francesa, se mudó a Parque Central para abrir el Picadilly Pub (Hector´s) y se llevó también la magia del ambiente y su buen hacer como restaurador de renombre en la ciudad.

Este nuevo local de grandes dimensiones, se estrenó con lujo y postín. Una gran barra, la mejor provista de aquel entonces, donde se podían conseguir todas las marcas de whisky habidas y por haber, y por supuesto una buena cava de vinos franceses daba la bienvenida a los asiduos clientes, quienes venían siguiendo los pasos de Héctor.

El comedor ostentaba unas cómodas sillas de estructura en madera con esterilla en asientos y espaldares. Las mesas de dimensiones más grandes de lo normal se vestían con un mullido muletón de base, manteles rojo bermellón sobre los cuales estaban el sobremantel de impoluto blanco.

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Héctor, hombre de la nocturnidad y de refinados modales, siguió su costumbre de obsequiar con una rosa roja a las damas que asistían al local, bien sea que estuvieran solas o acompañadas. Cuando estaba en la avenida Casanova, el menú lo recitaba en francés. En el Picadilly Pub había una carta formal donde no faltaba la sopa de cebolla au gratin y entre los más pedidos estaban las delicias del mar, tartaleta de cebolla, quiche Lorraine, lenguado al vapor y steak tartar. La menguada salud de Héctor mermó la longevidad de este restaurante que al desaparecer se llevó una de las mejores cocinas de Caracas.

En muy pocos años la intensa vida cultural, política y de divertimento del complejo urbanístico Parque Central se vio engullida por la mediocridad, una estética vulgar y la caótica economía del país que hizo subdividir locales, proliferaron las loterías y los cacos hicieron el resto. El espíritu de aquel complejo que nació en las oficinas de Siso, Shaw & Asociados se perdió y quizás para siempre.

Un pan de jamón cuesta entre 10 y 14 dólares por Didiana Patricia Archila – El Nacional – 12 de Octubre 2019

El precio hoy supera los 200.000 bolívares. Los panaderos explicaron que la mayoría de los ingredientes son importados, pero aseguraron que no comprometerán la calidad de sus productos

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Las aceitunas se importan de España y las pasas de Chile | Foto: Sinestesia gastronómica

El precio del pan de jamón supera para la fecha los 200.000 bolívares. Las panaderías comenzaron a expender uno de los acompañantes tradicionales de las mesas navideñas, pero las ventas no se comportan igual que en temporadas pasadas.

En un recorrido de El Nacional por diversas panaderías de Caracas, se pudo constatar que los precios van desde 195.000 bolívares hasta 290.000 bolívares. Todo depende de la zona de la ciudad y del tipo de masa que se use, si es de hojaldre el pan es más costoso.

Si se hace la cuenta tomando como base la cotización del dólar del Banco Central de Venezuela, un pan de jamón puede costar entre 10 y 14 dólares.

Los precios aumentan si la masa es de hojaldre | Foto: Didiana Patricia Archila
“A modo de presentación”

La producción está comenzando y es una manera de presentarlo al público, declaran los encargados de las panaderías. El producto se encuentra sobre todo en establecimientos del este de la ciudad.

“Comenzamos sacando solamente cuatro panes hoy, vamos a ver cómo se venden. Sabemos que ya no todo el mundo puede pagarlos”, dijo el gerente de un comercio en Altamira.

Respecto a años anteriores las ventas han decaído considerablemente, dicen. “En un fin de semana solo vendimos tres panes de ese tipo”, lamentó un gerente de una reconocida panadería en la parroquia Candelaria.

Por ello, para inicios de octubre decidió ofrecer productos alternativos como el minipan de jamón en 60.000 bolívares o la porción del entero que puede costar 36.000 bolívares.

Materia prima dolarizada

Los encargados de los establecimientos destacaron que los proveedores les venden la materia prima a precios dolarizados, que generalmente atienden a la cotización de la divisa para fijar los costos de la mercancía.

“Hay distribuidores que aceptan bolívares, pero otros exigen las monedas extranjeras, entonces tenemos que comprar el efectivo para poder pagarles”, dijeron.

Tiempos que han cambiado

Los panaderos desconocen cómo se podrá comportar el precio de este tradicional producto en diciembre, pero están seguros de que no todos podrán adquirir las cantidades que solían comprar en otros años.

“Antes algunos clientes ordenaban para ellos y sus familiares o amigos. Regalar un pan de jamón no era nada del otro mundo, pero las cosas han cambiado mucho”, reconocieron.

Primero la calidad

Aseguraron que a pesar de los altos costos de los productos y de que algunos son importados, no están dispuestos a disminuir la calidad de sus panes.

“Las pasas las traen de Chile y las aceitunas de España. La levadura granulada es también importada. El jamón ahumado está bastante caro, pero no estamos dispuestos a modificar nuestra receta. Mientras haya los ingredientes haremos el pan como sabemos”, indicaron.

Alegaron que mucho les ha costado ser reconocidos por sus clientes como para “bajar la vara” por los costos.

Por ahora, la mayoría de los establecimientos ha puesto el producto  a modo de prueba. Los comercios hornean dos bandejas de cuatro panes cada uno para ver cómo se vende. Todo esto y el precio de los ingredientes hace suponer que el costo del pan de jamón en diciembre será mucho mayor.

Madrid estrena la Ruta de la arepa – Condè Nast Traveler – 10 de Octubre 2019

Del 10 de octubre al 10 de noviembre. En total, 31 días para celebrar esta variedad de pan hecha a base de harina de maíz

Madrid estrena la Ruta de la arepa

 

El mes de la arepa está a punto de convertirse en una realidad. Será a partir del 10 de octubre, cuando arranque la primera edición de la Ruta de la arepa, una iniciativa en la que una veintena de restaurantes de Madrid participarán ofreciendo a sus comensales su propia versión de este tipo de pan.

Las habrá clásicas, pensadas para esos paladares que disfrutan con lo de siempre; pero también las habrá innovadoras, que se atrevan a unirse con ingredientes o técnicas hasta ese momento impensables. Y es que la arepa es versátil (mucho), además de ser venerada por los celiacos por su condición de gluten free y de haberse integrado en ese olimpo de lo cool que en los últimos tiempos ocupa el street food.

Madrid estrena la Ruta de la arepa
Madrid estrena la Ruta de la arepa

Y de Madrid al mundo, porque Lotitto y Sáder ya planean exportar este concepto a otras ciudades como Miami, Barcelona, Los Ángeles o Lisboa. Pero de eso se ocupará nuestro ‘yo’ del futuro porque ahora lo que toca es celebrar la arepa en la capital. Lotitto no sabe por qué receta decantarse, lo único que puede confirmar es queha probado propuestas “muy ricas, que se te hace agua la boca nada más verlas”.

¿Su truco para saber si estamos ante una buena arepa? “Que tenga sabor y amor. Es que es tan versátil que verás que hay infinidad de formas de prepararlas. Tú la haces como quieras, dependiendo de tus gustos personales”.

Madrid estrena la Ruta de la arepa

Seven Reasons gives you many more than that to dine there by Tom Sietsema – The Washington Post – 9 de Octubre 2019


Butternut squash cacao tart with goat cheese and caviar vinaigrette at Seven Reasons. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

No. 1. Seven Reasons

    (Excellent)

It’s a jungle in there. Three floors tall, Seven Reasons is crawling with greenery, to which chef-owner Enrique Limardo plans to add more, possibly a big tree. “Nature is going to take over the place,” vows the city’s best ambassador for the foodways of Latin America. Golden, one-bite, cheese-filled arepas are a tip of the hat to Limardo’s native Venezuela. Same for the skate-stuffed plantain ravioli, a blast from his past as the recipient of his grandmother’s Sunday cooking.

Limardo studied architectural and industrial design before devoting himself to restaurants; that translates to some cool sights. Behold his fried octopus tentacle, dusted with trendy charred onion “ash” and set on interlocking yellow rings of liquid ahi amarillo. Or a tostada dressed with pink folds of swordfish belly, glimmering orange rice and caramelized black sesame seeds and all but hiding the julienned green mango beneath the party of flavors. Argentine steak marinated in garlic, lime zest and Worcestershire sauce before being breaded and fried comes with precise dots of avocado puree spiked with serrano. Other Milanese seem drab in comparison.

Vegetarians are gladly received with such dishes as cauliflower tartare and a roasted sweet potato made dramatic and delicious with crimson beet puree and an almond-chipotle vinaigrette. (Limardo is promising something other than an election to think about next year: a month-long vegan menu.) Isn’t the space cool? Aren’t the servers lovely? Doesn’t everyone look happy to be here? When I think of it, there are dozens of reasons to pick this restaurant for your next dining ad­ven­ture.

3 stars (Excellent)

Seven Reasons: 2208 14th St. NW. 202-290-2630. sevenreasonsdc.com .

Open: Dinner Tuesday through Sunday.

Prices: Small plates $13-$20, medium plates $19-$29, large plates $45-$120.

Sound check: 75 decibels / Must speak with raised voice.

The Top 10 restaurants of 2019:

10. Thamee

9. Anju

8. Three Blacksmiths

7. Mama Chang

6. Poca Madre

5. The Restaurant at Patowmack

4. Métier

3. Pineapple and Pearls

2. Rooster & Owl

1. Seven Reasons


Octopus and lentils is one of several visually arresting plates on the menu at Seven Reasons on 14th Street NW. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

Seek and ye shall find plenty of excuses to explore Seven Reasons

Venezuela could use some good press, and one person in Washington poised to dish it out is Enrique Limardo.

A native of Caracas, he studied architecture and industrial design before abandoning both fields for cooking, first in his homeland, with two restaurants in Venezuela’s capital; then around the world (Dubai, Hong Kong, Paris) as a personal chef; and later in Baltimore, where his food at Alma Cocina Latina drew me like Picasso to paint.

After a devotee in the District promised to support him if he relocated to Washington, Limardo, 44, responded with Seven Reasons on 14th Street NW. No sooner did the three-story restaurant throw open its doors in April than it became the “Dear Evan Hansen” of the food scene, a homegrown spectacle with an original point of view.

It only takes a dish or two to catch his drift and appreciate his creative mind. There’s an ocean of octopus out there. But nowhere else have I seen it offered as a single steamed, boiled and fried tentacle, dusted with trendy “ash” created from charred onions and served atop interlocking yellow rings of liquid ahi amarillo. To get the full effect, dab a bite of crisp octopus in the gently teasing sauce, or one of the others that help color the plate and excite the palate, roasted banana puree included. Part of the tentacle rests on a cake of black lentils, set off with dots of avocado puree, which plays the role of a comma between bites of seafood.


Swordfish belly tostada with green mango and black sesame seeds. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

Pale pink folds of swordfish belly, shimmering orange roe and fried black sesame seeds dress a tostada that all but hides the julienned green mango beneath it. The offbeat combination, a hit on the tongue, shows the chef’s flair for layering flavors and textures so that every bite is a joy.

A fire in July at the neighboring bar, Grady’s, resulted in water damage, roof repairs and an unwelcome break for Seven Reasons. But Limardo turned lemons into limonada and used the time off to come up with more crowd pleasers. The addition that tickles him most is a riff on tradition. Sliced lamb loin is perfectly nice. But it improves with spoonfuls of coconut curry, which Venezuelans recognize as part of a popular dish, chivo en coco, typically made with goat. Even better is the black block of forbidden rice next to the lamb, nutty-tasting grains veined with sofrito, cilantro and nuggets of bacon and banana. Good things come to those who partake.

The chef considers himself a mystic, interested in numerology. Hence his inclusion of seven, the number of the spirit, in the establishment’s name. “Our customers are seekers,” he says, “looking for something different.”

Friday night diners beneath a vine-covered wall at Seven Reasons. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

“Sweet Potato Madness” features spicy almond dressing, red beet emulsion, roasted garlic and sea beans. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

They find it in spades on the menu. Argentine steak marinated in garlic, lime zest and Worcestershire sauce makes for a marvelous Milanese. The breaded beef hovers over aligot made with yuca, stretchy as taffy, its richness kept in check with pickled onions scattered atop the steak. The dish is found among the menu’s fashionable “medium plates,” along with roll-ups of scarlet wagyu beef, a carpaccio that announces itself with a fragrant garnish of black truffles and ribbons of fried potato “paper.” A fork inserted into the bottom of the dish picks up creamy hearts of palm and confit tuna belly. Students of Italian might connect the dots and catch Limardo’s spin on the classic vitello tonnato.

The chef puts as much thought into his meatless notions as anything else, and even promises to feature a vegan menu — for a month — next year. Already, however, he’s offering Garden of Eden moments. Roasted, peeled sweet potato streaked with crimson beet puree and almond-chipotle vinaigrette is the flesh-free equivalent of a sizzling porterhouse: a sight to behold and, better yet, devour. The sweet potato slips in jalapeño syrup, along with crisp sea beans and roasted garlic, rendering the spud more of a feast. In another triumph, petals of shaved butternut squash alternate with red and yellow tomato slices in a creamy plot of whipped goat cheese and butternut squash, bordered in a thin cocoa fence. Circling the stunning tart are a dusky roasted tomato sauce and squash blossom vinaigrette.

The three levels of Seven Reasons. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

Seven Reasons co-owner and executive chef Enrique Limardo. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

There’s a lot going on in these dishes, true, but every stripe, dollop and concealed ingredient sustains a diner’s interest. That sweet potato isn’t billed as “Madness” for nothing.

The look of the place bolsters the culinary theme. Picture an urban jungle with creature comforts. A table on the ground floor gives diners a view of the open kitchen, but it comes with a side of clamor. I much prefer a table anywhere upstairs, where skylights and an Amazon of greenery pull the outside in — and the chef hopes to plant “a big tree.” (The mezzanine makes an ideal landing for private parties.) Limardo clearly sat in the leather chairs before buying them. They encourage hanging out and ordering more. Consider whole butterflied fish, served on a bed of rice, swollen with the flavor of the sea, and one of multiple dishes built for two or more.

Does the attention feel familiar? Several staff spent time working for Fabio Trabocchi, whose restaurants select servers like Meryl Streep accepts movie roles. Everyone on the payroll seems excited about the food (and drink: Cocktails are a must), for good reason. Most of it is wonderful. One of the few false notes over the course of several dinners was a plate of falafel. They tasted burned. Similarly, a milk chocolate eclair, which looked like a hot dog, suggested a foreign kitchen had made it.


White Heaven dessert: litchi gelatin, soursop sorbet and foam, meringue and white chocolate. (Deb Lindsey/For The Washington Post)

Otherwise, the restaurant impresses me right through the end. White Heaven — nirvana fashioned from meringue, litchi gelatin and soursop sorbet and foam — fulfills the promise of its name and puts the creamy-textured tropical fruit, similar in flavor to pineapple, on a pedestal. Even if you don’t order dessert, something sweet appears, maybe a little roll of chocolate that channels a Kit Kat bar. A birthday celebrant might receive a small chocolate bar encased in a beautiful green-and-gold wrapper.

Seven Reasons? This diner begs to differ. There are dozens of arguments to be made in favor of a restaurant as novel as this one, a serious bridge to a whimsical world.

Carrefour España vende por primera vez comida rápida venezolana – ALnavío – 12 de Julio 2019

Por primera vez, una gran cadena de supermercados española compra en masa productos de comida venezolana. El convenio incluye la venta de tres grandes productos: arepas, tequeños y cachapas congeladas que se venderán en todos los Carrefour de España, la segunda cadena de supermercados del país.

Fernando Rodríguez ha sido el primer empresario en introducir comida venezolana en Carrefour / Foto: Antojos Araguaney.
Fernando Rodríguez ha sido el primer empresario en introducir comida venezolana en Carrefour / Foto: Antojos Araguaney.

Hace poco más de 10 años, Fernando Rodríguez, un joven emprendedor venezolano que comenzó a fabricar quesos en su propia casa, los vendía de forma ambulante en las oficinas de la empresa Técnicas Reunidas en Madrid, donde trabajaban centenares venezolanos. El producto era elogiado por su calidad y sabor artesanal y pronto comenzó a variar el catálogo que transportaba en el metro: cachapas, arepas y tequeños. 

Hoy, una década después, Rodríguez sigue vendiendo los mismos productos, pero ya no hace venta ambulante. Su empresa, Antojos Araguaney, acaba de convertirse en el primer proveedor en masa de productos venezolanos de Carrefour, una de las grandes cadenas de supermercados del mundo y la segunda de España.

Antojos Araguaney ha logrado convertirse en proveedor oficial de Carrefour después de haber ejecutado una enorme inversión en certificaciones alimentarias de máximo nivel como la IFS (International Featured Standards) que exige la multinacional francesa (y las grandes cadenas españolas) para sus productos de alimentación.

Hasta ahora, el único producto con presencia en los grandes supermercados españoles (Mercadona, El Corte Inglés, DIA y Carrefour) era la archiconocida harinaPAN. Pero, hasta ahora, ninguna cadena había apostado con fuerza por variedad de comida venezolana capaz de atraer a cerca de 400.000 consumidores nacidos en Venezuela que viven en España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística de España.

Con este movimiento, Carrefour intenta atraer a sus supermercados a las familias venezolanas que ya suponen un peso importante en la reñida batalla de los supermercados españoles donde los productos de alimentación cada vez cuentan con menos margen y el dominio de Mercadona (con 25% del mercado) supera con creces al segundo competidor (Carrefour con cerca del 10%).

El tequeño multinacional

La apuesta por el producto latino puede hacer ganar a Carrefour nuevos consumidores: la de las familias de inmigrantes. Y en esa estrategia entra Antojos Araguaney. El fabricante tendrá sus productos en las estanterías de Carrefour a un mismo precio: 6,50 euros la caja. Las cachapas vienen en cajas de 5 unidades mientras que los tequeños y las arepitas vienen en docenas.

Los tequeños de Antojos Araguaney tienen amplia presencia en casi todos los restaurantes venezolanos en España. La empresa se ha convertido en proveedor de cadenas de restaurantes de amplio alcance como La Cuchara, Apartaco y La Despensa, en Madrid.

La compañía cuenta con una enorme fábrica de producción en Rivas Vaciamadrid, en las afueras de la capital, y ha ido aumentando su capacidad de forma progresiva hasta alcanzar una producción de 45.000 tequeños al día.

Los tequeños han dejado de ser producto exclusivo de la comunidad venezolana y ya se han convertido en un producto que piden los españoles en cadenas de restaurantes con comida internacional como Goiko Grill, con una cincuentena de locales en España y que ha popularizado el producto entre la población española.

Antojos Araguaney ya había logrado entrar a los supermercados españoles con la venta productos étnicos a Costco, la gran cadena de hipermercados estadounidense en proceso de expansión en España. La compañía de origen venezolano logró colocar productos como su hummus con un porcentaje de garbanzo superior al 70%.

Antojos Araguaney cuenta con cuatro tiendas en España, dos fábricas (una en Madrid y otra en Tenerife) y más de 70 trabajadores. Sus productos ostentan dos certificaciones de calidad y seguridad alimentaria: la otorgada por la Comunidad de Madrid (Certificación M garantía de calidad) y la de APPLUS (International Featured Standards Global Market Food), dos certificaciones que han facilitado su entrada en los supermercados españoles.

En febrero de este año la compañía anunció la entrada en su accionariado de la familia Goicoechea, fundadora de la cadena de hamburgueserías Goiko Grill, que actualmente cuenta con una participación del 40%. Con este capital la compañía pretende convertirse en una referencia de comida venezolana y latinoamericana en Europa. Y la entrada en Carrefour es apenas el primer paso.

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