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Hipótesis sobre cómo se producirá el cambio de régimen – Editorial El Nacional – 15 de Enero 2018

Es probable que nadie, ni siquiera aquellos que trabajan con diversas herramientas de análisis, haya previsto un estado de cosas como el que se está viviendo en Venezuela. Nuestra realidad ha mostrado una capacidad de burlar de tal forma los análisis y a los analistas que desconcierta. Los hechos van a una velocidad y responden a unas lógicas que, a menudo, sobrepasan las herramientas de quienes la estudian.

Todo lo anterior tiene una explicación que, dentro y fuera de Venezuela, hemos tardado en entender y asumir: que los instrumentos de análisis no están hechos para medir o prever el mal, el ejercicio abierto y creciente del mal político, que es el signo primordial del poder en Venezuela. En Venezuela no gobiernan ni la izquierda, ni una ideología, ni una coalición de revolucionarios: gobiernan facciones de delincuentes. De familias que han salido del umbral de la legalidad. De grupos que aterrorizan a sus propios seguidores. Mafias de odio ilimitado.

Ni los peores pronósticos alcanzaron a vislumbrar que la enfermedad del poder llegaría al extremo de matar de hambre, matar de escasez, matar de inflación, torturar, activar la delincuencia, destruir la producción, llevar la corrupción a niveles impensables, hacerse parte del narcotráfico, destruir las instituciones, erosionar las fuerzas armadas, crear grupos paramilitares, mentir, mentir una y otra vez, mentir hasta tal punto que ha causado un enloquecimiento generalizado: hay que haber perdido todo vínculo con la realidad para ser capaz, en el período de mayores sufrimientos que haya conocido Venezuela desde la Guerra Federal, el más doloroso y humillante de los últimos 150 años, para escribir tuits, como hacen algunos poderosos, uniformados y no uniformados, hablando de la felicidad del pueblo venezolano.

La lucha contra el mal político no es una lucha como otras. En eso se equivocan los que piensan que la acción concentrada en lo electoral es suficiente. Se equivocan, especialmente, cuando sobre el sistema electoral venezolano pesa una acusación cuyo efecto todavía no ha sido procesado: un fraude que se proponía legitimar lo que no podrá ser legitimado jamás: la asamblea nacional constituyente, en sí misma, materialización del mal político, del mal que consiste en esto: disposición a matar para mantenerse en el poder.

Como ocurre en todas las revoluciones: el poder se ha ido estrechando y concentrando. A medida que pierde escrúpulos, que violenta las barreras de la legalidad, que actúa con creciente descaro, en esa medida hay personas y grupos que abandonan o son expulsados. Pasan a engrosar la lista de los perseguidos. El que hasta ayer era un aliado, hoy adquiere el carácter de un enemigo, como el resto de la sociedad. Porque de eso trata el mal político: convierte al conjunto de los venezolanos en enemigos de la oligarquía que tiene el control del poder.

Venezuela está devastada. Es un territorio arrasado por la pobreza y la enfermedad, cuyo deterioro avanza a diario. Cada día el país se emparenta más con la pobreza estructural de la Cuba castrista. Ante el inenarrable cuadro de hiperinflación, hambre, enfermedad, escasez y delincuencia que crece a diario, la desesperanza cunde. Y surge, como pregunta inevitable y única, la del hasta cuándo: hasta cuándo se mantendrá este régimen en el poder. Cuánto más pueden prolongarse los sufrimientos de los venezolanos. Cuántos más tienen que morir para que las cosas cambien.

Estoy entre los que piensan que el régimen no es sostenible. Su inviabilidad es visible en cada esquina de Venezuela. Por ello estoy persuadido de que el cambio está en curso. No por vía del diálogo y el supuesto acuerdo electoral que saldría del mismo (insisto: no es aceptable que el derecho de votar tenga que rogarse en una mesa de negociación). Tampoco como consecuencia de un golpe de Estado. Ni mucho menos porque fuerzas militares extranjeras pudieran ingresar al territorio nacional a cambiar el gobierno. Ni como producto de una inmensa movilización del pueblo que obligue al gobierno a dimitir.

La idea que tengo es que no se producirá un gran acontecimiento que cambie el estado de cosas, de un momento para otro. No veo posible ninguna solución instantánea. Lo que sí me parece inminente es el cambio político producto de la exacerbación y la acumulación todavía mayor de problemas: protestas –como ya está ocurriendo– en todo el país; dificultades dentro de la FANB para mantener el orden y las operaciones; luchas cada día más abiertas entre los distintos reductos del oficialismo; profundización del cerco financiero internacional; dependencia creciente de las remesas y la ayuda internacional; aceleración de la paralización de la producción, el transporte público, los servicios y más.

Este escenario, de creciente empeoramiento de todos los problemas, es inevitable. El hundimiento continuará, salvo que se produzca un radical cambio de rumbo. Lo que es importante entender es que el cambio de rumbo no es una aspiración política de la oposición o de los demócratas: es una urgencia venezolana, unánime, donde confluyen los deseos tanto del reducto chavista como de la inmensa mayoría que se opone al gobierno. La presión de los partidos políticos de la oposición es solo una fuerza en el panorama. No la más decisiva. La más determinante está en la sociedad, en los sindicatos, en los cuarteles, en las iglesias, en las calles. Son esos los factores los que, de tanto sufrimiento y malestar, en cualquier momento, creo que muy próximo, impondrán el final del régimen y el paso a un nuevo gobierno, gobierno que será, se quiera o no, un gobierno de transición.

 

El chavismo arrasa en elecciones municipales boicoteadas por la oposición – BBC Mundo – 11 de Diciembre 2017

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“Hemos ganado más de 300 alcaldías de las 335 del país”, dijo el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
El chavismo logró este domingo el triunfo en unas elecciones municipales en las que no participaron los principales partidos de oposición de Venezuela.
Según el presidente Nicolás Maduro, estas agrupaciones políticas perdieron así el derecho de participar en los próximos comicios presidenciales.
“No podrán participar, desaparecerán del mapa político”, amenazó el mandatario.
Los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) daban al oficialista Partido Unidos Socialista de Venezuela (PSUV) como victorioso en 41 de los primeros 42 municipios escrutados.
“Hemos ganado más de 300 alcaldías de las 335 del país”, anunció, sin embargo, el presidente Maduro.
Cómo el chavismo gana elecciones y esquiva los efectos de la grave crisis económica que sufre Venezuela
Las abstención promovida por los principales partidos de oposición se tradujo en una participación del 47,32% del electorado, poco más de 9 millones de electores, cuando todavía falta por completar el escrutinio de un 3% de las mesas.
En los comicios municipales de 2013 participó el 58,92% del censo. En las de gobernadores del 15 de octubre, un 61%.
Los principales partidos de oposición de Venezuela rechazan participar en las elecciones municipales “por falta de garantías”
Además de las municipales, este domingo también se votó por el gobernador del petrolero estado Zulia, en el oeste del país. El triunfo también fue para el oficialismo.

En la votación del domingo, participó menos de la mitad del padrón electoral.
Las elecciones se repitieron después de que en octubre venciera el candidato opositor, que perdió su condición al no querer juramentarse ante una Asamblea Constituyente plenipotenciaria que la oposición no reconoce.
Con la victoria de Omar Prieto en Zulia, el chavismo domina 19 de las 23 gobernaciones y se espera que controle en torno al 90% de los 335 municipios del país por los que se votó este domingo.
Con ello, el chavismo consolida su poder local en medio de una severa crisis económica y de las dudas de la oposición sobre la limpieza del sistema electoral.
Ahora, las presidenciales
La próxima gran cita serán las presidenciales en 2018.
Pero, este domingo, el presidente Maduro amenazó con prohibir la participación en la contienda de los partidos que este domingo no acudieron ni llamaron a las urnas.

Cualquier partido que no haya participado en las elecciones municipales celebradas este domingo y que “haya llamado al boicot” no podrá concurrir a los siguientes comicios, advirtió Maduro.
“Voluntad Popular (VP) y Primero Justicia (PJ) han desaparecido del mapa político venezolano y hoy desaparecen totalmente porque partido que no haya participado hoy y haya llamado al boicot de las elecciones no puede participar más”, afirmó el mandatario tras acudir a votar.
Ese es el criterio que la Asamblea Constituyente, controlada por el oficialismo, “ha esgrimido constitucional y legalmente”, añadió sin dar más detalles.

Henrique Capriles es uno de los candidatos más aptos para un posible triunfo ante Maduro u otro candidato del chavismo en 2018.
Sus palabras iban dirigidas a los principales partidos de la oposición: Primero Justicia, de Henrique Capriles, doble candidato presidencial y actualmente inhabilitado; Voluntad Popular, de Leopoldo López, quien cumple una pena de casi 14 años en arresto domiciliario; y también Acción Democrática (AD), que logró cuatro de los cinco triunfos opositores en los comicios regionales celebrados en octubre.
Las tres formaciones se abstuvieron de participar en las elecciones del domingo por considerar que no había suficientes garantías después de lo ocurrido el 15 de octubre, cuando la ciudadanía votó por los gobernadores de los 23 estados del país.
Según la oposición, en esas votaciones se registraron irregularidades e incluso falsificación de actas.
También cree que las hubo este domingo.
“Estamos claros de que hoy, en Venezuela, no hubo elecciones en los términos que establece la Constitución”, expresó en un comunicado la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), coalición que agrupa a la oposición y que actualmente se encuentra dividida.
“Una inmensa mayoría de la población electoral venezolana expresó su repudio a este régimen”, agrega el texto.
Mientras, Maduro aseguró que la oposición tuvo “miedo” de medirse al chavismo.
“Estoy seguro de que cara a cara habríamos logrado también una gran victoria”, aseguró en Caracas el presidente, que llamó a sus simpatizantes a prepararse para “grandes victorias” en 2018.

Comunicado MUD elecciones 15-O – Diciembre 2017

logo-headerLas Elecciones de Gobernadores del pasado 15-O produjeron resultados inesperados para todos (incluso para el oficialismo).

Más allá del debate apasionado que surgió inmediatamente después de ese proceso, el análisis objetivo llevado a cabo con criterios técnicos por reconocidas ONG (como Súmate y Asamblea de Educación, entre otras) y por los auditores independientes y de los partidos políticos participantes en tales comicios, permiten llegar a dos conclusiones gruesas sobre las causas de tales resultados:

· El oficialismo abusó descaradamente, como nunca, de los recursos públicos para incentivar a sus seguidores incondicionales y para presionar a quienes dependen del Estado (voto forzado), logrando así mantener su techo de 5.7 millones de votos
· El oficialismo cometió una gran cantidad de irregularidades en contra de los candidatos de oposición, mediante diversas medidas que fueron “rebanando” el potencial voto opositor. En paralelo, la oposición no pudo lograr la participación de 2.1 millones de electores (por desesperanza, desinterés, abstención política, emigración…) que votaron a su favor en 2015, con lo cual habría obtenido la mayoría de las gobernaciones.

Las irregularidades mencionadas están detalladas en un exhaustivo informe que pueden ver en los enlaces abajo colocados (en español e inglés), publicados en el blog de Venezolanos Siempre (plataforma independiente en la cual participan varias ONG), vinculada con el Frente para la Defensa de la Constitución y la Democracia (instancia creada por la Asamblea Nacional para interactuar con la Sociedad Civil Organizada).

Un hecho particularmente grave es el del Estado Bolívar, donde se pudo comprobar que hubo Actas forjadas por parte de personal del Consejo Nacional Electoral, situación que debe ser conocida por todos los organismos electorales del mundo, como clara evidencia de la actuación antidemocrática del régimen venezolano. Por eso agregamos un informe específico sobre este flagrante delito electoral.

Una labor muy importante, para la cual pedimos la valiosa colaboración de todas las organizaciones de venezolanos en el exterior, es hacer llegar dichos informes a las instancias políticas, parlamentarias, gubernamentales, electorales, comunicacionales, etc. de cada país.

COVENEX
Comisión para los Venezolanos en el Exterior
de la Mesa de la Unidad Democrática

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Enlace a los Documentos

Informe sobre el Fraude en las Elecciones a Gobernador en el Estado Bolívar
https://drive.google.com/file/d/1RcGM8X4fexLDOiEthkVEKFypXuzWm6xb/view?usp=sharing

La violación de los Derechos Políticos de los Venezolanos por el Consejo Nacional Electoral cometidas en el marco de las Elecciones Regionales 2017
https://drive.google.com/file/d/1sBkwwcXKeMNDoYpVtGJRpB0rrzBXqEpr/view?usp=sharing

Violations agains the political right of Venezuelans Committed by de National Electoral Council during 2017 Regional Elections:
https://drive.google.com/file/d/1pzaC1cxLzORuiyS8WkCEDF1NFVhM1iPp/view?usp=sharing

Alberto Barrera Tyszka: “La diáspora en Venezuela tiene un elemento afectivo brutal en un país que no había sido emigrante” por Daniel García Marco – BBC Mundo – 9 de Noviembre 2017

 

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Todo lo que escribe el autor venezolano Alberto Barrera Tyszka le lleva a la crisis que vive su país.

Barrera Tyszka, de 57 años y quizá el escritor venezolano de mayor reconocimiento internacional del momento, no puede escapar de lo que ocurre en Venezuela aunque pase la mayor parte de su tiempo en México.

El autor de “Patria o Muerte” y “La Enfermedad”, entre otros títulos, trabaja en una nueva novela que quería ambientar en México, pero que finalmente tendrá como escenario Caracas.

Barrera Tyszka, firme opositor del gobierno de Venezuela, participará en una charla en el Hay Festival Arequipa, en Perú, ocasión a la que BBC Mundo acompaña con una cobertura especial.

Antes de viajar habló por teléfono con BBC Mundo del momento que vive su país y de la creciente emigración y sus efectos personales y globales.

Las previsiones económicas auguran más dificultades para los venezolanos.

Uno de los efectos de la crisis en Venezuela es la emigración. Eso tiene un impacto en un país que nunca emigró y que incluso fue refugio para los que llegaban en busca de libertad y garantías económicas.

Hay un cambio en la identidad, en el ADN del venezolano. Éramos un país que nos veíamos como un país rico y generoso que recibía inmigrantes que venían por razones políticas o económicas. Aprender a ser emigrante es ahora fundamental en nuestra configuración. Es un aprendizaje para un país que por nuestra condición de país petrolero teníamos a los inmigrantes haciendo otros oficios en el sector servicios. Ahora nos toca a nosotros aprender a ganarnos la vida afuera.

¿Puede eso de alguna manera tener algo positivo a largo plazo para Venezuela?

Habría que plantearse si alguien que sale con 18-19 años dentro de cinco años ya no tiene otra familia, si está dispuesto a volver o no. Enriquecería muchísimo eso, pero eso está basado en una hipótesis optimista y esperanzadora: que el conflicto se resuelve y el país tiene un futuro donde caben estos emigrantes.

¿Tiene también un efecto político esa emigración en cuanto a que la gente que se va está descontenta con el gobierno?

El grueso de la gente que emigra podría votar por la oposición y configura una ausencia importante dentro del país. Pero se pierde también en términos de liderazgo en todos los sectores. Se va yendo gente que desde la sociedad civil, la empresa o la universidad puede ser punto de fuerza en contra de un proyecto totalitario como el del gobierno.
Los opositores han mostrado su desánimo tras el polémico triunfo electoral en las regionales de octubre.

¿Siente el desánimo en la oposición tras los meses de protestas y las polémicas elecciones regionales?

Más veo un gran desconcierto. El oficialismo dinamitó las formas de representación política, ha hecho estallar la idea del voto y eso afecta a la oposición. En 2015, con las elecciones parlamentarias, la oposición no supo leer esa victoria. Creyó que ya tenía triunfo, y el chavismo leyó que no podía volver a hacer una elección normal y empezó a trabajar para un modelo en el que no se iba a contar, en el que la participación tenía que controlarse de otra manera. Para cualquier ciudadano en Venezuela la idea del voto ha ido sufriendo un descalabro durante dos años. ¿Cómo la dirigencia de oposición puede llamar a votar ahora? Es muy complicado. Hay un nivel emocional en el que la gente se pregunta dónde está la eficacia del voto.

¿Por qué cree que el chavismo sigue teniendo un nivel de aceptación alto entre un sector importante de la población?

Yo creo que lo que ocurre es justamente lo contrario. Creo que la revolución ya no tiene pueblo. Que tiene cada vez más rechazo. Su relación con los sectores populares se funda en el chantaje y la extorsión. Por eso mismo el gobierno de Maduro está desesperado por conseguir alguna legitimidad electoral, así sea a través de fraudes. La magia ente los sectores populares y el chavismo se acabó. Ahora el oficialismo le tiene miedo al pueblo.

Se estima que desde la llegada del chavismo unos dos millones de personas dejaron Venezuela.

¿Cómo cree que sigue ahora Venezuela?

Es muy difícil especular. Si uno ve los procesos con América Latina veo dos diferencias: la condición petrolera y la crisis en la que estamos, y la condición militar. (El presidente Nicolás) Maduro le ha ido cediendo a los militares la gestión política y social, la producción y distribución de 27 productos de la canasta básica. Son elementos que van a a definir el futuro. ¿Qué pasa con el poder de los militares y el control de la sociedad?

¿Cree que la polarización del conflicto político se refleja en la calle?

Por la crisis la población está un poco agotada de esto. Al final, ¿quién habla del hambre? Esa es la pegunta. El oficialismo lo niega y la oposición se dedicó a hablar sobre la libertad, los derechos, cuando la mayoría vive una situación terrible.
El gobierno celebra los 100 años de la Revolución Bolchevique y la gente no tiene para comprar huevos o queso. Hay un desfase. Yo siempre digo que (Hugo) Chávez convirtió Venezuela en un parque temático de los 60. Mencionaba a Mao Zedong. Era algo risueño incluso, pero con las características de la crisis eso se vuelve trágico.
Venezuela es un país sin estadísticas, sin versiones claras de qué es lo real y eso al ciudadano lo va a asfixiando”

A usted, que es escritor de ficción, ¿le resulta difícil superar la realidad de Venezuela?

Es muy difícil huir, escapar. Si yo quisiera escribir una novela íntima, de naturaleza mística, tarde o temprano el país va a aparecer. Desde la ficción escribo como forma de organizar mi curiosidad, el dolor, lo que no entiendo, y ahí esta presente el país por qué no entendemos lo que pasa y nos está doliendo.
Empezaste la entrevista con la diáspora y tiene un elemento afectivo brutal en un país que no había sido emigrante. Tiene que ver con la noción de familia y los afectos. La diáspora es una experiencia de pérdida de la idea de un país.

La emigración está teniendo un alto coste personal y consecuencias para el futuro del país.
Esos relatos intensos están haciendo brillar a escritores y cineastas venezolanos premiados.
Es un momento muy interesante, pero en el proceso venezolano llevamos tantos años y se ha ido poniendo más tenebroso. En la medida en que todo entra en crisis se ve más oscuro, con menos salidas (…) Y además sin muchas explicaciones. El país tiene un nivel de opacidad enorme en todos los sentidos, desde las estadísticas más básicas como las económicas. Es un país sin estadísticas, sin versiones claras de qué es lo real y eso al ciudadano lo va a asfixiando (…)
Todo eso crea niveles de zozobra muy fuertes, y eso es parte de la realidad que afecta tanta como la inflación. Eso es un proceso que va volviendo al país más tenebroso. El país necesita niveles de transparencia enormes en todos los sentidos.

La crisis de la oposición venezolana por Fernando Mires – Blog Polis – 4 de Noviembre 2017

UnknownNo se sabe si es ironía o paradoja. El premio Sajárov fue otorgado a la oposición venezolana justo en uno de los peores momentos de su historia: una crisis política de enorme magnitud. Crisis aparentemente derivada de los resultados de las fraudulentas elecciones del 15-O pero agravada por la decisión de uno de sus partidos más tradicionales, AD, al hacer juramentar a sus cuatro gobernadores elegidos frente a una constituyente inconstitucional.

Pero seamos claros: la juramentación no produjo a la crisis. Solo fue su detonante.
La crisis venía gestándose antes de las regionales. Para ser más precisos, fue evidente cuando desde la MUD se desprendió una organización autodenominada SoyVenezuela cuyo objetivo, concordante con el de Maduro, era dinamitar las elecciones, llamando abiertamente a la abstención. Pero aún antes de esa evidencia, la crisis, como si fuera un virus que aguarda el instante para aparecer en la piel, comenzó a tomar formas en las postrimerías de las grandes protestas comenzadas en abril, convocadas para defender a la AN y a la Constitución. Ese fue el momento cuando las festivas manifestaciones comenzaron a ser sustituidas por jóvenes que ya no exigían la restitución de las libertades constitucionales sino simplemente la caída de la dictadura sin que nadie les dijera como iba a ser posible realizar tamaña empresa. Ante esa espectativa, la participción en las elecciones regionales -una de las exigencias primarias de la oposición- fue presentada por los más extremistas como traición a una supuesta resistencia. Con ese estigma, del cual la oposición democrática no supo liberarse, era difícil ganar cualquiera elección. Menos frente a una dictadura, por definición tramposa.

No vamos a hablar aquí de las CLAP, del carné de la patria, de las firmas chimbas, de los votos asistidos, de los traslados de centro de votación y de los resultados alterados. Todo eso se sabía con anticipación y con eso había que contar.

El hecho inobjetable es que el resultado anunciado por el CNE tuvo el efecto de desmoralizar a la ciudadanía democrática. ¿Cómo podía ser posible que un régimen cuyas propias encuestas no le daban más del 20 % de popularidad haya arrasado en casi todas las gobernaciones? A través de una primera mirada parecía que con esa “máquina de manipular elecciones” (Héctor Briceño) nadie podía competir. Pocos fueron los que pensaron en que competir con las propias fuerzas divididas es imposible vencer a una dictadura. El 15-O hubo mega-fraude, claro que sí, pero también hubo una mega-derrota.
Al marchar hacia las elecciones arrastrando una profunda división endógena, la oposición debió bregar con dos enemigos: el régimen y los abstencionistas, cuyo débil poder numérico es inversamente proporcional a su fuerte poder agitativo. Ello llevó a su paralización interna, hecho que condujo, a su vez, a la incapacidad para levantar una alternativa unitaria en el camino hacia las regionales. Esa alternativa unitaria, ya inscrita durante las grandes protestas, no podía ser sino la defensa de la Constitución en contra de la falsa constituyente.

Precisamente, al no haber sabido delimitar la contradicción fundamental (Constitución vs. constituyente) los cuatro candidatos adecos creyeron que su deber era asegurar las gobernaciones y para lograrlo no solo se sentaron sobre la Constitución sino, además, hicieron sus necesidades básicas sobre ella.

Al igual que para una fracción de los abstencionistas cuyo objetivo es facilitar la aparición de generales golpistas, la de los constituyentistas adecos fue poner sus propias gobernaciones por sobre la Constitución. No se dieron cuenta de que sin esa Constitución la oposición no es nada. Sin Constitución, en efecto, no habría nada que defender, y sin nada que defender, no puede haber oposición. Tampoco se dieron cuenta de que la política no solo se deja regir por los criterios de la pura razón práctica.

La acción política comporta una enorme fuerza simbólica. Si los cinco gobernadores hubieran planteado un decidido “no” a la juramentación, habrían reactivado la ruta constitucionalista de la que cuatro de ellos se apartaron. El problema, por lo tanto, no fue humillarse o no humillarse. El problema fue romper con la línea política que se había dado la oposición: electoral, pacífica, democrática y constitucional. Cuatro puntos cardinales complementarios e interdependientes. Pues así como lo constitucional no puede prescindir de lo electoral, lo electoral, tampoco – y mucho menos- puede prescindir de lo constitucional.

¿Ir a las elecciones y luego no juramentarse ante la falsa constituyente? Exacto, de eso se trata: no renunciar ni a la legitimidad del voto ni a la legitimidad de la Constitución. O en otras palabras: unir la opción política-electoral con la desobediencia civil parece ser la única salida a la profunda crisis que vive la oposición venezolana.

Pero no nos engañemos: la crisis de la oposición había existido siempre en estado latente. El secreto a voces era que en su interior coexistían tendencias que se repelen entre sí. Esas tendencias son tres, dicho en líneas gruesas. Ellas son la tendencia anti-electoral, la tendencia conciliadora y la tendencia constitucionalista.

La tendencia antielectoral puede ser también definida como insurreccional. Parte de la base de que toda elección legitima al régimen. Cultiva visiones apocalípticas y apoteósicas. Al llamado de sus líderes, imaginan que el pueblo avanzará triunfante sobre las ruinas de la dictadura. Las FANB se partirán en dos y la comunidad democrática reconocerá de inmediato al nuevo gobierno. Son los de la Salida, los del Maduro Vete Ya, los de la Marcha sin Retorno, los de la Hora Cero, los del Gobierno Paralelo, los de la Unidad Superior, y otras aberraciones.

Curiosa ironía: a pesar de que los adalides del anti-electoralismo militante se declaran anticomunistas y anticastristas, su visión de la política es similar a la de los comunistas y castristas de los años sesenta del pasado siglo (Tupamaros, MIR, Montoneros, ERP, entre otros.) Al igual que ellos, los abstencionistas creen en un pueblo irredento, en el poder de la voluntad, en el líder iluminado y en el derribamiento de dictaduras mediante vías no electorales. Corina Machado, Diego Arria y hasta Luis Almagro podrían sorprenderse con esta afirmación. Pero para quienes hemos dedicado tiempo al estudio de la moderna historia latinoamericana, el discurso que ellos representan no nos es desconocido. En gran medida refleja, bajo nuevas formas, la quinta esencia del ultrismo jacobino de los años sesenta.

La segunda tendencia, la conciliadora, se autodefine como pragmática. Sus visiones apuntan a lograr acuerdos parciales con la dictadura, a sobrevalorar el diálogo –aún sin materias concretas a dialogar- y sobre todo, el de la negociación, aunque tengan poco o nada que ofrecer. Las movilizaciones de masa y las acciones callejeras les parecen absolutamente inútiles. Sienten predilección por reuniones a puertas cerradas, casi clandestinas, ojalá lo más lejos posible de las manifestaciones políticas (bajo las palmeras de la República Dominicana, por ejemplo.) En general, son políticos de viejo cuño, adaptables a las normas de un régimen liberal, pero sin vitalidad para enfrentar a una dictadura. Mucho menos a una dictadura tipo Maduro, nuevo especímen histórico que combina formas arcaicas de dominación con los más diabólicos métodos de las tiranías post-modernas.

La dictadura, con ese instinto animal que la caracteriza, ha sabido manejar las diferencias de la oposición. Por ejemplo, durante el curso de la campaña hacia las regionales, Maduro no se cansó de afirmar que paralelamente mantenía un diálogo con representantes de la oposición. El ultrismo abstencionista le creía a pies juntillas –necesitaba creérle- y llamaba a no votar por los “cohabitadores” de la MUD. Siguiendo el juego, el madurismo inundaba las redes e incluso las murallas citadinas con letreros llamando a “no votar.”

La prescripción anticonstitucional que obliga a los gobernadores elegidos a jurar frente a una constituyente cubana fue, sin duda, una muestra de astucia criminal y sadismo político. Algún día la dictadura de Maduro será juzgada por sus crímenes materiales a la nación. No hay, desgraciadamente, leyes que castiguen los crímenes morales perpetrados contra un pueblo: la siembra de desconfianza en el voto, y no por último, la humillación permanente a que son sometidos dirigentes y candidatos de la oposición. Hechos que no encuentran parangón en la historia del siglo XXl. La supresión de la inmunidad parlamentaria a Freddy Guevara, destacado dirigente de la oposición democrática, es el nuevo acto delictivo cometido por ese grupo de mercenarios llamado TSJ, nombrados a dedo: gente sin pueblo y sin ley.

El problema adicional, quizás el más grave de todos, fue que entre la dictadura, los divisionistas y los conciliadores, terminaron por afectar al nervio central de la oposición. Nos referimos a su tercera tendencia.

La tercera tendencia, la de los constitucionalistas, combinando manifestaciones de masas y línea constitucional, logró durante largo tiempo mantener su hegemonía sobre el bloque unitario. Aliándose con uno u otro sector, supo manejar las crisis con cierta solvencia. Pero, cuando después de las juramentaciones sus principales dirigentes se desataron en descalificaciones personales, peor aún, sin defender la línea política que había dado continuidad a la oposición, la crisis dejó de ser circunstancial y se convirtió en una crisis de identidad política. Algunos, llevados por la emoción, abjuraron de la línea electoral sin especificar cual iba a ser la otra línea. Al “craso error” (Trino Márquez) de no participar en las elecciones municipales, argumentando de que estaban viciadas por la existencia de “ese CNE”, agregaron la inconsecuencia de participar en las presidenciales con “ese CNE”.

Sacar el cuerpo a las municipales no fue una retirada táctica. Fue una desordenada fuga. Una estampida cuyo resultado no puede ser otro que abandonar a su suerte a la pobre gente que vive en los municipios. Peor todavía: esa decisión rompió con la línea opositora sin ofrecer otra.

¿Terminará imponiéndose en la oposición la retórica hueca del abstencionismo militante? ¿Llamarán también a una “unidad superior” que nadie sabe con qué se come? ¿O acudirán a tribunales de justicia aposentados en la OEA? ¿O formarán gobiernos en el exilio (al estilo Puigdemont)? ¿O exigirán a Maduro que forme otro CNE amenazándolo con no votar? (precisamente, lo que más desea la dictadura) ¿O simplemente llamarán a los jóvenes a enfrentar otra vez a un ejército dirigido por asesinos profesionales?
En tres sentidos, aun perdiéndose, las municipales son importantes. Primero: tienen lugar en comunidades donde todos se conocen y en donde es posible realizar una agitación sin recurrencia a grandes medios de comunicación. Segundo: permiten mantener la continuidad de la lucha por la Constitución, en contra de la constituyente. Tercero: tienen lugar en el espacio donde comienza toda ciudadanía: en la vecindad, allí donde todos padecen los mismos problemas. Quien no entiende los problemas de su comunidad nunca va a entender los del mundo.

La razón por la cual los principales partidos de la oposición –excepción sea hecha a UNT y AD- no concurren a las municipales, aunque no explicitada, parece ser la siguiente: concurrir significaría romper la unidad de la MUD. Si ese fue el argumento, fue otro error. Por una parte, la unidad de la MUD ya está rota, se quiera o no. Por otra, la unidad política no es un fin en sí sino un medio para alcanzar un objetivo común. Y no por último, las municipales habrían permitido clarificar frente a problemas concretos y reales, y de una vez por todas, las diferentes líneas que dividen al conjunto opositor.
Luego de saltarse las municipales, los destacamentos opositores (incluyendo a los abstencionistas) planifican concurrir a las presidenciales. Tal vez las primarias –si es que tienen lugar- permitirán percibir las diversas políticas que los separan, aunque sea al precio de aceptar divisiones insoslayables. Puede ser también que las presidenciales sean el catalizador que requiere la oposición para marchar, si no unida, por lo menos de un modo relativamente convergente. Hay dudas de que que eso sea así. Pero ojalá sea así. Porque si no es así, más vale la pena rezar.

 

 

CNE admite recurso de impugnación de Andrés Velásquez contra el “fraude en Bolívar” – Efecto Cocuyo – 2 de Noviembre 2017

El Consejo Nacional Electoral (CNE) admitió hoy el recurso que el excandidato opositor a la Gobernación del estado Bolívar, Andrés Velásquez, introdujo para impugnar los resultados de los comicios regionales del 15 de octubre en esa región, pues asegura que hubo un “fraude“.

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“Última hora: CNE, admite recurso de impugnación que presenté por alteración de resultados en Bolívar”, dijo Velásquez en un mensaje publicado en su cuenta de la red social Twitter.

En otro mensaje añadió: “Fuerza Bolívar. Haremos respetar voluntad soberana del pueblo”.

Según el documento en el que se admite el recurso, y que fue publicado en Twitter, Velásquez ahora tendrá cinco días para presentar las pruebas que tenga por el denunciado fraude.

El pasado 23 de octubre, Velásquez informó, desde las afueras del CNE, que había entregado un “recurso jerárquico administrativo de impugnación” por los resultados de las elecciones de gobernador en Bolívar.

El opositor, que esperaba desde el lunes una respuesta por parte del CNE, ha mostrado actas en las que, asegura, se demuestra su triunfo y sostiene que en Bolívar “se cometió un descarado y grotesco fraude”.

El 15 de octubre en Venezuela se realizaron elecciones por las 23 gobernaciones que tiene el país, y el chavismo se impuso en 18 estados, entre ellos Bolívar, una región en la que los resultados se conocieron dos días después de haberse celebrado la elección.

Según ha denunciado Velásquez, el ente electoral cambió las actas y le robó la elección.

 

Cómo el Gobierno cambió los votos a su favor en el estado Bolívar por Anatoly Kurmanaev – The Wall Street Journal – 2 de Noviembre 2017

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Luciano Mendoza, a la izquierda, el supervisor electoral del Partido Socialista en el pueblo de El Casabe, mostró recientemente un recibo de máquina de votación que contó menos votos de los que las autoridades electorales informaron más tarde. Algunos de los miembros de su familia están detrás de él.

Aires Pérez Rodríguez viajó en canoa durante tres horas para entregar los recibos en papel que muestran un total de 225 votos emitidos para el gobernador del estado en El Casabe. Luego se los pasó a su tía, quien los condujo otros 150 millas hasta la capital del estado de Bolívar.

Traducción libre del inglés por lapatilla.com

Sin embargo, cuando el recuento oficial se publicó días después de las elecciones del 15 de octubre, hubo 471 votos adicionales para el candidato del gobierno. No fue solo el Sr. Pérez, el representante electoral de la oposición, quien lo notó. El propio supervisor electoral del Partido Socialista en El Casabe también se dio cuenta.

“Esto es ilegal”, dijo Luciano Mendoza, el supervisor del CNE, quien le mostró a The Wall Street Journal los comprobantes de las máquinas de votación que contaban apenas un tercio de los votos de la aldea según lo informado por las autoridades electorales más tarde. “Dicen que traen justicia, pero lo que hacen es cometer fraude”.

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El Chavismo, esa máquina para manipular elecciones por Héctor Briceño – La Razón – 30 de Octubre 2017

 

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La noche del 15 de octubre de 2017 la presidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela anunció un resultado que sorprendió al país y al mundo entero: el desprestigiado chavismo lograba la mayoría de las gobernaciones de Venezuela con una victoria 55% a 45% de los votos a nivel nacional, desenlace totalmente opuesto a lo pronosticado por todas las encuestas y por el más mínimo sentido común.Ninguna elección está libre de incertidumbre para los competidores, ni siquiera en un sistema autoritario, pero lograr un resultado como este en medio de la peor crisis económica y social registrada en el país demanda revisar con detenimiento todas las posibles hipótesis que puedan explicar el fenómeno.Para ello vale la pena comenzar realizando un breve recuento de la volátil y convulsa historia electoral venezolana de los últimos 11 años.

En 2006 el chavismo obtuvo su victoria más contundente cuando Hugo Chávez derrotó a Manuel Rosales en las elecciones presidenciales 63% a 37%. La impresionante brecha fue sucedida 12 meses más tarde en diciembre de 2007, por la primera derrota electoral nacional del chavismo, al perder por estrecho margen el referéndum de reforma constitucional 51% a 49%. Catorce meses después, en febrero de 2009, el país regresaría a las urnas y el chavismo se reconciliaría con la victoria al ganar el referéndum que le permitiría a Chávez ser candidato presidencial nuevamente en 2012, al aprobar la reelección sin límites 55% a 45%. En diciembre de 2010 la convocatoria fue para elegir un nuevo parlamento. En esta oportunidad el resultado registró un país dividido en dos mitades: 48% de votos para el gobierno, 47% para la oposición.

En octubre de 2012 Chávez acudiría a su fiesta de despedida en la temprana elección presidencial en la que el punto de diferencia gobierno-oposición de 2010 se multiplicó por 10, para darle la última victoria a Chávez 55% a 45%. Tres meses después, en diciembre de 2012, se seleccionaron gobernadores en un proceso marcado por la reciente elección presidencial y la desesperanza opositora, otorgando al gobierno 20 de las 23 gobernaciones, manteniendo su ventaja con la cábala 55% a 45%. Otro trimestre pasaría para realizar una nueva elección presidencial tras la muerte de Chávez en marzo de 2013. Nuevamente el resultado se redujo a la mínima diferencia, al computar el 51% a 49% que colocó a Nicolás Maduro al frente del país. En diciembre de ese mismo año se realizaron las elecciones municipales que ampliaron la brecha a favor del chavismo 49% a 39%.

Tras una inusual pausa de dos años el país retornó una vez más a las urnas para elegir un nuevo parlamento en diciembre de 2015. En esa oportunidad la oposición obtuvo su mejor desempeño electoral al invertir el marcador y lograr la victoria 57% a 43% que le otorgó el control total del poder legislativo y la convirtió por vez primera desde la llegada del chavismo, en clara e irrefutable mayoría.

A partir de entonces la Venezuela electoral-adicta promovida por el chavismo cuando disfrutaba del apoyo popular, ingresó al centro de rehabilitación autoritario para comenzar un estricto tratamiento cuya primera etapa fue la abstinencia electoral total, entre 2016 y mediados de 2017, momento a partir del cual ha comenzado a administrarse, bajo rigurosa vigilancia, pequeñas dosis placebo-electorales.

Así cuando el gobierno aprobó la realización de las elecciones regionales vencidas desde diciembre de 2016, el país experimentó un ambivalente sentimiento de frustración y entusiasmo. Desde 2016 se pedían muchas elecciones, pero luego de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) a finales de julio, todo sonaba mal.
Los partidos políticos opositores basando su análisis en los aplastantes resultados electorales del 2015, los distintos estudios de opinión pública y los claros indicadores del desastre económico y social, recibieron y festejaron con alegría triunfal (aunque también con una intensa tensión interna) la nueva dosis.

Los escasos dos meses que precedieron a las elecciones del 15-O, líderes opositores, al igual que expertos y analistas, discutieron sobre las consecuencias y escenarios que se abrirían frente a la inevitable derrota del chavismo. Y aunque algunos incrédulos criticaron la recaída en la adicción por parte de la oposición, alegando que los dolorosos sacrificios experimentados durante las protestas del primer semestre de 2017 no tenían como objetivo elegir gobernadores, ninguno se atrevió a dudar que los resultados favorecerían ampliamente a la oposición.

La desconcertante noche del 15 de octubre enmudeció a todos por igual. Hasta el momento ninguna explicación luce convincente nacional e internacionalmente. Se tienen retazos de una olla maloliente, pero aún no se sabe muy bien que se cocinó dentro.

Entre las casi infinitas hipótesis explicativas de lo sucedido durante la elección, cuatro se erigen con mayor fortaleza.

En primer lugar, el acostumbrado ventajismo del que gozan los candidatos del oficialismo que les permite hacer uso de los recursos públicos para sus candidaturas sin el más mínimo pudor. A esto se suma el sistemático uso de las instituciones del Estado para entorpecer y boicotear a los partidos y candidatos opositores: inhabilitaciones, cambios en la normativa electoral, desinformación y un largo etc. La más reciente y sofisticada incorporación a la lista de tropelías ha sido el cambio masivo de electores de sus centros de votación, pocos días antes de la elección, en medio de un estado de total desinformación, afectando al menos a 700 mil votantes provenientes, casualmente, de centros electorales de tradicional apoyo a la oposición.

En segundo lugar, regresa el fantasma urbano del fraude. En esta oportunidad sin embargo, pareciese que es posible proporcionar por primera vez una pistola humeante con huellas dactilares y logo del CAVIM (Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares).

Las denuncias realizadas por el candidato opositor Andrés Velázquez desde el estadoBolívar de forjamiento de actas electorales pueden proporcionar las evidencias de la alteración de resultados para desconocer la voluntad de la mayoría. En la misma dirección apunta las denuncias realizadas por el Presidente de la Asamblea Nacional Julio Borges, según las cuales hay problemas en más de 1,6 millones de huellas dactilares recogidas por el Sistema de Autenticación Integrado-SAI (captahuellas) durante la elección, pues no se sabe si esas huellas pertenecen realmente a la persona que fue autorizada para votar o si se cometió el delito de usurpación de identidad.
La tercera gran hipótesis es la abstención. La gran enemiga a vencer dentro de la campaña opositora.

La abstención contó extrañamente con aliados en ambos lados de la herradura política chavismo-oposición. Y aunque la participación se ubicó por encima del registro de la elección de gobernadores anterior (54% en 2012 vs. 61% el pasado 15-O) cuando analizamos los circuitos tradicionalmente más opositores del país, aquellos que concentran la mayoría de los votos opositores, observamos que estos presentan claramente una tasa de abstención mucho más alta que el promedio nacional. También por encima de esos mismos circuitos en elecciones anteriores.

Pero las causas de la abstención no se reducen a la campaña convergente entre radicales opositores y el chavismo. También encuentra explicación en el fuerte proceso migratorio que está padeciendo el país como consecuencia de la crisis. Adicionalmente, la participación se vio afectada por la reubicación de electores.

Entre las consecuencias de la abstención debemos mencionar dos importantes: en primer lugar ella puede explicar parcialmente la derrota opositora en estados como Miranda y Carabobo que cuentan con amplios circuitos como los descritos anteriormente. Pero más importante es el impacto de la abstención en la participación de la ciudadanía en los procesos de observación y control ciudadano del proceso de votación. Es decir, no se trata únicamente de las tasas de votación, sino muy especialmente de la participación activa en la defensa de la voluntad popular. Un ciudadano que acude a las urnas en el marco de una campaña abstencionista puede conformarse sólo con votar, pero en Venezuela eso no es suficiente.

Una prueba de esto es la realización de un escaso 56% de las auditorías ciudadanas (apertura de urnas para cotejar los resultados emitidos por el sistema automatizado) programadas. En este sentido, la abstención es el fraude. La ausencia de ciudadanos que controlen y vigilen el proceso electoral es el escenario soñado para quienes quieren manipular los resultados para torcer la voluntad del pueblo.En cuarto y último lugar se erige la hipótesis de la construcción de un sofisticado aparato clientelar de dominación y coerción que redistribuye miedo y miseria a través del control de los mecanismos para una mínima existencia.Según esta hipótesis el domingo 15 de octubre el gobierno, con un listado en una mano y una bolsa de alimentos (CLAP) en la otra, movilizó a la población para intercambiar su voto por una semana menos de hambre.Para lograrlo el gobierno tendría que haber alcanzado los pensamientos más profundos de los electores hasta inocular un terror de tan alto grado de intensidad del que no es posible liberarse ni siquiera, en la soledad del recinto electoral frente a la máquina de votación.Lo más alarmante de esta hipótesis es que habría pasado desapercibida.

Ningún estudio o análisis de opinión pública lo ha reflejado y los testimonios aún no aparecen. Lo que para muchos es precisamente la prueba irrefutable del temor inoculado.Hasta el momento ninguna de la cuatro hipótesis tiene capacidad explicativa o cuenta con evidencias suficientes para justificar el resultado electoral. Lo más probable es que la verdad se encuentre en alguna concatenación de eventos que las incluya a todas.Lo que si aparece muy claro es que el gobierno se ha convertido en una máquina de invención de mecanismos para manipular y burlarse de los electores y que con ello intenta, desesperadamente, que la oposición deseche la vía electoral como el mecanismo de resolución de la tragedia venezolana.

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