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El chavismo mete miedo con otra reunión del Foro de Sao Paulo en Caracas por Daniel Gómez – ALnavío – 16 de Enero 2020

El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, recordó que la semana que viene definirá la agenda 2020 del Foro de Sao Paulo para América Latina. Quiere devolverle el poder a la calle. Eso dice. Y dice también que los que tienen miedo, que se preparen, “que se compren un perro”, que tiene un plan, y que ese plan es “la victoria popular”.

Diosdado Cabello avisa: que se preparen / Twitter: @dcabellor
Diosdado Cabello avisa: que se preparen / Twitter: @dcabellor

“Ay que viene el coco”, dice el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, refiriéndose a la reunión del Foro de Sao Paulo que se celebrará en Caracas del 22 al 24 de enero.

Todavía no se han confirmado los invitados, pero como dijo a principios de mes Nicolás Maduro, “será un encuentro mundial de movimientos sociales y políticos”. Todos pertenecientes a la izquierda.

Cabello promocionó el evento en su programa Con el Mazo Dando. En la sección en la que comenta noticias y tuits, seleccionó los comentarios que advertían del foro, señalado por muchos como un factor desestabilizador en América Latina. Como base ideológica de los movimientos que lideraron los estallidos sociales en EcuadorChile y Colombia, así como las revueltas en Bolivia.

Uno de los comentarios que eligió Cabello era de la periodista venezolana Nitu Pérez Osuna: “Atención: el Foro de Sao Paulo se reunirá para afinar su estrategia”, tuiteó.

“Correcto”, contestó Cabello. “La estrategia la tenemos: la victoria popular”.

El eurodiputado de VoxHermann Tertsch, afirmó que “la cúpula de Podemos actúa como cuadros de agentes del narcocomunismo, del Foro de Sao Paulo y con La Habana al mando para lograr la penetración comunista con los carteles de droga en la política española y europea. Cada vez son más quienes toman conciencia de ese peligro”.

“¿Tienes miedo?”, le preguntó Cabello a Hermann Tertsch. “Pues cómprate un perro”.

Otro que advirtió en Twitter sobre los peligros del Foro fue el abogado venezolano Enrique Aristeguieta. Dijo que el evento está compuesto “por criminales y narcos de todo el mundo”. Y que se celebra el 23 de enero -día de la juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado y día en el que un movimiento cívico-militar derrocó a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958- para estropear cualquier conmemoración.

“Ahí tiene razón”, apuntó Cabello en referencia al último comentario. Y añadió: “Ya están chillando. Ya no dicen que la cosa es un fracaso. Ya están con incriminaciones”.

Y ahí el que tiene razón es Cabello. En 2019 el Foro de Sao Paulo dejó de ser un evento insignificante para convertirse en uno de los impulsores de los estallidos sociales en América Latina. Condición que ni el propio chavismo niega. Cuando la situación estaba más caldeada en Chile, y los sectores violentos se apoderaban de las calles, Diosdado Cabello dijo que “la brisa bolivariana” ya se sentía en Latinoamérica, y de paso, recordó que el plan del Foro de Sao Paulo marchaba en orden.

El diario ALnavío demostró cómo desde el Foro de Sao Paulo se marcó como enemigo al gobierno de Sebastián Piñera. “El carácter de América Latina como zona de paz se ve amedrentado por la creciente ofensiva del gobierno norteamericano en coordinación con gobiernos de derecha como el de Sebastián Piñera, el cual no conforme con abandonar el compromiso firmado por Chile como país garante del acuerdo de paz en Colombia, guardando silencio ante el masivo y selectivo asesinato de excombatientes y dirigentes y dirigentas sociales en dicho país, también ha encabezado peligrosas provocaciones injerencistas como el fracasado intento organizado desde Cúcuta para violar la soberanía territorial de Venezuela”, se lee en la memoria del foro celebrado el pasado julio.

Colombia era otro de los países mencionados en el documento. Criticaba al gobierno de Iván Duque por no respetar los acuerdos de paz con las FARC y por supuestos ataques homófobos y xenófobos.

“Ante la escalada de persecución, violencia y asesinatos de excombatientes, líderes sociales, populares y de las organizaciones gremiales, intelectuales, docentes, defensores de Derechos Humanos y de la Naturaleza, defensores de LGBTI, indígenas, afrodescendientes, líderes de la oposición en Colombia, expresa su más enérgico repudio y una vez más reitera su condena a estos lamentables episodios”, apuntó.

Colombia también sufrió un estallido social, pero no tan duro como el de Chile. Ni como el de Ecuador. Ni siquiera como el de Bolivia, donde el pueblo se echó a la calle para pedir la renuncia de Evo Morales, mientras sus seguidores desbloqueaban las manifestaciones con palos, piedras y explosivos.

Pero hay un factor común: en todas estas acciones de desestabilización se señalaron a venezolanos. En diciembre fue el propio Guaidó quien dijo que nada de esto fue casualidad:

– No fueron casualidad los 300 cubanos y venezolanos expulsados de Bolivia.

– No fue casualidad que en Colombia expulsaran a 60 venezolanos relacionados con las protestas.

– Ni que en Chile hicieran lo mismo con nueve venezolanos.

– Y lo mismo en Ecuador con 17 personas, “la mayoría venezolanos”, dijo en su momento el gobierno de Lenín Moreno.

Nicolás Maduro no ha confirmado los asistentes al foro, pero uno de los habituales es el Movimiento Al Socialismo (MAS). El partido de Evo Morales. El mismo Evo Morales que esta semana dijo que una entrevista para la radio Kawsachun Coca que el MAS tenía que seguir el ejemplo de la Venezuela de Maduro y organizar “milicias armadas” para combatir contra el gobierno interino de Jeanine Áñez. Comentario del que se acaba de retractar.

El bumerán llega a Madrid por Asdrubal Aguiar – La Patilla – 11 de Enero 2020

downloadRecién ordeno y cierro, por lo pronto, mi obra periodística y de ensayos acometida a lo largo de los últimos veinte años. Son 8 volúmenes y casi 5.000 las páginas en las que me muerdo la cola para entender y denunciar a la mutante revolución que se cuece entre el Foro de Sao Paulo y sus escribanos de Valencia, España.

Adiestrados estos, intelectualmente, por La Habana, se montan sobre los hombros una tarea cuya realización preocupa hace treinta años, cuando se predica, con liviandad, el fin del comunismo, vale decir, la llegada del posmarxismo que se apalanca sobre los proventos del capitalismo y manipulando las formas de la democracia, para vaciarlas de todo contenido. Eso sí, oculto tras los camisones de ocasión, útiles en el mercado de la opinión pública y para sus redes globales: bolivarianismo, luego socialismo del siglo XXI, al término progresismo; ese mismo que vocean el impresentable de Ernesto Samper Pisano y José Luis Rodríguez Zapatero.

Más directos y sinceros han sido, ayer Fidel Castro, quien, ante la pregunta de una periodista sobre el significado del socialismo del corriente siglo, la ataja en seco: ¡es comunismo!, nada más; hoy, Alberto Garzón, novel ministro de Pablo Iglesias dentro del morganático régimen que se instaura en España, quien afirma que: “el proyecto político de Castro está más vivo que nunca”.

Todo comienza, pues, con un pequeño volumen, el noveno, de apenas 128 páginas, editado por el diario El Nacional el año 2000, que escribo a finales de 1999 para dar cuenta de mi Revisión crítica de la Constitución bolivariana. Desde entonces y ahora, la llamo el pecado original. Su prólogo – ¿quién podría imaginarlo?, yo mismo me sorprendo – se lo solicito a un cordial y amigable profesor valenciano, a quien conozco a inicios de dicho año cuando atiendo una cita del director general de la Unesco, para dictar en España una charla, en Castellón de La Plana.

Él y varios de sus colegas, así, llegan a Caracas para enterarse, con fines académicos, del proceso constituyente nuestro. Es lo que esgrimen y me dicen al saludarme. Mas al cabo son ellos quienes, tras bambalinas, imaginan e impulsan a La Bicha de Hugo Chávez, como primera experiencia acordada entre Lula y Fidel en 1991, dándole paso franco al poscomunismo señalado.  Y como se sabrá más tarde, les contrata Isaías Rodríguez, vicepresidente de la Constituyente, embajador en España, manifiesto protector de la ETA, lo que es un dato secundario para esta crónica.

Topamos, así, con el posmarxismo en tierras americanas, con sus constituyentes a cuestas y sus procesos para el desmontaje de nuestras democracias, amantadas estas por el patrimonio moral del Occidente judeocristiano.

Se cuecen los estatutos políticos del poscomunismo en los hornos de la universidad valenciana y su fundación, que a lo largo de los años se hará beneficiaria de asesorías generosas asignadas desde Caracas, Quito, y La Paz. Me refiero a la Fundación CEPS, al Centro de Estudios Políticos y Sociales cuyo cerebro más destacado y acucioso es el actual catedrático Roberto Viciano Pastor. En lo adelante no oculta más su filiación ni sus tareas, como el haber dirigido los “equipos de seguimiento y asesoramiento a las Asambleas Constituyentes de Venezuela (1999) y las más recientes de Ecuador y Bolivia”.

“La observación del autor es crítica –dice Viciano sobre mí y acerca de mi desencuentro con “su” Constitución y en el prólogo que me escribe en 2000 – desde una particular visión del derecho, de la función pública y del deber del Estado, y desde una priorización de los valores de la que, desde luego, no es espejo fiel la nueva Constitución”. Se refiere, obviamente, a la suya, a la que asesora desde Valencia y para Venezuela, a partir de una institución cuyo portal la muestra como consultora política, jurídica y económica, de las “fuerzas y gobiernos progresistas de América Latina”.

Lejos de lo anecdótico, lo vertebral es que tras un ejercicio y varias puestas en escena por quienes se empeñan en no quedarse huérfanos ante el agotamiento de la experiencia del socialismo real soviético, pasadas tres décadas de sinuosa penetración, experimentando más allá de los predios de la madre patria, los armadores españoles del Foro de Sao Paulo regresan a su nicho, al CEPS en el que amamantan a Pablo Iglesias y los constructores de Podemos. Se trata de los destructores que intentarán ser, ahora, de la milenaria cultura de la que se avergüenzan una parte de la Europa y la España posmodernas: No lo digo yo, lo afirma el papa Ratzinger, en pasada oportunidad, cuando desnuda al progresismo como relativismo cabal y amoral de la existencia.

Llega a Madrid, en suma, la muerte de Dios – lo repito por enésima vez – y el presupuesto para que la corrección política signifique el fin de los sólidos morales y cualquier acotamiento desde lo racional. Es lo que manda, al caso y como lo señalo en mi anterior columna, la Agenda “igualitaria” de la ONU 2030.

Lo más insólito es que todo se reduce al advenimiento de una procaz religión, nutriente de la desesperanza, asociada con el delito, envilecedora como ninguna, la de “los principios y valores de Fidel Castro, que debemos seguir defendiendo”, según lo indica Garzón. En esa estamos, en el plano de los “rauxas”, dirán los catalanes.

Delincuencia y política: el Foro de Sao Paulo por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 8 de Diciembre 2019

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Está en curso una desgraciada tendencia, en muchos lugares del planeta: el abrazo, sin disimulos, sin escrúpulos y sin rubor, entre políticos y delincuentes. Cualquier historiador podría levantar la mano para sostener, y con razón, que los vínculos que han unido a los hombres de poder con el poderío de los delincuentes se remontan hasta la Antigüedad. Pero en los últimos tiempos, no solo en América Latina, se ha producido un cambio sustantivo: en varios países la delincuencia ha asaltado el poder.

Hay que entenderlo: lo que está ocurriendo sobrepasa al fenómeno de la corrupción. Ya no se trata de la antigua y reiterada operación, según la cual, un mafioso con recursos a su disposición, especialmente financieros, “compra” favores, contratos, prebendas, complicidad, omisión o impunidad de policías, jueces, carceleros, parlamentarios y autoridades. La práctica, a través de los siglos, ha sido la del ocultamiento: corruptor y corrompido operaban en las sombras. Intentaban mantener sus relaciones y acuerdos, fuera de la vista de los demás. La corrupción era inseparable del secreto. La participación de intermediarios tenía como objetivo proteger la identidad del político o el poderoso que vendía sus decisiones (como, por ejemplo, la de no actuar o dejar el campo abierto para la acción de los delincuentes).

Lo nuevo o relativamente nuevo es que la delincuencia ha invadido el campo de la política. El auge de la política-basura (la política basada en denuncias, invasión de la vida privada de los adversarios, escuchas telefónicas, acusaciones del más diverso tenor, uso de lenguaje procaz, prácticas de espionaje, delaciones y más), se ha sumado al odio que destilan las redes sociales, donde circulan señalamientos gravísimos, con frecuencia de fuentes anónimas, que se hacen virales, en algunos casos, con la intervención de maquinarias destinadas a ese fin.

La destrucción de la política, es decir, el desconocimiento reiterado de su imprescindible necesidad, de su pertinencia social, de su credibilidad y de su legitimidad, despeja el terreno para que delincuentes -mejor dicho, delincuentes políticos-, envueltos en los ropajes del izquierdismo, el populismo, el nacionalismo, el socialismo y otros ismos afines, accedan a la política como vía de ingreso a los bienes que produce el trabajo de las personas, las empresas y las sociedades.

El uso de todas las formas de lo violento y lo ilícito para conquistar el poder fue patentado por el leninismo, que lo puso en práctica en la Rusia de 1917: hacerse con el control matando, asaltando propiedades, violando niñas y mujeres, destruyendo bienes -especialmente aquellos que tenían un carácter simbólico-, expropiando y más. Lenin formuló unas prácticas, en las que los matones estaban llamados a cumplir un papel fundamental: el de arrasar con la política, desterrarla de lo público, para que en su lugar se instauraran prácticas como el engaño, el sabotaje, el atentado, las golpizas y asesinatos, el ataque terrorista, la invención de expedientes, la persecución y aniquilación de los disidentes, la sistematización del espionaje, el acoso de los defensores de la libertad, la eliminación de la libertad de prensa y mucho más. Insisto: en el origen mismo de la práctica comunista quedó establecida la incorporación de la delincuencia y los delincuentes como las herramientas fundamentales de conquista y gestión del poder.

En la historia de la izquierda en América Latina -salvo excepciones- la acción de lo ilícito ha sido reiterada en la mayoría de los países: secuestros, asaltos a bancos, ataques terroristas, acciones de sabotaje, devastación de bienes privados y públicos, asesinato de empresarios, funcionarios, militares o policiales, conformación de grupos de guerrilla que han causado pérdidas humanas y patrimoniales cuyo alcance es incuantificable. Lo asombroso, y esta es quizás la más perniciosa irradiación del leninismo, es que mucha de esa actividad delictiva, ha sido justificada y legitimada, en alguna medida, por discursos de pretensiones académicas o de carácter político-social.

Que el Foro de Sao Paulo se haya erigido en una especie de casa matriz de lo ilícito; que haya articulado una red de gobiernos encabezada por corruptos; que se haya dado a la tarea de corromper a jerarcas de las fuerzas militares y policiales de varios países -Venezuela y Nicaragua, de forma exitosa-; que haya incorporado a su membresía a organizaciones dedicadas al narcotráfico y el terrorismo como las FARC; que actúe como operador de regímenes abiertamente fuera de la ley como los de Ortega y Maduro; que active mecanismos para proteger a prófugos de la justicia como Rafael Correa y Evo Morales; que cante loas a delincuentes como Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner, no debe sorprendernos: está en su genética.

Ni debe sorprendernos que en varios países del continente hayan sido detenidos funcionarios venezolanos -policías, miembros de grupos paramilitares, malandros de largo expediente- que fueron diseminados por Maduro, con el objetivo de estimular la desestabilización. Tampoco debe sorprendernos que tenga distribuidos por toda América Latina agitadores, adeptos, militantes del resentimiento, psicópatas, grupos de delincuentes y pequeñas células que, apenas se presenta una oportunidad, salen a las calles, no a protestar sino a demoler; no a formular una propuesta, sino a prender fuego, martillar, acabar con bienes y vidas, sin justificación ni lógica alguna. Salen a la calle a imponer la violencia. A mostrar la capacidad de los delincuentes de dominar a la sociedad. Salen a recordarnos por qué, en los últimos tiempos, un sujeto como Diosdado Cabello se ha convertido en un factótum del Foro de Sao Paulo, y Caracas, el lugar donde se reunieron a finales de julio, y donde se reunirán el próximo mes de enero.

La fiera acorralada por Gustavo Tovar Arroyo – La Patilla – 23 de Noviembre 2019

downloadEra de suponerse, el chavismo, acorralado como quedó a principios de año con el vertiginoso ascenso del presidente Juan Guaidó, se vio perdido…, acorralado y perdido, pero supo reaccionar a tiempo, envolvió a los crédulos opositores en un diálogo inepto y logró extender su agonía. El chavismo no ha muerto, entendió que no le quedaba otra opción sino contraatacar, y lo hizo, unió todas las fuerzas que lo componen e incendió el continente. El 4 de febrero regional ha comenzado.

¿Qué es el chavismo?

Lo primero que hay que resaltar son las fuerzas que componen al chavismo para entender a qué nos enfrentamos. El chavismo es una siniestra composición de narcotráfico, comunismo, terrorismo islámico, guerrilla, corrupción, militarismo, paramilitarismo, malandraje, psiquiatría y cinismo sentado en el poder. Sus socios internacionales son Rusia, Bielorrusia, Turquía, China, Irán, Nicaragua y Cuba. No pierden el tiempo, están alertas, a punto de perder el poder de la mina de oro y petróleo venezolana, lanzó un mordisco continental, contraatacó. Obvio.

Calcinar un continente

Ahora Chile, Ecuador y Colombia entienden mejor a Venezuela y a los venezolanos, lo que hemos padecido desde que el chavismo llegó al poder y no incendió metros, contralorías o plazas públicas sino personas, miles de personas y les disparó en la frente, y les sacó los ojos, y con bombas le partió en pedazos el corazón a niños, y violó mujeres, y lanzó políticos desde un décimo piso, y torturó hasta la muerte a militares, y acribilló soldados y calcinó, insisto, no estaciones de metro sino a un país. Ahora América Latina sabe que el chavismo está dispuesto a todo: lo que ellos han vivido en semanas, nosotros lo hemos padecido durante dos décadas.

El contraataque

Era previsible que el chavismo contraatacaría, muy previsible. No soy pitoniso ni brujo, pero lo advertí hace mucho tiempo. Se sentaron a tomar piña colada con unos criminales en Barbados y descuidaron el único hecho políticamente imaginable para entonces: la hiena herida y acorralada mordería furiosamente para salvar su vida, que es la vida del crimen instalado en el poder. Contraatacaron, no tenían otra opción, reunieron a todos los malandros del continente en el Foro de Sao Paolo que se realizó en Caracas, planificaron, utilizaron todos los recursos habidos y por haber del narcotráfico y la hiena mordió a la cándida y optimista democracia continental.

Los paraísos americanos

La izquierda mundial encontró en el narcotráfico y en la corrupción sus mejores y más impunes financistas. El caso mexicano es emblemático. López Obrador ataca a gente decente y trabajadora, pero libera y abraza a narcotraficantes, les promete un paraíso criminal. Uruguay, por otra parte, paraíso del lavado de dinero de Las Américas, ni con el pétalo de una rosa a todos los corruptos de la región, los agasajan, los cortejan, los veneran. El chavismo, que además de ser narcotraficante y corrupto, es –como hemos dicho– terrorista, militarista, guerrillero y malandro va por el cuello de Chile y Colombia. El chavismo no ha muerto. ¿Incendian sus metros y sus contralorías? A nosotros nos incendiaron el país entero.

Los próximos objetivos estratégicos

No será fácil salir del chavismo continental, para salir de él hay que salir de su versión original en Venezuela, donde se concentran y operan todas sus fuerzas malignas. Cesar la usurpación de Maduro, Cabello y Rodríguez ya no es un tema sólo venezolano, es un tema continental y hasta mundial. Colombia no estará en paz mientras exista el chavismo. Brasil y Estados Unidos son los próximos objetivos estratégicos. Nada se descarta. Mientras el presidente Trump envía tuits, Putin envía militares y armamento a Venezuela. El chavismo muerde y no suelta.

Salvar al continente y al mundo

Gústenos o no, en Venezuela quienes estamos llamados a cesar la usurpación, quienes tenemos la obligación moral y la mayor probabilidad de liberar al país y al mundo del chavismo, somos todos y cada uno de los venezolanos, incluso pese al errático liderazgo político. El centro de la fuerza chavista, el corazón que irradia su sangre venenosa al continente, el conglomerado de toda su estructura criminal opera desde la pequeña Venecia. Para lograr derrocarlo no se puede dialogar ni sucumbir en falsas elecciones, se debe luchar en todos los terrenos y sin descanso, se debe desafiar y sublevarse. Sólo una rebelión popular total en Venezuela salvará al continente y posiblemente al mundo. No exagero. Vean a su alrededor.

Franco Manuel Casella Lovatón: “Las mafias armadas han secuestrado la república” por Rubén Olveira Araujo – Deia – 30 de Noviembre 2019

Embajador’ del autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, Lovatón se reúne en Sabin Etxea para explicar la delicada situación que atraviesa su país

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BILBAO.Tras los incendios de este verano, América Latina continúa, metafóricamente, en llamas. Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Chile, Colombia… ¿A qué responde este malestar generalizado en la región?

-Hay dos elementos. Uno es un elemento antropológico cultural sembrado desde el comunismo: el antiimperialismo. Es la idea de que los norteamericanos vienen con su capitalismo salvaje a destruir la tranquilidad del mundo, pero la verdad detrás de eso es que el comunismo es mucho más salvaje, mucho más depredador, que acaba con la libertad individual. En América Latina somos países jóvenes que estamos en un proceso de transición de la adolescencia a la adultez.

¿Y el otro elemento?

-El plan orquestado desde el foro de Sao Paulo para generar inestabilidad en la región. Los intereses de la mafia de Nicolás Maduro están detrás de eso. Maduro está perdiendo la batalla en el tema internacional por su intromisión continua, por forzar unas elecciones sin candidatos y ganar una elección que fue una farsa. Yo pertenezco a Voluntad Popular y mi partido -liderado por Leopoldo López y hoy por nuestro señor presidente Juan Guaidó- fuimos ilegalizados a las vísperas de las elecciones. Ante todo esto, la crispación que hay en la región, y el movimiento que hay tiene intereses que no son las reivindicaciones sociales.

¿Dice que no son las reivindicaciones sociales?

-No, porque éstas las utiliza Maduro como un empaque que es un resultado engañoso. Suena muy bien hablar de la igualdad, de los derechos, de la oportunidad, de temas de alto contenido social que, si te lo dijera una opción comunista que no ha estado en el poder, jugaría con la esperanza de los votantes. Pero estamos hablando de unos depredadores que llevan 20 años en el poder, que acabaron con las riquezas del país más rico del continente, con las mayores reservas de petróleo, de diamante, coltán… Todo eso ha sido manejado por ellos con una visión delincuencial porque, a día de hoy, Venezuela está repartida en negocios ilícitos del narcotráfico, donde abiertamente grupos irregulares como las FARC o el ELN tienen el control de cerca del 40% del territorio nacional del sur de Venezuela y en donde células de Hezbolá entrenan libremente en la Isla de Margarita. Venezuela se ha convertido en una amenaza para la región.

¿Por qué?

-No es un tema de ideologías, porque estas deben existir y coexistir en democracia. La cuestión es que tenemos un régimen que está persiguiendo a los políticos y que, además, está desconociendo la división de poderes. En 2015 ganamos la Asamblea con dos tercios de los votos y, desde el día uno, comenzó el ataque, el hostigamiento y las agresiones contra los diputados. No hemos cobrado sueldo ni un solo día, coartando la autonomía presupuestaria del Parlamento, etc. Pero fue más allá, porque los grupos irregulares han ingresado al palacio golpeando al personal de la Asamblea. Han violentado la tradición republicana en un irrespeto al poder legislativo. Nuestra independencia no se celebra evocando un acto militar, sino un acto parlamentario.

¿Esta situación que atraviesa Venezuela, concretamente, no tiene también algo que ver con el bloqueo y la gestión que se ha hecho desde fuera?

-Eso es parte de la propaganda que ha divulgado el régimen de Maduro. La verdad de las sanciones no es que atentan contra el pueblo, porque si se leen con detalle tienen excepciones para el tema de alimentos, medicinas, etc. En un estado normal, un ministerio de la Salud compra medicinas para entregarlas, pero aquí estamos ante los mayores ladrones de la historia. Se estima que se han robado 300.000 millones de dólares y que de la noche a la mañana han aparecido nuevos millonarios que vienen todos del partido de Chávez, y ahora del partido de Maduro. Personajes que son conocidos por su trayectoria, que eran personas humildes y que ahora son dueños de bancos, con aviones privados, yates, etc. ¿Cómo un ser humano que no hace un aporte real a la economía se convierte de la noche a la mañana en un magnate? Es un simple acto de pillaje. En medio de esto, las sanciones se centraron en perseguir y congelar esos capitales que tienen mala procedencia, pero venden al pueblo que el hambre que se está pasando es producto de la sanción. Lo que no dicen es que muchos de los ministros de la Salud tienen el monopolio de las importaciones de medicamentos y que inflan los precios. Esos mismos que elevan la bandera por el pueblo lo que quieren es seguir haciendo el desastre que están haciendo.

¿A eso se debe la escasez de productos básicos en el país?

-Así es. A pesar de que Venezuela vivió la mayor bonanza de la historia no ha dejado infraestructuras, ni servicios públicos, ni medicinas, ni grandes hospitales. Lo que ha dejado son nuevos millonarios: los boliburgueses y los enchufados, que hicieron fortunas fortuitas que terminaron cambiando la vida a unos pocos robando lo que es de todos. Y, además, financian grandes campañas mediáticas para decir que hay un bloqueo como en Cuba, cuando el sufrimiento está causado por ellos. Desde nuestro punto de vista hemos intentado el tema de la ayuda humanitaria, colaboraciones con Cruz Roja, donaciones… Pero por respuesta obtuvimos que cuando la ayuda ingresaba a Venezuela, fue quemada por los grupos violentos. Imagina el crimen humanitario que es esto en un país donde se está pasando una gran necesidad, donde hay miles de enfermos… Todo este sistema genera el éxodo más grande de la historia: cuatro millones de venezolanos nos hemos visto forzados a abandonar el país.

¿Qué cambiaría si Guaidó alcanza la presidencia?

-Lo primero es restituir el estado de derecho. A día de hoy la república no existe porque no hay un reparto de derechos. Restituir un poder judicial que esté al servicio de la justicia y no de la parcialidad política. También reinstitutionalizar el ejército, para que dejen de ser militantes de un partido y se dediquen a su tarea: custodiar la integridad territorial. Y, por supuesto, restituir todos los elementos de confianza para la empresa privada, para el emprendimiento, porque es la verdadera solución al empleo. Hay que restablecer la confianza, porque sin eso no hay ningún proyecto, ni político ni económico, que se viable.

¿Dentro de este restablecer la confianza contemplan medidas como la apertura o privatización del mercado?

-Primero habría que entender la naturaleza del mercado, que debería estar centrada en la explotación del petróleo, de los recursos naturales, etc. También quitar la producción del oro y de los diamantes a los grupos irregulares y a las guerrillas para que genere dividendos a la nación. Generar políticas para indemnizar a la gente que fue robada. Tenemos que dejar de hacer las cosas mal y empezar a hacer las cosas bien.

¿Considera que la comunidad internacional debería intervenir en un conflicto nacional?

-Nosotros contamos con el reconocimiento de más de 60 países a la presidencia del diputado Juan Guaidó, porque se ha venido haciendo un trabajo importante visibilizando y denunciando las violaciones de derechos humanos. A veces pretenden utilizar la injerencia como excusa para que nadie se meta dentro de Venezuela, pero lo que está ocurriendo es un exterminio y una violación sistemática de los derechos humanos y del estado de derecho, por lo que sí que se necesita una intervención moral y ética de la comunidad internacional. Estamos en una situación de secuestro, de mafias armadas que han secuestrado la república.

La devastación del Amazonas en nombre del “socialismo” por  Edgar Cherubini – El Nacional – 23 de Noviembre 2019

Los gobiernos “socialistas del siglo XXI” y sus falsos “presidentes de los pobres” se han caracterizado por entregar a oscuros intereses los recursos naturales y minerales de la Amazonia, llegando a ceder la soberanía sobre esos territorios a cambio de jugosos negocios en un “se vale todo” corrupto y voraz, permitiendo la extracción indiscriminada de minerales y la tala de sus bosques, causando la progresiva desaparición del pulmón que le brinda oxígeno al planeta y la extinción de culturas indígenas milenarias que allí habitan.

El Amazonas venezolano, territorio de 184.000 Km2, forma parte del ecosistema verde del planeta y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo. Pese a su importancia vital, el régimen chavista ha permitido la explotación de minerales estratégicos, la penetración de la narcoguerrilla colombiana y toda suerte de negocios de extracción de minerales, manejados por militares y mafias del crimen organizado, incrementándose a raíz de la desafectación y la liquidación del sistema de parques nacionales, reservas forestales y de la biosfera de ese territorio, cedidas al negocio multimillonario de actividades mineras, petroleras, forestales y “otros desarrollos”, establecidos en el decreto del  Arco Minero del Orinoco, que ha colocado en situación de riesgo ecológico y humano dicha región. Los proyectos extractivos promovidos por Chávez y continuados por Maduro, que arrasan indiscriminadamente la selva y utilizan mercurio en el proceso de extracción del oro, perjudicando los suelos y envenenando los ríos, se encuentran en territorios indígenas, donde estos son utilizados como guías, esclavizados en las minas, hostigados y asesinados, lo que implica la progresiva desaparición de esas etnias.

Los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional y de las FARC controlan la explotación de los recursos minerales del suelo venezolano, específicamente el oro, el diamante y el coltán. Según el diario El Tiempo (Valentina Lares Martiz, Amazonas, el Estado venezolano donde manda el ELN, 13.11.2018 ), “Se trata de la reinvención de estos grupos a la sombra de la “revolución bolivariana”, que en tiempos de Hugo Chávez tuvieron luz verde para entrar y descansar en Venezuela, pero bajo el régimen de Nicolás Maduro tienen un “trabajo” formal en las minas: organizar a los mineros para explotar el recurso, luego transportarlo y entregarlo al gobierno venezolano (…) Estas actividades de explotación y entrega de oro y coltán solían estar a cargo de los ‘pranes’ (criminales o ex convictos pertenecientes al crimen organizado que controlan a sangre y fuego la explotación de los recursos), pero poco a poco las FARC y guerrilleros del ELN que han entrado a Venezuela han ido asumiendo estos roles”.

La Amazonia brasileña del “hermano Lula”

Durante el gobierno del “socialista” Lula (2003-2010), paladín del Foro de Sao Paulo, se deforestaron 110.852 Km2 de la selva amazónica, concedidos a las corporaciones madereras, petroleras, mineras y de biocombustibles, sin importarle la destrucción de la mayor reserva de la biosfera del mundo, la desaparición de miles de especies animales y de plantas, así como las repetidas masacres en pueblos indígenas. Según informes de Green Peace, el gobierno brasileño, presidido por Lula, financió y participó como accionista de las grandes industrias y corporaciones locales y transnacionales que operan en la Amazonia, convirtiéndose en el principal impulsor de la más grande deforestación del planeta en lo que va de siglo. Además, las leyes presentadas por sus asesores ante el Congreso brasileño conceden derechos de propiedad a esas corporaciones, ocupantes ilegales de millares de hectáreas y así duplicar la porción de selva que podía ser deforestada “legalmente”. Las organizaciones Trident Ploughshares, la Fundación Right Livelihood Award y la Fundación para la Defensa del Ambiente denunciaron que durante el gobierno de Lula, Brasil fue el país que registró la mayor cantidad de asesinatos de líderes ambientales e indígenas: 365 víctimas de los sicarios de empresas ganaderas, agrícolas, mineras y madereras. Los negocios y ganancias que producen el desastre ecológico no se detienen. Entre 2017 y 2018 se talaron cerca de 7.900 km2 de bosque en la Amazonia brasileña, según Greenpeace Brasil, aproximadamente 1.185 millones de árboles desaparecieron y con ellos miles de especies de flora y fauna.

Los mineros utilizan mercurio para extraer oro, envenenando los ríos

Evo, el falso indígena

En Bolivia se recuerda a Evo Morales como el “falso indígena” cuando en 2011 ordenó reprimir salvajemente una marcha de indígenas que protestaban la ocupación de sus tierras en el Parque Nacional Tipnis, reserva en la cuenca amazónica boliviana, donde viven 14.000 habitantes ancestrales de ese territorio. Desde entonces, Morales trató de imponer el proyecto de una carretera, planificada, financiada y construida por su vecino Brasil, con el objetivo de conseguir una salida al océano Pacífico para exportar al Asia los productos de las mega corporaciones madereras y de soja que están devastando la Amazonia brasileña. A la sombra de este proyecto también se encontraban los productores de coca, a quienes se les facilitaría esta vía de comunicación dentro de la reserva. Recordemos que desde 1996, Evo Morales preside el Comité de Coordinación de las seis federaciones de productores de coca de Bolivia.

Sobre los recientes incendios forestales en Bolivia, que han devastado más de un millón de hectáreas con toda la flora y fauna que la integran, causando el desplazamiento de miles de indígenas y campesinos, Carlos Sánchez Berzaín, director del Interamerican Institute for Democracy, afirma que este ecocidio fue provocado y ejecutado «legalmente» por Evo Morales, quien desde hace 30 años promueve y defiende con violencia y muerte la implantación y expansión de cultivos ilegales de coca como materia prima de la cocaína y del narcotráfico regional.

Expresa Sánchez Bersaín: “La zona del Trópico de Cochabamba fue convertida en cocalera por medio de quemas, talas y ‘desmontes’ de bosques tropicales. Los cultivos de coca ilegal que eran de 3.000 hectáreas en el año 2003, hoy son más de 80.000 hectáreas, porque Morales, el jefe vitalicio de las federaciones de cocaleros que producen cocaína, es el jefe del Estado Plurinacional de Bolivia.

La ampliación de cultivos de coca ilegal ha llevado a Evo Morales a invadir y destrozar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure, que es un área protegida de Bolivia, declarada Parque Nacional en 1965 y Territorio Indígena en 1990, de una extensión de l.236.296 hectáreas en territorio de los departamentos de Cochabamba y Beni.

Patrulla del ELN

El ecocidio está probado por acciones concretas de Evo Morales y su régimen, entre otras, el 25 de agosto de 2017 el vicepresidente de Morales repudia la protección del ecosistema afirmando que «las áreas protegidas fueron elaboradas por los gringos para guardarse nuestros recursos naturales para el día que se hagan cargo del país».  El 10 de julio de 2019 Evo Morales por decreto supremo 3973 ordena que «en los departamentos de Santa Cruz y Beni se autoriza el desmonte para actividades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias. En ambos departamentos se permite las quemas controladas». El 16 de julio de 2019 el viceministro de Sustancias Controladas, en su informe oficial, admitió que “hay tala y quema de árboles para ampliar el cultivo ilegal de coca en la reserva del Tipnis».

La Fundación Amigos de la Naturaleza (fan-bo.org) informa que «entre los años 2005 y el 2018 se ha detectado más de 7,1 millones de hectáreas de bosque quemado en Bolivia. 71% en Santa Cruz, 21% en el Beni. En 2018 las áreas quemadas en el Beni sumaron 1,8 millones de hectáreas». Esto demuestra, además, que en sus 14 años de detentar el poder, Evo Morales y su dictadura castrochavista hicieron del ecocidio una acción reiterada para su beneficio”.

Me pregunto: ¿qué piensan los antropólogos de izquierda, que hacen activismo político dentro de las universidades latinoamericanas, norteamericanas y europeas, de esta dramática realidad que viven los indígenas de Amazonas y del ecocidio provocado por sus camaradas Chávez, Maduro, Evo y Lula? La supuesta utopía que anunciaron los ideólogos del Foro de Sao Paulo en 1990, la nueva Internacional Comunista dirigida desde Cuba, cuando decidieron fomentar movimientos políticos étnicos por los derechos de los indígenas o “pueblos originarios”, reclutando a estos “idiotas útiles” para sus fines, no se trataba de otra cosa que la de sistematizar el saqueo de esos territorios para beneficio de las mafias corruptas de Brasil, Bolivia y Venezuela.

Niña yanomami

La Amazonia, en su totalidad con una superficie de 5.5 millones de Km2, es considerado el pulmón verde del planeta y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo. Sus bosques pluviales tienen una antigüedad de 75 millones de años y junto con otros idénticos ecosistemas a lo largo del verde cinturón ecuatorial del globo terráqueo, interactúa con las zonas polares manteniendo el equilibrio climático al producir nubes, lluvias, agua y oxígeno para hacer posible la vida en nuestro planeta. Allí habitan culturas indígenas ancestrales que viven en perfecto equilibrio con el ambiente. Se debería promover la creación de una corte penal internacional, un Núremberg ecológico, para enjuiciar y condenar a los criminales que destruyen su ecosistema.

 

 

 

Protestas buenas, protestas malas por Trino Márquez – Blog Polis – 22 de Noviembre 2019

El régimen de Nicolás Maduro celebra las protestas violentas en Chile y Bolivia. En el país del Cono Sur, los vándalos de la ultraizquierda y el anarquismo han destruido decenas de estaciones del Metro, utilizado fundamentalmente por los sectores populares y las clases medias. Han incendiado supermercados, clínicas, farmacias y hasta iglesias católicas.  Todo ha ocurrido en nombre de la lucha contra el ‘modelo neoliberal’, que según esa estereotipada versión, ha plagado de desequilibrios e injusticias a la sociedad chilena, a pesar de que durante los treinta de años que van desde la salida de Augusto Pinochet de La Moneda, hasta el presente, los socialistas han gobernado directamente, o a través de la Concertación, durante buena parte de ese período.

En Bolivia, los partidarios de Evo Morales, entre ellos los cocaleros, trancan carreteras, impiden que haya libre circulación de vehículos de carga que transportan alimentos y gasolina. La nación del altiplano confronta el serio problema del desabastecimiento, y la inflación que esta conlleva. Los protestantes exigen la renuncia de la presidente Jaenine Áñez y la restitución de Morales en el poder. Esto ocurre luego de que se comprobó de forma inapelable que el expresidente cometió un fraude escandaloso y, no contento con el delito, quebró la línea de sucesión prevista ante a la falta absoluta provocada por su renuncia, al exigirles a su Vicepresidente, al Presidente y Vice Presidente del Senado, y al Presidente de la Cámara de Diputados, que dimitieran para generar un vacío de poder y, en consecuencia, una crisis institucional que sumergiera a Bolivia en el caos. La ruptura de esa línea fue lo que condujo a que Áñez, segunda vicepresidente del Senado, asumiera la presidencia interina. Para completar el cuadro, el día que le correspondía juramentarse, los parlamentarios del Movimiento al Socialismo, partido de Morales, no concurrieron al Congreso. Luego la acusaron de ‘usurpadora’. Y entonces ¿cómo podía cubrirse la vacante respetando la Constitución, si Morales había ordenado crear un vacío de poder? Su plan apuntaba a desatar la anarquía en Bolivia. En cierta medida lo ha logrado. Actuó a lo Jalisco: si no gano, arrebato. En Bolivia, sus partidarios pretenden restituir en la Presidencia a un gobernante que cometió un delito. Veremos cuán fuertes son las instituciones, especialmente los militares, para impedir que la violación cristalice.

El gobierno venezolano celebra todos los excesos promovidos  por la izquierda afiliada al Foro de Sao Paulo. Defiende los supuestos derechos de las turbas chilenas enceguecidas por el odio, y de los grupos bolivianos que respaldan a un gobernante extraviado, que quiso arrogarse un triunfo electoral que no obtuvo en las urnas electorales, aunque poseía el control del Poder Electoral.

Todos los excesos de la izquierda extremista le parecen excelentes a Maduro. La cosa cambia cuando el protagonista es la oposición venezolana. Frente a la protesta pacífica convocada por Juan Guaidó para el 16 de noviembre, el régimen aplicó varias tácticas dictatoriales. En un país donde ocurren todas las calamidades que se conocen y en el cual abundan las razones para luchar, el gobierno insistió en que el propósito del llamado era desestabilizar la democracia. Infundió temor en los ciudadanos. Militarizó Caracas y algunas ciudades del interior desde el viernes anterior a la marcha. En la capital cerró numerosas estaciones del Metro. Tumbó la señal de internet. Los canales de televisión no pudieron transmitir informaciones relacionadas con la concentración. La condena y el cerco fueron casi totales. Tras el objetivo de minar la jornada del 16-N, encontraron un aliado circunstancial y poderoso: los enemigos internos de Guaidó, quienes se dedicaron con saña a demonizarlo y propiciar el desánimo entre los potenciales asistentes a la jornada de protesta. Entre el terrorismo de Estado y la histeria de los estratos ‘opositores’ (no entiendo por qué se autocalifican de ese modo), se formó una tenaza que afectó la concurrencia a la marcha.

A pesar de los enormes obstáculos que se levantaron frente al 16-N, la jornada fue exitosa. Más, incluso, en el interior del país. En Caracas, no tuvo el impacto, ni logró el volumen de las grandes movilizaciones de comienzos de 2019. Sin embargo, no defraudó. La gente se sacudió la modorra. Sintió que la presencia ciudadana es fundamental para cambiar el panorama. Que la pelea no es palaciega, ni de cúpulas o mesas que se reúnen a resolver los problemas que afectan a toda la nación. El cambio incluye a los ciudadanos. Asistir a las concentraciones pacíficas representa una forma democrática de contribuir con la transformación que se aspira.

Evidenciar esos enemigos que acabo de mencionar, no significa que no exista cierto agotamiento frente a la marchas,  y desencanto ante a las expectativas no satisfechas por Juan Guaidó y el plan trazado al inicio de 2019. En su discurso en el acto, Guaidó asomó una autocrítica. Conviene que la elabore mejor y proponga un plan de reconexión con los millones de venezolanos que quieren permanecer en Venezuela, y están dispuestos a resistir y luchar, no para destruir los activos de la nación o para imponer un caudillo que viola la Constitución, sino para restituir la normalidad democrática, que permite crecer e incluir.

Por aquí lo estuvimos esperando por  Armando Martini Pietri – El Nacional – 15 de Noviembre 2019

Caracas ha sido tierra abierta a exiliados, aunque hoy sea exportadora obligada de quienes abandonan al país para refugiarse en otro por razones políticas, económicas y sociales, no solo de italianos, españoles, portugueses y otros que migraron a Venezuela y contribuyeron a fundarla. También vinieron Juan Domingo Perón, habitué del Todo París –dicen que ahí conoció a su segunda esposa, heredera del poder–, y que solo se fue cuando los caraqueños civiles y militares que se les pegaron, echaron a Pérez Jiménez y con él también se fue el argentino.

Años después ambos terminaron en España. Perón pudo regresar a intentar la tarea imposible que es gobernar Argentina. Pérez Jiménez, tras breve estancia encarcelado, se fue a envejecer y morir en Madrid. Ambos dictadores diseñaron, difundieron, cada uno por su cuenta, sus explicaciones de mandatos. Perón hasta una avenida tiene su nombre en la capital de España, que ahora inicia un nuevo, vacilante y peligroso rumbo con una izquierda que coquetea con el chavismocastrista y carga a Pablo Iglesias y su coleta como vicepresidente. ¡Qué vergüenza! triste la plaga que ha caído sobre la madre patria.

Con esa y muchas historias algunos imaginamos que, dado el pensamiento revolucionario, castrista y alejadamente sindicalista del usurpador, Evo Morales vendría a echar anclas rojas y cocaleras en esta Venezuela desordenada, hambrienta, sin medicinas, insegura, hiperinflacionaria, pero leal al castrismo, revolucionaria, fidelista, chavista y todo eso que tanto le gusta al hermano Juan Evo Morales Ayma.

Quizás el que falló fue Maduro; no atinó a enviarle uno de tantos jets privados tal vez ocupados en trasladar diamantes, oro, traer dólares y euros, pero pudo facilitarle uno de los transportes militares chinos que hasta ahora parecen haber demostrado ser confiables a pesar de las fallas castromaduristas de mantenimiento.

Imaginemos el recibimiento luminoso para un jefe del Estado, esplendoroso, honores militares y demás ceremonias protocolares que los camaradas al frente de la tiranía hubieran hecho al hermano Evo, vociferando que fue echado a palos y gritos por la alta burguesía boliviana desatada en las calles de La Paz, El Alto y Cochabamba, menos en Santa Cruz, la burguesía cuida sus vainas.

Si formaron una alharaca por el rescate del Pollo Carvajal en Aruba, piensen en el escándalo de Maduro recibiendo al martirizado y víctima del imperio estadounidense en la Rampa 4 de Maiquetía o en La Carlota. Lo recibiría el gabinete ejecutivo en pleno, la primera combatiente rodeada de carajitos, con ramos de flores, serpenteando banderitas de ambos países y entregando manifiestos atiborrados de ridiculeces, estulticias y sandeces, exaltando embustes de las bondades del indígena nacido en la comunidad Isallavi, del cantón Orinoca en el Departamento de Oruno, derrocado por tramposo, bribón y pícaro electoral.

En estos momentos ya en Caracas estaría celebrando el desecho fecal del Foro de Sao Paulo y su más reciente secreción, el grupo de deslastrados triunfadores de la miseria que son los caballeros del Grupo de Puebla, encabezados por el iletrado Rodríguez Zapatero.

Maduro debe estar llorando de la envidia; el héroe del rescate no fue él, se le atribuye a ese pequeño burgués manejado por los Kirchner, que dentro de unos días se encargará de la Argentina, Alberto Fernández, gestor esforzado de los permisos internacionales para cruzar cielos que querían ver a Morales más de lejos que de cerca.

Hubiera llegado seguramente el hermano Evo y acompañantes a su propio bunker en Fuerte Tiuna, custodiado, atendido con buena comida y excelente bebida, protegido por nuestros militares con tanques rusos, tanquetas chinas y la admiración de los leales siempre traidores nunca.

Eso de irse a México, al lado de Estados Unidos, es una afrenta, un insulto. Aquí estarían a su disposición canales de televisión, montón de emisoras, la tarima –sitial de honor– de oradores en la asamblea cubana constituyente, periódicos y medios digitales, no muy buenos, pero con sus grupitos de lectores, ¿qué carajo fue a buscar a la tierra de charros con un López Obrador que madruga, pero ni pendejo bloquea contactos con el catire Trump; el mismo que según Maduro diseñó, financió y supervisó el golpe de Estado que le propiciaron al indígena de ascendencia aymara?

Eso, aparte de que aquí tiene selvas para quemar, asesorías de narcoguerrilleros y muchos oídos para sus interesantes explicaciones sobre por qué la pachamama y los ciudadanos bolivianos, que pasan menos hambre y necesidades que los criollitos venezolanos, lo tiraron al pajón. Lo mandaron muy recto a lavarse el paltó.

Confiamos en que reflexionará y que la nación de la cultura maya será una escala hacia un destino en Caracas. Por lo menos se ahorraría unas horas de vuelo de regreso a Bolivia, donde más temprano que tarde regresara a rendir cuentas ante la justicia y cancele sus deudas con la sociedad.

El plan chavista del Foro de Sao Paulo parece que no es tan perfecto por Pedro Benítez – ALnavío – 12 de Noviembre 2019

Los acontecimientos indican que si el Foro de Sao Paulo tiene un plan este no se está cumpliendo a la perfección como se han ufanado Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Ni perfecto, ni infalible. Por el contrario, la “brisa bolivariana” no se ha llevado (por ahora) ni a Lenín Moreno ni a Sebastián Piñera, sino a Evo Morales.
Maduro y Cabello celebran las crisis de Lenín Moreno y Sebastián Piñera / Foto: PSUV
Maduro y Cabello celebran las crisis de Lenín Moreno y Sebastián Piñera / Foto: PSUV

Hasta hace apenas un mes Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Rafael Correa se frotaban las manos ante lo que parecía ser la inminente caída (o derrocamiento) del presidente de Ecuador, Lenín Moreno.

Consciente de las dificultades económicas que le había dejado a su sucesor (y exvicepresidente) y de las restricciones que le imponía la dolarización, Correa calculaba la inminente caída de quien se había convertido en su peor enemigo. Maduro también lo esperaba por el mismo motivo. De un tiempo a esta parte Moreno se había transformado en su más duro crítico. Era el inicio de la “brisa bolivariana” como la bautizó el segundo al mando del régimen chavista en Venezuela.

Nadie había previsto este giro de los acontecimientos dentro y fuera del Foro de Sao Paulo (y ahora el Grupo de Puebla). Mucho menos en Caracas, donde Maduro teme con mucha razón que la ola de protestas alcance a Venezuela, donde hay todavía más razones para protestar que en Bolivia o Chile y donde de paso Juan Guaidó ha convocado una movilización para el próximo 16 de noviembre.

Por esos días una grave crisis institucional sacudía a Perú. Al presidente Martín Vizcarra se la acusó de dar un golpe de Estado (la expresión mágica) por disolver el Congreso. Como el conflicto político no derivó en desórdenes en las calles el tema peruano salió rápidamente de las primeras planas de la prensa y los portales de noticias.

Pero inesperadamente la ola de protestas que se inició en Ecuadorllegó al más estable y próspero de los países latinoamericanos: Chile. La violencia con que se iniciaron esas protestas sorprendió al presidente Sebastián Pinera, quien evidentemente no supo manejarlas en un principio y el asunto se le transformó en una grave crisis de gobernabilidad.

Todo eso sumado a la inminente victoria electoral del candidato peronista Alberto Fernández en las elecciones argentinas dibujaba un cuadro casi perfecto para Nicolás Maduro en Caracas y sus padrinos políticos en La Habana.

Acosado durante meses por la presión internacional, Maduro no ha podido sino disfrutar de las dificultades de ese grupo de mandatarios latinoamericanos que tanto lo han criticado y de paso apoyado a la oposición venezolana, reconociendo como el presidente legítimo de Venezuela a Juan Guaidó.

La salida por vía electoral de Mauricio Macri, y de Sebastián Piñera y Lenín Moreno por la insurreccional, cambiaba la correlación de fuerzas en Suramérica. Maduro podía, además, seguir contando con Bolivia y Uruguay. Más al norte el otro gigante de la región, México, ya había virado a la izquierda con Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

De modo que la estrategia cubana de resistir a todo evento, sin importar que una parte de la población venezolana se muriera por desnutrición y otra emigrara masivamente, pero conservando el poder hasta que cambiaran las circunstancias internacionales, estaba funcionando. Ya Fidel Castro la había aplicado con éxito en Cuba en los años 90 del siglo pasado.

Además, no podía faltar quien afirmara que detrás de las protestas estaba la siniestra mano del Foro de Sao Paulo. Es lo que creyeron y denunciaron tanto Lenín Moreno como Piñera, sin haber mostrado pruebas hasta hoy.

Incluso en un comunicado difundido por la cancillería de Colombia, los gobiernos de ese país, Argentina, Brasil, El Salvador, Guatemala, Paraguay y Perú rechazaron lo que calificaron como una “acción encaminada a desestabilizar nuestras democracias por parte del régimen de Nicolás Maduro”.

Lo que sí es cierto, y fácilmente demostrable (basta ver su cobertura diaria) es que tanto TeleSur (con sede en Caracas), como RT en español (la cadena de televisión rusa del gobierno de Vladímir Putin) se dedicaron a subirle el volumen mediático tanto a las protestas en Ecuador como a las de Chile, incitando claramente al derrocamiento de estos dos gobiernos.

En el caso chileno no han desperdiciado la ocasión de presentar la crisis de ese país como una derrota ideológica del que se ha considerado, hasta ahora, como el más exitoso modelo de economía de mercado de esta parte del mundo.

En Caracas, tanto Nicolás Maduro como Diosdado Cabello no podían desperdiciar la oportunidad de quedarse callados. El primero afirmó: “Estamos cumpliendo el plan del Foro de Sao Paulo (…) está en pleno desarrollo y se está cumpliendo a la perfección”. “Vamos mejor de lo que pensábamos, y todavía lo que falta… No puedo decir más”.

A confesión de parte relevo de pruebas. Era la confirmación de lo que los teóricos de la conspiración mundial venían advirtiendo. Era el plan del Foro de Sao Paulo, que por cierto, se había reunido en Caracas en julio pasado. Para Maduro es una forma de decir que su poder era continental. Me querían tumbar, pues yo los puedo tumbar a todos. Ni Fidel Castro en los años 60.El régimen de Evo Morales se desmoronó en cuestión de horas / Foto: @evoespueblo

Por su parte, y con el estilo fanfarrón que le caracteriza, Cabello dejaba deslizar una pretendida profecía que sonó más a amenaza: “es apenas la brisita. Ahora viene el huracán bolivariano”.

Sin embargo, Lenín Moreno, dando muestras de habilidad política, ha logrado sortear (por ahora) una situación que a varios de sus antecesores les costó el poder, aprovechando entre otras cosas que el combativo movimiento indígena ecuatoriano es anticorreísta. Más al sur Sebastián Piñera tiene tres semanas aguantando con la autoridad del Estado casi diluida, sin controlar el orden público y tomando medidas como si de un gobierno de izquierda de tratará. Incluso está ofreciendo convocar un Congreso Constituyente. Pero al menos a esta hora sigue despachando en el Palacio de La Moneda.

Si cualquiera de los dos (o los dos) hubiese caído, ni TeleSur, ni RT, ni Nicolás Maduro, ni Alberto Fernández, ni Miguel Díaz-Canel, ni José Miguel Insulza, hubieran calificado el hecho como golpe de Estado. En los dos casos habría sido una insurrección popular contra “las políticas neoliberales”.

Exactamente lo contrario de lo que dicen ahora de lo acontecido en Bolivia, donde el régimen de su aliado, Evo Morales, se ha desmoronado en cuestión de horas. No lo hicieron tampoco cuando este violó su propia Constitución, y la voluntad de sus conciudadanos expresada en referéndum, y se postuló a un cuarto mandato presidencial.

Desde la cuestionada elección del pasado 20 de octubre centenares de miles de bolivianos han permanecido en las calles de ese país presionando por la salida de Morales, pero el foco informativo no ha estado allí. Para resumir: el detonante de la crisis fue un proceso electoral, el colofón la intervención del alto mando militar, en medio del amotinamiento de las policías en ocho de las nueve ciudades más importantes de ese país.

Nadie había previsto este giro de los acontecimientos dentro y fuera del Foro de Sao Paulo (y ahora el Grupo de Puebla). Mucho menos en Caracas, donde Maduro teme con mucha razón que la ola de protestas alcance a Venezuela, donde hay todavía más razones para protestar que en Bolivia o Chile y donde de paso Juan Guaidó ha convocado una movilización para el próximo 16 de noviembre.

Por lo pronto la ola de protestas ha llegado a Brasil, donde este fin de semana miles de personas han salido a manifestarse en Río de Janeiro y Sao Paulo… contra la libertad del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Paradójicamente una buena noticia para la decaída popularidad de Jair Bolsonaro, a quien la polarización con su adversario le favorece.

Mientras tanto, con más de 300.000 millones de dólares en reservas internacionales la economía de Brasil empieza a salir de la recesión estimulada por las reformas del ministro del área, Paulo Guedes.

Situación muy distinta a la de Argentina, donde el presidente electo Alberto Fernández está obligado a negociar con Estados Unidos y el FMI si no quiere caer en cesación de pagos e hiperinflación. Y también de México, donde la economía se estanca por falta de inversión y el recrudecimiento de la violencia del narcotráfico ha puesto en evidencia que AMLO no tiene ninguna estrategia para enfrentarla.

Como vemos si el Foro de Sao Paulo tiene un plan para América Latina, el mismo no es perfecto ni infalible.

La traición de la confianza por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 11 de Noviembre 2019

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Hasta el siglo XX, desde mucho antes de que se produjese el gran quiebre de la historia en 1989, cuando se derrumba la Cortina de Hierro y emerge con fuerza inusitada la inteligencia artificial, los Estados territoriales –ahora piezas de museo– si eran democráticos se organizaban sobre la base de la división del poder, del ejercicio de contrapesos entre sus distintas manifestaciones: la legislativa, la judicial, la administrativa o de gobierno. La elección de sus titulares, por ende, si bien implicaba el otorgamiento de un voto de confianza, se dispensa a beneficio de inventario, no es total. En las cabezas de la política y de la ciudad se confía, por ende, pero no tanto como para dejar de vigilarlas.

La democracia, siendo sustancialmente representativa, expresa así un modelo o sistema de desconfianza constante. Para mantenerla, dentro de límites razonables y a fin de asegurar la gobernabilidad, se predica la participación en las tareas de control, sea por los propios ciudadanos; sea, en nombre de estos, por los demás poderes del Estado distintos del controlado.

El espacio público, en suma, es una casa de cristal cuyo interior lo observan todos, las 24 horas del día.

¿A qué viene todo esto?

Más allá de las conjuras –que las hay y toman cuerpo desde el Foro de São Paulo y la sede de su casa matriz, La Habana– la violencia popular destructiva y sin destino que se aprecia en la región, no solo en la América hispano-lusa sino igualmente en el Occidente, cuyas raíces culturales y cristianas están siendo vapuleadas por la onda de relativismo y amoralidad que ahora se expande como pólvora encendida, refleja desconfianza, un estado de incredulidad suma por parte de la gente hacia el poder político. Lo hace precario.

No se trata, como lo afirman los reduccionistas, de un quehacer irresponsable por la supuestamente antipolítica sociedad civil, pues, así como nuestras sociedades se están parcelando y pierden sus texturas, la idea de la política, en lo adelante incluye al mundo de la intimidad, el de los enojos personales, ahora transformados en cuestión pública. Esto es así, así resulte absurdo. Cabe entenderlo, si el propósito es reconducir ese fenómeno con sabiduría y espíritu abierto, en procura de renovar el sentido de la política, afirmado en raíces y el servicio a la verdad.

La cuestión es que quienes, asumiéndose como líderes y además considerándose con derecho de usufructuar, a su arbitrio, el Internet y las redes “sociales” para su oficio y la práctica cotidiana del narcisismo digital, parecen no digerir las reglas de este cosmos. Luego se rasgan las vestiduras cuando al quedar al descubierto sus abusos de confianza o su falta de pudor ante la orfandad existencial de los internautas, estos se vuelven en su contra.

César Cansino, lucido teórico del tema de la posverdad –que deja de lado los hechos objetivos al momento de incidirse sobre la opinión pública, apelando más a las creencias y sentimientos personales– destaca, entre otros, dos efectos de este inédito panorama que presenciamos: Uno, el paso de las sociedad de masas –con una cultura unitaria, atada a visiones compartidas– a la individualización de la sociedad, que hace reparo difuso y diversificado contra todas las versiones oficiales de quienes se consideran detentadores del poder. El otro, el tránsito desde una sociedad de confianza hasta otra de desconfianza.

Si bien en la confianza, incluso relativa, ayer radicó la unidad social bajo un orden político dado y compartido; ahora, mediante la inevitable práctica de la ciudadanía digital y mientras logra educarse ella para atajar las irrealidades que se construyan como verdades, por lo pronto rige una “sociedad de distanciamientos”, de seres aislados, prevenidos. Unidos todos, eso sí, al momento de expresar sus indignaciones y drenar sus desconfianzas, no solo entre ellos mismos sino fundamentalmente contra quienes no reparan en los ánimos predominantes en las redes y los desafían con desparpajo.

Cabe, pues, separar la paja del trigo. El problema no radica tanto en la práctica del periodismo digital que trabaja en línea inversa, por lo explicado, al periodismo profesional. Cada internauta parte de su estado de ánimo o aspiración y va en búsqueda solo de aquel pedazo de la realidad que le serena y le valida su convicción personal; así no muestre toda la realidad, pues no le importa. La cuestión es que quienes usan las redes para las fake news y a tal propósito disponen de bots para hacerlas correr con destino a centenares de miles de internautas, creando hechos falsos para estimular la crispación o para dividir y sembrar mayor desconfianza entre la gente, son esencialmente los actores políticos; quienes se han corrompido al medrar en las aguas cenagosas de la mendacidad, tanto a la derecha como a la izquierda, y los grupos que los financian, para beneficiarse, unos y otros, del caos constitucional de transición.

Cabe ser conscientes de que, si al Homo Videns de Sartori se le podía acusar de estúpido y pasivo, el Homo Twitter de Cansino racionaliza el discurso con aguda inteligencia. Es capaz de crear metáforas de la realidad con apenas 140 caracteres, y de atarlas a lo que ve, evitando que las imágenes hablen por sí solas o confundan.

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