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Colombia y la crisis venezolana: una estrategia fallida por Sandra Borda G. – Nueva Sociedad – 30 de Mayo 2020

Pese a los cálculos iniciales, la estrategia de «cerco diplomático» no logró apartar a Nicolás Maduro del poder. La «operación Cúcuta» para introducir ayuda humanitaria, en la que se embarcó personalmente el presidente Iván Duque, resultó un fracaso. A partir de entonces, Colombia va siguiendo de manera errática la no menos incierta estrategia de Washington.
Colombia y la crisis venezolana: una estrategia fallida

El gobierno de Iván Duque ha transformado profundamente su posición en materia de política exterior frente al gobierno venezolano. En este artículo arguyo dos puntos esenciales: el primero es que esa transformación ha consistido en apoyar inicialmente una salida abrupta y no negociada del régimen de Maduro y lograrla a través de la utilización del denominado «cerco diplomático». La estrategia del cerco diplomático fue una aproximación de mano dura que involucró el reconocimiento del gobierno de Juan Guaidó, la promoción de sanciones en contra del régimen venezolano y diversas formas de presión –unas más radicales que otras–, que estaban destinadas a hacerle inviable al gobierno de Maduro su permanencia en el poder. Ante el fracaso de esta estrategia, la administración Duque primero insistió en mantenerse en su posición a pesar de su soledad y luego, cuando Washington decidió apoyar una transición negociada, Colombia dio un giro pragmático y abandonó la mano dura para respaldar la salida negociada.

El segundo punto se vincula con las razones por las cuales Colombia da un giro tan drástico. La principal causa de este cambio de orientación es que la primera estrategia, la del cerco diplomático, encuentra sus orígenes en la posición tradicional que ha mantenido el partido político del presidente, el Centro Democrático, y su líder natural, Álvaro Uribe. Desde siempre, este sector político ha sido un aliado incondicional del ala más dura de la oposición venezolana y ha compartido con ellos su escepticismo frente a procesos de negociación con el oficialismo y su creencia en la necesidad de propiciar un golpe de Estado con el apoyo de la comunidad internacional. En principio, el gobierno de Donald Trump pareció estar en sintonía con esta propuesta. Pero cuando la apuesta fracasó, sin planes alternativos, Colombia tomó la decisión de alinearse con Estados Unidos en la búsqueda de una transición negociada para Venezuela. El partido político del presidente no cuenta con propuestas alternativas y, como siempre en la historia de la política exterior colombiana, ante la ausencia de un plan concreto, la iniciativa por default es alinearse con las preferencias del gobierno estadounidense. En otras palabras, la motivación para impulsar el cerco diplomático es doméstica, mientras que las razones que explican el giro posterior son de carácter internacional y responden a la necesidad de un reacomodamiento frente al cambio de posición de Washington.

El cambio en la racionalidad política del gobierno colombiano se da en tres tiempos: el primero fue el publicitado «cerco diplomático», el segundo es el de las negociaciones de Barbados y el tercero es el de zanahoria/garrote que implementa el gobierno de Trump justo en el momento más álgido de la pandemia de Covid-19. A continuación, explico brevemente las características claves de cada uno de estos momentos y describo tiene lugar cómo el cambio de posición del gobierno colombiano.

Momento 1: el cerco diplomático

Al inicio de 2019, el gobierno colombiano puso en marcha su estrategia más ambiciosa frente al régimen bolivariano. El denominado «cerco diplomático» buscaba intensificar la presión internacional a través del reconocimiento de un gobierno alternativo presidido por Guaidó. La idea era que si muchos Estados, incluyendo Estados Unidos, reconocían un gobierno alternativo, ello reduciría sustancialmente la legitimidad internacional de Maduro, lo que, sumado a un endurecimiento del régimen de sanciones pondría al oficialismo contra la pared y no le dejaría salida distinta a dejar el poder. El corolario de esta estrategia fue el intento de introducir ayuda humanitaria desde Cúcuta organizado entre el gobierno colombiano y sectores de la oposición venezolana y del gobierno estadounidense. Se suponía que si la ayuda lograba pasar la frontera, en el marco de una esperada movilización social, iría a sectores seriamente afectados por la crisis económica en Venezuela y eso le restaría apoyo interno al gobierno. Adicionalmente, miembros de la oposición también insistieron en que ello debilitaría la relación entre Maduro y los militares y se producirían deserciones importantes.

La expectativa era alta, y en Colombia el gobierno y sectores de la derecha estaban convencidos de que este sería el golpe de gracia contra el gobierno de Maduro. Duque había logrado construir una importante coalición en el Grupo de Lima, que si bien no estaba dispuesta a apoyar ninguna transición de facto en Venezuela, sí se mostraba dispuesta a respaldar la presión creciente en contra del gobierno y en favor de Guaidó. El gobierno colombiano se mostró ambiguo sobre la posibilidad de apoyar un golpe de Estado. En algunas ocasiones el presidente Duque dijo que no apoyaría una salida de facto y en otras insistió –haciéndoles eco a las mismas declaraciones de Trump– en que todas las opciones estaban sobre la mesa. La fe del gobierno colombiano era tan inamovible que Duque declaró en ese momento que el gobierno de Maduro tenía los días contados.

En el marco de este proceso, el territorio fronterizo adoptó en esta coyuntura una gran visibilidad y se observó una avalancha de presencia estatal, probablemente sin precedentes en la historia de la relación binacional entre Colombia y Venezuela. Como es el caso con casi todos los territorios fronterizos colombianos, la presencia del Estado en materia militar y de prestación de servicios también es insuficiente en esta región. De hecho, del lado colombiano del límite la reducida presencia de la fuerza pública es particularmente preocupante. Ello ha facilitado el surgimiento de múltiples formas de criminalidad organizada, de economías informales, de contrabando y, en general, de caos y ausencia total de autoridad y de Estado de derecho. También en el campo de los grupos ilegales la situación vuelve a ser preocupante: las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército Popular de Liberación (EPL) que operan en la zona, los frentes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las bandas criminales ahora coadyuvadas por miembros de los carteles mexicanos parecen ser problemas mucho más endémicos del lado colombiano de la línea fronteriza. Los principales afectados por este terrible caldo de cultivo son justamente los habitantes de esta zona, que no solo no encuentran autoridades legítimamente constituidas cuando están en situación de vulnerabilidad frente a los numerosos actores ilegales, sino que además no encuentran formas de satisfacer mínimamente sus necesidades en materia de seguridad, de salud y de educación.

En este escenario y casi de un día para el otro, Cúcuta, la ciudad más importante de esta región fronteriza, se vio inundada de funcionarios de alto nivel del gobierno de Estados Unidos y del gobierno colombiano. La logística de la operación humanitaria convirtió una zona tradicionalmente abandonada e ignorada por todos en un foco de atención regional e internacional. El mismo secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, acudió a la cita e incluso emitió unas polémicas declaraciones de las que más tarde se tuvo que retractar en las que, fruto del entusiasmo del momento, parecía avalar una intervención militar para derrocar a Maduro. Los presidentes Sebastián Piñera de Chile y Mario Abdó de Paraguay y el grueso de la bancada republicana latina del Congreso estadounidense también se hicieron presentes en el lugar; artistas, celebridades y, por supuesto, la avalancha de medios de comunicación y de emisiones en vivo convirtieron el lugar en el epicentro de la atención regional.

El resultado fue muy distinto del esperado. Los camiones con ayuda humanitaria no lograron atravesar la frontera. La fuerza pública venezolana y varios civiles lo impidieron, e incluso uno de los camiones fue incendiado y la autoría del episodio fue objeto de múltiples especulaciones. Adicionalmente, las deserciones que se presentaron en el ejército venezolano fueron de muy bajo perfil y reducidas en número; en ningún sentido constituyeron una amenaza sustancial para el gobierno. El tiempo pasó, Maduro se quedó y Estados Unidos y varios países de la región empezaron a perderle fe a la alternativa que con tantos bombos y platillos había anunciado el presidente colombiano. El «cerco diplomático» se diluyó mientras Guaidó seguía intentando mover el ajedrez internacional en su favor y Duque abandonaba el tema gradualmente. Su baja popularidad en el ámbito interno lo obligó a desistir de la grandilocuente empresa en Venezuela y a prestarle un poco más de atención a la construcción de gobernabilidad en su propio país.

Momento 2: Conversaciones en Barbados

A finales de mayo de 2019 y en medio de la gran polarización que resultó de la fallida «operación Cúcuta», representantes de los dos «gobiernos» (el de Maduro y el de Guaidó) iniciaron conversaciones para buscar una salida negociada a la crisis. La delegación de Maduro estaba conformada por el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez y el gobernador del estado Miranda Héctor Rodríguez, y por parte de la oposición viajaron el vicepresidente de la Asamblea Nacional Stalin González y los asesores políticos Gerardo Blyde y Fernando Martínez. A pesar de que Estados Unidos declaró en varias ocasiones que no apoyaría ningún tipo de conversación que no trajera como resultado la salida definitiva de Maduro del poder, el enviado especial Elliott Abrams les hizo un par de guiños a los diálogos en Barbados y dio señales de que el gobierno de su país estaría dispuesto a apoyar los diálogos si Maduro dejaba en claro que esta vez sí se tomaría en serio la negociación.

Sin embargo, en septiembre de 2019 tanto el gobierno de Maduro como la oposición ya se habían levantado de la mesa y era evidente que los intentos de buscarle una salida institucional a la crisis venezolana habían sido hasta el momento infructuosos. En esta coyuntura, el gobierno colombiano prefirió guardar un silencio elocuente. Después del desvanecimiento del «cerco diplomático», Duque no tenía forma de convencer a su base electoral ni a su partido de virar hacia el apoyo a una negociación. Ello constituiría una suerte de abandono del objetivo central de sacar a Maduro del poder. Por esta razón, para poder moverse estratégicamente y no marginarse del juego de la transición venezolana, el mandatario colombiano debía esperar a que Estados Unidos diera señas más contundentes de apoyar una negociación. Si Washington mostraba su apoyo, Duque podría presentar el cambio en su posición como una forma necesaria e irremediable del tradicional e histórico alineamiento de la política exterior colombiana con los intereses de Estados Unidos. Esa era la única forma de hacer digerible para su base electoral y su propio partido semejante cambio.

Momento 3: el garrote y la zanahoria de Washington

La penúltima semana de marzo de 2020 y después de meses de silencio interrumpidos solo por el reconocimiento público de Trump a Guaidó en el discurso del estado de la Unión, el gobierno estadounidense tomó la decisión de acusar a Maduro y a más de una docena de miembros de su gobierno de «narcoterrorismo», ya con la pandemia de Covid-19 declarada y con el clima electoral anticipado por las primarias.

Pero pocas semanas después quedó claro que la estrategia era un poco más complicada. El 31 de marzo, el gobierno estadounidense ofreció levantar las sanciones impuestas a Venezuela a cambio de que la oposición y Maduro acordaran una forma de gobierno interino de transición. En una buena medida, la nueva propuesta de Washington se vincula con el momento de gran presión que soporta el gobierno de Venezuela, presión que, si este cálculo funcionara, debería empujarlo hacia una mesa de negociación. El ofrecimiento de una recompensa por la captura de Maduro anunciado solo una semana antes, el declive de los precios internacionales del petróleo activado por la reciente disputa entre Rusia y Arabia Saudita, la posterior y más definitiva baja de los precios del petróleo hasta los números negativos por cuenta de la pandemia global, la negativa del Fondo Monetario Internacional (FMI) a brindar un alivio a Venezuela y el efecto de las sanciones estadounidenses llevaron al gobierno de Trump a formular una nueva propuesta titulada «Marco para la Transición Democrática y Pacífica en Venezuela», que traza un «camino secuencial de salida» a las sanciones si el gobierno de Maduro coopera.

En esta propuesta, Maduro y Guaidó tendrían que dar un paso a un lado y no podrían ser parte del gobierno de transición. La Asamblea Nacional –controlada por la oposición– elegiría un gobierno de transición que incluiría a todos los sectores políticos y que gobernaría hasta que llegara el momento de las elecciones, algo que tendría que suceder en los siguientes seis o doce meses. Elliot Abrams precisó además que el plan no obligaría al exilio de Maduro y que este, en teoría, podría incluso participar en las elecciones. Adicionalmente, el secretario de Estado Mike Pompeo señaló que la propuesta también incluiría la salida de todas las fuerzas de seguridad extranjeras de territorio venezolano, particularmente las cubanas y rusas, y solo cuando ello ocurriera serían levantadas las sanciones impuestas sobre el sector petrolero y la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y sobre integrantes del gobierno de Maduro. El ministro de Relaciones Exteriores Jorge Arreaza la definió como un «esfuerzo para ganar ventaja geopolítica en el contexto de una pandemia global».

La reacción del gobierno colombiano no se hizo esperar. El mismo día, el presidente Duque señaló que la propuesta de Washington estaba en línea con la política exterior colombiana, que se centra en cuatro aspectos: «el fin de la usurpación, un gobierno de transición con participación amplia, la convocatoria de elecciones libres y la activación de un plan de recuperación económica». Para Duque, se trata de «una evolución positiva de la consistencia del cerco diplomático» y de ningún modo del resultado del fracaso de Guaidó y de la estrategia de Colombia para respaldarlo. De esta forma, Duque le puso fin a su propia insistencia en encontrar una salida a la crisis venezolana que no implicase un proceso de negociación. Su desacuerdo y falta de apoyo a las negociaciones que se adelantaron en Barbados en 2019 terminó convertido en un apoyo a la transición pactada propuesta por Estados Unidos y que se basa primordialmente en las conversaciones que han tenido lugar previamente y que el gobierno colombiano desaprobó. Es apenas natural que Duque, en su esfuerzo por no quedar marginado del proceso venezolano, presente la iniciativa de Washington como una derivación de la suya propia, pero lo cierto es que tanto el gobierno estadounidense como el colombiano fracasaron en su intento de buscar una salida forzada al régimen de Maduro, y ante ese fracaso, hoy están buscando formas de acercarse a una transición negociada.

Epílogo: el papel de la OEA

Es poco lo que se sabe sobre lo que ha pasado después de la propuesta de negociación del gobierno de Estados Unidos. El mundo ha entrado en una suerte de paréntesis por cuenta de la pandemia y es apenas natural que la dinámica de la transición venezolana se haga más lenta y difícil en un mundo a media marcha. En el marco de un manejo equívoco e improvisado, la potencia norteamericana se ha convertido en el epicentro de la pandemia: el número de contagiados y de personas que han perecido debido al Covid-19 ya lleva varias semanas en aumento y, al momento de escribir este artículo, 30 millones de personas habían perdido sus empleos por cuenta de la crisis; es muy probable que ello tenga un costo político importante para las aspiraciones de reelección de Trump. Así las cosas, en la medida en que haya un retorno gradual a la normalidad (o a los rezagos de normalidad que nos queden después de esta crisis), es posible que Washington vuelva a poner las luces sobre Venezuela e insista en una transición rápida. En un escenario de esta naturaleza, es igualmente probable que el gobierno de Duque acompañe esa iniciativa.

Un espacio adicional y amplio debe ser dedicado al análisis del papel que jugaron en estos tres momentos las organizaciones multilaterales regionales, y en particular la OEA. Almagro fue un gran entusiasta del «cerco diplomático» propuesto por Duque y de la estrategia de «mano dura» del momento 1 descrito en este artículo. Almagro, al igual que Duque, no suscribió ni promovió durante este último año y medio la posibilidad de una eventual negociación. Al contrario, desde muy al inicio de la crisis venezolana su posición ha sido la de lograr la salida de Maduro a como dé lugar y con la mayor prontitud. Ello ha producido un efecto difícil de superar para la OEA: al haberse alineado abiertamente con el discurso más radical del ala más extremista de la oposición venezolana, ahora será muy difícil que la organización multilateral pueda contribuir de alguna forma al logro de una salida negociada. No hay ni la más mínima credibilidad sobre la posibilidad de que la OEA sea percibida como neutral por las partes en conflicto. Esta es precisamente la razón por la cual la participación de la OEA en los momentos 2 y 3 ha quedado desplazada a los márgenes. A menos que Almagro logre reacomodarse, como lo ha hecho Duque, a las nuevas preferencias de Washington en favor de una transición dialogada e institucional, es muy poco probable que la OEA se reactive y asuma un papel protagónico en la búsqueda de una salida al atolladero venezolano que puede, eventualmente, significar la actual coyuntura.

La pandemia deja en el aire la vía electoral en Venezuela por Florantonia Singer – El País – 21 de Abril 2020

Maduro plantea postergar las parlamentarias previstas para este año por la emergencia de la covid-19 que el país atraviesa con una precaria economía y un sistema de salud colapsado

Nicolás Maduro junto a la primera dama, Cilia Flores, en el Palacio de Miraflores, en Caracas. En vídeo, declaraciones de Maduro. EFE | AFP

El impacto del coronavirus a Venezuela introduce un nuevo factor en el camino de acuerdos políticos que intentaban cuajarse a principios de año para dar una salida al dilatado conflicto que vive el país sudamericano. Que sea un escollo o un catalizador está por verse, pero ya empieza a modificar algunos tableros. Nicolás Maduro señaló el fin de semana que las elecciones -las parlamentarias que correspondía realizar a finales de año- tendrán que esperar, como ha pasado con decenas de comicios en la región. “A estas alturas no sé si habrá elecciones porque tenemos esta prioridad [la pandemia] y sería irresponsabilidad de mi parte decir que debe haber elecciones. Están la Sala Constitucional del TSJ [Tribunal Supremo de Justicia] y la Asamblea Nacional Constituyente, en caso que se deba deliberar y tomar decisiones”, dijo en un programa de radio a Alfredo Serrano Mancilla, el que fuera su asesor económico a principios de su Gobierno.

La pandemia le ha permitido retomar el control de la agenda y de las comparecencias diarias sobre el tema al disminuido liderazgo del sucesor de Hugo Chávez, que enfrenta desde enero de 2019 un pulso con Juan Guaidó cuando este asumió la presidencia interina del país, tras la toma de posesión de Maduro para un segundo mandato con base en elecciones fraudulentas y no reconocidas por la comunidad internacional.

También, por la vía del control social y la represión, en el que la férrea cuarentena administrada por la fuerza militar luce como una herramienta más, Maduro parece timonear en medio de una debacle económica que ha dejado al país petrolero que se ha quedado sin combustible. Posponer las elecciones y la paralización de país por la falta de gasolina, que desde hace un mes se distribuye de forma racionada solo a sectores esenciales, son asuntos que de alguna manera el chavismo ha podido justificar y contener, al menos en el corto plazo, con las medidas tomadas para enfrentar pandemia. La cuarentena, sin embargo, insisten economistas y cualquiera que sale a diario por una calle de Caracas, no es una medida que pueda mantenerse por mucho tiempo en un país en el que más del 60% de la población vive del día a día, 80% no tienen ingresos para comer y más de un 30% que sobrevivía gracias a las remesas de los sus familiares en el exterior también verá golpeada su economía por la recesión global que ha generado el nuevo virus y que afecta a los migrantes venezolanos.

En medio del estado de alarma se ha arreciado en la persecución de la disidencia, con el encarcelamiento de miembros del equipo de Guaidó, periodistas, defensores de derechos humanos, personas que protestan por fallas en los servicios, como el combustible o el agua potable o trabajadores sanitarios que han denunciado falta de insumos para atender a los contagiados. Pero la narrativa de la guerra contra un nuevo enemigo invisible, una inevitable tentación para muchos populismos en medio de la pandemia, son aguas en las que el chavismo está habituado a navegar.

Gobierno de emergencia

La oposición, a su vez, también ha hecho movimientos importantes en el terreno. En la primera semana en que se confirmaron casos de coronavirus en el país, Guaidó volvió a colocar en la mesa la propuesta de la conformación de un gobierno de emergencia que permita atravesar esta nueva crisis sanitaria, que se monta sobre una emergencia humanitaria compleja de más de tres años, y que conduzca a unas elecciones presidenciales. Se trata del mismo planteamiento que quedó en el aire junto con la iniciativa de negociación que el año pasado propició el Reino de Noruega, y que ahora vuelve a salir en medio de la urgencia que supone la contención de los efectos devastadores del virus en uno de los países que la propia Organización Mundial de la Salud ha calificado como uno de los más vulnerables.

Como en enero pasado, con su jura como encargado, a esta propuesta siguió una cadena de respaldos de democracias del mundo encabezados por Estados Unidos, el principal aliado de la oposición. Al gesto Maduro respondió con ferocidad y amenazas hacia Guaidó y a la par activó el Consejo de Estado con su equipo y sumando a Luis Parra como representante de un reducido Parlamento con el que chavismo está dispuesto a retratarse, que se juramentó en enero como presidente de la Asamblea Nacional para el nuevo período legislativo, sin votos ni quórum verificados, en lo que parece una interminable duplicidad institucional en la que está sumida Venezuela.

Guaidó ha movido otras piezas. La semana pasada anunció que entregará una bonificación de 100 dólares durante tres meses a trabajadores públicos del sector salud a partir de los fondos en el extranjero que ha logrado controlar con el apoyo de Washington. A través de un monedero virtual que desarrollará la Organización de Estados Americanos se asignará la compensación a quienes se registren a partir de esta semana. El aporte es significativo en medio de la espiral hiperinflacionaria que vive Venezuela y más aún frente a las dos bonificaciones que ha dado Maduro a través del carnet de la patria, que corresponden a un salario mínimo que no llega a los 3 dólares mensuales.

Es justamente el poco margen de maniobra financiera de una economía hecha trizas lo que pone nuevamente contra las cuerdas a Maduro en lo inmediato. Y una señal de esto fue la inesperada petición que hizo al Fondo Monetario Internacional (FMI) de financiamiento por 5.000 millones de dólares, que el organismo negó.

La abrupta caída de los precios del petróleo que se desencadenó a la par de la pandemia abrió más el hueco en el bolsillo del gobierno que ha reducido su producción de barriles a mínimos por debajo del millón y que un año de sanciones de parte de Estados Unidos han dificultado su comercialización. El último golpe fue recibido en febrero con la penalidad a la petrolera rusa Rosneft, con la que Pdvsa había logrado canalizar gran parte de sus despachos.

El fin de semana, frente a un horizonte catastrófico, el líder del chavismo parece sacar nuevamente la carta del diálogo con un mensaje que dijo enviar como telegrama “a quien pueda interesar” en una intervención telefónica en Telesur. “Ratifico a los actores políticos nacionales e internacionales nuestra voluntad de avanzar en acuerdos de carácter humanitario para aliviar la pandemia. Venezuela está preparada para recibir apoyo de todos los gobiernos que decidan, a partir de acuerdos humanitarios, hay que poner la política y la batalla ideológica de un lado y priorizar la salud de un pueblo. Aquellos que han mandado mensajes en privados y en público, mi respuesta es una: estamos listos para dialogar”.

Asdrúbal Oliveros: “Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 5 de Abril 2020

Asdrúbal Oliveros: “Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura”Le propongo a Asdrúbal Oliveros, economista y socio de la firma Ecoanalitica, que trace las líneas más visibles de la economía venezolana en el escenario post COVID-19. Diría un médico que el pronóstico es reservado. Pero Oliveros va más allá y dice por qué.

Lo más inquietante viene dado por el sector petrolero, afectado por la caída de la producción, sometido a sanciones y sin capacidad alguna para soportar la guerra de precios que Rusia y Arabia Saudita han desatado en el mundo. El virus no va a dejar títere con cabeza.

¿Cuál será el impacto de la pandemia en el desempeño de la economía venezolana? 

La economía venezolana viene cayendo por sexto año consecutivo, un caso sin precedentes en América Latina y en el mundo. Estamos hablando de una contracción de casi el 70 por ciento entre 2013 y 2019. Más allá del registro del Producto Interno Bruto (PIB) esa caída tiene ramificaciones hacia abajo: Un empobrecimiento acelerado de la población; destrucción de riqueza, de capital, tanto en el sector privado como en la industria petrolera; una economía empequeñecida, y algo muy importante a enmarcar en ese contexto: la destrucción de la capacidad del Estado como proveedor de bienes y servicios públicos. En Venezuela asistimos a una paradoja. Tienes un Estado muy poderoso desde la perspectiva del control social, del sometimiento, del miedo como acción política, pero prácticamente inexistente como proveedor de servicios públicos (salud, educación, seguridad ciudadana). Lo que hemos visto en los últimos años, en los últimos meses, es que toda esa infraestructura de servicios públicos se ha ido desmoronando.

En ese contexto llegó el Covid-19 para acelerar lo que era una situación alarmante de crisis en todos los órdenes del país.  

Sí, una crisis inédita que además implica —al mismo tiempo— un choque que impacta tanto la oferta como la demanda. Al quedarse la gente en sus casas, por un lado, se restringe el consumo y, por el otro, se afectan las líneas de producción, que también se paralizan. Además, siendo Venezuela un país petrolero,  nos enfrentamos a unas difíciles condiciones de mercado. Del virus no se escapa nadie, pero la vulnerabilidad de Venezuela es extrema, por dos razones. Uno, porque venimos de un ciclo de contracción sin precedentes y dos, porque tenemos un Estado desmantelado, incapaz de influir de forma positiva en la economía. Para decirlo en otros términos, es un Estado que no tiene capacidad para hacer políticas económicas. El margen de maniobra en la política monetaria y fiscal, al que echan mano otros gobiernos del mundo, en Venezuela no existe.

¿Han hecho un cálculo de cuál sería el impacto de la pandemia en el PIB?

Antes del virus, y para este año, nosotros esperábamos una contracción de la economía del 10 por ciento, más moderada a la que habíamos visto en los dos últimos años, que rondaba el 15 por ciento, principalmente porque esta era una economía que venía de un ciclo muy agresivo de dolarización en sus transacciones, tenías un sector privado incipiente que se estaba haciendo independiente del Estado y eso, en parte, aminoraba la contracción. Quizás el escenario era más benévolo que en años precedentes. Ahora esos números cambian por dos razones. Una, la crisis no ha terminado y, por tanto, hacer estimaciones es difícil en este contexto. Dos, el efecto que esto tendrá en el mercado petrolero, el cual sigue siendo relevante para Venezuela.

¿Qué cifras manejan ustedes?

Hemos hecho estudios preliminares del impacto que tendrá la pandemia sobre importaciones, consumo, contracción de remesas, entre otras variables, y nos está dando que este año la economía se podría contraer 25 por ciento. Es decir, que el estimado inicial de 10 pasó a ser de 25 por ciento. Eso es dividido entre un PIB petrolero que cae en alrededor del 20 por ciento y un PIB no petrolero que cae en 25,5 por ciento.

Son magnitudes que no se pueden calificar sino de desastrosas. 

Absolutamente. Y eso lo tienes que comparar con una economía que tiene casi 70 por ciento de contracción acumulada. Un escenario extremadamente crítico.

¿Cómo afectará la pandemia al sector comercial, a los pequeños negocios?

Voy a empezar con el sector comercio, las pymis, los pequeños negocios y bodegones. Esos sectores se estaban beneficiando, y un grupo de ellos de forma importante, del grado de dolarización en las transacciones (más del 60 por ciento se hacen en moneda dura) y eso, por supuesto, generaba unos niveles de consumo incipientes que, en primer término, beneficiaba la actividad comercial. Además estabas generando un circulante de dólares en la economía venezolana, cuyo número empezaba a ser representativo. Un mayor número de venezolanos estaba manejando divisas, así fuese en pequeñas cantidades. Ese escenario cambia por el impacto del coronavirus. En primer lugar, por una contracción importante de las remesas, debido a la vulnerabilidad de los venezolanos en el exterior y al aumento desmesurado del desempleo en casi todos los países del mundo (el estimado inicial de las remesas era de 4.000 millones de dólares y lo han bajado a 2.400 millones de dólares). Por otro lado, la cuarentena le mete un freno a la actividad comercial y los pequeños negocios que son muy vulnerables, en términos de su flujo de caja. Son negocios a los que les cuesta soportar más de 15 días cerrados.

Otro sector que se verá afectado por la pandemia es la banca, cuya actividad se vio muy limitada por decisiones, tanto del Ejecutivo como del Banco Central de Venezuela. ¿Qué diría sobre este sector?

La banca viene de un ciclo de achicamiento muy agresivo. No tiene capacidad de ayudar, de acompañar al sector privado, bien sea con líneas de crédito, bien sea con reducción de tasas de interés. Lo que tenemos en Venezuela es un sistema financiero extremadamente pequeño, yo lo llamo de boutique, que había perdido su actividad medular. Es decir, la intermediación —captar y prestar bolívares—. La banca pensaba reinventarse, por eso vimos el boom de cuentas en dólares. Súmale las medidas que tomó el señor Maduro, el cese del cobro de los créditos, medida que afecta los ingresos del sistema financiero. Las perspectivas son muy negativas. Por un lado, con esta medida, el Estado frena sus ingresos y por el otro la intermediación es prácticamente inexistente. Tienes, además, una contracción importante del sector privado, que obviamente le pone un freno a la demanda crediticia.

¿Cuál es el escenario para las empresas de mayor envergadura, cuya actividad, en relación a la capacidad instalada, es mínima? Aunque habría que anotar que la liberación de precios, por ejemplo, vino a hacer las veces de una bombona de oxigeno. 

Allí hay que establecer algunos elementos de diferenciación. Los sectores que se han beneficiado de la dolarización son el comercio y los servicios. La industria manufacturera, por su parte, venía muy golpeada, porque este gobierno, en su estrategia de sobrevivencia (2019 y lo que va de 2020), abrió las puertas de par en par a los productos importados anclando la moneda. De tal forma que producir ciertos productos —en el segmento de cuidado personal y alimentos— costaba en Venezuela 2,5 veces más que traerlo de afuera. Eso golpeó muy fuerte al sector manufacturero que, además, venía trabajando al 20 por ciento de su capacidad instalada. Es decir, estaba en condiciones muy precarias.

¿Cuál va a ser el impacto del coronavirus en el sector manufacturero?

Obviamente, tiene varias fuentes. Uno, la reducción de la demanda interna (consumo). Dos, es un sector cuya capacidad de demandar créditos seguirá muy restringida. Tres. Su capacidad de traer insumos y materias primas también se verá muy limitada, porque las cadenas de suministro se rompieron en todo el mundo. Además, Venezuela está sancionada. En este escenario de profundización de la crisis, las condiciones serán muy críticas. Además, todo esto ocurre en un contexto donde habrá más inflación y más depreciación en la tasa de cambio. Eso, por supuesto, es una muy mala noticia para el sector industrial, porque implica un aumento muy importante en sus costos. Por donde lo mires es un escenario muy restrictivo.

¿Qué puede decir de la economía informal, cuya importancia es vital para un número importante de venezolanos?  

Allí hay varias aristas, emprendedores, pequeñas empresas, trabajadores por cuenta propia (profesionales o no). Ese sector fue el primero que dolarizó sus ingresos, porque mostró una flexibilidad gerencial que difícilmente vas a conseguir en la gran empresa, sometida a controles fiscales e impositivos y a ciertas rigideces contables y financieras. En el emprendimiento, en los pequeños negocios, hay más flexibilidad en cómo facturas, en cómo fijas precios, en cómo llevas los procesos contables e impositivos. Es decir, la picardía del venezolano, de la que hablan ciertos sociólogos, empieza a ser una característica de sobrevivencia, digamos, de este nuevo estamento gerencial frente a los férreos controles que impuso el Estado venezolano. Esa es tu gran ventaja frente a la gran empresa.

¿Cuáles serían las desventajas? 

No tienes capacidad para soportar una cuarentena prolongada; no tienes grandes reservas de efectivo, no tienes un historial para acceder a líneas de crédito internacionales o a créditos de la banca local. En un escenario como el que estamos viviendo, por más flexible que seas, todo ese modelo se viene abajo y en la medida en que se detenga la dolarización de la economía, las aristas de la economía informal van a entrar, rápidamente, en una paralización.

Es decir, el puntillazo lo va a dar la pandemia.

Sí, claro. Las consecuencias de la pandemia, el hecho de que la gente se encierre en sus casas y, por tanto, baje el consumo. Ese nicho, que disfrutaba de cierto oxígeno y que era un condicionante para estimar que íbamos a caer 10 por ciento y no más, desaparece y es uno de los factores que va a incidir, notablemente, en la contracción del Producto Interno Bruto.

¿Qué va a pasar en los hogares venezolanos?

Yo siempre he dicho que hay una ilusión en eso de «quédate en tu casa viendo las redes sociales y las series de Netflix». Eso es una minoría. Hay estudios que señalan que el 50 por ciento de los hogares venezolanos sobreviven en la economía informal, viven del día a día, pero más aún, no tienen capacidad de ahorro. En la medida en que se profundice la crisis, por todo lo que hemos hablado, lo que tienes es un deterioro brutal en el consumo de los hogares venezolanos. Es una condición de precariedad mayor en hogares que ya estaban en umbrales de pobreza. Hogares que se verán mucho más afectados en términos de acceso a servicios básicos, en términos de capacidad de alimentación. Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura.

Pero el escenario que está planteando es apocalíptico.

Más que apocalíptico es un escenario de crisis. Diría, extrapolando, que es un escenario que puedes conseguir en países de América Latina o en los llamados mercados emergentes. ¿Cuál es el denominador común? Una población vulnerable, con poca o nula capacidad de ahorro, servicios públicos precarios. Pero cuando entras en la caracterización, el caso de Venezuela está entre los peores de todos. Quizás por eso la crisis tiene aquí esa característica apocalíptica que tú le asignas. Pero el deterioro es global. Por supuesto, hay matices: No es lo mismo el deterioro en Noruega que en Perú.

El precio del barril de petróleo ronda los 20 dólares. ¿Cuál sería el impacto de la pandemia en este rubro? En la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita, Venezuela no cuenta para nada, debido a una capacidad de producción totalmente disminuida. 

Ahí, apocalíptico, ni te digo. Menciono algunos antecedentes. En primer lugar, los niveles de producción venían cayendo, por diversas causas, desinversión y el efecto sanciones, entre otras. Antes de la crisis del coronavirus, el Estado venezolano estaba recibiendo caja de unos 480.000 barriles. Prácticamente estábamos vendiendo el crudo a través de Rusia, pero eso supone unos descuentos importantes, entre 25 y 30 por ciento. Dejamos de vender productos refinados. Hay que anotar una paradoja. Parte de los dólares que obteníamos por la venta de crudos se utilizaba para importar combustible. Entonces, el efecto es pernicioso. Antes de la pandemia el sector petrolero nos iba a generar entre 13.000 y 14.000 millones de dólares. En este momento, esa estimación puede estar por debajo de los 4.000 millones de dólares. Es dramática la contracción de los ingresos. Además, gran parte de nuestra producción es de crudos pesados, que no es competitivo a los precios que estamos viendo hoy. Es decir, es más costoso producirlo que venderlo y, adicionalmente, en estas condiciones de caída de precios y de inundación de petróleo —la capacidad de almacenamiento en el mundo está al tope—, no es descabellado pensar que en las próximas semanas, Venezuela no pueda vender su crudo. Ahí hay un deterioro muy fuerte en la línea de ingresos petroleros. Eso va a tener consecuencias muy serias para el Estado venezolano que, fundamentalmente, importaba dos cosas. Alimentos para las cajas CLAP y combustibles; dos áreas críticas que se pueden deteriorar en las próximas semanas.

Por todo lo dicho, me imagino que cuando salgamos de este encierro, Venezuela no tiene otro recurso que tocar las puertas del Fondo Monetario Internacional. No se ve otra salida. Sin embargo, ya sabemos cuál fue la respuesta de ese organismo a la carta que le envío el señor Maduro. 

Efectivamente, Venezuela necesita con urgencia apoyo internacional. Apoyo de organismos multilaterales. FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento. Eso no será posible si antes no se resuelve de fondo el problema político que tenemos. Tiene que haber una solución, y eso pasa por una negociación a partir de bases creíbles y de acuerdos que se puedan cumplir entre las partes.

Ya hay una propuesta de Estados Unidos que, básicamente, es la misma que se planteó en Barbados. 

Exactamente, pero te digo más. Hay 85 países que se están dirigiendo al FMI. Por esa razón, ese organismo está estableciendo una línea de crédito que puede superar los 2,5 billones —con 12 ceros— de dólares. Ahora nosotros, que estamos en las condiciones que acabo de describir, vamos a tener que competir con todos esos países.

Países cuyos sistemas de gobierno tienen pilares institucionales, cuyas economías están en mejor posición que la nuestra y que, además, no están sumergidos en la profunda crisis política que nos caracteriza desde 2002.

Exactamente.   

El coronavirus le mete presión a un acuerdo nacional en Venezuela por Zenaida Amador – ALnavío – 25 de Marzo 2020

El brote del Covid-19 en Venezuela está estimulando la idea de que es necesario que ocurra un gran acuerdo nacional para hacer frente a las dificultades, tanto en el ámbito de la salud como a nivel económico, algo que a simple vista luce como la medicina indispensable para un país que lleva años en una profunda crisis política e institucional, con la población empobrecida y el aparato productivo destruido. Sin embargo, existe el temor de que se trate de una nueva oportunidad para Nicolás Maduro de aprovechar políticamente la crisis a favor de su estrategia de sostenerse en el poder a cualquier precio.
En Venezuela temen que la pandemia pueda alcanzar proporciones dantescas / Foto: WC

En Venezuela temen que la pandemia pueda alcanzar proporciones dantescas / Foto: WC

El mundo está sacudido por el coronavirus. Se reportan más de 400.000 infectados y cerca de 18.500 fallecidos. En Venezuela, que lleva seis años de recesión y una crisis humanitaria compleja, muchos temen que la pandemia pueda alcanzar proporciones dantescas. De allí que a distintos niveles se comience a hablar de la necesidad de un entendimiento entre el régimen de Nicolás Maduro, la oposición y otros sectores de la vida nacional para pactar soluciones que ayuden a hacer frente a la coyuntura en beneficio de los venezolanos.

Nicolás Maduro lleva tiempo abonando el terreno para que esta idea germine. En sus recurrentes alocuciones a propósito del Covid-19 habla de que Venezuela busca recibir ayuda humanitaria, algo que hace un año rechazaba abiertamente porque así lo imponía su agenda política, pero que ahora no sólo le resulta de utilidad, sino que se impone por las circunstancias. Incluso usa ese argumento de las razones humanitarias para tocar la puerta del Fondo Monetario Internacional, algo históricamente inconcebible para el chavismo, para pedir 5.000 millones de dólares en financiamiento, aun a sabiendas de que el pedido sería fácilmente desestimado más por razones de forma que por otras razones.

Sin embargo, deja registro de su diligencia en pro de atender los graves problemas de la nación. De hecho, Maduro en tiempos de coronavirus se presenta como el líder conciliador que trata de escuchar a todos los sectores para gestionar de la mejor manera el brote. Es así, con esa misma actitud, como ahora pide que por razones humanitarias sean levantadas las sanciones internacionales en su contra, pues es urgente atender las necesidades de los ciudadanos.

Ya logró sumar a Josep Borrell, desde la Unión Europea, a su causa por buscar financiamiento; y a Michelle Bachelet, alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la idea de que deben flexibilizarse las sanciones internacionales. La sensibilidad que despierta el Covid-19 juega a su favor. Y por eso a las voces externas se añaden otras a nivel local, lo que comienza a generar presión interna para que se pacten opciones que ayuden al país dejando de lado las diferencias políticas y el hecho de que Maduro lleva más de un año usurpando la Presidencia de Venezuela.

“No es tiempo de peleas entre el gobierno y la oposición, debemos reconocernos, respetarnos mutuamente. Es tiempo de unir esfuerzos y avanzar, por una causa humana”, señaló este martes un Nicolás Maduro sumido en una cadena de oración, donde le pidió a Dios “fuerza para poder conducir al pueblo de Venezuela en toda esta travesía”.

Lo hacía horas después de que el excandidato presidencial, Henri Falcón, lanzara una carta pública llamando a una “tregua” entre las partes para abrir espacio a un gran encuentro para enfrentar el Covid-19, y de que el también excandidato a la presidencia, Henrique Capriles Radonski, pidiera acuerdos para beneficio de los venezolanos.

Pero no son los únicos. Para Ricardo Cussano, presidente de Fedecámaras, el principal gremio empresarial del país, “urge reflexionar sobre un acuerdo político, económico y social integral para encarar la pandemia del coronavirus, pero también, y principalmente, la crisis sistémica y estructural que ya vivíamos antes de que ella llegara”.

El fondo del asunto

Uno de los puntos medulares de esta interdependencia entre las partes es que el país necesita oxígeno para hacer frente a la crisis. Las sanciones internacionales aplicadas al régimen terminan comprometiendo financieramente al país, algo sobre lo que sólo puede mediar el gobierno interino de Juan Guaidó. Se requieren recursos financieros, y eso es algo que el régimen de Maduro tiene cerrado por su conducta antidemocrática, pero que sí puede lograr Guaidó.

Algunos analistas y economistas creen que sin esa ayuda financiera será imposible que el país pueda remontar. Ecoanalítica estima en más de 6.000 millones de dólares la brecha externa de la nación dado el desplome en los ingresos petroleros, un monto que resulta difícil de gestionar desde las limitadas opciones que tiene Maduro.

Ni China ni Rusia han podido brindarle el apoyo financiero esperado y ahora, dada la crisis global generada por el Covid-19, puede resultar complicado que lo hagan. Así que cobra fuerza la opción de recurrir a organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo.

“Se tienen que buscar recursos en el exterior, y Maduro no puede hacerlo por su ilegitimidad. Hay que buscar un acuerdo con los que aquí tienen reconocimiento, con la Asamblea Nacional”, propone Capriles Radonski.Nicolás Maduro lleva tiempo abonando el terreno para que esta idea germine / Foto: Prensa Maduro

Para Víctor Álvarez, exministro de Hugo Chávez y una voz crítica de la gestión de Maduro, el asunto es claro: “Que si el FMI le negó la ayuda a Maduro, que si Guaidó es quien la debe solicitar. En vez de seguir peleándose por ese ‘trofeo’, ¿qué tal si se olvidan del protagonismo, hacen un gesto de grandeza humana y se ponen de acuerdo para evitar que la emergencia se convierta en catástrofe?”. A su juicio, tales recursos se deberían manejar bajo supervisión de organismos como la ONU, el PNUD y la Organización Mundial de la Salud, “no bajo administración directa de Maduro o Guaidó para que no pase lo mismo que con la ayuda humanitaria en Colombia (febrero de 2019) o con los miles de millones de dólares que saquearon de la renta petrolera”.

La excusa y la trampa

Si bien es verdad que la emergencia potencial del coronavirus en Venezuela despierta los mayores temores, también es cierto que el régimen venezolano siempre ha utilizado las crisis para su beneficio, haciendo que la oposición absorba el costo político

Si bien es verdad que la emergencia potencial del coronavirus en Venezuela despierta los mayores temores, también es cierto que el régimen venezolano siempre ha utilizado las crisis para su beneficio, haciendo que la oposición absorba el costo político de haber accedido a participar en negociaciones infructuosas, porque ningún acuerdo es honrado luego por Maduro y sus funcionarios.

De hecho, a propósito del brote del coronavirus, Maduro aseguró que escucharía a todos los sectores, incluso a los empresarios, por lo que Fedecámaras le presentó una serie de recomendaciones y propuestas para ayudar a enfrentar la crisis económica asociada a la pandemia. Sin embargo, Maduro terminó adoptando medidas económicas que le vende al país como de consenso, aunque en verdad desoyen los planteamientos del sector privado.

Para la también excandidata presidencial, María Corina Machado, todo el accionar del régimen, incluyendo la cuarenta decretada y la militarización del país, no busca resolver los problemas o ayudar a la población sino un fin particular: “permanecer en el poder”.

La opción de una “tregua” está descartada para Machado, pues Maduro está usando la crisis para intensificar su poder y su control a través del miedo, incluso aumentando el número de presos y torturados políticos. “Los regímenes totalitarios aprovechan las situaciones de crisis, y más si el mundo también la atraviesa, para avanzar en la represión. Y hay algunos que plantean darle una tregua a la maldad. ¡Jamás!”.

Guaidó salió al paso de esta agenda de opinión afirmando que el debate debe estar centrado en la atención de los venezolanos y de la emergencia “con la articulación necesaria a nivel internacional y a eso estamos abocados (…) Claro que se necesita ayuda, pero no para sacarle provecho político para un grupo pequeño”.

El colapso de Venezuela multiplica la vulnerabilidad de la población frente a la pandemia por Florantonia Singer – El País – 22 de Marzo 2020

El país afronta el coronavirus sin recursos y con un sistema sanitario empobrecido. El coste de una mascarilla, de uso obligatorio en público, equivale a un tercio del salario mínimo

Un paciente espera en la sala de emergencias del hospital de Guiria, Venezuela.
Un paciente espera en la sala de emergencias del hospital de Guiria, Venezuela.FEDERICO PARRA (AFP)

Hace una semana, el día que se informó del primer caso de coronavirus en Venezuela, en el Hospital El Algodonal, en Caracas, suspendieron las cirugías por falta de tapabocas. Hicieron unas intervenciones sencillas, porque tampoco tenían aire acondicionado en los quirófanos. La falta de la indumentaria básica de protección se sumó a los obstáculos y les hizo suspender los planes. Este es uno de los centros que el Gobierno venezolano ha catalogado como “centinela” junto a dos más en la capital y 43 en todo el país para atender los casos confirmados de COVID-19.

Es el lugar donde la doctora Marietta Rea ha trabajado 40 años de su vida. “El Algodonal no tiene nada, absolutamente nada. No hay con qué hacer las pruebas, ni material para protegernos. No había tapabocas para entrar a pabellón ni trajes ni botas. Hay temor con esta crisis y es natural, porque no hay con qué trabajar”, dice con decepción sobre el centro que alguna vez fue referencia en el país para enfermedades respiratorias Un hospital donde en otro tiempo se fabricaron vacunas, se hizo medicina experimental y se realizó el primer trasplante de válvula cardiaca en el país.

Pese a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS),Nicolás Maduro ha exigido el uso masivo de mascarillas, de cualquier tipo, incluso artesanales, en tiendas y transporte público, que se venden a un dólar (un tercio del salario mínimo) en las puertas de las estaciones de Metro. Pero en los hospitales, que tendrán la mayor exposición, no hay. Algunos de los casos sospechosos de los que estuvieron en esos dos vuelos de Iberia que iniciaron la epidemia en Venezuela, fueron a El Algodonal y tuvieron que ser remitidos a otros centros por la imposibilidad de manejarlos, dice Rea.

La pandemia en Venezuela se suma a una emergencia sanitaria que se viene advirtiendo desde 2016 y que desde el año pasado mantiene en el país a equipos humanitarios de las Naciones Unidas y la Cruz Roja Internacional. Con los primeros 33 casos (ahora hay 42), el Gobierno desplegó las medidas de distanciamiento social que han obligado al cierre de colegios, suspensión de actividades laborales, restricción de la circulación interna y cierre de vuelos. Aun así, Venezuela tiene una carencia difícil compensar: se trata del precario estado del sistema sanitario, deteriorado después de años de desinversión, que han disparado casos de enfermedades controladas y también han generado una contabilidad de muertes evitables por fallas eléctricas y falta de insumos médicos.

La llegada del virus al país ha venido también con protestas del personal médico. Es en los hospitales donde hay más temor por el virus que ahora está haciendo estragos en Europa. “Las enfermeras exigen las barreras de protección eficaces, no algo que de la sensación de protección. A los enfermeros no nos pueden obligar a trabajar en condiciones de riesgo, porque hay un principio de sobrevivencia y si eso no se garantiza al personal de salud en una crisis epidemiológica como esta, no vamos a tener personal para luego. Apenas estamos en la primera semana”, dice Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas.

En un hospital en el oeste de Caracas, con una donación de tres rollos de tela descartable empezaron esta semana a fabricar tapabocas. No tienen casos sospechosos ni son un centro centinela, pero nadie tiene mascarillas. “Con este material sacaremos unos 5.000”, dice Daniel Hernández, representante sindical del centro de salud, que hizo videos con su teléfono en los que un grupo de mujeres confeccionaba las mascarillas simples. Reconoce que hay otros problemas que resolver para mantener la limpieza en un hospital sin y agua y que estas indumentarias no van a servir para los médicos y enfermeras que traten directamente con los infectados por coronavirus.

Los sindicatos de salud vienen haciendo un monitoreo diario de la existencia de guantes, tapabocas, jabón, desinfectante, cloro y agua en los hospitales. Todos los días faltan uno u otro. Hay jabón, pero no hay agua. Hay guantes, pero no tapabocas. La Encuesta Nacional de Hospitales encontró en 2019 que en el 78% de los establecimientos tuvo fallas en el suministro de agua. En algunos falta todo. “El ausentismo laboral ha sido grande estos días. Hay miedo, hay quienes están reusando los tapabocas y también muchas dificultades para llegar a los centros de salud, porque además en los transportes también deben usar el tapabocas”, dice Mauro Zambrano, delegado en el Hospital Universitario de Caracas.

Gustavo Villasmil es miembro de la comisión de expertos que nombró Juan Guaidó para atender la epidemia. Como médico, asegura que las medidas tomadas por Maduro han sido acertadas, pero asegura que el tiempo que se está ganando con el distanciamiento social, que debería ralentizar los contagios, debe emplearse en las dos puntas de la cadena sanitaria: la de los ambulatorios y centros pequeños que puedan atender los casos leves, que está totalmente desmantelada, y en los grandes centros adecuando y ampliando la ínfima infraestructura de terapia intensiva del país, donde no se llega a 100 camas con respiradores mecánicos.

“Se necesitan monitores y ventiladores mecánicos, el equipo de protección para el personal de salud, pues la tasa de contagio entre médicos en China fue tres o cuatro veces más que la de la población. Es la hora de las mascarillas, de los guantes, de los visores, de los ventiladores para cuando llegue el momento cumbre de la ola epidémica no nos golpee tan fuerte”.

A la espera de pruebas

Desde 13 de marzo, cuando se informó de los primeros contagios, el crecimiento de casos en Venezuela ha sido casi exponencial. El martes, sin embargo, hubo una caída abrupta y el miércoles no se registraron, según lo anunciado por los voceros del Gobierno. Venezuela inició su ciclo con el coronavirus con 300 tests que entregó la Organización Panamericana de la Salud, agotados en los primeros días.

La poca capacidad de hacer todas las pruebas, que ha sido clave en otros países para controlar la epidemia, ha dificultado tener una mirada clara del avance del virus en Venezuela, así como también la escueta información que han dado las autoridades, que no informa con regularidad ubicación, modos de contagio, edades y sexo de los casos.

Este jueves se volvieron a sumar casos y el número llegó a 42. El anuncio lo hicieron durante la recepción de 4.000 kits de diagnóstico que envió China y que, según el ministro de Información Jorge Rodríguez, permitirán hacer 320.000 pruebas. Maduro también pidió más pruebas e insumos médicos a la OMS para enfrentar la epidemia, luego de que el Fondo Monetario Internacional negara el financiamiento de 5.000 millones que pidió para la emergencia, dejando atrás todas las críticas que el chavismo ha hecho al organismo, al punto de haber cerrado su oficina en el país en 2005.

Desde 2017 la información epidemiológica de Venezuela no es pública y los médicos y la población navegan a ciegas sobre el avance de enfermedades de notificación obligatoria. A la censura de esta información se suma el hostigamiento a periodistas por parte de policías y autoridades durante la cobertura de la crisis y el bloqueo hecho a una web que lanzó esta semana el equipo de la Asamblea Nacional para divulgar información sobre el virus, una muestra de que el conflicto político en el país no tomó cuarentena.

Pacto Social para renacer por Luis Ugalde S.J. – Blog César Miguel Rondón – 23 de Marzo 2020

downloadVenezuela solo tiene remedio si hacemos lo que hay que hacer; todos, primero Maduro. Él  expresó, como crítica al presidente colombiano que para vencer al coronavirus hay que dejar de  lado “diferencias ideológicas y pequeñeces miserables”. Luego solicitó del Fondo Monetario  Internacional (FMI) un préstamo de 5.000 millones de dólares, sabiendo que no se lo podían dar. Ambos gestos solo servían para echar la culpa a otros. Desideologizar y abrirnos  internacional y nacionalmente son dos consejos que el régimen debe aplicarse a sí mismo.

Venezuela obedeció sin problemas la medida de quedarnos en casa, en cuarentena social evitando encuentros y contactos. Quince días encerrados en casa sin producción, sin escuela, sin ingresos y sin comida dejarán en evidencia que nuestra realidad es mucho más grave y mortal que el coronavirus con 40 contagiados y ningún muerto.

Sincerar y Producir. Tenemos 40 contagiados del virus, pero más de 400 presos políticos perseguidos, más de 4000 empresas muertas o en agonía, más de 4.000.000 de huidos y
desterrados y muchos miles de muertos cuyo número crece por un régimen empeñado en no cambiar.

Necesitamos reconocer la terrible realidad de una economía que en 5 años ha perdido el 65% de su producción (PIB), una educación con maestros y niños en huida y escuelas vacías, una  salud con hospitales desmantelados, y servicios vitales de agua, luz, gas, transporte… en ruina.  Incluso una industria petrolera saqueada y en quiebra total… La lista es mucho más larga y la  moribunda Venezuela no solo necesita un préstamo de $5.000 millones sino más de 50.000 para  empezar a sincerar la política y activar la producción en todas las áreas.

Maduro tiene razón: necesitamos del FMI y hay que dejar de lado “diferencias ideológicas y pequeñeces miserables”. Pero nada se puede hacer con un Estado quebrado, endeudado y  secuestrado por un régimen tiránico que produce miles de muertos y lleva a la agonía a  millones. Para que todo el país renazca es indispensable sincerar, salir del secuestro del régimen  y llamar al país entero a la producción de soluciones y al renacer nacional. Los apoyos externos  son indispensables, pero no llegarán con la producción nacional política, económica y social  muertas. Abrir las puertas para que los presos políticos, los líderes y partidos perseguidos e
inhabilitados salgan al libre ruedo político-democrático; renovados también ellos pues
Venezuela es otra y hay que escuchar el clamor sufriente de los venezolanos en todas sus
formas. Renovados empresarios y trabajadores para producir un nuevo encuentro entre capital  y trabajo, pues el uno sin el otro nada valen y se necesitan repotenciados y aliados para salir de  la pobreza. Para que 14 millones de trabajadores vuelvan a tener vida y esperanza y miles de  empresas puedan competir es necesario reactivar la inversión de capitales que deben ser atraídos y protegidos; para lo cual hay que borrar de la lengua y del corazón el “exprópiese”  irresponsable.

Pacto Social vs. Tiranía. Cuando el poder se impone, no hay pacto social, sino imposición  tiránica armada. Todo esto pasa por la creación de una política democrática, dialogada y negociada entre diferentes. La soberanía del pueblo, las elecciones limpias y creíbles de un Parlamento (Asamblea Nacional) donde se discutan libremente y se negocien las soluciones políticas. Es indispensable, a su vez, la Elección presidencial constitucional secuestrada en 2018 y desmontar los serviles TSJ y ANC que creo el Ejecutivo de facto para anular la Asamblea Nacional democrática y todas sus decisiones. No hay que inventar mucho sino sincerar y darle vigencia efectiva a la Constitución de 1999 y conforme a ella acordar en la AN legítima el nuevo CNE creíble y crear las condiciones para realizar este mismo año, con observación internacional cualificada, las elecciones parlamentarias libres que tocan y las presidenciales que están retrasadas desde 2018, pues no se realizaron como exige la Constitución. Elecciones que las
necesitamos con participación masiva y resultado creíble y respetado.

Toda esa enfermedad nacional es mucho más grave y mortal que el coronavirus, que debe ser el detonante para asumir el cambio integral.
No hay democracia sin contrato social, ni Constitución que consagre los objetivos del pacto y los derechos y deberes de todos, no importa su ideología política. Lógicamente en ese pacto debe entrar también el chavismo.

Perder o ganar la vida

De la noche a la mañana el microscópico e invisible virus ha dejado en evidencia la desnudez del mundo y la indigencia de Venezuela arruinada, desmantelada y con virus: Las armas son poderosas para imponer, pero no sirven para dar vida al mundo, ni para convocar un gran encuentro nacional para que el país renazca. Es casi increíble que un virus mínimo haya puesto en crisis todo el poderío económico-financiero mundial y haya obligado a los estados a cerrar sus empresas, escuelas, iglesias y campos de deporte. Un virus que avanza sin respetar fronteras, ni carteras, dejando en evidencia que la convivencia nacional e internacional sin ética-es decir sin tomar en serio la dignidad del otro y sin solidaridad con él – es irrespirable y letal. Está a la vista que solo cuando escribimos TÚ con la misma mayúscula que YO está presente DIOS-AMOR, ese Dios que nunca nadie lo ha visto pero lo sentimos presente cuando vivimos el verdadero amor humano (Ver 1 Juan 4, 12).La más grave enfermedad no es el coronavirus sino el poder tiranizado que en Venezuela ya ha matado a miles y tiene en agonía a millones. La emergencia del virus nos llama a todos a la conversión, a cambiar de conducta y a exigir del régimen y de toda la política -también de la opositora- a sincerarse con la realidad y renovar el Pacto Social Democrático.

Could the Coronavirus Topple Nicolas Maduro’s Regime in Venezuela? by Ciara Nugent – Time – 20 de Marzo 2020 

Police officers in Caracas, Venezuela enforce Nicolás Maduro’s nationwide quarantine order to contain the coronavirus, on March 18, 2020.

The new coronavirus pandemic is a crisis for all countries. But in Venezuela, it could be a catastrophe.

COVID-19’s arrival in Venezuela, with 42 cases reported since March 14, comes six years into one of the worst economic collapses in modern history. The economy has contracted by more than 65% since 2013. One in three Venezuelans don’t have enough food to meet nutritional requirements. Doctors in the country’s crippled health system lack basic supplies like gloves and running water. As a result of all this, experts say the death rate in Venezuela will likely be far higher than the estimated global average of 3%.

To make matters worse, an oil price war and fears of a global recession have this week driven the price of oil – which makes up 98% of Venezuela’s export earnings – to an 18 year-low of $24 per barrel, less than half of what it was in February.

The situation poses an “unprecedented challenge” for Nicolás Maduro, the authoritarian leader who has clung to power since 2014, says Diego Moya Ocampos, principal Americas analyst at risk consultancy IHS Markit.

Maduro has cemented his position over the last year, using the security forces’ unwavering support to see off a challenge from Juan Guaidó, the parliamentary leader whom 50 mostly western countries recognized as Venezuela’s rightful president in early 2019.

The man who currently occupies the presidential palace is scrambling to respond to the new crises. As the number of confirmed COVID-19 cases topped 30 on March 16, he ordered a nationwide quarantine to stop the spread. The following day, in a shock move, he appealed for a $5 billion loan from the International Monetary Fund, an institution his Socialist party has long railed against. The IMF quickly declined, saying there is “no clarity on [international] recognition” of Maduro’s regime.

The next few weeks and months will likely be a volatile time for Venezuela. Will the humanitarian crisis push the country further down the path to becoming a failed state? Or might it finally topple the Maduro regime?

Here’s what to know about how coronavirus could impact the country and its leadership:

Why are doctors worried about the coronavirus in Venezuela?

Because both the spread and the mortality rate of the coronavirus are likely to be worse in Venezuela than elsewhere, according to Kathleen Page, a professor of medicine specializing in infectious disease at Johns Hopkins University in Baltimore and Latin America director at the Johns Hopkins Center for Clinical Global Health Education.

Though Maduro has imposed a quarantine earlier on in its outbreak than European countries, Page says she’s not sure it will be successful. “Even with an authoritarian government, there’s only so much order they can impose in a place like Venezuela where – unlike in China’s lockdown – people can’t survive that long in their homes,” she says. Local media have reported people, including the elderly who are at higher risk from the virus, breaking quarantine to work or get food. “Maduro doesn’t deliver food to my house,” a 68 year-old told news site cronica.uno

The gradual collapse of Venezuela’s water system, which has left many homes without running water, in particular poses a huge threat to its ability to contain the coronavirus. People will be forced to leave home regularly to get water, possibly congregating at water trucks or stores. The lack of water access will also hasten the spread of the disease by leaving people less able to regularly wash their hands, which health officials say is a key line of defense against the virus.

Once people are sick, hospitals may not be able to do that much to help, because the cash-strapped health system is suffering severe shortages of even basic supplies. Already, a lack of vaccines has led to the resurgence of preventable diseases like malaria and measles. Where the U.S. and other developed countries are concerned about a possible shortage of ventilators, needed to treat severe cases of COVID-19, two thirds of Venezuelan doctors say they do not have gloves, soap, masks, goggles or scrubs, according to local NGO Medicos Unidos. Only a quarter have reliable running water.

“For those who are critically ill, it’s hard for me to imagine, given the current situation, that going to hospital will make it any better,” Page says. “I fear that Venezuela is going to have one of the highest mortality in the world from this disease.”

Fears over Venezuela’s vulnerability to COVID-19 could prompt a new wave of people attempting to flee the country – following almost 4.5 million who have done so since 2015. They will face new obstacles. Both Colombia and Brazil have closed their borders with Venezuela to people in an attempt to slow the spread of the virus.

Is Venezuela’s economy prepared for the coronavirus and an oil price drop?

No. An economic crisis, powered by mismanagement, corruption, previous oil price declines and the impact of U.S. sanction, has already left Venezuela’s economy in tatters. Annual revenue from tax has fallen below $2 billion. While the country has the world’s largest proven oil reserves, the last year has seen the “implosion” of its oil sector, says Raul Gallegos, director for the Andean region at Control Risks and author of Crude Nation: How Oil Riches Ruined Venezuela. Graft and mismanagement are largely to blame for a 70% decline in production to around 700,000 barrels of oil per day

In the Wake of the Coronavirus, Here’s Why Americans Are Hoarding Toilet Paper
Our panic buying represents one thing we can control

Maduro has managed to stem some of the damage with a series of pragmatic moves. In 2019 he relaxed currency controls and restrictions on imports, breathing some life into the economy. That has increased living standards for the elite who can access U.S. dollars in places like the capital, Caracas. In the oil sector, the regime has stabilized decline by tacitly ceding greater operating control to foreign companies, including Chevron as well as Chinese and Russian entities.

But the new shocks of COVID-19 and the oil price drop will likely put a stop to those limited improvements. The economy had been set to contract by around 13% in 2020, according to forecasts by Oxford Economics, compared to a 40% contraction in 2019. “It would not be surprising if we were reaching those levels again this year,” Gallegos says. “It’s certainly going to be rough.”

What will that mean for the Maduro regime?

For Gallegos, the most likely outcome of this crisis will be a crackdown on dissent by security forces. Quarantine measures may become a justification to prevent people from gathering for anti-government protest. On March 19, the national guard placed a doctor who spoke out about the poor conditions in his hospital under house arrest, accusing him of inciting “hate and anxiety” among the community. “The government will gain a new level of control under this crisis,” Gallegos says, “The freedoms that the Venezuelan people lose, they’re not going to get back in the short term.”

In another sense, though, Maduro’s regime will likely give up some of its control of Venezuela. According to investigators at Insight Crime,organized crime groups have grown at an exponential rate in recent years. The embattled government has allowed illicit industries including drug trafficking and illegal gold mining to thrive in order to buy support among the elite and institutions including the military.

The more pressure the government is under – as oil revenues dry up and social crises grow –, the more powerful the gangs and Colombian rebel groups that run those illicit activities become, security analysts say. Non-state groups even exercise territorial control in some parts of the country.

Is there any chance of a return to democracy?

It’s unlikely. The support of Venezuela’s powerful military has been crucial to Maduro’s survival in office amid his country’s downfallAnalysts and the opposition say the upper ranks benefit from a vast network of corruption that works to bolster the status quo. As long as that support continues, Maduro will remain in power, even as his operational grip on his territory and the oil industry unravels.

But things are shifting fast — and it’s possible Maduro might yet lose the military’s support, according to Moya-Ocampos, the risk analyst. Maduro’s unsuccessful appeal to the IMF suggests that China and Russia, his main international backers, are privately also refusing to give significant aid, he says. “It will have signaled to the military that there is no finance coming in internationally without the opposition at the table.” If they stage a takeover, it would give opposition leader and would-be interim president Juan Guaido his long-desired window of opportunity to make the case for fresh elections.

For the military to take such action, though, would require a “trigger,” – and it will likely be nothing to celebrate. “We’re talking about massive casualties from the coronavirus, the collapse of the health system, and a surge in civil unrest in the form of looting,” Moya-Ocampos says. “If the military act, it will not be driven by altruistic efforts to restore democracy. It will be a matter of survival.”

Reconocimiento tácito – Editorial El Nacional  – 21 de Marzo 2020

La comunicación que le enviaron al Fondo Monetario Internacional es una prueba clara e indudable de que el régimen admite su incapacidad de afrontar la crisis de la pandemia del covid-19 por sí solo.

Es la clara admisión de que el tan cacareado sistema de salud a la cubana no funciona y no está preparado para responder a los venezolanos en estas horas tan oscuras. Bien lo han dicho numerosos analistas, el problema de la llegada de la pandemia a Venezuela se redimensiona si se piensa en el estado de emergencia humanitaria en el que se encuentra el país.

Por eso, el canciller del régimen no tuvo otra opción que contravenir una de las máximas del chavismo, enunciada por su líder máximo, el fallecido Chávez. Han tenido que dar su brazo a torcer y pedirle ayuda a uno de los organismos multilaterales más representativos del capitalismo.

Esto, porque ni que vengan millones de misionarios cubanos ni que China mande aviones de carga con todo lo necesario, es posible manejar los casos de contagiados que deben estarse multiplicando cada día, aunque no lo sepamos.

Los que eran excelentes centros de salud construidos en 40 años de democracia ahora son carcazas vacías. Se perdieron los equipos por falta de mantenimiento y se perdió el capital humano formado magistralmente en las universidades del país.

Ahora, los médicos venezolanos contribuyen en otros países a tratar a los enfermos y con su inmensa sapiencia y calidad humana seguro serán un bálsamo para los contagiados.

Ojalá pudiéramos traerlos de vuelta y asegurarles el ejercicio de su profesión como se lo merecen. Ellos sabes cuál es su deber, al contrario del régimen, que ahora se escuda detrás de las sanciones para justificar el estado de abandono de nuestro sistema de salud.

Pero que nadie se llame a engaños. Todo el mundo sabe que las sanciones no tienen incidencia en cuestiones de salud. También saben los venezolanos que para que el FMI responda afirmativamente al pedido del régimen antes exigirán garantías que ellos no están en capacidad de dar.

Una vez más, el venezolano está entrampado en un juego de intereses políticos y económicos. Ojalá reine la cordura y se pongan a trabajar para que podamos enfrentar la amenaza del covid-19.

Guaidó habló claro y afirmó que es vital un financiamiento del FMI contra el Covid-19 – La Patilla – 19 de Marzo 2020

Juan Guaidó. REUTERS/Manaure Quinteroonavi

En unas declaraciones ofrecidas junto al Dr. Julio Castro, el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, afirmó que es vital un financiamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) para luchar contra la pandemia del Covid-19.

“Es necesario acudir a préstamos al FMI”, aseguró Guaidó, luego que una carta del régimen chavista de Nicolás Maduro al organismo fuera rechazada por no contar con la aprobación de la Asamblea Nacional. “Hoy más que nunca es imperativo la ayuda humanitaria”, agregó.

Según su criterio, ante la llegada del Covid-19, “la dictadura reconoció que hay una emergencia humanitaria”. Este jueves 19 de marzo, la funcionaria chavista, Delcy Eloína Rodríguez, reconoció 46 casos identificados de coronavirus en el país.

Por ese motivo, enfatizó que “será prioridad la población vulnerable, es importante que podamos proteger a nuestra familia”.

Sobre la puja que lidera para cesar la usurpación chavista en el Palacio de miraflores, Guaidó garantizó que a pesar del Covid-19 “no vamos a deponer en ningún momento nuestras banderas de lucha”.

Dr. Julio Castro

En cuanto a la Comisión de Salud que constituyó la Presidencia Encargada, Castro dijo que “se ha convocado a un grupo médico con mucha experiencia. Son venezolanos en el país, con actividad en los hospitales”.

Sin embargo el experimentado galeno explicó que “no vamos a salir de esto, sino no tenemos solidaridad. Este virus puede afectar a cualquiera”.

El Dr. Julio Castro hizo énfasis en la necesidad de dotar a los hospitales que combatirán contra el coronavirus.

“Estamos buscando conseguir equipos de protección para nuestro equipo de salud. El 80% de los hospitales no tienen jabón. Estamos buscando de manera muy urgente conseguir alcohol. Sabemos que no vamos a resolver el tema del agua en una semana, pero sí podemos conseguir herramientas para evitar que se contagien”, detalló.

Junto a Guaidó, Castro garantizó que “estamos trabajando horas muy largas para buscar esas soluciones que ayuden a que este huracán nos golpee de la forma menos dura posible”. Pero a pesar de ello, cree que “Venezuela confía en sus médicos, Venezuela confía en su gente”.

Ambos concuerdan que “hoy se debe atender la emergencia en Venezuela, debemos detener la catástrofe en el país”.

Pompeo urges Venezuela to release imprisoned oil executives as coronavirus spreads by Carol Morello – The Washington Post – 19 de Marzo 2020

People in Caracas, Venezuela, on Wednesday walk through an area spraying a water and alcohol solution as a preventive measure against the coronavirus.
People in Caracas, Venezuela, on Wednesday walk through an area spraying a water and alcohol solution as a preventive measure against the coronavirus. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

The Trump administration is asking Venezuela to release six imprisoned oil executives on humanitarian grounds, as the nation’s health-care crisis worsens amid the spread of the novel coronavirus.

Secretary of State Mike Pompeo issued a statement Thursday expressing concern for the six executives for Citgo, a Houston-based oil refinery that is the U.S. subsidiary for Venezuala’s state-owned oil company.

Five of the detained employees have dual U.S. citizenship, and one is a permanent U.S. resident. The United States considers the executives, who were arrested in Caracas in October 2017, to be wrongfully accused.

Pompeo’s statement noted they “all have weakened immune systems due to cumulative health problems and face a grave health risk if they become infected” with the virus.

The economy in the once-prosperous nation has continued to spiral rapidly downward, causing the government led by President Nicolás Maduro to impose a nationwide quarantine this week as the number of confirmed coronavirus cases doubled to 33. Maduro said Venezuela is expecting shipments of medicine from Cuba and protective gear and test kits from China.

The International Monetary Fund on Tuesday rejected Venezuela’s request for a $5 billion loan to help tackle the disease, blaming a dispute over Maduro’s leadership.

“Unfortunately, the Fund is not in a position to consider this request” because there is “no clarity” on international recognition of the country’s government, IMF said in a statement.

The United States is among more than 50 countries that do not recognize Maduro as the legitimate president after 2018 elections were deemed riddled with defects. Instead, they back Juan Guaidó, the head of the National Assembly, as the interim head of state until a free and fair election can be held.

Carlos Vecchio, the Guaidó-appointed Venezuelan ambassador to the United States, said that “the only obstacle to receiving support from the International Monetary Fund is Maduro himself.”

The United States has imposed sanctions on Venezuela to force Maduro to leave office, exacerbating an economic crisis that has worsened with a collapse in oil prices. Neighboring Colombia, where more than 1.3 million Venezuelans have settled to flee the devastation at home, has closed its border due to the pandemic.

“Inside of Venezuela, the situation is dire,” said Marianne Menjivar, the International Rescue Committee’s director for Colombia and Venezuela, said in a statement Wednesday.

Colombia’s health system does not have enough beds, oxygen and other equipment to treat people stricken by the virus, Menjivar said.

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