elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Exodo

La crisis venezolana: impactos y desafíos por Eduardo Pastrana Buelvas y Hubert Gehring – Fundación Konrad Adenauer – Mayo 2019

download.png

Presentación KAS

Ante la creciente crisis que atraviesa Venezuela, Colombia enfrenta nuevos desafíos relacionados con su capacidad institucional, la población migrante que diariamente atraviesa la frontera, su relación bilateral y la seguridad en la región, entre otros. En ese sentido, la Fundación Konrad Adenauer (KAS) ha querido contribuir al análisis de la crisis venezolana y ofrecer una reflexión sobre el papel que debe desempeñar Colombia frente a este fenómeno.

Con tal objetivo en mente, convocamos a un grupo de expertos nacionales e internacionales para abordar la crisis desde múltiples enfoques que hemos recogido en el presente libro, del cual esperamos que sirva como insumo para el diseño y la ejecución de políticas públicas en Colombia y para la implementación de estrategias multilaterales que permitan atender las necesidades más urgentes de los migrantes y mitigar los efectos de la crisis en la región.

Siendo Colombia el principal receptor de población proveniente de Venezuela, y reconociendo los esfuerzos realizados hasta el momento, es necesario que se implementen acciones más de mediano y largo plazo que permitan atender de manera efectiva este fenómeno. Al ser una problemática multidimensional, necesita de respuestas con un enfoque diferencial, coordinadas e intersectoriales que, además, involucren a todos los niveles de gobierno, a organizaciones de la sociedad civil y a la comunidad internacional.

En efecto, no puede dejarse de lado el papel de la comunidad internacional como garante de una posible transición política en Venezuela, principal proveedor de ayuda humanitaria y facilitador de una eventual recuperación económica. Colombia debe apoyarse en las instancias internacionales y hacer uso de los mecanismos que ofrecen instituciones como la ONU o la OEA, e incluso la Unión Europea, para continuar el liderazgo que ha ejercido hasta ahora en la visibilización de la crisis y la mitigación de sus efectos.

Sabemos de los enormes esfuerzos que demandan la atención humanitaria, una transición democrática y la restauración económica en Venezuela. Sin embargo, la comunidad internacional debe tomar una posición más activa y responsable frente a la crisis humanitaria y ejercer una presión contundente para restablecer la democracia en Venezuela.

En este orden de ideas, de lograrse dicha transición, aún quedaría un camino largo por recorrer para la reconstrucción de la sociedad venezolana y su economía; un camino que sin duda exigirá sacrificios y la solidaridad de muchos actores a nivel nacional, regional e internacional.

Por ese motivo, este libro incluye, entre otros, una reflexión en torno a las capacidades institucionales propias de los sistemas de la ONU y de la OEA para hacerle frente a la crisis política y humanitaria, y la competencia de la Corte Penal Internacional de cara a las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades venezolanas. También un análisis sobre el papel que desempeñan algunas potencias globales y los principales socios políticos y comerciales en el contexto de la crisis. De igual manera, un balance sobre los retos y las oportunidades para la relación colombo-venezolana en el marco de la crisis humanitaria.

Ahora bien, somos conscientes de que algunos temas se escapan del alcance de este análisis, por lo que esperamos inspirar otras reflexiones que incluyan nuevos y distintos puntos de vista sobre un tema que además de ser importante, es urgente para Venezuela, Colombia, la región y el mundo.

Finalmente, agradecemos a todo el equipo de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) por su apoyo. A los autores que contribuyeron con sus reflexiones y propuestas a la realización de esta iniciativa. Y al profesor Eduardo Pastrana Buelvas, nuestro más sincero reconocimiento por su liderazgo, compromiso y acompañamiento en la implementación de este proyecto editorial.

Esperamos que el lector encuentre en este libro una guía útil para ampliar y profundizar sus conocimientos alrededor de estos temas y, de ser posible, luces para posibles soluciones a los problemas expuestos.

Dr. Hubert Gehring / Representante en Colombia

Fundación Konrad Adenauer

Enlace para acceder al texto del libro :

La crisis venezolana. Impactos y desafíos

La oposición venezolana ahora considera negociar con Maduro por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 21 de Mayo 2019

Juan Guaidó en un mitin en Caracas este mayo CreditRodrigo Abd/Associated Press

Fue una apuesta atrevida: Juan Guaidó, el líder de la oposición venezolana, apareció en una base militar rodeado por decenas de oficiales uniformados y aliados políticos para llamar a las fuerzas armadas a sublevarse contra el presidente Nicolás Maduro.

Tres semanas después, Guaidó se ha estado moviendo entre casas seguras para evadir una posible captura. Muchos de los hombres que estuvieron a su lado ese 30 de abril, al igual que varios legisladores y políticos que lo han apoyado, ahora están en prisión o refugiándose en embajadas de otros países en Caracas. Los soldados ya han cerrado varias veces el acceso a la Asamblea Nacional que encabeza Guaidó.

Además, las protestas de simpatizantes de Guaidó que desbordaban las calles se han reducido mientras los venezolanos, ante el desplome económico y la escasez de alimentos, combustibles y medicamentos, han regresado a su rutina de sobrevivencia.

Debilitado y sin poder resolver de manera rápida la crisis política que asedia a Venezuela, Guaidó se ha visto forzado a considerar posibles negociaciones con Maduro, el hombre al que prometió sacar del poder. Ambos lados enviaron representantes a Noruega para discusiones hace poco, en una concesión que Guaidó ya había rechazado.

En público, Guaidó se muestra optimista y decidido. En varios mítines celebrados en la capital venezolana ha urgido a sus partidarios a mantener vivas las protestas. Sin embargo, en una entrevista, reconoció que la capacidad operativa de la oposición se ha visto afectada.

“Ha sido muy salvaje la persecución del gobierno”, dijo desde el pasillo vacío de una de las casas seguras que ha estado usando.

Rafael del Rosario, asesor de Guaidó, huyó hacia Colombia cuando sus vecinos le advirtieron que lo estaban buscando oficiales del servicio de inteligencia. CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

Más de cincuenta países —incluyendo a Estados Unidos, Canadá y casi toda la Unión Europea— reconocieron a Guaidó como presidente legítimo a finales de enero, después de calificar como fraudulenta la elección del año pasado que le dio un segundo mandato a Maduro.

A partir de enero, los gobiernos de varios países que respaldan a Guaidó se han pronunciado a favor de adoptar otros enfoques para acabar con la parálisis política venezolana, un giro respecto a los llamados internacionales para que Maduro fuera removido del poder.

En una entrevista en abril, Elliott Abrams, el enviado especial para Venezuela del gobierno de Donald Trump, dijo que para que pueda funcionar una transición democrática todos los venezolanos deben ser parte, incluidos los que son leales a Maduro.

“Son parte de la escena política de Venezuela”, dijo Abrams. “Entonces solo queremos dejar claro que realmente queremos una Venezuela democrática. No estamos eligiendo a un bando como ganador”.

El presidente Trump ahora ha puesto su mirada sobre Irán, lo que desvaneció las esperanzas que pudieron tener algunos miembros de la oposición sobre el respaldo militar estadounidense.

Sin ver atisbos de una resolución expedita, los aliados europeos de Guaidó redoblaron sus esfuerzos para conseguir un pacto negociado entre la oposición y el gobierno, lo que trasladó la batalla política venezolana hacia el ámbito diplomático, dijo Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, con sede en Caracas y que ha asesorado a la oposición.

A mediados de la semana pasada viajaron a Noruega representantes de la oposición para reunirse con enviados del gobierno con el fin de sostener diálogos exploratorios, según funcionarios de ambas partes.

Guaidó dijo el 16 de mayo pasado, en un evento con trabajadores del sector público, que estuvo de acuerdo con que se iniciaran esos diálogos, pero aseguró: “No nos vamos a prestar para ningún tipo de negociación falsa”. Declaró que el objetivo seguía siendo sacar a Maduro del poder, establecer un gobierno de transición y convocar elecciones libres.

Asimismo, Guaidó se reunió la semana del 13 de mayo con diplomáticos europeos que representan al Grupo de Contacto Internacional sobre Venezuela, el cual ha estado trabajando para que haya nuevas elecciones en el país. En otros esfuerzos para encontrar un espacio común con los principales defensores de Maduro, la canciller canadiense, Chrystia Freeland, viajó a Cuba y el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, acudió a Rusia.

El presidente Nicolás Maduro habla con sus tropas el 14 de mayo. Buena parte de las fuerzas armadas se mantuvo leal en abril cuando Guaidó los llamó a sublevarse. CreditPalacio de Miraflores

Maduro también ha quedado debilitado por la sublevación convocada por Guaidó. El jefe del servicio de inteligencia desertó y Estados Unidos asegura que varios funcionarios de alto nivel, incluidos el ministro de Defensa y un magistrado del Tribunal Supremo de Justicia estuvieron involucrados en el complot que buscaba derrocarlo.

Las sanciones de Estados Unidos han golpeado duramente los sectores clavede la economía venezolana, el petróleo y las importaciones, lo que dificulta que Maduro pueda gobernar. Este fin de semana, el país quedó prácticamente paralizado debido a la falta de combustible, una escasez que el presidente atribuye a las sanciones.

Sin embargo, seis años de recesión han preparado a Maduro para gestionar, aunque no para resolver, una serie de crisis. Su apuesta parece ser que la represión y la fatiga eliminen el respaldo a Guaidó antes de que las sanciones lo obliguen a dejar el poder, según sostiene Seijas, el encuestador.

“El gobierno cree que el tiempo juega a su favor, y no están tan equivocados”, dijo Seijas. “Parece un equilibrio. Ningún lado puede doblar el brazo del otro, pero el gobierno cree que es una situación que puede manejar y controlar”.

Líderes opositores dijeron que seguirán trabajando para sacar a Maduro y que están estableciendo un gobierno de transición desde las casas seguras y embajadas donde se han estado refugiando.

“La meta ahora no es volverse mártires políticos al ser arrestados”, dijo Juan Andrés Mejía, diputado del partido Voluntad Popular, quien se escondió después de que el gobierno le retiró la inmunidad política el 15 de mayo. “La meta es asegurar un gobierno de transición. Estoy enfocado ahora en asegurarme de que el trabajo que iniciamos no se detenga”.

Guaidó (izquierda) con su mentor de Voluntad Popular, Leopoldo López, quien se escapó del arresto domiciliario, el pasado 30 de abril CreditMiguel Gutiérrez/EPA vía Shutterstock

No obstante, para los integrantes de la oposición que están escondidos es difícil mantener su trabajo de contacto con las bases, que han dicho es fundamental para que siga el respaldo popular. Después de que fracasó el levantamiento, el objetivo de sacar a Maduro sí parece más lejano, reconoció Rafael del Rosario, el vicejefe de gabinete para Guaidó.

Cuando los vecinos de Del Rosario le dijeron en abril que los funcionarios del servicio de inteligencia lo estaban buscando, eligió exiliarse ante la amenaza de ser arrestado y tomó el primer vuelo a Bogotá, Colombia. Solo llevó consigo tres pares de ropa interior y un suéter prestado.

“Tengo que seguir luchando porque sé que esto va a caer, pero yo entiendo que puedo pasar un buen tiempo aquí”, aseguró Del Rosario en una entrevista desde el departamento de Bogotá que renta por Airbnb.

Al día siguiente de la huida de Del Rosario, su esposa y sus dos hijos pequeños lo siguieron a Colombia. Tuvieron que cruzar a pie un río por la noche, con la ayuda de soldados que simpatizan con Guaidó.

Desde entonces la familia ha estado subsistiendo con donativos, ayuda de familiares y la amabilidad de partidarios. Solamente cuentan con 300 dólares de ahorros en efectivo que Astrid Zuleta, la esposa de Del Rosario, agarró de su casa antes de irse.

Más de 3,7 millones de venezolanos han huido del país a medida que empeoran las condiciones, según la Agencia de la ONU para los Refugiados. Como la familia Del Rosario, alrededor de 1,3 millones de ellos están en Colombia.

“Aquí soy un venezolano más”, dijo Del Rosario.

La policía nacional apostada afuera de la sede de la Asamblea Nacional en Caracas, el 14 de mayoCreditIván Alvarado/Reuters

Informe de la ONU sobre Venezuela habría sido reescrito tras publicar “datos falsos” por Jhoan Meléndez – Noticiero Digital – 21 de Mayo 2019

Luis Francisco Cabezas, director general de Convite, señaló a través de un hilo en Twitter que el reciente informe de la ONU sobre la situación de Venezuela, habría sido reescrito tras publicar “datos falsos” sobre la crisis venezolana.

acnur_2nov2018-300x203.jpg

 

Hay cosas que quedan claras, otras no tan claras. Hay suposiciones y no verdades. El informe deja claro que en Venezuela hay una emergencia humanitaria y la reconocen abiertamente dejando atrás la política de simulación de normalidad que en el último año se convirtió en el mantra de las agencias; en el panorama de la situación se describe una situación humanitaria que va escalando, sin embargo se le atribuye a los “cortes eléctricos” buena parte de la responsabilidad de nuestra actual situación, es bueno dejar claro que antes de los apagones ya nuestra situación era precaria”, dice Cabezas.

Continúa: “El panorama habla de un cierre de fronteras desde el 23 de Febrero no dejando claro que fue un cierre ordenado por el régimen, que expone a las poblaciones fronterizas que hacen vida en una frontera viva, allí quien generó el problema fue quien cerró la frontera”.

“El informe habla de una respuesta pero no deja claro si se activará abiertamente la respuesta humanitaria de Naciones Unidas con el nombramiento de un Oficial de País, que debería no ser el mismo coordinador residente”.

“En el tema de salud hablan de entregas sin decir a qué hospitales se refieren, llama poderosamente la atención de que no hablen de la malaria cuando es nuestra principal epidemia y hablan de prevención pero no queda claro que pasa con los miles de personas con malaria, sarampión y difteria. La vacuna previene pero no hace nada sobre quienes ya padecen la morbilidad, no se habla de que hacer en zonas mineras y comunidades indígenas”, alega Cabezas.

En ese sentido explica: “En el tema de VIH, ya las organizaciones del área se encargaron de desmentir lo dicho en el primer paper, que hablaba de 10.000 millones de pastillas y luego en el segundo de un plumazo bajaron a 1.600 millones”.

“Finalmente, el montaje de un informe que luego termino siendo desmontado por otra versión, deja muy mal paradas a las agencias y a quienes publicaron ese informe, deja dudas razonables con respecto a la imparcialidad de quién es responsable del mecanismo pero a la vez deja saber que la sociedad civil está alerta y no permitiremos este tipo de desatinos o al menos los denunciaremos”, finaliza el hilo de Cabezas.

Dicho informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) reveló que: “7 millones de venezolanos necesitan ayuda humanitaria, 1,9 millones de personas requieren asistencia nutricional, entre ellas 1,3 millones de niños menores de cinco años; las enfermedades prevenibles como la tuberculosis, la difteria, el sarampión y la malaria han resurgido, con 2,8 millones de personas en necesidad de asistencia médica, incluidos 1,1 millones de niños; unos 4,3 millones de venezolanos requieren asistencia de agua y saneamiento, entre ellos un 17% de los más pobres que no tienen acceso a agua potable, o la reciben solo una vez cada dos semanas”.exo

Además sentenciaron que 460.000 venezolanos han solicitado formalmente asilo en el extranjero, en su mayoría en los países vecinos de América Latina, casi un millón y medio han conseguido otros tipos de visa que les permiten estudiar y trabajar y “muchos otros siguen en situación irregular”.

Maracaibo, la zona cero del colapso de Venezuela por Francesco Manetto – El País – 21 de Mayo 2019

La ciudad petrolera, en su día un emblema de prosperidad, simboliza hoy la decadencia del país

La palabra lo envuelve todo: luz. Cada conversación, cada rutina en Maracaibo gira en torno a la falta de electricidad. A ella están vinculados el suministro de agua, el consumo de gasolina, la conservación de alimentos, la distorsión de la vida de cientos de miles de personas. La segunda ciudad de Venezuela, emblema hace décadas del auge petrolero, la capital de los excesos, es hoy el símbolo más tangible de la decadencia. Cuando unos apagones masivos dejaron en marzo al país a oscuras, aquí la crisis eléctrica no representó una novedad, pues se convirtió en una constante en 2017. Y no ha dejado de golpear a sus habitantes.

Hay un ecosistema de supervivencia que retrata ese colapso, que asfixia especialmente a las clases populares, y encapsula muchos de los males derivados de la desastrosa gestión económica del régimen, del tráfico de divisas a la venta ilegal de medicamentos, y que el chavismo achaca a la injerencia extranjera. Prosperó a orillas del lago, una de las mayores reservas de petróleo del mundo. A las once y media de la mañana del viernes, con una temperatura que supera los 30 grados y una sensación de calor que roza los 50, el hedor a carne podrida invade los pasillos del mercado de Las Pulgas. María Rivero, de 43 años, vende vísceras y patas de res. “La mayoría de los productos necesitan refrigeración y ¿qué pasa?, como se va la luz, la mercancía sale toda descompuesta”, lamenta. Aun así, logra colocar chunchurria (intestino delgado) a 4.000 bolívares el kilo. Esto es, la décima parte de un salario mínimo, que equivale a unos siete dólares. El mercado, que en septiembre del año pasado fue clausurado por las autoridades —pero volvió a funcionar— es una fotografía nítida de la informalidad. Casi nadie acepta billetes de cien, los de más baja denominación, mientras todos anhelan dólares y pesos colombianos.

“Ya he aprendido algo”, dice Daniel Romero, 25 años, sobre su negocio. Encima de una mesa, una variedad de pastillas sin etiquetar que proceden principalmente de Colombia, a menos de tres horas de carretera. Un blíster de píldoras anticonceptivas cuesta 2.500 bolívares. “No soy partidario ni de unos, ni de otros”, asegura sobre la confrontación entre Juan Guaidó y Nicolás Maduro. “Mejor no le digo, si no me pongo bravo. Pero sé que las cosas deben funcionar mejor”. Como a la mayoría de los pulgueros, le interesa el día a día. Salir adelante.

Desde el martes pasado muchos tienen una queja. La desaparición de la edición impresa del periódico regional Panorama, después de 104 años, les dejó huérfanos. Los apagones afectan a las comunicaciones y la conexión a Internet. La crisis eléctrica ahonda también en su aislamiento. A unos kilómetros de allí, en el exclusivo centro comercial Sambil las consecuencias de la falta de luz han dejado otro tipo de destrozos. Sus efectos son aparentemente menos impactantes, pero han acabado de devastar el tejido económico. Más de 500 establecimientos sufrieron saqueos en la ciudad. El 60%, según la Cámara de Comercio, tuvo una pérdida de tal calibre que impide o dificulta su reapertura. El ambiente del centro, que a mediodía se quedó sin electricidad, es casi fantasmal. Varias tiendas de firmas de moda europeas y tecnología asiática están cerradas o vacías. No hay forma de pagar el parking por la falta de luz, ya que la mayoría de las transacciones en Venezuela se realizan con tarjeta. El encargado se encoge de hombros.

La resignación se respira en toda la ciudad, que antes de que se disparara el éxodo hacia Colombia,tenía más de dos millones de habitantes. Aun así, muchos siguen mirando por el espejo retrovisor de un pasado de prosperidad que saben que no volverá, al menos a corto plazo. Maracaibo era conocida como la “ciudad más fría” del país por el uso masivo de aire acondicionado. Hoy, cada noche, una imagen preside los sectores residenciales, donde escasean los generadores. Muchas familias duermen en la puerta de sus viviendas, tenuemente iluminadas por mechurrios o lámparas de gas.

Inés de Davalillo vivió en su propia carne ese declive. Esta mujer, de 75 años, lo perdió casi todo, salvo el afecto de sus allegados. “A mi edad, yo no pensaba vivir esta vejez. No solo tenemos el problema de la luz. Es la salud, sobre todo. Soy diabética y tengo más de tres años sin inyectarme insulina. Primero porque no se consigue y segundo porque la que se consigue no está a mi alcance”, asegura. Recibe 18.000 bolívares de pensión. “Cómo me compro alimentos, cómo me compro una bolsa de leche. Yo estaba acostumbrada a ir a un supermercado y a comer lo que me gustaba. Siempre me he considerado una persona de clase media, podía viajar. Me ha tocado vivir toda la decadencia. Era una ciudad muy bella, ahora carecemos de camiones de aseo, porque aquí hay más basura que comida”, continúa. “Y así, como yo, ¿cuántos viejitos habrá en este país?”.

De Davalillo se declara opositora y partidaria de Guaidó. “A mi edad no creo que pueda abandonar mi país. Tengo la fe de que este cambio va a llegar pronto. Si tú eres mi vecino y de verdad eres mi amigo y en tu casa hay abundancia, yo creo que tú eres uno de los que me va a brindar una mano. Que alguien venga y nos quite lo que nos está haciendo daño”, dice en referencia a una intervención de EE UU o Colombia. Maduro culpa del colapso a la Administración de Donald Trump, que después de la proclamación de Guaidó impuso sanciones a la petrolera estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA). Aun así, el último informe de Transparencia Internacional recuerda que en el “país no existe un sector que esté libre de los hilos de la corrupción”. Y entre los negocios ilegales destaca la “operación Money Flight, un desfalco a PDVSA de 1.200 millones de dólares”, a los que se suman otros miles que, según las acusaciones, se llevó el exresponsable de la tesorería nacional Alejandro Andrade y las operaciones de blanqueo del ex viceministro de Energía Nervis Villalobos.

Atardece en Maracaibo. Un grupo de hombres se acerca a una cañería rota que ha formado un riachuelo en medio de los desechos. Ángel Vivas, de 51 años, camina más de un kilómetro para recoger un poco de agua y llevar unos contenedores a su casa. La utilizan principalmente para lavarse y algunos aseguran que se puede beber una vez hervida. El centro de primeros auxilios del Seguro Social del sector de Sabaneta opera sin luz, pero los principales hospitales de la ciudad, cuyos generadores eléctricos solo alcanzan para iluminar las urgencias, no han sido golpeados hoy por un apagón. Sí la urbanización de Bella Vista, donde un grupo de vecinos prendió fuego a unos neumáticos para protestar contra la gestión del gobernador, el chavista Omar Prieto. Mientras tanto, a orillas del lago, después de un día lavando recipientes de plástico en aguas contaminadas por menos de un dólar, Anileidy Vilches, de 32 años, se prepara para otra noche. “Toda la vida viví aquí, en la calle, desde carajita”, dijo horas antes.

—¿Corre algún riesgo?

—“No. De todas maneras, yo duermo con Dios”.

POLICÍAS, SOBORNOS Y GASOLINA: SIETE HORAS PARA LLENAR EL DEPÓSITO

Es mediodía en la bomba de los Quintero. La escena es una representación del caos, aunque parece regida por una organización misteriosa en la que cada actor desempeña un papel. Los empleados de la gasolinera, los clientes a la espera —cientos, quizá miles—, un grupo de enchufados, guardias y militares controlando el paso de vehículos. Después de unos minutos de pie, el pavimento empieza a deshacer la suela de goma de las zapatillas. A la vuelta de la esquina, la cola ocupa varias cuadras, más de un kilómetro. Javier Sarmiento, ingeniero civil de 37 años, come su almuerzo en un táper sentado en su camioneta pickup. “Llevo siete horas y así tengo que hacerlo dos veces a la semana, desde hace semanas. Ya estamos cansados”, se queja. Él está a punto de ser atendido y ha perdido toda la mañana. Otros consumirán la tarde a la espera.

“Antes esperabas una o dos horas”, explica Ángel Quintero, 38 años, empleado en la estación de servicio, una de las 20 gasolineras de Maracaibo que cuentan con generador eléctrico y pueden operar todo el día.

“La planta eléctrica era para emergencias, pero ya no. Ahora es para todos los días”, continúa. Se le acerca un teniente coronel del Ejército para susurrarle algo. “Diga, mi comandante… Usted me dice y yo cumplo”. “Tengo que hacerle caso por encima del dueño de la gasolinera”, comenta una vez se ha ido. Mientras la mayoría de los clientes aguardan horas bajo el sol, unos pocos conocidos logran colarse por un sobreprecio de cinco dólares. Todos participan de sus beneficios.

Este trabajador, que acaba de cobrar 32.000 bolívares soberanos por la quincena (seis dólares), acumula hasta 200.000 o 300.000 con estas mordidas. Después se reparte la maraña con los uniformados. “Este es el mundo al revés. Llegaron ellos y tenemos que compartirlo. Primero llegaron los policías, después llegaron los guardias y tenemos que compartir con los guardias…”.

La escasez de gasolina en un país productor de crudo, en la ciudad del petróleo, es una de las mayores paradojas de Venezuela. ¿Qué ocurre? El sistema de producción dejó de ser sostenible debido a la desastrosa gestión de la petrolera estatal, PDVSA. Este es el análisis de la inmensa mayoría de los economistas. El seguimiento de la Asamblea Nacional, el Parlamento presidido por Juan Guaidó, indica que la capacidad de refinación está actualmente al 10%, es decir, 120.000 barriles diarios, cuando el consumo interno es de 200.000 barriles al día. A esas disfunciones se suman los apagones, que impiden bombear el combustible, y unos precios inverosímiles que no pueden sostener al sector. La gasolina es, de facto, gratuita. “No puede ser que una gandola (camión cisterna) de gasolina de 40.000 litros cueste 1,78 bolívares o 0,0002 dólares”, denunció la semana pasada el economista y diputado de Primero Justicia Ángel Alvarado. “Hay inventario de gasolina”, tranquilizó el gobernador del Estado Zulia, Omar Prieto. “Ya llegó el buque para coordinar la distribución de la gasolina. Si no hubiese gasolina, estuviesen las estaciones de servicio no distribuyendo gasolina”, dijo.

Sin embargo, a las afueras de Maracaibo, camino de la frontera con Colombia, se instaló un sistema de tráfico ilegal para todos los que puedan pagar en dólares o en pesos. Los llaman pimpineros, en referencia a las pimpinas o pequeños tanques de combustible, y se colocan a los dos lados de la carretera. ¿La policía no dice nada? “Sí lo hace, pero ahorita la vida está dura, qué vamos a hacer aquí. Los mismos policías vienen aquí a vender”, asegura uno de ellos.

Evencio González, de 67 años, controla uno de esos puestos junto a su antiguo restaurante, que tuvo que cerrar por falta de clientes. Explica que se encarga de mantener el orden en la zona y así evita las visitas de las fuerzas de seguridad. “Estamos comprando 25 litros a 20.000 soberanos. Nosotros los vendemos a 30.000”. Con una ganancia de menos de dos dólares por bidón, no deja de ser un negocio pujante, ya que González vende unos 200 litros al día. “Es el trabajo de ahorita”, asegura su nieto Orlando.

Con la colaboración de Nataly Angulo.

Una mirada al exodo venezolano – Banco Mundial – Abril 2019

Screen Shot 2019-05-08 at 10.12.22 AM.png

Para acceder al Informe sobre el exodo venezolano abrir el siguiente enlace :

Beyond-Borders-A-Look-at-the-Venezuelan-Exodus

Don’t call it a coup. Venezuelans have a right to replace an oppressive, toxic regime by Joshua Carroll / Kate Woodsome – The Washington Post – 30 de Abril 2019

Venezuelans are the losers in the political conflict between the government and the opposition, and the United States is making it worse.

DEEP UNCERTAINTY surrounds the latest events in Venezuela. Tuesday began with a pre-dawn recorded address to the public by interim president Juan Guaidó, who stood with members of the security forces at a Caracas air base and declared that a long-anticipated barracks uprising against the regime of Nicolás Maduro had begun. Accompanying Mr. Guaidó was opposition leader Leopoldo López, apparently released from his four-year detention by defecting guards. Venezuelans responded to Mr. Guaidó’s call for street protests and were met by troops loyal to Mr. Maduro. By late afternoon, clashes were taking place, regime officials were promising a decisive “counterattack,” and there was no way to know whether “Operation Liberty,” as Mr. Guaidó dubbed this high-risk move, would succeed or be crushed — or devolve into civil war.

What is not, or should not be, ambiguous is the political and moral essence of this volatile situation. The Maduro regime has violated human rights on a massive scale, leaving hundreds of peaceful opponents dead, and it has led Venezuela into economic catastrophe. Millions of Venezuelans have fled to other countries, including hundreds of thousands to the United States. Having first been elected in 2013, Mr. Maduro forfeited democratic legitimacy in January 2016, when he purported to deprive the National Assembly of its powers because the opposition had won control the previous month. He then manipulated the political system to create a parallel puppet legislature and, on May 20, 2018, engineered his reelection through a flawed process from which both international observers and leading opposition figures were effectively barred. His inauguration as president for a new term in January, in defiance of warnings from neighboring Latin democracies, prompted Mr. Guaidó, leader of the National Assembly, to declare the presidential office vacant and himself its interim occupant, as provided in the Venezuelan Constitution — and supported by more than 50 countries, including the United States.

Therefore, whatever its ultimate outcome or, indeed, its strategic wisdom, Tuesday’s uprising is not a “coup attempt,” as the Maduro regime, echoed by too many people abroad, calls it. Rather, it is the latest in a series of legitimate and, for the most part, nonviolent efforts by Venezuelans, both civilian and military, to throw off an oppressive, toxic regime so that they can freely elect a legitimate government. Supporters of freedom and democracy should stand in solidarity with Mr. Guaidó and the many thousands of Venezuelans now bravely asserting their rights.

The Trump administration has backed Mr. Guaidó, including — appropriately — through the use of tough new economic sanctions aimed at pressuring the Maduro regime to cede power, or persuading the Venezuelan military to oust him itself. Possibly, Tuesday’s events are a sign that Mr. Trump’s policy is succeeding; or, possibly, that there is nothing left of it but desperate measures. A hopeful sign was the immediate and unequivocal backing Mr. Guaidó received from six South American nations, including Venezuela’s four largest neighbors: Colombia, Ecuador, Brazil and Peru. By working closely with these countries, and not by intervening militarily, the Trump administration may increase the chances that Mr. López’s declaration Tuesday — “It’s time to conquer freedom” — proves out.

Venezuela, mon amour, un país que nos duele a los latinoamericanos por José Valés – El Telegrafo – 2 de Mayo 2019

99fe05419f0f2db693bfdd03021ae064_XL.jpg

Ante el llamado de Juan Guaidó, miles de personas salieron a las calles a protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro “a pesar de la intimidación” luego del fallido alzamiento militar. Foto: EFE

A esta nación la veían como la gran reserva petrolera del hemisferio. La patria de Bolívar fue la democracia más sólida en América Latina. Solo queda el recuerdo como lamento y la ausencia de casi cuatro millones de venezolanos. Venezuela duele. Como puede llegar a doler cualquiera de los países donde uno, a lo largo de los años, se mezcló con sus gentes, para informar sobre sus vicisitudes y sus problemas. Pero con Venezuela todo es distinto. Mientras todos la veían como una gran reserva petrolera en la región (la Venezuela saudí), la patria de Bolívar fue la democracia más sólida de América Latina.

Por largas décadas el país a donde cientos de miles de nuestros compatriotas perseguidos por cuanta dictadura asolara nuestros naciones fueron recibidos no solo para salvar sus vidas, sino para reconstruirlas. En lo personal fue el país de donde me llegaban los libros de Monte Ávila Editores y de Alfredo Chacón y Antonio Pasquali, de la Universidad Central, con los que nos formamos como comunicadores. De todo aquello, ni las telenovelas de Radio Caracas, con las que nuestras madres agotaban las tardes. Solo queda el recuerdo como lamento y la ausencia de casi cuatro millones de venezolanos esparcidos por el mundo.

“¿En qué momento se jodió Venezuela, Zavalita?”, podría preguntarse Mario Vargas Llosa en Conversación en la Catedral. Después de todo, esa es la frase de la literatura latinoamericana que mejor le cabe a cada una de nuestras naciones. Y ahí de inmediato aparecen Nicolás Maduro, las Fuerzas Armadas y el padre de la criatura, Hugo Chávez. Sobre el chavismo y su ascenso al poder en 1999, sobran la literatura y las evidencias. El descalabro social y económico está a la vista. Pero las películas hay que verlas completas y ahí sí el rol del chavismo en la historia reciente del país es un poco más complejo. Ese eufemismo calificado como de revolución, no es la causa sino la consecuencia de los últimos años de la IV República. El agotamiento del Pacto del Punto Fijo, que forjó la democracia pactada entre Adecos (socialdemócratas) y Copeyanos (democristianos), había comenzado a vislumbrarse en febrero de 1989, cuando la protesta social escribió en la historia el “Caracazo”.

Arrancaba la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, con un ajuste fiscal. De ahí a la presentación en sociedad de un paracaidista teniente coronel, solo se necesitarían tres años. La corrupción, las componendas, la falta de políticas para los sectores populares, determinaron que no solo de democracias duraderas viven los pueblos. Todo lo demás, forma parte todo de un pasado reciente. Una oposición siempre diezmada, las imágenes repetidas durante años de protestas callejeras, tanques, caravanas de refugiados, y todo lo que hace que un país con un potencial enorme se desangre un poco más todos los días. Y todo acontece, con la alarmante carencia en la región de una diplomacia que contenga a las partes en crisis en un país que fue, amén de los sectores en pugna, tan generoso con América Latina. Hoy no hay un Grupo de Contadora o de Río (que trabajaron por la paz en Centroamérica) para evitar que los  Donald Trump o Vladimir Putin terminen decidiendo. Y la historia tiene sobradas muestras de lo que pasa cuando eso ocurre. El intento de golpe contra Maduro y la liberación del exalcalde de Chacao, Leopoldo López, aparecen como un capítulo más de la crisis. Es imposible no ver en López un futuro presidente si se tiene en cuenta que la cárcel, en la política venezolana, funciona como incubadora de jefes de Estado: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y el propio Chávez, fraguaron entre rejas su futuro.  Hasta aquí la terrible realidad venezolana, mal que le pese al chavismo y a la oposición, no fue escrita ni por Marguerite Duras ni Alain Resnais, sino que fue concebida como una acción colectiva a lo largo de décadas de derroche de la renta petrolera entre otros desbarajustes.   Por lo visto en las últimas horas no se vislumbra nada distinto a una salida militar, con sus fatales consecuencias para un país que uno, en su largo recorrido, aprendió a querer hasta que duele.

Don’t call it a coup. Venezuelans have a right to replace an oppressive, toxic regime by Joshua Carroll / Kate Woodsome – The Washington Post – 30 de Abril 2019

download.png

On Venezuela, the Trump administration needs to back off

 

DEEP UNCERTAINTY surrounds the latest events in Venezuela. Tuesday began with a pre-dawn recorded address to the public by interim president Juan Guaidó, who stood with members of the security forces at a Caracas air base and declared that a long-anticipated barracks uprising against the regime of Nicolás Maduro had begun. Accompanying Mr. Guaidó was opposition leader Leopoldo López, apparently released from his four-year detention by defecting guards. Venezuelans responded to Mr. Guaidó’s call for street protests and were met by troops loyal to Mr. Maduro. By late afternoon, clashes were taking place, regime officials were promising a decisive “counterattack,” and there was no way to know whether “Operation Liberty,” as Mr. Guaidó dubbed this high-risk move, would succeed or be crushed — or devolve into civil war.

What is not, or should not be, ambiguous is the political and moral essence of this volatile situation. The Maduro regime has violated human rights on a massive scale, leaving hundreds of peaceful opponents dead, and it has led Venezuela into economic catastrophe. Millions of Venezuelans have fled to other countries, including hundreds of thousands to the United States. Having first been elected in 2013, Mr. Maduro forfeited democratic legitimacy in January 2016, when he purported to deprive the National Assembly of its powers because the opposition had won control the previous month. He then manipulated the political system to create a parallel puppet legislature and, on May 20, 2018, engineered his reelection through a flawed process from which both international observers and leading opposition figures were effectively barred. His inauguration as president for a new term in January, in defiance of warnings from neighboring Latin democracies, prompted Mr. Guaidó, leader of the National Assembly, to declare the presidential office vacant and himself its interim occupant, as provided in the Venezuelan Constitution — and supported by more than 50 countries, including the United States.

Therefore, whatever its ultimate outcome or, indeed, its strategic wisdom, Tuesday’s uprising is not a “coup attempt,” as the Maduro regime, echoed by too many people abroad, calls it. Rather, it is the latest in a series of legitimate and, for the most part, nonviolent efforts by Venezuelans, both civilian and military, to throw off an oppressive, toxic regime so that they can freely elect a legitimate government. Supporters of freedom and democracy should stand in solidarity with Mr. Guaidó and the many thousands of Venezuelans now bravely asserting their rights.

The Trump administration has backed Mr. Guaidó, including — appropriately — through the use of tough new economic sanctions aimed at pressuring the Maduro regime to cede power, or persuading the Venezuelan military to oust him itself. Possibly, Tuesday’s events are a sign that Mr. Trump’s policy is succeeding; or, possibly, that there is nothing left of it but desperate measures. A hopeful sign was the immediate and unequivocal backing Mr. Guaidó received from six South American nations, including Venezuela’s four largest neighbors: Colombia, Ecuador, Brazil and Peru. By working closely with these countries, and not by intervening militarily, the Trump administration may increase the chances that Mr. López’s declaration Tuesday — “It’s time to conquer freedom” — proves out.

Venezuela cae en 2019 junto a Haití entre los 2 países más pobres de América por Omar Lugo – El Estimulo – 29 de Abril 2019

pobreza-manaure-quintero-1100x618

La tragedia económica de Venezuela es tan grande y acelerada que cuando termine 2019 este será el segundo país más pobre de América y el Caribe, después de Haití, según proyecciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y cálculos de economistas. El desastre se gestó mucho antes de las sanciones de Estados Unidos contra Nicolás Maduro.Caravanas de vehículos de la Cruz Roja Internacional distribuyendo ayuda humanitaria, centenares de personas haciendo filas en pos de unas pastillas para desinfectar agua de beber; miles de desplazados y refugiados allende las fronteras, ciudades completas hundidas en la oscuridad y el calor, familias comiendo de la basura; campos abandonados; fábricas y centros comerciales enteros cerrados, son hoy la viva estampa de un país que parece fue arrasado por una guerra.

La mala noticia, es que de acuerdo a las evidencias, esto no es un escenario temporal, coyuntural, sino que es apenas la entrada a una nueva fase en el hundimiento del sueño americano del sur, cuyas estructuras  comenzaron a naufragar con el populismo chavista.

“La caída del producto en Venezuela ha sido uno de los más grandes registrados en la historia. Tenemos -18% para el año anterior, -25% quizás más para este año”, señaló recientemente el economista Alejandro Werner, director del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional, en una rueda de prensa sobre las perspectivas de la economía global.

“Ha sido una caída tremenda de la producción petrolera, el sector no petrolero también está colapsado”, agregó para observar que aparte del factor de inmigración, no se esperan mayores impactos en la región, “ya que el comercio y todos los demás flujos están ya absolutamente casi a cero”.

Este es un país aislado, con poco intercambio comercial y económico con sus vecinos y antiguos socios tradicionales.

Desde 2018 Venezuela ya está entre las cuatro naciones más pobres del Hemisferio, seguida por Nicaragua, Honduras y Haití. Pero con el nuevo colapso del Producto Interno Bruto (suma total de riqueza generada por una economía cada año) previsto en torno a 30% en 2019, a la fecha es inevitable que continúe el desplome generalizado.

pobreza-manaure-quintero-2-1100x618Mucho antes de las sanciones comenzó este desplome de unas bases de barro. Su máximo responsable se llama Nicolás Maduro, pues desde que en 2013 comenzó el mandato, el heredero de Hugo Chávez ha dicho públicamente que él en persona es el responsable del manejo de la economía y del diseño de la reformas que han sido aplicadas.

En 2014 caería -3,9%; otro -6,2% en 2015; -17% en 2016, -15,7% en 2017 y -18% en 2018, según datos recopilados por el FMI que van en línea con los de economistas independientes.

Es una caída acumulada de 60% que se sumará a la de este año 2019, con lo que la ex cuarta mayor economía de América latina habrá perdido más de cuatro quintas partes de su tamaño.

No hay país en el mundo, en tiempos de paz o de guerra con una caída tan vertical de su economía, de manera sostenida durante tantos años en la historia reciente.

Todos los principales indicadores económicos disponibles a la fecha revelan el deterioro sin freno. Más allá de los números, la brutal realidad es que este colapso está matando a miles de personas por enfermedades que se hubieran podido prevenir y tratar en un país en condiciones normales; por desnutrición crónica, o por el deterioro general de las condiciones de vida.

Ya en 2017 la tasa de muertes de niños menores de cinco años en Venezuela fue de 30,9 por cada mil; casi el doble que en Nicaragua (17,2) y Honduras (18,2). Sólo Haití estaba peor, con 71,7 muertes por cada mil. Son datos del Banco Mundial.

“Las importaciones de alimentos y medicinas de Venezuela, reportadas por sus socios comerciales – habían caído más de 80% antes de las sanciones, causando – esas sí – cientos de miles de muertos y refugiados”, replica el economista Miguel Angel Santos a un informe encabezado por el economista Jeffrey Sachs que pretende culpar en retroactivo a las sanciones por el colapso de Venezuela.

Foto referencial | Google Images

En realidad el derrumbe comenzó con el desmoronamiento de la industria petrolera, que desde 1998, con la llegada de Hugo Chávez, ha venido en declive hasta ver reducido en un tercio su producción al cierre de 2008 con respecto a los valores de apenas cinco años antes.

Pero con el inicio de las sanciones económicas aplicadas por Estados Unidos al régimen de Nicolás Maduro, a partir del 28 de abril, este negro panorama de Venezuela se oscurecerá aún más, porque ya el país está quebrado.

Venezuela no tiene fuentes externas de financiamiento, su aparato productivo interno fue destruido por los controles e intervenciones del chavismo, la industria petrolera está arruinada, y los servicios públicos colapsados.

El salario mínimo, que ya es el más bajo del mundo, con 3,4 dólares por mes hasta ahora, apenas subirá hasta 7,6 dólares al cambio actual.

En Venezuela el ingreso formal ha perdido todo su valor, no hay sistema de crédito, la banca está técnicamente quebrada y solo vive de comisiones; las personas en general carecen de seguro médico, a menos que tengan la fortuna de comprar una póliza en dólares.

Los seguros a la propiedad también son insignificantes, pues las primas y las sumas aseguradas son barridas cada día por la hiperinflación.

“Esperamos que el Producto Interno Bruto venezolano caiga 37,4% en 2019. Este sería el sexto año consecutivo de decrecimiento”, señala el economista Francisco Rodríguez, cuyo escenario es más pesimista que el del FMI.

AVN | Prensa Presidencial

“Si bien Venezuela ha enfrentado condiciones externas desfavorables desde 2014, incluyendo una fuerte caída en los precios de los hidrocarburos y la imposición de sanciones económicas por parte del gobierno estadounidense, la realidad es que la magnitud del declive no guarda relación con estos choques adversos”, dice Rodríguez.

Recuerda que otros países han sufrido de caídas en los precios de sus principales productos de exportación, restricciones al financiamiento externo e incluso sanciones económicas, pero estas condiciones no han desencadenado crisis de la magnitud de la venezolana.

“De hecho, las únicas experiencias comparables son las de países que fueron devastados por guerras internas o intervenciones militares extranjeras”, señala.

Rodríguez, cuya firma Torino, hace frecuentes análisis y proyecciones sobre la data macroeconómica, señala que el PIB per cápita de los venezolanos estaba en 3.000 dólares a finales de 2018, de acuerdo a cifras del FMI.

“Para finales de 2019, prevemos que el PIB per cápita en dólares podría ser de aproximadamente la mitad de esta cifra. Esto nos colocaría por debajo de Honduras y Nicaragua, y solo por encima de Haití en la región”, sentencia.

Con este inaudito desmoronamiento Venezuela cosecha años de desidia, dogmas, corrupción e incapacidad en un sistema que logró el milagro de empobrecer al país más rico del mundo en recursos de hidrocarburos.

A la fecha no hay la vista ni en el escenario ninguna razón para pensar que este cuadro pueda revertirse en las condiciones actuales, y un cambio político es una posibilidad cada vez más lejana en el horizonte, pese a los voluntariosos esfuerzos de la oposición y de líderes emergentes como el diputado Juan Guaidó, presidente del malogrado Parlamento, reconocido por 55 países como presidente encargado de Venezuela.

JUANGUAIDÓ-EE-BETANIAIBARRA-9103

El quinto de los infiernos

“Todavía no hemos tocado fondo y no tenemos referencias para situarnos en este hundimiento generalizado”, señala el cineasta Carlos Oteiza en breves comentarios para este artículo.

“Me puedo imaginar que sentimos vergüenza dolor e indignación, no todos vemos las mismas razones para tanto sufrimiento. Pero igualmente la mayoría comparte las consecuencias de lo que nos ocurrió, sean cuales sean las razones que le atribuimos a esta desgracia”, dice este también historiador y realizador de reconocidas piezas documentales sobre etapas clave de nuestra existencia como país.

“Como venezolanos creemos saber cómo éramos. Pienso que es muy difícil saber quiénes somos en este momento. Seremos lo que logremos construir”, añade.

Las fallas generalizadas en los servicios públicos aceleran el deterioro de la economía y harán más cuesta arriba un rebote, mientras se alejan las posibilidades de una pronta salida política que cambie la suerte de millones de empobrecidos ciudadanos.

Venezuela depende casi exclusivamente del petróleo para vivir, y ya esta fuente se agotó, lo que hace prever que a falta de sustitutos la escasez generalizada será aún más grave, como si estuviéramos en una guerra real, como esas de las películas y la historia, de ejércitos desplegados y metralla.

Escasez-comida-supermercado-2-1100x618Venezuela, una economía más pequeña que Puerto Rico

En efecto, el colapso general de los servicios en Venezuela parece marcar un nuevo punto de inflexión en esta crisis y cada día que pasa será más difícil una recuperación.

El derrumbe de la producción de petróleo, acelerada justamente por las fallas masivas de energía, reduce aún más la ya escasa disponibilidad de divisas para financiar importaciones en un país cuya estructura productiva interna, manufactura, agricultura, servicios y comercios ya están en sus peores niveles históricos.

Venezuela era el país más rico de América Latina, y la cuarta economía más poderosa, detrás de Brasil, México y Argentina. Tras 20 años de chavismo, hoy está entre los cuatro más pobres.

Pequeños vecinos como República Dominicana, Panamá, Puerto Rico y Guatemala ya producen o pronto producirán más riqueza que esta arruinada ex potencia petrolera convertida en un caso de ayuda humanitaria internacional.

“Para una nación que miraba por arriba del hombro a las otras naciones del continente, lo vivido nos deja perplejos, frustrados, sin aire”, dice al respecto Oteiza.

“Ahora nos toca pedir permiso y si bien fuimos durante décadas alegres viajeros y consumidores, lo que estamos viviendo no puede considerarse una consecuencia directa de nuestra levedad”, agrega.

image-2019-03-27 (12)

Es difícil tener que compararse con Haití, que es el país más pobre del Hemisferio Occidental, con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de 870 dólares en 2018 y un Índice de Desarrollo Humano de 163 de 188 países en 2016, de acuerdo a los datos del Banco Mundial.

Más de seis millones de haitianos viven por debajo del umbral de pobreza, con menos de 2,41 dólares diarios, y más de 2,5 millones caen por debajo del umbral de pobreza extrema (1,23 dólares diarios).

“Haití también es muy vulnerable a los desastres naturales, principalmente huracanes, inundaciones y terremotos. Más del 93% del país y más del 96% de la población están expuestos a estos desastres naturales”, señala el Banco Mundial.

En Venezuela, una sociedad expuesta a grandes errores de manejo económico y social, hasta esta fecha de abril ese salario mínimo mensual, que reciben unos 4 millones de trabajadores, equivale hoy a apenas 11 centavos de dólar por día.

Petare 4

Todos los indicadores sociales de Venezuela se han deteriorado y las costuras son más evidentes porque en el pasado el gobierno solía usar el tipo de cambio oficial (artificialmente bajo) para medir los indicadores de PIB, pobreza por ingreso y hasta los indicadores de bienestar, que, tras ser falseados y anclados en 2012, todavía son usados por los propagandistas del gobierno en foros internacionales para mentir diciendo que hay altos estándares de calidad de vida en el país.

“Lo más importante es que por primera vez |cada vez los organismos multilaterales y agencias internacionales vinculadas al sistema de Naciones Unidas están reconociendo la desgracia venezolana”, confió un estudioso venezolano en temas de pobreza que prefirió el anonimato.

En efecto, en el pasado agencias de la ONU, como la FAO y la Cepal dieron sus bendiciones y promovieron las falsas virtudes del chavismo en materia social.

Fuertes cabildeos de grupos de la “izquierda caviar” internacional acompañaron la ofensiva de la propaganda chavista para vender al mundo unos resultados que nunca ocurrieron o que no fueron sustentables en materia de educación, salud e indicadores de desarrollo social, como los Desafíos del Milenio.

Desde la Universidad de Harvard un grupo de economistas venezolanos vinculados al Centro de Desarrollo Económico han calculado cuantos años le tomará a Venezuela emprender una reconstrucción para al menos volver a los niveles previos al actual colapso.

Este potencial que no basta incluye el energético, turístico y geográfico. También cuenta ahora con una diáspora capacitada integrada a redes productivas y de conocimiento en el mundo.

“En el corto plazo puede haber un enorme potencial de cambiar rápidamente la tendencia, como detener la hiperinflación, estabilizar el cambio, recuperar y sostener el poder adquisitivo del fruto del trabajo, desmontar regulaciones predatorias que buscan perseguir y castigar al que se quiere ganar la vida haciendo cosas por los demás”, advierte para este análisis.

“Creo que la ruta de la recuperación tiene que tener una base amplia y convertirse en un gran consenso social, una suerte de proyecto generacional”, agrega.

“Obviamente vamos a contar con el apoyo de expertos nacionales e internacionales para ayudar a pensar sobre cómo darle vuelta a esto, pero el tamaño de la crisis demanda que la recuperación sea un proyecto compartido de base amplia o no será sostenible en el tiempo”, dice.

Considerando el colapso completo de los servicios, la pérdida de un tercio del PIB, y que ya estamos del tamaño de Guatemala, República Dominicana y Puerto Rico en tamaño de la economía, ¿cuál sería un umbral de tiempo para la recuperación hipotética?

“La pregunta central que nos hacemos nosotros es qué entendemos por recuperación. Si la recuperación es “volver a un nivel de bienestar” o si la recuperación es darle la vuelta a la situación”, explica Barrios.

“Si la recuperación es volver a un nivel de bienestar como el que se vivió en pleno boom petrolero de los años 2000 o finales de los 70 entonces se ha dificultado mucho más la recuperación”.

“La misma máxima que destruir es mucho más difícil de construir. Para que nosotros pudiéramos llegar a nuestro nivel de actividad económica del año 2012 tendríamos que crecer al 10% anual todos los años por más de una década”.

“Ese es un enorme reto, que va más allá de un gobierno de transición y probablemente más allá de los primeros dos gobiernos luego de la transición.

“Si definimos recuperación de otra forma. Como ponerle fin al deterioro. Detener el colapso y darle la vuelta a las principales variables sociales, es muchísimo el bienestar lo que se puede lograr los primeros días, semanas y meses. Probablemente la verdad está en algún lugar en el medio”, dice Barrios.

Me gusta:

Artículos de Prensa, Reportaje , , ,

El exodo venezolano : entre el exilio y la emigración por José Koeclin y Joaquin Eguren – Diciembre 2018

Comentarios desactivados en El exodo venezolano : entre el exilio y la emigración por José Koeclin y Joaquin Eguren – Diciembre 2018 Publicado por en 2019-04-21

La propuesta del Socialismo del siglo XXI en sus inicios se configuró como una alternativa de esperanza para muchos venezolanos, pero, más pronto que tarde, la situación devino en dinámicas de concentración de poder, corrupción, exclusión, exacerbada carga ideológica y una cuestionable gestión de la política económica.

Dos décadas después, la persistencia de la crisis humanitaria y la incertidumbre sobre el futuro han llevado a Venezuela al mayor éxodo migratorio de su historia (Mateo y Ledezma, 2003; Morales y Navarro, 2008; Guardia, 2007; Páez 2015; Encovi, 2017; Acnur, 2017).

No queda duda alguna de que el colectivo venezolano en sus inicios no motiva su proyecto migratorio desde las penurias económicas que vive en su país de origen y que es la situación política y social del país la que mayor peso tiene.

La interpretación del modelo analítico utilizado para la medición de la reproducción social y el alcance del logro ha posibilitado comparar, en algunos aspectos, el nivel de vida que los venezolanos, que llegaron a España entre 1998 y 2015, tenían en su país y el que tienen ahora en España.

Se caracteriza que un grupo significativo tuvo mayor probabilidad de lograr una reproducción social en destino. La conclusión principal de este análisis refiere que quienes han logrado reproducir o mejorar gran parte de las condiciones que tenían en Venezuela en relación con las que poseen ahora son justamente las personas que valoran su proyecto migratorio como totalmente logrado.

En consecuencia, para un grupo significativo, esto implica que la estrategia ha funcionado. Desde 1998, los estratos mejor posicionados viven como una amenaza la ideología instaurada, y la emigración se convierte entonces en la estrategia por excelencia para evitar el desclasamiento y la pérdida de los privilegios adquiridos, buscando así en el país de destino la posibilidad de mantener el modo de vida al que están habituados y reproducirlo con el mínimo de cambios y alteraciones posibles, de ahí que al mismo tiempo se viva la experiencia con sensación de exilio.

Tan solo cinco años atrás, la comunidad venezolana en España se caracterizaba como una inmigración sutil, invisible, legal, integrada en la sociedad española, profesionalmente cualificada y con pocas dificultades para la inserción laboral y el acceso a una buena vivienda, la educación e incluso la sanidad privada.

Tan solo diez años atrás, gran parte inmigraba con el núcleo familiar; parejas con una media de edad de 32 años, con o sin hijos, que salieron de Venezuela con un bagaje formativo, profesional, cultural y económico eligiendo un destino que les permitiera mantener a salvo lo adquirido en origen. ¿Salieron al exilio y de manera La comunidad venezolana en España. De una estrategia migratoria de reproducción social a una creciente pobreza emergente 333 forzosa?

Se puede afirmar que sí, porque su proyecto de vida no incluía, hasta ese momento, abandonar Venezuela, siendo el detonante el miedo a perder, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo alcanzado a través de tantos años de esfuerzo, estudios y trabajo. La emigración se convirtió, entonces, en lo que se viene definiendo como una estrategia de reproducción social que implica una valoración positiva de su situación como inmigrantes.

Los logros obtenidos en España van acordes con las motivaciones que están en la base de la emigración y, por lo tanto, tienen un efecto de satisfacción y logro que se refleja en el deseo de quedarse en España y no volver a Venezuela. No obstante, la mayoría de los argumentos iniciales ya carecen de validez para definir la realidad actual de muchos venezolanos en España, siendo el argumento principal para abandonar el país el hambre, la falta de medicación, la persecución brutal de los jóvenes que luchan por un país diferente o la necesidad de enviar dinero a quienes se han quedado sobreviviendo en el país de origen. Hoy en día, el término de reproducción social ha perdido todo su valor para definir a ese 30 % de venezolanos que ha llegado a España a partir del 2016.

Muchos de ellos ahora llegan con las maletas vacías, solos, recién salidos de bachillerato o con unos estudios sin legalizar, llevando a cuestas veinte años de deterioro en la educación venezolana, creciendo a la par del naufragio de un país que sus padres o abuelos españoles recuerdan como el país que les recibió con los brazos abiertos y donde prosperaron.

En este 30 %, muchos se encuentran de manera ilegal en España, en desempleo o montados en una bici repartiendo comida por un mísero sueldo, pidiendo asilo que al 99 % se les deniega e intentando ayudar a quienes se quedaron en Venezuela, pero sin saber cómo van a sobrevivir en España. Pero no se arrepienten de haber salido de Venezuela, porque simplemente ya Venezuela no les ofrece ninguna esperanza de reconstrucción.

Dos décadas de evolución migratoria en España que ha pasado de una estrategia migratoria de reproducción social a una creciente pobreza emergente en la sociedad de destino, pero que mantiene un elemento común para todos y es la sensación de vivir en el exilio y forzados por una ideología política que ha expulsado a su propia gente.

Libros , ,
A %d blogueros les gusta esto: