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Migración venezolana: 4.500 kilómetros entre el abandono y la oportunidad por Greta Granados de Orbegoso – Banco Mundial – 26 de Noviembre 2019

 

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Un vendedor ambulante venezolano en las calles de Lima (Perú).


La migración venezolana continúa. A noviembre de 2019, según ACNUR, más de 4,6 millones de personas han salido del país y el 80% de ellas está en otros países latinoamericanos. ¿Cómo pueden las comunidades receptoras aprovechar este potencial?

¿Cuantos kilómetros estás dispuesto a caminar para escapar del hambre? Para los venezolanos, no hay distancia suficiente para alejarse del colapso económico y social de su país.

Latinoamérica ha vivido una larga historia de flujos migratorios, sin embargo, hoy atraviesa un éxodo sin precedentes: desde 2016, más de 4,6 millones de mujeres, hombres y niños han salido de Venezuela en busca de un futuro mejor, según cifras de la agencia de refugiados ACNUR.

La migración venezolana es la mayor movilización humana de la historia reciente de la región. Los migrantes huyen de la crisis humanitaria y económica que ha deteriorado la seguridad ciudadana y los estándares de vida en ese país.

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Según la ACNUR, cada día entre 4.000 y 5.000 venezolanos salen del país, la mayoría a pie, a un destino incierto, pero con la esperanza de un mejor futuro para sus familias. Su movilización está cambiando el rostro de América Latina y el Caribe para siempre.

Entre los principales países de acogida se encuentran Colombia, Perú y Ecuador:

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Históricamente, la región ha vivido grandes flujos migratorios, sobre todo en la primera mitad del siglo XX: italianos y españoles en Argentina, japoneses en Brasil, chinos en Perú; mientras que a partir los 60 se han visto incontables migraciones intrarregionales y hacia Estados Unidos, especialmente desde Centroamérica.

Pero la migración venezolana presenta diversas particularidades. Debido a su magnitud, está generando una enorme presión en los países receptores, sobre todo en materia de salud, educación y empleo, los que han respondido con controles más estrictos.

Mitos y realidades

La crítica situación provocada por esta oleada ha llevado a 11 países de la región a aumentar los requisitos de ingreso a los migrantes y refugiados venezolanos, lo que no detiene el flujo, pero sí su regularización.

Uno de ellos es Perú. Ya son unos 870.000 los migrantes venezolanos que han atravesado 4.500 kilómetros para llegar a ese país, y según un nuevo informe del Banco Mundial las soluciones empiezan por la integración de los migrantes y el aprovechamiento de su potencial para impulsar nuevas oportunidades.

Sin embargo, existen muchos mitos en relación con los venezolanos en Perú que alimentan una creciente xenofobia e impiden su inclusión: “Si cerramos las fronteras no entran más”; “Todos los venezolanos que están en mi país son delincuentes”; “Mi país no puede albergar tanta gente”; “Los venezolanos nos vienen a quitar el trabajo”.

“Las percepciones negativas hacia la población venezolana son más dominantes en el Perú que en otros países receptores, y son susceptibles de acrecentarse”, expone el estudio, basándose en encuestas de opinión presentadas en el Proyecto de Opinión Pública de Latinoamérica de la Universidad de Vanderbilt.

De acuerdo con el mismo estudio – que forma parte de una serie sobre la migración venezolana en América Latina y el Caribe elaborada por las especialistas del Banco Mundial Paula Rossiasco y María Dávalos – la población venezolana en Perú es principalmente joven (alrededor del 42% tiene entre 18 y 29 años) y proviene en su mayoría de zonas urbanas. Está compuesta de grupos familiares, incluyendo a unos 117 mil niños. También está altamente calificada: el 57% de los venezolanos en edad de trabajar en el Perú tienen estudios superiores, y de ellos, la mitad ha completado su carrera universitaria.

¿Cómo aprovechar este potencial?

Se ha estimado que, de insertar a estos migrantes en el mercado formal, el valor agregado de la productividad laboral en Perú podría incrementarse un 3,2 %. Aun cuando los migrantes venezolanos están en el sector informal – el 50% de ellos trabaja en el área de servicios – y reciben salarios menores que los trabajadores locales, podrían generar un ingreso fiscal neto de unos 2.256 millones de soles anuales (unos 670 millones de dólares) gracias al aumento de la demanda agregada y el recaudo de impuestos. Esto equivale a más del 12 % del presupuesto público del sector salud del país para 2019.

Esto es dinero contante y sonante que usarían para comprar bienes y contratar servicios en el Perú, contribuyendo al crecimiento del país.

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¿En que trabajan los venezolanos en el Perú?

“Hola hija, ¿cómo amaneciste?” La relación de Paola Soto con sus familiares es meramente virtual. A tres países de distancia, su padre la saluda todas las mañanas por Whatsapp. Desde hace más de un año y medio esta médica cirujana huyó de su Venezuela natal y con mucha perseverancia logró insertarse en el mercado laboral peruano.

La policlínica donde atiende es una mixtura de nacionalidades. Atiende junto a médicos cubanos, enfermeras peruanas y profesionales colombianos. Todos los estudios y la experiencia profesional de Paola están puestos al servicio de la salud de quienes hoy atiende.


World Bank Group

Para aprovechar los beneficios de la migración, como la experiencia y estudios de Paola, la integración entre peruanos y venezolanos debe estar en el centro de la agenda de política pública, según las expertas.

El estudio resalta que Perú debe diseñar e implementar una respuesta multisectorial que incluya:

  • Adaptar el sistema institucional y legal para facilitar la integración de migrantes y refugiados.
  • Ampliar la oferta de servicios para todos en las principales áreas receptoras.
  • Brindar mayor apoyo a la población migrante más vulnerable.
  • Combatir los mitos que refuerzan la discriminación y la xenofobia.

Este éxodo es inevitable. Nunca tanta gente había abandonado su país en tan poco tiempo. Sin embargo, Latinoamérica puede transformar esta crisis en una oportunidad.

Socialismo desde adentro: un viaje por el interior de Venezuela por Antonella Marty – Panampost – 2 de Diciembre 2019

“Disculpe, señorita. No tenemos queso, puede ser solo un poquito de jamón porque tampoco nos queda tanto”

“Pongan al gobierno a cargo del desierto del Sahara y lo único que obtendrán es escasez de arena”. (Youtube)

Hace algunos días regresé de una gira de conferencias en Caracas y distintas zonas del interior de aquel país tan destrozado por las garras del socialismo. Un país que se ha convertido en la zona de las despedidas más dolorosas de la región, con un éxodo migratorio nunca antes visto y un caso de totalitarismo al que se le suman las peores mafias criminales antioccidentales del mundo: Venezuela.

Me ha tocado recorrer muchas calles en el interior del país, y lo he hecho en horas prudentes, ya que a partir de cierto horario hay una especie de toque de queda y, ante la inseguridad, ya nadie sale de su casa. Las calles de Caracas, de Mérida, de Puerto Cabello, de Naguanagua, entre otras, son sitios que reflejan los claros resultados de la ideología que más daño le ha hecho a la humanidad: el socialismo. En aquellas zonas se observa una devastación absoluta generada tras veinte años de populismo; zonas a las que parecen haberles pasado varias guerras mundiales por encima. Las fachadas de las casas están deterioradas, no hay colores, no hay materiales nuevos, todo es precario y todo se encuentra en mal estado.

Son muchos los detalles que uno puede llevarse de estas complejas visitas. Al pisar en el primer instante el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Una vez aterriza el avión de Copa Airlines, se pueden experimentar con claridad los resultados de las malas políticas socialistas: un aeropuerto internacional que otrora fue la cabeza aérea de América Latina, y que en pleno siglo XXI se ha convertido en un aeropuerto vacío que ya no recibe aerolíneas internacionales (solo Copa Airlines) y de resto algunas aerolíneas internas como Laser, Avior o Conviasa. Esto muestra que Venezuela se ha aislado del mundo y ha decidido acercarse a muy pocos países con los que se vincula de una manera casi carnal: Irán, Turquía, Rusia, China y Cuba. Todos ellos con grandes intereses en territorio venezolano. Respecto de la fuerte relación que tiene el régimen incluso con el terrorismo islámico, se observa que este aeropuerto cuenta con algo que se llama “Centro Islámico de Venezuela”. Aquí cabe recordar que hoy operan más de cinco campos de Hizbulá en el territorio venezolano.

Además, tuve la posibilidad de visitar otro aeropuerto: El Vigía, que queda a unos 45 minutos de Mérida, una tierra bella, repleta de paisajes naturales inigualables, pero que padece de manera todavía más cruda los nefastos resultados del chavismo. Este aeropuerto se ha convertido en un cementerio de avionetas con patentes provenientes de México. ¿Qué significa esto? Sí, lo que pensamos. Avionetas que utilizan los grupos narcotraficantes y luego dejan abandonadas allí, como sucede también con cientos de pistas ilegales que existen a lo largo del país. Mérida es la ciudad de una de las grandes cabezas del régimen de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello: Tareck El Aissami, el capo de la corporación sirio-venezolana desde donde se manejan las grandes redes del narcotráfico que se desenvuelve dentro de las Fuerzas Armadas de Venezuela. En estas ciudades opera incluso el cartel de Sinaloa, más precisamente en el estado Zulia, dentro de la Sierra de Perijá: el narcotráfico internacional hoy opera libremente en suelo venezolano con el total aval del régimen que forma parte central de aquella red que lo sostiene.

Al aterrizar en El Vigía, luego de ver aquel cementerio de avionetas narco y una gigantografía algo desgastada y sin color de Maduro, busqué el bus transfer que me llevaría hasta la ciudad de Mérida (no tuve que buscar mucho porque tan solo hay uno). A este bus le toma aproximadamente una hora arrancar, ya que debe esperar que se llene con pasajeros de varios vuelos, debido a que, como no hay gasolina, no pueden hacer muchos viajes a la vez, motivo por el cual tampoco hay viajes individuales como remises o taxis, todo por la falta de gasolina. De todos modos, este transporte deja a todos los pasajeros en un mismo punto de la ciudad de Mérida. Le consulté al conductor si había chance de que me dejara más cerca del hotel donde me hospedaría y su respuesta fue la siguiente: “Si nos alcanza la gasolina puedo llevarte, solo si nos alcanza”.

Y aquí está el otro gran problema del país petrolero: la escasez de gasolina. Como lo dijo en su momento el economista Milton Friedman: “Pongan al gobierno a cargo del desierto del Sahara y lo único que obtendrán es escasez de arena”.

Pero resulta altamente preocupante esta situación. He contemplado con mis propios ojos filas de más de treinta cuadras para poder cargar algo de gasolina y, lo peor, es que esas filas no son ni para el momento ni para cargar en el mismo día: son para mañana o pasado, nadie sabe cuándo vuelven a abrir los surtidores.

Jorge, un trabajador de la ciudad de Mérida, me contó lo siguiente: “Yo he llegado a pedir un día entero en el trabajo, una vez por semana, para poder hacer la fila para cargar gasolina. En esos días no produzco, no genero ingresos y paso el día entero en una fila, expuesto a la inseguridad”. En ciudades como Valencia (Carabobo) incluso se puede estar en una fila por más de diez horas esperando para cargar gasolina.

Además de este gran problema —que acarrea otros tantos como la imposibilidad de transportarse uno, de transportar productos para venta, de transportar a personas enfermas en ambulancias (aunque a hospitales carentes de insumos necesarios)— puede observarse otro que es la complejidad del uso de las telecomunicaciones ante la falta de señal y cobertura en todo el país. En Venezuela es casi imposible la comunicación telefónica y lo mismo sucede con el Internet (tengamos en cuenta que solo funciona el 3G y con suerte).

Los problemas que se refieren a la infraestructura y a los servicios públicos del país abundan por doquier. La infraestructura está plenamente quebrada, los puentes que no están caídos se encuentran cerrados porque están a punto de caerse ante la falta de mantenimiento e inversión. Todos los servicios públicos han colapsado en Venezuela: no hay casi agua potable, no hay acceso al gas y la electricidad se corta constantemente o se dan las típicas bajas de tensión cada dos horas.

La señora Mercedes, quien vive en la urbanización Los Caobos y con quien tuve la oportunidad de conversar, me contó con lágrimas en los ojos y un claro cansancio cómo funciona el racionamiento del agua en el condominio de aquella zona de Caracas en el que vive: “A nosotros nos hacen un aviso diario por un grupo de WhatsApp que tenemos los que vivimos en el condominio y nuestro conserje. En ese grupo el administrador del edificio nos avisa todos los días de qué hora a qué hora tendremos agua. Casi siempre hay un total de una hora de agua por día y en esa hora uno tiene que hacer todas las tareas que requieran agua, como lavar ropa, lavar platos y bañarnos. Suele haber media hora en la mañana, casi siempre de 6 a 6:30 a. m., así que uno tiene que despertarse temprano para aprovechar el agua del día, y luego nos dan otra media hora, generalmente, entre las 19 y las 19:30 p. m. A veces el agua no llega y se vacía todo el tanque, y a veces pasamos hasta dos días o tres días sin agua en todo el condominio, pero el racionamiento es algo de todos los días”.

La situación de la falta de luz también es altamente preocupante. De hecho, una de mis primeras conferencias en el estado Carabobo (Puerto Cabello) la di sin luz y con más de treinta grados de calor.

Por su parte, el profesor Gil, de la Universidad de los Andes, me dijo lo siguiente al respecto de la falta de electricidad: “En mi casa no se va la luz, a veces llega”. En Maracaibo lo más común es que la gente tenga un máximo de cinco a seis horas diarias de luz en sus hogares, lo mismo sucede en estados como Carabobo, donde el calor es agobiante y hay que sobrellevarlo sin ventiladores y sin aire acondicionado.

También me ha tocado ir a varias panaderías o algunos restaurantes (muchos de ellos con menús de comida bastante limitados ante la escasez de ciertos alimentos). En todos los sitios a los que he ido falta papel higiénico (por lo que uno siempre debe viajar con rollos encima), no hay sistemas para bajar la cadena del baño y, entonces, en muchos de aquellos baños solo hay baldes grandes con agua vieja que uno tiene que abrir y meter un balde más pequeño para botarlo en el inodoro y así hacer bajar el agua. Solo encontré dos o tres lugares con papel higiénico en Venezuela, y todos ellos tenían los baños con candado y con cajas en las que, de algún modo, se atesora el papel higiénico bajo llave.

En el viaje a Mérida tuve la oportunidad de conversar en el bus con el señor Alberto, quien se dedica a hacer trabajos de mecánica de automóviles. Me contó que ya no sale a la calle a protestar ante la falta de servicios públicos o ante la situación política del país porque está muy defraudado con como se han dado los últimos desenlaces: “Los jóvenes que protestaban ya se fueron del país, nosotros ya no podemos protestar, nos tuvimos que acostumbrar. Además, si uno molesta mucho llegan las fuerzas especiales y…”. En aquellos puntos suspensivos el señor Alberto hace una seña con la mano: la seña de un arma con el dedo pulgar y el dedo índice levantados.

Por otra parte, la señora Adela, a quien conocí en una de mis conferencias, me contó todo el proceso que llevan adelante para conseguir comida en el interior — partamos de lo siguiente: el salario promedio en Venezuela es de 50.000 bolívares, es decir, de dos dólares mensuales—: “Nosotros salimos de Mérida a Cúcuta (Colombia) en bus para comprar comida. Sale el bus en la medianoche, pasamos más de diez alcabalas con fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y llegamos a las 4 de la madrugada a Cúcuta. Ahí esperamos hasta las 7 de la mañana que es cuando abre el mercado, compramos y tenemos que esperar con las bolsas a que salga otro bus que regresa recién a las 9 de la noche. Igual, al regresar a Venezuela, al pasar por la frontera, la GNB del régimen revisan todo lo que traemos y nos quitan buena parte de la comida o de los dólares que podemos conseguir. Nuestros ahorros ya no son en bolívares ni en dólares, son en alimento. Por ejemplo, el arroz cuesta más de 60.000 bolívares, eso es más de 2 dólares, es decir, un salario promedio no nos alcanza para comprar una bolsa de arroz, entonces tenemos que rebuscárnosla”.

El problema de la escasez de alimentos es claramente visible y mucho más en el interior de Venezuela. En mi caso, me tocó ir a un modesto bar en el interior del país y al pedir un sándwich de jamón y queso el camarero me respondió lo siguiente: “Disculpe, señorita. No tenemos queso, puede ser solo un poquito de jamón porque tampoco nos queda tanto”. A todo esto le respondo que sí, que por supuesto, que no pasa nada, pero que si podía poner un poco de mayonesa al sándwich. La respuesta del señor que atendía el bar fue la siguiente: “Es que tampoco tenemos mayonesa, pero puedo ver si queda algo de mantequilla”. Esta es la realidad de las consecuencias del socialismo.

De todas maneras, esto no es todo. Algo que me impacto fuertemente fue la visita al estado Carabobo, un territorio gobernado por el chavista Rafael Alejandro Lacava, del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Este joven gobernador parece tener una obsesión con el Conde Drácula: él mismo se hace llamar “Drácula”, se transporta en un automóvil negro con la imagen de un vampiro (al automóvil lo llama el “Dracumóvil”), celebra fiestas mensuales a las que llama “Dracufest” y allí vende cervezas a las que denominó “Dracubeer”. Todas las ciudades del estado Carabobo están repletas con el símbolo de un murciélago que representa al gobernador Lacava. Los peajes tienen una imagen inmensa de un murciélago, las patrullas policiales también y el número telefónico de la policía de Carabobo es 0-800 3722852 (es decir, 0-800 DRÁCULA). Todo esto en un estado que se está cayendo a pedazos y donde vivir se hace cada día más difícil.

Esto es Venezuela, un país con algunos de los paisajes más bellos de toda América Latina e incluso del mundo. Un país que en otro momento fue rico, próspero y lo tuvo todo, pero que hace veinte años, luego de largas décadas de socialismo vegetariano, cayó en las garras del peor socialismo carnívoro que ha visto nuestro hemisferio: el chavismo.

Refugio o no refugio: un falso dilema – Boletin Avila/Montserrate – 15 de Noviembre 2019

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L a movilidad humana proveniente de Venezuela es un asunto complejo y novedoso para las sociedades que la están experimentando, ya sean los propios venezolanos o las poblaciones de acogida. América del Sur está poniendo a prueba su estructura legal humanitaria, así como los instrumentos de refugio y asilo. La magnitud y velocidad del fenómeno es superior a la de cualquier otro flujo migratorio experimentado históricamente en la región.

En este marco, todas las organizaciones de Derechos Humanos, así como la arquitectura humanitaria de Naciones Unidas e, incluso, algunas voces desde el gobierno interino de Juan Guaidó, han venido insistiendo en la necesidad de reforzar la figura del refugio. La complejidad y las particularidades de los procesos sociales desatados por el éxodo venezolano merecen un análisis cuidadoso antes que dar respuestas automáticas. Es indispensable ofrecer la posibilidad de refugio a quienes se ven forzados a abandonar Venezuela, como una de las opciones legítimas y razonables.

Las razones que definen la condición de refugiado no las declara el Estado receptor sino las particularidades que dieron lugar a la salida del país de origen. Además, nuestra diáspora es mixta, una parte de ella es migración económica y así podría ser gestionada.

Es necesario ayudar a los gobiernos de acogida a edificar otras opciones, a desarrollar otras prácticas para soluciones duraderas. Resulta muy cuesta arriba que el reconocimiento generalizado de la condición de refugio para los venezolanos sea aceptado por los Estados receptores y, paradójicamente, podríamos estar desincentivando la búsqueda de fórmulas de integración más permanentes.

¿Se habrán percatado quienes tienen a su cargo estudiar y aplicar las políticas migratorias del intenso movimiento interno en los países de acogida y entre países que está adquiriendo la migración venezolana? ¿Estarán al tanto de que la categoría de “migración pendular” cada vez se corresponde menos a aquella que se producía solo en las zonas fronterizas? ¿Se tomará en cuenta que estas fronteras se están ensanchando? ¿Sabrán que ya hay caminantes de retorno que vienen de Lima, de Santiago o de Quito, algunos de ellos incluso con destino a Venezuela?

Movimientos migratorios a gran escala como estos obligan a que se ajusten las formas habituales de otorgamiento de refugio o asilo. Esta migración está en pleno desarrollo y está conformando comportamientos que vale la pena observar y considerar a la hora de aplicar políticas públicas para su integración. Es necesario edificar soluciones duraderas para la migración .

La migración que cambia el rostro de América Latina por Stephania Corpi -El País – 9 de Noviembre 2019

La frontera de Perú y Brasil se ha convertido en uno de los pasos más transitados por los millones de venezolanos, incluidos aquellos que simpatizaron con Chávez, que se han visto obligados a abandonar su país y que con su salida transforman la región

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Venezolanos cruzan a pie la frontera entre Venezuela y Brasil STEPHANIA CORPI

Los tres hombres temblaban aún. Llevaban más de 24 horas viajando en bus y a pie, desde sus hogares en Puerto la Cruz, en el noreste de Venezuela, hasta Pacaraima, la ciudad fronteriza entre su país y Brasil. Cada uno llevaba una maleta y varias capas de ropa encima a pesar del calor, lo que pudieron rescatar de otras maletas que se quedaron en el camino. Por el peso que había perdido cada uno, tenían puestos varios pantalones amarrados con una cuerda para no perderlos.

Según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dependiente de la ONU, cerca del 16,3% de los venezolanos –4,5 millones de personas– vive hoy fuera de su país. En América Latina, se concentra el 88% de la migración. Una fuga que se ha intensificado en los últimos años, en la medida en que la crisis del país caribeño ha empeorado, las condiciones de vida son cada vez más pobres y el choque entre el Gobierno de Nicolás Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, reconocido como mandatario interino por más de 50 países, no ha hecho sino agravarse.

Puerto Maldonado es una ciudad selvática llena de contrastes: operan hoteles de lujo, hay excursiones turísticas y se organizan recorridos para el avistamiento de aves. En la otra orilla del rio que atraviesa la ciudad, el panorama es muy distinto: minería y tala ilegal, explotación sexual y laboral, y la triple frontera.

La travesía de esta pareja hasta instalarse en Puerto Maldonado no fue fácil. Hicieron de todo durante los nueve meses que tardaron en cruzar el territorio brasileño. En un principio, la familia se estableció en la frontera, entre Santa Elena de Uarién, Venezuela y Pacaraima. Empezaron vendiendo peluches, y después frutas jugando con el cambio en la frontera. En esa época, había libre tránsito, pero después el gobierno brasileño puso controles; se dieron cuenta de que además de comida, había un corredor de droga, tráfico de personas, y otras actividades ilícitas impulsadas por grupos criminales.

Quintero se siente agradecida porque ya no tienen que compartir un cuarto con 20 personas, como lo hicieron durante meses en Brasil. Ahora, en Puerto Maldonado, la pareja vive en un cuarto con un colchón y un refri. “Yo soy técnico en enfermería, mire cómo eran los hospitales antes en Venezuela”, dice mientras enseña una foto donde se le ve con su uniforme sonriente y con más peso, rodeada de colegas en la recepción de un hospital.

Milerci Quintero en su hogar en Puerto Maldonado.
Milerci Quintero en su hogar en Puerto Maldonado. STEPHANIA CORPI
El éxodo de médicos y enfermeras ha afectado la salud del país. Un informe de julio de este año de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, conducida por Michelle Bachelet, señala que la migración es parte de la razón por la cual las enfermedades que estaban bajo control, como la difteria y el sarampión, se han propagado nuevamente. En Venezuela hay una infraestructura en decadencia marcada por apagones y falta de agua, ligada al éxodo de profesionales, condiciones no sanitarias para funcionar y una grave escasez de equipos médicos básicos, suministros y medicamentos, explica el informe. A ello hay que unirle la escasez de entre el 60% y el 100% de los medicamentos esenciales en cuatro de las principales ciudades de Venezuela, incluida Caracas.

Verónica Cortez hace un año que viajó con su hermano a Puerto Maldonado. A los 18 años, atravesó Brasil desde Pacaraima hasta la ciudad peruana, sin dinero. “Fue horrible el viaje. Me tocó caminar una noche entera, nunca me había subido a un barco (para ir de Manaos a Porto Velho), se escuchaban animales, nos encontramos con indígenas que no hablaban español. Fueron 17 días de horror”, cuenta esta venezolana originaria de Maturín, que toda su vida la ha pasado bajo el gobierno del régimen chavista y que con Maduro vio frustrado su sueño de ser un día enfermera. Cortez gana 200 dólares mensuales en Puerto Maldonado. Toda su familia está fragmentada por la crisis: su madre se quedó en Maturín, al nororiente de Venezuela, con sus dos hermanos pequeños. Su padre sigue en Brasil, cerca de la frontera, mientras que ella y su hermano mayor prueban suerte en Perú.

Hasta la fecha, Perú ha acogido a más de 860.000 venezolanos. La edad promedio y el nivel de estudios han cambiado drásticamente en los últimos dos años. En las oleadas más recientes, ya no llegan los ingenieros, médicos y abogados que habían logrado ahorrar los 300 o 400 dólares que costaba el pasaje para cruzar Brasil o Colombia y Ecuador para llegar a Perú. Así lo demuestran las primeras rondas de encuestas de la OIM, que en septiembre de 2017 arrojaban que el 47% de los venezolanos que entraban a Perú contaban con grado universitario completo. En un informe publicado en septiembre de este año llegan solo a 15%.

Un puente de poco más de un kilómetro separa a Brasil de Perú. Los venezolanos entran a cuentagotas: entre 30 y 40 por día. Eso, oficialmente. También, otros, lo hacen por trochas, de forma irregular. En cualquier caso, muy pocos comparados con los dos mil, en promedio, que han llegado por la frontera con Ecuador. El pico más alto, según datos de Migraciones de Perú, se dio en agosto de 2018, con 510 personas por día.

En Brasil, las cifras de migrantes han dado un salto cualitativo. Desde 2017, han entrado 504.000 venezolanos. En 2015 solo había 3.425 en todo Brasil y al año siguiente de 5.523. Según el Gobierno de Brasil, 212.400 están registrados hoy y viven en el país. De esos, unos 100.000 se concentran en el Estado de Roraima. Allí, Paracaima es el pueblo más cercano a la frontera que separa a los dos países. Es fácil ver a los venezolanos tratar de alcanzar uno de los mil lugares para desayunar en el Café Fraterno del sacerdote español Jesús Boadilla. Después, tratan de ocuparse en algún trabajo, ya sea cargando sacos en camiones, o en alguna refaccionaria, o en lo que se ofrezca. Y cuando cae la noche, deambulan por las calles buscando un lugar para dormir.

El río Acre sirve como frontera natural entre Bolivia, Perú y Brasil.
El río Acre sirve como frontera natural entre Bolivia, Perú y Brasil. STEPHANIA CORPI

Algunos nada más se quedan el tiempo necesario para descansar antes de seguir su viaje, incluso caminando, hasta Boa Vista, la capital del Estado, que está a más de 200 kilómetros de distancia, prácticamente sin paraderos, salvo unas pocas casas de nativos perdidas en el monte.

Bajo la sombra de un árbol, frente a la estación de buses de Boa Vista, ha estado José Eulogio Velázquez, de 29 años con su esposa Royelis y sus seis hijos. Exmilitar, sirvió durante ocho años a los Gobiernos de Chávez y Maduro. “No soy desertor, me dieron la baja sin pedirla”, explica entre lágrimas. Ha sido tal su shock, que no es capaz de buscar trabajo, su depresión ha sido devastadora. “Me duele. Para mí era una vocación servirles”, explica Velázquez, quien además recibía atenciones médicas gratuitas para su hija con albinismo. Pero un día dejó de recibir su pago. Le dijeron que había cometido una falta por no estar de guardia dentro de las instalaciones; se había emitido una orden general para suspenderlo. Nunca entendió qué había hecho, y como tantos, tuvo que salir de Venezuela empujado por la crisis.

En Boa Vista, donde según Médicos sin Fronteras, viven hoy cerca de 40.000 venezolanos, se encontró con su tía Lorena López, quien dice ver las cosas más claras ahora. “Claro que creímos en Maduro, claro que votamos por él. Pero después de lo que he vivido, yo quiero un trabajo, ya no quiero depender del Gobierno”, se desespera. A pesar de caminar por la ciudad tocando puertas todos los días pidiendo trabajo, no consiguen nada. Pra fora (fuera!) es lo primero que muchos aprenden del portugués.

López y su marido habían hecho de todo en Venezuela, no se querían ir, incluso trabajos ilegales como compraventa en las minas de Las Claritas y salas de apuestas clandestinas. “Teníamos nuestra casa y un carro para vivir bien, pero ya no teníamos comida para subsistir”. Cuenta que los cuadros de malaria que tenían, consecuencia de su trabajo en el arco minero, no se alcanzaban a curar por la falta de medicamentos, y terminaron, como miles de compatriotas, en Boa Vista donde si bien tienen qué comer, ahí también, se les ve deambulando, buscando empleo, juntando latas, limpiando parabrisas, vendiendo cigarros contrabandeados, o bañándose en el Rio Branco —contaminado ya por la minería ilegal— que parece ser la única diversión para los niños. Hay otros que no ven otra salida que la prostitución.

Hoy migran todos los que pueden, como pueden. Están los que hasta el final apoyaron a Hugo Chávez y los que lo maldicen, y eso también los acompaña en el camino. “Todos estos niños que yo veo por aquí tienen otra visión. Yo veo en los albergues que les gusta pedir porque Chávez así los acostumbró, nacieron con él y los arrinconó a convertirse en una población que solo sabía hacer eso”, afirma Manuel Delfino. Este comerciante venezolano de 59 años ha ido y venido por años y acumuló su fortuna vendiendo materiales de construcción entre ambos países. Lo hizo desde que se abrió la carretera para conectar ambos países en 1973. Hoy la importación y exportación que hace es de comida, de cauchos o medicinas que son casi imposibles de conseguir en Venezuela.

El exmilitar José Eulogio Velázquez después de pasar la noche en un refugio junto con su familia.
El exmilitar José Eulogio Velázquez después de pasar la noche en un refugio junto con su familia. STEPHANIA CORPI

Muchos de los migrantes no entienden la inmensidad de los países. Cruzar Brasil en esas condiciones es cosa de valentía, desconocimiento o desesperación. La ruta que siguen los venezolanos atraviesa los estados de Roraima, Amazonas, Rondonia —donde escogen si van al interior de Brasil, Argentina, Paraguay o Uruguay— después Acre quienes van a Perú o Bolivia. Algunos caminan, otros piden aventón, otros van en bus. Otros más, cuentan que van trabajando en las granjas a lo largo del camino donde el pago a veces es un lugar para dormir y un plato de comida. La angustia de no poder mandar dinero a quienes siguen en Venezuela los come por dentro. Muchos otros, viajan con toda su familia incluyendo a niños que van en brazos.

Thiago Sitta, psicólogo brasileño del programa Pana en la ciudad de Porto Velho, reconoce que esta migración se ha convertido en un reto para los servicios sociales. Si bien el paso de la migración haitiana a raíz del terremoto de 2010 estableció ciertas normas, nunca habían visto una crisis de esta magnitud. “Tuvimos el caso de un venezolano que tenía días caminando. Un colaborador, de buena fe, le dio de comer como hacemos con todos y le dio choque metabólico por inanición. Casi muere”, cuenta.

“Las fronteras políticas son tan mezquinas y tristes. Y aquí, por ejemplo, uno lo siente positivamente. Atraviesas el puente, y en 10 minutos en bici, estás en Perú; en un minuto de río, estás en Bolivia”, explica el padre jesuita Francisco de Almenar quien, desde Assis, en el lado brasileño de la frontera, en ocasiones compra de su bolsillo tiquetes de bus para los venezolanos. Almenar, de 69 años y misionero durante más de 30, dice que ese lugar es único y relevante porque es ahí a donde “van los desechables, los descartables de los tres países. Es una mezcla de comida, de culturas y razas, muy rica que hace una convivencia muy especial”.

Lo mismo le sucede a Adner Guerra, instalado hoy en Iñapari en la triple frontera entre Bolivia, Brasil y Perú, a 2,700 kilómetros de Pacaraima. Él luchó para no quedarse en Boa Vista porque todos los venezolanos, dice, se dedicaban a lavar parabrisas; tampoco quería instalarse en Manaos porque ahí todos vendían agua. Guerra es técnico electricista, y a lo largo del camino, siempre trató de dedicarse a su profesión, aunque hubiera días que pasara hambre.

Hoy, los Guerra tienen un pequeño taller de electricidad; por su negocio -un cartel y una mesita- pasan indígenas con grandes televisores, mineros que necesitan ayuda con su equipo o gente que viene de ciudades de camino a Puerto a Maldonado en busca de un electricista. Están en paz y contentos en esa amazónica ciudad fronteriza donde todos los días ven entrar y salir sus connacionales.

Para llegar a Perú, al igual que Francisco Morales y su familia, cruzaron el Amazonas, una de las vías más arduas que, más difícil de transitar por las temperaturas, la selva, la soledad del camino, el idioma. En Puerto La Cruz, él y su esposa Carolina tenían un negocio; él salió de Venezuela hace casi un año con la esperanza de poder iniciar una familia porque Carolina necesitaba un medicamento para la fertilidad. “Yo sé que allá no podría”, dice Carolina.

Aunque no se declaran chavistas, con una mezcla de admiración, nostalgia y rabia, los Guerra no ocultan su añoranza por Venezuela. Recuerdan los primeros años de Chávez: cómo llegaba en un coche modesto a los mítines, cómo arreglaba las calles, y cómo todo fue decayendo. “El que te diga que nunca votó por Chávez te está mintiendo. Si todos vivíamos de maravilla al principio”, explica Guerra. Bajo Chávez, ellos y la mayoría de sus familiares y amigos tuvieron casa o negocio propio.

Morales, paramédico, habla con orgullo de su carrera profesional y hace un recuento de los diversos trabajos que desempeñó en Venezuela. Recuerda su paso por la Guardia Nacional y Venepal, la empresa de papel que, en 2005, se convirtió en una de las primeras expropiadas por el Gobierno de Hugo Chávez– y explica cómo se benefició de las bonanzas del país y del régimen. “Yo tenía dos casas, una se la regalé a mi hijo. Yo podía ayudar hasta a mis vecinos”. Pero asegura que una vez muerto Chávez, bastaron tres meses para que el país se le fuera de las manos a Maduro. “Hay una frase que yo siempre recuerdo cuando pienso en Maduro, el mismo libertador (Bolívar) dijo: ‘Llamarse jefe para no serlo es el colmo de la miseria’”.

La mayoría de los venezolanos se sienten defraudados. Muchos dicen que no sabían lo que tenían, hablan de sus bienes, pero, sobre todo, hay una parte del culto hacia Chávez que no muere. Culpan a Maduro, se cuestionan qué pasaría si no hubiera muerto su antecesor e intentan explicar que ellos tenían una buena vida en su país. Todos añoran aquella Venezuela. “Nosotros nos quedamos aquí, con una idea de que estamos cerca de Brasil, porque Brasil está más cerca de Venezuela”, concluye Guerra.

Un joven venezolano mira hacia el Río Branco en Boa Vista, Brasil
Un joven venezolano mira hacia el Río Branco en Boa Vista, Brasil STEPHANIA CORPI

Mientras, los países de acogida se enfrentan a nuevos retos: controlar los brotes xenófobos, la porosidad de las fronteras y el malestar generalizado de las comunidades de acogida además de pasar sus propias crisis políticas. Aunque Brasil tenga todavía abiertas sus fronteras, muchos buscan llegar a países como Perú para reunirse con sus familiares o por las oportunidades de trabajo. Todo ello se combina con hechos imprevistos, como los incdios de julio y agosto en la Amazonia. “Imagínate que en la selva se publican periódicos donde dicen que la migración es culpable del cambio climático, y aparece una foto de las quemas”, explica Adner Guerra asombrado.

En el pequeño poblado de Iñapari ya hay muchos más venezolanos que han ido llegando en sus autos o a pie, van trabajando en las carboneras, madereras y ladrilleras. Las mujeres van a los restaurantes, “y más”, cuenta Guerra. Pero cada vez es más difícil, las autoridades migratorias “ya no los deja pasar y a nosotros siempre nos culpan de cualquier cosa”, explica preocupado porque pensaba traer a Perú más familiares. La migración venezolana ha cambiado la cara de la región. A corto plazo cuesta creer que estos ‘hijos de Chávez’ vayan a regresar al país que se vieron obligados abandonar. Para muchos, sin embargo, el camino no ha hecho sino empezar.

 

Si Maduro no sale, éxodo venezolano llegará a ocho millones en 2020 por Sabrina Martín – PanamPost – 31 de Octubre 2019

David Smolansky: “A Maduro no le importa que la cantidad de refugiados llegue a 12 millones y el país quede vacío”.

Aunque para los venezolanos la salida de Maduro es elemental pareciera que para el resto del mundo no es así (Acnur)

Para diciembre de 2020 la cifra de venezolanos en el exilio podría superar los ocho millones si en el país suramericano no se da un cambio político.

David Smolansky, coordinador en la Organización de Estados Americanos (OEA) para la crisis de refugiados venezolanos, señaló que según las proyecciones el 2019 cerrará con cinco millones de refugiados venezolanos y que para finales del año próximo la cifra podría aumentar a unos ocho millones

David Smolansky

@dsmolansky

A los migrantes y refugiados venezolanos: nunca, jamás, dejemos de decir qué nos obligó a abandonar nuestro país. No fue una guerra convencional ni una catástrofe natural, es una tiranía que promueve hambre, violencia y coartación de libertades. La solución es una nación libre.

“A Maduro no le importa que la cantidad de refugiados llegue a 12 millones y el país quede vacío, debemos insistir en que la migración forzosa sólo se detendrá con la salida de Maduro del poder”, indicó Smolansky.

El representante del Gobierno de Juan Guaidó señaló que aunque para los venezolanos la salida de Maduro es elemental pareciera que para el resto del mundo no es así.

“La migración forzada venezolana es la más grande de la región y la segunda del mundo, sólo superada por la Siria (…) pero después de estar en Bruselas entendí que para nosotros la salida de Maduro es elemental pero no significa que para el resto del mundo lo sea”, aseveró.

Las declaraciones de Smolansky coinciden con las de Eduardo Stein, representante especial conjunto de la Agencia de la ONU para Refugiados (Acnur), quien señaló que a medida que se profundiza la grave crisis económica, política y social en Venezuela; también aumentará el flujo de migrantes.

“La región de América Latina y el Caribe se encuentra ante una situación sin precedentes. El alcance y la complejidad de la crisis tiene repercusiones mundiales, incluyendo al continente europeo y que, incluso, puede hacer peligrar la estabilidad actual”, señaló Stein.

El representante de Acnur se mostró pesimista ante un cambio en el país suramericano y advirtió que la situación migratoria va a empeorar.

“No hay visos de que esto vaya a terminar, eso es lo que dice la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, por lo que es de gran preocupación esta situación de vulnerabilidad a la que pueden estar expuestos”, indicó.

Por su parte, William Spindler, vocero de Acnur para el tema de los refugiados migrantes venezolanos en América Latina remarcó que “si la tendencia continúa y va al mismo ritmo que en estos momentos”, esa cifra récord de migrantes venezolanos “equivaldría a la mayor crisis de desplazados en el mundo”.

El ministro peruano de Relaciones Exteriores, Gustavo Meza-Cuadra, advirtió en una entrevista que la crisis de migrantes venezolanos que afecta a la región latinoamericana tiene «un impacto global», por lo que también pidió a la comunidad internacional movilizarse para hacerle frente.

Mientras la crisis se profundiza y el régimen de Nicolás Maduro se mantiene en el poder convirtiéndose en una amenaza para la estabilidad regional; miles de venezolanos deciden huir de los efectos causados por el socialismo y la dictadura.

Centro de Comunicación Nacional

@Presidencia_VE

Holmes Trujillo: “Crisis migratoria seguirá mientras el régimen dictatorial de Maduro siga en el poder” https://pvenezuela.com/es/internacional/holmes-trujillo-crisis-migratoria-seguira-mientras-el-regimen-dictatorial-de-maduro-siga-en-el-poder/ 

«La gente va a seguir marchándose porque están tratando de buscar comida y medicinas», dijo a PanAm Post el sociólogo Tomás Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana.

Tomás Páez señaló para el PanAm Post la necesidad de establecer una estrategia global que «vaya coordinando esfuerzos para evitar que las decisiones en algún país influyan en los restantes».

«Va a ser necesario crear una estrategia conjunta entre países, igual que va a ser necesario seguir ejerciendo presión para que las cosas cambien en Venezuela que es la única manera de evitar el fenómeno migratorio», señaló.

El especialista aclaró que hasta ahora los países solo están atacando las consecuencias (la migración) de la dictadura, situación que no resolverá el problema de raíz; aseveró que «para evitar la migración es necesario sacar a Nicolás Maduro (y al chavismo) del poder».
De acuerdo con Páez, la única forma efectiva de frenar la crisis migratoria de venezolanos es que en dicho país cese el socialismo y cambien las condiciones humanitarias.

El éxodo venezolano le cuesta a Colombia 2.000 millones de dólares al año por Daniel Gómez – ALnavío – 30 e Octubre 2019

“Hace falta la generosidad de la comunidad internacional para resolver esta crisis”, recuerda Humberto López, vicepresidente del Banco Mundial, en el foro mundial sobre el éxodo venezolano celebrado este lunes en Bruselas.

Colombia no sólo necesita dinero, también buenas ideas para atender el éxodo / Foto: Acnur
Colombia no sólo necesita dinero, también buenas ideas para atender el éxodo / Foto: Acnur

Humberto López, vicepresidente del Banco Mundial, precisa que el éxodo venezolano le cuesta a Colombia 2.000 millones de dólares al año, y el país, por sí solo, no puede con todo.

“Hace falta la generosidad de la comunidad internacional. Hay que apoyarles, con préstamos de instituciones multilaterales, y con ayuda de todos”, dijo este lunes en el foro mundial sobre el éxodo celebrado en Bruselas.

Humberto López recordó que, en abril, el Banco Mundial entregó al gobierno de Iván Duque 31,5 millones de dólares para apoyar las cuentas de Colombia y “facilitar el acceso a empleos y servicios sociales básicos para los migrantes y refugiados”.

Sin embargo, la ayuda para Colombia y otros países receptores del éxodo no es necesariamente entregar dinero al Estado. Es, por ejemplo, “impulsar proyectos de inversión locales”, agrega Antoni Estevadeordal, consultor especial sobre inmigración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

– Proyectos concebidos para las comunidades de migrantes, que es lo más difícil.

– Proyectos de educación y salud.

– De infraestructura básica.

– De servicios al ciudadano.

Antoni Estevadeordal insiste en que para estos proyectos hay que pensar en clave local. Para las comunidades que ya viven en el país, y para los migrantes que vienen. Y pone de ejemplo un caso visto en Ecuador.

“Es fundamental que las comunidades participen. También las propias comunidades de migrantes. En Ecuador estamos recurriendo a maestros venezolanos para que hagan proyectos de educación en casa para venezolanos y también para ecuatorianos”, dice el funcionario del BID.

En línea con lo que propone, el BID lanzó la semana pasada un fondo de 100 millones de dólares, con el apoyo de la agencia para el desarrollo de Estados UnidosUsaid, para premiar las soluciones innovadoras pensadas para el éxodo.

Por su parte, el vicepresidente del Banco Mundial señala que la recolección de buenos datos, de indicadores que dibujen el perfil del migrante, también es un trabajo efectivo para responder a las demandas del éxodo, y conseguir que los fondos lleguen a buen destino.

El éxodo venezolano crea 30% de las nuevas empresas en Colombia por Daniel Gómez – ALnavío – 28 de Octubre 2019

“Los venezolanos son clientes, pagadores de impuestos y emprendedores”, dice Felipe Muñoz, consejero del presidente de Colombia, Iván Duque, en Bruselas. “Esto nos acarrea beneficios para Colombia en términos de empleo, inversión, consumo y exportaciones”.

El éxodo también es una oportunidad económica para América Latina / Foto: Acnur
El éxodo también es una oportunidad económica para América Latina / Foto: Acnur

El éxodo venezolano también tiene una cara positiva. Muchos de los migrantes son profesionales formados. Con experiencia en áreas de alta cualificación. Con ideas. Con ganas de emprender. Y eso para países como Colombia Perú es una ventaja.

“Un alto porcentaje de los venezolanos que vienen a Colombia están incluso mejor preparados que los propios colombianos”, apunta Felipe Muñoz, consejero del presidente Iván Duque, en el foro mundial sobre el éxodo que la Unión Europea celebra este lunes y martes en Bruselas.

Jorge Méndez, director general de las Comunidades Peruanas en el Exterior, comparte la misma tesis que Felipe Muñoz. Dice que el éxodo es “una gran oportunidad” para Perú. Y cita un ejemplo: el tema de los profesionales de la salud.

“Hay muchos médicos venezolanos a los que podemos pagarles un salario mensual de 1.500 dólares para trabajar en nuestra sanidad y distribuirlos por todo el Perú”, comentó. “No obstante, tenemos que trabajar en el tema de la validación de títulos”.

Un reciente informe de BBVA Research señala que en Perú el éxodo venezolano impactó de forma positiva en la economía. En 2018 el país creció 4,4% y un punto de ese crecimiento fue debido a la incorporación de los venezolanos en el tejido nacional. Hoy en Perú están censados 850.000 venezolanos.

El consejero de Iván Duque dice que “los venezolanos son clientes, pagadores de impuestos y emprendedores”. 1,5 millones de venezolanos viven actualmente en el país, según el último censo.

Por su parte, el consejero de Iván Duque dice que “los venezolanos son clientes, pagadores de impuestos y emprendedores”. 1,5 millones de venezolanos viven actualmente en el país, según el último censo.

Felipe Muñoz señala que cámaras de comercio locales han visto un aumento de 30% en la creación de empresas por parte de venezolanos. “Esto nos acarrea beneficios para Colombia en términos de empleo, inversión, consumo y exportaciones”.

Por cosas así, apunta, en Colombia “la convencional política de respuesta humanitaria” se complementa “con políticas de oportunidad económica”. “Queremos seguir avanzando”, concluye.

La ONU advierte de la escalada del éxodo venezolano: 6,5 millones en 2020 por Daniel Gómez – ALnavío – 28 de Octubre 2019

“No hay visos de que la crisis migratoria vaya a terminar”, advierte en Bruselas Eduardo Stein, enviado especial para Venezuela de Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones.

Aumenta la vulnerabilidad de los venezolanos en América Latina / Foto: Acnur
Aumenta la vulnerabilidad de los venezolanos en América Latina / Foto: Acnur

Aumentará el éxodo venezolano. Y con el éxodo, aumentarán las necesidades de los desplazados, los problemas en los países de América Latina, así como los casos de xenofobia.

Lo advierte Eduardo Stein, enviado especial para Venezuela de la agencia para los Refugiados de Naciones Unidas (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones, en el foro mundial sobre el éxodo que este lunes y martes la Unión Europea junto a la ONU celebra en Bruselas,

“Esta crisis hace peligrar la estabilidad regional. Es acuciante la necesidad de una respuesta coordinada y avalada por la comunidad internacional”, dice Stein. Y lo dice porque:

– De 4,5 millones de migrantes pasaremos a 6,5 millones en un año.

– Casi 85% se quedarán en América Latina.

– No hay visos de que la crisis migratoria vaya a terminar.

– Y la vulnerabilidad de la población aumenta.

– Es preocupante el número de refugiados en grandísima dificultad.

– Lo niveles de xenofobia aumentan.

– Las perspectivas de integración son cada vez menores.

– Hay más barreras sociales y culturales.

– Preocupa la violencia de género.

– Hay familias que se separan.

– Hay niños abandonados.

– Caminantes que se exponen a largas rutas y peligrosos caminos.

Stein también advierte:

– De no encontrarse una solución política continuarán los problemas.

– Los gobiernos de acogida necesitan ayuda.

La ONU proyecta 5 millones de inmigrantes venezolanos para finales de 2019 por Ludmila Vinogradoff – ABC – 28 de Octubre 2019

En Bruselas la comunidad internacional debatirá este lunes cómo ayudar al imparable éxodo de venezolanos que huyen del régimen Maduro

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Se acelera el éxodo en Venezuela y va a más sin parar. Las Naciones Unidas han sonado las alarmas, alertando que para finales de 2019 se proyecta un incremento de 5 millones de venezolanos de migrantes y refugiados después de alcanzar la cifra oficial 4,5 millones alrededor del mundo.

La proyección del aumento migratorio la anunció el embajador Walter Stevens, líder de la delegación de la UE ante ONU en Ginebra, señalando que «esta es la crisis de refugiados y migrantes más grave y de mayor crecimiento en la historia de América Latina, al menos en la historia reciente. Y esto probablemente se está convirtiendo también en una de las mayores crisis de desplazamiento externo en el mundo».

Por otro lado, en sus declaraciones a la cadena de televisión Voz de América, William Spindler, portavoz de ACNUR dijo que es difícil saber en qué momento se actualizarán las cifras, pero que lo que tienen confirmado es que son 4,5 millones de refugiados y migrantes venezolanos alrededor del mundo, y son unas cifras mínimas, pues son registradas por autoridades de otros países.

Reiteró Spindler que se debe tener en cuenta que hay venezolanos que se unen a los que «ya viven fuera de su país, posiblemente alcancemos la cifra de cinco millones a finales de este año y si las tendencias continúan, la cifras continuarán aumentando».

«Aunque todavía no sabemos si esta tendencia se va a mantener o no en el año 2020», explicó el vocero de ACNUR, en conversación vía Skype, desde Bruselas.

«Estamos especulando porque simplemente estamos hablando de las tendencias actuales», y señaló que se debe tener en cuenta que las cifras llegan de los diferentes gobiernos y no de forma periódica.

Lo cierto es que el éxodo de venezolanos se acelera y no hay manera de detenerlo pese a los intentos internacionales de sancionar al régimen Nicolás. La comunidad internacional debatirá este lunes y el martes en Bruselas cómo ayudar a los países de América Latina que acogen a los millones de venezolanos que huyen de su país por la crisis política y humanitaria.

El comisionado presidencial de Juan Guaidó para los inmigrantes ante la OEA, David Smolansky, dijo a ABC que el objetivo es lograr el estatus de refugiados para los migrantes venezolanos, lo que aliviaría su situación en otros países. Y ese estatus lo otorga el país receptor de los migrantes.

En efecto la Asamblea Nacional venezolana acordó esta semana otorgar a sus connacionales el estatus de refugiados.

ACNUR pidió 738 millones de dólares en 2019 para atender a la crisis migratoria venezolana en la región, pero los fondos no se han recibido con la misma intensidad del éxodo.

De los 4,5 millones hasta ahora registrados oficialmente, sólo dieciséis países de América Latina y el Caribe han recibido la mayor parte, de 3 millones 700 mil migrantes y refugiados, explicó Eduardo Spindler, alto comisionado de la ONU para la situación de venezolanos.

La crisis económica, política y social que ha creado el régimen de Nicolás Maduro ha empujado a los venezolanos a emigrar al exterior, escapando principalmente de la hambruna, la destrucción del tejido empresarial y de una inflación de 200.000% que el FMI proyecta para este año.

 

Bruselas busca ayuda internacional para evitar que Latinoamérica cierre el paso al éxodo venezolano por Bernardo De Miguel – El País – 27 de Octubre 2019

La UE cree que el flujo migratorio puede desestabilizar una zona donde algunos países europeos, entre ellos España, cuentan con importantes intereses económicos

Inmigrantes venezolanos esperan ante la oficina de migración ecuatoriana en el puente internacional de Rumichaca, en la frontera entre Ecuador y Colombia.
Inmigrantes venezolanos esperan ante la oficina de migración ecuatoriana en el puente internacional de Rumichaca, en la frontera entre Ecuador y Colombia. LUIS ROBAYO AFP

El éxodo en Venezuela no cesa. Y en los países de acogida, la factura social y económica se dispara. Con el objetivo de movilizar a la comunidad internacional y canalizar recursos hacia Colombia y el resto de Estados vecinos, la Comisión Europea, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones celebran este lunes y martes en Bruselas una Conferencia Internacional de Solidaridad. La iniciativa, que cuenta con más de 500 participantes registrados, ha sido impulsada por Federica Mogherini, Alta Representante de Política Exterior de la UE. Tanto Europa como Naciones Unidas temen que varios países cierren sus fronteras al paso de venezolanos, lo que podría agravar la situación interna de Venezuela y dejar a muchas de las personas que emigran sin la protección necesaria, expuestos a redes de paso ilegal.

Sin embargo, fuentes del departamento de Mogherini  reconocen que la cita en Bruselas “no responde solo a una preocupación humanitaria sino también a un razón pragmática”. La UE cree que el imparable flujo migratorio venezolano puede desestabilizar una zona donde algunos países europeos, entre ellos España, cuentan con importantes intereses económicos. Y que el bloqueo fronterizo en torno a Venezuela, si llega a completarse, derivaría parte del flujo migratorio hacia el Viejo continente, dado que alrededor de un millón de venezolanos tienen doble nacionalidad con pasaporte europeo. “Hay muchas vías por las que nos puede llegar el impacto”, avisa una fuente comunitaria.

La cumbre de alto nivel en Bruselas refleja también el fiasco de la ofensiva internacional que intentó zanjar la crisis de Venezuela mediante el apoyo a Juan Guaidó para derribar a Nicolás Maduro. La estrategia liderada por EE UU y secundada con matices por la mayoría de los países europeos, incluida España, no ha logrado ningún cambio tangible. Y la crisis se ha enquistado peligrosamente sin aparente solución a la vista.

El ministro español de Exteriores en funciones, Josep Borrell, que tomará el relevo de Mogherini al frente de la diplomacia comunitaria, ya señaló durante su audiencia para el cargo ante el Parlamento Europeo a comienzos de mes el callejón sin salida en el que se encuentra la estrategia occidental. “Venezuela está viviendo una crisis humanitaria sin precedentes y todos los intentos de diálogo, incluso los apoyados por Mogherini, han fracasado y han dado oxigeno al régimen”, afirmó.

La situación de los países de acogida

“La solidaridad de los países vecinos ha sido extraordinaria, pero no están preparados para soportar una crisis de estas dimensiones”, señalaba el viernes Eduardo Stein, representante especial de ACNUR y OIM para Venezuela, durante un encuentro con la prensa en Bruselas. Stein advertía que los países de acogida “están bajo presión, con la estructura institucional sobrecargada, la provisión de servicios desbordada y los presupuestos exhaustos”.

Solo las llegadas a Colombia, 1,4 millones, superan con creces la crisis migratoria de 2015 que colocó contra las cuerdas al Gobierno alemán de Angela Merkel, tensionó la Unión Europea y provocó la reintroducción de controles fronterizos entre varios socios de la zona Schengen. En los países que rodean a Venezuela, el riesgo de una reacción contra emigrantes y refugiados también es cada vez más evidente, según ACNUR, y puede acabar provocando una crisis política o un cerrojazo fronterizo como el que adoptó Europa frente a Siria tras el acuerdo con Turquía en 2016.

“Empezamos a ver signos de xenofobia”, señala Stein. “La población local se resiente y acusa a sus gobiernos de prestar demasiada atención a los emigrantes mientras desatienden a sus ciudadanos”. añade. Stein asegura que las acusaciones no son veraces, pero la presión sobre los servicios esenciales alienta las quejas.

Necesidades básicas como la sanidad, la educación o la vivienda están saturadas en las zonas donde se concentra la migración. “La atención en salud a migrantes venezolanos creció de 125 casos en 2014 a casi 25.000 en 2017 y a más de 18.000 atenciones en los primeros meses de 2018”, señala un informe del Banco Mundial sobre el impacto de la migración venezolana en Colombia, en base a datos de las autoridades colombianas.

La Comisión Europea subraya, además, que la gestión de la crisis se enfrenta a un desafío de nueva escala, porque ya no basta con atender a los recién llegados sino que los países de acogida deben prepararse para asimilarlos durante mucho tiempo o de manera casi permanente. Bruselas quiere que la ayuda internacional también se adapte a ese nuevo escenario, en el que la crisis ya no solo es muy aguda sino también crónica. “No queremos un apoyo de emergencia sino estructural”, advierten fuentes comunitarias en vísperas de la Conferencia.

LA FACTURA SE HA DOBLADO EN SOLO UN AÑO

La Conferencia Internacional de Solidaridad con la crisis migratoria venezolana no pretende ser un cónclave de donantes al uso, con un objetivo concreto de recaudación. Pero la Comisión Europea anima a que los países participantes “anuncien compromisos” de solidaridad que muestren a los venezolanos y a los países de acogida “que no están solos” ante una crisis de enormes dimensiones.

“Esta conferencia debe ser la primera muestra de solidaridad internacional”, señala Eduardo Stein, representante especial de ACNUR y OIM para Venezuela. Stein asegura que los cálculos sobre las necesidades financieras del plan de solidaridad “se están actualizando” y podrían presentarse en las próximas semanas en el marco de una de las reuniones del llamado Proceso de Quito, la iniciativa de los países de la zona para abordar la crisis migratoria.

Pero Stein ya adelanta que “el número de personas con necesidad de protección se ha doblado. Y las cifras sobre necesidades financieras calculadas hace un año también pueden haberse doblado”.

ACNUR lanzó el año pasado un llamamiento adicional de contribuciones para obtener 46 millones de dólares, con objeto de financiar las acciones de política de asilo en ocho de los países con mayor número de potenciales refugiados venezolanos. El objetivo de financiación de ACNUR para este año se sitúa en 158,2 milones de dólares, de los que ya tiene cubiertos el 74%. El número de países donde ha aumentando sensiblemente la llegada de venezolanos se ha doblado hasta 16.

El ministro español de Asuntos exteriores, Josep Borrell, que tiene previsto intervenir en la Conferencia el lunes por la tarde, ya ha anunciado una aportación española de 50 millones de euros durante los próximos tres años, que se suma a los 14 millones de contribución de los últimos dos años. La aportación de la UE ronda los 120 millones.

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