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Venezuela: siete millones de migrantes ignorados por el mundo por Francisco Poleo – El Español – 7 de Octubre 2019

El autor analiza el drama y las consecuencias de la crisis migratoria venezolana, que contrariamente a lo ocurrido en Siria, no ha sido vista como un problema global.

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Siete millones de migrantes en el 2020. Esas son las cifras que maneja el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en el caso de Venezuela. La mayor crisis migratoria en el mundo. En 2019, los desplazados sirios suman 6.7 millones.

Si en Europa están inundados de quienes huyen del horror desatado por la guerra civil en Siria, en América están desbordados con los venezolanos que huyen de su país hasta andando, no de un conflicto armado interno sino de una carestía de alimentos, medicinas y oportunidades sin parangón. No por nada hablamos de la mayor inflación del mundo -adiós, Zimbabwe- y del territorio con mayor criminalidad.

Un informe del Grupo de Trabajo sobre Migrantes Venezolanos de la Organización de Estados Americanos revela que el financiamiento internacional recibido por cada migrante venezolano es de unos 200 dólares. En el caso de los sirios, el monto se eleva hasta los 5.000 dólares por persona.

Colombia ha recibido a 1.408.000 venezolanos, Perú a 768.000, Chile a 288.000 y Ecuador a 263.000, de acuerdo con la ONU. Lenín Moreno, presidente de Ecuador, asegura que acoger a los venezolanos le significa 500 millones de dólares anuales menos al erario de su país. En el caso colombiano, cálculos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial estiman que la manutención de los refugiados cuesta, aproximadamente, 1.500 millones de dólares al año.

La falta de eficacia en la contención de las oleadas de venezolanos empieza a desestabilizar a Latinoamérica

Una región con países en vía de desarrollo a duras penas puede asimilar en tan poco tiempo a millones de migrantes, pero la escuálida ayuda internacional no tiene esto en cuenta. Aunque la crisis migratoria siria ha sido vista como un problema global, su par venezolana sigue siendo considerada un tema regional. Esta falta de eficacia en la contención de las oleadas de personas que abandonan a diario el desastre desatado por las políticas del régimen chavista empieza a desestabilizar a Latinoamérica.

Tradicionalmente la xenofobia no había tenido cabida en Latinoamérica, y mucho menos en Venezuela. Este país se caracterizó por la constante recepción de extranjeros que buscaban mejores oportunidades económicas o que escapaban de las dictaduras en sus países de origen. Colombianos, peruanos, ecuatorianos, chilenos y argentinos fueron asimilados por los venezolanos sin mayores inconvenientes. De Europa también llegaron españoles, portugueses, italianos y bálticos que contribuyeron enormemente al desarrollo del país que luego derruiría el chavismo.

Sin embargo, ahora que le tocó a los venezolanos pasar las de Caín, el recibimiento no está siendo igual de caluroso. La más reciente expresión de xenofobia se dio en Perú, en donde ya es rutinaria la persecución física, hasta llegar al linchamiento, del inmigrante venezolano. Casos similares se han registrado en Panamá, Chile, Argentina y Ecuador.

Este tribalismo, propio de mentes encajonadas y dormidas, es exacerbado por dirigentes políticos que confunden nacionalismo con populismo.

La crisis migratoria no solo ha sido ignorada por la comunidad internacional. Su responsable, el régimen chavista, ha decidido no hablar de ella en su constante delirio que le lleva a aplicar la teoría de que los problemas se resuelven solos si se les deja ser.

Juan Guaidó coordina con sus embajadores los esfuerzos para aliviar el sufrimiento de los expatriados

Pero resulta que la marejada de gente huyendo de Venezuela no es una moda pasajera. Ante la falta de acción política de Nicolás Maduro, le ha tocado a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y encargado de la presidencia de la República, coordinar con sus embajadores los esfuerzos para aliviar el sufrimiento de los expatriados.

A Guaidó y a la Asamblea Nacional se les critica que todavía no hayan logrado sacar a Maduro del poder, pero lo cierto es que los venezolanos sí están mejor desde que el Parlamento coordina los esfuerzos gubernamentales mientras acomete la titánica tarea de remover del poder a las mafias chavistas. ¿Lograrán extirpar el cáncer de raíz? Las probabilidades siguen a su favor.

Todo indica que régimen y gobierno encargado deberán sentarse nuevamente en la mesa de negociación promovida por Oslo, pero no a dialogar infinitamente sino a decidir sobre una propuesta concreta que fue adelantada en estas líneas antes de que Guaidó la hiciese pública: que ambos presidentes se aparten de sus cargos para que un gobierno de transición conformado en el Parlamento lleve las riendas del país hasta la celebración de unas elecciones libres y justas.

Mientras tanto, hay que atender a los millones de migrantes, que no podrán regresar a su país automáticamente al caer Maduro.

*** Francisco Poleo es un analista especializado en Iberoamérica y Estados Unidos.

Cambiaron el mantra por Julio César Arreaza – El Nacional – 5 de Octubre 2019

El 23 de enero tomó juramento ante el pueblo venezolano el presidente encargado Juan Guaidó y se casó con el 1, 2 y 3 del mantra conocido. Se convirtió así en el mandato de la soberanía popular. Esto ocurrió –y ocurre aún– en el contexto de una corporación criminal cometiendo delitos de lesa humanidad e incrementándose el éxodo más grande que haya sufrido la región. Transcurridos 10 meses la situación se mantiene con el usurpador en el poder.

El pueblo rechaza de plano la claudicación del G4, al permitir la incorporación de diputados que dejaron de serlo, cuando violaron  la inmunidad parlamentaria de sus colegas actuando desde la esperpéntica ANC cubana y designaron un fiscal espurio al margen de la Constitución, que enseguida inició proceso contra los diputados legítimos. Un tercio de ellos están en el destierro. No se entiende que la  AN otorgue ahora un salvoconducto a quienes ya no lo son y regresen para implosionarla desde adentro.

Resulta una capitulación inconcebible aprobar los términos de Oslo, no consultados al pueblo, y desconocer la ruta del 333 de la Constitución, contraviniendo de paso el Estatuto de la Transición.

Se habla de realizar elecciones con Maduro y Guaidó de candidatos, bajo un Consejo de Estado paritario: régimen-G4. Maduro ha repetido hasta el cansancio que no concurrirá a elecciones si no tiene garantizado el triunfo.

La sociedad democrática se niega a esa capitulación y exige como punto primero la salida del usurpador –los verdaderos aliados no aprueban tales negociaciones– se aspira a la libertad plena, lo cual es incompatible con un diálogo que debilita y confunde a la población.

El mecanismo del TIAR es incompatible con el mecanismo del diálogo. Por encima de la justicia no puede estar nada. La libertad y la justicia no se negocian. Solo así se consigue la libertad, sin el acuerdo político soterrado de una capitulación por parte del G4. No hay acuerdo sostenible que viole la justicia y la dignidad. El único diálogo que cabe es la salida del usurpador.

El objetivo democrático es la liberación de Venezuela y romper con el pasado. Se sabe qué hacer: centrarnos en la toma del poder, desplazando al usurpador. Comandar la libertad de Venezuela y desafiar al régimen. Enfocarse en neutralizar el componente armado forajido, actuando con acopio de tecnología, estrategia, logística y sobre todo voluntad firme y coherente en la ruta.

No será aceptado un cogobierno con las mafias. La gente no se cala más engaños. Lo que sí está planteado es una ruptura real e histórica dejando afuera los cálculos pequeños que solo miran los intereses grupales.

Con pasión y convicciones se desea avanzar, de verdad, en la construcción de un país en el que todos podamos vivir y se alcance la reunificación de las familias.

Emergencia humanitaria compleja – ACNUR – Septiembre 2019

Los números que la dictadura de maduro no presentó en la ONU – Asamblea Nacional – 28 de Septiembre 2019

Maduro has the upper hand again — as Venezuela’s people starve – Editorial The Washington Post – 22 de Septiembre 2019

Venezuelan President Nicolás Maduro at Miraflores presidential palace in Caracas 

FOUR MONTHS after a failed U.S.-backed putsch against Venezuelan President Nicolás Maduro, his regime has hunkered down, betting that it can outlast its domestic and foreign opponents. For the moment, at least, it seems to have the upper hand.

Having broken off negotiations with opposition leaders over a new election last month, Mr. Maduro last Monday signed an ersatz deal with minor parties that he may use to undermine the opposition-controlled National Assembly. He has partially liberalized the economy, reducing the inflation rate from seven to six digits and causing food and other consumer goods to reappear in some stores. And he has strengthened ties with Colombian guerrilla movements and deployed 150,000 troops to the border, seeking to intimidate a country that, along with the Trump administration, has pushed hardest for regime change in Caracas.

This month, prompted by Colombia and the United States, the signatories to a 1947 inter-American defense pact known as the Rio Treaty agreed to invoke it because of the threat posed by Venezuela to its neighbors. Its 19 members are expected to meet at the United Nations later this week to consider more steps to pressure the Maduro regime; the treaty provides for actions ranging from diplomatic sanctions to armed intervention.

Neither the United States nor Venezuela’s neighbors support military action, so barring direct aggression by Venezuela or the Colombian groups now based on its territory, that’s unlikely to be a means for toppling the regime. U.S. officials still hope for an internal military rebellion against Mr. Maduro, but there is no sign of one — and the extensive Cuban intelligence apparatus in the barracks is dedicated to rooting out would-be rebels.

The big losers in this stalemate are ordinary Venezuelans, who continue to suffer from an extraordinary humanitarian crisis. Those who cannot pay $14 for a box of imported cornflakes still struggle to find food. According to the website Caracas Chronicles, 80 percent of health clinics have closed. Some 5,000 people a day flee the country, adding to the more than 4 million who have already left. But nearby countries, including Ecuador, Chile and Trinidad and Tobago, are taking steps to curtail entry by Venezuelans. The Trump administration, despite its anti-Maduro rhetoric, has not granted protected status to Venezuelans who have reached the United States.

U.S. strategy amounts to slowly increasing sanctions while trying to persuade European and Latin American governments to join in. It’s betting that the regime lacks the resources to survive. Venezuelan oil production, having dropped 69 percent in two years, is down to just over 700,000 barrels a day — and half a million of those go to China and Russia to repay debts. Gold reserves have dwindled to $4.2 billion, from $19 billion in 2011, according to Russ Dallen of Caracas Capital Markets. Since it has defaulted on $25 billion in debt, Venezuela is unable to borrow.

Can the Maduro government survive this squeeze? The Trump administration thinks not, while Mr. Maduro is guessing he can, at least until the next U.S. election. Meanwhile, Venezuelans starve.

Venezuela está en guerra y el continente lo está por Luis Corona y Paciano Padròn – Diario Las Américas – 16 de Septiembre 2019

El régimen criminal, además de la crisis humanitaria a lo interno, ha originado una migración de magnitud jamás vista en nuestro continente, afectando social, económica y políticamente a todos los países de América

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Fotografía del 10 de septiembre de 2019 de un ejercicio militar de las fuerzas del régimen de  Nicolás Maduro en el aeropuerto Francisco García de Hevia, en la población fronteriza de La Fría en el estado de Táchira, Venezuela.   AP/Rafael Urdaneta Rojas

Lo que sucede con el régimen de Maduro no es cuestión solamente de los venezolanos, incumbe a todo el continente y más allá, sus consecuencias directas afectan no solo a nuestros más cercanos vecinos, a Colombia y Brasil, sino que alcanza también a otros. Hoy Venezuela está sometida al crimen organizado, los líderes del régimen tienen expedientes delictuales, han sido inculpados de narcotraficantes, de protectores del terrorismo internacional y de organizaciones guerrilleras que atentan contra la paz, todo esto bajo la conducción del régimen castro comunista, con la contribución bélica de Rusia, el soporte económico de China y negociaciones con Turquía e Irán. Venezuela está en guerra y el continente lo está.

Estamos en presencia de un Estado forajido, como lo demuestra la destrucción de toda la capacidad de producción, incluida la industria petrolera, encontrándonos hoy en el caos económico y social que origina hambre ya crónica en el 70% de la población. Estado forajido desconocido por los principales países democráticos del mundo, por su continua y flagrante violación de los derechos humanos, tal como lo refleja el alarmante informe de Michelle Bachelet, alta comisionada de Naciones Unidas. Estado forajido que incumple leyes y convenios internacionales que tienen como finalidad la preservación del orden y la paz mundial.

El régimen criminal, además de la crisis humanitaria a lo interno, ha originado una migración de magnitud jamás vista en nuestro continente, afectando social, económica y políticamente, en mayor o menor grado, a todos los países de América, poniendo en peligro su paz, seguridad y estabilidad. Según el estudio “Diáspora”, hecho en el segundo trimestre de 2019 por Consultores 21 –asociados de VenAmérica– la diáspora no solo sigue creciendo, sino que el 25% de los venezolanos que continúan en el país, están decididos a abandonarlo, con destino ya seleccionado.

El éxodo es hoy superior al 20% de la población total, y tiene la intención de duplicarse en los próximos meses Estamos ante las consecuencias de una guerra no convencional, donde el régimen del crimen organizado ha venido ganando batallas en forma progresiva, produciéndose en estos momentos un “genocidio”, si lo evaluamos por las muertes que a diario se producen por hambre, falta de adecuado tratamiento médico y por la delincuencia desbordada.

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 Efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y de la policía del régimen de Nicolás Maduro intentan contener a vecinos que protestan por la falta de agua potable en un barrio de Caracas, Venezuela.

Venezuela está en guerra y el continente lo está, ante la “mirada vigilante”, pero sin acción definida de la comunidad internacional, que no articula en su conjunto acciones concretas y contundentes.

Desde VenAmérica hemos convocado la acción de los Estados miembros del TIAR, a los parlamentos de los países miembros, a la sociedad civil organizada y a los medios creadores de opinión pública. Se acabó el tiempo de la retórica declarativa, es hora de pasar a la acción. Los Estados y los poderes que los conforman, incluyendo a sus fuerzas armadas, deben concientizarse de que más adelante puede ser demasiado tarde para el continente.

Por todo lo expuesto, los Estados miembros del TIAR no deberían dar más dilación a su actuación para la seguridad y paz de la región, y la ONU debería dar un paso de acción hacia adelante. Lo declarativo tuvo su tiempo. Venezuela está en guerra y el continente lo está. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, es hoy un instrumento válido. Manos a la obra. E-

“No hay ninguna condición para pensar que el éxodo venezolano vaya a disminuir” por Francesco Manetto / Santiago Tirado – El País – 13 de Septiembre 2019

Felipe Muñoz, gerente del Gobierno colombiano para la frontera con Venezuela, afirma que las restricciones y las visas no frenan una “migración de supervivencia”

Felipe Muñoz, durante la conversación con EL PAÍS.
Felipe Muñoz, durante la conversación con EL PAÍS.

Felipe Muñoz (Bogotá, 1970) es responsable de la gestión de uno de los territorios más problemáticos del mundo. Como gerente para la frontera con Venezuela del Gobierno colombiano de Iván Duque, es el encargado de atender una emergencia migratoria sin precedentes en la región. Con más de 1,4 millones, Colombia es el principal receptor de migrantes que huyen de una devastadora crisis económica e institucional. Muñoz visitó esta semana Madrid dentro de su gira por Europa, con paradas en Ginebra, Ámsterdam y Londres.

Respuesta. El último reporte de ACNUR y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) marca 4.298.000 venezolanos, casi el 14% de su población, que han emigrado en los últimos tres años. Eso, hoy por hoy, después de la crisis siria, convierte la migración de Venezuela en la segunda no solo más numerosa sino más compleja. Porque además del volumen, ha sido muy rápida. La situación en que está saliendo la gente de Venezuela hace que los países estén recibiendo una población con inmensas necesidades de salud, de educación, con todas las carencias, por lo cual es un reto humanitario de nivel global.

P. ¿Cómo está afectando a Colombia y cómo va a repercutir en el mediano plazo?

R. Colombia recibe, de ese volumen, el 33% de todos los migrantes. Uno de cada tres venezolanos que hoy está saliendo se queda en Colombia. A eso se suma que tenemos una migración de tránsito de los que cruzan para intentar seguir hacia los otros países de la región, a los retornados colombianos que vivían en Venezuela y a los migrantes pendulares que se mueven en la frontera, vienen a demandar servicios de salud y vuelven porque viven en Venezuela y no se han podido mover. Es decir, Colombia hoy no solo es el mayor receptor de la migración sino que está bajo una gran presión en todos sus servicios sociales para poder atender con la política de puertas abiertas que ha dictado el presidente Duque.

P. ¿Qué le parece el comportamiento de la sociedad? ¿Teme que, de alguna manera, una reacción de los colombianos?

R. La sociedad colombiana ha sido enormemente generosa. Nos tenemos que sentir orgullosos como sociedad de lo que estamos haciendo en el manejo de la migración. Aquí no solo es el Gobierno Nacional, son los gobiernos locales, la Iglesia, las ONG, la sociedad civil. No obstante, las encuestas empiezan a mostrar por primera vez indicadores por debajo del 50% en la aprobación que tienen los colombianos por la llegada de los venezolanos, derivado de que en algunos casos estamos llegando a lo que hemos denominado niveles de aglomeración. Por ello es que estamos yendo ante la comunidad internacional a solicitar más ayuda.

P. Colombia parece cada vez mas sola en su postura de acogida. ¿Qué esperan de los demás países de la región?

R. La colaboración regional es absolutamente vital, y el canciller [Carlos Holmes Trujillo] ha jugado un papel fundamental. No solo en el liderazgo político del Grupo de Lima –que ha logrado el reconocimiento a Juan Guidó por muchos países– sino en el proceso de Quito, en el cual la idea es armonizar las medidas migratorias. Por lo tanto en la próxima sesión, que será en Bogotá, la idea es volver a discutir el tema con estos países porque si no tomamos medidas comunes va a ser malo para todos. Imponer visas y restricciones lo único que genera cuando es una migración de supervivencia, como la venezolana, es que de todas maneras la gente pase pero por la trocha [como se conocen los pasos clandestinos], no se pueda identificar y sea una migración desordenada.

P. La apuesta de Iván Duque ha sido internacionalizar este conflicto. ¿Qué esperan de la comunidad internacional?

R. A petición de Colombia el secretario general de Naciones Unidas delegó a Eduardo Stein como comisionado especial. Parte de la visita que estoy haciendo a Europa busca seguir con ese proceso de llamar la atención. La comunidad internacional ha jugado un rol importante. En lo humanitario, ha habido una cooperación, pero creemos que aún es insuficiente comparando la dimensión de la crisis con otras en el mundo. Un reciente estudio de la OEA mostraba que para otras de las crisis migratorias el volumen de los recursos ha sido mucho mayor. Necesitamos más ayuda.

P. Un cambio en Venezuela, como pide su Gobierno, alteraría las tendencias migratorias. Pero en cualquier caso es un fenómeno de grandes magnitudes. ¿Cuáles son los escenarios que maneja Colombia?

R. Para Colombia no es un tema simplemente de vanidad diplomática, sino de seguridad. Porque no solo estamos ante esta crisis migratoria sino ante un régimen que está albergando y protegiendo a terroristas reconocidos por el mundo para que atenten contra los colombianos. Con lo cual el tema del cambio en Venezuela no solo es un debate diplomático, sino un tema absolutamente trascendental para Colombia. No obstante, reconocemos que si mañana hubiera un cambio de régimen muchos de los migrantes se van a quedar. Por eso hemos empezado una política también de inclusión económica. En este momento las expectativas no son muy halagadoras, porque no hay ninguna condición social y económica en Venezuela que nos haga pensar que el éxodo vaya a disminuir. Muy por el contrario, creemos que todos los días aumenta. Tenemos algunas proyecciones. Si se comportara de la misma manera, vamos a terminar con cerca de 1,9 millones este año y si las cosas se agravaran podríamos subir hasta 2,5 millones.

P. ¿Y todo esto cómo repercute en la seguridad de la frontera?

R. Es un tema adicional que nos toca atender. Al lado de la frontera venezolana, operan el ELN, las disidencias de las FARC, los grupos irregulares con todo tipo de negocios ilícitos. Incluso de extorsión a los migrantes. Los impactos son en salud, educación, vivienda, agua, pero también en seguridad.

P. Cuéntenos cómo es esa frontera.

R. Es importante que la gente sepa y entienda que es una frontera de 2.219 kilómetros. Es más de lo que hay entre Madrid y Berlin. Hay desierto, serranía, ríos, donde además no había un control real porque han sido países hermanos, con unas ciudades casi conurbadas. Tenemos siete puntos migratorios formales, pero alrededor de la frontera hay muchos otros puntos donde es difícil hacer un control en la totalidad del territorio de una frontera porosa. Es decir, al fin y al cabo tendríamos que buscar una actividad conjunta de seguridad con un Gobierno con el cual se pudiera tratar para tener una frontera en las mejores condiciones.

P. ¿Cómo ha transformado la sociedad colombiana la migración venezolana?

R. Colombia cambió para siempre después de este fenómeno migratorio. Hace cinco años, decía Migración Colombia que había 140.000 extranjeros en su totalidad. Hoy hay 10 veces más solamente en venezolanos. Eso ha cambiado toda la estructura de Colombia. Pero son pueblos muy similares, hay unas identidades lingüísticas, culturales, lazos familiares que creemos que en medio de la tragedia nos deben ayudar a hacer un proceso más fácil de integración. Por eso pedimos ayuda de la comunidad internacional.

P. ¿Pueden cuantificar a los ciudadanos colombianos retornados?

R. Estamos en un proceso de responsabilidad histórica, porque hubo más de tres millones de colombianos que se fueron a Venezuela hace 20, 25, 30 años. Por causa de la situación de violencia o posibilidades económicas en Venezuela. Y además de los venezolanos, están volviendo grupos de colombianos, calculamos que 400.000. Y ahí tenemos un inmenso reto: poderles dar rápidamente identificación para integrarlos en las redes de seguridad social.

P. ¿Qué está pasando con los militares venezolanos que se fueron y ahora se encuentran en Cúcuta?

R. No fue el Gobierno colombiano quien los invitó a Colombia. Tomaron la decisión de venir y desde ese momento hicimos tres tareas. Ellos hicieron solicitud de refugio y el Gobierno de Colombia los tuvo en unos hoteles, pagados con recursos nuestros, con tres comidas diarias. Entendiendo que eso no era suficiente, decidimos darles un Permiso Especial de Permanencia (PEP), tres meses de ayuda, un apoyo para un arriendo, unos insumos básicos y unos víveres. Estamos en esta etapa, ya se les pagó la primera cuota a los que estaban en Cúcuta. Ellos están en contacto con su embajada acá, con el embajador Calderón Berti [representante de Juan Guaidó]. Es desafortunado lo que les pasó, entendemos su situación, pero como Gobierno nos sentimos tranquilos.

P. Ya hay un campamento de Acnur en La Guajira. ¿Está previsto que se abran más?

R. Maicao tal vez s el stio más complejo de toda la crisis migrartoria. Su población ha crecido en más del 20% en dos años y porque traía unas características particulares de atrasos y problemas que lo volvían en un sitio muy vulnerable. Y había muchas personas en la calle, sobre todo niños. Por eso solicitamos a ACNUR que montara un campamento temporal. A los que entran se les estabiliza, sobre todo mujeres y familias con niños, y se trata de establecer una ruta de salida del campamento que permita que cuando salgan tengan alguna opción de tener una mejor vida. Algunos se van a otra ciudad, otros se vuelven a Venezuela y otros toman otros rumbos. No es una solución definitiva, pero demuestra la gravedad de la crisis en la que estamos.

Los “huérfanos” del éxodo venezolano – El Nacional – 7 de Noviembre 2019

Uno de cada cuatro migrantes se despide de algún hijo. Cecodap indica que 846.000  de niños que se encuentran al cuidado de otros miembros familiares

Muchos niños se convierten en “huérfanos” del éxodo venezolano y se quedan en el país mientras sus padres se ven obligados a emigrar para mantener a sus familias. Frankeiber Hernández tenía 16 años cuando pasó su primera Navidad sin su mamá. Al año siguiente, se sumó la ausencia del padre.

La peor crisis en la historia reciente de Venezuela empujó a los padres de Frankeiber a Perú. Los hermanos quedaron al cuidado de su abuela de 58 años y su esposo de 70 años.

Uno de cada cuatro migrantes se despide de algún hijo, estipula los cálculos de la ONG Cecodap.

«846.000 niños se encuentran en estas condiciones. La personalidad de los niños cambia tras la separación», explicó Abel Saraiba, advirtiendo que este año superarán el millón de “huérfanos” por el éxodo venezolano.

Con 3,6 millones de venezolanos que dejaron atrás su país desde 2016, se multiplicaron los infantes que crecen en hogares sustitutos con los abuelos como principales cuidadores.

«Puedo llegar a deprimirme, pero  sigo teniendo la esperanza de que vuelvan a vivir en Venezuela”, reconoció Frankeiber, ahora estudiante universitario de 18 años.

Este año, los venezolanos en el exterior enviarán unos 3.000 millones de dólares en remesas, estimó la consultora Ecoanalítica.

La ruptura creó familias trasnacionales en Venezuela, cuyos pilares son las comunicaciones digitales y las remesas. La integración de estos niños en la sociedad dependerá de su cuidado y los expertos recomiendan a los padres no crear falsas expectativas de próximos reencuentros para evitar traumas.

Holodomor por Bernardino Herrera León – TalCual – 3 de Septiembre 2019

Holomodor significa “matar de hambre” en ucraniano. Con esa palabra, el escritor Oleksa Musienko identifica uno de los tantos genocidios del siglo XX. En ese caso, el que llevó a cabo el régimen dirigido por Joseph Stalin para aplastar la resistencia del campesinado contra la colectivización, entre 1932 y 1933. Los archivos oficiales de la Unión Soviética, aunque reconocen un millón y medio de muertes, niegan tal holocausto. Pero los cálculos de El libro negro del comunismo, escrito por excomunistas franceses, lo estiman en diez millones de víctimas. En Ucrania la tragedia se conmemora el cuarto día de cada noviembre y se admite la aterradora cantidad de 7 millones de seres humanos.

Quienes por distintas razones hemos experimentado el malestar que se siente luego de más seis horas sin probar bocado, tenemos idea de lo extremadamente doloroso que es padecer hambre. Morir de hambre no es como un infarto o una enfermedad respiratoria, que mata rápidamente. El hambre mata de muchas formas en una larga agonía que en promedio puede durar dos intensos meses. En dos días de mal comer se agota la glucosa. En dos semanas, quemamos toda nuestra grasa. El tiempo restante, consumimos todas las proteínas y el tejido de masa muscular. Esta última fase es sumamente dolorosa pues el cuerpo, literalmente, se come a sí mismo. La hambruna es una muerte fácil de ocultar, difícil de calcular, pues se disimula en multitud de enfermedades cotidianas, de epidemias y de pandemias.

En las guerras del pasado, la hambruna fue un “arma de guerra”. Efectiva para forzar la rendición incondicional de los vencidos. Su uso es más frecuente, a medida que retrocedemos en el tiempo, cuando la moral humana se debilita en la barbarie. La relación competitiva entre grupos humanos diferentes fue de una inenarrable brutalidad. Pero una cosa es el uso de la hambruna como arma de guerra y otra la crueldad con se aplicaban premeditadamente estos “métodos” para castigar a enemigos ideológicos o religiosos.

El 26 de agosto de 1789, fue aprobada la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” por una Asamblea Nacional Constituyente, en Francia. Unos años antes, la declaración de independencia norteamericana consagraba también sus principios básicos: justicia, bienestar general y libertad. En aquellas formidables ideas ya se repudiaba el genocidio. Poco después, vendrían los tratados de regularización de las guerras, que intentaban disminuir la brutalidad contra los vencidos. Garantizar la vida de quienes se rindieran resultó ser un incentivo para reducir el costo material y humano de las guerras. Pero será desde el 8 de agosto de 1945, cuando se instituye por primera vez el concepto de “crímenes contra la humanidad”, predecesor de otro más elaborado Estatuto de Roma, de 17 de julio de 1998. Desde entonces, los genocidios son condenados y apenas procesados por una aún incipiente justicia internacional.

Todo el peso de este marco moral histórico, toda esta jurisprudencia, hacen mucho más grave el caso de la tragedia venezolana. A un siglo del Holidomor ucraniano, el régimen chavista lleva a cabo otro espantoso genocidio, exterminando a la población de su nación por hambruna, desasistencia médica, altas tasas de homicidios y ejecuciones extrajudiciales masivas, entre otros “métodos”.

El éxodo masivo terminaría de completar el ajuste demográfico que, estiman, sería el ideal para mantenerse en el poder, a bajo costo. Su plan consiste en reducir la demanda social y facilitar el control represivo sobre potenciales brotes de rebeldías y estallidos sociales. Por el momento es imposible calcular el costo en vidas.

Todas estas gravísimas afirmaciones ya se observan a simple vista. La premeditación y la alevosía del régimen chavista se confirma por su persistente negación de la crisis. Su discurso, completamente divorciado de la realidad niega la gravedad extrema de lo que sucede. Su empeño en culpar a otros de este desastre es su recurrente negacionista más usado. Antes la “guerra económica”, ahora el “bloqueo”. No bastaron 20 años en el poder, ni los más abundantes recursos jamás percibidos en nuestra historia para alcanzar una supuesta independencia económica de los Estados Unidos. Sabemos que tal dependencia no era tal. Son argumentos completamente falsos.

Es crucial para las fuerzas democráticas que aun sobreviven en el país, y fuera de él, que pongamos en perspectiva esta nueva fase de la tragedia venezolana. La actual crisis humanitaria no es resultado de un mal gobierno. Tampoco del fracaso de una política económica. Este caos es premeditado. Es inducido. Planificado con fría y extrema crueldad. Propia de mentes enfermas, embriagadas de poder y de odio político y social.

Con la dictadura chavista no cabe un “perdónalos señor, que no saben lo que hacen…”. Ellos, sí saben, y muy bien, lo que hacen. Monitorean a diario el avance de su siniestro plan. Es de extrema importancia tomarlo en cuenta, sobre todo, para desmontar el discurso de los teóricos “cohabitacionistas”, que definen al chavismo como un grupo político más, al que simplemente hay que relevar del poder.

No lo es. Desde sus orígenes, el chavismo conspiró militar y clandestinamente. La antipolítica, el odio a la democracia está en sus genes. Lo demuestran ahora de forma cruel, brutal y devastadora.

La dirigencia opositora no parece caer en cuenta de este drama tan real como grotesco. Está ocupada en una especie de campaña electoral. Sus dirigentes muestran risas de alegría. No sabemos dónde las obtienen.

No nos damos cuenta. Nos acostumbramos a ver gente comiendo de la basura. A dejar que algunos ancianos, mujeres y niños coman de las sobras que dejamos en los restaurantes. A dar trozos de pan a niños en situación de calle. A observar los cuerpos famélicos deambulando por las calles. Ya es común oír llantos de hambre en las esquinas.

Aún no se percibe la crudeza del impacto de la primera fase de la hambruna venezolana. Pero, este último salto hiperinflacionario, que ahora se desata súbitamente, impactará muy rápido. La población que ya arrastra carencias nutricionales se verá de pronto sumergida en una nueva ola masiva de hambruna severa. Comer un bocado al día será un milagro. Las enfermedades acechan.

Como Oleska Musienko con el Holodomor, habrá que bautizar del algún modo, uno de estos días, a esta espantosa tragedia venezolana.

La migración y la trata de personas – Avila/Montserrate No. 30 – 1 de Septiembre 2019

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E l afán razonable de mostrar la migración de los venezolanos como un proceso que puede desatar aportes virtuosos a la sociedad de acogida, nos hace olvidar la profunda vulnerabilidad de esos ciudadanos que huyen de una crisis que empobreció a vastos sectores de la sociedad. A otros los condenó a ser dependientes estructurales del Estado y su inclinación política.

La oleada de migración forzada hacia el sur es cada vez más pobre en términos de su condición socioeconómica de origen. Lo que les convierte en altamente vulnerables ante varias formas de crímenes y explotación, entre ellas, la trata de personas.

Estos flujos de movilidad humana masiva han provocado crisis en las fronteras de los países de destino. Se dan las condiciones perfectas para la aparición del crimen organizado que se aprovecha de las necesidades de los migrantes: transporte, paso ilegal de la frontera, identificación, permisos de movilidad especial y financiamiento. Un problema en especial para mujeres, niños y niñas que viajan solos cuya vulnerabilidad extrema los hace víctimas fáciles de la explotación sexual, el maltrato y el tráfico.

En uno de los tres protocolos de Palermo se advierte expresamente contra el contrabando de migrantes a través de cualquier vía. En el más relevante de ellos, se diseñan las líneas de acción para que los Estados actúen sin dilación ni restricciones frente al crimen organizado dedicado a la trata y explotación sexual de personas.

Este protocolo ha sido adoptado por 171 países, entre ellos Colombia, Ecuador y Perú. Todos lo ratificaron en diciembre de 2003. Ahora estos países viven intensamente el episodio de la Movilidad Humana Venezolana. Sus Estados, que no se han mostrado indiferentes frente a la tragedia venezolana, deben mantener las obligaciones derivadas de participar de este protocolo y evitar tomar decisiones que agraven aún más el tránsito regular de los migrantes. Decisiones particulares que restringían el tránsito son justo lo requerido para la aparición del crimen organizado o no organizado que reconoce la aparición de un ‘mercado’, provocado por las decisiones irreflexivas de los Estados.

El crimen multinacional sabe oler la vulnerabilidad del migrante. Los elige por su particular necesidad inmediata. Es presa fácil para el engaño, ante las trabas para encontrar destino y estabilidad. El cierre de alternativas legales por parte de los Estados genera esta situación. El crimen sabrá aprovecharlas.

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