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¿Cuántos migrantes y refugiados más podemos esperar de Venezuela? por Dany Bahar y Douglas Barrios – Brookings – 11 de Diciembre 2018

El éxodo de venezolanos por la crisis pone a prueba la hermandad con Colombia

El éxodo de venezolanos por la crisis 

Los venezolanos que han huido del país ya superan los 3 millones, con más de un millón en Colombia. Las autoridades colombianas han declarado que esperan que la cantidad de venezolanos en el país se duplique en los próximos 12 meses. Venezuela parece estar atrapada trágicamente en una perversa “trampa maltusiana” moderna, donde la falta de acceso a los alimentos es un determinante importante de la tasa de emigración. Las condiciones actuales son tan complicadas que incluso si el gobierno pusiera todos sus ingresos netos del petróleo—la principal y casi única exportación de Venezuela, que es de propiedad pública— para alimentar a los más necesitados, todavía habría una parte sustancial de la población cuyas necesidades calóricas básicas no serían cubiertas.

La herramienta que desarrollamos (abajo) muestra que, en función de los factores que determinan el ingreso extranjero de Venezuela (producción de petróleo, precio del petróleo y entradas de otras fuentes de recursos extranjeros, como remesas), el número total de migrantes y refugiados venezolanos en el mundo podría llegar a 8.2 millones. Nuestro cálculo incluye los 3 millones de venezolanos que ya están fuera del país. Si esto se materializa, la tragedia venezolana eventualmente superaría la crisis de refugiados sirios, como argumentamos en un post anterior. Leves cambios en las condiciones que definen la situación económica en el país pueden afectar significativamente el número esperado de migrantes y refugiados totales, como se puede ver a continuación.

The Venezuelan Exodus: How many more migrants and refugees might flee?

The United Nations recognizes that 3 million Venezuelans have already left the country given the ongoing humanitarian crisis. Use our tool and move the sliders below to estimate the totalnumber of Venezuelan migrants and refugees that we can expect in the near future, given slight changes in the country’s ability to provide for its own people, as determined by its income in terms of oil production, oil prices, and access to foreign resources (remittances or aid).

Parametros del modelo:

  • Producción petróleo : 1.17 MMBPD
  • Precio barril : 54 US $
  • Remesas/Ayuda : 2400 MM US$
  • Proyección migrantes : 8.2 MM personas equivalentes al 25.8 % de la población 2018

Nuestro escenario base refleja las condiciones actuales. La capacidad de producción de petróleo de Venezuela se ha derrumbado y, en noviembre de 2018, el país produjo 1.17 millones de barriles por día. El precio promedio del petróleo venezolano en noviembre de 2018 fluctuó entre $ 53 y $ 55 por barril; y, según algunas fuentes independientes, las remesas se estiman en $ 2400 millones por año. El modelo utiliza varias suposiciones que detallamos en este documento.

¿Cómo llegamos a estos números? Modelamos cuántas calorías se podrían importar si toda la moneda extranjera que ingresa al país se utiliza para importar alimentos para ayudar a la población necesitada. En nuestro modelo, esos recursos incluyen financiamiento gubernamental a través de los ingresos netos de las exportaciones de petróleo más recursos privados en forma de remesas. Además, el modelo asume que las importaciones de alimentos son eficientes: el país solo importa bienes que brindarán el mayor beneficio nutricional al menor costo posible, con los bienes asignados perfectamente de modo que cada individuo reciba lo suficiente para complementar su ingesta actual cubrir estándares mínimos nutricionales. Si el proceso en la realidad no fuere tan eficiente como suponemos, es probable que estemos subestimando los números.

Sin embargo, cualquiera que sea la suposición que usemos, una conclusión es clave: la situación actual en Venezuela es tan crítica que todos los recursos disponibles que fluyen en el país simplemente no son suficientes para importar todos los alimentos necesarios para complementar las necesidades nutricionales básicas de los venezolanos viviendo bajo la línea de pobreza. Nuestra estimación es que las personas cuyas necesidades calóricas mínimas no pueden satisfacerse bajo estas dinámicas eventualmente se verán obligadas a migrar.

Es importante tener en cuenta que éste es un modelo simple y no captura muchas dinámicas importantes. Por ejemplo, algunas de las personas que no pueden cumplir con los niveles mínimos de subsistencia podrían ser muy débiles como para hacer el difícil viaje que enfrentan muchos migrantes venezolanos. Alternativamente, la población restante que sí puede alcanzar los niveles de subsistencia no necesariamente tiene buena calidad de vida: de hecho, enfrentarían aún una inseguridad alimentaria, acceso limitado a la medicina y tratamientos médicos apropiados, además de represión política y actividades delictivas desenfrenadas. Por lo tanto, éste último grupo también podría migrar dada las circunstancias. En fin, éste modelo no pretende ser una estimación precisa de los flujos migratorios, sino más bien indicar su escala potencial.

Nuestra herramienta muestra que la situación puede empeorar rápidamente. Si la producción de petróleo sigue colapsando y alcanza un millón de barriles por día, sin cambiar ninguna otra variable, podríamos esperar que el número total de migrantes y refugiados llegue a más de 10 millones. Incluso si el precio del petróleo se recupera en 2019 a un nivel de alrededor de $60 por barril, lo que puede ser una estimación alta basada en las cotizaciones actuales de los precios futuros del petróleo, eso no sería suficiente para evitar un aumento significativo en la escala de la crisis migratoria.

Recientemente, las Naciones Unidas anunció una asignación de $9.2 millones de dólares en fondos de emergencia para Venezuela. Para revertir la catástrofe humanitaria que obliga a las personas a migrar, muestra nuestro modelo, se necesita ayuda a mucha mayor escala, probablemente en los miles de millones. Esto supone que cualquier cantidad de ayuda extranjera otorgada en un acuerdo con el gobierno venezolano, ya sea por $9 millones o cualquier otra cantidad, se utilizará para ayudar al pueblo de Venezuela y no se perderá en la corrupción característica del gobierno.

La crisis venezolana de migrantes y refugiados probablemente empeorará ante la ausencia de cambios que mejoren en Venezuela. Reconocemos la simplicidad de nuestro modelo y somos plenamente conscientes de que esta crisis se debe a muchos más factores que los que se incluyen en nuestra simple ecuación. Muchos otros factores son parte de lo que impulsa a cada individuo y su familia a dejar todo atrás y huir. Solo esperamos poder contribuir con una estimación para que la región se prepare de acuerdo con parámetros claves que determinan la profundidad de la crisis humanitaria de Venezuela, una tragedia creada por el régimen actual.

Tocar para vivir: los sonidos del éxodo – Latin Vox Machine – Diciembre 2018

 

Latin Vox Machine es un proyecto sinfónico ideado en el año 2017 por el productor y realizador venezolano Omar Zambrano junto a varios artistas y colaboradores locales en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

UN Annual Humanitarian Plan to Include Nations Assisting Venezuelan Exodus – Latam Herald Tribune – 4 de Diciembre 2018

The United Nations included Venezuela within its annual contingency plans for the first time on Tuesday and said it will assist South American and Caribbean nations that have led the humanitarian assistance to the residents of the country that have been forced to flee as a result of the acute crisis it is enduring.
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The UN’s plans will neighboring countries to cope with the inflow of millions of Venezuelan refugees and migrants who have no prospect of returning in the short to medium term.

“There is one crisis which, for the first time, we have a response plan for, which is to help those countries neighboring Venezuela deal with the consequences of large numbers of Venezuelans leaving,” UN emergency relief coordinator Mark Lowcock said.

The UN has estimated the Venezuelan crisis will require $738 million (648 million euros) to reach 2.2 million beneficiaries.

Lowcock explained that nearly all neighboring countries will obtain financial assistance according to their humanitarian work-load.

Lowcock added the UN had reinforced its health and food assistance to Venezuela and more can be done if the authorities voiced their agreement.

The Humanitarian aid chapter devoted to Venezuela states that 2.6 million nationals have fled the country due to the crisis and that 1.9 million left since 2015.

However, the UN warned of increased vulnerability among Venezuelan refugees, in recent months, after being forced to walk for weeks, sometimes crossing two borders before reaching their final destinations.

“In 2019, an estimated 3.6 million people will be in need of assistance and protection,” the UN appeal warned.

“What we have agreed with the government of Venezuela is we should strengthen our collaborative work and support for example in the area of health services and nutrition,” the coordinator added.

La asfixiante vida de los venezolanos tras un año de hiperinflación por Florantonia Singer – El País – 4 de Diciembre 2018

El 48% de las familias son pobres. La carne y la fruta se han convertido en productos de lujo y los negocios se ven obligados a cerrar

Un hombre en un mercado en Caracas. En el vídeo, ciudadanos venezolanos hablan sobre la hiperinflación. GETTY / EPV

Los números, en Venezuela, ya no dicen casi nada. En noviembre del año pasado se registró una inflación récord: los precios aumentaron ese mes un 57%, según el seguimiento que hace la Asamblea Nacional. Venezuela entró en la temida hiperinflación que se advertía desde hacía dos años. Aunque la cifra de este noviembre aún se desconoce, en octubre ya triplicó la registrada hace un año, un porcentaje escandaloso para los economistas que se convierte en sofocante en la vida cotidiana. El viernes, las autoridades venezolanas anunciaron una devaluación del bolívar del 43%. Un día antes habían elevado el salario en un 150%.

Cancino vive ahora del pequeño cafetín que abrió en una clínica en Caracas a principios del terrorífico 2018 que pintaban los expertos. Llevaba seis meses sin trabajo, después de que disolviese la compañía que tenía con otros socios residentes en el extranjero. “Todos los meses renunciaba el personal porque se iba del país. Todos los meses teníamos que entrenar a nuevos empleados, se hacía imposible seguir trabajando acá. Era muy difícil estar ajustando salarios, retener a las personas, lidiar con aumentos de alquiler y fallas de servicios”. Los pocos ahorros en dólares que tienen ella, su marido y sus hijas de seis y 12 años los preservan como un seguro: para cuando venga una emergencia médica

Karina Cancino, ayer en su puesto de café en una clínica de Caracas.
Karina Cancino, ayer en su puesto de café en una clínica de Caracas. F. S.

Para los venezolanos, la hiperinflación —un fenómeno del que la región no sabía desde principios de la década de los noventa, cuando Perú sufrió una fortísima subida de precios— ha implicado un empobrecimiento mayor del que se ha registrado nunca antes en América Latina. Primero porque la voracidad de la escalada inflacionista se produce en un país sin apenas industria y sin agricultura y totalmente dependiente de la importación, lo que ha cronificado el desabastecimiento. Segundo, porque un año después del problema —al menos en la definición técnica de hiperinflación, porque la escalada había empezado mucho antes—, el Gobierno de Nicolás Maduro ni siquiera se refiere al mal por su nombre, sino que lo mete en el saco de la llamada “guerra económica” que ha afrontado con medidas contraindicadas. A una economía infestada de liquidez, las autoridades le siguen agregando dinero con consecutivos aumentos de salarios y bonificaciones que el fisco no está en capacidad de respaldar, por lo que se ve obligado a imprimir más y más billetes. El perro que se muerde la cola.

César Reina, de 45 años, ha perdido peso, aunque con los ingresos extra dice que se ha repuesto: come una o dos veces al día

César Reina, de 45 años, hace milagros con el sueldo mínimo que gana como mensajero en una empresa. “Antes, uno podía guardar un poco del salario y juntar para comprarse algo. Ahora se vive al día”. Vive al día en un barrio en La Guaira, en las afueras de Caracas, y desde hace dos meses comenzó a ocupar las horas que le quedan libres haciendo trabajo de albañilería a destajo. “Pinto, reparo cosas, hago lo que sea. Con eso pude pagar la inscripción y los útiles escolares de mi hija pequeña, porque solo el pantalón para la escuela me costaba 1.800 bolívares [el salario mínimo que regía desde agosto hasta este jueves, cuando el Gobierno lo aumentó hasta los 4.500 bolívares soberanos]”. La mayor de sus hijas, de 21 años, emigró a Chile a principios de noviembre sin ni siquiera haber podido terminar la carrera de Comunicación Social. “Allá ya tiene trabajo y está mejor”.

César Reina, ayer en Caracas.
César Reina, ayer en Caracas. F. S.

Reina reconoce que ha perdido peso, aunque con los ingresos extra dice que se ha repuesto: come una o dos veces al día. La sardina se ha vuelto común en su dieta. “En mi barrio era tradición los domingos hacer una sopa de costilla y pollo para compartir con los vecinos, pero ya no se puede hacer sopa y mucho menos compartir”.

Desde la populosa Petare, cerca de la capital, Maura García también hace magia con los ingresos mínimos que recibe para cubrir las cuentas y apoyar a hijos y hermanos. En su sector llegaban con cierta regularidad las bolsas del Clap, el programa de alimentos a bajo costo que ideó Maduro para compensar las dificultades para acceder los alimentos en un país donde las muertes por desnutrición van en aumento. Desde hace más de un mes no llegan y durante el último año la energía del día, más que en el trabajo, la gasta en conseguir comida: con intercambios entre compañeros o haciendo largas colas cuando llegan los productos con precios regulados a los supermercados. “Hace tiempo que no sé lo que es comer carne ni frutas”. Con su sueldo apenas puede comprar 15 huevos. Como en el caso de Reina, uno de sus hijos emigró a Colombia hace un año. Aun en situación irregular, puede enviar algo de dinero para que su madre pueda comer.

Sin visos de cambio

La Encuesta de Condiciones de Vida, presentada esta semana por la Universidad Católica Andrés Bello, refleja que el 48% de los hogares venezolanos son pobres, dos puntos más que un año antes. Esa es una de las razones que más ha empujado la migración, que se calcula en casi 700.000 personas solo este año, un éxodo que también ha estimulado una economía de remesas que da cierta holgura a un grupo. Como en todas las hiperinflaciones recientes, el dólar se ha hecho cada vez más común para las transacciones: las divisas extranjeras han reemplazado al devaluado bolívar en consultas médicas, servicios profesionales y técnicos y hasta para comprar algo tan básico como harina de maíz en el mercado negro.

Maura García, ayer en el barrio de Petare, en Caracas.
Maura García, ayer en el barrio de Petare, en Caracas.

“Cuando entramos en hiperinflación no imaginábamos que fuera tan agresiva. Esperábamos algo como lo que ya había ocurrido en Sudamérica, de 20.000% o 50.000% como en Bolivia, pero esta ha rebasado todo”, explica el diputado José Guerra. La hiperinflación venezolana ya es la tercera más prolongada de cuantas han sacudido América Latina, solo superada por la de Bolivia en los años ochenta —18 meses— y la de Nicaragua, también a finales de aquella década —58 meses—.

El FMI prevé que Venezuela cierre 2018 con una inflación de siete dígitos, en el entorno de los 2.500.000%, una cifra que se hace incluso difícil de pronunciar. Las recientes medidas anunciadas por Maduro de aumentar salarios proyectan un espiral ascendente de los precios: para honrar los compromisos se ha aumentado la masa monetaria entre 15% y 20% cada semana. “La hiperinflación va a seguir el próximo año, porque las causas que las han motivado se mantienen y parece que el Gobierno tiene más cerrados los accesos a financiamiento externo”, agrega Guerra.

Los hermanos Nil y Manuel Rodríguez Domínguez cerraron en noviembre el bar familiar que mantuvieron por 28 años en Chacao, una zona de juerga al este de Caracas. Una calurosa despedida con clientes habituales de la tasca le puso un precipitado cierre a un ciclo. “El último año se hizo muy difícil sostener el ritmo de precios”. El negocio vivía de la cerveza, que empezó a aumentar tan rápido que se hacía difícil ofrecerla a un precio que la gente pudiera pagar y que a ellos les quedaran ingresos para reponer el inventario. Estos malabares se han convertido en habituales entre los comerciantes, pero los hermanos han tirado la toalla: han vendido el negocio y emigrarán a Galicia, en España, a la tierra de sus padres. Hace un año, el precio del dólar paralelo llegó a los 100.000 bolívares (que hoy equivalen a un bolívar soberano), con lo que era posible drenar la angustia de la crisis hasta con seis cervezas. Esta semana, el billete verde se cambia por casi 500 bolívares: no alcanza ni para un par.

Felipe González sobre Venezuela: “Es una tiranía arbitraria” por Orlando Avendaño – Panampost – 30 de Noviembre 2018

“Ha destruido la seguridad y ha provocado un éxodo bíblico sin precedentes”

El expresidente español, Felipe González, habló sobre los próximos retos de América y Europa. (ASCOA)

A mi lado un español escribió en su teléfono: “Está mayor”. Yo no tenía con qué comparar. Era la primera vez que lo veía. Pero sí, Felipe González se veía viejo. Era solo una impresión estética porque, en cuanto se puso de pie, aparentó la energía de un avezado político en la cumbre.

La presentación del expresidente este jueves 29 de noviembre en la Americas Society en Nueva York fue lacónica. Concisa. En su discurso, Felipe González, quien considero que podría ser uno de los políticos vivos más astutos y sabios, disertó sobre lo que él llama “la crisis de la democracia representativa”.

Por la misma recesión que atraviesa el sistema es que, según dijo, se desarrollan modelos como el de Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela. Sobre este último, de hecho, espetó: “No es que no quiero calificar de dictadura lo que está sucediendo en Venezuela. No, no. Es una tiranía arbitraria que ha destruido la institucionalidad democrática —que ellos mismos se dieron—. Que ha destruido la economía —ha perdido la mitad del producto bruto—”.

González no fue generoso en su presentación. Aunque se mostraba muy animoso, con esporádicos gestos de ironía y sagacidad que entretenía a la respetable audiencia que, con atención, lo escuchaba, el diagnóstico que ofreció carecía de la misma chispa eufórica.

Un México con un presidente que no escucha, una revolución “fracasada” en Cuba; sociedades poco orientadas que reaccionan torpemente en Brasil o parte de Europa; un país que se desmorona como Venezuela; y una España sumida en una “seria crisis” que está siendo discutida en un “debate poco serio”.

No es fácil determinar si el expresidente español es optimista o más bien celebra que a sus 76 años el mayor horizonte es regresivo. Al final no hizo propuestas en su efímero discurso. Insistió, de cualquier forma, que el problema de las próximas generaciones radicará en buscar soluciones pertinentes a problemas complejos. No, como hoy, que las soluciones y los debates son, tristemente, simples.

 

El emotivo viaje de Luis Chataing y Nelson Bustamante a la frontera – Noticia al día – 29 de Noviembre 2018

El humorista venezolano Luis Chataing y el periodista Nelson Bustamante fueron hasta la frontera colombo-venezolana para dar donaciones a los emigrantes venezolanos.

Nelson y Luis se detuvieron en Cúcuta para conversar con los venezolanos que iban cruzando el helado Páramo de Berlín, el cual tiene muy bajar temperaturas, pero sin impedimento alguno para seguir su rumbo hasta Perú o Ecuador.

Hay un material audiovisual que resultó muy emotivo para los seguidores de estos dos, iban subiendo al Páramo cuando se encontraron con un joven que iba hacia Perú, y apenas vio a Luis Chataing se puso a llorar, explicándole que había dejado en Venezuela a su mamá y su hermanita.

“Vivo en Barquisimeto… Voy a Perú, tengo un primo que me está dejando de allá”, “Dejé en Venezuela a mi mamá y a mi hermanita”, con lágrimas en los ojos expresó el muchacho venezolano

Más tarde subirían más vídeos documentando toda su experiencia con los emigrantes venezolanos en la frontera.

4 millones de venezolanos han migrado durante la presidencia de Maduro – El Nacional – 19 de Noviembre 2018

Venezuela desde el año 2013 pasó de ser un país receptor a una nación exportadora de su población mayormente jóven

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Más de 4.000.000 de venezolanos han emigrado del país luego que Nicolás Maduro asumió la presidencia desde el año 2013 y para finales de este año superará los 4,6 millones.

“El éxodo venezolano es una crisis humanitaria por el incremento del flujo descontrolado procedente de Venezuela que data desde 2016”, explicó el coordinador del estudio, Marcos Hernández.

El estudio muestra que antes de la presidencia de Hugo Chávez, del país habían emigrado 140.520 ciudadanos, un número que alcanzó las 786.916 personas durante la presidencia de Chávez (1999- 2013).

En un periodo de cinco años, Venezuela pasó de ser un país receptor de inmigrantes a uno exportador de su población, mayormente jóven puesto que 52% de las personas que se van del país tienen entre 18 y 24 años. Además las personas que trabajaban en el sector privado o por cuenta propia han emigrado 51%, según los datos del estudio, correspondientes al tercer cuatrimestre del año.

Tres millones por Ibsen Martínez – El País – 19 de Noviembre 2018

Esa cifra es el aporte de Venezuela a la última calamidad del continente: la migración forzada de grandes contingentes

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Tres millones de emigrantes venezolanos. Tres millones de seres humanos, según la ONU, forzados por el socialismo del siglo XXI a dejar Venezuela, en la mayoría de los casos a pie, echando los niños por delante y los viejos y toda la impedimenta al hombro. La alternativa es morir de mengua.

¡Tres millones son tantos destinos personales!, demasiados como para que se hagan verdad los términos de cierta retórica optimista, esa que, alentadora, quiere ver en cada desplazado un “emprendedor”, un embajador de mitológicas virtudes morales, de vigencia permanente que indefectiblemente harán salir adelante al infeliz del chándal y la gorra tricolor orlados de estrellas.

Con ser sobrecogedor verlos desde el aire, captados por un dron en apretada muchedumbre y sobre un puente fronterizo, nada nos prepara ya para los encuentros “en corto” que la demasiada humanidad dispersa por todo el continente nos reserva cada día.

Noches atrás, en Bogotá, terminaba yo de cenar en un sitio no precisamente del circuito gourmet, apenas un muy concurrido local de comida costeña en Chapinero, cuando una chica de belleza insoslayable, espigada y muy alta, provista de un violín eléctrico Kinglos, entró al mesón, saludó en silencio y con gran ceremonia a los comensales, y comenzó a tocar deslumbrantemente el Tamborín chino, opus #3, de Fritz Kreisler, una de esas piezas breves que suelen rematar los recitales.

Vestía tejanos, una chaquetilla entallada y corbata ancha anudada a la sans façon. Luego, acompañada de un estéreo portátil puesto en el suelo, atacó tópicamente la Meditación, de la ópera Thaís, de Massenet. Sus incursiones se limitan a eso, a dos breves encores. No pasa el sombrero porque trata directamente con los propietarios. Se trata del tigre — trabajo ocasional, en venezolano— con que redondea el fin de semana.

Nació en Barquisimeto, Estado Lara, tiene 28 años y de día trabaja en la central de llamados de una proveedora de servicios de salud. Aunque se formó en el afamado Sistema Nacional de Orquestas, tiene la peor opinión del mismo. Su meta inmediata es Buenos Aires, donde su exmarido lidera una panda de músicos venezolanos que se le miden a todo. Tienen planes. Por ahora junta dinero para el tiquete aéreo, “porque por carretera, ni loca, mucho malandro venezolano dándoselas de refugiado sirio”. Contempla pasar las fiestas de fin de año en Argentina; después, ya se verá.

La prensa suele traer declaraciones de gente muy docta —economistas y sociólogos— que dibujan, me parece que en el aire, aunque con muy buena intención, halagadoras perspectivas y planes de recuperación para la Venezuela “del día después de Maduro”.

Esos planes invariablemente presuponen que la emigración más calificada tornaría al país tan luego ocurra un cambio de gobierno. Es un decir bastante vallejiano: si ocurre. Nuestra violinista no ve las cosas así. “Venezuela y yo estamos chao: cada uno por su lao”. Quiere otra vida, lejos.

Opina que los venezolanos más “pelabolas” —con menos recursos, en criollo— del contingente migratorio van camino de ser los gitanos del hemisferio sur, según los pinta la imaginación más denigratoria de esa etnia. “Una plaga que materialmente no sabe ni quiere hacer nada. Tumban lo que encuentran mal estacionado. Para eso no hay ACNUR ni mandrakes sin frontera. Dos millones de pedigüeños, ¡a eso hay que verle la cara! Ahorita los ven a todos muy jodidos y sí, cómo no, los refugiados de la carretera, pero los van a odiar, yo que te digo. Eso sí: yo no tengo nada que ver con esa gente, ¡ni de vaina! Yo, muy aparte. Cuando me oyen hablar y me preguntan de dónde soy, digo que nací en Belice de padres costarricenses. Por eso el acentico”.

La diáspora intelectual que perdió Venezuela y ganó Colombia por María Gabriela Méndez -The New York Times – 16 de Noviembre 2018

Un mural del fallecido presidente Hugo Chávez en una calle del centro de CaracasCreditMeridith Kohut para The New York Times

BOGOTÁ — En el inventario de desgracias que ha dejado el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela deberá contabilizarse una pérdida irremediable: las crisis económica y política de la Revolución bolivariana han provocado una diáspora de tres millones de expatriados —aproximadamente el ocho por ciento de la población—, que ha dejado hipotecado el futuro del país y en bancarrota sus instituciones culturales.

La amarga situación de los 3000 venezolanos que cruzan a diario la frontera con Colombia ha despertado una enorme solidaridad regional, pero también una preocupación natural en los países de acogida —¿cómo debe prepararse una nación para recibir a tantos desplazados?— y, en ocasiones, un sentimiento antiinmigrante. Para combatir esa tentación xenofóbica, haríamos bien en recordar una de las mayores lecciones de las grandes oleadas migratorias de los siglos XIX y XX: los países que albergaron a los exiliados, migrantes y desterrados —de guerras civiles, hambrunas o gobiernos autoritarios— salieron culturalmente beneficiados.

Mientras las calamidades no cesen en la Venezuela de Maduro, el flujo de migrantes venezolanos seguirá siendo masivo y seguirá siendo un enorme desafío para Colombia y el resto de los países de América Latina. En esa marea migratoria hay numerosos intelectuales, artistas y universitarios. Según un estudio de 2015, realizado entre estudiantes de cuatro universidades de Venezuela, un 88 por ciento de los encuestados tenía intenciones de abandonar el país.

Colombia, el país que ha recibido más expulsados venezolanos, podría ser la heredera intelectual de la Venezuela en exilio. Colombia tiene ahora la oportunidad no solo de dar un ejemplo humanitario, sino de aprovechar para su desarrollo los frutos de la cultura venezolana.

La historia migratoria de la propia Venezuela es un ejemplo: durante la segunda mitad del siglo XX, el país aprovechó la experiencia y talento de las olas migratorias de españoles, portugueses, italianos, uruguayos, chilenos, peruanos, ecuatorianos y colombianos. Gracias a ese influjo de mano de obra calificada extranjera, se crearon las grandes empresas textiles y de alimentos venezolanas y las instituciones culturales florecieron.

Hoy, sin embargo, los cruces de la frontera corren en sentido inverso y somos muchos los venezolanos que trabajamos en Colombia y para ella devolviendo, de alguna forma, mucho de lo que recibimos de la migración que llegó a nuestro país a partir de la década de los cincuenta.

A principios de los 2000, una de las primeras olas de migración de Venezuela a Colombia, trajo a gerentes y técnicos petroleros despedidos por Hugo Chávez de la estatal Petróleos de Venezuela. Estos migrantes altamente especializados impulsaron el despegue de la modesta industria petrolera colombiana, que multiplicó su actividad de 560.000 barriles diarios a 900.000 barriles en 2011. Mientras que la producción petrolera venezolana está en el nivel más bajo de los últimos treinta años, Colombia se convirtió en uno de los mayores exportadores de petróleo a Estados Unidos.

El 1 de noviembre de 2018, un grupo de migrantes venezolanos se dirigía a la frontera entre Venezuela y Perú. CreditJuan Vita/Agence France-Presse — Getty Images

En una ola migratoria posterior, de 2010 a 2014, llegaron a Colombia numerosos académicos, editores y periodistas que salieron de Venezuela por diferencias ideológicas con el chavismo, un régimen corrupto, autoritario y que ha remplazado la meritocracia por el nepotismo.

El enorme capital cultural de Venezuela fue una de las primeras víctimas del chavismo. En 2001, Chávez develó su política cultural y trazó la hoja de ruta de su revolución: despidió a treinta directivos de las instituciones culturales más importantes. Nombró a nuevos directores de museos, galerías, teatros, editoriales, cines, academias de danza y orquestas sinfónicas que estuvieran “en sintonía con el proceso revolucionario”. Así acabó con la intensa vida cultural que Venezuela había desarrollado desde el siglo XIX.

Los grandes centros culturales de Venezuela, que fueron referencia en toda América Latina, hoy están en la carraplana. El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber —que desde 2001 no lleva el nombre de su fundadora— usa el arte para hacer proselitismo, tiene un presupuesto exiguo, no adquiere obras, no se investiga ni se editan catálogos y las exposiciones se basan en las colecciones adquiridas durante su época dorada —la última muestra se titula Camarada Picasso—; de las trece salas solo funcionan un par y muchos de sus curadores y críticos se han jubilado o se han ido del país.

Las editoriales Biblioteca Ayacucho y Monte Ávila Editores dejaron de publicar clásicos y exhiben un catálogo menguado, con tirajes mínimos y una marcada línea ideológica —de sus doce novedades del año, cinco son reediciones, entre ellas, el Manifiesto comunista—; el Teatro Teresa Carreño quedó reducido a la sala de eventos presidenciales cuando Chávez aún estaba vivo, las academias de ballet clásico y danza contemporánea que se presentaban ahí funcionan a medias y con una programación cultural exigua. El Premio Rómulo Gallegos, que llegó a ser una de las citas literarias más prestigiosas de Hispanoamérica, se entregó por última vez en 2015, con el argumento de que no se disponía de los 100.000 dólares que ofrecía el premio. El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela y el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional fueron cruciales en la vida cultural latinoamericana y sirvieron como modelos para otros países del mundo. Hoy, aunque El Sistema sigue en pie, se suspendieron las giras mundiales que anualmente hacía la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y, para diciembre de 2017, cuarenta de sus 120 músicos habían emigrado.

Colombia podría beneficiarse del arribo de esa intelectualidad expulsada. Desde que se acentuó la deriva autoritaria del chavismo han llegado editores, como María Fernanda Paz Castillo, Juan Pablo Mojica y Rodnei Casares; investigadores; músicos; curadores —como Nydia Gutiérrez, la curadora jefa del Museo de Antioquia— y promotores culturales, como Gabriela Costa.

Colombia ya ha implementado algunos esfuerzos para sobrellevar este fenómeno migratorio sin precedentes. Uno de ellos fue el Permiso Especial de Permanencia, que se expidió hasta febrero de este año y que permite a los migrantes trabajar por dos años. Hay otros esfuerzos, como la campaña “Somos panas, Colombia” de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), desde donde se toman acciones para evitar la xenofobia, y las universidades del Rosario y el Externado han creado observatorios de la migración venezolana. El conocimiento derivado de sus reflexiones e investigaciones podría servir al gobierno para tomar decisiones mejor informadas. Algunos de los pensadores venezolanos radicados en Colombia ya están siendo parte de esa conversación en torno al éxodo, una discusión pública que enriquece el debate sobre uno de los mayores retos del gobierno de Iván Duque.

Y, cuando la democracia regrese a Venezuela, el país deberá crear una política de repatriación de talentos e incentivar la vuelta de aquellos que se vieron obligados a salir de un país sin futuro. Cuando se erradique el autoritarismo chavista, las mujeres y hombres dedicados a pensar, escribir y crear, serán indispensables para reconstruir la nación que fue por muchos años uno de los foros intelectuales en el continente.

El declive petrolero de Venezuela, de potencia a desastre por Lucia Kassai, David Marino and Jeremy C.F. Lin – Bloomberg – La Patilla – 15 de Noviembre 2018

El petróleo está en el centro de la economía venezolana. Representa el 95 por ciento de los ingresos de exportación del país y financia el régimen del presidente Nicolás Maduro.

 

Aún cuando los precios mundiales subieron a más de 80 dólares por barril el mes pasado, la producción de la nación cae en picada. Los productores de esquisto de EEUU aumentaron la oferta en un 23 por ciento el año pasado, mientras que en Venezuela, el propietario de las reservas de petróleo más grandes del mundo, el colapso económico hizo que la producción cayera un 37 por ciento.

 

La producción de petróleo crudo se hunde en la Venezuela de Maduro

 

 

A medida que la producción de petróleo de Venezuela se hunde hacia 1 millón de barriles por día, el nivel más bajo en siete décadas, el país se está quedando sin dinero para pagar alimentos y medicinas. Los salarios no pueden mantenerse al día con la hiperinflación, estimada en un absurdo 1.37 millones por ciento. Vivir en un país donde el precio de los alimentos puede cambiar en cuestión de horas llevó a más de 1,5 millones de venezolanos a huir en los últimos 4 años.

 

Los venezolanos huyen de un país en crisis

 

 

Las Naciones Unidas estiman que hay 3 millones de venezolanos viviendo en el extranjero, incluyendo unos 2.4 millones distribuidos en América Latina y el Caribe. Aquellos que buscan salir del país y no pueden pagar las tasas del mercado negro pueden enfrentar largas filas de días para obtener pasaportes.

La situación empeoró en agosto de 2017, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso sanciones financieras contra Venezuela y su petrolera estatal PDVSA en un intento por castigar a Maduro por la mala gestión económica y la corrupción endémica.

 

Disminuyen las importaciones de crudo de Venezuela

 

 

 

Los bancos estadounidenses se volvieron más cuidadosos al dar crédito a las refinerías estadounidenses para comprar crudo venezolano, temerosos de una posible prohibición total de las importaciones. Las compañías petroleras internacionales que operan en el país recortan las inversiones en medio de la preocupación de que se verían violando las sanciones.

 

China se hace cargo

 

La disminución de la producción de Venezuela ha reducido la influencia del país en América Latina. Donde una vez Venezuela proporcionó petróleo subsidiado a sus vecinos, ahora necesita acumular todo lo que produce para poder pagar a los tenedores de bonos, así como a China y Rusia, que han prestado casi $ 69 mil millones en la última década a cambio del petróleo.

Hasta ahora, la solución del gobierno era un incumplimiento selectivo que se estima en $ 6.1 mil millones de dólares en valores internacionales. Los préstamos otorgados por el Banco de Desarrollo de China y la compañía petrolera rusa Rosneft Oil han sido renegociados o pagados con demoras. Un bono que PDVSA continúa pagando es uno garantizado por su interés en Citgo, su brazo de refinación estadounidense que gana dinero.

Sin efectivo, Venezuela paga sus deudas a China e India con petróleo. Con la caída de la producción, Petróleos de Venezuela SA ha perdido sus propias refinerías. Mientras que las refinerías de los EE. UU. Están funcionando cerca de su máximo, las de Venezuela operan a menos de un cuarto de su capacidad. El resultado es la escasez de combustible, especialmente en el campo, que se suma al dolor de los venezolanos.

Utilización de la capacidad de la refinería

 

Las maniobras no han sido suficientes para detener una caída en las exportaciones de petróleo crudo que pagan deudas y aportan el efectivo necesario para que la economía funcione. Los envíos cayeron casi un cuarto en el último año.

 

Número de embarcaciones que cargan petróleo crudo venezolano

 

 

Últimamente, las compañías han tenido éxito en el uso de los tribunales para obligar a PDVSA a pagar algunas deudas. ConocoPhillips, PDVSA, con un brazo fuerte, acordará pagar un acuerdo de $ 2 mil millones, relacionado con las incautaciones de activos llevadas a cabo en 2007, bajo el mandato del fallecido presidente Hugo Chávez, luego de obtener órdenes judiciales que impiden que la petrolera venezolana use su extensa red de terminales petroleros en el Caribe. Las órdenes judiciales también impidieron que PDVSA administrara su refinería en Curazao, que se cerró debido a la falta de petróleo.

PDVSA acordó pagar a Conoco, firmando cargamentos de petróleo a la compañía estadounidense para liberar las terminales que necesita para almacenar y reexportar crudo y fuel oil.

Las señales apuntan a más problemas para la industria petrolera del país. Incluso mientras Venezuela toma prestados otros $ 5 mil millones de China para casi duplicar la producción de petróleo que ha caído a un mínimo de siete décadas, los analistas ven que la producción se hundirá aún más el próximo año, a menos de 1 millón de barriles por día.

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