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Maduro dice que se está preparando el regreso de Morales a Bolivia – ABC – 5 de Diciembre 2019

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«Evo volverá hecho pueblo, hecho millones»

El gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo este miércoles que en Bolivia se está preparando el regreso de Evo Morales, quien renunció a la Presidencia de su país en noviembre pasado presionado por las Fuerzas Armadas en medio de la convulsión política generada por denuncias de fraude en las elecciones.

«Ni con golpes de Estado podrán, en Bolivia derrocaron a Evo y ¿qué están haciendo con el poder? Destruyendo a Bolivia, pero ellos lo que no saben es que se está cocinando en el pueblo de Bolivia la vuelta, el regreso», dijo Maduro durante un acto de Gobierno transmitido de manera obligatoria por radio y televisión. «Evo volverá hecho pueblo, hecho millones», apuntó Maduro.

El líder chavista, además, arremetió contra la alta comisionada de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, por, dijo, no pronunciarse sobre lo que considera violaciones de derechos humanos en Bolivia tras la renuncia de Morales.

El mandatario la volvió a acusar de mentir sobre las supuestas violaciones de derechos fundamentales en Venezuela. «¿Dónde está Michelle Bachelet ante la masacre y la dictadura que se ha impuesto en Bolivia? (…) calla la masacre de Bolivia, de Chile, de Ecuador, de Colombia», indicó.

Afirmó también que en América Latina «ha empezado una nueva ola de liberación de los pueblos» contra la que no «podrá el imperialismo ni con golpes de Estado, ni con persecución».

«No podrán porque los pueblos están en la calle contra el neoliberalismo», sostuvo. Tras la renuncia de Evo Morales, que está asilado en México, la senadora Jeanine Áñez asumió la Presidencia interina de Bolivia el pasado 12 de noviembre.

La renuncia de Morales ha sido calificada como «golpe de estado» por varios Gobiernos y políticos latinoamericanos. Otros países han reconocido al Ejecutivo interino de Áñez, mientras que parte de la comunidad internacional ha instado al diálogo sin pronunciarse sobre la crisis política.

 

¿Golpe de Estado? por Fernando Mires – Blog Polis – 28 de Noviembre 2019

Si se trata de definir sugiero hacer una diferencia: la de la definición originaria y la de la definición adquirida. Casi nunca coinciden. Mas bien, casi siempre difieren. Es el caso del término golpe de Estado. Acerca de su origen semántico los cronistas no están de acuerdo. Hay quienes lo sitúan en la Suiza del siglo XVl, usado para caracterizar revueltas en contra de los organismos centrales del poder. Otros – es la acepción más generalizada- lo sitúan en el mismo siglo XVl en Francia aunque como sinónimo de “golpe de autoridad” del Rey en contra de poderes colaterales. La frase de Luis XV “El Estado soy yo” llevada a la práctica sería un golpe de Estado.

El golpe de Estado era, originariamente, un golpe no en contra sino desde el Estado mediante el cual el monarca hacía valer la absolutidad de su poder. Partiendo de esa premisa, el jurista Carl Schmitt (“La Dictadura”) definió el poder político de acuerdo al criterio absolutista: “quién está en condición de dictar el Estado de excepción (supresión de los poderes públicos) tiene el poder”. Eso significa: quién está en condición de dar un golpe desde el Estado, tiene el poder.
El término golpe de Estado en sentido más amplio y popular provino solo en parte de la definición originaria. Fue cuando el Presidente vencedor en las elecciones francesas del diciembre de 1848, Louis Bonaparte, sobrino de Napoleón, impulsó en diciembre de 1851 una sublevación militar desde la presidencia asumiendo la totalidad del poder, suprimiendo el sistema electoral, y con ello, violando a la Constitución.
La semejanza entre el golpe de Estado monárquico y el bonapartista reside en el hecho de haber provenido desde el propio Estado. La diferencia es que mediante el primero el Rey hacía valer la Constitución monárquica hasta las últimas consecuencias. El segundo en cambio violaba a la Constitución. Y si pensamos que la Constitución es el acta que constituye jurídicamente al Estado, violaba al propio Estado.
En consecuencias, de acuerdo a sus orígenes podemos definir a un golpe de Estado como el sometimiento de todos los poderes públicos al Ejecutivo, representado en una entidad monárquica o presidencial, vale decir, un golpe de autoridad y de fuerza dentro del Estado.
En todos los casos el sujeto del golpe de Estado fue el poder Ejecutivo. No obstante esa definición de golpe de Estado, vigente a lo largo de casi todo el siglo XlX, sufriría modificaciones durante el siglo XX. El sujeto del golpe sería sustituido por los cuerpos armados y el objeto del golpe sería el propio Ejecutivo. Dicha sustitución tiene que ver en parte con los diversos golpes de Estado que han tenido lugar en América Latina.
Un clásico golpe de Estado latinoamericano del siglo XX mantenía las siguientes características: (a) toma del poder por un grupo militar sublevado el que (b) de modo repentino y violento destituía al gobierno reemplazándolo (c) por una junta militar que nombraba a un representante máximo (casi siempre militar) el que (d) prometía devolver el poder a las fuerzas cívicas (nunca ocurrió). Después del golpe (e) era instaurado un Estado de excepción, el parlamento era disuelto, el poder judicial convertido en oficina notarial del ejecutivo, las libertades individuales y colectivas suspendidas y los derechos humanos pisoteados.
Como es posible advertir, la noción de golpe de Estado del siglo XlX europeo difiere de la del siglo XX latinoamericano. Mientras la tendencia predominante en la Europa decimonónica fue la toma del poder por el Ejecutivo, en la América Latina del pasado siglo la tendencia fue la destitución del Presidente y la asunción del Ejecutivo por el Ejército. La fase más alta de esa tendencia culminó en las cruentas dictaduras militares del Cono Sur, sobre todo en las de Pinochet en Chile y Videla en Argentina.
Después de la Guerra Fría parecía que la era de las dictaduras llegaba a su fin en América Latina. No pocos, plenos de optimismo, llegamos a penar que comenzaba otra era en la cual la mayoría de los países transitarían por las amplias avenidas de la democracia. Dicha ruta, ahora lo sabemos, no era ni horizontal ni vertical sino diagonal. Eso quiere decir que no tardarían en sobrevenir gobiernos híbridos a los que es difícil definir como dictaduras en sentido tradicional pero a las que tampoco podemos definir como democracias. Gobiernos autoritarios los llaman de modo suave algunos. Autocracias es el término que parece haberse impuesto en la analítica política al definir regímenes como los de Nicaragua, Venezuela y hasta hace muy poco Bolivia (la de Cuba es un residuo de los totalitarismos del siglo XX). Fenómeno global: las autocracias latinoamericanas, o semi-dictaduras, o dictaduras parciales y no totales (hay muchas definiciones) son equivalentes a las de la Europa marginal. Las más conocidas son las de Turquía, Bielorrusia y Rusia.
Si es difícil caracterizar a las autocracias del siglo XXl, más difícil ha sido definir como golpes de Estado a hechos que han puesto fin a gobiernos autocráticos como los de Zelaya en Honduras, Lugo en Paraguay y, muy recientemente, Morales en Bolivia. ¿Pueden ser denominados “golpes de Estado”? En el sentido originario del término, no. En el sentido latinoamericano de los siglos XlX y XX, tampoco.
El hecho es que así como nos encontramos frente a nuevas formas de dominación no-democrática nos encontramos también frente a eventos que no han recibido todavía denominación en el campo de la teoría política. Por eso, antes de incursionar en el caso boliviano parece ser importante revisar episodios precedentes como fueron los sucedidos en Honduras y Paraguay.
El día 28 de junio de 2009 Manuel Zelaya, presidente de Honduras. fue secuestrado por tropas del ejército desde su residencia en Tegucigalpa y arrojado en un avión rumbo a Costa Rica. Si no más eso hubiera sucedido, podríamos hablar sin problemas de golpe de Estado. En efecto, ahí hubo violencia armada.
El tema comienza a relativizarse si tomamos en cuenta que la acción militar fue una respuesta a una violación constitucional urdida por Zelaya destinada a prorrogar ilegalmente su mandato. Más todavía si consideramos que no hubo ocupación militar del gobierno pues Roberto Micheletti asumió el cargo de Presidente interino encomendado por el propio Parlamento del cual había sido Presidente. En términos estrictos, el “golpe” a Zelaya fue una destitución del Presidente por un Parlamento llevada a cabo con auxilio de la fuerza militar.
Más aún: el gobernante interino respetó la independencia de poderes abriendo condiciones para que tuvieran lugar elecciones libres, algo que no había ocurrido en la gran mayoría de los golpes de Estados habidos en el continente. En ese sentido podríamos hablar de un “golpe al gobierno” y no al Estado. Conviene retener el término.
Distinta fue la destitución que expulsó a Fernando Lugo del gobierno paraguayo el 22 de Junio de 2012.
Allí hubo efectivamente una conjura parlamentaria, pero no hubo violencia ni intervención militar como en Honduras. En el fondo se trató de una destitución del Presidente, hecho que suele ocurrir en países europeos, aunque en países latinoamericanos –-dado el sobrepeso del poder ejecutivo sobre el parlamentario- es considerado casi como un regicidio. Mas todavía, hay constancia escrita de que el propio Lugo aceptó su renuncia. La destitución de Lugo no fue entonces un golpe de Estado, ni típico ni atípico. Fue una destitución presidencial.
Donde hay todavía discusiones es en el tema de si se trató de una destitución constitucional o puramente institucional. A favor de la primera tesis habla el hecho de que el juicio político por medio de la Cámara de Diputados y la vigilancia del Senado está estipulado en la Constitución paraguaya. En contra habla el hecho de que Lugo sólo fue acusado de mal gobierno pero no de violación a la Carta Constitucional. Pero no hay dudas que la salida de Lugo resultó de un clásico conflicto de poderes al interior del Estado. Golpe de Estado no hubo. Golpe de gobierno, tal vez.
¿Y en Bolivia? ¿Hubo golpe de Estado? Si lo hubo fue en el sentido más originario del término. Un golpe doble. Ocurrió cuando Morales desconoció el resultado del plebiscito de 2016 por el mismo convocado y ocurrió cuando la Consultoría de la OEA comprobó que el gobierno había cometido fraude en las elecciones presidenciales del 2019. En ambos casos hubo abierta violación a la Constitución. Los llevados a cabo por Morales fueron dos golpes a la Constitución, al estilo de Louis Bonaparte en su 18 de Brumario. Desde esa perspectiva, el de noviembre habría sido un contragolpe.
Hay que reiterar: los movimientos de protesta que culminaron con la huida de Morales y García Linera a México, surgieron en defensa y no en contra de la Constitución. Si el de noviembre fue golpe, habría sido el primer golpe constitucional de la historia moderna. Pero no puede haber golpes constitucionales. Hablar de golpe constitucional es de por sí una contradicción.
El movimiento adquirió las características de una auténtica rebelión popular no en contra de la persona de Morales sino en contra del doble fraude. Un movimiento que solo fue posible porque la oposición unida participó en las elecciones, comprobó el fraude, lo dio a conocer a las instancias electorales y fue evidenciado por la consultoría de la OEA, aceptada por el mismo Morales a través del TSE, confiado en que el fallo sería favorable gracias a la amistad que lo unía con el Secretario General de la OEA, Luis Almagro (así creen arreglar las cosas los autócratas)
De acuerdo al lapidario informe de la OEA hubo “falsificación de firmas y actas”, en un “proceso reñido con las buenas prácticas”, “manipulación del sistema informático de tal magnitud que deben ser investigadas profundamente por el Estado” y un “cúmulo de irregularidades” que el equipo auditor “no puede validar los resultados de la presente elección” recomendando otro proceso electoral con nuevas autoridades electorales.
Conocido el informe, la oposición ya no estaba en condiciones de transar con Morales. Solo cabía, desde el punto de vista constitucional, la abdicación del mandatario. Importante es por lo tanto ordenar los hechos de acuerdo a su sucesión cronológica: 1. Reclamos de la oposición 2. Estallido de la rebelión constitucional en Cochabamba, Sucre y Santa Cruz 3. informe de la OEA. Y después de esos tres hechos 4. La policía anunció no estar dispuesta a reprimir a conciudadanos por razones políticas y 5. Solo al final, muy al final, apareció la “sugerencia” de las Fuerzas Armadas a Morales para que dimitiera.
La pasiva intervención militar fue solo el eslabón de una cadena de acontecimientos que situaba al Ejército en el dilema de, o convertirse en guardia pretoriana al servicio de un Presidente que había violado la Constitución, o asumir el veredicto de la OEA y del poderoso movimiento político y social levantado en contra de la presidencia.
La rebelión popular fue la instancia determinante. Fue también la principal diferencia con los hechos que determinaron la salida de Zelaya en Honduras y de Lugo en Paraguay. En Honduras y en Paraguay no hubo rebelión popular.
Extraño “golpe de Estado” el de Bolivia donde las instituciones del Estado permanecieron intactas después de la salida de Morales, donde ninguna junta militar asumió el mando, donde ningún general se sentó en el sillón presidencial. Más extraño todavía cuando la presidenta interina Jeanine Añez, de acuerdo con la presidenta del Senado Eva Copas del MAS, partido de Morales, anunció convocar a elecciones en donde el mismo MAS participará sin ninguna limitación aparte de que ni Morales ni García Linera podrán ser candidatos.
Por las razones expuestas nos será posible afirmar que los sucesos acaecidos en Bolivia no permiten hablar de un golpe de Estado. Ni en el sentido original ni en el sentido adquirido del término.
Por supuesto, el hecho de que no hubiera habido golpe de Estado no impedirá al MAS y a gran parte de la izquierda latinoamericana afirmar que sí lo hubo. Algo inevitable. Gracias a Hannah Arendt (“Verdad y mentira en la política”) sabemos que la verdad política no es la misma que la verdad objetiva, que la primera se hace con arreglo a intereses y la segunda de acuerdo a los hechos tal cual fueron.
La gran filósofa de la política estableció la diferencia entre verdad factual (o verdad de hecho) y verdad de la razón (o verdad del discurso). Los políticos de profesión hacen uso continuo de la segunda. Los que sin ser políticos, pero pensamos y escribimos sobre política, nos debemos sin condiciones a la primera verdad, por amarga y dura que ella sea.

Por aquí lo estuvimos esperando por  Armando Martini Pietri – El Nacional – 15 de Noviembre 2019

Caracas ha sido tierra abierta a exiliados, aunque hoy sea exportadora obligada de quienes abandonan al país para refugiarse en otro por razones políticas, económicas y sociales, no solo de italianos, españoles, portugueses y otros que migraron a Venezuela y contribuyeron a fundarla. También vinieron Juan Domingo Perón, habitué del Todo París –dicen que ahí conoció a su segunda esposa, heredera del poder–, y que solo se fue cuando los caraqueños civiles y militares que se les pegaron, echaron a Pérez Jiménez y con él también se fue el argentino.

Años después ambos terminaron en España. Perón pudo regresar a intentar la tarea imposible que es gobernar Argentina. Pérez Jiménez, tras breve estancia encarcelado, se fue a envejecer y morir en Madrid. Ambos dictadores diseñaron, difundieron, cada uno por su cuenta, sus explicaciones de mandatos. Perón hasta una avenida tiene su nombre en la capital de España, que ahora inicia un nuevo, vacilante y peligroso rumbo con una izquierda que coquetea con el chavismocastrista y carga a Pablo Iglesias y su coleta como vicepresidente. ¡Qué vergüenza! triste la plaga que ha caído sobre la madre patria.

Con esa y muchas historias algunos imaginamos que, dado el pensamiento revolucionario, castrista y alejadamente sindicalista del usurpador, Evo Morales vendría a echar anclas rojas y cocaleras en esta Venezuela desordenada, hambrienta, sin medicinas, insegura, hiperinflacionaria, pero leal al castrismo, revolucionaria, fidelista, chavista y todo eso que tanto le gusta al hermano Juan Evo Morales Ayma.

Quizás el que falló fue Maduro; no atinó a enviarle uno de tantos jets privados tal vez ocupados en trasladar diamantes, oro, traer dólares y euros, pero pudo facilitarle uno de los transportes militares chinos que hasta ahora parecen haber demostrado ser confiables a pesar de las fallas castromaduristas de mantenimiento.

Imaginemos el recibimiento luminoso para un jefe del Estado, esplendoroso, honores militares y demás ceremonias protocolares que los camaradas al frente de la tiranía hubieran hecho al hermano Evo, vociferando que fue echado a palos y gritos por la alta burguesía boliviana desatada en las calles de La Paz, El Alto y Cochabamba, menos en Santa Cruz, la burguesía cuida sus vainas.

Si formaron una alharaca por el rescate del Pollo Carvajal en Aruba, piensen en el escándalo de Maduro recibiendo al martirizado y víctima del imperio estadounidense en la Rampa 4 de Maiquetía o en La Carlota. Lo recibiría el gabinete ejecutivo en pleno, la primera combatiente rodeada de carajitos, con ramos de flores, serpenteando banderitas de ambos países y entregando manifiestos atiborrados de ridiculeces, estulticias y sandeces, exaltando embustes de las bondades del indígena nacido en la comunidad Isallavi, del cantón Orinoca en el Departamento de Oruno, derrocado por tramposo, bribón y pícaro electoral.

En estos momentos ya en Caracas estaría celebrando el desecho fecal del Foro de Sao Paulo y su más reciente secreción, el grupo de deslastrados triunfadores de la miseria que son los caballeros del Grupo de Puebla, encabezados por el iletrado Rodríguez Zapatero.

Maduro debe estar llorando de la envidia; el héroe del rescate no fue él, se le atribuye a ese pequeño burgués manejado por los Kirchner, que dentro de unos días se encargará de la Argentina, Alberto Fernández, gestor esforzado de los permisos internacionales para cruzar cielos que querían ver a Morales más de lejos que de cerca.

Hubiera llegado seguramente el hermano Evo y acompañantes a su propio bunker en Fuerte Tiuna, custodiado, atendido con buena comida y excelente bebida, protegido por nuestros militares con tanques rusos, tanquetas chinas y la admiración de los leales siempre traidores nunca.

Eso de irse a México, al lado de Estados Unidos, es una afrenta, un insulto. Aquí estarían a su disposición canales de televisión, montón de emisoras, la tarima –sitial de honor– de oradores en la asamblea cubana constituyente, periódicos y medios digitales, no muy buenos, pero con sus grupitos de lectores, ¿qué carajo fue a buscar a la tierra de charros con un López Obrador que madruga, pero ni pendejo bloquea contactos con el catire Trump; el mismo que según Maduro diseñó, financió y supervisó el golpe de Estado que le propiciaron al indígena de ascendencia aymara?

Eso, aparte de que aquí tiene selvas para quemar, asesorías de narcoguerrilleros y muchos oídos para sus interesantes explicaciones sobre por qué la pachamama y los ciudadanos bolivianos, que pasan menos hambre y necesidades que los criollitos venezolanos, lo tiraron al pajón. Lo mandaron muy recto a lavarse el paltó.

Confiamos en que reflexionará y que la nación de la cultura maya será una escala hacia un destino en Caracas. Por lo menos se ahorraría unas horas de vuelo de regreso a Bolivia, donde más temprano que tarde regresara a rendir cuentas ante la justicia y cancele sus deudas con la sociedad.

Dos universos paralelos: Bolivia y Venezuela por Fernando Mires – Blog Polis – 14 de Noviembre 2019

1 . Los hechos que llevaron a la caída de Evo Morales son conocidos. La pregunta no respondida es, sin embargo, la siguiente: ¿cómo explicar que un gobernante que gozaba del apoyo electoral de la mayoría de la nación hubiera debido huir hacia al exilio como un Somoza cualquiera, más aún después de haber realizado una gestión económica que, de acuerdo a los números, ha sido calificada como exitosa aún por sus peores enemigos?
Hubo por cierto una decisión militar, policial primero, de no apoyar con armas la permanencia de Morales, decisión a la que fue agregada una petición de renuncia hecha por el general en jefe del ejército. Surgió como resultado de tres semanas de resistencia tenaz de parte de la ciudadanía opositora frente al fraude cometido por Morales y el MAS. Una resistencia que partió desde las provincias hasta alcanzar a La Paz.

El reconocimiento del fraude por la OEA solo fue la gota de agua que colmó el vaso. No la causa del levantamiento popular. La petición de renuncia hecha por el ejército fue a su vez un simple corolario. Ni el resultado de la consultoría de la OEA, ni la decisión militar, determinaron la sublevación popular, sino todo lo contrario: fue esta última la que llevó a a actuar a la OEA y a los militares a solicitar la renuncia de Morales. Ese y no otro es el orden de los factores de ese producto histórico llamado “caída de Evo Morales”.
En términos sociales, Morales, por muy descarado que hubiese sido el fraude, mantenía por lo menos un 45% de apoyo popular. Pero en términos jurídicos ya se había alejado de la legalidad. Y en términos políticos había perdido definitivamente su legitimidad. De haberse mantenido en el gobierno después del dictamen de la OEA, habría debido ejercer su presidencia mediante la utilización de la fuerza militar. A lo Maduro.
Probablemente, avistando el futuro nada promisorio que les aguardaba, las fuerzas armadas decidieron negar su apoyo a un presidente devenido inconstitucional. Desconocimiento que ocurrió como consecuencia de una imponente resistencia democrática, popular y constitucional. En ese sentido afirmamos: en Bolivia no hubo golpe militar. Por lo menos no en el exacto sentido del término. Hubo eso sí, intervención militar. La diferencia no es una sutileza: Un golpe militar ocurre cuando el ejército destituye a un gobernante constitucional. Una intervención militar ocurre en cambio cuando el ejército se hace parte de una protesta constitucional en contra de un gobernante anti-constitucional.
Antes de que la consultoría de la OEA emitiera su fallo, la exigencia máxima de Carlos Mesa, candidato opositor con el mayor número de votos, era la repetición de las elecciones. Pero después del fallo de la OEA quedó claro para todo el mundo, incluyendo a los militares, que un presidente anti-constitucional no podía continuar ejerciendo el mando y mucho menos, ser reelegido. Es decir, el ejército debía enfrentar la disyuntiva de, o ponerse al servicio de un presidente anti-constitucional o ser fiel a la Constitución a la que una vez juró obedecer. Desde esa perspectiva la intervención de las Fuerzas Armadas, tanto en la letra como en la forma, fue constitucional. Y no hay golpes de estado constitucionales. Obvio.
Ojo: no estamos hablando de una rebelión militar en contra de un mal gobierno como ha ocurrido continuamente en América Latina. Tampoco de un golpe motivado por razones ideológicas o geopolíticas como los que tuvieron lugar en los años setenta en países como Argentina y Chile. Ni siquiera como consecuencia de una corrupción generalizada, como suele suceder en otras zonas del planeta. La intervención militar boliviana fue hecha simplemente en defensa de la Constitución avasallada por Evo Morales y los suyos. Más todavía: en contra del crimen más grande que puede cometer un gobierno sus ciudadanos: el robo del voto.
Un presidente que delinque, que corrompe o es corrompido, atenta contra la moral cívica y las leyes. Pero un presidente que roba votos expropia al pueblo de su condición ciudadana. Pues sin el derecho a elegir libremente a nuestros gobernantes, no somos ciudadanos (pueblo políticamente constituido) Somos simplemente masa informe puesta a disposición de las decisiones de quienes detentan el poder.
2.
La actitud constitucional del ejército boliviano es según analistas venezolanos la diferencia fundamental con el ejército de su país. Este último se habría puesto al servicio no de la Constitución sino de las decisiones anticonstitucionales del régimen. Esa es la razón, opinan, por la cual el caso venezolano no puede ser comparado con el boliviano. Venezuela, según esa versión, sería un caso excepcional y único. Dicha opinión merece ser relativizada.
Partiendo de una premisa elemental: desde un punto de vista cognitivo es imposible pensar sin comparar. El conocimiento humano es siempre comparativo. Pues comparar no significa igualar. Por eso la igualación de dos hechos recibe el nombre de analogía. Comparar significa en cambio, establecer una lista de similitudes y diferencias entre dos objetos, o hechos o procesos. Visto así, una comparación entre el comportamiento de los militares bolivianos y los venezolanos es perfectamente posible. Y de hecho, pareciera que estamos frente a dos ejércitos muy diferentes. ¿Es cierto eso? No, no es cierto.

Mi tesis: El ejército boliviano no es muy diferente al venezolanoHay que tener en cuenta que durante 16 años bajo Morales, el ejército boliviano mantuvo una actitud leal al gobierno. No hay que olvidar tampoco que Evo Morales, por convicción y doctrina, pertenece a la misma familia autocrática de Putin, Erdogan, Lukashensko, Chávez-Maduro, Ortega, Díaz-Canel, todos abiertos y radicales enemigos de la democracia liberal. Entre esos gobiernos ha habido intensa comunicación económica, tecnológica, política. Es perfectamente posible suponer entonces que en el plano militar ha ocurrido lo mismo. Vale decir, el ejército boliviano ha sido sometido a las mismas influencias externas que el venezolano. Más todavía: ni siquiera cuando Morales violando el referéndum por el mismo ordenado (y con ello a la Constitución) se supo de alguna reacción de las instituciones armadas en contra de Evo. En fin, nadie puede afirmar que Morales ha gobernado 16 años con un ejército hostil a su gobierno o a su persona. Más bien ha sucedido lo contrario.
¿Dónde reside entonces la diferencia con respecto al caso venezolano? No en la estructura ni en la ideología del ejército sino en el contexto político que se ha dado en la relación ejército – oposición.
Para formular el problema con cierto cuidado: si bien el ejército boliviano no incurrió en rupturas constitucionales, la oposición, aunque no más fuese debido a sus propias inferioridades numéricas, tampoco lo ha hecho.
Los enfrentamientos entre oposición y ejército han sido mínimos en Bolivia. En Venezuela (y Nicaragua) en cambio, han sido continuos, cruentos, luctuosos. Esa es, a nuestro juicio, la diferencia principal. Mientras en Venezuela tanto oposición como ejército han incurrido en rupturas constitucionales, en Bolivia ambas instancias han actuado dentro de un marco constitucional. Afirmación que parecerá inadmisible a muchos enemigos de Maduro quienes creen, o necesitan creer, que el ejército es muy malo y ellos son muy buenos. No obstante, los hechos hablan por sí solos.
De modo suscinto: dentro de la oposición boliviana nunca logró imponerse una postura insureccional (por definición anti-constitucional). En Venezuela, en cambio, la postura insurreccional, incluso golpista, ha alcanzado hegemonía en distintos periodos. La alcanzó el 2002 con el “carmonazo”, el 2005 con el abstencionismo electoral, el 2014 con la “salida” comandada por el trío extremista: Ledezma, López, Machado, cuyo declarado propósito era derrocar a Maduro mediante una insurreción a la cual deberían plegarse los militares. La alcanzó en las “marchas sin retorno” del 2017. En la supuesta abstención activa del 2018 que seguiría a la capitulación electoral del 20-M. Pero sobre todo la alcanzó en el momento en que Leopoldo López, por intermedio de Guaidó, impuso una triada según la cual la lucha electoral estaría subordinada a un supuesto “cese de la usurpación” con una también supuesta participación del ejército, empresa que fracasaría en la debacle del 30-A.

La diferencia entre Bolivia y Venezuela no reside, en consecuencias, entre dos tipos de ejércitos sino entre las dos oposiciones que han debido enfrentar ambos ejércitos. Afirmación que no es una loa al ejército ni tampoco a la oposición boliviana. Se trata de una simple constatación. En Venezuela, a diferencias de Bolivia, ejército y oposición se han retroalimentado al margen de la constitución y las leyes. O dicho así: en Bolivia, la práctica política, con todos sus elementos dialógicos, llegó a imponerse durante Evo. Para poner un ejemplo: un Carlos Mesa, encargado por el gobierno de Morales para que coordinara los litigios marítimos con Chile, habría sido en Venezuela una imposibilidad absoluta. Hecho que demuestra como entre gobierno y oposición existía una suerte de pacto político no escrito. Y bien, ese pacto fue roto por Evo Morales cuando primero desconoció el plebiscito y cuando, segundo, robó los votos de las elecciones presidenciales. Solo en ese momento, obligada por las circunstancias, la oposición boliviana optó por la vía insurreccional. Pero una insurrección, nótese, nacida en defensa de las elecciones y por eso mismo, de la Constitución.
Nadie podrá acusar a la oposición boliviana haber desconocido las reglas del juego político. Incluso, cuando Morales violó el plebiscito, nadie podría haberla criticado si en lugar de participar hubiese elegido el camino de la abstención. De hecho, no pocos políticos jugaron con la idea de la abstención. ¿No significaba la participación legitimar no solo a Evo sino al mismo robo del plebiscito? Desde un punto de vista puramente moralista, sí. Y no por por último debe haber surgido la pregunta existencial: ¿Valía la pena participar en contra de un gobierno que no solo tenía asegurada la mayoría sino, como lo había ya probado con el plebiscito, dispuesto a desconocer los resultados electorales en caso de que estos no le fuesen favorables? La respuesta fue positiva: si la oposición no hubiese participado en las elecciones no habría habido fraude, sin fraude Morales estaría ahora gobernando, apoyado por su pueblo y por sus militares.
La discusión entre y al interior de los partidos bolivianos debe haber sido muy intensa. Quizás en ese momento se miraron en el espejo venezolano: “¿vamos a hacer lo mismo que esa oposición que, aún siendo mayoría, decidió abstenerse para después reclamar fraude en elecciones en las cuales no había participado?”
Sin tener candidato único, no solamente divididos sino fragmentados en nueve candidaturas, la oposición boliviana decidió participar. Su divisa fue: “si hay que romper el pacto constitucional, que lo rompan ellos, los del régimen, no nosotros”. Y eligió el camino correcto, lo prueban los hechos.
Vendrán nuevos capítulos en esta historia siempre inconclusa: Evo Morales se ha ido del país representando a una mayoría relativa. Las divisiones inter-opositoras han aflorado con fuerza después de la caída del autócrata. Ya emergen contradicciones entre los contingentes extremistas del fundamentalista Luis Fernando Camacho y del constitucionalista Carlos Mesa. El evomoralismo continuará siendo una fuerza política con la cual habrá que contar como enemiga e incluso como potencial aliada. La intervención militar en fin, a diferencia de los golpismos clásicos, no ha suprimido a la política en Bolivia. Todo lo contrario: esta continúa más viva que antes.
¿Y en Venezuela? Hasta el momento no se ve nada en su horizonte, con excepción de un líder que llama a salir a la calle cada cierto tiempo sin precisar las razones de su convocatoria. Nuevamente se escuchan voces abstencionistas dispuestas a regalar a Maduro la AN en nombre de un adelanto no- constitucional de unas elecciones presidenciales que nadie sabe como imponer. Las frases heroicas, altisonantes e incluso agresivas, no logran ocultar los pantanos en los cuales se hunde una oposición empeñada en hacer todo lo contrario a lo que debía y podía hacer.
En Bolivia, con la resistencia al fraude triunfó la política por sobre la anti-política. En Venezuela todavía no.

¿Qué nos enseña Bolivia? por Alfredo Michelena – El Nuevo País – 12 de Noviembre 2019

La salida de Evo Morales del poder es un hecho que debe hacernos reflexionar sobre  algunas ideas que siguen acechando a la oposición y otras críticas que a la luz de estos hechos comienzan a carecer de sentido o al menos a verse en otra perspectiva.

Golpe o renuncia

Maduro y la izquierda han condenado el “Golpe de Estado” a Evo Morales; pero como tal no fue un “golpe” formalmente hablando. Evo renunció. En realidad no renunció, lo renunciaron al sugerírselo públicamente el comandante en jefe de la institución castrense y el de la Policía Boliviana-“la cual se aceptó”-.

Al observar la reciente historia del país mediterráneo vemos que Evo había violado sistemáticamente las leyes y la constitución para mantenerse en el poder.  En 2007 impone su constitución a troche y moche;  en 2014 contra lo establecido en ella va a reelección para un tercer período, argumentando que el primer período no contaba pues era con otra constitución –lo mismo sucedió con Chávez-; pierde referéndum en el que solicitaba  una nueva reelección, pues era su derecho humano–  eso mismo argumentó  Chávez-  y lo desconoce; y finalmente hace trampa en estas últimas elecciones. Así que hablar de la legalidad o constitucionalidad o legitimidad de origen de Morales en el poder, es harto difícil. De modo que estando en el poder ilegal e inconstitucionalmente, no aplica lo del Golpe de Estado.

 ¿Por qué Bolivia?

De los países que cayeron en la órbita del castrochavismo,  Bolivia fue el que logró los mejores índices socioeconómicos.  En la última década, el PIB per cápita boliviano subió de US$ 1.994 a US$3.720, es decir creció casi 90%, siendo el segundo entre los países latinoamericanos. Y si se ajusta por la inflación creció un 50%. La Bolivia de Evo triplicó el PIB del país. La pobreza extrema se redujo de 38,2% a 15,2% y la clase media subió de ser un cuarto de la población a ser dos tercios de ella.

Las políticas económicas de Evo se parecieron más a las de los socialdemócratas que a las de los chavistas. Nacionalizó el petróleo y el gas – en el marco de acuerdos con el FMI y del Banco Mundial- y creó su propia industria nacional: Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Y aunque al comienzo fue muy hostil con el empresariado, en los últimos años lograron ciertos acuerdos. Claro que luego de la baja de los precios de las materias primas, la economía boliviana se ha resentido y ha aumentado el gasto del Estado, han bajado las reservas y ha crecido la deuda del país.

En realidad Bolivia ha mejorado incluso más que muchos países latinoamericanos, y todo parece indicar que  a pesar de que en los últimos años la economía sintió el impacto de una recesión internacional de los precios, últimamente  se venía recuperando. Por esto, lo que pasó en Bolivia no es necesariamente atribuible sólo a lo económico, ni incluso a socioeconómico, pareciera que es lo político lo que tomó preponderancia.  Empero, en esto la percepción de la realidad es más importante que los datos fríos que hemos presentado.

 Fracturar el bloque en el poder

En lo político Evo siguió el manual del castrochavismo al promover el silenciamiento de los medios independientes y periodistas críticos, acosó a sus opositores y trató de polarizar y dividir al país.  Pero…

En Venezuela la pajarera (Twitter) autóctona comenzó a comparar lo sucedido en Bolivia con nuestro proceso político. Y muchos han barajado una serie de críticas a nuestros líderes. Pero el asunto es que son dos casos distintos de los que podemos sacar conclusiones pero no lineales y simples.

Comencemos por decir que la oposición venezolana con base a unas enormes manifestaciones populares, sacaron a Chávez del poder (2002). Otra cosa es que las divisiones internas entre grupos, más que todo empresariales, permitieron su vuelta.  Así que: ¡ojo Bolivia!, hasta ahora sólo está hecho la mitad del mandado.

Hemos repetido una y otra vez que lo clave para salir de la dictadura de Maduro y sus compinches es fracturar el bloque en el poder;  dictadura, que hemos llamado “pranato” por su carácter delincuencial.

Esta fractura sucedió en Bolivia cuando la cúpula del ejército y la policía le pidieron la renuncia a Evo Morales – ¿les recuerda esto algo?-.  Recientemente aquí esto se ha vuelto a intentar, esta vez  sin mucho éxito. Lo que no quiere decir que no pueda suceder. Eso de que hacer lo mismo y esperar un resultado diferente es incoherente, no se aplica en política, pues las fuerzas y las circunstancias pueden haber cambiado. Claro que la diferencia con Bolivia  es que desde el comienzo, Chávez como militar corrompió y cooptó al ejército, y Cuba le brindó el apoyo necesario para purgarlo. Pero de nuevo, con el debido estímulo y en un cambio de circunstancias, la fractura puede suceder.  Recordemos la teoría del cisne negro.

“Seguid el ejemplo que Bolivia dio”

“Es la calle la que tumba gobierno”, es una conseja bien extendida. Y en realidad pocas comprobaciones sostienen esa propuesta. Lo que sí puede hacer la calle, es poner al poder y en especial poner al poder las armas en la coyuntura de tener que reprimir y sentir que la represión no va a parar a los manifestantes y va a poner el peligro las prebendas de la institución y de sus integrantes.  No se trata de solo ir  todos los días al mismo sitio a manifestar; se trata de avanzar sabiendo ambos bandos que el costo en vidas humanas es alto. En otras palabras no basta con pelear en Altamira o Chacaíto una y otra vez,  si no se avanza. Lo de Bolivia fue masivo e ininterrumpido por tres semanas y puso al ejército y la policía en la disyuntiva de masacrar al pueblo o no. Y esto facilitó el quiebre.

También hay que descartar eso de que “dictadura no sale con votos”, pues es claro y evidente que Evo salió a partir de unas elecciones que se sabían de antemano amañadas y difíciles de ganar, y que incluso Evo pudo haber ganado.  El asunto es que esas elecciones provocaron una serie de incidentes que quebraron al grupo en el poder.

Otro dato importante es que si bien la comunidad internacional no ha actuado en Bolivia tan masivamente como en Venezuela, el contexto internacional le era definitivamente contrario. Pero especialmente,  la participación de la OEA con una misión de observación y la denuncia hecha, cuando afirmó que no podía validar el resultado oficial de las elecciones, fueron claves para dinamizar el proceso que terminó con Morales fuera del poder.  Incluso la  empresa auditora Ethical Hacking, contactada por el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE) consideró que el proceso electoral estuvo viciado de nulidad.

Los venezolanos podemos sacar muchas conclusiones de estos hechos y valorar el esfuerzo que hemos emprendido para sacar a la camarilla castrochavista del poder.  Una manera de saber si hemos entendido y aprendido de lo sucedido en Bolivia,  es la actitud de la población y los líderes (e influencers ) sobre la convocatoria del 16N.

Cómo puede afectar a Nicolás Maduro la renuncia de Evo Morales en Bolivia por Guillermo D. Olmo – BBC News – 11 de Noviembre 2019

Morales y Maduro.Morales y Maduro han sido siempre incondicionales aliados.

Muchos en Venezuela se hacen ahora esta pregunta: ¿afectará la renuncia de Evo Morales en Bolivia a Nicolás Maduro, gran aliado suyo en América Latina?

Al poco de conocerse la renuncia del presidente boliviano, Maduro denunció como “un golpe de estado” lo que está sucediendo en Bolivia.

El mandatario venezolano también advirtió a la oposición de su país, que este mismo año intentó una insurrección para desalojarlo del poder: “Le digo a la derecha fascista venezolana: nos conocen, no se equivoquen, no se equivoquen, no saquen cálculos falsos con nosotros”.

El líder opositor, Juan Guaidó, en cambió saludó la “brisa democrática” que llega desde Bolivia y ha renovado sus llamamientos a sumarse a una gran protesta nacional contra Maduro el 16 de noviembre.

La esperanza en las filas opositoras es la de que el ejemplo de Bolivia reactive su causa.

Aunque la crisis boliviana parece lejos de haberse resuelto definitivamente, los comentarios de ambos evidencian la diferente lectura que hacen de ella y de sus potenciales efectos en la batalla que libran por el poder en Venezuela.

Por qué es importante para Venezuela lo que pase con Evo Morales

Las malas noticias para Evo Morales lo son también para el gobierno de Nicolás Maduro, ya que “bajo su mando, Bolivia se había convertido en una fuente importante de apoyo político para la Venezuela chavista”, explica Geoff Ramsey, subdirector del centro de análisis Washington Office of Latin America (WOLA).

MoralesMorales anunció su renuncia en una declaración televisada junto a su vicepresidente.

Phil Gunson, analista de International Crisis Group, dice que “seguro que lo ocurrido va a tener un impacto en Venezuela”, especialmente en un momento en que la coyuntura internacional había girado a favor de los intereses del gobierno.

“Con la victoria de Alberto Fernández en Argentina, el gobierno de López Obrador en México y los problemas que tienen Sebastián Piñera en Chile y Lenín Moreno en Ecuador, sentían que la bajada de la marea socialista en el continente se revertía”, opina Gunson.

Además, con la salida del asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos parecía ahora menos volcado en Venezuela.

Gunson subraya además que la renuncia de Morales llega en un momento que “en el gobierno venezolano percibían que el efecto Guaidó empezaba a desinflarse”, algo que ya detectan algunos de los pocos sondeos de opinión que se realizan en Venezuela.

Qué lecciones puede sacar la oposición de Bolivia

La renuncia de Morales se produce en un momento en que Guaidó intenta arrastrar de nuevo a la gente a la calle para presionar a Maduro, pero la asistencia a las movilizaciones convocadas por el líder opositor se ha ido reduciendo paulatinamente y en las últimas ha sido escasa.

Gunson señala la importancia de la protesta del próximo día 16. “Ahí veremos si la oposición recupera algo de su poder de convocatoria”.

Para Ramsey, la experiencia boliviana es un ejemplo de cómo la “movilización popular, junto con el Ejército, pueden derrocar a un líder que ha cometido fraude”.

Sin embargo, lo ocurrido en Bolivia también puede reabrir debates difíciles en la oposición venezolana.

Juan Guaidó y Leopoldo LópezGuaidó y Leopoldo López sorprendieron a los venezolanos en abril con su, según muchos, golpe de Estado.

Allí, los rivales de Morales parecen en disposición de acabar con su gobierno después de haber salido derrotados de una elección en la que denunciaron irregularidades por parte del oficialismo, mientras que en Venezuela la oposición mayoritaria ha optado en las últimas citas electorales por no presentarse alegando falta de garantías, una estrategia que tiene críticos incluso dentro de sus propias filas.

Gunson indica que “será clave la lectura de lo ocurrido en Bolivia que haga la dirigencia opositora”, ya que pueden llegar a la conclusión de que “quizá valga la pena presentarse a una elección, aunque sea para perderla y utilizarla después como palanca para llegar al gobierno”.

Un problema añadido para la oposición es que Maduro se ha negado reiteradamente a convocar las elecciones presidenciales que se le reclaman bajo el argumento de que su triunfo en las presidenciales de 2018, no reconocido por la oposición y por gran parte de la comunidad internacional, sigue vigente.

La próxima cita electoral deberían ser, ya en 2020, las legislativas, en las que se renovará la Asamblea Nacional, órgano legislativo en el que la oposición cuenta con mayoría.

Camacho.Luis Fernando Camacho, uno de los líderes del movimiento contra Morales ha pedido que sea detenido y juzgado.

Por otra parte, señala Ramsey, “será clave si la misma oposición boliviana es capaz de mantener la unidad, ya que ya estamos viendo diferencias entre Carlos Mesa (competidor de Morales las elecciones) y Luis Fernando Camacho (líder opositor que ha tomado protagonismo en las protestas previas a la renuncia de Morales).

Camacho exigió la renuncia del presidente y ha abogado por encarcelar a “los delincuentes del partido del gobierno”.

“Si hay una cacería de brujas y no se permite al Movimiento al Socialismo de Morales presentar candidatos a unas nuevas elecciones, eso favorecerá las tesis del ala dura del chavismo”.

Cuál es el papel de las Fuerzas Armadas en Venezuela y Bolivia

Morales aguantó hasta que perdió el apoyo del alto mando del Ejército y de la Policía.

En Venezuela, Juan Guaidó llamó reiteradamente a los militares a abandonar a Maduro y abrazar su causa, pero, salvo algunas excepciones, el Ejército sigue del lado de Maduro.

Giunson dice que hay “poca información sobre lo que ocurre en el mundo militar, pero allí hay mucho descontento y muchos probablemente quieran salir del gobierno de Maduro si pueden hacerlo con seguridad”.

Ramsey recuerda que en Venezuela ha habido varios alzamientos y “seguramente va a haber más”.

Morales y el comandante del Ejército, Williams KalimanMorales resistió hasta que perdió el apoyo del comandante del Ejército, Williams Kaliman.

Pero ambos expertos señalan a un factor clave para explicar la diferente suerte que han corrido hasta el momento Morales y Maduro.

“El Ejército boliviano ha conservado mayor autonomía respecto al gobierno que el venezolano”, indica Gunson.

Y, según Ramsey, “Maduro construyó muchos lazos con los militares y ha mostrado mucha más habilidad para controlarlos que Morales, como prueban los intentos que han sido neutralizados por la contrainteligencia”.

Mientras que la economía venezolana ha perdido más de la mitad de su valor desde que Nicolás Maduro llegó al poder en 2013, la economía de Bolivia creció durante los gobiernos de Evo Morales a una media de un 4,8% anual.

Gunson dice que “muchos están convencidos de que el desastre de la economía de Venezuela acabaría conduciendo a un cambio político y eso no tiene por qué ser necesariamente así”.

Bolivia aparece ahora como un ejemplo de lo contrario.

protestasBolivia lleva más tres semanas sumida en una ola de protestas.

Según Ramsey, el país andino “había sido el ejemplo que se utilizaba para mostrar que una alternativa de izquierdas podía propiciar la estabilidad económica“.

Y ahora, junto con Chile, donde protestas masivas han hecho tambalearse al gobierno de Sebastián Piñera, revela a juicio del analista que “el desarrollo favorece la aparición de una clase media cuyas expectativas no se han visto satisfechas”.

En Venezuela, la lucha del día a día por la subsistencia es uno de los factores que explican el descenso de la afluencia a las marchas opositoras, cree el experto.

Cuán crítica es Bolivia para Maduro

La caída de Morales será la de un aliado incondicional del chavismo en América Latina.

En sus más de 13 años en el poder, el gobernante indígena se alineó siempre con Hugo Chávez primero y con Nicolás Maduro después.

En la época en la que los gobiernos contrarios a Maduro del Grupo de Lima redoblaron la presión diplomática, Morales siempre se mantuvo fiel.

protestas en VenezuelaLas violentas protestas en Venezuela no consiguieron derrocar a Maduro, quien siempre contó con el respaldo de la cúpula militar.

¿Puede interpretarse su final como un presagio como del de Maduro?

Gunson alerta a quienes quieren dar por derrotado prematuramente a Morales y recuerda lo sucedido en Venezuela en abril de 2002, cuando Chávez fue momentáneamente apartado del poder por una intentona de sus rivales.

“Él también dejó de ser presidente y a los pocos días regresó”.

El recuerdo de aquel episodio, cuando el presidente y algunos de sus altos cargos fueron capturados, permanece muy vivo entre Maduro y el resto del liderazgo chavista, ya que muchos de sus integrantes lo vivieron en primera persona.

Pero más importante quizá que el pasado sea el peso real de Bolivia en la escena internacional. Ramsey afirma que “hay países que tienen mucha mayor importancia para Maduro por el apoyo económico que le prestan, como Cuba o Rusia”, afirma.

“Lo que suceda en Bolivia no será una amenaza existencial para él”.

Nicolás Maduro le respondió a Donald Trump: “Vamos al combate, estamos listos” – Infobae – 11 de Noviembre 2019

El líder chavista salió al frente de las declaraciones del presidente estadounidense, quien señaló que la renuncia de Evo Morales debe ser tomada como “una señal” para los regímenes de Venezuela y Nicaragua

Nicolás Maduro le respondió este lunes a Donald Trump, luego de las declaraciones del mandatario norteamericano sobre la renuncia del boliviano Evo Morales.

Este golpe de Estado, esta emboscada que se montó contra Evo Morales se montó desde el imperialismo estadounidense”, lanzó el dictador venezolano en una de sus habituales teorías lanzadas contra la Casa Blanca.

Posteriormente, se refirió en concreto a las declaraciones del líder republicano, quien dijo que EEUU “aplaude” a los militares bolivianos por defender la constitución, y sostuvo que la renuncia de Morales debe ser tomada como “una señal” para los regímenes de Venezuela y Nicaragua sobre la importancia de la democracia y la voluntad del pueblo.

“Ahora salen a aplaudir, a decir que ahora vienen por Venezuela y Nicaragua. ¡Alerta, pueblo! Vamos al combate. ¿Quieren pelea? Vamos a dar la pelea. Por la paz, por la patria, por la soberanía y por la revolución bolivariana de Venezuela. Vamos, estamos listos para dar la pelea, para ir al combate, la victoria nos pertenece, y lo demostraremos en la práctica, en las calles, en unión cívico-militar”, exclamó Maduro.

Donald Trump y Nicolás Maduro

Donald Trump y Nicolás Maduro

Maduro, además, reiteró el llamado a sus seguidores a marchar este martes y el resto de la semana para manifestar el rechazo contra el “fascismo” y apoyar a Morales.

La declaración de Trump, difundida por la Casa Blanca, elogió también al pueblo boliviano “por exigir libertad”, y sostuvo que la crisis en Bolivia marca un “momento significativo para la democracia en el hemisferio occidental”.

“Después de casi 14 años y de su reciente intento de desautorizar la Constitución boliviana y la voluntad del pueblo, la partida de Morales preserva la democracia y allana el camino para que el pueblo boliviano haga oír su voz”, señaló Trump.

Morales, declarado ganador de los comicios del 20 de octubre, a pesar de las denuncias de fraude de la oposición, renunció tras perder el apoyo de policías y militares y tras conocerse una auditoría de la Organización de los Estados Americanos (OEA) que señalaba “irregularidades” en la votación que, según los expertos, ameritaban un nuevo proceso electoral.

Por su parte, la futura presidente interina de Bolivia anunció este lunes la próxima convocatoria de una elección presidencial, a medida que el país intenta llenar el vacío de poder dejado tras la dimisión de Evo Morales, a quien México le concedió asilo político.

“Vamos a llamar a elecciones con personalidades probas, que ellos sean los que lleven un proceso electoral que refleje lo que quieren y el sentimiento de todos los bolivianos”, dijo a la prensa Jeanine Añez, la segunda vicepresidente del Senado, a quien corresponde la presidencia interina tras la dimisión de todos los que la precedían en la línea de sucesión a Morales.

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