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Es la hora de la intransigencia por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 6 de Febrero 2018

gse_multipart55967En un grupo de buenos amigos con quienes me reúno frecuentemente para conversar sobre Venezuela se ha planteado en muchas ocasiones, directa o indirectamente, el tema de la relación entre política y ética. Tiene que ver con los pros y contras de invocar la ética, la moral, en asuntos de tipo político, dado que el mundo de los valores presenta variaciones entre los miembros de una sociedad. Hay quienes argumentan que, por ello, es mejor no tratar de juzgar a otros sobre las bases de nuestras propias creencias, como si ellas fueran las únicas verdaderas. Según esta perspectiva catalogar de colaboracionistas del narco-régimen venezolano a quienes irían a participar como candidatos de “oposición” a las elecciones convocadas por la Asamblea Nacional Constituyente (rechazada por los venezolanos y por las democracias de la región) sería injusto.

Yo he estado diciendo en ese grupo que en la MUD hay colaboracionistas, oportunistas y manipuladores, gente que está tratando de llegar a un arreglo con el narco-régimen para compartir el poder. Entre ellos menciono a Henri Falcón, a Manuel Rosales, a Henry Ramos Allup y a Timoteo Zambrano, entre otros líderes de la oposición. También he criticado a Julio Borges y a Luis Florido por estar todavía sentados en la mesa con los criminales del régimen chavista.

Quienes discrepan de estos señalamientos opinan que esta gente no debe ser estigmatizada por utilizar diferentes “estrategias” políticas para lograr objetivos “similares” a los que yo desearía, básicamente desplazar al narco-régimen del poder. Rechazan mi opinión sobre estas personas, a quienes ellos definen como miembros de nuestro equipo.Es preciso, añaden, mantener el sagrado principio de la unidad.
Sin embargo, hay filósofos morales como el profesor de Harvard, Michael Sandel, quienes dicen que no es posible decidir asuntos sobre justicia sin resolver, al mismo tiempo, asuntos fundamentales de ética individual y pública. Sandel añade algo importante: “y si ello fuera posible, no sería deseable”. Ver “Justice”, de Michael Sandels, 2010, página 251.

Más allá de lo que piensen otros, sin embargo, cada uno de nosotros está esencialmente solo con su conciencia a la hora de tomar posición sobre asuntos de ética y de política. Al final de cuenta somos producto de nuestra educación en el hogar, en la escuela, de la influencia rectora de padres, maestros y amigos y de nuestras creencias religiosas, si alguna.

Mi postura personal es de decidido enfrentamiento en contra de la deshonestidad, de la mentira y del abuso de poder que ejercen los desalmados chavistas en contra de sus víctimas. Detesto ver que hay quienes están dispuestos a coexistir pacíficamente con ellos y a hacerle concesiones que, en mi opinión, entran en el campo de la complicidad. Mi postura está basada en principios y valores que considero universales, que no pueden ser objeto de relatividad. En la política venezolana advierto mucho intento de desdoblamiento, de separar la vida personal de la actuación pública. Y ello no es posible, la persona no puede desdoblarse y vivir una vida moral como ser privado y una vida carente de valores como ser público.

Los principios y valores universales que no deben ser objeto de negociación ni de tolerancia tienen, casi todos, que ver con la tradición religiosa Judea-cristiana sobre el respeto a la vida, a la dignidad humana, a la libertad, a la protección contra el hambre y las enfermedades, al no le hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti, a la justicia. Estos principios y valores han sido incorporados en constituciones, en declaraciones sobre derechos humanos y han sido aprobados por casi todos los países del planeta. En ninguna religión o sistema de valores se consagra el asesinato, el narcotráfico, la corrupción en la función pública, el abuso de poder, el sadismo y la mentira. Nada que vaya en contra de la integridad física o espiritual del ser humano debería ser aceptable.
Debemos insurgir en contra de regímenes políticos que pretendan quedarse indefinidamente en el poder, que roben las riquezas de la nación, que sometan al pueblo a inaceptables humillaciones, que pretendan actuar en nombre de la Nación cuando – en realidad – actúan para llenarse los bolsillos de dinero mal habido y para ejercer su sádico deseo de poder. Este es el caso del narco-chavismo que nos asfixia. Quien pretenda colaborar con un régimen que siga este curso de acción es entreguista. Este es el caso de quienes se ponen de espaldas al pueblo para tratar de sobrevivir políticamente, sacrificando principios y valores que les deberían ser sagrados.

Estamos en medio del huracán. Hay que actuar en base a los principios. Que cada quien se pronuncie. Que nadie quede en silencio frente a la tragedia venezolana.

Ética canalla por Aymara Lorenzo – Notiminuto – 18 de Junio 2017

Lo visto hasta ahora demuestra que no es ausencia de ética lo que rige la actuación de militares y policías en la represión.

aymara.jpgCinco letras conforman la palabra ética de la que hay algunos venezolanos que desconocen su significado por lo que hemos visto como testigos de los dos meses y medio en los que el gobierno ha hecho gala de su mejor esfuerzo por reprimir a quienes protestan en su contra. Si nos remitimos al Diccionario de la Lengua Española este precisa que ética es: “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”.

Si este significado, paradigma en la vida de casi todos —que no todos— los seres humanos lo contextualizamos en el entorno militar, el de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana pudiéramos suponer que es un asunto medular en la formación de los oficiales, de la tropa profesional y alistada. Se trataría entonces del conjunto de normas y valores que guiarían el comportamiento de los efectivos militares, aquellos que tienen la responsabilidad de resguardar la integridad física de los ciudadanos y defender la soberanía de ese Estado.

Ahora bien, causar destrozos a la propiedad privada, destruir ascensores de los edificios, identificados como “los verdes” en El Paraíso, apuntar a los vecinos con armas, como lo hicieron efectivos militares esta semana, ingresar de forma ilegal en las viviendas, acabar con televisores, lavadoras, hurtar componentes de los vehículos, disparar sin ningún tipo de prurito contra una perro, mascota de una de las residentes del lugar, definitivamente no es una conducta apegada a la ética militar. No. La ética con la cual han procedido tanto los efectivos militares como los policiales, bajo la orden del poder ejecutivo con el argumento de “restablecer el orden” ante las protestas que iniciaron en marzo, es una ética canalla.

No es otra sino canalla por ser despreciable y de malos procederes, por cuanto está alejada de lo que debe ser la función y el rol que tienen que cumplir militares y policías en sociedad. Y es precisamente con esta ética canalla con la que insisten en defender la bandera de la paz. Con la que sin ninguna duda avanzan en su propósito de instalar una Asamblea Nacional Constituyente como mecanismo para borrar el Estado tal como está concebido, y garantizarse así su permanencia en el poder pasando por encima, una vez más como han venido haciendo hasta ahora, de la voluntad general.

Los episodios registrados a diario durante la represión a quienes manifiestan en contra del gobierno, o como el mismo hecho que desde el Tribunal Supremo de Justicia haya declarado la constitucionalidad de las bases comiciales para activar la Constituyente, tal y como está planteada, son formas indiscutibles de violencia. Y esta es inversamente proporcional a la capacidad de ejercicio del poder que tiene en este momento el gobierno de Maduro.

 

 

 

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