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¿Necesita radicalizarse la oposición en Venezuela? por Pedro Vargas Núñez – Portfolio – 14 de Enero 2020

El analista Raúl Gallegos asegura que con una oposición débil y unas sanciones de Estados Unidos que no funcionan es difícil un cambio en Venezuela.

Nicolás Maduro

“Consideramos que la salida de Maduro va a ser muy difícil y si hay un cambio va a ser uno en el cual se daría dentro del mismo chavismo para darle relevo a Maduro”, asegura el analista.

Raúl Gallegos, director asociado de la consultora de riesgos Control Risks y uno de los analistas que más conoce la situación en Venezuela, asegura que las circunstancias actuales indican que lo más posible es que Nicolás Maduro no sea desalojado del poder y que, por el contrario, termine su mandato presidencial en el 2025, como lo tiene estipulado por el momento.

Se percibe que la situación se estancó en Venezuela, Guaidó no pudo sacar a Maduro del poder y este último parece más fuerte. ¿Qué opina?

Siempre hemos dicho que es muy difícil sacar a Maduro con las herramientas de las sanciones únicamente. Es muy difícil para la oposición, que es débil porque no tiene control sobre ninguna institución más allá del Congreso, el cual ha sido básicamente anulado por la Corte Suprema, controlada por Maduro.

Es una oposición que es pacífica, que cree en la democracia y que se está enfrentando a un Gobierno que no es pacífico y no cree en la democracia. Por ese lado, consideramos que la salida de Maduro va a ser muy difícil y, si hay un cambio, va a ser uno en el cual se daría dentro del mismo chavismo para darle relevo a Maduro, pero no sacando al chavismo del poder.

Se daría con el chavismo incorporando a ciertos elementos de la oposición para crear la ilusión de inclusión, pero elementos de la oposición que le han hecho el juego al chavismo por mucho tiempo. Un cambio de régimen radical con la salida absoluta del chavismo y la entrada de una oposición totalmente democrática, transparente y amigable con los negocios, va a ser muy difícil.

Eso que usted llama difícil, suena casi que a imposible…

Creemos que incluso este año, si se mantiene la tendencia de la oposición actual con este mismo cuadro de líderes y con el gobierno de Estados Unidos básicamente enfocándose en sanciones, el Gobierno de Maduro, que va a llevar a cabo una serie de elecciones legislativas que a todas luces serán hechas a la medida del chavismo para sacar a la oposición de la mayoría que tiene en el Congreso y recuperarlo, el poder que tiene la oposición en estos momentos en el Congreso termine este año y que Maduro y su gente se van a apalancar más en el poder.

Precisamente, parte de la intención de Maduro es utilizar el Congreso de nuevo para crear una ilusión de legalidad a toda una serie de medidas que quiere adoptar, incluidas darle mayor participación a empresas internacionales en proyectos petroleros, lo que va a ser crucial para que petroleras chinas y rusas se sientan más confiadas de invertir en el sector petrolero venezolano.

Al quedar el legislativo en manos del chavismo otra vez, ¿la salida de Maduro del poder va a ser casi que imposible?

Si nada distinto ocurre sí.

¿Ante este escenario qué puede hacer tanto la oposición como la comunidad internacional para que haya un cambio de régimen en Venezuela?

Es la gran pregunta que es muy difícil responder. Lo único que puedo decir es que es muy difícil llevar a cabo un cambio de manera pacífica cuando tienes un Gobierno que no es pacífico, ni democrático y que tiene toda la intención de meter en prisión a miembros de la oposición y asesinar a personas. Bajo esas circunstancias no hay un balance entre ambas fuerzas.

Lo que tendría que ocurrir es un cambio de liderazgo en la oposición, que sean más radicales en respuesta al hecho de que esta versión de la oposición no ha logrado el éxito. Ya hemos visto algunos incidentes de exmiembros de la guardia y de las fuerzas armadas realizando ataques a algunas bases militares para robar material. Ese tipo de actividad indica que sí hay algunos elementos que se oponen a Maduro que están dispuestos a hacerlo por la fuerza.

Si hubiese en realidad una organización estructurada y estable, un tipo de insurgencia, que no es deseable para nadie, ni lo estoy recomendando, ni mucho menos, pero si eso surgiera cambiaría un poco las reglas del juego porque tendrías a alguien que se opone a Maduro, que sería tanto a más peligroso que el Gobierno, entonces estarías equiparando los poderes que se oponen.

De lo contrario, bajo la actual estrategia de la oposición y Estado Unidos me parece que este es un Gobierno que no está asustado y que no tiene intenciones de ceder poder de ninguna manera porque no se ve realmente amenazada su estabilidad.

¿Entonces la única opción es que la oposición se radicalice y trate de tomarse el poder por la fuerza?

Lo que pasa es que hasta el momento no hemos visto a nadie que tenga ese discurso ni esa intencionalidad, y yo creo que hay que darle crédito a la oposición también porque es gente que cree en las reglas, en la alternatividad en el poder por la vía democrática y eso tiene mucho valor.

Pero el gobierno de Maduro reta tanto al gobierno de Estados Unidos como a la oposición a que hagan algo más, precisamente porque no creen que lo van a hacer.

Y en este escenario, si las sanciones no funcionan como ya se sabía que no iban a funcionar, ¿qué otra estrategia podría adoptar Estados Unidos para presionar la salida de Maduro?

Las opciones siempre han sido las mismas: opción democrática y gradual vía sanciones o una opción mucho más dura que implica cierto nivel de intervención y de actividad bélica. Lo que ocurre es que por el momento no estamos viendo a un gobierno estadounidense que esté dispuesto a intervenir en Venezuela, particularmente durante las elecciones presidenciales de este año. Para tratar de intervenir en un país como Venezuela hay muchas cosas que podrían salir mal y eso tendría un impacto grave para Trump en las elecciones.

No vemos que tenga la intencionalidad de hacerlo antes de las elecciones o después. No son esas las señales que está enviando el gobierno de Trump.

Habrá que ver si después de las elecciones y si es reelecto, en realidad está tan comprometido con llevar algún tipo de cambio en Venezuela que empiece a buscar nuevas alternativas para sacar a Maduro del poder. Pero dudo que tenga la intención que haya algún cambio real y creo que como todo buen político ha calculado que apretarle las tuercas a Maduro es algo que él quiere hacer como política exterior, si no que además tiene beneficios políticos domésticos también. Eso implica que pueda lograr más votos en Florida, que es un Estado muy importante para las elecciones.

Falló la estrategia que los militares se pusieran en contra de Maduro, ¿eso todavía se puede intentar?

Falló porque es muy difícil hacer que los altos y mandos medios de las Fuerzas Armadas se volteen contra Maduro porque toda esta gente está comprometida con el Gobierno por miedo a represalias o porque están involucrados en corrupción y violaciones de derechos humanos, por ejemplo. Entonces tienen que seguir a la fuerza apegados al madurismo. Son personas supremamente comprometidas por diversos motivos, diferentes a las ideas.

¿La dolarización de la economía ha oxigenado a Maduro?

La dolarización se iba a dar por naturaleza. Cuando la población no confía en su moneda busca alternativas y es inevitable para el Gobierno tratar de evitar que se dolarice cuando el bolívar es inservible.

Lo que hace el Gobierno por su lado es ser mucho más pragmático entregándole incluso algunas empresas del Estado a privados que son amigos para que las manejen. Está también optando por no ejercer mayor control en cuanto a regulación de precios y otra serie de medidas que por muchos años han dañado al sector privado, precisamente para darle más oxígeno. El Gobierno está siendo pragmático y flexible porque lo que se quiere en este momento es sobrevivir en el poder y uno de los objetivos es bajarle la presión al sector privado.

No se ve una salida del poder en los próximos años si el statu quo continúa, ¿entonces lo más seguro es que Maduro esté en el poder hasta el 2025, que es cuando termina el periodo presidencial?

Es muy probable que como van las cosas logre terminar el periodo.

Lo que implica que aumente la crisis humanitaria…

Ese va a ser el gran impacto en Colombia. El tema del flujo de Venezolanos entrando al país no va a cesar, vamos a ver más venezolanos en el país. Va a ser muy difícil frenar ese fenómeno. Es una realidad con la que Colombia va a tener que tomar medidas para manejarla de la mejor manera. Nos vamos a tener que acostumbrar.

Benigno Alarcón: El gobierno va a escalar el conflicto en 2020 por Alejandro Ramírez Morón – El Estimulo – 26 de Diciembre 2019

Venezuela llegó a ser una democracia referencial en todo el continente, pero un día llegó la barbarie. Ahora somos un problema planetario y una amenaza para la región. Juan Guaidó se asomó como esperanza pero los rojos han sabido mover las fichas, y hasta parecen repuntar

La crisis política venezolana es realmente peliaguda. Un complejo enrevesamiento de vectores de todo tipo, que van a dar a una espiral de violencia sin parangón. La diáspora para los pelos de punta, y –según Inés Quintero– nada en nuestra historia se le puede parar al lado. Es decir, un país tradicionalmente dictatorial cruzó el oasis de la IV República como si tal cosa, en un santiamén, y acá estamos de nuevo bajo la garra de un caudillo. La situación venezolana está en constante análisis y Benigno Alarcón es uno de sus estudiosos, desde el quehacer político.

La irrupción de Juan Guaidó en la escena política nacional e internacional fue recibida como una bocanada de aire fresco por una población hastiada de lastres de todo tipo. El racionamiento del agua, la falta de Internet, la inflación galopante, el hampa desbordada, y pare usted de contar. Ese largo rosario de males que llevaron el algún momento a su popularidad al cielo del 60%.

«Hay tres sectores en la población: un primer grupo que busca readaptarse; un segundo grupo que quiere emigrar y un tercer grupo que habla de armarse para la lucha»

Benigno Alarcón es el director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Su perfil es el de un apasionado voraz del análisis político, y en todo momento está trabajando en el asunto, salga sapo o salga rana. En estos momentos, dirige un diplomado sobre transiciones políticas, en el cual tiene a varios profesores de lujo como invitados.

Tres fases

“Venezuela atraviesa por una crisis política, y las mismas tienen tres fases: escalada, desescalada y estancamiento. Nuestra crisis está, en estos momentos, en una fase de estancamiento. Y la gente suele pensar que un estado de estancamiento debe resolverse rápido, pero esto no es así necesariamente”, comienza por limpiar de polvo y paja la confusión que reina en la opinión pública nacional.

Benigno Alarcón

Y pone un par de ejemplos para exorcizar toda duda: el primero de ellos, es el incordio diplomático entre Venezuela y Guyana por el Esequibo. Es un conflicto que tiene muchos años en la fase de estancamiento, y no se sale del mismo porque ninguna de las dos partes se decide a escalarlo. Venezuela dispone de poderío bélico para hacerlo por la vía de la fuerza, pero no lo hace porque ello le traería la enemistad de todos los países del Caribe, y de algunos otros. Entretanto, Guyana se beneficia del status quo, y apuesta por mantener el asunto en la inacción.

Pero también pasa en el conflicto entre Venezuela y Colombia, por el Golfo, de modo inverso. Acá es Venezuela quien se beneficia del status quo, y ninguna de las dos partes se decide a escalar el conflicto por la vía de la fuerza, porque podría resultar peor. “Es verdad que Colombia lo intentó en un momento con el buque Caldas, pero eso no pasó de ahí”, refiere el entrevistado.

De modo que lo primero que hay que decir es que el gobierno paralelo de Juan Guaidó, podría prolongarse por años, lo mismo que las tensiones con Estados Unidos, y, claro, el régimen opresor que nos ocupa.

Nicolás Maduro tratará de montar unas parlamentarias lo suficientemente creíbles como para que la comunidad internacional no chiste

En 2020 habrá desenlaces

Pero no. “El gobierno va a escalar el conflicto el año que viene, a través de las elecciones parlamentarias”, dispara duro el portavoz, si bien aclara que los politólogos no tienen bolas de cristal, ni varitas mágicas. Esa es, en todo caso, su apuesta como analista.

Benigno Alarcón dice que el régimen de Nicolás Maduro tratará de montar unas parlamentarias lo suficientemente creíbles como para que la comunidad internacional no chiste, pero a la vez generando la bruma que impida a los electores de la oposición concurrir a las urnas.

¿Cómo es esto? Bueno, unas elecciones que vayan a fin de año, que den tiempo de que todos los contendores hagan campaña, en todos los medios, etcétera. Pero evitando las presidenciales, por lo cual, muchos adeptos de Juan Guaidó, no votarán porque no se ha producido el “cese de la usurpación”, verbigracia. El célebre mantra.

Pero, ¿qué hará la oposición si esto pasa? “Bueno, como he dicho, hacer predicciones es difícil, pero lo primero que uno ve es que la oposición puede participar o no participar”, adelanta Benigno Alarcón. Visto de otro modo, la jugada de la oposición podría pasar por exigir las presidenciales como requisito sine qua non para ir acudir a unas parlamentarias, en las cuales podría perder la presidencia del Parlamento, y por lo tanto, ver a Guaidó rodar como una piedra.

Benigno Alarcón

Ahora bien, ¿cómo definir el estancamiento en el cual estamos? ¿Cuáles son los rasgos que lo caracterizan? Uno de ellos, dice la fuente, es que el gobierno podría escalar el conflicto con la fuerza, por ejemplo encarcelando a Juan Guaidó, pero no lo hace porque eso podría traerle más problemas que otra cosa. Otro rasgo es que el status quo beneficia a ambos bandos, y por eso ninguno de los dos se decide a escalar el estancamiento.

Lo cierto es que la soga cada vez aprieta más duro el cuello de los venezolanos, y más allá de eso que llaman “calma chicha”, o sea un prolongado estado de indefinición en lo político, Benigno Alarcón estima que en 2020 tendrán que producirse algunos desenlaces, como ya se dijo más arriba. El experto cree que es bastante improbable que Estados Unidos se decida por una incursión militar, ni en el corto, ni en el mediano plazo, si bien no se atreve a cerrar esa rendija del todo en el análisis. “Luego del fracaso de la invasión a Irak, no creo que Estados Unidos use la fuerza militar en Venezuela. Esto le pondría en contra a América Latina y a toda Europa. Hizo falta el ataque a las Torres Gemelas, no obstante, para que Estados Unidos invadiera Irak”, recuerda el portavoz.

“El gobierno va a escalar el conflicto el año que viene, a través de las elecciones parlamentarias”

Como se dijo, Benigno Alarcón es un trabajador incansable y la politología es su gran pasión. Es un hombre de estatura mediana, bien trajeado, piel cetrina y mirada aristocrática, que siempre resulta desmentida por una sencilla calidez, que envuelve cada uno de sus certeros dardos como analista. Un hombre que hace trabajo de hormiga. Por ello, en el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB a veces la orden es soltar los libros e irse a hacer trabajo de campo.

Crece el descontento

“Recién estamos comenzando una segunda fase de los trabajos de campo, pero tenemos resultados que datan de mayo de este año, y allí vemos que la inconformidad está creciendo. Hay tres sectores que identificamos en la población: un primer grupo que busca readaptarse porque entendió que esto no va a cambiar pronto; un segundo grupo que quiere emigrar, y quizás no todos lo hagan, pero al menos tienen el deseo; y un tercer grupo, que habla de armarse para la lucha, es decir, tomar el camino de la lucha armada”.

Sobre la diáspora, dice que seguirá en ascenso. O sea, sus datos coinciden con los del experto Tomás Páez, y –en efecto- pese a las consideraciones de depauperación de los migrantes, la xenofobia, y todo eso, la gente se seguirá yendo del país. No hay burbuja caraqueña que valga.

En torno a ese grupo que dice estar decidido a tomar las armas, pues confirma que si bien hasta ahora solo uno de los bandos ha estado en poder del acero, eso no quiere decir que el otro no pueda comenzar a armarse, y –eventualmente- producirse un escenario de enfrentamiento de guerrillas urbanas, cosa que puede prolongarse en el tiempo y ser incluso más devastador que una invasión yanqui.

Un caso inédito

Dígase lo que se diga, el apoyo en torno a Juan Guaidó por parte de la comunidad internacional ha sido algo realmente inédito, dice Alarcón. “No se había visto antes nada similar, tal vez en el caso del cese del comunismo en Rusia, y algún otro caso en la OTAN”, calibra el politólogo.

Aún así la cosa pinta color de hormiga, y Nicolás Maduro viene escalando en la región, pese a las arremetidas de Guaidó y su tinglado. Alarcón, más allá de todo fatalismo, aclara que ese bloque de 60 países que se aglutinaron alrededor del interinato podría comenzar a ver mellado su filo, con casos como el de Argentina donde el peronismo volvió a la presidencia, o como consecuencia de los focos de caos que se han verificado en Chile y Ecuador, por ejemplo.

Nuestra crisis está, en estos momentos, en una fase de estancamiento

Puertas adentro, las maquinarias de los partidos lucen debilitadas para el especialista de la UCAB, si bien el PSUV dispone de más dinero para desplegar una red clientelar. “En el caso de la oposición el centro de gravedad sigue siendo Guaidó. Y todo el que se ponga en contra, o hable mal de él, corre un riesgo político alto, porque viene a ser algo así como el aguafiestas”.

Es verdad, expone Benigno Alarcón, que quizás el sistema de los CLAP está debilitado, pero la gradería rojita puede seguir ejerciendo influencia en las bases a través de los mecanismos de control como las Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBCh), entre otros.

El politólogo conviene en admitir que la oposición, a lo largo de todos estos años le ha buscado siempre la vuelta a la cosa, y se ha sabido reinventar en cada escenario; la resistencia de la prensa ha sido tenaz, también la de la sociedad civil. Y no ha bastado.

Poder de fuego

Consultamos a Benigno Alarcón sobre su lectura de los sucesos de calle del 30 de abril de este año. Considera que atando cabos se puede entender lo que pasó: había una especie de bruma en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), si bien un bando de militares ofreció apoyo a Juan Guaidó.

Y como había esa bruma, se hizo una apuesta, pero se perdió. Es claro, dice, que el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, tuvo un rol crucial en esa hora, tal como se desprende de su posterior pronunciamiento junto al alto mando militar.

Cree que la FANB se mantiene en sus trece porque en cualquier país la división de la milicia implica fuego, guerra, pugnas con poder de disparar, y si bien puede haber divisiones al interior de los cuarteles, los militares han apostado por mantener la normalidad, y conservar –además- una cantidad ingente de beneficios que les han sido conferidos por el régimen de Maduro.

Como se ve, la situación en Venezuela dista mucho de ser sencilla. La economía no deja de asfixiar, y Caracas figura en los rankings más serios entre las cinco ciudades más peligrosas del orbe. Hay quien dice que se trata del crimen organizado en el poder, como sostiene María Corina Machado o Alejandro Rebolledo. Pero más allá del Informe Bachelet, ese que retrató a un gobierno violador de derechos humanos, allí está Venezuela con una silla en el Consejo de DDHH de la ONU. ¿En esta película ganan los malos? Eso se sabrá en su debido momento, porque como decía el gran Héctor Lavoe, “todo tiene su final”. Es así.

Los tres frentes por Benigno Alarcón – Politika UCAB – 21 de Octubre 2019

La situación política está atravesando por una etapa de estancamiento lo que pareciera tener repercusiones en el nivel de incertidumbre respecto a las expectativas de una resolución del conflicto venezolano en el corto plazo. Cuando el conflicto pasa por una etapa de estancamiento, la probabilidad de una solución disminuye significativamente mientras exista un beneficiario del statu quo: el régimen liderado por Nicolás Maduro. En fase de estancamiento solo es posible resolver el conflicto si existe un tercero con poder efectivo para imponer una solución a las partes, lo que hasta ahora no ha sido el caso. Si no fuese así, el statu quo se normalizaría generando un nuevo equilibrio, aunque éste sea precario. La inercia solo se romperá por una nueva escalada del conflicto, que solo puede provenir de quienes estando en la oposición, o excepcionalmente dentro del gobierno, no se benefician del statu quo, en aras de aumentar las probabilidades de lograr avances hacia un cambio político.

En la actual etapa de estancamiento el régimen centra sus energías en tres frentes para mantener el statu quo: (i) represión selectiva contra todo el que pueda o intente romper este equilibrio precario, tal como es el caso de las represiones ejemplarizantes contra lideres políticos o sociales; (ii) el posicionamiento de una nueva “oposición” con la cual si se negocia y  avanza en acuerdos, en un intento por posicionarla y visibilizarla como una con la que si hay resultados; y (iii) un tercer frente en la Asamblea Nacional, que también servirá de vitrina a esta nueva “oposición” acompañada de la reincorporación de los diputados del PSUV y sobre la cual se ejercerá presión para desplazar a Guaidó de la presidencia, mientras se negocia su distribución mediante la elección legislativa del próximo año, en una estrategia conjunta que busca mejorar las condiciones electorales mientras empeoran las políticas que generarían la abstención de la oposición mayoritaria, a los fines de legitimar en potencial triunfo del partido de gobierno.

A la oposición le toca diseñar y ejecutar una estrategia eficiente que atienda a estos tres frentes, lo que debería incluir (i) en lo externo, coordinar estrechamente con la comunidad internacional para tener capacidad de responder a cada acto represivo de manera inmediata e inequívoca; (ii) mientras en lo interno se moviliza para demostrar que se sigue siendo mayoría y que no hay represión sin costos importantes, no dejándole la tarea de la presión a la comunidad internacional únicamente; y (iii) al tiempo que debe garantizarse la presencia de los diputados de la oposición en la Asamblea Nacional para dar el debido debate tanto a los diputados del PSUV como a esta nueva alianza de partidos minoritarios y se impide el uso del parlamento como vitrina para una derrota política de la oposición, que sirva de antesala a una electoral. En tal sentido los parlamentarios que acompañan a Guaidó deben demostrar que son mayoría y están cohesionados. Si la oposición no toma la iniciativa para liderar una nueva escalada del conflicto que rompa el actual equilibrio, una transición democrática se hace inconvenientemente  dependiente de las decisiones foráneas, tal como es el caso hoy.

A fin de generar un cambio en el statu quo, situación que favorece al gobierno en medio de este período de estancamiento, la oposición debe escalar el conflicto y considerar tanto aquellas estrategias que elevan los costos de la represión como las que permiten reducir los costos de tolerancia a un cambio político, las cuales no son excluyentes como algunos alegan, sino complementarias. En este sentido, la negociación es posible solo cuando la combinación de ambas estrategias permita la construcción de las condiciones que hacen oportuno el momento para ello.

La celebración de elecciones presidenciales y/o parlamentarias pueden ser, si se maneja adecuadamente,  una oportunidad sin igual para generar una escalda del conflicto, bien porque la oposición decide participar en ella o su deslegitimación, como hizo con la pasada elección presidencial, en el caso de que se pretendan realizar sin condiciones suficientes para garantizar que sean mínimamente competitivas. Hay que trabajar con base en que las parlamentarias tendrán que celebrarse eventualmente como mandato de la Constitución y porque Maduro las considera una salida política para su relegitimación si logra ganarlas, lo cual es posible gracias a la probabilidad de que se produzca una alta abstención por lo complejo de reforzar en el electorado el mensaje central que motivó a la población a salir a votar en las elecciones legislativas de 2015.

En este sentido, la presión de la oposición y de la comunidad internacional debe centrarse en la exigencia de elecciones libres y competitivas que incluyan la presidencial, partiendo del marco de la propuesta de los representantes de la oposición en la mediación facilitada en Barbados por el Reino de Noruega, lo que sería cónsono con los objetivos perseguidos tanto por la oposición democrática como por los aliados internacionales desde el desconocimiento de las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018.

Cualquiera de estas alternativas, participar o deslegitimar, demanda planificación realista y detallada y una ejecución eficiente de la estrategia para no convertir cualquiera de estas dos alternativas en un fracaso mortal para la oposición democrática. La decisión de la ruta estratégica debe considerar las condiciones de competitividad de tales elecciones, la disposición de recursos técnicos y humanos para competir y el tiempo disponible para lograr un nivel aceptable de organización y movilización, así como la estrategia comunicacional de cara a la misma, que podría implicar el reto de cambiar el orden de la ruta que Guaidó ha posicionado (cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres), lo cual es posible si se asume el mensaje con convicción y honestidad.

Preservar la unidad del G4 y el liderazgo de Guaidó resulta fundamental para ejecutar cualquiera de las alternativas estratégicas planteadas, así como para crear sinergias de las fortalezas con que cuenta hoy el sector democrático, un liderazgo unificador y con legitimidad, una coalición mayoritaria que domina la Asamblea Nacional como único órgano legítimo reconocido y la alianza de países democráticos que reconocen a Guaidó mientras ejercen presión para lograr una salida democrática. Para ello, es necesario reposicionar el rol de la AN, en cuyo seno se dará buena parte del debate político a partir de la negociación entre el gobierno y los partidos minoritarios y la reincorporación de los diputados del PSUV. Para lo cual es importante tomar la máxima ventaja del liderazgo de Guaidó en la AN, así como hacer uso apropiado del Reglamento Interior y de Debates de la Asamblea Nacional (RIDAN) y la Constitución. Asimismo, es necesario trabajar con todos los partidos políticos democráticos, adicionales a los que conforman el G4, tal como es el caso de partidos como el de María Corina Machado y el nuevo partido de Delsa Solorzano, además de los que siempre han sido aliados incondicionales del sector democrático como la Causa R, entre otros.

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