elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Estado Zulia

Apagones en Venezuela: los ciudadanos que se ven obligados a migrar a Caracas desde Zulia por Gustavo Ocando – BBC News – 10 de Octubre 2019

hombre lee a la luz de un mecheroVenezuela sufrió cortes eléctricos en todo el país que golpearon especialmente durante los meses de verano.

Paola Villalobos, una venezolana de 30 años, nacida en Maracaibo, a 700 kilómetros de la capital de su país, siente que Caracas “es otro mundo”.

Sus amigos le burlan por siquiera mencionarlo. Ella siente, igual, que proviene hasta de otro país, uno notoriamente más agraviado.

Se mudó hace tres meses a la capital, centro del poder político en Venezuela, hastiada de la crisis eléctrica, que en su ciudad empeoró dramáticamente desde los apagones nacionales de marzo y abril pasado.

Maracaibo y la mitad de los poblados de su estado, Zulia, experimentan desde hace seis meses interrupciones eléctricas programadas que duran al menos 12 horas cada día. En ocasiones, los cortes se prolongan por 18 o 20 horas.

Así, colapsan los servicios públicos, como el agua potable y el gas doméstico. Fallan las líneas telefónicas, se apagan los semáforos, se anulan las conexiones de internet y se dificultan los pagos electrónicos en los comercios..

“Los caraqueños me dicen que estoy loca, que esto es igual un caos, pero el deterioro del país se siente un poco menos aquí“, dice Paola, dedicada a la administración de cuentas empresariales en redes sociales.

Calor sofocante

El calor zuliano roza regularmente los 35 grados centígrados. Es sofocante en los períodos sin electricidad por la imposibilidad de encender aparatos de aire acondicionado o ventiladores en hogares y sitios de trabajo.

La cotidianidad resulta tortuosa para los ciudadanos del estado Zulia, muchos de los cuales han optado por movilizarse temporal o definitivamente a Caracas en busca de un mejor clima y de servicios públicos más óptimos.

Paola, por ejemplo, halló mejores condiciones de vida en su nuevo hogar en el municipio Libertador de la capital: el servicio de agua potable es constante; halla alimentos y artículos a precios más económicos que en Maracaibo; y, sobre todo,goza de electricidad sin mayores interrupciones.

En Caracas, pese a que también se ha visto afectada por graves apagones que se han prolongado durante días, se encuentran con relativa facilidad agencias bancarias cuyos cajeros automáticos dispensan dinero en efectivo. Es una normalidad atípica para ciudades afectadas por apagones y escasez, como Maracaibo.

Paola acostumbraba a madrugar con su novio dentro de su camioneta a las afueras de las gasolineras por hasta ocho horas para poder verter 30 litros de combustible en el tanque.

Aprovechaba, entonces, para cargar su teléfono y disfrutar del aire acondicionado del vehículo mientras estaba en marcha su turno de racionamiento eléctrico.

Así de precaria se tornó su día a día.

“Hoy, estoy trabajando y puedo continuar mi vida. Veo Caracas como otro mundo“, afirma. “No digo que no la estén llevando mal acá, pero comparado con el interior de Venezuela, Caracas sigue estando dentro de una burbuja”.

mujer frente a mural
Paola Villalobos afirma que en Caracas halla lo que no encontró en su natal Maracaibo: electricidad, agua potable, alimentos más económicos. FOTO: CORTESÍA

Fenómeno nuevo

La movilización de una porción de los 3.7 millones de habitantes del Zulia, el más poblado de los 23 estados venezolanos, puede determinarse empíricamente.

Saber hacia dónde viajó y por cuánto tiempo una determinada cantidad de venezolanos dentro del mismo país es difícil, por no decir imposible. No existe información oficial que registre ese fenómeno migratorio.

Organismos como el Instituto Nacional de Estadísticas, el Sistema Autónomo de Identificación, Migración y Extranjería, y terminales aéreos o terrestres solo difunden cifras de las movilizaciones internas en Venezuela en épocas vacacionales, como Semana Santa o el período de receso escolar.

Investigadores de procesos migratorios apuntan que la mudanza de zulianos a otros estados dentro de Venezuela por la agudización de los cortes eléctricos está lejos de ser anecdótica.

Mujer en sillón sentada, bebé sobre colchónUna familia improvisa un dormitorio afuera de la casa para huir del calor durante un corte eléctrico que duró más de 40 horas en Maracaibo este verano

Claudia Vargas, socióloga, politóloga y profesora de la Universidad Central de Venezuela, indica que esas migraciones son cada vez más abundantes.

“La movilización (interna en Venezuela) se da por mejorar condiciones básicas de vida”, manifiesta. Su análisis, acota, es más cualitativo que cuantitativo.

Vargas lo cree un fenómeno demográfico “nuevo” en el país.

“La gente siempre se ha movido en Venezuela, pero por razones distintas a las de ahora, como por estudios, cambio o traslado del empleo, no para sobrevivir o tener acceso a servicios básicos. Eso es nuevo”, explica.

Sostiene que las motivaciones de la migración de estados como Zulia al Distrito Capital son similares a las hay detrás de las migraciones hacia el extranjero.

La salud es catapulta

Zulia es, de lejos, el estado más afectado por los apagones en Venezuela.

La región ha experimentado 26.509 fallas eléctricas entre enero y agosto de este año, según el Comité de Afectados por los Apagones, una asociación civil que registra de manera independiente las interrupciones del servicio en Venezuela.

En el siguiente escalafón está Táchira, con 2.083 cortes en el mismo período.

Apagón

Zulia depende casi exclusivamente de la generación eléctrica de la central hidroeléctrica Simón Bolívar, mejor conocido como “El Guri”, principal pulmón eléctrico de Venezuela.

Es la región más alejada de la represa, a 1.000 kilómetros de distancia.

Depende de ella mediante un sistema interconectado cuyas líneas de transmisión, tendidas a través de los estados del norte y occidente del país, presentan averías y sobrecargas constantes.

El gobierno nacional, en ocasiones, ha atribuido tales fallas a sabotajes internos y externos.

Las autoridades han admitido que las 13 plantas generadoras del Zulia producen un promedio de 115 a 130 megavatios, que apenas representan un 5% de la demanda de 2.200 megavatios para 3,7 millones de habitantes.

Son niveles similares a los generados en los años 60 del siglo pasado.

Eso sumado a la falta de acceso a servicios sanitarios ,hace que aumenten las migraciones internas.

Pacientes

Evelyne Lampe, paciente oncológico de 49 años, difícilmente pegaba un ojo durante las noches de racionamiento eléctrico en Maracaibo.

Tendida dentro de una hamaca, dormía afuera de su vivienda en el sector La Pícola, procurando aire fresco. El humo y el ruido de la planta generadora instalada por su vecino para sobrellevar los apagones boicoteaban su descanso.

Como colofón, vivió un corte eléctrico de 30 segundos en su más reciente operación en un Centro de Diagnóstico Integral. Ella estuvo consciente.

Su doctor ya le había hecho incisiones en su pecho cuando el quirófano quedó en tinieblas.

VenezuelaResponsables de los gobiernos nacional y regional han dejado entrever que la crisis eléctrica en Zulia está por acabarse,

“Maracaibo se acabó, no sé qué pasó. Salí corriendo de allí”, dice, hoy en Caracas, más reposada de su convalecencia.

Viajó a la capital hace unas semanas con sus dos hijos pequeños gracias al aventón de un vecino. Vive junto a sus tíos y no tiene deseos de regresar.

“Mis hijos lloran todos los días por el calor invivible que hay en Zulia. Aquí en Caracas no pasa nada. He podido dormir de nuevo”, afirma.

Mejoría “a corto plazo”

Responsables de los gobiernos nacional y regional han dejado entrever que la crisis eléctrica en Zulia está por acabarse, seis meses después de su agravamiento.

Omar Prieto, gobernador del estado y hombre leal al chavismo, declaró a finales de agosto que el “esquema de administración de carga” -como llama el gobierno al plan de racionamiento- se eliminaría por completo la semana siguiente.

Un día después, sin embargo, matizó al decir que un anuncio como ese solo corresponde al presidente Nicolás Maduro.

“Estamos esperanzados y optimistas de que pronto tendremos estabilidad en el sistema eléctrico“, dijo el gobernador a finales de agosto.

Los cortes eléctricos, mientras, persisten.

VeenzuelaMuchos venezolanos están resignados a pasar las noches sin electricidad.

BBC Mundo no obtuvo respuesta positiva a su solicitud de entrevistas a voceros del gobierno local. Corpoelec y el Ministerio del Poder Popular para la Energía Eléctrica no contestaron a la petición reiterada de conversar con el ministro Freddy Brito sobre los trabajos para mejorar el servicio en el Zulia.

Brito prometió a inicios de septiembre que la situación eléctrica del estado Zulia mejoraría a corto plazo.

La esperanza gubernamental recae puntualmente en los trabajos de recuperación de tres de las siete turbinas de Termozulia, un complejo termoeléctrico inaugurado durante el gobierno de Hugo Chávez, pero que en ningún momento operó de manera continua ni satisfactoria.

También se apuesta a la reconexión de líneas lacustres que garanticen la transmisión de energía a la costa occidental del Lago de Maracaibo y la Guajira desde la central hidroeléctrica Simón Bolívar, mejor conocida como El Guri.

Vidas reseteadas

El intenso calor y las noches de desvelos también forzaron el viaje de Lucía, docente jubilada de 78 años, recientemente diagnosticada de cáncer.

Para recuperarse, se mudó en marzo pasado desde Ciudad Ojeda, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, a casa de una de sus hijas en Caracas, donde las temperaturas mínimas son hasta 20 grados centígrados inferiores que en Zulia.

Ángel, su esposo y también profesor en retiro, se le sumó dos meses luego al empeorar de su hipertensión. No quiso mudarse antes por temor a que la delincuencia desmantelara su vivienda al verla deshabitada.

“No tenemos fecha de regreso”, advierte su hijo Alfonso. “Es increíble, pero con la situación actual de falta de luz y agua, es imposible regresar”.

Karem González, quien migró hace seis meses a Caracas junto a su madre, afectada de salud, está igual de desilusionada ante la idea de volver a Maracaibo.

Cree que su ciudad natal no mejorará. Teme, en cambio, que lo padecido por el Zulia se propague al resto del país, al igual que sus propios habitantes.

“Estoy comenzando mi vida de cero”, cuenta. “Aunque no me fui del país, se siente como si lo hubiera hecho”.

Presentational grey line

Retrato de la catástrofe humanitaria de la dictadura venezolana por Jorge Benezra y Álvaro Ybarra Zavala – ABC – Abril 2019

Hambre, violencia y desabastecimiento, en barrios sin esperanza

Jorge Benezra y Álvaro Ybarra Zavala

Llegar a Maracaibo es entrar en una especie de zona de guerra. Los habitantes deambulan como fantasmas entre las ruinas de calles desoladas y montones de basura que ellos mismos han de quemar porque ningún servicio público se ocupa de recogerlas. Los escombros, fruto de los saqueos a comercios durante los últimos apagones, dominan el decadente paisaje urbano.

Venezuela se muere. Y en muchos casos no por falta de alimentos, sino de dinero para acceder a ellos. ABC muestra los efectos de la tragedia venezolana que el régimen de Maduro quiere ocultar. Entre chabolas destartaladas en los barrios de Maracaibo malviven enfermos físicos y mentales, niños desnutridos, las víctimas más vulnerables de la dictadura chavista.

Pero la capital del estado Zulia, otrora el centro del orgullo petrolero de Venezuela, no es Siria ni Libia. La causa de la ruina de Maracaibo, la segunda ciudad el país, es la descomunal crisis en la que ha hundido al país el régimen chavista, agudizada ahora, aún más, por los cortes en el suministro eléctrico, que obliga a los maracuchos a peregrinar durante horas en busca de agua potable, alimentos y combustible o a quedarse refugiados en sus casas, a la espera de luz para encender el aire acondicionado con que hacer frente a un calor abrasador.

«Llevamos más de un año sin agua. ¡Yo debería estar en mi escuela y no voy porque debo ayudar a mi mamá en esto!», grita con rabia Michelle, una adolescente con la ropa empapada y el rostro demacrado, mientras intenta conseguir agua potable de una tubería subterránea, por la que hacen cola y se pelean niños, mujeres y hombres. «Aquí donde me ve, no me he llevado un pan a la boca desde anoche», añade esta chica de 14 años que parece mayor.

Los carteles y vallas publicitarias con el eslogan «La primera ciudad de Venezuela» que salpican Maracaibo son hoy un sarcasmo agraz. Zulia, donde se extrae el 60% del crudo venezolano y con un extraordinario potencial agrícola y ganadero, llegó a ser la envidia de Iberoamérica. En su aeropuerto había un intenso tráfico internacional. Ahora la lucha por la supervivencia es extrema para los cuatro millones de habitantes de la región, las colas para llenar el depósito son kilométricas y sobran los dedos de una mano para contar las rutas de vuelos.

«Aquí los pobres perdemos la vida. Hoy voy para cuatro horas y ahora acaban de cerrar la estación para ver si llega otro camión para surtir», dice con resignación Abelardo Montiel, mientras espera cerveza en mano en una gasolinera. «Yo no tengo los cobres (dinero) para pagar a los guardias que te quieren vender hasta en un dólar el litro, cuando la gasolina es regalada en este país», se lamenta.

El drama en toda su crudeza

La miseria es también patente en Caracas, pero el régimen de Maduro destina los recursos que puede a la capital del país para protegerla como una burbuja y evitar que haya estallidos sociales. Si el problema no ocurre en Caracas, es como si no existe. En Maracaibo, en cambio, el drama del chavismo se presenta en toda su crudeza.

Por eso también el régimen se esfuerza por mantenerla aislada, fuera de la vista de los medios independientes. Militares, milicianos y paramilitares armados de los «colectivos» vigilan para impedir el acceso de la prensa a los puntos calientes de la ciudad. Los hospitales están blindados y entrar en ellos sin autorización puede acarrear ser detenido o expulsado, en caso de los periodistas extranjeros.

«La censura es cada vez mayor. A nosotros nos han metido hasta tanques dentro de las residencias», asegura Carmen Gamboa, residente de un bastión opositor, las Torres del Saladillo. «Estos grupos no respetan a nadie –explica–. Vienen con armas y nos amenazan si protestamos o denunciamos lo que está ocurriendo».

Además, la señal de internet es intermitente. Los periódicos de papel han desaparecido y solo quedan panfletos de propaganda del Gobierno, por lo que en Maracaibo, si no hay conexión a la red, uno no se entera de nada.

Solo hay luz unas pocas horas al día. Los cortes no tienen ningún tipo de programación. Una zona de la ciudad pasa una semana entera a oscuras, mientras otras tienen electricidad un par de horas. A veces aparece inesperadamente, pero si llueve puede que los transformadores estallen o fallen.

«Nos salvamos de una tragedia», cuenta Gladys Bardallo, de 79 años, del sector Libertador. «Los cables se incendiaron sobre la casa y el cuarto se nos quemó y explotaron todos los cables –recuerda–. Los bomberos, que están a dos calles, no llegaron nunca por no tener insumos para trabajar, ni personal».

Pero para conocer las verdaderas entrañas de la tragedia de Venezuela hay que adentrarse en un barrio como el de los Altos del Milagro Norte, en la parroquia Coquivacoa. En chabolas hechas con restos de madera y hojalata, malviven niños siempre hambrientos, que como mucho comen una vez al día. Las epidemias campan a sus anchas y las expectativas de vida son muy escasas. Además, los supuestos «operativos de paz» de las Fuerzas Especiales de Seguridad (FAES) y la violencia de las bandas acechan a diario.

Para acceder a este rincón oculto donde habitan los grandes olvidados de la revolución bolivariana es imprescindible recurrir a un líder social que permita sortear a las cuadrillas de paramilitares y a los agentes de Policía.

Los vecinos del barrio acogen a los periodistas con cierto alivio, como una posible tabla de salvación frente al abandono y el aislamiento a los que se ven condenados, sin apenas ayuda en su desgracia. «Si no denunciamos la realidad de lo que está pasando, nadie se entera de la verdad, ni los venezolanos ni el mundo. Aquí tenemos de todo: exterminio, hambruna, maltrato familiar. Es un infierno», resume Carolina Leal, una líder social que en el pasado militó en el partido chavista, pero que ahora vive para ayudar a la gente. Desde hace tres años reparte más de 250 almuerzos semanales.

Desnutrición y enfermedad

Recorrer los Altos del Milagro es desnudar lo más bajo de la crisis venezolana. En una sola manzana, como desterrados en su propia patria, se ocultan, entre paredes hechas a retazos y techos destartalados, niños desnutridos, discapacitados, infectados de VIH y enfermos mentales.

Miguel Blanco, un joven de tez blanca de 28 años, yace con las piernas encogidas sobre una cama en una de las infraviviendas del barrio. Su cuerpo está famélico, carece de masa muscular y su piel se pega a los huesos. El rostro revela una desnutrición severa y una hidrocefalia congénita. Su madre, sin ayuda, le dedica incasablemente sus días. «Le doy lo poco que puedo, yuca y arroz, y le hago pañales de tela», afirma.

No lejos de allí se halla Ana Bravo, de 14 años. Mide poco más de un metro y pesa 20 kilos. No habla y se comunica con señas. Golpea sus manos para indicar que quiere comer. No se pudo desarrollar a consecuencia de la mala alimentación. Es un ejemplo del centenar de casos de malnutrición en este mísero caserío.

Otros niños montan en bicicleta o juegan en las calles, rodeados de escombros y polvo. Gustavo Rincón, un pediatra que visita con frecuencia el barrio, señala que los menores hacen un esfuerzo por olvidar el hambre, pero el cuerpo los delata. «Tienen el pelo cobrizo y fino, y son cabezones. Esos son síntomas claros de desnutrición. Estamos lamentablemnte ante una generación de tarados», denuncia.

En estos atestados suburbios, sus pobladores usan una mezcla de maíz, sal y yuca para intentar hacer algo similar a la tradicional arepa venezolana. Es cuanto se pueden permitir.

La escasez que azota Venezuela es aún peor en Maracaibo por el contrabando con Colombia, que deja millones de ganacias a aquellos que se aprovechan de la circunstancia. Hablar de hambre aquí es diferente. Hay alimentos, pero lo complicado es tener los recursos para pagarlos. «Con nuestro sueldo mínimo (cuatro euros), tan solo compramos un cartón de huevos. Es imposible que no existan desnutridos en este país», apunta una vecina, Daysi Delgado.

El otro gran muestrario de la catástrofe humanitaria de Maracaibo es el Hospital Universitario. En su día fue un ambicioso proyecto incluido en el programa de obras públicas de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, en los años 50, con más de 600 camas. Además, fue el primer hospital venezolano en realizar un trasplante de riñón. Hoy su realidad es otra.

«Llevo diez años esperando un trasplante de riñón, pero ante lo que está ocurriendo prefiero esperar. A un compañero de diálisis lo llamaron para avisar de que ya estaba listo su donante, y en medio de los apagones el riñón que esperaba se dañó», cuenta María Esis.

El centro cuenta con una planta eléctrica, pero solo puede funcionar una o dos horas, frente a las interrupciones, que pueden durar 24 horas. Ante ello, los cirujanos han tenido que finalizar las intervenciones quirúrgicas con la luz de sus teléfonos móviles.

Las salas de hospitalización apenas tienen pacientes, ya que no existe material para realizar las operaciones, y las habitaciones han pasado hacer de depósitos de equipos y camas en desuso.

Además, el centro de salud se encuentra en riesgo de una contaminación generalizada, porque falla la recogida de residuos y la limpieza de las zonas donde se almacenan. «Con el calor las bacterias proliferan, y hay que recordar que en Maracaibo las temperaturas pueden alcanzar 40 grados centígrados, lo que fácilmente convierte los pabellones en hornos», denuncia la cirujana Dora Colmenares.

El hospital no cuenta con radiólogos ni enfermeras, debido a que la situación del país ha forzado a más de 2.800 miembros del personal médico a cruzar las fronteras. «En estos momentos nos encontramos en una emergencia humanitaria compleja. Los médicos tenemos conocimiento de que el 60% de la población está en condición de desnutrición, pero qué pasa con los que no vemos porque prefieren morir en sus casas. En materia de salud hemos retrocedido siete décadas, en estos momentos nos encontramos prácticamente en el siglo XIX», asegura Colmenares. Y añade: «No entendemos por qué razón la ayuda enviada al país no llegó primero al estado con una mayor urgencia sanitaria». Los médicos también denuncian que, desde hace cinco años, carecen de un boletín epidemiológico, por lo que disponen siquiera con un control de las enfermedades del país.

 

Maracaibo: ciudad en ruinas – El País – 20 de Junio 2019

La miseria se visibiliza a diario en las calles de la ciudad venezolana que en su día fue el corazón de la floreciente industria petrolera nacional

"Maracaibo marginada y sin un real  Qué más te puede pasar  Que ya no te haya pasado" versa la gaita maracucha escuchada durante innumerables fiestas navideñas en la voz de Ricardo Aguirre. La que otrora fue la segunda ciudad de América Latina, por detrás de Buenos Aires, pionera en servicio eléctrico, tranvías y telégrafos, hoy es escenario del deterioro y abandono provocado por la escasez que enfrenta Venezuela. El país petrolero registró en 2018 una inflación del 130.000%.
“Maracaibo marginada y sin un real / Qué más te puede pasar / Que ya no te haya pasado” versa la gaita maracucha escuchada durante innumerables fiestas navideñas en la voz de Ricardo Aguirre. La que otrora fue la segunda ciudad de América Latina, por detrás de Buenos Aires, pionera en servicio eléctrico, tranvías y telégrafos, hoy es escenario del deterioro y abandono provocado por la escasez que enfrenta Venezuela. El país petrolero registró en 2018 una inflación del 130.000%.RODRIGO ABD AP

1560849621_806575_1560849729_album_normal.jpg

Una montaña rusa inutilizada permanece en el terreno donde solía encontrarse el parque de atracciones Grano de Oro en Maracaibo (Venezuela). La destrucción de la ciudad, donde los apagones eran ya habituales antes de marzo, desafió a la comprensión de sus habitantes. Los saqueos ofrecieron imágenes que recordaban a una zona de guerra o a las consecuencias de un desastre natural.RODRIGO ABD AP

1560849621_806575_1560849741_album_normal.jpg

Maracaibo se convirtió en la zona cero del colapso en Venezuela. A la falta de electricidad se unió la escasez en el suministro de agua, de gasolina y las dificultades para garantizar las condiciones en la conservación de los alimentos. La distorsión de la vida en una ciudad emblema del auge petrolero.

1560849621_806575_1560849736_album_normal.jpg

Raúl Navas, de 25 años, toma un baño en el lago de Maracaibo al terminar su jornada laboral en el mercado municipal. En este lago, el más grande de América Latina, se ha alertado de la grave contaminación desde hace más de cinco años ante la Comisión permanente de Ambiente, Recursos Naturales y Cambio Climático de la Asamblea Nacional. 300 kilómetros de la costa han sido afectados por el derrame diario de hasta 70 barriles de petróleos en el estuario.

1560849621_806575_1560849732_album_normal.jpg

Los apagones masivos de marzo no fueron novedad en la Ciudad del Sol, que ya se habituaba a la falla del suministro desde 2017. En la imagen, un vendedor carga una res hacia una carnicería en el mercado. Las temperaturas asfixiantes de Maracaibo —mínimas de 28 grados centígrados— ponen en riesgo cualquier alimento que dependa de la refrigeración, condiciones casi imposibles de garantizar hoy en día.

1560849621_806575_1560849728_album_normal.jpg

La oposición culpa de la miseria en Venezuela a las erróneas políticas económicas y a la mala gestión y la corrupción del Gobierno instaurado por el fallecido Hugo Chávez. El ambiente que se vive en Maracaibo hoy es de más agotamiento. Muchos de los que pueden permitírselo se unen al éxodo de más de cuatro millones de venezolanos que dejaron el país en los últimos años. La ciudad noroccidental está cerca de la frontera con Colombia, que acoge a más de un cuarto de los migrantes.

1560849621_806575_1560849730_album_normal.jpg

Un grupo de niños juega con un coche en el barrio Villa Esperanza. Ante las condiciones críticas que enfrenta el Estado de Maracaibo —y que se generaliza en el país— el líder chavista, Nicolás Maduro, sostiene que los problemas son el resultado de lo que él califica de guerra comercial por parte de Estados Unidos, que junto a cuatro docenas de países más sostienen que su reelección el año pasado no fue legítima.

1560849621_806575_1560849731_album_normal.jpg

Dos camareros esperan detrás de la barra de bebidas del bar El Girasol, con vistas al lago de Maracaibo, donde navega un barco petrolero. Actualmente, los datos de la Comisión de Energía y Petróleo de la Asamblea Nacional sitúan la producción del crudo en el occidente venezolano en 220.000 barriles diarios aproximadamente, una caída del 75% con respecto a la bonanza petrolera que caracterizó el mandato de Hugo Chávez.

1560849621_806575_1560849725_album_normal.jpg

Las tumbas también han sido escenario de saqueos en Maracaibo. desde finales de 2018, en el cementerio de El Cuadrado los ladrones han profanado nichos y féretros en busca de las prendas con las que reposan los cadáveres. “Hace ocho meses de aquí se llevaron hasta los dientes de oro de los muertos”, dijo José Antonio Ferrer, encargado de camposantos que han sido usurpados.

1560849621_806575_1560849733_album_normal.jpg

Algunos revuelven en la basura, buscan comida o se apresuran a llenar cubos cuando el camión del agua para en su vecindario. El último informe de Transparencia Internacional recuerda que “en el país no existe un sector que esté libre de los hilos de la corrupción”. Y entre los negocios ilegales, la ONG destaca “la operación Money Flight, un desfalco a PDVSA de 1.200 millones de dólares”, a los que se suman otros miles que, según las acusaciones, se llevó el exresponsable de la tesorería nacional Alejandro Andrade Betancourt —actual presidente de la firma española de gafas Hawkers— y las operaciones de blanqueo del exviceministro de Energía Nervis Villalobos.

1560849621_806575_1560849724_album_normal.jpg

Un piso del hotel Brisas del Norte muestra las consecuencias de los saqueos en Maracaibo, el pasado marzo. En esas fechas, las autoridades culparon a los delincuentes de la escalada, que tuvo una magnitud única en el país y solo aceleró la caída de la ciudad. Los accesorios del hotel fueron arrancados y quedaron destrozados.

1560849621_806575_1560849735_album_normal.jpg

Residentes del barrio Villa Esperanza transportan en carretillas envases con agua potable. La resignación se respira en toda la ciudad, que antes de que se disparara el éxodo hacia Colombia, tenía más de dos millones de habitantes.

1560849621_806575_1560849740_album_normal.jpg

Un grafiti hace alusión a un romance suscitado durante las protestas en las que los manifestantes construyeron barricadas para exigir la renuncia del líder chavista Nicolás Maduro. La ciudad, sumergida en una crisis de suministro eléctrico desde hace más de dos años, ya había exigido en 2018, a través de la Cámara de Comercio de Maracaibo, declarar la emergencia en el sector por la imposibilidad de operar con cortes tan prolongados de luz. Cuando no hay electricidad no funcionan los sistemas de bombeo que suministran el agua, Internet, las telecomunicaciones o los puntos de pago.RODRIGO ABD AP

1560849621_806575_1560849727_album_normal.jpg

Algunos conductores duermen sobre sus autos mientras esperan la llegada del escaso combustible en largas filas en las gasolineras. En medio del agudo caos económico, el Banco Central de Venezuela anunció la emisión de tres nuevos billetes de 10.000 (1,6 dólares), 20.000 (3,2 dólares) y 50.000 bolívares (8,1 dólares). La medida, anunciada por los funcionarios de Nicolás Maduro, sentencia un país que sobrevive en un inédito marco hiperinflacionario.

Biografía mínima del hambre por Milton Quero Arévalo – El Nacional – 9 de Junio 2019

En alianza con la Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia, El Nacional presenta Los pequeños episodios, un seriado de crónicas escritas desde la precariedad. Escriben para escapar del dato frío que amenaza con disminuir el asombro y el espanto

1559924534267.jpg

Los autores de estas crónicas pertenecen a la generación de la calamidad y desde ella escriben. Seguramente, sus precariedades ya están incluidas en registros forenses sentenciados a morir de mengua, como casi todo en este país. Escriben pues, para escapar del dato frío que amenaza con disminuir el asombro y el espanto. Y es lo que intenta evitar la Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia (Codhez) en este esfuerzo conjunto con El Nacional.

Los Pequeños Episodios es un seriado de crónicas promovido por Codhez con la edición de Norberto José Olivar.

“Es mil veces más fácil reconstruir los hechos de una época que su atmósfera espiritual. Esta no se refleja en los grandes acontecimientos sino, más bien, en pequeños episodios personales” (Stefan Zweig).“Yo estoy cantando esta canción que alguna vez fue hambre” (Charly García).

Elpidio Leal, en la cola de la iglesia del padre Claret, repasaba su vida tratando de entender en qué momento fue que llegó a su existencia aquella fatalidad, en qué instante se instaló aquella vergüenza, porque si había algo que le daba vergüenza era hacer aquella cola para recibir todos los miércoles aquel plato de comida y así calmar su hambre. El problema del hambre, pensaba ahora, no era tanto su manifestación física sino la liquidación de las costumbres, la supresión de los hábitos, la postergación de los modales, por la imposición de la barbarie por encima de la civilidad. Ese fruto indecoroso que llega cuando nadie lo requiere, despreciable e inopinado se hacía presente todos los miércoles a partir de las 8:00 am en el frente de aquella iglesia trapezoidal, de estructura maciza, de líneas rectas y donde la curva era una fuga ensimismada.

Compartir aquella hostia con sus vecinos del barrio Cerros de Marín, era algo que no lo confortaba, pero la miseria era más poderosa que su pena. Verlos allí reunidos por aquella necesidad imperiosa los prescribía en el dolor. Todos habían enflaquecido ciertamente, y la ciudad había sido tomada por aquella peste que los determinaba. ¿Qué fatalidad lanzada por los dioses ha tomado a esta ciudad? ¿Qué nuevo Edipo nos redimirá con su sangre, de este estigma que cruza  palmo a palmo todas nuestras calles y avenidas?

El hambre se entroniza y se vuelve parte del paisaje. En 5 de Julio con Bella Vista una camioneta Jeep inopinadamente se estaciona, abre sus puertas y 2 muchachas de mediana edad, comienzan a despachar jugos en un termo, un enjambre de menesterosos se agolpan y reciben este bálsamo que los calma, son iniciativas espontaneas que se ven a diario, como la del párroco de la iglesia y algunos devotos organizados. Es un gesto, un pequeño gesto si se quiere, pero inmenso en su grandeza. El hambre recta, los roza, es una realidad que está muy cerca, como para poder ignorarla. Las mujeres de los barrios buscan trabajo como servicio doméstico con el solo fin de palear su hambre. A veces, se llevan la comida que les corresponde para dársela a sus hijos; pero ese trabajo escasea ahora, y los connacionales colombianos se han marchado a su país de origen ante la cruda realidad. Muchos edificios ahora carecen de conserjes, el hambre los ha espantado, las criollas ensayan ahora esas labores, pero las cargas impositivas del estado son tan grandes, que ya muchos condominios prescinden de los conserjes de antaño.

Elpidio reconoce en la cola a sus vecinos, Raimundo Medina, un ebanista sin trabajo, su mujer lo dejó no por otro, sino por el hambre. “Pa pasar hambre contigo, mejor la pasó con mi madre” y se marchó a Cumaná. Raimundo lo mira de soslayo, como quien no acusa el golpe. Ahora la mirada y la sonrisa los colocan en un mismo bando, antes rivales, por tonterías domésticas. Se saludan, pero antes de justificar su presencia, solo se sonríen y se chocan los puños. Antes los guisos y cocciones anegaban los mediodías del barrio, pero ahora nada huele, acaso la desesperanza, que se expresa en un perro famélico oliendo desperdicios que nada contienen.

Las hambrunas a menudo son consecuencia de conflictos armados. Se cuenta que en 1921, en medio de la guerra civil rusa, murieron a causa de ella millones de ciudadanos. Lo curioso es que en Venezuela no hay un conflicto armado, pero el hambre se enseñorea como si lo hubiese. Según la Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia (Codhez), el hambre afecta a 3 de 4 familias en Maracaibo. En 74,5% de los hogares de la capital zuliana se reportó que, alguna vez en los últimos 3 meses, tanto adultos como niños sintieron hambre pero no comieron. 8 de cada 10 hogares de Maracaibo reporta que tanto adultos como niños están alimentándose mal, afirmando que alguna vez en los últimos 3 meses han tenido una alimentación no saludable y basada en poca variedad de alimentos. El hambre llega sin que nadie la requiera y se sienta en tu mesa, te disputa la comida, te cambia los modales, y como un pájaro negro en la noche, te abraza con su aliento fétido y amargo.

Nos cruzamos a tientas, nos sentamos en la mesa, imaginamos la mayonesa, el ketchup, y la Coca Cola fría, y adornamos nuestro plato con ramitas del patio, imaginamos una ensalada, y comemos como siempre, 2 pedazos de yuca sancochada, sin queso y mantequilla. Es lo único que uno ve por las calles, gente cargando bolsas con yuca, solo eso, es el único tubérculo que se puede comprar, muchos han muerto, por comer yuca amarga, es el riesgo que hay que correr. La yuca, al igual que el mango ha sido el oro de los dioses. Asomamos la escudilla al vecino, pero solo obtenemos vasijas rotas, perros abombados, asombrosos desechos y una irresoluta bandada de la nada. Nadie parece ahora conocerte, la amnesia es el nuevo vecino de este barrio. Todo se trasmuta con un hambriento matiz intencionado.

Según la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (Elcsa),en relación con el acceso a los alimentos, las familias de Maracaibo afirman que cuando necesitan comprarlos les afecta más su alto costo (54,6%) que la escasez (24,5%). Los alimentos que más se han dejado de comprar por su costo o escasez son proteínas animales: carnes de pollo (21,3% lo atribuye a la escasez, 18,6% al costo), de res (19,8% por escasez, 20,3% por costo) y pescado (10,4% por escasez, 12,3% por costo). La peste ha sido tan desmesurada, que ahora se compran los alimentos por porciones: dos huevos, tres cucharadas de leche, una porción de crema dental para una cepillada diaria, los barrios se han convertidos en exploraciones intangibles del menudeo.

Elpidio Leal, contemplaba ahora la trama urdida, bajo la unánime luz cegadora. Vislumbraba su pasado; aún conservaba el llavero donde relucían las 2 fotos de sus hijos: “Este el varón y esta la hembrita”, solía decir en la barra del Delfín, a todo parroquiano anónimo que se le acercaba, pero ahora, solo eran bostezos del pasado. La hembra buscando un futuro mejor para sus nietos se marchó a Medellín, en tanto que el varón emigró al sur. A su mujer se la llevó el cáncer, le iba a tomar 2 años de salario reunir el dinero para el tratamiento, en una Venezuela donde la inflación anual se ubica en 1.000.000%. Se fue marchando de a poco, con aquel dolor en su rostro y llamando a sus antepasados, con la piel escamosa y aquella mirada coagulada, que fue la última que le dejó a Elpidio. Esa mirada lo acompaña siempre como un requerimiento. Ahora su mundo es una tromba azul de recuerdos, se ha convertido en el custodio memorioso de su familia fraccionada.

Hilaria Piña se incorpora a la cola y saluda, nadie entiende por qué está gorda, Olin Pardo, chofer de la ruta Milagro Norte, dice que es por su genética, porque al igual que nosotros no come un sebillo. Olin paró su carro por repuestos, nunca pudo reunir el dinero para repararle la caja, allí esta su viejo Malibú del 78 oxidándose en el patio de su casa. A veces llegan comensales de otros barrios y compiten con nosotros por un plato de comida, miramos la cola y medimos la distancia, y decimos: “Si llego”. Muchas veces después de una larga cola, muchos se han ido sin nada en el estómago. Siento a Rafito Espinoza resollándome al oído, con esa voz sibilina salida de un recinto clausurado: “Ese carajo es de Teotiste de Gallegos, ve chico, se viene a comer la comida de nosotros” y se forma la gresca, pero siempre interviene alguien del voluntariado: “Todos tienen derecho mientras hagan su cola”.


Elpidio se había convertido sin saberlo, en un bachaquero del hambre, los miércoles, iglesia del padre Claret, los sábados, iglesia San José, los jueves, 5 de Julio, y así se recorría la ciudad en busca de un poco de comida. Cuando no quedaba ya nada que recorrer, entonces tocaba hurgar en los potes de comida de las residencias encumbradas de la ciudad. La gente de los edificios ahora no botaba la basura como antes. Los desperdicios alimenticios los agrupaban en dobles bolsitas de plásticos para que se conservaran bien, y pudieran calmar el hambre a quienes se daban a la tarea de hurgar en ellos. En la mañana el espectáculo era asombroso, las bolsas negras de la basura rasgadas y todo los desperdicios tirados en las aceras. Los indigentes se pasan los datos, en la 75 con la 3Y ya no botan la comida, olvídate del Tacagua, del edificio El Pino y del Saturno, esa gente entró en crisis, hay que recorrer los de la calle 72 que todavía conservan ese status de antaño y se consigue comida variada y fresca.

Todos en la cola en algún momento han hurgado en la basura, se lo dicen sin vergüenza, se lo dicen, como quien revela un secreto del pasado, escarban con sus manos hirsutas, ese grano de fuego colmado porlegiones de hormigas. ¡Muchedumbre domesticada!

Muchos fueron comprados por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, las conocidas cajas CLAP, ese mecanismo de control social que se inventó el gobierno, las gentes en los barrios bromean: “Son como el período, llegan una vez al mes y duran una semana”. Las mismas son un aparato más de corrupción administrativa, son elaboradas en Panamá, con productos mexicanos, lo que arroja el consabido sobreprecio y desde luego la manida corrupción, que de seguro ya ha hecho millonario a más de uno a costilla del hambre de los más necesitados.Según los estudios poblacionales realizados por Codhez: “Las ayudas económicas del gobierno y las cajas CLAP, aunque alcanzan a una gran parte de la población, por sí solas no parecen ser idóneas pues se trata de medidas de compleja ejecución que generalizan el diagnóstico y la puesta en práctica de la ayuda que requieren las familias. Un dato revelador de esta circunstancia es que 100% de los hogares encuestados respondió que las cajas CLAP no contienen las provisiones suficientes para una alimentación adecuada”. Raimundo se queja, es lo peor que pude haber hecho, me sacan de la casa a cuanta marcha gubernamental organice el gobierno, so pena de que me quiten el beneficio. Muchos debemos marchar, sin que queramos hacerlo, pero es que el hambre tiene cara de perro… Qué se le va hacer.

Avanza la cola de a poco, se mueve sinuosa y lenta, son muchos los que hay que atender, un señor con una franela con los ojitos de Chávez se desmaya, y es introducido a la iglesia, le dan agua con azúcar. El padre Ovidio me dice: pasa mucho, no tienen fuerza ni para sostenerse, cuando lo tomas por sus brazos te da escalofrío. Luis Antúnez, chavista confeso, ahora descree de toda la narrativa de heroicidad que se inventaron para mantenerse en el poder, conserva la franela porque no tiene nada que ponerse. En esta cola todos tenemos una cuenta por cobrar, un deseo irrefrenable de arrepentimiento. En los ojos de la gente se refleja la burla a la que fueron expuestos. Es la mirada de la congoja. Esos ojos inyectados a punto de estallar, llenos de anfiteatros colmados de muertos, miran los de Chávez que parecieran contemplarnos más allá del bien y del mal. Todos nos hemos convertidos en acróbatas del hambre, intentamos engañarla, pero ella es esquiva y guabinosa. Hervimos la pasta y la licuamos con una cucharadita de leche y nos inventamos una merengada, machacamos en un mortero las raíces hirsutas de una cebolla en rama junto con unas conchas de papas y aderezamos con ello unos frijoles magros, recolamos la borra del café una y otra vez; pero el hambre siempre vuelve y nos toca la puerta. Nos muerde siempre con el quejido del desengaño, a veces la acariciamos para que no se despierte, pero siempre viene como una vocal ensangrentada, sigilosa como la mordedura tísica del desengaño.

El informe de la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (Elcsa), asegura que 8 de cada 10 hogares reportan que tanto adultos como niños han dejado de tener una alimentación saludable.76,8% de los hogares reportó que alguna vez en los últimos 3 meses por falta de dinero u otros recursos, los adultos dejaron de tener una alimentación saludable por no incluir alimentos en cantidad y calidad necesarias para proporcionar comidas saludables y balanceadas. En los estratos D (85,7%) y E (86,4%) la tasa de respuestas afirmativas es más del doble que en las clases A-B (30%) y C (36,8%). En relación con este dato es preciso destacar que los hogares del estrato E señalaron que en los últimos 3 meses su principal problema fue la mala alimentación (21,2%)

Elpidio siente los estragos de la falta de nutrientes en su cuerpo, asegura que sus funciones no son iguales, advierte una falencia en su organismo, requiere de Losartan potásico, pero ya no lo puede costear, también Avodart 5 mg para la próstata, pero cuesta 70 dólares, porque ahora en este país los precios no te los dan en bolívares sino en dólares. Toñito, el hijo de Aspacia Lozano, convulsiona cada cierto tiempo, requiere de Tegretol 200 mg, pero Aspacia no tiene cómo comprarlo, llora de la impotencia, todos nos acercamos a consolarla, pues es muy poco lo que se puede hacer. Elpidio intuye un deterioro sistémico en su cuerpo, entiende que ya no es capaz de producir las hormonas y enzimas necesarias, causando de esta forma la falla de muchas de sus funciones. Su músculo cardíaco se encoge y debilita y sabe que corre el riesgo de sufrir un infarto. El último órgano en encogerse y fallar es el cerebro. Su cerebro se ha vuelto perezoso, le cuesta pensar, analizar y sacar cuentas, se ha convertido en un reducto memorioso del pasado.

Tu cuerpo se adapta a la falta de alimento disminuyendo la tasa metabólica para conservar energía. Como la glucosa es la principal fuente de energía, la fatiga se produce cuando se agotan las reservas de este carbohidrato. Pasar varias horas sin comida puede producir una caída notoria del nivel de azúcar en la sangre.La deficiencia de vitamina B12, por ejemplo, puede traer problemas de memoria, falta de concentración y depresión. Por otra parte, la deficiencia de vitamina A es la mayor causa de la ceguera en el mundo.

En el futuro este barrio desaparecerá, estará allí pero no podremos verlo, será un escozor sombrío. Muchos ya no ven a dos palmos de distancia. Este barrio se ha convertido en una imprecación de sudarios, jalonando nuestro destino a 2 metros bajo tierra.

8 de cada 10 hogares reportan que tanto adultos como niños tienen una alimentación monótona. La poca variedad de alimentos también es una constante en la dieta de las familias marabinas. 80,4% de los hogares reportó que alguna vez en los últimos tres meses, por falta de dinero u otros recursos, los adultos tuvieron una alimentación monótona. La tasa es más alta en los estratos D (87,3%) y E (84,7%) en comparación con los A-B (50%) y C (49,6%).

Los hijos de Elba Pimentel, cuando ven el plato de comida dicen al unísono, “otra vez lentejas”. Que se le va a hacer, la comida se ha vuelto monótona en este barrio y ha dejado de ser un placer desde hace mucho tiempo. Las conversaciones son monótonas también, se remiten a la mala situación y al hecho de si pudiste comer algo. La solidaridad de antaño se perdió, ya nadie le da nada a nadie, ni siquiera sal. A veces, traen las pocas cosas que compran en bolsas negras para no tentar a los vecinos. Cuando alguien trae algo de comida en una bolsa del supermercado, la gente los mira codiciando esa bolsa de alimento. Se come lo mismo una y otra vez. En un futuro habrá que reivindicar a la mata de mango, su fruto salvó a más de uno de esta hambruna. Para muchos ha sido el alimento por excelencia, la gente come mangos a diario, donde consiguen una mata, se paran y como perros rabiosos tumban sus frutos a punto de pedradas. Se compra un pan francés, solo uno, no alcanza para más y lo rellena con mango maduro, a veces es el único alimento en el día.

Todos en esta cola; somos una cruel estadística internacional. Una mancha sazonada de cal, un letárgico brebaje difícil de digerir. La contracción económica en estos últimos 5 años ha sido de -50%, en La Gran Depresión fue de un -30% y tan solo duró 3 años. El sueldo mínimo es de 6 dólares mensuales, con eso no se puede pagar una cena decente en ningún sitio, y la pobreza extrema se ha disparado a un 61% según cifras de la Encuesta sobre Condición de Vida en Venezuela (Encovi). Todos formamos parte de ese sector de pobreza extrema, que ha crecido como un torbellino de abejorros en medio de la pupila de la noche.

La última vez que vi a Elpidio Leal estaba tan flaco que su cuerpo ya no producía sombra, se fue alejando como se aleja un navío en alta mar, lo recuerdo ahora desde la estela de recuerdos que de él fueron quedando. En este instante por ejemplo, recibe su hostia adolorida, se sienta en el confesionario y se pregunta por qué es que Dios se ha marchado, el padre Ovidio le dice que siempre ha estado aquí, pero Elpidio ya no puede verlo, sin embargo, se persigna igual, no vaya a ser que esté en un demudado asiento de la casa parroquial.

Su imagen se convirtió en un símbolo del hambre en Venezuela por Isayen Herrera y Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 21 de Mayo 2019

Anailin Nava, de dos años, está desnutrida y sufriendo de la falta de tratamiento médico. Su madre, Maibeli Nava, dijo que los médicos le recetan medicinas que no están disponibles o que no puede pagar. CreditMeridith Kohut para The New York Times

CARACAS— Cuando la imagen de la niñita venezolana empezó a circular la semana pasada, la reacción fue casi instantánea. Tiene 2 años, pero la desnutrición y la falta de tratamiento médico han agotado su cuerpo hasta dejarla en un estado en que virtualmente es una bebé. Pasa el día en pañales, echada en la choza precaria de su familia.

Se llama Anailín Nava y cuando los lectores vieron su fotografía en un artículo de The New York Times sobre el colapso económico de Venezuela muchos tuvieron el mismo impulso: puede que sea difícil ayudar a su país a salir de una prolongada crisis humanitaria, pero seguro que algo podía hacerse por esta niña en particular.

El domingo empezó a llegar la ayuda.

La escasez de gasolina ha azotado a una gran parte de Venezuela, pero Fabiola Molero, una enfermera del grupo católico de ayuda Cáritas, empacó en una maleta una báscula y suficiente leche, comida y suplementos nutricionales para dos semanas e hizo autoestop desde Maracaibo, en el occidente, hasta la isla de Toas, donde vive Anailín.

Molero trabajó veinte años como enfermera en hospitales públicos, pero hace tres años renunció y se unió a Cáritas como voluntaria para poder combatir el hambre que está devastando al país.

“Yo trabajaba en un hospital y renuncié porque no podía lidiar con que los niños se me murieran en los brazos por falta de insumos”, dijo Molero.

Cuando salió el domingo, su meta era verificar el estado de salud de Anailín y cómo estaban el resto de los niños de esa comunidad.

El estado de Zulia, al que pertenece la isla de Toas, ha sufrido particularmente el colapso económico del país. La isla ha quedado prácticamente aislada del resto del país después de que los botes de transporte público se descompusieran por falta de refacciones. Los paquetes de comida subsidiada por el gobierno llegan cada cinco meses, pero a las familias les toma solo una  semana consumirlos según la madre de Anailín, Maibeli Nava, y sus vecinos.

Molero dijo que el caso de Anailín era uno de los peores que había visto a lo largo de veinte años de trabajo en la región. La familia a menudo era incapaz de darle de comer más de una vez al día, y a veces solo contaban con arroz o harina de maíz. El caso de malnutrición severa de la niña se agravó por una enfermedad neurológica de origen genético que le provoca convulsiones, problemas musculares y complicaciones digestivas, dijo la enfermera.

Anailín, que pesa la mitad de lo que debería, está demasiado débil como para viajar, de acuerdo con la enfermera. Pero puede recibir tratamiento en casa hasta que se recupere lo suficiente para que la atienda un neurólogo, agregó.

“Mi bebé estaba decaída y le estaba dando fiebre. Estaba muy mal”, dijo Maibeli Nava, de 25 años. “Ya no me daba ni la mano cuando intentaba jugar con ella. Yo pensaba que mi hija se me iba a morir”.

La llegada de la enfermera, y de la comida, tuvo un impacto inmediato, dijo Nava. “Ahorita está alegre”.

Molero dijo que su llegada había causado que los vecinos formaran una fila afuera de la casa de Nava, en una de las aldeas de pescadores de Toas, para pedir ayuda.

“Nosotros aquí pensamos que el mundo se va acabar. Hay mucha crisis y se mueren mis vecinos por falta de medicamentos”, dijo Nava.

La crisis económica ha dejado a la isla sin suministros médicos, a pesar de que cuenta con dos hospitales y tres postas públicas de primeros auxilios. Toas solía ser un destino turístico, pero el deterioro de la economía y la infraestructura del país la han dejado sumida en apagones eléctricos y de comunicación frecuentes y prolongados.

“Me preocupa porque hay muchas mujeres embarazadas y el hospital no está funcionando”, dijo Molero.

De los veintiséis niños que Molero evaluó, diez estaban desnutridos. Casi todos tenían ampollas y abscesos en la piel a causa de la mala calidad del agua, dijo la enfermera. Hace años que la planta desalinizadora de la isla no funciona.

“La condición de nuestros niños empeora cada día”, dijo Molero, de 43 años.

Dijo que la principal amenaza a la salud de los niños era la escasez de productos lácteos que vienen del interior del país. Sin leche, las familias más vulnerables recurren al plátano en polvo para hacer papillas, dijo Molero.

Y la escasez de gasolina dificulta el envío de ayuda, dijo la enfermera.

“Estamos trabajando con las uñas porque apenas tenemos recursos”, dijo.

Reportan nuevo apagón en gran parte de Zulia – La Patilla – 15 de Mayo 2019

@Noti21__ Reporta en su portal de twitter.

Diferentes zonas populares quedan sin servicio eléctrico en horas de la tarde, mientras Delcy Rodriguez entrega plantas eléctricas en algunas gasolineras del Zulia.

Algunas de las zonas son La Limpia, Amparo, Cumbres de Maracaibo, La Floresta y la urbanización Raúl Leoni.

   

La destrucción y el abandono de la producción petrolera en el estado Zulia – El Nacional – 28 de Abril 2019

La ciudad de Cabimas, en el estado Zulia, se posicionaba como la segunda más grande, y se encuentra ahora en la ruinas. El empleo escasea y los comercios de la zona cierran sus puertas ante las crisis venezolana.

Ezio Angelini, presidente de la Cámara de Comercio de Maracaibo, considera que el sector empresarial nacional se acerca a la quiebra como consecuencia del cierre masivo de comercios e industrias. “95% del comercio en Maracaibo está cerrado, y las pérdidas nacionales desde el sector ya suman 230 millones de dólares diarios por la paralización”, indicó para ABC.es

La producción de crudo en el occidente del país se sitúa en alrededor de 220.000 barriles diarios, de acuerdo con datos de la Comisión de Energía y Petróleo de la Asamblea Nacional. La cifra supone una disminución de 75% con respecto al volumen de hace 10 años, cuando el fallecido presidente Hugo Chávez ordenó la nacionalización de las empresas de servicios del lago de Maracaibo. A partir de ese momento hubo una caída de la producción de Pdvsa de más de 650.000 barriles diarios.

No existen cifras oficiales, pero los sindicatos del sector señalan que cerca de 25.000 empleados de áreas operacionales clave, como ingenieros, geólogos, operadores de plantas, electricistas y mecánicos, entre otros, están renunciando para emigrar.

El Lago de Maracaibo llegó a tener, en momentos de máxima explotación, más de 450 pozos bombeando crudo, mientras la superficie estaba atestada de buques tanqueros, gabarras y lanchas de mantenimiento. Por otra parte, los constantes derrames de petróleo no solo contaminan el lago e impiden la reproducción de peces, sino que los vecinos de Cabimas deben convivir con los malos olores.

Pdvsa se ha convertido en la principal responsable del deterioro ambiental del lugar por la falta de mantenimiento de la infraestructura. La empresa carece de equipos y personal capacitado para abordar el problema.

El Zulia apenas genera el 17 % de su capacidad instalada por Delvis Rodríguez – Panorama –

termozulia_1_1_crop1527689876643_jpg_272675030.jpg_272675030.jpg

De los 2.000 megavatios (Mw) de capacidad instalada en sus plantas —principalmente Ramón Laguna, Termozulia y Rafael Urdaneta, entre otras, y sin incluir al Guri—, en el Zulia apenas se están generando 350 Mw, cifra que representa apenas un 17% del potencial máximo de las instalaciones.

Los datos reflejan que existe una capacidad indisponible de 1.650 Mw lo que obliga a las autoridades aplicar continuos racionamientos para preservar los pocos megavatios generados en una región “devoradora de electricidad” en medio de sus altas temperaturas.

 Corpoelec ha señalado que el complejo Termozulia cuenta con una capacidad instalada de 1.220 Mw que se suman a otras seis plantas: Ramón Laguna (660 Mw), Rafael Urdaneta (265,7 Mw), Santa Bárbara (36 Mw), Concepción (32 Mw), Casigua (61,6 Mw) y San Lorenzo (40 Mw) entre otras. 

 Las plantas deberían generar en la actualidad unos 1.500-2.000 megavatios de potencia, más lo aportado por el Guri (unos 1.000 Mw) para contar con una capacidad de generación  global de unos 2.500-3.000 Mw.

 El pasado 18 de mayo, el propio ministro para la Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, informó a PANORAMA, durante un recorrido a las subestaciones, la poca capacidad de generación disponible en el Zulia a causa, según él, de los “sabotajes” al sistema eléctrico. 

 “No tenemos la energía suficiente porque estamos dejando de transmitir energía desde la COL, nos quitaron 7 cables (…). No tenemos el control del sistema debido a los cortes y al sabotaje. Solamente controlamos la poca generación que tenemos ahorita de 350 Mw que está en la parte occidental que la están dando Termozulia, Ramón Laguna y Rafael Urdaneta (…)”, dijo la máxima autoridad en materia eléctrica.

 Luego añadió: “Pido paciencia a los zulianos. Sé que es difícil, que es un gran sacrificio pero este sacrificio es por culpa de aquellas personas, con intenciones políticas o no, que cortaron el cable y destruyeron toda la estructura que le cuesta al país no solamente mucho dinero sino también muchas horas y hombres de trabajo”.

 Datos del Min-Energía Eléctrica revelan entre el período 2008-2016, el Zulia tuvo disponibles entre 1.000 Mw y 1.550 megavatios. 

 En 2013, el para entonces subcomisionado de Generación Occidente de Corpoelec, Miguel Romero, informó que diciembre de ese año Termozulia y la planta Ramón Laguna alcanzaron su “máxima capacidad de generación” propia marcando un hito en la región.

 “Termozulia tiene 1.200 Mw disponibles y está al 98% de su capacidad, sumando la generación de Corpoelec más la generación de Pdvsa, a través de la planta en San Timoteo y de las dos unidades de Bajo Grande, se ha logrado alcanzar una generación entre los 1.800 y  1.900 megavatios disponibles, esto representa un hecho histórico en el estado Zulia porque es la máxima generación nunca antes alcanzada. Nosotros, tenemos un hito de poder llegar a los 2.000 megavatios de generación”, dijo en esa oportunidad Romero.

 Personal de Corpoelec aseguró, a este rotativo, que en la actualidad Termozulia se encuentra “en un 25% de su capacidad”, mientras que la Ramón Laguna no supera el “10% de su potencial de generación de electricidad”.

 El analista en el sector eléctrico e ingeniero radicado en Ciudad Bolívar, Saúl Romero, aseguró que “en materia eléctrica, el Zulia se encuentra en un estado muy vulnerable. Tener disponibles apenas 350 Mw es alarmante porque esto refleja que el estado no está generando prácticamente nada en energía eléctrica. Ahora está más dependiente del suministro del Guri y sus líneas de transmisión”.

 El experto insistió que el tema de la “demanda” también es algo por el que preocuparse. “La demanda en esa región oscila entre los 1.500 y 2.500 Mw, si solo se tienen unos 350 Mw más lo que aporta el Guri, estaríamos hablando que existe un déficit de unos 1.000 Mw. Por eso los continuos racionamientos de 4, 8 o 12 horas para mantener ese alto consumo a raya y que no colapse todo el sistema eléctrico”, apuntó.

Recientemente, el Grupo Ricardo Zuloaga —conformado por los expertos en el área José Aguilar, José Manuel Aller, Nelson Hernández, Miguel Lara y Ciro Portillo, entre otros—, calificó como “crítica” la situación del sistema eléctrico en el occidente.

 “La situación del sistema eléctrico de la Costa Occidental del Lago es de tal precariedad que va camino a convertirse en caótica. La generación propia de la zona está en un nivel inaceptable por la falta de mantenimiento. De unos 2.000 Mw instalados, solo funcionan 600 Mw o menos”, apuntó.

 Para el ingeniero eléctrico Manuel Rincón Morales la falta de megavatios disponibles se debe “principalmente a la falta de inversión, en los últimos cinco años, en las principales plantas eléctricas como Ramón Laguna y Termozulia. Además, ¿qué pasó con la Termoeléctrica de Bachaquero?, ¿dónde está la barcaza con un sistema de generación que estaba en San Lorenzo? ¿por qué se abandono el parque eólico en la Guajira? y ¿qué sucedió con los 600 Mw que iba a aportar Pdvsa Occidente?”.

 Morales recordó, además, que el expresidente Hugo Chávez en 2010 “prometió que el Zulia sería autosuficiente en materia eléctrica. La realidad es que la falta de mantenimiento y de inversión es lo que tiene en colapso el sistema eléctrico en el occidente”.

 En la actualidad, el Ministerio para la Energía Eléctrica y la Gobernación del Zulia ejecutan seis “frentes de trabajo” para potenciar la generación de electricidad en la entidad.

 “Se ejecutan todas las acciones para incrementar la generación en las plantas termoeléctricas del estado Zulia como Termozulia, Ramón Laguna, Guaicaipuro y Rafael Urdaneta. Muestra de ello es la incorporación de la TZ5 de Termozulia, que aporta 150 Mw al Sistema Eléctrico Nacional”, explicó recientemente una nota de prensa del Min-Electricidad.

 Igualmente, se labora en “la puesta en servicio de la unidad TZ1, además de la instalación del turbogenerador en la unidad TZ1 que, junto a la TZ2 y TZ3 funcionarán como un ciclo combinado y aportarán 450 Mw al SEN”. Otro frente es la recuperación de  la línea 230KV en el Puente General Rafael Urdaneta y la instalación de cuatro generadores que aportarán 120 megavatios más en Planta Ramón Laguna.

 Fuentes de Corpoelec aseguraron que en conjunto los trabajos permitirán recuperar en el mediano plazo unos 1.200 Mw.

Gobierno ordenó la detención de los antiguos directivos de Enelven por Alberto Toro Vielma – Venepress – 6 de Mayo 2018

1525571496_Corpoelec.jpg

A juicio del jefe de Estado, ellos contrataban personas para cortar los cables de electricidad en la región

El presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó este sábado la detención de los antiguos directores de la empresa de Energía Eléctrica de Venezuela (Enelven), empresa encargada del suministro eléctrico en el estado Zulia. Esto durante su visita a la entidad en el marco de la campaña electoral de las elecciones presidenciales.

“Tenemos identificados a una élite que estuvo al frente de Enelven y he ordenado que los busquen, les pongan los ganchos y vayan presos”

La entidad zuliana ha sido una de las más afectadas por las fallas del servicio de luz en los últimos meses.

Catástrofe electrizante por José Aguilar – La Verdad.com – 26 de abril 2018

En las próximas seis semanas, la brecha deficitaria de la entidad zuliana crecerá por factores cíclicos y las abusadas unidades locales producirán menos MW. O ponen más MW o habrá más racionamientos. La grave catástrofe zuliana no se arregla aisladamente, hay que mirar en su integralidad el contexto nacional, el Sector Eléctrico Venezolano es un sistema interconectado, y fuera del Zulia hay gravísimos desafíos que la impactan

El caos eléctrico se instaló en Maracaibo, que ahora pasó de ser la Tierra del Sol Amada a la Tierra por los Apagones y Bajones Amada. El calvario regional, ya no es ni una crisis, ni una emergencia es una catástrofe y es electrizante veamos por qué:

Gracias al negligente descuido de las autoridades nacionales y regionales y como la información del Sector Eléctrico Venezolano, (SEV) lleva más de 90 meses seguidos escondida para engañar al pueblo a través de las cada vez más burdas excusas, el Zulia se encuentra desnudo y sin MW suficientes para satisfacer sus necesidades eléctricas.

La deteriorada disponibilidad efectiva de las plantas eléctricas regionales ha caído a mínimos históricos, similares a los años 1960. El Zulia junto con el Táchira los más distantes del Guri, están al final de la cola del Sector Eléctrico Venezolano (SEV).

El Zulia cuenta con una capacidad de suministro de 4 mil 100 MW, 3 mil y 1 mil 100 MW provenientes de plantas regionales y el resto del Guri respectivamente. La demanda está en los 2 mil 600 MW, entonces, ¿por qué la catástrofe? De 3 mil MW instalados en 20 plantas regionales, apenas producen entre 300 a 500 MW que sumados a los 1 mil 100 MW del Guri, nos da una oferta total entre 1 mil 300 a 1 mil 600 MW, por lo que el déficit oscila entre 1 mil a 1mil 300 MW, que deben ser racionados para evitar el colapso total del suministro. Por eso hay racionamientos a cualquier hora.

En la fallida gerencia de Corpoelec descuidaron el mantenimiento requerido de las plantas térmicas regionales. En las próximas seis semanas, la brecha deficitaria de la entidad zuliana crecerá por factores cíclicos y las abusadas unidades locales producirán menos MW. O ponen más MW o habrá más racionamientos.

Por último, la grave catástrofe zuliana no se arregla aisladamente, hay que mirar en su integralidad el contexto nacional, el Sector Eléctrico Venezolano es un sistema interconectado, y fuera del Zulia hay gravísimos desafíos que la impactan. Estos hechos son irrefutables, el Zulia y Venezuela por culpa del régimen van en decadencia, se imponen el conocimiento, la honradez extrema y hacernos respetar. ¡Manos a la obra que sí se puede!

A %d blogueros les gusta esto: