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La estrategia madurista por Fernando Ochoa Antich – El Nacional -21 de Julio 2019

Fernando Ochoa Antich
Los posibles escenarios de solución de la crisis política venezolana parecen haberse reducido a uno solo. La negociación ha surgido, para bien o para mal, como la más probable vía para resolver la situación nacional. La salida militar dejó de ser una alternativa. La tradición histórica de la Fuerza Armada fue abandonada por sus cuadros altos y medios. La ruptura del compañerismo y del espíritu de cuerpo, valores fundamentales para garantizar la unidad interna, impidió que la institución armada cumpliera lo pautado en los artículos 333 y 350 de la Constitución Nacional. Tampoco demostró el suficiente patriotismo al haber permanecido impasibles ante la destrucción de Venezuela. Así mismo, el Grupo de Lima, el Grupo de Contacto y Europa no respaldaron la intervención militar multilateral. Era casi imposible que Estados Unidos, sin esos apoyos, se decidiera a tomar, unilateralmente, esa decisión. Además, actualmente enfrentan las crisis de Irán y Corea del Norte, las cuales comprometen de manera más grave sus intereses vitales que la situación venezolana

Por otra parte, parece que se ha logrado el consenso suficiente entre el madurismo y la oposición para restablecer el funcionamiento de la Asamblea Nacional. De ser esto verdad, lo han mantenido públicamente algunos parlamentarios de la oposición, regresarían a cumplir sus funciones los diputados del oficialismo, pero también se requeriría la reincorporación de los parlamentarios, perseguidos, presos y exiliados, de los partidos democráticos. Me imagino que ese acuerdo puede surgir al haber algunos intereses coincidentes. Sin embargo, la oposición deberá enfrentar un reto complejo, en el mes de diciembre, al tener que designar una nueva directiva de la Asamblea Nacional y discutir aspectos complicados del devenir político nacional. Las naturales divergencias que podrían ocurrir se deberán evitar en beneficio de la unidad de la oposición y del fin último de derrotar electoralmente a la dictadura madurista. De allí que sea imprescindible que los diputados opositores asuman sus obligaciones con responsabilidad y sentido patriótico.

Además, de materializarse lo planteado en el párrafo anterior, surge una pregunta: ¿esa acción pone punto final a la mesa de negociación? Si es así, se cometería un craso error. El debate parlamentario es conveniente para discutir los grandes problemas nacionales y visualizar las condiciones requeridas para establecer un nuevo sistema político, pero no para encontrarle solución a la crisis nacional. Estoy convencido de que aspectos de tanta importancia y urgencia como la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral, la instauración o no de un gobierno provisional y la fijación de la fecha para unas elecciones libres y competitivas, con supervisión internacional, exigen encontrarle solución en la mesa de negociación. En eso quiero insistir. La oposición democrática no es monolítica, existen grupos ideológicos de centroderecha y de centroizquierda con distintas posiciones. De allí la importancia de que Juan Guaidó utilice su liderazgo para convocar a los diferentes grupos opositores a discutir y resolver sus diferencias para poder enfrentar con mayor fuerza al régimen madurista en aras del ansiado cambio político.

Crear una unidad monolítica es un gran reto. Las distintas visiones ideológicas existentes en la oposición democrática impiden alcanzar acuerdos en muchos aspectos, pero no indica que sea imposible lograrlos en ciertos puntos que permitirían evitar una dispersión de la oposición democrática ante unas posibles elecciones. El rechazo a Nicolás Maduro es creciente y abrumador. Cerca de 80% de los venezolanos, según las últimas encuestas, aspiran a un cambio político convencidos de que la crisis social y económica no se resolvería mientras permanezca en el poder el régimen madurista. De todas maneras, esos mismos estudios de opinión sostienen que un candidato oficialista que no fuera Maduro podría obtener entre 20% y e30% de votos. Por lo tanto, presentar un frente único de oposición es imprescindible para garantizar, con certeza, el triunfo en unas elecciones presidenciales. Lograrlo solo es posible si se discuten ampliamente dos aspectos fundamentales: la escogencia del candidato presidencial y la conformación del nuevo gobierno. Serán temas de mis próximos artículos.

Estudio cohesión país – Datincorp – Junio 2019

 

OBJETIVO GENERAL DE LA ENCUESTA : Medir la cohesión política de Venezuela.

UNIVERSO.:Los electores activos de Venezuela.

DOMINIOS URBANOS SELECCIONADOS. Seis macro regiones del país: Región Capital, Región Centro Occidental, Región Occidental, Región Los Andes, Región Los Llanos, y Región Oriente-Sur.

DISEÑO DE MUESTRA. La muestra seleccionada fue de 1.200 entrevistas. Con un margen de error muestral de + – 2,8%, y un nivel de confianza de 95%.

METODOLOGÍA. La muestra fue aplicada bajo el método probabilístico tetraetápico, tomando en consideración las desagregaciones planteadas en la cobertura.

ESTRATEGIA D E CAMPO. Las entrevistas se realizaron estrictamente en hogares, en forma directa y personal, clasificando a los

entrevistados por tipo de vivienda, edad y género. La supervisión fue 100% en campo.

Fecha de referencia del estudio: 02 JUNIO 2019

DATINCORP ESTUDIO COHESIÓN-PAÍS VENEZUELA JUNIO 2019 pdf

Escenarios 2do semestre 2019 por Thays Peñalver – Venepress – 11 de Junio 2019

2019 es el año final y habrá un nuevo comienzo de cara al 2020, de eso no tengo ya la menor de las dudas

Escenarios 2do semestre 2019

2019 es el año final y habrá un nuevo comienzo de cara al 2020, de eso no tengo ya la menor de las dudas. Sobre las que si tengo, es sobre lo que he reiterado hasta el cansancio en mis artículos, que posiblemente a muchos no les guste este final y el nuevo comienzo. Vienen cambios y están a la vuelta de la esquina, mientras las fuerzas democráticas tienen por delante el reto más difícil de toda su existencia, hacer un giro de 180 grados, dejar de pensar que clavarse cuchillos argumentando que es “competencia democrática”, definir una estrategia completamente distinta y trabajar a marcha rápida y forzada los cien días siguientes, pues estos serán los definitivos para demostrar que pueden ser exitosos y sobre todo ser aptos y estar preparados para gobernar a Venezuela o la comunidad internacional aceptará las alternativas que se estarían negociando y no precisamente en Oslo.

Seamos honestos, ni en los sueños más salvajes nos habríamos imaginado que los norteamericanos estaban hablando con el sector más “cubano” de las Fuerza Armada. Hasta hace unos días, usted ni siquiera imaginaba que era factible que el poderoso y temible jefe de la policía política estuviera: “en la nómina de la CIA” y que además hablara con Trump de las sanciones. Hasta hace unos días usted ni siquiera sospechaba que los mil millonarios sancionados negociaban con Estados Unidos en nombre del chavismo y que los más altos personeros estaban sacando cuentas y ajustando cálculos con los estadounidenses, a ver cuanto dinero salvan. Hasta hace unos días, usted pensaba que tenían un santuario en República Dominicana y no tenía idea que: “la mayoría quiere el cambio”.

Imaginemos por las palabras de Abrams lo que no sabemos, preparémonos para lo que desconocemos y estamos a punto de saber, porque esas negociaciones se llevan a cabo a escala planetaria. Pero ¿cuál cambio es el que viene?. Veamos…

Para entender nuestra realidad, recurro a tres citas de Winston Churchill : “De nada sirve decir: «Lo estamos haciendo lo mejor posible». Tienes que hacer lo que sea necesario para tener éxito”, “El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta”, “Puede que la crítica no sea agradable, pero es necesaria. Cumple la misma función que el dolor en el cuerpo humano. Llama la atención de un estado de cosas no saludable”.

Comencemos por ver la foto del costosísimo 30 de Abril, en la que se habría perdido el apoyo de algunos gobiernos y posteriormente la aparición de Oslo, que representan oficialmente la culminación adelantada de la luna de miel del presidente (e) Juan Guaidó. No es algo malo, ese adelanto también le pasó a Kennedy en un abril con Bahía de Cochinos, simplemente comienza el período en el que el apoyo estaría condicionado por el: “si no lo hiciere, que Dios y la Patria os lo demanden”. Más que la sentencia final de un juramento que acarrea un gran compromiso en el ejercicio de la función presidencial, es una sentencia lapidaria que ha recaído sobre todos los Presidentes constitucionales de Venezuela.

Ahora bien, el antichavismo como un todo también tiene la obligación de revisarse, porque una cosa es lo que piensa de sí mismo aquí adentro y otra muy distinta como nos ven desde afuera. Y más si vuelve como un De javú a cometer los mismos errores de 1998, 2002, 2014 y 2017.

La principal vulnerabilidad del antichavismo (no somos oposición) se vio claramente reflejada con la llegada de Juan Guaidó, cuyo mayor adversario es su inmensa popularidad. A partir de ese momento se desataron los demonios internos y la comunidad internacional ha visto en estos meses como varias facciones de la otrora oposición entraron en una guerra a cuchillos, e incluso Guaidó ha tenido desde el primer día una rivalidad permanente en su propio partido, gravísimo error porque están demostrando –como equipo- que con ese comportamiento no tienen manera de garantizar alguna gobernabilidad. Y aquí el problema no es el partido, que no ha ganado la presidencia con votos, el problema es no entender que la prioridad es Venezuela, construirla desde cero rescatando los principios republicanos e instaurando la democracia. Ya que luego llegarán los tiempos de aspirar, cómo es lógico, pero ahora el enfrentamiento y el sectarismo, es destructivo.

Y es que la gobernabilidad no es un tema de ganar elecciones, ni de popularidad, ni de tener una presentación de PowerPoint, se trata de un asunto delicado y complejo, formar gobierno y aplicar programas de gobierno a través de mayorías y de consensos. Y eso es precisamente lo que quiere ver de nosotros  la comunidad internacional. Y el antichavismo -como un todo- está muy lejos, siquiera de entenderlo. Lamentablemente.

Por otra parte el problema de Oslo como siempre no es el dialogo, ni la negociación. Un canal que he dicho hasta el cansancio debía ser continuo, bajo reglas técnicas concretas, con negociadores o facilitadores profesionales y con las garantías de un país neutral y serio, pero con la protección a los negociadores de las potencias involucradas en Venezuela, así como unas precondiciones mínimas y objetivas. Es decir un mecanismo transparente y técnico de negociación permanente y profesional, que hasta la fecha, sigue sin existir. Por qué lo digo? Porque han cometido el pecado mayor en este tipo de procesos, esconderlo.

Pero a la fecha, es la imagen internacional del “antichavismo” el problema más serio que tiene de cara al segundo semestre. Internamente se piensa exitosa, pero tales éxitos no son percibidos afuera. Internamente prevalece la visión que 56 países apoyan a Guaidó, pero dentro de esos países, la verdad es que reconocen a ambas partes en conflicto. Internamente se cree en la versión victoriosa que sostiene que el 23-F logramos demostrarle al mundo la naturaleza del régimen, pero en esos países ya sabían la naturaleza del régimen y lo que demostramos es el exiguo poder y el divorcio con la FAN. Esto último no es nuevo, la dirigencia política venezolana nunca ha entendido que ocurre puertas adentro y tampoco se han ocupado de estudiar su comportamiento e intereses. De allí que los mensajes nunca lleguen. Digan lo que digan y hablen con quien hablen, no llegan.

Es de esta forma que debemos comprender la costosa debacle del 30 de abril, una “victoria” más a lo interno, pero en la versión de la comunidad internacional fue la estocada a un toro cuya faena ha sido infortunada. Si el 23 de Febrero se entibió Trump y buena parte del apoyo duro de Latinoamérica, el 30 de abril Venezuela fue una bomba en los cimientos de Brasil, cuando el gabinete de Bolsonaro exclamó: “un acto de ingenuidad” y el vicepresidente expresó: “no fue la mejor decisión de Guaidó” (Sao Paulo) mientras el general Augusto Heleno Rivero, asesor del Presidente y jefe de la Casa Militar explicó que: “parecía una pelea de hinchas de futbol” (O Globo) y en rueda de prensa sentenció: “es una prueba de que no hay grandes líderes para conducir una acción más contundente y también parece que no hay suficiente entusiasmo por parte de la población” (Veja). Eso amigos, es la imagen que hay que evitar a toda costa. Los hinchas no son los que están en el campo, son los jugadores profesionales.

El ya “viejo” liderazgo debe entender y ayudar a los jóvenes a comprender que no solo se trata de cómo se sale del problema, ni de negociar, ni de invadir, ni del TIAR, ni del 187, sino de a quien le entreguen el gobierno posteriormente y quienes estarán en capacidad de formar gobierno y garantizar poder sostenerse en el poder. No hay un solo precedente histórico donde la comunidad internacional le entregara ese poder a una minoría, ni a quienes no estén dispuestos a reagruparse para formar un gobierno en mayoría y eso incluye al chavismo, (la comunidad internacional no ve cambios sin el chavismo incluído, empiecen a digerirlo) pero de lo que si estoy segura es que no lo entregará a los del concierto y la ayuda humanitaria, mucho menos, a los organizadores del 30 de abril, hasta que demuestren ser exitosos.

Por eso la sorpresa más grande nos llega de los Estados Unidos que, tras el fiasco del 23 de febrero, también pareciera que cambiaron su postura y por eso el 30 de Abril nos trajo otras sorpresas. Nos enteramos que estaban negociando desde febrero directamente con el régimen un cambio y estaban dispuestos a aceptar una nueva propuesta de gobernabilidad, lo que demuestra que Trump está cambiando, como Bolsonaro, de dirección. La salida luce ya bastante clara y que será negociada, los casos de Nicaragua y Chile pareciera que serán tomados en cuenta, porque aquellas fueron transiciones tuteladas que garantizaron la estabilidad, la misma que no parecen estar en capacidad de proporcionar los nuestros.

La comunidad internacional escuchó claramente a Pompeo filtrar (sea privado o no) que la atomización opositora no garantiza el futuro y a Abrams expresar “la importancia del chavismo”. Con esa frase dejó entrever la necesidad de un gobierno tutelado  y que el nuevo estaría conformado como “el Consejo de Estado”, es decir un régimen híbrido con presencia opositora como “mejor proyecto” para “lograr la estabilidad de la nación”. Y eso es lo que estaría detrás de las negociaciones y lo que vendrá, si los negociadores chavistas dan con la propuesta correcta. Ante este escenario, Venezuela amanecería libre del socialismo, pero no libre del todo de lo que muchos consideran: “la usurpación”.

Por eso mi sugerencia para estos cien días siguientes para las fuerzas democráticas es el cambio inmediato en la estrategia, pues se están jugando nada menos que el destino de Venezuela y el de ellos, en estas negociaciones (y repito no precisamente en las de Oslo). En estos cien días tienen que cambiar la imagen y posicionarse como gobierno. Así que si se comprometen con un concierto y a recaudar cien millones, recaudémoslos. Si decimos que la ayuda humanitaria entrará, que entre, si decimos que vamos a hacer un plan público de salud, hagámoslo, si vamos a hacer una huelga, cumplamos nuestra palabra. Si hemos jurado “asumir las competencias” asumámoslas. Porque si no tenemos apoyo para gobernar y no somos exitosos, sencillamente no somos los que gobernaremos, nunca.

Debemos abandonar la ingenuidad, las políticas erradas, la pésima ejecutoria, y dejar de demostrar el escaso apoyo del poder de facto. Pero más aún abandonar la pelea a cuchillos interna y el reto permanente al líder constitucional y popular, pues es la foto que están viendo afuera constantemente. Llegó pues el momento de cambiar en estos cien días y exigir un trabajo metódico y formal, y sobre todo el cese de las facciones en pugna. Busquen urgentemente reagruparse y unan esfuerzos hoy, que ya mañana podrán asumir sus posiciones de lucha y aspiraciones políticas. Hoy no tienen país para hacerlo. Entiendan de una vez.

Institucionalicen el proceso, cuiden las formas para que las formas cuiden de ustedes. Den apariencia de estar rescatando los Poderes Públicos y las instituciones, reflejen seriedad republicana y compórtense como demócratas a carta cabal. La democracia no es votar, es consenso y el gobierno interino reposa sobre las bases de los partidos políticos que hacen vida en la Asamblea Nacional, en las decisiones conjuntas y sobre todo en las ejecuciones de las mismas, es donde se demuestra que están aptos para gobernar.

También les recomiendo abandonar dogmas absurdos e ingenuos que hacen mucho daño a estos procesos por crear falsas expectativas, como por ejemplo que podremos gobernar solo porque hicimos elecciones libres y salió electo alguien en minoría, como si Venezuela fuera una democracia consolidada o mantras que representan camisas de fuerza como el del “Cese de la usurpación”Volvamos sobre la mesa de planificación y modelemos un plan y un futuro realista o de otro modo quienes están negociando nuestra libertad, tomarán las decisiones por nosotros. Y como se deduce por las palabras y mensajes, ya no tan subliminales de Pompeo y Abrams, hay quienes van adelantados y nos llevan ventaja.

Así que como en Oslo, esa negociación sigue su curso en el chavismo y seguramente afinan esas propuestas de nueva gobernabilidad y el problema lógico es que en los próximos cien días, nos llevemos más sorpresas. Y si alguno de ellos hace exactamente la propuesta correcta y se da con una formula de gobierno, casi Venezuela entera y la comunidad internacional lo celebrará y respirará aliviada, aunque hayamos vuelto a 1945 y represente el fin de una fuerza política, tal y como la conocemos.

A menos que Venezuela sea reducida a cenizas por la idiotez, la Venezuela que viene no será una de vencedores y vencidos. En cualquier mañana de estas los venezolanos nos levantaremos con un cambio. Pero hoy la oposición tiene que evitar que Trump diga: “Están despedidos”, porque al fin y al cabo, el 30-A demostró que varios contendientes se disputan ganar en este capitulo de “El Aprendiz” y como lo ha demostrado Trump hasta el cansancio, no hay celebridad que valga.

Cambiemos, se los ruego por Venezuela y los venezolanos que hoy estamos en riesgo, por el futuro y nuestra paz, por favor háganlo, que aún estamos a tiempo.

Escenarios Económicos y Políticos para Venezuela 2019 – Datanalisis – Mayo 2019

Acción Militar interna o externa y el monopolio de la violencia inoculada por Tomás Kaurima – La Patilla – 25 de Mayo 2019

Es ingenuo pensar que llegue uno de nosotros a la Presidencia y por magia desaparezcan los conflictos. Obvio que heredaremos un polvorín. Suficientemente más complejo que el heredado por Betancourt en los años 60. Las FFAA de entonces, desplazadas del poder con la caída de Perez Jiménez, fueron reducidas a sus cuarteles. Y no obstante produjeron el Carupanazo, el Barcelonazo y el Porteñazo. Entonces no tenían el virus “ideologizante” del culto a la personalidad caudillesca del “comandante eterno”, ni operaban en mafias financieras de negocios turbulentos de las drogas, el petróleo, el diamante, el oro o el coltan; el contrabando y todos los ilícitos imaginados o por imaginarse.
De hecho, no tenían entonces nexos con la guerrilla colombiana, ni con organizaciones terroristas, ni grupos irregulares nacionales, políticos o delincuenciales.

Sumemos otro escenario de los sesenta: las dictaduras de derechas, como Trujillo en República Dominicana, que veía en Venezuela una amenaza a su régimen y orquestó el atentado de los Próceres contra Betancourt. Y, adicionalmente, otro adversario a confrontar era Fidel Castro, tirano cubano de izquierda, artífice de la lucha armada, en esa década, contra la democracia.

Hoy no es menos complicado el escenario. Los enemigos de la cultura occidental y la democracia tienen muchos intereses involucrados en nuestro territorio. Justo ahora no podemos darnos el lujo de lucir desconcertados. Por supuesto que estamos conscientes del reto que encaramos. Esto transciende al hecho jurídico y leguleyo, no sólo a lo previsto en nuestra constitución por lo de la asistencia militar, tal como lo señala el artículo 187.11 o el Tratado interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) o bien el R2P, sino al interés que priva en este momento para salir del atolladero inducido por el régimen de Maduro, bajo el signo de la amenaza de convertir a Venezuela en una guerra civil de proporciones internacionales.

En consecuencia, ya no se trata de lo que le conviene o interese a otros, sino a nosotros. ¿Tenemos, o no, aliados para enfrentar la coyuntura ? Actuemos en consecuencia. Si los tenemos, obremos con ellos, de no tenerlos, busquémoslos.
¿No fue eso lo hizo De Gaulle para liberar a Francia de la ocupación nazi? ¿No fue lo que hizo Churchill con los aliados para derrotar a Hitler? ¿No fue acaso una inspiración similar de autodefensa la asumida por Vietnam para salir de Pol Pot en Camboya; incluso en contra de sus aliados históricos, ideológicos, militares y financieros de China y la URSS? Y los desafiaron; en una guerra que duró 10 años y que hábilmente, como siempre, los izquierdopatas, en su misión gato, saben hacer muy bien al ocultar, para que no hieda, la caca que generan.

¿Qué argumentos jurídicos o tratados fueron los que usaron entonces estos personajes ante la imposición de la realidad que los apremiaba?

Ejemplos más vinculantes a nuestra vernácula tradición histórica como los de Miranda y Bolivar peregrinando en Rusia, Francia, Inglaterra, EEUU y Haití. O el “Leander”, cuya réplica exhibe el régimen en el Parque del Este. A Miranda se lo entregaron en Río Caribe. ¿Cuál es el complejo, que deben aprobar la acción primero afuera para nosotros suscribirlo? ¿La Legión Británica fue una iniciativa de los ingleses o de Bolívar? ¿El problema es de EEUU o nuestro? ¿Quién debe asumir la direccionalidad?

Si la iniciativa la asumen afuera, me temo que debemos preparar espacio para nuestro propio Guantánamo. Si la iniciativa parte de nosotros, tendremos autoridad para sugerirles cuándo retirarse. Y poder indagar con los interesados “cuánto le debo y de qué le debo”.

Oil markets face three possible scenarios in Venezuela – CNBC.com – 5 de Mayo 2019

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Venezuela’s political and humanitarian crisis remains fluid with President Nicolas Maduro clinging to power amid protests led by opposition leader Juan Guaido.
Street protests are expected to continue Thursday with Guaido telling thousands of supporters yesterday that “there’s no turning back” as he called for a series of national strikes. In the meantime, Venezuelans are reportedly experiencing shortages of food and medicines.
What the current situation, and any potential outcomes, mean for Venezuela’s primary economic asset — its oil sector — are now under scrutiny.
OPEC-member Venezuela is reliant on oil for 98% of its export earnings and is laboring under U.S. sanctions, which penalize Venezuela’s state-owned energy company PDVSA and any vessels or companies enabling oil shipments to Venezuela’s ally Cuba.
Unrest in Caracas has weighed on markets, as have stricter U.S. sanctions on Iran, but news of higher U.S. crude stockpiles have kept prices subdued so far. On Wednesday, Brent crude futures stood at $71.36 per barrel and West Texas Intermediate (WTI) stood around $62.85.
RBC Capital Markets’ Global Head of Commodity Strategy Helima Croft and her team have examined three possible scenarios for Venezuela, and their respective implications for the global oil market.
Scenario 1: Maduro goes, Guaido comes to power
A sudden Maduro departure and transition to a Guaido-led reformist government would provide “the best hope for kick-starting the revival of the Venezuelan economy,” Croft and her team said in a note Wednesday.
“This scenario presents the most bearish outcome for (oil) prices, especially as many investors might assume that the recovery will be quick and uncomplicated. However, even if such a situation comes to pass we would caution that the road back will be arduous given the magnitude of the collapse.”
Croft and her team, comprised of commodity strategists Christopher Louney and Michael Tran and associate strategist Megan Schippmann, warned that even if Guaido came to power, Venezuela’s security situation “would likely remain fraught.” They didn’t think a Guaido victory likely at this stage, either.
“Given the apparent absence of high level military defections to the Guaido camp as well as Moscow’s marked aversion to such a regime change, we think this scenario has the slimmest chances of success in the near term. ”
Scenario 2: Maduro stays
If Maduro manages to ride out the current wave of protests, RBC noted that the country’s economic collapse will undoubtedly accelerate as the United States ups the sanctions ante.
“The White House will likely look to further erode the country’s oil export revenue by compelling consuming countries like India to curb their Venezuelan purchases. Washington may also demand that U.S. energy companies cease operating in the country and that European firms stop providing diluents and other services to (Venezuelan state-owned oil firm) PDVSA.”
Such punitive measures, along with rolling power cuts, would further compress the country’s oil production, potentially sending it close to zero by year-end, the strategists noted.
This outcome would be most bullish for oil prices and “is quite plausible given the substantial support Maduro is receiving from Moscow as well as the fact that junior officers have been the principal defectors.”
In this scenario, it’s likely President Donald Trump would pressure Saudi Arabia to fill an extended supply outage by increasing production and adding between 400,000 to 500,000 barrels a day to the market.
Scenario 3: Maduro departs but military rule remains
Another near-term outcome seen as plausible by Croft and her team would be for the military leadership to oust Maduro in favor of a candidate that they said would “avoid sweeping economic and political reforms that would dismantle the prevailing patronage machine.”
“Such a coup from above could freeze the sanctions status quo while the White House considers how much more time and energy it wants to expend on Venezuela once Maduro is gone,” the analysts said.
This would represent a moderately bullish case for crude, the strategists noted. “A handpicked military candidate may not be able to garner the necessary international support to revive the oil sector even if more sanctions were not in the immediate offing.”
OPEC in turn would likely adopt a wait-and-see approach to filling the Venezuela supply gap.

La salida del laberinto ¿Cuáles son los escenarios posibles para Venezuela? por Sergio Bitar – Wall Street Magazine – 6 de Abril 2019

Estas notas tienen por objeto aportar al análisis de las salidas posibles a la crisis de Venezuela. Con tal propósito abordo las siguientes aristas:

  • Lecciones de otras transiciones para Venezuela (del libro Transiciones Democráticas, Bitar y Lowenthal, Gutenberg Galaxia, 2016), formas de salida de dictadores.
  • Escenarios posibles, y condiciones para que un gobierno de transición pueda gobernar.
  • El chavismo, su negativo impacto sobre el progresismo latinoamericano.

Para acceder al Informe completo abrir el siguiente enlace :

La salida del laberinto Wall Street Magazine S Bitar (1)

What a Military Intervention in Venezuela Would Look Like by Frank O. Mora – Foreign Affairs – 19 de Marzo 2019

Punto de quiebre por Vladimiro Mujica – La Patilla – 19 de Febrero 2019

Con poca frecuencia se produce la circunstancia de que un acontecimiento histórico tenga fecha anunciada, sobre todo cuando se trata de una situación de tanta inestabilidad como la que vive Venezuela. Las grandes batallas, el comienzo de las guerras, los atentados, las conmociones sociales, son, por su propia naturaleza, eventos sometidos al azar y al secreto mantenido por los actores y factores determinantes. Este no es el caso del 23 de febrero, cuando se anuncia una colisión, con hora y posición precisas, entre las fuerzas de la dictadura del usurpador de la Presidencia de Venezuela, y las fuerzas de la resistencia democrática, dirigidas por el presidente (E) Juan Guaidó, actuando en estrecha cooperación con una coalición internacional, encabezada por Colombia, Brasil y los Estados Unidos.

No es exageración afirmar que el drama venezolano mantiene en vilo a buena parte del mundo. De los lugares más inesperados surge la pregunta: ¿Qué va a terminar por ocurrir en Venezuela? Por un lado, están los más de cincuenta países que han reconocido a Guaidó como presidente encargado, y que respaldan el deseo abrumadoramente mayoritario de los millones de venezolanos que se han expresado en las manifestaciones en contra del régimen. Del otro, un grupo reducido de naciones, Irán, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Rusia, que aún apoya al estado forajido y fallido dirigido por la oligarquía chavista. Todo pareciera indicar que el proceso de deterioro político del régimen Madurista es irreversible, y que tiene sus días contados. Pero es exactamente esa conclusión la que debe ser examinada con detenimiento en estos días cruciales.

Maduro y el chavismo perdieron el corazón del pueblo. El estimado más optimista es que tienen un 10% de apoyo de la población. Eso lo saben ellos y el resto del mundo. Pero tienen de su lado a una buena parte de la Fuerza Armada, al ejército de ocupación cubano, a la guerrilla colombiana y las bandas armadas. Mucha gente de nuestro lado está convencida de que existe una suerte de operación quirúrgica militar, como ocurrió con Noriega en Panamá, que permitiría que Maduro y su camarilla salgan con los ganchos puestos en un abrir y cerrar de ojos y que se acabará la pesadilla y comenzará el nuevo amanecer. La verdad es que estamos obligados a examinar otras opciones.

Lo primero que quiero precisar es que estoy convencido de que estamos en el mejor momento de los últimos diez años, para poder salir de la dictadura del usurpador. Elementos racionales de construcción política colectiva de la oposición, cuyos actores principales se han ido haciendo públicos poco a poco, y elementos psicológicos impredecibles en una población apaleada por el maltrato de un esquema de dominación criminal sustentado en el miedo y el hambre, han convergido en el milagro Guaidó. Por las razones que sea, ya eso deja de ser relevante, Guaidó ha levantado la esperanza de una nación que la había perdido. Quedará para la historia analizar como un hombre joven, de la así llamada generación del milenio, relativamente desconocido, saltó a la presidencia encargada de la nación en uno de los momentos más difíciles de su historia. Sin duda que es mucho más que el hecho de que le tocaba por ser el presidente de la AN. Algo en su conducta y aplomo, en su proceder, que ha incluso generado la comparación con un líder carismático como Obama, jugó un papel determinante. Pero a diferencia del líder norteamericano, Guaidó no es el líder constructor de la resistencia. Guaidó no es tampoco Mandela. Guaidó es un fenómeno de la política y la psicología social y es, al mismo tiempo, un hombre en el medio de una complejísima negociación política, y ahora militar. Quienes creemos en la posibilidad de rescatar a Venezuela de las garras del chavismo, estamos obligados a respaldar el milagro de Guaidó. Y eso incluye prepararnos para todos los escenarios para que el milagro no perezca. Lo que ocurra después de la salida del usurpador será otra historia. Ahora estamos moral, ética e históricamente obligados a empujar en la misma dirección, porque se trata de un ejercicio de supervivencia. Y en presencia de la muerte que representa el madurismo no se pregunta uno qué color de calzoncillos, ni qué collar, ni qué pulsera pretende vestir para el viaje final.

Aclarado el punto, regreso al análisis de escenarios. Estoy convencido de que la posibilidad de una acción unilateral militar de la coalición liderada por los Estados Unidos es baja. Todo apunta a que será necesario algún elemento de rebelión dentro de la Fuerza Armada venezolana. Incomprensiblemente, esto no ha ocurrido en la dimensión adecuada, a pesar de que es indudable que existe también un malestar profundo en nuestras tropas, y de que es indiscutible que hay gente de mucho valor que ha estado sometida a la más cruel persecución. Falta este ingrediente esencial del pronunciamiento militar para que se consolide la salida al laberinto venezolano. En su ausencia, Guaidó ha usado sabiamente las dos herramientas restantes: la movilización popular y el apoyo de la comunidad internacional.

Nos acercamos al punto de quiebre el 23 de febrero con la decisión del gobierno constitucional de Venezuela de solicitar el ingreso de la ayuda humanitaria al país, con el apoyo de la comunidad internacional, enfrentados a la decisión del régimen usurpador de impedirlo. La pregunta más importante en este momento es si esta colisión se resolverá política y pacíficamente, o si la violencia que el país ha vivido en los últimos 20 años se escalará hasta transformarse en un conflicto civil y militar. No hay respuestas claras a esta pregunta esencial . El gobierno constitucional le ha subido el costo político de la represión al gobierno usurpador hasta el cielo. Pero para la camarilla de Maduro su mejor apuesta es prolongar la no resolución del conflicto con la amenaza de una guerra abierta. Eso y contar con que el desabastecimiento de medicinas, alimentos y combustible acabe por irritar a la población hasta el punto en que la gente termine por responsabilizar a Guaidó de sus dificultades. Cada día que pasa sin que el conflicto con el régimen usurpador se resuelva, es un día de riesgo para nosotros.

Hay que entender que la lógica de la guerra es muy distinta a la lógica de la política. Si la amenaza de un conflicto armado se hace cada vez más real, otros actores comenzarán a operar y otras condiciones se harán más exigentes. Entre ellas las de negociar, y las de convocar un acto electoral temprano. No de otra manera hay que entender las recientes declaraciones de Luis Almagro llamando a los venezolanos a la desobediencia ciudadana y a prepararse para un acto electoral con garantías internacionales. Ello viniendo de uno de los apoyos más firmes de Venezuela es muy revelador. La única manera de imponerle condiciones absolutas al chavismo es ganarle una guerra al usurpador y sus apoyos militares. Una opción distante. La mejor preparación para proteger el milagro y salir con bien, es que la gente esté bien informada y preparada para todos los escenarios. Que nada fracture al milagro porque no hay sustituto para ello.

Golpe militar o intervención, dos escenarios por Francisco Olivares – El Estimulo – 15 de Febrero 2019

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, las dos figuras fuertes del chavismo en Venezuela, han descartado la posibilidad de un proceso electoral libre que promueva una transición pacífica. En su lugar han exaltado la guerra prolongada y el despliegue de misiles como advertencia ante los escenarios de golpe interno o de una intervención extranjera.
El grupo más radical del Gobierno, aquel que ha sido vinculado al lavado de dinero, al tráfico ilegal de oro, al narcotráfico y a otros delitos financieros, es el que tendría más que perder frente a una salida negociada en la cual se aplique la solución electoral libre, supervisada internacionalmente, y en la cual se suspendan las inhabilitaciones de los partidos políticos opositores y de sus líderes hoy presos o en el exilio.

Se trata de altos funcionarios, militares o empresarios en las listas de sancionados por el Departamento de Estado o con juicios en tribunales de Estados Unidos, América del Sur o Europa, por distintos delitos ligados a la legitimación de capitales, sobornos y sobreprecios en obras públicas.

Es este sector el que mayor influencia ha tenido en el grupo del chavismo que gobierna, según las informaciones provenientes de los tribunales de EEUU, de disidentes chavistas, la fiscal en el exilio Luisa Ortega Díaz, y lo que han revelado los escándalos de corrupción más sonados en el mundo como los de Odebrecht, Andorra, PDVSA y el caso Andrade. En ellos trasciende el tráfico de miles de millones de dólares manejados por figuras que están o han estado ligadas al alto Gobierno.

De allí que la opción militar ha sido la carta más jugada por Maduro quien, intentando exaltar el patriotismo frente a una intervención extranjera, ha pasado el último mes visitando guarniciones, ordenando ejercicios militares, desplegando públicamente armas misilísticas y anunciando el uso de importantes recursos financieros para adquirir armamentos modernos.

Dos escenarios armados

Sobre la situación militar interna, como señalamos en nuestro análisis anterior “La crisis en Venezuela escala hacia una salida militar” publicado en El Estímulo, hay dos factores a tomar en cuenta.

Los pronunciamientos militares que se han registrado en el último mes son síntomas del deterioro interno, pero se trata de hechos aislados, que solo tienen un efecto sicológico o mediático. Para que un pronunciamiento genere un efecto determinante, debe ser de carácter masivo y vinculado a las guarniciones más importantes del país, especialmente las que están cercanas a la región capital. Igualmente es de recordar que estas guarniciones fundamentales de la capital, como los batallones Ayala, Simón Bolívar y la Guardia de Honor, están comandadas por oficiales altamente ideologizados, formados en Cuba y son receptores de importantes privilegios, mientras sus guarniciones gozan de presupuestos paralelos.

Recientemente, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante Craig Faller, aseguró que unos 2.000 oficiales son el “centro de gravedad”, de la dictadura en Venezuela.

Al comparecer ante el Comité de Servicios Armados del Senado de EEUU, el alto oficial afirmó, además, que la mayoría de estos militares está “a sueldo de Nicolás Maduro”, subrayando que los generales en Venezuela son “más que los existentes en toda la OTAN combinada” (…) “gran parte de ellos están implicados en redes de clientelismo, incluido el tráfico de drogas y los ingresos petroleros, con los que Maduro compra su lealtad”.

De manera que esas unidades, con una mayoría de su oficialidad entrenada en Cuba y con altos privilegios, es una de las garantías con las que cuenta Nicolás Maduro para enfrentar un eventual pronunciamiento militar en contra su Gobierno.

Igualmente se destaca en el informe el desarrollo y reorganización de la llamada defensa aeroespacial de Venezuela, con la activación de importantes grupos misilísticos de defensa aérea y su incorporación a las brigadas geográficas.

Con estas inversiones, el gobierno de Maduro previó escenarios como el actual, en los cuales la crisis económica, política y social, que afecta a todas las instancias del país, pudiera llegar también, como en efecto así ha ocurrido, a la FANB, y en consecuencia exponer al poder central a un escenario de rebelión interna.

Uno de los mensajes que se han dirigido desde EEUU para estimular el quiebre a esa lealtad, no solo ideológica, sino también económica, de los altos mandos militares venezolanos, ha sido la oferta de amnistía.

“Para lograr el control de las fuerzas armadas (en Venezuela) es necesario que se le den garantías a los altos mandos, que son esencialmente corruptas. Maduro los está comprando. Pero, para acabar con esa falsa lealtad a Maduro es necesario darles alguna forma de amnistía. Y eso es muy importante solo si ellos están convencidos de que la amnistía es verdadera”.

Como ejemplo puso el caso de cómo, al final de la década de los 80, cuando Ferdinand Marcos tenía cientos de miles de manifestantes protestando en las calles de Filipinas, “nosotros organizamos su salida y le garantizamos a Marcos que no sería enviado de nuevo a Filipinas para ser juzgado allí por los crímenes cometidos. Creo que esa es la vía para salir de Maduro”.

Esa oferta también ha sido promovida por Juan Guidó y fue el centro de la masiva movilización del pasado 12 de febrero.

Estados Unidos y la intervención

Aunque Donald Trump y voceros de su gobierno han sostenido que todas las opciones están en el tablero para lograr la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela y promover una transición, la opción armada desde el exterior aún no se encuentra en una fase cercana.

Eso significa que el presidente Trump usará a los organismos de inteligencia y la vía diplomática hasta agotarse, más la presión financiera y las sanciones impuestas a figuras del chavismo. De no funcionar esas medidas, la intervención militar se presentará en escalada con bloqueos y ataques selectivos, para finalmente llegar al acto de guerra, como ha ocurrido en otros escenarios.

Es una escala que va del nivel 5 que es la paz, hasta el nivel 1, que es el despliegue de tropas para entrar en combate. Es de destacar que esta fase requiere de la aprobación del Congreso de Estados Unidos y ese paso ya ha encontrado trabas en la bancada demócrata, cuyos congresistas no se han alineado con los republicanos para pactar un apoyo total a Juan Guaidó.

El punto de desacuerdo está justamente en el apoyo al empleo de la fuerza militar en Venezuela.

En la actualidad podríamos ubicar la escala, en DEFCON 4, en la que políticamente se demuestra un compromiso con el proceso de transición hacia la democracia. Esa escala se ha observado en toda la política emprendida por EEUU con los países de la Unión Europea, de Latinoamérica, y las medidas financieras internacionales que se han aplicado en el último mes.

Asimismo se refleja en las declaraciones de sus jefes de seguridad, del propio presidente Trump y las reuniones que ha sostenido el jefe del Comando Sur y declaraciones sobre Venezuela.

Esa fase podría mantenerse por poco tiempo y no pasar de inmediato a la fase DEFCON 3, con movilización de tropas, dependiendo de las acciones que pudiera emprender Nicolás Maduro contra el presidente interino, Juan Guaidó o la Asamblea Nacional de Venezuela, con mayoría opositora. Asimismo está en expectativa la situación que pudiera presentarse con la ayuda humanitaria auspiciada por Estados Unidos y que forma parte de la estrategia geopolítica de EEUU a favor de una transición.

“La ayuda humanitaria entrará sí o sí a Venezuela porque el usurpador va a tener que irse sí o sí de Venezuela”. La frase corresponde a Juan Guaidó y con ella refleja cómo la concentración de ayuda humanitaria que ha llegado a Cúcuta, Colombia, es una estrategia primordial de la acción política en la que se miden las fuerzas del poder dual que se debate en Venezuela.

Asimismo refleja que la estrategia para asistir a las víctimas de la crisis puede convertirse en el primer escenario de conflicto entre las partes que ya alcanzan un rango internacional. Un conflicto entre las fuerzas democráticas y los aliados internacionales de la izquierda radical.

Las imágenes del bloqueo con contenedores por parte del gobierno de Maduro, en la frontera con Colombia, han colocado tal ayuda humanitaria en una confrontación internacional de poderes que puede devenir en la profundización del conflicto y llevarlo al escenario bélico.

Mauricio Claver Carone, quien es el asesor de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental del presidente Donald Trump, en entrevista concedida a El Tiempo de Bogotá, ha declarado que “es solo cuestión de tiempo que la ayuda humanitaria ingresará a Venezuela”.

Cuando una declaración como esta es referida por el asesor de seguridad de EEUU, implica que detrás de esa acción hay un componente geopolítico que incluye a toda la alianza por la transición. En dicha entrevista el experto en seguridad se refirió al “cerco humanitario” y describió el momento que vive Venezuela como “irreversible” que solo concluirá con la salida de Maduro.

“Ningún militar puede detener a los jóvenes venezolanos, ningún militar puede detener la ayuda que el pueblo precisa, la juventud va a llevar adentro y va a lograr que y su pueblo acceda a los recursos necesarios. Sigan adelante, a romper las cadenas” , dice el secretario general de la OEA, Luis Almagro, refiriéndose al rol de la ayuda humanitaria.

De manera que, si bien, aún no está en Colombia el grupo Anfibio de la FA de Estados Unidos con 5 mil marines, en esta fase, una fuerza de medicinas y alimentos comienza a rodear al país.

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