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Más de 200 millones de bolívares mensuales necesitarás para obtener la canasta alimentaria – Yo Soy Venezolano – 20 de Junio 2018

El precio de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) de mayo de 2018 se ubicó en 220.138.620,81 bolívares, aumentando Bs. 119.963.639,83, 119,8% con respecto al mes de abril de 2018 y 22.115,6% entre mayo de 2017 y mayo de 2018.

Se requieren 220 salarios mínimos (1.000.000,00 bolívares) para poder adquirir la canasta, referida a una familia de cinco miembros: 7.337.954,02 bolívares diarios, 7.33 salarios mínimos diarios.

-Todos los rubros subieron de precio

Todos los rubros de la canasta alimentaria aumentaron de precio: raíces, tubérculos y otros, 266,4%; frutas y hortalizas, 193,4%; pescados y mariscos, 126,8%; café, 125,0%; azúcar y sal, 119,7%; cereales y productos derivados, 108,6%; leche, quesos y huevos, 107,5%; carnes y sus preparados, 90,6%; salsa y mayonesa, 78,1%; granos, 69,0% y grasas y aceites, 59,8%.

-Precios controlados

Debido a que no se publican oficialmente los precios controlados, administrados, justos o acordados, no es posible continuar realizando el seguimiento y la comparación de los precios regulados y los precios de mercado que se venían haciendo desde el año 2003.

-Escasez

Quince productos presentaron problemas de escasez: leche en polvo, atún enlatado, margarina, avena, azúcar, aceite de maíz, lentejas, arroz, harina de trigo, pastas alimenticias,harina de maíz, café, mayonesa, pan,queso amarillo: el 25,00% de los 60 productos que contiene la canasta.

Las variaciones de precios de los grupos que conforman la Canasta Alimentaria Familiar se detallan a continuación:

La yuca subió 353,6%
El tomate subió 352,7%
El coro-coro aumentó 171,1%
El ½ kilo de café aumentó 125,0%
El kilo de azúcar cuesta 642.878,78 bolívares, en promedio
La harina de trigo se vende en 1.570.000,00 bolívares el kilo.
La leche en polvo cuesta 3.938.775,51 bolívares el kilo.
El kilo de bistec se vende en 4.549.264,70 bolívares.
Salsa y mayonesa subió 78,1%.
Los granos aumentaron 69,0%.
La margarina subió 87,8%.
Un almuerzo cuesta 1.100.000,00 bolívares en promedio.

Los servicios públicos colapsan en Venezuela – Notimex – Yo Influyo – 14 de Junio 2018

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Celia Herrera, integrante de la Sociedad Venezolana de Ingeniería de Transporte y Vialidad (Sotravial) , afirma que la crisis del transporte es preocupante y no hay voluntad política para buscar soluciones a este problema.

Apagones constantes, escasez de gasolina y de gas doméstico, así como la falta de agua potable y de unidades de transporte público agudizan la crisis económica y humanitaria que padecen hoy en día los venezolanos.

El deterioro progresivo de los servicios públicos en el país mantiene agobiados a los venezolanos porque no le ven solución a mediano o largo plazo, sino todo lo contrario cada día se agudiza más y obliga a aplicar mayores ajustes que afectan la vida cotidiana de los vecinos, según consideran expertos.

Celia Herrera, integrante de la Sociedad Venezolana de Ingeniería de Transporte y Vialidad (Sotravial) , afirma que la crisis del transporte es preocupante y no hay voluntad política para buscar soluciones a este problema, reportó el diario El Universal.

Dijo que las iniciativas que se han intentado para resolverlo desde el punto de vista de las unidades, han fracasado afectando más a los usuarios, como el caso de las llamadas “perreras” que han proliferado como transporte público.

La experta recordó los casos de los sistemas de transporte que implementó el gobierno a través de la incorporación de los autobuses Yutong y los del Sitssa, que están prácticamente fuera de servicio.

Según explicó, de acuerdo con una investigación realizada ante la falta de transporte superficial y las alzas de tarifas la gran mayoría de los usuarios han migrado al Sistema Metro en Caracas, la capital del país.

Aunado a esto, el desabasto de gasolina ha g,enerado largas filas de carros en las estaciones de servicio y muchos de ellos se quedan sin poder abastecer a pesar de una espera de hasta seis horas.

La economía de Venezuela depende en 95 por ciento de la venta de crudo y es la única industria capaz de generar ingresos en divisas, los cuales han mermado debido a la baja en la producción.

Esto ha generado una disminución del abastecimiento de combustibles como diésel, gasoil y gasolina; además del gas doméstico.

Los estados cercanos a la frontera con Colombia y Brasil son los que más sufren de la escasez de gasolina y al mismo tiempo son castigados con racionamiento tras la excusa del gobierno de evitar el contrabando.

En Venezuela 85 por ciento del gas que consume el país es a través de “bombonas” o “cilindros”, cuya distribución es monopolio del gobierno. El otro 15 por ciento se distribuye vía gas directo por tuberías.

En varias zonas de 11 estados del país han ocurrido protestas entre enero y mayo para exigir la venta del gas doméstico en bombonas. Muchos venezolanos usan ahora madera o carbón para cocinar al no contar con el servicio por un periodo de hasta cuatro meses.

Con respecto al servicio eléctrico, cinco grandes apagones han ocurrido en el país durante 2018, pero todos los días se registran fallas momentáneas.

De acuerdo a cifras del Comité de Afectados por los Apagones ocurrieron siete mil 788 interrupciones del servicio entre enero y abril.

Los apagones y las fallas eléctricas son resueltas justamente con planes de racionamiento de hasta 15 horas diarias. La población de seis de los 23 estados ha tenido que lidiar con el “plan de administración de carga” como suele llamar el gobierno al racionamiento.

Directivos de la Federación de Trabajadores Eléctricos (Fetraelec) aseguran que la peor parte se la llevan los residentes del interior del país donde se ha hecho cotidiano en ocasiones la caída del servicio por hasta 12 horas.

Los estados más perjudicados son Zulia y Táchira, en donde los recortes se han prolongado por varios días. Esta situación ha dañado alimentos y electrodomésticos, mientras las ventas de los comercios han caído 30 por ciento, según datos del gremio que los agrupa.

En lo que respecta al servicio de agua, desde 2013 se agravó el suministro del vital líquido al deteriorarse la infraestructura de los 18 mayores embalses de agua potable y al no sustituirse los miles de kilómetros de tuberías. Tampoco se han construido embalses desde que el chavismo llegó al poder.

La falta de agua también impacta de manera dramática a los hospitales en donde varios tratamientos como los de quimioterapias y diálisis se han suspendido por no contar con el vital líquido, como es el reciente caso del centro asistencial especializado en la atención de niños J.M. de Los Ríos en Caracas.

Norberto Bausson, expresidente de operaciones de Hidrocapital, afirmó que la falta del líquido se ha agudizado en los últimos seis meses.

Toda la capital mantiene un déficit de 40 por ciento por el deterioro de los SistemasTuy, de plantas de tratamiento y de la red de distribución.

En su opinión, “la escasez es producto también de una mala gestión, acompañada de diferentes irregularidades: opacidad de información, falta de ética profesional y centralización del poder”.

Los hábitos de los ciudadanos han cambiado como consecuencia de esta realidad. Cuando llega el agua a sus casas se levantan de madrugada para llenar los recipientes de los que disponen a fin de almacenar el líquido.

 

El seno enfermo que revela la crisis humanitaria en Venezuela por Florantonia Singer – El País – 9 de Junio 2018

La escasez de medicamentos del país impide a Elizabeth Salazar tratarse un cáncer de mama
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“Alguien tiene que entender lo que significa pasar por lo que estoy pasando yo y miles de venezolanos, lo que es ir a un hospital y que no te dan esperanza, que te digan que debes recibir un tratamiento, pero que no lo hay Venezuela. Me están desahuciando y yo no quiero morirme”, dice Elizabeth Salazar. Sus palabras se difundieron en vídeos y fotografías esta semana en redes sociales, incluso en las que censuran los pezones femeninos.

El martes, la mujer de 64 años, de cabellera canosa y hablar pausado, se levantó la blusa en medio de una protesta frente al Ministerio de Salud, en el centro de Caracas. Llorando mostró cómo un cáncer ductal grado 3 ha devorado su seno izquierdo, una enfermedad que tiene 80% de probabilidades de sobrevivencia, pero que en Venezuela toma ventaja por la brutal escasez de medicinas e insumos.

Hace ocho meses comenzó siendo una pelotita y un dolor. Fue al hospital y le hicieron la biopsia. Después se puso morado, se hundió el pezón y empezó a secretar un líquido. Hoy, sin haber recibido tratamiento, su mama es una gran herida de tejido enfermo que le dolerá hasta que sea extraída y tratada con quimioterapia. “No me importa quedarme con mi seno cortado, no me importa quedarme calva. Yo solo quiero vivir”, dice la mujer que se abre el vestido para mostrar su dolencia.

El martes, un enfermo renal con problemas de esfínteres, se había quitado su pañal empapado y llorado ante las puertas del organismo por la promesa incumplida de que les entregarían pañales a él y a otro grupo de pacientes que esperaba en sillas de rueda.

Estas escenas muestran la desesperación de los venezolanos por la cada vez más grave crisis sanitaria que se vive, pero no llamaron la atención del Gobierno de Nicolás Maduro. Ninguno fue atendido por los funcionarios y en el caso de Elizabeth, entre los cientos de llamadas de solidaridad que ha recibido y que le han permitido reunir los medicamentos necesarios, ninguna ha sido de alguna autoridad. “Son sordos, son irresponsables”, dijo la mujer al salir de una consulta gratuita de la ONG Senos Ayuda.

Elizabeth y su esposo, Luis Ugas, son activistas de derechos humanos. Se conocieron hace 19 años en la Defensoría del Pueblo y desde entonces se han dedicado a denunciar y defenderse. Viven en las afueras de Caracas, en un apartamento de interés social en los Valles del Tuy y sobreviven con la jubilación de ella y algunos trabajos a destajo que hace Luis, 13 años menor que Elizabeth. Desde el martes no han parado de contestar el teléfono y moverse por todo Caracas para recoger el caudal de donaciones que en dos días ha dejado la campaña espontánea que se armó en las redes para salvar la vida de esta mujer.

El hombre llora tras atender una llamada en su celular. “Un señor me dice que es barrendero en Caracas, pero que depositó parte de sus ahorros para mi esposa. La gente es demasiado solidaria, este país es bueno”. El teléfono vuelve a sonar y es el diputado Julio Borges desde el exilio. “Nos van a mandar el medicamento que nos falta”, dice. Llora, ríe y abraza a su esposa.

La solidaridad de los venezolanos que están fuera del país ha permitido paliar la crisis. Pero la ayuda que llega en maletas no alcanza para solventar la magnitud de la contingencia. Elizabeth presentará un recurso ante el Supremo para demandar al Estado por no garantizarle su derecho a la salud. Es un intento más por defenderse, de varios que se acumulan en tribunales del país. La ONG Cecodap promovió en 2016 cuatro acciones legales similares en defensa de los niños que son atendidos en el Hospital J. M. de Los Ríos. No obtuvo respuesta.

Un caso de miles

El cóctel de fármacos que requiere Elizabeth para su quimioterapia es el que se receta en la mayoría de los 5.900 casos de cáncer de mama que se detectan en Venezuela cada año. El abastecimiento de estos medicamentos comenzó a fallar en 2016 y desaparecieron casi totalmente de las farmacias de alto costo, tanto las privadas como las del Gobierno, el año pasado.

“Lamentablemente, las quimioterapias que se pueden conseguir son porque los familiares de un paciente que ya falleció donan las que sobraron o quienes pueden comprarlas en el exterior las traen, pero también es difícil porque se requiere la receta y el informe médico”, explica Nancy Cardozo, gerente de Senos Ayuda, que auxilia a mujeres con pocos recursos. Esta enfermedad es la primera causa de muerte de las venezolanas.

Elizabeth no solo requiere los fármacos sino también un gammagrama óseo, un examen especializado para evaluar si la lesión ha pasado a los huesos. La falta del reactivo para hacer esta prueba pone en vilo a más de 55.000 pacientes oncológicos en el país que deben hacerse la misma prueba.

En marzo pasado una encuesta realizada por la ONG Médicos por la Salud, que tomó una muestra que abarca 90% de las camas hospitalarias del país (de 104 hospitales y 33 clínicas privadas), reveló que 90% de los servicios de radioterapia están inoperativos y en el 94% de los centros de salud no se puede hacer siquiera una radiografía. En un 88% de los hospitales faltan medicamentos, una cifra que ha ido aumentando desde 2014, cuando iniciaron este monitoreo y los fármacos faltaban en un 55% de los centros. En el 79% de los hospitales del país falta material quirúrgico y más de la mitad de los pabellones está inoperativo.

 

Early Warning Early Action report on food security and agriculture April – FAO – June 2018

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The Early Warning Early Action (EWEA) report on food security and agriculture is developed by the Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO) through its EWEA. The system aims to translate forecasts and early warnings into anticipatory action.
This report specifically highlights:
HIGH RISK: Yemen (access constraints combined with spikes in conflict threaten to precipitate an already large-scale humanitarian crisis), South Sudan (early lean season induced by conflict-related disruptions), Democratic Republic of Congo (intensification and spread of conflict to other regions), Sahel (difficult pastoral lean season due to drought impacting food security outcomes), Bangladesh and Myanmar (refugee crisis compounded by the upcoming monsoon season), Ethiopia (erratic long rains forecast potentially affecting meher season), Venezuela (hyperinflation and a declining economy to affect food security)
ON WATCH: Somalia (despite near-average Gu rains forecast, insecurity and flood risks could further exacerbate food insecurity), Nigeria (northeast) (lean season to exacerbate impact of civil conflict on food security), Syria (fighting to aggravate the food security situation in eastern Ghouta and in the northwest), Afghanistan (prolonged dry spells, conflict and cross-border movements), Southen Africa region (dry conditions threatening cereal production prospects), Central African republic (further spread of conflict leading to continued displacement), Sudan (localized dry spells and increased economic fragility), Mongolia (continued impact of localized dzud), Africa fall armyworm (further spread to Egypt and Libya)

“Sin cambio político no habrá cambio económico” por Marta Martínez – Deia – 29 de Mayo 2018

El economista José Manuel Puente participa hoy a las 19.30 en la mesa redonda ‘Solidaridad con Venezuela’ que organiza la Fundación Sabino Arana

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BILBAO- El economista venezolano José Manuel Puente, profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración y de la Universidad de Oxford, cree que su país tiene potencial para revertir el ciclo de “desastre económico”, pero que para ello es necesario “un cambio político”.

¿Cuál es su diagnóstico sobre la economía venezolana?

-En los últimos cuarenta años, Venezuela había tenido uno o dos años malos, periodos de crisis, una economía muy volátil, pero la primera vez en la historia de Venezuela que hay cuatro años de recesión es ahora, cuando se habrán perdido cerca de 35 puntos del PIB, un tercio del Producto Interno Bruto ha desaparecido como consecuencia de la gran crisis económica. Es la crisis económica más aguda que haya vivido un país latinoamericano en los últimos cuarenta años, muy superior a Bolivia durante la hiperinflación, incluso muy superior a la crisis del corralito en Argentina. El país se está colapsando a consecuencia de un modelo de desarrollo completamente equivocado.

¿Qué impacto tienen estas cifras en la sociedad? ¿Cómo se ha transformado el país en los últimos cuatro años?

-Hay varias consecuencias, una muy clara, que es el empobrecimiento de la sociedad. En el país hay un 87% de pobreza. Sobre todo los cincos últimos años ha habido ciclos recesivos muy agudos, alta inflación y ahora hiperinflación, que se calcula que podría estar sobre los 13.000%. Es una destrucción de riqueza abrumadora y eso se combina también con algo que tiene consecuencias muy negativas, que es el desabastecimiento.

Sobre el desabastecimiento en Venezuela se ha escrito mucho, pero ¿dónde está el origen?

-Nosotros creemos que este colapso macroeconómico es consecuencia de una política económica equivocada, que se podría resumir en cuatro o cinco líneas: controles de cambio, controles de precio, controles de tasas de interés, control del mercado laboral y las famosísimas expropiaciones. La revolución, en los últimos años, ha expropiado más de 300 empresas. Las expropiaciones lo que hicieron fue alejar toda posibilidad de inversión privada nacional o internacional. Venezuela no es un país quebrado, Venezuela es un país muy mal manejado económicamente.

¿Qué diferencias hay, desde el punto de vista de económico, entre el gobierno de Chávez y el de Maduro, teniendo en cuenta que los peores han sido los últimos cuatro años?

-Los huracanes que vive hoy la economía venezolana son los vientos que sembró Hugo Chávez a partir de 1999. El gran nacionalizador, el gran expropiador fue Hugo Chávez. La bomba le ha estallado a Nicolás Maduro en la cara, que no sabe cómo revertir el ciclo de desastre macroeconómico.

¿Tiene Venezuela margen para salir de la crisis?

-Yo creo que sí. Primero un apunte importante. Este colapso macroeconómico se da después del choque petrolero más grande en duración e intensidad de la historia de Venezuela. Los precios del petróleo fueron muy altos, sobre todo de 2004 a 2014. Para dar un número: entre 1999 y 2017, a Venezuela le ingresaron solo por petróleo 937.000 millones de dólares. El colapso, la crisis económica más aguda que vive Venezuela se da después del choque petrolero más grande, del cañonazo de petrodólares más grande que ha habido en la historia, y eso lo hace paradójico. Esto dice que ha sido el mal manejo macroeconómico el que ha llevado al país de mayor potencial de América Latina al colapso. Pero Venezuela sigue siendo una de las economías de mayor potencial económico del continente. Una de las razones es que Venezuela tiene las reservas petroleras más grandes del mundo, el 25% del petróleo del mundo está en Venezuela. El oro negro no es éxito, pero da potencialidad. El tema es que no hemos sabido cómo manejarlo.

¿Cómo tendría que ser un buen manejo?

-El petróleo te puede generar en un año de precios altos hasta 90.000 millones de dólares y con eso puedes generar la infraestructura física para el desarrollo del aparato productivo nacional, puedes transformar el sistema de salud pública, la educación pública. Puedes hacer cosas maravillosas si tienes el liderazgo y tienes las ideas. La mayoría de las economías latinoamericanas han vivido en los últimos veinte años un proceso de reinvención, de transformación. Chile ya está más cerca del primer mundo que del tercero, Perú está caminando a paso rápido, incluso Bolivia, siendo una economía muy pequeña, se ha reinventado. Venezuela no tiene que inventar nada, solo ver lo que ha hecho el resto de América Latina, que viene de periodos de hiperinflación, recesión. Venezuela necesita un programa de reformas integrales que ataque los desequilibrios y que haga que el país recupere crecimiento paulatino, control de la inflación y que genere abastecimiento. El petróleo puede ayudar a encender otros motores de crecimiento.

Entiendo que para que se den esos cambios, el chavismo debería dejar el poder.

-Venezuela tiene una sola oportunidad, sin cambio político no habrá cambio económico. Nicolás Maduro y la Revolución bolivariana no puede ni quiere cambiar.

Venezuela: las trampas del hambre en jornada electoral por Francesco Manetto – El País – 29 de Mayo 2018

El desastre económico del país mantiene bajo el yugo a la población. Mientras, el régimen teje fidelidades ante las elecciones presidenciales

El Portugués mide las palabras y evita los aspavientos delante de los clientes. Luce un cuidado bigote con canas y entremezcla los recuerdos con la indignación detrás del mostrador de El Chamo, la carnicería que regenta desde hace décadas en Petare, el barrio popular más grande de Caracas. El Portugués vende, o vendía, solomillos, chorizos y morcillas. José Florentino, este es su verdadero nombre, que pocos conocen, rememora los sucesos del Caracazo, el sangriento estallido social que partió en dos el destino de Venezuela. Se originó en 1989 tras una fuerte subida de precios, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, y sectores del chavismo lo reivindican hoy como premisa de la llamada revolución bolivariana.

“A mí me agarró aquí y me saquearon, pero entonces era fácil porque todo era más barato. La gente ya no hace mercado”. Tras las impresiones de este comerciante, a punto de cumplir 60 años, hay dos realidades en torno a las que existe consenso incluso más allá de las posiciones políticas. Primero, la situación de la gran mayoría de la población, su odisea cotidiana para sobrevivir, nunca había sido tan insostenible. Segundo, la escasez y el yugo de los precios han tejido tramas de fidelidades que atan a los ciudadanos a las autoridades a través de las bolsas de comida y los subsidios y, al mismo tiempo, fomentan negocios informales o directamente al margen de la ley. El kilo de carne se disparó hace semanas por encima de los dos millones de bolívares, la moneda local, y llegó a rozar el salario mínimo integral, fijado en 2,5 millones. Menos de tres dólares al cambio no oficial (2,6 euros).

Hablar de costes hoy en un barrio de Caracas se ha convertido en una especie de quiniela. Los precios aumentan en cuestión de días, a veces horas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un incremento del 1.800.000% en dos años, un drama superado en este siglo solo por Zimbabue. Y mientras el desastre económico se consolida, el régimen de Nicolás Maduro busca fortalecerse en unas elecciones presidenciales convocadas con unas reglas del juego que, según las fuerzas mayoritarias de la oposición, favorecen al Gobierno y suponen un mero trámite. Algo más de 20 millones de venezolanos se debaten entre votar y no acudir a las urnas por falta de garantías como piden las principales formaciones críticas con el chavismo.

“Voy a votar porque es un deber. Un buen ciudadano debe votar”, dice Carmen Holguín, costurera de 55 años, mientras espera el autobús en una larga cola que serpentea en una esquina del sector de Catia, una de las zonas más fieles a la memoria del expresidente Hugo Chávez. “Espero un cambio que sea bueno para todos porque estamos viviendo muy mal. No alcanza el dinero para nada. Cada día suben los precios”, se lamenta. Aunque no confiesa su voto, se intuye su simpatía por Henri Falcón, el representante opositor con más peso en estos comicios. William José y Víctor Valera, transportistas, muestran su desencanto con la política, pero tienen posturas distintas. “No voy a votar, ya me cansé en 2003. Ni por uno ni por otro”, asegura el primero, mientras el segundo está dispuesto a dar su apoyo a Falcón, quien se alejó de los postulados de la revolución bolivariana en 2010. “Lo más seguro es que me lance y vaya a votar. Pienso que ese hombre tiene unas ideas muy claras. Pero la política tiene mil caras”, opina sobre las sospechas de que haya pactado con Maduro un puesto en su Gobierno.

No obstante, las elecciones y su resultado, más que previsible, no son lo que más interesa en las calles de Caracas, en los mercados, en los barrios humildes y en los municipios opositores como Chacao. Con la salvedad de los chavistas ortodoxos, los caraqueños están mucho más preocupados por la seguridad —en 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, según el Observatorio Venezolano de Violencia—, por el colapso de los servicios públicos y un modelo productivo extractivista, por la caída de PDVSA, la petrolera estatal, el desabastecimiento y el aislamiento internacional. Cientos de miles de personas huyeron en los últimos meses a la vecina Colombia en busca de oportunidades.

Dar con alguien con ganas de desahogarse no es difícil. Más complicado es superar la desconfianza inicial, relacionada con el control que ejercen sobre la población las autoridades. La advertencia es habitual: cuidado con los colectivos motorizados, los grupos de choque del chavismo. Junior Moral, de 33 años, está a vueltas con unas cuentas en un establecimiento vacío. En el mostrador, un puñado de empanadas. “Una cuesta ya 200.000 bolívares. Un desayuno, tres empanadas y un jugo serían 800.000 bolívares. Si comes dos días ya prácticamente se te murió el sueldo. ¿Con qué sobrevivimos los otros 29 días? Cada día, cada hora, cada segundo la situación se hace más difícil”, describe. Moral no votará a pesar del hartazgo. O, en realidad, precisamente por el hartazgo. “Si de verdad saliera la gente a votar, yo creo que podríamos ganar, pero como todo está comprado, no va a pasar. Creo que hace cinco años ganó Henrique Capriles”, afirma sobre las elecciones de 2013.

A pocos metros, la discusión en un puesto de plátanos gira en torno a la mala calidad de los servicios y de las misiones, los proyectos sociales de barrio impulsados por Chávez con el apoyo del Gobierno cubano. “¿Qué queremos nosotros de Maduro? Que haga como Chávez, que corte por arriba, no por abajo”, resume Gladys Contreras, de 46 años, enferma y desempleada en un sistema que el año pasado superó el 27% de paro, según el FMI. “Tengo el carnet de la patria y del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela] y yo era de las que me ponía a pelear con cualquiera. Pero no voy a votar. Por ninguno, no tiene sentido porque esto ya está arreglado”, continúa.

El carnet de la patria

El llamado carnet de la patria es un documento con el que el chavismo trata de asegurarse el apoyo de las clases populares. En el país circulan más de 16 millones. Permite acceder a bonos y servicios y, aunque sobre el papel no sirva para tener una atención preferente en la recepción de las cajas periódicas de alimentos, es un instrumento utilizado para medir la fidelidad al régimen.

En Petare, Pedro Key, jubilado de 65 años, y Romina Oporte, educadora de 34, se encargan de repartir esa bolsa a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP). Esto es, una ayuda introducida por Maduro en 2016 que, como ha denunciado en repetidas ocasiones la oposición, es la base de las redes clientelares. Cada caja contiene algunos paquetes de pasta, harina, leche, sal, arroz, azúcar, aceite, atún, tomate y mayonesa… “Soy uno de los que lleva los beneficios a una parte de la población”, explica Key, veterano militante chavista. Cada mes, en el mejor de los casos, coordina la distribución de esos productos a 503 familias de la comunidad.

A pesar de su entrega absoluta a la causa, también transmite perplejidad sobre la situación. “Maduro dice que después, el 21, las cosas van a cambiar. Ojalá sea verdad. Él tiene que mejorar la economía, llevamos cinco años aguantando esto”, explica sobre lo que califica de “guerra económica”. “Los países que hoy tenemos un poco de revolución somos los más atacados en el planeta”, continúa. “Hay una larga tarea, hay que levantar el país”, tercia Romina Oporte. Mientras tanto, la trampa del hambre sigue siendo el principal recurso que permite al chavismo perpetuarse en el poder.

Asalto a la cotidianidad – Editorial Revista SIC – Mayo 2018

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Cualquiera que con ojos externos llega a nuestro país se pregunta: ¿Cómo hace la gente para sobrevivir? La situación es tan caótica que la pregunta cobra una absoluta pertinencia. Sobrevivir en este valle de lágrimas llamado Venezuela es un milagro. No hay condiciones objetivas para semejante proeza. El venezolano de a pie cada día, desde sí, tiene que poner el piso para crear las mínimas condiciones que le garanticen un día más. Vive al día, no hay otra manera de estar. La incertidumbre no es solo existencial, política, económica, social, es sobre todo, biológica: vida o muerte.

La crisis ha quebrado la mínima regularidad de la cotidianidad. En un barrio cualquiera, el día puede transcurrir así: José se levanta, va al baño y no hay agua; se puede llegar a estar hasta 20 días sin agua. Hace sus necesidades fisiológicas y no hay papel; o porque no se consigue o porque es muy caro y no lo ha podido comprar. Si tiene suerte con el agua, debe administrar muy bien el jabón, al punto que, por los costos, va guardando las cascaritas de jabón para después juntarlas y hacer nuevos jabones. Algo parecido pasa con el dentífrico, al final se rompe para extraer el mínimo de crema dental. Si se va a afeitar, lo hace a secas porque la espuma es un lujo. La afeitadora “desechable”, la cuida para prolongarle al máximo la vida útil. Sale del baño y va a la cocina, tal vez no tenga qué desayunar y, además, junto a su esposa, ante la insostenible y escandalosa hiperinflación, han decidido suprimir el desayuno, y en la medida que crece la hiperinflación irán viendo como reajustan los ritmos de comida hasta quedarse con una sola al día o, tal vez, espaciar aún más su dieta personal para priorizar a sus hijos.

Literalmente: quitarse el pan de la boca para que sus hijos coman. José trabaja en un comercio al otro lado de la ciudad y por su antigüedad gana algo más de un salario mínimo. Por falta de un sistema de transporte público que funcione adecuadamente, para llegar a tiempo a su trabajo sale de su casa a las 5 de la madrugada. La flota del transporte público ha disminuido o porque no hay repuestos o porque los propietarios no tienen el poder de compra para reponer y rehabilitar los vehículos averiados. Mientras, el Gobierno habla de guerra económica y sabotaje por parte de los conductores. En consecuencia, José tiene que recorrer 3 km caminando hasta llegar a la parada de los jeepses. No lo hace solo, varios vecinos se juntan para cuidarse entre sí y protegerse de la delincuencia que, ante la desprotección e impunidad por parte del Estado, roban celulares y, también, en ocasiones, loncheras. Una vez que llega a la parada debe esperar entre 30 minutos y 2 horas para montarse en el jeep que lo trasladará al metro. Ante la reducción de la flota del transporte por avería de los vehículos, han comenzado a aparecer camiones que hacen el servicio de transporte público. Las imágenes son dramáticas, la gente va como mercancía y los costos del pasaje son altísimos.

María, la esposa de José, es empleada doméstica. Se ocupaba de hacer servicio de planchado en casas particulares de algunas familias del este de Caracas. Ya no trabaja a diario como lo hacía antes, esto, por dos razones: la primera porque las cuatro familias donde hacía su servicio doméstico de planchar, se fueron del país y perdió su fuente de trabajo. Ahora hace servicio en el barrio, pero la paga no es la misma, a veces plancha por un plato de comida que guarda en un perolito para llevarlo a casa y compartirlo con su familia. La segunda, debido a la crisis de movilidad urbana y la falta de efectivo está prácticamente confinada a su sector. Hace poco se reunieron en familia para organizarse, pues ante la falta de efectivo y la hiperinflación, no le dan los números en sus finanzas para correr con los gastos del pasaje de todos. Ahora, los niños que antes tenían transporte particular, van a la escuela a pie. Para llegar tienen que caminar alrededor de 3 Km, y lo hacen, sobre todo, porque en la escuela funciona un comedor y pueden comer, de lo contrario desertarían de la escuela. María y José no tienen cómo sustentar el hogar, lo que ambos ganan, no les alcanza ni para medio comer; sus hijos, como niños que son, juegan futbol con sus zapatos, pero María y José no tienen como vestir a sus hijos porque un par de zapatos, de baja calidad, vale en el mercado más de diez salarios mínimos.

Bueno, el regreso a casa, después de la jornada de trabajo es otra odisea. Todos andan desesperados por llegar. En la boca del suburbio, donde se hace la cola (fila) del transporte público, hay unos tales fiscales (informales que hacen de intermediarios ente el conductor y el pasajero), que controlan y organizan discrecionalmente el acceso a las unidades de transporte e imponen, según su criterio, el costo del pasaje. Los costos del pasaje, impuestos por estos irregulares, son insostenibles para la economía familiar. José, se ha organizado con otros vecinos, para juntarse a una hora determinada y subir a pie, tres veces por semana, desde la boca del suburbio a la punta del cerro donde vive. Llega extenuado a su casa, con el estómago vacío, rezando para que haya electricidad y no encontrar su calle y su casa a oscuras. Este año, los apagones han sido el pan nuestro de cada día a lo largo y ancho del país. Muchas de las protestas han tenido como tema la electricidad, el agua y la salud. María, su mujer, lo recibe y le sirve una arepa. Le comenta que a la vecina, quien tiene su hijo en Chile, le llegó la primera remesa y gracias a eso pudo comprar unas harinas y, para celebrar la buena nueva, por agradecimiento y solidaridad les regaló unas arepas. Conversan un rato. María le cuenta que hoy fue a comprar la bolsa de comida del clap y pasó 4 horas esperando pero regresó sin nada, al final no la vendieron porque al parecer llegaron incompletas y la gente protestó por el abuso, tal vez mañana la vendan. María le comenta a José que su hermano Juan se va del país la próxima semana, porque no consigue el tratamiento para su hijo que convulsiona. José se inquieta y piensa, “varios de mis amigos del trabajo han renunciado esta semana porque también se van. Yo también lo estoy pensando. Los medicamentos de mi vieja no se consiguen, y esto que estamos viviendo no es vida, pero no es fácil empezar de nuevo”.

Y es que los más amenazados y vulnerables en medio de esta situación son los enfermos crónicos, especialmente los niños, ancianos y enfermos psiquiátricos, quienes en medio de esta situación se han visto obligados a tomar ellos mismos las calles con la consigna “no queremos morir”. Recientemente, las madres de los niños que padecen de cáncer salieron a la calle junto con sus hijos, para exigir un trato digno y respeto a la vida; ellos, quienes deberían estar protegidos por las instituciones públicas. Sus familiares emigran para, con el auxilio de las remesas, poder acceder a los medicamentos y sostener su tratamiento. Mientras, el Gobierno, inescrupulosamente, se empeña en negar la ayuda humanitaria afirmando, desde su ideología, que en Venezuela la gente vive en el mejor de los mundos.

Hungry, sick and increasingly desperate, thousands of Venezuelans are pouring into Colombia by Chris Kraul – Los Angeles Times – 13 de Mayo 2018

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For evidence that the Venezuelan migrant crisis is overwhelming this Colombian border city, look no further than its largest hospital.

The emergency room designed to serve 75 patients is likely to be crammed with 125 or more. Typically, two-thirds are impoverished Venezuelans with broken bones, infections, trauma injuries — and no insurance and little cash.

“I’m here for medicine I take every three months or I die,” said Cesar Andrade, a 51-year-old retired army sergeant from Caracas. He had come to Cucuta’s Erasmo Meoz University Hospital for anti-malaria medication he can’t get in Venezuela. “I’m starting a new life in Colombia. The crisis back home has forced me to do it.”

The huge increase in Venezuelan migrants fleeing their country’s economic crisis, failing healthcare system and repressive government is affecting the Cucuta metropolitan area more than any other in Colombia. It’s where 80% of all exiting Venezuelans headed for Colombia enter as foreigners.

Despite turning away Venezuelans with cancer or chronic diseases, the hospital treated 1,200 migrant emergency patients last month, up from the handful of patients, mostly traffic collision victims, in March 2015, before the Venezuelan exodus started gathering steam. Leer más de esta entrada

La escasez de medicinas mata en Venezuela por Alvaro Fuente – El País – 9 de Mayo 2018

El desabastecimiento en farmacias y hospitales pone en peligro la vida de miles de enfermos crónicos y trasplantados

1524502559_810295_1524610014_sumarioapoyo_normal_recorte1.jpgEn el entorno de la farmacia situada cerca de la plaza Francia, en Caracas, hay alboroto desde primera hora de la mañana. Se ha corrido el rumor de que habrían recibido una remesa con diversos medicamentos. Pero no ha sido así. Al abrir las puertas de la botica los primeros clientes se vuelven a encontrar el panorama desolador de los últimos meses: sus estantes siguen casi vacíos provocando la irritación de una cincuentena de personas que esperaban en la calle. Un hombre de mediana edad no disimula su frustración: “¡Estamos pagando la crisis con nuestras vidas!”, exclama indignado.

Buscar medicinas en Venezuela se ha vuelto una tarea compleja e inasequible. Farmacias, consultorios y hospitales están desprovistos de la mayoría de los fármacos necesarios para los enfermos. “Apenas tenemos que vender porque no hay materia prima con la que los laboratorios venezolanos puedan fabricar los medicamentos que demanda la población. Entiendo la ira de esta gente ya que las consecuencias son dramáticas, los enfermos corren demasiados riesgos, sufren de manera innecesaria”, asegura Carlos, dependiente de la farmacia.

Sin recursos por el desplome del precio del petróleo desde 2014, a Venezuela se le suma una crisis sanitaria por la falta de materiales en los hospitales y una alarmante escasez de medicamentos que ha provocado un aumento en la mortalidad infantil y materna, además de un repunte en los casos de enfermedades infecciosas y víricas como la malaria —con 175.000 casos confirmados en el estado Bolívar— o la difteria, según indica el Boletín epidemiológico que el Ministerio para la Salud de Venezuela publicó hace unos meses con las estadísticas del año 2016, después de tres años en silencio. Un documento que ha convulsionado uno de los pilares que sostenía el orgullo de la llamada revolución bolivariana: la calidad y la amplitud de la asistencia social y sanitaria. Leer más de esta entrada

Desastre en Venezuela – Editorial El País – 6 de Mayo 2018

La nefasta gestión del chavismo ha llevado al país a una situación límite

Venezuela se encamina hacia unas elecciones presidenciales adelantadas por Nicolás Maduro para el próximo 20 de mayo en un clima de destrucción institucional y crisis humanitaria de la que es únicamente responsable el régimen chavista.

Para organismos e instituciones internacionales, además de para 15 Gobiernos latinoamericanos, la Unión Europea y Estados Unidos, estas elecciones no tienen la más mínima credibilidad. No existen garantías de transparencia ni de igualdad de condiciones. No hay seguridad alguna sobre el recuento y se producen mientras decenas de destacados opositores permanecen encarcelados o bajo arresto domiciliario. Se trata de unos comicios diseñados exclusivamente para perpetuar a Nicolás Maduro y la élite instalada en el poder por el chavismo.

Pero esta votación es el perfecto ejemplo de lo que está sucediendo en Venezuela, un país hundido hasta límites inconcebibles hace pocos años. Mientras, sus gobernantes, en vez de asumir su responsabilidad, lo ponen como ejemplo ante el mundo en una continua huida dialéctica hacia adelante.

No hay prácticamente ningún aspecto de la vida cotidiana venezolana que no haya experimentado una drástica degradación bajo la gestión de Nicolás Maduro y su equipo. Por ejemplo, el notable aumento de la mortalidad femenina durante el parto y de la mortalidad infantil desmontan de forma inapelable los triunfalistas discursos del oficialismo sobre iniciativas en este campo. La falta de alimentos y productos básicos en un país en el que jamás hubo escasez no tiene más culpables que la ineptitud de unos gestores que actúan como si las palabras sirvieran para ocultar la realidad.

El oficialismo siempre encuentra algún enemigo —preferiblemente del exterior— a quien culpar de su propia incapacidad. Y los ataques no son únicamente contra Estados Unidos, la UE y España. Ningún país se libra, como le ocurrió sorprendentemente a Portugal durante la pasada Navidad, cuando el régimen acusó a Lisboa de retener partidas de pernil, tradicionalmente consumido en esas fechas y que —al igual que miles de productos— no estaba en los mercados. A la gestión chavista le sobra demagogia y le faltan conocimientos técnicos.

Maduro repite insistentemente que a él lo único que le importa es la opinión del pueblo venezolano y que este podrá expresarse en las elecciones. Pero hay millones de sus compatriotas que no podrán hacerlo. La miseria, la persecución política o los niveles intolerables de delincuencia han hecho que millones de venezolanos se vean obligados a abandonar su país. Se trata de un verdadero éxodo.

Según la Oficina Internacional de Migraciones (OIM), un organismo de Naciones Unidas, más de 1,3 millones de venezolanos han dejado el país definitivamente en los últimos dos años. Otras estimaciones, basadas en encuestas en el interior de Venezuela, elevan la cifra a tres millones. Como ejemplo baste decir que el mayor número de peticiones de asilo político que recibe España provienen de Venezuela. Maduro anima a votar y sus compatriotas están votando con los pies.

 

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