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Venezuela’s PDVSA touts gasoline delivery to fuel-starved OPEC nation – Oil & Companies News – 2 de Enero 2020

With an emoji of a flexing bicep, Venezuelan state oil company Petróleos de Venezuela, S.A., or PDVSA, on Tuesday celebrated what was once a routine task in the OPEC nation: delivering gasoline.

Acute gasoline shortages in much of Venezuela’s interior have in recent days reached the capital Caracas, which has been largely insulated from the service station queues and rolling blackouts plaguing the rest of the country.

While intermittent fuel shortages have long troubled Venezuelans, days-long waits for gasoline became routine this year. U.S. sanctions, intended to force out socialist President Nicolas Maduro, have made importing fuel more costly and complicated, while refineries are largely shut due to underinvestment.

PDVSA has not commented on the recent wave of shortages, which have added to the daily frustrations in a country suffering from hyperinflation and a sixth straight year of recession.

But on Tuesday, the company sent six tweets touting fuel deliveries in various parts of the South American country.

“That’s how to end the year,” the company tweeted, using a bicep emoji, alongside a picture of a fuel truck filling up in eastern Anzoategui state, one of the country’s largest crude-producing regions.

Earlier this month, in El Tigre in central Anzoategui, where the first successful oil well in the region was drilled in the 1930s, lines of more than 200 cars waited at the city’s handful of service stations, which were all closed, to hold their spot for when the next fuel truck arrived.

“It is hard to believe that in our country, which is rich in oil, there is no gasoline,” said Daniel Guevara, a 33-year-old farmhand at a nearby ranch who arrived at 4 a.m. to line up at a PDVSA gas station.

Shortages grew after fuel imports fell to 135,000 barrels-per-day (bpd) in November from 210,000 bpd in October, according to Refinitiv Eikon tanker tracking data and internal PDVSA documents.

Hecho en socialismo: en 2019 tasa de suicidios rompió récord en Venezuela por Sabrina Martín – PanamPost – 2 de Enero 2019

El alza es entre 140 y 180%, producto de la incertidumbre y de la desesperanza en la cual está sumida la población venezolana.

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia informó que «nunca se había alcanzado una tasa de suicidios como la de la actualidad». (EFE)

La tasa de suicidios rompió récord en Venezuela aumentando los últimos tres años y ubicando las cifras en 9 y 10 por cada 100 000 habitantes.

Antes del chavismo, el suicidio representaba entre 4 y 5 personas por cada 100 000 habitantes en Venezuela. Pese a la bonanza petrolera, aumentó entre 8 y 9 suicidios, pero a partir del 2015 los suicidios se dispararon. La tasa se cuadriplicó en los últimos 15 años, convirtiéndose en un fenómeno social.

OVV@ovv_violencia

La tasa de suicidios en Venezuela se ubica entre 9 y 10 suicidios por cada 100 mil habitantes. En el histórico de estadísticas conocidas, nunca se había alcanzado las tasas actuales.

Entre 2014 y 2018, esta tasa se ha triplicado. https://bit.ly/2Q2HSH8 

Informe Anual de Violencia 2019

Según estudios e investigaciones, en Venezuela se ha consolidado lo que se puede considerarse la mayor crisis social en la historia de Suramérica.

observatoriodeviolencia.org.ve

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia informó que «nunca se había alcanzado una tasa de suicidios como la de la actualidad».

«En Venezuela ha aumentado la tasa de suicidios entre 2015 y principios de 2019 (…) El alza es entre 140 y 180%, producto de la incertidumbre y de la desesperanza en la cual está sumida la población venezolana», indicó el sociólogo.

OVV@ovv_violencia

La tasa de suicidios en el estado se ubica alrededor de 21,7 suicidios por cada cien mil habitantes. La más alta del país, y que representa un incremento por el orden de 80% entre los años 2014 y 2018.

La nueva cifra significa un aumento importante en comparación con la tasa de 2012 en Venezuela, cuando era de 4 por cada 100 mil habitantes.

Venezuela, la nación que según estudios fue en algún momento considerada el “país más feliz del mundo”, pasó a ser el país de las muertes, de la tristeza, la emigración y los suicidios.

Fermín Mármol García, abogado criminalista, señaló a PanAm Post que Venezuela no es un país que se ha caracterizado por la ocurrencia de suicidios, sin embargo, la situación país es un factor influyente a la hora de tomar esta drástica decisión.

Mármol explicó que algunas de las principales causas para el suicidio entre los venezolanos incluyen la ruptura de familias con el aumento de la diáspora, la pérdida de los sueños y la calidad de vida, la escasez de alimentos y medicamentos; y hasta la injusticia e impunidad.

“La diáspora, por ejemplo, esa cultura de emigrar, del rompimiento de la familia, del aislamiento de nuestros vínculos sentimentales, no era parte de la cultura del venezolano y eso ha causado altas presiones psicoemocionales. Además, ahora transitamos por un camino de hiperinflación que también es un factor determinante en la presión psicoemocional”, señaló.

Para el especialista, otro factor influyente es la pérdida de sueños e ilusiones al resquebrajarse la calidad de vida:

El venezolano, al perder la calidad de vida, al perder la estructura sentimental de la familia, pierde también parte de la magia de soñar y cuando uno pierde eso, empieza a tener una conducta conformista que se aleja del progreso y eso también influye en la parte emotiva.

Luis Francisco Cabezas, director general de la ONG Convite, señaló a PanAm Post que las depresiones no solo se dan por situaciones dramáticas, sino también por un tema bioquímico que debe ser tratado con medicamentos, y que al no haber antidepresivos la situación se complica en los pacientes que los ameritan.

El especialista alertó que la población con trastornos mentales es la más propensa a tomar la decisión de quitarse la vida y sin embargo de 12 fármacos comúnmente recetados para atender esta condición, sólo tres están disponibles en el país suramericano.

«Comienzan a bajar las dosis y a estirar la cajita de pastillas, y los fármacos no funcionan de esa manera. Al bajar las dosis, es una de las causas por las que la gente empieza a pensar ideas de suicidio», explicó.

Como en Cuba

El régimen de Nicolás Maduro encontró la manera de materializar el socialismo en Venezuela, tal y como Fidel Castro lo hizo en Cuba, a tal punto que en la isla, tras las precarieades, el suicidio pasó de ser un tema tabú a una especie de “tradición”. La tasa es de aproximadamente 19,3 personas por cada 100 000 habitantes.

Hasta 2017, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Cuba es el segundo país de América Latina que más casos de depresión sufre después de Brasil. En la Isla, cerca de 10 mil personas se suicidaron en los últimos 5 años.

Según el portal CiberCuba, desde que llegó Fidel Castro al poder, los suicidios de personas comunes fueron invisibilizados por la prensa cubana, pues están “radicalmente prohibidas las necrológicas desagradables” por supuestamente causar “un malestar adicional en la población”.

“La Revolución ha propiciado el arraigo de la inercia individual y social, la hostilidad constante hacia los desafectos políticos, y la carencia de confianza en el futuro, razones que casi siempre desembocan en tragedia. Con frecuencia ocurren suicidios en las cárceles e instituciones mentales cubanas, por la desatención y la no vigilancia de suicidas potenciales”, señala el portal digital.

Esta es la razón por la que no hay gasolina en el país por Desiree Parra – El Nacional – 28 de Diciembre 2019

El régimen de Nicolás Maduro envía 137.000 barriles de gasolina y más de 200.000 barriles refinados a Cuba. Entre noviembre y diciembre, Venezuela importó 6.230.000 barriles de gasolina, sin embargo, se desconoce el paradero de ese  cargamento, dijo el sindicalista

Se ha emplazado a la Asamblea Nacional a suspender el convenio Cuba-Venezuela, pero aún no ha dado respuestas, denunció el secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros, Iván Freites | @SuperMagab

Venezuela está sin gasolina y no hay reservas para abastecer toda la demanda del país, informó Iván Freites, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros.

Esto explica las largas colas en las gasolineras del interior del país. Hay estados como Táchira, Carabobo, Mérida y Zulia en los que los conductores hacen filas durante varios días para cargar el tanque de sus vehículos. La crisis se agrava con el tiempo, aunque en Caracas no se siente.

Freites indicó que el 3 de noviembre se paralizó la única planta catalítica de Amuay que estaba funcionando, la cual producía en el año un promedio de 35.000 a 40.000 barriles diarios de combustible.

«Entonces, ese poquito de producción servía para por lo menos atender el mercado interno», señaló a El Nacional el gremialista.

«Todas las plantas de gasolina están paralizadas, nada más estaba funcionando la planta de catalítica de Amuay. Se paró hace un mes por problemas en unos equipos y la parada se puede alargar entre tres y seis meses», indicó el sindicalista.

Venezuela, importa y regala

«Nosotros estamos importando diariamente entre 100.000 y 150.000 barriles diarios de gasolina a través del trueque. Cambiamos gasolina por crudo a precios muy por debajo de los del mercado internacional», denunció Freites.

El secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros aseguró que, a pesar de obtener combustible por este medio, el país termina pagando el doble de lo que cancelaría en el mercado internacional.

Pero, estas importaciones no van al mercado interno sino al  cubano, como parte del convenio Cuba-Venezuela del chavismo, dijo. Otra parte también se va en el contrabando, lo que agrava aún más la crisis de combustible.

«La semana pasada, el sábado, salió un buque hacia Cuba, el buque Alicia con bandera cubana, salió hacia Cuba con 50.000 barriles de gasolina y 140.000 barriles de gasoil», afirmó Freites.

Barriles fantasmas

Entre noviembre y diciembre, Venezuela recibió una importación por parte de la petrolera rusa Rosneft de 6.230.000 barriles de gasolina, de acuerdo con Freites. Sin embargo, se desconoce el paradero de ese  cargamento.

@IvanRFreites@IvanRFreites

En Noviembre Rosneft trajo a Venezuela 2.730 000 barriles de gasolina,en Diciembre 3.500.000 barriles. Total 6.230.000 barriles.Donde está esa gasolina ?Que dicen los funcionarios de control de @PDVSA? que hacen los diputados de la @AsambleaVE ? Son cómplices todos en el saqueo

Consumo nacional de gasolina

Para el consumo nacional se necesitan por el orden de 100.000 a 120.000 barriles por día de gasolina y aproximadamente 80.000 barriles de gasoil. El país no los está produciendo.

Al respecto, el líder sindical aseguró que han emplazado a la Asamblea Nacional a suspender el convenio Cuba-Venezuela, pero no han recibido una respuesta satisfactoria.

Freites ha informado al Parlamento que este mecanismo vulnera la soberanía venezolana y deja a los ciudadanos sin gasolina, lo que afecta significativamente la movilidad y la producción del país.

El secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros confía en que su denuncia sea escuchada en el hemiciclo.

Venezuela, de la riqueza al hambre por María Yanes – El Nacional – 17 de Diciembre 2019

Nunca, como en estos  veinte años de pesadilla, se han despilfarrado tanto las riquezas que tiene nuestra hermosa Venezuela.

Pudiéramos decir que es el país con mayores riquezas naturales del continente, que van más allá de grandes reservas de petróleo, la más conocida de todas y cuya rentabilidad ha bajado de manera significativa por la desarticulación de la empresa estatal de todos conocida y que fue un puntal a nivel de Latinoamérica y en el mundo. A esto se suman las bondades del Arco Minero, conteniendo en su suelo grandes riquezas como oro, coltán, diamante, cobre, hierro, bauxita y pare usted de contar.

Durante los primeros años de este “gobierno” se manejaron grandes cantidades de dinero producto del alza del precio del barril de petróleo, nunca vista en la historia republicana de Venezuela. Hoy día  vemos con profunda tristeza e impotencia cómo la corrupción y el despilfarro nos convirtió en un país de hambre.

La crisis alimentaria, que se ha profundizado en los últimos cinco años, está causando estragos sobre todo en nuestras poblaciones más vulnerables: los niños, las embarazadas y los ancianos. Algo preocupante en los actuales momentos y que se agudizó de nuevo este año es la desnutrición crónica en sus grados de moderada y severa.

Expertos en el área de nutrición pertenecientes a instituciones reconocidas, como la Fundación Bengoa, han resaltado en sus últimos trabajos que de 30% a 35% de los niños en nuestras comunidades presentan desnutrición crónica. Una situación muy grave por las consecuencias que esto tiene en el desarrollo cognitivo, en la memoria y el aprendizaje, lo que incide de manera directa en la baja escolaridad.

Otro hecho importante es que la desnutrición se ha desplazado a niños menores de 2 años, incluso de 6 meses y hasta en etapa neonatal, lo que ha incrementado la mortalidad en este período de la vida. Esto es producto de que nacen de madres que están igualmente desnutridas y sobre todo de adolescentes que presentan un cuadro severo de anemia. Estudios recientes, también de la Fundación Bengoa, han demostrado que 65% de las mujeres embarazadas en las comunidades tiene anemia.

¿Cómo puede nacer un niño sano, a término, con peso y talla en el rango normal que se espera en la etapa neonatal? El producto de estos embarazos son niños prematuros, de muy bajo peso, con riesgo extremo de morir al nacer. De esto no se escapa otra población vulnerable, como es la correspondiente a las personas de la tercera de edad. En este caso, organizaciones no gubernamentales serias y de gran credibilidad, como Convite, han realizado encuestas a grupos poblacionales en este rango de edad con muestras significativas y a nivel nacional, las cuales han demostrado que 77% de las personas mayores no tiene acceso a suficientes alimentos y 3 de cada 5 se acuestan regularmente con hambre.

En los ancianos, sobre todo en aquellos que pertenecen a los estratos sociales en los que predomina la pobreza, se está viendo una pérdida importante de la masa muscular. Se han convertido en personas muy enflaquecidas y con un cuadro de desnutrición importante, con el inminente riesgo de adquirir enfermedades como la tuberculosis.

La situación en el interior del país es más crítica, sobre todo con el subsidio que da el «gobierno» con las famosas bolsas CLAP, ya que el contenido de estas se ha visto mermado con relación a la cantidad y la calidad de los alimentos.

Puede que haya más abastecimiento de alimentos de manera general, pero el precio dificulta la posibilidad de disponer de ellos, sobre todo en aquellas personas que no reciben este aparente beneficio del régimen relacionado con los CLAP.

La ayuda humanitaria que ha entrado a través de la Cruz Roja Internacional o Unicef relacionada con los suplementos alimenticios no le llega a las poblaciones más necesitadas como a los niños desnutridos, no se ha priorizado este tipo de ayuda. Como se tiene que canalizar a través del “gobierno”, se ha conocido que los reparten en plazas públicas de manera indiscriminada y con fines de proselitismo político.

En Venezuela hay dos realidades: un pequeño porcentaje de ciudadanos, que conocemos, que tiene todas las facilidades a mano; y la inmensa mayoría de la población, más de 80%, que la sufre y que tiene que luchar e ingeniársela para poder sobrevivir cada día que pasa.

¡Oíd, venezolanos!!, por Gustavo J. Villasmil-Prieto – TalCual – 14 de Diciembre 2019

 

“¡Alemanes, salvaos! ¡Salvad vuestras almas negando fe y obediencia a vuestros dominadores que solo en ellos piensan, no en vosotros!”.

Thomas Mann, Oíd, alemanes…Emisión de Nochebuena de 1940

La inusitada frecuencia con la que hemos tenido que asistir a pacientes tuberculosos en mi hospital durante el año que está por concluir me ha hecho tener especialmente presente la obra del gran Thomas Mann, uno de los autores más cercanos a mi espíritu. Mi particular lectura de ese monumento a las letras que es La montaña mágica (1924) me regaló en su día una reflexión sobre el drama humano tras la enfermedad que jamás encontré en los tratados médicos entre los que crecí.

En estos tiempos también he recordado de manera sentida la traducción de los españoles Tobío y Moreno que recoge la transcripción de las famosas manchetas antihitlerianas de Mann transmitidas en su programa radial Oíd, alemanes…, que entre 1940 y 1945 produjo regularmente la BBC de Londres, en alemán, desde el exilio del autor en Estados Unidos.

El Oíd, alemanes… era algo así como el Aló, ciudadano del recordado Don Leopoldo Castillo en la Venezuela de tiempos recientes. En aquellas reflexiones hertzianas, Mann no se guardaba, al tiempo de descargar la más feroz denuncia contra el horror nazi, de expresar sus críticas a una sociedad alemana que dócilmente y sin chistar se sometió a la bota nacionalsocialista.

Notable es el texto de la transmisión correspondiente a la Nochebuena de 1940, en el que el también autor de Muerte en Venecia (1912) y de Los Buddenbrook. Decadencia de una familia (1901) se pasea por el significado profundo que para el pueblo alemán tuvo siempre la Navidad, “la más alemana de todas las fiestas”. La celebración navideña en todo el mundo cristiano está llena de evocaciones germanas, que abarcan desde el arbolito de nuestras casas hasta las más diversas traducciones del Stille nacht, heilige nacht que con fervor entonamos en nuestras Misas de Gallo. Con sentida crítica, Thomas Mann emplaza moralmente a los alemanes que a la medianoche del 25 de diciembre de aquel annus horribilis – el de la blitzkriegextendiéndose hasta Francia y las bombas de la Luftwaffe atormentando cada noche a Londres durante la batalla de Inglaterra- se disponían a sentarse a la mesa para celebrar la cena de Navidad.

A expensas de la destrucción de la economía alemana, de su inmensa y rica cultura y del luto de millones de familias de bien, la locura hitleriana apretaba su marcha mientras los sufridos alemanes ponían pobres regalos para sus hijos bajo el iluminado árbol de Navidad llorando la absurda muerte en algún frente del padre, esposo o hijo. Con notoria angustia se dirige Thomas Mann desde su exilio a sus resignados compatriotas en tan señalada fecha: “¡Alemanes, salvaos! ¡Salvad vuestras almas negando fe y obediencia a vuestros dominadores que solo en ellos piensan, no en vosotros!”. Pero incluso al culto pueblo alemán terminó aceptando el “bozal de arepa” – su arepaschnautze, si se me permite una muy liberal traducción a partir de mi escasísimo alemán de aeropuerto- ofrecido por el nacionalsocialismo. Ni más ni menos que como ocurre en Venezuela.

Dinero a raudales circula hoy por las calles del este de Caracas. En Las Mercedes, pinos canadienses se expenden por 200 dólares o más; increíblemente, en la Venezuela del 20 por ciento de sus ciudadanos en franca desnutrición, ¡hay quien los compre! Los restaurantes situados al norte de la plaza Altamira están permanentemente congestionados, en tanto que unos metros más abajo, en la esquina sur de la misma, familias enteras hurgan entre la basura en procura de algunas sobras que comer.

En el este de Caracas, las riveras del Guaire se llenan de lucecitas bajo las que una miríada de seres subterráneos buscan entre los detritus que acarrean sus aguas fecales alguna cosa de valor canjeable por unos pocos bolívares. Los colegios privados disponen de costosos stages, instrumentos y equipos de sonido profesional para que niñatos sin formación musical alguna mancillen el noble género de la gaita de mi Zulia natal en costosos “festivales” y ante la mirada perpleja de maestros y bedeles que no saben cómo llegar a fin de mes.

En la Venezuela de la “burbuja”, sus contados habitantes viven la Navidad recorriendo “bodegones” en los que pueden proveerse del más fino género importado pagando en dólares cash aceptados con independencia de su origen y sin la angustia de terminar siendo perseguidos por un régimen con cuya anuencia expresa ya cuentan. Y así por el estilo. Estos bubble citizens –llamémosles así- pueden optar por interesantes paquetes hoteleros en Caracas o el exterior, ofertas de cruceros de Año Nuevo por el Caribe o los fiordos de Noruega y, dado el caso, por la más sofisticada atención médica, como la ofrecida en cierto hospital de San Diego en el que, según la cuña de radio que lo anuncia, una especie de efecto mágico comienza a obrar tan pronto el paciente ponga un pie en la sunny California.

Todo ello previo pago de fees solo al alcance de quien posea una póliza de seguro internacional, claro está. Porque cosas como esa no son para “limpios” de solemnidad.

Y no se crea que a los menos favorecidos dejará de tocarles lo suyo. En absoluto. En mi hospital, a los obreros los llamaron por lista para entregarles personalmente su cajita CLAP, mientras que algunos con mejor disponibilidad de fondos se dispusieron a repartir y recibir pescozones entre la multitud volcada en centros comerciales en ocasión del Black Friday. ¡Y feliz Navidad! ¡Hasta los peloteros de la MBL serán autorizados para hacer swing en los campos de Venezuela pese al apretado paquete de sanciones de la Casa Blanca! Panem et circenses, como escribió el poeta Juvenal.

Habrá, pues, fiesta para todos: para unos con güisqui “mayor de edad”; para otros –de lejos, los más- con algún “lavagallo” de bastante menor categoría. Cada quien tendrá su propia “burbuja” dentro de la cual ponerse a vivir mientras la tragedia nacional venezolana se profundiza fuera de ella. Medio millón de venezolanos vieron pasar un año más figurando en listas de espera quirúrgica en hospitales públicos que nadie se ocupa de mover; seis millones más sobreviven como mejor pueden lejos de casa, muchos padeciendo maltratos indecibles, mientras se las ingenian para mandar unos pocos dólares para que coman los que quedaron atrás.

Vacías de sentido aquellas aguerridas consignas de los años 2002, 2007, 2012, 2013, 2014 y 2017, el venezolano parece haber optado por una vida reducida a su particular “burbuja”. La república nos ha sido sustituida por una confederación de espacios particulares que confluyen solo para lo estrictamente necesario.

Nada resulta más funcional al régimen chavista que el confinamiento de la vida ciudadana a un conjunto de acciones destinadas a la inmediata supervivencia. Un país “excesivamente normal”, como alguna vez lo calificó aquel cínico rasputín de tan ingrata recordación para muchos de nosotros. Los expertos chavistas en operaciones psicológicas lo tienen perfectamente claro: con hambre y con apremios, no habrá voluntad de resistencia que prevalezca. Y con dinero en la calle, incluso tan devaluado, aún menos.

2020 será el año de la definitiva instalación entre nosotros de realidades aún más salvajes que las que hemos visto. En mi Maracaibo natal, el 80 por ciento de las operaciones comerciales se saldan ya en moneda norteamericana, de manera que quien no ingrese dólares no tendrá acceso a lo que necesite, por básico que sea. La definitiva muerte de la sanidad pública venezolana dejará como única opción para quien enferme al hospital privado, siempre y cuando se lo pueda pagar. Alimentos, medicinas, ropa y hasta el desodorante de bolita estarán disponibles, pero para quien los pague en divisas o al cambio del día, sin marco que regule tales transacciones, sin “defensa al consumidor” ni derecho al venezolano “pataleo”.

Sofisticadas instituciones jurídicas como la contratación colectiva en materia laboral dejarán de tener sentido en un país en el que el trabajo, o es informal o está “überizado”. Y todo mientras en los colegios privados entonan las grotescas estrofas de “María la Boyera” y las nuevas clases medio-altas decoran sus casas y apartamentos con santacloses inflables y tarjetas en verde y rojo de las que ponen Christmas Greetings. En Puerto Cabello, un antiguo funcionario chavista pone una tienda de víveres importados y la nombra como las de la famosa cadena norteamericana fundada por el magnate Sam Walton. Y todos contentos. Aquí no pasa nada: porque hasta para los más pobres habrá, aunque sea para que celebren con cerveza y ron barato las doce campanadas de Nochevieja.

¡Oíd, pues, venezolanos! ¡Salvémonos de esta tragedia, compatriotas míos! ¡Saquemos casta para dejar atrás el drama de un país que ha visto marchar ya a una quinta parte de sus hijos mientras clama al cielo por medicinas y alimentos! La anemia espiritual nos mata.

La estolidez de quienes tienen responsabilidades de liderazgo profundiza aún más la terrible sensación de desesperanza que se respira en las calles llenas de venezolanos derrotados buscando cualquier baratija – corriente o cara, según los dictámenes del bolsillo- con que aplacar en algo el dolor cotidiano que les agobia. Que en la Venezuela del dolor se encienda hoy una Navidad cargada de la más profunda espiritualidad en la que no importe la calidad de la vianda que sobre la mesa familiar pueda ponerse esta Nochebuena.

Una Navidad en la que los cristianos conmemoremos una vez más la venida al mundo de Dios humanado acaecida en medio de la mayor de las modestias, allá en Belén de Judá, en la periferia profunda de la antigua Roma. Para que –citando de nuevo a Mann en La montaña mágica– en medio de esta “fiesta mundial de la muerte, de este temible ardor febril que incendia el cielo lluvioso” se manifieste una vez más el más grande amor: el del Altísimo por todos los hombres de buena voluntad.

Reciban, apreciados lectores, mis más sentidos votos por una Navidad santa y feliz para todos ustedes y sus familias.

 

El costoso modo en que Venezuela importa gasolina desde Europa por Sabrina Martín – PanamPost – 13 de Diciembre 2019 

Para evadir las sanciones el régimen decidió traspasar la carga barco a barco que proviene de Europa.

Las transferencias se realizan cuando los operadores de barcos, que inicialmente transportan el combustible desde el Mediterráneo, buscan mantenerse alejados de los puertos de Venezuela en medio de las sanciones (Wikimedia)

La escasa gasolina que está llegando a Venezuela se obtiene a través de traspasos de un buque a otro, tal y como si se tratara de contrabando para evadir las sanciones internacionales.

Desde hace más de cinco años la nación suramericana sufre una escasez de combustible única en su historia por la falta de producción nacional; el interior del país enfrenta intermitentemente largas cosas en las estaciones de servicio mientras que los ciudadanos se han visto obligados a amanecer en las filas. Pero recientemente la situación empeoró, la escasez de gasolina se extendió a Caracas y podría mantenerse por más tiempo.

Un reportaje de la agencia de noticias Bloomberg reveló que tras la paralización de la mayoría de las refinerías en Venezuela, la nación importará grandes cantidades de gasolina; sin embargo, para evadir las sanciones se ha visto obligada a traspasar la carga barco a barco que proviene de Europa. En total, Venezuela importó 3,62 millones de barriles de gasolina en noviembre y octubre.

«Las transferencias se realizan cuando los operadores de barcos, que inicialmente transportan el combustible desde el Mediterráneo, buscan mantenerse alejados de los puertos de Venezuela en medio de las sanciones», explica Bloomberg.

Explica el economista Reid I’Anson a la agencia de noticias, que todas estas transferencias no solo son inusuales, sino que también serían «poco económicas» para el país suramericano pues el recorrido para llegar a su destino se ha vuelto sumamente complejo.

«Después de cargar el combustible en Italia y Grecia, los buques Gemma y Chance navegaron a Malta, un popular centro de transferencia de barcos, y descargaron la carga en el Suezmax Alburaq (…) luego navegó a Aruba donde se transfirió la carga en mar abierto a los buques Serengeti y Margarita que, a su vez, descargaron la gasolina en Venezuela», señalan las investigaciones.

Mientras la dictadura sigue enviando petróleo, gasolina y diesel a Cuba, las refinerías en Venezuela están prácticamente paralizadas; apenas dos de ellas trabajan pero a menos del 10 % de su capacidad.

“El petróleo venezolano abastecía el 10 % del mercado interno de Estados Unidos (…) allí, a través de siete grandes refinerías, en 15 750 estaciones de servicio se atendía el mercado (…) hoy en día el pobre mercado venezolano destruido por la crisis económica ya no es capaz de ser abastecido por nuestras refinerías y estamos dependiendo de gasolina importada de otras procedencias para poder resolver temporalmente el problema”, explicó a NTN24, el economista venezolano José Toro Hardy.

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La producción petrolera de Venezuela aumentó sólo 12.000 barriles diarios en noviembre según la OPEP

Ver imagen en Twitter

Por su parte, Iván Freites, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros, afirmó que no hay reservas para abastecer toda la demanda de combustible en el país.

«Todas las plantas de gasolina están paralizadas, nada más estaba funcionando la planta de catalítica de Amuay. Se paró hace un mes por problemas en unos equipos y la parada se puede alargar entre tres y seis meses», manifestó.

Todo indica que la promesa del régimen de Maduro, de producir 1,6 millones de barriles diarios, será imposible de cumplir, pues en Venezuela no están dadas las condiciones, ya que para tal fin se debería acondicionar la infraestructura petrolera, reparar los daños, aumentar las ventas y contar con personal capacitado para producir al menos un millón de barriles. Cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela se producían 3.2 millones de barriles diarios, hoy la cifra se encuentra alrededor de los 650 000 barrilles diarios.

Para Cuba, todo

Así como el régimen de Nicolás Maduro hace lo imposible para abastecerse de gasolina importada; también invierte todos sus esfuerzos en hacerle llegar crudo a Cuba a costa de lo que sea.

Cuba es uno de los principales aliados de Venezuela, país del que recibe unos 100 000 barriles de petróleo cada día,  a través de varios acuerdos de cooperación. La isla envía médicos, militares y funcionarios de inteligencia a cambio de que Maduro le envíe petróleo.

Entre tanto, el Gobierno de Estados Unidos busca con sanciones interrumpir dichas relaciones comerciales para presionar aún más a la dictadura de Maduro y al régimen de Cuba.

El modus operandi de la empresa estatal es hacer una especie de relevo: transfiere en altamar los barriles de crudo a buques cubanos que se dedican a llevar la carga a su destino, evitando así las incautaciones.

Un artículo de Bloomberg revela que el régimen de Maduro está cambiando el nombre de los buques y les está apagando sus transpondedores para «desaparecerlos» de los radares y así puedan llegar a Cuba.

Asímismo, la tiranía decidió convertir algunos buques petroleros en barcos de guerra tras custodiarlos con personal activo de la Fuerza Armada de Venezuela (FANB) ante la posibilidad de que Estados Unidos intente bloquear el envío de crudo a la isla.

«Venezuela cerrará 2019 con un déficit de 64% de alimentos requeridos» – El Nacional – 9 de Diciembre 2019

El experto en materia alimentaria Edison Arciniega llamó a los actores políticos a ponerse de acuerdo, con el argumento de que la gente no puede esperar a la resolución de la crisis para mejorar su bienestar

alimentos

El país cerrará el año con una disposición de 36% de los alimentos requeridos para satisfacer los parámetros nutricionales de los venezolanos. Aunque en comparación con 2018, hubo una tendencia a la mejora en algunos rubros.

Así lo afirmó el director ejecutivo de Ciudadanía en Acción, Edison Arciniega, en el foro «¡La gente es el centro!».

El experto detalló que en el país se delimitan claramente dos tipos de clases sociales que se diferencian no solo por la cantidad de ingresos sino si lo obtienen en divisas o en bolívares. Esta deformidad en la economía está haciendo que los mayores volúmenes alimentarios se concentren en el sector más rico, que representa 40% de la población, y que la vulnerabilidad alimentaria se profundice entre 50% y 60% de los venezolanos.

Clasificó el problema de desigualdad alimentaria en dos tipos: desigualdad de ingresos y un sistema de desigualdad territorial, lo cual se traduce en afectaciones nutricionales.

«Hay dos conjuntos de población en vulnerabilidad extrema y que padecen las consecuencias de la desigualdad. En primer lugar, la población que no tienen acceso a divisas (más de 60%). En segunda instancia, las poblaciones periféricas. Tenemos una pérdida de capilaridad del sistema de distribución de alimentos en Venezuela; por tanto, las cargas no se movilizan más allá de las ciudades intermedias, no llegan a las poblaciones rurales, ciudades menores”, indicó.

Soluciones a la crisis alimentaria

Para estabilizar la situación de escasez y falta de producción reinante en la nación, Arciniega propuso tres medidas que a mediano plazo contribuirán a la mejora de la crisis.

“Que se cumpla esa premisa que los alimentos no son armas. En segunda instancia, la creación de un mecanismo que permita a la República la exportación de sus bienes y obtener divisas para poder ejecutarlos. En tercera instancia, que se logre un acuerdo para que un tercero imparcial sea el ejecutor de las inversiones, importaciones y la contratación de los servicios que permitan recuperar el sector alimentación, al menos en unos niveles básicos que contribuyan a la regeneración de las capacidades nutricionales de los venezolanos», expresó.

El portavoz de Ciudadanía en Acción aseguró que implementando estas medidas, en un lapso menor a tres meses el país tendría una mejora sustancial en la disposición de alimentos.

«Lo que falta en este momento no son recursos; el Estado tiene 60 veces más recursos que el plan humanitario que está implementándose en el país. Si lográramos un esquema en el cual esos recursos fueran destinados a aliviar la inseguridad alimentaria que padecen los venezolanos, tendríamos una mejoraría sustancial en la capacidad alimentaria de los ciudadanos», subrayó.

No descartó la implementación del plan «Petróleo por alimentos» que sea manejado por la Organización de Naciones Unidas.

Al respecto, manifestó su preocupación por el estancamiento de solicitud de un crédito a la Corporación Andina de Naciones para la solución de la crisis eléctrica en Venezuela.

«Queremos manifestar nuestra preocupación de que el crédito en condiciones de respuesta a la emergencia humanitaria, en el caso del sector energético, se ha bloqueado por los actores políticos; entendemos que ese crédito tiene problemas de formulación, entendemos que hay déficit técnico, pero esto no puede ponerse por encima del bienestar de la gente», señaló.

Arciniega explicó que 1.000 megavatios colocados en el occidente de Venezuela, que tiene un déficit superior a 80%, implica una mejora en la calidad de vida de la población.

«Implica mejora en los sistemas sanitarios, la posibilidad de regenerar el sistema educativo y aún más importante: la posibilidad de que los tres grandes estados de producción de alimentos en el occidente de Venezuela que son el estado Táchira, Mérida y Zulia puedan volver a contribuir con su aparato primario y su aparato agroindustrial a la alimentación de los venezolanos», concluyó.
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Socialismo desde adentro: un viaje por el interior de Venezuela por Antonella Marty – Panampost – 2 de Diciembre 2019

“Disculpe, señorita. No tenemos queso, puede ser solo un poquito de jamón porque tampoco nos queda tanto”

“Pongan al gobierno a cargo del desierto del Sahara y lo único que obtendrán es escasez de arena”. (Youtube)

Hace algunos días regresé de una gira de conferencias en Caracas y distintas zonas del interior de aquel país tan destrozado por las garras del socialismo. Un país que se ha convertido en la zona de las despedidas más dolorosas de la región, con un éxodo migratorio nunca antes visto y un caso de totalitarismo al que se le suman las peores mafias criminales antioccidentales del mundo: Venezuela.

Me ha tocado recorrer muchas calles en el interior del país, y lo he hecho en horas prudentes, ya que a partir de cierto horario hay una especie de toque de queda y, ante la inseguridad, ya nadie sale de su casa. Las calles de Caracas, de Mérida, de Puerto Cabello, de Naguanagua, entre otras, son sitios que reflejan los claros resultados de la ideología que más daño le ha hecho a la humanidad: el socialismo. En aquellas zonas se observa una devastación absoluta generada tras veinte años de populismo; zonas a las que parecen haberles pasado varias guerras mundiales por encima. Las fachadas de las casas están deterioradas, no hay colores, no hay materiales nuevos, todo es precario y todo se encuentra en mal estado.

Son muchos los detalles que uno puede llevarse de estas complejas visitas. Al pisar en el primer instante el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Una vez aterriza el avión de Copa Airlines, se pueden experimentar con claridad los resultados de las malas políticas socialistas: un aeropuerto internacional que otrora fue la cabeza aérea de América Latina, y que en pleno siglo XXI se ha convertido en un aeropuerto vacío que ya no recibe aerolíneas internacionales (solo Copa Airlines) y de resto algunas aerolíneas internas como Laser, Avior o Conviasa. Esto muestra que Venezuela se ha aislado del mundo y ha decidido acercarse a muy pocos países con los que se vincula de una manera casi carnal: Irán, Turquía, Rusia, China y Cuba. Todos ellos con grandes intereses en territorio venezolano. Respecto de la fuerte relación que tiene el régimen incluso con el terrorismo islámico, se observa que este aeropuerto cuenta con algo que se llama “Centro Islámico de Venezuela”. Aquí cabe recordar que hoy operan más de cinco campos de Hizbulá en el territorio venezolano.

Además, tuve la posibilidad de visitar otro aeropuerto: El Vigía, que queda a unos 45 minutos de Mérida, una tierra bella, repleta de paisajes naturales inigualables, pero que padece de manera todavía más cruda los nefastos resultados del chavismo. Este aeropuerto se ha convertido en un cementerio de avionetas con patentes provenientes de México. ¿Qué significa esto? Sí, lo que pensamos. Avionetas que utilizan los grupos narcotraficantes y luego dejan abandonadas allí, como sucede también con cientos de pistas ilegales que existen a lo largo del país. Mérida es la ciudad de una de las grandes cabezas del régimen de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello: Tareck El Aissami, el capo de la corporación sirio-venezolana desde donde se manejan las grandes redes del narcotráfico que se desenvuelve dentro de las Fuerzas Armadas de Venezuela. En estas ciudades opera incluso el cartel de Sinaloa, más precisamente en el estado Zulia, dentro de la Sierra de Perijá: el narcotráfico internacional hoy opera libremente en suelo venezolano con el total aval del régimen que forma parte central de aquella red que lo sostiene.

Al aterrizar en El Vigía, luego de ver aquel cementerio de avionetas narco y una gigantografía algo desgastada y sin color de Maduro, busqué el bus transfer que me llevaría hasta la ciudad de Mérida (no tuve que buscar mucho porque tan solo hay uno). A este bus le toma aproximadamente una hora arrancar, ya que debe esperar que se llene con pasajeros de varios vuelos, debido a que, como no hay gasolina, no pueden hacer muchos viajes a la vez, motivo por el cual tampoco hay viajes individuales como remises o taxis, todo por la falta de gasolina. De todos modos, este transporte deja a todos los pasajeros en un mismo punto de la ciudad de Mérida. Le consulté al conductor si había chance de que me dejara más cerca del hotel donde me hospedaría y su respuesta fue la siguiente: “Si nos alcanza la gasolina puedo llevarte, solo si nos alcanza”.

Y aquí está el otro gran problema del país petrolero: la escasez de gasolina. Como lo dijo en su momento el economista Milton Friedman: “Pongan al gobierno a cargo del desierto del Sahara y lo único que obtendrán es escasez de arena”.

Pero resulta altamente preocupante esta situación. He contemplado con mis propios ojos filas de más de treinta cuadras para poder cargar algo de gasolina y, lo peor, es que esas filas no son ni para el momento ni para cargar en el mismo día: son para mañana o pasado, nadie sabe cuándo vuelven a abrir los surtidores.

Jorge, un trabajador de la ciudad de Mérida, me contó lo siguiente: “Yo he llegado a pedir un día entero en el trabajo, una vez por semana, para poder hacer la fila para cargar gasolina. En esos días no produzco, no genero ingresos y paso el día entero en una fila, expuesto a la inseguridad”. En ciudades como Valencia (Carabobo) incluso se puede estar en una fila por más de diez horas esperando para cargar gasolina.

Además de este gran problema —que acarrea otros tantos como la imposibilidad de transportarse uno, de transportar productos para venta, de transportar a personas enfermas en ambulancias (aunque a hospitales carentes de insumos necesarios)— puede observarse otro que es la complejidad del uso de las telecomunicaciones ante la falta de señal y cobertura en todo el país. En Venezuela es casi imposible la comunicación telefónica y lo mismo sucede con el Internet (tengamos en cuenta que solo funciona el 3G y con suerte).

Los problemas que se refieren a la infraestructura y a los servicios públicos del país abundan por doquier. La infraestructura está plenamente quebrada, los puentes que no están caídos se encuentran cerrados porque están a punto de caerse ante la falta de mantenimiento e inversión. Todos los servicios públicos han colapsado en Venezuela: no hay casi agua potable, no hay acceso al gas y la electricidad se corta constantemente o se dan las típicas bajas de tensión cada dos horas.

La señora Mercedes, quien vive en la urbanización Los Caobos y con quien tuve la oportunidad de conversar, me contó con lágrimas en los ojos y un claro cansancio cómo funciona el racionamiento del agua en el condominio de aquella zona de Caracas en el que vive: “A nosotros nos hacen un aviso diario por un grupo de WhatsApp que tenemos los que vivimos en el condominio y nuestro conserje. En ese grupo el administrador del edificio nos avisa todos los días de qué hora a qué hora tendremos agua. Casi siempre hay un total de una hora de agua por día y en esa hora uno tiene que hacer todas las tareas que requieran agua, como lavar ropa, lavar platos y bañarnos. Suele haber media hora en la mañana, casi siempre de 6 a 6:30 a. m., así que uno tiene que despertarse temprano para aprovechar el agua del día, y luego nos dan otra media hora, generalmente, entre las 19 y las 19:30 p. m. A veces el agua no llega y se vacía todo el tanque, y a veces pasamos hasta dos días o tres días sin agua en todo el condominio, pero el racionamiento es algo de todos los días”.

La situación de la falta de luz también es altamente preocupante. De hecho, una de mis primeras conferencias en el estado Carabobo (Puerto Cabello) la di sin luz y con más de treinta grados de calor.

Por su parte, el profesor Gil, de la Universidad de los Andes, me dijo lo siguiente al respecto de la falta de electricidad: “En mi casa no se va la luz, a veces llega”. En Maracaibo lo más común es que la gente tenga un máximo de cinco a seis horas diarias de luz en sus hogares, lo mismo sucede en estados como Carabobo, donde el calor es agobiante y hay que sobrellevarlo sin ventiladores y sin aire acondicionado.

También me ha tocado ir a varias panaderías o algunos restaurantes (muchos de ellos con menús de comida bastante limitados ante la escasez de ciertos alimentos). En todos los sitios a los que he ido falta papel higiénico (por lo que uno siempre debe viajar con rollos encima), no hay sistemas para bajar la cadena del baño y, entonces, en muchos de aquellos baños solo hay baldes grandes con agua vieja que uno tiene que abrir y meter un balde más pequeño para botarlo en el inodoro y así hacer bajar el agua. Solo encontré dos o tres lugares con papel higiénico en Venezuela, y todos ellos tenían los baños con candado y con cajas en las que, de algún modo, se atesora el papel higiénico bajo llave.

En el viaje a Mérida tuve la oportunidad de conversar en el bus con el señor Alberto, quien se dedica a hacer trabajos de mecánica de automóviles. Me contó que ya no sale a la calle a protestar ante la falta de servicios públicos o ante la situación política del país porque está muy defraudado con como se han dado los últimos desenlaces: “Los jóvenes que protestaban ya se fueron del país, nosotros ya no podemos protestar, nos tuvimos que acostumbrar. Además, si uno molesta mucho llegan las fuerzas especiales y…”. En aquellos puntos suspensivos el señor Alberto hace una seña con la mano: la seña de un arma con el dedo pulgar y el dedo índice levantados.

Por otra parte, la señora Adela, a quien conocí en una de mis conferencias, me contó todo el proceso que llevan adelante para conseguir comida en el interior — partamos de lo siguiente: el salario promedio en Venezuela es de 50.000 bolívares, es decir, de dos dólares mensuales—: “Nosotros salimos de Mérida a Cúcuta (Colombia) en bus para comprar comida. Sale el bus en la medianoche, pasamos más de diez alcabalas con fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y llegamos a las 4 de la madrugada a Cúcuta. Ahí esperamos hasta las 7 de la mañana que es cuando abre el mercado, compramos y tenemos que esperar con las bolsas a que salga otro bus que regresa recién a las 9 de la noche. Igual, al regresar a Venezuela, al pasar por la frontera, la GNB del régimen revisan todo lo que traemos y nos quitan buena parte de la comida o de los dólares que podemos conseguir. Nuestros ahorros ya no son en bolívares ni en dólares, son en alimento. Por ejemplo, el arroz cuesta más de 60.000 bolívares, eso es más de 2 dólares, es decir, un salario promedio no nos alcanza para comprar una bolsa de arroz, entonces tenemos que rebuscárnosla”.

El problema de la escasez de alimentos es claramente visible y mucho más en el interior de Venezuela. En mi caso, me tocó ir a un modesto bar en el interior del país y al pedir un sándwich de jamón y queso el camarero me respondió lo siguiente: “Disculpe, señorita. No tenemos queso, puede ser solo un poquito de jamón porque tampoco nos queda tanto”. A todo esto le respondo que sí, que por supuesto, que no pasa nada, pero que si podía poner un poco de mayonesa al sándwich. La respuesta del señor que atendía el bar fue la siguiente: “Es que tampoco tenemos mayonesa, pero puedo ver si queda algo de mantequilla”. Esta es la realidad de las consecuencias del socialismo.

De todas maneras, esto no es todo. Algo que me impacto fuertemente fue la visita al estado Carabobo, un territorio gobernado por el chavista Rafael Alejandro Lacava, del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Este joven gobernador parece tener una obsesión con el Conde Drácula: él mismo se hace llamar “Drácula”, se transporta en un automóvil negro con la imagen de un vampiro (al automóvil lo llama el “Dracumóvil”), celebra fiestas mensuales a las que llama “Dracufest” y allí vende cervezas a las que denominó “Dracubeer”. Todas las ciudades del estado Carabobo están repletas con el símbolo de un murciélago que representa al gobernador Lacava. Los peajes tienen una imagen inmensa de un murciélago, las patrullas policiales también y el número telefónico de la policía de Carabobo es 0-800 3722852 (es decir, 0-800 DRÁCULA). Todo esto en un estado que se está cayendo a pedazos y donde vivir se hace cada día más difícil.

Esto es Venezuela, un país con algunos de los paisajes más bellos de toda América Latina e incluso del mundo. Un país que en otro momento fue rico, próspero y lo tuvo todo, pero que hace veinte años, luego de largas décadas de socialismo vegetariano, cayó en las garras del peor socialismo carnívoro que ha visto nuestro hemisferio: el chavismo.

Franco Manuel Casella Lovatón: “Las mafias armadas han secuestrado la república” por Rubén Olveira Araujo – Deia – 30 de Noviembre 2019

Embajador’ del autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, Lovatón se reúne en Sabin Etxea para explicar la delicada situación que atraviesa su país

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BILBAO.Tras los incendios de este verano, América Latina continúa, metafóricamente, en llamas. Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Chile, Colombia… ¿A qué responde este malestar generalizado en la región?

-Hay dos elementos. Uno es un elemento antropológico cultural sembrado desde el comunismo: el antiimperialismo. Es la idea de que los norteamericanos vienen con su capitalismo salvaje a destruir la tranquilidad del mundo, pero la verdad detrás de eso es que el comunismo es mucho más salvaje, mucho más depredador, que acaba con la libertad individual. En América Latina somos países jóvenes que estamos en un proceso de transición de la adolescencia a la adultez.

¿Y el otro elemento?

-El plan orquestado desde el foro de Sao Paulo para generar inestabilidad en la región. Los intereses de la mafia de Nicolás Maduro están detrás de eso. Maduro está perdiendo la batalla en el tema internacional por su intromisión continua, por forzar unas elecciones sin candidatos y ganar una elección que fue una farsa. Yo pertenezco a Voluntad Popular y mi partido -liderado por Leopoldo López y hoy por nuestro señor presidente Juan Guaidó- fuimos ilegalizados a las vísperas de las elecciones. Ante todo esto, la crispación que hay en la región, y el movimiento que hay tiene intereses que no son las reivindicaciones sociales.

¿Dice que no son las reivindicaciones sociales?

-No, porque éstas las utiliza Maduro como un empaque que es un resultado engañoso. Suena muy bien hablar de la igualdad, de los derechos, de la oportunidad, de temas de alto contenido social que, si te lo dijera una opción comunista que no ha estado en el poder, jugaría con la esperanza de los votantes. Pero estamos hablando de unos depredadores que llevan 20 años en el poder, que acabaron con las riquezas del país más rico del continente, con las mayores reservas de petróleo, de diamante, coltán… Todo eso ha sido manejado por ellos con una visión delincuencial porque, a día de hoy, Venezuela está repartida en negocios ilícitos del narcotráfico, donde abiertamente grupos irregulares como las FARC o el ELN tienen el control de cerca del 40% del territorio nacional del sur de Venezuela y en donde células de Hezbolá entrenan libremente en la Isla de Margarita. Venezuela se ha convertido en una amenaza para la región.

¿Por qué?

-No es un tema de ideologías, porque estas deben existir y coexistir en democracia. La cuestión es que tenemos un régimen que está persiguiendo a los políticos y que, además, está desconociendo la división de poderes. En 2015 ganamos la Asamblea con dos tercios de los votos y, desde el día uno, comenzó el ataque, el hostigamiento y las agresiones contra los diputados. No hemos cobrado sueldo ni un solo día, coartando la autonomía presupuestaria del Parlamento, etc. Pero fue más allá, porque los grupos irregulares han ingresado al palacio golpeando al personal de la Asamblea. Han violentado la tradición republicana en un irrespeto al poder legislativo. Nuestra independencia no se celebra evocando un acto militar, sino un acto parlamentario.

¿Esta situación que atraviesa Venezuela, concretamente, no tiene también algo que ver con el bloqueo y la gestión que se ha hecho desde fuera?

-Eso es parte de la propaganda que ha divulgado el régimen de Maduro. La verdad de las sanciones no es que atentan contra el pueblo, porque si se leen con detalle tienen excepciones para el tema de alimentos, medicinas, etc. En un estado normal, un ministerio de la Salud compra medicinas para entregarlas, pero aquí estamos ante los mayores ladrones de la historia. Se estima que se han robado 300.000 millones de dólares y que de la noche a la mañana han aparecido nuevos millonarios que vienen todos del partido de Chávez, y ahora del partido de Maduro. Personajes que son conocidos por su trayectoria, que eran personas humildes y que ahora son dueños de bancos, con aviones privados, yates, etc. ¿Cómo un ser humano que no hace un aporte real a la economía se convierte de la noche a la mañana en un magnate? Es un simple acto de pillaje. En medio de esto, las sanciones se centraron en perseguir y congelar esos capitales que tienen mala procedencia, pero venden al pueblo que el hambre que se está pasando es producto de la sanción. Lo que no dicen es que muchos de los ministros de la Salud tienen el monopolio de las importaciones de medicamentos y que inflan los precios. Esos mismos que elevan la bandera por el pueblo lo que quieren es seguir haciendo el desastre que están haciendo.

¿A eso se debe la escasez de productos básicos en el país?

-Así es. A pesar de que Venezuela vivió la mayor bonanza de la historia no ha dejado infraestructuras, ni servicios públicos, ni medicinas, ni grandes hospitales. Lo que ha dejado son nuevos millonarios: los boliburgueses y los enchufados, que hicieron fortunas fortuitas que terminaron cambiando la vida a unos pocos robando lo que es de todos. Y, además, financian grandes campañas mediáticas para decir que hay un bloqueo como en Cuba, cuando el sufrimiento está causado por ellos. Desde nuestro punto de vista hemos intentado el tema de la ayuda humanitaria, colaboraciones con Cruz Roja, donaciones… Pero por respuesta obtuvimos que cuando la ayuda ingresaba a Venezuela, fue quemada por los grupos violentos. Imagina el crimen humanitario que es esto en un país donde se está pasando una gran necesidad, donde hay miles de enfermos… Todo este sistema genera el éxodo más grande de la historia: cuatro millones de venezolanos nos hemos visto forzados a abandonar el país.

¿Qué cambiaría si Guaidó alcanza la presidencia?

-Lo primero es restituir el estado de derecho. A día de hoy la república no existe porque no hay un reparto de derechos. Restituir un poder judicial que esté al servicio de la justicia y no de la parcialidad política. También reinstitutionalizar el ejército, para que dejen de ser militantes de un partido y se dediquen a su tarea: custodiar la integridad territorial. Y, por supuesto, restituir todos los elementos de confianza para la empresa privada, para el emprendimiento, porque es la verdadera solución al empleo. Hay que restablecer la confianza, porque sin eso no hay ningún proyecto, ni político ni económico, que se viable.

¿Dentro de este restablecer la confianza contemplan medidas como la apertura o privatización del mercado?

-Primero habría que entender la naturaleza del mercado, que debería estar centrada en la explotación del petróleo, de los recursos naturales, etc. También quitar la producción del oro y de los diamantes a los grupos irregulares y a las guerrillas para que genere dividendos a la nación. Generar políticas para indemnizar a la gente que fue robada. Tenemos que dejar de hacer las cosas mal y empezar a hacer las cosas bien.

¿Considera que la comunidad internacional debería intervenir en un conflicto nacional?

-Nosotros contamos con el reconocimiento de más de 60 países a la presidencia del diputado Juan Guaidó, porque se ha venido haciendo un trabajo importante visibilizando y denunciando las violaciones de derechos humanos. A veces pretenden utilizar la injerencia como excusa para que nadie se meta dentro de Venezuela, pero lo que está ocurriendo es un exterminio y una violación sistemática de los derechos humanos y del estado de derecho, por lo que sí que se necesita una intervención moral y ética de la comunidad internacional. Estamos en una situación de secuestro, de mafias armadas que han secuestrado la república.

Los niños de Venezuela se están muriendo: ¿somos nosotros responsables? por Nicholas Kristof – Infobae/New York Times – 25 de Noviembre 2019

Daniela Serrano perdió a su hija pequeña por desnutrición en los barrios pobres de Caracas, Venezuela, el 20 de noviembre de 2019. Frenéticamente buscó ayuda médica, pero tres hospitales rechazaron a la bebé, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos ni suministros. El que finalmente la admitió, le dio el alta el mismo día que murió. (Fabiola Ferrero / The New York Times)
Daniela Serrano perdió a su hija pequeña por desnutrición en los barrios pobres de Caracas, Venezuela, el 20 de noviembre de 2019. Frenéticamente buscó ayuda médica, pero tres hospitales rechazaron a la bebé, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos ni suministros. El que finalmente la admitió, le dio el alta el mismo día que murió. (Fabiola Ferrero / The New York Times)

Este país es una cleptocracia gobernada con incompetencia por malhechores que están convirtiendo una próspera nación exportadora de petróleo en un estado fallido al borde de la inanición.

En consecuencia, una joven madre llamada Daniela Serrano llora por su bebé, Daisha, y no puedo evitar preguntarme si las sanciones económicas de Estados Unidos en parte no son también responsables.

Serrano, de 21 años, vive en el barrio pobre y violento de La Dolorita, donde la conocí. En mayo, la bebé languidecía por desnutrición, así que buscó ayuda médica como loca, pero tres hospitales rechazaron a la niña, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos, ni provisiones.

Finalmente, una sala de urgencias encontró a alguien para que examinara a la niña de 8 meses, con la condición de que Serrano proporcionara una hoja en blanco porque el hospital no tenía papel para escribir notas. Luego dieron de alta a Daisha, que esa noche murió en su casa.

“Me di cuenta de que estaba fría y no respiraba”, me contó Serrano mientras las lágrimas corrían por su rostro. “Grité”. Un vecino bondadoso le marcó al 911, pero pasaron 11 horas antes de que “los servicios de emergencia” se aparecieran en su casa. Se llevaron el cuerpo de Daisha.

La pregunta difícil para los estadounidenses: ¿acaso nuestras sanciones, que buscan debilitar el régimen, en realidad contribuyen a que bebés como Daisha mueran?

El brutal gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro es el principal responsable del sufrimiento. Hay medidas que Maduro podría tomar para salvar la vida de los niños, si lo quisiera. Pero hay evidencia de que las sanciones impuestas por el presidente Barack Obama y el presidente Donald Trump contribuyen al deterioro de la economía y al tormento de los venezolanos comunes y corrientes.

“La economía venezolana era un borracho dando patadas de ahogado en un mar picado, luchando por mantenerse a flote y pidiendo a ruegos un salvavidas”, me dijo Francisco Toro, un periodista venezolano. “En cambio, el gobierno de Trump le echó un martillo. Un martillo no ayuda para nada. Es pesado. Puede hacer que el borracho se hunda más rápido. Pero el martillo no puede ser el foco de una narrativa sobre porqué se está hundiendo el borracho”.

Tal vez Venezuela ahora esté tendiendo hacia un colapso total y una hambruna generalizada, mientras varios grupos armados están fragmentando el control. Los brotes de malaria, difteria y sarampión se están esparciendo y al parecer la mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008.

La respuesta de Maduro es inadmisible. Compra la lealtad de funcionarios del Ejército con dinero o recursos que podrían destinarse a medicamentos, se rehúsa a aceptar ayuda extranjera e impide el ingreso a organizaciones humanitarias importantes.

Lo mejor para los venezolanos sería un nuevo gobierno. Pero las sanciones no han logrado sacar a Maduro del poder, aunque sí han infligido sufrimiento sobre los venezolanos vulnerables.

Incluso en la capital, Caracas, la zona del país más acomodada, el sufrimiento es incalculable. Elsys Silgado, de 21 años, tiene 2 hijos pequeños. El mes pasado, ambos estuvieron a punto de morir: Alaska, de 5 años (pesaba solo 11,80 kilos) de desnutrición aguda, y Jeiko, de 3 años, de una infección severa y una fiebre persistente de 40 grados.

La mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008 en Venezuela. (Reuters)
La mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008 en Venezuela. (Reuters)

Silgado y sus hijos fueron rechazados de cuatro hospitales porque no había camas disponibles. No me dejaron visitar hospitales públicos, los cuales están estrictamente controlados por pandillas armadas hostiles a la investigación periodística (unos doctores exploraron la posibilidad de meterme a escondidas, pero también para ellos hubiera sido muy peligroso). Entiendo por qué las autoridades no quieren que los periodistas visiten hospitales: Silgado describió salas de urgencias deplorables, sin electricidad ni suministro de agua.

“Estaba lloviendo”, recordó, “y lo único que veía era lodo en todas partes”. “

Finalmente Alaska y Jeiko se repusieron, pero a Silgado le sigue preocupando que pueda perder a Alaska por la desnutrición. “Temo que muera porque ahora sé que no la puedo llevar a un hospital. No tienen nada”, me dijo.

Muchas personas de los barrios pobres me dijeron que al inicio apoyaron a Hugo Chávez, quien fundó este régimen, pero casi todas se habían vuelto en contra de Maduro.

Cuando Chávez murió, yo lloré. Pero a Maduro lo envenenaría yo misma”, me dijo una mujer en la barriada de San Isidro.

Conversé con Juan Guaidó, el líder de la oposición. Guaidó, cuyo intento por deponer a Maduro desafortunadamente ha perdido ímpetu, afirmó estar seguro de que en algún momento los venezolanos lograrán derrocar la dictadura.

Tras insistirle, reconoció la posibilidad de que las sanciones podrían estar empeorando la crisis humanitaria. “Es un dilema, para Venezuela y para el mundo”, dijo, pero de cualquier manera está a favor de las sanciones por considerarlas un recurso más para quitar a Maduro. “Necesitamos cualquier herramienta de presión que esté a nuestro alcance”, dijo.

Quizá tenga razón. Pero no puedo dejar de pensar en los habitantes de los barrios que conocí.

Siguiendo el consejo de mi guía, me quité el reloj y anillo de matrimonio antes de entrar en la barriada, por miedo a que me robaran. Entonces una familia verdaderamente hambrienta me condujo por unas escaleras rotas y en mal estado hacia un apartamento apretado y destartalado; una persona salió corriendo a comprar papas fritas y algo de tomar para ofrecerme por ser un invitado de honor. Me sentí terrible y avergonzado.

Personas como ellos ya están sufriendo debido a la indiferencia de Maduro; es probable que haya un cataclismo en el futuro. Busquemos nuevas maneras de presionar a la cleptocracia, sin aportar más sufrimiento a los venezolanos comunes y corrientes. Quizá un programa tipo Petróleo por Alimentos podría ayudar, además de un mayor esfuerzo por obligar a Maduro a aceptar más ayuda humanitaria. Dado que nos estamos precipitando hacia una crisis humanitaria en nuestro hemisferio, hay que repensar nuestra estrategia.

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