elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Escasez

Trump Doesn’t Have Time for Starving Venezuelans by Francisco Rodríguez – The New York Times – 10 de Julio 2019

Mr. Rodríguez is a former head of Venezuela’s Congressional Budget Office.

Children waited to eat lunch outside a soup kitchen in a slum near Caracas in February.
CreditCreditMeridith Kohut for The New York Times

Over the past two years, Washington has imposed increasingly punitive economic sanctions on Venezuela. These sanctions have restricted the government’s access to external financing, limited its ability to sell assets and, most recently, barred it from trading oil with the United States.

The sanctions were designed to choke off revenues to the regime of Nicolás Maduro. Its architects claimed they would not generate suffering for Venezuelans. The reasoning was that Mr. Maduro would quickly back down, or the military would force him out before the sanctions could begin to have an effect.

That was wrong. Two years in, Mr. Maduro retains his grip on power, and his regime has become even more repressive and ruthless. Venezuela’s crisis now appears to have outlasted President Trump’s short attention span. Life for Venezuelans has gone from bad to worse.

Venezuela was already in a deep humanitarian crisis, following years of mismanagement and corruption under Mr. Maduro and his predecessor, Hugo Chávez. Sanctions are now putting the country at risk of a humanitarian catastrophe. In the three months after they were increased in January, Venezuela imported barely a third of what it imported in the same period last year and less than one-tenth of what it bought from the rest of the world back in 2012. Given that most of the population is already living at near-starvation levels and that the country depends on imports to feed itself, further cuts in foreign purchases risk producing the first Latin American famine in over a century.

The risks of famine — and what needs to be done to stop it — are lost in the conversation among Washington policymakers and the Venezuelan opposition. This is the inconvenient truth about Venezuela: Both the policymakers who designed this reckless strategy and the political leaders who supported it could end up sharing responsibility with the criminal and incompetent Maduro regime for the country’s tragedy.

The 2017 sanctions barred foreign partners from funding companies in the country’s oil sector and froze the refinancing of the country’s debt. My research shows that after the first round of economic sanctions, Venezuelan oil output suffered a collapse worse than that ever undergone by any oil-producing economy not facing a war or oil strike. The economy lost an estimated $17 billion a year as a result. Operations that were not affected — like joint ventures with Chinese or Russian companies — saw production grow or stabilize even as the rest of the oil industry was collapsing.

Things will only get worse with this year’s oil embargo. Based on the historical experience of other countries that have faced similar situations (such as Iraq, Iran and Libya), the recent round of oil sanctions could cause an additional loss of $10 billion a year for the already decimated oil industry — equivalent to more than two-thirds of the country’s imports last year.

People waited for hours to fill their cars with gasoline in the state of Portuguesa in February. 
CreditMeridith Kohut for The New York Times

Industry experts have confirmed that the sanctions have had a crippling effect on the country’s oil sector. Jon Bilbao, the respected former oil industry executive asked by Juan Guaidó, recognized by many as Venezuela’s interim leader, to run the state-owned fertilizer company Monómeros, said last month that if the sanctions were lifted, the company could turn a profit this year. It lost $23 million last year.

 

Tell the opposition’s intellectual elites that sanctions are exacerbating the country’s crisis and you are likely to be met with silence or be told that this is false, that the country’s economic crisis began long before. This is the logical equivalent of saying that a terminally ill patient cannot be killed.

There is a stark contrast between their claims and the views of regular Venezuelans. A recent survey by the local pollster Datincorp found that 68 percent of Venezuelans believe sanctions have negatively affected their quality of life. How to stop hundreds of thousands of Venezuelans from starving to death this year should be front and center of the international community’s debate on how to help Venezuela.

World leaders faced the same quandary in Iraq more than two decades ago. While they elected to keep the sanctions against the Iraqi regime in place, they created an oil-for-food program designed to protect ordinary Iraqis from the consequences of their government’s actions.

Though the Iraqi program was mired in corruption, that doesn’t mean we shouldn’t opt for one like it in Venezuela. A comprehensive 2005 report by a commission headed by Paul Volcker on the Iraqi case outlines concrete recommendations on how such a program would need to be redesigned to minimize corruption risks and ensure that resources reach vulnerable populations.

The reality of sanctions is not that simple. Ignoring the suffering they’re causing is not going to bring democracy to Venezuela. What it will do is make Venezuelans poorer and their plight more desperate. Famines do not topple dictatorships. They only lead to loss of lives.

Francisco Rodríguez is chief economist at Torino Economics and a former head of research of the United Nations’ Human Development Report Office.

La vida detenida a la espera de gasolina en el interior de Venezuela por Florantonia Singer – El País – 1 de Julio 2019

En el país caribeño ha surgido un mercado negro del combustible. Los que no pueden esperar días en las filas pagan a revendedores

Un hombre duerme sobre su auto mientras espera por gasolina en Maracaibo.
Un hombre duerme sobre su auto mientras espera por gasolina en Maracaibo. RODRIGO ABD AP

La primera dificultad para abastecerse de gasolina en las ciudades del interior de Venezuela es identificar el principio y el fin de las colas. Como en La autopista del sur, el cuento de Julio Cortázar, la gente ha empezado a vivir en sus carros. Hileras de vehículos detenidos, unos ya sin combustible que necesitan ser empujados, personas acomodadas con cobijas sobre los capós a la espera de que las estaciones de servicio sean surtidas. Son escenas que, en mayor o menor medida, se repiten desde hace semanas en Barinas, Maracaibo, San Cristóbal, Mérida, Puerto Ordaz, Maracay, Maturín o Valencia.

Márquez encontró su lugar luego de recorrer 35 cuadras de filas de vehículos. Con pintura de zapatos le marcaron el vidrio del carro, le asignaron su lugar y así comenzó otra jornada en la cotidianidad kafkiana de los venezolanos. En la fila conoció a la familia que dormía en el vehículo del frente o a la mujer que hizo sola la cola, porque sus hijos ya se fueron del país, y que cada noche se tomaba su pastilla para la hipertensión dentro del coche. Lidió con las discusiones y las hostilidades de quienes querían saltarse su lugar. Setecientos carros y cuatro días después logró cargar su tanque.

La violencia se ha manifestado en esta nueva situación límite a la que se enfrentan los venezolanos. Se han registrado enfrentamientos en varias ciudades y, en el estado andino de Mérida, se cuentan al menos dos muertes en este contexto: un hombre que falleció de un infarto en la espera y otro que recibió un impacto de bala durante una riña por el control de las filas. Esta semana, en el sureño estado Bolívar, donde se impuso un racionamiento de acuerdo con el número de placa del vehículo, Manuel Garandela falleció de un paro cardíaco a la espera de su turno para abastecerse, informaron medios locales.

María Álvarez, de 38 años, vive en Mérida y hace lo posible para evitar las colas. Eso la obliga a entrar en el mercado negro que ha surgido. Paga 25 dólares por 20 litros de gasolina que reserva únicamente para llevar y traer a sus dos hijos al colegio que les queda distante. Le alcanza para dos semanas de viajes. Este no es el único negocio informal vinculado a la escasez de combustibles, también hay quienes cobran por hacer la fila o por un puesto más cercano. Un costo que se ha trasladado al precio de alimentos e insumos, que ahora se transportan con muchas más dificultades. “Esto es horrible, son colas de mínimo siete días y sé de gente que ha pasado 22. Es muy inseguro, por eso nosotros preferimos pagarla en dólares, mientras podamos. Las hortalizas que se cultivan en el páramo se están perdiendo porque no hay cómo trasladarlas. Es una verdadera tragedia”, cuenta la mujer.

La reducción de la distribución ha sido significativa. En el estado donde vive Márquez, para 28 estaciones solo llegan siete gandolas diarias de combustible, insuficientes para surtirlas a todas todos los días. En todo el país, alcanza para apenas 15% de las 800 gasolineras. “Antes uno podía pasar horas para poner gasolina, ahora son días y parece que cada vez son más. La gente se ha acostumbrado a caminar, porque no hay autobuses, todo está en una total parálisis”, dice Germán Duarte, transportista de 69 años. Calcula que ha reducido su actividad al 10%.

GASOLINA EN ESPECIE

Hace menos de un año, Nicolás Maduro anunció el fin de la gasolina casi gratis para los venezolanos tras años de un subsidio que le cuesta al país 5.500 millones de dólares anuales, según firmas como Ecoanalítica.

La promesa de llevarla al precio internacional, para lo que ordenó hacer un registro de todo el parque automotor, ha quedado ahí. Como ocurre desde hace años, la voraz hiperinflación ha engullido el precio controlado del combustible. No existe un billete o moneda con que se pueda pagar en las estaciones, porque el precio quedó desfasado. La gasolina de mayor octanaje cuesta en Venezuela 6 bolívares el litro, un monto que ni siquiera ha sido actualizado con la reconversión de la moneda que se implementó en agosto pasado en la que se le restaron 5 ceros al bolívar.

La mayoría suele pagar de más, sin importar el monto. Algunos sorprenden al operador con un billete de un dólar. Hay quienes pagan en especie: un kilo de arroz o de harina de maíz, una galleta o cualquier objeto son mucho mejor aceptados en las estaciones que los devaluados bolívares.

La crisis de combustible se vive desde 2012, luego del incendio de la refinería de Amuay, en el estado Falcón, y de que la producción de la estatal Pdvsadeclinara, apunta Iván Freites, secretario del sindicato de profesionales y técnicos de la petrolera. Luego de años de merma por la corrupción y la mala gestión de la industria, que logró paliarse con importaciones, a partir del pasado mayo se agudizó la escasez con la entrada en vigor de las primeras sanciones económicas del Gobierno de Donald Trump a la petrolera. Las medidas redujeron el margen de maniobra del régimen de Nicolás Maduro para adquirir gasolina importada y los aditivos para procesar la que sale de los complejos refinadores del país. También cortaron el ingreso de divisas al suspender la venta de crudo a Estados Unidos. “La situación es bastante grave y el país puede quedar totalmente sin gasolina”, advierte Freites.

Las sanciones de Washington se comenzaron a implementar en 2017. El pasado enero se endurecieron en el sector petrolero como parte del cerco internacional a Maduro, que busca forzar su salida y propiciar una transición política conducida por el jefe del Parlamento, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países.

Freites recuerda el tiempo en que Venezuela producía, hace apenas una década, 270.000 barriles diarios de gasolina y 210.000 de gasoil. “En ese momento teníamos las refinerías funcionando a un 70% de su capacidad y todavía nos daba chance para exportar”. Hoy, solo una de las seis instalaciones en el país está funcionando y produce apenas 40.000 barriles diarios, insuficientes para una demanda diaria de 140.000 barriles de combustible. “Esa es la gasolina que llega a Caracas. En el interior se reparte lo poco que han logrado importar con sus aliados con operaciones de piratería, de barcos que entran con sus GPS y luces apagados, que tampoco alcanza porque no han sacrificado la cuota de 57.000 barriles que se envían a Cuba ni los casi 40.000 que se pierden en contrabando”, denuncia.

Maduro y el neoliberalismo del siglo XXI por Carlos Pagni – El País – 25 de Junio 2019

El mandatario venezolano se enfrenta a una dura lista de recortes

bachelet venezuela
Michelle Bachelet, junto a Juan Guaidó, durante su visita a la Asamblea Nacional de Venezuela. CRISTIAN HERNANDEZ AFP

El chavismo encontró a su peor enemigo. Un peligro mucho más corrosivo que Donald Trump y su amenaza militar: el desabastecimiento de productos indispensables para los venezolanos. Para enfrentarlo, el logorreico Nicolás Maduro comenzó a ensayar una receta sobre la cual guarda silencio. Hace semanas inauguró un severísimo ajuste.

Es el imperio de la necesidad: caen las erogaciones porque caen los ingresos y caen los ingresos porque se derrumba la producción de petróleo.La principal víctima son los trabajadores públicos. El Estado es el único empleador que atrasó los sueldos en relación con la inflación, que el año pasado fue, según el Banco Central, de 130.000%. Esta tendencia le permite a la autoridad monetaria reducir la emisión, que es uno de los motores de la inflación.

También fueron aumentados en un 100% los encajes bancarios, por lo que se contrajo la cantidad de bolívares a disposición del público.El Banco Central suspendió también el control de cambios. El 21 de mayo pasado, sin hacer ruido, autorizó a las entidades bancarias a establecer mesas de cambio a través de las cuales deben deshacerse del 80% de sus posiciones en moneda extranjera. El 20% restante deberán destinarlo a operaciones entre bancos. Esta decisión completa otra de comienzos de año. El 26 de enero pasado, el Banco Central habilitó Interbanex, una plataforma privada de compra-venta de dólares.Como todo proceso hiperinflacionario, el venezolano registra una dolarización fáctica de la economía.

La gente huye de un bolívar devaluado y fija sus transacciones en la moneda estadounidense. Lo asombroso es que, lejos de desalentar esa conducta, el Gobierno la alienta. Desde los médicos hasta los mecánicos de automóviles cobran en dólares sin ninguna restricción. Entre estas innovaciones silenciosas está también la anulación de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sudden).

Esta oficina, que ejercía el control de precios hasta llevar a la cárcel a algunos supermercadistas, ahora mira hacia otro lado los aumentos del arroz, el café, las pastas o la leche. Esos productos estaban desapareciendo del mercado. Una tímida apertura comercial de las fronteras físicas acompaña esta política. El giro de Maduro ya se refleja en las estadísticas, que el Banco Central vuelve a publicar. Según el economista Asdrúbal Oliveros, de la consultora Ecoanalítica, las estratosféricas tasas de inflación del 100% mensual descendieron hasta estratosféricas tasas de alrededor del 35% mensual. Las consecuencias del torniquete monetario y la progresiva liberación de precios son imaginables: una caída dramática en un nivel de actividad ya muy deteriorado. Maduro vivirá atrapado entre una recesión que avanza y una inflación que no termina de ceder.

Es el peor de los mundos, salvo que se lo compare con la pérdida del poder.El régimen venezolano intenta sin estridencias este durísimo programa como un nuevo salvataje, mientras busca oxígeno internacional. Consiguió que la alta comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, visitara Caracas y se reuniera con Maduro, quien es desconocido como presidente por más de 50 países.

Entre ellos, Chile. Bachelet hizo equilibrio, como cuando era presidenta. En ese entonces debió evitar una condena categórica del régimen venezolano condicionada, sobre todo, por sus aliados comunistas. Pero estuvo entre los fundadores del Grupo de Lima, la liga americana que con mayor dureza denunció el autoritarismo de Maduro. Después de su visita, la socialista Bachelet lamentó el deterioro de la situación humanitaria en Venezuela. Pero no consiguió la liberación de presos políticos. Son 730, de los cuales en los últimos tiempos sólo una veintena recuperó la libertad.

El gran aliado del dictador sigue siendo Trump, quien, más interesado por su suerte electoral que por la peripecia de los venezolanos, mantiene una brumosa presión militar sobre Venezuela. Su vocero más persuasivo, el jefe del Comando Sur del Pentágono, Craig Faller, inició ayer una visita por Argentina y Chile, en el centro de cuya agenda está la cuestión de Venezuela.El curso que eligió Trump es cada vez más divergente del resto de la comunidad internacional interesada en una salida democrática. Sebastián Piñera, el sucesor de Bachelet, auspició desde su cancillería un seminario que analizó, el domingo pasado, con la presencia de opositores a Maduro, la transición posterior a Pinochet. Es un modelo que entusiasma a muchos militares que imaginan su continuidad después de la caída del chavismo.

Al mismo tiempo, la Unión Europea, en una perspectiva también distinta a la de Trump, designó al eminente Enrique Iglesias para asesorar sobre Venezuela a la Alta Representante para la Política Exterior, Federica Mogherini. Y un país ajeno a la Unión, como Noruega, se ofreció para una mediación entre delegados de Maduro y del presidente interino, Juan Guaidó. Al trascender, el ensayo perdió efectividad.Maduro intenta tomar oxígeno a través de estos nuevos experimentos diplomáticos. Debe apresurarse. Con la tenaza de la hiperinflación y la recesión puede terminar estrangulado.

What America Doesn’t Get About Dictatorshipsby Raul Gallegos – The New York Times – 20 de Junio 2019

download.jpg

It’s been five months since the opposition lawmaker Juan Guaidó assumed the symbolic role of interim president of Venezuela, hoping to unseat the country’s strongman, Nicolás Maduro. Despite more than 50 countries recognizing Mr. Guaidó as Venezuela’s legitimate president, oil sanctions imposed by the United States, massive street protests, and the worst economic crisis in modern history, Mr. Maduro persists.

The staying power of Mr. Maduro’s embattled government has confounded the international community, academics, analysts and journalists. Call it a lack of negative imagination — the capacity to conceive of and prepare for worst-case scenarios. The inability to fathom the resilience of an authoritarian regime shows how politically naïve those in liberal democracies have become. Freedom and wealth give us strength, but it can also become a weakness. We become unprepared for the unthinkable and blindsided by events like the 9/11 terrorist attacks, the rise of Donald Trump, or the Brexit vote in Britain.

When the likelihood that Mr. Maduro could defy expectations and hold onto power for much longer is raised in meetings with policymakers in Washington or financiers in New York, it often incites anger or disbelief. I should know. In my work with Control Risks, a global risk management consultancy, we have raised the alarm for the last three and a half years that Mr. Maduro and his Chavista political movement can cling on to power longer than most people think. Mr. Maduro’s friends in Cuba, China, Russia and Turkey have helped him cling on. The West has consistently underestimated his determination and lack of scruples.

When I explain this to incredulous clients, I’m often met with uncomfortable silences or a battery of angry counterarguments. A journalist once wondered, half in jest, if my professional opinion was the result of being a closeted Chavista. People in democracies where logic, well-functioning institutions and strong civil societies prevail struggle to understand countries without those norms.

We assume that cash-strapped dictators will quickly fall because they can no longer buy people’s loyalty. But we fail to understand that when money becomes scarce, unscrupulous regimes like those in North Korea, Cuba and Venezuela use fear and terror — including jailing or killing dissenters and their families — to enforce obedience.

We also like to think that dictatorships are constantly teetering on the brink because of weak and corrupt institutions. But regimes like Mr. Maduro’s encourage graft as a way to keep greedy bureaucrats loyal, and to have something to hold over their heads if they should become enemies. There are plenty of examples of corrupt Maduro loyalists who were persecuted when they turned on the regime.

In Venezuela’s latest racket, for instance, passport agency officials have been known to charge citizens up to $2,000 for a new passport. Corruption is a trap that makes it hard for criminalized civil servants to have a normal life outside the regime, because they will always run the risk of ending up in jail or dead. Criminalized institutions have staying power precisely because they are corrupt.

A particularly romantic misconception is that hungry people will fight for their freedom and inevitably topple regimes. Studies show that people who are experiencing food shortages are focused on day-to-day survival. Hunger makes people more dependent on the state that controls them, just like Venezuelans are now more dependent on Mr. Maduro’s food handouts. An abused citizenry falls into “learned helplessness” and becomes more pliant and cowed. Hungry people rarely topple dictatorships — well-organized coups or insurgencies do.

If and when a nasty regime falls we also like to think the good guys take control. If Mr. Maduro leaves — especially following a negotiation — a number of Chavistas who control the levers of power could come out on top. No one gives up power willingly without something in return. This means that regime insiders whom the international community finds unsavory could still wield power post Maduro, likely sharing it with populist-leaning members of the opposition. It’s unrealistic to assume that pro-business, democratic leaders will immediately control Venezuela if and when Mr. Maduro departs.

To help countries overcome dictatorial rulers, the international community must first take off its rose-tinted glasses. Positive thinking has almost become an ideology in foreign policy circles. But only when we begin to account for all the things that can go wrong, can we prepare to successfully tackle negative outcomes ahead of time. Understanding how illiberal and criminal regimes function is also crucial, instead of assuming they will respond to the same incentives that motivate us. Hoping for the best won’t rescue nations from political backwardness. To achieve a democratic transition in Venezuela requires more than wishful thinking.

Raul Gallegos is a political risk adviser for Control Risks and the author of “Crude Nation: How Oil Riches Ruined Venezuela.”

La ayuda humanitaria escasea ante el recrudecimiento de la crisis en Venezuela por Maolis Castro / Florantonia Singer – El País – 16 de Junio 2019

Los cargamentos donados por Cruz Roja no consiguen aliviar la emergencia que vive el país

Una habitación de un hospital de Caracas.
Una habitación de un hospital de Caracas. ANDREA HERNÁNDEZ

Los médicos saben que miles de pacientes morirán sin un tratamiento en Venezuela. Desesperados por la impotencia, un grupo de personas caminó, a finales de mayo, hasta la sede de Cruz Roja en Caracas para demandar la entrega de la ayuda humanitaria a varios hospitales del país.

Está previsto que en su etapa inicial el plan de ayuda de Cruz Roja beneficie a 650.000 personas. Pero en abril el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, señaló que se necesita asistencia para siete millones de personas en Venezuela. Todos saben que la solución se puede demorar de forma indefinida y la prolongación del conflicto político y la crisis ha acelerado el éxodo forzoso, pues la situación del país se hace cada vez más precaria con la hiperinflación que empobrece a los venezolanos, la crisis eléctrica que padecen gran parte de los Estados del país y la escasez de combustible que ha empezado a limitar el ya reducido abastecimiento de alimentos, en medio de un conflicto de poderes entre el chavismo y la lucha por la transición de Juan Guaidó.

En febrero Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) reportaba que el número de venezolanos en el extranjero alcanzaba los 3,4 millones. Tres meses después, un nuevo informe del organismo reporta que más de cuatro millones se han ido, 600.000 personas más, a razón de 6.000 por día en medio de la peor crisis e incluso con las fronteras cerradas, cifras que el canciller, Jorge Arreaza, cuestionó por creer que se trata de una estrategia contra el Gobierno de Nicolás Maduro.

Para Feliciano Reyna, director de la ONG Acción Solidaria, la emergencia humanitaria está lejos de resolverse. Aunque se avanzó en la activación de los mecanismos de Naciones Unidas y Maduro aceptó el apoyo humanitario de la Cruz Roja, todavía no se concreta la entrada de la ayuda y, en paralelo, la precariedad crece en el país. “La supervivencia aquí está en riesgo. En 2015 se comenzó a formar la ola de este tsunami que ya entró al país y sigue arrasando. Para detener ese daño hay que hacer esfuerzos enormes”, explica.

Contener la emergencia, causante del incómodo éxodo, implica atender a millones de pacientes de distintas enfermedades crónicas. En mayo, un informe de la ONG internacional ACAPS, que monitorea las crisis humanitarias en el mundo, consideró que la situación era de alta severidad al indicar que 14,9 millones de personas en Venezuela requieren de la ayuda humanitaria, que equivale a más de la mitad de la población. Esa es gente, apunta Reyna, cuyas capacidades de supervivencia están en riesgo hasta tal punto que tendrían que marcharse del país.

Para la Comisión Especial de Seguimiento a la Ayuda Humanitaria creada en el Parlamento las dimensiones de la crisis en realidad alcanzan a 19,8 millones de venezolanos, de los cuales 6,9 millones no tienen acceso a medicamentos por el desabasto y los altos costos de los pocos que están disponibles. Además, 324.000 niños menores de cinco años no tienen segura su alimentación. Los números presentados a principios de junio dibujan, de acuerdo con los diputados, el escenario de una catástrofe humanitaria.

El activista reconoce la importancia de que sea permitida por primera vez la entrada de cargamentos anunciados como ayuda humanitaria con el consentimiento de Maduro, pero recuerda que desde 2016 muchas ONG venezolanas atienden a grupos vulnerables. “Eso le da un piso más sólido a la movilización. Pero tendríamos que, mientras transcurre el camino del conflicto político, porque es imperativo, urgente, no hay adjetivo posible para decirlo, abrir por completo el espacio humanitario para que actores nacionales o internacionales puedan ingresar al país a atender a quienes están en mayor riesgo”, destaca. Su organización, Acción Solidaria, entrega mensualmente tratamientos médicos para 15.000 pacientes presionados por las dificultades de Venezuela.

Aunque la emergencia humanitaria está declarada desde 2016 por la Asamblea Nacional, fue el 16 de abril cuando finalmente entraron de manera formal 24 toneladas de ayuda humanitaria traídas por Cruz Roja Internacional: plantas eléctricas, pastillas potabilizadoras, productos de higiene y algunos medicamentos fueron repartidos en unos pocos hospitales y comunidades. La llegada, sin embargo, no significó una asistencia continua. A principios de mes, el director del organismo en Venezuela, Mario Villarroel, reconocía que, aunque tenían autonomía para llevar la ayuda, necesitaban la autorización del Gobierno de Nicolás Maduro para poder entregarla.

A la declaración siguió la firma de una “hoja de ruta” entre el Ministerio de Salud venezolano y la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja para aumentar la asistencia en Venezuela. También firmaron un convenio con la empresa rusa Geropharm para producir insulina en Venezuela. Sin embargo, el chavismo niega insistentemente la crisis humanitaria y se opone a la ayuda internacional tildándola de injerencia. El bloqueo que impuso el Gobierno de Maduro a la búsqueda de soluciones a la crisis, convirtió la labor humanitaria que vienen haciendo decenas de ONG en el país desde hace tres años en una actividad casi clandestina.

POLÉMICA POR UNA DENUNCIA DE CORRUPCIÓN

Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, exigió este viernes investigar una denuncia publicada en el portal Panam post sobre una presunta apropiación de fondos destinados a la ayuda internacional por parte de los enviados de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, en la ciudad fronteriza de Cúcuta, Colombia. El artículo, basado en una fuente de la inteligencia colombiana, indica que dos militantes de Voluntad Popular, encargados de atender a militares y sus familiares fugados de Venezuela, comenzaron a exhibir lujos.

Guaidó explicó que la delegación en Colombia maneja con “austeridad” y “limitaciones económicas” la situación de los militares en ese país. “Ante denuncias, pido al embajador Humberto Calderón Berti solicitar formalmente a organismos de inteligencia colombiana la investigación necesaria. ¡Transparencia ante todo!”, dijo.

Las denuncias no solo se limitan a Colombia. En Venezuela la ayuda humanitaria es controlada por la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja que se rigen por protocolos y cuentan con un propio comité de control. Hace unos días, un grupo de médicos de hospitales de Caracas cuestionó los mecanismos del organismo para distribuir las donaciones. Sus dudas sobre el trabajo de Cruz Roja está fundamentado en la ausencia de datos públicos. Pero el organismo internacional ha proporcionado, con cautela, datos sobre sus actividades.

Mercedes de Freitas, directora de la ONG Transparencia Venezuela, insiste en que es necesario hacer públicos los detalles de los donativos para evitar confusiones y hasta corrupción. “La ayuda humanitaria no alcanzará para todas las necesidades (…) ¿Qué significa eso? Al ser insuficiente existe un riesgo, porque la escasez es el incentivo más grande de la corrupción. No digo que esto sea el destino de los cargamentos que ingresaron a Venezuela, pero es importante ser cuidadosos con la contraloría y que la población conozca detalles”, explica.

La experta recuerda que en el país la corrupción es común. “No es de extrañar que la gente quiera ejercer contraloría. Durante años el sistema de salud recibió miles de millones de dólares para presupuestos anuales (…) Hasta el expresidente Hugo Chávez aprobó recursos para construir seis grandes hospitales, de los cuales ninguno está terminado. Algunos ni siquiera se empezaron a construir, pero los fondos se asignaron y no sabemos qué pasó con ese dinero”, dice.

Rodrigo Agudo: Venezuela sólo dispone del 20% de los alimentos que necesita por  Jose Segovia – Cactus24 – 14 de Junio 2019

El asesor de Fedenaga Rodrigo Agudo advirtió que en Venezuela la población sólo dispone del 20% de los alimentos que necesita y en la actualidad existe un problema profundo de desnutrición.

Resaltó que el 90% de los venezolanos no pueden comprar los alimentos y eso causa una «falsa imagen» de abastecimiento.

En su opinión, desde el gran apagón que se sufrió a comienzos de año se ha agravado la situación de desabastecimiento.

El experto aseguró que Venezuela sufre las consecuencias de un Gobierno «que se puso a hacer lo que no sabe hacer» y la intervención sobre toda la cadena agroalimentaria.

Agudo denunció que el 55% de la carne de res que se consume en el país hoy en día no cuenta con vigilancia sanitaria.

En una entrevista con Globovisión, Agudo dijo que para recuperar la economía venezolana se requiere ayuda externa.

 

Forced to Bathe With a Bucket of Water, Juan Guaido Soldiers On by Patricia Laya/Andrew Rosati and Daniel Cancel – Bloomberg – 7 de Junio 2019

  • New Venezuelan elections could come in 6-9 months, he says
  • Opposition leader doesn’t support any forms of sanction relief
Guaido speaks in Caracas on June 6.
Guaido speaks in Caracas on June 6. Photographer: Adriana Loureiro Fernandez/Bloomberg

On Thursday, Juan Guaido woke up and doused himself with a bucket of water.

It was his shower. Like millions of Venezuelans, the man who dozens of countries recognize as the legitimate leader of his broken country can’t rely on the taps to run. “It’s one of the things I hate most,” the 35-year-old lawmaker said in an interview. “It’s a symbol of poverty, and during much of my life I had to do it.”

And yet, he was for the most part characteristically upbeat, exuding that can-do spirit that his followers love and his detractors find naive, as he talked about how Venezuela would have to tolerate much more suffering in order to topple Nicolas Maduro’s autocratic regime. Despite the pain, he said, the U.S. shouldn’t ease up on the sanctions that are deepening the worst economic crisis in the country’s history.

“It’s going to get worse” before things turn, he warned.

Ultimately, he insisted, the opposition movement, rekindled after he became leader of the National Assembly in January, would succeed. New elections could be held in six or nine months because the pressure simply won’t let up on Maduro’s closest collaborators to break ranks, he said.

Failed Uprising

Considering the current state of affairs, those proclamations sounded excessively optimistic, even by Guaido’s standards. After he botched a military uprising in late April, his movement lost momentum. Many of his closest allies are either detained, taking refuge at foreign embassies or in exile.

Even Guaido himself, a man who the U.S. has worked hard to protect, has been on the run, changing locations every few weeks to keep one step ahead of Maduro’s security forces. On Thursday, Guaido gave the interview from a barren office with a pitch-dark entrance closely guarded by burly bodyguards in a building in Eastern Caracas. Between calls and meetings he sat at a table and watched a video of his 2-year-old daughter.

Over an impromptu lunch served in Styrofoam containers, he defended the opposition’s strategy and dismissed critics who have complained the bid to oust Maduro is losing momentum, or even stalling.

“We have to push forward,” Guaido said. “Their persecution has not made a difference in doing politics, but it has made it more complex and much harder to do in terms of getting support in the streets.”

‘Guaido Effect’

Early in the year, the “Guaido Effect” sent real estate prices soaring and stocks rallying on expectations that Maduro was on his way out. That didn’t last, and Guaido’s approval rating in opinions polls has dropped by about 5 percentage points since February to 56.5%. While it’s something to pay attention to, it’s worth noting he wasn’t even in the running months ago, he said, and Maduro is at historic lows.

Guaido has received unprecedented support from the Trump administration, which has issued sanctions against individuals, the oil industry, the gold trade and the central bank. The lawmaker stressed, though, that the blame for the misery in Venezuela — 24-hour lines to buy gasoline, food rotting from blackouts, widespread hunger — rests squarely with Maduro. Any lifting of sanctions to help end the suffering would only “normalize” the crisis.

Among the world powers not backing him are China and Russia, major Venezuelan creditors. Guaido said that recent declarations by both nations showed a softening in their stance and signaled a willingness to find a solution.

He didn’t seem to be bothered by a report that U.S. Secretary of State Mike Pompeo blamed opposition infighting for impeding progress in removing Maduro and predicted that if he falls, as many as 40 people will vie for the presidency.

“We’re united in the desire and need to get rid of Maduro,” Guaido said. “If 40 people want to compete for the presidency, they’re welcome to. That’s democracy.”

Un manguito, por favor por Ana María Matute – El Nacional – 6 de Junio 2019

Ana María Matute

Llené esta mañana mi carro con potes vacíos para cargar agua, es parte de la cosecha del día, aunque no tengo ningún aljibe cerca, como pudieron tenerlo mi madre o mi abuela allá en Paraguachí. Otra vez apelo a la generosidad de mis amigos, que me acogen en su casa, al otro lado de la ciudad, para que pueda bañarme y recoger agua para poder sobrevivir en mi apartamento en el que llevo 12 días sin servicio. ¿Alguien en cualquier otra parte del mundo entiende este proceso?

Estoy más que segura de que si se cuenta en plena plaza de Bolívar en Bogotá, nadie va a creerlo. Pero esa es la cotidianidad que nos han impuesto. Y yo vivo en la capital, me cuesta imaginar la terrible situación que padecen unos kilómetros más allá.

II

“Doctor, no hay gas en la medicatura. A cada uno nos toca un huevito para la comida, pero como no puedo cocinarlos, se los estoy dando. ¿Usted lo quiere? Porque es que tengo mucho tiempo sin comer huevo y si usted no lo quiere ¿me lo puede regalar?”, le dice la camarera al médico de guardia. Pobre mujer ¿cómo decirle que no?

En las medicaturas rurales no hay fármacos ni insumos médicos. Tampoco hay cómo limpiar las instalaciones. Los médicos pasan días allí, por lo que tienen que llevar materiales para por lo menos lavar el baño, cuando hay agua. La situación no puede ser más insalubre. Esa es la medicina que nos ha tocado, y me quedo corta retrocediendo dos siglos en la historia. Es como cuando se propagaba la peste, con Europa completa metida en el barro, sin agua corriente, sin detergentes, sin antibacteriales, sin asepsia. Me sorprende que no haya más muertos.

Y no hay más fallecimientos porque, como lo he dicho en otras oportunidades, los médicos venezolanos son héroes. Como el equipo que fue capaz de separar a las siamesas en Maracaibo, como los que todos los días se rebanan el cerebro para ver cómo aliviar las enfermedades de los niños o los ancianos sin ni siquiera contar con el tratamiento.

No es nuevo, médicos como Julio Castro han advertido que muchos colegas han tenido que recurrir a procedimientos en desuso para poder salvar vidas. Insisto, es vivir en el siglo XXI cronológicamente, pero cotidianamente en el XIX.

III

Y, entonces, de repente me encuentro con esto en Twitter: Diosdado: Puede faltar lo que sea, pero dinero para la salud de los niños, nunca va a faltar.

Imagino que habla de sus niños, o de los niños de sus hermanos, o de sus primos. No creo que hable de los niños venezolanos.

Hace tiempo que me hicieron una observación que creo del todo pertinente. Hay tres Venezuela, y una de ellas es en la que viven los maduchavistas, que es todo miel sobre hojuelas, porque obviamente tienen las alforjas llenas de todo lo que han robado.

La otra Venezuela es la que está en la mente de los dirigentes políticos. Y digo en la mente porque creo que a veces les falta aterrizar un poco. Siento que en medio del fragor de la lucha pierden el sentido de la realidad que nos aplasta.

Y la tercera se asoma por las ventanas de mi carro, los potes de agua que debo llegar a descargar. La que vive la camarera de la medicatura. La que vive el hombre que engañó su estómago con dos mangos verdes para poder salir a trabajar.

La esperanza se diluye para una mujer que trabaja en el siglo XXI pero vive en el XIX. Pero hay que seguir.

Carta a nuestro querido líder por Claudio Nazoa – El Nacional – 30 de Mayo 2019

Querido líder:

Yo lo admiro porque usted y los amigos que lo mantienen en el poder, como buenos toreros, han logrado lidiar con la oposición de la derecha apátrida que está acompañada por la del centro traidora y por la izquierda moderada burguesa, es decir, por 87% de los venezolanos.

Lo que más he admirado en este tiempo convulso y gracias a su sapiencia infinita es que decidió que ya no le gustaba la Constitución de su comandante eterno (¿se acuerda?, el que nació en Sabaneta de Barinas), quien decía: “Esta es la mejor Constitución del mundo”. Sin embargo, usted, mi admirado comandante en jefe, dijo que había que cambiarla por otra que fuera la más mejor del mundo. Para eso, con el TSJ que nombró, montó una Asamblea Nacional paralela a la legítima y la nombró legítima y a la legítima, la declaró ilegítima. Nunca había visto algo tan maquiavélicamente bien hecho. De ñapa, sus amigos nombraron al fiscal general, al contralor y al defensor del pueblo.

Estoy emocionado querido líder y sin que me malinterprete, confieso que me gustaría invitarlo a bailar porque es que ¡usted sí que tiene son! Inventa vainas que parecen que son verdaderas aunque todo el mundo sabe que no lo son.

Dígame cuando el otro día –¡es que usted no deja de sorprenderme!– unos muchachitos en el destruido, abandonado y malogrado Hospital de Niños morían por falta de tratamiento a pesar de los esfuerzos de los médicos héroes y usted, orondo y rodeado de militares, dijo que iba a inaugurar una fábrica de ametralladoras y mostró en cámara unas motos rarísimas que, según sus palabras, “fueron hechas con material de desecho” y les instalaron un lanzagranadas y una ametralladora. ¡Genial! Esa vaina no se le ocurre a nadie, pero la cosa no quedó allí. Me encantó cuando dijo que iba a mandar esas motos a los barrios con 10.000 simuladores de tiros “para que el pueblo agarre puntería”. ¡Tremenda idea! mi querido comandante en jefe, lo único, y perdone que humildemente le sugiera algo, es que creo que hay que tener cuidado para que a los malandros no se les ocurra atracar con lanzagranadas y ametralladoras.

Otra idea extraordinaria es la de dejar a la gente sin dinero en efectivo. Usted está dando una lección de comunismo, es malo que el pueblo se acostumbre a tener plata para comprar las cosas que quiera porque lo ideal es que mendiguen la bolsa de comida que les regala. Lo del Metro que nunca funciona también le está quedando sensacional, es ideal para que los venezolanos hagan ejercicio. Lo del apagón de cuatro días, ¡ni hablar! y qué bellas se ven las estructuras de cemento por donde iba a pasar un tren que costó 10.000.000.000 de dólares y que hoy, ornamentalmente, decoran la autopista desde Aragua hasta Carabobo y desde Petare hasta Guarenas. Fíjese que en Egipto tuvieron que esperar 4.000 años para que las cosas se arruinaran, en cambio usted ya las construye hechas ruinas.

Ah, no, pero dónde me deja eso de que la gente se quede sin gasolina. ¡Eso sí que no tiene nombre!, qué venganza tan sabrosa para ese 87% de venezolanos que no lo quieren y para quienes lo quieren también. ¡Bien hecho! ¡Se lo tienen merecido! Eso es terapia ocupacional, pues en lugar de estar maquinando en cómo salir de usted, ellos se mantendrán ocupados durante tiempo infinito haciendo cola.

Y hablando de cola, lo de poner durante horas y a veces hasta días a los abuelitos en una interminable fila india como cuando eran niños de kinder para cobrar una pensión que no alcanza para comprar un pollo, es sencillamente extraordinario y plausible, porque tengo entendido que esos viejitos fueron adecos y copeyanos y eso hay que pagarlo.

Querido líder, usted se ha convertido en un mago extraordinario: mete la mano en el petróleo y lo desaparece, mete la mano en el cemento y lo desaparece, mete la mano en los pasaportes y los desaparece para siempre, a menos que los de la derecha se bajen mínimo con 1.000 dólares. Mete la mano en las siembras de caña de Aragua que tenían 300 años y en un santiamén convierte aquella belleza en un tierrero infértil. Mete la mano en las empresas básicas de aluminio y acero y más nunca nadie ve una cabilla ni un simple papel de aluminio. ¡Usted logró tamaña proeza!, desaparecer la mayor reserva de gas del planeta de un solo tiro. Pero lo más arrecho es cuando usted agarra preso a los diputados con inmunidad parlamentaria… ¡zuás!, también los desaparece.

¡Usted es grande, hermano! Tan grande como el extraordinario Harry Houdini, aquel mago escapista del siglo pasado quien, amarrado, encadenado y sumergido en un pipote gigante de agua, siempre lograba huir. A Houdini le salieron bien sus trucos de escapismo hasta que un día se ahogó ante los ojos atónitos del público y de sus ayudantes, quienes por cierto no hicieron nada para salvarlo. Dios me lo salve a usted.

Bueno, mi querido Kim Jong-un, me despido diciendo como usted siempre dice: “La lucha sigue”. ¡Claro que sigue y va muy bien!

Y tocando otro tema, me tiene preocupado otro mago buenísimo  que apareció por allí, uno de apellido Guaidó que… ¡Ay, se me acabó la página!

La escasez de medicinas en Venezuela «es provocada» por Ymarú Rojas – ABC – 30 de Mayo 2019

El gremio de la salud pide a la Cruz Roja que investigue si el régimen las esconde

El fallecimiento de seis niños en el Hospital José Manuel de los Ríos, cuatro de ellos mientras aguardaban respuesta para el trasplante de médula ósea, tiene consternada a la población venezolana. Ayer, el gremio del sector de la salud se organizó para manifestarse en las afueras del recinto médico, ubicado en Caracas, y se trasladaron luego hasta la sede de la Cruz Roja, cercana al hospital donde murieron los primeros cuatro niños la semana pasada.

Según los representantes del gremio, en los hospitales de Venezuela se padece un déficit del 90 por ciento de suministros. El sector denuncia al régimen chavista por no estar a la altura del problema, y rechazan el argumento de Nicolás Maduro de que los niños no han podido ser atendidos -ni se pueden importar medicamentos- debido al bloqueo económico y a las sanciones que mantiene el Gobierno de Estados Unidos hacia Venezuela.

Los médicos, enfermeras y profesores universitarios que participaron en la manifestación exigieron ayer a la Cruz Roja Venezuela «una auditoría de la ayuda humanitaria» que entró en el país a principios de abril y que debía ser aplicada a los casos crónicos y más graves de venezolanos que se han visto afectados por la devastadora crisis humanitaria. Ana Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras del Distrito Capital, exigió a la Fiscalía General de Venezuela abrir una investigación ante las denuncias que existen sobre medicamentos que estarían «bajo llave» dentro del JM de los Ríos.

El parlamentario y presidente de la Comisión de Seguimiento de la Ayuda Humanitaria, Miguel Pizarro, ha publicado en su cuenta en Twitter un informe sobre la crisis de salud infantil en Venezuela, que ha estudiado la dramática situación desde enero hasta mayo de este año, y en el que se exponen los casos de Giovanny Figuera (6 años), Robert Redondo (7 años), Yeiderberth Requena (8 años) y Erick Altuve (11 años), niños que formaban parte de un grupo de 30 que esperaban trasplante de médula. Sus muertes -la semana pasada- solo causaron impacto cuando sus familias decidieron coordinarse para denunciar la negligencia del Estado.

Enfermos crónicos

El informe en cuestión señala que la Corte Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a todos los niños que son pacientes del Hospital JM de los Ríos después de las denuncias «sobre riesgos y daños irreparables a la salud y a la vida por el desabastecimiento de medicamentos, insumos y equipos médicos, otorgando protección internacional para garantizar la vida, integridad y salud de los niños» venezolanos.

La oposición venezolana también ha denunciado que la base de datos de niños que esperan trasplante de médula ósea ha sido negada por parte de las autoridades del hospital JM de los Ríos a Juan Guaidó, quien asumió la presidencia interina en enero y desde entonces se comprometió a trabajar para ayudar a más de 250.000 venezolanos que tienen un diagnóstico médico crónico. Guaidó condenó a finales de la semana pasada que Maduro aprobara millones de euros para la compra de armamento y uniformes militares, y subrayó que esos recursos podrían haber sido utilizados para ayudar a los enfermos del país.

El Estado venezolano mantiene una deuda de casi 10 millones de euros con el Gobierno de Italia, y esa morosidad ha roto el acuerdo que sostenía la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) con la Asociación para el Trasplante de Médula Ósea (ATMO) de Italia, que consistía en trasladar a niños para que fueran atendidos quirúrgicamente. Ladeuda trajo como consecuencia la suspensión del acuerdo para las familias que estaban en la lista de espera, a finales de 2018.

Las deudas comenzaron mucho antes de que Estados Unidos sancionara al régimen por actos de corrupción con los recursos de Pdvsa.

 

A %d blogueros les gusta esto: