elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Escasez

El parque automotor de Venezuela sigue el rumbo de la obsoleta Cuba por Zenaida Amador – ALnavío – 18 de Octubre 2018

Se estima que 60% del parque automotor de Venezuela está compuesto por vehículos ensamblados antes de 2006 y que aproximadamente hay dos millones de unidades con más de 15 años a cuestas que, a duras penas, siguen circulando dada la escasez de repuestos y el bajo poder de compra de la población.
Las autos en Caracas cada vez se parecen más a los de La Habana / Foto: YouTube

Los autos en Caracas cada vez se parecen más a los de La Habana / Foto: YouTube

Más allá de las imágenes del Che Guevara o de Fidel Castro, uno de los símbolos que internacionalmente ha identificado a la revolución cubana han sido los coches de los años 30 a 50 que siguen como referencia del transporte de la isla. “Es como si Cuba se hubiera quedado paralizada en el tiempo”, suelen comentar los turistas. Venezuela pareciera transitar el mismo camino.

Las estadísticas de la industria automotriz venezolana van a tono con la realidad de un país que se empobrece a velocidad de vértigo y cuya economía suma cinco años de contracción. Se estima que 60% del parque automotor está compuesto por vehículos ensamblados antes de 2006 y que aproximadamente hay dos millones de unidades con más de 15 años a cuestas que, a duras penas, siguen circulando dada la escasez de repuestos y el bajo poder de compra de la población.

Uno de los símbolos que ha identificado a la revolución cubana han sido los coches de los años 30 a 50 que siguen como referencia del transporte de la isla

Aunque Venezuela es un país petrolero con grandes reservas de hidrocarburos y minerales, que entre 1999 y 2014 gozó de un boom de ingresos por 960.000 millones de dólares, en la actualidad padece la peor crisis económica, política y social de su historia reciente, con efectos de impacto global.

En 2017 sólo fueron ensamblados 1.774 vehículos mientras que una década antes la producción era de 170.000 autos al año. La industria automotriz venezolana puede ensamblar 200.000 autos al año, pero actualmente opera a menos de 1% de esa capacidad. En agosto pasado solamente fueron vendidas 91 nuevas unidades en un entorno donde el parque automotor envejece y se paraliza.

El sector de autopartes está igualmente golpeado por la caída de mercado y la falta de acceso a materias primas importadas y nacionales. A esto se suman noticias como la salida del mercado venezolano de Pirelli, que en septiembre vendió sus activos en el país a unos empresarios suramericanos luego de haber enfrentado problemas para sostener la producción de neumáticos.

Según estimaciones al primer semestre de 2018 de la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa), el parque automotor venezolano consta de 4,1 millones de vehículos, de los cuales 40% se encuentra inactivo y en junio de 2017 esa porción se calculaba en 22%.

El transporte colectivo está integrado por autobuses, microbuses y jeeps (estos últimos ideales para el acceso a los “cerros” o barriadas populares), que mayoritariamente están en manos de asociaciones o cooperativas privadas de conductores. En este caso se estima que 80% de las unidades están paradas por la falta de repuestos o la imposibilidad de sus dueños de costear la reparación, sin que exista un sustituto estatal que garantice la prestación del servicio.

Estos son los 10 vehículos más vendidos en los ocho primeros meses de 2018, tomando en cuenta tanto los vehículos nacionales como los importados / Reporte mensual Favenpa Agosto 2018

Estos son los 10 vehículos más vendidos en los ocho primeros meses de 2018, tomando en cuenta tanto los vehículos nacionales como los importados / Reporte mensual Favenpa Agosto 2018

La parálisis de la actividad económica ha llevado a muchos dueños de camiones a desviarlos al transporte de personas atendiendo “la necesidad del mercado”. Son las llamadas “perreras”, donde los usuarios viajan amontonados, de pie y sin ninguna medida de seguridad, y que ayudan a mitigar las caminatas kilométricas de quienes no poseen un vehículo propio.

La otra Venezuela

Aun así, por las destartaladas vías del país se observan vehículos nuevos de alta gama tanto nacionales como importados, muchos de ellos con escoltas, que son un recordatorio constante de que en Venezuela conviven dos países antagónicos. Mientras cerca de 90% de la población vive en situación de pobreza medida por ingresos, según lo muestran los datos de la más reciente Encuesta de Condiciones de Vida preparada por las principales universidades venezolanas, una porción menor a 1% de la población concentra el mayor poder de compra, espacio donde conviven los restos de las tradicionales riquezas familiares y empresariales de Venezuela con una nueva casta enriquecida por los negocios conexos al Estado.

En los últimos tres años, con la anuencia del gobierno de Nicolás Maduro, ha sido posible que las automotrices vendan sus vehículos en dólares como una vía que permite importar las materias primas e insumos necesarios para ensamblar en el país, gracias a lo cual algunas empresas se sostienen de un hilo, aunque la opción es excluyente para el grueso de la población.

En 2017 sólo fueron ensamblados en Venezuela 1.774 vehículos mientras que una década antes la producción era de 170.000 autos al año

Los datos de la Cámara Venezolana de la Industria Automotriz (Cavenez)muestran que el ensamblaje de vehículos con base en ventas disminuyó 40,7% en los ocho primeros meses de 2018 respecto al mismo período de 2017, y que la participación de los vehículos importados en el mercado llega este año a 37,3% (603 unidades). En agosto se vendieron tres unidades importadas por las ensambladoras y 52 que fueron importadas por particulares.

En el top de los vehículos más vendidos en Venezuela entre enero y agosto de 2018 destacan Toyota Hilux (278 unidades) y Ford Explorer (111), ensamblados localmente, y Toyota Fortuner (205), importados por las ensambladoras, lo que dibuja el perfil de los consumidores de automóviles en el país. Casualmente son Toyota Ford las ensambladoras “con más músculo” en el mercado local, mientras la inactividad y el desmantelamiento signan a las antes exitosas General Motors, FCA (Chrysler), Iveco y MMC Automotriz.

Para la clase media que se resiste a hundirse en la pobreza queda la opción de los vehículos de segunda mano. Este mercado es alimentado generalmente por la diáspora. Por una parte, están quienes pretenden huir de la crisis y rematan sus pocos activos en el país a la espera de captar algunos dólares con los cuales emprender la emigración, y por la otra, las familias de quienes ya han emigrado que tratan de vender, sin tanto apuro, esos activos a la espera de alcanzar mejores precios. En este mercado se ve de todo, pero en dólares.

La respuesta de Laureano Márquez a Jim Carrey – El Nacional – 13 de Septiembre 2018

1536845832216.jpg

El humorista venezolano le escribió una carta al actor por reconocer su simpatía por el socialismo

El humorista y politólogo venezolano Laureano Márquez respondió mediante una carta al actor Jim Carrey por su comentario sobre el socialismo.

Por su parte, Márquez comentó: “Menester es decirte, que bajo el nombre de “socialismo” se ocultan hoy profundas amenazas, curiosamente, en contra de lo que suele considerarse como socialismo”, publicó en su cuenta de Twiter.

Laureano hizo referencia a la situación de Venezuela al asegurar que el gobierno de Nicolás Maduro no es “la antítesis de egoísmo”. “En Venezuela Jim, le hemos agarrado tirria a la palabra socialismo, representa la opresión contra un pueblo, la destrucción de una nación floreciente y la desesperación de sus ciudadanos.”

A contnuación el texto completo:

Querido Jim:

Te admiro mucho, pero a veces parece que la incapacidad de las estrellas de Hollywood para entender la política es directamente proporcional a su talento escénico. Reagan siempre fue un actor de muy poco talento, gracias a Dios. Leí que te invitaron al programa “Real Time with Bill Maher” de HBO- donde dijiste: “Tenemos que decir sí al socialismo, a la palabra y todo”. Quizá para ti, como para la humanidad entera, la palabra “socialismo” es una palabra que suena bonito. Todo el mundo quiere definirse como socialista, hasta los de derecha: a Rajoy lo tildan de “socialdemócrata” y seguramente lo es.

Socialismo es entendido en términos cotidianos como antítesis de egoísmo, sinónimo de preocupación por los demás, de distribución equitativa de la riqueza, de apoyo a los más débiles y sus necesidades, de procurar salud y educación para todos, etc. Y eso es bueno, eso lo quiere hasta la derecha primermundista. Parece que esa tradicional división entre derecha e izquierda en términos ideológicos ha ido mutando, ya lo que más inquieta a la gente es que sus gobiernos sean eficientes, honestos, que cumplan con sus obligaciones constitucionales y casi todas las constituciones contemplan un profundo contenido social.

Así pues, al menos en los países desarrollados, lo que hay son socialismos, con matices de izquierda o de derecha. Uno supone que es a eso a lo que te referías cuando señalas: “tenemos que decirle sí al socialismo” y pones como ejemplo a esa magnífica nación que es Canadá. En tal sentido, no habré de caerte encima como si hubieses grabado una cuña para el Saime.

Sin embargo, menester es decirte, que bajo el nombre de “socialismo” se ocultan hoy profundas amenazas, curiosamente, en contra de lo que suele considerarse como socialismo, escondiendo un autoritarismo intolerante puro y duro, cuando no una abierta dictadura. No es casual, Jim, que el neofascismo esté floreciendo justo en la Alemania que era socialista.

Si evaluamos el caso que más cercano tenemos nosotros, el de Venezuela, lo que encontramos es justamente eso: nuestro régimen no es -válgame Dios- la antítesis del egoísmo. Muy por el contrario, no hay nada más egoísta que apropiarse de lo que es de todos, desde el poder, hasta los dineros públicos, en esa forma de gobierno que padecemos y que, desde que pasó el gran cometa Haley, ha dado en llamarse “cleptocracia”.

En Venezuela, querido Jim, -por lo que te acabo de contar- no hay distribución equitativa de la riqueza, ésta se ha concentrado, como pocas veces en nuestra historia en muy contadas manos.

Los más débiles en Venezuela están a la buena de Dios, huyendo del país como pueden, sin salud, sin medicamentos y sin alimentos, tragedia a la que se le suma la negación de un régimen que afirma que nunca la población había estado tan bien y que incluso habría que cobrarle al gobierno colombiano el bienestar del que disfrutan sus ciudadanos acá.

O sea. En Venezuela, querido Jim, los niños están dejando de ir al colegio, bien porque tienen que buscar cómo sobrevivir y ayudar a sus familias o porque no tienen fuerzas para ir al colegio por falta de alimento. En Venezuela Jim, le hemos agarrado tirria a la palabra socialismo, representa la opresión contra un pueblo, la destrucción de una nación floreciente y la desesperación de sus ciudadanos.

Don’t Focus on Regime Change in Venezuela by Frank O. Mora – Foreign Policy – 4 de Septiembre 2018

How Maduro has held on to power, and why what follows him won’t likely be better.

Nicolas Maduro delivers a speech outside the presidential palace in Caracas on March 12, 2015. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

Nicolas Maduro delivers a speech outside the presidential palace in Caracas on March 12, 2015. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

Ever since Venezuelan President Nicolás Maduro assumed office in March 2013, observers have predicted his regime’s imminent demise. In the last few years, with Venezuela apparently nearing state and economic meltdown, chavismo’s collapse really did seem just around the corner. Yet Maduro hasn’t fallen, and how he has managed to hang on can tell us a lot about what could follow his rule.

Today, there seems to be no floor to Venezuela’s suffering. Just when it looked like things could not get any worse, the International Monetary Fund recently reported that hyperinflation will reach 1 million percent this year. Since 2013, the country’s economy has shrunk by half. Meanwhile, the oil industry, representing nearly 90 percent of government revenue, has just about melted down. Oil production has fallen from nearly 3 million barrels per day in 2013 to about 1 million in 2018.

With no economy left to speak of, an unimaginable 87 percent of the population now lives in poverty. Food, medicine, electricity, and other basic items are hard to come by. No wonder that a projected 3 million Venezuelanswill have departed the country for neighboring nations between 2014 and the end of 2018, which have very limited capacity to absorb them.

Despite the socioeconomic meltdown, however, there has been no serious challenge to Maduro’s power. This is a riddle, and without understanding why the regime has been able to hold tight to power in Venezuela, it will be difficult to make sense of the scenarios under which change may eventually come.

The first explanation for the Maduro administration’s survival could apply to all nondemocratic governments: control of state institutions and repression. In 2002, Maduro’s predecessor, President Hugo Chávez, began a process of effectively purging, penetrating, and ultimately absorbing civil institutions into his so-called Bolivarian revolutionary process, through which he repressed nearly all political opposition. This process deepened with Maduro, particularly as Venezuela’s socioeconomic crisis worsened. Today, the regime controls enough institutions of state, such as the National Electoral Council and the judiciary, that the governing United Socialist Party of Venezuela, known by its Spanish initials as the PSUV, can easily prevent the opposition from challenging Maduro’s rule.

Following a failed coup in 2002, the regime has also aggressively neutralized and politicized the military. The armed forces had previously been one of the more professional, apolitical militaries in the region, but through purges, politically controlled promotions, corruption, and a restructuring of its roles and mission, the new Bolivarian National Armed Forces became a loyal instrument of regime preservation. Both Chávez and Maduro have deepened the force’s ties to the PSUV by giving it a stake in the survival of their leadership. The military not only runs strategic industries (including oil) and controls the distribution and rationing of food items, but a high number of active-duty and retired officers also hold of key positions as Cabinet members, governors, legislators, mayors, and heads of expropriated and state-owned businesses.

Meanwhile, the regime has virtually discarded the constitution and made a joke of the rule of law. For example, the government quashed the opposition’s hope of holding a constitutionally sanctioned recall referendum on Maduro in 2016, and in March 2017, the supreme court temporarily stripped the National Assembly, where an overwhelming majority of seats were held by the opposition after the December 2015 election, of all of its powers. And through it all, independent sources of information and media outlets have been nearly erased. On the streets of Venezuela, the Bolivarian National Police, the National Guard, and other armed civilian bands (known as colectivos) intimidate and violently repress the opposition, journalists, or anyone displaying too much independent thought. Finally, the regime continues to use so-called emergency powers to nationalize industries and prevent normal politics in the country.

A second explanation for Maduro’s staying power, linked to the first, is the culture of fear and distrust that the government has sowed among citizens. The colectivos, which are not directly linked to the government but are funded and managed by some government officials, use violence to create suspicion and anxiety. Meanwhile, Bolivarian grassroots movements and communal councils serve as the government’s eyes and ears at the neighborhood level. Citizens’ constant fear of being reported by neighbors leads to self-policing and self-censorship.

Citizens’ constant fear of being reported by neighbors leads to self-policing and self-censorship.

It is hard to build a mass protest movement when you believe that your neighbor might be a government informant or that you might lose access to scarce government-distributed food and medical supplies if you are accused of opposing the regime.Beyond keeping the opposition and the public weak and divided through control of state institutions and repression, Caracas has also focused its attention on keeping the private sector in check, which is the third reason it has been able to stay in power. Since 2005, the Venezuelan government has sought to shrink the private sector as a way to both consolidate economic power and deny resources and opportunities for the business sector to undermine the regime. The Venezuelan Federation of Chambers of Commerce and Production—the main business union—once had considerable political and economic clout, but the government’s expropriation, intimidation, and coercion of it has left it largely impotent. Another means for controlling the private sector has been a massive expropriation campaign by Chávez and Maduro and severe restrictions on accessing dollars, which forces business to rely on the state for foreign exchange.

Caracas also uses scarcity to maintain control. As in Cuba, the Maduro regime uses low stocks of consumer goods and rationing as a way to keep the population in line. Citizens need to be on good terms with government or PSUV officials to receive their allotment of formal sector jobs, rationing cards, Carnets de la Patria (or “homeland cards,” which are issued to those who qualify for social programs), and other benefits. Government control of consumer goods has been particularly effective in middle-class neighborhoods in Caracas and some larger urban areas in the interior of the country, where citizens have to rely more on the government’s distribution system than on growing their own food. Also worth considering is that the daily struggle to find food items and medicine, particularly in times of intense scarcity and hyperinflation, leaves very little time to organize anti-government mass protests and other activities. In short, economic adversity has not generated anti-government behavior; in fact, it has had the opposite effect.

In short, economic adversity has not generated anti-government behavior; in fact, it has had the opposite effect.

To be sure, there are many, many discontented Venezuelans. But even there, Venezuela has been able to use migration to take the pressure off. Exporting the opposition allows the government to rid of itself of the most unhappy and threatening elements of the opposition. Since the early years of Chávez’s revolution, those with financial means to leave (and to challenge the regime) decamped to Colombia, Miami, and Panama. By 2015, as opposition intensified, Caracas decided to allow just about anyone who wanted to exit the country. Millions of hungry, frustrated, and desperate Venezuelans have opted to leave rather than suffer or confront the dictatorship.

* * *

Under these constraints, there are a few plausible scenarios for Venezuela’s future. There is reason to believe that the most likely one is that Maduro and the PSUV continue to muddle through by taking advantage of existing political and socioeconomic conditions. Perhaps counterintuitively, scarcity and economic meltdown seem to favor the regime more than the opposition. Maduro will continue to use his emergency powers and control of state institutions, including the military and security forces, to suppress dissent and divide the opposition, limiting its ability to truly challenge the ruling party, either through protests or some constitutional mechanism. So, although life will continue to get worse in Venezuela, the regime will most likely retain its hold on power through the remainder of this year and into the next.

So, although life will continue to get worse in Venezuela, the regime will most likely retain its hold on power through the remainder of this year and into the next.

The second most likely—and most dangerous—scenario is an implosion, something like the fruit vendor suicide in Tunisia that sparked the Arab Spring. The Venezuelan government’s persistent unwillingness or inability to mitigate the deepening political and humanitarian crisis does mean that at least a few people may become more and more willing to act out. Although the regime has found a way to endure, the country’s overall conditions are dire enough that one emotional trigger could ignite a tinderbox of uncertainty, despair, and anger. Such an event will produce high levels of violence and likely divide key institutions, such as the military and PSUV. An incident of violence by the state resulting in a number of fatalities could well bring more people onto the street than security forces can address.

A soft coup in the PSUV also remains a possibility. Senior party leadership—both the civilian and military sectors—are undoubtedly worried about their own hold on power if Maduro remains in the presidential palace. It is possible that Diosdado Cabello, the president of the Constituent National Assembly and the second most powerful figure within the PSUV, could join forces with the defense minister, Gen. Vladimir Padrino, to force Maduro to step aside for the good of the party (and the good of their own personal political and economic interests). Leaders within the party might see a soft coup as a way of stemming a potential implosion and ensuring a soft landing in a post-Maduro world. In that case, Vice President Delcy Rodríguez would likely assume power and move quickly to make small concessions and overtures to the opposition and international community, while taking measures to safeguard the party elite. It is important to note that Rodríguez belongs to the most radical wing of the PSUV.

Finally, there is still some room for a military coup. Despite a few isolated and disorganized incidents, this scenario does not seem imminent nor very likely, though. The regime has gone very far to ensure the loyalty of the military, mostly through corruption and politicization. One should also not underestimate, moreover, an effective military counterintelligence apparatus purportedly supported by Cuba, which ensures that any dissident movement within the ranks is quickly quashed. Nonetheless, some of the fractures that exist throughout society do also plague the military, particularly along generational lines, rank, and access to economic opportunities for enrichment or subsistence. An emotional trigger could serve as a catalyst for a coup or rebellion, especially if the military in pressed into violence against citizens.

It is likely that in the next six to 12 months the dictatorship in Caracas will continue to endure in the face of a deepening humanitarian crisis. The international community recently began to intensify pressure on the regime by imposing economic sanctions (mostly on government officials) to isolate it. The United States, Europe, and Venezuela’s neighbors do not have many other options, other than comprehensive economic sanctions and a military intervention, each of which would come with significant negative consequences. The Venezuelan opposition is starting to work together in the face of enormous challenges, but it remains deeply fragmented thanks to infighting and government manipulation. Despite the regime’s inability and unwillingness to restore even a semblance of economic and political stability, it will continue to effectively use the economic and political system it created to deter threats from within and outside the state, allowing it to continue plodding along.

Frank O. Mora is Director of the Kimberly Green Latin American and Caribbean Center, Florida International University. He served as Deputy Assistant Secretary of Defense for the Western Hemisphere, 2009-2013.

Venezuela’s Maduro Says He Bought School Supplies, Goods Worth $200 Million Using Cryptocurrency – Latam Herald Tribune – 6 de Septiembre 2018

Venezuela’s President Nicolas Maduro said on Wednesday that his government made international purchases of school supplies and raw materials worth $200 million with the petro cryptocurrency, banned by the United States and declared illegal by the opposition-led Venezuelan Congress.

Maduro, at a business event that was a mandatory broadcast on radio and television channels, said that his government bought raw materials and school supplies – pencils and notebooks – from international companies using the petro currency.

“There are those who called the petro a lie. But if it were so why do they sanction it, why would they persecute it?” Maduro asked.

“The petro is a reality and we have been doing international negotiations with economies, governments, states and strong companies, which will allow us to expand the petro far beyond what has been its use so far,” he added.

Maduro introduced the oil-backed petro in late 2017, referring to the reserves of the Orinoco Belt, to move towards new financing methods and to overcome an alleged international economic blockade.

On Jan. 5, Maduro announced the issuing of 100 million petros which were sold between Feb. 20 and March 20.

But the opposition-led Congress declared the petro illegal in early March, warning potential investors about the unconstitutionality of the petro and any other currency issued by the Venezuelan government that is backed by oil or any other mineral resource.

The administration of US President Donald Trump issued an executive order prohibiting “all transactions related to, provision of financing for, and other dealings in, by a United States person or within the United States, any digital currency, digital coin, or digital token, that was issued by, for, or on behalf of the Government of Venezuela on or after January 9, 2018.”

Venezuela launched the petro in the middle of a severe economic crisis that has led to hyperinflation and shortages of goods, with a decline in production at the state-owned oil giant PDVSA.

La condena a muerte de los pacientes de sida en Venezuela por Florantonia Singer – El País – 7 de Septiembre 2018

Se estima que 150.000 venezolanos tienen VIH. La falta de antirretrovirales, sumada a la grave crisis que sufre el país, empuja a los enfermos a emigrar

Un paciente recibe cuidados en una clínica venezolana.
Un paciente recibe cuidados en una clínica venezolana. AFP
En diciembre de 2017, Leonard Delgado recibió el diagnóstico de VIH positivo y la receta de antirretrovirales que debe tomar en medio de la peor crisis de abastecimiento de estos fármacos en Venezuela. Con el resultado también le dieron una indicación tácita de que debía irse del país. A los dos meses de iniciar su tratamiento, la medicina que debe de tomar de por vida se acabó. Este mes emigrará a México para poder tratar su enfermedad. Contactó con una ONG en Querétero a través de la cual podrá obtener los medicamentos y realizar de forma gratuita los exámenes de CD4 y de carga viral, que deben hacerse cada seis meses para medir la resistencia del virus en la sangre, pero que hace dos años dejaron de hacerse en el sistema público venezolano.

“Quedarme en Venezuela es morirme de sida. Yo no me quiero ir porque aquí tengo trabajo, todavía gano bien, quiero a mi país, pero ahora solo pienso en mi salud y por eso me voy. Tengo un amigo que se fue en marzo y ya tiene tratamiento y sé de otros que se han ido a Perú y Chile por esta situación y allá están mejor”, cuenta este hombre de 31 años desde la recepción del Servicio de Infectología del Hospital General del Oeste (HGO), una planta de aspecto abandonado en el que se acumulan camas viejas y equipos averiados y donde unos 1.500 pacientes acuden a consulta.

La grave crisis humanitaria que se vive en Venezuela ha potenciado un enorme éxodo que las Naciones Unidas ya ha comparado con el que la guerra de Siria empuja en el Mediterráneo. Según los datos de la agencia un total de 2,3 millones de venezolanos han huido del país desde 2014, dirigiéndose principalmente a Colombia, Ecuador, Perú y Brasil. La grave situación económica y el desabastecimiento de alimentos y de medicinas, que en el caso de los antirretrovirales llegó a ser total en abril pasado, expulsa a los venezolanos a otros países, aunque el Gobierno de Nicolás Maduro ha insistido en negar la situación y el propio mandatario ha dicho que los que emigran se van engañados por los medios de comunicación.

Situación de los ochenta

Carlos Pérez Pérez, jefe del Servicio de Infectología del HGO, señala que se atraviesa la peor crisis en el área y en particular en esta patología. El médico administra un grupo de whatsapp con sus pacientes donde la angustia es un mensaje recurrente. Cada día hay quien pregunta por un fármaco o por la receta de un brebaje del árbol de guasimo -usado por médicos en Brasil para fortalecer el sistema inmunológico de estos pacientes-, un recurso del que se ha valido el especialista como tratamiento complementario. La situación regresa a los pacientes a los años ochenta, cuando comenzó la epidemia los antirretrovirales no se habían establecido en el protocolo contra la enfermedad y los pacientes se trataban el sida con remedios caseros.

Pasillo de un centro hospitalario venezolano.
Pasillo de un centro hospitalario venezolano. AFP

“Cada semana se me mueren dos pacientes. Están llegando ya en fase de sida y esos casos de recién diagnosticados están muy inmunosuprimidos. Esto ha incidido en un aumento significativo de las muertes por VIH. Estos meses hemos tratado la crisis, discriminando entre aquellos pacientes que están mejor, repartiendo dosis para una semana de tratamiento, usando los fármacos que van dejando los pacientes fallecen o recetando el esquema incompleto, aunque estamos conscientes de que eso favorece la aparición de VIH resistente. La situación ha sido tan grave que yo he recomendado a los pacientes emigrar o, si tienen la posibilidad de que se los traigan de afuera que lo hagan, pero eso es algo insostenible para muchas familias”, dice Pérez, que desde hace 20 años trata a pacientes con VIH.

Luis Meneses emigró hace siete meses Colombia. Es activista por los derechos de la comunidad LGBTI y desde hace dos meses trabaja con su fundación, Fuvadis, para apoyar a los venezolanos con VIH que han emigrado a ese país, donde es difícil ingresar al sistema de salud. En dos meses ha registrado a 35 seropositivos en Barranquilla, donde está instalado. Les ayuda a insertarse en el sistema sanitario colombiano y les consigue donaciones de medicinas, suplementos alimenticios y atención. El plan es elaborar una base de datos en el resto de los departamentos colombianos. En poco tiempo también han contabilizado muertes. “Esta semana lamentablemente falleció uno de los pacientes que estaba en nuestro registro. Pasó cuatro meses sin antirretrovirales en Venezuela y acá todavía no se los habíamos conseguido. En agosto tengo el reporte de otros cuatro casos de venezolanos con VIH fallecidos en Colombia”.

En el consultorio de Pérez no hay diplomas colgados. Un cartel escrito a mano muestra su mayor preocupación: “Sin medicamentos para el VIH todos mis pacientes tienen sentencia de muerte”, indica el letrero pegado detrás de su escritorio. La falta de reactivos para pruebas de despistaje y de control hacen que solo se pueda brindar una atención presuntiva [aproximada] del paciente. Los diagnósticos se están haciendo muy tarde cuando el paciente ya requiere ingresar a una emergencia, añade. Tratar otras enfermedades en estos pacientes, como tuberculosis, citomegalovirus y neumonía, también es una tarea cuesta arriba en hospitales prácticamente inoperativos. “Y cada vez quedamos menos infectólogos en el país”, remata.

Un año sin comprar fármacos

En Venezuela se calcula que hay 150.000 pacientes con VIH, de los cuales solo 73.000 están inscritos para recibir tratamiento a través del Ministerio de Salud. Esta última cifra se redujo en 10.000 con respecto al año pasado entre los fallecidos y las personas que han emigrado, asegura Eduardo Franco, secretario general de la Red Gente Positiva, que agrupa a las personas con la enfermedad. Se trata de una estimación a ciegas porque el Gobierno no publica información epidemiológica desde hace años y este 2018 el despacho de salud eliminó su portal web.

“Tenemos más de seis meses con una escasez total, el Gobierno no ha comprado nada y tampoco hay noticias de que vaya a comprar. Muchos pacientes con VIH y con otras patologías crónicas se han ido para poder salvarse en países como México, Brasil, Argentina, Chile y Perú, donde los sistemas de salud tienen mayores facilidades de acceso, pero esta carga da problemas a esos Estados y por eso es parte de la emergencia migratoria que hay. Muchos otros se han muerto en el camino”, dice Franco.

La presión de las ONG ha hecho que desde la Organización Panamericana de la Salud se haya enviado un lote de antirretrovirales que sumado a otras donaciones han paliado los tratamientos de algunos, pero no alcanzan para todos. El Gobierno venezolano cumple este septiembre un año sin hacer las compras regulares de antirretrovirales para dotar el Programa Nacional de VIH-Sida.

Con las muertes de pacientes, que Franco calcula en 5.000 en lo que va de año, crece también otra cifra, la de los nuevos infectados, que superan los 11.000 al año y van en aumento, advierte. “Tememos un repunte entre los jóvenes y también en adultos mayores, porque no hay campañas de prevención y en medio de esta crisis es muy costoso adquirir condones”, agrega el activista.

Así maquilla Maduro el apocalipsis monetario venezolano por Andreina Itriago – El Mundo – 31 de Agosto 2018

2.600.000 bolívares. Eso se necesitaba para comprar solo un rollo. Tras el cambio del lunes, se han quitado cinco ceros a esta cifra. Pero la inflación ha seguido subiendo. A.ITRIAGO / CARLOS GARCÍA RAWLINSREUTERS

De un día para otro, los ciudadanos venezolanos ven como los precios suben y ya hablan de que están camino de ser Zimbabue

La devaluación del bolivar impulsada por el presidente ha creado aún más hambre. Ni siquiera un rollo de papel higiénico está al alcance de cualquiera

Maduro quita cinco ceros al bolívar en su peor momento económico y siembra el temor en Venezuela

El nuevo bolívar de Nicolás Maduro dispara la pobreza y el éxodo en Venezuela

Ese bolívar soberano, ¡soberana mentira! -dijo Trina López, de 54 años, la mañana de este viernes. Caminaba cabizbaja y desanimada por una desolada avenida del este de Caracas. Era el quinto día de la reconversión monetaria de Nicolás Maduro, vendida como la panacea para la recuperación económica. Era el quinto día del apocalipsis. Y ella, Trina, una empleada doméstica de 54 años, ya se había percatado de la realidad que cinco ceros menos no pueden ocultar:

-Los reales no alcanzan. Todo está igual o más caro.

Aún no entraba en vigencia el aumento de casi 4.000% del salario mínimoanunciado por Maduro la oscura noche del viernes 17 de agosto y previsto para el 1º de septiembre. Pero ni siquiera eso animaba a Trina, quien estaba convencida de que, pese al control de algunos precios impuesto esta semana por el Gobierno -que en algunos casos sitúa los productos finales en el valor de su materia prima-,el coste de la vida aumenta. Y mucho.

Aunque no es experta en economía, no le cuesta ver lo que los entendidos advierten: que el nuevo salario mínimo, ahora de 1.800 bolívares «soberanos» -180 millones de los de antes, los supuestos «fuertes», y unos 15 euros, según el promedio de tasas de cambio no oficiales, que también, pese a los intentos del Gobierno, aún rigen en el país- pronto quedará para lo mismo que el salario mínimo integral actual, de 50 bolívares soberanos -cinco millones de bolívares fuertes, menos de un euro paralelo-, es decir, para pagar apenas un rollo de papel higiénico o un kilo de tomates.

De un día para otro, incluso de una hora a la siguiente, los venezolanos pasan de poder comer un filete de pollo a no tener nada que llevarse a la boca.

Trina sabe que esos 1.800 bolívares soberanos aún son insuficientes para comprar la cesta alimentaria familiar, que el mes de julio escaló 700 millones de bolívares «fuertes», o 7.000 bolívares «soberanos».

Trina sabe, también, que los precios en la Venezuela de la hiperinflación, como en la Zimbabue de 2008 o 2009 -algunos se remontan a o la República de Weimar-, aumentan hasta varias veces por día y a los pocos días dejan de ser referencia, por lo que sabe que el valor actual de la cesta de la compra es aún mayor.

Y sabe que todas estas medidas, que a ella todavía le cuesta entender y asimilar pero que la han vuelto en toda una experta en el cálculo mental, no hicieron sino empeorarlo todo. Y eso que no conoce la conservadora estimación del Fondo Monetario Internacional de una inflación de 1.000.000% al cierre de 2018.

En realidad, al devaluadísimo bolívar le faltan no cinco sino ocho ceros: un bolívar soberano equivale a 100.000 bolívares fuertes de los de Chávez, que son 100.000.000 de los bolívares originales.

Antes de la reconversión, con esa cantidad de dinero, contenida en el billete de mayor denominación para entonces, Trina no podía hacer casi nada, pero al menos podía tomar unos 10 autobuses, si tenía la suerte de conseguir el escaso y costoso dinero en efectivo y las igualmente escasas y destartaladas unidades de transporte.

Ahora, un bolívar fuerte es lo que pagará por un solo pasaje. Por eso, en estados como Lara, algunos de los que, como ella, dependen de ese sistema de transporte protestaron esta semana por el aumento del servicio.

Como muchos venezolanos, Trina aún no ha tenido la dicha de ver en vivo y en directo las dos monedas ni los ocho billetes del nuevo cono monetario. Pese a que este lunes fue decretado festivo laboral, salió a las desoladas calles caraqueñas para trabajar.

El martes, aunque estaba en contra de las medidas, no acató la llamada a paro que hizo la oposición venezolana: más que nunca necesitaba el dinero de su trabajo diario para ayudar a sus hijos y nietos, que están en riesgo de quedarse en paro tras la oleada de liquidaciones que ha precedido a los anuncios.

Muchas de las ya asfixiadas empresas no pueden asumir los nuevos sueldos y los pasivos laborales que estos acarrearían. Y no ven una solución en la opción temporal del Gobierno de cancelar el diferencial de los aumentos a través del polémico carnet de la patria, un documento de identidad paralelo, de filiación política, que el chavismo ha intentado imponer por distintas vías. Además de expertos en matemáticas, los venezolanos estos días se han visto obligados a aprender de leyes laborales.

Hasta el viernes, la ocupada y preocupada Trina no había tenido tiempo de hacer otra cosa que no fuera trabajar, restar ceros y buscar la comida de cada día. Entre sus prioridades no estuvo hacer colas en los cajeros automáticos ni en las taquillas de los bancos, que por meses habían estado solos, pues ya ni entregaban los absurdos límites diarios de 10.000 y 100.000 bolívares fuertes. Los pasó de largo toda la semana, junto a muchos negocios que permanecieron cerrados mientras definían su situación y reajustaban precios.

Harta de limpiar pisos

Las últimas semanas, Trina había logrado quintuplicar el salario mínimo limpiando dos apartamentos por día y trabajando incluso los fines de semana. Y eso que no había entrado aún en la dinámica de varias de sus colegas, quienes, como muchos venezolanos, se habían incorporado al creciente mercado del menudeo en divisas, y cobraban un dólar por jornada de trabajo.

Aún con dificultad, sobrevivía gracias a que comía en las casas en las que trabajaba. Ahora, con suerte, ganará cuatro veces más de lo que ganaba antes, y no logrará completar ni un salario mínimo.

El panorama es gris y no sólo para ella. La protesta consistió en poner a volar cientos de billetes que ya no circularían más y no tenían ningún valor, la tarde del pasado viernes, en los andenes de la estación más concurrida del Metro de Caracas, la de Plaza Venezuela.

Trina no se enteró y sus ingresos tampoco le hubieran permitido participar en ese ni en ningún otro tipo de despilfarro al que sí se abocaron, desde el pasado miércoles, muchos de los venezolanos con trabajos más estables y acceso a una cantidad mayor de bolívares.

A partir del 15 de agosto, cuando las empresas pagaron las quincenas y en algunos casos adelantaron el sueldo del mes para que los trabajadores compraran previsiones, los comercios y centros comerciales -esta semana desolados y cerrados por la incertidumbre- se vieron abarrotados. Las filas fueron particularmente largas en las gasolineras y en los supermercados. Era como si el mundo se fuera a acabar el 20, pero la verdad es que nadie quería tener en sus cuentas a los malqueridos bolívares.

Así, un negocio de perfumes que en el mejor de los últimos días había vendido 2.100 millones de bolívares fuertes en mercancía (21.000 soberanos), el pasado jueves facturó 3.600 millones de bolívares fuertes (36.000 soberanos).

El fin de semana, cuando pensaban trabajar con normalidad, pues los preciados datafonos -que se han vuelto indispensables en la economía venezolana- funcionarían, con sus limitaciones normales, hasta las 18:00 horas del domingo, cerraron sus puertas para evaluar a ciegas un reajuste de precios que, inicialmente, fue de 60%, cuando reabrieron las puertas, el martes, y que a finales de la semana ya era del 100% del valor que tenía el producto la semana anterior.

Las páginas que publican las tasas de cambio no oficiales habían anunciado que entre el viernes y el lunes de la reconversión no publicarían las crecientes tasas que compartían hasta dos veces al día: mañana y tarde. Quienes se dedican a la compraventa de divisas en el mercado negro aseguran que, pese a eso, muchos decidieron convertir los bolívares en divisas, al precio que fuera, incluso muy por encima de la última tasa promedio, con tal de salvaguardar sus pequeñísimas fortunas hasta que comenzara el apocalipsis, porque si hay algo en lo que hay unanimidad es que este es tan solo el comienzo.

Trina se enfrentó a la debacle con unos pocos billetes del viejo cono monetario -que aún puede usar en paralelo con los nuevos para gastos menores- y los últimos millones que había cobrado, porque sí, porque en Venezuela todos tenían millones pero solo unos pocos -los más rojitos, principalmente- eran realmente millonarios… Y la diáspora ya alcanza los cuatro millones de personas. Una tragedia en un país con 32 millones. Otro drama es cruzar la frontera.

Ella era pobre y, tras la reconversión, se sentía más pobre. Quizás por esa extraña sensación que tienen todos los venezolanos cuando revisan sus estados de cuenta y los ven reducidos en cinco ceros.

-Lo único que provoca es llanto. Pero, ¡qué va! Eso enferma a la gente y aquí no hay medicinas pa curarse.

Venezuela se instala en un corralito por Maolis Castro / Florantonia Singer – El País – 30 de Agosto 2018

La escasez de billetes entierra el poder de compra de los ciudadanos, que llenan los bancos en busca de efectivo

Dos niños cuentan billetes en Caracas. CRISTIAN HERNANDEZ EFE

El plan económico diseñado por Nicolás Maduro no se ha convertido solo en un déjà vu de los momentos más complejos de la crisis venezolana sino que ha instalado al país en un corralito de facto. La circulación de los nuevos billetes no fluye a la velocidad a la que lo hace la hiperinflación. Las entidades bancarias privadas y públicas limitan el acceso al efectivo y después de horas de cola esta semana los ciudadanos solo lograban retirar de los cajeros puñados de bolívares soberanos, en algunos casos apenas 10 (de 0,16 dólares).

Miriam Rodríguez, de 35 años de edad, acudió a sacar dinero el martes de una agencia bancaria de El Valle, en el oeste de Caracas. “La reconversión no ha cambiado nada. Estamos exactamente en la misma posición que antes, es decir, con problemas para obtener efectivo, pero ahora más confundidos con este nuevo cono monetario. Esa es la única diferencia. Seguimos recorriendo diferentes sucursales de diferentes bancos a ver qué es lo más que podemos sacar en un día, y gastando horas interminables en ello. Esto porque un mismo banco te puede estar dando una cantidad en una sucursal menor que en otra sucursal”, lamenta. “Y como tienes un límite de un retiro diario, debes buscar la sucursal que esté dando más. Un banco puede darte una cantidad menor a otro banco. Por eso, ahora hay que distribuir el dinero en cuentas de diferentes bancos para poder sacar un poco más ese día”, explica. “Todo este esfuerzo absurdo e inhumano para poder pagar el pasaje y poder adquirir algunos productos de la cesta básica más económicos”.

Rodríguez cuenta que al haber problemas con los billetes, los vendedores intentan colocar los productos hasta tres veces más caros a débito “para que así prefieras pagar en efectivo”. “Para poder comprar algunos productos básicos como huevos, verduras y vegetales, debemos hacer eso durante una o dos semanas. Ahora, los huevos solo los venden en efectivo, por ejemplo. Es uno de los alimentos subvencionados y entonces son vendidos en efectivo por los comerciantes informales que no quieren perder, sino usar el dinero que obtienen en efectivo para poder revenderlo tres veces más caro“, relata antes de mencionar el peor escenario: “Los bancos que establecen un límite semanal, por ejemplo, de 10 soberanos. Si logras sacarlos en una sucursal en un día, debes esperar hasta la otra semana para volver a sacar. ¡Es una pesadilla!”.

Esta circunstancia alienta el mercado negro de billetes. En ciudades del interior del país la reventa de efectivo continúa. Las transacciones menudas como el pago del transporte público siguen siendo complicadas por la escasez de efectivo y porque la reconversión implicó un aumento brutal del servicio de transporte que pocos pueden pagar hoy.

El viaje en autobús pasó a costar de 10.000 bolívares fuertes a un bolívar soberano (0,01 dólares), que equivale a 100.000 de los de antes, 10 veces más caro. Se trata de un monto que se pagaría con una nueva moneda que todavía no ha empezado a circular. “Aunque están funcionando los dos sistemas monetarios, para pagar un pasaje con billetes de 1.000 de los de antes la gente tiene que entregar 100 billetes. Ese billete creo que también vamos a empezarlo a rechazar porque es una enorme cantidad de papel que no sirve para nada y nos ocupa espacio”, explica Pedro Jiménez, directivo del gremio de líneas de transporte del oeste de Caracas.

En un entorno hiperinflacionario el bolívar soberano también tendrá una corta vida. El economista Leonardo Buniack advierte, además, de que sustituir la enorme masa monetaria de los billetes que el Gobierno creó tomará su tiempo y quizás la nueva familia de billetes sea insuficiente. “El proceso de hiperinflaciónhace que el poder de compra del nuevo cono monetario comience a pulverizarse y que la gente comience a acumular efectivo para poder pagar cosas hoy que son tres veces más caras que ayer”.

Estantes vacíos

Mientras tanto, una visita a un supermercado en el este de Caracas pinta los resultados de las decisiones adoptadas en las últimas semanas. El miércoles, Maribel Della Chiesa iba por un yogur y unos plátanos y se fue con las manos vacías. Había más estantes vacíos que los que tenían productos, una estampa que ya han visto los venezolanos en los momentos más críticos del desabastecimiento.

“Los proveedores no han querido traer mercancía”, dice una de las encargadas del negocio que prefiere resguardar su nombre. “Claro, nadie va a vender a pérdida”, responde Della Chiesa. Con hastío cuenta lo que ha visto desde que empezó a implementarse el paquete económico. “Una amiga tiene un negocio y el café le llegó marcado a precio de 15 millones (150 de los soberanos) y luego llegó el gobierno y le dijo que tenía que venderlo a 10 millones (100 soberanos). Obviamente se va a ir del país. Con esto nos vamos a quedar sin nada”, dice la mujer que emigrará a España en diciembre. El año pasado vivió las penurias de conseguir el tratamiento para el cáncer de su esposo que finalmente falleció por no atender a tiempo la enfermedad. “Ya este país me quitó a mi esposo y a mis hijos que también tuvieron que emigrar. Ya no tengo nada que hacer aquí”, cuenta en unos de los pasillos del desolado supermercado.

La oleada de fiscalizaciones a comercios incluidas en el programa económico del Gobierno ha traído lo de siempre en 15 años de controles en los precios y de cambio: cierre de empresas, escasez y nuevos mercados negros. “Estamos repitiendo la misma película, pero más aterradora. Muchos comercios están cerrados porque sus propietarios están a la expectativa”, señala María Carolina Uzcátegui, presidente de Consejo Nacional de Comercios y Servicios, la cámara que agrupa al sector.

“El Gobierno no ha sido claro en sus ajustes, generando un clima de incertidumbre. Pongo el ejemplo del aumento del IVA que era para bienes suntuarios y no se dijo que era general. No sabemos qué pasará con el control cambiario y eso afecta el inventario y la reposición de productos en las tiendas. Venezuela está en un estado de parálisis”.

CONTROL DE CUENTAS BANCARIAS

La Superintendencia de Instituciones del Sector Bancario (SUDEBAN) pidió a la banca privada y pública informar a sus clientes que deberán notificar viajes al extranjero para acceder a sus cuentas bancarias en bolívares. De no notificar el país de destino y el tiempo de estadía, los propietarios de las cuentas sufrirán un bloqueo “preventivo” y no podrán hacer transferencias de su dinero por Internet ni otras operaciones desde una dirección IP en el extranjero. La banca está obligada a revisar y notificar al gobierno las conexiones de sus clientes fuera del país.

El Gobierno de Nicolás Maduro culpa al mercado paralelo de divisas de fracturar la economía venezolana. De ahí que se dispone a detener las mafias con una serie de medidas, pero sin derogar el control cambiario impuesto desde 2003. “El tema del contrabando de efectivo es grave, por ello, damos un golpe a esas mafias de compra de nuestro dinero”, dijo Antonio Morales, presidente de SUDEBAN.

Los ingresos en moneda extranjera mermaron con la caída de la venta del petróleo y la desinversión en el país. En contraste, un número cada vez más grande de venezolanos en el exterior envía divisas a sus familiares en el país. Muchos optan por venderlas en el mercado negro que ofrece mejores precios, pero el régimen condena a los que no empleen las casas de cambio autorizadas.

Para Ángel Alvarado, diputado de la Asamblea Nacional, el Gobierno pretende beneficiarse de las remesas. “Eso también es una confiscación que la gente tenga que poner sus remesas a un precio oficial mientras podría ganar mucho más en muchos otros mercados”, declaró al canal VivoPlay.

Six Reasons Why Venezuela Still Has Socialism by Fergus Hodgson – The Epoch Times – 28 de Agosto 2018

The undeniable crisis in Venezuela and the largest mass exodus in Latin-American history has led socialists to contend that the Chavistas have not introduced real socialism. All problems in what was supposed to be revolutionary socialist paradise are the fault of an “economic war” from the evil American empire.

Given the cultish allegiance to socialism around the world, this obfuscation has garnered plenty of traction. Unfortunately, that includes prominent members of the Venezuelan opposition, who appear incapable of seeing what is before their eyes. For example, the Popular Will political party of Leopoldo López—a political prisoner and perhaps the most recognized opposition leader—is a full member of Socialist International.

The scapegoating and continued push for socialism, however, spells no end to the insanity. It also dooms more nations to follow Venezuela’s lead to a self-imposed economic and political nightmare.

The word “socialism” is not necessarily the crucial element; what socialism stands for is the centralization of the means of production. Often couched in feel-good terms, such as “liberation” and “justice,” socialism means a command-and-control economy that dismisses property rights and individual autonomy, in contrast to capitalism.

In the words of the newspaper Socialist Worker, socialism means “a society based on workers collectively owning and controlling the wealth their labor creates … in the Marxist tradition.” The dominant theme in socialist publications is the pursuit of egalitarian outcomes, achieved through the redistribution of resources and heavy intervention in the economy, especially with explicit state ownership and control of industries.

Here are a few ideologically symbolic socialist policies from the Chavista era, grouped into five categories:

1. Confiscation, Nationalization of Industries

Seizures of private businesses have become standard procedure in Venezuela, and a recent international court decision awarded a $2 billion settlement to ConocoPhillips for a 2007 appropriation. That year also includedcommunications companies. In 2008, it was cement, steel, mining, and dairy products. Likewise, in 2009, it was rice, a local airline, and some farmlands.

Inevitably, in 2010, as shortages became glaring, the regime took control of supermarket chains, food processors, and package manufacturers—not that this relieved the shortages. In 2008, there were 800,000 private companies registered in Venezuela. By 2017, that number had dwindled to 270,000.

2. Price Controls

Fixed prices are the bastion of economic illiterates, since they generate shortages or surpluses and fuel black markets. However, the Chavista propaganda arm, TeleSUR, celebrated 33 minimum-wage increases between 1999 and 2016, driven by reckless monetary policy and astronomical inflation.

The minimum wage was just the start. To achieve “just prices,” since 2014 all businesses have been limited to a maximum profit margin of 30 percent of costs. Meanwhile, almost all household items have had prices set by the Superintendent for the Defense of Socio-Economic Rights (SUNDDE), generating empty shelves for everything from toilet paper and deodorant to beer. Venezuela’s free-market think tank, Cedice Libertad, estimates that price controls forced 28,000 businesses to close in 2015 and 20,000 in 2016.

A useful first step for any reform-oriented government would be to dismantle entirely the National Center for Foreign Commerce (CENCOEX), which administers (read: corrupts and dislocates) currency exchange in Venezuela.

3. Utopian Projects

Chávez started more pet projects than one can keep track of, but perhaps the largest giveaway has been for new houses and housing renovations. In a population of 32 million, the program that began in 2009 has renovated almost 600,000 homes. An expansion in 2011 saw the building of 1.9 million new houses for those deemed poor.

One can see how the regime managed to spend enough money to generate inflation and eventually hyperinflation. Such was the dependence and entitlement mentality of the people that, when oil prices declined, the regime refused to cut back and merely printed more currency to maintain spending levels.

To show how faithful he was to socialist ideals, Chávez also started 50 communes (comunas), new suburbs or villages with “social” property. The initial sizes were about 250 families, and the hope was to get 350 functioning. However, given the economic crisis, residents and candidates have abandoned that pipe-dream idea.

4. Demonization of Employers

What good would a socialist movement be without greedy capitalists to demonize? The common recipients of vitriol are employers, and Venezuela is no exception.

Chávez pitted employees against employers and made firing someone essentially impossible. Aside from upping the required benefits to include a minimum of 15 percent profit sharing, Chávez banned trial periods. The tremendous risk associated with hiring labor means that more than half of people work off the books in the informal sector of the economy.

Can you blame employers for their reluctance? The revolutionary red tape means starting a new business in Venezuela takes at least 230 days.

5. Anti-Capitalist, Marxist Alliances

Chávez’s socialist alliances began well before his tenure as president. After leading two bloody coups d’état in 1992, Chávez received a pardon and release in 1994 (what a mistake that was). When he got out, he accepted an invitation from Fidel Castro to meet in Havana, and Chávez didn’t hide his admiration for the totalitarian dictator and subsequent mentor.

The Chavista international alliances have had two main purposes: to unify socialist regimes and to work with anyone who opposes the United States. Since the United States is the capitalist symbol, the logic has been that the enemy of my enemy is my friend. The less ideological allies have included Belarus, Iran, Libya, and Syria.

The friendly relationship between the Chavista regime and the terrorist Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) is just as bad. In 1995, Chávez received guerrilla training from these violent Marxists, and he and Maduro backed the FARC peace deal, which Colombian voters rejected in 2016. FARC commanders roam freely throughout Venezuela and poach Venezuela’s natural resources.

6. Rationing

“Free” is the ultimate price control, since it places a maximum of zero. When people face no cost at the margin, they consume as much as they can, up until they garner zero additional benefit.

Socialist regimes and mixed economies have come up with many ways to impede unbridled consumption, from making people wait in lines for hours to setting maximum quantities per person or household, as in Cuba.

The Chavistas have a particularly elaborate scheme called the Motherland Card (carnet de la patria). It is a personal ID card that gives Venezuelans access to social programs, medical care, rationed food, and subsidies. It also lets the regime know who voted in the sham elections.

Chávez ran for president in 1998 on a militantly socialist agenda—backed by Cuba, the Venezuelan Communist Party, and the Socialist Movement—although he branded himself as a revolutionary “humanist.” He and his successor, Maduro, proceeded to enact every socialist policy in the book for almost 20 years. They spent precious national resources on a litany of social-engineering schemes, and they imposed countless price controls.

International rankings affirm Venezuela’s transition to radical socialism, not to be confused with Nordic welfare states that rest heavily on capitalist production. The Fraser Institute’s Economic Freedom of the World ranking places Venezuela as the least free economy—the most centrally planned—in the entire world.

Useful idiots around the world celebrated the rise of 21st-century socialism.

Yet now that the catastrophic results have arrived—shortagespovertymiseryunemploymenthyperinflationemigrationcorruptionhungerlawlessness, and conflict—suddenly everything that happened is no longer socialism.

The rulers in Venezuela are no idealistic saints, to say the least, and their socialist policies have coincided with the end of democracy. The notion, however, that the latter rather than the former is responsible for the crisis is misleading at best.

Consider Singapore, with limited democracy and restricted rights to press and association. With one of the world’s most capitalist economies, Singapore offers high standards of living and safety, and attracts expats. How many socialists want to live in Venezuela? Even the Chavistas are getting out.

Authoritarians tend to favor socialism because it emboldens them with more power and leaves the populace weak. In contrast, laissez-faire capitalism—the right to property and freedom to exchange—emboldens the individual and leaves rulers with a limited role.

Fergus Hodgson is the founder and executive editor of Latin American intelligence publication Antigua Report.

Maduro ataca con «mano de hierro» a los comerciantes por Ludmila Vinogradoff – ABC – 29 de Agosto 2018

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro – AFP

Hasta ahora ha encarcelado a más de 200 personas y multado a más de 1.000 comercios. Temen se profundice la hambruna

El presidente Nicolás Maduro ha endurecido sus ataques a los empresarios y comerciantes, a quienes tacha de «ladrones». Con «mano de hierro» va a enfrentar al sector comercial después de haber encarcelado a más de 200 personas y multado a más de 1.000 comercios.

Maduro encontró un nuevo enemigo a quien culpar de «especulación»como la cadena de farmacias Farmatodo a la que le declaró la guerra por presuntamente ocultar productos para remarcar los precios.

«He sabido que están especulando terriblemente en Farmatodo, me han dicho que es un asalto a mano armadas contra el pueblo», dijo Maduro al ordenar al nuevo «Ministro de Comercio Interior, ¡la primera tarea que le doy es revisar esas redes que están robando al pueblo! ¡me informa y vamos con todo!», añadió.

«¡Mano de hierro! Quien roba al pueblo, que el pueblo lo denuncie», señaló el Presidente venezolano desde la Casa de la Moneda, en el estado Aragua, donde dirigió el lanzamiento del plan ahorro en oro y petros. El acto fue transmitido en cadena de radio y televisión.

Farmatodo es una cadena mixta de farmacias y artículos de aseo y cuidado personal, con 167 sucursales en todo el país para el año 2015.

El pecado de Farmatodo fue mostrar sus anaqueles vacíos. En las redes sociales se exhibieron muchas imágenes de empleados retirando los productos para vaciar las estanterías luego que Maduro anunciara una serie de medidas como parte de su Plan de Recuperación Económica y de Precios Acordados para frenar la hiperinflación.

Lo de la cadena de Farmatodo le dio motivo a Maduro para descargar toda su furia contra los empresarios, a quienes no les permite cerrar por la subida de los salarios sino mantener abiertos los locales de manera forzada aunque no tengan nada que vender.

William Contreras afirmó que han recibido más de 36.000 denuncias sobre presunta «especulación y acaparamiento». De ahí que resulten más de 200 personas entre gerentes y dueños detenidos y más de 1.000 establecimientos multados y sancionados como supermercados, panaderías, farmacias y abastos pequeños.

El ministro Contreras aún no ha aclarado cómo va a ejercer la «mano dura» contra los empresarios y cómo va a llenar las estanterías de productos si ya no existen en el mercado.

La mayoría de los 25 productos regulados como el pollo y la carne de res han desaparecido de los comercios esta semana. Con el «madurazo» se profundiza el desabastecimiento y la escasez de alimentos y medicinas, dicen las amas de casa. Muchas se han vuelto «veganas» de forma obligada por las circunstancias para medio comer, pero temen que se profundice la hambruna.

 

A %d blogueros les gusta esto: