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Maracaibo, la zona cero del colapso de Venezuela por Francesco Manetto – El País – 21 de Mayo 2019

La ciudad petrolera, en su día un emblema de prosperidad, simboliza hoy la decadencia del país

La palabra lo envuelve todo: luz. Cada conversación, cada rutina en Maracaibo gira en torno a la falta de electricidad. A ella están vinculados el suministro de agua, el consumo de gasolina, la conservación de alimentos, la distorsión de la vida de cientos de miles de personas. La segunda ciudad de Venezuela, emblema hace décadas del auge petrolero, la capital de los excesos, es hoy el símbolo más tangible de la decadencia. Cuando unos apagones masivos dejaron en marzo al país a oscuras, aquí la crisis eléctrica no representó una novedad, pues se convirtió en una constante en 2017. Y no ha dejado de golpear a sus habitantes.

Hay un ecosistema de supervivencia que retrata ese colapso, que asfixia especialmente a las clases populares, y encapsula muchos de los males derivados de la desastrosa gestión económica del régimen, del tráfico de divisas a la venta ilegal de medicamentos, y que el chavismo achaca a la injerencia extranjera. Prosperó a orillas del lago, una de las mayores reservas de petróleo del mundo. A las once y media de la mañana del viernes, con una temperatura que supera los 30 grados y una sensación de calor que roza los 50, el hedor a carne podrida invade los pasillos del mercado de Las Pulgas. María Rivero, de 43 años, vende vísceras y patas de res. “La mayoría de los productos necesitan refrigeración y ¿qué pasa?, como se va la luz, la mercancía sale toda descompuesta”, lamenta. Aun así, logra colocar chunchurria (intestino delgado) a 4.000 bolívares el kilo. Esto es, la décima parte de un salario mínimo, que equivale a unos siete dólares. El mercado, que en septiembre del año pasado fue clausurado por las autoridades —pero volvió a funcionar— es una fotografía nítida de la informalidad. Casi nadie acepta billetes de cien, los de más baja denominación, mientras todos anhelan dólares y pesos colombianos.

“Ya he aprendido algo”, dice Daniel Romero, 25 años, sobre su negocio. Encima de una mesa, una variedad de pastillas sin etiquetar que proceden principalmente de Colombia, a menos de tres horas de carretera. Un blíster de píldoras anticonceptivas cuesta 2.500 bolívares. “No soy partidario ni de unos, ni de otros”, asegura sobre la confrontación entre Juan Guaidó y Nicolás Maduro. “Mejor no le digo, si no me pongo bravo. Pero sé que las cosas deben funcionar mejor”. Como a la mayoría de los pulgueros, le interesa el día a día. Salir adelante.

Desde el martes pasado muchos tienen una queja. La desaparición de la edición impresa del periódico regional Panorama, después de 104 años, les dejó huérfanos. Los apagones afectan a las comunicaciones y la conexión a Internet. La crisis eléctrica ahonda también en su aislamiento. A unos kilómetros de allí, en el exclusivo centro comercial Sambil las consecuencias de la falta de luz han dejado otro tipo de destrozos. Sus efectos son aparentemente menos impactantes, pero han acabado de devastar el tejido económico. Más de 500 establecimientos sufrieron saqueos en la ciudad. El 60%, según la Cámara de Comercio, tuvo una pérdida de tal calibre que impide o dificulta su reapertura. El ambiente del centro, que a mediodía se quedó sin electricidad, es casi fantasmal. Varias tiendas de firmas de moda europeas y tecnología asiática están cerradas o vacías. No hay forma de pagar el parking por la falta de luz, ya que la mayoría de las transacciones en Venezuela se realizan con tarjeta. El encargado se encoge de hombros.

La resignación se respira en toda la ciudad, que antes de que se disparara el éxodo hacia Colombia,tenía más de dos millones de habitantes. Aun así, muchos siguen mirando por el espejo retrovisor de un pasado de prosperidad que saben que no volverá, al menos a corto plazo. Maracaibo era conocida como la “ciudad más fría” del país por el uso masivo de aire acondicionado. Hoy, cada noche, una imagen preside los sectores residenciales, donde escasean los generadores. Muchas familias duermen en la puerta de sus viviendas, tenuemente iluminadas por mechurrios o lámparas de gas.

Inés de Davalillo vivió en su propia carne ese declive. Esta mujer, de 75 años, lo perdió casi todo, salvo el afecto de sus allegados. “A mi edad, yo no pensaba vivir esta vejez. No solo tenemos el problema de la luz. Es la salud, sobre todo. Soy diabética y tengo más de tres años sin inyectarme insulina. Primero porque no se consigue y segundo porque la que se consigue no está a mi alcance”, asegura. Recibe 18.000 bolívares de pensión. “Cómo me compro alimentos, cómo me compro una bolsa de leche. Yo estaba acostumbrada a ir a un supermercado y a comer lo que me gustaba. Siempre me he considerado una persona de clase media, podía viajar. Me ha tocado vivir toda la decadencia. Era una ciudad muy bella, ahora carecemos de camiones de aseo, porque aquí hay más basura que comida”, continúa. “Y así, como yo, ¿cuántos viejitos habrá en este país?”.

De Davalillo se declara opositora y partidaria de Guaidó. “A mi edad no creo que pueda abandonar mi país. Tengo la fe de que este cambio va a llegar pronto. Si tú eres mi vecino y de verdad eres mi amigo y en tu casa hay abundancia, yo creo que tú eres uno de los que me va a brindar una mano. Que alguien venga y nos quite lo que nos está haciendo daño”, dice en referencia a una intervención de EE UU o Colombia. Maduro culpa del colapso a la Administración de Donald Trump, que después de la proclamación de Guaidó impuso sanciones a la petrolera estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA). Aun así, el último informe de Transparencia Internacional recuerda que en el “país no existe un sector que esté libre de los hilos de la corrupción”. Y entre los negocios ilegales destaca la “operación Money Flight, un desfalco a PDVSA de 1.200 millones de dólares”, a los que se suman otros miles que, según las acusaciones, se llevó el exresponsable de la tesorería nacional Alejandro Andrade y las operaciones de blanqueo del ex viceministro de Energía Nervis Villalobos.

Atardece en Maracaibo. Un grupo de hombres se acerca a una cañería rota que ha formado un riachuelo en medio de los desechos. Ángel Vivas, de 51 años, camina más de un kilómetro para recoger un poco de agua y llevar unos contenedores a su casa. La utilizan principalmente para lavarse y algunos aseguran que se puede beber una vez hervida. El centro de primeros auxilios del Seguro Social del sector de Sabaneta opera sin luz, pero los principales hospitales de la ciudad, cuyos generadores eléctricos solo alcanzan para iluminar las urgencias, no han sido golpeados hoy por un apagón. Sí la urbanización de Bella Vista, donde un grupo de vecinos prendió fuego a unos neumáticos para protestar contra la gestión del gobernador, el chavista Omar Prieto. Mientras tanto, a orillas del lago, después de un día lavando recipientes de plástico en aguas contaminadas por menos de un dólar, Anileidy Vilches, de 32 años, se prepara para otra noche. “Toda la vida viví aquí, en la calle, desde carajita”, dijo horas antes.

—¿Corre algún riesgo?

—“No. De todas maneras, yo duermo con Dios”.

POLICÍAS, SOBORNOS Y GASOLINA: SIETE HORAS PARA LLENAR EL DEPÓSITO

Es mediodía en la bomba de los Quintero. La escena es una representación del caos, aunque parece regida por una organización misteriosa en la que cada actor desempeña un papel. Los empleados de la gasolinera, los clientes a la espera —cientos, quizá miles—, un grupo de enchufados, guardias y militares controlando el paso de vehículos. Después de unos minutos de pie, el pavimento empieza a deshacer la suela de goma de las zapatillas. A la vuelta de la esquina, la cola ocupa varias cuadras, más de un kilómetro. Javier Sarmiento, ingeniero civil de 37 años, come su almuerzo en un táper sentado en su camioneta pickup. “Llevo siete horas y así tengo que hacerlo dos veces a la semana, desde hace semanas. Ya estamos cansados”, se queja. Él está a punto de ser atendido y ha perdido toda la mañana. Otros consumirán la tarde a la espera.

“Antes esperabas una o dos horas”, explica Ángel Quintero, 38 años, empleado en la estación de servicio, una de las 20 gasolineras de Maracaibo que cuentan con generador eléctrico y pueden operar todo el día.

“La planta eléctrica era para emergencias, pero ya no. Ahora es para todos los días”, continúa. Se le acerca un teniente coronel del Ejército para susurrarle algo. “Diga, mi comandante… Usted me dice y yo cumplo”. “Tengo que hacerle caso por encima del dueño de la gasolinera”, comenta una vez se ha ido. Mientras la mayoría de los clientes aguardan horas bajo el sol, unos pocos conocidos logran colarse por un sobreprecio de cinco dólares. Todos participan de sus beneficios.

Este trabajador, que acaba de cobrar 32.000 bolívares soberanos por la quincena (seis dólares), acumula hasta 200.000 o 300.000 con estas mordidas. Después se reparte la maraña con los uniformados. “Este es el mundo al revés. Llegaron ellos y tenemos que compartirlo. Primero llegaron los policías, después llegaron los guardias y tenemos que compartir con los guardias…”.

La escasez de gasolina en un país productor de crudo, en la ciudad del petróleo, es una de las mayores paradojas de Venezuela. ¿Qué ocurre? El sistema de producción dejó de ser sostenible debido a la desastrosa gestión de la petrolera estatal, PDVSA. Este es el análisis de la inmensa mayoría de los economistas. El seguimiento de la Asamblea Nacional, el Parlamento presidido por Juan Guaidó, indica que la capacidad de refinación está actualmente al 10%, es decir, 120.000 barriles diarios, cuando el consumo interno es de 200.000 barriles al día. A esas disfunciones se suman los apagones, que impiden bombear el combustible, y unos precios inverosímiles que no pueden sostener al sector. La gasolina es, de facto, gratuita. “No puede ser que una gandola (camión cisterna) de gasolina de 40.000 litros cueste 1,78 bolívares o 0,0002 dólares”, denunció la semana pasada el economista y diputado de Primero Justicia Ángel Alvarado. “Hay inventario de gasolina”, tranquilizó el gobernador del Estado Zulia, Omar Prieto. “Ya llegó el buque para coordinar la distribución de la gasolina. Si no hubiese gasolina, estuviesen las estaciones de servicio no distribuyendo gasolina”, dijo.

Sin embargo, a las afueras de Maracaibo, camino de la frontera con Colombia, se instaló un sistema de tráfico ilegal para todos los que puedan pagar en dólares o en pesos. Los llaman pimpineros, en referencia a las pimpinas o pequeños tanques de combustible, y se colocan a los dos lados de la carretera. ¿La policía no dice nada? “Sí lo hace, pero ahorita la vida está dura, qué vamos a hacer aquí. Los mismos policías vienen aquí a vender”, asegura uno de ellos.

Evencio González, de 67 años, controla uno de esos puestos junto a su antiguo restaurante, que tuvo que cerrar por falta de clientes. Explica que se encarga de mantener el orden en la zona y así evita las visitas de las fuerzas de seguridad. “Estamos comprando 25 litros a 20.000 soberanos. Nosotros los vendemos a 30.000”. Con una ganancia de menos de dos dólares por bidón, no deja de ser un negocio pujante, ya que González vende unos 200 litros al día. “Es el trabajo de ahorita”, asegura su nieto Orlando.

Con la colaboración de Nataly Angulo.

Otra emergencia para Maduro: Se agotan los inventarios de gasolina en Venezuela por Zenaida Amador – KonZapata – 20 de Mayo 2019

Cuando un problema afecta a Caracas es porque ya ha alcanzado sus peores niveles en el resto de Venezuela, como es el caso de los apagones, la ausencia de agua potable, el desabastecimiento de gas doméstico y más recientemente la escasez de gasolina.
Un tercio de las estaciones de servicio de Caracas permanecen cerradas / Foto: WC
Un tercio de las estaciones de servicio de Caracas permanecen cerradas / Foto: WC

Petróleos de Venezuela (PDVSA) conocía desde el 13 de mayo que los inventarios de gasolina y diésel en ocho estados fronterizos estaban completamente agotados y que la disponibilidad para el resto del país era de sólo tres días de reserva, como lo revela un informe interno de la estatal petrolera al que tuvo acceso Argus.

Según PDVSA, se trata de “fake news”, pues “la empresa y sus trabajadores están en la capacidad de suministrar la gasolina que necesita la nación”. Desde su cuenta de Twitter indicó que “seguirá garantizando los combustibles al pueblo ¡No caigas en rumores!”. Pero la realidad es otra.

Las fallas de gasolina se hicieron sentir en Caracas la última semana aun con los esfuerzos del régimen de Nicolás Maduro por privilegiar a la capital del país redistribuyendo las pocas existencias disponibles mientras el interior se paraliza.

Un tercio de las estaciones de servicio de Caracas permanecen cerradas a la espera de suministros y las que están despachando disponen de un solo tipo de combustible. En el interior del país la oferta es mucho menor. En varios estados se han militarizado las estaciones de servicio y las colas pueden prolongarse hasta 24 horas, por lo que los usuarios pernoctan dentro de sus vehículos a la espera de poder surtirse de gasolina.

La ola llegó

Ya para mediados de abril se anticipaba esta crisis de gasolina, como escribimos entonces en ALnavío, pero se pudo correr la arruga un poco más gracias a los despachos que el régimen de Nicolás Maduro pactó con Rosneft de RusiaReliancede India y Repsol de España.

Las refinerías procesan entre 70.000 y 120.000 barriles de petróleo diarios / Foto: PDVSA

No obstante, las sanciones internacionales eran un peso en el ala que le jugaba en contra al chavismo para seguir gestionando estos suministros. De allí que, según un reporte de la agencia Reuters, el último cargamento de gasolina se importó el 31 de marzo.

No hay que olvidar que el 28 de abril entraron en vigor nuevas sanciones petroleras impuestas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, añadiendo complicaciones adicionales al régimen de Maduro a la hora de comprar y vender hidrocarburos. Las sanciones imponían el cese, a partir de esa fecha, de las operaciones de las compañías no estadounidenses que adquieren petróleo a Venezuela a través del sistema financiero de EEUU o mediante agentes de ese país.

Sin suministros del exterior es casi nada lo que se puede hacer para atender la demanda interna de combustibles en medio de la destrucción de la producción petrolera local y el desmantelamiento del sistema refinador nacional, aun cuando el mercado local se ha achicado tras seis años de recesión económica y el efecto de la diáspora de millones de venezolanos.

Se estima que el mercado interno demanda menos de 200.000 barriles al día y si bien las refinerías del país tienen la capacidad de producir 1,2 millones de barriles diarios, en realidad están procesando entre 70.000 y 120.000 barriles, dependiendo de las fallas operativas que experimentan con frecuencia por la falta de mantenimiento y otros problemas como los cortes de electricidad.

De hecho, el 15 de mayo detuvo operaciones la refinería Cardón debido a daños en algunas de sus unidades, según información suministrada por los trabajadores, ya que la empresa omite informar sobre cualquier contingencia. Esta instalación, que tiene capacidad para procesar 310.000 barriles por día, venía produciendo alrededor de 40.000 barriles diarios, lo que agudiza el problema general del país.

¿El punto crítico?

Nicolás Maduro lleva todo 2019 resistiendo su salida del poder, pero cada día se le hace más complejo seguir adelante en esta misión. El deterioro de la calidad de vida de los venezolanos ha sido el precio más alto de esta decisión política y todo indica que se podría entrar en una fase más crítica con la escasez de gasolina.

Según Reuters, Repsol suspendió temporalmente los intercambios de productos refinados por crudo venezolano con PDVSA. La medida, que no ha sido oficializada, se da en momentos en que Estados Unidos está imponiendo nuevas sanciones para evitar el acceso a ingresos petroleros por parte del régimen de Maduro. La firma española ha estado cobrando dividendos pendientes de los proyectos en Venezuela mediante la recepción de crudo venezolano, que en parte intercambia por combustible enviado al país suramericano. Repsol ha dicho que está acatando las sanciones impuestas por Washington a PDVSA, que prohíben cualquier uso del sistema financiero estadounidense o subsidiarias con sede en Estados Unidos para negociar acuerdos con la petrolera venezolana

Más allá del impacto directo sobre los vehículos particulares, la escasez golpea con fuerza al transporte público. Son diversas las regiones del país en donde las asociaciones de choferes de transporte colectivo están trabajando con esquemas de operación parcial, con menos unidades y horarios reducidos, en un intento por seguir activos en plena debacle.

En Venezuela el grueso del sistema de distribución se sostiene en la red de transporte de carga terrestre, que moviliza las mercancías desde los puertos o los centros de producción primaria a las industrias que se mantienen activas y a los puntos de venta al consumidor.

Así, la paralización del transporte por falta de gasolina no sólo empeora los problemas de movilidad de los ciudadanos, también acentuará la paralización productiva del país y potenciará los problemas de desabastecimiento de rubros básicos. En Caracas, por ejemplo, la oferta de hortalizas y vegetales depende de lo que llega por transporte terrestre en parte de los estados de la zona central del país, pero también desde los estados andinos, algo que no podrá sostenerse sin combustible.

En los últimos 30 años el tema de la gasolina ha sido tabú para los gobiernos de turno en Venezuela tras la experiencia de febrero de 1989, cuando una explosión social fue la respuesta ciudadana al aumento de los pasajes que se dio como consecuencia del alza del precio del combustible. “El Caracazo”, como se conoce a este acontecimiento que dejó más de 300 fallecidos, pesó en contra de futuras decisiones que involucraran el precio de la gasolina o cambios en su sistema de venta.

Nicolás Maduro se planteó en agosto pasado subir el precio de la gasolina más barata del mundo, inalterable desde 1996, pero su propia inestabilidad política lo llevó a mantener la medida en reserva. Ahora, se enfrenta a la posibilidad de dejar al país paralizado con todos los riesgos que algo así implica para su régimen, que actualmente enfrenta su peor momento político: carente de respaldo popular, deslegitimado y presionado por todos los sectores para que abandone el poder.

El Socialismo Deja a Venezuela Sin Carne, Sin Pan y Sin Gasolina por Vanessa Novoa – iF Revista Digital – 18 de Mayo 2019 

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Más allá de la arena política, persiste la crisis económica más grave que ha vivido Venezuela en su historia. Las noticias de esta semana incluyeron cifras preocupantes respecto al abastecimiento de alimentos e insumos básicos. En socialismo, las necesidades se convierten en lujos.

El Instituto Venezolano de Leche y Carne reportó que los venezolanos pasaron de consumir 22 kilos de carne al año a menos de 3 en un cuatrimestre. Desde hace tiempo, la producción no alcanza para cubrir la demanda nacional, con lo que los precios se mantienen en subida.

En comunismo, las familias optan por reducir al mínimo el consumo de carne o eliminarla por completo de la dieta.

En cuanto al abastecimiento de pan y otros derivados de la harina de trigo, Fetraharina reportó esta semana la paralización de uno de los molinos más importantes del país. El sector, que actualmente trabaja a 50% de su capacidad, tampoco tiene las condiciones para satisfacer la demanda.

Sin carne, sin pan y con graves fallas en los servicios básicos de agua y electricidad, la Venezuela comunista se enfrenta además al colapso del sector petrolero: las únicas dos refinerías que se encuentran operativas en el país trabajan a 10% de su capacidad.

Las consecuencias del colapso económico se reflejan en una generación completa que crece con problemas de peso y talla, enfermedades erradicadas que vuelven y la normalización de las largas filas para encontrar comida o combustible racionados.

La causa es una sola: el socialismo. Un conjunto de políticas de expropiaciones, controles sobre el sector privado y saqueos estatales al aparato productivo bajo control del Estado alimentaron la crisis.

Estas políticas, defendidas por socialistas de todos los partidos en mayor o menor grado, no son nuevas: causaron resultados similares en Cuba, Alemania y la Unión Soviética.

El colapso económico de Venezuela es resultado de las políticas nefastas de un régimen de extrema izquierda. El socialismo, en cualquiera de sus variantes, destruye naciones al llevarse a sus últimas consecuencias…y siempre habrá alguien dispuesto a llegar a esas consecuencias.

 

José Guerra explicó las causas de la escasez de gasolina en el país – El Nacional – 18 de Mayo 2019

José Guerra, diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela, explicó este sábado los motivos de la escasez de combustible en el país.

El dirigente opositor afirmó que si bien el país está en capacidad de refinar diariamente más de 1 millón de barriles de petróleo, actualmente solo se refina una cifra cercana a los 100.000.

“Capacidad de refinación en Venezuela. Complejo Refinador Paraguaná 900.000 barriles diarios. Refinería El Palito 150.000 barriles diarios. Refinería de Puerto La Cruz 100.000 barriles diarios. Pero se refinan apenas 100.000 barriles. De allí la escasez”, publicó Guerra en Twitter.

Habitantes de varios estados del país han denunciado en los últimos días que han tenido que realizar colas kilométricas para poner combustible a sus vehículos.

Jose Guerra@JoseAGuerra

. Capacidad de refinación en Venezuela. Complejo Refinador Paraguaná 900.000 barriles diarios. Refinería El Palito 150.000 barriles diarios.Refinería de Puerto La Cruz 100.000 barriles diarios.Pero se refinan apenas 100.000 barriles. De alli la escasez

Gasoline Shortage Comes to Haunt Caracas – Latin American Herald Tribune – 18 de Mayo 2019

Caracas residents formed this Friday long lines to fill up their vehicles’ gas tanks and even had to avoid certain service stations that were temporarily closed for lack of fuel, a sign that Venezuela’s gasoline shortage has come to haunt the capital.

As EFE observed in a drive around Caracas, the greatest fuel shortage is on the east side of the capital and some parts of the downtown area.

At the beginning of this week, lines of cars began to be seen at some gas stations and by this Friday the situation had extended to many more around the city, though without motorists having to wait in line for hours to fill up their tanks like those in the nation’s interior have to put up with.

On Tuesday, the secretary of the United Federation of Petroleum Workers of Venezuela, Ivan Freites, warned EFE that the scarcity of gasoline will only get worse over the coming days.

He added that the authorities “are only keeping the capital supplied with fuel, but at any moment the same thing will happen here as occurred with the power outages.”

At mid-morning, some service stations that were closed earlier in the day began to open after receiving their fuel shipments.

Jose Benito, an employee of a service station in downtown Caracas, said they had gone “three days without gasoline and today it arrived at 10 o’clock in the morning, but before all that we went six days without anything.”

Benito regretted that “the situation has been getting really tough over the past month, and at the supply plant, nobody picks up the phone.”

Motorist Richard Tovar said that when he got in line to fill his tank “I had five cars in front of me, not such a big deal, a normal situation – of course there’s a shortage but we have to navigate the filling stations.”

“Yes, it’s all gotten pretty terrible but not like in other places. Here at least we can get gasoline every day,” said Jose Sanchez, a bus driver who covers downtown Caracas and has to fill up twice a day.

At a station on the east side of Caracas, Roberto Andara said “it’s been horrible” since he had visited four gas stations without success.

He noted that the scarcity is worse in the interior of the country: “Yesterday I went to Valencia, Nirgua and Bejuma (all cities in the central state of Carabobo), and there’s just no gasoline.”

Miguel, the driver of a tanker truck for state oil company PDVSA and who was delivering fuel to a service station in the Los Palos Grandes district of Caracas, told EFE that he had made three deliveries this Friday, “which is normal for one day,” and said the reason those long lines form in the morning is because “people get nervous.”

Video escasez de gasolina – 18 de Mayo 2019

Venezuela vive la peor crisis económica para un país sin guerra, según los expertos por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 17 de Mayo 2019

En Maracaibo, dos hombres revisaban los desperdicios en busca de objetos que todavía sirvieran o que pudieran ser reciclados. CreditMeridith Kohut para The New York Times

MARACAIBO, Venezuela — El colapso de Zimbabue con Robert Mugabe. La caída de la Unión Soviética. La desastrosa crisis de Cuba en la década de los noventa. El desplome de la economía de Venezuela ha superado todos esos desastres.

Venezuela experimenta el mayor colapso económico sucedido en un país sin guerra en al menos 45 años, según los economistas.

“Cuesta pensar en una tragedia humana de esta magnitud que no sea producto de una guerra civil”, comentó Kenneth Rogoff, profesor de economía de la Universidad de Harvard que fue el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Este puede ser el ejemplo más sobresaliente de políticas desastrosas en décadas”.

Jenifer Del Valle Vejar Martínez con su bebé de dos meses, durante un apagón CreditMeridith Kohut para The New York Times

Para encontrar niveles similares de devastación económica, los economistas del FMI mencionan a países devastados por la guerra, como Libia a principios de esta década o Líbano en los setenta.

No obstante, Venezuela, que fue el país más rico de América Latina, no vivió un conflicto armado. Según los economistas, el mal gobierno, la corrupción y las políticas erróneas del presidente Nicolás Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, desataron una inflación desenfrenada que clausuró empresas y destruyó al país. Además, en meses recientes, el gobierno de Donald Trump ha impuesto duras sanciones para tratar de paralizar todavía más a esta nación.

Mientras la economía del país se desplomaba, grupos paramilitares tomaron el control de poblaciones enteras, los servicios públicos colapsaron y el poder adquisitivo de la mayoría de los venezolanos se redujo a un par de kilos de harina al mes.

En los mercados, los carniceros se ven afectados por los apagones frecuentes por lo que, al final de cada jornada, compiten para vender la carne en descomposición; quienes antes trabajaban como obreros escarban entre pilas de basura en busca de sobras y plástico reciclable. Los minoristas hacen decenas de viajes al banco con la esperanza de depositar varios montones de billetes cuyo valor se desvanece debido a la hiperinflación.

Aquí en Maracaibo, una ciudad de dos millones de habitantes en la frontera con Colombia, casi todos los vendedores de carne en el mercado principal han dejado de vender cortes, debido a que las vísceras y las sobras como la grasa y las pezuñas de vaca se han convertido en la única proteína animal que pueden costear muchos de sus clientes.

Personas que compraban despojos no refrigerados y otros subproductos de carne de res en un mercado de Maracaibo. CreditMeridith Kohut para The New York Times

En parte, la crisis actual se ha desencadenado por las sanciones estadounidenses que buscan obligar a Maduro a ceder el poder al líder de la oposición nacional Juan Guaidó. Las recientes medidas de Estados Unidos contra Petróleos de Venezuela, la petrolera estatal venezolana, han dificultado que el gobierno de Maduro pueda comercializar el petróleo, que es el principal producto de exportación del país. Aunadas a la prohibición estadounidense a comercializar bonos venezolanos, el gobierno de Trump ha dificultado la importación de productos, desde alimentos hasta medicinas.

Maduro culpa a Estados Unidos y a la oposición venezolana por la hambruna generalizada y la falta de suministros médicos, pero los economistas independientes afirman que la recesión comenzó años antes de las sanciones que, si acaso, aceleraron el colapso.

“Tenemos una batalla cruenta contra las sanciones internacionales que le han hecho perder a Venezuela al menos 20.000 millones de dólares en 2018”, aseguró Maduro en un discurso reciente. “Nos persiguen las cuentas bancarias, las compras en el mundo de cualquier producto, es más que un bloqueo, es una persecución”, agregó el mandatario.

La escasez ha sumido a buena parte de la población en una crisis humanitaria que se profundiza, aunque un grupo importante de los mandos militares y funcionarios de alto nivel que siguen siendo leales a Maduro pueden tener acceso a los recursos que quedan para sobrevivir, o incluso se enriquecen de manera ilegal.

Muchos venezolanos se han acostumbrado a que cada mes se registre una nueva caída histórica.

En el Lago de Maracaibo, comerciantes y obreros que perdieron sus trabajos lavaban el plástico reciclable que recolectaron. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Venezuela tiene las mayores reservas comprobadas de petróleo en el mundo pero su producción, que alguna vez fue la más grande de América Latina, ha caído más rápido en el último año que la de Irak después de la invasión estadounidense en 2003, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Venezuela ha perdido a una décima parte de su población en los últimos dos años, debido a que han huido, e incluso atravesado montañas, desatando la crisis de refugiados más grande que se haya visto en la región.

La hiperinflación de Venezuela, que se espera que alcance los diez millones por ciento este año, según el FMI, está en camino de convertirse en el más largo periodo de aumentos incontrolados de precios desde el que se vivió en el Congo en la década de 1990.

“En esencia, este es un colapso absoluto del consumo”, mencionó Sergi Lanau, economista en jefe adjunto del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés), una asociación comercial financiera.

Un grupo de hombres llenaban envases de plástico con agua de un arroyo sucio, su única fuente de líquido durante los días en que no les llega el suministro. CreditMeridith Kohut para The New York Times

El instituto calcula que, durante el gobierno de Maduro, la caída en el rendimiento económico de Venezuela ha experimentado el declive más pronunciado que haya tenido un país que no está en guerra desde 1975.

Para fin de año, el producto interno bruto venezolano habrá disminuido un 62 por ciento desde el comienzo de la recesión en 2013, que coincidió con la llegada al poder de Maduro, según las estimaciones del IIF (el gobierno de Venezuela no ha publicado sus estadísticas macroeconómicas oficiales desde 2014, lo que obliga a los economistas a depender de indicadores como las importaciones para calcular la actividad económica).

En comparación, el declive económico promedio en las antiguas repúblicas soviéticas fue de alrededor del 30 por ciento durante el punto más álgido de la crisis a mediados de la década de los noventa, según cálculos de la asociación.

Por ahora, el gobierno está concentrando sus pocos recursos en la capital, Caracas. No obstante, la presencia del Estado es cada vez más débil en el interior del país, y su ausencia es particularmente visible en Zulia, el estado más poblado de Venezuela.

Su capital, Maracaibo, alguna vez fue el enclave petrolero de Venezuela. En marzo, un apagón sumió al estado en una semana de oscuridad y caos que dejó 500 negocios saqueados.

La energía eléctrica ha sido esporádica desde entonces, lo que acrecienta la escasez de agua y gasolina y deja a las poblaciones sin sistemas bancarios ni cobertura de telefonía celular durante días enteros.

El mercado Las Pulgas, que alguna vez fue un bullicioso laberinto de puestos donde los vendedores vendían alimentos y artículos para el hogar, se ha convertido en el rostro de la crisis.

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Vendedores con bolsas de dinero, que ha perdido buena parte de su valor, en un puesto del mercado Las Pulgas en Maracaibo. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Juan Carlos Valles llega a su pequeño restaurante ubicado en un rincón del mercado a las 05:00 a. m. y comienza a preparar caldo de res con huesos y cachapas en la oscuridad. Dice que desde marzo no ha tenido luz en el local, sus ventas han caído un 80 por ciento desde el año pasado y cada día es una lucha contra los soldados que lo obligan a aceptar billetes de bajas denominaciones que casi carecen de valor.

El dinero que gana, lo invierte de inmediato en huesos y harina de maíz, porque los precios aumentan a diario.

“Si descansas, pierdes”, dijo Valles, quien ha tenido este restaurante desde 1998. “El dinero ha perdido su valor. Para cuando lo llevas al banco, ya perdiste una parte de lo que tenías”.

Según el IIF, los ingresos reales en Venezuela han caído a niveles nunca vistos en el país desde 1979, lo que ha ocasionado que muchas personas sobrevivan de tareas como recoger leña, recolectar frutas y acarrear agua de los arroyos.

Daniel González, de 53 años, cuidaba a sus hijos y los de su vecino en el barrio Arco Iris en Maracaibo.CreditMeridith Kohut para The New York Times

“El gobierno habla de soluciones en el mediano y largo plazo, pero el hambre sucede ahora”, declaró Miguel González, director del consejo comunal del barrio Arco Iris en Maracaibo.

González dijo que perdió su empleo en un hotel cuando fue saqueado en marzo, las personas que irrumpieron en el local arrancaron hasta los marcos de las ventanas y el cableado eléctrico. Ahora recoge ciruelas silvestres que vende por unos cuantos centavos en los parques de la ciudad. La mayoría de la dieta de su comunidad consiste en frutas silvestres, alimentos elaborados con harina de maíz frita o cocida y caldo de huesos de res, dijo.

Lejos de la capital del estado, las cosas son todavía peores.

La Isla de Toas, que alguna vez fue un paraíso turístico de unos 12.000 habitantes que vivían en los caseríos de pescadores, ha quedado casi abandonada.

“Aquí no hay representantes del gobierno local, regional ni nacional”, afirmó José Espina, conductor de un mototaxi. “Estamos solos”.

La electricidad y el agua potable solo están disponibles unas horas al día. El barco que da servicio regular a la región continental se descompuso el mes pasado. Un barco prestado por la petrolera estatal remolca de vez en cuando a un ferri oxidado que lleva unos cuantos suministros de alimentos subsidiados, el precario sustento de los residentes más pobres de la isla.

Un barco petrolero arrastra el ferry oxidado desde la Isla de Toas hacia el continente para conseguir escasas cantidades de alimentos subsidiados. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Según el alcalde, Héctor Nava, la hiperinflación ha reducido todo el presupuesto de la isla al equivalente a 400 dólares al mes, unos 3 centavos de dólar por residente.

El hospital no tiene medicamentos ni pacientes. La última persona en ser hospitalizada fue una mujer que murió luego de agonizar todo un día por la escasez de tratamiento para su enfermedad renal, según confirmaron los médicos de la institución.

Las camas del hospital de Toas yacen vacías, Anailin Nava, de dos años, se consume en una choza cercana debido a la desnutrición y una parálisis muscular tratable. Su madre, Maibeli Nava, dice que no tiene dinero para llevarla a Colombia en busca de tratamiento.

El hospital de la Isla de Toas está vacío, su último paciente murió sin recibir cuidados médicos. Cerca de esa institución de salud, Anailin, una niña de dos años de edad, sufre desnutrición severa y una parálisis muscular tratable. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Las cuatro canteras que constituyen la única industria de la isla no han producido desde que el año pasado unos ladrones se llevaron todos los cables de energía que las conectaban a la red eléctrica. Los activistas locales de la oposición calculan que una tercera parte de los residentes se ha ido de la isla en los últimos dos años.

“Esto era un paraíso”, dijo Arturo Flores, coordinador de seguridad de la municipalidad local, quien vende una bebida de maíz fermentado a los pescadores locales para aumentar en algo su salario, equivalente a cuatro dólares mensuales. “Ahora, todos están huyendo”.

En el otro lado del estado de Zulia, en el pueblo ganadero de Machiques, el colapso económico ha diezmado la industria de la carne y los lácteos que suministraba estos productos a todo el país.

Los apagones eléctricos hicieron que cerrara el matadero, que alguna vez fue uno de los más grandes de América Latina. Grupos de hombres armados extorsionan a los ganaderos que todavía mantienen sus rebaños y les roban ganado.

“No se puede producir si no hay ley”, manifestó Rómulo Romero, un ganadero de la localidad.

El matadero de Machiques, que alguna vez fue uno de los más grandes de América Latina, ha estado inactivo por los cortes de energía eléctrica. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Los comerciantes locales se han unido para ayudar en la reparación de las líneas eléctricas y mantener las torres de telecomunicaciones en funcionamiento, también colaboran con la alimentación de los trabajadores públicos y buscan diésel para los generadores eléctricos de respaldo.

“Prácticamente, hemos asumido las funciones del Estado”, dijo Juan Carlos Perrota, un carnicero que lidera la cámara de comercio de Machiques. “No podemos simplemente cerrar la puerta con candado y darnos por vencidos. Tenemos la esperanza de que esto mejorará”.

De cómo el chavismo arrasó con el aparato productivo por Zenaida Amador – ALnavío – 13 de Abril 2019

Sin ingresos petroleros para encubrir el fracaso del modelo aplicado por dos décadas, Venezuela presenta una realidad aplastante: la economía ha sido destruida. En esta serie de entregas ALnavío analizará a fondo la paralización de una de las naciones más ricas del mundo.
El sector privado ha languidecido a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro / Flickr: H. Chávez
El sector privado ha languidecido a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro / Flickr: H. Chávez

La estrategia gubernamental en las últimas dos décadas en Venezuela ha sido la de cercar al sector privado para agigantar el peso del Estado en todos los ámbitos de la vida nacional y, entre otras cosas, aumentar la dependencia de la población. Mientras los ingresos petroleros permitían con importaciones encubrir las debilidades del modelo el país pudo seguir manteniendo ciertos estándares, pero en la actualidad el fracaso pasa una dolorosa factura de recesión, escasez y pérdida de calidad de vida de la población.

De hecho, de la política de “exprópiese” de Hugo Chávez, que sirvió de consigna para sus controles, estatizaciones e intervenciones de unas 1.200 empresas privadas, el país pasó al languidecimiento y la mengua del sector privado a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro. El saldo rojo abruma: de las 12.700 industrias privadas que había en 1999 en la actualidad sólo quedan 2.500, según estimaciones de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria).

La estrategia gubernamental en las últimas dos décadas en Venezuela ha sido la de cercar al sector privado para agigantar el peso del Estado en todos los ámbitos de la vida nacional y, entre otras cosas, aumentar la dependencia de la población

Lo más grave es que las sobrevivientes apenas operan a 20% de su capacidad instalada y nada indica que puedan seguir resistiendo si todo sigue igual, tomando en cuenta factores críticos como la inestabilidad política e institucional, la falta de insumos y materias primas, el colapso de los servicios públicos, la depauperación general del país y el propio modelo económico que Maduro insiste en seguir aplicando en el país.

Sólo el impacto económico general de los apagones nacionales ocurridos en marzo se calcula en 3% del Producto Interno Bruto. En el sector manufacturero las pérdidas ascendieron a 217 millones de dólares en marzo y dada la tendencia se estima que en abril estarán en el orden de los 320 millones de dólares, según cálculos de Conindustria.

En paralelo, la mayoría de las industrias que fueron estatizadas están paralizadas, operan en mínimos o enfrentan rezagos tecnológicos tan severos que su capacidad de respuesta es restringida, y eso incluye a empresas de sectores estratégicos como el siderúrgico, cementero, eléctrico, telecomunicaciones y agroindustrial.

Además, dado el modelo centralizado y estatista, las fallas en los suministros de estas empresas públicas terminan repercutiendo en la actividad de los demás sectores. Por ejemplo, actualmente las empresas básicas de Guayana (procesadoras de hierro y reductoras de aluminio) se encuentran en parálisis técnica y sus cerca de 5.000 trabajadores esperan a que las autoridades definan lo que ocurrirá con sus empleos.De 12.700 industrias privadas en 1999 hoy sólo quedan 2.500 / Foto: Conindustria

No en vano el Fondo Monetario Internacional calcula que la tasa de desempleo de Venezuela es de 44,3% y que en 2020 se elevará a 47,9%. Tal proyección es consistente con seis años consecutivos de contracción del Producto Interno Bruto en los que se ha destruido 53% de la actividad económica. Sólo en 2019 se estima que habrá otro desplome del 25% del PIB.

Desde la tierra

La situación del sector agropecuario es similar. Sólo entre 2004 y 2012 la política de toma, intervención y expropiación de fundos alcanzó a 4 millones de hectáreas y ninguno de los planes del Gobierno para ponerlas a producir prosperó. A la par de esto se aplicaron regulaciones y limitaciones operativas severas a los productores del campo, lo que terminó por constreñir aún más al sector.

El país pasó al languidecimiento y la mengua del sector privado a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro. El saldo rojo abruma: de las 12.700 industrias privadas que había en 1999 en la actualidad sólo quedan 2.500, según estimaciones de la Confederación Venezolana de Industriales

Cuando en 2007 la escasez de algunos productos básicos comenzó a encender las alarmas, el gobierno de Hugo Chávez aplicó un agresivo plan de importaciones que le sirvió para enmascarar la crisis. Las distorsiones llegaron a tal punto que en 2012 el 52% del consumo de carne en el país era atendido con importaciones.

Además, los apagones recientes han golpeado con fuerza al sector. Por este factor la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga) contabiliza los daños y pérdidas registrados en marzo en más de 6 millones de dólares.

En cuanto a la actividad agrícola, las estimaciones de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) indican que, en promedio, Venezuela sólo produce 25% de los alimentos que consume. El gremio ya alertó sobre la pérdida del ciclo de invierno 2019 y su proyección es que la producción de algunos rubros descenderá a niveles de hace 40 años.

Los productores argumentan que desde fines de 2018 debieron comenzar a preparar sus existencias de repuestos, lubricantes y combustibles para la maquinaria y equipos, semilla para la siembra, fertilizante para abonar la tierra, herbicidas, insecticidas y fungicidas, pero “este año Agropatria y Pequiven, empresas estatales que ejercen el monopolio en la venta y distribución de insumos y fertilizantes en el país, no disponen de inventarios para atender la demanda de los agricultores”.

A esta centralización en manos del Estado se añade también el control militar a través de la Agropecuaria de la Fuerza Armada Bolivariana (AgroFanb) que, según Transparencia Venezuela, “se ha transformado en un filtro para decidir quién participa del proceso de producción y cómo se distribuyen los alimentos, en medio de una escasez de comida sin precedentes en este país”.

Todo lo anterior se ha traducido en la quiebra del campo venezolano.

Ni lo básico

Con la caída de los ingresos petroleros a partir de 2013 fue muy difícil para el Gobierno maquillar estos problemas que hoy saltan a la vista. De 2012 a la fecha las importaciones han sufrido una contracción cercana a 80%. De acuerdo con Torino Capital, en 2019 las importaciones de Venezuela caerán a su nivel más bajo desde 1946.

Sin divisas, con los mercados financieros cerrados y con el peso de sanciones económicas internacionales, a inicios de 2019 el gobierno de Nicolás Maduro les informó a los empresarios que debían buscar las vías para importar los insumos y materias primas que requieren, echando atrás el esquema de centralización de compras externas que su modelo impuso por años, pero la capacidad de respuesta del sector privado está disminuida y muchas empresas se encuentran sin inventarios para operar.

Las fallas de abastecimiento y la desaparición total de algunos productos son la norma en el mercado venezolano. Según datos de la firma Econométrica, el índice de escasez de los productos de primera necesidad en el último año se ha mantenido en alrededor de 80%, aunque en los últimos meses ha bajado a 70%. La escasez en general está en el orden de 50%.

Es tal la magnitud de la crisis que las recientes “mejoras” en la oferta responden a la severa contracción económica y a la destrucción del poder de compra de los venezolanos. Torino Capital proyecta una caída del consumo de 35,8% este año.

La FAO señaló que Venezuela es uno de los países que experimentó mayores aumentos en materia de hambre y malnutrición entre 2016 y 2018. La organización reportó que la prevalencia del hambre casi se ha triplicado entre 2010-2012 (3,6%) y 2015-2017 (11,7%), y que 3,7 millones de personas viven en esa condición, una situación que crece en la medida en que la crisis se profundiza y que la población se empobrece.

La crisis humanitaria se expande y se hace más profunda por Zenaida Amador – ALnavío – 16 de Abril 2019

La reaparición de enfermedades, las fallas alimenticias, la ausencia de medicamentos y la profundización de la crisis económica pintan un panorama sombrío para Venezuela. En esta serie de entregas ALnavío analiza a fondo la paralización de una de las naciones más ricas del mundo.
La escasez de agua aumenta los riesgos de enfermedades / Foto: Provea
La escasez de agua aumenta los riesgos de enfermedades / Foto: Provea

Venezuela enfrenta una emergencia humanitaria compleja desde 2015 que responde a multiplicidad de causas, pero que afecta gravemente todos los órdenes de la vida y que, dada su profundidad, requiere de una respuesta internacional. Sólo recientemente el mundo entendió la magnitud de la crisis y por eso se encendieron las alarmas, se hicieron gestiones para enviar ayuda humanitaria al país y muchos siguen presionando para que se produzca un desmontaje del modelo de gestión que tras 20 años en el poder condujo a la nación a esta circunstancia.

Y es comprensible este afán, pues está claro que en la medida en que la situación se prolongue mayor será el deterioro y, en consecuencia, peores las condiciones sanitarias y de salud, lo que amenaza con el contagio internacional de enfermedades que muchos países incluso consideraban erradicadas.

El estudio “Crisis humanitaria de Venezuela, resurgimiento de enfermedades transmitidas por vectores y su implicación en la propagación en la región: una reseña y un llamado a la acción”, que fue liderado por investigadores de la Universidad de Glasgow, advierte que se podría generar “una epidemia de proporciones sin precedentes” en América del Sur por el brote de enfermedades mortales en Venezuela

En este sentido, recientemente se divulgó el estudio “Crisis humanitaria de Venezuela, resurgimiento de enfermedades transmitidas por vectores y su implicación en la propagación en la región: una reseña y un llamado a la acción”, que fue liderado por investigadores de la Universidad de Glasgow, donde se advierte que se podría generar “una epidemia de proporciones sin precedentes” en América del Sur por el brote de enfermedades mortales en Venezuela.

La alerta se activa dado el alto volumen de emigrantes venezolanos de los últimos años, que la agencia de la ONU para los refugiados ubica en 3,7 millones. Según la OEA, sin un cambio significativo que pueda revertir la crisis económica, política y social en Venezuela, “el número total de migrantes y refugiados podría llegar a estar entre 5,39 y 5,75 millones a finales del año 2019”.

El citado estudio detectó, entre otras cosas, el incremento de epidemias de enfermedades graves tales como malaria, enfermedad de Chagas, leishmaniasis, zika y dengue, y su propagación continua a países vecinos, aunque sobre datos imprecisos. “Lamentablemente, hoy en día las instituciones gubernamentales venezolanas pudiesen estar activamente ocultando datos relacionados a la salud pública”.

Tapar el sol

Esta semana el régimen de Nicolás Maduro aseguró en la ONU que son falsos estos señalamientos, pues “en Venezuela sí hay vacunas” y “la situación de la malaria, el sarampión y la difteria ha mejorado sensiblemente por nuestra cooperación con la Organización Panamericana de la Salud”.

Sin embargo, eso no es lo que reportan varias Organizaciones No Gubernamentales que les hacen seguimiento a los indicadores de salud en Venezuela luego de que en 2015 el gobierno de Maduro decidiera omitir los reportes epidemiológicos y demás estadísticas de interés. Tales investigaciones indican que la malaria dejó de estar en áreas remotas para extenderse a zonas urbanas y periurbanas, con presencia en todo el territorio nacional. En la actualidad Venezuela concentra 60% de los casos de esta enfermedad en América Latina.

Estas ONG, donde se cuentan Codevida, Senos Ayuda, Provea y el Observatorio Venezolano de la Salud, también revelan que, entre 2017 y 2018 los casos de sarampión aumentaron de 727 a 5.332 confirmados, sobre 7.370 sospechosos en total, con 64 defunciones. Entre las causas se cuentan las bajas coberturas de vacunación.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi), realizada por las principales universidades del país, detectó en 2017 que 54% de los niños no había recibido la primera dosis contra sarampión y a 30% le faltaba las vacunas contra la difteria.Existe una grave escasez de medicamentos / Foto: WC

Pero los problemas van más allá. La infraestructura hospitalaria también colapsa, las existencias de equipos, medicamentos y reactivos están en mínimos, por ello 18,7 millones de personas no tienen garantías de acceso a diagnósticos ni a tratamientos, en este grupo se cuentan al menos 7,4 millones de personas hipertensas y 2,4 millones con diabetes.

Cuesta arriba

El desmejoramiento de los servicios de salud se agudizó con el desplome de los ingresos de la nación desde 2013. La firma Torino Capital estima que los ingresos en divisas de Venezuela en 2019 podrían llegar a tan sólo 10.473 millones de dólares, 67% menos que en 2018 y 86% menos que en 2013, lo que hace temer una agudización de la crisis.

La falta de divisas es una de las principales causas de desmantelamiento de la producción de medicamentos en Venezuela. Cálculos de la Cámara de la Industria Farmacéutica (Cifar) indican que el sector pasó de producir 714 millones de unidades promedio en 2014 a menos de 200 millones de unidades en 2018.

Hay una amplia gama de medicamentos que no se producen en el país y que, sin divisas, ya no se importan. A fines de 2018 se estimaba en 79,9% la escasez de medicamentos para controlar la hipertensión, en 83,3% para diabetes, 85% para diarreas y 95,6% para infecciones respiratorias agudas. En el mejor de los casos los ciudadanos han recurrido a sistemas de compras en el exterior o a vías informales para poder traer las medicinas al país, muchas de las cuales son de alto costo o para tratamientos crónicos, y en el peor, las personas fallecen por falta de tratamientos.

Precaria alimentación

En el último año y medio Venezuela ha experimentado un proceso hiperinflacionario, cuyo impacto directo se ha reflejado en el empobrecimiento de la nación. Datos de Encovi indican que cerca de 90% de los hogares venezolanos viven en situación de pobreza medida por ingresos, lo que termina por agravar el cuadro de salud.

En el caso del sistema educativo, un estudio preparado en octubre de 2018 por organizaciones como la Fundación Agua Clara, determinó que planteles de todos los niveles educativos (básica, media, diversificada y universitaria) también sufren las consecuencias por deficiencias en el servicio de agua, por problemas sanitarios y por inundaciones por efecto de las lluvias.

“El derecho humano al acceso, disponibilidad y utilización de los alimentos, en la cantidad y calidad necesaria para un consumo adecuado, se ha hecho imposible para la mayoría de los venezolanos, trayendo como consecuencia un acelerado deterioro nutricional de la población, siendo más afectados los niños y niñas, las embarazadas, las personas de edad, las personas en condiciones crónicas de salud y las personas que se encuentran recluidas o en zonas de difícil acceso geográfico”, señala el reporte Derecho a la alimentaciónpreparado en diciembre pasado por la Fundación Bengoa, Observatorio Venezolano de la Salud y la Red Agroalimentaria de Venezuela.

Allí se determina que 94% de la población venezolana no cuenta con ingresos suficientes para pagar los precios de una canasta de alimentos y de servicios básicos por las extremas condiciones de privación económica.

En consecuencia, entre 2016 y 2018 subió de 5% a 11,5% la porción de la población subalimentada en Venezuela “y la desnutrición aguda global alcanzó porcentajes de emergencia en niños menores de 5 años y embarazadas de parroquias pobres”. Según este reporte, la combinación de emergencias en alimentación y salud disminuye las probabilidades de que los niños más pequeños y las embarazadas que sufren de desnutrición severa tengan oportunidad de sobrevivir.

Problemas sanitarios

Antes de que en marzo de 2019 colapsara el sistema eléctrico, que es clave para el bombeo de agua a las tuberías, ya 82% de la población no recibía el líquido de forma continua. Pero el problema va más allá de los hogares: 75% de los centros hospitalarios de salud pública nacional no tienen suministro continuo de agua y 25% dejó de recibirlo.

En el caso del sistema educativo, un estudio preparado en octubre de 2018 por organizaciones como la Fundación Agua Clara, determinó que planteles de todos los niveles educativos (básica, media, diversificada y universitaria) también sufren las consecuencias por deficiencias en el servicio de agua, por problemas sanitarios y por inundaciones por efecto de las lluvias.Las personas fallecen en los hospitales públicos por falta de tratamiento / Foto: WC

Lo más grave de esta investigación fueron los hallazgos sobre las condiciones de potabilización del agua en Venezuela: “no hay agua potable en el país”.

La escasez de agua hoy es más aguda que al cierre de 2018 y, dada la crisis, crecen aún más las dudas sobre su calidad. Para mejorar su potabilidad a los venezolanos les resta hervir el líquido, pero las fallas eléctricas a nivel nacional y el hecho de que 64% de la población no recibe gas limitan esta opción y aumentan los riesgos de enfermedades.

El holodomor venezolano por Emmanuel Rincón – Panampost – 12 de Abril 2019

El hambre en Venezuela no es un invento de las cadenas norteamericanas ni es parte de una batalla ideológica: es un asunto palpable.

Cada minuto que un representante de algún alto gobierno intenta mediar en la crisis venezolana, se firma la sentencia de muerte de una persona. (Foto: Flickr)

Ciudadano argentino, chileno, americano, colombiano, español, o de cualquier parte del mundo: si mañana le escribiesen al correo electrónico a ofrecerle un puesto de trabajo, en el cual le prometen todos los beneficios de la ley, y empleador le propusiera trabajar 8 horas al día, 5 días a la semana por un pago mensual de medio kilo de leche en polvo, ¿usted aceptaría? Por supuesto, no hay ni que preguntarlo, la respuesta es un rotundo no. Ahora bien, ¿por qué un venezolano debería aceptar trabajar bajo estas condiciones?

Las desastrosas políticas económicas tomadas por el gobierno socialista de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sumadas a la destrucción de la empresa privada, el saqueo organizado de la nación, los índices de corrupción más elevados de América Latina, junto al latrocinio de PDVSA, convirtieron a Venezuela en un cementerio de gigantes proporciones, un depósito de cadáveres, un lugar en el que la vida no es posible y donde la economía es una auténtica locura. Que el sueldo mínimo decretado por el Ejecutivo Nacional solo permita comprar un condimento de ajo picado al mes lo explica todo. Sí, tal como lee: un sueldo mínimo mensual es el equivalente a un frasco de condimentos, o a medio kilo de leche en polvo. Esto ayudará a entender por qué los venezolanos salen de su tierra recorriendo miles de kilómetros a pie, o se van por el norte en lanchas y balsas buscando una tierra firme que los alimente.

En la Venezuela de hoy, el sueldo mínimo es de 18 000 bolívares, el equivalente aproximado a 5 dólares al mes. La hiperinflación en Venezuela es tan absurda que los precios han superado la barrera del dólar, lo que quiere decir que el país petrolero ha destrozado hasta el poder adquisitivo de la moneda estadounidense. Esto se traduce en que, además de que los venezolanos ganan una miseria, los productos en el mercado cuestan 2 a 6 veces más que en una economía como la colombiana, por poner un ejemplo cercano.

Durante los últimos días tuve la oportunidad de volver a mi país y aproveché para ir a un par de supermercados a efectos de hacer un pequeño sondeo. La realidad que me encontré fue la siguiente:

  • Detergente de ropa, 2 litros: 58 600 bolívares, es decir, 16 dólares (un venezolano promedio debe ahorrar más de tres meses para poder comprar detergente y lavar su ropa).
  • Pasta, 1 kilo: 7 000 bolívares o 2 dólares (con el sueldo mínimo un venezolano puede adquirir 2 kilos y medio de pasta al mes).
  • Pasta de tomate: 19 642 bolívares o 5,3 dólares (deberá comer la pasta a secas, porque para comprar salsa se debe trabajar más de un mes, y aun así no alcanza).
  • Jamón de pechuga de pollo: 18 000 bolívares o 5 dólares por 500 gramos, ¿alcanzarán 500 gramos de jamón para alimentar una familia por un mes?
  • Manzana por kilo: 33 151 bolívares  o 9 dólares (un sueldo mínimo no alcanza ni para un kilo de manzanas).
  • Litro de leche: 5 750 bolívares o 1, 57 dólares (afortunado el que pueda comprar 4 litros de leche al mes).
  • Kilo de sal: 6 195 bolívares o 1, 70 dólares (por el trabajo de un mes un venezolano promedio, podría comprar 3 kilos de sal).
  • Litro de aceite: 17 000 bolívares o 4, 65 dólares.
  • Condimento de ajo picado, 55 gramos: 21 000 bolívares o 5,75 dólares.
  • Leche chocolatada 400 gramos:  29 000 bolívares o 7,95 dólares.
  • Lavaplatos de 600 ml, 22 811 bolívares o 6 20 dólares.

Últimamente, distintas personalidades del mundo se han atrevido a cuestionar la severidad de la crisis venezolana. Figuras como Almudena Grandes, la comisionada Bachelet o Carlos Montero, entre otros, han intentado poner en tela de juicio la magnitud de lo que viven los venezolanos.

En el momento en que escribo estas letras, cuento ya 32 horas sin luz. Previo a ello, estuve 23 horas sin agua. Esta tarde, para poder trabajar, tuve que salir a comprar una pimpina de gasolina (por la que pagué 20 000 pesos colombianos, es decir, más de un sueldo mínimo venezolano) para poder prender una planta y así cargar mi computador. La catástrofe del socialismo es tal, que en Bogotá pago aproximadamente 50 000 pesos mensuales por el servicio de electricidad durante todo el mes; mientras que aquí debo pagar 20 000 pesos para encender una planta que me permita cargar mi computador, y me dará una energía limitada durante unas 16 horas cuando mucho (no puedo prender aires acondicionados, neveras, u otros artefactos eléctricos). Algo similar ocurre con el agua. En ciudades como Caracas, Maracaibo o Valencia, entre otras, las personas se han visto obligadas a pagar por cisternas de agua para así poder bañarse y medianamente limpiar sus hogares (cabe acotar que las cisternas se pagan en divisa estadounidense, y sus precios van desde los 100 a 120 dólares, unos 20 sueldos mínimos de un venezolano).

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