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Goodyear cierra en Venezuela y sus trabajadores recibirán neumáticos como parte de su liquidación por Víctor Salmerón – ProDaVinci – 10 de Diciembre 2018

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La fabricante de neumáticos anunció este lunes el cese de operaciones en Venezuela porque considera “imposible” producir en las actuales condiciones económicas y bajo las sanciones impuestas por Estados Unidos. Sus trabajadores recibirán llantas a modo de liquidación de sus contratos. Y, con la hiperinflación y el desabastecimiento que vive el país, no es un mal negocio.

 

La filial en Venezuela de Goodyear, la multinacional estadounidense fabricante de neumáticos, amaneció este lunes sin gerentes de alto rango, con los sistemas informáticos caídos y 1,100 trabajadores desconcertados. A media mañana, un vocero de la empresa, Alfredo Arguelles, confirmó a través de un correo electrónico enviado a AP el cese de las operaciones en el país. Según la agencia Reuters, la compañía justificó la decisión porque era “imposible” producir en las actuales condiciones económicasy bajo las sanciones impuestas por Estados Unidos.

Jorge Rodríguez, presidente del sindicato que agrupa a los trabajadores de la única planta de Goodyear en Venezuela, ubicada en Valencia, en el estado Carabobo, le explicó a Univision Noticias que formalmente no ha habido comunicación con los directivos de la empresa.

“Recibí una llamada telefónica desde el exterior de alguien que se identificó como abogado externo de la compañía. Me notificó el cierre de la planta y me indicó que vamos a recibir parte de nuestra liquidación total con una cantidad de cauchos (neumáticos)”, dice Jorge Rodríguez. El sindicalista no quiere precisar el número de neumáticos que recibirá cada trabajador hasta tanto “no haya una comunicación formal de la empresa”.

Pero la práctica de recibir pagos en neumáticos no es nueva. Luis Aponte, secretario del sindicato de trabajadores, explica que “la empresa no tenía flujo de caja para cancelar beneficios del contrato colectivo como bonos” para la compra de útiles escolares o becas de estudios para sus hijos. “Entonces acordamos a finales de noviembre que cada trabajador recibirá seis cauchos por estos conceptos, eso resuelve”, agregó.

Cobrar en especies, un buen negocio

El pago en especie a los trabajadores de Goodyear refleja la meteórica pérdida de valor de la moneda venezolana, el bolívar soberano, a manos de la hiperinflación. De acuerdo con la medición que realiza la Asamblea Nacional, diariamente los precios aumentan 3% en promedio y en los últimos doce meses registraron un salto de 1,299,724%.

La raíz de la hiperinflación es que, como el gobierno no puede cubrir sus gastos, le pide al Banco Central que cree dinero a un ritmo frenético, bolívares que ingresan a las cuentas públicas como billetes de monopolio y causan un desbalance entre la oferta y la demanda: más dinero detrás de pocos productos, una combinación que catapulta los precios.

En este entorno para los trabajadores, el pago en especie significa recibir un bien que va a aumentar de valor en el tiempo, a diferencia del bolívar, que cada día compra menos.

Además, los neumáticos, al igual que una larga lista de productos, son muy escasos y son revendidos en dólares. Un neumático de Goodyear puede ser colocado en el mercado a 100 dólares a dueños de vehículos que desesperadamente intentan conseguir repuestos.

Tomando en cuenta la cotización del dólar en el mercado libre, no controlado por el gobierno, un neumático vendido a 100 dólares equivale a 16 salarios mínimos, una cantidad de dinero que supera por mucho el ingreso mensual de profesores universitarios, maestros o médicos de hospitales públicos.

Un factor a considerar es que el dólar se encuentra muy barato y todo apunta a que se disparará durante los próximos meses. Para frenar el ascenso de la moneda estadunidense en el mercado libre, el gobierno aumentó los impuestos a las empresas, limitando la cantidad de recursos que pueden destinar a la compra de divisas y tomó medidas para restringir el crédito de los bancos, pero analistas consideran que esto no es sostenible.

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que si el dólar se hubiese encarecido igual que el resto de los productos en este momento tendría un valor de 8,000 bolívares por dólar y al día de hoy se cotiza en 737 bolívares: “La brecha es muy grande y no es sostenible en el tiempo, más temprano que tarde se va a ir cerrando”, dice Asdrúbal Oliveros.

La escasez

La escasez tanto de neumáticos como de una larga lista de productos se debe a la fuerte caída de la producción. En el caso de Goodyear, Luis Aponte señala que diariamente la empresa estaba fabricando mil neumáticos cuando lo normal era producir 9,000.

La caída de la producción de empresas emblemáticas de distintos sectores de la industria, como el automotriz, obedece a la fuerte escasez de divisas. La extracción diaria de barriles de petróleo, el producto que aporta 96% de los dólares que ingresan a Venezuela, registra un descenso de 37% en los últimos doce meses, a lo que se añade la falta de ahorros y una pesada deuda externa que se multiplicó por cinco entre 2004 y 2014.

En este entorno, el gobierno disminuyó severamente la venta de dólares a las empresas del sector privado, propiciando el descenso de la producción por la falta de materia prima, maquinaria y equipos.

Las multinacionales dicen adiós a Venezuela

El cese de operaciones de Goodyear aumenta la lista de multinacionales que abandonan Venezuela o reducen sus inversiones como ha sido el caso de Pirelli, Bridgestone, Halliburton, Kellogg o Procter & Gamble.

Luis Aponte explica que, a través de funcionarios del Ministerio del Trabajo, el gobierno venezolano se comprometió a evaluar la situación. “Dicen que van a seguir el camino legal, que no quieren hacer una expropiación, van a tomar toda la información y luego nos harán saber, ya todo quedó en manos de ellos”, afirma. “Los trabajadores vamos a resguardar las instalaciones”.

En mayo de este año, Kellogg’s cerró su planta en Venezuela y el gobierno se comprometió a reactivarla, pero los productos de la compañía desaparecieron del mercado y se disparó la escasez de cereales.

A slow-motion catastrophe’: on the road in Venezuela, 20 years after Chávez’s rise by Tom Phillips – The Guardian – 6 de Diciembre 2018

People confront riot police during a protest in Caracas against the shortage of food.
 People confront riot police during a protest in Caracas against the shortage of food. Photograph: Federico Parra/AFP/Getty Images

The latrines at Simón Bolívar international airport in Caracas overflow with urine; the taps are bone dry. In the departures hall, weeping passengers prepare for exile, unsure when they will return.

At customs, a sticker on one x-ray machine warns: “Here you don’t speak badly about Chávez!”

But even before stepping outside the terminal it is obvious his Bolivarian revolution, like the airport’s immobile escalators, has ground to a halt.

A roadside graveyard of abandoned buses in Venezuela’s Portuguesa state
 A roadside graveyard of abandoned buses in Venezuela’s Portuguesa state. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

On 6 December 1998, Hugo Chávez proclaimed a new dawn of social justice and people power. “Venezuela’s resurrection is under way and nothing and nobody can stop it,” the leftwing populist told a sea of euphoric supportersafter his landslide election victory.

Two decades on, those dreams are in tatters.

The comandante is dead and his revolution in intensive care as economic, political and social chaos engulf what was once one of Latin America’s most prosperous societies. Almost 10% of Venezuela’s 31 million-strong population have fled overseas; of those who remain, nearly 90% live in poverty.

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To understand Venezuela’s collapse, the Guardian travelled hundreds of miles across the nation Chávez dreamed of transforming, from the spot in downtown Caracas where he gave his first speech as president-elect to his birthplace in the country’s sun-scorched southwestern plains.

On the way, we encountered lingering affection for a charismatic populist still celebrated as a champion of the poor, and a determination among Venezuelans from all walks of life to somehow weather the economic cyclone ravaging their country.

But above all, there was deprivation, hunger, profound apprehension and seething anger – even among proud chavistas – at a government now incapable of fulfilling its citizens’ most basic needs, and in denial over a humanitarian crisis unprecedented in modern Latin American history.

Hugo Chávez greeting supporters during a political gathering in the town of Guarico in 2006.
 Hugo Chávez greeting supporters during a political gathering in the town of Guarico in 2006. Photograph: AFP

“People do not understand what is happening in Venezuela because it is too hard to believe,” says Alberto Paniz-Mondolfi, a doctor in the city of Barquisimeto, describing the implosion of a health service that was once the envy of the region. “The most oil-rich country absolutely devastated and turned into a war-torn nation – without a war.

“I’m not angry. I’m terribly sad. Because there was absolutely no need to get to this point. They just left the country to die … and it is heartbreaking.”

Twenty years after Chávez declared Venezuela’s rebirth, its capital is on its knees. Billboards try to persuade citizens that “together everything is possible” but the mood is funereal and dazed.

By night, swaths of the city resemble a disaster zone: deserted, carless streets are plunged into darkness by power outages and broken street lights. Famished citizens probe uncollected heaps of rubbish.

Despite the meltdown, in a traditionally chavista shantytown called San Agustín, there is still devotion to the politician many call “mi comandante”.

A cable car passes above San Agustín
 A cable car passes above San Agustín. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

“He was the man who took the poor out of the catacombs,” says Gilda González, 50, the local coordinator of Misión Ribas, an educational programme Chávez set up in 2003.

González, a self-declared revolucionaria who keeps Fidel Castro’s memoirs by her desk, pointed to an horizon of government-built apartment blocks. “Everything you see here today was the comandante’s doing, and our president, Nicolás Maduro, is fighting hard to continue that work,” she said of the man who inherited Chávez’s revolution after he died in 2013.

Venezuela’s leaders blame the country’s plight on sanctions and an “economic war” waged by what the foreign minister, Jorge Arreaza, recently called the “extremist, supremacist, racist” government of Donald Trump. “It’s not just an economic war​,​ it’s an all-round war – a political war, a media war and a trade war,” Arreaza claimed.

González agrees, and warns Bolivarian militias will resist if the US president makes good on insinuations that Maduro could be toppled by foreign force. “We are ready for asymmetric war,” she says.

Gilda González in Caracas
 Gilda González in Caracas. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

García said he continued to treasure the ideals underpinning Chávez’s Bolivarian struggle – but under Maduro, Venezuela had become like a pressure cooker that had been left on for too long. “This mess will explode any minute.”

Tinaquillo

When Chávez visited the town of Tinaquillo in 2005 he pledged to revive Venezuela’s flagging textiles industry as part of a state-led effort to reduce dependency on oil – today the source of more than 95% of Venezuela’s export earnings – and hand greater power to workers. “We are forging a new path, a new socialism,” he declared.

Those plans have withered. According to official data handed to the International Monetary Fund (IMF) last month, Venezuela’s economy shrunk 15.7% in 2017, while inflation hit 860%. Experts believe the real situation is far worse.

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Lilibeth Sandoval at a now derelict textile mill Chávez toured in 2005
 Lilibeth Sandoval at a now derelict textile mill Chávez toured in 2005. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

At a nearby petrol station, attendants complain they have not been paid in months by Pdvsa, the state-run oil company that oversees the world’s biggest crude reserves. “And this is still a good job,” says Eduardo Martínez. Tips from drivers mean it is just about possible to survive.

But Martínez’s trousers are shredded, his shoes filled with holes, and he has a seeping, untreated abscess on his left wrist. “One day this will all come crashing down, just like the Twin Towers,” he says.

Macapo

Thousands of locals have already gone.

The United Nations estimates 3 million have fled the country since 2015 to escape chronic food and medicine shortages, crumbling healthcare and transport systems and an economy in freefall.

For places such as Macapo, which locals say has shed up to 15% of its 100,000 population, the result is broken families and empty homes. “There are no jobs here, there’s nothing,” says Juan Carlos Guevara, a retired teacher.

Juan Carlos Guevara
 Juan Carlos Guevara, whose community has lost thousands of residents. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

In February his wife, Glenda, set off overland for Peru with a group of 15 relatives. She works as a carer-cum-accountant in Lima and sends funds to help her husband who lives off a weekly pension of about 900 bolivares (about $1.8) – an almost impossible task because of rampant hyperinflation that Maduro’s supposedly visionary economic recovery plan has failed to tame.

“That’s not even enough to buy a kilo of cheese,” says Guevara.

With his wife gone, Guevara has busied himself decorating his home ahead of a lonely Christmas. “This year there will be an emptiness,” he says, tears welling in his eyes.

A propaganda billboard in support of Nicolás Maduro
 A propaganda billboard in support of Nicolás Maduro. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Guevara says he believes political change is on the horizon and Venezuela’s diaspora will soon return to rebuild their homeland. But like all those the Guardian interviewed, he is unable to say how or when.

Venezuela’s opposition is fractured and, while localised protests continue, the mass demonstrations of last year have faded, with many participants chosing instead to leave the country.

“I’m a very optimistic person … [but] if this doesn’t happen I will leave,” he says. “All of my documents are ready.”

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Barquisimeto

As Venezuela’s crisis has deepened over the past year, Henríquez, like millions of his fellow citizens, has found it increasingly hard to feed his family, let alone himself. “I used to weigh something like 70kg – now I’m 50kg, or less,” he says, showing the contents of their pantry: a half-empty sack of maize and a plastic bag filled with a few sticks of cassava.

Outside, in a rubbish-strewn garden, his children – aged from 11 months to 13 – study around a table fashioned from a broken door with breezeblocks as legs.

Ivan Henríquez with his wife and six children at their home in Barquisimeto
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 Ivan Henríquez with his wife and six children at their home in Barquisimeto. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Henríquez says his family survive thanks to a $20 monthly remittance from his brother in Chile. But hyperinflation – which the IMF fears could hit10,000,000% next year – meant that was becoming increasingly tough.

“So many people are dying of hunger in this country … children are dying because of malnutrition,” he says, lowering his voice to avoid his own offspring overhearing that bleak assessment.

Henríquez blames his family’s plight on an ideological clash from which his country’s leaders have refused to step back. “Venezuelans are stuck in the middle of a war that isn’t theirs.”

Barinas

The highway to Barinas, the south-western state where Chávez grew up, is dotted with reminders of Venezuela’s decay: families hauling armfuls of firewood or hiking down the hard shoulder because public buses are now as hard to find as food; police barricades where forlorn-looking officers shake down passersby for a pittance; abandoned factories, grain silos and car showrooms being reclaimed by the undergrowth; graffiti demanding the removal of the man most blame for the calamity – “¡Fuera Maduro!” – and patches of scorched asphalt where tires have been burned by protesters.

But these days few are fooled by such claims. “Our lives are becoming impossible,” says Ezequiel Mota, a 73-year-old farmer, queuing outside a military controlled petrol station in the state capital. He expects to be there for at least 10 hours.

Hundreds of vehicles queue for increasingly scarce petrol in Barinas
 Hundreds of vehicles queue for increasingly scarce petrol in Barinas. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Across town the Guardian saw three petrol queues of more than 140 cars each. In the countryside, a driver in an even longer line of vehicles says he has been waiting two days: “Sometimes it’s four.”

“Ninety per cent of citizens are against the government because they are leading us into the most absolute state of misery and poverty in the world,” Mota says. “That’s the truth.”

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Sabaneta

Rivas, at 85 still chavista to the bone, recalls wanting to die when she heard of her protector’s passing. “I love him,” she whispers.

Rosa Rivas, 85, a dedicated Chávez supporter
 Rosa Rivas, 85, a dedicated Chávez supporter. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

But in the town where Chávez was born, such dedication appears to be fading.

“It’s lucky you came today because last week all the roads were blocked [by protesters],” says Rodolfo Palencia, a farmer and organiser for the opposition group Voluntad Popular.

Palencia, 46, says shortages of food, medicine, gas, petrol and drinking water mean many residents are turning against Chávez’s “malignant legacy”.

A minstrel as well as a militant, Palencia reaches for a Venezuelan four-string guitar to perform his musical rebuke to chavismo. “From here in Barinas, I want to ask my Venezuela for forgiveness,” he sings. “Because we know it was here that the disaster began, it was here that the comandante who destroyed my nation was born.”

In 2016 Vladimir Putin donated a granite statue of Chávez to Sabaneta and it was placed in one of its main squares to celebrate the legacy of “the illustrious son of the Venezuelan people”.

Today it is chipped and charred having been set upon by anti-government protesters. They failed to tear it down, but have vowed to return.

Statue of Hugo Chávez in Sabaneta
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 Statue of Hugo Chávez in Sabaneta. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Nearby, Chávez’s childhood home is open to the public as a tribute to Venezuela’s “21st-century liberator” and his Bolivarian crusade. But it, too, has fallen on hard times. One room lacks a lightbulb; in another, a display case holding a pair of maracas has fallen off the wall and is propped up on two plastic chairs.

Outside on the veranda, beside a mango tree the comandante once scaled, there is a guestbook containing homages that sometimes hint at Venezuela’s decline. “Very good,” one pilgrim wrote in April. “But lacking in electricity.”

The museum caretaker, charged with receiving tourists since its two unpaid guides quit earlier this year, invites his latest visitors to add their names to the revolutionary register.

There was just one problem. “We don’t have a pencil right now.”

 

Renuncias masivas agravan la escasez de combustible en Venezuela por Fabiola Zerpa/Bloomberg – La Patilla – 23 de Noviembre 2018

El suministro de combustible va a empeorar. Mantengan siempre los tanques de los vehículos llenos.

EFE/Humberto Matheus

La escasez de combustible en Venezuela está empeorando debido a que las renuncias masivas a la flota de petroleros de la empresa petrolera estatal han retrasado los envíos de gasolina.
Las refinerías de Petróleos de Venezuela SA están funcionando a menos de una cuarta parte de su capacidad, lo que obliga al país a depender de la gasolina importada. Una vez que los cargamentos se descargan en los muelles de importación, los barcos más pequeños distribuyen combustible a las terminales a lo largo de la costa, donde se cargan en camiones para repostar las estaciones en el interior. Pero a medida que los petroleros venezolanos pierden ingenieros y timoneles, los retrasos en la entrega son cada vez más frecuentes, según personas con conocimiento de la situación.
Las líneas de gasolina son uno de los desafíos de la vida cotidiana en Venezuela, junto con la escasez de productos básicos, los apagones regulares y la falta de transporte público. Los precios del gas siguen siendo uno de los más baratos del mundo, con la tasa del mercado negro a principios de este mes de menos de un centavo por galón. Maduro aún tiene que aumentar los precios después de comprometerse a hacerlo a fines de septiembre.
De acuerdo con un documento visto por Bloomberg, las renuncias y solicitudes de licencia por parte del personal de PDV Marina, la filial naviera de la compañía petrolera, están reduciendo al mínimo los equipos de los petroleros. El documento muestra que al menos 11 camiones cisterna están afectados, y la cantidad mínima de personal está obstaculizando la capacidad de PDVSA para entregar a tiempo. Los funcionarios del Ministerio de Petróleo de Venezuela y PDVSA declinaron hacer comentarios.
“Los petroleros ahora están retrasados ??todo el tiempo”, dijo el líder sindical de PDVSA, Gregorio Rodríguez, de Puerto La Cruz. “La situación es peor en las ciudades alejadas de los centros de distribución, donde el servicio de la flota de camiones también es inestable, al igual que el este de Venezuela”.
La producción deslizante de petróleo de Venezuela está exacerbando un déficit fiscal ya dramático, ya que el país está atrasado con casi $ 7 mil millones adeudados a los inversionistas de deuda y está entregando barriles de crudo para liquidar los préstamos pendientes.
Un documento escrito por el Departamento de Seguridad de Suministros y Comercio de PDVSA describía las malas condiciones de trabajo y la falta de equipo de seguridad, comida o alojamiento seguro en los petroleros. Los petroleros Caura y Guanoco no tienen oficiales a bordo; A otros tres petroleros les falta un primer ingeniero; Otros dos barcos están ahora anclados indefinidamente en Portugal y Bonaire.
Los salarios diluidos por la hiperinflación, que ahora se están ejecutando a un ritmo anual de 187,400 por ciento según el Cafe Con Leche Index de Bloomberg, están presionando al personal para que abandone el país, dijo Luis Díaz, un trabajador de remolcadores en PDV Marina en Puerto La Cruz.
“Más de 100 empleados, entre ellos capitanes, oficiales, ingenieros de máquinas y asistentes de cubierta, amenazaron a PDVSA hace dos semanas con una renuncia masiva si no arreglan nuestras escalas salariales”, dijo Díaz.

Venezuela afronta crisis sanitaria por colapso de sistema de salud por Human Rights Watch – Panampost – 15 de Noviembre 2018

“La combinación de un fallido sistema de salud y la escasez generalizada de alimentos han provocado una catástrofe humanitaria que solo irá a peor si no se aborda con urgencia” destaca la organización en un informe

La escasez en vacunas también ha ocasionado el regreso de dos enfermedades que se consideraban extinguidas: la difteria y el sarampión, de las que no se conocían registros recientes hasta 2015. 

Washington, 15 nov (EFE). – Venezuela afronta una crisis sanitaria “devastadora” por el colapso de su sistema público de salud, aseguró la organización Human Rights Watch (HRW) en un informe en el que criticó la reacción del Gobierno del presidente Nicolás Maduro al negar la situación y no afrontarla “urgentemente”.

“La combinación de un fallido sistema de salud y la escasez generalizada de alimentos han provocado una catástrofe humanitaria que solo irá a peor si no se aborda con urgencia”, sostuvo en el documento la experta Shannon Doocy, profesora asociada de la Escuela de Salud Pública Bloomberg en la Universidad de Johns Hopkins.

Varios investigadores de HRW, junto a especialistas del Centro de Salud Humanitaria de dicha universidad, viajaron a las fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil para evaluar el alcance de la crisis y conocer el testimonio de las personas que están huyendo del país.

“En Venezuela la combinación de un sistema de salud fallido y escasez generalizada de alimentos ha provocado una catástrofe humanitaria que seguirá empeorando si no se aborda con urgencia”, dijo en un tuit, el director ejecutivo de HRW, division Americas, Jose Manuel Vivanco.

José Miguel Vivanco

@JMVivancoHRW

En Venezuela la combinación de un sistema de salud fallido y escasez generalizada de alimentos ha provocado una catástrofe humanitaria que seguirá empeorando si no se aborda con urgencia.

Lean nuestro informe especial: https://bit.ly/2PwBCIO 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos de malaria han pasado de 36.000 en 2009 a más de 406.000 en 2017; mientras que los diagnósticos de tuberculosis se han incrementado de 6.000 en 2014 a 7.800 en 2016, cuando la tasa de incidencia fue de 32,4 por cada 100.000 personas, la más alta en el país en 40 años.

La falta de provisiones de medicamentos y vacunas ha afectado tratamientos como el del VIH, ya que el 87 % de las más de 79.000 personas registradas por ser portadoras del virus no están recibiendo medicación antirretroviral.

La escasez en vacunas también ha ocasionado el regreso de dos enfermedades que se consideraban extinguidas: la difteria y el sarampión, de las que no se conocían registros recientes hasta 2015.

HRW menciona los altos niveles de malnutrición como el principal factor que ha originado el agravamiento de la mayoría de enfermedades.

En sus denuncias, HRW recordó los intentos del Gobierno de Venezuela por ocultar la crisis sanitaria.

Puso como ejemplo la cancelación “de forma abrupta” en 2015 por parte del Ministerio de Salud venezolano de la publicación de actualizaciones semanales sobre indicadores de sanidad y el cese del titular de esta cartera en 2017 cuando publicó un “pequeño resumen” con carácter anual.

El hospital universitario de Caracas rechaza donativos de Médicos Sin Fronteras por Alonso Moleiro – El País – 14 de Noviembre 2018

La decisión se produce en medio de la grave escasez de medicamentos que aqueja a Venezuela

Clientes compran en una farmacia en Caracas.
Clientes compran en una farmacia en Caracas. MARCO BELLO REUTERS
En medio de la grave crisis asistencial y de insumos médicos que aqueja a Venezuela, la directiva del Hospital Clínico Universitario de Caracas rechazó un donativo de medicamentos y equipos para atender contingencias proveniente de la organización Médicos Sin Fronteras de España. La información, que se ha propagado en las redes sociales, ha provocado una extendida ola de estupor e indignación.

Los directivos del Hospital Clínico, construido en las inmediaciones de la Universidad Central de Venezuela y uno de los de mayor tradición en el país, no explicaron sus motivos para rechazar el donativo. Lo que sí circulo profusamente fue la misiva en la cual declinan el ofrecimiento de la ONG. Pablo Castillo, subdirector encargado, se dirige de forma lacónica al doctor Gustavo Benítez, jefe del Departamento de Cirugía, para comunicarle “muy cordialmente”, que “por decisión de la directiva, no se recibirán donaciones por parte de dicha organización”.

La escasez de medicamentos se ha constituido en uno de los problemas crónicos de mayor gravedad en los últimos cuatro años en Venezuela, permeando casi todo el debate público sobre el gobierno de Nicolás Maduro. La crisis ha provocado picos delicados, con consecuentes olas de alivio parcial y productos que reaparecen, siempre signados por la insuficiencia.

En los últimos años y meses ha sido común que escaseen en el país, entre otros, los medicamentos antihipertensivos, los fármacos para tratarse el Mal de Parkinson, reactivos para hematologías, un arco amplio de quimioterapias para tratar el cáncer y los tratamientos de diálisis para las dolencias renales.

Aunque la directiva del Hospital no ha querido explicar sus razones, periodistas, médicos y políticos dan por descontado que se debe a motivaciones políticas e ideológicas.

La crisis de las medicinas es una mácula dura de sobrellevar para el orgullo chavista. Durante los años de Hugo Chávez en el poder (1999-2013), el gobierno bolivariano hizo inversiones millonarias en el sector salud, que durante un tiempo tuvieron un considerable impacto social y electoral, con resultados aceptables en materia de cobertura. Los “logros en el sector salud” formaron parte de una insistente campaña en la cual el oficialismo consolidó la impresión de haber logrado cotas irreversibles de mejora en materia asistencial.

La escasez de medicinas, como la de alimentos, se convirtió en un mal crónico una vez que Maduro asumió el poder. El gobierno decidió asumir el control de las importaciones en medio de un control cambiario que fue terreno fértil para la corrupción y generó una grave sangría de divisas. Con el tiempo comenzaron a emerger historias de importaciones fantasmas, compra de equipos chatarra, desvío de recursos, sobreprecios y fraudes que salpicaron a varios conocidos ministros de Chávez, muchos de ellos militares. Los laboratorios nacionales e internacionales redujeron drásticamente su nómina, o cerraron sus puertas, en virtud de la escasez de divisas.

La jerarquía chavista ha prestado oídos sordos a las airadas protestas que con regularidad se presentan en el sector desde el 2014, y que han incluido a médicos, enfermeras y hasta los propios pacientes con sus familiares. Algunas de las protestas y concentraciones de la crisis política de 2017 fueron convocadas por trabajadores de la salud. Sus sueldos han sido triturados por la hiperinflación, y muchos han comenzado a emigrar a Chile y Colombia.

Negado de plano a reconocer el problema, cuyos detalles se omiten por completo en los medios de comunicación estatales, los dirigentes más conocidos del chavismo se expresan con desprecio hacia las organizaciones asistenciales internacionales y afirman en todo momento que la revolución ha consolidado un sistema de salud “incluyente y de calidad”.

Detrás de la fachada de la “ayuda humanitaria internacional”, afirma la militancia chavista, se organiza una conspiración para violentar la s

El avión se viene a pique por José Toro Hardy – La Patilla – 14 de Noviembre 2018

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El régimen venezolano luce como un avión que se quedó sin gasolina. El piloto tercamente insiste en mantener una ruta que lo llevará a estrellarse. Puede desviarse y planear hasta alguna pista que salve a los pasajeros; pero no, insiste en dirigirse a un destino al cual le resulta imposible llegar e inevitablemente se vendrá a pique.

¿Cuál es la situación actual de Venezuela?

En primer lugar, su economía colapsó. Cabe esperar que este año el PIB caiga en una cifra que puede oscilar en torno al 23%. En 5 años el tamaño de la economía venezolana se habrá contraído a menos de la mitad

La inflación, incontenible, campea por sus fueros. Ya padecemos la hiperinflación más alta del mundo y al proyectar las cifras, algunos economistas como Pedro Palma, Asdrúbal Oliveros y Alejandro Grisanti de Ecoanalítica, estiman que podría sobrepasar la cifra de 4 millones 126 mil por ciento. Por su parte el Fondo Monetario Internacional (prudente porque basa sus cálculos en cifras oficiales), la proyecta en 10.000.000 % para el 2019. Pero ese nivel, incomprensible, se queda corto frente a los cálculos de Ricardo Hausmann quien desde la Universidad de Harvard pronostica para ese año un nivel de 44 millones por ciento ubicándose entre las más altas que ha conocido la humanidad.

La inflación es por definición una espiral que, a menos que se introduzcan correcciones drásticas, cobra fuerza. Eso está ocurriendo. La inflación venezolana está en fase de aceleración y en los próximos meses va a adquirir mayor velocidad porque en el último trimestre se pagan aguinaldos, bonos, misiones y el gasto público se desboca. Incluso se prevé un nuevo aumento de salarios que será como arrojar gasolina al fuego de la inflación.

La Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional anunció que en octubre la inflación alcanzó a 148%. Si por definición hablamos de una espiral ascendente, en los próximos meses ha de crecer sustancialmente.

A los efectos del cálculo de la inflación de los próximos 12 meses, la fórmula a aplicar es:

(1+Interés promedio mensual)^12-1 x100.

De la fórmula anterior y suponiendo que la inflación promedio mensual se comporte conforme a su definición y vaya adquiriendo velocidad, se desprende que incluso las estimaciones de Hausmann podrían resultar conservadoras.

El crecimiento de la liquidez monetaria, producto de la emisión incontrolada de dinero digital por parte del Banco Central para financiar el gasto público, es la causa fundamental del cáncer hiperinflacionario que padecemos. En lo que va del año esa liquidez ha crecido en más de 19.500%.

Hay muchísimos Bolívares tratando de adquirir una cantidad de bienes cada vez menor en el mercado, lo cual conduce al crecimiento desbordado y sostenido de los precios. Ahora bien, al no encontrar bienes que comprar en el país, inevitablemente esos excedentes monetarios se desvían a la compra de dólares en el mercado paralelo. El resultado será un aumento del dólar en ese mercado cuyos niveles ni siquiera me atrevo a vaticinar por esta vía.

Los campos, después de un grotesco carnaval de expropiaciones, están semi abandonados e improductivos. Infinidad de industrias cerraron sus puertas. La contracción de las importaciones gravita severamente sobre sobre el sector manufacturero que carece de materias primas, insumos y repuestos.

Todo lo anterior se ve agravado por el derrumbe de la producción petrolera que en 12 meses ha declinado en 650.000 b/d y que pronto se ubicará por debajo del millón de b/d. La Agencia Internacional de la Energía afirma que se encuentra en “caída libre”. El sector aporta el 96% de las divisas que ingresan al país.

Al combinar los factores mencionados: Hiperinflación desbordada, contracción del Producto Interno Bruto, devaluación incontrolada, escasez creciente de alimentos y medicinas, caída libre de la producción petrolera, empobrecimiento severo de la población y, a todo ello le agregamos el aislamiento internacional creciente del régimen, el default y la migración de venezolanos que ya supera los 3.000.000 de ciudadanos, comprenderemos el panorama desolador en que el régimen ha hundido a Venezuela.

El avión se quedó sin gasolina. Inevitablemente se vendrá a pique.

El dictador Maduro amenaza a la oposición y a los empresarios venezolanos con tomar decisiones más “radicales” – PD América – 10 de Noviembre 2018

El dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, advirtió, de forma sínica, que tomará decisiones férreas contra quienes sigan “incorporados en la guerra económica”, que asegura le hacen empresarios, la oposición y Estados Unidos, y a la cual atribuye la crisis del país.(Carlos Herrera pregunta a Iñigo Errejón: “¿Cuánto te paga Maduro?”)

“El que quiera trabajar por Venezuela, vamos a ratificar el compromiso y vamos a hacerlo; el que quiera seguir incorporado en la guerra económica tendremos que tomar decisiones constitucionales, férreas y definitivas, por las buenas todo, por las malas ya saben. Actitud férrea, dijo en una transmisión a través del canal estatal VTV.(El chavismo culpa a las “lacras colombianas” de la escasez en Venezuela)

El tirano venezolano no hace autocrítica, no reconoce que el sistema comunista que dirige no lleva ningún bienestar a los venezolanos, pero sí lleva enormes beneficios a sus aliados y familiares, por ello, en otro acto amenazante y propagandístico, indicó que su Gobierno está atento a los “factores”de la “guerra económica” y señaló que no le temblará el pulso para tomar decisiones radicales.(El tirano Nicolás Maduro destroza Venezuela)

Fue insistente al hacer un llamado al empresariado y a los productores para que “respeten las reglas de juego” de la distribución y de los precios regulados de los productos, muchos de los cuales ya se consiguen a un costo hasta 10 veces mayor al fijado por el Gobierno.

Asimismo, prometió una vez más que el país petrolero se convertirá en una “potencia agrícola productiva y exportadora” en los próximos seis años.

Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, atraviesa una grave crisis económica, traducida en hiperinflación, escasez de alimentos y medicinas y fallos en los servicios públicos.(Vomitivo: Ferreras ‘suda’ de ajusticiar a Errejón por sus bobadas en defensa de Maduro)

El Gobierno venezolano atribuye la crisis a una supuesta guerra económica que asegura le hacen empresarios y Estados Unidos.

Para combatir la crisis el pasado 20 de agosto el presidente venezolano tomó una serie de medidas entre las que destacó, una reconversión monetaria que le quitó cinco ceros a la moneda, el bolívar; la fijación de precios de algunos productos de la cesta básica y un aumento de sueldo de 3.500%.

Sin embargo, debido a la hiperinflación que atraviesa el país, con el salario de 1.800 bolívares (27 dólares según la tasa oficial) son pocos los productos que se pueden comprar.(El Estado mafioso del dictador Nicolás Maduro)

Errejón: “En Venezuela se respetan los derechos de la oposición” y la gente hace “tres comidas al día” por Miriam Muro – Libertad Digital – 6 de Noviembre 2018

Hace menos de dos semanas, el ex número dos de Podemos realizó estas declaraciones al medio chileno The Clinic.

 

Iñigo Errejón | Dani Gago

Iñigo Errejón cree que en Venezuela “se respetan los derechos y libertades de la oposición” y sus habitantes hacen “tres comidas al día”.Estas declaraciones las realizó el ex número dos de Podemos hace menos de dos semanas, el pasado 24 de octubre, al medio chileno The Clinic durante unavisita a ese país con motivo de la celebración del festival “A toda marcha”.

En la entrevista, le preguntan al candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid “¿por qué defiende al gobierno de Maduro en Venezuela?”, y él asegura que “el proceso político en Venezuela ha conseguido inmensos avances en una transformación de sentido socialista, inequívocamente democrática, donde se respetan los derechos y libertades de la oposición, que dicen todos los días por casi todas las televisiones que viven una dictadura…”

El periodista recuerda en esa conversación que “se le impuso una Asamblea Constituyente elegida sin la participación de la oposición que reemplazó en sus facultades a la Asamblea Nacional”, pero Errejón añade: “Ah, no, no, eso no significa… yo creo que en la conducción económica, en la gestión de las relaciones con la oposición, en la gestión de la seguridad ciudadana… hay muchas tareas que el proceso político venezolano no ha resuelto bien y yo creo que es un proceso sumido en conflictos profundos”.

“Tres comidas al día”

Pero una de las declaraciones más polémicas del diputado morado llega poco después. Preguntado por si se siente “cómplice de ese proceso político a estas alturas del partido”, el diputado morado dice que cree que “ha habido importantísimos avances”. “Yo sólo veo retrocesos”, interrumpe el periodista, a lo que Errejón replica: “No, no, no, en Venezuela la gente hace tres comidas al día“.

El entrevistador insiste en que en Venezuela la población “ha bajado alrededor de 10 kilos en promedio en los últimos años”, pero el podemita rechaza esa cifra: “Yo ese dato no lo tengo. No lo he visto publicado en ningún sitio“, dice Errejón. El periodista se ofrece a mostrarle esos “datos” pero el ex número dos de Iglesias se va por las ramas: “Se han hecho drásticos avances, por ejemplo, en conseguir que la gente tenga acceso a la salud pública, que tenga acceso a la educación…”.

“La gente emigra a Colombia y a los países vecinos cuando tienen parientes enfermos”, insiste el entrevistador, pero Errejón prosigue con su férrea defensa del régimen de Maduro: “No, no, yo conozco centros de salud gratuitos donde le hacen radiografías gratuitas a gente que antes no lo podía pagar”.

Pero si no hay medicamentos”, le dice el periodista de The Clinic. “Eso es otra cosa, no es que no haya medicamentos, además. Ahí, en parte, hay toda una derivación de medicamentos que están subvencionados en Venezuela, que se venden más caros en Colombia, y que se hace tráfico con cosas que están subvencionadas”, acusa Errejón.

Tras estas declaraciones, llega la última pregunta sobre Venezuela en esta entrevista: “¿Y por qué huye la gente de ese país?”. “Yo creo que hay una situación con la inseguridad muy incómoda de vivir; hay una crispación y una polarización política en el país muy dura, y creo que la conducción económica no ha sido capaz de asegurar un buen combate contra la inflación y un buen combate contra el desabastecimiento y eso ha producido que la gente vaya a buscar una vida mejor en otros países. Eso es algo que nos debe hacer reflexionar, porque que los poderes extranjeros o los poderes oligárquicos torpedeen a los gobiernos que quieren hacer cambios sociales, eso ya lo sabíamos, pero la cosa es que después de 14, 15 o 16 creo que son, años de proceso político, hay graves errores o graves dificultades en la conducción económica que no han sido solventadas”, responde Errejón.

Venezuela running out of fuel, PdV suspends supply – Argus Media – 2 de Noviembre 2018

“The national gasoline deficit is the worst it has ever been,” one of the officials said. “Venezuela could be completely out of gasoline and diesel for vehicles in as little as a week.”

Argus witnessed hundreds of vehicles in lines stretching over a mile at six service stations in eastern Caracas yesterday and today. The station operators said PdV halted gasoline and diesel deliveries completely over the past 72 hours.

Service stations in the capital region normally are resupplied up to three times per week.

Station operators contacted by Argus in 12 of Venezuela’s 23 states including Anzoátegui, Aragua, Barinas, Bolivar, Carabobo, Cojedes, Lara, Miranda, Portuguesa, Táchira, Yaracuy and Zulia confirmed that PdV also suspended fuel supplies to their locations since 29 October.

Senior oil union officials in the capital and the states of Anzoátegui and Zulia said the fuel shortage stems from the nearly complete shutdown of PdV’s refineries, the suspension of fuel imports for financial reasons and the breakdown of all but 250 of PdV’s more than 1,400 tanker trucks used for local distribution.

Venezuelan gasoline and diesel have long been sold for next to nothing. With PdV´s refineries largely shut down, the Opec country is increasingly dependent on imports and can no longer afford to keep supplying the local market. The government in recent months pledged to charge international prices for fuel sold to Venezuelans without a government-issued homeland identity card, as a way to rationalize consumption and curb smuggling to neighboring countries, mainly Colombia. But many Venezuelans resisted, and new card-reading systems at service stations were never properly installed.

Local refineries, which have total nameplate capacity of 1.3mn b/d, are barely operating. according to oil union officials on site at some of the facilities, including the 940,000 b/d CRP refining complex, comprised of the 635,000 b/d Amuay refinery and nearby 305,000 b/d Cardón refinery.

“Cardón hasn´t been processing any crude for two weeks and Amuay is currently running only 20,000 b/d,” Freites said.

The 140,000 b/d El Palito refinery on the coast of Carabobo state and the 190,000 b/d Puerto La Cruz refinery in Anzoátegui are effectively halted because of crude supply deficits and unit breakdowns.

Crude that was going to the refineries is now being exported to pay debt and generate oil revenues, FUTPV oil union national general secretary José Bodas said.

Since early October, PdV has also started cutting imports of finished and unfinished gasoline and components used to manufacture gasoline, the union officials said.

PdV reduced imports of some products last month ahead of paying close to $1bn in bond principal and interest due on 27 October. “But naphtha imports appear to have increased since September so that PdV can produce more DCO for export to pay its debts to China and other partners,” Bodas added, referring to diluted crude oil (DCO), a mix of Orinoco extra-heavy crude and diluent in the form of naphtha.

Since early October PdV also has been diverting crude supplies that had been earmarked for its local refineries in an effort to reduce debts it owes its joint venture partners by delivering crude shipments in lieu of cash.

The energy ministry and PdV have not commented on Venezuela’s growing fuel deficit.

El padre de Leopoldo López denuncia un aumento de la violencia en Venezuela – okdiario – 28 de Octubre 2018

Leopoldo López-Venezuela
Leopoldo López Gil, padre del opositor venezolano.
 

Leopoldo López Gil, padre del dirigente opositor preso en Venezuela Leopoldo López, ha advertido este sábado sobre el aumento de la violencia social y política en su país, que se ha cobrado 30.000 víctimas mortales desde que el chavismo asumió el gobierno en 1999.

López Gil, que desde hace cuatro años reside en Madrid exiliado, ha calificado de “terrible” la situación económica, social y política de su país que se ha “agravado” durante la presidencia de Nicolás Maduro.

En declaraciones a los periodistas formuladas en Gijón momentos antes de participar en una conferencia sobre”los peligros del populismo” organizada por el PP de Asturias, López Gil ha pedido “la vuelta a la democracia en Venezuela”.

Ha asegurado que el índice de precios al consumo ha subido un 465 por ciento en los últimos dos meses, y que la moneda nacional, el bolívar, ha perdido 8 ceros desde que Hugo Chávez asumiera la presidencia el 2 de febrero de 1999.

Según ha explicado, en los últimos años se ha aumentado la violencia por delincuencia común y los asesinatos por razones políticas.

Ha añadido que organismos de derechos humanos cifran en 30.000 los crímenes cometidos por delincuentes comunes y grupos paramilitares desde el inicio de la llamada “Revolución Bolivariana”.

El padre de Leopoldo López ha denunciado además que el régimen de Maduro ha impedido el ejercicio de la libertad de prensa al tener controlados los medios de comunicación.

López Gil ha indicado que los periódicos están obligados a comprar el papel para sus impresiones a un sindicato controlado por el Gobierno, lo que les condiciona sus líneas editoriales.

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