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Los venezolanos en España siguen sumando: 323.575 por Katrien Dekocker – Venezuelan Press – 25 de Mayo 2019

Según los últimos datos provisionales publicados por el INE el 11 de abril de 2019, los venezolanos en España, a 1 de enero de 2019, ascienden a 323.575, empadronados por “País de nacimiento Venezuela” indistintamente de que su nacionalidad sea venezolana u otra.

Esta cifra supone una subida del 27% respecto al año anterior que, bajo la misma variable, contabilizaba 255.071 venezolanos empadronados a 1 de enero de 2018.

Venezolanos en España

Por Comunidades Autónomas

Por segundo año consecutivo, la Comunidad de Madrid, con: 90.220, es la que más venezolanos alberga. Supera, incluso, a las Islas Canarias, que tiene 66.573 venezolanos.

Cataluña ocupa el tercer lugar con 44.438 venezolanos, seguida de Galicia con 33.679, y la Comunidad Valenciana con 27.133. El 81% de la comunidad venezolana reside en estas cinco Comunidades Autónomas.

El 48,7% de los venezolanos empadronados llegaron a España a partir del año 2016 y aumenta considerablemente el grupo que no tiene la doble nacionalidad.

En séptimo lugar

Gran parte de los medios de comunicación informarán que España cuenta con 137.589 según el avance del INE, ya que es la cifra que corresponde a los venezolanos empadronados bajo la nacionalidad venezolana. Sin embargo, contar a los venezolanos sólo por su nacionalidad desvirtúa la realidad de la inmigración venezolana en España ya que excluye a todos los venezolanos que poseen y se han empadronado bajo la nacionalidad española: 159.333, u otra nacionalidad de la unión europea, entre las que destaca Italia: 18.290 y Portugal: 9.290.

No obstante, es necesario señalar bajo el criterio de nacionalidad, que el incremento asciende a un 43,9% sobre los 95.633 venezolanos empadronados según nacionalidad venezolana del año anterior (1 de enero de 2018), siendo el colectivo extranjero de mayor crecimiento, seguido de Honduras (27,7%) y Colombia (24,4%).

En el ranking de colectivos extranjeros por nacionalidad “Venezuela” pasa del decimotercer lugar a ocupar la séptima posición.

Colectivos extranjeros en españa

Doctora en Migraciones Contemporáneas y Cooperación al Desarrollo.

Denuncian a jueza chavista por “trata de personas” en Madrid por José A. Puglisi y Jesús Michelle Torres – Periodista Digital – 13 de Mayo 2019

La jueza Glorimar Soto y su esposo Armando Parra junto a Belkis Abreu

Belkis Abreu, como miles de venezolanos, tenía un gran anhelo: Encontrar una oportunidad laboral en el extranjero que le permitiese ayudar financieramente a sus familiares. Un sueño que se convirtió rápidamente en una pesadilla cuando confío el futuro de su vida en manos de Glorimar Soto, la jueza que trabajó en elTribunal Tercero de Primera instancia Civil y Mercantil en Zulia (Venezuela) y que la mantuvo durante un mes y medio “secuestrada” en su vivienda en la calle Pinar, dentro del conjunto de urbanizaciones Somosaguas, situado en el municipio de Pozuelo de Alarcón (Comunidad de Madrid).

Abreu y la jueza “amiga muy cercana del gobernador chavista del Zulia, Omar Prieto” se conocieron por casualidad en una pastelería. La primera era una de las empleadas, mientras que Soto era una cliente habitual. Ambas llegaron a trabajar espontáneamente juntas en Venezuela en el instante que la jueza decidió abrir su propia pastelería. Una relación laboral que, a pesar de que no fue muy larga, fue suficiente para que Soto considerase traerse a Abreu a España para trabajar de interna en su casa.

El acuerdo se consolidó en enero de 2019. Sin embargo, todo empezó con el pie izquierdo. La joven tuvo que entregar el pasaporte venezolano a la hermana de la jueza, con quien iba a realizar el viaje desde Venezuela hasta Madrid. “A lo largo de los controles de seguridad, ella me dejaba mostrar el pasaporte y luego lo volvía a guardar dentro de su bolso. Yo no lo entendí, pero tampoco pensé que se trataba de algo en mi contra”, asegura a Periodista Digital América la venezolana que fue “secuestrada”.

Una vez en la vivienda en Madrid, la jueza le hospedó en una habitación junto al garaje y le dijo que “sólo ganaría unos 40 euros. Me dijo que no me faltaría de nada, así que mandaría ese dinero a mi familia en Venezuela”. En otras palabras, trabajaría sin recibir directamente un salario. “En mi casa recibieron unos 300.000 bolívares [unos 46 euros en el mercado negro debido al cambio monetario que existe en el país latinoamericano], mientras que a mí sólo me dieron un teléfono sin acceso a internet y sin saldo, con el único objetivo de que pudiera recibir llamadas”, afirma Abreu.

La joven venezolana no tenía llaves de la vivienda, por lo que se quedaba “encerrada con llave” cuando la jueza y el resto de su familia se encontraban fuera de la propiedad. “Como no tenía documentación ni dinero, sólo me atrevía a salir hasta la esquina de la calle, pero ahí ya comenzaban a llamarme y tenía que devolverme”, puntualiza la venezolana que en ningún momento fue empadronada.

A pesar de que la remuneración era mísera, la carga laboral era alta. “Tenía que atender a 9 personas, incluido su esposo, los hijos de su primer matrimonio y hasta a una amiga de ella que vive ahí”, apunta. A lo que se suma que “todas las semanas hacían reuniones y eventos en la vivienda, por lo que tenía que cocinar para todos ellos, terminaba acostándome sobre la una de la mañana y despertándome a las 6 de la mañana para atender a los niños”, matiza.

Sufrimiento y rescate

Belkis Abreu se encontraba prácticamente incomunicada. Por ejemplo, durante el Día de la Madre sólo pudo conversar con sus familiares a través del teléfono de la propia jueza. “Yo sólo podía hacer llamadas perdidas a una familiar que tengo a cinco horas de Madrid para conversar con ella muy escasamente. Fue ella quien llamó a otras personas y organizaron mi salida de la vivienda”,aclara. Una situación de la que ella fue totalmente ajena hasta que Soto le entregó “violentamente el pasaporte y me arrancó de las manos el teléfono móvil. Me dijo que no me quería volver a ver más nunca y yo ahora tengo miedo de que algo les pueda pasar a mis familiares en Venezuela”,sentencia.

El proceso de “liberación” de Belkis Abreu lo lideró Alberto Casilla, el camarero que se enfrentó a Pablo Iglesias. A través de sus redes sociales se pudo ver cómo acudieron hasta la vivienda para solicitar que soltasen a la joven venezolana, así como que llamaría a la policía si impedían su salida. Finalmente, se le podía ver fuera de la propiedad con todas sus pertenencias en una bolsa de basura. “Yo había escondido en bolso entre las papeleras de la basura con toda mi documentación de Venezuela, ya que temía que también me la quitasen o rompiesen. En especial cuando les comenté un día que me quería ir y me dijeron que tenía que trabajar hasta, por lo menos, pagar los 800 euros que costaba el pasaje de mi sustituta”, apunta.

Justamente después de su liberación, Abreu acudió a la policía para realizar la denuncia por “trata de personas”. Ahora, a la espera de que la justicia cumpla con su parte, da los primeros pasos de una difícil nueva etapa: Enfrentar una adaptación de golpe a España, sin contar con la documentación al día, ni con recursos económicos que le garanticen un techo y comida. Por eso, casi rompe en llanto cuando tiene que pedir ayuda a todas las personas que estén en capacidad de ofrecerle hospedaje o una oportunidad laboral.

El robo que le cambió la vida, para mejor, a un venezolano en Argentina – El Nacional -11 de Mayo 2019

El joven venezolano trabaja como repartidor de comida a domicilio y cursa el ciclo básico para estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de Buenos Aires

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La semana pasada, el joven venezolano Eduardo Contreras manifestó contra Nicolás Maduro a las puertas de la embajada de su país en Buenos Aires y alguien le robó el teléfono en un altercado con seguidores chavistas. Fue una de las mejores cosas que le pasó en su vida

La televisión retransmitió lo sucedido y la imagen del desconsuelo de Contreras tras quedarse sin su herramienta laboral le llegó al argentino Fernando Poyo, un buen samaritano que en un primer momento se ofreció para darle un teléfono usado pero que, tras conocerlo, lo apadrinó con la intención de que sea para siempre.

“Fernando me ha cambiado la vida, siento un afecto inmenso y gratitud, sin él estaría peleándola en la calle”, dijo Contreras.

Poyo, un porteño de 58 años de edad, que regenta un negocio de artesanía en la ciudad patagónica de El Calafate, se define como un “hombre de acciones”.

“Si yo tengo todo lo que el chico necesita, ¿por qué no se lo voy a dar?”, declara.

Este domingo se cumple un año desde que Contreras, de 19 años de edad, emigró desde su Guarenas natal, cerca de Caracas, y llegó a Buenos Aires, donde trabaja como repartidor de comida a domicilio y cursa el ciclo básico para entrar en Ingeniería Industrial en la Universidad de Buenos Aires.

Sus días empiezan a las 6:00 am, estudia hasta mediodía y después arranca a llevar pedidos con su bicicleta por toda la ciudad hasta la medianoche, como multitud de compatriotas que, como él, trabajan con cuestionables condiciones laborales para multinacionales como Glovo y Rappi.

Junto a varios de sus compañeros, Contreras aprovechó un descanso para ir a la embajada venezolana, donde decenas de expatriados del país se agolpaban para repudiar al régimen y apoyar el efímero levantamiento que llevó a cabo ese día, el 30 de abril, Juan Guaidó, presidente encargado apoyado por cerca de 60 países.

Pasado un rato, manifestantes de izquierdas, en su mayoría argentinos, acudieron al lugar en apoyo a Maduro y, según el relato de Contreras, varios de ellos agredieron por sorpresa a los venezolanos, suceso que acabó en una actuación policial contra el grupo argentino que varios movimientos sociales calificaron de excesiva.

“Volteamos y se nos venían encima, empezaron a patearnos y a tumbarnos sin motivo”, recuerda Contreras, quien afirma que luego utilizaron sus cascos para defenderse y sus mochilas de repartidores como armadura.

Contreras sostiene además que varios de los manifestantes en favor del chavismo gritaron insultos xenófobos contra ellos.

Cuando no estudia ni trabaja y entra en Instagram, ahora se encuentra descalificaciones como “delincuente” y “ladrón de empleos” por parte de desconocidos.

“No han vivido lo que pasa en Venezuela, aquí hay luz, hay agua…”, afirma sobre ellos.

Sin embargo, Argentina le ha traído muchos momentos buenos al joven: cuando llegó a Buenos Aires, sintió que la vida le sonreía por fin, consiguió vivir por sí mismo, sale con una chica venezolana -se conocieron trabajando, ella es repartidora, como él- y sueña con ser ingeniero.

“Mi mamá siempre quiso ser ingeniero civil, el título es más que nada para ella”, reconoce Contreras, que quiere homenajear a su madre, todavía en Venezuela.

El momento en que le robaron el teléfono que había comprado un mes atrás con el esfuerzo de meses de horas extra se convirtió, después del trauma inicial, en otra historia positiva en el país austral.

Las redes sociales unieron a sus dos protagonistas.

Horas después de la reyerta, el venezolano estaba frente a Poyo, a quien le sorprendieron los “valores” del chico.

“Me vi reflejado en un espejo. Yo fui vendedor ambulante con 9 años, vendía churros y helados, mi escuela fue la calle, aunque después pude estudiar. He pasado por todo”, rememora.

Aunque al principio se ofreció solo a darle un móvil antiguo, le compró uno nuevo y le arregló la bicicleta, que había quedado dañada en la trifulca.

“Le voy a poner los límites, lo voy a contener y le voy a dar la oportunidad de que se forme”, expresa.

Poyo es consciente de que la gente suele actuar de manera diferente, que la ayuda altruista es una rara avis, y Contreras confiesa que al principio le extrañó tanta generosidad. “Mi madre me dijo que fuera con cuidado con Fernando”.

Pero este hombre se marcó el “objetivo propio” de acompañar “como un hijo” a Eduardo y luego ayudar a un primo de este que aterriza en Argentina en breve y a quien alojará en uno de los apartamentos que alquila.

Lo primero es encontrarle un empleo a Contreras y, por lo pronto, el inesperado mentor del venezolano afirma que “ya hay una oferta formal para que aprenda programación”.

“Esperanzas todas, noticias para volver a casa, ninguna” por Azul Tejerina – Cadena SER – 7 de Mayo 2019

Pedro, Angela y Exio cuentan en Hoy por Hoy Bilbao cómo han llegado a ser solicitantes de asilo por la situación “insostenible” del país caribeño. Tienen 37, 29 y 30 años

Venezolanos Euskadi Bilbao: "Esperanzas todas, noticias para volver a casa, ninguna"
Pedro, Angela y Exio justo antes de entrar a los estudios de Hoy por Hoy Bilbao

Seguramente a todos, pero en particular a las 1.600 personas de procedencia venezolana empadronadas actualmente en Bilbao, o a los 9.800 en Euskadi, les interese que lo último que acabamos de conocer sobre su país llega de Rusia. Su Ministro de Asuntos Exteriores y el secretario de Estado de EE.UU. se reunirán en un balnerario del Mar Negro para seguir hablando del futuro de Venezuela. Empeora la crisis y se busca evitar una escalada de violencia que sitúa ya a este país como el primer país de origen de los solicitantes de asilo en Euskadi.

En concreto y según datos de CEAR, suponen ya el 34 por ciento del total. Así que hemos buscado a venezolanos que hayan elegido Bilbao/Bizkaia como lugar de acogida y que sean jóvenes. Y les hemos encontrado: Pedro, Angela y Exio tienen, respectivamente, 37, 29 y 30 años y algunos llevan escasamente un mes entre nosotros. Cuando escuchan que aún hay quienes creen que todo está orquestado para hacerse con las reservas de petróleo del país caribeño se revuelven en sus asientos y afirman que “hemos visto sufrir a mucha gente, a nuestras familias y a quienes no lo son.”

Pedro llegó hace cuatro años y se ha implicado tanto que ha creado la Asociación venezolana ‘Tierra de Gracia’ en Euskadi. “Le explico a quien me lo pregunte que Venezuela no es un país sostenible, no se puede vivir y el ejército es parte del problema, no la solución”. Pedro es de profesión publicista y Angela que se sienta a su lado enfermera. En la entrevista que aquí puedes recuperar Angela cuenta cómo en el hospital vivió, sufrió y lidió con la grave crisis hospitalaria del país. “Sólo veía sufrimiento, no hay nada para atender ni quirófanos ni fuera.”

Desde el pasado 23 enero, Juan Guaidó y Nicolás Maduro mantienen un pulso por alzarse como presidente legítimo de Venezuela a ojos de la comunidad internacional. Los militares, uno de los pilares del chavismo, son un actor clave para el desenlace de la crisis política aunque Exio, que llegó desde Maracaibo hace un mes, subraya como sus compatriotas que “los militares son parte del problema.” Su caso no es diferente al resto. Cantante y abogado de éxito en Venezuela, nos cuenta que “decidí salir porque no puedes ser venezolano y querer seguir viviendo en ese país tal y como está ahora. Me duele mucho lo que está ocurriendo y estoy muy agradecido por sus preguntas para poder expresarme.”

Desde que se produjeron las revueltas y las protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro el pasado 30 de abril, la ONU y el Observatorio Venezolano de Conflictos cifran en 5 personas, tres menores de edad, las víctimas mortales. Desde que  Maduro se hizo con el poder, hace 6 años, son 275.

“Carla era una adolescente de familia buena y me tocó enseñarle a trabajar como prostituta”, la desesperación de los venezolanos en la frontera con Colombia por Karenina Velandia – BBC News – 25 de Abril 2019

Ilustración de una familia atrapada.Derechos de autor de la imagenBBC CECILIA TOMBESI
Image captionLa desesperación lleva a muchos venezolanos a hacer cosas que nunca imaginaron…

Quedamos en encontrarnos a las 12 del mediodía en el Parque Mercedes, en el centro de Cúcuta, la ciudad colombiana más cercana a la frontera con Venezuela.

Llegué unos minutos tarde y la vi hablando con un hombre. Parecían tener un secreto.

Pero me había dicho que iba a ir a nuestra cita sola, así que me pareció extraño.

Empezó a caminar alejándose del parque. A poca distancia, el hombre la seguía.

Le envié un mensaje a través de WhatsApp para avisarle que la estaba esperando y preguntarle si todo estaba bien.

“Deme 10 minutos, que me llegó un cliente“, respondió Francesca (**) de inmediato.

Poco después entró en un local y la perdí de vista. El hombre iba detrás.

Entonces entendí. Y me hundí en el asiento del vehículo en el que la esperaba, pensando en su mensaje.

Ella propuso esa hora porque era el único momento del día (y la noche) en el que podía hacer una pausa para que conversáramos.

Pero de la nada apareció un cliente y no podía darse el lujo de rechazarlo.

El Parque Mercedes es un lugar conocido en la ciudad porque allí ofrecen sus servicios trabajadores sexuales.

Salvarse, a cualquier costo

El desespero por la crisis que atraviesa Venezuela y la necesidad de encontrar la manera de alimentar a sus familias han hecho que muchos venezolanos se vean forzados a hacer cosas que nunca imaginaron.

Entre ellas, dedicarse a la industria del sexo.

Ilustración de un celular.Derechos de autor de la imagenBBC CECILIA TOMBESI
Image captionMuchas de las venezolanas que trabajan en prostitución tienen que estar disponibles en cualquier momento.

Esto, a su vez, ha generado una proliferación de servicios sexuales que no se habían visto en Cúcuta y en otras zonas de frontera entre Venezuela y Colombia.

La historia de Francesca, profesional y madre de tres niños, no es extraordinaria.

Mujeres que se dedican a la prostitución y grupos que las ayudan calculan que en este momento, alrededor del 80% de las trabajadoras sexuales que hay en Cúcuta son venezolanas.

Y es que para muchas (y muchos) la desesperación es verdaderamente extrema.

“Recuerdo el caso de una mujer que le pagó a un transportista con sexo oral”, refiere Miguel Ángel Villamizar, trabajador social de la Fundación Censurados, una ONG que con voluntarios y muy pocos recursos ayuda a inmigrantes venezolanos.

La mujer logró cruzar la frontera y salir de Venezuela, pero no tenía dinero para comprar un pasaje de autobús que la llevara al centro de Cúcuta.

El trayecto, sin embargo, es corto. Es de aproximadamente media hora en automóvil y, en transporte público, el precio del pasaje no llega a 1US$.

Tenía que llegar a Colombia. Como fuera. Era su salvación.

Al igual que para Francesca y para más de un millón de venezolanos que huyeron de su país y encontraron refugio en esa nación.

“Un día, no pude más. Mis niños me decían: ‘Mamá, tengo hambre‘. Era tanta que les dolía el estómago. Pero yo no tenía comida para darles. Yo puedo aguantar, pero ellos no”, recuerda Francesca.

Cuando se fue, lo único que había en la nevera eran seis huevos, harina y un poquito de queso.

Explotación infantil

Grupos que ayudan a inmigrantes en Cúcuta han notado un incremento significativo en la oferta de servicios sexuales.

Una de las más preocupantes es la que involucra a adolescentes.

Ilustración de una niña recibiendo dinero.Derechos de autor de la imagenBBC CECILIA TOMBESI
Image captionLa prostitución infantil es particularmente preocupante.

Nunca había visto un índice tan elevado de participación de menores de edad en prostitución en toda mi carrera como trabajador humanitario”, afirma Rafael Velásquez, quien estuvo a cargo de la misión del Comité Internacional de Rescate en Cúcuta hasta septiembre de 2018.

La organización se especializa en prestar ayuda a víctimas de crisis humanitarias.

Velásquez ha trabajado en zonas de guerra y conflicto, como Darfur, Somalia, Yemen, Nigeria y la República Centroafricana.

Rescate hizo una encuesta en la que 27% de los participantes dijo que un desconocido les ofreció llevar a su hijo de Venezuela a Colombia ofreciéndoles mejores condiciones de vida.

“Esto es un indicador de trata y explotación infantil vinculada con la prostitución. Y ese porcentaje es mucho mayor que el que hemos visto en otros contextos de emergencia”, explica Velásquez.

Prácticamente todas las personas entrevistadas para este trabajo sabían de algún caso.

“Conozco a una joven muy linda, de 15 años, que empezó a prostituirse a menos de un mes de haber llegado. Hay otra que acaba de cumplir 17 años. Son muchas trabajando en esto…”, cuenta Carolina (**), una venezolana que también trabaja en el Parque Mercedes.

Yomaira Arsia solía trabajar en la industria sexual y ahora ayuda a mujeres dedicadas a la prostitución.

“Carla era una adolescente de una familia buena, una estudiante que nunca había tenido relaciones sexuales, y me tocó enseñarle a trabajar como prostituta, fue horrible”.

“Y en la zona donde vivo -añade- una mujer venezolana le vendió su hija, una niña, a un hombre bastante mayor”.

“En casi todas las esquinas”

Las prácticas, además, son mucho más visibles: no ocurre únicamente en la noche, como solía ser, sino también en el día y en lugares en los que antes no se veía.

“La situación empeoró en el último año, ahora la prostitución está en casi todas las esquinas. Es doloroso y triste, parte el corazón“, indica Rito Álvarez, de la Fundación Oasis de Amor y Paz, que ayuda a inmigrantes en la frontera.

Mapa de Colombia y Venezuela
Image captionCúcuta es una de los principales destinos para venezolanos que se van de su país buscando una mejor vida.

Otra de las variaciones que existen en la industria sexual en el lado colombiano de la frontera involucra a parejas venezolanas.

“Son heterosexuales y ambos trabajan en prostitución. La mujer atiende clientes de día, y el hombre de noche, así se turnan para poder cuidar a los niños”, dice Villamizar.

También hay casos -explica- en los que dejan a los pequeños durmiendo en la noche y salen a trabajar hasta la madrugada.

Atienden a quien se les acerque, sea hombre o mujer”, refiere Villamizar.

Su objetivo es ganar dinero para enviarlo a sus familiares en Venezuela.

Es el caso de la mayoría de venezolanos que se fueron de su país, que atraviesa por una profunda crisis económica que ha provocado un éxodo masivo reconocido por Naciones Unidas y negado por el gobierno de Nicolás Maduro.

Algunas de las parejas participaron en sesiones informativas organizadas por la Fundación Censurados.

“La situación es más difícil para los hombres… Bajan la mirada y agachan la cabeza.Prefieren no hablar”, refiere Miguel.

Carolina también conoce varios casos de parejas venezolanas. No siempre los esposos trabajan, pero están cerca.

“Hay contadoras, maestras y fisioterapeutas que se vinieron de Venezuela con sus familias. Sus esposos están en el parque y ven todo lo que pasa“.

Ella misma tiene dos hijos que la acompañan.

“Mis niños ven que las mujeres se van con muchos hombres, pero yo les digo que eso no debe hacerse”, señala.

“Cuando alguien tiene que trabajar con un cliente -prosigue- toca que alguna amiga le cuide al hijo, quien se queda en la plaza”.

12 clientes por noche

También hay una práctica que se ha identificado con frecuencia entre las trabajadoras sexuales en Cúcuta.

Acceder a tener relaciones con un cliente sin preservativo para que así les paguen más.

Ilustración de una mujer en una cama.Derechos de autor de la imagenBBC CECILIA TOMBESI
Image captionMuchos de los venezolanos que se dedican al comercio sexual lo hacen para alimentar a sus familias.

Muchas saben que es un riesgo -cuenta Villamizar- pero necesitan el dinero, así que aceptan.

“En el último año, al menos cinco venezolanas salieron embarazadas mientras estaban trabajando“, refiere.

Carolina cuenta que una compañera, que ya tiene tres hijos, dio a luz recientemente.

“Lo hacen por absoluta supervivencia. Comen una vez al día y toman agua para mantenerse. Las condiciones en las que ejercen la prostitución son inhumanas”, refiere una persona que trabaja con inmigrantes en la frontera pero prefiere mantener el anonimato.

Y prosigue: “Las venezolanas pueden atender a 12 clientes por noche y cobran mucho menos. Algunas piden entre 5.000 y 10.000 pesos por servicio (US$1,60 y US$3,20). Mientras que una colombiana cobraría 50.000 pesos (US$15)”.

Francesca, en alguna oportunidad, atendió a casi 30 en un fin de semana.

“Pague 5.000 pesos y cómase dos venezolanas'”

Están también quienes se aprovechan de la desesperación de inmigrantes venezolanos.

“Es terrible. En la entrada de un bar se puede ver un letrero que dice: ‘Pague 5.000 pesos y cómase dos venezolanas‘”, indica Álvarez, de la Fundación Oasis de Amor y Paz.

Y añade: “También escuchas en las esquinas a encargados de bares (prostíbulos) gritando: ‘Vengan a comer, señores, ahora que las venezolanas cuestan poco podemos aprovechar'”.

La mayoría de los inmigrantes llega con la esperanza de encontrar algún trabajo. Pero no es fácil.

Según el Sistema Estadístico Nacional de Colombia, Cúcuta es la segunda ciudad de Colombia con la mayor tasa de desempleo: 16,2% a septiembre de 2018.

Y es por eso que muchos terminan sobreviviendo con un trabajo en la industria de la prostitución.

“Modelos”

Las webcams también son parte del negocio. En los diarios locales se ven anuncios regularmente que solicitan los servicios de “modelos”.

“Es como vender tu cuerpo, pero nadie te toca porque es por internet… Para mí lo más difícil ha sido estar con una mujer, porque soy gay“, cuenta David Contreras.

Ilustración de un hombre en una webcam.Derechos de autor de la imagenBBC CECILIA TOMBESI
Image captionWebcams: otra modalidad en la industria de la venta de sexo que se ha desarrollado últimamente.

Explica que el usuario había pagado una buena cantidad de dinero, por lo que fue presionado a hacerlo.

“Somos cuatro personas y nos ven unos 300 usuarios. Ellos te piden que hagas ciertas cosas, fantasías que tienen“, dice.

En Venezuela era un estudiante que en su tiempo libre trabajaba. Pero lo que ganaba apenas le alcanzaba para comprar verduras, así que se fue a Colombia a probar suerte, pese a que no conocía a nadie.

“Lavé carros, trabajé en una peluquería y en una tienda, pero el dinero no me alcanzaba. Nunca pensé que terminaría haciendo lo que hago, pero me tocó para poder ayudar a mi familia“, comenta Contreras.

Viven cerca de la frontera, así que los ve con cierta regularidad.

“Nos encontramos en algún punto y nos comemos un helado. Después les doy el dinero y cada quien para su casa”.

“Cada vez hay más venezolanos trabajando como escorts o prepagos, también transexuales. En Grindr (una aplicación para citas orientada a la comunidad homosexual) también se ven más”, refiere Juan Carlos Archila, director de la Fundación Censurados.

Maltrato, agresión y ofensa

La proliferación del negocio de la prostitución ha sobrepasado la capacidad de atención del sistema de salud del departamento del Norte de Santander, cuya capital es Cúcuta.

“Muchas mujeres tienen diagnósticos de depresión psiquiátrica que necesitan medicación”, explica quien pertenece a una organización que ayuda a inmigrantes pero prefiere mantener el anonimato.

“Para llevar la situación -prosigue- consumen estupefacientes y pueden pasar 12 horas alcoholizadas”.

CitaDerechos de autor de la imagenBBC CECILIA TOMBESI

Y añade: “También lidian con una tristeza inmensa, con el duelo no elaborado de la inmigración, el desarraigo y una violencia que no habían experimentado antes”.

Pero para venezolanos sin recursos, es extremadamente difícil tener acceso a tratamientos médicos.

“Afecta mucho trabajar en prostitución. Una noche, un cliente me robó, me usó tres veces, y en la mañana me dijo que no me iba a pagar”, recuerda Francesca.

Y con tristeza afirma: “Te maltratan, te agreden, te ofenden… A una amiga la violaron y la dejaron desnuda y tirada en la calle”.

Sufren, lloran… les tocó pisar abajo”, dice Archila.

Aparte del aspecto psicológico, se encuentra la dificultad de manejar la propagación de enfermedades de transmisión sexual, particularmente el VIH.

La Fundación Censurados ha notado, de primera mano, el incremento de inmigrantes afectados por la enfermedad.

“Hace un año hacíamos cinco pruebas rápidas de VIH a la semana, ahora realizamos 30,y por nuestra fundación pasan alrededor de 50 personas en ese período de tiempo”, explica Villamizar.

“Murió de sida y…”

Un informe del Instituto Nacional de Salud de Colombia documenta el número de casos importados.

La mayoría proviene de Venezuela, y la mayor concentración está en el norte de Santander.

“Hay un incremento inusual en la frontera”, indica Alfonso Rodríguez-Morales, uno de los autores de un estudio acerca del impacto de la crisis migratoria venezolana en enfermedades infecciosas en otros países.

Y completa: “Pese a que no se han producido variaciones significativas en el número total de casos diagnosticados anualmente en Colombia, y la mayoría sigue siendo autóctona”.

Al margen de las cifras, detrás de cada caso hay una historia dolorosa que, con frecuencia, no tiene un final feliz.

“He visto tantas cosas duras…”, dice Archila, con una expresión de quien hace de tripas corazón.

“Pero quizás la más difícil fue tener que cargar el cuerpo de un venezolano y dejarlo en la mitad del puente Simón Bolívar (uno de los que une a Venezuela y Colombia)”.

Y explica: “Murió de sida y su familia no tenía cómo pagar el traslado”.

Guardia Costera de Trinidad y Tobago rescató a cuatro venezolanos tras naufragio en alta mar – NTN24 – 25 de Abril 2019

Veinticinco jóvenes habrían buscado la forma de huir a Trinidad y Tobago para escapar de la crisis que existe en Venezuela

Guardia Costera de Trinidad y Tobago

Un barco llamado “Jhonnaly José”, que transportaba al menos a 25 personas desde la ciudad Güiria (estado Sucre) hacia Trinidad y Tobago, volcó en las primeras horas del miércoles 24 de abril; informó la Guardia Costera de ese país.

Al menos 21 personas, entre ellas mujeres y niños, aún siguen desaparecidas.

La Guardia Costera aseguró que solo cuatro personas han sido rescatadas en un esfuerzo conjunto de búsqueda y rescate con autoridades venezolanas, aunque otros informes sugieren que un total de nueve personas se han salvado.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) manifestó su preocupación por el destino de los venezolanos desaparecidos y calificó como “trágico” este incidente, que “destaca los riesgos extremos de los viajes del mar y otros movimientos irregulares transfronterizos emprendidos por refugiados y migrantes”.

Acnur subrayó “la desesperación de los obligados a huir de sus hogares y las dificultades extraordinarias que enfrentan en su viaje”.

Más de tres millones de refugiados y migrantes venezolanos han abandonado su país principalmente a países vecinos, incluidas islas del Caribe.

Eduardo Stein: La crisis migratoria de venezolanos no ha terminado – Panampost – 25 de Abril 2019

El enviado especial para los refugiados venezolanos de ACNUR y la OIM, pidió a la comunidad internacional, con carácter urgente, más recursos para atender a los millones de migrantes que huyen de la crisis en el país petrolero

Stein participó conjuntamente con  el canciller colombiano, Carlos Holmes Trujillo, en una rueda de prensa en Bogotá. (Twitter)

Bogotá, 25 abr (EFE). – El representante especial conjunto para los refugiados venezolanos de ACNUR y la OIM, Eduardo Stein, pidió este jueves a la comunidad internacional, con carácter urgente, más recursos para atender a los millones de migrantes que huyen de la crisis en el país petrolero.

«Quisiéramos insistir en la necesidad urgente de recursos financieros adicionales en el marco de una solidaridad internacional que ha podido acompañar esta crisis humanitaria», dijo Stein en una rueda de prensa en Bogotá en la que estuvo acompañado del canciller colombiano, Carlos Holmes Trujillo.

Según cifras de la ONU, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y otros organismos internacionales, el número de refugiados y migrantes de Venezuela en el mundo supera los tres millones y al menos 1,2 millones de ellos están en Colombia.

Stein, que es enviado especial para los refugiados venezolanos de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la OIM, aseguró que «la crisis de la migración no ha terminado y lejos de amainar se mantiene haciendo de esta una situación única en América Latina».

Para subrayar la situación de la migración, Stein dijo que no ponerle fin a la situación sería «como asumir que en una hemorragia lateral severa se le van a suministrar al paciente transfusiones de sangre sin cauterizar la herida».

Al justificar el pedido de más recursos de la comunidad internacional, recordó que Naciones Unidas solicitó el aporte de 738 millones de dólares este año para ayudar a los países suramericanos que acogen a los venezolanos.

Aseguró que esa cifra «podría parecer una gran cantidad» pero indicó que la magnitud de la tragedia generada por la salida masiva de venezolanos del país es «muy grande».

«Hemos visto la solidaridad internacional, pero aún no alcanzan para la dimensión de esta crisis», destacó el diplomático.

INE informó que hay 323.575 venezolanos empadronados en España – El Nacional – 25 de Abril 2019

La comunidad en donde más ciudadanos de Venezuela hay en territorio español es Madrid

El Instituto Nacional de Estadística de España indicó que, según datos provisionales, hasta el 1 de enero del año 2019 se registraron 323.575 venezolanos empadronados por “país de nacimiento: Venezuela”, aunque su nacionalidad no sea venezolana.

Por segundo año consecutivo, la Comunidad de Madrid, con 90.220 ciudadanos, es la que más venezolanos alberga. El segundo lugar lo ocupan las Islas Canarias, con 66.573 venezolanos, y el tercer lugar de España donde hay más ciudadanos nacidos en Venezuela es Cataluña, con 44.438 personas.

48,7% de los venezolanos empadronados llegaron a España a partir del año 2016, y aumentó considerablemente el grupo que no tiene la doble nacionalidad.

“En Venezuela ya solo comíamos una vez al día, ahora estamos en el paraíso” por Marta Dominguez – Deia – 21 de Abril 2019

María Gabriela y su familia han vivido un drama en los últimos meses, pero se sienten afortunados porque están “a salvo”

Bilbao – María Gabriela y su familia abandonaron Venezuela de la noche a la mañana. Vendieron sus coches y con el dinero que consiguieron compraron los billetes para Madrid. Aterrizaron en el aeropuerto en diciembre, poco antes de las navidades, sin conocer a nadie y sin una sola referencia. “Pero nosotros nos sentíamos bien, al menos ya no estábamos en peligro”, relata la mujer. María Gabriela, su marido y sus dos hijos son parte de ese éxodo masivo que está abandonando Venezuela desde hace meses. “Y no pensamos volver hasta que la situación cambie”, advierte.

En su caso, además del hambre, la amenaza se hizo real sobre su hijo mayor, Juan Carlos, de 25 años. Desde hacía un lustro, el joven trabajaba como funcionario en la policía científica y criminalística de Venezuela. “Pero han ido cambiando las cosas y quien no está con el Gobierno es amedrentado. Y a él le pasó eso”, relata María Gabriela. En realidad, ese no es su nombre real, tampoco es Juan Carlos el de su hijo, pero temen por las personas que dejaron en su país y por eso piden hablar desde el anonimato.

“Un día salió del trabajo y pasó a recoger a su hermano en su camioneta. Entonces, fue interceptado por el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional). Se le atravesaron y provocaron que la camioneta volcara”, explica la mujer. En el accidente, Juan Carlos sufrió un grave enema en el cerebro y tuvo que ser intervenido en el hospital. “Estuvo un mes en coma, no había médicos, no había nadie. Encima, si estás en contra del Gobierno, casi como que te dejan morir”, denuncia. Pero tuvo una ayuda inesperada. “Gracias a un médico cubano, que estuvo pendiente de él y siguió su tratamiento. Cuando despertó del coma, sus jefes se lo querían llevar, pero yo se lo impedí, no me moví de su cama. Fue entonces cuando el médico cubano me dijo: tenemos que sacarlo de aquí. Y así lo hizo, lo llevó a una casa y allí lo cuidó”, relata María Gabriela, todavía angustiada al recordar aquellos días.

“Pero la persecución seguía y yo decidí que teníamos que irnos de Venezuela. Yo no quería perder a mi hijo, que me lo mataran”. Vendieron los coches, salieron por la frontera de Colombia y tomaron el vuelo en Bogotá. “En realidad yo no tenía ningún interés especial en venir para acá, fue el pasaje que me sacó una amiga, era el mejor en ese momento”, señala. Y así llegaron a Madrid. Casi sin dinero, perdidos en una ciudad y un país que no conocían y con el agravante de que su hijo aún no había terminado su tratamiento. Tenía la herida sin curar.

LLegada a Madrid durmieron durante tres noches en el aeropuerto. “Yo, mientras, investigaba, iba de un sitio a otro. Al final, en la estación de autobuses una señora me dijo que si buscaba ayuda tenía que salir de Madrid, que la ciudad estaba colapsada de venezolanos. Me dio la dirección de una amiga suya en Portugalete y hasta aquí llegamos”, cuenta María Gabriela, que a pesar de su situación repite: “Estábamos felices, porque estábamos lejos del peligro”.

La familia se instaló en la frutería de Portugalete. “Tenía cocina y un cuartito, estábamos bien y muy agradecidos con la señora. Al menos ahora comíamos tres veces al día, yo engordé de toda la fruta que comí, porque yo en Venezuela estaba flaquita, solo comíamos una vez al día”, explica. Su intención al llegar a España era poder trabajar y alquilar una vivienda. “El dinero que traíamos no nos llegaba para alquilar nada”. Pero desde el principio se dieron cuenta de que no era todo tan sencillo como se habían imaginado. “Nos pedían empadronamiento para todo. Pero, ¿qué es eso?”, se preguntaba entonces.

Acudió a CEAR, donde solicitaron asilo y, con el asesoramiento de su nueva amiga portugaluja, fueron superando trámites. “A principios de marzo vi que la herida de mi hijo botaba más líquido y nos asustamos”. Tras el bloqueo inicial, por no saber adónde acudir, terminaron en Cruces. “Cuando llegamos al hospital yo me quedé impactada porque vi que enseguida le hicieron todo, análisis, pruebas y lo llevaron a operar de seguido. En Venezuela estás semanas para que te hagan un solo examen”, cuenta. Su hijo tenía una infección en la herida. “Está vivo de milagro, la infección le comió el hueso del cráneo y el doctor tuvo que abrirlo y quitárselo”. Fueron, de nuevo, momentos de angustia. María Gabriela no puede contener las lágrimas cuando recuerda ese momento, que sin embargo fue clave para que su historia diera un giro positivo.

Una de las enfermeras que atendió a su hijo les puso en contacto con Iñaki Anasagasti, que se volcó con ellos. A partir de ahí conocieron la asociación Tierra de Gracia, de apoyo a los migrantes venezolanos. “Todo el mundo nos ha ayudado muchísimo, desde la enfermera, el médico, el señor Iñaki Anasagasti, Tierra de Gracia. Estoy muy agradecida con toda la gente. Nos han dado ropa, comida, dinero”, asegura. “’Yo no sabía que aquí había tantos venezolanos, si lo llego a saber desde el principio, hubiera contactado con ellos e igual no hubiéramos estado tan perdidos. Pero también pienso, que este era el recorrido que teníamos que hacer. Nos sentimos afortunados y agradecidos”, reitera.

Ahora viven en un albergue en Bilbao, su hijo está en tratamiento para combatir la infección y está a la espera de someterse a una nueva intervención: “Le tienen que colocar una prótesis para que le pueda sostener el cerebro. Ahora está en peligro porque no tiene el casco que le protege el cerebro. Estamos preocupados, pero sé que todo va a salir bien, no hemos pasado por todo esto para que se me vaya a morir ahorita, no. Todo va a salir bien”, confía la mujer. Pero Juan Carlos tiene una preocupación: su hija de cinco años, que dejó en Venezuela junto a la abuela materna. “Logró sacar a su mujer de allá y ella está ahora en Perú, pero la niña se quedó con la abuela. Él quiere traerla, está muy preocupado, pero yo le digo: ¿dónde vamos a meter a la niña?”, sostiene María Gabriela. “Estamos haciendo un curso y nos gustaría trabajar, alquilar después una vivienda”, señala la mujer.

De momento, los trámites continúan y ese momento tiene que esperar. “Por fin logramos el empadronamiento y estamos solicitando asilo, hemos avanzado con los trámites. Repito, aquí estamos bien, comemos tres veces al día. En Venezuela, la gente come solo una vez al día, cuando yo veo toda la ropa y comida que se tira acá… la falta que nos hace a los venezolanos”, señala.

El exodo venezolano : entre el exilio y la emigración por José Koeclin y Joaquin Eguren – Diciembre 2018

La propuesta del Socialismo del siglo XXI en sus inicios se configuró como una alternativa de esperanza para muchos venezolanos, pero, más pronto que tarde, la situación devino en dinámicas de concentración de poder, corrupción, exclusión, exacerbada carga ideológica y una cuestionable gestión de la política económica.

Dos décadas después, la persistencia de la crisis humanitaria y la incertidumbre sobre el futuro han llevado a Venezuela al mayor éxodo migratorio de su historia (Mateo y Ledezma, 2003; Morales y Navarro, 2008; Guardia, 2007; Páez 2015; Encovi, 2017; Acnur, 2017).

No queda duda alguna de que el colectivo venezolano en sus inicios no motiva su proyecto migratorio desde las penurias económicas que vive en su país de origen y que es la situación política y social del país la que mayor peso tiene.

La interpretación del modelo analítico utilizado para la medición de la reproducción social y el alcance del logro ha posibilitado comparar, en algunos aspectos, el nivel de vida que los venezolanos, que llegaron a España entre 1998 y 2015, tenían en su país y el que tienen ahora en España.

Se caracteriza que un grupo significativo tuvo mayor probabilidad de lograr una reproducción social en destino. La conclusión principal de este análisis refiere que quienes han logrado reproducir o mejorar gran parte de las condiciones que tenían en Venezuela en relación con las que poseen ahora son justamente las personas que valoran su proyecto migratorio como totalmente logrado.

En consecuencia, para un grupo significativo, esto implica que la estrategia ha funcionado. Desde 1998, los estratos mejor posicionados viven como una amenaza la ideología instaurada, y la emigración se convierte entonces en la estrategia por excelencia para evitar el desclasamiento y la pérdida de los privilegios adquiridos, buscando así en el país de destino la posibilidad de mantener el modo de vida al que están habituados y reproducirlo con el mínimo de cambios y alteraciones posibles, de ahí que al mismo tiempo se viva la experiencia con sensación de exilio.

Tan solo cinco años atrás, la comunidad venezolana en España se caracterizaba como una inmigración sutil, invisible, legal, integrada en la sociedad española, profesionalmente cualificada y con pocas dificultades para la inserción laboral y el acceso a una buena vivienda, la educación e incluso la sanidad privada.

Tan solo diez años atrás, gran parte inmigraba con el núcleo familiar; parejas con una media de edad de 32 años, con o sin hijos, que salieron de Venezuela con un bagaje formativo, profesional, cultural y económico eligiendo un destino que les permitiera mantener a salvo lo adquirido en origen. ¿Salieron al exilio y de manera La comunidad venezolana en España. De una estrategia migratoria de reproducción social a una creciente pobreza emergente 333 forzosa?

Se puede afirmar que sí, porque su proyecto de vida no incluía, hasta ese momento, abandonar Venezuela, siendo el detonante el miedo a perder, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo alcanzado a través de tantos años de esfuerzo, estudios y trabajo. La emigración se convirtió, entonces, en lo que se viene definiendo como una estrategia de reproducción social que implica una valoración positiva de su situación como inmigrantes.

Los logros obtenidos en España van acordes con las motivaciones que están en la base de la emigración y, por lo tanto, tienen un efecto de satisfacción y logro que se refleja en el deseo de quedarse en España y no volver a Venezuela. No obstante, la mayoría de los argumentos iniciales ya carecen de validez para definir la realidad actual de muchos venezolanos en España, siendo el argumento principal para abandonar el país el hambre, la falta de medicación, la persecución brutal de los jóvenes que luchan por un país diferente o la necesidad de enviar dinero a quienes se han quedado sobreviviendo en el país de origen. Hoy en día, el término de reproducción social ha perdido todo su valor para definir a ese 30 % de venezolanos que ha llegado a España a partir del 2016.

Muchos de ellos ahora llegan con las maletas vacías, solos, recién salidos de bachillerato o con unos estudios sin legalizar, llevando a cuestas veinte años de deterioro en la educación venezolana, creciendo a la par del naufragio de un país que sus padres o abuelos españoles recuerdan como el país que les recibió con los brazos abiertos y donde prosperaron.

En este 30 %, muchos se encuentran de manera ilegal en España, en desempleo o montados en una bici repartiendo comida por un mísero sueldo, pidiendo asilo que al 99 % se les deniega e intentando ayudar a quienes se quedaron en Venezuela, pero sin saber cómo van a sobrevivir en España. Pero no se arrepienten de haber salido de Venezuela, porque simplemente ya Venezuela no les ofrece ninguna esperanza de reconstrucción.

Dos décadas de evolución migratoria en España que ha pasado de una estrategia migratoria de reproducción social a una creciente pobreza emergente en la sociedad de destino, pero que mantiene un elemento común para todos y es la sensación de vivir en el exilio y forzados por una ideología política que ha expulsado a su propia gente.

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