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El régimen de los exilados por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 9 de Abril 2018

Que alrededor de 15% de los venezolanos haya huido del país en un poco más de 15 años, debe ser la más grave de las pérdidas, entre todas las pérdidas y destrucciones que ha generado el régimen de Chávez y Maduro, y, también, la que más interrogantes genera hacia el futuro inmediato de Venezuela.

Es tan abrumadora la cantidad de exilados, y se ha hecho tan recurrente, que no hay familia que no tenga a alguno de sus seres queridos fuera del país. Personas que han seguido este fenómeno con atención explican que, de la huida por oleadas –se habla de las oleadas de 2002, 2005, 2007 y, así, sucesivamente–, hemos pasado a una nueva situación: al establecimiento de un flujo constante de personas que abandonan al país. Quien puede se va. Venezuela dejó de ser el país del que los jóvenes se marchaban para cumplir metas académicas, pero al que regresaban inmediatamente después de finalizados los estudios para dar inicio a una vida profesional y productiva y a la construcción de una familia.

El modo como cientos de miles de compatriotas han salido del país tiene un carácter desesperado. Una minoría es la que puede permitirse comprar un boleto de avión. Son innumerables los que han emprendido la travesía en autobús, sin dinero, sin apoyo de ninguna índole –ni siquiera los medicamentos mínimos necesarios, en los casos de personas que siguen un tratamiento médico–, sin un lugar al cual llegar ni trabajo, y sin certidumbre de cuáles serán las condiciones y posibilidades que tendrán de alcanzar alguna estabilidad. Quiero decir con esto: es tal la desesperación, la sensación de amenaza y angustia que experimentan los venezolanos que el deseo de huir, aun en las condiciones más riesgosas, se impone sobre el vínculo con el país.

Las historias de quienes se han marchado son tan sobrecogedoras como las historias de quienes han permanecido en el país y luchan por sobrevivir. Unos y otros son víctimas del régimen forajido que ha tomado el control del país. Cada persona, cada familia tiene un relato que guarda un inmenso valor en sí mismo. Todas son historias de resistencia, de activismo en contra de las adversidades. A millones de personas, muchas de ellas muy jóvenes, les ha correspondido descubrir, de forma muy dolorosa, unas capacidades que no conocían: imaginación, adaptabilidad, emprendimiento, persistencia, esfuerzo, férrea voluntad para no dejarse doblegar por las circunstancias, lo desconocido o lo distinto.

A medida que nos aproximamos al final del régimen, la pregunta por el destino inmediato del exilio venezolano surge con toda su complejidad. Reconstruir el país es una tarea cuya envergadura exigirá no solo de las energías y talentos de los que han permanecido, sino también de quienes, por ahora, viven fuera.

No es posible saber ahora cuántos volverán cuando se produzca un cambio en el poder. El exilio, eso nadie puede dudarlo, ha enriquecido las experiencias, los conocimientos, la visión de mundo de la mayoría. Estos años han sido para los exilados no solo de sacrificios, sino también de aprendizajes, de contactos con realidades sociales, productivas, profesionales, culturales y económicas distintas a la nuestra, que antes solo conocíamos de forma referencial. No tengo duda: esos conocimientos serán de inmensa utilidad en una nueva etapa venezolana.

Una de las cuestiones fundamentales, tarea de la dirigencia venezolana, será la de estimular el regreso del joven talento al país. Venezuela tiene por delante la obligación de recuperar el atractivo, el magnetismo que fue, a lo largo de su historia, signo de la condición venezolana. Restablecer el vínculo con todos los que fueron empujados a marcharse es una tarea que deberá afrontarse como un problema central para las políticas públicas de la próxima Venezuela. Que quienes huyeron del país regresen es prioritario para las familias y también para el conjunto de la sociedad. Mientras el régimen de Chávez y Maduro se ha dedicado a empujar, a expulsar a los venezolanos de su país, a los demócratas corresponde el objetivo contrario: atraerlos a su tierra, abrir las oportunidades sociales y económicas que todos merecen.

 

El insilio, la otra cara del exilio por Francia Andrade – 21 de Agosto 2016

RAYMA.jpgEn tiempos de regímenes, autocráticos, es decir, en dictadura, incluyendo las llamadas “neo”, la palabra que se pone de moda es: exilio. Un exilio no es más que la respuesta a la persecución política, y las dictaduras obviamente, suponen acoso y atentado contra los derechos humanos, sin embargo, todavía quedan creyentes de alguna religión política que aseguran que existen dictaduras buenas y malas, que la buena es la dictadura del proletariado, y en nombre de ese concepto lanzan y apoyan líderes populacheros que abusen de ese proletariado y se atornillen hasta que la muerte los separe del poder y respecto a eso, se han escrito millones de tesis en cualquier parte del mundo, pero de lo que no se habla es de la otra cara del exilio: el insilio.

Esta cara ha estado tan invisibilizada que su significado ni siquiera se consigue en el DRAE, sin embargo, hay quienes la han explicado a través de la literatura como el poeta Ricardo Ramírez Requena en Venezuela, quien en su obra Maneras de irse, describe perfectamente, ese estado de enajenación que experimentan los ciudadanos que se quedan. Algunos lo hacen por miedo a salir de su zona de confort, más vale malo conocido que bueno por conocer, otros; porque no tienen dinero para comprar un boleto hacia el exterior y una gran parte, porque sus lazos afectivos se lo impiden. En fin, cada quien construye su propio muro de Berlín para quedarse de este lado: papá, mamá, hermanos, amigos, un trabajo de toda la vida, las mascotas, la urbanización, el barrio, las arepas. Son muchas las razones para salir corriendo, y también son muchas para quedarse.

Pero el insilio no es un estado anímico que viene de gratis. Es un encierro psicológico que lo crea el propio orden político y por supuesto económico, porque ese mismo sistema comienza a cerrar las puertas y a cercenar las libertades individuales de los ciudadanos. Y así, comenzamos por la lista Tascón: no tienes derecho al trabajo si firmaste. La hegemonía comunicacional: no puedes escuchar ni ver los canales que te gustan. Los altos impuestos aeroportuarios: si tienes para el boleto te quedas sin nada para cuando llegues a tu destino y ahora más recientemente los CLAP: no tienes derecho a la alimentación si antes no te has registrado en el Consejo Comunal, debes sacar un carnet, sin ese carnet, no te venden la comida. El pan hay que comprarlo a determinadas horas porque si no, NO HAY NADA DE PAN, reza en los letreros de las panaderías. Y esto último recuerda al poeta Ramírez Requena en los siguientes versos: Terminas la cerveza y te levantas/ dejas el dinero/ y haces que vas al baño. “No hay agua” dice/ el letrero/Bajas la cabeza y al salir, sabes que nadie te mira/Como si no pertenecieras ahí, y no hubieras/ bebido y pagado tu cerveza.

El insilio más que ostracismo, implica un sentimiento de pérdida, es la sensación de no pertenecer a ese mundo impuesto, es no encajar en los esquemas y sentirse excluido dentro de su propio territorio, es pues, sentirse tragado como los hijos del padre Saturno.

Si el exilio se caracteriza por la nostalgia, al insilio lo marca el silencio. Todo insiliado entra en la mudez, porque todo lo guarda en un túnel insonoro. Sin embargo, el silencio es también un discurso. El discurso del aguante, de la olla de presión, de la bomba de tiempo, de la rabia contenida.

El insiliado es una suerte de extranjero en su propia tierra sin visa ni pasaporte, no tiene permiso para trabajar, para comer ni para dormir. Su meta es poder llegar al otro día, sobrevivir a las horas, al hambre, a la indiferencia.

El único amigo del insiliado es el tiempo que a la vez, es su enemigo más feroz. A través del tiempo se permite tener la esperanza de un futuro mejor, hasta que se da cuenta de que la esperanza es solo una hermana pobre de la fe y que para tener fe hay que comer, estar saludable y tener bienestar. El tiempo se convierte asimismo, en angustia, porque es él, quien muestra las arrugas del sistema, el deterioro de las instituciones. Todo se corroe, no hay remedios, ni en la farmacia, ni para la vida; la muerte, es el destino más seguro.

El insiliado es la comprobación de la teoría Foulcautiana: “el poder atraviesa el cuerpo para someter al individuo”; por eso la escasez de alimentos, de medicinas, los cortes de electricidad, las fallas de agua. NO HAY parece ser la consigna. El mismo letrero en abastos, hospitales, oficinas. NO HAY se ha ido tatuando en el ADN de los venezolanos. NO HAY es la prisión, el destierro, el insilio.

 

The Next Venezuela by Bill Bonner – Financial Times – 19 de Abril 2018

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‘Your flight has been cancelled.’

Those were not the words we were hoping to hear when we got to Dulles International Airport last night. But Air France is on strike. So we quickly changed plans…and travelled to Paris on United.

That wasn’t the end of it…because the French train crews are on strike, too. C’est la France!

Ever resourceful, our US based assistant found a driver who would take us out to Normandy, where our car has been parked for the last two months, faithfully awaiting the return of its master.

The car is very patient with us. The 12-year-old Nissan Patrol sits for months…sometimes an entire year…waiting for us. Then, when we finally show up, the battery is dead.

But that problem will be overcome later today, we hope, and we will be on our way to Ireland, taking the ferry overnight. Stay tuned.

Connoisseurs of disaster
Meanwhile, as we mentioned yesterday, bitcoin seems to be useful. When other money fails…and gold is hard to get…bitcoin gives people a way to escape from the trap of a rapidly disintegrating paper currency.

As long-term readers of this Diary know, we are connoisseurs of disaster.

Give us a 1922 deutschmark…an excellent vintage! And it’s hard to beat. If you had bought a house in Berlin in 1921, you could have paid off your mortgage in 1923 for the price of a cup of coffee.

Or, how about a Zimbabwean dollar from 2006? That was a great year. Plenty of liquidity. We used to have a $10 trillion Zim note in our wallet, just to remind us not to trust paper money.

But the South American blends are good, too.

Both Brazil and Argentina have produced some fine catastrophes. In Argentina, the inflation rate hit about 12,000% in 1989. And in Brazil, one of our colleagues recalls what it was like living there in the ’80s:

‘Dad would get paid twice a day. We’d meet him at the office. And then, we’d take the money right over to the grocery store. We had to get there as soon as possible because they marked the prices up all day long. If you waited, you’d get a lot less for your money. And there might not be anything left to buy.’
Vintages of disaster
There are many different vintages of disaster. There are natural disasters, such as the explosion of Vesuvius, which wiped out Pompeii in the first century, AD.

There are military disasters, such as Athens’ foolish war against Sparta in the 5th century BC, Japan’s attack on Pearl Harbor in 1941, or the US’s attack on Iraq in 2003.

There are political disasters, too — such as the French Revolution or the coup d’état in Russia in 1917.

Our favourites are the financial disasters…which often lead to disasters of the other sort.

And as we write, a classic catastrophe is developing in Venezuela. The bolívar — the Venezuelan currency — is expected to lose about 99.99% of its value this year.

Obviously, you don’t want to store your wealth in bolívars. Instead, you’ll want to get rid of them as soon as possible. Our report yesterday explained that those who could do so were moving to bitcoin.

Rich people can avoid financial disaster by diversifying their wealth outside the national currency and outside the country. They open bank accounts in Miami or Switzerland, for example. And now, they have another option: cryptocurrencies.

But poorer people often have no choice; they have no wealth to diversify, so they have to diversify themselves.

Deserted by 2038
The Financial Times reports that 5,000 people are leaving Venezuela every day. At that rate, the country will be completely empty by 2038. This is not just a matter of money, in other words.

Financial disaster often leads to social, political, military, and health disasters. Were it not so, the coming US financial crisis would be merely entertaining. After all, who cares if rich people lose money?

For poor people, alas, the stakes are higher. More than 600,000 Venezuelan refugees already live in Colombia.

They scrounge for food. They pick through trash for something they can eat…or use. They work at pick-up jobs, or as prostitutes, and sleep rough under bridges or in parks.

‘We are dying of hunger,’ said a refugee to the FT. ‘Three members of my family have already died of starvation.’

Most hospitals in Venezuela have no medicine, and little or no running water. Lack of food, medicine, and sanitation makes people more vulnerable to illness — especially communicable diseases.

After a 40% drop in output, more than four out of five people are said to be impoverished. ‘Extreme poverty’ has tripled in the last four years. Law and order are breaking down, too, both in Venezuela and in neighbouring countries.

Those who do manage to get across the border to Colombia or Brazil often find little hospitality.

There are so many of them that local services are overwhelmed. Jobs are scarce. And few people are happy to have so many desperate refugees on their doorsteps.

How do these crises happen? Slowly…and then all of a sudden. The feds spend too much money. Eventually, they run out of other people’s money. So they ‘print’ more.

Then, they are trapped by the bad money too; the easiest way out is simply to print more and more…until the whole economy collapses.

That process is already well underway in America. But more on that tomorrow.

It’s great for connoisseurs of disaster; bad for everyone else.

Our advice: Open a bitcoin account, just in case. And keep a ‘bolthole’ — a little farm, or at least a place in a stable and largely self-sufficient community — where you can wait out the crisis.

 

Refugiados venezolanos y vascos retornados, “una diáspora a la inversa” por Beatriz Sotillo – Deia – 15 de Abril 2018

Desde 2016 el número de personas llegadas de Venezuela que se han establecido en Euskadi se ha duplicado

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Dos centenares de personas que han vivido y trabajado en Venezuela, más de la mitad de ellas nacidas en Euskadi y de vuelta tras jubilarse, están atravesando una situación dramática a la que no se ve una fácil solución. Estas 200 personas -que podrían ser más porque no hay datos oficiales- llevan casi dos años y medio sin recibir la pensión a la que tienen derecho porque el gobierno de Nicolás Maduro decidió dejar de abonar estas prestaciones y hace oídos sordos a las reclamaciones de un colectivo que en el Estado español llega a las 9.000 personas.

Junto a estos pensionados venezolanos obligados a vivir de la solidaridad de familiares y amigos y a pedir ayudas sociales hay otro grupo creciente de personas que también han venido desde Venezuela huyendo de la crisis económica, social y política de aquel país. Son los nuevos inmigrantes o refugiados, porque en muchos casos están pidiendo asilo;personas de entre 30 y 50 años, con diversos perfiles profesionales, que forzados por la falta de expectativas, la represión política y la falta de derechos invierten los flujos migratorios que hace años llevaron hasta Venezuela a muchos vascos. Debido a esta “diáspora a la inversa” el colectivo de venezolanos en Euskadi, muchos de ellos con progenitores vascos, se ha duplicado desde 2016, mientras que se estima que en el resto del Estado español la inmigración procedente de Venezuela se ha triplicado.

“El Estado español registra desde hace tres años una inmigración creciente de venezolanos y Euskal Herria también ha visto crecer las llegadas desde Venezuela. Muchos son jóvenes, porque ha habido un éxodo de jóvenes muy importante. Se calcula que más de tres millones de personas han salido de Venezuela en los últimos 20 años y probablemente la mitad de esa cifra lo ha hecho en los últimos cinco años. Junto a esas personas jóvenes también está llegando gente de 50 o 60 años que se han tenido que ir porque en Venezuela no ha medicinas, apenas hay comida y para conseguirla tienes que pagar precios exorbitantes porque hay hiperinflación. Este año se estima que la inflación en Venezuela está en el 13.000% . Las personas de más de 50 años que han venido no consiguen trabajo porque aquí no se contrata a casi nadie de más de 50, y menos aún si vienes de fuera. Estas personas viven un drama. Mucha de la gente joven que está saliendo de Venezuela en los últimos meses lo hace en autobús ya que ni siquiera pueden comprar un pasaje de avión. Están yendo a Colombia y de allí van bajando hacia Chile, Argentina y Perú. Los jóvenes están logrando contratos para algún tipo de trabajo, pero los de más edad están pasando un mal trago”, explica Iñaki Gainzarain, un vasco-venezolano retornado que desde una asociación está buscando soluciones para los que han dejado de recibir su pensión.

EL DOBLE DE PERSONAS

Egleé Torres, presidenta de la Asociación de Venezolanos en Navarra, confirma el fuerte incremento registrado en la llegada a Euskadi de personas que huyen como pueden de Venezuela y apunta que en el último año ha habido un aumento del 34% en las solicitudes de asilo. Egleé cuenta que en Cáritas de Iruñea, “que es el organismo que hace la introducción para quienes solicitan asilo, les citan para darles información en grupos de 30 personas y en cada grupo de 30, 24 son venezolanos”. “Ahora mismo -añade- los venezolanos somos los segundos en solicitudes de asilo en España, por detrás de Ucrania y por delante de los sirios”.

La presidenta de la asociación navarra, que es muy activa en la búsqueda de soluciones y oportunidades para los refugiados y el envío de ayuda -fundamentalmente medicamentos y material sanitario- para los que siguen en Venezuela, explica que la importante llegada de venezolanos a las comunidades autónomas vasca y navarra se debe a que “muchos están retornando”. “Son personas -dice- que se fueron hace años, o cuyos padres y abuelos emigraron, vivieron en Venezuela y están retornando. Hay muchas personas con raíces vascas, otros han venido porque en alguna ocasión conocieron o les han hablado de que aquí hay calidad de vida… sí, entre los venezolanos que ahora están en Euskadi hay retorno, hay herencia, hay relación previa con esta tierra. Además, la gente que ya estamos aquí y tenemos familiares en Venezuela, estamos haciendo lo imposible por traerles, y también hay muchas personas tratando de ayudar al primo, al amigo… que hacen lo que pueden para se salven”.

Las asociaciones que agrupan a esta nueva diáspora proponen soluciones individualizadas y acceso a los programas de ayudas sociales tanto para los refugiados y los inmigrantes, como para los pensionados, porque entre ellos hay situaciones diversas, pero cada vez se dan más casos de personas que llegan, como dice Egleé Torres, “con una maleta, una carga emocional importante y un desarraigo muy sentido”. “Aquí hay gente que trabajaba en los organismos de seguridad del Estado y se negaron a cumplir órdenes del Gobierno, hay personas que han sido víctimas de secuestros y han huido como han podido, hay gente que ha venido porque ha sufrido persecución o amenazas, gente que ha perdido el trabajo porque no son chavistas, que pudieron vender sus cosas reunir un dinero y venirse pero con la situación económica que se vive allí viene mucha gente que se ha quedado sin nada por el camino”, explica. Según Egleé Torres, la migración venezolana actual es “muy vulnerable” y “se parece a la que viene en patera desde África o a los cubanos que iban a Miami”.

LOS MAYORES

Muchos de los pensionados y jubilados venezolanos que desde hace más de dos años no reciben su pensión han creado asociaciones en varias comunidades autónomas, empezando por aquellas en las que reside un mayor número de ellos: Galicia, Asturias, Madrid, Comunidad Valenciana, Aragón y Catalunya. En Euskadi se ha creado AsoPenJubBilbao, que agrupa los afectados que residen en la CAV, Nafarroa, Cantabria y La Rioja. El objetivo común de todas estas organizaciones, que se han unido en una federación, es buscar soluciones y ayudas para miles de personas que “tras trabajar toda su vida en Venezuela ahora se encuentran en la indigencia”.

Iñaki Gainzarain puntualiza que prácticamente dos tercios de esos 9.000 pensionados han nacido en el Estado español, muchos en Euskadi, pero sus ingresos económicos dependen del Instituto Venezolano de Seguros Sociales, que a finales de 2015 dejó de abonarles las prestaciones. Según Gainzarain, la razón última de este impago de pensiones a quienes residen fuera de Venezuela está en la situación de quiebra del estado bolivariano. “El sistema que se utilizaba para pagar las pensiones estaba basado en el tipo de cambio de la Divisa Protegida que era el que manejaba el estado para sus operaciones hasta hace unos meses y que era de 10 bolívares por dólar. La pensión por vejez en Venezuela se sitúa un poquito por debajo del sueldo mínimo venezolano, de forma que cambiada a la tasa de 10 bolívares por dólar, hasta hace cuatro o cinco años los pensionados que vivían aquí estaban cobrando poco menos de 400 euros mensuales regularmente. Pero el gobierno fue entrando en un proceso de inflación y fue ajustando el sueldo mínimo, ahora hay una situación de hiperinflación, y llegó un momento en que Venezuela pagó hasta 1.200 dólares en un mes por una pensión, porque como pagaban a razón de 10 bolívares el dólar y el sueldo mínimo eran 12.000 o 13.000 bolívares… eso era inviable mantenerlo. El sueldo mínimo ahorita es un millón de bolívares, así que tendrían que pagar como pensión 100.000 dólares”.

En enero de este año se suprimió la Divisa Protegida y la situación para los pensionados fuera de Venezuela también sería dramática si llegaran a cobrar sus pensiones con el cambio actual. “Si ahora el Gobierno de Maduro depositara la pensión de un venezolano que vive fuera -indica Iñaki Gainzarain- como se la deposita a los que viven allá, abonaría una cifra que no llega a los 600.000 bolívares y si cambias esa cantidad en el mercado paralelo, donde el euro está a 300.000 bolívares, te darían dos euros. Una cosa que es absurda, porque ni siquiera podrías transferir esa cantidad para poder cobrarla aquí”.

Senador Bill Nelson: sanciones a Maduro apenas comienzan por Antonio Maria Delgado – El Nuevo Herald – 13 de Abril 2018

Bill-Nelson.jpgEl Senador por Florida Bill Nelson abogó el viernes a favor de incrementar las sanciones económicas al régimen de Nicolás Maduro, insistiendo que es mucho lo que queda por hacer para contener la sistemática destrucción del país sudamericano.

Nelson, quien celebró el Día del Exiliado Venezolano en un evento organizado en la alcaldía de Pembroke Pines por la organización de Venezolanos perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX), agregó que Estados Unidos también debe seguir luchando para aislar al régimen políticamente, y deshacer el control que Maduro aún ejerce sobre algunos de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA).

“Debemos seguir incrementando las sanciones económicas impuestas sobre Maduro y sus secuaces”, manifestó Nelson en el evento, donde fue honrado con “la Orden del Exilio”, de mano de VEPPEX.

“Solo recientemente el Departamento del Tesoro finalmente escuchó nuestras preocupaciones sobre cómo Maduro, con ayuda de Rusia, estaba buscando evadir las sancione a través de la criptomoneda denominada Petro. […] Pero aún falta mucho más por hacer”, agregó en el evento, también organizado por el Venezuelan American Democratic Club.

Pese a pertenecer al Partido Demócrata, Nelson ha estado trabajando estrechamente con el senador republicano Marco Rubio para avanzar en Washington la agenda a favor de extender el cerco internacional impuesto a Maduro.

Esa iniciativa, que también ha sido fuertemente respaldada por la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen y el senador demócrata, Bob Menendez, ha llevado a Washington a imponer sanciones económicas individuales contra decenas de altos jerarcas del chavismo, acusados de corrupción, de destruir la democracia y de violar los derechos humanos.

Más de tres millones de venezolanos (alrededor de un 10 por ciento de la población) se han visto obligados a huir del país ante el colapso social y económico provocado por dos décadas de políticas económicas hostiles al emprendimiento privado y al gigantesca corrupción asociada con el régimen de Maduro.

El país es víctima de una crisis humanitaria sin precedente y la desplazada población requiere de la asistencia humanitaria, en momentos en que cientos de miles de venezolanos han cruzado las fronteras de los países vecinos en busca de alimentos y medicinas.

Jose Antonio Colina, presidente de VEPPEX, dijo durante el evento que el pueblo venezolano siente un profundo agradecimiento por los líderes estadounidenses que han asumido la causa venezolana como la suya.

Pero también solicitó a la administración del presidente Donald Trump un poco más de clemencia hacia las docenas de miles de venezolanos que se encuentran en Estados Unidos y que aún no poseen protección migratoria.

Las deportaciones de venezolanos que están tomando lugar no son consistentes con los esfuerzos de la administración “por ayudar a los venezolanos a enfrentarse a la perversa narcodictadura”, dijo Colina.

Muchos de los jóvenes que están siendo deportados corren el riesgo de ser arrestados, torturados y asesinados, al poner pie en Venezuela, agregó.

 

¡Ay, los venezolanos! por Diego García-Sayan – El País – 6 de Abril 2018

Los migrantes de este país son refugiados bajo la definición ampliada que se aprobó
en Latinoamérica en 1984

Olinda tiene 29 años, es de Caracas, llegó a Lima hace seis meses y trabaja ahora en un restaurante de la ciudad. Luego de un largo y azaroso viaje por tierra desde la capital venezolana, atravesando Colombia y Ecuador, llegó al Perú.

Al abordar un bus en la fronteriza Piura con destino a Lima, para un viaje que dura más de 18 horas, tuvo que transportarse no en un asiento, como un ser humano, sino en el maloliente y apretujado depósito de equipaje y carga, junto con ocho compatriotas suyos.

Su viaje y el de otras decenas de miles de venezolanos no fue sencillo, ni su vida lo era en Venezuela, país azotado por un colapso económico y productivo por obra humana; la de un Gobierno, a todas luces, no solo autoritario sino inepto, habiendo logrado comprimir en poco tiempo en más del 40% el PIB.

Hoy, felizmente, Olinda cuenta con un trabajo digno aunque distante de los ingresos que merecería. Otros no han tenido esa suerte aún.Lo que viene ocurriendo no tiene precedentes. Estamos ante el proceso migratorio más grande ocurrido en toda la historia de América Latina.

Más de 115.000 venezolanos ya ingresaron al Perú y 600.000 a Colombia, para mencionar solo dos países a los que habría que añadir Ecuador, Brasil, Argentina y Panamá. Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, estima que el total supera ya los 1,5 millones de personas desplazadas o refugiadas en países de la región. Esto está ya cambiando el mapa demográfico.

Todos los días, sin excepción, en ciudades como Bogotá o Lima uno se encuentra con algún venezolano o venezolana, por lo general joven, como taxista, mesero, portero de edificio, peluquero y mil oficios más. Nada excluye, sin embargo, que puedan desarrollarse, en algunos sectores, brotes de xenofobia.Mientras, la crisis ya ha puesto en marcha a varias instituciones en los países receptores.

En el Perú se ha montado una oficina especial para tramitar los permisos de residencia. Colombia —donde cada día ingresan, para quedarse, más de 3.000— pone hoy día en marcha el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos, a cargo, nada menos, que de la Unidad Nacional para la gestión del riesgo de desastres. Precio tratarlo como “desastre”, pues lo es. Esta crisis humanitaria supera largamente la que se sufrió en los años ochenta con las guerras internas centroamericanas, pero el mundo no parece aún percatarse de que esta merece una atención internacional prioritaria, al menos en dos aspectos.

En primer lugar, en el ámbito del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que supo actuar, por ejemplo, ante la crisis humanitaria centroamericana en los ochenta o en apoyo al proceso de paz en Colombia, recientemente. ¿El derecho de veto en el Consejo por países aliados del régimen venezolano podría bloquear cualquier acuerdo? Eso dependerá del ejercicio de una diplomacia efectiva y de la puesta sobre el tablero de variables más amplias.

Todos perderían, incluso Rusia, en caso de un colapso total o de guerra civil en Venezuela. En segundo lugar, depende del papel de países receptores que, como Colombia o Perú, vienen haciendo una buena letra. Notable en comparación con algunos ricos países europeos que han cerrado sus fronteras ante los refugiados sirios. Pero nada excluye que se compriman los limitados recursos o que, incluso, surjan brotes de xenofobia.

Responder a esta crisis no puede ser responsabilidad sólo de los países receptores. Se trata de refugiados bajo la definición ampliada que se aprobó en Latinoamérica en 1984 y es un principio internacionalmente protegido que la comunidad internacional tiene una responsabilidad ineludible en la respuesta a esta explosión migratoria que ya genera tantas víctimas.

Esa presencia internacional aún está prácticamente ausente. Hay, por cierto, un papel y presencia más activa en la región de Acnur que hay que saludar. Las guías que han emitido van en muy buena dirección: evitar “que las personas sean deportadas o forzadas a retornar” y poner atención sobre “la explotación, la trata de personas, la violencia, el abuso sexual, la discriminación y la xenofobia”.

Pero no basta. Falta muchísimo más para concretar un papel realmente activo y vigoroso de la comunidad internacional.

 

Chile otorga visas para migrantes venezolanos – Infocifras.org – 9 de Abril 2018

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El presidente de Chile, Sebastián Piñera, firmó indicaciones al proyecto de ley de Migración y Extranjería, anunciando la nueva visa para los venezolanos que deseen asistir al país chileno.

Además, el gobierno chileno, está privilegiando a los profesionales extranjeros que posean post grados en Chile de las 200 universidades más prestigiosas del país.

Indicó que “tomando en consideración la situación que atraviesa Venezuela, país que acogió a muchos chilenos que buscaban refugio en sus fronteras“, Chile crea la “visa de responsabilidad democrática” la cual otorgará residencia temporal por un período de un año.

Este decreto, se regirá a partir del 16 de abril próximo y que deberá ser solicitada en el consulado chileno en Caracas. Además del permiso de un año, el cual es prorrogable, se podrá solicitar la residencia definitiva.

 

Pocetas por Ramón Peña – La Patilla – 9 de Abril 2018

Con estilo guasón el gobernante manifestó su aflicción por los venezolanos que limpian pocetas en el exterior. ¡Albricias! al fin encontró razón para afligirse. Hasta hoy nada lo había conmovido, ni los niños del JM de los Ríos, ni los trasplantados que agonizan, ni los escarbadores de la basura, ni los 70 muertos en la cárcel de Valencia, ni la pérdida de peso de los venezolanos, ni la malaria que azota el campo…

La miopía cerebral no le permitió lamentar la descapitalización humana que implica la diáspora. No lo trasnocha esa pérdida insustituible de conocimiento, que profundiza nuestro estado actual de atraso. Solo le alcanzó para recrearse en lo de las pocetas. Además era materia prima para deslizar la burlita, imitando el estilo de su predecesor.

Tampoco se percató de algo que la chispa criolla no demoró en apuntarle: que quienes con toda certeza sí limpian pocetas en el exterior, las de sus celdas, son los sobrinos presidenciales y lo harán durante una larga temporada sin recibir un dólar a cambio.

Esta infortunada intervención nos recuerda a un supremo limpiador de pocetas. El 18 de agosto de 2005, Hugo Chávez decretó y prometió limpiar ese gran retrete caraqueño que es el rio Guaire. Con su sobrada postura dominical alardeó: “¡Los invito a todos y a ti, Daniel Ortega –próximo Presidente de Nicaragua- a que nos bañemos en el Guaire el año que viene… celebraremos con un sancocho!” Se agenció un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo de 300 millones de dólares para darle calidad inodora al rio cloacal. Del uso y destino de esos biyuyos verdes poco o nada se conoce, porque los detritos siguen tan campantes. Reconozcamos, sin embargo, que hoy algunos bañistas honran la promesa del charlatán: los fantasmales ciudadanos que hurgan por su sobrevivencia sumergidos en las fétidas aguas de la poceta capitalina.

Prefiero lavar pocetas por Alberto Rial – El Carabobeño – 8 de Abril 2018

36941-150x150.jpgEmigrar es una aventura. Desde un simple acto de conveniencia hasta una fuga del infierno, entre esos dos extremos pueden situarse las decisiones de salir del terruño. Sea para llegar a una tierra extraña a trabajar, ganarse unos cobres y regresar próspero a la tierra de partida, o para salir de una situación insoportable. En el último caso, la gente no emigra, sino que escapa, como sucede en casos de guerra, genocidio, persecución o hambruna.

Los números gruesos hablan de más de 3 millones de venezolanos que han salido del país desde que el chavismo se instaló en el poder. El 10% de los habitantes, ni más ni menos. Casi la población de Caracas. Es decir, imaginemos que toda la gente que vive en la capital se fue y la dejó vacía. Como si el apocalipsis hubiera llegado a Santiago de León y hubiera acabado con la vida que una vez llenó la ciudad. Mientras, el señor Maduro, mostrando una sensibilidad digna de Mefistófeles, dice que los venezolanos estarían mejor en su país que lavando pocetas en el extranjero.

Los venezolanos emigrados forman un grupo diverso. Muchos salieron antes de la debacle, con un título profesional y hasta una oferta de trabajo en la mano, y hoy viven una vida relativamente cómoda, normal, en Canadá, México, España, Kuwait o Malasia. Otros salieron más tarde, ya con la crisis en marcha, y tuvieron que enfrentar los problemas de una salida apresurada: escasez de trabajo, residencia legal y el aderezo de la inevitable nostalgia. La emigración más reciente es ya una calamidad. La gente busca salir del infierno como sea, a donde sea y sin mirar atrás. Son las colas interminables de refugiados que se ven en las fronteras o los peñeros que salen a riesgo con la esperanza de llegar a Aruba o Curazao.

Un venezolano es presidente de una de las 5 mejores universidades del mundo. Otros tienen un sitio asegurado en el salón de la fama de las grandes ligas. Los hay que llevaron su talento y preparación a cientos de empresas petroleras alrededor del mundo. Pero también vemos doctores repartiendo pizzas, ingenieros sirviendo mesas y, sí, compatriotas lavando pocetas; así como mendigos y vendedores de calle, buscando la solidaridad que el régimen chavista hace tiempo dejó de brindarles.

El factor común de los emigrantes que huyen de esta ribera del Arauca es el hartazgo con un país que dejó de ser vivible, excepto para unos pocos miles de privilegiados –la mayoría, se imagina uno, enchufados- que tienen el dinero, las escoltas y el estómago para soportar lo que ocurre en Venezuela. El resto de los habitantes sobrevive, se encierra en su casa para que no lo quiebren los hampones o se muere de mengua. Definitivamente, lavando pocetas, con dignidad, se está mucho mejor.

 

Gobierno chileno propondría visa especial de residencia para venezolanos – El Pitazo – 6 de Abril 2018

Según registros de las autoridades chilenas, los venezolanos superaron el año pasado a los haitianos con 177.348 ingresos al país

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Con el fin de tener una migración segura, ordenada y regular, resguardando los derechos de los migrantes, el Gobierno chileno estaría estableciendo un proyecto de ley para que extranjeros tengan la facilidad de pedir visas para buscar trabajo en el país. Tendrían como plazo un año para encontrarlo, así como una visa especial de residencia para los venezolanos.

El diario local El Mercurio tuvo acceso al borrador de una minuta que confirma el esfuerzo del gobierno de Sebastián Piñera por establecer un mayor control a la migración. “La migración es una expresión de la libertad y responde a la búsqueda natural de mejores condiciones de vida”, señala el documento.

En el documento se establece la creación de una serie de visas a las que se postulará en el país de origen. La visa consular estaría destinada para ciudadanos haitianos, aunque por la vía de un Decreto Supremo, para así evitar un colapso consular en la capital de la isla caribeña Puerto Príncipe.

En paralelo a este requisito, el Gobierno lanzaría una visa humanitaria orientada a los isleños. Esto permitiría que las familias que ya cuentan con miembros que están viviendo en territorio chileno, no quedarán separadas por esta nueva política: se otorgarían alrededor de 10.000 cupos al año bajo el concepto de la reunificación. La continuidad de esta medida y de la visa consular para haitianos se evaluaría luego de tres años, según lo reseña el diario en su portal web.

En cuanto a los venezolanos, que, según registros de las autoridades chilenas, superaron el año pasado a los haitianos al contabilizar 177.348 ingresos al país, se estaría instaurando una visa de “responsabilidad democrática“, buscando sensibilizar la actitud del Gobierno frente a la crisis que atraviesa en la actualidad Venezuela. Se solicitaría en el Consulado y constaría de un permiso de residencia temporal.

Con respecto a las expectativas laborales, los extranjeros podrían solicitar un permiso para contar con un año de plazo para buscar trabajo en Chile, teniendo factores como su profesión y edad, los cuales podrían aumentar su “puntaje” con el fin de agilizar la entrega del documento.

Otras formas de permiso estarían en evaluación, en un proyecto de ley que solo espera por la firma del presidente Piñera para que sea enviado al Congreso para ser debatido.

 

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