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¿Cuántos migrantes y refugiados más podemos esperar de Venezuela? por Dany Bahar y Douglas Barrios – Brookings – 11 de Diciembre 2018

El éxodo de venezolanos por la crisis pone a prueba la hermandad con Colombia

El éxodo de venezolanos por la crisis 

Los venezolanos que han huido del país ya superan los 3 millones, con más de un millón en Colombia. Las autoridades colombianas han declarado que esperan que la cantidad de venezolanos en el país se duplique en los próximos 12 meses. Venezuela parece estar atrapada trágicamente en una perversa “trampa maltusiana” moderna, donde la falta de acceso a los alimentos es un determinante importante de la tasa de emigración. Las condiciones actuales son tan complicadas que incluso si el gobierno pusiera todos sus ingresos netos del petróleo—la principal y casi única exportación de Venezuela, que es de propiedad pública— para alimentar a los más necesitados, todavía habría una parte sustancial de la población cuyas necesidades calóricas básicas no serían cubiertas.

La herramienta que desarrollamos (abajo) muestra que, en función de los factores que determinan el ingreso extranjero de Venezuela (producción de petróleo, precio del petróleo y entradas de otras fuentes de recursos extranjeros, como remesas), el número total de migrantes y refugiados venezolanos en el mundo podría llegar a 8.2 millones. Nuestro cálculo incluye los 3 millones de venezolanos que ya están fuera del país. Si esto se materializa, la tragedia venezolana eventualmente superaría la crisis de refugiados sirios, como argumentamos en un post anterior. Leves cambios en las condiciones que definen la situación económica en el país pueden afectar significativamente el número esperado de migrantes y refugiados totales, como se puede ver a continuación.

The Venezuelan Exodus: How many more migrants and refugees might flee?

The United Nations recognizes that 3 million Venezuelans have already left the country given the ongoing humanitarian crisis. Use our tool and move the sliders below to estimate the totalnumber of Venezuelan migrants and refugees that we can expect in the near future, given slight changes in the country’s ability to provide for its own people, as determined by its income in terms of oil production, oil prices, and access to foreign resources (remittances or aid).

Parametros del modelo:

  • Producción petróleo : 1.17 MMBPD
  • Precio barril : 54 US $
  • Remesas/Ayuda : 2400 MM US$
  • Proyección migrantes : 8.2 MM personas equivalentes al 25.8 % de la población 2018

Nuestro escenario base refleja las condiciones actuales. La capacidad de producción de petróleo de Venezuela se ha derrumbado y, en noviembre de 2018, el país produjo 1.17 millones de barriles por día. El precio promedio del petróleo venezolano en noviembre de 2018 fluctuó entre $ 53 y $ 55 por barril; y, según algunas fuentes independientes, las remesas se estiman en $ 2400 millones por año. El modelo utiliza varias suposiciones que detallamos en este documento.

¿Cómo llegamos a estos números? Modelamos cuántas calorías se podrían importar si toda la moneda extranjera que ingresa al país se utiliza para importar alimentos para ayudar a la población necesitada. En nuestro modelo, esos recursos incluyen financiamiento gubernamental a través de los ingresos netos de las exportaciones de petróleo más recursos privados en forma de remesas. Además, el modelo asume que las importaciones de alimentos son eficientes: el país solo importa bienes que brindarán el mayor beneficio nutricional al menor costo posible, con los bienes asignados perfectamente de modo que cada individuo reciba lo suficiente para complementar su ingesta actual cubrir estándares mínimos nutricionales. Si el proceso en la realidad no fuere tan eficiente como suponemos, es probable que estemos subestimando los números.

Sin embargo, cualquiera que sea la suposición que usemos, una conclusión es clave: la situación actual en Venezuela es tan crítica que todos los recursos disponibles que fluyen en el país simplemente no son suficientes para importar todos los alimentos necesarios para complementar las necesidades nutricionales básicas de los venezolanos viviendo bajo la línea de pobreza. Nuestra estimación es que las personas cuyas necesidades calóricas mínimas no pueden satisfacerse bajo estas dinámicas eventualmente se verán obligadas a migrar.

Es importante tener en cuenta que éste es un modelo simple y no captura muchas dinámicas importantes. Por ejemplo, algunas de las personas que no pueden cumplir con los niveles mínimos de subsistencia podrían ser muy débiles como para hacer el difícil viaje que enfrentan muchos migrantes venezolanos. Alternativamente, la población restante que sí puede alcanzar los niveles de subsistencia no necesariamente tiene buena calidad de vida: de hecho, enfrentarían aún una inseguridad alimentaria, acceso limitado a la medicina y tratamientos médicos apropiados, además de represión política y actividades delictivas desenfrenadas. Por lo tanto, éste último grupo también podría migrar dada las circunstancias. En fin, éste modelo no pretende ser una estimación precisa de los flujos migratorios, sino más bien indicar su escala potencial.

Nuestra herramienta muestra que la situación puede empeorar rápidamente. Si la producción de petróleo sigue colapsando y alcanza un millón de barriles por día, sin cambiar ninguna otra variable, podríamos esperar que el número total de migrantes y refugiados llegue a más de 10 millones. Incluso si el precio del petróleo se recupera en 2019 a un nivel de alrededor de $60 por barril, lo que puede ser una estimación alta basada en las cotizaciones actuales de los precios futuros del petróleo, eso no sería suficiente para evitar un aumento significativo en la escala de la crisis migratoria.

Recientemente, las Naciones Unidas anunció una asignación de $9.2 millones de dólares en fondos de emergencia para Venezuela. Para revertir la catástrofe humanitaria que obliga a las personas a migrar, muestra nuestro modelo, se necesita ayuda a mucha mayor escala, probablemente en los miles de millones. Esto supone que cualquier cantidad de ayuda extranjera otorgada en un acuerdo con el gobierno venezolano, ya sea por $9 millones o cualquier otra cantidad, se utilizará para ayudar al pueblo de Venezuela y no se perderá en la corrupción característica del gobierno.

La crisis venezolana de migrantes y refugiados probablemente empeorará ante la ausencia de cambios que mejoren en Venezuela. Reconocemos la simplicidad de nuestro modelo y somos plenamente conscientes de que esta crisis se debe a muchos más factores que los que se incluyen en nuestra simple ecuación. Muchos otros factores son parte de lo que impulsa a cada individuo y su familia a dejar todo atrás y huir. Solo esperamos poder contribuir con una estimación para que la región se prepare de acuerdo con parámetros claves que determinan la profundidad de la crisis humanitaria de Venezuela, una tragedia creada por el régimen actual.

Nadie sabe lo que sufre un refugiado por Jurate Rosales – Revista Zeta – 11 de Diciembre 2018

Jurate-corto-600x317.jpgCuando fui a votar en las elecciones de concejales el domingo pasado, saqué mentalmente la cuenta de las familias que conozco y calculé cuántos miembros de cada familia todavía están en Venezuela para ir a votar. Mi cuenta fue que de cada familia, sólo quedan en Venezuela los ancianos (ni siquiera todos), mientras que el resto de grandes y numerosas familias se han ido en un esfuerzo para sobrevivir.

Así que mentalmente revisé la gente que conozco y que se ha ido, y me percaté que no había quien pueda votar, porque están fuera de Venezuela. La cuenta de los que se fueron salió tan abultada, que me impresionó. Al final, no encontraba ni una sola familia, donde algunos, o muchos, o todos, no se hayan ido. También me di cuenta que igual se van los hijos que vivían en un rancho de tablas, como el que creció en una mansión. La única diferencia es que unos se fueron a pie y otros con pasaje en vuelo comercial.

Después de ese ejercicio mental, no me sorprendí cuando escuché al alcalde de Chacao explicar que en tal o cual edificio, no recuerdo cuánto por ciento de los apartamentos están cerrados, sin ocupantes. Sé que esto es cierto: familias enteras los cierran, encargan a alguien de pasar de vez en cuando y se van, buscando escapar de las penurias y sobre todo – de la desesperanza.

Es algo que yo viví hace muchos años cuando nosotros también, los de mi familia, tuvimos que huir de mi nativa Lituania para no caer de nuevo en un sistema comunista. Ya habíamos vivido bajo el comunismo y sabíamos cómo era, ahora, nuevamente, con el avance del Ejército Rojo soviético, sabíamos que la situación era “o te vas, o te mueres de hambre y mengua, o terminas preso en un campo de concentración”. Estábamos en junio 1944. Recuerdo claramente cuando se armaron las maletas – justo lo que cada uno puede cargar en la mano – un poco de ropa, un puñito de fotos de la familia, bastante comida para aguantar el mayor tiempo posible y los documentos, empezando por la partida de nacimiento y los certificados de colegio, diplomas, reconocimientos. Recuerdo, como hoy, el momento cuando mi madre cerró la puerta de la casa y colocó la llave debajo de la alfombrita donde uno se limpiaba los pies antes de entrar. Después – más nunca.

Salimos en un tren repleto de mucha gente, familias, y todas cargaban el mismo sufrimiento y sus maletas eran como las de nosotras cuatro: éramos mi mamá, su hermana, o sea mi tía, mi hermanita menor y yo, de 13 años.

Cuando el tren pasó frente a una barrera que marcaba la frontera de Lituania, alguien lo dijo y se oyeron unos llantos. La gente lloraba.

Lo más grave era que todos, recuerdo que absolutamente todos, estábamos convencidos que pronto regresaremos. Pensaba que la casita nos estará esperando exactamente como la dejamos, que cuando estaremos de regreso, nada habrá cambiado, porque nos parecía imposible que la ocupación ruso-comunista pueda durar más de un año. Pues salimos en 1944 y esa ocupación soviética duró hasta el 11 de marzo 1990, cuando los propios lituanos, al precio de sacrificio de vidas, fueron el primer país de los que integraban la Unión Soviética, en declararse independiente.

Cuando hago memoria y me pregunto cómo logró la pequeña Lituania ser el primer país que inició el desmembramiento de la URSS, puedo dar fe personalmente, cómo pasó. En 1989 viajé de Venezuela a Lituania como periodista. Fui testigo presencial de que, pasadas tantas décadas, no había división entre gente del gobierno soviético y los que exigían el fin de ese régimen. Los únicos en ese momento en ser los “irreductibles” eran los de la diáspora, muchos ya ciudadanos de los países que los albergaron, pero llenos de rencores y deseos de castigar a todos los comunistas. En cambio, los que vivían en Lituania, se sentían unidos todos juntos para sacudir aquel modo de vida sin suficientes alimentos, sin comodidades, cuando el resto del mundo los tenían. Para llegar a esa unión, fueron necesarios dos cambios generacionales, varios millones de presos políticos que cumplieron sus penas y la convicción unánime de que todos por igual, desean otro tipo de vida.

Me pregunto cómo terminará ahora lo de Venezuela y lo primordial es que no tengan que esperar hasta que sus vidas se arraiguen en otras tierras, porque nunca – nunca – les desaparecerá el sufrimiento de la partida.

Cuando muchas décadas después, regresé de visita a Lituania, busqué la dirección y la casita donde mi mamá había dejado la llave bajo la alfombrita. Encontré la calle, el sitio, pero la casita que era de madera, chiquita, preciosa, no existía. Mamá y mi tía la habían dejado con todo lo que tenía adentro y me di cuenta que lo único que de todo eso me quedaba, era un recuerdo entre grato y doloroso.

Aconsejo a los venezolanos, unirse para no esperar tanto.

Cuando el médico te receta migrar para no morir: venezolanos con VIH ponen a prueba al sistema de salud en Perú por Mirelis Morales Tovar – ProDaVinci – 9 de Diciembre 2018

El médico le habló sin tapujos. “Si quieres vivir, te tienes que ir de Venezuela”. Era diciembre de 2017. Aquel día, Alfonzo sintió que su diagnóstico de VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humano) no sólo lo empujaba a la muerte con apenas 37 años, sino que también lo desterraba de su país. “Me quedé en blanco (…) Pensé en mi pareja, en la posibilidad de haberlo contagiado. Repasé mi historia. Los nombres de mis anteriores relaciones. Tuve mucho miedo”, recuerda.

En ese momento, no tenía cabeza para pensar que si conseguía tratamiento podía vivir con VIH y evitar caer en etapa Sida. Su doctor llevaba semanas descartando cuál podría ser el origen de su malestar. Todo comenzó con una molestia en la rodilla. Luego vino el dolor en sus testículos. A las dos semanas, se le hincharon los pies. Pensaron en diabetes o en problemas circulatorios. Hasta que le apareció un herpes en la pierna y su médico le hizo la prueba de VIH que resultó positiva.

Lo vieron 10 especialistas. El panorama no era alentador. Requería hacerse un recuento de las células CD4 (glóbulos blancos que ayudan a organizar la respuesta del sistema inmunológico) y un estudio de carga viral, para detectar la cantidad de VIH en la sangre. Pero los laboratorios privados en Venezuela los cobran en dólares y Alfonzo ganaba tan solo 2 salarios mínimos como administrador, el equivalente a 4 dólares.

“Me angustiaba pensar que no iba a conseguir las medicinas”, dice. “Aparte, me estaba alimentando mal. Ya mi sueldo no me alcanzaba. Perdí 15 kilos”.

Sus pies, mientras tanto, seguían hinchados. Se tornaron púrpura. Pero no había manera de saber qué tenía por falta de reactivos. Su médico le volvió a insistir que se fuera. Le consiguió bajo cuerda dos meses de antirretrovirales y le sugirió irse a Argentina. Alfonzo buscó entonces información sobre países que brindaran tratamiento gratuito. En el camino, vendió todo. Pero una subida del precio del dólar en el mercado negro redujo sus ahorros a 600 dólares y Perú se convirtió en su destino final.

El sábado 24 de febrero llegó a Lima. Deshidratado, con los pies hinchados y el dinero justo para un mes de hospedaje y comida. Necesitaba ponerse a trabajar. Pero su prioridad era su tratamiento. El lunes tocó la puerta de la ONG SIDAVida, quienes lo llevaron a un hospital. Al día siguiente, logró hacerse el conteo de CD4, que le reveló que estaba en etapa Sida por tener un conteo de 150 glóbulos blancos cuando lo normal es 1.000. Le siguieron las consultas y al mes obtuvo su tratamiento.

“Sentí tanto alivio… Tuve la sensación de que ahora sí había un mañana”.

En Venezuela no hay datos certeros ni actualizados. La última cifra de la Organización Panamericana de Salud (OPS) revela que para 2016 había 120,000 venezolanos con VIH y 71,000 estaban en tratamiento. El Estado es quien les suministra los antirretrovirales de forma gratuita. Una responsabilidad que asumió forzosamente, después que un tribunal dictara, en julio de 1999, una orden favorable a las personas con VIH.

“Venezuela ocupó los primeros lugares en atención a los pacientes con VIH”, afirma Alberto Nieves, director de Acción Ciudadana contra el Sida. “Pero, desde 2010 aparecemos en los informes de la OPS como el país con mayor desabastecimiento de la región. En abril de 2017 fue el último reporte de compra de antirretrovirales. A la fecha, tenemos más de 58,000 personas que carecen de medicamento”.

El desabastecimiento de antirretrovirales en el país que está sumido en una profunda crisis económica, ronda el 90%, lo que significa una sentencia de muerte para los venezolanos con esta condición. Frente a la escasez, muchos hacen uso intermitente de las pastillas, dosifican su inventario, toman el tratamiento de manera incompleta o, incluso, vencidos. Una práctica que tiene riesgo de generar resistencia y comprometer la efectividad.

Emigrar es la única salvación. Una opción forzosa a la que ha recurrido al menos 3 millones de venezolanos en los últimos dos años, como consecuencia del hambre y la hiperinflación.

Los pacientes con VIH acuden a Perú por ser uno de los países que garantiza el tratamiento de forma gratuita. Los primeros casos se presentaron a partir de 2017. En ese entonces, el Ministerio de Salud reportaba 200 venezolanos en tratamiento. Este año, se contabilizan 1,179 personas, de acuerdo con Byelca Huaman, representante del equipo técnico de la Dirección de Control de VIH del Ministerio de Salud.

Las ONG que trabajan a favor de las personas que viven con VIH y Sida en Perú, sin embargo, calculan que debe haber al menos 8,000 venezolanos con esa condición en el país. Incluidos, mujeres y niños.

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A Julio le diagnosticaron VIH cuando ni siquiera había cumplido la mayoría de edad. “Era un chamo. Vivía muy liberal”, dice ahora a sus 34 años. La enfermedad se le manifestó con infecciones bucales e inflamaciones en las amígdalas. Las afecciones eran recurrentes. Así que su doctora le recomendó hacerse la prueba y salió positiva.

Su condición, hasta entonces, era estable. Con episodios de enfermedades oportunistas que pudo combatir. Pero, a principio de este año, la escasez de medicamentos arreció. Así que comenzó a tomar el tratamiento de forma intermitente. Empezó a perder masa corporal. Tuvo brotes de herpes dos veces al mes. Hasta que le dio neumonía.

“Sentí miedo de morirme”, cuenta. “Un amigo ya había fallecido. Otro se fue a Colombia porque estaba muy deteriorado. Así que mi pareja y yo decidimos irnos a Perú”.

Llegaron a Lima el 17 de marzo de 2018. Tres días después estaban en las oficinas de la ONG AHF Perú. Un vinculador lo encaminó en el proceso de las consultas médicas y los exámenes. Incluido el conteo de CD4 y la carga viral, que no había podido hacérsela desde hace dos años. Los costos corrieron por cuenta de la ONG. Y ese día recibió tratamiento para dos semanas.

Los problemas vendrían después. El cambio de clima le generó una bronconeumonía que lo dejó en cama. No tenía ahorros. Solo traía lo justo para renta y comida. Su mejor opción era ingresar al Sistema Integral de Salud (SIS), que garantiza el pago de gastos médicos a las personas de pobreza extrema y condición vulnerable previa evaluación socioeconómica. Sin embargo, el Permiso Temporal de Permanencia (PTP) que otorga Perú a los venezolanos no permite el acceso a este beneficio.

Mes y medio le tomó obtener el carnet de extranjería como persona vulnerable. Un proceso demorado y costoso. Al SIS gratuito, todavía no ha podido acceder.

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César Gálvez, presidente de la ONG Illari Amanecer, viene acompañando desde julio de este año a los venezolanos con VIH que buscan ayuda en Lima, donde se concentra 74% de los casos. Cada vez que se encuentra con alguno le sorprenderle el deterioro físico con el que llegan tras seis meses o más sin tomar el tratamiento. Ya cuenta cinco jóvenes que han fallecido por complicaciones asociadas al Sida. En total, las ONG registran ocho muertos. El Ministerio de Salud solo habla de 4.

“No quiero contar un muerto más”, afirma Gálvez.

Las trabas burocráticas y la discrecionalidad en los tiempos de respuesta hacen que una persona con esta condición le tome hasta tres meses el ingreso al sistema de salud público de Perú. Un tiempo que para estos pacientes resulta demasiado riesgoso.

Hasta hace tres años, el ingreso de las personas con VIH al SIS era automático. Pero la norma se suspendió. Nadie se explica por qué. Ahora, existe un proyecto de ley para exigir su reanudación, según explica Marlon Castillo, director de la ONG Givar. Pero se requiere un presupuesto de 50 millones de dólares para su implementación durante los próximos tres años. Una vieja deuda que tienen el Estado con 72,000 peruanos con VIH.

La sociedad civil se mantienen presionando porque sabe que la llegada de los venezolanos en condición crítica de salud no se detendrá. Y el Ministerio de Salud de Perú lo reconoce. “Para el año que viene se tiene previsto un ajuste adicional de 10% para la compra de medicamentos antirretrovirales en respuesta a este crecimiento de la demanda”, afirma Huaman.

Pero no se trata solo de presupuesto. “Para atender estos casos de VIH se requiere una respuesta multisectorial”, afirma Alberto Stella, director de ONU Sida Perú. “Ser creativos para promover la prueba, porque tenemos personas que podrían tener VIH y no lo saben. Necesitamos un trabajo en los albergues para evitar la discriminación, agilizar los procesos migratorios y hacer un estudio de resistencia a la población. Hay que garantizar una estructura adecuada para permitirles a los venezolanos acceder al derecho a la salud”.

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Tras su llegada a Perú, los pies de Alfonzo no mostraban mejoría. Necesitaba que lo viera un dermatólogo, pero le resultaba difícil conseguir una cita en el hospital. Cinco meses después, un especialista lo evaluó y le practicó una biopsia. El resultado: positivo. Tenía Sarcoma de Kaposi, una lesión en la piel que suele afectar a las personas con deficiencias en el sistema inmunológico.

“Ya había asimilado que tenía VIH. Ahora, cáncer. Otra condición de salud crónica. Fue rudo. Pero si estuviera en Venezuela, no lo estaría contando”, afirma.

En Perú, no se veían casos de Sarcoma de Kaposi desde los años 90. Su reaparición en los pacientes venezolanos con VIH ha sido una señal para los médicos peruanos del deterioro de la salud en Venezuela.

“En los años 90 yo trabajaba en una clínica en Villa Salvador con pacientes VIH”, recuerda el doctor José Luis Sebastián, coordinador de la ONG AHF Perú. “En los 90, aquí no había tratamiento. Llegó en 2004. Así que cuando me topo con estos casos siento mucha pena. Es frustrante, porque pensábamos que nunca más íbamos a ver a personas en esas condiciones y lo estamos viendo de nuevo”.

Julio Rondinel , director de la ONG Ccefiro, asegura que en Perú habían superado los casos en etapa Sida. Las muertes de pacientes con VIH en Perú, explica, se producen por abandono de medicinas, por síndrome metabólico o por efectos emocionales. Por tanto, la llegada de los pacientes venezolanos con VIH en condiciones de deterioro físico, sin recursos y con exceso de estrés supone un nuevo reto para el sistema de salud.

“El VIH es un problema de salud pública. Hay que ofrecer protección social, garantía de trabajo y condiciones de vida apropiadas que les permita sobrevivir a la enfermedad. De ahí que nos vemos en la obligación de pensar en un corredor humanitario”, comenta Rondinel.

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Martes 20 de noviembre de 2018. Hora: 4 de la mañana. Alfonzo espera a las afueras del Hospital Cayetano Heredia para anotarse en una lista y conseguir una cita para una endoscopia. Es su intento número 10. Va bien abrigado para no resfriarse. Mientras aguarda, un señor de edad avanzada que está en la fila comenta a viva voz: “Todas las venezolanas que llegan a Lima tienen Sida”.

Alfonzo se contiene. El hombre hace referencia a una información falsa que se corrió en redes sociales y que decía que 70% de las venezolanas en el país tenían Sida. Los comentarios discriminatorios y con contenido xenófobo se multiplicaron. “Han venido a quitarnos los medicamentos”, se leía. Las fuentes oficiales lo desmintieron. Pero el mensaje caló.

Aún así, muchos saunas clandestinos buscan exclusivamente migrantes de esa nacionalidad para trabajar. En la entrevista, los desnudan, los hacen ver pornos para observar su erección y los ponen a desfilar en bóxer para seducir a los clientes. Julio da fe de ello. Nunca pensó en prostituirse. Lo hace por necesidad. Y nadie le preguntó si tenía VIH.

“Lo que tú hagas con tu culo, es tu responsabilidad”, fue la única advertencia.

Emigrar hacia la muerte: Venezolanas asesinadas en Latinoamérica – Venezuela Awareness – 5 de Diciembre 2018

Diciembre 5,2018.- Más de 40 casos de venezolanas asesinadas en el exterior han sido reportados por distintos medios de América Latina en el último año y medio. Las jóvenes huyeron de la debacle económica en Venezuela, que se ha agudizado bajo el régimen de Nicolás Maduro, lejos de imaginarse el fatal destino que les esperaba.

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el Nuevo Herald

@elnuevoherald

🎥 Génesis, Andreína, Wendy, Kenny, Lorena y Rosamar. Como ellas, decenas de jóvenes venezolanas fueron asesinadas en América Latina en el último año y medio https://hrld.us/2RBlvXF  @soniaosoriog @catalinaruiz

Una asociación de Bilbao ayuda a migrantes venezolanos en Euskadi por Aitor Zabaleta – ETB – 6 de Diciembre 2018

Son los venezolanos quienes encabezan las y la Asociación Tierra de Gracia habla sobre los grandes retos que tienen los migrantes venezolanos en

Dos millones y medio de venezolanos han abandonado el país empujados por la crisis económica. En los últimos tres años, han llegado 3.000 a Euskadi.

Para ver el video acceda al siguiente enlace:

Las peticiones de asilo se desbordan en Gipuzkoa durante los últimos dos años por Aiende Jiménez – Diario Vasco – 2 de Diciembre 2018

Las peticiones de asilo se desbordan en Gipuzkoa durante los últimos dos años

Este incremento y la falta de personal colapsa las comisarías, donde ya se da cita para dentro de un año. La causa principal es el aumento de solicitudes de venezolanos, un tercio del total, aunque también habría migrantes en tránsito que realizan el trámite.

Los flujos migratorios cambian constantemente. En su desarrollo intervienen diferentes factores, principalmente los conflictos políticos y económicos de los países emisores, que provocan la migración de muchos ciudadanos, y también la variación en los territorios de destino, dependiendo de su cercanía fronteriza con el país emisor y de su vinculación con el mismo por razones culturales, como el idioma.

En los últimos años, Euskadi está siendo testigo y parte de dos fenómenos que han generado un gran aumento en las llegadas de inmigrantes. Por un lado, aquellos que provienen de la África subsahariana y que llegan al Estado cruzando el Estrecho en condiciones deplorables. Son los llamados migrantes en tránsito, que recalan en la CAV, y más concretamente en Gipuzkoa, como parte de su ruta migratoria por la cercanía con la frontera francesa, ya que el objetivo final de la mayoría es llegar a otros países del norte de Europa. El segundo caso es el de los extranjeros que solicitan protección internacional o asilo en alguno de los tres territorios vascos, unas peticiones que se han disparado en los dos últimos años y que han generado un colapso en la resolución de las tramitaciones.

Antes del año 2014, Euskadi registraba algo más de medio centenar de solicitudes de asilo anuales, apenas una decena en Gipuzkoa. A partir de ese año las peticiones aumentaron de manera considerable, la mayoría provenientes de Siria, donde el estallido de la guerra obligó a sus habitantes a huir a otros países en condición de refugiados.

Las cifras

970 solicitudes de asilo se registraron en Euskadi en 2017, de ellas 121 en Gipuzkoa, según los datos del Ministerio del Interior.
100 plazas ampliables dispone el recurso residencial abierto por el Gobierno Vasco en Oñati para demandantes de asilo.
Sin embargo, han sido los dos últimos años cuando esas solicitudes se han disparado, aunque en este caso el foco del flujo migratorio es Venezuela. La crisis socioeconómica y política que afecta al país latinoamericano ha provocado la salida de muchos ciudadanos que eligen España y Euskadi por el idioma y por la gran comunidad latina que tienen asentada desde hace años.

Tanto es así que actualmente el 33% de las solicitudes de asilo recibidas entre 2016 y 2017 corresponden a personas de nacionalidad venezolana, según datos de Ikuspegi, el Observatorio Vasco de la Inmigración. En Gipuzkoa, estas peticiones se han multiplicado por siete en los dos últimos años: De las 17 en 2015, se ha pasado a 99 y 121 de 2016 y 2017, respectivamente, tal y como revelan fuentes del Ministerio del Interior, responsable de la gestión de la acogida de personas extranjeras. Un crecimiento que ha sido paralelo al de Euskadi, donde en 2015 se recibieron 163 solicitudes, 500 en 2016 y 970 en 2017. Y esta tendencia al alza se mantiene este año, ya que Interior confirma que a 31 de agosto se habían recogido 34.861 peticiones en todo el Estado, una cifra que ya supera al total de 2017, que fueron 31.740.

Comisarías colapsadas

Debido a este incremento, se está dando en Euskadi un colapso en las comisarías de la Policía Nacional encargadas de gestionar este servicio. El problema, indica Patricia Bárcena, directora de CEAR Euskadi, es que «los recursos institucionales, funcionariales y de acogida no han crecido proporcionalmente al número de solicitantes de protección internacional». Una falta de medios que reconocen desde el Ministerio del Interior que el pasado mes de julio aprobó un decreto-ley «para dar respuesta al desafío de los nuevos flujos migratorios, con la incorporación urgente de un total de 323 plazas adicionales a las de la Oferta de Empleo Público». De ellas, 231 se destinaron a «mejorar los procedimientos que en el ámbito de asilo gestiona el Ministerio del Interior, en materia de reconocimiento del derecho de asilo y otras figuras análogas de protección», y las otras 92 «para reforzar los procedimientos que en el ámbito de las migraciones gestiona el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social».

No obstante, Bárcena asegura que ese aumento del personal sigue siendo insuficiente para atender la gran demanda que existe actualmente. «No dan abasto», resume. Mientras esos funcionarios se van incorporando a la red, en Euskadi hay más de 250 solicitantes de asilo que no reciben acogida por la saturación que existe en la resolución de dichas tramitaciones. Y no solo eso. A quien registra una nueva petición se le cita para el año siguiente. En el caso de Gipuzkoa, hay lista de espera hasta septiembre de 2019.

Denegaciones

Además, el número de concesiones firmadas no está creciendo al mismo ritmo que entran las solicitudes. Así lo asegura Gorka Moreno, director de Ikuspegi, quien señala que el Gobierno español está desestimando prácticamente la totalidad de las peticiones realizadas por personas de nacionalidad venezolana. Cabe explicar que las peticiones de protección internacional se dividen en dos tipos. El derecho de asilo, que se concede a los refugiados, y la protección subsidiaria, que se otorga a los extranjeros que no son refugiados, pero se encuentran en determinadas situaciones de riesgo y no pueden regresar a su país de origen. En este segundo supuesto se incluirían a los solicitantes venezolanos, aunque el Estado les está denegando esa protección. «En el caso de los sirios, España sí aceptó su condición de refugiados, pero aquí se ha decidido que la gente que proviene de Venezuela no está en una situación de riesgo y de amenaza, y que por lo tanto, no cumplen los requisitos para poder acceder a la protección subsidiaria», afirma Moreno.

Detrás de ese aumento de las peticiones de asilo en Gipuzkoa podría estar también la estrategia que están utilizando algunos migrantes en tránsito para no ser devueltos a su país de origen. Hace semanas que la Red de Acogida Ciudadana de Irun empezó a constatar este hecho, ya que si realizan ese trámite no pueden ser expulsados hasta que sea resuelto, lo que les da un margen de 3 o 4 semanas para reunir dinero y volver a intentar cruzar hacia Francia. En todo caso, el director de Ikuspegi asegura que ese número de solicitudes no son «suficientemente considerables» como para señalarlas como causa del aumento de las peticiones de asilo.

Ante esta situación, el Gobierno Vasco decidió tomar partido creando un nuevo recurso en Oñati para prestar cobertura a las personas extranjeras que se encuentren a la espera de tramitar su petición de asilo. El centro, con 100 plazas ampliables en caso de demanda y gestionado por CEAR, tiene como objetivo «facilitar la cobertura de alojamiento, orientación y derivación a personas y familias solicitantes de protección internacional o apátrida, que están a la espera de que su situación se vea clarificada». Aunque el tiempo de estancia establecido será de tres meses, este podía verse reducido o ampliado «en función de criterios técnicos», que dependerán, entre otros aspectos, de los plazos de espera que tengan las personas que sean acogidas para tramitar su petición de asilo.

Embajador de España en Caracas: Al menos 25 mil españoles dejaron Venezuela en 2018 – La Patilla – 29 de Noviembre 2018

Jesús Silva Fernández. Foto: Archivo / EFE

 

Al menos 25.000 ciudadanos españoles han abandonado durante el último año Venezuela -país que atraviesa una severa crisis política y económica- dijo hoy el embajador de España en Caracas, Jesús Silva Fernández.

“Actualmente tenemos casi 200.000 españoles que aún residen en Venezuela, aunque solo en el último año se han ido 25.000 por lo cual es una cifra que está disminuyendo”, dijo en una entrevista divulgada hoy por el canal privado Globovisión.

En octubre pasado, Silva Fernández había informado que España destinó 15 millones de euros para asistir a sus ciudadanos en Venezuela.

El diplomático español no señaló los motivos por los que sus connacionales dejaron Venezuela, aunque sí indicó que la presencia de venezolanos en España “está creciendo”.

“En España calculamos que deben ser unos 300.000 (los venezolanos), que se han integrado perfectamente, muchos de ellos con doble ciudadanía o con ascendencia española, pero se han integrado muy bien”, dijo.

Venezuela atraviesa una grave crisis económica, que se expresa en escasez generalizada e hiperinflación, un indicador que el Fondo Monetario Internacional estima que cerrará en 2.500.000 % este 2018 en la nación petrolera.

La crisis también afecta de manera significativa la prestación de los servicios públicos en Venezuela, donde son comunes los cortes no anunciados de luz y agua.

Silva Fernández también recordó que la presencia económica de España en Venezuela es “muy importante”, y que son “muchas” la empresas de este país que siguen apostando por Venezuela.

“Son empresas donde el 99 % son empleados venezolanos y por tanto son, sobre todo, empresas que contribuyen a la riqueza y prosperidad de Venezuela”, añadió.

El embajador reconoció que entre los dos países hay “discrepancias”, pero que ambos gobiernos saben “dialogar y trabajar” en acuerdos constructivos para “encauzar” las diferencias.

En enero pasado, las relaciones entre España y Venezuela se enturbiaron a raíz de las sanciones acordadas por la Unión Europea contra siete altos funcionarios venezolanos.

El 25 de ese mes el Gobierno venezolano declaró persona no grata al embajador español por las “continuas agresiones y recurrentes actos de injerencia” del Gobierno de España en los asuntos de Venezuela, y le dio un plazo de 72 horas para abandonar el país.

Al día siguiente el Gobierno español hizo lo mismo con el embajador de Venezuela en Madrid, Mario Isea.

Pero las relaciones entre ambos estados se recompusieron en abril pasado con el retorno de los embajadores “sobre la base del respeto, del diálogo” y de la comunicación, según informaron entonces los dos países.

El emotivo viaje de Luis Chataing y Nelson Bustamante a la frontera – Noticia al día – 29 de Noviembre 2018

El humorista venezolano Luis Chataing y el periodista Nelson Bustamante fueron hasta la frontera colombo-venezolana para dar donaciones a los emigrantes venezolanos.

Nelson y Luis se detuvieron en Cúcuta para conversar con los venezolanos que iban cruzando el helado Páramo de Berlín, el cual tiene muy bajar temperaturas, pero sin impedimento alguno para seguir su rumbo hasta Perú o Ecuador.

Hay un material audiovisual que resultó muy emotivo para los seguidores de estos dos, iban subiendo al Páramo cuando se encontraron con un joven que iba hacia Perú, y apenas vio a Luis Chataing se puso a llorar, explicándole que había dejado en Venezuela a su mamá y su hermanita.

“Vivo en Barquisimeto… Voy a Perú, tengo un primo que me está dejando de allá”, “Dejé en Venezuela a mi mamá y a mi hermanita”, con lágrimas en los ojos expresó el muchacho venezolano

Más tarde subirían más vídeos documentando toda su experiencia con los emigrantes venezolanos en la frontera.

En Colombia, agentes venezolanos se estarían infiltrado en albergues por Sabrina Martín – Panampost – 22 de Noviembre 2018 

Las autoridades hablan de por lo menos tres integrantes de la Fuerza Armada de Venezuela.

Migración Colombia emitió un fuerte comunicado en el que señaló en el que también hace referencia a la posible presencia de miembros de colectivos chavistas (EFE)

Agentes militares de Venezuela se habrían infiltrado en albergues para migrantes en Colombia. De acuerdo con Noticias Caracol, al menos cinco de quince venezolanos que fueron expulsados por Colombia tendrían documentación falsa, y tres de ellos serían miembros de la Fuerza Armada de Venezuela.

Todo inició cuando recientemente se dio una protesta y disturbios en un albergue en Colombia por la repartición de alimentos. La manifestación terminó de manera violenta y con en enfrentamiento con los cuerpos de seguridad de ese país. El resultado: la expulsión de 15 venezolanos.

Migración Colombia@MigracionCol

“Hemos encontrado algunas incoherencias frente algunos hechos que se presentaron durante protagonizados por algunos ciudadanos venezolanos en el albergue “El Camino” en Bogotá” Christian Krüger, Director de @MigracionCol durante rueda de prensa en la ciudad de Cúcuta

Durante las investigaciones, las autoridades colombianas descubrieron que entre los involucrados había funcionarios de la Fuerza Armada de Venezuela, y con ello surge la hipótesis de que se infiltraron para causar destrozos entre los migrantes.

Christian Krüger, director de Migración Colombia, señaló que la situación fue “bastante extraña”  y afirmó que existe la información de “personas que quieren sabotear”.

No quiero adelantarme a los hechos, pero sí hay muchas coincidencias que nos llaman la atención, pues por lo que dicen los habitantes que están en ese albergue temporal, igualmente como se presentaron los hechos, al momento en que se presentaron, eso nos da entender que es un grupo que pretende sabotear.

Ante la situación, este jueves 22 de noviembre Migración Colombia emitió un fuerte comunicado en el que también hace referencia a la posible presencia de miembros de colectivos chavistas.

“Hemos iniciado, con las demás autoridades, una serie de investigaciones que nos permitan ubicar la totalidad de estos extranjeros, pues no permitiremos que unos cuantos dañen todo el trabajo que vienen adelantando los Alcaldes y el Estado colombiano por asistir al pueblo venezolano que lo necesita”, señala el comunicado.

Asimismo, el organismo pidió a los ciudadanos colombianos “no estigmatizar” a los venezolanos:

A los colombianos les pedimos no estigmatizar, pues no todos los venezolanos vienen a hacer daño. Mientras que a los venezolanos les pedimos que nos ayuden a dar con estas personas que buscan acabar con la imagen de un país que agoniza.

Respecto a la documentación falsa que portaban varios de los venezolanos expulsados, el jefe de la autoridad migratoria colombiana aseguró que esta situación se presentó en al menos cuatro casos y que al respecto dio instrucciones para que, a nivel nacional, se intensifiquen las labores de verificación de los extranjeros.

De acuerdo con el diario El Tiempo, durante el 2018 han sido expulsados de Colombia 371 venezolanos por considerar que son un riesgo para la seguridad nacional, el orden público o la tranquilidad social.

Los últimos venezolanos que fueron expulsados, de acuerdo con Migración Colombia, fueron 7 de los 15 ciudadanos de ese país que protagonizaron desmanes dentro del albergue El Camino, en Bogotá. El resto de ellos quedó en poder de las autoridades colombianas para ser judicializados por el intento de fuga, una situación ocurrida durante su traslado a la zona de frontera este miércoles.

Según la entidad, los extranjeros capturados podrían enfrentar penas entre 4 y 8 años de prisión al comprobar su responsabilidad en estos hechos, que dejaron a un funcionario herido.

Un colador: Maduro facilita emigración de criminales 

Daniel Blanco, periodista especializado en sucesos, descartó la hipótesis de que exista una “política de Estado de Venezuela de enviar criminales”, sin embargo, agregó que sospecha que hay una “política de puertas abiertas donde los delincuentes están saliendo sin que sean verificados sus registros policiales o antecedentes penales.

De acuerdo con el especialista en sucesos, “la peor ola criminal la está recibiendo Colombia”. “Ahí está la delincuencia organizada, los colectivos armados que se quedaron sin trabajo y sin dinero en Venezuela; hay paramilitares que ya no tienen qué comer y deciden emigrar. Los delincuentes que se han visto afectados de una u otra manera por la crisis están ahorita en Colombia, luego los que tienen un poco más de dinero llegan a Ecuador y otros a Perú “, señaló.

Por su parte, Fermín Mármol, abogado criminalista, le dijo al PanAm Post que desde el punto de vista criminológico, Venezuela es considerado un “país colador”.

“Venezuela no tiene la fortaleza institucional como para impedir el ingreso y egreso de personas indeseadas, como los relacionados con el tráfico ilegal de drogas, de armas, el tráfico de municiones”, señaló.

En 2014 ya habíamos advertido la emigración de la criminalidad violenta venezolana, al Mar Caribe,  Panamá, Colombia. Y al día de hoy sabemos que ha llegado a Estados Unidos y al Cono sur.

El abogado criminalista explicó que generalmente las corrientes migratorias no son planificadas y por ello es difícil establecer un control migratorio.

“Venezuela no impide el ingreso de minerales, de piedras preciosas, no frena el control de personas solicitadas por la justicia, razón pues por la que han emigrado profesionales huyendo del socialismo, y también personas que realmente pretenden exportar modus operandi criminales”, agregó.

Mármol explicó que todo esto sucede porque el país gobernado por Maduro tiene altos índices de impunidad. “En Venezuela de cada 100 delitos se castigan a los sumo 8; la impunidad ronda el 92 %. El déficit de policías uniformados con verdaderas labores de patrullaje supera el 80 %, y el déficit de policías de investigación criminal ronda el 300 %. El déficit de fiscales que realmente se dediquen al procesamiento judicial supera el 50 %, el de jueces penales supera el 40 %. Es lógico suponer que en un país con altos niveles de impunidad los criminales buscarán exportar sus métodos”, señaló.

Tres millones por Ibsen Martínez – El País – 19 de Noviembre 2018

Esa cifra es el aporte de Venezuela a la última calamidad del continente: la migración forzada de grandes contingentes

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Tres millones de emigrantes venezolanos. Tres millones de seres humanos, según la ONU, forzados por el socialismo del siglo XXI a dejar Venezuela, en la mayoría de los casos a pie, echando los niños por delante y los viejos y toda la impedimenta al hombro. La alternativa es morir de mengua.

¡Tres millones son tantos destinos personales!, demasiados como para que se hagan verdad los términos de cierta retórica optimista, esa que, alentadora, quiere ver en cada desplazado un “emprendedor”, un embajador de mitológicas virtudes morales, de vigencia permanente que indefectiblemente harán salir adelante al infeliz del chándal y la gorra tricolor orlados de estrellas.

Con ser sobrecogedor verlos desde el aire, captados por un dron en apretada muchedumbre y sobre un puente fronterizo, nada nos prepara ya para los encuentros “en corto” que la demasiada humanidad dispersa por todo el continente nos reserva cada día.

Noches atrás, en Bogotá, terminaba yo de cenar en un sitio no precisamente del circuito gourmet, apenas un muy concurrido local de comida costeña en Chapinero, cuando una chica de belleza insoslayable, espigada y muy alta, provista de un violín eléctrico Kinglos, entró al mesón, saludó en silencio y con gran ceremonia a los comensales, y comenzó a tocar deslumbrantemente el Tamborín chino, opus #3, de Fritz Kreisler, una de esas piezas breves que suelen rematar los recitales.

Vestía tejanos, una chaquetilla entallada y corbata ancha anudada a la sans façon. Luego, acompañada de un estéreo portátil puesto en el suelo, atacó tópicamente la Meditación, de la ópera Thaís, de Massenet. Sus incursiones se limitan a eso, a dos breves encores. No pasa el sombrero porque trata directamente con los propietarios. Se trata del tigre — trabajo ocasional, en venezolano— con que redondea el fin de semana.

Nació en Barquisimeto, Estado Lara, tiene 28 años y de día trabaja en la central de llamados de una proveedora de servicios de salud. Aunque se formó en el afamado Sistema Nacional de Orquestas, tiene la peor opinión del mismo. Su meta inmediata es Buenos Aires, donde su exmarido lidera una panda de músicos venezolanos que se le miden a todo. Tienen planes. Por ahora junta dinero para el tiquete aéreo, “porque por carretera, ni loca, mucho malandro venezolano dándoselas de refugiado sirio”. Contempla pasar las fiestas de fin de año en Argentina; después, ya se verá.

La prensa suele traer declaraciones de gente muy docta —economistas y sociólogos— que dibujan, me parece que en el aire, aunque con muy buena intención, halagadoras perspectivas y planes de recuperación para la Venezuela “del día después de Maduro”.

Esos planes invariablemente presuponen que la emigración más calificada tornaría al país tan luego ocurra un cambio de gobierno. Es un decir bastante vallejiano: si ocurre. Nuestra violinista no ve las cosas así. “Venezuela y yo estamos chao: cada uno por su lao”. Quiere otra vida, lejos.

Opina que los venezolanos más “pelabolas” —con menos recursos, en criollo— del contingente migratorio van camino de ser los gitanos del hemisferio sur, según los pinta la imaginación más denigratoria de esa etnia. “Una plaga que materialmente no sabe ni quiere hacer nada. Tumban lo que encuentran mal estacionado. Para eso no hay ACNUR ni mandrakes sin frontera. Dos millones de pedigüeños, ¡a eso hay que verle la cara! Ahorita los ven a todos muy jodidos y sí, cómo no, los refugiados de la carretera, pero los van a odiar, yo que te digo. Eso sí: yo no tengo nada que ver con esa gente, ¡ni de vaina! Yo, muy aparte. Cuando me oyen hablar y me preguntan de dónde soy, digo que nací en Belice de padres costarricenses. Por eso el acentico”.

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