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La huida por Ender Arenas – El Nacional – 18 de Julio 2019

Ender Arenas

A veces uno se levanta con ganas de abandonar el país. Uno lo piensa, lo repiensa. Uno se dice para sus adentros: Bueno, he llegado a los 60, y uno se pregunta si valdrá la pena instalarse en otro país en condiciones precarias y sin trabajo, o en uno que no tenga nada que ver con lo que siempre ha sido y ha hecho.

Sí, producimos miedo, no tanto porque somos diferentes. Pues, qué tan diferentes podemos ser de un barranquillero o de los habitantes de Lima (aunque en honor a la verdad, los peruanos son bastantes más feos); en verdad damos miedo por nuestra pobreza. Donde vamos, por esta razón o por cualquier otra ligada a la miseria que llevamos con nosotros, enseguida nos vinculan con el desorden, la prostitución, la delincuencia, en suma, con el peligro.

Todos los días se coloca en las redes sociales videos donde es común el acoso violento del que son objeto los venezolanos. Recientemente, una diputada panameña se desgañitaba introduciendo una ley migratoria excluyente de los extranjeros (léase, venezolanos). La xenofobia, que es realmente un movimiento espontáneo y natural del instinto gregario (dice Savater), que por supuesto es mala como casi todo lo que es espontáneo, gregario y natural (sigue diciendo Savater), en su caso, el de la diputada Rodríguez, parece ser una perversión diabólica por la manera como gesticulaba, como si fuera una reencarnación del peor de los fascistas; y ella pretende con dicha ley negarle al venezolano el trabajo y producirle una expulsión exprés. La xenofobia hay que desactivarla definitivamente.

Pero ahora, tratando de aprovechar la desmesura y perversión de la diputada panameña, el fiscal designado por la ANC, Tarek W. Saab, dice enfrentarse a los actos de xenofobia contra los venezolanos. El problema con el fiscal es que para nada aborda la causa del problema, que no es tanto la xenofobia de los nativos de los países que son destino de los venezolanos; el problema es que el país es invivible, que el chavismo y el madurismo instalaron lo que podríamos llamar un “precariato” que describe nuestra realidad hoy: crisis general de sociedad, con el colapso de toda la infraestructura y servicios públicos, inseguridad personal, inseguridad jurídica, inseguridad alimentaria, en fin, una crisis abierta que nos convierte en un país de riesgo pleno, sin todos los mecanismos de asegurabilidad que hacían de este país un país seguro para propios y extraños y que se convirtió en un país que expulsa a sus nacionales por su general precariedad. Así que al evadir las características del país hoy, las posiciones antixenófobas indignantes del fiscal son simples golpes de pecho donde no hay una sola idea rescatable.

Nos tienen mamados por Gladys Socorro – El Nacional – 17 de Julio 2019

Gladys Socorro

Estamos cansados, desgastados, hartos, fatigados, aburridos, extenuados, reventados y vueltos nada. O mejor como dice la Real Academia Española, nos tienen mamados, es decir, vencidos, aturrullados y duramente engañados.

Por un lado tenemos al oficialismo con su cantaleta de que todo lo que sucede es culpa de los demás y nunca de ellos. Este comportamiento es lo que los psicólogos conocen como Locus de Control Externo. Con sus mentiras patológicas nos tienen mamados, académicamente hablando. El mundo, avalado por la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, los catalogó, entre otras cosas, de torturadores y violadores de los derechos fundamentales de la población, pero ellos insisten en su candidez y no ven motivos para sacar a Nicolás Maduro del poder. Claro, el grupito que lo mantiene no ha estado preso en el Sebin, ni forma parte de los 4 millones que han tenido que emigrar buscando calidad de vida, ni de los 7 millones que necesitan ayuda humanitaria urgente, ni mucho menos de las familias enteras que comen de la basura.

Por eso insisten en negociar en Barbados una salida electoral pero para cambiar la Asamblea Nacional, mientras evaden unas presidenciales que es donde está realmente el meollo del asunto. No hay duda, tienen su Locus de Control Externo alborotado. Si la desfachatez ilimitada de estos señores no hubiese llevado a Venezuela a los niveles impensables de miseria actuales, esta sería bastante risible. Todos los días, a cada rato, nos ven la cara de mamagüevos, es decir, de idiotas ó estúpidos, según la RAE.

Por el otro lado está la oposición. Sí, esa misma con la que a través de los años hemos mantenido una relación de amor y odio. Cuando las cosas van bien la hemos defendido a capa y espada, pero cuando las cosas salen torcidas nos volvemos maldicientes, lo que para la Real Academia significa maldecir y ser detractores por hábito. Las maldiciones van y vienen, lo que se refiere a la imprecación que se dirige contra una persona o cosa, manifestando enojo y aversión hacia ella, y muy particularmente deseo de que le venga algún daño. Pero al César lo que es del César: si bien ellos también nos tienen mamados (vencidos, aturrullados y duramente engañados) y nos han visto la cara de mamagüevos (de idiotas o estúpidos), hoy están sentados en Barbados agotando las vías pacíficas para salir de la crisis política, auspiciados (¿u obligados?) por Estados Unidos, el Vaticano, la Unión Europea, el Grupo de Contacto, el Grupo de Lima, la OEA y la ONU. Están en la segunda semana de las conversaciones que no deberían pasar de cuatro.

Así las cosas, solo resta esperar los resultados de estas negociaciones. De lo que allí se logre aclararemos algunas dudas: ¿los venezolanos somos tan mamagüevos así? ¿Quién es más mamagüevo, la oposición o el oficialismo? ¡Cuidado! ¿Y si resulta que los verdaderos mamagüevos son los países que aún creen que la salida de Maduro puede ser a través de negociaciones? Todo puede pasar en Venezuela, incluso, que usted se moleste por mi buen uso del lenguaje. Pero ese tema ya tendría que aclararlo con la Real Academia Española porque yo seguiré pendiente de Barbados.

“Nunca imaginé dormir en un banco en España” por Rafael J. Alvarez – El Mundo – 8 de Julio 2019

Una maestra relata el acoso y el hambre en su país y la falta de ayuda al llegar a Madrid
Anginneth Paez y su hija de 10 años, en el colchón de la parroquia...

Anginneth Paez y su hija de 10 años, en el colchón de la parroquia donde han estado refugiadas. SERGIO GONZÁLEZ VALERO

«Se metieron en casa, me golpearon y le dieron un culatazo a mi madre. Me decían que era una traidora a la patria, que me iban a meter presa y que nos iban a violar a la niña y a mí. Nunca imaginé que por denunciar que los niños se desmayan de hambre en clase y por negarme a darles consignas políticas iba a ser perseguida en Venezuela. Nunca imaginé que tendría que salir también de Perú para salvar a mi hija. Y nunca imaginé que en España tuviera que dormir con mi hija en un banco».

Se llama Anginneth Paez, es profesora, huyó de dos países por coacción, hambre y violencia y ha vivido con su hija Jeanneth en el colchón de una parroquia. Pasó por seis instituciones españolas y ninguna le dio siquiera acogida de urgencia. Sólo a última hora del viernes, tras liderar un requerimiento colectivo para que la Secretaría General de Migraciones dé acogida a 66 refugiados sin techo, Cruz Roja habilitó (únicamente para ella y su hija) una plaza en un albergue. Anteayer estrenaron intimidad.

Después de cuatro días durmiendo en las sillas del aeropuerto de Barajas, sólo la suerte hizo que se cruzara en sus vidas la iglesia de los pobres. Y allí encontraron abrigo.

En el reino de los suelos.

«Vivir en un banco es duro; para la niña aún es un trauma. Le digo que éste es un país libre y que vendrán tiempos mejores. No tenemos ni un euro. Si no fuera por la parroquia, habríamos vivido en la calle».

Estamos en el Centro Pastoral San Carlos Borromeo, un refugio de los desheredados de la Tierra en el barrio de Entrevías (Madrid). Desde hace un mes, donde había bancos para la misa hay colchones para la vida. La vida apelotonada de una treintena de adultos y niños llegados de Siria, Perú, Colombia, El Salvador o Venezuela que tienen un techo, más por solidaridad que por justicia.

Porque ninguna institución del Estado ni ONG con acuerdos con la Administración está ofreciendo la «vida digna» que las leyes garantizan a todo solicitante de protección internacional en «locales adaptados».

La solicitud de «admisión en un centro de acogida» que el miércoles se presentó ante Migraciones cuenta el desdén burocrático sufrido por Anginneth y Jeanneth desde que aterrizaron en España. El 15 de junio la mujer pidió protección internacional en Barajas. Los policías tomaron sus huellas y le dieron acceso a territorio español con un volante para la Oficina de Asilo y Refugio (OAR). «No le realizaron entrevista, ni le dejaron formalizar la solicitud», desvela el documento. En la OAR le informaron de los trámites para solicitar protección internacional y le dieron un papel con direcciones para personas sin hogar. «Pese a que era una mujer sola, con una hija a cargo, no se valoró su ingreso en el Programa de Acogida». Salió de allí y fue a Extranjería, donde le dieron cita para el 21 de junio. Con el papel de los sin techoen la mano tocó las puertas de Cáritas, el Samur Social y la Cruz Roja. «En ninguno de estos dispositivos fue atendida, ni se le informó ni derivó al sistema de acogida. Y se le denegó verbalmente ese acceso bajo la razón de que no hay plazas». Cada vez que madre e hija recibían una negativa volvían a las sillas de Barajas. Cuatro días después, Anginneth fue a ACNUR, donde tampoco había plaza pero sí una funcionaria que le dio el móvil de la abogada Patricia F. Vicens, su nexo con la parroquia.

Anginneth fue nueve años maestra en un colegio de Puerto Cabello. «Teníamos que gritar ‘Patria, socialismo o muerte’ o decirles a los niños que comían gracias a Maduro. Varios profesores aprovechamos un acto para decirle al alcalde que las aulas debían estar libres de política y que los niños se desmayaban porque había días que no comían. En Venezuela te dan un paquete de arroz y un kilo de queso para un mes. No hay leche, puedes hacer 12 horas de cola para comprar harina y quedarte sin ella. No hay ni antibióticos… El alcalde amenazó con detenernos».

Sánchez, no quiero que me mantengas, sólo trabajar y ayudar a tu país

Ella y su padre colaboran con un partido opositor, pero nunca habían sido vigilados. «Al día siguiente, un colectivo [civiles armados] me siguió y me metió a empujones en casa. Nos golpearon a mi madre y a mí. Pedíamos ayuda, pero nadie se atrevía a venir. Decían que me meterían presa y que allí me iban a violar. Vieron una foto de la niña y dijeron: ‘Está bonita la niña, también le puede pasar a ella’». La solicitud presentada el 24 de junio a la OARcuenta que Anginneth fue «esposada con bridas, lanzada al suelo y manoseada en torso y pechos» y que los hombres les robaron un ordenador, móviles y carpetas con documentación.

«Continué dando clases, pero vi que me seguían. Eran ‘carros’ sin placas. Me retrasaron el sueldo y le dijeron a la directora que grabara las consignas que debía darle a los niños. Vendí lo que pude y me fui».

Tardaron cinco días de autobús en llegar a Perú. Allí Anginneth trabajó limpiando casas y logró un empleo de maestra. Un día, unos hombres intentaron secuestrar a su hija y a otra niña. «El tipo agarró la correa de la mochila en vez de la camiseta, y la niña y su amiga pudieron escapar». La Policía no admitió la denuncia «por falta de lesiones». «Los agresores nos amenazaban, le decían a la niña: ‘Chibola, estás bonita como tu madre. Ya eres mujer’. La Policía nunca actuó. Por eso vine a España».

– Si tuvieras enfrente a Pedro Sánchez, ¿qué le dirías?

– No quiero que me mantengas. Sólo quiero trabajar y dar de comer a mi hija. Quiero contribuir con tu país, no aprovecharme de él.

El imparable éxodo venezolano por Jorge Galindo – El País – 8 de Julio 2019

El mayor desplazamiento de personas en la región fuera de guerras y desastres naturales demanda una respuesta decidida y coordinada por parte de los países vecinos

 

Prácticamente la mitad de las personas que viven en Venezuela quiere emigrar del país. No es una forma de hablar: una encuesta realizada a finales de 2018estimaba la cifra en 47%. Un año antes, el mismo sondeo se paró en un 38%. Aplicando estas cifras a una población de más de treinta millones se antojan casi pocos los cuatro que ya han salido del país. Pero no lo son. Tampoco los que quedan por venir: estamos hablando de un éxodo de la magnitud del provocado por la guerra en Siria en el mismo tiempo, y que según las previsiones recogidas en el reciente informe presentado por la OEA podría incluso superarlo con creces.

El imparable éxodo venezolano

El movimiento es de tal escala que resulta difícil justificar que no se convierta en la absoluta prioridad de cualquier intento de coordinación internacional para afrontar la crisis venezolana. La razón es doble: primero, nada hace pensar que una eventual caída de Maduro seguida de una transición democrática frenase el éxito. Aunque la represión política es parte de los factores tras el éxodo, las causas principales hay que buscarlas en el profundo empobrecimiento que ha llevado a casi nueve de cada diez venezolanos bajo el umbral de la pobreza, así como en el desgarro del tejido social que lo ha acompañado. Por mucho que se pueda trazar la catástrofe económica a las malas decisiones del régimen, cambiarlo no va a acabar con la inflación ni reinstaurar la confianza dentro de las comunidades. El daño ya está hecho, y tardará mucho en arreglarse aunque se dispongan de todas las herramientas y ningún impedimento. En ese entretiempo, que probablemente dure varios años, la salida de personas en busca de una vida mejor no se detendrá.

Pero es que además el reto es tan descomunal que no puede ser enfrentado de manera eficaz por un solo país, o por un puñado de ellos de manera aislada y descoordinada. Colombia tiene en sus fronteras alrededor de 1,3 millones de personas de origen venezolano, de acuerdo con cálculos de su agencia migratoria. Perú, poco menos de la mitad. EEUU y España albergan alrededor de 300.000 cada uno; casi tantos están en Chile o en Ecuador.

El imparable éxodo venezolano

La cifra no ha dejado de progresar desde 2016, y aunque dejase de hacerlo (algo poco probable) estos valores ya reclaman la necesidad de una acción coordinada. Algo que, como argumentan los autores del informe de la OEA, se conseguiría más fácilmente si los migrantes venezolanos obtuviesen estatus de refugiado. Según las cifras compiladas por ACNUR y la Organización Internacional de las Migraciones, casi medio millón de venezolanos han solicitado la condición, la mayoría en Perú. Hasta ahora, menos de un 10% la han conseguido.

El imparable éxodo venezolano

El acceso a la condición de refugiados incrementaría la presencia de organizaciones internacionales, y podría facilitar la coordinación de la respuesta por parte de Estados con capacidades muy diferentes en lo que respecta a la acogida de migrantes: algunos, como Argentina o Brasil (por no hablar de EEUU o de España), tienen un pasado reciente construido en no poca medida por el asentamiento foráneo. No es el caso de Perú o Colombia. Los países andinos no tienen grandes contingentes de inmigrantes en periodo reciente, algo que se refleja en la enorme diferencia que existe entre la cantidad de venezolanos estimada en sus territorios y la de extranjeros con residencia permanentes.

El imparable éxodo venezolano

Este gráfico da una idea bastante aproximada de la enorme diferencia de capacidades, que afecta más a aquellos países que, por lazos geográficos, sociales o incluso familiares, están acogiendo los colectivos más nutridos de migrantes.

El riesgo de la xenofobia

Si en condiciones óptimas para quien se desplaza la migración es un proceso enormenente costoso, que erosiona recursos, estatus y redes de seguridad, la migración en situación de riesgo o empujado por una emergencia económica y social es aún más dura. Ello implica que los países de destino necesitan una inversión extra en acogida e integración. En un mundo con fronteras no sólo físicas sino también económicas e institucionales, es posible que esto genere tensiones en la población local. Y, de hecho, las encuestas de opinión en Perú y Colombia ya indican repuntes preocupantes de rechazo hacia las personas de origen venezolano.

El imparable éxodo venezolano

En Colombia, junio de 2019 ha sido el primer mes en el que una mayoría de ciudadanos ha respondido en la encuesta bimensual de la firma Gallup que su gobierno no debería acoger a quien venga de Venezuela. En paralelo, ha aumentado la visión negativa del local hacia el foráneo.

El imparable éxodo venezolano

En Lima, alrededor de la mitad de personas encuestadas por Ipsos para El Comercio consideró que la inmigración venezolana “aumenta la delincuencia” y perjudica la situación de los trabajadores de la ciudad

No hay evidencia sólida que permita soportar de manera fehaciente ninguna de las dos afirmaciones. Y quien se ponga a defender a los migrantes con datos para rebatirlas puede estar haciendo justicia a la verdad, pero también podría estar tendiéndose una trampa a sí mismo para el futuro: ¿qué pasa si en algún momento hay algún estudio que demuestra que los prejuicios negativos son ciertos? ¿Estará entonces justificado el ataque, el cerrar puertas y fronteras?

El argumento alternativo contra el discurso anti-inmigración no es más prometedor estratégicamente, aunque nos parezca más apropiado moralmente: la (casi obvia) idea de solidaridad hacia el vecino que está en una mala situación se libraría de cualquier prueba que alguien halle o fabrique contra él. Pero entonces habrá perdido a aquellos que, simplemente, consideran que “primero, los de casa” que los vecinos. A quienes sólo se les puede convencer con la idea de que la migración es “buena” para “los de casa”. Con lo que volvemos al problema del párrafo anterior.

Ambos tipos de argumentos (los empíricos y los normativos) son necesarios, ninguno se sirve por sí mismo, pero tampoco son suficientes para garantizar lo que al fin y al cabo debería ser nuestro objetivo: la seguridad inmediata de quien abandona su hogar para salvarse a sí mismo y a los suyos. Para eso se necesita más que palabras.

Concentración y acción coordinada

Es lógico y esperable que estas personas tiendan a concentrarse en ciertos países, en determinados municipios. Sea por accesibilidad, porque todos preferimos llegar a un lugar donde ya conocemos a alguien (y la migración se reproduce por ciclos de diáspora) para sentirnos más seguros, o por ambas razones. Es así que Puerto Santander o Villa del Rosario, ambos en el fronterizo departamento colombiano de Norte de Santander, cuentan con ratios de 23% o 17% de población migrante venezolana respectivamente. En cifras similares se encuentran Maicao, Arauca o Manaure. Estos son los Colombia y Perú _de_ Colombia. Los puntos de primera llegada, primer asentamiento, y también primera respuesta. Las entidades del estado colombiano, empezando por Migración Colombia y la coordinación de la frontera, han sido muy conscientes del reto de política pública ante el cual se han encontrado, respondiendo con todos los medios disponibles. Pero las proyecciones arriba descritas auguran un desafío mucho mayor: algo que el propio Ministro de Exteriores colombiano ya anticipaba en la entrevista que publicaba EL PAIS el pasado lunes.

Si estas situaciones de concentración llegan a desbordar las capacidades de respuesta y acogida de las respectivas entidades de gobierno, lo lógico, lo funcional, sería que las inmediatamente superiores se encargasen de redirigir recursos hacia ellas. De no suceder, las cifras negativas y la xenofobia subyacente crecerá. No necesariamente por el impacto directo, real, medible de la migración. Sino por el uso que de la percepción del mismo (distorsionada muchas veces) se haga desde medios de comunicación y tribunas de candidatura política. El miedo es un formidable captador de atención. Resulta demasiado tentador para quien vive de los votos y de la audiencia.

Tal es la paradoja para los gobiernos de la región. Si no actúan ya a una escala y una profundidad mucho mayor, y si no lo hacen precisamente porque tienen miedo de la desaprobación de un público cada vez más reacio a abrir sus puertas, no harán sino alimentar las probabilidades de que sea más difícil hacerlo después. Quizás esta ha sido el mayor interrogante que deja la recientemente cumbre de la OEA: a pesar del prolijo informe presentado sobre la migración venezolana, y a pesar de la buena voluntad recogida en la resolución final, cuando la marea mediática se ha retirado la playa no ha dejado al descubierto propuestas de suficiente calado. No se ve con el suficiente detalle de dónde van a venir los recursos a los que hace referencia la propia resolución para enfrentar la crisis, ni cómo van a llegar a las manos de quienes están en primera línea de respuesta humanitaria y de política pública.

Latinoamérica busca a su Angela Merkel, en definitiva. Busca a su líder de centro-derecha que no sólo abra puertas y ponga trabas a quienes desde su propio espacio ideológico intenta que se cierren, como ella hizo en la cúspide de la crisis siria de refugiados. Esto ya lo han hecho algunos, particularmente el presidente Iván Duque siguiendo la línea de su antecesor (y opositor en casi todo lo demás) Juan Manuel Santos. No: se necesita a alguien que haga del mayor desplazamiento internacional de la región en décadas su prioridad, que lo ponga como pilar de su legado en casa, y fuera. Y que entienda que cuando Merkel decidió desoír los reclamos de políticas duras no estaba tomando una posición noblemente desinteresada, ni tampoco pensaba exclusivamente en su figura y en cómo sería recordada. No: Merkel estaba ante todo haciendo un buen cálculo político para su propio interés y el de los suyos. La canciller alemana, la última gran líder del mundo libre, entendía perfectamente que si hoy cerraba las puertas a los necesitados de fuera mañana ni ella ni nadie que le sucediese en su partido tendría la autoridad para frenar el discurso xenófobo dentro de su propia casa.

El pueblo rural que tendrá un médico por primera vez con un profesional venezolano por Mariana Reinke – La Nacion – 2 de Julio 2019

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Mañana no va a ser un día más para los casi 500 habitantes de Las Toscas, en el partido de Lincoln . Por primera vez, luego de mucho tiempo de espera, la sala de salud del lugar tendrá un médico permanente con un profesional venezolano y el pueblo entero festeja.

Con 17 kilómetros de tierra hasta la ruta, sumado a los más de 50 km pavimentados hasta la ciudad de Lincoln, se tornaba complicado para los “tosqueros” en caso de necesitar un médico.

Para el venezolano Oscar Ocanto la sonrisa también regresó a su vida. Con 27 años y solo 10 meses en el país, conseguir en Las Toscas un trabajo de médico y en blanco fue una alegría incomparable.

Recién llegado a Buenos Aires, comenzó a trabajar cuidando ancianos, en tanto que su mujer lo hizo como asistente de dentista. Hace tres meses, a través de la Asociación de Médicos Venezolanos en la Argentina (Asomevenar), recibió una propuesta que le cambiaría la vida: ser médico en una unidad de salud en Las Toscas. Esa entidad se ocupa de generar puestos de trabajo a médicos venezolanos para que se instalen y desarrollen su profesión en pequeños pueblos bonaerenses.

Su respuesta fue un sí rotundo. Todos los vecinos de Las Toscas se abocaron a acomodar la casa donde viviría “el médico del pueblo”. La revocaron, pintaron y cada uno aportó algún mueble que les sobraba para amoblar el nuevo hogar: cama, mesas, sillas, cocina, heladera, calefactores, hasta comida en la alacena le dejaron.

El lunes pasado, con su mujer y sus tres valijas llegó para instalarse en el pueblo y mañana comenzará formalmente a trabajar en la sala que tiene atención primaria y dos consultorios más donde una vez al mes recibe a un pediatra y a un nutricionista. También tiene una ambulancia para las urgencias.

El matrimonio venezolano con la ambulancia y la casa donde habitan
El matrimonio venezolano con la ambulancia y la casa donde habitan

Su rutina empezará a las siete de la mañana y concluirá a las 14, de lunes a viernes, pero su trabajo en realidad nunca va a acabar: vivir al lado de la salita lo dejará en guardia pasiva permanentemente.

Para este médico, la vida en Las Toscas es una bendición. Desde que dejó Venezuela solo soñaba con un esperanzador porvenir. Allá quedaron sus padres y un hermano. “La despedida fue dura, pero mis padres rezaban mucho para que consiga pronto un trabajo acá. Cuando se los conté se pusieron felices y orgullosos”, concluyó.

Chile prevé llegada de otros 300 000 venezolanos hasta el 2020 – EFE – PanamPost – 2 de Julio 2019

El Instituto Nacional de Derechos Humanos le pidió a Gobierno garantizar el derecho a la solicitud de visas y condición de refugio.

El problema en la frontera no se resolvió con el traslado de los venezolanos a Perú y Bolivia para que tramiten las vidas. EFE/ Luis Eduardo Noriega A

Santiago de Chile, 2 jul (EFE).- El Gobierno de Chile cree que unos 300 000 venezolanos podrían llegar al país entre este año y el próximo, lo que podría duplicar la cifra de quienes ya han arribado desde que se incrementó la crisis que afecta a Venezuela.

La cifra fue dada a conocer este martes por el ministro chileno del Interior, Andrés Chadwick, ante la Comisión de Derechos Humanos del Senado, a la que concurrió en la tarde del lunes para explicar la situación ocurrida en las fronteras de Chile con Perú y Bolivia en las últimas semanas, con cientos de venezolanos esperando ingresar a Chile.

Las autoridades rechazaron a la mayoría, y les exigió una visa consular recién implementada, que puede ser tramitada en los consulados de Chile en el exterior.

El reciente fin de semana el Gobierno señaló que los venezolanos fueron trasladados a Perú y Bolivia para facilitarles la tramitación de esa visa, de las que en el primer país se concedieron 112 la semana pasada, sobre un total de 822 solicitudes, según datos del Ministerio del Interior.

En el Senado, el ministro Chadwick, reiteró el compromiso del Ejecutivo con brindar apoyo humanitario a los venezolanos, pero sostuvo que su ingreso debe hacerse en forma ordenada, de acuerdo con la ley.

«Hemos recibido a 400 mil ciudadanos venezolanos en nuestro país y establecimos una visa única y especial que no se tiene con ningún otro pueblo, que es la visa de responsabilidad democrática, para efectos de poder garantizar, poder acceder a mejores condiciones de vida», afirmó.

«Tenemos una legislación que establece cuáles son los requisitos de ingreso al país y nosotros vamos a dar cumplimiento a la ley», subrayó.

Según el Gobierno, diversos organismos internacionales, entre ellos la OEA, prevén un aumento en la salida de venezolanos a causa de la crisis, hasta unos siete millones para el 2020.

En ese contexto, Chadwick sostuvo que al Gobierno le gustaría ayudar a los migrantes venezolanos, pero que ello «no es responsabilidad de La Moneda (sede del Ejecutivo), sino que del Gobierno de Nicolás Maduro».

En tanto, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, INDH, pidió a Gobierno garantizar el derecho a la solicitud de visas y condición de refugio, flexibilizando los requisitos de ingreso en atención a las circunstancias políticas y humanitarias en Venezuela.

Según el jefe jurídico del INDH, Rodrigo Bustos, el problema en la frontera no se resolvió con el traslado de los venezolanos a Perú y Bolivia para que tramiten las vidas, sino que simplemente «se trasladó el problema», y señaló que en la ciudad peruana de Tacna, muchas personas permanecen a la intemperie.

«Por otra parte, nosotros pudimos observar la falta de atención humanitaria y también la vulneración de derechos humanos, especialmente en el rechazo de solicitudes de refugio por parte de la Policía de Investigaciones en frontera», añadió, en un comunicado.

En tanto, el senador socialista José Miguel Insulza, exsecretario general de la OEA y excanciller, llamó al Gobierno a aplicar medidas transitorias para quienes se encuentran en la frontera y señaló que la política migratoria contradice el discurso del Ejecutivo.

Según Insulza, al implementar el año pasado la visa de responsabilidad democrática para los venezolanos el Gobierno de Sebastián Piñera, en la práctica, los invitó a viajar a Chile y ahora les niega la entrada.

«Ciertamente la visa de responsabilidad democrática generó una obligación. O sea, la intención de eso fue llamarlos, no es que hayan venido, sino que nosotros los llamamos», apostilló.

¿Perdidos ante la inmigración? por Diego García-Sayan – El País – 28 de Junio 2019

La de Venezuela es la mayor crisis migratoria de la historia de Sudamérica. Pero no se notan aún las reacciones políticas que corresponderían

Una venezolana en el puesto fronterizo entre Ecuador y Perú.
Una venezolana en el puesto fronterizo entre Ecuador y Perú. C. GARCÍA RAWLINS REUTERS

La crisis venezolana ya ha expulsado a más de 4 millones de personas, la mayor parte en los últimos dos años. El destino: básicamente Latinoamérica en una lista encabezada por Colombia (1,5 millones aproximadamente.), Perú (850.000) y Chile (300.000). Y no hay señales que esto parará.

La recepción a venezolanos ha sido masiva, generosa y, en términos generales, respetuosa de estándares internacionales de protección. Como se veía venir, parecería estarse llegando a una situación límite que está incidiendo en cambios de política en varios países. Han concurrido dos factores relacionados-

Primero, parecía ser una emigración que podría ir bajando, ya que la mayor parte de los sectores medios ya se había ido y se hacía –hace- más difícil viajes tan largos peregrinajes a personas de muy bajos ingresos. Eso no ha sido así. Segundo, la aparición de síntomas sociales de incomodidad, primero, y de xenofobia, luego, que vienen incidiendo en decisiones gubernamentales restrictivas.

Chile fue uno de los primeros países. En las últimas semanas ya son miles los venezolanos cuyo ingreso como turistas, e inclusive solicitando asilo, fue rechazado por su autoridad migratoria en la frontera peruana. Esto ha generado, ya, una delicada situación en la fronteriza ciudad peruana de Tacna en donde permanecen los venezolanos rechazados. A esto se suma la exigencia, desde esta semana, de visa consular a venezolanos que quieran ingresar a Chile como “turistas”.

En Perú, el Gobierno viene adoptando este mes una serie de medidas restrictivas exigiendo pasaporte y “visa humanitaria” y ajustando las exigencias para conceder refugio. Ecuador estaría por establecer también un visado consular.

Un factor contributivo de esto ha sido el impacto de sanciones externas a Venezuela en el plano de las exportaciones petroleras que no parece haberle hecho mella al Gobierno, pero sí a la gente. De manera poco responsable estas medidas contaron con el apoyo de un sector de la oposición, sin medir que se veían ya venir el crecimiento de corrientes xenofóbicas en los países receptores ante una ola migratoria a todas luces indetenible.

Las medidas restrictivas anunciadas no impedirán la migración. Pero una parte importante lo hará ahora de manera ilegal con lo que ello implica en pérdida control y vulnerabilidad a estas personas. En este contexto crítico, preocupan particularmente dos cosas.

Primero, lo poco efectivo de los esfuerzos de coordinación entre los países latinoamericanos; han servido penas para informarse no para una articulación regional. Por mucho menos migrantes se dieron vertebraciones cruciales en los años 80. Esto es urgente para compartir políticas, estrategias y respuestas.

Segundo, y como correlato de lo anterior: urgente la acción político-diplomático concertada para la cooperación de la comunidad internacional. Poco o nada articulado se está haciendo aún. Nuestra región no está en Europa como Turquía, pero con los 4 millones de sirios en ese país han fluido ingentes recursos de cooperación. Algo podría hacerse por tierras latinoamericanas.

Grupo de Trabajo sobre Migrantes Venezolanos de la OEA llama a otorgarles estatus de refugiado – OEA – 28 de Junio 2019

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El Grupo de Trabajo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para Abordar la Crisis de Migrantes y Refugiados Venezolanos en la Región presentó hoy un informe que analiza la crisis de migrantes y refugiados venezolanos sin precedentes en la región.

Las conclusiones del informe señalan que si continúan o se profundizan las problemáticas existentes en Venezuela, “la proyección de migrantes y refugiados venezolanos podría llegar entre 5.3 y 5.7 millones para finales de 2019 y entre 7.5 y 8.2 millones para finales de 2020”.

El documento insta a la comunidad internacional “a otorgarle una dimensión global a la crisis de migrantes y refugiados venezolana. No se le puede dar una visión regional ni mucho menos subregional al desplazamiento forzado de los venezolanos”. Resalta además que esta crisis de migrantes y refugiados representa un desafío inédito para los países miembros de la OEA y el resto de la comunidad internacional. ”A pesar de las dificultades que este episodio ha generado, este reto significa una inmensa oportunidad de integrar a millones que están deseosos de trabajar, estudiar e impactar positivamente en los países que los reciben”.

“Definir a los venezolanos que huyen de su país como refugiados les garantizará protección permanente con derecho a la identidad, acceso a servicios como la salud y educación, así como la oportunidad de insertarse en los mercados laborales. Hoy, aproximadamente 2 millones de venezolanos están en condición irregular o corren el riesgo de estarlo en el corto plazo”, cita el informe, que también insta a la creación de una tarjeta de identidad regional para que los venezolanos puedan desplazarse de un país a otros sin mayores restricciones.

En la presentación, que tuvo lugar en el marco de la XLIX Asamblea General de la OEA en Medellín, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, enfatizó que “los venezolanos y venezolanas necesitan nuestra ayuda y la necesitan ya. Debemos poner en marcha todas las medidas posibles que ayuden a mitigar el drama al que se enfrentan. Pero no perdamos de vista que el éxodo tiene una sola causa: la dictadura de Nicolás Maduro. La mejor solución para la crisis de migrantes y refugiados venezolanos es el fin de la dictadura y la redemocratización de Venezuela donde se restituyan los derechos humanos más básicos que se han arrebatado a la gente”, afirmó.

El coordinador del Grupo de Trabajo, David Smolansky, advirtió que “para el momento de esta Asamblea General hay 4 millones de migrantes y refugiados venezolanos, el flujo migratorio más grande de la historia de la región. Actualmente es el segundo más grande del mundo, solamente superado por Siria, que ha pasado por una guerra por más de 8 años”. Explicó además que, dada la grave situación, “se considera imperante otorgar a los venezolanos el estatus de refugiado a nivel regional, según la Declaración de Cartagena”.

Según los datos presentados, la mayoría de los migrantes y refugiados venezolanos se encuentran en:

  • Colombia (1.3 millones),
  • Perú (768.100),
  • Chile (288.200),
  • Ecuador (263.000),
  • Brasil (168.300),
  • Argentina (130.000),
  • Panamá (94.400),
  • Trinidad y Tobago (40.000),
  • México (39.500),
  • Guyana (36.400),

El informe abarca temas como la crisis de salud, la inseguridad alimentaria, la violación de derechos humanos, la persecución y represión, el colapso de los servicios público en Venezuela, el status de los venezolanos en Latinoamérica y el Caribe, el reconocimiento Prima Facie de los refugiados venezolanos, la cooperación internacional, y los desafíos financieros que se enfrentan la comunidad internacional para poder responder adecuadamente al flujo migratorio.

¿Cuáles son los nuevos requisitos de ingreso para los venezolanos que migran a países de América del Sur? por Indira Rojas – ProDaVinci – 28 de Junio 2019

Desde 2018, al menos seis países de América del Sur establecieron medidas para controlar o facilitar el ingreso de migrantes a sus territorios. El primero de ellos fue Colombia, que comenzó a exigir en febrero de 2018 el pasaporte como un requisito para entrar al país. La medida fue replicada en Perú y Ecuador ‒aunque este último la anuló‒. Tres de los seis países ofrecen visa humanitaria. El único que incluye la visa de turista entre los requerimientos de ingreso es Chile. Algunos aceptan pasaportes vencidos de los venezolanos residentes, siguiendo los acuerdos de la Declaración de Quito sobre la movilidad humana de ciudadanos venezolanos publicada el 4 de septiembre de 2018.
Contiene 18 acuerdos suscritos por once países, entre ellos Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. El punto 6 establece “de acuerdo con la legislación nacional de cada país, acoger los documentos de viaje vencidos como documentos de identidad de los ciudadanos venezolanos para fines migratorios”. Un mes antes, el 29 de agosto de 2018, la Asamblea Nacional había aprobado un acuerdo para extender la vigencia de los pasaportes venezolanos. Meses después, el 21 de mayo de 2019, se publicó el decreto firmado por Juan Guaidó, presidente del Parlamento y presidente encargado de Venezuela reconocido por más de 50 países. 

El número de venezolanos que ha dejado el país alcanzó los 4 millones en junio de 2019, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). La mayoría (3,2 millones) abandonó Venezuela para vivir en países de América Latina y el Caribe. Colombia acoge alrededor de 1,3 millones, seguido por Perú, Chile, Ecuador y Argentina. El Plan de Respuesta Regional Humanitario para Refugiados y Migrantes de 2019 exhorta a los países de acogida a garantizarles el ingreso a sus territorios y el acceso a los servicios básicos.

Aquí se reúnen los casos de seis países que han tomado medidas sobre el acceso de migrantes venezolanos a su territorio:

Colombia

El jueves 8 de febrero de 2018, el gobierno de Colombia anunció nuevos controles migratorios en las fronteras con Venezuela. El entonces presidente Juan Manuel Santos explicó que los migrantes venezolanos debían mostrar su pasaporte o tarjeta migratoria para ingresar al país. Días después, la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, María Ángela Holguín, dijo que se realizaría también un registro de inmigrantes venezolanos para darles un estatus migratorio temporal y garantizarles acceso a los servicios básicos y trabajo legal.

El 8 de marzo de 2019, el gobierno colombiano anunció la extensión de la vigencia de los pasaportes venezolanos por dos años, contados a partir de la fecha de vencimiento. La medida se fijó en la Resolución 0872.

Perú 

Perú comenzó a cambiar sus políticas migratorias hace tres años, cuando se implementó el Permiso Temporal de Permanencia durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. El actual presidente Martín Vizcarra eliminó este beneficio para quienes llegaron al país después de octubre de 2018.

A partir del sábado 25 de agosto de 2018, se comenzó a exigir el pasaporte de los ciudadanos venezolanos que deseaban ingresar al territorio peruano. El entonces ministro del Interior, Mauro Medina Guimaraes, dijo que la política migratoria de apertura respetaba los derechos humanos, y a la vez tenía un “enfoque de seguridad” para garantizar una inmigración “ordenada, informada y segura”. Actualmente, se permite el ingreso al territorio peruano a ciudadanos venezolanos con el pasaporte vigente, por vencer o vencido.

Desde el 15 de junio de 2019, la visa humanitaria también es un requisito para entrar. El gobierno peruano estableció, por razones humanitarias, cuatro excepciones:

  1. Los mayores de edad pueden entrar con su cédula de identidad, sin exigencia de pasaporte, para reunirse con familiares que residen en Perú “o los que se encuentren en extrema vulnerabilidad”.
  2. Mujeres embarazadas en extrema vulnerabilidad pueden entrar solo con su cédula.
  3. Adultos mayores de 60 años pueden entrar solo con su cédula.
  4. Los niños y niñas que ingresen para reunirse con sus padres solo necesitarán su partida de nacimiento.

La visa humanitaria puede ser tramitada en los consulados peruanos de Caracas y Puerto Ordaz, en Venezuela; de Bogotá, Medellín y Leticia, en Colombia; o en Cuenca, Guayaquil, Quito, Machala y Loja, en Ecuador.

El presidente Martín Vizcarra anunció la medida el 6 de junio, días después de que el ministro del Interior, Carlos Morán, dijera que la presencia de venezolanos incrementó los índices de delincuencia en algunas ciudades.

Chile

Para entrar a territorio chileno es necesario tener una visa de turista, que otorga permiso de permanencia por solo 90 días. La medida se comenzó a aplicar el mismo día que se anunció, el sábado 22 de junio de 2019.

Los requisitos para solicitar la visa de turista son:

-Pasaporte emitido a partir de 2013, vigente o vencido según el comunicado publicado por la embajada de Venezuela en Chile designada por Juan Guaidó.

-Cuatro fotografías tamaño pasaporte.

-Carta de invitación de una persona o una empresa en Chile, o reserva de hotel.

-Acreditar solvencia económica. También se puede presentar la solvencia económica de quien realice la invitación al país. Según reporta el medio Crónica Uno, la persona debe comprobar que cuenta con aproximadamente 4.500 dólares (50 dólares diarios) para costear la estadía de 90 días.

-Pasaje de ida y vuelta.

La visa tiene un valor de $50 dólares o su cambio en bolívares, y el pago se realiza una vez que el consulado la aprueba.

Guarequena Gutiérrez, embajadora de Venezuela en Chile nombrada por Juan Guaidó, informó el domingo 23 de junio que los venezolanos que estén de paso en Perú deben dirigirse al consulado de ese país en Tacna para tramitar el documento.

El año pasado, Chile implementó medidas para los venezolanos que querían radicarse en el país. Desde el 16 de abril de 2018 se puede solicitar una Visa de Responsabilidad Democrática (VRD). Esta confiere un permiso de residencia temporal por un año, prorrogable por una vez, y faculta a los venezolanos a realizar actividades remuneradas. Cuando se creó, solo podía ser tramitada en los consulados de Chile en Venezuela. Desde el lunes 24 de junio de 2019, esta visa puede solicitarse en cualquier consulado de Chile en el exterior. El trámite tiene un costo de $30 dólares.

Guarequena Gutiérrez dijo en Twitter que ante la decisión del gobierno chileno de exigir la visa de turista piden que “se flexibilicen los requisitos de la VRD”.

Ecuador

El presidente Lenín Moreno propuso implementar una visa humanitariapara los migrantes venezolanos cuando Ecuador complete su salida de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). El embajador de Venezuela en Ecuador designado por Juan Guaidó, René De Sola, informó el 25 de mayo de 2019 que se realizarán reuniones con la Presidencia, la Cancillería, el Ministerio del Interior y la Asamblea Nacional de su país para concentrar la medida “en el menor tiempo posible”.

Sobre la exigencia del pasaporte, vigente o no, Ecuador ha cambiado varias veces su postura. El 16 de agosto de 2018, el entonces ministro del Interior ecuatoriano, Mauro Toscanini, dijo que los migrantes venezolanos debían presentar su pasaporte para entrar al país. Una semana después, Ecuador suspendió la medida y abrió un corredor humanitario. En diciembre de ese año, el gobierno estableció de nuevo el pasaporte y los antecedentes penales apostillados como requisitos de ingreso. En marzo de 2019, una sentencia de la sala de admisión de la Corte Constitucional dejó sin efecto la medida.

Argentina

El gobierno de Argentina creó en enero de 2019 el Programa de Asistencia a Migrantes Venezolanos. Establece que quienes tengan el pasaporte vencido pueden entrar a territorio argentino, siempre y cuando el documento no tenga más de dos años de expiración.

Argentina también tiene políticas en relación a la permanencia de los venezolanos en el país. Venezuela no está adherida al Acuerdo de Residencia para Nacionales del Mercosur, cuyos mecanismos conceden a los ciudadanos del bloque el derecho a obtener la residencia legal en el territorio de otro Estado Parte. Sin embargo, Argentina concede a los venezolanos el tratamiento previsto en el acuerdo para el resto de la nacionalidades del Mercosur.

Paraguay 

El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, anunció en Twitter el viernes 1 de marzo de 2019 que los pasaportes vencidos de ciudadanos venezolanos tendrían validez en territorio paraguayo. No ofreció más detalles sobre esta decisión.

Ex Miss Venezuela salva a familia de la desnutrición y los ayuda a emigrar – Venezuela Al Día – 27 de Junio 2019

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Este jueves la ex reina de belleza, Mariam Habach publicó desde su cuenta de instagram un vídeo relatando una conmovedora historia de la cual fue participe para un final feliz. La ex miss, con lagrimas en su rostro contó como había salvado de la desnutrición a una familia en El Tocuyo.

Habach relató, que desde diciembre del 2018  había ayudado a una madre y a sus pequeños cuando sufrían un grave estado  de desnutrición en El Tocuyo. La modelo no solo los ayudó con comida, también al ver la extrema pobreza en la que vivían, movió unas piezas y les proporcionó todo lo necesario.

La madre de los niños es española y no podía trabajar porque debía cuidarlos. Según Habach ya tenía años viviendo en El Tocuyo y hoy recibió la emotiva noticia de que se encuentra en España,  para ella esta fue una tarea que puso Dios en su camino.

” No tengo palabras para describir lo que siento! Gracias a dios, a mi familia y a todos los que ayudaron a que este sueño se les hiciera posible! Simplemente deseo que sean muy felices y que nunca les falte nada” comentó junto al post que subió en su Instagram.

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