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La voz de Magallanes, el tenor venezolano refugiado en España por Cayetana Alvarez de Toledo – El Mundo – 16 de Agosto 2018

El tenor venezolano Luis Magallanes, fotografiado en Barcelona. SERGIO GONZÁLEZ VALERO

Venezuela. Ah, la palabra les aburre. Puedo comprenderlo. Incluso las malas noticias tienen que ser variadas para preservar un cierto interés. Además, la desdicha ajena siempre acaba interpelando la felicidad propia. Y la política todo lo contamina. Pero voy a pedirles un esfuerzo. Por mí y por los que tienen peor suerte que yo, que son millones. Me presento. Soy Luis Magallanes. Tengo 28 años y hasta hace un mes he vivido siempre en el sur de Venezuela. En una provincia llamada Zaraza, del estado de Guárico, en la región de Los Llanos.

He visto la pobreza, la miseria y la devastación de un país. He pasado hambre. Mucha. Y mi familia -mi madre, mis hermanos, uno de ellos enfermo, y mi novia, Dayana- todavía lo sufren. A diario. Pero, como les decía, yo sí he tenido suerte. Tengo una buena voz. Soy tenor. Algún día tal vez sea uno de los grandes tenores del mundo. O al menos eso piensa el maestro Plácido Domingo. Mi voz me salvó. Bueno, para ser exactos: mi voz, mi terquedad y un puñado de personas buenas -ángeles terrenales- que lograron sacarme del infierno y traerme a España. Esta es mi historia.

De origen, soy un músico popular. Empírico. A los ocho años cantaba la misa del gallo, la del aguinaldo y canciones folclóricas. Como tantos venezolanos. La música es una institución en Venezuela y se ha institucionalizado. Sobre todo, a partir de la fundación del El Sistema Nacional de Orquestas. Yo entré en un coro de El Sistema en 2010. Cantábamos en fiestas locales. De vez en cuando viajábamos a otra provincia para un concierto. Y pronto me contrataron como profesor de canto en mi pueblo. Daba clases a niños y adolescentes, chicos pobres como yo. Fue así, enseñando, como descubrí el canto lírico, la música docta, mi pasión. Encontré una buena profesora y empecé a viajar a Caracas para recibir clases. Pero entonces todo estalló.

La crisis venezolana viene de lejos. Lo sé bien. Pero fue en 2015 cuando empezó la gran depresión. Yo he vivido la hecatombe con los ojos abiertos. Como si estuviera tomando notas para un reportaje científico. Por ejemplo, el hambre. En Venezuela dejamos de hacer la compra. Hace tiempo que ya nadie va al mercado y que en las neveras sólo hay agua. Si es que la hay, porque en algunas zonas del país ya no llega de forma regular. Tampoco es posible comprar la comida hecha, en la calle, digamos, porque entonces te quedas sin dinero para comer el resto del mes. La comida tiene que ser homemade. Literalmente.

Es el caso de la arepa, menú básico del venezolano medio. Lo habitual es prepararla con harina de maíz precocinada, comprada en el súper. Pero no hay. Y la que hay no se puede pagar con un sueldo normal: tres euros al mes, para que me entiendan. Así que hay que hacerla. Mi pobre madre, a su edad. ¿Una pensión digna? Me río por no llorar. Todos los días se levantaba al alba para conseguir leña. Luego ponía el maíz entero a sancochar y cocer. Durante horas. Para que se ablandara. Una vez frío, mis hermanos y yo lo molíamos a mano. Cada uno un rato. Luego a moldear la masa hasta conseguir la arepa. Una mañana de trabajo. Como cuando no existía la más mínima tecnología, como cuando mi madre era niña y vivía en la indigencia rural. Y tú piensas: de desayunar un sándwich rápido en la calle antes de ir al colegio o a la oficina a fabricar la harina a mano.

Y luego te asalta la primera pregunta: ¿y con qué comemos la arepa? Muchas familias ya no pueden comprar pollo ni carne ni nada parecido. Sólo comen mantequilla blanca, un derivado del queso, más barato que la mantequilla normal, sabroso pero grasiento y poco nutritivo. Y al poco viene la siguiente duda: ya tengo el desayuno, bien; pero al mediodía, ¿qué voy a comer? Y muchos días no tienes respuesta. Y tus vecinos tampoco. Ves que sólo comen pan. Sin nada. Y hay gente que se viene abajo y se deprime y sólo quiere morir. Yo a veces también. Me veo un mediodía, en posición fetal, diciendo: no quiero hacer nada porque no puedo hacer nada, porque quiero trabajar y no puedo, porque sólo tengo hambre. Y pienso ahora en los niños, mis alumnos.

A veces, al llegar a clase, preguntaba: ¿por qué no ha venido hoy Fulano? Y me decían: porque no tiene qué comer. Quedas con amigos a los que llevas un tiempo sin ver y los encuentras delgadísimos. Incluso te ves a ti mismo en una foto y dices: no puede ser que sea el mismo. No te reconoces. «Tengo hambre», se ha convertido en una frase recurrente. En cambio, ya nadie dice: «Oye, te invito a un café». O compras el café, o compras la leche o compras el azúcar. Los tres a la vez, imposible.

Luego, viajar. Ah, viajar. Mi pueblo está a cuatro horas de Caracas en circunstancias normales. En las actuales, a ocho. Si llegas. Yo tenía que estar todos los sábados en Caracas para mis clases de canto. Mi sueldo no me daba para el autobús. Menos aún para compartir un coche. Si pagaba un coche no comía en un mes. Y luego está el problema técnico de cómo pagar. Sólo sirve el efectivo, pero la inflación es tan enorme, elefantiásica, que ya ni siquiera se consiguen billetes. Y cuando los consigues te pasas horas contándolos. Miles y miles de billetes que no valen para nada.

Cada viernes por la noche empezaba mi odisea. Me subía a un coche destartalado de algún conocido. De mi pueblo a otro pueblo. Ahí, autostop. Luego esperar a que pasara un autobús con un asiento libre. O un camión de carga que fuera para Caracas. Y a montarme detrás. Como un paria. Esperando no caerme. Esperando llegar. Queriendo aprender. Queriendo progresar. Y tanta gente tirada por el camino. Literal y metafóricamente.

Los enfermos, por ejemplo. Mi hermano tiene hipertrofia renal. Necesita un trasplante de riñón. ¿Pero quién lo paga? Mi madre trabaja todo el día para comprarle comida. ¿Pero y las medicinas? ¿Y el tratamiento? Cuando oigo a los políticos decir que los problemas en Venezuela son «menores» y «puntuales», digo: no es posible, el mal existe. Una anécdota: una tarde estaba en clase con los niños y, de pronto, entró otra maestra. Tenía la mirada perdida, la que llevan los locos. Los niños se asustaron. Ella se sentó a mi lado y empezó a hacer lo mismo que ellos. A imitarlos. Y cuando cantamos una canción suavecita, se quedó dormida. Y luego se despertó y sin decir una palabra se marchó. Esa pobre mujer tiene una enfermedad neurológica y hace tiempo que no toma sus pastillas.

Porque ya no las venden o porque no puede pagarlas. Otro caso: al lado de mi casa vive una familia con varios esquizofrénicos. Un tema genético. Poco tiempo antes de venirme los vi en la calle. Uno de ellos estaba en plena crisis. Los hermanos intentaban calmarlo. Pero en realidad lo que hacían eran golpearlo. Locos cuidando a locos. Una escena tan terrible, tan desagradable. Mi madre lloraba. Hay mucha gente en situaciones parecidas. Personas que tenían sus enfermedades bajo control y que ahora deambulan, desatadas.

Parecen casos extremos, pero nadie escapa a la humillación. Yo le pedí a mi novia que me remendara los calzoncillos. Nadie reconocería algo así en una red social. Pero así es la vida bajo mínimos. La ropa se ha convertido en un lujo absoluto. Ves cómo se va degradando. Los venezolanos estamos en modo sepia, cada vez más grises. Y luego la higiene personal. He aprendido a partir el jabón en trocitos. Uno para el cuerpo, otro para la ropa. A fabricar mi propio desodorante. Y a dividir la pasta de dientes, para dejar parte a mis hermanos cuando me iba a Caracas. Le hacía un agujero al tubo, sacaba lo que iba a utilizar, y lo sellaba con una grapa.

Te vuelves un superviviente, casi un caníbal. Y se te va olvidando soñar. Yo soy licenciado en educación. Hace poco me encontré con mis compañeros de universidad y se lo dije: nosotros, que soñábamos con graduarnos, con triunfar, y ahora ni siquiera tenemos para comer. Es peor que una tragedia. Cuando ni siquiera basta con trabajar, el espíritu se derrumba. Hay personas que tienen dos o tres empleos y ni siquiera tienen para dar de comer a sus familias.

No lo olvidaré jamás: la mirada de la gente sobre las bolsas de la compra de los demás. Una mirada llena de envidia, lógica pero destructiva. ¿Por qué él puede comprar y yo no? ¿Se lo merece más que yo? Es la degradación del ser humano. Cuando ya nada cuenta. Un muerto más. ¿Y? La gente no se inmuta. Va a llegar un punto en que veremos a un hombre tirado en la calle y le pisaremos la cabeza y seguiremos caminando. Es la deshumanización más profunda y radical. Pero yo me niego a aceptarla. De hecho, me negué.

Hace tres años empecé a escribir a venezolanos influyentes, gente que se había marchado del país. Casi nadie me respondió. Los que lo hicieron me decían: suerte, no te desanimes, sigue adelante… Hasta que escribí a Gabriela.

En Venezuela todo el mundo conoce a Gabriela Montero. Es una concertista famosa. Y también polémica. Muchos la admiran. Otros la odian por sus críticas a la condescendencia de El Sistema y sobre todo de su principal estrella, Gustavo Dudamel, con el chavismo. Yo tenía trabajo gracias a El Sistema, pero una tarde decidí pedirle ayuda. Había llegado a casa hundido. Me sentía tan mal. Tengo un libro de arias de Mozart. Me quedé mirando el retrato de la portada y me puse a llorar. Y a escribir. Le conté a Gabriela mi vida. Le dije quiero hacer música. Quiero cantar. Tengo tanto por hacer. No quiero morirme de hambre. Quiero triunfar. Y Gabriela me contestó.

Me hizo preguntas sobre mi familia y mis objetivos y me pidió que le mandara material, un audio y un vídeo. Me fui volando, bueno, volando… como pude, a Caracas porque en Zaraza no tenía un pianista que pudiera hacerme el acompañamiento. Y así conseguí hacer un vídeo, torpe y casero, y mandárselo. Yo no lo sabía entonces pero el marido de Gabriela es un excelente barítono irlandés, Sam McElroy.

Gabriela le pidió a Sam que me escuchara y Sam se quedó impactado y me escribió. Nunca olvidaré su mensaje. Yo no tenía un teléfono con correo ni internet en casa. Lo recibí una noche en un cibercafé. Sam me hablaba de mis cualidades técnicas. De mis enormes posibilidades como tenor. Me contaba que otros cantantes a los que había enseñado el vídeo opinaban lo mismo. Entre ellos estaba Plácido Domingo. Yo soy un ahogado al que de pronto una mano desconocida rescató del fondo del agua.

Decidimos montar una campaña de crowdfunding para viajar a España. El plan inicial era ir a Valencia, donde está el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo. Me pedían otro vídeo, un poco más profesional, y dos retratos, de cara y cuerpo entero. Por supuesto yo no tenía dinero para un buen vídeo ni para una sesión de fotos. Ni siquiera para imprimir las partituras. Pero tenía familia y amigos. Cuando pienso en ellos me emociono. Mi primo, con su camarita; mis hermanos, sosteniendo un pedazo de tela a modo de trasera; y yo con los zapatos que me regaló un amigo argentino porque los míos, los buenos, los de concierto, estaban destrozados.

A todos ellos muchas veces he temido defraudar. Lo temí con motivo y todas mis fuerzas cuando Gabriela me envió un mensaje diciendo que el crowdfunding no iba bien. Uno de los patrocinadores se había dado de baja. No teníamos dinero para el billete de avión. Leí esas cuatro líneas una vez, dos veces, tres. Era de noche y me senté en un murito a llorar. Me dije a mí mismo: cómo regreso ahora a casa, cómo le explico a toda la gente que me ha ayudado que ya no voy a España, que he fracasado. A mi madre, al que me dio un poco de arroz, al que me regaló los zapatos.

Pero Gabriela y Sam insistieron. Había que seguir adelante con la campaña y en todo caso estaban dispuestos a pagar ellos mismos el billete de avión. Tenían una estrategia, que entonces yo no conocía. Que yo viniera primero a España, a su casa. Que me tomase un tiempo para la pura recuperación física: comer, dormir. Y que el 1 de septiembre empezara el curso en el Royal Irish Academy of Music de Dublín, uno de los conservatorios más antiguos y prestigiosos del mundo. Así lo haré. ¿Que cómo voy a pagarlo? Tarra Erraught, gran mezzosoprano, me ha ayudado a conseguir una beca de estudios de dos años. En cuanto a la manutención, ya veremos. Gabriela y Sam me han montado otra campaña de crowdfunding, y Gabriela y Sam obran milagros.

El 3 de mayo pasado cogí el avión y dejé Venezuela.

No hay ningún venezolano que alguna vez no haya gritado hacia sus adentros: quiero marcharme, como sea, donde sea, para lo que sea. Pero cuando llega la hora las piernas y el corazón tiemblan. El aeropuerto de Caracas parece una funeraria. Gente despidiéndose sin saber si volverán a verse. Personas con más de 60 años que dejan atrás todo lo que han conocido para empezar de cero. Y, sobre todo, los que se quedan. Los presos. Presos del hambre, la angustia y la desesperanza. Cada día pienso en ellos. En mi madre, mis hermanos y en Dayana, claro. Pero también en los 30 millones de venezolanos, los nuevos parias de Occidente. Me gustaría salvarlos a todos, uno a uno. Traerles a Barcelona, a Madrid, a España. ¡Quiero tener superpoderes! Y sólo tengo mi voz.

Los estudiantes venezolanos en España se suman a la petición del estatus de protección temporal por María Rodríguez – Al Navio – 14 de Agosto 2018

La deriva económica, política y social en Venezuela cambió radicalmente la misión para la que nació la asociación de Estudiantes Venezolanos en España: de velar por el pago de matrículas y la manutención de los alumnos a proteger los derechos fundamentales de todos los venezolanos. En esta entrevista con el diario ALnavío explican por qué ellos también piden un régimen de protección temporal para los venezolanos que llegan a España.

Los estudiantes venezolanos en España también piden el estatus de protección temporal / Foto: Cedida

La asociación de Estudiantes Venezolanos en España (EVE) se fundó en Madriden 2015 con el apoyo de alumnos de posgrado. Querían velar por el derecho al acceso de divisas para el pago de matrículas y la manutención de su estancia en España. No obstante, la deriva económica, política y social en Venezuela hizo que ahora la misión del grupo sea “promover la protección de los derechos fundamentales y universales de todo venezolano sin ningún tipo de distinción”.

Entre ello está ayudar para que el gobierno de Pedro Sánchez apruebe el estatus de protección temporal a los venezolanos que llegan a España. Una petición realizada hace unas semanas por la ONG Un Salvavidas para Venezuela, dirigida por William Cárdenas. El diario ALnavío habló con Henrry Narveiz Sosa, uno de los cofundadores de la asociación (Leer más: Por qué el estatus de protección temporal puede ser un salvavidas para los venezolanos en España).

– ¿Apoyan la petición de protección temporal para los venezolanos en España?

– Sí, porque ese régimen está contemplado en el ordenamiento jurídico español en caso de afluencia masiva de emigrantes que no puedan regresar en condiciones seguras a su país. Eso sucede con los venezolanos, que desde hace unos años tuvimos que salir para rehacer nuestras vidas en España. Un país con el que además tenemos fuertes vínculos históricos, culturales y lingüísticos. Por ello apoyamos plenamente la solicitud.

La asociación quiere que se agilicen los trámites para homologar títulos en España

– ¿Cómo se enteraron de esta posibilidad?

– Nos enteramos directamente por William Cárdenas, quien formalizó la solicitud ante el Gobierno español. Además, desde que nos constituimos como asociación civil en 2015, Cárdenas ha sido un gran mentor de las acciones que hemos emprendido en España.

– ¿Cómo les beneficiaría este estatus?

– Si el Gobierno español lo aprueba, permitirá circular libremente por el territorio, obtener permiso de residencia y trabajo, acceder a servicios sociales y sanitarios, y la opción de reagrupación familiar, entre otros.

“Es momento de que Sánchez cumpla con sus propias palabras”, subrayan / Foto: La Moncloa

– ¿Confían en que el gobierno de Pedro Sánchez apruebe la medida?

– Consideramos que al estar dirigido el Gobierno actual por un líder socialista, las medidas en materia de asilo, migración y refugio deberían estar encaminadas a demostrar la solidaridad de España. Ya lo manifestó el propio Pedro Sánchez cuando era secretario general del PSOE: “No se trata solamente de una cuestión jurídica, es un deber moral”. Este Gobierno tiene una gran oportunidad de actuar con coherencia al conceder el régimen de protección temporal ante la gravísima crisis humanitaria que sufre nuestro país, sometida por una tiranía de impronta criminal. Es momento de que Sánchez cumpla con sus propias palabras.

– ¿Qué otras medidas serían positivas para los jóvenes venezolanos que llegan a España?

– Una parte de esos jóvenes quiere iniciar un grado o dar continuidad a la carrera universitaria que estaba cursando en Venezuela. Otra parte busca oportunidades de empleo para ejercer esa carrera. Las medidas que les favorecerían serían flexibilizar los trámites para el acceso y continuidad de las carreras o maestrías universitarias. Son muchos los que debido a la situación de Venezuela no logran cumplir con los lapsos de tiempo para certificar y apostillar los documentos probatorios que les piden en España. En el caso de los jóvenes ya graduados, con o sin experiencia, entendemos que las oportunidades de empleo en España no están en su mejor momento; sin embargo, sería muy pertinente agilizar la homologación de los títulos de grado y posgrado ya que actualmente algunos trámites se demoran más de seis meses.

La llegada de venezolanos ricos aumenta la inmigración latinoamericana en Madrid por Daniel Gómez – Al Navio – 13 de Agosto 2018

Los venezolanos prefieren vivir en Salamanca, Fuencarral y Chamartín / Foto: Ayuntamiento de Madrid

Los venezolanos prefieren vivir en Salamanca, Fuencarral y Chamartín / Foto: Ayuntamiento de Madrid
Hay 438.832 latinoamericanos residiendo en Madrid. Lo dice el Padrón Municipal al 1 de julio de 2018 que acaba de publicar el Ayuntamiento. Los datos reflejan que esta población se ha incrementado 8,4% respecto al mismo periodo de 2017.

Por países, destaca el aumento de peruanos, hondureños, colombianos y salvadoreños. También el de venezolanos. Con 15.117 nuevos residentes, esta es la población que más crece con un alza de 52,5% respecto al año anterior.

“Es una migración con solvencia económica que escapa de una situación de crisis”

“El proceso venezolano (es) un fenómeno intenso y muy rápido. Parece inducido por la situación de inestabilidad de este país”, dice el Ayuntamiento en un comunicado.

La institución agrega que buena parte de los venezolanos que vienen a Madrid son ricos. “Es una migración con solvencia económica que escapa de una situación de crisis. De ahí que se dirija a distritos de mayor nivel de renta como SalamancaFuencarral-El Pardo y Chamartín”.

Las poblaciones más numerosas

La población ecuatoriana es la más numerosa de Madrid. Representa 12,6% del total de residentes latinoamericanos y se reparte por los distritos del sur. Sobre todo, por LatinaCarabanchelUseraPuente de Vallecas y Villaverde, así como Ciudad Lineal y Tetuán.

De acuerdo al censo, viven 87.481 ecuatorianos en Madrid. La segunda nacionalidad con más gente es Perú, con 55.107 residentes, y en tercer lugar figura Venezuela, con un total de 50.676 migrantes viviendo en la capital.

De América Latina provienen la mayoría de los inmigrantes que viven en Madrid. 61% de los residentes extranjeros nacieron en la región. La segunda más numerosa es Asia-Australasia (10%), y la tercera engloba a los extranjeros de la Unión Europea (8%).

Otro dato llamativo es el ratio de mujeres. A nivel general, por cada 100 inmigrantes hombres en Madrid hay 125 mujeres. América Latina está por encima de la media y por cada 100 hombres residen 137 mujeres. Sólo le supera en ratio la UE (con 170 mujeres).

Advierte el Ayuntamiento que los residentes que recibe Madrid responden a la categoría de migración económica. Es decir, gente que viene a trabajar, por lo que las edades se sitúan desde 20-24 años hasta 45-49. A partir de los 50-54 años se inicia el descenso poblacional.

En cuanto a población menor de 16 años, de los 648.287 jóvenes que registra la ciudad, 88.391 son extranjeros nacidos fuera de España. Un potencial demográfico creciente que representa 13,63% del total, frente al 12,05% de 2017.

Los ‘balseros de tierra’ de Venezuela por Milagros Lopez de Güereño – La Rioja – 11 de Agosto 2018

Una familia venezolana, camino de la ciudad brasileña de Boa Vista. :: nacho doce/ reuters/
Una familia venezolana, camino de la ciudad brasileña de Boa Vista. :: nacho doce/ reuters 

Miles de ciudadanos huyen cada día a los países vecinos en busca de comida, trabajo y seguridad

La grave situación política, alimentaria y de seguridad cronificada en Venezuela no ofrece ya a sus ciudadanos mejor salida que hacer las maletas en busca de oportunidades para conseguir un trabajo , un salario digno y un futuro para sus familias. En los últimos meses, la marea humana hacia Colombia, Ecuador, Chile o Argentina y también a destinos europeos como España o Reino Unido alcanza categoría de éxodo.

Faltan datos y ni siquiera las estimaciones coinciden. Un millón de personas han podido abandonar el país petrolero sólo en los últimos dos años, en un flujo que algunos cálculos extienden hasta los 4 millones durante los mandatos de Hugo Chávez y su sucesor y actual presidente, Nicolás Maduro. A él y su Gobierno culpan estos emigrantes forzados de todas las calamidades. Para el Ejecutivo, la crisis viene de «la guerra económica» de EE UU, sus aliados de la región y la derecha nacional. La realidad es la estampida aunque la muerte sea una posibilidad para estos ‘balseros de tierra’ del siglo XXI.

Viviana, 30 años; Miguel, 23; Violeta, 76; José Antonio, 86; Manuel, 38; Yasodhara, 24 y Thiago, 1 año son sólo una muestra de los venezolanos que viven separados de sus familias. Viviana y Miguel son hermanos y pueden apoyarse en su ciudadanía española por sus orígenes paternos. Ella a los 27 años viajó a España a abrir camino al resto de la familia. Con su trabajo en una oficina pudo sacar a su hermano el año pasado, y él consiguió un empleo de informático. Quieren reunirse en Madrid con sus padres, pero las cuentas aún no les dan. José Antonio y Violeta están en Caracas. Manuel, el tercero de sus hijos, también se marchó con su mujer y el bebé. «Lo más difícil es la soledad. Tienes la casa llena y de repente se queda vacía», cuenta José Antonio a periodistas venezolanos.

LAS CLAVESEn los últimos meses, las llegadas a Colombia o Ecuador alcanzan la categoría de éxodo 25.000 personas cruzan cada día el puente Simón Bolívar para conseguir alimentos y medicinas

Por los puentes fronterizos

Si hace unos años los emigrantes viajaban en avión a Estados Unidos y a Europa -España, Italia y Portugal-, desde 2016, con los precios de los pasajes inalcanzables, sólo pueden cruzar los puentes fronterizos con Colombia o Brasil y aspirar a quedarse en países de la región a los que llegan por mar o carretera. Entrar en territorio colombiano es el primer objetivo. Antes de abandonar el poder, hace unos días, el presidente Juan Manuel Santos concedió la residencia por dos años a 440.000 venezolanos.

Las llegadas aumentaron once veces en 24 meses, pasando de 48.714 a «870.000 venezolanos regulares, en proceso de regularización e irregulares», según Christian Krüger, director general de Migración, que anticipó que a principios de este mes la cifra estaba ya «cerca del millón». Para Krüger, las políticas de Maduro están detrás del «éxodo». El chavismo, censura, tiene «una política de expulsión hasta de sus propios nacionales, cuanta menos gente esté en el país es mucho más fácil repartir lo poco que tienen».

Colombia es punto de llegada y trampolín, el «principal destino para los venezolanos en Sudamérica», pero además «puente hacia terceros» países. «Esta dinámica no sólo se ha mantenido sino que incluso se ha acrecentado en los últimos meses», señala un informe de Migración Colombia. El objetivo en el segundo caso es llegar a Chile, Argentina, Ecuador, Panamá -que ha comenzado a pedir visado-, Brasil y Perú que, en ese orden, son los nuevos destinos. El miedo y la falta de expectativas ponen en camino a familias enteras, que cargan con lo más imprescindible para comenzar una nueva vida donde en lugar de ejercer de ingenieros tendrán que empezar por limpiar suelos con la esperanza de que sólo sea al principio.

No morir de hambre

Todos -un 59,2% son universitarios- huyen para no morir de hambre, pues según una Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) en 2017 al menos el 87% de la población no podía cubrir los gastos de alimentación. O para no engrosar las estadísticas del Observatorio Venezolano de la Violencia, que cifra en al menos 26.626 las personas asesinadas durante el año pasado.

Muchos de los que no se van cruzan a diario el puente Simón Bolívar, «la frontera más dinámica de América Latina» en las décadas de bonanza, para conseguir alimentos y medicinas que por la hiperinflación -del 14.000% en lo que va de año según el Fondo Monetario Internacional- y la escasez son imposibles de obtener en su propio país. Son 25.000 cada día y tienen que hacerlo a pie porque hace tres años Maduro prohibió el paso de vehículos.

Emigración, remesas y CLAP:  Las tres muletas de Maduro por Andrés Becerra – Caracas Chronicles – 9 de Agosto 2018

Muchos, tanto dentro como fuera de Venezuela (Nicholas Casey del The New York Times, por ejemplo), se preguntan con razonable incredulidad:  “¿Cómo es posible que Maduro mantenga el control de Venezuela, en medio de una crisis socioeconómica semejante? ”

Creo que ha tenido tres muletas muy útiles: emigración, remesas y CLAP.

Es difícil calcular el número de migrantes venezolanos desde 1999 (y mucho menos 2012 o 2017), por lo que algunas organizaciones hacen aproximaciones.

Consultores 21 dice que al menos 4 millones de venezolanos habían abandonado el país en diciembre de 2017, y la Organización Internacional de Migraciones indica que 944,880 venezolanos han dejado estos últimos dos años.

Además, para los que aún están en Venezuela, está muy claro cómo todo el país pierde gente a diario: conducir en Caracas es un pan comido hoy, porque no hay tráfico (causado por una gran falta de piezas y baterías).

La consecuencia de la emigración es más simple que trágica: con menos personas en el país, tienes menos protestas por comida, medicinas y servicios públicos, menos activistas políticos y patrocinadores financieros; de hecho, debe distribuir menos productos para mantener al país en paz. ,*Menos personas, menos problemas para el chavismo*.

Por supuesto, si más personas abandonan el país, los que quedan recibirían más remesas de amigos y parientes emigrados, lo que significa que hay más personas dentro que podrían enfrentar la escasez e hiperinflación.

Según Datanálisis, el 9% de los venezolanos reciben remesas (se podría argumentar que el gobierno mismo está interesado en un recorte de este pastel).

La tercera muleta es el sistema CLAP: si puedes controlar la distribución de alimentos escasos y caros, repartiendo selectivamente lo que decides dar, tienes una muy buena herramienta para mantener el control: las personas no pueden protestar si están esperando el CLAP.

Según Datanálisis, el 50% de los venezolanos han recibido una caja CLAP al menos una vez, y el 20% de la población recibe cajas CLAP regularmente.

El sistema CLAP, por cierto, tiene sus propias limitaciones en su control, como explica Anabella Abadi.

Existen otras herramientas de ingeniería social (hiperinflación, escasez, delincuencia y miedo), pero la emigración, las remesas y las cajas de CLAP están siendo muy eficientes en este momento.

¿Por cuanto tiempo? Los cálculos son un ejercicio difícil en este contexto, pero creo que el tiempo juega a favor del chavismo, precisamente por el efecto sumado del sistema antes mencionado: menos personas que mantener bajo control, menos bocas que alimentar, más remesas que ayudan a que mitiguen sus carencias.

_Beneficios por todos lados_.
*Una estrategia cubana de alta (y perversa) eficiencia*.

Ecuador declara la emergencia migratoria por Sara España – El País – 9 de Agosto 2018

La medida se activa para atender la crisis humanitaria ante el aumento del flujo migratorio

ecuador
Inmigrantes venezolanos reciben alimentos en Quito. EVELIN ROSAS EFE

Ecuador ha declarado este miércoles el estado de emergencia en tres de las provincias en las que se ha detectado mayor presencia de venezolanos tras un aumento inusual del flujo migratorio. En los últimos días, la llegada a Ecuador de ciudadanos de Venezuela ha alcanzado la cifra de 4.200 al día, por lo que el Gobierno ha decretado la emergencia con fines humanitarios. “El objetivo es establecer un plan de contingencia y las acciones y mecanismos necesarios para la atención humanitaria”, según el comunicado emitido por la Cancillería ecuatoriana.

“Como parte de las acciones a ejecutarse, el Ministerio del Interior incrementó su personal para el control migratorio, al tiempo que brindará seguridad. Mientras que el Ministerio de Salud, fortalecerá la atención con un mayor número de médicos. El Ministerio de Inclusión Económica y Social pondrá a disposición un equipo de trabajadores sociales y psicólogos, especialmente para los grupos vulnerables (niños, niñas, adolescentes y mujeres)”, precisa el comunicado en el que se declara la emergencia en las tres provincias, tras una reunión de la Cancillería con autoridades de los gobiernos provinciales, municipales y representantes de Naciones Unidas.

Desde que comenzó la crisis humanitaria en Venezuela, Ecuador ha sido uno de los países que ha sentido el flujo migratorio de personas que huyen de su país. La mayoría de ellos está de paso, tras un viaje de varios días o semanas que se complica al ingresar desde Colombia a territorio ecuatoriano. La moneda local, el dólar estadounidense, hace muy caros los billetes de autobús con los que proseguir el viaje hacia Perú, así como la comida o el hospedaje temporal.

Por eso, el plan también contempla intensificar la cooperación internacional. “A través de las organizaciones del sistema de Naciones Unidas, como OIM, ONU-PMA, ACNUR, HIAS se dotará de carpas e insumos como raciones alimenticias, kits de higiene personal para niños y mujeres, agua, se dotará de información a los ciudadanos, etc”, añade el comunicado. Los municipios, por su parte, se encargarán de prestar infraestructura básica, agua potable y sanidad.

El éxodo venezolano ya no se tolera de igual forma en América Latina por Leticia Núñez – Al Navio – 9 de Agosto 2018

El éxodo venezolano entra en una nueva fase. La afluencia de inmigrantes procedentes de Venezuela cada vez es mayor y las reacciones de algunos países vecinos ya no son las de hace unos meses. Mientras un juez de Brasil decretó el cierre de un punto fronterizo, que luego el Tribunal Supremo anuló, en Ecuador han declarado el estado de emergencia. “Los Estados sí han sido tolerantes. Lo que pasa es que eso se puede acabar. La ayuda no es una carga de por vida, eso es dependencia”, subraya el sociólogo Pablo Carballo.
Los venezolanos huyen del hambre, la falta de esperanza y la inseguridad / Foto: EFE
Los venezolanos huyen del hambre, la falta de esperanza y la inseguridad / Foto: EFE

El éxodo venezolano ha comenzado a poner a prueba la tolerancia de América Latina con los inmigrantes. Cientos de personas huyen cada día del hambre, la falta de esperanza y la inseguridad personal provocados por el régimen de Nicolás Maduro. En definitiva, escapan de una nación destruida. Según Naciones Unidas, cada día alrededor de 5.000 venezolanos salen de su patria. Si esta tasa se mantiene estable, para finales de 2018 más de 1,8 millones de venezolanos se habrán marchado, una cifra que se suma a los cuatro millones que se estima que ya han huido para rehacer sus vidas en el exterior.

Cuando los venezolanos comenzaron a emigrar de forma masiva hacia otros países de Latinoamérica, por lo general se encontraron con fronteras abiertas y formas de conseguir la residencia legal. Fue la oleada del hambre, la de los que salen a pie por la frontera. Comenzó en 2016 y explotó en 2017. Sin embargo, a medida que aumenta la llegada de migrantes, el éxodo no se ve de la misma manera en los países vecinos.

Esta semana Ecuador declaró el estado de emergencia en tres provincias para atender la llegada de venezolanos. Un juez de Brasildecretó el cierre de un punto fronterizo, que después anuló el Supremo Tribunal Federal. Mientras, Colombiarecibirá otros nueve millones de dólares de Estados Unidos para ayudar al éxodo venezolano.

El Gobierno de Ecuador declaró el estado de emergencia en tres provincias ante el flujo migratorio

“Hablamos de una nueva etapa en cuanto a cantidad, por la mayor afluencia de migrantes. También por el hecho de que se intenten cerrar fronteras”, explica Pablo Carballo, investigador y profesor de Sociología en la Universidad de Costa Rica, en declaraciones al diario ALnavío. En su opinión, esto último evidencia que “ya recibieron a mucha gente o que intenta entrar más de la que tenían previsto”.

Carballo considera que los gobiernos de América Latina sí han sido tolerantes con el éxodo venezolano, pero apunta que la tolerancia se puede acabar. “Hay tolerancia, sí, pero ante esta inmigración tan rápida la toma de decisiones es más difícil. La tolerancia se traduce en ayuda a corto plazo, no en una carga de por vida. En ese caso, en vez de ayuda hablaríamos de dependencia”, subraya.

Sobre el caso concreto de Brasil y la decisión de cerrar la frontera, el sociólogo señala que “la tolerancia empieza a tambalearse”. A su juicio, esto refleja que “o no se sabe qué hacer, o hay que cambiar el plan, o no se puede seguir recibiendo inmigrantes a este ritmo”. En este sentido, recuerda que recibir inmigrantes es una política internacional de buena fe y que cerrar las puertas es una decisión legítima aunque mal vista.

A continuación las respuestas que han tenido lugar esta semana ante el empeoramiento de la crisis humanitaria provocada por el régimen de Nicolás Maduro.

Ecuador

El gobierno de Lenín Moreno declaró este miércoles el estado de emergencia en tres provincias –Carchi, Pichincha y El Oro– ante el inusual flujo migratorio de ciudadanos venezolanos. Según un comunicado de la Cancillería ecuatoriana, el arribo de venezolanos se intensificó en la frontera con Colombia, llegando a registrar unos 4.200 ingresos diarios.

Ecuador declaró el estado de emergencia en tres provincias / Flickr: Presidencia Ecuador

“Hemos reaccionado oportunamente. Nos hemos reunido instituciones del Gobierno, así como representantes del sistema deNaciones Unidas. Se activa por primera vez para dar una respuesta eficaz y contundente en beneficio de la preservación de las personas que están ingresando a territorio ecuatoriano”, señaló el viceministro de Movilidad Humana de EcuadorSantiago Chávez, en una nota.

El objetivo del estado de emergencia, que durará todo el mes de agosto, es establecer un plan de contingencia y acciones para la atención humanitaria de la población migrante, por lo que el Gobierno ecuatoriano movilizará médicos y trabajadores sociales. Cabe destacar que muchos venezolanos utilizan el territorio ecuatoriano como tránsito en su recorrido hacia Perú y otros países. De hecho, sólo de enero a abril llegaron 180.000 venezolanos a Perú (Leer más: En 120 días 180.000 venezolanos ingresaron en Perú).

Según el Ministerio del Interior de Ecuador, en 2017 se registraron 61.139 venezolanos, casi 38.000 más que en 2016, cuando llegaron 23.611, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos de Ecuador. En 2015, había 9.650 venezolanos (Leer más: ¿Tiene el éxodo venezolano la culpa de la falta de empleo en Ecuador?).

Brasil

Este martes el juez federal Helder Barreto ordenó cerrar la frontera hasta que el estado de Roraima pueda establecer las condiciones “humanitarias” para recibir el desordenado flujo de venezolanos, como habían pedido las autoridades estatales. En ciudades como Boa Vista, con una población cercana a los 320.000 habitantes, las autoridades calculan que en los últimos meses han recibido a unos 40.000 venezolanos que viven hacinados en pequeños albergues o en las calles, como publicó el diario venezolano El Nacional.

Acnur reitera su apoyo a Brasil “mientras mantenga las fronteras abiertas”

Sin embargo, un día después el Supremo Tribunal Federal ordenó la reapertura de la frontera. La magistrada Rosa Weberargumentó que la petición no respeta la Constitución ni los tratados ratificados por el Estado suramericano.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) aplaudió la decisión del Supremo y recordó que hasta ahora Brasil “ha garantizado el acceso al territorio de los refugiados y migrantes venezolanos que necesitan protección y les han proporcionado acceso a derechos y servicios básicos”. En este sentido, el portavoz de la agencia, William Spindler, reiteró el apoyo de Acnur a Brasil “mientras mantenga las fronteras abiertas y permita a las personas entrar al país para encontrar un lugar seguro donde reiniciar sus vidas”.

No obstante, cabe recordar que el pasado febrero, el gobierno de Michel Temeranunció que duplicaría los pelotones militares en los pasos fronterizos con Venezuelapara regular el tráfico de migrantes. Algo que Adrián Jaén España, profesor de Sociología en la Universidad de Costa Rica, ve preocupante. En declaraciones a ALnavío, señaló que el mensaje que envía el Gobierno a la población es: “Quienes vienen del otro lado a tocar nuestra puerta son una amenaza” (Ver más: Colombia y Brasil ya ven el éxodo venezolano como una “amenaza”).

Colombia

Como Brasil, Colombia también estableció más controles en la frontera y desplegó 3.000 militares. Según los datos ofrecidos a mediados de junio por el director del Plan Frontera, Felipe Muñoz, más de un millón de personas llegaron a Colombia procedentes de Venezuela en los últimos 15 meses. “250.000 son colombianos que han retornado y 819.000 son venezolanos que pretenden quedarse”, dijo Muñoz. También detalló que del total de inmigrantes venezolanos, 442.462 llegaron a Colombia de forma ilegal, y el 38% son menores de edad, mientras que los otros 376.572 lo hicieron con algún documento que permitía cruzar al país vecino.

EEUU anunció una ayuda adicional de 9 millones de dólares para los venezolanos en Colombia / Foto: Policía Nacional de los Colombianos

Este jueves, Estados Unidos anunció una ayuda adicional de nueve millones de dólares para los inmigrantes venezolanos en Colombia. “Estos fondos adicionales profundizan los actuales esfuerzos de Estados Unidos para proporcionar comida, agua, cuidados médicos y otra ayuda humanitaria esencial en Colombia y en toda la región a los venezolanos vulnerables”, afirmó laAgencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) en un comunicado.

Estos nueve millones de dólares se suman a los 46 millones de dólares enviados por EEUU para ayudar a los inmigrantes venezolanos en 2017. A nivel bilateral, la Usaid ha comprometido 23,5 millones de dólares para apoyar la respuesta de Colombia a la crisis migratoria. De hecho, hace apenas dos semanas concedió seis millones de dólares más.

Guyana

También en Guyana ha habido novedades esta semana respecto al éxodo venezolano. El Gobierno anunció que recibirá 30.000 dólares en ayuda humanitaria de Unicef para asistir a unos 900 venezolanos que han cruzado la frontera y se han exiliado en tres regiones administrativas del territorio del Esequibo.

Según detalló la Comisión de la Defensa Civil de Guyana en un comunicado, repartirá agua y artículos de higiene en las próximas semanas a las administraciones regionales para su debido almacenamiento y distribución.

Por su parte, el ministro de Salud Pública y Ciudadanía, Winston Felix, informó a finales de julio sobre el envío de medicinas, alimentos y equipos de campamento a las aldeas cercanas a la frontera con Venezuela. “Hay personas que duermen al aire libre, así que por ello enviamos toldos, hamacas, mantas, almohadas y lo que creemos que es necesario para dar cabida a los que están a la intemperie”, dijo, tal como informa la web Contexto Diario.

España

Finalmente, en España a través de la plataforma change.orgCristina Isacura, directora del bufete Isacura Asociados, recoge firmas para que el gobierno de Pedro Sánchez apruebe el estatus de protección temporal a los venezolanos. Algo que les permitiría obtener un permiso de trabajo, además de permiso de residencia y asistencia sanitaria. Aquí el enlace a la petición.

Una petición que la ONG Un Salvavidas para Venezuela, dirigida por William Cárdenas, también envió hace unas semanas al Gobierno español

Porcentajes de Inmigrantes – EU Barometer – Agosto 2018

En rojo la percepción de los ciudadanos y en azul la cifra real de cada país de la Union Europea

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Venezolanos huyen a Escocia, encuentran refugio entre las ovejas y comida desabrida por David Ovalle – El Nuevo Herald – 3 de Agosto 2018

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Es una ciudad antigua sobre el gélido Mar del Norte en la costa de Escocia, conocida por su arquitectura de edificios de granito, numerosos pubs y parques, y gente amable que habla en un dialecto regional lírico pero muchas veces ininteligible para el extraño.

Así que no es precisamente el lugar donde uno encontraría a muchos venezolanos.

Sin embargo, están aquí. Aberdeen y otros lugares de Escocia se han convertido sin mucho alboroto en pequeños oasis para refugiados que huyen de los conflictos sociales y el colapso económico en Venezuela.

Los venezolanos comenzaron a llegar a Escocia hace más de un decenio, atraídos por una cosa que los dos países, muy diferentes en todo lo demás, tienen en común: la industria petrolea. Buena parte de la economía de Aberdeen está vinculada con la producción de petróleo y gas en el cercano Mar del Norte. Así que cuando la industria estatal petrolera venezolana empezó a trastabillar, cierta cantidad de personas vinieron a trabajar a Escocia.

Esa fue la semilla de una pequeña pero cada vez mayor comunidad. Los nuevos refugiados Carlos y Nathaly Hernández, con sus dos hijas y un hijo adolescente, habían esperado escapar del caos y la delincuencia mudándose a Miami, donde ya vive una comunidad venezolana significativa. Pero temiendo que fuera difícil vivir legalmente a largo plazo en Estados Unidos, pronto pusieron la mira en Escocia.

La transición no ha sido fácil: encontraron la comida desabrida, no hablaban inglés, y mucho menos la variante local, y el tiempo fue un choque fuerte en comparación con la cálida Caracas.

“Todo lo veía muy gris”, recordó Nathaly Hernández de su llegada a Aberdeen. “En ese momento, las niñas se pusieron a llorar. Es una ciudad gris, no les gustó”.

Para los exiliados venezolanos, la experiencia de los Hernández suena dolorosamente familiar.

Él era veterinario y agricultor de buena posición, y ella, contadora y miembro de la directiva en una empresa de telecomunicaciones. Vivían en una comunidad cerrada en las afueras de Caracas, sus hijos iban a escuelas privadas y se iban a vacaciones a Miami y Orlando.

Ahora, Carlos pedalea su bicicleta medio oxidada a su trabajo de lavaplatos en un restaurante. Nathaly pasa las noches limpiando habitaciones de hotel. Y todos viven en un pequeño apartamento junto a un cementerio antiguo.

Pero las niñas, Ana, de 9 años, y Sophia, de 6, pueden hacer algo que era impensable en Caracas, ciudad abrumada por la delincuencia: jugar afuera sin temor.

“Los parques, la playa, aquí no hay peligro, no es como en Venezuela, donde no podía salir a jugar afuera”, dijo Ana en una mezcla de español e inglés.

Aberdeen, Escocia, ha surgido como un destino para los venezolanos que huyen de su país.

Desde que el ahora fallecido presidente Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1999, entre dos y 4 millones de venezolanos han huido del país, según cálculos, en su mayoría a países sudamericanos vecinos. Después de dos decenios de gobierno socialista, la hiperinflación y los problemas económicos han llevado a una fuerte escasez de alimentos, electricidad y agua, un aumento dramático de la violencia y la delincuencia, y la crisis de refugiados que no para.

La mayor atención se ha centrado en el éxodo a Estados Unidos y la vecina Colombia, y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional anunció recientemente una donación de $6 millones para ayudar a alimentar y atender a las decenas de miles que cruzan la frontera con Colombia.

Pero muchos venezolanos también han huido a Europa, donde la cantidad que solicitan protección internacional ha aumentado en más de 3,500 por ciento. Solamente en febrero de este año, casi 1,400 venezolanos solicitaron asilo, casi todos en España.

El Reino Unido también está probando ser una opción cada vez más popular. Se calcula que el año pasado había unos 22,000 venezolanos viviendo ilegalmente en Gran Bretaña, según estadísticas nacionales, casi el triple de hace cinco años. El año pasado se registraron 2,000 venezolanos que vivían legalmente en Escocia, pero la cifra se ha duplicado en comparación con el decenio anterior, muestran las estadísticas.

La familia Hernández logró sobreponerse a la situación en Venezuela mucho más tiempo que otros.

Ellos y sus tres perros —Jesús Alberto, Fucho y Princesa— vivían en el Country Club Los Anaucos en una casa en una montaña que ofrecía una vista magnífica de Caracas. Carlos Hernández tenía una granja y se dedicaba a la compraventa de cerdos, ganado y pollos, lo que significa que nunca les faltó comida, incluso cuando los alimentos comenzaron a escasear pronunciadamente en los últimos años. Incluso cuando la violencia envolvió a la capital y los robos se dispararon, la familia vivía “aislada del mundo”, dijo Nathaly Hernández.

“No veíamos la realidad de lo que ocurría”, contó. “Nuestra realidad era diferente”.

Pero esa realidad se vino abajo en julio del 2017, cuando ocho adolescentes armados que buscaban dinero entraron a la fuerza a la granja de Carlos Hernández y mantuvieron de rehenes cuatro horas al hombre y sus empleados. Lo liberaron después de convencerlos que era el veterinario, no el dueño.

Varias personas hacen fila junto a un muro con un graffiti que dice “Hambre”, en Caracas, el 23 de julio del 2018. En medio de la crisis humanitaria y económica en Venezuela, se espera que la inflación alcance 1 millón por ciento para finales del 2018, informó recientemente el Fondo Monetario Internacional.

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“Cuando llegué a casa, le dije a mi esposa: ‘Haz las maletas, nos vamos de Venezuela”, dijo Carlos Hernández.

La familia se fue primero a Miami. En años anteriores viajaban al sur de la Florida con las maletas vacías, con el plan de llenarlas con ropa y otras cosas que compraban en los centros comerciales Sawgrass y Dolphin. Esta vez, llenaron las maletas con tantas pertenencias como les fue posible.

“Nunca he llorado como lloré en ese vuelo”, dijo Nathaly Hernández.

Se quedaron con amigos venezolanos en Miami, quienes le rogaron que se quedaran y solicitaran asilo en Estados Unidos. Pero la familia sabía que no tenía buenas probabilidades de que les concedieran el asilo. Y al no querer vivir en Miami ilegalmente, Carlos y Nathaly se mudaron a España, pero las perspectivas de empleo allí resultaron malas. Después de hablar con un amigo que vivía en Escocia, la familia decisión asentarse en Aberdeen.

Esta ciudad de menos de 200,000 habitantes en la costa noroeste de Escocia, mucho menos importante que zonas metropolitanas como Edimburgo y Glasgow. Pero Aberdeen ha sido un centro industrial importante desde los años 1970, cuando llegaron las compañías petroleras para explotar la riqueza del Mar del Norte.

Las fortunas de la ciudad han subido y bajado con los vaivenes del mercado petrolero, pero uno de sus auges coincidió con una ola de violencia a miles de millas de distancia.

A finales del 2002 y en el 2003, Venezuela quedó paralizada por una huelga laboral en el monopolio petrolero estatal Petróleos de Venezuela. Los opositores de Chávez esperaban obligar al gobierno a realizar una nueva elección, pero Chávez afianzó su control sobre el poder con el despido de 12,000 de los 38,000 empleados de la empresa.

Las empresas petroleras en Escocia, afectadas por la falta de empleados calificados, empezaron a traer venezolanos. Eso fue lo hizo llegar a Jocsiris Delida Nava a Aberdeen en el 2004.

Ella y su esposo, los dos ingenieros, perdieron sus empleos en Venezuela durante la purga. Terminaron como asesores en Aberdeen, donde han criado a sus hijos. “Al principio fue difícil, sobre todo por el tiempo”, dijo Nava.

Aunque la cantidad de venezolanos viviendo en Escocia era pequeña, fue suficiente para atraer a otros cuando las meteduras de pata económicas del presidente Nicolás hicieron que el país se precipitara a la situación que existe desde hace un par de años. “Todo el que viene aquí tiene un familiar o un conocido en Escocia”, dijo Gilberto Martínez, fotógrafo comercial en Edimburgo que emigró en el 2003 y ahora tiene un grupo en Facebook para expatriados.

Para los venezolanos que buscan refugio en el Reino Unido, Escocia ha resultado un lugar más económico que ciudades grandes como Londres y Liverpool, dijo.

“Me contactan cuatro o cinco veces a la semana. ¿Cómo es Edimburgo? ¿Cuánto cuesta alquilar un apartamento? ¿Cómo consigo una visa?”, contó Martínez.

Miembros de la cada vez mayor población de expatriados venezolanos en Escocia se reunieron el año pasado en Edimburgo.

Maxi Leone

Se calcula que los nuevos inmigrantes venezolanos establecidos en Edimburgo son entre 100 y 150, en su mayoría personas que tienen ciudadanía europea porque sus padres nacieron en España o Italia. Ellos han creado una pequeña red informal que ayuda a los recién llegados, da el dinero del fondo para alquilar apartamentos, e incluso entienden el acento escocés; la mayoría habla un inglés pasable pero con acento aprendido de lecciones de inglés norteamericano y películas de Hollywood.

“Ahora, en el verano, hacemos parrilladas. Los niños van a la playa, que son frías pero son playas”, dijo Maxi Leone, un contador de 44 años que dejó su práctica en Venezuela y ahora trabaja en Sky TV.

Todos los domingos, Leone y sus amigos venezolanos se reúnen para jugar fútbol con empleados de un supermercado escocés. Después a lo mejor se reúnen para comer arepas. Una compañía llamada Orinoco Latin Food las venda ahora en los mercados al aire libre los fines de semana.

Dicen que la comida escocesa deja mucho que desear, especialmente el haggis, el tradicional plato nacional hecho de entrañas de oveja.

“Yo lo como, pero no es mi favorito”, dijo Leone

Más de 100 millas al norte en Aberdeen, familias como los Hernández todavía están tratando de encontrar su camino.

Nathaly Hernández encontró rápido un empleo limpiando habitaciones en el Park Inn Radisson, que el mes pasado estaba lleno de asistentes al torneo British Open de golf.

Su inglés se limita a las palabras shampoopillowcase y towels. La mayor parte del tiempo sonríe, se carcajea incesantemente y asiente con la cabeza durante las reuniones de los empleados. Incluso después de tres meses, el duro trabajo le parece algo surrealista pero vital porque le permite enviar dinero a sus familias en Venezuela regularmente.

“En Venezuela, ni siquiera lavaba los platos en mi casa”, dijo Nathaly. “Nunca pensé que iba a tener que hacer un trabajo tan duro”.

Gustavo Hernández, el hijo de 18 años del matrimonio, trabaja de camarero. Carlos Hernández también consiguió un empleo de ayudante de cocina.

Todos se han ido ajustando poco a poco. Cerca encontraron una iglesia católica, St. Mary’s. El cura es de Trinidad y Tobago y dice misa en español una vez al mes, a lo que sigue una reunión para tomar café y comer galletitas. Los fieles son de Venezuela, España y Argentina, entre otros países.

Pero los problemas del día parecen triviales cuando las niñas llegan a casa sonriendo.

Una noche reciente, la familia recibió a un visitante con un plato de queso y uvas. Las niñas miraban videos en sus tabletas; el pequeño apartamento lleno de juguetes, discos DVD y videojuegos. Ana, de 9 años, explicó entusiasmada que en su escuela no hay niños abusadores. . “He avanzado mucho, he hecho amigos”, dijo Ana. “Estoy aprendiendo más del idioma”.

Sophia es más introvertida. Estaba sentada sobre las piernas de su padre, jugando con un bolso pequeñito. “Entiendo un poquito”, dijo tímidamente en español. “Entiendo un poquito de inglés.

“¿Qué entiendes en inglés?”, le preguntó Carlos Hernández.

Sophia se volvió hacia él, pestañeó repetidas veces y sonrió, pero no contestó. Entonces empezó a reírse.

“¿Tu comida favorita?”, le preguntó.

Le contestó en inglés, con firmeza: Pizza

Colombia pide presión internacional para derrocar a Maduro por Salud Hernández Mora – La Patilla – 5 de Agosto 2018

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Ya no habrá un minuto de tregua ni disimulos. El nuevo presidente de Colombia, que mañana toma posesión del cargo, es enemigo declarado del régimen dictatorial de Nicolás Maduro y nada le gustaría más que ver renacer la democracia en el país vecino. Lo dijo durante su campaña electoral y lo repitió cuando resultó elegido en junio. Pero no propiciará una intervención militar en Venezuela, como había sugerido Donald Trump y piden venezolanos de a pie que emigran de su país empujados por la miseria, publica El Mundo.

Como primera decisión, Duque optó por no nombrar embajador en Caracas. “No podemos aceptar una representación con un Gobierno que consideramos ilegítimo“, afirmó tras su victoria. También fue tema prioritario en su primera visita a Washington como presidente electo. “Discutimos la crisis humanitaria y las condiciones autoritarias en Venezuela y nos comprometimos a continuar presionando la restauración de la democracia”, escribió en su cuenta de Twitter el vicepresidente norteamericano, Mike Pence.

“No se habló de una intervención militar y yo nunca he hablado de intervenciones militares ni de propiciar intervenciones militares“, puntualizó por su parte Duque.

Su idea es convencer a gobiernos amigos a endurecer la presión diplomática para arrinconar aún más a la dictadura. Por lo pronto buscará que otros jefes de Estado secunden la denuncia que presentó contra Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional en julio del 2017, cuando era senador del Centro Democrático y que respaldó el Secretario General de la OEA, Luis Almagro. También, “que aceleren las investigaciones” contra la cúpula chavista. Un informe previo de la OEA consideró a 11 de ellos, con Nicolás Maduro a la cabeza, son autores de crímenes de lesa humanidad.

Su vicepresidenta Marta Lucia Ramírez, una crítica de la vieja escuela tanto del chavismo como de la laxitud con que la comunidad internacional le ha enfrentado, pretende, además, que se acuerde algún tipo de bloqueo comercial que asfixie de verdad a Nicolás Maduro. Y que Rusia y China, los únicos pilares que a su juicio le sostienen, suelten amarras.

Si bien para Panamá y para el hemisferio sur del continente americano la crisis de Venezuela es un dolor de cabeza por los ingentes flujos migratorios que no cesan, ninguno la sufre como Colombia. Son ya 820.000 venezolanos, que estaban legalmente registrados, los que podrán disfrutar los beneficios de un reciente decreto que les permite no solo residir y trabajar en Colombia durante dos años, si no acceso a sanidad, a validar sus títulos académicos y a trabajar.

Lo firmó el viernes Juan Manuel Santos, un presidente que dio un giro de 180 grados en su relación con el chavismo. Durante los primeros siete años de Gobierno le apoyó sin fisuras, fue su principal baluarte entre los mandatarios de países que no pertenecían al ALBA, y se desmarcó cuando consideró que ya no lo necesitaba.

En 2010 cambió la política de confrontación con el chavismo que lideraba Álvaro Uribe para mostrar un talante diferente y continuó sus amoríos con Chávez y Maduro con el fin de sacar adelante el proceso de paz con las FARC puesto que Venezuela era su santuario. No midió en ese tiempo o no le importaron las consecuencias que para Colombia tendría la evidente profundización de la crisis económica e institucional del vecino.

La ola de emigración que no se detiene y es superior a las cifras oficiales por los miles de ilegales, supone un reto descomunal para el próximo Gobierno. Son tantos y están tan desesperados que unos se alistan al ELN, otros recogen hojas de coca, son buscadores de oro furtivos o se prostituyen. Son miles las prostitutas que venden sus servicios a cambio de miserias.

Entre los venezolanos que cruzan la frontera, una buena parte se encamina hacia Chile y Argentina. En el puesto fronterizo ecuatoriano junto al puente de Rumichaca, que une Colombia con Ecuador, atendían a primeros de año cerca de 3.000 venezolanos a diario. El ministro de Exteriores chileno, Jorge Fuarie, afirmó que en mayo pasado que ya eran cien mil venezolanos los que han acogido.

Pero es Perú la segunda nación con más emigrantes venezolanos. Cuentan con unos 400.000 registrados y aunque les recibieron bien al inicio, cada día es más palpable el rechazo hacia ellos. El ciudadano de a pie pide medidas para frenarles. “Pedro Pablo Kuczynski se ofreció a Estados Unidos para liderar los esfuerzos de la región para derrocar la dictadura chavista”, le dice desde Lima al EL MUNDO el analista Ricardo Miranda de Souza. “No creo que Martín Bizcarra haga nada por derribar a Maduro porque tiene un liderazgo débil y muchos problemas internos en los que se tiene que centrar”.

El argentino Mauricio Macri y el chileno Sebastián Piñera son muy críticos de Nicolás Maduro, sobre todo el primero, pero ninguno lo tiene como prioridad en su agenda. Será, por tanto, la Colombia de Iván Duque, que comparte 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela, la encargada de liderar una campaña de acoso y derribo que tiene en Donald Trump al más entusiasta partidario.

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