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Migración venezolana: 4.500 kilómetros entre el abandono y la oportunidad por Greta Granados de Orbegoso – Banco Mundial – 26 de Noviembre 2019

 

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Un vendedor ambulante venezolano en las calles de Lima (Perú).


La migración venezolana continúa. A noviembre de 2019, según ACNUR, más de 4,6 millones de personas han salido del país y el 80% de ellas está en otros países latinoamericanos. ¿Cómo pueden las comunidades receptoras aprovechar este potencial?

¿Cuantos kilómetros estás dispuesto a caminar para escapar del hambre? Para los venezolanos, no hay distancia suficiente para alejarse del colapso económico y social de su país.

Latinoamérica ha vivido una larga historia de flujos migratorios, sin embargo, hoy atraviesa un éxodo sin precedentes: desde 2016, más de 4,6 millones de mujeres, hombres y niños han salido de Venezuela en busca de un futuro mejor, según cifras de la agencia de refugiados ACNUR.

La migración venezolana es la mayor movilización humana de la historia reciente de la región. Los migrantes huyen de la crisis humanitaria y económica que ha deteriorado la seguridad ciudadana y los estándares de vida en ese país.

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Según la ACNUR, cada día entre 4.000 y 5.000 venezolanos salen del país, la mayoría a pie, a un destino incierto, pero con la esperanza de un mejor futuro para sus familias. Su movilización está cambiando el rostro de América Latina y el Caribe para siempre.

Entre los principales países de acogida se encuentran Colombia, Perú y Ecuador:

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Históricamente, la región ha vivido grandes flujos migratorios, sobre todo en la primera mitad del siglo XX: italianos y españoles en Argentina, japoneses en Brasil, chinos en Perú; mientras que a partir los 60 se han visto incontables migraciones intrarregionales y hacia Estados Unidos, especialmente desde Centroamérica.

Pero la migración venezolana presenta diversas particularidades. Debido a su magnitud, está generando una enorme presión en los países receptores, sobre todo en materia de salud, educación y empleo, los que han respondido con controles más estrictos.

Mitos y realidades

La crítica situación provocada por esta oleada ha llevado a 11 países de la región a aumentar los requisitos de ingreso a los migrantes y refugiados venezolanos, lo que no detiene el flujo, pero sí su regularización.

Uno de ellos es Perú. Ya son unos 870.000 los migrantes venezolanos que han atravesado 4.500 kilómetros para llegar a ese país, y según un nuevo informe del Banco Mundial las soluciones empiezan por la integración de los migrantes y el aprovechamiento de su potencial para impulsar nuevas oportunidades.

Sin embargo, existen muchos mitos en relación con los venezolanos en Perú que alimentan una creciente xenofobia e impiden su inclusión: “Si cerramos las fronteras no entran más”; “Todos los venezolanos que están en mi país son delincuentes”; “Mi país no puede albergar tanta gente”; “Los venezolanos nos vienen a quitar el trabajo”.

“Las percepciones negativas hacia la población venezolana son más dominantes en el Perú que en otros países receptores, y son susceptibles de acrecentarse”, expone el estudio, basándose en encuestas de opinión presentadas en el Proyecto de Opinión Pública de Latinoamérica de la Universidad de Vanderbilt.

De acuerdo con el mismo estudio – que forma parte de una serie sobre la migración venezolana en América Latina y el Caribe elaborada por las especialistas del Banco Mundial Paula Rossiasco y María Dávalos – la población venezolana en Perú es principalmente joven (alrededor del 42% tiene entre 18 y 29 años) y proviene en su mayoría de zonas urbanas. Está compuesta de grupos familiares, incluyendo a unos 117 mil niños. También está altamente calificada: el 57% de los venezolanos en edad de trabajar en el Perú tienen estudios superiores, y de ellos, la mitad ha completado su carrera universitaria.

¿Cómo aprovechar este potencial?

Se ha estimado que, de insertar a estos migrantes en el mercado formal, el valor agregado de la productividad laboral en Perú podría incrementarse un 3,2 %. Aun cuando los migrantes venezolanos están en el sector informal – el 50% de ellos trabaja en el área de servicios – y reciben salarios menores que los trabajadores locales, podrían generar un ingreso fiscal neto de unos 2.256 millones de soles anuales (unos 670 millones de dólares) gracias al aumento de la demanda agregada y el recaudo de impuestos. Esto equivale a más del 12 % del presupuesto público del sector salud del país para 2019.

Esto es dinero contante y sonante que usarían para comprar bienes y contratar servicios en el Perú, contribuyendo al crecimiento del país.

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¿En que trabajan los venezolanos en el Perú?

“Hola hija, ¿cómo amaneciste?” La relación de Paola Soto con sus familiares es meramente virtual. A tres países de distancia, su padre la saluda todas las mañanas por Whatsapp. Desde hace más de un año y medio esta médica cirujana huyó de su Venezuela natal y con mucha perseverancia logró insertarse en el mercado laboral peruano.

La policlínica donde atiende es una mixtura de nacionalidades. Atiende junto a médicos cubanos, enfermeras peruanas y profesionales colombianos. Todos los estudios y la experiencia profesional de Paola están puestos al servicio de la salud de quienes hoy atiende.


World Bank Group

Para aprovechar los beneficios de la migración, como la experiencia y estudios de Paola, la integración entre peruanos y venezolanos debe estar en el centro de la agenda de política pública, según las expertas.

El estudio resalta que Perú debe diseñar e implementar una respuesta multisectorial que incluya:

  • Adaptar el sistema institucional y legal para facilitar la integración de migrantes y refugiados.
  • Ampliar la oferta de servicios para todos en las principales áreas receptoras.
  • Brindar mayor apoyo a la población migrante más vulnerable.
  • Combatir los mitos que refuerzan la discriminación y la xenofobia.

Este éxodo es inevitable. Nunca tanta gente había abandonado su país en tan poco tiempo. Sin embargo, Latinoamérica puede transformar esta crisis en una oportunidad.

La gobernanza de la diáspora venezolana por Tomás Páez – El Nacional – 2 de Diciembre 2019

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Dos ex presidentes de Estados Unidos, J. F. Kennedy y Ronald Reagan,  integrantes de los dos grandes partidos políticos, demócratas y republicanos, han puesto de relieve la enorme importancia de las diásporas en el desarrollo de ese país. Keneddy lo hace en su libro Una nación de inmigrantes, al cual la editorial española define como un panegírico de las diásporas en el progreso de Estados Unidos. La primera página la escribe Oscar Handlin, reconocido historiador, quien nos dice: “Una vez yo pensé en escribir una historia de los inmigrantes de América. Entonces descubrí que la historia de los inmigrantes era la historia de América”.  Algo similar se podría decir de Venezuela.

J. F. Kennedy  lo reafirma al decir: «Todos los americanos son inmigrantes o descendientes de inmigrantes… solamente podemos hablar de personas que simplemente llegaron antes o después, y cuyas raíces en América son más antiguas o nuevas».  Agregaba, si se hubiese puesto freno a la migración y obstaculizado su ingreso “hoy seríamos considerablemente otro tipo de sociedad”. «Este es el secreto de América; una nación de ciudadanos con memoria de sus viejas tradiciones pero que, sin embargo, osaron explorar nuevas fronteras; gente ansiosa por construir nuevas vidas, en una sociedad abierta, que no restringe su libertad de elección ni de acción».  El texto explica los aportes de las diásporas al progreso y al desarrollo en todos los ámbitos: técnico, cultural y económico de Estados Unidos”. Estas reflexiones hechas el siglo pasado adquieren hoy día mayor significación, importancia y vigencia.

Ya lo había dicho Alexis de Tocqueville en 1831: Estados Unidos es una sociedad de inmigrantes, donde cada uno iniciaba una nueva vida y todos ellos en pie de igualdad” y ese país es lo que es gracias a sus inmigrantes. El prólogo del libro de Kennedy lo escribió su hermano Edward, en él alude a los “barcos féretro”, igual que las balsas y peñeros de la muerte de los socialismos cubano y venezolano. Refiriéndose al tema de la “gobernanza migratoria” afirma: “La cuestión no es llegar a saber qué leyes sobre la inmigración deben ser reformadas para enfrentarse a los problemas del siglo XXI. Lo urgente es preguntarse acerca de lo que queremos ser en el futuro, cuál debe ser el futuro de América” y la hacemos nuestra para Venezuela.

Por su parte, el  ex presidente Reagan, del partido republicano,  en su discurso de despedida aseveró: “Cualquier persona de cualquier parte del mundo puede ir a Estados Unidos y convertirse en ciudadano y a todos ellos agradecemos haber hecho la travesía para hacerse ciudadano estadounidense. Los inmigrantes han hecho de Estados Unidos una nación que se mantiene joven, siempre llena de energía y de nuevas ideas” y agregaba: “Si cerráramos la puerta a nuevos estadounidenses, nuestro liderazgo en el mudo pronto estaría perdido”.

En la médula de su planteamiento se encontraba la libertad de movimientos, la de un país abierto a la inmigración, a los inmigrantes trabajadores y pacíficos y al comercio, planteamiento y política situados en la acera opuesta de quienes esgrimen argumentos anti-comercio y anti-inmigración. De los inmigrantes resaltaba su “determinación y comprensión de que con trabajo duro y libertad podrán ellos vivir una mejor vida y sus hijos mucho más”. Presagiaba las nefastas consecuencias de cerrar las puertas a los nuevos americanos, pues ello pondría en riesgo de extinción el liderazgo de Estados Unidos en el mundo.  Desafortunadamente, todas las evidencias y argumentos no han podido evitar el surgimiento de los discursos del odio y de la anti-pluralidad, los cuales alientan los mitos del migrante como amenaza y enemigo, sobre los que se fundamentan muros y vallas, las físicas y, peor aun, la de papeles y burocracia.

La riqueza y diversidad de origen de la ciudadanía de Estados Unidos es el mejor de los datos. La de ascendencia europea se sitúa cerca de 40% y la de ascendencia hispana y latina próxima a 17%, en porcentajes menores la “afroamericana”, asiática y del Medio Oriente. Además, Estados Unidos han contribuido, junto a los demócratas alemanes y del mundo, a derribar muros como el de Berlín hace 30 años, fecha histórica que conmemoramos hace unos días.

Los muros del odio más sólidos que los físicos se reparten entre voceros de los países receptores y de origen: quienes no están dispuestos a recibir un migrante más en el país de acogida o quienes no conciben su regreso al país de origen: Comparten el desprecio por el ser humano. En Venezuela, voces exultantes lo expresan de manera exaltada y cual exorcistas giran sus cabezas al escuchar la palabra diáspora.

Venezuela, como país de inmigrantes, desarrolló una estrategia y creó las instituciones para la “gobernanza de las diásporas que recibía el país”.  De ello dan cuenta los diversos tratados y acuerdos globales, regionales y bilaterales de largo alcance como el establecido en el ámbito de la seguridad social con España y otros países.

Hoy se le plantea a Venezuela diseñar una estrategia y crear instituciones para la “gobernanza migratoria de su diáspora” conformada por cerca de 6 millones de venezolanos, aproximadamente 20% de su población. Para ello será indispensable consultar y apoyarse en la agenda fraguada por las asociaciones diaspóricas en todo el mundo.

Estas organizaciones, con hechos, han desmentido el mito de la diáspora como amenaza. Lo han demostrado con datos que refutan los argumentos esgrimidos por los defensores de nacionalismos estrechos, los cuales, sorprendentemente, guardan alguna coincidencia con los esgrimidos por quienes dicen defender la libertad de la movilidad humana y de las diásporas.

El mantra argumentativo se vale de creencias del tipo: roban el empleo, reducen el salario y consumen recursos del Estado de bienestar. Las opiniones de estos difieren de las percepciones y pareceres de los ciudadanos del mundo. En realidad, es todo lo contrario: genera nuevos empleos con mejores salarios y es fuente de progreso, innovación y desarrollo sostenible. De acuerdo a los resultados de encuestas en Estados Unidos y España, más de 50% de los ciudadanos ve con buenos ojos la apertura a la migración y muestra su desacuerdo con la devolución de los ciudadanos.  Pese a ello esos voceros alientan de manera machacona miedos y mitos.

Otros se han quedado en la fase de la denuncia de la mayor tragedia humanitaria de la región y la aterradora inseguridad que han forzado a millones de ciudadanos a buscar en otras latitudes lo que su país les niega. Es necesario insistir en ello pero además es preciso complementarlo con la puesta en escena de la “estrategia de gobernanza de la diáspora” y a ello ayuda la ruptura con esquemas de política convencionales. Tenemos a mano la información de las personas en diáspora, la de sus organizaciones y de sus actividades. Estamos obligados a agregar valor de manera conjunta.

La reciente reunión convocada por jóvenes de la diáspora, el Plan País en su décima edición y primera en Europa, si la memoria no nos falla, en un excelente ejemplo de lo dicho. En la reunión se debatió con intensidad y profundidad el tema de la diáspora y varias organizaciones tuvieron la ocasión de presentar sus logros internacionales.

El debate permitió arribar a distintas conclusiones, de las cuales se seleccionaron tres que fueron presentadas en la sesión plenaria. La primera subraya la urgencia de dotarse de una nueva perspectiva para comprender el fenómeno migratorio y sentar las bases para el diseño y ejecución de la “estrategia de gobernanza de la diáspora venezolana”, erigida sobre nuevos criterios y principios, fundamentadas en la información y el trabajo de las organizaciones diaspóricas.

Se recoció la diversidad y pluralidad del flujo migratorio venezolano y sus distintos segmentos ajenos a simplificaciones y rápidas generalizaciones.  El fenómeno migratorio venezolano es un desafío teórico, metodológico y empírico, su carácter complejo y multidimensional no lo hace problemático.

Se estableció la necesidad de dar mayor voz, visibilidad, presencia y beligerancia a las asociaciones diaspóricas en todos los encuentros e instancias, con el fin de profundizar y ampliar las relaciones con actores, organizaciones e instituciones de las ciudades y países de acogida. Como ejemplo se utilizó el encuentro promovido por la UE y la OIM, en el cual era necesaria una mayor participación de la diáspora y sus asociaciones. Mostrar, compartir, informar son vías para fortificar las relaciones de confianza construidas a lo largo de dos décadas.

Resultó evidente el clamor por una más decidida participación de la sociedad civil y sus instituciones, dentro y fuera de Venezuela, en el diseño y ejecución de la citada estrategia. La responsabilidad de desplegar la estrategia no solo demanda la participación de los países receptores, los organismos internacionales y las instituciones caritativas; también necesita una clara y decidida participación de las organizaciones diaspóricas globales, dentro y fuera de Venezuela.

La diáspora es el “Estado venezolano” de mayores dimensiones y reúne un importante activo para el desarrollo de Venezuela en todos los planos y ámbitos: económico, social, cultural, institucional, etc. Por ese motivo un tema de sumo interés para todas las instituciones y, en definitiva, para la sociedad democrática, pues de quienes se aferran al poder para destruir Venezuela no es posible esperar nada positivo.

¿Cómo se perciben los venezolanos en el proceso de integración? – Revista # 36 Avila/Montserrate – 1 de Diciembre 2019

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En esta última entrega analizamos la percepción de los ciudadanos venezolanos sobre sí mismos, de acuerdo con el informe del Proyecto Migración Venezuela propuesto por la revista Semana, con el apoyo de Semana Rural y los organismos de cooperación internacional Usaid y Acdi Voca

Existe una respuesta positiva sobre el proceso de integración. Según la encuesta realizada en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y Cúcuta en febrero de 2019, 72,8% de los entrevistados está más o menos de acuerdo o muy de acuerdo en que los venezolanos pueden aportar mucho a Colombia.

Pese a que los estudios demuestran que el impacto de la migración es positivo, el no integrar a la población de manera oportuna puede desencadenar problemas de discriminación. Esto se evidencia en que 73% considera que los venezolanos están siendo discriminados en Colombia.

Aunque el porcentaje es alto, la discriminación no es solo por su nacionalidad. Solo 40% se sintió rechazado por ser venezolano. En Bogotá y Medellín la mayoría contestó que no había recibido ningún rechazo.

En Barranquilla y Cali la proporción de quienes sí recibieron rechazo alcanza 46% para ambos, por encima del promedio total. En Cúcuta 54,5% sintió discriminación por haber nacido en Venezuela; probablemente, por ser ciudad fronteriza.

De los encuestados 17,9% dijo que ese rechazo lo sentía de manera frecuente; 65,8% algunas veces; y 16% en raras ocasiones. Indicaron que en la calle, en el trabajo o durante su búsqueda de empleo, sintieron mayor exclusión.

Consideraciones finales

Existe una división en los colombianos encuestados. A corto plazo, no están de acuerdo con que el Gobierno los acoja y consideran que generan un alto costo alto el Estado. Pero a largo plazo entienden que es necesario facilitar su acceso al sistema de salud, educación y al mercado laboral.

De ellos 39% está de acuerdo con que los venezolanos reciban nacionalidad colombiana y 76% con que los niños la obtengan. El tiempo que consideran prudente para que reciban la nacionalidad es igual o mayor a un año, y hasta cinco años en la mayoría de los casos.

Los colombianos tienen una respuesta de aprobación más alta cuando se trata de permitir y facilitar el acceso a salud y educación para los niños venezolanos, aunque actualmente todos los menores de edad en Colombia, sin importar su nacionalidad, pueden ingresar al sistema educativo.

Los estratos medios y las mujeres encuestadas reflejaron estar menos de acuerdo con acoger a la población migrante.

A largo plazo, son necesarias medidas aún más profundas que permitan a los venezolanos obtener la nacionalidad y adquirir otros derechos como el del voto. Mientras se impida el acceso a los servicios de salud, educación, empleo, vivienda, los migrantes serán percibidos como un problema para Colombia. La capacitación y la difusión de información podrían evitar que los brotes de xenofobia se generen.

Conflictividad social y xenofobia – Boletin # 36 Avila/Montserrate – 1 de Diciembre 2019

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En América del Sur están coincidiendo dos fenómenos de complicada asimilación institucional para cualquier sociedad. Una súbita movilidad migratoria proveniente de Venezuela, debido a una emergencia humanitaria compleja, y manifestaciones masivas de la población en los países receptores, con rasgos de violencia notables, provocadas por múltiples razones sociales y políticas. Ante este panorama es posible que los migrantes, extraños en tierra ajena, se conviertan en el chivo expiatorio, en elsospechoso habitual de cualquier trastorno del orden existente.

Estos hechos están impactando en la convivencia y en las dinámicas políticas de los países de acogida, lo que podría acelerar la aparición de xenofobia organizada y de políticas públicas centradas preeminentemente en la seguridad. Ambos procesos se podrían cruzar, sobre todo si las políticas de integración social sin exclusión han sido lentas y pocas. El migrante forzado suele convertirse en una nueva categoría social —más pobre entre los más pobres— y puede verse motivado o manipulado fácilmente para participar en estos movimientos callejeros.

En ningún caso se puede justificar la participación de extranjeros en movilizaciones violentas que atenten contra bienes públicos o privados. Si es así, el Estado tiene que actuar, bien sea contra los nacionales o los extranjeros que infringen la ley, con los instrumentos legales a su disposición. Por cierto, de base jurídica frágil debido a la debilidad de la legislación sobre la migración y el refugio en el caso colombiano. En toda situación hay que evitar que la xenofobia se apodere de la lógica de actuación del Estado y de la sociedad.

Las decisiones que es necesario tomar para facilitar la integración productiva serán más difíciles de adoptar ahora en una coyuntura que demanda creciente energía y capital político por parte del gobierno. El temor por la presencia de ‘extraños’ y ‘huéspedes molestos’ puede ser un detonador para que las decisiones de integración se posterguen. Así, los migrantes podrían ser doblemente victimizados.

Por otro lado, el sector de la migración que ha logrado estabilizarse económicamente, más formado e informado, tiene frente a sí un papel a cumplir para contribuir con aquella migración para la que es más complicada su estabilidad productiva y que, por lo tanto, puede ser presa fácil de estigmas. Se impone una responsabilidad moral. Evitar el nosotros —los buenos— y ellos —los malos— será clave en esta coyuntura.

Más fácil e inútil sería diferenciarse de los desfavorecidos creyendo que así se presta un servicio. En Ávila Monserrate manifestamos nuestra preocupación por las manifestaciones de xenofobia que se han observado y hacemos votos para que entre todos los sectores de la sociedad colombiana construyamos democráticamente el camino de la integración plena de la migración.

Los vecinos de Madrid toman la calle para apoyar a los refugiados venezolanos que duermen a la intemperie por David Placer – ALnavío – 28 de Noviembre 2019

Los vecinos del barrio La Latina, en Madrid, se han manifestado por primera vez frente al Samur Social, el lugar donde los solicitantes de asilo político sin recursos piden una cama de emergencia para no dormir en la calle. Los vecinos del barrio, en su mayoría españoles pero también de otras nacionalidades, presencian desde sus balcones una escena hasta ahora nunca vista: decenas de venezolanos duermen a la intemperie en plena ola de frío.
“Hay niños en la calle y no le importa a nadie”, coreaban los manifestantes / Foto: ALN
“Hay niños en la calle y no le importa a nadie”, coreaban los manifestantes / Foto: ALN

Los manifestantes salieron esta semana a la calle San Francisco 10, frente a la sede del Samur Social, con pancartas que decían “Ni una familia en la calle”. Unos 150 vecinos se congregaron frente a los solicitantes de asilo que aguardan en la acera para ser atendidos por los servicios de emergencias sociales en Madrid. “Hay niños en la calle y no le importa a nadie”, coreaban los manifestantes en su primera concentración frente a las dependencias de los servicios sociales de la capital española.

Los vecinos se congregaron allí para después marchar hacia el distrito La Latina, donde está una de las sedes del Ayuntamiento de Madrid. Allí volvieron a entonar consignas exigiendo soluciones de emergencia para las familias refugiadas, en su gran mayoría venezolanas.

La manifestación coincidió con el primer paro de los trabajadores del Samur Social, que se quejan por la falta de recursos para atender a los solicitantes. “Necesitamos una evaluación completa del sistema de acogida para los solicitantes de asilo”, explicó Azucena Pérez, trabajadora del Samur Social, que anunció nuevas movilizaciones de protesta por la falta de recursos.

Tanto los vecinos como los trabajadores piden refugios de emergencia para que nadie pase la noche en la calle. España garantiza alojamiento gratuito para los solicitantes de asilo político de cualquier nacionalidad. El gobierno central mantiene varios albergues para dar un techo de emergencia a los solicitantes de protección internacional al menos los seis primeros meses.

Pero la crisis de Venezuela ha hecho que las solicitudes de asilo político se disparen. Cada día, más de 100 venezolanos piden asilo y protección internacional en España. Los centros de atención al refugiado y las ONGs están colapsados por la llegada masiva de venezolanos que están comenzando a dormir en el aeropuerto, en las calles y en las estaciones de metro.

En medio del caos, los trabajadores de los servicios sociales organizaron un paro el pasado lunes en protesta por la falta de recursos ante la llegada masiva de inmigrantes, principalmente de Venezuela, pero también de Colombia y de países africanos.

La crisis humanitaria por la llegada masiva de venezolanos también ha abierto un conflicto político entre el Ayuntamiento de Madrid, en manos del Partido Popular, y el gobierno en funciones de España, presidido por Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha culpado al gobierno de no cumplir sus funciones, ya que las solicitudes de asilo son competencia del gobierno español. “Cuando llegan al aeropuerto de Barajas, el gobierno de España en vez de atenderlo, les da una tarjeta con la dirección del Samur Social (gestionado por la alcaldía)”, se quejó Martínez-Almeida.

El alcalde de Madrid asegura que solicitó al gobierno regional (presidido por Isabel Díaz Ayuso, también del Partido Popular) destinar al menos seis colegios en desuso en la Comunidad de Madrid para convertirlos en albergues de emergencia para los asilados políticos. Se trata de una medida de urgencia para evitar que las calles y las paradas de metro se llenen de inmigrantes sin techo. El gobierno regional todavía no ha respondido.

El alcalde se reunió hace pocos días con el embajador designado por Juan Guaidó, Antonio Ecarri, quien pidió ayuda a las instituciones madrileñas para paliar el drama humanitario de los venezolanos en España. Los organismos gubernamentales reconocen el colapso producido por la avalancha de venezolanos y, ante la falta de recursos, han sido los propios vecinos del barrio La Latina los que han tomado medidas.

Los manifestantes piden recursos para atender a los refugiados venezolanos / Foto: ALN

“Los vecinos nos traen comida al mediodía y en la noche. Cuando el Samur cierra, y la gente se queda en la calle, bajan y ofrecen a los refugiados una noche en su casa, en el sofá o en algún lugar”, cuenta Isabela Alchaer, venezolana de 20 años y solicitante de asilo que está en espera de un puesto en uno de los refugios desde el lunes pasado.

Los vecinos del barrio de La Latina han organizado un grupo de Whatsapp para gestionar la emergencia al margen de la estructura de ayuda oficial, colapsada por la emergencia humanitaria en Venezuela. Han comenzado a organizar cenas para los refugiados. Algunos vecinos de otros barrios también les llevan bebidas y bocadillos.

“En las tardes organizamos meriendas y actividades para las madres con niños. La idea es que los pequeños tengan un tiempo para refugiarse del frío y para que jueguen y se distraigan”, explica Carmen Martínez, una vecina del barrio que se sumó a la protesta.

En los últimos días, la ayuda vecinal también ha mejorado en estructura y organización. Se ha creado un fondo con aportaciones de voluntarios para pagar una noche en albergues y hostales para los casos con mayores necesidades: familias con bebés y enfermos. El movimiento vecinal ya cuenta con un organigrama y se ha designado hasta un portavoz oficial.

Los concejales del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid culpan al Partido Popular de negarse a aumentar las partidas presupuestarias. Se trata del primer conflicto político por la llegada masiva de venezolanos a España.

Y en medio de la tensión entre administraciones por el aumento de los sin techo, los venezolanos comienzan a elogiar la acogida de los españoles. “Viví dos años en Ecuador. Aquí no noto nada de racismo en comparación con lo que viví allí. Ahora estamos esperando una cama en algún refugio. Hasta ahora no nos han dado nada, porque todo está colapsado, pero los vecinos bajan y al menos nos dan comida”, explica Angélica Gutiérrez, una de las inmigrantes venezolanas recién llegadas a España.

Los venezolanos son la primera nacionalidad solicitante de asilo político en España. Entre enero y septiembre de este año, más de 28.000 venezolanos han solicitado ese estatus, es decir, un promedio de 105 cada día.

Los venezolanos exiliados en Colombia que sobreviven creando arte con bolívares por Miquel Vera – ABC – 26 de Noviembre 2019

En las calles de Bogotá, se les puede ver mendigando, vendiendo empanadas y hasta prostituyéndose por poco más que la voluntad

Casi un millón y medio de venezolanos han llegado a Colombia a lo largo de los últimos años huyendo de la lenta y sangrienta agonía del régimen chavista. En las calles de Bogotá se les puede ver mendigando, vendiendo empanadas y hasta prostituyéndose por poco más que la voluntad. Algunos, no obstante, han convertido su desventura en arte. Kristian Vásquez, de 28 años, lleva meses ganándose el pan vendiendo retratos de personajes famosos en el centro de la ciudad usando como lienzo bolívares -la devaluada divisa venezolana-. Así, este joven vende por tres euros efigies de celebridades pintadas sobre billetes de doscientos, quinientos y hasta veinte mil bolívares.

«Empecé a pintar sobre ”dinero” porque en Venezuela no tenía ni para comprar telas sobre las que dibujar», relata mientras apura una estampa con la cara Marilyn Monroe apoyado en las regias paredes de la Catedral Primada de Bogotá. Vásquez confiesa a ABC que al principio sentía pudor de dibujar las caras de Chávez o Maduro sobre los billetes, hoy son los que mejor se venden. «Es irónico retratarlos sobre las divisas que ellos convirtieron en la nada más absoluta», explica con impotencia. No en vano, los bolívares no se aceptan ya en casi ninguna casa de cambio de Colombia y están perdiendo uso hasta en Venezuela, donde el dólar y el peso colombiano ganan fuerza como moneda habitual en tiendas y mercados.

«He visto vender estos billetes a peso, de hecho, hace tiempo que tienen más valor como papel que al cambio», relata por su parte María, otra venezolana que convierte el papel moneda en bolsos, carteras y monederos. «Están hechos de un material muy bueno, a mí me van muy bien», comenta resignada mientras recorta, encola y engancha un pedazo de moneda con la cara de Simón Bolívar, prócer de la independencia de varios países hispanoamericanos que fue elevado a héroe por el régimen de Caracas. Ella llegó a Colombia acompañada de su padre y tres de sus ocho hermanas. De noche elabora su mercancía entretejiendo unos billetes que luego, ya en forma de complemento, vende, ironías del destino, a pocos metros de la céntrica plaza Bolívar de Bogotá.

«Además de ganarme la vida, pretendo llevar un mensaje de alerta a los países vecinos con mis pinturas, lo que pasó en Venezuela se puede replicar en otros lugares de la región como Argentina o Perú», advierte Kristian Vásquez. Según dice, para él el dinero es lo de menos, lo que teme es el ocaso de la libertad en su país: «Pintando sobre billetes he entendido que a la larga, el dinero es solo papel».

 

“Venezuela superaría en 2020 el fenómeno migratorio sirio” por Santiago Torrado – El País – 26 de Noviembre 2019

Eduardo Stein, representante especial de ACNUR y OIM para los refugiados venezolanos, proyecta que habrá 6,4 millones de migrantes de este país a finales del próximo año

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Eduardo Stein en una visita a un centro de atención a migrantes venezolanos en Cúcuta, Colombia, en octubre de 2018. SANTIAGO ESCOBAR-JARAMILLO ACNUR

“América Latina no volverá a ser la misma”, proclama el exvicepresidente guatemalteco Eduardo Stein. Como representante especial para Venezuela de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) es el responsable de coordinar esfuerzos para atender una emergencia migratoria sin precedentes en la región. Más de 4,5 millones de venezolanos han huido de la devastadora crisis de su país, de los cuales 1,5 millones han encontrado refugio en la vecina Colombia, por mucho el principal destino, seguido de Perú (860.000), Chile (371.000) y Ecuador (330.000). Ningún país puede enfrentar solo este éxodo”, valora Stein (Ciudad de Guatemala, 1945) en una charla con EL PAÍS durante su reciente visita a Bogotá para lanzar un plan regional ante las crecientes necesidades humanitarias de los refugiados y migrantes venezolanos en América Latina y el Caribe, así como las comunidades que los acogen.

Pregunta. Usted es el enviado especial para atender uno de los flujos de personas más grandes del mundo. ¿Cuál es la gravedad de esa emergencia migratoria?

Respuesta. América Latina está experimentando el mayor flujo migratorio forzado de toda su historia, ni en los periodos de las guerras de independencia, ni en tragedias de desastres naturales, hemos enfrentado un fenómeno de este tamaño. Los gobiernos empezaron a reaccionar en primer lugar con una enorme generosidad, acogiendo a la población venezolana que salía y sigue saliendo, pero llegando ya a niveles de saturación donde sus presupuestos nacionales y sus capacidades institucionales están agotados. Nos estamos enfrentando a un fenómeno de transformaciones profundas en toda la región. América Latina no volverá a ser la misma después de lo que estamos experimentando.

P. Y el flujo sigue

R. Mientras no haya una solución política interna estable en Venezuela, la gente que se siente en situaciones de carencias extremas va a seguir saliendo a razón de entre 4.000 y 5.000 diarios. Nosotros tenemos que prepararnos como región para un fenómeno de migración forzada que presiona las estructuras públicas de atención en salud, en educación y sobre todo la capacidad de oferta de trabajo. Y eso afecta directamente a comunidades domésticas en cada uno de los países. Lo que se ve indispensable es la necesidad de concertación regional. Solos nos debilitamos. La integración se vuelve una necesidad muy grande.

P. ¿Cuánto dinero requiere una emergencia migratoria de este tipo?

R. En ACNUR y OIM hicimos un esfuerzo a finales de 2018, en consulta con los gobiernos, para preparar un plan regional de respuesta a las necesidades de refugio y migración forzada. Se llegó a una cifra de 732 millones de dólares para 2019, de lo cual se ha logrado recaudar un 52% a la fecha. Pero el flujo de gente es indetenible y cada vez sale más gente en condiciones de precariedad extrema, comparada por ejemplo con 2015, cuando la mayoría eran profesionales de alto nivel que se pudieron insertar muy rápidamente en los países vecinos. Argentina, por ejemplo, ocupó casi inmediatamente cerca de mil ingenieros de petróleo que salieron de PDVSA [Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima]. En cambio, ahora se trata de población con necesidades extremas, y vulnerabilidades muy grandes. Para 2020 el plan de respuesta humanitaria y de desarrollo contempla 1.350 millones de dólares, y hemos logrado interesar de una manera más amplia y profunda a los Estados miembros de la Unión Europea, que ha sido un contribuyente muy importante.

P. Son cifras que desbordan la capacidad de respuesta de cualquier país suramericano. Colombia, por mucho el principal destino, ha pedido reiteradamente mayor cooperación internacional. ¿Se está produciendo?

R. Los tiempos de negociación política en las diferentes mesas que se han creado para buscar una salida a la crisis interna de Venezuela no son equivalentes a los tiempos humanitarios. Las necesidades humanitarias no pueden esperar. Y por eso no solo las autoridades colombianas, sino de todos los países que se han coaligado en el llamado Proceso de Quito están insistiendo en la urgencia de esa ayuda humanitaria para por lo menos enfrentar las primeras exigencias de esa crisis. Algunos países han impuesto un tipo de visa que lo que ha hecho es disminuir el flujo de ingresos legales, pero aumentar los cruces irregulares, lo cual coloca a esta población en una vulnerabilidad mayor, porque tienen que recurrir a bandas criminales transfronterizas para lograr estos cruces. Hay un nivel de urgencia por lo brusca y súbita de esta crisis. Pero también hay necesidades de carácter estructural, de inversión en las comunidades de acogida. Esto es esencial. La clave está en generar empleo para todos, no solo venezolanos y venezolanas.

P. Colombia parece cada vez más sola en su postura de acogida y flexibilidad migratoria.

R. Quiero destacar el valor intrínseco del Proceso de Quito, como un espacio para compartir experiencias exitosas sobre todo en el tema de la regularización y documentación. En la medida en que se regulariza un migrante o una persona en solicitud de refugio, descienden los riesgos de abuso y de violación a sus derechos humanos fundamentales. Lo que piden todos los gobiernos es poder arribar a mecanismos de concertación que permitan sobre todo alcanzar esa regularización.

P. ¿Qué le parece el comportamiento de las sociedades de acogida? ¿Teme que los latinoamericanos pierdan la paciencia y surjan brotes de xenofobia?

R. Esos brotes se han dado, se están dando. Pero afortunadamente hasta ahora han sido pocos. Es curioso cómo nos admiran desde afuera de América Latina en ese esfuerzo de concertación, solidaridad y apertura. La región se ha organizado para innovar en los temas más fundamentales de atención, no solo a la crisis especifica venezolana sino en general a nuestras necesidades integrales de desarrollo. El Proceso de Quito está produciendo resultados de entendimiento regional incluso en temas educativos, superando los esquemas que ya existían de convalidación de títulos profesionales.

P. Más allá de que pueda haber un cambio en Venezuela que altere las tendencias migratorias, es un fenómeno de inmensas magnitudes. ¿Cuáles son los escenarios que manejan para el próximo año?

R. A juzgar por crisis en otras regiones del mundo, esta población en números importantes ya no regresa a su país sino que echa raíces en el país de destino. Pero el retorno tarda por lo menos dos años o tres años, sino más. O sea, tenemos que estar preparados para atender todavía elementos de urgencia humanitaria por lo menos por los próximos dos años. Por eso hemos hecho este plan para el año 2020 en la espera de que la absorción o la inserción sociolaboral de los que ya salieron pueda caminar a los ritmos que los gobiernos estarían esperando lograr en los próximos meses.

P. ¿El próximo año los desplazados de Venezuela van a superar en número a los de Siria?

R. Si los flujos siguen como van, podríamos llegar a finales de 2020 a cerca de 6,4 millones de personas. O sea, sí superaría las cifras del fenómeno sirio. Con dos diferencias importantes. La gente está saliendo de un país que no está en guerra y de un país que tiene las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo.

P. ¿Qué enseñanzas le han quedado de este año largo en el cargo?

R. Se logró concitar un apoyo internacional para los momentos de emergencia humanitaria, que es el cruce y las semanas subsiguientes. También afloró con mucha fuerza la necesidad de invertir en las comunidades de acogida en términos integrales. Si no se genera empleo para todos, esas poblaciones inmediatamente se molestan con lo que entienden ser una mayor atención a los “fuereños”, por decirlo de alguna manera, que a los locales. Colombia ha sido un experimento muy notable, pues identificaron con mucha rapidez problemas de tipo jurídico o reglamentario que necesitaban modificar para agilizar la prestación de servicios básicos a la población que sigue llegando.

El fantasma del chavismo por Francisco Olivares – El Universal – 23 de Noviembre 2019

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo…

Una periodista venezolana que vive en Chile, Vanesa Arenas, a quien sigo, escribe en su cuenta de Twitter @VenessaVenezia: “El del Uber es venezolano. Me dice: ¿tú crees que con todos estos rollos en Chile valga la pena seguir haciendo el sacrificio de ser inmigrante? ¿Te devuelves? le pregunto. Sí. Ya compré los pasajes. Estoy cansado de fingir que puedo ser feliz lejos de donde estoy. Me mató”.

Otro venezolano que se vio obligado a salir de Venezuela y se refugió en Chile, el psicólogo Alberto Barradas @Psicovivir, hace igualmente una reflexión sobre su situación como inmigrante: “En fin, yo el año que viene decidiré si sigo en Chile o no. Eso no es lo importante. Lo importante es que he podido ser testigo cómo Latinoamérica le falta el gen del progreso. Puedo decir que viví en una generación que se destruyó así misma. Hemos sido testigos”.

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo, inversiones, investigación o tecnología. El vandalismo apareció al final de la tarde con saqueos y destrucción de bienes públicos como el caso de las estaciones del Transmilenio vandalizadas, 33 vehículos afectados; todos de servicio público, en Bogotá; así como en Cali, Santa Marta, Cartagena, Manizales, Tunja, Pasto, Medellín, Popayán, entre otras ciudades, que también sufrieron acciones delincuenciales durante la jornada de protesta. No faltaron 9 venezolanos involucrados en el vandalismo.

Reaparecen figuras como el ex guerrillero Timochenko, eso sí, protegido con guardaespaldas, y con una larga lista de asesinatos y narcotráfico tras de sí, hablando de paz y de la futura Colombia. Como en otros países como Chile y Bolivia, reaparece también el fantasma de una Constituyente para refundar el país.

Millones de venezolanos atravesaron sus fronteras caminando, huyendo del “mar de la felicidad”, buscaron los países con las democracias más estables y progreso económico como Chile, Perú, Colombia, Argentina y Ecuador.

Un punto en común y sorprendente, en la experiencia de los migrantes es que, en esos países, especialmente las generaciones jóvenes, no comprendían las razones que llevaban a los venezolanos a abandonar su país. La propaganda de la protección a los “más vulnerables”, la “igualdad”, la “dignificación” del indígena, frente al monstruo liberal, seguía arraigado en las universidades, en los sindicatos, en los círculos intelectuales.

A sus líderes como los Kirchner, Lula Da Silva, Rafael Correa, Daniel Ortega, las FARC, Ollanta Humala, Evo Morales, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sus bases de apoyo y seguidores les permitieron el desfalco de los dineros públicos, los negocios sin control, el enriquecimiento personal y de su entorno; y en el caso de los jefes de las FARC, manejar el gran negocio del narcotráfico y la extorsión. Todos han tenido en común la necesidad de mantenerse en el poder a como dé lugar y desterrar la alternabilidad de gobiernos mediante elecciones libres.

En Bolivia no cesan de intentar el regreso al poder, en Chile buscan la destrucción de la democracia, en Colombia ya comenzó. Tarde o temprano los factores de las FARC terminarán gobernando al vecino país en complicidad con las mafias organizadas; mientras en Venezuela ya no hay nada más que destruir. La experiencia socialista con 20 años en el poder, ha llevado al derrumbe económico al país de mayor progreso educativo y perspectivas de desarrollo del continente sur.

De la experiencia venezolana, Latinoamérica parece no querer aprender. Pero no todas son malas noticias. Tarde o temprano Venezuela producirá un cambio de nuevo hacia la democracia libre. Una nueva generación dirigirá el país, con gente que habrá asimilado la experiencia “socialista” militarista o autocrática, que los historiadores y politólogos habrán de describir como un modelo fallido y autodestructivo. La amarga historia venezolana permanecerá en varias generaciones, en un proceso parecido al que vivió la Europa Oriental bajo el comunismo, o la Alemania atrapada en el “Muro de Berlín”.

Permiso Temporal de Permanencia – Venezolanos en Colombia – Noviembre 2019

Según Cecodap: “El Estado Venezolano no está garantizando la estabilidad familiar” por Arnaldo Fernández – Contrapunto – 19 de Noviembre 2019

La solución requiere políticas públicas no únicamente de la vuelta de los migrantes, sino soluciones para que puedan vivir de manera normal.

Según informes de Cecodap, un 28.3 % de los migrantes venezolanos dejan menores de edad, lo que equivale a que uno de cada cinco migrantes deja un niño en el país, sumando un total 930.020 niños que se quedan en territorio nacional tras la salida forzada de sus padres, en búsqueda de mejores condiciones.

En la mayoría de los casos, en los hogares de dos padres en los que uno viaja, destacan los hombres como los que emigran y la madre entre los que cuidan a los niños, así como los abuelos cuando ambas figuras deciden partir en la busca de mejores condiciones de vida.

Según Cecodap, esa cifra asciende a 943 mil niños, tomando como punto de partida el dato más conservador y representa 81 mil más y 9,54 % con respecto al 2018, “Más niños son los dejados atrás en el país que la población de Nueva Esparta por ejemplo”, destacó Abel Saraiba coordinador del área psicológica de Cecodap.

Por todas estas razones, se presume que este impacto, es el que va a definir la Venezuela actual y definirá la Venezuela de los próximos 30 años.

“Uno de cada diez niños se ve afectado por la salida del país de sus padres, los padres migran en mayor cantidad que las madres y los abuelos aparecen como principales cuidadores de los niños niñas y adolescentes que se quedan en el país”, destacó Saraiba.

Con respecto a la comunicación diaria del 2018, entre los representantes migrantes y los niños y adolescentes que quedan en el país, aseguró que en 2019 ha prevalecido la comunicación de tres veces por semana, por encima de la comunicación diaria.

En este sentido, considera que “el Estado Venezolano no está garantizando la estabilidad familiar”, por lo que considera que el núcleo se está limitando a conversaciones vía skype y whatsapp.

En cuanto a la formación académica de los niños migrantes, aseguró: “Los niños lloran y no quieren estar solos y bajan el rendimiento académico, un impacto complejo que ha hecho que la familia busque apoyo psicológico y solo el 11 % declara haber recibido dicho apoyo”.

El tema de la migración y como afecta a los niños, asegura que es una realidad desatendida. Las remesas son recibidas por el 88 % y se convierten en el sostén de esa familia dejada atrás, las remesas van entre 10 y 80 dólares, “las remesas ayudan pero no son la solución”.

Finalmente, destacó que en 2019 son los ciudadanos que buscan dar solución a esta situación en donde “el estado debe cumplir su responsabilidad”.

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