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Cobijas, atún enlatado y fe en Dios – cómo sobreviven los venezolanos que huyen por Andrea Castillo – Los Angeles Times – 16 de Enero 2020

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A través de la lluvia y el viento, los migrantes venezolanos hacen el peligroso viaje a través de una meseta helada conocida como El Páramo de Berlín para llegar a Bucaramanga, Colombia.

Los ricos fueron los primeros en irse. Enviaron sus ahorros al extranjero y se subieron a vuelos internacionales.

La clase media fue la siguiente en salir. Se subieron a los autobuses, a veces viajando durante días a través de varios países.

Los pobres se quedaron.

Se quedaron cuando la economía se derrumbó, los alimentos escasearon, la escasez de medicamentos se volvió mortal y la electricidad se cortó durante días. Pero finalmente ellos también comenzaron a salir de Venezuela.

Simplemente se fueron.

La salida de la gente que huye a pie comenzó lentamente en 2017, con los jóvenes que esperaban encontrar trabajo y enviar dinero a casa.

Para el 2019, las mujeres y los niños, los enfermos y los ancianos también habían decidido arriesgarse, expandiendo un éxodo que ya es una de las mayores migraciones en masa de la historia moderna.

Se estima que cada día huyen unas 5.000 personas.

La salida más popular es a través de la ciudad fronteriza de Cúcuta en Colombia. Luego viene una de las partes más difíciles del viaje: un pasaje de 125 millas que sube a más de 9.000 pies de altura, hasta una larga y helada meseta llamada El Páramo de Berlín, antes de descender a la suave y verde ciudad de Bucaramanga.

El Times se propuso documentar el viaje, con un reportero y un fotógrafo compartiendo la experiencia durante cinco días, junto al río de gente. Ninguna historia por sí sola lograría captar la magnitud de la crisis.

Por eso el plan era observar desde los refugios instalados por buenos samaritanos a lo largo de la carretera.

El viaje comenzó un lunes por la mañana del pasado mes de mayo en las afueras de Cúcuta en una estación de la Cruz Roja, donde un trabajador se paró frente a un grupo de migrantes y les habló de un hombre de 21 años que había muerto de hipotermia mientras intentaba cruzar la meseta.

“No se los cuento para que se asusten. Se los cuento para que tengan cuidado y entiendan que estas tragedias han pasado”.

Cuando preguntó a dónde se dirigía la gente, gritaron destinos en Colombia – “¡Bogotá!” “¡Medellín!” “¡Cali!” – y más allá – “¡Ecuador!” “¡Perú!”

Llevaban mantas, colchas y mochilas caseras, folletos de la Cruz Roja, salchichas cocidas, galletas, agua embotellada y atún enlatado. Pero sobre todo, llevaban una profunda fe en Dios.

Valentina Durán llevaba a su hijo de un mes.

Samuel nació el 2 de abril en Cúcuta cuando Durán, de 22 años, huía por segunda vez a Colombia.

La primera vez fue en 2016. Durante los dos años siguientes, trabajó en una fábrica de ropa en la ciudad industrial de Cali, enviando lo que podía a sus padres y a los dos niños pequeños que había dejado a su cargo.

Cuando su hija se enfermó de neumonía el año pasado, Durán regresó a su ciudad natal de Maracay y apenas la reconoció. El dinero en efectivo que enviaba apenas alcanzaba y los estantes de las bodegas estaban vacíos.

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Un policía colombiano vigila a los venezolanos que cruzan la frontera de San Antonio del Táchira a Colombia a través de caminos ilegales cerca del puente internacional Simón Bolívar.

Seis meses después, regresó a Colombia e inmediatamente dio a luz.

Una mujer en el hospital la escuchó decir a los médicos que ella y Samuel no tenían hogar y se ofreció a acogerlos.

Se quedaron unas semanas antes de que Durán decidiera que era hora de volver a salir en busca de un trabajo. El autobús costaría unos 60 dólares, pero ella no tenía esa cantidad.

Por eso, ahora estaba cargando a su hijo por la Ruta 55, mirando una cinta de asfalto que desaparecía entre las montañas.

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A nueve millas de la frontera con Venezuela, Valentina Durán se detiene a descansar con su hijo Samuel después de sentirse mareada.

A nueve millas de la frontera, Durán se sintió mareada. Le habían diagnosticado baja presión sanguínea y desnutrición.

El sol del mediodía golpeaba. Los camiones de carga pasaban zumbando, levantando una nube de polvo que se les pegaba en la piel. El niño soltó un gemido.

“Ya, amor, ya. No llores”.

Se sentó a un lado de la carretera bajo la sombra de un gran árbol con Samuel envuelto en una manta de lana en su regazo.

Durán buscó en su pequeña mochila una botella de agua, llenó cuidadosamente la tapa y se la puso en los labios.

Bucaramanga estaba a 116 millas de distancia.

Unas eran las cosas que la gente llevaba consigo. Pero también estaban las cosas que la gente había dejado atrás – los barrios en los que crecieron, los abuelos que ayudaron a criarlos, las tumbas de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de salir.

Leidy Paredes y María Colmenares dejaron cuatro niños cada una.

Las dos mujeres, ambas madres solteras de unos treinta años, vivían en el mismo barrio de Maracay. Paredes dejó a sus hijos con su madre. Colmenares dejó a cada uno de ellos con un vecino diferente.

Su plan original era llegar a Bogotá, donde Paredes tenía un primo que había prometido enviarle un pasaje de autobús. Como nunca llegó el dinero para el pasaje, decidieron buscar trabajo en Bucaramanga.

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Leidy Paredes envía mensajes a amigos y familiares en Venezuela mientras otros migrantes cargan sus teléfonos en una estación de la Cruz Roja cerca de Cúcuta, Colombia.

A la mayoría de la gente le toma unas 50 horas caminar hasta allí desde la frontera. Conducir toma cinco.

Los caminantes hacen todo lo que pueden para que alguien los lleve. Agitan sus manos o banderas venezolanas. Levantan los dedos mostrando cuántos asientos necesitan. Les suplican a los conductores que los lleven.

Viajando el lunes con siete personas que conocieron en la carretera, Paredes y Colmenares descansaban en la orilla de la carretera, donde saltaban y reían.

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Mientras camina por la Ruta 55, Leidy Paredes le hace señas a un camión que no la quiso llevar.

Los camiones pasaban rápidamente frente a ellos.

Finalmente, alrededor de la 1 p.m., un autobús local se detuvo y el conductor hizo señas a su grupo para que subieran. Las dos mujeres se pusieron contentas.

Cuando el autobús pasó por delante de uno de los camiones que las había ignorado, Paredes levantó su dedo medio y se rio.

“Tenemos que reír, hermana”, le dijo Colmenares. “porque si no ríes lloras”.

Quince minutos después, la ruta del autobús terminó. El viaje les había ahorrado 45 minutos de caminata.

La vista desde la autopista explota en un collage de montañas ondulantes, valles exuberantes y ríos caudalosos.

Edgar Blanco y su hijo Leonardo, de 13 años, rara vez levantaban la vista para admirar el paisaje. Se concentraron en la única línea blanca que marca el borde exterior derecho de la carretera.

Sus pensamientos viajaban a la deriva, llevándolos a Venezuela, al estruendo del hambre en sus estómagos, o a Marvy -la esposa de Blanco y madre de Leonardo- que se había adelantado ese lunes por la tarde en un camión de plataforma.

Pero la línea blanca siempre estaba ahí. Era su vía escape.

Todo lo que tenían que hacer era seguirla.

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Leonardo Pereira, de 13 años y su padre, Edgar Blanco, de 46, caminan en la oscuridad hacia un refugio para dormir, en su primera parada nocturna en Colombia en el viaje que hacen a Quito, Ecuador.

Blanco conocía bien la ruta. Había viajado a solo a Ecuador en 2018, caminando y haciendo autostop para cubrir 1.000 millas en 11 días.

En Quito, la capital, ganaba 120 dólares a la semana trabajando en la construcción y enviaba a casa lo que podía. Lejos de su familia, la soledad le roía el alma.

Siete meses después, cuando Venezuela se había deteriorado hasta el punto de que sus remesas ya no cubrían ni siquiera el costo de los alimentos, volvió a casa a buscar a su esposa e hijo.

El cielo se tornó negro mientras él y Leonardo caminaban bajo las estrellas. El chirrido de los grillos y el silbido ocasional de Blanco rompían el silencio. Los camiones pasaban sin que nadie los viera.

Mantenían un ritmo rápido, esperando que su impulso los llevara pronto sobre el temido Páramo de Berlín.

“El Páramo es el más bravo que hay”, dijo Blanco.

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Niños venezolanos duermen bajo delgadas lonas de plástico en un campamento en Bochalema, Colombia, después de llegar con sus familias a pie.
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Jóvenes migrantes toman un baño antes de continuar su camino.

Cuando los dos llegaron a un campamento en Bochalema justo antes de las 8 p.m., Marvy los estaba esperando. Blanco se dobló sobre el pequeño cuerpo de su esposa mientras se abrazaban.

A su alrededor, otros viajeros colocaron finas mantas sobre la tierra en medio de la charla acerca de dolores de espalda, ampollas y el frío. A la mañana siguiente, la gente se bañó en el río.

Bucaramanga estaba todavía a 95 millas de distancia. Pero Blanco y su familia volvieron a estar juntos.

Lo más pesado que llevaban los viajeros eran sus historias de dolor.

Ana María Fonseca Pérez tenía sólo 40 años, pero ya conocía el tipo de pérdida que algunas personas no experimentan nunca en toda su vida.

Su esposo, José Tomás Hernández Durán, sufría de diabetes y dependía de las inyecciones diarias de insulina. Un día en 2017, el medicamento se agotó. Su familia buscó por todas partes, pero todas las farmacias estaban agotadas.

Murió poco más de un mes después a los 44 años.

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Ana María Fonseca Pérez y su sobrina Francesca Huerta Pérez, de 4 años, caminan por la Ruta 55, seguidas por otros seis familiares y amigos. Fonseca salió de Venezuela después de que su esposo e hijo murieron. “Vine aquí para poder olvidar”, dijo.

Luego, en abril de este año, su hijo Sergio Manuel Fonseca Pérez estaba entrenando con la guardia nacional cuando sufrió apendicitis y fue llevado al hospital.

Los apagones generalizados hicieron imposible su operación. Antes de que se restableciera la electricidad, había muerto.

En esta mañana de martes, esa madre caminaba con su hija de 15 años, un sobrino, dos sobrinas y tres amigos.

Una de las sobrinas, Francesca Huerta Pérez, de 4 años, veía a las vacas en un pasto cercano y le ladraba a un perro encadenado.

Se asomó a través de una valla que rodeaba una escuela primaria, donde niños y niñas con uniformes azules y blancos impecables, miraban a la pequeña que vestía un sucio suéter rosa que le quedaba grande.

“Llévanos”, le dijo a nadie en particular. “No quiero caminar demasiado”.

Otro hijo ya había llegado a Perú y le envió a Fonseca un mensaje advirtiéndole que el viaje era difícil.

“No vas a llegar”, le dijo.

Pero Fonseca había llegado a la conclusión de que no tenía más remedio que intentarlo.

“Yo vine aquí para poder olvidar”, dijo.

Martha Duque observaba a los migrantes desde su ventana.

A finales de 2017, el flujo de personas a través de Pamplona – su ciudad de 60.000 habitantes, situada a 48 millas de la frontera venezolana – se había hecho tan grande que Duque no podía ignorar su situación, especialmente cuando llovía.

“Me dio mucho pesar ver a la gente mojándose”, dijo. “Y nadie les abría una puerta”.

Así que empezó a permitir que algunos hombres durmieran en su garaje cada noche. Pronto comenzó a recibir a mujeres y niños en el interior de su casa.

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Decenas de venezolanos hacen cola frente a la casa de estuco de seis dormitorios y dos pisos de Martha Duque en Pamplona, Colombia, que ella ha convertido en un refugio para migrantes.

Algunos llegaban con hipotermia, así que Duque los envolvía en mantas y los calentaba con secadores de pelo. Algunas le decían que habían sido asaltadas sexualmente por los camioneros.

La operación de ayuda creció a partir de ahí, convirtiéndose en un pilar de una infraestructura siempre cambiante de refugios nocturnos, paradas de descanso y estaciones de la Cruz Roja.

A las 6 de la tarde del martes, las oscuras nubes de lluvia cubrían el cielo. Docenas de viajeros cansados se sentaron encima de sus pertenencias, esperando entrar en la casa de estuco de seis habitaciones y dos pisos.

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Martha Duque prepara comida para docenas de venezolanos que esperan afuera de su casa convertida en refugio.
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En 2017, comenzó a permitir que algunos hombres durmieran en su cochera cada noche. Pronto comenzó a dar la bienvenida a las mujeres y los niños en el interior de la casa. Duque vive arriba con su esposo e hijo, junto con nueve voluntarios – todos venezolanos que decidieron quedarse y ayudar a otros.

Duque, de 65 años, salió a saludarlos. Pidió que todos los que tuvieran hambre se pusieran en fila para que ella pudiera repartir tazones de pollo y arroz. La comida se agotó rápidamente antes de que muchos pudieran comer.

En ese momento, los trabajadores de un grupo de ayuda llegaron con pan de una panadería local. Ayudaron a Duque a mezclar leche, maicena y azúcar en una bebida caliente y espesa conocida como colada de maizena.

Los niños lloraban en una oficina convertida en dormitorio. Los sofás se apartaban y se colocaban esteras de plástico en la sala, cuyas paredes blancas estaban salpicadas con las huellas de los niños.

Duque se ubicó en el piso de arriba, donde ella, su esposo y su hijo viven con nueve voluntarios, todos venezolanos que decidieron quedarse y ayudar a otros.

En el piso de abajo, más de cinco docenas de personas durmieron hombro a hombro.

Una sudadera con capucha gris, era delgada y de algodón, pero resultó ser la prenda más abrigadora que Josué Moreno y Ángel Verde poseían después de haber sido robados en la frontera.

Durante días, los dos adolescentes -amigos de la ciudad de Valencia-, habían estado cambiando de ropa cada pocas horas.

Dormían bajo la lluvia el martes por la noche en una acera de Pamplona.

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Josué Moreno, izquierda, lleva la sudadera con capucha que comparte con su amigo Ángel Verde. La sudadera era la prenda más abrigadora que ambos aún poseían después de haber sido asaltados en la frontera entre Colombia y Venezuela. La intercambiaban llevándola unas cuantas horas cada uno.

A la mañana siguiente todavía lloviznaba mientras se acurrucaban fuera de un remolque de la Cruz Roja, temblando bajo una lona negra en una larga fila de personas que esperaban que alguien abriera una puerta y los dejara entrar.

Cuando Josué llegó al frente de la línea, discutió con los trabajadores por su falta de identificación -que le habían robado- antes de que cedieran y le dijeran que esperara a que lo llamaran por su nombre.

Él y Ángel no habían comido nada en más de un día cuando les entregaron tazones de carne de res desmenuzada y arroz que devoraron. La ayuda que recibieron también incluía comida enlatada, botellas de agua y una manta.

Cuando estuvieron listos para salir, el valle se llenó de niebla, y el consenso entre los migrantes fue que sería más seguro esperar hasta la mañana para seguir adelante.

Los dos muchachos regresaron a Pamplona y se instalaron para otra noche en la acera. Josué se puso la sudadera con capucha sobre su camiseta rosa y desplegó la manta para compartirla con su amigo.

La peligrosa meseta estaba ya a 22 millas de distancia.

“He caminado mucho para devolverme”, dijo Josué.

Cuando Hugo Chávez se convirtió en presidente de Venezuela en 1999, Eva Alfaro Aldana lo celebró junto con gran parte del país.

Al principio, el líder socialista cumplió sus promesas de elevar los niveles de vida, expandiendo el control del gobierno sobre las enormes reservas de petróleo de Venezuela durante un auge sin precedentes de los precios del petróleo canalizando mucho dinero hacia programas sociales.

Alfaro era propietaria de una casa y ganaba lo suficiente en un supermercado local como para vivir cómodamente con su hijo, Luis Mario Fuenmayor Alfaro.

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Eva Alfaro Aldana, de 61 años, rellena sus zapatillas, que son dos tallas más grandes, con papel higiénico.

Pero entonces los precios del petróleo cayeron y el experimento social comenzó a desbaratarse. Después de la muerte de Chávez en 2013 y de la toma de posesión de su sucesor, Nicolás Maduro, el país se sumió en una profunda recesión.

Alfaro se aferró al sueño hasta 2015, cuando hombres armados irrumpieron en su casa y dispararon a su hijo en la mano y la pierna.

Pronto su trabajo en el supermercado desapareció. A los 61 años, barría las tiendas en busca de monedas, mientras que Fuenmayor, de 30 años, que antes comerciaba productos electrónicos, ahora vendía cigarrillos sueltos. Para sobrevivir escarbaban en los contenedores de basura buscando comida.

Ahora Venezuela estaba 68 millas detrás de ellos. Era jueves por la tarde y llevaban cuatro días caminando.

Alfaro decidió cambiar sus zapatos gastados por un par de su hijo. Eran dos tallas más grandes, así que rellenó las puntas con papel higiénico.

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Luis Mario Fuenmayor Alfaro ayuda a Liliana Mendoza, izquierda, y a su madre, Eva Alfaro Aldana a subir una última colina antes de llegar a una estación de la Cruz Roja en La Laguna, Colombia.

Los dos estaban descansando en un pedazo de césped cerca de la autopista cuando un todoterreno negro se detuvo y cuatro hombres se bajaron.

Uno se presentó como Wilmer Azuaje. Dijo que había sido un legislador de la oposición en Venezuela y que el gobierno de Maduro lo había encarcelado y torturado antes de que lograra huir a Colombia a principios de 2019.

Ahora trabajaba con una organización benéfica para los venezolanos, explicó mientras sus compañeros les daban a Alfaro y a su hijo pan y botellas de agua, que devoraron con rapidez.

Uno de los hombres levantó un teléfono para grabar un video, diciendo que iban a mostrar el material a los políticos en Washington.

Azuaje le pidió a Alfaro que explicara en cámara por qué huyó.

“Yo no tengo nada en Venezuela”, dijo, rompiendo en lágrimas. “Ni siquiera una casa a donde regresar”.

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El político venezolano Wilmer Azuaje consuela a Eva Alfaro Aldana mientras llora al explicarle por qué huyó de Venezuela.

“O tratamos de llegar a otro país o nos morimos”, dijo su hijo “Lo que estamos haciendo en Venezuela es muriendo de hambre. ¿Cómo vamos a pagar un pasaporte si ni siquiera tenemos para comer? No estamos saliendo, estamos escapando”.

Azuaje trató de consolarlos.

“Esto va a cambiar. Créame”, dijo. “Con la fe en Dios, vas a regresar”.

El Páramo de Berlín se encuentra a 10.500 pies sobre el nivel del mar y se extiende a lo largo de 27 desoladas millas, un paisaje formado por el aire enrarecido debido a la altura, la lluvia helada y los vientos cortantes.

Cuando los caminantes llegan a la meseta, han escuchado rumores de muertes de migrantes y relatos sobre la locura de tratar de atravesarla a pie.

“Busque el dinero para viajar seguro”, dice la advertencia en un mapa repartido por los grupos de ayuda.

Nelly Briseño no tenía dinero – mientras que otros dormían bajo los porches, ella había gastado sus últimos pesos para compartir una habitación con cuatro amigos en un hostal en La Laguna, a 70 millas del viaje y el último pueblo antes de la meseta.

Pero sí tenía atún.

Las latas de pescado, distribuidas por la Cruz Roja, se han convertido en una moneda de cambio importante aquí.

Poco después de que Briseño y sus amigos comenzaran a caminar de nuevo el viernes por la mañana, un camión vacío con lonas negras que cubrían un marco de madera se detuvo frente a ellos.

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Yosmary Aular, de 37 años, reconforta a su hijo Brian Pineda, de 13 años, minutos después de haberle rogado que los dejara subir a un camión que transportaba migrantes a través de La fría meseta. El camionero cobró 1.000 pesos, unos 30 centavos, y ella se quedó sin dinero. Se negó a dejarlos subir al principio, pero luego cedió.

El conductor pidió a cada uno de ellos tres latas de atún. Explicó que estaba infringiendo las leyes de tránsito al transportarlos, por lo que más tarde vendería las latas para obtener una ganancia.

El conductor se detuvo para recoger más migrantes. Los dejó a unos kilómetros en otra estación de la Cruz Roja y les dijo que lo esperaran mientras él volvía a buscar a los rezagados.

Cuando regresó con otras dos docenas de personas, explicó que el viaje a través de la meseta le costaría a cada uno de ellos 1.000 pesos, o 30 centavos de dólar. Esta vez, no aceptó el atún.

“Todo es un negocio”, dijo.

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Los venezolanos evitan una noche fría y sin refugio haciendo autostop en la parte trasera de un camión de carga a través de una meseta helada. Algunos se ven obligados a permanecer de pie durante los 90 minutos del viaje por falta de espacio.

La gente lo rodeaba, suplicando. Ofrecieron todas sus latas. Pero él no cedió.

Los que tenían dinero lo juntaron y le pagaron al conductor. Pero una mujer con los ojos muy abiertos que viajaba con su hijo y su sobrina de 13 años le rogó que los dejara subir. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras expresaba su temor de quedarse atrapada de nuevo en el frío durante la noche.

“Por favor”, dijo.

Finalmente, el conductor cedió. Les dijo a sus 40 pasajeros que se mantuvieran callados en caso de que la policía lo detuviera.

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Un pequeño es subido a la parte trasera de un camión mientras los migrantes se apresuran a hacer autostop en el frígido Páramo de Berlín en su peligroso viaje para escapar de Venezuela a través de Colombia.

Mientras el camión avanzaba, el frío se colaba entre las lonas. Los pasajeros pudieron ver los pastos de las vacas y la carretera vacía.

Nadie habló. Los únicos sonidos eran el tambaleo del motor, el bocinazo ocasional, el golpeteo de los ganchos de metal que aseguraban una lona y la tos constante de una mujer.

Al mediodía, el granizo comenzó a golpear la lona. Diez minutos después, el camión se detuvo. La parte más temida del viaje -el cruce de la meseta- había durado una hora y media.

Entonces el conductor, que había parecido tan indiferente a la difícil situación de los viajeros, se despidió de ellos mientras bajaban del camión.

“Dios los bendiga y los proteja”, dijo.

Todavía estaban a 28 millas de Bucaramanga, pero ahora todo era cuesta abajo.

En los últimos cinco años de decadencia de Venezuela, más de 4 millones de personas han huido del país. Con 29 millones todavía allí, el éxodo podría continuar fácilmente durante años.

Y números incalculables pasarán por Cúcuta, donde Valentina Durán, Edgar Blanco, Ana María Fonseca Pérez y los demás iniciaron su viaje.

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Las madres que sostienen a sus hijos observan cómo otros desembarcan del camión que los transportó a través de la fría meseta.

Cada día más enfermeras, maestros, mecánicos, obreros de la construcción, peluqueros y comerciantes llegan al río Táchira y cruzan puentes construidos con cantos rodados, sacos de arena y ramas de árboles a través de los cañones y subiendo por las orillas hasta la ciudad.

Se detienen para almorzar en un comedor de beneficencia. Se dirigen a la Cruz Roja y se conectan a Facebook o WhatsApp para que sus familiares sepan que han llegado hasta aquí.

Esperan sus turnos para hacerse revisiones médicas y recibir atún, galletas saladas y agua. Asisten a las conferencias sobre los peligros que se avecinan.

Luego se levantan de sus asientos y se dirigen a la carretera.

Algunos se detienen fuera del edificio para examinar los mensajes que otros caminantes han dejado en una de las paredes de estuco, transformándola en un monumento a Venezuela.

“Sé que estamos pasando por un momento súper difícil, pero también sé que con la ayuda de nuestro Papito Dios saldremos adelante”.

“Dejando a nuestra familia – esposa, hijos, hermanos- con el corazón roto”.

“Pronto volveremos a ti, mi país querido, con el favor de Dios”.

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Un grupo de venezolanos cruza la frontera de San Antonio del Táchira a Colombia por caminos ilegales cerca del puente internacional Simón Bolívar. Cada día, 5.000 personas huyen del país.

Carta de los obispos de Venezuela – 10 de Enero 2020

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CARTA FRATERNA DE LOS OBISPOS DE VENEZUELA

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin de los tiempos” Mt 28,20

A nuestros hermanos venezolanos en la nación y en la diáspora, a todos los pueblos e Iglesias hermanas de América y del mundo:

I. SALUDOS FRATERNOS

1.- Al inicio de este año 2020, como fruto de la oración y reflexión que acompañan y fortalecen nuestro compromiso con el pueblo al que pertenecemos y del cual somos pastores, impulsados por la conciencia del deber como profetas que hacen sentir el clamor de nuestra gente, dirigimos esta carta fraterna a todas las Iglesias hermanas de América y del mundo, a los hombres y mujeres de buena voluntad y a todos los hermanos de Venezuela que viven y luchan dentro del país o han ido a otras naciones como emigrantes.

2.- En comunión con el Santo Padre Francisco, quien en diversas oportunidades ha repetido que: “en la voz de los obispos venezolanos está la voz del Papa”, denunciamos la situación de crisis que golpea a nuestra nación y que, lejos de superarse, se agrava. Se trata de una crisis social, económica y política que se ha convertido en una “emergencia humanitaria” moralmente inaceptable, caracterizada por el menosprecio a la dignidad humana, pues viola el derecho fundamental a la vida, a la educación, a la salud, a la integridad y al desarrollo.

II. A NUESTROS HERMANOS VENEZOLANOS

3.- Como pastores, somos pueblo con ustedes y por eso compartimos sus alegrías, esperanzas, angustias y dificultades. Queremos consolar a los afligidos, proteger a los débiles y apoyar la edificación de una sociedad justa, libre y fraterna. Pueden contar con la Iglesia que continuará apoyando a todos, particularmente a quienes están pasando hambre, desolación, desatención médica, cárcel por motivos políticos, persecución y maltrato de su dignidad.

4.- Inspirados en los principios del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmamos que el pueblo, con sus diversas expresiones de vida social y cultural, es el auténtico sujeto y protagonista del cambio requerido en Venezuela, así como del desarrollo para enrumbar el país hacia mejores condiciones de vida. Esto implica actuar con la mirada puesta en el horizonte de los principios y valores fundamentales, sin dejarse manipular por quienes quieren comprar su conciencia con dádivas o con falsas promesas y expectativas. También conlleva la unión de esfuerzos, capaz de romper los intereses particulares de personas y grupos, y el surgimiento de un nuevo liderazgo político y social para guiar y acompañar a todos hacia un futuro de dignificación, en la justicia y en la libertad.

5.- Los últimos acontecimientos de atropello a la Asamblea Nacional nos llevan a reafirmar lo que expresamos el 12 de julio del año 2019 en la Exhortación dirigida al pueblo: “Ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo, una vuelta a la Constitución. Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo Presidente de la República. Para que sea realmente libre y responda a la voluntad del pueblo soberano, dicha elección postula algunas condiciones indispensables tales como: un nuevo Consejo Electoral imparcial, la actualización del Registro Electoral, el voto de los venezolanos en el exterior y una supervisión de organismos internacionales… igualmente el cese de la Asamblea Nacional Constituyente”. El referido cambio presidencial lo posibilitan los Art. 70 y 71 de la Constitución venezolana.

6.- Exigimos a los miembros de la Fuerza Armada guiarse por la sana conciencia de su deber, sin servir a parcialidades políticas, respetando la dignidad y los derechos de toda la población, como juraron ante Dios y la Patria. “¡En el nombre de Dios, pónganse del lado verdadero de la Constitución y del Pueblo al que pertenecen y juraron defender!” (Comunicado de la Presidencia de la CEV el 08 de enero 2020).

7.- Quienes se dedican a la política, tanto en el gobierno como en la oposición, han de prestar atención a los clamores de la gente, fijarse en sus necesidades y no en los acomodos que aseguran sus privilegios e intereses particulares. Valoramos la generosidad y la valentía de quienes han aceptado los riesgos del rescate de una verdadera democracia.

III. A LOS HERMANOS VENEZOLANOS QUE SE HAN IDO DEL PAÍS

8.- Millones de venezolanos se han visto forzados a salir de nuestra patria para mejorar su calidad de vida en otros países. Sabemos de las vicisitudes que han tenido que sufrir y los riesgos que ha supuesto su partida. Recuerden que Venezuela siempre se ha distinguido por ser un país de acogida a migrantes venidos de diversas partes del mundo. Los recibimos con sentido fraterno y los incorporamos a nuestro quehacer social y cultural. Muchos de ellos se integraron de tal forma, que formaron hermosas familias entre nosotros. Su aporte contribuyó 3 tanto al desarrollo material y humano de nuestra nación, como al fortalecimiento de la fe en cada una de nuestras Iglesias particulares. Los animamos a ustedes que están viviendo en tierra extranjera como ellos, a que se incorporen y se integren a estas nuevas culturas. No dejen de expresar su testimonio de fe y caridad brindando su participación en las obras de la sociedad y de la Iglesia. Sean siempre embajadores de la herencia recibida de nuestros antepasados, en especial, el espíritu de solidaridad, la alegría y la fraternidad. Dios los proteja. No olviden a los suyos y sientan nuestra proximidad en la oración y las bendiciones.

IV. A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

9.- Agradecemos de corazón la acogida que los países e Iglesias del continente y del mundo han brindado a quienes han emigrado para poder sentir la solidaridad y la real posibilidad de un trabajo y una condición que les permita vivir y contribuir con su familia que quedó en Venezuela. Lamentamos las actuaciones negativas de algunos venezolanos, así como su rechazo en diversos pueblos hermanos. Rogamos a las naciones que los reciben, prestarles los cuidados y atenciones que les permitan vivir con dignidad, aportando lo que pueden y son capaces de hacer.

10.- Les pedimos que escuchen el clamor del pueblo venezolano. Ante la declaración de normalidad que las autoridades y medios de comunicación del gobierno proclaman y difunden, denunciamos su falsedad y cinismo. Es inaceptable que un país con inmensas riquezas haya sido empobrecido por la imposición de un sistema ideológico que, lejos de promover el auténtico bienestar, ha vuelto la espalda a sus ciudadanos, por lo que hoy sufrimos el aumento de la desnutrición infantil, la destrucción del aparato productivo y el crecimiento de una especulación agobiante y la corrupción intolerable.

11.- Para quienes hoy están al frente del gobierno, lo que cuenta no es el bien común sino el interés desmedido de riqueza y poder hegemónico, capaz de resquebrajar todo intento de vivir en auténtica democracia. Vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos, a esto se añade la presencia de grupos irregulares bajo la mirada complaciente de las autoridades civiles y militares, la explotación irracional de recursos mineros que destruye amplias extensiones del territorio venezolano, el narcotráfico y la trata de personas.

12.- Reconocemos los esfuerzos realizados desde diversas instancias internacionales para atender la situación de Venezuela. Seguimos apostando al diálogo sincero y las negociaciones que reúnan las condiciones de respeto a los derechos fundamentales del pueblo venezolano: libertad, dignidad, justicia y democracia. Creemos que el apoyo internacional debe orientarse a exigir al actual gobierno venezolano la realización de elecciones libres y confiables, además de una ayuda solidaria y humanitaria para solventar la situación de emergencia de la mayoría de los venezolanos.

V. A LAS IGLESIAS HERMANAS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

13.- Les hacemos llegar nuestra gratitud por la acogida, atención y acompañamiento a tantos venezolanos llegados a sus naciones. Sabemos de la solidaridad con la que los han recibido, dando así muestra de la caridad fraterna sin límites que distingue a los discípulos del Señor Jesús. Ellos les hablarán de la triste situación que embarga a nuestra nación donde estamos dando una respuesta eclesial esperanzadora. Somos conscientes de la complejidad de recibir a tan gran número de personas y estamos seguros de que la herencia de una fe vivida y enriquecida por el trabajo en las parroquias, instituciones eclesiales y movimientos de apostolado de muchos de ellos, contribuirá al bienestar de sus comunidades cristianas. No pocos de ellos se han incorporado a participar como agentes evangelizadores. Les exhortamos a que los sigan acompañando en su compromiso y maduración en la fe.

VI. SALUDO FINAL

14. Hermanos venezolanos, Iglesias hermanas y pueblos del mundo: reiteramos nuestra vocación de pastores y servidores de todos. Nos hacemos eco de los clamores de libertad, justicia y sana convivencia que brotan de los corazones de quienes sufrimos en esta hermosa tierra de gracia. Imploramos la maternal protección de María de Coromoto, celestial patrona de nuestra nación que nos pide hacer lo que su hijo Jesucristo nos dice. Fraternalmente,

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela.

Caracas, 10 de Enero 2020

Migración venezolana: Balance 2019 por Betilde Muñoz-Pogossian  – El Nacional – 11 de Enero 2020

Por segundo año consecutivo, el Migration Policy Institute, un centro de pensamiento basado en Washington, DC que se especializa en materia migratoria a nivel mundial, catalogó la crisis migratoria venezolana como la número 1 en su lista de los 10 temas migratorios de 2019. Esta crisis también ha estado en el centro de la discusión en el sistema de la ONU, la Unión Europea y la Organización de los Estados Americanos.

Los números para 2019 confirman que 4.769.498 venezolanos han salido del país en los últimos años. El volumen de gente desplazada se compara solo a Siria a nivel mundial, que hoy ya tiene 6,7 millones de refugiados. Algunos estimados indican que para 2020 podríamos ver que la crisis migratoria venezolana alcance esos niveles.

Al tiempo que vemos que los venezolanos siguen emigrando a otros países, tenemos también que entender que las cosas nunca serán igual para Venezuela, y tampoco para nuestros coterráneos en el exterior. ¿Qué pasó en 2019 en este tema? ¿Cómo reaccionaron otros países y la comunidad internacional ante este monumental reto para la región, y para el mundo? Aquí reseño los principales hitos en el tema de migración venezolana en 2019.

Enero

2019 comenzó agitado. La Organización de los Estados Americanos decidió “no reconocer la legitimidad del período del régimen de Nicolás Maduro a partir del 10 de enero». La resolución se aprobó con 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y 1 ausencia. Con esto, y al asumir Juan Guaidó la presidencia interina de Venezuela, un grupo de países comenzó progresivamente a reconocer a Guaidó como su contraparte oficial, y la conversación sobre la aceptación de los pasaportes expirados de los venezolanos por estos países también cobró relevancia.

Diana Carolina, una mujer ecuatoriana de la ciudad de Ibarra en Ecuador, fue víctima de violencia de género a manos de su pareja. Su compañero de nacionalidad colombo-venezolana era un migrante. Desafortunadamente, se culpó de esta tragedia a la migración, en vez de su fuente real, la violencia basada en género, y su manifestación más violenta: el feminicidio.

Febrero

El 23 de febrero, líderes de la oposición incluido el presidente interino, Juan Guaidó; el secretario general de la OEA, Luis Almagro; y los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay se reunieron en Cúcuta, Colombia para el concierto Venezuela Live Aid, y para apoyar el esfuerzo internacional de llevar ayuda humanitaria a Venezuela.

Marzo

La ONG venezolana Cepaz publicó el único análisis específico y el más completo de la situación de las mujeres migrantes de Venezuela. Se reseñan los retos específicos para las mujeres migrantes y se mapean propuestas de políticas públicas para responder a esos retos.

Abril

Las ONU reconoció abiertamente la escala del problema humanitario en Venezuela, caracterizándolo como “importante y en crecimiento”. Advirtió que al menos 25% de la población, o 7 millones de venezolanos, necesitaban asistencia humanitaria para esa fecha.

Nueve países de la región, i.e. Ecuador, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela, participantes del Proceso de Quito se reunieron en Ecuador y aprobaron una Declaración Conjunta de la III Reunión Internacional Técnica de Movilidad Humana de ciudadanos venezolanos en el región.

Mayo

El 21 de mayo, la Asamblea Nacional publicó un decreto firmado por el presidente interino, Juan Guaidó, para extender la validez de los pasaportes venezolanos 5 años más a partir de la fecha de expiración que muestra el documento.

Junio

A propósito de la 49 Asamblea General de la OEA en Medellín, Colombia, la OEA presentó su Reporte sobre Migración Venezolana que analiza la escala de la crisis de migrantes y refugiados sin precedentes en la región.

El gobierno de Estados Unidos decidió reconocer la validez de los pasaportes venezolanos por 5 años. Un grupo de países empieza a reconocerlos también, incluida España, Canadá, Colombia, entre otros.

El 13 de junio, el presidente de Perú anunció que a partir del 15 de junio los venezolanos tendrían que presentar pasaportes válidos y adquirir una visa humanitaria.

Julio

Ecuador aprobó también una medida que requiere que los venezolanos adquieran una visa humanitaria para entrar al país. Entre otras cosas, aprueba una amnistía migratoria para proteger a los venezolanos en situación irregular en el país.

Se celebró la IV Reunión Internacional Técnica del Proceso de Quito, en Buenos Aires, Argentina. En la reunión, los países participantes acordaron una hoja de ruta para la integración de los migrantes y refugiados venezolanos.

Agosto

En una nueva muestra de solidaridad con los más vulnerables, Colombia concedió la ciudadanía a los niños nacidos en ese país de padres venezolanos. La medida cubre a niños venezolanos nacidos en Colombia desde 2015 y hasta dos años después de aprobada la medida, es decir, hasta agosto de 2021.

La Organización Internacional para las Migraciones divulgó su reporte del Proyecto de Migrantes Desaparecidos. Según los datos, Venezuela es el segundo grupo, después de la categoría de “Nacionalidad desconocida,” con la mayor cantidad de migrantes muertos o desaparecidos.

Los ministros de Salud de 10 países de la región reunidos en Colombia acordaron producir una Tarjeta Regional de Vacunación, para llevar un registro de los récords administrativos de vacunación de los migrantes, y en particular de los venezolanos.

Octubre

La Unión Europea convocó una Conferencia de Solidaridad en Bruselas. La conferencia recaudó alrededor de 133 millones de dólares.

Comenzaron a circular videos en las redes sociales documentando ataques, amenazas y acoso contra migrantes venezolanos.

Un grupo de investigadores publicó un mapa señalizando la ocurrencia de muertes de mujeres venezolanas migrantes en el mundo e identificando la causa de esas muertes.

Noviembre

La Oficina de la ONU para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones lanzaron el Plan Regional de Respuesta a Refugiados y Migrantes para recaudar un total de 1,35 billones de dólares, que serán canalizados a través de 130 organizaciones que proveen asistencia a migrantes y refugiados venezolanos.

Diciembre

El año cerró con predicciones que indican que, si se mantiene la tendencia, hasta 6,5 millones de venezolanos estarán viviendo fuera del país en 2020.

Se empieza a conocer de más casos de xenofobia y discriminación en algunos países receptores que están recibiendo la mayor cantidad de migración. De acuerdo con fuentes de la ONU, alrededor de 46,9% de los migrantes venezolanos han experimentado discriminación recientemente, en comparación con 36,9% que lo confirmaba al inicio de 2019.

* Las opiniones son personales. No representan las de la Organización de los Estados Americanos.

Popular En La Comunidad

Los venezolanos llegan a Madrid a ritmo de vértigo por Fernando Peinado y Julia F. Cadenas – El País – 10 de Enero 2020

Ninguna comunidad de inmigrantes ha desembarcado tan rápido en la historia reciente de la región: más de 20.000 al año desde 2008

Venezolanos en Madrid
Miembros del equipo de softball madrileño Los Panas de Venezuela. Desde la izquierda. Luis Salazar, Gerson Godoy, César Pérez, Carlos Alfaro, Víctor Miraglia y Marielis Sánchez. VÍCTOR SAINZ

En 2008 había tan pocos venezolanos en Madrid que dos pequeños fabricantes de queso al estilo de ese país, José Luis Marín y su yerno Fernando Rodríguez, tenían que buscar a sus compatriotas por la ciudad, montados en su Opel Astra. Iban con el maletero cargado al barrio de Las Tablas, a la sede de Técnicas Reunidas, la empresa petrolera que empleaba a decenas de ingenieros venezolanos. Hoy estos dos queseros venden sus productos autóctonos en Carrefour o El Corte Inglés. Su empresa, Antojos Araguaney, emplea a 120 personas y tiene planes de expansión ambiciosos. Quieren mudarse en marzo a una nueva nave de 3.000 metros cuadrados en Rivas-Vaciamadrid, un municipio que colinda con la capital por el sureste, porque la actual de 700 metros cuadrados se les ha quedado pequeña.

El éxito de Antojos Araguaney se debe al trabajo duro y a un aumento extraordinario de sus consumidores potenciales. Los venezolanos son los inmigrantes que llegaron en mayor número a la Comunidad de Madrid en el primer semestre de 2019: 11.899, según los últimos datos de la Estadística de Migraciones, conocidos este miércoles. Es un desembarco masivo sin igual en los últimos años. Ningún otro grupo nacional de inmigrantes ha crecido en más de 20.000 miembros al año desde 2008, cuando el Instituto Nacional de Estadística comenzó a publicar esta serie. Los venezolanos en Madrid llevan dos años seguidos superando esa marca. En total, viven en la región de Madrid probablemente más de 100.000 personas nacidas en el país sudamericano. La cifra exacta la conoceremos este mes, cuando el INE publique la actualización del padrón sumando entre otros estos nuevos datos de inmigrantes.

Empleados de la fábrica de Antojos Araguaney en Rivas-Vaciamadrid elaborando tequeños, palitos de queso empanado muy populares entre los venezolanos.
Empleados de la fábrica de Antojos Araguaney en Rivas-Vaciamadrid elaborando tequeños, palitos de queso empanado muy populares entre los venezolanos. KIKE PARA
Marín y Rodríguez salieron de su país en los primeros años del chavismo, antes de que la cosa se pusiera fea. Desde entonces han visto en Madrid la dramática llegada de compatriotas que huyen del caos político y económico. Ahora, Antojos Araguaney es motivo de orgullo para los venezolanos en Madrid y un ejemplo para emprendedores que buscan prosperar en España. “Yo siempre les doy el mismo consejo: trabajo, trabajo y trabajo”, dice Marín, que a sus 69 años no tiene planes de tomar un descanso.

Madrid recibe solo una pequeña parte del gran éxodo de venezolanos por Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, que asciende a 4,6 millones de personas desde 2015, según Naciones Unidas. La cifra podría subir este año a 6,5 millones, según la organización. Este drama comparable en dimensión al de los refugiados sirios está transformando las ciudades de acogida. La huella cultural en Madrid se siente en rincones como el Mercado Maravillas, en las nuevas areperas por la ciudad que sirven el producto más popular, o en el auge que experimenta la liga de softball, una variante del béisbol, el deporte rey del país sudamericano. Son una adición a una región cada vez más diversa donde los rumanos (136.661) y los colombianos (100.732) son todavía las minorías más grandes.

También se siente la presión en los comedores sociales y los albergues. El perfil de los venezolanos que llegan a Madrid se ha transformado rápidamente y cada vez tienen menos recursos, según la venezolana Cristina Isacura, una abogada de inmigración que ha visto cómo se ha diversificado la clientela que entraba por la puerta de su despacho en la Puerta del Sol. Hace ocho años eran principalmente jóvenes profesionales con ahorros, o ricos que compraban pisos de lujo en el barrio de Salamanca. Pero desde hace dos años muchos llegan en situación desesperada. “He visto niños solos mandados por sus padres, algunos desnutridos, eso está pasando mucho”, dice Isacura. “A veces he hablado con personas que no se imaginan que hay venezolanos sin dinero para comprarse un tique de tren”.

Ingenieros sin techo

También están llegando a Madrid muchas personas mayores, padres o abuelos de jóvenes ya instalados aquí. Es un seguro de vida porque en Venezuela hay una acuciante falta de medicinas. En la mayoría de los casos los jóvenes tienen formación universitaria pero trabajan en empleos manuales como repartidores o camareros, dice Tomás Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana. Las familias malvenden sus propiedades en Venezuela para tener un fondo de auxilio. “Apartamentos de 200 metros cuadrados en zonas que antes eran cotizadas en Caracas se están vendiendo por menos de 60.000 euros”, dice Páez.

El fisioterapeuta Erwuin Contreras se gana la vida tocando la guitarra en el metro y los trenes cercanías.
El fisioterapeuta Erwuin Contreras se gana la vida tocando la guitarra en el metro y los trenes cercanías.IAGO CORTÓN

Los más ricos compran inmuebles y su residencia legal gracias al programa visa de oro. El resto suele entrar en un largo proceso de solicitud de asilo. Si tienen un colchón débil acaban pasando penalidades. Erwuin Contreras, un fisioterapeuta de 33 años, vendió su preciado Volkswagen Beetle de colección para pagarse el pasaje aéreo a Madrid. Las cosas se torcieron y durante un tiempo durmió en un cajero. Ahora canta en el metro con un cuatro, un instrumento de cuerda. Gana entre 35 y 40 euros al día. “Mi sueño ahora es grabar mi canción En los rieles de Madrid, para contar mi historia, nuestra historia”, dice él.

Daniel Pérez, un ingeniero biomédico, ha dormido en la calle y en una iglesia en su primer mes y medio en Madrid.
Daniel Pérez, un ingeniero biomédico, ha dormido en la calle y en una iglesia en su primer mes y medio en Madrid. LAURA P. MERINO

Daniel Pérez es un ingeniero biomédico de 29 años que solo lleva un mes y medio en Madrid y ha dormido en la calle, en una iglesia y ahora en un albergue. A pesar de las penurias es optimista. “He conocido buenas personas aquí y buenos contactos que me van a servir cuando tenga el permiso de trabajo”, dice Pérez, que vive con su pareja, que es contable.

Sus historias contrastan abruptamente con las de sus compatriotas con más recursos. La familia Cohén es dueña del Sambil de Leganés, el centro comercial outlet más grande de España. Otros muchos han comprado pisos de más de dos millones de euros en el barrio de Salamanca. En una de sus elegantes calles, Kika Payares y otras tres socias han abierto InCasa, una tienda de decoración orientada al gusto vanguardista de los venezolanos adinerados del barrio. Una escultura de unos labios rojos de casi medio metro de ancho cuesta 1.170 euros. Pero ahora están introduciendo objetos más clásicos porque quieren crecer y han notado cómo el flujo de venezolanos está remitiendo. Buscan atraer al cliente español, más conservador. “El [venezolano rico] que quería salir ya lo hizo”, dice Payares.

Kika Payares, una de las socias de la tienda de decoración InCasa, en el barrio de Salamanca de Madrid.
Kika Payares, una de las socias de la tienda de decoración InCasa, en el barrio de Salamanca de Madrid.KIKE PARA

La consultora inmobiliaria Engel & Volkers dice que el pico de compras por venezolanos en Salamanca y otras zonas caras de Madrid ya pasó. Los venezolanos coparon un 50% de las adquisiciones de inmuebles de más de un millón de euros en el último trimestre de 2017 y el primero de 2018. Ahora rondan el 20%.

Juan Carlos Gutiérrez, abogado en el despacho de Cremades & Calvo-Sotelo, cree que parte de esa caída se debe a que España ha apretado recientemente las tuercas contra los blanqueadores de capitales afines al chavismo. “La presión cada vez mayor está haciendo que los boliburgueses [la élite chavista] tengan que llevar su dinero a Rusia, Turquía y otros países donde meter el dinero es mucho más arriesgado”, dice Gutiérrez. A pesar de eso a muchos venezolanos en Madrid les duele convivir con algunos conocidos empresarios del chavismo, como Alejandro Betancourt, socio capitalista de la cadena de gafas de sol Hawkers. Betancourt compró en 2012 un palacete en Santa Cruz de Retamar, en Toledo.

Según Rolando Seijas, fundador venezolano de SNB Capital, una compañía de inversión inmobiliaria en Madrid, la élite de su país ha entrado en una nueva fase, la del emprendimiento. Al llegar compraron inmuebles y una vez asentados se han puesto manos a la obra. Ahora, dice Seijas, hay un boom de aperturas de restaurantes. Él mismo ha abierto dos en la capital, The Lobstar, especializados en la cocina de marisco estadounidense.

Explica que cuando un inmigrante llega a un lugar nuevo atraviesa forzosamente un período de adaptación. Tiene que aceptar la nueva realidad. “Los tres primeros años del proceso migratorio son de duelo”, dice él. “No se puede montar un negocio cuando uno tiene su presencia física en un país y su corazón en otro”.

LOS OCULTADOS POR LA ESTADÍSTICA

Los datos de inmigrantes venezolanos en Madrid subestiman el tamaño real de la comunidad, según los expertos. Las cifras del padrón o la estadística de inmigración informan de los nacidos en Venezuela que residen en Madrid, pero no incluyen a muchas personas retornadas, es decir, los nacidos en España, Italia o Portugal que emigraron a Venezuela en la segunda mitad del siglo pasado y ahora han abandonado el país con destino en la capital de España en muchos casos, dice Tomás Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana. Además, ya hay muchos venezolanos de segunda generación en Madrid. Son los hijos de los recién llegados que han nacido aquí.

Madrid es la Comunidad que más venezolanos recibe, muy por delante de Cataluña y Canarias. El 1 de enero de 2019, había en España 323.575 personas empadronadas que habían nacido en Venezuela. En los seis meses siguientes llegaron 35.652 inmigrantes de Venezuela, según la Estadística de Migraciones del INE que hemos conocido esta semana.

Michelle Bachelet pidió la libertad de Juan Requesens y el derecho a un juicio justo para Roberto Marrero – El Nacional – 18 de Diciembre 2019

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos realizó una actualización oral de su informe sobre la situación de los derechos humanos en el país en la que fija posición, entre otros aspectos, sobre la condición en que se encuentra el hospital J. M. de los Ríos, la malnutrición aguda que presenta 11,9% de los niños de 19 estados, las ejecuciones extrajudiciales de la FAES y el hostigamiento a medios de comunicación y a diputados a la Asamblea Nacional

Bachelet

Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, realizó este miércoles una actualización oral de su informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela.

En los últimos tres meses, un equipo de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos estuvo en Venezuela evaluando la condición de los presos políticos.

Presos políticos

Luego de visitar 9 centros de detención, la representación de Bachelet documentó 118 casos de personas privadas de libertad (109 hombres y 9 mujeres) que requieren respuesta urgente por motivos de salud, retrasos judiciales, falta de ejecución de boletas judiciales de excarcelación y/o falta de excarcelación por cumplimiento de pena.

Bachelet instó a las autoridades venezolanas a liberar a todos los presos políticos, incluyendo al diputado Juan Requesens.

La actualización del informe también destacó irregularidades en los juicios contra los acusados por intento de magnicidio a Nicolás Maduro. Asimismo, destacó el caso de Roberto Marrero, ex director del Despacho de la Presidencia de la Asamblea Nacional, a quien no se le permite la entrada de sus familiares a la sala de audiencias.

«Insto al Poder Judicial a garantizar el derecho a un juicio justo, incluyendo el derecho a la defensa y el principio de publicidad», manifestó.

Economía

Bachelet indicó que aun cuando el régimen de Nicolás Maduro decretó un incremento del 375% del salario mínimo, el mismo perdió su poder adquisitivo. Actualmente el salario solo cubre 3,5% de la canasta básica alimentaria.

«La situación económica y social sigue afectando los derechos económicos y sociales de los venezolanos. Según la Cepal, en 2019 la economía sufrirá una contracción del 25,5%, alcanzando una pérdida acumulada del PIB del 62,2% desde 2013», precisó.

Servicios públicos

En cuanto al estado de los servicios públicos en Venezuela, Bachelet resaltó que el Zulia es una de las entidades más afectadas.

«Mi Oficina realizó una visita a Maracaibo en la que constató las larguísimas colas para comprar combustible y los cortes prolongados y reiterados de electricidad, que además afectan el suministro de agua. Los derechos a la salud y a la educación también han sido afectados, principalmente por falta de personal, infraestructura deficiente y falta de insumos. Millares de zulianos migraron al extranjero o a la capital del país«, aseveró el informe.

Salud

Sobre la salud de los venezolanos, la alta comisionada se preocupó especialmente por la condición en la que se encuentra el hospital J. M. de los Ríos.

«En el último mes se recibió información de la muerte de 3 niñas del servicio de hematología y 1 niño del servicio de oncología. De los 39 niños y niñas con necesidad de un trasplante de médula ósea, 15 se encuentran en una situación crítica», agregó.

De acuerdo con información suministrada por Caritas, en las parroquias más pobres al menos de 19 estados del país, 11,9% de los niños y niñas muestran señales de malnutrición aguda y que 32,6% tiene retardo en el crecimiento.

«Caritas también informó que 48,5% de las mujeres embarazadas atendidas tienen deficiencias nutricionales», dijo.

Protestas

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, señaló que en lo que va de año se han realizado 16.439 protestas en todo el país. La mayoría, lideradas por trabajadores del sector educativo, de la salud y de las industrias básicas.

La representante de la ONU aseguró que en cuanto a las movilizaciones con fines políticos convocadas por la oposición, el despliegue de las fuerzas de seguridad es exagerado.

«Se registraron más de 20 detenciones en este contexto, de las cuales al menos 5 personas siguen detenidas en el estado de Lara», afirmó.

Delincuencia

El Observatorio Venezolano de Violencia estimó una tasa de 60,3% homicidios violentos por cada 100.000 habitantes de enero a noviembre de 2019.

Pese a que el número de homicidios disminuyó con respecto a 2018, Bachelet manifestó su preocupación por los niveles de violencia en el país.

Destacó los asesinatos del ex concejal opositor Edmundo «Pipo» Rada Angulo y del ex gobernador oficialista Johny Yáñez Rangel.

También mostró preocupación ante el número de ejecuciones extrajudicialescometidas por funcionarios de la FAES durante operativos de seguridad.

La Fiscalía General aportó datos importantes a la investigación realizada por los representantes de Bachelet, indica el informe.

«Desde agosto de 2017 a la fecha, 770 funcionarios han sido acusados por violaciones a los derechos humanos, de los cuales 509 han sido imputados, 393 privados de libertad y 131 condenados», indicó.

Sobre la violencia por parte de grupos irregulares en el estado Bolívar, involucrados en la explotación ilegal del Arco Minero del Orinoco, Bachelet dijo que continúa en incremento. Hizo mención de la masacre que se registró en noviembre en la comunidad de Ikabarú, ubicada en el territorio indígena pemón.

Migración venezolana

Michellet Bachelet dijo en su informe que es muy preocupante el incremento de migrantes irregulares venezolanos. Esto ante las dificultades para obtener su documentación de viaje por parte de las instituciones manejadas por el régimen.

«Recientemente, las autoridades venezolanas incrementaron en un 70% los costos para expedir pasaportes, un costo equivalente a 54 salarios mínimos. Ha crecido la utilización de rutas más peligrosas y la exposición al tráfico y trata de personas», precisó.

También mencionó el caso de 102 migrantes que se dirigían en junio a las islas del Caribe en 3 embarcaciones y las mismas habrían desaparecido por razones aún no esclarecidas. Hasta la fecha, se desconoce el paradero de 32 mujeres, 10 adolescentes, 3 niños y 46 hombres.

Amenazas a la prensa

«Hemos recibido denuncias de actos de hostigamiento, amenazas y detenciones por parte de los servicios de inteligencia y fuerzas de seguridad. El 19 de noviembre, efectivos de la Dgcim allanaron la sede de un medio de comunicación en línea y detuvieron a la gerente de operaciones, quien estuvo más de 10 días incomunicada y hasta la fecha, sigue detenida en la sede del organismo de seguridad en Caracas», reseñó el informe.

Agregó que ese mismo día, la Dgcim también detuvo brevemente a tres periodistas y a sus conductores que estaban cubriendo el allanamiento.

Elecciones en Venezuela en 2020

En cuanto a las elecciones que se tienen previstas en Venezuela para el 2020, indicó que es crucial crear las condiciones necesarias para unas elecciones libres, imparciales, creíbles, transparentes y pacíficas.

Asedio a representantes de la oposición

«Me preocupan el levantamiento de la inmunidad de 5 diputados de la oposición, elevando el total a 30 diputados de la oposición despojados de inmunidad. Así como los actos de hostigamiento contra representantes de la oposición, incluido el presidente de la Asamblea Nacional», manifestó.

Incorporación de la milicia a la FANB

Consideró que son preocupantes las intenciones del régimen de Maduro de continuar armando a la milicia.

Rechazó la propuesta de ley realizada por la ANC para incorporar a la milicia nacional a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

«Reitero mi llamado a las y los actores políticos en Venezuela a retomar las negociaciones para alcanzar una solución a la crisis política y económica y devolver la esperanza a la población. Mi Oficina sigue comprometida en contribuir a la mejora de la situación de los derechos humanos. Insisto en la importancia de establecer una presencia más amplia y consolidada en el país que nos permita avanzar la agenda de derechos humanos», concluyó.

Los chavistas también huyen de Venezuela y piden asilo en la frontera de México con Estados Unidos por Elizabeth Ostos – Infobae – 15 de Diciembre 2019

Son ex militares, policías y funcionarios gubernamentales quienes quieren colarse entre la frontera y así aspirar a ser beneficiarios del “sueño americano”

José Raúl integró la Guardia Nacional Bolivariana durante 15 años. Ahora espera en Matamoros que le concedan asilo para ingresar a Estados Unidos.

José Raúl integró la Guardia Nacional Bolivariana durante 15 años. Ahora espera en Matamoros que le concedan asilo para ingresar a Estados Unidos.

(Desde Matamoros, México) “El caso de la migración desde Venezuela es muy particular. Han salido del país millones de personas por motivos políticos y económicos. La tesis de miedo creíble de volver a sus casas es la que mueve a los venezolanos a pedir asilo, pero no todos son merecedores de una protección de parte de gobiernos del mundo. A la frontera con México están llegando funcionarios del chavismo con ciertos grados de responsabilidad de la crisis actual de esa nación”.

Así lo declaró a Infobae el activista por los derechos los migrantes John Urbina, residente en Matamoros, México, ubicada a metros del punto fronterizo de Brownsville, Texas.

Advierte que “desde febrero hemos visto cómo está llegando gente de Venezuela alegando persecución política dura y pura. Al entrevistarlos notamos que emigran por motivos económicos. Son la mayoría. Pero también hemos recibido a ex oficiales del Ejército y de la Guardia Nacional y a ex funcionarios de ministerios, gobernaciones y alcaldías”.

Aseguró que los militares y policías dicen que se rehusaron a reprimir a manifestantes en los primeros años del gobierno de Maduro, entre 2013 y 2017, y que por eso son perseguidos y no pueden volver a su país.

“Los ex funcionarios civiles dicen que denunciaron hechos de corrupción en entidades públicas como Petróleos de Venezuela, el servicio de identificación y de aduanas o la policía judicial. En algunos casos llegan a la frontera y contactan abogados de Estados Unidos para que los asesore, esto indica que tienen recursos”.

Urbina, quien también traduce del español al inglés testimonios de migrantes, habla a título personal. “Son percepciones con base a mi experiencia; pertenezco a un grupo de activistas que apoya a todo el que llega, sobre todo a los que están con las manos vacías. Creo que entre los venezolanos hay categorías de migrantes”.

Un tramo del río Bravo en la frontera entre México y Estados Unidos

Un tramo del río Bravo en la frontera entre México y Estados Unidos

Explicó a este medio que en Matamoros y Tijuana está la mayoría de los sudamericanos. “Hemos intercambiado información con colegas activistas y coincidimos en que hay quienes cruzan la frontera entre México y Estados Unidos con pasaportes vencidos o con niños que nunca han portado ese documento, solo el certificado de nacimiento”.

Las clases medias venezolanas se preparan más y mejor. Así lo cree Ricardo S. (nombre ficticio solicitado por el declarante) ex agente de la patrulla fronteriza americana quien trabaja como paralegal (asistente de abogado) en Brownsville.

“Parte de mi trabajo es conversar con los que dicen tener dinero para pagar asesoría legal. Hay quien viene con carpetas llenas de papeles, fotos y memorias portátiles en donde se escanean las supuestas pruebas de persecución. En este caso, ni salieron corriendo de Venezuela ni justifican un miedo creíble de volver. Esos casos son víctimas del hampa común o alguna vez tuvieron cargos de responsabilidad en el gobierno de Chávez. Sin dudas, no son perseguidos políticos”.

Señala que otra categoría del migrante venezolano pertenece “a gente muy joven que no ha visto más gobiernos que los de Chávez y Maduro. Son muchachos que pusieron el pecho a la policía entre los años 2014 hasta fines de 2017, muchos han estado presos. Esos son los verdaderos perseguidos políticos que sin pasaporte y sin visas tocan las puertas de los Estados Unidos”.

Con los funcionarios chavistas

En una de las carpas que migrantes han instalado entre Matamoros y Brownsville, Infobae contactó a José Raúl. Reconoce que perteneció a la Guardia Nacional Bolivariana varios años. “Mis funciones eran del control y la prevención del microtráfico de drogas en las aduanas, trabajé por todo el país en el gobierno de Chávez y no tuve problemas con mis superiores”.

Dice que “mis problemas empezaron en 2014 cuando me trasladan desde el estado Táchira (frontera con Colombia) a Caracas. Dejé de prestar mis servicios en las aduanas y me asignaron a un pelotón de funcionarios que tenían la obligación de reprimir a manifestantes. En los primeros tres meses de eso año había muchos conflictos en Caracas”.

– ¿Reprimiste a algún manifestante?

– Manejé un tanque llamado “El Rinceronte” desde donde salía agua para dispersar a los manifestantes. Nunca empuñe un arma en contra de alguien. Por eso me expulsan de la guardia Nacional en 2017.

– ¿Estas inscrito en el Partido Socialista Unido de Venezuela?

– Si lo estoy, me obligaron a hacerlo. Si no lo hacía, perdía mi trabajo.

– ¿Por qué quieres ir a Estados Unidos?

-Porque no quiero ir a un lugar en donde me rechacen por venezolano o por chavista. Nunca lo fui, pero nadie me cree. No hay forma de que yo justifique 15 años de trabajo para el gobierno. Yo era un funcionario más, me gusta la milicia, las armas, por eso entre a la Guardia Nacional. En febrero es mi cita con un juez de inmigración en los Estados Unidos, sé que le podré demostrar que si regreso a Venezuela me matan.

En la charla interviene Raimundo, un ex funcionario de la gobernación del Estado Zulia. Está temeroso con hablar con la prensa, “porque no sé si son objetivos o si ganarán plata con mi testimonio”.

Accede a contar su versión. “Yo trabajaba en la dirección de salud del gobernador Francisco Arias Cárdenas, amigo personal de Chávez. En 2010 denuncié hechos de corrupción ante mis superiores. Desde ese momento, se estancó mi carrera en la gobernación, soy graduado en administración de empresas y quería escalar posiciones en el sector público. Aguanté humillaciones hasta el 2017 y decidí renunciar. Intenté trabajar en el sector privado. El bajo sueldo y mi pasado relacionado con los chavistas me marcó. Por eso salí de Venezuela”, dijo.

Está en Matamoros desde septiembre de 2019 y su cita con un juez de migración está pautada para Marzo de 2020.

Crecen las solicitudes

Según el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, 28.660 venezolanos solicitaron refugio o asilo a ese país durante 2018. La cifra abarca a los que tienen visa y a los que piden protección en la frontera México- americana.

Esto constituye 31% del total de los solicitantes de asilo al gobierno de Donald Trump.

La cifra puede aumentar si tomamos en cuenta que la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados- Acnur- informó que al 5 de diciembre son 4.769.498 los venezolanos migrantes en todo el mundo. De esa cifra 2.152.521 tienen permiso de residencia y de estancia regular y 751.732 obtuvieron el estatus de refugiados.

La cifra de venezolanos que ha huido del régimen chavista ya se acerca a los 5 millones, según datos de la ACNUR (EFE)

El informe señala que las naciones que más refugios han aprobado a los venezolanos son Perú con 377.047, Colombia con 119.224 y Estados Unidos con 105.421.

Para el encuestador venezolano Félix Seijas, “mientras persista la crisis económica y no haya certidumbre de que se conjure la política seguirá saliendo gente. En los primeros años de movimiento migratorio se iban los venezolanos de más recursos y preparación además de un alto perfil opositor desde el punto de vista político. Son los que podían invertir capitales y emprender negocios a donde llegaran. Desde hace unos seis años y hasta el presente emigran los chavistas y los opositores, todos son víctimas de la crisis económica y social”.

Reveló a Infobae que los primeros migrantes criollos salían por avión y con documentos, “fue la migración organizada. Luego dio paso a la huida por autobuses y hacia el sur. Esta es desordenada y es la que más preocupa a los países de la región muy especialmente a Colombia, Perú y a Ecuador que es en donde más está concentrada la diáspora venezolana. Los servicios de salud, educación y de seguridad de ciertas poblaciones están colapsados ante tanto venezolano ingresando con o sin visas a esos países”.

Brasil dio refugio a 21.000 venezolanos solicitantes de asilo, confirma Acnur por Carmen Victoria Inojosa – La Patilla – 13 de Diciembre 2019

Venezolanos cruzan la frontera hacia Brasil. / Foto Meridith Kohut / The New York Times

El Comité Nacional para los Refugiados de Brasil (Conare) otorgó refugio a 21.000 venezolanos solicitantes de asilo. A partir de ahora, los venezolanos que cumplan con los criterios necesarios serán procesados a través de un mecanismo acelerado sin necesidad de una entrevista.

Para beneficiarse de la nueva disposición, quienes soliciten asilo deben vivir en Brasil, no tener ningún otro permiso de residencia en el país, ser mayores de 18 años, poseer un documento de identidad venezolano y no tener antecedentes penales en Brasil.

Para la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados “esta medida constituye un hito en la protección de los refugiados en la región”. En junio el Conare reconoció que la situación en Venezuela equivale a violaciones graves y generalizadas de los derechos humanos.

Las autoridades brasileñas calculan que unos 224.000 venezolanos viven actualmente en el país. Un promedio de 500 venezolanos cruzan la frontera con Brasil todos los días, principalmente por el estado de Roraima.

Hasta la fecha, los venezolanos han presentado más de 750.000 solicitudes de asilo en todo el mundo, la mayoría en países de América Latina y el Caribe. Brasil ha registrado más de 120.000.

Tras el deterioro de la situación dentro de Venezuela, a principios de este año, la Acnur alentó a los gobiernos a reconocer la condición de refugiado de los venezolanos a través de determinaciones grupales.

Desde 2015 más de 4,7 millones de venezolanos han huido de la crisis humanitaria compleja. Se estima que para 2020 la migración de venezolanos alcance los 6,4 millones.

En Colombia hay más de 1.600.000 migrantes venezolanos – La Patilla – 12 de Diciembre 2019

Número de migrantes venezolanos en Colombia sigue en aumento/ Foto Schneyder MENDOZA / AFP)

En el marco del gabinete binacional de Colombia y Ecuador, se conoció por parte de Migración Colombia que ya hay alrededor de 1.630.000 ciudadanos venezolanos residiendo en el territorio nacional, publica BLU Radio.

Christian Krüger, director saliente de Migración Colombia, dijo el pasado 23 de octubre, día en que se conoció la última medición, que había 1.500.000 venezolanos que se encontraban en territorio colombiano hasta el 31 de agosto.

No obstante, el nuevo corte es de finales de octubre, por lo que la cifra puede ser mayor teniendo en cuenta que, según Migración Colombia, diariamente se quedan en promedio 2.000 venezolanos en territorio colombiano.

“Esto evidencia que la gran mayoría de los ciudadanos venezolanos se está radicando en las ciudades capitales, por las oportunidades que ofrecen”, indicó el funcionario.

En el marco de este gabinete, Colombia propondrá a Ecuador, en materia de migración, que se unifiquen los procesos migratorios, para que no se haga registro de la entrada y la salida, sino de un solo paso por las fronteras.

 

El saboteo suicida de la oposición venezolana por Alberto Barrera Tyska – The New York Times – 8 de Diciembre 2019

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A principios de 2019, Juan Guaidó saltó de las sombras y se convirtió en una alternativa real para el regreso a la democracia en Venezuela. Fue una noticia trepidante que logró concentrar a su alrededor un nutrido y sólido respaldo internacional. Casi doce meses después, su liderazgo está cada vez más fragmentado, un escándalo de corrupción salpica a casi toda la dirigencia opositora, y el propio país — en medio de un contexto regional convulsionado— se ha ido apagando, incluso como noticia.¿Cuál es la esperanza para Venezuela ahora?¿Qué puede hacer la oposición después de un año con muchas promesas y pocos resultados?

En 2019, Venezuela tuvo, como nunca antes, un escenario tan favorable para un cambio político. El fracaso del modelo social y la aterradora crisis económica; el apoyo internacional —con sanciones concretas a altos funcionarios del régimen—; el surgimiento de un liderazgo nuevo, distinto, con otra imagen y otra retórica; un sustento legal propicio, anclado al fraude electoral que permitió que Nicolás Maduro prolongara su estancia en el poder en mayo del año pasado… El chavismo, por su parte, se dispuso a resistir implementando dos de sus políticas más eficaces: la violencia y la indolencia. La represión feroz y la total falta de sensibilidad ante la tragedia que vive la gran mayoría de la población. Nuevamente apostó al desgaste y confió en los recurrentes errores de sus adversarios.

Ya se sabe: es muy difícil ser de oposición en Venezuela. Implica tener a todo el Estado y las instituciones como enemigos. Los partidos políticos ni tienen ni pueden tener ningún tipo de financiamiento, la gran mayoría de sus dirigentes están en el exilio, en la cárcel, o viven perseguidos. El control hegemónico de los medios sociales se dirige a invisibilizar o descalificar cualquier vocería o actividad que no muestre su el apoyo a “la revolución”. Pero, aparte de todo esto, además, no es fácil ser oposición en Venezuela porque sus propios representantes viven en una permanente guerra interna. No hay un liderazgo que pueda sobrevivir a ese circo de conspiraciones múltiples. La ambición personal y el oportunismo parecen ser ya una condición genética de buena parte de la dirigencia de la oposición en Venezuela. Hay egos tan duros que no se ablandan ni siquiera con la catástrofe que vive el país. Se trata, sin duda, de un saboteo suicida.

El tema de la corrupción debe también analizarse dentro de este contexto. Hace una semana, una investigación independiente del portal periodístico Armando.info reveló que al menos una decena de diputados de diferentes partidos de oposición estaban realizando acciones en favor de personas o empresas ligadas al gobierno de Maduro y sancionadas o investigadas internacionalmente por manejos irregulares y lavado de dinero.

No es la primera vez, ni será la última, que un funcionario público resulta implicado en un caso de corrupción o tráfico de influencias. Menos en Venezuela. Si algo dene al chavismo es la corrupción. Ese es su modo de vida. Basta recordar un espantoso caso de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), cuando aparecieron cien mil toneladas de alimentos podridos y toda la dirigencia chavista, en bloque, impidió que se investigara y castigara a los responsables. Visto desde este presente de hambre y precariedad, resulta todavía más criminal. En el fondo, el chavismo goza de un récord incómodo: la revolución bolivariana, sin lugar a dudas, es la revolución más corrupta de la historia.

Que unos diputados de partidos de oposición sean unos charlatanes profesionales que, por debajo de su retórica contra el régimen de Maduro, hayan hecho tratos y sean sospechosos de haber recibido dinero para limpiar los ilícitos sociales, es tan indignante y criminal como que unos banqueros ganen enormes fortunas ayudando y enseñando a los jerarcas del chavismo a lavar todo lo que han robado del tesoro público o que algunos empresarios, hijos de la burguesía caraqueña, se hayan vuelto multimillonarios estafando al país. Todo forma parte de una misma realidad, de un país sin ley y sin instituciones. Hablar de un Estado fallido es hablar de una sociedad que solo funciona a través de la corrupción.

Nada puede defender a estos diputados opositores de la sanción que merecen y del escarnio público. Su caso, lamentablemente, también alimentará las diatribas intestinas entre los diferentes sectores políticos y seguirá sumando puntos en la abultada desesperanza nacional. Es un combustible más en la explosiva dinámica de escaramuza interna en la que vive la dirigencia de la oposición. El futuro de la democracia no puede quedar suspendido entre los iluminados que han hecho del radicalismo su zona de confort, los extremistas que nunca hacen política y, por eso mismo, siempre tienen la razón; o los oportunistas que entienden la negociación como una transacción y la política como una operación comercial.

El general Alberto Müller Rojas, jefe del comando electoral de Hugo Chávez en los comicios de 1998, señaló en una oportunidad que su trabajo había sido “fácil”. El triunfo —decía— se produjo “más por la gran cantidad de errores políticos que cometieron sus adversarios que por la calidad de nuestra campaña electoral, que fue relativamente desordenada”. Casi veinte años después, lo único que parece haber cambiado es el chavismo. Ya no improvisan. Dos décadas como gobierno han mejorado su falta de escrúpulos y su manejo perverso del poder. La oposición, sin embargo, sigue encontrándose con una piedra eterna, sigue tropezándose consigo misma.

Según las proyecciones de la ONU, para finales de este año la migración venezolana alcanzará la cifra de cinco millones de personas. De esta manera también migra la esperanza. Y la oposición también tiene una responsabilidad en todo esto. Su dirigencia no puede seguir repitiendo los mismos errores. Los chavistas seguirán jugando sus mismas cartas. Se mantienen en el poder gracias a la violencia mientras pretenden inventar una oposición “social”, a su medida. Pero internacionalmente están heridos, necesitan eliminar las sanciones económicas que los mantienen cercados. Esto parece ser lo único que podría empujarlos hacia una transición, obligarlos a aceptar unas elecciones libres y transparentes. Pero del otro lado, es imprescindible que haya una oposición unida y articulada, honesta y con altura política. El 2019 pasó y se está yendo como otra gran oportunidad perdida para los venezolanos. Lo que está en disputa no es ya el triunfo de un bloque sobre otro sino la existencia de todos. Por ahora, Venezuela solo es un país en vía de extinción.

Migración venezolana: 4.500 kilómetros entre el abandono y la oportunidad por Greta Granados de Orbegoso – Banco Mundial – 26 de Noviembre 2019

 

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Un vendedor ambulante venezolano en las calles de Lima (Perú).


La migración venezolana continúa. A noviembre de 2019, según ACNUR, más de 4,6 millones de personas han salido del país y el 80% de ellas está en otros países latinoamericanos. ¿Cómo pueden las comunidades receptoras aprovechar este potencial?

¿Cuantos kilómetros estás dispuesto a caminar para escapar del hambre? Para los venezolanos, no hay distancia suficiente para alejarse del colapso económico y social de su país.

Latinoamérica ha vivido una larga historia de flujos migratorios, sin embargo, hoy atraviesa un éxodo sin precedentes: desde 2016, más de 4,6 millones de mujeres, hombres y niños han salido de Venezuela en busca de un futuro mejor, según cifras de la agencia de refugiados ACNUR.

La migración venezolana es la mayor movilización humana de la historia reciente de la región. Los migrantes huyen de la crisis humanitaria y económica que ha deteriorado la seguridad ciudadana y los estándares de vida en ese país.

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Según la ACNUR, cada día entre 4.000 y 5.000 venezolanos salen del país, la mayoría a pie, a un destino incierto, pero con la esperanza de un mejor futuro para sus familias. Su movilización está cambiando el rostro de América Latina y el Caribe para siempre.

Entre los principales países de acogida se encuentran Colombia, Perú y Ecuador:

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Históricamente, la región ha vivido grandes flujos migratorios, sobre todo en la primera mitad del siglo XX: italianos y españoles en Argentina, japoneses en Brasil, chinos en Perú; mientras que a partir los 60 se han visto incontables migraciones intrarregionales y hacia Estados Unidos, especialmente desde Centroamérica.

Pero la migración venezolana presenta diversas particularidades. Debido a su magnitud, está generando una enorme presión en los países receptores, sobre todo en materia de salud, educación y empleo, los que han respondido con controles más estrictos.

Mitos y realidades

La crítica situación provocada por esta oleada ha llevado a 11 países de la región a aumentar los requisitos de ingreso a los migrantes y refugiados venezolanos, lo que no detiene el flujo, pero sí su regularización.

Uno de ellos es Perú. Ya son unos 870.000 los migrantes venezolanos que han atravesado 4.500 kilómetros para llegar a ese país, y según un nuevo informe del Banco Mundial las soluciones empiezan por la integración de los migrantes y el aprovechamiento de su potencial para impulsar nuevas oportunidades.

Sin embargo, existen muchos mitos en relación con los venezolanos en Perú que alimentan una creciente xenofobia e impiden su inclusión: “Si cerramos las fronteras no entran más”; “Todos los venezolanos que están en mi país son delincuentes”; “Mi país no puede albergar tanta gente”; “Los venezolanos nos vienen a quitar el trabajo”.

“Las percepciones negativas hacia la población venezolana son más dominantes en el Perú que en otros países receptores, y son susceptibles de acrecentarse”, expone el estudio, basándose en encuestas de opinión presentadas en el Proyecto de Opinión Pública de Latinoamérica de la Universidad de Vanderbilt.

De acuerdo con el mismo estudio – que forma parte de una serie sobre la migración venezolana en América Latina y el Caribe elaborada por las especialistas del Banco Mundial Paula Rossiasco y María Dávalos – la población venezolana en Perú es principalmente joven (alrededor del 42% tiene entre 18 y 29 años) y proviene en su mayoría de zonas urbanas. Está compuesta de grupos familiares, incluyendo a unos 117 mil niños. También está altamente calificada: el 57% de los venezolanos en edad de trabajar en el Perú tienen estudios superiores, y de ellos, la mitad ha completado su carrera universitaria.

¿Cómo aprovechar este potencial?

Se ha estimado que, de insertar a estos migrantes en el mercado formal, el valor agregado de la productividad laboral en Perú podría incrementarse un 3,2 %. Aun cuando los migrantes venezolanos están en el sector informal – el 50% de ellos trabaja en el área de servicios – y reciben salarios menores que los trabajadores locales, podrían generar un ingreso fiscal neto de unos 2.256 millones de soles anuales (unos 670 millones de dólares) gracias al aumento de la demanda agregada y el recaudo de impuestos. Esto equivale a más del 12 % del presupuesto público del sector salud del país para 2019.

Esto es dinero contante y sonante que usarían para comprar bienes y contratar servicios en el Perú, contribuyendo al crecimiento del país.

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¿En que trabajan los venezolanos en el Perú?

“Hola hija, ¿cómo amaneciste?” La relación de Paola Soto con sus familiares es meramente virtual. A tres países de distancia, su padre la saluda todas las mañanas por Whatsapp. Desde hace más de un año y medio esta médica cirujana huyó de su Venezuela natal y con mucha perseverancia logró insertarse en el mercado laboral peruano.

La policlínica donde atiende es una mixtura de nacionalidades. Atiende junto a médicos cubanos, enfermeras peruanas y profesionales colombianos. Todos los estudios y la experiencia profesional de Paola están puestos al servicio de la salud de quienes hoy atiende.


World Bank Group

Para aprovechar los beneficios de la migración, como la experiencia y estudios de Paola, la integración entre peruanos y venezolanos debe estar en el centro de la agenda de política pública, según las expertas.

El estudio resalta que Perú debe diseñar e implementar una respuesta multisectorial que incluya:

  • Adaptar el sistema institucional y legal para facilitar la integración de migrantes y refugiados.
  • Ampliar la oferta de servicios para todos en las principales áreas receptoras.
  • Brindar mayor apoyo a la población migrante más vulnerable.
  • Combatir los mitos que refuerzan la discriminación y la xenofobia.

Este éxodo es inevitable. Nunca tanta gente había abandonado su país en tan poco tiempo. Sin embargo, Latinoamérica puede transformar esta crisis en una oportunidad.

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