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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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Huyendo de pesadillas por José Toro Hardy – 14 de Noviembre 2017

Unknown.jpegQuisiera hablar hoy acerca de una amenaza fundamental que nos afecta como nación … es una crisis de confianza. Es una crisis que golpea nuestros corazones.

Creíamos que éramos una nación rica. Que la naturaleza había dotado a Venezuela de tierras fértiles, de agua en abundancia, de recursos naturales de todo tipo, en particular de inmensas reservas de petróleo.

A lo largo del Siglo XX Venezuela pudo disfrutar de una etapa de paz enriquecedora. Tuvimos, sí, dictaduras. Sin embargo, aunque cueste reconocerlo, comparadas con otras de la región fueron relativamente benignas.

El maná abundante de petróleo que nos cayó del cielo definió el curso de la vida nacional. Podemos analizar la influencia de ese petróleo en tres etapas diferentes.

En una primera y prologada fase, el petróleo fue una bendición. Su efecto benéfico cambió la vida de los venezolanos. Logramos en un tiempo asombrosamente corto lo que otros tardaron siglos en alcanzar. De ser el país más pobre de Latinoamérica pasamos a ser el más rico. Acabamos con el paludismo, la tuberculosis, la difteria e infinidad de otras enfermedades endémicas y epidémicas que diezmaban a la población. Pasamos a tener tasas de mortalidad y expectativas de vida similares a la de las naciones desarrolladas. Levantamos un país moderno, lo electrificamos y construimos una de las represas más grandes del mundo. Erradicamos el analfabetismo. Sembramos escuelas, liceos y universidades por todas partes. Desarrollamos autopistas, carreteras, caminos vecinales. Construimos aeropuertos, puertos y servicios públicos que llegaron hasta los más apartados rincones del país.

Ya para 1947 Venezuela era el cuarto país del mundo con mayor Renta Media per cápita, sólo superado por EEUU, Inglaterra y Francia. El Bolívar venezolano y el Franco Suizo fueron las monedas más sólidas del mundo, más que el dólar norteamericano. Teníamos la menor tasa de inflación del planeta. De hecho, entre 1920 y 1980, Venezuela fue la economía del mundo que más creció.

Durante esa etapa la característica más relevante del petróleo fue la estabilidad de sus precios. Los venezolanos podíamos planificar y sabíamos hasta dónde nos alcanzaba la cobija.

La segunda fase de nuestra historia petrolera se inicia en la década de los setenta. En esos años los precios del petróleo comenzaron a dar bandazos al ritmo de recurrentes conflictos en el Medio Oriente. Cuando los precios se disparaban, como ocurrió a raíz de la Guerra del Yom Kippur y el Embargo Petrolero Árabe, los venezolanos nos indigestamos de tanto dinero. Creíamos tener a para Dios agarrado por las chivas. Nacionalizamos el petróleo y fuimos capaces de manejarlo admirablemente bien. De lo que no fuimos capaces fue de administrar bien los ingresos que nos proporcionaba ese petróleo.

A cada aumento brusco de los precios seguía una caída igualmente brusca. Nuestra economía se volvió una montaña rusa. Pensamos entonces, junto con la OPEP, que la solución era reducir la oferta para que los precios subiesen.

Pero la economía venezolana nunca más volvió a recuperar la vitalidad sostenida de los años anteriores. Nos consolábamos pensando que estábamos construyendo una sólida democracia.

Y llegamos así al Siglo XXI donde se produjo un cambio trascendental en el impacto de los hidrocarburos sobre la sociedad. De ser una bendición, el petróleo se transformó en una maldición, en el excremento del diablo como lo previó Pérez Alfonzo. Muchos de los males que creíamos erradicados para siempre están regresando.

En manos de una dirigencia populista, dogmática y corrupta, los ingresos petroleros más altos de la historia dejaron de ser un instrumento para un desarrollo económico y social sustentable y pasaron a ser una fuente para financiar una ideología e imponer un exhaustivo control político a la nación. Nos fuimos por el despeñadero de la peor crisis económica del Hemisferio Occidental.

Hoy impotente y con el corazón destrozado -como el de tantos padres- observo a mi hija menor marchándose. La nuestra era una nación a la cual todos querían venir a sembrar sueños. Hoy es un país del cual todos se quieren ir huyendo de pesadillas.

Cuando 12.000 sin papeles españoles llegaron a la próspera Venezuela de los años 50 por David Placer – AlNavio – 9 de Noviembre 2017

Más de 120 barcos canarios ilegales cruzaron el Atlántico entre 1948 y 1952 en búsqueda de una vida más próspera. Los últimos supervivientes relatan un viaje lleno de penurias, sin agua ni comida y a merced de los temporales. Debían pasar la cuarentena en La Orchila, pero en pocos meses ganaban “fortunas” y se adaptaban con gran facilidad al país donde “todo era demasiado barato”.

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Hace 65 años 12.000 españoles se lanzaron al mar y llegaron a Venezuela
Es la misma historia pero contada en dirección contraria. Sucedió hace 65 años cuando los españoles se lanzaron al mar, aprovechando los alisios, los mismos vientos que ayudaron a Colón, para alcanzar una mejor vida. Bordeaban la costa africana hasta Cabo Verde y de allí se internaban en el océano hasta llegar a Venezuela. Casi siempre a La Guaira y Carúpano, aunque también llegaron a Margarita y a Trinidad. Era un mes de viaje que costaba unas 5.000 pesetas, una fortuna para la época. Sabían que pasarían trabajo, que casi siempre era suficiente para todos y que probablemente serían detenidos por la policía venezolana al llegar a tierra firme. Leer más de esta entrada

Alberto Barrera Tyszka: “La diáspora en Venezuela tiene un elemento afectivo brutal en un país que no había sido emigrante” por Daniel García Marco – BBC Mundo – 9 de Noviembre 2017

 

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Todo lo que escribe el autor venezolano Alberto Barrera Tyszka le lleva a la crisis que vive su país.

Barrera Tyszka, de 57 años y quizá el escritor venezolano de mayor reconocimiento internacional del momento, no puede escapar de lo que ocurre en Venezuela aunque pase la mayor parte de su tiempo en México.

El autor de “Patria o Muerte” y “La Enfermedad”, entre otros títulos, trabaja en una nueva novela que quería ambientar en México, pero que finalmente tendrá como escenario Caracas.

Barrera Tyszka, firme opositor del gobierno de Venezuela, participará en una charla en el Hay Festival Arequipa, en Perú, ocasión a la que BBC Mundo acompaña con una cobertura especial.

Antes de viajar habló por teléfono con BBC Mundo del momento que vive su país y de la creciente emigración y sus efectos personales y globales.

Las previsiones económicas auguran más dificultades para los venezolanos.

Uno de los efectos de la crisis en Venezuela es la emigración. Eso tiene un impacto en un país que nunca emigró y que incluso fue refugio para los que llegaban en busca de libertad y garantías económicas.

Hay un cambio en la identidad, en el ADN del venezolano. Éramos un país que nos veíamos como un país rico y generoso que recibía inmigrantes que venían por razones políticas o económicas. Aprender a ser emigrante es ahora fundamental en nuestra configuración. Es un aprendizaje para un país que por nuestra condición de país petrolero teníamos a los inmigrantes haciendo otros oficios en el sector servicios. Ahora nos toca a nosotros aprender a ganarnos la vida afuera.

¿Puede eso de alguna manera tener algo positivo a largo plazo para Venezuela?

Habría que plantearse si alguien que sale con 18-19 años dentro de cinco años ya no tiene otra familia, si está dispuesto a volver o no. Enriquecería muchísimo eso, pero eso está basado en una hipótesis optimista y esperanzadora: que el conflicto se resuelve y el país tiene un futuro donde caben estos emigrantes.

¿Tiene también un efecto político esa emigración en cuanto a que la gente que se va está descontenta con el gobierno?

El grueso de la gente que emigra podría votar por la oposición y configura una ausencia importante dentro del país. Pero se pierde también en términos de liderazgo en todos los sectores. Se va yendo gente que desde la sociedad civil, la empresa o la universidad puede ser punto de fuerza en contra de un proyecto totalitario como el del gobierno.
Los opositores han mostrado su desánimo tras el polémico triunfo electoral en las regionales de octubre.

¿Siente el desánimo en la oposición tras los meses de protestas y las polémicas elecciones regionales?

Más veo un gran desconcierto. El oficialismo dinamitó las formas de representación política, ha hecho estallar la idea del voto y eso afecta a la oposición. En 2015, con las elecciones parlamentarias, la oposición no supo leer esa victoria. Creyó que ya tenía triunfo, y el chavismo leyó que no podía volver a hacer una elección normal y empezó a trabajar para un modelo en el que no se iba a contar, en el que la participación tenía que controlarse de otra manera. Para cualquier ciudadano en Venezuela la idea del voto ha ido sufriendo un descalabro durante dos años. ¿Cómo la dirigencia de oposición puede llamar a votar ahora? Es muy complicado. Hay un nivel emocional en el que la gente se pregunta dónde está la eficacia del voto.

¿Por qué cree que el chavismo sigue teniendo un nivel de aceptación alto entre un sector importante de la población?

Yo creo que lo que ocurre es justamente lo contrario. Creo que la revolución ya no tiene pueblo. Que tiene cada vez más rechazo. Su relación con los sectores populares se funda en el chantaje y la extorsión. Por eso mismo el gobierno de Maduro está desesperado por conseguir alguna legitimidad electoral, así sea a través de fraudes. La magia ente los sectores populares y el chavismo se acabó. Ahora el oficialismo le tiene miedo al pueblo.

Se estima que desde la llegada del chavismo unos dos millones de personas dejaron Venezuela.

¿Cómo cree que sigue ahora Venezuela?

Es muy difícil especular. Si uno ve los procesos con América Latina veo dos diferencias: la condición petrolera y la crisis en la que estamos, y la condición militar. (El presidente Nicolás) Maduro le ha ido cediendo a los militares la gestión política y social, la producción y distribución de 27 productos de la canasta básica. Son elementos que van a a definir el futuro. ¿Qué pasa con el poder de los militares y el control de la sociedad?

¿Cree que la polarización del conflicto político se refleja en la calle?

Por la crisis la población está un poco agotada de esto. Al final, ¿quién habla del hambre? Esa es la pegunta. El oficialismo lo niega y la oposición se dedicó a hablar sobre la libertad, los derechos, cuando la mayoría vive una situación terrible.
El gobierno celebra los 100 años de la Revolución Bolchevique y la gente no tiene para comprar huevos o queso. Hay un desfase. Yo siempre digo que (Hugo) Chávez convirtió Venezuela en un parque temático de los 60. Mencionaba a Mao Zedong. Era algo risueño incluso, pero con las características de la crisis eso se vuelve trágico.
Venezuela es un país sin estadísticas, sin versiones claras de qué es lo real y eso al ciudadano lo va a asfixiando”

A usted, que es escritor de ficción, ¿le resulta difícil superar la realidad de Venezuela?

Es muy difícil huir, escapar. Si yo quisiera escribir una novela íntima, de naturaleza mística, tarde o temprano el país va a aparecer. Desde la ficción escribo como forma de organizar mi curiosidad, el dolor, lo que no entiendo, y ahí esta presente el país por qué no entendemos lo que pasa y nos está doliendo.
Empezaste la entrevista con la diáspora y tiene un elemento afectivo brutal en un país que no había sido emigrante. Tiene que ver con la noción de familia y los afectos. La diáspora es una experiencia de pérdida de la idea de un país.

La emigración está teniendo un alto coste personal y consecuencias para el futuro del país.
Esos relatos intensos están haciendo brillar a escritores y cineastas venezolanos premiados.
Es un momento muy interesante, pero en el proceso venezolano llevamos tantos años y se ha ido poniendo más tenebroso. En la medida en que todo entra en crisis se ve más oscuro, con menos salidas (…) Y además sin muchas explicaciones. El país tiene un nivel de opacidad enorme en todos los sentidos, desde las estadísticas más básicas como las económicas. Es un país sin estadísticas, sin versiones claras de qué es lo real y eso al ciudadano lo va a asfixiando (…)
Todo eso crea niveles de zozobra muy fuertes, y eso es parte de la realidad que afecta tanta como la inflación. Eso es un proceso que va volviendo al país más tenebroso. El país necesita niveles de transparencia enormes en todos los sentidos.

 Ricardo Hausmann: Si la economía se queda como está nos morimos por Txomin Las Heras Leizaola – Noticiero Digital – 11 de Noviembre 2017

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“Tenemos una inflación promedio en los mercados de Caracas equivalente a 23.000% al año. No creo que haya apetito por el lado de los acreedores de darle un balón de oxígeno al gobierno”

Ricardo Hausmann no se anda con ambages a la hora de analizar la crítica situación económica que atraviesa Venezuela. El director del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y ex ministro de Planificación en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, critica que la administración de Nicolás Maduro haya priorizado en los últimos años el pago de la deuda externa a costa del empobrecimiento de la población y no cree que los acreedores estén dispuestos a refinanciarla hoy en día sin un plan de reformas económicas creíble. Vaticina, por lo tanto, una cesación de pagos total o parcial que pudiera darle al Gobierno flujo de caja a corto plazo para afrontar las elecciones presidenciales de 2018, pero advierte que por ese camino continuará la destrucción del país. “Si la economía venezolana se queda como está nos morimos”, sentencia.

Hausmann, quien también se desempeñó como economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) entre 1994 y 2000, no evade el tema político y descarta una salida electoral a la crisis del país. “Vamos a necesitar un cambio de régimen para que, con ese cambio de régimen, haya una salida electoral” y no descarta para ello la presión de la comunidad internacional a través del “embargo o el condicionamiento de las exportaciones petroleras”. Tal Cual conversó con él en ocasión de su visita a Bogotá donde participó en el Vigésimo Congreso Mundial de Clusters.

La mayor catástrofe económica que ha visto este hemisferio

— ¿Qué elementos se deben conjugar para que se pueda dar una buena renegociación?

–Los elementos de una renegociación exitosa tienen que ver con la capacidad de hacer un canje de bonos que dicen que van a pagar 100, pero que nadie lo cree y por eso se transan a 30, por unos bonos cuyo valor a la salida va a ser más de 30. De modo que las personas que tienen el bono sacan el cálculo de que tienen hoy algo que vale 30 pero de pronto mañana vale 40. El país se había comprometido a pagar 100 y termina pagando 40, pero 40 que sí va a poder pagar y no 100 que no va a poder pagar. Eso es lo que les interesa a los tenedores de bonos en la renegociación. Y el país se beneficiaría porque en vez de 100 va a pagar 40.

¿Qué tiene que pasar para que eso se dé?

– Que al país le den un balón de oxígeno para que pueda recuperar su economía, de modo que no les paguemos por unos años y en esos años usemos el dinero para recuperar la economía, recuperar el nivel de vida, recuperar la producción, volvernos más fuertes, de tal forma que cuando tengamos que comenzar a servir los bonos que valen 40 estemos en condiciones de hacerlo. Ahora, para eso el Gobierno tiene que usar el oxígeno que le va a dar la renegociación con el objeto de alcanzar un buen fin. Lo que pasa es que este gobierno usó todo el boom petrolero más todo el aumento de la deuda que se contrató, para terminar con un país arruinado. Por lo tanto, los tenedores de bonos van a dudar de que aun dándole ahora a este gobierno un balón de oxígeno vayan a poder cobrar después los 40 (de los que hablamos anteriormente), pues lo más probable es que estos tipos se gasten la plata en bombas lacrimógenas, se gasten la plata robándosela, se gasten la plata destruyendo la capacidad productiva del país y concluirán que para eso me quedo con mi acreencia a 100. Por eso, el elemento fundamental de una acreencia exitosa es un programa económico de reformas creíble que genere esa visión de que en el futuro tú vas a tener una capacidad de pago que hoy no tienes. Con el gobierno de Maduro, con la ideología chavista, con el socialismo del siglo XXI, sabemos que hemos generado la mayor catástrofe económica que ha visto este hemisferio, por lo que no creo que haya apetito por el lado de los acreedores de darle un balón de oxígeno al Gobierno.

Encima de eso tenemos el siguiente problema: lo que típicamente ocurre es que los tenedores de los viejos bonos los intercambian por nuevos bonos, bonos de la deuda pública que debieran estar autorizados por la Asamblea Nacional y este gobierno se niega a hablar y reconocer a la Asamblea Nacional y ha manejado de manera totalmente inconstitucional la hacienda pública del país, sin que los presupuestos hayan sido aprobados por el Parlamento. Sinceramente creo que vamos a llegar a un impasse donde el financiamiento del país sencillamente se va a congelar y dejar de existir.

El dinero que iban a pagar para la deuda lo van a gastar en la campaña presidencial

— ¿Qué consecuencias tendría para Venezuela no refinanciar la deuda en estos momentos? ¿Qué escenarios se nos presentan?

— Ese es uno de los aspectos preocupantes, porque básicamente el Gobierno tenía que pagar algo así como 8.000 millones de dólares en servicio de la deuda en 2018 y, de pronto, no los va a pagar o va a pagar una parte de eso, por lo que se le aliviará el flujo de caja. Igual no tenía para pagar nada que se le pareciera a 8.000 millones de dólares. Va a pagar menos y va a quedar con unas deudas impagadas y la gente con unas acreencias contra el país no renegociadas. De modo que no creo que el país vaya a sufrir mucho más, pues ya venía sufriendo por el hecho de que el mundo pensaba que esto iba a venir y, por lo tanto, no le prestaban un mango a Venezuela, salvo con unas garantías enormes como acaba de ocurrir cuando hace un año obtuvimos un préstamo del Deutsche Bank con garantía en oro y, como no le pagamos, se llevaron el oro. Y ahora estos bonos que estamos teniendo dificultad en pagar, si no los pagamos, se llevarán a Citgo. Así nos hemos estado endeudando a tasas locas, con supergarantías, porque nadie le cree una palabra a este gobierno.

Creo que el país no se tiene que preocupar tanto por el beneficio o el daño económico de este impasse financiero, porque lo cierto es lo siguiente: si la economía venezolana se queda como está nos morimos. Porque en Venezuela no tenemos las proteínas, ni las calorías, ni las medicinas para mantener a 30 millones de personas. De hecho, el año pasado en una encuesta se encontró que más del 70 por ciento de los venezolanos había perdido 8 kilos de peso involuntariamente. En noviembre del año pasado el nivel de vida era sustancialmente mayor al de hoy y el de hoy está colapsando a ritmos acelerados. De modo que si mejorásemos y llegásemos al nivel de vida que teníamos hace un año, todavía estaríamos perdiendo peso. El problema que tiene Venezuela es que está en condiciones de morirse. Por eso es que hasta que no haya un cambio de régimen y venga otro tipo de gobierno, con otro tipo de políticas, el país se va a morir.

— ¿Podría estar en el cálculo del Gobierno no pagar la deuda para obtener un mayor flujo de caja?

— Sí, porque de pronto el dinero que iban a pagar para servir la deuda lo van a gastar en la campaña presidencial.

— ¿La intención de renegociar la deuda por parte del Gobierno podría ser entonces un anuncio falso?

— La política que yo he tratado de diseñar para un gobierno post Maduro tiene varios elementos básicos: mejorar rápidamente el nivel de actividad económica y para eso hay que aumentar mucho las importaciones de materia prima, insumos intermedios y repuestos, con el fin de que el aparato productivo pueda producir. Para subir esas importaciones, tienes que dejar de servir la deuda, pedir financiamiento adicional y devolverle al aparato productivo la libertad de producir, así como un acceso libre y sin controles a las divisas, la posibilidad de fijar precios sin policías y la seguridad de la propiedad. Eso es lo que hace falta para recuperar el país.

Sin financiamiento adicional, sin darles a los venezolanos las garantías y las libertades que la Constitución contempla y sólo con el ahorro de las divisas que van a venir temporalmente por el hecho de no pagar y no entenderse con los acreedores, va a continuar la destrucción de Venezuela. Lo que está destruyendo a Venezuela es la falta de libertad económica para operar en el territorio nacional, la locura de la política económica con tres tipos de cambio, uno a 10, otro a 3.000 y otro a 54.000, los controles de todo tipo por todos lados, la estampida de gente del país. Todas esas cosas no se van a detener por el hecho de dejar de servir la deuda, aunque en el corto plazo el Gobierno va a tener un cierto beneficio que le va a dar algo más de margen para actuar. Pero el país se seguirá hundiendo.

Un país no puede pretender vivir de la importación de bolsas CLAP

— La ayuda humanitaria es un tema de emergencia y no va a resolver estructuralmente los problemas económicos y sociales de Venezuela que usted plantea. ¿Le asigna algún valor frente a la situación que se vive en Venezuela?

— La ayuda humanitaria tiende a ocurrir cuando se produce un terremoto o un huracán que afecta a cientos de miles de personas. Se intenta entonces atender a esas personas. Pero el huracán chavista arrasó con 30 millones de ciudadanos. No es sostenible pretender que el país va a vivir de ayuda humanitaria por un período significativo porque nadie tiene la capacidad de mantener a 30 millones de personas.

Claro que hay que empezar por allí, porque cualquier recuperación va a tomar algún tiempo y la gente tiene que comer todos los días. Tenemos que imaginarnos que 30 millones de personas, a razón de 2 dólares al día, que es el límite de pobreza mundial, da un total de 20.000 millones de dólares al año, una cifra estrambótica. No se puede mantener un país, al límite de pobreza de 2 dólares al día y con 30 millones de habitantes, pues nos da una cifra inimaginable.

Entonces, tiene que haber algo de ayuda humanitaria al principio pero sobre todo una acelerada recuperación de la economía. No puede pretender un país vivir de la importación de bolsas CLAP, cuando el país debió haber vivido de la importación de semillas, fertilizantes, agroquímicos y demás, para que esos dólares rindieran mucho más en la producción agrícola nacional. Esa es parte de la locura, de la distorsión en la que estamos, donde creemos que tenemos suficientes dólares para vivir sin trabajar.

Los precios van a seguir su ritmo ascendente

— Con el tema de la inflación, somos probablemente el peor ejemplo en el mundo. ¿Cómo aprecia este fenómeno en el país y qué perspectivas le ve?

— Nosotros hemos estado siguiendo el tema de la inflación venezolana muy de cerca. Tenemos medidas diarias de inflación a través de un esfuerzo muy importante que lidera Roberto Rigobón en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y que se puede ver en un website que se llama http://www.inflacionverdadera.com. Seguimos semanalmente los precios de los mercados libres de Caracas y seguimos mensualmente los precios que publica el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda). Ha habido un acelerón inflacionario impresionante, nunca visto. En las últimas cuatro semanas tenemos una inflación promedio en los mercados de Caracas cercana al 12 por ciento semanal, que representa 23.000 por ciento de inflación al año. Claro, si lo mezclas con algunas otras cosas que no suben de precio, como la gasolina y la electricidad que las regalan, puede dar otro porcentaje. Pero en las cosas en las que la gente gasta dinero, la inflación está en muchos miles por ciento.

Esa inflación se debe a una razón muy sencilla, que el Gobierno está financiándose con la maquinita. Cayó el ingreso petrolero porque cayó la producción petrolera y subieron los costos petroleros y cayó aún más rápido el ingreso no petrolero, porque cayó la producción nacional, cayeron las importaciones sobre las cuales se cobran el IVA y los aranceles, cayó el empleo donde se cobran los impuestos a la nómina, cayeron las utilidades de las empresas sobre las que se cobra el Impuesto sobre la Renta, de modo que la recaudación fiscal ha colapsado. El Gobierno tiene menos ingresos, mantiene el gasto y la diferencia la cubre imprimiendo dinero. El aumento en la base monetaria del último año ha sido del 1.000 por ciento.

Ahora el Gobierno ha aumentado los sueldos, los aguinaldos y la reacción ha sido que el dólar en Cúcuta que estaba a 40.000 bolívares pasó a 54.000 bolívares y eso trae como cola una subida de precios en el país, pues los pescadores que pueden vender su producción en el Caribe no van a venir a Venezuela a menos que los precios se equiparen a los del dólar. La gente que tiene que importar a dólar libre tiene que pagar ese precio y así sucesivamente. Todo eso se traduce en shocks que indican que los precios van a seguir su ritmo ascendente. Creo que la inflación esperada de 2018 debe ser de muchos miles por ciento.

— Eso es lo que llaman hiperinflación.

— Sí, básicamente estamos en la hiperinflación.

— Si tenemos que comparar el caso de Venezuela con otro que haya acaecido en el mundo en el pasado, ¿con quién nos podríamos medir?

— La caída del PIB ha sido más grande en Venezuela que en el período especial de Cuba de 1989 a 1993, donde colapsaron el producto y el consumo pero no el tipo de cambio. En la Guerra Civil Española se produjo una caída del PIB mucho menor que la nuestra y tampoco hubo una gran inflación. En la hiperinflación de Zimbabue hubo una caída fenomenal del producto, aunque más chiquita que la nuestra. Hay muy pocas experiencias en el mundo de esta magnitud. Esto es mucho más grande que las hiperinflaciones de Argentina y de Brasil. En todas ellas, los gobiernos perdieron el control de los precios pero no se generó una contracción económica como esta, producto no sólo del descontrol monetario sino del resto de las políticas chavistas de expropiación, controles, cambios múltiples e ilegalización de la tenencia de inventarios. Y no olvidemos la destrucción de Pdvsa que es la generadora de riqueza nacional.

No descarto el embargo o el condicionamiento de las exportaciones petroleras

— Todo este panorama que relata se da en medio de una crisis política muy grande de la que no es ajena la oposición. ¿Qué apreciación tiene usted de la situación política?

— Creo que lo que hemos aprendido en el último par de meses es que en Venezuela no hay una salida electoral. En Venezuela vamos a necesitar un cambio de régimen para que, con ese cambio de régimen, haya una salida electoral. Creo que está bastante claro que este gobierno no tiene intención de someterse a ningún proceso electoral medianamente justo y va a inventar fechas electorales de la noche a la mañana sin tinta indeleble, con cambios de centros de votación a diestra y siniestra, con líderes políticos de oposición presos, asilados o en el exilio y con un CNE que es un grupo de bandidos. En ese ambiente no hay la capacidad de organizarse políticamente porque Venezuela no es una democracia. No hay condiciones para que haya una transición a la democracia a través de un proceso comicial.

— ¿Cómo se cambia el régimen si no es a través de la vía electoral?

— Ha habido muchos casos en la historia. Nosotros tuvimos el 23 de enero de 1958, que construyó una salida electoral en diciembre de ese año. En aquella ocasión no le pusieron presión a Pérez Jiménez para que convocara elecciones. El grueso de las transiciones a la democracia no se ha dado porque el dictador convoque elecciones. En Argentina, el general Galtieri no fue el que organizó las elecciones que ganó Alfonsín. No podemos confundirnos con el ejemplo chileno porque allí había división de poderes, había un poder judicial independiente, había unas Fuerzas Armadas independientes y cuando Pinochet trató de robarse la votación, el sistema funcionó. Pero aquí nos han robado veinte mil votaciones, no salieron ni 2 millones de personas a votar por la ANC y dicen que fueron 8 millones.

Creo que tenemos que plantearnos el cambio de régimen y en eso tiene que ayudar la comunidad internacional. No descarto, como un mecanismo para que eso sea así, el embargo o el condicionamiento de las exportaciones petroleras. No tiene sentido que el mundo le compre el petróleo a Venezuela para que el Gobierno asigne los recursos de ese petróleo sin que hayan sido aprobados por la Asamblea Nacional. Se puede hacer como se hizo en Irak, donde se condicionó la compra del petróleo a la compra de medicinas para inmunizar a los niños o a la compra de semillas y fertilizantes que necesita el país. Pero no te voy a dar el dinero para que tú después te lo robes y lo deposites en el Banco de Andorra o lo gastes en bombas lacrimógenas, en Sukhois o en submarinos. No te voy a dar acceso libre a mi mercado y básicamente te voy a hacer imposible continuar dirigiendo ese país.

— ¿Ese condicionamiento que plantea sería viable con el actual gobierno?

— Ese condicionamiento debería ser viable con el actual Grupo de Lima y con los actuales gobiernos estadounidense, canadiense y de los países europeos.

— ¿Y las autoridades de Venezuela?

— Tendrán que ver qué hacen. Se les va a hacer el mundo muy chiquito.

La diáspora tiene mucho que aportar

— Su planteamiento en este evento y usted lo ha venido señalando también en otros foros, es que Colombia ha sido un país muy cerrado a la inmigración y que esto ha sido un obstáculo muy importante para su crecimiento y desarrollo.

— En este Congreso Mundial mi presentación versó en general sobre el rol de los clusters en el desarrollo de los países. En este contexto, me opuse a una tesis que está muy de moda que defiende que las regiones tienen que decantarse por la especialización inteligente. Yo argumento que no hay especialización inteligente. Lo único que hay es diversificación inteligente.

Entonces, típicamente, la diversificación de una economía viene muy de la mano de la inmigración. Porque con la inmigración llega gente que viene de un país donde sí se hacían cosas que no se hacen aquí, las aprendió allá y, al mudarse, el conocimiento se viene en la cabeza de la persona. Por lo tanto, la inmigración tiene unos efectos gigantescos en la diversificación. Uno de los problemas de Colombia es que ha habido poquísima diversificación y mi argumento es que eso se debe a que ha habido poquísima inmigración. Los números de Colombia son realmente ridículos. No tengo los más recientes porque no los han publicado, pero en las últimas cifras del Banco Mundial correspondientes a 2010, Colombia tenía 0,25 por ciento de su población nacida en el exterior. Eso se compara con algo así como el 4 por ciento de la población en Venezuela, 14 por ciento en Estados Unidos, 24 por ciento de la población en Canadá, 27 por ciento de la población en Australia y 42 por ciento en Singapur. En Estados Unidos, de cada 7 personas que te encuentras en la calle una es extranjera y, en Colombia, esa relación es de un extranjero por cada 400 personas.

De las pocas empresas exitosas que hay en Colombia la mayoría tiene extranjeros no muy lejos, empezando por el Grupo Manuelita de Cali, Avianca y las empresas de Barranquilla que son propiedad de judíos, palestinos y libaneses. De modo que hasta en las excepciones se nota la ausencia. Yo creo que este es un problema importante para Colombia. Y no es porque la gente no quiera venir a Colombia. Quizás mucha gente no quiere venir, en parte, por la actitud hacia los que no son de aquí, pero hay historias tras historias de lo difícil que es quedarse a trabajar en Colombia y de las restricciones que hay al empleado extranjero en las empresas.

— ¿Cuál podría ser el aporte a Colombia de los venezolanos que están actualmente emigrando?

— En el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard hicimos un estudio donde demostramos que en Panamá -donde alrededor del 5 por ciento de la población es extranjera, es decir, proporcionalmente 20 veces más extranjeros que en Colombia, por cierto más del 20 por ciento de ellos colombianos- que en las empresas, en los sectores, en las industrias, en las geografías que más extranjeros emplean, más dinero ganan los panameños. La idea es que los extranjeros no son sustitutos de los locales, son complemento de los locales. Sustitutos son cosas como el café y el té. Complementos son cosas como el café y el azúcar. Si tienes más café tienes menos té. Pero si tienes más café quieres más azúcar.

Colombia ha perdido una oportunidad gigantesca en mejorar su sistema de salud, cosa que los chilenos están aprovechando, pues Chile abrió sus servicios médicos mediante unos exámenes estandarizados y ahora están yendo allí centenares de médicos venezolanos. Aquí no hay ese camino. Aquí se quejan de que no tienen suficiente calidad educativa y universitaria y se hubiesen podido llenar de talento venezolano y no lo hicieron.

Nuestra propia experiencia en Venezuela es que los migrantes que vinieron de Italia, España y Portugal no tenían grandes títulos académicos, pero tenemos panaderías porque los portugueses las desarrollaron, tenemos excelente restauración italiana y española porque llegaron de esos países y así tuvimos herreros y carpinteros. Mucho del progreso que hubo en Venezuela fue gracias a la inmigración que el país dejó entrar. Creo que los colombianos no tienen la menor idea de los billetes de 100 dólares que están dejando en el piso por su terquedad.

— ¿La diáspora venezolana, que los estudiosos del tema calculan en 2 millones de personas, tendría un papel que cumplir si regresan a Venezuela en un escenario político diferente?

— He trabajado mucho en investigaciones sobre el tema de las diásporas y éstas son potencialmente útiles a sus países de origen de muchas maneras distintas. Una es regresando. Regresan reencauchados, regresan con nuevas experiencias, con nuevas habilidades, con nuevas capacidades, pues han tenido una experiencia enriquecedora. Pero aun si no regresan también aportan. Italia, por ejemplo, se benefició mucho de la comunidad italiana en Venezuela porque importamos más maquinaria italiana, más tecnología italiana, compramos más productos italianos, pues había un vínculo profundo entre Italia y su diáspora. De modo que en materia de inversión, de comercialización, de vínculos profesionales, las diásporas tienen mucho que aportarle al país de origen. Hay países que tienen ministerios de la diáspora. En el caso de Albania, país con el que estamos trabajando, estamos desarrollando una estrategia para su población que vive en el exterior, lo mismo que en Sri Lanka.

Para empezar, a la diáspora venezolana hay que devolverle sus derechos ciudadanos. ¿Cómo es eso de que cerraron el consulado en Miami y que ahora no se puede votar allí sino en Nueva Orleans o que hay que ir a Boston a renovar el pasaporte? Esa es una agresión a los derechos ciudadanos de los venezolanos en el exterior. Pero más allá de devolverles sus derechos ciudadanos, creo que hay que generar el vínculo de afecto y de hermandad que une a las diásporas con su país de origen. Y para el país de origen eso puede ser extremadamente valioso.

Gobierno de EEUU reporta incremento de la inmigración legal de venezolanos por Carlos Subero – Venepress.com – 6 de Noviembre 2017

Estados Unidos solia recibir de 9 mil a 10 mil venezolanos por año. En 9 meses de 2017 ya van por 9 mil. Se mantiene la cantidad de viajeros

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Un total de 8 mil 855 venezolanos han obtenido este año la Residencia Legal Permanente en los Estados Unidos, según las cifras oficiales difundidas por el Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security).
Se trata de lo antes se conocía como green card y es lo que les permitirá vivir y trabajar legalmente en los Estados Unidos, y el documento tras el cual se lanzan cientos de miles de venezolanos.
La cifra corresponde solo a los tres primeros trimestres del año y se está difundiendo como directriz que dio en marzo el presidente Donald Trump para incrementar la transparencia y la colaboración entre departamentos en temas sensibles.
La tradición desde 2008 es que son recibidos como inmigrantes de 9 mil a 10 mil venezolanos anualmente en los EEUU, por demás, el primer objetivo para emigración de venezolanos.
Quiere decir que para finales de año, cuando se cumpla el cuarto y último trimestre, se registrará un incremento sensible en la cantidad de venezolanos inmigrantes legales en el país del norte.
Cabe destacar que 8 de cada 10 venezolanos admitidos legalmente este año como inmigrantes arribó al territorio de Estados Unidos con otro tipo de visa, (turismo, negocios),, y luego solicitó la residencia permanente y se ajustó a ese estatus logrado.
Se mantiene la cantidad de viajeros venezolanos a EEUU
Otro dato oficial que ofrecen las estadísticas recientemente liberadas por el gobierno americano es que se mantiene constante la cantidad de venezolanos que viaja a los Estados Unidos, es decir los que ingresan y que no necesariamente se quedan sino que van por turismo o negocios.
Y esto ocurre aunque se ha reducido drásticamente la cantidad de vuelos hacia ese país, y por ende también la cantidad de asientos disponibles. El venezolano ha superado el incremento de los precios de los pasajes y su dificultad para cancelarlos en dólares.
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300 mil venezolanos ingresaron a EEUU durante el primer semestre (un promedio cercano a los un mil 600 diarios). Se estima que unos 600 mil deberían completarse al final del año. Estadísticas oficiales del gobierno americano que aparecen en el libro La Alegría Triste de Emigrar: venezolanos que se fueron a Norteamérica reportan que en 2010 ingresaron 528 mil venezolanos. Es decir se mantiene la cantidad de viajeros venezolanos al Norte.
El venezolano continúa viajando a los Estados Unidos en la misma proporción de 2010, según las cifras oficiales difundidas a finales de octubre.

El “fracaso” de regresar a Venezuela por Pierina Sora – El Estimulo – 7 de Noviembre

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Cruzar la frontera, dejar atrás el país, “escapar” de la crisis, afrontar una nueva vida. Historias de emigración abundan, las redes se llenan de logros, los casos de éxito destacan. Pero nadie publica la imagen de Maiquetía al volver, derrotado. Los sueños frustrados, los planes mal afinados, las realidades ásperas obligan a más de uno a desandar el camino, a repatriarse

Irse del país se va convirtiendo en norma, única salida para quienes sienten que el agua les llegó al cuello, que el horizonte es turbio. Venderlo todo, quemar las naves, desarraigarse. Pero regresar también es una posibilidad, el último de los deseos, la negación de tantos planes e impulsos.

Quienes hacen el viaje a la inversa se lamentan de su retorno migratorio, pero no descartan la opción de hacer de tripas corazón para marcharse del país una vez más, hacia nuevo destino, aplicando lo aprendido. Es el caso de Matilde Olivares, quien partió en octubre de 2016 junto a su esposo hacia Tenerife, en España. A sus 65 años de edad, optó por vender todos sus enseres y el mobiliario de su casa para levanta el capital que financiaría las alas que la llevarían sobre el Atlántico, y le brindaría un primer sustento al llegar. “La verdad es que vendí todos mis corotos porque yo no tenía pensado regresar. Gracias a Dios el apartamento no se vendió porque mi hija paró la venta”, cuenta aliviada. Leer más de esta entrada

La crisis lleva a Venezuela a mimetizarse cada vez más con la vida en Cuba por Daniel Lozano – La Nación – 4 de Noviembre 2017

El transporte público, el racionamiento y la gestión de los militares de la economía imitan a la isla comunista

La profundización del “período especial” revolucionario está convirtiendo las calles venezolanas en un espejo de las cubanas. El último paralelismo es el transporte público, que mezcla largas colas en las paradas de los ómnibus con la precarización de los vehículos ante la desesperación de la sociedad.

Como si de una postal de La Habana se tratase, donde sólo faltarían los Cadillacs y Chevrolets de los años 50: hasta camiones se están utilizando para el transporte entre la capital y el litoral de Vargas. En el Gran Caracas, 22.000 unidades están fuera de servicio, según la Central Única Autos Libres y Por Puestos. Sólo 5000 estarían funcionando ante el desabastecimiento y los altísimos precios de los repuestos y lubricantes y los cortes en la distribución del combustible. Un neumático cuesta entre un millón y dos millones de bolívares, cuando el nuevo salario mínimo más los bonos de alimentación se ha situado en 456.507 bolívares.

La falta de unidades de transporte se está paliando con camiones y pickups para trasladar pasajeros. Las imágenes se extreman cada día que pasa y recorren las redes sociales, con vehículos colapsados y con pasajeros literalmente colgados de puertas y ventanas.

La crisis del transporte se une así a las colas para comprar pan, a la escasez de algunos alimentos y de medicinas y al desabastecimiento de productos básicos, empezando por los productos para la higiene personal. Desde que en 1991 comenzara en la isla caribeña el llamado Período Especial, tras la caída del Muro de Berlín, los cubanos padecen parecidos sufrimientos.

Paralelismos

Una serie de paralelismos que explican la Cubazuela de hoy, precisamente cuando esta semana se cumplen 17 años de la firma del Convenio de Cooperación Cuba-Venezuela, suscripto por Fidel Castro y Hugo Chávez. “El empobrecimiento de la población venezolana ha sido vertiginoso. En apenas tres años se ha perdido capital humano, la emigración ha trascendido la clase media llegando a sectores populares y los decrecimientos del PBI, aumento de la deuda, caída del consumo y de la nutrición son paralelos a las guerras civiles que vivió Europa a mediados del siglo XX. Más allá de una mala gestión, implica una falla del modelo estatista impulsado por Chávez y heredado por Maduro”, resume Armando Chaguaceda, pensador cubano radicado en México y experto en las dos revoluciones.

La inspiración y los consejos llegan desde la menor de las Antillas. Amparado en esta hermandad, el gobierno de Maduro excusa el derrumbe de su economía con un bloqueo financiero parecido al que sufre Cuba.

La última defensa del victimismo revolucionario la realizó el presidente entre el jueves y ayer, al culpar a Estados Unidos, a Colombia y al Parlamento de la hiperinflación y del colapso en el pago de la deuda exterior, que será refinanciada.

En estas apariciones, el “hijo de Chávez” anunció un CLAP navideño para familias con carnet de la patria, la adaptación de la libreta de racionamiento cubana a la Venezuela de hoy: bolsas de comida a precios subvencionados que el gobierno vende a las clases más populares.

“Estamos ante un calco”, explica el internacionalista Mariano de Alba. “Están replicando el modelo. Comida hay, pero la distribuyen poco a poco para mantener controlada a la gente”, añade el analista.

“Sectores del gobierno han desplegado esta estrategia para quebrar a la clase media, columna vertebral de la oposición, y volver más dependientes a los sectores populares a los que estaba llegando la oposición con el esquema económico de los CLAP. Una sociedad quebrada dependiente económicamente, moralmente, debilitada, mezcla de la represión y el empobrecimiento y migración incapaz de revertir un proceso de autoritarismo”, sentencia Chaguaceda.

Y como sucede en Cuba, los que no aguantan se van. Estudiosos de la emigración aseguran que entre dos y tres millones de venezolanos conforman la gran diáspora, pero todos ellos son incapaces de cuantificar la hemorragia de los últimos meses.

Sangría

Un factor electoral fundamental, ya que se calcula que el 90% de los que se van son antichavistas. El gobierno de Caracas dificulta al máximo su derecho a voto, tanto que sólo unos miles pueden elegir presidente. Históricamente, el castrismo usó las grandes migraciones, como el Mariel en el 80 y la crisis de los balseros en el 94 para rebajar la presión social y económica.

En la misma conexión televisiva de ayer, Maduro, ataviado como un militar, se dirigió a los altos mandos presentes para informarles que dedicará los viernes para el “gobierno militar de la calle”. El general Vladimir López Padrino, ministro de Defensa, controla junto a un batallón de sus generales la importación y distribución de alimentos. El ejército cuenta con su televisión, banco, petrolera y también supervisa el famoso arco minero, territorio bendecido con las mayores reservas de oro, diamantes y coltán del continente.

En Cuba, la contraparte de Padrino es el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, que al frente del Grupo de Administración Empresaria (Gaesa), supervisa más de la mitad de la economía. Este militar, separado de la hija mayor de Raúl Castro, es uno de los hombres más poderosos del país, clave para la sucesión prevista para el año que viene.

Los militares son el principal soporte de ambos gobiernos. “En Venezuela y en Cuba el apoyo no se basa en el desempeño gubernamental, sino en una mezcla de lealtades políticas con formas muy disminuidas de clientelismo y de control social”, desvela Chaguaceda.

 

Periodista de NTN24 viaja por tierra al cono sur para vivir la experiencia de los emigrantes venezolanos – NTN24 Venezuela – 2 de Noviembre 2017

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El periodista de NTN24 Venezuela, Rafael Hernández, emprendió un viaje por tierra hacia Suramérica para seguir la ruta de los emigrantes que huyen de la crisis humanitaria, una decisión que ha roto familias y causado heridas sólo superadas por la esperanza de un futuro que no les ofrece ‘revolución del siglo 21’.

La jornada de nuestro reportero no fue de avance, este viernes un bloqueo realizado en el peaje de Villa Rica en la región del Cauca por un grupo indígena que exige atención por parte del gobierno colombiano mantuvo varados a los más de dos mil venezolanos que viajan en buses para salir de su país buscando oportunidades en los países del cono sur.

Los venezolanos que se encuentran en el camino han comenzado a agotar los suministros que tenían para realizar el viaje hasta sus nuevos hogares debido a esta paralización que supera las 12 horas y que según las estimaciones de los cuerpos de seguridad en la zona podría extenderse por dos semanas, por lo que solicitaron a las autoridades ayuda.

Al final de la tarde las fuerzas de seguridad llevaron algunos insumos como agua y alimentos a los viajeros que se encuentran retenidos en el lugar.

Venezuela ahora es “guate peor” por Emily Avendaño – El Estimulo – 30 de Octubre 2017

Venezuela llegó a ser el país más próspero de Latinoamérica, soportado por su petróleo y sus avances en educación y salud pública. Tanto, que comenzó a mirar por encima del hombro a naciones más pequeñas y “atrasadas”. Pero en el siglo XXI, la historia es otra. Ni tranquilidad ni estabilidad están garantizadas en la única economía de la región que decrece. Eso ha hecho que la diáspora pose la mirada en destinos impensables en otros tiempos: Centroamérica y Bolivia

Lo dice sin resquemores. Cuando a Antonio Corredor* le plantearon la posibilidad de irse a vivir a Nicaragua lo primero que se le vino a la mente fueron las Maras Salvatruchas –una organización internacional de pandillas criminales–, los altos índices de violencia, el tráfico de drogas y el elevado número de muertes violentas. Muy pronto se dio cuenta de que estaba en un error.

“Nicaragua es el país más seguro de Centroamérica, incluso por encima de Panamá”, declara. Su afirmación la avalan las cifras de la Fiscalía General de la República de ese país. El reporte que presentó la institución en junio revela que tienen la tasa de homicidios más baja de la región y una de las más bajas de Latinoamérica, al pasar de 8 homicidios por cada cien mil habitantes en 2015 a 7 por cada cien mil habitantes en 2016. En Venezuela, en cambio, la tasa de homicidios en 2016 subió a 70,1 por cada cien mil habitantes; 12 puntos más que en 2015.

Llegó al país centroamericano en julio de 2016, es Economista, egresado de la Universidad Central de Venezuela. Dejó sus preconcepciones de lado y decidió irse a la sucursal nicaragüense del banco para el que trabajaba. “Fue un choque. Se me vinieron abajo todos los estereotipos y me manejé como pez en el agua”. Al principio pensaba que más vale violencia conocida que violencia por conocer “pero nada más alejado de la realidad. Este es un país súper seguro. Puedo hablar por teléfono en cualquier parte. Incluso he dejado el teléfono olvidado más de una vez y me han llamado para devolvérmelo”. Leer más de esta entrada

Venezolanos hacen de República Dominicana su hogar por Zinnia Martínez y Víctor Amaya – El Estimulo – 27 de Octubre 2017

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República Dominicana se afianza como lugar de llegada para venezolanos que huyen de la crisis de su país. Las condiciones climáticas, las similitudes sociales y una economía pequeña pero pujante -con un crecimiento sostenido de 7% del Producto Interior Bruto, según el Banco Mundial-, han convertido a la isla en objetivo de la emigración. Una deuda sigue pendiente: lograr facilidades migratorias para regularizar a los que están, y los que seguirán llegando

En septiembre de 2017, en República Dominicana hubo abastecimiento, refugio y salvamento del paso de dos huracanes: Irma y María, que bordearon la isla, provocando muy pocas pérdidas y confirmando la creencia popular de que es un territorio bendecido. Los dominicanos parecen estar muy acostumbrados a la temporada de huracanes y ni siquiera en alerta roja con un huracán categoría 5 a la vuelta de la esquina perdieron la calma y el buen humor.

A lo que aún no se acostumbran es a la ola de inmigrantes venezolanos que han llegado a ese pequeño país caribeño en los últimos años. No existen cifras exactas de la cantidad de venezolanos radicados actualmente en República Dominicana. Según el informe de flujo migratorio del Banco Central dominicano, en el apartado de Llejada de Extranjeros No Residentes, en 2014 entraron a Dominicana 37.972 venezolanos. Al año siguiente, subió a 55.494 y en 2016 la cifra alcazó un impresionante 170.713, de los cuales 161.636 personas abandonaron el territorio. Más del 5% no volvió.

En 2017, hasta septiembre, 81.750 venezolanos llegaron hasta los aeropuertos del país caribeño, y 78.818 salieron. El 3,59% decidió quedarse. “Muchos de estos ciudadanos llegan para adquirir bienes que escasean en su país. Otros lo hacen con la finalidad de explorar y fijar residencia definitiva en la República Dominicana”, admite el Banco Central.

Las estadísticas de la Dirección General de Migración indican que, durante todo el año pasado, 749 venezolanos obtuvieron residencia legal en esa nación. Y hasta julio 2017 se emitieron 994 documentos más, un aumento de 32% en la mitad del tiempo. La nacionalidad de Venezuela es, además, de las que más obtuvo residencias en el primer semestre del año, junto a Estados Unidos, España, China y Haití. Así, poquito a poquito, se va construyendo una comunidad.

El Banco Mundial estima en un documento reciente, que 19 mil venezolanos han hecho de República Dominicana su hogar, legalmente, la segunda comunidad migrante más grande después de la haitiana. Y “los chamos” se hacen notar. En julio, por ejemplo, se constituyó la Asociación de Venezolanos en la República Dominicana (Asoverd) que, declararon sus directivos durante su acto de instalación, “nace con la intención de favorecer las relaciones de negocios, comerciales, culturales y personales de los venezolanos y su adecuada interacción e integración con la cultura dominicana”. El grupo estima que en la isla hay más de 270 mil venezolanos haciendo vida, aunque la minoría estaría con estatus legal. El asunto es tema de conversación en los medios locales, con opiniones diversas pero brazos abiertos gracias a la disposición al trabajo, así como su preparación y por ser “echaos pa’lante”. Leer más de esta entrada

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