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Lucha por elecciones libres por Adriana Moran – Blog Polis – 16 de Julio 2019

 

Cuando hablamos de luchar por elecciones libres, hablamos de poner las elecciones en primer lugar en la mesa de negociaciones y en las convocatorias de calle. Hablamos de mostrarle a nuestro enemigo las armas que tenemos para enfrentarlo y amenazarlo con usarlas; de convocar a la ciudadanía para que pueda poner toda su furia en una estrategia que está en sus manos, que depende de ella, que implica un compromiso con la democracia y que no podrá ser tildada de golpista ni darle excusas a los que manejan el poder para decir que somos violentos y buscamos atajos. 
Las lucha por elecciones no puede ser nunca una claudicación o una concesión al poder, porque el régimen no las quiere y solo ha apelado a ellas de forma voluntaria cuando nos ha visto divididos y sin posibilidades de enfrentarlo con éxito. No existe otra forma de que los millones de venezolanos que nos oponemos a este desastre de revolución y que desde hace años caminamos esquivando escombros, tropezando una y otra vez con sus trampas, podamos participar juntos, todos a la vez, y ante los ojos del mundo, para demostrar nuestro repudio y nuestra negativa a ser gobernados por una caterva de indolentes sin escrúpulos que han hecho todo lo posible, y más, para acabar con lo que somos y que estamos decididos a seguir siendo.
Ellos pondrán mil obstáculos y disimularán su terror a medirse culpándonos de sus propios miedos. Apostarán a esas maniobras que han usado mil veces con éxito para dividirnos y convertirnos en grupos enfrentados que puedan abrirle rendijas a sus posibilidad de perpetuarse. Intentarán reabrir viejas heridas, exhibirán hasta el cansancio a la eterna Tibisay, estimularán a los extremos siempre dispuestos a devolverles el odio que promueven y mostrarán su cara más horrible para que muchos vuelvan a aferrarse al mito de que dictadura no sale con votos. Por eso, es imprescindible que quienes nos dirigen terminen de plantear con claridad esa posibilidad de lucha que nos permita equiparar fuerzas y recuperar la confianza en capacidades tantas veces postergadas.

Luchar por elecciones puede unir a este país roto amenazado por un lado por el régimen y por el otro por el fantasma de la desesperanza que con más o menos fuerza nos acecha a todos y que terminará por vencernos si no reaccionamos.

Venezuela: por qué plebiscito sí y elecciones no por  Luis Manuel Aguana – PanamPost – 12 de Julio 2019

No es Juan Guaidó sino el pueblo venezolano el que debe decidir si autoriza o no el uso de la fuerza en nuestro país

La creación de nuestra base legal debe nacer soberanía popular. (Foto: Flickr)

De un reciente artículo publicado por el portal Primer Informe, firmado por James Dobbins, exasesor para el hemisferio occidental del expresidente norteamericano Bill Clinton, y socio principal de la Corporación Rand, extraigo las siguientes palabras: «Si la administración Trump se toma en serio la preparación para una intervención militar (…) tendrían que generar apoyo regional, e idealmente, participación de otros países en la intervención; posicionar sus fuerzas para mostrar que va en serio; y crear una base legal para el uso de la fuerza, como una solicitud formal del gobierno internacionalmente reconocido de Juan Guaidó«.

La creación de la base legal a la que se refiere el experto norteamericano para el uso de la fuerza exterior solo debe nacer del depositario de la soberanía popular. No es Juan Guaidó sino el pueblo venezolano el que debe decidir si autoriza o no el uso de la fuerza en nuestro país; ni siquiera le corresponde al Parlamento, que se ha negado reiteradamente a autorizar la aplicación del artículo 187, numeral 11, y cuyos diputados nunca estuvieron dispuestos a sacar a Maduro sino negociar con su régimen, como se demostró el 30 de abril. En este contexto,  es necesario concluir que la secuencia que nos vendieron desde el principio no tuvo nunca validez alguna, y que lo que primó siempre fue un acuerdo negociado por elecciones, que es lo que históricamente han deseado los partidos opositores desde que se instaló la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2016.

A todos nos luce que los errores cometidos el 23 de febrero y 30 de abril le han restado una importante credibilidad internacional al gobierno interino de Juan Guaidó, y en especial con el aliado que más nos ha respaldado, Estados Unidos, por lo que los venezolanos no tendríamos otra alternativa que plegarnos a una negociación con el régimen y su oposición oficial, que desean elecciones en los términos harto conocidos por los venezolanos, con una comunidad internacional que no desea intervenir militarmente en el país.

Está pues servida la mesa para que nos hagan creer que solo nos queda la vía electoral para resolver la crisis. Y esa solución, lejos de resolverla, la profundiza, porque no se ha resuelto todavía uno de los pilares fundamentales del sostenimiento del régimen, y que siempre ha sido ignorado por quienes han cohabitado por años: el sistema electoral. Lo he afirmado antes muchas veces, y lo afirmaré hoy de nuevo:  no se puede seguir utilizando el sistema automatizado del CNE.

No es suficiente cambiar los rectores del CNE y actualizar el Registro Electoral. ¡Hay que hacer una reingeniería completa del sistema electoral antes de celebrar cualquier otra elección en el país! ¡Y eso no se puede hacer con ellos en Miraflores! El solo leer la sentencia expediente No. SE-2018-001 de la sala electoral del Tribunal Supremo de Justicia Legítimo en el exilio de fecha 13 de junio de 2018, del cual tuve el honor de ser convocado como testigo técnico, da cuenta de la gravedad de la situación del Poder Electoral venezolano, al punto que ese Alto Tribunal declaró nulo el uso del sistema de voto automatizado para elecciones en Venezuela, lo que amerita un profundo cambio del Poder Electoral venezolano.

Solamente con esa sentencia del TSJ legítimo del 13 de junio de 2018, cualquier solución electoral en los términos planteados por el régimen y la oposición oficial no constituye una salida a la crisis. Se debe entonces recurrir a la fuente misma de donde nacen las instituciones, que no es otra que la soberanía popular, que excluya totalmente ese cáncer institucional llamado CNE con todas sus máquinas y procedimientos, y volver al principio mismo de contar los votos uno por uno.

Si la comunidad internacional insiste en una solución electoral es porque reconoce sin lugar a dudas que hay que recurrir a la soberanía popular y contar los votos para resolver nuestras diferencias. Debemos entonces convencerlos de que nosotros desde la sociedad civil también creemos en esa vía pero no en los términos planteados por el régimen y la oposición oficial. Debemos convencerlos de que un plebiscito es también un mecanismo electoral pero con la diferencia que puede poner en manos del pueblo la decisión trascendental de decidir la continuidad del régimen por la vía de los votos, de una manera pacífica y constitucional, supervisada y sin la intervención de las instituciones secuestradas por Maduro.

Ir a unas elecciones con el régimen y su sistema implica que toleramos su existencia después de haberlo desconocido y le damos beligerancia política al aceptar los resultados electorales que salgan de esos comicios, con un sistema que de antemano sabemos está corrompido. Con un plebiscito, en los términos enunciados aquí no sería así. ¿Y por qué no? Porque de lo que se trata precisamente es de someter a la consideración de la soberanía popular priginaria la decisión trascendental acerca de la existencia misma del régimen, es decir, si lo queremos o no lo queremos, con todo lo que ello implica, incluida su expulsión de la vida política del país.

¿Cómo llevar al régimen a ese juicio de la soberanía del pueblo? No es de ninguna manera fácil. Es claro que la tiranía de Maduro no deseará el conteo de votos de una manera abierta y supervisada por la comunidad internacional, a sabiendas que perderá el juicio popular. Es allí donde la presión externa de todos los países amigos, en especial la del Secretario General de la OEA Luis Almagro, el gobierno de los Estados Unidos y los gobiernos de Colombia y Brasil, que deben comenzar a ejercerse con mayor profundidad para obligarlo a contarse en esos términos y no en otros. La comunidad onternacional debe ser la primera convencida de esta solución, aumentando y profundizando las sanciones ya aplicadas, hasta que el régimen acepte ir a un plebiscito.

En este momento los países que nos apoyan hacen presión con las sanciones pero solo para que el régimen regrese por su cuenta al respeto de la Constitución, cosa que no ha pasado, pero que indudablemente les ha afectado, con su consiguiente debilitamiento, mas no el quiebre de la dictadura. Con la solución plebiscitaria, la presión de la comunidad internacional se concentraría en un único y solo propósito: que el régimen acepte contarse en un plebiscito. Esto aumentaría la presión de manera determinante porque sería una presión focalizada y dirigida a un solo único y claro objetivo, y no a uno difuso y general como ocurre ahora, dando una dirección unificada a las protestas que ocurran en Venezuela con una exigencia clara al régimen: que se cuenten en términos plebiscitarios.

El plebiscito se haría con la colaboración de la sociedad civil y los partidos políticos que así lo decidan, sin la intervención del CNE, no solo por estar corrompido hasta los cimientos sino porque además este instrumento no es de su competencia constitucional (artículo 70), por lo que su realización resultaría además mucho más ágil e inmediata que una elección, contando siempre con el apoyo y supervisión de organismos internacionales (OEA y UE). Al aumentar la presión ejercida desde afuera, pero también desde las mismas entrañas del país, el régimen comenzará a solicitar «negociar» los términos de su sometimiento a la voluntad del pueblo. Es allí donde comenzaría la única negociación posible con ellos: la de los términos de su salida.

Pero, ¿cómo se haría para que el régimen cumpla con el resultado de ese plebiscito? La respuesta a esa pregunta va de la mano con la aceptación del instrumento: de no cumplir el mandato popular emanado de las urnas de ese plebiscito, el pueblo le estaría dando la base legal necesaria al mundo para una intervención humanitaria que haga cumplir la decisión del soberano, no teniendo la comunidad internacional manera alguna de evitar el cumplimento de la Responsabilidad de Proteger (R2P) en Venezuela de acuerdo a los términos concebidos en la Asamblea General de la ONU del año 2005. Y para lograrlo de la manera más expedita y con la colaboración del único poder legítimo en Venezuela, la Asamblea Nacional no tendría más excusas para negarse a aprobar la presencia de fuerzas extranjeras dentro del país para apoyar lo decidido por el pueblo en el plebiscito, a través de su atribución establecida en la Constitución en el artículo 187, numeral 11.

Un plebiscito es una solución que se contrapone a las negociaciones encubiertas con el régimen por parte de una oposición decidida a cohabitar para asegurar por la vía electoral su permanencia en las estructuras del poder. Daría continuidad a la promesa hecha a los venezolanos el 23 de enero de terminar inmediatamente con la usurpación.

Sin embargo, la solución plebiscitaria no es mágica. Conlleva trabajo y esfuerzo, tanto nacional como internacionalmente, para convencer a mucha gente. El plebiscito propuesto es intrínsecamente mucho más que una mera consulta popular como se ha pretendido hacer ver para descalificarlo. Podría considerarse que es, en palabras de Luis Almagro, un proceso «de acumulación política», porque estaríamos planteando etapas claras, que al irse ejecutando reunirían todas las piezas de un complejo rompecabezas político que daría como resultado la recuperación de nuestra libertad.

La zanahoria, los cien garrotes y el dinamitero por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 14 de Julio 2019

Miguel Henrique Otero
Vuelvo a insistir en este espacio sobre lo que he advertido en dos o tres artículos publicados durante los meses pasados: la convocatoria a un posible proceso electoral en Venezuela –la zanahoria con que se pretende conducir a la sociedad democrática venezolana a un nuevo callejón sin salida–, no puede depender exclusivamente de que se cambie a los rectores del Consejo Nacional Electoral. Esa condición es, a la vez, imprescindible pero también insuficiente. Absolutamente insuficiente.

Pero pasa que, de forma simultánea a la exhibición de la zanahoria electoral, el régimen de Nicolás Maduro no contiene, sino que incrementa su política de castigar de forma cada vez más feroz a la sociedad venezolana. No se conformaron con asesinar, tras inconcebibles sesiones de tortura, al capitán Acosta Arévalo; no se conformaron con secuestrar su cadáver; no les bastó someter a sufrimientos extremos a su viuda y a sus familiares; nada de eso complace a los criminales, que ahora han allanado la residencia de sus suegros. No cabe engañarse: el régimen de Maduro no participa en una lucha política. No hay tal cosa. Lo que hace es justo lo contrario al ejercicio político: ejecuta un programa sistemático de destrucción de la sociedad democrática venezolana. Maduro lidera una guerra contra la vida de los venezolanos.

¿Cómo puede estarse debatiendo un proceso electoral, mientras las FAES y la Dgcim siguen matando, persiguiendo y torturando a ciudadanos inocentes e indefensos? ¿Qué papel cumplen, qué representan los presos políticos, los torturados, los perseguidos, los inhabilitados, los exiliados en unas posibles elecciones? ¿Podrán participar como candidatos Julio Borges, Henrique Capriles Radonski, Leopoldo López, Carlos Vecchio, David Smolansky, Antonio Ledezma, Juan Requesens, Edgar Zambrano, Richard Blanco, Mariela Magallanes y otros centenares de dirigentes más, a quienes les han negado su libertad y el ejercicio real de sus derechos políticos? ¿O los candidatos los escogerán Nicolás Maduro y Raúl Castro?

¿Qué pasará con la opinión política, con la voluntad electoral de casi cinco millones de venezolanos en el exilio? ¿Se desconocerá su existencia, tal como ha venido ocurriendo hasta ahora? ¿Se les devolverá el derecho de tener un pasaporte con el que movilizarse de un lugar a otro? ¿Se abrirá un registro electoral que permita incorporar a los exiliados? ¿Se activarán los consulados como centros para cumplir con el derecho al voto? ¿Y, de ser así, quién controlará la red de incompetentes, corruptos y enchufados que forman, hoy por hoy, la mayoría del cuerpo consular del régimen de Maduro?

Tema central: el Plan República. ¿Los electores tendrán que someterse a las decisiones, a la arbitrariedad, a la violencia, al desconocimiento de las leyes electorales, que son el signo de las actuaciones del Plan República? ¿Estará el Plan República bajo el mando de los señores del Alto Mando Militar, todos ellos miembros activos del régimen y que, cada día, violan los preceptos de la Constitución Nacional, en tanto que han convertido la Fuerza Armada Nacional en una fuerza de choque, cuya única divisa es la defensa del poder ilegítimo de Nicolás Maduro?

¿Piensan que es posible realizar un proceso electoral, mientras el ilegítimo Tribunal Supremo de Justicia continúa actuando como alguacil del PSUV, en abierta violación de las leyes? ¿Se ha evaluado el riesgo del papel que la ilegítima, ilegal y fraudulenta asamblea nacional constituyente, todavía en funciones, carta bajo la manga del régimen, podría cumplir en contra de la fluidez, la transparencia e, incluso, en contra de los resultados que arroje el supuesto proceso electoral?

¿Cómo podría organizarse un proceso electoral en una nación sin transporte público, con cerca de 50% de su parque automotor paralizado o inservible, en un territorio donde el suministro de combustibles oscila entre lo inexistente y lo incierto, especialmente en las regiones fuera de Caracas?

¿En cuáles periódicos van a presentar los candidatos opositores sus propuestas? ¿En los periódicos independientes que no imprimen porque el régimen acabó con sus suministros de papel prensa? ¿En los periódicos que han sido comprados por el régimen con dineros públicos? ¿En cuáles estaciones de radio van a trasmitir los candidatos opositores, cuando a las únicas estaciones que se les permite hablar de política son las radios comunitarias, todas de corte oficialista? ¿Y los canales de televisión privados que se han visto obligados a eliminar los programas de opinión? ¿Cómo se va a enterar el público de qué piensan los candidatos?

¿En cuál proceso electoral podría pensarse en un territorio donde el acceso a Internet es azaroso e intermitente, donde el sistema eléctrico pende de un hilo, donde la telefonía móvil apenas funciona, y donde el régimen de Maduro bloquea las redes sociales –cada vez que Juan Guaidó hace alguna intervención pública, Conatel tumba las redes– para administrarlas estrictamente a su favor?

¿Y qué decir de las bandas paramilitares al servicio del gobierno –los colectivos–, cuya participación en anteriores procesos electorales ha consistido en atacar a electores, amedrentar a ciudadanos en las calles y hasta disparar en contra de centros electorales? ¿Y qué pasaría con la distribución de las bolsas CLAP: se permitiría que los delincuentes y enchufados las utilizaran a cambio de votos?

Y, para finalizar este artículo: ¿qué harán con el dinamitero? ¿Qué harán con los constantes llamados al odio y la violencia, en el canal que debía ser un canal de Estado? ¿Qué harán con sus denigraciones, con sus ataques, con las 94 palabras que usa para destruir la convivencia y para poner en marcha las peores prácticas del poder? ¿Qué dicen los promotores de la zanahoria electoral? ¿Qué papel le atribuirán al teniente, al dinamitero oficial del régimen?

Crisis en Venezuela: “Si el gobierno contempla unas elecciones, parece suicida que piense en Maduro como candidato” por Guillermo D. Olmo – BBC News – 11 de Julio 2019

MaduroMaduro ha rechazado hasta ahora la exigencia de convocar unas elecciones presidenciales.

La batalla política venezolana se libra ahora entre bambalinas.

Mientras los negociadores del gobierno de Nicolás Maduro y la oposición de Juan Guaidó se reúnen en Barbados bajo la mediación de Noruega, que ha puesto su prestigiosa diplomacia al servicio de una solución al laberinto de Venezuela, muchos en el país se preguntan de qué están hablando y qué puede resultar de unas conversaciones de las que apenas hay información.

A falta de noticias, proliferan los rumores. La oposición exige la renuncia de Maduro y la convocatoria de elecciones presidenciales, y cada vez más voces señalan que el gobierno podría estar dispuesto a aceptarlas como parte de un acuerdo.

Parece la única manera de romper con una parálisis política que acompaña desde hace meses el continuo deterioro económico del país.

La de Phil Gunson, analista especializado en la América Andina del International Crisis Group, es una de ellas. Aunque cree que todavía son muchos los obstáculos en el camino y que, si quiere ganar una elección limpia, el chavismo debe encontrar una alternativa a su actual líder.

¿Se pondrán de acuerdo el gobierno y la oposición?

Me sorprendería mucho que esta ronda termine con un acuerdo final. Lo que espero es que, al menos, el proceso no se rompa y se llegue a algunos acuerdos preliminares. Todo está envuelto en un gran misterio, como prefieren los noruegos, y no vamos a tener muchas informaciones fidedignas. Eso significa que va a haber mucha especulación y algunas informaciones, quizás tendenciosas, sobre lo que podría suceder y lo que está en la agenda.

Podemos celebrar el hecho de que hayan regresado a la mesa de negociaciones porque realmente este es un proceso muy vulnerable y es positivo que, por lo menos, se siga discutiendo, pero evidentemente son dos contrincantes a los que separa una gran distancia todavía.

Guaidó.La oposición, liderada por Juan Guaidó, exige que Maduro deje la presidencia antes de las elecciones.

Es posible que esta no sea la ronda de contactos definitiva, ¿cree que de veras habrá una solución negociada a la crisis política en Venezuela?

Las alternativas a un acuerdo son mucho peores. Es casi inevitable que en algún momento esto lleve a una negociación y a un acuerdo. Ambas partes van a tener que aceptar hacer concesiones, quizás mucho más allá de lo que aceptan ahora. Por supuesto, el gobierno tiene que aceptar la posibilidad de perder el poder, y hasta ahora no hemos oído ninguna declaración que lleve a pensar que eso pase por su cabeza.

Hasta ahora ha dado la impresión de que negocia para mantenerse en el poder, no negocia su salida, y en el otro extremo, la oposición solo está dispuesta a hablar de su salida del poder. Es más, dice que es el primer paso de la negociación. Ahí la oposición va a tener que ceder, porque, a menos que tengas, metafóricamente hablando, la pistola en la sien de tu adversario, no puedes llegar a una negociación diciendo que lo primero que tiene que hacer la otra parte es irse.

Pero, si el Gobierno no está dispuesto a ceder el poder y la oposición no contempla ninguna alternativa a eso, ¿no es ingenuo contarle a los venezolanos que la negociación puede dar resultados?

Una vez que el Gobierno acepte la necesidad de que haya una nueva elección bajo supervisión internacional y la oposición acepte que para llegar a esa elección no pueden exigir la salida inmediata de Maduro, los demás detalles se pueden resolver relativamente rápido. Hasta que unos y otros no acepten que deben hacer concesiones dolorosas, no se puede avanzar. Una vez lo hagan, podría ser extremadamente rápido.

Héctor Rodríguez.Héctor Rodríguez podría ser una alternativa a Maduro como candidato del chavismo.

¿Sin Maduro ni Guaidó?

En estos momentos pareciera que el principal obstáculo es la suerte de Nicolás Maduro. ¿Cuál podría ser un buen acuerdo que desencallara esta situación?

Si uno ve la cosa en frío, podría llegar a la conclusión de que podría haber renuncias recíprocas. Si tenemos dos hombres que dicen ser el presidente, lo lógico en el proceso de negociación, donde ambos tienen fuerzas y debilidades, es que ambos se aparten temporalmente para dar lugar a un tercero para permitir un gobierno interino que prepare el camino a una elección sin que lo maneje ninguno de los dos. Claro, ahí nos encontramos con el problema de quién lo haría entonces, pero hay fórmulas que se pueden aplicar.

¿Qué fórmulas?

Una sería que acordaran una figura, si no neutral. sí aceptable para los dos lados. Quizá una figura más tecnocrática. Quizá algún tipo de poder compartido podría ser la solución.

Tanto el gobierno como la oposición han insistido mucho en la necesidad de respetar los términos de la Constitución del 99. Hoy eso dificulta evidentemente la cosa. Podría haber un acuerdo sobre el nombramiento de un vicepresidente luego de la renuncia de Maduro en el entendido de que pueda ser candidato, o podría ser de otra forma… Hay diferentes maneras de encararlo dependiendo de si pretenden seguir la Constitución.

¿Le parece Maduro el tipo de dirigente que estaría dispuesto a renunciar a la presidencia antes de las elecciones?

No lo sé. Lo que creo es que el gobierno está contemplando la posibilidad de unas elecciones y pareciera absurdo que piense en ganarlas en las actuales circunstancias. Si se mira la diferencia de popularidad entre Maduro y Guaidó, parece una ilusión que el gobierno piense que podría ganar una elección.

Pero ya nos han sorprendido antes. Mucho dependerá de la disposición de los electores de la oposición a salir a votar y el Gobierno nos ha demostrado en múltiples ocasiones que tiene formas de convencer a los votantes de la oposición de que no vale la pena.

¿Está sugiriendo que si el gobierno quiere ganar esas elecciones, Maduro no puede ser el candidato?

Sí. Lo mejor pareciera ser otro candidato. En este contexto siempre se menciona a Héctor Rodríguez, que forma parte de la delegación negociadora del gobierno. Él sería un candidato joven, más potable incluso para algunos dentro de la oposición, un tipo que podría hacer una buena campaña y presentar una cara renovada del chavismo. Ciertamente, parecería suicida para el chavismo volver una contienda electoral en condiciones libres y justas con Maduro como candidato, porque su popularidad, incluso entre las filas chavistas, es muy baja.

Trump.Gunson detecta errores en la política de Donald Trump sobre Venezuela

Hay un montón de asuntos pendientes. ¿Cuáles serían los obstáculos para un acuerdo global, aparte de la presidencia?

Uno es la presencia en cada uno de los bandos en conflicto de factores que no están representados en las negociaciones y que quieren sabotearlas. Hay gente del lado de la oposición que llama a diario a terminar con lo que llaman la farsa de las conversaciones y piden una intervención militar. Aparte están sus ataques frontales a Juan Guaidó.

Si se acerca el momento de un acuerdo se quitarán los guantes y darán una pelea muy fuerte.

Por el lado del gobierno hay gente que no ve ninguna posibilidad de una transición en la que pudiera conservar sus privilegios. Perciben que ellos serían sacrificables para el gobierno. Y estos tienen todavía más posibilidad de sabotear, porque tienen una fuerte presencia entre las fuerzas represivas.

También hay que pensar en el hecho de que uno de los elementos importantes para el gobierno es el levantamiento, al menos parcial, de las sanciones, pero quien puede hacer eso no está sentado en la mesa en Barbados. La oposición pudiera comprometerse a pedirlo, pero es el gobierno de Trump quien tendrá que decidir eso. Esa es una debilidad del proceso; sobre todo porque Estados Unidos ha dado indicios claros de estar a favor de ese proceso. Más bien está dividido. Hay algunos algunas figuras importantes del gobierno Trump que, claramente, no creen en las negociaciones.

Los mediadores noruegos han impuesto que todo transcurra en medio de un gran sigilo. ¿No tiene derecho el público venezolano a saber de qué se está hablando en algo tan importante para el país?

Es la metodología de los noruegos de toda la vida. Llevan décadas en esto y es lo que siempre tratan de hacer. Claro, nunca habían trabajado en un país como Venezuela, donde todo al final se acaba sabiendo. Aquí no hay secretos y hay muchas facciones internas en cada lado dispuestas a revelar lo que está pasando para sus propios fines. Hubiera sido mejor que no se filtrara la existencia de las conversaciones en mayo…

Malos precedentes

Una de las críticas que recibió el anterior proceso en República Dominicana, incluso desde la oposición, es la de que se hizo en la oscuridad y la gente no supo qué se estaba negociando ¿No se está repitiendo ahora aquel error?

Sería muy largo discutir por qué no resultó aquello. La ventaja que tiene este proceso con los noruegos es la gran capacidad que tienen como mediadores, no solo por su capacidad y su experiencia, sino también porque pueden operar de forma ágil, ya que es un solo gobierno, un solo equipo que no tiene que consultar a mucha gente.

Y porque su interés es que esto tenga éxito. Se ha dicho que a Noruega le interesa el petróleo. Para ellos no se trata de una cuestión de ganancias económicas. No están bajo la misma sospecha que otros como (José Luis Rodríguez) Zapatero (expresidente español), que estuvo tan presente en la República Dominicana. Aquí tenemos un equipo cuyos objetivos tienen que ver con un elemento central de la política exterior de Noruega, que es la promoción de la paz y la participación en procesos de mediación, que es parte de su “soft power”. Siendo un país extremadamente rico, Noruega se promociona en el mundo a través de eso.

ManifestaciónGunson dice que con Guaidó la oposición recuperó poder de convocatoria.

Aunque sea Noruega quien actúe como mediador, en Venezuela chocan los intereses de Estados Unidos, Rusia y China, las principales potencias mundiales. Lo hemos visto sobre todo este último año. ¿Podrán ellas también ponerse de acuerdo?

Parece difícil; sin embargo, en los últimos seis meses hemos visto un importante proceso de convergencia. Vemos hoy cómo incluso las posiciones de Estados Unidos y Rusia se parecen más que hace seis meses. Hemos visto el acercamiento entre el Grupo de Lima (países de Sudamérica) y el Grupo de Contacto (Internacional, promovido por la Unión Europea), y en privado muchos funcionarios norteamericanos conceden que su optimismo inicial, cuando pensaban que esto se podía resolver en 48 horas, era una equivocación y que hace falta un plan. Y a pesar de que al principio hablaban muy mal del Grupo de Contacto, vemos que hay menos reticencias de Estados Unidos a un acercamiento entre las partes.

Ya no hay tantos pronunciamientos ni tan contundentes desde EE.UU. sobre Venezuela como los había a principios de año. ¿Ha favorecido la política de Donald Trump la solución al conflicto político de Venezuela?

Su apuesta de enero era muy osada. En las primeras semanas hizo que el nuevo liderazgo de la oposición tuviera muchísimas ganancias. Lograron demostrar que era posible volver a la calle y restablecer el poder de convocatoria. La figura de Guaidó claramente caló entre la gente.

Pero eso fue pasajero. Sobre todo a partir del 30 de abril, en las últimas protestas hubo menos gente.

Es cierto, pero ese poder sigue ahí latente. Decidieron apostar todas esas ganancias por una sola opción, la de maximizar la presión y tratar de forzar la salida de Maduro a corto plazo. Desde el principio pensé que era difícil que eso prosperara como política. Trump y sus aliados en la oposición lograron ejercer una gran presión sobre Maduro. El punto es qué hacer ahora con esa presión, y en ese sentido ha habido muchas equivocaciones. Como en muchas ocasiones anteriores. EE.UU sobreestimó las fuerzas de la oposición y su capacidad de dividir a la fuerza armada y convencer a los militares de que abandonaran a Maduro.

Eso fue claramente una equivocación y en este momento es muy importante que Estados Unidos le diga claramente a la oposición que eso de que todas las opciones están sobre la mesa no quiere decir que esto se vaya a resolver por la vía militar.

Elecciones.Gunson cree que la única salida a la crisis pasa por unas nuevas elecciones y una solución política.

Se habla mucho de que Venezuela necesita una “transición”. Pero ese término implica que Venezuela no es una democracia. ¿Acaso no lo es?

La Constitución es democrática. Venezuela ha evolucionado en los últimos 20 años de ser una democracia con problemas a ser lo que los politólogos llaman un régimen autoritario competitivo con elecciones relativamente libres y, finalmente, a ser un régimen autoritario no competitivo que no se atreve a ir a ningún proceso electoral que no sea controlado.

La palabra dictadura se usa para referirse peyorativamente a los gobiernos que a uno no le gustan. Es importante que seamos precisos con el lenguaje para poder saber por dónde hay una salida. Este es un gobierno que en este momento ha cerrado las vías electorales para la solución del conflicto. A eso se debe, en buena medida, la gravedad de la crisis que enfrenta. Aparte de resolver la crisis en todas sus dimensiones económicas y sociales, lo fundamental es una solución política y para eso no hay otra vía que no sea una elección libre.

¿Hay algún país o experiencia que pudiera servirle de modelo a la Venezuela actual?

Todos los casos son diferentes y además vivimos en una época en que quizás la resolución de este tipo de conflicto se ha puesto más difícil que en el pasado. Estoy pensando en la gran dificultad que existe hoy en día para que un gobernante acusado de diferentes crímenes pueda simplemente marcharse al exilio y vivir cómodamente sin temor a ser perseguido por el resto de su vida. Hoy es mucho más difícil por los avances que ha habido en el derecho internacional y eso complica el asunto.

No hay ningún caso que se asemeje precisamente a este, pero sí hay lecciones que se pueden derivar para no caer en la trampa de proceder con base en puras consignas políticas. Hay gente que dice que con criminales no se puede negociar. La historia nos demuestra que las negociaciones se hacen con el contrincante que tienes enfrente. Si tú quieres negociar con las hermanitas de la Caridad, entonces mejor que no seas político, porque la política se trata precisamente de tratar las circunstancias que uno encuentra.

Bachelet.Michelle Bachelet elaboró un informe que responsabiliza al gobierno de violaciones de los derechos humanos.

¿Está diciendo que Nicolás Maduro es un criminal?

Estoy diciendo que hay gente en el gobierno que está acusada tanto de actos de delincuencia común como de violaciones de los derechos humanos. Hasta que lleguen a un tribunal competente son solo eso, acusaciones. Pero esa gente puede tener temores fundados a que, al dejar el poder, serán perseguidos por la justicia nacional e internacional. Y eso complica el proceso negociador.

¿Qué va a ser de Venezuela si el diálogo finalmente fracasa?

La crisis humanitaria, económica y social va a seguir profundizándose, con el riesgo de que esto termine en un conflicto de baja intensidad a muy largo plazo o, quién sabe, hasta en una intervención militar. No se puede olvidar que el flujo migratorio sigue y es insostenible para los países vecinos.

Es particularmente peligrosa la situación en Colombia, porque, aunque quisiera imponer restricciones, no puede evitar la llegada de venezolanos. Como no puede cerrar la frontera, en la medida en que los otros vecinos apliquen cada vez más restricciones, los que terminan recibiendo el grueso son los colombianos. Y es obvio que, ni política ni económicamente, su país está en disposición de aguantar indefinidamente eso.

Los seis puntos de debate en Barbados – La Patilla – 9 de Julio 2019

Celia Mendoza, corresponsal de Voz de América que ha seguido de cerca las conversaciones en Oslo y Barbados, reveló los supuestos seis puntos de debate entre las delegaciones del presidente encargado Juan Guaidó y Nicolás Maduro, bajo la vigilancia del reino de Noruega.

De acuerdo con las informaciones recabadas por Mendoza, quien se encuentra en la isla caribeña, los puntos tratados serían los siguientes:

1- Elecciones con nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE)

2- Cese de la Constituyente cubana (ANC)

3- Retorno del partido del régimen a la legítima Asamblea Nacional (AN)

4- Elecciones en menos de un año

5- Elecciones con o sin Nicolás Maduro

6- Sanciones económicas impuestas por EEUU

Según la mencionada periodista, de al menos cinco horas habría sido la primera sesión, protagonizadas por los mismos representantes citados en Oslo: Stalin González, Gerardo Blyde, Fernando Martínez y Vicente Díaz por parte de Guaidó; mientras que el chavismo envió nuevamente a Jorge Rodríguez, Jorge Arreaza y Héctor Rodríguez.

Asimismo, Mendoza puntualizó que Dag Nylander, asesor noruego, comentó que “las partes se reunirán esta semana en Barbados para avanzar en la búsqueda de una solución acordada y constitucional para el país”. Además, agregó que “se llevarán a cabo de manera continua y expedita”.

Una fuente consultada por la citada corresponsal, afirmó que “tensión en la tercera reunión” podría llevar a que las negociaciones “terminen el miércoles en la noche”.

CELIA MENDOZA@CELIAMENDOZA25

5 horas habría sido el número de horas de la primera sesión de ennla tercera reunión entre representantes de @jguaido y @NicolasMaduro detalles entregados por @DagNylander

CELIA MENDOZA@CELIAMENDOZA25

Las delegaciones serían las mismas que se vieron cara a cara en durante la última reunión. De la oposición @stalin_gonzalez, @GerardoBlyde, Fernando Martínez y Vicente Díaz. Y oficialismo @jorgerpsuv @jaarreaza y @HectoRodriguez . @VOANoticias

CELIA MENDOZA@CELIAMENDOZA25

“Las partes se reunirán esta semana en Barbados para avanzar en la búsqueda de una solución acordada y constitucional para el país”. Afirmó el @NorwayMFA @DagNylander agregó “Las negociaciones se llevarán a cabo de manera continua y expedita”.

CELIA MENDOZA@CELIAMENDOZA25

se reporta tensión durante la tercera reunión de la oposición y el oficialismo venezolano, lo que según algunas fuentes cercanas a los diálogos “podrían llevar a que estas terminen el miércoles en la noche” @VOANoticias @DagNylander

CELIA MENDOZA@CELIAMENDOZA25

los puntos que ya se han reportado previo a la llegada a 1. Elecciones con nuevo 2. Cese de la 3. Regreso de a la 4. Elecciones en menos de un año 5. Elecciones: con o sin 6. @VOANoticias

Video insertado

VIVOplay

@vivoplaynet

Nicolás Maduro estaría pidiendo que el oficialismo regrese a la Asamblea Nacional, siendo este el primer paso para restablecer la democracia en Venezuela, asegura @CELIAMENDOZA25, corresponsal de @VOANoticias en , por: https://bit.ly/2YIlWD2 

¿Qué pretende negociar la dictadura? por Christian Burgazzi – La Patilla – 9 de Julio 2019

Mucho se especula acerca de las intenciones de la dictadura al participar en las negociaciones con las fuerzas democráticas e incluso promocionarlas.

 

Se puede pensar que la presión internacional los está obligando a sentarse en la mesa, así como una probable presión interna de factores militares. También es plausible considerar que la dictadura tiene interés en ganar tiempo. Y además es razonable suponer que es parte de la estrategia para generar confusión y división entre los opositores, en especial en las redes sociales.

Todas estas razones pueden ser ciertas a la vez, sin que esto permita suponer que la dictadura tenga intenciones de hacer concesiones de fondo que conduzcan a su salida del poder. Todo lo contrario.

Por un lado pretende bajar la presión internacional o al menos lograr que no aumenten las sanciones, en especial contra los miembros de las familias de los jerarcas mas connotados; esperan aquietar a Europa para que no pasen a mayores. Piensan que no pierden nada sentándose a negociar, dado que no planean hacer concesiones importantes.

Por otro, la estrategia de ganar tiempo y dividir a las fuerzas democráticas, apunta a dos fechas críticas: el 5 de enero de 2020, cuando vence el mandato de Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea, y por ende se pone en discusión su rol como Presidente Encargado. Lo lógico para evitar ese riesgo, es que las fuerzas democráticas en la Asamblea Nacional, acuerden de una vez, así sea en privado, que Juan Guaidó repita como Presidente de la AN, si para ese momento no se ha resuelto el conflicto político mayor contra la dictadura.

La segunda fecha importante para la dictadura es Diciembre del 2020, cuando vence el mandato de esta Asamblea Nacional; lo cual implica que esas elecciones se podrían convocar mucho antes, incluso en el primer trimestre del año que viene.

El escenario que parece estar trabajando la dictadura es negociar un “nuevo” CNE, con dos Rectores de cada lado y uno independiente (lo cual no cambiaría en el fondo los riesgos de manipulación, que están intrincados en los demás niveles y sistemas de la organización). Regresar a la Asamblea Nacional los diputados del PSUV, para realizar conjuntamente con los diputados opositores el nombramiento de este “nuevo” CNE, sin desmontar a la Asamblea Constituyente, que se mantendría como órgano supremo (con el TSJ a su disposición). Luego este “nuevo” CNE convocaría a elecciones anticipadas de una nueva Asamblea Nacional, sin elección presidencial, para después convocar de común acuerdo un Referéndum Revocatorio a finales del 2020, y darle “solución” constitucional a la presidencia de Maduro, que no aceptan reconocer como usurpación. Curiosamente esta ruta “pacifica” ha sido promovida también por algunos opositores que tampoco creen que Maduro sea un usurpador.

Con esta estrategia la dictadura pretenden derrotar y acorralar políticamente a las fuerzas democráticas, antes de derrotarlas electoralmente, para perpetuarse en el poder.

Existen varias facciones dentro de la dictadura y es probable que haya roces entre el ala más dura que no acepta ninguna negociación y los factores que están intentando negociar el escabroso camino descrito, como forma de asegurarse la permanencia en el poder. Las contradicciones internas aumentan y la presión sigue produciendo grietas sino quiebres, pero está claro que el objetivo unitario de la dictadura es no perder el poder y resistir el impacto que, por ejemplo, causó el Informe de la Comisión de DDHH de la ONU, y las amenazas de llevarlo a la Corte Penal Internacional.

Las fuerzas democráticas lideradas por Juan Guaidó mantienen la lucha en diversos tableros; no pueden negarse a asistir a las negociaciones que promueve la comunidad internacional que apoya y reconoce a Juan Guaidó como Presidente Encargado. Lo que estas fuerzas democráticas deben tener claro es que necesitan mantenerse unidas entorno a los asuntos que se pueden negociar y aquellas condiciones irrenunciables, como un proceso electoral justo, libre y equilibrado, con un nuevo CNE imparcial, con la presencia internacional temprana, la liberación de todos los presos políticos, así como la restitución de los derechos políticos a los inhabilitados.

Al respecto la encuesta mas reciente del Instituto delphos y del Centro de Estudios políticos y de gobierno de la UCAB, señala que el asunto más álgido para lograr una solución electoral, considerando la disposición a ir a votar de la población nacional, es el cambio del CNE por uno confiable y la presencia de la Observación Internacional. Esto por encima de la participación de Maduro como candidato, siendo o no presidente para el momento de la elección. Lo cual plantea la necesidad de negociar un cambio verdadero del CNE, que convoque a elecciones presidenciales y parlamentarias simultaneas, con Participación internacional (mas que solo Observación), aun con el riesgo de Maduro en la presidencia y/o como candidato; es decir cambiando el orden en la ecuación: “cese de la usurpación”, por elecciones libres y justas, a la mayor brevedad.

En una negociación se debe estar dispuesto a ceder en lo accesorio para lograr lo esencial. La piedra de tranca no deben ser las fuerzas democráticas, cuyo objetivo central es derrotar a la dictadura, idealmente en elecciones libres, con nuevo CNE, Participación Internacional y sin presos políticos. No tiene sentido repetir la farsa electoral del año pasado, en condiciones que la gran mayoría de la población nacional no aceptó ni aceptará. Sin embargo una solución electoral, pacífica y democrática no depende únicamente de la oposición.

La tranca seguirá siendo sin duda la dictadura cuyo objetivo fundamental es no perder el poder, por lo que sus cabezas no querrán hacer concesiones ni negociar condiciones que puedan derrocarlos, a menos que se vean inevitablemente obligados a ello. Pretenden resistir a cualquier precio y quizás se equivocan al medir sus tiempos y costos.

Está por verse quiénes y cuántos en la dictadura están dispuestos a pagar qué precio.

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