Asdrúbal Aguiar jugó papeles clave durante los llamados 40 años de la democracia en el país y además ha cumplido funciones diversas en distintas instancias que le han dado una proyección internacional. Desde esa posición mira lo está ocurriendo en Venezuela. Es una mirada críticasevera, y quizá por eso advierte que el termómetro del que está adentro siempre es distinto al del que está afuera del país. Aun así, analiza la coyuntura basado en la experiencia de dos décadas de chavismo, aniquilando todos los espacios democráticos, y reflexiona sobre el futuro. “A Venezuela hay que reconstruirla desde el dolor, y el epicentro de la representatividad política estará en quienes acompañen e interpreten ese sentimiento”.

-Las últimas semanas en Venezuela han sido muy convulsionadas. Empezamos mayo con la “Operación Gedeón” y lo terminamos con el gran aumento de la gasolina por parte del régimen; y ahora, en junio, Nicolás Maduro y sus instituciones están volcados en empujar al país a un nuevo callejón electoral sin salida, incluso con la imposición de un Consejo Nacional Electoral desde el Tribunal Supremo de Justicia, ¿cómo ve esta nueva coyuntura y los meses por venir?

-He evitado referirme a la cotidianidad venezolana, porque no me gusta golpearme con los árboles, prefiero ver el bosque. Además, entiendo el gran esfuerzo que hacen muchos actores desde la trinchera y yo estoy en el exilio. El termómetro del que está adentro siempre es distinto al del que está afuera; pero en los últimos años en Venezuela lo que hemos tenido es una simulación permanente de vida constitucional, pues cada vez que estamos en una situación coyuntural, tanto el Gobierno como la oposición, apelan al manualito de la Constitución para terminar en un pastoreo de nubes y en un ejercicio ficcional en materia democrática; pero, obviamente, con ficciones no se va a ninguna parte.

“¿Cuando se nos entregó el control del Parlamento se logró alguna efectividad? La respuesta es no, porque los otros actores no están dispuestos a ceder el poder”

Asdrúbal Aguiar

-¿Podemos ahondar en ese concepto de ficción constitucional que señala?

-Es una simulación constitucional porque un Estado tiene tres elementos, el territorio, la población y el gobierno. En Venezuela el territorio fue canibalizado por la estructura de poder que ha mandado en los últimos 20 años, que lo dividió y repartió entre guerrilleros, organizaciones criminales, rusos, chinos e iraníes. Al punto de que perdimos nuestra soberanía y el mejor ejemplo de eso es que ya no tenemos la Guayana Esequiba. En cuanto a la población, esta se fracturó, porque el 15% de la gente emigró y la sociedad se hizo pedazos. Y, sobre el gobierno, uno se pregunta dónde está, porque en efecto hay alguien ocupando el Palacio de Miraflores, ¿pero ese alguien gobierna? Yo creo que no. Tienen grupos armados para imponer el terror en la disidencia, pero sin capacidad real para ejercer control efectivo en el sur y el occidente del país. Es decir, las tres partes que conforman el Estado venezolano están rotas.

-¿Y en el caso de la oposición?

-En el mundo opositor, lo que hemos visto es un ejercicio de teatralidad, porque ha ejercido un poder simbólico, no real. Por eso yo no le pido ni exijo mucho a quien lo encabeza hoy, que es el joven Juan Guaidó, que más allá de sus aciertos y errores está en medio de una ficción. Hugo Chávez aceptó que la oposición tuviera espacios, en la medida de que no amenazase el poder central del país. Entonces las fuerzas disidentes luchaban por espacios en gobernaciones y alcaldías, y algunos los alcanzaban; eso disfrazaba de democracia, ante la comunidad internacional, lo que realmente estaba ocurriendo en Venezuela.

-¿Cuándo empezó esta falsa convivencia democrática que, según usted, el chavismo le impuso a la oposición?

-Desde que Chávez aprobó ese adefesio que es la Constitución de 1999. Ese libro contempla tantos derechos como no son capaces de reunir todos los tratados internacionales de Derechos Humanos, pero también impone un régimen presidencialista centralizado, que no tiene parangón ni en los momentos de mayor fortaleza dictatorial del siglo XIX y primera mitad del XX. El régimen deja correr este marco constitucional, que está hecho a su medida, mientras la oposición simbólica estaba recluida en espacios regionales y municipales, donde no representaba ningún peligro para la intención final del chavismo, que era perpetuarse en el poder.

-Pero en 2015 la oposición logró un triunfo contundente y le quitó dos tercios del Poder Legislativo al chavismo, ¿esto no es contrario a la idea de simulación electoral que ha descrito?

-Las elecciones legislativas de 2015 desnudan todo, un descuido en el control electoral férreo que ha mantenido el régimen permite que la oposición obtenga el control de las dos terceras partes la Asamblea Nacional, y eso sí era totalmente inaceptable. En ese momento la dictadura se quitó la careta y se produce una fractura definitiva con la ficción que se venía desarrollando desde 1999. Es un punto de quiebre, porque quienes habían asaltado el Poder Ejecutivo no estaban dispuestos a entregar el Parlamento; y se jugaron todo a su alcance e hicieron desaparecer a la nación y a la República.

“Hugo Chávez aceptó que la oposición tuviera espacios, en la medida de que no amenazase el poder central del país”

Asdrúbal Aguiar

-Ahora el régimen está impulsando unas nuevas elecciones parlamentarias con sus instituciones, una oposición dudosa y parte de la dirigencia de los partidos tradicionales que hoy están ilegalizados.

-Hay la falsa creencia de algunos actores políticos sobre que el poder está en la Asamblea Nacional o está en Miraflores, cuando resulta que el poder real es el que viene de la gente y está donde está la gente. El recurso de participar en las supuestas parlamentarias lo utilizarán quienes están adentro de Venezuela, bajo el argumento de que si no tenemos el Parlamento cómo hacemos para comunicarnos hacia afuera, ¿a nombre de quién? Porque en el exterior nos ven desde la perspectiva institucional, pero yo les preguntaría: ¿Los líderes de los países oprimidos de Europa oriental simulaban espacios de poder con las dictaduras comunistas? No. ¿Y eso les quitaba legitimidad a actores como Lech Walesa para hablar Internacionalmente a nombre de los polacos? No, todo lo contrario, porque el mundo democrático sabía que había personas que contaban con una representatividad importante, fueran o no diputados o fueran o no presidentes del Poder Legislativo.

-Uno de los argumentos que se exponen con más fuerza, es que vence el período constitucional, pero la Constitución también habla de unas condiciones que deben cumplirse.

-Lo que siento es que hay una pelea de unos borrachos por una botella vacía en un bar, cuando la realidad sufriente está en otra parte. Es un contrasentido decir que el período constitucional legislativo termina este año y por eso tiene que haber elecciones. No. En la medida en que no haya condiciones reales para que el país vuelva al ámbito electoral, el juego está trancado y congelado. La Asamblea no se debe abandonar, porque no cesa en su actividad y estaría en la misma prórroga de facto en la que se encuentra Nicolás Maduro. Quien esté empeñado en unas parlamentarias es porque quiere desmontar la Asamblea Nacional y en el fondo desmontar a la misma oposición, eso sí me queda claro.

-Hay un sector que señala que la política no se puede hacer renunciando a los espacios, ¿qué opina de esta visión?

-En Venezuela ha ocurrido una destrucción total y es insignificante seguir en lucha de trincheras. Decir que debemos ir a una elección bajo el argumento de que si no nos quitan el espacio, resulta, en el mejor de los casos, ingenuo. La pregunta real es: ¿Tuvimos espacios reales de poder en estos últimos 20 años, o sólo eran nominales?, ¿cuando se nos entregó el control del Parlamento se logró alguna efectividad? La respuesta es no, porque los otros actores no están dispuestos a ceder el poder. El soldado de trinchera tiene una visión limitada, sin embargo no hago juicios lapidarios con quienes están en el terreno recibiendo disparos todos los días.

-Entonces, ¿cómo se debe afrontar el callejón electoral que está en proceso?

-¿Nosotros vamos a elecciones pero el chavismo no? Hay que ser absolutamente ingenuo para aceptar esa supuesta convocatoria. Aquí sí te digo, el espacio de poder que yo tengo no lo dejo hasta que me generen las condiciones para ir a un proceso democrático donde el país se pueda expresar sin presiones. ¿Qué sentido tiene para una oposición que es mayoría en la Asamblea estar empeñada en ir a unas elecciones? La única explicación que veo es que quienes decidan ir están pensando más en ellos que en su propio país. La Venezuela que sufre no requiere un papel o una designación para que alguien vaya y la interprete.

“Hay la falsa creencia de algunos actores políticos sobre que el poder está en la Asamblea Nacional o está en Miraflores, cuando resulta que el poder real es el que viene de la gente y está donde está la gente”

Asdrúbal Aguiar

-¿Se puede empezar la reconstrucción del país sin partir del camino electoral?

-A Venezuela hay que reconstruirla desde el dolor, y el epicentro de la representatividad política estará en quienes acompañen e interpreten ese sentimiento. Gran parte de la dirigencia creyó que había asumido el poder, cuando la verdad es que no tenían ninguno. Hay frustración porque saben que obtuvieron un rol formal que nunca pudieron ejercer, porque la obtención fue una ficción dentro un Estado y una República que dejaron de existir. ¿Cómo se expresa un país cuando tiene a una cuarta parte de su población en el exterior, y a casi la totalidad de las otras tres partes luchando por literalmente sobrevivir?

-¿Cómo evalúa a la Mesa de Diálogo Nacional que encabezan Timoteo Zambrano y Claudio Fermín?

-En esa mesita de noche están los emisarios y voceros del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, por tanto es funcional al propio Nicolás Maduro y sirve para, puertas afuera, decir que en Venezuela hay una oposición racional que está en la mesita y otra radical que está en la Asamblea Nacional. Sólo buscan la estabilidad del régimen.

-Se atribuyen supuestas gestiones para la liberación de presos políticos.

-La liberación de presos políticos ha sido una gran pantomima en Venezuela, porque ahí opera la táctica de origen cubano de soltar a uno y al día siguiente encarcelar a veinte.

-¿Qué opina del acuerdo firmado por ambos bandos políticos con la Organización Panamericana de la Salud?

-Veo con cierta simpatía ese acuerdo, porque es casi como reconocer, sin aceptarlo, que Maduro y Guaidó están gritando en soledad, porque se está muriendo la gente. Hay que regresar a la gente. ¿De qué sirve hacer el ejercicio de pensar un Banco Central que funcione o una empresa petrolera de primer mundo, si la realidad sufriente y padeciente es otra cosa? Somos un territorio que se somalizó.

-¿Cómo visualiza el apoyo de la comunidad internacional para lo que resta de 2020?

-Lo que nos toca en este momento es cargar con nuestro propio muerto sobre la espalda, porque la comunidad internacional está, por el Covid-19, en sus propios asuntos. El mundo, por ahora, tiene otros intereses.