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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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Resultados de las elecciones del 20M según el rector del CNE Luis Emilio Rondón – (sin confirmar)

Resultados Reales de las elecciones:

20-05-18 (REP): 20.750.809
Votos Validos: 3.590.040 = 17,3%
Nicolas Maduro: 1.811.220 = 8,73%
Henri Falcón: 1.436.861 = 6,4%
Bertucci: 327.749 = 1,58%
Reinaldo Quijada: 14.210 = 0,0%
Abstención: 82,70%

Los Veintiocho estudiarán el lunes nuevas sanciones contra responsables de las elecciones en Venezuela – Europa Press – 25 de Mayo 2018

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Los Estados miembros se encuentran en plenas discusiones sobre la ampliación de la lista de dirigentes venezolanos sancionados por la UE, por lo que, según fuentes europeas, “es posible” que el lunes los ministros de Exteriores de los Veintiocho anuncien medidas restrictivas contra personas “relacionadas con la organización de las elecciones” del 20 de mayo.

Las nuevas sanciones serán individuales y no afectarán “al bienestar de la población”. Según han explicado las fuentes, son consecuencia directa de la convocatoria de unos comicios que, para la UE, no han cumplido los estándares mínimos internacionales, pero no afectarán al sector petrolero, a diferencia de las impuestas por Estados Unidos.

El objetivo es “presionar a las autoridades para que alcancen un compromiso que lleve a la estabilidad y desarrollo del país”, han asegurado las fuentes.

En enero de este año la Unión Europea ya adoptó medidas contra siete altos cargos a los que se les prohibió la entrada a la UE y se les congelaron los activos en territorio europeo.

Sin especular sobre los nombres que engrosarán la lista, un alto funcionario europeo ha señalado que la inclusión del propio Nicolás Maduro requiere otro tipo de trabajo jurídico más completo y ha aclarado que sancionar a un jefe de Estado “sería una medida muy excepcional”.

También se espera que el Consejo Exteriores que se reúne el lunes en Bruselas adopte una declaración conjunta en línea con las que ya emitieron la UE y el G7 lamentando que las elecciones no hayan seguido un “proceso creíble”. La UE pedía un calendario electoral acordado, igualdad para todas las fuerzas y candidaturas, un Consejo Nacional Electoral Independiente, despliegue de misiones de observación electoral y cumplimiento de los estándares internacionales.

Fuentes diplomáticas también han informado de que el texto reclamará al Gobierno de Maduro que libere a los presos políticos, que reconozca la legitimidad de la Asamblea Nacional y que permita la entrada de ayuda humanitaria al país. Asimismo, harán un llamamiento a la cooperación con los países vecinos, como Brasil y Colombia, que reciben a los venezolanos que huyen de la crisis económica.

¿Qué esperar luego del 20M? por Margarita López Maya – ProDaVinci – 25 de Mayo 2018

Unknown.jpegLa coyuntura electoral vino y ya pasó. Fueron unas presidenciales convocadas anticipadamente por un cuerpo institucional ilegítimo, la Asamblea Nacional Constituyente. Desde que se abriera el proceso y aún antes, estuvo plagado de irregularidades, bajo la mirada impasible de un CNE controlado por Nicolás Maduro y al servicio de los intereses de su cúpula militar y civil. Fueron unas presidenciales que la comunidad internacional rechazó, por no cumplir estándares democráticos internacionales, y la mayoría de los partidos políticos opositores también, por negarse el gobierno durante las negociaciones en República Dominicana a dar mínimas garantías para unas elecciones justas y transparentes. No obstante, algunos candidatos opositores hubo, pero a nadie tomó por sorpresa que esa noche el CNE proclamara a Maduro presidente para un nuevo período de seis años.

En mi criterio, estos comicios no son ningún momento de inflexión en la larga y abismal crisis venezolana, en el sentido de producir un cambio significativo de lo que ha venido ocurriendo. Fueron un episodio más en la continuada marcha del gobierno hacia su meta, que es la estabilización de un régimen autoritario de vocación totalitaria. Lo veo como un episodio donde Maduro sobrevivió una vez más gracias a que talló a su medida este proceso. El chavismo evaluó la necesidad de darle un maquillaje seudo democrático al régimen y encontró algunos actores políticos que le hicieron comparsa. Sin embargo, no todo salió como Maduro esperaba. Así es la política.

El domingo en la noche hubo dos elementos que sorprendieron porque no estaban previstos. El primero fue la no participación de una porción amplia de los ciudadanos que, en números oficiales poco confiables, alcanzó el 53% del registro electoral. Otras fuentes la ubican más bien alrededor del 60%. Como no hubo una infraestructura política opositora suficiente que monitoreara la votación a lo largo del día en las mesas de votación, y como el software de las máquinas de votación está bajo el control de las autoridades electorales que carecen de independencia frente al Ejecutivo Nacional, quedémonos con estos dos estimados de este fenómeno. Cualquiera que sea, ha sido el promedio de abstención más elevado en la historia electoral de presidenciales del país. Y eso nos debe decir algo. Independientemente de si atendieron el llamado de la MUD, que no creo que fuera el caso de una porción significativa de los ciudadanos que se quedaron en sus casas, lo cierto es que fue la no participación la que mejor expresó el rechazo de la ciudadanía a la permanencia de Maduro y su gobierno.

El otro elemento fue la decisión de Henri Falcón, candidato opositor por Avanzada Progresista, una fracción del partido COPEI y el MAS quien, a última hora, y antes de que Lucena, la presidenta del CNE diera los numeritos oficiales, desconoció el proceso electoral, al cual se sometió contrariando en su momento a los compromisos unitarios acordados a principios de año por partidos de la MUD, cuando falló la mesa de negociación en República Dominicana. Alegó que el proceso violó los compromisos que había firmado el oficialismo con él para esta elección y la calificó por tanto de irreal e ilegítima. Creo que lo salvó la campana, porque de haber reconocido los resultados como legítimos, o haberse ido a la cohabitación con el nuevo gobierno de Maduro, hubiera pasado a la irrelevancia. El otro candidato opositor, Javier Bertucci, también exigió, al menos esa noche, un nuevo proceso electoral.

Gracias a estos dos elementos resaltantes de la jornada del 20M, el lunes Maduro amaneció, en mi criterio, un poco más débil políticamente de lo que estaba. O, quizás más vulnerable, según la evaluación que hiciera John Magdaleno de su interpretación de los resultados electorales. Las declaraciones de Falcón han dado pie a la apertura de un potencial espacio político para que factores opositores puedan conversar y quizás ponerse de acuerdo. Ahora todos comparten que las elecciones fueron fraudulentas. Unos por origen, otros por rompimiento de un acuerdo, que cualquiera que conociera al gobierno de Maduro, sabía que iba a romper. Con ello, también, todos se ponen a tono por el momento con el Grupo de Lima, varios gobiernos de occidente y la comunidad democrática internacional. Esto es muy valioso políticamente y si no se aprovecha se nos irá la oportunidad.

Por otra parte, Maduro y su gobierno, aunque quizás un poco preocupados, no acusan recibo. Para ellos su objetivo pareciera ser desde hace ya bastante tiempo simplemente sobrevivir, seguir en el poder y eso vale para cada día que permanecen en Miraflores. Esa noche sobrevivieron una vez más. Eso les basta.

Pero la crisis socioeconómica sigue su curso al abismo, la crisis humanitaria se agrava, la migración se acrecienta y los militares… ¿qué pasa con ellos? Pues nada, siguen lucrándose a costa de la sociedad, el país, el territorio. Sin embargo, tensiones hay -se han visibilizado nuevas detenciones y circulan rumores e informaciones sobre su descontento- pero, ya veremos si este mensaje de la población del 20M les dice algo, cale en algunos, a ver si usan la cabeza y terminan por tomar alguna decisión para presionar a Maduro y su combo para que se vayan. Hoy, de modo análogo a lo que viene sucediendo en Nicaragua, no pareciera haber lugar para la cohabitación, sino para negociar condiciones de salida. Son cinco años de luchas infructuosas y costosas por parte de la sociedad civil y política contra un gobierno que cierra toda salida pacífica, todo porque los militares y unos civiles desalmados no tienen escrúpulos para saquear este país, maldito por sus recursos.

¿Por dónde seguimos?

Considero que en el país existe hoy una estructura de oportunidades propicia para alcanzar en los próximos meses el cambio político en paz. Así pareciera revelarlo la combinación del agravamiento de las condiciones socioeconómicas por la hiperinflación, las amenazas de embargo sobre la producción y los bienes petroleros de la nación, como consecuencia de la sentencia favorable a la Conoco-Phillips en un tribunal de EEUU, con la firmeza y creciente coherencia de las acciones de la comunidad democrática internacional sobre el gobierno para que regrese al hilo constitucional y atienda la crisis humanitaria. Ahora, las señales emitidas el 20M por la ciudadanía que usó las elecciones para transmitir su inconformidad, y unos actores políticos opositores que participaron y luego rechazaron el evento de votación, le echaron un poco más de leña al fuego.

¿Cómo aprovechar esta oportunidad para convencer al gobierno de Maduro o a alguna de las facciones militares que lo apoyan que el tiempo ya se agotó y es tiempo de irse? ¿Cómo se fractura el bloque de dominación?

Las próximas semanas y meses serán complicadas, pero quizás decisivas. Ante ello, es necesario repensar tanto la acción colectiva, como las estrategias de actores políticos para impulsar el desenlace.

Para ello, la sociedad, sus ciudadanos, sus organizaciones sociales, sus ONG, deberán seguir poniendo su parte, además de su sufrimiento. No existe fórmula mágica para superar las dificultades impuestas por un régimen que camina hacia un mayor autoritarismo, y hace uso de instrumentos de represión y guerra psicológica propias de una mentalidad totalitaria, es decir, sin escrúpulos.

En este contexto, es importante tomar conciencia de que una salida en paz hacia una transición democrática no es fácil, es casi inédita y exige mucha creatividad, perseverancia, cabeza fría, solidaridad y apoyo internacional. No pareciera ya que los venezolanos solos podemos derrocar semejante régimen. El estado de necesidad de la mayoría es una importante limitación. Como lo es la fragmentación y debilidad que hoy muestran los partidos políticos de vocación democrática. Pero, dicho esto, sólo nosotros podemos dar las estocadas decisivas para ese final, eso no lo puede hacer la comunidad internacional.

Entonces, para la ciudadanía, para nosotros civiles desarmados, que apostamos por la vida, no existe otra opción que la salida pacífica, no violenta. De eso debemos convencernos y cada uno actuar en consecuencia. Las fórmulas para esa salida no son tan variadas: se lucha por la renuncia de Maduro, algo en lo que debemos siempre insistir, porque sería la menos dolorosa para el cuerpo social, ya que podría iniciarse una transición incruenta; o, sin que sean excluyentes, nos nucleamos en torno a la transición por medio de unas elecciones en condiciones justas, equitativas y transparentes para conformar un gobierno legítimo. No renunciemos a ninguna de las dos, pero en este momento ambas se dificultan por la desmovilización de la ciudadanía y el descrédito que ambas estrategias padecen. Eso debemos superarlo.

Otro gran problema que tenemos se encuentra en la desconfianza, rechazo y/o el descrédito de muchos dirigentes y partidos opositores. Es también un gran escollo pues sin partidos robustos difícilmente podremos alcanzar una transición pacífica y democrática. Enfrentar un gobierno como éste de Maduro ha implicado para muchos políticos persecución, prisión, amenazas a sus familias. Los diputados van para dos años sin sueldo, algunos han sido malheridos por paramilitares chavistas ante la mirada impávida, si no la complicidad, de la Fuerza Armada. Diputados, alcaldes y otros dirigentes se encuentran hoy presos, en el exilio o enfermos. Recordemos eso a la hora de criticarlos, y sin dejar de hacerlo, reconozcamos también aciertos como las parlamentarias de 2015.

Pienso que, ante el panorama actual, la sociedad civil y la ciudadanía debe tomar un rol más activo. En los años recientes se ha visto una multiplicación de organizaciones civiles, de ONG y de distintos grupos y plataformas sociales, constituidos para proteger y garantizar derechos que nos han sido despojados por la dictadura. Están casos como las organizaciones que defienden el derecho a la salud de la ciudadanía, otros que atienden a niños, adolescentes y mujeres, expuestos a la violencia y pobreza, redes sociales que periodistas valientes han tejido para garantizar el derecho al acceso a información veraz y la libertad de expresión, ONG que monitorean la violación de los DDHH de los presos políticos, de las cárceles, de los trabajadores, en fin, Venezuela tiene hoy un tejido social más denso, más solido, que será invalorable cuando hayamos llegado a la puerta de esa transición que anhelamos, porque garantizará unas bases más enraizadas en la sociedad de las instituciones democráticas. Una sociedad civil que sabe por propia experiencia la necesidad de protegerse de las arbitrariedades del poder y defender su autonomía.

Esa sociedad deberá, sin embargo, dada la gravedad de la coyuntura, tomar, en mi opinión un protagonismo mayor ante el colapso de los actores políticos democráticos. No para desplazarlos de sus responsabilidades, pero sí, quizás, para demandar de ellos mayor madurez para resolver la conflictividad entre ellos, que vergonzosamente expusieron en este proceso electoral; exigirles mayor responsabilidad en sus obligaciones, ayudándolos entre otras tareas urgentes a dibujar y componer, con las demandas de la ciudadanía, una narrativa del futuro compartido, que sirva para incentivar y movilizar de nuevo. La ciudadanía, la sociedad civil y la militancia de los partidos deben exigir una renovación de los liderazgos de los políticos. Vemos a algunos liderazgos agotados o limitados por ópticas que no corresponden a estos tiempos. Los relevos deben, a su vez, prepararse para administrar un país devastado con austeridad y honestidad. Otra gran urgencia es volver a encontrar una dirección política unitaria cuya estrategia no se limite a lo electoral, sino que abarque múltiples estrategias de resistencia y lucha en dictadura. Una dirección con coordinación de lo social con lo político, frenando la cooptación a la que suelen estar acostumbrados los políticos frente a los activistas sociales.

¿Cómo se hace esto? Las respuestas son nuestro desafío. Las innovaciones deben estar a la orden del día. Insistamos en una salida pacífica, que el bloque de dominación militar y civil que se ha apropiado del Estado y ha desmembrado a la nación, hoy nos niega. Pero, la política es el arte de lo posible y a ellos debemos remitirnos: con movilización, consultas, asambleas, innovaciones organizativas, estrategias múltiples, con vasos comunicantes entre actores políticos, sociales, academias, iglesia, participando y respetando los espacios de cada quien en las tareas de construir primero en el imaginario, para luego plasmar en el territorio a través de instituciones y estructuras organizativas, otro país donde podamos reunirnos de nuevo, reconocernos como nación. El gobierno ha logrado desacreditar la vía democrática y pacífica, dividir a los partidos, y frustrar a la población. A esto debemos sobreponernos para mostrarle que no puede truncar nuestras aspiraciones de un país libre y con bienestar. Ahora más que nunca debemos levantarnos y continuar, pues las condiciones nos favorecen, muchos países con sus ciudadanos nos están echando una mano. El eslabón que falta para rematar la tarea está en cada uno de nosotros, en nuestra responsabilidad política como ciudadanos de informarnos y actuar, y en las organizaciones que constituimos, apoyamos y controlamos, actuando colectivamente y con firmeza, desprendimiento personal y honestidad.

 

Venezuela: la frontera final de la utopía por Carmen Beatriz Fernández – Estudios Política Exterior – 24 de Mayo 2018

Unknown-1.jpegEl día 19 de mayo, en vísperas de las elecciones presidenciales convocadas por la Asamblea Constituyente de Nicolás Maduro, un tópico se hizo tendencia en Venezuela en las redes sociales durante todo el sábado: #RoyalWedding. Ello por sí solo es indicador de lo poco interesantes que eran las votaciones a las que estaban convocados los venezolanos al día siguiente, que en cifras oficiales arrojaron un 52% de abstención.

La coletilla “oficial” en el dato de participación es relevante, porque las cifras no oficiales reportadas por Reuters a las 6 de la tarde (hora formal del cierre de las mesas) eran del 32%. Unas horas después, cuando se anunció el primer parte, el dato subió hasta el 48%. Aún dándolo por bueno, un 52% de abstención es marca récord en la que fue la democracia más antigua de la región. En 1958 se estrenó la democracia venezolana con apenas un 6,6% de abstención. Y fue creciendo en procesos subsiguientes: en 1963 al 7,8%; en 1968, 3,3%; en 1973, 3,5%; en 1978, 12,5%; en 1983, 12,3%; en 1988, 18,1%; en 1993, 39,9%; en 1998, la primera victoria de Hugo Chávez tuvo un 36,5% de abstención; en 2000, 43,4%; en 2006, 25,3%; en 2012, la de Henrique Capriles contra Chávez, alcanzó un 19,5%; y en 2013, cuando Maduro fue anunciado ganador, el 21,4 %.

La abstención es la expresión de apatía y descontento de la mayoría del electorado a una convocatoria írrita en otro intento de Maduro por “huir hacia adelante”. Convocó a unas presidenciales adelantadas mientras se negociaban las condiciones electorales en República Dominicana y a espaldas de estas, como ardid que buscaba atropellar el proceso de diálogo. El llamado a las urnas fue hecho por la Asamblea Nacional Constituyente, que a su vez había sido otra huida hacia adelante madurista para escapar del referéndum revocatorio.

Los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática, con los ahora ilegalizados Primero Justicia y Voluntad Popular a la cabeza, así como la Iglesia y un amplio conglomerado de fuerzas sociales agrupadas bajo la denominación común de Frente Amplio, decidieron no participar electoralmente. Han clamado fraude de la convocatoria, del proceso y de las propias elecciones. No están solos: 44 países han hecho lo mismo, incluidos los multilaterales G7 y Grupo de Lima.

Pero cantar fraude suele ser común entre quienes pierden elecciones. ¿Qué es lo que lo hace diferente esta vez? Bien sabemos que no hay elecciones totalmente perfectas. No las hubo en la democracia venezolana, y desde 1998 se han ido haciendo progresivamente más imperfectas. Todos los políticos se aferran al mando y son las instituciones las que le ponen freno a las desmedidas apetencias del poder, naturales en el ethos del político. Podríamos decir que “los políticos son chavistas por natura”, parafraseando al politólogo polaco Adam Przeworki. Pese a su retórica utópica, o más bien por ella misma, desde la llegada de Chávez a la presidencia su mayor empeño estuvo en la destrucción del andamiaje institucional.

El símil de la cancha inclinada que tanto se usa para definir sistemas electorales desequilibrados es muy bueno: la cancha se ha ido progresivamente inclinando hasta hacerle prácticamente imposible al jugador opositor meter goles. Pero ahora se ha ido más lejos en tres sentidos muy perversos. En primer lugar, el gobierno se abrogó la potestad de escoger a su contendor. Cualquier opositor con estatura suficiente como para poder retarle en una contienda presidencial está preso, exiliado, inhabilitado o muerto. Segundo, esta vez los electores están incompletos. Se calcula que unos cuatro millones de venezolanos, o hasta el 20% del padrón electoral, han salido de las fronteras nacionales. En teoría tendrían derecho a voto, pero solo 100.000 están registrados para hacerlo, pues las trabas administrativas para hacerlo son muchas y variadas. Tercero, la hiperinflación impide cualquier rastro de normalidad electoral. Es un proceso que lleva a millones de personas a no aspirar diariamente a ir más allá de la mera subsistencia. En este contexto, el gobierno instaló un sistema de electoral que es en realidad un aparato de dominación social basado en el hambre. La hiperinflación venezolana es un monstruo de proporciones apocalípticas que genera muerte, destrucción y éxodo a su paso ¿Cómo puede el responsable de ese monstruo haber sido reelecto? Solo con un fraude de similar tamaño.

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Fuente: The Washington Post

Pocos países del mundo han reconocido al mandatario “re-electo”. Rusia, China, Cuba, Turquía, Siria, Irán, Bielorrusia, Nicaragua y Bolivia son algunas excepciones. El listado parece el de miembros de un sórdido club de autoritarismos, pero un esfuerzo por detener la catástrofe venezolana deberá incluir a alguno de estos países, probablemente a la propia Cuba, como actor clave.

El futuro no luce prometedor en el corto plazo. La presión poselectoral seguirá, vendrán más sanciones, la asfixia financiera se consolidará, habrá más episodios de enajenación de activos petroleros y se profundizará el éxodo de venezolanos por tierra, con fuertes presiones demográficas a otras naciones de la subregión. Cada “huida hacia delante” de Maduro ha conducido al país, y a sí mismo, a un abismo más profundo. Finalmente, se impondrá el equilibrio tras un costoso proceso, que nadie puede prever en detalle pero que ya se asoma en las presiones internacionales, los movimientos institucionales de la Asamblea Nacional y la profunda inquietud en el sector castrense.

Quedará una certeza: Chávez soñó la utopía y Maduro hizo realidad la distopía.

 

Abstenerse es elegir por Ibsen Martínez – El País – 22 de Mayo 2018

Maduro ha llevado al límite la estrategia de Chávez: convocar elecciones donde el voto es irrelevante

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Una venezolana se manifiesta este lunes contra la Comisión Electoral en Venezuela. EFE
No hubo, en el curso de toda su carrera pública ocasión electoral en la que Hugo Chávez no desconociese la voluntad del electorado cuando ésta le fue adversa. La provisión constitucional del referéndum revocatorio, que como candidato Chávez promovió con ardor, fue la primera de sus víctimas. Con el referéndum revocatorio convocado en su contra en 2004, comenzó Chávez la serie de fraudes que prolongó hasta su muerte.

En aquel momento, Chávez hizo públicas ilegalmente los millones de firmas que solicitaban se convocase el revocatorio, violando no solo el secreto del voto sino haciendo ulteriormente uso de esa lista para coaccionar el voto de millones de empleados públicos, instaurando de paso un totalitario apartheid político que sigue en vigor hasta hoy. Los firmantes de 2004 pagaron muy caro su pacífica intención de ejercer un derecho constitucional al quedar para siempre estigmatizados como ciudadanos de segunda.

Se hizo desde entonces rutinario que al concursar, por ejemplo, ante un organismo público para la obtención de un contrato, tu nombre sea primero buscado en la infame lista. “El problema es que tú firmaste”, puede ser la inapelable respuesta. De este modo, “la lista Tascón”, como se conoce el infame instrumento, le ha negado durante tres lustros a millones de venezolanos la administración de una justicia oportuna en las instancias penal, civil y mercantil.

La afirmación, frecuente en labios de simpatizantes europeos y estadounidenses, de que Chávez ganaba elecciones libres, una y otra vez, no resiste, ya a estas alturas, el más superficial análisis. Es una muy abonada gran mentira. La oposición venezolana lo sabe bien porque pudo ganarle a Chávez en su propio juego de autócrata competitivo que condesciende a medirse en elecciones. Solo que cuando perdía, antes que conceder Chávez prefirió siempre desconocer los resultados.

Otra cosa ocurrió en 2007, cuando Chávez fue derrotado por poco margen en un referéndum convocado por él mismo para hacer aprobar una reforma constitucional. Lo esencial de la misma era hacer de Venezuela un estado socialista modificando la constitución promovida por el mismo Chávez menos de diez años atrás. En un primer momento, Chávez tascó el freno pero luego reaccionó diciendo que la victoria opositora era una “victoria de mierda”. Más tarde se las apañaría para hacer que su mayoría parlamentaria aprobase, entre gallos y media noche, todas las modificaciones que ordenó el llamado comandante eterno.

En las elecciones de 2008, convocadas para elegir gobernadores estatales, Chávez recibió un verdadero varapalo: junto con la Alcadía Mayor de Caracas, perdió los cinco estados más populosos y económicamente activos, entidades éstas que albergan la mitad de la población del país. Ante ese revés, Chávez abrogó manu militari las potestades de la Alcaldía Mayor, negándole recursos presupuestarios. Luego nombró protectores para cada gobernación opositora, una dudosa figura política y administrativa impuesta, arbitrariamente y a la carrera, al gobernador de oposición.

Por el lado de la oferta, para usar la expresión de los economistas, Chávez instauró la práctica de encarcelar, inhabilitar políticamente u obligar a exilarse a sus adversarios electorales. Nicolás Maduro no ha hecho más que llevar al límite los alcances de una estrategia que ha sobrevivido a Chávez: convocar elecciones cuidando bien de hacer del todo irrelevante el voto.

A propósito de todo lo anterior suele hacerse una distinción entre Chávez y su sucesor que, benévolamente, atribuye a aquel una disposición, una templanza y una contención democráticas de las que Nicolás Maduro carecería. Si bien se miran las cosas, la popular locución “Maduro no es Chávez” resulta al cabo cierta porque Maduro ha resultado mucho más avieso que Chávez a la hora de extremar los medios de llevar adelante su perversa estrategia de mellar los votos. La contumacia de Maduro ha causado en los últimos tres años y medio centenares de muertes y privado de libertad a miles de ciudadanos.

La violencia que aún desangra a Venezuela en medio de una crisis humanitaria, agravada por la caída libre de la producción petrolera, tuvo su origen en la renuencia de Maduro a medirse electoralmente en las condiciones pautadas en la Constitución. Los resultados del domingo pasado, sin embargo, dejan ver que la estrategia chavista de esterilizar el voto opositor, con haberse sostenido durante más de tres lustros, no ha logrado derrotar el propósito mayoritario de los venezolanos de hacer valer el voto como única legítima arma política.

Cuando no se puede elegir, abstenerse no equivale a encogerse de hombros, sino la respuesta más gallarda que ha podido darse al designio de Nicolás Maduro de esterilizar el voto.

Abstenerse masivamente de acudir a una elección espuria, fullera y farsesca como la del domingo pasado no fue, a mi parecer, renunciar a la vía electoral sino, al contrario, un modo inequívoco, tácitamente acordado por millones de electores, de mostrar compromiso con ella, de dar a entender cuánto valoran aún los venezolanos el voto cuando es consignado libremente, sin coerción ni chantaje, sin canjear votos por cajas de alimentos en mal estado, sin presos políticos sometidos a tortura.

En Venezuela se juega al béisbol con tal fervor que sus saberes suelen guiarnos mejor que cualquier escolástica. Allí todo el mundo, incluso Nicolás Maduro, sabe el significado profundo de la frase que un gran pelotero-filósofo, Yogi Berra, legó en uno de sus célebres juegos de palabras parónimas: “El juego no se acaba hasta que se termina”.

 

Comunicado del G7 – 23 de Mayo 2018

Venezuela’s Sham Election by The Editorial Board – The New York Times – 21 de Mayo 2018

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​The issue in Venezuela is not whether Nicolás Maduro won another termfairly or not. Neither the Lima Group of Latin American countries plus Canada, nor the United States or the European Union recognized the election as legitimate. The question is how to get rid of Mr. Maduro before he completes the destruction of his country.

The devastation he and his leftist firebrand predecessor, the late Hugo Chávez, have visited on Venezuela is hard to fathom, especially as the country has the world’s largest oil reserves. For the fourth straight year, Venezuela has been ranked the world’s most miserable economy by Bloomberg. The economy has shrunk by more than 30 percent since the collapse of oil prices in 2014, and the oil industry is collapsing; the inflation rate is by far the world’s highest, set to reach 13,000 percent this year, according to the International Monetary Fund.

More than a million people have fled the country since 2015; the health care system is in such dire straits that malaria, once almost wiped out, is soaring; about three quarters of the population has involuntarily lost nearly 20 pounds of weight and people scrounging for food in garbage has become, according to the Brookings Institution, the new normal.

In the midst of this horror, the election on Sunday was less a contest than a dictator’s classic reach for a false patina of legitimacy. The largest opposition political parties were banned from taking part, key politicians were barred from running and there were widespread opposition calls for a boycott. In the end, the turnout was pathetically low, with Mr. Maduro garnering 68 percent of what votes were cast. Some of those who voted for Mr. Maduro apparently did so in the fear that their food rations would be stopped if they didn’t; others were the remaining Chavista faithful still loyal to the socialist upheavals led by Mr. Chávez from 1999 to his death in 2013 and by Mr. Maduro since.

​Even as massive spending on those socialist policies, combined with falling oil prices, poor management and corruption, have driven Venezuela to a socioeconomic disaster of extraordinary dimensions, Mr. Maduro has continued blaming the problems on what he terms an economic war waged by the United States. He has given no indication how he plans to halt the economic meltdown.

It is clear that Mr. Maduro must go. But that emphatically does not mean American military action, as hinted by President Trump in his cryptic comment last August, “We have many options for Venezuela, including a possible military option, if necessary.” It’s hard to see how a violent regime change led by the Trump administration would improve Venezuela’s lot, and the saber-rattling inevitably feeds into Mr. Maduro’s propaganda as evidence of American perfidy. As the Colombian president, Juan Manuel Santos, said at the time, “The possibility of a military intervention shouldn’t even be considered.”

The best means of eventually ousting Mr. Maduro is in collective action by the Western Hemisphere, led by Latin America, to further choke off funds to his government while supporting the National Assembly, which has been sidelined by Mr. Maduro since the opposition won a majority in 2015. The United States and many other countries have already imposed various economic sanctions against the Maduro government, and less than 24 hours after the sham election, the Lima Group announced it would take further steps to strengthen the controls. The group also said its members would reduce diplomatic ties with Venezuela.

That may not do the trick quickly, given Mr. Maduro’s readiness to destroy his country to stay in power. But he and his suffering countrymen must understand that in the eyes of their neighbors, he and his ilk are the root cause of their misery.

Un presidente sin mandato por Michael Penfold – ProDaVinci – 22 de Mayo 2018

Unknown-1.jpegVenezuela entró en una etapa política que pareciera no tener retorno. El resultado de las elecciones del domingo se puede resumir en una sola frase: un presidente sin un claro mandato constitucional.

Tanto la comunidad internacional, como los actores políticos nacionales relevantes, incluyendo a quien decidió participar como el principal contrincante del gobierno, han desconocido los resultados presentados por el Consejo Nacional Electoral, resultados que tal como fueron presentados guardan para el análisis una referencia cualitativa más que cuantitativa.

La profunda crisis de gobernabilidad que enfrenta Venezuela se ha terminado de acelerar de una forma definitiva con unos resultados que carecen de legalidad, sobre todo a partir de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente y la usurpación de los poderes constitucionales de la Asamblea Nacional. La pregunta ya no es si existen las condiciones objetivas que pudiesen derivar en un potencial quiebre de la coalición oficialista, sino cuál puede ser la contingencia sobrevenida que dé inicio a un cambio político para Venezuela.

Es el comienzo del fin del madurismo.

Es indudable que el gobierno deseaba utilizar el 20 de mayo (o 20M) para materializar múltiples objetivos, pero ninguno de ellos pudo concretarse. Primero, ante la presión internacional, el gobierno quería compensar su falta de reconocimiento externo a través de un acto de votación que lo legitimara domésticamente. Segundo, deseaba desplazar a una oposición que le resultaba cada vez más incómoda por otra hecha a su medida. Tercero, el gobierno buscaba sustituir las estructuras chavistas tradicionales para terminar de personalizar el poder exclusivamente en la figura presidencial. Finalmente, quería aprovechar los resultados del 20 de mayo para abrir un nuevo proceso de negociación que estuviese centrado exclusivamente en los temas económicos y sociales sin tener que poner sobre la mesa el tema electoral e institucional.

Todos estos objetivos se evaporaron. El deslave abstencionista hizo ver la debilidad de la figura de Nicolás Maduro frente a una maquinaria chavista que decidió sublevarse sigilosamente. La hiperinflación pulverizó el carnet de la patria y los puntos rojos. Maduro redujo su votación en prácticamente 2 millones de votos, comparado con su cuestionado triunfo en 2013 y un nivel de participación que ha sido el más bajo comparado con cualquiera de las contiendas presidenciales de las últimas décadas. Si el objetivo era, frente a la presión internacional, ganar legitimidad en el plano nacional producto de una votación masiva, esta posibilidad quedó totalmente abortada frente a los resultados de las votaciones. La idea de una oposición leal también fue pulverizada ante la decisión correcta de Henri Falcón de desconocer los escrutinios, como consecuencia de la violación flagrante de los acuerdos electorales a los que había llegado con el gobierno. Con ello, la esperanza oficialista de una oposición dividida con la que se pudiese negociar fue definitivamente derrotada.

El chavismo también se sublevó frente a la posibilidad de personalizar el poder completamente en la Presidencia. Somos Venezuela, la plataforma electoral alternativa que Maduro diseñó para ese propósito, no obtuvo ni 5% del total de la votación del chavismo. La dependencia de Maduro de la estructura partidista del PSUV sigue siendo una realidad política, así como también lo es su mayor dependencia del sector castrense. Esta es quizás una de las mayores frustraciones para el madurismo derivada del 20M: va a tener que seguir compartiendo el poder, sin estar en una posición claramente dominante. Y una potencial negociación, con Zapatero nuevamente como un mediador poco confiable, centrada en la reconstrucción económica y social, quedó en el tintero ante el agravamiento de la crisis político-institucional y la ausencia de un interlocutor más light para el gobierno en el mundo opositor. Esa negociación, tal como ha insistido la comunidad internacional, tendrá ahora que pasar inevitablemente por un nuevo proceso electoral con garantías políticas, así como por el restablecimiento del Estado de Derecho.

En teoría, el chavismo tiene siete meses antes de la culminación del mandato constitucional de Maduro en enero de 2019 para barajar sus opciones: negociar un cambio o radicalizarse. Es imposible descartar que Maduro logre permanecer en el poder más allá de esa fecha, pero si esto ocurre, incluso para los mismos actores que lo rodean, será más una situación de facto que de jure. Es evidente que el chavismo también tiene ese periodo de tiempo para ver cómo aborda la realidad política ante la profundización de una crisis, tanto nacional como internacional, de un presidente que no posee un claro mandato para su reelección y que mientras permanezca en el poder será un obstáculo para enfrentar la hiperinflación, el colapso de la producción petrolera, la remoción de las sanciones internacionales, la emergencia social y la reactivación productiva. Las contradicciones que esta situación va a generar, y los riesgos de implosión, no son menores. Aunque es muy difícil predecir el futuro venezolano, es un hecho cierto que hemos entrado en un periodo de alta incertidumbre e inestabilidad.

 

G-7 denunció resultados de “elecciones presidenciales” en Venezuela – El Nacional – 23 de Mayo 2018

Las autoridades sostuvieron que mientras “el régimen de Nicolás Maduro solidifique su dominio autoritario”, los venezolanos continuarán siendo víctimas de abusos contra los derechos humanos

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El Grupo de los 7, conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, expresó este miércoles su rechazo a las “elecciones presidenciales” que se realizaron este domingo en el país y donde resultó “reelecto” el presidente Nicolás Maduro.

Mencionaron que el proceso electoral no cumple con los estándares internacionales aceptados y, por ende, no posee las garantías básicas para un proceso “inclusivo, justo y democrático”.

“Esta elección y su resultado carecen de legitimidad y credibilidad”, indicaron.

En consecuencia, el G-7 denunció la jornada electoral y sostuvo que mientras “el régimen de Nicolás Maduro solidifique su dominio autoritario”, los venezolanos continuarán siendo víctimas de abusos contra los derechos humanos.

“Nos solidarizamos con el pueblo de Venezuela y hacemos un llamado al régimen de Maduro para que restaure la democracia constitucional en Venezuela, organice elecciones libres y justas que reflejen verdaderamente la voluntad democrática del pueblo, libere de inmediato a todos los presos políticos, restaure la autoridad del Nacional Asamblea y proporcionar un acceso completo, seguro y sin obstáculos por parte de los actores humanitarios”, concluyeron.

 

La rebelión de las bases por Tomás Straka – ProDaVinci – 21 de Mayo 2018

Unknown.jpegEn un solo aspecto las elecciones del 20 mayo se desarrollaron según lo previsto por los analistas: Nicolás Maduro ha sido proclamado ganador y buena parte de la comunidad internacional desconoce la legitimidad de los comicios. Pero a partir de este punto las cosas parecieron haber tomado por sorpresa a muchos, comenzando tal vez por el mismo gobierno. La amplitud de la abstención y el hecho de que por primera vez el abstencionismo parece traducirse en un propósito claro ha descolocado a todos los actores del drama. El 21 de mayo nadie está en el lugar en el que estaba el 20, y la decisión que cada uno tome ante las cifras definirá su destino inmediato y tal vez el de todo el país.

La abstención ha sido una protesta de dimensiones similares a las de las firmas contra la Constituyente del 16 de julio de 2017, pero con dos diferencias: esta vez la protesta vino, en su aspecto más notable, del lado de quienes apoyan (o al menos se creía que apoyaban) al gobierno; y no demuestra seguir un liderazgo. Al contrario, ha rematado algunos liderazgos en declive, como el de Maduro, demostrando cuán hondo es el vacío en este aspecto. El Frente Amplio es el que más puede parecerse a un ganador en la jornada, aunque mucho de su triunfo haya sido por carambola. Leer más de esta entrada

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