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Un intento inútil de disuasión militar por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 10 de Febrero 2019

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Me causó honda preocupación observar a Nicolás Maduro, desmedidamente obeso, trotando y vociferando arengas patrioteras a la cabeza de una unidad militar, acompañado del ministro de la Defensa y de un grupo de generales, al dar  inicio a unos ejercicios militares, sin advertir que esa acción se convertiría en el hazmerreír de los venezolanos, y lo más grave aún, no alcanzaría el objetivo disuasivo que perseguía. No logré entender cómo era posible que los altos mandos, de manera irresponsable y deshonesta, no tomaran una posición para evitar se cometiera semejante ridiculez. Intentar hacernos creer, como trataron de hacerlo, que con la realización de esos ejercicios militares podrían demostrar que la Fuerza Armada Nacional está en capacidad de disuadir a la poderosa alianza militar constituida, por Estados Unidos, Brasil y Colombia, y respaldada por la mayoría de los países americanos y europeos,  para enfrentar la usurpación madurista, es definitivamente un desvarío. Tampoco es verdad que el supuesto apoyo militar ruso y chino va a incrementar a nuestro favor la correlación de fuerza existente. He querido insistir, una vez más, sobre este asunto, ante las terribles consecuencias que deberán sufrir nuestro pueblo y la Fuerza Armada Nacional, si el egocentrismo y la ambición desmedida de poder de Nicolás Maduro, y de quienes le hacen imaginarse fortalezas que no tiene, pueden conducir a Venezuela a un enfrentamiento inútil  y a la muerte de numerosos jóvenes venezolanos.
Diferentes analistas han escrito acertadas apreciaciones de la actual  situación militar y política de Venezuela,  entre ellos mi amigo Jesús Seguías, presidente de Datincorp y prestigioso estudioso de la realidad nacional, quien recientemente expresó lo siguiente: “Donald Trump está decidido a llegar hasta el final. Quedaron cerradas totalmente las opciones de negociación que impliquen dejar a Maduro frente al gobierno”. También mantuvo que impedir el ingreso a Venezuela de la Ayuda Humanitaria puede ser la causa de  una posible intervención multilateral. Igualmente, el presidente Donald Trump en su reciente discurso sobre “El Estado de la Unión” afirmó que: “los Estados Unidos apoyan al pueblo venezolano en su lucha por la libertad”, además agregó que “todas las opciones están sobre la mesa” lo cual indica que  su gobierno está decidido a utilizar cualquier medio, incluyendo el militar, con el fin de lograr que Nicolás Maduro salga del poder.  Esta verdad  empieza materializarse al escuchar las últimas declaraciones de John Bolton, consejero de Seguridad Nacional,  y del almirante Craig S. Faller, nuevo jefe del Comando Sur de los Estados Unidos.  Por eso creo que los miembros de la Fuerza Armada Nacional, conscientes como están de la inconmensurable crisis sanitaria y alimentaria que padecen los venezolanos, deben contribuir en la recepción y protección de los envíos de ayuda humanitaria hasta su entrega a las organizaciones que han sido escogidas para su distribución.
La estrategia establecida por la importante alianza política, militar y diplomática        que enfrenta al régimen madurista está a la vista: Incrementarán, como ya lo han venido haciendo, medidas en el orden diplomático y económico hasta niveles insostenibles por Venezuela. De no lograr, en un relativo corto tiempo, la salida del poder de Nicolás Maduro se iniciará la acción militar, la cual comenzará, ante la innegable superioridad aérea, con fuertes y constantes bombardeos con la finalidad de consolidar sus objetivos militares.  Al tener certeza de la destrucción de nuestra capacidad de defensa  desembarcarán y pasarán las fronteras efectivos terrestres con el objetivo de controlar los puntos críticos del territorio nacional, evitando comprometer sus efectivos  en combates  en las principales ciudades y, de manera particular, en los sectores populares  a objeto de evitar  la muerte de sus propios efectivos militares y no causar innecesarias bajas civiles. En definitiva, una segura y dolorosa  derrota militar de Venezuela y de su Fuerza Armada Nacional. Piensen en lo que significa comprometer el honor de la patria de Bolívar por satisfacer la ambición desmedida de poder de Nicolás Maduro y su corrupta camarilla.
Nicolás Maduro usurpa la presidencia de la República desde el pasado 10 de enero de 2019. Así lo considera una abrumadora mayoría del pueblo venezolano  y la casi totalidad de los gobiernos de América y de Europa ante su permanente y flagrante violación de la Constitución Nacional. La elección que Nicolás Maduro alega haber ganado el 20 de mayo de 2018, no fue sino un inmenso fraude ejecutado por el írrito CNE y el deslegitimado TSJ, en medio de innumerables violaciones constitucionales, atropellos a los ciudadanos y organizaciones políticas opositoras, así como una histórica abstención en rechazo a su persona y a la camarilla criminal que lo secunda. Estos abusos, aunados a las masacres perpetradas y a la inmensa cantidad de presos políticos detenidos en las justificadas protestas ciudadanas del año 2017, contribuyeron a hacer despertar a la opinión pública internacional y a crear  un inmenso  repudio a la figura de Nicolás Maduro, así como al desconocimiento del resultado de esas elecciones. Ahora, ante la acción ejecutada por la legítima Asamblea Nacional, basada en los artículos 70, 233, 333 y 350 de la Constitución Nacional, se niega no solo a reconocer su fracaso sino también a querer involucrar a Venezuela en una absurda confrontación bélica que no haría otra cosa que incrementar nuestra tragedia. Ojalá que alguien le haga entender que pretender disuadir a un adversario tan poderoso, sin contar con la fuerza necesaria, es sencillamente una insensatez.
A los miembros de la Fuerza Armada Nacional  sólo les queda un camino, ante la soberbia  de Nicolás Maduro de no querer aceptar que se convoque a unas elecciones generales, para evitar la tragedia de un conflicto bélico: contribuir a poner fin a la usurpación madurista, restablecer la vigencia de la Constitución Nacional y reconocer la legitimidad de Juan Guaidó como encargado de la presidencia de la República. No hacerlo comprometería el destino de Venezuela y de sus futuras generaciones. Recuerden que ustedes,  compañeros de armas, están al servicio de la Nación y no de un partido político ni de una ideología determinada.

La complejidad de las elecciones democráticas por Trino Márquez – La Patilla – 7 de Febrero 2019

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El punto central de la crisis política actual se encuentra en el cuestionamiento a la legitimidad de Nicolás Maduro y en la realización  de una nueva elección para Presidente de la República.

Los comicios del 20 de mayo del año pasado fueron desconocidos por la mayoría de la oposición y por gran parte de la comunidad internacional. El régimen cometió tantas irregularidades y atropellos, que la convocatoria no logró convencer de que participara a la franja más gruesa de opositores. Tampoco persuadió  de su transparencia y equilibrio a los países democráticos que han seguido con detenimiento la evolución del gobierno de Maduro desde que se impuso sobre Henrique Capriles en las reñidas y discutidas elecciones de abril 2013. Maduro desestimó ese rechazo. Ahora paga las consecuencias de su arrogancia. La única salida posible al desbarajuste que su petulancia provocó es su salida de Miraflores, la formación de un gobierno transitorio y la realización de unos comicios libres y confiables para todo el mundo, incluidos los oficialistas.

El artículo 233, que establece las faltas absolutas del Presidente de la República, es incompatible con la realización de unas votaciones justas y democráticas. Ese artículo, invocado para declarar usurpador a Maduro, señala que “si la falta absoluta… se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa  y secreta durante los treinta días consecutivos siguientes”. El texto, sin duda, fue redactado para favorecer al partido gobernante. Su propósito es ventajista. Resulta imposible organizar en un mes unos comicios transparentes y equilibrados. El artículo colide con la Ley Orgánica del Sufragio (LOS), aprobada por la Asamblea Nacional en 2009, cuando el chavismo la controlaba en términos absolutos.

En las condiciones actuales, para realizar unas elecciones democráticas conviene acoplar el texto constitucional con los lapsos y condiciones establecidas en la LOS. En primer lugar hay que nombrar un nuevo CNE, o al menos a las dos rectoras, una de ellas Tibisay Lucena, a las que se les venció el período, pero fueron ratificadas por la constituyente y el TSJ, en abierta violación de las atribuciones de la Asamblea Nacional.  Hay que liberar los presos políticos. Permitirles regresar al país a los dirigentes que se encuentran en el exterior. Facilitarles votar en el extranjero a los millones de venezolanos que han huido del país. Abrir el Registro Electoral Permanente (REP) para que los nuevos votantes se inscriban. Auditar el REP para depurarlo. Sólo una vez cumplidas al menos estas tareas, estarán dadas las condiciones mínimas para efectuar unas votaciones limpias, universales, democráticas.

El apego dogmático al artículo 233 de la Constitución, se convertiría en una camisa de fuerza para alcanzar la plena democracia electoral. La justificación, para mantenerse ceñido lo máximo posible al marco legal vigente, hay que buscarla en la LOS.

Sin embargo, ninguno de los instrumentos jurídicos existentes sustituye el sentido común y los acuerdos políticos. El gobierno que se conforme cuando se realicen las elecciones universales y democráticas de la que habla la Constitución y la LOS, deberá contar con la base popular más amplia posible. A esos comicios deberán concurrir todos aquellos que quieran hacerlo, tanto para ser electos como para votar. Las restricciones arbitrarias le restarían amplitud a la convocatoria y legitimidad al Presidente y al gobierno que emerjan de esa cita.

La preparación de  la consulta  se llevará, al menos, lo que queda de 2019, suponiendo que la crisis actual se resuelva en el curso de los próximos días o semanas. Mientras más tarde en solucionarse el conflicto, más lejana se pondrá la fecha de celebración de esas elecciones. El núcleo duro del madurismo no muestra ninguna intención de negociar su salida de Miraflores. Pareciera haber optado por la confrontación abierta y hasta el final. Por la inmolación. En el caso de que el chavismo-madurismo se fracturara, y como consecuencia se desprendiera una facción moderada que no quiere hundirse con Maduro, la negociación tendría que incluir a este sector más sensato del oficialismo. Su incorporación al debate y a los eventuales acuerdos que se logren, le daría al gobierno de transición una plataforma más amplia y a las futuras elecciones una base más sólida.

Tenemos que lograr que los próximos comicios superen todos los vicios que el régimen impuso durante veinte años. La comunidad internacional exige elecciones justas y democráticas ya. Hay que explicarle la complejidad del proceso frente al cual estamos.

Bicefalia en Venezuela por Carmen Beatriz Fernández – Estudios de Politica Exterior – 25 de Enero 2019

Fernando Mires – Venezuela: ¿Nuevo comienzo o nuevo final? por Fernando Mires – Blog Polis – 18 de Enero 2019

La historia está hecha de nuevos comienzos, pero también de esperanzas en nuevos comienzos que nunca comienzan. También de nuevos finales, los que se determinan cuando un capítulo ha comenzado. El mismo Maduro, en su propia vulgata, usó el término nuevo comienzo en el ¿mensaje? del 10-E. Ninguna novedad, cada vez que habla ofrece comenzar de nuevo y todo sigue igual. O peor. Para una parte de la oposición en cambio, el 10-E también iba a ser el nuevo comienzo, el día en que Maduro debía cesar su mandato, abriéndose un “vacío de poder” y así dar paso a un gobierno de transición representado en la presidencia de la AN apoyada por la CI. Para otra parte de la oposición, el 10-E no iba a cambiar nada. Y para una tercera, el 10-E podía ser, bajo ciertas condiciones, el día en que la oposición iba a reencontrarse consigo, el día en que iba a abandonar su errático camino y reconectarse con su tradición democrática y, no por último, el día de una nueva unidad.

LAS TRES VÍAS

La primera vía partía de una hipótesis imaginaria, a saber, que si el flamante nuevo presidente de la AN asumía las funciones de presidente nacional, las masas iban a apoyarlo espontáneamente, el ejército, dirigido por sus patriotas generales iba a acudir al llamado interno y, sobre todo al externo (la mítica CI) Una vía basada en simples ilusiones, propia al pensamiento de una secta anti-política como la caracterizó Henrique Capriles. La segunda vía, en cambio, acusando el impacto de la rendición electoral del 20-M, quitó al 10-E toda relevancia. Maduro sería nombrado presidente y el 10-E pasaría al olvido. Una tercera vía comenzó, sin embargo, a tomar forma cuando Juan Guaidó – a quien por su pertenencia a VP se suponía más cercano a la secta extremista- estableció en un enredado discurso que a la AN no le correspondía hacerse del poder mientras no contara con la mayoría del pueblo movilizado y con el apoyo de las FANB (“poder físico”, según Capriles).

GUAIDÓ

Juan Guaidó hizo lo que tenía que hacer. Como presidente de la AN estaba en la obligación de defender a la institución que preside. Y lo hizo frente a los dos extremos: el régimen y la secta. Ambos, efectivamente, apuntaban a destruir a la AN. El régimen, con el objetivo de eliminar al único bastión legal y legítimo de la oposición. La secta, con el objetivo de ser consecuente con sus (supuestas) posiciones insurreccionales. Lo que ni régimen ni secta disimularon es que para ambos la AN es un obstáculo pues la AN representa al 6-D y el 6-D representa el poder del voto, la comprobación de que cuando los partidos contactan entre sí y con la mayoría, pueden conquistar posiciones de poder. La AN, dicho en corta frase, es la institución de los elegidos del pueblo.

El REDESCUBRIMIENTO DE LA AN

El enrevesado discurso de Guaidó no debe ser (solo) atribuido a debilidades oratorias. Más bien correspondió al intento de dejar contentos a todos, lo que en política es usual.  A unos dijo estar dispuesto a asumir la presidencia provisional y para eso sacó a relucir, entre otros, el artículo milagroso de la Constitución, el 233. Pero dijo además que para ello necesitaba del apoyo de una triada: el pueblo unido, las FANB y la CI. Guaidó contrapuso entonces dos poderes: el constitucional de la AN y el fáctico del régimen.  En buen cristiano dijo que había una lucha de poderes y que la oposición no contaba todavía con el poder necesario para lograr su hegemonía. Por lo tanto había llegado la hora de construir ese poder. Los más avisados entendieron el mensaje: ese poder podría constituirse alrededor de la AN. O dicho así: La AN no es el poder, pero puede llegar a ser el centro de un poder aún no constituido. Bajo esas condiciones la tarea principal de la AN no es derribar al régimen  -no puede y porque no puede, no debe- sino crear condiciones para la re-unificación de una oposición disgregada.

LIDERAZGO

Guaidó no es un “cisne negro” ni tampoco un milagro. Guaidó es el líder del momento porque representa a la AN. Sin la AN Guaidó no es nada. Y al parecer así lo entendió el propio Guaidó. El liderazgo de la AN deviene de su breve historia, de su carisma y, sobre todo, de su autoridad. Eso quiere decir: mientras el régimen goza de la autoridad del poder, la AN goza del poder de la autoridad. Por esa misma razón, forzar a Guaidó para que asuma simbólicamente el rol de presidente provisional o interino, significaría en la práctica abandonar a la AN a su suerte y con ello liquidar el liderazgo del propio Guaidó.  En fin, no estaríamos frente a un nuevo comienzo sino frente a un nuevo final.

EL PODER DEL RÉGIMEN

Naturalmente el régimen ha bajado su cuota de poder. Pero eso no significa que no tenga poder. Por de pronto tiene el poder de la fuerza brutasustentado sobre una clase uniformada de estado, que en eso convirtió el madurismo al ejército profesional. Una clase que además goza de enormes privilegios económicos y de no pocas franjas de poder político.

CORRELACIÓN DE FUERZAS

Es cierto por otra parte que el 80% de la ciudadanía está descontenta con Maduro. Pero el cálculo debe ser hecho hasta el final: ese 80% tampoco es de la oposición, toda vez que esa oposición -después de haber sido auto-destruida como consecuencia de la inercia a la que se condenó al abandonar la ruta electoral- “goza” de una aversión ciudadana solo comparable a la que posee Maduro. Naturalmente, el poder de Maduro no está basado en el principio de la legitimidad, pero desde el punto de vista formal, las elecciones del 20 M las ganó más gracias a la abstención que al fraude.

VACÍO DE OPOSICIÓN

Y, por si fuera poco, desde el punto de vista social, Maduro heredó del antiguo chavismo una fuerte relación clientelar con los estratos más bajos. En palabras de Martin Sutherland: “una red política clientelar de gran magnitud, que logró profundizar un proceso de lumpenización social de amplios sectores de la población”.  Y bien, ese poder social no lo tiene la oposición y si lo tuvo, lo perdió. En consecuencia, si había un vacío no era un vacío de poder, era un vacío de oposición. Pretender levantar desde ese vacío una opción insurreccional, como exigía la secta, contradecía toda razón política.

ENTRE EL VACÍO Y LA USURPACIÓN

Afortunadamente en las discusiones al interior de la AN primó la razón política. La tesis del “vacío de poder” fue rechazada.  En lugar del vacío se impuso -en contra de la fracción extremista llamada 16 J- la tesis de la usurpación. Aparentemente una discusión bizantina. Pero así como en Bizancio la discusión acerca del “sexo de los ángeles” tenía un profundo trasfondo político, la discusión semántica entre el vacío y la usurpación determinaría el curso político de la oposición.  Pues si el poder está usurpado, no puede haber vacío de poder.  Y si no hay vacío de poder, la línea a seguir no es la toma del poder, sino enfrentar un poder político-militar entronizado en el Estado. Y bien: con usurpación o sin, ese poder lo ocupa Maduro.  Legal o no, legítimo o no, Maduro es presidente porque “tiene” la presidencia. La usurpación en ese sentido no es más que una palabra de compromiso, una redundancia. Por una parte, toda dictadura o autocracia lo es porque usurpa un poder que no le corresponde. Por otra, desde el 2015 la oposición viene sosteniendo que Maduro es un gobernante ilegítimo. Nada nuevo bajo el sol.

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL (CI)

No obstante, algunos países latinoamericanos organizados en el llamado Grupo de Lima han decidido no reconocer al régimen de Maduro. Razón que ha inducido a suponer una diferencia entre la tesis de la usurpación, que reconoce la existencia de un poder ocupado, y el no-reconocimiento internacional al gobierno de Maduro. Al llegar a este punto es inevitable sospechar de que hay sectores de la CI (particularmente, en la secretaría general de la OEA) más receptivos a apoyar al extremismo que al conjunto de la oposición. Pero, aún si no fuera así, es evidente que la tarea de la CI no es dictar líneas a la oposición, sino complementar las que esta sigue dentro del país. La CI – no puede ser de otra manera- emite declaraciones de acuerdo a la letra del derecho internacional. La oposición, en cambio, actúa frente a un poder existente y real. Eso por una parte. Por otra, hay que convenir en que todos los gobiernos definen su política internacional no por razones morales sino de acuerdo a la política interior en sus respectivos países. En ese sentido es evidente que la actitud contraria a Maduro tiene su origen en la formación de una constelación continental de gobiernos de derecha y centro-derecha. Declarar contra Maduro es un medio que utilizan dichos gobiernos para -en primer lugar- poner en jaque a las izquierdas de sus países, así como en el pasado los gobiernos de izquierda atacaban a Pinochet con el objetivo de desacreditar a sus respectivas derechas. Maduro es para las derechas de hoy lo que Pinochet era para las izquierdas de ayer.

En síntesis: el apoyo internacional debe ser siempre bienvenido. Pero para eso hay que tener una política para ser apoyada. Y justamente ahí, en ese punto vital, es donde se abren condiciones para que la oposición venezolana convierta la actual coyuntura en un nuevo comienzo.

23 DE ENERO

Juan Guaidó convocó a una gran demostración el 23-E, aniversario de la caída del dictador Pérez Jimenez. Fecha cargada de simbolismos. Suficientes para que la secta extremista imagine que esa será la fecha que llevará a la caída de Maduro. Para la mayoría de la oposición será, sin embargo, un día de esperanzas. Probablemente tendrá lugar ahí una de las más grandes demostraciones de masas habidas en Venezuela. Pero si llegaran a imponerse las tortuosas imaginaciones de la secta extremista, como lo logró ese nefasto 20-M, estaríamos en vísperas de un nuevo final. Si en cambio la oposición lee en las páginas de sus propias experiencias, podríamos estar, en el exacto sentido del término, frente a un nuevo comienzo. Un nuevo y la vez antiguo comienzo. Un comienzo que una vez definió la línea en cuatro puntos cardinales: pacífica, constitucional, democrática y electoral. Un comienzo que llevaría a recrear una fuerza histórica dispuesta a enfrentar en las calles al opresivo régimen, pero también abierta al diálogo, al debate y al compromiso. Solo a partir de ese comienzo podría tener lugar la alianza que, en un momento de suprema lucidez, esbozó Juan Guaidó: las fuerzas armadas, chavistas no maduristas, los partidos de la oposición, y la gran mayoría del pueblo organizado alrededor de la AN, depositaria de la razón y de las leyes.

23 de enero: a desbordar Venezuela por Trino Márquez – Noticiero Digital – 17 de Enero 2019

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El 23 de enero los venezolanos estamos obligados a demostrar ante los países, instituciones y personalidades del mundo que han sido solidarias con Venezuela a lo largo de todos estos años,  que el conflicto actual no se reduce al enfrentamiento entre Nicolás Maduro y su camarilla, con un reducido grupo de dirigentes opositores, sino que la lucha la libra una nación que se niega a seguir siendo arrasada  por la banda que asaltó el poder para usufructuarlo con morbosidad y enriquecerse de forma obscena. La marcha debe asumirse como un mensaje a la comunidad internacional, a los militares y a los venezolanos mismos, quienes cerramos 2018 y abrimos 2019 abatidos por el pesimismo.

Juan Guaidó ha sido una grata sorpresa. Un cisne negro. Nadie esperaba que un joven de 35 años, de la generación de 2007, encarnase la esperanza de cambio democrático y se convirtiese en el líder  que el país estaba esperando, una vez  encarcelado Leopoldo, inhabilitados Capriles y María Corina, y escapados Ledezma y Borges. Guaidó representa  la posibilidad de volver en un plazo relativamente breve a la normalidad que ofrece el sistema democrático.

El régimen creyó que podía, impunemente, seguir subestimando y arrollando a la oposición. Se imaginó que podía desconocer los acuerdos preliminares alcanzados con los representantes opositores en República Dominicana a finales de 2017. Que podía violar  todas las veces que le diese la gana la Ley del Sufragio y la Constitución, tal como ocurrió cuando abortaron el referendo revocatorio, convocaron de forma fraudulenta ese adefesio que es la constituyente y convocaron de manera apresurada las elecciones del 20 de mayo. Que podía dejar en el CNE a Tibisay Lucena y al resto de señoras que la acompañan. Creía que podía despreciar a la oposición, y especialmente a la Asamblea Nacional, sin que su arrogancia tuviese ningún costo para ellos. La soberbia resulta mala consejera. La comunidad internacional tomó debida nota de sus desplantes y abusos. Se convenció de que las elecciones de mayo no habían sido justas, equilibradas, ni transparentes. No habían sido democráticas. En ella se habían vulnerado  las cláusulas suscritas por el propio gobierno en diferentes acuerdos internacionales, entre ellos la Carta Democrática Interamericana. La insolencia del gobierno estuvo basada en su control total de todas las instituciones del Estado, a excepción de la Asamblea Nacional.

El gobierno desestimó la fecha del 10 de enero. Maduro pensó que organizando un acto bufo en su bufete, el TSJ, podía cubrir las apariencias legales. La Constitución lo obligaba a juramentarse en la sede del Poder Legislativo. El disfrute morboso del poder muchas veces se paga. La desmesura de haber convocado las elecciones para el 20 de mayo, casi ocho meses antes de la toma de posesión, y de haber perpetrado todos los atropellos cometidos, los está pagando ahora. Se encuentra más aislado que nunca. Antiguos aliados, como Haití y República Dominicana, lo han abandonado. La presión de Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de   Lima, aumenta. Hasta el discreto Japón descalificó el mandato de Maduro. Al paupérrimo desempeño al frente del gobierno, se  agrega la falta de legitimidad de origen. No fue electo en unas elecciones libres.

En este ambiente de crisis institucional y, de paso, económica y social sin precedentes, surge Juan Guaidó, quien aparece como el alter ego del confundido y desprestigiado  Maduro. Al principio los jerarcas del régimen se burlaron de él. Dijeron que era un desconocido. Ahora lo consideran una seria amenaza. El joven ha conseguido el respaldo de gobiernos, instituciones y figuras mundiales. Se convirtió en un adversario formidable. Además, ha logrado cohesionar a  la oposición que se encontraba extraviada, dispersa y desmoralizada a fines de 2018.

Guaidó tiene que cuidarse del régimen, acosado por todos los flancos. También tiene que protegerse de algunos factores opositores quienes consideran que la política no es un arte, sino un torneo de guerra, en donde no hay que demostrar habilidad, paciencia y mucho juicio, sino coraje y, sobre todo, hablar en un lenguaje exaltado en el que las palabras son ordenadas por el hígado, no por el cerebro. De esos grupos y personajes extremistas tiene que cuidarse. Pueden ser más letales que el régimen. En nombre de la valentía, la dignidad y todos esos valores  abstractos -y, fuera de contexto, fatuos- puede incurrir en errores garrafales. Si se ve obligado a asumir la Presidencia de la República porque las circunstancias lo determinan, tendrá que hacerlo ajustado a la Constitución. No debe apresurarse para satisfacer a la galería.

Juan Guaidó y la AN cuentan con amplio apoyo internacional. El próximo 23 de enero los ciudadanos les darán su respaldo masivo y entusiasta. En este ambiente, los militares tendrán que decidir si se suman a la corriente democrática, o continúan siendo el único soporte real del usurpador.

Fuenteovejuna, señor por José Toro Hardy – La Patilla – 10 de Enero 2019

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“Fuenteovejuna” es quizá la obra más universal de Lope de Vega. Refiere lo acaecido en un pueblo así llamado en tiempos de los Reyes Católicos. El Comendador de la villa era un hombre soberbio y corrupto, que abusaba del pueblo y de su autoridad, robaba las rentas y torturaba y encarcelaba a los habitantes. Finalmente el pueblo se subleva ante su tiranía en una noche de abril de 1476.

Los Reyes envían jueces para investigar lo ocurrido y ante la pregunta _“¿Quién mató al Comendador?_”, todos contestan, _“Fuenteovejuna, señor”, “¿Quién es Fuenteovejuna?_”,y por respuesta: “Todo el pueblo, a una”.

Lope de Vega, en su obra inmortal, presenta un tema que se repite a lo largo de la historia: la rebelión de un pueblo ante la opresión de un tirano.

Ese es precisamente el fundamento del Artículo 350 de la Constitución:

“_El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos_”.

El 5 de enero vimos renacer la unidad. La oposición votó unánimemente por Juan Guaidó como nuevo presidente de la Asamblea Nacional. En su discurso expuso que a partir del 10 de enero se desconoce la legitimidad de Maduro, “se rompe la cadena de mando” y abordó además el tema de la “usurpación del cargo de la Presidencia de la República”.

Recordemos que el Art 138 de la Constitución reza: “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”

La Academia de Ciencias Políticas y Sociales rechaza la juramentación del presidente prevista para el 10 de enero “por ser electo en un proceso fraudulento” como el que ocurrió el 20 de mayo.

Los argumentos para tal rechazo fueron desarrollados por la Cátedra de Derecho Constitucional de la UCV, que propone a la AN declarar como “gobierno de facto” al actual régimen agregando que el despotismo del 10E apunta a la “disolución de la República”.

La Conferencia Episcopal Venezolana “cataloga de ilegítimo y moralmente inaceptable un nuevo mandato de Maduro” y afirma que “la Asamblea Nacional electa con el voto libre y democrático de los venezolanos es él único órgano del poder público con legitimidad …” Y en su Exhortación del 11 de julio del 2018 había planteado: “Reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo fue ilegítima, como lo es la asamblea nacional constituyente impuesta por el Poder Ejecutivo. Vivimos en un régimen de facto …”

Nos viene a la memoria la Pastoral de Monseñor Arias Blanco del 1 de mayo de 1957 y sus repercusiones que condujeron al 23 de enero de 1958.

Además los 14 miembros del Grupo de Lima (excepto México) advirtieron: “el proceso electoral llevado a cabo en Venezuela el 20 de mayo de 2018 carece de legitimidad por no haber contado con la participación de todos los actores políticos venezolanos, ni con la presencia de observadores internacionales independientes, ni con las garantías y estándares internacionales necesarios para un proceso libre, justo y transparente”. Agregan que “no reconocen la legitimidad del nuevo período presidencial”, reafirman su “inequívoca y firme condena a la ruptura del orden Constitucional en Venezuela” y exhortan al presidente Maduro a “transferir a la Asamblea Nacional, en forma provisional, el poder ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones presidenciales democráticas”.

Asimismo el Parlamento de Mercosur ratificó la “inequívoca y firme condena a la ruptura del orden constitucional y del Estado de Derecho en Venezuela…”

Alemania señala que los comicios de mayo fueron ilegítimos y apoya transferir el poder ejecutivo a la AN. Por una decisión conjunta, ningún embajador de la Unión Europea asistirá a la toma de posesión de Maduro. La UE pidió nuevas elecciones justas porque la de mayo “no fue libre ni creíble”.

Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo afirmó: “No reconocemos al régimen … Estamos con los venezolanos humillados cada día por la dictadura con opresión, pobreza y hambre”.

El Parlamento se apresta a debatir el “Estatuto que rige la transición”. Aún no sabemos la reacción del gobierno, aunque suponemos que será radical. La rueda de la historia está girando. Se avecinan momentos cruciales. A la Asamblea Nacional y al TSJ legítimo les corresponde un papel protagónico, junto con “todo el pueblo a una”, tal como decía Lope de Vega en su imperecedero drama “Fuenteovejuna”.

“Guaidó ya te acomodé la celda, espero que nombres rápidamente a tu gabinete”, arremetió Iris Varela – albertonews – 11 de Enero 2019

 

La ministra de Servicios Penitenciarios de Venezuela, Iris Varela, dijo hoy que acomodó una celda para encarcelar al presidente de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), el opositor Juan Guaidó, que esta misma jornada pidió apoyo militar y extranjero para desalojar del poder al jefe del Estado, Nicolás Maduro.

“Guaidó, ya te acomodé la celda, con tu respectivo uniforme, espero que nombres rápidamente a tu gabinete para saber quienes te van a acompañar”, expresó a través de su cuenta en la red social Twitter la funcionaria, una férrea defensora del chavismo que gobierna en el país desde 1999.

maria iris varela@irisvarela

Guaidó ya te acomodé la celda, con tu respectivo uniforme, espero que nombres rápidamente a tu gabinete para saber quienes te van a acompañar “muchacho pajúo”

Guaidó dijo más temprano que la Cámara se apegará a la constitución venezolana y, en este sentido, asumirá “las competencias de la encargaduría de una Presidencia de la República”, no sin advertir que el mero decreto no será suficiente para sacar del poder a Maduro, que juró ayer como jefe de Estado hasta 2025.

“Asumimos entonces la convocatoria a las Fuerzas Armadas, a la comunidad internacional al ejercicio de los artículos de nuestra constitución 333, 350 y 233 para ejercer mandato“, prosiguió el opositor sin decir expresamente que asume el cargo de presidente de la República, como le piden algunos sectores del antichavismo.

El discurso de Guaidó tuvo reiterados llamamientos a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para que respalde las acciones de la Legislativo, un órgano declarado en desacato por el Supremo en 2016, pocas semanas después de que la oposición ganara la mayoría de los escaños.

Maduro desestimó los planes del Parlamento, al que no rinde cuentas desde hace tres años, y aseguró que continuará ejerciendo sus funciones al frente de la Presidencia, pese al desconocimiento de buena parte de la comunidad internacional.

El líder chavista obtuvo la reelección en mayo pasado, en unos comicios que la oposición y numerosos países de América y Europa señalan como fraudulentos, entre otras razones por la imposibilidad de competir que tuvieron los principales líderes del antichavismo.

Declaración de la Alta Representante, en nombre de la UE, sobre el nuevo mandato del presidente Maduro – 10 de Enero 2019

Tal como señaló la UE en las Conclusiones del Consejo de mayo de 2018, las elecciones presidenciales celebradas el pasado mayo en Venezuela no fueron ni libres ni justas. Sus resultados carecieron de credibilidad, ya que el proceso electoral no proporcionó las garantías necesarias para la celebración de elecciones integradoras y democráticas.

La UE lamenta profundamente que se hiciese caso omiso de su llamamiento «para que se celebren nuevas elecciones presidenciales de conformidad con las normas democráticas internacionalmente reconocidas y el orden constitucional venezolano» y que el presidente Maduro emprenda hoy un nuevo mandato sobre la base de elecciones no democráticas.

Se ha alejado así aún más la posibilidad de una solución constitucional negociada, a medida que sigue degradándose la situación política, económica y social en el país y aumentan los estragos de la crisis sobre la estabilidad de la región.

La UE insta al presidente Maduro a reconocer y respetar la función y la independencia de la Asamblea Nacional, como institución elegida democráticamente, a liberar a todos los prisioneros políticos, a respetar el Estado de Derecho, los derechos humanos y las libertades fundamentales y a hacer frente de inmediato a las acuciantes necesidades de la población.

La UE sigue convencida de que la única salida duradera a la crisis en Venezuela pasa por una solución política, democrática y pacífica, y está colaborando con socios internacionales y regionales en la búsqueda de una manera de propiciar las condiciones para que se lleve a cabo un proceso político creíble entre los actores venezolanos pertinentes. En este sentido, la UE reitera su voluntad de mantener abiertos los canales de comunicación.

La UE seguirá vigilando de cerca la evolución sobre el terreno y permanecerá dispuesta a reaccionar con medidas adecuadas frente a las decisiones y acciones que socaven aún más las instituciones y principios democráticos, el Estado de Derecho y los derechos humanos.

La UE también reitera el refuerzo de su compromiso en el contexto de la situación humanitaria y la crisis migratoria.

Enlace al documento en la página web del Consejo Europeo (versión en español): https://www.consilium.europa.eu/es/press/press-releases/2019/01/10/decla…

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Declaration by the High Representative on behalf of the EU on the new mandate of President Maduro

As stated by the EU in the Council Conclusions of May 2018, the presidential elections of last May in Venezuela were neither free, nor fair. Its outcome lacked any credibility as the electoral process did not ensure the necessary guarantees for inclusive and democratic elections.

The EU deeply regrets that its call for “fresh presidential elections in accordance with internationally recognised democratic standards and the Venezuelan constitutional order” was ignored and that President Maduro is today starting a new mandate on the basis of non-democratic elections.

This only pushes further away the possibility of a constitutional negotiated solution while the political, economic and social situation in the country keeps getting worse and the impact of the crisis in the stability of the region is increasing.

The EU urges President Maduro to recognise and respect the role and independence of the National Assembly, as a democratically elected institution, release all political prisoners, uphold the rule of law, human rights and fundamental freedoms and urgently address the pressing needs of the population.

The EU remains convinced that a peaceful political democratic solution is the only sustainable way out of the Venezuelan crisis and is engaging with international and regional partners regarding how we might help create the conditions required for a credible political process amongst relevant Venezuelan actors. In this respect, the EU reiterates its willingness to keep the channels of communication open.

The EU will continue monitoring closely developments on the ground and stands ready to react through appropriate measures to decisions and actions that further undermine the democratic institutions and principles, the rule of law and human rights.

The EU also reiterates its reinforced engagement in the context of the humanitarian situation and migrant crisis.

España y Europa siguen la línea de Borrell contra Maduro por Daniel Gómez – ALnavío – 10 de Enero 2019

El segundo mandato de Nicolás Maduro es ilegítimo para Madrid y Bruselas. Ya lo adelantó el ministro de Asuntos Exteriores de España, Josep Borrell, en octubre, y quedó confirmado este jueves 10 de enero. Ningún diplomático de la UE, ni siquiera de España, acude a la toma de posesión del presidente venezolano.
Europa sigue la línea de Borrell / Foto: Ministerio Exteriores España
Europa sigue la línea de Borrell / Foto: Ministerio Exteriores España

Ni España ni ningún gobierno de la Unión Europea enviarán representación diplomática a Caracas. Es la posición común de Bruselas frente al segundo mandato de Nicolás Maduro, que empieza este 10 de enero. La posición común que fijó el ministro de Asuntos Exteriores español, Josep Borrell.

Es significativo que España, un gobierno de izquierda, así como el de Portugal, no hayan enviado a ninguno de sus representes a la toma de posesión del segundo mandato de Maduro. Y eso que hay muchos intereses entremezclados. Pero no hay que olvidar que el mandato de Maduro, como dejó claro desde octubre Borrell, es ilegítimo.

“El 10 de enero se le acaba ese mandato, y empieza un mandato en base a unas elecciones que no reconocemos. Nosotros no reconocemos gobiernos, reconocemos Estados. Pero sí, hay un problema político, porque este señor [Maduro] a partir del 10 de enero no es un representante político”, dijo el ministro a OK Diario hace tres meses.

En el libreto de Borrell está el desconocimiento de Maduro como presidente legítimo a partir de este jueves

Borrell, todavía de visita oficial en India, le dio un giro a la línea de actuación de la UE cuando tomó la cartera de Exteriores en junio. Sin renunciar al esquema de sanciones con el que se venía manejando Bruselas, impuso lo que llamó “la solución política”. A eso remitió a ALnavío cuando conversó con el ministro en diciembre.

En el libreto de Borrell está el desconocimiento de Maduro como presidente legítimo a partir de este jueves, pero sin ignorar a los venezolanos. Quienes se quedaron en el país siguen sufriendo las consecuencias del chavismo: la hiperinflación, la falta de alimentos y de medicinas. Eso requiere una solución, pero pacífica. Así lo pensó Borrell, y así lo piensa ahora la UE.

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, afirmó en Twitter que el mandato de Maduro es “ilegítimo” y que la Asamblea Nacional de Venezuela, presidida por Juan Guaidó es la “única” que el Parlamento Europeo reconoce. “Seguiremos luchando para la liberación de los presos políticos y la democracia en Venezuela”, añadió.

La portavoz de la diplomacia europea, Maja Kocijancic, recordó el martes que las elecciones de mayo en Venezuela no fueron “ni libres, ni creíbles, ni justas”. Por eso insistió en que se celebren unos nuevos comicios avalados por la comunidad internacional.

Para que así sea, Bruselas creará “un grupo de contacto”, compuesto de países de la UE y también de Latinoamérica, para que en Caracas, Gobierno y oposición logren “una solución política pacífica”.

Esta última frase la dijo Kocijancic, pero bien pudo ser de Borrell. Eso demuestra que su libreto se impuso en la UE. Ahora la línea de acción pasa por el acercamiento político, pero sin concesiones. Las sanciones se mantienen, y el desconocimiento al segundo mandato de Maduro también.

Después del 10 de enero por Trino Márquez – La Patilla – 10 de Enero 2019

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Después del 10 de enero Maduro sólo podrá sostenerse en el poder sobre la base de la represión, el miedo, la amenaza, el chantaje y la extorsión. Nunca a partir del consenso o la persuasión. Carecerá de la legitimidad de origen que a duras penas obtuvo con su cuestionado triunfo sobre Henrique Capriles en 2013, apenas un mes después de la muerte de Chávez. Esa reñida y discutida victoria le dio un revestimiento de legitimidad  de origen frente al país y ante la comunidad internacional. Había logrado llegar a Miraflores mediante el voto popular en unas votaciones a las cuales concurrieron quince millones de personas, más de 70% del patrón electoral, con un contrincante que pocos meses antes se había medido con Chávez y, según palabras del propio caudillo, lo había obligado a emplearse a fondo durante la dura campaña electoral. En la cita de abril de 2013 habían participado todos los partidos políticos opositores. Fue una competencia desequilibrada porque Maduro no se separó de la presidencia de la República y utilizó todos los recursos del poder para favorecer su opción. Sin embargo, casi no había presos políticos y las inhabilitaciones eran escasas.

Todo esto cambio de forma radical en 2018. La convocatoria fue apresurada y a través de la Asamblea Constituyente, órgano espurio que no fue reconocido por el país, ni por los países democráticos del mundo. El llamado fue concertado para el 20 de mayo (al principio la cita se había fijado para marzo), cuando la fecha constitucional para la transmisión de mando es el 10 de enero y las elecciones presidenciales se realizan tradicionalmente en diciembre. Maduro intentaba eludir el costo de la crisis económica y, especialmente, de la hiperinflación, proceso que había comenzado de forma oficial en noviembre de 2017. Buscaba, también, impedir que la oposición tuviese el tiempo necesario para escoger un candidato unitario mediante el método de las primarias. Inhabilitó a   los principales partidos de la oposición y apresó o inhabilitó a los dirigentes políticos fundamentales. Entre ellos a Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma. Mantuvo, sin ningún tipo de modificaciones, la cúpula madurista del CNE, con Tibisay Lucena a la cabeza. Esa fue su respuesta insolente a la ronda de negociaciones dirigida por Rodríguez Zapatero, que se había dado en República Dominicana a finales de 2017.

La candidatura de Henri Falcón en representación de un reducido número de organizaciones, no logró convencer al conjunto de la oposición de que participara en la contienda comicial, ni pudo darle legitimidad a esas elecciones. La abstención fue muy elevada. El gobierno trató de abultar las cifras oficiales.   Maduro salió del 20-M tan desprestigiado, impopular y, más grave aún para él, aislado internacionalmente, que como había acudido a la contienda.

A partir de mayo la ruina del país se aceleró. La hiperinflación sigue su ritmo arrollador. El deterioro generalizado continúa. La estampida de los venezolanos hacia el exterior no cesa. El éxodo se trasformó en un problema regional de enormes proporciones. Maduro asume su segundo mandato con niveles de rechazo e impopularidad muy altos. Su base social de apoyo se redujo a menos de 20% de la población. Se sostiene en el poder porque la cúpula militar, a la cual le entregó el país, decidió respaldarlo para que continúe en Miraflores. Los militares se quedaron con Pdvsa, el Arco Minero, las empresas de Guayana, la distribución de alimentos, la gerencia de la inmensa mayoría de las empresas estatizadas, el contrabando de extracción de la gasolina y el acceso a los dólares preferenciales que aún el gobierno otorga, a cambio de serles leal al mandatario. Así es el intercambio.

Rusia y China representan sus principales aliados internacionales. Pueden agregarse Turquía e Irán. También, Cuba, Bolivia y Nicaragua, aunque estos últimos son socios menores, poco importantes en la  geopolítica mundial.

Luego del 10-E la infame y disparatada política de Maduro contará con esos soportes fundamentales: las Fuerzas Armadas, en el plano interno; Rusia y China en el marco de las relaciones internacionales. La República civil y soberana habrá desaparecido. Habremos quedado en manos de los militares, al igual que con los caudillos del siglo XIX y las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez, en el siglo XX. La soberanía nacional se habrá perdido. Los verdaderos dueños de Venezuela no seremos los ciudadanos, sino los militares, los chinos y los rusos. A estos se le deberá cada barril de petróleo que se extraiga del subsuelo, o cada onza de oro que se produzca en el Arco Minero. A cambio de la renuncia a la soberanía y el endeudamiento, habrá  el respaldo militar que  el régimen requiere para perpetuarse en el poder.

Nicolás Maduro seguramente no modificará su disparatado rumbo durante los próximos años. No tiene el coraje ni la claridad para emprender los cambios que permitan recuperar la economía. Permanecerá en Miraflores hasta que los militares decidan lo contrario; o los Estados Unidos, en conversaciones con los chinos, los rusos y los militares patriotas, acuerden parar la destrucción nacional, porque se hayan convencido de que la ruina de Venezuela los perjudica a todos.

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