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Toro Hardy: Nuevo aumento repuntará inflación y devaluación del bolívar – El Nacional – 14 de Octubre 2019

El economista alertó que la cúpula chavista está llevando al país un proceso de somalización, término que define la destrucción implacable del Estado

Aumento

El economista José Toro Hardy aseguró que el nuevo aumento de salario decretado por el régimen de Nicolás Maduro solo repuntará la inflación y la devaluación del bolívar.

El ex directivo de Pdvsa destacó la necesidad de incrementar el salario real y no el nominal, respetando la propiedad privada y la seguridad jurídica, estimulando las inversiones y generando confianza.

Recordó que la economía en una ciencia y que el régimen socialista le ha declarado la guerra al no respetar sus leyes y principios.

“Claro que hay que aumentarle el salario real a los trabajadores, hablo del salario real no del nominal. Nada se gana aumentando simplemente el número de bolívares que se les paga si eso se traduce en un aumento más que proporcional de los precios”, indicó en Twitter.

El economista alertó que la cúpula chavista está llevando al país un proceso de somalización, un término que define la destrucción implacable del Estado.

“La ignorancia es la madre del caos, pero cuando a ella se suma la corrupción, la incompetencia y el dogmatismo, estamos hablando de una tragedia que puede conducir a la ruptura del tejido social”, expresó.

Jose Toro Hardy@josetorohardy

Otra vez el régimen insiste en aumentar el salario mínimo en lugar del salario real, que en la actualidad es ridículamente bajo. Otra vez repuntarán la inflación y la devaluación. Otra vez los trabajadores serán engañados y la ignorancia oficial seguirá campeando por sus fueros

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La única forma de aumentar el salario real es respetar la propiedad privada y la seguridad jurídica, estimular las inversiones para que crezcan la producción y la productividad, generar un confianza, pasar de una economía de controles a una de estímulos, respetar la democracia

Jose Toro Hardy@josetorohardy

Claro que hay que aumentarle el salario real a los trabajadores, hablo del salario real no del nominal. Nada se gana aumentando simplemente el número de bolívares que se les paga si eso se traduce en un aumento más que proporcional de los precios.

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La economía es una ciencia y tiene sus principios y leyes. El régimen le ha declarado la guerra a la ciencia económica y las consecuencias las pagan todos los venezolanos. Se trata de una verdadera guerra económica librada por un grupo de ignorantes

Jose Toro Hardy@josetorohardy

A lo largo de la historia de Venezuela nunca gobierno alguno había logrado una destrucción tan profunda de la economía y de la sociedad

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La ignorancia es la madre del caos, pero cuando a ella se suma la corrupción, la incompetencia y el dogmatismo, estamos hablando de una tragedia que puede conducir a la ruptura del tejido social

Jose Toro Hardy@josetorohardy

Esta gente está conduciendo al país a un proceso de somalización

Sueldo integral aumentó a 300.000 bolívares – El Nacional – 14 de Octubre 2019

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El constituyente Francisco Torrealba aclaró que el decreto es del 13 de octubre de 2019

Régimen de Nicolás Maduro

Foto: Gustavo Matute (@BigMatu_photos)

El régimen de Nicolás Maduro anunció este lunes un aumento del salario mínimo de 375%.

El constituyente Francisco Torrealba informó en Twitter que el nuevo ingreso integral de los trabajadores venezolanos quedaría en 300.000 bolívares. Es decir, 150.000 bolívares de salario mínimo y 150.000 de bono de alimentación.

Torrealba compartió en la red social la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 41681, con fecha del 26 de julio. Aunque el documento no menciona el incremento del salario mínimo del régimen de Nicolás Maduro.

Ante la confusión generada por la fecha de publicación de la Gaceta, aclaró que el decreto es del 13 de octubre de 2019.

«Por eso aparece la fecha oculta. En la Gaceta Oficial del día de hoy aparece el anuncio del nuevo ingreso mínimo nacional», añadió.

El zar de la economía de Maduro no puede con la economía por Zenaida Amador – ALnavío – 14 de Octubre 2019

La economía venezolana al cierre de 2019 será 60% más pequeña que en 2013. Sólo este año, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el PIB experimentará una contracción de 35%. A la par de esto, el país sigue sumido en un agresivo proceso inflacionario con una variación de precios de 50.100,3% entre octubre de 2018 y septiembre de 2019 y, según la FAO, 6,8 millones de venezolanos padecen hambre. Las proyecciones de organismos internacionales y de firmas privadas indican que el panorama no será diferente en 2020.
Tareck El Aissami: “Estamos en plena fase de recuperación económica” / Foto: Presidencia
Tareck El Aissami: “Estamos en plena fase de recuperación económica” / Foto: Presidencia

Pero Tareck El Aissami, vicepresidente del Área Económica de Nicolás Maduro, opina diferente. “Estamos en plena fase de recuperación económica (…) Estamos generando mayor riqueza y diversificando nuestra economía”, aseguró a finales de agosto.

Vale decir que desde 2018 El Aissami ha trabajado en la búsqueda de opciones para evadir las sanciones internacionales al régimen de Maduro. Eso incluye rutas alternas para los flujos de dinero y de mercancías, así como la identificación de intermediarios y de otras figuras a través de las cuales efectuar las operaciones que buena parte del sistema financiero global le impide.

Más recientemente dijo que “2019 ha sido el año de fuego para forjar nuestro carácter revolucionario de cara a las nuevas victorias de los tiempos futuros”, por lo que augura que “2020 es el año definitivo hacia el despegue y el crecimiento económico real”.

Sus afirmaciones parecen no tener asidero alguno. Así lo sienten los ciudadanos, así lo reflejan las estadísticas disponibles. Pero eso no le importa al régimen.

El Aissami, como Maduro, mantiene el mismo discurso desde mediados de 2018 -cuando asumió el liderazgo del área económica- alternando entre las promesas de un mañana mejor que nunca llega y las acusaciones a mansalva de que los problemas son fruto de la guerra económica, de los ataques de la derecha y del imperialismo, pero jamás su responsabilidad. Su único objetivo es garantizar la sostenibilidad del régimen en el poder.

Protagonista de fracasos

Recién llegado a su nuevo cargo a El Aissami le tocó liderar lo que sería el gran programa de medidas económicas de Maduro, anunciado al país el 17 de agosto de 2018 y que, días más tarde, se complementó con una reconversión monetaria que borró cinco ceros a la moneda.

“La recuperación del poder adquisitivo real del pueblo, el estímulo a la producción nacional, la estabilidad de los precios, son parte de los objetivos del programa de recuperación, crecimiento y prosperidad económica”, afirmó entonces. Ninguno de los puntos se ha cumplido a la fecha porque no se corrigieron los problemas de fondo que, entonces y ahora, mantienen al país en recesión e hiperinflación.

En aquel momento El Aissami asumió la fijación de precios como su bandera. Instaló mesas de trabajo con los empresarios donde les notificaba “precios acordados” que debían poner a los productos y que, en muchos casos, no tomaban en cuenta los costos de producción, por lo que terminaban quedándose en el papel. Para imponerlos tomó medidas radicales, como la ocupación temporal de varios mataderos en el país, lo que dio paso a una aguda escasez de carne.

De forma vehemente ordenó inspecciones, fiscalizaciones y señaló públicamente a diversas empresas y sectores por incumplir los precios acordados. Todo era parte de una gran cortina de humo que no servía para atender ninguno de los graves problemas del país, pero que sí le permitió transitar meses convulsos donde el malestar social ponía al país al borde de un estallido.

Ahora, cuando el sector industrial privado opera al 19% de su capacidad instalada sin garantías de insumos ni de materias primas, cuando el sector comercio y servicios estima que ha perdido cerca de 45% de su tejido y cuando el consumo registra una contracción de 40%, El Aissami permite que -en general- los precios respondan a la dinámica del mercado.

A veces, cuando la circunstancia política lo demanda, el tema vuelve al tapete y hacen amagos de retomar la línea dura. “Señor vicepresidente (El Aissami), lo encargo a usted para que establezca de manera permanente, con información al pueblo, el sistema de precios acordados y justo actualizado; es una orden de pleno cumplimiento y de protección al pueblo”, le recordó Maduro a inicios de septiembre en medio de un evento donde intentaba mostrar en cadena nacional de radio y televisión que el aparato productivo del país sigue activo y que existe capacidad para atender las necesidades alimenticias de la población. El Aissami anotó la instrucción en su cuaderno y hasta allí llegó el tema.

Por más de un año El Aissami también ha estado al frente de varias vueltas de tuerca del fracasado sistema de control cambiario hasta que dio paso al esquema actual, más flexible, pero que ni atiende las necesidades reales de la economía ni termina con las restricciones de fondo. El esquema ha servido para que el régimen venezolano circule parte de los recursos que levanta con la venta de oro y otras operaciones, y para estimular el florecimiento de una economía alternativa e informal, plena de productos importados y de alta gama, que poco o nada tiene que ver con la realidad del país, donde 80% de la población vive en condiciones de pobreza.

El eslabón

Pero desde el punto de vista estratégico, El Aissami ha sido una pieza clave en la coordinación del manejo de la coyuntura de la mano con los aliados de Maduro para darle a su régimen las bocanadas de oxígeno necesarias para sostenerse.

Buena parte de la gestión del oro que se extrae del Arco Minero, de su movilización hacia el Banco Central de Venezuela y de las operaciones que se pactan desde allí, son materias de la Vicepresidencia del Área Económica. Se trata de la nueva fuente de ingresos alternativa de la que nadie rinde cuentas y que sirve para engranar una nueva ingeniería financiera.Según la FAO, 6,8 millones de venezolanos padecen hambre / Foto: EFE

Vale decir que desde 2018 El Aissami ha trabajado en la búsqueda de opciones para evadir las sanciones internacionales al régimen de Maduro. Eso incluye rutas alternas para los flujos de dinero y de mercancías, así como la identificación de intermediarios y de otras figuras a través de las cuales efectuar las operaciones que buena parte del sistema financiero global le impide.

El objetivo ha sido establecer un sistema alterno, preferiblemente a través de Asia y Europa, para compensar el desmantelamiento de las corresponsalías bancarias, apelando también a acuerdos que generen flujos en euros, yuanes o rublos, que el régimen pueda disponer, con baja trazabilidad y control.

En este sentido, ha estado trabajando en conexiones con Rusia, China, India y Turquía. Con esta última gestionó de forma directa los tratos para la venta de oro, donde se han movido más de 1.000 millones de dólares desde inicios de 2018, operaciones que se han traducido en la llegada de productos turcos al mercado y, entre otras cosas, de euros en efectivo para alimentar las mesas cambiarias.

Si bien El Aissami ejerce su rol ante tales interlocutores, está altamente limitado para relacionarse con otros mercados y desempañarse en otros escenarios por las sanciones personales que le han sido impuestas. Es, además, uno de los 10 prófugos más buscados por narcotráfico según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos.

Inflación acumulada hasta septiembre es de 3.326% por Estefani Brito – El Nacional – 9 de Octubre 2019

La Comisión de Finanzas informó que la inflación para septiembre fue de 23,5%, mientras que la interanual llegó a 50.100,3%. Afirmó que los índices inflacionarios por medicamentos y alimentos se establecieron en 46,2% y 42,6%, respectivamente

La inflación acumulada en los primeros ocho meses de 2019 se ubicó en 3.326%, con una inflación de 23,5% para septiembre, informó este miércoles Alfonso Marquina, integrante de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

En comparación con el mes de agosto que la cifran inflacionaria alcanzó 65,2%, en la inflación en septiembre se desaceleró a 41,7%.

Marquina explicó que esta aparente desaceleración del índice de inflación de debe a la emisión de dinero inorgánico por parte del régimen de Nicolás Maduro y la contracción del consumo de los ciudadanos debido a los altos costos de los productos.

Destacó que el incremento de la inflación para septiembre por rubros fue mayor, siendo los más altos los medicamentos con 46,2% y el de alimentos con 42,6%.

“Los mecanismos que parece manejar el régimen usurpador para detener la inflación, no es otra cosa que poner al pueblo a pasar hambre. El salario mínimo para este mes solo cubre 2,24% de la canasta básica alimentaria. Por culpa del usurpador el pueblo está pasando hambre”, manifestó el parlamentario.

Resaltó que, a pesar de que la cúpula gobernante pretende que el pueblo dejé de comer, demandar y consumir rubros para retener el precio del dólar y desacelerar la inflación, esta se mantiene y podría alcanzar cifras por encima de los siete dígitos para finales de año.

La cifra interanual, de septiembre de 2018 a septiembre de 2019, se ubicó en 50.100,3%, agregó el legislador.

Aumento a trabajadores

En relación al aumento solicitado por los trabajadores, por encima del costo de la canasta básica alimentaria, que en agosto se ubicó, según cifras del Cenda, en 2.498.746,69 bolívares, Marquina afirmó, que “los gremios y trabajadores tienen el legítimo derecho a reclamar salarios dignos”.

A su juicio, debido a la situación de atraso en el país, el cual “ha llevado a que se pulverice el salario”, y ante la dolarización de la economía, hoy los venezolanos se encuentran ante una realidad en la que “los anaqueles están llenos pero con precios dolarizados”, por lo que continúan sin poder acceder a los productos de la canasta básica.

Ante la posibilidad de que Maduro equipare el salario mínimo al petro, afirmó que sería “como pagarle con chapitas a los venezolanos”, en vista de que esta moneda digital “es inexistente, no la reconoce ni el pueblo ni el mundo”.

“La situación que vivimos actualmente tiene una sola causa y es la usurpación de Nicolás Maduro y la corrupción. La única solución para poder vivir con un mínimo de dignidad, de implementar un cambio político y económico, es con un cambio de gobierno”, enfatizó.

CAF no prestará a Guaidó los 400 millones de dólares para abordar la crisis – Yo Soy Venezolano – 9 de Octubre 2019

El banco de desarrollo de América Latina (CAF) aclaró este miércoles en un comunicado que no está considerando realizar préstamos financieros a Venezuela, luego que el líder de la oposición Juan Guaidó adelantara este martes en la sesión del Parlamento que el organismo internacional podría aportar unos 400 millones de dólares para enfrentar la emergencia económica.

Guaidó explicó que ese dinero no sería administrado por el gobierno del presidente Nicolás Maduro, según agregó sin dar mayores detalles. Horas más tarde, el banco envió un comunicado a la agencia de noticias Reuters en el que detalló que ese préstamo no está dentro de sus planes.

Dentro del comunicado se lee expresamente la siguiente cita:

“Las propuestas para endeudamiento parten de los países miembros y se evalúan de acuerdo a los parámetros y criterios establecidos en la normativa. Sometiéndose luego a las instancias de aprobación correspondientes”. /Agencias/

Lender CAF proposes $400-million Venezuela credit – Reuters – 9 de Octubre 2019

CARACAS (Reuters) – Latin American development bank CAF has proposed a $400-million credit line to Venezuela, but it will not be administered by President Nicolas Maduro’s government, the opposition leader said on Tuesday.

Juan Guaido, whom many nations recognize as Venezuela’s real leader following accusations that Maduro rigged a 2018 election, told parliament the proposed loan was intended to alleviate the effects of a crushing five-year recession.

Venezuela has defaulted on its foreign debt and is reeling from an unprecedented economic crisis, political hostilities, U.S. sanctions and an exodus of several million citizens.

“Those who don’t pay don’t get loans,” Guaido said, ruling out the proposed CAF loan going to Maduro’s administration but without specifying the alternative arrangement.

 

CAF approved a $500-million credit line to Venezuela’s central bank in December, drawing criticism from opposition lawmakers for financing the “dictatorship.”

There was no immediate comment from Maduro’s government, which views Guaido as a U.S. “puppet” and coup plotter.

¿Quién controla esto? – Editorial El Nacional – 9 de Octubre 2019

Ahora que el dólar parece ser la moneda de curso, no puede faltar la viveza criolla para complicar aún más la cotidianidad del venezolano. Es la más concreta evidencia de que en este país no hay gobierno, de que lo que tenemos es un régimen dedicado a maltratar a los ciudadanos de todas las maneras posibles.

Los verdes circulan con total libertad. Ya hasta en los supermercados hay cajas dedicadas a recibir la divisa como parte de pago y hasta dan cambio. Pero no solo en este nivel formal de la comercialización. Cualquier mercado de calle, el camión que trae queso del Zulia o el vendedor de frutas de la Colonia Tovar, todos aceptan dólares.

Hasta allí, todo está bien. Dirían los economistas que es la manera que tienen los venezolanos de protegerse de la hiperinflación, que ya lleva 23 meses y sigue desbocada.

Por supuesto que en desventaja están los que ni por casualidad le ven la cara a uno de esos billeticos, que al final es la mayoría.

Pero, como se dijo antes, este descontrol de dos monedas circulando en paralelo no puede presentarse sin bemoles. Porque tal parece que el venezolano también aprendió con el régimen a complicarle la vida a sus connacionales.

En Zulia, por ejemplo, hay comerciantes que no aceptan billetes de 1 o 5 dólares por ser de muy baja denominación. En las gasolineras de los estados fronterizos hay filas especiales para los que pagan en divisas, pero les llegan a cobrar 10 dólares por tanque.

Hay los que no aceptan los billetes muy gastados o si tienen dobleces en las puntas. En conclusión, que la falta de control y el desorden que reina en la economía venezolana es un caldo de cultivo en el que florece todo tipo de irregularidades.

Pero también se sabe que los delincuentes pescan en río revuelto. Los que se dedican a falsificar billetes ven este desorden como el escenario perfecto para pasar dólares falsos. Una vez más, las consecuencias las sufre el común de la gente.

Esta situación lleva la corrupción hasta el bolsillo del venezolano, expuesto ahora a una especulación en divisas y la mala intención del que le toque transar.

El papel de un gobierno es poner orden, pero en este caso se dedicaron a destruir el bolívar. Fueron exitosos en esto, y lo que pase después, poco les importa.

¿Cuál sería el mejor destino de la renta petrolera en una Venezuela libre? por Guillermo Rodríguez González – Panampost – 3 de Octubre 2019

Jamás el socialismo fue tan impopular en Venezuela como ahora, pero jamás nuestros políticos en el poder han estado tan inclinados al socialismo más radical

La planificación central de Venezuela fue la causa de su pérdida de competitividad. (Foto: Flickr)

En la década de 1970 Venezuela completó su transformación inicial en una economía socialista moderada. Era una economía petrolera sometida a sustitución de importaciones, gigantescas empresas industriales (monopolios del Estado) y una planificación central de la economía que produjeron una creciente pérdida de competitividad –en empresas estatales y privadas– junto a un atraso tecnológico y desindustrialización crecientes.

El desastre futuro no era difícil de intuir en medio de la aparente bonanza. Se intentó explicar infructuosamente lo que comenzaba a no funcionar con teorías marxistas y modelos keynesianos de impacto agregado simple de la renta petrolera distorsionado por la volatilidad del precio del crudo a ser corregido por la planificación centralizada del activismo macroeconómico. Pero eso nada explicaba realmente. Lo que sí lo hacía, era considerar que la apropiación de la renta por el Estado generó una estructura de incentivos que impulso la transición al socialismo, lo que se hizo inevitable el empobrecimiento a largo plazo por la creciente descoordinación económica correspondiente. Este empobrecimiento revertido parcial y temporalmente por medios populistas clientelares apenas sostenibles durante los periodos de precios altos del crudo coincidieron, simultáneamente, con los de avance del socialismo.

La prevalencia cultural y política del socialismo –en una u otra versión de intervencionismo y activismo económico estatal creciente, fuera civil o militar– sin alternativa en Venezuela de 1945 a nuestros días ha sido el elemento que ha impedido que el fracaso económico recurrente impulse una transición al capitalismo en lugar de ajustes coyunturales fácilmente reversibles, y nuevos avances a cada vez más socialismo.

Identificar los factores claves de un cambio radical de modelo que haga posible el crecimiento y desarrollo en un país como Venezuela –algo que de lo que ya he tratado antes– pasa por la transición del socialismo al capitalismo, y en tanto sea una economía petrolera la que entraría en tal transición, pasa a su vez por la propiedad privada, no solo de la industria, pues limitado a eso sería inevitablemente un regreso al mercantilismo, sino del recurso (es decir, del subsuelo) además de la industria que lo explota, tan amplias que sean, de una parte potencialmente irreversibles y de la otra catalizador del resto de los cambios indispensables para tal transición.

Claro que estamos muy lejos del consenso cultural y la voluntad política necesarias para algo así. De hecho, jamás la palabra socialismo fue tan impopular en Venezuela como ahora, pero jamás nuestros políticos en el poder –y en oposición– han estado tan inclinados al socialismo más radical. Pretenden imponer el totalitarismo socialista quienes gobiernan. Pretenden, además, que sin cambios de fondo en la destruida economía venezolana se puede sostener una democracia de partidos sin recaer en el autoritarismo de quienes aspiran a sustituirlos.

La batalla de las ideas es el único campo del que pudiera llegar a surgir eventualmente el consenso cultural nuevo, si y solo si se discute seriamente. Siempre hay que insistir en que cualquier posible transición al capitalismo en Venezuela dependería de crear condiciones institucionales por las que la desindustrialización de corto plazo sería seguida de una reindustrialización mucho más competitiva en la producción de bienes y servicios transables de mayor valor agregado a mediano y largo plazo. Esas las condiciones favorables al reforzamiento de la empresarialidad –que termine por corregir, en formas que ahora no podemos ni imaginar, la excesiva dependencia de sectores primarios– pasan por la apropiación privada del ingreso gubernamental al que se atribuye la llamada enfermedad holandesa.

Los fondos de estabilización son insuficientes para algo como lo que tratamos aquí –aunque serían útiles a otros efectos– su debilidad es que es finalmente imposible hacerse con toda la información de antemano, la volatilidad del precio que suele presentarse como argumento para su creación es en realidad un argumento en su contra. Los modelos matemáticos de predicción y manejo de riesgo pueden obtener premios nobel de economía, pero no pueden predecir y manejar el riesgo real de eventos impredecibles que inevitablemente aparecerán en el mercado real.

Los fondos intergeneracionales o de ahorro, representan una mejor alternativa, especialmente si se enmarcan en el concepto de una dinámica de propiedad clara y una nueva relación de dependencia fiscal que genere diferentes incentivos en la relación política del forzado contribuyente y el fisco. En ese sentido, Rodríguez y Rodríguez, en el libro El petróleo como instrumento de progreso de 2012, aportaron con su noción de un nuevo contrato fiscal un aspecto clave mejor desarrollado que valiosas propuestas anteriores en similar sentido.

Pero si bien la apropiación privada universal de la renta sería la clave de ese nuevo compromiso fiscal, la concentración de los recursos en un fondo único –que comparten casi todas las propuestas teóricas de transferencia de la renta del Estado a la población– implica un incremento inmanejable del riesgo de reapropiación política indirecta de esa renta, por lo que (como ya un sistema nacional de transferencia que implique el traslado de los recursos universalmente apropiados de la renta a administradoras privadas competitivas de fondos de seguridad social) resulta la única solución con esperanzas de evitar la reapropiación política por vías no-fiscales, para la transferencia privada más amplia y eficiente del control patrimonial del subsuelo y con ello de la renta petrolera del Estado a la población en Venezuela.

Para lograr la reconstrucción y el crecimiento de la economía venezolana –entre todas las reformas estructurales, fiscales, legales y políticas necesarias para establecer una verdadera economía de mercado– se debe interponer entre la renta en su origen y el Estado fondos de ahorro con cuentas individuales de todos los ciudadanos que deje clara la acumulación individual de ahorro producto de la transferencia de renta, las condiciones de su empleo personal asociadas a un sistema universal privado de seguridad social, y sobre todo, el aporte fiscal petrolero individual descontado a cada persona antes de ser entregado.

Luis Zambrano Sequín: “El Estado venezolano está condenado a ser pobre” por Hugo Prieto – ProDaVinci –

Luis Zambrano Sequín: “El Estado venezolano está condenado a ser pobre”

La primera pregunta abrió el espacio para que Luis Zambrano Sequín, profesor de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello y de la Universidad Central de Venezuela e Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, trazara un recorrido, necesario y obligado, por el devenir de una sociedad que por más de 100 años ha vivido del petróleo. Hubo crecimiento sostenido y posibilidades, aunque no siempre bajo un régimen político democrático. La estatización del petróleo y el cambio estructural que produjo en la administración política, además de la falta de una cultura ciudadana se combinaron para abrirle las puertas a un falso discurso que ha desembocado en el desastre que vivimos actualmente.

El petróleo, a pesar de su abundancia en el subsuelo, no ofrece los recursos necesarios para apuntalar el crecimiento. El país, de acuerdo a Zambrano Sequín, va a tener que entregar la renta petrolera a inversionistas privados que estén dispuestos a arriesgar recursos, entre otras cosas, porque no hay instituciones ni estabilidad política. Ese es el precio que hay que pagar por darle alas al populismo del señor Hugo Chávez.

La economía venezolana es como esos televisores que repentinamente se quedan en blanco, sin señal. Es sólo eso: Un parpadeo incesante. No hay una continuidad y las investigaciones de economistas como Héctor Malavé Mata, Ricardo Hausmann o Asdrúbal Baptista, por mencionar a unos pocos, son cosa del pasado. ¿Estamos viviendo la peor crisis económica en la historia de Venezuela?

Haciendo un poco de historia diría que durante la época colonial la economía de lo que entonces era Venezuela tuvo una estabilidad generada por el dominio de imperio español, que además duró siglos. Posteriormente, Venezuela se enfrentó al cisma de la Independencia, inducida por la invasión napoleónica a buena parte de Europa, incluida España. Ese cisma produjo un caos político profundo que generó una crisis severa en lo que fue la sociedad venezolana. Es el intento de construir un Estado nacional sobre algo prácticamente inexistente y en medio de una diatriba sobre el modelo político a seguir. En eso se nos fue el siglo XIX que termina, como se ha dicho tantas veces, con la muerte de Juan Vicente Gómez, pero también con la conversión de una pobre economía agrícola en una importante economía petrolera. Ese hecho tuvo un impacto tremendo en Venezuela, desde la integración política y territorial, hasta la creación de un país urbano. Consolidar ese país, que fue de la mano con la madurez de la industria, nos lleva a la primera mitad del siglo XX y luego a algo más de dos décadas de estabilidad, de crecimiento sostenido, y a gobiernos que ciertamente no eran del todo democráticos.

¿Cuál sería el carácter de la economía venezolana durante la segunda mitad del siglo XX?

Surgió un país nuevo, basado en la industria petrolera, cuyos ingresos impactaron las finanzas públicas, con un sector privado que funcionaba con bastante autonomía que aportaba al fisco, al Estado. Un Estado que no tenía mayor injerencia en la actividad económica en general, que se dedicó a crear infraestructura, equipamiento, pero lo que no tuvimos, justamente, fue un liderazgo político que acompañara todo ese proceso con instituciones sólidas.

Uno podría asociar la democracia al ciclo de vida de Rómulo Betancourt. Se echaron las bases, pero el edificio estaba por construirse. Había más sueños que realidad y el liderazgo que tomó el testigo parece que no tenía un plan para llegar a la meta ¿Pedirle a Betancourt que dejara como legado una sociedad como la de los países nórdicos no es acaso un exabrupto? Es cierto, faltó liderazgo político, ¿Pero qué más faltó?

Faltó un liderazgo político, en el sentido de la construcción de ciertos aspectos de la sociedad, que estamos pagando y vamos a pagar muy caro. Probablemente no se hizo un esfuerzo más consistente en la educación ciudadana. Allí hay un déficit muy importante y eso va de la mano con la creación de instituciones. Me refiero a instituciones sólidas que pudieran dirimir los conflictos sociales de una manera más eficiente. Pero quizás no hubo el tiempo suficiente para crear esas cosas. Otro factor, que produjo un cambio importante en la economía venezolana, es la estatización del petróleo. Se empoderó el Estado de una manera muy significativa. Se generaron una serie de incentivos en el mundo de la política, en el mundo de la gerencia pública, que trajo como consecuencia que desde el Estado se empezaran a introducir una serie de rasgos que inhibieron, considerablemente, el desarrollo del sector privado. Digamos, como un sector realmente empresarial.

Ese desequilibrio no es propiamente un factor atribuible a las variables económicas —al empleo, al gasto público, al ahorro, por ejemplo— sino a una particularidad, a una especificidad muy de la economía petrolera venezolana. ¿Usted cree que ese ingrediente, por llamarlo de alguna manera, fue el que desencadenó esta crisis?

El hecho de que el Estado pasara a asumir la propiedad y la gerencia del sector que había sido la causa fundamental de la modernización y la construcción de la Venezuela post agrícola, implicó un cambio que tiene que ver con el devenir posterior.

¿Qué tiene más de negativo que positivo?

Sí, pero no por el hecho de que estas riquezas pasaran a manos del Estado, sino básicamente por la manera, por la forma, en que se gerenció ese Estado. Es decir, el hecho de que esas riquezas pasaran a ser administradas por venezolanos no es por definición una condena en el futuro. Pero ciertamente, hubo un cambio estructural con la imposición de controles, y la injerencia del Estado en la vida económica tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo.

Es cierto, por fin se cumple la profecía de Betancourt en “Venezuela Política y Petróleo”: El Estado venezolano pasa a ser el gran actor de la política petrolera. Pero allí está el germen del cambio estructural que menciona, allí está el germen de los controles y las intervenciones. ¿No hubo una profundización de ese factor al aprobarse la Constitución del 99, la más presidencialista, la más estatista de América Latina?

La doctrina de Betancourt tampoco es que se desarrolla desde la nada, hay un contexto internacional, un contexto ideológico y político determinado, donde la aspiración de la dirigencia política venezolana, que se genera después de la muerte de Gómez, es justamente el deseo de independizarse, de controlar los recursos de la nación, reducir la relevancia de las empresas petroleras internacionales. Allí hay elementos de todo este discurso antiimperialista y muy nacionalista. ¿Qué ocurre? Que el Estado, ahora todopoderoso, pasa a regular todos los aspectos de la vida económica, a hacer del sector privado un sector rentista, un apéndice del Estado, buscador de protección, muy distante de lo que es el concepto de un empresariado innovador que además arriesga.

Sí ya el sector privado, de alguna manera, estaba inserto en la economía mundial y actuaba con autonomía o independencia del Estado, ¿cómo fue que se entregó sin disparar un tiro?

Así como teníamos una dirigencia política… bueno, también teníamos una dirigencia empresarial probablemente pobre, que miraba más sus negocios que los intereses del país, que miraba más el corto plazo que el largo plazo. Y aún más, la renta petrolera era de tal magnitud que tener acceso a ella se convirtió en el negocio más rentable del país. Sí tenías que invertir en una nueva maquinaria, en una nueva tecnología versus invertir en un ministro, en un senador o en un diputado que pudiera pasar una regulación, un subsidio que te favoreciera, pues invertir en un funcionario ofrecía una rentabilidad, estrictamente hablando, mucho más alta que arriesgarte con un nuevo proyecto.

En medio de la crisis financiera del año 94, el gobierno anunciaba la intervención de un banco y se desataba el pánico, el público corría a retirar su dinero en las agencias bancarias. Ahora se anuncia una medida similar y no pasa nada. Las pocas señales de vida están en el sector público, en lo que haga o no haga el Estado, lo demás no cuenta. Hasta allá ha llegado el poder del Estado.

La injerencia del Estado en la vida económica del país no es un fenómeno del chavismo, eso viene de mucho antes. Tiene muchísimo que ver y se profundizó con este cambio estructural que produce la estatización del petróleo, digo estatización porque hay que ser precisos en eso. Esa estatización no sólo tiene que ver a lo interno, sino que va acompañada de cambios en lo internacional. Es decir, una vez que se produce la ola de estatizaciones a escala mundial, conocemos el shock de los precios del petróleo —el embargo petrolero árabe de 1973— que cuadriplicó los precios del barril y eso trajo como consecuencia una recesión en la economía mundial que duró casi una década. Casi todos los países petroleros se endeudaron, si no todos, porque fueron mucho más allá de los recursos que obtenían por la venta del petróleo. Venezuela terminó en una profundísima crisis debido a que no pudo digerir bien la renta petrolera.

¿Usted no cree que el año 83, el viernes negro, para ser más preciso, fue una oportunidad para darle un vuelco a esa situación?

La crisis del 83 no sólo es consecuencia de la estatización sino de todo lo que afectó el mercado petrolero mundial. Obviamente, eso afectó al Estado y afectó al país y prácticamente va a paralizar la economía interna. Allí hubo una posibilidad cierta de acabar con esa crisis.

De acabar con esa noción del Estado mágico. ¿Está de acuerdo?

Quizás si hubiese habido más claridad sobre lo que implicó la estatización y la necesidad de corregir un conjunto de errores que eran ya visibles se pudo diversificar la economía venezolana. La administración de la crisis fue muy ineficiente.

No solamente deficiente, diría que vergonzosa. El Estado venezolano, bajo el gobierno de Jaime Lusinchi, fue el único en América Latina en reconocer la deuda externa privada.

Exactamente, pero lo que quiero decir es que esa crisis va a tener efectos que se van a prolongar a lo largo del tiempo, porque resquebraja las expectativas que había en el país. Incluso la actitud de muchos empresarios. Se produjo una fuga de capitales de la cual no nos vamos a recuperar jamás. Ni siquiera en el reciente boom petrolero, por todas las razones atribuibles al chavismo y también de índole política. La crisis financiera de los 90 es hija de esa crisis. El sistema financiero venezolano acompañó el boom petrolero y se sobredimensionó ciertamente. En lugar de aplicar una política que corrigiera ese sobredimensionamiento de manera progresiva a la nueva realidad del país, que era muy diferente, no se hizo lo necesario y al final explotó la crisis financiera de la forma más cruda.

Venezuela surfeó la ola en los picos más elevados del precio del petróleo. La estrategia fue correr la arruga y nos anclamos en esa noción del Estado mágico, del Estado que todo lo puede. ¿Cómo fue que en medio de la crisis del año 98 no se hizo nada?

La crisis, insisto, fue la consecuencia de un boom petrolero extraordinario y no lograste administrar el ajuste que significó la caída del precio del barril. Además, tenías una deuda externa tremendamente alta. ¿Qué vas a tener? Problemas de inestabilidad que, en algunos momentos, se va a mostrar con mucha más crudeza que en otros, en una economía absolutamente incapaz de retomar el crecimiento.

Los economistas dicen que la economía avisa primero y luego viene la crisis política.

Normalmente tienes un rezago entre el momento en que estalla la crisis y cómo luego esa crisis se va expresando en términos de empleo, en términos de ingresos, incluso, en términos institucionales y políticos. El caso venezolano es clarísimo. El boom petrolero, sobre todo el primero, produjo que los venezolanos se dotaran de activos. Del rancho de cartón pasó al rancho de bloques. Pudo tener un televisor, una nevera, un carro. Estalla la crisis, pero tú todavía tienes esos activos. Porque el televisor, por ejemplo, no se echa a perder de la noche a la mañana. El salario cayó pero no tuve que reponer el televisor. ¿Pero qué ocurre a la vuelta de tres o cuatro años? Que el televisor se dañó y ahora no tengo cómo reponerlo. Me quedé sin televisor. Entonces las crisis, sobre todo las crisis sociales, se producen con un rezago.

Llega el año 98, el ascenso de Chávez y otro nuevo boom petrolero. El Estado, gracias a la Constitución del 99, la más presidencialista y estatista, termina por asfixiar la economía del país.

¿Pero Chávez que significa? Chávez es el populismo llevado a uno de sus extremos en un escenario ideal marcado por una sociedad que se ha estancado, que no ha crecido, porque tiene problemas distributivos, problemas de empleo crónicos, una economía que no es capaz de reaccionar y una falta evidente de hacer políticas económicas. Ahí es donde el populismo que representa Chávez tiene la probabilidad de hacer metástasis y llegar al poder, con un discurso montado sobre falsas promesas, sobre un falso diagnóstico que, para cualquiera que tuviera un mínimo de educación ciudadana, resultaba obvio que era imposible de cumplir.

Era obvio, pero eso fue lo que ocurrió.

Yo creo que esa es la expresión más clara de una sociedad que no tenía una ciudadanía con la suficiente educación política, como para entender las graves implicaciones de ese discurso y unas instituciones extremadamente débiles que no pudieron ni contrarrestarlo ni evitar la toma del poder. Para establecer un parangón, el populismo hoy en el mundo está resurgiendo como consecuencia de una crisis de la civilización occidental, crisis que está muy relacionada, entre otras cosas, con la globalización, la cuarta revolución tecnológica y la inteligencia artificial, que están afectando enormemente las estructuras sociales, el mercado de trabajo y la vida cotidiana en general. Lo de Venezuela fue un preanuncio, pero por razones muy diferentes. ¿Cómo se defienden las sociedades occidentales, si es que se defienden? Mediante las instituciones. En Inglaterra, por ejemplo, el señor Boris Jhonson cierra el parlamento y hay un tribunal que le dice: Usted está equivocado. El señor Trump enfrenta la amenaza de un impeachment.

En el papel, Venezuela tiene unos activos. Un aparato productivo, unas fábricas industriales paralizadas, pero esos activos están obsoletos y a lo mejor es mejor que no los tuviera. La economía venezolana está en el piso.

El populismo de Chávez consiguió la manera de afianzarse y desarrollarse. ¿Qué hace el chavismo? No solamente controla fácilmente todas las instituciones sino que además potencia en extremo la intervención en la economía, con la finalidad de consolidarse en el poder. Y lo hace por dos razones: O bien para anular cualquier amenaza que pudiera poner en peligro ese poder, o bien para someterla a su voluntad. Y esa es, básicamente, la estrategia de Chávez con relación al mundo empresarial venezolano.

Si esa era la intención, el resultado está a la vista. Este es un país en ruinas. ¿Qué se puede reconstruir en medio de este desastre?

En buena medida, creo, que no se trata de una reconstrucción sino de una construcción.

¿Qué se puede construir entendiendo que la continuidad del actual modelo está garantizada?

El modelo chavista se levantó sobre la base de una renta petrolera muy elevada, cuyo nivel mínimo requerido fue creciendo en la medida en que se destruía la capacidad interna de producir. Y eso ocurrió no sólo en el sector privado sino también en el sector público. Se fue deteriorando el equipamiento, la infraestructura, las empresas del Estado colapsaron, casi desde cualquier punto de vista y, por supuesto, la inversión privada en equipos y capacidad de producción mermó muy rápidamente por décadas. Es decir, la industria que tenemos o que teníamos, ciertamente es obsoleta por falta de inversión, que sólo podía mantenerse con subsidios, energía y mano de obra barata y créditos prácticamente gratis. Es la única forma de mantenerse, porque si no has invertido allí, ¿cómo te haces competitivo? Todo eso se podía mantener por vía de subsidios generalizados que llegaban por todas las vías posibles. Y, además, con un mercado cautivo que, en buena medida, lo representaba el propio Estado. Es decir, si con esa industria y con ese empresariado es que pensamos retomar el crecimiento sostenido, ciertamente no vamos a llegar muy lejos.

¿Bajo este régimen no le ve ninguna posibilidad a la economía venezolana?

Ninguna. Bajo el régimen chavista la economía funcionó y sigue funcionando, sólo si tiene una sustentación financiera importante, básicamente fundamentada en el petróleo.

Vamos a utilizar la imagen del enfermo terminal. La familia se reúne y dice. Hay que desconectarlo, porque de esta no sale. ¿Eso es lo que está planteado aquí?

La economía chavista, repito, cada vez más sustentada sobre una renta petrolera mínima, ya no es posible, entre otras cosas, porque el mercado petrolero mundial cambió y de forma radical y eso lo vamos a seguir viendo de forma progresiva. Ya no nos ayuda. Pero, además, nuestra capacidad de producir petróleo se ha reducido en forma dramática. Hoy está, y con dudas, en un millón de barriles diarios. Llegar a las cifras que teníamos en 2012, que ya eran cifras mermadas, cuesta muchísimo dinero, que el petróleo ya no ofrece. Eso sólo es posible, en el mejor de los casos, si cambias radicalmente el escenario donde se está moviendo la sociedad y la economía venezolana.

La gente pudiera sospechar que el señor Maduro no quiere sacar los dólares a la calle, que hay que aguantar hasta que se produzca un nuevo boom petrolero. Pero a nadie le importa la verdad y decir que esto ya no es posible. Pudiera ser como en Japón, como en Corea, después de la II Guerra Mundial, cuando la gente trabajaba a cambio de un plato de comida. ¿Hemos llegado a ese punto?

Obviamente, el nivel del salario real en Venezuela está muy por debajo de cualquier salario que se pudiera obtener en ocupaciones equivalentes, no sólo en América Latina sino en cualquier parte del mundo. Ya hay publicaciones que señalan que el salario en Venezuela está por debajo de países que se consideran miserables. ¿Cómo se puede recuperar el salario y llegar a niveles socialmente aceptables? Para poder seguir produciendo petróleo se necesitan cifras impresionantes. ¿Cómo se va a hacer eso, si el Estado no tiene ni la capacidad ni los ingresos para hacerlo? La única manera de hacerlo es con inversión privada extranjera. Pero nadie va a invertir aquí sin pedir una rentabilidad alta, entre otras cosas, porque este es un país inestable que tiene una gran cantidad de defectos, de desequilibrios. A mayor riesgo, mayor rentabilidad. Así es como funcionan todos los negocios. ¿Eso qué significa? Que el Estado va a tener que entregar la renta petrolera al inversionista para que pueda producir.

¿De qué vamos a vivir?

Ahí es donde interviene el tema del salario. El país necesita invertir no sólo en petróleo, sino en servicios, en energía, en acueductos, en vialidad, en comunicaciones, hay que reconstruir el sistema de salud y restablecer las redes educativas. Eso cuesta dinero. Los venezolanos no pensábamos en esas cosas, porque se creía que había un Estado para hacerlo. Pero ya eso no va hacer así. El Estado venezolano está condenado a ser un Estado pobre y a vivir de los impuestos a la renta y al valor agregado, la renta petrolera se va a minimizar. No hay otra manera, si queremos recuperar la industria petrolera. Pareciera que no tenemos otra opción porque es lo único que tenemos a la mano.

¿Todo eso pasa por el cambio político?

Bueno, ¿Por qué? Si yo quiero inversión extranjera, si el Estado no puede jugar el papel que jugaba antes y ahora tengo que contar con un sector privado que debe asumir los espacios que antes ocupaba el Estado para que esta sociedad pueda funcionar, pues obviamente, yo tengo que cambiar todo, prácticamente, en materia regulatoria, este país tiene que cambiar sus instituciones y todo eso pasa por un cambio en la administración política.

Empezar desde cero pudiera tener su atractivo. ¿Podemos sacar algo positivo de todo esto?

 Yo creo que Venezuela tiene un reto. Es un país que sigue teniendo recursos. Afortunadamente, el petróleo pudiera jugar un papel importante en las próximas dos décadas en el mercado energético mundial. No es mucho, pero es una opción. Hemos perdido recursos humanos importantes y en la medida que alarguemos este proceso, donde no se ve ningún cambio, cada día se pierden más recursos humanos, no porque se fueron, sino porque se enraízan en los países donde migraron.

La gente cree que el cambio es de una cara conocida por otra, de una clase política por otra… no caballero, el cambio es de otra naturaleza, de otro carácter y de una magnitud diferente.

Hay que crear instituciones y para poder aspirar a salarios socialmente aceptables tienes que tener un país creciendo en forma sostenida, con un empresariado fuerte y capaz, con estabilidad política y algo que ofrecerle al capital internacional porque vamos a depender más que nunca de eso para poder recuperar el aparato productivo.

La asfixia económica marca el paso a Maduro y Guaidó por Javier Lafuente – El País – 1 de Octubre 2019

La semana de la Asamblea General de la ONU evidenció la colisión y anomalía en la política venezolana

Una mujer compra carne en un establecimiento de Carcas.
Una mujer compra carne en un establecimiento de Caracas. GETTY

La asfixia económica de Venezuela, cada vez más profunda, condiciona los pasos de Nicolás Maduro y Juan Guaidó. La semana de la Asamblea General de la ONU evidenció la colisión y anomalía en la política venezolana. También la parálisis en la que se ha instalado. Mientras la oposición presiona para intensificar las sanciones del chavismo, cuyos efectos se notan con fuerza, los representantes de Maduro cierran filas con Rusia y agotan todos límites para ahondar en las fisuras de la oposición. Llegar a un acuerdo con el mínimo de concesiones a la otra parte es la batalla a la que dedican más tiempo.

A punto de cumplirse 10 meses desde que Juan Guaidó se proclamó presidente interino de Venezuela y fue reconocido como tal por más de 50 países, la situación de parálisis está cada vez más extendida. Los apoyos de la oposición siguen siendo los mismos, con Estados Unidos y Colombia a la cabeza. A muchos de los Gobiernos que reconocieron a Guaidó, no obstante, no les ha quedado otra opción que reunirse también con los representantes de Maduro, quien esta semana evidenció el apoyo de Rusia con una visita a Vladimir Putin en Moscú y cuya vicepresidenta, Delcy Rodríguez, fue quien habló en nombre de Venezuela desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU.

El miedo a que se ahonde en un escenario de cul de sac -tanto interno como externo- se palpa en el seno de los colaboradores de Guaidó. “Tenemos que evitar que Venezuela se convierta solo en un escenario más del panorama mundial”, aseguraba un alto dirigente de la oposición, que se ha empleado a fondo esta semana en Nueva York para intensificar la presión sobre Maduro.

Más allá de lograr las enésimas declaraciones de condenas al chavismo, que en cierta medida ya resultan vacuas, la delegación de Guaidó, liderada por el diputado y expresidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges y varios diputados —al igual que Borges, exiliados por miedo a ser detenidos— muy cercanos a Guaidó, como es el caso de Miguel Pizarro, nombrado enviado ante la ONU, de José Andrés Mejía o de David Smolansky, se ha centrado en dos frentes: lograr que las sanciones al Gobierno de Maduro sean cada vez más fuertes y lanzar mensajes, a través de terceros, para China, Rusia y Cuba, cuyas puertas para ellos están prácticamente cerradas. En ese sentido, confían en la buena relación con la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que se reunirá próximamente con el canciller ruso, Serguéi Lavrov y en la diplomacia canadiense, que mantiene una buena relación con Cuba.

La oposición al chavismo es consciente de que las sanciones son el mecanismo de presión más efectivo. Uno de los ejemplos más evidentes es que, si bien la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) fue visto por el sector más extremista de la oposición como una vía para lograr una intervención militar, esta semana ese grupo sufrió un duro revés. Los países del TIAR se comprometieron, en su primera resolución, a perseguir, sancionar y extraditar a funcionarios del Gobierno de Maduro que tengan vínculos con el crimen organizado y rechazaron la posibilidad de abrir la vía militar. El objetivo, no obstante, es que Europa se sume con fuerza a las sanciones contra el régimen chavista, algo que, de momento, no ha prosperado.

El chavismo, por su parte, basa su estrategia internacional en atrincherarse con el apoyo de Rusia y Cuba y recurrir a lo que han llegado a calificar como “geopolítica de guerrilla”. Hace meses el objetivo era desactivar la amenaza de la intervención militar; logrado este punto, se desató una fuerte represión contra los líderes opositores. Ahora, la mayor preocupación es terminar con las sanciones. Las más efectivas son las que afectan a los testaferros de la élite chavista y las petroleras, que sobre todo han hecho mella en Cuba. Además, la industria venezolana está paralizada y el Ejecutivo contempla cómo las reservas de crudo están a sus máximos niveles sin que se pueda dar apenas salida al petróleo. En este sentido, confían en que Estados Unidos extienda la licencia a Chevron este mes de octubre para que pueda operar en Venezuela a pesar de las sanciones.

Todo ello repercute en el plano interno. Los representantes de Maduro lanzaron varios mensajes a diversas delegaciones, sobre todo europeas, en Nueva York de que estarían dispuestos a volver a sentarse con la oposición a dialogar bajo el paraguas de Noruega, algo en lo que el propio Maduro insistió ayer. En privado, admiten buena sintonía con los representantes de Guaidó en Barbados e insisten en que el principal problema para llegar a un acuerdo son las continuas fricciones que hay entre los líderes opositores. Desde el lado de Guaidó se defiende, no obstante, que en el momento en que Maduro tenía que dar el visto bueno a que se iniciase lo que podría desembocar en un proceso de transición, se levantó de la mesa.

BORRELL TRABAJA PARA UNA SALIDA DE LA CRISIS

La decisión del Gobierno de España de reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela no ha impedido que el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, haya tendido puentes estos meses con el Ejecutivo de Nicolás Maduro. Durante la Asamblea General de Naciones Unidas celebrada en Nueva York la semana pasada, Borrell ejerció también como futuro jefe de la diplomacia europea y se reunió en varias ocasiones, en distintos escenarios, con Julio Borges, encargado de las relaciones exteriores de Guaidó, y con Jorge Arreaza, canciller de Venezuela, la persona con quien más interlocución ha tenido dentro del chavismo. La expectativa que ha generado el nombramiento de Borrell como representante de la UE es absoluta. Si en algo coinciden tanto el Gobierno como la oposición es en que Borrell se ha mostrado muy interesado en lograr una salida a la crisis de Venezuela y que, más allá de intensificar las sanciones, el principal reclamo de los opositores a la Unión Europea, habría recibido con buenos ojos la posibilidad de que ambas partes llegaran después de todo a un acuerdo político.

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