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A Maduro lo alcanzó el cerco financiero sin un plan para evadirlo por José Manuel Rotondaro – KonZapata – 18 de Febrero 2019

Como reza el proverbio, guerra avisada no mata soldado. Por eso, lo que más sorprende de la reacción del equipo de Nicolás Maduro a las sanciones financieras de Estados Unidos y otros países es que aparentemente han sido sorprendidos por la severidad de las mismas.
A Maduro le fallan los asesores / Foto: nicolasmaduro.org
A Maduro le fallan los asesores / Foto: nicolasmaduro.org

Si, como sostienen algunos, el ‘bloqueo financiero’ arrancó desde 2013 con el deterioro en las calificaciones de riesgo que las agencias especializadas adjudican a la deuda externa venezolana (soberana y de PDVSA), uno supondría que luego de 6 años tendrían todo preparado para la pérdida total de acceso a los mercados financieros del “enemigo”.

Y no me estoy refiriendo a iniciativas como el ‘Petro’, instrumento que aún carece de una utilidad real, a lo interno o a lo externo.

Más bien me refiero al establecimiento de mecanismos que le permitan a Maduro recibir pagos por las exportaciones de petróleo y cancelar las importaciones que son vitales para su supervivencia y la de su equipo, su gobierno.

Asesores expertos en el tema no le faltan a Maduro. Los principales serían los iraníes quienes pese a 4 décadas de bloqueo por parte de los Estados Unidos,han logrado mantener un flujo de ingresos en divisas lo suficiente para evitar un estrangulamiento financiero como el que pareciera estar viviendo Venezuela.

Por el lado de las compras, los cubanos tienen aún más tiempo evadiendo el embargo con esquemas de triangulación altamente flexibles, jugando a una especie de gato y ratón con las autoridades norteamericanas.

Y por último están los jerarcas de la dinastía Kim, ávidos compradores de bienes y productos de lujo para el monarca norcoreano del momento.

Acciones preventivas

De igual manera, la creación del Fondo para el Desarrollo Nacional (Fonden) tuvo entre sus motivaciones ocultas el desviar una porción de las reservas internacionales del BCV hacia activos que carecían de los requisitos que la Ley exige para las colocaciones del BCV. En sus inicios el Fonden comenzó a invertir en activos diferentes y en plazas financieras no tradicionales. Pero lo que pretendía ser un fondo soberano independiente del banco central, terminó convirtiéndose en una piñata saqueada por sus administradores o despilfarrados sus recursos en malas jugadas financieras, como por ejemplo la compra de notas promisorias de Lehman Brothers unos meses antes de su colapso en 2008.

Por supuesto han habido preparaciones. El Banco Central de Venezuela hace más de 10 años redujo sustancialmente los saldos que mantenía directamente en instituciones financieras norteamericanas así como la tenencia directa de deuda del Tesoro de los Estados Unidos, y pasó a canalizar las inversiones de las reservas internacionales a través del Banco Internacional de Pagos de Basilea, especie de banco central de los bancos centrales. Pero esta previsión sirve de poco con las reservas líquidas en mínimos históricos.

Sorprendentemente, el BCV no mostró la misma diligencia diversificando la custodia del oro monetario con la antelación suficiente y ahora se encuentra a la merced de una decisión de su contraparte británico.

De igual manera, la creación del Fondo para el Desarrollo Nacional (Fonden) tuvo entre sus motivaciones ocultas el desviar una porción de las reservas internacionales del BCV hacia activos que carecían de los requisitos que la Ley exige para las colocaciones del BCV. En sus inicios el Fonden comenzó a invertir en activos diferentes y en plazas financieras no tradicionales. Pero lo que pretendía ser un fondo soberano independiente del banco central, terminó convirtiéndose en una piñata saqueada por sus administradores o despilfarrados sus recursos en malas jugadas financieras, como por ejemplo la compra de notas promisorias de Lehman Brothers unos meses antes de su colapso en 2008.

Las alternativas

¿Qué puede hacer el gobierno de Maduro con las medidas en vigencia? Pese a los múltiples vaticinios cuando la crisis financiera internacional de 2008-2009, el dólar de los Estados Unidos continúa siendo la moneda de mayor uso en las transacciones internacionales. Ni siquiera el euro ha podido erosionar significativamente el dominio del dólar en la economía global.

El ejemplo más claro es el fracaso, hasta los momentos, de concretar una iniciativa francesa para crear un mecanismo de transferencias basadas en euros que no toque instituciones o mercados en Estados Unidos. Esta propuesta busca proporcionar a Irán un mecanismo para permitir que las empresas europeas que entraron a ese país luego del levantamiento de las sanciones de la ONU puedan seguir enviando y recibiendo pagos de Irán sin temor a sanciones por los EE.UU.

Pero incluso si ese mecanismo estuviese funcionando, poco le serviría a Maduro dado que una parte significativa de los gobiernos de la eurozona han reconocido a Juan Guaidó como presidente legítimo, y presumiblemente podrían establecer sanciones financieras contra el gobierno de Maduro.

Las otras dos monedas con cierto grado de uso internacional, el yen japonés y la libra esterlina tampoco lucen como soluciones para Maduro, la primera por lo estrecho del ámbito de su uso y la segunda por el alineamiento del gobierno de Theresa May con las acciones de Washington.

Las monedas de los gobiernos ‘amigos’, China, Rusia o Turquía, tienen un uso muy limitado y, en el caso del rublo, las instituciones financieras rusa están sujetas a sanciones por países europeos y EE.UU.

Los riesgos de la estrategia cubana

Una posibilidad, que no debe descartarse que haya sido implementada, es copiar la estrategia cubana de crear empresas en países periféricos a los Estados Unidos, con accionistas desligados aparentemente del sector oficial cubano. Esto le ha permitido a La Habana por un lado adquirir productos que sólo ofrecen empresas en los Estados Unidos y vender el níquel extraído en la isla.

Pero en ambos casos el volumen de transacciones es tan bajo que pasan fácilmente por debajo del radar de la oficina de control de sanciones de los EE.UU. (OFAC) También han tenido un desarrollo gradual, creando relaciones estables con los bancos de los países donde están esas empresas, facilitando la opacidad del propósito real de las empresas.

Pero este modelo presenta un riesgo significativo: puede ocurrir que el testaferro que aparece como accionista o el administrador con poder ilimitado decida apropiarse de los fondos que recibe la empresa. A pesar que se han conocido algunos pocos de este tipo de fraude, los mecanismos a la disposición del régimen cubano para asegurar represalias a quienes actúen de esta manera han evitado que sean comunes. También debe influir la solidez política del régimen de La Habana y la convicción ideológica de los elegidos para desempeñarse en esas funciones.

Pero en el caso de Venezuela, la tentación a apropiarse de las empresas o sus recursos en un entorno de fin de régimen como el que se respira hoy en Venezuela, debe afectar la efectividad del modelo de empresas pantalla.

Eventualmente el gobierno de Maduro encontrará una forma de adquirir los bienes que necesita para su supervivencia, armas y los insumos para producir gasolina, a cambio de la entrega de crudo y oro. La pregunta es si lo hará a tiempo antes de que haya una reacción entre quienes lo mantienen en el poder.

Seis Dólares por José Guerra – Diario 2001 – 17 de Febrero 2019

download.jpgEl salario mínimo en Venezuela es seis dólares, el más bajo del planeta tierra. Para poner esto en contexto es conveniente citar los precios de algunos bienes que conforman la canasta alimentaria en Venezuela expresados en dólares. Un kilogramo de carne cuesta 4 dólares, un kilogramo de queso blanco se adquiere con seis dólares, un kilogramo de arroz vale un dólar, entre otros bienes. Es cierto que la gasolina es gratis y la electricidad literalmente no tiene precio, pero aun así, este salario básico es ridículamente bajo. Tal vez por esos subsidios tan absurdos es que el salario es ínfimo. Pero lo que refleja con mayor claridad la depauperación en que viven los venezolanos es lo siguiente: en 1977 un estudiante de la UCV recibía una beca de Bs 600 mensuales, lo que equivalía a US$ 140, que en dólares actuales, cuarenta y dos años después son al menos US$ 2.500 mensuales. Eso no lo recibe ningún becario en ninguna parte del mundo, salvo en Qatar o en Emiratos Árabes.

El proceso de ruina en Venezuela cuya expresión son esos salarios de hambre, afecta a toda la Administración Pública, así un médico especialista tras más de veinte años de estudios apenas gana US$ 12, un General de la FAN su remuneración integral no pasa de US$ 50 mensuales para citar dos casos emblemáticos. Es claro que trabajar en el sector público en Venezuela se ha convertido en una labor de apostolado. Pero no todos pueden ser apóstoles y por tanto se generan incentivos para la corrupción. Es fácil apreciar funcionarios civiles y militares que con el salario que devengan jamás pueden justificar el modo de vida que llevan. Por ejemplo, no creo que pueda ser justificable que muchos integrantes de la espuria Asamblea Nacional Constituyente, tengan un vehículo cuyo precio excede los US$ 60.000, sin que se conozcan sus bienes de fortuna y muchos de ellos fueron militares golpistas que si llegaron a coronel fue mucho, y que nunca han tenido un trabajo formal o que puedan tener una formación que lo acredite para comprar un automóvil o camioneta por ese precio.

Ese salario de seis dólares mensuales es la expresión de un estado de catástrofe social que sufre el pueblo venezolano y que hace que más del 80% de los hogares viva en situación de pobreza. Obviamente de ello son responsables las devaluaciones sucesivas del bolívar y el cuadro de alta inflación e hiperinflación que sufre Venezuela. De esta manera, para volver a tener un salario decente primero debe producirse un cambio político que desplace a este régimen nefasto y al mismo tiempo avanzar en la aplicación de un programa económico que acabe con la hiperinflación y que propicie un crecimiento acelerado y sostenido de la economía.

¿Y después de que se vayan? por Adolfo P. Salgueiro – El Nacional – 16 de Febrero 2019

Adolfo P. Salgueiro

Desde hace semanas no se habla de otra cosa que no sea primero el tema de la encargaduría de Guaidó y ahora el asunto del ingreso de la ayuda humanitaria con los distintos escenarios en que tal evento pueda ocurrir.

Se ha aprobado ya por la Asamblea Nacional una ley que promueve la protección y recuperación de activos de la República con vista a su restitución a las arcas del Estado y/o las víctimas de las expoliaciones. En esta misma semana se han designado juntas administradoras para Pdvsa en su casa matriz y Citgo que opera en Estados Unidos y se ha anunciado que la representación venezolana en Washington (reconocida en la persona del designado Carlos Vecchio) pronto podrá hacer uso de los fondos a nombre de la embajada por cuanto Estados Unidos ha reconocido a Guaidó como legítimo presidente. Por ello se respira un aire de optimismo basado en la creencia de que poco a poco, en un plazo corto o mediano, nuestra Venezuela irá saliendo del pozo en el que está sumida. En estas líneas se aspira a llamar a la realidad cruda, exenta de lo que los gringos denominan “wishfull thinking” y que nosotros decimos “creer en pajaritos preñados”. Este mismo mes acaba de anunciarse una sentencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya negando la pretensión Estados Unidos de tomar posesión y repartir entre los perjudicados aquellos fondos norteamericanos que fueron incautados por la revolución de Khomeini cuando llegó al poder en 1979.

Lo primero que se hace notar es que todos los temas hasta aquí señalados se refieren exclusivamente al campo del reconocimiento político, o sea, de la cosa pública. Nada se dice del campo de los compromisos del área privada que poco o nada tienen que ver con las soluciones que se puedan convenir en el ámbito de lo público: deuda externa, default, presión de tenedores legítimos de obligaciones válidamente contraídas, sentencias ya definitivamente firmes de tribunales extranjeros cuya jurisdicción fue reconocida por la República, litigios pendientes en marcha, laudos arbitrales definitivamente firmes que condenan a la República a pagos que rondan los 7.000 millones de dólares, embargos dictados por tribunales competentes que afectan activos de la República cuya liberación no es de la competencia ni de quienes aún permanecen usurpando Miraflores ni de quienes legítimamente (pero sin fuerza ejecutiva aún) ejercen la legítima representación de la República. Además, hay que tomar nota de que algunos de los principales acreedores (además de los públicos, que se negocian por otro canal) son empresas privadas de Rusia y China cuyos gobiernos aún mantienen el reconocimiento a Maduro, al que consideran legítimo. No son poca cosa.

No tenemos precisión numérica, pero se manejan cifras totales de 160.000 millones de dólares de los cuales una proporción importante difícil de cuantificar aún escapa al ámbito de la negociación pública. Estos compromisos habrá que afrontarlos.

La forma de salirse de esa suerte es la declaración lisa, llana y sin reservas del “default”, o sea, la cesación de pagos en todos los ámbitos. La primera consecuencia sería el impago de los bonos Pdvsa 2020 cuya garantía colateral es 50,1% de las acciones de Citgo con la inmediata pérdida de control de la empresa y la consecuente suspensión de los flujos de caja que son los que mantienen vivo al régimen actual y seguirían siendo la sangre que alimente al gobierno de transición hasta tanto se acomoden las cargas.

Es por esas razones que se recomienda a quienes en la actualidad están asumiendo las riendas del Estado que designen un equipo de especialistas (no de amigos políticos) que asuman la tarea de revisar y cuantificar todas las obligaciones pendientes tanto del Estado como del sector privado, toda vez que todo plan de pago que se convenga tendrá que recurrir a las reservas casi nulas que hoy tiene el Banco Central y las pocas o muchas que pueda acumular en un futuro que bien pudieran ser embargadas en su camino hacia Venezuela.

Vale la pena recordar el lamentable ejemplo que en circunstancias más o menos similares dio Argentina en 2002 cuando anunció al mundo que dejaba de pagar su deuda externa. El resultado fue la exclusión del país del circuito financiero mundial con consecuencias dramáticas para su población que –a diferencia de Venezuela– nunca dejó de comer. Posteriormente, en 2005 y 2010, el entonces presidente Kirchner, con actitud de guapo de barrio, creyó que había conseguido “reestructurar” parte de la deuda aprobando leyes que aspiraban a dictar las condiciones que –a juro– debían aceptar los acreedores. Consecuencia: Argentina siguió cual paria del circuito financiero con apenas un respiro que le dio Chávez con la chequera revolucionaria que para entonces parecía inagotable.

Final del cuento: Macri asume la jefatura del Estado en 2015 con una Argentina cercada financieramente por todas partes, hasta con su buque escuela de la Armada que había estado embargado en un puerto en Ghana por deudas, los “fondos buitres” de inversionistas sin corazón logrando sentencias y embargos en Nueva York, etc. Resultado: en menos de seis meses tuvo que bajar la cabeza, comerse el tradicionalmente crecido orgullo argentino y convenir el pago a todo el mundo. Solo a partir de allí Argentina consiguió –más o menos– levantar cabeza hasta hoy día, cuando enfrenta nuevos desafíos.

Ahora, paciente lector sabatino, convendrá usted en reconocer que el problema, sin duda, empieza por lograr el cambio de gobierno, pero no es allí que termina sino apenas que arranca la titánica tarea de “desfacer el entuerto”, tal como lo aconsejaba el mítico Don Quijote a su escudero Sancho Panza.

20 años de revolucion bolivariana en Venezuela – AFP – Febrero 2019

El “Efecto Guaidó” despierta al mercado inmobiliario en Venezuela por Omar Lugo – El Estimulo – 14 de Febrero 2019

VENEZUELA-CRISIS-OPPOSITION-DEMO

La sola expectativa de un cambio político en Venezuela ya ha ilusionado al muy deprimido sector inmobiliario. De repente, entusiasmados por el “efecto Guaidó”, propietarios han elevado sus precios de ventas y alquiler o paralizado negociaciones, pero todavía no hay razones de fondo para este ánimo irracional, advierten expertos.

En Venezuela los precios por metro cuadrado están entre los más bajos del mundo, según la Cámara Inmobiliaria.

La esperanza, ese combustible de la vida, sigue muy presente entre los propietarios, pero se enfrenta a la racionalidad.

“Ya quisiéramos que el mercado inmobiliario fuese tan sensible como la bolsa de valores y reaccionara de modo inmediato a una perspectiva de mejora y cambio. Pero todos sabemos que ese no es el caso”, advierte la corredora Gabriela Natale, en Caracas.

La agilidad de la compra-venta siempre depende del precio y de los presupuestos, de la necesidad, del tiempo, de la prisa, de la edad de los propietarios, de sus proyectos de vida.

También cuenta cuánto se puede apostar a un país en trance que se debate entre la perpetuidad de un régimen que en 20 años no tiene nada positivo que mostrar, o la posibilidad de un cambio pacífico, constitucional y democrático.

Para Carlos Alberto González, presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, lo de expectativas “irracionales” es relativo.

“Los precios habían caído demasiado, en algunos casos llegaron a un 20 % del costo de reposición y en promedio alrededor de un 55 % de esos valores”, señala.

El costo de reposición indica cuánto cuesta un apartamento de similares condiciones, y la ubicación es un factor importante.

“La expectativa es real. La razón de nuestras carencias, la razón de la caída fenomenal de nuestro PIB, es el modelo político. La economía en nuestro caso, es un producto de la política y no al revés”, dice.

Si el mercado observa la posibilidad cierta de un cambio político, señala González, entonces se anticipa y comienza a cambiar.

“Y ese cambio no es “falso” es total y absolutamente real. Ya lo vemos, se están transando propiedades en las dos últimas semanas a valores superiores en un 20% respecto a los indicadores previos, y eso es una realidad tangible”, afirma.

La interrogante es saber si ese cambio positivo es perdurable.

“Será sostenible y perdurable, si y solo si, las expectativas de cambio se mantienen”.

“¿Cuánto pueden variar los precios hacia el alza? El mercado se encargará de ajustarlos, pero una referencia interesante siempre será el valor transado respecto a los valores de reposición”, explica González.

LADRILLOS DE PAPEL

Mientras, suenan tambores de guerra y muchos temen que un cambio político sea imposible sin que antes corra sangre porque el chavismo está muy enquistado en el poder. La nomenclatura que controla el país está muy comprometida, tiene costos de salida muy altos y no está dispuesta a simplemente entregarse con las manos en alto.

“Vamos a ver expectativas irracionales que muy posiblemente el mercado las vaya a colocar en su sitio muy rápidamente”, dice.

Muchos propietarios enfrentan desde hace años el dilema de vender y “agarrar aunque sea fallo”, o de esperar un cambio político y económico lo suficientemente profundo como para modificar las condiciones de la economía, del mercado y provocar un rebote en los precios.

Pero, una de las pocas certezas es que en cualquier caso los precios no volverán a lo que eran hasta hace tan solo unos cinco años, cuando estalló una burbuja inmobiliaria todavía mal documentada.

También se desplomó la que solía ser la cuarta economía más poderosa de América latina y hoy convertida en un caso de emergencia humanitaria internacional.

Según datos del Banco Mundial, la economía de Venezuela ha perdido el 54% de su tamaño solamente en la era Maduro; la encuesta Encovi de las tres universidades más prestigiosas del país, muestra que el 87% de los venezolanos son pobres. La ONU señala que ya han abandonado el territorio unos tres millones de personas y las proyecciones de investigadores venezolanos en Harvard indican que podrían salir hasta 10 millones tan pronto como en los próximos años, lo que supondría un tercio de la población total.

Sigue sin existir un mercado de crédito hipotecario, ni de financiamiento real. Mientras, la economía, el estómago y el bolsillo de la gente, son abrasados por una hiperinflación que se proyecta por encima de 10 millones por ciento este año y que hace imposible a empresas y familias hacer algo tan simple como un presupuesto.

Eso es lo que hace 10 años costaba un proyecto de 4.000 viviendas, ilustra.

“No existe mercado inmobiliario en recuperación si no se recupera el crédito”, el tema de financiamiento es determinante, dice.

“Lograr que los precios de nuestros inmuebles ocupen un lugar similar al que teníamos, por ejemplo en 2006, puede tomar más de cuatro años”, agrega.

El metro cuadrado a escala nacional se ubica en unos 300 dólares, una cifra bastante arbitraria, porque en ella están contenidos precios que van desde Altamira, hasta los de una urbanización popular del oeste de la capital, como Caricuao.

El reporte del último trimestre del 2018 de la Cámara Inmobiliaria Metropolitana muestra un precio de oferta (lo que aspira el vendedor y que muy pocas veces consigue) de $968 por metro cuadrado, en el promedio de los 5 municipios de Caracas, con una caída de 2% en diciembre respecto a noviembre.

Al cierre de 2016 el precio ofertado promedio del metro cuadrado estaba en el equivalente a $1.114, según la misma base estadística. Esto significa una caída real de 13% en dos años, en dólares, sin descontar la inflación que también arrasa con el poder de compra de la divisa extranjera dentro del territorio.

Hoy es mucho más barato comprar algo ya hecho que ponerse a construir.

En Altamira, Caracas, se han vendido en el último trimestre apartamentos de lujo entre 730 y 900 dólares por metro cuadrado, cuando solamente el metro de construcción simple, más acabados de lujo y terrenos, llevan el metro cuadrado a unos $1.400, explica una corredora.

¿En esas condiciones, con efecto Guaidó o sin él, puede ocurrir un rebote importante y sostenible del mercado inmobiliario?

“A la gente se le olvida que Venezuela esta en default, estamos viviendo en un país que no puede pagar sus compromisos de deuda; que produce un tercio del petróleo que producía hace 20 años…y aunque venga Guaidó con los cinco anillos de Thanos y comience a hacer milagros, esta es una economía le falta mucho por hacer”, señala Oliveros.

“Pretender volver a la burbuja de hace 10, 15 años es imposible. Cuidado si Venezuela nunca va a poder recuperarse de esta crisis, le va a costar muchísimo recuperarse”, agrega.

Medido por metro cuadrado, todavía algunas oficinas que abundan en alquiler en Caracas siguen más caras que en Madrid.

Desde que apareció Guaido en el escenario político venezolano algunos apartamentos en alquiler por hasta 300 dólares mensuales de repente saltaron a 1.000 y 1.200, en algunas zonas de Caracas.

Parecen cosas más bien de una sociedad ansiosa por cambios inmediatos, tras largos años de penurias y expectativas negativas constantes.

“Pero en Venezuela hemos visto un shot (disparo) de expectativas un poco irracionales con respecto a lo que podría ocurrir en el corto plazo”, dice Oliveros, en una observación que aplica más allá del mundo del ladrillo, el concreto y la decoración, y llega a la propia política.

“Nadie duda que la economía venezolana pueda mejorar de manera importante en el corto y mediano plazo, pero hay algunas limitantes: Venezuela atraviesa una crisis económica muy pero muy fuerte que aunque un nuevo gobierno haga cosas muy positivas y veamos mejoras en el bienestar en el corto plazo, no es una economía que va a pasar a una sensación de bonanza en el corto plazo. Muy por el contrario…falta mucho, hay que hacer mucho todavía en materia económica para poder llegar a ese nivel”, explica.

Hay limitantes importantes en el campo de los inmuebles, porque si ya a los precios actuales no hay mercado, no lo habrá sin que haya una mejora equivalente en los ingresos de los venezolanos.

“Obviamente espero que la cosa mejore en el corto y mediano plazo. Pero las expectativas de mercado están muy alejadas de lo que vamos a ver en la realidad en Venezuela”, dice el economista.

“No veo manera en la cual la recuperación pueda ser demasiado rápida y sostenerse por mucho tiempo… lo que pudiéramos es ver una subida importante, desproporcionada y los precios comienzan a bajar y acomodarse a un nivel de equilibrio en el mediano plazo”, recalca.

La gente cree que el valor real del inmueble es el mismo por el que lo compraron hace 10 años, en la cúspide de la ola, dice Oliveros.

Hoy intentan recuperar sus inversiones.

“La gente se metió en la cabeza que esos inmuebles valen cuatro o cinco veces el valor actual, y ante una perspectiva de cambio creen que los van a volver a valer lo que valían hace 10, 12 años. Lamentablemente en Venezuela no se ha aprendido la lección”, dice el economista.

“Pasa con los alquileres y ventas de inmuebles y carros. No se dan cuenta de que hay un mercado que te dicta el precio. Lamentablemente no creo que en el corto plazo la gente vuelva a tener el dinero para demandar activos como casas y apartamentos cuando todavía seguimos en crisis”, dice.

En efecto, ni siquiera en política hay cambios profundos y reales a la fecha.

Aunque Guaidó es reconocido como presidente interino por más de 50 países y por la oposición interna, en realidad no está claro cómo se podría concretar ese poder real, de gobierno y políticas públicas, en la vida diaria de Venezuela.

Hasta ahora sólo hay apoyo, declaraciones e intenciones y grandes manifestaciones callejeras.

“Todavía no se ha tomado la primera política económica para revertir la crisis, todavía esta economía no está creciendo, no se ha levantado un barril de petróleo…hay que poner los pies en la tierra y entender que falta mucho todavía para que los precios de esos activos se parezcan a los que teníamos en el 2007, o 2008”, dice Oliveros.

“He visto apartamentos venderse por el 40, 30 por ciento de su valor respecto a los picos que tuvimos en el 2007, 2008. Entonces es un poco irracional que porque ya haya la expectativa de un cambio de gobierno vas a aumentar el valor actual de estos inmuebles cuatro veces … primero tenemos que ver como es la recuperación económica y para eso falta un buen trecho por recorrer”, insiste.

Gabriela Natale, autora de unas reflexiones que causaron revuelto entre los corredores, señala: “en las últimas semanas hemos notado con cierta perplejidad que algunos propietarios, luego de recibir ofertas cercanas al precio aspirado, en vez de contraofertar, deciden intempestivamente rechazarlas y devolver el inmueble al mercado, eso sí, con un incremento de 150 a 200% sobre el precio originalmente aspirado”, advierte.

“Sabemos que hay una ola de optimismo sí, para algunos justificada, para otros no tanto. Pero ello no puede privar sobre sentido común y premisas comprobadas”, agrega.

González señala la comercialización inmobiliaria, como todo proceso que implique la venta de cualquier bien, conforta dos componentes relevantes: uno emocional y otro racional.

“Nuestro sector ha estado afectado en los últimos años en ambos aspectos, desde el punto de vista racional el incremento de la pobreza, la inexistencia de financiamiento, el congelamiento de precios de referencia, el aumento de la oferta de viviendas producto de la diáspora, han incidido en la caída vertiginosa de los valores de intercambio”, explica.

“A esto se ha unido la desesperanza generalizada de nuestra población y es especial de nuestra clase media en cuanto a la imposibilidad de lograr cambios políticos, lo cual ha completado el ciclo que nos tiene con los valores por metro cuadrado promedio entre los más bajos del mundo”, agrega.

“El proceso iniciado el pasado 23 de enero ha incidido de forma importante en el componente emocional de la ecuación inmobiliaria”, dice González sobre el ambiente político.

LA POLÍTICA TOCA EL TIMBRE

En estos negocios se marcó un hito cuando el presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento) invocó la Constitución para juramentarse ante una multitud como presidente encargado.

La elección del 20 de mayo además fue convocada por una asamblea constituyente exclusivamente chavista, creada por Maduro sin que antes mediara un referendo aprobatorio. En la práctica ese cuerpo le permite gobernar con poderes supremos, absolutos y sin el contrapeso del legislativo.

“Todavía no se han tomado (racionalmente) ninguna de las medidas económicas que nos ayudarán a empezar a salir a flote, pero desde el punto de vista emocional se vislumbran cambios y el mercado no necesariamente espera a que salgamos del foso para empezar a cambiar”, consiente González.

“El mercado se anticipa, de hecho en el último semestre ya se había observado un aplanamiento de la curva de caída de los precios promedio de todo el sector, y en los últimos días hemos visto incrementos puntuales en las expectativas de precios de algunos inmuebles (entre un 10 y un 15 %), se empiezan a observar ofertas reales que no se habían producido en el último año.

“Esto puede marcar el inicio de un proceso de recuperación que no será estructuralmente rápido, pero que evidentemente marca un signo positivo que no esperábamos como expectativa para el 2019”, dice González.

El futuro inmobiliario, como el de todo el país, depende de lo que ocurra en los próximos días, y de las manifestaciones, negociaciones políticas, presiones internacionales y de la tozudez de un régimen que se niega a salir y a cambiar.

“La buena noticia para los que tienen la necesidad urgente y pertinente de vender es que los precios no van a caer más. El efecto Guaidó de alguna manera paró la caída de los precios”, agrega.

Algunas familias que necesitan vender con urgencia hasta pueden elevar un poquito el precio de venta y recibir un poquito más de lo que se estaba viendo hasta finales de enero, antes de que apareciera en la escena el “efecto Guaidó”, señala.

Pero, coincide, ahora no tiene explicación lógica que algunos propietarios residenciales eleven el precio en 50%, 100% de una sola vez.

Hernández también aprecia hoy otra reacción en el mercado: la de algunos compradores, cazadores de ofertas que están ávidos por cerrar negociaciones, por temor a que suman los precios ya no les alcance el presupuesto. Estos también se anticipan y suben sus apuestas.

Cuando el salario mínimo solo da para un kilo de queso por Víctor Salmerón – ProDaVinci – 13 de Febrero 2019

Mientras Venezuela lleva semanas ocupando las portadas de los periódicos internacionales por la crisis política e institucional en la que está sumida, la economía se sigue desplomando día a día. El frenético aumento de los precios pulverizó la nueva moneda lanzada hace menos de seis meses por el gobierno de Maduro y el salario mínimo, que equivale a cinco dólares, es incapaz de proveer la alimentación básica. La industria se apaga y todo apunta a una mayor recesión.

Como las rejas tienen el mismo color, la cantidad de tiendas cerradas desde diciembre proyectan un halo gris a lo largo de Sabana Grande, el bulevar más transitado de Caracas. Dos ancianos legañosos piden comida a las puertas de una pizzería, jóvenes con zapatos gastados y camisas desteñidas compiten a los gritos para promocionar casas de empeño mientras otros venden cigarrillos detallados a lo largo del paseo peatonal, repleto de basura y postes con pendones rotos. En el emblemático Centro Comercial Chacaíto nadie camina con bolsas de compra y Nike está desolada, aunque ofrece rebajas.

A pocas cuadras de Sabana Grande, hacia el este de la capital de Venezuela, Angie Martínez acomoda sobre mesas de madera los quesos que vende junto a dos ayudantes en una urbanización de clase media. El kilo de queso duro, un producto básico porque acompaña a las arepas que las familias consumen a diario cuesta 16,500 bolívares: hace dos semanas valía 9,800 bolívares y el salario mínimo mensual es de 18,000 bolívares (US$ 5.5 al tipo de cambio oficial).

“No sé qué vamos a hacer, será comer arepas solas. El bolívar soberano ya no vale nada, pronto vendrá el supersoberano”, dice un hombre en bermudas que paga medio kilo de queso con su tarjeta de crédito. En agosto de 2018, el gobierno lanzó el bolívar soberano tras restarle cinco ceros a la moneda anterior, el bolívar fuerte, pero el alza de los precios ya evaporó la capacidad de compra del dinero al punto de que se necesita un fajo de 33 billetes de la mayor denominación para pagar un kilo de queso.

Las autoridades insisten en establecer “precios acordados” para los alimentos esenciales, pero la rebeldía de la economía ha derivado en anaqueles vacíos en los supermercados y un comercio informal que gana espacio en prácticamente todas las zonas de la ciudad. A pocos metros de los quesos, Marta Izaguirre coloca sobre una mesa de plástico los cartones de 30 huevos que intentará vender a 12,600 bolívares: hace dos semanas costaban 10,000 bolívares.

“Antes vendía unos cien cartones de huevos cada día, ahora si tengo suerte vendo veinte cartones. A mí me venden los huevos más caros así que tengo que subir el precio, a los más necesitados les regalo los que vienen partidos”, dice Marta mientras mueve a cada lado una cabeza espolvoreada de canas. Según cuenta, está alerta por si viene la Guardia Nacional: “Muchas veces nos quitan mercancía”, asegura.

En la calle, el comentario más extendido es que el pollo, al igual que los huevos, “no ha aumentado tanto”, solo 26% en quince días.

Economistas coinciden en que, tras no ahorrar durante el tiempo de los altos precios del petróleo, endeudarse masivamente y administrar caóticamente a PDVSA, la empresa petrolera del Estado, el Gobierno cayó en bancarrota y optó por crear dinero cual billetes de monopolio, dinamitando el equilibrio entre la oferta y la demanda. El resultado es la aceleración frenética de la inflación que, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, saltó a 1,370,000% en 2018 y este año podría alcanzar 10,000,000%.

El hambre

A cada lado de una empinada escalera de cemento hay viviendas con paredes de ladrillo sin frisar, techos de zinc con orificios por donde cae el agua cuando llueve y ropa colgada en las ventanas. Es La Vega, un típico barrio caraqueño donde habita el estrato de menos ingreso. En la parte más alta de la escalera, una cola serpenteante de niños espera por un plato de arroz, carne molida, ensalada y una ración de lactovisoy, la bebida con carbohidratos y proteínas para combatir la desnutrición.

“Al ver el hambre y el impacto en los niños decidí que tenía que hacer algo. Comenzamos a recibir donaciones de venezolanos en el extranjero, de distintas instituciones y creamos Sustento, una empresa de catering que genera ingresos. Con estos recursos, estructuramos una red de 80 comedores donde de lunes a viernes almuerzan 7,500 niños de ocho estados del país en zonas con alto riesgo de desnutrición”, dice Roberto Patiño.

Patiño tiene 30 años, es ingeniero industrial, hizo un posgrado en políticas públicas en la Universidad de Harvard y milita en Primero Justicia, un partido de oposición. Explica que “el sistema es la corresponsabilidad: las madres de los niños se encargan de cocinar, administran la comida y en una de sus casas funciona el comedor; aquí en La Vega se sirven cien almuerzos diarios”.

Yuleidys Flores tiene rostro de cansancio, 27 años, seis hijos y carga en brazos a Fabiannys, de solo trece meses. La sostiene con esfuerzo e intenta que la niña coma algo de arroz. “Ya mis otros hijos almorzaron aquí. En la casa les doy una sopita de verduras, algunos granos”, explica. “Mi esposo trabaja en mantenimiento, pero le pagan sueldo mínimo y además recibimos el bono (del gobierno), pero no nos alcanza para nada”.

Una vez al mes, el gobierno vende a precio subsidiado cajas de comida, pero el gobernante Nicolás Maduro ha prometido que pronto comenzarán a distribuirse cada quince días: “El mercado a la casa debería ser la consigna, la revolución lleva el mercado a la casa”, dijo Maduro.

Además, dependiendo del número de integrantes, las familias “vulnerables” reciben un bono mensual que puede llegar a un máximo de 14,400 bolívares (cuatro dólares al tipo de cambio oficial).

La última caja de comida distribuida en La Vega trajo tres kilos de arroz, dos kilos de caraotas, un kilo de lentejas, cuatro latas de atún de 125 gramos, dos litros de aceite, un frasco de mayonesa pequeño y otro de salsa de tomate, dos kilos de harina y un kilo de leche en polvo.

Esteban, un moreno alto con la cabeza rapada es miembro del comité que organiza el reparto de las cajas. Dice que “hay mucha necesidad” en la zona, como familias de cinco o seis personas que tienen que comer con una caja. “Ayer vecinos me decían, Esteban no tengo nada en la casa”, lamenta.

“Tratan que los niños se despierten lo más tarde posible para enviarlos al comedor al medio día, luego los mandan a la escuela en la tarde y en la noche les dan de cenar lo poco que pueden”, añade.

Los recortes

El mercado de Quinta Crespo está en pleno centro de Caracas. Paredes descascaradas y descoloridas afean la edificación de 1951 donde comerciantes venden ropa y alimentos. Al fondo de uno de los pasillos está la pescadería y el vendedor atiende a clientes que piden “recortes”: restos de cabeza y cola de pescados, que son lo más vendido.

En la carnicería los cortes de “bofe”, los de menor calidad junto al corazón de res, tienen alta demanda. N everas vacías muestran el impacto de la escasez y llama la atención la cantidad de puestos de venta de ropa que están cerrados. Un vendedor de frutas señala: “La gente apenas puede comer, ¿cómo van a comprar ropa?”.

A una cuadra del mercado, vendedores ambulantes ofrecen bolsitas plásticas con 100 gramos de café o 150 gramos de azúcar. Mary Espinoza viste una franela de rayas, mira la avenida con expresión de fastidio y explica que “hay mucha gente que solo puede comprar este poquito que les vendo, para tomarse un cafecito”.

Mary tiene dos hernias discales que asegura son la consecuencia de los muchos años que trabajé con frutas y cargando cajas. “Ahora tengo 53 años. No puedo comprar las medicinas, cuando el dolor es muy fuerte consigo una pastillita de ibuprofeno en la farmacia”, lamenta.

De acuerdo con las cifras oficiales, a pesar de la hiperinflación y la pérdida de capacidad de compra del salario, la pobreza extrema no ha aumentado en los últimos cuatro años. Al contrario, disminuyó desde 5.5% de la población a 4.4%. Nicolás Maduro asegura que se debe a “que hay una revolución socialista, una revolución cristiana que multiplica panes y peces”.

No obstante, la Encuesta de Condiciones de Vida que elaboran las tres principales universidades del país sostiene que en 2018 el 94% de los encuestados afirmó que sus ingresos son insuficientes para cubrir todas las necesidades básicas. Además, la medición multidimensional de la pobreza que evalúa la vivienda, el funcionamiento de los servicios básicos, el acceso a la educación, empleo y protección social, arrojó que 48% de los hogares son pobres.

Todo gira en torno al dólar

Como cada día el bolívar tiene menos capacidad de compra, los venezolanos buscan deshacerse del dinero lo más pronto posible, saben que mañana todo será más caro y han comenzado a adoptar el dólar como unidad de cuenta. Técnicos que reparan electrodomésticos, abogados, médicos, arquitectos, calculan el costo de sus servicios en billetes verdinegros.

“Yo cobro por mi consulta el equivalente a 30 dólares, lo voy ajustando de acuerdo al tipo de cambio, es la única manera de tener una idea de cuánto estás cobrando. El bolívar ya no es una referencia porque no vale nada”, dice Santiago Polanco, odontólogo.

De manera subrepticia, las tiendas de electrodomésticos, teléfonos celulares y equipos de computación también han adoptado la moneda estadounidense como patrón. Los precios están en bolívares, pero los vendedores le hacen saber al público el equivalente en dólares y que no hay ningún tipo de inconveniente para pagar con divisas.

El malestar de la economía ha dado pie a una paradoja en el Socialismo del Siglo XXI. Los sectores que tienen acceso a dólares como profesionales que trabajan para compañías extranjeras, quienes reciben remesas de familiares que se han marchado al extranjero o los que pertenecen a la pequeña capa de la sociedad con ahorros en divisas se mueven en una economía con un nivel de abastecimiento aceptable, mientras que el resto vive en la carencia.

En las bombas de gasolina no hay aceite de motor, pero en el mercado informal una garrafa de cinco litros de “aceite Castrol sintético” puede comprarse en 50 dólares, “en efectivo o por transferencia”.

La escasez está asociada al descalabro de la industria petrolera, la fuente de 96% de los dólares que ingresan a Venezuela. La cantidad de barriles que se extrae diariamente es la mitad de lo que era en 2013 y las importaciones, tanto de productos finales como de materia prima, han descendido a mínimos históricos.

De acuerdo con los últimos datos de Conindustria, la asociación que agrupa a las empresas manufactureras, al cierre del tercer trimestre de 2018 el 45% de las empresas utilizó menos de 20% de su capacidad de producción por la falta de materia prima.

A la hiperinflación y la recesión se añadirá el impacto que tendrán las sanciones de Estados Unidos, que considera a Nicolás Maduro como un mandatario ilegítimo y suspendió la compra de petróleo. La economía venezolana acumula veinte trimestres consecutivos de caída y todavía no toca fondo.

Venezuela: las opciones de política cambiaria por Aurelio Concheso – Panampost – 10 de Febrero 2019

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Si bien los ojos del mundo están colocados en la crisis política, social y humanitaria de Venezuela, los economistas especulan (y difieren) sobre qué hacer una vez que lo peor haya pasado.

El “Plan País” de la Asamblea Nacional es claro en varios aspectos de materia económica. La hoja de ruta contempla subsidios a sectores específicos, el anclaje del bolívar con respecto al dólar y la inversión privada en los servicios públicos, entre otras cosas”, reza el mencionado documento. Pero, concretamente ¿qué significa anclaje cambiario? Como tantas otras cosas, depende del cristal con que se le mire, porque hasta Maduro habló de anclaje cuando fijó la tasa de cambio en 60 bolívares el pasado agosto, para que en solo seis meses llegara a los 3,297 bolívares al que está hoy. ¡Vaya anclaje!, se podría decir.

Dejando a un lado ideas fantasiosas como anclarlo a un instrumento fantasioso como el petro, hay varias formas de anclar la moneda local para que no pierda valor y no pulverice los ahorros de los venezolanos.

La primera, y la preferida por la mayoría de los economistas venezolanos es un esquema de flotación libre con bandas (superior e inferior). Al llegar cerca de esas bandas, el Banco Central interviene comprando o vendiendo la moneda local según el caso. En economías estables con inflaciones inferiores al 5% como las de nuestros vecinos y con un banco central totalmente independiente de las presiones políticas, este sistema funciona muy bien por la flexibilidad que da ante shocks externos e internos. En situaciones extremas como la que vivimos, sin embargo, su capacidad para eliminar la hiperinflación de manera inmediata es limitada. Quienes lo recomiendan hablan de un período de más de uno o dos años para llegar a inflaciones de 5%.

Del otro lado de espectro está la dolarización, como la que hizo Ecuador. Así, se frenará la hiperinflación de raíz y de manera inmediata, y termina teniendo apoyos populares de hasta 95% que hace políticamente difícil revertirla. Quienes adversan esta solución, advierten que cuando la economía crezca, algunos sectores pueden perder competitividad internacional. Equiparan la dolarización con un carro sin amortiguadores ante shocks externos, lo cual puede ser cierto en el largo plazo. Pero como dicen algunos, ojalá nosotros llegáramos algún día a tener ese problema.

Un mecanismo intermedio es la caja de conversión o junta monetaria, aplicada con éxito por muchos países de Europa Oriental a la caída del comunismo, y en Argentina en 1990. En este sistema, el banco central renuncia a su potestad de emitir bolívares, y los que entran en circulación son iguales a las reservas de la moneda de conversión. Esa moneda puede ser el dólar, el euro o el yen. Estamos como estamos en el área del dólar en términos de intercambio, entre otras cosas, porque las transacciones petroleras son en esa moneda, que debería ser la nuestra. Al igual que la dolarización, la caja de conversión corta la hiperinflación de raíz, y en menos de un mes baja alrededor de un 2% anual; es decir, una estabilidad absoluta que contribuye a recomponer el equilibrio de los precios relativos, y de paso a aumentar el caudal político del gobierno que la aplique. Por otra parte, en el mediano plazo la caja de conversión permite la migración a un sistema de bandas cuando la economía, y la madurez institucional del país estén listos para ello.

Tal vez la mejor opción sea una caja de conversión de inmediato, dejando abierta la posibilidad que la misma evolucione hacia una flotación con sistema de bandas, pero una vez que haya habido, por lo menos, dos años ininterrumpidos de inflaciones entre 2 y 3% anual, y el riesgo país haya descendido a 150 puntos básicos. Hacer cualquier cambio antes de eso es arriesgar volver a las de devaluaciones e inflaciones que nos ha acompañado por décadas y nos trajeron hasta esta pesadilla hiperinflacionaria que ha desgarrado a la nación.

Cuba: Colapso de Maduro provocaría una crisis económica en la isla, opinan expertos por Nora Gámez Torres – El Nuevo Herald – 8 de Febrero 2019

Durante años, la oposición no pudo trancarle el juego a Maduro. Ahora, Juan Guaidó parece haber despertado a la población en tan solo un par de meses. 

Bank of America bloquea consumos con sus tarjetas en Venezuela – Banca y Negocios – 7 de Febrero 2019

Bank of America notificó a los operadores de puntos de venta en Venezuela su decisión de bloquear los consumos con sus tarjetas de débito y crédito en Venezuela.

Desde el 29 de enero, cuando el Banco Central de Venezuela anunció el anclaje del tipo de cambio oficial en torno a BsS 3.300, superando por primera vez el precio del dólar en el mercado paralelo, los ciudadanos con tarjetas internacionales comenzaron a pagar sus consumos con estos instrumentos aprovechando la atractiva tasa Dicom, que se ubica entre 400 y 600 bolívares por encima del paralelo.

En poco más de una semana la banca ha reportado transacciones con tarjetas internacionales por un millón de dólares, confió a Banca y Negocios una fuente del sector.

La decisión de Bank of America ocurre en momentos en que el Departamento del Tesoro de EEUU ha recrudecido sus sanciones financieras a Venezuela, como mecanismo para presionar la salida del poder de Nicolás Maduro, a quien el gobierno de Donald Trump desconoce tras asumir en enero un segundo mandato, resultado de una elecciones fraudulentas.

Se espera que la medida adoptada por Bank of America sea replicada por otras entidades bancarias estadounidenses.

China and Russia loaned billions to Venezuela — and then the presidency went up for grabs by MacKenzie Sigalos – CNBC – 7 de Febrero 2019

  • China and Russia have kept Venezuela afloat by lending billions to the economically crippled petrostate, sometimes with cheap oil thrown in as a sweetener for the two creditors.
  • Those deals were struck with strongman Nicolas Maduro, whose leadership is facing a serious challenge from Juan Guaido, and it’s not clear what happens to that debt if Maduro is kicked out of office.
  • Venezuela is indebted to external creditors by a total of something close to $100 billion.

Venezuela's President Nicolas Maduro, right, walks with Chinese President Xi Jinping as they arrive to a welcoming ceremony at the Great Hall of the People on January 7, 2015 in Beijing, China.

Venezuela’s President Nicolas Maduro, right, walks with Chinese President Xi Jinping as they arrive to a welcoming ceremony at the Great Hall of the People on January 7, 2015 in Beijing, China.

Venezuela is in the middle of a power struggle at the highest level, and that could mean trouble for its two biggest foreign allies: Chinaand Russia.

The socialist petrostate is home to the largest oil reserves on the planet, but endemic corruption has devastated its economy. Beijing and Moscow have helped the country stave off collapse by repeatedly extending financial lifelines — to the tune of tens of billions of dollars over the last decade.

For the most part, those oil-for-debt swaps were good for all parties involved. But that may be changing.

“They’re worried the opposition will come in and not necessarily want to honor their contracts — or find loopholes.”-Russ Dallen, managing partner, Caracas Capital Markets

With the United States and others backing opposition leader Juan Guaido as the country’s legitimate president over dictator Nicolas Maduro, it could take longer for Russia and China to get their money back. And in the case of some loans, they may not get anything back at all.

“I don’t think they like regime change. I don’t think they like the idea that the U.S. is seemingly declaring somebody president,” says Helima Croft, global head of commodity strategy at RBC Capital Markets. “Both Xi and Putin would be horrified if the U.S. got any ideas about trying to do this in any of their countries, or countries that they view as satellite states.”

Venezuela’s debt emergency

Venezuela owes around $100 billion to its external creditors, including China and Russia. Some reports put the figure higher.

Those agreements gave Russia and China relatively cheap oil — and a foothold in the backyard of the United States — and they supplied Venezuela with much-needed cash.

But Venezuela’s oil production has plummeted. It is a third of what it was when Hugo Chavez was elected in 1998, which is especially troubling given that oil revenue accounts for about 98 percent of its hard currency earnings.

Venezuela still owes Beijing $20 billion, and Russia’s state-backed oil company Rosneft another $2.3 billion, excluding interest. However, the question remains whether those debts are valid if Maduro is thrown out and replaced by Guaido.

‘The situation keeps deteriorating’

Guaido has said all lawful agreements approved by Venezuela’s National Assembly will be honored, a statement widely seen as an olive branch to China. Thus far, Beijing is still publicly backing Maduro.

“They’re worried the opposition will come in and not necessarily want to honor their contracts — or find loopholes,” said Russ Dallen, managing partner of investment bank Caracas Capital Markets.

But Dallen acknowledged that Beijing’s loyalty may not last. “The Chinese don’t know what to do. They’re not getting paid by Maduro’s guys … and the situation keeps deteriorating.”

Juan Guaido, President of Venezuela's National Assembly, reacts during a rally against Venezuelan President Nicolas Maduro's government and to commemorate the 61st anniversary of the end of the dictatorship of Marcos Perez Jimenez in Caracas, Venezuela January 23, 2019.

Carlos Garcia Rawlins | Reuters
Juan Guaido, President of Venezuela’s National Assembly, reacts during a rally against Venezuelan President Nicolas Maduro’s government and to commemorate the 61st anniversary of the end of the dictatorship of Marcos Perez Jimenez in Caracas, Venezuela January 23, 2019.

Guaido has incentive to make good on Venezuela’s debts to Beijing. China is Venezuela’s biggest market. RBC’s Croft pointed out that Guaido doesn’t want to get on the bad side of the country that drives global oil demand.

Failing to repay China would also erode Guaido’s credibility.

“If the opposition comes in and defaults, it would hurt them,” said Kathryn Rooney Vera, chief investment strategist at Bulltick Capital Markets. “It would also hurt their future capacity to issue debt in terms of their credit. So I don’t think that’s going to happen.”

A desire to avoid antagonizing the United States during an already complex, high-stakes trade war may encourage China to consider a change of allegiance from Maduro to Guaido, according to Dallen.

Maduro needs Russia

Though Guaido is signaling he intends to honor Venezuela’s obligations to China, he has made no such overtures to Russia. Moscow’s latest deals with Venezuela are something they don’t want to risk losing, either.

“Not only are they getting oil, but they’ve also gained access to pretty good acreage in Venezuela,” said Croft.

Moscow is considered the linchpin to Maduro’s survival. Russia has come in with cash at the eleventh hour a few times to help Venezuela avoid default. If the country gave another financial lifeline or even continued to buy gold at a discounted rate, the situation could become a protracted crisis.

IN THE FIGHT FOR VENEZUELA, WHAT WILL HAPPEN TO CITGO?

In the fight for Venezuela, what will happen to Citgo?  

“The question is, do they believe a couple billion more dollars can tide the country over? If not to preserve Maduro, to preserve some type of regime that remains loosely or closely aligned with Moscow,” said Croft.

Ironically, if Moscow lets Venezuela default on its debts, then Russia would actually be able to exercise its lien on Venezuela’s most valuable asset: U.S.-based oil giant Citgo. In 2016, Maduro secured a fresh loan by giving Rosneft a 49.9 percent stake in Citgo as collateral.

“It would not be unusual for the Russians … to try and exercise the lien they have on the Citgo collateral, just because it would be very disruptive and chaotic to the U.S.,” said Dallen of Caracas Capital.

Where Venezuela goes from here

If Guaido wrests control of the government, there won’t be widespread default, but nobody is going to get paid immediately.

The International Monetary Fund will likely take the lead in what would be one of the largest and most complicated sovereign debt restructurings ever. Venezuela will essentially have to be rebuilt completely.

The good news for Venezuela is that it sits on 300 billion barrels of oil, as well as underground reserves of gold, iron ore and other resources.

“What they have is a liquidity crisis, but not a solvency crisis. Everyone should be pretty sure they are going to get paid back,” said Dallen.

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