elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Economia

Regimen Monetario/Cambiario por Alexander Guerrero – Agosto 2018

El dominó venezolano por Joaquin Villalobos – El País -9 de Agosto 2018

El chavismo asesinó a la gallina de los huevos de oro, los subsidios al izquierdismo se acabaron y lo que estamos viendo ahora son los efectos. El dinero que sostenía al Gobierno de Nicaragua se terminó y por eso estalló el conflicto actual

El dominó venezolano

La tragedia venezolana no tiene precedentes en Latinoamérica. Algunos consideran que Venezuela puede convertirse en otra Cuba, pero lo más probable es que Cuba acabe pronto convertida en otra Venezuela. Estamos frente a la repetición del efecto dominó que derrumbó a los regímenes del campo socialista en Europa Oriental, cuando hizo implosión la economía soviética. Las relaciones económicas entre estos Gobiernos funcionaban bajo lo que se conocía como Consejo Económico de Ayuda Mutua (CAME). Fidel Castro copió el CAME y se inventó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) para salvar su régimen con el petróleo venezolano. La implosión económica de Venezuela ha desatado un efecto dominó que pone en jaque a los regímenes de Nicaragua y Cuba y a toda la extrema izquierda continental.

Las economías de los ocho regímenes de Europa del Este y Cuba sobrevivían por el subsidio petrolero y económico soviético. Cuando este terminó, los países comunistas europeos colapsaron a pesar de contar con poderosas fuerzas armadas, policías y servicios de inteligencia. Cuba perdió el 85% de su intercambio comercial, su PIB cayó un 36%, la producción agrícola se redujo a la mitad y los cubanos debieron sobrevivir con la mitad del petróleo que consumían. Castro decidió “resistir” con lo que llamó “periodo especial” para evitar que la hambruna terminara en estallido social. En esas circunstancias apareció el subsidio petrolero venezolano que salvó al socialismo cubano del colapso. El dinero venezolano, a través de ALBA, construyó una extensa defensa geopolítica, financió a Unasur, a los países del Caribe y a Gobiernos y grupos de izquierda en Nicaragua, Ecuador, El Salvador, Honduras, Chile, Argentina, Bolivia y España.

Pero, como era previsible, la economía venezolana terminó en un desastre, resultado de haber expropiado más de 700 empresas y cerrado otras 500.000 por efecto de los controles que impuso al mercado. El chavismo destruyó la planta productiva y perdió a la clase empresarial, gerencial y tecnocrática del país. Este desastre terminó alcanzando al petróleo, con la paradoja de que ahora que los precios subieron, la producción se ha derrumbado porque Pdvsa quebró al quedarse sin gerentes y técnicos. El chavismo asesinó a la gallina de los huevos de oro, los subsidios al izquierdismo se acabaron y lo que estamos viendo ahora son los efectos. Más de 3.000 millones de dólares venezolanos parieron la autocracia nicaragüense, pero, cuando el subsidio terminó, el Gobierno intentó un ajuste estructural y estalló el actual conflicto. En mayo de este año Venezuela ¡compró petróleo extranjero! para seguir sosteniendo al régimen cubano.

La economía global está totalmente regida por relaciones capitalistas. La idea de que Rusia y China pueden ser la salvación es un sueño. Rusia es un país pobre con una economía del tamaño de la de España, pero con tres veces más población, y China es un país rico, pero, como todo rico, mide riesgos, invierte para sacar ganancias y si presta cobra con intereses. En la economía mundial, ahora nadie regala nada; Hugo Chávez fue el último Santa Claus y eso se acabó. No hay quien subsidie ni a Venezuela, ni a Cuba ni a Nicaragua. Quizás encuentren apoyos diplomáticos, pero lo que necesitan para no derrumbarse es dinero regalado no diplomacia compasiva.

La consigna para la economía cubana no es socialismo o muerte, sino capitalismo o muerte

Nada va a cambiar a favor, la única esperanza sería que se recuperara la economía venezolana y eso es imposible. El despilfarro y la corrupción hicieron quebrar a Pdvsa, ALBA y Unasur. Hay miles de millones de dólares perdidos y robados. Venezuela está en bancarrota y vive en un caos. Maduro se ha enfrentado a más de 5.000 protestas en lo que va de 2018, los venezolanos sufren hiperinflación, una criminalidad feroz, escasez de comida, medicinas, gasolina y dinero circulante; los servicios de transporte, energía y agua están colapsados. En medio de un severo aislamiento internacional la cohesión del bloque de poder se acabó, Maduro está reprimiendo al propio chavismo, a los funcionarios de Pdvsa y a los militares, los tres pilares fundamentales de su poder. Este conflicto está dejando despidos, capturas, torturas, muertos y hasta un confuso atentado contra Maduro.

La brutal represión en Nicaragua acabó la confianza que había generado en el mercado y abrió un camino sin retorno que está arrasando con la débil economía del país. El Gobierno ha regresado a las expropiaciones poniendo terror al mercado y se estima que 215.000 empleos se han perdido; ya no habrá crecimiento, sino más pobreza, más crisis social, más emigración, más descontento, y un irreversible y creciente rechazo al régimen. En Cuba apenas empiezan a hablar de propiedad privada con cambios lentos y torpes hacia una economía de mercado. El régimen teme que el surgimiento de una clase empresarial rompa el balance de poder y tiene razón. En la Unión Soviética las primeras reformas obligaron a más reformas que terminaron derrumbando el sistema. La lección fue que no se podía reformar lo que es irreformable. Paradójicamente ahora la consigna para la economía cubana no es socialismo o muerte, sino capitalismo o muerte, los jóvenes cubanos no resistirán otra hambruna. Sin el subsidio venezolano, la crisis cubana está a las puertas y la débil autocracia nicaragüense flotará sin recuperarse hasta quedarse sin reservas para pagar la represión.

El mayor beneficio del fin de las dictaduras de izquierda será para la izquierda democrática

La defensa estratégica de Cuba ha sido alentar conflictos en su periferia para evitar presión directa sobre su régimen. Por eso apoyó siempre revueltas en todo el continente. Los conflictos en Venezuela y Nicaragua son ahora la defensa de Cuba, ha puesto a otros a matar y destruir mientras su régimen intenta reformarse. La salvaje represión que sufren y la compleja lucha que libran los opositores venezolanos y nicaragüenses no es casual. No se enfrentan a un Gobierno, sino a tres, y con ellos a toda la extrema izquierda. El destino de la dictadura cubana y de toda la mitología revolucionaria izquierdista está en juego. Los opositores sufren dificultades en el presente, pero los Gobiernos a los que enfrentan no tienen futuro. Son regímenes históricamente agotados, luchando por sobrevivir, pueden matar, apresar, torturar y ser en extremo cínicos, pero eso no resuelve los problemas económicos, sociales y políticos que padecen ni los libera del aislamiento internacional.

No hay una lucha entre izquierda y derecha, sino entre democracia y dictadura, en la que el mayor beneficio del fin de las dictaduras de izquierda será para la izquierda democrática que durante décadas ha pagado los costos del miedo y sufrido el chantaje de ser llamados traidores si se atrevían a cuestionar a Cuba. La izquierda democrática debe luchar con los pies en la tierra y asumir sin pena y sin miedo la democracia, el mercado y el deseo de superación individual que mueve a todos los seres humanos. No tiene sentido luchar por ideales y terminar defendiendo a muerte privilegios personales. No hay razones ni morales ni políticas, ni prácticas para defender algo que, además de no funcionar, genera matanzas, hambrunas y dictaduras.

Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales.

Inflación de julio en Venezuela supera la de Suramérica en 2017 – ProDaVinci – 6 de Agosto 2018

unnamed-2.jpg

El lunes 6 de agosto de 2018, la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (AN) informó que la inflación de julio fue 125%, lo cual representa un incremento de los precios en 2,65% diarios. La inflación de Venezuela en un mes supera a la suma de la inflación de 2017 de todos los países de Suramérica (71,9%).

El informe del Índice Nacional de Precios de al Consumidor de la AN también señala que en los últimos doce meses la inflación acumulada fue de 82.682,03%.

unnamed-3.jpg

En Venezuela los precios se duplican cada 25,6 días. Si ese ritmo se anualiza, es decir, se mantiene durante 12 meses, 2018 cerraría con una inflación de 620.433,14% y el aumento de precios acumulado para julio de 2019 sería de más de 1.683.311%.

La obsesión por mantener subsidios perversos por Aurelio F. Concheso – Costa del Sol FM – 4 de Agosto 2018

download.jpg

En Venezuela la opción de política económica preferida por los gobernantes es la de los subsidios perversos. Estos son subsidios que en teoría están diseñados para beneficiar a los más necesitados, pero que en la práctica terminan siendo aprovechados masivamente, y mientras duren, por la población de ingresos medios y altos a expensas de los humildes. A los políticos les encantan los subsidios perversos porque cuando los anuncian pueden arroparse con la bandera de redentores de los pobres, y cuando los aplican saben que, si los diseñan con bastantes alcabalas, van a terminar siendo aprovechados por ellos mismos y por los “aparatchik” o burócratas que los mantienen en el poder.

Demás está decir que esas políticas condicionan el comportamiento de los ciudadanos (agentes económicos dirían los economistas), quienes acostumbrados a sucesivas versiones de estas políticas, terminan buscando como beneficiarse en el cortísimo plazo de algo que difícilmente puede durar. De ahí el comportamiento de “ta baratos” cuando la moneda estaba artificialmente sobrevaluada, de “raspacupos” cuando los cambios diferenciales permitieron aprovecharse por un tiempo del arbitraje entre tasas, y el “acaparaminto” de, o más bien avituallamiento oportuno, a medida que inflación avanza, para desmbocar en el “bachaqueo” como rebusque a través del cual sobrevivir.

Estas reflexiones vienen a colación, por la forma en que el gobierno ha introducido en el debate público,  suavizar  el golpe de elevar el precio de la gasolina a un valor medianamente cónsono con lo que es su precio de venta en mercados internacionales. Ojo, que cuando hablamos de esa cifra no es el precio al detal en diversos países, precio que esta distorsionado por impuestos al consumo relativamente elevados, sino el precio al mayor de ese producto que algún día producíamos en abundancia y hoy importamos de Estados Unidos: $ 80 por barril o $0,50 el litro.

El gobierno ha dicho que todo el que adquiera un carnet de la patria y se inscriba en un registro tendrá automáticamente acceso a gasolina a precios subsidiados. Nadie, ni gobierno ni opinadores de oficio, les ha parecido un abuso que en ese llamado a toda la población quienes pudieran tener una o varias 4×4, carros de lujo o yates puedan a optar a un subsidio supuestamente dedicado a proteger a los más vulnerables. Más bien el debate se ha centrado en que obligar a tener un carnet de la patria es una imposición inaceptable por tener visos de carácter político, y que todos deberíamos tener derecho al subsidio con la sola presentación de su cedula de identidad.

La única razón por la que el tema ha surgido no es por un programa de ajustes consciente, sino porque al eliminarle 5 ceros a la moneda, la gasolina que hoy vale Bs 1,50 el litro tiene que subir por lo menos a BsS. 0,50 (BsF. 50,000) o un 32.333% si bien seguiría estando aun a tan solo $0,02, todavía muy por debajo de los $0,50 que debería ser su precio de equilibrio para garantizar la erradicación del contrabando de extracción y poder pagar la gasolina que se importa. Pero el problema no es la magnitud del aumento, sino la irresponsabilidad que ha significado mantener un precio que equivale  un regalo de los más pobres a los más acomodados, y a los contrabandistas que se lucran con ese gigantesco diferencial.

Si al corregir ese entuerto, se abre la posibilidad de que todos los que consumen gasolina tengan acceso a precio preferencial, entonces: ¿quién va a pagar lo que se necesita para que efectivamente la gasolina pueda ser producida y comercializada? Definitivamente el teatro de lo absurdo … Difícilmente se va a lograr que alguien, sean ellos los rusos, los chinos o el FMI estén dispuestos a financiar el gigantesco hueco fiscal que medidas como este subsidio han producido.

 

 

 

Constituyente de Maduro aprueba ley que da vía libre a compra y venta de divisas – El Nuevo Herald – 3 de Agosto 2018

Lo que cuestan estos 5 productos básicos en Venezuela por Paula Bravo Medina – CNN en Español – 2 de Agosto 2018

Para comprar leche, carne, arroz, jabón y gasolina en Venezuela hay que ser millonario. Por la astronómica inflación que vive el país sudamericano, que según el Fondo Monetario Internacional llegará al 1.000.000% al finales de 2018, estos cinco productos básicos cuestan más de 20 millones de bolívares fuertes.

En enero de 2018, un dólar valía 191.000 bolívares, de acuerdo con el cambio en el mercado negro. Un año antes rondaba los 3.100 bolívares. A agosto de 2018, un dólar vale 3,6 millones de bolívares.

Eso quiere decir que los 21,2 millones de bolívares que cuesta esta compra equivalen apenas a 5,9 dólares, según el dólar paralelo.

Con la medida que entró en vigor este primero de agosto se eliminan 5 ceros al bolívar fuerte y los precios se expresan en bolívares soberanos. Según el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la medida sirve para “estabilizar la vida monetaria y financiera del país”, pero los expertos dicen que no contribuirá a mejorar la grave situación económica de Venezuela.

La escasez de ciertos productos también hace que el día a día sea más difícil para los venezolanos. La harina para hacer arepas, uno de los alimentos básicos en la dieta local, se ha vuelto un producto caliente en el mercado negro por cuenta de la alta demanda y poca oferta. Un paquete de 500 gramos se vende por 55.000 bolívares al precio legal (0,02 dólares según la tasa paralela y 1,58 dólares según la tasa implícita), mientras que en el mercado negro se vende por 1.500.000 bolívares (0,42 dólares – 43,15 dólares).

Comparamos los precios de estos cinco productos en Venezuela con el costo en Estados Unidos, Colombia, México y Argentina.

Si tomamos en cuenta el valor del dólar implícito en Venezuela, este país tiene los productos más caros, excepto la gasolina.

Tomando los valores del dólar paralelo, el jabón y la leche son los productos más caros en comparación con los otros cuatro países.

La venalidad del mal por Ricardo Hausmann – ProDaVinci – 31 de Julio 2018

Unknown-1CAMBRIDGE – El 23 de julio, Alejandro Werner, el Director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), anunció que su institución calculaba que para fin de año la inflación en Venezuela llegaría al 1.000.000%. En abril, el FMI declaró que para la misma fecha, se preveía que el PIB de Venezuela estaría el 45% por debajo del nivel de 2013. Estas cifras son alucinantes. ¿Cómo y por qué pudo suceder algo semejante?

La ciencia responde mejor a las preguntas sobre el “cómo” que a las preguntas sobre el “por qué”. La gravedad explica cómo los cuerpos celestiales se atraen entre sí a la distancia, por no nos dice por qué. Esta pregunta es para la metafísica. La biología puede explicar que subimos de peso cuando consumimos más calorías de las que quemamos. Pero no explica por qué es algo que yo suelo hacer. Si comprendemos los mecanismos que conducen a ciertos resultados, podemos desarrollar estrategias para detener, prevenir, fomentar o superar dichos resultados. Si yo consumo menos calorías y hago más ejercicio, debería bajar de peso.

Sin embargo, comprender la pregunta del “cómo” con frecuencia hace que la pregunta del “por qué” sea aún más misteriosa. El que haya tanta gente con sobrepeso, ¿obedece a falta de conocimientos, debilidad de carácter, adicción, o un problema con los procesos que causan tanto el hambre como la saciedad?

El Premio Nobel de economía Paul Samuelson elogió a la macroeconomía por haber transformado “el dinosaurio de preguerra en una lagartija de postguerra“. El descubrimiento de los mecanismos mediante los cuales ocurren las grandes fluctuaciones económicas, había llevado a que se comprendiera la forma de utilizar las políticas fiscales y monetarias si no para evitar, por lo menos para moderar el tamaño de las crisis como la Gran Depresión, cuando la economía estadounidense se contrajo en un 28,9% entre 1928 y 1933.

Los economistas han sido muy criticados por la Gran Recesión post 2008, pero gracias a oportunas acciones fiscales y monetarias basadas en la teoría macroeconómica, el PIB en Estados Unidos se redujo solo en 3,1%. En Europa, a pesar de los grandes déficits externos que enfrentaban algunos de los miembros del sur y del este de la Unión Europea cuando comenzó la crisis, y de las rigideces impuestas por el euro, la reducción del PIB se mantuvo en menos del 10% en Irlanda, Italia, Portugal y España, países fuertemente afectados. En este caso también las medidas agresivas –y polémicas en ese momento– que se tomaron, en especial por parte del Banco Central Europeo, contribuyeron a contener las consecuencias del cuasicolapso del sistema financiero global.

Entonces, ¿cómo puede ser que en Venezuela se produzca una contracción del PIB que eclipsa a la de la Gran Depresión, a la de la Guerra Civil Española (cuando el PIB cayó el 29%), e incluso a la de la reciente crisis de Grecia (cuando la economía se contrajo en un 26,9%)? Y ¿cómo puede suceder esto cuando al mismo tiempo se genera una hiperinflación de una magnitud solo vista en Alemania en 1923 o en Zimbabue en 2008-2009?

La respuesta sobre el “cómo” es sorprendentemente sencilla y fácil de entender. El gobierno utilizó el auge del petróleo que comenzó en 2004 para desempoderar a la sociedad y aumentar el control del Estado sobre la producción y el mercado, al mismo tiempo que se endeudaba de manera masiva en los mercados internacionales. A pesar de que el control estatal perjudicó la producción, el gobierno logró proteger a la ciudadanía de las consecuencias de esto a través de importaciones subvencionadas, con lo cual se deterioró aún más la producción nacional.

Para 2013, el excesivo endeudamiento del gobierno había hecho que este perdiera el acceso a los mercados internacionales de capital, lo que desencadenó el principio de la recesión. En 2014, el precio del petróleo experimentó una fuerte caída, lo que hizo insostenible el nivel previo de importaciones y provocó un colapso mucho más agudo. Era evidente en ese momento que el gobierno necesitaba modificar su rumbo. Incluso algunos miembros de la administración del presidente Nicolás Maduro propugnaron regresar a políticas más favorables al mercado y aceptar ayuda financiera internacional. En lugar de ello, el gobierno de Maduro endureció aún más su postura, lo que se tradujo en una intensificación de los controles que distorsionan la economía.

A fines de 2015, también era evidente que se aproximaba una catástrofe, e incluso que se estaba creando una hambruna. Nada se hizo por evitar esto. Los ofrecimientos de ayuda humanitaria fueron rechazados. Frente al colapso de las importaciones, la producción y los ingresos fiscales, el gobierno optó por imprimir el dinero necesario para cubrir el déficit fiscal, detonando una hiperinflación.

Si bien el “cómo” del colapso venezolano está claro y fue predicho ex ante, el “por qué” es más difícil de responder. ¿Por qué, teniendo ante sí alternativas claramente formuladas, optó el gobierno por una vía predeciblemente desastrosa, con un costo humano tan alto?

Existen tres posibles explicaciones: ignorancia, intención o lo que los economistas llaman interacciones estratégicas. Comencemos con esta última. En un estudio realizado en 1991, Allan Drazen y Alberto Alesina argumentaron que es posible que la estabilización económica se vea demorada cuando dos grupos opositores están atrapados en una guerra de desgaste; todos comprenden que un ajuste es necesario, pero cada cual espera que el otro grupo pague los costos del ajuste. En la demora, los grupos se proporcionan información uno a otro acerca de cuán dispuestos están a sobrellevar el dolor. El proceso continúa hasta que uno de los dos grupos capitula y asume los costos del ajuste a fin de beneficiarse de la estabilización. Sin embargo, en un régimen totalitario como el de Venezuela –y con Cuba a cargo de las decisiones sobre reforma– es difícil saber quién está atrapado en una guerra de desgaste con quién.

La ignorancia es una explicación débil. Es verdad que en el gobierno no hay ningún ministro con estudios de economía, y que Maduro apenas terminó la escuela secundaria; no obstante, en su momento muchos chavistas abogaron por un giro de política en una dirección más sensata. Si el gobierno es ignorante, su ignorancia fue una decisión deliberada.

Esto deja la intención. El gobierno escogió su curso de acción debido a que creía que era mejor que las otras alternativas. Sin embargo, cuesta imaginar un curso de acción con peores consecuencias para millones de personas que el actual. ¿Qué nos falta entender?

La única forma de salir de la crisis era reempoderar a la sociedad dándole la capacidad de organizar una producción basada en el mercado que supliera las necesidades de la población. Pero eso era anatema para el régimen. Frente a la opción de reempoderar o hacer pasar hambre a la ciudadanía, el régimen optó por esto último y sobornó, a través de medios venales, a tantos secuaces como le iban a ser necesarios. En efecto, la catástrofe iba a debilitar al régimen; pero la sociedad se iba a debilitar de manera aún más rápida, lo que aseguraba que el régimen seguiría en control.

El diccionario de la Real Academia define “hacer mal” como “perseguir a alguien, injuriarlo, procurarle daño o molestia”. En última instancia, no existe otra explicación plausible para lo que ha sucedido en Venezuela.

 

Venezuela cinco ceros por Alberto Rial – El Carabobeño – 29 de Julio 2018

Unknown

O sea, que ayer usted tenía cien mil y hoy tiene uno. Y lo que compraba ayer con cien mil (nada, en realidad) hoy lo compra con uno (nada por nada es nada, así que sigue en lo mismo). Hace 20 años usted tenía uno, que hasta la semana pasada se habían convertido en 100 millones, y hoy vuelve a tener uno. Y usted sigue sin poder comprar nada porque no hay nada que comprar; o porque los cien mil de ayer (que son los cien millones a uno de hace 20 años) no valen ni media yuca.

La economía (sin ánimo de ofender a una ciencia tan apreciada por la humanidad) del chavismo es surrealista. Las medidas económicas del gobierno de Maduro no son tales, porque no responden a criterios económicos ni a intención –ni posibilidad- alguna de resolver nada. Son lanzamientos de flechas hacia una diana que tiene al Negro Felipe por un lado, a María Lionza por el otro y a Changó en el centro. Son brujerías y cortinas de humo generadas por un grupo de analfabetos que no distinguen una tasa de interés de una taza de café. Una suerte de vudú revolucionario cuya esencia, al final, solo contiene la grosera obsesión por el poder de una dictadura que se adueñó de esta ribera del Arauca.

La fortaleza de una moneda se desprende de lo que vale el país que la respalda, independientemente de los ceros que tengan los billetes. El dólar de Zimbabwe desapareció porque no valía nada: nadie lo compraba y a nadie le interesaba invertir en Zimbabwe. El bolívar fuerte, soberano, patriótico, bolivariano o como se le quiera llamar, tampoco vale nada porque el país está quebrado y nadie quiere tener bolívares en el bolsillo. Si Venezuela no tiene bienes ni servicios para mantenerse a sí misma, mucho menos va a tener para venderle algo a un extranjero a cambio de moneda dura. El petróleo, que mantuvo al país a flote por casi un siglo, se está dejando de producir y lo poco que se extrae se le regala a los cubanos o se le debe a los chinos.

El problema de Venezuela no es económico ni tiene que ver con los cinco ceros que se le quiten o se le agreguen a la moneda. El problema de Venezuela es básico, primario y elemental. A este país lo secuestró su peor gente, los malos, y los secuestradores están atrincherados con la complicidad de los que tienen los cañones. Por otro lado, la gente que dirige la oposición a la dictadura, los buenos, los que deberían tener como misión y razón de vida regresar a la democracia (porque se entrenaron para eso y porque es su trabajo) no han dado pie con bola ni han estado a la altura de las circunstancias. Lo demás son arabescos.

Maduro sobrevive, Venezuela agoniza por Francesco Manetto – El País -29 de Julio 2018

La represión política, el suministro de armas a civiles y una población fustigada por la necesidad permiten al régimen resistir en medio de una catástrofe social

unnamed-7

Todos en Venezuela pronuncian la palabra “cambio”. Esa necesidad, que unos entienden como el fin del régimen de Nicolás Maduro y otros como simple giro en la economía, está detrás de cada esquina, en un mercado de Caracas, en la cola de un banco, en las camionetas con remolques abarrotados que, a falta de autobuses, llevan a los trabajadores a casa. Pero el cambio nunca llega.

La brutal represión social, el desastre económico y una hiperinflación insoportable han extendido un sentimiento de hartazgo que aún no ha estallado por la dependencia de los subsidios que mantienen bajo el yugo a las clases populares y porque la prioridad de millones de venezolanos consiste en abastecerse y conseguir comida. En definitiva, sobrevivir. “Nos hacen promesas y promesas, pero al final, nada. Mi hija se tuvo que ir para Colombia y yo no sé qué va a pasar. Estoy esperando”, dice resignada Adela Velásquez, de 64 años, en la precaria escalera de su casa del barrio de Petare. Velásquez, que se declara opositora, todavía se lamenta amargamente por la arepería que tenía en los bajos de su edificio y que, como otras muchas, tuvo que cerrar porque ya no lograba vender nada. Cuando va a cumplirse un año de la elección de la Asamblea Constituyente, es difícil encontrar, incluso en las bases chavistas, a alguien que no desee un cambio de la situación. Pero también es complicado, al margen de los sindicatos y de las fuerzas políticas de la oposición, dar con alguien con ganas, y sobre todo tiempo, para reaccionar. Una combinación que permite a Maduro resistir aun en medio de una catástrofe social.

La vida cotidiana es un rompecabezas en el que deben cuadrar los cálculos astronómicos necesarios para afrontar cada gasto y la solución de los problemas derivados de la pésima calidad de los servicios, del transporte al suministro de agua. El salario mínimo y los bonos de alimentación apenas alcanzan 5.196.000 bolívares, unos 1,47 euros mensuales al cambio no oficial, el que de facto regula el mercado. Esa es la cantidad que percibe el 70% de los trabajadores con empleo formal, insuficiente para comprar una lata de atún o incluso un kilo de arroz.

Lo recuerda Zuleika Montero, que pese a trabajar en Somos Venezuela, uno de los movimientos políticos que sostiene a Maduro, se queja de la resignación social alentada por el Gobierno. “Somos muy conformistas. Hace falta un cambio de cultura y no lo aceptamos. Con un sueldo mínimo no se sobrevive, tenemos muchas cosas en contra y pocas a favor”, lamenta esta auxiliar de farmacia de 40 años.

Su vecino Pedro Key, a punto de cumplir 65, reparte las bolsas de comida de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP), una ayuda introducida hace dos años que ha contribuido a cimentar la fidelidad de los sectores más vulnerables. Unos pocos paquetes de harina, sal, arroz, pasta, azúcar, leche y tomate frito que según sus críticos es la base de la compra indirecta de votos. “Las cosas no están bien. Nosotros vamos a seguir hasta el final. Nos sentimos estafados, claro, pero por los mismos empresarios. Ellos son los que nos tienen en esta zozobra tan grande que tenemos”, afirma. Este activista demanda un cambio, pero aún cree en la llamada revolución bolivariana y busca culpables fuera de las esferas de influencia del chavismo. Con el apoyo de venezolanos como él, en medio de acusaciones de fraude, el rechazo de la mayoría de la oposición y de la comunidad internacional, en mayo Maduro fue reelegido presidente hasta 2025 en unos comicios sin garantías.

No obstante, es suficiente un paseo por su barrio, Petare, un cerro sepultado por decenas de miles de construcciones improvisadas, para captar un clima en el que se entremezclan indignación y renuncia. En la memoria de los mayores de 40 todavía resuena el eco del Caracazo, la violenta ola de protestas revindicada por muchos chavistas como la antesala de su llegada al poder. Se desencadenó en 1989, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez por una brusca subida de los precios. Ahora la hiperinflación que hace fluctuar la cesta de la compra en cuestión de horas enciende los ánimos de las mismas clases que entonces protagonizaron la revuelta. “Lo que se espera ahora es un estallido social”, dice Luis Díaz, que guardó cola durante tres horaspara comprar pan.

Civiles armados

Mientras tanto, en un universo paralelo, en el Cuartel de la Montaña, donde se encuentra el mausoleo de Hugo Chávez, los visitantes rinden homenaje al expresidente fallecido en 2013. La sargento Lérida Vélasquez mide su grado de fidelidad al régimen con sus preguntas. Pertenece a la Milicia, un cuerpo de más de 400.000 civiles armados creado para apoyar a los militares en “la defensa integral de la nación”.

Ángel Alvarado, asambleísta opositor, describe así el control casi absoluto de las autoridades y la miseria que empujaron a más de un millón de personas a cruzar en los últimos meses la frontera de Colombia en busca de oportunidades. “Lo que tenemos es un Estado que está colapsando, como ocurrió en Polonia, la República Checa, Hungría, Rumanía y en la Unión Soviética”, razona.

Caracas, donde rige una dolarización encubierta, ofrece un repertorio de imágenes de sangrante desigualdad. El jueves pasado, el centro comercial Tolón de la urbanización Las Mercedes parecía la puesta en escena de un sistema perverso. Entre los comercios vacíos, con la excepción de algún salón de belleza y peluquería, decenas de personas esperaban para sacar dinero en algún cajero. Solo en la cola del Banco de Venezuela había 21 clientes a la una de la tarde. Los límites fijados para retirar efectivo les hubieran dejado muy lejos del precio de unas zapatillas de una popular marca deportiva, alrededor de 70 salarios mínimos.

Todos esperan un desenlace sin conocer el guion. “La situación actual es de muy alta incertidumbre. No tiene ningún escenario posible con alta probabilidad de ocurrencia. Hay muchos escenarios. Uno es de una transición acordada entre un sector de la oposición y el chavismo o una transición chavista”, avanza el analista Henkel García, director de la consultora Econométrica. “Estos son los dos que destacan, pero puede pasar un conjunto de cosas. Ni los chavistas lo saben”.

Maduro sacará el “falso modelo de socialismo” de las deficitarias empresas públicas de Venezuela – OKDiario – 29 de Julio 2018

Venezuela sigue sumida en su fuerte crisis económica y Nicolás Maduro no sabe cómo tratar de tapar el fracaso de su gestión. Ahora es el turno de las empresas públicas del país. El presidente velezolano ha pedido ahora a su vicepresidente económico, Tareck el Aissami, transformar todas las empresas del Estado, que aseguró se encuentran en “rojo”, para superar el “capitalismo de Estado corrupto” y los “falsos” modelos de socialismo que se han aplicado.

“Yo mandé hacer un estudio hace meses atrás y las 70 empresas (estatales) estaban en rojo compañero, ya es nuestra responsabilidad yo no lo voy a tapar, yo no lo voy a negar”, dijo Maduro en la instalación del IV congreso del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), informa Efe.

Explicó que por ello aprobó a su vicepresidente económico “un plan para voltear todas las empresas públicas del Estado” y reestructurar de forma “absoluta” el modelo empresarial, de gestión y transformarlas “en lo que deben ser empresas productivas”.

“Tenemos que buscar distintas modalidades de un nuevo modelo de empresa productiva que supere el capitalismo de Estado corrupto y corruptor y supere los modelos fracasados de falso socialismo que hemos aplicado”, dijo tras señalar que hay empresas que están dirigidas por personas de “capitalismo de Estado”.

Pidió así un “acompañamiento” a la “clase obrera” para los pasos que se darán a partir del 20 de agosto en la transformación “revolucionaria” de estas empresas.

El gobernante venezolano dijo también que está buscando soluciones para cada empresa, así como inversiones internacionales y nacionales para mejorar la economía del país, afectada por una grave crisis.

Aunque el presidente Maduro no se refirió a una empresa en concreto, la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la principal del país, atraviesa una crisis también afectada por la baja producción de crudo. El Gobierno achaca los problemas de esta empresa a la corrupción dentro de la compañía y a las sanciones financieras de Estados Unidos.

A %d blogueros les gusta esto: