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Leonardo Palacios: “El Gobierno crea los incentivos para que el empresario se meta en la penumbra” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 12 de Julio 2020

Leonardo Palacios: “El Gobierno crea los incentivos para que el empresario se meta en la penumbra”

Después de 20 años de planificación centralizada y de ideología marxista, la realidad ha quedado al descubierto. El PIB ha caído en picada en un lapso asombrosamente corto. Hemos retrocedido 80 años. Y si nos ubicamos en el gráfico, podríamos trazar una línea que se detiene en el año 1935.

En la década de 1930, Venezuela atravesaba por un período de transición a la democracia. Desde las élites se acuñó una frase: «el nuevo amanecer». El escenario era más que promisorio. El petróleo, motor de la economía mundial, fluía como el mar interior que es el Lago de Maracaibo. Se creó una institución importantísima: el Banco Central de Venezuela (1940). Surgieron los partidos políticos. Caracas dejó de ser la capital taciturna de un país agrario y analfabeta. El ejército se dejó de montoneras y vistió uniforme profesional.

No podemos decir nada similar de la década que comienza en 2020. Que no sea el gráfico de marras y las aterradoras cifras de la última encuesta Encovi. Lo que sigue es la visión del empresariado, en boca de Leonardo Palacios*, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas, de las causas que nos llevaron al abismo. Vivimos el drama de la destrucción y los escombros del que fuera el país más rico de América Latina. Toda la institucionalidad, arriba señalada, la cambiamos por el modelo totalitario que ejerce el control social.

Uno de los sectores más golpeados por la crisis ha sido el tejido empresarial de Venezuela. ¿Cómo se puede reinstitucionalizar el gremio en medio de la destrucción y los escombros?

Lo importante es entender que la forma en que se ha manejado la economía no obedece simplemente a la improvisación, sino a una concepción donde era necesario ir eliminando todas y cada una de las instituciones gremiales por excelencia. Recordará que en su momento era indispensable la presencia de Fedecámaras, Conindustria y Consecomercio en las políticas que se estuviesen trazando. Las grandes decisiones de política económica eran anunciadas por el presidente de la República en las asambleas de cada uno de los gremios. Lo hicieron Betancourt, Leoni, Caldera y Carlos Andrés Pérez. Más recientemente, bajo el gobierno de Hugo Chávez, lo que hubo fue un proceso de desinstitucionalización. Ahora hay que recomponer, volver a institucionalizar. Quiero aclarar que no ha sido la crisis la que ha golpeado al sector empresarial, sino la planificación centralizada, en la que el Estado controla absolutamente todo, tal como ocurre en Corea del Norte y en Cuba, países que siguieron el modelo de la extinta Unión Soviética. Se abandonó la llamada planificación indicativa, en la cual el Estado genera las condiciones para que los empresarios asuman riesgos y generen actividad económica que contribuya al crecimiento económico. Lo que ha habido en Venezuela son controles y restricciones de toda índole. No podemos olvidar lo que dijo el exministro Jorge Giordani: «¿Para qué sector privado, si el 90% de los ingresos los genera el aporte petrolero?»Esa forma de concebir el Estado es lo que nos ha llevado a esta situación de colapso.

Hay un método que podríamos resumir en una palabra: «exprópiese», pero también hay una concepción ideológica que estigmatiza al empresario que produce riqueza. Si no se entiende cómo se organiza la economía, cómo se produce riqueza o cuáles son, para utilizar un término marxista, «las fuerzas productivas de la sociedad», es muy difícil que superemos el colapso. ¿Qué reflexiones haría alrededor de este planteamiento?

Se ha demostrado, a lo largo del siglo pasado, e incluso en lo que va de siglo, que ese tipo de planificación —y la ideología que la sustenta— no se corresponde con la realidad. En Venezuela se ha demostrado que el único que puede generar riqueza sustentable, por supuesto, dentro de un sistema de protección a la propiedad, a través del ordenamiento legal y de registro que organiza y administra el Estado, es el sector privado. Así lo han entendido los países europeos. El empresario se concibe como un socio del Estado. Pero bajo esta ideología, el empresario es visto como el verdugo que declaró y lleva adelanta la llamada «guerra económica». Esa concepción parte de las propuestas de Haiman El Troudi, con el Plan Simón Bolívar, para establecer un sistema ideologizado, cuya puesta en práctica se hizo a través de diversos tipos de propiedad. Se creó el concepto del poder comunal para contraponerlo al poder público, previsto en la Constitución. Se promulgaron las cinco leyes apocalípticas de la economía —las leyes del poder popular, el sistema económico comunal, la ley de comunas—, para expropiar o intervenir las empresas, aduciendo supuestas causas de interés público. El caso más evidente son las bombas de gasolina.

De acuerdo al modelo chavista, al empresario lo motiva «la ambición y la codicia». Sería, a través de «la propiedad comunal de los medios de producción» que llegaríamos al «mar de la felicidad». Sin embargo, lo que hemos visto es la quiebra, la destrucción. El PIB de 2020 es similar al de 1935. Antes de la pandemia ¿qué grado de destrucción podía constatarse en Venezuela?

La pandemia es la etapa terminal de la enfermedad. En Venezuela empieza la destrucción sistemática de la producción a partir de los 42 decretos de la Ley Habilitante. Eso fue lo que motivó y originó los sucesos del año 2002. Fue el inicio del desmantelamiento de las libertades económicas. Eso se profundizó en 2007 cuando el Gobierno tomó venganza por no haberse aprobado la reforma constitucional y se concreta, de forma dramática, en 2010. Lo que hemos visto es la progresiva destrucción de las empresas. Se toma el control no sólo a través de las expropiaciones, sino llevándolas a la quiebra. Lo que se quiere, en definitiva, es tener el control de la producción y el consumo y con ello el control de la sociedad. La pandemia vino a acelerar el proceso de destrucción de la planta industrial. Nos ufanamos de ser un país petrolero, pero en los últimos meses no hubo un solo taladro activo, ni uno solo.

¿Qué dicen las estadísticas alrededor de los puestos de trabajo que se van a perder o de los establecimientos que van a cerrar, producto, precisamente, de la fase terminal a la que nos llevó la pandemia?

Cuando hablamos de fase terminal, lo que queremos decir es que el Gobierno ha vendido la idea según la cual, si el empresario propone instrumentos de políticas públicas, es para autoexcluirse de los planes del Gobierno. Eso es absolutamente falso. A los empresarios nos interesa la formalidad. Queremos pagar impuestos. Pero en materia tributaria hay que poner las reglas claras. Vamos a ponerles límites a los municipios para que no hagan lo que les dé la gana, copiándose indebidamente de las medidas —claramente inconstitucionales— del poder nacional. Que funcionen los tribunales de justicia, que funcione el respeto. Eso es lo que queremos nosotros, porque la informalidad es lo peor que le puede pasar a una economía. Una empresa tiene que declarar semanalmente el IVA y con base en esa declaración pagar el IVA diario, el impuesto sobre la renta diario, pagar el aumento a las grandes transacciones del 2%, pagar a los municipios y a las entidades económicas de la misma forma. ¿Qué está haciendo el Estado? Agrediéndonos con toda esta serie de anticipos y creando los incentivos para que un empresario prefiera salir del flujo normal de información y registro y se meta en la penumbra, de tal modo que no se considere que incurre en evasión fiscal. Eso ni lo queremos nosotros ni el sector informal, cuya aspiración es formalizarse. ¿Para qué? Para tener acceso al crédito, a las líneas de financiamiento, para poder, finalmente, construir un historial empresarial.

¿Cómo se puede medir la actividad económica si no hay data, no hay estadísticas, no hay información? ¿Cómo se pueden diseñar políticas públicas que apunten al crecimiento de la economía venezolana? ¿Cómo se pueden incentivar la creación de riqueza, en medio de la informalidad?

La informalidad es una de las causas de que en Venezuela no se tenga un conocimiento y un seguimiento de la actividad económica, ya sea en términos de crecimiento o de estancamiento. Y lo sorprendente es que Venezuela se ha convertido en un Estado registral. Aquí todo y para todo es un registro. Se ha pervertido el registro. En lugar de servir para disponer de información y conocer mejor la situación de cada sector específico, a los fines del diseño de las políticas públicas, el registro se ha convertido en otro mecanismo adicional de control. El que está en el registro tiene existencia, el que no está es inexistente.  El que está en el registro siempre tiene el riesgo de exponerse a todas las sanciones de esta planificación centralizada. En consecuencia, la tendencia es a informalizarse. En segundo lugar, el organismo que mide el crecimiento económico, la liquidez monetaria, el flujo del dinero, la fluctuación de las tasas de interés, entre otras variables macroeconómicas, es el Banco Central de Venezuela, pero una vez que se le quitó su autonomía, lo que hemos visto es la opacidad en las cuentas fiscales del país. Entonces, si no hay forma de contrastar la información del sector privado con la data oficial, tampoco hay forma de obtener mediciones verificables y confiables.

No quisiera dejar por fuera la mención que hizo a las estaciones de servicio. Sin duda, se envía una señal muy clara, muy negativa. ¿Qué evaluación hicieron ustedes? ¿Por qué se produce esa medida?

Identificar la motivación de esa medida es muy difícil. Da para todo y mucho en qué pensar. No puedo imaginar de dónde viene. Es evidente que el estado de derecho sólo sirve para fortalecer al Estado… el extinto estado de derecho. Estamos ante un caso sintomático de lo que hemos venido hablando. PDVSA, sin ningún tipo de procedimiento o de respeto al derecho a la defensa, interrumpe —invocando la exacerbada figura del interés público—  un contrato de concesión. Ciertamente, es una actividad reservada a PDVSA, que la dio en concesión a unos señores que dispusieron de su patrimonio, en lapsos que van de 35 o 60 años, para invertir en una actividad económica bajo el concepto de libertad de empresa. Y de la noche a la mañana… «Señor, simple y llanamente, entrégueme la estación de servicio». Lo que creo es que la emergencia humanitaria no implica el desconocimiento de los derechos de los ciudadanos o de los empresarios. Lo importante es entender que para lograr tres cosas fundamentales que tiene la política económica —recuperación, crecimiento y estabilidad— lo fundamental es cambiar la concepción que se tiene de la economía. No se puede recuperar lo que se empecina en destruir, no se puede hacer crecer lo que yo no permito que crezca, no puede haber estabilidad cuando hago todo lo posible para que haya inestabilidad.

¿A qué nos enfrentamos en materia económica en tiempos de pandemia?

Si no nos mata el virus, nos mata el hambre y la gran pregunta es cuántas empresas van a poder sobrevivir a la pandemia si no se toman las medidas en materia impositiva, en materia de regulación del comercio y en materia de flexibilización laboral, lo que se va a generar es una situación cada vez peor. El problema es por cuánto tiempo vamos a poder pagar sueldos y salarios, incluidos los tributos de la nómina. A los empleados les das seguridad, bono de transporte, bono de alimentación. Además de una serie de nuevos gastos: Internet, computadores, seguros que cada vez son más costosos. Esos costos son importantes. ¿Cuánto más puede aguantar el sector empresarial?

¿No será que la meta del Gobierno es permitir que los empresarios crezcan, pero sólo hasta que sean pequeños, como ocurre en Cuba?

En Cuba existe libertad económica pero sólo para los sectores estratégicos donde hay inversión extranjera, particularmente en el turismo y en las actividades vinculadas al turismo. Nada más. Y después de 60 años, el gran logro es una peluquería o los chiringuitos, como dicen los españoles, o las taguaritas, como decimos nosotros. El pueblo cubano se muere de mengua, no tiene salud. Ésos son quimeras y espejitos que la intelectualidad venezolana, así como la de otras partes del mundo, compró. Muchos han abandonado esa posición.

Actualmente, el sector empresarial es mucho más débil que hace 20 años y el Estado, a pesar de toda la evidencia empírica, no ha dado muestras de que quiera deshacerse de la ideología que lo lleva a la planificación centralizada. ¿Cómo podría el empresariado reconfigurar su papel frente al Estado?

El papel de la institucionalidad, que recientemente ha ido recobrando importancia, es que nos hemos convertido en veedores de los derechos de nuestros afiliados, en veedores de la libertad económica y, aunque suene principista o a lo mejor pueda parecer la visión misión de una empresa, la verdad es que paulatinamente hemos ido saliendo de ese marasmo que creó el Gobierno con respecto a las instituciones empresariales. Ante la ausencia del poder constituido existe el poder de las organizaciones sociales: la veeduría. Nosotros, eso hay que entenderlo, somos un grupo de interés, un grupo de presión, reconocidos constitucionalmente aquí y en cualquier parte del mundo, porque representamos, entre otras cosas, intereses específicos amparados por la Constitución. En segundo lugar, aquí no puede haber empresarialidad si el Estado aplica un modelo asfixiante y no respeta al empresariado. Lo importante es desregularizar la economía, desmontar todos esos aparatos que constituyen, prácticamente, una cámara de tortura medieval. Aquí el Estado tiene que ser empático con el empresario, tal como ha ocurrido en países europeos de inclinación liberal o conservadora. Saber que, ante la amenaza de la pandemia, el sector empresarial ha tomado con responsabilidad social y ciudadana, el compromiso de proteger a sus empleados.

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*Abogado por la UCAB, con especialidad en derecho tributario por la UCV. Docente. Coordinador Legal de la Reforma Tributaria de 1993, miembro del equipo fundador del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat).

Inflación acumulada alcanza 508,47 % en el primer semestre de 2020, según la AN – Efecto Cocuyo – 8 de Julio 2020

Venezuela acumuló una inflación de 508,47 % en el primer semestre del año, luego de que el indicador cerrará junio en 19,5 %, informó este miércoles 8 de julio la Asamblea Nacional.

“Estamos presenciando una aceleración del ritmo al cual están aumentando los precios en Venezuela”, dijo el diputado José Guerra durante una reunión virtual de la Comisión de Finanzas del Legislativo, en la que presentó el Índice de Precios al Consumidor.

Explicó que la tasa de junio muestra un alza respecto a mayo, cuando la inflación fue de 15,3 % pero todavía se ubica lejos del índice de 80 % registrado en abril.

Guerra aseguró que este incremento mensual “guarda relación con la depreciación que ha tenido” la moneda nacional, el bolívar, “en las últimas semanas”.

“El peso de la devaluación se empieza a transferir en forma de aumento de precios“, remarcó, tras indicar que el signo monetario local se está depreciando en un 3 % cada día frente al dólar estadounidense.

El legislador mostró además las tasas de inflación de una veintena de países de Latinoamérica y subrayó que entre todas suman un 25 %, muy por debajo del “caso aparte” que es Venezuela.

Estos indicadores, dijo, son más graves al recordar que el país tiene “el salario más bajo” del continente, con unos dos dólares mensuales.

Mientras que la comisión parlamentaria ofrece datos acerca del índice de precios todos los meses, el Banco Central (BCV) no tiene una periodicidad fija.

El BCV retomó la publicación de cifras de inflación en 2019, pero mantuvo el silencio informativo al respecto durante 2016, 2017 y 2018.

El ente emisor informó en junio de que la inflación acumulada del país durante los primeros cinco meses del año 2020 alcanzó el 295,9 %, una cifra 113,3 puntos inferior a la reportada por la Cámara en el mismo periodo.

Venezuela vive una hiperinflación desde 2017 que, a juicio de la oposición que controla el Parlamento, se mantendrá hasta que pasen más de tres meses con una inflación por debajo del 50 %.

Michael Penfold: “La crisis exige una dosis de realismo, de aceptación y de reconexión social” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 28 de Junio 2020

 

Michael Penfold: “La crisis exige una dosis de realismo, de aceptación y de reconexión social”

Más abajo hay una seguidilla de ideas, de reflexiones, de cuestionamientos, que van a incomodar a más de uno. Todos, cortesía de Michael Penfold*. Pongamos de relieve una realidad incontestable. La economía venezolana es más pequeña que la de Guatemala, pero nuestra población es mucho más grande, lo que significa que somos más pobres. ¿Pero conocemos ese nuevo país? ¿Lo entendemos? ¿O, sencillamente, lo que nos conecta con Venezuela es un recuerdo?

Descendemos por el abismo y los paracaídas no abren. Tanto el chavismo como la oposición necesitan asumir la realidad de una manera distinta, si quieren atender la demanda de la población que, en más del 60 por ciento, quiere un arreglo y manifiesta —hasta la saciedad— que no podemos seguir viviendo así.

Más allá de si estaría dispuesto a reunirse con Nicolás Maduro, lo relevante de la declaración del presidente Donald Trump es que pone en duda el liderazgo de Juan Guaidó. Esto es producto del fracaso del 30 de abril y también es una demostración de «real politik» que plantea una situación muy distinta —nada favorable— para la oposición venezolana. ¿Cuál es su opinión?

Creo que en los círculos del presidente Trump y en el Departamento de Estado (Cancillería de USA) hay, lo que se llama en inglés, second thoughts —cambiar de opinión o empezar a dudar de ella— alrededor de lo que ha sido la política exterior hacia Venezuela, cuya característica —por momentos— es que ha sido muy errática, aunque básicamente ha tenido una línea dura que, curiosamente, fue la que diseñó Bolton. La apuesta —se ve claramente en el libro que acaba de publicar— era legitimar a Guaidó, como presidente de la AN y como presidente interino de Venezuela. Lo que se buscaba era un quiebre militar que nunca llegó, porque los términos del acuerdo —y esto también queda en evidencia— no eran creíbles y luego se revirtieron. Eso terminó en un fracaso estrepitoso como lo fue el 30 de abril. El tuit del presidente Trump es, si se quiere, una respuesta a la versión de Bolton, cuya visión pendular va de un extremo intervencionista a otro que es la negociación. Lo que percibo es que hay una gran ambivalencia sobre cómo proceder con Venezuela.

El 30 de abril, para decirlo claramente, nos dejó al descubierto. Una oposición dividida, si se quiere hasta la raíz, aunque siempre se enarboló la bandera de la unidad. Lo que estamos viendo, por la vía de los hechos, es que este tema quedó liquidado. ¿Esto, propiamente, es producto del 30 de abril o de la política ensayada en los últimos dos años?

Yo creo que es el resultado de esta idea de proceder simultáneamente con múltiples estrategias, sin casarte, necesariamente, con una ellas. No se entendió que la coalición que estabas construyendo tenía que sumar actores, que debía ser persuasiva, que tenía que ser creíble en el plano doméstico, que no podía anclarse en una fortaleza internacional porque se iba a erosionar en la medida en que no lograra una solución en Venezuela. Creo que esa política nunca maduró y el 30 de abril es el resultado, más bien desordenado, de eso. Por el contrario, lo que está generando en actores centrales, como las Fuerzas Armadas, es la percepción de que esa política no es creíble, de que hay mucha incertidumbre, y al final llegamos a una situación muy trágica. El 30 de abril es una situación en la cual, básicamente, pierden todos los venezolanos por distintas razones, pero una de ellas, es producto de esa visión maximalista que tiene la oposición. Eso no quiere decir que se tenga que dividir.

¿Cuáles serían las opciones?

Se está discutiendo, por ejemplo, la idea de la continuidad administrativa, en caso de que las elecciones parlamentarias se realicen bajo las condiciones actuales y, por esa vía, extender el mandato de la Asamblea Nacional. Sería un error, entre otras cosas, porque el fundamento jurídico de esa opción es muy endeble y el mandato democrático aún menos claro. Pero hay más. Eso llevaría a la oposición a un gobierno paralelo en el exilio y la experiencia internacional de ese tipo de cosas es muy mala. Básicamente, en el plano doméstico, la oposición se hará más irrelevante. No estoy diciendo con esto que tengas que ir a las elecciones legislativas. Mi punto es que la oposición no puede aferrarse a unas opciones que no son creíbles, que no son reales.

¿Qué pasos tendría que dar el liderazgo opositor para restablecer mecanismos de confianza? ¿Es posible reconstruir una coalición en estos momentos?

El contexto es mucho más autocrático del que había hace dos años. Cuando se habla de transición, lo cierto es que cada vez estamos más lejos de la transición… no más cerca. Operar en ese ámbito no es sencillo. Tiene enfrente un oficialismo que está tomando decisiones, no solamente porque quiere sino porque puede. ¿Qué busca el chavismo y en particular Maduro al día de hoy? Lo primero: Descabezar a Guaidó. Es decir, descabezar el liderazgo de la oposición y en segundo lugar, crear una oposición «leal», que no pase, necesariamente, por los mismos cuadros que está manejando la oposición actualmente. Lo está haciendo mediante la intervención administrativa (vía TSJ), que en la práctica es casi una ilegalización de los principales partidos democráticos (AD y PJ). Pero lo que es una equivocación, a mi juicio, es no actuar frente a las decisiones que te condicionan  y creer que porque tienes el apoyo internacional, vas a poder contrarrestar eso. El chavismo no está haciendo esto porque piense que la próxima Asamblea Nacional va a ser legítima a los ojos del mundo, sino porque cree, básicamente que ese mecanismo va a ser muy efectivo para cumplir los dos objetivos que mencioné anteriormente.

Queda pendiente el tema de la coalición, ¿Cómo plantear la unidad?

Yo creo que la unidad es clave, entre otras cosas, porque es tu fortaleza más importante. Lo que sí creo que es ridículo es mantener unos esquemas de decisión —dentro del G-4, por ejemplo— que en la práctica implica que todos ellos tienen poder de veto y por lo tanto terminas tomando decisiones, que no son consistentes con las restricciones que te impone la realidad objetiva. De ahí que las decisiones que se toman terminan generando más problemas que beneficios y no te puedas replantear varias cosas. Una de ellas es la forma en que te vinculas con organizaciones no partidistas y con el resto del país. Lo que estamos viendo es que hay un gran divorcio entre lo que piensa la gente y lo que el liderazgo está haciendo.

¿Esta desconexión, entre la política y la gente, no plantea un grave problema para la oposición? Si la política es dinámica, digamos, la característica principal actualmente es todo lo contrario: el inmovilismo.  

El drama económico y social es tan grande que Venezuela es otro país. Eso es lo primero que habría que aceptar. Un país que tiene 5 millones de migrantes, en el cual la productividad del venezolano es mayor afuera que adentro, donde la demografía ha cambiado radicalmente debido, precisamente, a esa migración. Un país que vive de las remesas o que depende de ellas. Una economía más informal, más ilegal. Es otra Venezuela. ¿La conocemos? ¿La entendemos? ¿La aceptamos? Probablemente, no nos guste, pero ese país está allí. La desigualdad es dramática. En 2019, por ejemplo, el tamaño de la economía terminó siendo casi igual que la de Guatemala. Hoy es mucho más pequeña. Los políticos están desconectados de esa realidad, ¿Por qué? Porque hemos apostado muy duro a que la agenda internacional es lo que nos va a salvar. En el fondo eso ha llevado también a una gran desmovilización de la sociedad y a un gran desempoderamiento de las organizaciones sociales. No es que en Venezuela no haya protestas, por el contrario, hay muchas —a pesar de la pandemia—, pero están muy acotadas territorialmente.

Acaba de señalar las claves de la desconexión entre la política y la sociedad, ¿Pero qué nos dice esa realidad?

Que hay un gran descontento. Que la sociedad está demandando cosas que la élite política —tanto opositora como el chavismo, incluso aún más— no quiere aceptar. El país, en un 60 por ciento, está diciendo: Negocien, lleguen a un acuerdo. No podemos seguir viviendo así. Pero obviamente, los incentivos individuales de cada uno de los grupos no llevan a eso. ¿Por qué? Porque la sociedad, hasta el momento, no ha logrado movilizarse ni canalizar su enorme descontento de una forma eficaz y de restringir a la élite política para que llegue a ese tipo de soluciones. Pero quiero insistir. Venezuela cambió. No solamente porque es más pobre, sino por las dinámicas creadas por la crisis de los servicios públicos y por la caída del ingreso.

Si hay un Bolton en Cuba, otro en Rusia, otro en China, ¿Cómo pondrían esos «asesores de seguridad nacional» los intereses de cada uno de sus países en función del conflicto venezolano? Resulta paradójico que la apuesta se centre en la agenda internacional, donde los venezolanos deciden poco o nada.   

Diría que es mucho peor que eso. La política venezolana está marcada por la política doméstica de los Estados Unidos (por las elecciones presidenciales que se realizarán en noviembre). Pero eso está ocurriendo, entre otras cosas, porque la dirigencia política venezolana no ha logrado trazar con claridad cuáles son sus intereses en política exterior, y hasta qué punto, en su política internacional, pueden contar con el apoyo de los Estados Unidos. En el fondo, le estuvimos apostando a una agenda, donde privaba una acción internacional que nunca llegó… y que no va a llegar de la forma como se esperaba. Lo cual, a mi juicio, era completamente anticipable. Lo ves no solamente con respecto hacia los Estados Unidos, sino hacía Colombia e incluso hacia Cuba. Ahora, en la medida que pasa el tiempo, el problema es que el conflicto venezolano se ve como algo irresoluble. Actualmente, la postura de Europa, por ejemplo, no es presionar para que se produzca el cambio político sino para que entre la ayuda humanitaria. Al final del día, nosotros tenemos que volcarnos hacia dentro. Eso implica una manera de proceder, una estrategia totalmente distinta, tomando en cuenta las decisiones internas y que, en este momento, no tenemos buenas opciones.

Son varios temas. Uno: la profundización del autoritarismo. Dos, la oposición «leal» que quiere crear el chavismo. Tres, la participación o no en la elección legislativa. Todo eso debería estar en la agenda de la oposición. ¿Pero hay claridad alrededor de esos tres puntos? Yo no la veo. Seguimos viendo para otro lado. ¿Usted qué piensa?

Esta idea de irnos a la continuidad administrativa y a profundizar el gobierno paralelo, es un buen reflejo de la negación de la realidad. No solamente por lo endeble del soporte jurídico, sino porque lo que hace es validar la transición que aplicó el chavismo a raíz, justamente, de la muerte de Chávez. Me refiero al «interinato» que asumió Maduro poco antes de las elecciones de 2013. Se insiste en la idea de que el liderazgo opositor se construye desde afuera. Probablemente nos ha tocado vivir el autoritarismo con tecnologías distintas, pero al final del día esto requiere un liderazgo democrático, una gran dosis de realismo, de aceptación y de reconexión social. Yo creo que la oposición tiene que responder a una visión de mediano y largo plazo sobre cuál es su objetivo.  Con la tesis de «Maduro, vete ya» hemos perdido momentos muy importantes y concesiones que no tomamos, que quizás pudieron haber significado el inicio de una transición democrática en Venezuela. Pero en nuestra visión maximalista, pensamos que eso no era suficiente. Creo que ese es el principal pecado, el principal error de la oposición. Hay mucha fantasía.

¿Qué entidad le asigna a la asesoría cubana en Venezuela?

Cuba ha trasladado una cantidad de tecnología y ha creado capacidades, sobre todo de monitoreo, tanto a nivel social como en las Fuerzas Armadas. Esa ha sido su mayor contribución para sostener al chavismo. Pero nos pasa algo parecido que con los militares… sin los militares no vamos a poder ir a un proceso de transición y algo similar se podría decir de los cubanos, sin los cubanos no vamos a poder ir a un proceso de transición. Entonces, no nos tomamos en serio a esos actores. Al final, a los militares los terminas enajenando, no los terminas persuadiendo, no les estás ofreciendo suficientes garantías, no los estás incluyendo en un plan de reconstrucción nacional. Y con respecto a los cubanos tienes que aceptar que lo mejor sería darles unas garantías y una salida. Sin poder compensar a los cubanos, que se podría hacer con Canadá, lo único que vas a lograr es cerrar a Cuba alrededor de cualquier cambio político en Venezuela. Si aquí hubiese una salida negociada —que en este momento no la hay, ni la va a haber porque ninguno de los actores tiene incentivos para eso—, yo creo que es fundamental incluir, en un segundo piso, a todos los países que tienen intereses en Venezuela. No solamente es Cuba, es China, Rusia, Estados Unidos, Colombia, para que desde ese segundo piso presionen y Venezuela pueda rescatar, digamos, su institucionalidad, su constitucionalidad básica y allanar el camino para un proceso electoral.

En la guerra de Angola, Suráfrica y Estados Unidos intentaron negociar sin incluir a Cuba en la mesa de negociación. Pero pronto advirtieron que no podían avanzar sin incluir a los cubanos en el proceso. Parece que nosotros estamos en una situación similar. 

Es interesante el caso de Angola, que terminó en un proceso de negociación complejo, que básicamente lo facilitaron Portugal, la extinta Unión Soviética, Estados Unidos y Cuba. Lo mismo necesitas aquí. La negociación en Noruega, por ejemplo, fue un proceso que no tuvo esos pilares. Más bien tenía distintos países con diferentes visiones sobre cómo proceder en el caso venezolano. Yo creo que eso es fundamental alinearlo. Pero lo que no puedes hacer es desconocer eso, como tampoco el chavismo puede desconocer que los Estados Unidos es un jugador importante y que el país no puede acceder a financiamiento internacional, no va a poder resolver sus problemas de servicios públicos y acceder al crédito de los organismos multilaterales (FMI, BM, BID) si no se remueven las sanciones. Y la decisión alrededor de las sanciones no las controla la oposición sino los Estados Unidos. Entonces, nosotros estamos en un juego geopolítico regional que requiere alinear todos esos factores. Pero no te puedes casar con uno solo que, a mi juicio, es lo que terminó haciendo un sector importante de la oposición.

Una pregunta obvia, aunque lo obvio, a veces, es necesario. ¿Usted cree que la oposición debería presentarse a la elección legislativa?

En este momento sería apresurado tomar cualquier decisión. El núcleo del esfuerzo tiene que dirigirse a mejorar esas condiciones, a tratar de retomar las negociaciones internacionales que permitan ir, bajo un marco diferente, a ese proceso legislativo. Negar que la legislatura llega a su final de periodo, también me parece muy irreal. ¿Volver a hacer lo mismo que en 2018? Esa es una posibilidad, pero eso se logró porque previamente pudiste coordinar a toda la oposición. Además tuviste una visión muy clara de cuál era la crisis constitucional que, inevitablemente, se le venía al chavismo alrededor de un punto: ¿Era legítima o no la reelección de Maduro a partir del 10 de enero? En este momento, la continuidad administrativa de la AN es la erogación completa del arreglo constitucional venezolano. Eso es lo que implica, entre otras cosas, porque no vamos a tener ningún poder público que tenga origen democrático y que sea reconocido internacionalmente. ¿Venezuela puede vivir con eso? Difícilmente. ¿Podrá resistir el chavismo? Probablemente. ¿Va a desaparecer la oposición? No creo. Pero en ese ambiente, el país no va a poder retomar el crecimiento o enfrentar la crisis humanitaria. Venezuela, en este momento, sólo tiene un taladro petrolero activado. Nuestra principal industria está destruida. Reactivarla va a requerir inversiones masivas. Pero el país que invierta va a exigir un contrato reconocido internacionalmente.

Nos va a tocar comernos unos sapos, entonces señalemos este punto: tenemos que ser realistas y buscar una solución. No queda otra. 

Si planteas la extensión administrativa y el gobierno paralelo, esa no es una alternativa. Vas a tener que abordar, seriamente, ese problema. Sapo, siempre te lo vas a comer. Ningún país sale de una crisis como la nuestra, ileso. Sin dar garantías que, en otras circunstancias, probablemente no hubieses aceptado. Si vas a iniciar persecuciones penales, a través de la justicia de Estados Unidos, por ejemplo, no vas a llegar a la negociación, porque lo único que les da garantías a ellos está en Venezuela. Es decir, que tú cuentes con un orden político y jurídico que incluya esas garantías. Ese es el mayor sapo que nos tenemos que comer. Ahora, yo no tengo problemas en aceptarlo, mucha gente sí. ¿Y sabes por qué? Porque yo prefiero comprar el futuro de mis hijos. Esa es la razón. Eso es lo que resuelve la justicia transicional. Y no es fácil, porque la justicia transicional en un mundo globalizado es mucho más difícil.

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*Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Columbia. Docente. Consultor en Políticas Públicas. Ensayista, escritor.

Asdrúbal Baptista, la mirada de un visionario por Hugo Prieto – ProDaVinci – 25 de Junio 2020

Ha muerto Asdrúbal Baptista. La información ha circulado en Twitter sin llegar a ocupar los 280 caracteres que permite un trino. La noticia viaja desprovista de un contexto necesario, de una reflexión obligada, compitiendo con ese cumulo de datos, de opiniones, de duelos encarnizados, que caracterizan a las redes sociales.

En gran medida, Baptista era un autodidacta, aunque poseía los más altos quilates de la academia. Su curiosidad era insaciable. Y su biblioteca una seguidilla de libros que acumulaba en su casa, en su oficina del IESA y sobre todo en su prodigiosa memoria. Hegel y la dialéctica eran su marco de referencia. Eligió el tránsito más difícil. De ahí la ambivalencia, los ejes filosóficos de su pensamiento, pero también los ejes de la economía política, que para Baptista eran una y la misma cosa. Estaba en ese círculo de economistas que —como Adam Smith y Carlos Marx— habían llegado a la economía no como una disciplina de estudio, sino como una herramienta teórica para sustentar con veracidad y apego a la historia, sus tesis y paradigmas que, para bien o para mal, movieron al mundo en tiempo y espacio a lo largo del siglo XX. Alguna vez le sugerí que había un paralelismo entre su trayectoria y la del economista brasileño Roberto Mangabeira Unger. Me miró con ojos inexpresivos, aunque penetrantes. “Esas son palabras mayores, Hugo”. En el dominical de Economía HOY, Sergio Dahbar y quien esto escribe, lo invitamos para que formara parte del cuerpo de colaboradores. Me veo obligado a confesarlo. Era fanático de su estilo. Esa proyección distante, pero acuciosa, de los temas más variados del devenir de la economía venezolana.

Su tesis más difundida —aunque no necesariamente asimilada— sigue siendo una materia pendiente para la sociedad venezolana. El papel que jugó el petróleo en la transformación del país. La obra de Baptista es vasta y sin duda visionaria. Uno de sus libros más sugerentes se titula “El relevo del capitalismo rentístico/Hacia un nuevo balance de poder”. ¿Qué hacer con el petróleo? Esa era su gran obsesión, su gran inquietud. Tengamos en cuenta lo que significó en apenas un parpadeo. “La Venezuela misérrima era también una Venezuela rural —el lector avisado podrá siempre invertir el sentido de la frase y poner la condición rural de la población en la base misma de la miseria—. Una sociedad rural es una sociedad insalubre, analfabeta, inepta para la democracia y para los grandes fines del crecimiento económico y el progreso material”. Desde Adriani y Uslar hasta Betancourt, la mano invisible del Estado gira sobre la válvula del petróleo y tenemos de frente no sólo  los cuantiosos ingresos petroleros sino los conflictos políticos más encarnizados que ha vivido Venezuela desde el estallido del Barroso 2 en la cuenca del Lago de Maracaibo.

Al cumplirse los 150 años del Manifiesto Comunista, hubo en su interés la necesidad de escribir un artículo que se público en la revista “Debates” del IESA. Había allí pistas sobre lo que sería la globalización económica que, bajo la égida del capitalismo triunfante, marcó la economía mundial hasta nuestros días. Era Baptista, ese destello brillante de una mente lúcida.

Otra clave de sus inquietudes y estudios corresponde a la inevitable sobrevaluación del signo monetario, el bolívar, a raíz de una renta que el país no produce pero que capta del mundo exterior, en forma de ingresos petroleros. Las dificultades para desarrollar un sector industrial, en fin, de una economía inmune a la llamada enfermedad holandesa, de la que nunca pudimos escapar y que explica, en gran medida, la catástrofe en la cual nos encontramos inmersos. Serán otros tiempos, porque el valor del petróleo, como motor de la economía mundial, va en declive. ¿Podremos aprovechar lo que resta? Esa es una gran interrogante sin respuesta.

No tuvo acierto en la política. Aceptó el Ministerio de Planificación bajo el gobierno de Caldera, pero pronto se dio cuenta que el reloj del presidente marcaba una hora distinta a la hora oficial de Venezuela. En ciertos conciliábulos se tomaban las decisiones, muchas de ellas en contra del interés nacional y, por supuesto, del sentido común. Pero la urgencia, la necesidad de sobrevivir, la tentación de evitar el conflicto, tan conocida en Venezuela como “correr la arruga”, eran cosas que no podía explicarse o lo dejaban perplejo. No por eso su compromiso con Venezuela puede ponerse en duda. Puedo dar fe de ello porque en más de una ocasión tuve el privilegio de presenciar los debates sobre el país en la sala de la casa de Mercedes Pulido de Briceño, a los que nunca faltaron Asdrúbal Baptista y Ramón Piñango.

¿Qué el negocio petrolero tiene en gran medida rasgos específicos, y un componente de autonomía frente al resto de la economía? Es algo que nos ha marcado hasta el día de hoy y de lo cual no podemos escapar. Y para muestra un botón.  Baptista desarmó mi argumento de que había cierta desidia, algo parecido al fastidio, frente al impacto que los precios del petróleo, en su característico vaivén, tienen en la cotidianidad de todos nosotros. “¿Y por qué entonces, Últimas Noticias titula con el precio del barril cada vez que sube o baja? ¿No es esa la mejor demostración de que los venezolanos saben que ese hecho va a tener consecuencias directas en sus vidas?”.

Asdrúbal Baptista solía caminar bien temprano por los alrededores de su barrio —La Castellana— y en el caso central de Chacao, tomándole el pulso a la opinión pública, al venezolano de a pie. Tenía esa manía del cronista que se apoya en la calle, en la cotidianidad, para enmarcarla en un análisis, que superaba el cálculo integral con que los economistas suelen apoyarse para darle contenido a sus aseveraciones.

Su aporte, en forma de desafío, es algo que la sociedad venezolana habrá de dilucidar, si realmente quiere escapar de esta hora de oscuridad y tragedia. Ahí están los hitos, marcados en un cronograma que abarca un siglo. Ahí están las aseveraciones rigurosamente demostrables. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato?

La liquidación de las industrias en Venezuela por Miguel Henrique Otero – ABC – 25 de Junio 2020

De las casi 17.000 que existían en 1999, donde más de 70% eran pequeñas y medianas empresas, solo han logrado sobrevivir alrededor de 2.600: menos del 16%

Miguel Henrique Otero

Desde hace veinte años, a menudo sin haber recibido la atención que estos hechos merecían y merecen, se ha venido produciendo la destrucción sistemática y despiadada de la estructura industrial venezolana. Los esfuerzos que empresarios, inversionistas, trabajadores, profesionales de distintas especialidades, entidades crediticias y numerosas instituciones del Estado venían haciendo desde finales de la década de los 30’s del siglo XX –recordemos que el finalmente fallido Banco Industrial de Venezuela fue creado en 1937– y que hizo posible en las décadas siguientes y con muchas dificultades, crear un tejido industrial básico para el beneficio de Venezuela, comenzó a ser arrasado desde el momento en que Chávez se hizo con el poder.

Basta una somera revisión de lo ocurrido, para que no haya duda alguna de que la destrucción ha sido deliberada. Lo primero: desde el primer día de su mandato, Chávez puso a circular un discurso que alentó las tensiones entre empresarios y trabajadores. Malversando las leyes, creó las condiciones para convertir los centros de trabajo en zonas de permanente conflictividad laboral y social; azuzó a los trabajadores a desconocer sus propias responsabilidades; convirtió a las inspectorías del trabajo en enemigos de los empresarios; más adelante acabó con el recurso imprescindible del contrato laboral, al establecer la inamovilidad laboral. El resultado, como sabemos, ha sido predecible: las tasas de productividad no han cesado de caer, los costos de producción se han hecho cada vez más elevados, la competitividad del sector industrial venezolano ha desaparecido.

No solo se dislocó, en algunos casos de forma irremediable, la convivencia: también se puso en marcha un paulatino y cada vez más feroz cerco a las industrias. Les crearon, como a todas las empresas, obligaciones parafiscales. Se decretaron leyes que obligaron a nuevos desembolsos y que aumentaron los costos de producción. Se establecieron controles de precios, en su gran mayoría, simplemente absurdos, que hacían inviable la producción. Una de las consecuencias del control de cambio, solo una, es que comenzaron a escasear las materias primas y, de inmediato, comenzó la caída de productos terminados. A los industriales se les ha sometido a un perverso ahogamiento: impedidos de producir, porque no les aprobaban las divisas para importar materias primas, tampoco se les permitía reducir de sus nóminas aquellos trabajadores que no cumplían ninguna función.

Pero el asedio a las empresas todavía no ha terminado: se han creado organismos –comisarías– para hacerles la vida imposible. Se ha autorizado a grupos de ignorantes, cuadrillas de milicianos y otras formas del llamado Poder Popular, dirigidas por fanáticos ajenos a la comprensión del hecho productivo, para que fiscalicen y amedrenten a trabajadores, profesionales y propietarios de las empresas. ¿Es posible que se hayan cometido todavía más desmanes en su contra? Sí. Se les ha decomisado mercancías de forma ilegal, se les han abierto expedientes por delitos que no han cometido, se les ha convertido en objeto permanente de extorsión y chantajes de diverso orden.

A todo lo anterior, hay que sumar el largo y nefasto expediente de las expropiaciones. Un estudio de CEDICE muestra que el régimen de Chávez y Maduro ha expropiado más de cinco mil empresas. Una parte de ellas han sido industrias, cuyo destino es conocido en el mundo entero: o han sido arruinadas o han dejado de producir o fueron saqueadas y desmanteladas o simplemente fueron cerradas. No hay una, entre miles, que haya producido algún resultado positivo. Ni una.

¿Qué explica semejante devastación? Que fueron instauradas una serie de prácticas, cuyo destino no podía ser otro que el desastre y la quiebra. Se designaron autoridades y directivos a los que se pagaban sueltos y dietas estrambóticas, sin ninguna experticia en la materia industrial. Se destruyeron maquinarias y equipos por impericia y desconocimiento de sus requisitos técnicos. Se perdieron licencias fundamentales para operar, por falta de pago. Se dejó de producir por incumplimiento de las exigencias de planificación y de mantenimiento de equipos y maquinarias. Se engordaron las nóminas, de forma simultánea a la caída de la producción. En una frase: empujaron a las industrias a su total desaparición.

Un balance de esta política del régimen de Chávez y Maduro arroja una conclusión indiscutible: han logrado la destrucción que se proponían. De las casi 17.000 industrias que existían en 1999, donde más de 70% eran pequeñas y medianas empresas, solo han logrado sobrevivir alrededor de 2.600: menos del 16%. De ellas, menos de 1% son pymes.

A ese pequeño grupo de industrias que ha sobrevivido, perseguidas por la hostilidad del gobierno, la adversidad del entorno –operan castigadas por las fallas en el servicio eléctrico, sin agua, sin combustibles, con suministros de materias primas inciertos y en condiciones de inseguridad extremas– le corresponde afrontar el empeoramiento de las realidades, producto de la conjunción de las políticas gubernamentales y las amenazas de la pandemia.

Quien lea las cuarenta láminas que sintetiza la Encuesta de Coyuntura de Conindustria correspondiente al primer trimestre de 2020 –está disponible en su web– está obligado a pulsar el botón de alarma: la baja en stocks de materia prima, la caída de la demanda, las dificultades para producir, el derrumbe de las exportaciones, la creciente paralización (la utilización de la capacidad instalada en Venezuela es de apenas el 18%), así como otros factores de análisis, alcanzan esta proyección: el 60% de las industrias que quedan podrían cerrar en el lapso de un año, es decir, antes de abril de 2021. Esto significaría que alrededor de otras 1.560 cerrarían, y que solo unas mil lograrían sobrevivir. A esto nos encaminamos: a un país sin empresas, sin empleo privado, sin producción y sin ningún potencial económico.

 

Encuesta cualitativa de coyuntura industrial – Conindustria – 19 de Junio 2020

Cendas FMV: Precio de la canasta alimentaria se ubicó en 283 dólares en mayo – El Nacional – 23 de Junio 2020

Hace un año un kilo de pollo costaba 11.451 bolívares. Actualmente tiene un precio de 365.066 bolívares, mientras que un cartón de huevos tenía un precio de 24.690 bolívares y ahora se consigue en 682.266 bolívares

Precios alimentos escasez crisis canasta alimentaria mayo
EFE / Miguel Gutiérrez

La canasta alimentaria familiar se ubicó en mayo pasado en 55.376.516 bolívares, lo que equivale a 283 dólaresinformó el lunes el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros.

En comparación con abril, de acuerdo con la medición mensual del Cendas FMV, el grupo de 60 productos aumentó 9.430.258 bolívares o 48,36 dólares. Esta diferencia representa un precio 20% más caro en solo un mes.

El salario mínimo está establecido en 400.000 bolívares. Al cambio, los trabajadores generaron un ingreso mensual en mayo de 2,05 dólares.

Los productos como salsas, mayonesas y granos fueron los que tuvieron un mayor repunte en sus precios, entre 63,4% y 54,4%, respectivamente.

El Cendas FMV puntualizó que para que un venezolano pueda adquirir la canasta básica debe ganar 138.4 salarios mínimos mensuales; 4.6 salarios mínimos diarios o 9,46 dólares diarios.

Agregó que la variación acumulada en los primeros cinco meses del año de la canasta alimentaria familiar fue de 263,1%, mientras que la variación anual se ubicó en 2.069%.

Para la misma fecha en 2019, un kilo de pollo costaba 11.451 bolívares, actualmente tiene un precio de 365.066 bolívares. Asimismo, el centro indicó que un cartón de huevos tenía un precio de 24.690 bolívares y ahora se consigue en 682.266 bolívares.

Venezuela Ranks as World’s Least Competitive Economy – Latin American Herald Tribune – 17 de Junio 2020

CARACAS – Plagued by a harsh economic recession since 2013 and rampant hyperinflation since 2017, Venezuela led the rankings as the world’s least competitive economy for fourth year in a row, a report by the Institute for Management Development (IMD) World Competitiveness Center showed on Tuesday.

Notwithstanding, the South American nation showed some signs of improvement with regards to business efficiency as it ranked 60th this year from 62nd in 2019, supported by the progress in two sub-items: a) “attitudes and organizational values,” moving into the 52nd position from 61st a year ago and driven by “greater flexibility and adaptability of people when facing new challenges”; and b) “labor market,” also moving down to 56th from 61st a year ago.

This improvement is also explained by the results obtained by IMD’s “Executive Survey,” which is part of the report as well. Of a list containing 15 items, the people surveyed were asked to select 5 they perceived as key factors to their economy. Most responses went to: positive and open attitude (63.4%); effective labor relationships (61%); skilled labor (58.5%); high education level (56.1%); and cost competitiveness (48.8%).

The IMD rankings are based on four competitiveness aspects: economic development, government efficiency, business efficiency and infrastructure, taking also into account the results from the “Executive Opinion Survey,” in which business leaders are invited to share their views on the key factors driving their companies.

In other Latin American countries, Chile remained atop the rankings in the 38th place while the rest stood between the 50th and 60th positions, with Peru and Brazil faring slightly better than other nations such as Colombia and Argentina.

La verdadera nueva “normalidad” económica – Grupo Soluciones – 13 de Junio 2020

Aunque el estado de alarma se prolongó por otros 30 días al igual que la interrupción de vuelos comerciales y que las clases presenciales están suspendidas sin fecha estimada de reanudación, en el país se intenta imponer un aire de normalización económica. Han jugado a favor las flexibilizaciones de las autoridades, primero con el Plan 5×10 y luego con el 7+7, pero de forma preponderante responde al hecho de que se restableciera -aunque de forma exigua y racionada- la venta de gasolina. Estos factores, más la propia necesidad ciudadana de generar ingresos, ha llevado a Venezuela a un nuevo estadio en el marco de la cuarentena que intenta contener la expansión del COVID-19.
Llegar hasta acá implicó tres meses de parálisis general con los altos costos asociados a una decisión de este calibre, en particular en un país cuya economía ya se encontraba arrasada antes del brote del coronavirus.
La Cepal estima que este año la región de América Latina y El Caribe tendrá la peor caída
económica de toda su historia. “En nuestra región, simplemente, tenemos la peor recesión del último siglo, y posiblemente la más fuerte de toda la historia de la región.
Vamos a caer entre 5,3 % y 7 %, y quizá lleguemos al 8 %”, señaló Alicia Bárcena, su secretaria ejecutiva.

Tomar esta referencia y pensar en el impacto de la crisis en Venezuela puede abatir a cualquiera. La firma Síntesis Financiera pronosticaba una caída de 11% del PIB en 2020 antes del COVID-19, es decir, una contracción inferior a la de 30% estimada para 2019, el sexto año en línea de recesión en Venezuela. Tamara Herrera, su directora, explica que las proyecciones de 2020 cambiaron radicalmente con la aparición del coronavirus. Sobre este particular ha planteado lo siguiente: si es exitoso el control de la pandemia en dos o tres meses la caída del PIB sería de aproximadamente 22% a 26%, pero “si no tuviéramos ese desempeño y las restricciones en el sistema de salud y el descontrol de la epidemia se manifiesta, estamos hablando de una duración de más de seis meses y entonces sí podemos esperar una caída del PIB que sea igual o superior a
la del año pasado. Puede ocurrir que sea del 40%”.

Es decir, que al cierre de 2020, tras siete años en picada, el tamaño de la economía venezolana será un 20% de lo que fue en 2013 y con esa realidad habrá que lidiar en lo que resta de evolución de la pandemia y durante la progresiva normalización de actividades, período a lo largo del cual a las empresas no solo les toca gestionarse en un mercado desmantelado y con un nivel de consumo disminuido, sino que deberán readecuar sus procesos para poder operar con las garantías sanitarias indispensables.

Se trata de una economía liliputiense y en riesgo de seguir contrayéndose. De hecho, las cifras de la firma Global Ratings muestran que el total de créditos de la banca venezolana se contrajo a 128 millones de dólares en abril mientras que en diciembre de 2019 era de 219 millones de dólares. Lo que no hay que olvidar es que una década atrás la cartera crediticia total superaba los 40.000 millones de dólares.

Además, Venezuela sigue en la cola de los países de la región en adoptar medidas económicas compensatorias en el marco del COVID-19, como lo determina la Cepal y aunque en varias ocasiones las autoridades han señalado que escuchan las propuestas del sector privado para avanzar por una ruta de consenso, la realidad muestra que entre la intención y los hechos se impone el trecho que determina la agenda política.
Diversos factores deben seguir en el radar para este período de “normalización”:
✓ La evolución de la crisis política, una constante con la que se ha tenido que lidiar por varios lustros, ahora entra en una nueva fase de crispación con el eventual llamado a elecciones parlamentarias por parte de un Consejo Nacional Electoral desconocido por la mayoría de la Asamblea Nacional.
✓ Se abre la posibilidad de que la Asamblea Nacional que preside Juan Guaidó decida sostenerse en funciones hasta que puedan realizarse elecciones libres, lo que no impedirá que haya elecciones estimuladas por el Ejecutivo y todos sus entes asociados, dando lugar a un nuevo quiebre institucional en Venezuela.
✓ Aunque un cuadro así podría anticipar conflictividad de calle y presión social, en verdad dado el contexto actual del país pareciera que todo dependerá de la pericia en el manejo de la situación que hagan por una parte los dirigentes opositores para rescatar la movilización ciudadana y la protesta política, y, por la otra, las autoridades, gestionando la propia crisis a su favor y redoblando esquemas de control social para sofocar cualquier amago de manifestación.
✓ El propio COVID-19 puede ser un factor que influya en la evolución de estos escenarios. No hay que perder de vista la expansión de la curva de contagios en el país y las advertencias hechas al respecto por varios especialistas, pues Venezuela carece de las estructuras mínimas para atender una crisis de salud. Este fantasma sigue presente y aunque los esfuerzos se concentran en tratar de reactivar una economía que desfallece, no se puede perder de vista que una crisis sanitaria sería devastadora.
✓ Otro factor clave es la gasolina. Las existencias actuales de gasolina, tras el arribo de cargas desde Irán, podrían rendir hasta mediados de julio, dependiendo de la forma como se administre este recurso.
✓ Agencias internacionales han reportado el impacto de las sanciones internacionales sobre operaciones navieras y comerciales ligadas a la industria petrolera venezolana, lo que augura poco margen de maniobra para las autoridades. Aunque no se descarta que la misma Irán u otras naciones como México puedan oxigenar con algunos suministros, mientras se termina de reacomodar el mercado interno de los combustibles bajo un nuevo esquema de negocios y, en consecuencia, de costos para el sector productivo.
✓ La precariedad parece ser la normalidad económica por la que transitará el país mientras se terminan de perfilar los demás elementos del entono con la incertidumbre signándolo todo.

BCV: Inflación hasta mayo ascendió más de 295% – El Nacional – 8 de Junio 2020

El índice de precios al consumidor oficial se ubicó en el quinto mes en 38,6%

inflación

El Banco Central de Venezuela publicó las cifras de inflación de los dos últimos meses. En abril, el índice de precios al consumidor se ubicó en 27,5% y en mayo subió a 38,6%.

Mientras tanto, la inflación acumulada en los primeros cinco meses de 2020 ascendió a 295,9%.

Además, en el transcurso del confinamiento, se aceleraron los precios de productos alimenticios en 87,4%. De igual manera, la variación inflacionaria en bienes de salud se elevó 90,5%.

En lo que respecta al mercado cambiario, la tasa oficial para el precio del dólar cotizó en 198.185,10 bolívares este lunes.

 

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