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Daño antropológico por Gustavo Roosen – El Nacional – 28 de Enero 2020

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Rafael Uzcátegui, sociólogo y editor independiente, actualmente coordinador general de Provea, publica en la revista del Grupo Gumilla un consternador análisis sobre el daño antropológico que viene ocurriendo en Venezuela. La frase “daño antropológico” no es original, apunta, “pues ha sido desarrollada en Cuba para precisar la profundidad de la intervención estatal en las relaciones sociales y la psiquis de sus habitantes”.

En su libro Cuba y su futuro, citado por Uzcátegui, Luis Aguilar León agrupa seis tipos de daños antropológicos específicos: el servilismo; el miedo a la represión; el miedo al cambio; la falta de voluntad política y de responsabilidad cívica; la desesperanza, el desarraigo y el exilio dentro del país (insilio), y la crisis ética. Escrito sobre Cuba, es también ya una realidad en Venezuela.

De hecho, los pensadores del Gumilla hablan de la “implosión del proyecto de vida de la mayoría de los venezolanos, de cómo su manera de ser, estar y proyectarse en el territorio se ha trastocado irreversiblemente para mal”. Y añaden: “No solamente los destinos individuales han sido trastocados, sino la propia imagen que los venezolanos tenían de sí mismos, su identidad, los referentes que le daban sentido como país. El chavismo demolió la historia, colocando en su lugar no el ´hombre nuevo´ sino una gran desolación”. En ese proceso, según los investigadores, “Chávez focalizó la extensión del daño a sus adversarios, instaurando la discriminación como política de Estado, mientras Maduro lo “socializó” a toda la población, incluyendo a sus propios seguidores. Habrá quien piense que se trata de una exageración de especialistas, pero sobre todo habrá, y será una mayoría, quienes vean reflejadas allí sus propias observaciones y preocupaciones.

Frente a esta realidad se impone la decisión de no permitir que el silencio, condición para que la parálisis, la aceptación y finalmente la sumisión se impongan. Hacerla visible es, sin duda, la mejor manera de impedir la profundización de un daño que se manifiesta a diario. Una de las maneras más serias de hacerlo es motivar la discusión sobre sus manifestaciones y sus causas y sobre el enorme peligro de su acentuación. El mayor aporte actual a Venezuela es el rechazo a la sumisión, no quitar el foco del drama, de manera que más personas sean conscientes de su gravedad.

Alguien tiene que repetir que el cuadro desolador que en materia de dignidad y libertad ha ocurrido en Cuba puede ocurrir en Venezuela. La verdad es que está ocurriendo en términos cada vez más dramáticos. La reciente decisión del gobierno de Maduro de incorporar al embajador cubano en Venezuela en el Consejo de Ministros no solo confirma una dependencia ya incalificable, sino, también, ejemplifica el carácter y el alcance del dominio de la isla sobre Venezuela.

La acción de los amigos de Venezuela en el exterior tiene con este documento no solo un cuadro lacerante de la realidad venezolana, sino también un foco para su interés y su activa atención. Se dice que el interés de los amigos se concentra en el suyo propio, particularmente en frenar una contaminación política que afecte su seguridad y sus planes de crecimiento. Son muchos, sin embargo, los genuinamente preocupados por el venezolano y por un estado de cosas que se sostiene en la corrupción, la sumisión, la falta de derechos y de libertades. Lo saben las naciones de este continente, sometidas por largos períodos a condiciones dictatoriales, espacio para la injusticia, la desigualdad y el atropello. Y lo saben muy bien los países del viejo continente que han vivido los históricos casos de persecución por motivos raciales, extremismos religiosos o culturales. Esos países comprenden mejor la dimensión del daño y, en nombre de la humanidad, están dispuestos a hacer más de lo que han hecho por frenar su avance en Venezuela.

Hay que repetirlo en todas las formas: el daño antropológico, aunque no figure en el discurso político, es el daño más grave, de consecuencias más prolongadas, con efecto destructor sobre el propio ser nacional.

El daño antropológico a los venezolanos por Rafael Uzcátegui – TalCual – 15 de Enero 2020

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Los amigos jesuitas ligados al Centro Gumilla, en la búsqueda de una categoría que pueda sintetizar la situación actual de los venezolanos, han utilizado “daño antropológico” para describir la profundidad de su deterioro. La frase no es original, pues ha sido desarrollada en Cuba para precisar la profundidad de la intervención estatal en las relaciones sociales y la psiquis de sus habitantes.

Raúl Fornet-Betancourt afirma que hay un daño antropológico cuando además del deterioro en los órdenes social, político y cultural existe, fundamentalmente, un daño a la condición humana como tal. Una lectora de nombre Nora publicó, en la columna de opinión del periódico uruguayo El País, que “Se habla de daño antropológico cuando la persona deja de sentir aprecio por su propia vida, cuando pierde la conciencia de sí misma como obrera de su destino y se abandona a los dictámenes con que la someten fuerzas de dominación obligándola a hacer y pensar de una manera dirigida. Más aún, cuando se la obliga a dejar de pensar”. Por su parte, cavilando sobre su propia experiencia, Dagoberto Valdés Hernández lo ejemplifica como el cubano al que le han bloqueado una gran parcela de su libertad interior y que ve sistemáticamente suplantada su responsabilidad individual por el paternalismo de Estado, transformándose en un perpetuo adolescente cívico. “Sufre un bloqueo -asegura-, el peor de todos, que es el embargo de proyectos de vida independiente sin los que se desmigaja el alma humana y se fomenta un desaliento existencial”. Por su parte Francisco Javier Muller citando el libro de Luis Aguilar León, “Cuba y su futuro”, agrupa 6 tipos de daños antropológicos específicos: 1) El servilismo, 2) El miedo a la represión, 3) El miedo al cambio, 4) La falta de voluntad política y de responsabilidad cívica, 5) La desesperanza, el desarraigo y el exilio dentro del país (insilio) y 6) La crisis ética.

En su adaptación a nuestro contexto los pensadores del Gumilla han orbitado en torno a la implosión del proyecto de vida de la mayoría de los venezolanos, de cómo su manera de ser, estar y proyectarse en el territorio se ha trastocado irreversiblemente para mal.
Sobre este asunto la diferencia entre Chávez y Maduro es que el primero focalizó la extensión del daño a sus adversarios, instaurando la discriminación como política de Estado, mientras el segundo “socializó” el daño antropológico a toda la población, incluyendo a sus propios seguidores. Y esto lo descubren amargamente la quinta oleada migratoria compuesta por funcionarios y militantes del chavismo, o funcionarias como Alejandra Benitez tuiteando sobre la evaporación de sus sueños como consecuencia del aislamiento internacional de la dictadura. El resto del país, la mayoría, ha enterrado sus ensoñaciones en las profundidades del congelador.

No solamente los destinos individuales han sido trastocados, sino la propia imagen que los venezolanos tenían de sí mismos, su identidad, los referentes que le daban sentido como país. El chavismo demolió la historia, colocando en su lugar no el “hombre nuevo” sino una gran desolación. Conversando con Margarita López Maya concluíamos que una tarea urgente, de tantas pendientes, es la reconstrucción de la memoria -en mayúsculas y minúsculas- para intentar verter contenido en ese gran signo de interrogación de cuál será el imaginario de los venezolanos de la transición. A falta de una narrativa, poder comenzar el trabajo desde los márgenes, con tres imaginarios que, aun con todo lo que ha pasado, pudieran convocar a los nacidos en esta ribera del Arauca tricolor: La memoria deportiva, la memoria gastronómica y la memoria musical.

A diferencia de los topos del Arco Minero, apenas estamos excavando en la superficie de la extensión y profundidad de la ruptura de nuestro tejido asociativo. Pero la contemplación y el discernimiento deberán ir aparejados de la propuesta y la acción. A pesar del retroceso del pensamiento académico y el exilio de la mayoría de los intelectuales. Y con todo el debilitamiento de la sociedad civil y la casi desaparición de los hilos subterráneos de apoyo mutuo.

(*) Coordinador General de Provea

¿Cómo se perciben los venezolanos en el proceso de integración? – Revista # 36 Avila/Montserrate – 1 de Diciembre 2019

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En esta última entrega analizamos la percepción de los ciudadanos venezolanos sobre sí mismos, de acuerdo con el informe del Proyecto Migración Venezuela propuesto por la revista Semana, con el apoyo de Semana Rural y los organismos de cooperación internacional Usaid y Acdi Voca

Existe una respuesta positiva sobre el proceso de integración. Según la encuesta realizada en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y Cúcuta en febrero de 2019, 72,8% de los entrevistados está más o menos de acuerdo o muy de acuerdo en que los venezolanos pueden aportar mucho a Colombia.

Pese a que los estudios demuestran que el impacto de la migración es positivo, el no integrar a la población de manera oportuna puede desencadenar problemas de discriminación. Esto se evidencia en que 73% considera que los venezolanos están siendo discriminados en Colombia.

Aunque el porcentaje es alto, la discriminación no es solo por su nacionalidad. Solo 40% se sintió rechazado por ser venezolano. En Bogotá y Medellín la mayoría contestó que no había recibido ningún rechazo.

En Barranquilla y Cali la proporción de quienes sí recibieron rechazo alcanza 46% para ambos, por encima del promedio total. En Cúcuta 54,5% sintió discriminación por haber nacido en Venezuela; probablemente, por ser ciudad fronteriza.

De los encuestados 17,9% dijo que ese rechazo lo sentía de manera frecuente; 65,8% algunas veces; y 16% en raras ocasiones. Indicaron que en la calle, en el trabajo o durante su búsqueda de empleo, sintieron mayor exclusión.

Consideraciones finales

Existe una división en los colombianos encuestados. A corto plazo, no están de acuerdo con que el Gobierno los acoja y consideran que generan un alto costo alto el Estado. Pero a largo plazo entienden que es necesario facilitar su acceso al sistema de salud, educación y al mercado laboral.

De ellos 39% está de acuerdo con que los venezolanos reciban nacionalidad colombiana y 76% con que los niños la obtengan. El tiempo que consideran prudente para que reciban la nacionalidad es igual o mayor a un año, y hasta cinco años en la mayoría de los casos.

Los colombianos tienen una respuesta de aprobación más alta cuando se trata de permitir y facilitar el acceso a salud y educación para los niños venezolanos, aunque actualmente todos los menores de edad en Colombia, sin importar su nacionalidad, pueden ingresar al sistema educativo.

Los estratos medios y las mujeres encuestadas reflejaron estar menos de acuerdo con acoger a la población migrante.

A largo plazo, son necesarias medidas aún más profundas que permitan a los venezolanos obtener la nacionalidad y adquirir otros derechos como el del voto. Mientras se impida el acceso a los servicios de salud, educación, empleo, vivienda, los migrantes serán percibidos como un problema para Colombia. La capacitación y la difusión de información podrían evitar que los brotes de xenofobia se generen.

Declaración de Quito sobre movilidad de ciudadanos venezolanos – 4 de Septiembre 2018

 Emigrantes venezolanos – Editorial Venezolanos Siempre – 22 de Agosto 2018 2018

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Nadie merece el rechazo, la discriminación y la xenofobia,
mucho menos los habitantes de un país que hoy huyen
del hambre y la miseria, que ayer recibieron con brazos abiertos,
recursos y oportunidades a los miles que tocaron a sus puertas,
sin pedirles pasaporte, ni papeles.

“Si por lo menos hiciera menos frío…” en eso pensaba Jesús Omar, mientras se desplazaba hacia el norte de Bogotá, montado en un Transmilenio, para encontrarse con la Sra. Eugenia —que viaja pronto a Caracas— y enviar unas cositas a su mamá por intermedio de ella. Jesús Omar tiene ya ocho meses viviendo en Bogotá se vino con Gabriel y Jose Ignacio, los tres con pasaporte colombiano. Gabriel ya había estado antes en Colombia, vivió en Barranquilla y había ido a Venezuela pasar las Navidades con su familia. Jesús Omar y Gabriel estudiaron mecánica automotriz en un Tecnológico Superior, a José Ignacio lo conocía desde bachillerato donde habían estudiado juntos y eran muy buenos amigos; los tres habían planificado este viaje a Bogotá, se irían a vivir juntos y probarían suerte en Colombia, ciertamente la tuvieron; a las dos semanas, Jesús Omar y Gabriel había conseguido trabajo en un taller mecánico, por el centro de la ciudad, en uno de los tantos talleres en donde habían estado repartiendo sus currículos; Jose Ignacio, Técnico Superior en Mercadeo, había conseguido trabajo en una tienda, vendiendo ropa. Viven juntos en Ciudad Kennedy, hacia el sur de la ciudad y aunque tardan todos los días una hora en llegar a su trabajo, les está yendo bien. Todo ha salido como lo habían planificado; se habían ido con sus ahorros y unos dólares que el señor de la casa donde trabajaba su mamá y su padrino le habían regalado; con ese dinero pudieron establecerse en Bogotá y buscar trabajo con cierta calma.

Jesús Omar, Gabriel y Jose Ignacio no pasaron las penurias de muchos de sus compatriotas venezolanos que han cruzado las fronteras de Colombia, de Perú, de Ecuador, de Chile, de Argentina o se han ido a vivir a Estados Unidos o Europa, incluso Australia o los Países Nórdicos o del Medio Oriente, en búsqueda de una mejor vida.

Caricatura EDO

Todos los días la prensa nos trae noticias de los éxitos y penurias de los venezolanos en el exterior. Los venezolanos no éramos un pueblo que migraba, éramos un pueblo que recibía inmigrantes; en nuestro país, concluida la Segunda Guerra Mundial, atraídos por la bonanza petrolera y la riqueza de un país en donde estaba todo por hacer, se establecieron colonias de españoles, de italianos, de portugueses. Chilenos y argentinos vinieron por miles a nuestro país, cuando las dictaduras sanguinarias en el Cono Sur se ensañaron con la población y muchos tuvieron que huir por razones políticas –y muchos más por razones económicas– a buscar trabajo, paz, a buscar donde tener una vida decente. Miles de ecuatorianos y peruanos y millones de colombianos de bajos recursos traspasaron la frontera hacia Venezuela, se establecieron aquí e hicieron una nueva vida y un nuevo futuro; hoy sus hijos y nietos –también de españoles, italianos y portugueses– cruzan la frontera en sentido contrario y tratan de establecerse en el país de origen de sus padres para conseguir allá la vida decente que sus padres y abuelos vinieron a buscar aquí y que ellos ahora no pueden tener en su propia tierra.

Diáspora, inmigrantes, refugiados, exilados, son todos nombres para describir una misma situación, para algunos una misma desgracia. Junto con las noticias diarias de éxitos y penurias, nos llegan también las noticias de episodios de xenofobia en algunos de los países que ahora reciben en masa a inmigrantes o refugiados venezolanos. Esas noticias nos hacen olvidar las razones por las cuales se ha producido este fenómeno, que nadie sabe muy bien en que irá a parar. En menos de 20 años se ha instaurado una dictadura en Venezuela, se ha destruido la industria nacional y la agricultura, se ha entregado a empresas de otros países, en muy malas condiciones, la industria minera; se han deteriorado todos los servicios públicos, ciudades que pasan días enteros sin luz, sin agua potable, sin comunicación telefónica, con un servicio de transporte que se ha reducido a su mínima expresión, el metro de Caracas esta destruido y la población se desplaza en camiones como si fuera ganado; se producen pocos alimentos en el país y se importan menos, caros y de mala calidad, que son pesimamente distribuidos y de manera demagógica y “clientelar”; vemos gente que escarba en la basura para comer y una población que de manera general, pierde peso; no hay medicinas para curar enfermedades básicas, menos aún para otras más complejas y mortales; los servicios de salud públicos están totalmente colapsados y los privados van por el mismo camino, cada día con menos médicos y personal especializado, que en masa se va al exterior; miles de personas se mueren al año a manos del hampa, que acosa impunemente a la población, sobre todo la de menores ingresos. Esas, y no otras, son las causas profundas de la diáspora, la inmigración, el exilio, los refugiados. La población huye del país, del hambre, de la falta de medicinas, de la inseguridad y la muerte.

Pero lo anterior, que nos explica la salida en masa de los venezolanos, no nos explica lo que esta ocurriendo en los países a los cuales arriban los venezolanos. Eso solo nos lo explica el temor de los gobiernos y de muchos de los habitantes de esos países ante los recursos que habrá que dispensar y compartir con un desplazamiento masivo de inmigrantes o refugiados. De nada sirve el consuelo de pensar que a lo mejor nada de esto estaría ocurriendo si esos países y la comunidad internacional que hoy se preocupa de los desplazados y refugiados, se hubiera preocupado antes por lo que estaba ocurriendo en Venezuela y que se venía advirtiendo.

Sea como sea, nadie merece el rechazo, la discriminación y la xenofobia, mucho menos los habitantes de un país que hoy huyen del hambre y la miseria, pero que ayer recibieron con brazos abiertos con recursos y oportunidades a los miles que tocaron a sus puertas y que fueron recibidos, sin pedir pasaportes ni papeles, que los integraron y ayudaron a construir un país próspero como lo fue Venezuela, al mismo tiempo que estos inmigrantes a su vez, con remesas e inversiones, ayudaron a sus familiares en sus países de origen o sobrevivir, a reconstruir sus vidas y, en no pocos casos, sus empresas y ciudades.

Los idiotas asesores extranjeros – Editorial El Nacional – 19 de Julio 2018

¿Quiénes serán los idiotas que aconsejan a la cúpula oficialista asentada en Miraflores? Hasta ahora solo han demostrado que padecen de una grave escasez de meninges que, entre otras cosas, llevan a Nicolás Maduro a cometer torpezas y quedar en ridículo ante el mundo.

Recientemente estuvo de gira por Turquía y a ninguno de sus colaboradores se les ocurrió enseñarle a pronunciar correctamente el nombre del presidente turco. Pronunciarlo mal no solo es un descuido sino una ofensa para quien lo espera como un “ilustre” visitante. Pero ¡ay!, ni siquiera se tomó la molestia aprovechar el largo viaje para practicar y pronunciarlo lo mejor posible. 

De igual manera el menesteroso asesor español, enviado por Podemos para seguir ordeñando la vaca que Monedero (el apellido le viene al pelo) inició en vida del galáctico, sigue escribiendo un guion que ya quisiera para sí uno de los cómicos de la televisión de la península.

Ahora le ha dado por meter en el brete a Maduro en el recientemente finalizado campeonato Mundial de Fútbol. Lo hace decir que Francia no ganó la copa sino África porque la mayoría de los jugadores son negros. Menudo racista nos asalta en el camino, pero no nos extrañemos sobre ello porque ya Podemos aplica el mismo apartheid en Cataluña.

A un médico venezolano de ascendencia catalana y con dominio impecable del catalán, con posgrado en Francia, Estados Unidos y en la misma España, se le ha interrogado exhaustivamente en Barcelona sobre su comportamiento durante la bufonada que montó Puigdemont (ese que se peina como unos de los Tres Chiflados, de la recordada serie de televisión). “Usted no votó a favor de la independencia”, como si ello fuera una orden y no expresión libre de la voluntad de cada quien. Es extraño porque ¿qué sentido tiene revivir al nazismo en lengua catalana?

Como todo se reúne y se mezcla en medio del caos no debe extrañarnos que cuando Maduro celebra el triunfo de África en el Mundial de Fútbol, los venezolanos nos preguntemos si en África todos son negros. Pues no, en todo el  Magreb, la región de África del Norte que comprende los países de Marruecos, Túnez y Argelia, y que hoy incluye también a Mauritania y Libia, no son negros, tienen su propia identidad reivindicada luego de largas luchas de liberación.

África, señor Maduro, es múltiple y diversa, no son negros como usted piensa. Y si fueran negros sería maravilloso porque nos han dado mucho de su cultura, de su esfuerzo y de su heroísmo. Piense en el Negro Primero. Pero lo más absurdo es que Estados Unidos ha ganado medallas a montón gracias a su multiplicidad étnica en las competencias olímpicas. Piense, si es posible, que un negro norteamericano, Jesse Owens, le dio una bofetada a Adolf Hitler en  los XI Juegos Olímpicos que tuvieron lugar en Berlín.

Hitler deseaba y creía que los atletas alemanes dominarían las Olimpiadas. Pero ahora Nicolás discrimina a Francia, a sus futbolistas y a sus seguidores porque adoran a sus jugadores negros. Es como si los latinoamericanos rechazaran a Cuba porque nunca han tenido un presidente negro, como ha ocurrido ya en Estados Unidos. Más discriminación impulsada por Fidel Castro resulta imposible.

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