elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Dictadura

Desmoronada la MUD por Ismael Pérez Vigil – Blog Cesar Miguel Rondón – 16 de Julio 2018

 Unknown.jpegPolíticamente la MUD está herida de muerte. Su desaparición o anulación es ya un hecho, más allá de que siga apareciendo por allí, cual fantasma, realizando algunas reuniones o actividades. Todos los que durante los últimos años la han fustigado con criticas demoledoras y la han llenado de insultos, calificativos e improperios, ya pueden estar satisfechos y contentos. La dictadura lo está.

 Su desmoronamiento fue paulatino y anunciado. Aparte de las culpas organizativas y errores propios (inacción, falta de respuestas claras y oportunas a determinadas situaciones, retraso en tomas de decisiones, etc.) hay tres hechos, ninguno decisivo, pero todos importantes, que determinan su condición actual. El primer daño fue la salida de algunas individualidades y pequeños partidos, sobre todo por sus posiciones muy críticas hacia los planteamientos de la oposición representada en la MUD, en la mayoría de los casos sin ofrecer una opción alternativa. Después vino la posición de Falcon y sus seguidores de participar en el pasado proceso del 20M, que aunque tuvieran razones válidas, o al menos discutibles para ello, fue una decisión en contra de la posición acordada unitariamente. Ahora la decisión de Acción Democrática (AD) de abandonar la MUD deja a esta en peores condiciones de las que ya estaba.

 La decisión de AD será seguida por otros pues el problema es que los partidos no se “casan”, realmente, con la MUD; es un matrimonio de conveniencia, sonrisas y agarraditas de mano para la foto, pero duermen en camas separadas, no hay vida conyugal; y así es muy difícil que se desarrolle una verdadera unidad.

Difícilmente podrá recuperarse la MUD y queda por ver si con ella no desaparece también, aunque sea momentáneamente, la idea de la unidad como elemento político fundamental para luchar contra la dictadura. Prácticamente la MUD ya estaba de retirada y sin razón de ser ─al decir de aquellos que solo la veían como una alianza electoral─ pues los partidos que la componen han desaparecido, desde hace meses, de la acción pública. Ahora hay una razón menos, AD, para continuar con ese proyecto unitario.

 Por lo pronto mi opinión, sin otros elementos de juicio, es que AD con esta decisión abandona el camino de la unidad para enfrentar la dictadura y escoge su propia agenda, cualquiera que esta sea, como alternativa de lucha. Las razones por la cuales AD se retira de la MUD están explicadas, ahora quedamos a la espera de cuál será la opción que nos plantea AD para luchar contra la dictadura y corresponderá a ese ente etéreo que es la historia y sobre todo al pueblo venezolano, juzgar la eficacia de esta acción y “premiar” con su apoyo o pasar la factura correspondiente.

 Pero independientemente de la MUD, de la posición de sus críticos de siempre, de quienes optaron por separarse de su línea política y participar en el proceso del 20M o de la decisión de AD y otros partidos, este gobierno, devenido en dictadura, es el más nefasto y corrupto que ha tenido Venezuela y, por lo tanto, la solución de los problemas del país sigue siendo sacar del Gobierno a los Maduro e impedir que los Chávez regresen y nos gobiernen.    

 La ruta para superar la crisis, así lo creo y he dicho, es la ruta democrática y constitucional, como única posible y aceptable para resolver este y cualquier conflicto y rechazar los atajos no democráticos, que no ofrecen ninguna garantía de erradicar el autoritarismo o que caigamos en un gobierno similar, del mismo signo o de signo contrario, pero igualmente nefasto.

 La posibilidad de lograrlo depende de varios factores ─unidad, movilización interna, apoyo internacional─ pero uno de ellos es contar con partidos políticos, fuertes, con autoridades democráticamente electas y frecuentemente renovadas; partidos con contenido y mensaje, que expresen las aspiraciones y el sentir de los venezolanos. Con una organización más acorde con el siglo XXI, —siglo que para algunos ni siquiera ha comenzado— capaz de conducir a nuestro pueblo a superar los partidos populistas, militaristas y caudillistas de principios del siglo XX, representados ─pero no solo en ellos─ en los que apoyaron a Chávez Frías y actualmente a Nicolás Maduro.

 ¿Qué hacer, entonces, que viene ahora? Como algunos ya han dicho ─Miguel Pizarro, en la Asamblea de Fedecámaras 2018─ corresponde a los políticos marcar y emprender los caminos adecuados; pero nos corresponde a los  analistas señalar los errores, profundizar en las señales que nos marca la realidad política y social en que vivimos o sobrevivimos.

 La tarea del momento, la que nos espera ─además de volver al pacto originario, a la reconstrucción del pacto social entre ciudadanos y políticos─ es una labor de pinza o tenaza, en la cual uno de los brazos de la pinza es organizar la resistencia interna contra el régimen con partidos políticos y dirigentes modernos y renovados; y el otro brazo es construir un movimiento ciudadano, militante y movilizado para luchar contra la dictadura.

 ¿Es posible hacer este trabajo de pinza en la solitud de cada partido o grupo de ciudadanos? Quién sabe, personalmente lo dudo, pero para algunos ese es el camino escogido.

 

Zapatero, el chavista por Orlando Avendaño – Panampost – 28 de Junio 2018

zapaterochavista.jpgEl español ha causado un gran daño. Sobre todo porque de ese adalid de la indignidad se han aferrado una serie de personajillos que presuntamente representan a la oposición venezolana

Zapatero no ha tenido la valentía de otros cretinos como Chomsky o Sean Penn. Prefiere decirse equilibrado en una pugna desequilibrada.

José Luis Rodríguez Zapatero no debiera de ser tan evidente. Pero pareciera no importarle que se sepa que es el emisario de Nicolás Maduro. En algún momento pretendió resguardarse tras una fachada de imparcialidad. Ahí, con el barniz, parloteaba, llenándose las fauces, diciendo que representaba o al Gobierno español o a la Unión Europea o a gentes antagónicas a la dictadura chavista.

Ya no puede hacerlo, y no necesariamente porque hasta la socialista Federica Mogherini dejó claro que el expresidente no era mensajero de Europa, sino porque su insolencia le estorbaría demasiado. Sería, pues, una desvergüenza desorbitada.

Con el diario La Nación —que, por cierto, ¡qué decepción!—, Zapatero se exhibió como lo que es: un impresentable, secuaz de la dictadura más perversa de la región. Al periodista Guillermo Idiart, el español le dijo: “Delcy Rodríguez (…) y Jorge Rodríguez (…) son los que han estado con el diálogo y son, sin duda alguna, personas absolutamente favorables al diálogo, a la paz”.

Con respecto a las sanciones de la Unión Europea a jerarcas del chavismo, dijo: “Estoy convencido de que la UE desconoce, yo no sé qué información puedan tener”. “Una decisión como sancionar y bloquear a un Gobierno como el chavista produce consecuencias. Y luego, si llega la catástrofe, ¿de quién será la culpa?”, agregó.

Algunos asumieron esa última frase como una amenaza. Otros, como una grosera muestra de solidaridad con los delincuentes, muy bien amonestados por los grandes países de Europa y América.

En cualquier caso, en la breve y absurda entrevista —en la que el periodista faltó por cándido— José Luis Rodríguez Zapatero desmontó vacilaciones en torno a su labor en Venezuela.

No es la primera vez que lo hace. Y por ello es que cabría decir que a Zapatero pareciera no importarle que se sepa a quién realmente representa. No obstante, su honestidad es valiosa. Mucho. Sobre todo porque aún canallas, que supuestamente no son chavistas, se esfuerzan, con todo, en mercadear la figura del expresidente español como esencial para un proceso de transición en Venezuela. Un hombre con disposiciones loables; solo empecinado en dejar un legado generoso.

Todo indiscutiblemente a millas de la realidad. Y lo sabe el mundo. Lo entiende la Unión Europea, el Grupo de Lima, Estados Unidos y el Gobierno español —o al menos lo entendía la administración del magullado Rajoy—. Y lo comprende muy bien el gran columnista y periodista, Hermann Tertsch, quien hace unas semanas dedicó un artículo en el diario ABC a Zapatero —o a “la vergüenza de España”, como él lo llama—.

“Somos muchos españoles los que ante cualquier venezolano nos disculpamos por la profunda vergüenza que suponen las actividades infames de Zapatero en Venezuela. Incluso quienes nunca nos dejamos engañar por este personaje en su devastador paso por la historia de España estamos sobrecogidos por su aventura venezolano”, escribe Tertsch.

“Aunque nunca compense el mal causado, sepan los venezolanos que millones de españoles nos unimos hoy a la trinchera de la dignidad y la verdad de Venezuela frente a las mentiras interesadas de la lamentable figura de Zapatero, esa vergüenza de España”, concluye el periodista.

Y es verdad: Zapatero ha causado un gran daño. Sobre todo porque de ese adalid de la indignidad se han aferrado una serie de personajillos que presuntamente representan a la oposición venezolana. Detrás llevan consigo a una sociedad, muchas veces inquieta, desamparada y extraviada, que respalda a quien sea que supuestamente se oponga al chavismo y que por eso ha sido engañada.

Pero Zapatero no se opone al chavismo —y obviamente tampoco lo hacen los «opositores» que sirven como anfitriones cada vez que el de España pisa Caracas—. Todos son chavistas, pero con el complejo de anunciarlo —y con la cualidad de mercenario—. No han tenido la valentía de otros cretinos como Chomsky, Sean Penn o Monedero. Prefieren, en cambio, quedar bien con todos. Decirse equilibrados en una pugna en la que un bando ejecuta un genocidio paulatino y el otro solo quiere, pues, libertad.

 

Insaciable sed de venganza por Marianella Salazar – El Nacional – 27 de Junio 2018

1523477781612.pngLos 30 millones de venezolanos estamos en manos de una camarilla que durante 20 años ha demostrado ser de una alta peligrosidad. No solo son depredadores del erario público, algunos señalados como narcotraficantes o con prontuarios, que ocupan las más altas posiciones en las instituciones; otros son violadores de derechos humanos, represores, torturadores que engrosan expedientes en organismos internacionales; por ahora, reciben sanciones de la comunidad internacional con prohibición de entrar en una gran cantidad de países y con sus activos congelados. Cada vez más aislados y prácticamente acorralados, se aferran al poder y dan rienda suelta a innumerables patologías.

Resulta aterrador que muchos de los especímenes en el poder asuman la política desde la venganza. La entrevista de la vicepresidente, Delcy Rodríguez, en el programa de televisión de su mentor, José Vicente Rangel, fue una confesión estremecedora que posiblemente le produjo un gran alivio, como los criminales que terminan por admitir sus delitos.

Al menos tres veces la vicepresidente reconoció que su “venganza personal” por el asesinato de su padre –a manos de un cuerpo de seguridad del Estado en 1976, donde se encontraba preso por el secuestro del industrial norteamericano William Frank Niehous– es el móvil por el cual ella y su hermano consagraron su vida para llegar al poder. Es evidente que lo alcanzaron con el único propósito de desquitarse y hacérselas pagar no solo a los responsables de la muerte de su padre, sino a millones de inocentes que no tienen nada que ver con la tragedia de su familia.

Cuando murió su padre, Delcy tendría unos 8 años de edad y su hermano Jorge, 11 años. Ese horror inimaginable que sufrieron siendo niños es el que ahora, a los 50 y 53 años, respectivamente, le devuelven a toda una sociedad. Me pregunto si los hermanos Rodríguez no tuvieron familiares o personas que los ayudaran a asimilar su dolor y, en vez de eso, atizaron su odio y resentimiento camuflados de una ideología comunista que proyectan sin ningún control con devastadoras consecuencias en el país.

Rezo para que a los pequeños hijos de tantas víctimas de la dictadura, como los hijos del piloto Oscar Pérez y de los integrantes de su grupo, fusilados sin piedad, en vivo y en directo en la llamada masacre de El Junquito, no les falten la ternura y las personas responsables que puedan conducirlos sin resentimientos hacia los verdaderos valores humanos, sin considerar en su futuro la venganza, sino la justicia.

El desquite personal es un ejercicio cruel. Delcy Rodríguez es un caso. En innumerables oportunidades se ha negado a admitir la terrible crisis humanitaria que la revolución ha generado, y en foros internacionales, cuando ejercía su venganza desde la Cancillería, llegó a afirmar que “hemos erradicado el hambre como ninguna potencia en el mundo lo ha hecho”, y, en consecuencia, descartó cualquier posibilidad de ayuda humanitaria.

Su capacidad de experimentar piedad y compasión la perdió, quizás, siendo muy pequeña, y precisamente esas carencias emocionales, de consecuencias psicológicas irreversibles, la han convertido en una ejecutora ideal de los atroces planes diseñados por los paranoicos dictadores cubanos, entre ellos, imponer un control totalitario y no entregar el poder.

Hace apenas unas semanas, Delcy Rodríguez desde la presidencia de la asamblea nacional constituyente advirtió: “Nosotros más nunca vamos a entregar el poder”. Resulta especialmente peligroso que la conducción del país esté en manos de gente como los hermanos Rodríguez, convertidos en los verdaderos dueños del poder, por encima de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, que ya es decir.

 

Obligarnos a no olvidar por Rodolfo Izaguirre – El Nacional – 24 de Junio 2018

Unknown-1.jpeg¡La política venezolana me ha sonreído poco! En el arco de mi propia vida, y estas son palabras que pronuncié cuando presenté mi libro Obligaciones de la memoria en la librería Kalathos, me han tocado los rigores de tres regímenes militares. En la niñez, la férrea mano enguantada de Juan Vicente Gómez y el mutismo de su “¡Ajá! ¡Y cómo le parece!”. Durante mi arrebatada juventud, la ferocidad criminal de la Seguridad Nacional instaurada por un fascista ordinario llamado Marcos Pérez Jiménez; y en la senectud, el espanto bolivariano. De allí que mi memoria esté obligada a no olvidar, a permanecer atenta y vigilante para impedir o evitar que se continúe erosionando no solo el país, sino la dignidad de nuestra vida civil.

Insisto en hurgar en mitos y creencias de la antigüedad clásica porque encuentro desconcertantes resonancias en la vida actual venezolana: abismos, eclipses, enigmas, laberintos, ritos y ceremonias… El primer laberinto se construyó en la Antigüedad para encerrar a los demonios a fin de que se despedazaran entre sí. Hoy es todo el país el que se encuentra encerrado en un laberinto sin saber cómo salir de él.

Hay reiteraciones en mis crónicas: las hay en nuestras propias vidas: ¡aparecemos aquí y desaparecemos allá! El sol y la luna, por ejemplo, aparecen y desaparecen. El oso, los delfines, el abanico, los objetos que tienen carácter pasivo o reflejante como los espejos, son animales y objetos lunares. También son lunares el azúcar y la harina PAN: aparecen y desaparecen de los anaqueles de los supermercados. La democracia venezolana igualmente aparece y desaparece como la luna. ¡En cambio, los militares aparecen, pero nunca desaparecen!

Hoy, casi nonagenario y desencantado, hago esfuerzos para sobreponerme a las asperezas castrenses, a la ordinariez e intolerancia entronizadas en Miraflores y a la reafirmación de todos los vicios del poder y cuando devuelvo la mirada hacia el niño o el adolescente que fui no me gusta para nada la imagen que se refleja en el espejo: la de un jovencito arrogante, tonto, intelectual e intransigente, pero constato, al menos, la de un país que al avanzar hacia la democracia dejaba atrás la oscuridad de un país primitivo gobernado por caudillos y caporales y comenzaba a construirse a sí mismo orientando su educación, velando por su salud, organizando su economía.

Quiero ser el país que soy, pero más digno, más esclarecido y moderno, macerado en sus propios jugos. Esclarecido y afirmado en el torrente cultural que discurre desde el momento en que habló un poeta sin saber que se estaba removiendo bajo sus pies el magma del petróleo.

Quiero que el país que vislumbré y me esforcé por hacer posible cuando fui joven e impetuoso aparezca y diga: ¡Presente!, y no este, agobiado y menesteroso que padezco en mi senectud. Lo quise vivo, enérgico, capaz de mirar de frente a los países más desarrollados; un lugar en el mundo donde la industria y el comercio ocupen niveles de alta jerarquía y las aguas universitarias y del conocimiento, represadas hoy por la mediocridad del cuartel, rebasen el dique y generen un turismo cultural para demostrar que lo que hace avanzar a los países no es, necesariamente, la economía, como piensan los políticos, sino la cultura.

Hoy, mi tristeza es amarga porque constato que, a pesar de los años transcurridos, en los inicios de este nuevo milenio y agobiado por la terrible pesadilla bolivariana, también como yo, el país hace esfuerzos por sobrevivir.

Pero entiendo que ¡cada uno de nosotros es su propia montaña! ¡En nosotros viven el águila y el relámpago! Somos la fuerza y el propósito de transformar el mundo si queremos, si aceptamos y decidimos enfrentar las dificultades con las que las desviaciones políticas y los desórdenes en la economía obstaculizan los caminos del país.

Es importante saber que ¡la memoria no nace ni crece natural y espontáneamente! Alguien dijo que el olvido surge como un hecho natural, mientras que a la memoria hay que ejercitarla, nutrirla y trabajarla. “Nosotros no nacemos por generación espontánea –escribió Manuel Caballero–. Nacemos con una historia familiar y con la historia de un país. Así como no se puede vivir sin memoria, tampoco se puede vivir sin historia, que no es otra cosa que la memoria colectiva de los pueblos”.

Cada uno de nosotros alimenta la suya y la integra luego a la memoria colectiva, y cada uno de nosotros debe prepararse para enfrentar y combatir el olvido. Pero si nos negamos a ver el aire sagrado que navega en nuestras almas es poco lo que avanzaremos y los obstáculos permanecerán.

No es que tengamos que obligarnos a recordar. ¡No! Es todo lo contrario: ¡tenemos que exigirle a la memoria que no puede olvidar lo que nos está ocurriendo!

¡Si se lo exigimos, si nos empeñamos, volveremos a ser el país que realmente somos! Nos encontraremos de nuevo en esa línea que creíamos perdida: la línea imprecisa del horizonte que confunde el azul del cielo con la profundidad del mar. Yo me veré entonces a la salida del laberinto con la sangrante cabeza del Minotauro en mis manos… ¡y, juntos, navegaremos hacia el sol…!

 

Colombia: lecciones para venezolanos por Ibsen Martínez – El País – 12 de Junio 2018

Toda esta complejidad colombiana en reverberación debería ser también buena noticia para los demócratas de Venezuela
Unknown.jpeg
A pocos días de una crucial segunda vuelta, pienso en lo que un día escuché decir al extinto Carlos Andrés Pérez desde la desengañada sabiduría de su cautiverio.

“Suramérica se inclinará hacia donde lo haga Colombia”, afirmaba el discutido dirigente socialdemócrata, ya en la antesala de la era Chávez. Pronosticaba que el proyecto bolivariano traería consigo ruina y tiranía para mi país y mucho trastorno en el vecindario. Sin embargo, insistía Pérez, a la larga prevalecería en nuestra región la democracia y Colombia tendría en ello un papel estelar. Es lo mismo que hoy veo desde la percha de mi exilio.

Venezuela se ahoga en el marasmo de una dictadura de duración hoy impredecible mientras en Colombia se agitan las gentes pensando ya no en el pasado sino en el futuro: Colombia se mueve.

Mientras en Venezuela una solución electoral que permita poner fin a la premoderna tiranía de Nicolás Maduro luce por completo clausurada y todo anuncia un angustioso inmovilismo político y un doloroso agravamiento de la tragedia humanitaria, las elecciones presidenciales colombianas auguran cambios sustanciales en el panorama local.

A pesar del fragor, las ferocidades y las humaredas de una campaña electoral sumamente prolongada, y aún antes de anunciarse el resultado que todas las encuestas dan por cierto —ganará Duque— estas elecciones, las primeras a que acuden los colombianos en tiempos de paz en mucho más de medio siglo, abren perspectivas que ya quisiera Venezuela para sí.

Los acuerdos de paz, controvertida como sigue siendo la implementación de sus provisiones más importantes, han sido seguidos por unas elecciones tan razonablemente pulcras que la palabra “fraude”, aunque proferida con pugnacidad en algún momento de la campaña por Gustavo Petro, no entra verdaderamente en los cálculos de nadie.

Un rasgo singularísimo de este proceso señala claramente hacia dónde quieren ir los colombianos y es que la paz, salvo en lo declarativo, no esté ya en cuestión.

Dos terceras partes de los votos emitidos en la primera vuelta favorecieron a candidatos comprometidos con la paz. Es elocuente la rapidez con que el proceso de paz fue desplazado en la agenda del debate electoral por temas como los de la desigualdad social y la lucha contra la corrupción.

Que un candidato inequívocamente de izquierda, Gustavo Petro, luzca presidenciable es otro elemento a destacar pues testimonia un talante colectivo difícilmente soslayable en lo porvenir por las élites conservadoras.

La campaña ha sido, como todas hasta ahora, pródiga en descalificaciones, invectivas, injurias y guerra sucia. También, a ratos, estentórea. Pero, a diferencia de las anteriores, el acentuado interés del electorado en lo ideológico, en la confrontación de modelos económicos, de concepciones del Estado, si bien deformado por las apasionadas retóricas electorales, augura lo que una oposición de centroizquierda, verosímilmente liderada por Petro, reserva ya para el futuro ganador.

Por su parte, esa amalgama de economía social de mercado y agendas de ciudadanía que juntos representan los verdes y el llamado “fajardismo” ha dejado de ser marginal y nada hace suponer una extinción poselectoral: la emergencia de un centro opuesto por igual a ambos extremos y consciente de su potencial futuro es una de las buenas noticias que el posconflicto trae a Colombia.

Hasta hace poco, los pronósticos concedían ventaja a la maquinaria, eufemismo colombiano para el corrupto clientelismo electoral que hermana en un mismo establishment a los caciques regionales y los caimacanes de Bogotá.

Igualmente, se atribuía de antemano a las FARC una capacidad disruptiva que como agrupación electoral no tiene todavía, ni tan siquiera como tema de campaña, mucho menos como acarreadora de votos. Ninguno de esos dos inquietantes y muy fundados pronósticos se concretó en la primera vuelta.

Muchas cosas parecen estar cambiando en este país y seguirán obrando lo suyo, largo tiempo después del 17 de junio. Toda esta complejidad colombiana en reverberación debería ser también buena noticia para los demócratas de Venezuela.

Pero es dudoso que el abatimiento, los muchos agobios, la desmoralización y la descaminadora propensión de muchos de mis compatriotas a mirar las cosas de Colombia por sobre el hombro, a través del pequeño y simplificador lente de nuestra polarización, les deje ver que Iván Duque tal vez no sea del todo un dócil subrogado de Álvaro Uribe, como lo piensan y aprueban, ni Gustavo Petro una réplica moral de Jorge Rodríguez ni mucho menos Juan Manuel Santos imagen especular de Nicolás Maduro.

 

Carta de amor a Roberto Ampuero, el canciller de Chile por Elizabeth Fuentes – El Cooperante – 5 de Junio 2018

 

Unknown.jpeg

Caracas.- Querido Canciller:

Prometo no aburrirle ni caer en la tentación de empalagarlo o ser cursi, lo primero que ocurre cuando se trata de una declaración de amor urgente, como esta, donde el sentimiento surge a primera vista y sin previo aviso. Un flechazo radiante que creció y creció a medida que usted se dirigía a Jorge Arreaza, ese pequeño dictador venezolano sin alma en la mirada, a quien usted desnudó en los pocos minutos que duró su inolvidable intervención, una paliza verbal sin un adjetivo demás, sin una grosería mediante, pero que dejó en la lona la arrogancia del funcionario chavista, reducido al ridículo mientras en la sala y en la audiencia y en casi toda Venezuela aplaudíamos su inteligencia y su coraje.

Lamentablemente, ese pequeño dictador parecía no tener idea de quién era usted cuando trató de agredirlo, como a todos. Porque la ignorancia suele ser la gran aliada del gobierno de Venezuela, no solo ejercida desde el poder – se asombraría usted de los curriculum y experiencia de la mayoría del tren ejecutivo-, sino también alimentada meticulosamente desde el poder con miras a gobernar para siempre a un pueblo iletrado, sin el equipaje intelectual necesario para discernir. De manera que se han dedicado durante 20 años no solo a destruir escuelas, universidades, diarios, librerías y organismos dedicados a la investigación, sino a convertir a los votantes (lo único que les importa), en gente hambrienta capaz de cambiar su voto por una caja de comida porque, como dijo públicamente uno de los “próceres” de esta desgracia, “no los vamos a sacar de la pobreza para que se conviertan en escuálidos -así le dicen a los opositores- y no voten más por nosotros”.

Pequeño dictador que no debe saber que usted ha escrito más de 15 novelas, que es profesor en universidades de Estados Unidos y que pasó por la izquierda pero la abandonó nada menos que estando en Cuba, cuando se percató de que el socialismo real era una falacia, como lo escribió el año 2013 en el diario chileno El Mercurio, donde además pidió perdón públicamente por todos los errores cometidos “porque entre 1970 y 1973, desfilé por las calles convencido de que a la democracia de Chile había que arrojarla por la borda”.

Pues permítame decirle que ese pequeño dictador mintió sin vergüenza alguna frente a usted y todos los cancilleres de la OEA, usando la vieja estrategia nazi de “mientras más grande sea la mentira, más la creerán”: Aseguró que Nicolás Maduro ganó con 9 millones de votos (no llegó ni a 6 en unas elecciones injustas y fraudulentas) y dijo que durante las protestas del año pasado los opositores “quemaron vivas a 29 personas porque tenían el color de la piel oscura y los confundieron con seguidores del gobierno”. Una mentira del tamaño de las guayaberas de Nicolás Maduro, porque semejante hecho habría sido no solo una noticia a escala planetaria, sino que habría evidenciado la inutilidad de un gobierno que permitió semejante barbaridad. Cuando la verdad fue que hubo un joven quemado del bando opositor, a quien le estalló en las manos una bomba molotov, imagen terrible que dio la vuelta al mundo y por la cual el venezolano Ronaldo Schemidt se ganó el primer premio en el certamen de fotografía World Press Photo.
Aunque la más grande mentira de nuestro Goebbels tropical fue haber asegurado que el Consejo Nacional Electoral es el mejor del mundo, que ninguno de los países allí presentes tenían algo parecido y que era un garante de transparencia, cuando media humanidad sabe que ese CNE está al servicio del gobierno desde los días de Hugo Chávez, que sus rectoras son fichas claves de Nicolás Maduro y que para cada elección afinan sus trampas sin disimulo para convertir a Maduro en una suerte de Emperador.

En fin Canciller, no le aburro más. Por ahora me dedicaré a buscar sus novelas, todo un acto de amor en esta Venezuela sin librerías.Trataré de acercarme a usted de la manera más bonita posible, como es leerlo y admirarlo en secreto. Y me despido agradeciéndole ese momento magnífico que tanto bien le trajo a mi alma ( se me salió lo cursi, lo siento….), y que me puso a rebobinar esa escena de usted ante Arreaza, esa que siempre hemos querido protagonizar la mayoría de los venezolanos

 

Helicoide por Ibsen Martínez – El País – 4 de Junio 2018

Unknown.jpegLa sede central de la policía política y ergástula de la dictadura de Maduro equivale al cuartel general de la Gestapo

Los despachos de agencia que parten de Caracas a menudo se refieren a una informe edificación inconclusa que es, a la vez, sede central de la policía política y ergástula de la dictadura de Nicolás Maduro: el llamado Helicoide.

Para los caraqueños de hoy, el Helicoide equivale, ni más ni menos, al infame edificio de la antigua Prinz Albrecht Straße berlinesa, marcado con el número 8: el cuartel general de la Gestapo. Ser conducido allí tras ser secuestrado por los esbirros del Sebin, el protervo Servicio Bolivariano de Inteligencia, conjura la peor de las suertes.

Dice mucho que un agujero en los sótanos, destinado al confinamiento solitario, sea conocido como “la tumba”. Como en todo teatro de torturas, el Helicoide ha alojado irreductibles presos políticos cuya última desesperada acción de resistencia a la barbarie ha sido el suicidio.

Una “tradición” de la Caracas ya irreversiblemente pospetrolera es el destino final de muchas edificaciones inconclusas, concebidas alguna vez por ufanos arquitectos como superlativos latinoamericanos, cuando no mundiales.

Resultan estos edificios tan característicos de los ciclos de precios del crudo, de los esplendores y miserias del petroestado populista, que cada uno testimonia un momento de engañoso auge al tiempo que señala una caída de los precios del crudo, una recesión, un atasco fiscal.

Ejemplo de ello es la llamada “torre de David”, disparatado rascacielos que en la década de los 90 se anunciaba como la respuesta venezolana a Wall Street. La construcción hubo de ser paralizada por insuficiencia de fondos y el gran proyecto acabó convirtiéndose en la primera favela vertical de Latinoamérica, acaso una de las más violentas.

La mole de hormigón erizada de antenas parabólicas alberga en cada piso una colonia de chabolas. El hampa de una de las capitales mundiales del secuestro y del homicidio tiene allí su retaguardia y una impenetrable zona de distensión.

Así, también, el Helicoide de la Roca Tarpeya, (así lo conocimos la gente de mi generación) es monstruoso vestigio del boom de precios de los años 50. Recientemente, dos investigadoras, Celeste Olalquiaga y Lisa Blackmore, han coeditado un inquietante libro cuya lectura ofrece, a mi entender, nuevas rutas a la comprensión del “caso Venezuela”.

Hasta donde sé, solo ha aparecido en inglés, publicado este año en Nueva York por Terreform/Urban Research, bajo el título Downward Spiral: El Helicoide’s Descent from Mall to Prison que traduzco libremente como “La Espiral Descendente de El Helicoide: de centro comercial a prisión”.

Olalquiaga es unarespetada historiadora cultural, autora de Megalópolis (1992) y El reino artificial (1998). Blackmore es profesora de historia del arte y estudios interdisciplinarios en la Universidad de Essex.

Juntas entregan un libro que es muchas cosas admirables a la vez. Entre otras, la crónica de “una ciudad hecha de retazos a la que han dado forma tanto los pobres como la arquitectura visionaria”. Digamos también que es una sesuda meditación lateral en torno al fracaso de Venezuela como Estado y como sociedad.

Leyéndolo, nos enteramos de que el Helicoide “fue diseñado por los arquitectos Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst para ser un centro comercial vial en forma de espiral. Tras desarrollar el terreno escarpado y rocoso de la Roca Tarpeya, El Helicoide con su rampa de concreto de 2,5 millas en doble hélice habría tenido 300 tiendas, así como salas de exhibición e instalaciones de entretenimiento accesibles desde el automóvil”.

Corrían los años 50, la crisis de Suez mejoró la competitividad de los crudos venezolanos y la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez presentaba como modelo de desarrollo un “nuevo ideal nacional” hecho de desmedido gasto público, represión política y corrupción.

La mole comenzó a edificarse en 1957, pero ya en 1961 su construcción debió interrumpirse debido a la crisis económica que siguió al derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958 y a los problemas que afrontaba una democracia en ciernes.

Las obras se detuvieron para siempre y luego la explosión demográfica y la marginalidad social dispusieron que terminase rodeada de ranchos, esas precarias viviendas de la exclusión, núcleo del fenómeno de degradación urbana que los venezolanos llaman con sorna “ranchificación”.

Allí se quedó, sin uso ni provecho, alojando las desventuras de los “sin techo” y criando miasmas cloacales, mientras una y otra vez fracasaron esfuerzos privados y públicos por reanudar las obras. En 1975 la “ruina moderna”, como la llaman Olalquiaga y Blackmore, pasó a manos de Estado.

Las inundaciones de 1979 forzaron al gobierno a crear un asentamiento provisional de damnificados que terminó siendo una favela de más de 10000 habitantes, desalojados en 1982. Desde 1985, El Helicoide es sede de la Seguridad del Estado y cárcel de presos políticos.

Señalan las autoras que la inaccesibilidad del edificio «y la incapacidad de los distintos gobiernos para asignarle un propósito definitivo hicieron del Helicoide un lugar que la jerga militar denomina “sitio oscuro”: aquel donde las tecnologías de vigilancia y disciplina se mantienen fuera de la vista pública».

La dictadura mantiene en los archivos de El Helicoide las reseñas de más de 12.000 venezolanos arbitrariamente detenidos desde que Nicolás Maduro accedió al poder en 2013. La gran mayoría de los 1300 presos políticos secuestrados hasta la fecha por el Sebin y otros cuerpos policiales desde el estallido de las protestas de 2017 han pasado por el lugar oscuro.

De sus cuartelillos han partido comisiones de esbirros que han tenido a su cargo gran parte de las 8.292 ejecuciones extrajudiciales documentadas en el informe entregado la semana pasada por un panel de expertos de la OEA.

De sus calabozos salieron hace pocos días los contados rehenes cuya excarcelación – en muchos casos ordenada hace mucho tiempo por los tribunales sin que se hubiese hecho efectiva— el dictador quiso torpemente mostrar, como gesto magnánimo propiciador de un fementido diálogo.

Hoy día nadie en Caracas puede circular por las cercanías de el Helicoide sin sobrecogerse ante el relente de horror que, real y simbólicamente, emana de esa demencial espiral de rampas de concreto originalmente pensadas para ir de compras sin bajar del automóvil, prefiguración no consumada del McDonald’s drive thru.

La dictadura de Pérez Jiménez alojó los esbirros, los calabozos y los salas de tortura de su tenebrosa Seguridad Nacional nada menos que en el antiguo cuartel general de la Creole Petroleum Corporation. Algo aún innominado querrá decirnos esa propensión venezolana al cambio de uso de las edificaciones.

 

“El quiebre avanza” por María Corina Machado – La Patilla – 3 de Junio 2018

thumbnailmariacorinamachado.x70825.jpgVenezuela no tiene Presidente ni Comandante en Jefe. Y el régimen se quiebra. Es un proceso doloroso y peligroso, porque la dictadura sabe que está aislada, acorralada y fracturada.

A partir del 2014, cuando salimos a la calle a presionar por el fin de la tiranía, Maduro perdió la calle y se desenmascaró en toda su crueldad. La despiadada y televisada represión y tortura lo calificó de ahí en adelante y para siempre: dictador. Allí se quebró lo que había heredado de respaldo popular.

En las elecciones de la AN en diciembre de 2015, las fuerzas democráticas obtuvimos 2/3 de los diputados, y se quebró la complicidad institucional del Parlamento con el régimen. Días después, el régimen designó inconstitucionalmente 34 magistrados principales y suplentes del TSJ, quebrando también la legitimidad de éste otro pilar del sistema.

El quiebre de las finanzas públicas y la economía se aceleró desde la toma fraudulenta de Maduro del poder. Arrasaron las reservas de la nación, hipotecaron el oro, multiplicaron la deuda ocho veces, destruyeron la capacidad productiva del país, desataron una hiperinflación que ya supera 15.000% anual y acabaron con Pdvsa. Se robaron todo y quebraron la economía nacional.

La represión desenfrenada que empezó en 2014, siguió en 2016 y llegó al límite durante la rebelión popular de 2017, finalmente quebró también la complicidad y la inacción de la comunidad internacional. La democracia mundial entendió que un régimen forajido y fallido no tiene fronteras y es intolerable tanto por razones éticas y humanas, como por razones de seguridad y estabilidad de la región. Es inadmisible la instauración en este hemisferio de una narco-dictadura, íntimamente relacionada con el narcotráfico y el terrorismo,

El avance totalitario de Maduro y la decisión de imponer la farsa del 20 de mayo, a pesar de las advertencias externas, aceleró la aplicación de sanciones contra los culpables del desfalco más grande de la historia. Estas acciones han producido rupturas -algunas muy obvias y otras aún ocultas-, entre los grupos criminales que conforman el régimen, que se delatan y acusan entre sí. Por eso, también se quiebra el “pacto de mafias”.

La ruina del país y con ello el incumplimiento de los compromisos con acreedores, ha detonado el quiebre de la paciencia de los mercados. ConocoPhillips, Rusoro Mining y otras transnacionales, han entendido que no podrán cobrar jamás sus deudas y derechos, a este régimen maula. Los más de 100 tanqueros inmóviles desde hace 28 días en las costas venezolanas, son el preámbulo del auto-embargo que el régimen impuso a nuestro petróleo. Los mercados son implacables, y no entienden de ofertas engañosas de los Zapatero de estos tiempos.

La quiebra del chantaje social tuvo un momento decisivo el 20 de mayo. Se quebró el chantaje del hambre. Se quebró el miedo. La desobediencia nacional se esparció por toda Venezuela en el ensordecedor vació de las calles ese día. Triunfó la dignidad, la conciencia cívica, la valentía.

Y se ha quebrado también, la obediencia en la Fuerza Armada Nacional. Ya son más de 200 militares presos, detenidos y desaparecidos. La entrega de la Soberanía al régimen cubano, la presencia de la guerrilla en el corazón de Venezuela, la amenaza al Esequibo y el hambre en los cuarteles; acabó con la subordinación silente a la narco-tiranía. Los hombres y mujeres de armas que se han negado a cumplir órdenes que violan sus juramentos, demuestran que el quiebre militar también ocurrió. Ellos cuentan hoy con el respeto de sus compatriotas.

A Maduro sólo le queda el respaldo de la vergonzosa tutela cubana, de la delincuencia organizada -incluyendo aquí a una fracción muy reducida de la FAN- y de los cómplices que se disfrazan “de oposición”. Esto ya no es suficiente para sostener un régimen que se quiebra inexorablemente.

De las ruinas que deja la época más oscura de nuestra historia, comenzamos a reconstruir un país mucho mejor del que nunca tuvimos; con esfuerzo, audacia, honestidad y compasión. Tan grande y tan sólido que nunca más volverá a quebrarse.

Discurso de Luis Ugalde S.J. en el Aula Magna de la UCV – 31 de Mayo 2018

Luis_Ugalde_ex_rector_ucabNos encontramos aquí juntos en busca de una unidad superior para responder al intento fraudulento de perpetuar desde el poder la dramática negación de la vida que reina en Venezuela. Aquí todos somos distintos, cada uno con su propia historia, su pertenencia grupal y su conciencia, pero nos une algo común: la indignación y la rebeldía contra la dictadura que niega la vida a los venezolanos y cierra el paso a los cambios imprescindibles para que el pueblo de Venezuela tenga vida.

1– Ustedes saben que soy sacerdote católico. Permítanme que, desde las fuentes de mi identidad, comparta con ustedes, no mi religión, sino una profunda sabiduría que trasciende a cualquier parcela religiosa y es patrimonio común de toda la humanidad.

Uno de los primeros libros de la Biblia nos presenta cómo el joven pastor de ovejas Moisés se sintió llamado a liberar su pueblo sometido a la esclavitud en Egipto. Sintió que desde la misteriosa zarza ardiendo Yahvé le decía “quítate las sandalias de los pies, porque el sitio que pisas es terreno sagrado” (Éxodo 3,5). Me atrevo a decir que ahora, en esta magna asamblea, a cada uno de nosotros desde nuestra propia conciencia se nos dice “quítate las sandalias de los pies, porque el sitio que pisas es sagrado”.

El terreno sagrado de esta asamblea es la vida de la gente, la vida de los cientos de asesinados, torturados y maltratados, de los millones de exiliados, de las decenas de millones que malviven sin esperanza y acaban de recibir la pésima noticia de que el gobierno dictatorialmente quiere perpetuar su miseria por seis años más. No entenderemos la gravedad de este hecho si nos acercamos calzados con las sandalias de nuestras rutinas y seguridades que nos protegen e impiden que nuestros pies estén en contacto directo con el sufrimiento humano y sientan la palpitación de su agonía.

Encontrarnos descalzos con la vida de la gente significa despojarnos de nuestros pequeños intereses, de las parcelas partidistas, de los prejuicios, de las rutinas y de las apatías. Moisés descalzo escuchó desde lo profundo la invitación que transformó su vida y lo convirtió en el gran líder movilizador de su pueblo e inspirador de la humanidad por los siglos venideros: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a librarlos…” (Éxodo 3,7).

Si cada uno de nosotros presta oídos a esta llamada trascendente desde el fondo de su conciencia, superaremos nuestras pequeñeces y diferencias y dejaremos de ser un rebaño de gente dispersa, desorientada y resignada para convertirnos en un inmenso pueblo unido y organizado, en marcha hacia la liberación.

2– Me llena de vergüenza y me parece una burla cruel al pueblo entero que Maduro- en lugar de sincerarse tras la farsa electoral y presentar su renuncia- festeje su falso triunfo y anuncie la prolongación sin fin de esta agonía y que pretenda engañar a opositores con “diálogos” calculados para no cambiar y con pequeñas concesiones de perdonavidas dictatoriales, sin restituir nuestros plenos derechos humanos, ni restablecer la Constitución.

Acerquémonos descalzos y desnudos, sin autoengaños, a la realidad de los muertos, presos y exiliados y a los millones de venezolanos cuyos ingresos y vida cada día son más agonizantes. Sí, no es una exageración, millones de familias agonizan, agonizan nuestras universidades y todo el sistema educativo, agonizan las empresas, los hospitales, los trabajadores y los enfermos, niños y ancianos, agonizan el transporte, la luz y demás servicios públicos, atrapados entre la corrupción y la ineptitud.

3– Para salir de nuestras rutinas y de las trampas jurídicas y políticas que tratan de disfrazar la realidad partamos de la verdad de hechos indiscutibles que al menos tiene tres componentes:

A-Maduro no fue elegido democráticamente para nuevo período hasta 2025.

B-Su continuación en el poder prolonga la desesperación y la negación de la vida de la gente. El pueblo con su desprecio a la tramposa votación del 20 de mayo expresó su clamor silencioso por un cambio socio-económico que no puede esperar y debe empezar cuanto antes, con movilización y colaboración nacional e internacional.

C-Cuanto antes debe ser restablecida nuestra violada Constitución, para lo cual debe eliminarse la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, cambiar el CNE, liberar a presos políticos y exiliados, acabar con las arbitrarias anulaciones de partidos, tarjetas opositoras, candidatos presidenciales, y establecer las condiciones electorales básicas que diferencian en el mundo entero una votación dictatorial de una elección democrática, libre, justa y transparente.

4– Buscamos UNA GRAN UNIDAD SUPERIOR con el consenso sobre estas tres realidades y es imprescindible la convergencia de cuatro factores claves: El primero, el más importante y decisivo, es el profundo malestar del pueblo que se manifestó de manera tan elocuente el 20 de mayo y que cada día empeora.

El segundo son los países e instituciones democráticas del mundo que están claros en no reconocer la farsa y exigir la elección verdadera para el cambio. A pesar de la urgencia que clama por los otros dos factores, todavía no han madurado y son los que siguen:

El tercero es un renacido liderazgo nacional y local en todos los sectores e instituciones: líderes de los trabajadores, vecinos, empresarios, educadores y universidades, academias, partidos políticos, comunidades espirituales, organizaciones de la sociedad civil… cada uno activado y organizado con su especificidad para aportar para todos, con humildad y audacia, lo más valioso de sí.

El cuarto factor decisivo es la Fuerza Armada que conoce mejor que nosotros la tragedia nacional y el fraude y está obligada a restablecer la Constitución y evitar que se perpetúe la miseria. Cuando los cuatro converjan y se den la mano, se abrirá la puerta hacia el camino de la liberación y la reconstrucción. Camino difícil y retador que despertará las mejores fuerzas espirituales de Venezuela.

5– VENEZUELA LIBRE NO SE RINDE. Para ello tenemos que nacer de nuevo. Nicodemo, un honrado y reconocido líder espiritual judío, se atrevió a visitar a Jesús de noche y a escondidas por miedo a los suyos y le preguntó “qué hay que hacer”. El Maestro le respondió, “es necesario nacer de nuevo”, aunque seamos viejos, tenemos que nacer de nuevo (Juan 3,1-8)

Nacer de nuevo con una gran fuerza espiritual para romper barreras sociales, corrupciones y deformaciones del pasado y del presente. Los partidos políticos necesitan nacer de nuevo, pero no sólo ellos sino todos nosotros y las organizaciones e instituciones a las que pertenecemos. Desarrollar la sociedad civil con nueva responsabilidad para transformar y controlar a su Estado e impedir que un partido o grupo se apodere de él y lo convierta en botín; deformación que en este país petrolero ha llegado a extremos trágicos.

Nacer de nuevo para reconstruir juntos el país desbordando nuestra necesidad en creativa fuerza solidaria. Los venezolanos no podemos esperar meses o años la respuesta a la emergencia humanitaria y el cambio del funesto modelo que nos ha llevado a este inmenso fracaso y mucho menos podemos esperar que ese cambio nos sea otorgado por quienes lo han impuesto y quieren perpetuarlo con la fuerza y el atropello.

Su renuncia es reclamada por las realidades y las víctimas, para así abrir las puertas del cambio. El camino no es fácil por eso necesitamos una fuerza interior superior, una solidaridad y una unidad de salvación nacional. Si coincidimos en eso, sabremos trazar los cauces concretos con la bendición de Dios.

A %d blogueros les gusta esto: