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¡Acabemos con Guaidó! por Ismael Pérez Vigil – Noticiero Digital – 18 de Mayo 2019

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La frase del título parece ser el objetivo, como veremos, no solo del régimen. Ciertamente el régimen desarrolla su estrategia de siempre, para lograr ese objetivo, en dos partes; la primera es un fuerte proceso de represión y de criminalización de la protesta en contra de la población: “siembra” de pruebas incriminatorias, detenciones ilegales, manifestantes presos y llevados a juicios interminables con fuertes condenas, obligación de presentarse periódicamente ante jueces y tribunales y ahora –dadas las circunstancias particulares– allanamiento de inmunidad a los parlamentarios y apresamiento de algunos de ellos.

Todo esto tiene por finalidad atemorizar, intimidar a los opositores, para producir paralización, inmovilidad, desanimo, dispersión, alejamiento de la calle y dispersión de la protesta. Y lo logran. Lo vemos en el descenso de las movilizaciones populares, aunque no en las protestas, que se reproducen semanalmente por cientos y por los más variados motivos; pero estas son protestas que –en la mayoría de los casos– no son conducidas políticamente, no tienen una finalidad política, son limitadas, locales, no se reflejan en los medios de comunicación –que no existen o el régimen controla– sino escasamente por algunas redes sociales, de alcance limitado, y por eso son “toleradas”, aunque “controladas” por la dictadura.

La intimidación surte efecto, pues la sana razón lleva a pensar que nadie se debe exponer innecesariamente y arriesgar la vida frente a una dictadura que ha demostrado no tener escrúpulo en usar la fuerza hasta los extremos. Eso hace que disminuya la afluencia de opositores en las manifestaciones y negarlo es absurdo. Pero, además, ya un sector de la oposición luce desmoralizado porque en pocas horas, días, no se cumplieron los objetivos de destronar un gobierno que tiene 20 años desarrollándose en el país.

En este momento, el régimen, sabiéndose sin apoyo popular y sin capacidad de movilizar respaldo multitudinario para sus actividades, desarrolla variantes de su estrategia para reponerse de la sorpresa que le causó la aparición de un liderazgo opositor como el de Juan Guaidó, inesperado para el régimen. La alternativa que están manejando es aislarlo, para acabarlo. Algunos no se explican cómo es que han apresado a figuras del entorno Guaidó, pero no tocan a Guaidó y al efecto se han dado diversas explicaciones: temor a una respuesta popular incontrolada, temor a una fuerte respuesta y represalia internacional, etc. Creo que la explicación es más simple. El régimen se limita a acabar con el entorno del líder, porque sabe que en la propia oposición nos encargamos de descabezar a nuestros dirigentes, no hace falta que ellos “tomen medidas”; cuando nos hallamos encargado nosotros de acabar con nuestros dirigentes, la tarea de apresarlos, obligarlos a asilarse en una embajada o irse al exterior es más fácil y el costo político del régimen será menor.

Por eso se desarrolla la segunda variante de la estrategia del régimen: la mentira, el rumor y la insidia en contra de la oposición y sus líderes. Nadie le cree nada a los voceros de la dictadura, excepto cuando dicen cualquier cosa de la oposición o de sus líderes, entonces se les cree todo y se disemina en redes sociales con verdadero ahínco. Por ejemplo, desde la segunda guerra mundial, ninguna crisis, conflicto o guerra se ha resuelto sin que al final se tenga una negociación, aun entre los rivales más enconados; pero en Venezuela basta con que asome el rumor –usualmente difundido desde el régimen– que se está “negociando” o “dialogando” con algunos líderes opositores, para que se satanice a la oposición y sus líderes. Claro que el régimen lo que busca es negociar, para ganar tiempo, para perpetuarse, solo que quiere hacerlo con ventaja, con una oposición doblegada, debilitada y dividida; y lo ha logrado varias veces. Por eso estimula la crítica y la división de la oposición, mediante información falsa, exageraciones o medias verdades. Estimula y pone la crítica a la dirigencia opositora en bandeja de plata. Desde luego es criticable el desempeño de la dirigencia opositora en determinadas acciones; por ejemplo, lo ocurrido el 23F con la fallida entrada de la ayuda humanitaria; la falta de respuesta militar, disidente, el 30A; la falta de respuesta masiva y de mayor convocatoria en manifestaciones y eventos; o que no se hayan diseñado y planificado otras acciones, etc. Pero la auto crítica no nos puede llevar a la destrucción y desconocimiento de los esfuerzos y logros obtenidos.

Con respecto a la auto critica la oposición mantiene varias posturas. Dejemos de lado a los que no critican nada o no ven ningún “error” en la dirigencia opositora o en los partidos políticos, o a los que no exteriorizan su crítica, ni hacen comentarios, pero simplemente asisten o dejan de asistir a las diferentes convocatorias, desmoralizados. Vamos a concentrarnos en los que hacen críticas; entre ellos hay algunos que hacen análisis de determinadas acciones e intenta entender, explicar, introducir correcciones o sugerencias; esos son los menos. Pero ya hay un sector de la oposición que solo tiene críticas acerbas a las ejecutorias de otra parte de la oposición. Aquí nos encontramos dos posturas, aquellos que lo hacen, como dijimos más arriba, para “descabezar” a la actual dirigencia opositora, posiblemente para tratar de imponer sus propios líderes o lideresas. En estos aún suponemos una cierta intención “positiva”, pero cuestionable, en su lucha contra la dictadura.

Pero hay otro grupo “opositor”, así entre comillas, que por momentos parecen agentes del régimen; le hacen el juego, despiadadamente, adoptan acríticamente las falsedades que divulga la dictadura sobre la dirigencia opositora, se hacen eco de rumores e información, sin confirmar o simplemente falsa; dejan caer “dudas”, o las crean, sobre determinados líderes opositores y sus actuaciones. Se escudan en un “derecho” –un tanto abstracto, que de todas formas nadie les niega– a “formular críticas” y rechazan que se les insinúe que sean constructivos o tomen alguna iniciativa, aunque nadie les está pidiendo, ni siquiera, que formulen “propuestas” como condición para realizar críticas. El único objetivo de este grupo, lo volvemos a repetir, parece ser “descabezar”, hoy, a Juan Guaidó, como ayer descabezaron a Henrique Capriles, o a Julio Borges, o Ramos Allup, o a cualquiera de los dirigentes de los partidos políticos durante los últimos años, que sería interminable enumerar.

Porque más allá de los nombres de los líderes descabezados y denigrados, lo lamentable es que el régimen sabe que siempre ha contado con la ayuda de estos “opositores”, no porque sean un sector numéricamente significativo, que no lo son, sino porque se dicen opositores y algunos los reconocen como tales, y al alinearse con la estrategia de la dictadura crean confusión, desanimo y división. Así, el régimen, ayudado, está logrando una vez más sus objetivos: por una parte, intimidar a la población para disminuir la protesta ciudadana y, por otra parte, las señales evidentes de división y desmoralización que se trasluce en la crítica innoble e inmerecida a los esfuerzos que hace la dirigencia opositora de la AN.

Democracia y autoritarismo en América Latina por Tomás Páez – Kalathos Ediciones – Mayo 2019

Portada del nuevo libro de Tomás Páez :

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Un general chavista acusa a Cuba de haber matado a Chávez para colocar a Maduro por Ludmila Vinogradoff – ABC – 13 de Mayo 2019

Ramón Rangel llamó al ejército a rebelarse contra el mandatario venezolano

El general de división Ramón Rangel, se pronunció en un vídeo contra Nicolás Maduro, llamando a sus compañeros de armas a rebelarse contra el régimen para romper con el «yugo castro comunista cubano» que ha sumido en el hambre y la miseria el país para dominar a los venezolanos.

Rangel fue uno de los golpistas de la segunda intentona chavista del 27 de noviembre de 1992 para derrocar al expresidente Carlos Andrés Pérez y liberar a Hugo Chávez de la prisión. El general fue un hombre de confianza de Chávez al punto que lo encargó de un proyecto para crear una empresa mixta en Cuba donde pasó los últimos seis años.

En ese tiempo transcurrido en la isla «pude palpar la realidad del pueblo cubano que ha sido sometido por el yugo por una dictadura castro comunista por más de 60 años. Vive en unas condiciones de pobreza que se las atribuyen a un bloqueo, y es falso, ellos han formado un cogollo que impide que los recursos les lleguen al Estado cubano», dijo en su grabación.

El general Rangel también lanzó la sospecha de que los cubanos habrían provocado la enfermedad y muerte de Chávez en el 2012 para imponer a su heredero que era Nicolás Maduro, el canciller de ese momento, pero no abundó en detalles.

El general de división, Ramón Rangel, se suma a la lista de oficiales institucionalistas que se han pronunciado a favor de la constitución y del llamado de Juan Guaidó y contra Maduro. Ha invocado el artículo 328 para que los militares «dejen de ser serviles al castro comunismo».

En opinión de la presidenta de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel, este pronunciamiento debe ser un duro golpe para la esfera militar cubana. «El sistema de inteligencia de Cuba debe estar en shock con el pronunciamiento del G/D Ramón Rangel», indicó a través de su cuenta en Twitter. Además reveló que Rangel fue compañero de la promoción del actual comandante general de la Aviación, mayor general Pedro Alberto Juliac Lartíguez.

 

El horror por Ramón Peña – Noticiero Digital – 13 de Mayo 2019

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Felipe González, en un foro organizado por el diario Clarín de Buenos Aires, afirmó el pasado lunes: “Cuando no esté Nicolas Maduro y se vea su horror, no aceptaré excusas de que no se sabía lo que ocurría”. Frase inequívoca de este respetable estadista, lider en la lucha por la democracia y los derechos humanos, que clama por la atención mundial a la tragedia que abate a toda la sociedad venezolana.

En las dictaduras latinoamericanas la trasgresión de la libertad no habia sido acompañada de la destrucción profunda y sistemática de los recursos de un país entero. No fue esa la huella de los terribles “gorilas”, de los regímenes de fuerza del Cono Sur. Ninguno dejó una huella de devastación social, económica, moral y cultural como la que hoy sufre Venezuela. El castromadurismo es una dictadura de castigo, de arrase que, inmisericorde, procede con la saña de un enemigo externo, de un ejército invasor, no de un poder doméstico.

Horror, como invoca Felipe Gonzalez, es lo que cabe para definir a una sociedad arrasada, prácticamente retrotraída a su era preindustrial, en la que ha desaparecido la estructura productiva que promediaba para sus habitantes el más alto estándar de vida en el continente. Hoy, miles de  ciudadanos son atormentados por el hambre, niños y adultos  agonizan con enfermedades erradicadas hace casi un siglo, ya se registra un incremento inédito en la tasa de suicidios, emigrantes, en marejadas bíblicas, buscan la tierra prometida en cualquier otro país del mundo…

Felipe González fustiga a conocidos dirigentes de otros países, quienes por gastadas falacias ideológicas o por vulgares razones pecuniarias, han cohonestado este crimen contra Venezuela. Llama a todas las naciones de la región a no permanecer indiferentes y a apoyar activamente a los venezolanos que, más que contra una dictadura, luchan por su liberación, por su nueva independencia.

Un diputado venezolano en la clandestinidad no quiere ser “rehén de la dictadura” – Agencia EFE – 11 de Mayo 2019

 

El diputado venezolano Juan Andrés Mejía, contrario al Gobierno de Nicolás Maduro, dijo este sábado a Efe, desde la clandestinidad, que está tomando medidas de seguridad para evitar ser un “rehén de la dictadura”, luego de que la Justicia, que lo acusa de rebelión, pidiera dejarlo sin inmunidad parlamentaria.

“Yo estoy en Venezuela, estoy tomando medidas de seguridad para evitar ser un nuevo rehén de la dictadura”, dijo el legislador de 32 años que se niega a revelar su paradero por la posibilidad de ser encarcelado, como ocurrió esta semana con el primer vicepresidente del Parlamento, Édgar Zambrano, también acusado de rebelión.

Las ‘ventajas’ de las dictaduras por Francisco Martín Moreno – El País – 10 de Mayo 2019

Con independencia de la riqueza personal de los tiranos, los regímenes latinoamericanos se reflejan en el brutal crecimiento fundamentalmente del puerto de Miami

Nicolás Maduro el pasado 13 de abril.
Nicolás Maduro el pasado 13 de abril. ARIANA CUBILLOS AP

Cuando la revista Forbes reveló que Fidel Castro era “más rico que muchos reyes y con una fortuna similar a la de algunos sultanes” y en 2016 lo definió como el “séptimo mandatario más acaudalado del mundo” con una fortuna de 900 millones de dólares derivada de empresas como CIMEX (grupo económico que incluye tiendas minoristas, servicios de transporte marítimo), Medicuba (una importadora y exportadora de productos médicos, ligada al Ministerio de Sanidad de Cuba) o recintos ciudadanos como el Palacio de Convenciones de La Habana, entre otras tantas más, comprobé una vieja teoría personal: detrás de cada tirano hay un ladrón.

Imposible dejar en el tintero el libro La vida oculta de Fidel Castro, escrito por Juan Reinaldo Sánchez, quien fuera su agente de seguridad entre 1977 y 1994, en donde explicó su afición al mar y la tenencia de cuatro yates (uno bautizado como Aquarama II, construido con madera procedente de Angola), numerosos botes de pesca, una marina que no tendría nada que envidiarle a las de Saint-Tropez, así como la propiedad de más de 20 mansiones, donde se escondía de modo que pocos supieran el lugar en el que iba a dormir por miedo a ser asesinado.

¿Más fortunas de tiranos? El periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung calculó la fortuna personal de Yasir Arafat, líder de la organización palestina, en unos 300 millones de dólares derivados de una planta embotelladora de Coca Cola, una compañía telefónica tunecina, hoteles y diversos fondos financieros. La misma revista Forbes Magazine colocó a Arafat en la sexta posición en una nueva categoría reservada para “reyes, reinas y déspotas”, con cientos de millones de dólares depositados en cuentas suizas.

Con independencia de la riqueza personal de los tiranos, las ventajas de las dictaduras latinoamericanas se reflejan en el brutal crecimiento fundamentalmente del puerto de Miami. En una reciente conferencia con desarrolladores inmobiliarios de la ciudad más impresionante de Florida, escuché a uno de los participantes la siguiente idea: “A más dictaduras latinoamericanas, a más corrupción y desastres económicos en el cono sur, a más políticos como Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales, Kirchner y señora, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y López Obrador, más capitales para Miami que habrán de convertirse en más rascacielos, más expansión del puerto y en más bienestar generalizado y en más miseria y desesperación en los países suicidas exportadores de su riqueza. Nuestra apuesta, la de los agentes financieros del sur de la Florida, no sólo consiste en el caos de los Gobiernos o dictaduras hemisféricas, no, ¡qué va!, en el caso de México, nuestros deseos incendiarios vas más allá, pues elevamos nuestras plegarias por el éxito del narcotráfico y de cualquier tipo de desorden que ahuyente a la inversión extranjera y al turismo para que recibamos millones de dólares en busca de refugio ante las agresiones comunistas del tal AMLO. A más incertidumbre política en México, más capitales para Miami. ¡Bravo! Nos interesa que AMLO insista en sus políticas: nos conviene…”

¿Conclusión? A más catástrofes económicas en América Latina, a más pánicos financieros, a más comunismo, a más dictaduras políticas, a más inestabilidad social, a más penetración del narco, a más FARC en el continente, a más desorden e ineficiencia institucional, a más corrupción, más, mucho más bienestar para Miami, lo anterior, sin menospreciar el Estado de Derecho prevaleciente en Estados Unidos y el talento del Gobierno para la expansión urbana. Bienvenidos los AMLOs latinoamericanos…

“La salida completa” por Maria Corina Machado – PanamPost – 6 de Mayo 2019

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Los venezolanos sabemos la responsabilidad histórica que tenemos en estas horas. La derrota de la tiranía aquí instalada no solo marcará la vida de millones de venezolanos, muchos de los cuales aún no han nacido, también, será crucial para el destino de otros países de nuestro hemisferio, empezando por Colombia, el próximo país en la mira de este Estado criminal.
 
Por eso, desalojar al régimen de Maduro del poder con urgencia es tan importante, como la profundidad y el alcance de ese cambio. Tenemos claro que no basta con sacar a Maduro, hay que arrancar de raíz los tentáculos de las redes criminales que han penetrado en todos los órganos del Poder Público y de la sociedad venezolana.
 
Ésta es la gran diferencia con la derrota de una dictadura tradicional. En un Estado criminal no basta con sacar al dictador y a su entorno autoritario, hay que desmontar las redes de financiamiento ilegal transnacional, demoler sus pilares de sustento dentro del sistema y expulsar hasta el último criminal extranjero del territorio venezolano.
 
Por supuesto que un proceso de esta complejidad y envergadura no ocurre de un día para otro, y requerirá de significativa asistencia tecnológica, financiera y operativa por parte de nuestros aliados democráticos externos, que saben que liberar a Venezuela de las garras de las redes criminales y antioccidentales del mundo es una prioridad para la seguridad hemisférica.
 
Aunque esta tarea requerirá meses y le corresponderá finiquitarla al gobierno democrático electo en la Transición, la conformación de este gobierno interino será decisivo para que el cambio en Venezuela sea real y definitivo, y no sólo un reacomodo superficial y temporal.
 
Ante la desesperación por lograr que Maduro se vaya, algunos pueden verse tentados a aceptar cualquier arreglo que consista en deshacerse de Maduro y establecer un pacto con sectores del régimen cuyos expedientes criminales están comprobados. ¿Es concebible cogobernar con miembros del Cartel de los Soles? ¿O con integrantes de las organizaciones que realizaron las transacciones financieras más obscenas de la historia como las notas estructuradas, los dólares preferenciales o los bonos ilegales de la República? ¿Es posible sentar las bases de la Transición democrática con los más poderosos “juristas del crimen”, con perpetradores de crímenes de lesa humanidad o con los jefes de bandas paramilitares?
 
Creer que individuos comprometidos hasta los tuétanos con la mafia mundial van a facilitar un proceso de Transición cuyos pilares son la justicia y el fin de la impunidad, la honestidad y el reintegro de los recursos robados, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos, el libre mercado y el fin del intervencionismo estatal; es profundamente ingenuo e irresponsable.
 
Tenemos demasiado cerca y demasiado vivos los errores de Nicaragua para no entender que si allá el sandinismo regresó en pocos años, aquí en Venezuela, si no se desarticulan de raíz y desde el principio estas redes criminales, llenas de plata y vínculos internacionales, en un plazo mucho menor estarán de vuelta ocupando todos los espacios de poder.
 
Un Gobierno de Transición debe ser muy amplio política y socialmente, incluir a todos los sectores de la Nación y demostrar grandeza, firmeza y humildad. Pero este Gobierno de Transición debe significar una ruptura con el crimen y la corrupción de manera radical, o no contará con la confianza de los venezolanos.
 
En estos 20 años de lucha épica hemos aprendido y crecido admirablemente como ciudadanos y como sociedad. Hemos entendido que se trata de una conquista existencial y espiritual. Los errores que hemos cometido, subestimando la crueldad y complejidad del sistema, han significado la prolongación de la agonía, y el régimen nos los ha cobrado con muertos. Ya no más.
 
Avanzamos en la ruta del coraje, de la liberación definitiva de Venezuela. Estamos cerca, concluyamos con fuerza la tarea completa.
 

Parece que sí por Alberto Rial – El Carabobeño – 5 de Mayo 2019

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En esta nueva, y quizás definitiva, crisis política, la dictadura venezolana se vuelve a atornillar en su trinchera. Reprime a sangre y fuego y asesina a civiles desarmados. Usa a los hampones que tiene a la mano para agredir a la gente, a la vez que se arrima a las faldas de los asesores cubanos y rusos pidiendo consejo para salir del ahogo. Como siempre, los asesores le dicen que aguante el chaparrón a fuerza de balas, arrestos y torturas. Y los mismos asesores –que para eso le pagan, no faltaba más- también balean, torturan y de paso protegen a los jerarcas. Sin embargo, acercando la vista entre el humo y las agresiones, parece que el libreto oficial ya no alcanza. Se está quedando corto, como gastado. La rabia de la gente es muy intensa, el apoyo internacional muy amplio y el chavismo luce agrietado y fuera de foco. Las trincheras se derrumban, y están por tragarse a sus ocupantes si es que no salen a tiempo.

Ya se sabe que un nutrido grupo de altos funcionarios del chavismo, militares y civiles, estuvieron negociando su salvación personal con la condición de ayudar a la salida de del régimen. Y aunque no cumplieron –por ahora- lo que acordaron con los gringos, y sabrá uno con quién más, los imagino al lado de la raya de salida para cuando llamen al abandono del poder rojo. “Apagaron los celulares”, dice Elliott Abrams con mucho de sarcasmo, pero los pies de los potenciales desertores siguen entre las aguas de los dos gobiernos, el legítimo y el usurpado. Es de todos conocida la escasa lealtad de militares y chavistas cuando la situación se complica: veleta en mano, midiendo la dirección del viento y atento a las declaraciones de Trump o del jefe del Comando Sur; y viendo de reojo al cubano que tiene al lado para percibir el primer signo de que está haciendo la maleta.

Desde enero a esta fecha se le han ido arrancando jirones al vestido del dictador. Al principio salían algunos hilos; después, pedacitos de tela; hoy empiezan a notarse los huecos y se le ve la piel erizada ¿Estará echada la suerte? Parece que sí.

La política en un país en caída libre por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 28 de Abril 2019

Miguel Henrique Otero
El más duro y traumático aprendizaje que hemos tenido los venezolanos víctimas de la dictadura se refiere a la cuestión de los límites. Durante años, al revisar el estado de cosas en nuestro país, nos decíamos: la realidad no puede empeorar más. Concluíamos que, en alguna medida, habíamos tocado fondo. Que un deterioro más profundo resultaba improbable o imposible. Y, como hoy sabemos, nos equivocamos: el deterioro no se ha detenido. La destrucción es un proceso que no acepta límite alguno.

La demolición es un inmenso paisaje ahora mismo en plena expansión. Las imágenes de los espacios públicos de Venezuela sobrecogen. Calles, plazas y bulevares son escenarios desolados. Paredes desconchadas, suciedad en cada rincón, desechos por todas partes, negocios cerrados, estanterías vacías, escenas de mendicidad en cada esquina. No se trata solo de personas que revisan la basura, también de niños que pululan por las ciudades y los pueblo pidiendo ayuda. Las evidencias son incontestables: en nuestra Venezuela está creciendo la pobreza, está creciendo la marginalidad, está creciendo la desesperación.

Al estrago visible, hay que sumar la destrucción invisible o menos visible: es la que corroe los edificios públicos en sus entrañas: ascensores irrecuperables, sótanos inundados o llenos de trastos y equipos inservibles, herramientas y computadoras dañados de modo irremediable, baños que no funcionan, oficinas de atención al público donde no hay ni una fotocopiadora, ni un cartucho de tinta, ni una hoja de papel. Esto aún no se ha divulgado de modo suficiente: la aniquilación de la infraestructura, el mobiliario, las obras de arte y otros bienes de ministerios, institutos autónomos y empresas del Estado es simplemente asombrosa. Detrás de las fachadas de los edificios de las oficinas gubernamentales, campea el desastre.

Esto hay que decirlo, en voz muy alta: los trabajadores de Petróleos de Venezuela y de Pequiven, así como los de las empresas básicas de Guayana –me refiero a aquellas operaciones que todavía no han alcanzado el punto de lo inerme– exponen su integridad física y sus vidas, minuto a minuto. Ahora mismo, no hay en el mundo instalaciones petroleras más oxidadas, podridas, acechadas por goteras, aguas negras, acumulaciones de basura y equipos que no funcionan que las venezolanas. Los expertos en la cuestión lo vienen advirtiendo: hay un potencial de desastre que aumenta a diario.

Desde hace más de una década, el padre Luis Ugalde y otros venezolanos de bien han venido advirtiendo: los países no tocan fondo. El derrumbe puede continuar de forma irrefrenable. Esto significa, en lo primordial, dos cosas: más pobreza y más muerte. Pero también más ineficiencia, más corrupción, mayor parálisis, más violencia del poder atracador (frente a la crisis del sistema eléctrico nacional, el poder armado se dedica a robar plantas eléctricas), más presos políticos, más tortura, mayores violaciones de los derechos humanos. En una frase: el crecimiento de la aniquilación. La devastación del país no tiene límites porque el régimen de Maduro no tiene mecanismos de contención ni de contrapeso: se aferran al poder, cueste lo que cueste. Esa decisión significa nada menos que esto: dejarán morir, matarán, arrasarán con todo lo que sea necesario. Cruzaron todas las líneas rojas. No tienen regreso.

El campo para la acción política en Venezuela es cada día más estrecho. Y lo es porque el país va en caída libre. Los dos desafíos que tenemos por delante son inmensos. El primero de ellos es el de cesar la usurpación y sacar a Maduro del poder, de inmediato. El segundo, el de iniciar, al día siguiente, la reconstrucción de todo: hay que rehacerlo absolutamente todo. No hay nada que no deba ser revisado desde sus bases, desde sus principios. Requiere de esfuerzos inmensos, de recursos más allá de toda previsión, de un nivel de acuerdo y organización que sobrepasa cualquier expectativa.

Sostengo que es imprescindible articular una alianza alrededor de Juan Guaidó, político con una virtud excepcional e ineludible para estos tiempos: capacidad para reunir a todas las fuerzas opositoras, las organizaciones de los sectores populares, los gremios, los grupos del chavismo disidente a una gran acción, abierta incluso a las fuerzas armadas. En el país en caída libre, la gran alianza es la más efectiva política posible. La de mayor potencia. La de mayor reconocimiento internacional. La única que, ahora mismo, puede sacar a Maduro del poder y parar el hundimiento de Venezuela.

Después de la primavera por Alberto Rial – El Carabobeño – 21 de Abril 2019

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La primavera árabe de 2011 no le dio paso a un verano de cosechas democráticas. Quizás fue todo lo contrario: de la primavera se pasó directamente al invierno del autoritarismo. En Egipto, se cambió a un dictador por otro –elecciones mediante- y luego por otro. En Libia, la ejecución de Gadafi llevó a la partición del país en feudos que hoy se amenazan con una guerra civil. En Siria, la guerra civil sigue ocurriendo y los muertos se cuentan en los cientos de miles. Yemen está viviendo una pesadilla bélica desde hace 4 años, y contando. Solo en Túnez, el país en el que comenzó la primavera con la inmolación de un vendedor callejero, se logró un cierto avance hacia la democracia, aunque la consolidación republicana –llena de obstáculos- aún esté por verse.

Gianni Del Panta, un profesor de la Universidad de Siena, Italia, afirmó en una declaración a Infobae, en 2018: “en sociedades que carecen de historia democrática, en las que aún persisten estructuras familiares y religiosas profundamente autoritarias, es utópico pensar que se va a poder fundar una república más o menos funcional de un día para otro”. La sociedad tunecina es de las más libres y abiertas del mundo árabe, lo que podría explicar que allí precisamente haya comenzado la primavera y que sea la única que puede mostrar algunos resultados –aunque escasos- 8 años después del inicio del movimiento.

Durante las manifestaciones de la plaza Tahrir en El Cairo, ampliamente cubiertas por la prensa mundial, la gente cargaba letreros con la palabra Democracia en varios idiomas y le decía a los reporteros que ellos querían un sistema de gobierno libre como los que había en Europa y América. Sin embargo, daba la sensación de que los egipcios definían como democracia a una entelequia; una ilusión de un mundo feliz y justo que estaba en sus cabezas pero que podría diferir enormemente de una persona a otra. Al final, la realidad se impuso y el ejército se encargó de ponerle el sello al final de la primavera, cuando los Hermanos Musulmanes, elegidos por mayoría, comenzaron con su pretensión de adueñarse del país.

Volvemos a Venezuela y hay que plantearse preguntas similares a las de 2011 en el Medio Oriente. El país está viviendo una primavera más –como ya lo hizo en 2002, 2013, 2014, 2015 y 2017-, solo que esta vez parece que la dictadura gasta sus últimos cartuchos y el fin se les pone cerca. Pero queda por ver en qué está pensando la gente para el día después, y en qué piensa la dirigencia. Sobre todo, queda por saber qué entiende cada quien por democracia. Si la mayoría cree que el nuevo gobierno resolverá todo y volveremos a ser felices, la cosa no pinta bien. Ahora, si se entiende que hay que atravesar un período difícil, de varios años, en el que cada quien tendrá que esforzarse para sacar adelante al país, dando más de lo que pide, es posible que haya cosecha.

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