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El régimen quiere emigrantes por Alberto Rial – El Carabobeño – 9 de Septiembre 2018

UnknownSer emigrante no es ningún juego. No es una decisión que se toma a la ligera, así como “vámonos a Colombia que allá hay chamba”, o “en Ecuador nos dejan entrar y son burda de solidarios”. Salir del territorio en el que uno nació, se crio y generó los afectos de su vida para empezar en tierra extraña siempre es un trauma, aún con circunstancias favorables. Significa salir del vientre protector de lo conocido y meterse en una aventura que casi siempre se inicia con las probabilidades en contra, por decir lo menos.

Los hijos de emigrantes conocemos algo del tema. Hemos visto la nostalgia y la sensación de no ser de ninguna parte, porque la tierra nueva no es propia y la propia dejó de serlo. O las esperanzas de que “Franco ya se muere” y cuando se muere no queda energía ni entusiasmo para el retorno. O el empeño en asimilarse a una cultura distinta y unos códigos nuevos, y la dificultad de hacer amistades con gente con la que no se tiene una historia común. Gente que vivió otra vida, escuchó otra música, tiene otros paisajes en la memoria, otras remembranzas y otros problemas.

Venezuela, desde hace 20 años y por primera vez en su historia, se volvió un país de emigrantes. El chavismo se dio a la tarea de complicarle la existencia a los habitantes de esta ribera del Arauca hasta que, de a poquito en los primeros tiempos y por millones en los últimos años, los paisanos se han visto obligados a salir como sea de un país que no les ofrece nada y quiere quitarles todo. Las imágenes son terribles, el éxodo es incontrolable; la gente escapa de una guerra de baja intensidad, pero guerra al fin, que ha emprendido una dictadura ilegítima contra los que alguna vez fueron ciudadanos de una república.

Se calcula que 4 millones de personas se han ido de Venezuela, y contando. Se irán muchos más porque no se moverá un dedo para resolver el desmadre, pero mayormente porque al régimen le complace tener menos bocas que pidan alimentos, menos enfermos que pidan medicinas y menos opositores protestones. Todo encaja en la aritmética perversa de la visión chavista, que no es otra sino la de un territorio medio despoblado, con habitantes desnutridos y apaleados que dependan de la limosna oficial mientras, para los gobernantes, militares y enchufados, existe una vida de lujos comprada con el dinero de los demás.

La dictadura niega la emigración y la crisis humanitaria, no por necedad ni por el simple placer de mentir (aunque la mentira se le dé muy bien). Lo hace porque no quiere a ningún organismo externo jurungando basura en su patio, y más importante, porque quiere que la gente se siga yendo. Mientras más sean los que emigren, más poderosos se sentirán los que mandan. Así de simple.

Del éxodo de Mariel al éxodo de San Antonio por Gustavo Azócar Alcalá – La Patilla – 6 de Septiembre 2018

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Nicolás Maduro copia todos los días las recetas comunistas que se encuentran en las páginas del Manual del Dictador, escrito y guardado en algún lugar por Fidel Castro. El éxodo de 2.3 millones de venezolanos que, según la ONU, se han marchado de Venezuela hacia diferentes países de América Latina, Europa y Estados Unidos, no ha sido un hecho producto del azar. Todo indica que fue parte de una estrategia gubernamental, dirigida, provocada y estimulada por la tiranía para que en Venezuela sólo se queden aquellos que no tienen otra cosa que no sea depender, económica y políticamente, del régimen.

El colapso de los servicios públicos como agua, luz y transporte; la destrucción de la infraestructura vial; el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos; la escasez de alimentos y medicinas; la aniquilación del aparato productivo; las expropiaciones; la toma por la fuerza de empresas privadas; el corralito financiero; el estrangulamiento de la banca privada; la destrucción de las escuelas, liceos y universidades públicas y privadas; las persistentes fallas en el servicio de internet; y más recientemente, el censo de transporte automotor y la venta de gasolina mediante el carnet de la patria, forman parte de un plan destinado a crear las condiciones para que mucha gente salga despavorida del país.

Nada ha sido casual. Todo ha sido fríamente calculado. Maduro y sus asesores cubanos hicieron todo lo necesario para expulsar sin decreto a casi 3 millones de personas que desde los últimos 2 años han tomado la decisión de irse bien lejos. Si a eso se suma el hecho de que las fuerzas opositoras venezolanas lucen desconcertadas, perdidas en el espacio, como un barco a la deriva, sin un plan de acción, sin una hoja de ruta, peleando por botellas vacías, jugando al sálvese quien pueda, es perfectamente comprensible entender porque hay mucha gente que ha tomado el difícil y tortuoso camino de emigrar, recorriendo miles de kilómetros a pie, y exponiendo la vida, en lugares tan peligrosos como el Páramo de Berlín, en Colombia, antes que quedarse en Venezuela, esperando una muerte casi segura.

Los cubanos tuvieron hace 28 años el éxodo de Mariel. Los venezolanos tenemos hoy día el éxodo de San Antonio.  En la Cuba gobernada por Fidel Castro, más de 125 mil cubanos partieron del Puerto de Mariel hacia los Estados Unidos, entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980. Los venezolanos hemos tenido, desde 2015, el éxodo de San Antonio (en honor a la ciudad fronteriza del estado Táchira) por donde pasan cada día, cerca de 30 mil personas, de las cuales unas 5 mil cruzan el puente internacional Simón Bolívar, para no regresar jamás. O al menos, no mientras la tiranía de Maduro siga destruyendo este país

El éxodo de Mariel, en Cuba, se produjo luego del asalto a la embajada del Perú por parte de un grupo de civiles cubanos a bordo de un autobús público, quienes querían entrar al recinto para solicitar asilo político. Perú dio albergue al grupo de cubanos rebeldes. Castro amenazó a la embajada peruana (un país con el que mantenía relaciones tensas) con retirar la seguridad si no entregaban a los asaltantes. La embajada se negó y concedió protección diplomática a los cubanos.

Fidel cumplió su amenaza y autorizó que todo el que quisiera asilarse en la embajada podría hacerlo sin represalias. La respuesta fue abrumadora: 10.800 cubanos se refugiaron en los jardines de la embajada del Perú.

Molesto, Castro, anunció la apertura del puerto del Mariel, a unos 40 kilómetros de La Habana, para que todo el que quisiera emigrar de Cuba lo hiciera. La respuesta no se hizo esperar: más de 125 mil cubanos salieron por el puerto del Mariel (aproximadamente el 1,3 % de la población según censo de la Oficina Nacional de Estadísticas cubana, 1981). Fue el segundo éxodo de cubanos que huían de la dictadura. El primero fue el éxodo de Camariocas en 1965, en el que salieron de la isla aproximadamente 30 mil ciudadanos rumbo a EEUU.

El gobierno de Estados Unidos dijo en 1981 que recibiría con los brazos abiertos a todos los cubanos que huyeran de la isla. Castro aprovechó el ofrecimiento americano y ordenó embarcar a 25 mil presos que estaban en las cárceles, la mayoría de ellos delincuentes muy peligrosos, y obligó a los propietarios de los barcos a que se los llevaran con ellos a Miami. Algo parecido hizo la tiranía venezolana: envió al Perú a una famosa banda de delincuentes (el tren de Aragua) para que asaltara bancos y joyerías en Lima. Por fortuna las autoridades peruanas los atraparon y les aplicaron todo el peso de la ley, algo que, en Venezuela, ninguna autoridad se atrevió a hacer.

Maduro no ha necesitado barcos para que los venezolanos que no están de acuerdo con su pseudo revolución se hayan ido del país. La frontera terrestre entre Venezuela y Colombia, al igual que la frontera con Brasil, han servido para tal fin. Esa es la razón por la cual Maduro no ha cerrado la frontera por completo. El 19 de agosto de 2015, el ex chofer del Metro de Caracas ordenó cerrar la frontera con Colombia al paso vehicular, pero permitió el paso peatonal. Por allí se han ido aproximadamente más de 2 millones de venezolanos. La otra parte se ha ido por la frontera con Brasil, que tampoco está cerrada. Y un mínimo porcentaje se ha ido en los pocos vuelos internacionales que todavía quedan en Maiquetía.

En Cuba, el éxodo de Mariel sirvió para que la mayoría de quienes se oponían a la dictadura de Castro se fueran a vivir a Estados Unidos. En Venezuela, el éxodo de San Antonio ha servido para que la mayoría de los opositores más combativos y luchadores contra la tiranía de Maduro, se hayan ido a vivir a otros países. No fue una decisión fácil: había que elegir entre seguir luchando y buscar dinero para mantener a las familias. La mayoría optó por lo segundo.

Pero el éxodo, provocado y estimulado por la tiranía, terminó convirtiéndose en un boomerang contra al régimen de Maduro. El flujo de venezolanos ha comenzado a generar toda clase de problemas e inconvenientes en los países vecinos. Colombia, Ecuador, Chile, Argentina y Brasil, por sólo citar cinco naciones, han empezado a sentir el peso de la emigración venezolana. Y como ninguno de estos países estaba preparado para el impacto que suponía atender de un momento a otro un volumen tan grande de gente, se dispararon las alarmas y ahora todos quieren buscar, lo antes posible una solución al problema.

El éxodo de venezolanos se convirtió, en pocos meses, en una crisis migratoria de grandes proporciones. Los periodistas de todo el mundo informan todos los días, muestran videos, reportajes, fotografías, historias impactantes, que han sensibilizado al mundo entero, y que han servido para que los gobiernos de todo el planeta se den cuenta de la magnitud y la gravedad de la tragedia humanitaria que vive Venezuela. La OEA, la ONU, la Unión Europea, el Grupo de Lima, todo el mundo está hablando de la crisis humanitaria venezolana, que ha superado con creces otras crisis migratorias ocurridas en Europa y Asia.

La tiranía se dio cuenta muy tarde, que el éxodo de San Antonio se le estaba convirtiendo en un problema. Y para tratar de enmendar la plana, montaron un plan, que ahora llaman pomposamente “Vuelta a la Patria” para invitar a los venezolanos a que regresen a su país. Por supuesto, la punta de lanza del plan fue un falso positivo montado también en Lima, Perú, a donde enviaron a un grupo de chavistas disfrazados de emigrantes, a quienes repatriaron pocas semanas después, en un avión deConviasa, montando un show digno de un capítulo de los tres chiflados.

Lo que no imaginaba la tiranía era que el éxodo provocado, estimulado y promovido por el propio régimen, se le convertiría en un grave dolor de cabeza, porque la tragedia humana generada por Nicolás Maduro, lanzando a las afueras de su país a millones de venezolanos, podría convertirse en breve tiempo, en la razón que necesita el gobierno de Estado Unidos y los gobiernos democráticos de América Latina para proponer y justificar una acción humanitaria internacional en Venezuela. Tanto es así, que en todo el mundo ya se habla, sin ningún desparpajo, de la necesidad de una intervención.

Maduro y sus 40 ladrones se dieron cuenta muy tarde del gravísimo error que habían cometido. El éxodo de San Antonio se les revirtió. Y ahora andan desesperados tratando de convencer a muchos venezolanos para que regresen cuanto antes a su país. El desespero llega a tal extremo que el gobierno celebró como si fuera un 31 de diciembre la llegada de 89 emigrantes infiltrados en Perú. El ministro Jorge Rodríguez informó que el próximo miércoles un avión traerá a grupos de venezolanos desde Ecuador, el sábado desde Perú y el próximo lunes desde Argentina.

Pronto veremos en los periódicos y televisoras de América Latina, anuncios del gobierno de Maduro ofreciendo bonos, lingotes de oro, apartamentos, carros y gasolina gratis por un año a los que se decidan a regresar. “Vendrán los aviones con venezolanos voluntariamente repatriados y aquí los esperamos para recibirlos con los brazos abiertos”, manifestó Jorge Rodríguez.

Con toda seguridad veremos en los próximos días otro show similar al que se montó con los falsos emigrantes que estaban en Lima, Perú. Por fortuna, la burda novela fue desmontada rápidamente, gracias al testimonio de venezolanos como Oscar José Peimbert, quien llegó hace tres meses al Perú, y quien denunció a su ex amigo Luis Santeliz, uno de los falsos emigrantes.

Oscar Peimbert dijo que los casi 100 venezolanos que salieron del Perú hacia Venezuela formaban parte un grupo sembrado por el régimen de Maduro para que hablaran mal del Perú. Todo indica que no solamente sembraron falsos emigrantes en tierras peruanas, sino que también lo hicieron en Ecuador, Colombia y Argentina.

En conclusión, el éxodo de San Antonio no salió también como el éxodo de Mariel. Aunque parezca mentira, algunas recetas del castro comunismo, aplicadas en Cuba, no parecen dar el mismo resultado en Venezuela. La crisis humanitaria venezolana pica y se extiende. La comunidad internacional se está moviendo. Muchos gobiernos vecinos hablan de intervención. De la boca para afuera rechazan la salida militar y alegan no estar de acuerdo. Pero puertas adentro, la historia es otra. Estamos en cuenta regresiva.

Diputado “opositor” Guerra sobre medidas de Maduro: “No creo que sean de mala fe” por Orlando Avendaño – Panampost – 5 de Septiembre 2018 

Resulta inaceptable que, luego de casi veinte años de chavismo, haya el que insinúe que no todo se debe a la criminal voluntad de someter todo a un Estado totalitario

Durante una entrevista, el diputado opositor José Guerra trató de condonar al régimen chavista. (Archivo)

Destaco la palabra «opositor» entre comillas. Porque quien insinúe que el régimen más letal que se ha erigido en Venezuela, al menos en su historia contemporánea, culpable de la devastación de una nación, obra de buena fe, no puede llamarse opositor. Desvarío nauseabundo que debería despertar la indignación de todos los sensatos.

Lo dijo el economista, profesor y diputado, presuntamente opositor, José Guerra. Miembro del partido Primero Justicia, ilegalizado por la dictadura.

Durante una entrevista en el programa del periodista César Miguel Rondón, Guerra trató de analizar las últimas medidas políticas de Maduro, esbozadas para terminar de destruir por completo la iniciativa privada, el emprendimiento y el poder adquisitivo en Venezuela. Habló de los anuncios como si realmente fueran medidas económicas —y no exclusivamente políticas—. Absurdo, ciertamente.

No obstante, el delirio se exhibió luego de que el curador y expresidente del Museo de Ciencias de Caracas, Sergio Antillano, participara en el programa con un comentario: “[La devastación es] inducida. Nada es casual ni a lo loco. Todo es adrede y pensado para el mismo fin. La construcción de un Estado totalitario y hegemónico de ciudadanos en miseria desprovistos de derechos y una casta que monopolice el poder y las riquezas”.

Palabras acertadas y pertinentes; pero que contrastan groseramente con la candidez —imbecilidad o complicidad— del diputado José Guerra, quien en su respuesta a Sergio Antillano trató de condonar a los criminales rojos.

“A mí me cuesta pensar que la gente actúe de mala fe. Como yo no lo hago, a mí me cuesta pensar eso. Yo no creo que un tipo quiera hacerle daño a otro”, dijo Guerra. Ahí, el periodista César Miguel Rondón lo interrumpió y recordó las honestas palabras de la vicepresidenta Delcy Rodríguez: “Alguien confesó que la Revolución era una venganza personal”.

Guerra, sin prestar atención, continuó: “Yo creo que los hombres no podemos actuar por venganza o retaliaciones. Yo creo que es impericia. La economía está manejada por unos amateurs. No creo. No es la mala intención la guía que los orienta a ellos”.

“Hay Gobiernos de izquierda en el mundo que son muy capaces”, dijo Guerra, en un intento de disociar las ideas del chavismo de sus frutos. “Este no es el caso venezolano”.

Las palabras de José Guerra deberían escandalizar a toda la sociedad. Cómo, entre el bando opositor, se cuela un individuo dispuesto a sugerir que, detrás de las más letales ofensivas del régimen en contra de toda una ciudadanía, ya suprimida, existe la sana voluntad, legítima; pero subordinada a una presunta ineficiencia.

El destierro, la tortura, el asesinato, todas políticas de Estado, entonces no serían prácticas malintencionadas. Resultados, en cambio, de una buena fe mal encaminada.

Resulta inaceptable que, luego de casi veinte años de chavismo, haya el que insinúe que no todo se debe a la criminal voluntad de someter todo, como bien dijo Sergio Antillano, a un completo Estado totalitario comunista, dependiente de gentes necesitadas, supeditadas a las dádivas del Estado. Y ello solo se logra devastando la economía.

 

Pedro Sánchez se queda mudo cuando le preguntan si hay que llevar a Maduro a La Haya por Antonio José Chinchetru – Alnavío – 31 de Agosto 2018

El presidente del Gobierno de España volvió a insistir, en rueda de prensa junto a Iván Duque, en que la salida para Venezuela pasa por el diálogo entre chavismo y oposición. En ese mismo acto evitó calificar al régimen bolivariano como “dictadura” y no respondió cuando le preguntaron si cree que Maduro debe ser llevado ante la Corte Penal Internacional.

Pedro Sánchez en Colombia volvió a evitar la palabra 'dictadura' para referirse a Venezuela / La Moncloa: Fernando Calvo

Pedro Sánchez en Colombia volvió a evitar la palabra “dictadura” para referirse a Venezuela / La Moncloa: Fernando Calvo
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no se sale del guion que estableció en el encuentro que mantuvo el lunes con el mandatario chileno, Sebastián Piñera, y ha mantenido toda la semana. Este jueves, en rueda de prensa conjunta con el presidente de ColombiaIván Duque, insistió en que la salida para Venezuela es el diálogo (Ver más: Pedro Sánchez improvisa un diálogo en Venezuela alejado de la realidad). Preguntado sobre si Nicolás Maduro debe ser denunciado ante la Corte Penal Internacional, no respondió.

La estrategia de Sánchez no fue responder con una evasiva. Simplemente no dijo nada, actuó como si no hubiera escuchado la pregunta. Sí contestó Duque, recordando que “la pregunta nos la han hecho a los dos”. Afirmó que “el reto” de varios jefes de Estado es que se produzca esa denuncia.

Antes, en su intervención inicial, Duque había dicho: “Colombia es un país que ha abierto sus puertas con fraternidad a los hermanos venezolanos que han sido víctimas de una dictadura oprobiosa que ha ido eliminando las libertades y que ha arruinado económicamente a una sociedad”.

Sánchez: “Creemos que Venezuela tiene que empezar una conversación consigo misma y que se tiene que resolver entre venezolanos esta crisis”

Y le preguntaron a Sánchez por la expresión “dictadura oprobiosa” utilizada por el mandatario colombiano. Le consultaron qué opinaba de ese término para referirse al régimen de Nicolás Maduro. Como ya hizo cuando fue entrevistado por El Mercurio de Chile, respondió con una evasiva (Ver más: Pedro Sánchez se resiste a decir que el gobierno de Maduro es una dictadura). El presidente del Gobierno español dijo: “Creo que he sido bastante claro. No se puede llamar democracia a un sistema que tiene presos políticos, que tiene encarcelados por sus ideas”.

Sánchez insistió en el diálogo que ya había defendido varias veces a lo largo de la semana. El presidente del Gobierno español dijo: “Cada país es soberano de elegir cuáles son las estrategias que toma para resolver la crisis en Venezuela. Lo tenemos también claro, creemos que Venezuela tiene que empezar una conversación consigo misma y que se tiene que resolver entre venezolanos esta crisis que dura ya muchos años, que está trayendo mucha pobreza, mucha miseria y mucho sufrimiento al pueblo venezolano”.

Las tres dictaduras por Fernando Mires – Blog Polis – 30 de agosto 2018

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El concepto dictadura será entendido aquí en su expresión más obvia, a saber, regímenes que anulan la clásica división de poderes, concentrándolos todos en el ejecutivo y apoyados en la fuerza represiva (policía, para-militares y militares).

Valga decir que las tres dictaduras latinoamericanas a las cuales me referiré -la cubana, la nicaragüense y la venezolana- no solo cumplen con los requisitos elementales que llevan a caracterizar a un régimen como dictatorial, sino, además, agregan formas de dominación no equivalentes con las dictaduras clásicas del siglo XX.

En efecto, no se trata de dictaduras totalitarias como fueron las de Stalin, Hitler y Mao Tse Tung, entendiendo por totalitarismo la apropiación del espacio público y privado por la omnipotencia estatal, en el sentido otorgado por Hannah Arendt al término. Ni carismáticas de acuerdo a la tríada formada por la tradición, la religión y la cultura, según Max Weber primero, y después por la misma Hannah Arendt. Ni personalistas (principio del caudillo) de acuerdo a las definiciones de Carl Schmitt tomadas del español Donoso Cortés.

En cierto modo podemos hablar de dictaduras mutantes. A veces aparecen en formato militarista. Otras, bajo la égida de un caudillo. Y en algunas ocasiones, como simples autocracias. Lo mismo ocurre con sus formas de representación ideológica. Por lo general intentan vincularse a grandes mitos nacionales (Martí en Cuba, Bolívar en Venezuela, Sandino en Nicaragua) los que combinan con consignas marxistas de silabario. Son fascistas a veces, estalinistas otras, o simplemente populistas. Pues si hay algo que las une, es su ductibilidad. Más aún, ni siquiera pueden ser consideradas como latinoamericanas típicas. Objetivamente corresponden a formas de dominación (¿post-modernas?) que existen en otros continentes, como la Rusia de Putin, la Bielorusia de Lukashenko, la Turquía de Erdogan, la Hungría de Orban. Son en fin, las tres, aunque surgieron en el siglo XX, dictaduras del siglo XXl en versión latinoamericana.

Las tres poseen una legitimidad de orígen: la de una revolución democrática (Cuba) o electoral (Venezuela) o ambas (Nicaragua). Ninguna llegó al poder como resultado de un golpe militar a lo Videla o a lo Pinochet. Pero ya en el gobierno, emprenden, primero lentamente, después de modo más progresivo, la demolición de los pilares de la democracia moderna, camino al cual comienza lentamente a sumarse la Bolivia de Evo mediante la adopción del principio de reelección indefinida. Si eso llega a consumarse, las tres dictaduras, como fue el caso de Los Tres Mosqueteros, serán cuatro.

Desde el momento que ascienden al gobierno los portadores de “la revolución” comienzan a apropiarse del estado hasta llegar al punto en que gobierno y estado terminan siendo sinónimos. Tiene lugar así la formación del Partido Estado al cual son incorporados mediante sueldos fabulosos y corrupciones inmensas, generales y oficiales de alto rango. Ya constituida la nueva clase de estado, iniciará una verdadera lucha de clases desde arriba hacia abajo cuyo objetivo final es asegurar su poder absoluto. Para ello será necesario destruir tres segmentos no estatales: el aparato productivo (empresarios y obreros), las clases medias profesionales y la clase política opositora.

Solo en función del primer objetivo se entiende la economía política practicada por esas dictaduras. La economía nacional – es lo que no han captado muchos estudiosos- es puesta al servicio de la mantención y reproducción del poder de la clase estatal dominante. Por eso, medidas económicas que según cualquiera escuela parecen aberrantes, si se sigue la lógica de quienes manejan los mecanismos del poder, se entienden perfectamente. Pues para ellos no se trata de aumentar la producción, ni de nivelar salarios, ni de alcanzar una mayor igualdad, sino de destruir radicalmente al antiguo orden político y social. Tiene razón entonces Nicolás Maduro al hablar de “guerra económica”. Para él la economía es un arma de destrucción masiva.

Tales dictaduras son, dicho en el peor sentido del término, auténticamente revolucionarias. Su objetivo central es transformar a la sociedad de acuerdo a los intereses comunes a toda la clase de estado. Una revolución en sentido inverso. No la de los de abajo en contra de los de arriba, sino la de los de arriba en contra de los de abajo. En cierto sentido apuntan, como ya advirtió Arendt acerca de los totalitarismos modernos, a la transformación de una sociedad de clases en una sociedad de masas.

Obreros y campesinos son convertidos -después de la destrucción de los centros productivos- en masa pauperizada. Tarjetas de racionamientos, bonos de subsidios y limosnas patrióticas, son mecanismos que aplicados llevarán a la dependencia biológica de las grandes masas con respecto al Estado.

Destruido el sistema productivo, tendrá lugar, además, la formación de un lumpen-proletariado sin proletariado. Mendigos, rateros, asaltantes o simplemente andrajosos pululando en las calles, como tan bien describiera a la “Cuba profunda” el escritor Leonardo Padura en su novela La Transparencia del Tiempo. Y por cierto, la prostitución, el “petróleo de Cuba” descubierto y organizado por los Castro.

Cuba, que linda es Cuba. Barcos llenos de turistas norteamericanos y europeos ansiosos de “carne fresca” de ambos sexos arriban semanalmente a la Habana. Hoteles que ni en sueños habitaron, bellezas que jamás pudieron tocar, ritos sexuales clandestinizados en los países de orígen, practicados a precio de huevo bajo los retratos del Che, Fidel y Chávez.

Una variante distinta al “socialismo petrolero” venezolano y al “socialismo hotelero” cubano parecía ser el “capitalismo social” instaurado en Nicaragua por la dictadura Ortega-Murillo. Bajo la consigna de construir el socialismo, el régimen optó por otra secuencia. En primer lugar no destruyó el de por sí débil aparato productivo, simplemente “lo compró”. Para el efecto, intensificó relaciones con empresas extranjeras, principalmente norteamericanas. Así, bajo el llamado socialismo sandinista, Nicaragua pasó a ser uno de los países más dependientes del capital externo de América Latina. A fin de alcanzar ese rango, Ortega realizó dos movidas adicionales. Por una parte ofreció a las empresas una mano de obra abundante y barata. Por otra, transfirió, vía subsidios, remesas de capital destinadas a mantener la adhesión de los sectores laborales. Con lo que no calculó el autócrata fue que bajo la égida del capitalismo subsidiado, el sector laboral iba a crecer notablemente de modo que los reclamos sociales comenzarían a hacerse cada vez más continuos. Tampoco calculó que el desarrollo capitalista suele ir acompañado de cierta modernización, expresada en el aumento de sectores intermedios a los cuales pertenecen los estudiantes cuyos reclamos no solo son sociales sino, además, políticos.

El resto de la historia es conocido. Mediante la criminal represión, Ortega ha intentado eliminar las consecuencias sociales de su propia estrategia. Después de las horribles masacres cometidas durante el 2018, el “modelo Ortega” debe darse por fracasado. Desde ahí a Ortega no le queda otra salida que seguir el camino de Maduro (sin petróleo) así como Maduro ya sigue desde hace tiempo el camino cubano: asegurar y reproducir, al precio que sea, el poder de la clase dominante de Estado.  Al menos Ortega cuenta con el mismo “factor positivo” que  el flamante Díaz-Canel y, en medida creciente, que Maduro: una clase política opositora disgregada, dividida e incapaz de unirse en un solo frente de lucha.

Es cierto que Ortega ha sabido operar sobre el conjunto de la clase política nicaragüense formada por una infinidad de partidos y movimientos de tendencias contrapuestas. Pero también es cierto que esa misma clase política ha sido incapaz de formar un frente electoral unitario y solidario.

En Cuba, en cambio, la clase política nacional fue eliminada rápidamente. Después de la toma del poder por Castro en 1959, muchos militantes del potencial bi-partidismo (Ortodoxos y Auténticos) pasaron a unirse al movimiento 26 de Julio. Otros emigraron hacia Miami. Desde ahí, desligados de los verdaderos problemas de su país, cayeron en labores conspirativas. Su Waterloo fue la invasión a Bahía Cochinos el año 1961, hecho que sirvió a Castro para llevar hasta el final la depuración de la oposición interna, dentro y fuera del 26J. Hoy no existe clase política de oposición en Cuba.

Distinto parecía ser el caso de Venezuela. Como en pocos países que viven bajo una dictadura, llegó a formarse en contra del chavismo una fuerte oposición articulada en los partidos de la MUD. La victoria del 26-D, culminación de una larga trayectoria electoral  comenzada el año 2006, fue vista por algunos como el inicio de la derrota definitiva del régimen. La línea democrática, constitucional, pacífica y electoral, propia al conjunto de la oposición, pareció continuar durante el movimiento por el revocatorio (constitucional y electoral) el que, al no ser aceptado por el régimen (no podía serlo) podía transferir su potencial hacia los eventos electorales que se avecinaban. Las jornadas callejeras del 2017, no hay que olvidarlo, surgieron en defensa de la AN y en contra de la falsa Constituyente. Fue en ese momento, cuando, desde fuera y desde dentro de la MUD, comenzaron a ganar terreno los sectores más extremistas, antipolíticos y anti-electorales de la oposición. Mediante un simulacro electoral, contagiado por una euforia masiva, otorgaron incluso un carácter sacramental a un documento que no podía sino ser simbólico, el por ellos llamado “mandato del 16-J”. La derrota en las calles, sufrida por muchachos mártires sin más armas que escudos de cartón, fue considerada por el extremismo opositor como la negación de toda salida electoral. Fue así que sin mística ni fuerza, la oposición regaló a Maduro las elecciones municipales y regionales.

A pesar de todo la MUD tuvo una posibilidad de oro para recuperar la vía política. Fue después del fracaso del “diálogo” de Santo Domingo. Las demandas no aceptadas por la dictadura ofrecían, en verdad, un magnífico programa para convertir a las elecciones presidenciales en un fuerte movimiento social y político. Pero la incapacidad de elegir un candidato unitario -exigido desde hacía tiempo por Henrique Capriles- dio al traste con la posibilidad de propinar a Maduro una fuerte derrota. Pocas veces, creo que nunca, se ha visto en la historia política una oposición que, habiendo tenido todo en las manos para alcanzar un triunfo, haya decidido retirarse abandonando la única vía que conocía, la única donde podía vencer, la única donde podía conservar cierta unidad.

No voy a insistir sobre el tema. Así como la oposición nicaragüense está siendo venezolanizada, la oposición venezolana está siendo cubanizada. Desde Miami, personajes con peso económico pero sin vinculación social ni política intentan, como ocurrió con los cubanos, erigirse en dirigentes, amparados en una supuesta “comunidad internacional” que nunca ha existido ni existirá, dando curso libre a fantasías que solo pasan por sus cabezas afiebradas. Por mientras, ya sin esperanzas, la población venezolana se desangra sobre una ola migratoria sin precedentes en la historia latinoamericana.

Queda todavía una oportunidad, la única posible para no perder lo poco que queda de la oposición venezolana. Hacia diciembre asoman nuevas elecciones. Por cierto, no hay ninguna razón para ser demasiado optimistas con respecto a una salida unitaria. La palabra unidad ha llegado a ser un comodín para salir del paso, aún para políticos que han hecho todo lo posible para romper con la unidad. La mayoría de los líderes opositores siguen sumidos en ese limbo de la nada al que los llevó el abstencionismo del 20-M. Nadie se atreve a tomar una iniciativa que no sea la de hacer frases “dignas” o llamar a paros destinados a parar a un país parado. Después del 20-M la situación no puede ser más deprimente.

Pero quizás, como en todas las cosas de la vida, hay que conservar todavía un gramo de esperanza. Lo digo, claro está, solo por decir algo.

La Franquicia Cubana por Alejandro Terán – Reporte Económico – Agosto 2018

136138Image.jpgUn ex integrante de la Fuerza Aérea Venezolana, acaba de publicar un libro llamado La Franquicia Cubana, una dictadura científica.

Eduardo Hurtado, fue miembro de la FAV donde trabajó en tránsito aéreo y en defensa antiaérea. Luego ingresó al Ejército de Estados Unidos donde estudió Aviónica y Electricidad en Armamento de Helicópteros Apache.  Luego formó parte de una unidad especial de inteligencia geoespacial y más tarde fue a la guerra con el ejército norteamericano por lo que es veterano de guerra de esa fuerza militar.

Con todo ese cuadro de formación, sobre todo en investigación e inteligencia, se sentó y escribió un libro donde explica con lujo de detalles como los hermanos Castros, descubrieron una franquicia para perpetuar en el poder a los presidentes.

-¿Por qué es una dictadura científica?

Es una dictadura científica, porque todo está planificado, todo lo que pasa en Venezuela y América Latina, está planificado. Nada es casualidad, ha sido diseñado en un laboratorio de guerra psicológica, de estrategia, se planifica, se ejecuta, se supervisa, se mide y se planifican acciones en consecuencias de esas reacciones en ese determinado momento.

-¿Lo que pasa en Venezuela está preparado?

Efectivamente.

-¿La crisis económica, la destrucción de las empresas?

Todo eso es un plan de Estado para generar una sociedad adoctrinada porque una sociedad adoctrinada no ofrece resistencia, aplican la teoría del caos, de quebrantar la economía, un ser que no tenga estabilidad es un ser manejable.

-¿Hable un poco de esa Franquicia cubana?

Los cubanos se aproximan a los Estados Unidos cuando Fidel Castro llega al poder pero allí no quieren nada con él, entonces se aproxima a los rusos y aplican el método ruso en su propio país. Esa experiencia de 60 años les permite desarrollar una corporación.
Cuando digo franquicia cubana no me refiero a los cubanos, hablo de los Castros. Al sistema de gobierno castristas.

Fidel Castro, crea el Foro de Sao Paulo y allí al estilo resort, vende esa estrategia de presidencia eterna y a cambio quiero que me compres esa franquicia, te vendo la asesoría, como vas a hacer para lavar dinero, controlar las masas, los medios de comunicación, como dominar la parte de operaciones psicológica.

Además de eso te voy a dar entrenamiento y te voy a prestar personal de inteligencia, de espía, de operaciones psicológicas para que en 20 ó 30 años tú mismo aplicas el método.
Esto va a dirigido a quienes quieren perpetuarse en el poder.

-¿Una de las cosas que hemos observado es que en América Latina ha habido muchas elecciones donde han ganado los supuestos franquiciarios. Pero Cuba nunca hizo elecciones?

Cuba hace elecciones lo que pasa es que siempre gana Fidel pero eso es un protocolo para el mundo. En Venezuela desde el 2006 las elecciones fueron un acto protocolar, al mismo tiempo iba comprando tiempo e iba creando una oposición paralela.

-¿Venezuela está llegando al límite de los 20 años que es cuando la franquicia se vuelve eterna?

Podría ser eterna. Ellos han dado en el clavo, han seguido el manual.

-¿Por qué la llamas dictadura científica?

Porque es como un método científico. Hay un análisis científico. Esa es la estrategia de la Caja China, que con un escándalo tapan otro.
Es como una ruleta que persigue generar incertidumbre. Ahorita han creado un clima de esperanza para seguir hundiendo a la gente en la desesperanza.

-¿Qué objetivo persigue este libro?

Educar y quiero dejar en claro que para resolver un problema primero hay que entenderlo y la oposición no tiene nada claro.

Citó como ejemplo el paro de la semana pasada como respuesta al paquetazo de Maduro, pero la oposición va a convocar a un paro en un país que está parado, de allí que la oposición no tiene claro el objetivo, concluye. Alejandro Terán/Reporte Económico

Semana definitiva por Oswaldo Álvarez Paz – Noticiero Digital – 21 de Agosto 2018

download.jpgEn otras circunstancias se podría decir que estoy exagerando, pero no es así, Todo indica que estamos en la etapa final de la tragedia venezolana. El desenlace luce impredecible aún. Sin embargo, lo cierto es que la actual incertidumbre anuncia una confrontación terrible con las fuerzas del mal. Ni retroceden, ni rectifican, ni se arrepienten, ni asumen propósito de enmienda capaz de generar credibilidad en los factores democráticos nacionales e internacionales.

La expectativa vigilante se agota dando paso a la convicción de que la confrontación final es inevitable. De esto no saldremos “por la buenas”, es decir, no hay diálogo que con honestidad nos pueda conducir a la vida en libertad y democracia. Tampoco negociación que signifique un cambio de rumbo en la dirección correcta. A esta conclusión llegamos luego de escuchar y leer atentamente las intervenciones y escritos de los voceros protagónicos de la dictadura. Y la salida “por las malas” presenta distintas opciones que racional y corajudamente utilizadas podrían ser útiles para alcanzar el objetivo de cambio a que aspira cerca del 90% de la población. Pero esto no se improvisa.
Llegó el momento. Es la hora de poner a funcionar al máximo la cabeza, es decir, la inteligencia. El corazón del cual se deriva la contagiosa emoción de las grandes causas asumiendo integralmente todas las consecuencias que puedan derivarse en la lucha y después de ella. Lo cierto es que esto no puede ni debe continuar.

El plan político, social y económico del régimen está siendo ejecutado con una dosis ideologizada de ineficacia, corrupción y desverguenza que proyecta ante el mundo una de la imágenes más triste y sombría de la historia contemporánea. Al menos en esta parte latinoamericana del planeta, no hay precedentes que se aproximen a la enorme tragedia de Venezuela.

Por grande que sea el esfuerzo por entender las últimas decisiones de la dictadura, no hay manera de hacerlo desprejuiciadamente. Tenemos que irnos a la Política, así a la Política con P mayúscula. El proyecto castro-comunista, fracasado en todas partes del mundo, Cuba incluida, es un proyecto de dominación tiránica, donde no hay espacio para la libertad y el respeto a los más elementales derechos humanos. Se pretende utilizar a nuestro país como último y definitivo instrumento para prolongar lo cubano en nuestro territorio y, desde aquí, retomar con más fuerza la estrategia de expansión continental. A lo largo de los años lo han intentado de diversas maneras. Han fracasado y de allí esta arremetida final.

El llamado es a toda la oposición democrática. Unidad en torno al objetivo de cambio y, por favor, dejar de lado pequeñeces, envidias, ambiciones personales o de grupo y entender que quienes no estén totalmente de acuerdo deben apartarse o serán apartados. Basta de molestias extemporáneas. Pa´lante con todo.

Venezuela: conflicto internacional por Carlos Blanco – El Nacional – 15 de Agosto 2018

Carlos Blanco

No implica invasiones pero tampoco evasiones. Los que se hagan los distraídos apoyan al régimen de Maduro.

El agente Zapatero y la tortura por Hermann Tertsch – ABC – 14 de Agosto 2018

Hay alarmantes lazos entre España y la criminal dictadura de Maduro

Hermann Tertsch

Llegan terribles nuevas procedentes de Venezuela que nos afectan gravemente a los españoles. Ya no se puede mirar en España hacia otro lado como tantos han hecho tanto tiempo. Son noticias que dicen también mucho sobre lo que pasa en España donde gobierna hoy un hombre, Pedro Sánchez, cuyo principal apoyo político y parlamentario es una franquicia del régimen criminal comunista que ha destruido aquel país hasta unos límites inimaginables. Venezuela sufre sin cesar un dolor de espanto por miedo, violencia, hambre, tortura y privaciones sin fin. Un dolor que no se habría dado en estas dimensiones y con semejante brutalidad sin la implicación de asesores comunistas españoles durante la construcción de la dictadura y sin la increíble pero ya muy constatada implicación como estrecho colaborador de Maduro, el criminal que preside aquel régimen, de un expresidente del gobierno de España. Se trata del socialista Rodríguez Zapatero, cuya influencia en el gobierno de Sánchez también es muy grande. Zapatero es hoy asesor común de Maduro y de nuestro jefe de Gobierno. Y Sánchez está bajo la influencia combinada del asesor de Maduro y de Podemos que debe su existencia y obediencia a aquella dictadura. Ante estos datos, quizás debieran alarmarse un poco más los españoles.

La humillación como forma para destruir al individuo, quebrar a la persona, su voluntad, su autoestima, es tan vieja como el poder y la tiranía. En tiempos modernos todas las dictaduras lo han hecho, aunque los nazis y los comunistas, esos dos gemelos del diablo, son los más afamados especialistas. Los nazis en el poder no existen desde 1945, los comunistas sí y son como siempre maestros de humillación y tortura. El SEBIN, la policía política de la dictadura de Maduro, distribuyó hace tres días unas imágenes del diputado Juan Requesens, detenido en flagrante violación de su inmunidad parlamentaria. En ellas aparece en unos calzoncillos manchados por lo que parecen excrementos y con síntomas de haber sido drogado. Requesens fue detenido ilegalmente en la redada montada por el régimen tras el supuesto atentado contra Maduro el 4 de agosto. El partido de Requesens ha denunciado que, además de drogado, fue amenazado con la ejecución de su familia y la violación de su hermana.

Pues aquí, en lo más turbio y sórdido de las sentinas violentas de un régimen comunista criminal y narcotraficante aparece Zapatero. Porque un compañero de partido del torturado Requesens, Julio Borges, ha acusado al expresidente del Gobierno español de amenazarle con la cárcel si no se plegaba a la voluntad del dictador Maduro. Zapatero llegó hace más de dos años a Venezuela pretendiendo ser un mediador. Pronto la oposición le acusó de ser un agente más de la dictadura de Maduro, que por grandes cantidades de dinero nunca especificadas, defiende al régimen y maniobra para levantar sanciones internacionales a los criminales de la cúpula. Zapatero es el único líder europeo con la impudicia de defender a la narcodictadura. Su mediación se resume en el balance de Felipe González: Ha logrado «multiplicar por seis la cifra de presos políticos». Zapatero dijo el domingo que la acusación de Borges era «una burda calumnia». Pero no son las primeras de este tipo contra él. Hace tiempo presos políticos denunciaron visitas de Zapatero para hacer exigencias que favorecían a la dictadura. Convendría que en España se abra un debate sobre lo que Zapatero hace en Venezuela. Que el socialista Zapatero, considerado agente de un dictador comunista y narcotraficante que tortura a diputados de su parlamento, sea asesor de Sánchez e ídolo de su Gobierno, dice mucho de lo peligrosamente que vivimos los españoles últimamente.

 

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