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La Guerra Silenciosa de Estados Unidos y la “Paciencia Estratégica” por Casto Ocando – Primer Informe – 7 de Julio 2019

En su esfuerzo por acabar con la dictadura de Nicolás Maduro, Estados Unidos está empleando sanciones abiertas, y operaciones encubiertas que están golpeando con ferocidad al régimen, gracias al trabajo de más de una docena de agencias federales y de inteligencia, y al apoyo internacional. Estos son los escenarios de la guerra silenciosa contra Nicolás Maduro.

En Noviembre de 2017 el presidente norteamericano Donald Trump hizo referencia por primera vez al concepto de “paciencia estratégica”, una doctrina que caracterizó la política de seguridad nacional de la Administración Obama. Trump declaró que esta doctrina era un fracaso de Estados Unidos frente a las amenazas del mundo, especialmente Corea del Norte.

Tiempo después, en marzo de este año, el Secretario de Estado Mike Pompeo también se refirió al tópico, particularmente para cuestionar los efectos de la paciencia estratégica obamista en Venezuela, asegurando que había empeorado la situación del país.

Básicamente la idea transmitida por Trump y Pompeo era: “basta de esperar por soluciones pacíficas, hay que actuar con fuerza y decisión”.

El concepto de la paciencia estratégica ha vuelto a relucir estos últimos días en Estados Unidos, pero en un sentido completamente distinto al expresado por Trump y Pompeo.

El Jefe del Comando Sur, con sede en Miami, el almirante Craig Faller, por ejemplo, declaró que Venezuela requiere ahora “una cierta paciencia estratégica” para alcanzar los objetivos, posiblemente en respuesta a los clamores dentro y fuera de Venezuela de que Estados Unidos actúe militarmente contra la dictadura de Maduro lo más pronto posible. La situación en el país está “estancada”, dijo Faller, por lo cual recomendaba esperar.

Otra personaje clave, el diplomático William Brownfield, ex embajador en Caracas y Bogotá, y ex Zar Antidrogas del Departamento de Estado, fue aún más específico: hay que tener paciencia estratégica para dar tiempo a que las sanciones y medidas de Washington contra el régimen hagan su efecto devastador.

”Hay que tener la paciencia para permitir a la estrategia producir el resultado positivo”, dijo Brownfield en una entrevista reciente.

Es bien sabido que Trump ha demostrado que no tiene mucha paciencia él mismo: ha criticado personalmente a sus asesores por la tardanza en producir resultados efectivos y sacar a Maduro del poder, según reportamos en esta columna. Pero tras lo que aparenta ser un abandono de interés por parte de la Casa Blanca, el nuevo discurso de la “paciencia estratégica” es ahora considerada por Washington el mejor curso de acción. Estas son algunas de las razones del por qué.

Los efectos de las sanciones de Estados Unidos no sólo están a la vista, sino que están golpeando con ferocidad al régimen.

Como ya se sabe, gracias a las sanciones el sistema financiero occidental ha sido prácticamente cerrado a los operadores del alto chavismo, el más reciente de los cuales es el propio hijo de Maduro, Nicolasito.

Es cierto que el régimen ha acudido a sistemas financieros alternos, tratando de hacer operaciones en rublos, yuanes y liras turcas, entre otras monedas. También es conocido que está tratando de vender crudo y oro como contrabando, a escondidas, y a grandes descuentos por los riesgos que implica para el comprador.

Pero el proceso de transferir esas operaciones al sistema financiero internacional para poder cubrir una amplia gama de necesidades y compromisos es increíblemente complicado para el régimen de Maduro, especialmente a la hora de darle legitimidad y monetizar tales operaciones y contrabandos, y usarlos para pago de deudas, bienes y servicios.

“Las sanciones han desbancarizado completamente a los chavistas”, me comenta un banquero venezolano que conoce de cerca los mecanismos usados por el chavismo para mover fondos.

Incluso para aquellas cuentas mantenidas por testaferros que pasaron los estrictos controles de la banca internacional, el problema no se detiene. Cada transacción, sea por transferencia electrónica o de tarjetas de crédito para uso de terceros, está sometida a un apabullante escrutinio de compliance, si las personas, empresas o beneficiarios son venezolanos o están relacionados con Venezuela.

Esa fue la razón por la cual la firma Caribbean Overseas LTD, el mayor proveedor en Aruba de alimentos al mayor, especialmente carne de primera, suspendió envíos de $100,000 semanales a Caracas, destinados a mantener bien provista la alacena de Nicolás Maduro y su entorno familiar.

La lista de afectados es larga: la flotilla de aviones del tuerto Andrade y su socio Gorrín, decomisada en Miami; los más de $500 millones congelados a Samark López, el testaferro de El Aissami; los centenares de millones congelados a empresas de lavado de dinero vinculadas a Delsy Rodríguez; y los miles de millones inmovilizados a operadores como Roberto Rincón y Alex Saab, entre otros.

Pero quizá más importante sean las acciones encubiertas que actualmente se despliegan en varios frentes claves, utilizando el enorme potencial de recursos y herramientas con que cuenta el gobierno norteamericano, incluyendo assets militares, que están causando un gran desasosiego entre los maduristas.

Considérese la decisión de cinco departamentos -Justicia, Tesoro, Estado, Seguridad Nacional y Defensa-, de concentrar recursos y esfuerzos para atacar desde diversos ángulos la organización criminal madurista.

Al menos 17 agencias de inteligencia –desde las más conocidas como el FBI, la DEA y la CIA, hasta las menos familiares como la National Reconnaissance Office, que controla los satélites espías de Estados Unidos—tienen sus recursos enfocados, en parte o en mucho, en la actividades de la organización criminal de Maduro-Cabello-Cuba.

La capacidad de escucha electrónica, lo mismo a través de intervenciones a distancia como a través de aeronaves tecnológicamente avanzadas, mantiene un flujo de información en tiempo real que permite a Estados Unidos y sus aliados estar al tanto de lo que se discute en los chats y las conversaciones chavistas al más alto nivel.

No por casualidad entre los soldados de fuerzas especiales enviados por Rusia a Venezuela recientemente, se encuentran especialistas de guerra y espionaje electrónico del ejército ruso, presuntamente para contrarrestar la penetración de las comunicaciones por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Lo mismo los hackers chinos, que operan sigilosamente en varios edificios de Caracas, aunque ya no de manera anónima.

Desde hace más de 6 meses opera en Venezuela un pequeño ejército de agentes e informantes infiltrados a diversas instancias, incluso dentro de importantes organismos de decisión del régimen, según me informaron fuentes en tres agencias de inteligencia.

Según estas fuentes, en las últimas semanas, la infiltración de assets en Venezuela ha adquirido proporciones hercúleas, en proporción a las crecientes operaciones para contener el tráfico de drogas y los operativos de traslado de dinero en efectivo, producto de la venta de cocaína, controladas por los capos de Maduro.

El trabajo de interdicción, por ejemplo, con la ayuda de un número creciente de informantes venezolanos que desertaron, ha contribuido enormemente a dibujar con precisión el mapa de las redes criminales del régimen: laboratorios, aeronaves, casas donde guardan dinero en efectivo, rutas, cooperadores en varios países, conexiones con Cuba, Honduras, México. “Todo está mapeado”, me dice uno de los informantes que llegó hace un par de meses a Estados Unidos tras un periplo de varias semanas que lo llevó desde Apure hasta Perú y de ahí a Puerto Rico y Washington, donde coopera con las autoridades.

La otra cara de la moneda de esta ofensiva son las investigaciones criminales contra aliados del régimen, actualmente desarrolladas en una decena de fiscalías federales a lo largo de Estados Unidos.

Estos procedimientos no se detienen simplemente en la acusación formal. Incluyen también órdenes de búsqueda y captura, congelamiento de bienes y cuentas, investigación de entornos familiares y profesionales.

Dicho de otro modo: una cacería internacional en combinación con gobiernos de tres continentes, vigilando entradas y salidas por avión o embarcaciones, visitando propiedades y realizando allanamientos con autorizaciones judiciales tan válidas en Miami como en Santo Domingo, Madrid o Zurich, Suiza. O Dubai y Sudáfrica, por no hablar de toda Latinoamérica.

“Se trata de una guerra global en todos los frentes pero sin balas ni misiles”, me dijo esta semana un diplomático norteamericano. “Es una estrategia más efectiva, sin el costo político de invadir”, apuntó.

¿Conoce el presidente interino Juan Guaidó, o la Asamblea Nacional controlada por la oposición, los detalles de estas masivas operaciones encubiertas en la que participan también otros países de América Latina y Europa?

Una pregunta más adecuada sería: ¿Tienen Guaidó y sus aliados opositores el poder de controlar esta maquinaria letal que, inexorablemente, llevará a la salida de Nicolás Maduro del poder?

Los que piensan que Estados Unidos no invadirá formalmente a Venezuela, probablemente estén en lo cierto. Pero quizá una pregunta más apropiada sería: ¿es necesaria una invasión?

Notas:

Tras la pista del dinero

El Task Force de Fincen-Departamento del Tesoro que opera desde Nueva York con agentes de varias agencias como el FBI, el IRS, la DEA y de Homeland Security Investigations, está avanzando en una tarea particular: identificar los banqueros y operadores financieros que diseñaron y construyeron complejas estructuras como hedge fundsholdings y empresas de fachada a nivel mundial para esconder para esconder decenas de miles de millones robadas al fisco de Venezuela. Las pesquisas, según las fuentes, apuntan a un grupo de banqueros de origen judío en Nueva York, asesores financieros venezolanos que operaban desde España y militares retirados que manejan cuentas de generales chavistas en Hong Kong y China continental. Muchas de las pistas de las investigaciones han salido de operadores financieros que están bajo investigación criminal en Estados Unidos y que han decidido cooperar. Otros datos claves fueron proporcionados por chavistas que saltaron la talanquera, incluyendo los operadores vinculados al empresario venezolano Roberto Rincón, y los casos investigados en España como Nervis Villalobos y César Rincón. Otra fuente clave ha sido el ex jefe de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) Hugo Carvajal, alias El Pollo. Carvajal mantenía un registro detallado de las cuentas en el extranjero mantenidas por connotados chavistas, incluyendo Nicolás Maduro, Cilia Flores, Rafael Ramírez, Jorge Arreaza y los hermanitos Rodríguez. Otro informante ofreció dar detalles para identificar la ubicación de una fabulosa fortuna controlada por Rafael Ramírez, pero la cooperación no ha sido posible hasta ahora por desacuerdos en los porcentajes de la recompensa.

Así opera la maquinaria de lavado

El Task Force de Fincen-Tesoro están prestando particular atención a empresas y operadores vinculados directa o indirectamente a Nicolás Maduro y su entorno. El tipo de operaciones y empresas sospechosas que están investigando de cerca en Estados Unidos, tienen estas características: 1, subsidiarias con nombres similares en Venezuela; 2, exportan a Venezuela equipo pesado, partes automotrices y equipo electrónico. Este modelo criminal ha sido catalogado como TBML: Trade Based Money Laundering. O lo que es igual: lavado de dinero a través de operaciones comerciales. Las áreas de operaciones bajo la lupa van desde el Sur de la Florida –Miami, Fort Lauderdale, Weston, Boca Ratón, Palm Beach-, el área metropolitana de Houston, Texas; todo el Caribe –República Dominicana en particular-, y el sur de Europa, según fuentes. El dinero típicamente se mueve desde este tipo de empresas a otras ubicadas en Hong Kong, España, Portugal, Panamá, Florida y Delaware. Pese a que los pagos de contratos con el gobierno se hacían en dólares, debido a las sanciones, las transferencias comenzaron a hacerse en euros. Pero muchas empresas han sido atrapadas cuando cambiaron los euros a cuentas en dólares, mediante empresas y bancos ubicados en Estados Unidos, a través de las llamadas nested accounts, cuentas bancarias abiertas en el sistema financiero norteamericano a través de bancos corresponsales, pero en realidad controladas por entidades foráneas. Muchas empresas que hacen o han hecho negocios con el régimen madurista operan usando este sistema de cuentas bancarias porque proveen del preciado anonimato. Pero Fincen está chequeando cuáles de estas instituciones están haciendo transferencias a lugares donde no tienen normalmente actividad financiera.

La cucaracha no se sienta por Antonio A. Herrera-Vaillant – El Universal – 26 de Septiembre 2019

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Para los millones que sufren la dictadura la espera se hace interminable y desesperante. Pero la penosa realidad de Venezuela es compleja y no parece tener una solución providencial o instantánea. Que cese la usurpación es condición imprescindible pero no suficiente para restablecer al país al sendero de la paz, la civilización, el desarrollo, y la prosperidad.

 En tales etapas de incertidumbre se desgastan muchas energías discutiendo si un régimen de fuerza voluntariamente cede el poder. La respuesta rápida y sencilla siempre será que no, jamás lo hace voluntariamente. Tienen que confluir los factores necesarios que lo obliguen a ceder, gústele o no, en el mejor de los casos negociando algunas condiciones.

 Que la conjunción de factores sea bélica o militar es harina de otro costal. De momento la comunidad internacional ha descartado usar fuerzas militares externas para demoler a la satrapía. Tendría que sobrevenir un “casus belli” internacional suficientemente grave que justifique tal extremo. Mientras ello no ocurra resulta fantasioso insistir sobre el tema.

 Pero eso no significa que todo esté perdido, ni remotamente. El movimiento democrático interno y la comunidad internacional aún cuentan con opciones para seguir apretando paulatinamente las tuercas que implacablemente aprietan un férreo cerco hasta que se desplomen las bases cada vez más mermadas que sostienen a la dictadura, sin recurrir a un contingente armado foráneo.

 El agotamiento de sus opciones materiales, aunado a la deleznable calidad humana de sus mediocres personeros y la hoy inquebrantable voluntad democrática – nacional e internacional – de ponerle fin a esta aberración así lo han dispuesto inapelablemente. Lo que queda es dirimir el cómo y el cuándo.

 Dentro de su obtusa mentalidad criminal, el régimen ha escogido terminar de la peor manera posible, en medio de un lento pero inexorable declive con el mayor costo político, económico y social imaginable.

 Aunque es difícil predecir el instante en que comenzará el desmoronamiento interno de las fuerzas que sostienen el parapeto – si es que ya no está en marcha – esa ha sido la historia de los regímenes comunistas en casi todo el planeta, comenzando por la Unión Soviética y pasando por todas las naciones de Europa del Este.

 Hoy está fuera del alcance de los sátrapas criollos tomar el astuto camino de la evolución emprendido en China y otros en el Lejano Oriente. Y si pretendieran erigir una bizarra seudo monarquía como en Corea del Norte o la parasitaria Cuba, habría que preguntarles: ¿Con qué se sienta la cucaracha?

 

 

 

Una franja de Gaza en Venezuela: el caballo de Troya de las negociaciones por  Edgar Cherubini – El Nacional – 14 de Septiembre 2019

Como parte de la nueva estrategia de la dictadura tutelada por Cuba, a los pocos días de esa declaración de guerra, Maduro ordenó movilizar tropas hacia los estados Zulia, Táchira, Apure y Amazonas, en la frontera con Colombia para realizar maniobras militares conjuntas, incluyendo a sus organizaciones paramilitares de milicianos y “colectivos”. Para mayor gravedad, el general Padrino, su ministro de la Defensa, ordenó desplegar el sistema de misiles de defensa antiaérea: S-300, que los rusos han instalado en Venezuela, siendo el más avanzado de América Latina y el Caribe. A partir de ahora, los grupos armados de las FARC y el ELN podrán operar en Venezuela con total impunidad, creando una especie de “franja de Gaza” que se extiende a lo largo de la frontera occidental del país, desde la península de la Guajira hasta la frontera con Brasil, haciendo realidad el sueño de Chávez y Fidel: “Venezuela limita en el oeste y al sur con las FARC (Chávez dixit)”.

Para Venezuela y los países de la región se ciernen riesgos inéditos y una espiral de violencia imprevisible. El más peligroso e inminente es el de la precipitación acelerada del país hacia un Estado fallido, al existir el riesgo, si es que ya no ha sucedido, de que los armamentos livianos y portátiles que poseen las FANB terminen en las manos de las organizaciones narcoterroristas, de los paramilitares y escuadrones de exterminio aliados con bandas hamponiles que hacen vida en el territorio venezolano amparadas por el régimen y que en alianza con la narcoguerrilla se han distribuido el territorio nacional para proteger sus negocios criminales.

Ante este nuevo escenario, cualquier persona medianamente informada se pregunta: ¿Por qué Noruega aceptó que Cuba fuera la sede de las negociaciones de paz para Colombia, siendo este país el secular promotor de la subversión en Latinoamérica, el sostenedor de la narcoguerrilla y el que maneja los hilos de la dictadura en Venezuela? ¿Por qué Noruega hizo caso omiso a las denuncias que ubican en Cuba a los terroristas más buscados por Colombia y las agencias de seguridad internacionales? Durante las negociaciones entre el régimen de Maduro y la oposición democrática en las que Noruega es garante, ¿acaso la dictadura no ha arreciado su persecución y violencia contra los opositores, y descaradamente apoya militarmente a la narcoguerrilla, amenazando a Colombia? También nos preguntamos: ¿Es que acaso no fue en las negociaciones en Noruega que la OLP comandada por Arafat utilizó el mismo modelo para ganar tiempo, movilizar y rearmar a sus combatientes, irrespetando el acuerdo y continuar con sus ataques terroristas contra Israel?

Un indicio de dónde comenzar a hilvanar las respuestas lo leemos en el boletín del Gatestone Institute, que publica un trabajo titulado: “Cómo los déspotas interpretan los tratos con Occidente” (Bassam Tawil, “How Despots Interpret Deals with the West”, Gatestone Institute, Septiembre de 2019). Se trata de un breve análisis sobre las tensiones diplomáticas entre Irán, la Unión Europea y Estados Unidos sobre el acuerdo nuclear de 2015 con este país islámico, a raíz de sus amenazas de “borrar del mapa a Israel”. El tema de dicho informe debería sacudir la ingenuidad de los negociadores europeos y de todos aquellos que creen en el diálogo con terroristas, dictadores y déspotas, al evidenciar que los promotores del terrorismo cuando se sientan a negociar lo hacen para ganar tiempo mientras se rearman e incrementan su violencia y perversidad contra las democracias occidentales, interpretando cada gesto de acercamiento y diálogo civilizado como un signo de debilidad.

Una franja de Gaza en Venezuela

Debido a las coincidencias con los conflictos en Venezuela y Colombia, es interesante  revisitar los entretelones del acuerdo de Oslo firmado en 1993 entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina OLP, en la que participó el gobierno de Noruega como garante de los acuerdos.  El informe Gatestone retrata el objetivo de Yasser Arafat al participar en esas conversaciones, ya que la OLP nunca tuvo la intención de apartarse del terrorismo contra el Estado judío. Bassam Tawil comenta que un oficial de la OLP describió los diálogos de Oslo como un «caballo de Troya” y que, mientras avanzaban las conversaciones, Arafat tenía como objetivo “convertir el Acuerdo de Oslo en una maldición para Israel”, aprovechando ese tiempo para rearmarse y movilizar combatientes a zonas estratégicas. Sobre esto último cita el registro de la conversación con Arafat de otro oficial de la OLP, en la que el líder Palestino le expresó: “Por Allah, los volveré locos [a los judíos]. Por Alá, convertiré este acuerdo en una maldición para ellos. Por Allah, tal vez no en mi vida, pero tú vivirás para ver cómo los judíos huyen de Palestina. Ten un poco de paciencia”.

En 2000, Arafat pateó otra de las mesas de negociación y acuerdos en Camp David, lanzando una ola de terrorismo contra Israel, la famosa «Intifada», pese a que había recibido la oferta de Ehud Barak de “establecer un Estado palestino desmilitarizado en el 92% de Cisjordania y el 100% de la Franja de Gaza y el establecimiento de la futura Capital palestina en el este de Jerusalén, siendo rechazada por los palestinos sin siquiera una contraoferta. La OLP y Yasser Arafat, arremetieron con una campaña sin precedentes de atentados suicidas y actos terroristas cobrando la vida de miles de israelíes”. Israel nuevamente pagó un alto precio por una mesa de diálogo que se suponía debía promover la paz y la estabilidad en Medio Oriente, donde se trató la retirada israelí de la franja de Gaza, pero fue utilizado por la propaganda palestina como un signo de debilidad y retirada. Desde entonces, los palestinos no han cesado de disparar cohetes y perpetrar atentados contra Israel exclamando que los habían obligado a huir de Gaza.

Yo añadiría que ni a Hamas ni a la Autoridad Palestina les interesa la creación de un Estado Palestino, pues  eso significaría establecer y respetar las reglas de juego de la comunidad internacional y traicionar su juramento de jamás reconocer la existencia del Estado judío y de no cesar de luchar por su aniquilación.

Salvando las distancias, pienso que este complejo escenario geopolítico del Medio Oriente se refleja en Venezuela en variadas similitudes. Para resumir, en relación con Colombia, podemos decir que los acuerdos de Paz manejados por Noruega y Cuba solo han servido para que los criminales de la narcoguerrilla agrupados dentro del partido político FARC, ocuparan curules en el Congreso y ahora gocen de total impunidad, mientras su ala militar se reagrupaba y empoderaba en el santuario chavista. En cuanto a Venezuela, la comunidad internacional ha tratado de restaurar la democracia a través de las negociaciones promovidas igualmente por Noruega (…y Cuba), pero hasta la fecha, el chavismo no ha negociado, ya que con cada “diálogo” solo ha ganado tiempo, ha agudizado más la crisis en el país y ha incrementado la violencia y perversidad de su feroz dictadura, como si hubiera copiado a pie juntillas el modelo de negociación OLP-Arafat. Pero esto se complica debido a la reciente declaración de guerra de la narcoguerrila ubicada en Venezuela bajo la protección del régimen de Maduro y su cúpula militar, que han creado una inviolable franja de seguridad para los terroristas y la narcoguerrilla a lo largo de la frontera con Colombia y Brasil.

Pensando en voz alta, finalmente me pregunto: ¿es una coincidencia que Noruega sirva de facilitador y garante de acuerdos que no se cumplen, sino que por lo contrario son utilizados como “caballos de Troya” por los terroristas?

Habemus idiota e imbécil por Eddy Reyes Torres – El Nacional – 7 de Septiembre 2019

A finales del pasado mes de agosto, en cadena de radio y televisión, Nicolás Maduro calificó a Henrique Capriles de idiota e imbécil por afirmar que en Venezuela hay una dictadura. El asunto me toca directamente porque desde hace muchos años, en mis escritos sobre este gobierno y el de Hugo Chávez, me he referido a ambos como dictaduras o tiranías. Realmente ignoro la razón de tanta sensiblería por parte del conductor de Miraflores pues él, más que nadie, debería tener clarísima la real naturaleza de la revolución socialista que pretende imponer a los venezolanos, sin importarle las limitaciones establecidas en la Constitución y las leyes pertinentes. Revisemos entonces el atributo o cualidad de la dictadura, por un lado, y la democracia, por el otro.

La figura del dictador no es para nada nueva. Ya en los tiempos de la antigua Roma encontramos al singular personaje. Este aparece en el momento en que la república confrontaba situaciones políticas de extrema gravedad. En circunstancias tales, los miembros del Consulado procedían a designar a un dictador que asumía todos los poderes del Estado hasta el momento en que la normalidad era reestablecida. Es a partir de la aparición de las modernas democracias, en el siglo XIX, que el término se pone nuevamente de boga, pero en esta ocasión para identificar a los gobiernos que usan como fachada la denominación democrática cuando en verdad su acción política se aparta del modelo democrático liberal.

En ese momento surge la necesidad de una definición clarificadora: se llama entonces dictadura a las formas de organización política en las que el poder supremo está encarnado o representado en una sola persona o un grupo pequeño de personas, que lo ejercen de forma total o absoluta. ¿Entiendes Nicolás? Esa precisamente es nuestra realidad política desde los tiempos del difunto de Sabaneta.

Nicolás debería leerse Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt y reflexionar sobre lo que esta autora señala hacia el final de su magna obra: “…la legalidad es la esencia del gobierno no tiránico y la ilegalidad es la esencia de la tiranía…”. Pero con Donald Trump tan cerca de nosotros, las posibilidades de aplicar una política de terror amplia y permanente es cada día más difícil.

Lo antes expuesto evidencia que eso de idiota e imbécil fumea por otro lado.

Faes allana arbitrariamente la vivienda de Gustavo Tarre Briceño en Caracas – La Patilla – 5 de Septiembre 2019

El opositor Gustavo Tarre, representante en la OEA de, Juan Guaidó, habla durante su participación este martes en una sesión extraordinaria del Consejo Permanente sobre la situación de su país en la sede del organismo en Washington. Durante su primer discurso ante la OEA, Tarre acusó este martes al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de “sembrar muerte y desasosiego”. EFE/Lenin Nolly
El embajador de Venezuela en la Organización de Estados Americanos (OEA) denunció que funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes), le están allanando su vivienda en Caracas.

lapatilla.com

“En estos momentos el FAES está allanando mi apartamento en Caracas, el cual ha estado arrendado y habitado por personas que no tienen nada que ver con mi actividad política. Esto es un atropello más de una dictadura desesperada”, dijo.

Holodomor por Bernardino Herrera León – TalCual – 3 de Septiembre 2019

Holomodor significa “matar de hambre” en ucraniano. Con esa palabra, el escritor Oleksa Musienko identifica uno de los tantos genocidios del siglo XX. En ese caso, el que llevó a cabo el régimen dirigido por Joseph Stalin para aplastar la resistencia del campesinado contra la colectivización, entre 1932 y 1933. Los archivos oficiales de la Unión Soviética, aunque reconocen un millón y medio de muertes, niegan tal holocausto. Pero los cálculos de El libro negro del comunismo, escrito por excomunistas franceses, lo estiman en diez millones de víctimas. En Ucrania la tragedia se conmemora el cuarto día de cada noviembre y se admite la aterradora cantidad de 7 millones de seres humanos.

Quienes por distintas razones hemos experimentado el malestar que se siente luego de más seis horas sin probar bocado, tenemos idea de lo extremadamente doloroso que es padecer hambre. Morir de hambre no es como un infarto o una enfermedad respiratoria, que mata rápidamente. El hambre mata de muchas formas en una larga agonía que en promedio puede durar dos intensos meses. En dos días de mal comer se agota la glucosa. En dos semanas, quemamos toda nuestra grasa. El tiempo restante, consumimos todas las proteínas y el tejido de masa muscular. Esta última fase es sumamente dolorosa pues el cuerpo, literalmente, se come a sí mismo. La hambruna es una muerte fácil de ocultar, difícil de calcular, pues se disimula en multitud de enfermedades cotidianas, de epidemias y de pandemias.

En las guerras del pasado, la hambruna fue un “arma de guerra”. Efectiva para forzar la rendición incondicional de los vencidos. Su uso es más frecuente, a medida que retrocedemos en el tiempo, cuando la moral humana se debilita en la barbarie. La relación competitiva entre grupos humanos diferentes fue de una inenarrable brutalidad. Pero una cosa es el uso de la hambruna como arma de guerra y otra la crueldad con se aplicaban premeditadamente estos “métodos” para castigar a enemigos ideológicos o religiosos.

El 26 de agosto de 1789, fue aprobada la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” por una Asamblea Nacional Constituyente, en Francia. Unos años antes, la declaración de independencia norteamericana consagraba también sus principios básicos: justicia, bienestar general y libertad. En aquellas formidables ideas ya se repudiaba el genocidio. Poco después, vendrían los tratados de regularización de las guerras, que intentaban disminuir la brutalidad contra los vencidos. Garantizar la vida de quienes se rindieran resultó ser un incentivo para reducir el costo material y humano de las guerras. Pero será desde el 8 de agosto de 1945, cuando se instituye por primera vez el concepto de “crímenes contra la humanidad”, predecesor de otro más elaborado Estatuto de Roma, de 17 de julio de 1998. Desde entonces, los genocidios son condenados y apenas procesados por una aún incipiente justicia internacional.

Todo el peso de este marco moral histórico, toda esta jurisprudencia, hacen mucho más grave el caso de la tragedia venezolana. A un siglo del Holidomor ucraniano, el régimen chavista lleva a cabo otro espantoso genocidio, exterminando a la población de su nación por hambruna, desasistencia médica, altas tasas de homicidios y ejecuciones extrajudiciales masivas, entre otros “métodos”.

El éxodo masivo terminaría de completar el ajuste demográfico que, estiman, sería el ideal para mantenerse en el poder, a bajo costo. Su plan consiste en reducir la demanda social y facilitar el control represivo sobre potenciales brotes de rebeldías y estallidos sociales. Por el momento es imposible calcular el costo en vidas.

Todas estas gravísimas afirmaciones ya se observan a simple vista. La premeditación y la alevosía del régimen chavista se confirma por su persistente negación de la crisis. Su discurso, completamente divorciado de la realidad niega la gravedad extrema de lo que sucede. Su empeño en culpar a otros de este desastre es su recurrente negacionista más usado. Antes la “guerra económica”, ahora el “bloqueo”. No bastaron 20 años en el poder, ni los más abundantes recursos jamás percibidos en nuestra historia para alcanzar una supuesta independencia económica de los Estados Unidos. Sabemos que tal dependencia no era tal. Son argumentos completamente falsos.

Es crucial para las fuerzas democráticas que aun sobreviven en el país, y fuera de él, que pongamos en perspectiva esta nueva fase de la tragedia venezolana. La actual crisis humanitaria no es resultado de un mal gobierno. Tampoco del fracaso de una política económica. Este caos es premeditado. Es inducido. Planificado con fría y extrema crueldad. Propia de mentes enfermas, embriagadas de poder y de odio político y social.

Con la dictadura chavista no cabe un “perdónalos señor, que no saben lo que hacen…”. Ellos, sí saben, y muy bien, lo que hacen. Monitorean a diario el avance de su siniestro plan. Es de extrema importancia tomarlo en cuenta, sobre todo, para desmontar el discurso de los teóricos “cohabitacionistas”, que definen al chavismo como un grupo político más, al que simplemente hay que relevar del poder.

No lo es. Desde sus orígenes, el chavismo conspiró militar y clandestinamente. La antipolítica, el odio a la democracia está en sus genes. Lo demuestran ahora de forma cruel, brutal y devastadora.

La dirigencia opositora no parece caer en cuenta de este drama tan real como grotesco. Está ocupada en una especie de campaña electoral. Sus dirigentes muestran risas de alegría. No sabemos dónde las obtienen.

No nos damos cuenta. Nos acostumbramos a ver gente comiendo de la basura. A dejar que algunos ancianos, mujeres y niños coman de las sobras que dejamos en los restaurantes. A dar trozos de pan a niños en situación de calle. A observar los cuerpos famélicos deambulando por las calles. Ya es común oír llantos de hambre en las esquinas.

Aún no se percibe la crudeza del impacto de la primera fase de la hambruna venezolana. Pero, este último salto hiperinflacionario, que ahora se desata súbitamente, impactará muy rápido. La población que ya arrastra carencias nutricionales se verá de pronto sumergida en una nueva ola masiva de hambruna severa. Comer un bocado al día será un milagro. Las enfermedades acechan.

Como Oleska Musienko con el Holodomor, habrá que bautizar del algún modo, uno de estos días, a esta espantosa tragedia venezolana.

La mala solidaridad por Fernando Mires – Blog Polis – 1 de Septiembre 2019

No es que uno se sienta culpable. Las cosas son como son y no como uno quisiera que fueran. Al pasado no lo podemos cambiar aunque nunca haya pasado. Pero igual; después lo decidí: no hay que callar más en nombre de una mala solidaridad.
Después del golpe en Chile nos juntábamos entre conocidos de la fauna política y todos estábamos de acuerdo en una: no debimos haber callado. Lo decíamos, pero en círculos cerrados. O lo escribíamos, pero no con fuerza y convicción. No fuera a ser que la gente creyera que no estábamos por la unidad. Porque de saber lo sabíamos, o por lo menos lo intuíamos.
Las cosas, meses antes del golpe, iban de mal en peor. Los milicos ya estaban en la calle. Pero una parte de la izquierda dejaba solo al gobierno y huía hacia adelante en nombre de una revolución que nadie sabía como se iba a hacer. Muchos no estábamos de acuerdo con esa locura desatada. Sabíamos que no podíamos hacer nada en contra. Pero al menos debimos haber dicho que íbamos por el camino del infierno. Aunque nadie nos hubiera hecho caso, debimos haberlo dicho. Habríamos al menos dejado un testimonio.
Pasó tiempo antes de que me decidiera nuevamente a practicar política activa. Fue durante los años del Solidarnosc polaco cuando formé parte de uno de los tantos comités universitarios de solidaridad con Polonia. En una de las reuniones, un estimado colega, viejo profesor, dio a conocer sus reservas sobre la composición política de Solidarnosc. Aseguró, datos en mano, que algunos intelectuales que apoyaban a Walesa provenían de círculos fascistas y que parte del clero abrigaba posiciones de tipo franquista. Por cierto, había que apoyar a Solidarnosc, señalaba el profesor, pero a la vez había que denunciar la existencia de esos círculos. La mayoría de los miembros de nuestro grupo se pronunció en contra. Nuestra tarea, según ellos, debería ser solidarizar con las instituciones representativas de la resistencia polaca, no tomar partido por unas en contra de otras. “Esa es una mala solidaridad“ respondió el viejo profesor, resignado. Solo un par lo apoyamos.
Hoy Polonia está regida por políticos ultramontanos organizados en el PIS del caudillo KaczyńskiTodos tributarios de las corrientes sobre los cuales alertó, a su debido tiempo, el viejo profesor. Debieron haberle hecho caso. Pero una “mala solidaridad” lo impidió.
Recordé ese episodio hace algunos meses al escribir un artículo cuyo título es “miseria de la oposición rusa” en donde alerto sobre las posiciones representadas por el líder más simbólico, el místico Alexei Navaltny. Poco tiempo después recibí una misiva vía ND de una señora de origen ruso diciéndome entre otras cosas que yo ignoraba las profundidades del alma eslava (sic). Que para ella Navalny era el símbolo de la resistencia y que criticarlo como yo lo hacía, me convertía en cómplice de Putin. Le respondí del modo más respetuoso posible que yo solidarizo con Navalny cada vez que va a parar a la cárcel, pero eso no me impide estar en desacuerdo con sus visiones religiosas, ultranacionalistas y patriarcales. Agregué que por ser lo que soy, solo puedo apoyar a los sectores liberales y democráticos, vale decir, a quienes están en condiciones de vincularse con el occidente político, sobre todo con el europeo. Y agregué finalmente una frase que me llegó desde otros tiempos: “no escribir acerca de lo que yo sé, es una mala solidaridad”.
Desde Solidarnosc hasta ahora ha pasado mucha agua debajo de los puentes. Hoy soy yo un viejo profesor que opina sobre lo que ocurre en diversos países. Y con intensidad -muchos lo saben- sobre los acontecimientos que tienen lugar bajo el régimen de Maduro. Los que me conocen saben que mi solidaridad con quienes padecen esa dictadura ha sido constante. Pero también, crítica. Demasiado, dirán algunos. Pero no podía ser de otro modo. La solidaridad para que sea “buena” debe ser crítica. La otra, la que se contenta con mencionar hechos, no sirve demasiado.
La verdad, cuando la oposición decidió abstenerse el 20-M, yo podría haber escrito que esa era la respuesta adecuada a un régimen que hacía trampas electorales. El problema es que muchos sabíamos que esa oposición, aún en las peores condiciones, podía derrotar a la dictadura. Sabíamos además que la abstención podía terminar con la existencia de la MUD, embarcando a la oposición en las aguas de la nada. ¿Cómo no decirlo si lo sabíamos?
La verdad es que cuando Guaidó, ante el entusiasmo general propuso la triada que comenzaba con el fin de la usurpación, sabíamos que esa no era una estrategia sino un objetivo frente al cual no se especificaba ninguna ruta. Y sabíamos que los objetivos sin ruta terminan por destruir a los objetivos. Sabíamos también que el plan de Maduro pasaba en primer lugar por anular la opción electoral y que colocar a esa opción en un indeterminado tercer lugar, solo podía favorecer a Maduro. ¿Cómo no decirlo si lo sabíamos?
La verdad es que la debacle del 30-A fue la consumación de la del 20-M y que entre esas dos fechas hay una línea recta. ¿Cómo pasar la página frente a lo uno y lo otro si sabíamos que ambos episodios formaban parte del mismo capítulo? Supimos que ese día fatal no fue consecuencia de un par de errores sino de un proyecto que ya había sido puesto en escena el 2014, con La Salida comandada por el mismo López del 30-A. Como lo supimos, había que decirlo.
La verdad es que la comunidad internacional no es un todo homogéneo ni mucho menos una coalición y que poner las principales decisiones en manos ajenas -nacionales o internacionales- significaba renunciar a toda iniciativa y autonomía política paralizando a la oposición, como ocurrió. Lo sabíamos y porque lo sabíamos lo dijimos.
La verdad es que siempre hemos sabido que nunca han estado todas las opciones puestas sobre la mesa y que solo había una, nada más que una, la de rectificar el rumbo y volver a la exitosa línea de las cuatro estaciones: la democrática, la pacífica, la constitucional y la electoral. Había que decirlo. Lo sabíamos y lo dijimos.
La verdad es que la complicidad de diversos partidos con la anti-política impuesta en la oposición durante el liderazgo de Guaidó ha bordeado los límites de la irresponsabilidad. De nada vale decir (estimado Trino Márquez) que los partidos han sido víctimas de la maldad de Maduro. La tarea de un dictador es atacar a la oposición. La tarea de la oposición es defenderse para atacar al dictador. Maduro ha hecho lo que a él corresponde. La oposición, en cambio, ha hecho todo lo que no hay que hacer. Y como lo sabemos, lo decimos.
Podríamos seguir numerando. Sabemos y hemos dicho muchas otras cosas. Nunca serán del gusto de todos. Como escribió Javier Marías en su punzante artículo dominical: “Hay una fortísima tendencia a negar lo desagradable, lo turbador, lo peligroso, y a hacer caso omiso de los avisos. Muchos políticos han detectado rápidamente esta propensión, y están dedicados a fomentarla y a aprovecharse de ella. Prometen cosas imposibles o absurdas sin anunciar nunca cómo las van a realizar.“
La solidaridad no se hace con frases piadosas. Callar sobre lo que uno sabe en nombre de una buena solidaridad es hacer “mala solidaridad”, dijo el viejo profesor durante los tiempos de Solidarnosc. Hoy repito esa frase como si me estuviera mirando en un espejo.
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