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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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The Walking dead por Ramon Peña – La Patilla – 20 de Enero 2019

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“La revolución se nos volvió un cadáver”
Yoani Sánchez, La Habana, enero 2019

El poder abusivo envejece. Y muere. Su longevidad depende, entre otras condiciones, de su origen, de su circunstancia histórica, del éxito en sus propósitos, de los apoyos externos, de la oposición interna y, lógicamente, de su robustez financiera. El castrismo cubano gozó del favor de los astros de la historia: venció a una detestada dictadura, sus líderes fueron venerados como héroes legendarios, conquistó las simpatías de Occidente al desafiar al entonces odiado imperialismo yanqui y tuvo la protección de la internacional comunista durante la guerra fría. Su épica, que  alumbraba un camino para la redención de los explotados del Nuevo Mundo, fue  seductora para la intelectualidad occidental. También para importantes líderes democráticos del continente y Europa.

Pero toda aquella fantasía emancipadora devino en vulgar dictadura, en una sociedad condenada a la pobreza, al terror de una vida vigilada, sin más futuro que las promesas oficiales de propaganda y mentiras. No obstante, el régimen ha perdurado gracias al socorro de poderosos reconstituyentes: tres décadas de rubros soviéticos, una década asociada al narcotráfico colombiano y las dos últimas parasitando a Venezuela. Hoy, agotada su capacidad para movilizar las masas como en tiempos de Fidel, sin logros que ofrecer y languideciendo el otrora generoso auxilio petrochavista, apela al recurso de consagrar la “irrevocabilidad socialista” en una nueva Constitución Nacional. Una carta magna santificada, de obligatoria observancia, como una Sharia islámica de la revolución.

Por su parte, nuestra revolución chavomadurista -sin gloria alguna que mostrar- postrada sobre una economía en ruinas, sin apoyos internacionales (que se esfumaron con la caída del precio del petróleo) y condenada mundialmente, ya no puede ir –petróleo en ristre- al rescate de Cuba. Tampoco tiene músculo para rescatarse a sí misma.

Dos patrañas prontas a convertirse en zombis de su propio apocalipsis. Primero la nuestra, por supuesto…

La falacia de la no intervención por Hector E. Schamis – El País – 20 de Enero 2019

“Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor

Los mandatarios de Venezuela, Nicolás Maduro, y de México, Andrés Manuel López Obrador.
Los mandatarios de Venezuela, Nicolás Maduro, y de México, Andrés Manuel López Obrador. TWITTER OFICIAL DEL GOBIERNO DE VENEZUELA

El subtítulo de esta columna es una frase de Desmond Tutu pronunciada en referencia al Apartheid. Por añadidura, se aplica a todo orden político y jurídico diseñado con el objetivo de restringir derechos. Con lo cual tiene validez para cualquier tipo de autocracia.

Se trata de un argumento falaz, los Estados no pueden hacer lo que quieran simplemente por ejercer soberanía territorial. En el mundo real, además, ningún Estado está eximido de algún tipo de injerencia del exterior. Ello ocurre por la acción—u omisión, como nos señala el Arzobispo Tutu—de actores estatales, no estatales y supraestatales. Los Estados tienen compromisos internacionales que deben honrar.

Este es el caso del Sistema Interamericano, un conjunto de convenciones y tratados que obligan a los Estados a observar la democracia y los derechos humanos. Como en todo régimen internacional, el principio de reciprocidad es fundante entre las partes. Una porción de la soberanía es así cedida y transferida a dicha instancia supra-nacional. La paz y la seguridad—bienes públicos indispensables—se derivan de las normas compartidas y se logran por medio de la fiscalización mutua.

De ahí que estos instrumentos incluyan sanciones. La Carta Democrática Interamericana, por ejemplo, prevé suspender e incluso expulsar del sistema a los transgresores reiterados. El Estatuto de Roma, por su parte, que funda la Corte Penal Internacional, establece que violaciones graves a los derechos humanos tales como los crímenes de guerra, de genocidio y de lesa humanidad son imprescriptibles y de jurisdicción universal.

 

De esta manera, dichos acuerdos institucionalizan mecanismos de intervención. Siendo la mayoría de los países de América parte de ambos sistemas, están obligados a aceptar dichas normas y la intervención consiguiente en virtud de haber asumido sus obligaciones de manera libre y voluntaria. Más aún, muchos de esos Estados han incorporado esa normatividad internacional en sus propias arquitecturas constitucionales.

De tal modo que apelar a la neutralidad y la no intervención hace que la discusión actual transcurra por una zona de eufemismos, arsenal retórico para justificar crímenes. El sistema de partido único se juega todo en Venezuela con Maduro y en Nicaragua con Ortega. El primero que caiga hará caer al otro. Ello bien podría causar un efecto dominó: la perpetuación de Evo Morales sería entonces una quimera, la Cuba de Castro quedaría sin amortiguación en su periferia. Aquí también se trata de reciprocidad pero entre dictadores. En consecuencia, no intervención es su concepto más preciado.

No son los únicos. También es el caso de los gobiernos de Uruguay y México, a pesar de no ser dictaduras. Al primero, su silencio frente a los crímenes de Maduro lo ha llevado a distanciarse hasta de sus aliados más cercanos, ello en sentido geográfico tanto como en interés estratégico. De hecho, los demás países del Mercosur son críticos severos de la dictadura de Venezuela. La incoherencia es más que obvia al advertirse que, en contraste, el gobierno de Tabaré Vázquez sí condena los abusos de Ortega en Nicaragua.

En México, cambió el gobierno en diciembre pasado y López Obrador llegó con la doctrina Estrada y el principio de no intervención bajo el brazo; una distorsionada versión del mismo, esto es. Pues dicha idea no puede verse sino en su especificidad histórica, es decir, una noción vital en el siglo XIX y comienzos del siglo XX para un país recién independizado, vulnerable y expuesto a la fragmentación y la pérdida de territorio. Ese era el sentido de la no intervención: mantener la integridad territorial del país.

La posterior doctrina Estrada en los años treinta, sin embargo, no fue un impedimento para denunciar a Mussolini, Franco, al Tercer Reich y al fascismo en general, ni para llevar a cabo una noble política de asilo tanto en el país como en sus embajadas en las capitales europeas. Luego en los setenta, México condenó a las dictaduras del cono sur, recibiendo exiliados con generosidad y llegando a interrumpir relaciones diplomáticas con Pinochet. Algo similar ocurrió cuando López Portillo rompió relaciones con Somoza en los días previos a la revolución, prestando apoyo estratégico al Frente Sandinista.

Nadie le pide algo diferente a López Obrador. Intervenir quiere decir condenar, censurar moralmente, ejercer presión diplomática y mostrar solidaridad con aquellos cuyos derechos son vulnerados por una dictadura. Ocurre que el significado del concepto cambia según quien lo usa. Tanto que México ahora se abstiene de firmar declaraciones condenatorias de los crímenes de Maduro en el Grupo de Lima y en la OEA, pues lo que ocurre en Venezuela es un “asunto interno” y el presidente “no busca pleitos”.

Doble estándar por decir lo menos, ello sugiere una selección arbitraria, sino una lectura ideológica, de los derechos humanos. En cualquier caso, el gobierno mexicano abandona así su tradición y elude sus obligaciones internacionales. México también es Estado parte en todas las convenciones y tratados mencionados antes. Los crímenes de lesa humanidad nunca son un asunto interno.

Es que los derechos humanos no son de izquierda ni de derecha. Si no hay intervención, no hay derechos humanos. En situaciones de abuso, el opresor siempre invoca la soberanía y la no intervención. La razón es simple: mantener la opresión en privado. La víctima no tiene dónde recurrir, pues la norma es injusta y no existe una justicia independiente ni la voluntad política de enjuiciar.

A la víctima solo le queda la intervención de la comunidad internacional para hacer esa opresión pública y equiparar una relación de poder fundamentalmente asimétrica. La no intervención, como la neutralidad que menciona Tutu, es tan solo la herramienta retórica de la complicidad.

El Miedo Se Muda por Laureano Márquez – TalCual – 15 de Enero 2019

1536845832216El fenómeno del miedo forma parte de la vida de los seres humanos, todos los tenemos y gracias a él, animales y hombres -o mejor dicho: todos los animales y entre ellos, el hombre- hemos sobrevivido. El miedo nos previene contra el peligro de muerte. Pero el miedo también puede ser un instrumento de dominación. No es casual que el hato de de Doña Bárbara se llame justamente “El Miedo”. La celebérrima protagonista de la obra de Gallegos infunde temor en el llano y somete así a su entorno.

El poder, cuando es ejercido de manera arbitraria, abusiva y dictatorial usa el miedo para doblegar. Es imposible defenestrar a 30 millones de personas, pero basta con hacerlo con algunas emblemáticas y difundirlo, para que la gente saque sus propias conclusiones: “si esto le hacen a una personalidad pública y notoria, protegida por fueros, qué no harán conmigo”. Maquiavelo teorizó sobre el uso de la violencia en la política: el gobernante que es temido por su pueblo ejerce una mejor dominación. La fama de cruel del gobernante, lejos de causar perjuicio, le favorece.

En Venezuela conocemos bien del ejercicio de la crueldad y la violencia, de la utilización del miedo como mecanismo de sometimiento: miedo a la muerte, miedo a la cárcel, miedo a la tortura, miedo a perder el empleo, miedo a no poder comer. Sin embargo, todo tiene un límite y como bien señaló Étienne de La Boétie (Francia 1530-1563) en su trabajo sobre “la servidumbre voluntaria”: el ser humano se comporta según la educación que ha recibido. Así, a los pueblos acostumbrados a la ausencia de libertad les resulta más sencillo vivir sin ella (como China, Rusia o Cuba) que aquellos que la han conocido y aprendido a valorar. A los tiranos les conviene educar en la servidumbre para que a sus súbditos les parezca cosa natural su esclavitud. La libertad es, entonces, para La Boétie, consecuencia no solo de la tenacidad de la gente para conservarla y defenderla, sino también de haberla conocido y de haber sido formados para ella. Los venezolanos no hemos podido olvidar que alguna vez fuimos libres, lo recuerdan incluso aquellos más jóvenes que no lo vivieron. Por mas de que sean dos décadas, no nos termina de parecer cosa normal la esclavitud.

En estos últimos días parece que” desde el Empíreo el Supremo Autor un sublime aliento al pueblo infundió”. Las acciones de la esperanza están en alza y hay que invertir. Tal vez es que comenzó el año con Mercurio en la casa ocho. Quizá es que hay una alineación planetaria que está generando una atracción de fuerzas gravitacionales positivas, quién sabe, pero se percibe un renacer de la ilusión que asusta a los desilusionadores. Una conjunción de factores externos e internos se han dado cita. El monstruo ya no asusta. Monster Inc está en quiebra. Ahora son ellos los que tienen miedo de no asustar y eso a los monstruos les produce pánico terrible. El miedo cruzó la calle, se mudó de acera, eso a veces pasa. Para lograr el sueño de La Boétie, los que son muchos y pisoteados deben comportarse como uno solo. La unidad es la clave y como suele decirse en criollo: “mucho ayuda el que no estorba”.

¿Momento de negociar o de presionar? por Eddie A. Ramírez S. – RunRunes – 15 de Enero 2019

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A pesar de los errores cometidos y de la falta de unidad, nuestros dirigentes lograron que el mundo democrático tenga contra las cuerdas a la narcodictadura. Esto fue posible por la participación de actores con diferentes estrategias. Las protestas en las calles ocasionaron represiones brutales que promovieron el rechazo mundial. Negarse a participar en las farsas electorales de la Asamblea Constituyente y en la presidencial de mayo fue fundamental para contribuir a deslegitimar a Maduro. Las gestiones realizadas ante gobiernos democráticos y las denuncias ante la Corte Penal Internacional dieron resultados. Desde luego, la valiente actuación de Almagro al frente de la Secretaría General de la OEA ha sido determinante.

Los logros obtenidos evidencian que no tenían sentido las descalificaciones entre los propios dirigentes, ni en contra de ellos. La dictadura está en sus estertores, pero todavía cuenta con suficientes recursos para prolongar su agonía e incluso, si los demócratas no actuamos con sensatez, podría tomar un segundo aire. Ojalá no caigamos en el triunfalismo del 12 de abril del 2002. ¿ Cuál debe ser el siguiente paso? ¿Continuar presionando desde el exterior? ¿Intensificar las protestas de calle? ¿ Negociar la salida del régimen?

Un requisito necesario, pero no suficiente es la unidad de la oposición. No es obligatorio que todos tengan la misma estrategia. Basta que tengan la voluntad de sacar a Maduro lo antes posible. Cuando se tienen fortalezas, pero el contendor todavía no está fuera de combate, es el mejor momento para negociar.

Sin embargo, este tipo de dictadura no cede por las buenas.

Esta realidad obliga a seguir operando en tres frentes: intensificar las protestas de calle, continuar con la labor de informar a los gobiernos democráticos para no perder ese valioso apoyo e iniciar negociaciones con el régimen. No se puede pretender que se constituya algo así como la Santísima Trinidad , es decir tres personas y un solo dios. Lo que procede es que no se descalifique a ninguno de los actores que participan en esos tres frentes.

Sin duda a muchos les da piquiña la negociación. Argumentos de que no se negocia con malandros y que estos solo buscan ganar tiempo hay que tomarlos en cuenta. Desde luego que negociar con bandidos es incómodo, por decir lo menos, pero cuando los mismos cuentan con el apoyo de las armas y ocupan el poder ejecutivo, aunque sea ilegalmente, no hay otra opción a menos de que la oposición cuente con mayores recursos. Sin embargo, para lograr que cedan en lo fundamental es necesaria intensificar la presión de calle y la internacional, además de un cambio de actitud de la Fuerza Armada.

Para lograr los resultados deseados, es imprescindible que el país perciba que los tres frentes son válidos. Al respecto, la dirigencia tiene que promover esa visión. La valiente y admirada María Corina y el consecuente luchador Ledezma pueden aportar mucho a este entendimiento.

Para concretar el cambio, la Asamblea Nacional debe contar con el apoyo de los demócratas. Desde luego Juan Guaidó es digno de admiración y de respaldo. A estas alturas el régimen ya no puede encarcelarlo, tampoco a los diputados y, si lo hace, se estaría suicidando en lugar de intentar una posible transición que le sea favorable. Su reciente secuestro momentáneo por esbirros del Sebin fue para amedrentarlo, pero les salió el tiro por la culata.

Sin duda que hay un vacío en el artículo 233 de la Constitución, que no prevé un caso inédito como el acontecido, pero es indudable que el espíritu de la ley es que ante la ausencia de un presidente por las razones que sea, el presidente de la Asamblea Nacional debe asumir la presidencia de la República con carácter provisional, pero esto requerirá una negociación. Este escenario es posible, pero la Fuerza Armada debe inclinar la balanza hacia la democracia. Estamos seguros de que habrá un desenlace feliz, para lo cual todos debemos aportar una dosis de sensatez.

Como (había) en botica: La Asociación Civil Gente del Petróleo y el sindicato Unapetrol emitieron un mensaje de “apoyo a la declaratoria de la Asamblea Nacional de la usurpación de la presidencia de la República por parte de Nicolás Maduro y la decisión de esa Asamblea y de su presidente de asumir las responsabilidades del Poder Ejecutivo … El diputado Juan Guaidó asume con valentía una importante responsabilidad con el respaldo de la Constitución…”. Por su parte el Consejo Exterior de la Venezuela Libre( (Cevelibre), acordó “Pedir al liderazgo político y de la sociedad civil apoyar los esfuerzos del presidente Guaidó, de la Asamblea Nacional y del Tribunal Supremo de Justicia legítimo… Solicitar a los soldados venezolanos y a su oficialidad acatar al presidente Guaidó, quien constitucionalmente es el nuevo comandante en jefe de la FAN.. “. También el Frente Institucional Militar acordó “El irrestricto reconocimiento al Diputado Juan Gerardo Guaidó Márquez como Presidente Encargado del Ejecutivo Nacional”. La detención por poco tiempo de las periodistas Beatriz Adrián y Osmary Hernández fue otro atropello del Sebin ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

 

Venezuela: la hora de América por Julio Borges – El Mundo – 10 de Enero 2019

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. AFP

Esta situación obliga a toda América Latina a actuar con determinación y urgencia, tal como hizo el Grupo de Lima el pasado 4 de enero, cuando anunció que no permitirá el ingreso a sus territorios de personas vinculadas al régimen.

Cuando decimos que Maduro esta irremisiblemente derrotado viene a nuestra mente la ocasión, tras la caída de Francia en 1940, justo la hora más tenebrosa para aquella nación, en que Charles de Gaulle, dirigiéndose a sus desalentados compatriotas, afirmó que Alemania acababa de perder la guerra.

A muchos esto sonó a extraviada retórica, pero De Gaulle apuntaba a que las fuerzas internacionales, que Hitler desafiaba, eran muchas y que no tardarían en entrar en acción. A la larga, el líder nazi había asegurado un desenlace inevitablemente adverso a su delirio.

Guardando las proporciones, así juzgamos nosotros la situación actual de Nicolás Maduro: todo concurre a su desalojo del poder pues, al tiempo que pretende perpetuarse a costa de la vida de los venezolanos, el dictador enfrenta hoy día un panorama interno e internacional que precipitará su salida inexorablemente. Ello es inevitable pues concurren circunstancias que no dependen de la voluntad de Maduro. ¿Cuáles son esos factores?

Primero, clausuró por completo toda salida electoral y democrática a la crisis, lo que lo convierte en un dictador en cuenta regresiva. En el fondo, para su mal, el pueblo venezolano seguirá resistiendo hasta su salida. Luego, el petróleo ha dejado de ser relevante en la ecuación del poder chavista como consecuencia directa de la destrucción de nuestra principal industria. Con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) destruida por la colosal corrupción del régimen, con la producción en caída libre y sus principales activos seriamente comprometidos. La devastación ha sido tan abrupta que la producción petrolera apenas roza el millón de barriles al día y el PIB se ha desplomado un 56% desde que llegó Maduro hace cinco años, lo que se traduce en la mayor depresión económica en Latinoamérica en los últimos 50 años. Además, la hiperinflación tocó 2.000.000% y la deuda del país es de 1,7 veces su PIB.

Por último, no podemos dejar de mencionar el ecocidio que ocurre en el Arco Minero, en donde el 91% del oro se produce de manera ilegal y hay 20.000 mineros sin la reglamentación adecuada ejerciendo dicha actividad.

La persecución ya no sólo afecta a los líderes opositores que siguen siendo acosados, inhabilitados políticamente, secuestrados como el diputado Juan Requesens, asesinados como nuestro líder de Primero Justicia Fernando Albán o condenados al exilio. Maduro también ha llenado las cárceles de centenares de oficiales altos y medios de la Fuerza Armada, pues existe una clara ruptura entre su régimen y los cuarteles por la destrucción de la democracia y el quebrantamiento del orden constitucional.

Como factor adicional, debemos destacar la crisis humanitaria que ha generado la migración de alrededor de cinco millones de venezolanos a todas partes del mundo. Expertos estiman que esta ola migratoria podría llegar a nueve millones de personas este 2019 si no logramos articular un cambio político que permita que la estabilidad económica y democrática regresen a nuestra nación.

Aunada a las aristas antes expuestas está la crisis de legitimidad que tiene la dictadura. La comunidad internacional no reconoce la ilegítima Asamblea Constituyente y tampoco las fraudulentas elecciones presidenciales que se celebraron el pasado 20 de mayo, sin la participación de la oposición democrática del país. Este desconocimiento se consolidó después de que en República Dominicana nos negáramos a firmar un acuerdo a todas luces contrario a los intereses de los venezolanos. Por eso hoy Maduro y la cúpula que lo acompaña son desconocidos, señalados, acusados y sancionados por Estados Unidos y el resto de las democracias del mundo.

Por todo esto queremos reiterar, en primer lugar, a los presidentes de toda América que Venezuela es un Estado fallido y un gran peligro para toda la región. En segundo lugar, que los venezolanos no podemos desalojar sólo con nuestra fuerza, una dictadura tutelada por Cuba y Rusia. En tercer lugar, es necesario articular, de manera inmediata, acciones que generen mayor presión: sanciones personales, investigaciones de corrupción, lavado, narcotráfico, contrabando, tráfico de armas, desestabilización democrática en los países y especialmente ayudar a emplazar a la Fuerza Armada venezolana para que venza la represión y el chantaje y sea un factor decisivo para restaurar la Constitución y la democracia.

Las acciones para reconstruir nuestro sistema democrático y de libertades inequívocamente debe ser liderado por América Latina. Estamos en el momento justo para que se materialicen las medidas necesarias. Dicho con palabras del ex presidente chileno Ricardo Lagos, la muerte de la democracia en Venezuela sería el fracaso de todo el sistema interamericano.

Hace pocos meses, el historiador mexicano Enrique Krauze afirmó que “un partido -un jefe de Estado, matizo yo -puede ser de derecha o de izquierda, pero la forma de medir si es demócrata es cotejando su postura ante Venezuela”.

Por eso reiteramos nuestro llamamiento al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y al jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, a quienes pedimos que no sean indiferentes o ingenuos con Venezuela. Al contrario, deben ser factores que contribuyan a ensamblar una transición democrática en nuestro país.

La inhumana arrogancia de la dictadura encabezada por Nicolás Maduro desafía personalmente a los jefes de Estado de la región, que encarnan una enorme responsabilidad con el sistema interamericano.

Un hombre bien puede morir por su país, pero no es justo que todo un país deba morir para satisfacer el ansia de poder de un solo hombre.

Julio Borges es diputado opositor venezolano.

El interinato por Víctor Antonio Bolívar Castillo – El Nacional – 10 de Enero 2019

Víctor Antonio Bolívar Castillo
Estas líneas han sido escritas con alguna anterioridad a esta fecha que hemos señalado como crucial para el futuro inmediato del país. Consecuente con nuestra prédica al respecto, y a sabiendas de que la dinámica y el pragmatismo político pueden llevar al traste nuestro parecer, insistiremos en su replanteamiento, ahora aderezado con los últimos acontecimientos. Esa dinámica y pragmatismo en oportunidades nos ha llevado, en circunstancias parecidas por su alta connotación política, por caminos ajenos a los formalismos del deber ser.

De haberse aplicado el texto constitucional, el 10 de enero de 2013, Chávez debió haber prestado juramento ante la AN o TSJ para inmediatamente asumir como presidente para un nuevo período. Al no hacerlo, pasado el tiempo perentorio, debió prestar juramento como presidente interino el presidente de la AN de entonces, Diosdado Cabello, y haberse convocado y realizado unas nuevas elecciones presidenciales.

Pero no fue así, peor aún, allí no quedó la aberración jurídica del inconstitucional manejo del asunto, y –por el contrario– se siguió violando la Constitución. Maduro, entonces vicepresidente, quien debía ostentar ese cargo hasta ese 10 de enero, también “cogió cola” con lo de la continuidad administrativa y siguió siendo vicepresidente inconstitucionalmente. Este, como muchos otros casos, nos ha dejado claro a los venezolanos, en todos estos años de “revolución”, que la violación de la Constitución se hace en forma tan permanente y sistemática como natural, sin que se generen las consecuencias de su incumplimiento.

Ya se instaló la AN para el período 2019-2020. Su flamante presidente, el diputado Guaidó, hizo un contundente diagnóstico de la realidad nacional que compartimos. Luego esbozó las coordenadas en las que el órgano legislativo actuará para llevarnos a un gobierno de transición una vez como cese la usurpación, con el respaldo del pueblo y de la FABN. Su entusiasmo, manifestado en grado superlativo, contagioso y esperanzador, pareciera dejar claro que esa sangre joven dejará atrás las anodinas gestiones de sus antecesores en el cargo.

Sin embargo, el riesgo de convertirse en un rehén de las circunstancias se asoma cuando, luego del diagnóstico, señala la receta. Pareciera ser así cuando hizo caso omiso de los pronunciamientos que, con respecto a las faltas absolutas de Maduro, hizo la AN declarándolo como usurpador con mucha anterioridad a la fecha. De manera que no es cierto que institucionalmente no se encuentre vacante la Presidencia de la República, mas no así el poder fáctico.

Insistimos en que difícilmente puede darse otra oportunidad como la de hoy para protagonizar la profundización de la crisis actuando dentro del texto constitucional. En las obligaciones de la AN está la de sesionar este 10 de enero, día en el que debía prestar juramento un presidente electo que hoy no existe, por tanto, la sesión solo tendrá, en el marco de su competencia, el objetivo de ratificar la falta absoluta (declarada dos veces por la AN y TSJ) y la designación del presidente del Poder Legislativo como presidente interino. Toda otra decisión distinta no está en el marco constitucional, como sería la de constituir un consejo consultivo para articular una transición. Incluso, entendemos que cuando el Grupo de Lima y otros países y organismos internacionales manifiestan que el Poder Legislativo asuma el Poder Ejecutivo como institución del poder público, ese señalamiento en estricto sensu no estaría ajustado a los términos de nuestra carta magna. Es el presidente del legislativo, mas no el órgano legislativo del poder público, el que debe asumir las facultades del ejecutivo.

No basta otro desconocimiento que se haga de Maduro como presidente. Si nuevamente se desconoce como tal, no puede quedar el país al garete o en sus manos asumiéndolo con naturalidad como presidente de facto. Ese desconocimiento debe llevar en forma implícita la designación de quien lo sustituya en forma interina y ese supuesto está establecido en nuestra Constitución. La ruptura constitucional no se produce a partir de hoy, la hay desde el 20 de mayo de este año, cuando en unas  pretendidas y fraudulentas elecciones Maduro se unge como presidente reelecto. De forma tal que no fue electo legítimamente como presidente de la República, por ello ese cargo sí se encuentra en una vacante que se debe cubrir, aunque como dictador siga ostentando el poder. Dicho de otra manera, en Venezuela no hay vacío de poder, que lo sigue ejerciendo de hecho Maduro, lo que hay es el vacío institucional en el ejercicio legítimo de la presidencia del país.

No puede seguir la AN corriendo la arruga, y procurar ganar tiempo, todo lo cual juega a favor de la consolidación de una dictadura que, por el contrario, utiliza esa actitud para el desgaste institucional del Poder Legislativo. Se impone entonces la agudización de la crisis que perentoriamente traiga consigo la ansiada solución política en el corto plazo.

Perdón Venezuela – Editorial El País Uruguay – 9 de Enero 2019

Nicolás Maduro es un dictador, que ganó en elecciones amañadas, luego de asesinar personas en las calles y en las cárceles del régimen, prohibir los medios de prensa opositores, encarcelar a los políticos disidentes y militarizar la vida del país.

El caso de Venezuela, a esta altura del partido, es una tragedia de proporciones bíblicas innegable para cualquier persona honesta. Dicho de otro modo, solo delincuentes de la peor calaña pueden defender el campo de concentración en que el socialismo del siglo XXI ha convertido a ese hermoso país de nuestro continente. Con sus problemas, como todos los países, Venezuela supo estar entre los más prósperos del continente, tener un sistema de partidos estable y una democracia que fue ejemplar en la región.

Hoy por hoy sufre las consecuencias de un gobierno socialista totalitario —valga la tautología— que ha sumido a más del 90% de los venezolanos en la pobreza, ha forzado al exilio a millones de personas por hambre y falta de las medicinas más básicas, ha disparado la inflación y a provocado una implosión económica. Estos son los hechos y todo debate honesto sobre la situación de Venezuela debe partir de esta realidad.

Nicolás Maduro es un dictador, que se impuso en elecciones amañadas, luego de asesinar personas en las calles y en las cárceles del régimen, prohibir los medios de prensa opositores, encarcelar a los políticos disidentes y militarizar la vida del país. Estos también son hechos, no meras opiniones y desconocerlos solo demuestra una ignorancia supina o una bajeza moral inconfesable.

Los países del llamado grupo de Lima, que reúne a los países democráticos del continente, han manifestado su solidaridad con el pueblo de Venezuela a través de la medida que corresponde, no reconocerle a la dictadura legitimidad alguna. Este paso es indispensable para ayudar desde el exterior a que el pueblo de Venezuela recupere su destino. Los únicos dos países que van a asistir a la farsa de Maduro y aplaudir sus crímenes son Bolivia y Uruguay. Esto refuerza la ignominia del acto vergonzoso del gobierno uruguayo ya que Evo Morales también se apresta a violar la Constitución de su país, desconocer el resultado de un plebiscito y presentarse nuevamente para la reelección indefinida en su país. Vale decir entonces, vamos a aplaudir a un dictador con la solitaria compañía de otra aspirante a dictador.

El canciller Nin Novoa, hundiéndose aún más en el barro del tristísimo papel que está jugando para aferrarse a su sillón se ha manifestado en el día de ayer sobre las bondades de abrazarse a la oprobiosa dictadura venezolana. “Hubo elecciones, la oposición no se presentó y tiene su cuota parte de responsabilidad”, manifestó el canciller en un acto de cinismo incalificable.

Sabe muy bien el Canciller, como sabemos todos, que no hubo elecciones en Venezuela, que el Tribuna Electoral es una parodia de justicia electoral, solo basta escucharlo, y que la oposición sobrevive entre el hambre y la persecución. Cargar las culpas de la situación que sufre Venezuela en la oposición es una actitud que omitimos calificar por respeto a los lectores.

Ante el autoritarismo y las violaciones contumaces de los derechos humanos solo cabe una actitud; la condena sin excusas no justificación. Justificar y aplaudir una dictadura como hace el gobierno uruguayo equivale a hacerse cómplice de sus muertes y sus crímenes. Es doblemente triste esta situación porque se está desconociendo la tradición democrática del país por parte de un gobierno democrático.

¿Qué es lo que lleva al gobierno uruguayo a seguir siendo cómplice de una dictadura asesina que destruyó a su país? Sería pensar demasiado mal de nuestros gobernantes atribuirles intenciones autoritarias y que festejen la muerte y la desolación de Venezuela. Evidentemente también saben lo que sucede allí tan bien como cualquiera, así que no es que ignoren los suplicios de los venezolanos. Solo resta pensar que hay otros intereses, que no son políticos, que entonces son espurios y deben estar vinculados a los oscuros negocios con la satrapía caribeña.

Desde Uruguay solo podemos pedirle disculpas al pueblo venezolano por la indigna actitud del gobierno que hoy tiene nuestro país y expresar nuestro más encendido deseo de que el próximo sepa estar a la altura de nuestra historia, del lado de la democracia y los derechos humanos que el actual desprecia.

Actions Against Venezuela’s Corrupt Regime, statement by Secretary Pompeo – U.S. Department of State – 10 de Enero 2019

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The United States condemns Maduro’s illegitimate usurpation of power today following the unfree and unfair elections he imposed on the Venezuelan people on May 20, 2018. The United States remains steadfast in its support of the Venezuelan people and will continue to use the full weight of U.S. economic and diplomatic power to press for the restoration of Venezuelan democracy.Today, we reiterate our support for Venezuela’s National Assembly, the only legitimate branch of government duly elected by the Venezuelan people. It is time for Venezuela to begin a transitional process that can restore the constitutional, democratic order by holding free and fair elections that respect the will of the Venezuelan people.

To advance this goal, the United States has taken aggressive action against the Maduro regime and its enablers. Most recently, on January 8, the United States imposed sanctions on seven individuals and 23 entities involved in a corruption scheme to exploit Venezuela’s currency exchange practices. By rigging the system in their favor, these individuals and entities stole more than $2.4 billion as the Venezuelan people starved. We applaud the initiative by the new National Assembly leadership to work with the international community to recover these and other stolen funds and to use them to relieve the suffering of Venezuela’s people. The United States will continue to play an active role towards this end.

We also have implemented and will continue to impose visa revocations and other restrictions for current and former Venezuelan government officials and their family members believed to be responsible for or complicit in human rights abuses, acts of public corruption, and the undermining of democratic governance. We will not allow them to act without consequence or enjoy their ill-gotten gains in the United States – and urge other countries to act likewise.

It is time for Venezuelan leaders to make a choice. We urge those who support this regime, from every day employees getting by on food subsidies to the Venezuelan security forces sworn to support the constitution, to stop enabling repression and corruption and to work with the National Assembly and its duly elected leader, Juan Guaido, in accordance with your constitution on a peaceful return to democracy. The Venezuelan people and the international community will remember and judge your actions. Now is the time to convince the Maduro dictatorship that the moment has arrived for democracy to return to Venezuela.

A 20 años del chavismo en Venezuela – Editorial Yo Influyo – 9 de Enero 2019

Dos puntos resaltan en la crisis humanitaria que padece Venezuela: la utilización de la democracia por parte de las dictaduras para acceder al poder y luego destruirla, y su modelo perfectamente diseñado para destruir, reducir y controlar a la sociedad.


Crisis en Venezuela


Venezuela está pasando por uno de los momentos más oscuros de su historia y dos fechas próximas están ahí para recordárnoslo: 10 de enero y 2 de febrero de 2019.

Luego de unas elecciones por demás cuestionables, Nicolás Maduro, actual dictador de Venezuela se prepara para asumir un nuevo periodo presidencial el próximo 10 de enero. Parece no importarle la presión internacional, el desconocimiento por parte de la Asamblea Nacional Venezolana a su próxima juramentación, o el clamor desesperado de un pueblo que se desmorona sin oportunidad alguna salvo el exilio.

Por otro lado, el próximo 2 de febrero se cumplirán 20 años de la llegada por primera vez a la presidencia de Hugo Chávez y con ello la instauración del socialismo en Venezuela.
Veinte años en los que hemos sido testigos del alarmante deterioro económico, político y social de un pueblo que llegó a ser ejemplo democrático para los países latinoamericanos, de una nación rica en recursos naturales y con el potencial para ser un país emblemático en el concierto de las naciones, pero con una sociedad descontenta y resentida que canalizó erróneamente la necesidad de cambio político en su país.

Dos puntos llaman poderosamente la atención respecto a la crisis venezolana. Primero, la utilización por parte del socialismo de las instituciones democráticas del país para hacerse del poder político y posteriormente destruir el mismo andamiaje institucional que les permitió llegar.

Perversidad de este modelo de gobierno, llámese socialista o populista, que hace uso de las debilidades de la democracia, las flaquezas de las mayorías resentidas durante años y el manejo de los recursos público a discreción para, mediante la fachada de la inversión social, crear un aparato de dominación y coerción.

Y segundo punto, el chavismo en Venezuela es un modelo perfectamente bien diseñado y con objetivos muy claros. Es un error pensar que la situación actual del país sudamericano es fruto de múltiples errores, primero de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro; de la ineptitud del caudillo y la falta de visión estadista de su hijo político.

En realidad desde febrero de 2009 todo estaba calculado para destruir, reducir y controlar al pueblo venezolano. Una sociedad sometida, sin libertad, sin la capacidad elemental de poder tomar decisiones tan básicas como el qué comer: ésa es la visión del socialismo latinoamericano.

La innegable crisis humanitaria que padece es un llamado desesperado de auxilio para toda la comunidad internacional y México no puede ser ajeno a ella. Independiente de la solidaridad manifiesta del pueblo mexicano y negada por el gobierno de López Obrador, es fundamental hacer una reflexión seria de nuestra propia realidad nacional.

Una reflexión que implique redoblar los esfuerzos por consolidad nuestras instituciones, por tomar conciencia que no podemos dejar el destino de un país en la voluntad de un solo líder por más carismático que sea.

Una reflexión que implique el reforzamiento de la sociedad civil y los cuerpos intermedios, como dique y contrapeso real ante la tentación de endosarle al presidente en turno un cheque en blanco para que haga y deshaga a su antojo.

Si no lo hacemos ahora, mañana podría ser demasiado tarde.

Sin presidente electo por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 3 de Enero 2019

SJ. Luis UgaldeDentro de una semana Venezuela amanecerá sin presidente electo democráticamente. Vivimos una enorme y creciente tragedia, pero el usurpador está empeñado en no cambiar y hacer irreversible esta criminal hiperinflación, que en 2019 pasará de 10.000.000%, con el salario pulverizado, los servicios públicos destrozados y la economía productiva por los suelos.

Urge una pronta salida y redemocratización. Nadie del régimen –medianamente informado y sensato– puede pensar que el país tiene futuro con el actual gobierno y política. Lo sensato es la renuncia de Maduro o su retiro obligado, seguido de una transición lo más rápida y unitaria posible. Salir del dictador, restituir la violada Constitución, tomar medidas inmediatas para frenar la hiperinflación, rescatar los servicios públicos colapsados y organizar un plan gigantesco de emergencia humanitaria. Nada de esto es posible sin una fuerte ayuda externa, refinanciamiento e inversiones, que no vendrán con el usurpador Maduro.

Juramentaciones. El próximo sábado 5 se juramenta la Directiva de la legítima Asamblea Nacional. Por acuerdos previos le corresponde presidir a Voluntad Popular que propone a su joven diputado Juan Guaidó, acompañado en las vicepresidencias por representantes de AD y Un Nuevo Tiempo. La coherencia obliga a los representantes de los países democráticos a estar presentes en la toma de posesión de la AN democráticamente elegida. También la Iglesia debe expresar su apoyo a la legítima AN y su firme voluntad de abrir cuanto antes la puerta a la reconciliación y reconstrucción.

El jueves 10 será la juramentación del dictador (aunque hay extraños rumores de que sería el 1 o el 8). De 2013 a 2018 Maduro se deslegitimó por su ejercicio violatorio de la Constitución, en adelante también carecerá de la legitimidad de origen y será un usurpador que no debe ser respaldado por los países solidarios y comprometidos con la superación de la tragedia venezolana y recuperación de la Constitución y de la democracia. Los representantes internaciones democráticos (incluido el nuncio) no deben asistir a ese acto anticonstitucional, si la juramentación es ante la ANC; tampoco si es ante el TSJ, pues este fue constituido por el Ejecutivo en diciembre de 2015, entre gallos y media noche, para anular a la legítima AN y todas sus decisiones y leyes, usurpar sus atribuciones como la aprobación de los presupuestos etc., y judicializar la persecución política de los partidos y de la oposición.

No nos parece conveniente la ruptura de relaciones de los países democráticos con el “nuevo” gobierno de facto, aunque pudieran reducir el nivel de su representación. Necesitamos en Venezuela países testigos, defensores y amigos del restablecimiento democrático.

La clave y fuerza para salir de la dictadura está en la unión constituida por la protesta popular, por la inmensa mayoría de los venezolanos dentro y fuera del país, por las democracias amigas, por los dirigentes políticos, económicos y sociales; ninguno por sí solo, sino juntos y decididos a restaurar la democracia en torno a la legítima AN. Esta –seguramente de acuerdo con el TSJ legítimo en el exilio– debe dirigir la rápida transición, decidiendo la forma más inteligente, realista y eficaz de hacerlo.

Negociación. Un cambio de esta magnitud y la muy compleja reconstrucción no podrán hacerse sin la unión de todos los decididos a salir del actual infierno y restablecer la democracia. Es indispensable sumar fuerzas de origen diverso para una negociación firme con el claro objetivo de salir de la dictadura y su desastre socioeconómico. Sería fatal caer en linchamientos, persecuciones, enfrentamientos armados, y ejecuciones que dejarían al país sin salida ni posibilidades de reconstrucción. La política y la economía venezolanas deben nacer de nuevo para la paz (superando la actual persecución). En adelante la renta petrolera no podrá mantener la economía (como en los 100 años precedentes), ni alimentar la política clientelar reparticionista, ni generar empleo productivo para 14 millones.

Política renacida. En el reciente Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el papa Francisco dice que no es posible alcanzar la paz sin renovar la  política con la “caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz” y sin “un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana” (n.° 3).

Luego señala con claridad “los vicios de la política”. “Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción– en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas–, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la ‘razón de Estado’, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra…”. Parece un retrato de la degradada política venezolana. Son vicios multiplicados por el régimen actual, pero que están en la “cultura política” de millones que los aplauden siempre que repartan algo, aunque roben mucho. Esta degradación no es una fatalidad y necesitamos superarla para la reconstrucción nacional. El Papa propone las bienaventuranzas del político, que fueron escritas por el fallecido cardenal vietnamita François Xavier Nguyen Van Thuan, que durante 13 años (1975-1988) fue preso del régimen comunista. Mencionamos solo 3 de las 8:

“Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad”.

“Bienaventurado el político que realiza la unidad”.

“Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical”.

Frente a la dictadura, Venezuela entera tiene que hacer de 2019 el año del rescate de la política y de la democracia constitucional. Esperamos que la Iglesia católica, junto con otros líderes religiosos, guíe a sus comunidades y nos marque un verdadero camino de la política como bien común.

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