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Declaración de condena de la farsa electoral en Venezuela – IDEA – 21 de Mayo 2018

Los Ex Jefes de Estado y de Gobierno firmantes de las declaraciones de Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), expresamos nuestra más severa condena por la falsificación democrática que ha tenido lugar en Venezuela este día 20 de mayo, al convocarse y realizarse, por órdenes de una asamblea constituyente inconstitucionalmente establecida, formada contraviniéndose el principio del voto universal directo y secreto, unas elecciones presidenciales fingidas; bajo un sistema electoral integralmente corrompido y fraudulento, que es administrado por un Poder Electoral cabalmente controlado por la misma dictadura; ello, con el único fin de encubrir la prórroga de Nicolás Maduro Moros y su ejercicio de facto de la Presidencia de la República.

Aún más grave resulta el contexto, al precederlas actos de tortura e inusitada violencia por las autoridades del gobierno y militares ante la omisión cómplice del Ministerio Público, en las instalaciones irregulares donde se deposita a los presos políticos, y la inmoral compra de petróleo en el extranjero para subsidiar a la República de Cuba, en medio del colapso total de la economía y del orden social en Venezuela. Lo que se suma a las secuelas de muertos por la violencia criminal desbordada, la hambruna o la falta de atención sanitaria, masivas migraciones de la población que desintegran familias y comunidades, obras todas del despilfarro, de la corrupción generalizada del régimen dictatorial, que ha llevado al país a un endeudamiento ilimitado, al default, a la devaluación de la moneda, y una hiperinflación que no tienen precedentes o paralelos en la historia del mundo.

En consecuencia:

(1)Hacemos un llamado a la comunidad internacional para que hagan formal desconocimiento de la farsa electoral que ahora sostiene en el poder al dictador Nicolás Maduro Moros, retirando los embajadores acreditados ante su gobierno, y manteniendo una severa vigilancia de las violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos que ocurren en Venezuela; incrementando las sanciones y medidas de incautación de los dineros producto de las actividades criminales y la corrupción gubernamentales; e impidiendo el libre tránsito por el extranjero de los responsables de las mismas, sus familiares y de quienes coluden con la dictadura.

(2) Demandamos se proceda a la suspensión de la participación de Venezuela en la Organización de los Estados Americanos, en aplicación del artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana.

(3) Instamos a alguno de los Estados partes del Estatuto de Roma, para que refiera a la Corte Penal Internacional el informe que sobre los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de Nicolás Maduro Moros ha preparado la Secretaría General de la OEA.

(4) Exigimos se resuelva integralmente la asistencia humanitaria de residentes y migrantes, la urgente liberación de los presos políticos, y medidas de protección de la vida e integridad personal para los líderes de la oposición verdadera que aún permanecen en Venezuela.

Oscar Arias, Costa Rica
José María Aznar, España
Nicolás Ardito Barletta, Panamá Belisario Betancur, Colombia Fernando De la Rúa, Argentina Felipe Calderón, México
Rafael Ángel Calderón, Costa Rica Laura Chinchilla, Costa Rica Alfredo Cristiani, El Salvador Vicente Fox, México
Eduardo Frei, Chile
Felipe González, España
20 de mayo de 2018
Osvaldo Hurtado, Ecuador
Ricardo Lagos E., Chile
Andrés Pastrana, Colombia
Luis Alberto Lacalle, Uruguay
Jamil Mahuad, Ecuador
Mireya Moscoso, Panamá
Jorge Tuto Quiroga, Bolivia
Miguel Ángel Rodríguez, Costa Rica Julio María Sanguinetti, Uruguay Álvaro Uribe V., Colombia
Juan Carlos Wasmosy, Paraguay
Es auténtico:
Asdrúbal Aguiar Secretario General de IDEA
http://www.idea-democratica.org

Narrativa dictatorial por Ramón Peña – La Patilla – 21 de Mayo 2018

El ofrecer pública e impúdicamente coimas a quienes voten este 20 de mayo con el degradante carnet de la patria, es un exabrupto político que por burdo y torpe no es tan fácil de dilucidar. Se trata de un soborno colectivo que, en la enquistada pobreza que asuela al país, desborda cinismo y crueldad. O bien el Golem gobernante hace gala de su innata ineptitud, o a conciencia se deleita en burlarse ante la comunidad internacional de la denunciada ilegitimidad del evento. Tan basto el gesto, que nos evoca aquel rupestre mandón latinoamericano de comienzos del SXX, personificado en El tirano Banderas, la precursora novela de dictadores de Ramón Valle Inclán (1926), quien, de haber convocado a elecciones, seguramente habría cometido un desafuero semejante.

Este régimen supera por inhumano y vesánico los despropósitos del comunismo clásico del siglo XX. Su obstinada negación de la espantosa crisis humanitaria; el ignorar con desparpajo la diáspora masiva y desesperada, que ha aventado a venezolanos a todos los rincones del planeta, incluyendo hasta el inimaginable destino de Siria; la ostensible multiplicación de niños de la calle; las excusas y mentiras ante el tormento colectivo por pésimos servicios públicos, y tantas otras calamidades, conforman un cuadro de infortunio, inédito en el país y en el propio continente. Una de las causas que lo explicarían es la influencia de asesores cubanos, inclementes ante las aflicciones de quienes no son sus conciudadanos.

En su pretensión de prolongarse en el poder, el responsable mayor de la tragedia colectiva del país en los últimos años, hace la promesa demencial de ahora sí construir una Venezuela próspera, pero sin cambiarle una línea a su modelo y contando con los mismos asesores. De vivir hoy, Valle Inclán tendría en quien inspirarse para escribir una nueva novela de dictadores, en la cual seguramente exaltaría lo mediocre, soez y brutal del protagonista.

Nicolás Maduro se prepara para apuntalar su poder por Francesco Manetto – El País – 20 de Mayo 2018

Venezuela celebra elecciones presidenciales sin la participación de las fuerzas mayoritarias de la oposición

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Venezuela celebra este domingo unas elecciones presidenciales rechazadas por amplios sectores de la sociedad, la comunidad internacional y sin la participación de la mayoría de las fuerzas opositoras. La convocatoria, decidida a principios de año por el Gobierno de Nicolás Maduro, no tiene legitimidad, según la oposición, por carecer de garantías democráticas, de una supervisión suficiente y por tener un formato que favorece al chavismo. El presidente se prepara así para apuntalar su poder en medio de una catástrofe económica sin precedentes.

El mandatario se mide, sobre el papel, con Henri Falcón, militar retirado y exgobernador del Estado de Lara, y con el pastor evangélico Javier Bertucci. Aunque hay encuestadoras que conceden una ventaja a Falcón, que tiene un pasado de dirigente oficialista hasta su ruptura con el expresidente Hugo Chávez en 2010, Maduro, con el control de las instituciones y con la maquinaria socialista, se mantiene como favorito.

El rechazo de su gestión es altísimo, por encima del 70%. No obstante, es difícil vislumbrar otro resultado que no sea su victoria. La cita, aunque rodeada de sospechas de fraude, es importante para el chavismo porque se trata de la primera reválida del dirigente bolivariano, ya que las elecciones de 2013, en las que ganó por la mínima frente a Henrique Capriles, fueron una especie de trámite tras el fallecimiento de su antecesor. Hoy comienza de alguna manera una nueva fase dentro del régimen, que ya ha roto con algunos postulados de Chávez, empezando por su Constitución.

Lo realmente crucial son, en cualquier caso, los próximos pasos, lo que pase a partir de mañana. Sobre el futuro de Venezuela se han sucedido en los últimos meses varias hipótesis. La primera, la que denuncia, por ejemplo, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, tiene que ver con una enésima huida hacia delante.

“Lo que va a suceder allí es un ejercicio de consolidar una dictadura, porque lo que está previsto es que después de esas elecciones expidan una nueva Constitución donde hay artículos que en cierta forma le permiten al régimen ser más represivo de lo que ha sido hasta ahora”, afirmó recientemente Santos en declaraciones a EL PAÍS.

La segunda posibilidad, que no está necesariamente reñida con este plan, puede ser el intento de formar una especie de Gobierno de unidad nacional junto a Falcón. Esto dependerá de los apoyos que reciba su rival y de la participación. Se trataría, de todas formas, de un mero golpe de imagen que, según la mayoría de las fuerzas opositoras, no tendría efectos prácticos ni supondría un giro en la gestión.

También hay quien espera que la hiperinflación, el desmoronamiento de un sistema productivo centrado en el petróleo y la profunda crisis social conducirán a una caída natural del régimen. Mientras tanto, algunas de las principales instancias internacionales y casi todos los Gobiernos de la región ya han anunciado que no otorgarán legitimidad a los resultados.

Sanciones de EE UU

El viernes Estados Unidos impuso nuevas sanciones contra el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, y su hermano. “El pueblo venezolano sufre bajo políticos corruptos que refuerzan su control del poder mientras forran sus propios bolsillos”, dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. Por eso, añadió, EE UU sanciona a figuras como Cabello, que “explotan sus posiciones oficiales para involucrarse en el tráfico de narcóticos, lavado de dinero, malversación de fondos estatales y otras actividades corruptas”.

El Gobierno de Maduro reaccionó ayer a esas medidas con palabras que recurren a la habitual retórica del enemigo exterior y prefiguran un aumento del aislamiento internacional del país. “No sorprende que, en vísperas de un nuevo proceso electoral, donde el pueblo venezolano saldrá a defender su democracia en contra de las agresiones imperiales”, señaló el Ministerio de Exteriores en un comunicado, “una vez más el régimen estadounidense de turno intente sabotear los comicios mediante el uso de medidas ilegales de coerción”.

Mientras crecen las tensiones diplomáticas y cientos de miles de ciudadanos huyen a los países vecinos, los venezolanos se disponen a votar en un país partido por la mitad.

 

La emboscada por Leonardo Padrón – Caraota Digital – 13 de Mayo 2018

leonardo-padron-681x681-1Nunca Venezuela había estado peor. Nunca tantos males al unísono. Nunca tanto repudio colectivo a un gobierno. Nunca un candidato presidencial ha tenido un lastre tan pesado: él mismo, su funesta gestión como gobernante, su monumental empeño en destrozar la normalidad de un país. Y a la vez, vaya paradoja, nunca había estado tan cantada la victoria de un perdedor. Porque eso es Nicolás Maduro, un perdedor. Un hombre que tiene que recurrir a todas las argucias posibles: trampas, chantajes, amenazas, compra de votos, y un largo hilo de ilegalidades para mantenerse en el poder. Así sea sobre los escombros de una sociedad entera.

Dentro de pocos días, el 20 de mayo de 2018, habrá elecciones presidenciales en Venezuela. Lo que con insistencia hemos pedido los venezolanos durante tanto tiempo. Para darle la vuelta a estas vergonzosas páginas de nuestra historia. Para cancelar la pesadilla. Si viviéramos en democracia, eso bastaría. Una simples elecciones para escuchar la opinión de todo un país. Para cambiar el rumbo. Para intentar enderezar este apocalíptico entuerto. Pero no, ni siquiera eso tenemos. Hasta el derecho a elegir limpiamente nuestro destino nos lo han robado.

Las elecciones que se aproximan no son otra cosa sino una emboscada. Se le pueden dar otros nombres. Ya hay una larga lista: farsa, fraude, parapeto, engaño, etc. Y sí, es todas esas cosas, pero sobretodo es una emboscada. Recordemos que ese es un término militar que alude al ataque sorpresivo y violento al enemigo. El enemigo, en este caso, somos los 30 millones de venezolanos que deseamos -con urgencia rayana en la desesperación- cambiar el sistema político que rige nuestras vidas.

Ya bastante se ha hablado sobre las adversas condiciones que posee el electorado para garantizar que su ejercicio del voto sea respetado, y no escamoteado, alterado, burlado o negado. Nicolás Maduro, probadamente el peor candidato que pudiera tener cualquier partido político en la historia, con todos los índices económicos en contra, con la hambruna, la escasez y la inseguridad como lobos salvajes rondando a la población, se lanza a la reelección con un entusiasmo tan pueril como solitario. Y no es fatuo recordar que, un año atrás, lo que menos quería Maduro era someterse al escrutinio popular.

¿Hacemos una pequeña calistenia en el músculo de la memoria? Ya en las primeras páginas del año 2017, el 17 de enero, para ser exactos, Diosdado Cabello, el inefable, amenazaba frente a los micrófonos: “Le decimos a la derecha, dejen quieto al que está quieto, aquí no va a haber ni elecciones generales, ni renuncia del presidente, ni abandono del cargo. Aquí lo que va a haber es revolución. Y más revolución”. En la misma tónica, el 4 de diciembre del 2017, Jorge Rodríguez, el hombre detrás de las piruetas del CNE, escupía de forma biliosa: “Venezuela no va a ir a un evento electoral ni va a firmar ningún acuerdo con la oposición venezolana hasta que se levanten las groseras sanciones que la dirigencia de la derecha venezolana solicitó frente al Departamento del Tesoro de Donald Trump”. De nuevo, la amenaza de no hacer elecciones. Ignorando por completo los lapsos que muy nítidamente establece la constitución.

Dependiendo del viento, aparecían declaraciones afirmando la realización de elecciones. El propio Maduro, el 17 de septiembre de ese mismo año, había gritado, ufano: “Las elecciones presidenciales se realizarán en el último trimestre de 2018, como ya está establecido”. Pero -lo hemos comprobado infinidad de veces- las palabras de ese grupete son pura hojarasca. Se las lleva la brisa con demasiada velocidad.

Y, de pronto, cesaron las amenazas de suspensión de elecciones y se pusieron ansiosos por ver a Tibisay en su baranda de medianoche. Imprevistamente, adelantaron las elecciones siete meses. ¿Por qué? Obvio. Porque les conviene. No olvidemos cuando adelantaron en el año 2012 las elecciones para el mes de octubre porque sabían que había muy pocas posibilidades de que Chávez llegara vivo o humanamente presentable al 6 de diciembre, que era la fecha habitual de las elecciones en el país.

Retrasan y adelantan el reloj electoral a conveniencia. Es grotescamente obvio. Esta vez lo adelantan porque ahora sí les favorece competir. Con un organismo ilegítimo (ANC) estableciendo las reglas de juego. Sin tener que cumplir ninguna exigencia electoral. Sin un Smartmatic que se ponga demasiado sincero. Con la oposición diezmada y en plena orfandad. Con sus principales líderes en el exilio, presos o inhabilitados. Con un enorme caudal de votos opositores viviendo en otro código postal. Y con la población agotada, herida, aterrada, sin fuerza para volver a incendiar la calle. Ah, y con un candidato opositor a quien señalan puertas adentro de ser amigo de Maduro de vieja data. ¿No resulta llamativo lo poco que insulta el dictador a su principal rival, cuando el hábito del heredero de Chávez es la procacidad verbal, una y otra vez, contra cualquier ser humano que lo adverse políticamente?

Aterra pensar que Nicolás Maduro sea reelegido el próximo domingo 20 de mayo y que gobernará el país durante 6 años más. ¿El país en manos de Maduro y su hecatombe hasta el año 2025? ¿Hay algún venezolano sensato que quiera esa siniestra condena para su país? ¿Cómo evitarlo? Con una avalancha de votos en su contra. Pero, tranquilos -debe decir Jorge Rodríguez con su aviesa sonrisa en algún salón de Miraflores- ya todo está bajo control. Ya no es posible la avalancha. Ya las fisuras democráticas han sido selladas. Solo queda el tufo victorioso de la dictadura.

Yo, que tantas veces alenté a la gente de mi país a ejercer el derecho al voto, incluso en ocasiones que tampoco eran idóneas, hoy siento que la emboscada ha sido diseñada de manera perfecta y que esta vez no hay ni siquiera una remota esperanza en el ejercicio del voto. Lo vaciaron de contenido. Saquearon por completo la palabra. La delincuencia en el poder se prepara para un nuevo y crucial zarpazo. El mundo entero lo sabe y lo condena a voz en cuello. Nuestros líderes democráticos, aturdidos, no consiguen la brújula para decirnos qué hacer el día después de la emboscada. Hemos entrado en otra etapa de la lucha contra la dictadura. Necesitamos el concierto de las mejores mentes. Necesitamos templanza y definición. Necesitamos un rumbo construido con los ladrillos de la sensatez. No esta neblina de incertidumbre en que nos hemos convertido. Es imperativo sobrevivir a la catástrofe que nos rodea. Salvarnos de ella es salvar al país, a los nuestros, a la posibilidad de un mañana. Salvarnos es refundar la nación desde el día cero. ¿Es acaso el 21 de mayo el día cero?

¿Cuando se jodió la MUD? por Fernando Mires – Blog Polis – 13 de Mayo 2018

miresLa frase de Vargas Llosa ha hecho historia. ¿Cuándo se jodió el Perú? Dicha aún sin el pesimismo de Zavalita en “Conversación en la Catedral”, es el dilema con el cual nos confrontamos todos los que escribimos sobre un proceso histórico. ¿Cuándo comenzó todo esto?

Asunto complicado si nos atenemos a otra frase no menos famosa. Viene de Hannah Arendt y dice: “la historia tiene muchos comienzos y ningún final”. De modo que, de lo que se trata, aparentemente, es de elegir un comienzo para comenzar. Pero no es tan fácil. Podemos remontarnos hasta Caín y Abel o elegir un hecho algo más inmediato. Opté por lo último.

¿Cuándo se jodió la MUD? La respuesta surgió por sí sola: cuando la ciudadanía perdió la confianza en el voto. Entonces la pregunta correcta es: ¿Cuándo la ciudadanía perdió la confianza en el voto? La respuesta es aún más fácil: El 30 de julio de 2017, día en el que tuvo lugar el fraude electoral más grande de toda la historia latinoamericana, cuando fue elegida la Asamblea Constituyente puesta al servicio exclusivo de la dictadura.

Poco tiempo después, la empresa Smartmatic denunció que los votos autoadjudicados por la dictadura no eran un par de miles como ocurre en los fraudes “normales”, sino más de ¡un millón! Ese 30 -J puede ser denominado entonces, en analogía con otros “azos” de la historia latinoamericana, como el “esmarticazo”. En ese momento ni los analistas más pudorosos lo dudaron: Maduro había roto con la legalidad y con ello había perdido los restos de legitimidad que aún le restaban.

¿Calculó mal Maduro al exceder el número de sus votos? Evidentemente, no. Su cálculo fue, desde el punto de vista militar (militar, no político) muy racional ¿Qué importaba ceder una porción de legitimidad internacional si podía, con un solo fraude, destruir al que había sido su peor enemigo: el voto, es decir, a la voluntad de voto, al deseo de votar, a la confianza en el voto que mantenían los venezolanos?

El mensaje lanzado por Maduro no pudo ser más claro: “Voten si quieren, pero el resultado lo determino yo”. Gran parte de la ciudadanía le creyó a Maduro y en cierto sentido, gran parte de la MUD también. De otra manera la MUD habría hecho esfuerzos para demostrar que lo ocurrido ese 30-J era una farsa montada por la dictadura, una solo posible de realizar sin testigos en las mesas, sin comparecencia de la oposición en los sitios electorales y sin participación en las elecciones. En breve: la oposición pisó la trampa tendida por la dictadura e hizo lo que nunca se debe hacer ni en la política ni en la guerra: someterse a la lógica que intenta imponer el enemigo. Solo así se explica por qué tiempo después, esa oposición acudió a las regionales, derrotada antes de participar, sin entusiasmo ni pasión, como caminando lentamente hacia el patíbulo. Ni siquiera fue capaz de explicarse por qué en algunas zonas (triunfo de Guanipa en Zulia, por ejemplo) el “esmarticazo” no había podido funcionar.

El éxito de Maduro fue total. Maduro logró inocular el derrotismo en las filas enemigas y con ello la hegemonía del que había sido siempre su aliado objetivo: El abstencionismo. Desde ese instante el virus abstencionista se apoderó de la cudadanía: “Dictadura no sale con votos”, fue la consigna general. La capitulación electoral de la MUD en las elecciones presidenciales del 2018 no puede ser analizada sin tomar en cuenta la trampa del “esmarticazo”. En cierto modo, fue su consecuencia directa.

El fraude del 30-J o “esmarticazo” tiene a su vez dos antecedentes. El primero fue la legendaria victoria electoral obtenida por la oposición el 6-D. En ese momento Maduro y su clan deben haber entendido que, competir en la arena electoral -aún “con ese CNE”, aún con cédulas de identidad falsificadas, aún con acarreo de empleados y obreros públicos, aún con misiones alcoholizadas, aún con retratos de Chávez hasta en los inodoros, aún con dakazos y otras inmorales mariguanzas- nunca más podría ganar a una ciudadanía que había hecho del voto su doctrina. A una ciudadanía vigilando mesa por mesa, dispuesta a defender el voto como si fuera parte de su alma. Era pues necesario para Maduro destruir la letal arma del voto. La oportunidad del 30-J la pintaron calva. Sin vigilancia en las mesas, sin comparecencia electoral de la oposición, Maduro y los suyos podían hacer lo que quisieran. Y lo hicieron.

El segundo antecedente tuvo lugar el día 1 de junio de 2017. Fue la consulta plebiscitaria convocada por la oposición unida en torno a tres puntos que ya casi nadie recuerda. Fue un día pletórico y utópico a la vez. Millones de ciudadanos en filas interminables dispuestos a votar en defensa de su bastión, la AN. Pocas veces un pueblo demostró una más grande voluntad de votar, sí, incluso de amor por el voto, como ocurrió durante ese mítico 16-J. Fue un acto cívico ejemplar. Pero solo hubo un pero. A la oposición se le olvidó insistir en que ese plebiscito no era políticamente vinculante, es decir, que solo tenía un carácter simbólico: una fiesta ciudadana destinada a mostrar (simbólicamente) su mayoría y sobre todo, su unidad. Más aún: una parte de la oposición tomó la votación no como un símbolo sino como una realidad tangible –“el mandato”, decían- e incluso sus segmentos extremos llamaron al derrocamiento de Maduro. Los resultados son sobradamente conocidos. Mejor no hablar de eso.

Recuerdo que el día 16-J Jorge Rodríguez escribió un tuiter con (más o menos) las siguientes palabras: “la oposición se está adjudicando los votos que considera conveniente”. Con ello estaba diciendo entre líneas: “ y nosotros vamos a hacer lo mismo”. Y lo hicieron. Si la oposición había contado 7, ellos se anotaron 8 millones. Si la oposición hubiese obtenido 9, ellos habrían escrito 10. Puedo imaginar así a Maduro, a los hermanos Rodríguez, a Cabello, a El- Aissami y a otros bandoleros, cagados de la risa durante la noche del 30-J. ¿Cuántos votos le soplamos a Tibisay? ¿No será un poco mucho? Súmale un millón más compadre. Total, nadie se va a enterar. Días después apareció la declaración de Smartmatic. Justo la que necesitaba Maduro para terminar de convencer a la oposición de que él era invencible. Hay incluso quienes piensan, y con cierta justificación, que la declaración de Smartmatic fue financiada por el propio Maduro (o por Putin). Lo único claro es que la “operación esmarticazo” logró su objetivo. La confianza en el voto había sido destrozada. Misión Cumplida.

¿Cuándo se jodió la MUD? No. La MUD no se jodió. La jodieron. Y la MUD se dejó joder.
La MUD debió haber aclarado en ese momento que el fraude electoral del 30-J no tenía nada que ver con las elecciones que tenían por delante. Que con mesas vigiladas, con voto contado uno por uno, con gente en las calles dispuesta a defender el voto, un fraude tan grosero como el del 30-J nunca habría podido ser posible. Pero no lo hizo. La MUD acudió a las regionales como pidiendo disculpas por participar. Después regaló las municipales, y ahora está dispuesta a entregar la presidencia a Maduro en aras de una abstención deducida de su propia impotencia política. Lo que sigue es conocido.

Después de dos derrotas consecutivas la MUD aceptó a ir a un diálogo en la RD sobre las elecciones sin llevar siquiera a un candidato. Solo asistieron los jefes del G4 y un grupo de asesores elegidos por los partidos. Las propuestas que llevó, evidentemente, no podían ser aceptadas por la dictadura. En ese instante muchos pensamos que la MUD iba a hacer de esas propuestas una plataforma electoral. La MUD (o el G4) en cambio, llamó a la abstención, siguiendo una declaración fortuita de una supuesta comunidad internacional de irregular continuidad. Eso significa que justo en el momento en el cual la aprobación a la dictadura era el más bajo de su historia, la MUD renunciaría a derrotarla. Sin duda un caso inédito en la historia de las luchas políticas.

Todo comenzó con el “Esmarticazo” del 30-J. Esa fue la trampa. La MUD pisó la trampa y nunca más pudo salir de ella.

El esfuerzo enorme que hoy representa la candidatura de Falcón persigue, entre otros objetivos, destrampar a la política venezolana y recuperar esa confianza en el voto que nunca debió perderse. La misma que entre Maduro y la MUD lograron dinamitar desde el “Esmarticazo” hasta llegar a las presidenciales. Por lo demás, la oposición venezolana, política, democrática, electoral y pacífica, no conoce otra vía diferente a la electoral. Y está bien que así sea. La candidatura de Falcón -deficitaria como todas las candidaturas políticas, insuficiente como es la vida, precaria e imperfecta como todo lo humano- está en condiciones de revertir el proceso histórico en contra de una dictadura implacable y de una MUD que una vez se dejó joder con la trampa del “Esmarticazo” y nunca más pudo salir de ahí. Y así será: gane o no gane Falcón. Esa es al menos una esperanza. Pues lo contrario a la esperanza es la desesperación.

La ingenuidad de quienes insisten en votar por Orlando Avendaño – Panampost – 11 de mayo 2018

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Como Nerón, que tocaba la lira cuando Roma se derrumbaba, algunos con el voto asistirán a la muestra imprudente de irrespeto e ingenuidad. (Archivo)
En su magnum opus, Vida de los doce césares, Suetonio asegura que durante el «gran incendio de Roma» (año 64) el emperador Nerón tocaba la lira. Cantaba y componía, mientras la ciudad ardía, para eludir la responsabilidad del momento. Por más que luego prestase su propio palacio a los refugiados, el mito de la lira trascendió como una muestra imprudente de ingenuidad e irrespeto. De negación de la realidad.

Algo similar estaría ocurriendo en Venezuela. Millones que tocan la lira y compondrán, para sortear la cruenta realidad que, al final, siempre termina imponiéndose. Y de la manera más odiosa.

En Venezuela existe una dictadura; y esto, aunque se denuncie al unísono, se busca ocultar. No es un sistema reciente. Desde hace años en el país no hay, si quiera, cierto vestigio de democracia. Pero la ruptura definitiva de la decadente República se dio a finales de 2016, cuando el régimen chavista decidió suspender el referendo revocatorio y, con ello, dinamitar el último mecanismo electoral e institucional para lograr el cambio del Ejecutivo.

El régimen dictatorial se fue desarrollando con la conquista de parcelas de poder. Arbitrariedades atroces enfocadas en desmantelar por completo el aparataje ya caducado. Durante los primeros meses del 2017 anularon al Parlamento; aplastaron a la disidencia y extendieron el régimen de terror y acoso. Luego, a mitad de año, impusieron un armatoste con el que cambiaron por completo las reglas del juego. Alteraron todo el panorama.

La Asamblea Nacional Constituyente llegó empañada de sangre para consolidar la etapa final del régimen. De la dictadura se pasó al totalitarismo. Con el ilegal armatoste, que implantaron con el mayor fraude electoral de la historia contemporánea de Venezuela —se debe recordar que la misma empresa Smartmatic denunció que las cifras pueden ser manipuladas con facilidad—, el régimen logró secuestrar cada espacio político e institucional del país. Desde entonces todo lo que pretenda sobrevivir como parte del sistema, debe arrodillarse ante la infamia.

Es en medio de esta coyuntura que, a través de esa misma ilegal Constituyente, se ha convocado otro presunto proceso electoral. El de las presidenciales. Y algunos, nerones todos, piensan votar. Participar en la segunda mayor estafa de la historia contemporánea, luego de la del 30 de julio.

Insistir en la posibilidad de restituir un régimen democrático a través de mecanismos democráticos es, pues, un contrasentido. Demagogia irracional para impulsar pactos e intereses políticos. Si se trata de una dictadura, lo natural es que esta no pudiera dejar de serlo, sino con la interrupción definitiva del proceso. Si llegase a sucumbir por mecanismos democráticos, quizá se erró al llamar dictadura al sistema.

Y hay quienes intentan sostener ingenuas posturas, citando distorsiones de eventos históricos. Se dice que Pinochet dejó el poder porque las gentes así lo quisieron en el plebiscito de 1988. Pero se obvia, con conveniencia, que documentos desclasificados develaron que el dictador tenía intenciones de desconocer los resultados y que fueron los militares quienes acordaron lo que debía ocurrir. Hay otros ejemplos históricos que se citan. Todos, distorsiones. Que si Stroessner en Paraguay u Odría en Perú.

Jamás una dictadura ha dejado de serlo porque la voluntad mayoritaria así lo haya querido. Mercadear esta desfiguración sería esconder, con oscuros intereses, que en los momentos en que esto pareciera ser así, lo que en verdad ha ocurrido es que los hombres fuertes del sistema han coincidido en la decisión de hacer creer a las mayorías que eligieron y su voluntad se respetó.

Pero aún suponiendo que fuese verdad —que la absurda contradicción formase parte de la historia contemporánea—, sería una exposición inmensa de inocencia pensar que el régimen chavista se comportaría igual a los que supuestamente han cedido.

Quienes votarán, creen, primero, que de forma extraordinaria una expresión abrumadora de la voluntad popular a favor del colaboracionista Henri Falcón —llamado por el periodista Oppenheimer como el “mayor traidor de Venezuela”— forzará a los criminales a no tener otra opción que aceptar los resultados. Asumen que las instituciones chavistas acatarán, que le reconocerán la victoria a Falcón y que de esa forma iniciará la deseada marcha hacia la democracia.

Pero, incluso suponiendo que este fuese un escenario probable, los fieles devotos de las urnas aún no dan respuesta a qué podría ocurrir durante los ocho meses que Falcón tendría que esperar hasta que el dictador Maduro le tuviera que entregar la banda presidencial —y, sobre todo tomando en cuenta la existencia de una Asamblea Nacional Constituyente capaz de deformar el Estado a la conveniencia de los chavistas—.

No obstante, lo que termina de desmontar este sinsentido, es lo que los fieles devotos olvidan. Cómo no sería cándido suponer, entonces, que un régimen convertido en narcoestado —y denunciado y condenado por los grandes países de Occidente—, cedería en las urnas. O una cruel dictadura que ha matado niños y mujeres, mientras el sol todavía alumbra y frente a los medios internacionales, respetaría o se dejaría quebrantar por la voluntad mayoritaria. Que ha robado con fraude al menos cuatro procesos electorales —regionales, Constituyente, revocatorio del 2016 y presidenciales de 2013—, y que aún no responde a las irrebatibles denuncias.

Es un régimen, integrado por miembros de la mafia y el narcotráfico internacional, que ha sumido a toda una sociedad en la mayor crisis humanitaria de la historia de la región. Un sistema que fusiló en vivo a un grupo de rebeldes que antes se había rendido. Que ha demostrado que la ruina económica es voluntaria, y que solo parece formar parte de un proyecto eugenésico.

Los crímenes son demasiados para expresarlos en una nota y no reunirlos en lo que debería ser el «Libro negro del chavismo». Todos, unos más dantescos que otros, solo demuestran el verdadero carácter de la dictadura de Nicolás Maduro. Una mafia comunista cuya subsistencia depende de la permanencia en el poder.

Votar no derivará en ninguna conquista política, pues todo el sistema está pervertido. El régimen solo precisa electores para simular que su estafa goza de algo de legitimidad. Y, como bien escribe Alberto Barrera Tyszka, “el Gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales”. No obstante, el individuo que participe sí se convertirá de inmediato en parte fundamental de la pantomima. Del crimen sin precedentes que Maduro está a punto de cometer. Un delito, subordinado a otro: la Constituyente.

Pero mientras el país arde con la mayor crisis de su historia, habrá algunos que con el voto intentarán mantener el delirio democrático de un país que no lo es. Una quimera con repercusiones peligrosas. Asistirán a la muestra imprudente de irrespeto e ingenuidad. De la negación de la realidad. Como Nerón, que tocaba la lira cuando Roma se derrumbaba; porque es más sencillo huir con la melodía que sentir de cerca el calor de las llamas.

 

Venezuela, una hoja de ruta – Editorial El Tiempo – 13 de Mayo 2018

En medio de la peor crisis de su historia como nación, el pueblo venezolano ha sido convocado a las urnas el próximo domingo para elegir a quien será su presidente durante los seis años siguientes. También se votará para conformar los consejos municipales y los consejos legislativos estadales.

Se trata de una cita con serios problemas de legitimidad y credibilidad. Comenzando porque se origina en un decreto de la también cuestionada Asamblea Nacional Constituyente: bueno es recordar que el mecanismo electoral para escoger sus integrantes fue meticulosamente diseñado a fin de garantizar mayorías oficialistas. A lo anterior hay que sumar la falta de garantías para la oposición, representada por la Mesa de la Unidad Democrática —que la llevó a optar por abstenerse de participar—, la reticencia de Miraflores de aceptar observadores internacionales independientes y la acertada decisión de Estados Unidos, la Unión Europea y por lo menos una decena de países de la región, Colombia incluida, de no reconocer los resultados.

Existen también serias dudas acerca de las reales motivaciones del candidato que se ha presentado como opositor: Henry Falcón. Desoyendo el llamado de la MUD, Falcón decidió inscribirse como aspirante, determinación que, por supuesto, recibió muy bien —casi como providencial— el Gobierno. Habrá que seguir de cerca las decisiones que este tome a partir del lunes para ver si tenía sustento lo ya dicho por conocedores del hecho respecto a lo que lo impulsó a prestarse para esta pantomima.

Hay que decir entonces con total claridad que lo que hoy tendrá lugar al otro lado de la frontera no es nada distinto a un desesperado intento de Nicolás Maduro por disfrazar de régimen democrático lo que hace ya mucho tiempo es una dictadura. Una cruel dictadura que no se cansa de darle la espalda a un pueblo que hoy carece de los más básicos bienes y servicios. Situación caótica y, sobre todo, inhumana.

Tal situación de necesidad extrema ha llevado a una conducta execrable del régimen: aprovecharse de las necesidades de la gente para lograr apoyos. Están cambiando bolsas con productos básicos de la canasta familiar por votos.

En su columna del domingo pasado en este diario, el analista venezolano Moisés Naím describe esta cruda realidad y la apatía de quienes ostentan el poder, comenzando por Nicolás Maduro, en estos términos: “La indolencia, el desinterés, la pasividad con los cuales Maduro trata las trágicas crisis que crecen y se multiplican, matando a diario cada vez más venezolanos, parecieran no afectarlo, no motivarlo a actuar, a buscar ayuda”.

Las cifras siguen dando cuenta del tamaño de la debacle: en apenas cuatro años, el país ha perdido más del 40 por ciento de su producto interno bruto; se espera que cierre el 2018 con una inflación del 13.000 por ciento, y la cantidad de personas que han decidido emigrar en busca del futuro que el mal rumbo de la revolución bolivariana les arrebató se calcula en 3 millones. De estas, cerca de un millón se encontrarían en territorio colombiano. Como ya se advertía desde estos mismos renglones, es muy probable que dicha cifra crezca a un paso acelerado si el desenlace, como todo apunta, es la confirmación de seis años más de Maduro en el poder. La situación en la zona de frontera es crítica: al problema de la migración masiva se suma el escaso o nulo compromiso de Venezuela para combatir los grupos armados ilegales, sean bandas criminales como ‘los Pelusos’ o el mismo Eln. Esta semana, la Fiscalía aportó testimonios que confirman las denuncias sobre la existencia de campamentos de esta organización del otro lado de la frontera.

En conclusión, hay que insistir en la necesidad de actuar para que el pueblo venezolano encuentre a corto plazo algo de alivio. Al tiempo que hay consenso entre la comunidad internacional en cuanto a que la opción de una intervención solo empeoraría las cosas, es claro también que no se puede bajar la guardia en los demás frentes. Estos incluyen presión diplomática para lograr una movilización humanitaria con ayuda a quienes permanecen en territorio venezolano y apoyo —como ya empieza a darse— a los países que, comenzando por Colombia, están acogiendo a los refugiados. La vía del endurecimiento de las sanciones a cuantos hoy se benefician de distintas maneras de la crisis es otro camino que debe recorrerse. Así mismo, debe ser una prioridad la movilización de los gobiernos de la región para lograr que dentro de poco haya unas elecciones con garantías suficientes para la oposición. Y esta tarea la tiene que seguir promoviendo, como hasta ahora lo ha hecho, el llamado Grupo de Lima. El mundo no puede darle la espalda al pueblo venezolano.

 

Guillotinar a la dictadura por Edilio Peña – IdeasdeBabel.com – 9 de Mayo 2018

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Volver a las elecciones para desalojar la actual dictadura es volver a un espejismo que se ha agotado.
A Fernando Mires

En Venezuela, reconocer que se está en un estado de indefensión abisma el alma. No saber cómo alimentar la existencia produce un pánico suicida. La persona comienza a sentir que el sentido de ser se ha extraviado. Deambula en una depresiva y sorda resignación. Su cuerpo termina por ser un fardo del cual quiere deshacerse lo más pronto posible. Sobre todo cuando el hambre se extrema y las enfermedades se vuelven terminarles. Hambre y dolor insoportable es un lento calvario en donde se han crucificado todas las esperanzas de vida. El placer del cuerpo se ha desterrado, así como la levedad de la ilusión que nutre al espíritu. La gente ya no ama al otro como así mismo, porque le crearon condiciones viles y perversas, para que dejara de amarse como ayer. Víctima del ciego arrebato al que induce la desesperación, a veces prefiere cortarse las venas, lanzarse al vacío o dispararse un tiro en el cielo de la boca. O destruir y matar a quien tenga más cercano. Expresión impotente de su más cara fantasía criminal que le resulta imposible realizar: ejecutar al verdadero autor de su tragedia. Ese pesado y abúlico mastodonte que se regocija en las delicias del poder.

El acto de pensar se ha degradado en la obsesión que propicia la sobrevivencia. La política ha comenzado a desaparecer de la conciencia del venezolano porque para pensar y producir pensamiento político, se necesita proteína. Y no me refiero sólo a la proteína comestible, sino a aquella que potencia el pensamiento políticamente creador. Inédito y profundo. Mucho más, cuando la complejidad de la tragedia social demanda dramaturgia táctica y estratégica. El alma se marcha del cuerpo cuando éste, ya no tiene que comer. Ni siquiera el hallazgo de un libro, jamás escrito, que alimente la mirada del hambriento. En ese escenario de la desventura no hay tiempo para ensimismarse, reflexionar y menos para pensar con hondura. Una manifestación con hambre no se sostiene en la calle. El grito de rebelión no puede salir de las gargantas amordazadas. Estamos en una fase de guerra silente y sistemática que ha invadido el espacio público y privado de manera feroz, destruyendo y debilitando el espíritu que conforma a cada uno de los habitantes de esta nación. Los campos de concentración del III Reich y los Gulags de Joseph Stalin en Siberia practicaron un exterminio mórbido y brutal, hasta ese momento inusual en la historia del Estado omnipotente. Con ello también ensayaron y experimentaron una de las formas de dominación física, psíquica y espiritual nunca antes conocida. Leer más de esta entrada

El abstencionismo y la culpa por Fernando Mires – Blog Polis – 11 de Mayo 2018

miresEl 20 de mayo será decidido si en Venezuela continuará la dictadura militar y para-militar de Maduro por un tiempo indefinido o será abierta una brecha hacia una dificultosa y probablemente larga transición hacia la democracia. La candidatura de Falcón representa la segunda alternativa. Esa es también la alternativa que debería haber representado la oposición unida si es que no hubiera decidido corregir sus primeros errores con mayores errores.

Las vías erráticas que llevaron a la MUD a discutir en la República Dominicana sobre el tema electoral sin llevar a un candidato unitario, a no usar las propuestas rechazadas por la dictadura como plataforma para una candidatura unitaria y el haber llamado a la abstención sin levantar otra alternativa, han conducido a esa alianza política que una vez fue la MUD, a transitar por las oscuridades más densas de la noche antipolítica.
¿Puede haber mayor contrasentido que una asociación electoral, creada para fines electorales -la MUD fue siempre solo eso y nada más que eso- llamando a la abstención? Sin participación electoral la MUD no es la MUD. El llamado Frente Amplio (la MUD más organizaciones civiles adictas a la MUD) solo podía tener cierta lógica en el marco de un proceso electoral como ha sucedido con todos los frentes amplios de nuestro tiempo (desde los frentes populares de los años treinta hasta ahora). Un frente amplio sin elecciones es como un pez sin agua. Los frentes amplios son electorales o no son. No obstante, la MUD convirtió al frente amplio venezolano en un frente abstencionista, el primero en la historia nacido para no hacer nada.

Errores tras errores que llevaron a que el espacio político abandonado por la MUD fuera invadido por las tendencias más extremistas de la oposición. La ayer llamada por la MUD “oposición a la oposición” representada por la antipolítica pseudo insurreccional de la señora Machado, dejó de ser así la “oposición a la oposición” y se transformó en la fuerza directriz de la MUD. Por lo mismo, la abstención se convirtió -desde el día cuando emergió la candidatura de Falcón- en una tercera candidatura.

Tesis: La abstención no solo es la abstención. La abstención ha llegado a ser la candidatura de la MUD en contra de la candidatura de Falcón. Cuando llegue el momento de los recuentos y sean contadas las abstenciones (los “niníes”, los abstencionistas clásicos y los de la MUD) la MUD podrá cantar victoria. Habrá derrotado a Falcón. Mas, no a Maduro.

Ya están agotados los débiles argumentos esgrimidos por la MUD para legitimar su gran aberración anti-electoral: ¿Qué no están dadas las condiciones con ese CNE? Las condiciones son las mismas del 15-D. ¿Votar sin elegir? Pero para elegir tienes que votar. ¿Qué en dictadura no se vota? Precisamente al revés: un demócrata vota siempre en contra de una dictadura pues solo en democracia nos podemos dar el lujo de no votar. ¿Qué estas no son elecciones? Las cosas no dejan de ser lo que son por el hecho de que le cambies el nombre ¿Qué votando la dictadura será legitimada? A una dictadura solo la legitima la abstención pues con abstención no hay fraude ¿Qué Falcón traicionó a la MUD? La ruta de Falcón es exactamente la misma que abandonó la MUD ¿Qué los resultados están cantados? Pero si hay una gran abstención no solo estarán cantados sino, además, recitados y orquestados ¿Qué hay que recurrir a otras formas de lucha? Uno se pregunta cuales. ¿Huelga general?: la MUD no controla sindicatos obreros.

¿Insurrección?: la MUD perdió después del 2017 su poder convocador de masas. ¿Comunidad internacional?: son gobiernos que se reúnen una vez al mes para hacer una declaración y luego volver a casa. En fin, desde el “yo no soy abstencionista pero no voto”, hasta llegar a la guinda de la torta: “el dictador va a caer solo”, la MUD no ha logrado justificar, ni siquiera ante sí misma, su capitulación electoral.

Precisamente la inconsistencia de la no-opción asumida por la MUD explica la andanada de agresiones o “guerra sucia” desatada en contra de Falcón por dirigentes políticos que hace un par de meses decían exactamente lo contrario. Evidentemente, en cada una de esas agresiones yace el indesmentible peso de una culpa no asumida. No es primera vez que ocurre algo parecido.

Fue el psicoanalista italiano Luigi Zoja –uno de los que más ha dedicado su obra a analizar el fenómeno de las patologías colectivas- quien llevó las deducciones de Freud con respecto a los sentimientos de culpa personales al plano de las relaciones sociales (ver por ejemplo su libro “Paranoia: locura que hace historia”, Madrid, FCE, 2014) De acuerdo a Zoja, todo ser (individual o colectivo) que arrastra una culpa, intentará borrarla mediante una exculpación. El proceso de des-culpabilización puede ser llevado a cabo a través de dos procedimientos. El primero es la reflexión analítica. El segundo, desviando la culpa hacia un objeto externo. Ese objeto puede ser un pueblo, un grupo o simplemente una persona. Se trata del “chivo expiatorio” cuya función es hacer cargar a unos con las culpas de los otros (para decirlo con las palabras del antropólogo René Girard)

Sobre la base de esta breve reflexión podemos explicarnos la furia descargada por algunos personeros de la MUD en contra de la persona de Falcón. Ella se debe al hecho de que Falcón ha retomado el hilo político abandonado por la MUD. Solo por este hecho, más allá de lo que diga Falcón -lo que importa es lo que representa- su candidatura es el testimonio de una política renegada por la MUD, es decir, de su culpabilidad. Pues si llegara a triunfar Falcón, no solo Maduro, también el abstencionismo predicado por la MUD serían los grandes derrotados.

Una eventual victoria de Falcón sería una derrota de Maduro pero también lo sería de la MUD. Pero a la vez, si Falcón es derrotado por un margen no muy elevado, todo el mundo sabrá que esa derrota habría podido ser evitada por la MUD si es que no hubiera caído en la trampa tendida por sus propios errores y culpas. Por consiguiente, la presencia de Falcón representa, por el solo hecho de existir, una amenaza existencial para la no-política de la MUD. Esa es la razón por la cual cada voto por Falcón tendrá un valor tridimensional: Primero: en contra de una dictadura. Segundo: en contra del abstencionismo. Tercero: a favor de una presidencia en condiciones de iniciar el proceso de transición hacia la democracia.

Nadie por el momento puede predecir nada pero es evidente que enfrentar a dos enemigos a la vez hará muy difícil (aunque no imposible) un triunfo electoral de Falcón. Sin embargo, más allá de los resultados, la candidatura de Falcón ya ha cumplido una tarea histórica: la de mantener la continuidad de la lucha electoral y democrática en contra de Maduro. De este modo, aún perdiendo Falcón, seguirán vigentes las bases de esa política. Reasumiendo a esa política, y no la del abstruso abstencionismo predicado hoy por la MUD, la oposición estará en condiciones de retomar su camino. El mismo que nunca debió haber abandonado.

En cualquer caso, la última palabra no ha sido dicha todavía.

 

El Poder de los sin poder por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 10 de Mayo 2018

LuisUgaldexRobertoMata-4325-e1519499432509Ahora me preguntan directamente: “¿usted va a votar, o no?” Respondo: “Iré a votar cuando haya elección libre y democrática; no iré a esta votación dictatorial y fraudulenta, impuesta por el régimen para suprimir la elección presidencial democrática de 2018 y perpetuar la actual catástrofe nacional con Maduro. Con razón los obispos recientemente pidieron aplazar los comicios del 20 M para tener la debida elección presidencial con condiciones justas. También lo hizo AVERU (Asociación de Rectores Universitarios). Todos los países democráticos así lo ven y avisan que no reconocerán el fraude de mayo. También los candidatos opositores debieran exigir aplazamiento y elecciones con condiciones democráticas para fines de año, y, en caso de negativa, renunciar, dejando en evidencia y soledad al Dictador.

Los venezolanos no saldremos de esta tragedia sin una unidad superior indispensable para reconstruir la vida, una sociedad de necesidades fundamentales garantizadas, con comida, medicinas, ingresos, libertades y esperanza. Por lo menos 8 de cada 10 venezolanos reclamamos cambio político. En las monarquías absolutas y dictaduras la soberanía está usurpada por el tirano que usa las leyes como instrumentos de dominación. Los venezolanos en décadas anteriores, aunque de modo deficiente, vivimos y gustamos la democracia con tales logros socioeconómicos que millones de otros países se acogieron a nuestras libertades y oportunidades. No somos un pueblo sometido que no añora la libertad y la prosperidad porque nunca las saboreó.

De unidad pasiva a la activa
La gran mayoría de los venezolanos somos víctimas de este impresionante desastre humano. Descubrimos la unidad pasiva como miembros de la fosa común, víctimas de la misma catástrofe, sin que nos salve ningún color político. Sobre esta condición común impuesta debemos reconocernos y generar nexos de solidaridad y de simpatía, identificar cuál es la enfermedad y el virus y cuál el agente político que nos lo inocula hasta someter al país entero a esta postración y agonía. ¿Qué modelo político y quiénes son los enemigos comunes? Al mismo tiempo descubrimos que ese enemigo común de la sociedad venezolana quiere perpetuarse y para ello inventó las votaciones del 20M, excluyendo a candidatos y partidos verdaderamente opositores, testigos internacionales, auditorías y árbitros independientes. El régimen logró que los opositores y demócratas vayan divididos y sabe de antemano con cuántos votos va a proclamar su triunfo. Y por si algo pudiera fallar al final, cuenta con el anticonstitucional poder absoluto de la Asamblea Constituyente para quitarle todo valor a los votos opositores, como lo hizo en la elección del gobernador del Zulia.

Más allá de la ya existente unidad pasiva (víctimas comunes del desastre impuesto por un régimen tiránico), tenemos que avanzar, hacia una unidad activa de ciudadanos para la reconstrucción nacional y renacer con una economía, sociedad y política plurales, con un proyecto compartido y liderazgos que antepongan las necesidades comunes a su pequeño mundo de intereses. ¡Una primavera para que brote la ciudadanía en cada uno y la soberanía en todos juntos! La gran lucha de Venezuela, frente al poder que se impone y quiere cerrar toda alternativa, es levantar el poder de los “sin poder”, el poder soberano de su conciencia y responsabilidad ciudadana. En Alemania Oriental la víspera de la caída del Muro de Berlín parecía que el régimen policial tenía todo el poder controlado y sin grietas, pero cuando las conciencias de millones tomaron en silencio su decisión de reconocerse unos con otros como “poder originario” y no seguir sometidos a la tiranía usurpadora, el Muro se cayó y las armas callaron, pues ni los militares quisieron disparar contra el pueblo, al reconocer que ellos mismos lo eran. El poder de los sin poder amaneció irresistible y cargado de esperanza.

¡Venezuela despierta!, como nos llamó Juan Pablo II, despierta unida para juntos reconstruir las condiciones de vida para los que estamos aquí y para los millones que fueron expulsados. Ante este reto del despertar nacional, queda en evidencia la fraudulenta votación perpetuadora del 20M y haremos que al día siguiente la necesidad de cambio sea un clamor mayor y genere una acción más unida y eficaz.

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