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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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La política administra hechos por Tomás Páez – El Nacional – 8 de Noviembre 2019

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Agradecemos profundamente el esfuerzo y la iniciativa de Federica Mogherini, alta representante de Política Exterior de la UE; Eduardo Stein, representante especial de Naciones Unidas para los refugiados y migrantes venezolanos, y a la Organización Internacional para las Migraciones,  de reunir a centenares de delegaciones con el fin de movilizar la comunidad internacional y canalizar recursos hacia las ciudades y países receptores de migrantes venezolanos. El encuentro se realizó en Bruselas los días 28 y 29 de octubre. Como han recalcado los promotores, la venezolana ha sido la diáspora más carente de fondos en el mundo.

En el encuentro participaron representantes gubernamentales, agencias internacionales, organizaciones y asociaciones altruistas y socialmente responsables. Como resultado se espera alcanzar una mejor coordinación de políticas globales y sumar recursos para atender las necesidades de todos los ciudadanos en las localidades y países receptores de migrantes venezolanos, incluidos quienes integran la diáspora.

Los análisis hechos en los países receptores expresan el impacto en sus cuentas fiscales. Algunas estimaciones lo sitúan entre el 0,3 y el 0,6 en el PIB de sus economías. Gastos e inversión en escuelas y docentes, en millones de vacunas para evitar epidemias y pandemias, atención a miles de parturientas y a los recién nacidos, alimentación de urgencia, albergues, seguridad y un nada corto etcétera.

La actitud de la mayoría de los países y de sus ciudadanos nos concede la licencia de hacer nuestras las palabras de Eduardo Stein, quien agradeció la solidaridad de los países vecinos, que calificó de extraordinaria pese a no estar preparados (los países y gobiernos) para soportar una migración de estas dimensiones.»Están bajo presión, con la estructura institucional sobrecargada, la provisión de servicios desbordada y los presupuestos exhaustos (…) Empezamos a ver signos de xenofobia (…) La población local se resiente y acusa a sus gobiernos de prestar demasiada atención a los migrantes mientras desatienden a sus ciudadanos», advirtió. Hemos visto y escuchado a dirigentes “aparófobos” arengando a favor de la xenofobia.

La inversión realizada para poder hacer frente a la realidad de esta tragedia humana se coloca en el asiento contable del “debe”, el cual recoge el incremento del gasto. La contrapartida es el “haber”, las contribuciones o “abonos” de la diáspora al país receptor. La visión integral, panorámica del fenómeno, posibilita un mejor diseño y ejecución de políticas públicas para abordar la diversa y compleja realidad de la diáspora venezolana.

La perspectiva dinámica integra los aspectos sociales, culturales, políticos y económicos asociados a toda diáspora. El hecho de haber sido país de inmigrantes provenientes de todo el mundo nos permite afirmar y comprender el papel de las migraciones en la reducción de la pobreza global y sus aportes a tres bandas: el migrante mismo y los países de origen y recepción. Además, participa de manera activa e imprime un vigoroso dinamismo al intercambio social, cultural, conceptual, tecnológico y económico. La diáspora venezolana es un gran elefante, con tendencias evidentes a crecer, de proporciones imposibles de engullir salvo que se desagregue y segmente en su enorme diversidad.

Toda migración, y la venezolana no es la excepción, entraña una oportunidad para el país receptor. De ello dan cuenta los informes oficiales y extraoficiales en Perú y Chile. Plasman los aportes de la migración venezolana al crecimiento de su PIB. El informe del Banco Central de Chile señala: “La inmigración reciente se caracteriza por ser una población en promedio más calificada (media de escolaridad del país 11 años, migrantes venezolanos, 15,6), más joven y con una mayor participación laboral que la población chilena». Más adelante destaca «la contribución positiva de la inmigración al empleo, los salarios y el PIB per cápita del país de acogida, por medio del aumento de la población económicamente activa, cuando los inmigrantes pueden insertarse al igual que los locales en el mercado del trabajo».

Los estudios también revelan los efectos positivos de la migración sobre la productividad. Esta, como afirma Paul Krugman, “no lo es todo, pero a largo plazo es casi todo, de su crecimiento depende el mejoramiento del estándar de vida de la población”. Cálculos realizados por el Banco Mundial cuando aborda la relación de la migración con el desarrollo en una muestra de países, al referirse a Colombia señala: acoger a 500.000 personas en edad de trabajar aceleraría el crecimiento de la economía en 0,2% resultado de un incremento en el consumo de 0,3% y la inversión lo haría en 1,2 puntos. Otro de los efectos positivos de los procesos migratorios es el del “bono demográfico”, como lo confirman estudios realizados en Europa.

Además de atender la urgencia, es preciso fortalecer y potenciar el trabajo realizado, los centenares de proyectos en marcha, de manera directa por parte de las asociaciones diaspóricas o de manera conjunta con organizaciones e instituciones de las ciudades de acogida en la dinámica del proceso de integración y desarrollo. La estrategia de respuesta es preciso complementarla con una estrategia proactiva, con el fin de aprovechar la capacidad emprendedora y difusora de tecnologías y conocimientos que posee toda diáspora. El propósito de esta es potenciar la recuperación del sendero del crecimiento regional y contribuir de manera decidida a recuperar la democracia y el respeto a los derechos humanos.

La diáspora venezolana migra de un país maltrecho y como ha sostenido Federica Mogherini: «No se puede ignorar la gravedad de las violaciones de derechos humanos en Venezuela, tal como reflejan los hallazgos del informe” de la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, producido en el marco del socialismo del siglo XXI. Refiriéndose a la relación entre este socialismo y el comunismo el cabecilla e ideólogo del Foro de Sao Paulo decía: comunismo y socialismo son la misma cosa. Vistas las violaciones de los derechos humanos de los venezolanos nos parece acertada la reciente decisión adoptada en el Parlamento Europeo, la cual condena a los regímenes de corte totalitario; “los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

La raíz del problema de la tragedia humanitaria y del fenómeno migratorio se halla en el modelo, es su rasgo distintivo. Es importante mantener el foco del problema, pues de no atacar la causa fundamental, la tragedia humana igual que la diáspora no cesará de crecer; lo harán a ritmo de vértigo y de forma indetenible.

El encuentro en Bruselas le ha dado una enorme visibilidad al mayor desplazamiento humano de Latinoamérica, a sus necesidades y efectos. Una verdadera lección de humanidad a quienes desprecian a los venezolanos: mientras el régimen niega su existencia el mundo se preocupa y se ocupa de ellos. La inmensa mayoría de Los venezolanos dentro y fuera del país agradecemos y valoramos desde lo más profundo de nuestra alma ese respaldo

Echamos en falta la participación de representantes de las más de mil asociaciones diaspóricas cuyos esfuerzos a lo largo de dos décadas han resultado fundamentales para la integración y el desarrollo. Nuevamente se resalta la importancia de la movilidad humana en la reducción de la pobreza global.

La realización de evento es, en sí mismo, un formidable logro y estamos esperanzados en sus resultados. La presencia de los representantes de los gobiernos de la región y de los organismos multilaterales conforma una ocasión única para lograr una mayor coordinación para la indispensable cooperación entre todos ellos, necesidad esbozada en la primera reunión de cancilleres en Quito.

En esos acuerdos la participación de la sociedad civil organizada resulta fundamental: asociaciones diaspóricas, gremios empresariales y profesionales, cámaras empresariales binacionales, universidades y gobiernos locales. Cada una de ellas administra realidades, proyectos e iniciativas beneficiosos para todos los involucrados y ello le da vida y contenido a la estrategia global.

La coordinación y la cooperación en el marco de una estrategia global y regional es el mejor de los antídotos en contra de las “industrias diaspóricas” de la droga, las bandas armadas, la trata de blancas y niños, la prostitución, etc. La cooperación es fundamental para identificar y sancionar a los responsables del saqueo. Recuperar los recursos robados permitiría atender la tragedia humana e iniciar el proceso de recuperación del país.

De esta estrategia no pueden quedar al margen las organizaciones e instituciones venezolanas. La Política, con P mayúscula, administra hechos, y por ello insistimos en la necesidad de crear una institucionalidad con el fin de atender la nueva geografía nacional. En ella resulta fundamental la participación del sector privado y la sociedad civil.

La diáspora por Ramón Escovar León – El Nacional – 29 de Octubre 2019

Las exigencias de visas a los venezolanos para ingresar a distintos países de América Latina contradice lo que ha sido la tradicional posición venezolana en materia de solidaridad internacional. A ello se suman las imágenes que se difunden en las redes que demuestran la cruel persecución contra quienes han tenido que salir de su país por las políticas de la revolución bolivariana.

Este cuadro de intolerancia merece recordar algunos episodios de nuestra historia que evidencian la conducta de Venezuela en materia de solidaridad con quienes han padecido de crisis –de distinta naturaleza– en sus respectivos países. Los chilenos, peruanos, ecuatorianos, dominicanos y colombianos, entre otros, fueron recibidos sin vacilar en nuestro país. De las islas del Caribe venían, incluso, a aprovechar los servicios médicos que Venezuela brindaba en la época de la democracia. Todos ellos ocuparon espacios en Venezuela y no fueron objeto de persecución ni de discriminación. El apoyo venezolano tuvo, en este último caso, una carga de generosidad humana.

En relación con lo anterior hay que recordar dos episodios relevantes. El primero se refiere a las gestiones del canciller del gobierno de Carlos Andrés Pérez ante el régimen chileno en 1976 para solicitar la liberación de un grupo de presos políticos, víctimas de la dictadura. Según relata Ramón Escovar Salom, Augusto Pinochet se mostró respetuoso y ante el pedimento que le fue presentado, contestó: “Dígale al señor presidente de Venezuela que consideraré todo esto con interés” (Memorias de ida y vuelta). De inmediato, el canciller venezolano solicita la libertad de Luis Corvalan, a la sazón secretario general del Partido Comunista chileno, aclarando que se trata de una gestión pedida por Nikolái Podgorni, entonces presidente de la Unión Soviética. El dictador con sorpresa responde: “¿Usted sabe que ese hombre me quería matar y tenía un plan para asesinarme?”

No obstante, y a pesar de esta primera y aparente negativa, la solicitud y gestiones del canciller venezolano lograron su cometido, pues “la mayoría de los incluidos en la lista fueron puestos en libertad y Corvalan meses después salió para el exilio”, sigue relatando Escovar Salom. Lo reseñado debe ser recordado porque demuestra una posición clara de Venezuela en lo que atañe a la necesaria solidaridad política y humana que merecen las víctimas de crisis políticas. Chile es un país democrático y civilizado y por eso esperamos que las autoridades garanticen el buen trato de los venezolanos de la diáspora, sean perseguidos políticos o no.

El segundo hecho que hay que recordar es el papel desempeñado por Venezuela en el traslado de la administración del canal de Panamá a los panameños. Carlos Andrés Pérez junto con Alfonso López Michelsen, Daniel Oduber y José López Portillo, presidentes de Colombia, Costa Rica y México respectivamente, integraron un grupo de apoyo para respaldar a Panamá. Desde el gobierno de Estados Unidos, el presidente Jimmy Carter tuvo la voluntad política de culminar el tratado, que fue un logro para Panamá. La solidaridad venezolana estuvo nuevamente presente.

El papel de Venezuela debe ser recordado por quienes ahora en Panamá se muestran intolerantes y agresivos con los venezolanos, que han tenido que salir de la devastación producida por las políticas revolucionarias. Esto está reñido con lo que ha sido la tradicional conducta venezolana con Panamá.

A diferencia de los casos señalados, hay otros países que nos han tendido su mano solidaria. Estados Unidos, España, Colombia y Argentina (ojalá esto no cambie con la llegada del peronismo al poder) han apoyado a los migrantes venezolanos. Todo esto hay que recordarlo porque los venezolanos merecemos un mejor trato: el mismo que hemos dado a quienes han necesitado de nuestro apoyo.

La solución de raíz para terminar con la diáspora y con la constante violación de los derechos humanos de los venezolanos es la unidad de la oposición que permita una solución política que abra las puertas de la libertad. Solo así regresarán quienes se han visto forzados a dejar su país, a sus familias, a sus amigos y a sus recuerdos.

El color de la diáspora venezolana vuelve a Foronda por T. Diez – Noticias de Guipuzcoa – 30 de Septiembre 2019

 El de ayer fue sin duda un día especial para el presidente de Córcega, Gilles Simeoni, que cuarenta años después de la visita de su padre, Edmond, al Alderdi Eguna celebrado en Getxo, visitó Gasteiz para recibir el reconocimiento de los jeltzales. Nada más llegar a las campas de Foronda, el lehendakari Urkullu y el presidente del partido, Andoni Ortuzar, hicieron entrega a un emocionado Simeoni del libro que recordaba aquel Alderdi Eguna de 1979 en cuya portada salía Edmond, en la tribuna de Aixerrota.

Simeoni fue uno de los invitados a la fiesta del PNV a los que Ortuzar recordó después desde la tribuna, al igual que hizo con los catalanes del PDeCAT o Units per Avançar, con Coalición Canaria, el Pi balear, Democrates Valencians, el BNG, Compromiso por Galicia, los nacionalistas flamencos, el Parti Breton, el Partit Occitan, Oui au Pays Catalan, Mujeres Demócratas Cristianas de América (MUDCA), el partido Sueño Georgiano, o la Organización Demócrata Cristiana de América de Juan Carlos Latorre.

También hubo un recuerdo especial para los miembros de las Euskal Etxeak que han venido al Congreso Mundial de Colectividades Vascas, “el octavo herrialde vasco”. Y sin duda uno de los lugares donde esas colectividades han dejado más huella ha sido Venezuela, cuya representación estuvo presente, al igual que el año pasado, con una txosna propia.

Las arepas que el exdiputado y exsenador Iñaki Anasagasti ayudaba a despachar tras la barra, ataviado con la gorra de su país natal, le hicieron dura competencia a la sardinas de Santurtzi, los talos o las tortillas de patatas.

¿Guerra con Colombia? – Editorial El Nacional – 13 de Septiembre 2019

La revista Semana, prestigiosa y responsable publicación que circula en Bogotá, ha revelado  documentos que evidencian los nexos que el gobierno usurpador de Venezuela ha establecido con los grupos guerrilleros que se han negado a aceptar la paz ofrecida por las autoridades colombianas después de arduas negociaciones, especialmente el ELN. La usurpación venezolana no solo se ha apresurado a negar los hechos, como era de esperarse, sino que, además,  arremete con acusaciones sobre un plan bélico que ha puesto en marcha el gobierno del presidente Duque.

Habitualmente las investigaciones de la revista Semana se caracterizan por su seriedad. Sus plumas no han estado al servicio de causas inconfesables, como pretende afirmar la dictadura venezolana sin meterse en el fondo del problema, es decir, sin analizar el contenido de los documentos publicados para demostrar su falsedad, o su exageración. Prefiere pasar por alto el asunto medular de la calidad y la veracidad de las pruebas aportadas, para hacer un llamado a la defensa de la patria porque el Ejército colombiano está a punto de declararnos la guerra.

El usurpador y sus acompañantes militares del Alto Mando están haciendo un llamado tipo Cipriano Castro, para que defendamos “el suelo sagrado de la patria”. Anuncia una invasión armada, sin manejar ninguna evidencia que pueda respaldar la patriotera arenga, o como si estuviera a punto de atacarnos una potencia enemiga. Ni Colombia es una potencia, ni es enemiga, ni hay manera de sostener la acusación temeraria que se devuelve desde Miraflores y desde el Ministerio de la Defensa para desviar la atención sobre su connivencia  con grupos irregulares del vecino país.

Los papeles publicados por Semana ponen al usurpador y a sus secuaces en un aprieto que pretenden eludir con bravatas. Hablan de una inminente invasión, sin reparar que los únicos protagonistas de invasiones en la actualidad somos nosotros,  los venezolanos, las criaturas de la diáspora, millones de personas desesperadas que huyen despavoridas por la frontera más cercana para salvar la vida y la dignidad.

 

Venezuela, un Estado por construir por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 20 de Agosto 2019

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La complejidad de la crisis venezolana reclama atender a su solución, en el menor tiempo posible, bajo riesgo de que las heridas, vejaciones, sufrimientos que padece la nación en su conjunto se agraven y la desaparezcan totalmente. No es fácil hacerlo. Se trata de una cuestión que desborda la política y la organización constitucional de las libertades. Apunta a una realidad inédita: la disolución cabal de la sociedad como expresión política, como Estado, por la sobreposición de un factor de dominio ajeno: la criminalidad común transnacionalizada en maridaje táctico con el terrorismo deslocalizado.

Resolver sobre esto implica la formulación de una política pública adecuada y global; pero, insisto, es un tema extraño al quehacer político y de los políticos, a lo ideológico o de realización local de la ciudadanía. Distinto es que, con cinismo desembozado, se le use por los mismos criminales comunes y sus socios terroristas –subrayo lo de “comunes”– en modo de legitimar el delito arguyendo razones políticas: asaltar bancos como expropiación revolucionaria, asesinar enemigos como costo necesario de la revolución, traficar drogas para acabar con el imperio que la consume, tanto como atentar contra los valores de la cultura occidental y cristiana a fin de fracturar las bases de las naciones que formara y sobre ellas levantar otras, en la transición, relativistas, progresistas, amorales, sin cánones sociales que obliguen salvo a quienes discrepen y deban ser castigados “con todo el peso de la ley”.

Los datos de la crisis son demoledores, máximas de la experiencia.

Un Estado que durante los años del boom petrolero –lo leo en un artículo de Tomás Straka– se hace de 1 billón de dólares administrados por un socialismo real moderado, ha terminado peor que los socialismos reales verdaderos conocidos por el mundo. Se sitúa a la par de los colapsos, la pobreza y emigración de Nigeria y Afganistán. La canasta alimentaria cuesta 300 dólares y el salario frisa los 6 dólares, en una población cuyo 90% la forman pobres, 15% de los niños sufre de desnutrición y más de 1 millón de sus habitantes padece de malaria.

Tengo presente el esfuerzo que por años acometen estudiantes universitarios venezolanos en Estados Unidos –de pregrado y posgrado–, quienes imaginan terapéuticas solo respecto de lo último, con el nombre de “Plan País”; tanto como ruedan las propuestas que, con igual título, elaboran los partidos que hacen vida dentro de la Asamblea Nacional.

Estados Unidos hace previsiones de corto y mediano plazos para la recuperación económica de Venezuela y se sincroniza con Colombia: país que recibe la cuota mayor de su diáspora y la acoge con sentido de solidaridad encomiable; lo que anuncia, por cierto, un prometedor futuro en los vínculos entre ambas: una misma nación que fractura España, seccionando a aquella del Virreinato de Nueva Granada, en 1731.

Hay un piso que le sirve de soporte a la esperanza venezolana y es el de la nación: pueblo forjado en los hornos de un presente constante, de una cultura inconclusa y ética compartidas, pero “asociados por la concorde comunidad de objetos amados”, diría san Agustín.

Un escollo de peso se atraviesa –lo advierto al principio– y acaso dejaría de ser tal por imperativo de la misma globalización, al mutar las formas tradicionales de relación espacial y temporal entre los integrantes de la “patria de bandera”, según la expresión de Miguel de Unamuno. Me refiero, en lo específico, a la desaparición plena del Estado en Venezuela; lo que no se revierte con la formación de otra constitución política, pues esta formaliza lo que es y ya existe.

Los elementos de su estatalidad han desaparecido. Carece de verdadera personalidad jurídica internacional, que la salva, por ahora, el hecho del reconocimiento a un conductor político con legitimidad, Juan Guaidó.

La población venezolana se ha dispersado por el mundo a la manera de los judíos; pero, a diferencia de estos, la nuestra, que conserva hacia afuera unidad afectiva y en el dolor que le causa el ostracismo impuesto, hacia adentro medra pauperizada en lo biológico y humano. Se hace débil su desarrollo cerebral y de la inteligencia por la desnutrición masiva, y su enseñanza formal es ideológica y militar. Los estudios secundarios y universitarios se han vuelto fábricas de salchichas, de bachilleres y doctores iletrados.

La soberanía territorial es un monumento a la falacia. La abandonaron las instituciones llamadas a sostenerla y defenderla. Priva la anarquía en el espacio, controlado por grupos criminales y terroristas, y por mercaderes extranjeros que canibalizan sus riquezas: tierra arrasada y de nadie es la nuestra. Hasta el costado oriental sufre hemiplejia, dado su asalto fáctico por Guyana y las empresas petroleras.

Nada que decir de la soberanía e independencia política del país, confiscada por la metrópolis y sus autoridades, residentes en La Habana, en Moscú, en Siria, en el Líbano.

Si algo resta son los vestigios de la agonía y desaparición de la república de Venezuela. No existe más. Ocupa su espacio un “des-orden estructural” narcoterrorista y criminal deliberado (¿Estado paralelo?), que urge destruir. Cabe crear, luego, la “cosa pública”, como lo hicieran paso a paso los primeros adelantados en la Conquista, quienes nos sacan de la selva y reúnen en sitios fijos para hacernos nación y más tarde entidad legal y política.

Las nuevas fronteras de Venezuela por Fernando Luis Egaña – El Nacional – 10 de Agosto 2019

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Un buen amigo planteaba en estos días que las fronteras de Venezuela se habían ampliado… No entendía lo que quería decir, hasta que explicó que la masiva emigración venezolana, que llega a todos los rincones del mundo, era lo que estaba ampliando nuestras fronteras tradicionales.

Creo que tiene razón. Y es que una cosa son los límites territoriales de un país, y otra su proyección nacional más allá de esos límites, precisamente a través de la presencia de una parte significativa de la propia nación en numerosos países. Es el caso de Venezuela, tal cual.

De 30 millones de venezolanos, casi 4 millones han emigrado en los últimos años, y la cifra crece con rapidez por la carga muy pesada de la crisis humanitaria que asola a la patria. Crisis o, más bien, catástrofe, que no solo tritura el presente, sino que por ello impide la posibilidad de un futuro humano y digno.

Eso es lo que significa el referido planteamiento de la ampliación de las fronteras. En Bogotá o Santiago de Chile, en Miami o Nueva York o Montreal, en Madrid o Londres, en Dubai o Sydney, en Singapur o Hong Kong, en todas partes, repito, hay contingentes de venezolanos que se van agrupando en comunidades, algunas de ellas muy numerosas, en las que vive la cultura venezolana, con nostalgia, con orgullo y, sin duda, asimilándose a las culturas vernáculas, pero sin perder su identidad en el corto plazo.

Una porción muy importante de la emigración venezolana esta compuesta por jóvenes. Tanto por profesionales o trabajadores de las nuevas generaciones, como por estudiantes. En ellos ya se encuentra el fundamento de nuestra cultura, pero no con la madurez necesaria para garantizar su permanencia en un ambiente distinto y, no pocas veces, hostil.

Los terrenos de la denominada futurología suelen ser pantanosos. Prefiero, al menos en estas breves líneas, concentrarme en el presente, ya de por sí bastante riesgoso. Y ese presente nos indica que muchas costumbres venezolanas de diversa índole, de positiva y negativa factura, se esparcen por los cinco continentes, y proyectan al país de una manera absolutamente nueva.

Esas proyecciones van delineando el alcance de las fronteras venezolanas en este siglo XXI, tan provechoso para otros y tan desolador para nosotros. El turbomotor de la emigración masiva es la aguda desconfianza en Venezuela. La carencia de esperanza de millones de compatriotas con respecto a su propia patria. Eso tiene que cambiar y, desde luego, que primero tiene que cambiar de forma sustantiva el poder establecido.

Mientras tanto, se siguen ampliando las fronteras de la cultura venezolana, la más de las veces a contravía del sentimiento de los que se han ido, se van o piensan irse. Ojalá y estemos cerca de una época distinta. Una en la cual dentro de las fronteras convencionales se recupere y se relance la soberanía en democracia, y una en la cual las fronteras ampliadas sean un reflejo de lo mejor de Venezuela.

Encuesta diaspora venezolana – Consultores 21 – Julio 2019

El presente informe llamado ”Diáspora”, recoge datos de una encuesta nacional de opinión sobre el drama de la emigración. Emigración que es el más grande éxodo poblacional de Venezuela en su historia republicana y a la vez el más grande de Latinoamérica. El no tener fuentes oficiales que manejen estos datos, obliga a buscar maneras de poder dimensionar el problema.

El dato reportado sobre personas que emigran es una construcción a partir de: el número de personas de la familia nuclear que han emigrado en el hogar según lo declarado por el encuestado, combinado con el número de familias que dicen tener miembros en el exterior, multiplicado por la estimación de número de hogares que proyecta el INE para este año.

Esperamos que estos datos tan dramáticos ayuden a la reflexión sobre este grave problema de Venezuela

Para acceder a la encuesta abrir el siguiente enlace:

Diáspora 2do trimestre 2019 DEF (1)

Política de Estado y diáspora por Tomás Páez – El Nacional – 3 de Agosto 2019

Tomás Páez

Pese a la magnitud del éxodo venezolano, próximo a las dimensiones del sirio y el más grande de Latinoamérica, el régimen, responsable de haberlo ocasionado, optó por desconocerlo, menospreciarlo y ocultarlo. Percibió la diáspora como una amenaza y la mira con profundo desprecio; no ahorra epítetos para descalificarla. Para despejar cualquier duda, reforzaron su odio con hechos: los obstáculos para acceder a documentos de identidad crearon niños apátridas, asfixia y burla absoluta a jubilados y pensionados y normas para impedir la administración de sus recursos a quienes migraron.

Al mencionar a los “camaleónicos” viene a mi mente el “aparente” suicidio, en muy extrañas circunstancias, de un “empresario” venezolano, parte de la trama del Sr. Morodo, quien fuera embajador de España en Venezuela, y su hijo. Se les acusa de lavar millones de dólares robados a los venezolanos. El suicidio ocurrió, extraña coincidencia, después de haber consentido ofrecer toda la información que poseía a la justicia española. Otros ministros, viceministros y “empresarios sanguijuelas” (para diferenciarlos de los emprendedores), con solicitudes de extradición en Estados Unidos, disfrutan impunemente de lo que han robado. Mientras ellos evaden la justicia, la diáspora se dedica a encontrar mecanismos para apoyar la reconstrucción del país.

Los “ladrones” se presentan como adalides de la democracia. El ex embajador mencionado es coautor de un libro sobre golpes de Estado en Latinoamérica. También se exhiben como cabecillas de la anticorrupción, aunque nadie les crea. Solo basta con revisar la lista de inasistencias y motivos de la misma en la última edición del Foro de Sao Paulo, instrumento de la dictadura más longeva de la región, para comprender el carácter de pretexto y estrategia de marketing de los “anticorrupción”. Varios de ellos entre rejas, como el cofundador del foro; se repite la escena de otro sonado caso, el del tesorero de Venezuela, conocido como el tuerto Andrade. Como diría cualquier profesional de la salud mental, proyección de la parte oscura para castigar en otro su más sombrío deseo.

El inmenso saqueo de los recursos de los venezolanos, estimado en varios centenares de miles de millones de dólares, perpetrado por unos cuantos miembros del régimen y por unos pocos cómplices, es una de las causales de la diáspora venezolana, cuyo número supera hoy los 5 millones de ciudadanos preocupados y comprometidos con su país.

La participación de la diáspora solo es posible sobre la base del diálogo y el reconocimiento y el régimen ni dialoga ni reconoce, solo administra bien la cultura cuartelaría. El diálogo, a su vez, necesita de personas dispuestas a escuchar al otro y a respetar las posiciones ajenas, atributos inexistentes para el régimen. Las voces de los otros son múltiples, también sus intereses son diversos y “el interés general” se construye con el diálogo y la presión de todos ellos.

Los obstáculos creados por el régimen a la diáspora para votar, inscribirse, aportar, documentar y denunciar, no resultaron suficientes. Todo lo contrario, sirvieron de acicate para mantenerse en movimiento, para reflexionar sobre el país, para identificar sus necesidades y avanzar en la agenda para la reconstrucción. Todos los días un nuevo acto, un nuevo encuentro, una nueva denuncia, una nueva movilización, una nueva iniciativa, un nuevo chat, continúan sembrando esperanza.

En el nuevo panorama del país, cobra pleno sentido la agenda fraguada a lo largo de dos décadas: es la oportunidad de formular una Estrategia de Estado de la Diáspora venezolana. Hoy es posible convocar a todos los actores: sector privado, sociedad civil y sus organizaciones, instituciones y a las asociaciones diaspóricas para, de manera conjunta, intervenir en su formulación.

Pensar la diáspora supone reflexionar sobre el Estado. Los más de 5 millones de venezolanos que la integran representan más de 15% de la población, dispersa en una “nueva geografía” de Venezuela. Un fenómeno de esa magnitud, naturaleza e importancia exige de una Estrategia de Estado. Sobre ella, su forma y contenido es mucho lo que tienen que decir las asociaciones que constituyen ese vasto universo.

En el diseño de la estrategia es recomendable desmarcarse de las posturas adánicas, aprovechar lo realizado, prestar atención y escuchar, considerar y compartir los argumentos de estas asociaciones. Puesto de otra manera, una Estrategia de Estado de la diáspora no puede hacerse al margen de ella y sus organizaciones. Estas han puesto sobre papel los contenidos de la estrategia y la institucionalidad responsable de desplegarla y ejecutarla.

Las expectativas ante la nueva situación resultan esperanzadoras. Las asociaciones creadas por el éxodo venezolano han acumulado muchas millas de vuelo en todas las áreas: la ayuda humanitaria, la movilidad, la seguridad, los derechos humanos, los derechos políticos, la inserción del nuevo éxodo, la integración, la difusión tecnológica, el emprendimiento, uso de capacidades en el país de acogida para evitar el desaprovechamiento de los cerebros y sus capacidades y han creado redes y conectado con organizaciones con intereses similares en Venezuela.

El instrumento para diseñar la estrategia es el diálogo con esas experiencias. Comenzar preguntándoles por lo hecho, las dificultades encontradas, para conocer de primera mano lo que esperan del país, la forma de visualizar su inserción y el modo en el que quieren contribuir en la reconstrucción. Mostrar, también, lo que el país espera de su diáspora. Abrir un diálogo franco, conocer sus proyectos y sus iniciativas es un paso indispensable en la construcción de una estrategia de la diáspora y con ella. La estrategia debe contener ese amplio abanico de posibilidades. Preguntarse: ¿cómo aprovechar y potenciar los logros de lo realizado hasta el momento? ¿Cómo acompañar esos esfuerzos? ¿Con cuáles instrumentos, política y recursos? Es necesario tener presente que las asociaciones diaspóricas son bisagras entre el país receptor y el de origen, reconocidas y aceptadas por las relaciones de confianza desarrolladas con su trabajo.

La diversidad y pluralidad de la migración venezolana es imposible de acotar en una sola categoría o reducirla a un segmento de ella. La complejidad y variedad hace útil descomponerla, desagregarla en sus distintos segmentos. Los mismos expresan intereses y expectativas diversas. La segmentación es, por tanto, una de las primeras tareas. Lo hicimos en el estudio y la estructuramos en las Tres E: Emprendedor, Empleado, Estudiante. Hemos agregado otras dimensiones: demográficas, geográficas, socioculturales, sectoriales, profesionales y organizativas, con sus respectivas vocaciones.

La desagregación en segmentos facilita el análisis y la identificación de necesidades específicas, realidades particulares, diferentes intereses, todo lo cual posibilita ajustar políticas y programas a fin de establecer una relación más idónea y adecuada. La segmentación nos permite, asimismo, identificar rasgos particulares de cada grupo para asegurar un mejor aprovechamiento de los recursos y descartar aquellas opciones de evidente fracaso en el mundo.

La estrategia se está desplegando en todos los frentes. Uno de ellos, de creciente atención, es del papel que puede desempeñar la migración calificada en los países de acogida, como es el caso del aporte de la diáspora de la salud en regiones con problemas en los países receptores. Lo mismo ocurre en el campo de las ingenierías, la docencia, la psicología y las redes de emprendimiento e integración.

La diáspora ha venido sentando las bases de la estrategia y en el camino se han obtenido importantes logros. El propósito es institucionalizarla, dinamizar la relación y la participación del éxodo venezolano en el proceso de reconstrucción de Venezuela y convertir la nueva institucionalidad en un catalizador que articule las necesidades del país con las de la diáspora. Es una manera de asegurar un uso óptimo de los todos los recursos que serán necesarios para reconstruir el país.

Flores perennes por Rodolfo Izaguirre – El Nacional – 14 de Julio 2019

Rodolfo Izaguirre

Me crispa y avergüenza admitir que todavía hoy, transcurridos veinte o más años de oprobios y ofensas, el país venezolano, bajo el socialismo bolivariano, sobrevive aturdido, descentrado. Comenzamos cada nuevo día con pie equivocado, damos brincos, tropezamos con piedras políticas, nos confundimos y nos estrellamos contra la espiral inflacionaria, resbalamos en la acera de los infortunios y sufrimos la crueldad de la diáspora y la agonía de no saber qué vamos a comer mañana.

¡Creo que somos flores perennes! Y lo es mi propio país cultural. Los museos nada ofrecen en sus espacios; no dan muestras de vida, sucumbieron en el desplome de la cultura oficial y el régimen militar; siguiendo la mejor tradición del nazismo, considera degenerado el arte que hacemos. Borró toda huella cultural de altura y nobleza para hundirse en los manglares de una “patriótica” mediocridad que solo le ha servido para pintarrajear las paredes y afear las ciudades suficientemente castigadas por las torpezas económicas y la crueldad de las aflicciones. San Cristóbal ya no es la misma; Maracaibo huele mal y es un desastre; Mérida perdió el encanto que alguna vez tuvo, y el resto del país vive en la oscuridad.

Pero hay, en la otra acera, en una zona perfecta y absolutamente privada, una vida cultural intensa y asombrosa. Se editan libros, hay reuniones, conferencias, existen en Caracas las librerías El Buscón y Kalathos que se manejan con criterios de una modernidad apasionante. Hay en ellas oxígeno suficiente para respirar y rozar nuevos horizontes.

Se celebran talleres con diversos propósitos; hay una plaza en Los Palos Grandes (¡posiblemente, la única!) que ofrece sus espacios no solo para el goce de una vida al aire libre (juegos, niños, ajedrez, taichí, actos culturales), sino para que Eugenio Montejo continúe vivo y Francisco Herrera Luque persista, a través de la Fundación que lleva su nombre, en la búsqueda de la luna de Fausto.

Las artes visuales son como flores perennes, persisten en sus fragancias. No sé cómo hacen los creadores para conseguir los materiales que componen sus obras, pero ellas aparecen en galerías que nacen y se sostienen en espacios que jamás imaginaron que iban a servir para actividades tan gloriosas y fascinantes: unas quintas en algunas urbanizaciones, un tercer piso en un edificio anónimo y allí nos esperan los prodigios del arte.

El Trasnocho, en Las Mercedes, es un oasis en permanente fervor. El teatro puede llevar acertadamente el nombre de Héctor Manrique, aunque hay otros teatreros de enorme talento; y el cine, el nombre de José Pisano (¡no puedo olvidar el magazine Moviola que dirigió en tiempos de La Previsora!). El Trasnocho también es aroma de café y cacao, espejos, una esclarecida galería de arte y la presencia de Solveig Hoogesteijn. ¡Se siente uno seguro allí!

Hay en Caracas portentosas colecciones de pintura, la Fundación Polar cumple tareas de asombrosa modernidad y todos sostenemos y expresamos pensamientos propios y admitimos que nuestros hijos son mejores que nosotros mismos y nos enorgullece saber que seguramente encontrarán un nivel laboral y una vida emocional armoniosa en el país que eligieron víctimas de la diáspora cruel desatada por el régimen militar.

Insisto en calificarnos como flores perennes. Más aún: como flores de loto que nacen en las aguas de los estanques o en el pantano, porque igualmente todos nacemos y florecemos en un país absurdo, áspero, caudillesco y petrolero que oficialmente odia o niega la belleza y persigue con saña la sensibilidad y la inteligencia y, sin embargo, persistimos en amarlo con abierta pasión. Y me pregunto: ¿qué he ganado yo? Y el Eclesiastés, en una Biblia que leo a veces, responde por mí: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y esta fue mi parte de toda mi faena”.

Exodo venezolano – USAID – Junio 2019

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