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Los emigrantes venezolanos serán “vitales” en la reconstrucción del país por María Rodríguez – Al Navio – 13 de Agosto 2017

2502_23128819719_36a92348c1_k_thumb_675.jpgEl sociólogo Tomás Páez, autor de ‘La Voz de la Diáspora Venezolana’, considera que la Venezuela del futuro ganará con los frutos del éxodo masivo que sufre el país. De los “más de dos millones” que están fuera, “el 20% son empresarios”, matiza el experto. Prefiere calificar esta oleada como “nuevo exilio” y afirma que es especialmente doloroso que el Gobierno silencie las cifras migratorias.

Tomás Páez es sociólogo y autor de La voz de la Diáspora Venezolana, un estudio que forma parte del primer Observatorio que identifica en qué países residen los “más de dos millones de venezolanos que hoy están fuera”, según apunta el experto en una entrevista con el diario ALnavío. Pero la labor de cuantificar y ubicar geográficamente a los venezolanos no es tan sencilla y más después de que el éxodo masivo se ha intensificado en las últimas semanas, antes y después de la celebración de la Asamblea Nacional Constituyente de Nicolás Maduro. Solo un dato: cerca de 560.000 ciudadanos venezolanos han solicitado recientemente una tarjeta fronteriza (TMF) para entrar en Colombia, según informaron las autoridades de ese país.

Esta situación ha movilizado a los Gobiernos de América Latina, que estudian y plantean medidas para hacer frente a una oleada migratoria que se estima que siga creciendo. Como en Colombia, Argentina y Brasil, por poner solo unos ejemplos. En este sentido, Christian Kruger, director general de Migración de Colombia, afirmó días antes de la votación de la Constituyente que las autoridades colombianas están en alerta y preparadas para asistir a una llegada masiva de venezolanos, tal como publicó El Nuevo Herald. Por su parte, Argentina ha prometido seguir con los privilegios migratorios que viene concediendo a los venezolanos a pesar de la suspensión indefinida de Venezuela de Mercosur. Y en el Estado brasileño de Roraima, fronterizo con el país que gobierna Maduro, la Justicia Federal pidió que se elimine el cobro de tasas a los venezolanos que buscan residencia temporal huyendo de la “crisis” humanitaria”, según recogió AFP.

“Terminamos hablando de la diáspora, porque Venezuela es un país que se desparramó por todo el mundo”

Toda esta oleada migratoria “impresiona mucho”, sostiene Páez. Por ello, los datos del Observatorio los actualizan “hasta donde nos permite la realidad, que anda a un ritmo muy distinto”.

– ¿Le convence la denominación de “éxodo venezolano” para calificar la crisis migratoria del país?

– No. Cuando terminamos el estudio [de La Voz de la Diáspora Venezolana] empezamos a discutir si era éxodo, nuevo exilio… y al final terminamos hablando de la diáspora, porque es un país que se desparramó por todo el mundo. La última oleada migratoria [de los últimos dos años] pudiera dar la sensación de éxodo, pero seguimos siendo partidarios de diáspora. Quizá nos guste más nuevo exilio que éxodo, por ser precisamente una nueva modalidad de exilio [en esta definición también se incluye la acepción de “expatriación, generalmente por motivos políticos”].

– ¿A qué riesgos se enfrentan los países que están recibiendo esta oleada migratoria de venezolanos?

– No veo que haya riesgos para el país de acogida; al contrario, creo que hay beneficios y un aporte enorme: primero trabajo, después consumo, una nueva cultura, un nuevo punto de vista y nuevos conocimientos. Por ejemplo, Venezuela, como uno de los países que más ha crecido a lo largo de su historia, recibió una poderosísima inmigración de España, Italia, Portugal, Colombia, Argentina, Brasil… que la enriqueció en todos los sentidos, tanto en la capacidad de trabajo como en áreas donde Venezuela no tenía tanto desarrollo.

“Los países latinoamericanos le están devolviendo a Venezuela y a los venezolanos los gestos que este país tuvo para con ellos”

– En las últimas semanas se ha intensificado la migración venezolana a los países limítrofes. Los gobiernos de estas naciones receptoras muestran su preocupación y estudian soluciones [mantener los privilegios migratorios, tasas gratuitas, etc]. ¿Son acertadas las medidas que están tomando?

– Venezuela recibió con los brazos abiertos siempre a toda la emigración del mundo y a la latinoamericana en particular, como por ejemplo en los golpes de Estado del Cono Sur en Argentina, Chile y Uruguay, que se tradujeron en un proceso migratorio. Hoy, en estas horas tan tristes, los países latinoamericanos le están devolviendo a Venezuela y a los venezolanos los gestos que este país tuvo para con ellos, como un espacio siempre abierto.

– ¿Las motivaciones para emigrar antes y ahora son, en el fondo, las mismas?

– Sí. Las dos razones por las cuales la gente se va del país son la inseguridad y la impunidad. Es muy grave cuando pierdes el más importante derecho de propiedad, que es sobre la vida misma. Lo cierto del caso es que nosotros tenemos tantos muertos como ha tenido la guerra de Siria en siete años: 400.000 muertos en la guerra de Siria, y en Venezuela en 17 años más de 350.000 homicidios, que se dice pronto cuando no hay una guerra declarada.

La tercera razón, que también se ha agravado, es el acelerado deterioro económico. Tenemos la inflación más grande del mundo: un profesor universitario hoy, equivalente a catedrático en España, que es mi caso, devenga un salario al cambio de 20 dólares (17 euros). Y a ello se suma la inmensa escasez de absolutamente todo.

– ¿En qué se basan los venezolanos a la hora de elegir el país de acogida?

– En la década de los 60 llegamos a tener un 15% de la población inmigrante en primera generación. Entonces, tienes nexos familiares que te permiten desandar el paso que dieron padres y abuelos. En las primeras oleadas de emigración tuvieron la ventaja de tener la doble nacionalidad.

La última migración, de estos dos años, es más bien por desesperanza, por salir corriendo a buscar en Colombia o Curazao los alimentos y medicinas para familiares. Es otro tipo de migración, que no tiene las mismas condiciones. Pero el hecho de que Unasur haya estado jugando con fronteras más abiertas, que permiten una mayor movilidad, ha hecho posible que hoy tengamos algo insólito, como más de 30.000 venezolanos en Argentina y otros 20.000 en Chile.

– El venezolano que ahora se marcha del país, ¿tiene en mente la idea de regresar algún día?

– Cuando hicimos el estudio preguntamos la disposición a retornar al país y la respuesta de los venezolanos fue: Si las condiciones por las que me fui persisten, ‘no voy a regresar’, en un 80% de los casos. Si las condiciones cambiasen, ese porcentaje va disminuyendo, pero ‘me tendrían que garantizar la seguridad’, que no se hace de un día para otro. Después se sumaría ‘desmontar toda la actividad que he desarrollado en el país de destino’, y que hace que resulte muy difícil el retorno a corto plazo.

– ¿Qué aportan los países de destino a los emigrantes venezolanos?

– Efectivamente no solo quien emigra aporta al país sus capacidades. Recibe del país de acogida muchísimas cosas. Por ejemplo, cuando llegas a España y ves todo lo que ha logrado en transporte público, la limpieza de las ciudades… La España de hoy no es la del año 80. Es una España que han construido los ciudadanos españoles y todos los emigrantes, de respeto, de desarrollo, con los errores que pueda haber. Eso lo recibe también el emigrante. Y en algunos casos el emigrante recibe muchísimo más, por ejemplo, la capacidad tecnológica del país al que emigra. Nuestra gente está estudiando hoy medicina con las nuevas tecnologías desarrolladas en Estados Unidos, país que le está ofreciendo unas condiciones de trabajo y de desarrollo tecnológico que permiten a la persona crecer.

– ¿También es beneficiosa la emigración para el país de origen?

– Claro. Venezuela está ganando hoy un inmenso capital humano. En Venezuela ha habido un deterioro acelerado. Hoy el 60% del parque industrial y el 40% del empresarial han desaparecido. Afortunadamente, los venezolanos que emigran pueden trabajar e investigar en el país receptor y cuando las cosas cambien, esas personas, sin necesidad de retornar a Venezuela, pueden contribuir al desarrollo del país con las nuevas redes sociales y empresariales construidas. Es decir, aprovechar esa red de venezolanos que están fuera para, junto a inversionistas, instituciones y universidades de los países de origen, participar en alianzas estratégicas en el desarrollo de Venezuela.

– Entonces, con esta oleada de emigración, ¿Venezuela gana de cara al futuro?

– Claro. En Venezuela, hoy siete de cada 10 venezolanos están entre la informalidad y el desempleo. No hay inversión ni desarrollo tecnológico. Las universidades están absolutamente asediadas y constreñidas escasamente a dar clase. Y cada vez que un profesor puede dictar fuera un curso en Ecuador, por ejemplo, formando a doctores, lo hace, y es impresionante el número de casos así.

Por eso, de cara al futuro, ese venezolano que está en EEUU tiene nuevas redes, puede participar en nuevos proyectos de investigación, conoce nueva gente que va a ser un tremendo aporte. Venezuela está ganando en know-how de manera impresionante. Eso le va a permitir, cuando las condiciones cambien, producir un salto cuántico en el desarrollo. El estudio de la Diáspora fue concebido precisamente como primera etapa de este proyecto, el de una plataforma para articular a esos más de dos millones de venezolanos que están fuera y a sus nuevas relaciones. Esas redes van a ser vitales para el desarrollo del país.

– De los más de dos millones de venezolanos que están fuera, ¿qué porcentaje son empresarios y dónde están ubicados?

– Son el 20% y sabemos que tienen inversiones en todo el mundo, en Nueva York, en Florida, en Madrid, en Barcelona… Quizás el país que tenga un poco más de porcentaje es Panamá, por ser un centro comercial muy importante de distribución.

– ¿Y en qué áreas ejercen como empresarios?

– En medios de comunicación, consultoría gerencial, informática, telecomunicaciones, en las ingenierías en general, en salud…

– “No existimos en las estadísticas nacionales”, ha afirmado en alguna ocasión. ¿Este punto es especialmente doloroso para los emigrantes venezolanos?

– Sí, porque la estadística es un bien público de la democracia y de la sociedad. Cuando se afecta o se niega el derecho a tener información sobre un fenómeno de esa magnitud, que representa hoy a más del 8% de la población, hay que ser descarado. El Estado venezolano posee la información de los movimientos migratorios en puertos y aeropuertos y también de quiénes son sus pensionados, a los que tiene que pagar y no les está pagando, por cierto [Más de 9.000 jubilados en España llevan 20 meses sin cobrar las pensiones de Venezuela].

Por eso, cuando el silencio es deliberado y consciente indigna más porque es una negación del hecho. Es querer decir que en Venezuela no hay un proceso migratorio cuando obviamente todo el mundo lo sabe.

– ¿Cuál debe ser el papel de los venezolanos en la diáspora?

– Ya se está ejerciendo en muchos terrenos, como en el envío de remesas y de medicinas. Otro elemento es la propia denuncia de la situación en Venezuela en el terreno político. También se está viendo en los medios de comunicación que han tejido redes entre comunicadores venezolanos y no venezolanos y en el desarrollo de liderazgos locales y regionales, que se están formando en Europa y EEUU. Este es el papel del emigrante venezolano en la reconstrucción de Venezuela.

 

Venezuela, volver a dónde, volver a qué por Juan Cruz – El País – 11 de Julio 2017

En el último año y medio han llegado a España 29.000 venezolanos. Son parte de la llamada “oleada de la desesperación” que ha huido del país

Domenico Chiappe (44 años, periodista, nacido en Perú, criado en Caracas) deja caer la mirada cuando se le pregunta si imagina su regreso a Venezuela, su país, de donde falta desde hace tres años. “¿Volver? ¿Volver a dónde? ¿Volver a qué?”. Y añade: “En todo caso, los héroes se quedaron adentro”. No tienen forma de salir. Y sufren, como han sufrido los que se han ido, pobreza, desabastecimiento y miedo.

En el último año y medio han llegado a España 29.000 venezolanos, y aquí viven ya más de 300.000, según el Observatorio de la Voz de la Diáspora Venezolana, que analiza los datos del Instituto Nacional de Estadística de España (INE). Tomás Páez, sociólogo de origen canario, coordinador del estudio La voz de la diáspora venezolana (Catarata, 2015), llama a la avalancha del último bienio “la oleada de la desesperación”.

Se van, dice Páez, “porque no les alcanza con el sueldo, porque no tienen medicamentos, comida; pero sobre todo se van por miedo”. La inflación actual de Venezuela es del 700%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque las empresas que hacen estudios econométricos en Venezuela la incrementan al 1.200%. En los dieciocho años que dura el régimen han sido víctimas de la violencia 350.000 venezolanos, según el Observatorio Venezolano de Violencia. “Algo menos que en Siria, en cuya guerra han muerto 400.000”, apunta Páez. “De casa sales”, añade, “no sabes cuándo llegas”.

Las estadísticas tienen nombres propios. Marianela Martínez de Siso, 69 años, es oncóloga, en un tiempo la única que hubo en Caracas; se fue en 2003, no sólo “porque no soportaba a Chávez”, sino porque el hospital que fundó y donde ejercía su especialidad dejó de tener recursos. En ese hospital trató al hijo de un militar que luego fue un golpista, con Chávez. Él le avisó de la asonada. Ella vivió, como muchos de su generación, la fascinación por la revolución cubana; “como aquello, Venezuela es una mentira”. Nunca antes hubo allí resentimiento. “Chávez y Maduro lo han provocado”. No volverá, al menos hasta que Nicolás Maduro se vaya. Vive en Galicia, tiene tres nietos. ¿Qué se puede esperar? “La libertad”.

En 18 años de chavismo, 350.000 personas han sufrido la violencia

A Wendy Yorlet Moncada (39 años) la empujó la inseguridad, en 2010. Vive en La Palma, hasta allí le sigue el miedo a lo que pasa en Caracas. En la isla canaria trabajó en tareas de limpieza, como ahora hace su marido. Ella cuida a sus tres hijos, dos nacidos aquí. “Ahora es peor todo. En mi calle supe que anoche hubo disturbios, tanques, pistolas. Te asaltan al salir del aeropuerto, como si llevaras millones. ¿Volver? Noooo”. Después de la conversación envió este SMS: “Me olvidé de comentar: uno de mis miedos a volver es que en mi casa hace dos meses fueron víctimas de un secuestro exprés; se metieron en casa, amordazaron, golpearon y robaron a mi mamá y a mi sobrina. Abrieron la puerta, no se sabe cómo, y las encañonaron con pistolas”.

Mariven Rodríguez también se fue en 2003, con el miedo en el cuerpo. Es periodista, tiene 52 años; los chavistas cerraron emisoras de radio, amenazaron a su diario, El Universal, fundado en 1909, y a sus periodistas: “Venían a por nosotros”; la presión “no dejaba espacio para la libertad” y el miedo se le hizo una bola. Se fue a Italia primero, allí había estudiado, y desde 2006 trabaja aquí, creó medios, ahora lleva las redes sociales de un hotel donostiarra. Volvería, claro, “pero cuando no haya ni miedo ni sobresalto, este horror, y este error, de la impunidad”.

Miguel Romero, publicista, 33 años. Vino en 2011. “Contra mi voluntad, por la situación que se vivía. Y ahora no pasa ni la mitad de lo que se sufría. Buscaba piso, estaba a punto de casarme. Chávez expropió la constructora que lo edificaba, luego expropió el banco que me daba la hipoteca. Lo hizo con muchas otras empresas. Acuérdate de aquella frase: ¡Exprópiese! Era un profesional joven, hijo de emigrantes italianos; España era un buen destino. Y acá estoy. Con rabia, con tristeza. Lo que pasa duele cada día. El edificio El Paraíso, que acaban de asaltar, fue la casa de mi infancia. Veinticinco años allí. Allá vive mi madre. El Gobierno dijo que lo habían asaltado porque era un centro del terrorismo… ¿Volver? La Venezuela que conocí murió, le han lavado el cerebro durante dieciocho años. Tendrán que pasar treinta años para que la sociedad recupere la sensación de que todos somos iguales”.

 

Tomás Páez, 64 años, el sociólogo de La voz de la diáspora venezolana, no se resigna. “Yo quiero regresar, seguir regresando”. Le indigna lo que pasa; pero él trabaja, “adentro y afuera”, para preparar la normalidad venezolana, que ahora es imposible, “vivimos como en el tiempo de las catacumbas”. Pero cuando llegue esa normalidad “muchos de los que están fuera llevarán el talento que han consolidado en la emigración”. Son, dice, “las redes de la diáspora”, él se empeña en tejerlas.

Los datos abruman el panorama que narra. “Cáritas ha dicho que el 9% de los muchachos venezolanos sufre desnutrición severa. Y el 52% está en riesgo de sufrirla”. Enfermedades erradicadas, como la malaria y la difteria, han vuelto. La última ministra de Salud fue destituida por desvelar que había crecido la mortalidad infantil. Entre 1960 y 1998, el período democrático, se construyeron 66.000 viviendas sociales por año, según el estudio sobre la diáspora; en los años del régimen actual, la mitad por año; el 60% de las industrias del país han desaparecido; en el área agrícola o de servicios, el 40% cesó su producción. De ahí la escasez de azúcar, de café, de leche… “Y eso ocurre en el periodo de mayor bonanza económica que ha vivido el país”, dice Páez. ¿Y dónde se ha ido el dinero? “1,9 billones de dólares ha recibido Venezuela vía petróleo e impuestos en estos 18 años. Más de cinco veces el ingreso de los 40 años de democracia. Fuga de capitales, dinero en el limbo, repartos a Gobiernos amigos, financiaciones oscuras, despilfarro, ineficiencia en la gestión de los recursos… Ahí se ha ido”. Siempre fue Venezuela un país de inmigrantes. Ahora la diáspora continúa. Páez es hijo de la emigración española de los años cincuenta, cuyo epicentro fue Canarias.

Las colas son el símbolo que empuja esta diáspora desesperada. Gabriela Navarro, 39 años, es fotógrafa y no, no volvería a su país. “Venezuela ya no es. Venezuela se fue”. Llegó a España en 2014. Terminaba una diplomatura, se estancaba el dinero en Venezuela, “y era imposible salir de casa sin temer lo peor”. Tres meses más tarde la familia le dijo “no vuelvas”. Sus abuelos eran españoles, exiliados. Cuando se fue había “largas colas para los productos básicos, pero podías comprar en el mercado negro”. El miedo era peor, “una sombra ya te aterrorizaba”. Ha trabajado de teleoperadora, ha hecho fotos de bodas y bautizos, ha colaborado con Photoespaña. Con un círculo de amigos “buscamos fuentes fidedignas, periodistas venezolanos que nos protegen de la sobreinformación, esas redes que te agobian y te deprimen. Aquí hay muchos venezolanos deprimidos por las muertes que estamos viendo. Tristes, envejecidos allá y acá, un país que no está para fiesta. Volví hace tres meses: murió mi padre. ¡En apenas año y medio, cuánto había envejecido la gente!”.

Siempre fue un país de inmigrantes, pero ahora la diáspora continúa

En la cestería Cesta República, en Chueca, está Guillermo Barrios, 65 años, una autoridad fuera de su sitio, en la diáspora venezolana. Fue decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, en una de las más bellas universidades del mundo, la Central de Caracas. En 2015 se tomó un año sabático. Ya no volvió. Ahora convive con colegas suyos de Cero Es Tres, un estudio de arquitectos que encuentran, reforman y ambientan pisos. Y él ha creado la cestería y la lleva con su esposa, Maitena, “que tiene ocho apellidos vascos”. Le han puesto Cesta República como burla a la Constituyente bolivariana. Las tensiones en la Universidad, atacada por colectivos oficialistas; los dos secuestros sufridos, el asalto de su casa “por efectivos quizá ligados a la policía”, la amenaza emitida por televisión…, todo eso lo expulsó del país. “Y me fui a la manera académica. Y ahora estoy fuera, con muchísima pesadumbre. ¿Volver? Estamos en la primera línea de retorno. Sería bueno ver una luz. Pero nuestro enemigo no tiene escrúpulos, sino un desmedido afán de poder, no tiene valores. No se lo puede oponer desde la inteligencia”.

—¿Y se considera un exiliado?

—¿Exiliado? Decir esa palabra añadiría dolor a este momento. Puede haber reconciliación, quisiera tener esperanza, un destino en mi país.

Domenico Chiappe dice que los héroes son quienes están en Venezuela; a veces se van por su voluntad, a veces los señala el régimen, y tienen que marcharse. Tulio Hernández, 61 años, es periodista, de El Nacional, que resiste a Maduro. En mayo Maduro conminó a los jueces, desde la televisión, a que lo encarcelaran por un tuit en el que el periodista llamaba a los jóvenes a resistir a la fuerza pública.

Tulio se disfrazó, viajó por carretera hasta Colombia, pasó con la identidad de su hermano. Está en Madrid. Este último miércoles presentó su libro Una nación a la deriva. Ese día conmemoraba Venezuela el Día de la Independencia y partidarios de Nicolás Maduro asaltaban la Asamblea Nacional. Aleccionados, al parecer, por el mismo dedo que expulsó a Tulio.

Chiappe no imaginaba, al irse, “que aquel país desencaminado iba a adoptar la deriva totalitaria” que exhibe. “Era, en efecto, un país imperfecto, que precipitó la llegada de Chávez. Una gran pobreza, una enorme movilidad social, una tremenda corrupción. Todo eso tan criticable se exacerbó. Si había 1.200 homicidios al año, pasamos a tener 30.000, si en la de época de Luis Herrera y de Carlos Andrés Pérez se robaban 50.000 millones de dólares, ahora los cálculos son 300.000…” Él era jefe de economía en Tal Cual, el periódico de Teodoro Petkoff, una leyenda del periodismo. En 2002 llega Chávez, cierra la economía venezolana, impone el control total, y Chiappe se va. Todo ha empeorado, pero… “No creo que sea un país perdido; pero su regeneración será lenta. No se trata de que se le busque salida al dictador, como suele pasar: es que los que están en el Gobierno son sólo la punta del iceberg de un enorme entramado de corrupción cuyas terminales hay que seguir hasta dar con empresas cubanas, argentinas, colombianas. Rutas trianguladas y a veces poliédricas de desvío de dinero”.

No, no es un exiliado. “Hay exiliados, como Tulio o como el padre de Leopoldo López; otros han venido por inseguridad, amenazados. Pero yo soy un emigrante. Los casos de exilio no se pueden banalizar”. En la época de la mentira política desnuda, ¿cuál sería hoy la principal mentira de Maduro para perpetuarse? “Es que todo es una inmensa mentira. Sustituyen la palabra gobierno por la palabra pueblo; sostienen que son una revolución, que defienden una ideología socialista; no es verdad: son una corporación capitalista totalitarista que, de forma estatal o privada, con empresas que han formado ellos, monopolizan los recursos de un Estado. Y Maduro no es más que un títere en manos de esta corporación. Una anécdota que está ahí para hablar con el pájaro, con las mariposas, con las vacas”.

En La Cesta República de Guillermo Barrios se encuentran Chiappe y Tulio, con Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez. Presentan Un país a la deriva. En el luminoso auditorio, rodeados de cestas, venezolanos de raíz y venezolanos por opción. De pie, mirando, el rostro conocido del padre de Leopoldo López, exiliado. A Tulio lo presenta Chiappe como “una conciencia nacional”. La conciencia nacional dice: “El totalitarismo no ha prosperado. Es una buena noticia en medio del drama: hemos sido capaces de sujetar el elefante loco que iba a romper las cristalerías”. Ahora queda preguntar, dice Tulio, “de dónde ha venido tanto odio”. Como dijo un venezolano ilustre cuando Chávez se hizo cargo de la nación, “alguien levantó la tapa del infierno” y fue el militarismo otra vez el que puso a circular en Venezuela el demonio triste de la diáspora.

Ahora deshacer esa tumba se antoja tarea propia de los héroes que están adentro y tienen miedo.

El Registro Electoral de la díaspora venezolana por Iker Anzola G. – 4 de Agosto 2017

 

En la actualidad la diáspora de venezolanos a través del mundo alcanza mas de dos millones de personas, de las cuales solo una minoría está inscrita en el Registro Electoral de sus respectivas jurisdicciones consulares. Varios autores sobre la diáspora venezolana, como Tomas Paéz estiman en cerca de 2,5 millones los venezolanos que han emigrado en los últimos 18 años. ( ver La Voz de la Diáspora Venezolana por Tomas Paéz, Editorial La Catarata, 2015 ). Lamentablemente no existen cifras oficiales pues el Gobierno Venezolano no divulga ninguna información al respecto.

También es notoria y demostrada la discriminación de las autoridades electorales y consulares en menoscabo de los derechos humanos de este colectivo, que se manifiesta principalmente en lo siguiente :

  • Los venezolanos residentes en el extranjero solo pueden votar en las elecciones presidenciales y no votan en las elecciones de la Asamblea Nacional, de Gobernadores, ni en eventuales referendos, tales como el revocatorio.
  • Los requisitos para poder votar incluyen tener una cedula de identidad laminada, aunque pueda estar vencida y estar registrado en el Registro Electoral del Consulado correspondiente. Quien no tenga cedula no puede votar con la dificultad de que para sacar la cédula solo puede hacerse en persona en Venezuela.
  • Adicionalmente los Consulados exigen para poder inscribirse en el Registro Electoral Consular que la situación migratoria en el país de residencia debe ser verificada y con status legal. A tal efecto la Ley electoral reza como sigue : “Artículo 29. ….. A efectos de la inscripción en el Registro Electoral, el único documento requerido y válido es la cédula de identidad.”
  • Finalmente lo más grave es que los Consulados tienen desde hace meses una política evidente de entorpecer y retrasar las solicitudes de inscripción en el Registro Electoral de los ciudadanos que así lo requieren.

 Una consecuencia de todo ello es que solo puede votar una minoría de venezolanos en el exterior, lo cual quedó evidenciado en la ultima elección presidencial de abril de 2013, cuando solo se contabilizaron 59.963 votos en el exterior para un padrón electoral de 100.495 inscritos ( 101.431 al corte de Enero 2016). En claro contraste en la reciente Consulta Popular del pasado 16J, se contabilizaron 723.011 votos en el exterior, al requerirse únicamente la Cedula de Identidad o el Pasaporte, de los cuales 98.748 votos fueron en España.

 En el caso particular de la circunscripción del Consulado de Bilbao, en las elecciones de abril 2013, estaban inscritos 1015 electores y solo votaron 638. En la jornada del 16J votaron mas de 3000 electores en las ciudades de Bilbao ( 1425), Logroño (210), Pamplona (481), San Sebastian (520), Santander (247) y Vitoria (200) al poder establecer mesas electorales en cada una de las capitales de la jurisdicción del Consulado General de Bilbao, sorteando de esa manera las barreras geográficas.

También es evidente que hubo un crecimiento importante de emigrantes en los últimos 3-4 años y esa cifra puede incrementarse aún mas de continuar la crisis en Venezuela.

 La discriminación antes aludida se manifiesta también en el proceso de votación el día de las elecciones, comenzando por la conformación de las mesas electorales por miembros únicamente del personal consular y donde solo se permite a la oposición tener algunos testigos. Para colmo en algunos lugares como el Consulado General de Bilbao el escrutinio no se realiza una vez cerrado el proceso como establece la Ley Electoral, sino que se retrasa hasta la hora de cierre de las votaciones en Venezuela, lo cual dada la diferencia horaria y las sucesivas prorrogas , ocasiona que el escrutinio se haga al día siguiente de la votación cuando ya el CNE ha publicado los resultados “ irreversibles” del proceso y por lo tanto ya se conoce el resultado electoral.

 En las actuales circunstancias y ante la posibilidad de una eventual y próxima elección presidencial, es imperativo facilitar la incorporación del mayor número de ciudadanos residentes en el extranjero en capacidad de votar y una meta debería ser llegar a incorporar al menos un millón de ciudadanos venezolanos de la diáspora. Esta cifra podría ser decisiva en el resultado de las elecciones.

 Para lograrlo seria recomendable promover una seria de medidas e iniciativas :

  1. Por parte de la MUD y en particular Covenex en Venezuela, se debe insistir ante el CNE para activar y facilitar el registro electoral de los venezolanos en el exterior. Una medida de justicia seria eliminar el requerimiento de comprobación migratoria y solamente requerir la Cedula de Identidad laminada venezolana aún estando vencida.
  2. Otra medida tiene que ser la de eliminar las restricciones al escrutinio de los votos el mismo día de las elecciones, de manera que dicho escrutinio sea transparente y se ejecute inmediatamente al cierre de la votación en cada centro electoral. La Ley establece al respecto : “Artículo 139. El escrutinio se efectuará una vez que finalice el acto de votación….”
  3. La comunidad venezolana debe insistir ante los respectivos consulados y embajadas para que efectivamente se lleve a cabo y se facilite el Registro Electoral permanente de acuerdo a lo establecido en el Reglamento Electoral: “Artículo 28. El Registro Electoral se regirá por los siguientes principios: 2.De carácter continuo. No es susceptible de interrupción por la realización de un proceso electoral. Todas las personas pueden inscribirse o actualizar sus datos en cualquier momento, así como solicitar la rectificación de los datos que estuvieren erróneos o afectasen su derecho al sufragio. 3.Eficacia administrativa. Los procedimientos y trámites administrativos del Registro Electoral deben ser transparentes, oportunos, pertinentes, eficientes, eficaces y de fácil comprensión, con el fin de garantizar la inclusión de todos los ciudadanos y todas las ciudadanas.”
  1. Adicionalmente y visto el significativo número de venezolanos de la diáspora seria justo que pudieran tener una representación parlamentaria en la Asamblea Nacional, tal como existe en países con una emigración importante, España, Italia, Portugal para defender sus intereses y propiciar el regreso de muchos de ellos a la patria.

 Finalmente es de destacar como ejemplo de alguna de estas iniciativas, la estupenda organización del punto de votación de la Consulta Popular en Bilbao, donde además de proceder a la votación el 16J, se suscribió una comunicación al Consulado de Bilbao, instándolos a abrir y facilitar el Registro Electoral, se repartió un instructivo de cómo hacerlo, se hizo un censo voluntario de los votantes residentes en esa jurisdicción y finalmente se repartió una comunicación a los pensionados y jubilados para agruparse en una asociación creada al efecto para reclamar sus derechos, en vista de que tienen mas de 18 meses sin cobrar sus pensiones y ninguna autoridad venezolana ha respondido a sus insistentes reclamos.

El país que comenzó un domingo por Leonardo Padrón – Caraota Digital – 20 de Julio 2017

leonardo-padron-681x681-1Hoy, en el siglo XXI, la verdad siempre tiene una cámara que la grabe. Por eso resulta poco menos que risible ver a Nicolás Maduro diciendo que la consulta popular realizada por los venezolanos el pasado 16 de julio de 2017 apenas alcanzó 600 mil votos. Da risa, pero –seamos sinceros- también es un insulto. No se puede ser tan ciego o tan cínico. Como bien le respondieron a través de las redes, sí, conseguimos 600 mil votos, pero solo en el exterior.

Los otros 7 millones de votos fueron en el propio patio de la revolución: en Venezuela. Ni vale la pena ocuparse de las declaraciones de otros dirigentes del chavismo encargados –penosa tarea- de minimizar la gigantesca rebelión civil que ocurrió ese domingo. Una millonaria manifestación de repudio al régimen de Nicolás Maduro que fue ejercida, demostrada y grabada en todo el planeta. Millonaria en votos, se entiende. Desde pueblos remotos e impronunciables en Canadá o Italia, entonando cánticos en el metro de Santiago de Chile, reconociéndose unos a otros en las calles de Honduras, Zurich y Nueva York, en la puerta del Sol en Madrid, un poco más allá en Tenerife, hondo y lejos en Australia o anticipando los relojes en Dubai. Y así, por donde había vida civilizada, mesa y bolígrafo, allí había un venezolano formando parte del lapidario plebiscito contra la dictadura que hace trizas al país desde hace ya largos 18 años. Quizás no ha habido un día en nuestra historia así. Nunca como ese domingo hubo tanta bandera venezolana en las calles del mundo. Nunca una diáspora pronunció su dolor y su entusiasmo de forma tan unánime y multitudinaria.

Porque el azar escribe como escribe, con esa prosa espontánea y tajante, me tocó ejercer mi voto en Miami. Ya venía impactado por lo que transmitían las redes. Por las colas de ciudadanos tejiendo vueltas a las manzanas de la Candelaria, en Caracas. O por la masa apretujada y sin miedo en la Bombilla de Petare. Gente mucha, en ese barrio popular, naufragando en las limosnas del salario mínimo y las bolsas de comida CLAP. En fin, ya venía con el ánimo en alza cuando finalmente llegué a la Universidad de Miami en Coral Gables. Y entonces mi entusiasmo trocó en asombro. El estacionamiento del campus universitario estaba colapsado. Sé que la mayor cantidad de emigrantes venezolanos han recalado en Florida. Que Miami es la urbanización de clase media más grande de Venezuela. Ahora bien, una cosa es tropezarte a un venezolano aquí y otro allá, conseguirte a una familia cumanesa en el Publix, saludar a cada instante a maracuchos y larenses en el Sawgrass o en un Walmart, comer arepas en Downtown o abrazar amigos en el Doral, y otra sensación muy distinta es verlos a todos juntos, a conocidos y miles y miles de desconocidos que, con la bandera en la gorra y el nudo en la garganta, hacían ese día una cola infinita. Era no solo la cola del exilio, del arraigo en ristre y la nostalgia en vilo, sino la cola del futuro, del camino de regreso a los abuelos y primos, del reencuentro con el origen. Confieso que estuve conmovido sin pausa durante las dos horas que estuve serpenteando por la inacabable fila de votantes bajo un sol calcinante. Es demasiada gente la que se ha ido del país. Manadas enteras de familias que andan con la lágrima en la orilla de las pupilas, que han tratado de entender lo que pasó con sus vidas, que desde lejos observan el itinerario de nuestra desgracia y no se resignan a ser distancia y convertirse en olvido. Con cada venezolano que hablé había un estropajo de dolor en los adjetivos. Y uno se pregunta, ¿es así de indolente el poder?, ¿envanece tanto que le das la espalda a la tragedia que causas?, ¿es así de inescrupuloso el dinero a manos llenas?.

Una cosa es teclear la frase “el éxodo más grande de nuestra historia” y otra es verle los ojos, escucharle el paso a cada emigrante, sentirles el acento, la sonrisa oriental, el guiño zuliano, la picardía caribe, la prosa caraqueña, en definitiva, el gentilicio asomado en todos los rostros. Punza el alma ver el tamaño de la herida derramada por códigos postales que no nos pertenecen.

Pero ese domingo inolvidable que nos regalamos entre todos, ese domingo del 16 de julio donde, en todos los rincones de la tierra y en cada calle y suburbio del país, pronunciamos nuestra necesidad de ser libres, donde subrayamos el gen democrático que nos define y donde afirmamos nuestro repudio a tanta estafa disfrazada de paraíso, ese domingo no puede, no debe, ser en vano. Nadie olvida las muertes de los cien días, ni las anteriores, ni la prisión de tanto venezolano de bien, ni la ruina de tantos hogares, ni los perdigones en la cara rotunda de la decencia. Por eso nos toca hacer valer la fiesta de ese domingo. Convertirla en asunto permanente. En presente inmediato. Siete millones y medio de personas dijimos tres veces sí. Fue una proeza de la sociedad civil. Nadie nos la puede arrebatar. Pero habrá que seguir pujando para cobrar su saldo. Nos toca lidiar con los que aún no entienden o prefieren no entender. Hoy por hoy, la única negociación posible es esa donde Nicolás Maduro y su equipo de gobierno se conviertan en adiós. Así que, bienvenida sea la transición, o como quieran llamarla según lo dicte la glosa política. Para lograr los pasos siguientes necesitamos tener la misma disciplina y determinación que mostramos como sociedad en la ya histórica jornada. El documento leído tres días después (miércoles 19) por los partidos políticos de la MUD, titulado “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad” suena inobjetable en su decisión de querer reconstruir al país desde bases profundas y coherentes. Señores del régimen: bajen las armas, cancelen la violencia, destierren la arbitrariedad. Entiendan que ya no se puede obligar a un país entero a tanto desafuero. Asuman que se les venció el tiempo. Sería sabio y honroso obedecer la voluntad de las multitudes.

A líderes y ciudadanos, a jóvenes y adultos, a todos, nos tocará apagar el fuego que dejó la jauría, recoger los escombros, ordenar la casa. Nos tocará la parte luminosa de la historia luego de tanto fango en las uñas y quejumbre en las entrañas. Nos tocará parir un país desde cero. Eso queremos. A eso estamos dispuestos. Quedó claro, muy claro, el pasado domingo 16 de julio. Y hablaremos entonces, en los libros de historia que están por escribirse, del país que comenzó un domingo.

La diáspora venezolana en movimiento por Tomás Páez – El Nacional – 21 de julio 2017

 

1500544479030.jpgEl resultado de la participación de los venezolanos en todo el mundo el domingo 16 de julio revela el enorme deseo de cambio de la sociedad venezolana de manera pacífica y democrática. Comienza a cerrarse el círculo que se inició con el resultado electoral del 6 de diciembre de 2015. Desde ese momento hasta el 16 de julio ha crecido el descontento y el rechazo de toda la sociedad al modelo del “socialismo del siglo XXI”. El modelo resultó ser un rotundo fracaso, pese a contar con el mayor volumen de ingresos que ha conocido el país en toda su historia. Se abre un nuevo capítulo, el de la recuperación de la democracia y la reconstrucción del país que ha sido devastado hasta límites insospechados. En ese proceso todos los venezolanos son necesarios, estén donde estén ideológica y geográficamente.

En este contexto se inscribe este espacio, que El Nacional ha decidido inaugurar con el apoyo del proyecto global de la diáspora venezolana, y que se publicará quincenalmente.

Cuando decidimos desplegar el estudio de la diáspora venezolana con el respaldo de la UCV y la coordinación del equipo global, nos animaba un propósito medular: facilitar la participación de la diáspora, su know-how y el nuevo capital social e intelectual en el proceso de reconstrucción de Venezuela, en definitiva, propiciar la “circulación de cerebros”. Para ello necesitábamos conocer la magnitud del fenómeno, su distribución espacial en todo el globo, su experiencia y disposición a participar en el proceso de cambio que nos anima. Comenzamos haciendo el estudio y posteriormente creamos el Observatorio de la Diáspora.

Igualmente, aspirábamos a superar el ominoso silencio del régimen, deliberado y consciente, ante un fenómeno de esta magnitud que involucra de manera directa a más de 2 millones de venezolanos y de manera indirecta, familiares y amigos, a más de la mitad de la población. Son millones las personas que por distintas razones han decidido emigrar a lo largo de los últimos 18 años. Este proceso se ha acelerado en los últimos 2 años.

El ocultamiento que hace el régimen de la información es indignante. Organismos como el Instituto de Estadísticas, el Banco Central y el Ministerio de Salud, entre otros, encubren la realidad y la ocultan al país, aun cuando poseen los registros de incremento de precios, mortalidad infantil y los de la movilización que se produce en puertos y aeropuertos y los datos de los inscritos en los consulados.

La mentira encierra un profundo desprecio por los ciudadanos y un desconocimiento de los derechos humanos fundamentales. Niega el derecho de los jubilados y pensionados, los acuerdos internacionales, el derecho de ejercer el voto y el derecho de acceder a los documentos de identidad: cédula y pasaporte. El régimen está creando ciudadanos indocumentados y ha convertido el derecho a la identidad en fuente de corrupción.

Las estadísticas son un bien público de la democracia. Los organismos están obligados a elaborar y suministrar la información y los ciudadanos tienen el derecho de estar informados acerca de los datos de inflación, la tasa de cambio, el número de homicidios, los niveles de escasez de alimentos y medicinas y los datos de la migración. Cuando se viola el derecho a la información se está violando la democracia y la libertad. Los ciudadanos padecemos a diario esta violación. El régimen no produce datos epidemiológicos, tampoco ofrece información acerca de la inflación o la escasez y cuando algún ministro se atreve a suministrarla pierde su cargo o es acusado de mentir. Como afirma Vaclac Havel, mienten hasta cuando mienten.

El ominoso silencio ante el fenómeno de la diáspora los inhabilita para conectarse con una realidad que niegan y desconocen de hecho: para ellos, el venezolano que migra dejó de existir. Pero no contentos con este desplante imponen todo tipo de trabas y dificultades para que la diáspora envíe medicinas y alimentos a familiares, amigos y personas que necesitan con urgencia de estos suministros. Las medidas adoptadas recientemente constriñen los envíos de estos productos. Poco les importa si en ellos va la vida de un venezolano.

Estas medidas y las que el mundo ha visto en la forma en que invaden el Parlamento o asesinan a quienes expresan su descontento solo se comparan con la que han cometido los ejércitos de ocupación. Las Naciones Unidas, los parlamentos de todo el mundo, la OEA, etc., han solicitado la apertura de un canal humanitario y el gobierno, de manera obstinada, la niega. Sus altos voceros se burlan de los ciudadanos cuando dicen que tal escasez no existe y aseguran que el país está en capacidad de alimentar y proporcionar medicinas a otros países.

Frente a los obstáculos que impone el régimen, las organizaciones de la diáspora despliegan un trabajo silencioso, de hormiguita, y utilizan todos los medios a su disposición para hacer llegar a los venezolanos las medicinas que se requieren para atender las enfermedades crónicas, cubriendo en la medida de lo posible las necesidades de quienes sencillamente carecen de los recursos para adquirir los medicamentos.

El régimen prefiere la muerte y la desnutrición de sus ciudadanos antes que reconocer su total fracaso, el de un modelo que solo ha traído al país hambre, miseria, racionamiento y pobreza.

Quienes han emigrado amparan, en la medida de sus posibilidades, a familiares, amigos y ciudadanos en general a través de diversos medios, como el envío de medicinas, alimentos y remesas (cuyos montos son difíciles de cuantificar debido a que el cambio se produce en el mercado negro) y se desempeñan como verdaderos embajadores. Ya son más de 2 millones de personas las que colocan en alto el nombre del país, ejerciendo las funciones que en teoría le correspondería a las embajadas. Los nuevos embajadores construyen relaciones y tejen nuevas redes personales, institucionales y empresariales que serán de enorme utilidad para la reconstrucción de Venezuela.

Conforme crece el número de embajadores también lo hace el número de embajadas, verdaderos centros de encuentro de ciudadanos venezolanos y de todas las nacionalidades en los que se realizan talleres, conversatorios, exposiciones de pintura y fotografía, lectura de poesías, encuentros de emprendedores y empresarios, presentación de libros y publicaciones, cultura, música, humor, etc., se promueve a los venezolanos y a Venezuela, lo que en teoría correspondería hacer a las embajadas.

La diáspora ha ampliado su know-how o saber hacer, adquirido nuevas competencias y relaciones que han permitido ensanchar el capital intelectual y social, que sumado al que existe en el país permitirá avanzar con relativa rapidez en la reconstrucción de Venezuela y en la recuperación de las libertades.

Lo realmente significativo e importante es su compromiso y deseo de participar en el desarrollo del país, desde allí donde se encuentran, desde sus habilidades y competencias particulares. Con ese fin ha sido concebida la Plataforma de la Diáspora Venezolana: propiciar la participación de ese inmenso potencial en el reto que se avecina. Desde Venezuela se multiplican iniciativas locales, regionales y sectoriales para utilizar el nuevo capital relacional en el desarrollo.

Este espacio que inaugura El Nacional permite dar a conocer los múltiples esfuerzos, iniciativas y proyectos de la diáspora venezolana en todos los ámbitos, así como las diversas organizaciones que han creado alrededor del globo. Es la Diáspora Venezolana en Movimiento, circulando. Organizaciones y personas en los sectores de la salud, la comunicación y la libertad de expresión, las que se han creado para atender las necesidades de la última oleada migratoria, las que asesoran y prestan servicios de inserción a los nuevos migrantes, etc. Este espacio es un medio para continuar abriendo espacios a la diáspora venezolana.

La información no se agota en las organizaciones, programas y proyectos de los que tenemos información en todo el mundo y con el fin de honrar el nombre de la columna los invitamos a participar, dar a conocer su experiencia, para lo que ponemos a la disposición las siguientes direcciones de contacto:

lavozdeladiaspora@gmail.com

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Twitter: @vozdeladiasporavene

Sobre los votos en la consulta popular; por Eugenio Martínez – ProDaVinci – 17 de Julio 2017

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La consulta popular celebrada el 16 de julio fue un evento histórico: no solo por su forma de organización, sino por la simbología política que tendrá en el corto y mediano plazo. Al tratarse de un evento inédito en el país, no existen parámetros de comparación específicos, aunque sí se pueden utilizar algunos hitos de participación y votación pasados para tratar de explicar la abrumadora presencia de venezolanos que acudieron a expresar su opinión.

Sin embargo, el evento de ayer debe verse desde una perspectiva política más amplia que solamente la frialdad de los números. El domingo 16 de julio no se celebró una elección, sino que ocurrió una gigantesca protesta ciudadana dentro y fuera del país.

Como ha ocurrido en otros eventos, la opinión pública puso en las cifras de participación unas expectativas imposibles de cumplir y eso probablemente explique que algunos ciudadanos piensen que la cifra de 7. 186.170 votos con 95% de las actas escrutadas es baja.

En poco más de 15 días se lograron desplegar y habilitar en el país 2.029 puntos soberanos, que albergaban 14.303 mesas de votación. En cada mesa de votación se calculó una votación promedio de 640 personas. Esto significa que dentro de Venezuela la participación máxima que esperaban los organizadores era de 9.153.920 ciudadanos. A pesar de las restricciones que impuso la capacidad instalada, no pocos políticos de oposición afirmaron que se lograría la cifra de 14 millones y, algunos, más conservadores dijeron que acudirían entre 10 y 11 millones.

El segundo dato a tomar en cuenta para la valoración debe ser el aval que los ciudadanos le otorgaban a la consulta. Según un estudio difundido por la firma Datincorp el viernes 14 de julio, 55% de los venezolanos en edad de votar (aproximadamente 11 millones de ciudadanos) avalaban la iniciativa convocada por la Asamblea Nacional: 84% de los opositores estaban de acuerdo con la consulta. La cifra disminuye a 47% cuando se trata de los independientes, mientras que sólo el 10% de los chavistas avalaba la consulta.

Resulta evidente que el aval no implica disposición a votar. Según Datincorp, 44% de los venezolanos (8 millones de personas), estaban dispuestos a participar mientras que Datanálisis aseguraba que podían acudir máximo 7.5 millones de venezolanos. Con este panorama, un proceso inédito con escasa infraestructura, se generó la protesta del 16 de julio.

¿Se podrá comparar la consulta del 16 de julio con la elección de la Constituyente?

Al día de hoy es casi seguro que el Consejo Nacional Electoral (CNE) no ofrecerá datos de participación y abstención en la elección de la Constituyente. Al no participar la oposición en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, la posibilidad de acceder a la información y a la cantidad de electores que acudan a sufragar en el ámbito territorial es reducida. No obstante, lo relevante de la consulta popular no será el número definitivo de quienes participaron sino la conducción política que la oposición le otorgue a la protesta en las próximas dos semanas.

¿Más votos que Maduro?

La consulta popular fue un evento inédito: no existen precedentes para compararlo. Sin embargo existen hitos de participación que se han usado para tratar de colocar en contexto la cifra anunciada en la madrugada del lunes 17 de julio. Nicolás Maduro fue electo presidente en 2013 con el voto de 7.587.780 venezolanos (50,61% de los votos validos), mientras en 2015 la oposición aglutinó el respaldo de 7.707.442 de electores en las elecciones parlamentarias (56% de los votos válidos).

En las redes sociales ya se ha explicado abiertamente la diferencia organizativa entre esos eventos y la consulta popular. Por ejemplo, en las elecciones parlamentarias se habilitaron 14.515 centros de votación y 40.601 mesas, siete veces más infraestructura que la empleada para la consulta popular.

No obstante, la principal diferencia entre los procesos no radica en la infraestructura electoral, sino en el secreto del voto. El triunfo de la oposición en el año 2015 contó con el voto de electores quienes, amparados por el secreto del acto electoral, decidieron sufragar nulo o votar en contra del chavismo: 98% de quienes sufragaron lo hicieron en contra de Maduro. El riesgo de ser identificado probablemente desanimó a muchos electores a participar en la consulta.

El referendo de 1999, llevado a cabo con el fin de aprobar la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), es el evento más parecido (en infraestructura) a la consulta popular celebrada, especialmente porque en ese momento se disponía de 8.403 centros de votación y 20.281 mesas de votación.

En ese referendo 3.516.558 personas votaron avalando la convocatoria de la ANC (92,37% de los votos válidos), y 290.534 (7,63%) votaron en contra, 191.520 votaron nulo y 7.023.429 se abstuvieron. En esa oportunidad el padrón de votantes era de 11.022.031 personas. En otras palabras se puede decir que solo 31% de los venezolanos avalaron la ANC de Chávez.

En este momento el último corte del Registro Electoral (auditado) indica que existen 19.180.465 electores habilitados para sufragar, si se parte de la premisa de que todos los que participaron en la consulta popular están inscritos (lo que es incierto, especialmente por el voto en el exterior). En consecuencia, 37,4% de los venezolanos están en contra de la consulta popular. A partir de este punto se puede hacer interminables cálculos para demostrar que la participación fue mayor o menor que la registrada en anteriores elecciones. No obstante, esta comparación puede ser inadecuada porque el evento del domingo, como se ha indicado anteriormente, no era una elección o un referendo. Fue un evento político de otra naturaleza, que dibuja la hoja de ruta de la oposición en el mediano plazo. La clave no será el número total de participantes (con el 5% que falta por contarse se puede llegar a 7.5 millones de participantes) sino la conducción política que reciba ese grupo de ciudadanos, y quienes no participaron pero rechazan la ANC de Maduro.

El decisivo voto en el exterior

Formalmente el CNE solo reconoce en el exterior a 110 mil electores inscritos. La participación de ayer (693.789 venezolanos) refleja perfectamente la magnitud de la emigración y el impacto que podrían tener esos votos en una próxima elección en Venezuela y, además, demuestra lo estratégica que es la Ley Electoral aprobada en el año 2009, que niega o limita el derecho de estos ciudadanos a participar en las elecciones.

En la elección presidencial del año 2013 la diferencia oficial entre Maduro y Henrique Capriles Radonski fue de 223.599 votos. En ese proceso estaban habilitados para sufragar en el exterior apenas 100.495 venezolanos. 60.832 de estos logró votar, de los cuales sólo el 7% (4.509) lo hizo a favor de Maduro.

Al analizar la participación en el exterior, no se debe olvidar que solo en el sur de La Florida, de Estado Unidos, acudieron a votar 115.519 venezolanos. En 2013 en esta jurisdicción nadie puede ejercer el derecho al voto por la orden del Ejecutivo Nacional de cerrar el consulado ubicado en la ciudad de Miami; tampoco se puede desestimar en España que el CNE solo reconoce a 23 mil electores (cuando ayer participaron 91.985 ciudadanos) o que se acabaron las boletas de participación en Argentina y Chile.

Si todos los venezolanos que se encuentran en el exterior hubiesen podido votar, en la presidencial de 2013 la diferencia y el resultado experimentaría una variación significativa. No obstante, mientras prevalezca la Ley Electoral del PSUV, en su mayoría estos ciudadanos solo podrán participar en algún evento electoral organizado por el CNE si ejercen su derecho al voto en Venezuela.

 

La diáspora venezolana vota contra Maduro por Fran Serrato – El País – 16 de Julio 2017

Cientos de miles de venezolanos residentes en el extranjero atienden la convocatoria de la oposición
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La diáspora venezolana se ha movilizado contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Decenas de miles de personas han votado este domingo en más de 101 países en una consulta no vinculante organizada por la oposición con el objetivo de deslegitimar el régimen chavista y su intención de convocar una Asamblea Nacional Constituyente que se votará el 30 de julio. En Madrid han votado más de 30.000 personas, según los organizadores, el doble que en Barcelona, donde el Ayuntamiento impidió realizar la votación en un centro cívico alegando que no se contaba con la autorización necesaria.

Tan solo en España se votó en 18 ciudades. “Venezuela, libertad”, gritaban este domingo cuatro jóvenes en la Puerta del Sol de Madrid mientras guardaban cola para votar. “Es la última oportunidad antes de ser una dictadura oficial”, aseguraba un votante. En la capital se habilitaron dos puntos con 60 mesas y 500 voluntarios para votar entre las 8.00 y las 20.00. Los organizadores, quienes cifraron en al menos 60.000 los venezolanos residentes en la Comunidad, esperaban unos 30.000 votos.

La consulta de este domingo tiene lugar después de tres meses de protestas constantes en Venezuela que ya han provocado más de 90 víctimas mortales. La mayoría de los votantes acudió a las urnas exhibiendo gorras, camisetas o banderas de su país para reclamar su derecho a realizar esta consulta organizada por la oposición y que no ha contado con el beneplácito del Gobierno venezolano. Por ello, el Consejo Nacional Electoral, órgano competente, no ha facilitado ningún dato de censo.

Mitzy Capriles, la mujer del anterior alcalde de Caracas Antonio Ledezma, actualmente encarcelado y acusado de conspiración, también ha votado este domingo en Madrid; el padre del opositor Leopoldo López lo ha hecho en Roma. “Hoy estamos reuniendo paz al mandar un claro mensaje que [el Gobierno de Venezuela] necesita escuchar”, dijo a Reuters. Según la oposición, también en ciudades como Miami, Bogotá o Ciudad de Panamá la afluencia fue importante.

En Barcelona hubo protestas debido a que el Ayuntamiento de Ada Colau impidió realizar la consulta en un centro cívico alquilado por los organizadores, alegando que no contaban con la autorización necesaria. El concejal del distrito, Agustí Colom, admitió que la sala fue reservada, pero explicó que no se autorizó la consulta en el centro cívico Pere Quart por “la naturaleza del acto, que no es propia de un centro cívico y por su dimensión, con 16.000 personas previstas según la propia organización”. La coordinadora de la consulta y de la Mesa de Unidad Adriana Rubial, respondió por su parte que el centro tenía constancia de qué actividad iba a realizarse. “Explicamos que era para las elecciones, que serían 15 mesas, incluso figura en el concepto de la factura”, aseguraba ayer por la tarde. Señaló incluso que tanto los Mossos d’Esquadra como la Guardia Urbana estaban avisados.

Finalmente, las votaciones se celebraron en la calle. Según los organizadores, más de 14.000 personas acudieron a las urnas para depositar su voto. Rubial aseguró que la organización tomará acciones legales y aseguró que “hasta que ha gobernado Podemos [en referencia al gobierno de Colau] nunca” habían tenido problemas al alquilar locales públicos o privados. “Ha sido una respuesta política”, lamentó y acusó al gobierno municipal de censurar y vetar esta consulta.

Aunque el referéndum no tiene validez legal —ya que el Gobierno no lo reconoce— en las papeletas se realizan tres preguntas aparentemente vinculantes. La primera, si se rechaza la Asamblea Constituyente decidida unilateralmente por Maduro. La segunda, si debe el Ejército intervenir para defender la Constitución de 1999. La tercera y última: si se aprueba la renovación de poderes públicos y elecciones anticipadas. Desireé Rivero, que ha acudido este domingo a votar a la Puerta del Sol en Madrid no tenía dudas: aseguró votar a todo que sí.

 

Venezuela, volver a dónde, volver a qué por Juan Cruz – El País – 8 de Julio 2017

En el último año y medio han llegado a España 29.000 venezolanos. Son parte de la llamada “oleada de la desesperación” que ha huido del país

Domenico Chiappe (44 años, periodista, nacido en Perú, criado en Caracas) deja caer la mirada cuando se le pregunta si imagina su regreso a Venezuela, su país, de donde falta desde hace tres años. “¿Volver? ¿Volver a dónde? ¿Volver a qué?”. Y añade: “En todo caso, los héroes se quedaron adentro”. No tienen forma de salir. Y sufren, como han sufrido los que se han ido, pobreza, desabastecimiento y miedo.

En el último año y medio han llegado a España 29.000 venezolanos, y aquí viven ya más de 300.000, según el Observatorio de la Voz de la Diáspora Venezolana, que analiza los datos del Instituto Nacional de Estadística de España (INE). Tomás Páez, sociólogo de origen canario, coordinador del estudio La voz de la diáspora venezolana (Catarata, 2015), llama a la avalancha del último bienio “la oleada de la desesperación”. Leer más de esta entrada

Nota de prensa diaspora venezolana en México – Asamblea General de la OEA 19,20 y 21 de Junio 2017

Hoy la diáspora venezolana activa y pacífica de Cancún; Quintana Roo, México tenemos la responsabilidad de alzar la voz frente al mundo en nombre de todos los venezolanos que están dentro y fuera de la tierra que nos vio nacer. Hoy somos los representantes de la Venezuela que lucha con dignidad y valentía por liberar de la injusticia y la tiranía a la tierra de Bolívar.

En el marco de la 47 Asamblea General de la OEA que se celebra en Cancún; Quintana Roo, México el 19, 20 y 21 de Junio, nos corresponde reproducir en suelo mexicano el grito de quienes piden libertad pacíficamente en las calles de nuestro país. Trasmitir el llanto de quienes han despedido a sus seres queridos en un aeropuerto a lo largo y ancho del país; o en el asfalto de alguna calle manchada de sangre por haber sido víctima de la violencia y de una represión sin límites.

Hoy somos la voz de cada preso político que se mantiene firme a pesar de la tortura y la injusticia. De cada joven que no ve la posibilidad esperanzadora de un futuro en su país y que está decidido a pagar con su vida por la libertad en un duelo de vivir o morir por ella cada día. De cada madre que deja de comer para poder alimentar a sus pequeños hijos. Hoy, nosotros que estamos lejos pero no ausentes, nos corresponde hablarle al mundo y en especial a los representantes de cada país en este organismo internacional y es por ello que lo hacemos con firmeza.

Les decimos con la fuerza de las convicciones que Venezuela necesita de cada uno ustedes. Necesita de la solidaridad de otros seres humanos. De los hombres y mujeres que están detrás del cargo que ostentan; no como un adorno, sino como una responsabilidad de servir en aras del progreso de la humanidad. Venezuela los necesita del lado de los Derechos Humanos, del lado de la defensa de la vida, del respeto a la dignidad de las personas, de la libertad y de la democracia que garantice la paz en el continente.

Debemos también agradecer la postura del gobierno mexicano y de la mayoría de los países de la región por solidarizarse con la libertad y la democracia en nuestro país. Al Presidente Peña Nieto, al Secretario de Relaciones Exteriores Videgaray y al Embajador de México en la OEA, Luis Alfonso de Alba Góngora, infinitas gracias.

Nuestro país vive las horas más obscuras de su vida republicana. Venezuela no vive una “simple” crisis política. No es un grupo de poder queriendo quitar a otro. No es una ideología contra otra. Venezuela vive hoy una verdadera y profunda crisis humanitaria y de Derechos humanos que ha llevado a la pobreza al 82% de sus hogares y a más de la mitad a la pobreza extrema. Que ha llevado a la desnutrición infantil por encima del umbral de Crisis Humanitaria establecido por la Organización Mundial Salud. Una crisis que ha llevado a más del 10% de los hogares a tener que comer de la basura y que ha desaparecido más del 80% de los medicamentos.

Hoy Venezuela es un país que ve morir a sus abuelos por ausencia de medicamentos y a recién nacidos por la misma causa, además de la ausencia de equipos para su cuidado. La crisis política existe. Existe un golpe de estado continuado y el secuestro de los poderes por el ejecutivo. Existe la criminalización y represión sistemática de la protesta y la disidencia.También existe la tortura en las cárceles políticas del país. Hoy hay más de 300 presos políticos , más de 70 fallecidos por la represión inclemente de las fuerzas de seguridad y los grupos paramilitares armados por el gobierno.

También hoy se le ha prohibido votar al ciudadano y se pretende realizar un proceso constituyente a la medida del régimen y alejado del voto universal, directo y secreto. En Venezuela hoy hay una verdadera Dictadura y quien quiera ser indiferente a ello teniendo el poder de cambiarlo, se convierte irremediablemente en cómplice. Es por eso que hoy alzamos nuestra voz en representación de todos y cada uno de nuestros hermanos en Venezuela y de los que están dispersos por el mundo a causa de la persecución política o por buscar un mejor futuro para ellos y sus familias. Y lo hacemos teniendo la plena seguridad de que nuestro país se levantará para volver a ser ejemplo de Democracia y Libertad en la región; de eso no nos queda la menor duda.

Pero nuestro deber y el de cada persona que tenga la capacidad de hacerlo -como lo son embajadores y cancilleres- es el de acelerar el paso para que ello suceda y de esa manera evitar que más personas sigan muriendo en las calles de Venezuela con el clamor de la libertad en la boca y la bandera tricolor en las manos. Hoy, la diáspora venezolana pacífica y activa de Quintana Roo, México alza su voz por aquellos que no tienen voz, se une a aquellos que si la tienen desde hace 79 díás en las calles de toda Venezuela y al dolor que embarga a las familias de los más de 70 asesinados durante este período.

#OEANoNosDenLaEspalda

#VenezuelaLibre

#SosVenezuela

 

Venezolanos huyen a Estados Unidos en busca de una mejor vida por Por Marilia Brocchetto, Polo Sandoval, Jaide Timm-Garcia – CNN en español – 11 de Junio 2017

Carolina, de 33 años y madre de tres niños, dejó Venezuela con su familia y solicitó asilo en Estados UnidosCarolina vendió su negocio y su coche en Venezuela y usó el dinero para comprar boletos de avión para su familiaUna vez que llenen sus solicitudes de asilo, Carolina y su esposo tendrán que esperar 150 días antes de poder solicitar una permiso de trabajo
La decisión de venir a Estados Unidos no fue fácil. Carolina, de 33 años y madre de tres niños, dijo que tal vez fue una de las decisiones más difíciles de su vida –una que tomó después de muchas noches sin dormir en su departamento de Barquisimeto, en Venezuela.

Aguantando el llanto, recuerda una noche que pasó en el suelo. Se acurrucó con sus tres hijos, orando, mientras las fuerzas del gobierno de Venezuela se enfrentaban con manifestantes tras las paredes de su departamento.

Carolina dice que se emocionó la primera vez que visitó un supermercado estadounidense. Una de las primeras cosas que compró fueron caramelos para sus hijos.

En las calles, manifestantes opuestos al gobierno exigían la renuncia del presidente Nicolás Maduro. Sus protestas fueron enfrentadas con gas lacrimógeno, cañones de agua y balas de goma. Durante esa noche del 11 de abril, tres venezolanos morirían en el área de Barquisimeto.

“Los momentos más difíciles ocurrieron en los últimos días”, dijo Carolina. Ese no es su verdadero nombre. Ella pidió permanecer en el anonimato por temor a represalias contra su familia en Venezuela.

Sentada en un área comercial de Atlanta, cuenta sobre la vida entera que dejó atrás. La boutique que tenía junto con su marido. Los eventos sociales que organizaba. Se acuerda de su familia – su tío, quien actualmente se recupera de un infarto, y su abuela, quien a sus 80 años no tiene nadie que la cuide.

“La llamé una vez y me dijo que lo único que tenía para comer era arroz y mantequilla”.

Venezuela ha sido plagada por la escasez de comida y el aumento de los precios. Los niveles de inflación están en los tres dígitos. En 2016, el venezolano promedio viviendo en extrema pobreza perdió cerca de 19 libras (más de 8 kilos) debido a la falta de alimento. Muchos de sus ciudadanos tienen que saltarse comida, según una encuesta nacional.

La gente exige que el presidente Maduro renuncie y se realicen nuevas elecciones. Las protestas ya llegaron a su tercer mes y han dejado casi 70 muertos.

Carolina, su esposo y sus tres hijos se unirán pronto al creciente número de venezolanos que buscan asilo en Estados Unidos. Los ciudadanos de Venezuela son ahora los mayores solicitantes de asilo en el país, por encima de los ciudadanos de China, México, Guatemala y El Salvador. Esta es la primera vez que los venezolanos encabezan la lista.

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Solicitudes de asilo por país en lo que va del año fiscal 2017 en Estados Unidos, que empezó el 1 de octubre.

Carolina vendió su negocio y su coche en Venezuela y usó el dinero para comprar boletos de avión para su familia. El dinero restante fue utilizado para comprar un pequeño auto y para el depósito de un departamento.

“Sabemos que estamos esperando de cero”, dijo, “es una época muy difícil y tengo mucha tristeza en mi corazón por lo que dejé en Venezuela, pero vale la pena por mis hijos”.

Carolina y su familia llevan menos de un mes en Estados Unidos. Una vez que llenen sus solicitudes de asilo, Carolina y su esposo tendrán que esperar 150 días antes de poder solicitar una permiso de trabajo.

Mientras tanto, dice, se queda despierta hasta tarde hablando con su esposo del poco dinero que les queda.

Sin embargo, Carolina sabe que su familia es afortunada por haber tenido las visas necesarias para entrar a Estados Unidos.

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