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Puntos de protesta de Venezolanos en el Exterior #20M – 15 de Mayo 2018

El día que te vas de Venezuela por Gianni Mastrangioli Salazar – Diáspora Venezolana – 14 de Mayo 2018

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Cuando llega la tan esperada mañana, suena el despertador. Tú estás allí, acostado en la cama, cubriéndote la cara con la cobija para que nadie se dé cuenta de que estás despierto. Legañas de pensamientos: La graduación de universidad que no pudo ser; el cumpleaños de la abuela que quedó por celebrarse; las idas al cine pendientes; las cervezas con tus amigos que no lograron destaparse. La ventana del cuarto donde yaces aún está cerrada.

Acostado, oyes las voces de tus familiares que caminan, esperándote para desayunar. Conversas contigo mismo. ¿Será que me levanto?, ¿qué les digo?, ¿qué les prometo? Irse es una sentencia triste que condena nuestras aspiraciones de permanecer unidos. Es, con la cabeza aún bajo la almohada, nuestra inauguración como emigrantes, calculadores. ¿Qué hora será en Venezuela? ¿Ya habrán comido? ¿Se habrán levantado? ¿Cuánta diferencia es que hay?

Partir es una matemática constante; la urgencia de recortar distancias y de reducir esa estrechez que impide el movimiento libre entre quienes nos queremos. Emigrantes, cuan impacientes somos. Inquietos, aprestados a reflexionar en qué medida se da esta determinación del ser por el tiempo.

Venir a Venezuela es renacer en el llanto, en el cuestionamiento de las circunstancias de contexto. Los venezolanos somos personas que hemos aprendido a valorar y conocer nuestras raíces a través de los desaguisados políticos, del ensayo y error… de la vanidad en el despilfarro.

Experimentamos un proceso de humildad forzada que nos impulsa a digerir los hechos en la crudeza; cuestión que implica, de igual modo, el reconocimiento de nuestros defectos colectivos. Diría Yo, que es algo así como una “pubertad nacional”, en aras de la construcción de ese sistema que, a futuro, permitirá que no estemos cubriéndonos con la cobija. Embargados por la pena.

“Está listo el desayuno. Se te va a enfriar. Mira que hay moscas”. Respiras profundo, abres la puerta y sales.

En la mesa: Arepas tostadas con cicatrices de budare, queso rallado, café guayoyo, aguacate y mantequilla. Una despedida culinaria planificada por el esfuerzo de quienes, con los ojos llorones, se pararon para cocinar la cantidad acostumbrada, por última vez. Tu abuela que montó el agua en la olla, pensando si volverás a verla viva. Tu mamá que amasó la masa preguntándose porqué en este país los hijos sufren como si ellos fuesen las madres. Tu hermano que se fue a buscar el refresco en el carro mientras caía en cuenta que, ahora, las responsabilidades directas de la casa serán suyas. “Sírvete más. ¿Te hacemos perico? Échale más relleno, mira que en el extranjero no encontrarás esa vaina”.

La primera vez que me marché de Venezuela, decidimos ir por allí para tomar y cantar y bailar y olvidar que éramos (somos) infelizmente felices. La Churuata del Conejo, Guatire. Once de la noche. Diciembre del 2015. Mi papá pidió una botella de ron y una ración de tequeños. El lugar fue tomando ese ambiente discotequero de trópico pueblerino y por ende nos paramos a gozar de la salsa. En plena faena de movimientos, el cantante de la música en vivo paró la rumba y dijo:

*Me acaban de decir que aquí, entre nosotros, hay alguien se irá del país muy pronto -al parecer, para la época, todavía la diáspora era cosa de suposiciones-. Sus padres quieren dedicarle una canción para que no se olvide de lo mucho que lo aman. Que la disfrutes.

El tipo se aclaró la garganta y de inmediato conocí esas frases de niño, de cuando nos reuníamos en navidad o después del cañonazo. Era Rubén Blades con su olor a miau y a perfume, recalcándonos que, en el subdesarrollo, todo lo que baja sube. Cantábamos con la saliva confundiéndose con las lágrimas, en un “…cuanto control y cuanto amor/tiene que haber en una casa/mucho control y mucho amor/para enfrentar a la desgracia/por más problemas que existan/dentro en tu casa, por más que/creas que tu amor es causa perdida/ten la seguridad de que ellos te quieren/y que ese cariño dura toda la vida/cuanto control y cuanto amor/tiene que haber en una casa/mucho control y mucho amor/para enfrentar a la desgracia…”.

Familia es familia, y cariño es cariño. “Amor y control”, tremendo clásico de la amargura. Me lo meto en los audífonos cada vez que, en un autobús por Londres, la soledad se pone agresiva. Transcurrida la noche, pasamos del karaoke a la imitación de personajes. Hubo alguien de Juan Gabriel que, mierda, hizo una presentación impecable. Pieza tras pieza, retrocedíamos a la época de canales a bonotes y antenas de gancho; a la película con cinta marrón y a los teléfonos con señales analógicas. Una época que yo no viví por ser de los noventa pero que tengo presente gracias al relato del hogar. Episodios donde todos “éramos felices y no lo sabíamos”, que hoy en día no es sino la promesa que se infunde en la generación que se alza. La Venezuela que fuimos y lo que debemos volver a ser. Tal cual. La experiencia borrosa de una estabilidad ya impensada y que es necesario no dejar de lado, manteniéndola vigente en la consciencia del niño que actualmente mendiga comida en Sabana Grande. Que escucha tiros. Que tiene al papá asesinado.

Aquel que el socialismo le violó las esperanzas.

Aquel que nunca vio en persona las cuñas navideñas, los especiales de RCTV, las hallacas sobrantes del primero de enero, los uniformes nuevos para el año escolar que entra.

Aquel venezolano que no sabe de democracia.

Nuestro Juan Gabriel de tapa amarilla cantó repertorios como ese que dice “te lo pido por favor”. Mi mamá lo vociferaba a tal punto que supuse iba a quedar ronca. Ella estaba al otro extremo de la pista, señalándome con el dedo mientras la canción tarareaba “…pero no me dejes nunca, nunca, nunca, nunca…”. Suena el despertador nuevamente. No sabes cuándo volverás. Semanas antes de partir, me tomé un trago con “tutiri y mundache”, como si hubiera querido grabar en mi mente la curvatura de sus narices, las arrugas debajo de sus ojos y el brillo de sus almas. La mirada triste de una despedida que nadie desea. Me invadió la manía de la observancia; es decir, de la contemplación de los detalles más mínimos.

Pero, en fin, se desayuna. Nadie deja que friegues los platos, si bien tú eras el flojo por no hacerlo. Sucede que estás a punto de irte de tu casa, y en ese momento nuestros errores se reconocen como la peculiaridad de nuestra ausencia. Eso que se extrañará transcurridas las horas.

*Ya es tiempo de que vayamos cogiendo camino. Pa’ Maiquetía se forma cola.

Allí la respiración se paraliza y la verdad te coñacea por la espalda como si estuviésemos hablando de un lumbago. De repente, todo desaparece del apartamento y comienzas a visualizar aquello que será, a partir de ahora, la sombra de tu puesto vacío. Reuniones venideras de unos parientes rotos e incompletos. Los inmigrantes creemos en las cosas del destino. Te montas en el carro. Para mí, el trayecto es de Guarenas a La Guaira, atravesando Caracas por la Cota Mil. No sé por qué pero el asiento de la ventana se me reserva siempre. Necesito reencontrarme con la ciudad que se queda sufriente, con las calles abandonadas por unos acontecimientos que jamás ocurrirán.

Venir a Venezuela es renacer en el llanto, en el cuestionamiento de las circunstancias de contexto. Apago el despertador. Todavía no me he quitado la cobija de la cara; sin embargo, el escenario que me espera continuará siendo el Juan Gabriel que delira emborrachado, el Rubén Blades latino que saca lo bonito de las desilusiones y la ventana oscura con las persianas abajo, tal como nos queda el corazón una vez que despegamos.

El imparable éxodo de venezolanos se extiende en la región por Daniel Lozano – La Nación – 5 de Mayo 2018

Según la OIM, en dos años creció un 900% la diáspora en América Latina, y esperan otro récord tras los comicios
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CARACAS.- Una nueva ola del éxodo venezolano se prepara para desparramarse por todo el continente después de las elecciones del 20 de mayo -en las que se prevé un triunfo del presidente Nicolás Maduro -, según adelantan expertos y sociólogos. Serán miles y miles de emigrantes que agrandarán las estadísticas publicadas ayer por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que concluyeron que el número de venezolanos en América Latina creció un 900% en solo dos años: de 89.000 a 900.000 personas entre 2015 y 2017. A nivel mundial, la diáspora venezolana se estiró casi un 110% en ese período, hasta un millón y medio.

Son cifras oficiales conservadoras frente al aluvión de los últimos meses. Solo en Colombia se estima que ya viven un millón de venezolanos, como desveló el presidente Juan Manuel Santos la semana pasada. La abismal crisis económica y social, y la convicción de que el chavismo mantendrá el control de las instituciones provocaron que el 34,7% de los venezolanos evalúen marcharse de su país.

Según Datanálisis, en dos o tres años se habrá ido de Venezuela el 20% de su población, lo que supone seis de los 30 millones de habitantes actuales.

Por lo menos el derrumbe del país ha traído la solidaridad de buena parte de los países americanos. Los venezolanos, conocedores de las puertas abiertas de los países de acogida, eligen sus destinos de acuerdo con las ventajas laborales y jurídicas. Como la Argentina, que ha visto cómo se ha acelerado el ingreso de los caribeños en los dos primeros meses del año, 363 por día. Según la Dirección Nacional de Migraciones, en enero llegaron al país 10.749 venezolanos y en febrero, 10.695.

El vecino Brasil también mantiene abiertas sus puertas, pese a las dudas suscitadas por la gobernadora del estado de Roraima. La OIM trasladó esta semana a 236 venezolanos, para un total de 500 en dos tandas, desde la frontera hasta San Pablo y Manaos con la intención de descongestionar esa zona limítrofe.

Un esfuerzo mundial

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A las iniciativas de la OIM se sumó el Vaticano, que la semana que viene pondrá en marcha sus “Puentes de solidaridad-Plan pastoral integrada para asistir migrantes venezolanos en Sudamérica”.

Se trata de un plan de asistencia auspiciado por la Secretaría de Desarrollo Humano Integral del Vaticano, en la que intervienen ocho conferencias episcopales y que se mantendrá bajo la órbita directa del papa Francisco.

El Santo Padre mostró su preocupación por la diáspora venezolana, incluso con palabras directas dirigidas a su pueblo “que vive en una especie de tierra extranjera en su propio país”, para que “encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime”. El gobierno de Caracas no se dio por aludido; incluso Maduro mostró su satisfacción porque el Papa “puso a la derecha en su lugar”.

El Pontífice realizó un seguimiento casi personal de la crisis, como pudo comprobar LA NACION en la ciudad fronteriza de Cúcuta durante la apertura el año pasado de un comedor en la parroquia de San Antonio de Padua para los emigrantes que llegan hasta allí casi desfallecidos. Francisco se contactó con el obispo del norte de Santander para preguntar por los resultados alcanzados en el primer fin de semana, donde se desbordaron todas las previsiones.

Esfuerzos de unos y otros ante lo que la OEA definió como una crisis humanitaria sin paliativos. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) también ultima un plan de distribución urgente de víveres a través de tarjetas cargadas con dinero, para 350.000 personas. El presupuesto para llevarlo a cabo se eleva a 46 millones de dólares.

Y también hay países que hacen todo lo contrario, como Trinidad y Tobago. El gobierno caribeño llegó a un acuerdo con el venezolano para deportar a casi un centenar de indocumentados por violar las leyes migratorias.

Fue una decisión muy criticada por los organismos defensores de los derechos humanos, que rechazaron la decisión de los dos gabinetes y que volvió a sacar una vez más a la luz las penurias que sufren estos emigrantes. Según la investigación realizada por Datanálisis, el 80% de los venezolanos en el exterior afirma que está en situación irregular o informal y que no tiene visa de trabajo o permanencia.

De ellos solo el 10% está inscripto en el padrón electoral venezolano y puede votar, algo que forma parte de la falta de garantías democráticas para las elecciones del 20 de este mes. Históricamente el chavismo dificultó al máximo el voto de los emigrantes, cerrando incluso el consulado de Miami, que era el que más votantes reunía.

El chavismo se vio obligado a cambiar de discurso ante la evidencia mundial de la diáspora.

Tras muchos meses de asegurar que el flujo humano era al revés (de Colombia hacia Venezuela), la revolución acusó ahora a una extraña conspiración de engañar a los venezolanos que se veían empujados a abandonar sus hogares.

Maduro ordenó posteriormente a sus ministros la elaboración de un plan para repatriar a los emigrantes “que lo hayan perdido todo y quieran volver a trabajar, tener su negocio, tener su empresa, tener sus cosas”.

Un comentario irónico del “hijo de Chávez” sobre los venezolanos que van a Miami a “lavar pocetas (inodoros)” provocó un fuerte repudio en el país, lo que llevó al presidente a retractarse un mes después. “Todos los que quieran regresar a su patria que regresen, yo los espero con un abrazo de amor”, aseguró el jefe del Estado.

 

La discusión pública sobre la diáspora venezolana por Andrés Cañizález – ProDaVinci – 3 de mayo 2018

5469cb8602ab45e32cce9ffd3bee74b7_lEscribir, académica o periodísticamente, sobre la diáspora venezolana constituye un desafío. No hay cifras oficiales en Venezuela sobre el fenómeno. Incluso el discurso de los altos funcionarios busca restarle importancia a la salida de venezolanos en busca de oportunidades en otros países o se les descalifica. Lo que fue una práctica esporádica durante los años de Chávez en el poder, en los años de la presidencia de Nicolás Maduro se ha hecho una política: el régimen no brinda información pública en temas que considera sensibles. La emigración es uno de ellos.

En 2014 la prensa internacional percibe la magnitud del fenómeno y de forma casi coincidente en el tiempo se publicaron trabajos en El País y ABC, ambos diarios españoles, y en el portal británico BBC Mundo. Precisamente en uno de estos trabajos se constata que Venezuela dejó de publicar datos migratorios desde el año 2000, es decir apenas en el segundo año de Chávez en el poder. En otro escrito se presenta la cifra de un millón y medio de emigrados, para ese momento, cotejando datos de estudios académicos y estadísticas de los países receptores.

En ese entonces 260.000 residían en Estados Unidos, 200.000 en España, 110.000 en Portugal y 50.000 en Colombia. No está dicho en el texto de ABC, pero en el caso de los últimos tres países mencionados se trataba del retorno a la tierra de sus padres de venezolanos hijos de españoles, portugueses y colombianos. Por su parte, en el trabajo de BBC Mundo se confirmaba el clima migratorio con el aumento de las colas en las oficinas públicas, en Caracas, para trámites oficiales de apostillamiento de títulos de estudios universitarios, así como la multiplicación que se observaba en charlas informativas y de asesoramiento sobre cómo emigrar.

Entre el último trimestre de 2017 y los primeros meses de 2018, se hizo patente la crisis migratoria con la salida masiva de venezolanos ya no por vía aérea -como ocurría una década atrás-, sino saliendo por tierra y haciendo recorrido de miles de kilómetros en autobús. De Caracas a Lima la distancia es de 4.500 kilómetros, y para llegar desde Caracas a Santiago de Chile se deben recorrer 7.800 kilómetros.

Para los altos funcionarios de Venezuela, sin embargo, no existía tal éxodo. En octubre de 2017, por ejemplo, el Defensor del Pueblo de Venezuela, Alfredo Ruiz, negó que Venezuela sea un “país de emigrantes” y, por el contrario, afirmó que es mayor la cantidad de personas que ingresa al territorio que la que emigra. En esa oportunidad, si bien admitió que sí había venezolanos que salían del país, los catalogó de “jóvenes de clase media” para restarle importancia al fenómeno.

En los primeros días de 2018, en tanto, el propio presidente Nicolás Maduro insistió en la tesis oficial de que son más los que ingresan a Venezuela que los que salen del país. Descartando que venezolanos estuviesen cruzando la frontera para ir a buscar medicinas en Colombia, Maduro aseveró que “en Táchira, Zulia y Apure (estados venezolanos limítrofes con Colombia) miles de pacientes colombianos cruzan la frontera para atenderse, operarse aquí, atenderse una gripe, atenderse una catarata, buscar las medicinas en Venezuela”. Ni lo dicho por Ruiz ni lo asegurado por Maduro puede ser corroborado o contrastado justamente porque el Estado venezolano dejó de brindar cifras migratorias.

No sólo se niega la existencia del fenómeno, no se admite la diáspora, sino que también el discurso oficial en Venezuela apela a la descalificación de los migrantes venezolanos y de los trabajos que realizan fuera del país. En una declaración que levantó bastante polémica Maduro admite que se han ido personas del país: “Sé de muchos que la propaganda (enemiga) les llenó la mente, se fueron y están arrepentidos. No sabes cuánta gente está lavando pocetas en Miami ¿tú te irías a lavar pocetas en Miami? Yo no dejaría mi patria jamás”.

Este discurso, en teoría, buscaba tenderle un puente a los migrantes, ya que Maduro hablaba de que éstos regresen a Venezuela. Pero mensajes de este tipo cierran la posibilidad de un diálogo ya que ubica a los migrantes como incapaces de distinguir entre lo real de lo que es propaganda, asimismo insiste en la caricaturización del trabajo hecho por el foráneo en la sociedad estadounidense, en donde están afincados el mayor número de venezolanos.

Las cifras oficiales que están ausentes en Venezuela, han tratado de ser suplidas por estudios de opinión y estadísticas públicas en los países receptores. En la Encuesta Condiciones de Vida del Venezolano, que ejecutan tres universidades del país (UCAB, UCV, USB) se introdujo la pregunta sobre cuántos familiares han emigrado en los últimos 5 años. Como resultado hay una estimación de que entre 2012 y 2017 se establecieron fuera del país un total de 815.000 venezolanos. Los investigadores reportan que la mayor concentración de hogares que confirmaron tener emigrantes está en Caracas (la capital) y en las ciudades principales, siendo el 60 por ciento de los casos. Sin embargo, un dato llamativo de cómo ha variado el fenómeno, atravesando al conjunto de la sociedad venezolana, lo constituye éste: el 12 por ciento de los hogares con emigrantes corresponde al estrato más pobre, según los resultados difundidos en marzo de 2018.

Desde el 2016 los venezolanos se van fundamentalmente a Sudamérica: Colombia, Chile, Perú, Ecuador y Argentina. En esto último influyó tanto la condición económica de los migrantes (sin posibilidades de pagar pasajes de avión en muchos casos), como la propia crisis que vive el sector aeronáutico en Venezuela con una reducción del 80 por ciento de los asientos de vuelos internaciones entre 2013 y 2018.

La preocupación cada vez más patente de los gobiernos de otros países y de organismos internacionales deja en evidencia que se está, con la diáspora venezolana, ante un problema de envergadura regional. Tras largos meses de silencio, por ejemplo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) lanzó en abril de 2018 un plan de acción regional en 17 países de América Latina para ayudarlos a gestionar el flujo de venezolanos que abandonan el país. Los países beneficiarios son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Venezuela, Costa Rica, República Dominicana, Guyana, Panamá, México, Aruba, Curazao, Bonaire, Trinidad y Tobago. Se asignaron 32,3 millones de dólares de financiamiento para este plan, el cual constituye toda una novedad al tener a la emigración venezolana como foco de atención de la OIM. De acuerdo con este organismo especializado, en los últimos dos años (2016 y 2017) un total de 1,6 millones de venezolanos ha salido de Venezuela para residenciarse principalmente en otros países de la región.

En una visita en marzo de 2018 al Puente Simón Bolívar, que separa a Colombia y Venezuela, el director del Programa Mundial de Alimentos, David Beasley, corroboró que más de 40 mil venezolanos cruzan diariamente a pie por este punto la frontera binacional. No todos estos venezolanos tienen planes migratorios, ya que un alto número sencillamente van a Cúcuta, la ciudad colombiana más cercana para comer y luego retornar a sus casas en Venezuela.

Colombia ha obtenido ayuda internacional para atender esta crisis humanitaria. Estados Unidos donó 16 millones de dólares distribuidos entre ACNUR y los gobiernos locales en las fronteras colombiana y brasileña con Venezuela, dado que se han establecido albergues y lugares de acogida para venezolanos. La magnitud de la diáspora venezolano ha ocupado a gobiernos distantes geográficamente, pero sensibilizados con las crisis humanitarias, tal como Noruega que también donó un millón de dólares al gobierno de Juan Manuel Santos para que Colombia atienda a los venezolanos que cruzan en forma precaria la frontera.

El problema migratorio venezolano existe, de eso no cabe ninguna duda, por más que los voceros oficiales desde Caracas intenten minimizar la magnitud del fenómeno o descalifiquen a los migrantes. La crisis económica irresoluta, que se agrava con el pasar de los meses, hace prever que la diáspora crecerá seguramente en 2018 y 2019. Con un estimado de inflación, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), de 13.864,60 por ciento para este año y de 12.874,60 por ciento para 2019, junto a una caída del Producto Interno Bruto (PIB) que el FMI estima en 15 por ciento para 2018 y de 6 por ciento para 2019, Venezuela está literalmente en medio de una profunda debacle que seguirá alimentado la salida masiva de venezolanos.

Diáspora de #Venezuela se organiza en más de 200 ciudades para protestar el 20M – Justicia para Venezuela – 3 de Mayo 2018

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Después de años de injusticias, la diáspora venezolana y la comunidad internacional expresan, a través de un protesta mundial llamada #JusticiaParaVenezuela, su descontento por las violaciones de derechos humanos que ocurren en el país.

Canada Venezuela Democracy Forum, Diálogo por Venezuela, Lucha Democrática, Recivex, Unión Canario-Venezolana, Veppex, entre otras organizaciones de la sociedad civil de la diáspora venezolana convocan a los más de 3 millones de venezolanos en el exterior a manifestar el próximo 20 de mayo.

“En total seremos mas de 200 ciudades alrededor del mundo donde los venezolanos nos uniremos para expresar su descontento ante la grave crisis humanitaria que vive Venezuela”, explicó Soraya Benitez, presidenta de Canada Venezuela Democracy Forum.

A su juicio, el mundo solo se moverá si los venezolanos son los primeros en hacerlo. “La grave crisis que afronta Venezuela y el régimen que la gobierna hacen perder la esperanza, pero no nos harán bajar la cabeza”, agregó.

Esta protesta tiene como objetivo recolectar la mayor cantidad de firmas de venezolanos y ciudadanos del mundo, para instar el cumplimiento de tres puntos fundamentales en temas de derechos humanos ante países aliados que han demostrado disposición en ayudar respecto a la situación de crisis de derechos humanos en Venezuela.

El primero es el desconocimiento global de la votación convocada por la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente que será realizada el próximo 20 de mayo en Venezuela

El segundo será instar a la implementación de mecanismos de solidaridad por parte de países receptores de migrantes venezolanos como bien lo declaró el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en marzo del presente año.

La tercera acción es instar al menos a uno de los 160 miembros del Estatuto de Roma para que refiera el caso de Venezuela ante la Corte Penal Internacional, y se pueda dar inicio a la etapa formal de investigación con el fin de establecer los responsables de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Venezuela.

“Los más de 160 fallecidos en las protestas de 2017 asesinados por agentes de seguridad del Estado; las aproximadamente 15.000 personas heridas en dicho periodo de protestas y los más de 12.000 ciudadanos detenidos arbitrariamente entre 2014 y 2017 son razones suficientes para tomar cartas en el asunto. Estas son cifras devastadoras de la crisis venezolana, que los llaman a moverse, firmar y hacer todo lo necesario para buscar #JusticiaParaVenezuela”, concluyó Benitez.

Esta protesta también cuenta con el apoyo de las organizaciones Lucha Democrática, Visión Democrática, Venezuelan Human Rights, Red Activista x Venezuela y Seamos Una Voz por Venezuela.

Desde la iniciativa Justicia para Venezuela se invita a toda la sociedad civil venezolana que hace vida en la diáspora a ser actores del cambio, si quieres saber dónde estarán estos puntos en tu ciudad y además, estás interesado en sumarte a esta iniciativa, podrás hacerlo a través de http://www.justiciaparavenezuela.com. Esta invitación es abierta a todos las organizaciones, movimiento, plataforma o partido político en Venezuela o el mundo que quieran #JusticiaParaVenezuela

Emigró para llevarse después a sus nietos y ya casi lo logra – Venepress – 30 de Abril 2018

Ella y su hijo conocieron mucha gente en un trayecto que le dijeron duraba cuatro días hasta Argentina, pero le llevó 10 pasando susto

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Esta es la historia de una abuela y su hijo, quien se lanzó por carretera de Caracas hasta Buenos Aires, con el fin de instalarse y llevar luego a sus cuatro nietos para que tuviesen otra vida.

Tiene ya un año en Argentina y todavía no lo ha hecho, pero va en camino de lograrlo pronto.

Ana Victoria Rodríguez, de 59 años, estudio mercadotecnia aunque nunca ejerció eso en Venezuela. Ella tenía un buen empleo en Venezuela como analista de licitaciones con una contratista de Pdvsa, no necesitaba emigrar.

Decidió hacerlo no por ella misma sino que un día conversaba con su nieta Valentina, quien sí se lo proponía debido a que sentía angustia por lo que ocurría en el país.

Le prometió que se iría ella adelante y luego la llevaría adonde pudiese estudiar normalmente.Lo planificó poco a poco. Ubicó personas en Facebook para obtener información y gestionó las apostillas y demás recaudos.

Conviasa no tenía entonces vuelos a Argentina y Copa era inaccesible. Se decidió a ir por tierra, con una bitácora de cuatro días hasta allá. Buscó información sobre ese proyectado viaje, consultando a personas que lo hubiesen hecho antes, pero nada previó las cosas que le ocurrieron.

Ella con su hijo, el 13 de marzo de 2017 partieron desde el terminal de La Hoyada Caracas y al día siguiente llegó a Puerto Ordaz con sus maletas.

No tenía dólares, reuní bolívares para poder cambiarlos por reales en Brasil, y en Argentina eran pesos. Tenía 7 millones de bolívares, era bastante plata. Cambié a 900. Hice los cambios en una línea. Continuamos a Boa Vista, Brasil, me vi con un conocido por Facebook le hice transferencia y me los dio después, Nos llevó a su casa nos prestó alojo y nos pudimos bañar en su casa, desde Boa Vista fuimos a Manaos.

Fue solo la primera parte del periplo, que tendría muchos contratiempos, aunque ella lo recuerda como muy divertido.

Llegamos a Manaos en la mañana, teníamos que confirmar hasta Porto Velho pero no había paso por tierra porque hubo un deslave. El viaje sería por aire o por barco. Fuimos hasta el aeropuerto, Pero las reservas de inmediato son muy costosas, y no pude pagar. Nos quedaba solo la opción del barco.

Ana Victoria llegó llorando porque le dijeron que eran cinco días de trayecto. “Era lo que había no podíamos hacer más nada. Tomamos un taxi hasta el puerto para comprar los pasajes. No conocía la moneda y me cobraron más de lo debido. Tomamos un bote nos cruzó el río hasta el barco. Con la desesperación por lo de los cinco días, sin comunicación. Hablé con el capitán y me prestó su wifi y pude hablar con mi familia para que no se preocuparan por cinco días”, contó.

“En la noche llegaron venezolanos, salimos a conocer como era Manaos, y comprar hamacas porque no era sino barco de pasajeros sino de mercancía, y a pesar de la cantidad de días la pasamos muy bien. Fue el mejor viaje que tuve”.

Comenzaron a navegar por el río Amazonas. Allí conoció a mucha gente. “El tercer día del viaje un motor se dañó y no hallaban como repararlo, y después de cuatro horas en alta mar pudo el barco continuar el rumbo”, cuenta Ana Victoria. Ese fue el episodio negativo de la travesía porque la gente con la que se encontró hizo el viaje placentero. Se ayudaron todos entre sí. Unos iban a Chile y otros a Argentina.

“Pasamos a Bolivia, nos desprendimos todos. Lloramos y nos abrazamos y deseamos suerte.

Seguimos el trayecto por tierra, rodando y rodando. Me bañaba como podía, comíamos lo que podíamos, no podía comer porque era costosísimo, el viaje era para cuatro días y ya llevaba 10, los gastos fueron muchos. Fuimos a los tropiezos, mucha gente colaboró con nosotros”.

“Usted debe devolverse”

Ese mismo día 10 llegó a la frontera con Argentina, a Villazón. Sellamos los pasaportes en cola, estando allí cuando me tocó mi turno me preguntaron por mi bolsa de viaje. Tenía solo 3 mil pesos, el hombre me dijo que no tenía bolsa de viaje y tenía que regresar. Había conocido a una peruana con muchos años en Argentina hicimos empatía durante el viaje. La señora se quedó con nosotros, iba detrás de mí en la cola, al ver mi angustia que no tenía ni para regresarme. Llegó esa señora y dijo que era mi tía, sacó los dólares y las tarjetas de crédito. Por eso el funcionario me selló el pasaporte y se lo selló a mi hijo. Finalmente pude cruzar la frontera de Argentina, llegamos el 27 de marzo a 10 am, nos esperaba un sobrino. Llegamos destrozados pero con fe a Buenos Aires donde fui recibida por un sobrino, con quien vivimos durante el primer mes”.

La estabilidad en Argentina

Ana Victoria y su hijo están trabajando ambos ahora. Su hijo lo hace en la provincia de Pilar, para una empresa que cultiva champiñones, donde ha ido escalando posiciones.

“El tema de la edad aquí es muy importante, yo hago cosas que no pensaba. Cuido a un anciano de 10 pm a 10 am y me pagan muy buen salario. Tengo además tres días de limpieza a la semana. Gracias a eso hemos ido ahorrando, la estabilidad completa la tendremos cuando tengamos a toda la familia, aquí. Tenemos limitaciones nuestro objetivo es traer a mis cuatro nietos, a mi nuera, y poder establecernos y que estudien en su universidad y su secundaria”.

Ella está contenta con Argentina. Siente que los nativos los tratan bien y que “están contentos de que estemos acá”. En los sitios donde limpia “nos ven como una integrante más de la familia, no me he sentido humillada en ningún momento. Hemos podido ayudar a nuestra familia en Venezuela, a quienes enviamos mensualmente una mesada para que cubran ciertos gastos. Escogimos el mejor país para emigrar y sé que mis nietos aquí tendrán futuro”, concluye.

 

¿ Regresar a Venezuela? por Eddie A. Ramírez S. – Noticiero Digital – 1 de Mayo 2018

UnknownUlises venció múltiples obstáculos para regresar a su Ítaca, donde lo esperaban Penélope, sus tierras y su perro ¿Querrán regresar al país los millones de venezolanos que tuvieron que huir, unos por la persecución política, otros por el acoso del hampa incentivada por el régimen o por la ineptitud y corrupción del mismo, que ha ocasionado escasez de empleo, de medicinas, comida, repuestos, agua y energía eléctrica? Unos han sido exitosos en el exterior, después de comerse las verdes. Otros no tanto, pero sienten que están mejor que en su destruido país y aspiran a mejorar gradualmente.

Quienes tuvieron que buscar refugio en otros lares en tiempos de Guzmán Blanco, aspiraban regresar porque el autócrata había realizado obras, al menos en Caracas, que hacía atractivo el retorno. Por ello, leemos con emoción la “Vuelta a la Patria” de Pérez Bonalde, quien retornó pese a tener éxito en Europa. ¿Estarán algunos ansiosos de instar al postillón a “agitar el látigo”para apresurar la llegada, como narra el bardo?

Juan Vicente Gómez obligó a muchos a irse al exilio. Todos ellos estaban ansiosos de regresar después de la muerte del dictador. Estaban enterados de que se habían construido numerosas carreteras que comunicaban todo el país y que un nuevo maná, llamado petróleo, permitía un crecimiento acelerado.

El dictador Pérez Jiménez exilió a muchos venezolanos. Todos regresaron, no solo porque había vuelto a florecer la democracia, sino porque el oro negro había proporcionado un crecimiento vertiginoso. Venezuela se constituyó en el Dorado para millones de inmigrantes, los cuales dieron un impulso importante a nuestro país. Una excelente amiga, gran luchadora, cuenta que en esa época su padre vasco se vino a explorar aquí la posibilidad de una nueva vida y, a los pocos días, escribió a su familia que se viniera lo antes posible ya que “esto es un paraíso”.

Hasta mitad de la década de los setenta fuimos un polo de atracción. Los grandes errores cometidos en la política económica y la mentalidad rentista de los venezolanos propiciaron el declive. Se impuso la molicie sobre el hábito del trabajo. La sobrevaluación del bolívar permitió darnos lujos no acordes con nuestra baja productividad. Los proyectos de la Gran Venezuela de Carlos Andrés se basaron en la premisa de que el precio del petróleo aumentaría indefinidamente y por ello era conveniente endeudarse. Es decir, el mismo pensamiento de Chávez, quien predicaba que el precio llegaría a doscientos dólares el barril.

Como el crecimiento planteado no era sustentable, empezaron a quebrar empresas que no tenían ventajas comparativas, ni competitivas. Ante el aumento de la población y de las necesidades, el ingreso petrolero ya no alcanzó para satisfacer los requerimientos. Se incrementó la pobreza. Se acabó la “ilusión de armonía”, como advirtieron Naím y Piñango.

Con el ascenso al poder de una cuerda de resentidos, ineptos y corruptos, que todavía no digieren la caída del Muro de Berlín, ni la apertura capitalista de Rusia y China, el país entró en una espiral de deterioro. Quebraron todas las empresas del Estado, inclusive la gallina de los huevos de oro, debilitaron al sector privado y lograron establecer una dictadura totalitaria ligada al narcotráfico y al terrorismo islámico. Como consecuencia, se ha producido una diáspora nunca vista en nuestro país. Inicialmente, por persecución política, se tuvieron que ir los petroleros. Poco a poco empezaron a emigrar médicos, profesores y otros profesionales. Ahora se están yendo plomeros, electricistas, carpinteros y cualquiera que tenga la posibilidad, inclusive algunos malandros.

¿Será posible recuperar a Venezuela y que al menos parte de esa diáspora regrese? Creemos que sí. Una vez que hayamos salido de este régimen por la vía que sea, pero será necesario que la mayoría de nuestros políticos cambien de mentalidad. Que tengan el coraje de reconocer que el Estado es un fracaso como administrador de empresas y que el sector privado no es mandinga. Es decir, tendrán que privatizar todas las empresas, además de disminuir drásticamente el número de empleados de la administración pública. Aceptar el ingreso de inversión privada, solicitar nuevos préstamos, dar prioridad a la agricultura y a la pequeña y mediana industria. Mejorar la seguridad personal y jurídica. Castigar la corrupción. Crear confianza y sincerar la economía.

Los ciudadanos de a pie deben aceptar que es necesario trabajar muy duro, que deben exigir derechos, pero también cumplir deberes. Que ya no hay campo para la “viveza”criolla. Maduro, corresponsable de la emigración, ahora ofrece un programa que llamó “Vuelta a Venezuela”. Desde luego que mientras él y su pandilla sigan en el poder nadie regresará. Una vez que salga, sí será posible recuperar a Venezuela. No será fácil y requerirá mucho tiempo, pero se pueden crear las condiciones para propiciar el regreso a Ítaca.

Como (había ) en botica: Venezuel debe pagarle a la petrolera Conoco-Phillips algo más de dos mil millones de dólares. No solo perdimos innecesariamente esa suma, sino también a un buen socio y todavía está pendiente otro arbitraje. Repudiamos las torturas y encarcelamiento a Vasco Da Costa ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Refugiados venezolanos y vascos retornados, “una diáspora a la inversa” por Beatriz Sotillo – Deia – 15 de Abril 2018

Desde 2016 el número de personas llegadas de Venezuela que se han establecido en Euskadi se ha duplicado

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Dos centenares de personas que han vivido y trabajado en Venezuela, más de la mitad de ellas nacidas en Euskadi y de vuelta tras jubilarse, están atravesando una situación dramática a la que no se ve una fácil solución. Estas 200 personas -que podrían ser más porque no hay datos oficiales- llevan casi dos años y medio sin recibir la pensión a la que tienen derecho porque el gobierno de Nicolás Maduro decidió dejar de abonar estas prestaciones y hace oídos sordos a las reclamaciones de un colectivo que en el Estado español llega a las 9.000 personas.

Junto a estos pensionados venezolanos obligados a vivir de la solidaridad de familiares y amigos y a pedir ayudas sociales hay otro grupo creciente de personas que también han venido desde Venezuela huyendo de la crisis económica, social y política de aquel país. Son los nuevos inmigrantes o refugiados, porque en muchos casos están pidiendo asilo;personas de entre 30 y 50 años, con diversos perfiles profesionales, que forzados por la falta de expectativas, la represión política y la falta de derechos invierten los flujos migratorios que hace años llevaron hasta Venezuela a muchos vascos. Debido a esta “diáspora a la inversa” el colectivo de venezolanos en Euskadi, muchos de ellos con progenitores vascos, se ha duplicado desde 2016, mientras que se estima que en el resto del Estado español la inmigración procedente de Venezuela se ha triplicado.

“El Estado español registra desde hace tres años una inmigración creciente de venezolanos y Euskal Herria también ha visto crecer las llegadas desde Venezuela. Muchos son jóvenes, porque ha habido un éxodo de jóvenes muy importante. Se calcula que más de tres millones de personas han salido de Venezuela en los últimos 20 años y probablemente la mitad de esa cifra lo ha hecho en los últimos cinco años. Junto a esas personas jóvenes también está llegando gente de 50 o 60 años que se han tenido que ir porque en Venezuela no ha medicinas, apenas hay comida y para conseguirla tienes que pagar precios exorbitantes porque hay hiperinflación. Este año se estima que la inflación en Venezuela está en el 13.000% . Las personas de más de 50 años que han venido no consiguen trabajo porque aquí no se contrata a casi nadie de más de 50, y menos aún si vienes de fuera. Estas personas viven un drama. Mucha de la gente joven que está saliendo de Venezuela en los últimos meses lo hace en autobús ya que ni siquiera pueden comprar un pasaje de avión. Están yendo a Colombia y de allí van bajando hacia Chile, Argentina y Perú. Los jóvenes están logrando contratos para algún tipo de trabajo, pero los de más edad están pasando un mal trago”, explica Iñaki Gainzarain, un vasco-venezolano retornado que desde una asociación está buscando soluciones para los que han dejado de recibir su pensión.

EL DOBLE DE PERSONAS

Egleé Torres, presidenta de la Asociación de Venezolanos en Navarra, confirma el fuerte incremento registrado en la llegada a Euskadi de personas que huyen como pueden de Venezuela y apunta que en el último año ha habido un aumento del 34% en las solicitudes de asilo. Egleé cuenta que en Cáritas de Iruñea, “que es el organismo que hace la introducción para quienes solicitan asilo, les citan para darles información en grupos de 30 personas y en cada grupo de 30, 24 son venezolanos”. “Ahora mismo -añade- los venezolanos somos los segundos en solicitudes de asilo en España, por detrás de Ucrania y por delante de los sirios”.

La presidenta de la asociación navarra, que es muy activa en la búsqueda de soluciones y oportunidades para los refugiados y el envío de ayuda -fundamentalmente medicamentos y material sanitario- para los que siguen en Venezuela, explica que la importante llegada de venezolanos a las comunidades autónomas vasca y navarra se debe a que “muchos están retornando”. “Son personas -dice- que se fueron hace años, o cuyos padres y abuelos emigraron, vivieron en Venezuela y están retornando. Hay muchas personas con raíces vascas, otros han venido porque en alguna ocasión conocieron o les han hablado de que aquí hay calidad de vida… sí, entre los venezolanos que ahora están en Euskadi hay retorno, hay herencia, hay relación previa con esta tierra. Además, la gente que ya estamos aquí y tenemos familiares en Venezuela, estamos haciendo lo imposible por traerles, y también hay muchas personas tratando de ayudar al primo, al amigo… que hacen lo que pueden para se salven”.

Las asociaciones que agrupan a esta nueva diáspora proponen soluciones individualizadas y acceso a los programas de ayudas sociales tanto para los refugiados y los inmigrantes, como para los pensionados, porque entre ellos hay situaciones diversas, pero cada vez se dan más casos de personas que llegan, como dice Egleé Torres, “con una maleta, una carga emocional importante y un desarraigo muy sentido”. “Aquí hay gente que trabajaba en los organismos de seguridad del Estado y se negaron a cumplir órdenes del Gobierno, hay personas que han sido víctimas de secuestros y han huido como han podido, hay gente que ha venido porque ha sufrido persecución o amenazas, gente que ha perdido el trabajo porque no son chavistas, que pudieron vender sus cosas reunir un dinero y venirse pero con la situación económica que se vive allí viene mucha gente que se ha quedado sin nada por el camino”, explica. Según Egleé Torres, la migración venezolana actual es “muy vulnerable” y “se parece a la que viene en patera desde África o a los cubanos que iban a Miami”.

LOS MAYORES

Muchos de los pensionados y jubilados venezolanos que desde hace más de dos años no reciben su pensión han creado asociaciones en varias comunidades autónomas, empezando por aquellas en las que reside un mayor número de ellos: Galicia, Asturias, Madrid, Comunidad Valenciana, Aragón y Catalunya. En Euskadi se ha creado AsoPenJubBilbao, que agrupa los afectados que residen en la CAV, Nafarroa, Cantabria y La Rioja. El objetivo común de todas estas organizaciones, que se han unido en una federación, es buscar soluciones y ayudas para miles de personas que “tras trabajar toda su vida en Venezuela ahora se encuentran en la indigencia”.

Iñaki Gainzarain puntualiza que prácticamente dos tercios de esos 9.000 pensionados han nacido en el Estado español, muchos en Euskadi, pero sus ingresos económicos dependen del Instituto Venezolano de Seguros Sociales, que a finales de 2015 dejó de abonarles las prestaciones. Según Gainzarain, la razón última de este impago de pensiones a quienes residen fuera de Venezuela está en la situación de quiebra del estado bolivariano. “El sistema que se utilizaba para pagar las pensiones estaba basado en el tipo de cambio de la Divisa Protegida que era el que manejaba el estado para sus operaciones hasta hace unos meses y que era de 10 bolívares por dólar. La pensión por vejez en Venezuela se sitúa un poquito por debajo del sueldo mínimo venezolano, de forma que cambiada a la tasa de 10 bolívares por dólar, hasta hace cuatro o cinco años los pensionados que vivían aquí estaban cobrando poco menos de 400 euros mensuales regularmente. Pero el gobierno fue entrando en un proceso de inflación y fue ajustando el sueldo mínimo, ahora hay una situación de hiperinflación, y llegó un momento en que Venezuela pagó hasta 1.200 dólares en un mes por una pensión, porque como pagaban a razón de 10 bolívares el dólar y el sueldo mínimo eran 12.000 o 13.000 bolívares… eso era inviable mantenerlo. El sueldo mínimo ahorita es un millón de bolívares, así que tendrían que pagar como pensión 100.000 dólares”.

En enero de este año se suprimió la Divisa Protegida y la situación para los pensionados fuera de Venezuela también sería dramática si llegaran a cobrar sus pensiones con el cambio actual. “Si ahora el Gobierno de Maduro depositara la pensión de un venezolano que vive fuera -indica Iñaki Gainzarain- como se la deposita a los que viven allá, abonaría una cifra que no llega a los 600.000 bolívares y si cambias esa cantidad en el mercado paralelo, donde el euro está a 300.000 bolívares, te darían dos euros. Una cosa que es absurda, porque ni siquiera podrías transferir esa cantidad para poder cobrarla aquí”.

El arte excrementicio de Nico – Editorial El Nacional – 7 de Abril 2018

Hace 101 años, el viernes 6 de abril precisan sus devotos para hacer coincidir la fecha con la declaración de guerra al Imperio Alemán de parte de Estados Unidos, Marcel Duchamp adquirió un mingitorio modelo Berfodshire en una tienda neoyorquina y, al llegar a su estudio, la rubricó con el nombre de R. Mutt y llamó a su creación (¿?) “Fuente”. Con tales rúbricas y nombre se exhibió el urinario en la Society of Independent Artists. Fue un acontecimiento que reformuló el concepto de arte, y la ordinaria pieza de porcelana pasó a ser considerada obra maestra de la imaginación al servicio de la ironía.

Aparte de micciones y evacuaciones, poco o nada relaciona la iniciativa de Duchamp con el humilde oficio de limpiador de pocetas, puesto en entredicho recientemente por un autobusero que, por voluntad castrense, conduce el país hacia abismos insondables; ocurre, sin embargo, que al subestimar un trabajo tan honesto como el que más, se lo hace por la función primaria del objeto y no por el esfuerzo que entraña su mantenimiento.

Y lo que es más grave, se enjuicia y ridiculiza a un trabajador desde una postura escatológica que nada tiene que ver con el trabajo en sí. Quien limpia una poceta merece tanto respeto como el artista que la exhibe sentado en ella, por ejemplo, el pensador de Auguste Rodin.

Como ya debe haber caído en cuenta el lector, los comentarios anteriores responden al infructuoso intento del señor Maduro de ridiculizar y escarnecer públicamente, sin gracia ni creatividad alguna, a la diáspora venezolana, mediante una infeliz generalización. Y es que no ofende quien quiere sino quien puede. Y quien no piensa lo que dice no está en capacidad de mofarse de los que han debido abandonar el país para liberarse de la vergonzosa subordinación a un sujeto que no calza los puntos necesarios para ejercer el cargo que usurpó.

Al zaherir a quien circunstancialmente vive de lo que el insolente chofer estima trabajo vil, porque supone entrar en contacto con materia fecal, se está vejando a las madres, que cambian los pañales a sus vástagos varias veces al día; a las enfermeras, que deben ocuparse de las excretas del paciente; al bioanalista que detecta la presencia de agentes patógenos en las heces del enfermo. Semejante menoscabo hace sospechar que el jefecillo civil de la dictadura uniformada quizá sufra de coprofobia –¿cómo hará para ir al baño?– y lo disimula con sus chistecitos excrementicios.

En las redes sociales circulan reacciones de diverso registro a la descalificación madurista, que oscilan entre la indignación y el desdén, y el de mayor impacto es probablemente un video colgado por Oscar Romero en Youtube, que no será un chef-d’œuvre como la “Fuente” de Duchamp, pero que le da en la torre al reyecito con este contundente mensaje: “Yo no pierdo las esperanzas de verte a ti, Nicolás, limpiando pocetas, pero en una celda de 2 x 2, junto a ese poco de ladrones que te acompañan, así como ahorita lo están haciendo los sobrinos narcotraficantes”. ¿Qué tal?

 

Para los venezolanos, Argentina es la nueva Miami de América Latina por Catalina Oquendo – El Tiempo – 13 de Marzo 2018

Una abuela de 82 años que viajó una semana en bus. En Argentina hay 56.621 venezolanos. Así viven.

¿Qué iba a estar pensando Félix Mendoza en hacerle caso a las trabas que le ponía el destino?

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El suyo era Argentina y estaba decidido. Lo había hecho un año atrás cuando dejó la universidad y empezó a trabajar para ahorrar para el exilio. “En Venezuela uno no ahorra para darse un gusto sino para estar listo para el ahora o nunca”.

Su ahora o nunca llegó el 18 de diciembre de 2017. Aunque a decir verdad, todo estaba en contra. Había vendido su televisor, su ventilador, su ropa y había trabajado en una cervecería en Catia La Mar (estado Vargas), juntado hasta el último dólar; pero solo llegó a tener 300.

Hizo cuentas. Las mismas que han tenido que hacer al menos 56 mil venezolanos que emigraron a Argentina:
Pasaje. En avión, “si es que se consigue”: 1.200 dólares; en bus 400.
Pasaporte por primera vez, si es que hay papel: desde 150 a 300 dólares pagando a “gestores”.
Apostillaje de documentos, comida, gastos del viaje, dinero para vivir al menos un mes en Argentina, cerca de 640 dólares.
“No, chamo, no me alcanza”, le dijo Félix a su mejor amigo Víctor Jesús Cadena, quien también estaba pensando emigrar.
Con un trabajo que le dejaba 7 dólares al mes, claro, no le iba a alcanzar.

Félix tiene apenas 21 años y estudiaba guitarra clásica. Nació y se crió en el barrio Catia, en una familia de clase media baja donde “nunca nos faltó ni sobró nada”. Es aplomado, un chico serio para su edad, con voz de alguien mayor. A Félix se le iluminan los ojos cuando habla de música, pero se le apagan tan pronto recuerda que debió dejar la carrera, “era eso o la comida”, recuerda. Y él eligió.

“Salir de Venezuela se estaba convirtiendo en mi sueño. Y eso es triste, una ironía pero era la magnitud de la desesperación”, dice.
La incertidumbre ya rodeaba su vida. Así que cualquier cosa tendría que ser mejor a lo que estaba viviendo, dice ahora en Buenos Aires tras un periplo que casi le cuesta la vida. Leer más de esta entrada

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