elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Diaspora

Exhortación del Episcopado Venezolano – 11 de Julio 2018

CENTÉSIMO DÉCIMA
ASAMBLEA PLENARIA ORDINARIA
DEL EPISCOPADO VENEZOLANO

EXHORTACIÓN DEL EPISCOPADO VENEZOLANO
“NO TEMAS, YO ESTOY CONTIGO” Is. 41, 10

INTRODUCCIÓN

1. Los Obispos de Venezuela, reunidos en la 110° Asamblea General de nuestra Conferencia Episcopal, como pastores del Pueblo de Dios, atendemos los temas pastorales que nos son propios; sin embargo, como ciudadanos, dirigimos la mirada y la reflexión hacia nuestro país y su situación particular, que sin temor a equivocarnos calificamos como una “gran tribulación” (Cfr. Ap 12, 7-12), que afecta a la vida de los venezolanos y compromete seriamente su futuro.

2. Como lo vislumbrábamos en nuestra Declaración del 23 de abril del presente año, la situación del país se torna cada vez más grave. La mayor parte de la población no cuenta con los medios para hacer frente a la monstruosa hiperinflación. La calidad de vida de los venezolanos, ya sumamente precaria, se deteriora día a día. A los graves problemas que reiteradamente hemos puesto de relieve en nuestras exhortaciones y comunicados, relativos a las áreas de la alimentación, la salud, los servicios públicos (agua, electricidad, comunicaciones, vialidad), la seguridad personal, el empleo y el ingreso, se suman ahora los de la circulación y venta del efectivo y el del transporte público. En este último caso, siendo evidente la desaparición paulatina del parque automotor, la improvisación de medios de transporte sin control ni seguridad ha sido ocasión de tragedias en distintos puntos del país, con pérdida de vidas humanas y mayores dolores para numerosas familias.

EL PROBLEMA POLÍTICO

3. El principal responsable de la crisis por la que atravesamos es el gobierno nacional, por anteponer su proyecto político a cualquier otra consideración, incluso humanitaria; por sus erradas políticas financieras, por su desprecio a la actividad productiva y a la propiedad privada, por su actitud constante de poner obstáculos a quienes tienen voluntad de resolver algún aspecto de la problemática actual. El gobierno se presenta ante el país como víctima de manejos externos e internos. Esto no es más que la confesión de la propia incapacidad para manejar el país. No se puede pretender resolver la situación de una economía fallida con medidas de emergencia como bolsas de comida y bonos.

4. Es necesario favorecer en la acción de gobierno y de las instituciones públicas y privadas al ciudadano, al venezolano, al hombre y mujer concretos que sufren y padecen los males actuales, y anhelan su superación. Ignorar al pueblo, hablar indebidamente en su nombre, reducir ese concepto a una parcialidad política o ideológica, son tentaciones propias de los regímenes totalitarios, que terminan siempre despreciando la dignidad del ser humano.

5. La consulta electoral realizada a finales del mes de mayo, a pesar de todas las voces –entre ellas la nuestra– que advertían su ilegitimidad, su extemporaneidad y sus graves defectos de forma, sólo sirvió para prolongar el mandato del actual gobernante. La altísima abstención, inédita en un proceso electoral presidencial, es un mensaje silencioso de rechazo, dirigido a quienes pretenden imponer una ideología de corte totalitario, contra el parecer de la mayoría de la población.

6. Desde el Ejecutivo Nacional, la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y el Consejo Nacional Electoral se pretende conculcar uno de los derechos más sagrados del pueblo venezolano: la elemental libertad para elegir a sus gobernantes en justa competencia electoral, con autoridades imparciales, sin manipulaciones ni favoritismos. Mientras existan presos políticos, y adversarios a quienes se les niega su derecho a postularse, no habrá proceso electoral libre y soberano. Reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el Poder Ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y a los más altos principios de dignidad del pueblo.

7. Las actitudes de prepotencia, autoritarismo y abuso de poder, así como la constante violación de los derechos humanos, van acumulando sobre sus autores un rechazo que las generaciones futuras les reclamarán. En cierto modo resulta suicida seguir insistiendo tercamente en un camino de autodestrucción que se volverá contra sus promotores. La Iglesia no alienta los deseos de venganza ni las retaliaciones, pero tampoco promueve la impunidad de delitos que atentan contra la vida, la dignidad humana y los derechos fundamentales.

8. Urge en Venezuela una dirigencia política que ponga en el centro de sus reflexiones y de su accionar al pueblo venezolano, que tenga conciencia de que más allá de controlar el poder, la política es el oficio de quien movido por la nobleza y los principios éticos sabe ponerse al servicio de los ciudadanos y no de mezquinos intereses. Los líderes de la oposición deben ofrecer al pueblo alternativas de cambio, y trabajar con más fuerza por su bienestar.

UN PAÍS EN DIÁSPORA

9. Una de las situaciones que clama dramáticamente desde su silencio es el fenómeno de la emigración. Venezuela se ha ido convirtiendo en un país en diáspora. Manos que construían y producían, mentes que investigaban y enseñaban, van dejándonos para irse a otros países. La emigración produce situaciones dramáticas: la dura lucha por hacerse un lugar en un país extraño; la posibilidad de caer en el vicio o en la prostitución, o en manos de redes que explotan a sus semejantes; el estigma del rechazo; la tristeza de quienes aquí se quedan; el regreso en situación de fracaso de quienes no han encontrado dónde colocarse (Cfr. COMISIÓN EPISCOPAL DE FAMILIA E INFANCIA, Documento “Familia en Migración”, 15 de junio de 2018, nn. 6-8). Muchas de estas situaciones han encontrado alivio en la mano generosa que las iglesias hermanas de países vecinos han extendido a nuestros compatriotas, lo cual agradecemos de todo corazón.

10. Muchos emigrantes venezolanos desempeñan oficios humildes y honestos, que en modo alguno los rebajan o los envilecen, y que por lo tanto no pueden ser motivo de burla ni desprecio. En otros casos el emigrante lleva el acervo de una excelente formación académica y una dilatada experiencia laboral, que le permite ejercer en muchos países la docencia, la medicina, disciplinas científicas o industriales de alta calificación. En todo caso, quienes se han marchado, especialmente los jóvenes, constituyen un talento humano que se va perdiendo para la construcción de nuestro país. Si se ofreciera al venezolano alguna esperanza de futuro no tendría que emigrar. Venezuela espera la vuelta de sus hijos para reemprender el camino de un sano progreso.

EL MENSAJE DE LA PALABRA DE DIOS

11. La Palabra de Dios nos alecciona al garantizarnos que Dios está siempre al lado de su pueblo, en especial en sus horas más difíciles. El libro del Éxodo nos enseña que Dios guía a su pueblo de la esclavitud a la libertad, pero que también lo educa, a través de pruebas y dificultades, para que alcance la madurez necesaria como nación. Dios, por medio del profeta Isaías, nos invita a no tener miedo, conscientes por nuestra fe, de que no estamos solos, sino que el Señor nos acompaña y nos fortalece en nuestras vicisitudes.

12. Dios nos quiere decir también que las pruebas, sinsabores y amarguras de la vida no son señal de su abandono, sino que pueden ser también ocasión de crecimiento y de salvación. La oración, el ofrecimiento del sacrificio y de las horas adversas nunca serán inútiles, aunque no veamos su resultado de inmediato: la oración perseverante alcanza lo que pide, como nos garantiza el Señor en el evangelio (Mt 7, 7).

APORTE Y RESPUESTA DE LA IGLESIA

13. La Iglesia, cuya misión espiritual está claramente señalada por Cristo en el Evangelio, no pretende sustituir en su papel y vocación a quienes conocen y manejan la Política. No aspira dominar el panorama social, ni convertirse en factor de gobierno o de oposición. Sin embargo, estimula al laicado debidamente formado y consciente de sus obligaciones y derechos ciudadanos, a hacer oír su voz y a intervenir activamente en la palestra política, con el fin de que los altos principios y valores que la fe cristiana nos transmite se vivan también en el ámbito de lo público y se traduzcan en obras de bien común.

14. Ante la situación desastrosa que se deteriora permanentemente por las erradas políticas establecidas, y que los responsables se niegan a rectificar, animamos a la sociedad civil a ofrecer sus talentos y capacidades para explorar soluciones. Hay muchas personas comprometidas con el país, sus comunidades, sus familias. Existe en el venezolano mucha creatividad, iniciativa, espíritu de sacrificio: todo ello se manifiesta en un trabajo esforzado y diversas iniciativas de emprendimiento. Ciertamente la situación es abrumadora, pero no nos podemos acostumbrar a la precariedad que tanto humilla a nuestro pueblo. Por otra parte, animamos a las diferentes organizaciones de la sociedad civil, y a los partidos políticos, a exigir la restitución del poder soberano al pueblo, utilizando todos los medios que contempla nuestra Constitución (referendo consultivo, manifestaciones y otros).

15. Exhortamos a la Fuerza Armada a que se mantenga fiel a su juramento ante Dios y la Patria de defender la Constitución y la democracia, y a que no se deje llevar por una parcialidad política e ideológica.

16. El Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia nos invitan a ser solidarios. Nuestras diócesis, parroquias y demás instituciones, a pesar de sus limitaciones logísticas y financieras, han desplegado una amplia campaña de ayuda a los más necesitados, especialmente en lo que se refiere a alimentación y acceso a medicamentos (ollas comunitarias, comedores, bancos de medicinas). Debemos continuar y reforzar en lo posible esta acción solidaria con el apoyo generoso que tantos fieles aportan, aun desde su pobreza. Pero, además, la comunidad eclesial está llamada a favorecer un cambio estructural en pro de la transformación de nuestra sociedad (Cfr. CONCILIO PLENARIO DE VENEZUELA, Documento La Contribución de la Iglesia… N° 58): corresponde a cada Iglesia local buscar los medios, los métodos y las estrategias para contribuir a ese cambio con acciones concretas.

17. No debemos desanimarnos nunca frente a los desafíos de un presente incierto y difícil: al contrario, puesta nuestra confianza en Dios, que nos da la fuerza para el testimonio y para hacer el bien, afiancemos las exigencias en favor de la justicia y la libertad. Con el fin de animar la esperanza y rogar por las necesidades concretas de cada comunidad, nos comprometemos a realizar actos y eventos de religiosidad popular, por ejemplo: procesiones con las imágenes del Señor, la Virgen o los santos más queridos en cada lugar. La esperanza y el compromiso concreto deben llevarnos a ser samaritanos unos de otros en esta hora difícil en que nos encontramos. En ese contexto, el IV Encuentro Nacional de Jóvenes (ENAJÓ), que se celebrará del 1° al 4 de agosto en la Provincia eclesiástica de Cumaná, quiere ser un aporte valiente y esperanzador de los jóvenes católicos de Venezuela ante la situación que vive el país.

18. Una vez más, Dios nos reitera: “No temas, yo estoy contigo”. En sus horas de dolor y prueba, el creyente se toma con más fuerza de la mano de su Señor. En estos momentos de sufrimiento y lucha, invocamos una vez más la maternal intercesión de la Santísima Virgen María de Coromoto, para que Ella, con su oración ante su Hijo, nos ayude a superar los males de la situación actual. Como nos ha dicho el Papa Francisco: “María es como Dios quiere que sea su Iglesia: Madre tierna, humilde, pobre de cosas y rica en amor” (PAPA FRANCISCO, Fiesta del Inmaculado Corazón de María, 9 de junio de 2018).

Con nuestra bendición,

Los Obispos de Venezuela.

Diásporas suicidas por Jurate Rosales – Revista Zeta – Julio 2018

Unknown.jpegCon asombro, al final de mi vida veo la repetición exacta de una película vista en mi juventud. Me doy cuenta que los venezolanos no inventan nada nuevo, repiten los mismos gestos, errores y desaciertos que marcaron a toda Europa oriental en la segunda mitad del siglo XX. Allí está todo, absolutamente igual: los errores de la oposición, la huida al exilio, las ayudas familiares para los que quedaron bajo el comunismo y la subordinación de los militares al dictador de turno. Veo que en tantos años nada ha cambiado y todo es predecible, porque la oposición sigue ciegamente un guión escrito hace un siglo, siempre el mismo, siempre asombrosamente efectivo.

Empecemos por el éxodo de quienes huyen de Venezuela. Nadie quiere expatriarse sino cuando se trata de resguardar la vida o la subsistencia. Por lo general, en estos casos cada expatriado encuentra en su percepción de lo ocurrido a uno o varios culpables, a los que jamás perdonará por haberlo desarraigado de su tierra natal. En los grandes éxodos que ocurren por razones políticas, la norma es alimentar una mezcla de rencores y verdaderas o falsas razones, que para la mayor desgracia del expatriado, le impiden actuar con objetividad.

Los actuales pleitos en la diáspora venezolana, se reflejan en una igual confusión de la oposición dentro del país, con lo cual se repite algo que en el curso de la Historia ha ocurrido miles de veces cuando un segmento de la población huye de su país natal. El signo distintivo de esos éxodos es la incapacidad de los refugiados de unirse en un solo bloque y menos el de servir de guía de unidad para los que quedaron en la patria desvalida.

Son tantos los ejemplos de pleitos entre grupos de exiliados, que uno llega a la conclusión de que se trata de una norma – cualquiera que fuese la nación y/o la época. Podríamos empezar por lo más famoso, como lo fue la huida de los aristócratas rusos a raíz de la revolución del año 1917. Esa primera oleada de refugiados nunca aceptó formar un frente común con el grupo siguiente de expatriados, como lo fueron los primeros revolucionario en el caso de Trotski y sus seguidores. Entre los refugiados de la primera ola y los de la segunda, la diferencia en tiempo era de menos de una década, pero cada grupo ya era parte de distintas tendencias políticas internas, que los hacia irreconciliables. Jamás hubo una unión franca y articulada de todos los refugiados de una sola nación, sino una lucha entre ellos mismos, en vez de unirse contra el enemigo común que se había apoderado de su país.

Recuerdo personalmente las diásporas salidas de los países de Europa oriental cuando muchos huyeron del comunismo al finalizar la II Guerra Mundial. Los que habían tenido antes de la guerra gobiernos democráticos, seguían peleando entre ellos en la diáspora, cada uno por su partido político y eran incapaces de pensar que en su situación, ya no había ni partidos, ni elecciones, mucho menos posibilidad de formar un gobierno.
La diáspora proveniente de algunos de esos países, como fue el caso de Rumania y Yugoslavia, no solamente se vio dividida entre diversos partidos políticos de antaño, sino que existían los realistas que defendían a una derrocada monarquía, enfrentados a los exiliados republicanos de su misma nacionalidad, como si de sus enfrentamientos internos dependiera un gobierno, a todas luces inexistente.

Dos ejemplos son particularmente aleccionadores. En Yugoslavia, el rey Pedro II fue depuesto en 1945 y el país terminó siendo gobernado por un dictador comunista, Josip Broz Tito, pero en el exilio pululaban los partidarios del rey enfrentados a los demócratas que soñaban con una república y en vez de ponerse de acuerdo contra Tito, los exiliados peleaban entre ellos. En Rumania, el rey Miguel I fue depuesto en 1947 y lo reemplazó varios años más tarde el dictador comunista Nicolae Ceaucescu. Recuerdo haber conocido en esa época en Paris a varios refugiados rumanos, férreamente divididos entre partidarios del rey depuesto y partidos políticos republicanos, cuando ninguna de las dos facciones tenía la menor posibilidad de imponerse en su país natal.

Siendo en aquella época Rumania un país petrolero, los exiliados soñaban con regresar a su tierra y explotar la riqueza petrolera. Sueños vacíos, porque los comunistas permanecieron en el gobierno de Rumania desde el fin de la II Guerra Mundial hasta el fusilamiento de Ceaucescu en 1989, cuando se desmembró el imperio soviético.
Lo que intento explicar con estos ejemplos sacados de la vida misma de cada grupo de exiliados, es que la norma en estos casos suele transformar al exilio en un caldo de cultivo de intrigas internas, con cada grupo “preparándose” de modo absurdo a “posicionarse” para gobernar a la hora de un hipotético “regreso”. Asombra la incomprensión de las realidades del momento y la incapacidad de asumir que el exilio tiene su propio mandato, el de la unidad, y su rol inmediato, importantísimo, de apoyo y ayuda para los que quedaron en la patria.

Durante los años de la postguerra, se habían creado en Inglaterra agencias que a cambio de un pago contratado por los parientes en el exilio, conformaban y enviaban paquetes de ayuda a la familia que había quedado bajo el sistema comunista. Recuerden que soy lituana, – país que fue ocupado por la Unión Soviética desde 1940 hasta 1990 – y mi mamá, desde Venezuela, apartaba cada mes de los sueldos de la familia, el dinero para el paquete a enviar a Lituania a través de Inglaterra. Se trataba para mi familia de un sacrificio grande, porque estaba de prepago un leonino impuesto de aduana cobrado por la Unión Soviética para dejar entrar el paquete, lo que se convertía en un obligado impuesto mensual, pagado, en nuestro caso desde C aracas, a la dictadura comunista.

Todo esto volvió a mi memoria, cuando salió en estos días el decreto de Nicolás Maduro del cambio de Bs.2.500.000 por dólar para las remesas familiares, como gancho para apoderarse con esa tasa de cambio, de los dólares que el exiliado manda a su familia. En los países comunistas, aquel chantaje impuesto a las familias siempre ha sido parte del sistema.

Pasemos ahora a las penurias. Tan inherente al comunismo es la ausencia de alimentos y servicios básicos, que – como se ve en el párrafo anterior -, esto forma parte de un sistema, apoyado en la calculada desigualdad entre quienes son comprados por el régimen para que le sirvan y quienes no lo son y padecen hambre. El sistema consiste en que los primeros sometan a los segundos, que son, precisamente, todos los demás ciudadanos considerados de segunda. En esa desigualdad entre opresores y oprimidos, los recientes sueldos para altos oficiales de la Fuerza Armada Venezolana (entre Bs. 118.000.000 y 240.000.000 mensuales) son parte del sistema, como también parte del sistema es el máximo castigo al militar cuando empieza a subir en importancia. En Rusia esto ocurrió con el mariscal Tujachevski fusilado en 1937; en Cuba, el general Ochoa fue fusilado en 1989 y en Venezuela, el general Baduel está encarcelado desde 2009. Los tres fueron vencedores en sus respectivas tareas: Tujachevski aseguró la victoria del comunismo en el campo de batalla; Arnaldo Ochoa era el vencedor de Angola y Baduel fue el salvador de Chávez el 11 de abril. Hasta en la destrucción de ellos, no hay nada nuevo.

En realidad, lo de Venezuela sigue el manual en todos los ámbitos. Es algo que la oposición venezolana no se ha acostumbrado a descifrar, ni siquiera después de dos décadas de enseñanza diaria.

 

El inmenso potencial de la diáspora – Editorial El Nacional – 2 de Julio 2018

En no menos de 59 países ya están en marcha empresas, de distinto tamaño, impulsadas por emprendedores venezolanos. En no menos de 500 corporaciones, distribuidas en casi un centenar de países, están desempeñándose profesionales venezolanos en cargos gerenciales o de alta dirección, en prácticamente todos los rubros productivos. A todo ello se suman los cientos de miles de compatriotas que, en América Latina, Estados Unidos, Australia y Europa, trabajan en los más diversos oficios, o han dado inicio a innumerables emprendimientos.

No pasa un día sin que, cualquiera de nosotros, no escuche de los sorprendentes relatos de la presencia de venezolanos en el mundo. Una profesora de música en Groenlandia, un coordinador de operaciones en una empresa de catering en Angola, un ingeniero electrónico que ha sido contratado por una empresa de alimentos en Suráfrica. Aunque hay países en los que se ha producido alguna concentración –en América Latina destacan Colombia, Perú, Chile, Argentina y Panamá–, lo cierto es que estamos en los cinco continentes.

Especialistas de todo el mundo reconocen en el fenómeno de la diáspora venezolana características excepcionales. Me referiré a tres de los factores que más se repiten cuando se analiza lo que está ocurriendo. En primer lugar, el carácter de huida que, en tan corto tiempo, se ha producido: alrededor de 3,5 millones de personas en el transcurso de una década. Fuera de Venezuela impacta y causa sorpresa la actitud de “salir en las condiciones que sea” del país. Nuestros compatriotas huyen, abandonan el país con desesperación. El pensamiento de fondo es que cualquier realidad fuera de las fronteras venezolanas es mejor que padecer el estado de cosas creado por el régimen de Maduro y Cabello.

En segundo lugar, resulta llamativo el nivel académico que tienen cientos de miles de esas personas. Esto no se refiere, de forma exclusiva, a la calidad de la educación con que partieron de Venezuela, sino a consideraciones más amplias y significativas: la visión cosmopolita, la multiplicidad de intereses, el dominio de otras lenguas y, muy importante, la disposición a seguir aprendiendo.

El tercer elemento puede sintetizarse en la palabra “actitud”. No predomina el derrotismo en la diáspora venezolana. Al contrario, la gran mayoría sale en pos de un trabajo, a darle forma a emprendimientos, a buscar oportunidades para mostrar los talentos y la disposición a lo productivo. Los venezolanos que se marchan no llegan a otros países a tocar las puertas de ONG, sino las puertas de empresas donde puedan encontrar un trabajo remunerado.

Toda esta enorme corriente productiva representa un capital y un potencial económico, social y humano, que debe ser pensado y convertido en proyectos. Ahora mismo, la actividad económica de los venezolanos en el exterior puede representar entre dos tercios o tres cuartos del PIB de Venezuela. Eso equivale a una cantidad formidable de recursos, no solo económicos, sino de múltiple orden. En varios artículos anteriores me he referido al peso que hoy tienen las remesas para el sostén de millones de familias en Venezuela.

El potencial del que hablo no es retórico. Fuera el país, las capacidades de los venezolanos se han incrementado. Han comenzado a producirse formas de organización para recibir o ayudar a los que están llegando. Hay un activismo fundamental en el ámbito de los derechos humanos, que ha logrado despertar la conciencia de la opinión pública internacional y poner en funcionamiento los mecanismos de autoridades y tribunales especializados. Hay iniciativas académicas, políticas, gremiales y de activismo solidario, que están en desarrollo y que podrían crecer y consolidarse en las próximas semanas y meses.

Mi percepción es que la diáspora está activa y que tiene a Venezuela en el centro de sus pensamientos. No existe una división entre los que se quedaron y los que salimos. Hay una interconexión permanente, que debería fortalecerse, y que podría resultar un factor determinante en el objetivo de poner fin a la dictadura. La diáspora, por sí misma, se ha constituido en una fuerza política, cuyo potencial está, todavía, por desarrollarse. Sus capacidades técnicas, sus relaciones en otros países, el conocimiento que ha adquirido de las nuevas aplicaciones tecnológicas en todos los rubros productivos, sus aprendizajes en la instrumentación de programas sociales, son algunas, entre muchas más, de las capacidades que ha alcanzado, y que serán fundamentales para el nuevo país posdictadura.

Nadie debe permanecer ajeno a esta realidad: ni quienes formamos parte de la diáspora debemos olvidar que tenemos un compromiso con nuestro país, ni quienes permanecen y resisten en Venezuela deben olvidar que hay compatriotas dispersos en el planeta. Estamos listos para participar en la reconstrucción de Venezuela.

 

El largo regreso de los venezolanos a Ítaca por Miguel Ángel Santos – ProDaVinci – 21 de Junio 2018

5469cb8602ab45e32cce9ffd3bee74b7_l
Hace algunas semanas fui invitado por una organización de emigrantes para reflexionar sobre la diáspora venezolana. Propusieron organizar la discusión alrededor de unas cuantas preguntas, que son las mismas que muchos venezolanos dentro y fuera del país llevamos haciéndonos durante años. ¿Para qué sirve la diáspora? ¿Qué debe hacer? ¿Cuál es su rol en la reconstrucción del país? ¿Tendremos la oportunidad de volver? ¿Cuántos de nosotros volveremos? ¿Qué podemos hacer los demás? La invitación me abrió la oportunidad de repasar mi propia experiencia en un exilio que ahora llega a su octavo año, me obligó a poner en palabras algunas lecciones difíciles que he ido asimilando y que hasta entonces habían quedado implícitas. No hay nada como ponerle palabras a las cosas, a los sentimientos, para adueñarse de ellos.

Quiero contarles tres historias que nos van a ayudar a pensar sobre la diáspora venezolana: la historia de un país y su diáspora, la historia de un pequeño pueblo y la historia de un emigrante, mi papá, que es también mi propia historia.

El país y la diáspora sobre la que les quiero hablar primero es Albania, un país que sufrió un enorme colapso a finales de los años 80, en el que perdió el 37% de su producto interno bruto en 5 años. Una catástrofe económica y social que, sin embargo, se queda corta ante la de Venezuela. Nosotros hemos perdido el 39% de nuestro producto interno bruto por habitante en 4 años y, según los pronósticos, al final del año que transcurre estaremos en la vecindad del 50%. Al igual que en Venezuela, en Albania este proceso de destrucción engendró una diáspora colosal, un río de albaneses que escaparon a un país vecino –Grecia– adonde llegaron justo a tiempo para disfrutar de una bonanza económica que se extendería por algo más de una década. Varios años más tarde, en 2008, la crisis financiera global acabó con el 25% del producto interno bruto de Grecia en apenas cinco años. ¿Qué hicieron los albaneses que habían emigrado diez, quince años antes, cuando ocurrió la crisis financiera que acabó con la ilusión de armonía en Grecia? Leer más de esta entrada

Diáspora venezolana: problemas de hoy y soluciones de mañana por Tomás Páez – El Nacional – 18 de Junio 2018

1523540979038.jpgEn el ADN del “socialismo del siglo XXI”, el de toda la vida, se encuentra su extraordinaria capacidad corrosiva y destructiva de todo aquello que encuentre a su paso: tejido social, institucional y económico y en particular se ensaña y arrasa con el sistema de libertades y con la democracia liberal. Allí donde se ha instalado demuestra que es una máquina que produce miseria y éxodo humano. Lo hace con mucho encono a sus ciudadanos y al país al que devastan. En la medida en que el modelo agudiza el empobrecimiento de todos, en esa misma medidas catapulta el flujo migratorio que crecerá con un ritmo trepidante, indetenible.

El modelo venezolano, además de las características generales, posee rasgos propios. Por ejemplo, el régimen sustituyó el término “vendepatria” por el de “regalapatria”, única forma de explicar que Venezuela le garantice a la dictadura cubana el suministro religioso del petróleo mientras que en el país campean a sus anchas el hambre, la desnutrición y la crisis humanitaria.

La reciente decisión de la OEA lo expresa muy claramente al desconocer a un régimen que se autoproclamó en medio de una burda farsa electoral, y manifiesta su preocupación porque en Venezuela la democracia en una ficción. En la exposición de motivos de la organización, los países plasman su angustia por el severo retroceso de Venezuela en todos los ámbitos y su aflicción por la honda crisis humanitaria que ya ha cobrado la vida de los venezolanos.

Esa descomposición del país que se recoge en la citada declaración, engloba la respuesta a por qué el flujo migratorio se ha intensificado en los 2 últimos años, periodo en el que alcanzó la cifra de 1.800.000 venezolanos. Buscan en los países vecinos y fronterizos las medicinas, los alimentos y las divisas que su país les niega. Este número se suma a 1.600.000 que había emigrado entre 1999-2015.

El contexto en el que se produce este indetenible fenómeno migratorio, una hiperinflación que aumenta minuto a minuto, en medio de una aguda escasez de todo, incluidas las vacunas convencionales, y en medio de un empobrecimiento generalizado de toda la sociedad, le imprime a este características particulares y convierte la diáspora venezolana en un asunto prioritario para todo el subcontinente.

A los países de la región que han sentido el impacto de ese inmenso desplazamiento no les es ajena la gravedad de la situación que el régimen venezolano está creando a los venezolanos, y la conciencia de la crisis los lleva a ratificar su disposición de seguir apoyando el éxodo venezolano. Han hecho estudios pormenorizados de la diáspora con el objeto de facilitar su integración en el país de acogida. Este compromiso de los países vecinos hace que resulte más indignante aún la actitud del régimen venezolano que expresa odio hacia sus ciudadanos, ni siquiera es capaz de conmoverse frente a la trágica situación del país, de la cual son absolutos responsables. El profundo encono y resentimiento que alberga el gobierno lo resume una frase dicha por algunos de sus voceros: “Este país (Venezuela) me debe mucho”, nadie sabe a cuenta de qué.

Es realmente encomiable la voluntad y resolución con la que los países vecinos atienden un flujo migratorio de tan extraordinarias dimensiones. Pese a su determinación se enfrentan a las dificultades y a sus restricciones económicas, lo que hace difícil que puedan encarar este fenómeno migratorio de manera aislada. Es un desafío que no se soluciona con ocurrencias. La gestión de esta complejidad requiere el concurso de países, y organismos internacionales y además con relativa urgencia.

En tal sentido, son oportunas las disposiciones de la conferencia global sobre financiación del desarrollo que incluye un mandato dirigido a proteger a los refugiados e inmigrantes con el objeto de disminuir la presión y contribuir a que se respeten los derechos humanos y las libertades fundamentales, que se evite la explotación y la discriminación y se permita el acceso a los servicios básicos fundamentales. La decisión facilita la convocatoria de la ayuda internacional tanto en los efectos que produce la diáspora como en la necesidad de atacar las causas y revertir las condiciones que estimulan el éxodo de los venezolanos allí donde se origina.

Los impactos de la diáspora en los países de destino son tan diversos como plurales las características de quienes migran; sin embargo, comparten ciertos rasgos comunes. Los migrantes son parte de una sociedad absolutamente empobrecida y con muy escasos recursos para movilizarse. Muchos no han sido vacunados porque Venezuela carece de vacunas lo que constituye un riesgo epidemiológico para la región.

La diáspora está compuesta por emprendedores que invierten, crean riqueza y empleo y por personas con experiencia profesional y formación que contribuye al desarrollo de las empresas en todos los sectores de la actividad económica. Su capacidad les permite hacer aportes en los ámbitos de la investigación, la innovación, el desarrollo tecnológico y la formación de capital humano en los países de acogida o como empleado o trabajador por cuenta propia. Además, la diáspora está fraguando una nueva geografía de Venezuela cuyo análisis y explicación hace que resulte insuficiente el viejo enfoque de nación, y ello repercute en el ámbito de la política.

Quienes emigran aportan y adquieren nuevas competencias y habilidades, acceden a nuevas tecnologías y establecen nuevas relaciones y nuevas redes que serán de mucha utilidad para el migrante mismo y para los países de acogida y de origen. El masivo éxodo venezolano, por los efectos que genera, es un gran desafío para los países de la región que sienten su impacto, crea los problemas de hoy y las soluciones de mañana.

El hecho de que produce impactos y al mismo tiempo abre nuevas oportunidades que benefician a todos los agentes que participan del proceso: migrante y países de acogida y de origen, requiere otra mirada del fenómeno migratorio. Es necesaria una nueva perspectiva para diseñar estrategias y políticas públicas dirigidas a atender los efectos del flujo migratorio que, como hemos dicho, requiere la participación de países y organismos internacionales (OIT, ONU, CAF, BID, Cáritas, etc.) y al mismo tiempo considerar las oportunidades que abren los migrantes, sus organizaciones y redes, su know-how para el beneficio de todos. En el diseño y ejecución de la estrategia es necesario incluir a otros atores como: universidades, gremios empresariales, centros de investigación, gobiernos locales y regionales, ONG, etc.

La nueva geografía venezolana favorece la integración entre países, estimula la conexión y la puesta en marcha de proyectos conjuntos, alianzas estratégicas, joint ventures e impulsa la integración regional. Los migrantes y sus organizaciones se convierten en conectores de recursos (humanos, tecnológicos, financieros, comerciales) para contribuir al desarrollo de todos los involucrados.

Para reconstruir el país serán necesarios muchas inversiones, muchos proyectos y mucho esfuerzo, pues el deslave y el retroceso que se ha producido en estos 19 años han sido brutales. Los daños que la dictadura ha ocasionado son inconmensurables y recuperar el tiempo perdido demanda la activa participación de los organismos multilaterales, de nuevas tecnologías, recuperar el tejido social y la calidad de la interacción humana, la confianza y las libertades.

Lo ha malogrado todo: individuo, familia, interacción social, infraestructura, instituciones, economía, servicios, ambiente y que el lector agregue lo que con seguridad falta. Lo poco que ha podido quedar en pie se lo debemos al muro de contención que han erigido los defensores de la libertad y la democracia, cada vez más perseguidos, acorralados y limitados en su accionar.

La recuperación de la democracia y el inicio del proceso de reconstrucción del país se transforman en una convocatoria a la inversión privada nacional e internacional, a la movilización de recursos y proyectos en la región y el mundo. En ese terreno las redes de la diáspora se suman a las que existen en el país. La agenda de trabajo es muy amplia: la seguridad social convertida en letra muerta, la modernización del sistema judicial, la recuperación de la cultura del trabajo y la mejora en el ámbito de las relaciones laborales, la creación de infraestructura, la recuperación de la educación y la salud y los servicios elementales de agua, transporte, electricidad y gas.

Todos estos son temas de interés para gobiernos, instituciones y empresas del subcontinente y el mundo, y allí la diáspora tiene reservado un importante papel, que ya está desempeñando. La honda crisis venezolana, cuando recuperemos la democracia y se inicie el proceso de reconstrucción, se convertirá en una gran oportunidad para el desarrollo regional, y la diáspora, en uno de los puentes de oro para facilitar ese proceso: convierte los problemas de hoy en soluciones de mañana.

 

Solicitudes de asilo de venezolanos en España aumentaron 34% en 2017 – El Nacional – 18 de Junio 2018

El número ha aumentado con rapidez en los últimos años, lo que convirtió a Venezuela en el decimosexto de la lista de principales países de origen de los demandantes de asilo

1529329561433.jpg

Las solicitudes de asilo de venezolanos en España aumentaron 34% durante 2017, con lo que se convirtió en el país con mayor aumento de peticiones de este tipo en 2017. La cifra se suma a la de otros países que también realizaron los requerimientos en el país europeo.

Según el informe anual presentado por la Oficina Europea de Ayuda al Asilo (EASO), España se ha convertido en el sexto país con más peticiones en la Unión Europea.

El informe explica que los dos Estados con mayor incremento en 2017 en número de peticiones en términos absolutos y relativos fueron y Rumanía y España, este último registró 31.120 solicitudes de asilo en 2017, 98% más que 2016.

Aunque pidieron asilo en España personas de 80 nacionalidades, la mitad del total de solicitudes fue presentada por personas de países de habla hispana.

También aumentaron de manera destacada en 2017 las solicitudes de asilo pendientes de resolución frente a la media europea, donde se produjo una caída del 16%.

Hasta 2014 los venezolanos presentaban unas 100 demandas al año en la UE. El número ha aumentado con rapidez en los últimos años, lo que convirtió a Venezuela en el decimosexto de la lista de principales países de origen de los demandantes de asilo.

Designación de enlaces con la Comision de Politica Exterior de la Asamblea Nacional – 6 de Junio 2018

La generación perdida de Venezuela por Magnus Boding Hansen – El País –

La crisis divide a los grupos de amigos y es la causa de que los jóvenes no tengan tantas citas románticas, se aíslen más y tarden en irse de casa de sus padres

1526994832_546336_1527248472_noticia_normal_recorte1.jpg
Justo antes de medianoche, Irina Barreto y Alejandro Álvarez se echaron a llorar en plena pista de baile de la boda que se celebraba en un pueblo de montaña a una hora de Caracas. Habían sido pareja durante ocho años y no se habían vuelto a ver desde que rompieron hace dos, poco después de coger caminos diferentes: ella hacia el Este, a Barcelona, y él hacia el Sur, a Santiago de Chile. Alejandro, de 29 años, empezó a salir con una amiga de Irina, de 25, y su exnovia se enfadó. Pero en la fiesta, bajo las luces de colores, rodeados por sus mejores amigos y con alguna copa de más, los invadió la nostalgia. Habían sucedido tantas cosas que todo parecía irreal. Su vida, su ciudad y su pandilla estaban aquí. De repente, uno vive en Colonia, otro en Milán, otro en Montreal, o en Perú… La crisis los ha dispersado por el planeta y los ha convertido en la generación más internacional de Venezuela.

Quienes están en la treintena o menos han vivido toda su infancia y su adolescencia bajo el populismo de izquierdas del chavismo. Hugo Chávez llegó al poder en 1999 y se lo traspasó al cada vez más dictatorial Nicolás Maduro en 2013. En la Venezuela de ambos dirigentes, el control de los precios y las nacionalizaciones forzosas han arruinado industrias y han sido la causa de que falte de todo, desde alimentos hasta medicamentos, empleo y perspectivas de futuro. Los jóvenes han crecido con una de las tasas de asesinatos, robos y secuestros más altas del mundo. Algunos se han vuelto serios y timoratos. Rara vez se les ve pasando el rato en lugares públicos o hablando por el móvil en la calle. Y por la noche nunca vuelven a casa a pie. La mayoría tampoco camina por la calle de día. Si salen a cenar, siempre que pueden regresan juntos en coche formando una caravana, y si no hay un amigo común, prefieren pasar pantalla en Tinder. Todos conocen a alguna víctima de la violencia, y a muchos los despiertan las pesadillas. Leer más de esta entrada

Puntos de protesta de Venezolanos en el Exterior #20M – 15 de Mayo 2018

El día que te vas de Venezuela por Gianni Mastrangioli Salazar – Diáspora Venezolana – 14 de Mayo 2018

32294074_10157346090078098_7578910169673760768_n.jpg

Cuando llega la tan esperada mañana, suena el despertador. Tú estás allí, acostado en la cama, cubriéndote la cara con la cobija para que nadie se dé cuenta de que estás despierto. Legañas de pensamientos: La graduación de universidad que no pudo ser; el cumpleaños de la abuela que quedó por celebrarse; las idas al cine pendientes; las cervezas con tus amigos que no lograron destaparse. La ventana del cuarto donde yaces aún está cerrada.

Acostado, oyes las voces de tus familiares que caminan, esperándote para desayunar. Conversas contigo mismo. ¿Será que me levanto?, ¿qué les digo?, ¿qué les prometo? Irse es una sentencia triste que condena nuestras aspiraciones de permanecer unidos. Es, con la cabeza aún bajo la almohada, nuestra inauguración como emigrantes, calculadores. ¿Qué hora será en Venezuela? ¿Ya habrán comido? ¿Se habrán levantado? ¿Cuánta diferencia es que hay?

Partir es una matemática constante; la urgencia de recortar distancias y de reducir esa estrechez que impide el movimiento libre entre quienes nos queremos. Emigrantes, cuan impacientes somos. Inquietos, aprestados a reflexionar en qué medida se da esta determinación del ser por el tiempo.

Venir a Venezuela es renacer en el llanto, en el cuestionamiento de las circunstancias de contexto. Los venezolanos somos personas que hemos aprendido a valorar y conocer nuestras raíces a través de los desaguisados políticos, del ensayo y error… de la vanidad en el despilfarro.

Experimentamos un proceso de humildad forzada que nos impulsa a digerir los hechos en la crudeza; cuestión que implica, de igual modo, el reconocimiento de nuestros defectos colectivos. Diría Yo, que es algo así como una “pubertad nacional”, en aras de la construcción de ese sistema que, a futuro, permitirá que no estemos cubriéndonos con la cobija. Embargados por la pena.

“Está listo el desayuno. Se te va a enfriar. Mira que hay moscas”. Respiras profundo, abres la puerta y sales.

En la mesa: Arepas tostadas con cicatrices de budare, queso rallado, café guayoyo, aguacate y mantequilla. Una despedida culinaria planificada por el esfuerzo de quienes, con los ojos llorones, se pararon para cocinar la cantidad acostumbrada, por última vez. Tu abuela que montó el agua en la olla, pensando si volverás a verla viva. Tu mamá que amasó la masa preguntándose porqué en este país los hijos sufren como si ellos fuesen las madres. Tu hermano que se fue a buscar el refresco en el carro mientras caía en cuenta que, ahora, las responsabilidades directas de la casa serán suyas. “Sírvete más. ¿Te hacemos perico? Échale más relleno, mira que en el extranjero no encontrarás esa vaina”.

La primera vez que me marché de Venezuela, decidimos ir por allí para tomar y cantar y bailar y olvidar que éramos (somos) infelizmente felices. La Churuata del Conejo, Guatire. Once de la noche. Diciembre del 2015. Mi papá pidió una botella de ron y una ración de tequeños. El lugar fue tomando ese ambiente discotequero de trópico pueblerino y por ende nos paramos a gozar de la salsa. En plena faena de movimientos, el cantante de la música en vivo paró la rumba y dijo:

*Me acaban de decir que aquí, entre nosotros, hay alguien se irá del país muy pronto -al parecer, para la época, todavía la diáspora era cosa de suposiciones-. Sus padres quieren dedicarle una canción para que no se olvide de lo mucho que lo aman. Que la disfrutes.

El tipo se aclaró la garganta y de inmediato conocí esas frases de niño, de cuando nos reuníamos en navidad o después del cañonazo. Era Rubén Blades con su olor a miau y a perfume, recalcándonos que, en el subdesarrollo, todo lo que baja sube. Cantábamos con la saliva confundiéndose con las lágrimas, en un “…cuanto control y cuanto amor/tiene que haber en una casa/mucho control y mucho amor/para enfrentar a la desgracia/por más problemas que existan/dentro en tu casa, por más que/creas que tu amor es causa perdida/ten la seguridad de que ellos te quieren/y que ese cariño dura toda la vida/cuanto control y cuanto amor/tiene que haber en una casa/mucho control y mucho amor/para enfrentar a la desgracia…”.

Familia es familia, y cariño es cariño. “Amor y control”, tremendo clásico de la amargura. Me lo meto en los audífonos cada vez que, en un autobús por Londres, la soledad se pone agresiva. Transcurrida la noche, pasamos del karaoke a la imitación de personajes. Hubo alguien de Juan Gabriel que, mierda, hizo una presentación impecable. Pieza tras pieza, retrocedíamos a la época de canales a bonotes y antenas de gancho; a la película con cinta marrón y a los teléfonos con señales analógicas. Una época que yo no viví por ser de los noventa pero que tengo presente gracias al relato del hogar. Episodios donde todos “éramos felices y no lo sabíamos”, que hoy en día no es sino la promesa que se infunde en la generación que se alza. La Venezuela que fuimos y lo que debemos volver a ser. Tal cual. La experiencia borrosa de una estabilidad ya impensada y que es necesario no dejar de lado, manteniéndola vigente en la consciencia del niño que actualmente mendiga comida en Sabana Grande. Que escucha tiros. Que tiene al papá asesinado.

Aquel que el socialismo le violó las esperanzas.

Aquel que nunca vio en persona las cuñas navideñas, los especiales de RCTV, las hallacas sobrantes del primero de enero, los uniformes nuevos para el año escolar que entra.

Aquel venezolano que no sabe de democracia.

Nuestro Juan Gabriel de tapa amarilla cantó repertorios como ese que dice “te lo pido por favor”. Mi mamá lo vociferaba a tal punto que supuse iba a quedar ronca. Ella estaba al otro extremo de la pista, señalándome con el dedo mientras la canción tarareaba “…pero no me dejes nunca, nunca, nunca, nunca…”. Suena el despertador nuevamente. No sabes cuándo volverás. Semanas antes de partir, me tomé un trago con “tutiri y mundache”, como si hubiera querido grabar en mi mente la curvatura de sus narices, las arrugas debajo de sus ojos y el brillo de sus almas. La mirada triste de una despedida que nadie desea. Me invadió la manía de la observancia; es decir, de la contemplación de los detalles más mínimos.

Pero, en fin, se desayuna. Nadie deja que friegues los platos, si bien tú eras el flojo por no hacerlo. Sucede que estás a punto de irte de tu casa, y en ese momento nuestros errores se reconocen como la peculiaridad de nuestra ausencia. Eso que se extrañará transcurridas las horas.

*Ya es tiempo de que vayamos cogiendo camino. Pa’ Maiquetía se forma cola.

Allí la respiración se paraliza y la verdad te coñacea por la espalda como si estuviésemos hablando de un lumbago. De repente, todo desaparece del apartamento y comienzas a visualizar aquello que será, a partir de ahora, la sombra de tu puesto vacío. Reuniones venideras de unos parientes rotos e incompletos. Los inmigrantes creemos en las cosas del destino. Te montas en el carro. Para mí, el trayecto es de Guarenas a La Guaira, atravesando Caracas por la Cota Mil. No sé por qué pero el asiento de la ventana se me reserva siempre. Necesito reencontrarme con la ciudad que se queda sufriente, con las calles abandonadas por unos acontecimientos que jamás ocurrirán.

Venir a Venezuela es renacer en el llanto, en el cuestionamiento de las circunstancias de contexto. Apago el despertador. Todavía no me he quitado la cobija de la cara; sin embargo, el escenario que me espera continuará siendo el Juan Gabriel que delira emborrachado, el Rubén Blades latino que saca lo bonito de las desilusiones y la ventana oscura con las persianas abajo, tal como nos queda el corazón una vez que despegamos.

A %d blogueros les gusta esto: