elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Diaspora

Cobijas, atún enlatado y fe en Dios – cómo sobreviven los venezolanos que huyen por Andrea Castillo – Los Angeles Times – 16 de Enero 2020

vene20.jpg

A través de la lluvia y el viento, los migrantes venezolanos hacen el peligroso viaje a través de una meseta helada conocida como El Páramo de Berlín para llegar a Bucaramanga, Colombia.

Los ricos fueron los primeros en irse. Enviaron sus ahorros al extranjero y se subieron a vuelos internacionales.

La clase media fue la siguiente en salir. Se subieron a los autobuses, a veces viajando durante días a través de varios países.

Los pobres se quedaron.

Se quedaron cuando la economía se derrumbó, los alimentos escasearon, la escasez de medicamentos se volvió mortal y la electricidad se cortó durante días. Pero finalmente ellos también comenzaron a salir de Venezuela.

Simplemente se fueron.

La salida de la gente que huye a pie comenzó lentamente en 2017, con los jóvenes que esperaban encontrar trabajo y enviar dinero a casa.

Para el 2019, las mujeres y los niños, los enfermos y los ancianos también habían decidido arriesgarse, expandiendo un éxodo que ya es una de las mayores migraciones en masa de la historia moderna.

Se estima que cada día huyen unas 5.000 personas.

La salida más popular es a través de la ciudad fronteriza de Cúcuta en Colombia. Luego viene una de las partes más difíciles del viaje: un pasaje de 125 millas que sube a más de 9.000 pies de altura, hasta una larga y helada meseta llamada El Páramo de Berlín, antes de descender a la suave y verde ciudad de Bucaramanga.

El Times se propuso documentar el viaje, con un reportero y un fotógrafo compartiendo la experiencia durante cinco días, junto al río de gente. Ninguna historia por sí sola lograría captar la magnitud de la crisis.

Por eso el plan era observar desde los refugios instalados por buenos samaritanos a lo largo de la carretera.

El viaje comenzó un lunes por la mañana del pasado mes de mayo en las afueras de Cúcuta en una estación de la Cruz Roja, donde un trabajador se paró frente a un grupo de migrantes y les habló de un hombre de 21 años que había muerto de hipotermia mientras intentaba cruzar la meseta.

“No se los cuento para que se asusten. Se los cuento para que tengan cuidado y entiendan que estas tragedias han pasado”.

Cuando preguntó a dónde se dirigía la gente, gritaron destinos en Colombia – “¡Bogotá!” “¡Medellín!” “¡Cali!” – y más allá – “¡Ecuador!” “¡Perú!”

Llevaban mantas, colchas y mochilas caseras, folletos de la Cruz Roja, salchichas cocidas, galletas, agua embotellada y atún enlatado. Pero sobre todo, llevaban una profunda fe en Dios.

Valentina Durán llevaba a su hijo de un mes.

Samuel nació el 2 de abril en Cúcuta cuando Durán, de 22 años, huía por segunda vez a Colombia.

La primera vez fue en 2016. Durante los dos años siguientes, trabajó en una fábrica de ropa en la ciudad industrial de Cali, enviando lo que podía a sus padres y a los dos niños pequeños que había dejado a su cargo.

Cuando su hija se enfermó de neumonía el año pasado, Durán regresó a su ciudad natal de Maracay y apenas la reconoció. El dinero en efectivo que enviaba apenas alcanzaba y los estantes de las bodegas estaban vacíos.

Vene2.jpg

Un policía colombiano vigila a los venezolanos que cruzan la frontera de San Antonio del Táchira a Colombia a través de caminos ilegales cerca del puente internacional Simón Bolívar.

Seis meses después, regresó a Colombia e inmediatamente dio a luz.

Una mujer en el hospital la escuchó decir a los médicos que ella y Samuel no tenían hogar y se ofreció a acogerlos.

Se quedaron unas semanas antes de que Durán decidiera que era hora de volver a salir en busca de un trabajo. El autobús costaría unos 60 dólares, pero ella no tenía esa cantidad.

Por eso, ahora estaba cargando a su hijo por la Ruta 55, mirando una cinta de asfalto que desaparecía entre las montañas.

vene4.jpg

A nueve millas de la frontera con Venezuela, Valentina Durán se detiene a descansar con su hijo Samuel después de sentirse mareada.

A nueve millas de la frontera, Durán se sintió mareada. Le habían diagnosticado baja presión sanguínea y desnutrición.

El sol del mediodía golpeaba. Los camiones de carga pasaban zumbando, levantando una nube de polvo que se les pegaba en la piel. El niño soltó un gemido.

“Ya, amor, ya. No llores”.

Se sentó a un lado de la carretera bajo la sombra de un gran árbol con Samuel envuelto en una manta de lana en su regazo.

Durán buscó en su pequeña mochila una botella de agua, llenó cuidadosamente la tapa y se la puso en los labios.

Bucaramanga estaba a 116 millas de distancia.

Unas eran las cosas que la gente llevaba consigo. Pero también estaban las cosas que la gente había dejado atrás – los barrios en los que crecieron, los abuelos que ayudaron a criarlos, las tumbas de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de salir.

Leidy Paredes y María Colmenares dejaron cuatro niños cada una.

Las dos mujeres, ambas madres solteras de unos treinta años, vivían en el mismo barrio de Maracay. Paredes dejó a sus hijos con su madre. Colmenares dejó a cada uno de ellos con un vecino diferente.

Su plan original era llegar a Bogotá, donde Paredes tenía un primo que había prometido enviarle un pasaje de autobús. Como nunca llegó el dinero para el pasaje, decidieron buscar trabajo en Bucaramanga.

vene5.jpg

Leidy Paredes envía mensajes a amigos y familiares en Venezuela mientras otros migrantes cargan sus teléfonos en una estación de la Cruz Roja cerca de Cúcuta, Colombia.

A la mayoría de la gente le toma unas 50 horas caminar hasta allí desde la frontera. Conducir toma cinco.

Los caminantes hacen todo lo que pueden para que alguien los lleve. Agitan sus manos o banderas venezolanas. Levantan los dedos mostrando cuántos asientos necesitan. Les suplican a los conductores que los lleven.

Viajando el lunes con siete personas que conocieron en la carretera, Paredes y Colmenares descansaban en la orilla de la carretera, donde saltaban y reían.

vene6.jpg

Mientras camina por la Ruta 55, Leidy Paredes le hace señas a un camión que no la quiso llevar.

Los camiones pasaban rápidamente frente a ellos.

Finalmente, alrededor de la 1 p.m., un autobús local se detuvo y el conductor hizo señas a su grupo para que subieran. Las dos mujeres se pusieron contentas.

Cuando el autobús pasó por delante de uno de los camiones que las había ignorado, Paredes levantó su dedo medio y se rio.

“Tenemos que reír, hermana”, le dijo Colmenares. “porque si no ríes lloras”.

Quince minutos después, la ruta del autobús terminó. El viaje les había ahorrado 45 minutos de caminata.

La vista desde la autopista explota en un collage de montañas ondulantes, valles exuberantes y ríos caudalosos.

Edgar Blanco y su hijo Leonardo, de 13 años, rara vez levantaban la vista para admirar el paisaje. Se concentraron en la única línea blanca que marca el borde exterior derecho de la carretera.

Sus pensamientos viajaban a la deriva, llevándolos a Venezuela, al estruendo del hambre en sus estómagos, o a Marvy -la esposa de Blanco y madre de Leonardo- que se había adelantado ese lunes por la tarde en un camión de plataforma.

Pero la línea blanca siempre estaba ahí. Era su vía escape.

Todo lo que tenían que hacer era seguirla.

vene7.jpg

Leonardo Pereira, de 13 años y su padre, Edgar Blanco, de 46, caminan en la oscuridad hacia un refugio para dormir, en su primera parada nocturna en Colombia en el viaje que hacen a Quito, Ecuador.

Blanco conocía bien la ruta. Había viajado a solo a Ecuador en 2018, caminando y haciendo autostop para cubrir 1.000 millas en 11 días.

En Quito, la capital, ganaba 120 dólares a la semana trabajando en la construcción y enviaba a casa lo que podía. Lejos de su familia, la soledad le roía el alma.

Siete meses después, cuando Venezuela se había deteriorado hasta el punto de que sus remesas ya no cubrían ni siquiera el costo de los alimentos, volvió a casa a buscar a su esposa e hijo.

El cielo se tornó negro mientras él y Leonardo caminaban bajo las estrellas. El chirrido de los grillos y el silbido ocasional de Blanco rompían el silencio. Los camiones pasaban sin que nadie los viera.

Mantenían un ritmo rápido, esperando que su impulso los llevara pronto sobre el temido Páramo de Berlín.

“El Páramo es el más bravo que hay”, dijo Blanco.

vene8.jpg

Niños venezolanos duermen bajo delgadas lonas de plástico en un campamento en Bochalema, Colombia, después de llegar con sus familias a pie.
vene9.jpg

Jóvenes migrantes toman un baño antes de continuar su camino.

Cuando los dos llegaron a un campamento en Bochalema justo antes de las 8 p.m., Marvy los estaba esperando. Blanco se dobló sobre el pequeño cuerpo de su esposa mientras se abrazaban.

A su alrededor, otros viajeros colocaron finas mantas sobre la tierra en medio de la charla acerca de dolores de espalda, ampollas y el frío. A la mañana siguiente, la gente se bañó en el río.

Bucaramanga estaba todavía a 95 millas de distancia. Pero Blanco y su familia volvieron a estar juntos.

Lo más pesado que llevaban los viajeros eran sus historias de dolor.

Ana María Fonseca Pérez tenía sólo 40 años, pero ya conocía el tipo de pérdida que algunas personas no experimentan nunca en toda su vida.

Su esposo, José Tomás Hernández Durán, sufría de diabetes y dependía de las inyecciones diarias de insulina. Un día en 2017, el medicamento se agotó. Su familia buscó por todas partes, pero todas las farmacias estaban agotadas.

Murió poco más de un mes después a los 44 años.

vene10.jpg

Ana María Fonseca Pérez y su sobrina Francesca Huerta Pérez, de 4 años, caminan por la Ruta 55, seguidas por otros seis familiares y amigos. Fonseca salió de Venezuela después de que su esposo e hijo murieron. “Vine aquí para poder olvidar”, dijo.

Luego, en abril de este año, su hijo Sergio Manuel Fonseca Pérez estaba entrenando con la guardia nacional cuando sufrió apendicitis y fue llevado al hospital.

Los apagones generalizados hicieron imposible su operación. Antes de que se restableciera la electricidad, había muerto.

En esta mañana de martes, esa madre caminaba con su hija de 15 años, un sobrino, dos sobrinas y tres amigos.

Una de las sobrinas, Francesca Huerta Pérez, de 4 años, veía a las vacas en un pasto cercano y le ladraba a un perro encadenado.

Se asomó a través de una valla que rodeaba una escuela primaria, donde niños y niñas con uniformes azules y blancos impecables, miraban a la pequeña que vestía un sucio suéter rosa que le quedaba grande.

“Llévanos”, le dijo a nadie en particular. “No quiero caminar demasiado”.

Otro hijo ya había llegado a Perú y le envió a Fonseca un mensaje advirtiéndole que el viaje era difícil.

“No vas a llegar”, le dijo.

Pero Fonseca había llegado a la conclusión de que no tenía más remedio que intentarlo.

“Yo vine aquí para poder olvidar”, dijo.

Martha Duque observaba a los migrantes desde su ventana.

A finales de 2017, el flujo de personas a través de Pamplona – su ciudad de 60.000 habitantes, situada a 48 millas de la frontera venezolana – se había hecho tan grande que Duque no podía ignorar su situación, especialmente cuando llovía.

“Me dio mucho pesar ver a la gente mojándose”, dijo. “Y nadie les abría una puerta”.

Así que empezó a permitir que algunos hombres durmieran en su garaje cada noche. Pronto comenzó a recibir a mujeres y niños en el interior de su casa.

vene11.jpg

Decenas de venezolanos hacen cola frente a la casa de estuco de seis dormitorios y dos pisos de Martha Duque en Pamplona, Colombia, que ella ha convertido en un refugio para migrantes.

Algunos llegaban con hipotermia, así que Duque los envolvía en mantas y los calentaba con secadores de pelo. Algunas le decían que habían sido asaltadas sexualmente por los camioneros.

La operación de ayuda creció a partir de ahí, convirtiéndose en un pilar de una infraestructura siempre cambiante de refugios nocturnos, paradas de descanso y estaciones de la Cruz Roja.

A las 6 de la tarde del martes, las oscuras nubes de lluvia cubrían el cielo. Docenas de viajeros cansados se sentaron encima de sus pertenencias, esperando entrar en la casa de estuco de seis habitaciones y dos pisos.

vene13.jpg

Martha Duque prepara comida para docenas de venezolanos que esperan afuera de su casa convertida en refugio.
vene14.jpg

En 2017, comenzó a permitir que algunos hombres durmieran en su cochera cada noche. Pronto comenzó a dar la bienvenida a las mujeres y los niños en el interior de la casa. Duque vive arriba con su esposo e hijo, junto con nueve voluntarios – todos venezolanos que decidieron quedarse y ayudar a otros.

Duque, de 65 años, salió a saludarlos. Pidió que todos los que tuvieran hambre se pusieran en fila para que ella pudiera repartir tazones de pollo y arroz. La comida se agotó rápidamente antes de que muchos pudieran comer.

En ese momento, los trabajadores de un grupo de ayuda llegaron con pan de una panadería local. Ayudaron a Duque a mezclar leche, maicena y azúcar en una bebida caliente y espesa conocida como colada de maizena.

Los niños lloraban en una oficina convertida en dormitorio. Los sofás se apartaban y se colocaban esteras de plástico en la sala, cuyas paredes blancas estaban salpicadas con las huellas de los niños.

Duque se ubicó en el piso de arriba, donde ella, su esposo y su hijo viven con nueve voluntarios, todos venezolanos que decidieron quedarse y ayudar a otros.

En el piso de abajo, más de cinco docenas de personas durmieron hombro a hombro.

Una sudadera con capucha gris, era delgada y de algodón, pero resultó ser la prenda más abrigadora que Josué Moreno y Ángel Verde poseían después de haber sido robados en la frontera.

Durante días, los dos adolescentes -amigos de la ciudad de Valencia-, habían estado cambiando de ropa cada pocas horas.

Dormían bajo la lluvia el martes por la noche en una acera de Pamplona.

Vene15.jpg

Josué Moreno, izquierda, lleva la sudadera con capucha que comparte con su amigo Ángel Verde. La sudadera era la prenda más abrigadora que ambos aún poseían después de haber sido asaltados en la frontera entre Colombia y Venezuela. La intercambiaban llevándola unas cuantas horas cada uno.

A la mañana siguiente todavía lloviznaba mientras se acurrucaban fuera de un remolque de la Cruz Roja, temblando bajo una lona negra en una larga fila de personas que esperaban que alguien abriera una puerta y los dejara entrar.

Cuando Josué llegó al frente de la línea, discutió con los trabajadores por su falta de identificación -que le habían robado- antes de que cedieran y le dijeran que esperara a que lo llamaran por su nombre.

Él y Ángel no habían comido nada en más de un día cuando les entregaron tazones de carne de res desmenuzada y arroz que devoraron. La ayuda que recibieron también incluía comida enlatada, botellas de agua y una manta.

Cuando estuvieron listos para salir, el valle se llenó de niebla, y el consenso entre los migrantes fue que sería más seguro esperar hasta la mañana para seguir adelante.

Los dos muchachos regresaron a Pamplona y se instalaron para otra noche en la acera. Josué se puso la sudadera con capucha sobre su camiseta rosa y desplegó la manta para compartirla con su amigo.

La peligrosa meseta estaba ya a 22 millas de distancia.

“He caminado mucho para devolverme”, dijo Josué.

Cuando Hugo Chávez se convirtió en presidente de Venezuela en 1999, Eva Alfaro Aldana lo celebró junto con gran parte del país.

Al principio, el líder socialista cumplió sus promesas de elevar los niveles de vida, expandiendo el control del gobierno sobre las enormes reservas de petróleo de Venezuela durante un auge sin precedentes de los precios del petróleo canalizando mucho dinero hacia programas sociales.

Alfaro era propietaria de una casa y ganaba lo suficiente en un supermercado local como para vivir cómodamente con su hijo, Luis Mario Fuenmayor Alfaro.

vene16.jpg

Eva Alfaro Aldana, de 61 años, rellena sus zapatillas, que son dos tallas más grandes, con papel higiénico.

Pero entonces los precios del petróleo cayeron y el experimento social comenzó a desbaratarse. Después de la muerte de Chávez en 2013 y de la toma de posesión de su sucesor, Nicolás Maduro, el país se sumió en una profunda recesión.

Alfaro se aferró al sueño hasta 2015, cuando hombres armados irrumpieron en su casa y dispararon a su hijo en la mano y la pierna.

Pronto su trabajo en el supermercado desapareció. A los 61 años, barría las tiendas en busca de monedas, mientras que Fuenmayor, de 30 años, que antes comerciaba productos electrónicos, ahora vendía cigarrillos sueltos. Para sobrevivir escarbaban en los contenedores de basura buscando comida.

Ahora Venezuela estaba 68 millas detrás de ellos. Era jueves por la tarde y llevaban cuatro días caminando.

Alfaro decidió cambiar sus zapatos gastados por un par de su hijo. Eran dos tallas más grandes, así que rellenó las puntas con papel higiénico.

vene17.jpg

Luis Mario Fuenmayor Alfaro ayuda a Liliana Mendoza, izquierda, y a su madre, Eva Alfaro Aldana a subir una última colina antes de llegar a una estación de la Cruz Roja en La Laguna, Colombia.

Los dos estaban descansando en un pedazo de césped cerca de la autopista cuando un todoterreno negro se detuvo y cuatro hombres se bajaron.

Uno se presentó como Wilmer Azuaje. Dijo que había sido un legislador de la oposición en Venezuela y que el gobierno de Maduro lo había encarcelado y torturado antes de que lograra huir a Colombia a principios de 2019.

Ahora trabajaba con una organización benéfica para los venezolanos, explicó mientras sus compañeros les daban a Alfaro y a su hijo pan y botellas de agua, que devoraron con rapidez.

Uno de los hombres levantó un teléfono para grabar un video, diciendo que iban a mostrar el material a los políticos en Washington.

Azuaje le pidió a Alfaro que explicara en cámara por qué huyó.

“Yo no tengo nada en Venezuela”, dijo, rompiendo en lágrimas. “Ni siquiera una casa a donde regresar”.

vene19.jpg

El político venezolano Wilmer Azuaje consuela a Eva Alfaro Aldana mientras llora al explicarle por qué huyó de Venezuela.

“O tratamos de llegar a otro país o nos morimos”, dijo su hijo “Lo que estamos haciendo en Venezuela es muriendo de hambre. ¿Cómo vamos a pagar un pasaporte si ni siquiera tenemos para comer? No estamos saliendo, estamos escapando”.

Azuaje trató de consolarlos.

“Esto va a cambiar. Créame”, dijo. “Con la fe en Dios, vas a regresar”.

El Páramo de Berlín se encuentra a 10.500 pies sobre el nivel del mar y se extiende a lo largo de 27 desoladas millas, un paisaje formado por el aire enrarecido debido a la altura, la lluvia helada y los vientos cortantes.

Cuando los caminantes llegan a la meseta, han escuchado rumores de muertes de migrantes y relatos sobre la locura de tratar de atravesarla a pie.

“Busque el dinero para viajar seguro”, dice la advertencia en un mapa repartido por los grupos de ayuda.

Nelly Briseño no tenía dinero – mientras que otros dormían bajo los porches, ella había gastado sus últimos pesos para compartir una habitación con cuatro amigos en un hostal en La Laguna, a 70 millas del viaje y el último pueblo antes de la meseta.

Pero sí tenía atún.

Las latas de pescado, distribuidas por la Cruz Roja, se han convertido en una moneda de cambio importante aquí.

Poco después de que Briseño y sus amigos comenzaran a caminar de nuevo el viernes por la mañana, un camión vacío con lonas negras que cubrían un marco de madera se detuvo frente a ellos.

vene21.jpg

Yosmary Aular, de 37 años, reconforta a su hijo Brian Pineda, de 13 años, minutos después de haberle rogado que los dejara subir a un camión que transportaba migrantes a través de La fría meseta. El camionero cobró 1.000 pesos, unos 30 centavos, y ella se quedó sin dinero. Se negó a dejarlos subir al principio, pero luego cedió.

El conductor pidió a cada uno de ellos tres latas de atún. Explicó que estaba infringiendo las leyes de tránsito al transportarlos, por lo que más tarde vendería las latas para obtener una ganancia.

El conductor se detuvo para recoger más migrantes. Los dejó a unos kilómetros en otra estación de la Cruz Roja y les dijo que lo esperaran mientras él volvía a buscar a los rezagados.

Cuando regresó con otras dos docenas de personas, explicó que el viaje a través de la meseta le costaría a cada uno de ellos 1.000 pesos, o 30 centavos de dólar. Esta vez, no aceptó el atún.

“Todo es un negocio”, dijo.

vene22.jpg

Los venezolanos evitan una noche fría y sin refugio haciendo autostop en la parte trasera de un camión de carga a través de una meseta helada. Algunos se ven obligados a permanecer de pie durante los 90 minutos del viaje por falta de espacio.

La gente lo rodeaba, suplicando. Ofrecieron todas sus latas. Pero él no cedió.

Los que tenían dinero lo juntaron y le pagaron al conductor. Pero una mujer con los ojos muy abiertos que viajaba con su hijo y su sobrina de 13 años le rogó que los dejara subir. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras expresaba su temor de quedarse atrapada de nuevo en el frío durante la noche.

“Por favor”, dijo.

Finalmente, el conductor cedió. Les dijo a sus 40 pasajeros que se mantuvieran callados en caso de que la policía lo detuviera.

vene24.jpg

Un pequeño es subido a la parte trasera de un camión mientras los migrantes se apresuran a hacer autostop en el frígido Páramo de Berlín en su peligroso viaje para escapar de Venezuela a través de Colombia.

Mientras el camión avanzaba, el frío se colaba entre las lonas. Los pasajeros pudieron ver los pastos de las vacas y la carretera vacía.

Nadie habló. Los únicos sonidos eran el tambaleo del motor, el bocinazo ocasional, el golpeteo de los ganchos de metal que aseguraban una lona y la tos constante de una mujer.

Al mediodía, el granizo comenzó a golpear la lona. Diez minutos después, el camión se detuvo. La parte más temida del viaje -el cruce de la meseta- había durado una hora y media.

Entonces el conductor, que había parecido tan indiferente a la difícil situación de los viajeros, se despidió de ellos mientras bajaban del camión.

“Dios los bendiga y los proteja”, dijo.

Todavía estaban a 28 millas de Bucaramanga, pero ahora todo era cuesta abajo.

En los últimos cinco años de decadencia de Venezuela, más de 4 millones de personas han huido del país. Con 29 millones todavía allí, el éxodo podría continuar fácilmente durante años.

Y números incalculables pasarán por Cúcuta, donde Valentina Durán, Edgar Blanco, Ana María Fonseca Pérez y los demás iniciaron su viaje.

vene25.jpg

Las madres que sostienen a sus hijos observan cómo otros desembarcan del camión que los transportó a través de la fría meseta.

Cada día más enfermeras, maestros, mecánicos, obreros de la construcción, peluqueros y comerciantes llegan al río Táchira y cruzan puentes construidos con cantos rodados, sacos de arena y ramas de árboles a través de los cañones y subiendo por las orillas hasta la ciudad.

Se detienen para almorzar en un comedor de beneficencia. Se dirigen a la Cruz Roja y se conectan a Facebook o WhatsApp para que sus familiares sepan que han llegado hasta aquí.

Esperan sus turnos para hacerse revisiones médicas y recibir atún, galletas saladas y agua. Asisten a las conferencias sobre los peligros que se avecinan.

Luego se levantan de sus asientos y se dirigen a la carretera.

Algunos se detienen fuera del edificio para examinar los mensajes que otros caminantes han dejado en una de las paredes de estuco, transformándola en un monumento a Venezuela.

“Sé que estamos pasando por un momento súper difícil, pero también sé que con la ayuda de nuestro Papito Dios saldremos adelante”.

“Dejando a nuestra familia – esposa, hijos, hermanos- con el corazón roto”.

“Pronto volveremos a ti, mi país querido, con el favor de Dios”.

vene26.jpg

Un grupo de venezolanos cruza la frontera de San Antonio del Táchira a Colombia por caminos ilegales cerca del puente internacional Simón Bolívar. Cada día, 5.000 personas huyen del país.

Migración venezolana: Balance 2019 por Betilde Muñoz-Pogossian  – El Nacional – 11 de Enero 2020

Por segundo año consecutivo, el Migration Policy Institute, un centro de pensamiento basado en Washington, DC que se especializa en materia migratoria a nivel mundial, catalogó la crisis migratoria venezolana como la número 1 en su lista de los 10 temas migratorios de 2019. Esta crisis también ha estado en el centro de la discusión en el sistema de la ONU, la Unión Europea y la Organización de los Estados Americanos.

Los números para 2019 confirman que 4.769.498 venezolanos han salido del país en los últimos años. El volumen de gente desplazada se compara solo a Siria a nivel mundial, que hoy ya tiene 6,7 millones de refugiados. Algunos estimados indican que para 2020 podríamos ver que la crisis migratoria venezolana alcance esos niveles.

Al tiempo que vemos que los venezolanos siguen emigrando a otros países, tenemos también que entender que las cosas nunca serán igual para Venezuela, y tampoco para nuestros coterráneos en el exterior. ¿Qué pasó en 2019 en este tema? ¿Cómo reaccionaron otros países y la comunidad internacional ante este monumental reto para la región, y para el mundo? Aquí reseño los principales hitos en el tema de migración venezolana en 2019.

Enero

2019 comenzó agitado. La Organización de los Estados Americanos decidió “no reconocer la legitimidad del período del régimen de Nicolás Maduro a partir del 10 de enero». La resolución se aprobó con 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y 1 ausencia. Con esto, y al asumir Juan Guaidó la presidencia interina de Venezuela, un grupo de países comenzó progresivamente a reconocer a Guaidó como su contraparte oficial, y la conversación sobre la aceptación de los pasaportes expirados de los venezolanos por estos países también cobró relevancia.

Diana Carolina, una mujer ecuatoriana de la ciudad de Ibarra en Ecuador, fue víctima de violencia de género a manos de su pareja. Su compañero de nacionalidad colombo-venezolana era un migrante. Desafortunadamente, se culpó de esta tragedia a la migración, en vez de su fuente real, la violencia basada en género, y su manifestación más violenta: el feminicidio.

Febrero

El 23 de febrero, líderes de la oposición incluido el presidente interino, Juan Guaidó; el secretario general de la OEA, Luis Almagro; y los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay se reunieron en Cúcuta, Colombia para el concierto Venezuela Live Aid, y para apoyar el esfuerzo internacional de llevar ayuda humanitaria a Venezuela.

Marzo

La ONG venezolana Cepaz publicó el único análisis específico y el más completo de la situación de las mujeres migrantes de Venezuela. Se reseñan los retos específicos para las mujeres migrantes y se mapean propuestas de políticas públicas para responder a esos retos.

Abril

Las ONU reconoció abiertamente la escala del problema humanitario en Venezuela, caracterizándolo como “importante y en crecimiento”. Advirtió que al menos 25% de la población, o 7 millones de venezolanos, necesitaban asistencia humanitaria para esa fecha.

Nueve países de la región, i.e. Ecuador, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela, participantes del Proceso de Quito se reunieron en Ecuador y aprobaron una Declaración Conjunta de la III Reunión Internacional Técnica de Movilidad Humana de ciudadanos venezolanos en el región.

Mayo

El 21 de mayo, la Asamblea Nacional publicó un decreto firmado por el presidente interino, Juan Guaidó, para extender la validez de los pasaportes venezolanos 5 años más a partir de la fecha de expiración que muestra el documento.

Junio

A propósito de la 49 Asamblea General de la OEA en Medellín, Colombia, la OEA presentó su Reporte sobre Migración Venezolana que analiza la escala de la crisis de migrantes y refugiados sin precedentes en la región.

El gobierno de Estados Unidos decidió reconocer la validez de los pasaportes venezolanos por 5 años. Un grupo de países empieza a reconocerlos también, incluida España, Canadá, Colombia, entre otros.

El 13 de junio, el presidente de Perú anunció que a partir del 15 de junio los venezolanos tendrían que presentar pasaportes válidos y adquirir una visa humanitaria.

Julio

Ecuador aprobó también una medida que requiere que los venezolanos adquieran una visa humanitaria para entrar al país. Entre otras cosas, aprueba una amnistía migratoria para proteger a los venezolanos en situación irregular en el país.

Se celebró la IV Reunión Internacional Técnica del Proceso de Quito, en Buenos Aires, Argentina. En la reunión, los países participantes acordaron una hoja de ruta para la integración de los migrantes y refugiados venezolanos.

Agosto

En una nueva muestra de solidaridad con los más vulnerables, Colombia concedió la ciudadanía a los niños nacidos en ese país de padres venezolanos. La medida cubre a niños venezolanos nacidos en Colombia desde 2015 y hasta dos años después de aprobada la medida, es decir, hasta agosto de 2021.

La Organización Internacional para las Migraciones divulgó su reporte del Proyecto de Migrantes Desaparecidos. Según los datos, Venezuela es el segundo grupo, después de la categoría de “Nacionalidad desconocida,” con la mayor cantidad de migrantes muertos o desaparecidos.

Los ministros de Salud de 10 países de la región reunidos en Colombia acordaron producir una Tarjeta Regional de Vacunación, para llevar un registro de los récords administrativos de vacunación de los migrantes, y en particular de los venezolanos.

Octubre

La Unión Europea convocó una Conferencia de Solidaridad en Bruselas. La conferencia recaudó alrededor de 133 millones de dólares.

Comenzaron a circular videos en las redes sociales documentando ataques, amenazas y acoso contra migrantes venezolanos.

Un grupo de investigadores publicó un mapa señalizando la ocurrencia de muertes de mujeres venezolanas migrantes en el mundo e identificando la causa de esas muertes.

Noviembre

La Oficina de la ONU para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones lanzaron el Plan Regional de Respuesta a Refugiados y Migrantes para recaudar un total de 1,35 billones de dólares, que serán canalizados a través de 130 organizaciones que proveen asistencia a migrantes y refugiados venezolanos.

Diciembre

El año cerró con predicciones que indican que, si se mantiene la tendencia, hasta 6,5 millones de venezolanos estarán viviendo fuera del país en 2020.

Se empieza a conocer de más casos de xenofobia y discriminación en algunos países receptores que están recibiendo la mayor cantidad de migración. De acuerdo con fuentes de la ONU, alrededor de 46,9% de los migrantes venezolanos han experimentado discriminación recientemente, en comparación con 36,9% que lo confirmaba al inicio de 2019.

* Las opiniones son personales. No representan las de la Organización de los Estados Americanos.

Popular En La Comunidad

Los venezolanos llegan a Madrid a ritmo de vértigo por Fernando Peinado y Julia F. Cadenas – El País – 10 de Enero 2020

Ninguna comunidad de inmigrantes ha desembarcado tan rápido en la historia reciente de la región: más de 20.000 al año desde 2008

Venezolanos en Madrid
Miembros del equipo de softball madrileño Los Panas de Venezuela. Desde la izquierda. Luis Salazar, Gerson Godoy, César Pérez, Carlos Alfaro, Víctor Miraglia y Marielis Sánchez. VÍCTOR SAINZ

En 2008 había tan pocos venezolanos en Madrid que dos pequeños fabricantes de queso al estilo de ese país, José Luis Marín y su yerno Fernando Rodríguez, tenían que buscar a sus compatriotas por la ciudad, montados en su Opel Astra. Iban con el maletero cargado al barrio de Las Tablas, a la sede de Técnicas Reunidas, la empresa petrolera que empleaba a decenas de ingenieros venezolanos. Hoy estos dos queseros venden sus productos autóctonos en Carrefour o El Corte Inglés. Su empresa, Antojos Araguaney, emplea a 120 personas y tiene planes de expansión ambiciosos. Quieren mudarse en marzo a una nueva nave de 3.000 metros cuadrados en Rivas-Vaciamadrid, un municipio que colinda con la capital por el sureste, porque la actual de 700 metros cuadrados se les ha quedado pequeña.

El éxito de Antojos Araguaney se debe al trabajo duro y a un aumento extraordinario de sus consumidores potenciales. Los venezolanos son los inmigrantes que llegaron en mayor número a la Comunidad de Madrid en el primer semestre de 2019: 11.899, según los últimos datos de la Estadística de Migraciones, conocidos este miércoles. Es un desembarco masivo sin igual en los últimos años. Ningún otro grupo nacional de inmigrantes ha crecido en más de 20.000 miembros al año desde 2008, cuando el Instituto Nacional de Estadística comenzó a publicar esta serie. Los venezolanos en Madrid llevan dos años seguidos superando esa marca. En total, viven en la región de Madrid probablemente más de 100.000 personas nacidas en el país sudamericano. La cifra exacta la conoceremos este mes, cuando el INE publique la actualización del padrón sumando entre otros estos nuevos datos de inmigrantes.

Empleados de la fábrica de Antojos Araguaney en Rivas-Vaciamadrid elaborando tequeños, palitos de queso empanado muy populares entre los venezolanos.
Empleados de la fábrica de Antojos Araguaney en Rivas-Vaciamadrid elaborando tequeños, palitos de queso empanado muy populares entre los venezolanos. KIKE PARA
Marín y Rodríguez salieron de su país en los primeros años del chavismo, antes de que la cosa se pusiera fea. Desde entonces han visto en Madrid la dramática llegada de compatriotas que huyen del caos político y económico. Ahora, Antojos Araguaney es motivo de orgullo para los venezolanos en Madrid y un ejemplo para emprendedores que buscan prosperar en España. “Yo siempre les doy el mismo consejo: trabajo, trabajo y trabajo”, dice Marín, que a sus 69 años no tiene planes de tomar un descanso.

Madrid recibe solo una pequeña parte del gran éxodo de venezolanos por Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, que asciende a 4,6 millones de personas desde 2015, según Naciones Unidas. La cifra podría subir este año a 6,5 millones, según la organización. Este drama comparable en dimensión al de los refugiados sirios está transformando las ciudades de acogida. La huella cultural en Madrid se siente en rincones como el Mercado Maravillas, en las nuevas areperas por la ciudad que sirven el producto más popular, o en el auge que experimenta la liga de softball, una variante del béisbol, el deporte rey del país sudamericano. Son una adición a una región cada vez más diversa donde los rumanos (136.661) y los colombianos (100.732) son todavía las minorías más grandes.

También se siente la presión en los comedores sociales y los albergues. El perfil de los venezolanos que llegan a Madrid se ha transformado rápidamente y cada vez tienen menos recursos, según la venezolana Cristina Isacura, una abogada de inmigración que ha visto cómo se ha diversificado la clientela que entraba por la puerta de su despacho en la Puerta del Sol. Hace ocho años eran principalmente jóvenes profesionales con ahorros, o ricos que compraban pisos de lujo en el barrio de Salamanca. Pero desde hace dos años muchos llegan en situación desesperada. “He visto niños solos mandados por sus padres, algunos desnutridos, eso está pasando mucho”, dice Isacura. “A veces he hablado con personas que no se imaginan que hay venezolanos sin dinero para comprarse un tique de tren”.

Ingenieros sin techo

También están llegando a Madrid muchas personas mayores, padres o abuelos de jóvenes ya instalados aquí. Es un seguro de vida porque en Venezuela hay una acuciante falta de medicinas. En la mayoría de los casos los jóvenes tienen formación universitaria pero trabajan en empleos manuales como repartidores o camareros, dice Tomás Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana. Las familias malvenden sus propiedades en Venezuela para tener un fondo de auxilio. “Apartamentos de 200 metros cuadrados en zonas que antes eran cotizadas en Caracas se están vendiendo por menos de 60.000 euros”, dice Páez.

El fisioterapeuta Erwuin Contreras se gana la vida tocando la guitarra en el metro y los trenes cercanías.
El fisioterapeuta Erwuin Contreras se gana la vida tocando la guitarra en el metro y los trenes cercanías.IAGO CORTÓN

Los más ricos compran inmuebles y su residencia legal gracias al programa visa de oro. El resto suele entrar en un largo proceso de solicitud de asilo. Si tienen un colchón débil acaban pasando penalidades. Erwuin Contreras, un fisioterapeuta de 33 años, vendió su preciado Volkswagen Beetle de colección para pagarse el pasaje aéreo a Madrid. Las cosas se torcieron y durante un tiempo durmió en un cajero. Ahora canta en el metro con un cuatro, un instrumento de cuerda. Gana entre 35 y 40 euros al día. “Mi sueño ahora es grabar mi canción En los rieles de Madrid, para contar mi historia, nuestra historia”, dice él.

Daniel Pérez, un ingeniero biomédico, ha dormido en la calle y en una iglesia en su primer mes y medio en Madrid.
Daniel Pérez, un ingeniero biomédico, ha dormido en la calle y en una iglesia en su primer mes y medio en Madrid. LAURA P. MERINO

Daniel Pérez es un ingeniero biomédico de 29 años que solo lleva un mes y medio en Madrid y ha dormido en la calle, en una iglesia y ahora en un albergue. A pesar de las penurias es optimista. “He conocido buenas personas aquí y buenos contactos que me van a servir cuando tenga el permiso de trabajo”, dice Pérez, que vive con su pareja, que es contable.

Sus historias contrastan abruptamente con las de sus compatriotas con más recursos. La familia Cohén es dueña del Sambil de Leganés, el centro comercial outlet más grande de España. Otros muchos han comprado pisos de más de dos millones de euros en el barrio de Salamanca. En una de sus elegantes calles, Kika Payares y otras tres socias han abierto InCasa, una tienda de decoración orientada al gusto vanguardista de los venezolanos adinerados del barrio. Una escultura de unos labios rojos de casi medio metro de ancho cuesta 1.170 euros. Pero ahora están introduciendo objetos más clásicos porque quieren crecer y han notado cómo el flujo de venezolanos está remitiendo. Buscan atraer al cliente español, más conservador. “El [venezolano rico] que quería salir ya lo hizo”, dice Payares.

Kika Payares, una de las socias de la tienda de decoración InCasa, en el barrio de Salamanca de Madrid.
Kika Payares, una de las socias de la tienda de decoración InCasa, en el barrio de Salamanca de Madrid.KIKE PARA

La consultora inmobiliaria Engel & Volkers dice que el pico de compras por venezolanos en Salamanca y otras zonas caras de Madrid ya pasó. Los venezolanos coparon un 50% de las adquisiciones de inmuebles de más de un millón de euros en el último trimestre de 2017 y el primero de 2018. Ahora rondan el 20%.

Juan Carlos Gutiérrez, abogado en el despacho de Cremades & Calvo-Sotelo, cree que parte de esa caída se debe a que España ha apretado recientemente las tuercas contra los blanqueadores de capitales afines al chavismo. “La presión cada vez mayor está haciendo que los boliburgueses [la élite chavista] tengan que llevar su dinero a Rusia, Turquía y otros países donde meter el dinero es mucho más arriesgado”, dice Gutiérrez. A pesar de eso a muchos venezolanos en Madrid les duele convivir con algunos conocidos empresarios del chavismo, como Alejandro Betancourt, socio capitalista de la cadena de gafas de sol Hawkers. Betancourt compró en 2012 un palacete en Santa Cruz de Retamar, en Toledo.

Según Rolando Seijas, fundador venezolano de SNB Capital, una compañía de inversión inmobiliaria en Madrid, la élite de su país ha entrado en una nueva fase, la del emprendimiento. Al llegar compraron inmuebles y una vez asentados se han puesto manos a la obra. Ahora, dice Seijas, hay un boom de aperturas de restaurantes. Él mismo ha abierto dos en la capital, The Lobstar, especializados en la cocina de marisco estadounidense.

Explica que cuando un inmigrante llega a un lugar nuevo atraviesa forzosamente un período de adaptación. Tiene que aceptar la nueva realidad. “Los tres primeros años del proceso migratorio son de duelo”, dice él. “No se puede montar un negocio cuando uno tiene su presencia física en un país y su corazón en otro”.

LOS OCULTADOS POR LA ESTADÍSTICA

Los datos de inmigrantes venezolanos en Madrid subestiman el tamaño real de la comunidad, según los expertos. Las cifras del padrón o la estadística de inmigración informan de los nacidos en Venezuela que residen en Madrid, pero no incluyen a muchas personas retornadas, es decir, los nacidos en España, Italia o Portugal que emigraron a Venezuela en la segunda mitad del siglo pasado y ahora han abandonado el país con destino en la capital de España en muchos casos, dice Tomás Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana. Además, ya hay muchos venezolanos de segunda generación en Madrid. Son los hijos de los recién llegados que han nacido aquí.

Madrid es la Comunidad que más venezolanos recibe, muy por delante de Cataluña y Canarias. El 1 de enero de 2019, había en España 323.575 personas empadronadas que habían nacido en Venezuela. En los seis meses siguientes llegaron 35.652 inmigrantes de Venezuela, según la Estadística de Migraciones del INE que hemos conocido esta semana.

Benigno Alarcón: El gobierno va a escalar el conflicto en 2020 por Alejandro Ramírez Morón – El Estimulo – 26 de Diciembre 2019

Venezuela llegó a ser una democracia referencial en todo el continente, pero un día llegó la barbarie. Ahora somos un problema planetario y una amenaza para la región. Juan Guaidó se asomó como esperanza pero los rojos han sabido mover las fichas, y hasta parecen repuntar

La crisis política venezolana es realmente peliaguda. Un complejo enrevesamiento de vectores de todo tipo, que van a dar a una espiral de violencia sin parangón. La diáspora para los pelos de punta, y –según Inés Quintero– nada en nuestra historia se le puede parar al lado. Es decir, un país tradicionalmente dictatorial cruzó el oasis de la IV República como si tal cosa, en un santiamén, y acá estamos de nuevo bajo la garra de un caudillo. La situación venezolana está en constante análisis y Benigno Alarcón es uno de sus estudiosos, desde el quehacer político.

La irrupción de Juan Guaidó en la escena política nacional e internacional fue recibida como una bocanada de aire fresco por una población hastiada de lastres de todo tipo. El racionamiento del agua, la falta de Internet, la inflación galopante, el hampa desbordada, y pare usted de contar. Ese largo rosario de males que llevaron el algún momento a su popularidad al cielo del 60%.

«Hay tres sectores en la población: un primer grupo que busca readaptarse; un segundo grupo que quiere emigrar y un tercer grupo que habla de armarse para la lucha»

Benigno Alarcón es el director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Su perfil es el de un apasionado voraz del análisis político, y en todo momento está trabajando en el asunto, salga sapo o salga rana. En estos momentos, dirige un diplomado sobre transiciones políticas, en el cual tiene a varios profesores de lujo como invitados.

Tres fases

“Venezuela atraviesa por una crisis política, y las mismas tienen tres fases: escalada, desescalada y estancamiento. Nuestra crisis está, en estos momentos, en una fase de estancamiento. Y la gente suele pensar que un estado de estancamiento debe resolverse rápido, pero esto no es así necesariamente”, comienza por limpiar de polvo y paja la confusión que reina en la opinión pública nacional.

Benigno Alarcón

Y pone un par de ejemplos para exorcizar toda duda: el primero de ellos, es el incordio diplomático entre Venezuela y Guyana por el Esequibo. Es un conflicto que tiene muchos años en la fase de estancamiento, y no se sale del mismo porque ninguna de las dos partes se decide a escalarlo. Venezuela dispone de poderío bélico para hacerlo por la vía de la fuerza, pero no lo hace porque ello le traería la enemistad de todos los países del Caribe, y de algunos otros. Entretanto, Guyana se beneficia del status quo, y apuesta por mantener el asunto en la inacción.

Pero también pasa en el conflicto entre Venezuela y Colombia, por el Golfo, de modo inverso. Acá es Venezuela quien se beneficia del status quo, y ninguna de las dos partes se decide a escalar el conflicto por la vía de la fuerza, porque podría resultar peor. “Es verdad que Colombia lo intentó en un momento con el buque Caldas, pero eso no pasó de ahí”, refiere el entrevistado.

De modo que lo primero que hay que decir es que el gobierno paralelo de Juan Guaidó, podría prolongarse por años, lo mismo que las tensiones con Estados Unidos, y, claro, el régimen opresor que nos ocupa.

Nicolás Maduro tratará de montar unas parlamentarias lo suficientemente creíbles como para que la comunidad internacional no chiste

En 2020 habrá desenlaces

Pero no. “El gobierno va a escalar el conflicto el año que viene, a través de las elecciones parlamentarias”, dispara duro el portavoz, si bien aclara que los politólogos no tienen bolas de cristal, ni varitas mágicas. Esa es, en todo caso, su apuesta como analista.

Benigno Alarcón dice que el régimen de Nicolás Maduro tratará de montar unas parlamentarias lo suficientemente creíbles como para que la comunidad internacional no chiste, pero a la vez generando la bruma que impida a los electores de la oposición concurrir a las urnas.

¿Cómo es esto? Bueno, unas elecciones que vayan a fin de año, que den tiempo de que todos los contendores hagan campaña, en todos los medios, etcétera. Pero evitando las presidenciales, por lo cual, muchos adeptos de Juan Guaidó, no votarán porque no se ha producido el “cese de la usurpación”, verbigracia. El célebre mantra.

Pero, ¿qué hará la oposición si esto pasa? “Bueno, como he dicho, hacer predicciones es difícil, pero lo primero que uno ve es que la oposición puede participar o no participar”, adelanta Benigno Alarcón. Visto de otro modo, la jugada de la oposición podría pasar por exigir las presidenciales como requisito sine qua non para ir acudir a unas parlamentarias, en las cuales podría perder la presidencia del Parlamento, y por lo tanto, ver a Guaidó rodar como una piedra.

Benigno Alarcón

Ahora bien, ¿cómo definir el estancamiento en el cual estamos? ¿Cuáles son los rasgos que lo caracterizan? Uno de ellos, dice la fuente, es que el gobierno podría escalar el conflicto con la fuerza, por ejemplo encarcelando a Juan Guaidó, pero no lo hace porque eso podría traerle más problemas que otra cosa. Otro rasgo es que el status quo beneficia a ambos bandos, y por eso ninguno de los dos se decide a escalar el estancamiento.

Lo cierto es que la soga cada vez aprieta más duro el cuello de los venezolanos, y más allá de eso que llaman “calma chicha”, o sea un prolongado estado de indefinición en lo político, Benigno Alarcón estima que en 2020 tendrán que producirse algunos desenlaces, como ya se dijo más arriba. El experto cree que es bastante improbable que Estados Unidos se decida por una incursión militar, ni en el corto, ni en el mediano plazo, si bien no se atreve a cerrar esa rendija del todo en el análisis. “Luego del fracaso de la invasión a Irak, no creo que Estados Unidos use la fuerza militar en Venezuela. Esto le pondría en contra a América Latina y a toda Europa. Hizo falta el ataque a las Torres Gemelas, no obstante, para que Estados Unidos invadiera Irak”, recuerda el portavoz.

“El gobierno va a escalar el conflicto el año que viene, a través de las elecciones parlamentarias”

Como se dijo, Benigno Alarcón es un trabajador incansable y la politología es su gran pasión. Es un hombre de estatura mediana, bien trajeado, piel cetrina y mirada aristocrática, que siempre resulta desmentida por una sencilla calidez, que envuelve cada uno de sus certeros dardos como analista. Un hombre que hace trabajo de hormiga. Por ello, en el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB a veces la orden es soltar los libros e irse a hacer trabajo de campo.

Crece el descontento

“Recién estamos comenzando una segunda fase de los trabajos de campo, pero tenemos resultados que datan de mayo de este año, y allí vemos que la inconformidad está creciendo. Hay tres sectores que identificamos en la población: un primer grupo que busca readaptarse porque entendió que esto no va a cambiar pronto; un segundo grupo que quiere emigrar, y quizás no todos lo hagan, pero al menos tienen el deseo; y un tercer grupo, que habla de armarse para la lucha, es decir, tomar el camino de la lucha armada”.

Sobre la diáspora, dice que seguirá en ascenso. O sea, sus datos coinciden con los del experto Tomás Páez, y –en efecto- pese a las consideraciones de depauperación de los migrantes, la xenofobia, y todo eso, la gente se seguirá yendo del país. No hay burbuja caraqueña que valga.

En torno a ese grupo que dice estar decidido a tomar las armas, pues confirma que si bien hasta ahora solo uno de los bandos ha estado en poder del acero, eso no quiere decir que el otro no pueda comenzar a armarse, y –eventualmente- producirse un escenario de enfrentamiento de guerrillas urbanas, cosa que puede prolongarse en el tiempo y ser incluso más devastador que una invasión yanqui.

Un caso inédito

Dígase lo que se diga, el apoyo en torno a Juan Guaidó por parte de la comunidad internacional ha sido algo realmente inédito, dice Alarcón. “No se había visto antes nada similar, tal vez en el caso del cese del comunismo en Rusia, y algún otro caso en la OTAN”, calibra el politólogo.

Aún así la cosa pinta color de hormiga, y Nicolás Maduro viene escalando en la región, pese a las arremetidas de Guaidó y su tinglado. Alarcón, más allá de todo fatalismo, aclara que ese bloque de 60 países que se aglutinaron alrededor del interinato podría comenzar a ver mellado su filo, con casos como el de Argentina donde el peronismo volvió a la presidencia, o como consecuencia de los focos de caos que se han verificado en Chile y Ecuador, por ejemplo.

Nuestra crisis está, en estos momentos, en una fase de estancamiento

Puertas adentro, las maquinarias de los partidos lucen debilitadas para el especialista de la UCAB, si bien el PSUV dispone de más dinero para desplegar una red clientelar. “En el caso de la oposición el centro de gravedad sigue siendo Guaidó. Y todo el que se ponga en contra, o hable mal de él, corre un riesgo político alto, porque viene a ser algo así como el aguafiestas”.

Es verdad, expone Benigno Alarcón, que quizás el sistema de los CLAP está debilitado, pero la gradería rojita puede seguir ejerciendo influencia en las bases a través de los mecanismos de control como las Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBCh), entre otros.

El politólogo conviene en admitir que la oposición, a lo largo de todos estos años le ha buscado siempre la vuelta a la cosa, y se ha sabido reinventar en cada escenario; la resistencia de la prensa ha sido tenaz, también la de la sociedad civil. Y no ha bastado.

Poder de fuego

Consultamos a Benigno Alarcón sobre su lectura de los sucesos de calle del 30 de abril de este año. Considera que atando cabos se puede entender lo que pasó: había una especie de bruma en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), si bien un bando de militares ofreció apoyo a Juan Guaidó.

Y como había esa bruma, se hizo una apuesta, pero se perdió. Es claro, dice, que el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, tuvo un rol crucial en esa hora, tal como se desprende de su posterior pronunciamiento junto al alto mando militar.

Cree que la FANB se mantiene en sus trece porque en cualquier país la división de la milicia implica fuego, guerra, pugnas con poder de disparar, y si bien puede haber divisiones al interior de los cuarteles, los militares han apostado por mantener la normalidad, y conservar –además- una cantidad ingente de beneficios que les han sido conferidos por el régimen de Maduro.

Como se ve, la situación en Venezuela dista mucho de ser sencilla. La economía no deja de asfixiar, y Caracas figura en los rankings más serios entre las cinco ciudades más peligrosas del orbe. Hay quien dice que se trata del crimen organizado en el poder, como sostiene María Corina Machado o Alejandro Rebolledo. Pero más allá del Informe Bachelet, ese que retrató a un gobierno violador de derechos humanos, allí está Venezuela con una silla en el Consejo de DDHH de la ONU. ¿En esta película ganan los malos? Eso se sabrá en su debido momento, porque como decía el gran Héctor Lavoe, “todo tiene su final”. Es así.

La gobernanza de la diáspora venezolana por Tomás Páez – El Nacional – 2 de Diciembre 2019

1523540979038
Dos ex presidentes de Estados Unidos, J. F. Kennedy y Ronald Reagan,  integrantes de los dos grandes partidos políticos, demócratas y republicanos, han puesto de relieve la enorme importancia de las diásporas en el desarrollo de ese país. Keneddy lo hace en su libro Una nación de inmigrantes, al cual la editorial española define como un panegírico de las diásporas en el progreso de Estados Unidos. La primera página la escribe Oscar Handlin, reconocido historiador, quien nos dice: “Una vez yo pensé en escribir una historia de los inmigrantes de América. Entonces descubrí que la historia de los inmigrantes era la historia de América”.  Algo similar se podría decir de Venezuela.

J. F. Kennedy  lo reafirma al decir: «Todos los americanos son inmigrantes o descendientes de inmigrantes… solamente podemos hablar de personas que simplemente llegaron antes o después, y cuyas raíces en América son más antiguas o nuevas».  Agregaba, si se hubiese puesto freno a la migración y obstaculizado su ingreso “hoy seríamos considerablemente otro tipo de sociedad”. «Este es el secreto de América; una nación de ciudadanos con memoria de sus viejas tradiciones pero que, sin embargo, osaron explorar nuevas fronteras; gente ansiosa por construir nuevas vidas, en una sociedad abierta, que no restringe su libertad de elección ni de acción».  El texto explica los aportes de las diásporas al progreso y al desarrollo en todos los ámbitos: técnico, cultural y económico de Estados Unidos”. Estas reflexiones hechas el siglo pasado adquieren hoy día mayor significación, importancia y vigencia.

Ya lo había dicho Alexis de Tocqueville en 1831: Estados Unidos es una sociedad de inmigrantes, donde cada uno iniciaba una nueva vida y todos ellos en pie de igualdad” y ese país es lo que es gracias a sus inmigrantes. El prólogo del libro de Kennedy lo escribió su hermano Edward, en él alude a los “barcos féretro”, igual que las balsas y peñeros de la muerte de los socialismos cubano y venezolano. Refiriéndose al tema de la “gobernanza migratoria” afirma: “La cuestión no es llegar a saber qué leyes sobre la inmigración deben ser reformadas para enfrentarse a los problemas del siglo XXI. Lo urgente es preguntarse acerca de lo que queremos ser en el futuro, cuál debe ser el futuro de América” y la hacemos nuestra para Venezuela.

Por su parte, el  ex presidente Reagan, del partido republicano,  en su discurso de despedida aseveró: “Cualquier persona de cualquier parte del mundo puede ir a Estados Unidos y convertirse en ciudadano y a todos ellos agradecemos haber hecho la travesía para hacerse ciudadano estadounidense. Los inmigrantes han hecho de Estados Unidos una nación que se mantiene joven, siempre llena de energía y de nuevas ideas” y agregaba: “Si cerráramos la puerta a nuevos estadounidenses, nuestro liderazgo en el mudo pronto estaría perdido”.

En la médula de su planteamiento se encontraba la libertad de movimientos, la de un país abierto a la inmigración, a los inmigrantes trabajadores y pacíficos y al comercio, planteamiento y política situados en la acera opuesta de quienes esgrimen argumentos anti-comercio y anti-inmigración. De los inmigrantes resaltaba su “determinación y comprensión de que con trabajo duro y libertad podrán ellos vivir una mejor vida y sus hijos mucho más”. Presagiaba las nefastas consecuencias de cerrar las puertas a los nuevos americanos, pues ello pondría en riesgo de extinción el liderazgo de Estados Unidos en el mundo.  Desafortunadamente, todas las evidencias y argumentos no han podido evitar el surgimiento de los discursos del odio y de la anti-pluralidad, los cuales alientan los mitos del migrante como amenaza y enemigo, sobre los que se fundamentan muros y vallas, las físicas y, peor aun, la de papeles y burocracia.

La riqueza y diversidad de origen de la ciudadanía de Estados Unidos es el mejor de los datos. La de ascendencia europea se sitúa cerca de 40% y la de ascendencia hispana y latina próxima a 17%, en porcentajes menores la “afroamericana”, asiática y del Medio Oriente. Además, Estados Unidos han contribuido, junto a los demócratas alemanes y del mundo, a derribar muros como el de Berlín hace 30 años, fecha histórica que conmemoramos hace unos días.

Los muros del odio más sólidos que los físicos se reparten entre voceros de los países receptores y de origen: quienes no están dispuestos a recibir un migrante más en el país de acogida o quienes no conciben su regreso al país de origen: Comparten el desprecio por el ser humano. En Venezuela, voces exultantes lo expresan de manera exaltada y cual exorcistas giran sus cabezas al escuchar la palabra diáspora.

Venezuela, como país de inmigrantes, desarrolló una estrategia y creó las instituciones para la “gobernanza de las diásporas que recibía el país”.  De ello dan cuenta los diversos tratados y acuerdos globales, regionales y bilaterales de largo alcance como el establecido en el ámbito de la seguridad social con España y otros países.

Hoy se le plantea a Venezuela diseñar una estrategia y crear instituciones para la “gobernanza migratoria de su diáspora” conformada por cerca de 6 millones de venezolanos, aproximadamente 20% de su población. Para ello será indispensable consultar y apoyarse en la agenda fraguada por las asociaciones diaspóricas en todo el mundo.

Estas organizaciones, con hechos, han desmentido el mito de la diáspora como amenaza. Lo han demostrado con datos que refutan los argumentos esgrimidos por los defensores de nacionalismos estrechos, los cuales, sorprendentemente, guardan alguna coincidencia con los esgrimidos por quienes dicen defender la libertad de la movilidad humana y de las diásporas.

El mantra argumentativo se vale de creencias del tipo: roban el empleo, reducen el salario y consumen recursos del Estado de bienestar. Las opiniones de estos difieren de las percepciones y pareceres de los ciudadanos del mundo. En realidad, es todo lo contrario: genera nuevos empleos con mejores salarios y es fuente de progreso, innovación y desarrollo sostenible. De acuerdo a los resultados de encuestas en Estados Unidos y España, más de 50% de los ciudadanos ve con buenos ojos la apertura a la migración y muestra su desacuerdo con la devolución de los ciudadanos.  Pese a ello esos voceros alientan de manera machacona miedos y mitos.

Otros se han quedado en la fase de la denuncia de la mayor tragedia humanitaria de la región y la aterradora inseguridad que han forzado a millones de ciudadanos a buscar en otras latitudes lo que su país les niega. Es necesario insistir en ello pero además es preciso complementarlo con la puesta en escena de la “estrategia de gobernanza de la diáspora” y a ello ayuda la ruptura con esquemas de política convencionales. Tenemos a mano la información de las personas en diáspora, la de sus organizaciones y de sus actividades. Estamos obligados a agregar valor de manera conjunta.

La reciente reunión convocada por jóvenes de la diáspora, el Plan País en su décima edición y primera en Europa, si la memoria no nos falla, en un excelente ejemplo de lo dicho. En la reunión se debatió con intensidad y profundidad el tema de la diáspora y varias organizaciones tuvieron la ocasión de presentar sus logros internacionales.

El debate permitió arribar a distintas conclusiones, de las cuales se seleccionaron tres que fueron presentadas en la sesión plenaria. La primera subraya la urgencia de dotarse de una nueva perspectiva para comprender el fenómeno migratorio y sentar las bases para el diseño y ejecución de la “estrategia de gobernanza de la diáspora venezolana”, erigida sobre nuevos criterios y principios, fundamentadas en la información y el trabajo de las organizaciones diaspóricas.

Se recoció la diversidad y pluralidad del flujo migratorio venezolano y sus distintos segmentos ajenos a simplificaciones y rápidas generalizaciones.  El fenómeno migratorio venezolano es un desafío teórico, metodológico y empírico, su carácter complejo y multidimensional no lo hace problemático.

Se estableció la necesidad de dar mayor voz, visibilidad, presencia y beligerancia a las asociaciones diaspóricas en todos los encuentros e instancias, con el fin de profundizar y ampliar las relaciones con actores, organizaciones e instituciones de las ciudades y países de acogida. Como ejemplo se utilizó el encuentro promovido por la UE y la OIM, en el cual era necesaria una mayor participación de la diáspora y sus asociaciones. Mostrar, compartir, informar son vías para fortificar las relaciones de confianza construidas a lo largo de dos décadas.

Resultó evidente el clamor por una más decidida participación de la sociedad civil y sus instituciones, dentro y fuera de Venezuela, en el diseño y ejecución de la citada estrategia. La responsabilidad de desplegar la estrategia no solo demanda la participación de los países receptores, los organismos internacionales y las instituciones caritativas; también necesita una clara y decidida participación de las organizaciones diaspóricas globales, dentro y fuera de Venezuela.

La diáspora es el “Estado venezolano” de mayores dimensiones y reúne un importante activo para el desarrollo de Venezuela en todos los planos y ámbitos: económico, social, cultural, institucional, etc. Por ese motivo un tema de sumo interés para todas las instituciones y, en definitiva, para la sociedad democrática, pues de quienes se aferran al poder para destruir Venezuela no es posible esperar nada positivo.

Al lado de la diáspora por Antonio Ledezma – El Nacional – 20 de Noviembre 2019

Un día como hoy, hace dos años, pisaba tierra colombiana asegurando la recuperación de mi libertad transgredida por más de mil días por un régimen tiránico que convirtió el derecho de opinar en un delito. Fue un capítulo más de esta historia de resistencia que llevamos adelante, al lado de millones de venezolanos que se niegan a entregar las banderas de la libertad, pendones que contrariamente seguimos enarbolando en señal de que no claudicaremos, muy a pesar de los traspiés experimentados en uno y otro sentido.

Hace dos años llegué a Cúcuta, dejando atrás más de 980 kilómetros de carreteras en cuyos costados sobrevive un pueblo acosado por la hambruna, metódicamente diseñada en las salas situacionales de la corporación criminal que persiste en mantener secuestradas las instituciones fundamentales de la nación.

Los detalles de mi fuga están ordenados con precisión y algún día los daré a conocer, para agradecer públicamente a las personas gallardas y valientes que hicieron posible ese acontecimiento. Fue una decisión personal, consciente de los riesgos implícitos que para mí eran subalternos, al hecho cierto de seguir prisionero de una narcotiranía que pretende usarnos como rehenes que mueven en su tablero de operaciones de canje de “carne humana”.

Desde entonces he tratado de ser más útil a la lucha por la libertad de Venezuela. Agradezco las oportunidades que me han brindado distintos gobiernos democráticos del mundo libre, cuyas autoridades me han recibido; las tribunas parlamentarias desde donde se me han permitido pronunciar informes de la tragedia de mi país; los foros planificados por los directivos de organizaciones políticas, organizaciones no gubernamentales y fundaciones que generosamente nos proveen de la logística básica y de esos escenarios claves para insistir en las razones que siguen primando para invocar el principio de intervención humanitaria.

Cada vez que opino lo hago como parte de esa legión de desterrados que no hemos enajenado nuestras convicciones ni podemos dejar que se nos castre nuestro esencial derecho de discernir respecto a lo que acontece dentro y fuera de nuestra patria. Es la misma persistencia con la que marchábamos al lado de la ciudadanía, es la misma determinación para protagonizar aquella huelga de hambre en la sede de la OEA o las movilizaciones que encabezamos al lado de los trabajadores de la Alcaldía Metropolitana hasta las puertas de la Asamblea Nacional, del CNE o de la Fiscalía General de la República, para después terminar hospitalizado en centros de salud, mientras que la narcotiranía enclaustraba en las cárceles de La Planta o de Yare a funcionarios que me acompañaban en esa institución que defendimos y ejercimos, muy a pesar del hostigamiento y de los despojos de recursos financieros y bienes que perpetró el régimen.

A estas alturas de la resistencia, transcurridos estos dos años de mi autoliberación, ratifico todo cuanto hemos dicho ante la comunidad internacional, a saber:

  1. Es indispensable contar con la cooperación internacional, porque solos no podemos. Porque lo de Venezuela no es una simple crisis política. Porque estamos padeciendo los efectos de un régimen forajido. Porque son mafias las que manipulan las instituciones. Porque son narcos y terroristas, además de criminales y corruptos.
  2. La ayuda debe ser teniendo como fuente el principio de intervención humanitaria, mediante la aplicación del R2P, la resolución 1373/ONU, que crea el Plan Global contra el Terrorismo Internacional, el TIAR y la Convención de Palermo, confirmado como está que en Venezuela opera un grupo delictual al frente de los entes públicos.
  3. Que es perjudicial para la estrategia de lograr el Cese de la Usurpación, involucrarnos en diálogos o negociaciones con factores culpables de la catástrofe humanitaria que sufre Venezuela.
  4. Que es un error avalar con nuestra participación, procesos electorales hasta que no sean desalojados del poder que usurpan, Maduro y su camarilla.
  5. Que todo lo arriba expresado requiere de una estrategia y de un comportamiento coherente de la dirigencia y de los ciudadanos comprometidos con una resistencia basada en convicciones, sin sectarismo ni personalismos y libre de agendas ocultas.

La embestidura de Sánchez por Laureano Márquez – RunRunes –

download

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa” Antonio Machado (poeta español)

Realmente España es un país de difícil comprensión, incluso para nosotros los hispanoamericanos. Sánchez es el presidente de un gobierno denominado  “en funciones”, porque no ha podido, desde que sacaron a su antecesor, ser presidente con todas las de la ley (aunque algunos prefieren llamarlo “en defunciones”, por aquello de que, de momento, su único logro ha sido desenterrar a Franco). Negado rotundamente (“no es no”) en los meses precedentes a formar gobierno con el partido de Pablo Iglesias, tras múltiples  negociaciones sin acuerdo, convocó a unas nuevas elecciones, para ver si, en una de esas, no necesitaba el apoyo de nadie.

Resulta que en las elecciones que acaban de hacer, a pesar de que tanto el partido Socialista como Unidas Podemos, redujeron su votación, lograron en menos de 48 horas el acuerdo -que en meses no habían alcanzado- para formar gobierno y con Iglesias -nada menos- que de vicepresidente.

Para Venezuela esto es una mala noticia. Pablo Iglesias apuntala incondicionalmente todas las dictaduras Iberoamericanas, apoyó y asesoró el chavismo en nuestro país y -a su vez- fue financiado por él para torcer el rumbo de España (otro logro post mortem del comandante eterno). Suponemos que la política de España hacia Venezuela cambiará para pasar de la alcahuetería actual, al abierto respaldo. De hecho, no es casual que el primer mensaje haya sido para nosotros la tocata y fuga del Pollo Carvajal, cuya extradición solicitaba los Estados Unidos.

Parece que  todos en la madre patria se asombraron de que Carvajal supiese de la sentencia de la Audiencia Nacional, encargada de tramitar su extradición, antes que nadie. Risible asombro, a los venezolanos ya nada nos sorprende, menos de alguien de la calaña del personaje, portador de pasaportes falsos, especialista en contrainteligencia militar (que en nuestros países quiere decir brutalidad contra civiles) y en todo tipo de ilegalidades. Curiosamente, en vísperas de tan trascendente decisión, el gallinero de Carvajal en Madrid, permanecía sin vigilancia y ahora que se ha fugado han puesto un riguroso control policial en su casa, (je,je,je) será para evitar que regrese, dice uno.

Eso de que nadie aprende en cabeza ajena es una gran verdad. Los españoles consiguieron luego de la muerte de Franco, un gran acuerdo para la construcción de una de las naciones de mayor avance, progreso y bienestar del mundo, orgullosa de su diversidad cultural. En estos tiempos todos los bandos políticos, aunque a veces incluso lo ignoren, se han puesto de acuerdo para destruirla. Sánchez necesita, además de el de Iglesias, el apoyo de los separatistas. Algo muy propio de la contradicción del alma española: “para formar un gobierno en España, se requiere del apoyo de los que no creen en ella”. Si yo fuese independentista catalán consideraría que no hay mejor momento que este para mis (des)própositos.

La  diáspora venezolana no sale de un susto, en Argentina vuelven la Kirchner, Chile se desestabiliza, en Perú y Ecuador nuestra presencia no es del todo grata, México asusta, Trump pone restricciones a los asilos, que supone uno España comenzará a negar. Para un venezolano, emigrar se está convirtiendo en casi lo mismo que “cambiar de camarote en el Titanic”.

No está fácil, nos va quedando Islandia, Groenlandia y los países escandinavos. Ese cuento de que “España no es Venezuela” con el cual los españoles evalúan lo que les sucede, no consuela a ningún venezolano. Nosotros, que dijimos al comienzo de esta pesadilla nuestra con mucha seguridad y no poca vanagloria: “Venezuela no es Cuba”, mira ya por dónde vamos.

Es curioso comparando a España y América podríamos decir que tanto la pobreza como la abundancia extrema, producen monstruosidades políticas. En América se es de izquierda por estar mal y en España por estar bien.  Devolver la política al terreno del pensamiento visionario y lúcido, sustentado en ideas y principios, para arrebatárselo a la embestida oportunista del populismo demagógico, parece ser la tarea más urgente de la democracia actual para evitar que ésta se convierta -nuevamente- en Caballo de Troya de peligrosos totalitarismos.

Diego Arria: «La principal agencia humanitaria de Venezuela es la diáspora» por Gabriela Ponte – ABC – 18 de Noviembre 2019

Diego Arria
Diego Arria – José Ramón Ladra

Impulsa una campaña internacional junto a UNWatch para expulsar al régimen de Nicolás Maduro del Consejo de Derechos Humanos

Venezuela consiguió con artimañas una silla en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. El informe elaborado recientemente por la oficina de la Alta Comisionada Michelle Bachelet, que detallaba con crudeza violaciones a los DD.HH., detenciones ilegales, torturas y asesinatos por el régimen de Nicolás Maduro, no impidió que la voluntad de 108 países concediera uno de los 47 puestos en el olimpo de los derechos humanos. La ONG UNWatch inició una campaña para expulsar a Maduro del Consejo de DD.HH. presidida por Diego Arria (Caracas, 1938), exembajador de Venezuela en la ONU, que conversó con ABC para explicar en qué consiste esa acción.

¿Qué consecuencias tiene la elección de Venezuela como miembro del Consejo?

Desprestigia a las Naciones Unidas porque, ¿cómo es posible que un régimen que comete sistemáticamente violaciones a los derechos humanos puede entrar al organismo que debe tutelar y vigilar dichas violaciones? Esto no favorece a la tiranía de Nicolás Maduro, porque no puede limpiarse dentro del Consejo el prontuario criminal que indica la propia Alta Comisionada. Yo creo que fue un error que Venezuela presentara su candidatura porque esto ha generado tal indignación mundial que nos ha llevado a crear una campaña para expulsarla del Consejo.

¿Por qué países como Venezuela, Cuba, China y Arabia Saudí están en el Consejo?

Anteriormente se necesitaban dos tercios de los votos para ser miembros del Consejo, eso lo cambiaron y ahora se necesita la mitad. Dos terceras partes eran imposibles para un país como Venezuela o Cuba, que hoy ocupan un lugar. Yo encuentro algo muy perverso dentro de la ONU: los grupos regionales. Venezuela pertenece al Grulac (Grupo latinoamericano y del caribe), con 35 países. Dentro del grupo hay un mercadeo de posiciones: te apoyo en el Consejo de Derechos Humanos y te doy a cambio mi apoyo en el Consejo de Seguridad o en la FAO. Ese mercadeo político lo sufren los países democráticos que tienen a los otros dentro de esos organismos.

¿Tuvo razón EE.UU. en 2018 cuando abandonó el Consejo porque «esa organización no merece ese nombre»?

Sí y no. Teníamos una posición para que no se retiraran porque desde adentro pueden ayudar más a la causa, pero había un problema ético de, ¿por qué vamos a pertenece a una organización amoral como esta?

Está presidiendo una iniciativa internacional junto a UN Watch para sacar a Maduro del Consejo.

Cuando sucedió la votación yo dije «Aquí no se ha perdido la guerra solo se perdió una batalla». UNWatch, una gran defensora de Venezuela en el Consejo,inició una campaña para suspender a Maduro del organismo. Al día siguiente, me ofrecieron presidirla.

¿Cuántas firmas se necesitan para que salga adelante?

No se necesita un número en específico. En el fondo lo que quiere generar es una opinión pública sobre todo en aquellos países que se han acomodado al voto de Venezuela por desconocimiento o por negociaciones para que cambien su voto. Teóricamente tenemos que cambiar los votos de diez países para que Costa Rica (el otro candidato) pueda ganar. Venezuela obtuvo 105 votos y Costa Rica 96 en las pasadas elecciones. Lo más importante es que si generamos el respaldo suficiente para suspender a Maduro, eso sería el equivalente a la fuerza para revocar la credencial de su gobierno en la ONU. Así quedaría desplazado de todos los organismos internacionales.

¿Cuentan con el respaldo del Gobierno de Juan Guaidó?

No, ha llamado mi atención que deberían ser los primeros que debían firmar la campaña era la Asamblea Nacional. Pero ni una palabra, lo cual te indica lo divididos que estamos porque toman distancia de una organización internacional que nos está ayudando. Es la misma distancia que han tomado con Luis Almagro porque decía cosas incómodas.

¿Qué persiguen ustedes con todo este esfuerzo?

El objetivo es unificar a la diáspora venezolana. Para mí es el componente más importante de la reserva internacional del país, que hasta ahora ha sido parcelada por los partidos políticos quienes han exportado sus problemas internos. El fin es el rescate de la libertad y eso es el elemento en común que debe unificar a los venezolanos, no el interés particular de cada partido. Afuera no debe haber protagonismo de nadie.

¿Cómo ve el futuro de Venezuela?

Para mí el futuro sin la diáspora será imposible. La diáspora venezolana es la principal agencia humanitaria que tiene Venezuela, son 2.500 millones de dólares, la de Cuba representa 6.000 millones. Hay gente que come o que tiene medicinas gracias a la diáspora. En el caso de los venezolanos, los que están fuera hacen mucho más que lo que están adentro. No se ha sabido apreciar el rol de la diáspora.

Se planteó una ruta para llegar a unas elecciones y ahora parece que cambió…

Guaidó no se debería poner una camisa de fuerza con respecto al uno, dos, tres (refiriéndose al cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres). Cuando uno va a negociar uno no puede anticipar cosas. Yo en el fondo creo que están en una especie de gobierno de transición porque se ha oficializado la cohabitación de dos gobiernos donde hay negociaciones para ir a unas elecciones presidenciales.

¿Parte de esa cohabitación es la inclusión de los diputados oficialistas que se habían retirado del Parlamento?

Eso es el resultado de las negociaciones entre Guaidó y el Gobierno de Maduro. El gobierno interino los aceptó y está negociando con ellos un nuevo Consejo Nacional Electoral. Eso va a tener una pésima receptividad en el país porque cuando hay falta de credibilidad y transparencia las sociedades no se activan.

¿Son posibles unas elecciones libres con Maduro en el poder?

Yo debo recordar que el año 2017 cuando tuvimos la oportunidad de formar un nuevo Consejo Nacional Electoral por tener mayoría en la Asamblea, el partido de oposición Un Nuevo Tiempo retiró a sus diputados y sabotearon la votación. Eso fue un error monumental porque desde hace dos años hubiésemos tenido un nuevo CNE. Esos mismos ahora son parte del gobierno que está eligiendo un nuevo órgano electoral. Estados Unidos, la OEA y la UE han dicho que sería un despropósito tener una elección con Nicolás Maduro pero ahora el gobierno interino parece aceptarlo.

¿A qué se debe el distanciamiento reciente entre Venezuela y el mundo?

Hemos reconocido que solos no podemos y estamos abandonando a los que nos pueden ayudar. Yo veo un golpe de Estado contra Guaidó desde el momento en que no lo juramentó el Parlamento, sino que se tuvo que prestar juramento él mismo, con lo cual tuvimos que explicarle al mundo lo que estaba pasando porque nadie lo entendía. No contentos con eso el verdadero presidente ejecutivo es Leopoldo López desde la Embajada de España y Juan Guaidó quedó para su rol de diputado y de portavoz del Parlamento. Un drama.

 

Venezuela entre una diáspora interna y externa por Bethania García – Venepress – 14 de Noviembre 2019

Cuatro años han sido más que suficiente para demostrar que la crisis venezolana ha hecho que los ciudadanos dejen su lugar de natalidad

Venezuela entre una diáspora interna y externaLa diáspora venezolana es uno de los temas que más se ha manifestado durante los últimos años en la región, por lo que organismos internacionales han buscado las ditisntas maneras de establecer mecanismos para regularizarla sin que sea perjudicial para quienes salieron huyendo de la administración de Nicolás Maduro. 

Actualmente son más de cuatro millones de venezolanos que han emigrado a causa de la crisis humanitaria que existe en el país y se estima que para el año 2020, esta cifra alcance los 6,5 millones, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). 

Sin embargo, no necesariamente ha existido una mudanza hacia el exterior, puesto que también, dentro de la misma nación los ciudadanos buscan la manera de substitr trasladandose de un estado a otro.

Y ahora la pregunta está en quienes quedan en Venezuela: ¿Prefieren estar dentro o fuera del país? y en tal caso de quedarse ¿se cambiarían de lugar para una mejor sobrevivencia a la crisis?

Tras las encuestas de Consultores 21, se pudieron conocer las respuestas. 

¿Quedarse o irse?

Se ha proporcionado un cambio, ciertamente las personas buscan irse de Venezuela pero la opción de quedarse todavía la supera, pero solo por diez por ciento para el año 2019, mientras que para el 2015 la diferencia era de 48%. 

¿Mudanza dentro de Venezuela?

La razón principal por la que los ciudadanos se mudan y cambian de Estado es el trabajo y justamente en la capital, Caracas, puesto que es el centro de las operaciones económicas, empresas y servicios.

¿Y ahora?

Estos porcentajes pueden y están en todas las perspectivas de transformarse, pero para su incremento, la crisis de hace cuatro años es totalmente diferente a la que se tiene y se tendrá para el 2020. 

El futuro es incierto y aún con una que otra ayuda internacional, se necesita de mucho más para reducir el éxodo masivo.

A %d blogueros les gusta esto: