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La gobernanza de la diáspora venezolana por Tomás Páez – El Nacional – 2 de Diciembre 2019

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Dos ex presidentes de Estados Unidos, J. F. Kennedy y Ronald Reagan,  integrantes de los dos grandes partidos políticos, demócratas y republicanos, han puesto de relieve la enorme importancia de las diásporas en el desarrollo de ese país. Keneddy lo hace en su libro Una nación de inmigrantes, al cual la editorial española define como un panegírico de las diásporas en el progreso de Estados Unidos. La primera página la escribe Oscar Handlin, reconocido historiador, quien nos dice: “Una vez yo pensé en escribir una historia de los inmigrantes de América. Entonces descubrí que la historia de los inmigrantes era la historia de América”.  Algo similar se podría decir de Venezuela.

J. F. Kennedy  lo reafirma al decir: «Todos los americanos son inmigrantes o descendientes de inmigrantes… solamente podemos hablar de personas que simplemente llegaron antes o después, y cuyas raíces en América son más antiguas o nuevas».  Agregaba, si se hubiese puesto freno a la migración y obstaculizado su ingreso “hoy seríamos considerablemente otro tipo de sociedad”. «Este es el secreto de América; una nación de ciudadanos con memoria de sus viejas tradiciones pero que, sin embargo, osaron explorar nuevas fronteras; gente ansiosa por construir nuevas vidas, en una sociedad abierta, que no restringe su libertad de elección ni de acción».  El texto explica los aportes de las diásporas al progreso y al desarrollo en todos los ámbitos: técnico, cultural y económico de Estados Unidos”. Estas reflexiones hechas el siglo pasado adquieren hoy día mayor significación, importancia y vigencia.

Ya lo había dicho Alexis de Tocqueville en 1831: Estados Unidos es una sociedad de inmigrantes, donde cada uno iniciaba una nueva vida y todos ellos en pie de igualdad” y ese país es lo que es gracias a sus inmigrantes. El prólogo del libro de Kennedy lo escribió su hermano Edward, en él alude a los “barcos féretro”, igual que las balsas y peñeros de la muerte de los socialismos cubano y venezolano. Refiriéndose al tema de la “gobernanza migratoria” afirma: “La cuestión no es llegar a saber qué leyes sobre la inmigración deben ser reformadas para enfrentarse a los problemas del siglo XXI. Lo urgente es preguntarse acerca de lo que queremos ser en el futuro, cuál debe ser el futuro de América” y la hacemos nuestra para Venezuela.

Por su parte, el  ex presidente Reagan, del partido republicano,  en su discurso de despedida aseveró: “Cualquier persona de cualquier parte del mundo puede ir a Estados Unidos y convertirse en ciudadano y a todos ellos agradecemos haber hecho la travesía para hacerse ciudadano estadounidense. Los inmigrantes han hecho de Estados Unidos una nación que se mantiene joven, siempre llena de energía y de nuevas ideas” y agregaba: “Si cerráramos la puerta a nuevos estadounidenses, nuestro liderazgo en el mudo pronto estaría perdido”.

En la médula de su planteamiento se encontraba la libertad de movimientos, la de un país abierto a la inmigración, a los inmigrantes trabajadores y pacíficos y al comercio, planteamiento y política situados en la acera opuesta de quienes esgrimen argumentos anti-comercio y anti-inmigración. De los inmigrantes resaltaba su “determinación y comprensión de que con trabajo duro y libertad podrán ellos vivir una mejor vida y sus hijos mucho más”. Presagiaba las nefastas consecuencias de cerrar las puertas a los nuevos americanos, pues ello pondría en riesgo de extinción el liderazgo de Estados Unidos en el mundo.  Desafortunadamente, todas las evidencias y argumentos no han podido evitar el surgimiento de los discursos del odio y de la anti-pluralidad, los cuales alientan los mitos del migrante como amenaza y enemigo, sobre los que se fundamentan muros y vallas, las físicas y, peor aun, la de papeles y burocracia.

La riqueza y diversidad de origen de la ciudadanía de Estados Unidos es el mejor de los datos. La de ascendencia europea se sitúa cerca de 40% y la de ascendencia hispana y latina próxima a 17%, en porcentajes menores la “afroamericana”, asiática y del Medio Oriente. Además, Estados Unidos han contribuido, junto a los demócratas alemanes y del mundo, a derribar muros como el de Berlín hace 30 años, fecha histórica que conmemoramos hace unos días.

Los muros del odio más sólidos que los físicos se reparten entre voceros de los países receptores y de origen: quienes no están dispuestos a recibir un migrante más en el país de acogida o quienes no conciben su regreso al país de origen: Comparten el desprecio por el ser humano. En Venezuela, voces exultantes lo expresan de manera exaltada y cual exorcistas giran sus cabezas al escuchar la palabra diáspora.

Venezuela, como país de inmigrantes, desarrolló una estrategia y creó las instituciones para la “gobernanza de las diásporas que recibía el país”.  De ello dan cuenta los diversos tratados y acuerdos globales, regionales y bilaterales de largo alcance como el establecido en el ámbito de la seguridad social con España y otros países.

Hoy se le plantea a Venezuela diseñar una estrategia y crear instituciones para la “gobernanza migratoria de su diáspora” conformada por cerca de 6 millones de venezolanos, aproximadamente 20% de su población. Para ello será indispensable consultar y apoyarse en la agenda fraguada por las asociaciones diaspóricas en todo el mundo.

Estas organizaciones, con hechos, han desmentido el mito de la diáspora como amenaza. Lo han demostrado con datos que refutan los argumentos esgrimidos por los defensores de nacionalismos estrechos, los cuales, sorprendentemente, guardan alguna coincidencia con los esgrimidos por quienes dicen defender la libertad de la movilidad humana y de las diásporas.

El mantra argumentativo se vale de creencias del tipo: roban el empleo, reducen el salario y consumen recursos del Estado de bienestar. Las opiniones de estos difieren de las percepciones y pareceres de los ciudadanos del mundo. En realidad, es todo lo contrario: genera nuevos empleos con mejores salarios y es fuente de progreso, innovación y desarrollo sostenible. De acuerdo a los resultados de encuestas en Estados Unidos y España, más de 50% de los ciudadanos ve con buenos ojos la apertura a la migración y muestra su desacuerdo con la devolución de los ciudadanos.  Pese a ello esos voceros alientan de manera machacona miedos y mitos.

Otros se han quedado en la fase de la denuncia de la mayor tragedia humanitaria de la región y la aterradora inseguridad que han forzado a millones de ciudadanos a buscar en otras latitudes lo que su país les niega. Es necesario insistir en ello pero además es preciso complementarlo con la puesta en escena de la “estrategia de gobernanza de la diáspora” y a ello ayuda la ruptura con esquemas de política convencionales. Tenemos a mano la información de las personas en diáspora, la de sus organizaciones y de sus actividades. Estamos obligados a agregar valor de manera conjunta.

La reciente reunión convocada por jóvenes de la diáspora, el Plan País en su décima edición y primera en Europa, si la memoria no nos falla, en un excelente ejemplo de lo dicho. En la reunión se debatió con intensidad y profundidad el tema de la diáspora y varias organizaciones tuvieron la ocasión de presentar sus logros internacionales.

El debate permitió arribar a distintas conclusiones, de las cuales se seleccionaron tres que fueron presentadas en la sesión plenaria. La primera subraya la urgencia de dotarse de una nueva perspectiva para comprender el fenómeno migratorio y sentar las bases para el diseño y ejecución de la “estrategia de gobernanza de la diáspora venezolana”, erigida sobre nuevos criterios y principios, fundamentadas en la información y el trabajo de las organizaciones diaspóricas.

Se recoció la diversidad y pluralidad del flujo migratorio venezolano y sus distintos segmentos ajenos a simplificaciones y rápidas generalizaciones.  El fenómeno migratorio venezolano es un desafío teórico, metodológico y empírico, su carácter complejo y multidimensional no lo hace problemático.

Se estableció la necesidad de dar mayor voz, visibilidad, presencia y beligerancia a las asociaciones diaspóricas en todos los encuentros e instancias, con el fin de profundizar y ampliar las relaciones con actores, organizaciones e instituciones de las ciudades y países de acogida. Como ejemplo se utilizó el encuentro promovido por la UE y la OIM, en el cual era necesaria una mayor participación de la diáspora y sus asociaciones. Mostrar, compartir, informar son vías para fortificar las relaciones de confianza construidas a lo largo de dos décadas.

Resultó evidente el clamor por una más decidida participación de la sociedad civil y sus instituciones, dentro y fuera de Venezuela, en el diseño y ejecución de la citada estrategia. La responsabilidad de desplegar la estrategia no solo demanda la participación de los países receptores, los organismos internacionales y las instituciones caritativas; también necesita una clara y decidida participación de las organizaciones diaspóricas globales, dentro y fuera de Venezuela.

La diáspora es el “Estado venezolano” de mayores dimensiones y reúne un importante activo para el desarrollo de Venezuela en todos los planos y ámbitos: económico, social, cultural, institucional, etc. Por ese motivo un tema de sumo interés para todas las instituciones y, en definitiva, para la sociedad democrática, pues de quienes se aferran al poder para destruir Venezuela no es posible esperar nada positivo.

Al lado de la diáspora por Antonio Ledezma – El Nacional – 20 de Noviembre 2019

Un día como hoy, hace dos años, pisaba tierra colombiana asegurando la recuperación de mi libertad transgredida por más de mil días por un régimen tiránico que convirtió el derecho de opinar en un delito. Fue un capítulo más de esta historia de resistencia que llevamos adelante, al lado de millones de venezolanos que se niegan a entregar las banderas de la libertad, pendones que contrariamente seguimos enarbolando en señal de que no claudicaremos, muy a pesar de los traspiés experimentados en uno y otro sentido.

Hace dos años llegué a Cúcuta, dejando atrás más de 980 kilómetros de carreteras en cuyos costados sobrevive un pueblo acosado por la hambruna, metódicamente diseñada en las salas situacionales de la corporación criminal que persiste en mantener secuestradas las instituciones fundamentales de la nación.

Los detalles de mi fuga están ordenados con precisión y algún día los daré a conocer, para agradecer públicamente a las personas gallardas y valientes que hicieron posible ese acontecimiento. Fue una decisión personal, consciente de los riesgos implícitos que para mí eran subalternos, al hecho cierto de seguir prisionero de una narcotiranía que pretende usarnos como rehenes que mueven en su tablero de operaciones de canje de “carne humana”.

Desde entonces he tratado de ser más útil a la lucha por la libertad de Venezuela. Agradezco las oportunidades que me han brindado distintos gobiernos democráticos del mundo libre, cuyas autoridades me han recibido; las tribunas parlamentarias desde donde se me han permitido pronunciar informes de la tragedia de mi país; los foros planificados por los directivos de organizaciones políticas, organizaciones no gubernamentales y fundaciones que generosamente nos proveen de la logística básica y de esos escenarios claves para insistir en las razones que siguen primando para invocar el principio de intervención humanitaria.

Cada vez que opino lo hago como parte de esa legión de desterrados que no hemos enajenado nuestras convicciones ni podemos dejar que se nos castre nuestro esencial derecho de discernir respecto a lo que acontece dentro y fuera de nuestra patria. Es la misma persistencia con la que marchábamos al lado de la ciudadanía, es la misma determinación para protagonizar aquella huelga de hambre en la sede de la OEA o las movilizaciones que encabezamos al lado de los trabajadores de la Alcaldía Metropolitana hasta las puertas de la Asamblea Nacional, del CNE o de la Fiscalía General de la República, para después terminar hospitalizado en centros de salud, mientras que la narcotiranía enclaustraba en las cárceles de La Planta o de Yare a funcionarios que me acompañaban en esa institución que defendimos y ejercimos, muy a pesar del hostigamiento y de los despojos de recursos financieros y bienes que perpetró el régimen.

A estas alturas de la resistencia, transcurridos estos dos años de mi autoliberación, ratifico todo cuanto hemos dicho ante la comunidad internacional, a saber:

  1. Es indispensable contar con la cooperación internacional, porque solos no podemos. Porque lo de Venezuela no es una simple crisis política. Porque estamos padeciendo los efectos de un régimen forajido. Porque son mafias las que manipulan las instituciones. Porque son narcos y terroristas, además de criminales y corruptos.
  2. La ayuda debe ser teniendo como fuente el principio de intervención humanitaria, mediante la aplicación del R2P, la resolución 1373/ONU, que crea el Plan Global contra el Terrorismo Internacional, el TIAR y la Convención de Palermo, confirmado como está que en Venezuela opera un grupo delictual al frente de los entes públicos.
  3. Que es perjudicial para la estrategia de lograr el Cese de la Usurpación, involucrarnos en diálogos o negociaciones con factores culpables de la catástrofe humanitaria que sufre Venezuela.
  4. Que es un error avalar con nuestra participación, procesos electorales hasta que no sean desalojados del poder que usurpan, Maduro y su camarilla.
  5. Que todo lo arriba expresado requiere de una estrategia y de un comportamiento coherente de la dirigencia y de los ciudadanos comprometidos con una resistencia basada en convicciones, sin sectarismo ni personalismos y libre de agendas ocultas.

La embestidura de Sánchez por Laureano Márquez – RunRunes –

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“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa” Antonio Machado (poeta español)

Realmente España es un país de difícil comprensión, incluso para nosotros los hispanoamericanos. Sánchez es el presidente de un gobierno denominado  “en funciones”, porque no ha podido, desde que sacaron a su antecesor, ser presidente con todas las de la ley (aunque algunos prefieren llamarlo “en defunciones”, por aquello de que, de momento, su único logro ha sido desenterrar a Franco). Negado rotundamente (“no es no”) en los meses precedentes a formar gobierno con el partido de Pablo Iglesias, tras múltiples  negociaciones sin acuerdo, convocó a unas nuevas elecciones, para ver si, en una de esas, no necesitaba el apoyo de nadie.

Resulta que en las elecciones que acaban de hacer, a pesar de que tanto el partido Socialista como Unidas Podemos, redujeron su votación, lograron en menos de 48 horas el acuerdo -que en meses no habían alcanzado- para formar gobierno y con Iglesias -nada menos- que de vicepresidente.

Para Venezuela esto es una mala noticia. Pablo Iglesias apuntala incondicionalmente todas las dictaduras Iberoamericanas, apoyó y asesoró el chavismo en nuestro país y -a su vez- fue financiado por él para torcer el rumbo de España (otro logro post mortem del comandante eterno). Suponemos que la política de España hacia Venezuela cambiará para pasar de la alcahuetería actual, al abierto respaldo. De hecho, no es casual que el primer mensaje haya sido para nosotros la tocata y fuga del Pollo Carvajal, cuya extradición solicitaba los Estados Unidos.

Parece que  todos en la madre patria se asombraron de que Carvajal supiese de la sentencia de la Audiencia Nacional, encargada de tramitar su extradición, antes que nadie. Risible asombro, a los venezolanos ya nada nos sorprende, menos de alguien de la calaña del personaje, portador de pasaportes falsos, especialista en contrainteligencia militar (que en nuestros países quiere decir brutalidad contra civiles) y en todo tipo de ilegalidades. Curiosamente, en vísperas de tan trascendente decisión, el gallinero de Carvajal en Madrid, permanecía sin vigilancia y ahora que se ha fugado han puesto un riguroso control policial en su casa, (je,je,je) será para evitar que regrese, dice uno.

Eso de que nadie aprende en cabeza ajena es una gran verdad. Los españoles consiguieron luego de la muerte de Franco, un gran acuerdo para la construcción de una de las naciones de mayor avance, progreso y bienestar del mundo, orgullosa de su diversidad cultural. En estos tiempos todos los bandos políticos, aunque a veces incluso lo ignoren, se han puesto de acuerdo para destruirla. Sánchez necesita, además de el de Iglesias, el apoyo de los separatistas. Algo muy propio de la contradicción del alma española: “para formar un gobierno en España, se requiere del apoyo de los que no creen en ella”. Si yo fuese independentista catalán consideraría que no hay mejor momento que este para mis (des)própositos.

La  diáspora venezolana no sale de un susto, en Argentina vuelven la Kirchner, Chile se desestabiliza, en Perú y Ecuador nuestra presencia no es del todo grata, México asusta, Trump pone restricciones a los asilos, que supone uno España comenzará a negar. Para un venezolano, emigrar se está convirtiendo en casi lo mismo que “cambiar de camarote en el Titanic”.

No está fácil, nos va quedando Islandia, Groenlandia y los países escandinavos. Ese cuento de que “España no es Venezuela” con el cual los españoles evalúan lo que les sucede, no consuela a ningún venezolano. Nosotros, que dijimos al comienzo de esta pesadilla nuestra con mucha seguridad y no poca vanagloria: “Venezuela no es Cuba”, mira ya por dónde vamos.

Es curioso comparando a España y América podríamos decir que tanto la pobreza como la abundancia extrema, producen monstruosidades políticas. En América se es de izquierda por estar mal y en España por estar bien.  Devolver la política al terreno del pensamiento visionario y lúcido, sustentado en ideas y principios, para arrebatárselo a la embestida oportunista del populismo demagógico, parece ser la tarea más urgente de la democracia actual para evitar que ésta se convierta -nuevamente- en Caballo de Troya de peligrosos totalitarismos.

Diego Arria: «La principal agencia humanitaria de Venezuela es la diáspora» por Gabriela Ponte – ABC – 18 de Noviembre 2019

Diego Arria
Diego Arria – José Ramón Ladra

Impulsa una campaña internacional junto a UNWatch para expulsar al régimen de Nicolás Maduro del Consejo de Derechos Humanos

Venezuela consiguió con artimañas una silla en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. El informe elaborado recientemente por la oficina de la Alta Comisionada Michelle Bachelet, que detallaba con crudeza violaciones a los DD.HH., detenciones ilegales, torturas y asesinatos por el régimen de Nicolás Maduro, no impidió que la voluntad de 108 países concediera uno de los 47 puestos en el olimpo de los derechos humanos. La ONG UNWatch inició una campaña para expulsar a Maduro del Consejo de DD.HH. presidida por Diego Arria (Caracas, 1938), exembajador de Venezuela en la ONU, que conversó con ABC para explicar en qué consiste esa acción.

¿Qué consecuencias tiene la elección de Venezuela como miembro del Consejo?

Desprestigia a las Naciones Unidas porque, ¿cómo es posible que un régimen que comete sistemáticamente violaciones a los derechos humanos puede entrar al organismo que debe tutelar y vigilar dichas violaciones? Esto no favorece a la tiranía de Nicolás Maduro, porque no puede limpiarse dentro del Consejo el prontuario criminal que indica la propia Alta Comisionada. Yo creo que fue un error que Venezuela presentara su candidatura porque esto ha generado tal indignación mundial que nos ha llevado a crear una campaña para expulsarla del Consejo.

¿Por qué países como Venezuela, Cuba, China y Arabia Saudí están en el Consejo?

Anteriormente se necesitaban dos tercios de los votos para ser miembros del Consejo, eso lo cambiaron y ahora se necesita la mitad. Dos terceras partes eran imposibles para un país como Venezuela o Cuba, que hoy ocupan un lugar. Yo encuentro algo muy perverso dentro de la ONU: los grupos regionales. Venezuela pertenece al Grulac (Grupo latinoamericano y del caribe), con 35 países. Dentro del grupo hay un mercadeo de posiciones: te apoyo en el Consejo de Derechos Humanos y te doy a cambio mi apoyo en el Consejo de Seguridad o en la FAO. Ese mercadeo político lo sufren los países democráticos que tienen a los otros dentro de esos organismos.

¿Tuvo razón EE.UU. en 2018 cuando abandonó el Consejo porque «esa organización no merece ese nombre»?

Sí y no. Teníamos una posición para que no se retiraran porque desde adentro pueden ayudar más a la causa, pero había un problema ético de, ¿por qué vamos a pertenece a una organización amoral como esta?

Está presidiendo una iniciativa internacional junto a UN Watch para sacar a Maduro del Consejo.

Cuando sucedió la votación yo dije «Aquí no se ha perdido la guerra solo se perdió una batalla». UNWatch, una gran defensora de Venezuela en el Consejo,inició una campaña para suspender a Maduro del organismo. Al día siguiente, me ofrecieron presidirla.

¿Cuántas firmas se necesitan para que salga adelante?

No se necesita un número en específico. En el fondo lo que quiere generar es una opinión pública sobre todo en aquellos países que se han acomodado al voto de Venezuela por desconocimiento o por negociaciones para que cambien su voto. Teóricamente tenemos que cambiar los votos de diez países para que Costa Rica (el otro candidato) pueda ganar. Venezuela obtuvo 105 votos y Costa Rica 96 en las pasadas elecciones. Lo más importante es que si generamos el respaldo suficiente para suspender a Maduro, eso sería el equivalente a la fuerza para revocar la credencial de su gobierno en la ONU. Así quedaría desplazado de todos los organismos internacionales.

¿Cuentan con el respaldo del Gobierno de Juan Guaidó?

No, ha llamado mi atención que deberían ser los primeros que debían firmar la campaña era la Asamblea Nacional. Pero ni una palabra, lo cual te indica lo divididos que estamos porque toman distancia de una organización internacional que nos está ayudando. Es la misma distancia que han tomado con Luis Almagro porque decía cosas incómodas.

¿Qué persiguen ustedes con todo este esfuerzo?

El objetivo es unificar a la diáspora venezolana. Para mí es el componente más importante de la reserva internacional del país, que hasta ahora ha sido parcelada por los partidos políticos quienes han exportado sus problemas internos. El fin es el rescate de la libertad y eso es el elemento en común que debe unificar a los venezolanos, no el interés particular de cada partido. Afuera no debe haber protagonismo de nadie.

¿Cómo ve el futuro de Venezuela?

Para mí el futuro sin la diáspora será imposible. La diáspora venezolana es la principal agencia humanitaria que tiene Venezuela, son 2.500 millones de dólares, la de Cuba representa 6.000 millones. Hay gente que come o que tiene medicinas gracias a la diáspora. En el caso de los venezolanos, los que están fuera hacen mucho más que lo que están adentro. No se ha sabido apreciar el rol de la diáspora.

Se planteó una ruta para llegar a unas elecciones y ahora parece que cambió…

Guaidó no se debería poner una camisa de fuerza con respecto al uno, dos, tres (refiriéndose al cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres). Cuando uno va a negociar uno no puede anticipar cosas. Yo en el fondo creo que están en una especie de gobierno de transición porque se ha oficializado la cohabitación de dos gobiernos donde hay negociaciones para ir a unas elecciones presidenciales.

¿Parte de esa cohabitación es la inclusión de los diputados oficialistas que se habían retirado del Parlamento?

Eso es el resultado de las negociaciones entre Guaidó y el Gobierno de Maduro. El gobierno interino los aceptó y está negociando con ellos un nuevo Consejo Nacional Electoral. Eso va a tener una pésima receptividad en el país porque cuando hay falta de credibilidad y transparencia las sociedades no se activan.

¿Son posibles unas elecciones libres con Maduro en el poder?

Yo debo recordar que el año 2017 cuando tuvimos la oportunidad de formar un nuevo Consejo Nacional Electoral por tener mayoría en la Asamblea, el partido de oposición Un Nuevo Tiempo retiró a sus diputados y sabotearon la votación. Eso fue un error monumental porque desde hace dos años hubiésemos tenido un nuevo CNE. Esos mismos ahora son parte del gobierno que está eligiendo un nuevo órgano electoral. Estados Unidos, la OEA y la UE han dicho que sería un despropósito tener una elección con Nicolás Maduro pero ahora el gobierno interino parece aceptarlo.

¿A qué se debe el distanciamiento reciente entre Venezuela y el mundo?

Hemos reconocido que solos no podemos y estamos abandonando a los que nos pueden ayudar. Yo veo un golpe de Estado contra Guaidó desde el momento en que no lo juramentó el Parlamento, sino que se tuvo que prestar juramento él mismo, con lo cual tuvimos que explicarle al mundo lo que estaba pasando porque nadie lo entendía. No contentos con eso el verdadero presidente ejecutivo es Leopoldo López desde la Embajada de España y Juan Guaidó quedó para su rol de diputado y de portavoz del Parlamento. Un drama.

 

Venezuela entre una diáspora interna y externa por Bethania García – Venepress – 14 de Noviembre 2019

Cuatro años han sido más que suficiente para demostrar que la crisis venezolana ha hecho que los ciudadanos dejen su lugar de natalidad

Venezuela entre una diáspora interna y externaLa diáspora venezolana es uno de los temas que más se ha manifestado durante los últimos años en la región, por lo que organismos internacionales han buscado las ditisntas maneras de establecer mecanismos para regularizarla sin que sea perjudicial para quienes salieron huyendo de la administración de Nicolás Maduro. 

Actualmente son más de cuatro millones de venezolanos que han emigrado a causa de la crisis humanitaria que existe en el país y se estima que para el año 2020, esta cifra alcance los 6,5 millones, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). 

Sin embargo, no necesariamente ha existido una mudanza hacia el exterior, puesto que también, dentro de la misma nación los ciudadanos buscan la manera de substitr trasladandose de un estado a otro.

Y ahora la pregunta está en quienes quedan en Venezuela: ¿Prefieren estar dentro o fuera del país? y en tal caso de quedarse ¿se cambiarían de lugar para una mejor sobrevivencia a la crisis?

Tras las encuestas de Consultores 21, se pudieron conocer las respuestas. 

¿Quedarse o irse?

Se ha proporcionado un cambio, ciertamente las personas buscan irse de Venezuela pero la opción de quedarse todavía la supera, pero solo por diez por ciento para el año 2019, mientras que para el 2015 la diferencia era de 48%. 

¿Mudanza dentro de Venezuela?

La razón principal por la que los ciudadanos se mudan y cambian de Estado es el trabajo y justamente en la capital, Caracas, puesto que es el centro de las operaciones económicas, empresas y servicios.

¿Y ahora?

Estos porcentajes pueden y están en todas las perspectivas de transformarse, pero para su incremento, la crisis de hace cuatro años es totalmente diferente a la que se tiene y se tendrá para el 2020. 

El futuro es incierto y aún con una que otra ayuda internacional, se necesita de mucho más para reducir el éxodo masivo.

La política administra hechos por Tomás Páez – El Nacional – 8 de Noviembre 2019

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Agradecemos profundamente el esfuerzo y la iniciativa de Federica Mogherini, alta representante de Política Exterior de la UE; Eduardo Stein, representante especial de Naciones Unidas para los refugiados y migrantes venezolanos, y a la Organización Internacional para las Migraciones,  de reunir a centenares de delegaciones con el fin de movilizar la comunidad internacional y canalizar recursos hacia las ciudades y países receptores de migrantes venezolanos. El encuentro se realizó en Bruselas los días 28 y 29 de octubre. Como han recalcado los promotores, la venezolana ha sido la diáspora más carente de fondos en el mundo.

En el encuentro participaron representantes gubernamentales, agencias internacionales, organizaciones y asociaciones altruistas y socialmente responsables. Como resultado se espera alcanzar una mejor coordinación de políticas globales y sumar recursos para atender las necesidades de todos los ciudadanos en las localidades y países receptores de migrantes venezolanos, incluidos quienes integran la diáspora.

Los análisis hechos en los países receptores expresan el impacto en sus cuentas fiscales. Algunas estimaciones lo sitúan entre el 0,3 y el 0,6 en el PIB de sus economías. Gastos e inversión en escuelas y docentes, en millones de vacunas para evitar epidemias y pandemias, atención a miles de parturientas y a los recién nacidos, alimentación de urgencia, albergues, seguridad y un nada corto etcétera.

La actitud de la mayoría de los países y de sus ciudadanos nos concede la licencia de hacer nuestras las palabras de Eduardo Stein, quien agradeció la solidaridad de los países vecinos, que calificó de extraordinaria pese a no estar preparados (los países y gobiernos) para soportar una migración de estas dimensiones.»Están bajo presión, con la estructura institucional sobrecargada, la provisión de servicios desbordada y los presupuestos exhaustos (…) Empezamos a ver signos de xenofobia (…) La población local se resiente y acusa a sus gobiernos de prestar demasiada atención a los migrantes mientras desatienden a sus ciudadanos», advirtió. Hemos visto y escuchado a dirigentes “aparófobos” arengando a favor de la xenofobia.

La inversión realizada para poder hacer frente a la realidad de esta tragedia humana se coloca en el asiento contable del “debe”, el cual recoge el incremento del gasto. La contrapartida es el “haber”, las contribuciones o “abonos” de la diáspora al país receptor. La visión integral, panorámica del fenómeno, posibilita un mejor diseño y ejecución de políticas públicas para abordar la diversa y compleja realidad de la diáspora venezolana.

La perspectiva dinámica integra los aspectos sociales, culturales, políticos y económicos asociados a toda diáspora. El hecho de haber sido país de inmigrantes provenientes de todo el mundo nos permite afirmar y comprender el papel de las migraciones en la reducción de la pobreza global y sus aportes a tres bandas: el migrante mismo y los países de origen y recepción. Además, participa de manera activa e imprime un vigoroso dinamismo al intercambio social, cultural, conceptual, tecnológico y económico. La diáspora venezolana es un gran elefante, con tendencias evidentes a crecer, de proporciones imposibles de engullir salvo que se desagregue y segmente en su enorme diversidad.

Toda migración, y la venezolana no es la excepción, entraña una oportunidad para el país receptor. De ello dan cuenta los informes oficiales y extraoficiales en Perú y Chile. Plasman los aportes de la migración venezolana al crecimiento de su PIB. El informe del Banco Central de Chile señala: “La inmigración reciente se caracteriza por ser una población en promedio más calificada (media de escolaridad del país 11 años, migrantes venezolanos, 15,6), más joven y con una mayor participación laboral que la población chilena». Más adelante destaca «la contribución positiva de la inmigración al empleo, los salarios y el PIB per cápita del país de acogida, por medio del aumento de la población económicamente activa, cuando los inmigrantes pueden insertarse al igual que los locales en el mercado del trabajo».

Los estudios también revelan los efectos positivos de la migración sobre la productividad. Esta, como afirma Paul Krugman, “no lo es todo, pero a largo plazo es casi todo, de su crecimiento depende el mejoramiento del estándar de vida de la población”. Cálculos realizados por el Banco Mundial cuando aborda la relación de la migración con el desarrollo en una muestra de países, al referirse a Colombia señala: acoger a 500.000 personas en edad de trabajar aceleraría el crecimiento de la economía en 0,2% resultado de un incremento en el consumo de 0,3% y la inversión lo haría en 1,2 puntos. Otro de los efectos positivos de los procesos migratorios es el del “bono demográfico”, como lo confirman estudios realizados en Europa.

Además de atender la urgencia, es preciso fortalecer y potenciar el trabajo realizado, los centenares de proyectos en marcha, de manera directa por parte de las asociaciones diaspóricas o de manera conjunta con organizaciones e instituciones de las ciudades de acogida en la dinámica del proceso de integración y desarrollo. La estrategia de respuesta es preciso complementarla con una estrategia proactiva, con el fin de aprovechar la capacidad emprendedora y difusora de tecnologías y conocimientos que posee toda diáspora. El propósito de esta es potenciar la recuperación del sendero del crecimiento regional y contribuir de manera decidida a recuperar la democracia y el respeto a los derechos humanos.

La diáspora venezolana migra de un país maltrecho y como ha sostenido Federica Mogherini: «No se puede ignorar la gravedad de las violaciones de derechos humanos en Venezuela, tal como reflejan los hallazgos del informe” de la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, producido en el marco del socialismo del siglo XXI. Refiriéndose a la relación entre este socialismo y el comunismo el cabecilla e ideólogo del Foro de Sao Paulo decía: comunismo y socialismo son la misma cosa. Vistas las violaciones de los derechos humanos de los venezolanos nos parece acertada la reciente decisión adoptada en el Parlamento Europeo, la cual condena a los regímenes de corte totalitario; “los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

La raíz del problema de la tragedia humanitaria y del fenómeno migratorio se halla en el modelo, es su rasgo distintivo. Es importante mantener el foco del problema, pues de no atacar la causa fundamental, la tragedia humana igual que la diáspora no cesará de crecer; lo harán a ritmo de vértigo y de forma indetenible.

El encuentro en Bruselas le ha dado una enorme visibilidad al mayor desplazamiento humano de Latinoamérica, a sus necesidades y efectos. Una verdadera lección de humanidad a quienes desprecian a los venezolanos: mientras el régimen niega su existencia el mundo se preocupa y se ocupa de ellos. La inmensa mayoría de Los venezolanos dentro y fuera del país agradecemos y valoramos desde lo más profundo de nuestra alma ese respaldo

Echamos en falta la participación de representantes de las más de mil asociaciones diaspóricas cuyos esfuerzos a lo largo de dos décadas han resultado fundamentales para la integración y el desarrollo. Nuevamente se resalta la importancia de la movilidad humana en la reducción de la pobreza global.

La realización de evento es, en sí mismo, un formidable logro y estamos esperanzados en sus resultados. La presencia de los representantes de los gobiernos de la región y de los organismos multilaterales conforma una ocasión única para lograr una mayor coordinación para la indispensable cooperación entre todos ellos, necesidad esbozada en la primera reunión de cancilleres en Quito.

En esos acuerdos la participación de la sociedad civil organizada resulta fundamental: asociaciones diaspóricas, gremios empresariales y profesionales, cámaras empresariales binacionales, universidades y gobiernos locales. Cada una de ellas administra realidades, proyectos e iniciativas beneficiosos para todos los involucrados y ello le da vida y contenido a la estrategia global.

La coordinación y la cooperación en el marco de una estrategia global y regional es el mejor de los antídotos en contra de las “industrias diaspóricas” de la droga, las bandas armadas, la trata de blancas y niños, la prostitución, etc. La cooperación es fundamental para identificar y sancionar a los responsables del saqueo. Recuperar los recursos robados permitiría atender la tragedia humana e iniciar el proceso de recuperación del país.

De esta estrategia no pueden quedar al margen las organizaciones e instituciones venezolanas. La Política, con P mayúscula, administra hechos, y por ello insistimos en la necesidad de crear una institucionalidad con el fin de atender la nueva geografía nacional. En ella resulta fundamental la participación del sector privado y la sociedad civil.

La diáspora por Ramón Escovar León – El Nacional – 29 de Octubre 2019

Las exigencias de visas a los venezolanos para ingresar a distintos países de América Latina contradice lo que ha sido la tradicional posición venezolana en materia de solidaridad internacional. A ello se suman las imágenes que se difunden en las redes que demuestran la cruel persecución contra quienes han tenido que salir de su país por las políticas de la revolución bolivariana.

Este cuadro de intolerancia merece recordar algunos episodios de nuestra historia que evidencian la conducta de Venezuela en materia de solidaridad con quienes han padecido de crisis –de distinta naturaleza– en sus respectivos países. Los chilenos, peruanos, ecuatorianos, dominicanos y colombianos, entre otros, fueron recibidos sin vacilar en nuestro país. De las islas del Caribe venían, incluso, a aprovechar los servicios médicos que Venezuela brindaba en la época de la democracia. Todos ellos ocuparon espacios en Venezuela y no fueron objeto de persecución ni de discriminación. El apoyo venezolano tuvo, en este último caso, una carga de generosidad humana.

En relación con lo anterior hay que recordar dos episodios relevantes. El primero se refiere a las gestiones del canciller del gobierno de Carlos Andrés Pérez ante el régimen chileno en 1976 para solicitar la liberación de un grupo de presos políticos, víctimas de la dictadura. Según relata Ramón Escovar Salom, Augusto Pinochet se mostró respetuoso y ante el pedimento que le fue presentado, contestó: “Dígale al señor presidente de Venezuela que consideraré todo esto con interés” (Memorias de ida y vuelta). De inmediato, el canciller venezolano solicita la libertad de Luis Corvalan, a la sazón secretario general del Partido Comunista chileno, aclarando que se trata de una gestión pedida por Nikolái Podgorni, entonces presidente de la Unión Soviética. El dictador con sorpresa responde: “¿Usted sabe que ese hombre me quería matar y tenía un plan para asesinarme?”

No obstante, y a pesar de esta primera y aparente negativa, la solicitud y gestiones del canciller venezolano lograron su cometido, pues “la mayoría de los incluidos en la lista fueron puestos en libertad y Corvalan meses después salió para el exilio”, sigue relatando Escovar Salom. Lo reseñado debe ser recordado porque demuestra una posición clara de Venezuela en lo que atañe a la necesaria solidaridad política y humana que merecen las víctimas de crisis políticas. Chile es un país democrático y civilizado y por eso esperamos que las autoridades garanticen el buen trato de los venezolanos de la diáspora, sean perseguidos políticos o no.

El segundo hecho que hay que recordar es el papel desempeñado por Venezuela en el traslado de la administración del canal de Panamá a los panameños. Carlos Andrés Pérez junto con Alfonso López Michelsen, Daniel Oduber y José López Portillo, presidentes de Colombia, Costa Rica y México respectivamente, integraron un grupo de apoyo para respaldar a Panamá. Desde el gobierno de Estados Unidos, el presidente Jimmy Carter tuvo la voluntad política de culminar el tratado, que fue un logro para Panamá. La solidaridad venezolana estuvo nuevamente presente.

El papel de Venezuela debe ser recordado por quienes ahora en Panamá se muestran intolerantes y agresivos con los venezolanos, que han tenido que salir de la devastación producida por las políticas revolucionarias. Esto está reñido con lo que ha sido la tradicional conducta venezolana con Panamá.

A diferencia de los casos señalados, hay otros países que nos han tendido su mano solidaria. Estados Unidos, España, Colombia y Argentina (ojalá esto no cambie con la llegada del peronismo al poder) han apoyado a los migrantes venezolanos. Todo esto hay que recordarlo porque los venezolanos merecemos un mejor trato: el mismo que hemos dado a quienes han necesitado de nuestro apoyo.

La solución de raíz para terminar con la diáspora y con la constante violación de los derechos humanos de los venezolanos es la unidad de la oposición que permita una solución política que abra las puertas de la libertad. Solo así regresarán quienes se han visto forzados a dejar su país, a sus familias, a sus amigos y a sus recuerdos.

El color de la diáspora venezolana vuelve a Foronda por T. Diez – Noticias de Guipuzcoa – 30 de Septiembre 2019

 El de ayer fue sin duda un día especial para el presidente de Córcega, Gilles Simeoni, que cuarenta años después de la visita de su padre, Edmond, al Alderdi Eguna celebrado en Getxo, visitó Gasteiz para recibir el reconocimiento de los jeltzales. Nada más llegar a las campas de Foronda, el lehendakari Urkullu y el presidente del partido, Andoni Ortuzar, hicieron entrega a un emocionado Simeoni del libro que recordaba aquel Alderdi Eguna de 1979 en cuya portada salía Edmond, en la tribuna de Aixerrota.

Simeoni fue uno de los invitados a la fiesta del PNV a los que Ortuzar recordó después desde la tribuna, al igual que hizo con los catalanes del PDeCAT o Units per Avançar, con Coalición Canaria, el Pi balear, Democrates Valencians, el BNG, Compromiso por Galicia, los nacionalistas flamencos, el Parti Breton, el Partit Occitan, Oui au Pays Catalan, Mujeres Demócratas Cristianas de América (MUDCA), el partido Sueño Georgiano, o la Organización Demócrata Cristiana de América de Juan Carlos Latorre.

También hubo un recuerdo especial para los miembros de las Euskal Etxeak que han venido al Congreso Mundial de Colectividades Vascas, “el octavo herrialde vasco”. Y sin duda uno de los lugares donde esas colectividades han dejado más huella ha sido Venezuela, cuya representación estuvo presente, al igual que el año pasado, con una txosna propia.

Las arepas que el exdiputado y exsenador Iñaki Anasagasti ayudaba a despachar tras la barra, ataviado con la gorra de su país natal, le hicieron dura competencia a la sardinas de Santurtzi, los talos o las tortillas de patatas.

¿Guerra con Colombia? – Editorial El Nacional – 13 de Septiembre 2019

La revista Semana, prestigiosa y responsable publicación que circula en Bogotá, ha revelado  documentos que evidencian los nexos que el gobierno usurpador de Venezuela ha establecido con los grupos guerrilleros que se han negado a aceptar la paz ofrecida por las autoridades colombianas después de arduas negociaciones, especialmente el ELN. La usurpación venezolana no solo se ha apresurado a negar los hechos, como era de esperarse, sino que, además,  arremete con acusaciones sobre un plan bélico que ha puesto en marcha el gobierno del presidente Duque.

Habitualmente las investigaciones de la revista Semana se caracterizan por su seriedad. Sus plumas no han estado al servicio de causas inconfesables, como pretende afirmar la dictadura venezolana sin meterse en el fondo del problema, es decir, sin analizar el contenido de los documentos publicados para demostrar su falsedad, o su exageración. Prefiere pasar por alto el asunto medular de la calidad y la veracidad de las pruebas aportadas, para hacer un llamado a la defensa de la patria porque el Ejército colombiano está a punto de declararnos la guerra.

El usurpador y sus acompañantes militares del Alto Mando están haciendo un llamado tipo Cipriano Castro, para que defendamos “el suelo sagrado de la patria”. Anuncia una invasión armada, sin manejar ninguna evidencia que pueda respaldar la patriotera arenga, o como si estuviera a punto de atacarnos una potencia enemiga. Ni Colombia es una potencia, ni es enemiga, ni hay manera de sostener la acusación temeraria que se devuelve desde Miraflores y desde el Ministerio de la Defensa para desviar la atención sobre su connivencia  con grupos irregulares del vecino país.

Los papeles publicados por Semana ponen al usurpador y a sus secuaces en un aprieto que pretenden eludir con bravatas. Hablan de una inminente invasión, sin reparar que los únicos protagonistas de invasiones en la actualidad somos nosotros,  los venezolanos, las criaturas de la diáspora, millones de personas desesperadas que huyen despavoridas por la frontera más cercana para salvar la vida y la dignidad.

 

Venezuela, un Estado por construir por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 20 de Agosto 2019

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La complejidad de la crisis venezolana reclama atender a su solución, en el menor tiempo posible, bajo riesgo de que las heridas, vejaciones, sufrimientos que padece la nación en su conjunto se agraven y la desaparezcan totalmente. No es fácil hacerlo. Se trata de una cuestión que desborda la política y la organización constitucional de las libertades. Apunta a una realidad inédita: la disolución cabal de la sociedad como expresión política, como Estado, por la sobreposición de un factor de dominio ajeno: la criminalidad común transnacionalizada en maridaje táctico con el terrorismo deslocalizado.

Resolver sobre esto implica la formulación de una política pública adecuada y global; pero, insisto, es un tema extraño al quehacer político y de los políticos, a lo ideológico o de realización local de la ciudadanía. Distinto es que, con cinismo desembozado, se le use por los mismos criminales comunes y sus socios terroristas –subrayo lo de “comunes”– en modo de legitimar el delito arguyendo razones políticas: asaltar bancos como expropiación revolucionaria, asesinar enemigos como costo necesario de la revolución, traficar drogas para acabar con el imperio que la consume, tanto como atentar contra los valores de la cultura occidental y cristiana a fin de fracturar las bases de las naciones que formara y sobre ellas levantar otras, en la transición, relativistas, progresistas, amorales, sin cánones sociales que obliguen salvo a quienes discrepen y deban ser castigados “con todo el peso de la ley”.

Los datos de la crisis son demoledores, máximas de la experiencia.

Un Estado que durante los años del boom petrolero –lo leo en un artículo de Tomás Straka– se hace de 1 billón de dólares administrados por un socialismo real moderado, ha terminado peor que los socialismos reales verdaderos conocidos por el mundo. Se sitúa a la par de los colapsos, la pobreza y emigración de Nigeria y Afganistán. La canasta alimentaria cuesta 300 dólares y el salario frisa los 6 dólares, en una población cuyo 90% la forman pobres, 15% de los niños sufre de desnutrición y más de 1 millón de sus habitantes padece de malaria.

Tengo presente el esfuerzo que por años acometen estudiantes universitarios venezolanos en Estados Unidos –de pregrado y posgrado–, quienes imaginan terapéuticas solo respecto de lo último, con el nombre de “Plan País”; tanto como ruedan las propuestas que, con igual título, elaboran los partidos que hacen vida dentro de la Asamblea Nacional.

Estados Unidos hace previsiones de corto y mediano plazos para la recuperación económica de Venezuela y se sincroniza con Colombia: país que recibe la cuota mayor de su diáspora y la acoge con sentido de solidaridad encomiable; lo que anuncia, por cierto, un prometedor futuro en los vínculos entre ambas: una misma nación que fractura España, seccionando a aquella del Virreinato de Nueva Granada, en 1731.

Hay un piso que le sirve de soporte a la esperanza venezolana y es el de la nación: pueblo forjado en los hornos de un presente constante, de una cultura inconclusa y ética compartidas, pero “asociados por la concorde comunidad de objetos amados”, diría san Agustín.

Un escollo de peso se atraviesa –lo advierto al principio– y acaso dejaría de ser tal por imperativo de la misma globalización, al mutar las formas tradicionales de relación espacial y temporal entre los integrantes de la “patria de bandera”, según la expresión de Miguel de Unamuno. Me refiero, en lo específico, a la desaparición plena del Estado en Venezuela; lo que no se revierte con la formación de otra constitución política, pues esta formaliza lo que es y ya existe.

Los elementos de su estatalidad han desaparecido. Carece de verdadera personalidad jurídica internacional, que la salva, por ahora, el hecho del reconocimiento a un conductor político con legitimidad, Juan Guaidó.

La población venezolana se ha dispersado por el mundo a la manera de los judíos; pero, a diferencia de estos, la nuestra, que conserva hacia afuera unidad afectiva y en el dolor que le causa el ostracismo impuesto, hacia adentro medra pauperizada en lo biológico y humano. Se hace débil su desarrollo cerebral y de la inteligencia por la desnutrición masiva, y su enseñanza formal es ideológica y militar. Los estudios secundarios y universitarios se han vuelto fábricas de salchichas, de bachilleres y doctores iletrados.

La soberanía territorial es un monumento a la falacia. La abandonaron las instituciones llamadas a sostenerla y defenderla. Priva la anarquía en el espacio, controlado por grupos criminales y terroristas, y por mercaderes extranjeros que canibalizan sus riquezas: tierra arrasada y de nadie es la nuestra. Hasta el costado oriental sufre hemiplejia, dado su asalto fáctico por Guyana y las empresas petroleras.

Nada que decir de la soberanía e independencia política del país, confiscada por la metrópolis y sus autoridades, residentes en La Habana, en Moscú, en Siria, en el Líbano.

Si algo resta son los vestigios de la agonía y desaparición de la república de Venezuela. No existe más. Ocupa su espacio un “des-orden estructural” narcoterrorista y criminal deliberado (¿Estado paralelo?), que urge destruir. Cabe crear, luego, la “cosa pública”, como lo hicieran paso a paso los primeros adelantados en la Conquista, quienes nos sacan de la selva y reúnen en sitios fijos para hacernos nación y más tarde entidad legal y política.

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