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Más de tres millones 300 mil venezolanos en 16 países: Enfoque cualitativo de la diáspora – La Patilla – 17 de Septiembre 2018

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El gobierno bolivariano de Nicolás Maduro opta por aprovechar propagandísticamente el drama de vida del 15 % de la población de Venezuela desplazada forzosamente fuera de las fronteras de su país. Abofeteando al gentilicio venezolano, criminalizando la migración y hasta denigrando el trabajo que les ha tocado desempeñar a estos venezolanos profesionales en el exterior.

A continuación podrás tener una referencia de la situación laboral de más de tres millones 300 mil venezolanos repartidos en 16 países, en este enfoque cualitativo de la diáspora venezolana levantado por el diputado Carlos Valero de la Asamblea Nacional de Venezuela.

Informe Diaspora

El mismo revela que cerca de 4.400 niños y adolescentes fueron dejados en Venezuela al cuidado de tíos y abuelos, en busca de mejoras económicas por parte de sus padres.

Intelectuales exhortan a líderes de oposición a “frustrar la confiscación total de la democracia” – Efecto Cocuyo – 13 de Septiembre 2018

Más de 500 intelectuales venezolanos realizaron un llamado a los dirigentes políticos de oposición en el país para que se consolide una verdadera unidad, desde la cual se pueda liderar a la sociedad civil para evitar que se instaure “la dictadura comunista” y se consiga frustrar la “confiscación total de la democracia“, a través del documento denominado “Manifiesto por Venezuela“.

En el escrito que compartieron con los medios de comunicación, los 538 firmantes expresaron su agobio por la “emergencia humanitaria compleja” que atraviesa Venezuela, por “el hambre, el colapso sanitario y el éxodo de la población”, entre otras variables, además de sus efectos en quienes adversan al Gobierno de Nicolás Maduro.

“Registramos con real angustia la fragmentación de la oposición. Es una situación que hiere el entendimiento, crea incertidumbre y desesperanza y afecta gravemente la eficacia de la resistencia que opone la mayoría de los venezolanos. (…) Nos dirigimos a esos líderes que han conducido con sacrificio y entrega a la oposición venezolana, que han luchado y asumido riesgos, que han enfrentado una persecución brutal…”, indica el manifiesto, fechado el 12 de septiembre.

“A esos líderes políticos los llamamos a unirse alrededor de un programa de acciones que frustre lo que de otra forma pudiera convertirse en la confiscación total de la democracia venezolana. Los ciudadanos les reclamamos concentrarse en la lucha por liberar a Venezuela sin perder de vista que no es posible confiar en la negociación con un gobierno de delincuentes, salvo si el tema a discutir es su salida del Poder”, resalta el manifiesto, donde reconocen que a muchos de los dirigentes, la causa opositora les ha costado la cárcel o el exilio.

Con “angustia y movidos por la urgencia“, los fimantes diseminados por el mundo, pues muchos son parte de la diáspora venezolana y se expresan desde España, Chile, Suiza, México, Francia, Panamá, Holanda y Estados Unidos, entre otros, enfatizan su exhorto a luchar en unidad contra “la crisis actual (que) es un paso más hacia la instauración de una dictadura comunista en Venezuela”.

“Sin esa unión no será posible vencer la tiranía porque el Poder ha sido penetrado en todos los niveles y en todos los ambientes, configurándose una situación que sólo una unión así podrá superar. Con la unión y una estrategia de lucha aceptada y seguida por todos, podremos dar inicio a la solución de este drama: salir de la dictadura y hacer elecciones libres”, precisa el documento suscrito por los intelectuales.

También reservaron un apartado en su manifiesto para los integrantes del Gobierno nacional y la Fuerza Armada, a quienes consideran los principales responables de la crisis. “Negarla o ignorarla ha sido la conducta que siguen los criminales que la han originado y han convertido al Estado en una base del delito organizado y el terrorismo internacional. Criminales de cuello blanco o de uniforme militar que están enquistados en lo alto del poder político venezolano, quienes pretenden convencer al mundo de que nuestro trance resulta de una guerra económica del ‘Imperio’, mientras se mofan de quienes huyen de un país en ruinas”.

“La dramática situación de hambremiseria y carencias de toda especie que obliga diariamente a millares de venezolanos, a escapar hacia un futuro incierto pero que suponen mejor que lo que lo que deben soportar en su país. Sí, nos lo muestran desde fuera la prensa internacional y los organismos de derechos humanos porque la dictadura controla los medios venezolanos, no quiere que se sepa que con esos hermanos se nos va la patria, que el país se desangra todos los días con los miles de compatriotas que huyen de él”, expresan en el Manifiesto por Venezuela.

“Los instamos a dejar de lado todo cálculo acerca de las ventajas que unos podrían sacar sobre otros cuando se recupere la democracia. Que no cometan el error de confiar demasiado en sí mismos y muy poco en los demás, que entiendan que lo que se exige de sus partidos es una unión férrea concentrada en desarmar la estrategia dictatorial”, destaca el texto.

Lea completo el Manifiesto por Venezuela a continuación:

A los Líderes Políticos Venezolanos

Venezuela atraviesa la crisis más aguda de su historia, calificada por órganos internacionales como una Emergencia Humanitaria Compleja que se expresa en el desmoronamiento de la economía y las estructuras estatales; el hambre, el colapso sanitario y el éxodo de la población. Negarla o ignorarla ha sido la conducta que siguen los criminales que la han originado y han convertido al Estado en una base del delito organizado y el terrorismo internacional. Criminales de cuello blanco o de uniforme militar que están enquistados en lo alto del poder político venezolano, quienes pretenden convencer al mundo de que nuestro trance resulta de una guerra económica del “Imperio”, mientras se mofan de quienes huyen de un país en ruinas.

Si quedaran dudas respecto a la magnitud sin precedentes conocidos de ese éxodo masivo, basta con observar como la prensa internacional ha registrado de forma insistente la dramática situación de hambre, miseria y carencias de toda especie que obliga diariamente a millares de venezolanos, a escapar hacia un futuro incierto pero que suponen mejor que lo que lo que deben soportar en su país. Sí, nos lo muestran desde fuera la prensa internacional y los organismos de derechos humanos porque la Dictadura controla los medios venezolanos, no quiere que se sepa que con esos hermanos se nos va la patria, que el país se desangra todos los días con los miles de compatriotas que huyen de él.

Tenemos conciencia y lo decimos con claridad: la crisis actual es un paso más hacia la instauración de una dictadura comunista en Venezuela. Un proyecto que emplea las carencias éticas de los altos dirigentes del gobierno, para hacer realidad unos designios políticos manejados desde Cuba. Sobre este proyecto de dominación totalitaria, que oculta sus intenciones en la inmoralidad y el cinismo de la mafia gobernante, llamamos la atención de todos los venezolanos para que hagan suya la urgencia de cerrarle el paso.

Registramos con real angustia la fragmentación de la oposición. Es una situación que hiere el entendimiento, crea incertidumbre y desesperanza y afecta gravemente la eficacia de la resistencia que opone la mayoría de los venezolanos.

Nos dirigimos a esos líderes que han conducido con sacrificio y entrega a la oposición venezolana, que han luchado y asumido riesgos, que han enfrentado una persecución brutal con muchas víctimas mortales en el camino y con presos políticos sometidos a torturas y tratos infamantes. Que han debido en muchos casos exiliarse para escapar del acoso de los esbirros judiciales y militares del régimen.

A esos líderes políticos los llamamos a unirse alrededor de un programa de acciones que frustre lo que de otra forma pudiera convertirse en la confiscación total de la democracia venezolana. Los ciudadanos les reclamamos concentrarse en la lucha por liberar a

Venezuela sin perder de vista que no es posible confiar en la negociación con un gobierno de delincuentes, salvo si el tema a discutir es su salida del Poder. Los instamos a dejar de lado todo cálculo acerca de las ventajas que unos podrían sacar sobre otros cuando se recupere la democracia. Que no cometan el error de confiar demasiado en sí mismos y muy poco en los demás, que entiendan que lo que se exige de sus partidos es una unión férrea concentrada en desarmar la estrategia dictatorial.

Se lo pedimos con angustia movidos por la urgencia, por el drama de las mayorías. Sin esa unión no será posible vencer la tiranía porque el Poder ha sido penetrado en todos los niveles y en todos los ambientes, configurándose una situación que sólo una unión así podrá superar. Con la unión y una estrategia de lucha aceptada y seguida por todos, podremos dar inicio a la solución de este drama: salir de la dictadura y hacer elecciones libres. El sector político está obligado a respaldar un gran movimiento nacional de resistencia. Pero desde esa unión. Fuera de ella será imposible recuperar a nuestro país.

(538 firmas en reserva)

 

La alusión del Lehendakari a los vascos de Venezuela por Iñaki Anasagasti – Deia – 10 de Septiembre 2018

El pasado sábado 8 de setiembre se celebró el primer día dedicado a la Diáspora Vasca. Tras una votación se eligió esta fecha pues se conmemoraba la llegada de Juan Sebastián Elkano a Getaria tras dar la vuelta al Mundo.

En ese acto formal celebrado en Gasteiz el Lehendakari pronunció un discurso en el que dedicó palabras de solidaridad con los vascos que viven en Venezuela, palabras que no he visto registradas, salvo en el Facebook de Iruña Urrutikoetxea, y que conviene destacar pues es en momentos de crisis en los que se agradece la mano tendida.

Reproduzco su discurso completo que contenía más elementos y que creo es bueno conocer en su totalidad.

Fue éste:

“El Pueblo Vasco tiene sus raíces a ambos lados de los Pirineos. Desde aquí nuestros antepasados emigraron, sobre todo a partir del siglo XIX, a lo que entonces era tierra de promisión: América. Lo hicieron por elección o, en la mayoría de los casos, por obligación.  

El origen vasco se asocia a los valores de honradez, seriedad, trabajo y compromiso. Esta imagen positiva de Euskadi en el mundo se debe, también, a una Diáspora ejemplar. Eskerrik asko!

Hoy Euskadi vuelve a salir al exterior, aunque el destino es diferente. Las nuevas tecnologías de la información y los avances en el transporte facilitan la América en el inicio, Europa siempre, Asia o Australia, también África. La presencia vasca se ha extendido por los cinco continentes. Lo importante, y este Día lo demuestra, es que la diáspora del siglo XXI ha mantenido las raíces y la relación con Euskadi.

¿Qué hubiera sido de nuestra Diáspora si hubiéramos sido rechazados en los países de destino? Hoy recordamos nuestra historia como pueblo migrante porque hoy otros Pueblos llaman a nuestra puerta en busca de un futuro mejor.

No podemos mirar para otro lado como sociedad. Una sociedad vasca acogida; y acogedora.

En este sentido, enviamos un afectuoso saludo a la colectividad vasca de Venezuela y, en especial a las comunidades de Caracas y Valencia, ante la preocupante situación en que se encuentran. Mantenemos una comunicación fluida y, desde nuestras posibilidades, intentaremos seguir ayudándoles. No os vamos a abandonar, como tampoco vosotras y vosotros abandonasteis a quienes llegaron a Venezuela desde Euskadi.  

Hoy sábado 8 de septiembre y, en simultáneo, este acto se celebra en los Centros Vascos de Francia, Alemania, Bélgica, Reino Unido, Japón, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú, Venezuela, México, Cuba, Brasil, Estados Unidos…

Un 8 de septiembre de hace casi cinco siglos, Juan Sebastian Elkano culminaba la primera vuelta al mundo y escribía al Emperador Carlos V: “… lo que más avemos de estimar y tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondez del mundo, yendo por el oçidente e veniendo por el oriente.”

Hoy, todas las personas vascas que “redondean el mundo” encuentran siempre la presencia, la acogida y el apoyo de quienes nos antecedieron en este viaje permanente de Euskadi alrededor del mundo.

Eskerrik asko”

“Para vivir así…prefiero la muerte” por Nelson Freitez – Revista SIC – 6 de Septiembre 2018

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La estrofa de una canción de salsa de los años 70 puede reflejar el sentimiento de una porción de nuestra población, que ante las múltiples vicisitudes que viene experimentado cotidianamente ha pensado en irse de este mundo como opción. En octubre de 2017, Marco Guillén residente en el Municipio Palavecino, estado Lara, grabó un video que hizo circular en la red youtube en el cual apelaba a la solidaridad antes de cumplir con su decisión de practicarse la eutanasia por la imposibilidad de conseguir los medicamentos y alimentos requeridos por él y su familia. Debido a un accidente de tránsito quedó cuadripléjico hace 12 años y desde entonces, en un esfuerzo titánico él con su pareja e hija han vivido un diario viacrucis para garantizar su sobrevivencia, en un país cada vez más devastado y carente de medios básicos de existencia.

Abrumado por tal cúmulo de imposibilidades, Marco tomó la decisión hace cerca de un año de solicitar públicamente autorización al jefe del Estado para quitarse la vida y así contribuir a que su familia pudiese vivir con la pensión con la que sobreviven. Ese video que inmediatamente se viralizó, por la crudeza con la que se planteaba el drama extremo en el que se encontraba esta familia, promovió una enorme solidaridad de personas de diversos países que, conmovidos ante la inminencia de la tragedia, cooperaron de diversas formas para hacer más soportable la vida de Marco y su familia. Literalmente la solidaridad le arrebató la vida de Marco a la muerte.

Hoy Venezuela experimenta una voraz emergencia humanitaria compleja que succiona la vida de miles de personas con muertes perfectamente prevenibles. El drama de la familia de Marco se ha multiplicado como una vorágine masiva que se expande por todos los rincones de nuestro territorio, arrebatando la existencia de miles de personas. Las 25.000 personas fallecidas por cáncer en el 2017 o las 5.000 con VIH en lo que va del 2018, en muertes propiciadas por falta de medicamentos, tratamientos oportunos y dietas apropiadas, son apenas una muestra del drama de todo el universo de personas con patologías crónicas. Son múltiples las afectaciones de salud, cuantiosas las vidas de nuestra infancia comprometidas por situaciones de desnutrición que ya alcanzaron el peligroso umbral del 16% de niños en situación de desnutrición severa. Todas expresiones de un país que experimenta patologías sin precedentes, carente de una institucionalidad que lo proteja y le preserve su existencia colectiva. Por el contrario, niega esta emergencia e impide la cooperación internacional humanitaria.

La diáspora venezolana que disemina dolorosamente miles de personas en el continente y otros países del mundo, nos deja fracturados, doloridos, mudos de impotencia ante un presente agónico. A pesar de sus aportes económicos a través de las remesas, su ausencia de las familias genera un insoportable e inédito vacío en la existencia ya de miles de éstas.

La vida, resurrección y resiliencia de Marco Guillén y su familia constituyen una inspiración, como ya tantas que percibimos, de familias que no se entregan, que resisten con la solidaridad de sus congéneres, la injusta dureza de esta vida que se nos ha impuesto. Seguro como lo experimentó Marco, logrará Venezuela unirse en el apoyo mutuo para reconstruir lazos de vida que nos permitan salir adelante…para cauterizar nuestros dolores y no volver a experimentar la agonía de la estrofa ´Para vivir así, prefiero la muerte´.

Crisís económica y diáspora – Editorial El Nacional – 6 de Septiembre 2018

Si alguien tiene dudas (exceptuando, por supuesto, a los jefes de Miraflores) sobre cómo las crisis económicas que azotan a un país impulsan el éxodo de grandes masas de desempleados, de obreros con remuneraciones precarias, de campesinos y granjeros, de técnicos y especialistas en diferentes profesiones, pues haría bien en leer una obra titulada Los olvidados (Random House Mondadori 2010), cuyo autor es un periodista, investigador y documentalista griego llamado Tim Tzouliadis.

Es harto sabido que con la Gran Depresión padecida en la década de los años treinta la economía norteamericana se vino abajo. El “sueño americano” se convirtió en una pesadilla. Entonces los empobrecidos ciudadanos de Estados Unidos, engañados por la propaganda rusa, decidieron emigrar al paraíso de los trabajadores: la Unión Soviética, donde no existía el desempleo ni el hambre, mucho menos la pobreza. Mentira pura y cínica.

Al llegar fueron despojados de sus pasaportes y nunca más se los devolvieron, se les envió a pueblos inhóspitos y con condiciones climáticas duras y extremas. Fue la primera y única vez que los norteamericanos emigraron en masa. Más nunca.

Los olvidados no es un libro de ficción sino una rigurosa investigación histórica, con una bibliografía que supera las 45 páginas, amén de un amplísimo índice alfabético que da fe de los testimonios recogidos y de los lugares citados en la obra.

Los lectores de este editorial se preguntarán por qué esta cita tan larga. Pues porque la propaganda madurista, que en el fondo no es sino un gran saco de mentiras, pretende negar la huida de millones de venezolanos de este paraíso comunista que, en rigor, no es ni lo uno ni lo otro. No es paraíso sino infierno en la Tierra, y tampoco es comunista porque incluso Cuba, ese mar (o mal) de la felicidad, se ha arrepentido y se puso el disfraz de socialista.

Valga resaltar que la propaganda cubana insiste en que en la isla no hay inflación, circulan los pesos y los dólares en billetes, los hospitales funcionan y, mal que bien, se consiguen medicinas, escuelas para los niños, música, ron y jineteras a montón, es decir, rumba para todos, turistas incluidos. Lo raro es que los venezolanos no emigren a la isla sino a otros países de la región. Tampoco a los haitianos pobres les gusta nada Cuba, tan cercana, y prefieren ir a Chile, fría y lejana.

Carca de 2.600.000 venezolanos han huido de Nicolás, de sus jefes militares y del caos económico. Jorgito Rodríguez prometió traerlos de vuelta a casa y en el primer vuelo regresaron 170 pasajeros. A ese ritmo tardarán muchos años en regresarlos a todos.

Será un retorno a lo Cocoon, esa película de Hollywood dirigida por Ron Howard y estrenada en 1985, acerca de un grupo de ancianos que recobran las energías de la juventud y son felices. Sin Nicolás, sin Jorge y su hermanita, sin padrinos ni ahijados, sin mazos y sin colectivos malandros.

Video Un beso y una flor por Nino Bravo – 25 de Agosto 2018

 Emigrantes venezolanos – Editorial Venezolanos Siempre – 22 de Agosto 2018 2018

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Nadie merece el rechazo, la discriminación y la xenofobia,
mucho menos los habitantes de un país que hoy huyen
del hambre y la miseria, que ayer recibieron con brazos abiertos,
recursos y oportunidades a los miles que tocaron a sus puertas,
sin pedirles pasaporte, ni papeles.

“Si por lo menos hiciera menos frío…” en eso pensaba Jesús Omar, mientras se desplazaba hacia el norte de Bogotá, montado en un Transmilenio, para encontrarse con la Sra. Eugenia —que viaja pronto a Caracas— y enviar unas cositas a su mamá por intermedio de ella. Jesús Omar tiene ya ocho meses viviendo en Bogotá se vino con Gabriel y Jose Ignacio, los tres con pasaporte colombiano. Gabriel ya había estado antes en Colombia, vivió en Barranquilla y había ido a Venezuela pasar las Navidades con su familia. Jesús Omar y Gabriel estudiaron mecánica automotriz en un Tecnológico Superior, a José Ignacio lo conocía desde bachillerato donde habían estudiado juntos y eran muy buenos amigos; los tres habían planificado este viaje a Bogotá, se irían a vivir juntos y probarían suerte en Colombia, ciertamente la tuvieron; a las dos semanas, Jesús Omar y Gabriel había conseguido trabajo en un taller mecánico, por el centro de la ciudad, en uno de los tantos talleres en donde habían estado repartiendo sus currículos; Jose Ignacio, Técnico Superior en Mercadeo, había conseguido trabajo en una tienda, vendiendo ropa. Viven juntos en Ciudad Kennedy, hacia el sur de la ciudad y aunque tardan todos los días una hora en llegar a su trabajo, les está yendo bien. Todo ha salido como lo habían planificado; se habían ido con sus ahorros y unos dólares que el señor de la casa donde trabajaba su mamá y su padrino le habían regalado; con ese dinero pudieron establecerse en Bogotá y buscar trabajo con cierta calma.

Jesús Omar, Gabriel y Jose Ignacio no pasaron las penurias de muchos de sus compatriotas venezolanos que han cruzado las fronteras de Colombia, de Perú, de Ecuador, de Chile, de Argentina o se han ido a vivir a Estados Unidos o Europa, incluso Australia o los Países Nórdicos o del Medio Oriente, en búsqueda de una mejor vida.

Caricatura EDO

Todos los días la prensa nos trae noticias de los éxitos y penurias de los venezolanos en el exterior. Los venezolanos no éramos un pueblo que migraba, éramos un pueblo que recibía inmigrantes; en nuestro país, concluida la Segunda Guerra Mundial, atraídos por la bonanza petrolera y la riqueza de un país en donde estaba todo por hacer, se establecieron colonias de españoles, de italianos, de portugueses. Chilenos y argentinos vinieron por miles a nuestro país, cuando las dictaduras sanguinarias en el Cono Sur se ensañaron con la población y muchos tuvieron que huir por razones políticas –y muchos más por razones económicas– a buscar trabajo, paz, a buscar donde tener una vida decente. Miles de ecuatorianos y peruanos y millones de colombianos de bajos recursos traspasaron la frontera hacia Venezuela, se establecieron aquí e hicieron una nueva vida y un nuevo futuro; hoy sus hijos y nietos –también de españoles, italianos y portugueses– cruzan la frontera en sentido contrario y tratan de establecerse en el país de origen de sus padres para conseguir allá la vida decente que sus padres y abuelos vinieron a buscar aquí y que ellos ahora no pueden tener en su propia tierra.

Diáspora, inmigrantes, refugiados, exilados, son todos nombres para describir una misma situación, para algunos una misma desgracia. Junto con las noticias diarias de éxitos y penurias, nos llegan también las noticias de episodios de xenofobia en algunos de los países que ahora reciben en masa a inmigrantes o refugiados venezolanos. Esas noticias nos hacen olvidar las razones por las cuales se ha producido este fenómeno, que nadie sabe muy bien en que irá a parar. En menos de 20 años se ha instaurado una dictadura en Venezuela, se ha destruido la industria nacional y la agricultura, se ha entregado a empresas de otros países, en muy malas condiciones, la industria minera; se han deteriorado todos los servicios públicos, ciudades que pasan días enteros sin luz, sin agua potable, sin comunicación telefónica, con un servicio de transporte que se ha reducido a su mínima expresión, el metro de Caracas esta destruido y la población se desplaza en camiones como si fuera ganado; se producen pocos alimentos en el país y se importan menos, caros y de mala calidad, que son pesimamente distribuidos y de manera demagógica y “clientelar”; vemos gente que escarba en la basura para comer y una población que de manera general, pierde peso; no hay medicinas para curar enfermedades básicas, menos aún para otras más complejas y mortales; los servicios de salud públicos están totalmente colapsados y los privados van por el mismo camino, cada día con menos médicos y personal especializado, que en masa se va al exterior; miles de personas se mueren al año a manos del hampa, que acosa impunemente a la población, sobre todo la de menores ingresos. Esas, y no otras, son las causas profundas de la diáspora, la inmigración, el exilio, los refugiados. La población huye del país, del hambre, de la falta de medicinas, de la inseguridad y la muerte.

Pero lo anterior, que nos explica la salida en masa de los venezolanos, no nos explica lo que esta ocurriendo en los países a los cuales arriban los venezolanos. Eso solo nos lo explica el temor de los gobiernos y de muchos de los habitantes de esos países ante los recursos que habrá que dispensar y compartir con un desplazamiento masivo de inmigrantes o refugiados. De nada sirve el consuelo de pensar que a lo mejor nada de esto estaría ocurriendo si esos países y la comunidad internacional que hoy se preocupa de los desplazados y refugiados, se hubiera preocupado antes por lo que estaba ocurriendo en Venezuela y que se venía advirtiendo.

Sea como sea, nadie merece el rechazo, la discriminación y la xenofobia, mucho menos los habitantes de un país que hoy huyen del hambre y la miseria, pero que ayer recibieron con brazos abiertos con recursos y oportunidades a los miles que tocaron a sus puertas y que fueron recibidos, sin pedir pasaportes ni papeles, que los integraron y ayudaron a construir un país próspero como lo fue Venezuela, al mismo tiempo que estos inmigrantes a su vez, con remesas e inversiones, ayudaron a sus familiares en sus países de origen o sobrevivir, a reconstruir sus vidas y, en no pocos casos, sus empresas y ciudades.

Un desastre inocultable – Editorial El Nacional – 29 de Agosto 2018

Como si fuera poco el daño interno que le han hecho a Venezuela durante todos estos años, ahora la camarilla civil y militar que mal dirige el país nos hace pasar internacionalmente una gran pena. Desde luego nosotros, los ciudadanos que no estamos enchufados, que no robamos dinero de las arcas públicas, que no traficamos con oro y menos aún con drogas, que no desvalijamos las cajas CLAP para venderlas por parte y estafar a la gente del pueblo, que se nos impide usar nuestro dinero (ganado con sudor y esfuerzo) mediante un racionamiento en la entrega de billetes (algo nunca visto en nuestra historia) y que somos víctimas a diario del hampa y de la policía que actúan al unísono, ahora se nos expulsa del país como ganado que va al matadero.

Ya no queda en pie ni un pequeño promontorio de decencia, una señal aunque sea minúscula de honradez y de vergüenza, un parpadeo de sensatez y desprendimiento. Las instituciones están cabizbajas, se niegan a mirarnos a los ojos porque se saben humilladas y mancilladas por los ocupantes de la guarida oficialista. A tal punto se les ha despreciado que los ciudadanos las perciben ¡ay! borrosas, oscuras y siniestras. Son tierra arrasada, humo y ceniza que no invitan a nada trascendente sino al delito y la muerte.

La cúpula del oficialismo está jugando con la paciencia del pueblo, quiere provocar un estallido y proceder luego a reprimir los gritos de la rabia sembrada por ellos. Pero por más que insistan no lo van a lograr, nadie va a caer en esa provocación que persigue una lucha desigual en un terreno que les da todas las ventajas. El oficialismo muestra su debilidad al cercenar todos los derechos democráticos y obstruir el libre ejercicio de la libertad consagrados en nuestra Constitución, pero no por ello debemos cejar en exigir que se nos devuelva lo que nos ha sido expropiado arteramente.

Un pueblo se fortalece en el rescate de sus derechos porque al final sabe el inmenso valor de lo conquistado, del esfuerzo y de las lágrimas, del sudor y de la sangre derramada por los embates de la represión. Pero cada uno de los ciudadanos aprecia esa lucha en su justa dimensión, en tanto se lleva adelante con paciencia, constancia y pacíficamente. En la misma medida en que la sociedad venezolana exprese su rechazo día a día, en cada hora y en cada minuto, en esa misma medida el régimen tendrá que aceptar que sus políticas son erradas, dogmáticas y tóxicas.

En un análisis que ayer transmitiera la agencia AFP, firmado por la periodista María Isabel Sánchez, se expresaba con una fidelidad escalofriante lo que nos está sucediendo: “Una semana después del arranque del plan económico de Nicolás Maduro hay más dudas que certezas de que pueda sacar a Venezuela del colapso. En las calles se palpa el hartazgo que alienta la mayor diáspora de América Latina en los últimos años”.

Maduro invita a los emigrantes a que “dejen de lavar pocetas y regresen a la patria” por Alonso Moleiro – El País -30 de Agosto 2018

Venezuela afirma que en su territorio viven “seis millones de colombianos, ecuatorianos y peruanos cuya atención le cuesta al país más de 3.000 millones de dólares”

Migrantes venezolanos recorren la vía hacia la ciudad colombiana de Bucaramanga desde Cúcuta. FOTO: EFE 

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, se pronunció sobre la crisis migratoria que vive el país, enviando un mensaje a los millones de ciudadanos que están cruzando las fronteras, en autobuses o caminando, con destino a otras naciones buscando un nuevo horizonte: “Dejen de lavar pocetas y vengan a vivir a la patria”.

Mientras, el ministro de Comunicaciones, Jorge Rodríguez, ofreció una alocución en la cual comentó que en el país viven al menos “seis millones de inmigrantes de Colombia, Ecuador y Perú, que han sido recibidos de forma solidaria, sin xenofobia y con los brazos abiertos”, y cuya atención, dijo, “ le cuesta al Estado venezolano más de 3.000 millones de dólares”. Rodríguez mostró unas gráficas en las cuales queda asentado que, en términos históricos, Venezuela ha sido el país que más inmigrantes ha recibido de toda América Latina.

Parte importante de los integrantes de la diáspora venezolana actual está formada por ciudadanos que son hijos de colombianos, peruanos y ecuatorianos que llegaron al país en los tiempos de prosperidad económica venezolana de los años sesenta, setenta y ochenta. Con estas declaraciones el Gobierno de Venezuela da respuesta a un creciente entorno crítico internacional en su contra, que ya tiene expresiones diplomáticas, por su actitud indiferente ante la magnitud de la migración venezolana del momento.

El miércoles la televisión estatal difundió profusamente una noticia que documentaba la existencia de 89 venezolanos que fueron fletados de regreso a Caracas en un avión procedente del Perú, en la cual los pasajeros afirmaban estar felices de volver y contaron anécdotas de tratos discriminatorios. Maduro afirmó que los emigrantes venezolanos son ”esclavos económicos” y se mostró confiado en que la mayoría de ellos regresará una vez se sientan los efectos de su programa de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad.

La diáspora venezolana, un fenómeno absolutamente inédito en la historia del país, lleva años siendo tratada con soslayo y desinterés por la dirigencia chavista, que habitualmente atribuía el fenómeno a tensiones existentes en las capas medias y “las élites” nacionales, a las cuales, en más de una ocasión, se les ha invitado a abandonar Venezuela si no les gusta el socialismo.

El desborde migratorio venezolano de este año ha inundado, por primera vez, los sectores populares urbanos y rurales, que el chavismo tradicionalmente siente suyos, y ha dejado enmudecidos a dirigentes, intelectuales y periodistas que aún acompañan a Maduro. El IV Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela continuaba sus deliberaciones este fin de semana sin que nadie hiciera apenas mención a este fenómeno.

Solo Diosdado Cabello comentó brevemente que los despachos internacionales que documentan la marcha de ciudadanos venezolanos caminando a Ecuadorconstituían “un show”, en el cual periodistas y fotógrafos bajan a estas personas de los autobuses para ofrecer una imagen distorsionada que insinúe un estado de necesidad.

Se calcula, de acuerdo a la información que han proporcionado Gobiernos de estos países, que a la vuelta de un año, han emigrado más de 800.000 venezolanos a Colombia; 60.000 a Brasil; 300.000 a Ecuador; y poco más de 400.000, respectivamente, al Perú y a Chile. Todo esto en una nación que va para el millón por ciento de inflación y que, antes de esta crisis, no tenía tradición ninguna migratoria.

Inmigrantes venezolanos – Editorial Venezolanos Siempre – 21 de Agosto 2018


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Nadie merece el rechazo, la discriminación y la xenofobia, mucho menos los habitantes de un país que hoy huyen del hambre y la miseria, que ayer recibieron con brazos abiertos, recursos y oportunidades a los miles que tocaron a sus puertas, sin pedirles pasaporte, ni papeles.

 “Si por lo menos hiciera menos frío…” en eso pensaba Jesús Omar, mientras se desplazaba hacia el norte de Bogotá, montado en un Transmilenio, para encontrarse con la Sra. Eugenia —que viaja pronto a Caracas— y enviar unas cositas a su mamá por intermedio de ella. Jesús Omar tiene ya ocho meses viviendo en Bogotá se vino con Gabriel y Jose Ignacio, los tres con pasaporte colombiano. Gabriel ya había estado antes en Colombia, vivió en Barranquilla y había ido a Venezuela pasar las Navidades con su familia. Jesús Omar y Gabriel estudiaron mecánica automotriz en un Tecnológico Superior, a José Ignacio lo conocía desde bachillerato donde habían estudiado juntos y eran muy buenos amigos; los tres habían planificado este viaje a Bogotá, se irían a vivir juntos y probarían suerte en Colombia, ciertamente la tuvieron; a las dos semanas, Jesús Omar y Gabriel había conseguido trabajo en un taller mecánico, por el centro de la ciudad, en uno de los tantos talleres en donde habían estado repartiendo sus currículos; Jose Ignacio, Técnico Superior en Mercadeo, había conseguido trabajo en una tienda, vendiendo ropa. Viven juntos en Ciudad Kennedy, hacia el sur de la ciudad y aunque tardan todos los días una hora en llegar a su trabajo, les está yendo bien. Todo ha salido como lo habían planificado; se habían ido con sus ahorros y unos dólares que el señor de la casa donde trabajaba su mamá y su padrino le habían regalado; con ese dinero pudieron establecerse en Bogotá y buscar trabajo con cierta calma.

Jesús Omar, Gabriel y Jose Ignacio no pasaron las penurias de muchos de sus compatriotas venezolanos que han cruzado las fronteras de Colombia, de Perú, de Ecuador, de Chile, de Argentina o se han ido a vivir a Estados Unidos o Europa, incluso Australia o los Países Nórdicos o del Medio Oriente, en búsqueda de una mejor vida.

Todos los días la prensa nos trae noticias de los éxitos y penurias de los venezolanos en el exterior. Los venezolanos no éramos un pueblo que migraba, éramos un pueblo que recibía inmigrantes; en nuestro país, concluida la Segunda Guerra Mundial, atraídos por la bonanza petrolera y la riqueza de un país en donde estaba todo por hacer, se establecieron colonias de españoles, de italianos, de portugueses. Chilenos y argentinos vinieron por miles a nuestro país, cuando las dictaduras sanguinarias en el Cono Sur se ensañaron con la población y muchos tuvieron que huir por razones políticas –y muchos más por razones económicas– a buscar trabajo, paz, a buscar donde tener una vida decente. Miles de ecuatorianos y peruanos y millones de colombianos de bajos recursos traspasaron la frontera hacia Venezuela, se establecieron aquí e hicieron una nueva vida y un nuevo futuro; hoy sus hijos y nietos –también de españoles, italianos y portugueses– cruzan la frontera en sentido contrario y tratan de establecerse en el país de origen de sus padres para conseguir allá la vida decente que sus padres y abuelos vinieron a buscar aquí y que ellos ahora no pueden tener en su propia tierra.

Diáspora, inmigrantes, refugiados, exilados, son todos nombres para describir una misma situación, para algunos una misma desgracia. Junto con las noticias diarias de éxitos y penurias, nos llegan también las noticias de episodios de xenofobia en algunos de los países que ahora reciben en masa a inmigrantes o refugiados venezolanos. Esas noticias nos hacen olvidar las razones por las cuales se ha producido este fenómeno, que nadie sabe muy bien en que irá a parar. En menos de 20 años se ha instaurado una dictadura en Venezuela, se ha destruido la industria nacional y la agricultura, se ha entregado a empresas de otros países, en muy malas condiciones, la industria minera; se han deteriorado todos los servicios públicos, ciudades que pasan días enteros sin luz, sin agua potable, sin comunicación telefónica, con un servicio de transporte que se ha reducido a su mínima expresión, el metro de Caracas esta destruido y la población se desplaza en camiones como si fuera ganado; se producen pocos alimentos en el país y se importan menos, caros y de mala calidad, que son pesimamente distribuidos y de manera demagógica y “clientelar”; vemos gente que escarba en la basura para comer y una población que de manera general, pierde peso; no hay medicinas para curar enfermedades básicas, menos aún para otras más complejas y mortales; los servicios de salud públicos están totalmente colapsados y los privados van por el mismo camino, cada día con menos médicos y personal especializado, que en masa se va al exterior; miles de personas se mueren al año a manos del hampa, que acosa impunemente a la población, sobre todo la de menores ingresos. Esas, y no otras, son las causas profundas de la diáspora, la inmigración, el exilio, los refugiados. La población huye del país, del hambre, de la falta de medicinas, de la inseguridad y la muerte.

Pero lo anterior, que nos explica la salida en masa de los venezolanos, no nos explica lo que esta ocurriendo en los países a los cuales arriban los venezolanos. Eso solo nos lo explica el temor de los gobiernos y de muchos de los habitantes de esos países ante los recursos que habrá que dispensar y compartir con un desplazamiento masivo de inmigrantes o refugiados. De nada sirve el consuelo de pensar que a lo mejor nada de esto estaría ocurriendo si esos países y la comunidad internacional que hoy se preocupa de los desplazados y refugiados, se hubiera preocupado antes por lo que estaba ocurriendo en Venezuela y que se venía advirtiendo.

Sea como sea, nadie merece el rechazo, la discriminación y la xenofobia, mucho menos los habitantes de un país que hoy huyen del hambre y la miseria, pero que ayer recibieron con brazos abiertos con recursos y oportunidades a los miles que tocaron a sus puertas y que fueron recibidos, sin pedir pasaportes ni papeles, que los integraron y ayudaron a construir un país próspero como lo fue Venezuela, al mismo tiempo que estos inmigrantes a su vez, con remesas e inversiones, ayudaron a sus familiares en sus países de origen o sobrevivir, a reconstruir sus vidas y, en no pocos casos, sus empresas y ciudades.

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