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  1. El tema electoral estuvo sobre la mesa desde comienzos de los diálogos en Oslo y Barbados entre Guaidó, el grupo de partidos que controla la Asamblea Nacional y el régimen; paralelamente se desteñía “el cese de la usurpación”.
  2. La ruta, como se sabe, comenzaba por la salida del régimen, un período transitorio de gobierno presidido por Guaidó y luego elecciones libres y limpias. Poco a poco, ya no era la salida del régimen sino solo de Maduro (hasta acompañados por Padrino López y Maikel Moreno íbamos a quedarnos); luego era que saldrían Guaidó y Maduro de sus “cargos”, para realizar unas elecciones; más adelante la cosa se restringió a un CNE con dos de “ellos”, dos de “nosotros” y uno de común acuerdo. Visto lo visto, la cosa no funcionó.
  3. Bastante se advirtió que el régimen exigía algo que la oposición dialogante no podía dar: fin de las sanciones; y la oposición exigía algo que el régimen no podía dar: el camino voluntario para el fin de su poder. Cuando la oposición exigió sanciones para el régimen, los países amigos –principalmente Estados Unidos– encontraron campo fértil para decisiones que ya habían tomado, lo cual demostraba una convergencia de enfoques entre actores de la comunidad internacional y de la nacional; luego, Estados Unidos no iba a echar hacia atrás medidas engarzadas en su política internacional porque a tal o a cual dentro de Venezuela le conviniera para poder seguir en diálogo con el régimen.
  4. Por su lado, nunca, bajo ningún respecto ni condición, el régimen ha estado en disposición de avenirse a una salida electoral que signifique la mera posibilidad de su salida del poder. Un incorrecto diagnóstico de unos, y una panda de vividores, otros, alentaron ese tema como si tal cosa fuese viable. Lo que no asumen es que el régimen no quiere ni puede, ni siquiera lo contempla, salir del poder por la vía de razonamientos enjundiosos o atribulado por la miseria en la que ha sumido al país. Ya ellos saben que perdieron el apoyo popular y no lo tendrán más nunca; solo les quedan el garrote y las escopetas que usan a discreción.
  5. En ese estira y encoge el régimen obtuvo lo que siempre buscó: tiempo. Cuando lo consideró suficientemente ganado se tiró la faroleada de mandar largo a Kazajstán el diálogo con Guaidó y el G4. En ese lapso logró que se consolidara una oposición dialogante alternativa: la AN de la hoja de Parra, la Mesa de la Casa Amarilla, varios diputados –dicen que algunos encubiertos todavía–, el partido de Henri Falcón, entre otros. Esta oposición, más afín al régimen y menos ambigua en sus aspiraciones burocráticas y política, no esperó tener un CNE 2+2+1, sino que se conformó con 3+2 y lo obtuvo.
  6. Una vez que mareó al G4, ganó tiempo, obtuvo una relativa estabilización en relación con el año pasado y comienzos de 2020, no se quedó con lo ganado sino que avanzó. El nuevo paso es la destrucción de los interlocutores que hasta hace poco utilizó. En esa fila están Voluntad Popular, AD, Primero Justicia y tal vez hasta UNT. Se envolvieron en el diálogo hasta el viernes pasado, mientras Maduro, refocilado en su sillón grasiento, en medio de las risas macabras de sus Jokers, afilaba la navaja.
  7. Por cierto, el paso dado por Bernabé Gutiérrez para ser el instrumento del régimen contra la jefatura de Henry Ramos Allup muestra que está vigente aquella filosofía del sentido común, según la cual el jefe controla todo hasta que pierde todo el control con el más cercano, el “más leal”. Mientras uno dialogaba dentro del G4, el otro dialogaba desde “la mesita”, que se entendió más rápido y mejor con el régimen. Ahora, las bases adecas y los dirigentes no contaminados de “diálogo” tienen, otra vez, despejado el camino para la resistencia.
  8. El régimen se dirige a unas elecciones parlamentarias en las que intentarán participar sus promotores de la oposición representada por la Mesa de la Casa Amarilla y algunos más que se excusarán con el clásico “pañuelo en la nariz”. Si lo logran, acabarán por la vía de mengua con un interinato ya menguado y reconstruirán un período de pedregosa estabilidad.
  9. Sin embargo, pienso que esas elecciones no ocurrirán; no veo al país en condiciones de soportar otra impostura.