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El hambre avanza en Venezuela, pero retrocede en el resto de América Latina por Jon Martin Cullel – El País -12 de Septiembre 2018

La subalimentación afecta a más del 11% de la población venezolana, un incremento de casi un millón de personas respecto a una década antes

Migrantes venezolanos reciben una donación de comida en un campamento improvisado en Bogotá, Colombia.
Migrantes venezolanos reciben una donación de comida en un campamento improvisado en Bogotá, Colombia. AFP

Venezuela nada a contracorriente. El país bolivariano, inmerso en una grave crisis humanitaria, es el único de América Latina —junto con Belice— en el que aumenta el hambre, según un informe anual presentado este martes por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El número de venezolanos infraalimentados alcanzó los 3,7 millones (aproximadamente el 12% de la población) en el periodo 2015-2017 —los últimos datos disponibles. Son casi un millón de personas más que una década atrás. Este deterioro empuja al alza el dato de subalimentación del conjunto de América Latina, a pesar de las mejoras en el resto de países del continente.

A la severa escasez de alimentos disponibles en Venezuela se añade desde hace años una hiperinflación rampante, que deja productos tan básicos como una lata de atún fuera del alcance de la gran mayoría de ciudadanos. Esta crisis alimentaria, junto con el deterioro de situación política, ha provocado una huida masiva de ciudadanos hacia países vecinos.

El agravamiento de los problemas de subalimentación en Venezuela contrasta con el descenso generalizado del hambre en el resto de América Latina. Incluso Bolivia y Nicaragua, los dos países con mayor prevalencia de este mal, han experimentado mejoras notables, con descensos —respectivamente— de diez y de ocho puntos porcentuales respecto a la década anterior.

Si bien el salto es menor, tanto Brasil como México —los dos gigantes del continente— también mejoran sustancialmente. Aunque la pobreza sigue afectando a prácticamente la mitad de su población, el primero pasa de tener seis millones de personas hambrientas a menos de cinco y el segundo, de más de ocho millones a unos cinco. El peso demográfico de ambas naciones, por mucho las más pobladas de Latinoamérica, hace que sus avances tengan una influencia fundamental sobre las cifras de la región.

El Caribe, región que el informe no incluye dentro de Latinoamérica, tampoco es ajeno a esta tendencia. Allí destaca el notable descenso del hambre en Haití, el país más pobre del continente. A pesar del terremoto que arrasó el país en 2010y dejó sin hogar a cientos de miles de haitianos, las personas infraalimentadas representan en la actualidad menos de la mitad de la población, frente al 57% en 2004-2006.

La tendencia positiva se ve empañada, sin embargo, por la situación en Venezuela. El empeoramiento de los indicadores en este país afecta al cómputo global del hambre en la región, donde la FAO constata un leve repunte del número de ciudadanos con dificultades para alimentarse: del 5,3% en 2016 al 5,4% en 2017.

Este incremento marginal registrado en América Latina, junto con el experimentado en el continente africano, ha hecho que el número de personas hambrientas en el mundo haya pasado de 804 millones de personas en 2016 a casi 821 millones en 2017. Es el tercer año consecutivo en que el hambre avanza. Detrás de este preocupante fenómeno, la FAO ve tres factores: los conflictos armados, los eventos climáticos extremos —vinculados con el calentamiento global— y las crisis económicas. Pese a que el informe no hace referencia expresa a Venezuela, este último factor es clave para explicar el aumento del hambre en el país sudamericano.

Breve reflexión sobre la crisis venezolana por Héctor Silva Michelena – Blog Polis – 29 de Agosto 2018

Hagamos una breve reflexión sobre la crisis societaria actual que padece Venezuela; extraigo algunas ideas del libro titulado  How Democracies Die  (Cómo mueren las democracias) que describe los caminos institucionales a través de los cuales las democracias pueden colapsar.

Sostiene uno de sus autores, Steven Levitsky, profesor en Harvard, que las democracias no solo colapsan al ruido de golpes militares. De hecho, lo común hoy en día es que el colapso de las democracias sea resultado de un proceso gradual, a veces silencioso en el cual las propias instituciones de la democracia son empleadas para desmantelarlas y así imponer un régimen dictatorial. Las democracia mueren, entonces, en manos de las propias instituciones llamadas a protegerlas, sobre todo cuando permiten la elección de un líder populista que, una vez en el poder subvierte los controles de la democracia liberal e incluso la participativa y protagónica para imponer un régimen autocrático.

Destaco tres lecciones que se desprenden de la crisis venezolana. La primera, y más importante de todas, es que la consolidación democrática no es una situación inmodificable. En realidad, ninguna democracia puede darse por sentada. Venezuela tenía una democracia real que colapsó; la segunda lección es que las crisis económicas sostenidas pueden derivar en grave crisis de la democracia. La Venezuela de hoy es un ejemplo paradigmático de esta lección, por eso Levitsky deja caer esta sentencia lapidaria: la democracia en Venezuela está muerta. La tercera y última lección es que es importante tomar en cuenta cómo los mecanismos instrumentados para consolidar la democracia pueden ser un arma de doble filo. Así, el pacto de Punto Fijo, duramente cuestionado por el chavismo, fue un instrumento indispensable para consolidar la democracia, y así produjo importantes beneficios. Pero a la vez, este pacto actuó como un arma de doble filo pues en el largo plazo el pacto derivó en severas limitaciones del ejercicio realmente democrático, la participación popular, la equidad y la justicia. La partidocracia se había impuesto sobre la democracia de partidos. El Pacto de Punto Fijo se había agotado.

Tras la muerte de Chávez subió al poder Nicolás Maduro, quien desde sus inicios mostró incapacidad para ejercer un buen gobierno como lo muestra bien la carta de renuncia del entonces poderoso ministro Jorge Giordani, titulada “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, de fecha 18/06/2014. (https://www.aporrea.org/ideologia/a190011.html). Los puntos centrales que esgrime Giordani son: que Maduro no continúa los procesos de desarrollo político y social diseñados por Chávez, que no tiene capacidad administrativa ni es un hombre de Estado, que carece de liderazgo político y que ha permitido una gran corrupción a través de Cadivi.

Yo me quedo perplejo al ver cómo una crisis económica tan profunda, que ha reducido en casi 40% el ingreso per cápita de los venezolanos en 5 años, no haya significado un cambio político. Ciertamente la oposición que había acertado en las elecciones parlamentarias del 2015, no percibió que tanto Diosdado Cabello, entonces presidente de la Asamblea Nacional, como Nicolás Maduro podían actuar descaradamente. En efecto Cabello, en una sesión de la AN celebrada el 23 de diciembre de 2015 nombró ilegítimamente un Tribunal Supremo de Justicia completamente oficialista; ese tribunal, mediante sentencia cautelar, del 30 de diciembre de 2015, suspendió la investidura de los Diputados del Estado Amazonas, 4 en total, de los cuales 3 de la oposición, con lo cual le quitó la mayoría calificada de 112 votos.

Desde entonces la conducta abiertamente autoritaria de Maduro, destruyó la Asamblea Nacional, al quitarle sus atribuciones y transferirlas al TSJ rompiendo el Orden Constitucional, denunciado tardíamente por la Fiscal Luisa Ortega Díaz, cerró las vías democráticas lo que ha debido llevar su régimen al colapso. Más aún, convocó, contra lo pautado en la Constitución, en mayo de 2017, a una Asamblea Nacional Constituyente, con bases comiciales fascistas;  la Carta Magna es bien explícita: el presidente está facultado para iniciar el proceso, mas no para convocarlo, pues eso es atributo inalienable del pueblo, donde reside la soberanía. Debía hacerse un referéndum consultivo vinculante, como en 1999.

Pero eso no sucedió, por eso es para mí una sorpresa que Maduro subsista tanto tiempo en medio de una severa crisis humanitaria y sin apoyo político. Creo que la sobrevivencia de Maduro y su régimen se deben al apoyo inconstitucional e incondicional  del Alto Mando Militar, quienes son los verdaderos dueños del poder, tanto político como económico. En efecto, más del 70% de los cargos públicos importantes están en manos de militares, incluida ahora PDVSA donde el Mayor General de la GN Manuel Quevedo, ajeno por completo a la industria, ejerce una verdadera dictadura interior. Bajo su corto mandato la producción de PDVSA cayó de 2 millones de b/d a 1 millón 250 mil de b/d, una verdadera catástrofe pues la divisas indispensables para el funcionamiento de la economía, han caído a pesar de que los precios del petróleo se incrementaron en 11% en 2017.

¿Qué hacer? No tengo respuesta. Veo a una oposición, no sólo carente de liderazgo y de propuestas, sino con conflictos en su propio interior y alejada de la real crisis humanitaria que padece la inmensa mayoría de los venezolanos. Doy un solo dato: de acuerdo con la pirámide de edad y sexo, de UNICEF, en Venezuela hay 6 millones de niños y niñas, entre cero y nueve años entre los cuales el 16,4 % es calificado de desnutrición severa por organizaciones tan creíbles como la Fundación Bengoa y Cáritas; hablamos de poco más de 1 millón de niños y niñas, que sufrirán daños irreversibles en su desarrollo corporal y mental.

Unas palabras finales. Venezuela es, políticamente, una insólita paradoja. Tiene un presidente reelecto con el expediente del fraude electoral estructural masivo, un delito muy grave que conlleva penas severas. Es autoritario y dictatorial, pero ejerce un populismo exacerbado, aumentando repetidamente el salario repartiendo, bolsas CLAP, bonos de todo tipo, desde Navidad hasta el 24 de julio contamos siete, asignados a quienes poseen el orwelliano “Carnet de la Patria”. Según las encuestas más conocidas y creíbles, más del 70% de la población votante lo rechaza  y lo considera el responsable de la profunda y larga crisis que nos azota. El Mundo Occidental, al cual pertenecemos, lo rechaza por dictador y no lo reconoce como presidente legítimo. Lo apoyan los enormes aunque muy lejanos  países orientales, como China Rusia e Irán. Maduro no cae  – reitero – sólo porque lo sostienen las armas uniformadas de la Nación

En su editorial del 1º de junio de  2018, del diario argentino La Nación se lee: “El concepto más elemental de legalidad y legitimidad, como son la democracia y el Estado de Derecho, han desaparecido de Venezuela. Ni qué decir de la situación de la economía (…). Según el FMI, este año la inflación llegará al 13.864%[1] y el desempleo al 33%”.

“Un panel de expertos de la OEA presentó un informe que concluye que existen fundamentos suficientes para considerar que en Venezuela se han cometido crímenes de lesa humanidad, lo que abre la posibilidad de que altos funcionarios, incluido Maduro, pueden ser juzgados por la Corte Penal Internacional. El reporte identificó a 131 víctimas de asesinatos durante las protestas de 2014 y 2017”.

“Según el Índice de Percepción de la Corrupción, publicado por Transparencia Internacional, Nicaragua y Venezuela son los países peor clasificados. Un informe de la Unidad de Investigación de la Fundación InSight Crime y el observatorio de Crimen Organizado de la Universidad del Rosario, de Bogotá, concluye que Venezuela se convirtió en un eje del crimen de la región.”

“El estudio, titulado Venezuela: ¿un Estado mafioso?, es el resultado de tres años de investigaciones. Entre el fuerte aislamiento y el negacionismo de la realidad por sus ilegítimas autoridades puede concluirse que nada queda ya de la democracia venezolana”.

Yo he leído, en inglés, el estudio, que consta de 84 páginas bien documentadas estadísticamente, e ilustradas con mapas en colores sobe el flujo de drogas, dinero y hombres en este gran tráfico criminal. Puede leer el estudio en http://www.insightcrime.org, o escribir, como lo hice yo, a info@insightrime.org.

Yo estoy persuadido, junto con numerosos analistas políticos occidentales, que en las actuales condiciones, cuando la oposición está impedida de participar políticamente, y cuando no hay ninguna vía electoral  institucional disponible, de que debe pensarse  en mecanismos no-electorales para lograr el cambio. Así, la combinación de protestas – que generarán represiones –  con la presión del Mundo Occidental, puede llevar a un quiebre dentro del gobierno, siempre y cuando sus funcionarios, para salvar su pellejo y su dinero, decidan no seguir las ordenes arbitrarias de Maduro. Amén.

[1] El FMI revisó esta cifra el 23/07/2018 02:23 pm, así: “Proyectamos un estallido de la inflación hasta 1.000.000% para el fin de 2018, para indicar que la situación en Venezuela es similar a la de Alemania en 1923 o Zimbabue a fines de la década de 2000”, señaló el economista jefe del FMI para América Latina, Alejandro Werner. Estima en 18% la caída del PIB en 2018.

Reportaje de DW ” La huida de un estado fallido” – Agosto 2018

En el siguiente enlace pueden ver el reportaje entero de DW que fue censurado en Venezuela, no pudiendo ser difundido por Direct TV:

La peste Venezuela y el Orán de Camus por Héctor E. Schamis – El País -28 de Julio 2018

download.jpgHe seguido a Venezuela por décadas. Inicialmente por la anomalía de su democracia petrolera, luego por el colapso del puntofijismo y su consecuente vacío, un escenario propicio para el surgimiento del populismo. Más tarde fue la construcción de un régimen autoritario. Y a partir de 2014 por la crisis política profunda, la cual pensé que era irreversible e implicaba una inminente caída de dicho régimen. 

Erróneamente, pues allí sigue. Lo cual me causa perplejidad al mismo tiempo que corrobora mi ignorancia. Dicho régimen no gobierna, en el sentido estricto del término, pero sí ocupa el poder. Su rasgo más saliente es la degradación institucional causada por una fuerza política que se convirtió en organización criminal estando en control del aparato del Estado.

O de sus ruinas. Así es cuando la corrupción captura la política y los warlords venezolanos se disputan la apropiación de los recursos lícitos e ilícitos. Lo que queda de ese Estado tanto como lo que queda de la salud pública, el tejido social, la estructura productiva y la moneda en un país que parece haber sido destruido por una peste, un país convertido en el Orán de Albert Camus. 

Cómo no pensar en La peste, donde se revela lo mejor y lo peor. Está el Doctor Bernard Rieux, un médico abnegado que dedica sus esfuerzos a curar, pero también está el Doctor Richard, dubitativo y negador de la realidad, hasta que la peste lleva su propia vida. Está el periodista Raymond Rambert, a quien la peste encuentra en Oran por casualidad, pero que se queda a luchar contra la enfermedad y hace de esa lucha su prioridad. Y está también Cottard, personaje con pasado criminal para quien la peste es la oportunidad de lucrar por medio del contrabando. 

Alcanza con leer las noticias sobre Venezuela para leer a Camus. Una noticia recorre las redes. Muchos de los alimentos distribuidos por el gobierno a través del sistema CLAP no son aptos para consumo, llegan pasada su fecha de expiración. En un video que se hizo viral se observa un paquete de frijoles atiborrado con gorgojos. 

Los medios reportan rupturas en las tuberías de varias ciudades del país, produciendo fugas de agua potable y generando escasez. El problema se ha vuelto permanente en muchas urbanizaciones de Caracas. Hay casos de vecinos que se han puesto de acuerdo para contratar empresas de ingeniería privadas y realizar excavaciones en busca de pozos. O bien lo hacen por su cuenta. Allí tiene el lector una definición abreviada del concepto “Estado fallido”. 

La prensa informa acerca de una reciente investigación de Susana Raffalli, conocida experta en seguridad alimentaria. En 16 estados del país, el 15 por ciento de los niños están en riesgo de morir por desnutrición. Ello significa un retroceso de 50 años en el sector salud. No es una cifra a nivel nacional pero es suficientemente crítica. El 33% de los recién nacidos ya exhiben un atraso de crecimiento irreversible. 

Esta semana el FMI pronosticó una inflación anual de un millón por ciento en Venezuela para este año. Ello como concomitante del alto déficit fiscal, financiado con expansión monetaria, y una caída del producto proyectada de 18%, la cual debe agregarse a una contracción de 50% en los últimos cinco años. Se advierte que aumentarán las consecuencias migratorias para los países vecinos. 

Con un sistema de precios destruido, se erosiona la normatividad fundamental de toda la sociedad. Cuando nadie conoce el valor de lo cotidiano, las conductas son puro individualismo; “anomia”, lo llaman los sociólogos. Ello destruye el tejido social, tal como lo expresa el éxodo ininterrumpido. La hiperinflación también es una plaga. 

Los periódicos informan que la Asamblea Nacional, la legislatura elegida legítimamente, ha iniciado una investigación sobre la nacionalidad del presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, Miguel Ángel Martín. Lo hicieron mediante un oficio enviado a la Cónsul General de España, no a través de una consulta con el interesado. Lo absurdo es que Martín fue elegido junto con otros 12 magistrados por la propia Asamblea Nacional, cumpliendo con su prerrogativa constitucional, en julio de 2017. 

Dejaron el país a consecuencia de la persecución del gobierno. Desde el exterior el TSJ trabaja sobre casos por demás sensibles. Entre ellos, la destitución de Maduro y la formación de un gobierno en el exilio, y el caso Odebrecht con sus aportes a las campañas del oficialismo y, según algunos, de la oposición por igual. 

Venezuela hoy o el Orán de Camus en 1947, la vida, el poder, la grandeza y la miseria. Y la peste.

Señora Bensouda: Es exterminio! Actúe ya! por William Cárdenas Rubio – Análisis Libre – 25 de Julio 2018

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 La Corte Penal Internacional (CPI). Está llegando a la mayoría de edad. No es que 20 sean muchos para una Corte que pretende ejercer su jurisdicción sobre los peores crímenes de la humanidad en el contexto universal. Tal vez son pocos, pero son suficientes para saber lo que hay que hacer cuando hay casos lacerantes, como el de Venezuela, que reciben el repudio de la comunidad Internacional, en el que se clama su intervención desde organismos internacionales, estados y desde órganos de la propia Organización de Naciones Unidas, como su Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

El crimen de exterminio que está ocurriendo en Venezuela ya está bajo el conocimiento de los órganos de investigación de la Fiscalía de la CPI que llevan adelante el exámen preliminar del Caso Venezuela. Así nos lo confirman las recientes comunicaciones que hemos recibido de La Haya.

Este es un delito silencioso, que se está materializando día a día cobrándose miles de víctimas, que mueren de hambre o por falta de medicamentos, o que viven estados de absoluta postración con enfermedades crónicas sin atención médica ni remedio posible, o niños y adultos en estado de desnutrición, con imágenes que nos recuerdan los campos de concentración nazi.

El régimen totalitario ha impuesto intencionalmente condiciones de vida encaminadas a causar la destrucción de una parte de la población, entre otras la privación de alimentos y medicinas. No es este el tipo penal tipificado como Exterminio en el Estatuto de Roma?

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Diá a día la cifra de muertes aumenta sin piedad, con un gobierno delincuente que se niega a recibir ayuda humaniaria ofrecida una y otra vez por estados y organismos internacionales. Los venezolanos que logran huir sin rumbo cierto, salen del país por sus fronteras con lo puesto y acaso con un pequeño maletín donde llevan su vida.

Los hechos son suficientemente conocidos por los funcionarios de la CPI, y también han sido advertidos y denunciados por numerosas personas e instituciones, entre ellos el ya mencionado ACNUDH, quien además ya le ha informado a su Fiscalía que el estado venezolano no tiene capacidad para iniciar una investigación de estos crímenes, ni quiere ni puede. Es decir, ya puede activarse la justicia complementaria de la CPI; se lo está diciendo el más alto funcionario en materia de derechos humanos del mismo sistema de Naciones Unidas.

También la hemos informado, de como se acrecienta la gravedad de los hechos a medida que pasa el tiempo, y por su puesto,  que es más que evidente el interés de la justicia en una situación que parece no tener final, y de que si no se remedia tal conducta criminal, puede ser perfectamente imitada por otros autócratas; basta echar una mirada a Nicaragua.

Sra. Bensouda: Es su momento!

Y si no puede, dígalo ya! Tal vez, a los 20 años sea el momento, para  los Estados Parte en su Asamblea anual, de revisar el Estatuto de Roma y sustituir la figura de un único Fiscal de la CPI, por un cuerpo colegiado de 5 fiscales, uno por cada continente, que cumplan la función de investigar estas denuncias de manera más eficaz, efectiva y eficiente. Una justicia lenta, no es justicia! Y una conducta negligente, en una situación como la de Venezuela, puede comprometer seriamente la responsabilidad de quienes están llamados por ley, a atender estos graves asuntos.

Crisis humanitaria alcanzó la raya roja en 16 estados por Ariadna Garcia – TalCual – 23 de Julio 2018

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AEn 51 parroquias a las que llega Cáritas de Venezuela unos 7.000 niños presentan desnutrición, esto sitúa a la nación en una situación que, requiere de la ayuda del Estado y de actores no convencionales para superarla

La nutricionista y experta en seguridad alimentaria Susana Raffalli, es posiblemente la voz más aguda en exponer la situación alimentaria del país. En los programas en los que participa ya han evaluado a más de 10.000 niños con desnutrición. Raffalli da cuenta de un velo institucional que es rebatido por las cifras que recogen en Cáritas de Venezuela: en junio de este año 16 estados alcanzaron la raya roja que sitúa al país en una crisis humanitaria, al tener un 15% de niños en riesgo de morir por desnutrición.

Con voz pausada y exhausta, Raffalli accede a la entrevista en los espacios de Fedecámaras donde se llevó a cabo la Asamblea Anual de Fedenaga, esto luego de exponer ante el público que el sector salud en Venezuela “sufrió un retroceso de 50 años” y que entre septiembre y octubre de 2017 “pasamos el umbral de 15% que nos ubica en la línea roja”, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud. “Esto nos da una crisis humanitaria”, dice.

Ese 15% representa un subregistro que decidió llevar la organización para tener un control de los niños a los que asiste en 51 parroquias de 16 estados; pese a lo cual Raffalli aclara que esto no es representativo de toda Venezuela. “Es imposible saber cuántos niños están desnutridos en todo el país, para ello es necesario una encuesta nacional. Esto es representativo de los estratos más empobrecidos de Venezuela y no damos la situación nacional porque Cáritas no está en capacidad de hacer una encuesta de este tipo”.

Su discurso es conciliador, la activista apela a todos los actores de la sociedad para atajar la crisis que no podrá ser resuelta sin ayuda del Estado. En eso hace énfasis. También en que las ayudas humanitarias son temporales y que estas no pueden socorrer a un país por mucho tiempo.

“El bienestar de Venezuela depende del pacto social entre todos los sectores, tenemos que seguir trabajando juntos, por eso está Cáritas aquí. Hemos tenido el respaldo en nuestros discursos, han mantenido con rigor los datos del sector, las proteínas que hemos ido dejando de consumir. No ha habido una sola llamada que Fedeanaga no me haya contestado, eso ha sido valiosísimo”, expresa.

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En febrero de 2017 había un 10% de niños en peligro de muerte por desnutrición, en septiembre de ese mismo año, la cifra se ubicó en 15%, en mayo de 2018 llegó a 16,2%. En junio pasado,la más actualizada, se situó en 15%, en parte gracias al efecto que han tenido las remesas que llegan del exterior. No obstante, Venezuela sigue en la raya roja.

“La diferencia entre crisis humanitaria y emergencia humanitaria es la capacidad de respuesta. Estamos en una situación de emergencia. Esto es una emergencia de instalación lenta, mata por desgaste, la familia se va descapitalizando y los primeros en morir son los niños. No se sabe cuándo declararla, la memoria histórica de dignidad se borra, (genera) desgaste, miedo y desesperanza”, explica.

“El 33% de los niños ya tienen retardo de crecimiento y esto ya es irreversible”

Según Raffalli, Venezuela atraviesa una “emergencia humanitaria compleja” que no es provocada por guerras o por daños naturales, sino que ocurre en naciones con Estados despóticos donde no hay estado de derecho y donde “no hay a quién recurrir”. Por otra parte, revela que en el país “se están moviendo fondos humanitarios en cantidades importantísimas y de eso puedo dar fe”.

Las trabas para asistir  

La debilidad en las instituciones ha generado un mercado negro que trafica desde alimentos hasta salud. En ese sentido, la especialista contó que hace poco en Valencia, estado Carabobo, le vendían en la entrada de un hospital una historia médica para ingresar una niña con desnutrición aguda.

Otra de las trabas que enfrentan son los traslados de los suplementos nutricionales que incluyen en sus programas, motivado a que requieren de guías de movilización que exige la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), requisito que según la experta en algunos casos es difícil de conseguir o es muy costoso, como en 2017, cuando les costó unos 30 millones de bolívares. No obstante, sostiene que no pueden darse el lujo de no tenerlas debido a que es un documento esencial para transportar las fórmulas de un lado a otro.

“Si nos exoneraran eso, por ejemplo, que se identifiquen los dos o tres suplementos nutricionales que son importantes para los programas humanitarios del país y se ponga una banda de precios y que el Gobierno nos subsidie, eso sería maravilloso. Nosotros pagamos por la primera lata de superalimento que se les da a los niños Bs. 1,8, ahora creo que cuesta Bs. 48 millones, cada punto que aumenta la inflación sobre un suplemento alimentario de carácter humanitario implica un niño que hay que sacar del programa porque no nos alcanza. Deberíamos actuar en consecuencia a las circunstancias en las que está el país”, mantiene.


Cáritas de Venezuela ha evaluado hasta ahora a más de 10.000 niños, de esos han identificado a unos 7.000 con desnutrición y rescatado de esa condición a 5.200. “No llegan a ser los 7.000 porque son los que acaban de entrar y la recuperación tarda como seis semanas”, explica Raffalli en entrevista a
TalCual. “Esto no llega ni al 3% de los niños que están con esta misma necesidad en una parroquia, por eso el mensaje de Cáritas siempre es ‘sin el Estado no podemos’. La única manera de atender a todos los niños que están en este estado de necesidad es que el Estado trabaje con nosotros o que nosotros trabajemos con el Estado pero que tratemos de hacerlo entre todos”, recalca.

Actores humanitarios no convencionales

A juicio de la nutricionista “es importantísimo” que se sumen actores humanitarios no convencionales, que los distintos sectores del país realicen acciones de esa naturaleza. Sobre esto, explica que es “muy valioso” el voluntariado, pero aclara que el reparto aislado de alimentos en la calle “no está bien”. “No puede dolerte una persona comiendo en la basura y vayas y le lleves la comida al basurero”.

Para la activista es más provechoso que quienes tengan recursos se dirijan a las organizaciones que ya reciben poblaciones en situación de riesgo e informar. “Nosotros necesitamos los movimientos ciudadanos para mantener activa la visibilidad de lo que está pasando en el país y para hacer pedagogía ciudadana, para eventualmente promocionar la lactancia materna, promocionar formas adecuadas de comprar en esta situación económica que tenemos y para seguir sintiendo que estamos entre todos juntos en esto”, manifiesta.

Asimismo, explica que en el caso del sector privado podría ser útil con donaciones en moneda y en especies, con asesoramiento logístico, en cómo manejar cargamentos humanitarios o trasladar los suplementos infantiles. Al respecto, recuerda que un envío a Apure pasó de costar dos millones a 30 millones de bolívares en poco tiempo.

En el caso de la Academia, con estudiantes voluntarios que hagan evaluaciones nutricionales y encuestas, mientras que la diáspora “que va a ser con lo único con lo que nos quedemos porque no hay un donante humanitario que aguante subvencionar fondos a un país por muchos años”.

La raya de la hambruna

La raya roja ya da un número alarmante, sin embargo, si ese 15%, llegara al 30% pondría a Venezuela en la raya morada, que en términos de emergencia nutricional representa la hambruna catastrófica, lo que significaría 30% de niños en situación nutricional muy grave a punto de morir y la mortalidad por desnutrición aumenta en 10 veces.

“Venezuela no está y no ha estado nunca en una situación de hambruna, pero yo me temo que tampoco lo va a estar. Podemos observar que en algunas parroquias la situación tiende a mejorar por efecto de las remesas… Cómo es posible que aquí el Cendas diga que se necesitan 51 salarios mínimos para costear la canasta de alimentos y aquí no esté la gente en la calle reclamando, la gente está resolviendo de alguna manera y yo creo que el efecto de las remesas se ha dejado sentir”, concluye.

Entonces, Fidel Castro ganó el Mundial por Thays Peñalver – Venepress – 21 de Julio 2018

“El poder para el pueblo”, una frase que siempre viene acompañada de sus aliadas inseparables, la miseria y el hambre

Entonces, Fidel Castro ganó el Mundial

Hoy la extrema izquierda, desde el régimen venezolano que sostiene que: “África ha ganado el mundial” hasta el conato español en Podemos que va mas allá y de una vez y sin tapujo sostienen que han sido “los negros” quienes se alzaron con la copa mundial de futbol. Lo hacen, no sin antes esgrimir eso como una posible bondad para dejar entrar a las pateras (barcos) repletos de refugiados de futuros “ganadores”.

Entrar en esa dinámica xenófoba no trae absolutamente nada bueno. Pero es que el pensamiento es tan extravagante que hay que salirle al paso, porque no son pocos los que lo piensan así. Pues leer las irritantes respuestas y comentarios debajo de esas afirmaciones en los medios, da mucho mas que pensar, sobre todo cuando una de estas sostiene: “al menos los argentinos perdieron con jugadores de pura cepa”.

Expresar esas idioteces es tan repugnante como decir que el mundial de México que ganó Argentina en realidad fue ganado por Croacia, Alemania e Italia porque Maradona, Kempes, Valdano o Ruggeri no son argentinos “de pura cepa”. Lo mismo sería decir que Messi es italiano o catalán porque allí están sus “cepas” verdaderas, antes de que sus familias escogieran emigrar en busca de un mejor destino. Pero ellos son blancos y por lo tanto tienen derecho a la identidad territorial y al uso de las banderas. En fin que en el mundo sobra el idiota que debe sostener que África ya ha ganado seis o siete mundiales porque en Brasil no hay precisamente muchos portugueses jugando. Hay que quitarle a las glorias deportivas a toda América Latina y especialmente a Cuba casi todas sus medallas olímpicas, como a Jamaica a Usain Bolt porque realmente es de África Central, pues de allí son sus ancestros.

El asunto es que para los xenófobos, los africanos o “los negros” como les dicen sin medias tintas, no tienen derecho a una nacionalidad, ni a amar su bandera, ni a cantar el himno del lugar de acogida, son y serán –especialmente para la izquierda destructora- siempre africanos, por lo que ese continente es una verdadera potencia deportiva pues no solo tiene el mejor futbol del mundo, sino el mejor basquetbol, todos los records olímpicos de atletismo y cuidado si no el mejor baseball hoy en día.

Pero ya es hora de explicarles al detalle como fue que “África ganó el mundial”. Los abuelos y padres de Dembelé, Sidibé y Kanté vivían en un país en el que los cuadros políticos desde 1960 fueron formados en Cuba[i], razón por la cual un militar dio un golpe de Estado “Libertar al Pueblo” y así instaurar una Republica Democrática Popular, un eufemismo de comunista, que terminó en una de las mayores dictaduras de izquierda, pero como consecuencia de la crisis económica perpetua se le ocurrió aperturar la economía, lógicamente otro teniente coronel paracaidista formado en Cuba y Rusia dio un golpe de estado creando un “Comité de Salvación de la Republica”. El resultado es una crisis sistémica y un éxodo en pateras, junto a una hambruna perenne de cerca del 30% de la población.

Dembelé, Sidibé y Kanté tendrían una altísima posibilidad de morir de hambre, de haberse quedado en ese país.

Los abuelos y padres de N’Zonzi y Kimpembe vivieron nada menos que las tierras predilectas de Fidel Castro, en las que el Che Guevara intentó hacerse del titulo de libertador, las tierras del “gigante comunista” Patricio Lubumba muerto a balazos y sustituido por el militar ladrón de Mobutu. Finalmente como la destrucción económica y el robo terminaron en la hambruna del siglo, el dictador optó por liberalizar la economía y entonces los comunistas decidieron crear otro de sus comités de salvación nacional e imponer a un guerrillero comunista cuya dictadura natuhereditaria aun se encuentra en el poder. El resultado es el de millones de refugiados y una hambruna como en pocas naciones a tal punto que setecientos mil niños están en refugios y cerca de cuatrocientos mil están a riesgo de morir de hambre. (Unicef).

Matuidí viene nada menos que de otras de las tierras favoritas de Fidel Castro donde cientos de miles de cubanos participaron en la guerra civil para imponer el comunismo y luego de cuarenta años libertando a la nación del capitalismo, millones la han abandonado. En una nación que produce 1,5 millones de barriles y el 25% de su población no es que es pobre, es que esta muriendo de hambre porque todo ese dinero va a parar a las cuentas de los políticos. Mientras que los padres de Mbapee salieron también de una nación que lleva gobernada 35 años y de haberse quedado, no habría jamás llegado a superar la escuela primaria.

Se puede decir que las tierras que ha tocado Fidel, son las tierras arrasadas por el hambre. Como se puede decir también que cualquiera que dijera que “libertaría a su pueblo” en el tercer mundo terminó llevando a ese pueblo a la hambruna general.

Como también llegó a decir Hugo Chávez: “1,2,3 cada tres segundos muere un niño de desnutrición. Lo que no dijo, aún cuando lo sabía perfectamente, es que esos niños mueren en los países gobernados por los “Hugo Chavez”, donde han llegado los libertadores anticapitalistas, casi siempre enfundados en un uniforme militar y haciendo suyas las glorias de los héroes del pasado, llegaron al poder para perpetuarse y nunca gobernar. Un niño no muere cada tres segundos en Chile o en Argentina por desnutrición, ni siquiera mueren de hambre.

Boateng no morirá de hambre en Alemania, pero posiblemente si hubiese muerto en la Ghana de sus padres, donde el 27% de la población está a riesgo de hambre. Pogba no morirá de hambre en Francia, pero tenía todas las posibilidades de fallecer en Guinea y Lukaku no morirá de hambre en Bélgica, como si era posible que le sucediera en el Congo así como a los millones que esperan cruzar de África a Europa. Lo que nadie ve es que todos tienen algo en común: a todos un hombre santo, un libertador milagroso les prometió libertarlos, entregarles lo que “alguien” les había quitado y además, darles todo el poder. Pero lo que hicieron fue robar.

“El poder para el pueblo”, una frase que siempre viene acompañada de sus aliadas inseparables, la miseria y el hambre.

No amigos, África no ganó el mundial, porque primero tiene que vencer a la hambruna y para ello debe entender lo mismo que nosotros, que no hay gestas libertadoras ni mucho menos “hombres milagrosos”. Debe comprender como los venezolanos que no hay manera de progresar de otra forma que no sea esclavizándose al trabajo, al esfuerzo y a la educación, que la política y las ideologías en el tercer mundo solo nos han llevado a la destrucción.

También debemos entender que lo que hace la izquierda europea y mundial cortejando a los dictadores destructivos y hablando el lenguaje comunista, lo único que logran es un boomerang migratorio. La Unión Europea debe comprender primero que cada barco, arma y equipo antimotines que vendan a los sátrapas izquierdosos, les será devuelto en forma de pateras y barcos repletos de sobrevivientes, de seres humanos que huyen de esas guerras y dictadura que son aceptadas y tuteladas por la Unión Europea.

El día que entiendan que en vez de tanques deben vender tractores, que en vez de armas deben vender libros, el día que privilegien el mercado africano sobre otro, ese será el día en el que Venezuela o África, ganen un mundial. Pero hoy los presidentes europeos prefieren fotografiarse con cuanto sátrapa exista en el África o el Caribe felicitándose por el tremendo negocio que hicieron por unos cuantos barcos o armas vendidas, sin tomar en cuenta que el producto de esas armas llegará en breve a sus costas. En fin, cuando los presidentes europeos se den cuenta que cortejar a un dictador tercermundista, es el peor negocio del mundo.

Y Fidel Castro tampoco ganó el Mundial, a él se le debe imputar su cuota del hambre, la pobreza y la muerte diseminada en aras de la libertad del capitalismo. El mundial lo ganaron Francia y los franceses. Porque esos jugadores solo tienen un color, el de la bandera francesa así como la letra de la Marsellesa en sus corazones.

[i] Koulouba.com: Cuba de Fidel Castro: Une immense contribution à la formation de l’élite malienne

En Venezuela el hambre se pasea por Orlando Avendaño – Panampost – 13 de Julio 2018

La mujer de Cantaura anda desnuda, dando pasos por el país, como estandarte de la maldad de un modelo, erigido sobre los pobres para profundizar la muerte

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La mujer desnutrida, sin vergüenza, esgrime su arma más letal contra la inaguantable impasibilidad. (Twitter)

Hace quince, diez o cinco años nadie, jamás, lo hubiera imaginado. Es una imagen que sustituye más de medio siglo de prosperidad, abundancia y democracia. Que lo suple de golpe. Y de la forma más despiadada. Que sirve como recordatorio de que ahora Venezuela es un país miserable, discordante incluso en su entorno americano, donde aún impera el desastre y la pobreza.

El retrato de una mujer, esquelética y consumida, caminando por las calles de Cantaura, en Anzoátegui, al este de Caracas, debería remover el estómago de todos los venezolanos. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo se permitió?

La mujer desnutrida, sin ninguna vergüenza, esgrime su arma más letal contra la inaguantable impasibilidad. Anda desnuda, dando pasos por el país, como estandarte de la maldad de un modelo, erigido sobre los pobres para profundizar el hambre y la muerte.

Es altoparlante de la penuria. Por si alguien olvidaba que, en el país de los contrastes, cientos de miles literalmente mueren de hambre. Y de enfermedad, de delincuencia y de tristeza.

La desnutrida de Cantaura se desnudó para pedir comida. En las redes dicen que es no es vieja ni loca. Que solo tiene hambre. Que solo es una víctima del chavismo.

Hace poco menos de un año, la organización humanitaria de la Iglesia Católica, Caritas, estimó que 300 mil niños morirían en Venezuela por desnutrición. La cifra fue desestimada. Sería escandalosa, se argumentó. Pero aparece la mujer de Cantaura para demostrar que no fue una hipérbole; y que Venezuela atraviesa una de las peores crisis humanitarias de la historia contemporánea de la región.

Imágenes solo concebibles en los territorios más desolados de África; o en el Auschwitz del Tercer Reich; o en los Gulags. Pero ocurre hoy, en Venezuela, un país que por años fue considerado como la cuarta nación más rica del mundo.

En Venezuela el hambre se pasea. Lo hace representada en la mujer de Cantaura, en los niños de las calles o en los profesionales harapientos y desbaratados. Ya es un país gris y andrajoso, bastante parecido a la Cuba castrista. Lleno de contrastes porque la corrupción y la renta lo permite; pero también con la penuria más trágica, jamás vista en la región.

Un niño muerto al día: las víctimas de la desnutrición por Alicia Hernandez – El Confidencial – 12 de Marzo 2018

En el estado Bolívar, la falta de un suministro regular de alimentos genera complicaciones médicas derivadas que este año han provocado la muerte de decenas de menores, tantos como en todo 2017

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Apenas se mueve o llora. Joendry es un silencioso bebé de siete meses con las manos diminutas y unos ojos que se aprecian saltones las pocas veces que los abre. No parece inmutarse ni ante el calor agobiante de la sala, las moscas que revolotean y se posan sobre su cabeza o los berridos desconsolados que da otro niño. Su cuerpecito está inmóvil sobre el lecho que su abuela ha improvisado en un banco con dos mantas dobladas y una sábana. En el hospital Raúl Leoni no hay cuna para Joendry. Tampoco hay leche o nutrientes para que se recomponga y sobreviva a la desnutrición severa que lo mantiene en 4 kilos, la mitad de lo que debería pesar.
El centro, conocido como el hospital de Guaiparo, está en San Félix, un sector de Ciudad Guayana, en el estado Bolívar, al sur de Venezuela. Allí, más que contabilizar los ingresos diarios, acumulan fallecimientos. En un fin de semana, dieciséis niños. En una guardia, cinco. Otro día puede que haya suerte y no haya ninguno. Sin haber terminado el primer trimestre de 2018, la mortandad está cerca de las cifras totales de 2017.
Cuando El Confidencial hizo la primera visita al hospital, a inicios de febrero, una doctora de Pediatría a la que llamaremos Alexandra, contó que ya había alrededor de 30 niños muertos por desnutrición. Prefiere mantener el anonimato para evitar represalias. Lleva un registro manual. Un mes después nos dice que la cifra se ha duplicado. “No tengo totalizado lo último, porque llevo unos días fuera del hospital, pero en apenas dos meses y medio ya se deben haber superado las muertes de todo el año pasado, que fueron al menos 76”. Una media de un niño muerto al día.

Mientras los saqueos se extienden por algunas regiones del país, algunas familias luchan por alimentar a sus miembros. La combinación de escasez e inflación se está cobrando un alto precio
Alexandra, que lleva una década en el hospital, dice que siempre ha visto casos de desnutrición, ya sea como patología principal o derivada de otras que llevan al organismo a una mala absorción de nutrientes. “Pero de hace cuatro años para acá, las cifras van en ascenso. Desde 2017 se ha incrementado exponencialmente. 2018 será explosivo”, augura.

Y se basa no solo en la cifra lacerante de muertes. Dondequiera que se mire en el centro, se ven niños con signos de desnutrición. “El 80% de los que vienen está desnutrido. Vienen infectados de neumonía, diarrea… Pero el origen es la malnutrición o la transgresión alimentaria que conlleva a eso. Vienen desnutridos e intoxicados porque muchas veces les dan plantas para que se curen, remedios que no les sirven. Es multifactorial. Y algunos llegan muy complicados, sin signos vitales apenas”.

Desnutrición de madres e hijos
La actual crisis en Venezuela se manifestó en 2013 con la caída de los precios del petróleo, pero en los últimos meses se ha intensificado. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2017, hecha por varias universidades venezolanas, reveló que la pobreza extrema aumentó en el país de 23,6 a 61,2% en solo cuatro años. El 80% de los hogares presenta inseguridad alimentaria y 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día.

Lisbeudis Gil, la abuela de Joendry, tiene las manos y el rostro de una mujer que ha pasado los 60 años, pero apenas tiene 41.”A los dos meses dejó de tomar teta de la madre y empezamos a darle crema de arroz con leche y azúcar. Dejé de añadirle leche porque no la encontraba. No tengo [leche de] fórmula. Y yo no tengo teta”, se lamenta.
Joendry tiene un hermano gemelo, Joandry. Ambos nacieron bajos de peso, aunque uno con ventaja sobre el otro. El primero tenía 2.300 gramos y el segundo 2.800 gramos. Ahora pesan 4.100 y 5.500 gramos respectivamente. La Organización Mundial de la Salud estima que el peso para un bebé de siete meses debe rondar los 8 kilos.
Pablo Hernández, nutricionista y miembro del Observatorio Venezolano de la Salud, lo corrobora: “Deberían estar entorno a los 8,2 kilos. Sobre todo Joendry tiene un riesgo muy aumentado de mortalidad, nació muy bajo de peso. Quiere decir que durante la gestación, la madre estuvo muy desnutrida”. Explica que ambos, por su bajo peso, presentan algún grado de déficit de nutrientes e inmunidad y son susceptibles de contraer enfermedades de riesgo infecciosas que, a la larga, pueden causar la muerte.
“Vienen con varias complicaciones y se consiguen con el desastre de escasez que tenemos en el hospital. No hay hemoderivados para ponerles plaquetas, no hay albúmina o antibiótico. Eso hace cuesta arriba algo que ya viene grave y muchas veces es irrecuperable”, dice la doctora Alexandra. La crisis hace tiempo tocó a los centros de salud, en los que apenas hay insumos tan básicos como agujas o sueros.
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Un hospital difícil de creer
En la sala de observación, en la zona de urgencias, dos enfermeras atienden a un niño con kwashiorkor, un nombre complejo para una imagen dantesca: un cuerpo pequeño, en los huesos, con la barriga enormemente hinchada. Un cuerpo que no ha ingerido proteína en mucho tiempo. En otra habitación contigua hay cinco niños más, todos desnutridos. En la planta de Pediatría se hacinan hasta 3 y 4 pacientes en habitaciones pequeñas, con el aire viciado y concentrado, sin ventilación, con un calor que puede superar los 35 grados. Las camas están desvencijadas. Una zona huele a orín. Todo está lleno de moscas.

Susana Raffalli se ha convertido en una de las voces de denuncia de la desnutrición en Venezuela. Estudió en Guatemala un posgrado en Nutrición Pública, está especializada en gestión de seguridad alimentaria, emergencias humanitarias y riesgo de desastres. Hace unos meses visitó este centro. No daba crédito. “Cómo es posible que viera tantos signos de desnutrición, de libro, todos juntos en un solo pasillo de un hospital. Ni en Guatemala o en Haití vi tanto déficit nutricional junto. Es infernal”.

Encontró queratomalacia, una enfermedad de la córnea por falta de vitamina A. Vio pelagra, que a simple vista parece una enfermedad de la piel, pero genera alteraciones neurológicas y digestivas. “Es la expresión máxima del síndrome pluricarencial, porque es la deficiencia de vitamina B3, que está en todo. Un niño que tiene desorden pelagroide ha tenido una privación nutricional masiva”, dice Rafalli. También vio, por supuesto, delgadez extrema.

Todo junto en una zona donde la malaria y la difteria están a la orden del día. “¿Tú sabes lo que es aguantar una fiebre como la que da la malaria sin grasa corporal que te ayude a aguantar aquel escalofrío?”, dice justo antes de lanzar varios insultos al aire.
En el hospital se ven muchos biberones, pero ninguno de leche. Les dan crema de arroz con azúcar, mezcla que funciona como complemento, pero no como único alimento. Un salario mínimo que no alcanza para comprar un cartón de huevos y una hiperinflación que hace que los precios aumenten cada semana han hecho que cada día se haga casi imposible comprar una lata de leche de fórmula, si es que se encuentra en el mercado.

Medidas de emergencia
“Un niño desnutrido tiene deficiencias de calorías, macro nutrientes, micro nutrientes. Es muy difícil sacarlo de ese cuadro sin suplementos. La crema de arroz lo único que le aporta es carbohidrato. Así, el niño estará hinchado, sin proteína”, dice Pablo Hernández.

Así se alimentaba la bebé Alyn Ramírez. Junto a su cuna está su madre, de 22 años, que dice que no es la primera vez que la trae con el mismo cuadro médico. “Antes le daba Nan [leche de fórmula], pero no la conseguí más o la encontraba muy cara. Empecé a darle otro producto, pero lo rechazó. Aquí llegó con deshidratación y desnutrición severa”.

María Nuria De Cesaris es la coordinadora en Ciudad Guayana de Meals 4 Hope, una ONG que desde noviembre lleva donaciones a Fundaserpe, la Fundación de Amigos del Servicio de Pedriatría del hospital del Guaiparo. Ellos lo distribuyen y así llegan, dos veces por semana, fórmula para los bebés y crema de pollo y verduras para las madres. El servicio médico del hospital lo distribuye para toda la semana. “Hace tres años que el hospital tiene el servicio de tetero [biberón] parado. Y cada vez hay menos comida. Hay un problema estructural fruto de un gobierno irresponsable. Pero mientras, hay que hacer algo con los niños. Nuestro objetivo es que no se mueran de hambre”.

El cerco a la oposición, la falta de credibilidad en los políticos y su fama de empresario exitoso convierten al hombre más nombrado y odiado por el chavismo en presidenciable
En otra cuna, un bebé luce gordito. Pero de cerca se aprecia que ese cuerpo, esponjoso e hinchado, es un edema completo fruto de la desnutrición. La doctora pide a la madre que le quite el pantalón de pijama para que no le haga marca. Obediente, cabizbaja, se lo quita y descubre unas piernas con una piel que es toda una llaga. La madre tiene 21 años y dos hijas más a las que no sabe con quién dejar en unos días, porque su marido trabaja en la mina.

Es de las pocas madres que está con su hijo. Es otra de las cosas que encontró Raffalli, una emergencia pediátrica con abuelas al cargo. “Las mamás suelen ser trabajadoras sexuales del Arco Minero. Se embarazan, vuelven a San Félix, paren y regresan a la mina. Las llaman las baratijas. Ahí es cuando pienso que el Arco Minero es extremadamente extractivo, que esa tierra está subvencionando con su oro ese nivel de desnutrición biológica, social y ética alrededor”.

Bolívar es el estado en el que se encuentra la mayor parte del Arco Minero del Orinoco, una zona de más de 111 mil kilómetros cuadrados (un territorio mayor que la isla de Cuba) rica en reservas de oro, cobre, diamante, coltán o bauxita. Desde hace años hay grandes extensiones de minería ilegal donde reina la violencia, la corrupción, condiciones de trabajo en muchos casos de esclavitud y enfermedades bajo el control de sindicatos del crimen.

Del hospital a la incertidumbre
Dos semanas después, Joendry sigue silencioso, sin apenas moverse, pero ya no en el banco-cuna del hospital, sino sobre un trozo de gomaespuma junto a su gemelo Joandry en casa de su abuela Lisbeudis, en la comunidad de Brisas del Orinoco. La habitación tiene un ventilador sin cubierta que refresca algo el ambiente. Hay dos frascos de medicamentos, los únicos que pudieron conseguir de una larga lista que necesita el bebé para su total recuperación. En la cocina apenas hay medio envase de aceite y unas cucharadas de crema de arroz.

La cabeza del hogar es la abuela, Lisbeudis. En la misma casa viven sus dos hijas de 9 y 10 años y la mayor, Brenda Licett, de 17. Fue ésta la que se enteró de golpe que estaba embarazada y que no vendría una criatura, sino dos. “Cuando lo supe, lloré demasiado, no tenía nada, ni una camisa, ni un pañal”, recuerda.
Lisbeudis es dirigente comunitaria y organiza la entrega de las cajas CLAP, los alimentos que da el gobierno venezolano como modo de paliar la escasez. “Es el único beneficio que recibo y no es suficiente”, dice. La última vez que llegó fue el 3 de febrero con un contenido que no alcanza para tantas bocas: un kilo de azúcar, pasta, arroz y dos litros de aceite.

“Cuando tuve a la mayor [en 2001] tenía todo para mi hija. Su cuna, su comida, todo. Ahora cómo hacemos”. El cambio de situación a lo largo de estos años no la baja de sus convicciones: “Siempre he sido chavista y apoyo a Maduro porque ningún otro gobierno va a venir a arreglar esto, tengo mi casita gracias a ellos, pero pido apoyo, porque no tengo trabajo ni esposo”.

Ella y su hija han tenido que pedir comida a los vecinos, cuenta entre lágrimas. “Me dicen que eso no se hace, pero no voy a dejar morir a mis nietos. El padre no se hace responsable, compra cosas para su consumo, pero no para la leche de los niños”. El ausente es revendedor de alimentos en el mercado de San Félix.

De Cesaris cuenta que muchos de los niños a los que atienden en el hospital de Guaiparo reinciden. Algunos regresan al hospital a tratar la misma dolencia: hambre. “Solo el 20% de desnutrición severa llega al hospital. El 80% se queda en las comunidades, muere allí y no nos enteramos. Es duro que un niño al que se le trató por dos semanas muera a la tercera, en su casa, porque no pudo comer”.

En casa de Lisbeudis, a menos de una hora para el almuerzo, no hay sonidos de ollas ni agua calentándose para un biberón. Una vecina le regala un paquete pequeño de pasta. Espera que alguien más traiga algunas cucharadas de leche en polvo para hacer una papilla para los bebés con ocumo (un tubérculo). Eso para hoy. Para mañana, la incertidumbre de una nevera vacía junto a un colchón de gomaespuma donde Joendry sigue, silencioso, sin apenas moverse, sin apenas llorar.

*Este reportaje se hizo con la colaboración de María de los Ángeles Ramírez Cabello en Puerto Ordaz

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