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Los mangos se convirtieron en un alivio para el hambre de los venezolanos más pobres – El Nacional – 3 de Agosto 2020

Los ingresos económicos mermaron debido a la cuarentena establecida en los últimos meses en todos los estados para prevenir los contagios de covid-19. La FAO advirtió en julio que en Venezuela los niveles de nutrición de los niños menores de 5 años de edad son comparables con los de los países más pobres del planeta

Mangos en el hambre de los venezolanos

En Venezuela, los mangos se convirtieron en un alivio para el hambre de los venezolanos menos favorecidos en medio de la pandemia de covid-19, que hasta la fecha supera los 20.000 contagios en el país desde mediados de marzo.

Los ingresos económicos mermaron debido a la cuarentena establecida en los últimos meses en todos los estados para prevenir los contagios. Pero eso no ha significado que los precios de los productos y alimentos bajaran.

La gente que no trabaja y que no tiene qué comer, se llena con los manguitos“, manifestó Clara Tocancipa a la Voz de América mientras recogía algunos frutos en una calle de Caracas.

La ciudadana, empleada doméstica, contó que a diario decenas de hombres intentan tumbar con piedras o varas improvisadas mangos del árbol.

Tacancipa recogió tres mangos que estaban tirados en la calle. Dijo al medio que serían un complemento para su cena, pero aseguró que para otras personas podría ser el único bocado del día.

“Al menos uno se alimenta y la gente que no trabaja y no tiene qué comer se llena con los manguitos. Muchos se mantienen con esto, porque una persona que gane sueldo mínimo ¿para qué le alcanza? Tan solo los ricos y la clase media alta serán los que están alimentándose, porque los pobres, todos estamos pasando trabajo”, manifestó.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advirtió en julio que en Venezuela los niveles de nutrición de los niños menores de 5 años de edad son comparables con los de los países más pobres del planeta.

La destrucción esencial: el potencial humano por  Miguel Henrique Otero  – Editorial El Nacional – 19 de Julio 2020

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El pasado 14 de julio, la Organización de Países Exportadores de Petróleo informó que la producción petrolera venezolana durante el mes de junio fue de 393.000 barriles por día. Esto significa que en un mes hubo una caída vertical e insólita de 180.000 barriles. Puesto que en mayo el promedio fue de 573.000 barriles por día, hablamos de un desplome de casi 32%: una cifra desquiciada, que escapa a cualquier forma de racionalidad.

Estos pocos datos son categóricos e inequívocos. No aceptan atenuantes o excusas. Son el resultado del planificado proceso de socavamiento y perversión de Petróleos de Venezuela y de la industria petrolera en conjunto, que Hugo Chávez activó desde el día en que accedió al poder. Medida tras medida, día a día, fueron liquidando la que era una de las empresas más importantes del mundo. Se despidió, violando las leyes laborales y los más elementales derechos, a más de 20.000 trabajadores de Pdvsa, para así despejar el terreno que ocuparían corruptos, ignorantes del negocio petrolero, incompetentes y rufianes, que se han encargado de su desmantelamiento.

Se distorsionó la misión empresarial para desfigurar su institucionalidad y convertir aquello en una oficina de contrataciones y prebendas, en gestora de falsos programas sociales, en centro de compras para el Estado (con toda la secuela de corrupción que eso produjo). Se nombraron en cargos de enorme responsabilidad, en áreas fundamentales para la operación, a enchufados, amiguitas y amiguitos, militantes y otros incapaces. Se dejó de invertir en las propias operaciones petroleras, con lo cual se estaba sellando el declive de la producción de la que somos testigos. Se abandonaron por completo, en acciones de irresponsabilidad que entrañan delitos de carácter penal, las obligaciones de mantenimiento que exigen operaciones industriales de alto riesgo, en las que se utilizan líquidos y gases de alta capacidad inflamable. Y, lo que es más conocido por la opinión pública, se firmaron convenios con decenas de países para entregar el petróleo a precios irrisorios, a veces por debajo del costo de producción, para garantizar lealtades políticas y diplomáticas. Lo escribo con plena comprensión de lo que afirmo: no hay en la historia de las instituciones un caso de destrucción tan alevoso e implacablemente ejecutado.

Esta sinopsis del procedimiento de demolición, con algunas inevitables variantes, ha sido aplicado al sistema de salud y hospitalario; a las más importantes infraestructuras del país –como el Teatro Teresa Carreño, un simbólico ejemplo–; al conjunto del sistema hidroeléctrico nacional; a la desfalleciente infraestructura educativa nacional, a las universidades, a los puertos y aeropuertos, a museos, salas de conciertos y bibliotecas; a los hipódromos, a represas y embalses; a los parques nacionales, a las regiones donde está avanzando, a velocidad asesina, la devastación causada por el saqueo promovido por Maduro, que lleva el nombre de Arco Minero.

Podría continuar enumerando decenas y decenas de ámbitos y casos en los que la destrucción ha hecho de las suyas. No hay exceso en esta afirmación: nada hay en Venezuela que haya logrado preservarse, nada que permanezca intacto, nada que no presente los síntomas que anuncian su próxima ruina.

Pero llegado a este punto de este artículo, todavía no me he referido a lo primordial: al doblegamiento de las capacidades humanas, a la feroz y constante práctica de debilitamiento y sometimiento de las personas. Es duro pensarlo y escribirlo: el régimen ha actuado para reducir, aplanar, hacer inviable el potencial de la sociedad venezolana. Al rebajar y rebajar las condiciones de vida, en todos los planos donde ello sea posible, está anulando el derecho, la posibilidad de aspirar a una vida de progreso y bienestar.

¿Qué potencial tiene una sociedad en la que 80% de la población vive bajo el asedio de la pobreza extrema? ¿Qué podemos aspirar, en todos los ámbitos de la vida pública –la producción, la formación, la investigación, el ejercicio profesional, las iniciativas de solidaridad, el desenvolvimiento de la política, la organicidad de la sociedad civil– cuando alrededor de 5 millones de compatriotas, en su mayoría jóvenes, muchos de ellos profesionales y personas sólidamente formadas, han huido del país y, en un porcentaje que luce relativamente alto, han logrado establecerse en otras partes del mundo, salvando todas las dificultades que ello representa? ¿Qué clase de prospección le está reservada a Venezuela hacia las próximas dos, tres o cuatro décadas, cuando ahora mismo hay 4 millones de niños y adolescentes que tienen problemas casi insalvables para asistir a la escuela, escuelas donde a menudo no hay maestros calificados, en las que no se cumplen los objetivos curriculares, donde no hay comedores, ni mucho menos computadoras, mi materiales escolares, ni electricidad, ni agua, ni mínima salubridad, ni seguridad, ni nada que remedie este creciente cúmulo de adversidades? ¿A qué expectativas se expone una sociedad que lleva en su seno a 700.000 niños que sobreviven bajo el hostigamiento de la desnutrición crónica, o en la que 60% del total de su población no alcanza a consumir las 2.000 calorías mínimas necesarias para aspirar a una vida activa y productiva? En definitiva, ¿de qué está hecho nuestro horizonte personal, social y como nación, cuando hora tras hora se van reduciendo nuestras capacidades reales de organizarnos y actuar, carcomido nuestro país por el hambre y las carencias?

Malnutrition Robbing Venezuelan Children of Their Future – Latin American Herald Tribune – 17 de Julio 2020

CARACAS – Two young brothers play amid a group of makeshift dwellings in Petare, the Venezuelan capital’s largest slum.

They don’t know it yet, but they’re part of a growing number of Venezuelan youth aged five and under whose futures are being jeopardized by poverty and malnutrition: scourges that threaten to stunt their own development and that of their homeland.

“The three-year-old is underweight … the two-year-old too,” the children’s father, Jose Gregorio Machado, who earns at best the equivalent of just $10 a week from washing cars on the street, told EFE.

Several years ago, Machado sought to escape the abject poverty of Barlovento – a run-down coastal sub-region of the north-central state of Miranda – by relocating to Petare, where his two youngest sons were born.

But his economic situation did not improve and he ended up living in one of the precarious dwellings that a group of about 100 families erected in a vacant lot.

Machado’s youngest children received food assistance from a non-governmental organization prior to the pandemic due to their below-average weight and height, but he said that aid has been interrupted for several months.

“The issue for that five-year-old (and younger) population is that children’s development occurs in those years, and particularly their brain, neuronal development,” Maria Gabriela Ponce, a researcher and member of a team that released an alarming study a few days ago, told EFE.

According to the Living Conditions Survey (Encovi), nearly one in 10 children aged five or younger in Venezuela – around 166,000 minors – suffer from malnutrition based on their weight-to-age ratios.

But when the relation of height to age is considered, the number of children five years or younger suffering from malnutrition jumps to 639,000, or three in every 10 Venezuelans in that demographic group.

The figure is believable considering that Venezuelans have suffered through the worst economic recession in their country’s modern history over the past five years, a crisis exacerbated by harsh financial sanctions that the United States has imposed on the country as part of its regime-change effort.

But it still is difficult to swallow for a people accustomed to thinking of themselves as prosperous because of their nation’s massive crude oil reserves.

The same Encovi survey reveals that 96 percent of Venezuelans are poor based on their daily income, which averages $0.72.

Ponce said the largest households are the ones with the highest levels of poverty and hunger.

Case in point is the family of Rosaura Rivas, leader of another squatter community in Petare.

“Let’s not beat around the bush. It’s a lie to say that children eat three meals a day, (and they eat even) less with this situation we have,” the 54-year-old woman told EFE while surrounded by several of her 16 grandchildren, referring to the coronavirus-triggered lockdowns that have further battered Venezuela’s economy.

A total of 48 children live in the squatter settlement that Rivas leads, all of whom live in extreme poverty and eat a maximum of one meal per day.

A government agency opened a food bank a few days ago in Petare to address the problem. But the initiative was met with scorn by many of the children’s parents, who complained of poorly prepared and protein-less food.

“The food they send us is poorly done. The rice is crude. There’s little protein, which shouldn’t happen,” Rivas said, adding that most of the children who live in the settlement are underweight.

She also complained about the infrequent service provided by the so-called Local Committees for Supply and Production (CLAP), a food-distribution program that leftist incumbent Nicolas Maduro’s administration says is reaching some 6 million needy families.

“The CLAP is insufficient. That’s been clearly proven,” Ponce said for her part. “If the CLAP had been effective, we wouldn’t be seeing these levels of malnutrition. We wouldn’t be seeing these levels of food insecurity.”

According to the Encovi survey, 39 percent of the families who benefit from that subsidized food program say they receive “less than one box a month” and 15 percent says they receive just one box “every two months.”

Ponce warned of the long-term impact of Venezuela’s child malnutrition problems, saying they may be “irreversible.”

According to a study by UNICEF, malnutrition at an early age causes a loss of intellectual and cognitive capacity and adversely affects children’s performance at school and their acquisition of life skills.

The problem is still reversible, but it is difficult to see a light at the end of the tunnel due to the nation’s persistent and ever-worsening economic and political crises, according to Ponce.

“Ever since we’ve been carrying out the Encovi, the news regrettably has gotten steadily worse. And that’s the result of a steadily more negative economic context, institutional context and social context,” she said.

Hambre en Venezuela: los alarmantes niveles de desnutrición entre los niños venezolanos que se agravan por la pandemia – BBC News – 15 de Julio 2020

Niño venezolano frente a un plato de comida
El 30% de los niños venezolanos menores de 5 años padecen de desnutrición crónica.

La campanada de alerta volvió a sonar con fuerza en las últimas semanas.

La pandemia de coronavirus ha agravado el problema del hambre en muchos países y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió este lunes que la crisis puede agregar entre 83 y 132 millones al número de personas desnutridas en el mundo en este 2020.

Uno de los países más seriamente afectados es Venezuela, donde los niveles de nutrición de los niños menores de cinco años ya son comparables con los de los países más pobres del planeta.

Dos días después, la organización humanitaria británica Oxfam publicó una alerta sobre “el virus del hambre” en la que Venezuela figura como uno de los diez principales “puntos críticos”.

“Incluso antes de la pandemia, más de la mitad de la gente con hambre en América Latina ya estaba viviendo en Venezuela“, recordó Oxfam.

Y, según la organización humanitaria, ya hay evidencia de que un número cada vez mayor de venezolanos “está reduciendo la cantidad y calidad de la comida de su dieta”.

De hecho, Oxfam estima que para finales de año unas 12.000 personas podrían estar muriendo todos los días por hambre vinculada a la covid-19 en todo el mundo, “potencialmente más que los que morirán por la enfermedad misma”.

Y, en estos momentos, de entre en sus “puntos críticos”, solamente Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán superan los 9,3 millones de hambrientos que la ONG británica estima hay en Venezuela.

Los 10 “puntos críticos” del hambre en el mundo
País Habitantes con hambre (millones) % de la población
Yemen 15,9 53%
República Democrática del Congo 15,6 26%
Afganistán 11,3 37%
Venezuela 9,3 33%
Países del Sahel Occidental* 9,5 5%
Etiopía 8 27%
Sudán del Sur 7 61%
Siria 6,6 36%
Sudán 5,9 14%
Haití 3,7 35%
* Incluye a Burkina Faso, Mali, Mauritania, Níger, Chad, Senegal y Nigeria. Fuente: Oxfam, ENCOVI 2019-20.

La cifra también equivale al 33% de los hogares en situación de inseguridad alimentaria severa identificados en la última actualización de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), un aumento del 10% en comparación con los resultados del 2018.

Pero según el instrumento -con el que la de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) viene midiendo la realidad económica y social de Venezuela desde 2014-, menos de uno de cada 10 hogares del país (7%) está completamente libre de inseguridad alimentaria, una cifra que podría reducirse al 3% como resultado de la pandemia.

Hombre protesta contra el hambre en Venezuela
La dramática reducción del poder adquisitivo de los venezolanos está causando hambre.

“Crece el porcentaje de hogares en insuficiencia alimentaria moderada porque más allá de la preocupación por la falta de alimentos también hay ajustes en la disponibilidad de recursos que afectan la calidad de la dieta”, se lee en la ENCOVI.

Pobreza que crece

Para Luis Pedro España, director del Proyecto sobre Estudios de la Pobreza de la UCAB, esto es una consecuencia inevitable del crecimiento de la pobreza en un país que, según el sociólogo, ya es el más pobre toda América Latina.

La misma ENCOVI estima que nueve de cada 10 hogares venezolanos (un 96%) presenta pobreza de ingreso, mientras que la pobreza multidimensional -relacionada con indicadores como educación, estándar de vida, empleo, servicios públicos y vivienda- ya afecta a 64,8% de los hogares, un aumento del 13,8% entre 2018 y 2019.

Venezolanos abriendo unas cajas CLAP
Los bonos y cajas CLAP repartidos por el gobierno no están logrando solucionar el problema alimentario de Venezuela..

De hecho, se estima que el PIB de Venezuela se ha reducido en un 70% entre 2013 y 2019. Y a un ingreso promedio diario de US$0,72 se suma una inflación anualizada que en marzo ya era de 3.356%.

Esto, en una región en la que, según el reporte “Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020” publicado por la FAO este lunes, una dieta capaz de cubrir las necesidades energéticas mínimas cuesta US$1,6 diarios por persona.

El costo de una dieta saludable, por su parte, sube a US$3,98 al día por persona, muy lejos del alcance de la mayoría de los venezolanos.

La respuesta del gobierno de Venezuela

Las iniciativas gubernamentales, como la entrega de alimentos a través de los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción, CLAP, parecen no ser suficientes.

El gobierno también mantiene activo su programa de Alimentación Escolar y, desde que empezó la pandemia del coronavirus -que ha cerrado hasta nuevo aviso todas las escuelas venezolanas-, ha realizado entregas de alimentos en Caracas y los estados Mérida y Portuguesa.

En una de esas entregas, el pasado junio, Akalapeizime Castro, jefe del ente público Mercal, encargado de luchar contra la inseguridad alimentaria, dijo que “en está cuarentena colectiva, el gobierno nacional asegura la alimentación a las poblaciones más vulnerables”.

Pero según Oxfam hay abundante evidencia que indica que mucha gente se ha visto obligada a eliminar la carne, los lácteos y las verduras de su dieta para remplazarlas con alimentos más baratos, como los cereales.

“La escasez de combustible, que se ha exacerbado por el bloqueo, está afectando la distribución de ayuda humanitaria e interrumpido la producción y el transporte de alimentos”, agrega la ONG.

El Ministerio de Comunicación de Venezuela no respondió a una solicitud de información de BBC Mundo.

Más desnutridos

El sociólogo Luis Pedro España concuerda en que en uno de cada cuatro hogares venezolanos “concurren la angustia por la falta de alimentos con la disminución de los recursos para cubrir la cantidad y la calidad de la dieta”.

Y los problemas de alimentación no se limitan a los hogares más pobres: el promedio global de consumo de proteínas por día está muy por debajo de los 51 gramos diarios, e incluso en el quintil más rico solamente se consumen 24,7 gramos al día.

Madre venezolana alimentando a su hija.La mayoría de los hogares venezolanos no consumen las calorías y proteínas que necesitan.

El consumo de calorías también es deficitario en los tres quintiles más pobres, y con 2.006 kilocalorías al día, el promedio nacional apenas está dentro del mínimo recomendado.

El resultado es que 166.000 niños menores de cinco años -el 8%- califican como desnutridos según el indicador peso para la edad, muy por encima del 2,3% de Perú y el 3,4% de Colombia.

Pero la cifra aumenta a 639.000 -30% del total- si se considera la desnutrición crónica evidenciada por la talla, por encima del 22% de Haití y el 21,2% de la República Democrática del Congo, y más cerca del 31,7% de Camerún y el 33% de Nigeria que del resto de América Latina, donde el país con más desnutridos crónicos sigue siendo Guatemala con 46,7%.

Y, por causa de la pandemia, la migración masiva, que durante mucho tiempo había ofrecido una válvula de escape, ya no parece ser una alternativa viable.

“Secuelas irreversibles”

Según una encuesta citada por Oxfam, un 42% de los 1,6 millones de venezolanos que han emigrado a Colombia podría haber perdido su trabajo y un cuarto carecer de recursos con los que adquirir alimentos.

“Y esto está teniendo también un impacto en Venezuela, donde dos millones de familias dependen de remesas para sobrevivir”, agrega la organización.

La situación, como destacó el rector de la UACB, el padre Francisco José Virtuoso, es desesperada.

“Clama al cielo y exige cambios”, valoró el jesuita, para quien los datos de la ENCOVI dan testimonio de “la destrucción acumulada en la calidad de vida de los últimos cinco años”.

“No podemos conformarnos con sobrevivir, con ver partir a nuestros jóvenes”, dijo.

Pero el tiempo apremia, pues como advierte la misma ENCOVI, las secuelas de largo plazo de los actuales estados nutricionales de Venezuela “pueden ser irreversibles”.

La instauración de la pobreza en Venezuela – Editorial El Nacional – 12 Julio 2020

El enorme impacto que ha producido la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020 –Encovi–, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, de la Universidad Católica Andrés Bello, tiene una muy probable explicación y es que ratifica, con los adecuados y precisos instrumentos de las ciencias sociales, lo que los venezolanos constatamos todos los días en nuestra experiencia cotidiana: que Venezuela ha perdido aquel halo o aquella imagen o aquella esperanza de país rico, para devenir en poco más de dos décadas en un país no solo empobrecido, sino cada día más y más venido a menos. Estructural y extendidamente pobre. El informe demuestra que los padecimientos no se corresponden a situaciones aisladas o coyunturales, sino que hablan de una nación entera doblegada a los múltiples padecimientos de carencias, estrecheces, dificultades y falta de perspectivas.

Somos un país pobre, que ha perdido un pedazo sustantivo de su población efectiva, 5 millones de personas que, en un cortísimo período de tiempo, han migrado –han huido– a otras naciones. Somos un país súbitamente envejecido, que liquidó una parte de su bono demográfico (que es la ventaja que consiste en que el número de personas en edad de trabajar supere al número de personas dependientes –niños y adultos mayores–). Somos un país paupérrimo, en el que aumenta la tasa de mortalidad infantil; disminuye la esperanza de vida; crece el número de las viviendas en condiciones de precariedad; en el que sube la tasa de hacinamiento; donde la inmensa mayoría de los hogares han sido sometidos a erosivos procesos de desestructuración.

Somos un país devastado y exhausto: que solo excepcionalmente tiene acceso a servicios básicos como agua, electricidad e Internet. Somos un país mísero, en el que 96% de las familias vive en condiciones de pobreza, y en el que alrededor de 4 de 5 de estas familias viven en condiciones de pobreza extrema. Somos un país en el último peldaño de la existencia, donde la inmensa mayoría pasa hambre, vive subalimentado –no se consumen las mínimas proteínas necesarias para la vida–. Somos un país desgarrado, donde la desnutrición infantil tiene la categoría de epidemia: afecta a 30% de la población, lo que autoriza a cualquier ciudadano de bien, a presumir las peores expectativas al respecto, es decir, que todas estas realidades continuarán empeorando mientras se mantenga el régimen de Maduro en el poder.

Este proceso de empobrecimiento rápido y masivo no es el producto de una desgracia sobrevenida. Es la meta de un plan con un específico propósito: erosionar a la sociedad venezolana, hacerla dependiente del uso político de la renta petrolera, debilitar su capacidad de defender la democracia y las libertades. Ya lo sabemos: no había ni programa industrial, ni ejes de desarrollo, ni modelo económico alternativo, ni genuino deseo de erradicar la pobreza.

El régimen nunca escuchó las advertencias que, en marzo de 1999, economistas y gremios empresariales comenzaron a formular con urgencia: las políticas que se anunciaban nos conducirían a la destrucción de la economía productiva, arrasarían con el empleo, provocarían realidades de hambre y enfermedad en todo el territorio. Las denuncias que se hicieron entonces tenían un legítimo fundamento; apenas se hizo con el poder en Cuba, Fidel Castro se embarcó en la tarea de destruir la economía de la isla, cuyo saldo no tardó en materializarse: un brutal empobrecimiento, del que no han podido recuperarse nunca, y que ha convertido al comunismo cubano en un poder mendigo, especializado en someter a su población y vivir de la ayuda extranjera.

Pero lo que probablemente nadie previó, al menos hasta 2004-2005, es que la destrucción sería tan eficaz, tan amplia, tan sistemática y tan profunda. No se estimó que la corrupción y los ilícitos adquirirían la categoría de políticas de Estado, ni que con fundamento en prácticas diseñadas de violación de los derechos humanos y políticos, se produciría una apropiación de los bienes públicos, que la nación venezolana sería manejada como un botín, y que una pequeña oligarquía político-militar haría suyo hasta el último dólar de las arcas públicas, en una operación delincuencial, que ha acabado por empobrecer, de forma extrema, a la inmensa mayoría de la nación venezolana, ese 96% del que habla el reporte de la Encuesta de Condiciones de Vida 2019-2020.

Hay que reconocerlo: han superado las peores expectativas. Han sido capaces de violar las leyes, de desconocer los poderes legítimos, se han apropiado de las riquezas y más de tres centenares de bandas organizadas se han repartido pedazos enteros del territorio para usarlo, explotarlo de forma ilimitada y con plena garantía de impunidad. El poder practica la ruindad, se asocia con delincuentes y narcotraficantes, busca aliados entre terroristas y ladrones de toda ralea y, cada vez que lo cree necesario, detiene, tortura y mata.

El debate sobre el hambre en Venezuela es, ahora mismo, un callejón sin salida: todos los indicadores sugieren que continuará empeorando. Se incrustará, con sus atroces efectos, en cada familia venezolana. Venezuela está en medio de una crisis humanitaria, cuya prospectiva es todavía más sombría. Así las cosas, la sociedad venezolana y sus aliados internacionales están obligados a actuar de inmediato: unir las fuerzas, concentrar la presión y producir en corto plazo, el cambio que las familias venezolanas demandan. Es cosa de vida o muerte.

Los valientes de la Encovi por Ana María Matute – El Nacional – 9 de Julio 2020

I

Cuando yo era niña, si algún amiguito hacía trampa en un juego, le gritábamos: “La tramposería sale”. Esta afirmación no es más que la misma que me decía siempre mi mamá: “Entre cielo y tierra no hay nada oculto”. Todo se sabe, nadie puede mentir para siempre. Y menos cuando existen aguerridos académicos y estudiantes que se dan a la tarea de exponer la radiografía de la pobreza de la manera más palpable y desmenuzable.

Los miles de venezolanos que diariamente persiguen el camión de la basura para escudriñar primero las bolsas de desechos antes de que se las lleven no son un invento de ciencia ficción. Aunque pareciera una película del fin del mundo, es la realidad que se vive desde hace años en Venezuela.

Sí, el chavismo-madurismo nos robó el futuro. Pero también se embolsilló el presente y borró el pasado. Nada de lo que fuimos o somos queda en pie. Ahora somos el país más pobre de la región.

II

Contra viento y marea, los académicos se esfuerzan por conseguir lo único que les ha permitido refutar a los chavistas la sarta de mentiras que dicen al mundo sobre el país: datos. Crudos números que indican que 96% de la población venezolana reporta pobreza de ingresos. Es la evidencia fehaciente de que el sueldo mínimo de 2 dólares mensuales no alcanza ni para una papa.

También queda expresado en estadísticas el hecho de que las familias venezolanas no comen los requerimientos necesarios. Digamos que las bolsas CLAP la única proteína que tienen son los gusanos que vienen en el arroz y la pasta. Es verídico.

Qué más quisiera yo que la cúpula del régimen tuviera conciencia y le doliera saber que 30% de los niños venezolanos menores de 5 años de edad sufre de desnutrición. Ni siquiera pueden tener la excusa de que están encerrados en Miraflores, porque Encovi viene advirtiendo sobre este terrible problema desde hace años y ninguno ha sido capaz de llamar a los especialistas para buscar una solución.

III

Lo bueno de la Encovi es que nos queda un diagnóstico del país. Lo bueno es que los profesionales y los académicos que la hacen no se han cansado y pueden hablar con propiedad de los principales problemas que hay que atacar si queremos recuperar el futuro.

No tengo idea de si estamos a tiempo o si será posible o cuántos años nos llevará, pero de lo que estoy segura es de que el equipo de la profesora Anitza Freitez y el profesor Luis Pedro España tienen claro lo que se debe hacer. Por eso a ellos los llamo héroes, porque realmente son los venezolanos que tienen algo que aportar y que han probado estar dispuestos a salvarnos. Gracias.

Encovi 2019-2020: ¿Qué nos dice esta radiografía sobre la calidad de vida de los venezolanos? por Víctor Salmerón – Prodavinci – 8 de Julio 2020 

 

El estudio encuestó 9.932 hogares de todo el país entre noviembre de 2019 y marzo de 2020. Para medir la pobreza de ingresos, la Encovi contempla que los venezolanos que no consumen 2.200 calorías diarias de una canasta de alimentos básicos son pobres extremos. Quienes logran ingerir estas calorías pero no pueden costear servicios esenciales como luz eléctrica y transporte, son pobres.

CLIC PARA EL ENLACE A LA ENCUESTA:

ENCOVID 2019-2020

De acuerdo a ese criterio, 79,3% de los venezolanos están sumergidos en pobreza extrema y 96,2% son pobres, al cierre de 2019. En 2014, cuando comenzó la recesión que hundió la economía, y luego, a partir de 2017, se combinó con la hiperinflación, la pobreza extrema se ubicó en 20,6%.

Luis Pedro España, sociólogo e investigador de la UCAB, precisa que “el aumento de la pobreza se debe a la caída de la economía. Entre 2013 y 2019 el PIB se redujo 70%, entonces no hay riqueza para repartir, no hay bienestar para disfrutar”.

Además del indicador basado en el ingreso, la Encovi realiza una medición multidimensional soportada en cuántos hogares presentan una o más de las siguientes características: viviendas inadecuadas, viviendas sin servicios de saneamiento básico, inasistencia escolar de los niños, hacinamiento crítico, calidad del empleo e ingresos.

De acuerdo con este criterio 64,8% de los hogares son pobres al cierre de 2019, cifra que se traduce en un salto de 13,8 puntos porcentuales respecto a 2018.

“Si bien esto es como un promedio que nos muestra distintas variables, es cierto que el salto que experimenta la pobreza multidimensional entre 2018-2019 está relacionado en su mayoría al ingreso y con el acervo material de los hogares, pero también vemos una mayor precarización del empleo”, dice Luis Pedro España.

Al comparar a Venezuela en el contexto internacional, utilizando un tipo de cambio que permite comparar entre países y establecer una línea de pobreza extrema donde se ubican quienes viven con un ingreso promedio per cápita inferior a 1,9 dólares al día, “Venezuela es el país más pobre y el segundo más desigual de América Latina”, dice Luis Pedro España.

Agrega que “Venezuela dejó de parecerse a América Latina y es más similar a Centroamérica o África. Cuando vemos países con fragilidad institucional similar a los de Venezuela, encontramos a nuestros pares en materia de pobreza”.

En una lista de países que incluye a Nigeria, Chad, Congo, Zimbabue, Yemen, Haití, Sudán, Camerún y Guatemala, Venezuela se ubica en el segundo lugar en cuanto a pobreza extrema, solo superado por Nigeria.

La desigualdad se manifiesta con crudeza en la alimentación: la dieta de los pobres se compone mayoritariamente de carbohidratos, y la diferencia en el consumo de proteínas entre el estrato más pobre y el más rico es de cinco veces.

Si se toma en cuenta el indicador peso-edad, 8% de los niños menores de cinco años sufren desnutrición. “Esto nos dice que Venezuela es el país de Suramérica con los mayores niveles de desnutrición según esta medida”, explica España.

De acuerdo con datos de 2016, en Colombia y Perú la proporción de menores de cinco años desnutridos según el peso era de 3,4% y 3,2% respectivamente.

Al evaluar la talla, 30% de los niños venezolanos menores de cinco años padecen desnutrición: “Esta magnitud no es comparable con Suramérica sino con países africanos como Nigeria y Camerún”, dice Luis Pedro España.

La política que ha implementado el gobierno de Nicolás Maduro para tratar de contener el avance de la pobreza y la desnutrición se basa en el reparto de transferencias directas a través de bonos, y la venta de alimentos a precios subsidiados mediante el reparto de cajas de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Principalmente las cajas contienen arroz, granos y pasta. Encovi determinó que 5% de los pobres extremos no reciben la caja CLAP y 15% la recibe cada dos meses.

Bomba demográfica

Al comenzar este siglo, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) afirmaban que entre 2000 y hasta 2045 la población venezolana tendría una estructura irrepetible: los venezolanos en edad de trabajar y producir superarían a los jóvenes menores de 15 años y a los mayores de 65. Esta condición, que se denomina bono demográfico, ocurre una sola vez en la historia de los países y permite reducir los recursos destinados a la crianza de los hijos o a los ancianos, y disponer de más mano de obra para impulsar el crecimiento y el desarrollo.

Pero no ocurrió así. Las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas indican que en 2020 la población de Venezuela es de 28,4 millones de habitantes: cuatro millones menos de lo proyectado por el INE, como resultado de la emigración a otros países, en su gran mayoría, de jóvenes entre 15 y 39 años de edad.

La emigración de población joven se traduce en que el país envejeció, perdió el bono demográfico y en este momento la cantidad de menores de 15 años y mayores de 65 años superan a quienes tienen edad de trabajar.

El impacto de este cambio es profundo, porque tras el empobrecimiento el país no cuenta con recursos para implementar programas de pensiones y protección para los ancianos.

Anitza Freites, directora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UCAB, explica que “prácticamente ya tenemos indicadores de dependencia demográfica que debimos alcanzar en 2045. Esta situación nos encuentra en muy malas condiciones, un país con decrecimiento económico, y no estamos preparados para asumir la responsabilidad de un programa de protección social que sea sostenible en el tiempo para cubrir a la población de mayor edad”.

“El bono demográfico no fue aprovechado para desarrollar las fuerzas productivas del país, para absorber a la población en edad de trabajar. No es de extrañar que la mayoría de la población que sale del país son adultos jóvenes. La caída en el volumen de población disminuye la presión sobre ciertos servicios como la educación, salud, vivienda, pero también significa un mercado de menor tamaño para la producción de bienes”, agrega Anitza Freites.

El deterioro en la calidad de vida se manifiesta en la mortalidad infantil. Las proyecciones del INE, elaboradas con base al Censo de 2011, señalaban que en 2020 este indicador se ubicaría en 12 fallecidos por cada mil nacidos, pero la Encovi determina que es de 26 fallecidos por cada mil nacimientos.

“Hay una disparidad entre lo que debió ser la tendencia y lo que ocurrió. Esa brecha de 14 puntos nos coloca en el nivel de finales de la década de los ochenta. Es un retroceso”, dice Anitza Freites.

El Coronavirus

El estudio para medir el impacto de la cuarentena por el coronavirus señala que hasta un 43% de los hogares del país reportan imposibilidad de trabajar o pérdida de ingresos.

Las transferencias del gobierno a través de bonos para tratar de compensar a las familias afectadas han aumentado pero son insuficientes. Luis Pedro España precisa que “el 25% de los hogares declararon recibir transferencias de instituciones públicas entre octubre y febrero de 2020, esto aumentó al 52% en marzo/abril. El promedio de esas transferencias (bonos) es de 5 dólares”.

Agrega que “con los números de infectados aumentando y con un previsible aumento de las muertes por COVID-19, Venezuela está entrando a lo que puede ser una verdadera crisis humanitaria. No hay forma de saber el tamaño de la crisis sanitaria que se avecina”.

 

 

Encuesta Nacional Condiciones de Vida 2019/2020 – Encovi/UCAB – Julio 2020

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Devastadoras las cifras de Encovi 2019/2020:

– Población bajó a 28 millones
– Pérdida de 3,7 años en la esperanza de vida
– Alta feminización y envejecimiento de jefaturas de hogar
– 1,7 millones menos de niños en edad escolar
– La cobertura universitaria se redujo a la mitad
– Casi la mitad de la población más pobre tiene rezago escolar de un año o más.
– 4 millones de niños con problemas para asistir a la escuela.
– Solo 4 de cada 10 mujeres participa en el mercado laboral
– Importante caída en el empleo público
– 2,4 millones de migrantes en últimos 3 años
– 1,6 millones de hogares con migrantes
– Mayoría hombres, entre 15-40 años, hijos del jefe del hogar
– 4% de migrantes ha regresado al país
– 10% de hogares recibe remesas
– 96% de la población en pobreza por ingresos
– 68% en pobreza por consumo
– Venezuela el país más pobre y el segundo más desigual de Latinoamerica
– 1 de cada 4 hogares con inseguridad alimentaria
– 639 mil niños menores de 5 años con desnutrición crónica
– El 60% de la población no llega a consumir el mínimo requerido de 2000 calorías/día
– Ningún estrato consume el mínimo requerido de proteínas de 51 gramos/día (promedio 18 gramos/día)
– Peor relación peso/edad y talla/edad en niños de 5 años en Sur América.

Colofón:

No se deje engañar por el consumo suntuoso, los edificios de lujo y los bodegones de una minoría, el tejido socio económico de Venezuela está en proceso de desintegración acelerada. Los resultados de la ENCOVI 2019-2020 lo confirman.

Para acceder a la Presentación completa abrir el siguiente enlace:

https://www.proyectoencovi.com/informe-interactivo-2019

 

Es el hambre, estúpido – Editorial El Nacional – 24 de Junio 2020

Un trabajador necesita 138 salarios mínimos mensuales de 2,05 dólares para poder darle a su familia de comer. Esta es una verdad que se ve en las calles diariamente, aunque el régimen quiera esconderlo con una cuarentena. Es el hambre lo que mata al venezolano desde hace años. El covid-19 es solo un accesorio que la hace más letal.

Es un hecho científico que se grita a voces, el estado del sistema inmunológico del ser humano depende de los alimentos que ingiera. Cuando una persona está desnutrida es presa de cualquier tipo de virus que haya en el ambiente. Imagínense lo que puede hacer este coronavirus con alguien que no come.

Por las redes sociales viajan cientos de videos de la gente en zonas populosas de la capital. Salen a la calle a procurarse el sustento, porque la mayoría de los venezolanos se dedica a la economía informal. La mayoría no lleva mascarillas ni respeta el distanciamiento social. ¿De verdad al régimen le sorprende por qué el foco del mercado Las Pulgas, en Zulia, es tan activo? ¿Acaso se han puesto a pensar de qué viviría esa gente si no atiende su puesto?

Si a eso le agregamos que el mayor empleador es el propio Estado que los chavistas tienen secuestrado, y que solo les pagan a sus trabajadores sueldo mínimo, la cuenta está más que clara. El venezolano no tiene dinero para cubrir sus necesidades alimentarias. Pero, insistimos, esto es de vieja data, desde que estos rojos rojitos gobiernan —o lo intentan—.

Es de la completa responsabilidad del régimen el hecho de que las estadísticas de desnutrición del país aumenten cada día. Son los culpables de que esta epidemia de covid-19 pegue con tanta fuerza. Solo hay que leer las declaraciones de los médicos zulianos que alertan sobre personas que mueren sin que les lleguen los resultados de despistaje del coronavirus.

Hacen magia para maquillar los números. No hay manera de saber la verdadera magnitud del impacto de la mezcla de hambre con virus, así como no se ha podido documentar correctamente el aumento de la tuberculosis, del sarampión y de la malaria.

¿De dónde saca el venezolano los 138 salarios para comprar comida? Más en cuarentena, cuando muchos trabajadores han sido despedidos y muchas empresas han cerrado. A ninguno en el régimen se le ha ocurrido poner en práctica un sistema para apoyar a los que generan empleos. No lo hicieron sin pandemia, mucho menos ahora.

Aunque suene terrible, es la pura verdad. En Venezuela la pandemia se llama hambre y el causante es un virus rojo rojito.

La fórmula que diseñó un venezolano para niños con desnutrición por Jackelin Díaz – eldiario – 4 de Junio 2020

Un joven venezolano desarrolló, como proyecto de su tesis de grado, un Alimento Terapéutico Listo para el Consumo a base de maní y chocolate: Esta fórmula, elaborada con productos nacionales, se realizó con la intención de disminuir los índices de desnutrición severa en niños menos de cinco años en el país

Entre una docena de escaleras de cemento una mujer encontró un asiento y juega con su bebé de un año de edad. Después de esbozar una sonrisa se presenta. Su nombre es María y su hija se llama igual. Una camiseta holgada le sirve de escondite a las marcas de los huesos que sobresalen bajo su piel y que advierten sobre su desnutrición.

Su cuerpo enflaquecido asoma los vestigios del hambre y su hija también muestra algunos indicios. Su cabello es liso, marrón oscuro, y es de esos que terminan con una perfecta armonía con la gravedad encima de los hombros. Pero sus puntas se han decolorado, sus mechones se han tornado opacos y amarillentos, siendo otra señal de desnutrición severa.

Foto: José Daniel Ramos

La falta de coloración en las puntas del cabello son signos que reflejan el hambre. La deficiencia de nutrientes en el organismo puede desarrollar que los niños pierdan el color de cabello natural en las puntas.

Las franjas oscuras y claras dan el nombre a esta patología como el “signo de la bandera” debido a que en los niños afectados se tiende a ver mechones de cabello de distintos colores.

María lo sabe, esa mañana solo pudo darle de comer a su hija una arepa sola y agua. Comenta, que no tiene los recursos para poder preparar tetero. Ella todos los días asiste a la Iglesia de San Miguel Arcángel, en Caracas, sitio donde funciona uno de los comedores más importantes de la capital. En este lugar se utiliza, gracias al apoyo de organizaciones internacionales, un alimento terapéutico contra la desnutrición.

Dicho producto fue la base del proyecto de tesis de Óscar Vásquez, un estudiante de Nutrición de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quién desarrolló una fórmula con productos nacionales.

Foto: José Daniel Ramos

Susana Raffalli, investigadora y consultora de la Fundación Caritas en Venezuela indicó que la desnutrición infantil en el país escaló de 8% en febrero a 18% en marzo, mes que se decretó la cuarentena por la pandemia del Covid-19. Dichas cifras, advirtió, representan tres veces la proyección que habían estimado las organizaciones mundiales sobre el incremento de la desnutrición en la nación.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando el porcentaje de desnutrición en un país supera el 15% se puede reconocer que se está viviendo una emergencia humanitaria de carácter nutricional.

Vásquez se basó en estas cifras para desarrollar un alimento. Si bien los suplementos alimenticios son traídos a Venezuela a través de la OMS, dichas organizaciones también recomiendan a los Estados realizar programas que impulsen el desarrollo de alimentos terapéuticos con productos del país de origen.

El alimento fue formulado a base de maní y chocolate y es capaz de recuperar 2,5 kilogramos en el peso corporal de los niños en un período menor a 30 días.

Y es que los resultados empiezan a notarse una semana después de haber iniciado el consumo del suplemento alimenticio. A pesar de esto, los niños deben continuar este tratamiento durante al menos cuatro y ocho semanas para lograr el peso correspondiente a su edad.

Iglesia San Miguel Arcángel | Foto: José Daniel Ramos

El joven explicó para El Diario que utilizó las recomendaciones del Codex Alimentarius (Código Alimentario), normas internacionales de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para elaborar un Alimento Terapéutico Listo para el Consumo.

Este manual establece, de manera obligatoria, que el producto deba ser enriquecido con “premezcla”, compuesta por una carga de vitaminas y minerales que aportan un porcentaje diario de estos nutrientes al niño para que pueda suplir la falta de nutrientes en el organismo.

Vásquez, bajo la supervisión de sus tutores, elaboró cinco productos para su estudio en los laboratorios del Departamento de Ciencias Biológicas, en el Postgrado de Tecnología y Alimentos de la Universidad Simón Bolívar (USB) en la capital. Los dos primeros a base de merey, otro de maní y finalmente la combinación entre maní con chocolate.

Todos fueron desarrollados a partir de leche en polvo, aceite y una premezcla de vitaminas, minerales y hierro», agregó Vásquez
Alimento Terapéutico Listo para el Consumo importado por la ONU en Venezuela | Foto: José Daniel Ramos

La preparación fue comparada, incluso con el modelo internacional del Alimento Terapéutico Listo para el Consumo internacional, el cual es utilizado con fines sociales y es importado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para tratar la desnutrición en el país.

Posteriormente se realizaron pruebas en un centro de Caritas en la Parroquia Santa Lucía, en los Valles del Tuy, para que los niños, a través del gusto y el tacto, evaluaran la preparación que más le agradara. Y es que 89% de los niños prefirieron el producto con maní y chocolate. Óscar había logrado el primer paso en búsqueda de la solución.

Para la OMS 1 de cada 10 niños de un país, menores de cinco años, padecen desnutrición es porque no han tenido una cantidad suficiente de alimentos y lo que han ingerido no tenía los nutrientes necesarios

“El proyecto nació con la intención de tener un producto nutricional que pudiera recuperar a un niño en poco tiempo desde su hogar. Yo quería brindar una respuesta a los índices de desnutrición infantil. Este producto es necesario y esto es un avance para el país”, expresó Vásquez.

Necesidad de desarrollar el producto

Yngrid Candela es profesora de la Facultad de Dietética y Nutrición de la UCV. También fue la tutora de Óscar para su tesis de grado. La especialista es una de las nutricionistas que llevan el control de los niños, jóvenes y adultos en el comedor de la Iglesia San Miguel Arcángel en Caracas.

Candela explicó que el Alimento Terapéutico Listo para el Consumo (ATLC) se fabrica de acuerdo a una composición estándar rica en energía y definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Foto: José Daniel Ramos

Añadió que con frecuencia los ingredientes para los ATLC estándar incluyen leche en polvo, azúcar, aceite vegetal, vitaminas y minerales. Sin embargo, los ingredientes varían dependiendo de la disponibilidad local, el costo y la aceptabilidad de cada país. “Los beneficios de estos insumos incluyen un largo tiempo de almacenamiento sin refrigeración y no requieren preparación”, sostuvo la nutricionista.

“Estos suplementos son realizados en base a un alimento que contenga grasa y que pueda contribuir con el desarrollo de un niño. Es un alimento terapéutico porque es más de lo que una persona necesita en condiciones normales. Por ello, son productos que son destinados únicamente a la recuperación nutricional”, afirmó.

¿Por qué se utiliza un alimento terapéutico y no un plato de comida?

“Esto se ha empleado por el riesgo de contaminación a la que están expuestos los alimentos en su importación. Existen más probabilidades que se contamine un producto desde su cultivo y hasta que se lleva al plato que un alimento que se encuentra en un sobre donde el niño, si lo desea, puede consumir directamente”, señaló Yngrid Candela, nutricionista

Candela puntualizó que las personas no pueden consumir este alimento sin una evaluación médica previa y un respectivo diagnóstico de un especialista. Esto debido a que existen tres productos diferentes: uno para niños con desnutrición severa, otra para moderada y por último para niños en riesgo. Además, las madres deben recibir consejerías que son llamadas “la ventana de los primeros 1.000 días”, una estrategia para salvar la vida de un niño a través de asesoramiento de cómo cuidar un embarazo, lactancia y seguridad alimentaria.

Foto: José Daniel Ramos

“Estos alimentos están contraindicados para niños que sufren de alergia, intolerancia al gluten y también niños que son diagnosticados con autismo. Tampoco lo pueden consumir niños que presenten diarreas o infecciones respiratorias. En estos casos hacemos una evaluación para determinar si ofrecemos o no el alimento”, aclaró.

La nutricionista indicó que en muchos países existen iniciativas para promover la producción de alimentos terapéuticos para niños con ingredientes locales para reducir su costo. Mencionó que existen algunos proyectos que están emprendiendo con granos, el maní y el cacao, esto abre la posibilidad de que lleguen a la industria para manufacturar el suplemento en Venezuela y así generar soluciones que beneficien a los niños en el territorio.

La conversación termina y María espera sobre un pupitre de madera la comida para su hija. Recibirá el alimento que ayudará a crecer a su hija. La mujer se despide mientras enreda su dedo en el cabello de su hija, el que ella desea que recupere su color, pero sobre todo anhela que recupere su peso.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |José Gregorio Silva

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