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La calle está fría por Trino Márquez – El Republicano Liberal – 29 de Noviembre 2019

El llamado de Juan Guaidó a mantenerse a partir del 16 de noviembre en la calle sin retorno, no tuvo éxito. La petición partió de una visión demasiado voluntarista. La premisa fue más o menos la siguiente: Si hubiese un líder que convocase, los venezolanos seguirían el ejemplo de los ecuatorianos, chilenos, bolivianos y colombianos, pueblos que se han alzado con fuerza y furia por distintas razones contra sus respectivos gobiernos.

La ‘primavera suramericana’ podría extenderse a Venezuela, pues si en algún país existen razones para indignarse y protestar, ese es el nuestro.
La hipótesis resultó falsa. Los venezolanos, en efecto, tienen muchas razones para movilizarse. El problema es que también poseen otro tanto  para no hacerlo. Estas han predominado. En el origen de la desmovilización -o el reflujo, como se diría en el lenguaje más tradicional-, se encuentran el éxodo de millones de venezolanos jóvenes, que podrían participar en las convocatorias de masas, la rutinización de las marchas, y el fracaso de las movilizaciones masivas y revueltas de 2014 y 2017, que dejaron un trágico saldo de estudiantes acribillados, y dirigentes políticos detenidos o exiliados.
El resultado concreto de esas grandes manifestaciones fue magro. El régimen logró pulverizar el referendo revocatorio que acabaría con el mandato de Nicolás Maduro. No se firmó en Santo Domingo un acuerdo que permitiera resolver la crisis. Las direcciones de los partidos políticos más importantes fueron desbaratadas. El régimen impuso la Constituyente y, luego, las elecciones presidenciales de mayo de 2018, cuando Maduro fue reelecto. Las movilizaciones en masa entre 2014 y 2018 no produjeron victorias, sino que propiciaron respuestas por parte del gobierno que descalabraron a los opositores.
2019 despuntó con un esperanzador renacimiento del movimiento ciudadano. Juan Guaidó logró reanimar a una oposición frustrada, desesperanzada y resignada a calarse los siguientes seis años de Maduro. El Presidente de la Asamblea Nacional se conectó con el malestar de millones de venezolanos maltratados por el régimen. Propuso la  famosa tríada, millones de veces repetida: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Por unos meses pareció que esta vez las metas sí se alcanzarían y que una nueva etapa se abriría para la nación. Finalizando el año, los objetivos no se han alcanzado y el gobierno se ve tan robusto como siempre, a pesar de su impopularidad, de las calamidades que ha desatado y del aislamiento internacional.  Por supuesto, que la frustración ha resurgido. La sensación de fracaso vuelve a apoderarse de la gente. Este sentimiento conduce a la parálisis.
A estos factores hay que agregar la política deliberada diseñada y ejecutada por el gobierno, dirigida a desmovilizar a los ciudadanos y aterrorizarlos. El instrumento fundamental de extorsión son las cajas Clap, para muchos habitantes de los sectores más pobres, el único medio del cual disponen para proveerse de ciertos alimentos y bienes, por precarios que estos sean.  Más de 80% de los pobladores de los barrios reciben, aunque de manera irregular, esas cajas. El temor a dejar de recibirlas constituye un poderoso factor de inhibición. El gobierno amenaza con los Clap.
El otro componente de la tenaza es el Carnet de la Patria, vehículo para obtener las pequeñas prebendas, limosnas, concedidas por Maduro. Retirarle, anularle o no concederle el carnet a una persona, significa excluirlo de los Clap y del sistema de reparto clientelar  de dinero a través de la banca oficial,  diseñado por el régimen. La nación se encuentra en manos de unos señores que manejan el presupuesto público para comprar lealtades y, cuando esto resulta insuficiente, para intimidar a los ciudadanos.
La combinación entre el fracaso, la decepción, la manipulación y el chantaje, han creado esta realidad paradójica: el país se encuentra arruinado, la población empobrecida,  los motivos para manifestar abundan, pero la gente no acude a las jornadas convocadas por la oposición. Las miles de protestas que ocurren en todo el territorio nacional por la escasez de agua, luz, etc., se dan en  una escala tan reducida, que no afectan en nada la estabilidad del régimen.
La dirigencia opositora no logra anular la acción del gobierno, ni puede conectarse con el malestar de la ciudadanía y avivarlo. Ahora, toca recomponer el liderazgo, dividido por numerosos conflictos internos, diseñar una nueva estrategia que redefina los objetivos trazados al inicio de 2019, promover metas alcanzables que no conduzcan al escepticismo.
Anda en curso la designación de un nuevo CNE. Pronto hay que definir la participación en las parlamentarias. Ambos son temas de enorme importancia. Esperemos que se recupere la sensatez y se eviten espectáculos tan deplorables como el que ha girado en torno a Humberto Calderón Berti.
Volver a movilizar los ciudadanos representa un reto colosal. Los venezolanos no se han rendido. Las protestas cotidianas lo demuestran. El desafío reside en cómo canalizarlas hacia el cambio del régimen. Las próximas elecciones parlamentarías serán una excelente ocasión para reacoplarse con la gente.

Acciones Dilatorias por Julio César Arreaza B. – Diario 2001 – 24 de Noviembre 2019

Después de un primer semestre movido políticamente, caímos en una fase de estancamiento en lo que respecta a la dinámica opositora al régimen usurpador. Luce conveniente reajustar la estrategia si se quiere rescatar la convocatoria de una mayoría que está allí, a favor de la democracia, pero que hoy se ha desmovilizado.

La fotografía de esta hora es distinta a la del G4 que domina la AN, lo que determina  la necesidad de incluir a otros sectores representativos, para delinear la nueva estrategia, ejecución y seguimiento.

La incorporación de los ex diputados chavistas a la AN causó enorme rechazo ciudadano y crea confusión al considerarse la designación de un CNE contaminado: Maduro no va a aceptar un ente imparcial que lo conduzca a perder las elecciones. Se corre el riesgo que la actuación criminal de un maletín verde produzca la conformación de una junta directiva con factores cuestionados afectos al régimen. Es sabido que al caer la narcotiranía, caerán muchos políticos equilibristas que siempre se han mantenido en la cuerda floja.

Como corolario se ve el juego abierto de Maduro impulsando las parlamentarias y armando sus estructuras en diferentes estados. En esta jugada pactada soterradamente, las elecciones presidenciales quedarían por fuera como la guayabera, lo cual sería un golpe noble a quienes han dado todo en estos 20 años.

Pasamos a hacer un balance de la situación: lo político continúa determinando lo económico, el crecimiento y bienestar de la gente se mantiene en un segundo plano. La economía ha perdido 60% de su tamaño en los últimos 3 años, tal cual como una persona que pesaba 100 kilos, ahora pesa 40. Somos más pequeños que Perú, Ecuador y Colombia en términos del PIB. Hay una caída abrupta en el consumo: el Bolívar no se recuperará. Los subsidios se están acabando junto con el Estado que protege. La soberanía se pierde al perderse la confianza en la moneda.

La dolarización que exalta ahora el régimen, no ha sido programada, no está admitida en el cuerpo legal. Para abrirse a la dolarización, tiene que entrar capital y no está entrando. Un promedio de 10 millones de venezolanos no están consumiendo, porque necesitan empleos decentes para poder consumir.

En un ambiente de destrucción de las instituciones se establecen redes de complicidades que se orientan al debilitamiento del adversario. El hombre nuevo radica en seres humanos que han perdido su condición humana. Es el momento de hacer valer la humanidad que queda en nosotros. No podemos sucumbir a ser un animal sino a mantener la humanidad. No ceder ante el mal.   

Los usurpadores convirtieron a Venezuela en un desestabilizador de la región con millones de refugiados. El Foro de Sao Paulo prende la chispa para acabar con el pluralismo. El mismo guion. Venezuela fue el experimento.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!

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