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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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¿Cuál transición? por Antonio Pasquali – Papel Literario El Nacional – 12 de Enero 2020

Es probable que este artículo, publicado el 23 de junio de 2019 en la sección de Opinión de El Nacional, resuma de modo magistral el pensamiento y las preocupaciones del autor, durante los últimos años

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Inmovilizados por calma chicha los galeones del gobierno y de la oposición, ambos con sistema de pilotaje averiado y focos de amotinamiento en la tripulación, pululan en los medios electrónicos los aspirantes a salvadores de la patria, un conjunto heterogéneo de obsesivos nerd de la estrategia, vociferantes  casandras del “yo lo había dicho”, peligrosos infiltrados sembrando odios y guerra de todos contra todos, improvisados y sabiondos politólogos, todólogos analistas de dudosa ortografía y variopintos iluminados que se autoproclaman poseedores de la fórmula soteriológica capaz de acabar en un santiamén con veinte años de mortal desgobierno.

Eso es democracia, pensarán algunos, voces múltiples incluso en su momento cacofónico, pero aun así más aceptables que el absolutista y aplanador monólogo del amo tirano. Sea, pero sin olvidar que en la época del facilísimo y brevísimo Twitter incontrolable, anónimo, manipulable, multiplicable y transmisible urbi et orbi por cualquiera, el atributo de “democrático” debe asignarse con cierta prudencia porque tales liberalidades conllevan importantes déficits de credibilidad, control de fuentes y reconocida autoridad profesional y moral del emisor. Sea como fuere, esa cacofonía debe ser estudiada porque arroja luces sobre el perfil y momento político-cultural de una sociedad y permite detectar manipulaciones, estado de la opinión pública y criterios dominantes.

De entre los varios conceptos que circulan, con algún fundamento o con chances de convertirse en praxis política, uno sobresale, perfectamente disfrazado de sensatez y con apoyaturas internacionales: el de “transición”. Para salir de veinte años de horror, grave y polifacético atraso y mortal derrumbe de la calidad de vida, habría que transitar un amortiguador período especial, o de transición, entre la presente dictadura y la futura y plena democracia, período hecho de renuncias, cohabitaciones forzadas y tolerancia recíprocas; un paso adelante y otro atrás (valse hésitation lo llaman los franceses); esto es, gobierno transitorio bajo el criterio de una neopuntofijista entente cordiale gobierno-oposición en que una disidencia con pañuelo en la nariz fingiría, por amor de patria, que chavistas y maduristas se equivocaron de política sin mayores efectos colaterales, al punto de poderles otorgar amplísimas amnistías a su parte delincuente para que se reeduque sin mayores contratiempos a la democracia ortodoxa, o si lo prefiere “se instale en alguna lejana playa a disfrutar en paz” su mal habido botín. En Lima, Oslo y Estocolmo, países amigos que no están interesados en ver a Venezuela convertida en cabecera de puente del comunismo en la región, trabajan en esa línea. El método, aseguran los teóricos de la materia, ha sido practicado por países que se sacudieron sus yugos absolutistas. Transicionistas locales especializados en universidades del norte pujan porque se adopte esa estrategia, cosa de evitar las supuestas explosiones sociales que generaría un cambio brusco sin colchón amortiguador. Sin embargo, sus prudentes fórmulas de manual pudieran resultar de difícil e incluso indeseable aplicación a un caso de tan extremosa aberración política, social, económica y moral como el chavista venezolano, urgido tal vez de revulsivos más que de paños calientes.

En días recientes, en un breve y lúcido artículo que enfoca el tema desde el ángulo legal, el insigne jurista Alberto Arteaga denuncia el posible y enésimo intento de aplicar al caso una “justicia transicional” que debiera avalar y dar visos de legalidad a la antes descrita entente cordiale. Venezuela nunca disfrutó de un pleno Estado de Derecho, nuestra imperfecta justicia ha vivido más bien de transición en transición, haciéndose responsable de procesos injustos en los que hubo más venganzas personales que justicia y olvido de las verdaderas víctimas. Más que otro episodio de justicia transicional, concluye, Venezuela necesita aprovechar la presente excepcionalidad para instaurar de una vez por todas una praxis jurídica no-transicional, “pasar a un verdadero sistema de justicia… con renuncia de los partidos al reparto del poder judicial”.

Añadamos a lo anterior otro breve análisis del problema desde el ángulo moral y político, para reforzar la inconveniencia de incorporar a la historia nacional otro lamentable episodio de transicionismo que, de prosperar, pudiera arrojar, como veremos, incalculables y catastróficos daños a futuro.

*El material aquí publicado es la primera parte del memorable artículo, ¿Cuál transición? El texto completo está disponible en la sección Papel Literario, en http://www.el-nacional.com

Utopía y realidad se besarán por Luis Ugalde S.J. – Blog César Miguel Rondón – 6 de Enero 2020

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“El amor y la verdad se dan cita, la justicia y la paz se besan” (Salmo 85,11).

La realidad venezolana es terrible, mientras que la utopía no existe pero es. En medio de una realidad tan negativa soñamos con la utopía donde nuestra sociedad se hermana, millones de desterrados regresan cantando, las empresas se reactivan y el trabajo florece. La democracia reverdece con elecciones presidenciales libres y con registro limpio, con nuevo árbitro justo y con observación internacional que garantiza el respeto a la voluntad de millones de votantes dentro y fuera del país. Me dirán que eso es una utopía, una ilusión fuera de todo realismo.

El régimen ante su estrepitoso fracaso nos quiere convencer, con la mentira convertida en verdad oficial, de que no hay más realidad que esta. Pero el malestar y la oscuridad son tan profundos que la gente en su interior se aferra a la esperanza del amanecer como el preso al sueño de su futura libertad.

La utopía y la realidad son opuestas y se contradicen. La plenitud de una rechaza la miseria de la otra, que a su vez ridiculiza a la utopía como ilusa haciéndonos ver que esta moribunda realidad es lo único que tenemos y es preferible a la hermosa utopía inexistente e imposible. Es el argumento de los dictadores: con todas las limitaciones de esta realidad, es mejor que ustedes habitantes, empresarios, vecinos, trabajadores la acepten y pacten conmigo, que soñar en pajaritos preñados. Millones sucumben a este realismo resignado. Plegarse para sobrevivir. Un gran peligro para este 2020, es esta resignación, pues presenta la renuncia a la verdad, a la libertad, a la dignidad, a la democracia y a la vida, como el “sensato” realismo para salvar lo posible. Este realismo niega, ridiculiza y persigue a la utopía y acusa como inadaptados a sus defensores.

Por el contrario la utopía con sus ideales y aspiraciones de plenitud humana, critica ferozmente a la miserable realidad e ilumina con severa clarividencia lo inhumano de esta. La gran mayoría en su interior aspira a la utopía que afirma su realización, pero al mismo tiempo cae en el pesimismo, pues considera imposible tanta hermosura.

Este debe ser el año en que la utopía y la realidad se den el beso más fecundo, pues de él nacerá la nueva e irrenunciable Venezuela. La utopía sin realidad es pura ilusión y la realidad sin utopía es la perpetuación de la miseria social, pero su abrazo produce el cambio indetenible.

Los grandes logros humanos se tejen con dos hilos, utopía y realidad, y los verdaderos líderes triunfan cuando tejen la historia con los dos hilos: con los pies bien plantados en el barro de la realidad y con la mirada bien alta puesta en la utopía. Líderes que con su ejemplo contagian a millones de seguidores y les enseñan a tejer demostrando cómo la realidad se va utopizando y la utopía realizando… La plenitud soñada no existe en este mundo, pero gracias a ella caminamos y nos humanizamos con logros increíbles: los esclavos tras miles de años de sometimiento y objeto de compra-venta, conquistaron la libertad, a pesar de sabios filósofos justificando como “natural” su privación de libertad y de dignidad. Las utopías (Revolución Francesa, Revolución Rusa, Independencia de América…) no realizan la plenitud de su promesa, pero sin ellas en el horizonte y el corazón, los pueblos no se movilizan para eliminar el viejo régimen inhumano y dar pasos gigantescos hacia una sociedad con mayor justicia y libertad. El beso de la utopía y de la realidad significa que no se sustituyen ni excluyen sino que, del rechazo mutuo, pasan a quererse y complementarse en relación dialéctica y transforman la realidad hacia un estadio superior. Es lo que hoy reclama Venezuela: el desastre de la salud transformado por miles de médicos y enfermeras decididos y articulados que ponen en marcha a toda la sociedad frente a un estado hoy secuestrado por una minoría (oligarquía) “revolucionaria”. Utopía y realidad enfrentando y cambiando el envilecido sistema educativo o dando vida a las empresas agropecuarias y a todas las demás.

Los utópicos “Incontaminados” que solo rechazan la realidad se convierten en antipolíticos cuando más falta hacen los políticos para hacer posible lo necesario. Sí políticos que saben tejer con los dos hilos, utopía-realidad, para ir “utopizando” la realidad y realizando la utopía. Como en Sudáfrica Mandela y De Klerk se encontraron y eliminaron desde el gobierno el súper-racista apartheid, necesitamos que utopía y realidad se encuentren en políticos venezolanos, se abracen, interactúen para que renazca la libertad, se abran las cárceles, regresen los exiliados, se abracen los enemigos y renazcamos los ciudadanos hermanados…

Realidad es que millones de venezolanos votaron por el Comandante porque en su palabra encontraban su esperanza y que hoy están en la miseria, frustrados y sin futuro y es necesario que encuentren el puerto verdadero de su esperanza en la democracia social renacida. Es el reto venezolano de este año y no queda más alternativa que ponernos de pie y triunfar. ¿Es utopía? Sí, pero a la vez es nuestra realidad más necesaria. Se hará posible si los verdaderos líderes políticos, empresariales, sociales, culturales y religiosos, tejemos juntos con los dos hilos y enseñamos a tejer a millones. Con nuestro esfuerzo transformaremos la realidad de muerte en vida.

El reto 2020 por José Ignacio Guédez – La Patilla – 2 de Enero 2020

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El mayor reto que tenemos los venezolanos este 2020 es romper el conjuro cubano o profecía comunista que en nuestro caso pudiera rezar más o menos así: “…Y destruirán la moneda hasta dejarla sin ningún uso práctico, tu patrimonio perderá casi todo su valor y tendrás que pagar las cosas en dólares a precios más caros que en el primer mundo. Pero llamarás a eso dolarización y recuperación económica… Y crearán una policía de exterminio para la persecución política y el control social. Pero llamarás a eso seguridad… Y no habrá energía eléctrica ni suministro de gasolina. Pero no te quejarás porque ambas eran regaladas… Y no habrá estado de derecho, ni separación de poderes, ni justicia independiente, ni elecciones libres. Pero ya se te habrá olvidado qué es la democracia… Y la producción nacional no existirá, pero podrás traer todo de afuera puerta a puerta… Y recibirás remesas, pero de lavapocetas que no estarán a la altura de tu recién descubierta felicidad… Y los presos políticos seguirán aumentando por cientos, pero ya no te importará… Y criticarás a los que todavía luchan, porque te recordarán a ti cuando luchabas”.

El terreno donde se libra esta batalla es la mente y se trata de un factor meramente psicológico que puede sellar para siempre el destino del país. Son veinte años ya de resistencia democrática contra una tiranía que ha pasado por diferentes fases pero que siempre ha pretendido el totalitarismo y que ahora se encuentra en su etapa más perversa, la de un narcoestado dominado por mafias del crimen organizado internacional. Llamar las cosas por su nombre es el último bastión de resistencia. En menos de un año se pasó de hablar de crisis humanitaria a discutir sobre una presunta burbuja económica que, aunque no es tal, logró cambiar el léxico del debate. Hablar de burbuja económica cuando el 90% de la población no cuenta con suministro constante ni de luz, ni de gas, ni de gasolina, es tan contradictorio que raya en el ridiculo, pero no olvidemos que esta batalla se libra es en la mente y nada tiene que ver con la realidad objetiva de las cosas. Tal como lo describió Orwell en su obra 1984, los absolutismos no descansan hasta vencer a la verdad y sustituirla por la mentira oficial. En Venezuela estamos en presencia de una operación de “neolengua orwelliana” para intentar lograr el sometimiento final. Poco a poco se van borrando del diccionario palabras como libertad, producción, derechos humanos y civiles, seguridad jurídica, libertad de expresión, justicia, legalidad, crecimiento, constitución y trabajo; al tiempo que se reconoce como lujo vivir la vida bajo el tóxico arrullo de una planta eléctrica o tener acceso a gasolina bachaqueada.

Hace doce años cuando en verdad había burbuja económica producto del boom de los precios del petróleo y la gente sacaba carros del concesionario a crédito y viajaba por el mundo con Cadivi, hubo un estallido social por el cierre de un solo medio de comunicación (RCTV), lográndose luego derrotar la pretendida reforma constitucional de Chávez. Luchábamos por nuestra libertad, la que no se puede comprar en un bodegón. Por cierto, esa generación que surgió en esta circunstancia, sigue luchando hoy. Ese es el espíritu que debemos rescatar este 2020, estemos donde estemos, comenzando por el lenguaje, por los principio y por nuestras convicciones. El antídoto contra este conjuro es la verdad y la resistencia del lenguaje.
¡Abajo la narcotiranía que tiene al país a oscuras y sin gasolina!
No puede haber ni habrá mejoría con Maduro. Pongámosle fin a esta tragedia.

Un regalo en dictadura por Alexander Cambero – El Nacional – 28 de Diciembre 2019

La mayor conquista en estos tiempos difíciles es no dejarnos abatir, que la dictadura exhiba su portentosa capacidad para desgraciarnos la vida no puede ser un óbice para rendirnos ante ella, sobreponerse ante tanta perfidia debe ser la motivación principal para terminar de echarlos de Miraflores.

Son tan monumentales sus miserias que dejarlos más tiempo gobernándonos es verdaderamente nocivo. No existe mayor depredación de una sociedad, con estos niveles de oportunidades, que la recibida por estos rufianes; quienes envueltos en la litúrgica revolucionaria se creen con derecho de destrozarnos.

Con sus ridículas orientaciones de nigromantes de medianía cultural, siguen apostándoles a las mentes dóciles que compran con migajas de ilusión, es allí en donde radican sus éxitos como malabaristas en la cuerda floja de las necesidades venezolanas.

En la medida que crecen los niveles de desigualdad social, que la brecha se ensancha hasta niveles catastróficos, se garantizan las funciones a casa llena del circo de la manipulación socialista. Eso lo observamos cuando nos imponen las obscenas cadenas nacionales. Un ampuloso personaje de pésima expresión castellana muestra toda la grosura del colesterol gubernamental, hablándonos de planes con la misma raíz falsa de hace más de veinte años. Esas fábulas podridas en el tiempo siguen apareciéndose como fantasmas que trastocan la razón. Son gruesas mentiras que acompañan una corte de beneficiarios, llenos de joyas y faltos de dignidad. Su vulgar espectáculo mediático es una agresión para con un pueblo al cual asaltaron, se aprovecharon de su nobleza para esquilmarlo de manera impúdica.

Es hora de recibir la enorme noticia de la salida de este gobierno. Mayor regalo que este nadie lo recibirá. Es un obsequio compartido por millones de ciudadanos ansiosos de libertad, una Venezuela democrática; es la mayor de las ansias de una sociedad atrapada en las garras de una dictadura.

La democracia venezolana en los escritos del historiador Manuel Caballero por David Ruiz Chataing – ProDaVinci – 26 de Noviembre 2019

Manuel Caballero nace en Caracas, el 5 de diciembre de 1931. Se crió, como lo dice con mucho orgullo, en la ciudad de Barquisimeto, estado Lara. Caballero se considera “guaro” y un ateo creyente en los milagros de la Divina Pastora. Murió el 12 de diciembre de 2010. Egresó de la Escuela de Historia de la UCV en 1966 y estudió en el Instituto de Estudios Políticos de París. Entre sus profesores se cuentan Maurice Duverger y Pierre George. A partir de 1979 estudia en la Universidad de Cambridge un doctorado en filosofía, bajo la tutoría de Leslie Bethell. Su tesis doctoral sobre la Internacional Comunista y la revolución latinoamericana fue el primer libro publicado por un venezolano en la imprenta de esa prestigiosa universidad. Fue profesor y director de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela; individuo de número de la Academia Nacional de la Historia (2005), Premio Nacional de Periodismo (1979) Premio Nacional de Historia (1994) y Premio Bienal de la Universidad Simón Bolívar al mérito Académico (2001). Miembro activísimo de la Fundación Rómulo Betancourt. También fue militante político: primero en Acción Democrática de 1948 hasta 1952, del Partido Comunista de Venezuela, entre 1953 y 1971, y luego del Movimiento al Socialismo, de 1971 hasta los años noventa.

Manuel Caballero defiende el estudio de lo contemporáneo. Considera a los venezolanos del siglo XX tan héroes como los soldados de la época emancipadora. Los conterráneos de tiempos recientes fundaron la paz, la democracia y la modernidad. Caballero se acoge a la recomendación del historiador inglés Lord Acton según la cual hay que estudiar problemas o temas y no períodos. Así, se dedicó entonces a estudiar los orígenes, desarrollo y colapso de la democracia representativa en Venezuela. ¿Por qué este tema? Porque se preocupó por la peligrosa posibilidad de que una dictadura totalitaria destruyera los logros alcanzados, justamente, por los venezolanos en el siglo XX, entre ellos la democracia. Para Caballero la democracia es más que división de poderes o mantenimiento de garantías ciudadanas, aunque sin duda también es eso. La democracia se manifiesta cuando un pueblo toma conciencia de que su acción civil, ejercida sin miedo, puede obligar a un régimen político a cambiar de rumbo. La democracia es voluntad social.

Para que se pudiera constituir la democracia se requerían ciertas bases como las que, en nuestro caso, proveyeron las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Los primeros gobiernos de la hegemonía andina condujeron al fin de las guerras civiles, a la paz y a la integración territorial. También a la centralización política y administrativa. Se edificaron las primeras instituciones modernas: el ejército, la cancillería y la hacienda pública. En Europa –sostiene Caballero– la nación construyó el Estado; en América Latina, y en especial en Venezuela, el Estado edificó la nación. En cierta forma, a partir del gomecismo comenzamos a ser realmente venezolanos. La explotación petrolera facilitó la superación de la precariedad y la pobreza, lo que permitiría, asimismo, el surgimiento de nuevos grupos sociales.  En este lapso se intensificó la migración campo-ciudad.

El nacimiento de la democracia en Venezuela se puede resumir en una cronología básica: la semana del estudiante de febrero de 1928, el 14 de febrero de 1936, el 18 de octubre de 1945 y el 23 de enero de 1958. La conocida como “Generación de 1928” formada esencialmente por estudiantes, reaccionó contra el absolutismo gomecista; el 14 de febrero de 1936 el pueblo se lanza a la calle en protesta contra las medidas decretadas por el gobierno lopecista y contra figuras gomeras incluidas en el alto gobierno. López Contreras se ve obligado a retirar de sus cargos a las personas rechazadas y a formular el “Programa de febrero” una línea de acción oficial liberalizadora y democratizante. El 18 de octubre de 1945 la alianza de una logia militar y de algunos altos dirigentes del partido Acción Democrática realiza un golpe de Estado contra el Presidente General Isaías Medina Angarita. Este golpe se convierte en “revolución” cuando se establece el sufragio universal directo y secreto. Se incorporan a la vida pública nacional las mujeres y los analfabetas. Se trata de una apertura a la participación política que cierra la etapa oligárquica del Estado venezolano. Con esto se completa la nación venezolana.

La democracia significa responsabilidad y participación de todos. Es revolucionario que quienes dan el golpe de Estado contra Medina se prohíben, mediante decreto, postularse a las elecciones que se darían próximamente; es revolucionario el gasto social en educación y en cultura. También, la lucha contra el peculado, mala costumbre caudillesca, castrense y dictatorial.

Sin embargo, a partir del 24 de noviembre de 1948 se retrocede a una nueva dictadura. Caballero se activa en la resistencia antidictatorial bajo las banderas de Acción Democrática, es detenido y obligado a exiliarse.

No obstante, la voluntad democrática del pueblo venezolano se demuestra cuando sabotea las elecciones de 1952 y el plebiscito de 1957: la de Pérez Jiménez es la dictadura más corta que había padecido Venezuela desde la muerte de Gómez. Una de las características del venezolano del siglo XX es que es democrático: a partir de 1958 se establece un régimen político que ha durado más que las hegemonías caudillescas o las dictaduras. Al fin se establece la democracia representativa, la cual muestra logros como la masificación educativa, la industrialización, la reforma agraria, etc. Entre sus cargas deficitarias destacan no romper el rentismo petrolero ni el populismo, ni lograr construir una economía completamente moderna, eficaz y competitiva.

Al agotarse el modelo económico inaugurado en 1958 volvió la pobreza. Dos fechas clave del colapso de la democracia representativa son el 18 de febrero de 1983, el famoso “Viernes negro”, donde se evidencia la crisis económica; y el 4 de febrero de 1992, cuando quedó claro que el apoyo de las fuerzas armadas al régimen democrático no era unánime, lo que puso además en evidencia el desgaste del bipartidismo como soporte del sistema político democrático. En todo caso la situación económica, social y política resulta el pretexto para lo que Caballero caracteriza como “voluntarismo militar”. Los jefes pretorianos pretenden someter a la sociedad a un modelo castrense de obediencia ciega y culto a un supuesto mesías hacedor de milagros.

Desde el momento del estallido militar, Caballero se dedica a denunciar el carácter autocrático y personalista del movimiento bolivariano del teniente coronel Hugo Chávez Frías. Ningún hombre del pasado o del presente es tan importante como para designar un movimiento histórico ni la acción social de un período. Por eso rechaza las denominaciones de “bolivariano” o “chavista”. Encuentra gran pobreza intelectual en las propuestas de los militares insurreccionados. Los golpistas pretenden montar, con un patriotismo de escuela primaria –aduce el historiador–, un Estado confesional sustentado en la santísima Trinidad de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. De este modo se pretende manipular, distorsionar la historia. Se rehace completamente el pasado para preparar el advenimiento del salvador. Así, se pretende mantener a la población en una suerte de infancia mental. Caballero acusa de fascista al chavismo y, con base en Umberto Eco, encuentra en el movimiento militar rasgos de mitificación de la tradición (en especial de la guerra de independencia y de Bolívar), odio a la modernidad, exaltación del irracionalismo, desprecio de la democracia representativa, apoyo en grupos de desclasados a los que se fanatiza con una jerga elemental. Rasgos todos estos presentes en los movimientos nazi y fascista.

Caballero contempla la democracia como un proceso constituyente: este no se reduce a un tema político y jurídico, sino que se inicia cuando se lanzan a discusión pública (14 de febrero de 1936) ideas que pasarán a constituir programas políticos: el proyecto nacional sintetizado en una Constitución, la de 1961, por ejemplo. Considera legítimas las constituyentes de 1947 y el proceso que condujo a la de 1961. Estas establecieron el poder civil, la democracia el sufragio universal. Rechaza la de 1999 porque se convocó exclusivamente para dar más poder al Ejecutivo.

La democracia como ruptura significa un cambio profundo para un país que sólo había conocido de jefes guerreros o rudos dictadores. O de libertades concedidas como en tiempos de López y Medina Angarita. Caballero caracteriza a la democracia venezolana como una revolución burguesa: nacionalización, destrucción del latifundio, industrialización, saneamiento, educación y libertades. Un esfuerzo político colectivo, acaso el más importante del siglo XX venezolano.

Referencias

Caballero, Manuel. Gómez, el tirano liberal. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1993.

Caballero, Manuel. La gestación de Hugo Chávez. Cuarenta años de luces y sombras de la democracia venezolana. Madrid: Catarata, 2000.

Peña Rojas, Vanessa. Manuel Caballero. Militante de la disidencia. Caracas: Los libros de El Nacional, 2007.

Las democracias deben identificar a Cuba y Venezuela como agresores por Carlos Sánchez Berzain – Panampost – 25 de Noviembre 2019

Los gobiernos democráticos han ignorado las capacidades e historial criminal de Cuba

El espacio dejado vacío por la inacción en la recuperación de la democracia en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia (que se está liberando sola), ha sido llenado por la agresión del castrochavismo.

Con la caída del dictador Evo Morales en Bolivia el castrochavismo se ha reducido a detentar el poder en Cuba, Venezuela y Nicaragua, mas la subordinación de México y de los Fernández/Kirchner de Argentina. Ejecutan su ofensiva contra la democracia en toda la región, utilizando conspiración y violencia y una extensa red de propaganda internacional. Los países víctimas tratan la agresión como un tema de política interna lo que da más ventaja a Cuba y Venezuela que deben ser identificados por las democracias como los agresores.

En el siglo XXI hay DOS AMÉRICAS, la democrática y la dictatorial. El eje de confrontación es entre DEMOCRACIA y DICTADURA. La América dictatorial liderada por Cuba e integrada por Venezuela y Nicaragua está en crisis, en quiebra, en evidencia de ser narcoestados, con el permanente y creciente riesgo de perder el poder por la heroica resistencia interna de sus ciudadanos como acaba de suceder en Bolivia. Los crímenes de las dictaduras son señalados internacionalmente y soportan un creciente conjunto de medidas ejercidas fundamentalmente por Estados Unidos, Canadá y en menor grado por la Unión Europea.

Para sobrevivir, el castrochavismo que es la América dictatorial, desarrolla una estrategia que consiste cuanto menos en: 1.- aumentar la represión interna en Cuba, Venezuela y Nicaragua mostrando su condición de regímenes de facto, sostenidos solo por la fuerza; 2.- incrementar sus acusaciones y ataques a los tan imprescindibles —como falsos— enemigos externos que identifica como “el imperialismo” y “la derecha”; 3.- articular alianzas con quienes considera enemigos comunes del imperialismo y la derecha; 4.- desatar una ofensiva regional violenta para desestabilizar y derrocar gobiernos democráticos, repitiendo la metodología aplicada desde los sesenta hasta la desaparición de la Unión Soviética.

En esta realidad objetiva, llama la atención la posición de los gobiernos democráticos atacados por el castrochavismo, que han entrado en esta fase de agredidos y víctimas luego de un largo periodo de inercia e inacción, ausente de iniciativas efectivas respecto a la situación de la usurpación en Venezuela y el intervencionismo de Cuba. Han sido la falta de decisiones concretas en cuanto a las dictaduras de Cuba y Venezuela, de parte de los miembros de la Organización de Estados Americanos, del Grupo de Lima y recientemente del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca lo que ha permitido la agresión desestabilizadora que se vive hoy, que los voceros del crimen organizado llaman “brisa bolivariana”, confesando crímenes premeditados que las democracias siguen resistiendo señalar.

Los gobiernos democráticos han ignorado las capacidades e historial criminal de Cuba. Con Venezuela, mas allá de reconocer al Presidente Encargado, no han hecho mucho para ayudar a que Guaidó ejerza efectivamente esa Presidencia, mediatizada por un sistema de asamblea tejido por los partidos políticos con el tristemente celebre “estatuto para la transición” aprobado para evitar que Guaidó se convierta en un formidable líder para las elecciones en democracia. No han tomado medidas diplomáticas, comerciales o de seguridad respecto al régimen usurpador de Venezuela y menos a su titiritero el régimen de Cuba, lo que equivale a ignorar medidas preventivas para evitar el ataque que ahora se produce contra su propia estabilidad social y política.

El espacio dejado vacío por la inacción en la recuperación de la democracia en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia (que se está liberando sola), ha sido llenado por la agresión del castrochavismo en una acción inversa que vemos en operación contra Ecuador, Chile, Colombia, la Bolivia de la transición a la democracia y más. Los gobiernos agredidos han reaccionado expulsando operadores cubanos y venezolanos y en el caso de Ecuador y Bolivia suspendiendo relaciones con Venezuela y cortando algunos programas con Cuba que permitían la infiltración, pero siguen permitiendo la amenaza y la conspiración bajo cobertura diplomática.

Los gobiernos democráticos de América Latina parecen dominados por la propaganda de “solidaridad con Cuba”, controlados por la falacia de la “revolución cubana”, o paralizados por la “diplomacia de la amenaza”. Es claro que el agresor en jefe es Cuba con su principal operador la usurpación de Venezuela, manipulando narcotráfico, las FARC y grupos delictivos. Es tiempo que identifiquen a Cuba y Venezuela como agresores.

Carlos Sánchez Berzain es abogado experto en derecho constitucional, master en ciencia política y en sociología, politólogo. Miembro fundador del Ateneo Jurídico Boliviano y director del Interamerican Institute for Democracy. También se desempeñó como ministro de Estado (1993-94 y 2002-03), ministro de Gobierno (1994-96 y 1997) y ministro de Defensa (2003) de Bolivia.

El fantasma del chavismo por Francisco Olivares – El Universal – 23 de Noviembre 2019

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo…

Una periodista venezolana que vive en Chile, Vanesa Arenas, a quien sigo, escribe en su cuenta de Twitter @VenessaVenezia: “El del Uber es venezolano. Me dice: ¿tú crees que con todos estos rollos en Chile valga la pena seguir haciendo el sacrificio de ser inmigrante? ¿Te devuelves? le pregunto. Sí. Ya compré los pasajes. Estoy cansado de fingir que puedo ser feliz lejos de donde estoy. Me mató”.

Otro venezolano que se vio obligado a salir de Venezuela y se refugió en Chile, el psicólogo Alberto Barradas @Psicovivir, hace igualmente una reflexión sobre su situación como inmigrante: “En fin, yo el año que viene decidiré si sigo en Chile o no. Eso no es lo importante. Lo importante es que he podido ser testigo cómo Latinoamérica le falta el gen del progreso. Puedo decir que viví en una generación que se destruyó así misma. Hemos sido testigos”.

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo, inversiones, investigación o tecnología. El vandalismo apareció al final de la tarde con saqueos y destrucción de bienes públicos como el caso de las estaciones del Transmilenio vandalizadas, 33 vehículos afectados; todos de servicio público, en Bogotá; así como en Cali, Santa Marta, Cartagena, Manizales, Tunja, Pasto, Medellín, Popayán, entre otras ciudades, que también sufrieron acciones delincuenciales durante la jornada de protesta. No faltaron 9 venezolanos involucrados en el vandalismo.

Reaparecen figuras como el ex guerrillero Timochenko, eso sí, protegido con guardaespaldas, y con una larga lista de asesinatos y narcotráfico tras de sí, hablando de paz y de la futura Colombia. Como en otros países como Chile y Bolivia, reaparece también el fantasma de una Constituyente para refundar el país.

Millones de venezolanos atravesaron sus fronteras caminando, huyendo del “mar de la felicidad”, buscaron los países con las democracias más estables y progreso económico como Chile, Perú, Colombia, Argentina y Ecuador.

Un punto en común y sorprendente, en la experiencia de los migrantes es que, en esos países, especialmente las generaciones jóvenes, no comprendían las razones que llevaban a los venezolanos a abandonar su país. La propaganda de la protección a los “más vulnerables”, la “igualdad”, la “dignificación” del indígena, frente al monstruo liberal, seguía arraigado en las universidades, en los sindicatos, en los círculos intelectuales.

A sus líderes como los Kirchner, Lula Da Silva, Rafael Correa, Daniel Ortega, las FARC, Ollanta Humala, Evo Morales, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sus bases de apoyo y seguidores les permitieron el desfalco de los dineros públicos, los negocios sin control, el enriquecimiento personal y de su entorno; y en el caso de los jefes de las FARC, manejar el gran negocio del narcotráfico y la extorsión. Todos han tenido en común la necesidad de mantenerse en el poder a como dé lugar y desterrar la alternabilidad de gobiernos mediante elecciones libres.

En Bolivia no cesan de intentar el regreso al poder, en Chile buscan la destrucción de la democracia, en Colombia ya comenzó. Tarde o temprano los factores de las FARC terminarán gobernando al vecino país en complicidad con las mafias organizadas; mientras en Venezuela ya no hay nada más que destruir. La experiencia socialista con 20 años en el poder, ha llevado al derrumbe económico al país de mayor progreso educativo y perspectivas de desarrollo del continente sur.

De la experiencia venezolana, Latinoamérica parece no querer aprender. Pero no todas son malas noticias. Tarde o temprano Venezuela producirá un cambio de nuevo hacia la democracia libre. Una nueva generación dirigirá el país, con gente que habrá asimilado la experiencia “socialista” militarista o autocrática, que los historiadores y politólogos habrán de describir como un modelo fallido y autodestructivo. La amarga historia venezolana permanecerá en varias generaciones, en un proceso parecido al que vivió la Europa Oriental bajo el comunismo, o la Alemania atrapada en el “Muro de Berlín”.

El mapa de las democracias y dictaduras del mundo por M. Trillo – ABC – 19 de Noviembre 2019

Más de la mitad de los países del mundo viven actualmente en democracia, si bien la calidad democrática se está resintiendo

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El mundo es más democrático que nunca. El mapa de la democraciaen el mundo, de acuerdo con un informe del Instituto de Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) muestra que más de la mitad de los países del mundo son actualmente democráticos.

En concreto, más de la mitad de los países del planeta analizados (97) están en esa categoría, frente tan solo el 26% en 1975, y también más de la mitad de la población mundial, el 57% (más de 4.000 millones de personas), viven bajo alguna forma de democracia, comparado con el 36% de 1975.

Por el contrario, el porcentaje de los regímenes no democráticos se ha reducido a más de la mitad desde ese año de referncia, pasando del 68% a únicamente el 20% en 2018.

El mapa está incluido en el informe «El estado global de la democracia 2019», del Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA), que lleva por subtitúlo «Afrontando los males, reanimando la promesa» y que alerta del deterioro en la calidad democrática y el auge del populismo en el mundo. El estudio está realizado con una serie de índices que miden el comportamiento democrático en 158 países desde 1975 hasta hoy y busca seguir el avance de los objetivos de desarrollo sostenible.

La mayoría de las democracias actuales (el 72%) se establecieron después de 1975, como parte de la llamada tercera ola de democratización, explica el documento. De estos, más de las tres cuartas partes hicieron su transición a la democracia antes del año 2000, mientras que menos de un cuarto de ellos lo hicieron ya en el siglo XXI. El restante 28% de las democracias actuales en el mundo, fundadas antes de 1975, han experimetnado una democracia ininterrumpida desde 1975, salvo en el caso de Sri Lanka.

Las democracias se encuentran en todas las regiones del mundo. En Norteamérica y Europa se da en el 100% y el 93% de los casos, respectivamente. En el continente europeo se encuentra la mayor concentración de democracias del globo (39 países, que equivalen al 40% del total). Les siguen América Latina y el Caribe, con el 86%.

La democracia se da bajo diferentes formas. IDEA distingue 23 patrones diferentes de comportamiento democrático. Sin embargo, solo una pequeña parte de las democracias, el 22%, sacan una nota alta en todos los atributos democráticos.

 

Venezuela 2030 por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 18 de Noviembre 2019

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El título de esta columna identifica el encuentro que sostuvimos con los estudiantes de SciencesPo, en París, auspiciado por Plan País, el originario, nacido en Estados Unidos hace una década. Les manifiesto que los venezolanos hicimos entrada al siglo XIX en 1830 y al siglo XX, pasadas sus primeras 3 décadas. Y que en 1989, casualmente, se cierra el ciclo de nuestra república democrática formal inaugurada 30 años antes, en 1959; construida en los 30 años previos, a partir de 1928, por su generación universitaria.

En 1989, mientras cae el Muro de Berlín, todos celebramos la muerte de las ideologías y la victoria del capitalismo liberal. No nos ocupamos, empero, de los síntomas más gravosos y desafiantes que acompañan a dicha caída. Emerge entre nosotros la logia bolivariana, que fractura nuestra identidad histórica alrededor de los cuarteles y después en los partidos. Y en Alemania, distante de La Habana, toma cuerpo, paralelamente, otra logia, la de los verdes ecologistas, feministas, defensores de las minorías sexuales, que renuncian a la corbata y acuden al Parlamento con pantalones vaqueros y zapatos deportivos.

Mientras en Venezuela ocurre el Caracazo y la violencia se traga a un millar de compatriotas, en la Plaza de Tiananmén es masacrado otro millar. Y ambas manifestaciones se hacen de narrativas unitarias: Aquella, la de la lucha contra la corrupción; esta, por las libertades.

Pues bien, 30 años después, en 2019, el fundamentalismo de las localidades humanas sobrevenidas se hace violencia en Hong Kong, en Barcelona, en Santiago de Chile, en Ecuador, pero es colcha de retazos, unida solo por la indignación, por cualquier cosa.

¿A qué viene todo esto?

En 1989, agotada la república civil, Carlos Andrés Pérez entiende que, dada la gran ruptura en marcha, ha lugar el Gran Viraje. Rafael Caldera se empeña en pegar el rompecabezas social. Y Hugo Chávez opta, como solución, por devolvernos hasta el génesis republicano. Todos entienden, no obstante, que algo ha pasado y rompe los cánones.

Pasados 30 años, los venezolanos aún no reparamos sobre esta compleja cuestión de fondo. Sus consecuencias se las atribuimos a la antipolítica, a una malhadada conjura de las izquierdas, que las hay, o a un fallo de las políticas.

Hasta el cierre de este ciclo treintañero, en 2019, lo cierto es que Venezuela ha sido objeto de todas las terapéuticas posibles. Ninguna logra repararla.

Se apuesta a la resurrección del cesarismo, en 1999. En 2002 se apela a la Fuerza Armada. En 2004 se acude a las urnas referendarias. Diez años más tarde se ejercita la Salida, con sus consecuencias de muertos y encarcelados. Antes, en 2005, después, en 2018, se renuncia al voto. Apelamos a la comunidad internacional, a Carter, a Gaviria, a Zapatero, a Samper y nada. El desafío de los escuderos de calle es legendario, superior al boliviano.

Se copian los modelos de concertación a la chilena –con la Coordinadora Democrática, la Mesa de la Unidad, el Frente Amplio– y se regresa a las urnas. Gana la mayoría parlamentaria en 2015 la oposición, y ahora busca convencerse, en otra jornada electoral, de que sí es mayoría. Se copia, para unir partes, el mantra “cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. Es la estrategia textual que la OEA le fija a Nicaragua en 1979, hace 40 años.

Hoy, eso sí, somos “virtualidad”, en Miraflores y en la Asamblea. Y he aquí la clave, la que desvela el asunto que pasamos por alto en 1989, a saber, el ingreso del mundo a la Era de la Inteligencia Artificial, destructora de espacios y geografías políticas. A la ciudadanía fronteriza la sustituye la ciudadanía de redes, el valor del tiempo y su vértigo, la imaginación o realidad virtual, la de las verdades relativas.

A la democracia formal se le sobrepone la de usa y tire, la de descarte. A la sociedad de la confianza le sobreviene la de la desconfianza total. A la sociedad de masas con cultura que armoniza se le cambia por la individualización colectiva de los ánimos, que hace de las intimidades y el enojo un hecho público, mientras se rechazan las ideas abstractas de bien común o interés general.

Quienes con empeño y sacrificio trabajan para aliviarnos de penalidades, desde adentro y desde afuera, o se miran en el Homo sapiens y viven atados a la racionalidad normativa de la política y la democracia, o prefieren comportarse como el Homo videns sartoriano: hijos de la televisión, atrapados por el impacto de las imágenes, y apenas mascullan.

Esta vez domina el Homo Twitter cansiniano, que combina a los dos mundos anteriores con 140 caracteres y el Instagram. Sufre de narcisismo digital, de entropía, y construye realidades a cuotas a partir de sus sensaciones, de sus emociones inmediatas. Esa es su naturaleza. Vino para quedarse, enfrentado a los poderes declinantes.

En este un cosmos inédito donde se brega con neologismos: posdemocracia, posverdad, posliberalismo, pospolitica, posmodernidad. El contacto es instantáneo con las audiencias y segmentado, sin partidos ni Parlamentos. Se hace la guerra, pero con narrativas apropiadas a la Era de la Inteligencia Artificial, sin ejércitos ni tribunales ideológicos.

Lo revelador, a todas estas, es que el socialismo del siglo XXI, perspicaz, al ponderar su experiencia de 30 años, en 2019 cambia de vestido y se hace progresista, para seguir simulando. Entretanto, los demás miramos al retrovisor de la democracia formal, y aquel se hace de una Tecnología de Eliminación, un TEC a la manera del sistema Uber o el de Amazon. No le interesa competir, como a estos no les interesa hacerlo con taxistas o retails, sino acabarlos.

La enseñanza no se hace esperar.

Perderemos el tren de la historia si no somos capaces de crear una Tecnología de la Libertad (TDL), y un soporte teórico que la apoye con narrativas distintas, más propias del siglo en avance. Se trata de instituir, antes que maquillar instituciones o políticas públicas. Chile anuncia ser el próximo laboratorio constitucional, luego de la tragedia venezolana.

La traición de la confianza por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 11 de Noviembre 2019

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Hasta el siglo XX, desde mucho antes de que se produjese el gran quiebre de la historia en 1989, cuando se derrumba la Cortina de Hierro y emerge con fuerza inusitada la inteligencia artificial, los Estados territoriales –ahora piezas de museo– si eran democráticos se organizaban sobre la base de la división del poder, del ejercicio de contrapesos entre sus distintas manifestaciones: la legislativa, la judicial, la administrativa o de gobierno. La elección de sus titulares, por ende, si bien implicaba el otorgamiento de un voto de confianza, se dispensa a beneficio de inventario, no es total. En las cabezas de la política y de la ciudad se confía, por ende, pero no tanto como para dejar de vigilarlas.

La democracia, siendo sustancialmente representativa, expresa así un modelo o sistema de desconfianza constante. Para mantenerla, dentro de límites razonables y a fin de asegurar la gobernabilidad, se predica la participación en las tareas de control, sea por los propios ciudadanos; sea, en nombre de estos, por los demás poderes del Estado distintos del controlado.

El espacio público, en suma, es una casa de cristal cuyo interior lo observan todos, las 24 horas del día.

¿A qué viene todo esto?

Más allá de las conjuras –que las hay y toman cuerpo desde el Foro de São Paulo y la sede de su casa matriz, La Habana– la violencia popular destructiva y sin destino que se aprecia en la región, no solo en la América hispano-lusa sino igualmente en el Occidente, cuyas raíces culturales y cristianas están siendo vapuleadas por la onda de relativismo y amoralidad que ahora se expande como pólvora encendida, refleja desconfianza, un estado de incredulidad suma por parte de la gente hacia el poder político. Lo hace precario.

No se trata, como lo afirman los reduccionistas, de un quehacer irresponsable por la supuestamente antipolítica sociedad civil, pues, así como nuestras sociedades se están parcelando y pierden sus texturas, la idea de la política, en lo adelante incluye al mundo de la intimidad, el de los enojos personales, ahora transformados en cuestión pública. Esto es así, así resulte absurdo. Cabe entenderlo, si el propósito es reconducir ese fenómeno con sabiduría y espíritu abierto, en procura de renovar el sentido de la política, afirmado en raíces y el servicio a la verdad.

La cuestión es que quienes, asumiéndose como líderes y además considerándose con derecho de usufructuar, a su arbitrio, el Internet y las redes “sociales” para su oficio y la práctica cotidiana del narcisismo digital, parecen no digerir las reglas de este cosmos. Luego se rasgan las vestiduras cuando al quedar al descubierto sus abusos de confianza o su falta de pudor ante la orfandad existencial de los internautas, estos se vuelven en su contra.

César Cansino, lucido teórico del tema de la posverdad –que deja de lado los hechos objetivos al momento de incidirse sobre la opinión pública, apelando más a las creencias y sentimientos personales– destaca, entre otros, dos efectos de este inédito panorama que presenciamos: Uno, el paso de las sociedad de masas –con una cultura unitaria, atada a visiones compartidas– a la individualización de la sociedad, que hace reparo difuso y diversificado contra todas las versiones oficiales de quienes se consideran detentadores del poder. El otro, el tránsito desde una sociedad de confianza hasta otra de desconfianza.

Si bien en la confianza, incluso relativa, ayer radicó la unidad social bajo un orden político dado y compartido; ahora, mediante la inevitable práctica de la ciudadanía digital y mientras logra educarse ella para atajar las irrealidades que se construyan como verdades, por lo pronto rige una “sociedad de distanciamientos”, de seres aislados, prevenidos. Unidos todos, eso sí, al momento de expresar sus indignaciones y drenar sus desconfianzas, no solo entre ellos mismos sino fundamentalmente contra quienes no reparan en los ánimos predominantes en las redes y los desafían con desparpajo.

Cabe, pues, separar la paja del trigo. El problema no radica tanto en la práctica del periodismo digital que trabaja en línea inversa, por lo explicado, al periodismo profesional. Cada internauta parte de su estado de ánimo o aspiración y va en búsqueda solo de aquel pedazo de la realidad que le serena y le valida su convicción personal; así no muestre toda la realidad, pues no le importa. La cuestión es que quienes usan las redes para las fake news y a tal propósito disponen de bots para hacerlas correr con destino a centenares de miles de internautas, creando hechos falsos para estimular la crispación o para dividir y sembrar mayor desconfianza entre la gente, son esencialmente los actores políticos; quienes se han corrompido al medrar en las aguas cenagosas de la mendacidad, tanto a la derecha como a la izquierda, y los grupos que los financian, para beneficiarse, unos y otros, del caos constitucional de transición.

Cabe ser conscientes de que, si al Homo Videns de Sartori se le podía acusar de estúpido y pasivo, el Homo Twitter de Cansino racionaliza el discurso con aguda inteligencia. Es capaz de crear metáforas de la realidad con apenas 140 caracteres, y de atarlas a lo que ve, evitando que las imágenes hablen por sí solas o confundan.

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