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Declaración de Miami – IDEA – 23 de Octubre 2018

DECLARACIÓN DE MIAMI

Los ex jefes de Estado y de Gobierno presentes en el III Diálogo Presidencial (¿El crimen organizado secuestra las democracias en América Latina?), organizado por Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA) en el marco de la Cátedra sobre Democracia, Estado de Derecho y Derechos Humanos del Miami Dade College, declaran lo siguiente:

  1. a) Los valores éticos de la democracia y sus estándares normativos, tal y como constan en la Declaración de Santiago de Chile adoptada por la OEA en 1959, en la Carta Democrática Interamericana adoptada en 2001, en el Tratado de la Unión Europea de 1992 y la Resolución del Parlamento Europeo sobre el Mecanismo de la Unión para la Democracia, el Estado de Derechos y los derechos fundamentales adoptada en 2016 hacen parte del patrimonio moral e intelectual de España y las Américas.
  1. b) Más allá de las especificidades culturales e históricas, se es conteste en cuanto a que la democracia tiene características básicas universalmente reconocidas, incluye -además de elecciones libres y periódicas con reglas de juego equitativas- entre otras el respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho: las libertades políticas con énfasis en las de asociación, manifestación y libre expresión, en especial la separación e independencia de los poderes públicos, el respeto a la asignación de competencias, el debido proceso, el respeto a la propiedad y a los derechos de crear, contratar e intercambiar, entre otros.
  1. c) La democracia enfrenta hoy desafíos y está amenazada, a la vez, en su existencia. Por una parte, media el justo reclamo de las mayorías por calidad en la experiencia de la democracia y un comportamiento ético en quienes participan de los espacios democráticos. Por otra parte, algunos gobernantes y líderes políticos instrumentalizan y manipulan los elementos esenciales y componentes fundamentales de la democracia, para vaciarla de todo contenido. Varias experiencias constituyentes, durante las recientes décadas, así lo revelan y han tenido como único propósito impedir, bajo argumentos ideológicos, al pluralismo democrático y al principio de alternabilidad en el ejercicio del poder.
  1. d) Dentro de un contexto de olas electorales y multiplicación de “nuevos” derechos humanos, en España y las Américas las fortalezas de la democracia han sufrido deterioro en varias naciones. Se han dejado de resaltar adecuadamente las ventajas y los elementos constitutivos de las instituciones y de la cultura democrática. En
  1. muchos países ha disminuido el apoyo popular y el prestigio de la democracia y crece el desencanto con los políticos y actores estatales en la misma medida en que se hace generalizado el morbo de la corrupción y se atribuyen hechos criminales graves a altos funcionarios de los Estados.
  1. e) En su manifestación extrema este deterioro de la vigencia de verdaderas instituciones y cultura democráticas ha dado lugar, en algunos países, a un estado fallido secuestrado por el crimen organizado

EN CONSECUENCIA:

(1) Expresan su condena a los Estados criminales establecidos en Cuba, Venezuela y Nicaragua, que siembran de terror y miseria a sus pueblos, persiguen, torturan y hasta asesinan a sus disidentes como políticas de Estado, conculcan las libertades, y diseminan sus nocivos efectos hacia otros países de la región afectándoles en su gobernabilidad y estabilidad social.

(2) Invitan a los partidos políticos y a sus organizaciones internacionales que sostienen los elementos y componentes de la democracia, tal y como los predican los estatutos americanos y europeos mencionados, a profundizar en la promoción y defensa de esos valores y esas instituciones y a intercambiar experiencias y concertar a fin de salvaguardar los principios fundantes e irrenunciables de democracia y de la cultura democrática, que son patrimonio de la civilización occidental y cristiana.

Miami Dade College, Wolfson Campus, octubre 23, 2018

Oscar Arias, Costa Rica

José María Aznar, España

Nicolás Ardito Barletta, Panamá

Belisario Betancur, Colombia

Enrique Bolaños, Nicaragua

Rafael Ángel Calderón, Costa Rica

Laura Chinchilla, Costa Rica

Alfredo Cristiani, El Salvador

Fernando de la Rúa, Argentina

Vicente Fox, México

Eduardo Frei, Chile

César Gaviria Trujillo, Colombia

Osvaldo Hurtado, Ecuador

Luis Alberto La Calle, Uruguay

Jamil Mahuad, Ecuador

Mireya Moscoso, Panamá

Andrés Pastrana A., Colombia

Jorge Tuto Quiroga, Bolivia

Miguel Ángel Rodríguez, Costa Rica

Álvaro Uribe V., Colombia

Juan Carlos Wasmosy M., Paraguay

Es auténtico:

Asdrúbal Aguiar

Secretario General de IDEA

http://www.idea-democratica.org

​Puerto Rico será un centro logístico para facilitar la transición política de Venezuela

Líderes internacionales se reunirán en Puerto Rico para preparar la transición política de Venezuela hacia una democracia plena

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Puerto Rico será un centro logístico de recepción de ayuda humanitaria y en el que se reunirán líderes internacionales para preparar la transición política de Venezuela hacia una democracia plena, según anunció hoy el gobernador de la isla caribeña, Ricardo Rosselló, en conferencia de prensa.

Rosselló, acompañado por el opositor venezolano y exalcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, dio a conocer que el primer paso hacia ese objetivo se da con la creación de la Comisión de Reconstrucción de Venezuela, que celebrará una primera reunión los próximos días 20 y 21 en la capital puertorriqueña.

La alianza entre el Gobierno de Puerto Rico y la oposición venezolana que aglutina Ledezma quedó establecido con la firma hoy de un acuerdo entre las partes que compromete al Ejecutivo liderado por Rosselló a convertirse en un estandarte para la transición política en Venezuela.

“Puerto Rico será un colector de ayuda y soporte para Venezuela”, dijo Rosselló, tras afirmar que tiene que darse una intervención humanitaria y que la isla caribeña, por su cercanía geográfica al país sudamericano, es el territorio mejor situado para encabezar esa iniciativa.

Rosselló aseguró que Puerto Rico no se podía quedar sin hacer nada ante la catástrofe humanitaria que sufre el país sudamericano y destacó que por ello será “la sede para trabajar en la transición” política de Venezuela”.

El gobernador no dio detalles exactos sobre quiénes son las personas claves que llegarán a Puerto Rico para preparar la transición de Venezuela, pero subrayó que tiene que haber una intervención humanitaria inmediata.

Rosselló aclaró que la iniciativa fue comunicada a las autoridades estadounidenses, ya que Puerto Rico es un territorio estadounidense que se define como un Estado Libre Asociado a EEUU cuyo ámbito de relaciones diplomáticas queda en manos de Washington.

“Puerto Rico apoyará la transición para que haya una mejor Venezuela”, sostuvo el líder del Ejecutivo puertorriqueño.

Ledezma por su parte destacó que la situación en Venezuela es trágica, ya que el Gobierno de Nicolás Maduro, resaltó, ha provocado que actualmente el 92 % de la población de su país viva bajo el umbral de la pobreza y que ese territorio sudamericano sufra la inflación más alta del mundo.

El opositor aseguró que Venezuela “es un país en crisis que no soporta más la ‘narcotirania'”, además de denunciar que miembros del Gobierno de su país tienen además lazos con la droga y el terrorismo internacional.

Ledezma explicó que el papel que puede jugar Puerto Rico es fundamental, ya que una vez que caiga el Gobierno de Nicolás Maduro se convertirá, tras el acuerdo firmado con el Ejecutivo de Rosselló, en un centro logístico para el almacenamiento de alimentos, convirtiéndose en un puente aéreo dados los solo cerca de 1.000 kilómetros que separan a ambos territorios.

Dijo que la situación no será fácil, dado que el Gobierno de Maduro está apoyado en Venezuela por la presencia de miles de militares cubanos que trabajan para prolongar la actual situación.

El opositor subrayó que la situación geográfica de Puerto Rico respecto a Venezuela convierte a la isla en el lugar ideal para establecer un centro logístico internacional que aglutine toda la ayuda humanitaria para el país sudamericano una vez acabe que Maduro abandone el poder.

Ledezma fue muy crítico con la situación económica de su país y aseguró que una vez que se produzca la transición no se reconocerán deudas contraídas por Venezuela en operaciones financieras opacas.

Rosselló concluyó diciendo que se ha comprometido con Venezuela por su compromiso con que la democracia exista en todos los rincones de la región, valores que como sostuvo “son amenazados todos los días en ese país”.

El secretario de Estado de Puerto Rico, Luis Rivera Marín, aseguró que la iniciativa de convertir a la isla en un centro para avanzar hacia la transición política de Venezuela y logístico de ayuda humanitaria se ha comunicado al embajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo.

Intervención a la vista por Eugenio Montoro – Diario Contraste – 6 de Septiembre 2018

Unknown

Recientemente el influyente senador gringo Marco Rubio comentó en una entrevista que le hubiese gustado que el problema de Venezuela se hubiese solucionado mediante métodos democráticos pero que las circunstancias cambiaron y que Venezuela se ha convertido en una amenaza. La declaración fue interpretada por muchos como una advertencia de intervención.

Ciertamente compartimos las ideas come flor que “los problemas de los venezolanos, los debemos arreglar los venezolanos”, pero lo cierto es que absolutamente todos los caminos para arreglar este follón han sido utilizados y dinamitados por los rojos.

Adicionalmente, los pillos han permitido la intromisión extranjera y masiva de parte de Cuba, convirtiéndolos en una especie de comején metido en nuestras estructuras administrativas y militares y ejecutando los mismos controles ciudadanos de la isla. Si las cosas siguieran como van, Venezuela vendría a ser solo una ficha del foro de Sao Paulo.

No hay duda que se trata de un combate entre los comunistas y los que nos oponemos a esta doctrina que ya nadie en su sano juicio comparte. La pregunta ética es si aceptar una intervención militar externa es o no es lo correcto. Para los rojos sería una invasión, una traición a la patria y algo inaceptable, aunque ellos ya lo hicieron con los cubanos. Pero olvidémonos por un momento de todo lo acontecido y empeñémonos en el razonamiento moral sin adjetivos.

El caso venezolano consiste en un régimen que utiliza la fuerza militar, la de organismos de seguridad y la de organismos no legalmente constituidos como la fiscalía, la ANC, el TSJ y el CNE para controlar a la sociedad. Cualquier iniciativa civilizada de elecciones, negociaciones, protestas masivas reclamando una oportunidad para que los ciudadanos decidan su destino, es vilmente destruida. ¿Es ético en estas circunstancias que los ciudadanos pidan ayuda a otros Países? La respuesta es un rotundo sí, ahora bien, ¿Cuándo la intervención militar sería justificable? La respuesta es difícil pues si bien, en casos como este, es ético pedir ayuda, la intervención militar podría implicar violencia y la posibilidad de heridos y muertos en combate.

¿Qué diría el colectivo venezolano, sobre una intervención? Algunas encuestas se muestran muy a favor, quizás simplemente como el aliviadero a la crisis económica y no como resultado del razonamiento ético sereno.

La respuesta está en cuanto estamos dispuestos a sacrificar por nuestra libertad. Y no hay otra pregunta. Hoy Venezuela está bajo un dominio extranjero y de los peores. De los que gustan mantenerse en el poder para siempre, de los que destruyen la democracia, la de los que apuestan a una sociedad de masas, sumisa dominada y ruinosa.

Si queremos vivir en libertad hay que luchar por ella. Bolívar nos enseñó el camino. No evaluó mucho los grandes costos y sacrificios que significaría su proyecto. Bolívar pidió ayuda militar al imperio de su época, Inglaterra, y hay pocas dudas de que su participación con hombres y dotación de armas y pertrechos, impulsó el desenlace a favor de los patriotas.

Hay que repetir la solicitud de apoyo extranjero que hizo Bolívar para volver a nuestra libertad y si eso significa el sacrificio que representa una intervención militar externa debemos asumirlo. Este problema de dominación castro comunista a Venezuela debe y tiene que resolverse. La patria lo está clamando a gritos.

 

 

 

Eugenio Montoro

montoroe@yahoo.es

Breve reflexión sobre la crisis venezolana por Héctor Silva Michelena – Blog Polis – 29 de Agosto 2018

Hagamos una breve reflexión sobre la crisis societaria actual que padece Venezuela; extraigo algunas ideas del libro titulado  How Democracies Die  (Cómo mueren las democracias) que describe los caminos institucionales a través de los cuales las democracias pueden colapsar.

Sostiene uno de sus autores, Steven Levitsky, profesor en Harvard, que las democracias no solo colapsan al ruido de golpes militares. De hecho, lo común hoy en día es que el colapso de las democracias sea resultado de un proceso gradual, a veces silencioso en el cual las propias instituciones de la democracia son empleadas para desmantelarlas y así imponer un régimen dictatorial. Las democracia mueren, entonces, en manos de las propias instituciones llamadas a protegerlas, sobre todo cuando permiten la elección de un líder populista que, una vez en el poder subvierte los controles de la democracia liberal e incluso la participativa y protagónica para imponer un régimen autocrático.

Destaco tres lecciones que se desprenden de la crisis venezolana. La primera, y más importante de todas, es que la consolidación democrática no es una situación inmodificable. En realidad, ninguna democracia puede darse por sentada. Venezuela tenía una democracia real que colapsó; la segunda lección es que las crisis económicas sostenidas pueden derivar en grave crisis de la democracia. La Venezuela de hoy es un ejemplo paradigmático de esta lección, por eso Levitsky deja caer esta sentencia lapidaria: la democracia en Venezuela está muerta. La tercera y última lección es que es importante tomar en cuenta cómo los mecanismos instrumentados para consolidar la democracia pueden ser un arma de doble filo. Así, el pacto de Punto Fijo, duramente cuestionado por el chavismo, fue un instrumento indispensable para consolidar la democracia, y así produjo importantes beneficios. Pero a la vez, este pacto actuó como un arma de doble filo pues en el largo plazo el pacto derivó en severas limitaciones del ejercicio realmente democrático, la participación popular, la equidad y la justicia. La partidocracia se había impuesto sobre la democracia de partidos. El Pacto de Punto Fijo se había agotado.

Tras la muerte de Chávez subió al poder Nicolás Maduro, quien desde sus inicios mostró incapacidad para ejercer un buen gobierno como lo muestra bien la carta de renuncia del entonces poderoso ministro Jorge Giordani, titulada “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, de fecha 18/06/2014. (https://www.aporrea.org/ideologia/a190011.html). Los puntos centrales que esgrime Giordani son: que Maduro no continúa los procesos de desarrollo político y social diseñados por Chávez, que no tiene capacidad administrativa ni es un hombre de Estado, que carece de liderazgo político y que ha permitido una gran corrupción a través de Cadivi.

Yo me quedo perplejo al ver cómo una crisis económica tan profunda, que ha reducido en casi 40% el ingreso per cápita de los venezolanos en 5 años, no haya significado un cambio político. Ciertamente la oposición que había acertado en las elecciones parlamentarias del 2015, no percibió que tanto Diosdado Cabello, entonces presidente de la Asamblea Nacional, como Nicolás Maduro podían actuar descaradamente. En efecto Cabello, en una sesión de la AN celebrada el 23 de diciembre de 2015 nombró ilegítimamente un Tribunal Supremo de Justicia completamente oficialista; ese tribunal, mediante sentencia cautelar, del 30 de diciembre de 2015, suspendió la investidura de los Diputados del Estado Amazonas, 4 en total, de los cuales 3 de la oposición, con lo cual le quitó la mayoría calificada de 112 votos.

Desde entonces la conducta abiertamente autoritaria de Maduro, destruyó la Asamblea Nacional, al quitarle sus atribuciones y transferirlas al TSJ rompiendo el Orden Constitucional, denunciado tardíamente por la Fiscal Luisa Ortega Díaz, cerró las vías democráticas lo que ha debido llevar su régimen al colapso. Más aún, convocó, contra lo pautado en la Constitución, en mayo de 2017, a una Asamblea Nacional Constituyente, con bases comiciales fascistas;  la Carta Magna es bien explícita: el presidente está facultado para iniciar el proceso, mas no para convocarlo, pues eso es atributo inalienable del pueblo, donde reside la soberanía. Debía hacerse un referéndum consultivo vinculante, como en 1999.

Pero eso no sucedió, por eso es para mí una sorpresa que Maduro subsista tanto tiempo en medio de una severa crisis humanitaria y sin apoyo político. Creo que la sobrevivencia de Maduro y su régimen se deben al apoyo inconstitucional e incondicional  del Alto Mando Militar, quienes son los verdaderos dueños del poder, tanto político como económico. En efecto, más del 70% de los cargos públicos importantes están en manos de militares, incluida ahora PDVSA donde el Mayor General de la GN Manuel Quevedo, ajeno por completo a la industria, ejerce una verdadera dictadura interior. Bajo su corto mandato la producción de PDVSA cayó de 2 millones de b/d a 1 millón 250 mil de b/d, una verdadera catástrofe pues la divisas indispensables para el funcionamiento de la economía, han caído a pesar de que los precios del petróleo se incrementaron en 11% en 2017.

¿Qué hacer? No tengo respuesta. Veo a una oposición, no sólo carente de liderazgo y de propuestas, sino con conflictos en su propio interior y alejada de la real crisis humanitaria que padece la inmensa mayoría de los venezolanos. Doy un solo dato: de acuerdo con la pirámide de edad y sexo, de UNICEF, en Venezuela hay 6 millones de niños y niñas, entre cero y nueve años entre los cuales el 16,4 % es calificado de desnutrición severa por organizaciones tan creíbles como la Fundación Bengoa y Cáritas; hablamos de poco más de 1 millón de niños y niñas, que sufrirán daños irreversibles en su desarrollo corporal y mental.

Unas palabras finales. Venezuela es, políticamente, una insólita paradoja. Tiene un presidente reelecto con el expediente del fraude electoral estructural masivo, un delito muy grave que conlleva penas severas. Es autoritario y dictatorial, pero ejerce un populismo exacerbado, aumentando repetidamente el salario repartiendo, bolsas CLAP, bonos de todo tipo, desde Navidad hasta el 24 de julio contamos siete, asignados a quienes poseen el orwelliano “Carnet de la Patria”. Según las encuestas más conocidas y creíbles, más del 70% de la población votante lo rechaza  y lo considera el responsable de la profunda y larga crisis que nos azota. El Mundo Occidental, al cual pertenecemos, lo rechaza por dictador y no lo reconoce como presidente legítimo. Lo apoyan los enormes aunque muy lejanos  países orientales, como China Rusia e Irán. Maduro no cae  – reitero – sólo porque lo sostienen las armas uniformadas de la Nación

En su editorial del 1º de junio de  2018, del diario argentino La Nación se lee: “El concepto más elemental de legalidad y legitimidad, como son la democracia y el Estado de Derecho, han desaparecido de Venezuela. Ni qué decir de la situación de la economía (…). Según el FMI, este año la inflación llegará al 13.864%[1] y el desempleo al 33%”.

“Un panel de expertos de la OEA presentó un informe que concluye que existen fundamentos suficientes para considerar que en Venezuela se han cometido crímenes de lesa humanidad, lo que abre la posibilidad de que altos funcionarios, incluido Maduro, pueden ser juzgados por la Corte Penal Internacional. El reporte identificó a 131 víctimas de asesinatos durante las protestas de 2014 y 2017”.

“Según el Índice de Percepción de la Corrupción, publicado por Transparencia Internacional, Nicaragua y Venezuela son los países peor clasificados. Un informe de la Unidad de Investigación de la Fundación InSight Crime y el observatorio de Crimen Organizado de la Universidad del Rosario, de Bogotá, concluye que Venezuela se convirtió en un eje del crimen de la región.”

“El estudio, titulado Venezuela: ¿un Estado mafioso?, es el resultado de tres años de investigaciones. Entre el fuerte aislamiento y el negacionismo de la realidad por sus ilegítimas autoridades puede concluirse que nada queda ya de la democracia venezolana”.

Yo he leído, en inglés, el estudio, que consta de 84 páginas bien documentadas estadísticamente, e ilustradas con mapas en colores sobe el flujo de drogas, dinero y hombres en este gran tráfico criminal. Puede leer el estudio en http://www.insightcrime.org, o escribir, como lo hice yo, a info@insightrime.org.

Yo estoy persuadido, junto con numerosos analistas políticos occidentales, que en las actuales condiciones, cuando la oposición está impedida de participar políticamente, y cuando no hay ninguna vía electoral  institucional disponible, de que debe pensarse  en mecanismos no-electorales para lograr el cambio. Así, la combinación de protestas – que generarán represiones –  con la presión del Mundo Occidental, puede llevar a un quiebre dentro del gobierno, siempre y cuando sus funcionarios, para salvar su pellejo y su dinero, decidan no seguir las ordenes arbitrarias de Maduro. Amén.

[1] El FMI revisó esta cifra el 23/07/2018 02:23 pm, así: “Proyectamos un estallido de la inflación hasta 1.000.000% para el fin de 2018, para indicar que la situación en Venezuela es similar a la de Alemania en 1923 o Zimbabue a fines de la década de 2000”, señaló el economista jefe del FMI para América Latina, Alejandro Werner. Estima en 18% la caída del PIB en 2018.

Semana definitiva por Oswaldo Álvarez Paz – Noticiero Digital – 21 de Agosto 2018

download.jpgEn otras circunstancias se podría decir que estoy exagerando, pero no es así, Todo indica que estamos en la etapa final de la tragedia venezolana. El desenlace luce impredecible aún. Sin embargo, lo cierto es que la actual incertidumbre anuncia una confrontación terrible con las fuerzas del mal. Ni retroceden, ni rectifican, ni se arrepienten, ni asumen propósito de enmienda capaz de generar credibilidad en los factores democráticos nacionales e internacionales.

La expectativa vigilante se agota dando paso a la convicción de que la confrontación final es inevitable. De esto no saldremos “por la buenas”, es decir, no hay diálogo que con honestidad nos pueda conducir a la vida en libertad y democracia. Tampoco negociación que signifique un cambio de rumbo en la dirección correcta. A esta conclusión llegamos luego de escuchar y leer atentamente las intervenciones y escritos de los voceros protagónicos de la dictadura. Y la salida “por las malas” presenta distintas opciones que racional y corajudamente utilizadas podrían ser útiles para alcanzar el objetivo de cambio a que aspira cerca del 90% de la población. Pero esto no se improvisa.
Llegó el momento. Es la hora de poner a funcionar al máximo la cabeza, es decir, la inteligencia. El corazón del cual se deriva la contagiosa emoción de las grandes causas asumiendo integralmente todas las consecuencias que puedan derivarse en la lucha y después de ella. Lo cierto es que esto no puede ni debe continuar.

El plan político, social y económico del régimen está siendo ejecutado con una dosis ideologizada de ineficacia, corrupción y desverguenza que proyecta ante el mundo una de la imágenes más triste y sombría de la historia contemporánea. Al menos en esta parte latinoamericana del planeta, no hay precedentes que se aproximen a la enorme tragedia de Venezuela.

Por grande que sea el esfuerzo por entender las últimas decisiones de la dictadura, no hay manera de hacerlo desprejuiciadamente. Tenemos que irnos a la Política, así a la Política con P mayúscula. El proyecto castro-comunista, fracasado en todas partes del mundo, Cuba incluida, es un proyecto de dominación tiránica, donde no hay espacio para la libertad y el respeto a los más elementales derechos humanos. Se pretende utilizar a nuestro país como último y definitivo instrumento para prolongar lo cubano en nuestro territorio y, desde aquí, retomar con más fuerza la estrategia de expansión continental. A lo largo de los años lo han intentado de diversas maneras. Han fracasado y de allí esta arremetida final.

El llamado es a toda la oposición democrática. Unidad en torno al objetivo de cambio y, por favor, dejar de lado pequeñeces, envidias, ambiciones personales o de grupo y entender que quienes no estén totalmente de acuerdo deben apartarse o serán apartados. Basta de molestias extemporáneas. Pa´lante con todo.

Declaración sobre la violación delos derechos humanos y la ruptura del orden democrático en Venezuela – 17 de Julio 2018

Más de 300 mujeres del mundo respaldan a Maria Corina Machado – Gentiuno – 10 de Julio 2018

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Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica, fue la promotora de esta acción que reunió a mujeres de distintas partes del mundo y suscribieron un documento de apoyo a María Corina Machado, líder indiscutible que ha denunciado persecución en su contra por parte del gobierno de Nicolás Maduro

Ese nutrido grupo de mujeres de diferentes partes del mundo y de distintas profesiones, agrupadas en la iniciativa Mujeres por la Democracia (Midea), consignaron el pasado martes 10 de julio un documento en el que respaldan a María Corina Machado, coordinadora del partido Vente Venezuela.

Entre los significativos pronunciamientos del manifiesto citamos: “Denunciamos de manera particular, los renovados intentos del régimen que gobierna a Venezuela de acallar a una de la más notables lideresas de la oposición política (…) por lo que ella representa y por el temor que le tienen, el régimen que gobierna está amenazando la libertad e integridad de María Corina Machado, y debe saber ante ello. nuestros ojos mirarán más que nunca y nuestras voces se escucharán más fuertes y potentes”, reza el documento.

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El respaldo fue una iniciativa de Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica, en la que participaron mujeres como: Patricia Bullrich, ministra de seguridad de la nación Argentina, Esperanza Aguirre, política española, Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta de Colombia, Paola Holguín, senadora ante el Congreso de Colombia, Vanessa Neumann, escritora estadounidense, Mireya Moscoso, expresidenta de Panamá, Gabriela Montero, pianista venezolana, Elizabeth Burgos venezolana radicada en Francia y conocida socióloga experta en política. Eleonora Bruzual, aguerrida periodista venezolana, Isabel San Sebastián, periodista y escritora española, Beatriz Becerra Vicepresidenta Subcomisión DDHH del Parlamento Europeo, Cristina Miguens Ingeniero y empresaria, la boliviana Tomasa Yarhui Jacome, ex ministra. De Chile María Ignacia Galilea Presidenta de la Juventud Nacional EVOPOLI (Partido Liberal), Claudia Gurisatii periodista de Colombia, Rosa María Payá de Cuba, Ana Botella de España, ex Alcaldesa de Madrid, Nerea Alzola Alvarez parlamentaria vasca, Maria Elvira Salazar periodista cubanaamericana, entre muchas otras mujeres representantes del periodismo, del parlamentarismo, empresariado, artes y también de organizaciones comunitarias de Venezuela y del mundo.

María Corina agradeció el respaldo dado e indicó que, a su juicio, es un llamado a todos los regímenes del mundo de que donde haya una vejación o un atropello, ahí estará una mujer.

El apoyo se da luego de que Bloomberg, medio estadounidense, realizara un reportaje en el que reveló detalles sobre el clima actual dentro del mundo militar en el que señalan que la dirigente opositora tiene unos índices de aprobación muy altos entre los castrenses.

María Corina denunció que el gobierno pretende acusarla de magnicidio y de otros supuestos delitos. La coordinadora de Vente Venezuela ha alertado en reiteradas ocasiones persecución por parte de Maduro, pero es impactante que una contundente respuesta de mujeres de muchas partes del mundo se dé frente a las amenazas de una tiranía brutal.

La primavera latinoamericana por José Ignacio Guédez Yépez – El País – 14 de Junio 2018

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los paises civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos
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Este año han sucedido tres acontecimientos que no pueden analizarse de forma aislada y que son parte de un mismo expediente que lamentablemente ha pasado desapercibido casi siempre. Me refiero a la designación de un nuevo presidente en Cuba, las protestas populares en Nicaragua y la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro en Venezuela. Estas tres noticias, aunadas a la situación en Bolivia, conforman el último capítulo de una historia que tiene décadas escribiéndose y que me voy a permitir llamar “La Primavera latinoamericana”, sobre la lucha de los pueblos contra los populismos totalitarios de esa región.

No sorprende que en la mayoría de los reportes internacionales sobre los sucesos en Nicaragua casi nadie alcanzó a advertir el fondo del asunto. Las protestas de la población y la represión criminal del Gobierno que todavía continúan tienen una única causa: la dictadura. No se trató de un tema de pensiones o de un mal manejo administrativo como repiten los medios, el caso es que en Nicaragua se dinamitó la democracia desde adentro consolidándose una tiranía luego de una elección fraudulenta en medio de la más descarada persecución política. Lo mismo que pasa en Venezuela. Son pueblos oprimidos que de vez en cuando logran sublevarse en busca de libertad y democracia a costa siempre de un sangriento saldo. Igualmente, Raúl Castro colocó a cargo de la isla a un títere elegido a través de un partido único y con votación unánime, sin que se levantara una sola voz clamando por democracia y elecciones libres.

Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado.

Y es que después de Pinochet, si acaso Fujimori ha sido el único que ha merecido el calificativo de dictador en Latinoamérica, a pesar de que en los últimos veinte años hemos visto una camada de tiranos que con ropajes de izquierdas han destruido las democracias en sus países. Se trata de los pupilos de los Castro, los más grandes dictadores de nuestro continente que han contado con la alcahuetería e impunidad mundial más grotesca. En el caso de Chávez, nadie se sonrojó cuando a su llegada al poder cerró todos los poderes públicos y cambió unilateralmente la constitución, para luego violarla procurándose hasta un tercer mandato consecutivo ya sin separación de poderes de ningún tipo. De Evo Morales muy pocos hablaron cuando anunció que iba a desconocer la voluntad de su pueblo para aspirar a otra reelección como ya lo hizo de forma fraudulenta Daniel Ortega. En Brasil y en Argentina, la institucionalidad democrática pudo al final evitar la catástrofe populista dejando al descubierto una trama de corrupción de proporciones épicas de la que tampoco se habla mucho en el mundo, mientras que en Ecuador la página se está pasando sola y sin ayuda de nadie. Se trata del club de autócratas más perversos de la historia que usaron las democracias de sus países para acabar con ellas y sustituirla por una mafia de crimen organizado cuyos tentáculos llegaron a España a través de algunos partidos políticos cómplices de esas tiranías y portadores del mismo virus populista.

Quizá el arquetipo de un héroe que hace justicia con sus propias manos —quitándole a los ricos para darle a los pobres perpetuando por la leyenda de Robin Hood— pudiera explicar cómo desde Europa se valoran a veces los populismos tropicales y latinoamericanos y las razones por las que casi siempre carecen de condena los casos de expropiaciones, persecución y censura. Eso y el complejo del “buen salvaje” heredado de los tiempos de la conquista y colonización del “nuevo continente”. La igualdad utópica que ya no es posible en la irreversible civilización europea, quizá sea viable en aquellos parajes en los que hace apenas quinientos años se vivía semidesnudos en un ambiente rural. Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado, apalancados siempre en figuras heroicas y exóticas como lo han sido Fidel, Allende, el Che, Perón y, más recientemente, Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Correa y Ortega, con la nueva camada de Maduro, López Obrador y Petro, entre otros. Pero El Bosque de Sherwood quedó devastado con sus habitantes viviendo en miseria y retraso, mientras que Robin Hood terminó multimillonario con cuentas en Andorra. Para acabar con el mito sería suficiente el caso Odebrecht y las cuentas encontradas a jerarcas del chavismo en paraísos fiscales, pero a eso hay que agregarle nada menos que narcotráfico, contrabando de minerales y lavado de capitales provenientes del terrorismo.

Cuando los pueblos árabes protestaron contra regímenes autocráticos nadie dudó en calificar como “primavera” el mismo fenómeno que tiene años dándose en Latinoamérica sin contar con ese reconocimiento. La resistencia democrática cubana contra los Castro tiene ya sesenta años con fusilados, presos y exiliados. En Venezuela tenemos ya veinte años en los que se ha intentado todo (elecciones, paro, marchas, rebelión). Evo Morales y Daniel Ortega ya tienen doce años consecutivos en el poder a cuenta de persecución y secuestro institucional. Entre esos cuatro países suman más de un siglo de dictadura abierta. El caso es que esos pueblos latinoamericanos se han movilizado permanente contra los tiranos que los oprimen en su propio nombre.

Recientemente las protestas populares se han dado con fuerza en Venezuela, Bolivia y más recientemente en Nicaragua. Es la misma historia, es el mismo enemigo, es la misma necesidad de libertad y democracia de un continente que lo merece. Las revoluciones (se justifiquen o no) solo sirven para derrocar sistemas, pero cuando un Gobierno se declara revolucionario simplemente está desmontado el Estado y dejando a la población sin seguridad jurídica ni garantías de derechos civiles fundamentales. Lo que comienza con expropiaciones a la propiedad privada, termina con la expropiación de todo un país dejando a una nación entera como rehenes de la arbitrariedad más perversa.

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los países civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos, porque al final nadie está inmune al virus populista que siempre intentará propagarse. No es un tema de derechas e izquierdas, la valoración debe centrarse en los parámetros de democracias y dictaduras. Es la hora de acabar con la impunidad con la que los caudillos latinoamericanos violan derechos humanos manteniendo invisibilizadas a sus víctimas, entendiendo de una vez por todas que las democracias son causa y no consecuencia del bienestar social.

Colombia: lecciones para venezolanos por Ibsen Martínez – El País – 12 de Junio 2018

Toda esta complejidad colombiana en reverberación debería ser también buena noticia para los demócratas de Venezuela
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A pocos días de una crucial segunda vuelta, pienso en lo que un día escuché decir al extinto Carlos Andrés Pérez desde la desengañada sabiduría de su cautiverio.

“Suramérica se inclinará hacia donde lo haga Colombia”, afirmaba el discutido dirigente socialdemócrata, ya en la antesala de la era Chávez. Pronosticaba que el proyecto bolivariano traería consigo ruina y tiranía para mi país y mucho trastorno en el vecindario. Sin embargo, insistía Pérez, a la larga prevalecería en nuestra región la democracia y Colombia tendría en ello un papel estelar. Es lo mismo que hoy veo desde la percha de mi exilio.

Venezuela se ahoga en el marasmo de una dictadura de duración hoy impredecible mientras en Colombia se agitan las gentes pensando ya no en el pasado sino en el futuro: Colombia se mueve.

Mientras en Venezuela una solución electoral que permita poner fin a la premoderna tiranía de Nicolás Maduro luce por completo clausurada y todo anuncia un angustioso inmovilismo político y un doloroso agravamiento de la tragedia humanitaria, las elecciones presidenciales colombianas auguran cambios sustanciales en el panorama local.

A pesar del fragor, las ferocidades y las humaredas de una campaña electoral sumamente prolongada, y aún antes de anunciarse el resultado que todas las encuestas dan por cierto —ganará Duque— estas elecciones, las primeras a que acuden los colombianos en tiempos de paz en mucho más de medio siglo, abren perspectivas que ya quisiera Venezuela para sí.

Los acuerdos de paz, controvertida como sigue siendo la implementación de sus provisiones más importantes, han sido seguidos por unas elecciones tan razonablemente pulcras que la palabra “fraude”, aunque proferida con pugnacidad en algún momento de la campaña por Gustavo Petro, no entra verdaderamente en los cálculos de nadie.

Un rasgo singularísimo de este proceso señala claramente hacia dónde quieren ir los colombianos y es que la paz, salvo en lo declarativo, no esté ya en cuestión.

Dos terceras partes de los votos emitidos en la primera vuelta favorecieron a candidatos comprometidos con la paz. Es elocuente la rapidez con que el proceso de paz fue desplazado en la agenda del debate electoral por temas como los de la desigualdad social y la lucha contra la corrupción.

Que un candidato inequívocamente de izquierda, Gustavo Petro, luzca presidenciable es otro elemento a destacar pues testimonia un talante colectivo difícilmente soslayable en lo porvenir por las élites conservadoras.

La campaña ha sido, como todas hasta ahora, pródiga en descalificaciones, invectivas, injurias y guerra sucia. También, a ratos, estentórea. Pero, a diferencia de las anteriores, el acentuado interés del electorado en lo ideológico, en la confrontación de modelos económicos, de concepciones del Estado, si bien deformado por las apasionadas retóricas electorales, augura lo que una oposición de centroizquierda, verosímilmente liderada por Petro, reserva ya para el futuro ganador.

Por su parte, esa amalgama de economía social de mercado y agendas de ciudadanía que juntos representan los verdes y el llamado “fajardismo” ha dejado de ser marginal y nada hace suponer una extinción poselectoral: la emergencia de un centro opuesto por igual a ambos extremos y consciente de su potencial futuro es una de las buenas noticias que el posconflicto trae a Colombia.

Hasta hace poco, los pronósticos concedían ventaja a la maquinaria, eufemismo colombiano para el corrupto clientelismo electoral que hermana en un mismo establishment a los caciques regionales y los caimacanes de Bogotá.

Igualmente, se atribuía de antemano a las FARC una capacidad disruptiva que como agrupación electoral no tiene todavía, ni tan siquiera como tema de campaña, mucho menos como acarreadora de votos. Ninguno de esos dos inquietantes y muy fundados pronósticos se concretó en la primera vuelta.

Muchas cosas parecen estar cambiando en este país y seguirán obrando lo suyo, largo tiempo después del 17 de junio. Toda esta complejidad colombiana en reverberación debería ser también buena noticia para los demócratas de Venezuela.

Pero es dudoso que el abatimiento, los muchos agobios, la desmoralización y la descaminadora propensión de muchos de mis compatriotas a mirar las cosas de Colombia por sobre el hombro, a través del pequeño y simplificador lente de nuestra polarización, les deje ver que Iván Duque tal vez no sea del todo un dócil subrogado de Álvaro Uribe, como lo piensan y aprueban, ni Gustavo Petro una réplica moral de Jorge Rodríguez ni mucho menos Juan Manuel Santos imagen especular de Nicolás Maduro.

 

It’s Time for a Coup in Venezuela by José R.Cárdenas – Foreign Policy – 5 de Junio 2018

Only nationalists in the military can restore a legitimate constitutional democracy.
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Members of the Venezuelan National Guard take part in a ceremony on May 15, ahead of the May 20 presidential election, in Caracas. (Luis Robayo/AFP/Getty Images)

Now that Venezuelan autocrat Nicolás Maduro has engineered his re-election in what reasonable observers have decried as a sham vote, it’s impossible to say how long he will remain in office. But the United States and its allies should lay the groundwork for the remaining portions of the Venezuelan government not beholden to Maduro to take the choice out of his hands.

Nearly two decades of creeping authoritarianism and large-scale economic mismanagement have taken a staggering toll on Venezuelans. Moreover, with reports of low voter turnout in an otherwise stage-managed electoral process and rising military dissension, clearly the Maduro regime is “taking on water,” as Juan Cruz, the National Security Council’s senior director for Western Hemisphere affairs, said in May at a panel discussion hosted by the Council of the Americas.

But if time is running out, it’s less clear exactly for whom: the Maduro regime or those struggling for a restoration of democracy in that benighted country? After all, Cuba — which serves as Maduro’s ideological mentor — has demonstrated that a strategy of forcing out the discontented and subjugating the rest, while muddling along with a dysfunctional economy, can sustain an authoritarian regime for decades.

The question thus becomes, as the New York Times editorial board wrote, “how to get rid of Mr. Maduro before he completes the destruction of his country.”

First, we should recognize that dialogue or diplomacy cannot bring a resolution to the Venezuela crisis. By now, it’s evident that the Maduro regime has no intention of negotiating itself out of power and only sees such opportunities as maneuvers to buy time.

Second, we must admit that the only institution capable of instigating a real political transition in Venezuela is the Venezuelan military. As the Economist put it, “[Maduro’s] future will be decided by the armed forces, not directly by the people. If they withdraw support from his beleaguered regime, change will come soon. If not, hunger and repression will continue.”

Of course, no one wants to see a regression to a Latin American Dark Age, in which military coups are the norm, at the expense of civilian rule and democracy. But it is important to note that identifying the Venezuelan military as the only logical change agent is not to advocate for a coup. The fact is, a coup has already taken place — perpetrated by Maduro and his Cuban advisors against the country’s constitution. Only nationalists in the military can restore a legitimate constitutional democracy.

It may be that the senior officer corps has been replaced by regime cronies and those complicit in drug trafficking, but the armed forces are not monolithic. Many in the rank and file are suffering the same deprivations as the general population, even as corrupt generals are getting richer and richer. Something has to break.

That leaves the United States and democracy’s allies abroad to convince those uncorrupted elements of the Venezuelan military that they bear a unique responsibility to rescue their country from the abyss, uphold constitutional order, fulfill their oaths to defend the lives of every Venezuelan, and open a path to their country’s political, economic, and social reconstruction.

Certainly, expecting a faction of the military to depose the current regime and restore democracy entails risk — but it is a measure of the desperate straits in which Venezuela finds itself.

Certainly, expecting a faction of the military to depose the current regime and restore democracy entails risk — but it is a measure of the desperate straits in which Venezuela finds itself. Ideally, Cuba could offer asylum to current regime leaders and other malefactors while the faction that took power could call new elections within a year. (Given that Latin American militaries traded in presidential palaces for the barracks years ago, it is unlikely that a military faction would seek to govern permanently; besides, it is not at all clear it would want to own the country’s economic predicament.)

The Trump administration is certainly doing its part to delegitimize the Maduro regime, sanctioning some 70 Venezuelan officials and issuing a series of executive orders tightening the economic screws on the Maduro regime. It has also been clear that many more such measures are in the pipeline. Next, it should move aggressively to sanction more Venezuelan officials throughout the government and military.

Violators of democratic norms and human rights, especially lower-echelon officials, may not feel the impact of denied U.S. visas or prohibitions against accessing the U.S. financial system. However, international sanctions are a powerful stigma and eliminate the anonymity behind which such individuals typically hide. Exposing their names and faces at home and internationally will force officials at all levels to consider the legal and reputational repercussions before continuing to participate in undemocratic actions or the use of violence against their fellow citizens.

The Trump administration should also create an interagency strategic communications task force on Venezuela, with the express purpose of targeting audiences inside Venezuela with evidence in U.S. possession of the depths of criminality and corruption in the regime’s ranks. Millions of Venezuelans once placed their good faith in the chavista project because they were told the country’s oil wealth would be shared more equitably. Today, they are ruled by nothing less than a criminal conspiracy more interested in protecting their ill-gotten offshore accounts than the welfare of the millions of Venezuelans it once promised to represent.

Regional governments must also get more active. To their credit, some have, but they need to do much more. They would do well to follow Panama’s lead in moving beyond rhetoric to bancommercial ties with Venezuelan individuals and companies the Panamanian government designated as “high risk” for money laundering and financing terrorism. In addition, they should ban high-ranking Venezuelan officials from traveling to their countries on government business or for shopping sprees or from sending their children abroad to be educated.

More aggressively disseminating evidence of the current regime’s betrayal of the Venezuelan people, combined with the threat of continually expanding sanctions against government officials who lend their efforts to the repression, is likely the best bet to catalyze positive developments within Venezuela.

There are no guarantees, of course, but that is no excuse for complacency. The worst option is to allow the consolidation of another repressive, authoritarian regime in the hemisphere, which would truly herald a return to a Dark Age in the Americas. That all the major governments in the region have recognized this — if fitfully at times — is an important development. But it’s time to take it to the next level. Diplomatic and economic isolation is a powerful tool, especially in the Americas, where countries are loath to appear out of step with one another. It is also a powerful tool to concentrate the minds of Venezuelan patriots, who are in a unique position to do something to rectify the situation.

José R. Cárdenas was acting assistant administrator for Latin America at the U.S. Agency for International Development in the George W. Bush administration.

 

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