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Declaración sobre la violación delos derechos humanos y la ruptura del orden democrático en Venezuela – 17 de Julio 2018

Más de 300 mujeres del mundo respaldan a Maria Corina Machado – Gentiuno – 10 de Julio 2018

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Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica, fue la promotora de esta acción que reunió a mujeres de distintas partes del mundo y suscribieron un documento de apoyo a María Corina Machado, líder indiscutible que ha denunciado persecución en su contra por parte del gobierno de Nicolás Maduro

Ese nutrido grupo de mujeres de diferentes partes del mundo y de distintas profesiones, agrupadas en la iniciativa Mujeres por la Democracia (Midea), consignaron el pasado martes 10 de julio un documento en el que respaldan a María Corina Machado, coordinadora del partido Vente Venezuela.

Entre los significativos pronunciamientos del manifiesto citamos: “Denunciamos de manera particular, los renovados intentos del régimen que gobierna a Venezuela de acallar a una de la más notables lideresas de la oposición política (…) por lo que ella representa y por el temor que le tienen, el régimen que gobierna está amenazando la libertad e integridad de María Corina Machado, y debe saber ante ello. nuestros ojos mirarán más que nunca y nuestras voces se escucharán más fuertes y potentes”, reza el documento.

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El respaldo fue una iniciativa de Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica, en la que participaron mujeres como: Patricia Bullrich, ministra de seguridad de la nación Argentina, Esperanza Aguirre, política española, Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta de Colombia, Paola Holguín, senadora ante el Congreso de Colombia, Vanessa Neumann, escritora estadounidense, Mireya Moscoso, expresidenta de Panamá, Gabriela Montero, pianista venezolana, Elizabeth Burgos venezolana radicada en Francia y conocida socióloga experta en política. Eleonora Bruzual, aguerrida periodista venezolana, Isabel San Sebastián, periodista y escritora española, Beatriz Becerra Vicepresidenta Subcomisión DDHH del Parlamento Europeo, Cristina Miguens Ingeniero y empresaria, la boliviana Tomasa Yarhui Jacome, ex ministra. De Chile María Ignacia Galilea Presidenta de la Juventud Nacional EVOPOLI (Partido Liberal), Claudia Gurisatii periodista de Colombia, Rosa María Payá de Cuba, Ana Botella de España, ex Alcaldesa de Madrid, Nerea Alzola Alvarez parlamentaria vasca, Maria Elvira Salazar periodista cubanaamericana, entre muchas otras mujeres representantes del periodismo, del parlamentarismo, empresariado, artes y también de organizaciones comunitarias de Venezuela y del mundo.

María Corina agradeció el respaldo dado e indicó que, a su juicio, es un llamado a todos los regímenes del mundo de que donde haya una vejación o un atropello, ahí estará una mujer.

El apoyo se da luego de que Bloomberg, medio estadounidense, realizara un reportaje en el que reveló detalles sobre el clima actual dentro del mundo militar en el que señalan que la dirigente opositora tiene unos índices de aprobación muy altos entre los castrenses.

María Corina denunció que el gobierno pretende acusarla de magnicidio y de otros supuestos delitos. La coordinadora de Vente Venezuela ha alertado en reiteradas ocasiones persecución por parte de Maduro, pero es impactante que una contundente respuesta de mujeres de muchas partes del mundo se dé frente a las amenazas de una tiranía brutal.

La primavera latinoamericana por José Ignacio Guédez Yépez – El País – 14 de Junio 2018

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los paises civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos
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Este año han sucedido tres acontecimientos que no pueden analizarse de forma aislada y que son parte de un mismo expediente que lamentablemente ha pasado desapercibido casi siempre. Me refiero a la designación de un nuevo presidente en Cuba, las protestas populares en Nicaragua y la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro en Venezuela. Estas tres noticias, aunadas a la situación en Bolivia, conforman el último capítulo de una historia que tiene décadas escribiéndose y que me voy a permitir llamar “La Primavera latinoamericana”, sobre la lucha de los pueblos contra los populismos totalitarios de esa región.

No sorprende que en la mayoría de los reportes internacionales sobre los sucesos en Nicaragua casi nadie alcanzó a advertir el fondo del asunto. Las protestas de la población y la represión criminal del Gobierno que todavía continúan tienen una única causa: la dictadura. No se trató de un tema de pensiones o de un mal manejo administrativo como repiten los medios, el caso es que en Nicaragua se dinamitó la democracia desde adentro consolidándose una tiranía luego de una elección fraudulenta en medio de la más descarada persecución política. Lo mismo que pasa en Venezuela. Son pueblos oprimidos que de vez en cuando logran sublevarse en busca de libertad y democracia a costa siempre de un sangriento saldo. Igualmente, Raúl Castro colocó a cargo de la isla a un títere elegido a través de un partido único y con votación unánime, sin que se levantara una sola voz clamando por democracia y elecciones libres.

Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado.

Y es que después de Pinochet, si acaso Fujimori ha sido el único que ha merecido el calificativo de dictador en Latinoamérica, a pesar de que en los últimos veinte años hemos visto una camada de tiranos que con ropajes de izquierdas han destruido las democracias en sus países. Se trata de los pupilos de los Castro, los más grandes dictadores de nuestro continente que han contado con la alcahuetería e impunidad mundial más grotesca. En el caso de Chávez, nadie se sonrojó cuando a su llegada al poder cerró todos los poderes públicos y cambió unilateralmente la constitución, para luego violarla procurándose hasta un tercer mandato consecutivo ya sin separación de poderes de ningún tipo. De Evo Morales muy pocos hablaron cuando anunció que iba a desconocer la voluntad de su pueblo para aspirar a otra reelección como ya lo hizo de forma fraudulenta Daniel Ortega. En Brasil y en Argentina, la institucionalidad democrática pudo al final evitar la catástrofe populista dejando al descubierto una trama de corrupción de proporciones épicas de la que tampoco se habla mucho en el mundo, mientras que en Ecuador la página se está pasando sola y sin ayuda de nadie. Se trata del club de autócratas más perversos de la historia que usaron las democracias de sus países para acabar con ellas y sustituirla por una mafia de crimen organizado cuyos tentáculos llegaron a España a través de algunos partidos políticos cómplices de esas tiranías y portadores del mismo virus populista.

Quizá el arquetipo de un héroe que hace justicia con sus propias manos —quitándole a los ricos para darle a los pobres perpetuando por la leyenda de Robin Hood— pudiera explicar cómo desde Europa se valoran a veces los populismos tropicales y latinoamericanos y las razones por las que casi siempre carecen de condena los casos de expropiaciones, persecución y censura. Eso y el complejo del “buen salvaje” heredado de los tiempos de la conquista y colonización del “nuevo continente”. La igualdad utópica que ya no es posible en la irreversible civilización europea, quizá sea viable en aquellos parajes en los que hace apenas quinientos años se vivía semidesnudos en un ambiente rural. Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado, apalancados siempre en figuras heroicas y exóticas como lo han sido Fidel, Allende, el Che, Perón y, más recientemente, Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Correa y Ortega, con la nueva camada de Maduro, López Obrador y Petro, entre otros. Pero El Bosque de Sherwood quedó devastado con sus habitantes viviendo en miseria y retraso, mientras que Robin Hood terminó multimillonario con cuentas en Andorra. Para acabar con el mito sería suficiente el caso Odebrecht y las cuentas encontradas a jerarcas del chavismo en paraísos fiscales, pero a eso hay que agregarle nada menos que narcotráfico, contrabando de minerales y lavado de capitales provenientes del terrorismo.

Cuando los pueblos árabes protestaron contra regímenes autocráticos nadie dudó en calificar como “primavera” el mismo fenómeno que tiene años dándose en Latinoamérica sin contar con ese reconocimiento. La resistencia democrática cubana contra los Castro tiene ya sesenta años con fusilados, presos y exiliados. En Venezuela tenemos ya veinte años en los que se ha intentado todo (elecciones, paro, marchas, rebelión). Evo Morales y Daniel Ortega ya tienen doce años consecutivos en el poder a cuenta de persecución y secuestro institucional. Entre esos cuatro países suman más de un siglo de dictadura abierta. El caso es que esos pueblos latinoamericanos se han movilizado permanente contra los tiranos que los oprimen en su propio nombre.

Recientemente las protestas populares se han dado con fuerza en Venezuela, Bolivia y más recientemente en Nicaragua. Es la misma historia, es el mismo enemigo, es la misma necesidad de libertad y democracia de un continente que lo merece. Las revoluciones (se justifiquen o no) solo sirven para derrocar sistemas, pero cuando un Gobierno se declara revolucionario simplemente está desmontado el Estado y dejando a la población sin seguridad jurídica ni garantías de derechos civiles fundamentales. Lo que comienza con expropiaciones a la propiedad privada, termina con la expropiación de todo un país dejando a una nación entera como rehenes de la arbitrariedad más perversa.

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los países civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos, porque al final nadie está inmune al virus populista que siempre intentará propagarse. No es un tema de derechas e izquierdas, la valoración debe centrarse en los parámetros de democracias y dictaduras. Es la hora de acabar con la impunidad con la que los caudillos latinoamericanos violan derechos humanos manteniendo invisibilizadas a sus víctimas, entendiendo de una vez por todas que las democracias son causa y no consecuencia del bienestar social.

Colombia: lecciones para venezolanos por Ibsen Martínez – El País – 12 de Junio 2018

Toda esta complejidad colombiana en reverberación debería ser también buena noticia para los demócratas de Venezuela
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A pocos días de una crucial segunda vuelta, pienso en lo que un día escuché decir al extinto Carlos Andrés Pérez desde la desengañada sabiduría de su cautiverio.

“Suramérica se inclinará hacia donde lo haga Colombia”, afirmaba el discutido dirigente socialdemócrata, ya en la antesala de la era Chávez. Pronosticaba que el proyecto bolivariano traería consigo ruina y tiranía para mi país y mucho trastorno en el vecindario. Sin embargo, insistía Pérez, a la larga prevalecería en nuestra región la democracia y Colombia tendría en ello un papel estelar. Es lo mismo que hoy veo desde la percha de mi exilio.

Venezuela se ahoga en el marasmo de una dictadura de duración hoy impredecible mientras en Colombia se agitan las gentes pensando ya no en el pasado sino en el futuro: Colombia se mueve.

Mientras en Venezuela una solución electoral que permita poner fin a la premoderna tiranía de Nicolás Maduro luce por completo clausurada y todo anuncia un angustioso inmovilismo político y un doloroso agravamiento de la tragedia humanitaria, las elecciones presidenciales colombianas auguran cambios sustanciales en el panorama local.

A pesar del fragor, las ferocidades y las humaredas de una campaña electoral sumamente prolongada, y aún antes de anunciarse el resultado que todas las encuestas dan por cierto —ganará Duque— estas elecciones, las primeras a que acuden los colombianos en tiempos de paz en mucho más de medio siglo, abren perspectivas que ya quisiera Venezuela para sí.

Los acuerdos de paz, controvertida como sigue siendo la implementación de sus provisiones más importantes, han sido seguidos por unas elecciones tan razonablemente pulcras que la palabra “fraude”, aunque proferida con pugnacidad en algún momento de la campaña por Gustavo Petro, no entra verdaderamente en los cálculos de nadie.

Un rasgo singularísimo de este proceso señala claramente hacia dónde quieren ir los colombianos y es que la paz, salvo en lo declarativo, no esté ya en cuestión.

Dos terceras partes de los votos emitidos en la primera vuelta favorecieron a candidatos comprometidos con la paz. Es elocuente la rapidez con que el proceso de paz fue desplazado en la agenda del debate electoral por temas como los de la desigualdad social y la lucha contra la corrupción.

Que un candidato inequívocamente de izquierda, Gustavo Petro, luzca presidenciable es otro elemento a destacar pues testimonia un talante colectivo difícilmente soslayable en lo porvenir por las élites conservadoras.

La campaña ha sido, como todas hasta ahora, pródiga en descalificaciones, invectivas, injurias y guerra sucia. También, a ratos, estentórea. Pero, a diferencia de las anteriores, el acentuado interés del electorado en lo ideológico, en la confrontación de modelos económicos, de concepciones del Estado, si bien deformado por las apasionadas retóricas electorales, augura lo que una oposición de centroizquierda, verosímilmente liderada por Petro, reserva ya para el futuro ganador.

Por su parte, esa amalgama de economía social de mercado y agendas de ciudadanía que juntos representan los verdes y el llamado “fajardismo” ha dejado de ser marginal y nada hace suponer una extinción poselectoral: la emergencia de un centro opuesto por igual a ambos extremos y consciente de su potencial futuro es una de las buenas noticias que el posconflicto trae a Colombia.

Hasta hace poco, los pronósticos concedían ventaja a la maquinaria, eufemismo colombiano para el corrupto clientelismo electoral que hermana en un mismo establishment a los caciques regionales y los caimacanes de Bogotá.

Igualmente, se atribuía de antemano a las FARC una capacidad disruptiva que como agrupación electoral no tiene todavía, ni tan siquiera como tema de campaña, mucho menos como acarreadora de votos. Ninguno de esos dos inquietantes y muy fundados pronósticos se concretó en la primera vuelta.

Muchas cosas parecen estar cambiando en este país y seguirán obrando lo suyo, largo tiempo después del 17 de junio. Toda esta complejidad colombiana en reverberación debería ser también buena noticia para los demócratas de Venezuela.

Pero es dudoso que el abatimiento, los muchos agobios, la desmoralización y la descaminadora propensión de muchos de mis compatriotas a mirar las cosas de Colombia por sobre el hombro, a través del pequeño y simplificador lente de nuestra polarización, les deje ver que Iván Duque tal vez no sea del todo un dócil subrogado de Álvaro Uribe, como lo piensan y aprueban, ni Gustavo Petro una réplica moral de Jorge Rodríguez ni mucho menos Juan Manuel Santos imagen especular de Nicolás Maduro.

 

It’s Time for a Coup in Venezuela by José R.Cárdenas – Foreign Policy – 5 de Junio 2018

Only nationalists in the military can restore a legitimate constitutional democracy.
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Members of the Venezuelan National Guard take part in a ceremony on May 15, ahead of the May 20 presidential election, in Caracas. (Luis Robayo/AFP/Getty Images)

Now that Venezuelan autocrat Nicolás Maduro has engineered his re-election in what reasonable observers have decried as a sham vote, it’s impossible to say how long he will remain in office. But the United States and its allies should lay the groundwork for the remaining portions of the Venezuelan government not beholden to Maduro to take the choice out of his hands.

Nearly two decades of creeping authoritarianism and large-scale economic mismanagement have taken a staggering toll on Venezuelans. Moreover, with reports of low voter turnout in an otherwise stage-managed electoral process and rising military dissension, clearly the Maduro regime is “taking on water,” as Juan Cruz, the National Security Council’s senior director for Western Hemisphere affairs, said in May at a panel discussion hosted by the Council of the Americas.

But if time is running out, it’s less clear exactly for whom: the Maduro regime or those struggling for a restoration of democracy in that benighted country? After all, Cuba — which serves as Maduro’s ideological mentor — has demonstrated that a strategy of forcing out the discontented and subjugating the rest, while muddling along with a dysfunctional economy, can sustain an authoritarian regime for decades.

The question thus becomes, as the New York Times editorial board wrote, “how to get rid of Mr. Maduro before he completes the destruction of his country.”

First, we should recognize that dialogue or diplomacy cannot bring a resolution to the Venezuela crisis. By now, it’s evident that the Maduro regime has no intention of negotiating itself out of power and only sees such opportunities as maneuvers to buy time.

Second, we must admit that the only institution capable of instigating a real political transition in Venezuela is the Venezuelan military. As the Economist put it, “[Maduro’s] future will be decided by the armed forces, not directly by the people. If they withdraw support from his beleaguered regime, change will come soon. If not, hunger and repression will continue.”

Of course, no one wants to see a regression to a Latin American Dark Age, in which military coups are the norm, at the expense of civilian rule and democracy. But it is important to note that identifying the Venezuelan military as the only logical change agent is not to advocate for a coup. The fact is, a coup has already taken place — perpetrated by Maduro and his Cuban advisors against the country’s constitution. Only nationalists in the military can restore a legitimate constitutional democracy.

It may be that the senior officer corps has been replaced by regime cronies and those complicit in drug trafficking, but the armed forces are not monolithic. Many in the rank and file are suffering the same deprivations as the general population, even as corrupt generals are getting richer and richer. Something has to break.

That leaves the United States and democracy’s allies abroad to convince those uncorrupted elements of the Venezuelan military that they bear a unique responsibility to rescue their country from the abyss, uphold constitutional order, fulfill their oaths to defend the lives of every Venezuelan, and open a path to their country’s political, economic, and social reconstruction.

Certainly, expecting a faction of the military to depose the current regime and restore democracy entails risk — but it is a measure of the desperate straits in which Venezuela finds itself.

Certainly, expecting a faction of the military to depose the current regime and restore democracy entails risk — but it is a measure of the desperate straits in which Venezuela finds itself. Ideally, Cuba could offer asylum to current regime leaders and other malefactors while the faction that took power could call new elections within a year. (Given that Latin American militaries traded in presidential palaces for the barracks years ago, it is unlikely that a military faction would seek to govern permanently; besides, it is not at all clear it would want to own the country’s economic predicament.)

The Trump administration is certainly doing its part to delegitimize the Maduro regime, sanctioning some 70 Venezuelan officials and issuing a series of executive orders tightening the economic screws on the Maduro regime. It has also been clear that many more such measures are in the pipeline. Next, it should move aggressively to sanction more Venezuelan officials throughout the government and military.

Violators of democratic norms and human rights, especially lower-echelon officials, may not feel the impact of denied U.S. visas or prohibitions against accessing the U.S. financial system. However, international sanctions are a powerful stigma and eliminate the anonymity behind which such individuals typically hide. Exposing their names and faces at home and internationally will force officials at all levels to consider the legal and reputational repercussions before continuing to participate in undemocratic actions or the use of violence against their fellow citizens.

The Trump administration should also create an interagency strategic communications task force on Venezuela, with the express purpose of targeting audiences inside Venezuela with evidence in U.S. possession of the depths of criminality and corruption in the regime’s ranks. Millions of Venezuelans once placed their good faith in the chavista project because they were told the country’s oil wealth would be shared more equitably. Today, they are ruled by nothing less than a criminal conspiracy more interested in protecting their ill-gotten offshore accounts than the welfare of the millions of Venezuelans it once promised to represent.

Regional governments must also get more active. To their credit, some have, but they need to do much more. They would do well to follow Panama’s lead in moving beyond rhetoric to bancommercial ties with Venezuelan individuals and companies the Panamanian government designated as “high risk” for money laundering and financing terrorism. In addition, they should ban high-ranking Venezuelan officials from traveling to their countries on government business or for shopping sprees or from sending their children abroad to be educated.

More aggressively disseminating evidence of the current regime’s betrayal of the Venezuelan people, combined with the threat of continually expanding sanctions against government officials who lend their efforts to the repression, is likely the best bet to catalyze positive developments within Venezuela.

There are no guarantees, of course, but that is no excuse for complacency. The worst option is to allow the consolidation of another repressive, authoritarian regime in the hemisphere, which would truly herald a return to a Dark Age in the Americas. That all the major governments in the region have recognized this — if fitfully at times — is an important development. But it’s time to take it to the next level. Diplomatic and economic isolation is a powerful tool, especially in the Americas, where countries are loath to appear out of step with one another. It is also a powerful tool to concentrate the minds of Venezuelan patriots, who are in a unique position to do something to rectify the situation.

José R. Cárdenas was acting assistant administrator for Latin America at the U.S. Agency for International Development in the George W. Bush administration.

 

Resolución sobre Venezuela aprobada por la OEA –

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RESOLUCIÓN SOBRE VENEZUELA APROBADA EN EL CUADRAGÉSIMO OCTAVO PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES

CONSIDERANDO que la Carta de la Organización de los Estados Americanos reconoce que la democracia representativa es condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región y que uno de los propósitos de la OEA es promover y consolidar la democracia representativa;

REAFIRMANDO el derecho de los pueblos de las Américas a la democracia y la obligación de los gobiernos de promoverla y defenderla;

TENIENDO EN CUENTA que el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos son, entre otros, elementos esenciales de la democracia representativa;

TOMANDO NOTA del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos “Institucionalidad democrática, estado de derecho y derechos humanos en Venezuela”, publicado el 12 de febrero de 2018, que da cuenta de la crisis política, económica, social y humanitaria en ese país;

RECORDANDO que, mediante su resolución CP/RES. 1095 (2145/18) del 23 de febrero de 2018, el Consejo Permanente solicitó al Gobierno de Venezuela reconsiderar la convocatoria a elecciones presidenciales e implementar las medidas necesarias para evitar el agravamiento de la situación humanitaria, incluida la aceptación de la asistencia ofrecida por la comunidad internacional;

CONSIDERANDO que el agravamiento de la crisis política, económica, social y humanitaria que ha causado un deterioro en la calidad de vida en ese país está generando una emigración cada vez mayor de ciudadanos venezolanos y está teniendo efectos en la capacidad de algunos países del Hemisferio para atender las distintas necesidades, incluyendo las de seguridad, como quedó en evidencia en la sesión del Consejo Permanente celebrada el 30 de abril de 2018;

RECORDANDO que la resolución CP/RES. 1078 (2108/17) del 3 de abril de 2017 declaró que había ocurrido una alteración inconstitucional del orden constitucional de la República Bolivariana de Venezuela;

DESTACANDO que las iniciativas diplomáticas ofrecidas por el Consejo Permanente y emprendidas por varios Estados Miembros han sido rechazadas por el gobierno venezolano o han fracasado hasta ahora;

RESUELVE:

1. Declarar que el proceso electoral desarrollado en Venezuela, que concluyó el 20 de mayo de 2018, carece de legitimidad por no cumplir con los estándares internacionales, por no haber contado con la participación de todos los actores políticos venezolanos y haberse desarrollado sin las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático.

2. Reafirmar que, sólo a través de un dialogo nacional con la participación de todos los actores políticos y otros actores interesados venezolanos, se podrá alcanzar la reconciliación nacional y acordar las condiciones indispensables para celebrar un nuevo proceso electoral que refleje realmente la voluntad de los ciudadanos venezolanos y resuelva de manera pacífica la actual crisis en ese país.

3. Reiterar que ha ocurrido una alteración inconstitucional del orden constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, como fue declarado en la resolución CP/RES. 1078 (2108/17) del 3 de abril de 2017.

4. Urgir al Gobierno de Venezuela a dar pasos para garantizar la separación e independencia de los poderes constitucionales y restaurar la plena autoridad de la Asamblea Nacional, el Estado de Derecho y las garantías y libertades de la población.

5. Urgir al Gobierno de Venezuela a permitir el ingreso de ayuda humanitaria, así como a implementar las medidas de vigilancia epidemiológica en su país para evitar el agravamiento de la crisis humanitaria y de salud pública, en particular frente a la reaparición de enfermedades como sarampión, malaria y difteria.

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Venezuela: el Consejo de la UE adopta Conclusiones – 28 de Mayo 2018

NOTA DE PRENSA

El 28 de Mayo de 2018, el Consejo adopta las siguientes Conclusiones sobre Venezuela:

1. La UE recuerda sus declaraciones anteriores sobre Venezuela, en particular la declaración de la alta representante en nombre de la UE del 22 de mayo.

2. Los últimos acontecimientos en Venezuela han alejado aún más la posibilidad de una solución constitucional negociada que garantice el respeto de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos.

3. A pesar de los numerosos llamamientos de los agentes políticos nacionales y de la comunidad internacional, incluida la Unión Europea, para que se celebrasen elecciones basándose en un calendario electoral acordado y con garantías que pudieran permitir la celebración de elecciones integradoras y dignas de crédito, el 20 de mayo se celebraron elecciones presidenciales anticipadas, junto con elecciones regionales, sin que se hubiera llegado a un acuerdo sobre la fecha ni sobre las condiciones, y en circunstancias que no permitieron la participación de todos los partidos políticos en pie de igualdad.

4. La reducción sustancial del calendario electoral, las prohibiciones y otros obstáculos importantes a la participación de los partidos políticos de la oposición y sus dirigentes, así como la inobservancia de normas democráticas mínimas, como indican las numerosas irregularidades denunciadas, en particular el abuso generalizado de los recursos del Estado, la coacción a los votantes y el acceso desequilibrado a los medios de comunicación, hicieron que estas elecciones no fueran ni libres ni justas.

5. En estas circunstancias, las elecciones y sus resultados carecieron de credibilidad, ya que el proceso electoral no proporcionó las garantías necesarias para la celebración de elecciones integradoras y democráticas. La ausencia de esas garantías también impidió que la UE planificara cualquier forma de observación para supervisar el proceso electoral de acuerdo con las normas reconocidas internacionalmente. La UE reitera así la necesidad de unas elecciones libres y transparentes que respeten las normas constitucionales de Venezuela.

6. En este contexto, la UE hace un llamamiento para que se celebren nuevas elecciones presidenciales de conformidad con las normas democráticas internacionalmente reconocidas y el orden constitucional venezolano. En este contexto, la UE actuará rápidamente, con arreglo a los procedimientos establecidos, con el fin de imponer medidas restrictivas adicionales, selectivas y reversibles, que no perjudiquen a la población venezolana, cuya difícil situación la UE desea aliviar.

7. La UE reitera la necesidad de que se reconozca y respete la función y la independencia de todas las instituciones elegidas democráticamente, en particular la Asamblea Nacional, la liberación de todos los presos políticos, el respeto del Estado de Derecho y de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

8. La UE desea seguir comprometida con todas las partes interesadas en Venezuela y reitera su amistad y apoyo al pueblo venezolano. La UE está dispuesta a ayudar a encontrar una salida democrática a la crisis pluridimensional actual, a través de una negociación seria y orientada a la obtención de resultados, llevada a cabo de buena fe, que incluya a todos los actores políticos venezolanos pertinentes. A tal fin, la UE aumentará su proyección diplomática con todos los actores nacionales, regionales e internacionales pertinentes, reconociendo especialmente los esfuerzos de los socios latinoamericanos y caribeños que han ofrecido su asistencia y apoyo al proceso de superación de la crisis en Venezuela.

9. La UE está hondamente preocupada por las apremiantes necesidades humanitarias de la población, incluidos muchos ciudadanos europeos que residen en el país, que deben abordarse urgentemente. El empeoramiento de la crisis está provocando migraciones masivas que plantean problemas a las comunidades de acogida y a la estabilidad regional. La UE hace un llamamiento al Gobierno venezolano para que tome medidas inmediatas a fin de paliar los efectos de la crisis.

10. La Unión Europea continuará e intensificará su apoyo a la población de Venezuela, también en los países vecinos, apoyando la inclusión socioeconómica de los venezolanos y la resiliencia de las comunidades de acogida.

Declaración de la alta representante, Federica Mogherini, en nombre de la UE, sobre las elecciones presidenciales y regionales en Venezuela (comunicado de prensa, 22 de mayo de 2018)

Delegación de la Unión Europea en Venezuela Press office – General Secretariat of the Council Rue de la Loi 175 – B-1048 BRUSSELS – Tel.: +32 (0)2 281 6319 press.office@consilium.europa.euhttp://www.consilium.europa.eu/press

Maduro se vota – Editorial El País – 20 de Mayo 2018

Venezuela vive hoy el último episodio de desmantelamiento de la democracia

Con las elecciones presidenciales que Nicolás Maduro ha organizado a su medida para hoy se culmina el desmantelamiento de la institucionalidad democrática venezolana. Las elecciones se celebran sin garantías de transparencia ni limpieza, con una oposición perseguida y encarcelada, millones de compatriotas fuera del país y sin el aval ni la supervisión de ningún organismo independiente, ni dentro ni fuera del país. Se trata de un proceso fraudulento de principio a fin destinado a barrer a la oposición democrática y a consolidar a Nicolás Maduro en el poder.

Desde que el 6 de diciembre de 2015 Maduro fuera derrotado en las legislativas, la maquinaria del chavismo puso en marcha un plan para destruir a la oposición, y con ella el sistema democrático. Usurpó el poder de la Asamblea Nacional creando una Cámara constituyente paralela controlada por el oficialismo, reformó la ley electoral, encarceló a la oposición, copó las administraciones regionales, utilizó a cuerpos paramilitares contra las manifestaciones y, finalmente, se dispone a perpetuar al presidente. Todo ello mientras completaba, en paralelo, la destrucción de la economía venezolana y empobrecía a sus ciudadanos, forzados a sufrir unas condiciones de vida dramáticas mientras los jerarcas del régimen se enriquecen sin límite.

Maduro no ha querido correr ningún riesgo ni dejar ningún cabo suelto. Ha ofrecido dinero a través del carnet de la patria asignado a más de 12 millones de venezolanos, que es el principal y más peligroso mecanismo de coacción del Gobierno. Ha utilizado la televisión pública a sus anchas y ha empleado recursos e instituciones públicas en la campaña. Y ha puesto fuera de la carrera a Miguel Rodríguez Torres, exministro de Interior y Justicia, inhabilitado y encarcelado en vísperas de la convocatoria electoral ante la perspectiva de que le pudiera hacer sombra.

Con razón, y con el respaldo de la comunidad internacional, los grandes partidos que aúnan la oposición democrática han decidido no avalar los comicios con su participación. Pese a todo, tres candidatos — Henri Falcón, Javier Bertucci y Reinaldo Quijada — se han prestado a legitimar con sus candidaturas esta farsa electoral.

Sorprende por ello sobremanera que el expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, haya decidido avalar con su presencia en Caracas unas elecciones que toda la comunidad internacional considera que no alcanzan los estándares para ser consideradas democráticas y que, entre criticar a Nicolás Maduro o al Parlamento Europeo, haya decidido que es este último, donde se sientan los representantes de todos los europeos, el que se rige por prejuicios sobre la democracia.

 

El voto en Venezuela por Jorge Galindo – El País – 18 de Mayo 2018

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El instrumento principal de la democracia, las elecciones, se puede volver justo lo contrario: una herramienta para consolidar el poder autoritario

Venezuela no es una democracia. No es una afirmación gratuita, ni siquiera se trata de una valoración: no lo es según cualquiera de las definiciones del término que la ciencia política pone a nuestra disposición. La más sencilla y mínima de todas ellas exigiría que aquellos que detentan el poder puedan perderlo en las urnas, y todos sabemos que no será así.

Sin embargo, este domingo 20 de mayo tendrán lugar unas elecciones en el país. ¿Por qué las convoca Maduro? ¿Para qué le sirve a un dictador permitir que se vote?

No es nada nuevo. Franco ponía las urnas en España, ya lo sabemos. También lo hace Irán, o Arabia Saudí. La respuesta más sencilla es que los líderes autoritarios quieren legitimarse a sí mismos y a los suyos. El voto bajo coacción, manipulación o, en definitiva, control desde arriba resulta útil para ello. La legitimación se hace de cara a la comunidad internacional, sí. Ante los opositores que demandan apertura democrática, también. Pero también, y probablemente sobre todo, tiene un sentido interno.

Ningún régimen por autoritario y piramidal que sea (y el de Venezuela parece más bien caótico y fragmentado) es monolítico. Siempre hay familias, afinidades, luchas de poder. Algunas activas, otras dormidas, esperando a encontrar una oportunidad para ponerse en marcha que suele venir con la debilidad aparente de los líderes.

Unas elecciones funcionan aquí como una manifestación masiva de apoyo al régimen: dejan claro a los críticos externos, pero también a los oportunistas potenciales internos, que el liderazgo es capaz de movilizar almas. Que no sean sinceras no importa demasiado, y de hecho puede ser hasta útil: denota, en fin, capacidad de influencia y dominio de la población.

Es así como el instrumento principal de la democracia, las elecciones, se puede volver justo lo contrario: una herramienta para consolidar el poder autoritario. Porque lo que define una sociedad democrática no es si se vota o no se vota en ella, sino si el voto produce una redistribución del poder. El domingo veremos que, en Venezuela, sólo sirve para consolidarlo en las mismas manos que ya lo detentan. @jorgegalindo

Declaración colombo-venezolana en el Puente Internacional Simón Bolivar – 14 de Mayo 2018

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Declaración de los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango, la Dra. Marta Lucía Ramírez, la Senadora Paola Holguín y demás congresistas colombianos, conjuntamente con la dirigente venezolana María Corina Machado

Reunidos en el Puente Internacional Simón Bolívar, hemos acordado:

1. Reafirmar los históricos nexos que unen las Repúblicas de Colombia y de Venezuela en los esfuerzos por instaurar y consolidar la vigencia del Régimen sociopolítico liberal democrático, resultante de las hazañas de La Independencia y de La Libertad, procuradas y logradas de manera mancomunada.

2. Reafirmar nuestro compromiso con los valores de la libertad y la democracia, condiciones esenciales para una sociedad capaz de promover el desarrollo económico, basado en la iniciativa individual, la solidaridad social, el respeto a la propiedad privada, y el ejercicio responsable de la política, como instrumento para promover el entendimiento entre los ciudadanos.

3. Promover que se combatan de manera concertada las actividades ilícitas y delictivas que afecten a Venezuela, a Colombia y a las relaciones entre ambas naciones. Especialmente, afirmamos que cuando retorne la libertad a Venezuela, promoveremos esfuerzos conjuntos para combatir el narcotráfico y los grupos criminales que subsistan.

4. En la hora dramática que vive Venezuela, acordamos respaldar todos los esfuerzos que se puedan realizar en Colombia y en América Latina en general, para atender a la gravísima crisis humanitaria que se vive en la frontera por efecto del flujo migratorio hacia Colombia de centenares de miles de venezolanos.

5. Auspiciar encuentros entre académicos, intelectuales y artistas para desarrollar de manera conjunta iniciativas que ayuden a la reconstrucción de Venezuela, así como la reparación de las relaciones en todos los aspectos entre ambas naciones, tanto entre los Estados como en lo que respecta a las sociedades.

A los 14 días del mes de mayo de 2018

En Villa del Rosario     En San Antonio del Táchira

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