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Incompetencia histórica por Carlos Raul Hernandez – El Mercurio – 5 de Noviembre 2017

IMG_6715.JPGLos que prometieron Referéndum Revocatorio y luego “elecciones generales”, anunciaron que Maduro se iba y que no habría Constituyente. Los que crearon la fórmula perfecta de la imbecilidad: 350, referéndum popular, trancón de 72 horas, hora cero, marcha a Miraflores y golpe democrático, en vez de dar una explicación del desastre, de sus fatales errores que se pagaron con vidas inocentes, ahora acusan de traición a los que mantienen la estrategia democrática, pacífica, electoral, constitucional, acordada hace tiempo. Después de dos años de fracasos, equivocaciones, errores estentóreos y demostraciones de incompetencia extrema, un grupo decidió acabar la Unidad que funcionó con éxito hasta 2016 y había alcanzado tercera base. El acto teatral de romper desde el Zulia, es esperable de quienes quieren crear un escándalo mayor para encubrir su dramático y penoso fracaso.

Derrocharon en dos años la fortuna electoral creada por el sacrificio de la gente que les dio la victoria en diciembre de 2015. Hicieron lo del improvisado que se gana un loto y al tiempo lo descubren mendigo en la calle. No estaban preparados para el triunfo, no tenían lo que hay que tener para hacer el trabajo y murieron de incompetencia. La algarabía desde Maracaibo quiere callar con gritos uno de los fracasos más asombrosos de la historia venezolana, rica en ellos. Cómo logró Venezuela destruir su condición de país modelo en Latinoamérica, por su modernidad y desarrollo democrático, santuario de los que huían de las terribles dictaduras militares? Cuando algún charlatán lo empuña como arma contundente, y arroja, con el ceño fruncido y la voz engolada “es que el venezolano es…”, lo normal es que uno tenga la pulsión de salir corriendo.

Lo que nunca dijo Francis

Viene el chorro de sociología ingenua propio del diálogo de coctail, la conversación chatarra de los encuentros sociales (“¿qué crees que va pasar aquí?..”). Pero lo que sí parece un rasgo del carácter nacional –que se observa también en algunos otros países– es la incapacidad para el esfuerzo solidario y la construcción de instituciones. Lo que podríamos llamar incompetencia histórica de nuestras elites dirigentes en las diversas ramas de la acción social. Francis Fukuyama, quien, por cierto, nunca dijo que con la caída del comunismo pasábamos a una sociedad sin conflictos, en Trust, un monumental libro, explica cómo el desarrollo es un vector de sociedades capaces de crear redes de solidaridad. Venezuela es de los muchos países ineptos para mantener un esfuerzo combinado, consensual y competitivo y así construir beneficios para todos.

Más bien se observa, para sustento de la hipótesis del autor, la carencia de un tejido importante de organizaciones sociales. Es por eso que solo se le rinde culto casi exclusivamente a un caudillo militar alocado y megalómano del siglo XIX cuyo romo pensamiento contribuye a explicar la fragilidad de las bases sobre las que se fundó la república y por qué se dividió la Gran Colombia. Mucho lo hemos dicho: los únicos 40 años de vida decente en Venezuela los proporcionó el puntofijismo. Antes y después no hay más que violencia y cárceles, entre otras por la incapacidad de los grupos dirigentes para crear otra cosa. Esos 15 minutos de paz los tuvimos porque Rómulo Betancourt, con su infinita capacidad estratégica y táctica, logró imponerse sobre los grupos de poder políticos, sociales, culturales y económicos que lo calificaban de negro, cursi, enano y desde comunista hasta agente de la CIA.

Elites devoradoras

Les pegó la democracia por el pecho, acabó con las insurrecciones de izquierda y de derecha. Murió y dejó la conducción del país al único ciudadano con mayor inteligencia política que él, Gonzalo Barrios, y las instituciones no sobrevivieron a la muerte de este último. Nuevamente las elites fracasadas se lanzaron como lobos al cuello de las instituciones, destrozaron los partidos, desacreditaron la democracia. Empresarios, intelectuales, gerentes de medios, militares, sindicalistas, decidieron acabar con lo existente, buscar nuevos caminos, y se enfebrecieron con Caldera, el primer retroceso al pasado, el desmontaje de la reforma económica, la hostilidad a los cambios políticos y la descentralización, para ver posteriormente pegarse, equivocadas desde siempre y para siempre, y aclamar al galáctico, otro caudillo militar, atolondrado, revolucionario, muy parecido al del siglo anterior.

Decidieron, como ha sido su sino desde la Independencia, destruirlo todo para reconstruirlo, “refundar la república”, como tanto se repetía en declaraciones ilustradas. Elites sociales y políticas más decentes y aptas no serían capaces de hacer semejante locura. Ahora los culpables de la reciente tragedia acusan a otros por no seguir sus delirantes disertaciones, su clavado al vacío. De traición tendrían que examinarse quienes lanzaron muchachos a las calles en una guerra con la Guardia Nacional de la que salieron 130 hogares de luto, y sin mediar el menor arrepentimiento, sin lavarse las manos llamaron a votar por los candidatos a gobernadores. Aterra tanta capacidad para fingir y tanta incapacidad para dirigir, pero ambas nos ayudan a entender porqué pasó lo que pasó. La oposición tendrá que reconstruirse con los gobernadores y alcaldes electos y ojalá de allí surjan algunos que demuestren condiciones.

 

¿Dónde estamos? por Humberto García Larralde – La Patilla – 5 de Noviembre 2017

Unknown.jpegLos resultados de las elecciones regionales han sembrado desconcierto entre las fuerzas democráticas. Asimismo, la decisión de los cuatro gobernadores adecos electos de juramentarse ante la fraudulenta ANC ha atizado la división entre los partidos que conforman la MUD. En vísperas de celebrarse nuevas elecciones (las municipales) y ante la agudización de los padecimientos de la población, conviene unas breves reflexiones sobre dónde se encuentra la lucha por restablecer la democracia en nuestro país.

1. ¿A qué nos enfrentamos?
A una dictadura militar de nuevo cuño, inspirada en el modelo cubano, que controla porciones crecientes de la economía y domina espacios decisivos del Estado para asegurar sus intereses. Se ampara detrás de una presidencia civil cobijada en una retórica “revolucionaria” en procura de legitimidad.

Fortalezas:
– Control de las armas y el ejercicio de la represión de la protesta sin cortapisas legales;
– Un menjurje ideológico fascistoide que combina invocaciones patrioteras antiimperialistas con consignas comunistas para “justificar” y “absolver” sus desmanes contra la población;
– Manejo discrecional de los recursos financieros del Estado sin transparencia ni rendición de cuentas;
– Instrumentación de mecanismos de control social a través de políticas clientelares (CLAP);
– Control del aparato del Estado, que ahora busca coronar con una ANC fraudulenta para reemplazar a la Asamblea Nacional y cambiar la constitución;
– Control de los medios de comunicación;
– Anuencia de un poder judicial que “valida” sus actuaciones inconstitucionales;
– Apoyo financiero de China y de Rusia;
– Tutelaje de Cuba en la instrumentación de tecnologías experimentadas de control y represión.

Debilidades:
– Pérdida de legitimidad, credibilidad y apoyo en la gran mayoría de la población ante agravamiento de la situación nacional, denuncias de enriquecimiento ilícito y la violación del orden constitucional;
– Pérdida de legitimidad internacional y reducción drástica de aliados, por iguales razones;
– Rechazo político mayoritario de las principales figuras de gobierno;
– Sanciones financieras y personales de parte de EE.UU. y amenaza de sanciones por parte de otros países, ante denuncias de corrupción y violación de los derechos humanos;
– Intereses creados y grillos ideológicos que impiden rectificar políticas para conjurar la crisis social;
– Cambios en el mercado petrolero internacional y reducción del ingreso por exportación de crudo que dificultan sostener sus políticas clientelares;
– Rivalidades entre agrupaciones mafiosas (militares y/o civiles) que controlan el poder;
– Alto costo político de la represión y de los arrebatos ejecutados para mantenerse en el poder, dada la insostenibilidad del modelo político-económico a futuro;
– El lastre de una ANC rechazada internacionalmente por encarnar la quiebra del orden constitucional.

2. ¿Con qué contamos?
Un liderazgo democrático dividido y desorientado sobre cómo reaccionar ante lo ocurrido en las regionales. Un pueblo desalentado que, ante la falta de claridad sobre cómo superar sus terribles penurias, ha retirado parte de su confianza a la MUD y se hace vulnerable a la manipulación clientelar.

Fortalezas:
– La convicción democrática mayoritaria del pueblo venezolano;
– Una Asamblea Nacional en el que las fuerzas democráticas son clara mayoría;
– El apego al orden constitucional y la invocación del Estado de Derecho;
– Apoyo internacional a la restitución de la democracia;
– Apoyo de profesionales calificados con propuestas de cómo superar la presente crisis;

Debilidades:
– Poco arraigo organizativo en los sectores populares;
– Rivalidades subalternas de liderazgo y entre partidos;
– Ausencia de visión compartida acerca de los grandes temas referentes al país que queremos;
– Visión inmediatista del liderazgo político;
– Poca presencia en los medios de comunicación;
– Inhabilitación política y/o presidio de los líderes más populares;
– Poca capacidad de contrarrestar acción fraudulenta del régimen en procesos comiciales.

3. Reflexiones: la batalla en el campo de la legitimidad
El proyecto militar es inviable y habrá de implosionar en un futuro no muy lejano. No obstante, ha exhibido una sorprendente capacidad de aferrarse al poder trucando procesos electorales, controlando sus bases de apoyo con prácticas clientelares y reprimiendo manifestaciones en contra, políticas dirigidas desde Cuba. Pero para mantenerlas, requiere desesperadamente de aires de legitimidad. Por ello ha sido gravísima la juramentación de gobernadores de oposición ante la ANC, obsequiándoles esa legitimidad. Las elecciones municipales son, para Maduro, otro ardid en su búsqueda. Estas elecciones, estarán sujetas a similares marramuncias que las anteriores, dificultando el triunfo de las fuerzas democráticas, a menos que puedan movilizar masivamente sus partidarios. La dirigencia de la MUD debe preguntarse si ello es factible, dado el escaso tiempo de preparación y el fardo representado por el revés regional.

Ante la baja probabilidad de que puedan remontarse las trampas, es previsible que la participación de los partidos opositores en estos comicios termine por conferirle mayor legitimidad al fascismo, desconcertando aún más a la población y desarmando la presión internacional. Éstas son dos fortalezas centrales a las fuerzas democráticas que no deben ser expuestas a tal deterioro. Pero no se trata de simplemente abstenerse de participar, sino de hacer una campaña agresiva de denuncia de las violaciones a la soberanía popular por parte del CNE y de la oligarquía militar-civil al montar comicios trucados. A la par, continuar con la crítica de las políticas de gobierno, causantes de la hiperinflación y del consecuente empobrecimiento de los venezolanos, en el marco de una narrativa que señale de manera clara y concisa que un nuevo gobierno tiene cómo sacar a Venezuela de esta terrible crisis.

Esta no es una postura anti-electoral. Al contrario, con elecciones presidenciales en el horizonte posible se requieren todos los esfuerzos para que éstas se realicen en condiciones que permitan un triunfo arrollador de la democracia. Y ello obliga a acumular las fuerzas que obliguen al fascismo a ceder. Es menester movilizar a la población en torno a una postura que no transija con el secuestro progresivo de los derechos ciudadanos, para capitalizar nuestra legitimidad en fuerza. Por lo mismo, las acciones de las fuerzas democráticas deben tener por objeto la deslegitimación de la oligarquía militar-civil, para minar sus fuerzas. No tiene nada que ofrecerle al país que no sea más miseria, represión y latrocinio. El zarpazo del TSJ fascista de pretender anular la inmunidad parlamentaria de Freddy Guevara es muestra de la desesperación en que se encuentra. Es una señal de debilidad. No pueden ni deben triunfar

La orfandad por Leonardo Padrón – Caraota Digital – 2 de Noviembre 2017

leonardo-padron-681x681-1Pasan los días y se agrava el vacío. Se incrementa la parálisis de la oposición. Más aún, la zanja de sus heridas. Pasan los días y el régimen aprovecha el cisma para proponer elecciones de lo que sea, cuando hace apenas tres meses evitaba el tema a toda costa. Al ritmo que vamos, Tibisay Lucena puede convocar las presidenciales para el próximo domingo, y así darnos el tiro de gracia, aprovechando la aparatosa fractura de la Unidad. Hoy, la recién galardonada oposición –vaya ironía- semeja a un boxeador que venía acumulando puntos en cada round, que el público aupaba cada vez con más entusiasmo y, de repente, gracias a una suma de clásicas y nuevas artimañas de su contendor –inescrupuloso in extremis, con hojillas ocultas en sus guantes y compadre del árbitro – ha recibido un estruendoso jab que lo tiene groggy, tambaleante, con la mirada borrosa y sin siquiera saber cómo regresar a su esquina. Pasan los días y el país profundiza sus tragedias. Y ya para qué enumerarlas. Todos sabemos lo que es hoy Venezuela. El mundo lo sabe. Hemos entrado, entonces, en el territorio de la orfandad absoluta.

¿Qué hacer cuando nuestros propios líderes políticos han malbaratado sus conquistas, han empañado su credibilidad y comienzan a enrostrarse, a voz en cuello, sus miserias más recónditas? ¿Cómo ayuda al país ese torneo de dimes y diretes? Tres partidos políticos de la oposición asumen una nueva unidad. ¿Y los demás? ¿De qué tamaño necesitamos que sea la tan necesaria unidad? El recelo gana terreno. La decepción colectiva es ensordecedora. La incertidumbre sube a la velocidad del dólar. La desesperanza se convierte en epidemia. Y sería nefasto que en nuestro país se volviera a incubar el virus de la antipolítica, esa toxina que hizo que un personaje como Hugo Chávez llegara al poder. Pero, sin duda, la oposición debe hacerse una revisión profunda, descarnada y convocar -¡cuántas veces se les ha dicho!- al inmenso resto del país que desea cancelar la larga noche del chavismo. Eso que, con prisa, podemos llamar la sociedad civil.

El problema es que el primer mandamiento de toda organización política es la conquista del poder. Y eso enturbia el camino, da pie a negociaciones oscuras, R k genera ruido en la trastienda. Por eso, insisto en el tema, el convocante debe ser la propia sociedad civil. Lo que menos importa es que el próximoc presidente pertenezca a PJ, AD, VP, a una organización vecinal, al mundo empresarial o a una red de ONG´S. Lo que importa es desterrar del poder al grupo de personas –sí, estoy siendo decente con el sustantivo- que se adueñaron del país con el argumento de una ideología que tiene un historial de sangre, ruina y luto en el mundo. Lo que concierne es que el próximo presidente sea un venezolano estructuralmente democrático. Que crea en la independencia de poderes, en el libre mercado, en los méritos profesionales, en la justicia, en los derechos humanos y en un largo etcétera de valores que sostienen la decencia de un país y permiten su progreso. Necesitamos salir del hondo pantano que nos cubre. Es urgente. Es ya.

Podríamos pensar en un liderazgo colectivo. Podríamos urgir a nuestros mejores economistas, a nuestros juristas, a las universidades. Podríamos tejer cuanto antes una respuesta de los ciudadanos, una reacción concreta, que supla el descarrilamiento de nuestros políticos. Por eso no veo descabellada la propuesta de Andrés Velásquez de procurar un consenso nacional alrededor de una figura que concite un nuevo entusiasmo y que logre unificar al enorme país herido. Si esa figura surge desde las canteras de los partidos políticos o desde algún nicho de la sociedad civil es, creo, lo que menos importa. Ese nombre -elegido por todos, ayudado por todos- deberá encarnar la sensatez que necesitamos. La gente precisa volver a creer en la existencia de un remedio contra tanta desdicha. Y ese asidero lo debemos construir entre todos. No se trata de que los partidos políticos inviten a una reunioncita de tres horas a vecinos, obispos, académicos, estudiantes, juristas, abogados, periodistas, intelectuales y defensores de los derechos humanos. La reunión debe ser permanente, inacabable. Y convocada por nosotros mismos. Todos los días. Noches y domingos. Feriados y almuerzos. Sin agendas personales ni apetencias de poder. Que participen los que tienen hambre, los que tienen rabia, los que no pueden con el duelo, los que quieren regresar, los que saben decir Venezuela con la conciencia limpia. Que se erija un congreso nacional e internacional de rescate del país. No una mesa de la unidad donde nunca caben todos. No una coordinadora democrática donde coordinan solo algunos a su interés y provecho. Un asunto que abarque al mapa entero. Que ocurra en cada estado, municipio y calle. Algo que debe decidirse pronto. Que se organice, así como se organizaron tantas marchas, firmazos, trancazos, plantones y plebiscitos, un movimiento nacional de talante sísmico. Una marcha real hacia la cordura. Un llamado a la responsabilidad colectiva. Donde estén los más capaces y los agraviados, los genuinos y los vulnerados.

Se nos perdió la democracia hace mucho rato. No puede ser que hoy, en pleno siglo XXI, con toda la comunidad internacional dispuesta a apoyarnos, no sepamos organizar el rescate del país. Es el momento de reaccionar con audacia. Sin retórica ni abstracciones. Es el momento de cancelar tanto candor y tanta patraña. O reaccionamos los ciudadanos o nos quedamos para siempre sin país. Es el momento de desterrar la orfandad.

Declaración del Primer Encuentro Iberoamericano – Real Academia de Ciencias Morales y Politicas – 18 de Octubre 2017

Dictamen – Votar o no votar. ¿Es ése el dilema? por José Ignacio Guédez – El Impulso – 5 de Octubre 2017

Votar es un derecho y a los derechos no se renuncia, mucho menos cuando han costado tanto. Desde que ganó la Unidad la Asamblea Nacional el régimen ha tratado de eliminar el voto universal para salvarse del cambio inminente que por decisión popular se dará en el país. Por eso suspendieron el referéndum revocatorio y retardaron hasta más no poder las elecciones regionales. Igualmente, el parapeto constituyente es un globo de ensayo para consagrar elecciones de segundo grado a la cubana para impedir que las decisiones sean tomadas por la mayoría del pueblo. Y es que el verdadero enemigo de la dictadura venezolana es y ha sido el voto, y es el cronograma electoral su gran tormento que le pone fecha de vencimiento a este gobierno criminal. Siendo así, no queda dudas que este 15 de octubre debemos todos salir a votar para recuperar las gobernaciones y ponerlas al servicio del cambio de gobierno y de modelo que se requiere en el país. Si nuestra lucha es por la democracia ¿Cómo no vamos a ejercerla? Al fin de cuentas estas elecciones se hacen gracias a la presión popular e internacional y son el preludio de una elección presidencial que le ponga fin a esta etapa nefasta de nuestra historia. Pero en caso de que existan dudas todavía, voy a darle respuesta a algunos argumentos que de buena o mala fe se han utilizado para promover abstención:
1) “En Cuba también se vota”: Comparar las elecciones en Venezuela con las cubanas es un error, toda vez que en Cuba no hay partidos de oposición. En nuestro caso todavía existen partidos de oposición (cada vez menos pero los hay), y sobretodo candidatos unitarios que son de oposición y que se terminan convirtiendo en alcaldes, diputados y gobernadores. Es impensable que en Cuba el parlamento sea dominado por la oposición como pasa actualmente en Venezuela gracias al voto y a las elecciones que, aunque parcializadas, nos dan la oportunidad cierta de obtener espacios y acumular fuerza política. Al contrario de lo que algunos piensan, seremos como Cuba justamente cuando renunciemos al voto.
2) “¿Por qué no participamos en las elecciones de la constituyente y ahora sí en estas?”: Además de no haber sido convocada por referéndum como manda la constitución, las recientes elecciones de la constituyente fraudulenta fueron de segundo grado, sectoriales y sin voto universal, en las que una persona militante del partido de gobierno votaba múltiples veces. En cambio, las elecciones a gobernadores sí están consagradas en la constitución y son con voto universal y sin voto sectorial.
3) “No voy a avalar con mi voto a la dictadura”: La abstención no deslegitima y por el contrario permite que la dictadura obtenga espacios con fachada democrática. Hay gente que paga impuestos, intenta comprar dólares preferenciales, tiene bonos de la república, abre cuentas en bancos del Estado, usó el cupo de viajero de Cadivi; pero cree que con no votar se está rebelando contra el régimen. La dictadura se combate en todos los terrenos y sobretodo con el voto mientras se cuente con ese derecho. Por algo son ellos los que no querían elecciones.
4) “El Gobierno va a hacer fraude o no va a dejar que los gobernadores de oposición gobiernen”: En ambos casos, fraude o persecución, la dictadura debe pagar un costo con repercusión internacional que no pagaría sí gana la elección con votos gracias a la abstención. Durante la vigencia de este régimen hemos podido ganar elecciones importantes, demostrando que se puede derrotar el fraude con votos y organización. Igualmente, el liderazgo político ha sabido sortear los escenarios de persecución y usurpación, consolidando cada vez más una mayoría contundente. De eso se trata la resistencia democrática, lo importante es demostrar que somos mayoría y que el gobierno es dictatorial. Eso es lo que al final hará insostenible el gobierno actual.
Las elecciones regionales son una jornada de calle y de protesta, en la que toda la población se moviliza. Una oportunidad de oro para reanudar la lucha por el rescate de la democracia y acumular espacios de cara a la batalla final que debe ser la elección presidencial, la cual estará más cerca en la medida de que ganemos mayor cantidad de gobernadores ahora. No puede haber duda. Votemos todos por los candidatos unitarios de la oposición y sigamos luchando.
Caso cerrado, el dictamen final lo tiene usted.

¿Una nación de suicidas? por Tulio Hernández – El Nacional – 1 de Octubre 2017

1480238570963.jpgNo es monopolio de los gobernantes. Cuando una sociedad está enferma, la mayoría de sus integrantes también lo está. La cúpula es siempre la más enajenada. Pero las víctimas suelen ser también presas de patologías extremas.

Perturbado, por ejemplo, estaba el pueblo mejor educado de Europa, el alemán. Terminó seducido, como una adolescente ilusa, por Adolfo Hitler. Un sargento neurótico con derecho de exterminar con el apoyo popular a humanos considerados pecaminosos. Judíos. Comunistas. Homosexuales.

Perturbadas también estaban sus víctimas. Las del Holocausto. Que como lo cuenta Primo Levi en Si esto es un hombre, llegaban a situaciones de confusión mental, desesperación irracional o pérdida de la dignidad con tal de sobrevivir en medio de tanta privación.

II

Eso, intuyo, nos está ocurriendo a buena parte de los venezolanos en medio de la debacle terminal que padecemos desde hace por lo menos 24 años. Desde que Rafael Caldera, en su rol de Saturno devorando a sus hijos, llegó al poder asesinando al partido que fundó. El disparo en el pecho a la democracia bipartidista. Es mi hipótesis delirante: “La tentación del suicidio político se ha convertido en Venezuela en una tradición moderna”.

Suicidas fueron los liderazgos de AD y Copei negándose a emprender los cambios urgentes que las alarmas encendidas –Caracazo, golpes militares, estudios académicos– reclamaban. Aprendices de suicidas fueron los protagonistas del Carbonazo, que convirtieron una rebelión popular de masas en onanista opereta bufa. Atornillaron en el poder a Hugo Chávez. Le dieron el oxígeno que la realidad política le negaba.

Suicida la dirigencia política opositora que, en 2005, ordenando abstención, le regaló a la tiranía roja bananera el poder absoluto en la Asamblea Nacional. Y suicida, más suicida pero con más suerte que los anteriores, la terquedad de la dirigencia chavista empeñada en seguir las fórmulas de un modelo, los estatismos comunistas, fracasado en todos los lugares donde triunfó.

Cada cierto tempo algún venezolano actualiza aquella frase cruel: “Estábamos al borde del abismo, pero hoy hemos dado un paso al frente”.

III

Ahora nos enfrentamos a un nuevo círculo suicida: la obsesiva élite parapolítica que, desde su templo mayor en Miami, predica la abstención para las próximas elecciones de gobernadores.

¿Quiénes son? Lo podemos inferir por sus rostros más visibles. Como el de Diego Arria. Una claque de políticos menores, eternos derrotados, que nunca ha obtenido un cargo importante de elección popular. Un club de corazones solitarios.

¿Qué argumentan? Que ir a elecciones es legitimar el poder de lo chavomaduristas y traicionar las luchas de calle que tantos muertos dejaron

¿En qué se equivocan? En que el chavomadurismo no necesita legitimarse porque ejerce su poder al margen de la ley y la Constitución. Es un gobierno de fuerza. Así convoque a elecciones, luego de las sanciones de Estados Unidos y Canadá, en el escenario internacional, es un Estado forajido. Pero si se les deja, si logran, gracias a la abstención, hacerse de todas las gobernaciones en elecciones democráticas, les estaremos regalando otra bombona de oxígeno.

¿Y los muertos? ¿Los estamos traicionando? Por supuesto que no. Lamentablemente toda lucha contra un gobierno de terror se lleva, siempre, muchas vidas. 30.000 se cargaron los gobiernos militares de la Argentina. Y, al final, hubo que negociar una salida. Porque, entre otros que manejan el sentido común, Sun Tzu nos ha enseñado que una de las artes mayores de la guerra es saber cuándo replegarse. No vale la pena seguir llevando muertos, que honramos, al molino de los rojos si sabemos que no podemos derrotarlos con palos y piedras. Dos pasos adelante, uno atrás, decían en Vietnam. Y derrotaron a los gringos.

IV

Entonces solo nos queda la lucha política. Que los abstencionistas de Miami, allá ellos, aguarden pacientemente la llegada de los Marines vía Los Roques. Que se bronceen a la espera de que los militares rebeldes salgan del clóset. O que terminen de armar el Frente de Liberación Nacional Comandante Urdaneta. Mientras tanto a nosotros, a los mortales, a los de a pie, solo nos queda ir a elecciones porque en democracia menguada quien abandona un espacio de lucha no tiene perdón de Dios.

La diáspora en la recuperación de la democracia y reconstrucción del país por Tomás Páez – El Nacional – 8 de Septiembre 2017

 

1500544479030.jpgLa diáspora venezolana interviene, de diversas maneras, en el proceso de recuperación de las libertades y la democracia en Venezuela y el mundo, desde allí donde han decidido radicarse. Están convencidos de que las libertades son indivisibles y medulares para el proceso de desarrollo y para la reconstrucción del país.

Esos más de 2 millones de ciudadanos, “nuevos y verdaderos embajadores” de Venezuela, después de haber padecido la asfixia progresiva de las libertades, ha asumido un lema: la democracia y los derechos humanos hay que defenderlos todos los días. Han comprendido que el peor enemigo de la democracia es el silencio. Hacen suyas las palabras de Don Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los bienes más preciados que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

En esa defensa de las libertades ha sido necesario contrarrestar un rosario de mitos que el gobierno y sus aliados en diferentes latitudes se encargaron de propagar por todo el mundo. Esa estrategia de marketing, que por un tiempo resultó efectiva, que para desplegarla utilizó todos los recursos a su alcance: las organizaciones y redes creadas en el foro de Sao Paulo, las que provee directamente la dictadura cubana, las que brindaron los gobiernos y partidos afines, los partidos y organizaciones beneficiarias de los recursos venezolanos y los franquiciados y amigos que comparten la misma acera ideológica en España, México, Francia, Estados Unidos, etc., y aquellas redes incrustadas en los organismos multilaterales e internacionales.

Una muestra de esto último la encontramos en las declaraciones de quien fungiera como representante de la FAO en Venezuela. No desperdiciaba segundo para elogiar el modelo alimentario venezolano y, al mejor estilo orwelliano, poco le faltó para denominarlo como el plan de la abundancia, cuando la escasez de los alimentos, de las medicinas y de todo, no cesaba de crecer. Otros organismos han hecho pronunciamientos públicos favorables al régimen o abierto sus espacios para la difusión de los mitos.

La extensión y densidad de estos tentáculos, que no son pocos, los ha padecido la diáspora en todo el mundo. Escojo una experiencia: en una reunión con diputados de un partido político, un representante de la diáspora calificó al régimen venezolano de dictadura. Uno de los parlamentarios presentes expresó su desacuerdo con esa afirmación, alegando que el régimen venezolano no era merecedor de ese calificativo pues había realizado elecciones. De acuerdo con ese argumento tampoco cabría calificar de dictaduras las de Castro o Pinochet; hubo elecciones y plebiscitos.

Esas extensiones han estado acompañadas de generosos contratos a instituciones, consultores y docentes para llevar a cabo investigaciones, dictar cursos y talleres, escribir artículos y libros para ser publicados. Se los financiaba con viajes y estadías para hacer “turismo revolucionario”, a la más vieja usanza de la extinta Unión Soviética y Cuba.

Los beneficiarios gustosamente se convertían en repetidores y amplificadores de los mitos que se habían fabricado. Un story teller que llegaba a distintas capas de la población y que de tanto ser repetido podría resultar creíble. Lo que ha ocurrido en Venezuela con la estrategia propagandística no es nada nuevo, recurre a los viejos esquemas de los socialismos reales: los países de la extinta Unión Soviética y Cuba.

La propaganda rindió sus frutos. Se extendió el mito del carácter social del régimen, se impulsó la idea de que había sido este el responsable de la nacionalización petrolera o el gobierno que dio a la educación y la salud su carácter público, etc. Sus compinches hicieron lo indecible para dar a conocer las “bondades” del régimen, multiplicadores de mentiras y de logros inexistentes que mercadeaban como un régimen “bueno” y preocupado por los desfavorecidos. Indigna que en ese empeño se hagan los ciegos ante la terrible escasez de medicinas y alimentos, el hambre de los ciudadanos y que omitan la existencia de rehenes o presos políticos a quienes, además, se atreven a acusar de asesinos y golpistas.

Otros, menos extremistas e igualmente cómplices, guardan las formas y adoptan una posición equidistante con el solo fin de no tener que tomar partido, que es una forma de hacerlo: guardan un silencio cómplice frente a la crisis humanitaria, la devastación de un país que ya cobra vidas y la represión, que se ha ejercido con saña digna de un ejército de ocupación. Se hacen los sordos y ciegos frente a un régimen que desprecia a sus ciudadanos, prefiere verlos sufrir antes que abrir un canal humanitario que les asegure las medicinas y alimentos que necesitan y son mercaderes de la desesperación: intercambian bolsas de comida por apoyo político.

Su silencio se hace estruendoso cuando desde las Naciones Unidas se alza la voz, con el apoyo de la diáspora, para denunciar el inmenso retroceso y creciente déficit en el terreno de los derechos humanos que ostenta la dictadura venezolana. Todos ellos han sido vulnerados: el de propiedad sobre la vida misma, el de expresión, el de acceso a la información y un largo etcétera.

Esta denuncia es la que ha venido haciendo la diáspora en todos los espacios en los que ha habido posibilidad de hacerla, con el fin de dar a conocer la terrible situación del país y también para evitar que situaciones similares puedan ocurrir en los países en los que hoy viven. La estrategia global en contra de las libertades requiere de respuestas en las que participen organizaciones que desarrollen iniciativas que trasciendan las fronteras nacionales.

La diáspora lo ha hecho a través del contacto personal, en reuniones, talleres, presentaciones, encuentros, entrevistas, artículos, libros, movilizaciones y en el trabajo directo con los partidos políticos demócratas. Ha sido un trabajo de hormiguita que en la primera etapa encontró incredulidad, dudas y mucha resistencia. Las mismas fueron cediendo y hoy, gracias al trabajo conjunto con la alternativa democrática venezolana, un mayor número de ciudadanos, organizaciones sociales y partidos políticos en el mundo son conscientes de que Venezuela vive bajo una dictadura en medio de una crisis humanitaria de enorme calado.

Esa conciencia ha llevado a partidos políticos y organizaciones sociales a desmarcarse del régimen venezolano. Unos por convicción y otros por razones tácticas; les resulta muy pesado cargar con un fardo de esa magnitud. Otros, los menos para fortuna de todos, persisten en la ideología de la barbarie lo que los aísla y distancia de la ciudadanía, cada vez más democrática. Estos dos últimos, los que no se desmarcan o lo hacen por simples razones tácticas, han sido desenmascarados y puestos en evidencia. De esta manera la diáspora, al defender la libertad en Venezuela también lo hace en el país de acogida, allí donde se incube el totalitarismo.

La reciente declaración de un vocero del PSOE (Valladolid, España) minimizando la gravedad de la crisis y mostrando su hartazgo del tema de Venezuela y la posterior aparición, en esa ciudad, de un pancarta ensalzando la revolución bolivariana evidencian las dificultades que la diáspora ha debido enfrentar. Además, con estas declaraciones cuestiona la labor de un líder emblemático de su partido, Felipe González, y la de los eurodiputados y diputados españoles cuyos pronunciamientos reconocen la gravedad de la situación.

Lo dicho reafirma la importancia del esfuerzo que a diario hace la diáspora en su defensa de la libertad y la democracia. Es un trabajo silencioso, que se hace despacito como dice la canción, constante, en todos los terrenos y con todos los medios a su disposición. Se hace con cada nuevo contacto en el trabajo, la calle, en el lugar de residencia y estudio. A cada uno hay que explicarle lo que ocurre en el país y la necesidad de alertar al mundo sobre el peligro de contagio de esta enfermedad mortal en otros lugares del planeta.

Sin duda, los resultados alcanzados podrían potenciarse a través de una mejor definición de políticas y de una mayor coordinación de carácter global. La capacidad amplificadora de la diáspora se ha ensanchado significativamente. Hoy es una necesidad aprovechar la nueva geografía nacional que se construye con la diáspora y un error desperdiciar esta capacidad. Esta necesidad se ha visto reforzada por la reciente declaración de Lima en la que participaron doce cancilleres de los países americanos, por la declaración que ha hecho la Unión Europea y Estados Unidos. Ello no hace más que recordarnos la necesidad de una estrategia internacional con nuevas características y actores.

 

Venezuela: Los que se quedan por Ángeles Mastretta – Nexos – 1 de Septiembre 2017

portada-septiembre.jpgNunca le ha gustado hablar de tormentas, pero es venezolana. Imposible librar su corazón de ese linaje. ¿Y cómo no afligirse? Arduo vivir en Venezuela. Pero ella no ha querido ni quiere moverse de ahí. A pesar del espanto. Yo, en cambio, frente a la deriva de su país, temo hasta decir su nombre.

Arely es un privilegio que me concedió la fortuna. La encontré hace nueve años y desde entonces vamos sabiendo una de la otra, como sabemos de los nuestros.

Con las penas de su mundo ella siempre ha sido prudente. Porque es de una elegancia de alma que le impide maldecir y perder la esperanza.

En diciembre de 2015, tras las elecciones en que la oposición a Maduro ganó la mayoría en el Congreso, la tenía entera. Escribió: El momento que estamos viviendo en Venezuela es un buen motivo para decirles que siempre las quiero y forman parte de mi vida. En esta patria del alma llanera sabemos que este nuevo camino es largo, pero es el comienzo que estábamos esperando, necesitando, deseando, desde hace muchísimo tiempo.

Acompañó este envío con un texto, del escritor Laureano Márquez cuya primera frase, hoy, suena a ensalmo: Este lunes amaneció de democracia. Y era una celebración. Hasta del cielo y los árboles de su país. Lo que parecía imposible para muchos se logró. Venezuela tiene un solo camino, la democracia y el voto como instrumento de cambio y el que no lo entienda, peor para él.

Laureano Márquez estudió ciencias políticas, nació en 1963, es un comediante, un crítico. Tiene dos millones de seguidores en Twitter. @laureanomarquez, escribe la editorial del diario Tal cual (@talcual). Yo no supe de él, ni de tantos, cuando recibí el premio Rómulo Gallegos, que le debo a Venezuela como quien debe una bendición para toda la vida. Siempre tendré cariño y deudas con ese país que hoy sufre tanto. Entonces Márquez ya trabajaba en la tele y los periódicos, pero los escritores de mi generación perdimos el buen hábito que sí tuvieron los de la generación anterior: buscar a los otros, hacer amigos en cada uno de los países que visitamos. Escribo esto y me contradice la emoción de un recuerdo. En 1996 conocí a Carlos Pacheco. Fue presidente del jurado que decidió el premio. Durante los días que entonces pasé en Venezuela nos hicimos amigos. Hablamos de libros, de su pasión por Augusto Roa Bastos. Pero yo vivía entonces en una vorágine. Perdí el rumbo de Carlos y ahora que lo busco en la red me entero, con pesar, de que murió en 2015, en Bogotá.

Investigador, ensayista, crítico, editor, profesor de la Universidad Simón Bolívar, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Todo eso era Carlos y me perdí de celebrarlo con él. No puedo saber qué sentiría ahora frente a la desgracia que atormenta a su país. He de buscar a su esposa, Luz Marina Rivas, profesora titular de la Universidad Central de Venezuela, magíster en Literatura Latinoamericana y doctora en Letras por la Universidad Simón Bolívar.

Le pregunté a Arely si algo sabe de ellos, pero cuando esto escribo aún no me dice nada.

Hace días, tras la supresión de la Asamblea Nacional elegida democráticamente y el invento de una Asamblea Constituyente, escribió un mensaje breve.

La lectura y la escritura las tengo a un lado y esa no soy yo, así no soy, pero el país se metió hasta la médula y no hay otra actividad que esta zozobra y este día a día de incertidumbres. La diáspora venezolana se ha instalado en el alma y en el ánimo.

Este artículo de Leonardo Padrón es uno de los retratos de nuestro acontecer y lo comparto porque es la perfecta descripción de lo que pasa en nuestros corazones.

El texto de Padrón es largo y se titula “La casa grande”. Elijo algunos de su párrafos. Me han sorprendido porque explican lo que a veces nos parece inexplicable. Por qué quienes sí hubieran podido salir de Venezuela siguen y quieren seguir ahí. Responde a lo que tantas veces le han preguntado al escritor.

Las razones para quedarse y lidiar, para no irnos en desbandada.

No es un tema fácil. Es un tema espinoso por el espinoso país que hoy vivimos… Ahora bien, ocurre que habitualmente uno no anda explicando las razones que tiene para no irse de su casa.

…Mi casa, si me pongo específico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fantástica de Brasil, al oeste con kilómetros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atlántico y ese litigio histórico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el año. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa fácil. Mi casa tiene un catálogo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus páramos, con sus árboles redondos, con su sol de tamarindo y papelón. Mi casa tiene 30 millones de habitantes…

…En mi casa está mi infancia, mi ventana y mi lámpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librerías, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa.

…Tengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo.

…Pero sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qué no me quiero ir de mi casa.

…cuando no llega el agua a mi casa averiguo, pregunto, resuelvo, compro, instalo un tanque. Cuando aparecen filtraciones busco, llamo, persigo al plomero… Cuando se agrietan sus paredes, cuando se colma de insectos, cuando la cubre el polvo, cuando se trastornan sus aparatos, cuando la polilla ataca, en todos esos casos, no suelo irme, no desisto, no salto por la ventana. Sencillamente, me ocupo. La lleno de atenciones…

Sí, en estos tiempos las goteras se han vuelto absurdas, el techo se ha corrompido, el agua sale negra, la luz es escasa, el tronar de las armas eclipsa el bullicio de las guacamayas, la nevera se ha llenado de vacío y nostalgia, a los insectos se le han sumado alimañas impensables. Mi casa es hoy un tesoro arruinado, malbaratado, saqueado. Pero es mi casa. Me cuesta no atenderla. No procurar remedios. No aportar la cal de mis opiniones, la despensa de mis esmeros, el martillo de mi insistencia y su tanto de ética, perspectiva y confianza.

Mi casa está rota. Y yo me sumo a la reparación. No al adiós. Irme es un verbo posible. Tengo derecho a hacerlo. A veces me intoxico de ganas. Pero entiendo que en cualquier otro confín seré un extranjero. Un emigrante. Un nómada accidental.

Es una opción válida… pero el exilio es una palabra llena de piedras… Es una acrobacia espiritual.

Hay vecinos que se han ido, otros que están haciendo maletas, ensayando un nuevo idioma, aprendiendo a usar un GPS. Mis hijos se despiden de sus mejores amigos. Mi pareja se despide de sus mejores amigos. Mis mejores amigos se despiden de sus enemigos.

Los venezolanos estamos viviendo una experiencia inédita. En esta época de ideologías y militancias extremas, el desencanto ha hecho que el país esté advirtiendo el mayor de los éxodos de su historia. Me he topado con la conmovedora circunstancia de ver a una madre hacer todo lo posible por separar a su hijo de ella. Apurándolo para que se vaya a estudiar a Calgary. Para salvarlo. Para saberlo seguro.

¿Es este el fin del país? No. Los países no concluyen. Es este un episodio amargo.

Se habla de la inflación más alta del mundo. De la escasez más pavorosa que hemos vivido. Del corrimiento del sistema de valores. De una violencia sórdida y copiosa que ha convertido al mapa entero en sangre y luto. Así de grave está la casa, así de extrema la inundación.

Entonces, ¿desertamos?, ¿desmantelamos lo que queda? ¿Realmente queremos renunciar a nuestra casa?

Leonardo Padrón es escritor. @leonardopadron y publica en su .com y @caraotadigital. Nació en Venezuela, en 1959. Licenciado en Letras por la Universidad Andrés Bello, ha escrito y escribe todo el tiempo. Poesía, crónicas, guiones para cine y televisión, entrevistas. Es productor en medios electrónicos, es editor. Es otro venezolano extraordinario.

Termino este artículo al recibir el más reciente mensaje de Arely: El lunes pasado murió en manos de este desastre el hijo de una amiga. Vivían en Barquisimeto y él, Eduardo, de 19 años, estaba manifestando pacíficamente.

Todo esto sufre, pero se queda. Ahí está su casa.

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, entre otros títulos.

 

Los Presidentes Ricos y… La Herencia de Chávez por Thays Peñalver – RunRunes – 22 de julio 2013

thumbnailthayspeñalverSi usted se fija bien en la última historia presidencial, Hugo Chávez nació en una casita de barro, durante la dictadura. Y nada más llegada la democracia fueron sacados a una casa de verdad, con luz eléctrica; se le educó gratuitamente, se le operó y trató gratis. A su padre se le educó en programa especial y se le transformó en maestro, en coordinador, en director de colegio, director de grupo y jefe de sección hasta llegar a la cúpula de los destinos públicos, jubilándose a los 20 años de trabajo y con lo reunido pasó de un rancho de bahareque, con techo de palma a dos aguas a comprar con su esfuerzo de profesor y empleado público una finca de 20 hectáreas, con tractor, desgranadoras, ordeñadoras y más de 100 animales de todo tipo (1). Ya quisieran hoy los campesinos tener esas oportunidades.

Era como para estar agradecidos con la democracia porque salieron de la miseria, algo que en 150 años de dictadura y botas militares nadie soñó en su familia. Sus hijos serían profesionales universitarios, educados gratuitamente y a todos se les dio empleo digno. Y aun siendo ellos la prueba más clara de que Venezuela es la tierra de las oportunidades, se empeñaron en mentir descaradamente, sobre que la democracia nunca dio oportunidades a los pobres.

Abra, amigo lector, cualquiera de las biografías del despropósito que dirige esta *“Nueva República”*, y se encontrará con una única constante. La mayoría de los ministros, gobernadores y alcaldes nacieron en la pobreza durante la dictadura militar o el comienzo de la democracia, como muchos de nosotros, el resto son representantes de la clase media baja. La mayoría de ellos siendo pobres, pudieron estudiar gratuitamente en las escuelas y liceos, asistieron gratuitamente a las universidades que no existían en dictadura, absolutamente todos consiguieron buenos empleos.

Del liderazgo principal en los ministerios, a todos -y especialmente a los comunistas- la democracia les permitió no solo graduarse, sino que fueron enviados a las mejores universidades de Europa y Estados Unidos a hacer sus maestrías y doctorados algunos Nacidos en la pobreza y llegado Chávez, todos ellos ya eran universitarios, maestros y doctores, con sus casas y automóviles, todos tenían buenos empleos y una vida digna.
¿Pueden ellos decir que los pobres no tuvieron oportunidades, siendo ellos la prueba clara de lo contrario?,
¿Pueden ellos hablar de que los oligarcas no les dieron oportunidades, si sus propias biografías son prueba categórica de lo contrario?
Y ¿quiénes fueron los oligarcas? *¿Rómulo Betancourt?* Hijo de un inmigrante canario establecido en la Guarenas del siglo XIX.
*¿Raúl Leoni?* Hijo de otro inmigrante radicado en El Manteco asolado por la malaria.
*¿Carlos Andrés Pérez?* Que nació en un rancho del siglo XIX y que salió a lomos de un burro de su tierra.
*¿Jaime Lusinchi?* Hijo de una increíble doña María que regentaba una pensión y a veces se iba sin comer a la cama para que su hijo pudiera estudiar medicina.
*¿Rafael Caldera?* huérfano de padres españoles y criado en el estricto hogar de Tomás Liscano. Si algo ha tenido la presidencia democrática de Venezuela, sus ministerios y la mayoría de su funcionariado toda la vida es que ha estado “100% libre de ricos y burgueses”.
¿Justicia, Independencia de Poderes? ¿Acaso no hay mayor mentira cuando los golpistas hablan de la justicia de la 4ta República, cuando ellos querían nombrar al Fiscal General, Ramón Escobar Salom, para su Junta de Gobierno?
La verdad es que Chávez su familia y quienes hoy gobiernan estaban relegados a vivir como todos los dictadores y comunistas que se adueñan de un País, porque el Cabito terminó viviendo en un hotel de París con botellas de coñac de 1.000 dólares de la época; Marcos Pérez Jiménez en su cuenta tenía nada menos que el presupuesto de la educación de todos sus ancestros.
Mientras que a Rómulo hubo que hacer una colecta para comprarle una casa porque no tenía dónde vivir y aceptó el regalo condicionado a que una vez muerto, la casa sería un museo. Sus hijos, por tanto, no heredaron absolutamente nada, como tampoco heredaron fortuna los hijos de Leoni. Conozco a los hijos de Lusinchi que heredaron solo buenos recuerdos, y Caldera legó su dignidad a toda prueba, como Luis Herrera del que nadie puede negar que más allá de sus quesos llaneros, jamás se preocupó en hacer fortuna. Dejo de penúltimo al “hombre más temido y odiado por Chavez” CAP, que muere en estado de semiabandono (por los millones que votaron por él). Y de último dejo al hombre que nunca sabremos cuánto legó a sus hijos, informense como viven, y no se como hizo el inocente, porque con “su sueldito”, dos ex esposas y varios hijos, es difícil). Pero a Venezuela sí le dejó el mas grande legado: Hugo Chávez dejó partido en dos al país, destruyó a la izquierda, reinstauró el militarismo, triplicó la deuda, quebró las arcas, y parafraseando a Cabrujas: “Ni la caída del muro de Berlín, ni Yeltsin inaugurando un McDonald’s junto a la tumba de Lenin, hicieron tanto por la derechización nacional”.

 

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