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Ex militar cuenta en un libro el porqué en Venezuela se vive una “Dictadura Científica” – Entorno Inteligente – Julio 2020

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Un ex integrante de la Fuerza Aérea Venezolana, acaba de publicar un libro llamado La Franquicia Cubana, una dictadura científica el cual incomoda al régimen venezolano y todos aquellos que han adoptado esta nueva manera de dominar las masas a través del engaño y el adoctrinamiento. Eduardo Hurtado, fue miembro de la Fuerza Aérea Venezolana donde trabajó en tránsito aéreo y en defensa antiaérea. También es veterano de guerra del Ejército donde cursó una especialización en Aviónica y Armamento de Helicópteros Apache AH-64D. Con el tiempo formó parte de una unidad especial de inteligencia geoespacial. Hurtado posee dos licenciaturas y una maestría al igual que una avanzada carrera Professional, con todo ese  cuadro de formación, sobre todo en investigación e inteligencia, se sentó y escribió un libro donde explica con lujo de detalles como los hermanos Castros desarrollaron una metodología perfecta en conjunción con el gobierno de Rusia y lo han estado implementando de manera exitosa en Latinoamérica, han descubierto como lograr manipular las masas a través de esta franquicia con el fin de perpetuarse en el poder de manera eterna.¿Por qué es una dictadura científica?

Es una dictadura científica porque todo está planificado de manera organizada, todo lo que pasa en Venezuela y América Latina, está cuidadosamente estudiado en salas situacionales y desarrollado en teatro de operaciones que ejecutan estas estrategias quienes hacen mediciones en tiempo real para ir monitoreando los resultados de sus estrategias. Nada es casualidad, ha sido diseñado con métodos de guerra psicológica que apuntan a crear caos, confusión, hambre, desesperanza porque saben que estas características son vitales para controlar las masas más desvalidas.

-¿Lo que pasa en Venezuela y en Latinoamérica, está preparado?

Efectivamente, las masas creen que todo es casualidad y el estado juega con la inteligencia emocional del pueblo, dicen lo que ellos quieren escuchar y mantienen la esperanza otorgando migajas de beneficios manteniendo el adoctrinamiento total de los necesitados, mientras mas pobres tengan al ciudadano más dependiente serán del gobierno y por eso manipulan el sistema económico de tal manera que el ciudadano común deba acudir a ellos para poder subsistir.

-¿Que puedes decir sobre la crisis económica, la destrucción de las empresas?

Todo eso es un plan del Estado para generar una sociedad adoctrinada ya que una sociedad adoctrinada no ofrece resistencia, aplican la teoría del caos, con un propósito definido destruyen la capacidad de sustentar una economía estable en el país, un ser que no tenga estabilidad es un ser manejable. La idea en este macabro plan es que para que pueblo sobreviva deba arrollidarse ante el tirano dictador y sus secuaces.

-¿Háblanos un poco de esa Franquicia cubana?

Los cubanos se aproximaron a los Estados Unidos cuando Fidel Castro llegó al poder pero los EUA no quisieron nada con el comunismo, entonces este se aproxima a los rusos y aplican el método ruso en su propio país Cuba el cual de manera exitosa lleva una experiencia de casi 60 años y por ende deciden formar esta corporación con sede en Sao Paolo. Cuando digo franquicia cubana no me refiero a los cubanos, hablo de los Castros y al sistema de gobierno que ellos implementaron en la isla.

Fidel Castro, quien por sus poderes psíquicos fue nombrado como el elegido crea el Foro de Sao Paulo y allí al estilo de desarrollo comercial para su tan golpeado país negocia esta manera estratégica de permanecer en el poder de manera eterna y a cambio de la venta de esta franquicia recibe millonarias ganancias, la franquicia viene conjuntamente con asesoría en materia de guerra psicológica, espionaje, entrenamiento, manipulación y un sin numero de estrategias que incluyen como manipular la opinión internacional y como hacer dinero usando el narcotráfico entre otras actividades ilícitas.

-¿Una de las cosas que hemos observado es que en América Latina ha habido muchas elecciones donde han ganado los supuestos franquiciarios. Pero Cuba nunca hizo elecciones?

Cuba hace elecciones lo que pasa es que siempre gana Fidel pero eso es un protocolo para el mundo. En Venezuela desde el ano 2006 las elecciones fueron un acto protocolar, al mismo tiempo compran tiempo mientras se crea una oposición falsa que servirá de barrera de contención para retener al pueblo en momentos de estallidos sociales, Corea del Norte, Rusia, entre otros países que están asociados se ejecutan elecciones pero sus sistemas electrónicos ya están manipulados de tal manera que siempre ganaran ellos, recordemos que estamos en el mundo de la nueva tecnología y es fácil hacer trampa evadiendo las auditorías.

-¿Venezuela está llegando al límite de los 20 años que es cuando la franquicia se vuelve eterna?

Podría ser eterna.  Ellos han dado en el clavo, han seguido el manual de los castros al pie de la letra y llega un momento en que ya el país no se puede librar por si solo del sistema dictador ya que esta debilitado y adoctrinado a través del hambre.

-¿Por qué la llamas dictadura científica?

Porque es como un método científico. Hay un análisis perfecto con procedimientos que se ejecutan al pie de la letra, los primeros años es una luna de miel donde el presidente envía mensajes populistas que llenan y conectan emocionalmente con las masas mas desvalidas, la ingeniería social sabe lo que el pueblo quiere escuchar, esto es un plan que se ejecuta en un largo periodo, la idea principal es hacer que el término “política” sea aborrecido de manera que cuando llegue la opción populista vendiéndose como empresario y no político va a conectar con el país y lo eligen presidente, luego vendrán los abrazos con la gente, promesas de justicia social, ajustes económicos a favor del pueblo y un poco de beneficios sociales de manera que la impresión que da el dictador es de un hombre de pueblo y para el pueblo que ama a la patria antes que a todo interés corporativo. Una vez logrado esa confianza empieza a generar una estrategia de mercadeo político haciéndole creer a las masas que los cambios que se van a ejecutar son por el bien del país y dividen el estilo de gobierno actual en un antes y un después, todas las cosas malas se las achacarán a los gobiernos anteriores de manera que nada será culpa de ellos. Crearan una oposición falsa y ejércitos paralelos que contrarresten la lucha social cuando esta se quiera defender del sistema, quitarán el dominio de las armas y militarizan al país con líderes que ya han comprados. Mientras tanto, la franquicia cubana provee de un sistema organizado de espionaje que infiltra en el país al estilo caballo de Troya y en lo que el país se de cuenta será tarde para reaccionar. Las ayudas sociales aumentan con dádivas al pueblo de manera que se acostumbren a recibir del gobierno quien crea una dependencia de ellos, los manipula y los mantiene comprados con limosna y no los enseña a trabajar para progresar, el sistema educativo es cambiado para adoctrinar a las masas bajo este nuevo sistema que se implementa.

-¿Qué objetivo persigue este libro?

Educar y quiero dejar en claro que para resolver un problema primero hay que entenderlo y las masas que han sido manipulada no creen lo que pasa porque han sido manipulados por los medios de comunicación que se prestan a este adoctrinamiento. Si Venezuela hubiese tenido este libro hace 20 años la historia hubiese sido diferente hoy, tenemos la oportunidad de advertir al resto de Latinoamérica sobre lo que está sucediendo y espero que todos se comprometan en esta lucha que incluso se está desarrollando en los EUA y que si no logramos detenerla vamos a tener un caos de mayor magnitud en unos 10 años más.

En el libro se explican con claridad 85 estrategias usadas por este Sistema de control moderno y como las masas son sometidas a estas estrategias de engaño y adoctrinamiento y como psicológicamente las masas entran en estado de negación al no creer que esto esté pasando en realidad y la verdad es que pasa ante los ojos de todos pero las masas no reaccionan y cuando reaccionan son conducidos por los políticos de oposición que son parte del problema también porque han sido comprados y creados para colaborar con este proceso.

Para resolver un problema primero debemos conocerlo, y desconocer la verdad te hace esclavo de las mentiras. Debemos aprender a pensar de manera objetiva y reconocer las manipulaciones tanto de los medios de comunicación que nos programan mentalmente como los políticos que nos hacen creer que nos hacen un favor con gobernar de manera mediocre. El poder lo tiene el pueblo y por ende pueden quitar a quienes los gobiernen mal. Crear conciencia de la nueva era moderna y de como nos destruye socialmente es una manera de conservar nuestra dignidad humana. Hay que educarnos sobre estos temas y compartir este mensaje cruel de un grupo de asesinos que se quieren perpetuar en el poder creando hambre y destrucción. El libro pone al descubierto esta metodología de manera clara y sencilla, sin rodeos para que las masas puedan entender lo que pasa alrededor.

Cuba: final de la utopía por Joaquín Villalobos – Nexos – 1 de Julio 2020


Fidel Castro abrió la conversación con lo que más se hablaba en aquel momento en La Habana, la prohibición de las revistas soviéticas Novedades de Moscú y Sputnik. De manera tajante me dijo: “Hemos tenido que terminar su circulación. Durante años distribuimos millones y difundimos sus ideas como verdades, pero su contenido actual equivaldría a que el Vaticano sacara un nuevo catecismo donde afirmara que Jesús y la Virgen nunca existieron y que todo ha sido una mentira. No podemos cuestionar nuestras verdades, porque se nos cae el sistema”. Era agosto de 1989. El llamado “socialismo real” o “comunismo” empezaba a agonizar en Europa y Asia. Aunque la intención fuera otra, la comparación de esa agonía con el final de un sistema de creencias religiosas no pudo ser más elocuente.

El enojo de Castro lo provocó un artículo de Vladimir Orlov en cual sostenía que el socialismo cubano era una copia del soviético que “negaba totalmente la economía de mercado y el pluripartidismo” y mantenía al “Estado militarizado para defender a la élite partidaria estatal, no sólo de la contrarrevolución externa, sino también de la interna”.1 Se burlaba de que Fidel llamara a defender ese socialismo hasta la última gota de sangre. Había razones para el enojo, pero impedir el debate con ideas que venían de la meca del socialismo era miedo de Castro a perder el debate y el control sobre los cubanos. Obviamente, la utopía cubana también podía morir. Era fácil acusar de traidor y de agente de la CIA a un disidente cubano o a un crítico de la izquierda latinoamericana, pero eso no se le podía decir a los soviéticos que durante cuarenta años le habían dado a Cuba el desayuno, el almuerzo y la cena.

El filósofo británico John Gray, en su libro Misa negra, sostiene que todas las corrientes políticas, incluido el liberalismo, tienen pretensiones utópicas religiosas, son proyectos que ambicionan ser globales y llegar hasta el fin de los tiempos. Los misioneros armados estadunidenses que invadieron Irak para llevar la democracia y las bombas evangelizadoras que lanzaron franceses y británicos sobre Libia son ejemplos de liberalismo religioso. Ahora nos asusta el califato universal que moviliza al radicalismo islámico, pero el paradigma del comunismo científico mundial que propugnaba el marxismo-leninismo partía de la misma pretensión. Hace algunos años Raúl Castro, en un congreso del Partido Comunista de Cuba, pronosticaba que un día Estados Unidos sería gobernado por los comunistas.

Para Bertrand Russell “el bolchevismo entendido como fenómeno social no ha de ser considerado un movimiento político corriente, sino una religión”.2 Gray establece que “la idea misma de la revolución entendida como un acontecimiento transformador de la historia es deudora de la religión. Los movimientos revolucionarios modernos son una continuación de la religión por otros medios”.3 Mis propios orígenes como revolucionario a inicios de los años setenta partieron del catolicismo y puedo dar fe de que la militancia era una especie de apostolado, tal como me lo dijo Ignacio Ellacuría, sacerdote jesuita asesinado por los militares en 1989, durante la guerra civil en El Salvador.

Es común escuchar juicios idealistas sobre los revolucionarios pensando que éramos la solución, cuando solamente éramos el síntoma de sociedades enfermas de autoritarismo. Una sociedad puede tener la rebelión en su cultura política, pero esto no le asigna a los alzados calidad de solución. Los movimientos revolucionarios latinoamericanos fueron construcciones sociopolíticas, caóticas, fragmentadas y primitivas que competían entre ellas por cuál grupo tenía la verdad. Si bien surgían por causas justificadas, eran proclives al fanatismo ideológico, al revanchismo, al resentimiento social y a la manipulación por intereses externos. Admitían en sus filas a mucha gente noble e idealista, pero también recibieron aventureros, megalómanos, oportunistas y hasta sociópatas que disfrutaban de la violencia.

No interesa hacer aquí una profunda discusión filosófica, sino establecer que el punto de partida teórico marxista y cristiano de gran parte de la izquierda latinoamericana tiene un origen contaminado de dogmas, ritos, creencias y santorales que la hizo necesitar un mesías y una tierra santa. Éste fue el lugar que ocuparon Fidel Castro y Cuba en el imaginario de la izquierda e incluso entre intelectuales, académicos y líderes políticos marxistas o marxistas solapados de todas partes del mundo, incluyendo Estados Unidos. Era la lucha del David cubano contra el Goliat imperialista americano; en algunos intelectuales pesaba más el rechazo a Goliat que el proyecto de David. La veneración y el reconocimiento a Fidel Castro incluyó creyentes y no creyentes. Pero tal como establece el mismo Gray: “Las religiones políticas modernas… no pueden sobrevivir sin demonología”.4 Es así como los cuatro demonios más importantes para nuestra izquierda han sido: los ricos, el capitalismo, el imperialismo yanqui y los disidentes.

Ilustraciones: Alberto Caudillo

La figura mítica-religiosa de Fidel Castro arranca y cobra fuerza con la prolongada victimización de la Revolución cubana y de la izquierda en Latinoamérica, en el contexto de la Guerra Fría. Las intervenciones estadunidenses, las dictaduras militares, los golpes de Estado, las torturas, los asesinatos, las desapariciones, las masacres y la persecución persistente, le otorgaron de facto a la izquierda la representación del bien en la lucha contra el mal. Castro estaba tan consciente del poder que le daba ser víctima que, en una ocasión, hablando del Che Guevara, me dijo que el parecido de éste con la imagen de Jesucristo contribuyó a convertirlo en un ícono universal revolucionario. Efectivamente, la imagen justiciera del Che y su sacrificio nos movió a muchos jóvenes a rebelarnos contra las dictaduras. Guevara dio fuerza a la mitología religiosa izquierdista al asociar violencia, sufrimiento y martirio con redención y transformación revolucionaria. Cuestionar esta mitología se convirtió entonces en herejía, no importa que se estuviera frente absurdos evidentes.

La guerrilla cubana no necesitó un gran desarrollo militar. Los rebeldes entraron a La Habana con sólo unos cientos de hombres. El Che fue un mal estratega, su plan en Bolivia era absurdo y por eso fue derrotado. Hay evidencia fotográfica y testimonial de que fue capturado vivo, de que se rindió sin “luchar hasta la última gota de sangre” como exigía Castro. Él mismo dijo a sus captores: “No disparen. Soy el Che Guevara valgo más vivo que muerto”. Por otro lado, su imagen de hombre bueno se contradecía con su gusto por los fusilamientos en la sierra y en la Revolución. En 1964, durante un discurso en Naciones Unidas, dijo: “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando”. En su mensaje a la Tricontinental en 1967 dijo: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Esta cara cruel de Guevara dejó de destacarse y muchos, la verdad, ignorábamos esa parte de la historia. Sin embargo, las evidencias de guerrillero inepto, cobarde y de hombre sanguinario no impidieron su santificación como ícono revolucionario heroico, representante del bien.

Fidel Castro fue un desastre como jefe de Estado. Usando un concepto marxista se puede afirmar que fue incapaz de desarrollar las fuerzas productivas en Cuba y, más bien, fue el destructor de éstas. Castro es el padre de una economía parásita, primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela. En verdad la economía cubana funcionaba mejor con la dictadura de Batista que con la de Castro. Conforme a datos de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), el promedio de producción de caña de azúcar por hectárea en el mundo es de 63 toneladas métricas y el de Cuba es 22. En un artículo del Granma titulado “Añoranza por la reina”, publicado el 7 de febrero de 2007, se decía que desde 1991 la producción de piña había descendido 30 veces.5

Sobra información pero abundan los ciegos que no quieren ver. Durante años, intelectuales y funcionarios de organismos internacionales aceptaban los progresos en salud y educación del socialismo cubano, pero pocos ponían atención en que éste no tenía sustento económico propio sino en el subsidio soviético. Esto permitía repartir sin producir. Los cubanos han pagado esa falsa igualdad no sustentable con pérdida de libertades y con hambre cuando se acabó el subsidio. Han soportado seis décadas una dictadura que justifica su fracaso por la existencia del demonio imperialista y que sustenta su poder controlando a los cubanos con el miedo, la necesidad de sobrevivir y el escepticismo de que un cambio es posible.

En Costa Rica hubo una guerra civil entre 1948 y 1949 que condujo a una revolución basada en un programa social demócrata que disolvió el ejército, estableció una nueva constitución, modernizó el país, aseguró el crecimiento económico, la educación, el bienestar social y las libertades democráticas. Todo esto sin fusilamientos, sin declararse antimperialista y sin satanizar al capitalismo y a los empresarios. El líder de este movimiento, José Figueres Ferrer, ganó las elecciones en 1953, pero entregó el gobierno cinco años después. No se quedó gobernando hasta la muerte. Durante setenta y un años, en Costa Rica no ha habido golpes de Estado ni movimientos guerrilleros y ha tenido dieciocho presidentes electos libremente. Es el país más estable, el que tiene la mayor expectativa y el que mejor ha respondido a la actual pandemia en Latinoamérica. La educación de su población le ha permitido atraer inversiones de Microsoft, Intel, Hewlett Packard, Google y Amazon, y lograr progresos en innovación tecnológica y respeto al medioambiente. Tiene el salario mínimo más alto de Latinoamérica con $555 dólares mientras en Cuba son sólo $15. Los costarricenses no emigran en masa, al contrario, el país recibe inmigrantes y envía más dinero en remesas del que recibe. Estos resultados han superado siempre a Cuba, incluso en los mejores momentos del subsidio soviético.

Sin embargo, estos resultados de la Revolución costarricense no despertaron la mitología religiosa que desataron Castro y Cuba. Sin duda hay diferencias importantes de contexto como el carácter de las élites costarricenses, socialmente más sensibles que los oligarcas guatemaltecos o salvadoreños. Pero lo más importante fue que Figueres y sus seguidores no eran marxistas-leninistas y no les interesó ser redentores. Prefirieron instituciones a caudillos, no quisieron crear un hombre nuevo, entendieron que la naturaleza humana es un balance entre la cooperación y la competencia en la cual la ambición de los empresarios puede convivir con la solidaridad hacia los trabajadores. Pero una revolución sin mesías resultaba muy pagana para el fervor que dominaba a la izquierda de entonces, martirizada por las dictaduras. Por ello Costa Rica nunca fue reconocida por la izquierda como una verdadera revolución.

Dicen que la fe es ciega y esto resume lo que ocurrió en la construcción del pensamiento de la izquierda frente a Fidel. Nadie veía el desastre, los que lo veían callaban y los que en algún momento decidimos cuestionarlo abiertamente fuimos llamados agentes de la CIA, neoliberales, vendidos y traidores, es decir, herejes, infieles, apóstatas. Atreverse a decir que la Revolución cubana es un fracaso o, peor aún, que Ernesto Che Guevara se rindió al ver cerca la muerte, es un sacrilegio. Yo lo digo con la autoridad que me da haber comandado revolucionarios que se enfrentaron solos a batallones, que prefirieron morir heroicamente antes que rendirse.

Establecido el carácter religioso de la izquierda, perder la fe, dejar de creer se volvió un tema lento, complejo y traumático. No es casual que los cambios en la Unión Soviética y Europa comunista llegaron con el cambio generacional. Vargas Llosa en La llamada de la tribu hace referencia a su ruptura con Cuba y a las acusaciones que le lanzó Castro de servir al imperialismo cuando lo sentenció a no volver a pisar Cuba jamás. Le dio la categoría de “ángel caído expulsado del paraíso”. José Saramago lo dijo en una frase: “Hasta aquí he llegado. Desde ahora en adelante Cuba segui-rá su camino, yo me quedo”.6 Vargas Llosa describe la ruptura diciendo: “Romper con el socialismo y revalorizar la democracia me tomó algunos años. Fue un periodo de incertidumbre…”.7

Nunca pude conocer la realidad de los cubanos de la calle. Las muchas veces que visité La Habana me recibía un Mercedes Benz que me llevaba del aeropuerto a una casa de protocolo del barrio Miramar. Pero conocí bien el “sistema”, su política exterior, sus dirigentes y, sobre todo, su estrategia hacia el continente con las izquierdas armadas y no armadas. Me reuní decenas de veces con Fidel Castro en el palacio de gobierno, en su yate, en la residencia de Cayo Piedra, en el penthouse donde vivió Celia Sánchez, en su limusina soviética. Una vez compartimos tiempo en una práctica de tiro. Castro tenía gran habilidad para manipular a las personas a partir de un protocolo, un ritual y de un uso reiterativo de la palabra que fortalecía en terceros la idea de que él era infalible en temas de fe izquierdista. Unas cuantas veces su apoyo fue crucial para que los comunistas salvadoreños aprobaran mis propios planes. Si Fidel apoyaba, todos aceptaban.

Castro empobreció dramáticamente a los cubanos, pero tenía una gran capacidad política para armar estrategias que le permitieran conservar el poder en condiciones extremas, sacando del juego a adversarios reales o potenciales, con cualquier método; diseñando un sistema de control policial en el que todos vigilan a todos; y ejecutando planes con efectos de largo plazo como los médicos esclavos. Era poseedor de una genialidad perversa, con una visión religiosa y culturalmente conservadora y por lo tanto hipócrita en política. Los principios debían ser defendidos a muerte, a menos que él decidiera lo contrario. Era humildemente arrogante. Repetía constantemente sus hazañas militares en primera persona. Escuché muchas veces su narración de las emboscadas en la sierra y cómo dirigió desde La Habana la batalla de Cuito Carnavale en Angola. Disfrutaba del poder y sabía que sus palabras eran recibidas como mensajes divinos.

Yo me rebelé contra la dictadura en mi país movido por valores como la justicia, la compasión y por la indignación frente a la arrogancia y crueldad de militares y oligarcas. Pero esos mismos valores me llevaron, años después, a romper con la extrema izquierda y a dejar de creer en la Revolución cubana; fue un proceso complejo porque eso implicaba ubicarme en un centro izquierda que no tenía futuro en un país polarizado al extremo. En una ocasión, Fidel me dijo que si ganábamos la guerra podíamos perder la paz. Obviamente percibía las tensiones entre los marxistas y quienes simpatizábamos con la socialdemocracia. Sin embargo, Castro mantuvo un trato preferencial conmigo hasta el final de la guerra porque me reconocía como jefe militar guerrillero.

Cuando las protestas del 2018 en Nicaragua, jamás imaginé que Daniel Ortega fuera capaz de matar a más de 400 nicaragüenses, encarcelar a cientos con tanta ferocidad y definirse abiertamente como dictadura. El sandinismo, incluido Ortega, fue menos dogmático que los marxistas salvadoreños, pero cuando recuperó el poder redefinió su programa como cristiano, socialista y solidario, una mezcla de marxismo, esoterismo y manipulación cínica de la religión. Lo ocurrido en Nicaragua me llevó a pensar que si en El Salvador hubiésemos triunfado, los comunistas, que eran más dogmáticos que Ortega, con el apoyo de Cuba habrían tomado el control del gobierno, yo habría sido disidente y, como tal, habría terminado muerto o dirigiendo fuerzas contrarrevolucionarias. El empate militar y el acuerdo de paz evitó que esto ocurriera. Mi reflexión es que la guerra en mi país fue un enfrentamiento entre quienes defendían una dictadura y quienes querían imponer otra. La institucionalidad que estableció el acuerdo de paz fue lo mejor que pudo pasar. El empate fue posible por la intervención estadunidense. Sin ella, hubiéramos derrotado a los militares salvadoreños, igual que Fidel pudo derrotar a Batista. Lo paradójico es que yo era simultáneamente un peligro potencial como disidente para la izquierda y al mismo tiempo el objetivo principal de la CIA para ser eliminado y al único al que la agencia destinó un equipo permanente con ese propósito.

Entendí entonces el enorme coraje de todas las disidencias internas de la Revolución cubana: enfrentaban el riesgo del rechazo de ambas partes. Entre éstas, las disidencias que pudieron haber motivado la perestroika, como la del general Arnaldo Ochoa y mi amigo Tony de la Guardia, dos guerreros fuera de serie fusilados sin compasión por Fidel Castro en 1989. Fueron acusados de narcotráfico en un país donde absolutamente nada se podía hacer sin el consentimiento de Fidel. Con estos fusilamientos Castro logró limpiarse frente a los estadunidenses por el narcotráfico y deshacerse de un grupo de disidentes, en particular de Arnaldo Ochoa, el más potente de sus competidores.

Separar la ideología de la calidad humana es fundamental para romper con la visión izquierdista que divide al mundo entre buenos y malos, conforme a las posiciones políticas o el origen de clase. Sin tolerar las diferencias, la izquierda jamás será democrática y siempre habrá riesgo de que acabe en dictadura. En la visión religiosa los pobres son buenos, aunque sean delincuentes y los ricos son malos, aunque sean generosos. El calificativo de “pequeño burgués” es un ataque común en la extrema izquierda, que se adentra en la forma de ser y en las costumbres de las personas. Esto conducía a los llamados procesos de proletarización, consistentes en una disciplina de sacrificios para forzar el cambio de clase. La militancia revolucionaria se convertía así en un apostolado, tal como me lo dijo Ellacuría, en principio aparentemente inocente, que se adentraba en la imposición de genuinas idioteces, como la ropa, la música o el arte. Los Beatles fueron prohibidos en Cuba. Hasta que el Ministerio del Interior comisionó la traducción de sus canciones, concluyeron que éstas no eran contrarrevolucionarias y terminaron construyendo una estatua de John Lennon en un parque en La Habana. Pablo Milanés, el cantautor que se convirtió en marca cultural de Cuba fue enviado en 1966 a un centro de reeducación junto a disidentes y homosexuales. Como se fugó, lo metieron en una prisión con delincuentes comunes. Su pecado era tener talento frente a la mediocridad partidaria.8

En su nivel más extremo la proletarización o reeducación condujo al genocidio de Pol Pot en Camboya, a los muertos de la Revolución Cultural de Mao Zedong y a las matanzas de Stalin. La construcción del hombre nuevo la realizaban matando a millones de personas que representaban al viejo sistema. Guevara fue un fiel impulsor de la construcción del hombre nuevo por la vía de los fusilamientos. A menor escala esto ocurrió también en las filas de la insurgencia latinoamericana. En el 2014 fue encontrada en Perú una fosa común con 800 víctimas de Sendero Luminoso, la mayoría indígenas asháninkas y machiguengas exterminados entre 1984 y 1990.9 En el 2003 las FARC ejecutaron un atentado terrorista contra el exclusivo Club Nogal de Bogotá, hubo 36 muertos y 198 heridos. Pudo haber más víctimas si el peso de la piscina que estaba en el 9.º piso hubiese demolido el edificio. Fue un acto terrorista dirigido contra civiles por su origen de clase.

El libro Grandeza y miseria de una guerrilla, escrito por Geovani Galeas y Berne Ayalá, cuenta que entre 1986 y 1991, en El Salvador uno de los grupos guerrilleros arrestó, torturó y mató de formas crueles a cientos de combatientes y colaboradores por considerarlos espías de los militares. Muchas de estas personas fueron víctimas de una paranoia colectiva de los dirigentes por sospechas originadas en conductas no proletarias que se interpretaban como “infiltración enemiga”. Galeas y Ayalá recopilaron y publicaron los testimonios de las familias de las víctimas.10 En Guatemala, Mario Roberto Morales, exmilitante de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), en su libro Los que se fueron por la libre habla del abandono de sus “prerrogativas de clase” para adentrarse en “los hábitos del pueblo” y cuenta de una guerrillera de seudónimo la China que fue ejecutada porque su “sensualidad” generaba conflictos entre los compañeros.11 Esta sería una ejecución de corte religioso como las que ahora realiza el Estado Islámico.

En abril de 1983, en Managua fue asesinada con 90 puñaladas Mélida Anaya Montes (Ana María), segunda al mando de uno de los grupos guerrilleros salvadoreños. Inicialmente el asesinato se atribuyó a la CIA, pero los investigadores nicaragüenses y cubanos capturaron rápidamente a los autores. Los debates sobre la negociación como una salida a la guerra produjeron profundas diferencias en el grupo guerrillero al que pertenecía Mélida. Ella estaba en favor de la negociación y el jefe de la organización, Salvador Cayetano Carpio (Marcial), consideraba que negociar era traicionar al proletariado y a la revolución. Carpio ordenó entonces al equipo de contrainteligencia que tenía bajo su mando ajusticiar a Mélida por desviaciones pequeñoburguesas y traición y encubrir el crimen. Al ser descubierto Carpio optó por suicidarse.

Una guerra exige disciplina y compromiso y hubo efectivamente casos de espionaje y traición. Sin embargo, la “proletarización” fue la causa principal de numerosos crímenes que, además, como dice Roberto Morales, debían ocultarse para evitar “hacerle el juego al enemigo”. La visión religiosa abría las puertas al fanatismo, al revanchismo, al resentimiento social, a la manipulación y al engaño, pero también a la mediocridad, que ha sido el factor más autodestructivo en las izquierdas. Rechazar la diferencia e imponer la igualdad convierte la mediocridad en resultado y termina con la expulsión o la huida de los talentos. Esto puede verse en el contraste entre la Cuba rica de la Florida y la Cuba pobre de la isla, o entre las dos Alemanias antes de la caída del muro. Cuando el oportunismo adulador y acrítico y su pariente el culto a la personalidad toman control, la ineficiencia se vuelve la regla. El fracaso de la Revolución cubana es hijo de la mediocridad y del voluntarismo, igual que en la Unión Soviética.

Muchos deben recordar al Castro de la memoria extraordinaria, capaz de hablar horas con gran fuerza argumentativa sobre los problemas del mundo, aunque siempre sin ofrecer soluciones. Su ventaja en ese debate la daba el contexto de dictaduras y la agresiva política de Estados Unidos contra su gobierno. Cuando esto cambió, Fidel tartamudeó para responder a una periodista sobre por qué los cubanos no podían entrar a los hoteles de lujo que abrió el capitalismo en su país socialista e insultaba a gritos, como activista de calle, acusando de agentes de la CIA a los periodistas que le preguntaban por los presos políticos.12

Castro no pudo reinventarse, su cabeza se quedó en los años sesenta y le costaba admitir el fracaso. En otro video le preguntan a Fidel por qué insiste en el comunismo si éste ya está muerto en todo el mundo. Su respuesta fue: “Cristo murió en la cruz y al tercer día resucitó”.13 En el 2010 hizo una sorprendente declaración: “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros mismos”. Cuba permitía a los millonarios como inversionistas y a los pequeñoburgueses como turistas, siempre y cuando fuesen extranjeros. Capitalismo y riqueza para los extranjeros, y socialismo y pobreza para los cubanos; de nuevo mostraba su genialidad política pariendo un “apartheid económico”. Después, Raúl Castro dio otro paso permitiendo los llamados “cuentapropistas”. Con este paso la Revolución aceptó burgueses cubanos, siempre que fueran pequeños.

Con el tiempo las raíces religiosas de la izquierda convirtieron saber y tener en pecados capitales y rasgos sospechosos. Esto les ha impedido a los gobernantes cubanos tener una relación normal con los empresarios y los tecnócratas, los dos componentes más importantes para el desarrollo, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Para entender este conflicto puede resultar útil un verso del poeta cubano Indio Naborí. Su poema Placa en la puerta del partido fue muy popular en la izquierda para fortalecer la mística. El verso final dice así: “…aquí tienes que ser/ el último en comer/ el último en dormir/ el último en tener/ y el primero en morir”.14 Estas ideas que rezaban los militantes para ir a la lucha son una expresión de la barrera religiosa que hay entre la izquierda y el mercado. En el pensamiento extremista, la pobreza es un valor, no un problema que debe resolverse.

Con una izquierda pobre y perseguida, resultó fácil contraponer codicia y ambición a justicia y solidaridad. Pero ¿qué ocurre en las almas izquierdistas cuando la realidad demuestra que la codicia y la ambición son más eficientes para desarrollar la economía y reducir la pobreza? ¿Qué les ocurre cuando el poder los coloca frente a las tentaciones de la sociedad de consumo?

Tienen dos caminos: entrar honestamente a la normalidad o volverse corruptos y cínicos. Castro insistía en que el centro del debate era la naturaleza del hombre y que ésta era ser solidario. Utilizaba ejemplos de guerras y tragedias para demostrarlo. En realidad, éste es el centro del error, porque el ser humano no es ni solidario ni egoísta por naturaleza. Como dice Martin Nowak: “La competencia y la cooperación han funcionado desde el primer momento para dar forma a la evolución de la vida en la Tierra, desde las primeras células hasta el Homo sapiens. Por lo tanto, la vida no es sólo una lucha por la supervivencia: también es, podría decirse, un abrazo para la supervivencia”.15

Guevara decía que el revolucionario es el eslabón más alto de la especie humana y la extrema derecha piensa lo mismo de los empresarios. Ambas ideas llevan a la corrupción, la primera porque va contra la naturaleza humana y la segunda porque si todo asume tener el dinero como propósito, los policías, los jueces, los maestros necesitarán volverse corruptos para no ser especies inferiores. El estilo de vida es irrelevante, da igual si se vive con comodidades cuando esto es resultado del esfuerzo personal o si se es austero por opción personal. Existen ricos austeros y pobres que derrochan lo que no tienen. Hay en la izquierda quienes, sin sufrir retorcijones ideológicos, optaron por la corrupción. En Nicaragua, Daniel Ortega es ahora tan rico como el exdictador Somoza; los bolivarianos venezolanos son multimillonarios con cuentas de hasta miles de millones de dólares y los generales cubanos son ahora los dueños de la industria turística. Un conocido izquierdista español se disfraza de pobre en el congreso, pero usa chaqué en los eventos de la farándula; cuando era candidato cuestionaba a quienes tenían casas de 600 000 euros y terminó comprándose una del mismo precio. La primera vez que probé caviar fue con Fidel Castro, una misión iraní le dejó una dotación de regalo, pidió vino francés de excelente calidad y me dijo que las exquisiteces no debían ser sólo para los ricos. Ni el yate ni las langostas frescas en Cayo Piedra eran cultura “proletaria”. La conclusión sería que la codicia puede también ser revolucionaria.

Cuando la riqueza proviene del poder político, perder el poder es quedar en la pobreza porque no se sabe hacer otra cosa. Entonces hay que defender el poder a toda costa, como en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero ya no se está defendiendo el socialismo ni a los pobres, sino los privilegios personales de los dirigentes y sus familiares. La corrupción en la extrema izquierda establece una relación de amor y odio con la riqueza que deriva en una vulgar transición de revolucionarios a ladrones.

La aceptación de la economía de mercado para la izquierda tiene dos componentes fundamentales: el personal y el programático. El primero es aceptar que no es malo tener y el segundo es entender que los que saben generar riqueza son indispensables. Cuando no se comprende esto, el deseo de superación, una aspiración natural en todos los seres humanos acaba representada exclusivamente por las derechas.

La ambición humana es el motor de la generación de riqueza y crecimiento económico. Por ello, el propósito marxista de desarrollar las fuerzas productivas lo han ejecutado mejor las derechas. Las izquierdas se tomaron en serio el evangelio de san Mateo que dice: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”. Deng Xiaoping, padre ideológico de la transición de China al capitalismo, se mofaba de quienes decían que “si un granjero tenía tres patos era socialista, pero si tenía cinco, era capitalista”.16 Esto ocurre en Cuba cuando el gobierno regula el número de mesas que pueden tener los restaurantes privados. A Deng se le atribuye la más valiosa cita sobre el cambio en China: “Enriquecerse es glorioso”. Quienes venimos de la izquierda sabemos que esta idea es fundamental porque fusiona lo individual con lo programático e implica una ruptura con el voto de pobreza de la izquierda, que al igual que el celibato de los curas, genera perversiones porque va contra la naturaleza humana. La corrupción es para la izquierda marxista lo que la pedofilia es para la Iglesia católica.

No es casual que las derechas asuman en sus programas la producción y las izquierdas, la distribución. Tampoco es casual que cuando ya no hay mucho que repartir la izquierda pierda elecciones. La regla es que a mayor distancia del mercado se es más de izquierda, sin embargo, a la hora de gobernar el resultado es que a mayor distancia del mercado corresponde mayor fracaso. Los gobiernos de extrema izquierda de Evo Morales y Daniel Ortega no se pelearon con el mercado y sus resultados económicos contrastan con los fracasos venezolano y cubano. El marxismo, en el consciente y el subconsciente de las izquierdas, genera un conflicto moral con el espíritu emprendedor. Los empresarios son definidos como enemigos o como aliados indeseables.

La izquierda necesita romper con la idea de la igualdad absoluta y aceptar la legitimidad de la ganancia, de la acumulación y de la diferencia. Los empresarios son capital humano como lo son los profesionales de alta calificación, sin éstos no hay crecimiento económico. La izquierda debería tener empresarios en sus filas. La sensibilidad social y la solidaridad no son incompatibles con el espíritu emprendedor, los ricos también pueden irse al cielo. Sin duda hay empresarios que abusan de los trabajadores, pero igual hay doctores que abusan de sus pacientes y no por ello debemos quedarnos sin doctores.

Para quienes viven en el mundo normal, este debate puede parecer tonto, pero estos son los cuellos de botella ideológicos y morales que enfrenta ahora la utopía cubana. Necesitan, como me dijo Fidel, “cuestionar sus verdades” y aceptar que éstas siempre fueron mentiras.

A raíz de la pandemia los izquierdistas dicen que viene el fin de la globalización y del neoliberalismo, alias del capitalismo. El problema es que el capitalismo es reformable, lo que no se puede reformar es el socialismo marxista cubano, como no era reformable el soviético que se autodestruyó cuando Gorbachov intentó hacerlo. El propio Fidel Castro después de reunirse con Gorbachov me dijo que éste iba a destruir a la Unión Soviética tal como ocurrió. Stephen Kotkin habla de “autodestrucción ideológica” y usa la figura de las famosas muñecas rusas matrioska diciendo que “dentro de Gorbachov estaba Kruschov, dentro de Kruschov estaba Stalin, y dentro de Stalin estaba Lenin. Los predecesores de Gorbachov habían construido un edificio que tenía minas que provocaron su propia detonación al impulsar la reforma”.17

El neoliberalismo es sólo una variable del capitalismo con menos Estado y más mercado. Capitalismo es también la Revolución de José Figueres en Costa Rica, el Nuevo Trato de Franklin Roosevelt, el Estado de Bienestar de Suecia, Noruega y Dinamarca, y la modernización española que ejecutó Felipe González. La pandemia obliga a fortalecer el rol subsidiaro del Estado en todas partes, pero el capitalismo continuará siendo el motor de la economía para generar empleos, proporcionar ingresos a los gobiernos y reducir la pobreza. En Gran Bretaña, cuna del neoliberalismo, el gobierno está pagando los salarios de once millones de trabajadores. Esto no es bondad, es comprensión de cómo funciona la economía. El capitalismo no va a terminar. Lo que viene es la competencia entre dos tipos de capitalismos: el liberal democrático y el capitalismo con dictadura. Cuba no está en ninguno de esos dos grupos.

China no regresará al maoísmo, Putin no va a expropiar a los oligarcas rusos y Vietnam no renunciará a los progresos que ha logrado. En estos tres símbolos de utopías fallidas “enriquecerse ha sido glorioso”; la colección de whisky más cara del planeta, valuada en 14 millones de dólares, pertenece a un millonario vietnamita que vive en la ciudad Ho Chi Minh. En las calles donde antes caían bombas estadunidenses ahora transitan vehículos Ferrari, Aston Martin y hay tiendas de Oscar de la Renta, Louis Vuitton, Gucci, relojes Patek Phillipe y joyerías de Tiffany. La transformación capitalista de Vietnam logró que las exportaciones pasaran en los últimos veinte años de 10 000 millones a 230 000 millones de euros. En ese mismo período las exportaciones de Cuba pobremente pasaron de 1400 millones a 2100 millones de euros mientras su capital se está cayendo y en sus calles circulan vehículos con hasta setenta años de antigüedad. La Habana ocupa la posición 192 en índice de calidad de vida de un total de 231 posiciones.18 Estados Unidos mató cinco millones de vietnamitas y destrozó el país, y ahora los estadunidenses llegan por miles como turistas y son bien recibidos. Todos los argumentos del régimen cubano sobre el embargo y las sanciones estadunidenses son nada comparadas con los treinta años de guerra que sufrió Vietnam contra dos potencias.

El fracaso económico de Cuba no es culpa de Estados Unidos, sino del conflicto religioso de los comunistas cubanos con la ganancia, la creatividad, el espíritu emprendedor y el deseo de superación de sus ciudadanos.

La economía siempre ha tenido tendencia a globalizarse y, al igual que el mercado, existe desde antes que existiera el capitalismo; ambos fenómenos, mercado y globalización, son inevitables porque responden a la naturaleza humana. Quienes pelean contra las fuerzas del mercado acaban derrotados. La globalización se aceleró en las últimas décadas por el desarrollo del transporte y la revolución de las comunicaciones. Esto facilitó que los grandes capitalistas pudieran conectar sus industrias con las enormes reservas de mano de obra barata que existían en países pobres como China, India, México o Bangladesh. Un fenómeno similar de demanda y disposición de mano de obra ocurrió salvajemente en los siglos XVI, XVII y XVIII con el comercio de esclavos africanos, resultado de la conquista y colonización europea en América.

La globalización actual ha tenido, entre otras, tres consecuencias importantes: generó fortunas sin precedentes, sacó a centenares de millones de gentes de la pobreza y abarató las manufacturas llevando la sociedad de consumo a todas partes. Sin duda ha tenido consecuencias negativas ambientales, injusticias con millones de trabajadores, severa desigualdad y otras. Pero si la globalización desapareciera como dicen los izquierdistas, sería una gran catástrofe para los más pobres. Va a reacomodarse, pero no a desaparecer.

El riesgo de que aparezcan nuevos gobiernos autoritarios resultado de la pandemia es un tema político, la democracia no es universal y podría perder terreno, pero el carácter capitalista de las economías no está en cuestión. La recesión económica generada por la pandemia provocará protestas sociales y problemas a la clase política en todas partes, incluidos China, Rusia, Gran Bretaña, Brasil, México y Estados Unidos. Pocos gobiernos saldrán bien librados, ya sean de derecha o izquierda, pero hay que estar locos para pensar que habrá revoluciones populares comunistas en alguna parte. El capitalismo sufrirá reformas y sobrevivirá; lo que no sobrevivirá es la utopía estatista cubana y el desastre del socialismo del siglo XXI en Venezuela. Pueden seguir un tiempo más como muertos que caminan, pero el modelo marxista no va a resucitar y la aproximación de su final tiene consecuencias.

Después de inicios de la Revolución en 1959, Fidel Castro definió que la defensa de Cuba debía hacerse generando o expandiendo conflictos armados en Latinoamérica. La invasión de bahía de Cochinos, la expulsión de Cuba de la OEA y el predominio de dictaduras militares en casi todo el continente justificaban la lucha armada. La frase de Guevara de “crear uno, dos, tres Vietnams” era una forma de defender a Cuba. Se trata de algo militarmente básico, si te quedas encerrado en tu territorio, tu defensa será débil y tu enemigo podrá concentrar ofensivamente sus fuerzas contra tus posiciones. Para evitar esto es indispensable una defensa ofensiva que disperse, distraiga, agote y obligue a tu enemigo a combatir en un territorio más amplio.

Cuando Stalin estableció gobiernos comunistas satélites en Europa del Este no estaba haciendo revoluciones por solidaridad con los trabajadores de estos países. Estaba ampliando la defensa territorial de la Unión Soviética. El general Vo Nguyen Giap, uno de los más brillantes estrategas de la historia, jefe de las fuerzas vietnamitas en la guerra contra franceses y estadunidenses, mantuvo una ofensiva permanente sobre Vietnam del sur con operaciones regulares e irregulares hasta alcanzar la victoria y reunificar su país. En El Salvador los guerrilleros aplicamos este principio con una estrategia sistemática de sabotajes y golpes de mano en las ciudades y territorios que controlaba el gobierno. Nuestros ataques rápidos y el sabotaje obligaron a los militares a invertir mucha fuerza en protegerse y cuidar la infraestructura. Con ello el crecimiento y la capacidad ofensiva que había logrado Estados Unidos fueron anulados y en 1989 entramos a San Salvador.

Cómo se defendió Cuba poniéndose a la ofensiva es una larga historia que abordaré en una siguiente entrega: Cuba: defensa y agonía.

Joaquín Villalobos
Exjefe guerrillero salvadoreño, consultor en seguridad y resolución de conflictos. Asesor del gobierno de Colombia para el proceso de paz.


1 Consultar: https://bit.ly/2Vg8V3R.

2 Cita tomada de Gray, J. Misa negra, Editorial Paidós, 2008.

3 Ibid.

4 Ibid., p. 43.

5 Tomado de Botín, V. Los funerales de Castro, Editorial Ariel, 2009, p. 117.

6   Ver: https://bit.ly/2Np7wU7.

7 Vargas Llosa, M. La llamada de la tribu, versión electrónica.

8 https://bit.ly/2B65lCw.

9 Consultar: https://bit.ly/2B65xBK.

10 Galeas, G., y Ayalá, B. Grandeza y miseria en una guerrilla. Informe de una matanza, Centroamérica 21, El Salvador, 2008.

11 Morales, M. R. Los que se fueron por la libre, Editorial Consucultura, 2.ª edición 2008, p. 37.

12  Las respuestas a los cuestionamientos de los periodistas están disponibles en: https://youtu.be/9R4OU4gbkz4https://youtu.be/TAFtAUM56QI.

13 La entrevista puede consultarse aquí: https://youtu.be/-x4tkkNkmNE.

14 https://bit.ly/3ezhQFk.

15 Nowak, M. A. “Why We Help”, Scientific American, julio de 2012.

16 Vogel, E. F. Deng Xiaoping and the transformation of China, Harvard University Press, 2013, p. 227.

17 Kotkin, Stephen, Armaggedon Averted: The Soviet Collapse, 1970-2000, Oxford University Press, 2008, p. 82.

18 https://cnn.it/2YuwNmf.

EE UU incluye a Cuba y Venezuela en su lista de “adversarios extranjeros” – América 2.1 – 8 de Julio 2020

Esta orden tiene como objetivo proteger las instalaciones y los sistemas de control necesarios para operar la red eléctrica de las «actividades maliciosas» de actores extranjeros, y ordena al Departamento de Energía que los defina.

A consideración de este Departamento, y basándose en informes de la comunidad de inteligencia, según el mismo diario, los países mencionados podrían atacar la red eléctrica de EE UU.

De la lista se han librado otros países considerados patrocinadores del terrorismo, como Siria y Sudán.

La orden prohíbe la adquisición de equipos de estos países que podrían hacer que la red eléctrica estadounidense sea vulnerable a los ataques cibernéticos

La orden ejecutiva, detalla El Nuevo Herald, define el término «adversarios extranjeros» como gobiernos y actores extranjeros que han mostrado «a largo plazo un patrón o conductas significativamente adversas a la seguridad nacional de Estados Unidos».

El Departamento precisó que los actores extranjeros señalados «están empleando combinaciones innovadoras de espionaje tradicional, espionaje económico y operaciones cibernéticas y en la cadena de suministro para obtener acceso a infraestructura» energética en Estados Unidos.

La orden ejecutiva prohíbe la adquisición de equipos o software de estos países que podrían hacer que la red eléctrica estadounidense sea vulnerable a los ataques cibernéticos.

Aunque es poco probable que las empresas estadounidenses importen software de Cuba y Venezuela por las posibles sanciones, recuerda el diario de Miami, la designación de ambos países como «adversarios» se suma a la «campaña de máxima presión» que la administración lanzó el año pasado para obligar al líder venezolano Nicolás Maduro a salir del poder.

El pasado mayo, el Departamento de Estado volvió a incluir a Cuba en su lista de países que «no cooperan completamente» con EE UU en la lucha antiterrorista, una medida que prohíbe vender armas a la Isla y que también afecta a Venezuela, Irán, Siria y Corea del Norte.

 

 

Biden, Trump, Venezuela and the 2020 Elections by Carlos Alberto Montaner – Latin American Herald Tribune – 6 de Julio 2020

“Venezuelans should not expect from Biden anything similar to what Obama did in Cuba,” writes Latin American genius Carlos Alberto Montaner.

On Tuesday, November 3, 2020 there will be 12 key elections in the United States. Not 1 or 50, but 12. Those are the “swing states.” As the elections, according to the Constitution, are decided in the Electoral College and not in the ballot boxes, vote by vote, it is according to this peculiar institution where the bitter contest is organized.

Today the “swing states” are, in alphabetical order: Colorado, Florida, Iowa, Michigan, Minnesota, Nevada, New Hampshire, North Carolina, Ohio, Pennsylvania, Virginia and Wisconsin. These are states in which elections are very close and, therefore, can change sides, as has happened in the past.

As Al Gore and Hillary Clinton bitterly recall, it is possible to win at the ballot box as a democracy and lose the general election as a republic. After all, the United States is a law-abiding republic and not a Rousseau-style democracy governed by a pure and simple majority.

In the 2016 election, Hillary won by almost 3 million votes, but lost at the electoral college by 77 (Trump 304 and Clinton 227). Trump managed to prevail by 0.25% – a quarter of a point – in some key states such as Ohio and Florida, and that was enough for him to obtain a decisive victory.

On 5 electoral occasions, the republic has prevailed before democracy or majority rule: 1824, 1876, 1888, 2000 and 2016. In all cases, the Democratic Party candidate has been defeated, although reluctantly accepting his or her bad luck. The reviled Andrew Jackson, immensely popular in his time (the first third of the 19th century), even tried to change the electoral rules, but could not. No one could.

The consequence is that the campaign intensifies in those 12 key states and decreases substantially in the red (Republican) or the blue (Democrat) states. At least for some time California will be Democrat and Texas Republican. Trying to get a few expensive votes is not worth it when the “prize” is elsewhere.

That’s why (and because of the sun, golf, and Mar-a-Lago) Donald Trump has officially moved from New York to Florida. But, also because of that, Joe Biden is making a great effort to defeat Trump in a state that has 29 electoral votes, the fourth in the nation in number of inhabitants, although it probably exceeds New York if the census, currently in process, reflects an increase, as predicted.

How do you win in Florida? Roughly, the southern part of the state, the most cosmopolitan and educated, is Democrat. The north, more rural and less educated, is Republican. And the center changes with the influence of the million Puerto Ricans, almost all educated, who have arrived in recent years and who mostly vote Democrat.

Within the political tradition of the United States, those voters’ preferences are taken into account by the Democratic and Republican parties. The conquest of the Jewish vote requires a position favorable to Israel. Winning the black vote requires the same in Africa, as Washington’s position during the apartheid underlined. And Cubans and Venezuelans in Miami expect a strong position against the dictatorships that have ruined them and sent them into exile.

Meanwhile, the Puerto Ricans settled in Orlando expect from their fellow citizens – they are Americans “by birth” since 1917 – a much more generous position towards Puerto Rico and, for the most part, that they allow the Island to become a state, as Congress did with Alaska or Hawaii in 1959, two other territories separated from the mainland.

It is within this spirit that the Venezuelan internationalist lawyer Joaquín Chaffardet has prepared something that could have been called “In his own words.” These are 19 writings by Joe Biden, from talks to tweets, or about him, which show that Biden has been demanding democracy for Venezuelans for many years and calling the regime an atrocious dictatorship.

The writings convinced me. Venezuelans should not expect from Biden anything similar to what Obama did in Cuba. A victim of his naiveté, President Obama ended the policy maintained by eleven presidents before him, Republicans and Democrats, consisting of not making too many concessions to the Communist regime in Havana, unless the impoverished Island stopped exporting its nefarious revolution.

Among the virtual papers that Chaffardet sends there is an excellent article by Andrés Oppenheimer that says, verbatim, “The leaders of the Democratic Party are strongly supporting the decision of President [Trump] to overthrow the illegitimate ruler of Venezuela, Nicolás Maduro.” Biden’s hand can be seen there. Excellent! ©FIRMAS PRESS

Michael Penfold: “La crisis exige una dosis de realismo, de aceptación y de reconexión social” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 28 de Junio 2020

 

Michael Penfold: “La crisis exige una dosis de realismo, de aceptación y de reconexión social”

Más abajo hay una seguidilla de ideas, de reflexiones, de cuestionamientos, que van a incomodar a más de uno. Todos, cortesía de Michael Penfold*. Pongamos de relieve una realidad incontestable. La economía venezolana es más pequeña que la de Guatemala, pero nuestra población es mucho más grande, lo que significa que somos más pobres. ¿Pero conocemos ese nuevo país? ¿Lo entendemos? ¿O, sencillamente, lo que nos conecta con Venezuela es un recuerdo?

Descendemos por el abismo y los paracaídas no abren. Tanto el chavismo como la oposición necesitan asumir la realidad de una manera distinta, si quieren atender la demanda de la población que, en más del 60 por ciento, quiere un arreglo y manifiesta —hasta la saciedad— que no podemos seguir viviendo así.

Más allá de si estaría dispuesto a reunirse con Nicolás Maduro, lo relevante de la declaración del presidente Donald Trump es que pone en duda el liderazgo de Juan Guaidó. Esto es producto del fracaso del 30 de abril y también es una demostración de «real politik» que plantea una situación muy distinta —nada favorable— para la oposición venezolana. ¿Cuál es su opinión?

Creo que en los círculos del presidente Trump y en el Departamento de Estado (Cancillería de USA) hay, lo que se llama en inglés, second thoughts —cambiar de opinión o empezar a dudar de ella— alrededor de lo que ha sido la política exterior hacia Venezuela, cuya característica —por momentos— es que ha sido muy errática, aunque básicamente ha tenido una línea dura que, curiosamente, fue la que diseñó Bolton. La apuesta —se ve claramente en el libro que acaba de publicar— era legitimar a Guaidó, como presidente de la AN y como presidente interino de Venezuela. Lo que se buscaba era un quiebre militar que nunca llegó, porque los términos del acuerdo —y esto también queda en evidencia— no eran creíbles y luego se revirtieron. Eso terminó en un fracaso estrepitoso como lo fue el 30 de abril. El tuit del presidente Trump es, si se quiere, una respuesta a la versión de Bolton, cuya visión pendular va de un extremo intervencionista a otro que es la negociación. Lo que percibo es que hay una gran ambivalencia sobre cómo proceder con Venezuela.

El 30 de abril, para decirlo claramente, nos dejó al descubierto. Una oposición dividida, si se quiere hasta la raíz, aunque siempre se enarboló la bandera de la unidad. Lo que estamos viendo, por la vía de los hechos, es que este tema quedó liquidado. ¿Esto, propiamente, es producto del 30 de abril o de la política ensayada en los últimos dos años?

Yo creo que es el resultado de esta idea de proceder simultáneamente con múltiples estrategias, sin casarte, necesariamente, con una ellas. No se entendió que la coalición que estabas construyendo tenía que sumar actores, que debía ser persuasiva, que tenía que ser creíble en el plano doméstico, que no podía anclarse en una fortaleza internacional porque se iba a erosionar en la medida en que no lograra una solución en Venezuela. Creo que esa política nunca maduró y el 30 de abril es el resultado, más bien desordenado, de eso. Por el contrario, lo que está generando en actores centrales, como las Fuerzas Armadas, es la percepción de que esa política no es creíble, de que hay mucha incertidumbre, y al final llegamos a una situación muy trágica. El 30 de abril es una situación en la cual, básicamente, pierden todos los venezolanos por distintas razones, pero una de ellas, es producto de esa visión maximalista que tiene la oposición. Eso no quiere decir que se tenga que dividir.

¿Cuáles serían las opciones?

Se está discutiendo, por ejemplo, la idea de la continuidad administrativa, en caso de que las elecciones parlamentarias se realicen bajo las condiciones actuales y, por esa vía, extender el mandato de la Asamblea Nacional. Sería un error, entre otras cosas, porque el fundamento jurídico de esa opción es muy endeble y el mandato democrático aún menos claro. Pero hay más. Eso llevaría a la oposición a un gobierno paralelo en el exilio y la experiencia internacional de ese tipo de cosas es muy mala. Básicamente, en el plano doméstico, la oposición se hará más irrelevante. No estoy diciendo con esto que tengas que ir a las elecciones legislativas. Mi punto es que la oposición no puede aferrarse a unas opciones que no son creíbles, que no son reales.

¿Qué pasos tendría que dar el liderazgo opositor para restablecer mecanismos de confianza? ¿Es posible reconstruir una coalición en estos momentos?

El contexto es mucho más autocrático del que había hace dos años. Cuando se habla de transición, lo cierto es que cada vez estamos más lejos de la transición… no más cerca. Operar en ese ámbito no es sencillo. Tiene enfrente un oficialismo que está tomando decisiones, no solamente porque quiere sino porque puede. ¿Qué busca el chavismo y en particular Maduro al día de hoy? Lo primero: Descabezar a Guaidó. Es decir, descabezar el liderazgo de la oposición y en segundo lugar, crear una oposición «leal», que no pase, necesariamente, por los mismos cuadros que está manejando la oposición actualmente. Lo está haciendo mediante la intervención administrativa (vía TSJ), que en la práctica es casi una ilegalización de los principales partidos democráticos (AD y PJ). Pero lo que es una equivocación, a mi juicio, es no actuar frente a las decisiones que te condicionan  y creer que porque tienes el apoyo internacional, vas a poder contrarrestar eso. El chavismo no está haciendo esto porque piense que la próxima Asamblea Nacional va a ser legítima a los ojos del mundo, sino porque cree, básicamente que ese mecanismo va a ser muy efectivo para cumplir los dos objetivos que mencioné anteriormente.

Queda pendiente el tema de la coalición, ¿Cómo plantear la unidad?

Yo creo que la unidad es clave, entre otras cosas, porque es tu fortaleza más importante. Lo que sí creo que es ridículo es mantener unos esquemas de decisión —dentro del G-4, por ejemplo— que en la práctica implica que todos ellos tienen poder de veto y por lo tanto terminas tomando decisiones, que no son consistentes con las restricciones que te impone la realidad objetiva. De ahí que las decisiones que se toman terminan generando más problemas que beneficios y no te puedas replantear varias cosas. Una de ellas es la forma en que te vinculas con organizaciones no partidistas y con el resto del país. Lo que estamos viendo es que hay un gran divorcio entre lo que piensa la gente y lo que el liderazgo está haciendo.

¿Esta desconexión, entre la política y la gente, no plantea un grave problema para la oposición? Si la política es dinámica, digamos, la característica principal actualmente es todo lo contrario: el inmovilismo.  

El drama económico y social es tan grande que Venezuela es otro país. Eso es lo primero que habría que aceptar. Un país que tiene 5 millones de migrantes, en el cual la productividad del venezolano es mayor afuera que adentro, donde la demografía ha cambiado radicalmente debido, precisamente, a esa migración. Un país que vive de las remesas o que depende de ellas. Una economía más informal, más ilegal. Es otra Venezuela. ¿La conocemos? ¿La entendemos? ¿La aceptamos? Probablemente, no nos guste, pero ese país está allí. La desigualdad es dramática. En 2019, por ejemplo, el tamaño de la economía terminó siendo casi igual que la de Guatemala. Hoy es mucho más pequeña. Los políticos están desconectados de esa realidad, ¿Por qué? Porque hemos apostado muy duro a que la agenda internacional es lo que nos va a salvar. En el fondo eso ha llevado también a una gran desmovilización de la sociedad y a un gran desempoderamiento de las organizaciones sociales. No es que en Venezuela no haya protestas, por el contrario, hay muchas —a pesar de la pandemia—, pero están muy acotadas territorialmente.

Acaba de señalar las claves de la desconexión entre la política y la sociedad, ¿Pero qué nos dice esa realidad?

Que hay un gran descontento. Que la sociedad está demandando cosas que la élite política —tanto opositora como el chavismo, incluso aún más— no quiere aceptar. El país, en un 60 por ciento, está diciendo: Negocien, lleguen a un acuerdo. No podemos seguir viviendo así. Pero obviamente, los incentivos individuales de cada uno de los grupos no llevan a eso. ¿Por qué? Porque la sociedad, hasta el momento, no ha logrado movilizarse ni canalizar su enorme descontento de una forma eficaz y de restringir a la élite política para que llegue a ese tipo de soluciones. Pero quiero insistir. Venezuela cambió. No solamente porque es más pobre, sino por las dinámicas creadas por la crisis de los servicios públicos y por la caída del ingreso.

Si hay un Bolton en Cuba, otro en Rusia, otro en China, ¿Cómo pondrían esos «asesores de seguridad nacional» los intereses de cada uno de sus países en función del conflicto venezolano? Resulta paradójico que la apuesta se centre en la agenda internacional, donde los venezolanos deciden poco o nada.   

Diría que es mucho peor que eso. La política venezolana está marcada por la política doméstica de los Estados Unidos (por las elecciones presidenciales que se realizarán en noviembre). Pero eso está ocurriendo, entre otras cosas, porque la dirigencia política venezolana no ha logrado trazar con claridad cuáles son sus intereses en política exterior, y hasta qué punto, en su política internacional, pueden contar con el apoyo de los Estados Unidos. En el fondo, le estuvimos apostando a una agenda, donde privaba una acción internacional que nunca llegó… y que no va a llegar de la forma como se esperaba. Lo cual, a mi juicio, era completamente anticipable. Lo ves no solamente con respecto hacia los Estados Unidos, sino hacía Colombia e incluso hacia Cuba. Ahora, en la medida que pasa el tiempo, el problema es que el conflicto venezolano se ve como algo irresoluble. Actualmente, la postura de Europa, por ejemplo, no es presionar para que se produzca el cambio político sino para que entre la ayuda humanitaria. Al final del día, nosotros tenemos que volcarnos hacia dentro. Eso implica una manera de proceder, una estrategia totalmente distinta, tomando en cuenta las decisiones internas y que, en este momento, no tenemos buenas opciones.

Son varios temas. Uno: la profundización del autoritarismo. Dos, la oposición «leal» que quiere crear el chavismo. Tres, la participación o no en la elección legislativa. Todo eso debería estar en la agenda de la oposición. ¿Pero hay claridad alrededor de esos tres puntos? Yo no la veo. Seguimos viendo para otro lado. ¿Usted qué piensa?

Esta idea de irnos a la continuidad administrativa y a profundizar el gobierno paralelo, es un buen reflejo de la negación de la realidad. No solamente por lo endeble del soporte jurídico, sino porque lo que hace es validar la transición que aplicó el chavismo a raíz, justamente, de la muerte de Chávez. Me refiero al «interinato» que asumió Maduro poco antes de las elecciones de 2013. Se insiste en la idea de que el liderazgo opositor se construye desde afuera. Probablemente nos ha tocado vivir el autoritarismo con tecnologías distintas, pero al final del día esto requiere un liderazgo democrático, una gran dosis de realismo, de aceptación y de reconexión social. Yo creo que la oposición tiene que responder a una visión de mediano y largo plazo sobre cuál es su objetivo.  Con la tesis de «Maduro, vete ya» hemos perdido momentos muy importantes y concesiones que no tomamos, que quizás pudieron haber significado el inicio de una transición democrática en Venezuela. Pero en nuestra visión maximalista, pensamos que eso no era suficiente. Creo que ese es el principal pecado, el principal error de la oposición. Hay mucha fantasía.

¿Qué entidad le asigna a la asesoría cubana en Venezuela?

Cuba ha trasladado una cantidad de tecnología y ha creado capacidades, sobre todo de monitoreo, tanto a nivel social como en las Fuerzas Armadas. Esa ha sido su mayor contribución para sostener al chavismo. Pero nos pasa algo parecido que con los militares… sin los militares no vamos a poder ir a un proceso de transición y algo similar se podría decir de los cubanos, sin los cubanos no vamos a poder ir a un proceso de transición. Entonces, no nos tomamos en serio a esos actores. Al final, a los militares los terminas enajenando, no los terminas persuadiendo, no les estás ofreciendo suficientes garantías, no los estás incluyendo en un plan de reconstrucción nacional. Y con respecto a los cubanos tienes que aceptar que lo mejor sería darles unas garantías y una salida. Sin poder compensar a los cubanos, que se podría hacer con Canadá, lo único que vas a lograr es cerrar a Cuba alrededor de cualquier cambio político en Venezuela. Si aquí hubiese una salida negociada —que en este momento no la hay, ni la va a haber porque ninguno de los actores tiene incentivos para eso—, yo creo que es fundamental incluir, en un segundo piso, a todos los países que tienen intereses en Venezuela. No solamente es Cuba, es China, Rusia, Estados Unidos, Colombia, para que desde ese segundo piso presionen y Venezuela pueda rescatar, digamos, su institucionalidad, su constitucionalidad básica y allanar el camino para un proceso electoral.

En la guerra de Angola, Suráfrica y Estados Unidos intentaron negociar sin incluir a Cuba en la mesa de negociación. Pero pronto advirtieron que no podían avanzar sin incluir a los cubanos en el proceso. Parece que nosotros estamos en una situación similar. 

Es interesante el caso de Angola, que terminó en un proceso de negociación complejo, que básicamente lo facilitaron Portugal, la extinta Unión Soviética, Estados Unidos y Cuba. Lo mismo necesitas aquí. La negociación en Noruega, por ejemplo, fue un proceso que no tuvo esos pilares. Más bien tenía distintos países con diferentes visiones sobre cómo proceder en el caso venezolano. Yo creo que eso es fundamental alinearlo. Pero lo que no puedes hacer es desconocer eso, como tampoco el chavismo puede desconocer que los Estados Unidos es un jugador importante y que el país no puede acceder a financiamiento internacional, no va a poder resolver sus problemas de servicios públicos y acceder al crédito de los organismos multilaterales (FMI, BM, BID) si no se remueven las sanciones. Y la decisión alrededor de las sanciones no las controla la oposición sino los Estados Unidos. Entonces, nosotros estamos en un juego geopolítico regional que requiere alinear todos esos factores. Pero no te puedes casar con uno solo que, a mi juicio, es lo que terminó haciendo un sector importante de la oposición.

Una pregunta obvia, aunque lo obvio, a veces, es necesario. ¿Usted cree que la oposición debería presentarse a la elección legislativa?

En este momento sería apresurado tomar cualquier decisión. El núcleo del esfuerzo tiene que dirigirse a mejorar esas condiciones, a tratar de retomar las negociaciones internacionales que permitan ir, bajo un marco diferente, a ese proceso legislativo. Negar que la legislatura llega a su final de periodo, también me parece muy irreal. ¿Volver a hacer lo mismo que en 2018? Esa es una posibilidad, pero eso se logró porque previamente pudiste coordinar a toda la oposición. Además tuviste una visión muy clara de cuál era la crisis constitucional que, inevitablemente, se le venía al chavismo alrededor de un punto: ¿Era legítima o no la reelección de Maduro a partir del 10 de enero? En este momento, la continuidad administrativa de la AN es la erogación completa del arreglo constitucional venezolano. Eso es lo que implica, entre otras cosas, porque no vamos a tener ningún poder público que tenga origen democrático y que sea reconocido internacionalmente. ¿Venezuela puede vivir con eso? Difícilmente. ¿Podrá resistir el chavismo? Probablemente. ¿Va a desaparecer la oposición? No creo. Pero en ese ambiente, el país no va a poder retomar el crecimiento o enfrentar la crisis humanitaria. Venezuela, en este momento, sólo tiene un taladro petrolero activado. Nuestra principal industria está destruida. Reactivarla va a requerir inversiones masivas. Pero el país que invierta va a exigir un contrato reconocido internacionalmente.

Nos va a tocar comernos unos sapos, entonces señalemos este punto: tenemos que ser realistas y buscar una solución. No queda otra. 

Si planteas la extensión administrativa y el gobierno paralelo, esa no es una alternativa. Vas a tener que abordar, seriamente, ese problema. Sapo, siempre te lo vas a comer. Ningún país sale de una crisis como la nuestra, ileso. Sin dar garantías que, en otras circunstancias, probablemente no hubieses aceptado. Si vas a iniciar persecuciones penales, a través de la justicia de Estados Unidos, por ejemplo, no vas a llegar a la negociación, porque lo único que les da garantías a ellos está en Venezuela. Es decir, que tú cuentes con un orden político y jurídico que incluya esas garantías. Ese es el mayor sapo que nos tenemos que comer. Ahora, yo no tengo problemas en aceptarlo, mucha gente sí. ¿Y sabes por qué? Porque yo prefiero comprar el futuro de mis hijos. Esa es la razón. Eso es lo que resuelve la justicia transicional. Y no es fácil, porque la justicia transicional en un mundo globalizado es mucho más difícil.

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*Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Columbia. Docente. Consultor en Políticas Públicas. Ensayista, escritor.

Venezuela – Anschluss Executed! by Beatrice E. Rangel – Latin American Herald Tribune – 22 de Junio 2020

“The takeover of political parties by the Venezuelan regime is the sign that a complex process of phagocytosis has ended and thus we have in front of us a new and different political entity that does not correspond to the definition of nation state or colony,” concludes former Venezuelan Minister of Ministers Beatrice Rangel. “Venezuela has become a deviant state that has lost its defining properties to alien entities that have penetrated its body, sucked out its spirit and filled the cocoon with an organism that pursues other interests and sustains other values.”

The takeover of political parties by the Venezuelan regime is the sign that a complex process of phagocytosis has ended and thus we have in front of us a new and different political entity that does not correspond to the definition of nation state or colony.

It is a deviant state that has lost its defining properties to alien entities that have penetrated its body, sucked out its spirit and filled the cocoon with an organism that pursues other interests and sustains other values.

In short, there is no more Venezuela as a nation state or even as a colony. It is now an entity commanded by the worst strain of organized crime ever to succeed in taking over a country.

Indeed, a careful examination of the long journey that started with the election of Hugo Chavez Frias in 1998 to today reveals the presence of alien actors taking over the country in a way that escapes definition by international law.

To be sure, international law defines an invasion as “an instance of invading a country or region with an armed force.” In the case of Venezuela not such a thing has happened. Instead the country has been slowly taken over by increasing layers of bureaucracy from Cuba, which has taken over the commanding posts in Venezuela.

From that position, the invaders have slowly but surely, displaced the locals, vacuumed the institutional framework to take away any freedom or democratic values and filled it with their strategic assumptions, principles for governance, economic practices, political values and operating principles.

Given that the penetration cum vacuum process lasted two decades, the Venezuelan population could not perceive the full impact of the destructive campaign. And while civic society did react strongly and courageously to a collective perception that the Chavez revolution would take away freedom, it lacked a forward thinking leadership that could guide it to safety.

Certainly, the country’s democratic direction was dominated by both hubris and corruption which led it to disastrous mistakes when the wave of popular discontent pushed electoral results their way. Today they have been not only defeated but wiped away from the political stage.

What comes next seems to be pretty clear.

First the clock is ticking in favor of the regime, as come December the current National Assembly and its president will see their mandate end. Only free and fair elections could extend legitimacy. No such thing can happen in a country where the electoral authority is nominated and operated by the regime. There will certainly be elections. But the participating political parties are organizations created by the regime, resorting to the appropriation of symbols and the recruitment of individuals that are known to have lived truly murky lives as they have always thrived through corruption and soft links to organized crime.

Once elected they will become the new leadership and will swear loyalty to those that anointed them. These, of course, are the Cuban Gerontocracy and organized crime. Venezuela will then become the first country in the hemisphere to experience an Anschluss in this century.

Cuba en Venezuela: ‘La invasión consentida’ por Ricardo Cayuela – 14ymedio.com – 18 de Junio 2020

El libro narra una situación inédita en tiempos de paz: la captura de un Estado por otro, sin disparar ningún tiro y con la obscena aquiescencia de la víctima

Portada de 'La invasión consentida', de Diego G. Maldonado (Debate).
Detalle de la portada de ‘La invasión consentida’, de Diego G. Maldonado (Debate).

La invasión consentida fue publicado a finales del año pasado y ha pasado tristemente desapercibido. Qué preocupante. Para mí, se trata de la mejor investigación periodística de los últimos años. Firmada por Diego G. Maldonado, el pseudónimo sirve de protección a un grupo de periodistas venezolanos que, desde dentro de su país, se dieron a la tarea de documentar la naturaleza de las relaciones entre Cuba y Venezuela.

La historia se remonta al triunfo de la Revolución cubana. La primera visita de Fidel Castro a Venezuela fue escasos días después de la toma del poder por los revolucionarios, en enero de 1959. Los venezolanos recibieron a Castro con admiración. También habían logrado la osadía de terminar con la dictadura, la de Pérez Jiménez, pero a diferencia de los barbudos de Sierra Maestra, lo habían hecho sin violencia. Fidel Castro fue aclamado en las calles de Caracas y en la Universidad Central. Parecía que el proceso cubano y venezolano se hermanaban.

El remate de la visita era la entrevista de Fidel con Rómulo Betancourt, quien acababa de ser electo con la mitad de los votos en las primeras elecciones libres de Venezuela. Betancourt era el líder de Acción Democrática (de tendencia socialdemócrata). Además, había firmado el pacto de Puntofijo con Copei (el partido democristiano), que garantizaba la gobernabilidad y evitaba el regreso de los militares al poder. La entrevista fue desastrosa. A la antipatía personal entre ambos (que simboliza la incompatibilidad entre el líder carismático y el líder democrático), habría que sumarle la imposibilidad económica y legal de Betancourt de acceder a las peticiones cubanas de petróleo, crédito y cobertura diplomática. Al año siguiente, en venganza, empezó la desestabilización cubana de Venezuela con guerrillas pagadas, entrenadas y, muchas veces, dirigidas desde La Habana. Arnaldo Ochoa vivió un año en la jungla venezolana al frente de una de esas operaciones. (Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el general Arnaldo Ochoa habría de lamentar aquella tarde remota en que aceptó servir a los hermanos Castro.)

La presencia de los cubanos en las guerrillas venezolanas no es un bulo “neoliberal”, sino una historia fáctica

La presencia de los cubanos en las guerrillas venezolanas no es un bulo “neoliberal”, sino una historia fáctica que cuenta con el testimonio de muchos de sus protagonistas. Destaca, por supuesto, el relato de vida de Teodoro Petkoff, quien pasó de retar a la democracia de su país a ser uno de sus más lúcidos defensores. La democracia venezolana logró vencer el desafío y consolidarse, al transmitir pacíficamente el poder al ganador de las elecciones en una suerte de bipartidismo asimétrico, roto sólo con la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999.

La primera visita de Hugo Chávez a La Habana fue en 1994. Ya había dado el golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, ya había sido amnistiado por su sucesor, Rafael Caldera, y ya había fundado el Movimiento (que no partido) Quinta República (que no Cuarta Transformación). Tenía tan sólo cuarenta años. Fidel, con casi setenta años, llevaba 45 en el poder. Con ese olfato político brutal, supo ver en el militar obstinado y anhelante de heroicidad a “su hombre en Caracas”. Y actuó en consecuencia. La visita se convirtió en una  road movie, con “espontáneas” aclamaciones en la calle y vítores “sinceros” en su conferencia en la Universidad de La Habana. Chávez no podía creer las atenciones y la constante presencia de Castro durante su visita. Un espejo manipulado del viaje de Castro a Caracas en 1959, pero con final feliz. De hecho, selló el destino de Chávez. Castro se volvió su tutor. La Biblia en manos de Lutero. Fue su asesor durante las horas aciagas del golpe de Estado en su contra (error imperdonable de la oposición venezolana), fue su asesor médico frente a su enfermedad (que se trató en La Habana en buena medida) y fue su apoyo fiel para mantener su legado tras su muerte.

Con enorme riesgo personal, tanto de los autores como de sus fuentes, algunas inevitablemente anónimas o confidenciales,  La invasión consentida narra una situación inédita en tiempos de paz: la captura de un Estado por otro, sin disparar ningún tiro y con la obscena aquiescencia de la víctima. Hasta este libro, el consenso más o menos establecido decía que a partir de las buenas relaciones entre Chávez y Castro, y la admiración del primero por el segundo, La Habana obtuvo el petróleo que necesitaba a cambio de médicos y entrenadores deportivos para Venezuela.

Era un acuerdo desventajoso para Caracas, pero asumible dentro de la retórica bolivariana. Incluso esta parte del trato, en principio relativamente aceptable, entraña más problemas de lo que aparenta. Por un lado, el agravio comparativo para el cuerpo médico venezolano. Los cubanos, sin pasar los trámites ni las horas de guardia ni los requisitos de sus pares venezolanos, trabajan en mejores condiciones y con un salario, nominal y en dólares, mucho más grande. Todo esto a un costo mayor para el país anfitrión que el que supondría contratar a sus propios doctores. Para los cubanos, el trato también es humillante, ya que sólo cobran una parte menor de su salario (entre el 10% y el 25% en otras misiones; en el caso venezolano, menos del 10%) y el resto va para las arcas vacías de la Isla. Además, les retienen su pasaporte y sus familias se quedan de rehenes en Cuba para cancelar cualquier veleidad de búsqueda del exilio en otros países. Una suerte de exportación de esclavos con bata blanca. La mayoría de los médicos cubanos son buenos profesionales (la meritocracia académica sí existe en el socialismo real y van a la universidad sólo los que se lo ganan arduamente), pero arrastran enormes lagunas, sobre todo en lo relacionado entre medicina y tecnología aplicada. Son punta de lanza del sistema y sus víctimas. Aun así, la mayoría son voluntarios que prefieren ese trato vejatorio a la realidad cotidiana de su país.

El trabajo de investigación analiza la penetración cubana en las áreas estratégicas del Estado venezolano

La invasión consentida revela que los médicos cubanos son sólo la pantalla amable, “solidaria e internacionalista”, por glosarlo en su lengua de madera, de un desembarco en toda regla. El trabajo de investigación analiza la penetración cubana en las áreas estratégicas del Estado venezolano. Desde la administración de los pasaportes y cédulas de identidad hasta las notarías y el registro de la propiedad, pasando por los custodios del palacio de Miraflores, la seguridad del Estado, las fuerzas revolucionarias, el sector energético, administración de puertos. Incluye el uso de la pista cuatro, reservado a presidencia, del aeropuerto de Maiquetía. Muchas de estas operaciones se hacen desde empresas internacionales, fundadas y dirigidas por la jerarquía militar cubana.

Con anécdotas, algunas chuscas, otras dramáticas, datos estadísticos, información pública e información de agencias internacionales, más la ayuda de fuentes internas que viven con dolor el drama de su país,  La invasión consentida va desenredando la madeja de estos intereses cubanos en Venezuela, la historia concreta de cada uno de ellos, los nombres de sus responsables y la forma en que cada apertura se acordó entre los dos patriarcas.

Para Cuba, el acuerdo fue una bomba de oxígeno, un regalo del destino tras la caída del Muro de Berlín. Venezuela le brindó tanto petróleo a la Isla que La Habana se dio el lujo de vender en el mercado internacional una parte de esa ayuda. Caracas le reconstruyó y habilitó la refinería Camilo Cienfuegos. La Habana pagó esta generosidad sin precedentes confiscando la participación accionaria de PDVSA (la petrolera de Venezuela) de la sociedad estatal conjunta que la administra. También obtuvo miles de millones de dólares mensuales por el personal que labora en Venezuela. Apoyo diplomático, estrategias financieras y legales para evadir las restricciones del “bloqueo” americano. Y lo más importante: el reflotamiento de un proyecto político que se había quedado sin brújula tras el derrumbe del socialismo real en Europa en los noventa.

Ante este abrumador desequilibrio, los autores del libro se preguntan qué obtiene Venezuela de Cuba. Es inconcebible que un país mucho más grande, poblado y rico quedara en una posición tan desventajosa frente a su socio pobre, sobre todo porque ninguna de estas medidas es recíproca, y los venezolanos no tienen acceso a la vida interna de Cuba. La respuesta es dolorosa: Venezuela obtiene de Cuba una forma de hacer política y de control social, que incluye la marginación de la oposición, la vigilancia vecinal y la paulatina restricción de las libertades. También les da un foro internacional, el amplio mercado de tontos útiles internacionales (académicos, artistas y políticos) que siguen creyendo (y defendiendo) el discurso de la revolución cubana y sus héroes, pese a sus espeluznantes resultados.

Cuba ayudó sin duda al traspaso del poder de Chávez a uno de sus testaferros, más tosco que su modelo, pero igualmente fiel a la ortodoxia. Pero, sobre todo, Cuba le dio a Venezuela una mística del poder. Para estos ilustres latinoamericanos, el primer objetivo es obtener el poder. Por medios lícitos e ilícitos, con discurso blando o duro, por medio de la revolución, la lucha guerrillera o las elecciones. Pactando con Dios o el diablo. Y una vez en el poder, el trabajo político consiste en mantenerlo. De hecho, se rompen tantas leyes, límites y formas para mantenerse en el poder, que se vuelve un suicidio soltarlo. Cada mañana se cruza un Rubicón. A diferencia del régimen democrático (donde el poder se ejerce con límites y contrapesos, de manera temporal), en el modelo cubano, el poder es un fin en sí mismo y su mantenimiento justifica todos los medios.

El libro es de rabiosa actualidad por sus ecos internacionales, y puede servir de brújula para entender la posible naturaleza del acuerdo de los médicos cubanos en México (cuyo convenio sigue sin ser mostrado a la opinión pública) y de los nexos del gobierno de Caracas con muchos líderes europeos, de los líderes del Movimiento (que no partido) 5 Estrellas italiano a Unidas Podemos en España. El largo brazo de los petrodólares.

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Ricardo Cayuela fue director editorial para México y Centroamérica de Penguin Random House entre 2015 y 2019. Publica el blog Diario de la peste.

PdV diverting Iranian gasoline to Cuba – Argus Media – 5 de Junio 2020

 

Venezuela’s state-owned PdV is diverting around 100,000 bl of gasoline recently imported from Iran to its close ally Cuba, according to three company officials with direct knowledge of the operation.

The Cuba-flagged Carlota C, recently renamed Maria Cristina, is currently moored at El Palito’s anchorage preparing to load the gasoline.

The small tanker is one of four sanctioned in September 2019 by the US for transporting refined products from PdV terminals in Venezuela to Cuba. More tankers involved in Venezuelan oil trade have since been added to the list.

The newly sanctioned vessel’s last port of call was Moa, Cuba, according to ship-tracking data. It is among a small fleet that shuttles Venezuelan oil to the island under an opaque bilateral supply agreement dating back to 2000. Cuba pays for the Venezuelan supply with the deployment of specialists in security, healthcare and other areas in Venezuela.

Both countries as well as Iran are the targets of US sanctions. Washington blames Havana for propping up the Venezuelan government of President Nicolas Maduro, who has so far overcome years of escalating sanctions.

Over recent weeks, Venezuela received five shipments of gasoline and alkylate from Iran meant to ease an acute fuel shortage. But distribution under the government’s new rationing and pricing system has been chaotic, with much of the supply already exhausted by pent-up demand.

Why Cuba and Venezuela Should Matter to Us by Carlos Alberto Montaner – Latin American Herald Tribune – 16 de Junio 2020

Latin American genius Carlos Alberto Montaner discusses the new book by former Pepsi VP Nestor Carbonell on Cuba and what must be done to halt the spread of Castro communism in Venezuela, Colombia, Ecuador and Bolivia.

Néstor T. Carbonell, former VP of Pepsi Cola for many years, has published an extraordinary book on the Island: Why Cuba Matters. In the book he reviews the stormy relationships between Fidel Castro and the twelve tenants who have been in the White House. From the first, Ike Eisenhower, to Donald Trump, through Barack Obama — who made all the concessions to Havana without any gesture of democratic reciprocity, violating the only common strategy of Republicans and Democrats for more than 60 years.

In that long period of coincidences and disagreements, genuine “hawks” like Ronald Reagan and even soft “pigeons” like Jimmy Carter had been at the helm of the American power, but all were convinced that any transaction with the Castros should include a verifiable withdrawal of Cuba’s international role as a pro-communist and “anti-Yankee” beacon in Latin America and Africa, although notable incursions into the Middle East were not lacking, as was the case with a 22-tank brigade operated by Cubans during the Yom Kippur war, fought between 1973 and 1974.

The problem, really, was that the Castros saw Cuba only as a base of operations to act in the international arena against Washington and against the hated “capitalism.” That was their leitmotif. The Castros — and especially Fidel — did not see themselves as the leaders of a communist revolution carried out on a poor sugar-producer island in the Caribbean, but rather as leaders of a political empire under construction. Not for nothing Fidel, at 18, changed his middle name, Hipólito, for “Alejandro.” He had in mind the Greek king who conquered an empire starting from the insignificant Macedonia.

Thus, his first triumph in Latin America was Chile, and it did not occur according to Castro’s script, but as a consequence of the Chilean electoral peculiarity. Salvador Allende was elected in 1970 with just over a third of the votes, and the Chilean parliament, being able to choose one of the other two parties, selected this Marxist physician, after forcing him to sign a document in which he promised to safeguard freedoms, something he only partially did.

The thesis behind Carbonell’s book is that democracy and freedoms have a magnificent side (the type of societies they foster), but they have another disturbing feature: the tendency to belittle the economically and technically weak adversaries who oppose them. They did it with Cuba and today they do it with Venezuela, Cuba’s protégé, without realizing the danger that this means.

Cubazuela, as the two countries are called in the neighborhood’s political jargon, have turned to crime to sustain their precarious power. Cuba provides Venezuelans with intelligence, military control, and support networks built over the years, while Venezuela pays Cubans with its own or Iranian gasoline, and with the little money it can spare from drug trafficking or the sale of illegally obtained gold. Meanwhile, Maduro, born in Colombia, is neither Venezuelan nor Colombian. He is a Cuban who owes his position to the Castros. He has discovered ideological citizenship.

Cuba was already a danger, but not having eliminated that infectious focus allowed it to metastasize to other nations, such as Venezuela, and there’s a risk that it will continue to expand to Colombia, Ecuador and Bolivia, all countries of the Andean arc. To avoid this immense damage, opposition politician María Corina Machado proposes a “multifaceted peace operation.” Venezuelan professor Carlos Blanco, in an excellent article, adds that it could be “an operation led by the OAS, based on the TIAR.” TIAR is the Inter-American Treaty of Reciprocal Assistance, also known as the Rio Treaty.

This is all correct. But if it is to take place, the United States must lead the effort, and it is very difficult for that to happen. So far, Washington has limited itself to imposing sanctions and showing its fangs, but Latin American countries have no foreign policy, except Cuba and Venezuela, and I don’t think they will change. I would start by recommending Americans to read Carbonell’s book. It is very good.

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