elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Crisis Venezuela

Venezuela: las trampas del hambre en jornada electoral por Francesco Manetto – El País – 20 de Mayo 2018

El desastre económico del país mantiene bajo el yugo a la población. Mientras, el régimen teje fidelidades ante las elecciones presidenciales

El Portugués mide las palabras y evita los aspavientos delante de los clientes. Luce un cuidado bigote con canas y entremezcla los recuerdos con la indignación detrás del mostrador de El Chamo, la carnicería que regenta desde hace décadas en Petare, el barrio popular más grande de Caracas. El Portugués vende, o vendía, solomillos, chorizos y morcillas. José Florentino, este es su verdadero nombre, que pocos conocen, rememora los sucesos del Caracazo, el sangriento estallido social que partió en dos el destino de Venezuela. Se originó en 1989 tras una fuerte subida de precios, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, y sectores del chavismo lo reivindican hoy como premisa de la llamada revolución bolivariana.

“A mí me agarró aquí y me saquearon, pero entonces era fácil porque todo era más barato. La gente ya no hace mercado”. Tras las impresiones de este comerciante, a punto de cumplir 60 años, hay dos realidades en torno a las que existe consenso incluso más allá de las posiciones políticas. Primero, la situación de la gran mayoría de la población, su odisea cotidiana para sobrevivir, nunca había sido tan insostenible. Segundo, la escasez y el yugo de los precios han tejido tramas de fidelidades que atan a los ciudadanos a las autoridades a través de las bolsas de comida y los subsidios y, al mismo tiempo, fomentan negocios informales o directamente al margen de la ley. El kilo de carne se disparó hace semanas por encima de los dos millones de bolívares, la moneda local, y llegó a rozar el salario mínimo integral, fijado en 2,5 millones. Menos de tres dólares al cambio no oficial (2,6 euros).

Hablar de costes hoy en un barrio de Caracas se ha convertido en una especie de quiniela. Los precios aumentan en cuestión de días, a veces horas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un incremento del 1.800.000% en dos años, un drama superado en este siglo solo por Zimbabue. Y mientras el desastre económico se consolida, el régimen de Nicolás Maduro busca fortalecerse en unas elecciones presidenciales convocadas con unas reglas del juego que, según las fuerzas mayoritarias de la oposición, favorecen al Gobierno y suponen un mero trámite. Algo más de 20 millones de venezolanos se debaten entre votar y no acudir a las urnas por falta de garantías como piden las principales formaciones críticas con el chavismo.

“Voy a votar porque es un deber. Un buen ciudadano debe votar”, dice Carmen Holguín, costurera de 55 años, mientras espera el autobús en una larga cola que serpentea en una esquina del sector de Catia, una de las zonas más fieles a la memoria del expresidente Hugo Chávez. “Espero un cambio que sea bueno para todos porque estamos viviendo muy mal. No alcanza el dinero para nada. Cada día suben los precios”, se lamenta. Aunque no confiesa su voto, se intuye su simpatía por Henri Falcón, el representante opositor con más peso en estos comicios. William José y Víctor Valera, transportistas, muestran su desencanto con la política, pero tienen posturas distintas. “No voy a votar, ya me cansé en 2003. Ni por uno ni por otro”, asegura el primero, mientras el segundo está dispuesto a dar su apoyo a Falcón, quien se alejó de los postulados de la revolución bolivariana en 2010. “Lo más seguro es que me lance y vaya a votar. Pienso que ese hombre tiene unas ideas muy claras. Pero la política tiene mil caras”, opina sobre las sospechas de que haya pactado con Maduro un puesto en su Gobierno.

No obstante, las elecciones y su resultado, más que previsible, no son lo que más interesa en las calles de Caracas, en los mercados, en los barrios humildes y en los municipios opositores como Chacao. Con la salvedad de los chavistas ortodoxos, los caraqueños están mucho más preocupados por la seguridad —en 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, según el Observatorio Venezolano de Violencia—, por el colapso de los servicios públicos y un modelo productivo extractivista, por la caída de PDVSA, la petrolera estatal, el desabastecimiento y el aislamiento internacional. Cientos de miles de personas huyeron en los últimos meses a la vecina Colombia en busca de oportunidades.

Dar con alguien con ganas de desahogarse no es difícil. Más complicado es superar la desconfianza inicial, relacionada con el control que ejercen sobre la población las autoridades. La advertencia es habitual: cuidado con los colectivos motorizados, los grupos de choque del chavismo. Junior Moral, de 33 años, está a vueltas con unas cuentas en un establecimiento vacío. En el mostrador, un puñado de empanadas. “Una cuesta ya 200.000 bolívares. Un desayuno, tres empanadas y un jugo serían 800.000 bolívares. Si comes dos días ya prácticamente se te murió el sueldo. ¿Con qué sobrevivimos los otros 29 días? Cada día, cada hora, cada segundo la situación se hace más difícil”, describe. Moral no votará a pesar del hartazgo. O, en realidad, precisamente por el hartazgo. “Si de verdad saliera la gente a votar, yo creo que podríamos ganar, pero como todo está comprado, no va a pasar. Creo que hace cinco años ganó Henrique Capriles”, afirma sobre las elecciones de 2013.

A pocos metros, la discusión en un puesto de plátanos gira en torno a la mala calidad de los servicios y de las misiones, los proyectos sociales de barrio impulsados por Chávez con el apoyo del Gobierno cubano. “¿Qué queremos nosotros de Maduro? Que haga como Chávez, que corte por arriba, no por abajo”, resume Gladys Contreras, de 46 años, enferma y desempleada en un sistema que el año pasado superó el 27% de paro, según el FMI. “Tengo el carnet de la patria y del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela] y yo era de las que me ponía a pelear con cualquiera. Pero no voy a votar. Por ninguno, no tiene sentido porque esto ya está arreglado”, continúa.

El carnet de la patria

El llamado carnet de la patria es un documento con el que el chavismo trata de asegurarse el apoyo de las clases populares. En el país circulan más de 16 millones. Permite acceder a bonos y servicios y, aunque sobre el papel no sirva para tener una atención preferente en la recepción de las cajas periódicas de alimentos, es un instrumento utilizado para medir la fidelidad al régimen.

En Petare, Pedro Key, jubilado de 65 años, y Romina Oporte, educadora de 34, se encargan de repartir esa bolsa a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP). Esto es, una ayuda introducida por Maduro en 2016 que, como ha denunciado en repetidas ocasiones la oposición, es la base de las redes clientelares. Cada caja contiene algunos paquetes de pasta, harina, leche, sal, arroz, azúcar, aceite, atún, tomate y mayonesa… “Soy uno de los que lleva los beneficios a una parte de la población”, explica Key, veterano militante chavista. Cada mes, en el mejor de los casos, coordina la distribución de esos productos entre 503 familias de la comunidad.

A pesar de su entrega absoluta a la causa, también transmite perplejidad sobre la situación. “Maduro dice que después, el 21, las cosas van a cambiar. Ojalá sea verdad. Él tiene que mejorar la economía, llevamos cinco años aguantando esto”, explica sobre lo que califica de “guerra económica”. “Los países que hoy tenemos un poco de revolución somos los más atacados en el planeta”, continúa. “Hay una larga tarea, hay que levantar el país”, tercia Romina Oporte. Mientras tanto, la trampa del hambre sigue siendo el principal recurso que permite al chavismo perpetuarse en el poder.

 

Maduro pide a los venezolanos seis años más para “transformar radicalmente” la economía por Maolis Castro/Alonso Moleiro – El País – 18 de Mayo 2018

Henri Falcón cierra su campaña en Barquisimeto. La contienda ha transcurrido en un ambiente intimidatorio y sin entusiasmo
1526662836_570764_1526667406_noticia_normal_recorte1.jpg
Un cartel de Maduro en un mitin en Caracas. REUTERS

Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, ha cerrado este jueves su fugaz campaña presidencial con un mitin en la avenida Bolívar, en Caracas. La concentración precisó de un enorme esfuerzo logístico en el que muchos autobuses oficiales acarrearon simpatizantes de oficinas ministeriales y voluntarios del interior del país.

El mitin, lejos de los años de poderío del chavismo, contó con la notoria presencia del astro del fútbol argentino Diego Maradona, que saludó a las masas y bailó en la tarima portando la bandera de Venezuela. A diferencia de otras ocasiones, el acto no tuvo el sesgo omnipresente ni el carácter ecuménico del recuerdo de Hugo Chávez.

Un Maduro crispado e irritable pidió de forma reiterada a sus seguidores que “no lo dejaran solo” ante el tamaño de la empresa que tenía su gobierno por delante, y prometió una transformación profunda de la economía si los ciudadanos le deban su voto. Maduro tuvo palabras duras para su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, a quién responsabilizó de maniobrar para quebrantar la estabilidad de su Gobierno y al cual mandó “al carajo” en varias ocasiones.

Responsabilizado de provocar un terremoto económico y social sin precedentes, el sucesor de Hugo Chávez aseguró que tiene un plan financiero que “sacudirá al mundo entero” si es reelecto este domingo. “¿Ustedes me conocen bien? ¿Ustedes confían en mí? (…) Hoy no soy el candidato de hace cinco años, soy un presidente curtido (experimentado), más capacitado”, dijo a una militancia menguada por las divisiones del chavismo.

Bajo la amenaza del triunfo de la abstención en una elección calificada como fraudulenta por la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Maduro ha pedido el apoyo de los votantes opositores para consolidar la paz pública. Mientras, en su campaña, que ha durado 26 días, ha ordenado la detención de 12 directivos de Banesco y la intervención del banco por tres meses; la toma de las instalaciones de la empresa Kellogg’s en Venezuela y hasta la represión de presos políticos en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), conocido como El Helicoide, en Caracas.

El rechazo al Gobierno de Maduro es inocultable. Su gestión económica ha desencadenado una incontrolable hiperinflación, el desabastecimiento de alimentos y productos, ahuyentado a inversionistas y disminuido la producción a niveles extremos. El mandatario insiste en que es saboteado desde el extranjero para destruir a “la revolución”.

El aparato político-electoral chavista es organizado y hermético, pero el agobio de la crisis pesa mucho sobre las posibilidades de Maduro, cuyos dígitos de aceptación rondan el 28%. Casi todas las encuestadoras coinciden en otorgarle una ventaja a Henri Falcón, su rival opositor, en un rango que oscila en el 12 por ciento, si se incluyen en la muestra a aquellos que “probablemente” decidan votar, y 3 por ciento, entre los muy seguros. Ambos están flanqueados por Javier Bertucci, que tercia con un nivel cercano al 14. Más de la mitad de los electores considera poco fiables la organización de las elecciones y la conducta del CNE.

Falcón cierra campaña en Barquisimeto

El candidato opositor Henri Falcón cerró su campaña en el barrio La Carucieña, uno de los más pobres de Barquisimeto, cuarta ciudad del país y capital del Estado de Lara, del cual fue gobernador. Falcón llamó a Maduro “el candidato del hambre”, y pidió el voto de los ciudadanos “para que regrese Venezuela”. Centrado en su propuesta de timonear una transición política a la democracia, Falcón prometió defender su victoria y recuperar el nivel de vida de la población con la dolarización como propuesta bandera para derrotar la hiperinflación. En el acto fueron lanzadas a los manifestantes billetes falsos fotocopiados con el rostro del dólar estadounidense.

Falcón ha llevado adelante una campaña relativamente discreta, concentrado en hacer recorridos en zonas populares, donde habitualmente es recibido con simpatía, pero poco más. Ha tenido que hacer frente a la crítica de densos sectores del propio movimiento opositor, que le sigue reclamando su estilo atemperado, y que sigue sospechando de haber cocinado un pacto político con Maduro luego de las elecciones del domingo.

Negando en todo momento haber acordado con los chavistas, Henri Falcón y sus seguidores están conscientes de que el gran reto electoral consiste en organizar una estructura adecuada de testigos electorales para defender el voto en una competencia tan desigual. No hay ninguna seguridad de que el comando de Falcón haya podido ejecutar completa esta encomienda.

Aunque sigue sin convencer a las clases medias, la opción de Falcón ha podido subir en la misma medida en que lo hace la intención de voto, que ha conocido un dramático aumento en las últimas horas, en contexto desesperado y sin opciones. El dilema entre votar o abstenerse en las elecciones de Maduro, una vez formalizado el retiro de la MUD y el Frente Amplio, se ha constituido en el auténtico subtexto de esta contienda electoral.

 

‘Pressure Cooker’: Discontent Rises in Venezuela Military as Economy Dives by By John Otis and Juan Forero – The Wall Street Journal – 18 de Mayo 2018

As President Nicolás Maduro runs for re-election, the armed forces grapple with shortages of food, evaporating salaries and desertions

CARACAS, Venezuela—The coup plot by disgruntled Venezuelan military officers in March was audacious: Seize control of the capital’s military bases, arrest President Nicolás Maduro and install a provisional government to replace his authoritarian regime.

To avoid detection for a year, conspiring officers eschewed phone calls, texts and emails, and instead sent messages via couriers, said an Army captain who helped plan the thwarted coup. They plotted during seemingly impromptu soccer matches.

Before they could act, though, Mr. Maduro’s intelligence services discovered the plot—described by military analysts as the most serious to date against his government. Authorities quickly arrested nine of the rebel officers, including the head of the largest armored battalion in the capital, and Mr. Maduro’s former interior minister.

As Mr. Maduro runs for re-election on Sunday, discontent in the barracks is at an all-time high, current and former military officers say. Shortages of food, evaporating salaries and desertions have turned the armed forces into a cauldron of conspiracies against Mr. Maduro, these people say.

B3-AM199_VENMIL_M_20180517175616.jpg

Venezuelan President Nicolás Maduro, campaigning in Caracas on Thursday, is running for re-election on Sunday.

“The Venezuelan military is a time bomb, a pressure-cooker,” said the Army captain, who was interviewed in a foreign country where he fled. “It could explode at any time because everyone is unhappy.”

The Information and Defense ministries didn’t answer calls or emails seeking comment.

The Maduro government has arrested dozens of officers this year and cashiered others in a military purge. Official data isn’t available. But military analyst Rocío San Miguel said that in just January and February at least 124 servicemen were imprisoned on rebellion, mutiny, espionage and other charges, far more than in other periods.

“Maduro is conscious that the armed forces are his Achilles’ heel,” said Ms. San Miguel, president of Citizen Control for Security, Defense and the Armed Forces, a policy analysis group that has contact with military personnel.

The nine arrested would-be conspirators are in prison awaiting trial, said a defense attorney for some of them. Other plotters escaped.

Amid the worst economic crisis in decades, many Venezuelans are urging the armed forces to take matters into their own hands, in a country where the military has long been the ultimate arbiter of power. That is despite past coups in the country leading to less democracy, not more, analysts say.

B3-AM198_VENMIL_M_20180517175616.jpg

A soldier uses binoculars during the Maduro campaign rally in Caracas on Thursday.

Such an uprising also has supporters within foreign governments, including the U.S., that are trying to weaken Mr. Maduro’s hold through economic sanctions and political isolation.

“I think the world would support the Armed Forces in Venezuela if they decide to protect the people and restore democracy,” said U.S. Sen. Marco Rubio (R., Fla.) via Twitter in February.

Juan Cruz, President Donald Trump’s top adviser on Latin America, told a conference on hemispheric security in Miami last month: “There has never been a key moment in Venezuelan history that has not involved military participation.”

The Sunday election comes as the U.S. urges officers with information about crimes in the military, like drug trafficking, to become informants for U.S. antinarcotics officials or desert, said Martin Rodil, a Washington contractor who works on such operations.

The Venezuelan government uses carrots and sticks to ensure loyalty. Active-duty or retired officers run 10 government ministries and manage vital entities including the state oil company, the state arms factory and food-distribution networks, giving them lucrative business opportunities. Officers heard to question government policy wind up in “democratic reconditioning” classes in Caracas, said Cliver Alcala, a retired major general who participated in the failed 1992 coup that foreshadowed the Socialist government.

Those considering betraying Mr. Maduro face a pervasive intelligence unit, overseen by Cuban military advisers, which has snuffed out numerous plots in the planning stages, current and former officers say. In his five years in office, Mr. Maduro has put intelligence officers in each unit, stripped pensions and benefits for families of officers accused of plotting, and thrown some in jail alongside common criminals.

“There have been informants on all of the intended (coups), all of them,” said one high-ranking military officer who has helped plot against the government. “They infiltrate a lot of people, and some sell information for money.”

Another factor dissuading would-be conspirators is their doubts on whether Venezuela’s divided opposition can be counted on for support.

For some officers, the fate of Óscar Pérez stands as a cautionary tale. A former police pilot, he fired on government buildings from a stolen helicopter last year and raided arms depots while calling on people to rise up. But opposition leaders ignored him. Security agents gunned him down in January while he was trying to surrender.

“Military officers fear that the opposition isn’t up to the task,” said Ricardo Sucre, a Venezuelan navy veteran and psychology professor at the Central University in Caracas. “The first thing they say is: ‘What guarantees do we have that the civilians will do their part and that we won’t end up being sacrificed?’”

There are other, more mundane obstacles in a country reeling from shortages, said Jose Arocha, a former army lieutenant colonel. “To launch a coup, you need people, you need time, you need logistics,” he said. “You need transportation. There isn’t even transport or tires or anything these days.”

Impatient for change and increasingly desperate, some troops are simply going AWOL.

One army veteran estimated that as many as 1,000 soldiers, including cadets and mid-ranking officers, have deserted in the past year and said that many more have requested formal discharges. The government has begun running ads in Caracas newspapers demanding missing troops return to their posts.

One air force lieutenant, who deserted in March after a decade in uniform, said in a telephone interview from Argentina that the collapse of the currency had reduced his monthly paycheck to the equivalent of $10. Unable to afford a car or an apartment, he rode a bicycle to the base and moved in with his wife’s parents.

“What kind of military forces its officers live with their in-laws?” he said.

Miguel Rodríguez Torres, center, a former Interior minister under Mr. Maduro, was arrested for a coup attempt earlier this year.
Miguel Rodríguez Torres, center, a former Interior minister under Mr. Maduro, was arrested for a coup attempt earlier this year. PHOTO: LEO RAMIREZ/AFP/GETTY IMAGES
While rank-and-file troops suffer, the air force lieutenant said, commanding officers have been getting rich through a variety of scams, such as using military aircraft to transport gold from wildcat mines back to Caracas, former and current military officers said.

An Army lieutenant, who was stationed along the Colombian border and deserted in February, said his commanders were deeply involved in smuggling cocaine across the frontier.

All of these factors fueled the March coup plan.

Several armored battalions were to secure the capital while special forces in a nighttime raid planned to snatch top officials including Mr. Maduro and Vice President Tareck el-Aissami and fly them out of the country.

But as the final stages approached, a female army lieutenant loyal to the government learned of the plot and alerted her superiors.

Miguel Rodríguez Torres, the former Interior minister who commands wide respect among troops because of his military background, was arrested along with Lt. Col. Igbert Marín Chaparro, who commanded the Ayala Battalion, the best-equipped army unit in Caracas, tasked with defending government buildings and public officials.

In a March 1 comment on Twitter, his last before he was arrested, Mr. Marín wrote: “If you maintain honor and dignity, you may lose the battle but you will never be defeated.”

Kellogg’s se va de Venezuela después de más de medio siglo por Florantonia Singer – El País – 16 de Mayo 2018

La compañía fabricante de alimentos y cereales cerró operaciones en el país sudamericano de forma forzosa. El gobierno tomó las instalaciones
1526419600_916808_1526419789_noticia_normal_recorte1.jpg
Después más de 50 años en Venezuela, Alimentos Kellogg’s cerró operaciones en el país este martes. Una comunicación pegada en la puerta de la planta ubicada en la ciudad de Maracay, en el centro del país, en la que indica que se ha visto forzada a cesar sus operaciones en el país, explicaba a los trabajadores que su liquidación y todos los compromisos laborales habían sido honrados en la quincena que cobraron hoy. La medida tomó por sorpresa a los 400 empleados que amanecieron en las instalaciones donde se fabricaba el icónico cereal Corn Flakes, y encontraron las puertas cerradas.

Kellogg’s, una marca estadounidense con un siglo de presencia en casi todo el mundo, se suma a los cientos de miles de empresas y comercios que han cerrado en Venezuela en los últimos años. La empresa ya había reducido su producción y algunas marcas ya habían desaparecido.

“El deterioro de la situación económica y social en el país ha obligado a que la compañía detenga sus operaciones y salga”, explican en otro comunicado en el que aclaran que queda suspendida la distribución y comercialización de sus productos en todo el país.

Los directivos de la empresa no han acudido a la empresa. Sin embargo, funcionarios del gobierno tomaron las instalaciones de la planta de cereales al mediodía del martes. Se repite la situación de otras multinacionales como la estadounidense Kimberly&Clark, empresa de productos de cuidado personal que cerró operaciones en el país en 2016 y su fábrica fue confiscada por el gobierno, que ahora está sometido a otra demanda ante el CIADI por esta expropiación. Lo mismo sucedió con Clorox, intervenida por el gobierno de Nicolás Maduro en 2014 para mantener los puestos de trabajo, cuya producción ha venido en picada.

Juan Torrealba, que trabajaba en la línea que a diario -si no había cortes de luz ni otro inconveniente- producía 14 toneladas de Corn Flakes, teme que pase lo mismo con esta. “Uno quisiera ser optimista, pero con la experiencia que uno ha visto con otras empresas tomadas por el gobierno es muy difícil serlo”, contó aún sorprendido por la medida tomada de la empresa.

En 15 años, cerca de 500.000 negocios han bajado las rejas en el país sudamericano. El último año se ha agravado la profunda crisis económica por la entrada de la hiperinflación y la imposibilidad de acceder divisas por parte el sector industrial. Los constantes incrementos salarios que ha decretado al gobierno también han llevado a números rojos al sector, al que se le hace inviable costear los aumentos. Desde 2015 se han perdido 3 millones de puestos de trabajo por el cierre de empresas o la reducción de su operatividad, de acuerdo con datos de Coindustria.

La contracción de la industria, en particular la de alimentos que ronda el 70%, que ha provocada por el control de cambio y de precios impuesto por el gobierno hace 15 años, ha acentuado la escasez de comida en los supermercados, donde a diario la gente hace filas para poder acceder, y de forma limitada, a los pocos productos que llegan a los establecimientos. El gobierno venezolano tiene casi 300 empresas de alimentos, entre tomadas y estatales, controla toda la cadena de producción, distribución y venta de estos productos y no ha podido frenar el desabastecimiento

La semana pasada en la Asamblea Anual de Fedeagro, el presidente de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos, Juvenal Arveláez, advirtió que la falta de liquidación de divisas para el sector ha comprometido la relación con los proveedores internacionales de materia prima para el procesamiento de alimentos. “La gente está pasando hambre”, dijo el empresario.

El mes pasado el representante de Fedeagro, Aquiles Hopkins, también había advertido que el panorama para el país es oscuro en materia de seguridad alimentaria. Este año, el campo venezolano solo podrá producir 25% de la demanda del país, pues no recibieron a tiempo los insumos para la siembra, cuya venta está monopolizada por el gobierno, y en el mercado negro son excesivamente costosos para los productores agropecuarios nacionales.

Venezuela con Nicolás Maduro – La Patilla – 15 de Mayo 2018

La Agence France-Presse (AFP) elaboró una infografía que resume las variables económicas del mayor desastre socio económico que ha padecido Venezuela en los últimos 100 años, producto del régimen socialista de Nicolás Maduro.

Ahi tienen las cifras que recibió al principio de su mandato, y el colapso que ha causado 6 años después. Nada más que comentar.

infografia-maduro-elecciones.jpg

 

Venezuela: ¿fin de ciclo o perpetuación? por Ociel Alí Lopez – Nueva Sociedad – Mayo 2018

1oTHt45pmqAQ.jpg

Venezuela se encuentra en una encrucijada. Mientras el oficialismo de Nicolás Maduro apuesta a la continuidad en medio de un estado de crisis permanente, la política opositora no apuntala una salida creíble que le permita posicionarse. Una parte de la oposición llama a boicotear las elecciones. Otros, como el ex chavista Henri Falcón, apuestan a dar el batacazo electoral. La escena se vuelve aún más confusa con la participación electoral del opositor Javier Bertucci, un hombre del evangelismo que no utiliza los clásicos eslóganes de la derecha que han caracterizado a otros pastores del continente.

Es difícil calificar lo que se vive en las calles de Venezuela los días previos a las elecciones presidenciales del 20 de mayo. Las últimas semanas se ha intensificado la hiperinflación y, con ella, el rechazo a la gestión de gobierno. Pero la política opositora no apuntala una salida sólida y creíble que le permita posicionarse. El llamado a boicotear las elecciones por parte de la oposición radical, no explicita su accionar. Más allá de la abstención, nadie en Venezuela imagina una salida que no sea electoral.

Mucho se podrá hablar de Venezuela. Unos aseguran que la «revolución se eclipsó». Otros, que cualquier crítica «sigue el juego al imperio». Lo cierto es que en pocos días habrá elecciones presidenciales en medio de un profundo malestar social y una inimaginable crisis, junto a otros factores que pueden hacer de Venezuela la Panamá de 1989 o el México priísta que pervivió, con breves intervalos, desde 1929 hasta nuestros días, por mencionar solo opciones extremas.

El triunfalismo oficialista, en estas condiciones, es un signo inequívoco de las carencias de la oposición, que aún puede ganar, pero se encuentra entrampada en un debate que parece más ideológico que político: abstenerse o votar. ¿Cómo explicar que el presidente Nicolás Maduro sea el candidato favorito a pesar de las circunstancias archiconocidas por el mundo? ¿Cómo explicar que el voto duro opositor puede preferir la abstención a pesar de la categórica victoria lograda en 2015, con las mismas condiciones y el mismo árbitro de este momento?

Henri Falcón: entre los votos y las elites

Henri Falcón, el candidato opositor, proviene de las filas del chavismo, con quien rompió en 2010. Ganó dos elecciones como alcalde de Barquisimeto y una como gobernador del estado de Lara con el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). A raíz de su ruptura (2010) siguió ganando con facilidad en esa región, con votos del chavismo y la oposición. Hasta que sucumbió en 2017 contra su expartido.

En 2013 dirigió el comando de campaña del entonces candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, quien lo incorporó como articulador de los sectores populares y el chavismo descontento, hacia donde dirigía buena parte del mensaje electoral. Esto implicó un giro estratégico en la política opositora que comenzaba a «humanizar» al sujeto chavista para capitalizar su malestar. La estrategia rindió frutos, tanto que en la campaña mencionada le faltaron apenas dos puntos para alcanzar a Maduro, lo que en históricos electorales de Venezuela podría considerarse «empate técnico».

Pero el sector más poderoso de la oposición ‒que en su mayoría se encuentra fuera del país y quiere dirigirla desde el exterior, sea Miami, New York, Madrid o Londres‒ tiene el poder del financiamiento y juega desde las redes sociales a la «espiral del silencio»: quien quiera participar o apoye las elecciones será «chavista», «vendido», «traidor». Todos, epítetos que califican con facilidad al candidato exchavista y de extracción popular. Ese sector radical (hasta el punto de llegar a la antipolítica) no quiere negociar nada con el chavismo, quiere eliminarlo de raíz, desterrarlo, arrasarlo, y sabe que Henri Falcón no desea lo mismo ni podría hacerlo. Aun cuando Falcón pueda ser muy útil para una «transición moderada», estos sectores prefieren que el chavismo continúe en el poder antes que apostar por un proceso de mediación. Basta recordar la famosa periodista e influencer, Patricia Poleo, quien llegó a acusar a todos los funcionarios públicos (incluidas las secretarias) de ser «responsables» de la «hecatombe venezolana» y, por ende, aseguró que debían ser objetos de amenazas y represión.

Pero esto no es solo cosa de «radicales libres». Hace poco, Ibsen Martínez, un ideólogo de peso de la «oposición migrante», consideró al candidato opositor como un «remedo imperfecto de Hugo Chávez» y relacionó desde su traje hasta sus tics nerviosos con el carismático líder fallecido. Pero lo que piensa el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) es incluso más ofensivo, tratándose de un candidato presidencial (que no es Nicolás Maduro).

¿Qué otra cosa podría pasar?

Es de suponer que la derecha radical espera otra cosa. En meses pasados, la gira de Rex Tillerson, ahora exsecretario de Estado norteamericano evidenció un intento de sublevar cuadros militares. Ante su aseveración de que en Venezuela y América Latina «casi siempre son los militares quienes se hacen cargo», comenzaron a escucharse «ruidos de sable» que llevaron a la detención de varios militares en Venezuela, pero especialmente de dos de alto rango: el comandante activo del Batallón Ayala (cuerpo militar encargado de resguardar los poderes públicos) y el exministro de Interior de Maduro, Miguel Rodríguez Torres. Durante esos días, efectivos del Digecim (inteligencia militar) se posicionaron en lugares estratégicos de la ciudad capital, hubo tensión y nerviosismo en torno a comunicados de militares retirados y detenciones de varios activos. Nuevamente, el golpe militar no prosperó.

Las declaraciones realizadas el 5 de mayo por el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en la OEA, muestran más debilidades que fortalezas, puesto que todos los puntos que propone para encarar el tema Venezuela no son sino «armas melladas» que se han sucedido una y otra vez sin perturbar la estabilidad política del gobierno de Nicolás Maduro. La oposición «política» no confía en esta salida, pero está muy presionada, y solo Henri Falcón y un puñado de dirigentes y partidos han decidido jugar a la política electoral contra la línea abstencionista que sigue esperando «algo». ¿Qué hará Estados Unidos ante las elecciones del 20M? ¿Lanzará un embargo petrolero? ¿Planea una intervención militar? Son las últimas cartas y todas suponen situaciones de peso imponderable.

En todo caso, resulta paradójico ‒para una derecha que supo hacer un viraje estratégico hacia el centro‒ que el candidato opositor «realmente existente» puede hablarle y hasta dividir al chavismo electoral, pero no pueda unir la propia oposición, porque ese «don» ‒tener afectividad con el chavismo‒ es al mismo tiempo su imposibilidad de concretar una alianza policlasista donde las élites no pongan el candidato.

¿Nacerá el madurismo?

El gobierno ha aprovechado bien el desconcierto opositor. Desde 2017, cuando la oposición llamó al derrocamiento violento de Maduro, las tácticas oficialistas y el radicalismo de la derecha han colocado a la oposición fuera del juego político. El gobierno ha jugado duro: inhabilitando candidatos presidenciales, llamando a una Asamblea Constituyente a su medida y encarcelando a los dirigentes políticos que llaman a la violencia. Pero, sobre todo, ha logrado desmoralizar a una oposición cuya soberbia de clase la deslizó hacia un «fracturismo» meramente simbólico sin tener un mínimo de poder para lograrlo: destitución de Maduro por la Asamblea Nacional, acusaciones de narcotráfico, llamados a golpes de Estado, Tribunal Supremo de Justicia en el exilio. Se trata, en todos los casos, de actos simbólicos. Por ello, una vez fracasados tantos intentos, incluida la violencia de calle (guarimbas) de 2017, se desplazan hacia los centros de poder mundial y pierden el espacio político venezolano. A tal punto de que es muy difícil explicar cómo podría ganar nuevamente Maduro y cómo mantiene un «nicho sólido» que le permitiría la reelección.

Ante la atomización de la oposición, el gobierno se ha presentado, en medio del vendaval económico, con la certeza propia de quien se siente favorito, enviando un mensaje que puede convencer a propios y extraños de que no hay más opción en el panorama. Eso pesa enormemente en la decisión de las mayorías sobre la efectividad del voto y sobre su participación en la contienda. Para unos el gobierno ya ganó porque «hará trampa», para otros ya ganó porque «luce victorioso». Mientras, la gente mantiene apatía respecto a la campaña.

El triunfalismo está llevando al gobierno a una zona de confort que apenas le permite sobrevivir con su «maquinaria electoral». Ha sido una campaña signada por la desazón. Maduro no tiene contacto directo con la gente, característica que lo distancia en demasía de su predecesor, Hugo Chávez. Tampoco expone propuestas concretas que comuniquen al electorado, incluyendo a parte del chavismo, sobre cómo salir del cataclismo económico. La campaña se enmarca en un entusiasmo dirigido a su «voto duro», voto que ya resultó insuficiente en diciembre de 2015, cuando la situación económica aún no había llegado a los extremos actuales.

Así las cosas, la campaña de Maduro es propiamente de Maduro. Las tácticas «duras» para tratar el tema electoral e institucional, las movilizaciones siempre en zonas de confort, el menguado mensaje propositivo, hacen pensar en algo más (o menos) que el chavismo. En todo caso, ya no es Chávez el símbolo político, ya no son las misiones o el Plan de la Patria los centros de la propuesta electoral. Si Maduro debe el triunfo de 2013 a Chávez, este 2018 su triunfo sería responsabilidad fundamentalmente de él y de su alianza con los sectores militares.

La confianza oficial está relacionada, muy razonablemente, con los resultados de las últimas tres elecciones realizadas en 2017, en las que el abstencionismo opositor ‒influenciado por redes sociales y campañas internas, primero, y luego declarado desde los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática‒ permitió al partido de gobierno arrasar con poco más de 8 millones de votos en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, y seguidamente con 18 de las 23 gobernaciones y con 306 de las 335 alcaldías.

Si el gobierno se siente ganador es porque entiende estas elecciones como proyección de las anteriores. En cambio, lo que salió de las perspectivas de una oposición desmoralizada, es el espíritu del resultado de diciembre de 2015, cuando obtuvo mayoría aplastante en las elecciones legislativas. Tal victoria está diluida hoy ante el razonamiento abstencionista que pregona la «ilegitimidad» del mismo Centro Nacional Electoral que arbitró y anunció aquel categórico triunfo.

Es preciso aclarar, para matizar el «triunfalismo oficial», que estos eventos tuvieron lugar a la sombra de las «guarimbas», violencia opositora de calle que llevó a Venezuela al filo de una guerra civil y que logró impacto negativo de alto calado en la población, por ser producidas ‒casi de manera exclusiva‒ por sectores altos y medios y sin participación popular. Quedó la sensación colectiva de que se trató más de dispositivos violentos de las élites para instaurar una «dictadura de derecha» que una salida «racional» al gobierno de Maduro.

Lo que pone en tela de juicio la total certeza del ventajismo chavista es que hoy las guarimbas y sus líderes no están en escena, y la situación económica podría tener mucho más peso en la elección que la pasada necesidad de evitar episodios de violencia. ¿Henri Falcón podría aprovechar este malestar? En Venezuela siempre se dan sorpresas, como la del nuevo sector emergente que desajusta las cuentas: los evangélicos.

¡Dios, más confusión!

Por primera vez, en los últimos veinte años, hay un tercer elemento electoral que podría incidir de manera importante, si bien no para ganar sí para sustraer votos decisivos, aunque aún no es evidente a quién se los restaría. Se trata del evangélico Javier Bertucci, cuyo partido no se ha visto fortalecido en los últimos eventos comiciales.

Sin embargo, en esta oportunidad, como candidato presidencial, Bertucci está desplegando una magnífica campaña de calle, televisión y redes que le coloca en las conversaciones y debates cotidianos de la gente común. Lo lógico es que sustraiga votos a Henri Falcón, puesto que ambos se presentan como contrarios a Maduro. Pero su discurso hace énfasis en la profundización de las políticas sociales y cuenta con amplio trabajo político en los sectores más empobrecidos donde el chavismo tiene, históricamente, una mayoría sólida. Actualmente esos sectores sufren un intenso malestar.

A diferencia de otros candidatos evangélicos del continente, no utiliza discursos ideológicos de derecha. A principios de mes, parte de la estructura del partido Copei (demócrata cristiano), quien en el pasado ganó dos elecciones presidenciales, quitó su apoyo a Henri Falcón y se lo dio a Bertucci, lo que, al menos simbólicamente, disminuye fuerzas a la oposición electoral. Teniendo en cuenta que el gobierno se dirige a su voto duro y que el voto duro opositor tiende a abstenerse, si los evangélicos movilizaran sus bases, consideradas en millones, podrían fracturar un electorado acostumbrado a medirse en dos grandes toletes y el resultado sería desconcertante.

En Venezuela siempre se dan sorpresas. Cualquiera de los escenarios bosquejados puede terminar en algo imprevisible. Cuando al principio del texto recordamos la Panamá de 1989, es porque hay fuerzas externas que están impulsando una opción semejante. Y cuando mencionamos al México prísta que casi 100 años después sigue dominando la escena mexicana, es porque si la abstención opositora deja a Maduro un triunfo holgado, se abre el escenario de una «eternización» del poder por parte de las fuerzas oficialistas que tienen abierto el escenario de una Asamblea Nacional Constituyente y el resultado del 20 de mayo les permitirá evaluar hasta donde pueden llegar con una nueva Constitución.

La emboscada por Leonardo Padrón – Caraota Digital – 13 de Mayo 2018

leonardo-padron-681x681-1Nunca Venezuela había estado peor. Nunca tantos males al unísono. Nunca tanto repudio colectivo a un gobierno. Nunca un candidato presidencial ha tenido un lastre tan pesado: él mismo, su funesta gestión como gobernante, su monumental empeño en destrozar la normalidad de un país. Y a la vez, vaya paradoja, nunca había estado tan cantada la victoria de un perdedor. Porque eso es Nicolás Maduro, un perdedor. Un hombre que tiene que recurrir a todas las argucias posibles: trampas, chantajes, amenazas, compra de votos, y un largo hilo de ilegalidades para mantenerse en el poder. Así sea sobre los escombros de una sociedad entera.

Dentro de pocos días, el 20 de mayo de 2018, habrá elecciones presidenciales en Venezuela. Lo que con insistencia hemos pedido los venezolanos durante tanto tiempo. Para darle la vuelta a estas vergonzosas páginas de nuestra historia. Para cancelar la pesadilla. Si viviéramos en democracia, eso bastaría. Una simples elecciones para escuchar la opinión de todo un país. Para cambiar el rumbo. Para intentar enderezar este apocalíptico entuerto. Pero no, ni siquiera eso tenemos. Hasta el derecho a elegir limpiamente nuestro destino nos lo han robado.

Las elecciones que se aproximan no son otra cosa sino una emboscada. Se le pueden dar otros nombres. Ya hay una larga lista: farsa, fraude, parapeto, engaño, etc. Y sí, es todas esas cosas, pero sobretodo es una emboscada. Recordemos que ese es un término militar que alude al ataque sorpresivo y violento al enemigo. El enemigo, en este caso, somos los 30 millones de venezolanos que deseamos -con urgencia rayana en la desesperación- cambiar el sistema político que rige nuestras vidas.

Ya bastante se ha hablado sobre las adversas condiciones que posee el electorado para garantizar que su ejercicio del voto sea respetado, y no escamoteado, alterado, burlado o negado. Nicolás Maduro, probadamente el peor candidato que pudiera tener cualquier partido político en la historia, con todos los índices económicos en contra, con la hambruna, la escasez y la inseguridad como lobos salvajes rondando a la población, se lanza a la reelección con un entusiasmo tan pueril como solitario. Y no es fatuo recordar que, un año atrás, lo que menos quería Maduro era someterse al escrutinio popular.

¿Hacemos una pequeña calistenia en el músculo de la memoria? Ya en las primeras páginas del año 2017, el 17 de enero, para ser exactos, Diosdado Cabello, el inefable, amenazaba frente a los micrófonos: “Le decimos a la derecha, dejen quieto al que está quieto, aquí no va a haber ni elecciones generales, ni renuncia del presidente, ni abandono del cargo. Aquí lo que va a haber es revolución. Y más revolución”. En la misma tónica, el 4 de diciembre del 2017, Jorge Rodríguez, el hombre detrás de las piruetas del CNE, escupía de forma biliosa: “Venezuela no va a ir a un evento electoral ni va a firmar ningún acuerdo con la oposición venezolana hasta que se levanten las groseras sanciones que la dirigencia de la derecha venezolana solicitó frente al Departamento del Tesoro de Donald Trump”. De nuevo, la amenaza de no hacer elecciones. Ignorando por completo los lapsos que muy nítidamente establece la constitución.

Dependiendo del viento, aparecían declaraciones afirmando la realización de elecciones. El propio Maduro, el 17 de septiembre de ese mismo año, había gritado, ufano: “Las elecciones presidenciales se realizarán en el último trimestre de 2018, como ya está establecido”. Pero -lo hemos comprobado infinidad de veces- las palabras de ese grupete son pura hojarasca. Se las lleva la brisa con demasiada velocidad.

Y, de pronto, cesaron las amenazas de suspensión de elecciones y se pusieron ansiosos por ver a Tibisay en su baranda de medianoche. Imprevistamente, adelantaron las elecciones siete meses. ¿Por qué? Obvio. Porque les conviene. No olvidemos cuando adelantaron en el año 2012 las elecciones para el mes de octubre porque sabían que había muy pocas posibilidades de que Chávez llegara vivo o humanamente presentable al 6 de diciembre, que era la fecha habitual de las elecciones en el país.

Retrasan y adelantan el reloj electoral a conveniencia. Es grotescamente obvio. Esta vez lo adelantan porque ahora sí les favorece competir. Con un organismo ilegítimo (ANC) estableciendo las reglas de juego. Sin tener que cumplir ninguna exigencia electoral. Sin un Smartmatic que se ponga demasiado sincero. Con la oposición diezmada y en plena orfandad. Con sus principales líderes en el exilio, presos o inhabilitados. Con un enorme caudal de votos opositores viviendo en otro código postal. Y con la población agotada, herida, aterrada, sin fuerza para volver a incendiar la calle. Ah, y con un candidato opositor a quien señalan puertas adentro de ser amigo de Maduro de vieja data. ¿No resulta llamativo lo poco que insulta el dictador a su principal rival, cuando el hábito del heredero de Chávez es la procacidad verbal, una y otra vez, contra cualquier ser humano que lo adverse políticamente?

Aterra pensar que Nicolás Maduro sea reelegido el próximo domingo 20 de mayo y que gobernará el país durante 6 años más. ¿El país en manos de Maduro y su hecatombe hasta el año 2025? ¿Hay algún venezolano sensato que quiera esa siniestra condena para su país? ¿Cómo evitarlo? Con una avalancha de votos en su contra. Pero, tranquilos -debe decir Jorge Rodríguez con su aviesa sonrisa en algún salón de Miraflores- ya todo está bajo control. Ya no es posible la avalancha. Ya las fisuras democráticas han sido selladas. Solo queda el tufo victorioso de la dictadura.

Yo, que tantas veces alenté a la gente de mi país a ejercer el derecho al voto, incluso en ocasiones que tampoco eran idóneas, hoy siento que la emboscada ha sido diseñada de manera perfecta y que esta vez no hay ni siquiera una remota esperanza en el ejercicio del voto. Lo vaciaron de contenido. Saquearon por completo la palabra. La delincuencia en el poder se prepara para un nuevo y crucial zarpazo. El mundo entero lo sabe y lo condena a voz en cuello. Nuestros líderes democráticos, aturdidos, no consiguen la brújula para decirnos qué hacer el día después de la emboscada. Hemos entrado en otra etapa de la lucha contra la dictadura. Necesitamos el concierto de las mejores mentes. Necesitamos templanza y definición. Necesitamos un rumbo construido con los ladrillos de la sensatez. No esta neblina de incertidumbre en que nos hemos convertido. Es imperativo sobrevivir a la catástrofe que nos rodea. Salvarnos de ella es salvar al país, a los nuestros, a la posibilidad de un mañana. Salvarnos es refundar la nación desde el día cero. ¿Es acaso el 21 de mayo el día cero?

Venezuela está en caída libre: Iglesia – Yoinfluyo.com – 14 de Mayo 2018

En declaraciones al diario El Nacional, el cardenal venezolano coincidió con líderes estudiantiles y autoridades universitarias, en que el presidente Nicolás Maduro, quien busca la reelección, niega su responsabilidad en la crisis económica y social que vive Venezuela.

caida_vzla.png

Las elecciones presidenciales de Venezuela están cada vez más cerca de llevarse a cabo (20 de mayo), mientras que representantes de la Iglesia católica, de las universidades y de la dirigencia estudiantil cuestionan que el presidente Nicolás Maduro niegue, como candidato, su responsabilidad en la crisis.

El cardenal Baltazar Porras, el rector Benjamín Scharifker y dirigentes estudiantiles señalan a Maduro como el responsable de la crisis del país y cuestionan que luego de cinco años de gobierno, en los que se han deteriorado los indicadores económicos y sociales, pretenda ahora como candidato negar su responsabilidad y prometa que será luego de las elecciones del 20 de mayo cuando se dedicará a reconstruir la economía, destacó el diario El Nacional.

Los comicios no son la solución a la crisis, la cual requiere de atención inmediata. “El país se está desangrando mientras Maduro solo ve cómo se atornilla en el poder”, afirmó el cardenal Baltazar Porras.

Dijo que Venezuela “está en caída libre” pues han desmejorado todas las condiciones de vida de los ciudadanos. “Tenemos casi cuatro lustros de deterioro permanente, lo que causa el estupor de la comunidad internacional, que ve cómo un país con recursos y posibilidades tiene a su población sumida en una pobreza y miseria cada vez mayores”.

A su vez, Benjamín Scharifker, rector de la Universidad Metropolitana, afirmó que si bien en el período de Maduro ha habido deterioro, el atraso viene desde más atrás. “No puedo denotar ningún elemento que signifique progreso”, afirmó.

“Esta elección no despierta ninguna expectativa. No va a pasar absolutamente nada”, subrayó.

El académico señaló que desde hace más de 10 años no se aprueban en el Consejo Nacional de Universidades programas nuevos para las universidades. “Eso nos condena al atraso. En las instituciones tampoco se satisfacen las necesidades de la población. El mundo se va desarrollando y las universidades no lo hacemos al ritmo que avanza el conocimiento”.

En tanto, Alfredo García, presidente adjunto de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, afirmó que la crisis se agudiza diariamente. “Los servicios básicos se encuentran en profunda decadencia; las oportunidades para los estudiantes cada día se reducen más al irse del país o a abandonar los estudios profesionales.

Señaló que el 20 de mayo no habrá elecciones, sino un simulacro vestido de fraude. “Pretenden ser la solución política a un problema que no va a dejar de existir mientras quienes llevan gobernándonos por más de 18 años no salgan del poder”.

 

 

Comunicado de la Presidencia de la CEV ante la deslegitima realización de las elecciones presidenciales – 14 de Mayo 2018

logo-cev.png

                             COMUNICADO

1. En Venezuela, cada día vamos entrando en una espiral de conflictos que tiene su raíz en la crisis generalizada que se vive en el país, crisis que afecta poderosamente a las personas y a las familias más vulnerables: los pobres, los campesinos, los obreros, los enfermos, los ancianos, los indígenas y los niños. Pero no sólo son estos sectores los afectados, también la sufren los profesionales, los estudiantes y las instituciones en general.

2. Esta realidad no ha sido atendida ni por el gobierno nacional ni por los gobiernos regionales, y clama al cielo el deterioro creciente que sufre el pueblo. Consecuencia directa de esto es la indiferencia ante una campaña electoral que no ha tenido emociones, ni proyecto país, ni un número considerable de seguidores. En el fondo el pueblo entiende que la convocatoria a estas elecciones ha sido hecha con tanta antelación por ventajismo e intereses políticos, además de ser ilegítima por el ente que la convocó.

3. Ante esta realidad queremos recordar y ratificar lo que ya hemos planteado: “Ante problemas humanos de tal magnitud, se deslegitima la realización de las elecciones presidenciales, convocadas para el próximo 20 de mayo. Tal como están concebidas, sin las suficientes garantías que identifican todo proceso electoral libre, confiable, transparente, con innumerables inhabilitaciones de posibles candidatos, lejos de aportar una solución a la crisis que vive el país, pueden agravarla y conducirlo a una catástrofe humanitaria sin precedentes. Por tanto, es urgente su postergación para el último trimestre del año” (23-04-2018).

4. Esta petición que hemos hecho por el bien del país, sigue vigente ante la importancia que reviste una elección presidencial. No se puede anteponer el interés de pequeños grupos políticos, ante el interés de la gran mayoría de la población venezolana. Nuevamente pedimos públicamente la postergación de estas elecciones para el último trimestre del año, aunque estemos a pocos días del 20 de mayo, día señalado para las mismas.

5. La Iglesia celebra la solemnidad de Pentecostés el 20 de mayo, por lo que pedimos al Espíritu Santo que guíe las mentes y los corazones de los Venezolanos, para que ratifiquemos nuestro servicio al país y su gente, entendiendo que la democracia y sus valores se perfeccionan si las condiciones de convivencia, de desarrollo y de la vivencia del bien común favorecen a todo el pueblo.

Caracas, 14 de mayo de 2018.
Con nuestra bendición.

+José Luis Azuaje Ayala
Obispo de Barinas
Presidente de la CEV

+Mario Moronta Rodríguez
Obispo de San Cristóbal
1° Vicepresidente de la CEV

+Raúl Biord Castillo
Obispo de La Guaira
2° Vicepresidente de la CEV

+José Trinidad Fernández Angulo
Obispo Auxiliar de Caracas
Secretario General de la CEV

+Jorge Cardenal Urosa S.
Arzobispo de Caracas
Presidente honorario de la CEV

+Baltazar Cardenal Porras C.
Arzobispo de Mérida
Presidente honorario de la CEV

95% de los venezolanos cree que la situación del país es negativa por Kelvin Bolivar – Venepress – 12 de Mayo 2018

unnamed-7.jpg

Desde la llegada del presidente Nicolás Maduro al poder la percepción de negatividad ha incrementado un 44,2% pues 95% de los venezolanos cree que la situación del país es negativa.

Una encuesta realizada por la empresa Datanálisis en todo el territorio nacional en base a una población de 1000 personas, permitió conocer la percepción que tienen los venezolanos acerca de la situación del país, dando como resultado que el 95% la considera negativa y el 4,9% positiva en la actualidad.

Un historico permitió conocer que en mayo de 2012 se registró el punto más alto de calificación positiva con un 67%, cifra que disminuyó desde la llegada del presidente Nicolás Maduro al poder en abril del 2013.

Situación del país durante el período del presidente Nicolás Maduro

¿Cómo evalúan la situación del país?

Un historico realizado entre abril de 2013 y mayo de 2018, reflejó que el mandatario venezolano llegó al poder con una percepción positiva del país por encima del 50% y actualmente, solo el 5% de los ciudadanos son optimistas.

Situaciones que originaron grandes picos de negatividad:

Dakazo (noviembre de 2013).
Sanciones de Estados Unidos (junio de 2015).
Protestas opositoras (abril de 2017).
Elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) (julio de 2017).
Elecciones regionales (octubre 2017).
Elecciones municipales (diciembre de 2017.
Situación del país

¿Cómo evalúa usted la situación del país en la actualidad?

unnamed-2.png

Total evaluación negativa 95,0%, de ellos el 75,1% dice ser oficialista, 96,1% independientes y el 99,4% opositores.
Tolal evaluación 4,9%, de ellos el 22,9% se identificaron con el oficialismo, 1,7% no fijaron posición y el 0,6% dijo ser de oposición.

A %d blogueros les gusta esto: