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Dictadura, Iglesia y esperanza por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 20 de Julio 2018

Luis_Ugalde_ex_rector_ucab“Desde el Ejecutivo Nacional, la ilegítima asamblea nacional constituyente y el Consejo Nacional Electoral se pretende conculcar uno de los derechos más sagrados del pueblo venezolano: la elemental libertad para elegir a sus gobernantes en justa competencia electoral, con autoridades imparciales, sin manipulaciones ni favoritismos. Mientras existan presos políticos, y adversarios a quienes se les niega su derecho a postularse, no habrá proceso electoral libre y soberano. Reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo fue ilegítima, como lo es la asamblea nacional constituyente impuesta por el Poder Ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y a los más altos principios de dignidad del pueblo” (n.° 6).

“Las actitudes de prepotencia, autoritarismo y abuso de poder, así como la constante violación de los derechos humanos, van acumulando sobre sus autores un rechazo que las generaciones futuras les reclamarán. En cierto modo resulta suicida seguir insistiendo tercamente en un camino de autodestrucción que se volverá contra sus promotores. La Iglesia no alienta los deseos de venganza ni las retaliaciones, pero tampoco promueve la impunidad de delitos que atentan contra la vida, la dignidad humana y los derechos fundamentales” (n.° 7).

Contundente e irrefutable este cuadro dramático que pinta la Conferencia Episcopal Venezolana en este mes de julio, sin evadir la tragedia nacional diciendo que ellos no se meten en política, lo que sería una enorme irresponsabilidad de cara al Evangelio de la vida.

“La consulta electoral realizada a finales del mes de mayo, a pesar de todas las voces –entre ellas la nuestra– que advertían su ilegitimidad, su extemporaneidad y sus graves defectos de forma solo sirvió para prolongar el mandato del actual gobernante. La altísima abstención, inédita en un proceso electoral presidencial, es un mensaje silencioso de rechazo, dirigido a quienes pretenden imponer una ideología de corte totalitario, contra el parecer de la mayoría de la población” (n.° 5).

¿Responsables?

“El principal responsable de la crisis por la que atravesamos es el gobierno nacional, por anteponer su proyecto político a cualquier otra consideración, incluso humanitaria; por sus erradas políticas financieras, por su desprecio a la actividad productiva y a la propiedad privada, por su actitud constante de poner obstáculos a quienes tienen voluntad de resolver algún aspecto de la problemática actual. El gobierno se presenta ante el país como víctima de manejos externos e internos. Esto no es más que la confesión de la propia incapacidad para manejar el país. No se puede pretender resolver la situación de una economía fallida con medidas de emergencia como bolsas de comida y bonos” (n.° 3).

“Es necesario favorecer en la acción de gobierno y de las instituciones públicas y privadas al ciudadano, al venezolano, al hombre y la mujer concretos que sufren y padecen los males actuales, y anhelan su superación. Ignorar al pueblo, hablar indebidamente en su nombre, reducir ese concepto a una parcialidad política o ideológica son tentaciones propias de los regímenes totalitarios, que terminan siempre despreciando la dignidad del ser humano” (n.° 4).

La tragedia nacional se refleja también en el éxodo desesperado y la diáspora con gravísimos problemas para millones de venezolanos: “Una de las situaciones que clama dramáticamente desde su silencio es el fenómeno de la emigración. Venezuela se ha ido convirtiendo en un país en diáspora (…) La emigración produce situaciones dramáticas (…) Muchas de estas situaciones han encontrado alivio en la mano generosa que las iglesias hermanas de países vecinos han extendido a nuestros compatriotas, lo cual agradecemos de todo corazón” (n.° 9).

¿Hay esperanza?

La Iglesia abre su tesoro espiritual y nos lleva a la fuente de la esperanza que mantuvo vivo al pueblo de Israel en sus momentos más duros de esclavitud y destierro: “El libro del Éxodo nos enseña que Dios guía a su pueblo de la esclavitud a la libertad (…) Dios, por medio del profeta Isaías, nos invita a no tener miedo, conscientes por nuestra fe de que no estamos solos, sino que el Señor nos acompaña y nos fortalece en nuestras vicisitudes” (n.° 11).

Para salir de este drama los obispos llaman a la esperanza activa que lleva a la acción inteligente y responsable:

-A la sociedad civil. “Ante la situación desastrosa que se deteriora permanentemente por las erradas políticas establecidas, y que los responsables se niegan a rectificar, animamos a la sociedad civil a ofrecer sus talentos y capacidades para explorar soluciones (…) Ciertamente la situación es abrumadora, pero no nos podemos acostumbrar a la precariedad que tanto humilla a nuestro pueblo. Por otra parte, animamos a las diferentes organizaciones de la sociedad civil, y a los partidos políticos, a exigir la restitución del poder soberano al pueblo, utilizando todos los medios que contempla nuestra Constitución (referendo consultivo, manifestaciones y otros) (n.° 14).

-A la Fuerza Armada. “Exhortamos a la Fuerza Armada a que se mantenga fiel a su juramento ante Dios y la patria de defender la Constitución y la democracia, y a que no se deje llevar por una parcialidad política e ideológica” (n.° 15).

-A toda la comunidad eclesial. “Las diócesis, parroquias y otras instituciones, a pesar de sus limitaciones logísticas y financieras han desplegado una amplia campaña de ayuda a los más necesitados, especialmente en lo que se refiere a alimentación y acceso a medicamentos” (n.° 16). Pero al mismo tiempo exigen acción para el “cambio estructural”. “Corresponde a cada iglesia local buscar los medios, los métodos y las estrategias para contribuir a ese cambio con acciones concretas” (n.° 16). “Nos comprometemos a realizar actos y eventos de religiosidad popular, por ejemplo: procesiones con las imágenes del Señor, la Virgen o los santos más queridos en cada lugar. La esperanza y el compromiso concreto deben llevarnos a ser samaritanos unos de otros en esta hora difícil en que nos encontramos” (n.° 17). “En sus horas de dolor y prueba, el creyente se toma con más fuerza de la mano de su Señor” (n.° 18).

Para salir de esta tragedia es la sociedad venezolana entera la que se tiene que poner en pie de marcha. Nadie se puede excusar ni puede negar su esfuerzo para el cambio. El gobierno se ha convertido en agresor de la sociedad y nos debe su renuncia para nuestra liberación. Menos costosa su renuncia voluntaria, antes de que sea obligado por el caos y la desesperación generalizada. Renuncia que abre la puerta a una transición pacífica y democrática negociada para que en la reconstrucción participen también millones de venezolanos, de cuya esperanza abusó este régimen volviéndola ruina espantosa.

Foro “UCV Global: Retos para la reconstrucción de un país” – UCV – 22 de Junio 2018

Capacidad de destrucción por Alberto Rial – El Carabobeño – 15 de Julio 2018

Unknown.jpegUn Mayor General de la Guardia Nacional venezolana, ministro de un gobierno que se llama socialista y presidente de una empresa petrolera socialista, convoca a una misa para pedirle al Altísimo que interceda para subir la producción de hidrocarburos del país. Si alguien todavía duda que el realismo mágico vive y se multiplica, a las pruebas me remito.

PDVSA, con todo el dolor que produce decirlo, dejó de existir. Quererla revivir es pretender que se repita el milagro de Lázaro: que se levante y camine, a pesar de los mandarriazos que le ha dado el chavismo desde que se apoderó de Venezuela. La que fue una de las mayores –y mejores- petroleras del mundo es hoy un carro viejo, desvencijado, sin repuestos y atado a un jamelgo que lo arrastra hacia el barranco final. Una empresa vendida al mejor postor –léase chinos, rusos y otros golilleros aprovechados- que produce hoy un tercio de los barriles que sacaba hace 20 años, cuando comenzó el fin, cuando el pueblo en mayoría y con furia le regaló esta ribera del Arauca a quienes serían sus verdugos y sepultureros.

Hace falta empeño y dedicación para destruir un país entero. Para dejarlo sin agua, sin luz, sin comida, sin medicinas, sin hospitales, sin producción de nada. Para dejarlo a merced del hampa y del narcotráfico. Y sin embargo, se hizo. El chavismo, en esta tarea, alcanzó el éxito que le faltó en todo lo demás y cumplió escrupulosamente con sus metas: acabar con casi todo lo hecho en los 100 años previos, usar en beneficio propio y de sus panas los recursos de la nación y condenar a la gente al exilio, la cárcel o la anomia. Una epopeya a la menos uno, diría un calculista, pero epopeya al fin. Cuando termine, la gesta revolucionaria solo dejará tierra arrasada, a la espera de una estirpe que tendrá que enderezar el fracaso de sus padres y sus abuelos, comenzar desde la prehistoria y renacer de las ruinas. Una gente que deberá ser distinta a la sociedad que votó por el resentimiento y después no tuvo la visión, la inteligencia ni la madurez para quitárselo de encima.

¿Qué quedará de la sociedad venezolana cuando el chavismo se vaya? Para empezar, habría que medir el cataclismo moral y ético que ha ocurrido desde que empezó el siglo XXI. Antivalores como la viveza, el engaño, la adoración por el poder, la complicidad, la banalidad y la ignorancia no son del chavismo para acá; siempre existieron, y fue por esos rasgos sociales que se le regaló el país a un malabarista sin escrúpulos. Pero la marea roja exacerbó lo peor del venezolano y lo modeló desde el poder, lo alimentó y lo difundió por todos los medios. Y la magnitud de ese daño aún está por verse.

Unidad con los jodidos… por Eleazar Narváez Bello – El Nacional – 16 de Julio 2018

Unknown-1.jpegCon aquellos que resisten y luchan en la supervivencia con una fuerte dosis de desesperación. Con los que reciben o no las bolsitas de comida de la indigencia y no tienen dinero para comprar lo que necesitan para el sustento diario. Con esos que no consiguen o no pueden comprar las medicinas para tratarse una dolencia o para ayudar a un familiar o a un amigo con problemas de salud. Con quienes dependen del trabajo y de los servicios de los hoy muy deteriorados hospitales públicos. Con los que no disfrutan de un seguro médico para cubrir los gastos ante una eventual enfermedad. Con todos los que están obligados de cualquier modo a mantenerse con vida con sueldos y salarios de miseria. Con todos esos venezolanos que ahora en las calles nos recuerdan, desmienten y repudian con coraje el descomunal y detestable cinismo de Nicolás Maduro cuando el año pasado afirmara que “Venezuela es Venezuela, jodidos, pero felices”. Con esos venezolanos jodidos de verdad, sin motivos ni razones para sentirse felices padeciendo la espantosa tragedia provocada por un régimen incapaz, corrupto, indolente y criminal. Con esos venezolanos estamos llamados a caminar juntos para enfrentar tanto la crisis como a los responsables de la misma que insisten obstinadamente cada día en profundizarla.

Es la unidad con esa gente que comienza a responder de modo espontáneo a un liderazgo social que se hace sentir cotidianamente cada vez con mayor frecuencia e intensidad en diversos lugares del país. Con quienes forman parte de gremios, sindicatos y otras organizaciones sociales que han decidido levantar su voz de angustia, malestar y reclamo ante las condiciones miserables de vida impuestas a gran parte de la población por los usurpadores del poder en Venezuela. Con líderes y trabajadores protagonistas de una lucha orientada fundamentalmente por razones sociales y humanitarias, sin motivaciones político-partidistas, la cual amenaza con extenderse en medio de una crisis cuyos efectos resultan cada vez más demoledores. En fin, es la unidad con trabajadores de distintos sectores de la sociedad que en esencia reclaman salarios dignos y mejores condiciones laborales, e igualmente con vecinos de diferentes comunidades que protestan, entre otros motivos, por la pésima situación de los servicios públicos y el estado de indefensión de los ciudadanos ante la delincuencia.

Cómo conectarse con ese liderazgo social, cómo acompañarlo, cómo ayudar a articularlo para potenciarlo, para evitar que se desgaste, son desafíos clave que debemos atender con la debida importancia y urgencia, y también con ciertas precauciones. Sin pretender secuestrarlo para una determinada parcialidad política. Con el cuidado de no distorsionarlo. Sin sacrificar su autonomía. Sin desdibujar o borrar algo que le es propio y sustancial: el de ser portador de un auténtico grito desesperado de hombres y mujeres que exigen tener las condiciones necesarias para vivir y trabajar con dignidad en medio de la voracidad del proceso hiperinflacionario que azota al país.

Asegurándole el respeto que se merece, debemos entonces contribuir a darle el mayor aliento posible a ese liderazgo social. Inyectarle la fuerza de otros liderazgos como parte de un esfuerzo unitario nacional dirigido a superar la espantosa tragedia que hoy agobia a los venezolanos. Con la firme convicción de que esa unidad es indispensable para fortalecernos y abrir cauces de esperanza en la dura y compleja lucha contra la tiranía.

Solo así, a contrapelo de la fantasiosa felicidad que Maduro le sigue atribuyendo cínicamente a Venezuela, podríamos tener aquí una verdadera rebelión de los jodidos. Una rebelión que, tal como están las cosas en el país en los actuales momentos, podría ser de casi todos los venezolanos.

Caracas: 15 horas de socialismo por Por Victor Maldonado C. – Panampost – 15 de Julio 2018

Nadie se queja. Nadie dijo nada. Esta es la ley de la selva y el socialismo es el depredador

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5:00 a.m. Todavía está oscuro y una lluvia pertinaz enfría el ambiente y hace todavía más difícil el comienzo del día. La ciudad se ha vuelto perezosa. Ya no es como antes. Un silencio pasmoso es el recordatorio de que del ocaso hasta el amanecer la ciudad está vedada a los ciudadanos desarmados.  La noche es de la impunidad, la violencia y la de esa extraña fauna de nuevos adinerados que van escoltados en carros blindados, motos de altas cilindradas y guardaespaldas armados.

5:30 a.m. No hay agua. Van tres semanas sin que la empresa estatal de agua potable cumpla con su plan de racionamiento. Los baños son pocilgas infectas que desprenden ese olor a fermentación pútrida que se acumula sin saber qué hacer con ellas. La higiene personal es todo lo que puedas hacer con un tobo de agua.

5:45 a.m. El café se acabó la semana pasada. Un kilo ya cuesta dos salarios mínimos. No hay forma de comprarlo sin sacrificar alguna cosa más importante. Adiós costumbre matutina. Pero hoy se confabulan todas las escaseces para empujarme a un ayuno que se torna crecientemente insoportable. Hora de salir de casa a soportar otro día.

6:00 a.m.  Con las notas del himno nacional, aderezadas por la voz y las impertinentes intromisiones del “comandante supremo” voy camino a la parada de autobús. No sé por qué lo intento si todos sabemos que ya no hay quien preste el servicio, tampoco quien pague su costo. Temprano caigo en cuenta que no tengo efectivo en la cartera. Nadie tiene, a nadie le importa, porque el billete de ayer hoy vale menos, mucho menos.

6:45 a.m. Cuarenta minutos esperando por lo que nunca llegó. Llueve, todos estamos empapados, pero nadie se queja. Esa agua que cae del cielo reconforta y compensa la ausencia absoluta de agua potable que sufrimos en la zona. Mujeres con horarios más flexibles exhiben sus magros cuerpos mientras tratan de pasarse un trozo de jabón. La pobreza te confisca el pudor poco a poco.

7:00 a.m. Sigo en la parada. La gente se acumula y se desespera. Al fondo de la calle aparece un camión de estacas. Se detiene y permite que la gente se monte. La lluvia no es un impedimento para que el caos sea el único que ponga orden. Todos quieren irse, y poco a poco la plataforma se va volviendo una amalgama contrahecha de cuerpos que se entrometen unos con otros, intentando equilibrios imposibles que se extreman cuando el camión vuelve a ponerse en marcha. Allá quedaron los menos ágiles.

7:45 a.m. La ruta del camión concluye frente a la parada del subterráneo. Bajar significa terminar de embarrar la ropa. No importa. No hay tiempo. Hay que coger el metro. Cientos de transeúntes caminan como autónomas en los escombros de lo que alguna vez fue un transporte moderno. Por lo menos es gratis. Sin aire acondicionado los túneles bajo tierra tienen una atmósfera pesada y pegajosa. Pasan uno, dos, seis, ocho trenes totalmente desbordados. Mientras espero recuerdo que tengo hambre. Me distraigo imaginando un café imposible y una arepa rellena que ya no puedo comer. El hambre estraga. De repente soy masa que se mueve hasta una de las puertas. Me siento empapado pero sudoroso. El calor es insoportable. Pero allá vamos.

8:30 a.m. El metro sufre una avería. “Señores usuarios y usuarias del sistema subterráneo, en estos momentos estamos sufriendo un problema transitorio de falta de energía. Les sugerimos abandonar los vagones y seguir a pie por los túneles hasta la próxima salida”. ¡Esto no puede sucederme hoy! -pienso, mientras vuelvo a ser masa en movimiento-.

09:15 a.m.  Una bocanada de aire fresco me recibe mientras llego a las calles. Sigue lloviendo. Diez cuadras más y llego.

09:30 a.m. La oficina luce vacía. Un buen vaso de agua calma la sed. Aprovecho, me lavo la cara y trato de secarme los excesos de humedad y de barro que el día trajo consigo. El aire acondicionado hoy es capaz de mandarme al infierno, pulmonía mediante.  Trabajar me hace olvidar el ayuno.

12:30 p.m.  Alguien puso a disposición unos mangos. Colocados coquetamente en el centro de la mesa donde solíamos comer cuando las loncheras venían con algo traído de la casa. Dos mangos fueron mi frugal almuerzo. La ciudad es generosa. No nos deja desfallecer completamente. ¿Alguien tiene para compartir un café conmigo?

01:46 p.m. Otro corte del servicio eléctrico. Mi celular suena y es mi mamá. Se le acabaron las medicinas de la tensión. La jubilación no le alcanza ni para una semana de tratamiento. “Manda a decir tu papá que busques quien le compre el televisor para comprar comida. ¿No lo quieres tú?”.

03:00 p.m. Todavía no vuelve la luz. Oscuridad, sin ascensores, sin agua. Sin ganas. El grupo se reúne para pasar el tiempo. Pronto todo se vuelve interrogantes sin respuestas. ¿Se detendrá la inflación? ¿Algún día controlarán el hampa? ¿Alcanzarán los sueldos? La gente no ríe, pero intenta una mueca. ¡Esto no se aguanta! ¡Yo me voy como sea y a donde sea!

03:17 p.m. De repente volvió la luz. Pero todavía no vuelve internet. Alguien pide que hagamos el inventario de las máquinas que se dañaron. Nadie parece hacer caso a la solicitud. Todos vuelven lentamente a sus puestos de trabajo. ¡Algo hay que hacer! ¿Habrá pan en la panadería que está camino a la casa? Vuelve a llamar mi mamá. Volvieron a subir la matrícula escolar. Diez salarios mínimos. “Tu papá quiere vender el juego de comedor y las lámparas de la sala. ¿Tendrán algún valor?”.

04:30 p.m. Mi vida por una tasa de café. El reloj es un verdugo que administra los tiempos con sadismo. Tengo frío, hambre y me siento sucio. ¡Huelo mal, huelo a servidumbre atroz! ¿Cuándo se acabará esto? ¿Cuándo terminará esta hiperinflación, estos discursos sin fin que inventan culpables, esta compresión de las oportunidades? ¿Sobreviviré?

05:30 p.m. Terminó el día de trabajo. Nadie se queda ni un minuto más. ¿Para qué? No hay clientes, no hay productos, no hay dinero, no hay nada más que un inmenso esfuerzo para disimular el derrumbe que somos todos. Hoy somos la mitad de los que estábamos hace tres meses. La partida es fugaz. El tránsito tiene una sola vía, que va directo hacia la evasión. Las empresas también han perdido peso. Las esperanzas son más leves. El día se acorta. Viene la noche.

07:30 p.m. El regreso no fue distinto. Cada día somos más animales. Los camiones de estacas nos llevan como ganados. Nadie se queja. Nadie cuida al que está al lado. La señora que se cayó quedó atrás. Nadie dijo nada. Esta es la ley de la selva y el socialismo es el depredador. Hoy no me tocó a mí, pero quien sabe que puede ocurrir después. ¿Llegó el agua? ¡Se fue la luz! Mejor me tiro en la cama a la que me dirijo a tientas, e intento dormir. Mi casa huele a amoníaco fétido. ¿Será mi cuerpo? Pero el hombre es un animal de costumbres. ¿Me acostumbraré?

Victor Maldonado C.  Director de CEDICE Libertad y Director ejecutivo de la Camara de Comercio de Caracas. 

¿Quién tiene la culpa? por Luis Vicente León – ProDaVinci – 15 de Julio 2018

1505317186703¿No creo que haya que profundizar en los errores cometidos por la oposición en la lucha contra el gobierno y su avance hacia el totalitarismo. Esto se ha discutido hasta el cansancio y a veces se confunden los errores con la causa del problema.  Aclaro que, por muchos errores que se hayan cometido, la crisis no se debe a la oposición, sino a la implementación de un modelo político que cercena las libertades en los diferentes aspectos de la vida. Recordarlo es clave para no confundir culpables y para evitar la apatía, frustración, desconfianza e inacción que suele generar esta confusión.

Por eso, ver a los “líderes y liderezas” radicales, fundamentalistas y autoatribuidos dueños de la verdad y los principios éticos y morales, focalizar su energía y su rabia contra los otros opositores, en sus discursos, redes sociales y medios de comunicación o en sus laboratorios de guerra sucia (que son tan feos y bajos como los de su enemigo real) me da alergia, aunque no sorpresa. Buscan convertirse en los líderes que no son -ni serán-, pese al libreto diseñado por sus asesores acartonados para intentar “tomar ventaja” de la frustración de la población.

Así como se puede proyectar el resultado negativo de los modelos intervencionistas, se puede hacer lo mismo con la respuesta de los fundamentalistas que creen que el problema se reduce a destruir a quienes no piensan como ellos (es decir, hacer lo mismo que los chicos malos). Además, sacar el líder negativo como sea (y no importa si la inestabilidad del futuro queda cantada, ni cuánta gente inocente se llevan por delante) y provocar un modelo económico concentrado estrictamente en el libre intercambio de bienes, que asumen suficiente para resolver el problema. Pero, sin entender que ese libre mercado, como planteaba el mismísimo Hayek y analiza Vargas Llosa en La llamada de la Tribu: “No funciona sin un orden legal estricto y eficiente que garantice la propiedad privada, el respeto de los contratos y un poder judicial honesto, capaz e independiente del poder político. Sin esto, se estaría condenado al mercantilismo. Entonces, no basta con abrir los mercados, sino que se requiere una reforma integral, una descentralización real y la transferencia a la sociedad civil (los individuos soberanos) de las decisiones económicas esenciales. Y la existencia de un consenso respecto a unas reglas de juego que privilegien siempre al consumidor sobre el productor, al productor sobre el burócrata, al individuo frente al Estado y al hombre vivo y concreto de aquí y ahora sobre aquella abstracción con la que justifican todos sus desafueros los totalitarios: la humanidad futura”.

Es decir, se necesita una propuesta seria y la capacidad de negociar su implementación, pero los fundamentalistas sustituyen su incapacidad de una y otra cosa… atacando por Twitter a los otros opositores. ¡Bravo! ¡Brillante!  

Es obvio que el país está destruido y claro que la revolución chavista es responsable de este desastre. Pero, la solución del problema nos exige abrir nuestra mente y entender, como plantea Isaiah Berlin, que no existe una sola respuesta verdadera para cada problema humano.  

Y entonces, ¿será que creen los radicales que van a convertirse en los grandes líderes atacando y descalificando a propios y extraños, asumiéndose monopolistas de la verdad y sin tener una oferta concreta, integradora y que haga a la gente soñar?

La verdad es que el debate político venezolano no sólo es malo, sino, sobre todo, aburrido, porque no hay nada nuevo, nada retador que ponga en jaque a nuestro propio pensamiento. La buena noticia es que la demanda (en este caso de liderazgo efectivo) suele generar su propia oferta. Ojalá estemos cerca de verlo.

Lo lógico es que Maduro renuncie voluntariamente o “empujado” por Luis Ugalde S.J. – TalCual – 13 de Junio 2018

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El exrector de la UCAB explicó que la sociedad debe unirse y manifestar lo grave y crítica que es la crisis que se vive en el país. Indicó que para él los partidos de oposición no han entendido la urgencia del tiempo

La renuncia de Nicolás Maduro como primer mandatario de manera voluntaria o “empujada” son las dos opciones que visualiza el padre Luis Ugalde como salida a la crisis actual que atraviesa el país.

En entrevista para TalCual Debates explicó que en otros países que han pasado por crisis similares se ha logrado la renuncia del presidente.

“Las renuncias nunca son voluntarias son empujadas por muchos factores, y uno de esos factores es la población”.

Ugalde manifestó su preocupación por lo que está ocurriendo, “la miseria del país es insostenible y con este Gobierno va a empeorar”, expresó. En relación a la oposición el exrector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) advirtió que el mayor defecto es “decir una cosa bien dicha y no volverla a repetir”.

Explicó que la sociedad debe unirse y manifestar lo grave y crítica que es la crisis que se vive en el país. Indicó que para él los partidos de oposición no han entendido la urgencia del tiempo. “Yo quiero ver a todos los políticos y no políticos diciendo: nada es más importante que esta tragedia nacional”.

“El hecho de que la votación del otro día no fue democrática, y que la población no la avalara se debe repetir todos los días y en todas las instancias. “Estamos con un Gobierno de facto”.

 

Venezuela nombrado el país más peligroso para vivir por segundo año consecutivo por Youyou Zhou – La Patilla – 7 de Julio 2018

¿Te sientes seguro caminando en tu vecindario por la noche? La mayoría de los venezolanos definitivamente no.

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En 2017, solo el 17% de los venezolanos dijeron que se sentían seguros caminando solos por la noche en la ciudad o área donde viven, según una encuesta realizada por Gallup. Este sentido de seguridad drásticamente bajo refleja el deterioro de la situación económica y política en Venezuela, que han llegado a un punto que hace que el país sea prácticamente inhabitable.

Los resultados de Gallup recién se publicaron en el informe Global Law and Order del año 2018 del encuestador. Los venezolanos tenían cuatro veces menos probabilidades de responder que se sentían seguros caminando solos por la noche que el nivel promedio del 68% entre los 142 países encuestados. En los Estados Unidos, el número fue del 72%. En el Reino Unido, fue del 80%.

No es solo percepción. Venezuela fue también uno de los lugares más peligrosos para vivir en el mundo, según la encuesta: el 42% de los venezolanos dijeron que fueron robados durante los últimos 12 meses, y el 23% informó haber sido agredido o asaltado. Los venezolanos también tenían poca confianza en la aplicación de la ley: solo el 25% de las personas encuestadas dijeron que confiaban en la policía local.

Es el segundo año consecutivo que Venezuela aparece como el país menos seguro entre los encuestados. Gallup realizó la encuesta por primera vez en 2006, y las respuestas en los últimos años, de 1.000 venezolanos seleccionados al azar, muestran la disminución de la seguridad del país en la última década.

La disminución de la seguridad siguió al empeoramiento de la economía de Venezuela. Muchos negocios locales y extranjeros ya han cerrado sus puertas. En 2016, Coca-Cola dejó de producir en el país debido a una escasez de azúcar, y General Motors abandonó el país después de enfrentar grandes pérdidas y la incautación de su fábrica por parte del gobierno, por citar dos ejemplos. La economía de Venezuela se ha reducido durante cuatro años consecutivos.

Según un cálculo de las Naciones Unidas, 1,5 millones de venezolanos han abandonado el país desde 2014 debido a la crisis política y económica.

Parece que no importa dónde terminen, será más seguro que en casa.

Toro Hardy: “Ahora sí estamos en el final de esta tragedia” por Thairy Baute – El Nacional – 4 de Julio 2018

Unknown-1.jpegAunque mi encuentro con el doctor José Toro Hardy tenía como finalidad intercambiar ideas de manera informal sobre mi proyecto periodístico #RelatosIntimos #HombresDeAltura, el tema relacionado con la profunda crisis económica que estamos padeciendo los venezolanos fue el eje central de gran parte del tiempo que compartí con él. Fue inevitable no ahondar sobre su visión de la situación del país.

Nuestra conversación comenzó con un diagnóstico sobre la economía nacional. La hiperinflación que agobia los bolsillos de los venezolanos fue el foco de su primera reflexión. “En mayo la inflación alcanzó 110%. Las proyecciones para final de año son catastróficas. Si se llega a una inflación mensual del 80%, cerraremos 2018 con 100.000%; con un 85% de inflación, estaremos en 160.000% a final de año, y con un 100% remontaremos el 460.000% al cierre de 2018”.

Sobre la industria petrolera, el economista asegura que va en caída libre. Al 15 de junio, la exportación bajó en 365 mil barriles diarios, lo que hace prever que en ese mes hubo una disminución estrepitosa en la producción petrolera. Según el último informe de la OPEP, Venezuela estaba produciendo 1.395.000 barriles diarios, de acuerdo con datos de fuentes secundarias compilados por la organización.

“Existen 82 tanqueros fondeados en las costas venezolanas, porque si salen podrían ser embargados a causa de la demanda de Conoco. La producción se está almacenando y la capacidad de almacenamiento de crudo en la región oriental llegó al tope y pronto en el occidente tampoco se podrá seguir almacenando”, advierte Toro Hardy.

– ¿Alguna vez se imaginó que Pdvsa y el sector petrolero llegarían a este nivel de destrucción?

– No, para mí era inimaginable, porque Pdvsa en la década de los 90 estaba en los primeros lugares del ranking mundial de las empresas petroleras más importantes del mundo, a la par con ExxonMobil, Shell, Conoco, British Petroleum. Para recuperar a la industria petrolera venezolana se necesita una inversión por año de $15 mil millones a $20 mil millones durante los próximos 10 años. Inevitablemente se requiere de capital privado para recuperarla.

Prosigue su análisis y advierte que estamos viviendo una crisis económica perversa. Si continúa la caída en la producción petrolera y a final de año se ubica por debajo del millón de barriles diarios, Venezuela entraría formalmente en una situación de colapso.

Precisa que somos un caso único en el Hemisferio Occidental y que nunca antes se había sometido a algún otro gobierno a un aislamiento internacional tan férreo. Y lanzó esta afirmación: “Ahora sí estamos en el final de esta tragedia”. Compara la coyuntura actual con un avión que en pleno vuelo se queda sin combustible: “Por un tiempo el piloto puede maniobrar, pero la aeronave igual va a caer. Lo que no sabemos es si se va a estrellar, si habrá un aterrizaje forzoso o si va amerizar.

– ¿Cómo se puede recuperar a Venezuela?

– El cambio de gobierno es una condición indispensable, pero no suficiente. La recuperación dependerá en buena medida de la calidad de las políticas públicas que se adopten después.

– ¿Maneja información sobre reuniones entre representantes de sectores importantes del país que estén proponiendo planes para la recuperación del país?

– Yo creo que sí hay muchas conversaciones, hay muchas personas muy preocupadas por la situación, y existen también muchos estudios sobre qué hacer. Algunos dirigentes políticos están comenzando a ponerse de acuerdo, no sobre quién será el líder de la unidad, sino en cuáles son los programas que hay que aplicar. En ese sentido, creo que vamos bien encaminados. Venezuela va a recibir un gran apoyo internacional. Ahora bien, el país ofrecerá buenas oportunidades para los más preparados y después en la medida que se vaya avanzando, se darán oportunidades para todos.

– ¿Cuánto tiempo tardará la recuperación?

– Si las políticas públicas son efectivas y tienen apoyo social, hay un potencial de recuperación importante; si las políticas públicas no son buenas y se presentan divisiones sociales y hay odio, el país puede no recuperarse nunca. Estamos entre esos dos extremos.

– El país tiene que recuperarse en todos los sentidos: en lo social, en lo económico y en lo político. Según su visión, ¿cuál área es la prioritaria?

– Todas van de la mano, pero si no hay un acuerdo político, es muy difícil que las demás funcionen. La profundidad de la crisis va a ayudar a esto.

– Estamos hablando de que es importante llegar a un consenso, debe firmarse un acuerdo político, incluyendo a los chavistas.

– Sí, incluyendo a los chavistas, por supuesto. La sociedad tiene que reconciliarse de alguna manera, y yo creo que eso pasa por dejar a un lado las diferencias y entender que tenemos que seguir adelante. La comunidad internacional también va a ayudar mucho en eso. Ahora, ¿en cuánto tiempo? No lo sé. Se le ha hecho demasiado daño a la economía y a la sociedad venezolana. Se le ha hecho un daño tremendo a la estructura moral y de valores de los venezolanos, y eso es lo más complejo de todo. Pero yo quiero ser optimista y estoy convencido de que esto se está acabando. La crisis social es desgarradora. La crisis económica es brutal: la industria petrolera, el sector productivo, la agricultura, todo está destruido. El desequilibrio es inimaginable. Veamos este ejemplo: con lo que cuesta hoy un cartón de huevos (al momento de escribir la entrevista su precio era Bs 4 millones) se pueden comprar 100 gandolas cargadas de gasolina. Es una locura. Esto no pasa en ningún lugar del mundo.

– Lo que considero dramático y preocupante es que se percibe una inacción desesperante de parte de la dirigencia política. Existe un vacío de liderazgo para salir de la crisis.

– La Historia no admite vacíos y ya surgirá un liderazgo nuevo, otras caras que asuman el compromiso de llevar las riendas de los cambios que requiere el país.

– ¿Usted piensa emigrar?

– No

– ¿Por qué?

– Básicamente porque quiero que se vayan ellos (refiriéndose a quienes hoy ostentan el poder político en Venezuela). ¿Por qué me tengo que ir yo? Haré lo que esté a mi alcance, porque siento la obligación de devolverle el país a mis hijos y a su generación, que ha tenido que irse buscando futuro, porque aquí les robaron el futuro. A lo mejor me siento corresponsable de haber permitido que a ellos le robaran el futuro, y estoy en deuda.

 

La crisis, Maduro y la oposición por Trino Márquez – La Patilla – 4 de Julio 2018

UnknownLa crisis global que afecta a Venezuela forma parte de las conversaciones cotidianas de los venezolanos. Hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, hablan del drama que viven, en el Metro, en las paradas de autobuses y busetas, en las colas de los supermercados. En todos los espacios donde tienen oportunidad. Algunos circuitos y emisoras radiales, se convirtieron en altavoces de los millones de venezolanos que padecen la hiperinflación en los alimentos, la escases y los precios de vértigo de las medicinas, la pulverización de los salarios, el deterioro de los servicios públicos y el empobrecimiento generalizado. La ruina provocada por el régimen ha sido ampliamente documentada por distintas instituciones nacionales e investigadores particulares. The New York Times en español y otros medios internacionales dedican amplios y detallados reportajes a examinar aspectos particulares de la tragedia. La Academia de Ciencias Económicas elabora informes trimestrales. El más reciente documento de Cáritas constituye un libelo con denuncias inapelables acerca de la condición miserable de los venezolanos. El ciudadano normal siente y habla del castigo que los académicos y los medios de comunicación radiografían todos los días.

Ese cuadro -que ha provocado la estampida más grande que se conozca de venezolanos hacia el exterior y afecta seriamente a los países vecinos- no ha variado ni un milímetro, a pesar de las sanciones y la enorme presión diplomática internacionales, y de las numerosas protestas internas. Durante lo que va de 2018, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social ha contabilizado más de 5.500 manifestaciones en todo el país. Cada día registra los reclamos en las calles por algún producto que escasea, por un precio que resulta inaccesible o porque falta la electricidad, el transporte colectivo, la recolección de la basura o el agua.

Según algunos dirigentes políticos y analistas, el colapso generalizado es inducido por Nicolás Maduro, quien lo estimula. Lo multiplica y profundiza porque a medida que las penurias se ahondan, su poder se fortalece. La gente pasa a depender cada vez más de las migajas que concede el gobierno a través de los Clap, de los bonos que ocasionalmente reparte o de las distintas misiones que operan. Al individuo aislado, debilitado y abatido resulta más fácil someter. El gobierno luce invencible frente al ciudadano que lucha por sobrevivir en un medio donde no hay posibilidades de emplearse, ganar un sueldo suficiente para vivir con dignidad e independizarse. La descomposición generalizada, entonces, seria producto de una siniestra conspiración preconcebida para dominar a los venezolanos y convertirlos en esclavos de una banda de facinerosos, cuya única meta consiste en mantenerse en el poder a toda costa.

No tengo dudas de que, siguiendo las enseñanzas de sus maestros cubanos y rusos, algo de esto resulta cierto. Tanta estulticia no puede ser obra del azar. Los maduristas no quieren aprender ni siquiera de Evo Morales, quien conserva la presidencia gracias a que su liderazgo caudillista, se levanta sobre una sólida plataforma de éxitos económicos. Incluso los cubanos muestran mejores resultados en educación, salud y seguridad pública. La destrucción sistemática del país se debe a la telaraña ideológica en la que vive ese sector de la izquierda militarista. A su atraso teórico. A su infinita ignorancia. Y, desde luego, a su psicopatía. Son misántropos: figuras que por alguna razón recóndita odian a la humanidad. Es el caso de Delcy Rodríguez, quien convirtió sus deseos de venganza en la llama incandescente que la motoriza.

Sin embargo, el veneno que despiden esos seres sería menos letal si el costo político de incurrir en tantos desaciertos fuera mayor. Si destruir la nación, como están haciéndolo, les significara que podrían salir eyectados de Miraflores, seguramente se cuidarían más. Serían más comedidos en sus acciones. Reflexionarían antes de cometer las barbaridades y excesos que cometen.

Los responsables fundamentales de la demolición del país, no hay duda, son Nicolás Maduro y sus colaboradores. Los militares constituyen una pieza clave en ese entramado. Pero, sin la colaboración tácita, por omisión, de la dirigencia opositora, esa labor de exterminio no podría llevarse a cabo. Habría un contrapeso.

Nos corresponde tomar plena conciencia de que para detener esa fuerza destructora que día tras día acaba con la democracia y con cada empleo, cada empresa, cada servicio público, cada institución educativa u hospitalaria, hay que contar con una dirección política que aparezca como opción de triunfo frente a la barbarie. Mientras la dirigencia aparezca atomizada y confundida, el madurismo seguirá devastando a la nación y no servirán de nada ni la presión interna, ni la internacional.

Constituir esa dirección unitaria y esclarecida constituye una responsabilidad exclusiva nuestra. A ningún agente externo se le puede atribuir la culpa de que no exista.

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