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Informe Anual de Violencia 2019 – Observatorio Venezolano Violencia – Diciembre 2019

INTRODUCCIÓN

En el año 2019 Venezuela ha vivido la mayor crisis social de la historia por la destrucción de la economía, la pérdida de capital humano por la emigración, el deterioro del estado de derecho y el incremento de la desigualdad social. En ese contexto de destrucción institucional, la violencia y la criminalidad han sufrido cambios importantes, pues la criminalidad acompaña los cambios en las sociedades, y procura adaptarse a las oportunidades que le ofrece el mejoramiento o empeoramiento de las condiciones de vida en esa sociedad.

En la búsqueda del poder o del dinero, los actores criminales administran la violencia para poder garantizarse un usufructo de la renta como resultado de la utilización de la fuerza, sea para depredar los frutos del trabajo o los recursos disponibles en ese territorio, sea para establecer condiciones desiguales que les permitan un acceso privilegiado a las fuentes de riqueza y de renta existentes en esa sociedad.

Durante este año 2019, en Venezuela se ha incrementado la destrucción del pacto social por la suma perversa y en apariencia contradictoria de anomia y autoritarismo, lo cual ha provocado, por una parte, una actuación arbitraria y discrecional de instituciones que incumplen sus obligaciones y violan derechos humanos, y por otra parte, la desconfianza de la población en instituciones y funcionarios cuyo desempeño está sujeto a normativas y regulaciones que son frecuentemente modificadas, con cambios impredecibles y sin un claro fundamento.

Y en lugar de la deseada independencia de los tres poderes en la sociedad, capaces de generar contrapesos, lo que existe de manera fáctica es una dualidad de poderes que durante este año ha permanecido y profundizado. A la existencia de dos poderes legislativos y dos poderes judiciales, se sumó en este año dos poderes ejecutivos. Uno de ellos con un presidente designado por la Asamblea Nacional legítima y reconocido por una parte de la sociedad y por varias decenas de países del mundo como el presidente encargado legítimo del país.

Aunque existe una Asamblea Nacional electa democráticamente, se estableció otra Asamblea legislativa distinta, una Asamblea Nacional Constituyente que fue convocada y electa con procedimientos no contemplados en la Constitución y que no ha asumido, en cualquier caso, la función para la cual fue convocada, que era redactar un texto constitucional, sino que en forma arbitraria se ha adjudicado a sí misma poderes para actuar como una instancia plenipotenciaria, capaz de normar y decidir sobre cualquier dimensión de la vida republicana.

El poder ejecutivo continúa gobernado bajo el “estado de excepción” establecido desde mayo del año 2016 y prorrogado de manera indefinida e inconstitucional varias veces, concentrando por esa vía cada vez más poderes y con cada vez menos controles y regulaciones. La Sala Constitucional se erigió como un macro poder capaz de modificar la Constitución. Las leyes se personalizan y se politizan, dejando de ser mecanismos de regulación social universal, para convertirse en instrumentos para la persecución casuística de los diferentes y disidentes. 2

En ese contexto, los mecanismos básicos de funcionamiento de las sociedades se pierden y el delito de distintos rostros encuentra nuevas y mejores oportunidades para actuar. Como no hay reglas universales y legítimas, el poder fáctico impone sus reglas y las aplica de manera arbitraria a los fines de obtener riqueza o de conservar el poder, o de conservar el poder para poder usufructuar de la riqueza.

En Venezuela, el año 2019, se ha consolidado lo que se puede considerarse la mayor crisis social en la historia de Suramérica.

Para acceder al Informe completo abrir el siguiente enlace :

INFORME-ANUAL-DE-VIOLENCIA-2019. OVV

El ex ministro chavista Rafael Ramírez cargó contra el dictador Nicolás Maduro: “Entregó el futuro de la patria a los intereses transnacionales” – Infobae – 22 de Diciembre 2019

El antiguo presidente de PDVSA en tiempos de Hugo Chávez criticó los negocios con China y Rusia. “Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía”, expresó

Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017
Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017

El ex hombre fuerte del chavismo Rafael Ramírez, devenido ahora en opositor, criticó este domingo con dureza al régimen de Nicolás Maduro en una columna de opinión en la que repasó “el año infausto para la patria” vivido por Venezuela en 2019 y aseguró que el chavismo entregó “el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, especialmente chinos y rusos.

“Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía y el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, dijo en un un artículo publicado en su sitio web. “El madurismo está dispuesto a entregar la patria y hacer lo que sea para salvar su propia cabeza”, agregó.

Al hablar de estos intereses transnacionalses, el ex embajador de Venezuela ante la ONU y hombre de confianza del fallecido Hugo Chávez comenzó refiriéndose a la venta realizada el 22 de febrero de 2016 del 23,4% de la participación de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, en la empresa Petromonagas. El comprador fue Rosneft, petrolera estatal rusa, y la operación se hizo “de espaldas al país, al margen de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, nadie discute, nadie sabe el precio, ni las razones de la entrega”, de acuerdo a Ramírez.

El ex presidente de PDVSA también señaló la entrega del gas del Proyecto Mariscal Sucre, ubicado al norte de Carúpano, a empresas rusas que “no pagarán impuestos”.

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Luego, Ramírez también se refirió a la cesión del 9,9% de la participación de PDVSA en la empresa Petrosinovensa, pero esta vez entregada a la compañía china CNPC.

“Cuando las transnacionales obtienen esta alta participación en las empresas mixtas, no solo reciben una mayor tajada del mejor negocio del mundo, sino que ahora están en condiciones legales de tomar el control operacional de las empresas, como efectivamente lo hicieron” explicó.

Mencionó, asimismo, la entrega de CANTV, empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada por Chávez, a otra compañía transnacional china, “una reprivatización simple y pura de sus empresas”.

 

Deterioro económico, político y social

“La hiperinflación de 360.000% solo este año, la mega devaluación desde agosto de 2018, cuando el ya devaluado bolívar se depreció de 60 bolívares soberanos por dólar a 48.000 bolívares soberanos por dólar a la fecha; un salario de hambre, de tan solo 3,125 dólares al mes, el más bajo de todo el hemisferio”, catalogó Ramírez en el mismo artículo, a manera de resumen del “infausto” año vivido por Venezuela.

Lamentó, además, el “colapso” de PDVSA, “con una caída de 2.300.000 barriles día de petroleo en apenas 6 años, sin gas, ni gasolina”.

“Estamos frente a un país donde al trabajador le fueron arrebatadas todas las conquistas laborales, se violentaron todas las Convenciones Colectivas de la administración pública, de los obreros, con la mega devaluación se esfumaron las prestaciones sociales, el gobierno hizo la tarea sucia a la burguesía, se apropiaron de los ahorros de los trabajadores, del esfuerzo de toda su vida, ahora canjeadas por papelitos de monopolio o medio petro”, expresó.

En lo social, Ramírez resaltó una pobreza que alcanza el 83% de la población y el hecho de que siete millones de venezolanos requieran “protección humanitaria según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), 1.9 millones que sufren desnutrición aguda, la mortalidad infantil aumentó a niveles de espanto, que el gobierno no se atreve a publicar”.

“Hasta la fecha 4,7 millones de venezolanos han abandonado el país, con proyección de llegar a los 6 millones según el último informe de migraciones de la ACNUR”, se refirió en relación al llamado éxodo venezolano.

Ramírez se encuentra en Europa desde 2017, cuando entró en conflicto con Maduro y fue removido del cargo de embajador de Venezuela ante la ONU. Desde entonces se ha convertido en una voz crítica del régimen al que pertenecía, y ha sido también vinculado con hechos de corrupción en el caso Andorra, de lavado de activos y pago de sobornos, por el Ministerio Público de su país. El chavismo ha intentado arrestarlo, mientras que el ex ministro ha rechazado los cargos y denunciado una presunta venganza de parte del chavismo.

Sobre la situación política y social en su país, destacó también “la permanente violación de la Constitución y las leyes, la ausencia del Estado de Derecho, de la separación de poderes, sin garantías de ningún tipo”, las cárceles “llenas de presos políticos, trabajadores y militares secuestrados”, las familias separadas, los jóvenes desilusionados y los ancianos y niños abandonados a su suerte, en una larga descripción del deterioro en Venezuela.

“Por ello hay que insistir en denunciar una y otra vez lo que sucede en Venezuela, como se ha traicionado la esperanza de todo un pueblo, donde una nueva burguesía surge y se consolida con maduro y el madurismo, quienes han convertido al país en un negocio a la medida de sus necesidades y aspiraciones”, indicó Ramírez. “Han apuñalado el corazón de la patria, traicionado el legado de Chávez y, más allá de eso, el futuro y bienestar de todos los venezolanos, de sus hijos y los hijos de sus hijos”, concluyó.

Monseñor Mario Moronta: no nos dejen solos por Griselda Mutual – Vatican News –

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En una ponencia extensa y explicativa de la situación que aqueja a Venezuela, el prelado habló a representantes del Parlamento Europeo, en este jueves 5 de diciembre. Pidió no “hacer el juego a la corrupción ni a un régimen con vestidura democrática”, que tiene “el perfume del crimen contra su gente”.

“Sentimos que el mundo no ha entendido lo que de verdad está sucediendo en Venezuela”: lo dijo en una ponencia ante un diputado del Parlamento Europeo y su grupo de trabajo, y algunos empresarios alemanes, el Primer Vicepresidente de la Conferencia Episcopal venezolana, Monseñor Mario del Valle Moronta, en este jueves 5 de diciembre. El prelado repasó los advenimientos en Venezuela a partir de la década del setenta del siglo pasado, realizando una lectura a través de los años de lo que llevó a la situación de crisis actual en el país, en el que “el régimen ha sabido imponerse”.

Un país rico pero tremendamente empobrecido

Venezuela, expresó el Obispo, “sigue siendo una nación rica pero tremendamente empobrecida”, con los recursos que “están en manos de pocos, con la excusa de ser los administradores del estado”.

Desglosando la situación actual, y en lo que se refiere al régimen de gobierno, Moronta señaló que “hay diversos grupos estructurados con cierta autonomía y cada uno de ellos resguarda al otro, pero no quiere ceder ninguna parcela de poder”. A saber, “el grupo del Sr. Maduro, con los cubanos que le apoyan; el grupo de chavistas fieles al legado de Chávez y que no pretenden dejar espacio alguno de cambio; los militares, empoderados y sostenedores de los otros, que no van a permitir que se les quite su cuota de poder”.  Por otra parte, dentro de la oposición, que está “fragmentada”, el prelado indicó la presencia de grupos y partidos “que están negociando con el régimen”, y también un grupo de personas que “apuestan a una salida a mediano plazo”, para lo cual –subrayó – “hay que recuperar las bases sociales y preparar nuevos y auténticos liderazgos”.

Caos social aprovechado por el régimen

La sociedad civil está “desprotegida y golpeada”, afirma Moronta. El sector popular es “amenazado y manipulado por el régimen, con dádivas que no resuelven para nada la situación”. También están las personas e instituciones que “plantean luchas y soluciones desde el compromiso con las bases y las comunidades”, entre los cuales “los estudiantes, las universidades, la Iglesia, etc.”. Este sector, sin embargo “siente el peso de la ausencia de quienes han emigrado”.

Moronta denuncia que “se percibe un caos social aprovechado por el régimen”, el cual sobrevive “por estar bien arraigado y sostenido por la clase militar, por el apoyo de algunos países como Rusia, Cuba, China…”. El régimen además “resiste los embates de un bloqueo” que, a la hora de la verdad, “a quien más golpea es a los pobres y a la clase media que se empobrece cada día más”.

El mundo no ha entendido lo que está pasando en Venezuela

En su ponencia, el prelado habla a los representantes del Parlamento europeo “desde el compromiso” con los hermanos obispos de Venezuela, con los sacerdotes y los laicos más comprometidos en la construcción de la justicia y de la paz, porque lo narrado – dice – “no es fruto de un estudio sociológico con estadísticas o con variables que pueden ser interpretadas de diversa manera”. Por cuanto expresado en la última parte de su ponencia, en la que describe situaciones tocadas con mano propia, lo narrado es fruto de la cercanía y del día a día pasado con la gente que vive y sobrevive en Venezuela. “Sentimos – afirma – que el mundo no ha entendido lo que de verdad está sucediendo en Venezuela”.

¿Qué pasaría si escucharan el testimonio vivo y lacerante de los que sufren? Por favor, abran los ojos y podrán tomar decisiones mucho más acordes con la urgencia que vive el país.

No nos dejen solos

“Pídanles a los que se auto califican como las grandes potencias que no nos traten como fichas de un juego geopolítico”, exhorta el Obispo a los representantes del Parlamento europeo. “Pídanles a las corporaciones que están negociando con el ‘arco minero’ o que venden armas o sacan ganancias del dolor del pueblo, que no le hagan el juego a la corrupción ni a un régimen con vestidura democrática pero con el perfume del crimen contra su gente”.

“Es urgente que el mundo, los gobiernos, las instituciones políticas, legislativas y los organismos de derechos humanos entiendan que lo que sucede en Venezuela no es una simple crisis política más o menos pasajera o superable en escaso tiempo. No. En el nombre de mis hermanos que sufren en Venezuela, les pido que abran los ojos y sus oídos”.

“Es verdad que tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Pero no nos dejen solos…”, pide también el Obispo Moronta, asegurando a los parlamentarios que “si abren los ojos y contemplan, si abren los oídos y escuchan los clamores del pueblo, ya será un importante paso”.

“De seguro, confiando en el sentido humanitario de ustedes, entonces actuarán dónde y cómo consideren más oportuno. Pero, por favor, no lo dejen para muy tarde[…].

Conflictividad social y xenofobia – Boletin # 36 Avila/Montserrate – 1 de Diciembre 2019

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En América del Sur están coincidiendo dos fenómenos de complicada asimilación institucional para cualquier sociedad. Una súbita movilidad migratoria proveniente de Venezuela, debido a una emergencia humanitaria compleja, y manifestaciones masivas de la población en los países receptores, con rasgos de violencia notables, provocadas por múltiples razones sociales y políticas. Ante este panorama es posible que los migrantes, extraños en tierra ajena, se conviertan en el chivo expiatorio, en elsospechoso habitual de cualquier trastorno del orden existente.

Estos hechos están impactando en la convivencia y en las dinámicas políticas de los países de acogida, lo que podría acelerar la aparición de xenofobia organizada y de políticas públicas centradas preeminentemente en la seguridad. Ambos procesos se podrían cruzar, sobre todo si las políticas de integración social sin exclusión han sido lentas y pocas. El migrante forzado suele convertirse en una nueva categoría social —más pobre entre los más pobres— y puede verse motivado o manipulado fácilmente para participar en estos movimientos callejeros.

En ningún caso se puede justificar la participación de extranjeros en movilizaciones violentas que atenten contra bienes públicos o privados. Si es así, el Estado tiene que actuar, bien sea contra los nacionales o los extranjeros que infringen la ley, con los instrumentos legales a su disposición. Por cierto, de base jurídica frágil debido a la debilidad de la legislación sobre la migración y el refugio en el caso colombiano. En toda situación hay que evitar que la xenofobia se apodere de la lógica de actuación del Estado y de la sociedad.

Las decisiones que es necesario tomar para facilitar la integración productiva serán más difíciles de adoptar ahora en una coyuntura que demanda creciente energía y capital político por parte del gobierno. El temor por la presencia de ‘extraños’ y ‘huéspedes molestos’ puede ser un detonador para que las decisiones de integración se posterguen. Así, los migrantes podrían ser doblemente victimizados.

Por otro lado, el sector de la migración que ha logrado estabilizarse económicamente, más formado e informado, tiene frente a sí un papel a cumplir para contribuir con aquella migración para la que es más complicada su estabilidad productiva y que, por lo tanto, puede ser presa fácil de estigmas. Se impone una responsabilidad moral. Evitar el nosotros —los buenos— y ellos —los malos— será clave en esta coyuntura.

Más fácil e inútil sería diferenciarse de los desfavorecidos creyendo que así se presta un servicio. En Ávila Monserrate manifestamos nuestra preocupación por las manifestaciones de xenofobia que se han observado y hacemos votos para que entre todos los sectores de la sociedad colombiana construyamos democráticamente el camino de la integración plena de la migración.

 S.O.S. por Ramón Peña – La Patilla – 24 de Noviembre 2019

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Desde el pasado mes de septiembre los medios noticiosos se concentran en la agitación social, casi telúrica, que ha sacudido a Perú, Ecuador, Chile, Bolivia y, ahora, a Colombia. Eventos todos, sin duda, de importancia para la opinión pública mundial.

Entretanto, sin ser noticia porque ya no es novedosa, se profundiza incesante la tragedia social de Venezuela. Ojalá esto no signifique que el padecimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos, dentro y fuera de su propio territorio, comience a configurar un hecho que los medios y la opinion mundial den por descontado. Los eventos reportados en los países vecinos son en buena medida de naturaleza coyuntural. Lo que acontece en Venezuela ya es estructural.

Como indicador de la tragedia venezolana basta una mirada a cualquier rubro social del país. Tomemos la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado la condición sanitaria del país como “emergencia humanitaria compleja”. Esta semana reporta la reaparición de fiebre amarilla en el Estado Bolívar, temiendo que pueda esparcirse como ha ocurrido con la malaria, la difteria y el sarampión. La Organización Panamericana de la Salud enumera 32 mil casos de malaria y decenas de muertes en 2019. La OMS registra “una caída brutal de la vacunación infantil”, en el caso de fiebre amarilla solo cubre a 37% de los niños. Las autoridades sanitarias, para ocultarlo, descaradamente no emitien boletines epidemiológicos. Esta semana, se exhibieron decenas de zapatos de niños como testimonios desgarradores de sus muertes por precariedad de los hospitales infantiles. Médicos y enfermeras en todo el país denuncian salarios de hambre. Miles de médicos y paramédicos continúan emigrando al mundo entero. Jubilados con pensiones miserables carecen de seguros de salud… Entretanto, millones de dólares son dedicados a fortalecer las fuerzas militares que sostienen al régimen.

Si permitimos que la tragedia venezolana perdure y envejezca, cada día será menos noticiosa.

 

La diáspora pone a prueba el amor en los hogares por Alexsayder Castellanos – TalCual – 8 de Octubre 2019

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En Venezuela, familias, parejas y amistades se separan como consecuencia de la diáspora que sufre desde el año 2010. Uno de los efectos de estas desuniones físicas es que los criollos emigrantes parecen ser más infieles a todos sus núcleos de compromiso familiar, sean matrimonios o concubinatos. Los expertos aseguran que el estar separados no es excusa porque hay muchos avances tecnológicos para el siglo XXI.

Según estudios sociológicos realizados a nivel mundial, el 78% de los hombres casados y el 70% de las mujeres casadas tendrán una relación extramatrimonial durante algún momento de su vida.

Una encuesta de una página web de citas reflejó que el 64% de los panameños y nicaragüenses, el 63% de los venezolanos y el 62% de los guatemaltecos y colombianos fueron víctimas del engaño. Según el portal, en estos países hay menor grado de certidumbre acerca de la infidelidad de sus parejas.

La diferencia con otros países es que en Venezuela al menos cinco millones de personas han abandonado el país como consecuencia de la crisis humanitaria complej, de acuerdo a estimaciones de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Tal situación de “distancia” puede influir negativamente en los núcleos de amor de pareja para que exista una infidelidad.

Núcleos disueltos 

Angi Suárez, especialista en comercio internacional, contó que su última relación terminó hace dos años, debido a que “mi ex se iba del país y al pasar los meses la comunicación se fue a pique, lo que ocasionó que nuestro noviazgo finalizara por completo”.

Suárez lamentó que esa relación de seis años haya acabo por la diáspora. “Yo creo que él tenía otra relación con una mujer y no me lo quería decir porque sabía lo mucho que yo lo amaba”, acotó. Según María Guzmán, otra entrevistada, las relaciones no funcionan a distancia debido a que “la persona nunca puede estar segura de lo que el otro está haciendo y menos cuando están en países distintos”. Para ella, el mayor causante para que muchas relaciones terminen es el éxodo.

“Si mantener un noviazgo en Venezuela es complicado, imagínate como debe ser alejados”, resaltó. Por su parte, Heicel Iriarte calificó como “difícil” la separación que tuvo con su hermana y mejor amigo. “Me he tenido que acostumbrar a que esa persona no va a estar conmigo, a extrañar e intentar mantener una comunicación constante con ambos”.

Infieles

La doctora Brigitte Baena, magister en sexología médica, afirmó que la diáspora puede incidir para que las personas lleguen a ser infieles emocional y sexualmente. “Estamos en tiempos en que la gente se queda sin su pareja, familia y amigos por estar en búsqueda de nuevas oportunidades”, manifestó.

Según la especialista, el emigrante acostumbra a tener como excusa que “se sintió solo o abandonado, que la distancia y tiempo conjugaron en su contra y que se enamoró de otra persona”. Para ella, tanto la mujer como el hombre acostumbran a ser infieles, pero acotó que para la mujer es más difícil serlo. A juicio de la entrevistada, el hombre que sabe apreciar su costo emocional y físico le es muy difícil también ser infiel en otra parte porque “abandona su hogar y pareja”.

En relación a los avances de comunicación y redes sociales, la terapeuta de pareja señaló que todo esto debe ser de utilidad para “mantenerse comunicados” como pareja o familia. Por ejemplo, Baena dijo que las parejas pueden verse diariamente, comer juntos y hasta tener relaciones sexuales a través del ciberespacio. “Pueden compartir mensajes, audios y videos, esto con la finalidad de tener acercamientos con su pareja y lograr entre ellos satisfacción mutua para evitar el contacto sexual con una persona ajena a su noviazgo”, dijo.

Baena aseguró que son muchísimas las parejas que hoy en día, se envían besos, abrazos, cariños, gestos, se acarician frente a su celular o computadora, donde el otro lo observa.

Para ella, actualmente las comunicaciones y el internet pueden saber más de una persona que ella mismo, y la mayoría de las culturas valoran mucho la sinceridad, honestidad y compromiso de los miembros de una relación amorosa.

La sexóloga aconseja acordar entre la pareja: Irse solo o juntos, aclarar sus sentimientos, no echarle la culpa a su pareja por perderlo todo, acordar días y momentos para compartir, estar presente el día a día y si se termina el amor que sea amistosamente para que haya menos gasto emocional.

“La fidelidad, así como infidelidad es una decisión y estilo de vida personal”, concluyó Baena.

Silencios, cobardias y entregas : ¿podremos cambiar? por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 20 de Septiembre 2019

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Es muy duro enfrentarse a las razones por las cuales Venezuela se ha desintegrado como sociedad en los últimos 20 años,  el escenario de masivos silencios, cobardías y entregas, de sumisión ante un régimen mediocre pero armado. Aunque el país ha tenido ciudadanos heroicos en su lucha contra la dictadura, parece claro que el grueso del país ha preferido dejarlos solos. La masa crítica social ha preferido ver los toros desde la barrera, “no meterse en líos”. Si hubiera actuado con más decisión para apoyar a sus héroes otra hubiese sido nuestra historia en el siglo XXI. ¿Qué nos ha sucedido?
Una sociedad con un desarrollado sentido de identidad,  con una fusión de sus miembros alrededor de principios y valores comunes  producirá una masa crítica decidida a hacer los mayores sacrificios para lograr su objetivo. Que esa masa crítica no se haya logrado en Venezuela es el producto, nos decía Arturo Uslar Pietri, de nuestra carencia de historia.  AUP nos hablaba de la necesidad de “una historia que fuese, a la vez, el reflejo y la explicación del quehacer humano en todas sus dimensiones y variedades, donde junto a la fuerza del hecho económico esté el poder de la creencia, donde junto a la acción del héroe esté la del medio, donde junto a las técnicas del trabajo estén las obras del pensamiento; donde junto a la estructura social esté la concepción cultural; una historia de los trabajos, de las acciones, de los pensamientos y de las creaciones; una historia de los grandes hechos y de las diarias tareas, una historia en que esté lo universal junto a lo peculiar de cada pueblo. Una historia del hombre entero para la comprensión completa del hombre.” (Uslar Pietri, 1988, 314 y 315). Lamentablemente, Uslar veía solo tres tiempos en la historia venezolana: “un borroso arranque, una culminación breve y fulgurante y una interminable decadencia”. Sus palabras no fueron atendidas por ser consideradas demasiado pesimistas y quizás por venir de un venezolano de perfil antropológico diferente a la normal venezolana, no reconocido por el grueso de la población como uno de ellos.
La fusión, la identidad de propósitos, la conciencia de pertenecer a un grupo con el cual compartimos nuestros principios, valores, sueños, deseos y ambiciones de progreso es la clave para explicar la acción o la inacción de una sociedad frente a sus oportunidades o amenazas. Una sociedad venezolana reblandecida por décadas de ingreso petrolero que no requería mucho esfuerzo, que literalmente manaba y era manejado por unos 30.000 venezolanos, una pequeña parte de la población, generó actitudes y aspiraciones bastante alejadas del sacrificio, orientadas al disfrute de un regalo que Dios le hacía a sus hijos favoritos. Se creó la imagen de que éramos una sociedad rica, chévere, “la mejor del mundo”. Nuestro verdadero nombre, se pensaba, no era Venezuela sino Tierra de Gracia. La adhesión a  esta mitología criolla consolidó una sociedad identificada con la idea del disfrute, dispuesta a hacer todo lo que fuese necesario para conservarla. Los ideales del venezolano fueron y siguen siendo esencialmente materiales, anhelos de gran bienestar y  vida muelle, más que de educación o del cultivo de ideas abstractas de progreso y mejoras colectivas. De allí que sacrificio no sea un concepto que figure en lugar destacado de nuestro imaginario social. Quienes lo han practicado, venezolanos de excepción, la mayoría muertos o en prisión o el exilio, han sido calificados con frecuencia de idiotas, mientras que quienes han violado las leyes de la decencia y del honor han recibido admiración.
De allí tanto silencio,  cobardía ciudadana y entregas que han apuntalado la sobrevivencia de un régimen mediocre, cruel e inepto, lleno de vulgaridad y pudrición moral. En la mente colectiva del venezolano sigue predominando la idea de que “mientras yo esté bien, no hay problemas” o el de “hasta ahora a mí no me han tocado”, la cual asfixia toda idea de solidaridad real o, menos aún, la de sacrificio por un objetivo colectivo.
Por supuesto, este tipo de reflexiones no es popular, no suena bien a nuestros oídos venezolanos, siempre dispuestos a preservar el mito de nuestra condición de pueblo elegido. Hemos aplazado para un mañana indefinido un encuentro con nuestra realidad, el cual debería ser inaplazable. No se trata de llamar, por capricho, a un ejercicio colectivo de auto-flagelación sino de enfrentar con los ojos abiertos nuestras limitaciones y los errores derivados de nuestra admiración por los hombres de a caballo o por demagogos pródigos en promesas incumplibles. Como cantaba Olga Guillot, hemos preferido el “Miénteme más, porque me hace tu maldad feliz”. 
 
El precio pagado por esta carencia de identidad nacional,  por los  silencios, cobardías y entregas ha sido horroroso. Salir del foso económico, social, político y, sobre todo, moral en el cual estamos  atascados no será tanto  asunto de fondos monetarios o acciones diplomáticas sino de crecer como pueblo. Y eso no se logra con un liderazgo que aún pretende construir una Venezuela futura sobre las ruinas, mitos y engaños que nos llevaron al fracaso. 
Los cuatro pasos que se requieren para un cambio radical en el país son la insurgencia (con ayuda externa) para expulsar al régimen miserable del poder, un gran debate nacional sobre lo que deberá ser Venezuela, la aparición de un nuevo liderazgo con verdadera visión de futuro, el cual hable claro, tenga coraje y se aferre a los principios y un Programa Nacional de largo plazo de Educación Ciudadana, diseñado para remplazar al gentío con ciudadanos.
Solo así, luchando con denuedo y algún día, podremos tener una nación de la cual sentirnos justamente orgullosos.  

¿Quiénes somos? por Isabel Pereira Pizani – El Nacional – 8 de Septiembre 2019

Abundan las interpretaciones, algunos dicen que andamos en el duro camino de construir la democracia, iniciado en 1945. Otros afirman que simplemente no existimos, que dejamos de ser, que éramos.

Lo difícil es quizás comprender que estamos ante la oportunidad de cerrar un ciclo o “proceso socio histórico”, cuyas características han sido muy claras: construcción de una sociedad donde la institución dominante, sin ambages, es el Estado, con todos sus calificativos, propietario de la fuentes de generación de riqueza, distribuidor discrecional de los beneficios generados por su patrimonio, poder concentrado y centralizado derivado del control económico, inhibidor del desarrollo de instituciones distintas al Ejecutivo, corazón del aparato del Estado, limitación e inexistencia del equilibrio de poderes propio de las democracias, barreras a la libertad económica, desigualdad ante la ley de los ciudadanos, lo cual significa límites al Estado de Derecho y en consecuencia, ejercicio de un abusivo hiperpresidencialismo derivado del manejo sin controles de las rentas obtenidas por sus propiedades.

Este es el modelo que algunos añoran, quizás porque vivieron en el lado dorado de esa experiencia histórica, pudieron estudiar, progresar y ejercieron libertad de pensamiento. Negaban que en Venezuela existiera 60% de población en pobreza y que la posibilidad de ascenso solo llegaba a un 30%, lo cual era indicador de una gran separación entre sectores sociales. Esta realidad la denuncio la Copre a finales de los años ochenta, sus diagnósticos mostraron la realidad de lo que el IESA calificó como “Una ilusión de armonía”, crecían más los pobres que los beneficiarios del sistema.

Chávez y sus compinches equivocaron el diagnóstico y por ende las soluciones, creyeron que la redención venía por el camino de repotenciar el Estado, eliminar el derecho a la propiedad privada, exterminar cualquier vestigio de economía de mercado, convertir el Estado de Derecho en escenario tragicómico de cualquier obscenidad contra la libertad en todas sus formas, económica, política, social y jurídica. Chávez desgraciadamente profundizó y potenció las fallas existentes y lo logró.

Venezuela es hoy una sociedad en plena crisis, una economía hundida, sin leyes que protejan al ciudadano, sin libertad de opinión, eliminados los vestigios de ciudadanía. Un régimen amparado detrás de unas FANB que por primera vez en nuestra historia aceptan la subordinación ante un ejército extranjero y toleran la invasión de fuerzas irregulares que representan el narcotráfico, la rapiña de los recursos naturales, en pleno desafío a los gobiernos de nuestros países vecinos. Fuerzas armadas con la peor y más corrupta dirección que haya existido, sin conciencia sobre la significación existencial de la libertad, empeñadas en prohijar la imposición de un derrotado socialismo, culpable de genocidios y hambrunas en todos los territorios que se han instalado.

Hoy la gran ganancia, y es lo que nos constituye en la esperanza en América Latina, son sus habitantes a todos los niveles, en la ciudad, en el campo y en el mar, saben que vale la ética del trabajo, usar las oportunidades para aprender y con ello tener capacidades, ser responsables y como tal impedir que el Estado les robe, los suplante en sus responsabilidades bajo las falsas promesas populistas de siempre.

En realidad, somos un país que ha aprendido a palos que no puede dejar que le arrebaten sus obligaciones porque estas son las únicas bases legítimas de sus “derechos” que no llueven como café en el campo.

La agenda social: el mito del carácter social del régimen por Tomás Páez – El Nacional – 3 de Septiembre 2019

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Releía las entrevistas, las historias de vida durante la actualización de los datos para la próxima edición de La Voz y el Observatorio de la Diáspora Venezolana y en medio del proceso el señor Maduro declara: “Lo que hacemos en Venezuela es atender a los más humildes, llevar salud gratuita, tenemos un sistema de protección social y de salud profundamente humano, incluyente y científico». La tozuda realidad desmiente esa desatinada afirmación.

Aunque se disfrazan de Robin Hood, son el Príncipe y el Sheriff quienes utilizaban su ejército para saquear los recursos de los venezolanos, que padecen la mayor tragedia humanitaria conocida en Latinoamérica. Por eso, las declaraciones de sus compinches en el mundo son cínicas y amargas. Decía hace poco el señor Errejón: “La gente en Venezuela hace tres comidas al día”, y remataba con estas palabras “El proceso político en Venezuela ha conseguido inmensos avances en una transformación de sentido socialista, inequívocamente democrática, donde se respetan los derechos y libertades de la oposición, que dicen todos los días por casi todas las televisiones que viven una dictadura”. Le recomendamos la lectura del informe del BCV y el de Bachelet.

Como hechos son amores y no buenas razones, la realidad se ha encargado de despachurrar el mito del carácter social del régimen. Primero, el informe oficial de su Banco Central de Venezuela, cuyo título podría ser el de la canción “Todo se derrumbó”. También lo aplasta el estudio de la nutrición realizado por Cáritas y lo liquida el demoledor Informe Bachelet de hace unas pocas semanas, un completo K.O., que dejó al régimen fuera de combate.

La interacción humana, bajo este modelo, se transforma en un “sálvese quien pueda”, en la que el “otro” es un enemigo potencial. La desconfianza, así instalada, imposibilita la cooperación. Asimismo, desaparece la cultura del trabajo, la productividad, la innovación, el desarrollo tecnológico y el emprendimiento. La educación adquiere la forma de adoctrinamiento y pierde su capacidad de producir conocimiento. El encono del régimen con la educación se manifiesta en la reciente decisión, intervención disfrazada de legalidad, que acaba con la autonomía universitaria: ella muestra que el resentimiento de algunos es más fuerte que el odio.

Se jactaban de haberle otorgado rango constitucional a la seguridad social. En este terreno desconocieron los cambios y avances logrados y se opusieron, de manera rotunda, a la participación del sector privado en este terreno. Pronto violaron su “preciado logro”, su “trofeo social”, y convirtieron en letra muerta el mandato constitucional. El sistema de seguridad social requería muchos recursos; lamentablemente, ya habían sido destinados a su seguridad personal: apartamentos, cuentas bancarias, líneas aéreas.

Vendían como propio el escapulario ajeno. Se presentaban como quienes establecieron la educación gratuita y obligatoria, cuando en realidad esta comenzó en 1870. Durante el período democrático, la educación impulsó tanto la cobertura como la calidad. Sin esta última se ensancha la desigualdad. La Ley de Educación de este régimen excluyó la calidad; es la gran ausente entre las varias decenas de criterios contemplados en el preámbulo.

Han convertido al transporte en un medio inhumano de movilización. El Metro, obra de la democracia, hoy se encuentra sumido en precariedad e indigencia. Áreas como la recreación, la cultura y el ocio, el esparcimiento social, no existen o languidecen. El saqueo generalizado pesa, y mucho, en la explicación de la tragedia humana creada por este régimen. El socialismo venezolano o comunismo, como decía el mentor del modelo, el dictador más sanguinario de la región, F. Castro, son la misma cosa.

El carácter social del régimen existe solo en las palabras. La cruda realidad es otra; una inmensa tragedia humanitaria, prólogo de una gran hambruna. Corresponde a los demócratas hacer frente, a cortísimo plazo, a esta crisis social de proporciones mayúsculas y, a corto plazo, mejorar, de manera acelerada, la calidad de vida de los venezolanos. Dejar atrás la palabrería hueca del régimen y desplegar una agenda que incluya el desarrollo de la ciencia y el conocimiento, la innovación y el desarrollo tecnológico, la educación, la salud, el ambiente, el transporte, la seguridad personal y jurídica, la vivienda, la reconfiguración cultural, la superación de la desconfianza y el temor, el emprendimiento y el proceso de democratización. Será necesario establecer las acciones y los lapsos, asumiendo las limitaciones de la planificación y la necesidad de ajustes continuos, pues el futuro siempre es incertidumbre.

Es preciso recuperar la centralidad del tema social de la política, actividad social por excelencia, capaz, por tanto, de aprovechar la diversidad, los conflictos relacionados con el desacuerdo y la cooperación necesarios para construir consensos. Lo aconseja lo ocurrido en otras transiciones, como la de los países socialistas o el resultado de las elecciones argentinas. Es importante evitar las nostalgias que matan. El cambio y la transición, insistimos en ello, es una relación compleja entre las dimensiones política, social, económica, institucional y cultural. En nuestro caso, contra el cambio y la transición hacia la democracia conspira el Estado centralizado, la urdimbre legal, la destrucción de las redes, de las instituciones y la ausencia de un sistema de protección social.

Las transiciones exitosas han logrado articular la protección social con la libertad económica. El régimen, en el terreno social, no solo deja un desierto minado, se propuso reconfigurar al venezolano, cambiar su identidad, su comportamiento y actitudes, el escudo y el rostro de Bolívar, también intentó cambiar la historia y hasta la forma de concebir a la sociedad venezolana. Desmoronó a los partidos políticos, instrumentos clave de la democracia, y a los mecanismos creadores de riqueza, la empresa y el mercado. Aislaron al país, rompieron con los países históricamente amigos y los sustituyeron con sus nuevos socios. De esa práctica demoledora no escapó la Iglesia.

Los 40 años de democracia echaron raíces en la sociedad venezolana y, aunque débiles, crearon asociaciones civiles, partidos políticos, instituciones, y amplias trincheras democráticas resistentes a los embates desesperados y agónicos de los enemigos de la libertad. La participación de la sociedad será decisiva en la reconstrucción; ello ocurrirá cuando los cambios propuestos generen la confianza suficiente para que se integre activamente al proceso de consolidación democrática.

La implicación social fortalece la democracia, favorece la desconcentración del poder, facilita la integración de las instituciones a la cultura democrática y ello ayuda al éxito de la transición y a la recuperación de las libertades. De entre ellas, la libertad de expresión, fundamental para poder controlar el ejercicio del poder y exigir la rendición de cuentas. La participación social y política permite airear los potenciales conflictos entre la agenda de reformas económicas, sociales y políticas. La liberalización económica es necesario acompañarla de la construcción de un Estado democrático y retomar, por ejemplo, el proceso de descentralización interrumpido por este régimen.

El ámbito social, en completa orfandad y carente de recursos, obliga a activar “la unidad de cuidados intensivos” para atender la agobiante tragedia humanitaria y poder regresar a la calidad de vida, al sendero de la modernidad y la decencia desde el cual poder ejercer la política. Como dice Savater, “políticos somos todos”. La mayoría depauperada, con muchas expectativas de bienestar insatisfechas, necesita respuestas urgentes, una profunda inclusión y desatenderlas azuza la nostalgia por el tétrico pasado.

Venezuela: hechiceros y sociedad de cómplices por Victor Maldonado C. – PanamPost – 29 de Agosto 2019

La sociedad de cómplices repudia hacerse las preguntas y recibir las respuestas. Es un colectivo que apuesta a la síntesis de la contradicción, que prefiere cerrar los ojos a sus corruptos

Ayn Rand denuncia la apatía y la falta de compromiso en la sociedad. (Foto: Flickr)

El célebre libro El nuevo intelectual, de Ayn Rand, comienza con una frase que no tiene desperdicio: «Cuando un hombre, una corporación o una sociedad entera se acerca a la bancarrota, hay dos cursos que los involucrados pueden seguir: pueden evadir la realidad de la situación, y actuar frenéticamente, a ciegas, siguiendo la conveniencia del momento (sin atreverse a mirar hacia adelante, deseando que nadie diga la verdad, pero esperando contra toda esperanza que algo los salvará de alguna manera) o pueden reconocer la situación, revisar sus premisas, descubrir sus activos ocultos y comenzar a reedificar». La sociedad de cómplices corresponde a la primera alternativa.

¿Qué conspira contra un régimen de libertades? ¿Cómo dejamos nuestros países en manos de los peores? ¿Cómo se llega a la condición de devastación extrema a la que ha llegado Venezuela? El país se vació de ciudadanía, dejó de tener apego por su futuro, se asoció a cualquier tipo de saqueo, aplaudió la rebatiña, y la máxima ética de la mayoría tenía como meta el colocarse en lugar preferido, privilegiado para desolar, sin importar por eso la amoralidad inmanente a la decisión y a la condición, que el acceso supusiera el tener que pactar y asociarse con los peores, supuestos adversarios formales, pero en realidad accionistas del mismo proceso de desafectación de los bienes públicos. El país nunca fue visto en perspectiva, y al carecer de sentido histórico, daba lo mismo saber o no saber la condición y posición de los actores políticos. De donde venían, el origen de su fortuna, y tantos «¿por qué?» que eran obsesivamente ocultados, evadidos, negados e ignorados para no dañar la trama o la expectativa de acceder a la mina.

Ayn Rand denuncia por eso la apatía, el cinismo trasnochado, la falta de compromiso y el tono evasivo y culpable de los que deberían estar atentos a la realidad y no a las apariencias. Emperadores desnudos blandiendo sus impudicias con el condescendiente aplauso de los que se arremolinan para ser beneficiarios de sus limosneros, muy poco dados a decir lo que todo el mundo piensa: este también es un corrupto, un saqueador contumaz, un político perdido para las buenas causas, que no tiene como justificar su nivel de vida, cuya conducta errática solo puede ser bien interpretada si lo colocamos al otro lado, como parte de los que patrocinan y colaboran con la opresión y la servidumbre. Son los tornillos que ajustan esas bisagras que cierran las puertas a la libertad y confinan al país a vivir al margen.

Venezuela vive la bancarrota de una sociedad de cómplices que crece y prospera a la sombra del socialismo del siglo XXI, un sistema complejo de relaciones sociales malévolas. Jorge Etkin (1993), estudioso de los sistemas perversos y de la corrupción institucionalizada, nos advierte que el desafío es conocer y vencer sus representaciones en cuatro dimensiones de las relaciones sociales.

La primera dimensión se refiere al plano de las situaciones mal planteadas. Un país, un régimen usurpador que tiene todavía el monopolio del uso de la fuerza, que contrasta con la legitimidad de una presidencia interina cuya plataforma institucional es una Asamblea Nacional perseguida y asolada por la tiranía. De un lado la ferocidad del bárbaro totalitario, del otro la fragilidad y a la vez la fuerza de un esfuerzo originalmente dirigido para restaurar la legalidad. Un conflicto que no se puede resolver en los márgenes de la connivencia, que es imposible solventar mediante un diálogo que privilegia las votaciones como solución, sin antes consolidar el rescate de los máximos institucionales que posibilitan elecciones libres. Motivos y fines que no son los declarados formalmente hacen presencia para obligar al naufragio. Socialistas tratando de rescatar el socialismo, relaciones especulares tratando de proyectar ese compadrazgo quebradizo a todo el país. El error está en eso, en pretender una simbiosis que no es tal, porque lo que está planteado es dejar correr el tiempo, obligar al desgaste del más frágil, compartir los costos y pérdidas sociales, y al final intentar quedarse con todo.

La segunda dimensión tiene que ver con procesos mal diseñados. Un Estado interventor proclive al saqueo produce una sociedad de cómplices. El Estado venezolano, patrimonialista y monopolizador de las riquezas del país, se vincula con el ciudadano en términos de supra-subordinación. Ellos son los mandantes y los demás somos sus siervos, que debemos sobrevivir entre la petición regia y las escasas posibilidades para el emprendimiento. Al final se produce la bancarrota que se carga sobre los ciudadanos, eximiendo de todas las culpas a los que han detentado todo el poder. El socialismo deslinda indebidamente el poder de la responsabilidad. Y a los políticos los releva de cualquier escrutinio de los medios y fines. Por eso los hay corruptos que invocan la necesidad de actuar así para combatir la corrupción. No logran entender que no se puede ser y combatir el ser a la vez, sin caer en esa inconsistencia que los muestra tan impávidos como fraudulentos. Operan como encomenderos degradados, que no rinden cuentas, no sienten que tienen compromisos con sus bases políticas, y creen que el país se lo pueden llevar como se lleva una pieza de pan debajo del brazo.

La tercera dimensión donde se abona la perversidad son las pautas de relación. Digámoslo así: el compadrazgo, la cultura de la adulación al jefe, la estética del «comandante en jefe», las relaciones clientelares, el Estado interventor y rapiñero, las expoliaciones a los derechos de propiedad, la cultura de la coima, el soborno y la extorsión, la negación del mérito, el discurso populista y la ética de la irresponsabilidad colectiva son el caldo de cultivo en el que se desprecia el trabajo productivo, la creación capitalista de la riqueza, la superación de la lógica del minero, y el desapego brutal a las instituciones como referentes universales que rigen conductas y roles. Todas estas «conductas» se retroalimentan unas con otras hasta producir estos estados fallidos que, sin embargo, tienen base social de apoyo, porque sus dirigentes no cesan de recrear el circo, no dejan de sembrar la falsa esperanza de que todo es posible, incluso el estado mágico donde sin trabajar se produce renta y no inflación desaforada.

La cuarta dimensión es la institucionalización de la institución perversa del totalitarismo socialista como orden social irrevocable. Volvamos a Ayn Rand para que nos preste dos arquetipos que son necesarios presentar para comprender esta dimensión. Todo socialismo es un acto de fuerza bruta contra las instituciones democráticas. El titular de todo socialismo real es un bárbaro que no respeta ninguna otra cosa que la fuerza como mecanismo de dominación. Dominar para obtener la servidumbre universal es su meta de corto plazo, que intenta con odio recalcitrante contra todo lo que se le oponga, sin importar los costos que por eso deba asumir. Aspiran a ser ídolos y se convierten en dioses de su propia religión.

A su lado siempre veremos a los hechiceros, los místicos que tergiversan la realidad, los que inventan falsas historias, los que ocultan la verdad, los que avalan falsos procesos, los voceros de la brutalidad, los que doran la píldora, y los que hacen las veces de la decencia institucional como montaje de opereta. Su visión del universo no concibe otra cosa que la destrucción. Nunca piensan en crear, solo en apoderarse de algo.

La cultura del caudillo omnipotente, que no le hace falta derecho ni límites, que viene a resolver entuertos y a refundar la república se fundamenta en una condición de postración social que permite su trágica recurrencia. Una y otra vez el culto a la personalidad, el endoso automático, la solidaridad ciega, el respeto sacrosanto por la investidura y el uso de la propaganda, la mentira y la tergiversación como murallas y barreras, proporcionan al error totalitario nuevas oportunidades de resurgir. América Latina tiene poca inmunidad, por eso siguen al acecho ladrones convictos y confesos, asesinos obvios, esperando la nueva oportunidad que le da una ciudadanía que recurrentemente se siente en bancarrota y opta por la evasión del populismo autoritario.

La recurrencia autoritaria, que además es mutante, requiere de tres coincidencias. La presencia de un demagogo populista que es rápidamente idealizado como invencible, omnisciente, predestinado y capaz de todo con tal de hacer realidad su discurso. Requiere asimismo la presencia de una ideología del saqueo y de unos ideólogos expertos en la tergiversación y la mentira. Estos son, ya lo hemos dicho, los hechiceros misticistas presentados por Ayn Rand como arquetipo inseparable del bárbaro. Y la tercera, una sociedad que se deja seducir, que tolera lo intolerable, que permite y cede espacios a la barbarie, que niega la realidad y que prefiere caer en los brazos del abismo antes que asumir su responsabilidad histórica.

La sociedad de cómplices repudia hacerse las preguntas y recibir las respuestas. Es un colectivo que apuesta a la síntesis de la contradicción, que prefiere cerrar los ojos a los corruptos cuando son los suyos los que se corrompen, que se pierden en el laberinto de las responsabilidades y terminan yendo contra el que se atreve a denunciar las desnudeces del emperador que anda impávido, creyendo él y obligando a creer que la realidad no existe, solamente la versión oficial, así sea tremendamente brutal la disonancia. En una sociedad de cómplices la decencia es vista como un mal augurio, la denuncia es un delito y la incomodidad que provoca la verdad es insoportable.

Venezuela vive su peor momento. Los indicadores sobra, pero voy a dejarles uno: este portal, PanAm Post, publicó un artículo de Orlando Avendaño en el cual se denuncian y se presentan pruebas sobre un caso de corrupción de uno de los partidos tradicionales. La respuesta que ha tenido del establishment es una demostración de lo que sostengo en este artículo: a ellos les importa menos la verdad que la salud de sus relaciones de complicidad manifiesta o latente. Por eso las acusaciones al portal y a los periodistas, que contrasta con lo que debería provocar verdadero e intenso asco moral: que la corrupción campea más allá de las murallas del chavismo, o si se quiere decir de otra forma, que el chavismo corrupto se extiende más allá de los confines explícitos del régimen y por lo tanto, que el enemigo duerme con nosotros.

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