elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Crisis social

Todos apestan por Miguel Ángel Campos – ProDaVinci – 16 de Mayo 2020

Miguel Ángel Campos (Motatán, estado Trujillo, 1955) es sociólogo y uno de los ensayistas venezolanos más destacados de la actualidad. Sus penetrantes reflexiones sobre el país y el petróleo, y sobre los vínculos simbólicos de la literatura y lo societario lo han convertido en una referencia ineludible de nuestro pensamiento contemporáneo. Radicado en Maracaibo, en donde ejerció hasta jubilarse la docencia en la Universidad del Zulia, da cuenta en este texto de cómo ha sobrellevado la cuarentena debida al COVID-19.

Con este trabajo iniciamos en Prodavinci la serie «Dos meses en cuarenta».

Screen Shot 2020-05-17 at 1.19.45 PM

Si ya todo era precario, ahora apenas puedo respirar, mínimo aliento para constatar la existencia de la jauría, afuera oigo las risas de los vecinos y su juego macabro. Juegan a la normalidad, a ellos nadie les quita lo bailao, dicen, siguen con su parrilla dominguera y han dado con una nueva comunidad, ese estilo gregario de las amebas cuando han aprendido a hablar: se reúnen cada tarde para lo que llaman la merienda. Se asignan cada día, y en riguroso orden, la tarea de llevar unos tequeños con su salsita rosada, a otro le tocará medio paquete de pan de sándwich untado. Le pusieron nombre corporativo: el recreo, y deben sentarse en pupitres. Los miserables son felices, como todo el país, supongo. Acaso debo hacer un catálogo de sus motivos de conversación, solo diré que garantizan la armonía del infierno, la estabilidad del país convertido en muladar, su rutina de buscadores de trofeos en medio del relleno sanitario.

Desde hace cincuenta días no salgo de mi casa, y no es por acatar restricciones de los epidemiólogos, pareciera una razón muy seria pero la epidemia no es tal, en todo caso dura veinte años. No puedo ni salir a la panadería que puede estar a dos cuadras, mi autonomía son unos pocos metros. He llegado hasta aquí, tras más de cuarenta años, administrando desde la tensión mi movilidad reducida, esos dos magníficos muñones que encajan en unas cuencas son todo mi refugio, ni el mejor ánimo heroico me llevaría a aventurarme a regresar con las zonas de retención sangrantes. Me he rehabilitado contra la hostilidad del medio y el desconocimiento casi absoluto de mi real condición de quienes me rodean, pero fue una elección y a nadie hago cargos. Me basta un tanque de gasolina para moverme en la ciudad, parar en un café y leer algunas páginas, quizás encontrarme con alguien y tener noticias de otra gente, esa que mucho antes de la pretendida epidemia era parte de una comunidad, del rumor de una alteridad.

En los días previos a la declaratoria la gente de PDVSA bloqueó mi chip de acceso a la gasolina, debía buscar la manera de llenar el tanque auxiliado por una nómina mínima de gente piadosa, anoto sus nombres en una agenda resguardada con naftalina. En Maracaibo los mercados populares no abren sino tres días a la semana, orden expresa del Gobernador, eso entusiasmó al resto de los vendedores y así el precio del pan se duplicó, al no haber gasolina, los vendedores de agua en cisterna a la especulación sumaron una razón criminal. Puedo oír desde aquí, mientras monto la greca del café, cornetas y frenazos del inmediato cuadrante, la Circunvalación Dos y la avenida Amparo, a ratos el silencio es largo, los días parecen siempre domingo, y los domingos que a las dos de la tarde desconsuelan ahora asfixian con su podredumbre. Los zombis fluyen en las calles ruinosas, puedo imaginar su mirada fija y hasta su pretensión de paseantes, salen a verificar sus heredades, a fingir que van al trabajo, amagan con entrar a la panadería, a través del vidrio ven las botellas de Coca Cola agrandadas, eso les confirma que el mundo sigue andando. Regresarán temprano en la tarde a sus cubiles, los barrios del oeste de la ciudad, la sed saciada en los fonditos de gaseosas del contenedor de basura, allá nunca ha habido agua corriente y las tienditas fían al mil por ciento. Estragados por el hambre, su proyecto gestor –alfa y omega de toda vibración neuronal–, ellos son la garantía de que los redentores siempre harán su trabajo, cada vez a un precio menor, desde la bolsa de carbohidratos hasta un pollo congelado.

Entretanto, mi café inunda la sala con su aroma, por ahora es mi único consuelo, va bien con la vida de Joaquín Edwards Bello, hecha fuego eterno por su nieto Jorge Edwards. Devoro, o aspiro, otros libros que compré con mi hija en una taguara de usados de la calle San Diego de Santiago de Chile, hará ya más de un año. A través de ella Chile me redime: Mariano Latorre y sus cuentos de la geografía, mucho más que horizonte; una edición de 1928 que otro Edwards, el viejo Agustín, llevó al Sexto Congreso Internacional de Ciencias Históricas en Oslo, libro impreso en Valparaíso y encuadernado para aquella ocasión, fue el más caro que pagamos. El papel, más que las páginas, retiene el olor de calles conventuales, de rotos y criadas. Llegan los albañiles en su ruinosa camioneta, el olor nauseabundo del humo deshace el aroma del café, estos renacuajos se ocupan de remodelar por enésima vez la casa que uno de los vecinos potentados, nuevo rico del chavismo, adquirió en la modesta villa donde vivo, es la tercera en su haber.

El día de epidemia que dura veinte años resplandece con la llegada de Diego y Sofía, mis nietos, apenas piden la bendición y sin pausa me extienden su cuestionario de tareas escolares. Salgo invicto del píloro y las células eucariotas, me explayo en las Capitanías Generales y Virreinatos de la Colonia. Pero cuando la maestrica ejercita su propia cosecha paso de la impavidez a las náuseas. Leo directamente el requerimiento académico del ama de casa que abandona sus deberes: “¿Por qué la falta de comunicación es el enemigo más grande de las parejas?”. La mediación, el largo ocio, obligó a pensar a las docentes, su majestad Internet las ha puesto en evidencia, hora sabemos cómo razonan esas maestras que no han podido resolver sus carencias económicas y efectivas, y en las sudorosas noches de sexo patrimonial, resecas por dentro y viscosas por fuera. Vean su alma en reposo, padres y representantes, ojeen los cuadernos de esos escolares que ya tienen suficientes amenazas. En este punto necesito más café y hago una oración por los albañiles, por su pronta extinción.

Debo asegurarme de advertirle a Diego que una pareja son dos, un par, y no un hombre y una mujer, animales u homo sapiens, digamos. Lo de enemigo lo resuelvo con el diccionario de sinónimos. Lo de más grande solo se me ocurre aclararlo con una comparación del catecismo de la infancia: “el enemigo malo”. Me veo obligado a hacer el elogio del silencio y mostrarle la distinción entre comunicación y diálogo. El ejército industrial de reserva de la Venezuela de la servidumbre y el atraso está garantizado. El WhatsApp me trae la noticia de un conocido dedicado a vender gasolina –lo pensé, días de encierro y el café expresísimo en taza grande de «Los dulces de Alicia», también los semáforos sin electricidad–: debajo de la oferta descubro un alerta de gasolina puyada como arroz, pues ni siquiera pregunté el precio. Asimismo, me llegan noticias de mis amigos felices, nada les falta, y no son generosos con lo sobrante. Los hay más refinados, te ofrecen desechos y debes ir a buscarlos, buenos sujetos del qué dirán y lo políticamente correcto, su eslogan me resulta familiar: “Las crisis son momentos de oportunidades”. Representan el ejército industrial de reserva de la Venezuela que saldrá chorreando pichaque de su florido basurero. Están listos para saltar al ruedo, a jugar a la normalidad, el gran partido de la simulación, y si el poeta José Barroeta en su desconsuelo indica que “Todos han muerto”, en estos días aseguro que todos apestan.

Saqueos, protestas y colapso económico: la crisis del coronavirus se ceba con el interior de Venezuela por Alonso Moleiro – El País – 26 de Abril 2020

La recesión mundial y la caída de los precios del crudo en medio de la pandemia acorralan al país. Maduro endurece su política de controles de precios
Habitantes de Caracas hace fila para acceder a un mercado de verduras, este jueves. (FOTO: REUTERS | VIDEO: AFP)

La recesión internacional planteada con la pandemia, y el derrumbe de los precios petroleros que esta se trae al remolque, aumentan la gravedad de la ya muy delicada situación económica y social venezolana. El precio de la cesta de crudo es el más bajo en 20 años. La producción de petróleo, históricamente en los tres millones de barriles diarios, es de apenas 700.000. El bolívar ha sufrido una devaluación del 56% solo durante el mes de abril, agravando la hiperinflación que ya lleva tres años. Desde que Nicolás Maduro asumió el poder, en 2013, Venezuela ha registrado seis años seguidos de contracción que ha reducido el tamaño de su economía en un 70%. En la última semana, el costo de todos los bienes y servicios ha tenido un aumento espectacular. La casi total escasez de combustible está dificultando el transporte de alimentos en los poblados del interior del país, en muchos de los cuales, en consecuencia, se ha registrado airadas protestas.

En los últimos tres días, el enfado popular ha generado disturbios, con saqueos de negocios y graves enfrentamientos con la policía, en el poblado de Cumaná, Araya y Cumanacoa, en el Estado nororiental del Sucre; Socopó y Guanare, en los estados Barinas y Portuguesa, en el interior del país; Punta de Mata, en el Estado Monagas, cerca de la costa del Caribe; y Upata, en el estado Bolívar, en el sureste. En esta última localidad, se registró un muerto y hubo dos heridos. La víctima respondía al nombre de Charlie Núñez Palma, de 29 años de edad. Los heridos son dos adolescentes.

Hace dos días, Maduro hizo una referencia a las protestas –que han podido ser apreciadas, sobre todo, por las redes sociales- y lanzó nuevas amenazas al sector privado. “No vamos a permitir que la especulación criminal mate de hambre al pueblo. Por las buenas somos amables y razonables, pero no nos busquen por las malas”. La escalada de precios ha hecho al gobierno de Maduro abandonar su actitud tolerante con la actividad empresarial de los últimos meses –que produjo el regreso de los productos a los anaqueles- y endurecer los controles en el marco de la temida “Ley de Precios Justos”.

Nuevamente se ha decidido la “ocupación a puertas abiertas” y la “venta supervisada de productos” de la corporación agroindustrial Coposa, de Alimentos Polar, de Plumrose y de algunos mataderos. Al justificar la medida, Tarek El Aisami, vicepresidente económico, manifestó: “Hay sectores oligárquicos que pretenden violentar la ley y asumir conductas contrarias a la solidaridad en esta cuarentena. Estos grandes monopolios especuladores golpean a los pequeños comerciantes que son los que colocan sus productos”.

Al establecer controles para 27 productos básicos, El Aissami se comprometió a escuchar al empresariado para mejorar su gestión. “Lo que no vamos a permitir es que se atente contra los derechos del pueblo”. Las ventas sobre reglamentadas y los operativos de fiscalización “cívico-militar” produjeron en el pasado reciente la quiebra de muchas empresas industriales y comerciales que agravaron terriblemente la situación del país en este tiempo.

La caída libre de la economía venezolana encuentra a un estado carcomido por la corrupción y sin instrumentos para afrontar la contingencia de la pandemia. Con enormes deudas, las arcas del Gobierno de Nicolás Maduro presentan un saldo deficitario. Junto al derrumbe de los precios petroleros, el descenso en la producción de crudo sigue su curso y las sanciones internacionales dificultan terriblemente la compra de combustible importado.

“Al bolívar le pasa lo mismo que a todas las monedas indexadas al dólar en los mercados emergentes con la caída de los precios de las materias primas”, afirma Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica. “El derrumbe de la moneda en Venezuela, sin embargo, es extremadamente elevado, y tiene que ver, entre otras cosas, con una caída profunda en la oferta de divisas por la virtual paralización de los ingresos petroleros. No existe ninguna confianza en el bolívar y ha bajado mucho el flujo de remesas que envía la diáspora”.

La marcha de la petrolera rusa Rosneft y las serias limitaciones contractuales que presenta la renovación de la presencia de Chevron en el país, colocan a Venezuela en una situación especialmente vulnerable. Particularmente si los efectos de la pandemia del Coronavirus llegaran a escalar. En este momento, de acuerdo a las cifras oficiales, Venezuela tiene 310 casos de personas infectadas, con 10 fallecidos. Son unas cifras sorpresivamente bajas, que muchos atribuyen, entre otros motivos, al aislamiento actual del país.

De momento no parece haber luz al final del túnel con la escasez de gasolina y la reactivación de la producción de crudo. Hace pocos días la Administración de Maduro anunció la reactivación de la refinería El Palito –con una capacidad instalada de 140.000 barriles diarios de crudo- y la llegada de un vuelo directo con ayuda iraní para reactivar la averiada refinería de Cardón, una de las más grandes del mundo, con la promesa de nuevos contactos de apoyo.

El deterioro crónico de estos parques industriales, la aparición de nuevas averías en El Palito, la insolvencia de una nación endeudada y el endurecimiento de las sanciones internacionales, colocan en veremos la normalización del servicio de combustible en una nación que tiene casi 100 años viviendo de la producción y refinación de petróleo.

Rector de la UCAB: “Esta es una sociedad que se ha resistido a morir” por  José Gregorio Meza – El Nacional – 26 de Abril 2020

José Virtuoso señaló que en Venezuela se corre el riesgo de que se profundice una crisis que puede arrasar a buena parte de los venezolanos. En medio de esta vorágine, la Universidad Católica Andrés Bello inicia un semestre especial este lunes 27 de abril, todo un reto en los tiempos que corren

rector de la UCAB
Cortesía UCAB

Resistencia es la palabra que mejor describe a la sociedad venezolana, aseguró el rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), José Virtuoso. “La pandemia es un escalón más en medio de esta crisis. Este pueblo está acostumbrado a luchar contra las adversidades”, subrayó.

“Esta es una sociedad que se ha resistido a morir ante la tragedia y el dolor”, recalcó.

En entrevista con El Nacional manifestó su admiración por la capacidad de reinvención y de lucha de los venezolanos. Alertó asimismo sobre una escalada aún mayor del autoritarismo y el reforzamiento del control político y militar por parte del régimen de Nicolás Maduro.

“Estamos corriendo el riesgo de que se profundice una crisis que puede arrasar a buena parte de la ciudadanía. Lo digo con dramatismo, yo siento eso, estamos ante la imperiosa urgencia de detener lo que puede ser un gran tsunami social”, advirtió.

En medio de esta vorágine, anunció el inicio del nuevo semestre en la universidad, todo un reto en los tiempos que corren. “Esta crisis la podemos convertir en una gran oportunidad para la educación universitaria, y así lo estamos viendo en la UCAB. Creemos que efectivamente podemos no solo enfrentar la coyuntura sino trascenderla y utilizar este momento para fortalecernos hacia el futuro”, afirmó.

Virtuoso es rector de la UCAB desde 2010. Antes se desempeñó como director del Centro Gumilla. Sacerdote de la Compañía de Jesús, de 59 años de edad, es licenciado en Ciencias Políticas y doctor en Historia de las Ideas Políticas de Venezuela.

Peligro

Alertó del peligro que corren las democracias debido a la pandemia. “Para enfrentarla prácticamente todos los gobiernos han decretado estado de excepción. Así se concentran los poderes en el Poder Ejecutivo. La capacidad deliberativa, la separación de poderes, la interlocución ciudadana, toda esa dinámica se suspende y se toman decisiones que tienen que tener carácter rápido y eficiente”, señaló.

“La gran tentación es que nos acostumbremos, podamos ver una consolidación de autoritarismos, de prácticas centralizadas de los gobiernos, la imposición de medidas, la violación de derechos humanos”, agregó.

Virtuoso indicó que esa situación se observa en todos los países: se reducen los espacios democráticos por la centralización del poder.

Venezuela

Explicó que en el caso venezolano este autoritarismo ha sido la práctica común. “Tenemos un gobierno que actúa al margen de la Constitución, de manera centralizada, dictatorial. Esta situación, en la que efectivamente está declarado un estado de excepción, no hace más que reforzar esa tendencia”, subrayó.

Dijo que está en riesgo la vida de las personas, no solo por la pandemia sino por la crisis humanitaria previa. “Corremos el riesgo de que se destape una hambruna terrible en Venezuela, que el país se paralice totalmente, que por la dinámica propia de la epidemia ella se expanda y colapse el sistema sanitario y el de salud”, señaló.

“Los políticos van a ser evaluados por eso, qué fueron capaces de hacer ante esta situación”, manifestó.

Desmilitarizar la pandemia

Virtuoso pidió que se desmilitarice el seguimiento de la pandemia para que esto sea un asunto de expertos. “Hay que poner en manos de nuestras mejores capacidades el manejo de la crisis, debe haber mucha más libertad de información, más capacidad de intervención de la sociedad civil para trabajar conjuntamente, hay que dar mayor apertura internacional para que las organizaciones puedan actuar, hay que devolverle la libertad y el reconocimiento a la Asamblea Nacional para que se dé la discusión efectiva de los problemas. Hay mucho que podemos hacer”, afirmó.

Subrayó que la principal responsabilidad de la crisis humanitaria la tiene el régimen en el poder. “Lo que está sucediendo es culpa de Maduro. Estamos ante un gobierno incapaz de resolver los problemas. Es urgente que abra su capacidad de interrelación con otros actores y que piense la gran tarea de responder a la demanda de soluciones que pide la gente”, expresó.

Papel de las universidades

El rector de la UCAB señaló que las universidades pueden ser articuladoras de un gran movimiento que permita dinamizar los esfuerzos de los profesionales de la salud, junto a colegios y gremios, para enfrentar la pandemia por el nuevo coronavirus.

“Esta crisis requiere un gran esfuerzo intelectual hacia afuera. Las universidades tienen saberes, experiencia, recursos humanos. El centro para atención de la emergencia tiene que estar en nuestros mejores científicos”, manifestó.

“Todos tenemos que hacer un esfuerzo porque salvar la vida de las personas sea el objetivo central”, indicó.

El reto

La UCAB tiene 10.000 estudiantes de pregrado, en Caracas y Ciudad Guayana. La crisis ha llevado a que la universidad deba ajustarse a nuevas formas y ritmos. “Tratamos de orientarnos en la dirección en la que la educación universitaria avanza: cada vez más hacer uso de la tecnología, de la educación a distancia, de las plataformas que existen”, explicó Virtuoso.

Dijo que de esa forma se van a facilitar los intercambios con otros centros de estudio, y abre además la posibilidad de contar, como ya sucede, con la colaboración de egresados que están en otros países.

“Fundamentalmente estamos ajustándonos para responder adecuadamente a nuestra gente, fundamentalmente a los estudiantes. Es un reto mantener la calidad educativa a través de esta modalidad de estudio a distancia”, expresó.

Las tres líneas de trabajo

El rector especificó que se ha trabajado en tres grandes líneas de acción, que espera permitan una optimización de los procesos: el ajuste de la pedagogía presencial a la educación a distancia; cómo acometer la evaluación, porque el aprendizaje hay que medirlo; y el uso de plataformas y recursos tecnológicos.

“Nosotros comenzamos este lunes y nos vamos a mantener en continua evaluación para ir produciendo mejoras en el proceso e ir logrando que sea de la mayor calidad posible”, dijo.

“No es algo que comenzamos y vamos a ver dentro de tres meses qué fue lo que pasó. Hay que ir chequeándolo y ajustándonos para que quedemos satisfechos tanto profesores como alumnos”, aseveró.

“En nuestro portal el usuario puede entrar a una pestaña que se denomina Contingencia 2020 y allí encontrará todo lo producido hasta el momento, todos esos materiales pedagógicos. Es una página bien amigable, así que les invitamos a visitarla”, agregó.

El distanciamiento social antidemocrático en Venezuela por Carlos Vecchio – ABC – 22 de Abril 2020

El mundo está viviendo una paralización masiva de su forma normal de vida. Una situación similar vive Venezuela desde hace años, pero con un origen distinto: la epidemia dictatorial

Si hoy le preguntamos a los ciudadanos del mundo: ¿estaría dispuesto a permanecer en distanciamiento social durante un año sin necesidad de que haya una pandemia? La respuesta obvia y rotunda sería, NO. Tal sacrificio solo se hace para salvar vidas, como lo vemos hoy a nivel global.

El mundo está viviendo una paralización masiva de su forma normal de vida. Una situación similar vive Venezuela desde hace años, pero con un origen distinto: la epidemia dictatorial. Venezuela ha estado sometida a un irracional, progresivo y antidemocrático distanciamiento social impuesto por la dictadura criminal de Nicolás Maduro. Los indicadores de ese distanciamiento son variados, pero su eje común es suprimir las libertades para preservar el poder. Permítanme precisar con algunos ejemplos:

En el 2014 los venezolanos salimos a la calle para protestar legítima y constitucionalmente, anticipando entonces la tragedia humanitaria que vendría. Muchos venezolanos, especialmente jóvenes, dirigentes sociales y políticos fueron arrestados por razones políticas, incluyendo el líder de nuestro partido Voluntad Popular, Leopoldo López. Fui imputado dentro de la misma «causa judicial», lo que me llevó a la clandestinidad por 108 días y luego al forzado exilio actual lejos de mi familia, de mi partido, de mi gente, pero siendo más útil desde el exterior para la lucha democrática. Toda la directiva de nuestro partido fue perseguida; unos presos, otros en el exilio, la clandestinidad o refugiados en embajadas. Como consecuencia de un aislamiento social antidemocrático, desde hace seis años tuvimos que reinventarnos.

Desde entonces nuestras reuniones son digitales, incluyendo los encuentros nacionales con nuestros dirigentes locales. Ese mismo protocolo se ha extendido a los diferentes partidos políticos que disienten del régimen, e incluso, a la legítima Asamblea Nacional, donde cerca de treinta diputados están exiliados y cuatro permanecen detenidos.

La dictadura ha extendido la persecución en Venezuela a toda la sociedad; tenemos cerca de 400 presos políticos, entre ellos militares, médicos, líderes sociales y de partidos, estudiantes y diputados, todos sometidos a tratos crueles e inhumanos. Se les prohíbe ver el sol, poder hablar con su familia o poder reunirse con sus abogados. Son símbolo perenne del aislamiento nacional.

Como resultado, nos ha tocado conducir una lucha en unidad y asumiendo decisiones complejas sin mirarnos a los ojos entre los distintos actores políticos, tan solo escuchando nuestras voces por plataformas digitales en un país donde el internet es el peor de la región, con severos problemas de servicio eléctrico y con el riesgo permanente de que esta comunicación sea intervenida por los órganos de inteligencia del régimen coordinados por Cuba. La decisión de juramentar constitucionalmente al diputado Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, en 2019, ha sido sin duda la decisión más crítica asumida bajo este esquema.

La economía no escapa a los devastadores efectos de este distanciamiento autocrático. Las políticas de control estatal, las restricciones a la iniciativa privada y violaciones a la propiedad privada con expropiaciones ilegales han retrocedido décadas nuestra economía. La producción petrolera se desplomó de 3.2 millones bpd a poco más de 600 mil bpd en 2020. La escasez de bienes y servicios aumenta de manera exponencial. Entre 2014 y 2019 Venezuela perdió las dos terceras partes del tamaño de su economía (65%), peor que la «Gran Depresión» o la guerra civil española. El «quédate en casa» es para muchos la única opción forzada, ya que hay trabajo limitado. La empresa privada casi ha desaparecido. En contraste, ningún país con la pandemia del Covid-19 ha tenido tal impacto hasta ahora.

Tristemente, el aislamiento se ha manifestado en uno de los aspectos más importantes: la educación. En 2018 la deserción escolar se ubicó en 87%. Los padres no envían a sus hijos a la escuela porque la crisis generada por Maduro ha forzado un éxodo masivo de docentes, porque la escuela cerró o, peor aún, porque no tienen como alimentarlos y frecuentemente se desmayan en clases. Una maestra confesó haber subsistido solo ingiriendo agua con azúcar por tres días hasta que colapsó.

Esta crisis, hoy calificada como emergencia humanitaria compleja, obligó al menos a 5 millones de personas a abandonar el país. Un éxodo solo superado por la crisis de refugiados de Siria. Se estima que alrededor de un millón de niños quedaron sin sus padres, familias separadas por la tragedia. Según cifras de la OEA, 5 mil venezolanos por día siguen emigrando, buscando el presente de calidad que la dictadura de Maduro les niega.

En Venezuela encontramos el peor sistema de salud de la región, el cual colapsó mucho antes de la pandemia producto de la corrupción de la dictadura. María Eugenia Sader, exministra de salud del régimen, es investigada por el desfalco de al menos 600 millones de dólares. Adicionalmente la inseguridad ciudadana regenta el país, Venezuela tiene la tasa de homicidios más alta del continente, con 60 por cada 100 mil habitantes. El miedo establece un toque de queda permanente, un distanciamiento social propiciado durante años por la dictadura con apoyo de los colectivos y ahora del grupo de exterminio FAES.

El país ha quedado incomunicado. En 2014 el número de vuelos internacionales se redujo en un 60%. Esa cifra es mucho mayor hoy. Internamente cinco refinerías no producen gasolina a pesar de que tenemos las reservas petroleras comprobadas más grandes del mundo. Sin embargo, el régimen continúa enviando petróleo gratuitamente a Cuba. Venezuela es un país inmóvil.

El aislamiento ha sido dramático y ha recrudecido durante la pandemia. Hemos dicho que enfrentamos dos virus: La dictadura de Maduro y el Coronavirus. La cura de ambos debe ser abordada urgente y simultáneamente. Superarlos solo será posible con una cooperación y asistencia financiera internacional robusta que será viable si establecemos un Gobierno de Emergencia Nacional que aplique un plan de emergencia y nos conduzca a una transición democrática creíble y verificable. El liderazgo internacional debe reafirmar su compromiso en acompañar a nuestro pueblo a levantar, ahora y para siempre, el distanciamiento social antidemocrático que ha generado la peor tragedia de nuestra historia desde el siglo XX.

Para Venezuela la normalidad no vendrá cuando se logre mitigar la pandemia. La emergencia humanitaria compleja continuará tal y como hemos descrito en este artículo. La normalidad sólo vendrá cuando llegue la libertad. Ya el mundo, especialmente Europa y España, sabe lo que se sufre frente a un distanciamiento social voluntario. Oramos porque esta dificultad que hoy enfrentamos globalmente permita ratificar las convicciones democráticas y agitar la conciencia moral de todos para que juntos curemos a Venezuela del virus de la tiranía y de la epidemia dictatorial.

Carlos Vecchio es embajador del gobierno interino de Venezuela ante Estados Unidos

Carlos Vecchio

 

Divagación en cuarentena sobre el “estallido social” por Ibsen Martínez – El País – 21 de Abril 2020

Maduro y sus generales no han vacilado un instante y se sirven cínicamente de la cuarentena antiepidémica para afianzar la tiranía militar

Trabajadores sanitarios desinfectan las calles de Caracas, Venezuela.
Trabajadores sanitarios desinfectan las calles de Caracas, Venezuela. MANAURE QUINTERO REUTERS

Escasea la gasolina en Venezuela y ya se anuncia que por ello el ciclo de siembra se verá gravemente afectado.

Las lluvias de mayo – si lloviese en mayo, claro− caerán en terreno yermo; los expertos de las asociaciones de productores agrícolas calculan que, sin semilla ni fertilizantes y, para colmo, sin combustible, el apogeo de la hambruna alcanzará a todo el país a fines de julio. Quizá mucho antes.

El zar de la harina de maíz precocida, difundió, no hace mucho y en las redes sociales, un mensaje al país.

El carismático capitán de un emporio agroalimentario privado tan insumergible que veinte años de chavismo expropiatorio, de arbitrarios controles de precios y extorsiones criminales asociadas a la utilidad cambiaria no han logrado vencer, usó un lenguaje característicamente voluntarioso, del tipo que llaman institucional. Habló con un deje futurista y patriotero en la voz, dictado por la emergencia pandémica.

Recuerdo que estos mensajes del tipo “ contra viento y marea”, “nuestro compromiso es Venezuela”, etcétera, infundían en otro tiempo en nuestra población de casi 30 millones de devoradores de arepas – una mayoría de ellos hoy por completo carencial – la fundada certidumbre de que los tropelías del régimen chavista contra la propiedad privada tenían un límite, ciertamente impreciso, pero cuya racionalidad se expresaba, más o menos, de este modo: “los chavistas son bárbaros pero no tontos: se saben ineptos. Saben que, de expropiar las Empresas Polar, las arepas desaparecerían en tres días, no digas tú de la mesa familiar, sino también de la memoria ancestral de los venezolanos”.

En Venezuela se afirmó desde siempe que expropiar la General Motors de la harina de maíz precocida provocaría un estallido social que, para decirlo con culinaria imagen acuñada por el mismísimo Simón Bolívar en un trance difícil, haría que el régimen de desvaneciese “como un trozo de casabe en caldo de gallina”. La verdad, yo no lo creo, Es decir, ya no lo creo.

Entre las ideas que inercialmente aún circulan entre los venezolanos, en especial entre su desventurada clase media, cada día más disminuida, más absorta en sí misma y más dispersa por el planeta, se halla este mecanicismo de sobremesa con que se explica el ciclo político del país: el relajo, la corrupción y el bochinche tienen un límite más allá del cual “la gente se arrecha y viene el estallido social”. En el imaginario público venezolano del último medio siglo, el estallido social cobra la forma del inolvidable “Caracazo” de 1989.

Esa invocación del estallido social acompaña el deseo de ver llegar un golpe militar que, mediando un período de turbulencia, conduzca a una elección presidencial que, por un tiempo, restituya algo parecido a la armonía social.

En Venezuela el ideal de armonía se concretó por pocas décadas en un petroestado “redistributivo con conciliación de élites”, según reza la fórmula popularizada por nuestros politólogos a fines del siglo XX. Un libro concebido por Moisés Naím y Ramón Piñango compendió brillante exhaustivamente en 1989, el mismo año del Caracazo, aquella “ilusión de armonía”.

La apoteosis de aquella conciliación de cazadores de renta petrolera fue la Venezuela Saudita que siguió al boom de precios del crudo en 1973. El ánimo restaurador, la añoranza de aquellos esplendores de la desigualdad, ofusca a muchos todavía y los lleva a esperarlo todo de los portaaviones del Comando Sur y de una campaña de una semana de misiles Tomahawk.

Como los generales venezolanos de hoy han optado por la cleptocracia y se dedican solo a escoltar embarques de cocaína y a custodiar las rutas de extracción del oro sangriento y el coltán del Orinoco, solo queda soñar con un desembarco de la 82ª División Aerotransportada en el parque de béisbol de la Ciudad Universitaria de Caracas. El militarismo en nuestra América fue una invención venezolana y los célebres cuarenta años de alternancia democrática que fueron de 1958 a 1998 no alcanzaron a desalojarlo del mensencéfalo de los venezolanos. Venezolano o gringo, con tal de que sea militar el salvador.

Calentar la calle, propiciar algo parecido a un espontáneo estallido social para “jalar” a los generales fue el diseño que fracasó en 2002 con el golpe de abril de aquel año y, más tarde, en 2003, con la huelga de gerentes y técnicos de la petrolera estatal.

Lo que encuentro asombroso es que haya sido esa la estrategia opositora que ha prevalecido desde las violentas manifestaciones de 2014 y 2017, genuinas intifadas sofocadas a sangre y fuego por los mismos militares “constitucionalistas” que se buscaba insubordinar.

Considérese que las acciones de Juan Guaidó durante todo el año 2019 estuvieron todas orientadas, de modo expreso, a propiciar una fractura de la cúpula y aunque en todo momento la calle lo acompañó, el pronunciamiento tan anunciado nunca ocurrió.

En esas estábamos cuando la caída en picada de los precios del crudo y la emergencia el coronavirus nos puso en cuarentena.

Maduro y sus generales no han vacilado un instante y se sirven cínicamente de la cuarentena antiepidémica para afianzar la tiranía militar. Nunca antes, en dos décadas, se había tendido sobre Venezuela una noche tan oscura y presagiosa como la actual.

Las cárceles siguen llenándose de personas decentes, civiles y militares. El hambre y la pandemia campean. Mi admiración y gratitud por quienes en Venezuela, sea o no atinada su estrategia, luchan aún en esas condiciones contra una dictadura sanguinaria no tiene límites.

Pandemia, Cierre y Gobierno de Emergencia por Luis Ugalde S.J. – América 2.1 – 19 de Abril de 2020

downloadCuarentena, Encierro y Control. Tengo la impresión de que el gobierno ha manejado con decisión, firmeza y éxito esta primera etapa contra la pandemia. La dictadura desempeña con más eficacia y autosatisfacción el control armado. La población, consciente de la gravedad, ha acatado con resignada compresión.

Por otra parte, son innegables los abusos y corrupciones en torno a la escasez de la gasolina, con el empeño de controlar totalmente la información, la opinión y la mentira para que la voz del gobierno sea la única verdad; así como atropellar para ocultar datos, silenciar informaciones sanitarias y presumir de éxito mundial en el manejo del COVID-19.
Afortunadamente, parece que el confinamiento y el control han frenado, por ahora, mayores males sanitarios, pues sigue su amenaza.

Producimos o Morimos.

Pero esas mismas medidas oportunas tienen otra cara dramática e insostenible en el tiempo: miles de empresas cerradas, millones de trabajadores parados, encerrados con sus familias, sin producir, sin ganar y sin comida, y con todo el sistema educativo cerrado. Aguantar así 20 días es heroico, pero 40 o 90 se vuelven imposibles para los que necesitan el ingreso diario, para las empresas y para el país. En cierto sentido, lo que es bueno para frenar el virus es terrible para acabar de matar la enferma economía nacional y llevar hambre a millones de familias. En nuestro caso, todo se agrava porque el COVID-19 nos llegó bajo una tremenda crisis productiva, sin luz, sin agua, con un sistema sanitario en agonía, sin gasolina… Sin gasolina no hay producción agrícola, ni transporte de alimentos, lo que es fatal para productores, consumidores, transportistas y comerciantes. Esta falta no se debe al virus, sino a la errada y corrupta gestión que ha llevado a la producción petrolera al desastre, los campos petroleros al abandono, PDVSA a la ruina y ha apagado las refinerías venezolanas. En las bombas preferían regalar 40 litros de gasolina que cobrar un despreciable billete de Bs. 100. Todo ello por incapacidad y corrupción propias del régimen, mucho antes de las sanciones norteamericanas. El tema de la gasolina no se resuelve reforzando el control en las colas; una nueva política y experta gerencia son necesarias para producir petróleo y gas, poner a valer nuestras refinerías y vender a precio rentable la gasolina en el país. Esto tan simple de entender y desear, debe ser el punto de partida de los venezolanos bajo un acuerdo político realista. Agrade o no, el rescate de todo el proceso petrolero requiere de miles de millones de dólares, que no los tiene el Estado endeudado, y que, por tanto, tienen que ser capitales privados nacionales y extranjeros, que no aparecerán con su capacidad de inversión, tecnología y gerencia, si no hay ganancia, garantías jurídicas ni respaldo de un
Estado y un Gobierno con un enfoque económico y político muy contrarios a la ruinosa aventura que Maduro se empeña en mantener.

Lo que decimos de la gasolina vale para todas las demás áreas que van desde la salud, producción de bienes y servicios, educación o servicios públicos básicos… Las soluciones tienen que ser concretas, creativas y urgentes con un país movilizado y unido. Ahora como nunca estorban los dogmas políticos ideologizados.

Urge un Gobierno Amigable, capaz de inspirar, escuchar y convocar con sinceridad a las organizaciones de la sociedad civil, a los diversos partidos hoy perseguidos, a los trabajadores y empresarios claves en la necesaria transformación productiva. Amigable, también, internacionalmente con los gobiernos y organismos cuya buena relación y colaboración necesitamos.
La dictadura actual es hostil a todos ellos y por eso es el mayor obstáculo para la necesaria activación creativa y solidaria de toda la sociedad. Como dictadura puede controlar, imponer y perseguir, pero no puede convocar y movilizar a la sociedad entera en torno a un Gran Acuerdo de Emergencia Nacional. Por eso es urgente la renuncia de Maduro y un cambio a fondo del desastroso proceso que el régimen ha sido incapaz de evaluar con sinceridad y de cambiar.

No es separable la lucha contra la pandemia del conjunto de la política económico-social. Ni los países más prósperos pueden vencerla, sin acuerdos que incluyan el apoyo de toda la población, para poner en práctica urgentes y extremas medidas contra la gravísima crisis socioeconómica que afecta a decenas de millones de empleos y centenares de millones de pobres. Además, en el caso de Venezuela no hay respuesta posible duradera y eficaz sin un internacional fuerte apoyo político, económico, social y sanitario. Nada de esto tan necesario será posible sin un cambio de régimen y restablecimiento de la Constitución violada y de la democracia, sin perseguidos ni presos políticos con plena libertad y sin sanciones internacionales. Por eso, la vida de los venezolanos exige la renuncia presidencial para la transición inclusiva con un Gobierno de Emergencia Nacional, integrado por cinco personas capaces, confiables y representativas.

Sin eso no podrán llegar ni las ayudas humanitarias, ni el necesario levantamiento de las sanciones, ni las inversiones. La vida de millones de venezolanos está amenazada y hay que concentrar toda la política (sin descuidar la organización de elecciones presidenciales libres y con garantías) en esta transición muy exigente para todos: para los políticos del gobierno y de la oposición, para los empresarios, y para todos los integrantes de la sociedad civil. Sin ese encuentro solidario de la Sociedad con creatividad inédita, está garantizado el fracaso del país. La sociedad venezolana y su tragedia actual deben liberar el Estado del sector político que lo secuestró con promesas de vida y lo llevó a resultados de muerte. Es indispensable que el gobierno de transición incluya a chavistas honestos produciendo soluciones y con la única obsesión de sacar a flote el barco del país.

Informe Anual de Violencia 2019 – Observatorio Venezolano Violencia – Diciembre 2019

INTRODUCCIÓN

En el año 2019 Venezuela ha vivido la mayor crisis social de la historia por la destrucción de la economía, la pérdida de capital humano por la emigración, el deterioro del estado de derecho y el incremento de la desigualdad social. En ese contexto de destrucción institucional, la violencia y la criminalidad han sufrido cambios importantes, pues la criminalidad acompaña los cambios en las sociedades, y procura adaptarse a las oportunidades que le ofrece el mejoramiento o empeoramiento de las condiciones de vida en esa sociedad.

En la búsqueda del poder o del dinero, los actores criminales administran la violencia para poder garantizarse un usufructo de la renta como resultado de la utilización de la fuerza, sea para depredar los frutos del trabajo o los recursos disponibles en ese territorio, sea para establecer condiciones desiguales que les permitan un acceso privilegiado a las fuentes de riqueza y de renta existentes en esa sociedad.

Durante este año 2019, en Venezuela se ha incrementado la destrucción del pacto social por la suma perversa y en apariencia contradictoria de anomia y autoritarismo, lo cual ha provocado, por una parte, una actuación arbitraria y discrecional de instituciones que incumplen sus obligaciones y violan derechos humanos, y por otra parte, la desconfianza de la población en instituciones y funcionarios cuyo desempeño está sujeto a normativas y regulaciones que son frecuentemente modificadas, con cambios impredecibles y sin un claro fundamento.

Y en lugar de la deseada independencia de los tres poderes en la sociedad, capaces de generar contrapesos, lo que existe de manera fáctica es una dualidad de poderes que durante este año ha permanecido y profundizado. A la existencia de dos poderes legislativos y dos poderes judiciales, se sumó en este año dos poderes ejecutivos. Uno de ellos con un presidente designado por la Asamblea Nacional legítima y reconocido por una parte de la sociedad y por varias decenas de países del mundo como el presidente encargado legítimo del país.

Aunque existe una Asamblea Nacional electa democráticamente, se estableció otra Asamblea legislativa distinta, una Asamblea Nacional Constituyente que fue convocada y electa con procedimientos no contemplados en la Constitución y que no ha asumido, en cualquier caso, la función para la cual fue convocada, que era redactar un texto constitucional, sino que en forma arbitraria se ha adjudicado a sí misma poderes para actuar como una instancia plenipotenciaria, capaz de normar y decidir sobre cualquier dimensión de la vida republicana.

El poder ejecutivo continúa gobernado bajo el “estado de excepción” establecido desde mayo del año 2016 y prorrogado de manera indefinida e inconstitucional varias veces, concentrando por esa vía cada vez más poderes y con cada vez menos controles y regulaciones. La Sala Constitucional se erigió como un macro poder capaz de modificar la Constitución. Las leyes se personalizan y se politizan, dejando de ser mecanismos de regulación social universal, para convertirse en instrumentos para la persecución casuística de los diferentes y disidentes. 2

En ese contexto, los mecanismos básicos de funcionamiento de las sociedades se pierden y el delito de distintos rostros encuentra nuevas y mejores oportunidades para actuar. Como no hay reglas universales y legítimas, el poder fáctico impone sus reglas y las aplica de manera arbitraria a los fines de obtener riqueza o de conservar el poder, o de conservar el poder para poder usufructuar de la riqueza.

En Venezuela, el año 2019, se ha consolidado lo que se puede considerarse la mayor crisis social en la historia de Suramérica.

Para acceder al Informe completo abrir el siguiente enlace :

INFORME-ANUAL-DE-VIOLENCIA-2019. OVV

El ex ministro chavista Rafael Ramírez cargó contra el dictador Nicolás Maduro: “Entregó el futuro de la patria a los intereses transnacionales” – Infobae – 22 de Diciembre 2019

El antiguo presidente de PDVSA en tiempos de Hugo Chávez criticó los negocios con China y Rusia. “Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía”, expresó

Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017
Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017

El ex hombre fuerte del chavismo Rafael Ramírez, devenido ahora en opositor, criticó este domingo con dureza al régimen de Nicolás Maduro en una columna de opinión en la que repasó “el año infausto para la patria” vivido por Venezuela en 2019 y aseguró que el chavismo entregó “el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, especialmente chinos y rusos.

“Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía y el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, dijo en un un artículo publicado en su sitio web. “El madurismo está dispuesto a entregar la patria y hacer lo que sea para salvar su propia cabeza”, agregó.

Al hablar de estos intereses transnacionalses, el ex embajador de Venezuela ante la ONU y hombre de confianza del fallecido Hugo Chávez comenzó refiriéndose a la venta realizada el 22 de febrero de 2016 del 23,4% de la participación de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, en la empresa Petromonagas. El comprador fue Rosneft, petrolera estatal rusa, y la operación se hizo “de espaldas al país, al margen de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, nadie discute, nadie sabe el precio, ni las razones de la entrega”, de acuerdo a Ramírez.

El ex presidente de PDVSA también señaló la entrega del gas del Proyecto Mariscal Sucre, ubicado al norte de Carúpano, a empresas rusas que “no pagarán impuestos”.

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Luego, Ramírez también se refirió a la cesión del 9,9% de la participación de PDVSA en la empresa Petrosinovensa, pero esta vez entregada a la compañía china CNPC.

“Cuando las transnacionales obtienen esta alta participación en las empresas mixtas, no solo reciben una mayor tajada del mejor negocio del mundo, sino que ahora están en condiciones legales de tomar el control operacional de las empresas, como efectivamente lo hicieron” explicó.

Mencionó, asimismo, la entrega de CANTV, empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada por Chávez, a otra compañía transnacional china, “una reprivatización simple y pura de sus empresas”.

 

Deterioro económico, político y social

“La hiperinflación de 360.000% solo este año, la mega devaluación desde agosto de 2018, cuando el ya devaluado bolívar se depreció de 60 bolívares soberanos por dólar a 48.000 bolívares soberanos por dólar a la fecha; un salario de hambre, de tan solo 3,125 dólares al mes, el más bajo de todo el hemisferio”, catalogó Ramírez en el mismo artículo, a manera de resumen del “infausto” año vivido por Venezuela.

Lamentó, además, el “colapso” de PDVSA, “con una caída de 2.300.000 barriles día de petroleo en apenas 6 años, sin gas, ni gasolina”.

“Estamos frente a un país donde al trabajador le fueron arrebatadas todas las conquistas laborales, se violentaron todas las Convenciones Colectivas de la administración pública, de los obreros, con la mega devaluación se esfumaron las prestaciones sociales, el gobierno hizo la tarea sucia a la burguesía, se apropiaron de los ahorros de los trabajadores, del esfuerzo de toda su vida, ahora canjeadas por papelitos de monopolio o medio petro”, expresó.

En lo social, Ramírez resaltó una pobreza que alcanza el 83% de la población y el hecho de que siete millones de venezolanos requieran “protección humanitaria según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), 1.9 millones que sufren desnutrición aguda, la mortalidad infantil aumentó a niveles de espanto, que el gobierno no se atreve a publicar”.

“Hasta la fecha 4,7 millones de venezolanos han abandonado el país, con proyección de llegar a los 6 millones según el último informe de migraciones de la ACNUR”, se refirió en relación al llamado éxodo venezolano.

Ramírez se encuentra en Europa desde 2017, cuando entró en conflicto con Maduro y fue removido del cargo de embajador de Venezuela ante la ONU. Desde entonces se ha convertido en una voz crítica del régimen al que pertenecía, y ha sido también vinculado con hechos de corrupción en el caso Andorra, de lavado de activos y pago de sobornos, por el Ministerio Público de su país. El chavismo ha intentado arrestarlo, mientras que el ex ministro ha rechazado los cargos y denunciado una presunta venganza de parte del chavismo.

Sobre la situación política y social en su país, destacó también “la permanente violación de la Constitución y las leyes, la ausencia del Estado de Derecho, de la separación de poderes, sin garantías de ningún tipo”, las cárceles “llenas de presos políticos, trabajadores y militares secuestrados”, las familias separadas, los jóvenes desilusionados y los ancianos y niños abandonados a su suerte, en una larga descripción del deterioro en Venezuela.

“Por ello hay que insistir en denunciar una y otra vez lo que sucede en Venezuela, como se ha traicionado la esperanza de todo un pueblo, donde una nueva burguesía surge y se consolida con maduro y el madurismo, quienes han convertido al país en un negocio a la medida de sus necesidades y aspiraciones”, indicó Ramírez. “Han apuñalado el corazón de la patria, traicionado el legado de Chávez y, más allá de eso, el futuro y bienestar de todos los venezolanos, de sus hijos y los hijos de sus hijos”, concluyó.

Monseñor Mario Moronta: no nos dejen solos por Griselda Mutual – Vatican News –

cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpg

En una ponencia extensa y explicativa de la situación que aqueja a Venezuela, el prelado habló a representantes del Parlamento Europeo, en este jueves 5 de diciembre. Pidió no “hacer el juego a la corrupción ni a un régimen con vestidura democrática”, que tiene “el perfume del crimen contra su gente”.

“Sentimos que el mundo no ha entendido lo que de verdad está sucediendo en Venezuela”: lo dijo en una ponencia ante un diputado del Parlamento Europeo y su grupo de trabajo, y algunos empresarios alemanes, el Primer Vicepresidente de la Conferencia Episcopal venezolana, Monseñor Mario del Valle Moronta, en este jueves 5 de diciembre. El prelado repasó los advenimientos en Venezuela a partir de la década del setenta del siglo pasado, realizando una lectura a través de los años de lo que llevó a la situación de crisis actual en el país, en el que “el régimen ha sabido imponerse”.

Un país rico pero tremendamente empobrecido

Venezuela, expresó el Obispo, “sigue siendo una nación rica pero tremendamente empobrecida”, con los recursos que “están en manos de pocos, con la excusa de ser los administradores del estado”.

Desglosando la situación actual, y en lo que se refiere al régimen de gobierno, Moronta señaló que “hay diversos grupos estructurados con cierta autonomía y cada uno de ellos resguarda al otro, pero no quiere ceder ninguna parcela de poder”. A saber, “el grupo del Sr. Maduro, con los cubanos que le apoyan; el grupo de chavistas fieles al legado de Chávez y que no pretenden dejar espacio alguno de cambio; los militares, empoderados y sostenedores de los otros, que no van a permitir que se les quite su cuota de poder”.  Por otra parte, dentro de la oposición, que está “fragmentada”, el prelado indicó la presencia de grupos y partidos “que están negociando con el régimen”, y también un grupo de personas que “apuestan a una salida a mediano plazo”, para lo cual –subrayó – “hay que recuperar las bases sociales y preparar nuevos y auténticos liderazgos”.

Caos social aprovechado por el régimen

La sociedad civil está “desprotegida y golpeada”, afirma Moronta. El sector popular es “amenazado y manipulado por el régimen, con dádivas que no resuelven para nada la situación”. También están las personas e instituciones que “plantean luchas y soluciones desde el compromiso con las bases y las comunidades”, entre los cuales “los estudiantes, las universidades, la Iglesia, etc.”. Este sector, sin embargo “siente el peso de la ausencia de quienes han emigrado”.

Moronta denuncia que “se percibe un caos social aprovechado por el régimen”, el cual sobrevive “por estar bien arraigado y sostenido por la clase militar, por el apoyo de algunos países como Rusia, Cuba, China…”. El régimen además “resiste los embates de un bloqueo” que, a la hora de la verdad, “a quien más golpea es a los pobres y a la clase media que se empobrece cada día más”.

El mundo no ha entendido lo que está pasando en Venezuela

En su ponencia, el prelado habla a los representantes del Parlamento europeo “desde el compromiso” con los hermanos obispos de Venezuela, con los sacerdotes y los laicos más comprometidos en la construcción de la justicia y de la paz, porque lo narrado – dice – “no es fruto de un estudio sociológico con estadísticas o con variables que pueden ser interpretadas de diversa manera”. Por cuanto expresado en la última parte de su ponencia, en la que describe situaciones tocadas con mano propia, lo narrado es fruto de la cercanía y del día a día pasado con la gente que vive y sobrevive en Venezuela. “Sentimos – afirma – que el mundo no ha entendido lo que de verdad está sucediendo en Venezuela”.

¿Qué pasaría si escucharan el testimonio vivo y lacerante de los que sufren? Por favor, abran los ojos y podrán tomar decisiones mucho más acordes con la urgencia que vive el país.

No nos dejen solos

“Pídanles a los que se auto califican como las grandes potencias que no nos traten como fichas de un juego geopolítico”, exhorta el Obispo a los representantes del Parlamento europeo. “Pídanles a las corporaciones que están negociando con el ‘arco minero’ o que venden armas o sacan ganancias del dolor del pueblo, que no le hagan el juego a la corrupción ni a un régimen con vestidura democrática pero con el perfume del crimen contra su gente”.

“Es urgente que el mundo, los gobiernos, las instituciones políticas, legislativas y los organismos de derechos humanos entiendan que lo que sucede en Venezuela no es una simple crisis política más o menos pasajera o superable en escaso tiempo. No. En el nombre de mis hermanos que sufren en Venezuela, les pido que abran los ojos y sus oídos”.

“Es verdad que tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Pero no nos dejen solos…”, pide también el Obispo Moronta, asegurando a los parlamentarios que “si abren los ojos y contemplan, si abren los oídos y escuchan los clamores del pueblo, ya será un importante paso”.

“De seguro, confiando en el sentido humanitario de ustedes, entonces actuarán dónde y cómo consideren más oportuno. Pero, por favor, no lo dejen para muy tarde[…].

A %d blogueros les gusta esto: