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La Traición de las élites por Carlos Raúl Hernández – El Universal – 24 de Mayo 2020

Chávez halagado por instituciones que debían meterlo en cintura, triunfa ante partidos derruidos y recibe adulancia reptil de empresarios, gerentes de medios, intelectuales…

Antonio Gramsci argumentó que para llegar al poder, los revolucionarios debían producir previamente “la reforma intelectual y moral de la sociedad”. Consistía en que sus intelectuales, que llama “orgánicos”, deconstruyeran (eso quedó cool) los valores “burgueses” y crearan nuevos. Es la “transición porque la nueva sociedad no termina de nacer y la vieja no termina de morir… larga marcha dentro las instituciones democráticas”, sin asaltarlas como hizo Lenin.

A fuerza de realidad Gramsci se hizo reformista en los Cuadernos de la Cárcel, de la que lo sacó su amigo Mussolini. Muchos de sus seguidores, Palmiro Togliatti y el PCI, Umberto Cerroni, Norberto Bobbio, Lucio Coletti, Nikos Poulantzas derivaron a un comunismo anticomunista, socialdemócrata, gradualista. Pero a su pesar sembró la semilla de la negación. Desvertebrar las tradiciones, hacer común un lenguaje que partiera la sociedad, era moda, versión de izquierda de la “transvaloración de los valores” del nihilismo nietzscheano, tomado por Hitler, quien así desintegró la moral de la democracia de Weimar.
Los intelectuales orgánicos locales que “transvaloraron los valores” fueron Arturo Uslar Pietri, Ramón Escovar Salom, Juan Liscano, Ernesto Mayz Vallenilla y su staff. La democracia entre 1958-1968 había elevado nuestro nivel de vida a velocidad sin parangón en el mundo. De un rincón miserable, rural, atrasado, con 80% de población campesina y analfabeta, en tiempo record Betancourt, Leoni y los tractores de Sucre Figarella hicieron el país más escolarizado, con menos analfabetas, y con las más extensas redes de acueductos, tendidos eléctricos, cañerías, carreteras, teléfonos,autopistas y hospitales.
Betancourt paró en seco a Fidel Castro, exportó la democracia a Latinoamérica y España. En los 80 colapsó en la región el modelo populista-rentista con la Crisis de la Deuda, y Carlos Andrés Pérez en 1989 asume las reformas para corregir sus fallas. Pero en un rugido reaccionario, los “notables orgánicos” convencieron a las clases medias de que vivían una sentina de corrupción, aunque los ministros, Miguel Rodríguez, Naím, Hausmann, Cisneros, son lumbreras intachables.

Eclipse de corazón
La izquierda reaccionaria denunció el cambio como “neoliberalismo de tecnócratas sin corazón”, pese a que el nivel de ingresos se incrementó, los pobres recibieron amplios beneficios de 27 programas sociales, y en 1991 el crecimiento del empleo hizo que los empresarios tuvieran que importar mano de obra que escaseaba. Pero la reforma intelectual y moral, hizo que vieran como esperanza la revolución en 1998, enterrada antes de nacer, porque había muerto con el muro de Berlín.
Los que se formaron, estudiaron y disfrutaron un país civilizado y próspero, cuyo nivel de vida era el más alto del subcontinente, todavía hoy creen la prédica oscura.
Aun hablan de “cuarta república”, “puntofijismo”, y repiten falsedades de los pobretólogos de entonces. Desde Uslar, hasta quienes extraen de una letrina moral Por estas calles, inventaron pavorosos niveles de pobreza, corrupciones masivas, catástrofes sociales falsas. Ese veneno tornó las clases medias creadas por la democracia en asesinos de la democracia.
Gracias a la educación gratuita y la masiva distribución de recursos, hijos de campesinos y obreros tuvieron niveles de ingreso, salvando EEUU y Canadá, más altos del mundo, y superiores a los de Europa (un profesor universitario raso ganaba cerca de 1000 dólares, mientras un titular Ph.D en Francia percibía cerca de 350 dólares antes de impuestos). Los notables articularon, unieron, conspiraciones en marcha de la izquierda y la derecha, cuando el país se descentralizaba para elegir popularmente los gobernadores.
Tales asesores, tales resultados
Inicia la reforma política, y la reforma municipal crea alcaldías electas. La reforma económica nos puso a crecer a la par de China. Pero el motín exquisito hubiera abortado, si sinvergüenzas de partidos del sistema no derrocaran a Pérez, aterrados por la emergencia reaccionaria y loquitos por aparecer en la foto con los notables. Primero cobró Caldera y su ambición de poder lo llevó a destruir Copei y sobreseer a los golpistas para que derrotaran a líderes como Eduardo Fernández.
Descarriló las reformas, solo para regresar a los dos años, con el rabo entre las piernas, a remedar el Gran Viraje de Pérez con una miseria llamada Agenda Venezuela que provocó su propio hundimiento. La Corte Suprema de Justicia, sin remilgos académicos, enjuició a un Presidente sin delito y desde ese momento se convirtió en rastacuera jurídica de Chávez, desconoció recursos contra su candidatura presidencial intentados por dar un golpe de Estado (hasta que éste la disolvió harto de adulancia).
Chávez halagado por instituciones que debían meterlo en cintura, triunfa ante partidos derruidos y recibe adulancia reptil de empresarios, gerentes de medios, intelectuales, políticos hasta que los pateó y devolvió a sus ratoneras. Habla bien del gran exterminador su virtud de no dejarse comprar por pobres diablos Ese es el origen de la tragedia, la traición de las élites que pagaron caro y por culpa de ellos, todos en este país (varios conspiradores contra Pérez siguen en su ley como asesores de la oposición. Ya vimos el fruto de su trabajo)

Pandemia, Cierre y Gobierno de Emergencia por Luis Ugalde S.J. – América 2.1 – 19 de Abril de 2020

downloadCuarentena, Encierro y Control. Tengo la impresión de que el gobierno ha manejado con decisión, firmeza y éxito esta primera etapa contra la pandemia. La dictadura desempeña con más eficacia y autosatisfacción el control armado. La población, consciente de la gravedad, ha acatado con resignada compresión.

Por otra parte, son innegables los abusos y corrupciones en torno a la escasez de la gasolina, con el empeño de controlar totalmente la información, la opinión y la mentira para que la voz del gobierno sea la única verdad; así como atropellar para ocultar datos, silenciar informaciones sanitarias y presumir de éxito mundial en el manejo del COVID-19.
Afortunadamente, parece que el confinamiento y el control han frenado, por ahora, mayores males sanitarios, pues sigue su amenaza.

Producimos o Morimos.

Pero esas mismas medidas oportunas tienen otra cara dramática e insostenible en el tiempo: miles de empresas cerradas, millones de trabajadores parados, encerrados con sus familias, sin producir, sin ganar y sin comida, y con todo el sistema educativo cerrado. Aguantar así 20 días es heroico, pero 40 o 90 se vuelven imposibles para los que necesitan el ingreso diario, para las empresas y para el país. En cierto sentido, lo que es bueno para frenar el virus es terrible para acabar de matar la enferma economía nacional y llevar hambre a millones de familias. En nuestro caso, todo se agrava porque el COVID-19 nos llegó bajo una tremenda crisis productiva, sin luz, sin agua, con un sistema sanitario en agonía, sin gasolina… Sin gasolina no hay producción agrícola, ni transporte de alimentos, lo que es fatal para productores, consumidores, transportistas y comerciantes. Esta falta no se debe al virus, sino a la errada y corrupta gestión que ha llevado a la producción petrolera al desastre, los campos petroleros al abandono, PDVSA a la ruina y ha apagado las refinerías venezolanas. En las bombas preferían regalar 40 litros de gasolina que cobrar un despreciable billete de Bs. 100. Todo ello por incapacidad y corrupción propias del régimen, mucho antes de las sanciones norteamericanas. El tema de la gasolina no se resuelve reforzando el control en las colas; una nueva política y experta gerencia son necesarias para producir petróleo y gas, poner a valer nuestras refinerías y vender a precio rentable la gasolina en el país. Esto tan simple de entender y desear, debe ser el punto de partida de los venezolanos bajo un acuerdo político realista. Agrade o no, el rescate de todo el proceso petrolero requiere de miles de millones de dólares, que no los tiene el Estado endeudado, y que, por tanto, tienen que ser capitales privados nacionales y extranjeros, que no aparecerán con su capacidad de inversión, tecnología y gerencia, si no hay ganancia, garantías jurídicas ni respaldo de un
Estado y un Gobierno con un enfoque económico y político muy contrarios a la ruinosa aventura que Maduro se empeña en mantener.

Lo que decimos de la gasolina vale para todas las demás áreas que van desde la salud, producción de bienes y servicios, educación o servicios públicos básicos… Las soluciones tienen que ser concretas, creativas y urgentes con un país movilizado y unido. Ahora como nunca estorban los dogmas políticos ideologizados.

Urge un Gobierno Amigable, capaz de inspirar, escuchar y convocar con sinceridad a las organizaciones de la sociedad civil, a los diversos partidos hoy perseguidos, a los trabajadores y empresarios claves en la necesaria transformación productiva. Amigable, también, internacionalmente con los gobiernos y organismos cuya buena relación y colaboración necesitamos.
La dictadura actual es hostil a todos ellos y por eso es el mayor obstáculo para la necesaria activación creativa y solidaria de toda la sociedad. Como dictadura puede controlar, imponer y perseguir, pero no puede convocar y movilizar a la sociedad entera en torno a un Gran Acuerdo de Emergencia Nacional. Por eso es urgente la renuncia de Maduro y un cambio a fondo del desastroso proceso que el régimen ha sido incapaz de evaluar con sinceridad y de cambiar.

No es separable la lucha contra la pandemia del conjunto de la política económico-social. Ni los países más prósperos pueden vencerla, sin acuerdos que incluyan el apoyo de toda la población, para poner en práctica urgentes y extremas medidas contra la gravísima crisis socioeconómica que afecta a decenas de millones de empleos y centenares de millones de pobres. Además, en el caso de Venezuela no hay respuesta posible duradera y eficaz sin un internacional fuerte apoyo político, económico, social y sanitario. Nada de esto tan necesario será posible sin un cambio de régimen y restablecimiento de la Constitución violada y de la democracia, sin perseguidos ni presos políticos con plena libertad y sin sanciones internacionales. Por eso, la vida de los venezolanos exige la renuncia presidencial para la transición inclusiva con un Gobierno de Emergencia Nacional, integrado por cinco personas capaces, confiables y representativas.

Sin eso no podrán llegar ni las ayudas humanitarias, ni el necesario levantamiento de las sanciones, ni las inversiones. La vida de millones de venezolanos está amenazada y hay que concentrar toda la política (sin descuidar la organización de elecciones presidenciales libres y con garantías) en esta transición muy exigente para todos: para los políticos del gobierno y de la oposición, para los empresarios, y para todos los integrantes de la sociedad civil. Sin ese encuentro solidario de la Sociedad con creatividad inédita, está garantizado el fracaso del país. La sociedad venezolana y su tragedia actual deben liberar el Estado del sector político que lo secuestró con promesas de vida y lo llevó a resultados de muerte. Es indispensable que el gobierno de transición incluya a chavistas honestos produciendo soluciones y con la única obsesión de sacar a flote el barco del país.

La crisis política de Venezuela se agrava en medio de la emergencia sanitaria por Francesco Manetto – El País – 2 de Abril 2020

La tensión interna y la presión de Estados Unidos profundizan la pugna entre Maduro y Guaidó

Nicolás Maduro durante una rueda de prensa en Caracas. En vídeo, sus declaraciones en la televisión pública venezolana. (FOTO: EFE | VÍDEO: REUTERS)

La crisis política por la que atraviesa Venezuela se ha agravado en medio de la emergencia por el coronavirus, que aboca al Gobierno de Nicolás Maduro a afrontar la pandemia con una sanidad pública devastada por la mala gestión. La tensión interna y la presión de Estados Unidos han profundizado la pugna entre el mandatario chavista y su rival, Juan Guaidó, que lleva un año tratando de forzar una transición en el país y este jueves está llamado a comparecer ante la justicia bajo los cargos de intento de golpe de Estado.

La sacudida que la Covid-19 está provocando en el tablero político venezolano ha ahondado la ya enorme fractura que separa al Ejecutivo de la oposición. Mientras se multiplican los llamamientos a la unidad para hacer frente a la pandemia, y después de semanas de intentos discretos para tratar de entablar un diálogo, el escenario dio un giro la semana pasada. El primer paso lo dio la Administración estadounidense, principal valedora de Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. El Departamento de Justicia formalizó una acusación de tráfico internacional de drogas contra Maduro y la cúpula del régimen y puso precio a su cabeza: 15 millones de dólares por información que conduzca a su detención. Esa premisa desbarató las posibilidades de una negociación que reconozca al presidente y a su entorno como interlocutores válidos y puso en evidencia el aislamiento internacional Caracas, sobre todo ante la vecina Colombia.

El siguiente paso le correspondió a Guaidó, jefe del poder legislativo, quien por vez primera defendió con claridad la conformación de un Gobierno de unidad para contener el coronavirus. En el país hay, según datos oficiales, casi 150 contagios y se han registrado al menos tres muertes. El líder de la oposición solo puso una condición, esto es, que Maduro y la actual plana mayor del chavismo no participe en ese proceso. Después, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, propuso una transición en la que tanto Maduro y como Guaidó se hagan a un lado para para facilitar la convocatoria de elecciones presidenciales con garantías. El sucesor de Hugo Chávez rechazó de plano esa posibilidad y su canciller dejó claro a través de un comunicado que las decisiones sobre el futuro de Venezuela se toman en Caracas.

El secretario de Estado Mike Pompeo, este miércoles. En vídeo, sus declaraciones respaldando a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. A. H. / REUTERS

La respuesta de Maduro fue, de alguna manera, un desafío al Gobierno de Donald Trump, quien este miércoles anunció el despliegue en el Caribe, cerca de las costa venezolana, de buques de guerra, aviones y fuerzas especiales para intensificar la lucha contra el narcotráfico. El mandatario bolivariano convocó el Consejo de Estado “como órgano superior de consulta para deliberar sobre plan nacional para enfrentar la pandemia del coronavirus” y anunció que empezará unas conversaciones con el opositor disidente Luis Parra, que el oficialismo reconoce como presidente de la Asamblea Nacional desde enero. El objetivo, dijo, es “ir a un diálogo nacional que nos lleve a un gran acuerdo humanitario de todas las fuerzas políticas, sociales y religiosas del país”.

En realidad, la mayoría de las fuerzas opositoras rehúsan ese camino. Y a eso se añade un nuevo capítulo del cerco de la justicia en torno a Guaidó. La Fiscalía, controlada por el Gobierno, lo citó este jueves con la acusación de intento de golpe de Estado y magnicidio. La semana pasada, el general retirado Clíver Alcalá involucró al político en una supuesta conspiración que, según aseguró, se estaba urdiendo desde Colombia para derrocar a Maduro. El exmilitar detalló el plan antes de entregarse a Estados Unidos y volar a Washington desde Barranquilla. El régimen lo considera un traidor y mientras en las filas opositoras rechazan rotundamente la acusación, llegando a sembrar dudas sobre los intereses de Alcalá. En cualquier caso, Guaidó está llamado a comparecer ante el Ministerio Público y, si no lo hace, se expone a que las autoridades redoblen el acoso y lo detengan.

THE LONG ROAD Supporting Venezuelans through an Uncertain Future – Report of the Inter-American Dialogue’s Venezuela Working Group – Febrero 2020

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Introduction

For long-suffering Venezuelans beleaguered by political repression and economic deprivation, the dawn of 2019 brought a ray of hope. Juan Guaidó’s election as leader of the National Assembly and his recognition by almost 60 nations as Venezuela’s legitimate interim president offered the country a viable opposition figure, an alternative vision, and a potential pathway out of its democratic and humanitarian crises.

One year later, the view from Caracas and beyond looks starkly different. Buttressed by a successful recent tour of Europe and North America, Guaidó retains his claim of formal authority and continues to enjoy significant support at home and abroad. Venezuela’s economy remains the worst performing in the world and its citizens continue to flee the country in record numbers. Nonetheless, the regime of Nicolás Maduro has held on. It weathered Guaidó’s rise, quashed an effort to splinter the military, and absorbed the impact of oil sanctions with the support of friendly governments such as Russia. It used violence and scarcity as tools of control, employed subterfuge and bad faith to divide its opposition, and elevated market tactics (however inconsistent) over revolutionary rhetoric in an effort to arrest the economy’s decline.

Feeling increasingly unencumbered, in January 2020 the Maduro regime deployed National Guard troops and violent “colectivos” to physically block Guaidó and his allied majority legislators from entering the National Assembly, attempting—together with a small group of opposition deputies who had reportedly been bribed— to install an alternative leader instead. The move was plainly illegitimate and a crass exercise of brute force, so obviously antidemocratic that it was condemned even by governments such as Mexico and Argentina that continue to recognize Maduro as president. Nonetheless, it was a reflection of the current, sobering reality and balance of power in Venezuela.

Indeed, if 2019 began with renewed optimism, 2020 obliges a return to realism. The immediate path forward for Venezuela is fraught with challenges, including National Assembly elections that Maduro will try to manipulate in an effort to consolidate his control over the lone remaining democratic institution in the country. The international community, increasingly gripped (by necessity) with the Venezuelan migration and refugee crisis, may at the same time grow more divided about how to address its root causes.

Nevertheless, realism should not give way to fatalism. The past 12 months provided ample reminder that things in Venezuela can change very quickly. Even as Maduro maintains a base of support, some two out of three Venezuelans reject his leadership.I And for all Maduro and his allies have done to foment polarization and erode the nation’s democratic culture and institutions, the country remains home to political and social leaders prepared to continue paying the high cost of fighting for democracy and investing in a negotiated transition. The international community has a duty to support them and their aspirations.

At the same time, realism requires accepting that the timing of a return to democracy in Venezuela is uncertain. Meanwhile, Venezuelans inside and outside the country continue to suffer the consequences of an unprecedented economic collapse. They too deserve the support of the international community. If anything, the political impasse in Caracas is an argument for placing the Venezuelan people at the center of the conversation, and for elevating the focus on their human rights and humanitarian needs—even, if trade-offs are necessary, at the expense of short-term political objectives. Over time, cooperation on specific humanitarian issues could create space for bridge building among adversarial actors, both within and beyond Venezuela. In the meantime, it will ensure that the obstacles to achieving a transition in Venezuela do not impede efforts to mitigate the human suffering and regional spillover effects of Maduro’s misrule. Of course, the causes of the humanitarian crisis will persist as long as Maduro’s arbitrary regime remains in power.

Finally, realism obliges an admission that magical solutions are just that. Rhetoric aside, time has shown that all options are not in fact on the table. Venezuela can continue down the path of authoritarian consolidation, institutional breakdown, and social and economic chaos, or it can stumble its way to an inevitably messy accommodation among its political actors that could nonetheless pave the way for credible elections and the reconstruction of democratic institutions and economy. The latter option is infinitely better.

This third report of the Inter-American Dialogue’s Venezuela Working Group is based on 18 months of internal deliberations and consultations with key stakeholders, and it builds on prior in-depth reports on the Venezuelan migration crisisII and scenarios for political transition.III The analysis that follows offers a concise assessment of the state of play in Venezuela and a framework for future action.

Acceda al Informe completo en el siguiente enlace :

The-Long-Road-Supporting-Venezuelans-through-an-Uncertain-Future-1.pdf

Ilusiones y decepciones por Antonio A. Herrera-Vaillant – El Universal -12 de Febrero 2020

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En situaciones angustiosas como la actual de Venezuela es característica la tendencia de muchas víctimas a entablar debates banales o superficiales en medio de la frustración por no ver claro un final del camino.

 La desesperación por salir de una realidad deprimente – que junta la degradación de unos con la abusiva desfachatez de otros – crea un sube y baja de emociones donde cada evento o información se vuelve gran esperanza o tremenda desilusión. Se escudriñan y magnifican los más ínfimos detalles y actuaciones de cada persona, institución o país, buscando vislumbrar el fin de la pesadilla, o “culpables” de que continúe.

 Es casi imposible un desenlace con salidas mágicas como esas películas del Far West donde por fin “llega la Caballería”, huyen todos los malos y regresan la paz, libertad y prosperidad; o como en esas fantasías infantiles que terminan con “todo volvió a ser igual y vivieron felices para siempre jamás”.

 Para vencer a la larga es fundamental una visión madura y perspectivas objetivas sobre la magnitud del complejo proceso de recuperación de la democracia – aún, cuando se produzca un quiebre decisivo en la organización delictiva que mantiene a todo un país bajo su férula.

 Contrastando esta barbarie con los peores episodios de la historia venezolana vemos que la arremetida del tirano Aguirre duró cinco meses, el reinado de terror de Boves tomó seis, y el proceso de la Independencia apenas abarcó diez años. La salvaje Guerra Federal no pasó de un lustro, y poco más el período guerrillero de los años 60. Estos vándalos llevan dos décadas sistemáticamente destrozando y degradando al país en todos los frentes.

 Los problemas son de tal envergadura que no se pueden garantizar salidas maravillosas y positivas para todos. Vendrán hitos de júbilo, pero no será corta ni sencilla la recuperación de valores, instituciones y libertades plenas en la sociedad venezolana.

 Resulta esencial afrontar el futuro inmediato sin ilusos infantilismos inmediatistas y asumiendo de lleno el proceso de maduración que quizás sea el único legado positivo de toda esta catástrofe, pues quienes viven de ilusiones mueren de decepciones.

 La dictadura bruta está objetivamente cada vez más acorralada, quebrada, y sin liderazgo efectivo. La clave para ello ha sido la tenaz perseverancia con que el movimiento democrático venezolano ha resistido los embates tiránicos sin rendirse a lo largo de los mismos veinte años – con todos sus errores y aciertos. Si a esa tenacidad unimos la madurez, tendremos la fórmula del éxito para la reconstrucción de Venezuela.

 

Benigno Alarcón: El gobierno va a escalar el conflicto en 2020 por Alejandro Ramírez Morón – El Estimulo – 26 de Diciembre 2019

Venezuela llegó a ser una democracia referencial en todo el continente, pero un día llegó la barbarie. Ahora somos un problema planetario y una amenaza para la región. Juan Guaidó se asomó como esperanza pero los rojos han sabido mover las fichas, y hasta parecen repuntar

La crisis política venezolana es realmente peliaguda. Un complejo enrevesamiento de vectores de todo tipo, que van a dar a una espiral de violencia sin parangón. La diáspora para los pelos de punta, y –según Inés Quintero– nada en nuestra historia se le puede parar al lado. Es decir, un país tradicionalmente dictatorial cruzó el oasis de la IV República como si tal cosa, en un santiamén, y acá estamos de nuevo bajo la garra de un caudillo. La situación venezolana está en constante análisis y Benigno Alarcón es uno de sus estudiosos, desde el quehacer político.

La irrupción de Juan Guaidó en la escena política nacional e internacional fue recibida como una bocanada de aire fresco por una población hastiada de lastres de todo tipo. El racionamiento del agua, la falta de Internet, la inflación galopante, el hampa desbordada, y pare usted de contar. Ese largo rosario de males que llevaron el algún momento a su popularidad al cielo del 60%.

«Hay tres sectores en la población: un primer grupo que busca readaptarse; un segundo grupo que quiere emigrar y un tercer grupo que habla de armarse para la lucha»

Benigno Alarcón es el director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Su perfil es el de un apasionado voraz del análisis político, y en todo momento está trabajando en el asunto, salga sapo o salga rana. En estos momentos, dirige un diplomado sobre transiciones políticas, en el cual tiene a varios profesores de lujo como invitados.

Tres fases

“Venezuela atraviesa por una crisis política, y las mismas tienen tres fases: escalada, desescalada y estancamiento. Nuestra crisis está, en estos momentos, en una fase de estancamiento. Y la gente suele pensar que un estado de estancamiento debe resolverse rápido, pero esto no es así necesariamente”, comienza por limpiar de polvo y paja la confusión que reina en la opinión pública nacional.

Benigno Alarcón

Y pone un par de ejemplos para exorcizar toda duda: el primero de ellos, es el incordio diplomático entre Venezuela y Guyana por el Esequibo. Es un conflicto que tiene muchos años en la fase de estancamiento, y no se sale del mismo porque ninguna de las dos partes se decide a escalarlo. Venezuela dispone de poderío bélico para hacerlo por la vía de la fuerza, pero no lo hace porque ello le traería la enemistad de todos los países del Caribe, y de algunos otros. Entretanto, Guyana se beneficia del status quo, y apuesta por mantener el asunto en la inacción.

Pero también pasa en el conflicto entre Venezuela y Colombia, por el Golfo, de modo inverso. Acá es Venezuela quien se beneficia del status quo, y ninguna de las dos partes se decide a escalar el conflicto por la vía de la fuerza, porque podría resultar peor. “Es verdad que Colombia lo intentó en un momento con el buque Caldas, pero eso no pasó de ahí”, refiere el entrevistado.

De modo que lo primero que hay que decir es que el gobierno paralelo de Juan Guaidó, podría prolongarse por años, lo mismo que las tensiones con Estados Unidos, y, claro, el régimen opresor que nos ocupa.

Nicolás Maduro tratará de montar unas parlamentarias lo suficientemente creíbles como para que la comunidad internacional no chiste

En 2020 habrá desenlaces

Pero no. “El gobierno va a escalar el conflicto el año que viene, a través de las elecciones parlamentarias”, dispara duro el portavoz, si bien aclara que los politólogos no tienen bolas de cristal, ni varitas mágicas. Esa es, en todo caso, su apuesta como analista.

Benigno Alarcón dice que el régimen de Nicolás Maduro tratará de montar unas parlamentarias lo suficientemente creíbles como para que la comunidad internacional no chiste, pero a la vez generando la bruma que impida a los electores de la oposición concurrir a las urnas.

¿Cómo es esto? Bueno, unas elecciones que vayan a fin de año, que den tiempo de que todos los contendores hagan campaña, en todos los medios, etcétera. Pero evitando las presidenciales, por lo cual, muchos adeptos de Juan Guaidó, no votarán porque no se ha producido el “cese de la usurpación”, verbigracia. El célebre mantra.

Pero, ¿qué hará la oposición si esto pasa? “Bueno, como he dicho, hacer predicciones es difícil, pero lo primero que uno ve es que la oposición puede participar o no participar”, adelanta Benigno Alarcón. Visto de otro modo, la jugada de la oposición podría pasar por exigir las presidenciales como requisito sine qua non para ir acudir a unas parlamentarias, en las cuales podría perder la presidencia del Parlamento, y por lo tanto, ver a Guaidó rodar como una piedra.

Benigno Alarcón

Ahora bien, ¿cómo definir el estancamiento en el cual estamos? ¿Cuáles son los rasgos que lo caracterizan? Uno de ellos, dice la fuente, es que el gobierno podría escalar el conflicto con la fuerza, por ejemplo encarcelando a Juan Guaidó, pero no lo hace porque eso podría traerle más problemas que otra cosa. Otro rasgo es que el status quo beneficia a ambos bandos, y por eso ninguno de los dos se decide a escalar el estancamiento.

Lo cierto es que la soga cada vez aprieta más duro el cuello de los venezolanos, y más allá de eso que llaman “calma chicha”, o sea un prolongado estado de indefinición en lo político, Benigno Alarcón estima que en 2020 tendrán que producirse algunos desenlaces, como ya se dijo más arriba. El experto cree que es bastante improbable que Estados Unidos se decida por una incursión militar, ni en el corto, ni en el mediano plazo, si bien no se atreve a cerrar esa rendija del todo en el análisis. “Luego del fracaso de la invasión a Irak, no creo que Estados Unidos use la fuerza militar en Venezuela. Esto le pondría en contra a América Latina y a toda Europa. Hizo falta el ataque a las Torres Gemelas, no obstante, para que Estados Unidos invadiera Irak”, recuerda el portavoz.

“El gobierno va a escalar el conflicto el año que viene, a través de las elecciones parlamentarias”

Como se dijo, Benigno Alarcón es un trabajador incansable y la politología es su gran pasión. Es un hombre de estatura mediana, bien trajeado, piel cetrina y mirada aristocrática, que siempre resulta desmentida por una sencilla calidez, que envuelve cada uno de sus certeros dardos como analista. Un hombre que hace trabajo de hormiga. Por ello, en el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB a veces la orden es soltar los libros e irse a hacer trabajo de campo.

Crece el descontento

“Recién estamos comenzando una segunda fase de los trabajos de campo, pero tenemos resultados que datan de mayo de este año, y allí vemos que la inconformidad está creciendo. Hay tres sectores que identificamos en la población: un primer grupo que busca readaptarse porque entendió que esto no va a cambiar pronto; un segundo grupo que quiere emigrar, y quizás no todos lo hagan, pero al menos tienen el deseo; y un tercer grupo, que habla de armarse para la lucha, es decir, tomar el camino de la lucha armada”.

Sobre la diáspora, dice que seguirá en ascenso. O sea, sus datos coinciden con los del experto Tomás Páez, y –en efecto- pese a las consideraciones de depauperación de los migrantes, la xenofobia, y todo eso, la gente se seguirá yendo del país. No hay burbuja caraqueña que valga.

En torno a ese grupo que dice estar decidido a tomar las armas, pues confirma que si bien hasta ahora solo uno de los bandos ha estado en poder del acero, eso no quiere decir que el otro no pueda comenzar a armarse, y –eventualmente- producirse un escenario de enfrentamiento de guerrillas urbanas, cosa que puede prolongarse en el tiempo y ser incluso más devastador que una invasión yanqui.

Un caso inédito

Dígase lo que se diga, el apoyo en torno a Juan Guaidó por parte de la comunidad internacional ha sido algo realmente inédito, dice Alarcón. “No se había visto antes nada similar, tal vez en el caso del cese del comunismo en Rusia, y algún otro caso en la OTAN”, calibra el politólogo.

Aún así la cosa pinta color de hormiga, y Nicolás Maduro viene escalando en la región, pese a las arremetidas de Guaidó y su tinglado. Alarcón, más allá de todo fatalismo, aclara que ese bloque de 60 países que se aglutinaron alrededor del interinato podría comenzar a ver mellado su filo, con casos como el de Argentina donde el peronismo volvió a la presidencia, o como consecuencia de los focos de caos que se han verificado en Chile y Ecuador, por ejemplo.

Nuestra crisis está, en estos momentos, en una fase de estancamiento

Puertas adentro, las maquinarias de los partidos lucen debilitadas para el especialista de la UCAB, si bien el PSUV dispone de más dinero para desplegar una red clientelar. “En el caso de la oposición el centro de gravedad sigue siendo Guaidó. Y todo el que se ponga en contra, o hable mal de él, corre un riesgo político alto, porque viene a ser algo así como el aguafiestas”.

Es verdad, expone Benigno Alarcón, que quizás el sistema de los CLAP está debilitado, pero la gradería rojita puede seguir ejerciendo influencia en las bases a través de los mecanismos de control como las Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBCh), entre otros.

El politólogo conviene en admitir que la oposición, a lo largo de todos estos años le ha buscado siempre la vuelta a la cosa, y se ha sabido reinventar en cada escenario; la resistencia de la prensa ha sido tenaz, también la de la sociedad civil. Y no ha bastado.

Poder de fuego

Consultamos a Benigno Alarcón sobre su lectura de los sucesos de calle del 30 de abril de este año. Considera que atando cabos se puede entender lo que pasó: había una especie de bruma en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), si bien un bando de militares ofreció apoyo a Juan Guaidó.

Y como había esa bruma, se hizo una apuesta, pero se perdió. Es claro, dice, que el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, tuvo un rol crucial en esa hora, tal como se desprende de su posterior pronunciamiento junto al alto mando militar.

Cree que la FANB se mantiene en sus trece porque en cualquier país la división de la milicia implica fuego, guerra, pugnas con poder de disparar, y si bien puede haber divisiones al interior de los cuarteles, los militares han apostado por mantener la normalidad, y conservar –además- una cantidad ingente de beneficios que les han sido conferidos por el régimen de Maduro.

Como se ve, la situación en Venezuela dista mucho de ser sencilla. La economía no deja de asfixiar, y Caracas figura en los rankings más serios entre las cinco ciudades más peligrosas del orbe. Hay quien dice que se trata del crimen organizado en el poder, como sostiene María Corina Machado o Alejandro Rebolledo. Pero más allá del Informe Bachelet, ese que retrató a un gobierno violador de derechos humanos, allí está Venezuela con una silla en el Consejo de DDHH de la ONU. ¿En esta película ganan los malos? Eso se sabrá en su debido momento, porque como decía el gran Héctor Lavoe, “todo tiene su final”. Es así.

Leonardo Vera: “Ni el estallido político ni el estallido social generaron el cambio” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 29 de Diciembre 2019

Leonardo Vera: “Ni el estallido político ni el estallido social generaron el cambio”

Ayer: control de cambio y control de precios. Hoy: liberalización de todos los controles. Ayer: la Apertura Petrolera era el mascarón de proa de la privatización. Hoy: el negocio petrolero es un asunto de la geopolítica, Rusia —a través de la empresa Rosneft— coloca el crudo venezolano en los mercados internacionales y actúa como un trading para evadir las sanciones del Imperio. Ayer: la pobreza de ingresos era del 46%. Hoy es del 94%. Ayer: el neoliberalismo redujo la acción del Estado a su mínima expresión. Hoy: —después de las expropiaciones y estatizaciones de las más variadas empresas— la caída del producto interno bruto acumulado desde 2013 es del 62%. Ayer: la banca ganaba muchísimo dinero. Hoy: el crédito desapareció hasta nuevo aviso. Pareciera que quienes manejan la economía venezolana tienen en mente la consigna de Eudomar Santos —aquel personaje de Por estas calles—: «como vaya viniendo, vamos viendo». Y así le dan la vuelta a la tortilla a diestra y siniestra.

Le propongo a Leonardo Vera, profesor titular de la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela, Individuo de Número de la Academia de Ciencias Económicas de Venezuela y profesor invitado de FLACSO, que tenga en cuenta la hermenéutica de Eudomar Santos en cada una de sus respuestas. Vera no se muestra entusiasmado. Su silencio, o más bien su mirada, es una contrapropuesta. Por ahí no vamos a ninguna parte. Para quienes piensan que las alarmas que disparó la crisis económica no tuvieron consecuencias, Vera advierte que las protestas de 2014, 2017 y el episodio de la base aérea de La Carlota son las réplicas de la crisis en la política, mientras que el éxodo imparable de venezolanos que recorren hambrientos América Latina es el estallido social de la crisis. Todo esto ha pasado en nuestras propias narices, pero no hemos querido hacer la conexión porque el fantasma del Caracazo sigue muy activo en el inconsciente social.

La economía venezolana ya es más pequeña que la de República Dominicana. Algo que no deja de ser sorprendente. ¿A qué atribuye este resultado? ¿Al crecimiento que han experimentado algunos países centroamericanos o a la debacle que se ha producido en Venezuela?

Al retroceso que hemos vivido nosotros, cuyo inicio podemos ubicar en el año 2013, año en que Nicolás Maduro llega al poder. Para ese año, Venezuela se encontraba sobre endeudada —entre 2011 y 2017, el país destinó un porcentaje muy alto de sus exportaciones para honrar el servicio de la deuda externa, compuesta por los tenedores de bonos (los mercados internacionales), China, empresas que le prestaron a PDVSA y los Gobiernos de varios países, entre otros, Brasil y Rusia—, esa es la herencia que recibe Maduro. ¿Cuál sería el impacto más severo del endeudamiento? El recorte dramático de las importaciones, que se tradujo en un cuadro generalizado de escasez. Las empresas no pueden importar insumos y bienes de capital y el aparato productivo comienza a derrumbarse. La caída acumulada del PIB, desde 2013, se debe a que las empresas producen cada vez menos y a que cada vez hay menos unidades productivas. Maduro se encontró en un dilema: dejo de pagar deuda o recorto importaciones. Decidió lo segundo y, para 2017, recuerdo, Maduro decía que había pagado más de 70.000 millones de dólares, pero ustedes (los mercados) castigan a Venezuela aunque hemos cumplido todos los compromisos. ¿Quiénes pagaron esa deuda? La población venezolana, las empresas, la producción. El recorte de las importaciones nos fue llevando a esta catástrofe productiva.

Allí hay una primera fuente de la crisis, el proceso de endeudamiento y la forma en que se manejó la deuda. 

Añado el declive del ingreso petrolero, el precio del barril que hoy ronda los 60 dólares. Nunca fue un precio malo para Venezuela, ¿verdad? De hecho, tuvimos varias mini bonanzas a ese precio. El otro argumento que se esgrime son las sanciones. Las primeras fueron contra personas, que no afectan el ritmo de la economía. Después vinieron las sanciones financieras que impedían la emisión de deuda, pero hay que decir que los mercados ya no le estaban prestando a Venezuela. Las sanciones comerciales afectan, porque impiden o limitan las exportaciones de petróleo, pero van a cumplir un año, mientras la crisis de Venezuela ya dura seis años.

Aquí es donde comienzan las grandes paradojas de las variables macroeconómicas. ¿Cómo es que vivimos, por ejemplo, una hiperinflación si no hay demanda, si los venezolanos devengan un salario mensual de seis dólares y la producción ha caído dramáticamente?

Hasta 2017, en Venezuela había demanda, pero no había oferta, entre otras cosas, porque las empresas no producían y no había divisas para las importaciones. Tanto la inflación como el tipo de cambio se dispararon en ese ambiente. Ya tenías el caldo de cultivo para la hiperinflación, que destruyó el consumo. Pero la situación se ha invertido. ¿Qué pasa actualmente? Hay importaciones porque se desmontó el control de cambio, gente que está importando con sus propios recursos, porque ni siquiera hay un mercado oficial. La oferta doméstica sigue siendo muy restringida y la demanda responde a un pequeño nicho de la población que ha podido protegerse, pero, en general, el consumo ha caído dramáticamente. Podemos dividir la crisis en dos etapas. La primera, donde no había oferta, ni importada ni nacional, por el control de cambio y la escasez de divisas; y la segunda donde hay cierta oferta porque no hay control de cambio, pero no hay consumo, porque la hiperinflación destruyó el poder de compra de los venezolanos.

Usted dice que la situación se invirtió. Vamos a utilizar una imagen más coloquial. Se le dio vuelta a la tortilla. Eso no ocurre por arte de gracia. Eso lo hizo alguien, ¿no? Es decir, alguien tomó la sartén por el mango y le dio la vuelta. ¿No hubo allí una decisión de política económica?

Sí, tal vez tenga que ver con la introducción que hiciste. El Gobierno es reactivo, no tiene una propuesta contra la crisis. Simplemente reacciona. La crisis se agudiza con las sanciones y ¿cuál ha sido la respuesta del señor Maduro? Liberar el control de precios y decirles a los privados -y a la población en general-: Busquen ustedes las divisas, yo no tengo. Son libres de hacerlo. En ese sentido hay una especie de flexibilidad tanto en el régimen cambiario como en la formación de los precios y esos son dos cambios muy importantes. Hay más oferta, pero no es porque la agricultura esté floreciendo o porque el empresario industrial esté produciendo más que nunca. No. Está trabajando al 20% de su capacidad instalada (según la encuesta de Conindustria). Es que, sencillamente, el empresario venezolano se ha reciclado y hoy, más que nunca, se ha convertido en un importador. No sabemos si esas importaciones de bienes de consumo están pagando aranceles o IVA, lo cierto es que no hay crisis de papel higiénico o champú; hay oferta, pero no hay demanda.

Demos por hecho que la actitud del Gobierno fue: “Busquen los dólares, yo no tengo, la renta petrolera no alcanza”. Pero de alguna parte tienen que salir esos dólares, ¿no? Y esa es la pregunta que mucha gente se hace. ¿De los venezolanos que ahorraron en dólares desde el colapso del bolívar en 1983? ¿De los tenedores de bonos a quienes les pagaron puntualmente hasta 2017? ¿De las empresas que pagan bonificaciones en dólares? ¿De esa tabla de salvación que son las remesas? Por una u otra vía, nadie sabe cuántos dólares entran al país. 

Quizás no podamos precisar el monto de esos flujos, pero sí podemos aproximarnos a una idea de lo que está pasando. ¿De dónde sacan los dólares los empresarios? Durante años, ellos hicieron inventarios de dólares. ¿Qué garantías ha dado el Gobierno? Trae tus dólares, no vas a tener problemas, vas a poder retomar esos dólares para poder importar. No me voy a meter en tu negocio. Esa es la impresión que tiene el empresario local alrededor del manejo de la política que hace el Gobierno con las divisas. Obviamente, es muy distinta a la que tuvimos antes. A un sector de consumidores también le están llegando las divisas. El técnico que arregla la nevera, el mecánico, el plomero cobran en dólares. La dolarización de facto genera una circulación de divisas hacia sectores de la población que, en otras circunstancias, no tenía acceso a los dólares.

La banca era la encargada de hacer esa circulación: captaba el ahorro de los particulares y se los prestaba a los empresarios. Pero la banca no opera con dólares. Aquí lo que está funcionando es un mecanismo informal. ¿Quién hace las transacciones financieras en Venezuela?

La banca está perdiendo cada día más, por eso se está achicando hasta el punto en que el crédito dejó de ser un negocio. Ni las tarjetas de crédito le sirven al ciudadano común, porque los límites no alcanzan sino para comprar dos o tres cosas. Y para las empresas, las líneas de crédito también son insuficientes. En este momento, la economía está operando sin mercado de crédito y eso es gravísimo. A mí no me preocupa tanto la banca, que sin duda la está pasando mal, sino por el papel que debe cumplir el financiamiento en el consumo, en las inversiones, en el capital de trabajo de las empresas. Es decir, en el movimiento de la economía. Mencionaste el tema de las remesas. En Venezuela no hay un sistema de remesas, no lo hay. Aquí no está Wells Fargo o Western Union, no hay oficinas donde tú puedas retirar 100 dólares que te envió un familiar. ¿Qué hace el familiar que vive en el exterior? Le vende los dólares a un venezolano que tiene cuenta en el exterior y esa persona te hace un depósito en bolívares a tu cuenta.

Lo he visto en Santiago, en Bogotá, en locales donde sacan fotocopias y alquilan minutos de Internet, donde cuelgan un aviso que pone: transacciones a Venezuela. El dependiente de ese local hace la conexión entre la persona que quiere enviar los 100 dólares y la persona que hace el depósito en Venezuela. No es un Western Union o Wells Fargo, pero se parece bastante.  

Pero quien recibe aquí no retira dólares sino bolívares y eso marca una gran diferencia. Eso no es remesa. No es por ahí por donde estarían entrando los dólares, sino por dos vías. Una, el contrabando. Dos, el flujo, cada vez más grande, que opera desde Cúcuta, porque ahí sí puedes ir a una oficina de Wells Fargo o Western Union y con tu pasaporte en la mano decir: Hace cinco minutos un familiar que vive en Santiago o en Quito me depositó 100 dólares y vengo a retirarlos. Ahí te entregan el billete de 100 dólares en la mano. Ese es un flujo que opera todos los días. ¿Cuántas personas cruzan a diario la frontera? ¿20.000? ¿25.000? No lo sé, pero ese mecanismo funciona y por ahí están entrando los billetes verdes.

Pudiera ser que el dependiente del local que opera en Bogotá o Santiago tome los dólares de la persona que quiere enviarle dinero a su familia, lo deposite en una cuenta en dólares del extranjero, una cuenta cuyo titular puede ser un comerciante o un empresario, a quien le sobran los bolívares, pero que necesita los dólares para hacer sus importaciones. A su vez, ese empresario, ese comerciante, deposita los bolívares correspondientes en la cuenta de un banco local señalada por la persona que le quiere enviar dinero a su familia. Y como el Gobierno decidió mirar a otro lado, no pasa nada. ¿Esa vuelta puede funcionar?

Admito que esa vuelta secundaria puede funcionar. Pero estrictamente hablando, no tenemos en Venezuela un mecanismo de remesas. Hubiera sido un mecanismo excelente, un mecanismo de alivio, para poblaciones empobrecidas por una catástrofe económica como la venezolana. Ese mecanismo lo hemos visto trabajando en Centroamérica y en África. Es decir, que se permita las remesas para que las familias puedan obtener divisas.

El mecanismo de las remesas funcionó en Cuba, al menos, hasta el Gobierno de Obama. ¿Por qué no se aplicó en Venezuela? A fin de cuentas, como lo dijo Raúl Castro, “cada vez más somos la misma cosa”. 

Recuerda que esto de liberar la economía es una cosa a la que ellos llegan forzados por las sanciones. ¿Sabes lo que debió costarle a Maduro decir que él no veía mal que el dólar esté circulando en Venezuela? Eso, en primer lugar. Lo otro es que aquí no va a venir ninguna compañía internacional tipo Wells Fargo o Western Union a poner un sistema de remesas si tenemos sanciones. No se arriesgan a hacer eso. Entonces, tenemos un ambiente muy malo para hacer negocios de flujos financieros. Habría que esperar a que se levanten las sanciones, sobre todo las de índole financiera, que son las que nos están perjudicando en ese sentido.

El mecanismo informal de funcionamiento —compro dólares y pongo los bolívares correspondientes al tipo de cambio del día en Venezuela— podría funcionar hasta nuevo aviso. ¿Pero hasta qué punto puede funcionar la economía así?

La verdad es que la crisis venezolana estalló hace tiempo. Si una crisis económica no se atiende a tiempo deriva en una crisis social y política. Sobre todo si tiene las secuelas sociales como las ha tenido en Venezuela.

Como no ha habido estallido social ¿podría haber estallido político?

Ya hubo un estallido político. En 2014, y el Gobierno respondió. En 2017 y 2019, y el Gobierno respondió. Por eso hay más de 400 presos políticos, más de 1.000 muertos y toda esa gente perseguida. A la población venezolana, a la más afectada, no le quedó más remedio que salir del país. Esos 4,5 millones de migrantes que podrían llegar a 6 millones si lo que dice ACNUR es verdad, para finales de 2020, es gente que está saliendo desesperada frente a una situación donde la respuesta política no funcionó. El estallido político no generó el cambio y el estallido social tampoco.

Sí la migración venezolana supera a la de Siria, que ya es mucho decir, el estallido social ya ocurrió. Así que mi pregunta era más que obvia. Pero esto no quiere decir que aquí se hizo borrón y cuenta nueva.

O que esto está tallado en piedra.

Lejos de superarse, la crisis sigue. ¿Aquí no va a haber un punto de inflexión?

Sí, es cierto. La crisis se sigue incubando. Esto de los bodegones y de la dolarización es un espejismo. La mayor parte de la población venezolana la está pasando mal, muy mal. Hay malestar y mientras haya malestar siempre habrá inestabilidad, porque hay una fuerza, digamos, la desesperanza que intenta minar el ánimo colectivo que anhela un cambio. La crisis venezolana demuestra que ese ánimo cambia de la noche a la mañana y quien se ve muy desesperanzado hoy mañana es capaz de hacer cualquier cosa, ¿no? Al extraterrestre Guaidó, por ejemplo, yo no me lo esperaba. Lo que ocurre es que analizamos el presente, nos concentramos en la coyuntura, pero nos cuesta mirar más allá.

Todo espejismo se desvanece y la gente regresa a la realidad, a una crisis sigue fuera de control. ¿Qué podríamos ver más adelante?

Venezuela es una sociedad que se está fragmentando y de eso no hemos hablado. Tenemos dos tipos de clase media. Un médico, por ejemplo, cobra su consulta en dólares, y con 2000 dólares, puede vivir en una ciudad como Caracas. Pero otro sector de la clase media se está empobreciendo. Y esa misma fragmentación también se está produciendo entre los pobres. Un albañil cobra en dólares, pero un empleado del sector servicio se está empobreciendo. Es una situación compleja desde el punto de vista sociológico. En medio de esa fragmentación es muy difícil hablar de promedios. Aquí hay una economía en dólares y nadie sabe si esa economía está creciendo. Pudiera ser, ¿pero quién mide ese crecimiento? ¿Cuál es su cuantía? Nadie lo sabe. También hay una economía en bolívares, mucho más grande, que se va a seguir deteriorando, que va a seguir cayendo.

El ex ministro chavista Rafael Ramírez cargó contra el dictador Nicolás Maduro: “Entregó el futuro de la patria a los intereses transnacionales” – Infobae – 22 de Diciembre 2019

El antiguo presidente de PDVSA en tiempos de Hugo Chávez criticó los negocios con China y Rusia. “Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía”, expresó

Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017
Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017

El ex hombre fuerte del chavismo Rafael Ramírez, devenido ahora en opositor, criticó este domingo con dureza al régimen de Nicolás Maduro en una columna de opinión en la que repasó “el año infausto para la patria” vivido por Venezuela en 2019 y aseguró que el chavismo entregó “el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, especialmente chinos y rusos.

“Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía y el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, dijo en un un artículo publicado en su sitio web. “El madurismo está dispuesto a entregar la patria y hacer lo que sea para salvar su propia cabeza”, agregó.

Al hablar de estos intereses transnacionalses, el ex embajador de Venezuela ante la ONU y hombre de confianza del fallecido Hugo Chávez comenzó refiriéndose a la venta realizada el 22 de febrero de 2016 del 23,4% de la participación de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, en la empresa Petromonagas. El comprador fue Rosneft, petrolera estatal rusa, y la operación se hizo “de espaldas al país, al margen de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, nadie discute, nadie sabe el precio, ni las razones de la entrega”, de acuerdo a Ramírez.

El ex presidente de PDVSA también señaló la entrega del gas del Proyecto Mariscal Sucre, ubicado al norte de Carúpano, a empresas rusas que “no pagarán impuestos”.

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Luego, Ramírez también se refirió a la cesión del 9,9% de la participación de PDVSA en la empresa Petrosinovensa, pero esta vez entregada a la compañía china CNPC.

“Cuando las transnacionales obtienen esta alta participación en las empresas mixtas, no solo reciben una mayor tajada del mejor negocio del mundo, sino que ahora están en condiciones legales de tomar el control operacional de las empresas, como efectivamente lo hicieron” explicó.

Mencionó, asimismo, la entrega de CANTV, empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada por Chávez, a otra compañía transnacional china, “una reprivatización simple y pura de sus empresas”.

 

Deterioro económico, político y social

“La hiperinflación de 360.000% solo este año, la mega devaluación desde agosto de 2018, cuando el ya devaluado bolívar se depreció de 60 bolívares soberanos por dólar a 48.000 bolívares soberanos por dólar a la fecha; un salario de hambre, de tan solo 3,125 dólares al mes, el más bajo de todo el hemisferio”, catalogó Ramírez en el mismo artículo, a manera de resumen del “infausto” año vivido por Venezuela.

Lamentó, además, el “colapso” de PDVSA, “con una caída de 2.300.000 barriles día de petroleo en apenas 6 años, sin gas, ni gasolina”.

“Estamos frente a un país donde al trabajador le fueron arrebatadas todas las conquistas laborales, se violentaron todas las Convenciones Colectivas de la administración pública, de los obreros, con la mega devaluación se esfumaron las prestaciones sociales, el gobierno hizo la tarea sucia a la burguesía, se apropiaron de los ahorros de los trabajadores, del esfuerzo de toda su vida, ahora canjeadas por papelitos de monopolio o medio petro”, expresó.

En lo social, Ramírez resaltó una pobreza que alcanza el 83% de la población y el hecho de que siete millones de venezolanos requieran “protección humanitaria según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), 1.9 millones que sufren desnutrición aguda, la mortalidad infantil aumentó a niveles de espanto, que el gobierno no se atreve a publicar”.

“Hasta la fecha 4,7 millones de venezolanos han abandonado el país, con proyección de llegar a los 6 millones según el último informe de migraciones de la ACNUR”, se refirió en relación al llamado éxodo venezolano.

Ramírez se encuentra en Europa desde 2017, cuando entró en conflicto con Maduro y fue removido del cargo de embajador de Venezuela ante la ONU. Desde entonces se ha convertido en una voz crítica del régimen al que pertenecía, y ha sido también vinculado con hechos de corrupción en el caso Andorra, de lavado de activos y pago de sobornos, por el Ministerio Público de su país. El chavismo ha intentado arrestarlo, mientras que el ex ministro ha rechazado los cargos y denunciado una presunta venganza de parte del chavismo.

Sobre la situación política y social en su país, destacó también “la permanente violación de la Constitución y las leyes, la ausencia del Estado de Derecho, de la separación de poderes, sin garantías de ningún tipo”, las cárceles “llenas de presos políticos, trabajadores y militares secuestrados”, las familias separadas, los jóvenes desilusionados y los ancianos y niños abandonados a su suerte, en una larga descripción del deterioro en Venezuela.

“Por ello hay que insistir en denunciar una y otra vez lo que sucede en Venezuela, como se ha traicionado la esperanza de todo un pueblo, donde una nueva burguesía surge y se consolida con maduro y el madurismo, quienes han convertido al país en un negocio a la medida de sus necesidades y aspiraciones”, indicó Ramírez. “Han apuñalado el corazón de la patria, traicionado el legado de Chávez y, más allá de eso, el futuro y bienestar de todos los venezolanos, de sus hijos y los hijos de sus hijos”, concluyó.

Mastermind or scapegoat? Besieged South American leaders blame Venezuela’s Maduro for historic wave of unrest by Anthony Faiola, Rachelle Krygier and Patricia Garip – The Washington Post – 31 de Octubre 2019

A man injured man during a protest against Chile’s government Wednesday in Santiago. (Jorge Silva/Reuters)
A man injured man during a protest against Chile’s government Wednesday in Santiago. (Jorge Silva/Reuters)

As the streets of South America convulse in the region’s worst bout of social unrest in years, a chorus of critics on the political right are decrying what they see as one inescapable link — the nefarious hand of Venezuelan President Nicolás Maduro.

This much is true: Regional leaders who once banded together to try to bring Maduro down are now suffering a pox on their own houses, even as socialist Venezuela’s regional allies are suddenly ascendant. But is Maduro really a Joker-like figure orchestrating increasingly violent protests from his lair in Caracas? Or is he just the perfect scapegoat to explain away the genuine anger now raging in multiple South American nations?

The answer, according to more than a dozen interviews with officials, politicians, analysts and protesters in multiple nations, might be a little of both.

“I think that what’s happening is mainly the product of national circumstances,” said Michael Shifter, president of the Washington-based Inter-American Dialogue. “That doesn’t mean there is no outside agitation. But to put the blame outside is to miss the point that there are fundamental domestic problems that can account for all this unrest.”

Senior officials from Ecuador, Chile, Argentina and elsewhere are nevertheless pointing the finger at Maduro for the outbreak of severe street protests — including the ongoing mayhem in ordinarily stable Chile, where at least 20 people have died in two weeks of clashes with security forces. Chile took the serious step this week of canceling major global summits on trade and climate change scheduled for November and December.

President Trump, in a call this week with Chilean President Sebastián Piñera, denounced unspecified “foreign efforts” to undermine Chilean institutions, democracy and society.

Earlier, Michael Kozak, the State Department’s acting assistant secretary for Western Hemisphere affairs, appeared to blame the Russians, telling the EFE news service that “we have identified on social networks false accounts that emanate from Russia, which are people who pretend to be Chilean, but in reality all the [messaging] they are doing is trying to undermine all Chilean institutions and society.”

Maduro, who has dealt with bouts of serious unrest of his own this year, has vacillated between appearing to claim credit for the multiple uprisings abroad and poking fun at his enemies’ accusations. At one point, he described the regional turmoil as part of a plan hatched at a meeting of Latin America’s far left in Caracas in July — the “Foro de Sao Paulo” hosted by his government.

But he has also joked that “they think I move my mustache and bring governments down. I’m thinking, ‘Which is the next government I want to overthrow?’ ”

Demonstrators run from tear gas fired by police during protests in Santiago on Wednesday. (Rodrigo Abd/AP)
Demonstrators run from tear gas fired by police during protests in Santiago on Wednesday. (Rodrigo Abd/AP)

Maduro, a leftist autocrat who has been declared a usurper and targeted for removal by the Trump administration and its regional allies, can at the very least gaze out across a smoldering region and see a far less dangerous landscape for his future than anyone would have predicted even just a few weeks ago.

Two of his most vocal regional critics — Ecuadoran President Lenín Moreno and Chile’s Piñera — have seen serious threats develop against their own administrations in the form of large-scale street protests this month against price hikes for gas, transit, electricity and other services.

Argentine President Mauricio Macri, who had called for Maduro to step down, lost his reelection bid last week to a left-wing Peronista ticket that included former president Cristina Fernández de Kirchner, a longtime ally of Venezuela’s socialists. Bolivian President Evo Morales, a steadfast Maduro backer, has claimed victory in his country’s elections.

Maduro’s adversaries claim this is no coincidence.

In Chile last week, Piñera said the country was “at war against a powerful enemy” who “was willing to use violence and criminality with no limits even when it means the loss of lives.”

He did not specify who the enemy was, but the message was interpreted as a suggestion that Maduro was behind the violence that has racked the region’s most successful country.

 

Luis Almagro, secretary general of the Organization of American States, flatly accused Caracas of seditious intent.

“The winds of the Bolivarian regime pushed by Madurismo and the Cuban regime bring violence, looting, destruction, and a political aim to directly attack the democratic system and try to force interruptions to constitutional mandates,” he said in a statement last week. “We have seen these attempts documented in Ecuador and Colombia, we see them now in Chile.”

Ecuador’s Moreno has gone the furthest, claiming that Maduro is working with former president Rafael Correa — Moreno’s nemesis — to orchestrate a “coup” in Quito. He has claimed that the pair have sent “200 to 300” operatives disguised as Venezuelan migrants to sow chaos and topple his government.

Prosecutors in Quito are investigating possible Venezuelan links to $740,000 in cash that, according to people familiar with the investigation, was meant to be spent on anti-government activities.

Portraits of Venezuelan President Nicolás Maduro in April inside the Venezuelan Embassy in Washington. (Salwan Georges/The Washington Post)
Portraits of Venezuelan President Nicolás Maduro in April inside the Venezuelan Embassy in Washington. (Salwan Georges/The Washington Post)

Ecuadoran authorities have detained several leftist politicians who attended the Caracas summit. But they have yet to back up many of their allegations with proof. (Ecuadoran officials did not respond to requests for comment.)

In fact, some allegations have proved to be anything but concrete. Interior Minister María Paula Romo, for instance, heralded the Oct. 10 arrest of 17 foreigners, including several Venezuelan nationals, at Quito’s airport during the height of the riots in Ecuador. But all but two were later released by a judge for lack of evidence.

“Some of them were just Venezuelan Uber drivers picking people up at the airport,” said Sebastián Hurtado, president of the Ecuadoran political consultancy Profitas.

“I think the relationship is there, that Correa has asked for Maduro’s support,” he said. “But what kind of support, and how it is working, is a difficult question to answer.”

Amauri Chamorro, a political consultant who has worked with Correa and other left-wing leaders, attended the Caracas summit. He dismissed theories that it had sparked unrest around the continent as “ridiculous.”

“To believe that the forum of Sao Paulo determined, ordered and coordinated, and — most ridiculous of all — financed what has happened [in Chile and Ecuador] is a fantasy,” he said. “First, the forum doesn’t discuss this kind of thing. Second, the Sao Paulo forum doesn’t have the capacity to generate this. And third, this would be to completely ignore what is actually happening in these countries. It would be a grotesque analytical error.”

Guillermo González, president of the Chilean Equality Party, said he was one of 10 to 15 Chileans who attended the summit. They paid for their travel, but the Venezuelan government put them up in a state-owned hotel.

González expressed admiration for Venezuela and condemned regional leaders who have sought to oust Maduro. But he insisted that there were “no Venezuelans” involved in the social movement that has rocked Chile for nearly two weeks.

“What is happening in Chile is happening everywhere,” he said. “The system has collapsed because people aren’t eating, or just pasta and rice. They have no housing, no health care.”

Rodrigo Perez, an 18-year old high school student in Chile, helped organize a turnstile-jumping campaign in mid-October to protest a Metro fare hike that led to the broader unrest still roiling the country.

He described the protests as wholly organic — a response to rising costs of living and harsh inequality in one of Latin America’s richest but most unequal nations.

The burning of Metro stations in October came as a “surprise” to student organizers, he said.

“We have questions about these fires, but social discontent has been growing because public policies have ignored education,” Perez said. “So students are becoming more radicalized. There is great frustration.”

Soldiers guard a park in Quito during mid-October protests. (Fernando Vergara/AP)
Soldiers guard a park in Quito during mid-October protests. (Fernando Vergara/AP)

In Chile, students and unionists involved in the protests say they do not view Venezuela — a failed state run by a cast of characters including alleged narco-traffickers — as any kind of a model to follow.

“Chavismo is not socialism — it is capitalism dressed up as socialism,” said Simon Bousquet, 32, an information-technology specialist and union leader who has participated in the Chilean protests, referring to the Venezuelan brand of socialism named after Hugo Chávez, the late founder of its socialist state.

“Venezuela went from a neoliberal government to a bureaucracy,” he said. “It is not a model to emulate.”

Yet there is little doubt that forces on the left, whether influenced by the Venezuelans and Cubans or not, have sought to seize the momentum of the protest to push their own agendas, including demands for a new constitution in Chile.

“In big protest cycles like this one, many interests come into play,” said Miguel Ángel Martínez Meucci, a political scientist at the Austral University of Chile.

“For some of these actors, the objective is not to obtain social improvements but to subvert the instituted order and propel the surge of another one,” he said, “or even to nourish the radical agendas that would facilitate their path to power.”

 

Garip reported from Santiago. Kimberley Brown in Quito contributed to this report.

Los tres frentes por Benigno Alarcón – Politika UCAB – 21 de Octubre 2019

La situación política está atravesando por una etapa de estancamiento lo que pareciera tener repercusiones en el nivel de incertidumbre respecto a las expectativas de una resolución del conflicto venezolano en el corto plazo. Cuando el conflicto pasa por una etapa de estancamiento, la probabilidad de una solución disminuye significativamente mientras exista un beneficiario del statu quo: el régimen liderado por Nicolás Maduro. En fase de estancamiento solo es posible resolver el conflicto si existe un tercero con poder efectivo para imponer una solución a las partes, lo que hasta ahora no ha sido el caso. Si no fuese así, el statu quo se normalizaría generando un nuevo equilibrio, aunque éste sea precario. La inercia solo se romperá por una nueva escalada del conflicto, que solo puede provenir de quienes estando en la oposición, o excepcionalmente dentro del gobierno, no se benefician del statu quo, en aras de aumentar las probabilidades de lograr avances hacia un cambio político.

En la actual etapa de estancamiento el régimen centra sus energías en tres frentes para mantener el statu quo: (i) represión selectiva contra todo el que pueda o intente romper este equilibrio precario, tal como es el caso de las represiones ejemplarizantes contra lideres políticos o sociales; (ii) el posicionamiento de una nueva “oposición” con la cual si se negocia y  avanza en acuerdos, en un intento por posicionarla y visibilizarla como una con la que si hay resultados; y (iii) un tercer frente en la Asamblea Nacional, que también servirá de vitrina a esta nueva “oposición” acompañada de la reincorporación de los diputados del PSUV y sobre la cual se ejercerá presión para desplazar a Guaidó de la presidencia, mientras se negocia su distribución mediante la elección legislativa del próximo año, en una estrategia conjunta que busca mejorar las condiciones electorales mientras empeoran las políticas que generarían la abstención de la oposición mayoritaria, a los fines de legitimar en potencial triunfo del partido de gobierno.

A la oposición le toca diseñar y ejecutar una estrategia eficiente que atienda a estos tres frentes, lo que debería incluir (i) en lo externo, coordinar estrechamente con la comunidad internacional para tener capacidad de responder a cada acto represivo de manera inmediata e inequívoca; (ii) mientras en lo interno se moviliza para demostrar que se sigue siendo mayoría y que no hay represión sin costos importantes, no dejándole la tarea de la presión a la comunidad internacional únicamente; y (iii) al tiempo que debe garantizarse la presencia de los diputados de la oposición en la Asamblea Nacional para dar el debido debate tanto a los diputados del PSUV como a esta nueva alianza de partidos minoritarios y se impide el uso del parlamento como vitrina para una derrota política de la oposición, que sirva de antesala a una electoral. En tal sentido los parlamentarios que acompañan a Guaidó deben demostrar que son mayoría y están cohesionados. Si la oposición no toma la iniciativa para liderar una nueva escalada del conflicto que rompa el actual equilibrio, una transición democrática se hace inconvenientemente  dependiente de las decisiones foráneas, tal como es el caso hoy.

A fin de generar un cambio en el statu quo, situación que favorece al gobierno en medio de este período de estancamiento, la oposición debe escalar el conflicto y considerar tanto aquellas estrategias que elevan los costos de la represión como las que permiten reducir los costos de tolerancia a un cambio político, las cuales no son excluyentes como algunos alegan, sino complementarias. En este sentido, la negociación es posible solo cuando la combinación de ambas estrategias permita la construcción de las condiciones que hacen oportuno el momento para ello.

La celebración de elecciones presidenciales y/o parlamentarias pueden ser, si se maneja adecuadamente,  una oportunidad sin igual para generar una escalda del conflicto, bien porque la oposición decide participar en ella o su deslegitimación, como hizo con la pasada elección presidencial, en el caso de que se pretendan realizar sin condiciones suficientes para garantizar que sean mínimamente competitivas. Hay que trabajar con base en que las parlamentarias tendrán que celebrarse eventualmente como mandato de la Constitución y porque Maduro las considera una salida política para su relegitimación si logra ganarlas, lo cual es posible gracias a la probabilidad de que se produzca una alta abstención por lo complejo de reforzar en el electorado el mensaje central que motivó a la población a salir a votar en las elecciones legislativas de 2015.

En este sentido, la presión de la oposición y de la comunidad internacional debe centrarse en la exigencia de elecciones libres y competitivas que incluyan la presidencial, partiendo del marco de la propuesta de los representantes de la oposición en la mediación facilitada en Barbados por el Reino de Noruega, lo que sería cónsono con los objetivos perseguidos tanto por la oposición democrática como por los aliados internacionales desde el desconocimiento de las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018.

Cualquiera de estas alternativas, participar o deslegitimar, demanda planificación realista y detallada y una ejecución eficiente de la estrategia para no convertir cualquiera de estas dos alternativas en un fracaso mortal para la oposición democrática. La decisión de la ruta estratégica debe considerar las condiciones de competitividad de tales elecciones, la disposición de recursos técnicos y humanos para competir y el tiempo disponible para lograr un nivel aceptable de organización y movilización, así como la estrategia comunicacional de cara a la misma, que podría implicar el reto de cambiar el orden de la ruta que Guaidó ha posicionado (cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres), lo cual es posible si se asume el mensaje con convicción y honestidad.

Preservar la unidad del G4 y el liderazgo de Guaidó resulta fundamental para ejecutar cualquiera de las alternativas estratégicas planteadas, así como para crear sinergias de las fortalezas con que cuenta hoy el sector democrático, un liderazgo unificador y con legitimidad, una coalición mayoritaria que domina la Asamblea Nacional como único órgano legítimo reconocido y la alianza de países democráticos que reconocen a Guaidó mientras ejercen presión para lograr una salida democrática. Para ello, es necesario reposicionar el rol de la AN, en cuyo seno se dará buena parte del debate político a partir de la negociación entre el gobierno y los partidos minoritarios y la reincorporación de los diputados del PSUV. Para lo cual es importante tomar la máxima ventaja del liderazgo de Guaidó en la AN, así como hacer uso apropiado del Reglamento Interior y de Debates de la Asamblea Nacional (RIDAN) y la Constitución. Asimismo, es necesario trabajar con todos los partidos políticos democráticos, adicionales a los que conforman el G4, tal como es el caso de partidos como el de María Corina Machado y el nuevo partido de Delsa Solorzano, además de los que siempre han sido aliados incondicionales del sector democrático como la Causa R, entre otros.

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