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Colombia enfrenta sola la mayor crisis de refugiados de la región; es hora de ayudarlos por Jorge Castañeda – El Nacional – 12 de Marzo 2020

La crisis de refugiados de Venezuela es la peor que se ha experimentado en América Latina. En los últimos 15 años, más de 5 millones de venezolanos, una cifra que equivale al 16% de la población, han abandonado su país. Para fines de este año, 6 millones de venezolanos habrán salido de Venezuela. Solo la guerra civil de El Salvador, un país mucho más pequeño, desplazó durante la década de 1980 a una proporción similar de ciudadanos.

A pesar de que la diáspora es vasta y se extiende desde España hasta Chile, Colombia ha asumido una parte desproporcionada de la pesada carga por la afluencia de personas. Siendo uno de los tres vecinos continentales de Venezuela, ha acogido a la mayor cohorte de los refugiados que huyen de la dictadura de Nicolás Maduro. En comparación, Estados Unidos solo aceptará a 18.000 refugiados de todo el mundo este año fiscal.

Colombia comenzó a brindarles protección a los refugiados durante el gobierno anterior, liderado por Juan Manuel Santos, quien ganó el Premio Nobel de la Paz por alcanzar un acuerdo de paz con los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La política de fronteras abiertas del país y de proporcionar atención médica y protección a los venezolanos continuó bajo su sucesor, Iván Duque, un tecnócrata de centroderecha, quien, a primera vista, no sería un candidato obvio para expresar tal solidaridad con los venezolanos pobres, especialmente porque ahora muchos de sus compatriotas se muestran menos empáticos con su difícil situación.

Los refugiados que cruzan la frontera hacia Cúcuta son, en su mayoría, indigentes: hombres, mujeres y niños que no solo huyen de la represión y las violaciones de los derechos humanos cometidas por Maduro, sino, más significativamente, del hambre, las enfermedades y la falta de bienes básicos como medicinas. Están huyendo de una crisis que se ha prolongado durante años sin un final a la vista.

Los exiliados venezolanos en España, México y Doral, un suburbio de Miami, son principalmente profesionales de clase media. Pero los que llegan a Colombia son en su mayoría pobres. Tanto los más de 1,6 millones de refugiados en Colombia —un país de 50 millones de habitantes— como los 3.000 que ingresan a diario necesitan mucho apoyo: documentos para trabajar, escuelas para sus hijos y atención médica. En los últimos años han nacido en Colombia más de 24.000 niños de padres venezolanos. El país les ha ofrecido la ciudadanía.

Duque no está pasando por un momento fácil como presidente. Al igual que Chile y Ecuador, Colombia se ha visto sacudida por protestas a causa de las tarifas del transporte, los aumentos del precio de la gasolina, la desigualdad, las deficiencias educativas y un sistema fiscal injusto. El sindicato de docentes exige salarios más altos. Miles han salido a las calles de Bogotá en apoyo de los acuerdos de paz que no entusiasman mucho a Duque. Las investigaciones sobre mala conducta militar durante la lucha interna de los últimos 20 años revelan delitos trágicos y vergonzosos.

Entonces, ¿por qué un presidente conservador, asediado por las protestas, se comporta de una manera tan improbable con los refugiados?

En primer lugar, detener el flujo de personas de Venezuela a través de la frontera porosa es casi imposible sin tomar medidas duras y costosas.

En segundo lugar, antes de la era de Maduro, eran los colombianos quienes solían cruzar la frontera hacia Venezuela. En las décadas de 1970 y 1980, el auge petrolero venezolano atrajo a unos 2 millones de inmigrantes colombianos, la mayoría de los cuales huían de la violencia de la guerra contra las FARC. Incluso hoy, después de los acuerdos de paz de 2016, Colombia tiene más personas desplazadas dentro de su territorio que cualquier otro país del mundo, excepto Siria. Muchos colombianos recuerdan esa historia, lo que hace que estén más dispuestos a recibir refugiados.

Finalmente, también influye la profunda aversión de Duque por la dictadura de Maduro. Al igual que su mentor —según algunos su patrón—, el ex presidente Álvaro Uribe, Duque ha estado en la vanguardia de múltiples intentos para destituir a Maduro o convocar a nuevas elecciones en Venezuela. Difícilmente podría rechazar o maltratar a las víctimas de un régimen que se ha propuesto derribar.

Esta actitud contrasta con la de otras naciones sudamericanas. Como dijo José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch para América Latina: “El ejemplo que sigue dando Colombia con su generosa acogida a los migrantes venezolanos es admirable. Ojalá que Chile, Argentina, México, Perú, Brasil, Ecuador y Estados Unidos replicaran, aunque fuera parcialmente, esta política humanitaria”. Lamentablemente, eso no ha sucedido.

Chile ha comenzado a exigirles visas y pasaportes a los refugiados venezolanos; la mayoría carece de ambos documentos. Ecuador, un importante país de paso, ahora también les solicita una visa para entrar. Perú, con 860.000 migrantes venezolanos, sigue siendo relativamente hospitalario, pero también ha empezado a establecer restricciones. México los acosa en aeropuertos y cruces fronterizos terrestres.

Colombia está prácticamente sola en este asunto. El financiamiento internacional para la crisis venezolana es escaso; la comunidad internacional ha gastado menos de 1.000 millones de dólares en los últimos 7 años. Según un estudio de The Brookings Institution, esto se traduce en 125 dólares por cada refugiado venezolano. En contraste, el mundo ha dedicado aproximadamente 1.500 dólares por cada refugiado sirio.

Washington debería proporcionar mucha más ayuda de la que da, pero también deberían hacerlo otras naciones ricas. La crisis en la región no es tan diferente en tamaño, impacto y tragedia a la de Siria. Es la mayor crisis humanitaria de América Latina en años, y el país más afectado por ella merece apoyo y ayuda.

Crisis refugiados de Venezuela – ONU – Diciembre 2019

Leonardo Vera: “Ni el estallido político ni el estallido social generaron el cambio” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 29 de Diciembre 2019

Leonardo Vera: “Ni el estallido político ni el estallido social generaron el cambio”

Ayer: control de cambio y control de precios. Hoy: liberalización de todos los controles. Ayer: la Apertura Petrolera era el mascarón de proa de la privatización. Hoy: el negocio petrolero es un asunto de la geopolítica, Rusia —a través de la empresa Rosneft— coloca el crudo venezolano en los mercados internacionales y actúa como un trading para evadir las sanciones del Imperio. Ayer: la pobreza de ingresos era del 46%. Hoy es del 94%. Ayer: el neoliberalismo redujo la acción del Estado a su mínima expresión. Hoy: —después de las expropiaciones y estatizaciones de las más variadas empresas— la caída del producto interno bruto acumulado desde 2013 es del 62%. Ayer: la banca ganaba muchísimo dinero. Hoy: el crédito desapareció hasta nuevo aviso. Pareciera que quienes manejan la economía venezolana tienen en mente la consigna de Eudomar Santos —aquel personaje de Por estas calles—: «como vaya viniendo, vamos viendo». Y así le dan la vuelta a la tortilla a diestra y siniestra.

Le propongo a Leonardo Vera, profesor titular de la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela, Individuo de Número de la Academia de Ciencias Económicas de Venezuela y profesor invitado de FLACSO, que tenga en cuenta la hermenéutica de Eudomar Santos en cada una de sus respuestas. Vera no se muestra entusiasmado. Su silencio, o más bien su mirada, es una contrapropuesta. Por ahí no vamos a ninguna parte. Para quienes piensan que las alarmas que disparó la crisis económica no tuvieron consecuencias, Vera advierte que las protestas de 2014, 2017 y el episodio de la base aérea de La Carlota son las réplicas de la crisis en la política, mientras que el éxodo imparable de venezolanos que recorren hambrientos América Latina es el estallido social de la crisis. Todo esto ha pasado en nuestras propias narices, pero no hemos querido hacer la conexión porque el fantasma del Caracazo sigue muy activo en el inconsciente social.

La economía venezolana ya es más pequeña que la de República Dominicana. Algo que no deja de ser sorprendente. ¿A qué atribuye este resultado? ¿Al crecimiento que han experimentado algunos países centroamericanos o a la debacle que se ha producido en Venezuela?

Al retroceso que hemos vivido nosotros, cuyo inicio podemos ubicar en el año 2013, año en que Nicolás Maduro llega al poder. Para ese año, Venezuela se encontraba sobre endeudada —entre 2011 y 2017, el país destinó un porcentaje muy alto de sus exportaciones para honrar el servicio de la deuda externa, compuesta por los tenedores de bonos (los mercados internacionales), China, empresas que le prestaron a PDVSA y los Gobiernos de varios países, entre otros, Brasil y Rusia—, esa es la herencia que recibe Maduro. ¿Cuál sería el impacto más severo del endeudamiento? El recorte dramático de las importaciones, que se tradujo en un cuadro generalizado de escasez. Las empresas no pueden importar insumos y bienes de capital y el aparato productivo comienza a derrumbarse. La caída acumulada del PIB, desde 2013, se debe a que las empresas producen cada vez menos y a que cada vez hay menos unidades productivas. Maduro se encontró en un dilema: dejo de pagar deuda o recorto importaciones. Decidió lo segundo y, para 2017, recuerdo, Maduro decía que había pagado más de 70.000 millones de dólares, pero ustedes (los mercados) castigan a Venezuela aunque hemos cumplido todos los compromisos. ¿Quiénes pagaron esa deuda? La población venezolana, las empresas, la producción. El recorte de las importaciones nos fue llevando a esta catástrofe productiva.

Allí hay una primera fuente de la crisis, el proceso de endeudamiento y la forma en que se manejó la deuda. 

Añado el declive del ingreso petrolero, el precio del barril que hoy ronda los 60 dólares. Nunca fue un precio malo para Venezuela, ¿verdad? De hecho, tuvimos varias mini bonanzas a ese precio. El otro argumento que se esgrime son las sanciones. Las primeras fueron contra personas, que no afectan el ritmo de la economía. Después vinieron las sanciones financieras que impedían la emisión de deuda, pero hay que decir que los mercados ya no le estaban prestando a Venezuela. Las sanciones comerciales afectan, porque impiden o limitan las exportaciones de petróleo, pero van a cumplir un año, mientras la crisis de Venezuela ya dura seis años.

Aquí es donde comienzan las grandes paradojas de las variables macroeconómicas. ¿Cómo es que vivimos, por ejemplo, una hiperinflación si no hay demanda, si los venezolanos devengan un salario mensual de seis dólares y la producción ha caído dramáticamente?

Hasta 2017, en Venezuela había demanda, pero no había oferta, entre otras cosas, porque las empresas no producían y no había divisas para las importaciones. Tanto la inflación como el tipo de cambio se dispararon en ese ambiente. Ya tenías el caldo de cultivo para la hiperinflación, que destruyó el consumo. Pero la situación se ha invertido. ¿Qué pasa actualmente? Hay importaciones porque se desmontó el control de cambio, gente que está importando con sus propios recursos, porque ni siquiera hay un mercado oficial. La oferta doméstica sigue siendo muy restringida y la demanda responde a un pequeño nicho de la población que ha podido protegerse, pero, en general, el consumo ha caído dramáticamente. Podemos dividir la crisis en dos etapas. La primera, donde no había oferta, ni importada ni nacional, por el control de cambio y la escasez de divisas; y la segunda donde hay cierta oferta porque no hay control de cambio, pero no hay consumo, porque la hiperinflación destruyó el poder de compra de los venezolanos.

Usted dice que la situación se invirtió. Vamos a utilizar una imagen más coloquial. Se le dio vuelta a la tortilla. Eso no ocurre por arte de gracia. Eso lo hizo alguien, ¿no? Es decir, alguien tomó la sartén por el mango y le dio la vuelta. ¿No hubo allí una decisión de política económica?

Sí, tal vez tenga que ver con la introducción que hiciste. El Gobierno es reactivo, no tiene una propuesta contra la crisis. Simplemente reacciona. La crisis se agudiza con las sanciones y ¿cuál ha sido la respuesta del señor Maduro? Liberar el control de precios y decirles a los privados -y a la población en general-: Busquen ustedes las divisas, yo no tengo. Son libres de hacerlo. En ese sentido hay una especie de flexibilidad tanto en el régimen cambiario como en la formación de los precios y esos son dos cambios muy importantes. Hay más oferta, pero no es porque la agricultura esté floreciendo o porque el empresario industrial esté produciendo más que nunca. No. Está trabajando al 20% de su capacidad instalada (según la encuesta de Conindustria). Es que, sencillamente, el empresario venezolano se ha reciclado y hoy, más que nunca, se ha convertido en un importador. No sabemos si esas importaciones de bienes de consumo están pagando aranceles o IVA, lo cierto es que no hay crisis de papel higiénico o champú; hay oferta, pero no hay demanda.

Demos por hecho que la actitud del Gobierno fue: “Busquen los dólares, yo no tengo, la renta petrolera no alcanza”. Pero de alguna parte tienen que salir esos dólares, ¿no? Y esa es la pregunta que mucha gente se hace. ¿De los venezolanos que ahorraron en dólares desde el colapso del bolívar en 1983? ¿De los tenedores de bonos a quienes les pagaron puntualmente hasta 2017? ¿De las empresas que pagan bonificaciones en dólares? ¿De esa tabla de salvación que son las remesas? Por una u otra vía, nadie sabe cuántos dólares entran al país. 

Quizás no podamos precisar el monto de esos flujos, pero sí podemos aproximarnos a una idea de lo que está pasando. ¿De dónde sacan los dólares los empresarios? Durante años, ellos hicieron inventarios de dólares. ¿Qué garantías ha dado el Gobierno? Trae tus dólares, no vas a tener problemas, vas a poder retomar esos dólares para poder importar. No me voy a meter en tu negocio. Esa es la impresión que tiene el empresario local alrededor del manejo de la política que hace el Gobierno con las divisas. Obviamente, es muy distinta a la que tuvimos antes. A un sector de consumidores también le están llegando las divisas. El técnico que arregla la nevera, el mecánico, el plomero cobran en dólares. La dolarización de facto genera una circulación de divisas hacia sectores de la población que, en otras circunstancias, no tenía acceso a los dólares.

La banca era la encargada de hacer esa circulación: captaba el ahorro de los particulares y se los prestaba a los empresarios. Pero la banca no opera con dólares. Aquí lo que está funcionando es un mecanismo informal. ¿Quién hace las transacciones financieras en Venezuela?

La banca está perdiendo cada día más, por eso se está achicando hasta el punto en que el crédito dejó de ser un negocio. Ni las tarjetas de crédito le sirven al ciudadano común, porque los límites no alcanzan sino para comprar dos o tres cosas. Y para las empresas, las líneas de crédito también son insuficientes. En este momento, la economía está operando sin mercado de crédito y eso es gravísimo. A mí no me preocupa tanto la banca, que sin duda la está pasando mal, sino por el papel que debe cumplir el financiamiento en el consumo, en las inversiones, en el capital de trabajo de las empresas. Es decir, en el movimiento de la economía. Mencionaste el tema de las remesas. En Venezuela no hay un sistema de remesas, no lo hay. Aquí no está Wells Fargo o Western Union, no hay oficinas donde tú puedas retirar 100 dólares que te envió un familiar. ¿Qué hace el familiar que vive en el exterior? Le vende los dólares a un venezolano que tiene cuenta en el exterior y esa persona te hace un depósito en bolívares a tu cuenta.

Lo he visto en Santiago, en Bogotá, en locales donde sacan fotocopias y alquilan minutos de Internet, donde cuelgan un aviso que pone: transacciones a Venezuela. El dependiente de ese local hace la conexión entre la persona que quiere enviar los 100 dólares y la persona que hace el depósito en Venezuela. No es un Western Union o Wells Fargo, pero se parece bastante.  

Pero quien recibe aquí no retira dólares sino bolívares y eso marca una gran diferencia. Eso no es remesa. No es por ahí por donde estarían entrando los dólares, sino por dos vías. Una, el contrabando. Dos, el flujo, cada vez más grande, que opera desde Cúcuta, porque ahí sí puedes ir a una oficina de Wells Fargo o Western Union y con tu pasaporte en la mano decir: Hace cinco minutos un familiar que vive en Santiago o en Quito me depositó 100 dólares y vengo a retirarlos. Ahí te entregan el billete de 100 dólares en la mano. Ese es un flujo que opera todos los días. ¿Cuántas personas cruzan a diario la frontera? ¿20.000? ¿25.000? No lo sé, pero ese mecanismo funciona y por ahí están entrando los billetes verdes.

Pudiera ser que el dependiente del local que opera en Bogotá o Santiago tome los dólares de la persona que quiere enviarle dinero a su familia, lo deposite en una cuenta en dólares del extranjero, una cuenta cuyo titular puede ser un comerciante o un empresario, a quien le sobran los bolívares, pero que necesita los dólares para hacer sus importaciones. A su vez, ese empresario, ese comerciante, deposita los bolívares correspondientes en la cuenta de un banco local señalada por la persona que le quiere enviar dinero a su familia. Y como el Gobierno decidió mirar a otro lado, no pasa nada. ¿Esa vuelta puede funcionar?

Admito que esa vuelta secundaria puede funcionar. Pero estrictamente hablando, no tenemos en Venezuela un mecanismo de remesas. Hubiera sido un mecanismo excelente, un mecanismo de alivio, para poblaciones empobrecidas por una catástrofe económica como la venezolana. Ese mecanismo lo hemos visto trabajando en Centroamérica y en África. Es decir, que se permita las remesas para que las familias puedan obtener divisas.

El mecanismo de las remesas funcionó en Cuba, al menos, hasta el Gobierno de Obama. ¿Por qué no se aplicó en Venezuela? A fin de cuentas, como lo dijo Raúl Castro, “cada vez más somos la misma cosa”. 

Recuerda que esto de liberar la economía es una cosa a la que ellos llegan forzados por las sanciones. ¿Sabes lo que debió costarle a Maduro decir que él no veía mal que el dólar esté circulando en Venezuela? Eso, en primer lugar. Lo otro es que aquí no va a venir ninguna compañía internacional tipo Wells Fargo o Western Union a poner un sistema de remesas si tenemos sanciones. No se arriesgan a hacer eso. Entonces, tenemos un ambiente muy malo para hacer negocios de flujos financieros. Habría que esperar a que se levanten las sanciones, sobre todo las de índole financiera, que son las que nos están perjudicando en ese sentido.

El mecanismo informal de funcionamiento —compro dólares y pongo los bolívares correspondientes al tipo de cambio del día en Venezuela— podría funcionar hasta nuevo aviso. ¿Pero hasta qué punto puede funcionar la economía así?

La verdad es que la crisis venezolana estalló hace tiempo. Si una crisis económica no se atiende a tiempo deriva en una crisis social y política. Sobre todo si tiene las secuelas sociales como las ha tenido en Venezuela.

Como no ha habido estallido social ¿podría haber estallido político?

Ya hubo un estallido político. En 2014, y el Gobierno respondió. En 2017 y 2019, y el Gobierno respondió. Por eso hay más de 400 presos políticos, más de 1.000 muertos y toda esa gente perseguida. A la población venezolana, a la más afectada, no le quedó más remedio que salir del país. Esos 4,5 millones de migrantes que podrían llegar a 6 millones si lo que dice ACNUR es verdad, para finales de 2020, es gente que está saliendo desesperada frente a una situación donde la respuesta política no funcionó. El estallido político no generó el cambio y el estallido social tampoco.

Sí la migración venezolana supera a la de Siria, que ya es mucho decir, el estallido social ya ocurrió. Así que mi pregunta era más que obvia. Pero esto no quiere decir que aquí se hizo borrón y cuenta nueva.

O que esto está tallado en piedra.

Lejos de superarse, la crisis sigue. ¿Aquí no va a haber un punto de inflexión?

Sí, es cierto. La crisis se sigue incubando. Esto de los bodegones y de la dolarización es un espejismo. La mayor parte de la población venezolana la está pasando mal, muy mal. Hay malestar y mientras haya malestar siempre habrá inestabilidad, porque hay una fuerza, digamos, la desesperanza que intenta minar el ánimo colectivo que anhela un cambio. La crisis venezolana demuestra que ese ánimo cambia de la noche a la mañana y quien se ve muy desesperanzado hoy mañana es capaz de hacer cualquier cosa, ¿no? Al extraterrestre Guaidó, por ejemplo, yo no me lo esperaba. Lo que ocurre es que analizamos el presente, nos concentramos en la coyuntura, pero nos cuesta mirar más allá.

Todo espejismo se desvanece y la gente regresa a la realidad, a una crisis sigue fuera de control. ¿Qué podríamos ver más adelante?

Venezuela es una sociedad que se está fragmentando y de eso no hemos hablado. Tenemos dos tipos de clase media. Un médico, por ejemplo, cobra su consulta en dólares, y con 2000 dólares, puede vivir en una ciudad como Caracas. Pero otro sector de la clase media se está empobreciendo. Y esa misma fragmentación también se está produciendo entre los pobres. Un albañil cobra en dólares, pero un empleado del sector servicio se está empobreciendo. Es una situación compleja desde el punto de vista sociológico. En medio de esa fragmentación es muy difícil hablar de promedios. Aquí hay una economía en dólares y nadie sabe si esa economía está creciendo. Pudiera ser, ¿pero quién mide ese crecimiento? ¿Cuál es su cuantía? Nadie lo sabe. También hay una economía en bolívares, mucho más grande, que se va a seguir deteriorando, que va a seguir cayendo.

Crisis migratoria no para: Colombia registra 1,6 millones de venezolanos por Sabrina Martín – PanamPost – 26 de Diciembre 2019

Los venezolanos continúan abandonando su país al no encontrarse en el 2019 solución a la usurpación de Maduro en el poder.

Según Migración Colombia, 719.189 están de forma regular en el país y 911.714 son irregulares. (EFE)

Mientras la crisis económica, política y social se profundiza en Venezuela, la estampida migratoria no para, a tal punto que ya en Colombia la cifra actualizada es de 1,6 millones de venezolanos en ese país.

A pocos días de que se termine el año 2019, Migración Colombia publicó un informe en el que hasta el 31 de octubre la cantidad de venezolanos habría aumentado. Según el organismo, 719 189 están de forma regular en el país y 911 714 son irregulares.

Publimetro Colombia

@PublimetroCol

La cifra de los migrantes venezolanos que vive en el país
Muchos creen que podrían ser máshttps://www.publimetro.co/co/noticias/2019/12/25/la-cifra-los-migrantes-venezolanos-vive-pais.html 

La cifra de los migrantes venezolanos que vive en el país

Muchos creen que podrían ser más.

Para presentar la cifra, Migración Colombia cruzó los registros administrativos del Sistema de Información de Registro de Extranjeros (SIRE), del Permiso Especial de Permanencia (PEP), las entradas migratorias y el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos (RAMV).

Por su parte, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) también señaló que más de 4,5 millones de venezolanos han huido de la devastadora crisis de su país.

“Mientras no haya una solución política interna estable en Venezuela, la gente que se siente en situaciones de carencias extremas va a seguir saliendo a razón de entre 4 000 y 5 000 diarios. Nosotros tenemos que prepararnos como región para un fenómeno de migración forzada que presiona las estructuras públicas de atención en salud, en educación y sobre todo la capacidad de oferta de trabajo”, señaló Eduardo Stein, representante especial para Venezuela de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Acnur.

Puntualizó que “si los flujos (de migrantes venezolanos) siguen como van, podríamos llegar a finales de 2020 a cerca de 6,4 millones de personas. O sea, sí superaría las cifras del fenómeno sirio. Con dos diferencias importantes. La gente está saliendo de un país que no está en guerra y de un país que tiene las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo”, sentenció.

Si se profundiza la crisis en Venezuela y Nicolás Maduro se mantiene en el poder, lo más probable es que la cifra de emigrantes se multiplique y con ello también lo haga la cantidad de niños abandonados en el país.

David Smolansky, coordinador en la Organización de Estados Americanos (OEA) para la crisis de refugiados venezolanos, señaló que según las proyecciones, el 2019 cerrará con cinco millones de refugiados venezolanos y que para finales del año próximo la cifra podría aumentar a unos ocho millones.

“La migración forzada venezolana es la más grande de la región y la segunda del mundo, solo superada por la de Siria (…) pero después de estar en Bruselas entendí que para nosotros la salida de Maduro es elemental, pero no significa que para el resto del mundo lo sea”, aseveró.

Las declaraciones de Smolansky coinciden con las de Eduardo Stein, representante especial conjunto de la Agencia de la ONU para Refugiados (Acnur), quien señaló que a medida que se profundiza la grave crisis económica, política y social en Venezuela, también aumenta el flujo de migrantes.

Crisis venezolana se invisibiliza

En una entrevista para la agencia de noticias Deutsche Welle, Olga Sarrado, portavoz de Acnur mostró preocupación porque el éxodo venezolano se profundiza y pareciera que la solución para el país se aleja cada vez más.

Sarrado reveló que se trata del «desplazamiento interno más grande de la historia reciente de América Latina», el cual podría superar en 2020 los 6,5 millones de refugiados venezolanos en el mundo.

Hasta ahora solo se ha logrado recaudar el 30 % de todo el dinero que se necesita para cubrir las necesidades de los más de cuatro millones de venezolanos que han huido de la dictadura liderada por Nicolás Maduro.

«Hay cerca de 3 000 a 5 000 venezolanos que continúan saliendo cada día de su país, y cada vez en una situación de mayor vulnerabilidad, con más necesidades de acceso a la salud, a los alimentos y a la educación, y con altos niveles de trauma y estrés por la inseguridad y la violencia que están dejando atrás», señaló.

«Lo que nos preocupa es que, a pesar de la magnitud que tiene, se está invisibilizando. Los países en la región han mostrado una gran generosidad al abrir sus puertas, y hay una voluntad política para acoger a los venezolanos, a fin de que tengan sus derechos básicos cubiertos, pero se necesita más apoyo de la comunidad internacional, no solo para los venezolanos, sino también para los países que los están recibiendo, para que puedan mantener esa solidaridad», señaló.

En la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela Acnur especifica que para cubrir los requerimientos básicos de los refugiados se necesitan 737 611 378 de dólares, y que hasta el momento solo se ha cubierto el 30 %.

En Colombia hay más de 1.600.000 migrantes venezolanos – La Patilla – 12 de Diciembre 2019

Número de migrantes venezolanos en Colombia sigue en aumento/ Foto Schneyder MENDOZA / AFP)

En el marco del gabinete binacional de Colombia y Ecuador, se conoció por parte de Migración Colombia que ya hay alrededor de 1.630.000 ciudadanos venezolanos residiendo en el territorio nacional, publica BLU Radio.

Christian Krüger, director saliente de Migración Colombia, dijo el pasado 23 de octubre, día en que se conoció la última medición, que había 1.500.000 venezolanos que se encontraban en territorio colombiano hasta el 31 de agosto.

No obstante, el nuevo corte es de finales de octubre, por lo que la cifra puede ser mayor teniendo en cuenta que, según Migración Colombia, diariamente se quedan en promedio 2.000 venezolanos en territorio colombiano.

“Esto evidencia que la gran mayoría de los ciudadanos venezolanos se está radicando en las ciudades capitales, por las oportunidades que ofrecen”, indicó el funcionario.

En el marco de este gabinete, Colombia propondrá a Ecuador, en materia de migración, que se unifiquen los procesos migratorios, para que no se haga registro de la entrada y la salida, sino de un solo paso por las fronteras.

 

La gobernanza de la diáspora venezolana por Tomás Páez – El Nacional – 2 de Diciembre 2019

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Dos ex presidentes de Estados Unidos, J. F. Kennedy y Ronald Reagan,  integrantes de los dos grandes partidos políticos, demócratas y republicanos, han puesto de relieve la enorme importancia de las diásporas en el desarrollo de ese país. Keneddy lo hace en su libro Una nación de inmigrantes, al cual la editorial española define como un panegírico de las diásporas en el progreso de Estados Unidos. La primera página la escribe Oscar Handlin, reconocido historiador, quien nos dice: “Una vez yo pensé en escribir una historia de los inmigrantes de América. Entonces descubrí que la historia de los inmigrantes era la historia de América”.  Algo similar se podría decir de Venezuela.

J. F. Kennedy  lo reafirma al decir: «Todos los americanos son inmigrantes o descendientes de inmigrantes… solamente podemos hablar de personas que simplemente llegaron antes o después, y cuyas raíces en América son más antiguas o nuevas».  Agregaba, si se hubiese puesto freno a la migración y obstaculizado su ingreso “hoy seríamos considerablemente otro tipo de sociedad”. «Este es el secreto de América; una nación de ciudadanos con memoria de sus viejas tradiciones pero que, sin embargo, osaron explorar nuevas fronteras; gente ansiosa por construir nuevas vidas, en una sociedad abierta, que no restringe su libertad de elección ni de acción».  El texto explica los aportes de las diásporas al progreso y al desarrollo en todos los ámbitos: técnico, cultural y económico de Estados Unidos”. Estas reflexiones hechas el siglo pasado adquieren hoy día mayor significación, importancia y vigencia.

Ya lo había dicho Alexis de Tocqueville en 1831: Estados Unidos es una sociedad de inmigrantes, donde cada uno iniciaba una nueva vida y todos ellos en pie de igualdad” y ese país es lo que es gracias a sus inmigrantes. El prólogo del libro de Kennedy lo escribió su hermano Edward, en él alude a los “barcos féretro”, igual que las balsas y peñeros de la muerte de los socialismos cubano y venezolano. Refiriéndose al tema de la “gobernanza migratoria” afirma: “La cuestión no es llegar a saber qué leyes sobre la inmigración deben ser reformadas para enfrentarse a los problemas del siglo XXI. Lo urgente es preguntarse acerca de lo que queremos ser en el futuro, cuál debe ser el futuro de América” y la hacemos nuestra para Venezuela.

Por su parte, el  ex presidente Reagan, del partido republicano,  en su discurso de despedida aseveró: “Cualquier persona de cualquier parte del mundo puede ir a Estados Unidos y convertirse en ciudadano y a todos ellos agradecemos haber hecho la travesía para hacerse ciudadano estadounidense. Los inmigrantes han hecho de Estados Unidos una nación que se mantiene joven, siempre llena de energía y de nuevas ideas” y agregaba: “Si cerráramos la puerta a nuevos estadounidenses, nuestro liderazgo en el mudo pronto estaría perdido”.

En la médula de su planteamiento se encontraba la libertad de movimientos, la de un país abierto a la inmigración, a los inmigrantes trabajadores y pacíficos y al comercio, planteamiento y política situados en la acera opuesta de quienes esgrimen argumentos anti-comercio y anti-inmigración. De los inmigrantes resaltaba su “determinación y comprensión de que con trabajo duro y libertad podrán ellos vivir una mejor vida y sus hijos mucho más”. Presagiaba las nefastas consecuencias de cerrar las puertas a los nuevos americanos, pues ello pondría en riesgo de extinción el liderazgo de Estados Unidos en el mundo.  Desafortunadamente, todas las evidencias y argumentos no han podido evitar el surgimiento de los discursos del odio y de la anti-pluralidad, los cuales alientan los mitos del migrante como amenaza y enemigo, sobre los que se fundamentan muros y vallas, las físicas y, peor aun, la de papeles y burocracia.

La riqueza y diversidad de origen de la ciudadanía de Estados Unidos es el mejor de los datos. La de ascendencia europea se sitúa cerca de 40% y la de ascendencia hispana y latina próxima a 17%, en porcentajes menores la “afroamericana”, asiática y del Medio Oriente. Además, Estados Unidos han contribuido, junto a los demócratas alemanes y del mundo, a derribar muros como el de Berlín hace 30 años, fecha histórica que conmemoramos hace unos días.

Los muros del odio más sólidos que los físicos se reparten entre voceros de los países receptores y de origen: quienes no están dispuestos a recibir un migrante más en el país de acogida o quienes no conciben su regreso al país de origen: Comparten el desprecio por el ser humano. En Venezuela, voces exultantes lo expresan de manera exaltada y cual exorcistas giran sus cabezas al escuchar la palabra diáspora.

Venezuela, como país de inmigrantes, desarrolló una estrategia y creó las instituciones para la “gobernanza de las diásporas que recibía el país”.  De ello dan cuenta los diversos tratados y acuerdos globales, regionales y bilaterales de largo alcance como el establecido en el ámbito de la seguridad social con España y otros países.

Hoy se le plantea a Venezuela diseñar una estrategia y crear instituciones para la “gobernanza migratoria de su diáspora” conformada por cerca de 6 millones de venezolanos, aproximadamente 20% de su población. Para ello será indispensable consultar y apoyarse en la agenda fraguada por las asociaciones diaspóricas en todo el mundo.

Estas organizaciones, con hechos, han desmentido el mito de la diáspora como amenaza. Lo han demostrado con datos que refutan los argumentos esgrimidos por los defensores de nacionalismos estrechos, los cuales, sorprendentemente, guardan alguna coincidencia con los esgrimidos por quienes dicen defender la libertad de la movilidad humana y de las diásporas.

El mantra argumentativo se vale de creencias del tipo: roban el empleo, reducen el salario y consumen recursos del Estado de bienestar. Las opiniones de estos difieren de las percepciones y pareceres de los ciudadanos del mundo. En realidad, es todo lo contrario: genera nuevos empleos con mejores salarios y es fuente de progreso, innovación y desarrollo sostenible. De acuerdo a los resultados de encuestas en Estados Unidos y España, más de 50% de los ciudadanos ve con buenos ojos la apertura a la migración y muestra su desacuerdo con la devolución de los ciudadanos.  Pese a ello esos voceros alientan de manera machacona miedos y mitos.

Otros se han quedado en la fase de la denuncia de la mayor tragedia humanitaria de la región y la aterradora inseguridad que han forzado a millones de ciudadanos a buscar en otras latitudes lo que su país les niega. Es necesario insistir en ello pero además es preciso complementarlo con la puesta en escena de la “estrategia de gobernanza de la diáspora” y a ello ayuda la ruptura con esquemas de política convencionales. Tenemos a mano la información de las personas en diáspora, la de sus organizaciones y de sus actividades. Estamos obligados a agregar valor de manera conjunta.

La reciente reunión convocada por jóvenes de la diáspora, el Plan País en su décima edición y primera en Europa, si la memoria no nos falla, en un excelente ejemplo de lo dicho. En la reunión se debatió con intensidad y profundidad el tema de la diáspora y varias organizaciones tuvieron la ocasión de presentar sus logros internacionales.

El debate permitió arribar a distintas conclusiones, de las cuales se seleccionaron tres que fueron presentadas en la sesión plenaria. La primera subraya la urgencia de dotarse de una nueva perspectiva para comprender el fenómeno migratorio y sentar las bases para el diseño y ejecución de la “estrategia de gobernanza de la diáspora venezolana”, erigida sobre nuevos criterios y principios, fundamentadas en la información y el trabajo de las organizaciones diaspóricas.

Se recoció la diversidad y pluralidad del flujo migratorio venezolano y sus distintos segmentos ajenos a simplificaciones y rápidas generalizaciones.  El fenómeno migratorio venezolano es un desafío teórico, metodológico y empírico, su carácter complejo y multidimensional no lo hace problemático.

Se estableció la necesidad de dar mayor voz, visibilidad, presencia y beligerancia a las asociaciones diaspóricas en todos los encuentros e instancias, con el fin de profundizar y ampliar las relaciones con actores, organizaciones e instituciones de las ciudades y países de acogida. Como ejemplo se utilizó el encuentro promovido por la UE y la OIM, en el cual era necesaria una mayor participación de la diáspora y sus asociaciones. Mostrar, compartir, informar son vías para fortificar las relaciones de confianza construidas a lo largo de dos décadas.

Resultó evidente el clamor por una más decidida participación de la sociedad civil y sus instituciones, dentro y fuera de Venezuela, en el diseño y ejecución de la citada estrategia. La responsabilidad de desplegar la estrategia no solo demanda la participación de los países receptores, los organismos internacionales y las instituciones caritativas; también necesita una clara y decidida participación de las organizaciones diaspóricas globales, dentro y fuera de Venezuela.

La diáspora es el “Estado venezolano” de mayores dimensiones y reúne un importante activo para el desarrollo de Venezuela en todos los planos y ámbitos: económico, social, cultural, institucional, etc. Por ese motivo un tema de sumo interés para todas las instituciones y, en definitiva, para la sociedad democrática, pues de quienes se aferran al poder para destruir Venezuela no es posible esperar nada positivo.

20 años resistiendo por Mitzy Capriles de Ledezma – El Nacional – 19 de Noviembre 2019

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Los venezolanos sumamos más de 20 años marchando. Por diferentes motivos se juntan en las calles para que millones de ciudadanos adentro y afuera protestemos contra un régimen que perpetra una variedad de crímenes que hacen del caso Venezuela, un acontecimiento que no tiene parangón en ninguna parte del mundo.

En la obra Siete Sellos: Crónicas de la Venezuela revolucionaria, Gisela Kozak Rovero lo resume, palabras más palabras menos, «que han sido decenas de sacrificios tratando de poner en alto relieve las máculas de una tiranía que se identifica con el autoritarismo, asume crímenes de todo orden, hambruna, padecimientos de salud, martirios y perversidades que hunden a millones de venezolanos  dentro del territorio nacional, en una espantosa tragedia y han catapultado a otros millones a una diáspora que ya supera los 4,6 millones de desterrados.

“Han sido marchas para defender la educación de nuestros muchachos. Inolvidable aquella consigna de lucha que nos hacía gritar desde nuestras entrañas “con mis hijos no te metas”.

Desde entonces, hasta estas horas no menos aciagas, la gente ve como pulverizan nuestra moneda, ese signo monetario al que le cambian el nombre y le quitan y ponen ceros de forma antojadiza. Ha visto como asaltan tierras, centros comerciales, abastos, tiendas, van arrasando con todo, como esos huracanes que sacuden al estado de Florida en Estados Unidos, que son fenómenos naturales allá, mientras que aquí son acontecimientos primitivos protagonizados por turbas humanas en pleno siglo XXI.

Es una Venezuela desfigurada, con su rostro, o su mapa, cruzado de cicatrices, un país en donde en el sur igual en el norte, lo que se escucha es el lamento o el quejido de dolores y martirios.

Es la historia que se escribe con la exclusión de la que hemos sido víctimas millones de seres humanos, simplemente por disentir de las pretensiones dictatoriales de Chávez y de Maduro. Es la era de la más feroz persecución política desatada por los voceros de esa letrina mal llamada revolución. Y lo hacen sin ruborizarse, más bien sienten que es una hazaña salir en televisión, empuñando un mazo y mostrando en una cartelera las fotografías de las próximas víctimas, tal como hicieron con el oficial de nuestra Fuerza armada Rafael Acosta Arévalo.

El más rancio fascismo, tal como lo escribe Barrera Tyszka, en la obra compilada por Gisela Kozak, estamos viendo el “regreso de los gorilas”.

Esos matones que han ejecutado las masacres de Cariaco o la de Barlovento, enmascarados con los aperos que les facilita el mismísimo régimen para que se confundan como miembros de esas Operaciones de Liberación del Pueblo, que según el informe de la ex presidenta Michael Bachelet, han ejecutado de manera extrajudicial más de 7.300 venezolanos.

En definitiva, los venezolanos marchamos pidiendo que se fuera Chávez, también fuimos a votar varias veces y recogimos firmas para revocarlo a él y después a Maduro. Los venezolanos hemos marchado condenando la invasión de nuestro territorio por efectivos cubanos o por la traición de Chávez de entregar nuestro Esequibo. Los venezolanos hemos acompañado a nuestros estudiantes, ésos que se inmolaron luchando por la democracia que no llegaron a conocer, porque los mataron antes de que se produjera el cese de la usurpación de nuestros poderes públicos, como lo ha venido haciendo Maduro y su camarilla, que ahora usurpan la presidencia de la cuál pretendemos desalojarlos.

Al día de hoy toda movilización debe ser para exigir el cese de la usurpación, no para involucrarnos anticipadamente en elecciones que bien sabemos no serán nada libres, mientras Maduro y sus secuaces permanezcan controlando el aparato gubernamental del que se sirven sin ningún   miramiento.

Venezuela entre una diáspora interna y externa por Bethania García – Venepress – 14 de Noviembre 2019

Cuatro años han sido más que suficiente para demostrar que la crisis venezolana ha hecho que los ciudadanos dejen su lugar de natalidad

Venezuela entre una diáspora interna y externaLa diáspora venezolana es uno de los temas que más se ha manifestado durante los últimos años en la región, por lo que organismos internacionales han buscado las ditisntas maneras de establecer mecanismos para regularizarla sin que sea perjudicial para quienes salieron huyendo de la administración de Nicolás Maduro. 

Actualmente son más de cuatro millones de venezolanos que han emigrado a causa de la crisis humanitaria que existe en el país y se estima que para el año 2020, esta cifra alcance los 6,5 millones, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). 

Sin embargo, no necesariamente ha existido una mudanza hacia el exterior, puesto que también, dentro de la misma nación los ciudadanos buscan la manera de substitr trasladandose de un estado a otro.

Y ahora la pregunta está en quienes quedan en Venezuela: ¿Prefieren estar dentro o fuera del país? y en tal caso de quedarse ¿se cambiarían de lugar para una mejor sobrevivencia a la crisis?

Tras las encuestas de Consultores 21, se pudieron conocer las respuestas. 

¿Quedarse o irse?

Se ha proporcionado un cambio, ciertamente las personas buscan irse de Venezuela pero la opción de quedarse todavía la supera, pero solo por diez por ciento para el año 2019, mientras que para el 2015 la diferencia era de 48%. 

¿Mudanza dentro de Venezuela?

La razón principal por la que los ciudadanos se mudan y cambian de Estado es el trabajo y justamente en la capital, Caracas, puesto que es el centro de las operaciones económicas, empresas y servicios.

¿Y ahora?

Estos porcentajes pueden y están en todas las perspectivas de transformarse, pero para su incremento, la crisis de hace cuatro años es totalmente diferente a la que se tiene y se tendrá para el 2020. 

El futuro es incierto y aún con una que otra ayuda internacional, se necesita de mucho más para reducir el éxodo masivo.

La comunidad internacional recauda 120 millones para el éxodo venezolano por Alvaro Sanchez – El País – 29 de Octubre 2019

La ONU cree que la cifra de venezolanos que dejan el país podría superar la de Siria el año que viene

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La jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini, en Bruselas, este martes. JOHN THYS AFP

No era una conferencia de donantes, pero ante una crisis migratoria de la magnitud de la venezolana, —la mayor del planeta que no tiene como origen una guerra o un desastre natural— el flujo de dinero siempre es bienvenido. La bautizada como Conferencia Internacional de Solidaridad con Venezuela, auspiciada por la UE, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones, ha terminado este martes con 120 millones de euros más comprometidos para paliar las consecuencias del éxodo. “Es un esfuerzo notable”, ha destacado la jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini.

Las previsiones futuras no son mucho mejores. El enviado especial de la ONU, el guatemalteco Eduardo Stein, estima que en 2020 el número de venezolanos desplazados podría superar los 5,6 millones de Siria y elevarse hasta los 6,5 millones. El equivalente a toda la población de Paraguay en un país que ronda los 30 millones de habitantes.

La UE ve el encuentro de estos dos últimos días en Bruselas como un impulso para poner el foco en Venezuela y no repetir errores del pasado. “Como europeos lo sabemos muy bien. Si hubiéramos invertido un poco para apoyar la crisis de los refugiados sirios u otras crisis de migrantes al principio del proceso, no solo habríamos salvado vidas, sino que habríamos ahorrado dinero”, lamentó la Alta Representante de Política Exterior de la UE. Bruselas teme la desestabilización de un destino de inversiones europeas como Latinoamérica o que se derive una parte de la emigración al Viejo continente en un momento en que las fuerzas de extrema derecha tratan de mantener el tema en el epicentro del tablero político para rentabilizarlo electoralmente.

En un encuentro con periodistas en Bruselas, fuentes estadounidenses calificaron la conferencia de “éxito” al trasladar a los venezolanos el mensaje de que no están solos y reconocer las raíces políticas de la crisis. EE UU combina una política de mano dura con el régimen de Nicolás Maduro, contra el que aplica sanciones para asfixiar su economía, con un apoyo puntual a organizaciones humanitarias locales. Pese a que la crisis se ha enquistado y la proclamación de Juan Guaidó no ha servido para apartar a Maduro del poder, Washington se felicita de que 56 países hayan reconocido a Guaidó.

Venezuela no estaba invitada al evento, pero desde Caracas se ha observado con recelos que en él participen “Gobiernos que bloquean la economía venezolana, generan sufrimiento y migración, roban recursos y amenazan con aislar y atacar a Venezuela”, en palabras del ministro de Exteriores de Maduro, Jorge Arreaza, dedicadas a EE UU.

Con la crisis sin visos de resolverse a corto plazo, la ONU ha advertido de que las necesidades de financiación serán mayores. Stein calcula en cerca de 1.500 millones la cantidad necesaria en 2020 para atender a los millones de venezolanos que han huido ante la penuria económica. La suma dobla la que la ONU pidió el año pasado, aún incompleta al haberse recaudado hasta ahora algo más de la mitad. “Los desafíos en 2020 serán aún mayores que en 2019”, advirtió.

El éxodo venezolano le cuesta a Colombia 2.000 millones de dólares al año por Daniel Gómez – ALnavío – 30 e Octubre 2019

“Hace falta la generosidad de la comunidad internacional para resolver esta crisis”, recuerda Humberto López, vicepresidente del Banco Mundial, en el foro mundial sobre el éxodo venezolano celebrado este lunes en Bruselas.

Colombia no sólo necesita dinero, también buenas ideas para atender el éxodo / Foto: Acnur
Colombia no sólo necesita dinero, también buenas ideas para atender el éxodo / Foto: Acnur

Humberto López, vicepresidente del Banco Mundial, precisa que el éxodo venezolano le cuesta a Colombia 2.000 millones de dólares al año, y el país, por sí solo, no puede con todo.

“Hace falta la generosidad de la comunidad internacional. Hay que apoyarles, con préstamos de instituciones multilaterales, y con ayuda de todos”, dijo este lunes en el foro mundial sobre el éxodo celebrado en Bruselas.

Humberto López recordó que, en abril, el Banco Mundial entregó al gobierno de Iván Duque 31,5 millones de dólares para apoyar las cuentas de Colombia y “facilitar el acceso a empleos y servicios sociales básicos para los migrantes y refugiados”.

Sin embargo, la ayuda para Colombia y otros países receptores del éxodo no es necesariamente entregar dinero al Estado. Es, por ejemplo, “impulsar proyectos de inversión locales”, agrega Antoni Estevadeordal, consultor especial sobre inmigración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

– Proyectos concebidos para las comunidades de migrantes, que es lo más difícil.

– Proyectos de educación y salud.

– De infraestructura básica.

– De servicios al ciudadano.

Antoni Estevadeordal insiste en que para estos proyectos hay que pensar en clave local. Para las comunidades que ya viven en el país, y para los migrantes que vienen. Y pone de ejemplo un caso visto en Ecuador.

“Es fundamental que las comunidades participen. También las propias comunidades de migrantes. En Ecuador estamos recurriendo a maestros venezolanos para que hagan proyectos de educación en casa para venezolanos y también para ecuatorianos”, dice el funcionario del BID.

En línea con lo que propone, el BID lanzó la semana pasada un fondo de 100 millones de dólares, con el apoyo de la agencia para el desarrollo de Estados UnidosUsaid, para premiar las soluciones innovadoras pensadas para el éxodo.

Por su parte, el vicepresidente del Banco Mundial señala que la recolección de buenos datos, de indicadores que dibujen el perfil del migrante, también es un trabajo efectivo para responder a las demandas del éxodo, y conseguir que los fondos lleguen a buen destino.

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