Las exigencias de visas a los venezolanos para ingresar a distintos países de América Latina contradice lo que ha sido la tradicional posición venezolana en materia de solidaridad internacional. A ello se suman las imágenes que se difunden en las redes que demuestran la cruel persecución contra quienes han tenido que salir de su país por las políticas de la revolución bolivariana.

Este cuadro de intolerancia merece recordar algunos episodios de nuestra historia que evidencian la conducta de Venezuela en materia de solidaridad con quienes han padecido de crisis –de distinta naturaleza– en sus respectivos países. Los chilenos, peruanos, ecuatorianos, dominicanos y colombianos, entre otros, fueron recibidos sin vacilar en nuestro país. De las islas del Caribe venían, incluso, a aprovechar los servicios médicos que Venezuela brindaba en la época de la democracia. Todos ellos ocuparon espacios en Venezuela y no fueron objeto de persecución ni de discriminación. El apoyo venezolano tuvo, en este último caso, una carga de generosidad humana.

En relación con lo anterior hay que recordar dos episodios relevantes. El primero se refiere a las gestiones del canciller del gobierno de Carlos Andrés Pérez ante el régimen chileno en 1976 para solicitar la liberación de un grupo de presos políticos, víctimas de la dictadura. Según relata Ramón Escovar Salom, Augusto Pinochet se mostró respetuoso y ante el pedimento que le fue presentado, contestó: “Dígale al señor presidente de Venezuela que consideraré todo esto con interés” (Memorias de ida y vuelta). De inmediato, el canciller venezolano solicita la libertad de Luis Corvalan, a la sazón secretario general del Partido Comunista chileno, aclarando que se trata de una gestión pedida por Nikolái Podgorni, entonces presidente de la Unión Soviética. El dictador con sorpresa responde: “¿Usted sabe que ese hombre me quería matar y tenía un plan para asesinarme?”

No obstante, y a pesar de esta primera y aparente negativa, la solicitud y gestiones del canciller venezolano lograron su cometido, pues “la mayoría de los incluidos en la lista fueron puestos en libertad y Corvalan meses después salió para el exilio”, sigue relatando Escovar Salom. Lo reseñado debe ser recordado porque demuestra una posición clara de Venezuela en lo que atañe a la necesaria solidaridad política y humana que merecen las víctimas de crisis políticas. Chile es un país democrático y civilizado y por eso esperamos que las autoridades garanticen el buen trato de los venezolanos de la diáspora, sean perseguidos políticos o no.

El segundo hecho que hay que recordar es el papel desempeñado por Venezuela en el traslado de la administración del canal de Panamá a los panameños. Carlos Andrés Pérez junto con Alfonso López Michelsen, Daniel Oduber y José López Portillo, presidentes de Colombia, Costa Rica y México respectivamente, integraron un grupo de apoyo para respaldar a Panamá. Desde el gobierno de Estados Unidos, el presidente Jimmy Carter tuvo la voluntad política de culminar el tratado, que fue un logro para Panamá. La solidaridad venezolana estuvo nuevamente presente.

El papel de Venezuela debe ser recordado por quienes ahora en Panamá se muestran intolerantes y agresivos con los venezolanos, que han tenido que salir de la devastación producida por las políticas revolucionarias. Esto está reñido con lo que ha sido la tradicional conducta venezolana con Panamá.

A diferencia de los casos señalados, hay otros países que nos han tendido su mano solidaria. Estados Unidos, España, Colombia y Argentina (ojalá esto no cambie con la llegada del peronismo al poder) han apoyado a los migrantes venezolanos. Todo esto hay que recordarlo porque los venezolanos merecemos un mejor trato: el mismo que hemos dado a quienes han necesitado de nuestro apoyo.

La solución de raíz para terminar con la diáspora y con la constante violación de los derechos humanos de los venezolanos es la unidad de la oposición que permita una solución política que abra las puertas de la libertad. Solo así regresarán quienes se han visto forzados a dejar su país, a sus familias, a sus amigos y a sus recuerdos.