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Abel Saraiba: “A la gente la dejaron a la deriva” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 13 de Octubre 2019

Abel Saraiba: “A la gente la dejaron a la deriva”

¿Quién no ha sentido rabia? ¿Quién no ha sentido tristeza? Esta experiencia ha impactado a la sociedad venezolana hasta la médula. Y nadie, por sí mismo, tiene los recursos para salir de esta locura. Mejor no hacerse preguntas como la que marca esta entrevista. ¿Cómo ha impactado la crisis humanitaria la psiquis del venezolano? Quien responde es Abel Saraiba, psicólogo, con estudios en bioética y posgrado en Familia y el Niño de la UCAB. Saraiba, además, coordina el programa Creciendo sin Violencia, de Cecodap.

En apenas seis años, justamente el lapso que dura un período presidencial en Venezuela, pasamos del siglo XXI al siglo XIX, de botar la casa por la ventana (elecciones 2013) a una crisis humanitaria compleja. ¿Cómo cree que eso impacta la psiquis del venezolano?

Creo que el impacto es dramático, si a uno le toma tiempo procesar que una relación se termine y una persona puede quedar atrapada digiriendo un momento, pues eso es terrible. Volver al siglo XIX, con lo que emocionalmente nos toma a los seres humanos procesar los cambios es tremendo. Además, creo que esto nos sorprendió con la guardia baja, porque estábamos escindidos. Es decir, por un lado estábamos viviendo en la dimensión 2.0 y por el otro en los dramas del siglo XIX. Esto, lejos de ofrecernos un punto de salida, a veces nos hace como tomar una pala y empezar a cavar. ¿Qué hubiese sido de la sociedad del siglo XIX, si hubiese tenido las redes sociales y las herramientas que hoy tenemos, para contar y mirar lo que sucede? No creo que ese impacto pueda borrarse y quizás lo mejor sea que no se borrase, porque nos estamos enfrentando a una serie de hechos sociales que van a dejar una marca decisiva en lo que seremos como sociedad.

El cerebro sigue siendo un misterio. La memoria es traicionera y la capacidad individual para entender lo que nos pasa es muy dispar, tanto como las inequidades de la sociedad venezolana. No sé si tenemos las herramientas para procesar lo que nos está pasando.

Nadie las tiene. Es decir, nadie, por sí solo, tiene las herramientas como para enfrentar la realidad que estamos viviendo. Creo que eso marca un punto de cara al reto que tenemos por delante. Sobre todo para una sociedad tan individualista como la venezolana, aunque creamos que por estar juntos y porque nos gusta echar broma somos todo lo contrario. Esto hace, por primera vez, que tengamos que pensar de una forma genuina en el que tienes al lado, entre otras cosas, porque lo que te separa cada vez es menor. Pensamos que los problemas eran de otros. Y hoy caes en la cuenta de que finalmente estamos conectados.

Pareciera que el país que le gusta la chanza, el país chévere, nunca existió. ¿O eso era cosa de una tribu, de un segmento reducido de la sociedad?

Yo me he hecho esa pregunta: ¿era así el país de mis viejos? Detrás de la bonanza, también había una profunda sombra de la cual no se hablaba. Pongo un ejemplo. Mi familia paterna es de origen portugués y con el tiempo yo descubrí que mi papá habla el portugués menos que yo. ¿Por qué? Él me contó algo que ahora lo he entendido. Mis abuelos le prohibían a él hablar portugués en la casa, porque eso podría significar que él tuviera acento. ¡Ah!, un motivo de burla, un motivo para enredarse en una pelea en la calle. Entonces, ciertos mitos que construimos como sociedad no dan más. Nos horroriza la xenofobia a la que se enfrentan los venezolanos que migraron, pero resulta que aquí también hubo historias de xenofobia. Esto de que todo era chévere, de que aquí a todo el mundo lo recibían con los brazos abiertos, eso no es así. A lo mejor se vivió como algo chévere, pero a la luz de lo que estamos viviendo entendemos que no era así, que eso fue lo que nos trajo hasta aquí.

Los venezolanos somos acríticos con la realidad, con nosotros mismos. Añoramos el país chévere y cuanto antes regrese, mejor. Pero somos incapaces de plantearnos otra cosa.

Finalmente, pensamos en el otro porque ahora nos hacemos una serie de preguntas:¿Cuál es nuestro lugar en la historia? ¿Qué nos trajo hasta aquí? ¿Qué tenemos que cambiar? ¿En qué nos hemos equivocado? Pero pareciera que sigue siendo algo lejano, porque Venezuela sigue siendo el mejor país del mundo. ¿Por qué nos permitimos creer eso? ¿Con base en qué? Nos agarramos de la herencia natural, del Ávila, del Salto Ángel, pero de lo que hemos hecho como sociedad ¡ah!, eso cuesta un poco más.

No lo veo muy de acuerdo con el lugar común que reza… lo mejor que tiene Venezuela es su gente.

Yo creo que es lo mejor y lo peor. Lo que hace vivible al país es su gente, en la medida en que uno se siente parte, de que uno encuentra una familiaridad cotidiana, que le da una sensación de alivio frente a ciertas cosas, pero a su vez esa misma forma de vernos y de relacionarnos nos lleva a poner un gran velo que impide mirarnos. Creo que ahí está el tema. En ese sentido, la suerte de Venezuela es un poco binaria. Por un lado, tenemos grandes riquezas naturales, pero por otro lado tenemos una gran pobreza institucional. Sí, la Venezuela chévere nos llevó a esta otra Venezuela, pero había papel tualé. Había unas condiciones mínimas diferentes a las que hoy tenemos, la gente no se veía obligada a comer de la basura. Pero no hemos roto con la dicotomía. Es decir, hay quien quisiera volver a la Venezuela chévere, pero también hay quien aborrece a la Venezuela chévere y esta otra Venezuela le parece paradisíaca. Yo no me hallo en ninguna de las dos, porque la Venezuela chévere nos trajo hasta acá. Romper con esa dicotomía nos exige movimiento.

¿Usted pasa consulta?

Yo paso consulta.

Este regreso al Siglo XIX, casi a la velocidad de la luz, con el militarismo, con las formas dictatoriales de gobierno, el regreso de las enfermedades endémicas y la pobreza generalizada, ¿qué patologías ha traído a su consulta?

Me vi leyendo a Freud recientemente y era como escuchar los padecimientos en el cuerpo. La gran queja del siglo XIX. ¿Qué hacemos con esta señora que se enferma pero que médicamente no le encontramos explicación? Entonces Freud se topa con la histeria, con la neurosis. La gente llega a la consulta para conectar lo emocional con el cuerpo, llegan porque les duele algo, porque se han enfermado del estómago o de la piel. Y en algunos casos, después de peregrinar tratando de encontrar una respuesta, se encuentra con que quizás algo pasa por dentro. Yo me siento como en una reedición de lo que tal vez vio Freud en su momento, con un cambio, sí. En la época de Freud el mandato era no gozar; y si sientes placer, te invadía la culpa. El mandato hoy es lo contrario: siente placer y si no es así eres profundamente infeliz. Lo que vemos es el cuerpo puesto delante de las emociones y allí uno tratando de abrirle un espacio a la palabra.

Nunca podemos controlar una emoción. Quizás podemos lidiar con ella, pero eso es lo que nos determina como ser humano. Puedes tener una predisposición a la rabia que puede llevarte a la violencia. ¿Cuáles serían esas emociones? ¿Se está haciendo algo para controlarlas?

Tradicionalmente —y en esto hay un consenso en la psicología— se identifican cinco emociones: la rabia, la tristeza, el asco, la alegría y el miedo. Es cierto, uno no controla lo que siente. Pero lo que uno pudiera intentar es controlar el pensamiento que viene asociado a una emoción. Pensemos en la rabia. Si no haces nada, porque las emociones no se ven, pasado un lapso la rabia se convierte en ira. Pero la ira tiene una capacidad de destrucción en nuestro entorno, en nuestra vida. La tristeza. Cuando sientes la tristeza de una forma persistente y no logras tramitarla, no haces nada con ella, se empieza a transformar en una depresión, que pudiera incluso paralizarte. Pero no hacemos nada, porque creemos que de eso no nos vamos a morir.

Para quien se lo quiera creer, ¿verdad?

¡Claro! El suicidio, por ejemplo, es la segunda causa de muerte en la población con edades entre 15 y 20 años. Lo dice la OMS. Es un tema de una gravedad tremenda. Pero pensamos que no, porque de nuevo: las emociones no se ven. Pero si tuviera una herida sangrante, nadie dudaría de ir al médico. Pero si uno está triste o tiene rabia, pudiera actuar por su cuenta y ahí viene lo peor.

Y todo eso en medio de la emergencia humanitaria compleja. No hay tratamiento, no hay capacidad para anticipar qué emociones están alterando la conducta de los individuos. Esto es un récipe en blanco.

A la gente la han dejado a la deriva. Si hay una consecuencia inmediata de la emergencia humanitaria, diría que es el sufrimiento. Pero justamente ese sufrimiento permanece inabordable, porque no hay las condiciones para atenderlo. Aquí llegó una joven adolescente con un alto riesgo suicida, le sugerimos que buscara la forma de hospitalizarse, de tratarse. ¿Y qué le dijeron en el hospital? Que si quería matarse, el metro estaba allí. Afortunadamente esa joven pensó, de forma inteligente, que ese no es el comportamiento de un profesional. ¿Cuál ha sido la respuesta en general? No tenemos lugar para hospitalizarla ni medicamentos que darle. La recomendación es que busque un centro privado o tenerla en la casa. Pero la atención en un centro privado cuesta 3.000 dólares. Así fue como la sala del apartamento se convirtió en la sala accidental de un hospital y la madre renuncia al trabajo para ser la cuidadora de su hija, sin tratamiento, sin medicinas. Frente a un paciente renal que no tiene cómo dializarse, frente a un niño que come de la basura o un enfermo de cáncer, ponte en la fila. Es un acto de una crueldad tremenda.

¿Y eso es producto de la incapacidad que tenemos de pensar genuinamente en el otro o es algo atribuible a la inacción, a la indolencia del Estado? ¿O son las dos cosas?

Creo que son las dos cosas. Creo que el Estado es indolente y es negligente con relación al tema de salud mental, entre otras cosas. Pero también, como parte del país chévere, de que somos felices, no nos cabe la idea de que la gente esté profundamente triste y deprimida. Eso no está en el radar y es terrible, porque en medio de la emergencia, la gente está pensando en otra cosa. Nos cuesta mucho aceptar la tristeza, porque eso implica aceptar que lo que ocurre nos hace daño. Eso es un gran obstáculo para hacer acciones colectivas. ¿Cómo nos vamos a poner de acuerdo si no sabemos lo que nos pasa?

¿Por qué yo tengo que entender a un individuo que dice que Chávez fue todo? ¿Todo no es demasiado?

Hubo algo que falló, porque muchos venezolanos pensaron que la respuesta a los problemas la tenía un sujeto. Esa idea está muy interiorizada en nosotros. Creo que una de las cosas que estamos llamados a entender es que nadie es invulnerable. Tenemos que vernos en nuestra fragilidad, porque tuvimos unos soportes imaginarios. Tenemos petróleo, tenemos mises, tenemos un patrimonio natural. Pero todo eso se ha resquebrajado. Tenemos que entender que nos pueden pasar cosas, sin aterrarnos, pero en igual medida tenemos que tomar previsiones para que esas cosas dejen de pasarnos. Por otro lado, tenemos que hacer un gran esfuerzo para reconocer al otro en su diferencia. Para el chavista, el opositor era una cucaracha; y para el opositor, el chavista era un bruto, un marginal, sin entender que a lo mejor el chavista fue excluido de ese país que parecía chévere, hasta que vino alguien y se los dijo, y esa gente pensó: es verdad, ese tipo me está hablando a mí. Después de reconocernos, tenemos que respetarnos.

¿Por qué le tenemos tanto miedo a vernos vulnerables?

Porque eso rompe con la idea de que lo podemos todo, porque vernos vulnerables implica que podemos necesitar ayuda o nos confronta con nuestras propias limitaciones. Y más allá, que puede haber otro, que no soy yo, que tenga la solución. ¿Dónde está la trampa? Negar que somos vulnerables no nos salva de serlo. Ojala podamos vernos vulnerables, porque uno pudiera pensar: ¿Qué más nos puede pasar? Y todavía nos pueden pasar muchas cosas peores, pero si no nos cuidamos las seguiremos contando.

¿Qué podemos hacer para detener esa fuerza inercial que profundiza el deterioro, la idea de que nuestra realidad puede ser aún peor?

Hay que darle paso al deseo. Hay que empezar a construir, incluso en medio de lo que pareciera una locura, una visión de hacía dónde queremos ir. Eso le pudiera poner coto a esa fuerza inercial.

¿La resiliencia? ¿El conformismo? ¿Esa son las dos opciones? ¿O hay una tercera que no podemos o no queremos ver?

Tenemos que romper lo binario. Uno puede ver una resilencia ingenua… ante todo lo que te pasa sonríe, una cosa naif que no lleva a ningún lugar, quizás sirva ponerse en contacto con personas que han vivido situaciones mucho más difíciles. ¿A qué conclusión llegaron los sobrevivientes del Holocausto judío? Que en cierto momento ya no tenían nada que tener. Qué en medio de esa adversidad tenían que aferrarse a algo de la vida y a partir de ahí empezar a construir soluciones, que no eran ni mágicas, ni fáciles, ni nada. Yo creo que el camino es mucho más áspero. Y vuelvo al deseo entendido desde el psicoanálisis, porque implica una renuncia. Sí deseo fumar, por ejemplo, renuncio a la salud, porque tarde o temprano seré un paciente cardiovascular. El deseo nos interroga: ¿Qué es lo que yo quiero? Pero también, ¿qué estoy dispuesto a poner? ¿Qué estoy dispuesto a perder y a dejar atrás para poder hacerle frente?

Pero eso implica costos, quizás sufrimiento, no creo que los venezolanos estemos ávidos de vivir una experiencia como esa.

Pienso en la promesa de Churchil, sangre sudor y lágrimas. Esa fue una promesa sincera, porque era lo que venía. Creo que nos hace falta una dosis de realidad. Pero ese mensaje es tremendamente impopular. No veo un camino sin fricción, porque lo que viene implica romper con el imaginario de que como esto es una tierra de gracia, nosotros no necesitamos hacer ningún sacrificio, sino a un individuo que reparta bien. No, aquí hay que hacer unos sacrificios considerables.

¿Usted cree que el venezolano está enfermo, digo, en su psiquis?

Yo creo en la clínica individual. Lo que pudiera decir es que el venezolano está impactado. Es decir, no hay manera de que esta experiencia no haya dejado huella en nosotros. De cualquier manera esta experiencia hace que redimensionemos lo que somos. No somos los mismos ni seremos los mismos. No sabría decir a dónde nos lleva esta versión de lo que somos, pero sí, definitivamente, estamos impactados. Creo que hay mucha gente enfermándose, que hay mucha gente sufriendo, más de lo que pudiéramos imaginarnos. Nos preocupan las cifras de la malaria. ¿Y las de depresión? Quizás la malaria nos parezca un mal menor. Cada quien con sus recursos, se mueve más o menos, pero todos hemos dejado algo en el camino.

¿Si esto sigue deteriorándose, como pudiera ocurrir, cuáles serían las consecuencias en la salud mental de la gente?

A mí lo que más me asusta es cómo nuestra visión se va haciendo más corta. Uno de los peores daños, el que más me preocupa —además de lo traumático de la violencia, de la angustia crónica por el hambre, de la incertidumbre permanente por la falta de servicios públicos— es la incapacidad de ver opciones. Cuando asumimos la resignación y nos convencemos de que no hay otra forma de vivir, incluso, que no nos merecemos otra forma de vivir, creo que nos miramos desde un túnel cada vez más estrecho. Quienes han tenido otras experiencias, quienes han vivido una existencia diferente, pierden la voluntad de contarlo o van muriendo en el camino. Cuando nos convenzamos de que esta es la única vida posible, será mucho más difícil salir de ese túnel.

¿Esto es producto de la ejecución de un plan conductual, por llamarlo de alguna forma? ¿Esto puede ser inducido? La idea de que no hay otra vida posible, sino esta que estamos viviendo, creo que está copando el imaginario de grandes sectores de la población venezolana.

No me sorprendería que esto responda a una cosa pensada, porque ha salido tan bien que es difícil dejársela al azar. Lo que sí veo es que el gobierno ha utilizado dos grandes recursos: el miedo y la esperanza. Miedo de que te agredan, de que te pasen cosas terribles, además con manifestaciones más marcadas de lo que el Estado pueda hacer, cómo el Estado puede dañar con represión, no hay límites. Y la esperanza. Dos cosas. Uno: no necesito darle un apartamento a todo el mundo, basta que se lo dé a uno de diez para que los otros nueve crean que les puede tocar. Dos: la esperanza como algo que se quiebra. Lo peligroso que ha sido eso para la sociedad venezolana en este último tramo. Cada vez que ha habido una esperanza de que las cosas puedan cambiar… y no cambia, cómo la gente se viene abajo. La esperanza como una tragedia. En eso el gobierno ha sido tremendamente eficaz.

Así las sanciones internacionales están afectando el día a día de los venezolanos por Zenaida Amador – ALnavío – 9 de Octubre 2019

Nicolás Maduro suele usar el argumento de las sanciones internacionales en su contra como una vía para justificarse, evadiendo así la responsabilidad de la llamada revolución bolivariana -con lustros en el poder- en la emergencia humanitaria compleja que vive hoy Venezuela. Sin embargo, las sanciones, especialmente las aplicadas por Estados Unidos, han terminado por generar impactos colaterales que recrudecen los efectos de la crisis sobre el venezolano de a pie.

Las sanciones hacen más pobres a los venezolanos / Foto: ONU
Las sanciones hacen más pobres a los venezolanos / Foto: ONU

Las muestras más recientes de ello son las decisiones de Adobe de cesar el acceso a software y a sus servicios a usuarios venezolanos a partir del 28 de octubre y de Transferwise de cerrar desde el 21 de octubre las cuentas de los clientes de transferencias internacionales en Venezuela, tras hacer una interpretación de la más reciente orden ejecutiva emitida por el gobierno de Estados Unidos en agosto pasado.

Esa orden, en complemento con otras sanciones dictadas por la Oficina de Control de Activos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (OFAC), termina creando un marco de restricción para las actividades del régimen de Nicolás Maduro, pero dada la amplitud de su alcance abre espacios para que algunas empresas -como las ya mencionadas- traten de ir más allá de lo que se ve de forma explícita en la norma para evitar incumplimientos. De hecho, la orden ejecutiva de Donald Trump deja abierta la interpretación de que cualquiera, incluso sin ser estadounidense, pudiera sufrir consecuencias si participa en alguna operación que Washington pueda calificar de asistencia o patrocinio al régimen de Venezuela.

Aunque en la orden se contemplan excepciones, como las que incluyen operaciones con el gobierno de Venezuela para proveer servicios, software, hardware y tecnología que permita preservar las comunicaciones por internet, entre otras, la amplitud de la restricción es tal que las empresas prefieren protegerse y ampliar la aplicación.

No hay que olvidar que hasta la temporada de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional está entredicho a la espera de una interpretación de la OFAC sobre el alcance de sus medidas, que pusieron a la Major League Baseball (MLB) a dudar si sus peloteros afiliados pueden o no jugar en Venezuela.

El temor es ¿cuáles otras empresas se sumarán a estas interpretaciones y qué otras nuevas restricciones afectarán la cotidianidad de los venezolanos?

Temblores y réplicas

Firmas como Ecoanalítica calculan que cerca de 30% de los hogares venezolanos recibe remesas del exterior. A la par de las remesas, que es una de las vías que permite imprimirle oxígeno a un país con más de 80% de la población en estado de pobreza, hay un segmento de la sociedad que presta servicios profesionales desde Venezuela a empresas en el exterior, por lo que reciben pagos en divisas.

Francisco Rodríguez ha sido uno de los impulsores de implantar un programa de petróleo por alimentos para Venezuela pues, a su juicio, las sanciones han mermado los ingresos de las autoridades, pero “a dos años de su entrada en vigor, Maduro sigue en el poder y su régimen se ha vuelto cada vez más represivo y despiadado”. Las sanciones “lo que logran es hacer más pobres a los venezolanos. Hambrunas no tumban dictadores. Sólo causan pérdida de vidas”.

Estas operaciones se realizan a través de diversas plataformas como Transferwise y PayPal, por lo que su restricción operativa significa un bloqueo los ingresos de los usuarios venezolanos. Aunque PayPal no ha anunciado formalmente un cese de servicio para los venezolanos no es descartable que esto pueda ocurrir.

Por otra parte, en marzo de 2020 vence la licencia dada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a empresas como MasterCard, Visa, American Express y Western Union para operar con entidades financieras públicas venezolanas como Banco de Venezuela, Banco Bicentenario y Banco Central de Venezuela. Este hecho ha generado mucho ruido a lo largo de este año, porque no se tiene plena claridad del alcance global en el sistema que en su momento tendrá esa suspensión.

Entidades como el Banco de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Banfanb) ya no cuentan con el servicio de MasterCard, lo que llevó al régimen de Maduro a tratar de forzar la consolidación de un sistema alterno donde participe la banca privada. En esta línea, ya Banfanb anunció el lanzamiento de sus propias tarjetas de crédito, aunque no se ha explicado cómo serán procesadas en el sistema general.

Informalización

Para 2017, según cálculos de Software Alliance BSA, cerca del 88% del software utilizado en Venezuela era pirata, tendencia que puede haberse profundizado a causa de la crisis económica. Sin embargo, persiste un segmento de usuarios que se inclina por el uso de software con licencia, tanto por la naturaleza de su trabajo como porque operan dentro de empresas que tienen normas rigurosas de control y buenas prácticas.

Las sanciones dejaron a los venezolanos sin los servicios de Adobe / Foto: Pixabay

De allí que la decisión de Adobe termine repercutiendo sobre el sector formal del país y favoreciendo la informalización de la economía. Son precisamente las empresas formales las que más sufren por el impacto de las medidas internacionales, ya que están expuestas a sufrir las consecuencias.

De hecho, sus directivos no pueden exponerse a reuniones con funcionarios de Maduro sancionados o a firmar acuerdos con ellos; tampoco pueden entrar en alianzas con las autoridades, aunque esa sea la vía para facilitarles el acceso a las necesarias materias primas -por ejemplo-; y además están limitados para tomar parte en las operaciones cambiarias que propicia el régimen venezolano. Sin embargo, existe un sector empresarial emergente o informal que florece a la sombra del chavismo y que aprovecha todos esos espacios para su crecimiento aun en medio de la crisis.

Negociaciones y lobby

En el escenario de las conversaciones entre representantes de Maduro y de la oposición venezolana de los últimos meses, el chavismo puso sobre la mesa el levantamiento de las sanciones como una de sus exigencias para poder avanzar en cualquier negociación.

Pero no sólo el régimen venezolano hace énfasis en el tema. El castigo de las sanciones hace mella en las empresas que todavía siguen en pie en Venezuela y por eso la necesaria flexibilización de las sanciones también ha sido un tema planteado en reuniones con el gobierno interino de Juan Guaidó por representantes del sector empresarial formal. Lo han elevado además ante los representantes de Guaidó en Washington, ante la llamada Unidad de Asuntos de Venezuela que Estados Unidos abrió en Bogotá y ante el Grupo de Boston, donde participan parlamentarios de EEUU y de Venezuela (tanto de oposición como del chavismo).

Chevron, por su parte, lleva meses de intenso lobby para lograr que Washington le permita seguir con sus operaciones en Venezuela. El 25 de octubre vence la licencia de operación que le fue otorgada junto a Halliburton Co, Schlumberger, Baker Hughes y Weatherford International.

El economista Francisco Rodríguez, a nombre de la llamada Fundación Petróleo por Venezuela, abrió una recolección pública de firmas que avalen su petición al Departamento del Tesoro de EEUU para que les permita a las empresas de software proveer servicios en Venezuela.

Rodríguez ha sido uno de los impulsores de implantar un programa de petróleo por alimentos para Venezuela pues, a su juicio, las sanciones han mermado los ingresos de las autoridades, pero “a dos años de su entrada en vigor, Maduro sigue en el poder y su régimen se ha vuelto cada vez más represivo y despiadado”. Las sanciones “lo que logran es hacer más pobres a los venezolanos. Hambrunas no tumban dictadores. Sólo causan pérdida de vidas”.

EE.UU. firma un acuerdo sin precedentes con Guaidó para financiar sus políticas por David Alandete – ABC – 9 de Octubre 2019

La Casa Blanca busca que el Gobierno de Guaidó tenga liquidez para poder aplicar programas de ayuda a los venezolanos ante la grave crisis humanitaria que padecen

El Gobierno de Estados Unidos ha firmado este martes por primera vez en 65 años un acuerdo bilateral con Venezuela, y lo ha hecho con enviados del presidente encargado Juan Guaidó, al que el grueso de la comunidad internacional considera único gobernante legítimo del país. El primer punto de ese acuerdo es concederles a los opositores al régimen de Nicolás Maduro 214 millones de dólares (195 millones de euros) para que el nuevo gobierno interino pueda invertir en ayudas sociales a la población.

«Así formalizamos nuestra alianza con el gobierno de Guaidó, único interlocutor legítimo en ese país porque es quien de verdad representa los intereses del pueblo venezolano», dijo este martes el administrador de la agencia de ayuda humanitaria norteamericana Usaid, Mark Green, en la firma del acuerdo en Washington. El objeto del pacto es canalizar las ayudas que EE.UU. destina a los venezolanos, que en meses recientes han superado los 568 millones de dólares (518 millones de euros).

Con este acuerdo, con pocos precedentes, la Casa Blanca busca que el Gobierno de Guaidó tenga liquidez para poder aplicar programas de ayuda a los venezolanos ante la grave crisis humanitaria que padecen, que ya ha provocado el éxodo de más de cuatro millones de refugiados. El Gobierno de EE.UU. prevé mandar 99 millones de dólares (90 millones de euros) dentro de Venezuela en los próximos días, aunque no ha explicado cómo va a hacerlo.

Según dijo el embajador venezolano en EE.UU., Carlos Vecchio, el acuerdo, en el que estampó su firma, es «histórico». «Este convenio nos permite fortalecer nuestras capacidades como gobierno interino, fortalecer a la sociedad civil venezolana y luchar por restaurar los derechos humanos», ha dicho. El presidente encargado Guaidó agradeció al Gobierno norteamericano y a Donald Trump la firma del acuerdo en una conexión grabada por videoconferencia.

La diplomacia norteamericana ha participado activamente en la negociación de este acuerdo, que supone un importante espaldarazo para los opositores prodemocráticos en Venezuela.

«El Gobierno norteamericano ha destacado repetidamente lo importante que la transición a la democracia en Venezuela, pero creemos que es importante ir más allá y asegurarnos que el apoyo internacional a los venezolanos va más allá de reconocer al presidente interino Guaidó», dijo Carrie Filipetti, vicesecretaria para Venezuela del departamento de Estado norteamericano.

La salida de John Bolton el mes pasado como consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. hizo temer a los opositores venezolanos que el cambio de régimen en su país pasaría a un segundo plano en las prioridades de la Casa Blanca. Sina embargo, los diplomáticos estadounidenses al cargo de las políticas sobre Venezuela defienden que este acuerdo es prueba de que seguirán invirtiendo esfuerzos y fondos en conseguir el relevo de Maduro.

 

Emergencia humanitaria compleja – ACNUR – Septiembre 2019

María Yanes Herrera: “La crisis de la salud está totalmente visibilizada” por  Hugo Prieto – ProDaVinci – 29 de Septiembre 2019

María Yanes Herrera: “La crisis de la salud está totalmente visibilizada”

De esta historia, la doctora María Yanes Herrera, médico internista y nefrólogo, tiene perfecto conocimiento. La crisis de los hospitales ya era un hecho en 2007 y pese a los ingentes recursos que recibió el país producto del boom petrolero (con un barril a 140 dólares) no se invirtieron los recursos necesarios para garantizarle a los venezolanos un acceso oportuno y de calidad en los centros de salud.

Yanes Herrera presidió la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas y la Sociedad Médica del Hospital José Ignacio Baldó (mejor conocido como el Algodonal). En Venezuela nunca se ha invertido en salud lo que recomienda Naciones Unidas (el 5 por ciento del producto PIB). La emigración forzosa, producto de la emergencia humanitaria compleja, se traduce en un déficit alarmante de personal en los centros hospitalarios, desde médicos hasta enfermeras, pasando por laboratoristas. El drama que viven los pacientes de enfermedades crónicas es una tragedia que se mide en muertes que pudieron prevenirse.

Las cifras son extraoficiales debido al apagón estadístico que impera en Venezuela.

Más de 16 millones de venezolanos acuden al servicio público de salud, cuyas condiciones, en 2018, eran las siguientes: 53 por ciento de pabellones o quirófanos inoperativos; 88 por ciento de escasez de medicamentos; 94 por ciento de fallas en los servicios de rayos x y 100 por ciento de fallas en los servicios de laboratorio. ¿Qué significa esto?

Lo primero que quisiera decir es que Venezuela atraviesa por la peor crisis de su historia republicana. No solamente en el contexto de la salud, porque la crisis sanitaria que tenemos ya llegó a un punto de quiebre. Pasamos de crisis humanitaria, en 2013, a emergencia humanitaria compleja, que es lo que estamos viviendo actualmente. Esta emergencia abarca todas las variables que intervienen en la vida de los venezolanos y uno de los factores que más incide en el derecho a la vida es, fundamentalmente, el derecho a la salud, como lo establece los artículos 83 y 84 de nuestra Constitución. Eso es lo que más ha afectado la vida de los venezolanos.

Usted ha trabajado en distintos hospitales del sistema de salud público. ¿Cuál es el drama que viven los enfermos? ¿Cuál es el drama que se vive en los hospitales?

La crisis hospitalaria comenzó en 2007. Yo conozco esa historia, porque era la presidenta de la Sociedad Médica del Algodonal. Actualmente, ningún hospital se salva a escala nacional. No sólo estoy hablando de los nueve centros hospitalarios, los más importantes, del Distrito Capital. Me refiero a todos los hospitales en sus diferentes clasificaciones, desde el tipo 1 hasta el tipo 4, esa clasificación depende del número de camas. Los hospitales de mayor envergadura, es decir los que tienen más de 300 camas —el Clínico Universitario, El Algodonal, el Pérez Carreño—, no las tienen todas operativas y el paciente, pese al esfuerzo de los médicos y del personal de salud en general, no recibe una atención oportuna y de calidad. ¿Por qué?, porque no hay los instrumentos, no hay herramientas y las fallas, prácticamente, son a nivel general.

¿Cómo se puede planificar las llamadas operaciones electivas, digamos, una hernia inguinal, una operación de cataratas? ¿Dónde entra el paciente?

Usted entra a lo que llamamos la mora quirúrgica a escala nacional (alrededor de 300.000 casos). El paciente tiene que esperar hasta seis meses para que pueda ser operado en una cirugía electiva. Venezuela, de acuerdo a lo que establece la Constitución, debería tener un sistema de salud intersectorial, con principios de gratuidad y equidad, pero eso no existe, porque el sistema de salud se pulverizó, se desintegró. El paciente tiene que traer todos los insumos —desde gasa hasta algodón, pasando por el catéter que le van a poner, cualquiera que sea—, tiene que llevar un kitde cirugía y, en muchos casos, no tiene la capacidad para comprarlos. Es decir, no hay la dotación que tiene que tener un hospital para atender al paciente.

¿Si a un paciente le detectan una hernia umbilical en un módulo de salud de Barrio Adentro, digamos, si tiene un diagnóstico temprano, ¿qué sigue?

No tiene la capacidad de resolverlo. ¿A dónde lo vas a enviar? ¿A un hospital? ¿A un centro de salud tipo 3 que tenga esa especialidad? Ahí se va a topar con la falta de dotación y de insumos. Todos sabemos que Barrio Adentro es un sistema de salud paralelo que comenzó en 2003, donde se iba a impartir la atención primaria. Pero la medicina preventiva no sólo es la prevención de la enfermedad, también es la educación y la promoción de salud. Eso es lo que debería prevalecer. A Barrio Adentro se dirigió la atención, los recursos, en desmedro del sistema tradicional.

¿Diría que Barrio Adentro fracasó?

En mi opinión es un sistema fracasado, donde no se ven los resultados para lo cual fue establecido. Es decir, un sistema de atención primario y de prevención. Eso fracasó. De hecho, la mayoría de los famosos módulos hexagonales están abandonados.

El país se ha vaciado de profesionales de la más variada índole. Otros países de América Latina han fortalecido su sistema de salud con la participación de médicos venezolanos. ¿No resulta paradójico?

Ese es uno de los contextos que entra en la emergencia humanitaria compleja en lo que se refiere a la salud. No sólo hablo de los médicos. Hablo, inclusive, del personal de enfermería, del personal de bioanálisis. Hay un déficit de recursos humanos impresionante en los hospitales. Más de 25.000 médicos se han ido del país. Esa es la cifra que manejamos. Todos formados en las universidades tradicionales y reconocidas. Porque así como tenemos un sistema de salud paralelo, lamentablemente también tenemos una educación paralela en la medicina, como lo es el médico comunitario integral. Hay un pénsum de estudio que no cumple con las horas académicas para que un estudiante opte por un título de médico. De la emigración forzosa que sale del país por el puente Simón Bolívar —más de 5.000 venezolanos cada día—, no se escapan los profesionales y el personal de la medicina.

¿Cuáles son las especialidades más afectadas?

Yo diría que ninguna especialidad se salva. Pero son más los recién graduados e inclusive los que terminan su residencia de posgrado. Aquí no se salva ninguno. Afortunadamente, en otras latitudes, esos médicos han demostrado lo bien que han sido formados. Pero no hay garantías de que siga siendo así. Recientemente se quiso implementar un instructivo en el Hospital Clínico Universitario, que no sólo atentaba contra su autonomía, sino contra la formación académica de los estudiantes. Una cosa muy grave, porque ese hospital es el brazo derecho de la Escuela de Medicina Luis Razetti. La reacción inmediata de la comunidad hospitalaria en general lo impidió. Pero esa amenaza sigue latente.

La gente que emigra se va quedando, se va quedando… hasta que un día no vuelve. Eso le va a pasar a muchos médicos. Esa idea de que la gente va a regresar, no la veo tan factible. ¿Qué daño se ha producido? ¿Cuánto tiempo va a tomar, por ejemplo, volver al nivel que teníamos en 2013, año en que empezó la crisis humanitaria?

Hay gente que está trabajando en un plan para recuperar el sistema de salud en términos generales. Un factor importante de ese plan es la recuperación del personal que se perdió debido a la migración forzosa que produjo la emergencia humanitaria. Se perdieron todas las condiciones de trabajo. Se perdieron todas las condiciones de seguridad social. No hay una contratación colectiva. Todo eso se perdió. No será de un día para otro. El grupo Médicos Unidos del estado Aragua, por ejemplo, presentó un plan para esa entidad, que pudiera extrapolarse a escala nacional. Ese plan establece metas y objetivos a alcanzar en un plazo de 90 días, seis meses, un año y dos años. Ese plan lo debemos tener para cuando se produzca el cambio que todos queremos y que sabemos cuál es. Me estoy refiriendo —para no hablar de otras cosas—, al sistema que prácticamente ha destruido la salud en Venezuela. Yo tengo esperanza, tengo fe, de que cuando se produzca el cambio muchos médicos van a regresar.

Los recursos que se invierten en salud han caído en forma sostenida. En 2015 representaban el 3,1 por ciento del PIB y en 2018, apenas el 1,9 por ciento —data de la Organización Mundial de la Salud—. No sólo es un sistema fracasado sino inviable financieramente.

Eso no es nada. Antes de la debacle económica del 2013, a Venezuela le entraron recursos muy importantes por exportaciones petroleras. El precio del barril llegó a 140 dólares. Incluso entonces, el gasto en salud era ínfimo. Nunca llegó a los niveles que recomienda la OMS (5 por ciento del PIB). Aquí lo que está impactando es el caos y la crisis económica que hay en Venezuela. Lo primero que tiene que haber es una recuperación económica para poder aportar en salud los recursos que se necesitan. El gobierno no previó, para nada, el impacto que el desastre económico tuvo y tiene en el sector salud.

El otro tema tiene que ver con las enfermedades crónicas y los pacientes oncológicos. Uno de cada 10 venezolanos, por ejemplo, puede comprar los medicamentos para tratar el dolor que produce el cáncer. Más de seis mil venezolanos se han ido del país para poder comprar las medicinas que hacen falta para tratar el VIH. Dentro de la realidad sombría que estamos viviendo, ¿qué les queda a estos enfermos?

Es muy triste, porque uno como médico vive el día a día de estos pacientes y conoce la realidad. En Venezuela hay alrededor de 300.000 personas que padecen enfermedades crónicas de diversa índole. No solamente son los pacientes oncológicos, también son los pacientes que no tienen ni los recursos para adquirir las medicinas, o sencillamente no las hay o no llegan al país. En ambos casos, simplemente, son pacientes que corren el riesgo de morir. Es una cruda, una trágica realidad la que se vive en Venezuela con los pacientes de enfermedades crónicas.

Se puede decir, sin menoscabo a la verdad, que el Estado está condenando a estos pacientes a una muerte anticipada.

A una muerte que pudo haber sido prevenible, porque no es solamente el paciente oncológico o el paciente con VIH, es el paciente hipertenso que puede morir por causa de un infarto o un ACV, es el paciente diabético que puede morir porque no tiene la insulina, es el paciente con esclerosis múltiple que tiene tres años sin recibir los medicamentos de alto costo para todas esas enfermedades. Si bien estamos viendo más medicinas por vía de la Cruz Roja Internacional, no son suficientes. El drama de los pacientes trasplantados que han fallecido porque no hay inmunosupresores. Y los pacientes en diálisis, más de cinco mil han fallecido en los dos últimos años, de acuerdo a las declaraciones del expresidente del IVSS, porque no hay los insumos en diálisis. O porque el paciente no tiene los medicamentos para atenderse y muere por complicaciones de su enfermedad renal crónica. Es un drama terrible.

¿Por qué el gobierno niega la existencia de una emergencia humanitaria? ¿Por qué el representante del gobierno va a Bruselas y dice tal cosa?

Eso tiene su lógica, ¿qué se puede esperar de una persona que forma parte de este sistema? Eso es lo que tiene que decir y reiterar, que aquí no hay ninguna emergencia humanitaria compleja. Pero afortunadamente, el sol no se puede tapar con un dedo. Y así lo demostró el informe de la doctora Michelle Bachelet (alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU). Un informe que se presentó por primera vez el pasado 5 de julio y al que se le hizo una actualización el pasado 9 de septiembre. Ahí se demostró la violación a los derechos humanos en Venezuela, incluido el derecho a la salud y a la vida. Ya está totalmente visibilizada la crisis de salud que hay en el país. Me preocupa que no haya habido una respuesta ni del gobierno del señor Maduro ni de la comunidad internacional. La ayuda que llega a través de la Cruz Roja Internacional es insuficiente, tampoco está llegando al número de personas que realmente la necesitan. ¿Qué se importen medicamentos? Muy bien, pero que sean de calidad y debidamente registrados en el país, cosa que no está ocurriendo.

Vivimos una secuencia de enfermedades transmisibles —sarampión, difteria, hepatitis A, y de malaria, donde Venezuela ha retrocedido más de 40 años.

Para este año los expertos pronostican un millón de casos nuevos de malaria. Yo creo que la malaria es el reflejo del fracaso de las políticas sanitarias desde el punto de vista epidemiológico. Desde 1936 salía el Boletín Epidemiológico y es bajo este régimen que dejó de publicarse, creo que en 2008 se publicaron varios boletines, luego en 2016, hasta que se publicaron las cifras de mortalidad materna y mortalidad infantil que son los indicadores más fehacientes de que un país está o no saludable. Tenemos una crisis epidemiológica en falta de políticas y de controles para poder erradicar esas enfermedades. La erradicación del vector que propaga la malaria no está funcionando, así como las políticas de prevención y control de riesgos. Lo que ha habido es un gran retroceso. En la difteria, por ejemplo, el último caso fue en 1992 y en octubre de 2016 regresa, ¿por qué? Porque la cobertura en vacunación no llegó al 50 por ciento cuando debía ser del 95 por ciento, al menos en niños. Eso te dice que aquí no hay, en lo absoluto, políticas sanitarias para controlar esas enfermedades. Sarampión, en lo que va de año, ya van más de 5.000 casos.

Esas enfermedades, no sé si con la espada de Bolívar, van recorriendo toda América Latina.

Esa tragedia de enfermedades emergentes y reemergentes —sobre todo estás últimas— nos muestran como un país en franco atraso y retroceso. Nos hemos convertido en un país exportador de enfermedades a otros países. Ya Venezuela implica un problema regional en salud.

En nombre de la justicia, de la compasión y de la dignidad exijo intervención por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 29 de Septiembre 2019

borrel-arreaza.jpgEl Canciller de España saluda a su amigo el corrupto Canciller de Maduro, Jorge Arreaza

  • Una mujer está siendo asesinada por un criminal drogado en plena luz pública
  • Un niño está siendo azotado por un padre borracho ante los estudiantes y maestros de su escuela
  • Una joven menor de edad está siendo violada por un sádico en un parque público, ante la mirada de los transeúntes
  • Un preso es torturado con conocimiento de las organizaciones de derechos humanos
  • Una madre da a luz al lado de un basurero en una esquina de la ciudad
  • Un anciano muere de hambre, semi-desnudo, frente a un edificio del gobierno
  • Un paciente se asfixia en un pasillo de un hospital que carece de medicinas y de oxígeno para salvar su vida

Tragedias como estas suceden a diario en Venezuela, ante los ojos del mundo. Y no desde ayer sino desde hace años, de forma progresiva, desde que el régimen chavista está en el poder. Y nadie interviene, por indiferencia, temor o complicidad.

Pero esto no es todo.

El régimen forajido maneja mucho del tránsito y envío de drogas al mundo desde Venezuela. Esto es conocido.

El régimen forajido documenta terroristas para que entren a los países de la región con la misión de subvertir a sus gobiernos legítimos. Y ello es documentable y ha sido documentado

El régimen forajido ha financiado por años una pandilla kleptocrática regional compuesta por similares gobiernos como los de Cuba Nicaragua, Bolivia y, en ocasiones, Argentina bajo Kirchner o Brasil bajo Lula, para tratar de implantar en la región latinoamericana una ideología fracasada en el resto del planeta. Y ello es harto conocido

El régimen forajido apoya, patrocina y permite a las guerrillas terroristas colombianas hacer vida en territorio venezolano, hasta el punto de que ya existen áreas de ese territorio bajo control de fuerzas irregulares extranjeras

El régimen forajido ha creado y sigue creando un caos ambiental en la zona Sur de Venezuela, la cual forma parte del escudo de Guayana y de la Amazonia,

El régimen forajido le quita el pan de la boca a los venezolanos para dárselo a los castristas cubanos, en forma de regalos petroleros y transferencias financieras, mientras permite al castrismo cubano el control de las decisiones de política venezolana, todo lo cual está perfectamente documentado.

Todo este inmenso cuadro de miserias y tragedias, de atentados contra la población y el medio físico venezolano y latinoamericano está en marcha sin que alguien intervenga. Esta destrucción masiva, la cual ya desborda las fronteras de Venezuela y surge como un torrente hacia el sur, hacia Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y llega a Chile y Argentina y se derrama hacia todos los demás continentes aumenta cada día, mientras  burócratas internacionales dan discursos llenos de clichés sobre Venezuela  y luego se van a almorzar, pensando que han cumplido con su deber.

La muerte de Venezuela está siendo vista en vivo y en directo por el resto del planeta. Como sucede con los transeúntes cobardes los gobiernos cierran los ojos y pasan en silencio, sin intentar salvarle la vida a la nación moribunda. Esto ya ha sucedido antes en la historia de la humanidad: masacres, genocidios, abusos gigantescos de poder han ocurrido ante los ojos de un mundo egoísta, siempre atento a sus propios intereses. La pasividad es promovida por cómplices del régimen forajido, tanto en el exterior, a lo Zapatero y Federica Mogherini, como en el país, a lo Timoteo y la legión de castrados morales que continúan oxigenando al régimen.

Como venezolano y ciudadano de un planeta Tierra, tan deteriorado y amenazado por la cobardía y el egoísmo, exijo a la región, en nombre de la justicia, de la compasión y de la dignidad, que acuda en urgente auxilio de Venezuela antes de que el país se convierta en un cementerio sin flores.

Quienes piensen, desesperados, en ir a prenderse fuego frente a la OEA, frente a la Unión Europea o frente a la ONU, a fin de mover esas organizaciones a la acción, deben pensarlo dos veces. Porque sus sacrificios individuales serían inútiles si quienes los ven desde sus ventanas son gente como Federica Mogherini, Josep Borrell o Tabaré Vásquez.

  Un ejército integrado por miembros de los países de la región no sería un ejército invasor, sería un ejército de liberación

José Virtuoso: «La crisis arrastrará al país al caos de un Estado fallido» – El Nacional – 25 de Septiembre 2019

Virtuoso

«La crisis que ha sobrevenido es de carácter sistémico, avanza de manera vertiginosa y amenaza con arrastrar al país al caos propio de un Estado fallido”, dijo de acuerdo a un análisis económico que señala una caída de 40% del PIB para el cierre de 2019.

Virtuoso informó que de acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida, coordinada desde la Universidad Católica Andrés Bello, la gravedad de la crisis humanitaria incrementó la tasa bruta de mortalidad. Asimismo, existe una pérdida de 3,5 años en la esperanza de vida. También señaló que en 81% de los hogares existe inseguridad alimentaria.

«Esta sociedad quiere cambio, cambio urgente de régimen, de políticas, quiere paz, certidumbre, esperanza, no soporta a quien se llama gobierno desde Miraflores, porque siente que con él se hunde cada vez más”, indicó.

“Las encuestas indican que alrededor del 80% evalúa negativamente la gestión de Nicolás Maduro y 67% quiere que cese la usurpación de la Presidencia que ilegítimamente este desempeña en la actualidad”. De igual forma, 55% quiere que el gobierno cambie a través de elecciones libres y transparentes.

El rector afirmó que las negociaciones en la isla de Barbados sí significaron un cambio positivo para Venezuela. Le permitieron a la oposición crear un mecanismo que se alejaba del esquema de vencedores y vencidos. También criticó la decisión del régimen de discutir simultáneamente con otros actores.

«Soy de los que se niegan rotundamente a ver en este momento fracasos por todas partes. No es así. En Venezuela se está pariendo una salida democrática, pacífica y constitucional a la tragedia que padecemos. Digo pariendo y pariendo con sangre, sudor y lágrimas”, indicó Virtuoso. “Son muchas las energías que se están invirtiendo en esta dirección desde la dirigencia de la Asamblea Nacional, la sociedad civil organizada, ese más de 30% de la población que cotidianamente protesta y exige cambios en la calle y la comunidad internacional aliada a favor de la transición política. Estamos pariendo esa salida y no nos vamos a detener».

Destacó que es importante que la sociedad venezolana se libere de las actitudes que no ayudan. «Creo que es necesario combatir dos actitudes que lamentablemente no nos ayudan. Una es superar el mesianismo redentor. Ese fenómeno en el cual yo, que quiero mucho el cambio, apuesto por que otro lo logre por mí”.

“La verdadera fuerza política, la robustez de las luchas políticas, dependen del compromiso de la sociedad en su conjunto. De la apuesta de cada uno que le lleva a implicarse en la acción colectiva, de la conciencia de los ciudadanos, de la propia responsabilidad».

«Para quienes somos educadores por vocación, no podemos abandonar la educación si queremos que el país resurja de sus cenizas. Es urgente que todos colaboremos en su salvación como condición para lograr un país próspero y en paz», dijo.

Afirmó que los jóvenes que no asisten a las universidades lo hacen por no estar en la capacidad de asumir los altos costos. «65% manifestó no acudir a ninguna institución por la imposibilidad de asumir los costos. Ahora la Unicef estima que más de un millón de niños y niñas están fuera de la escuela en Venezuela».

«Para 2018 los estudios de Encovi nos revelaban que la deserción escolar en niños y jóvenes entre 3 y 24 años se ubicó en 30%, ocho puntos porcentuales por encima de 2014».

«Las universidades de financiamiento público no escapan de esta realidad: profesores y empleados muy mal remunerados y eliminación progresiva de los servicios de transporte. El resultado es una universidad que progresivamente se ha ido vaciando. Las cifras de abandono de docentes y estudiantes son realmente alarmantes».

«La educación de gestión privada, que depende de los recursos que provienen de su matrícula estudiantil, se ha visto sobreexigida para continuar desarrollando su tarea», dijo en relación a la crisis que vive el sector privado universitario.

Resolución de la trigésima reunión de consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en aplicación del TIAR – 23 de Septiembre 2019

Declaración del Grupo de Lima – 23 de Septiembre 2019

 

Los Gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela, miembros del Grupo de Lima, reunidos en la ciudad de Nueva York, expresan lo siguiente:

1. Rechazan los reiterados y sucesivos bloqueos del régimen ilegítimo y dictatorial de Nicolás Maduro a los procesos de negociación con las fuerzas democráticas y la Asamblea Nacional de Venezuela para alcanzar una salida política a la grave crisis que padece dicho país, mediante la realización de elecciones generales libres, justas y transparentes, con observación internacional.

2. Renuevan su apoyo al Presidente Encargado Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, como autoridades legítimas y democráticamente electas, y destacan su voluntad por alcanzar una salida pacífica conducida por los propios venezolanos. Siguen comprometidos a trabajar en estrecha colaboración con la comunidad internacional e instan a los demás países a unirse a los esfuerzos hacia ese objetivo.

3. Expresan la disposición de adoptar nuevas sanciones u otras medidas económicas y políticas contra el régimen de Maduro, orientadas a favorecer el restablecimiento, sin el uso de la fuerza, del Estado de derecho y el orden constitucional y democrático en Venezuela.

4. Rechazan los crecientes vínculos del régimen de Nicolás Maduro con grupos armados al margen de la ley y al amparo que otorga a la presencia de organizaciones terroristas y grupos armados ilegales en territorio venezolano, lo que representa una clara amenaza a la paz, la estabilidad y la seguridad de la región.

5. Promueven, de acuerdo a los ordenamientos jurídicos nacionales aplicables, la investigación, captura y sanción de funcionarios y testaferros del régimen ilegítimo de Maduro involucrados en actividades de apoyo a grupos armados y organizaciones terroristas, así como en actos de corrupción, narcotráfico, delincuencia organizada y violaciones a los derechos humanos.

6. Urgen al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas a establecer un mecanismo independiente de seguimiento e investigación sobre la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela, documentadas en el último informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, como el propuesto por los países del Grupo de Lima junto a otros miembros de la comunidad internacional.

7. Rechazan la candidatura del régimen ilegítimo de Maduro a dicho Consejo, por ser absolutamente contraria a la tarea de protección y defensa de los derechos humanos que compete a ese organismo intergubernamental e instan a la Asamblea General de Naciones Unidas a no apoyar esa candidatura.

8. Reiteran su profunda preocupación por la gravedad de la crisis humanitaria en Venezuela y por la dimensión del éxodo migratorio, más de 4.3 millones de personas según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que desborda las capacidades para su atención y subrayan la necesidad de incrementar el apoyo internacional, especialmente financiero para ayudar a la migración venezolana y a los países de acogida, para atender esta situación sin precedentes en la región.

Maduro has the upper hand again — as Venezuela’s people starve – Editorial The Washington Post – 22 de Septiembre 2019

Venezuelan President Nicolás Maduro at Miraflores presidential palace in Caracas 

FOUR MONTHS after a failed U.S.-backed putsch against Venezuelan President Nicolás Maduro, his regime has hunkered down, betting that it can outlast its domestic and foreign opponents. For the moment, at least, it seems to have the upper hand.

Having broken off negotiations with opposition leaders over a new election last month, Mr. Maduro last Monday signed an ersatz deal with minor parties that he may use to undermine the opposition-controlled National Assembly. He has partially liberalized the economy, reducing the inflation rate from seven to six digits and causing food and other consumer goods to reappear in some stores. And he has strengthened ties with Colombian guerrilla movements and deployed 150,000 troops to the border, seeking to intimidate a country that, along with the Trump administration, has pushed hardest for regime change in Caracas.

This month, prompted by Colombia and the United States, the signatories to a 1947 inter-American defense pact known as the Rio Treaty agreed to invoke it because of the threat posed by Venezuela to its neighbors. Its 19 members are expected to meet at the United Nations later this week to consider more steps to pressure the Maduro regime; the treaty provides for actions ranging from diplomatic sanctions to armed intervention.

Neither the United States nor Venezuela’s neighbors support military action, so barring direct aggression by Venezuela or the Colombian groups now based on its territory, that’s unlikely to be a means for toppling the regime. U.S. officials still hope for an internal military rebellion against Mr. Maduro, but there is no sign of one — and the extensive Cuban intelligence apparatus in the barracks is dedicated to rooting out would-be rebels.

The big losers in this stalemate are ordinary Venezuelans, who continue to suffer from an extraordinary humanitarian crisis. Those who cannot pay $14 for a box of imported cornflakes still struggle to find food. According to the website Caracas Chronicles, 80 percent of health clinics have closed. Some 5,000 people a day flee the country, adding to the more than 4 million who have already left. But nearby countries, including Ecuador, Chile and Trinidad and Tobago, are taking steps to curtail entry by Venezuelans. The Trump administration, despite its anti-Maduro rhetoric, has not granted protected status to Venezuelans who have reached the United States.

U.S. strategy amounts to slowly increasing sanctions while trying to persuade European and Latin American governments to join in. It’s betting that the regime lacks the resources to survive. Venezuelan oil production, having dropped 69 percent in two years, is down to just over 700,000 barrels a day — and half a million of those go to China and Russia to repay debts. Gold reserves have dwindled to $4.2 billion, from $19 billion in 2011, according to Russ Dallen of Caracas Capital Markets. Since it has defaulted on $25 billion in debt, Venezuela is unable to borrow.

Can the Maduro government survive this squeeze? The Trump administration thinks not, while Mr. Maduro is guessing he can, at least until the next U.S. election. Meanwhile, Venezuelans starve.

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