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Hecho en socialismo: en 2019 tasa de suicidios rompió récord en Venezuela por Sabrina Martín – PanamPost – 2 de Enero 2019

El alza es entre 140 y 180%, producto de la incertidumbre y de la desesperanza en la cual está sumida la población venezolana.

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia informó que «nunca se había alcanzado una tasa de suicidios como la de la actualidad». (EFE)

La tasa de suicidios rompió récord en Venezuela aumentando los últimos tres años y ubicando las cifras en 9 y 10 por cada 100 000 habitantes.

Antes del chavismo, el suicidio representaba entre 4 y 5 personas por cada 100 000 habitantes en Venezuela. Pese a la bonanza petrolera, aumentó entre 8 y 9 suicidios, pero a partir del 2015 los suicidios se dispararon. La tasa se cuadriplicó en los últimos 15 años, convirtiéndose en un fenómeno social.

OVV@ovv_violencia

La tasa de suicidios en Venezuela se ubica entre 9 y 10 suicidios por cada 100 mil habitantes. En el histórico de estadísticas conocidas, nunca se había alcanzado las tasas actuales.

Entre 2014 y 2018, esta tasa se ha triplicado. https://bit.ly/2Q2HSH8 

Informe Anual de Violencia 2019

Según estudios e investigaciones, en Venezuela se ha consolidado lo que se puede considerarse la mayor crisis social en la historia de Suramérica.

observatoriodeviolencia.org.ve

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia informó que «nunca se había alcanzado una tasa de suicidios como la de la actualidad».

«En Venezuela ha aumentado la tasa de suicidios entre 2015 y principios de 2019 (…) El alza es entre 140 y 180%, producto de la incertidumbre y de la desesperanza en la cual está sumida la población venezolana», indicó el sociólogo.

OVV@ovv_violencia

La tasa de suicidios en el estado se ubica alrededor de 21,7 suicidios por cada cien mil habitantes. La más alta del país, y que representa un incremento por el orden de 80% entre los años 2014 y 2018.

La nueva cifra significa un aumento importante en comparación con la tasa de 2012 en Venezuela, cuando era de 4 por cada 100 mil habitantes.

Venezuela, la nación que según estudios fue en algún momento considerada el “país más feliz del mundo”, pasó a ser el país de las muertes, de la tristeza, la emigración y los suicidios.

Fermín Mármol García, abogado criminalista, señaló a PanAm Post que Venezuela no es un país que se ha caracterizado por la ocurrencia de suicidios, sin embargo, la situación país es un factor influyente a la hora de tomar esta drástica decisión.

Mármol explicó que algunas de las principales causas para el suicidio entre los venezolanos incluyen la ruptura de familias con el aumento de la diáspora, la pérdida de los sueños y la calidad de vida, la escasez de alimentos y medicamentos; y hasta la injusticia e impunidad.

“La diáspora, por ejemplo, esa cultura de emigrar, del rompimiento de la familia, del aislamiento de nuestros vínculos sentimentales, no era parte de la cultura del venezolano y eso ha causado altas presiones psicoemocionales. Además, ahora transitamos por un camino de hiperinflación que también es un factor determinante en la presión psicoemocional”, señaló.

Para el especialista, otro factor influyente es la pérdida de sueños e ilusiones al resquebrajarse la calidad de vida:

El venezolano, al perder la calidad de vida, al perder la estructura sentimental de la familia, pierde también parte de la magia de soñar y cuando uno pierde eso, empieza a tener una conducta conformista que se aleja del progreso y eso también influye en la parte emotiva.

Luis Francisco Cabezas, director general de la ONG Convite, señaló a PanAm Post que las depresiones no solo se dan por situaciones dramáticas, sino también por un tema bioquímico que debe ser tratado con medicamentos, y que al no haber antidepresivos la situación se complica en los pacientes que los ameritan.

El especialista alertó que la población con trastornos mentales es la más propensa a tomar la decisión de quitarse la vida y sin embargo de 12 fármacos comúnmente recetados para atender esta condición, sólo tres están disponibles en el país suramericano.

«Comienzan a bajar las dosis y a estirar la cajita de pastillas, y los fármacos no funcionan de esa manera. Al bajar las dosis, es una de las causas por las que la gente empieza a pensar ideas de suicidio», explicó.

Como en Cuba

El régimen de Nicolás Maduro encontró la manera de materializar el socialismo en Venezuela, tal y como Fidel Castro lo hizo en Cuba, a tal punto que en la isla, tras las precarieades, el suicidio pasó de ser un tema tabú a una especie de “tradición”. La tasa es de aproximadamente 19,3 personas por cada 100 000 habitantes.

Hasta 2017, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Cuba es el segundo país de América Latina que más casos de depresión sufre después de Brasil. En la Isla, cerca de 10 mil personas se suicidaron en los últimos 5 años.

Según el portal CiberCuba, desde que llegó Fidel Castro al poder, los suicidios de personas comunes fueron invisibilizados por la prensa cubana, pues están “radicalmente prohibidas las necrológicas desagradables” por supuestamente causar “un malestar adicional en la población”.

“La Revolución ha propiciado el arraigo de la inercia individual y social, la hostilidad constante hacia los desafectos políticos, y la carencia de confianza en el futuro, razones que casi siempre desembocan en tragedia. Con frecuencia ocurren suicidios en las cárceles e instituciones mentales cubanas, por la desatención y la no vigilancia de suicidas potenciales”, señala el portal digital.

Milagro chavista: Venezuela retrocede mientras los países más pobres avanzan por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 26 de Diciembre 2019

El Banco Mundial midió las estadísticas de los últimos 20 años. Y descubrió que “los países más pobres del mundo lograron avances en los últimos 20 años”. Y esa es la paradoja. Porque en dos décadas, Venezuela retrocedió. Hace 20 años Venezuela no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. ¿Y hoy?
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro

Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria. Después de 20 años de chavismo es como se puede resumir la realidad del país. Lo confirman los indicadores del FMI, del Banco Mundial, los informes de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, de firmas especializadas, y hasta del propio Banco Central de Venezuela, que admitió esta año la caída pronunciada y sistemática del PIB y los altos niveles de inflación.

Venezuela es un caso. Es la historia del fracaso de un modelo aplicado en 20 años y que ha conducido a que seis millones de personas se vayan del país. En Venezuela han reaparecido enfermedades que se daban por extintas o controladas. En Venezuela han reaparecido otras enfermedades: La tortura y la crueldad, la persecución y el miedo, la represión y la incertidumbre ante el futuro. El Papa, en el mensaje de Navidad, y en referencia a Venezuela, se refirió a las “las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza”.

Esto ocurre en Venezuela. ¿Y qué ocurre en el resto del mundo? Venezuela hace 20 años no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. Pero hoy muestra indicadores de país muy pobre. Pero resulta que los países a los que el Banco Mundial ubica entre “los más pobres”, han hecho avances. Avances donde Venezuela ha retrocedido. Dice el Banco Mundial: “En las últimas dos décadas se han observado avances en muchos de los países más pobres del mundo. La tasa de pobreza extrema cayó de más del 50 % a alrededor del 30 %.”. ¿Cuál es el balance en Venezuela respecto a la tasa de pobreza extrema? Las últimas investigaciones la ubican en 50% en Caracas pero en el interior del país supera estos niveles.

El Banco Mundial señala que en los países más pobres “la mortalidad infantil disminuyó de aproximadamente del 14 % al 7 %”. ¿Y qué pasó en Venezuela? Este es un indicador que ha venido creciendo en los últimos años.

El Banco Mundial apunta que “ el acceso a electricidad aumentó un 57 % y la proporción de personas que usan por lo menos servicios básicos de agua potable y saneamiento se incrementó un 22 % y un 41 %, respectivamente·. Y en cambio ¿qué ocurrió en Venezuela? El mundo ha sido testigo de la crisis eléctrica. El servicio no se ha restablecido completamente en el país. De igual manera, el servicio de agua potable es insuficiente. En ambos servicios, Venezuela ha retrocedido. Asegura el Banco Mundial que “el 89% de la población mundial tiene acceso a la electricidad”. En América Latina el 98% de la población cuenta con el servicio. Venezuela ha estado en riesgo de salir de estas estadísticas.

Lo peor es que los países muy pobres no cuentan con los recursos que tiene Venezuela. Ni contaron con los recursos que le ingresaron a Venezuela al menos en 15 años de ese periodo de 20. Un país que, además, se endeudó. Y que hoy, sin embargo, muestra indicadores que dan pánico. De hecho, así lo reflejan los informes de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michell Bachelet. Por eso es que en Venezuela se habla de crisis humanitaria.

En otro apunte, el Banco Mundial señala que “Hace 30 años, más de un tercio de la población mundial vivía en la pobreza extrema”. Que hoy, menos del 10 % de las personas viven con 1,90 dólares al día o menos”. Asegura que “entre 2000 y 2015, 15 países lograron sacar de la pobreza extrema a 802,1 millones de personas”. Pero hay que apuntar que Venezuela marcha en dirección contraria. A la gente no le alcanza el dinero para comprar alimentos. La encuesta Encovi reflejaba que en 2018 al 89% de las personas pobres no les alcanzaba el dinero para comprar alimentos. Así, el 87% de los hogares de Venezuela pasaban a formar parte de la categoría de pobres y el 80% en el rango de inseguridad alimentaria.

Señala el Banco Mundial que “La Asociación Internacional de Fomento (AIF), institución del Grupo Banco Mundial, es una de las principales fuentes de financiamiento para combatir la pobreza extrema en los países más necesitados del mundo. Desde 1960, ha proporcionado más de USD 391 000 millones para inversiones en 113 países. En la reposición más reciente de los recursos del fondo, celebrada el 13 de diciembre de 2019, la comunidad mundial comprometió USD 82 000 millones para ayudar a los 76 países más pobres a invertir en las necesidades de su gente, impulsar el crecimiento económico y reforzar la resiliencia ante las conmociones climáticas y los desastres naturales”.

Milagro chavista: Venezuela retrocede mientras los países más pobres avanzan por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 26 de Diciembre 2019

El Banco Mundial midió las estadísticas de los últimos 20 años. Y descubrió que “los países más pobres del mundo lograron avances en los últimos 20 años”. Y esa es la paradoja. Porque en dos décadas, Venezuela retrocedió. Hace 20 años Venezuela no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. ¿Y hoy?
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro

Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria. Después de 20 años de chavismo es como se puede resumir la realidad del país. Lo confirman los indicadores del FMI, del Banco Mundial, los informes de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, de firmas especializadas, y hasta del propio Banco Central de Venezuela, que admitió esta año la caída pronunciada y sistemática del PIB y los altos niveles de inflación.

Venezuela es un caso. Es la historia del fracaso de un modelo aplicado en 20 años y que ha conducido a que seis millones de personas se vayan del país. En Venezuela han reaparecido enfermedades que se daban por extintas o controladas. En Venezuela han reaparecido otras enfermedades: La tortura y la crueldad, la persecución y el miedo, la represión y la incertidumbre ante el futuro. El Papa, en el mensaje de Navidad, y en referencia a Venezuela, se refirió a las “las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza”.

Esto ocurre en Venezuela. ¿Y qué ocurre en el resto del mundo? Venezuela hace 20 años no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. Pero hoy muestra indicadores de país muy pobre. Pero resulta que los países a los que el Banco Mundial ubica entre “los más pobres”, han hecho avances. Avances donde Venezuela ha retrocedido. Dice el Banco Mundial: “En las últimas dos décadas se han observado avances en muchos de los países más pobres del mundo. La tasa de pobreza extrema cayó de más del 50 % a alrededor del 30 %.”. ¿Cuál es el balance en Venezuela respecto a la tasa de pobreza extrema? Las últimas investigaciones la ubican en 50% en Caracas pero en el interior del país supera estos niveles.

El Banco Mundial señala que en los países más pobres “la mortalidad infantil disminuyó de aproximadamente del 14 % al 7 %”. ¿Y qué pasó en Venezuela? Este es un indicador que ha venido creciendo en los últimos años.

El Banco Mundial apunta que “ el acceso a electricidad aumentó un 57 % y la proporción de personas que usan por lo menos servicios básicos de agua potable y saneamiento se incrementó un 22 % y un 41 %, respectivamente·. Y en cambio ¿qué ocurrió en Venezuela? El mundo ha sido testigo de la crisis eléctrica. El servicio no se ha restablecido completamente en el país. De igual manera, el servicio de agua potable es insuficiente. En ambos servicios, Venezuela ha retrocedido. Asegura el Banco Mundial que “el 89% de la población mundial tiene acceso a la electricidad”. En América Latina el 98% de la población cuenta con el servicio. Venezuela ha estado en riesgo de salir de estas estadísticas.

Lo peor es que los países muy pobres no cuentan con los recursos que tiene Venezuela. Ni contaron con los recursos que le ingresaron a Venezuela al menos en 15 años de ese periodo de 20. Un país que, además, se endeudó. Y que hoy, sin embargo, muestra indicadores que dan pánico. De hecho, así lo reflejan los informes de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michell Bachelet. Por eso es que en Venezuela se habla de crisis humanitaria.

En otro apunte, el Banco Mundial señala que “Hace 30 años, más de un tercio de la población mundial vivía en la pobreza extrema”. Que hoy, menos del 10 % de las personas viven con 1,90 dólares al día o menos”. Asegura que “entre 2000 y 2015, 15 países lograron sacar de la pobreza extrema a 802,1 millones de personas”. Pero hay que apuntar que Venezuela marcha en dirección contraria. A la gente no le alcanza el dinero para comprar alimentos. La encuesta Encovi reflejaba que en 2018 al 89% de las personas pobres no les alcanzaba el dinero para comprar alimentos. Así, el 87% de los hogares de Venezuela pasaban a formar parte de la categoría de pobres y el 80% en el rango de inseguridad alimentaria.

Señala el Banco Mundial que “La Asociación Internacional de Fomento (AIF), institución del Grupo Banco Mundial, es una de las principales fuentes de financiamiento para combatir la pobreza extrema en los países más necesitados del mundo. Desde 1960, ha proporcionado más de USD 391 000 millones para inversiones en 113 países. En la reposición más reciente de los recursos del fondo, celebrada el 13 de diciembre de 2019, la comunidad mundial comprometió USD 82 000 millones para ayudar a los 76 países más pobres a invertir en las necesidades de su gente, impulsar el crecimiento económico y reforzar la resiliencia ante las conmociones climáticas y los desastres naturales”.

España concede un permiso humanitario a casi 40.000 venezolanos por María Martin – El País – 20 de Diciembre 2019

La Oficina de Asilo resuelve más de 60.000 peticiones, pero aún acumula 120.000

asilo venezolanos
Familias con niños demandantes de asilo el pasado 26 de noviembre frente al Samur Social. DAVID G. FOLGUEIRAS

Casi 40.000 venezolanos han recibido este año un permiso para residir y trabajar legalmente en España por razones humanitarias. Las 39.697 autorizaciones tienen un plazo de un año, prorrogable 12 meses más. Este reconocimiento se concede prácticamente en su totalidad a venezolanos solicitantes de protección internacional que no cumplen con los requisitos establecidos por ley para ser reconocidos como refugiados pero que, por decisión del Gobierno, reciben casi automáticamente este permiso. Otras nacionalidades, como la ucrania, la salvadoreña, la hondureña y la colombiana, suman entre todas poco más de un centenar de autorizaciones de este tipo.

Priorizar la resolución de los expedientes de venezolanos, más de un 60% de todos los casos estudiados, es parte de la estrategia adoptada por el Ministerio del Interior para aliviar la saturación que enfrenta la Oficina de Asilo y Refugio. Los venezolanos, sumidos en una crisis humanitaria, suponen aproximadamente el 35% de los casi 110.000 solicitantes de asilo que han llegado a España este año; y la resolución rápida de sus casos permite descongestionar ligeramente el sistema. Aunque sobre el papel, debe estudiarse caso por caso, los expedientes de los venezolanos se tramitan más rápido porque a un 96%, según la EASO, se les deniega el estatus de refugiado o la protección subsidiaria, las principales figuras de la protección internacional.

La Oficina de Asilo acumula cerca de 120.000 expedientes sin resolver, casi una cuarta parte del total de casos pendientes en toda la Unión Europea, según datos de septiembre de la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO, en sus siglas en inglés). La demora en resolver los casos ha llevado ya a la red de acogida, a la que acuden los solicitantes de asilo más vulnerables, al borde del colapso. Desde hace meses son recurrentes las imágenes de familias durmiendo al raso en Madrid.
A pesar de las cifras que posicionan a España como uno de los países más lentos en resolver expedientes de la UE, la Oficina de Asilo ha resuelto este año 62.641 solicitudes, cinco veces más que en 2018.

Interior atribuye esta mejora al plan de choque que puso en marcha el ministro Fernando Grande-Marlaska y por el que, hasta ahora, se han convocado 219 plazas de interinos para reforzar la plantilla y se trabaja en actualizar un programa informático de los años 90.

Venezuela, de la riqueza al hambre por María Yanes – El Nacional – 17 de Diciembre 2019

Nunca, como en estos  veinte años de pesadilla, se han despilfarrado tanto las riquezas que tiene nuestra hermosa Venezuela.

Pudiéramos decir que es el país con mayores riquezas naturales del continente, que van más allá de grandes reservas de petróleo, la más conocida de todas y cuya rentabilidad ha bajado de manera significativa por la desarticulación de la empresa estatal de todos conocida y que fue un puntal a nivel de Latinoamérica y en el mundo. A esto se suman las bondades del Arco Minero, conteniendo en su suelo grandes riquezas como oro, coltán, diamante, cobre, hierro, bauxita y pare usted de contar.

Durante los primeros años de este “gobierno” se manejaron grandes cantidades de dinero producto del alza del precio del barril de petróleo, nunca vista en la historia republicana de Venezuela. Hoy día  vemos con profunda tristeza e impotencia cómo la corrupción y el despilfarro nos convirtió en un país de hambre.

La crisis alimentaria, que se ha profundizado en los últimos cinco años, está causando estragos sobre todo en nuestras poblaciones más vulnerables: los niños, las embarazadas y los ancianos. Algo preocupante en los actuales momentos y que se agudizó de nuevo este año es la desnutrición crónica en sus grados de moderada y severa.

Expertos en el área de nutrición pertenecientes a instituciones reconocidas, como la Fundación Bengoa, han resaltado en sus últimos trabajos que de 30% a 35% de los niños en nuestras comunidades presentan desnutrición crónica. Una situación muy grave por las consecuencias que esto tiene en el desarrollo cognitivo, en la memoria y el aprendizaje, lo que incide de manera directa en la baja escolaridad.

Otro hecho importante es que la desnutrición se ha desplazado a niños menores de 2 años, incluso de 6 meses y hasta en etapa neonatal, lo que ha incrementado la mortalidad en este período de la vida. Esto es producto de que nacen de madres que están igualmente desnutridas y sobre todo de adolescentes que presentan un cuadro severo de anemia. Estudios recientes, también de la Fundación Bengoa, han demostrado que 65% de las mujeres embarazadas en las comunidades tiene anemia.

¿Cómo puede nacer un niño sano, a término, con peso y talla en el rango normal que se espera en la etapa neonatal? El producto de estos embarazos son niños prematuros, de muy bajo peso, con riesgo extremo de morir al nacer. De esto no se escapa otra población vulnerable, como es la correspondiente a las personas de la tercera de edad. En este caso, organizaciones no gubernamentales serias y de gran credibilidad, como Convite, han realizado encuestas a grupos poblacionales en este rango de edad con muestras significativas y a nivel nacional, las cuales han demostrado que 77% de las personas mayores no tiene acceso a suficientes alimentos y 3 de cada 5 se acuestan regularmente con hambre.

En los ancianos, sobre todo en aquellos que pertenecen a los estratos sociales en los que predomina la pobreza, se está viendo una pérdida importante de la masa muscular. Se han convertido en personas muy enflaquecidas y con un cuadro de desnutrición importante, con el inminente riesgo de adquirir enfermedades como la tuberculosis.

La situación en el interior del país es más crítica, sobre todo con el subsidio que da el «gobierno» con las famosas bolsas CLAP, ya que el contenido de estas se ha visto mermado con relación a la cantidad y la calidad de los alimentos.

Puede que haya más abastecimiento de alimentos de manera general, pero el precio dificulta la posibilidad de disponer de ellos, sobre todo en aquellas personas que no reciben este aparente beneficio del régimen relacionado con los CLAP.

La ayuda humanitaria que ha entrado a través de la Cruz Roja Internacional o Unicef relacionada con los suplementos alimenticios no le llega a las poblaciones más necesitadas como a los niños desnutridos, no se ha priorizado este tipo de ayuda. Como se tiene que canalizar a través del “gobierno”, se ha conocido que los reparten en plazas públicas de manera indiscriminada y con fines de proselitismo político.

En Venezuela hay dos realidades: un pequeño porcentaje de ciudadanos, que conocemos, que tiene todas las facilidades a mano; y la inmensa mayoría de la población, más de 80%, que la sufre y que tiene que luchar e ingeniársela para poder sobrevivir cada día que pasa.

Si el Niño Jesús fuera venezolano por Milagros Socorro – La Gran Aldea – 12 de Diciembre 2019

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¿Sabes lo que es llorar y que nadie te resuelva? Es un Niño Jesús que aprenderá a leer pero no terminará la primaria, y ni soñará con la universidad. Es una generación condenada a la pobreza, porque el momento de la vida en que debieron de apertrecharse de recursos internos, de capacidades metabólicas, biológicas, afectivas, se los arrebataron. El Niño Jesús venezolano tiene retardo del crecimiento. Con estas palabras Susana Raffalli nos dibuja la semblanza de un pesebre donde la realidad es abrumadora, y ratifica que el patrón de saqueo que ha hecho el Gobierno con la infancia venezolana sólo es comparable al del Arco Minero.

“Si el niño Jesús naciera este 25 de diciembre en Venezuela, el Estado llegaría al pesebre y le robaría sus primeros mil días”, dice Susana Raffalli, quien antes era experta en nutrición y ahora también es versada en inopia.

Susana Raffalli Arismendi es nutricionista con posgrado en Nutrición Clínica del Centro Médico de Caracas. Tiene maestrías de la Universidad Complutense de Madrid y la Organización Panamericana de la Salud. Pero, sobre todo, tiene una vida de trabajo en el terreno de la seguridad alimentaria (que cuando se invoca es porque ya no lo es). Fue ella quien organizó el regreso de los damnificados a sus comunidades después del tsunami en Indonesia. Ya entonces había hecho un curso en gestión de Emergencia Humanitaria con énfasis en alimentación, impartido por la Cruz Roja española y la Universidad Complutense de Madrid. Luego trabajaría en Acción Contra el Hambre y en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), lo que llevó a la incansable caraqueña hasta AngolaAfganistánPakistán, el Sahara Occidental y Colombia.

En fin, de hambre y de pasar trabajos no le echan cuentos a Susana Raffalli, Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos 2018, y asesora de Cáritas de Venezuela. También podría decirse que es asesora de la prensa venezolana, cuyas solicitudes atiende con frecuencia y paciencia dignas de encomio. En 2018 fue distinguida por Americas Quarterly, como una de las 10 Personas Que (Algún Día) Reconstruirán Venezuela.

-Desde 2016, Venezuela padece una emergencia de progresión lenta -dice cuando se le pregunta cómo nos consigue la Navidad de 2019-, que en este punto está enquistada y sin pronóstico. Coexisten los que pueden sobrevivir, aún acostumbrados a las precariedades, con los que están muriendo todos los días. No es que baje el sentido de urgencia, al contrario, Venezuela necesita ayuda con urgencia. Más apoyo y más rápido. La ayuda humanitaria que ha logrado entrar no cubre la escala necesaria. En las emergencias enquistadas y sin pronóstico, las soluciones se alejan del patrón estandarizado.

-¿Cuál es la diferencia entre una emergencia de progresión lenta, esto es creada por alguien, y una catástrofe natural?

-La gran diferencia entre una emergencia de instalación súbita, por lo general, deslaves, terremotos, (también por un derrame petrolero, un incendio) es que esas emergencias matan por shock. Los que mueren sucumben en las primeras horas. Pero, después de eso, al hacer el balance de lo que se cayó, viene la rehabilitación, y en la medida en que el personal humanitario trabaja retorna la normalidad. Eso puede tardar hasta un año o dos, pero se sale. En la emergencia de progresión lenta, más si está enquistada, la gente va entrando en sus propios procesos de desgaste, que se van alejando de la normalidad, es un bienestar propio, aislado de la situación general. Por ejemplo, no es normal que en una emergencia súbita haya desnutrición. Un niño no se desnutre en 72 horas. La desnutrición es un proceso de privación prolongada. Y en estas Navidades 13,5% de los niños menores de cinco años, evaluados por Cáritas, tienen desnutrición grave, incluso con alto riesgo de enfermar y morir.

-La emergencia venezolana no mata por shock, sino…

-Por desgaste. Llega un punto de extenuación en que tienes que lidiar no sólo con los que están a punto de morirse sino con los que se quieren morir porque se sienten desahuciados, desolados. Muertos en vida. Quisiera decirlo de una manera que no suene ridículo por lo grandilocuente. Pero muchos venezolanos andan muertos en vida. En una emergencia llegada a este punto, se tiene que lidiar con las urgencias, pero también con problemas muy complejos que no sabíamos manejar: Suicidiosprostitucióntrata. La misma voluntaria de Cáritas que hasta ahora lidiaba con un niño desnutrido dándole una barra nutricional, según un protocolo previsto para durar seis semanas, ahora debe hacer frente a esos flagelos. Siempre es más fácil, cuando uno trata de ayudar, contar con lo poquito que aporta la persona asistida, pero en la emergencia de Venezuela nos está tocando lidiar con familias ya muy desgastadas, con un músculo de resistencia muy gastado.

“A partir de febrero no hay importación de alimentos y la gente no se puede movilizar por la falta de gasolina. El país está mantenido por las remesas”

Susana Raffalli

-Usted escribió el siguiente tuit: «Junto a Yemen y Siria, se estrena hoy Venezuela en el reporte mundial de necesidades humanitarias. Cerca de 1 de cada 4 venezolanos está en necesidad de ayuda humanitaria urgente, lo confirma ONU. El país se les desmoronó en sus manos».

-Está en el reporte del Panorama Humanitario Mundial, dado a conocer el miércoles 4 de diciembre de este año por Naciones Unidas junto con cientos de ONG. Cuando ponen a Venezuela a la par de Yemen y de Siria, no es porque sus emergencias se parezcan, sino por el número de afectados, por la cantidad de recursos que hay que invertirles, y por las dificultades de acceso a esas personas. En esto, Siria y Yemen son equiparables a Venezuela, donde las familias afectadas todavía pueden moverse para encontrar opciones, aunque sean salidas tan terribles como la prostitución e incluso las prácticas ilegales. Ya vemos, por ejemplo, un movimiento masivo hacia el Arco Minero. En Siria, si sales, te encuentras con minas antipersonales, en áreas de bombardeos o enfrentas una limitación normativa de desplazamiento por el territorio. En Yemen, 46% de los niños desnutridos se pueden morir en dos o tres días. En Venezuela estamos cerca del 15%. En 2017 tuvimos casi 21%. Va al vaivén del gasto público y de las remesas. A partir de febrero no hay importación de alimentos y la gente no se puede movilizar por la falta de gasolina. El país está mantenido por las remesas.

-¿Cuál ha sido el peor año?

-El 2017. La diócesis que peor llegó a estar tuvo 21% de desnutrición, muy por encima del umbral de emergencia. Fue en Machiquesestado Zulia. El segundo fue Vargas. El tercero, Sucre.

-¿Qué pasó en Machiques para que casi un cuarto de los niños fueran condenados a la desnutrición?

-Una coincidencia de hechos funestos: Expropiaciones de grandes fincas ganaderas; la demarcación de las zonas indígenas, que no podían ser trabajadas para la ganadería; y la intensificación del movimiento de fuerzas irregulares en la zona. Las fincas dejaron de contratar peones y la gente se quedó sin medio de vida.

-¿Y en Vargas?

-El deterioro del deslave nunca se terminó de rehabilitar, entonces hay muchas dificultades de acceso al agua potable y al drenaje de aguas negras. En Vargas hay mucha pobreza, mucho cáncer, muchas enfermedades cardiovasculares y, además, siguen estando en una zona de altísimo riesgo de un nuevo deslave.

-¿En Sucre?

-En todos los casos hay un Estado que ha tomado medidas regresivas para el goce del derecho a la alimentación, para obligar a la población a comer de lo que el Estado pone en una “caja”. En alimentación pasamos de una situación de mucha libertad a ninguna libertad. Es un salto atrás en materia de libertad y de Derechos Humanos. Tener alimentos en un mercado es un derecho humano. Hemos pasado de eso a poner una huella dactilar para comprar lo que el Estado quiera. Pero sobre ese mantel ha habido factores que afectan a los diferentes lugares en mayor grado. En Sucre, el factor añadido es la Malaria y las economías ilegales.

-Usted mencionó el reporte de Naciones Unidas. Bueno, por fin se dieron cuenta de que «Las necesidades superan sustancialmente los recursos que tenemos». No se puede decir que sean rápidos para captar la realidad.

-En su viaje a Venezuela, el subsecretario general de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, admitió con las manos literalmente en la cabeza: «En el reporte decimos que hay siete millones, pero yo sé que son 11». Pero el señor Lowcock sólo vino por unos días. A lo interno del país tenemos un sistema de Naciones Unidas (NNUU) muy resistente a reconocer las verdaderas dimensiones de lo que ocurre y, ni digamos, a interpelar al Gobierno con lo que hay que hacer.

“En la emergencia de Venezuela nos está tocando lidiar con familias ya muy desgastadas, con un músculo de resistencia muy gastado”.

-Usted escribió en Twitter que: «En este país en el que las cosas se pagan con oro, tenemos […] una planta humanitaria prístina enviándonos selfies desde los mejores restaurantes de Caracas…». ¿Se refería a los funcionarios de NNUU en el país?, ¿son, entonces, cómplices?

-Me refería a muchos de ellos. Y sí, lo son. Hacen lo que el Gobierno les permite. Con el argumento de que si hacen algo distinto, el Gobierno los saca. Se supeditan a lo que el Estado dice. El mecanismo por dentro está lleno de fuerzas ideológicas que no están facilitando las cosas. Incluso, hay técnicos de NNUU que insisten en que el número de quienes han emigrado es de 2 millones 400 mil personas, cuando ACNUR dice que son 6 millones. Pero, eso sí, para pedir plata para los que se fueron calculan 3 millones 800 mil.

-La FAO pasó de dar una medalla a Chávez en 2012 y luego a Maduro en 2015 porque, según ellos, Venezuela era “territorio libre de hambre”, y a 2018 dice que hay casi 7 millones de venezolanos que padecen hambre. No puede decirse que sean la mata de la coherencia.

-El aumento de personas en situación de hambre, que estima la FAO, comenzó a incrementarse sostenidamente a partir de 2012, antes, por cierto, de la aplicación de las sanciones. Ese director que le dio una medalla a Maduro está ahora en Cuba. Mientras sigamos en este simulacro según el cual aquí la situación “no es tan grave”, no se van a tomar las medidas necesarias, ni se va a llamar al Gobierno a rectificar. Mientras, se pierden vidas y oportunidades. La ayuda humanitaria no resuelve los problemas, es limitada, subsidiaria y finita. No puede ser permanente. Se supone que, mientras tanto, se va a la causa que está provocando la emergencia. Pero en Venezuela, en vez de resolver, ponen lucecitas en un cerro, se compran todas las casas de una calle o destrozan el sur del país. Cualquier Estado aprovecha la ayuda internacional para recuperar fuerzas, rectificar lo que causó el daño, aquí no. El Estado ha tomado un montón de instancias de sustitución para que hagan lo que él no quiere hacer. Unicef está apoyando al Gobierno en la rehabilitación del acceso al agua y saneamiento; es decir, en lugar de estar vacunando y desparasitando niños, están haciendo lo que le toca al Gobierno.

-La emergencia de Venezuela, entonces, es lenta, es compleja, está enquistada… ¿Qué viene?

-El último factor, el más nefasto, es que en poco tiempo será olvidada. La emergencia de los saharauis se olvidó. Más nadie habló de esa gente. Ahí están hace 40 años. Darfur es una emergencia olvidada. No quiero ser pájaro de mal agüero, pero ya comenzó el proceso hacia allá. Será olvidada por los donantes internacionales de la ayuda, por la comunidad internacional, por los medios de comunicación, que ya lo hemos empezado a ver. Incluso, olvidada por nosotros mismos. Olvidamos que así no se puede vivir. Ya se instaló la precariedad como una vida normal, y ahora estamos con la narrativa de la resiliencia, de los emprendedores que siguen en el país… que, bueno, que no tenemos agua ni luz pero que… En realidad es una miseria que tengas que atender tu emprendimiento con una planta eléctrica, porque no tenemos tendido eléctrico. El bono en dólares no te libera de un Estado que tortura y que tiene las cárceles llenas de presos políticos. No se puede perder la beligerancia. No se puede perder la percepción de lo anómalo. De la vulneración, del abuso. Se nos olvidó el disfrute del bienestar y cuando las emergencias entran en esa ruta, es muy difícil salir. Así podríamos quedarnos.

“En alimentación pasamos de una situación de mucha libertad a ninguna libertad. Es un salto atrás en materia de libertad y de Derechos Humanos”

Susana Raffalli

-¿Qué son los CLAP?

-Es un mecanismo de penetración, control social y compra de lealtades. Nunca fue un programa alimentario. Es el medio alrededor del cual se articula una vasta red de crimen organizado que lucra con eso. Los CLAP encarnan, materializan, la quinta economía ilegal de Venezuela, después del contrabando de gasolina, el tráfico de estupefacientes, la minería ilegal y la corrupción con diferenciales cambiarios. Su contenido es absolutamente inadecuado en cantidad y calidad. No es inocuo, son alimentos que vienen adulterados. No es consistente con nuestro patrón cultural. Es una aberración. Además, te obligan a pagarlo por adelantado, sin saber lo que te van a poner. Y te lo entrega un miliciano que con la caja te pasa un mensaje ideológico. Nunca debió existir este azote.

-¿Cómo llega el pueblo venezolano a la Navidad?

-Ya no hay un solo pueblo venezolano, sino varios, una Venezuela dentro de otra, nunca tan desigual. Hay una mínima población que llega comprando arbolitoscaña y panettone; y una gran mayoría que no tiene ni para el onoto. Y en el medio están los que llegan comiéndose una hallaca, solos, con la familia en el extranjero. Y si tienen esa hallaca no tienen para zapatos. Llegan desgastados por la precariedad y agotados por sus cuatro o cinco empleos de ínfima calidad.

-¿Cómo sería el Niño Jesús si fuera venezolano?

-Si fuera niña, le faltarían ocho centímetros de estatura. Como es niño, le faltan cinco. Y a ambos les faltan millones de conexiones neuronales, de facultades cognitivas, con un hueco afectivo. El hambre genera un hueco que, si sobreviven, nada habrá de llenarlos, tendrán mil problemas por su insaciable voracidad. ¿Sabes lo que es llorar y que nadie te resuelva? Es un Niño Jesús que aprenderá a leer pero no terminará la primaria, y ni soñará con la universidad. Es una generación condenada a la pobreza, porque el momento de la vida en que debieron de apertrecharse de recursos internos, de capacidades metabólicas, biológicas, afectivas, se los arrebataron. El Niño Jesús venezolano tiene retardo del crecimiento. El Estado llegó al pesebre y robó sus primeros mil días. Más aún, desde la gestación. A Cáritas llegan niños con tres días de nacidos y ya tienen retraso de talla, ya están desnutridos. Es un niño saqueado. El patrón de lo que ha hecho el Gobierno con la infancia es el mismo del Arco Minero.

-¿Y qué figuras deambulan por los cerros de cartón del pesebre?

-Los que se están muriendo, los que se murieron y a los que se les acabó la vida.

Informe sobre el Arco Minero – Comisionado para la ONU – Noviembre 2019

Los niños de Venezuela se están muriendo: ¿somos nosotros responsables? por Nicholas Kristof – Infobae/New York Times – 25 de Noviembre 2019

Daniela Serrano perdió a su hija pequeña por desnutrición en los barrios pobres de Caracas, Venezuela, el 20 de noviembre de 2019. Frenéticamente buscó ayuda médica, pero tres hospitales rechazaron a la bebé, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos ni suministros. El que finalmente la admitió, le dio el alta el mismo día que murió. (Fabiola Ferrero / The New York Times)
Daniela Serrano perdió a su hija pequeña por desnutrición en los barrios pobres de Caracas, Venezuela, el 20 de noviembre de 2019. Frenéticamente buscó ayuda médica, pero tres hospitales rechazaron a la bebé, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos ni suministros. El que finalmente la admitió, le dio el alta el mismo día que murió. (Fabiola Ferrero / The New York Times)

Este país es una cleptocracia gobernada con incompetencia por malhechores que están convirtiendo una próspera nación exportadora de petróleo en un estado fallido al borde de la inanición.

En consecuencia, una joven madre llamada Daniela Serrano llora por su bebé, Daisha, y no puedo evitar preguntarme si las sanciones económicas de Estados Unidos en parte no son también responsables.

Serrano, de 21 años, vive en el barrio pobre y violento de La Dolorita, donde la conocí. En mayo, la bebé languidecía por desnutrición, así que buscó ayuda médica como loca, pero tres hospitales rechazaron a la niña, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos, ni provisiones.

Finalmente, una sala de urgencias encontró a alguien para que examinara a la niña de 8 meses, con la condición de que Serrano proporcionara una hoja en blanco porque el hospital no tenía papel para escribir notas. Luego dieron de alta a Daisha, que esa noche murió en su casa.

“Me di cuenta de que estaba fría y no respiraba”, me contó Serrano mientras las lágrimas corrían por su rostro. “Grité”. Un vecino bondadoso le marcó al 911, pero pasaron 11 horas antes de que “los servicios de emergencia” se aparecieran en su casa. Se llevaron el cuerpo de Daisha.

La pregunta difícil para los estadounidenses: ¿acaso nuestras sanciones, que buscan debilitar el régimen, en realidad contribuyen a que bebés como Daisha mueran?

El brutal gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro es el principal responsable del sufrimiento. Hay medidas que Maduro podría tomar para salvar la vida de los niños, si lo quisiera. Pero hay evidencia de que las sanciones impuestas por el presidente Barack Obama y el presidente Donald Trump contribuyen al deterioro de la economía y al tormento de los venezolanos comunes y corrientes.

“La economía venezolana era un borracho dando patadas de ahogado en un mar picado, luchando por mantenerse a flote y pidiendo a ruegos un salvavidas”, me dijo Francisco Toro, un periodista venezolano. “En cambio, el gobierno de Trump le echó un martillo. Un martillo no ayuda para nada. Es pesado. Puede hacer que el borracho se hunda más rápido. Pero el martillo no puede ser el foco de una narrativa sobre porqué se está hundiendo el borracho”.

Tal vez Venezuela ahora esté tendiendo hacia un colapso total y una hambruna generalizada, mientras varios grupos armados están fragmentando el control. Los brotes de malaria, difteria y sarampión se están esparciendo y al parecer la mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008.

La respuesta de Maduro es inadmisible. Compra la lealtad de funcionarios del Ejército con dinero o recursos que podrían destinarse a medicamentos, se rehúsa a aceptar ayuda extranjera e impide el ingreso a organizaciones humanitarias importantes.

Lo mejor para los venezolanos sería un nuevo gobierno. Pero las sanciones no han logrado sacar a Maduro del poder, aunque sí han infligido sufrimiento sobre los venezolanos vulnerables.

Incluso en la capital, Caracas, la zona del país más acomodada, el sufrimiento es incalculable. Elsys Silgado, de 21 años, tiene 2 hijos pequeños. El mes pasado, ambos estuvieron a punto de morir: Alaska, de 5 años (pesaba solo 11,80 kilos) de desnutrición aguda, y Jeiko, de 3 años, de una infección severa y una fiebre persistente de 40 grados.

La mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008 en Venezuela. (Reuters)
La mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008 en Venezuela. (Reuters)

Silgado y sus hijos fueron rechazados de cuatro hospitales porque no había camas disponibles. No me dejaron visitar hospitales públicos, los cuales están estrictamente controlados por pandillas armadas hostiles a la investigación periodística (unos doctores exploraron la posibilidad de meterme a escondidas, pero también para ellos hubiera sido muy peligroso). Entiendo por qué las autoridades no quieren que los periodistas visiten hospitales: Silgado describió salas de urgencias deplorables, sin electricidad ni suministro de agua.

“Estaba lloviendo”, recordó, “y lo único que veía era lodo en todas partes”. “

Finalmente Alaska y Jeiko se repusieron, pero a Silgado le sigue preocupando que pueda perder a Alaska por la desnutrición. “Temo que muera porque ahora sé que no la puedo llevar a un hospital. No tienen nada”, me dijo.

Muchas personas de los barrios pobres me dijeron que al inicio apoyaron a Hugo Chávez, quien fundó este régimen, pero casi todas se habían vuelto en contra de Maduro.

Cuando Chávez murió, yo lloré. Pero a Maduro lo envenenaría yo misma”, me dijo una mujer en la barriada de San Isidro.

Conversé con Juan Guaidó, el líder de la oposición. Guaidó, cuyo intento por deponer a Maduro desafortunadamente ha perdido ímpetu, afirmó estar seguro de que en algún momento los venezolanos lograrán derrocar la dictadura.

Tras insistirle, reconoció la posibilidad de que las sanciones podrían estar empeorando la crisis humanitaria. “Es un dilema, para Venezuela y para el mundo”, dijo, pero de cualquier manera está a favor de las sanciones por considerarlas un recurso más para quitar a Maduro. “Necesitamos cualquier herramienta de presión que esté a nuestro alcance”, dijo.

Quizá tenga razón. Pero no puedo dejar de pensar en los habitantes de los barrios que conocí.

Siguiendo el consejo de mi guía, me quité el reloj y anillo de matrimonio antes de entrar en la barriada, por miedo a que me robaran. Entonces una familia verdaderamente hambrienta me condujo por unas escaleras rotas y en mal estado hacia un apartamento apretado y destartalado; una persona salió corriendo a comprar papas fritas y algo de tomar para ofrecerme por ser un invitado de honor. Me sentí terrible y avergonzado.

Personas como ellos ya están sufriendo debido a la indiferencia de Maduro; es probable que haya un cataclismo en el futuro. Busquemos nuevas maneras de presionar a la cleptocracia, sin aportar más sufrimiento a los venezolanos comunes y corrientes. Quizá un programa tipo Petróleo por Alimentos podría ayudar, además de un mayor esfuerzo por obligar a Maduro a aceptar más ayuda humanitaria. Dado que nos estamos precipitando hacia una crisis humanitaria en nuestro hemisferio, hay que repensar nuestra estrategia.

 S.O.S. por Ramón Peña – La Patilla – 24 de Noviembre 2019

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Desde el pasado mes de septiembre los medios noticiosos se concentran en la agitación social, casi telúrica, que ha sacudido a Perú, Ecuador, Chile, Bolivia y, ahora, a Colombia. Eventos todos, sin duda, de importancia para la opinión pública mundial.

Entretanto, sin ser noticia porque ya no es novedosa, se profundiza incesante la tragedia social de Venezuela. Ojalá esto no signifique que el padecimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos, dentro y fuera de su propio territorio, comience a configurar un hecho que los medios y la opinion mundial den por descontado. Los eventos reportados en los países vecinos son en buena medida de naturaleza coyuntural. Lo que acontece en Venezuela ya es estructural.

Como indicador de la tragedia venezolana basta una mirada a cualquier rubro social del país. Tomemos la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado la condición sanitaria del país como “emergencia humanitaria compleja”. Esta semana reporta la reaparición de fiebre amarilla en el Estado Bolívar, temiendo que pueda esparcirse como ha ocurrido con la malaria, la difteria y el sarampión. La Organización Panamericana de la Salud enumera 32 mil casos de malaria y decenas de muertes en 2019. La OMS registra “una caída brutal de la vacunación infantil”, en el caso de fiebre amarilla solo cubre a 37% de los niños. Las autoridades sanitarias, para ocultarlo, descaradamente no emitien boletines epidemiológicos. Esta semana, se exhibieron decenas de zapatos de niños como testimonios desgarradores de sus muertes por precariedad de los hospitales infantiles. Médicos y enfermeras en todo el país denuncian salarios de hambre. Miles de médicos y paramédicos continúan emigrando al mundo entero. Jubilados con pensiones miserables carecen de seguros de salud… Entretanto, millones de dólares son dedicados a fortalecer las fuerzas militares que sostienen al régimen.

Si permitimos que la tragedia venezolana perdure y envejezca, cada día será menos noticiosa.

 

20 años resistiendo por Mitzy Capriles de Ledezma – El Nacional – 19 de Noviembre 2019

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Los venezolanos sumamos más de 20 años marchando. Por diferentes motivos se juntan en las calles para que millones de ciudadanos adentro y afuera protestemos contra un régimen que perpetra una variedad de crímenes que hacen del caso Venezuela, un acontecimiento que no tiene parangón en ninguna parte del mundo.

En la obra Siete Sellos: Crónicas de la Venezuela revolucionaria, Gisela Kozak Rovero lo resume, palabras más palabras menos, «que han sido decenas de sacrificios tratando de poner en alto relieve las máculas de una tiranía que se identifica con el autoritarismo, asume crímenes de todo orden, hambruna, padecimientos de salud, martirios y perversidades que hunden a millones de venezolanos  dentro del territorio nacional, en una espantosa tragedia y han catapultado a otros millones a una diáspora que ya supera los 4,6 millones de desterrados.

“Han sido marchas para defender la educación de nuestros muchachos. Inolvidable aquella consigna de lucha que nos hacía gritar desde nuestras entrañas “con mis hijos no te metas”.

Desde entonces, hasta estas horas no menos aciagas, la gente ve como pulverizan nuestra moneda, ese signo monetario al que le cambian el nombre y le quitan y ponen ceros de forma antojadiza. Ha visto como asaltan tierras, centros comerciales, abastos, tiendas, van arrasando con todo, como esos huracanes que sacuden al estado de Florida en Estados Unidos, que son fenómenos naturales allá, mientras que aquí son acontecimientos primitivos protagonizados por turbas humanas en pleno siglo XXI.

Es una Venezuela desfigurada, con su rostro, o su mapa, cruzado de cicatrices, un país en donde en el sur igual en el norte, lo que se escucha es el lamento o el quejido de dolores y martirios.

Es la historia que se escribe con la exclusión de la que hemos sido víctimas millones de seres humanos, simplemente por disentir de las pretensiones dictatoriales de Chávez y de Maduro. Es la era de la más feroz persecución política desatada por los voceros de esa letrina mal llamada revolución. Y lo hacen sin ruborizarse, más bien sienten que es una hazaña salir en televisión, empuñando un mazo y mostrando en una cartelera las fotografías de las próximas víctimas, tal como hicieron con el oficial de nuestra Fuerza armada Rafael Acosta Arévalo.

El más rancio fascismo, tal como lo escribe Barrera Tyszka, en la obra compilada por Gisela Kozak, estamos viendo el “regreso de los gorilas”.

Esos matones que han ejecutado las masacres de Cariaco o la de Barlovento, enmascarados con los aperos que les facilita el mismísimo régimen para que se confundan como miembros de esas Operaciones de Liberación del Pueblo, que según el informe de la ex presidenta Michael Bachelet, han ejecutado de manera extrajudicial más de 7.300 venezolanos.

En definitiva, los venezolanos marchamos pidiendo que se fuera Chávez, también fuimos a votar varias veces y recogimos firmas para revocarlo a él y después a Maduro. Los venezolanos hemos marchado condenando la invasión de nuestro territorio por efectivos cubanos o por la traición de Chávez de entregar nuestro Esequibo. Los venezolanos hemos acompañado a nuestros estudiantes, ésos que se inmolaron luchando por la democracia que no llegaron a conocer, porque los mataron antes de que se produjera el cese de la usurpación de nuestros poderes públicos, como lo ha venido haciendo Maduro y su camarilla, que ahora usurpan la presidencia de la cuál pretendemos desalojarlos.

Al día de hoy toda movilización debe ser para exigir el cese de la usurpación, no para involucrarnos anticipadamente en elecciones que bien sabemos no serán nada libres, mientras Maduro y sus secuaces permanezcan controlando el aparato gubernamental del que se sirven sin ningún   miramiento.

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