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La crisis venezolana: impactos y desafíos por Eduardo Pastrana Buelvas y Hubert Gehring – Fundación Konrad Adenauer – Mayo 2019

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Presentación KAS

Ante la creciente crisis que atraviesa Venezuela, Colombia enfrenta nuevos desafíos relacionados con su capacidad institucional, la población migrante que diariamente atraviesa la frontera, su relación bilateral y la seguridad en la región, entre otros. En ese sentido, la Fundación Konrad Adenauer (KAS) ha querido contribuir al análisis de la crisis venezolana y ofrecer una reflexión sobre el papel que debe desempeñar Colombia frente a este fenómeno.

Con tal objetivo en mente, convocamos a un grupo de expertos nacionales e internacionales para abordar la crisis desde múltiples enfoques que hemos recogido en el presente libro, del cual esperamos que sirva como insumo para el diseño y la ejecución de políticas públicas en Colombia y para la implementación de estrategias multilaterales que permitan atender las necesidades más urgentes de los migrantes y mitigar los efectos de la crisis en la región.

Siendo Colombia el principal receptor de población proveniente de Venezuela, y reconociendo los esfuerzos realizados hasta el momento, es necesario que se implementen acciones más de mediano y largo plazo que permitan atender de manera efectiva este fenómeno. Al ser una problemática multidimensional, necesita de respuestas con un enfoque diferencial, coordinadas e intersectoriales que, además, involucren a todos los niveles de gobierno, a organizaciones de la sociedad civil y a la comunidad internacional.

En efecto, no puede dejarse de lado el papel de la comunidad internacional como garante de una posible transición política en Venezuela, principal proveedor de ayuda humanitaria y facilitador de una eventual recuperación económica. Colombia debe apoyarse en las instancias internacionales y hacer uso de los mecanismos que ofrecen instituciones como la ONU o la OEA, e incluso la Unión Europea, para continuar el liderazgo que ha ejercido hasta ahora en la visibilización de la crisis y la mitigación de sus efectos.

Sabemos de los enormes esfuerzos que demandan la atención humanitaria, una transición democrática y la restauración económica en Venezuela. Sin embargo, la comunidad internacional debe tomar una posición más activa y responsable frente a la crisis humanitaria y ejercer una presión contundente para restablecer la democracia en Venezuela.

En este orden de ideas, de lograrse dicha transición, aún quedaría un camino largo por recorrer para la reconstrucción de la sociedad venezolana y su economía; un camino que sin duda exigirá sacrificios y la solidaridad de muchos actores a nivel nacional, regional e internacional.

Por ese motivo, este libro incluye, entre otros, una reflexión en torno a las capacidades institucionales propias de los sistemas de la ONU y de la OEA para hacerle frente a la crisis política y humanitaria, y la competencia de la Corte Penal Internacional de cara a las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades venezolanas. También un análisis sobre el papel que desempeñan algunas potencias globales y los principales socios políticos y comerciales en el contexto de la crisis. De igual manera, un balance sobre los retos y las oportunidades para la relación colombo-venezolana en el marco de la crisis humanitaria.

Ahora bien, somos conscientes de que algunos temas se escapan del alcance de este análisis, por lo que esperamos inspirar otras reflexiones que incluyan nuevos y distintos puntos de vista sobre un tema que además de ser importante, es urgente para Venezuela, Colombia, la región y el mundo.

Finalmente, agradecemos a todo el equipo de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) por su apoyo. A los autores que contribuyeron con sus reflexiones y propuestas a la realización de esta iniciativa. Y al profesor Eduardo Pastrana Buelvas, nuestro más sincero reconocimiento por su liderazgo, compromiso y acompañamiento en la implementación de este proyecto editorial.

Esperamos que el lector encuentre en este libro una guía útil para ampliar y profundizar sus conocimientos alrededor de estos temas y, de ser posible, luces para posibles soluciones a los problemas expuestos.

Dr. Hubert Gehring / Representante en Colombia

Fundación Konrad Adenauer

Enlace para acceder al texto del libro :

La crisis venezolana. Impactos y desafíos

Match Words With Actions in Venezuela, Mr. President by Lindsey Graham – Wall Street Journal – 23 de Mayo 2019

Follow Reagan’s example in rescuing Grenada from Cuban domination.

Venezuelan strongman Nicolás Maduro speaks at a rally in Caracas, May 20. PHOTO:IVAN ALVARADO/REUTERS

President Trump has stood firmly on the side of the Venezuelan people. He correctly declared Juan Guaidó the legitimate leader and Nicolás Maduro an impostor, urged Venezuelans to resist the Maduro regime, and promised that America stands with them. The Trump administration has done a terrific job building a regional and global coalition against Mr. Maduro. The Organization of American States has come out firmly in support of Mr. Guaidó.

In a Feb. 18 Miami speech, Mr. Trump declared that he will stand against socialism and for democracy throughout the Western Hemisphere. Now is the time to follow through on that promise.

The situation in Venezuela has become a humanitarian crisis, with citizens literally starving. The turmoil in Venezuela is destabilizing the region and creating a nightmare for its neighbors, which are forced to deal with the mass exodus of Venezuelans fleeing oppression.

In the 1980s, confronted with Cuban intervention in Grenada, President Reagan intervened militarily, ensuring Grenada didn’t become a satellite state of Cuba. The U.S. must be willing to intervene in Venezuela the way we did in Grenada. Mr. Trump should tell Cuba to withdraw all security forces from Venezuela immediately. If Cuba doesn’t comply, the U.S. should move military assets to the region.

A show of resolve in the face of Cuban intervention will encourage the Venezuelan military to abandon Mr. Maduro and side with the people of Venezuela. A strong American response would force the Venezuelan military leadership’s hand. While no one wants a military conflict, this nightmare in Venezuela must end for the good of the region and for the sake of democracy. If Mr. Trump put Cuba and Mr. Maduro on notice, it would send a clear message to dictators and despots that America means what it says.

For generations, America has stood for democracy and freedom around the world. The Venezuelan people have suffered enough and are ready for peace, prosperity and a better life. They are looking to America for leadership, and the world is watching.

A free, democratic Venezuela has the potential to be a great economic and national-security partner to the U.S. That won’t happen as long as Cuba is interfering in Venezuela, propping up Mr. Maduro, and working against the interests of both America and the Venezuelan people.

America must stand for our values and with the people of Venezuela. An ultimatum to Cuba to withdraw their forces would be the beginning of the end of the Maduro dictatorship and a giant step for America in pushing back against Cuba’s destructive influence. The world is watching.

Informe de la ONU sobre Venezuela habría sido reescrito tras publicar “datos falsos” por Jhoan Meléndez – Noticiero Digital – 21 de Mayo 2019

Luis Francisco Cabezas, director general de Convite, señaló a través de un hilo en Twitter que el reciente informe de la ONU sobre la situación de Venezuela, habría sido reescrito tras publicar “datos falsos” sobre la crisis venezolana.

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Hay cosas que quedan claras, otras no tan claras. Hay suposiciones y no verdades. El informe deja claro que en Venezuela hay una emergencia humanitaria y la reconocen abiertamente dejando atrás la política de simulación de normalidad que en el último año se convirtió en el mantra de las agencias; en el panorama de la situación se describe una situación humanitaria que va escalando, sin embargo se le atribuye a los “cortes eléctricos” buena parte de la responsabilidad de nuestra actual situación, es bueno dejar claro que antes de los apagones ya nuestra situación era precaria”, dice Cabezas.

Continúa: “El panorama habla de un cierre de fronteras desde el 23 de Febrero no dejando claro que fue un cierre ordenado por el régimen, que expone a las poblaciones fronterizas que hacen vida en una frontera viva, allí quien generó el problema fue quien cerró la frontera”.

“El informe habla de una respuesta pero no deja claro si se activará abiertamente la respuesta humanitaria de Naciones Unidas con el nombramiento de un Oficial de País, que debería no ser el mismo coordinador residente”.

“En el tema de salud hablan de entregas sin decir a qué hospitales se refieren, llama poderosamente la atención de que no hablen de la malaria cuando es nuestra principal epidemia y hablan de prevención pero no queda claro que pasa con los miles de personas con malaria, sarampión y difteria. La vacuna previene pero no hace nada sobre quienes ya padecen la morbilidad, no se habla de que hacer en zonas mineras y comunidades indígenas”, alega Cabezas.

En ese sentido explica: “En el tema de VIH, ya las organizaciones del área se encargaron de desmentir lo dicho en el primer paper, que hablaba de 10.000 millones de pastillas y luego en el segundo de un plumazo bajaron a 1.600 millones”.

“Finalmente, el montaje de un informe que luego termino siendo desmontado por otra versión, deja muy mal paradas a las agencias y a quienes publicaron ese informe, deja dudas razonables con respecto a la imparcialidad de quién es responsable del mecanismo pero a la vez deja saber que la sociedad civil está alerta y no permitiremos este tipo de desatinos o al menos los denunciaremos”, finaliza el hilo de Cabezas.

Dicho informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) reveló que: “7 millones de venezolanos necesitan ayuda humanitaria, 1,9 millones de personas requieren asistencia nutricional, entre ellas 1,3 millones de niños menores de cinco años; las enfermedades prevenibles como la tuberculosis, la difteria, el sarampión y la malaria han resurgido, con 2,8 millones de personas en necesidad de asistencia médica, incluidos 1,1 millones de niños; unos 4,3 millones de venezolanos requieren asistencia de agua y saneamiento, entre ellos un 17% de los más pobres que no tienen acceso a agua potable, o la reciben solo una vez cada dos semanas”.exo

Además sentenciaron que 460.000 venezolanos han solicitado formalmente asilo en el extranjero, en su mayoría en los países vecinos de América Latina, casi un millón y medio han conseguido otros tipos de visa que les permiten estudiar y trabajar y “muchos otros siguen en situación irregular”.

¿Oslo? por Ibsen Martínez – El País – 22 de Mayo 2019

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Las negociaciones desde 2004 con el chavismo solo han servido para fortalecer a un régimen tiránico

La palabra ahora es Oslo y no Bolton; ir o no ir a Oslo es el novísimo dilema que ya encrespa los ánimos venezolanos.

Con ser enemigo de la dictadura de Maduro, en modo alguno indiferente a los sufrimientos que entraña la interminable agonía del “socialismo del siglo XXI”, no puedo sino alegrarme de que, al menos por lo pronto, la guerra –proverbial cuarto jinete del Apocalipsis− no se sume en Venezuela a la bota narcomilitar, al hambre y la muerte.

La guerra de Bolton, imaginada por muchos como el extremo que abriría ventanas a la luz, aparece cada día un poquito más lejana. Cada día leemos y escuchamos menos la expresión: “Todas las opciones están sobre la mesa”, al tiempo que el senador Rubio apacigua sus tuits.

Luego de 120 días de entusiasta movilización de calle, de sangrientos choques contra el aparato represivo –a comienzos de mayo, la cifra de asesinados por la dictadura este año se elevaba a 57−, millones de venezolanos aún padecen hambre, escasez de medicinas y agua potable, orfandad de servicios sanitarios de todo tipo, un creciente racionamiento del combustible, una oscurana permanente y la más terrorífica violencia de Estado que se recuerde en un siglo. Y se preguntan: “Ahora qué”.

La perspectiva de un acuerdo entre negociadores de la oposición, designados por el infatigable Guaidó, y una delegación madurista presidida por el protervo mandarín de la dictadura, Jorge Rodríguez, que conduzca a elecciones libres repugna a la mayoría de la gente que se expresa en los mentideros de Twitter y WhatsApp.

Cunde en Venezuela una muy bien fundada suspicacia, avivada por los malos recuerdos de tantas “negociaciones” como ha habido desde 2004 y que, al cabo, solo sirvieron para fortalecer a un régimen tiránico, especializado en desconocer resultados electorales y desatar letales temporadas de represión indiscriminada.

No es, pues, una majadería pensar que las rondas de Oslo, de llegar a darse, bien podrían culminar en una nueva frustración, indeseable en momentos en que, como observan respetados economistas, Venezuela vive un colapso solo comparable al de un país en guerra.

Tal colapso es de hechura humana y su único responsable es la crudelísima cáfila de delincuentes de toda ralea que mantiene secuestrado al país. Se entiende que poca gente finque esperanzas en una mesa de Oslo, por lo visto ya no tan hipotética, a juzgar por lo que la censura de Maduro –y la ejercida por Guaidó, digámoslo todo− dejan leer en la media lengua de sus comunicados.

Sin embargo, en la corriente principal del caudaloso río de opiniones, y adelantada por los pundits de la politología del populismo salvaje, domina la idea de la inevitabilidad de un acuerdo. ¿A qué clase de acuerdo podría arribarse en Oslo? Encuentro más fácil pronosticar quién ganará el banderín de la División Este de la Liga Americana este año.

Es difícil, pese a todo, desestimar el hecho inocultable de que Noruega se ha trazado desde hace muchos años la meta de hacer de su disposición para acompañar y normar exitosamente escarpados acuerdos de paz, un rubro de exportación que exhibe como orgullo nacional. La diplomacia noruega, y va dicho sin ánimo de injuria, no es como la de República Dominicana, del mismo modo que una limusina Mercedes Maybach no es un camperito Suzuki de 1300 cc., de segunda mano. La diplomacia noruega nos dio a Dag Nylander, uno de los artífices del acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano.

La delegación de Guaidó, ciertamente, no está integrada por Gaby, Fofó y Miliki, pero al pensar en Noruega y su oferta de mediación, es inevitable pensar en la Cuba totalitaria que en la actualidad interviene militarmente –ella sí, no Bolton− en Venezuela.

Nada garantiza en este momento que no veamos las fatídicas guayaberas blancas de los ventripotentes caimacanes cubanos sobrevolar en círculos a los enviados de Guaidó.

Así que no sé que saldrá de Oslo, pero si me apuran diré que en octubre las Mantarrayas de Tampa disputarán la Serie Mundial con los Astros de Houston.

Su imagen se convirtió en un símbolo del hambre en Venezuela por Isayen Herrera y Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 21 de Mayo 2019

Anailin Nava, de dos años, está desnutrida y sufriendo de la falta de tratamiento médico. Su madre, Maibeli Nava, dijo que los médicos le recetan medicinas que no están disponibles o que no puede pagar. CreditMeridith Kohut para The New York Times

CARACAS— Cuando la imagen de la niñita venezolana empezó a circular la semana pasada, la reacción fue casi instantánea. Tiene 2 años, pero la desnutrición y la falta de tratamiento médico han agotado su cuerpo hasta dejarla en un estado en que virtualmente es una bebé. Pasa el día en pañales, echada en la choza precaria de su familia.

Se llama Anailín Nava y cuando los lectores vieron su fotografía en un artículo de The New York Times sobre el colapso económico de Venezuela muchos tuvieron el mismo impulso: puede que sea difícil ayudar a su país a salir de una prolongada crisis humanitaria, pero seguro que algo podía hacerse por esta niña en particular.

El domingo empezó a llegar la ayuda.

La escasez de gasolina ha azotado a una gran parte de Venezuela, pero Fabiola Molero, una enfermera del grupo católico de ayuda Cáritas, empacó en una maleta una báscula y suficiente leche, comida y suplementos nutricionales para dos semanas e hizo autoestop desde Maracaibo, en el occidente, hasta la isla de Toas, donde vive Anailín.

Molero trabajó veinte años como enfermera en hospitales públicos, pero hace tres años renunció y se unió a Cáritas como voluntaria para poder combatir el hambre que está devastando al país.

“Yo trabajaba en un hospital y renuncié porque no podía lidiar con que los niños se me murieran en los brazos por falta de insumos”, dijo Molero.

Cuando salió el domingo, su meta era verificar el estado de salud de Anailín y cómo estaban el resto de los niños de esa comunidad.

El estado de Zulia, al que pertenece la isla de Toas, ha sufrido particularmente el colapso económico del país. La isla ha quedado prácticamente aislada del resto del país después de que los botes de transporte público se descompusieran por falta de refacciones. Los paquetes de comida subsidiada por el gobierno llegan cada cinco meses, pero a las familias les toma solo una  semana consumirlos según la madre de Anailín, Maibeli Nava, y sus vecinos.

Molero dijo que el caso de Anailín era uno de los peores que había visto a lo largo de veinte años de trabajo en la región. La familia a menudo era incapaz de darle de comer más de una vez al día, y a veces solo contaban con arroz o harina de maíz. El caso de malnutrición severa de la niña se agravó por una enfermedad neurológica de origen genético que le provoca convulsiones, problemas musculares y complicaciones digestivas, dijo la enfermera.

Anailín, que pesa la mitad de lo que debería, está demasiado débil como para viajar, de acuerdo con la enfermera. Pero puede recibir tratamiento en casa hasta que se recupere lo suficiente para que la atienda un neurólogo, agregó.

“Mi bebé estaba decaída y le estaba dando fiebre. Estaba muy mal”, dijo Maibeli Nava, de 25 años. “Ya no me daba ni la mano cuando intentaba jugar con ella. Yo pensaba que mi hija se me iba a morir”.

La llegada de la enfermera, y de la comida, tuvo un impacto inmediato, dijo Nava. “Ahorita está alegre”.

Molero dijo que su llegada había causado que los vecinos formaran una fila afuera de la casa de Nava, en una de las aldeas de pescadores de Toas, para pedir ayuda.

“Nosotros aquí pensamos que el mundo se va acabar. Hay mucha crisis y se mueren mis vecinos por falta de medicamentos”, dijo Nava.

La crisis económica ha dejado a la isla sin suministros médicos, a pesar de que cuenta con dos hospitales y tres postas públicas de primeros auxilios. Toas solía ser un destino turístico, pero el deterioro de la economía y la infraestructura del país la han dejado sumida en apagones eléctricos y de comunicación frecuentes y prolongados.

“Me preocupa porque hay muchas mujeres embarazadas y el hospital no está funcionando”, dijo Molero.

De los veintiséis niños que Molero evaluó, diez estaban desnutridos. Casi todos tenían ampollas y abscesos en la piel a causa de la mala calidad del agua, dijo la enfermera. Hace años que la planta desalinizadora de la isla no funciona.

“La condición de nuestros niños empeora cada día”, dijo Molero, de 43 años.

Dijo que la principal amenaza a la salud de los niños era la escasez de productos lácteos que vienen del interior del país. Sin leche, las familias más vulnerables recurren al plátano en polvo para hacer papillas, dijo Molero.

Y la escasez de gasolina dificulta el envío de ayuda, dijo la enfermera.

“Estamos trabajando con las uñas porque apenas tenemos recursos”, dijo.

Venezuela : Dramático video de los obispos – Conferencia Episcopal – 16 de Mayo 2019

La Conferencia Episcopal Venezolana ha distribuido un vídeo donde muestra los efectos que ha causado en el país la dictadura socialista bolivariana de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y la respuesta de la Iglesia ante las durísimas realidades sociales a las que se está viendo abocado el país.

El Socialismo Deja a Venezuela Sin Carne, Sin Pan y Sin Gasolina por Vanessa Novoa – iF Revista Digital – 18 de Mayo 2019 

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Más allá de la arena política, persiste la crisis económica más grave que ha vivido Venezuela en su historia. Las noticias de esta semana incluyeron cifras preocupantes respecto al abastecimiento de alimentos e insumos básicos. En socialismo, las necesidades se convierten en lujos.

El Instituto Venezolano de Leche y Carne reportó que los venezolanos pasaron de consumir 22 kilos de carne al año a menos de 3 en un cuatrimestre. Desde hace tiempo, la producción no alcanza para cubrir la demanda nacional, con lo que los precios se mantienen en subida.

En comunismo, las familias optan por reducir al mínimo el consumo de carne o eliminarla por completo de la dieta.

En cuanto al abastecimiento de pan y otros derivados de la harina de trigo, Fetraharina reportó esta semana la paralización de uno de los molinos más importantes del país. El sector, que actualmente trabaja a 50% de su capacidad, tampoco tiene las condiciones para satisfacer la demanda.

Sin carne, sin pan y con graves fallas en los servicios básicos de agua y electricidad, la Venezuela comunista se enfrenta además al colapso del sector petrolero: las únicas dos refinerías que se encuentran operativas en el país trabajan a 10% de su capacidad.

Las consecuencias del colapso económico se reflejan en una generación completa que crece con problemas de peso y talla, enfermedades erradicadas que vuelven y la normalización de las largas filas para encontrar comida o combustible racionados.

La causa es una sola: el socialismo. Un conjunto de políticas de expropiaciones, controles sobre el sector privado y saqueos estatales al aparato productivo bajo control del Estado alimentaron la crisis.

Estas políticas, defendidas por socialistas de todos los partidos en mayor o menor grado, no son nuevas: causaron resultados similares en Cuba, Alemania y la Unión Soviética.

El colapso económico de Venezuela es resultado de las políticas nefastas de un régimen de extrema izquierda. El socialismo, en cualquiera de sus variantes, destruye naciones al llevarse a sus últimas consecuencias…y siempre habrá alguien dispuesto a llegar a esas consecuencias.

 

Imágenes de la desesperación – Revista Semanal – 19 de Mayo 2019

The spectacular recovery of the post-Maduro Venezuela by Maria Antonia Marturet Rios – Concious Capitalism – 17 de Mayo 2019

 

“Maria Antonia Marturet Rios spoke at the first Latin America Conscious Capitalism Conference this March. While she is from Venezuela, like many others, she has left the country for the time being due to the circumstances the country finds itself in. We invited Toña to share her thoughts on how Conscious Capitalism can be a model for resolving the humanitarian crisis in her home country, by moving past the question of politics to create a system of opportunity that benefits everyone.”

– Alexander McCobin, CEO, Conscious Capitalism, Inc.

The name field on my ID says Maria Antonia, but for every other purpose, you can call me Toña. I’m a Venezuelan engineer who was forced to flee communism in 2018 due to economic, social and security concerns in my country. I work as a Business Consultant in the Caribbean while leading ‘Alimenta Una Sonrisa’ from abroad, a social enterprise that enables vulnerable kids from Venezuela to study. Eyes on my work, heart in my country.

Back in the 80’s, the word “Venezuela” was associated with money, beautiful beaches and good baseball. In 2019, the word is, more often than not, related to corruption, hunger, communism and human rights violations.

A lot has been written on how we got here, and news are currently focused on the possible ways in which the Nicolás Maduro dictatorship will go down, probably sooner than later. Today, I want to reflect on what the future holds for Venezuela after the transition to democracy, and why is it that I’m so optimistic and excited to go back as soon as basic living conditions are restored.

I don’t hold the truth of the future of course, but after years of analysis and personal first-hand experience, here’s my take: After dethroning Maduro, in the 2020’s we will see Venezuela become the biggest economic miracle in the history of modern Latin America.

In the past forty years, we have seen a country go from prosperous oil paradise to corruption post-apocalyptic havoc. My bet is that in the next ten years we can expect to see the cohesive reconstruction of a free and prosperous society. Historical research on similar crisis show it will probably happen this way, and the intuition of most Venezuelans is aligned with this projection. Today, I’ll go over four key components that make me optimistic about the future:

  • Diaspora comeback
  • Private and public investments
  • Conscious Capitalism is already in place
  • The lesson is learned

Copyright 2019 by Americas Quarterly

 

Diaspora comeback

According to several studies, the size of the Venezuelan migrant population is between 3 and 6 million people (10% to 20% of total population) scattered around the globe, with heavy presence in Latin American countries, United States and Europe. I myself had to leave to the Dominican Republic eight months ago, struggling with the pain of forceful detachment of family and friends, and with the cheerfulness of leaving to go work in a country where my capabilities were going to be rewarded and my freedom respected.

While Venezuelans have been well received in most countries, the majority of us still want to go back after the storm passes: We live and work with an eye on the news back home, praying that someday we will be able to ride on a one-way plane to our cities, hug our families again, and put all the learnings that we have received abroad to good use in our own country.

It will be a reversed brain drain: People of all ages and genders, former residents of countries all around the world, going back to their land after having absorbed different cultures, experiences and ideas, after having studied and worked in all kind of fields, and after having experimented the difficulties of living in a land that can’t be called their own.

The force of this returning diaspora melting pot will be gigantic, and the synergies created from their union will set the stage for a massive recovery.

 

Private and public investments

Several international public organizations have already committed to investing in the Venezuelan recovery once Nicolás Maduro is out: The IMF and the World Bank will probably lead the investment rounds, with participation from other international institutes that also know that they will directly and indirectly benefit from a recovery. The United Nations, and several other aid organizations will also take big responsibilities in the restitution of basic health and alimentary conditions for the most vulnerable groups.

Big private organizations are also waiting to go in, or back in, as in the case of Kimberly Clark, Cemex, and General Motors to start operating in an economic environment where they will find little competitors, customers hungry for innovation, and a constant growth post-disaster economy in a country with the underground oil potential to become a huge Latin American player once again.

And then, there will also be the medium and small-sized private companies and families ready to take part in the picture and capitalize on the reconstruction: Migrants who were able to save money while abroad, local players who’ve been afraid to invest with uncertain conditions, international players that want to expand to a new region, and ‘sadly’ those who made big money on suspicious terms under the Chávez-Maduro administrations.

This kind of money, along with the income increase derived from the recovery of the oil industry, will fuel an unprecedented growth in the economy and overall living conditions of Venezuelan citizens.

 

Conscious Capitalism is already in place

Companies that are still on their feet have a higher purposein mind, and that’s what keeps them going even when faced with shortages, insecurity, government hostility and general economic depression. They are in Venezuela because they truly believe that they have some transcendental purpose there, which ties them to the country even in the hardest conditions. An example can be found in Pensamusic, a Caracas based startup that provides online music teaching to people around the world with the purpose of “Bring music to people through a learning experience that is transcendental, fun and unique”.

Operative companies depend on employees, suppliers, customers, service providers and even competitors that are also in the country, going through the same hardships as everyone else. To survive, companies have figured out how to maximize the conditions for all key players at the same time, because they know that if they don’t, there likely won’t be any replacement. This has yielded great contributions and stakeholder integrationsaround the center of the businesses, all paddling in the same direction towards a common goal of subsistence. A good example of this is St Honoré bakery, a store that lends their space for their main barista to teach coffee classes, sells scarce flour to their main competitors when they need it, shares profits with the key managers, and distributes all the remaining food of each day among their top performance employees.

Successful companies are being led by highly flexible managers that embrace a conscious culture to get through the crisis. Most businesses are now paying more than the minimum wage, giving off days to employees that need to shop for food on a certain day of the week, investing on education and motivation to decrease staff turnover, allowing people to work from home when there are protests, helping coworkers find scarce medicines when needed, and keeping up the overall enthusiasm even in the midst of the crisis.  An example can be found in Cusica Live, a live music bar where most university students from the east of Caracas want to work, because of the family environment they experience there while making some money to support themselves.

St. Honoré Bakery Supervisor

 

The lesson is learned

Most people in the world have an intuition of what might happen to their countries if they vote for ill-intentioned politicians that promote corruption as the new rule of law. Venezuelans have learned it the hard way. Now, after two decades of heavy suffering, we’re conscious of the great gift and the great responsibility of living in a country that has given us everything, and hopefully, we are more prepared to run it in a way that embraces differences as blessings, that wants to be righteous, and that is willing to work hard to get back on its feet.

What has happened to us will not be forgotten, and the new hearted Venezuela that we will build will forever honor those who fell prey to communism, and those who helped us get back on our feet when we most needed it.

It’s a matter of time; mark my words.

Venezuela vive la peor crisis económica para un país sin guerra, según los expertos por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 17 de Mayo 2019

En Maracaibo, dos hombres revisaban los desperdicios en busca de objetos que todavía sirvieran o que pudieran ser reciclados. CreditMeridith Kohut para The New York Times

MARACAIBO, Venezuela — El colapso de Zimbabue con Robert Mugabe. La caída de la Unión Soviética. La desastrosa crisis de Cuba en la década de los noventa. El desplome de la economía de Venezuela ha superado todos esos desastres.

Venezuela experimenta el mayor colapso económico sucedido en un país sin guerra en al menos 45 años, según los economistas.

“Cuesta pensar en una tragedia humana de esta magnitud que no sea producto de una guerra civil”, comentó Kenneth Rogoff, profesor de economía de la Universidad de Harvard que fue el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Este puede ser el ejemplo más sobresaliente de políticas desastrosas en décadas”.

Jenifer Del Valle Vejar Martínez con su bebé de dos meses, durante un apagón CreditMeridith Kohut para The New York Times

Para encontrar niveles similares de devastación económica, los economistas del FMI mencionan a países devastados por la guerra, como Libia a principios de esta década o Líbano en los setenta.

No obstante, Venezuela, que fue el país más rico de América Latina, no vivió un conflicto armado. Según los economistas, el mal gobierno, la corrupción y las políticas erróneas del presidente Nicolás Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, desataron una inflación desenfrenada que clausuró empresas y destruyó al país. Además, en meses recientes, el gobierno de Donald Trump ha impuesto duras sanciones para tratar de paralizar todavía más a esta nación.

Mientras la economía del país se desplomaba, grupos paramilitares tomaron el control de poblaciones enteras, los servicios públicos colapsaron y el poder adquisitivo de la mayoría de los venezolanos se redujo a un par de kilos de harina al mes.

En los mercados, los carniceros se ven afectados por los apagones frecuentes por lo que, al final de cada jornada, compiten para vender la carne en descomposición; quienes antes trabajaban como obreros escarban entre pilas de basura en busca de sobras y plástico reciclable. Los minoristas hacen decenas de viajes al banco con la esperanza de depositar varios montones de billetes cuyo valor se desvanece debido a la hiperinflación.

Aquí en Maracaibo, una ciudad de dos millones de habitantes en la frontera con Colombia, casi todos los vendedores de carne en el mercado principal han dejado de vender cortes, debido a que las vísceras y las sobras como la grasa y las pezuñas de vaca se han convertido en la única proteína animal que pueden costear muchos de sus clientes.

Personas que compraban despojos no refrigerados y otros subproductos de carne de res en un mercado de Maracaibo. CreditMeridith Kohut para The New York Times

En parte, la crisis actual se ha desencadenado por las sanciones estadounidenses que buscan obligar a Maduro a ceder el poder al líder de la oposición nacional Juan Guaidó. Las recientes medidas de Estados Unidos contra Petróleos de Venezuela, la petrolera estatal venezolana, han dificultado que el gobierno de Maduro pueda comercializar el petróleo, que es el principal producto de exportación del país. Aunadas a la prohibición estadounidense a comercializar bonos venezolanos, el gobierno de Trump ha dificultado la importación de productos, desde alimentos hasta medicinas.

Maduro culpa a Estados Unidos y a la oposición venezolana por la hambruna generalizada y la falta de suministros médicos, pero los economistas independientes afirman que la recesión comenzó años antes de las sanciones que, si acaso, aceleraron el colapso.

“Tenemos una batalla cruenta contra las sanciones internacionales que le han hecho perder a Venezuela al menos 20.000 millones de dólares en 2018”, aseguró Maduro en un discurso reciente. “Nos persiguen las cuentas bancarias, las compras en el mundo de cualquier producto, es más que un bloqueo, es una persecución”, agregó el mandatario.

La escasez ha sumido a buena parte de la población en una crisis humanitaria que se profundiza, aunque un grupo importante de los mandos militares y funcionarios de alto nivel que siguen siendo leales a Maduro pueden tener acceso a los recursos que quedan para sobrevivir, o incluso se enriquecen de manera ilegal.

Muchos venezolanos se han acostumbrado a que cada mes se registre una nueva caída histórica.

En el Lago de Maracaibo, comerciantes y obreros que perdieron sus trabajos lavaban el plástico reciclable que recolectaron. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Venezuela tiene las mayores reservas comprobadas de petróleo en el mundo pero su producción, que alguna vez fue la más grande de América Latina, ha caído más rápido en el último año que la de Irak después de la invasión estadounidense en 2003, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Venezuela ha perdido a una décima parte de su población en los últimos dos años, debido a que han huido, e incluso atravesado montañas, desatando la crisis de refugiados más grande que se haya visto en la región.

La hiperinflación de Venezuela, que se espera que alcance los diez millones por ciento este año, según el FMI, está en camino de convertirse en el más largo periodo de aumentos incontrolados de precios desde el que se vivió en el Congo en la década de 1990.

“En esencia, este es un colapso absoluto del consumo”, mencionó Sergi Lanau, economista en jefe adjunto del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés), una asociación comercial financiera.

Un grupo de hombres llenaban envases de plástico con agua de un arroyo sucio, su única fuente de líquido durante los días en que no les llega el suministro. CreditMeridith Kohut para The New York Times

El instituto calcula que, durante el gobierno de Maduro, la caída en el rendimiento económico de Venezuela ha experimentado el declive más pronunciado que haya tenido un país que no está en guerra desde 1975.

Para fin de año, el producto interno bruto venezolano habrá disminuido un 62 por ciento desde el comienzo de la recesión en 2013, que coincidió con la llegada al poder de Maduro, según las estimaciones del IIF (el gobierno de Venezuela no ha publicado sus estadísticas macroeconómicas oficiales desde 2014, lo que obliga a los economistas a depender de indicadores como las importaciones para calcular la actividad económica).

En comparación, el declive económico promedio en las antiguas repúblicas soviéticas fue de alrededor del 30 por ciento durante el punto más álgido de la crisis a mediados de la década de los noventa, según cálculos de la asociación.

Por ahora, el gobierno está concentrando sus pocos recursos en la capital, Caracas. No obstante, la presencia del Estado es cada vez más débil en el interior del país, y su ausencia es particularmente visible en Zulia, el estado más poblado de Venezuela.

Su capital, Maracaibo, alguna vez fue el enclave petrolero de Venezuela. En marzo, un apagón sumió al estado en una semana de oscuridad y caos que dejó 500 negocios saqueados.

La energía eléctrica ha sido esporádica desde entonces, lo que acrecienta la escasez de agua y gasolina y deja a las poblaciones sin sistemas bancarios ni cobertura de telefonía celular durante días enteros.

El mercado Las Pulgas, que alguna vez fue un bullicioso laberinto de puestos donde los vendedores vendían alimentos y artículos para el hogar, se ha convertido en el rostro de la crisis.

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Vendedores con bolsas de dinero, que ha perdido buena parte de su valor, en un puesto del mercado Las Pulgas en Maracaibo. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Juan Carlos Valles llega a su pequeño restaurante ubicado en un rincón del mercado a las 05:00 a. m. y comienza a preparar caldo de res con huesos y cachapas en la oscuridad. Dice que desde marzo no ha tenido luz en el local, sus ventas han caído un 80 por ciento desde el año pasado y cada día es una lucha contra los soldados que lo obligan a aceptar billetes de bajas denominaciones que casi carecen de valor.

El dinero que gana, lo invierte de inmediato en huesos y harina de maíz, porque los precios aumentan a diario.

“Si descansas, pierdes”, dijo Valles, quien ha tenido este restaurante desde 1998. “El dinero ha perdido su valor. Para cuando lo llevas al banco, ya perdiste una parte de lo que tenías”.

Según el IIF, los ingresos reales en Venezuela han caído a niveles nunca vistos en el país desde 1979, lo que ha ocasionado que muchas personas sobrevivan de tareas como recoger leña, recolectar frutas y acarrear agua de los arroyos.

Daniel González, de 53 años, cuidaba a sus hijos y los de su vecino en el barrio Arco Iris en Maracaibo.CreditMeridith Kohut para The New York Times

“El gobierno habla de soluciones en el mediano y largo plazo, pero el hambre sucede ahora”, declaró Miguel González, director del consejo comunal del barrio Arco Iris en Maracaibo.

González dijo que perdió su empleo en un hotel cuando fue saqueado en marzo, las personas que irrumpieron en el local arrancaron hasta los marcos de las ventanas y el cableado eléctrico. Ahora recoge ciruelas silvestres que vende por unos cuantos centavos en los parques de la ciudad. La mayoría de la dieta de su comunidad consiste en frutas silvestres, alimentos elaborados con harina de maíz frita o cocida y caldo de huesos de res, dijo.

Lejos de la capital del estado, las cosas son todavía peores.

La Isla de Toas, que alguna vez fue un paraíso turístico de unos 12.000 habitantes que vivían en los caseríos de pescadores, ha quedado casi abandonada.

“Aquí no hay representantes del gobierno local, regional ni nacional”, afirmó José Espina, conductor de un mototaxi. “Estamos solos”.

La electricidad y el agua potable solo están disponibles unas horas al día. El barco que da servicio regular a la región continental se descompuso el mes pasado. Un barco prestado por la petrolera estatal remolca de vez en cuando a un ferri oxidado que lleva unos cuantos suministros de alimentos subsidiados, el precario sustento de los residentes más pobres de la isla.

Un barco petrolero arrastra el ferry oxidado desde la Isla de Toas hacia el continente para conseguir escasas cantidades de alimentos subsidiados. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Según el alcalde, Héctor Nava, la hiperinflación ha reducido todo el presupuesto de la isla al equivalente a 400 dólares al mes, unos 3 centavos de dólar por residente.

El hospital no tiene medicamentos ni pacientes. La última persona en ser hospitalizada fue una mujer que murió luego de agonizar todo un día por la escasez de tratamiento para su enfermedad renal, según confirmaron los médicos de la institución.

Las camas del hospital de Toas yacen vacías, Anailin Nava, de dos años, se consume en una choza cercana debido a la desnutrición y una parálisis muscular tratable. Su madre, Maibeli Nava, dice que no tiene dinero para llevarla a Colombia en busca de tratamiento.

El hospital de la Isla de Toas está vacío, su último paciente murió sin recibir cuidados médicos. Cerca de esa institución de salud, Anailin, una niña de dos años de edad, sufre desnutrición severa y una parálisis muscular tratable. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Las cuatro canteras que constituyen la única industria de la isla no han producido desde que el año pasado unos ladrones se llevaron todos los cables de energía que las conectaban a la red eléctrica. Los activistas locales de la oposición calculan que una tercera parte de los residentes se ha ido de la isla en los últimos dos años.

“Esto era un paraíso”, dijo Arturo Flores, coordinador de seguridad de la municipalidad local, quien vende una bebida de maíz fermentado a los pescadores locales para aumentar en algo su salario, equivalente a cuatro dólares mensuales. “Ahora, todos están huyendo”.

En el otro lado del estado de Zulia, en el pueblo ganadero de Machiques, el colapso económico ha diezmado la industria de la carne y los lácteos que suministraba estos productos a todo el país.

Los apagones eléctricos hicieron que cerrara el matadero, que alguna vez fue uno de los más grandes de América Latina. Grupos de hombres armados extorsionan a los ganaderos que todavía mantienen sus rebaños y les roban ganado.

“No se puede producir si no hay ley”, manifestó Rómulo Romero, un ganadero de la localidad.

El matadero de Machiques, que alguna vez fue uno de los más grandes de América Latina, ha estado inactivo por los cortes de energía eléctrica. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Los comerciantes locales se han unido para ayudar en la reparación de las líneas eléctricas y mantener las torres de telecomunicaciones en funcionamiento, también colaboran con la alimentación de los trabajadores públicos y buscan diésel para los generadores eléctricos de respaldo.

“Prácticamente, hemos asumido las funciones del Estado”, dijo Juan Carlos Perrota, un carnicero que lidera la cámara de comercio de Machiques. “No podemos simplemente cerrar la puerta con candado y darnos por vencidos. Tenemos la esperanza de que esto mejorará”.

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