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Los niños de Venezuela se están muriendo: ¿somos nosotros responsables? por Nicholas Kristof – Infobae/New York Times – 25 de Noviembre 2019

Daniela Serrano perdió a su hija pequeña por desnutrición en los barrios pobres de Caracas, Venezuela, el 20 de noviembre de 2019. Frenéticamente buscó ayuda médica, pero tres hospitales rechazaron a la bebé, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos ni suministros. El que finalmente la admitió, le dio el alta el mismo día que murió. (Fabiola Ferrero / The New York Times)
Daniela Serrano perdió a su hija pequeña por desnutrición en los barrios pobres de Caracas, Venezuela, el 20 de noviembre de 2019. Frenéticamente buscó ayuda médica, pero tres hospitales rechazaron a la bebé, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos ni suministros. El que finalmente la admitió, le dio el alta el mismo día que murió. (Fabiola Ferrero / The New York Times)

Este país es una cleptocracia gobernada con incompetencia por malhechores que están convirtiendo una próspera nación exportadora de petróleo en un estado fallido al borde de la inanición.

En consecuencia, una joven madre llamada Daniela Serrano llora por su bebé, Daisha, y no puedo evitar preguntarme si las sanciones económicas de Estados Unidos en parte no son también responsables.

Serrano, de 21 años, vive en el barrio pobre y violento de La Dolorita, donde la conocí. En mayo, la bebé languidecía por desnutrición, así que buscó ayuda médica como loca, pero tres hospitales rechazaron a la niña, diciendo que no había camas disponibles, ni médicos, ni provisiones.

Finalmente, una sala de urgencias encontró a alguien para que examinara a la niña de 8 meses, con la condición de que Serrano proporcionara una hoja en blanco porque el hospital no tenía papel para escribir notas. Luego dieron de alta a Daisha, que esa noche murió en su casa.

“Me di cuenta de que estaba fría y no respiraba”, me contó Serrano mientras las lágrimas corrían por su rostro. “Grité”. Un vecino bondadoso le marcó al 911, pero pasaron 11 horas antes de que “los servicios de emergencia” se aparecieran en su casa. Se llevaron el cuerpo de Daisha.

La pregunta difícil para los estadounidenses: ¿acaso nuestras sanciones, que buscan debilitar el régimen, en realidad contribuyen a que bebés como Daisha mueran?

El brutal gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro es el principal responsable del sufrimiento. Hay medidas que Maduro podría tomar para salvar la vida de los niños, si lo quisiera. Pero hay evidencia de que las sanciones impuestas por el presidente Barack Obama y el presidente Donald Trump contribuyen al deterioro de la economía y al tormento de los venezolanos comunes y corrientes.

“La economía venezolana era un borracho dando patadas de ahogado en un mar picado, luchando por mantenerse a flote y pidiendo a ruegos un salvavidas”, me dijo Francisco Toro, un periodista venezolano. “En cambio, el gobierno de Trump le echó un martillo. Un martillo no ayuda para nada. Es pesado. Puede hacer que el borracho se hunda más rápido. Pero el martillo no puede ser el foco de una narrativa sobre porqué se está hundiendo el borracho”.

Tal vez Venezuela ahora esté tendiendo hacia un colapso total y una hambruna generalizada, mientras varios grupos armados están fragmentando el control. Los brotes de malaria, difteria y sarampión se están esparciendo y al parecer la mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008.

La respuesta de Maduro es inadmisible. Compra la lealtad de funcionarios del Ejército con dinero o recursos que podrían destinarse a medicamentos, se rehúsa a aceptar ayuda extranjera e impide el ingreso a organizaciones humanitarias importantes.

Lo mejor para los venezolanos sería un nuevo gobierno. Pero las sanciones no han logrado sacar a Maduro del poder, aunque sí han infligido sufrimiento sobre los venezolanos vulnerables.

Incluso en la capital, Caracas, la zona del país más acomodada, el sufrimiento es incalculable. Elsys Silgado, de 21 años, tiene 2 hijos pequeños. El mes pasado, ambos estuvieron a punto de morir: Alaska, de 5 años (pesaba solo 11,80 kilos) de desnutrición aguda, y Jeiko, de 3 años, de una infección severa y una fiebre persistente de 40 grados.

La mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008 en Venezuela. (Reuters)
La mortalidad infantil se ha duplicado desde 2008 en Venezuela. (Reuters)

Silgado y sus hijos fueron rechazados de cuatro hospitales porque no había camas disponibles. No me dejaron visitar hospitales públicos, los cuales están estrictamente controlados por pandillas armadas hostiles a la investigación periodística (unos doctores exploraron la posibilidad de meterme a escondidas, pero también para ellos hubiera sido muy peligroso). Entiendo por qué las autoridades no quieren que los periodistas visiten hospitales: Silgado describió salas de urgencias deplorables, sin electricidad ni suministro de agua.

“Estaba lloviendo”, recordó, “y lo único que veía era lodo en todas partes”. “

Finalmente Alaska y Jeiko se repusieron, pero a Silgado le sigue preocupando que pueda perder a Alaska por la desnutrición. “Temo que muera porque ahora sé que no la puedo llevar a un hospital. No tienen nada”, me dijo.

Muchas personas de los barrios pobres me dijeron que al inicio apoyaron a Hugo Chávez, quien fundó este régimen, pero casi todas se habían vuelto en contra de Maduro.

Cuando Chávez murió, yo lloré. Pero a Maduro lo envenenaría yo misma”, me dijo una mujer en la barriada de San Isidro.

Conversé con Juan Guaidó, el líder de la oposición. Guaidó, cuyo intento por deponer a Maduro desafortunadamente ha perdido ímpetu, afirmó estar seguro de que en algún momento los venezolanos lograrán derrocar la dictadura.

Tras insistirle, reconoció la posibilidad de que las sanciones podrían estar empeorando la crisis humanitaria. “Es un dilema, para Venezuela y para el mundo”, dijo, pero de cualquier manera está a favor de las sanciones por considerarlas un recurso más para quitar a Maduro. “Necesitamos cualquier herramienta de presión que esté a nuestro alcance”, dijo.

Quizá tenga razón. Pero no puedo dejar de pensar en los habitantes de los barrios que conocí.

Siguiendo el consejo de mi guía, me quité el reloj y anillo de matrimonio antes de entrar en la barriada, por miedo a que me robaran. Entonces una familia verdaderamente hambrienta me condujo por unas escaleras rotas y en mal estado hacia un apartamento apretado y destartalado; una persona salió corriendo a comprar papas fritas y algo de tomar para ofrecerme por ser un invitado de honor. Me sentí terrible y avergonzado.

Personas como ellos ya están sufriendo debido a la indiferencia de Maduro; es probable que haya un cataclismo en el futuro. Busquemos nuevas maneras de presionar a la cleptocracia, sin aportar más sufrimiento a los venezolanos comunes y corrientes. Quizá un programa tipo Petróleo por Alimentos podría ayudar, además de un mayor esfuerzo por obligar a Maduro a aceptar más ayuda humanitaria. Dado que nos estamos precipitando hacia una crisis humanitaria en nuestro hemisferio, hay que repensar nuestra estrategia.

 S.O.S. por Ramón Peña – La Patilla – 24 de Noviembre 2019

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Desde el pasado mes de septiembre los medios noticiosos se concentran en la agitación social, casi telúrica, que ha sacudido a Perú, Ecuador, Chile, Bolivia y, ahora, a Colombia. Eventos todos, sin duda, de importancia para la opinión pública mundial.

Entretanto, sin ser noticia porque ya no es novedosa, se profundiza incesante la tragedia social de Venezuela. Ojalá esto no signifique que el padecimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos, dentro y fuera de su propio territorio, comience a configurar un hecho que los medios y la opinion mundial den por descontado. Los eventos reportados en los países vecinos son en buena medida de naturaleza coyuntural. Lo que acontece en Venezuela ya es estructural.

Como indicador de la tragedia venezolana basta una mirada a cualquier rubro social del país. Tomemos la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado la condición sanitaria del país como “emergencia humanitaria compleja”. Esta semana reporta la reaparición de fiebre amarilla en el Estado Bolívar, temiendo que pueda esparcirse como ha ocurrido con la malaria, la difteria y el sarampión. La Organización Panamericana de la Salud enumera 32 mil casos de malaria y decenas de muertes en 2019. La OMS registra “una caída brutal de la vacunación infantil”, en el caso de fiebre amarilla solo cubre a 37% de los niños. Las autoridades sanitarias, para ocultarlo, descaradamente no emitien boletines epidemiológicos. Esta semana, se exhibieron decenas de zapatos de niños como testimonios desgarradores de sus muertes por precariedad de los hospitales infantiles. Médicos y enfermeras en todo el país denuncian salarios de hambre. Miles de médicos y paramédicos continúan emigrando al mundo entero. Jubilados con pensiones miserables carecen de seguros de salud… Entretanto, millones de dólares son dedicados a fortalecer las fuerzas militares que sostienen al régimen.

Si permitimos que la tragedia venezolana perdure y envejezca, cada día será menos noticiosa.

 

20 años resistiendo por Mitzy Capriles de Ledezma – El Nacional – 19 de Noviembre 2019

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Los venezolanos sumamos más de 20 años marchando. Por diferentes motivos se juntan en las calles para que millones de ciudadanos adentro y afuera protestemos contra un régimen que perpetra una variedad de crímenes que hacen del caso Venezuela, un acontecimiento que no tiene parangón en ninguna parte del mundo.

En la obra Siete Sellos: Crónicas de la Venezuela revolucionaria, Gisela Kozak Rovero lo resume, palabras más palabras menos, «que han sido decenas de sacrificios tratando de poner en alto relieve las máculas de una tiranía que se identifica con el autoritarismo, asume crímenes de todo orden, hambruna, padecimientos de salud, martirios y perversidades que hunden a millones de venezolanos  dentro del territorio nacional, en una espantosa tragedia y han catapultado a otros millones a una diáspora que ya supera los 4,6 millones de desterrados.

“Han sido marchas para defender la educación de nuestros muchachos. Inolvidable aquella consigna de lucha que nos hacía gritar desde nuestras entrañas “con mis hijos no te metas”.

Desde entonces, hasta estas horas no menos aciagas, la gente ve como pulverizan nuestra moneda, ese signo monetario al que le cambian el nombre y le quitan y ponen ceros de forma antojadiza. Ha visto como asaltan tierras, centros comerciales, abastos, tiendas, van arrasando con todo, como esos huracanes que sacuden al estado de Florida en Estados Unidos, que son fenómenos naturales allá, mientras que aquí son acontecimientos primitivos protagonizados por turbas humanas en pleno siglo XXI.

Es una Venezuela desfigurada, con su rostro, o su mapa, cruzado de cicatrices, un país en donde en el sur igual en el norte, lo que se escucha es el lamento o el quejido de dolores y martirios.

Es la historia que se escribe con la exclusión de la que hemos sido víctimas millones de seres humanos, simplemente por disentir de las pretensiones dictatoriales de Chávez y de Maduro. Es la era de la más feroz persecución política desatada por los voceros de esa letrina mal llamada revolución. Y lo hacen sin ruborizarse, más bien sienten que es una hazaña salir en televisión, empuñando un mazo y mostrando en una cartelera las fotografías de las próximas víctimas, tal como hicieron con el oficial de nuestra Fuerza armada Rafael Acosta Arévalo.

El más rancio fascismo, tal como lo escribe Barrera Tyszka, en la obra compilada por Gisela Kozak, estamos viendo el “regreso de los gorilas”.

Esos matones que han ejecutado las masacres de Cariaco o la de Barlovento, enmascarados con los aperos que les facilita el mismísimo régimen para que se confundan como miembros de esas Operaciones de Liberación del Pueblo, que según el informe de la ex presidenta Michael Bachelet, han ejecutado de manera extrajudicial más de 7.300 venezolanos.

En definitiva, los venezolanos marchamos pidiendo que se fuera Chávez, también fuimos a votar varias veces y recogimos firmas para revocarlo a él y después a Maduro. Los venezolanos hemos marchado condenando la invasión de nuestro territorio por efectivos cubanos o por la traición de Chávez de entregar nuestro Esequibo. Los venezolanos hemos acompañado a nuestros estudiantes, ésos que se inmolaron luchando por la democracia que no llegaron a conocer, porque los mataron antes de que se produjera el cese de la usurpación de nuestros poderes públicos, como lo ha venido haciendo Maduro y su camarilla, que ahora usurpan la presidencia de la cuál pretendemos desalojarlos.

Al día de hoy toda movilización debe ser para exigir el cese de la usurpación, no para involucrarnos anticipadamente en elecciones que bien sabemos no serán nada libres, mientras Maduro y sus secuaces permanezcan controlando el aparato gubernamental del que se sirven sin ningún   miramiento.

Diego Arria: «La principal agencia humanitaria de Venezuela es la diáspora» por Gabriela Ponte – ABC – 18 de Noviembre 2019

Diego Arria
Diego Arria – José Ramón Ladra

Impulsa una campaña internacional junto a UNWatch para expulsar al régimen de Nicolás Maduro del Consejo de Derechos Humanos

Venezuela consiguió con artimañas una silla en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. El informe elaborado recientemente por la oficina de la Alta Comisionada Michelle Bachelet, que detallaba con crudeza violaciones a los DD.HH., detenciones ilegales, torturas y asesinatos por el régimen de Nicolás Maduro, no impidió que la voluntad de 108 países concediera uno de los 47 puestos en el olimpo de los derechos humanos. La ONG UNWatch inició una campaña para expulsar a Maduro del Consejo de DD.HH. presidida por Diego Arria (Caracas, 1938), exembajador de Venezuela en la ONU, que conversó con ABC para explicar en qué consiste esa acción.

¿Qué consecuencias tiene la elección de Venezuela como miembro del Consejo?

Desprestigia a las Naciones Unidas porque, ¿cómo es posible que un régimen que comete sistemáticamente violaciones a los derechos humanos puede entrar al organismo que debe tutelar y vigilar dichas violaciones? Esto no favorece a la tiranía de Nicolás Maduro, porque no puede limpiarse dentro del Consejo el prontuario criminal que indica la propia Alta Comisionada. Yo creo que fue un error que Venezuela presentara su candidatura porque esto ha generado tal indignación mundial que nos ha llevado a crear una campaña para expulsarla del Consejo.

¿Por qué países como Venezuela, Cuba, China y Arabia Saudí están en el Consejo?

Anteriormente se necesitaban dos tercios de los votos para ser miembros del Consejo, eso lo cambiaron y ahora se necesita la mitad. Dos terceras partes eran imposibles para un país como Venezuela o Cuba, que hoy ocupan un lugar. Yo encuentro algo muy perverso dentro de la ONU: los grupos regionales. Venezuela pertenece al Grulac (Grupo latinoamericano y del caribe), con 35 países. Dentro del grupo hay un mercadeo de posiciones: te apoyo en el Consejo de Derechos Humanos y te doy a cambio mi apoyo en el Consejo de Seguridad o en la FAO. Ese mercadeo político lo sufren los países democráticos que tienen a los otros dentro de esos organismos.

¿Tuvo razón EE.UU. en 2018 cuando abandonó el Consejo porque «esa organización no merece ese nombre»?

Sí y no. Teníamos una posición para que no se retiraran porque desde adentro pueden ayudar más a la causa, pero había un problema ético de, ¿por qué vamos a pertenece a una organización amoral como esta?

Está presidiendo una iniciativa internacional junto a UN Watch para sacar a Maduro del Consejo.

Cuando sucedió la votación yo dije «Aquí no se ha perdido la guerra solo se perdió una batalla». UNWatch, una gran defensora de Venezuela en el Consejo,inició una campaña para suspender a Maduro del organismo. Al día siguiente, me ofrecieron presidirla.

¿Cuántas firmas se necesitan para que salga adelante?

No se necesita un número en específico. En el fondo lo que quiere generar es una opinión pública sobre todo en aquellos países que se han acomodado al voto de Venezuela por desconocimiento o por negociaciones para que cambien su voto. Teóricamente tenemos que cambiar los votos de diez países para que Costa Rica (el otro candidato) pueda ganar. Venezuela obtuvo 105 votos y Costa Rica 96 en las pasadas elecciones. Lo más importante es que si generamos el respaldo suficiente para suspender a Maduro, eso sería el equivalente a la fuerza para revocar la credencial de su gobierno en la ONU. Así quedaría desplazado de todos los organismos internacionales.

¿Cuentan con el respaldo del Gobierno de Juan Guaidó?

No, ha llamado mi atención que deberían ser los primeros que debían firmar la campaña era la Asamblea Nacional. Pero ni una palabra, lo cual te indica lo divididos que estamos porque toman distancia de una organización internacional que nos está ayudando. Es la misma distancia que han tomado con Luis Almagro porque decía cosas incómodas.

¿Qué persiguen ustedes con todo este esfuerzo?

El objetivo es unificar a la diáspora venezolana. Para mí es el componente más importante de la reserva internacional del país, que hasta ahora ha sido parcelada por los partidos políticos quienes han exportado sus problemas internos. El fin es el rescate de la libertad y eso es el elemento en común que debe unificar a los venezolanos, no el interés particular de cada partido. Afuera no debe haber protagonismo de nadie.

¿Cómo ve el futuro de Venezuela?

Para mí el futuro sin la diáspora será imposible. La diáspora venezolana es la principal agencia humanitaria que tiene Venezuela, son 2.500 millones de dólares, la de Cuba representa 6.000 millones. Hay gente que come o que tiene medicinas gracias a la diáspora. En el caso de los venezolanos, los que están fuera hacen mucho más que lo que están adentro. No se ha sabido apreciar el rol de la diáspora.

Se planteó una ruta para llegar a unas elecciones y ahora parece que cambió…

Guaidó no se debería poner una camisa de fuerza con respecto al uno, dos, tres (refiriéndose al cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres). Cuando uno va a negociar uno no puede anticipar cosas. Yo en el fondo creo que están en una especie de gobierno de transición porque se ha oficializado la cohabitación de dos gobiernos donde hay negociaciones para ir a unas elecciones presidenciales.

¿Parte de esa cohabitación es la inclusión de los diputados oficialistas que se habían retirado del Parlamento?

Eso es el resultado de las negociaciones entre Guaidó y el Gobierno de Maduro. El gobierno interino los aceptó y está negociando con ellos un nuevo Consejo Nacional Electoral. Eso va a tener una pésima receptividad en el país porque cuando hay falta de credibilidad y transparencia las sociedades no se activan.

¿Son posibles unas elecciones libres con Maduro en el poder?

Yo debo recordar que el año 2017 cuando tuvimos la oportunidad de formar un nuevo Consejo Nacional Electoral por tener mayoría en la Asamblea, el partido de oposición Un Nuevo Tiempo retiró a sus diputados y sabotearon la votación. Eso fue un error monumental porque desde hace dos años hubiésemos tenido un nuevo CNE. Esos mismos ahora son parte del gobierno que está eligiendo un nuevo órgano electoral. Estados Unidos, la OEA y la UE han dicho que sería un despropósito tener una elección con Nicolás Maduro pero ahora el gobierno interino parece aceptarlo.

¿A qué se debe el distanciamiento reciente entre Venezuela y el mundo?

Hemos reconocido que solos no podemos y estamos abandonando a los que nos pueden ayudar. Yo veo un golpe de Estado contra Guaidó desde el momento en que no lo juramentó el Parlamento, sino que se tuvo que prestar juramento él mismo, con lo cual tuvimos que explicarle al mundo lo que estaba pasando porque nadie lo entendía. No contentos con eso el verdadero presidente ejecutivo es Leopoldo López desde la Embajada de España y Juan Guaidó quedó para su rol de diputado y de portavoz del Parlamento. Un drama.

 

La política administra hechos por Tomás Páez – El Nacional – 8 de Noviembre 2019

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Agradecemos profundamente el esfuerzo y la iniciativa de Federica Mogherini, alta representante de Política Exterior de la UE; Eduardo Stein, representante especial de Naciones Unidas para los refugiados y migrantes venezolanos, y a la Organización Internacional para las Migraciones,  de reunir a centenares de delegaciones con el fin de movilizar la comunidad internacional y canalizar recursos hacia las ciudades y países receptores de migrantes venezolanos. El encuentro se realizó en Bruselas los días 28 y 29 de octubre. Como han recalcado los promotores, la venezolana ha sido la diáspora más carente de fondos en el mundo.

En el encuentro participaron representantes gubernamentales, agencias internacionales, organizaciones y asociaciones altruistas y socialmente responsables. Como resultado se espera alcanzar una mejor coordinación de políticas globales y sumar recursos para atender las necesidades de todos los ciudadanos en las localidades y países receptores de migrantes venezolanos, incluidos quienes integran la diáspora.

Los análisis hechos en los países receptores expresan el impacto en sus cuentas fiscales. Algunas estimaciones lo sitúan entre el 0,3 y el 0,6 en el PIB de sus economías. Gastos e inversión en escuelas y docentes, en millones de vacunas para evitar epidemias y pandemias, atención a miles de parturientas y a los recién nacidos, alimentación de urgencia, albergues, seguridad y un nada corto etcétera.

La actitud de la mayoría de los países y de sus ciudadanos nos concede la licencia de hacer nuestras las palabras de Eduardo Stein, quien agradeció la solidaridad de los países vecinos, que calificó de extraordinaria pese a no estar preparados (los países y gobiernos) para soportar una migración de estas dimensiones.»Están bajo presión, con la estructura institucional sobrecargada, la provisión de servicios desbordada y los presupuestos exhaustos (…) Empezamos a ver signos de xenofobia (…) La población local se resiente y acusa a sus gobiernos de prestar demasiada atención a los migrantes mientras desatienden a sus ciudadanos», advirtió. Hemos visto y escuchado a dirigentes “aparófobos” arengando a favor de la xenofobia.

La inversión realizada para poder hacer frente a la realidad de esta tragedia humana se coloca en el asiento contable del “debe”, el cual recoge el incremento del gasto. La contrapartida es el “haber”, las contribuciones o “abonos” de la diáspora al país receptor. La visión integral, panorámica del fenómeno, posibilita un mejor diseño y ejecución de políticas públicas para abordar la diversa y compleja realidad de la diáspora venezolana.

La perspectiva dinámica integra los aspectos sociales, culturales, políticos y económicos asociados a toda diáspora. El hecho de haber sido país de inmigrantes provenientes de todo el mundo nos permite afirmar y comprender el papel de las migraciones en la reducción de la pobreza global y sus aportes a tres bandas: el migrante mismo y los países de origen y recepción. Además, participa de manera activa e imprime un vigoroso dinamismo al intercambio social, cultural, conceptual, tecnológico y económico. La diáspora venezolana es un gran elefante, con tendencias evidentes a crecer, de proporciones imposibles de engullir salvo que se desagregue y segmente en su enorme diversidad.

Toda migración, y la venezolana no es la excepción, entraña una oportunidad para el país receptor. De ello dan cuenta los informes oficiales y extraoficiales en Perú y Chile. Plasman los aportes de la migración venezolana al crecimiento de su PIB. El informe del Banco Central de Chile señala: “La inmigración reciente se caracteriza por ser una población en promedio más calificada (media de escolaridad del país 11 años, migrantes venezolanos, 15,6), más joven y con una mayor participación laboral que la población chilena». Más adelante destaca «la contribución positiva de la inmigración al empleo, los salarios y el PIB per cápita del país de acogida, por medio del aumento de la población económicamente activa, cuando los inmigrantes pueden insertarse al igual que los locales en el mercado del trabajo».

Los estudios también revelan los efectos positivos de la migración sobre la productividad. Esta, como afirma Paul Krugman, “no lo es todo, pero a largo plazo es casi todo, de su crecimiento depende el mejoramiento del estándar de vida de la población”. Cálculos realizados por el Banco Mundial cuando aborda la relación de la migración con el desarrollo en una muestra de países, al referirse a Colombia señala: acoger a 500.000 personas en edad de trabajar aceleraría el crecimiento de la economía en 0,2% resultado de un incremento en el consumo de 0,3% y la inversión lo haría en 1,2 puntos. Otro de los efectos positivos de los procesos migratorios es el del “bono demográfico”, como lo confirman estudios realizados en Europa.

Además de atender la urgencia, es preciso fortalecer y potenciar el trabajo realizado, los centenares de proyectos en marcha, de manera directa por parte de las asociaciones diaspóricas o de manera conjunta con organizaciones e instituciones de las ciudades de acogida en la dinámica del proceso de integración y desarrollo. La estrategia de respuesta es preciso complementarla con una estrategia proactiva, con el fin de aprovechar la capacidad emprendedora y difusora de tecnologías y conocimientos que posee toda diáspora. El propósito de esta es potenciar la recuperación del sendero del crecimiento regional y contribuir de manera decidida a recuperar la democracia y el respeto a los derechos humanos.

La diáspora venezolana migra de un país maltrecho y como ha sostenido Federica Mogherini: «No se puede ignorar la gravedad de las violaciones de derechos humanos en Venezuela, tal como reflejan los hallazgos del informe” de la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, producido en el marco del socialismo del siglo XXI. Refiriéndose a la relación entre este socialismo y el comunismo el cabecilla e ideólogo del Foro de Sao Paulo decía: comunismo y socialismo son la misma cosa. Vistas las violaciones de los derechos humanos de los venezolanos nos parece acertada la reciente decisión adoptada en el Parlamento Europeo, la cual condena a los regímenes de corte totalitario; “los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

La raíz del problema de la tragedia humanitaria y del fenómeno migratorio se halla en el modelo, es su rasgo distintivo. Es importante mantener el foco del problema, pues de no atacar la causa fundamental, la tragedia humana igual que la diáspora no cesará de crecer; lo harán a ritmo de vértigo y de forma indetenible.

El encuentro en Bruselas le ha dado una enorme visibilidad al mayor desplazamiento humano de Latinoamérica, a sus necesidades y efectos. Una verdadera lección de humanidad a quienes desprecian a los venezolanos: mientras el régimen niega su existencia el mundo se preocupa y se ocupa de ellos. La inmensa mayoría de Los venezolanos dentro y fuera del país agradecemos y valoramos desde lo más profundo de nuestra alma ese respaldo

Echamos en falta la participación de representantes de las más de mil asociaciones diaspóricas cuyos esfuerzos a lo largo de dos décadas han resultado fundamentales para la integración y el desarrollo. Nuevamente se resalta la importancia de la movilidad humana en la reducción de la pobreza global.

La realización de evento es, en sí mismo, un formidable logro y estamos esperanzados en sus resultados. La presencia de los representantes de los gobiernos de la región y de los organismos multilaterales conforma una ocasión única para lograr una mayor coordinación para la indispensable cooperación entre todos ellos, necesidad esbozada en la primera reunión de cancilleres en Quito.

En esos acuerdos la participación de la sociedad civil organizada resulta fundamental: asociaciones diaspóricas, gremios empresariales y profesionales, cámaras empresariales binacionales, universidades y gobiernos locales. Cada una de ellas administra realidades, proyectos e iniciativas beneficiosos para todos los involucrados y ello le da vida y contenido a la estrategia global.

La coordinación y la cooperación en el marco de una estrategia global y regional es el mejor de los antídotos en contra de las “industrias diaspóricas” de la droga, las bandas armadas, la trata de blancas y niños, la prostitución, etc. La cooperación es fundamental para identificar y sancionar a los responsables del saqueo. Recuperar los recursos robados permitiría atender la tragedia humana e iniciar el proceso de recuperación del país.

De esta estrategia no pueden quedar al margen las organizaciones e instituciones venezolanas. La Política, con P mayúscula, administra hechos, y por ello insistimos en la necesidad de crear una institucionalidad con el fin de atender la nueva geografía nacional. En ella resulta fundamental la participación del sector privado y la sociedad civil.

Pizarro: «Casi 10 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en Venezuela» – El Pitazo – 14 de Octubre 2019

El diputado Miguel Pizarro estuvo desde el 11 al 13 de octubre en Alemania en el 71° Congreso Nacional Anual de la Junge Union, en donde habló sobre los presos políticos, la emergencia humanitaria y la crisis migratoria venezolana

Miguel Pizarro, diputado de la Asamblea Nacional | Foto: Cortesía

Asimismo el comisionado Miguel Pizarro en su discurso hizo referencia a que él estuvo en Alemania, en representación de los cientos de presos políticos que están ilegalmente detenidos como consecuencia de la persecución del gobierno de Nicolás Maduro. “Estoy hablando acá en nombre del diputado Juan Requesens que actualmente tiene 420 días preso por motivos políticos. Igualmente, estoy acá hablando en nombre de la Asamblea Nacional de Venezuela, el único poder legítimo que existe en mi país, y del presidente encargado Juan Guaidó”.El diputado estuvo hasta el 13 de octubre en la ciudad alemana en un evento al que acudieron más de 1.200 invitados entre los cuales se encontraban parlamentarios, ministros y presidentes de todo el mundo para conversar sobre los principales desafíos políticos que enfrenta la juventud.

“Gracias por todo el esfuerzo que han hecho por visibilizar lo que ocurre, por hablar de libertad, democracia y justicia. Luchar por la libertad en Venezuela es luchar por la libertad en todo el mundo. Luchar por la justicia en Venezuela es convertirnos en parte de la generación del nunca más”, puntualizó el también diputado de la Asamblea Nacional.

“Esto es por ti, Juan. En nombre de la Asamblea Nacional de Venezuela y en nombre de cada preso político vamos a seguir alzando nuestra voz en todas partes del mundo”, finalizó su alocución en la ciudad Alemana.

Janeth Márquez: “La crisis humanitaria nos cambió la vida totalmente” por Hugo Prieto – ProDaVinci –

 

Janeth Márquez: “La crisis humanitaria nos cambió la vida totalmente”

Hay una relación inversamente proporcional al bienestar en la conformación de Cáritas —el brazo institucional de la Iglesia Católica para atender a la población más vulnerable —, tanto en el mundo como en Venezuela. Mientras más miserables son las condiciones de vida de un país, más fortaleza, presencia y capacidades desarrolla Cáritas. Su relevancia es visible en países como Haití y Guatemala. Pero también en nuestro país que, a partir de 2014, cayó en el despeñadero en el que nos encontramos.

Ciertamente, Cáritas era una organización de bajo perfil, de escasa recordación diría un publicista, pero empezó a crecer a raíz del deslave de Vargas en 1999. Hoy es una tabla de salvación para muchos venezolanos acosados por el hambre y las enfermedades endémicas. Es inquietante la extendida sombra que puede proyectar la ruina generalizada. Y aquí cabe también un juego de palabras: en la emergencia humanitaria, Caritas ha vivido su propia emergencia. Un cambio radical, una transformación a fondo. Es la parábola que traza Janeth Márquez, su directora Ejecutiva desde hace 20 años. La organización que dirige tiene presencia en todo el país, a través de 34 Cáritas diocesanas, que a su vez repican en más de 500 parroquias de zonas populares. Márquez, además, es socióloga, politóloga, con una maestría en Planificación de la UCV.

¿A partir de qué año empiezan a trabajar bajo el concepto de emergencia humanitaria compleja? ¿Es algo que ustedes captaron? ¿Pudieron establecer una línea de tiempo? ¿Una cronología del sufrimiento de la población venezolana? 

A partir de 2014—2015, empezamos a detectar la crisis. En las parroquias la gente decía que había un marcado deterioro, que el dinero no alcanzaba para comer, que los niños se desmayaban en las escuelas, en las que había, además, deserción estudiantil. Nos preguntamos si esto eran simples anécdotas y nos propusimos recabar información para saber qué estaba pasando y llegar a un diagnóstico. Mucha gente hablaba incluso de hambruna. Nos empapamos de la literatura sobre todo lo relacionado a la crisis humanitaria y buscamos información oficial.

¿Establecieron contacto con sus pares de América Latina? ¿Se crearon redes con otras organizaciones?

Sí, empezamos a estudiar a los países que enfrentaron una situación similar a la que hoy vivimos en Venezuela. La gente de Guatemala, de Perú, nuestros hermanos de África, entre otras cosas porque no queríamos inventar el agua tibia, no teníamos tiempo ni financiamiento para eso. Nos dimos cuenta de que en Venezuela no se publicaban cifras oficiales y sin cifras no se puede llegar a un diagnóstico. En 2016, a partir de nuestro sistema para recaudar información, diseñamos una herramienta de monitoreo que le sirviera a la Iglesia Católica. La alimentación fue nuestra prioridad ese año y nos resultó de gran ayuda la experiencia de Guatemala.

¿Qué arrojó ese primer diagnostico?

Hace 25 años hicimos un primer diagnóstico, pero lo dejamos de lado porque a partir de 2004, con las misiones del expresidente Chávez, la situación alimentaria mejoró y la desnutrición se redujo. Esa experiencia, para la cual nos habíamos formado, la retomamos en 2014. Le aclaro que la intención no era hacer un diagnóstico que pudiera ser equivalente al del Estado. La idea, repito, era diseñar una herramienta que le sirviera a la Iglesia.  ¿Qué arrojó ese diagnóstico? Que la desnutrición había aumentado al ocho por ciento, cifra que en sí misma es una señal de alarma. Ese informe se lo enviamos a diversas instituciones del Estado —al Ministerio de Alimentación, a la Fiscalía General de la República, a la Defensoría del Pueblo, entre otras— y dimos una rueda de prensa para alertar a la sociedad civil. Mosca, porque si bien el número es preocupante, la situación puede revertirse si no se aplican las políticas adecuadas. Nos comprometimos a mantener el sistema de monitoreo por un año.

Ustedes empezaron por el hambre, quizás porque las tres papas al día son vitales, pero a esta señal temprana de la crisis se agregan las enfermedades endémicas y también el descalabro de los servicios públicos en general, en especial el de salud y el acceso al agua potable. 

Aumentamos la muestra de cuatro a 10 Estados, como parte de nuestra  herramienta. A través del monitoreo trimestral detectamos que la desnutrición aumentó al 10 por ciento, indicador que marca el inicio de la crisis, incluso llegó al 15 por ciento. Pero en 2018 volvió a bajar. Nos preguntamos qué factores incidirían, tanto en forma negativa como positiva.  Entre los primeros la escasez de alimentos y el problema del agua que llegaba en forma espaciada, 10 días, luego 15 días, incluso un mes. ¿Cuál era la estrategia de la gente? Hacer dos comidas para ahorrarse una, beber el agua sin hervirla porque no había gas, y los enfermos con una condición de base, como la hipertensión o la diabetes, abandonaron los tratamientos. ¿Qué implicaba eso? Un deterioro generalizado de la salud de los venezolanos que viven en los sectores populares. La migración también afectó porque los padres se iban y al cabo de cuatro o cinco meses podían enviar una remesa de 10 o 20 dólares. Hubo gente que ni siquiera pudo enviar remesas.

Dijo que la desnutrición llegó a 15 por ciento, pero que en algún momento de 2018 comenzó a bajar. ¿Qué factores revirtieron esa tendencia?

Los bonos que dio el gobierno, bonos asociados a los procesos electorales que se realizaron tanto en 2017 (Asamblea Nacional Constituyente, elecciones municipales) como en 2018 (elección presidencial). Las bolsas CLAP y las remesas se combinaron con los bonos para que la desnutrición bajara al 10 por ciento, que sigue siendo el indicador que marca la crisis de un país. Actualmente, la desnutrición se ubica en 15 por ciento. La gente no tiene posibilidades de resolver su problema alimentario, su problema de salud, su problema de agua o sus carencias afectivas.  ¿Qué causa todo eso? Un colapso en la familia.

¿Qué herramientas de trabajo, procesos, mecanismos, implementaron ustedes  para atender a la gente?

La crisis cambió la vida de nuestra organización, totalmente. Nuestra misión era capacitar a la gente, incluso llegamos a crear microempresas. Ahora pasamos a proyectos asistencialistas. Desarrollamos la olla comunitaria. Hay más de mil en todo el país. Una sopa no resuelve el tema alimentario, pero nos permite ayudar y acompañarlos a los venezolanos más vulnerables. Pese a la prohibición legal, empezamos a desarrollar bancos de medicamentos. Hay más de 100 en toda Venezuela. ¿Qué podíamos hacer ante la escasez de medicamentos o ante la incapacidad de que los puedan comprar? Establecimos vínculos con Cáritas de España, de Italia y de otros países, para que los hipertensos, los diabéticos, pudieran seguir con sus tratamientos.

¿Qué hicieron en el plano organización, gerencial, administrativo? No sería descabellado pensar que la emergencia exigió, hasta un punto desconocido, sus capacidades

En todo el país nuestro personal era de 20 personas contratadas que contaban con el apoyo de un voluntariado numeroso. En estos momentos cada Cáritas diocesana tiene entre 10 y 15 personas contratadas. En el plano institucional, hemos desarrollado capacidades que no nos corresponden. Ahora somos nutricionistas, somos farmaceutas, a veces me pregunto: ¿Para qué tantos talleres si nosotros no queremos tener farmacias? Esto es por la emergencia, que en teoría debería durar hasta un año, una vez superada, volveríamos a nuestra misión para la que fui contratada: desarrollar proyectos, monitorear indicadores sociales y crear microempresas. Pero son tres años pesando niños, repartiendo medicamentos. Tres años que no salimos de esta emergencia.

¿Ustedes prácticamente abandonaron la misión inicial?

Nos estamos dedicando a lo que hicimos en la tragedia de Vargas. Durante seis meses ayudamos con la alimentación, con el agua, pero transcurrido ese lapso, la gente empezó a incorporarse a su barrio. Y nosotros volvimos hacer lo nuestro. Pero hoy es muy diferente. Le repito, llevo tres años ayudando en el tema de la alimentación, tres años pesando niños, tres años repartiendo medicamentos.

¿La emergencia humanitaria representa una prueba de estrés para ustedes?

Sí, hemos incorporado a nuestros procesos lo que llamamos el cuidado de los cuidadores. Nada que ver con Vargas, donde nuestro personal no era el afectado por la tragedia. Hoy la situación es muy distinta. Tenemos gente cuyos hijos están desnutridos o están fuera del país o no tienen los medicamentos. El 96 por ciento del personal se encuentra afectado por la crisis. El horario es de siete días a la semana a cualquier hora. Hemos incorporado a los indigentes a las ollas comunitarias. Es una población difícil, diferente. Aquí llega muchísima gente con temas de depresión, gente que se quiere suicidar y busca una palabra de aliento. Pacientes que necesitan ser operados. Si acaso dos de cada cien tienen posibilidad de que lo operen en una clínica. Eso significa que se van de aquí pensando que se va a deteriorar, que se va a morir dentro de poco, que sólo un milagro los puede ayudar. Toda esa carga emocional hay que trabajarla con nuestra gente.

Hay que decirlo, ¿No? Este país enferma.

Enferma. Nosotros recibimos llamadas de gente con edades entre 45 y 50 años, que tienen capacidad productiva y quieren morirse. O gente que se quiere suicidar porque los hijos se fueron. Hoy día, hay toda una población que depende de otro para vivir, así trabaje. Y eso hay gente que no lo aguanta, que no lo soporta. Pasan la línea, se vuelven depresivos, se suicidan. Nunca habíamos visto ese tipo de casos en Venezuela, así como tampoco casos de trata. Madres que han venido a denunciar que a sus hijas se las han llevado para la trata. Grupos del crimen organizado que se las llevan a Trinidad donde las convierten en esclavas sexuales. Nunca habíamos lidiado con eso.

El hecho de que la crisis humanitaria se haya normalizado, con todo lo que eso implica, nos vuelve inmunes ante esa realidad. Asumimos que es lo que nos toca vivir. 

Hemos visto tres formas de comportamiento. Uno, gente que piensa que la crisis llegó para quedarse y que por tanto hay que sobrevivir como sea, vendiendo gasolina, bachaqueando, haciendo no uno sino 10 tigres. Dos, gente a quien se le metió en la cabeza la idea de que se tiene que ir del país, me tengo que ir, me tengo que ir, aunque sean personas muy pobres que no tienen posibilidad alguna de hacerlo. Tres, gente que trata de sacar provecho de esto como sea. Nos estamos viendo de otra forma. Si un muchacho no va a la escuela… total, para qué, si aquí no hay trabajo. La gente se prepara para sobrevivir el día a día. Hasta allí llegan las expectativas.

Si la gente piensa que la crisis llegó para quedarse, ¿Por qué habría de sorprendernos el conformismo?

Ahora todos nos critican, dentro y fuera del país. Es que ustedes eran ricos, es que ustedes comían bien. Pensemos por un momento que lo que teníamos era… ¡Demasiado! Pero lo que tenemos hoy ni de cerca es una vida normal. Hacia allá tenemos que avanzar, tenemos que intentarlo, dale pa’allá. A la cooperación internacional le hemos dicho: Tenemos que ayudar a la gente, pero bajemos un poco en las ollas comunitarias, en los comedores, y hagamos más énfasis en proyectos que tengan que ver con medios de vida. Cáritas ha criticado los programas asistencialistas del gobierno, entonces, ¿Vamos a hacer algo parecido? ¿Qué es lo que hemos visto? A nuestros migrantes que en Trujillo no pueden comer, y pasan la frontera, ¿Pero cómo puedes vivir en una plaza, en una carpa durante tres años? Ah, porque me dan las tres papas. Al final, la gente se vuelve robots. ¿Y cuando no haya cooperación internacional? Porque eso no va a durar toda la vida.

Lo otro es que si tengo que robar, robo; si me puedo aprovechar del vecino, lo hago; si me tengo que prostituir, no lo pienso dos veces. 

Eso está estudiado. En las crisis empiezas a desarrollar estrategias, ya mencionamos algunas. Haces lo que puedes, emigras, vendes algo de valor, ¿Qué viene después? La degradación moral. Lo estamos viendo en estos momentos. La mamá que está preparando a su hija de ocho años o al niño que lo pasa a la guerrilla o a un trabajo esclavizante. Y lo ven normal. Esa degradación aumenta en la misma medida en que lo hace la crisis. Por eso hablamos de las estrategias y si no resuelves la crisis en un año vas a llegar a las estrategias de degradación. Y eso es lo que estamos empezando a ver en Venezuela. Si voy a conseguir algo dando la información de que el apartamento de mi vecino está vacío, a mí no me importa. Si fuimos amigos, si coincidimos en el mismo bando político, no me importa, siempre y cuando pueda conseguir algo, empiezo a vender al hermano, al tío. Eso pasó en Cuba. ¿Qué quieres que haga? Yo tengo que sobrevivir, yo tengo que darle de comer a mis hijos. 

Esa degradación tiene además una dimensión social. 

Las obras sociales, las iglesias eran muy respetadas en Venezuela, así como los servicios médicos y las escuelas, precisamente porque estaban al servicio de las comunidades. Pero ya hay cosas que no se respetan, pueden robar una iglesia, como pueden robar una escuela, pueden venir a aquí a robar. ¿Y cómo pueden hacerlo si aquí tenemos una olla comunitaria, si aquí ayudamos a la gente? Hemos llegado a ese punto de degradación.

¿Qué implicaciones pudiera tener para la sociedad venezolana que la crisis humanitaria se vuelva permanente? 

Sería la destrucción total de las instituciones fundamentales, empezando por la familia. Aquí se han perdido muchas cosas. Si ves las escuelas, por ejemplo, no se han incorporado ni el 50 por ciento de los alumnos y de los maestros. Papas, tíos, muchachos de Chamba Juvenil impartiendo clases. Es una destrucción total de la educación. Si ves la administración pública, los equipos son de hace 20 años y a las puertas lo que encuentras es un cementerio de carros. Tierra de nadie, pero con una grandes burbujas, porque si vas a un club privado o puedes pagar un restaurante o un bodegón, seguramente te haces la pregunta: ¿Realmente Venezuela está en crisis? Hay una gran brecha entre la realidad y la percepción que pudiéramos tener de ella. Pero sal de esas burbujas: ¿Y qué vas a ver? Una destrucción total de cosas. De los hospitales, ni se diga. La Organización Panamericana de la Salud dice que hay mejoras y yo se lo creo, pero son puntuales. ¿Qué significa? Que llegaron insumos para dos meses. ¿Y después qué? Vacunaron hasta agosto, pero esos niños necesitan la segunda y la tercera dosis, la vacunación tiene que ser permanente. ¿Y si no es así, qué pasa? Que por ahí se cuela una epidemia. Hay mejoras para reducir la emergencia, pero no para que vivamos en un país normal.

Cuando le oyó decir al representante del Estado venezolano en Bruselas que aquí no había una crisis humanitaria, ¿Qué pensó? ¿Qué fue lo primero que le vino a la mente?

Cualquier representante del Estado que vaya a un organismo internacional se aprendió el libreto. Coinciden en que aquí no hay crisis y si hay problemas se deben a las sanciones. Entonces, ellos se aprenden el libreto y lo van diciendo en todos lados donde van. Es una ofensa porque están negando lo que está viviendo toda una población. Gente que está muriendo, pero no se sabe, porque aquí no hay cifras. Están pasando cosas que no se visibilizan. Aquí fallece una persona en un hospital y no ponen la causa de muerte. Tenemos tuberculosis, tenemos paludismo y eso no se está evidenciando. Ni siquiera las redes sociales se están haciendo eco de lo que nos está ocurriendo.

La ‘Pablo Iglesias del chavismo catalán’ adopta la torpeza del dictador Maduro por José Antonio Puglisi – PD América – 22 de Octubre 2019

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«Quien con un cojo va al cabo del año cojeará». Ésto le ha sucedido a la ‘Pablo Iglesias del chavismo catalán’, Arantxa Tirado. La politóloga siguió la torpeza del dictador Nicolás Maduro durante una entrevista realizada por Luis Hernández Navarro en México. En un intento desesperado por defender a la dictadura bolivariana, Tirado afirmó que «he escuchado con mis propios ojos que no hay pan en Venezuela», una afirmación que ha recordado a otras ‘grandes frases’ del dictador chavista como han sido: «Vamos a repartir gratuitamente 35 millones de libros y libras para los escolares»; «No dudé ni un milímetro de segundo»; “Así como Cristo multiplicó los penes”; y «Demasiada coincidencia que maten a alguien y al día siguiente esté muerto».
Al margen de la desafortunada frase, la ‘Pablo Iglesias del chavismo catalán’ ha aprovechado su visita por México para comercializar su libro ‘Venezuela más allá de mentiras y mitos’, donde intenta negar la existencia de una censura mediática en Venezuela o de la vinculación del régimen chavista con el narcotráfico, a pesar de que existen pruebas evidentes sobre el cierre de medios de comunicación, compra de canales de televisión o presiones sobre periodistas y directivas, sin olvidar la evidente relación con el negocio de la droga que quedó evidenciado con la detención de los ‘narcosobrinos’ en Estados Unidos.
La defensora de la dictadura venezolana ha querido quedar a la altura de Íñigo Errejón y, aunque no ha afirmado que los venezolanos «comen tres veces al día», sí ha afirmado que la falta de los alimentos y medicamentos son una creación mediática que nada tiene que ver con la realidad de los venezolanos. En este sentido, se ríe de todas aquellas familias venezolanas que deben hacer malabares para comer una vez al día o para intentar que sus hijos no mueran de hambre en las calles del país. En la misma línea, niega que exista un desastre económico en Venezuela, dejando a un lado tanto los informes del FMI y del Banco Mundial como el hecho de que el país padece la inflación más alta del mundo y que el propio Banco de Venezuela ha tenido que ocultar las cifras oficiales para evitar dejar en evidencia el fracaso bolivariano.

Lejos de ser consciente de la crisis que se vive en Venezuela, Tirado admitió en la entrevista que mira para otro lado cuando observa los fallos de la revolución bolivariana. «Podría ser más autocrítica, pero me sabe mal hacerlo porque sería ayudar al enemigo», afirmó. En este sentido, admite que como «comunista y socialista» su trabajo está en ayudar al posicionamiento y permanencia de la dictadura bolivariana, al margen del impacto negativo que está teniendo para una población que ya cuenta con más de cuatro millones de refugiados.

El drama de los refugiados en Madrid: «Venimos huyendo de Venezuela y ahora estamos en la calle» por Cris de Quiroga – ABC – 19 de Octubre 2019

Varios voluntarios dan comida y abrigo a los refugiados en las puertas del Samur Social
Varios voluntarios dan comida y abrigo a los refugiados en las puertas del Samur Social 

El colapso del Samur Social deja a familias de solicitantes de asilo con niños durmiendo al raso

A las puertas del Samur Social, hay un colchón sin dueño. Bernardo Méndez durmió sobre él, junto a su mujer y su niño de 5 años, durante dos noches. Esta familia cubana consiguió guarecerse en el centro de acogida de emergencia, donde lleva ya una semana; el colchón -un regalo de un vecino- se lo cedieron a unos venezolanos que solicitaron asilo tras ellos, y estos a los que vinieron después.

Es la puesta en escena de un problema que persiste desde hace meses y que ha empeorado esta semana, cuando varios menores durmieron con sus padres al raso. Desde el Ayuntamiento de Madrid aseguran que el sistema está «colapsado» y se atrincheran bajo el lema de que «es competencia del Gobierno». No obstante, tras reunirse este martes con representantes de los ministerios de Interior y Migraciones, el Consistorio ofreció ayer al Ejecutivo central siete espacios donde sería posible ubicar nuevos centros de acogida.

Los 6.000 solicitantes de asilo que prevé el Ayuntamiento que llegarán hasta final de año «competirán» por una plaza en alguno de estos centros. Si bien el 80% son latinoamericanos (en especial, venezolanos), según el delegado de Familias, Igualdad y Bienestar Social, Pepe Aniorte (Cs), el número 10 de la carrera de San Francisco era este jueves un popurrí cultural.

Los voluntarios reparten sopa caliente a las personas demandantes de asilo y refugio
Los voluntarios reparten sopa caliente a las personas demandantes de asilo y refugio

Mamukek, un hombre de 50 años, natal de Tiflis, capital de Georgia, se acomodaba para cumplir su trigésimo día en la calle. Compartía colchón y mantas con su compatriota Mguram, más afortunado: el jueves sería su cuarta noche. Cerca de ellos, una familia siriadescansaba sobre un par de maletas con dos niños, de 16 y 13 años. El hermano mayor sabía hablar alemán: «Hemos dormido dos noches en la calle». Después de un rato esperando, no se sabe muy bien a qué, desaparecían. «De aquí los mandan al hostal Welcome, que no es mejor», aseguraba una mujer, que se presentó junto a varias personas, alrededor de las 21 horas, con caldo, galletas, algún bollo y café. No son vecinos de La Latina, sino colaboradores de la Red de Solidaridad Popular Latina-Carabanchel.

Bernardo Méndez, veterinario venezolano y demandante de asilo: «Un vecino nos regaló un colchón y arroz con lentejas»

Mientras Bernardo Méndez disfrutaba de su frugal cena, esta mujer (que prefiere no desvelar su nombre) le preguntaba por el destino de aquellos que venían y se habían marchado en los últimos días, como Fátima, una muchacha siria. «La solución es hacer política social; no puede ser que los que no llegamos a fin de mes nos estemos ocupando de ellos», comenta esta colaboradora.

A por la tajerta roja

La mayoría de extranjeros acuden al Samur Social para solicitar la conocida como «tarjeta roja». Méndez ya ha conseguido su documento de refugiado político, tras escapar hace casi un mes de las cartillas de racionamiento de La Habana. Ha viajado con su familia a Rusia, Serbia, Macedonia y, por fin, Barcelona y Madrid. «Allá vivimos engañados», critica este veterinario, opositor al régimen cubano, que tiene cita el próximo 23 de octubre con la asistente social, donde espera entrar en un programa de ayuda y poder ir a una vivienda compartida.

Adolfo y Patricia, de 51 y 32 años, vendieron su casa, su coche y todas sus pertenencias para huir de Venezuela. «El comer era una proeza, el vestir otra más», asegura ella, abogada. Este matrimonio, recién llegado ayer a la capital, esperó alrededor de una hora frente a las oficinas del Samur Social, con una maleta y tres hijos, de 17, 11 y 7 años. Pero aguardaron en vano. «Nos han dicho que están colapsados», dijo Patricia después de que los trabajadores les facilitaran nada más que información. Si ayer no hubo menores durmiendo en la calle fue porque esta familia de clase media tuvo suerte, ya que una conocida les ofreció su casa en Madrid, mientras tratan de regularizar su situación. «Venimos huyendo de Venezuela y ahora estamos en la calle», sostiene Patricia que, aún así, reconoce que son unos «privilegiados» por haber podido dejar atrás la «crisis» que vive su país.

La familia venezolana que, recién llegada, solicitó asilo, sin éxito
La familia venezolana que, recién llegada, solicitó asilo, sin éxito

Karim Soussi (37 años) es de Túnez y lleva seis días durmiendo al raso, viendo pasar a otros que, como él, piden refugio. «Llegan después, pero les dejan entrar y a mí no», se queja, e insiste en que es «discriminación». Hace un año salió de su país, «enfadado con el Gobierno», y viajó a Marruecos. Logró llegar a Melilla, desde donde lo enviaron a Mérida. Aguantó allí cuatro meses, hasta que se subió a un autobús rumbo a Holanda. Tras pasar por dos campos de refugiados en Ámsterdam, fue deportado y traído de vuelta a Madrid. El 25 de octubre tiene una cita con la Policía. «No sé adónde me mandarán esta vez», se resigna Karim, que ha ejercido como peluquero y taxista, y quiere encontrar un trabajo para, «algún día, volver a Túnez y comprar una casa, con una pizzería debajo».

Cada semana, 150 personas son atendidas por el Samur Social y, en lo que va de año, el número de refugiados casi se ha duplicado, hasta los 35.000. Está por ver si las nuevas 1.350 plazas que habilitará el Ayuntamiento, en cuanto Trabajo dé el visto bueno, atajarán este problema.

 

El hambre en Venezuela, lejos de todo lo conocido en América Latina – Reporte Confidencial – 30 de Julio 2019

Venezuela vive una “crisis crónica y de instalación lenta”, que tras más de una década de políticas erradas, expropiaciones y corrupción se resume con dos cifras aterradoras en medio de la emergencia humanitaria: casi siete de sus 30 millones de personas pasan hambre en un país que hoy solo es capaz de disponer de un tercio de los alimentos necesarios para satisfacer las necesidades básicas. Así lo reseña lanacion.com.ar

Todo comenzó con la ley de expropiación de tierras promulgada por Hugo Chávez en 2007, que sumada a los cambios de modo de producción buscaban el control social soñado por el “comandante supremo” para eternizar su revolución bolivariana. El efecto colateral fue otro: horadaron el sistema alimentario de un país donde el 80% de sus habitantes reportan ingresos insuficientes para acceder hoy a la canasta básica alimentaria.

A la ecuación revolucionaria se le comenzaron a descuadrar los números desde el primer día. El resultado hoy es una hipérbole de tal tamaño que cuesta creerlo: una familia necesita 65 salarios mínimos mensuales simplemente para alimentarse, según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas).

En total, 2.625.000 bolívares cuando el salario mínimo es de 40.000, lo que traducido en dólares son 328 cuando solo se cobran 5 mensuales, a la espera de nuevas subidas gubernamentales y del descuento de la irrefrenable hiperinflación.

“El hambre creciendo impune durante 10 años, menguando a niños que ya enterramos, que se tuvieron que ir (diáspora de cinco millones de personas) o que dejaron de crecer (según Cáritas, un tercio de los niños sufre retardo en el crecimiento y rezago cognitivo)”, acusa Susana Raffalli, una de las principales expertas en nutrición del país.

Expropiaciones de empresas y nacionalizaciones en el campo, la consiguiente caída de la producción, la disminución de la oferta alimentaria que acabó convirtiéndose en escasez, la dependencia de las importaciones y el proceso inflacionario que todavía aterra a los venezolanos se fueron sumando como factores claves para llegar al hambre de hoy. Todos ellos incluidos en un esquema de corrupción que devoró decenas de miles de millones de dólares y que ha llevado a Estados Unidos a sancionar a tres hijastros de Nicolás Maduro; a quien creen es su testaferro (el empresario colombiano Alex Saab); al general Carlos Osorio, quien estuvo al frente del Ministerio de Alimentación, o al exministro Freddy Bernal, entre otros muchos.

“El componente nacional del sistema alimentario venezolano llegó a cubrir más del 70% de la demanda agregada de alimentos, hasta que comenzó la estatización y la corrupción con las importaciones”, profundiza Raffalli para salir al paso de las últimas apreciaciones del presidente de la FAO, José Graziano da Silva, empeñado en disculpar a su organización de la estrecha relación mantenida durante años con el gobierno de Caracas.

“Tenemos un país que debería disponer de 36 kilos de alimentos por mes y persona, distribuidos en 87 rubros, y solo consigue 13 kilos concentrados en seis rubros. Una persona, de acuerdo con la dieta prototipo nacional, debería consumir 75 gramos de proteína por día y hoy consume apenas 18 gramos”, constata Edison Arciniega, director ejecutivo de Ciudadanía en Acción.

Este activista mantiene que la crisis nutricional es un iceberg donde solo se ve la falta de abastecimiento y la desnutrición, pero que por debajo esconde una falla estructural de todo el aparato productivo: la agroindustria solo suministra el 8,1% de su capacidad instalada (170.000 toneladas métricas de 2,1 millones posibles). El derrumbe revolucionario se ha llevado por delante las maquinarias (déficit de repuestos y de nuevos equipos es del 92%), el sistema de transporte de carga (solo funciona el 23%), la capacidad portuaria (cuatro barcos mensuales), el agro animal (reducción del 63%) y el agro vegetal (caída del 77%).

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