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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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“A Maduro lo vi con muchas dudas de poder llegar a elecciones libres” por Daniel Vittar

Ricardo Merlo, viceministro de Relaciones exteriores de Italia, integró la misión europea en Caracas. El líder chavista les habló una hora de lo bien que está el país.

El líder opositor venezolano Juan Guaido con el vicecanciller italiano, Ricardo Merlo, en la embajada italiana en Caracas.

El aire de esperanza que hubo durante la última semana y que auspiciaba un acuerdo que permitiera convocar a elecciones libres en Venezuela se volvió a enturbiar.

Una misión del Grupo de Contacto internacional respaldado por la Unión Europea se reunió este jueves y viernes con los más altos dirigentes del chavismo y de la oposición para sondear esta posibilidad, y el resultado fue adverso, particularmente por la rígida posición de Nicolás Maduro y de la cúpula de gobierno.

“A Juan Guaidó, a Henrique Capriles y a otros dirigentes de la oposición los vi dispuestos a encarar una apertura democrática, inclusive aceptando la renovación del Parlamento. Pero a Maduro lo vi con muchas dudas de poder llegar a elecciones libres”, dijo a Clarín el viceministro de Relaciones Exteriores de Italia, Ricardo Merlo, uno de los integrantes de esa delegación.

El líder opositor venezolano Juan Guaido con el vicecanciller italiano, Ricardo Merlo, en la embajada italiana en Caracas.

El líder opositor venezolano Juan Guaido con el vicecanciller italiano, Ricardo Merlo, en la embajada italiana en Caracas.

El grupo de contacto está conformado por España, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, Suecia, el Reino Unido, Costa Rica, Uruguay, Ecuador y Bolivia.

Si bien es crítico de las políticas aplicadas por Maduro, busca facilitar un acuerdo negociado para permitir elecciones lo antes posible.

De hecho, por su posición más mediadora tiene acceso a todos los sectores relevantes de Venezuela. Se los considera mucho más moderados que el Grupo de Lima, e insisten en una “solución pacífica y democrática en manos de los venezolanos”.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, recibe a la misión del Grupo Internacional de Contacto. (DPA)

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, recibe a la misión del Grupo Internacional de Contacto. (DPA)

Pese a esta postura complaciente, la misión de esta semana no fue como se esperaba y el grupo se sintió desanimado. Emitieron un comunicado conjunto muy diplomático, a través del cual intentaron quedar bien con ambos bandos.

“Todos los interlocutores expresaron su aprecio por los esfuerzos del grupo de contacto y animaron a que continuara su compromiso”, dice el comunicado, sin explicar nada.

Según pudo saber Clarín, la realidad fue más incómoda de lo previsto. Estuvieron con Maduro una hora y media, pero la primera hora la utilizó el mandatario para dar un discurso con la verborragia habitual. Sólo pudieron dialogar 30 minutos.

El viceministro de Relaciones Exteriores de Italia, Ricardo Merlo, junto al obispo Raúl Biord, segundo Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana.

El viceministro de Relaciones Exteriores de Italia, Ricardo Merlo, junto al obispo Raúl Biord, segundo Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana.

Empezó calificando de “fascista” al dirigente opositor Leopoldo López, quien se encontraba detenido y fue liberado por el jefe de los servicios de Inteligencia (SEBIN) que se rebeló contra la cúpula de gobierno.

Luego el líder chavista calificó a Gauidó como “un neofascista”. Pero lo que más sorpresa le causó a la misión diplomática fue que se definió a sí mismo como “centro moderado”.

El monólogo de Maduro continuó con una descripción utópica de Venezuela, elogiando lo bien que está el país y los logros “de la revolución”, para finalizar advirtiendo que Estados Unidos estaba preparando una invasión y que el chavismo iba a resistir.

Ante los enviados europeos sostuvo que el gobierno cuenta con dos millones de milicianos armados para defenderse.

¿Qué les dijo Maduro, cómo percibió su postura frente a la posibilidad de encontrar una salida negociada?

Creo que Maduro no percibe la realidad tal cual es. En Venezuela no hay estado de derecho, no hay separación de poderes. Hay un gobierno de facto cívico-militar que no reconoce a la única autoridad elegida por el voto popular que es la Asamblea Nacional (Parlamento), y ha creado un organismo paralelo para vaciar de poder a esa institución, que es la Asamblea Nacional Constituyente, integrada por gente fiel al gobierno. La libertad de prensa es cero. La televisión y los diarios están manejados por el gobierno. Todos es a favor del gobierno.

¿Qué le pidieron a Maduro?

Le pedimos elecciones lo más rápido posible, pero elecciones democráticas, transparentes, controladas por organismos internacionales. En un momento yo le pregunté si ellos hacían alguna autocrítica, y se quedaron mudos. Tardaron un rato en responder, y no dijeron nada concreto.

¿Cómo vio la situación en Caracas?

La situación política y social es dramática, la de derechos humanos es terrible. Nosotros tenemos dos diputados venezolanos, elegidos democráticamente, refugiados en la embajada de Italia. Son Américo de Grazia y Mariela Magallanes. Yo le pido a los organismos internacionales de Derechos Humanos que vengan a Venezuela y vean lo que ocurre para denunciar esta situación.

¿Hablaron con la gente? ¿Qué les decían?

Mire, le describo la situación con un ejemplo: fui a comer a un restaurante donde el plato que pedí salía 60.000 bolívares, y el camarero que me atendía cobraba un sueldo de 18.000 bolívares. ¿Cómo pueden vivir así?

¿Se reunieron también con representantes de la Iglesia venezolana?

Sí, estuvimos con el obispo Raúl Biord, segundo Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana. Explicaron que la situación es mucho más dramática de lo que se ve, con chicos que se mueren de hambre y enfermos que no sobreviven por falta de medicamentos e insumos esenciales. Ellos también reclaman elecciones lo antes posible.

¿Cómo fue el encuentro con Juan Guaidó?

Con Guaidó tuve un desayuno privado en la embajada de Italia. Está dispuesto a participar en una nueva convocatoria a elecciones, inclusive a llamar a comicios para renovar el Parlamento que él preside.

¿Cómo sigue el trabajo del Grupo de Contacto?

Nosotros vamos a continuar reclamando elecciones libres en Venezuela lo antes posible. Queremos ver si este encuentro que tuvimos con Maduro fue sólo una puesta en escena o va aceptar finalmente negociar una salida.

Venezuela : Dramático video de los obispos – Conferencia Episcopal – 16 de Mayo 2019

La Conferencia Episcopal Venezolana ha distribuido un vídeo donde muestra los efectos que ha causado en el país la dictadura socialista bolivariana de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y la respuesta de la Iglesia ante las durísimas realidades sociales a las que se está viendo abocado el país.

Funcionarios de Maduro tocaron las puertas de la Conferencia Episcopal para pedir asilo por Rosalinda Hernández – TalCual – 5 de Mayo 2019

El monseñor Mario Moronta informó que en los próximos días denunciarán el ataque de la GN ante los tribunales. “Quienes atacan las iglesias de Venezuela no tienen temor de Dios”

Hace 20 días representantes de la administración de Nicolás Maduro tocaron las puertas de Conferencia Episcopal Venezolana para pedir asilo, en caso de una salida del mandatario, afirmó este domingo el monseñor Mario Moronta durante una eucaristía realizada en apoyo a la iglesia atacada por la Guardia Nacional en San Cristóbal, estado Táchira.

Altos dirigentes han acudido a varios obispos para consultar que en el caso de que hubiere una situación contraria a ellos, si se mantenía el derecho de asilo que universalmente se le reconoce a la Iglesia. Por supuesto, la Iglesia está abierta para proteger a todos los que requieran atención. Pero sin ser alcahuetes, ni encubridores, que no lo somos”, dijo.

Según dijo, ningún dirigente o representante del oficialismo se ha acercado al monseñor pero si a varios obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

“Si me llegan pues también lo discutiríamos si se encuentran dentro de las propuestas de la protección. Hemos protegido y estamos protegiendo a muchas personas que han sido atacadas”

La eucarística en desagravio al ataque con bombas lacrimógenas que hizo la Guardia Nacional el pasado viernes a la iglesia Nuestra Señora de Fátima, fue oficiada por el obispo de San Cristóbal junto a más de 20 sacerdotes. Pidió por la conversión de quiénes están haciendo el mal.

“Ya es hora que el mundo se de cuenta de lo que está pasando en Venezuela (…) Pidan perdón públicamente es lo menos que pueden hacer”, dijo Moronta a los funcionarios de la GN

Informó que en los próximos días denunciarán este ataque ante los tribunales nacionales e internacionales. Los feligreses que se encontraban en la misa del pasado viernes también informaron que 40 guardias nacionales ingresaron a la iglesia con motos. “Quienes atacan las iglesias de Venezuela no tienen temor de Dios”.

Comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana sobre la ayuda humanitaria – 21 de Febrero 2019

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COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA

Ante la posibilidad de recibir la ayuda humanitaria

1. El deterioro general de las condiciones de vida ha llevado al país a situaciones límites, sobre todo en las áreas alimentarias y de salud. La Iglesia, en sus diversas instancias (el Papa, la Santa Sede, la conferencia episcopal, la de religiosos y el consejo de laicos), ha pedido muchas veces la posibilidad de abrir un canal humanitario. La respuesta ha sido siempre un “no” rotundo. En los actuales momentos, la Asamblea Nacional, en representación legítima del pueblo venezolano, ha tomado la iniciativa de organizar esta ayuda con el concurso de varios países y pueblos hermanos.

2. El país necesita la ayuda humanitaria. El régimen tiene la obligación de atender las necesidades de la población, y para ello facilitar la entrada y distribución de la misma, evitando cualquier tipo de violencia represiva. Pedir y recibir ayuda no es ninguna traición a la patria; antes bien, es un deber moral que nos incumbe a todos, ante las carencias y urgencias dramáticas que padece el pueblo venezolano.

3. La pastoral social de la Iglesia, a través de Cáritas a nivel nacional, diocesano y parroquial, desarrolla desde hace muchos años una intensa y reconocida labor en beneficio de las personas que necesitan atención inmediata, por medio de diferentes programas en materia de alimentación, salud, derechos humanos, gestión de riesgo, cuidado del ambiente y atención en situaciones de desastres naturales.

4. Reiteramos lo dicho en el comunicado de Caritas de Venezuela del día 4-2-2019. La posibilidad de una ayuda humanitaria ha generado muchas expectativas por las grandes necesidades del pueblo en materia de alimentación y salud. Queremos recordar que la ayuda se guía por protocolos aceptados internacionalmente para dar respuestas a situaciones de graves crisis. No atiende a intereses políticos, sino al bien del pueblo más vulnerable. No resuelve todos los problemas de la población. La ayuda consiste fundamentalmente en raciones de emergencia y suplementos para niños y ancianos con déficit nutricional e insumos médicos, principalmente terapéuticos. Es limitada en cobertura y tiempo. Es siempre subsidiaria y no sustituye lo que el Estado debe hacer con sus recursos.

5. En la actual crisis humanitaria, Cáritas renueva su compromiso de participar, junto a otras organizaciones, en la recepción y distribución de la ayuda humanitaria, aportando su experiencia y capacidades. Cáritas se sumará a la ayuda en esta crisis bajo los principios de respeto a los derechos humanos y humanitarios.

6. Estamos en contra de todo tipo de violencia. Invitamos a la Fuerza Armada Nacional para que se ponga del lado del pueblo al que pertenece. El juramento de hacer cumplir la Constitución que hacen los miembros del estamento militar tiene como principal destinatario al pueblo venezolano: es el compromiso de defenderlo, de proteger sus derechos inalienables y de hacer brillar su dignidad humana. En conciencia, no deben cumplir órdenes que atenten contra la vida y seguridad de la población. En estas circunstancias deben permitir el ingreso y la distribución de la ayuda internacional.

7. Igualmente, no debe generarse violencia ni manipulación alguna entre los ciudadanos. La ayuda humanitaria beneficiará a muchas personas que se encuentran en situaciones límites, y a la vez, es un ejercicio de solidaridad y de organización en un pueblo que, manteniendo en alto la dignidad y la esperanza, quiere cambiar la situación de penuria y precariedad que sufre.

8. Pedimos a María de Coromoto nos acompañe en estos momentos de tanta esperanza para el país e interceda ante su Hijo, el Buen Pastor, para que podamos hacer realidad lo que Él nos ha enseñado: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10).

¡Escuchen el clamor del pueblo, dejen entrar y distribuir en paz la ayuda humanitaria!

En Caracas, a los 21 días del mes de febrero de 2019.

 José Luis Azuaje Ayala Arzobispo de Maracaibo Presidente de la CEV

 Mario Moronta Rodríguez Obispo de San Cristóbal 1° Vicepresidente de la CEV

Raúl Biord Castillo Obispo de La Guaira 2° Vicepresidente de la CEV

 José Trinidad Fernández Angulo Obispo Auxiliar de Caracas Secretario General de la CEV

La batalla diplomática: Venezuela, la crisis más incómoda para Francisco por Elizabetta Piqué – La Nación – 10 de Febrero 2019

La postura del Papa ante el conflicto político le generó críticas en la región; sin embargo, aunque no lo reconozca en público, el Vaticano trabaja en silencio para una salida de Maduro
La postura del Papa ante el conflicto político le generó críticas en la región; sin embargo, aunque no lo reconozca en público, el Vaticano trabaja en silencio para una salida de Maduro Fuente: LA NACION – Crédito: Ippóliti 

ROMA.- Venezuela se ha vuelto la crisis más incómoda para elPapa . Muchos fieles de su continente están descolocados. No entienden cómo, a diferencia de los obispos venezolanos y de muchos gobiernos americanos y europeos, no respaldó al opositor Juan Guaidó , presidente encargado del país, para una transición que lleve a elecciones libres. Pero aunque no lo admitirá públicamente, la diplomacia vaticana trabaja silenciosamente, con mucha prudencia, para una salida “elegante” de Nicolás Maduro .

Salvando distancias y diferencias, es una situación similar a la salida del último líder comunista de Polonia, el general y dictador Wojciech Jaruzelski, que dejó el poder tras los Acuerdos de la Mesa Redonda de 1989, que condujeron a Polonia a la democracia. Otro ejemplo podría ser la caída del dictador filipino Ferdinand Marcos, que se vio obligado a abandonar la presidencia y a exiliarse en 1986 después de masivas protestas, también impulsadas por la Iglesia local.

El Papa explicó que respaldar un bando u otro en Venezuela “sería una imprudencia pastoral” de su parte, que podría hacer más daño y que temía un derramamiento de sangre. Muchos en América Latina interpretaron esta postura como un virtual respaldo del “papa comunista” al régimen de Maduro.

Es una regla de oro de la diplomacia vaticana no romper relaciones con ningún país y mantenerse en equilibrio con respecto a las partes en conflicto, para poder ser un canal y poder intervenir, si es necesario. En esta línea, la Santa Sede nunca rompió ni con los Castro en Cuba ni con Augusto Pinochet en Chile.

La posición del Vaticano le permitió justamente a Maduro enviarle una carta al Papa, en la que le pidió ayuda para entablar un diálogo con Guaidó. Francisco se manifestó dispuesto a mediar, pero solo si las dos partes lo piden, algo que hasta ahora no ha sucedido.

En una entrevista televisiva, Guaidó hace unos días llamó al Papa y a la diplomacia internacional a “ayudar para el fin de la usurpación”. Pero no hubo ningún pedido formal de intervención, sino que Guaidó reiteró su tajante rechazo a cualquier posibilidad de diálogo con Maduro, que con eso pretende solo ganar tiempo.

Francisco, que a fines de 2016 se arriesgó para ser facilitador de un diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición que terminó en fracaso, también ha sido criticado por su postura en apariencia soft. ¿Por qué no levantó la voz, como hizo la combativa Conferencia Episcopal Venezolana?

En el Vaticano explican que si los obispos venezolanos pudieron decir lo que dijeron fue porque tenían y tienen luz verde para hacerlo.

Por eso, si bien hubo quien habló de distanciamiento entre el Papa y los obispos, nunca hubo tal división. “El Vaticano nos ha confiado a nosotros, los obispos, las riendas; hacemos lo que es justo y sabemos que el Papa nos apoya”, confirmó el cardenal Baltazar Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas, desde siempre opositor del chavismo y de Maduro, en una entrevista al diario italiano Il Fatto Quotidiano.

“El Papa está interesado desde siempre en Venezuela y recibe constantes informes de mi parte, de los obispos y del cardenal Pietro Parolin [secretario de Estado vaticano]. El Papa pide que se cree un mecanismo diplomático con el Vaticano protagonista, a través de la Iglesia local, para una solución pacífica, sin sangre, sin guerra”, agregó Porras.

Para Rodrigo Diamanti, miembro de la delegación que Guaidó envió a Roma para entrevistarse mañana con el gobierno italiano -uno de los pocos de Europa que aún no lo reconoció-, “la posición de la Iglesia es una sola y es la de la Conferencia Episcopal Venezolana”.

“Esperamos que junto al Vaticano, la Iglesia venezolana pueda ayudar a que cuanto antes haya elecciones libres y transparentes para que Venezuela pueda superar la crisis que está viviendo”, dijo a LA NACION Diamanti. “No puede seguir adelante una dictadura que no acepta elecciones y no permite la entrada de ayuda humanitaria”, agregó.

Marinellys Tremamunno, periodista ítalo-venezolana y autora del libroVenezuela, el derrumbe de una revolución, no oculta su decepción con el Papa y refleja por qué Venezuela es la crisis más incómoda para él. “Obviamente la posición neutral del Papa ha generado mucha molestia en Venezuela. El venezolano común, los que fueron víctimas de torturas, los que son víctimas de este drama que se vive, los exiliados, piensan que no es posible no fijar posición ante la violación de los derechos humanos”, opinó, en diálogo con LA NACION.

“Los que sufrimos el tema Venezuela sabemos que la solución no está en manos del Papa. Pero nos duele que siga hablando de la necesidad de diálogo con un dictador señalado por crímenes terribles, con quien está claro que no se puede hablar”, agregó Tremamunno.

Probablemente consciente de estos sentimientos en un país que conoce muy bien, el cardenal Parolin, que fue nuncio en Caracas antes de ser llamado por Francisco para convertirse en su número dos, intentó explicar la postura de la Santa Sede con un calificativo: “neutralidad positiva”.

“El enfoque de la Santa Sede es de neutralidad positiva, no del que se asoma a la ventana para ver qué sucede casi indiferente. Es el enfoque del que busca estar por encima de las partes para superar la conflictividad”, dijo a la televisión del episcopado italiano. Parolin también afirmó que el compromiso de la Santa Sede, tal como dijo el Papa, “es siempre la búsqueda de soluciones pacíficas e institucionales de la crisis en curso”.

Los vaivenes en la puja por el apoyo del Vaticano

Maduro le envió una carta al Papa, mientras que Guaidó pidió ayuda para “el fin de la usurpación” del poder

  • A fines de 2016, Francisco se arriesgó para ser facilitador de un diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición, que terminó en fracaso
  • La semana pasada, el Papa se mostró dispuesto a mediar en la crisis de Venezuela, pero dijo que necesitaba un acuerdo de las dos partes. Días antes, Maduro le había enviado una carta a Francisco en la que le pedía su ayuda para abrir un canal de diálogo
  • Luego de los dichos del Papa, Guaidó lo llamó a él y a la diplomacia internacional a “ayudar para el fin de la usurpación” del poder, pero no hubo ningún pedido formal de intervención; el líder opositor reiteró su tajante rechazo a cualquier posibilidad de diálogo con Maduro
  • El jueves pasado, el Vaticano insistió en que mantiene una “neutralidad positiva” respecto de la disputa política entre Maduro y Guaidó. “No es la actitud de quienes se sientan delante de la ventana y observan de manera casi indiferente. Es la actitud de estar sobre las partes para superar el conflicto”, señaló el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin

Comunicado conjunto de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela (CONVER) y del Consejo Nacional de laicos de Venezuela (CNL) – 4 de Febrero 2019

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COMUNICADO CONJUNTO

1. Los miembros de las presidencias de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela (CONVER) y del Consejo Nacional de laicos de Venezuela (CNL), queremos compartir con todo el pueblo venezolano algunas preocupaciones sobre la dramática situación que estamos viviendo en el país.

2. Experimentamos en todas las comunidades a las que servimos, y en todo el contexto nacional, una dolorosa situación de injusticia y sufrimiento por la carencia de lo necesario para una vida digna y productiva, y la indefensión ante la justicia. Esto ha generado, con determinación y esperanza, la búsqueda de un cambio político a través de un proceso de transición pacífica y transparente, que lleve a elecciones libres y legítimas para retomar el rumbo democrático y lograr la recuperación del Estado de Derecho, la reconstrucción del tejido social, la producción económica, la moral en el país y el reencuentro de todos los venezolanos.

3. Al asumir esta ruta de transición hacia un proceso electoral, urge hacerlo de forma pacífica y con los instrumentos presentes en la Constitución Nacional, para evitar mayores sufrimientos y dolores al pueblo. Como creyentes y compañeros de camino, nos dejamos iluminar por la Palabra y la sabiduría que viene de Dios que “ante todo es pura y además es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y de buen obrar, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz y su fruto es la justicia” (Sant. 3, 2.18).

4. Es moralmente inaceptable la creciente represión por motivos políticos, la violación de los Derechos Humanos y las detenciones arbitrarias y selectivas. Como ciudadanos y servidores de las comunidades, les exigimos a los organismos de seguridad del Estado que no sigan reprimiendo a sus hermanos venezolanos y asuman su verdadera responsabilidad de proteger al pueblo en toda circunstancia, particularmente cuando ejerzan el derecho a la protesta pacífica.

5. Urge que el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo cumplan con su primer deber que es el estar al servicio del pueblo y, de una vez por todas, se acaben los abusos de poder y antes descritos, en particular, lo que se refiere a las detenciones de menores de edad. No caigan en contradicción con las mismas leyes que profesan respetar, y siéntanse independientes de cualquier otro poder público a la hora de ejercer sus funciones.

6. Hacemos un reconocimiento y agradecimiento a los activistas que defienden y promueven los Derechos Humanos en momentos de crisis y tensión en el país, por el servicio que desempeñan a pesar de los riesgos, y les animamos para que continúen atendiendo a las víctimas que sufren injusticias. Pedimos el respeto y la seguridad personal y jurídica para quienes ejercen este digno servicio en Venezuela.

7. La Iglesia Católica comprometida desde hace muchos años en acompañar y auxiliar a la población más afectada, actuando de acuerdo a los principios de independencia, imparcialidad y humanidad, solicita sean concedidos los permisos necesarios para disponer de la ayuda humanitaria como un medio para mitigar el impacto de la crisis sobre la gente más vulnerable. Cáritas de Venezuela y las diversas instituciones de promoción social de la Iglesia con un extenso alcance en todo el territorio nacional, nos comprometemos a continuar el servicio que venimos realizando con equidad, inclusión, transparencia y efectividad.

8. En este momento crucial de la historia patria, invitamos a todo el pueblo venezolano a dar lo mejor de sí, cada uno en su ámbito de trabajo y acción, para que desde la unidad, la solidaridad y la responsabilidad ética, con un espíritu distendido, busquemos el bien común y trabajemos sin descanso en la reconstrucción de la Democracia y de la patria entera, evitando el derramamiento de sangre como bien lo ha expresado el Papa Francisco.

9. El pueblo Venezolano ha despertado, está en la calle porque anhela un cambio en el rumbo político y democrático del país. Las marchas del 23 de enero y la que se realizó el día 2 de febrero, día de la Vida Consagrada en la Iglesia, dan testimonio de la fuerza y la perseverancia de un pueblo que cuando es exigido responde positivamente ante el anhelo de un mejor futuro, donde la vida no esté en riesgo permanente, sino que hayan oportunidades para el desarrollo humano integral y la reactivación de los valores de la paz, la reconciliación y el encuentro.

10. Desde nuestra misión de creyentes, queremos incentivar la oración y una espiritualidad encarnada en las realidades que sufre el pueblo. Uno de los signos fundamentales de este momento es la Eucaristía como sacrificio y don de Dios en Jesucristo, por lo que invitamos a todo el pueblo para que participemos en la Eucaristía del domingo 10 de febrero, antesala de la jornada mundial por los enfermos, y así orar en todos los templos, en nuestras casas y comunidades, pidiéndole al Señor nos conceda la paz, la reconciliación, la libertad y la salud espiritual y corporal, y busquemos con creatividad gestos de fraternidad y solidaridad en las diferentes comunidades.

11. Confiemos en el Dios de la historia, Él es el Dios de la salvación en Jesús liberador que nos dice: “no tengan miedo, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). Que María de Coromoto, nuestra patrona nacional, nos acompañe siempre como pueblo.

Con nuestra cercanía.

Caracas, 4 de febrero de 2019.

José Luis Azuaje Ayala Arzobispo de Maracaibo Presidente de la CEV

Pbro. Francisco Méndez, SDB Presidente de CONVER

Dra. María Elena Febres-Cordero Briceño Presidente del CNL

El falso enfrentamiento entre el Papa y los Obispos por Venezuela por Rafael Luciani – Teologia Hoy – 30 de Enero 2019

La falsa división entre un Papa de izquierda y unos obispos de derecha

El actual proceso de reformas eclesiales que preside Francisco busca conceder mayor autonomía a las Conferencias Episcopales locales. En pontificados anteriores, la centralización del poder eclesial en manos de la Curia Romana causó un sin fin de abusos sobre las iglesias locales y regionales fruto de lo que Francisco describió, al inicio de su pontificado, como la patología del poder. En términos geopolíticos esto se ha traducido en un trabajo en conjunto y coordinado entre las autoridades eclesiásticas en Roma y las directivas de las conferencias episcopales locales. De este modo, la orientación de la narrativa geopolítica vaticana busca enfocarse en la cura pastoral y la atención humanitaria de los países en crisis, dejando el recurso diplomático de la negociación y la apelación a la multilateralidad como vías que pueden evitar salidas violentas y sangrientas de los regímenes políticos que se adueñan del poder. Corresponde a los obispos locales la calificación política y el posicionamiento ético frente a dichos regímenes. El Vaticano, desde los Pactos Lateranenses que le dieron carácter estatal en 1939, jamás ha calificado a un presidente de «dictador». No puede hacerlo. Experiencias como las de China, donde la Iglesia fue expulsada, sólo han podido ser sanadas muchos años después y con lentas negociaciones.

Sabiendo esto, el oficialismo venezolano ha buscado, por diferentes vías, debilitar la credibilidad de la Iglesia. En este juego han caído también sectores de la oposición polarizando así la dimensión pastoral de la acción eclesial bajo la idea de una supuesta división entre «un Papa de izquierda y unos obispos de derecha», o entre «un Papa que reconoce al gobierno ilegítimo de Maduro y unos obispos venezolanos que no lo reconocen». Este tipo de argumentaciones sólo otorgan mayor fuerza a la estrategia del gobierno de buscar que el pueblo pierda la credibilidad en la institución eclesiástica que, por naturaleza organizacional, actúa siempre de forma colegiada, es decir, con una inquebrantable unidad entre el Papa, los obispos y los fieles. ¿Acaso los que hoy critican a Francisco por haber hablado con Fidel Castro, levantaron su voz cuando San Juan Pablo II le dio la comunión a Pinochet? Ambos torturaron y asesinaron a miles de hermanos que pedían la misma libertad que hoy pedimos los venezolanos. Para la Iglesia la fe no es ideológica ni doctrinaria. Su único interés es la atención pastoral a las personas traducida en la promoción del bienestar para con los más pobres y sufridos de una sociedad, como lo es hoy la venezolana, pues —como dice Francisco— no podemos «considerar a nada ni a nadie como definitivamente perdido en las relaciones entre las naciones, los pueblos y los estados».

«En la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía»

¿Cuál es la posición del Papa Francisco? ¿es posible en la Iglesia, que exista un número 2 por encima del número 1? ¿acaso la Iglesia funciona como una democracia? ¿puede existir una división entre la postura del Papa —como pastor y jefe de estado—, su Secretario de Estado —el Cardenal Parolín—, y la Conferencia Episcopal venezolana que se ha manifestado en bloque al declarar a la presidencia de Maduro como ilegítima?

El 8 de Junio de 2017, el Papa Francisco dijo personalmente a los miembros de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana que «en la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía». A diferencia de otros pontificados, el reconocimiento de Francisco es a lo que han discernido y decidido los obispos locales, quienes conocen su realidad, y no lo que Roma pueda pensar desde lejos de nuestra realidad. Esto no sólo dice de la honradez de Francisco ante lo que vivimos, sino también de su humildad al querer llevar un proceso de reforma y «descentralización» en la Iglesia Católica, como lo indicó en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (n.16).

Las 4 condiciones del Vaticano siguen hoy vigentes

Hagamos un poco de memoria sobre los varios llamados públicos de Francisco en torno a la crisis venezolana. El 10 abril de 2014 hizo un fuerte reclamo a los líderes políticos por la violencia e instó a respetar la verdad y la justicia. Un año más tarde, el 1 de marzo de 2015, condenó la muerte de estudiantes que protestaban pacíficamente. Y en octubre de 2016 cuando aceptó la petición de facilitación que le hiciera primeramente la propia oposición nacional, el Vaticano dio a conocer el día 2 de diciembre las cuatro condiciones que debían acompañar una verdadera negociación con el gobierno: «elecciones, restitución de la Asamblea Nacional, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

El punto más álgido fue la denuncia del Papa ante el incumplimiento de dichas condiciones por parte del gobierno, lo que llevó a la culminación del proceso de diálogo y a esto se refirió en la rueda de prensa que ofreció durante el regreso de su viaje apostólico a Egipto, el 29 de abril de 2017. Ahí dijo que el diálogo «no resultó porque las propuestas no eran aceptadas» no sólo por la oposición política que, en ese momento, carecía de unidad política y estratégica, sino fundamentalmente por el gobierno, cuya falta de seriedad y coherencia la describió como un: «”sí,sí” pero “no, no”» y le hizo un «sentido llamamiento al gobierno para que se evite cualquier ulterior forma de violencia, sean respetados los derechos humanos y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está extenuando la población».

Un día después de este viaje, ante la crueldad de la represión a miles de personas que protestaban en el país, el domingo 30 de abril de 2017 en su mensaje Urbi et Orbe, Francisco difundió y cuestionó para el mundo «la situación en Venezuela, con numerosos muertos, heridos y detenidos»; abogó por los «derechos humanos» y exhortó a «soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria».

Algo que muchos olvidan es que, paralelo a todas estas denuncias, el Papa ya se había reunido con Susana Malcorra, canciller argentina del recién electo gobierno de Macri, para conseguir el pronunciamiento en bloque de los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú, Paraguay y Uruguay sobre la crisis venezolana. Una reunión que llevó a otras más, como parte del ejercicio silente de la diplomacia Vaticana y que inspiró lo que luego se crearía bajo el nombre de grupo de Lima.

La movilización de la Iglesia latinoamericana en contra de la represión del gobierno venezolano

Todas estas acciones del Papa y los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal Venezolana produjeron algo que pocos han valorado: por primera vez en la historia de la Iglesia latinoamericana, todas las entidades locales y regionales alinearon su posición reiterando, a su vez, las varias denuncias hechas por el Papa. Veamos a qué nos referimos.

A casi dos meses del inicio de las protestas estudiantiles, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) fijó posición, el 2 de abril de 2014, de forma pública y oficial, mediante el comunicado que lleva por nombre: «Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela». Los Obispos comienzan su análisis con una premisa muy clara: «la causa fundamental de la actual crisis es la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado Plan de la Patria, detrás del cual se esconde la promoción de un sistema de gobierno de corte totalitario». Para lograr imponer este modelo de corte totalitario, basado en la lógica del pensamiento único y, por tanto, excluyente de todo otro modelo sociopolítico, se han puesto «restricciones a las libertades de información y opinión», se ha incrementado «la inseguridad jurídica y ciudadana» y se han promovido «los ataques a la producción nacional». Todo esto, bajo el peso de una «brutal represión de la disidencia política» (num. 2).

Las cosas no cambiaron. Antes bien, se siguieron agravando y el 31 de marzo de 2017 la Conferencia Episcopal Venezolana se pronunció denunciando que para el gobierno «todo gira en torno a lo político, entendido como conquista del poder, olvidando las necesidades reales de la gente». Ante la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de eliminar la Asamblea Nacional y suplantarla «por una representación de los poderes Judicial y Ejecutivo», indicó el episcopado que «no se puede permanecer pasivos, acobardados ni desesperanzados. Tenemos que defender nuestros derechos y los derechos de los demás. Es hora de preguntarse muy seria y responsablemente si no son válidas y oportunas, por ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas».

El 4 de abril 2017 se sumó la voz de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela contra «la falta de autonomía entre los cinco poderes públicos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano», y subrayó «la indolencia del gobierno nacional ante la situación crítica que vive nuestro pueblo, demostrando una vez más que solo le interesa la lucha por mantenerse en el poder» en un contexto de «inminente dictadura». El camino inmediato para salir de la crisis, se lee en el documento, ha de pasar por el cumplimiento de tres exigencias: «respeto al Estado de derecho, separación de poderes, legitimidad del Parlamento».

Tres días más tarde, el 7 de abril 2017, la Compañía de Jesús en Venezuela, a través de la editorial de su revista SIC del Centro Gumilla, hizo pública su posición oficial: «nos enfrentamos a una dictadura como ciudadanos y como cristianos», la cual se consuma, a juicio de los jesuitas, con «las decisiones asumidas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional de fecha 28 y 29 de marzo que suponen un claro golpe de Estado y un desenmascaramiento definitivo del gobierno como una dictadura». Y añadió, en consonancia con la petición del Papa Francisco a través de su secretario de Estado, que la solución a la crisis actual del país pasa, necesariamente, por las siguientes condiciones: «democracia con elecciones, liberación de todos los presos políticos, pleno reconocimiento de la Asamblea Nacional, apertura a la ayuda humanitaria internacional y entierro de este modelo fracasado que atenta contra la vida de toda la población». Nada menos de lo que exigió el bloque político de oposición, que por intereses partidistas no lograba llegar a una estrategia unitaria y permanente.

A este movimiento eclesial, se unieron las distintas Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Entre ellas, el 21 de abril 2017, la Conferencia Episcopal Panameña se solidarizó con la posición de los obispos venezolanos expresando que «la difícil situación del país cada vez se hace más insostenible». A este comunicado le siguió el de la Conferencia Episcopal Colombiana en pro de la labor de «obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos que en medio de dolorosas situaciones y privaciones, siguen trabajando por la defensa de los valores humanos». El día 26 de abril de 2017, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana declaró que «se trata de una situación donde está muerta y desaparece toda posibilidad de opinión divergente o contraria a quienes están en el poder, se abre la puerta a la arbitrariedad, la corrupción y la persecución, un despeñadero hacia la dictadura». A lo largo de ese mes de abril se solidarizaron también, entre otras, las Conferencias Episcopales de Uruguay y Chile, así como la boliviana, que el 2 de mayo de 2017 se pronunció en torno a «la violencia fratricida, pobreza abrumadora y pérdida de la vigencia de los derechos humanos» en Venezuela.

Una nueva expresión de la colegialidad eclesial se manifestó, históricamente, entre el 9 y el 12 de mayo de 2017, cuando se celebró en San Salvador la XXXVI Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Allí, todas las Iglesias locales de América Latina y el Caribe decidieron, unánimemente, tomar posición frente a la situación de nuestro país al observar que «se vuelve insostenible la falta de alimentación, la falta de medicinas y la falta de libertades». Tras la discusión se creó una Comisión de seguimiento de la situación sociopolítica y humanitaria venezolana. Es la primera vez que el conjunto de las Iglesias locales latinoamericanas se unen para levantar su voz en contra de lo que se vive sociopolíticamente en uno de sus países.

Un último ámbito de conciencia eclesial internacional que no podemos pasar por alto es el comunicado publicado por la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina. El 27 de abril de 2017, unas treinta universidades de catorce países latinoamericanos expresaron su «condena a los actos de represión que el gobierno está ejerciendo sobre quienes legítimamente salen a las calles a manifestar su protesta ante esta situación». Todas las universidades jesuitas del continente se unieron para denunciar «la intolerancia a la discrepancia y la militarización de la sociedad», y demandaron «a todos nuestros gobiernos y organismos internacionales que defiendan el Estado de derecho, la institucionalidad democrática y el libre ejercicio de la ciudadanía en Venezuela».

 El llamado del Vaticano a desconocer la Constituyente y retomar las 4 condiciones

Ante todos estos pronunciamientos internacionales, el 13 de mayo de 2017, poco antes de que oficiara la misa solemne en Fátima, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolín, «número dos» de Francisco, declaró nuevamente que «la solución para la grave crisis en Venezuela son las elecciones». Como es lógico, toda elección supone un cambio de gobierno o transición política. Por ello precisó, como ha dicho el Pontífice en repetidas ocasiones, que «se necesita mucha buena voluntad, empezando por el gobierno, que debe dar señales de que desea resolver la crisis y tener en cuenta el clamor del pueblo».

Esto llevó a que el 4 de agosto de 2017, el mismo Papa enviara de nuevo un comunicado muy fuerte a través de la Secretaría de Estado diciendo que: «la Santa Sede pide a todos los actores políticos, y en particular al Gobierno, que se asegure el pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como también de la vigente Constitución; se eviten o se suspendan las iniciativas en curso como la nueva Constituyente que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento e hipotecan el futuro; se creen las condiciones para una solución negociada de acuerdo con las indicaciones expresadas en la carta de la Secretaría de Estado del 1 de diciembre de 2016, teniendo en cuenta el grave sufrimiento del pueblo a causa de las dificultades para obtener alimentos y medicamentos, y por la falta de seguridad». Nuevamente se recuerdan las 4 condiciones que han de marcar la hoja de ruta hacia el restablecimiento de la democracia en Venezuela: «elecciones, restitución de la Asamblea Nacional, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

Un hecho aparentemente controversial sucedió el 10 de enero (2019) durante la juramentación de Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia para un nuevo período de gobierno. Dicho mandato ha sido desconocido por la comunidad internacional. La Secretaría de Estado del Vaticano decidió enviar a un Encargado de negocios ad interim, en vez de al Nuncio en Caracas. Hecho que no ha de pasar desapercibido cuando el protocolo vaticano siempre ha prescrito la presencia de un Nuncio, sea el del propio país o de otro vecino que lo represente en su calidad de Jefe de Misión en tales actos de investidura. Aquí se optó por un funcionario de menor rango, prácticamente desconocido. Ante las reacciones que surgieron, el Vaticano emitió un comunicado el pasado lunes 14 de enero explicando que «la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con el Estado venezolano. Su actividad diplomática tiene como finalidad promover el bien común, tutelar la paz y garantizar el respeto de la dignidad humana», y añadió nuevamente el principio de colegialidad geopolítica bajo el cual actúa, siempre en coordinación con los obispos locales. Por eso, dice el comunicado, «la Santa Sede y los obispos del país trabajan juntos para ayudar al pueblo venezolano, que sufre las implicaciones humanitarias y sociales de la grave situación en la que se encuentra la nación».

«El nuevo período presidencial es ilegítimo y abre una puerta al desconocimiento»

Todas estas acciones y posiciones, frutos de una acción colegiada entre el Papa, los obispos y los fieles católicos, quedó claramente expresada y reconocida el 9 de enero de 2019 en la exhortación que lleva como título: «Lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicieron» (Mt 25,40). Ahí, la Conferencia Episcopal Venezolana en pleno exigió al gobierno «el cambio que el país pide a gritos: la recuperación del Estado de Derecho según la Constitución y la reconstrucción de la sociedad venezolana, en dignidad, libertad y justicia para todos». Por tal motivo, dice la exhortación: «reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución (…). La pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno».

Así como los obispos han sido claros en no reconocer la legitimidad de Maduro, el Papa fue el primero en desconocer a la asamblea nacional constituyente impuesta por Maduro sin voto popular. No olvidemos que las acciones de una diplomacia muchas veces silente y poco perceptible iniciaron un proceso de concertación entre gobiernos latinoamericanos y conferencias episcopales locales, que fueron alzando sus voces para pedir, con el Vaticano: «elecciones, restitución de la Asamblea, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

Venezuela, Nicaragua, Yemen y Siria…

La decisión del Papa de incorporar a Venezuela el 25 de diciembre de 2018 en la lista de países que nombra en su mensaje Urbi et Orbi, es otro reconocimiento de un país que vive una severa tragedia humanitaria y en condiciones de estados fallidos, como Yemen y Siria, o totalitarios como Nicaragua. Es un mensaje fuerte y profético de la diplomacia vaticana que ha pasado desapercibido para muchos, y que ha sido enviado con contundencia a la comunidad internacional, reconociendo así, la necesidad de un cambio político urgente.

Hoy el Papa, en medio de nuevas críticas por parte de académicos y políticos latinoamericanos, especialmente de oposición, vuelve a insistir, el 7 de enero de 2019 en su Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: «Deseo para la amada Venezuela que se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que han sido afectados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz». Vías que, como explicaron los obispos venezolanos, pasan por reconocer que «la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias».

Lo que el Papa desea sigue siendo hoy el clamor de los nuevos líderes de la única y legítima Asamblea Nacional, elegida bajo el voto popular con una mayoría opositora abrumadora: «elecciones, restitución de la Asamblea, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos». Es esta la hoja de ruta vaticana para un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela. Es la voz que llevan hoy nuestros jóvenes diputados con un mensaje que ha devuelto la esperanza en un cambio político en Venezuela que mira al bien común y se aleja de los intereses partidistas e ideológicos tanto de la oposición política como del oficialismo castrista.

No nos dejemos robar la esperanza, no perdamos la fe en las personas e instituciones que están trabajando por un cambio en Venezuela. Recordemos las palabras de Francisco en Paraguay: «las ideologías terminan mal, no sirven, las ideologías tienen una relación incompleta, enferma o mala con el pueblo porque no asumen al pueblo» (Visita Apostólica al Paraguay, 2015).

Comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana – 22 de Enero 2019

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El 23 de enero de 1958: hito histórico para la democracia Venezolana.

1. El 23 de enero de 1958 es una fecha histórica para todos los venezolanos. Es un signo inspirador del triunfo de la racionalidad social ante el abuso del poder; de la unidad del pueblo que se hallaba débil ante la desarticulación de un régimen de atropellos, de corrupción y de represión que encubría dentro de sí todos los males que un gobierno autoritario puede tener.

2. Desde esa fecha el país marchó en vía de desarrollo, con una democracia que siendo perfectible, logró hacer germinar en varias generaciones los valores inherentes a ella: el mundo de libertades, separación de poderes, el valor de la alternabilidad en el poder, la solidaridad y participación ciudadana, la descentralización, el derecho de asociación, la libertad de expresión e información y muchos otros elementos, que aunque no llegaron perfectamente a una efectiva instalación en la realidad venezolana, influyeron para que la conciencia democrática se enraizara profundamente en la población. Lamentablemente, el deterioro de la vida democrática por factores conocidos por todos abrió las puertas a que se fuera introduciendo un régimen de gobierno en el que muchos cifraron sus esperanzas, pero que, a la postre ha resultado contrario a los principios de la ética social y al respeto de la dignidad humana.

3. Hoy nos encontramos nuevamente con otro 23 de enero, a los 61 años de aquel acontecimiento que fue significativo en la lucha de la civilidad ante la barbarie. Lo hacemos siendo conscientes del sufrimiento al que ha sido sometido el pueblo venezolano por la acción gubernamental, y hoy “vive una situación dramática y de extrema gravedad por el deterioro del respeto a sus derechos y de su calidad de vida, sumido en una creciente pobreza y sin tener a quien acudir. Es un pecado que clama al cielo querer mantener a toda costa el poder y pretender prolongar el fracaso e ineficiencia de estas últimas décadas: ¡es moralmente inaceptable!” (Exhortación del Episcopado Venezolano. 9-01-2019, n.2).

4. Ante esta realidad que la hemos calificado de tragedia nacional, es notorio que la mayoría del pueblo pide un cambio de rumbo que pasa por un período de transición hasta elegir nuevas autoridades nacionales. La experiencia reciente de los cabildos abiertos, instrumento constitucional, ha permitido que los ciudadanos se expresen abiertamente. En ellos la población ha manifestado el descontento generalizado al considerar ilegítima, por su origen, la juramentación para un nuevo período presidencial, que ha abierto “una puerta al desconocimiento del Gobierno porque carece de sustento democrático en la justicia y en el derecho” (n.3). “Urge, por tanto, asumir el clamor popular de un cambio, de una concertación para una transición esperada y buscada por la inmensa mayoría” (n.2).

5. Las marchas organizadas para este 23 de enero, en todo el territorio nacional, constituyen un signo de esperanza, algo nuevo que está comenzando a generarse en nuestro país: cambios necesarios para el desarrollo humano integral de cada persona y de todas las personas, pero siempre en democracia y de acuerdo a la Constitución Nacional.

6. Estas marchas no son el final del camino, sino un signo de futuro en proceso que debemos construir entre todos, sin excepción. No podemos cargar todo el peso de las responsabilidades a una sola persona ni a una sola institución, pues somos una nación y como tal debemos enfrentar las dificultades; por lo tanto, “como ciudadanos y como instituciones nos toca asumir las responsabilidades que nos competen para mejorar la actual situación y recuperar el país con sus valores y potencialidades (…) los Venezolanos no podemos ser simples espectadores de lo que sucede en el país, pues somos ciudadanos y, como tales, actores de primer orden (…) Esto exige la articulación de todos los sectores sociales, promoviendo la creatividad y proactividad de muchas personas en la búsqueda de soluciones” (Id. n.5).

7. Exhortamos como ciudadanos a la Fuerza Armada Nacional y a los diversos órganos de seguridad del Estado para que protejan a la población, la acompañen y respeten con un sentido cívico ante las demandas de sus derechos y de nuevas realidades en el contexto de lo político. Proteger a los ciudadanos, es decir, al pueblo al que pertenecen sus propias familias y que sufren las mismas calamidades, debe ser lo que inspire el salir a las calles uniformados. “La defensa de la libertad ha costado mucha sangre y muchos sufrimientos” (n.5). En este sentido deben atender al clamor de sus hermanos venezolanos para que todo transcurra en paz.

8. Sabemos que existen grupos anárquicos que generan violencia. A estos grupos son los que deben frenar los órganos de seguridad del Estado en defensa de la población civil que marchará de forma pacífica. Obedezcan a su conciencia como venezolanos. El valor de la vida y la libertad son indiscutibles, no se negocian, y “Dios no quiere que por el sometimiento a injusticias sufra el pueblo” (Id. n.2). De igual modo hacemos un llamado a dichos grupos, cualquiera que sea su signo y orientación, para que se unan a la sana convivencia y a la concordia que tanto piden los venezolanos, dejando a un lado todo tipo de violencia.

9. El 23 de enero debe ser, además, un día de reflexión y oración. Somos un pueblo creyente y orante. Pedimos a la Santísima Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, que cuide a cada venezolano, a las familias, en su búsqueda de bienestar y libertad, e invitamos a todos a rezar la oración por Venezuela:

“Jesucristo, Señor Nuestro, acudimos a ti en esta hora de tantas necesidades en nuestra patria. Nos sentimos inquietos y esperanzados, y pedimos la fortaleza como don precioso de tu Espíritu. Anhelamos ser un pueblo identificado con el respeto a la dignidad humana, la libertad, la justicia y el compromiso por el bien común. Como hijos de Dios, danos la capacidad de construir la convivencia fraterna, amando a todos sin excluir a nadie, solidarizándonos con los pobres y trabajando por la reconciliación y la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y el encuentro, para que juntos construyamos la civilización del amor a través de una real participación y la solidaridad fraterna. Tú nos convocas como nación y te decimos: Aquí estamos Señor, junto a nuestra Madre, María de Coromoto, para seguir el camino emprendido y testimoniar la fe de un pueblo que se une a una nueva esperanza. Por eso todos juntos decimos: ¡Venezuela! ¡Vive y camina con Jesucristo, Señor de la historia! Amén”

Con nuestra bendición.

Caracas, 22 de enero de 2019.

 José Luis Azuaje Ayala Arzobispo de Maracaibo Presidente de la CEV

 Mario Moronta Rodríguez Obispo de San Cristóbal 1° Vicepresidente de la CEV 

Raúl Biord Castillo Obispo de La Guaira 2° Vicepresidente de la CEV

 José Trinidad Fernández Angulo Obispo Auxiliar de Caracas Secretario General de la CEV

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