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El Yo acuso de los caminantes por Tulio Hernández – El Nacional – 23 de Septiembre 2018

Tulio Hernández

El primer gran símbolo del éxodo venezolano generado por la catástrofe del socialismo del siglo XXI fue la monumental obra de Cruz-Diez que domina el piso de  partidas en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Era tiempos cuando el grueso de los emigrantes partía en avión y los destinos frecuentes eran Estados Unidos y Europa.

Luego vino el Puente Internacional Simón Bolívar, el que une el Norte de Santander con el Táchira. La imagen aérea del viejo puente atiborrado de punta a punta por venezolanos desesperados intentando atravesar la línea fronteriza se convirtió en símbolo más doloroso aún de la migración. Para ese momento el grueso de los venezolanos partía en autobuses para dirigirse a otras ciudades colombianas o al sur, camino de Ecuador, Chile o Perú.

Pero la imagen del puente también caducó. El nuevo símbolo de la estampida, cada vez más tormentosa, causada por el chavismo, lo constituyen “los caminantes”. Los grupos de venezolanos que transitan a pie por las carreteras colombianas buscando, en muchos casos al azar, cobijo, empleo, alimento y seguridad. Y es que ahora, los de la última oleada, ya no tienen dinero suficiente para partir en avión. Ni en autobús.

II

Una visita que hice a la frontera para participar en la Feria del Libro de Cúcuta terminó colocándome frente a frente con el fenómeno. En asunto de una semana visité el Puente Internacional, pase varios días en Pamplona, la pequeña ciudad de montaña donde pernoctan los nuevos parias, y terminé en Bucaramanga, el destino primero donde los ahuyentados por el apocalipsis toman decisiones sobre su destino final.

Así volví a comprobar que nada como mirar con ojo propio un fenómeno social para comprenderlo en su plenitud. Ni los reportajes televisivos, ni las crónicas de avezados periodistas, logran dar cuenta plena del sufrimiento y el desespero que hace que miles de personas en uso pleno de sus facultades decidan emprender una travesía a pie, que puede tomar entre cinco y siete días, en muchos casos con niños a cuestas, por las carreteras de los Andes colombianos, pasando por alturas superiores a los 3.000 metros y parajes donde las temperaturas pueden bajar hasta los 5 grados bajo cero.

Mientras caminan, de día, los grupos de inmigrantes no transmiten lo titánico de su epopeya. Como buenos venezolanos saludan contentos, hacen señales de victoria, de modo tal que alguien desinformado puede pensar que es gente alegre que anda de excursión. Pero cuando llega la noche, y aún no se vislumbra una ciudad cercana, el frío arrecia, la niebla cae y la oscuridad también, el recuerdo de quienes han muerto por hipotermia genera entre los caminantes miedo, angustia y desazón.

No hay en todo el camino refugios profesionales organizados por institución alguna. Los pocos que vimos en esa semana de idas y vueltas, acompañando a un equipo de jóvenes periodistas de ambos países que por su cuenta y riesgo han venido a registrar el fenómeno, son viviendas precarias de vecinos locales que han asumido, también por su cuenta y riesgo, la tarea de darles cobijo, calor y en lo posible comida a quienes cruzan estas montañas en busca de la esperanza.

La noche del pasado domingo 16 visitamos uno de estos refugios improvisados. De un lado de la carretera, un viejo gallinero acondicionado lo mejor que se puede le da cobijo a mujeres y niños. Al cruzar la calle, en una casa igual modesta dormirán los hombres. Las voluntarias llegan con ropa, frazadas, zapatos. Algunos caminantes tienen los pies levantados al aire con la esperanza de que el frío suture rosetones y ampollas en las plantas. Todos están agradecidos con el apoyo de los colombianos. Dicen que prefieren caminar en Colombia, con el estómago lleno, que estar en sus casas en Venezuela, muriendo de hambre. La escena arruga el corazón. Moviliza las lágrimas. Pero también hincha el pecho de orgullo. Ninguno de los caminantes se rinde. Todos mandan bendiciones a la madre de Maduro.

La madrugada siguiente, mientras acompaño a los voluntarios a despedir a los tres grupos que acamparon en la noche, me siento parte de uno de aquellos documentales en blanco y negro que mostraban las filas largas y silenciosas de republicanos, desdibujados por la niebla, saliendo de España a través de Los Pirineos con sus bártulos a cuestas.

Solo que este filme que ahora veo es a color y quienes huyen del chavismo del siglo XXI son un poco más ruidosos y parecen menos tristes que quienes huían de la guerra que allá ganó el franquismo del siglo XX.

Colombia pedirá a la ONU un fondo humanitario para afrontar la crisis de Venezuela por Francesco Manetto – El País – 23 de Septiembre 2018

Duque se estrena en la Asamblea General con la emergencia migratoria y la lucha antidroga como urgencias

El presidente colombiano, Iván Duque, esta semana durante una conferencia de prensa.
El presidente colombiano, Iván Duque, esta semana durante una conferencia de prensa. JOHN VIZCAINOAFP

La emergencia migratoria de Venezuela y la lucha contra las drogas. El presidente de Colombia, Iván Duque, se estrenará el próximo miércoles en la Asamblea General de Naciones Unidas con una intervención centrada en estas urgencias. Para ambas, que junto al desarrollo del proceso de paz con las FARC marcarán su mandato, propone un enfoque internacional. Duque, que asumió el cargo hace mes y medio, solicitará a la ONU la creación de un fondo multilateral de asistencia humanitaria para afrontar el multitudinario éxodo de venezolanos.

El presidente expondrá, además, su estrategia de lucha contra el narcotráfico, que pasa por una aproximación mundial a este problema. Colombia alcanzó en 2017 un nuevo récord de cultivos de hojas de coca, pasando de 146.000 a 171.000 hectáreas sembradas, y sigue siendo el primer productor y exportador. También la producción potencial de cocaína superó las cantidades de los años anteriores: casi 1.400 toneladas. Precisamente antes de la apertura del período de sesiones en la ONU, Duque participará en un foro sobre drogas convocado por Donald Trump, con quien además se reunirá por separado.

Durante su participación en la Asamblea General en Nueva York abordará también la implementación de los acuerdos de paz con las FARC, logrados por Santos en noviembre de 2016.  “Me referiré a esta voluntad del Gobierno nuestro y a nuestro firme deseo de tener una paz que sea producto de la legalidad, que sea una paz creíble, que sea una paz que se sientan los territorios del país, y que también vaya consigo de ejercer la autoridad para evitar que las economías ilegales sigan sembrando daño en Colombia”, afirmó Duque. El mandatario quiere modificar algunos aspectos de lo pactado, sobre todo en relación con las actividades políticas de los exguerrilleros y la llamada jurisdicción especial para la paz, el tribunal encargado de juzgar los crímenes de más de medio siglo de guerra.

Las democracias no saben qué hacer con el gobierno de Nicolás Maduro por Pedro Benitez – Al navio – 21 de Septiembre 2018

Ni política, ni estrategia. Las democracias más importantes del continente americano han condenado la deriva dictatorial de Nicolás Maduro. Han desconocido la instalación de su Asamblea Nacional Constituyente y su reelección del 20 de mayo pasado. Pero no han podido evitar que siga en el poder. Están ante el mismo dilema que por años ha tenido la oposición venezolana al chavismo: ¿Cómo enfrentar pacíficamente a un régimen que está dispuesto a permanecer en el poder a cualquier precio?
El Grupo de Lima rechazó las declaraciones de Luis Almagro / Foto: Cancillería de Perú
El Grupo de Lima rechazó las declaraciones de Luis Almagro / Foto: Cancillería de Perú

Luis Almagro, secretario seneral de la Organización de Estados Americanos (OEA), primero deja abierta la opción de una intervención militar para desalojar a Nicolás Maduro del poder y poco después se desdice. Francisco Santos, embajador de Colombia en Washington y exvicepresidente del gobierno de Álvaro Uribe, afirma que en el caso de Venezuela “todas las opciones deben estar sobre la mesa”. El presidente de ese país, Iván Duque, confirma el rechazo a la opción militar adelantado en declaraciones exclusivas a ALnavío.

Eso pese a que pocos días antes Colombia (junto con Canadá y Guyana) no suscribiera la más reciente declaración del Grupo de Lima donde negaba la posibilidad de alguna intervención armada en Venezuela. En cambio, los representantes de los gobiernos de Chile y Argentina, presididos por Sebastián Piñera y Mauricio Macri respectivamente, duros críticos del régimen de Nicolás Maduro, sí lo hicieron. Curiosamente el de Panamá retiró su firma de esa declaración.

El Grupo de Lima, creado para hacer seguimiento y buscar salidas a la crisis venezolana, no ha logrado concretar una política que vaya más allá de las declaraciones

Por su lado el gobierno de Michel Temer, en Brasil, otro abierto crítico del gobierno de Caracas, que ya había asomado la posibilidad de militarizar la frontera con Venezuela, envía al ministro de la Defensa, Joaquín Silva, a reunirse con su par venezolano, Vladimir Padrino López. Además, la gobernadora del estado de Roraima (fronterizo con Venezuela), Suely Campos (del mismo partido político de Temer), se reúne con Maduro en el Palacio de Miraflores para tratar sobre el flujo migratorio de venezolanos y el contrato de suministro eléctrico de Venezuela.

¿Qué nos indica todo esto? Que las democracias de América no saben qué hacer con el régimen de Nicolás Maduro.

El Grupo de Lima, instancia creada en agosto de 2017 por 17 países del continente (incluidos los citados arriba) para hacer seguimiento y buscar salidas a la crisis venezolana, no ha logrado concretar una política que vaya más allá de las declaraciones.

Sanciones comerciales implicarían agravar la ola migratoria de venezolanos. Retiro de embajadores sería aislar más a un gobierno que puede aprovechar eso para radicalizarse. La opción militar es impensable para los gobiernos latinoamericanos. Aceptar la normalización de una nueva dictadura en América es sentar un precedente nefasto y peligroso para el resto del siglo XXI.

En resumen, ante un Nicolás Maduro que no se comporta como un jefe de Estado convencional todas las opciones parecen ser malas. Impone cosas dentro de Venezuela que ninguno de sus homólogos latinoamericanos soñaría hacer en sus respectivos países.
Iván Duque descartó la intervención militar en Venezuela / Foto: Presidencia Colombia

Esa es la razón por la cual todos envían mensajes distintos y contradictorios, como el caso de Colombia, afectada directamente por la crisis venezolana.

¿Qué hacer? Una pregunta sin respuesta

Lo cierto es que las democracias de América empiezan el proceso de aprendizaje por el cual ha pasado la oposición venezolana. ¿Cómo actuar en el marco del Estado de derecho con un régimen que no respeta el Estado de derecho?

De cara a la elección presidencial de 2006, que terminaría siendo la tercera victoria en fila del expresidente Hugo Chávez, un sector de la oposición se propuso emprender la ruta electoral para intentar derrotarlo. Con el predecesor de Maduro en la cumbre de su poder aquello lucía como una tarea casi imposible.

Pero en menos de un año los opositores consiguieron un triunfo electoral increíble al derrotar la propuesta de enmienda electoral del año 2007. Sin embargo, poco después se presentó el primer inconveniente de esa estrategia cuando por medio del control que ejercía en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la Asamblea Nacional (AN) y el Consejo Nacional Electoral (CNE), Chávez desconoció el mandato de la consulta e impuso su voluntad.

La opción militar es impensable para los gobiernos latinoamericanos. Aceptar la normalización de una nueva dictadura en América es sentar un precedente nefasto

Desde entonces ha sido una constante. Cada triunfo electoral opositor ha sido desconocido por medio de argucias legales respaldadas en última instancia por el crudo y desnudo poder de la fuerza.

En abril de 2013, en ocasión del estrecho y cuestionado resultado electoral donde oficialmente Maduro se impuso al candidato de la coalición opositora Henrique Capriles, este impugnó ante las instancias correspondientes la elección.

Esta impugnación fue rápidamente desestimada. Aunque desconoció el proceso, Capriles se negó a usar las movilizaciones de calle como mecanismo de presión política.

Con todos los medios de coacción (formales e informales) en manos del oficialismo, la oposición venezolana no ha podido hacer respetar la democracia. Hoy, ante las arbitrariedades y la deriva dictatorial de Maduro, la comunidad democrática internacional tampoco.

Esto incluye a la Administración de Donald Trump. Su “política” hacia la crisis venezolana no parece ser muy distinta a la asumida por su antecesor Barack Obama en sus casi ocho años en la Casa Blanca: esperar que el régimen chavista se cocine en su propia salsa.Trump deshizo la estrategia de Obama sin reemplazarla por otra / Foto: Casa Blanca

Sin embargo, eso que más que una política era una actitud, tuvo un inesperado giro cuando Obama vio la oportunidad de negociar con Raúl Castro a partir de junio de 2013 de manera secreta.

Todos los caminos pasan por La Habana

Para Obama, Cuba, Venezuela y el proceso de paz en Colombia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) eran tres aristas del mismo problema. Es probable que tuviera razón.

Al desmovilizar militarmente a las FARC se anulaba a un aliado del régimen chavista. Un aliado que -hoy lo sabemos- Chávez venía apoyado subrepticiamente desde que llegó al poder en 1999 con la deliberada intención de socavar la democracia colombiana.

Que las FARC dejaran las armas pasaba por La Habana. El Gobierno demócrata de Estados Unidos sabía eso y esa fue la razón por la cual apoyó ese proceso de paz.

La “política” de Trump hacia la crisis venezolana no parece ser muy distinta a la asumida por su antecesor Barack Obama: esperar que el régimen chavista se cocine en su propia salsa

Por otra parte, al empezar a negociar formal y abiertamente con los cubanos desde diciembre de 2014 Obama le ofrecía al régimen castrista la zanahoria de eventualmente normalizar las relaciones comerciales, lo que le permitía pensar seriamente en prescindir del vital, aunque volátil, subsidio de petróleo venezolano. Cuba ya había pasado por eso en 1991, cuando se le esfumó el apoyo de la URSS, mucho más poderosa que Venezuela.

De modo que con la mira puesta en la inevitable transición política generacional dentro de la isla para Raúl Castro esto le caía como anillo al dedo.

El resultado de ese proceso no era otro que el de dejar sin aliados internacionales a Maduro. A partir de 2015 (en su último año como presidente) Obama comenzó la política de aplicar sanciones personales contra ciertos jerarcas chavistas claves.

Un trato para los hermanos Castro y otro muy distinto a los herederos de Hugo Chávez. Esa era la estrategia que Obama fue construyendo muy al final de su mandato hacia Maduro. Dejarlo sin la reina, afiles y caballos.

Por coincidencia una serie de gobiernos aliados del chavismo fueron reemplazos en el mismo periodo en SuraméricaArgentina, Brasil y Ecuador cambiaron de bando. En Chile y Perú subieron al poder duros críticos del chavismo.A Cuba no le queda otra opción que aferrarse a Maduro / Foto: Cancillería Cuba

A Cuba no le queda otra opción que aferrarse a Maduro / Foto: Cancillería Cuba

No obstante, todo esto cambió inesperadamente con la victoria de Donald Trump en noviembre de 2016. El controversial presidente republicano ha sido mucho más duro en su retórica contra Maduro que Obama. Ha sido el primer jefe de Estado en advertir públicamente que en la crisis venezolana todas las opciones estaban abiertas, incluyendo la militar. Ha aplicado más sanciones que su antecesor en el cargo. Pero no ha pasado de allí.

Ni siquiera ha dado (seguramente por razones internas) el drástico paso de suspender la compra de petróleo venezolano. Ni siquiera ha promovido un embargo internacional de armas. Además, ha dejado en los demás países americanos el protagonismo de la presión diplomática sobre Caracas. En resumen, Trump deshizo la estrategia de Obama sin reemplazarla por otra. Hasta ahora.

Por su parte, sin posibilidades a la vista de que se suavice el embargo comercial de EEUU, a Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel no les queda otra opción que aferrarse a Maduro. Harán todo lo que esté en sus manos para que no caiga. Ellos sí tienen una estrategia clara.

Lo que nos recuerda que si de diálogos o negociaciones se trata en el caso del régimen de Maduro todos los caminos pasan primero por La Habana.

Canciller colombiano aborda con UE crisis de Venezuela – La Patilla – 18 de Septiembre 2018

La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, saluda al ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Carlos Holmes Trujillo hoy en Bruselas, el canciller colombiano visita Bruselas y luego Madrid con el objetivo de tratar con autoridades europeas la crisis migratoria venezolana, así como para hablar de cooperación en diversos temas, informaron hoy fuentes oficiales.-EFE/José Villalgordo

El canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, trató hoy con la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mogherini, los riesgos de la crisis venezolana para la región, y abordó en la sede de la OTAN la cooperación con su país como socio global de la Alianza, reseña EFE.

Holmes Trujillo, que se encuentra de visita oficial en Bélgica, hizo balance con Mogherini de las “excelentes relaciones” entre la UE y Colombia, y acordaron reforzar aún más sus lazos en diversas áreas, incluido en el marco de la Alianza del Pacífico, explicó la Comisión Europea en un comunicado.

Uno de los principales asuntos abordados en la reunión fue la situación en Venezuela y las “difíciles condiciones” a las que se enfrentan muchos venezolanos dentro y fuera del país, así como los “desafíos” que esa crisis entraña para otros Estados de la región, precisó la Comisión.

Además, tanto Mogherini como el canciller colombiano enfatizaron la importancia de implementar el acuerdo de paz alcanzado con la guerrilla de las FARC, y la política italiana reiteró el compromiso de la UE a la hora de apoyar a Colombia “en su camino hacia una paz sostenible, en beneficio del pueblo colombiano”.

La alta representante de la UE para la Política Exterior confirmó a Holmes Trujillo su disposición a “trabajar estrechamente” con el Gobierno de Colombia para “seguir profundizando la duradera asociación” entre las dos partes.

Por otra parte, el canciller se entrevistó con el comisario europeo de Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis, Christos Stylianides, con el propósito de abordar la crisis migratoria venezolana, agradecer el apoyo brindado y explorar nuevas vías de cooperación para afrontar este fenómeno, que afecta al país y a la región, explicó la embajada de Colombia en Bruselas.

Igualmente, Holmes Trujillo se reunió con la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, para hacer un seguimiento del tratado de libre comercio entre el país andino y el club comunitario.

En la mañana, el canciller colombiano fue recibido por la subsecretaria general de la OTAN, Rose Gottemoeller, en la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas, en el marco del estatus de “socio global” asignado a Colombia por esa organización.

El encuentro ofreció la oportunidad de intercambiar puntos de vista sobre la seguridad global y regional, mientras confirmaron el interés mutuo de mantener y profundizar la cooperación.

Según un comunicado difundido por la Cancillería, Colombia “desea aportar más activamente a la paz y la seguridad internacional, compartiendo su experiencia en diversas áreas con la OTAN y sus socios”.

Puso de relieve, además, que la OTAN cuenta con un conjunto de buenas prácticas y altos estándares en materia de seguridad, y Colombia, en tanto que “socio global”, tiene acceso a conocimientos e información privilegiada que le permiten fortalecer las capacidades de sus fuerzas militares, puntualizó.

Los costes de la crisis venezolana por Kenneth Rogoff – El País – 16 de Septiembre 2018

No es demasiado pronto para empezar a planear la reconstrucción para cuando el estado clientelar termine

Los costes de la crisis venezolana
La implosión del gran experimento de Venezuela con el socialismo “bolivariano” está creando una crisis humanitaria y de refugiados comparable a la de Europa en 2015. En autobús, en barco e incluso a pie por caminos peligrosos, cerca de un millón de venezolanos han huido solo a Colombia y se calcula que hay otros dos millones en otros países (en su mayoría vecinos).

Allí muchos terminan viviendo en condiciones desesperadamente inseguras, con poco alimento y ninguna medicina, y durmiendo donde pueden. Hasta ahora, no hay campos de refugiados de Naciones Unidas, solo una modesta ayuda de organizaciones religiosas y otras ONG. Cunden el hambre y la enfermedad.

En general, Colombia está haciendo lo mejor que puede por ayudar; da atención a los que acuden a los hospitales, y su voluminosa economía informal está absorbiendo a muchos refugiados como trabajadores. Pero con un PIB per capita que solo llega a unos 6.000 dólares (contra los 60.000 de Estados Unidos), los recursos de Colombia son limitados. Y el Gobierno también debe reintegrar urgentemente a unos 25.000 guerrilleros de las FARC y a sus familias, según lo estipulado por el acuerdo de paz firmado en 2016 que puso fin a medio siglo de cruenta guerra civil.

Los colombianos han sido comprensivos con sus vecinos, en parte porque muchos recuerdan que durante la insurgencia de las FARC y las narcoguerras relacionadas, Venezuela absorbió a cientos de miles de refugiados colombianos. Además, durante los años de bonanza en Venezuela, cuando el precio del petróleo era elevado y el régimen socialista todavía no había destruido la producción, varios millones de colombianos consiguieron trabajo en Venezuela.

Pero el reciente tsunami de refugiados venezolanos está creándole a Colombia problemas enormes, que trascienden los costes directos del mantenimiento del orden y la provisión de atención médica urgente y otros servicios. En particular, el ingreso de trabajadores venezolanos generó una importante presión a la baja sobre los salarios en la economía sumergida de Colombia (que incluye agricultura, servicios y pequeñas fábricas) justo cuando el Gobierno tenía esperanzas de subir el salario mínimo.

Con las primeras oleadas de venezolanos vinieron muchos trabajadores cualificados (por ejemplo, cocineros y conductores de limusina) con expectativas razonables de hallar empleo remunerado en poco tiempo. Pero los refugiados más recientes carecen en su mayoría de instrucción y capacitación, lo que complica los esfuerzos del Gobierno para mejorar la suerte de la propia población desfavorecida de Colombia.

Los problemas a largo plazo pueden ser incluso peores, ya que enfermedades que otrora estaban bajo control, como el sarampión y el sida, hacen estragos en la población de refugiados. Los dirigentes colombianos más previsores, incluido el nuevo presidente, Iván Duque, sostienen en privado que dispensar a los refugiados venezolanos un trato humano y digno beneficiará a Colombia en el largo plazo, cuando el régimen caiga y Venezuela vuelva a ser uno de los principales socios comerciales de Colombia. Pero nadie sabe cuándo ocurrirá eso.

Lo que sí se sabe es que tras muchos años de política económica desastrosa, iniciada en el mandato del difunto presidente Hugo Chávez y continuada con su sucesor, Nicolás Maduro, el régimen venezolano dilapidó una herencia que incluye algunas de las reservas comprobadas de petróleo más grandes del mundo. Los ingresos del país se redujeron en un tercio, la inflación va camino de llegar a un millón por ciento, y millones de personas padecen hambre en un país que debería ser razonablemente rico.

Aunque podría pensarse en una revolución, hasta ahora Maduro ha podido mantener al Ejército del lado del régimen, en parte dándole licencia para manejar un inmenso negocio de tráfico de drogas que exporta cocaína a todo el mundo, y en particular a Europa y Oriente Próximo. Y a diferencia del petróleo (sobre cuya exportación pesan inmensas deudas con China y otros acreedores), las drogas ilegales reportan a sus vendedores ganancias ilimitadas (salvo en los pocos casos de decomiso).

Por desgracia, muchos miembros de la izquierda en todo el mundo (por ejemplo, el líder de la oposición británica, Jeremy Corbyn) hicieron la vista gorda ante el desastre en gestación, tal vez por un impulso automático a defender a sus hermanos socialistas. O peor aún, tal vez creyeron realmente en el modelo económico chavista.

Demasiados economistas de izquierda (incluidos algunos que terminaron trabajando para la campaña presidencial de 2016 del senador Bernie Sanders en Estados Unidos) fueron partidarios incondicionales del régimen venezolano. También hubo cómplices oportunistas, incluido Goldman Sachs (que con su desacertada compra de bonos venezolanos sostuvo sus precios) y algunos de la derecha; por ejemplo, el comité a cargo de la ceremonia de asunción del presidente estadounidense Donald Trump, que aceptó una gran donación de Citgo, la filial estadounidense de Petróleos de Venezuela.

Hace poco, Maduro puso en marcha un plan absurdo para estabilizar la moneda, mediante la emisión de nuevos billetes supuestamente respaldados por la criptomoneda del Gobierno (que es como levantar un castillo de naipes sobre arenas movedizas). Sea que la nueva moneda funcione o no, es seguro que el Ejército venezolano seguirá usando billetes de cien dólares para sus operaciones.

En respuesta a las crisis interna y regional generadas por el régimen de Maduro, Estados Unidos implementó graves sanciones comerciales y financieras, y se dice que Trump propuso la idea de invadir Venezuela. Por supuesto, una intervención militar estadounidense sería una locura, e incluso los muchos Gobiernos latinoamericanos que ansían la caída del régimen jamás la apoyarían.

Pero Estados Unidos puede y debe enviar mucha más asistencia financiera y logística a los países vecinos para ayudarlos a hacer frente al enorme problema de los refugiados. Y no es demasiado pronto para empezar a planear la reconstrucción y la repatriación de los refugiados, para cuando la variedad venezolana del socialismo —o, más precisamente, del clientelismo basado en el petróleo y la cocaína— finalmente se termine.

Kenneth Rogoff, execonomista principal del FMI, es profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard.

Cancillería de Colombia: No hubo coincidencia total en términos de declaración del Grupo de Lima – La Patilla – 16 de Septiembre 2018

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La Cancillería colombiana aseguró este domingo que no firmó la declaración del Grupo de Lima en la que ese grupo rechazó una eventual intervención militar en Venezuela porque considera que no hubo “coincidencia total” en los “términos” de ella.

“Sobre la más reciente declaración del Grupo de Lima: no hubo coincidencia total en los términos de la declaración pero hay identidad de propósitos”, detalló la Cancillería en Twitter.

Una decena de países que conforman el Grupo de Lima, que considera roto el orden democrático en Venezuela, expresó ayer, en una declaración conjunta, “su preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela”.

Esto ocurrió luego de que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, asegurara el viernes en la ciudad colombiana de Cúcuta, fronteriza con Venezuela, que las acciones diplomáticas están en “primer lugar” pero no se pueden descartar otras como la intervención militar.

Ante esta situación, la Cancillería colombiana señaló que “rechaza la violencia en todas sus formas” y que el Gobierno “continuará actuando con base en estos principios y convicciones”.

“Seguiremos acudiendo a todos los medios diplomáticos y políticos tendientes a crear condiciones para que el pueblo de Venezuela pueda elegir el Gobierno que desee tener gracias a procesos transparentes y rodeados de garantías”, dijo.

Asimismo, resaltó el trabajo del Grupo de Lima porque considera que cumple por una tarea “fundamental” y que tiene unos propósitos con los que coincide.

El Grupo de Lima está conformado por los Gobiernos de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.

Esta plataforma fue creada por iniciativa del Gobierno de Perú para denunciar un quiebre del orden democrático en Venezuela ante la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, cuya legitimidad no reconoce.

En su declaración de este sábado, el Grupo de Lima instó de nuevo al Gobierno del presidente Nicolás Maduro a “poner fin a las violaciones a los derechos humanos, a liberar a los presos políticos, respetar la autonomía de los poderes del Estado y asumir su responsabilidad por la grave crisis que hoy vive Venezuela”.

La doble tragedia de los colombianos expulsados de Venezuela por Santiago Torrado – El País – 6 de Septiembre 2018

Los retornados de 2015 son parte de los 400.000 colombianos que cruzaron las fronteras para huir de la guerra

Colombianos deportados desde Venezuela cargan sus pertenencias a través del río Táchira.
Colombianos deportados desde Venezuela cargan sus pertenencias a través del río Táchira. LUIS ACOSTAAFP

El exilio es una prolongación del desplazamiento forzado. Más de 400.000 colombianos cruzaron las fronteras para huir de la guerra en los primeros 12 años de este siglo, cuando se recrudeció la violencia de un conflicto armado que involucró guerrillas, paramilitares y fuerzas estatales. Aunque hoy suene paradójico, muchos de ellos encontraron refugio en la vecina Venezuela, que fue durante décadas un país de acogida, y repitieron su tragedia cuando los expulsó el gobierno de Nicolás Maduro.

La profunda crisis social y económica de Venezuela, junto con el acuerdo de paz que sellaron en 2016 el Gobierno de Colombia y las FARC, han invertido la tendencia histórica del flujo migratorio entre dos países que comparten más de 2.200 kilómetros de frontera. Hoy se calcula que hay cerca de un millón de venezolanos en Colombia, a los que se suman más de 300.000 retornados. Pero antes fueron los colombianos quienes emigraron en masa a la “Venezuela Saudita” que disfrutaba la bonanza petrolera de los años 70, o los que huyeron desde los 90 de los horrores de un conflicto armado que desbordó las fronteras.

La mayoría de esos exiliados sufrieron antes algún tipo de desplazamiento interno, como Ana Teresa Castillo, líder comunitaria cinco veces desplazada por guerrillas y paramilitares antes de afincarse en 2006 en Venezuela. Allí compró una casa en San Antonio, al otro lado del puente internacional Simón Bolivar, que después le tumbaron. “Había abundancia de comida, de mercado, era la vida perfecta, no había tantos problemas como hoy”, rememora. “La gente me trató muy bien, pero la deportación fue muy dura. A las mujeres les decían que eran prostitutas, a los hombres que eran paramilitares”. De nada sirvió que explicara que ella era refugiada.

Hace una década Colombia llegó a ocupar el tercer lugar en el mundo en cuanto al mayor número de personas refugiadas, después de Afganistán e Irak, detalla el CNMH. “Desde entonces, si bien ha bajado algunos lugares en el escalafón, sigue ocupando el primer lugar en América Latina”. A pesar de los cálculos que se acercan a medio millón de exiliados, la cifra exacta sigue siendo desconocida.

Si se tiene como punto de referencia esta magnitud del fenómeno, apunta el informe, “el exilio representaría el segundo hecho victimizante con mayor número de personas afectadas, después del desplazamiento forzado interno, y tomados en conjunto darían cuenta del panorama de la crisis migratoria forzada colombiana, tanto interna como externa”. Más de medio siglo de conflicto en Colombia ha dejado un saldo de más de 8,5 millones de víctimas, de ellas, más de siete millones de desplazados.

“Queremos rescatar de primera mano las memorias de los exiliados, de sus propias voces. Nunca les hemos preguntado qué significó para ellos cruzar la frontera, cómo fue su vida”, apunta Randolf Laverde, investigador del informe. “La mayoría lo que quiere es participar en este momento histórico que se está viviendo en Colombia, quieren hacer parte de este proceso de construcción de paz”, detalla sobre una población que en gran medida ha permanecido “invisible”.

Las deportaciones de Maduro

El retorno forzado desde Venezuela es una parte de la historia de los exilios colombianos. Las relaciones de solidaridad y hospitalidad entre exiliados crecieron de la mano de los barrios de invasión que se asentaron del otro lado de la frontera. Para la mayoría, “el símbolo de la nueva vida era la casa que habían edificado luego de meses de trabajo con materiales improvisados como la lona, el bloque, tejas de zinc y maderas recicladas”, apunta el CNMH. No podían regresar a Colombia, ni tampoco adentrarse en territorio venezolano por el miedo a ser deportados.

Ese frágil equilibrio voló por los aires a mediados de 2015, cuando el gobierno de Maduro lanzó las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP). En una porosa frontera que es también un corredor para el tráfico de armas, drogas, contrabando y combustibles, las OLP en teoría estaban dirigidas contra el “paramilitarismo colombiano”, pero terminaron convertidas en una escalada contra los colombianos que incluyó inspecciones arbitrarias, intimidación, saqueos y demoliciones. Fue el preludio del cierre de la frontera. El episodio se saldó con la deportación de unas 2.000 personas y el retorno masivo de más de 22.000 que llevaban sus enseres entre pasos, trochas y puentes con la esperanza de reconstruir sus viviendas del otro lado.

Tras el paso de meses y años, algunos malviven en Colombia y otros han regresado a sus hogares saqueados y demolidos en Venezuela a pesar de los riesgos. Todos, afirman los investigadores, son muy sensibles al actual éxodo venezolano porque saben lo que es ser víctimas de xenofobia y discriminación. Castillo, la líder comunitaria, se declara solidaria. “Yo también viví una situación parecida. Y cuando llegué a Venezuela sentí una mano amiga”.

Gobierno colombiano pide al ELN aclarar su presencia en Venezuela – La Patilla – 6 de Septiembre 2018

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El alto comisionado para la Paz de Colombia, Miguel Ceballos, pidió este jueves a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que aclare qué presencia tiene en Venezuela a fin de considerar un eventual alto el fuego.

“Ese es un punto que debe aclarar muy bien esa organización, porque es imposible llegar a considerar un cese al fuego cuando parte de la tropa o de sus miembros está en un país ajeno”, dijo Ceballos citado en un comunicado de su despacho.

Organismos se seguridad de Colombia aseguran que varios jefes del ELN se refugian en Venezuela y que en ocasiones los guerrilleros atacan a la Policía, la población civil, el Ejército y la infraestructura eléctrica y petrolera y luego se esconden en el país vecino.

El presidente colombiano, Iván Duque, evalúa la continuidad de los diálogos de paz con el ELN que comenzaron con su antecesor, Juan Manuel Santos, y ha exigido a esa guerrilla la renuncia al secuestro y la liberación de unas 16 personas que, según las autoridades tiene cautivas.

Con respecto a los secuestrados, el comisionado Ceballos reiteró que el ELN debe devolverlos a todos, un día después de que entregaran a una comisión humanitaria a tres militares en el departamento de Arauca, zona de frontera con Venezuela.

“Es muy importante que el ELN libere a todos los secuestrados, no solamente son estas tres personas. Se aprecia como un buen gesto esa Liberación, pero en Colombia hay muchos más secuestrados y las familias de todos ellos los esperan en casa”, agregó Ceballos.

El funcionario se reunió hoy con el Comité Permanente del Episcopado Colombiano, conformado por los 13 arzobispos del país, para evaluar el estado de las conversaciones con el ELN y la implementación del Acuerdo Final con las FARC.

Ceballos reiteró que “es muy importante” que el ELN divulgue el paradero y la situación de los ciudadanos que ha secuestrado desde 2002.

“Las familias de esas personas merecen saber el estado actual de sus familiares”, subrayó Ceballos quien aseguró que Colombia puede estar tranquila, porque la evaluación que ha hecho el Gobierno del proceso con el ELN es “seria, prudente y completa” y tiene en cuenta con todos los elementos necesarios para que haya paz en el país pero con legalidad.

Los Caminantes – Video Noticias RCN – Septiembre 2018

Chavismo asegura que mayoría de migración a Colombia “es por compras” – El Estimulo – 3 de Septiembre 2018

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La vicepresidenta de la República, Delcy Rodríguez, aseguró este lunes que más del 50 por ciento de las personas que migran a Colombia no son para escapara de la crisis humanitaria y económica que existe en Venezuela sino “para realizar compras”.

“La gente que cruza la frontera, pero se regresan. Los gobiernos de otros países inventaron la crisis humanitaria en Venezuela para justificar la invasión extranjera”, dijo la funcionaria de gobierno en una rueda de prensa desde el Palacio de Miraflores.

Aseguró que las cifras obtenidas son de registradas por la Organización Internacional de Migración (OIM), aunque la data publicada es de 2016.

Rodríguez reiteró que Venezuela es segundo país que en los últimos años ha “aumentado la cantidad de inmigrantes colombianos que se quedan el país”.

De acuerdo a cifras del gobierno chavista, hay más de 5 millones colombianos en el territorio venezolano que son recibidos por las políticas sociales del Estado.

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