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Nicolás Maduro es muy bueno por Claudio Nazoa – El Nacional – 7 de Agosto 2017

 

1480240523886.jpgEn inmigración de Estados Unidos, un guardia me preguntó:

—¿Cómo hacer usted parra trabajar en diarrio El Nacional y no estar preso o perseguido?

¡Me quedé loco! En ningún lado notifiqué que trabajaba aquí. Así que, con sobrado orgullo, le expliqué que en este periódico el único que apoya al gobierno soy yo.

No tengo miedo de ir preso por mis opiniones. No. Imposible tener miedo por decir la verdad: nunca he visto un gobierno tan de pinga como este. No reconocerlo sería mezquino. No tengo miedo de que la policía, a medianoche y en pijama, me saque a empujones de mi casa. Yo soy, y he de admitirlo, igual al único bueno de Serenata Guayanesa. El grandote, talentoso y simpático que canta: “Saaapo… ¡Vete de aquí…!”.

Hay que estar ciego para no ver el progreso de Venezuela. Hoy somos el centro de atención del mundo. El país más admirado por Cuba, Bolivia, Nicaragua, Corea del Norte y… y… otros.

Nótese la libertad con la que escribo. Sin temor a que agentes de seguridad, con una tanqueta, destrocen la reja de mi edificio, destruyan los ascensores, vuelvan añicos los automóviles o maten a mi mascota. Eso, a mí, no me va a pasar, porque con valor y sin mariconerías de ninguna especie digo la verdad. Respondan: nuestro comandante presidente ¿no está realmente bello? Cutis perfecto. Bigote mexicano. Trajes estilo Mao, que están ¡guaooo! Sonrisa Colgate. Verbo audaz y locuaz. Inglés sin precedentes y ni hablar de lo bello que baila. Rudolf Nureyev, a su lado, era un pendejo.

¡Qué maravilla de mandatario! Qué tacto. Elegante hasta cuando se pone bravo y denuncia, con razón, a países horribles que envidian a Venezuela: España, Italia, Francia, México, Argentina, Brasil, Alemania, Chile, Paraguay, Perú. Los ingratos de Colombia, Reino Unido, Panamá, Costa Rica, Suiza, Noruega, Holanda, Canadá y… la Colonia Tovar. Todos lacayos del imperio yanqui donde, como bien dijo nuestro comandante presidente, desprecian a los negros. Al punto de que el presidente era un negrito y ahora pusieron a un catire.

Por cierto, me reuní con Winston Vallenilla, Roberto Malaver, Roberto Hernández Montoya, Roque Valero y el grandote de Serenata Guayanesa, para fundar un colectivo y caerle a coñazo limpio a los artistas de la derecha que digan que nuestro presidente es malo. Solo le pido al gobierno que nos faciliten las motos. Seguro las consigo porque Nicolás Maduro es muy bueno.

Escribir la historia por Alberto Barrera Tyszka – ProDaVinci – 23 de julio 2017

 

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“Cuando desperté nada podía hacer: seis revólveres me apuntaban a la cara. Abrí un ojo. Un vistazo soñoliento, brumoso, parcial. Podía ser una pesadilla. Fracciones de segundo para saber que estaba preso. Debía hacer algo. Seis revólveres.”

No es el testimonio de un estudiante detenido injustamente en algún prisión del interior del país. Pero podría serlo. Tampoco es un fragmento de una carta de un preso político, llevado sin trámite legal y de madrugada desde su casa hasta El Helicoide. Las comillas con las que comienzo este domingo no fueron escritas en este tiempo y, sin embargo, dolorosamente, de pronto vuelven a formar parte de nuestro presente. Esas tres líneas con un hombre inocente frente a seis revólveres están en la primera página de una novela escrita por José Vicente Abreu en 1964. “Se llamaba SN” es su título. Es un libro terrible y desolador, una denuncia sobre la brutal represión durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. SN era nombre del terror, las siglas designaban a la Seguridad Nacional.

Hoy en día no hay un solo cuerpo de destrucción, un solo nombre. Hoy está el SEBIN pero también está la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana, la milicia, los grupos paramilitares…Actúan sin temor, sin remordimiento, como si la violencia contra civiles que protestan fuera algo natural, como si la represión, la tortura y el asesinato formaran parte de una nueva normalidad.

Quienes invocaron el Caracazo para rebelarse en contra de los poderes establecidos, han terminado reproduciendo miles de Caracazos cada día. Han profesionalizado la ejecución institucional en contra de la población. Han hecho de la masacre no un evento esporádico sino un procedimiento legal; una rutina uniformada, con permiso para liquidar ciudadanos. El chavismo, en vez de combatir la represión, la ha sacralizado. La violencia militar en contra del pueblo es ahora un acto heroico. Atacar entre 7 u 8 a un estudiante, golpearlo con todo y donde sea, dispararle…merece un bono, una condecoración. Hay que entender que la represión que hemos visto y padecido durante todos estos largos días no es un acontecimiento aislado, no es una reacción repentina frente a la multitud indignada. Es un sistema. El mismo sistema que se aplica en las OLP o en la nómina de las empresas públicas. El mismo procedimiento que aprobó el CNE y que define las bases comiciales para la elección de la Constituyente. El Estado como arma de exclusión y aniquilamiento.

Pero hoy el discurso legitimador es mucho más potente, más delirante. Ahora el poder desarrolla y trata de imponer, con mucha más fuerza, su propia justificación. Las dictaduras militares que azotaron a Suramérica en el siglo XX trataron de excusar su violencia denunciando la amenaza comunista. El gobierno de Maduro invoca ahora la amenaza derechista. Pero actúa de la misma manera. El SEBIN y la Fuerza Armada funcionan con los mismos patrones de comportamiento que el crimen organizado. No tienen ningún control. Secuestran ciudadanos. Los desaparecen dentro de los túneles de las fortalezas oficiales. Se mueven al margen de la ley. Y acumulan muertos. Imponen una justicia propia, sin respetar a los tribunales civiles. Y llenan las cárceles de presos políticos…Y siguen repitiendo que todo lo hacen por la paz, por el futuro, por el progreso, por el amor al pueblo y a la patria. También así hablaba Pinochet. Eso mismo también dijo Videla.

El discurso oficial es otra versión de las mismas prácticas represivas del Estado. Es una bomba lacrimógena o una ráfaga de perdigones sobre el orgullo, sobre el derecho a protestar, sobre el ánimo, sobre el sentido común. Te disparan pero, además, te llaman asesino. Te golpean pero, encima, te acusan de golpista. Todo tiene que ver con la misma estructura. El discurso también forma parte del mismo sistema de producción de muerte. Existe para confundir, para desesperar, para generar sensación de impotencia, rabia, locura. Cada palabra y cada pausa, cada cita y cada omisión, tienen un espacio y una función en la maquinaria. No es azaroso el silencio selectivo que practica con demasiada frecuencia el Defensor del Pueblo, por ejemplo. Es otra versión de la violencia. Una forma de tratar de darle un nuevo orden al caos.

Cuando Nicolás Maduro dice que la Constituyente traerá la paz y el reencuentro de todos los venezolanos, lo único que hace es bailar nuevamente sobre los muertos. Cuando asegura que la Constituyente es un milagro, que relanzará la economía, que nos dará una nueva identidad, no está en el fondo diciendo nada. Solo trata de distraer. Habla para evitar decir. Y, mientras tanto, en alguna oscura celda, hoy como ayer, una mano tal vez raya unas líneas sobre un papel y escribe la verdadera historia del país: “Cuando desperté nada podía hacer. Seis revólveres me apuntaban a la cara”.

 

Amnistía acusa a la policía de Maduro de usar violencia sistemática contra los manifestantes – Amnistia Internacional – El País – 10 de Julio 2017

La ONG sostiene que en algunos casos han abierto fuego o han disparado gases lacrimógenos a quemarropa

Amnistía Internacional responsabiliza al Gobierno venezolano de Nicolás Maduro de incitar a la violencia y de poner en práctica una estrategia premeditada para utilizar la fuerza ilegítima contra los críticos al régimen. La ONG puso nuevamente la alarma este lunes, tras un aumento de muertes durante las manifestaciones que han dejado al menos 91 fallecidos y 1.400 heridos en tan solo tres meses.

“Lo que parecían ser reacciones aisladas por parte de las autoridades venezolanas enfrentando manifestaciones disidentes, en realidad es una estrategia planificada por parte del Gobierno del presidente Maduro de utilizar violencia y fuerza ilegítima contra la población venezolana para neutralizar cualquier crítica”, sostuvo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Desde el 4 de abril, cuando comenzó la ola de protestas sistemáticas en contra de Maduro, Amnistía Internacional afirma que ha podido corroborar que la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana han empleado fuerza no letal de forma indebida, incluyendo disparos de bombas lacrimógenas directamente al cuerpo de manifestantes disidentes. Un ejemplo es el caso de Juan Pernalete, quien murió después de recibir un impacto de un proyectil de gases lacrimógenos directamente al pecho mientras se manifestaba en Caracas en abril pasado. Las fuerzas de seguridad también han utilizado armas de fuego, recalca la ONG. Fabián Urbina murió el 20 de junio después de que un funcionario de la Guardia Nacional le disparara directamente mientras protestaba en Caracas.

“El hecho de que quienes opinan diferente sean las únicas personas a quienes se tilda de terroristas, a quienes se les impide manifestarse y contra quienes se usa la violencia y la fuerza ilegítima es prueba de una estrategia para silenciar el creciente descontento social en Venezuela”, afirma Guevara Rosas.

Asimismo, existen preocupaciones sobre un posible empeoramiento de la situación de cara a las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente convocadas por Maduro para el próximo 30 de julio. La escalada ya es real. La semana pasada, grupos de choque del chavismo irrumpieron en la sede de la Asamblea Nacional (AN), controlada por la oposición, y agredieron a diputados y visitantes. Unas 300 personas permanecieron retenidas en el edificio durante horas, mientras un nutrido grupo de civiles armados del régimen les impedía salir.

Amnistía Internacional tiene evidencia de varios casos de grupos civiles armados que han atacado a la población civil. El informe de la ONG asegura que existen pruebas de que los ataques por parte de estos grupos, denominados “colectivos armados”, se han producido en presencia de las fuerzas de seguridad y que estas no han actuado para proteger a la población.

Según informa la ONG, la violencia no solo atañe a los manifestantes que rechazan el Gobierno de Maduro. También se han documentado ataques contra comunidades y personas que no estaban participando en protestas, incluyendo irrupciones violentas masivas por parte de las fuerzas de seguridad con vehículos blindados y bombas lacrimógenas. Uno de los ejemplos proviene de La Isabelica, Carabobo, donde los habitantes informaron de que en mayo 2017 las fuerzas de seguridad allanaron la comunidad, disparando gas lacrimógeno directamente hacia casas y disparando al azar a transeúntes.

Ante esta situación, la justicia penal internacional —tanto la Corte Penal Internacional, como aquellos países que cuentan con jurisdicción universal— estarán observando de cerca la situación venezolana, amenaza la ONG. Si los altos mandos gubernamentales, militares, y policiales “no eliminan los mecanismos que apuntan a una política estatal de violencia en contra de la población, y no ponen fin a la promoción de la violencia en sus discursos y sus órdenes oficiales, podrán ser llevados ante la justicia penal internacional”, concluye.

 

¿Hechos extraños? por Javier Contreras – Revista SIC – 5 de Julio 2017

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El asalto y la destrucción que tuvo lugar en los jardines de la Asamblea Nacional, el 5 de julio, no tienen nada de extraños. Tampoco se pueden catalogar como extraordinarios, ya que lamentablemente lo ordinario, entendido como lo habitual, es que la violencia en cualquiera de sus manifestaciones forme parte del paisaje cotidiano de Venezuela.

Nicolás Maduro criticó lo ocurrido y señaló que no avala ninguna acción vandálica y violenta, motivo por el que invitó a las autoridades competentes a investigar y establecer las responsabilidades del caso. Este tipo de declaraciones son bien recibidas, pero son insuficientes si no van acompañadas de una verdadera voluntad política para desmontar los andamiajes que le dan sustento al accionar impune de grupos violentos aliados del gobierno nacional.

Ante la gravedad de lo que está ocurriendo, casi a diario en el país, hay que dejar de lado los eufemismos. Estos grupos aliados del gobierno que actúan impunemente, llamados genéricamente colectivos, existen, sus miembros son claramente reconocibles, y constituyen una formación paramilitar. Más allá de la molestia e incomodidad que le cause a ciertas personas, si no se habla claramente, no hay forma de enfrentar la complejidad real de lo que estamos viviendo.

Desde hace tiempo, quien escribe estas líneas, ha alertado sistemáticamente sobre el peligro de subestimar a los paramilitares locales, o la inconveniencia de no establecer la distinción con sus pares colombianos; las dos actitudes se impusieron por desconocimiento o por comodidad, hasta que la realidad ha forzado que lo tomemos tan en serio como lo amerita.

Reconociendo que estos grupos son un componente más del escenario político, no puede sorprender a nadie lo que han venido haciendo, que tuvo en la irrupción a la Asamblea Nacional su actuación más reciente y más llamativa o mediática. No puede sorprender que quienes obtuvieron poder, prebendas y carta de ciudadanía para delinquir en aras de la defensa del proceso, ejecuten las acciones que ejecutan.

Agrupaciones que cuentan con armamento y logística; que hacen de la deformación ideológica una herramienta para tratar de legitimar su proceder; que mantienen control territorial en algunos sectores del país, especialmente en Caracas; pueden interpretar a su antojo aquellas declaraciones de “lo que no se pueda con los votos, lo haremos con las armas”. El PSUV no pudo ganar la Asamblea Nacional con los votos, ¿aspiran secuestrarla con las armas de la violencia?

No son hechos extraños. Cuando se condecora y se asciende de rango a funcionarios de los cuerpos de seguridad sospechosos de estar involucrados en violación de derechos humanos, homicidios, uso desproporcionado de la fuerza o actos delictivos, el mensaje es claro: se premia la “lealtad” incluso en detrimento de la legalidad, creando una atmósfera propicia para la violencia de Estado.

La mayoría de los “dilemas históricos” son falsos, porque casi siempre hay más de dos opciones, porque la política no es en blanco y negro. Lo que hoy plantea el gobierno cuando habla de constituyente o guerra, es mentira y maniqueo. Mentira porque el conflicto ya se instaló, maniqueo porque hay una vía que no toma en cuenta: el respeto a la actual Constitución Nacional y la consecuente reinstitucionalización del país.

En lo que no existe una tercera opción es en la escogencia entre violencia y coexistencia. Quienes apuestan a la violencia, sin importar su orientación partidista, son quienes realmente traicionan a los venezolanos; quienes por acción u omisión amparan grupos criminales, paramilitares o no, reducen el espacio para el entendimiento; quienes utilizan el poder político para reprimir, atemorizar y humillar, no entienden lo que el país demanda y necesita.

 

El premeditado y sangriento asalto oficialista al Parlamento venezolano: fotos que dan la vuelta al mundo – La Patilla – 5 de Julio 2017

Cinco diputados opositores fueron heridos por seguidores del presidente Nicolás Maduro que irrumpieron violentamente este miércoles en la sede del Parlamento venezolano, donde se realizaba una sesión especial por el día de la independencia, informaron legisladores.

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Julio Borges, presidente de la Asamblea de mayoría opositora, reportó en Twitter que en el “ataque” resultaron heridos los diputados Armando Armas, Américo de Grazia, Nora Bracho, Luis Carlos Padilla y Leonardo Regnault.

Al menos dos trabajadores de la cámara también sufrieron lesiones, reportaron otros diputados.

Tres legisladores resultaron con cortes en la cabeza. Américo de Grazia “tuvo convulsiones” y fue trasladado en ambulancia a un centro médico, señaló su colega Juan Guaidó a periodistas, indicando que los agresores tenían “piedras, palos y cuchillos”.

Borges atribuyó la incursión a “colectivos”, grupos civiles oficialistas que según la oposición son armados por el gobierno.

Cerca de un centenar de personas, algunas encapuchadas, con palos y tubos, y vestidas de rojo, entraron a los jardines del Palacio Legislativo y detonaron bombas de estruendo, desatando el caos, constató un equipo de la AFP.

“Esto no duele más que ver todos los días cómo perdemos el país”, comentó Armas tras subir a una ambulancia con la cabeza cubierta por vendas ensangrentadas.

Los partidarios de Maduros se encontraban frente al edificio legislativo en un “plantón” de seis horas en rechazo a la oposición, pero durante un receso de la sesión solemne forzaron el portón y lograron llegar hasta los pasillos y entradas a los salones.

Periodistas que cubrían el acto fueron obligados por encapuchados a dejar de grabar y tomar fotografías, y a salir del Palacio Legislativo. Uno de los hombres portaba un arma de fuego.

“El gobierno siempre recurre a la violencia”, manifestó el diputado opositor Stalin González. “Vamos a seguir enfrentado a estos salvajes”, agregó su colega Simón Calzadilla.

El incidente se produjo mientras Maduro encabezaba un desfile militar con miles de efectivos en el paseo de Los Próceres, en el complejo Fuerte Tiuna, en Caracas.

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Chavistas irrumpen en el Parlamento venezolano y hieren a varios diputados – La Razon – 5 de Julio 2017

El grupo de cerca de 30 personas violentas que entraron en la Asamblea fueron expulsadas por la seguridad de la misma

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Chavistas irrumpen en el Parlamento venezolano y hieren a varios diputados

Varios diputados venezolanos han resultado heridos este miércoles debido a un ataque lanzado por civiles armados contra la Asamblea Nacional, según ha denunciado la oposición, en el contexto de la crisis política que atraviesa la nación caribeña.

Legisladores de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), coalición opositora, han indicado que en torno al mediodía (hora local) civiles armados que llevaban desde primera hora merodeando por la zona han entrado en el Parlamento y han atacado a varios diputados.

El diputado opositor José Manuel Olivares denuncio en Twitter la entrada de “grupos paramilitares” en el Parlamento venezolano, en un mensaje que publicó junto a dos fotos en las que puede verse al diputado Armando Armas con sangre en la cabeza y parte de su camisa.

Posteriormente, el grupo de cerca de 30 personas violentas que entraron en la Asamblea fueron expulsadas por la seguridad de la misma.

De acuerdo con la información recogida por medios locales, al menos cinco diputados opositores han resultado heridos, entre ellos Américo de Grazia, que ha sido atendido de urgencia por un fuerte golpe en la cabeza. “Vamos a defender a Venezuela, para eso fuimos electos. Cueste lo que nos cueste seguiremos”, ha dicho otro de los heridos, Armando Armas, según ‘El Nacional’.

La Asamblea Nacional ha denunciado en Twitter el “secuestro” de los diputados y de empleados de la sede parlamentaria y ha acusado Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de permanecer impasible ante la situación.

El presidente, Nicolás Maduro, se ha apresurado a condenar estos “hechos, extraños”, atribuidos a seguidores del chavismo. “Condeno absolutamente esos hechos hasta donde los conozco en este momento (…). Los condeno y he ordenado su investigación y que se haga justicia”, ha declarado al término de un desfile militar por el Día de la Independencia.

La MUD, apoyada por la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y por la Organización de Estados Americanos (OEA), acusa al presidente, Nicolás Maduro, de interferir en los demás poderes del Estado para mantenerse en el Palacio de Miraflores. El ‘chavismo’, por su parte, denuncia un “golpe de Estado”.

Estos incidentes se enmarcan en la ola de violencia que recorre Venezuela por la represión de las manifestaciones opositoras. Desde abril, cuando comenzaron las protestas de la MUD, unas 90 personas han muerto y miles han resultado heridas, de acuerdo con la Fiscalía.

La MUD, apoyada por la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y por la Organización de Estados Americanos (OEA), acusa al presidente, Nicolás Maduro, de interferir en los demás poderes del Estado para mantenerse en el Palacio de Miraflores. El ‘chavismo’, por su parte, denuncia un “golpe de Estado”.

 

Verdugos bolivarianos por Enrique Viloria Vera – Noticiero Digital – 210 de Junio 2017

 

Para no improvisar, recurro nuevamente al DRAE, que informa sobre un par de acepciones del vocablo verdugo: en primer lugar, persona encargada de ejecutar la pena de muerte u otros castigos impuestos por la justicia, en segundo, persona cruel que castiga sin piedad o exige demasiado.

Históricamente, el oficio de verdugo era ejercido por diversas personas, según el caso o la civilización: en Francia era hereditario, los romanos encargaban a los lictores, en Franconia, este rol le tocaba al último vecino recién casado, en otros lugares de Alemania, era encomendado al más reciente ciudadano residenciado en la villa. En otros casos, como en el antiguo Israel, la sentencia de muerte se ejecutaba por todo el pueblo, por los acusadores y por los parientes del condenado, y a veces por los mismos jueces, en España, le correspondía ejecutar la sentencia de muerte a un funcionario público designado por el Ministerio de Justicia. En fin, cada sociedad implementaba su propia y peculiar fórmula para el desempeño de este rol muy poco deseado por los habitantes de la localidad.

Igualmente, la historia registra, sin mucho orgullo, a un conjunto de verdugos destacados. Entre ellos destaca, Charles Henri Sanson hijo, nieto y bisnieto de verdugos. Era bastante diestro decapitando con la espada, pero también había adquirido una singular eficacia en la tarea de administrar las torturas y los suplicios. Sabía arrancarles el labio superior a los blasfemos, quemar a fuego lento a las meretrices, arrancar la lengua a los mentirosos, amputar las manos a los ladrones, fustigar a los pecadores, herrar como ganado a los desertores o flagelar a los menores de edad que habían incurrido en delito grave. Se calcula que cegó la vida a cerca de tres mil personas.

La Revolución Bolivariana también ha realizado su aporte a la Historia Universal de la Vileza, aunque en la Venezuela socialista no está prevista la pena de muerte, los verdugos oficiales – los integrantes de los cuerpos represivos y los colectivos socialistas -, cuentan con licencia para matar a los integrantes de la oposición a la vista de todos, además son felicitados públicamente y premiados en secreto por la alta dirigencia de la dictadura castrista-chavista- madurista.

Estos millares de verdugos motorizados cuentan con su particular padrino, su God Father socialista quien los arma generosamente y los protege de cualquier amenaza proveniente de instituciones nacionales o de organismos internacionales que reclaman insistentemente el respeto a los derechos humanos. Dos chafarotes que se declaran chavistas, revolucionarios, bolivarianos y anti-imperialistas, ya tienen inscrito- por mérito propio- su nombre para ser considerados verdugos distinguidos.

Como particular aporte, la Revolución Bolivariana cuenta también con su corte de verdugas revolucionarias- siempre dispuestas a lo que sea-, con el fin de preservar el poder detentado por los destructores de la Venezuela socialista del siglo XXI. Además, esgrimen un argumento que indica la calaña de las señoras verdugas: ¡Porque me da la gana!       

 

 

    

Radiografía de los 6 “ejércitos” que tiene el chavismo para reprimir las protestas civiles por Infobae.com – ImpactoCNA – 10 de Junio 2017

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Diferentes fuerzas de seguridad y militares se reparten las tareas de hostigamiento sobre quienes protestan contra el gobierno. Qué las diferencia y a quiénes responden

Tras dos meses y diez días de intensas protestas, la feroz respuesta represiva de un régimen al que se le cayó la máscara democrática ya mató a 85 personas. Miles de ciudadanos se movilizaron el jueves a la noche en Caracas para recordar a la última víctima, Neomar Lander, de 17 años. Murió luego de que un policía le disparara una bomba lacrimógena en el pecho mientras marchaba en la céntrica avenida Francisco de Miranda.

Las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 dejaron en claro que el gobierno de Nicolás Maduro perdió el apoyo popular y se volvió una expresión minoritaria. Por eso impidió que se realizara un referéndum revocatorio que habría implicado su salida del poder. La irrefrenable ola de protestas que comenzaron a principios de abril demuestra que ya ni siquiera tiene el control de la calle, que había dominado desde el ascenso de Hugo Chávez.

El principal sostén del chavismo hoy son las fuerzas armadas y de seguridad, que a pesar de la debilidad del gobierno se mantienen firmes en la decisión de ahogar toda forma de expresión política opositora. Los dos principales “ejércitos” son la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que están todos los días en la calle reprimiendo al grueso de las protestas. Leer más de esta entrada

La Tortura y el asesinato político en la transición venezolana por Tamara Suju Roa – La Patilla – 4 de Junio 2017

thumbnailtamarasujuMucho se ha escrito y dicho sobre las escandalosos métodos de tortura que están utilizando los organismos de seguridad del régimen de Nicolás Maduro para castigar, tratar de doblegar, tratar de sacar información o acusación de las sus victimas. Son cientos de casos los que están siendo documentados día tras día. En lo particular, recibo peticiones a diario para que ayude a quienes las han sufrido ha dejar constancia de ello, queriendo con esto incluso en algunos casos que me han pedido maneje como clasificados, que no queden impunes cuando regrese el Estado de Derecho a nuestro país

Hoy, una vez más, quiero profundizar en lo cruel, en lo vil, en lo siniestro de estos métodos, y tratar de que ustedes se imaginen el horror que están viviendo las victimas y sus familias, ante el grado de locura mental y psicópata de los funcionarios que las perpetran.

Entre los nuevos horrores que se les ha ocurrido a estas bestias, están por ejemplo, colgar al detenido, y latigarlo con sogas calientes, o pegarles con tablas llenas de clavos. La denuncia sobre la joven a la que después de golpearla salvajemente le metieron excrementos en sus partes intimas es atroz, así como aquellos jóvenes a los que hicieron comer dichos excrementos en la comida que le suministraron. Tambien se han multiplicado las denuncias sobre torturas sexuales, de desnudamiento, de actos lascivos, de violación, perpetradas además con goce, propio de aquellos enfermos sexuales que cometen esto para excitarse. A uno de los jóvenes detenidos en el caso del limón, la policía le pasó la motos por encima cuando lo tenían sometido en el suelo.

Las denuncias sobre asfixias con bolsas plásticas, previamente roseada con gases tóxicos e incluso gasolina, se ha hecho común ya los últimos años, pero ahora es casi un “recibimiento”. Encerrarlos en celdas mínimas en donde luego les lanzan bombas lacrimógenas para asfixiarlos o rosearlos con gasolina y amenazarlos con quemarlos, también puede formar parte del ritual. Colgarlos y mantenerlos por horas permitiendo que solo toquen el suelo con las puntas de los pies, ponerles descargas eléctricas en las partes mas sensibles del cuerpo, rosearles la cara con polvos de las bombas lacrimógenas, mientras los mantienen esposados, sumergirles la cabeza en tobos de agua, previamente envuelta en bolsas plásticas, son entre otras, las más reproducidas y denunciadas.

Lo que mas me causa indignación, es lo que me narran algunas de las victimas con las que he conversado, sobre lo que han visto en los ojos y expresión de sus victimarios: odio, saña y maldad, como si estuvieran poseídos por el demonio, sin medir su propia fuerza cuando golpean con los cascos, con las culatas de las armas, con palos, bates de beisbol o lo que tengan en sus manos. Incluso tengo un testimonio de una joven que me dijo que percibió como el funcionario que le estaba propinando los golpes que le producían sangramiento en la cabeza, al ver la sangre y escuchar los gritos de la joven pidiéndole por su vida, se volvía “como loco” y le pegaba más y más fuerte, como si el “ver la sangre lo entusiasmara” según palabras de la muchacha.

Al castigo, a la intención de obtener una confesión o causar dolor o sufrimientos graves físicos o mentales, se le une el placer sádico por parte de los torturadores, que me hacen pensar en el grave grado de desviación de valores humanos que tienen los victimarios y que los venezolanos debemos enfrentar cuando ésta pesadilla pase. Porque no se trata sólo de quienes ejecutan las torturas con sus manos, sino también de aquellos que la avalan con su silencio, que descaradamente declaran que no les importa que los acusen de violadores de DDHH, que las conocen y saben lo que ocurre en las mazmorras de los cuerpos de seguridad y las permiten, los que también están enfermos.

Enfermos también están los que le disparan a quema ropa a los manifestantes para causarles el mayor daño posible, los que “malean” las balas de perdigón con bolas de vidrio o plomo para herir gravemente a quienes tienen en la mira, los que disparan horizontalmente bombas lacrimógenas a propósito contra la humanidad de quienes manifiestan sabiendo el daño que puede causarles, incluso sabiendo que pueden ser letales, los que usan indiscriminadamente gases lacrimógenos vencidos sabiendo que son dañinos para la salud, causando asfixia, intoxicación y enfermedades respiratorias graves de victimas que abarrotan las clínicas del país, por problemas causados por los efectos de estas bombas, entre otros.

La cifra dada por la oposición venezolana de 15 mil heridos en las protestas es escandalosa, pero si pensamos en que esta cifra incluye heridos de balas, heridos por bombas lacrimógenas lanzadas a propósito contra su cuerpo, heridos de perdigón maleados a propósito, heridos por brutales golpes propinados por los funcionarios, nos damos cuenta del horror que esta viviendo el pueblo venezolano que se defiende como puede, porque el poder de fuego lo tiene el régimen y los grupos paramilitares violentos que ha mantenido desde el principio del chavismo. Documentado está quedando todo. Los nombres de quienes torturan y de su cadena de mando cómplice. Los métodos y sus victimas, que suman centenas.

Los venezolanos tiene por delante, en esa transición que llegará más pronto que tarde, lo que se conoce como la justicia transicional. En esto, las comisiones de la verdad, el enjuiciamiento de los crímenes cometidos y el resarcimiento y atención a la victima será crucial para calmar tanto sufrimiento. El asesinato político y la tortura sistemática que ha ejecutado el régimen para castigar, amedrentar y obtener testimonios de sus victimas, son Crímenes de Lesa Humanidad, que no deben por ninguna circunstancia, ser objeto de cualquier negociación que pueda existir, en la búsqueda de una solución en los próximos días o meses. Aquellos que tienen sus manos manchadas de sangre de venezolanos, deben ser juzgados. El horror, tiene cara, y sus victimas no las olvidan.

La función ha terminado por Sergio Ramírez – El País – 3 de Junio 2017

Unknown.jpegMaduro amenaza con entregar armas a sus partidarios, pero su guerra ya está perdida

Un amigo que ha visto el vídeo donde aparece Nicolás Maduro empuñando una poderosa arma de guerra, de esas de las películas de Van Damme, me explica que se trata de un fusil automático Fara 83. Lo sabe porque participó en la guerra de los ochenta en Nicaragua entre contras y sandinistas, que costó más de 30.000 muertos.

Maduro, que aparece sentado en una plataforma móvil, demuestra su ignorancia en cuanto a armas, afirma mi amigo: tiene la mano izquierda colocada en medio de la manivela de recarga, y lo menos que le puede pasar apenas hiciera el primer disparo, es que se le desgonce el dedo.

Quien desconoce cómo se manipula un fusil que tiene una cadencia de tiro de 750 cartuchos por minuto, puede causar una verdadera mortandad; excepto que sus subalternos le hayan entregado el arma descargada al comandante supremo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Y mientras apunta el cañón hacia arriba, como si buscara aviones enemigos en el cielo de Caracas, dice:

“De estas podemos llevar unas 10.000 o 20.000 a todos los barrios, los campos, para defender el territorio de Venezuela, la patria, la soberanía, junto con otro tipo de armamento que estamos preparando en secreto para poder moverse en los barrios, campos, todos lados”. No me culpen de la prosa de Maduro; lo único que hago es transcribir sus palabras enardecidas de héroe de película de guerra.

Para un hombre acosado, que ve como el mundo se desmorona alrededor suyo, estos alardes no deben tomarse a risa. También habló del “derecho histórico de combatir en todo el territorio americano. Nadie nos quitaría ese derecho… retroceder nunca, rendirse jamás”. Esto último, título de una película de Van Damme.

Fusil en mano, amenaza con una guerra total, sin fronteras. Maduro resucita en Simón Bolívar para librar una nueva batalla por la independencia de los países del continente, que nadie le está solicitando. Y además de hallarse bastante pasado de peso como para marchar a la cabeza de sus ejércitos libertadores, eso es algo que solo puede decir quien ya no tiene control de sí mismo.

Pero eso no es todo. También anuncia que ha aprobado “al ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, planes para expandir la Milicia Nacional Bolivariana a 500.000 milicianos y milicianas con todos sus equipos”. El pueblo en armas a las calles, a los campos; y cuando sea necesario, más allá de las fronteras.

Una de las clásicas manifestaciones de la esquizofrenia del poder es cuando alguien que gobierna se refiere a sus partidarios como “el pueblo”. El pueblo que votó masivamente en contra del partido de Maduro en las elecciones legislativas y dio a la oposición la mayoría calificada, que hasta ahora le ha sido birlada, no existe.

El pueblo que sale desarmado todos los días a las calles a exigir que le devuelvan sus derechos confiscados, entre ellos el de vestirse, curarse, comer, no existe. Las víctimas mortales de la represión de los paramilitares tampoco entran en esa contabilidad sectaria de lo que es “el pueblo”. Todos ellos son enemigos. Traidores. Millones de traidores.

El único pueblo que vale es el que viste las camisas rojas del Partido Socialista Unido, y aún está por verse si la lealtad entre las filas de partidarios del régimen es tan sólida como Maduro cree, o aparenta creer. ¿La Fuerza Armada estaría de verdad dispuesta a repartir medio millón de fusiles entre civiles, lo que triplicaría en número a los efectivos militares regulares? ¿Tendría la capacidad de controlarlos? Ese acto podría significar nada menos que la invitación a una verdadera guerra civil.

En lugar de buscar cómo desarmar a tantos miles en posesión ilegal de armas, incluidas las que están en poder de las propias bandas del Gobierno, delincuencia común más delincuencia política, Maduro anuncia, con extravagante lógica, que apagará el fuego con pólvora viva.

Los muertos en las calles son, hasta ahora, víctimas de las bandas paramilitares, y aunque la Fuerza Armada ha declarado su lealtad a Maduro, eso solo se sabrá de cierto cuando ordene que las tropas salgan a la calle a disolver a balazos a los manifestantes.

Todas las batallas para Maduro están ya perdidas. La batalla diplomática, la batalla de la opinión pública, la batalla económica, la batalla social, con los antiguos barrios baluartes del chavismo ahora en contra. La batalla en las calles.

Alguien de los suyos debería poder decirle que es hora de hacer mutis por el foro. La función ha terminado.

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