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1.  Unos dicen: elecciones aunque sea con Maduro. Aunque sea con un CNE dominado por los rojos. Aunque sea bajo las condiciones del régimen. Agarrando aunque sea fallo. Frente a esta manera de abandonarse, se argumenta desde la otra orilla que la solución es la fuerza. Se interroga a los proponentes de esta visión sobre cómo hacerlo y se repite el escombro verbal que inquiere “con qué se come eso”.

2.  ¡Ajá! Propones la fuerza pero no vas más allá. Propones la fuerza y no sabes cómo se construye. Vendes un señuelo que los aliados desechan. Quieres una solución sin que los militares la acompañen. Puro humo sería esta aproximación, mientras las elecciones son algo sólido, posible de acordar con el régimen al lado de un fruit punch en una deliciosa playa de Barbados.

3.  La fuerza es una combinación de medidas de carácter cívico –incluidas formas no violentas–, con desobediencia militar, con presión internacional política, diplomática y militar. Esta última puede ocurrir sin que un solo soldado extranjero ponga un pie en suelo venezolano.

4.  La fuerza de la cual se habla no está allí, sentada en la acera, bajo la luz de una farola titilante, a la espera de que alguien la recoja de su postración. La fuerza es una dinámica que se construye para un objetivo. Si usted requiere de fuerza para boxear tiene que convertir los músculos de sus brazos en acero; si quiere jugar fútbol requiere acentuar el trabajo sobre sus piernas. La naturaleza de la fuerza está vinculada al objetivo. Si quiere salir del régimen de Maduro tiene que construir la fuerza apropiada para hacerlo, que no es la misma que necesita para promocionarse como candidato presidencial.

5.  La primera y más exigente condición para construir una fuerza es estar convencido de que esa es la tarea esencial. Una vez convencido, dedica toda su energía en ganar a los que confían en usted. Un liderazgo firme y decente no se dedica a recibir instrucciones de sus aliados, ni siquiera de altos funcionarios de Estados Unidos, sino que los convence de sus objetivos y metas.

6.  He escuchado directamente de algunos dirigentes el concepto según el cual Estados Unidos o algún otro país “quieren” tal cosa o “no quieren” tal otra. En primer lugar, es totalmente falso porque se atribuyen a funcionarios posiciones que no tienen o posiciones que son contradichas por las de otros; pero, lo más importante es que un liderazgo sólido busca convencer a sus aliados y no es su obediente subordinado.

7.  Finalmente, estoy persuadido de que la opción de la fuerza es la que asegura menos violencia, es la que lleva a Maduro al final, a que sus propios generales le digan hasta aquí llegamos. No olvidemos el 11 de abril: la magia civil y militar sin que desde este lado se disparara un solo tiro. Al final, hay que “negociar” la renuncia como lo hizo Fidel con Chávez y Raúl con Evo.