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Cómo producir una transición democrática en Venezuela por Benigno Alarcón Deza – Politika UCAB – 18 de Septiembre 2018

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Dijimos en nuestra anterior columna que una transición política en Venezuela no es ya un tema de preferencias sino una condición sine qua non de la que depende la viabilidad del Estado y la vida misma de millones de venezolanos que, ante la desesperación, se exilian sin certeza de su destino, huyendo del hambre y la enfermedad, para buscar al menos un mañana menos incierto, haciendo cualquier cosa en cualquier otro lugar.

Atendiendo a la trascendencia de esta urgencia, desarrollamos una propuesta sobre cómo producir una transición democrática en Venezuela, la cual incluye cinco tareas básicas: presión interna, presión internacional, reducción de los costos de tolerancia, tener un plan para un gobierno que atienda la gobernabilidad durante la transición y prepararse para una elección presidencial.

Como también dijimos, la ruta descrita demanda un factor esencial, hasta ahora inexistente: un liderazgo responsable de la dirección del proceso. Tal como sucede con una orquesta, ésta no puede funcionar sin un director y una partitura (plan bien definido) y tampoco con varios directores que dan instrucciones simultáneamente siguiendo partituras distintas. Se necesita un director y una partitura. Sin tal liderazgo resulta imposible lograr avances significativos en ninguna de las tareas necesarias.

Sin liderazgo es imposible movilizar a la sociedad de manera masiva y coordinada para presionar internamente. Sin liderazgo no es posible coordinar esfuerzos con la comunidad internacional de manera eficiente. Sin un liderazgo que ejerza la dirección y vocería del cambio es imposible construir una visión coherente del país posible; ni los actores gubernamentales, o quienes les sostienen en el poder, encontrarán una contraparte con quien negociar. Sin un liderazgo unitario, alrededor de quien se generen expectativas creíbles de cambio, es imposible conformar equipos de trabajo que puedan prepararse, adecuada y oportunamente, para gobernar en medio de las dificultades e inestabilidades propias de una transición política. Sin un liderazgo unitario es imposible estar preparados para ganar una elección y blindar a un nuevo gobierno con la legitimidad necesaria para consolidar una democracia, bien sea que esta elección se produzca como resultado de la presión interna e internacional, de una negociación, o como consecuencia de una renuncia o ruptura del bloque de gobierno. Toca hoy desarrollar algunas ideas sobre cómo colocar un liderazgo legítimo al frente del proceso.

Tal liderazgo, para llevar al país hacia una transición y luego consolidarla, debe gozar de un importante nivel de consenso por lo que, difícilmente, éste puede derivarse de un acuerdo entre élites partidistas que nunca sería representativo de un país que, aunque hoy demanda por unanimidad un cambio democrático, dejó de confiar en los partidos, como demuestran la totalidad de los sondeos de opinión pública.

Si los partidos no pueden decidir tal liderazgo, en representación de los ciudadanos que hoy no se sienten representados por éstos, además de las dificultades más que demostradas para alcanzarlo –porque tal decisión no le otorgaría la tan necesaria legitimidad–, entonces toca a los ciudadanos decidir, de manera directa, en quien confían para liderar lo que sería el proceso político de mayor trascendencia nacional desde su independencia hace casi doscientos años.

Tal decisión sobre el liderazgo puede darse tan solo por dos caminos. Un primer camino es el propio de la evolución natural de un liderazgo, mediante un proceso de darwinismo político en el que la mayor parte de los líderes actuales se extinguirán, mientras otros, más aptos para lidiar con las actuales circunstancias, emergerán y se posicionarán políticamente hasta que tengan la fuerza y encuentren el camino para desplazar a quienes hoy ocupan el poder. Este proceso, como seguramente usted ya intuye, puede tomar años y hasta décadas, sin que muchos de nosotros alcancemos a ver su concreción, con costos humanos y de reconstrucción que serían inaceptables.

Una segunda alternativa es la de crear las condiciones necesarias para acelerar este proceso, es decir, para que los ciudadanos puedan elegir de manera directa un líder e iniciar, de manera inmediata, coherente y orquestada, el camino que nos llevaría hacia un proceso de cambio político. Eso podría concretarse en los próximos meses si existe la voluntad y determinación de amplios sectores de la sociedad venezolana.

La propuesta que hemos venido manejando, y que hoy hacemos pública a través de esta Carta, ha sido presentada recientemente ante partidos políticos y plataformas de la sociedad civil, como Creemos Alianza Ciudadana y el Frente Amplio Venezuela Libre, así como a otros actores representativos. Aunque no ha conseguido consenso entre los partidos de oposición –lo que no debe extrañar porque es la suerte que corren la mayoría de las propuestas por el “dilema de prisionero” del hemos hablado en otros artículos– sí ha merecido una mayor consideración de parte de actores y líderes sociales.

Esta propuesta consiste en la organización de una elección abierta para definir tal liderazgo. Esta elección debe ser organizada por los cinco actores que gozan de mayor credibilidad y confianza en el país: la iglesia, las universidades, los estudiantes, los líderes de la sociedad civil organizada y las fuerzas productivas del país (empresarios y trabajadores), sin la participación del Consejo Nacional Electoral. En esta elección deben poder participar todos los venezolanos mayores de 18 años, inscritos o no en el Registro Electoral, residentes o no actualmente en Venezuela, ya que su participación es la mejor prueba de su disposición para esta lucha. Si se logra que haya una elección presidencial también se podrá lograr que estas personas sean debidamente registradas para votar en una próxima elección.

En este mismo sentido, en esa elección deben tener el derecho a ser elegidos, en condiciones de igualdad, todos los que tengan la voluntad, preparación y disposición para liderar al país en un proceso de transición política, que será extraordinariamente complejo, sean éstos miembros de partidos políticos o no, estén o no habilitados políticamente, siempre que reúnan las condiciones establecidas por la Constitución para participar en una elección presidencial. Así, si se logra la presión necesaria para que se celebre una nueva elección presidencial, también se logrará que ésta se desarrolle bajo reglas distintas que permitan la participación del líder que el país escoja y no el que el régimen pretenda escoger por nosotros.

Obviamente, en una elección de participación abierta se corren dos riesgos principales: uno es la dispersión de votos entre candidatos (conocidos o emergentes), lo que pudiese traer como consecuencia que quien gane por una mayoría relativa no cuente con el reconocimiento de parte importante del resto de electores. El otro es que tal elección, como algunos temen, termine generando una importante pugnacidad que haga más difícil la posterior cohesión de todo el movimiento democrático en torno a un liderazgo.

Ambos obstáculos pueden superarse con una solución sencilla que ha sido probada en procesos electorales en otros países: una elección con selección múltiple; para ello existen varias metodologías con distintos niveles de complejidad. Creo que en nuestro caso lo más sencillo puede ser lo más eficiente.

Cada elector tendría la oportunidad de votar por tres candidatos de su preferencia. Esta metodología tendría dos ventajas. La primera es que todo candidato, al necesitar de los votos de los electores de sus contendores, se vería obligado a reducir su pugnacidad hacia los otros candidatos. Si alguien necesita los votos de otro, nadie que dedique su campaña a descalificarlo tendrá los votos necesarios para ser una de las tres opciones mayoritarias. La segunda ventaja es que el ganador será el que tenga el mayor consenso y el menor rechazo entre todos los competidores y se convertiría en una de las opciones para la gran mayoría de los electores.

Para quienes piensan que nadie participaría en un proceso electoral de esta naturaleza en medio de las actuales circunstancias, la respuesta es que la disposición a participar ya ha sido medida por dos estudios que, aunque no son nuestros, son coincidentes y la estiman en alrededor de dos tercios de los electores de oposición. Ello implicaría una participación superior a la de la consulta del 16 de julio de 2017, incluso superior a la de los supuestos resultados oficiales de la elección del pasado 20 de mayo.

¿Y después qué?

Las condiciones bajo las cuales se celebró la última elección presidencial hacen imposible para la comunidad internacional democrática el reconocimiento de la presidencia de Maduro a partir de la enero de 2019. Tal situación constituye una ventana de oportunidad que solo es posible aprovechar, sí y solo sí, el país y la comunidad internacional se unifican y se movilizan en torno a un solo objetivo que haría posible todas las demás aspiraciones: elecciones democráticas para elegir al gobierno de transición que deberá iniciar la gran reconstrucción nacional, a partir de enero de 2019.

Toca a todos los ciudadanos y sectores democráticos del país la tarea de iniciar un movimiento que, articulado como una gran orquesta bajo un mismo liderazgo y con una ruta claramente definida, nos permita llevar a ese líder, legítimamente electo y  decide.descarga reconocido, a encabezar un gobierno de reconstrucción nacional que debe ser también electo en un proceso democrático, todo lo opuesto a lo que vimos el 20 de mayo pasado. Un proceso que no ocurrirá porque el gobierno lo vaya a permitir por una concesión graciosa –que nunca ha sido ni será su intención– sino como consecuencia de la presión interna e internacional, tal como ha ocurrido en la mayoría de los procesos de transición en el mundo.

A partir de allí, aquellos actores moderados y racionales vinculados al gobierno –o las instituciones que lo sostienen– sabrán con quién hablar. A partir de allí, quienes quieran estar al servicio de la nación, y no de las élites que desesperadamente se aferran al poder, sabrán a quién escuchar y a quién dirigirse si quieren contribuir a un cambio que será inevitable. A partir de allí, quienes hoy ocupan puestos de liderazgo o autoridad en alguna institución tendrán que decidir entre servir a la nación o servir a las élites del actual régimen que gobiernan en contra de la voluntad de la nación.

Shimon Peres, cuando se le preguntó si veía la luz al final del túnel en el conflicto entre su país, Israel, y Palestina, dijo: “veo la luz, pero lo que aún no veo es el túnel que nos llevará a ella”. Si alguien tiene una propuesta más realista que no implique sentarse a esperar a que otros decidan o hagan algo que nosotros no hemos sido capaces de hacer, seré el primero en reconocer, con la mayor humildad, la pertinencia de otra alternativa y poner mi mayor esfuerzo en la construcción de un camino que sea factible hacia una Venezuela libre, próspera y democrática. Mientras tanto, seguiré insistiendo en la ruta propuesta con la esperanza de que caiga en tierra fértil y eche raíces entre aquellos liderazgos políticos y sociales, así como entre los ciudadanos que amamos esta tierra y actuamos de buena fe.

Acuerdo obligado por Luis Ugalde S.J. – Blog Cesar Miguel Rondón – 18 de Septiembre 2018

Luis-Ugalde-800x478Las cosas han llegado a tal extremo y la situación es tan dramática que la desesperación se ha apoderado del país. La gente no cree en el régimen y sus promesas-propaganda y cada medida nueva agrava la situación. El liderazgo opositor carece también de credibilidad por su falta de unidad y su impotencia frente a la dictadura y los urgentes problemas socioeconómicos.

El desastre es tan grave que la reconstrucción parece imposible sin un gran acuerdo de salvación nacional concretado en un gobierno de transición que incluya a buena parte de los que fueron y de los que todavía hoy son chavistas. El régimen actual no tiene futuro, pero puede resistir con un alto costo de vidas, dignidad humana y libertad democrática de millones de venezolanos. No puede haber un gobierno nacional que entusiasme y tenga éxito si no lleva en el corazón de sus políticas concretas las razones que hace 20 años tuvieron las mayorías chavistas. Si, según las encuestas más recientes, un 85 % de los venezolanos vive en pobreza, el nuevo gobierno sólo cuajará si renace en la vida de esa inmensa muchedumbre que agoniza en la pobreza y el exilio, y fracasará si no toma en serio la vida digna de ellos. Esa esperanza no se puede nutrir sólo de palabras y retórica, sino que necesita de entrada signos visibles de mejora socio-económica, lo que no es posible sin un vigoroso florecimiento de miles y miles de empresas privadas, entendidas y vividas como esperanza de los pobres y la superación de la pobreza como esperanza de la empresa privada, de la democracia y la libertad. Por otra parte, nada de esto es posible sin un apoyo decidido de las democracias y organismos internacionales, concretado en recursos materiales cuantiosos. Sin ese apoyo, ni el gobierno actual, ni cualquier otro que venga, tendrá estabilidad ni éxito y la solución no es la desesperanzada agonía dictatorial cubana de más de medio siglo.

El gobierno de transición sólo despertará entusiasmo nacional y concretará el apoyo externo si de inmediato enfrenta la hiperinflación (alimentada por el actual gobierno con enorme déficit fiscal y dinero inorgánico) y activa la producción económica que en cinco años se ha reducido a la mitad y que está matando a la gente, arrebatándole su salario y dignidad y bloqueando toda posibilidad de reactivación.

1-Para revertir de inmediato este despeñadero hay que combinar:

-No pago de la deuda externa ($ 132.000.000.000) en dos o tres años. Condonación de buena parte de ella, refinanciamiento de la otra parte y cuantioso préstamo (según los entendidos no menos de $ 40 mil millones)

-Reprivatización de las empresas estatizadas, hoy ruinas improductivas.

-Inversión extranjera (y nacional) con garantías jurídicas y economía social de mercado.

-Apertura petrolera (y gas) a las inversiones no estatales y recuperación productiva.

-Financiamiento de importación de bienes básicos de consumo (alimentos, medicinas…) e insumos para reactivar la producción.

2- Al mismo tiempo se requiere inmediata ayuda humanitaria internacional con activación nacional de los canales de distribución y también de un inmenso voluntariado de solidaridad con efectos en la regeneración moral y de reconciliación. Rescate del Estado y del caos, corrupción e ineptitud de los servicios públicos de agua, electricidad, transporte, seguridad… Rescate de la Constitución: libertad de presos políticos y exiliados, legalización de todos los partidos y de los candidatos vetados; separación de poderes públicos; eliminación de la ANC (supraconstitucional, es decir dictatorial); Fuerza Armada reconstitucionalizada; nuevo CNE; elecciones justas, libres y transparentes, una vez restablecidas las condiciones democráticas para ello.

No se trata de medidas sueltas ni de que cada grupo político pretenda instaurar en esta transición el modelo de su preferencia, sino de lo imprescindible para salir de esta dramática agonía. Sería fatal enredarse en debates ideológicos sin entender que la extrema emergencia exige un pragmatismo sanador previo a elecciones democráticas en las que la población escogerá al candidato de su preferencia entre alternativas que incluyan las que vienen del chavismo y también las que parecen más opuestas a él. Por ahora la negociación no puede ser maximalista, sino realista con la necesaria unidad nacional y el apoyo internacional imprescindibles.

3- La salida del gobierno actual tiene que ser pronta y negociada con espíritu de reconciliación, no de venganza sino de perdón, con una nueva primavera de reencuentro venezolano combinada con una acción serena y equilibrada de la justicia, en los casos que se requiera para evitar la impunidad.

4- Los militares (hoy unos cómplices y represores y otros reprimidos) y las democracias del Mundo y de las Américas deben formar parte de diversa manera de esta negociación y reconstrucción.

5-La Asamblea Nacional ha de ser la legítima pieza central de esta transición y quien la encabece debe excluirse de la contienda electoral democrática, que tendrá lugar tan pronto se restablezcan las condiciones básicas constitucionales para una elección libre, transparente y con garantías.

Ese acuerdo que incluya al chavismo democrático puede escandalizar a algunos, pero no será más chocante que el abrazo – en medio de tantos cadáveres y odios – de Bolívar y el jefe español Morillo en Santa Ana de Trujillo, como importante paso desagradable para salir de la guerra.

El golpe y las lecciones no aprendidas por Luis Ugalde – El Nacional – 1 de Agosto 2018

Luis-Ugalde-800x478Este gobierno con toda su quincalla revolucionaria llegó a su final. Ningún trabajador que en 1998 ganaba 500 $ al mes defenderá esta “revolución” para ganar ahora 3 $ mensuales. Los frutos son de muerte y el pueblo agradecería a Maduro su pronta renuncia y la negociación para una salida ordenada y con daños controlados. Hoy los rumores llenan el vacío político. La desesperación es mala consejera y puede llevar a desear cualquier aventura golpista sin pensar en las condiciones indispensables para el éxito en la reconciliación y reconstrucción del país Considero importante recordar y meditar sobre los errores de apoyo al golpismo hace 26 años para par evitar nuevas tragedias.

El 15 de febrero de 1992, pocos días después del fallido y sangriento golpe militar, escribimos un artículo, El golpe y las lecciones no aprendidas, celebrando su fracaso y comentando los sentimientos contradictorios de buena parte de la población: Por un lado alivio porque prevaleció la democracia y por otro lado en muchos el deseo de que hubiera triunfado el golpe militar para así castigar al gobierno y a los políticos por el profundo malestar socio-económico y la corrupción que se vivía en la última década (1982-1992):

“ La corrupción descarada- escribíamos– la especulación inmisericorde, el deterioro de los servicios públicos, la desinversión de los capitales, el descaro de lujos y viajes, las mil formas de ineficacia gubernamental, la burla del seguro social, la insuficiencia de empleos y salarios, la irritación que produce ver a muchos políticos dedicados a sus cosas con el dinero del país”(…).Todas las causas que explican el 27 de febrero (el Caracazo de 1989) están ahí, tres años después, como verdad irrebatible y como combustible preparado para la hoguera”. Realidades evidentes que alimentaban la antipolítica y las simpatías por el golpe militar sin pensar en las consecuencias funestas que traería el triunfo de los fusiles: “cárceles, estadios y cuarteles repletos con miles de detenidos; juicios sumarios y fusilamientos arbitrarios; numerosas familias arrastradas al exilio; cientos de miles de venezolanos escondidos, obligados al silencio y al exilio interno de su pensamiento. El país gobernado por la ley suprema del fusil; siempre arbitraria, pues ni es ley, ni es suprema: es la fuerza.” Intuíamos que eso sería el fruto del golpe acompañado del desastre económico-social: “Para estas fechas- escribíamos- el bolívar estaría avanzando aceleradamente en su caída a punto de llegar a cien por dólar (hoy estamos a más de 3 millones y con la hiperinflación anual de 100.000% camino del 1.000.000%). Los capitales apátridas en fuga, los préstamos internacionales congelados, el desempleo camino del 20%, el país aislado de los créditos y financiamientos internacionales y tal vez sometidas a boicot nuestras ventas petroleras”.

Entonces escribíamos “Compartimos las causas del malestar social, pero negamos que ellas justifiquen el golpe. “Toda la indignación que podamos tener frente a la situación actual de nuestro país no constituye un solo argumento para justificar el golpe que empeoraría todo y aumentaría la corrupción”. Entonces señalábamos como lecciones no aprendidas, las que nos dio el Caracazo 3 años antes y las dobles verdades y raseros para los privilegiados y para la población.

El hecho es que no hubo corrección gubernamental y el disfraz democrático de chavismo golpista se disfrazó de democrático y a los seis años triunfo electoralmente.

El desastre que preveíamos en 1992 es un juego de niños ante el colapso general hoy con esta dictadura. Una situación tan catastrófica y desesperada nos puede llevar a desear cualquier aventura golpista olvidando que el fusil puede ser bueno para frenar ciertos males y disuadir, pero no lo es para gobernar y reconstruir un país destrozado y saqueado por sus gobernantes.

Ahora es obvio incluso para los chavistas que este gobierno no tiene futuro y debiera frenar el sufrimiento nacional renunciando y abriendo las puertas a la transición para la reconstrucción y reconciliación del país. No esperamos que Maduro lo haga voluntariamente, lo importante es que la gran mayoría de los venezolanos esté convencida de que esa renuncia es necesaria y lo exija el clamor multitudinario y la imprescindible decisión de la Fuerza Armada de defender la democracia y la Constitución.

Recuperar la vida humana de millones saliendo cuanto antes del actual desastre, pero de tal manera que las diversas fuerzas confluyan en una unidad superior para la reconstrucción democrática y constitucional, incluyendo las elecciones presidenciales, una vez que se hayan restablecido las debidas condiciones como la eliminación de la ANC, la habilitación de todos los candidatos y partidos, cambio del CNE la libertad de los presos políticos perseguidos y exiliados etc.

En septiembre de 1998 meses antes de las elecciones escribíamos: “hay alta probabilidad de que Chávez gane las elecciones y poca de que pueda hacer un buen gobierno; lo que significa una especie de suicidio colectivo”-

Que la pérdida de memoria no nos lleve a otra aventura suicida y caminemos unidos para la reconstrucción democrática y social del país.

 

 

 

 

 

 

Manifiesto de Libertad :10 puntos para la liberación de Venezuela – Voluntad Popular – 24 de julio 2018

Manifiesto de Libertad

10 puntos para la liberación de Venezuela

Hoy, al cumplirse 235 años del natalicio del padre de la patria, Simón Bolívar, “El Libertador”, ratificamos nuestra inquebrantable voluntad de luchar hasta liberar a Venezuela de la dictadura.

El sacrificio y lucha que está llevando nuestro pueblo en las calles ante el colapso económico-social y el permanente atropello a sus derechos, nos obliga a impulsar una acción y conducción colectiva urgente junto a todos los liderazgos y organizaciones que comparten la decisión de enfrentarla.

Es por ello que, junto a nuestro líder Leopoldo López, manifestamos ante el pueblo, los sectores sociales, las organizaciones, los liderazgos políticos y la comunidad internacional lo siguiente:

1. Podemos y debemos salir de la dictadura. Es el momento de sumar las fuerzas de la protesta y el descontento popular, la fuerte y creciente presión internacional, el malestar y divisiones internas del régimen, y una ofensiva política clara y determinada que pueda liberar a Venezuela. Y debemos hacerlo ya.

2. La liberación depende de nosotros. La presión internacional, el colapso económico-social, y las divisiones dentro del régimen solo conducirán a una transición si cuenta con un pueblo movilizado y organizado exigiendo sus derechos, acompañado por una conducción política clara y determinada que dé cauce político y estabilidad al cambio. El régimen no caerá solo y nadie resolverá nuestros problemas sin nosotros.

3. La protesta es el motor del cambio. La fuerza de la organización y la movilización popular es el detonante que romperá las cadenas que nos oprimen. Respaldemos toda protesta popular o sectorial, su masificación y la reivindicación y ejercicio del artículo 68 de nuestra Constitución.

4. Es momento de definiciones del liderazgo. Ya no basta compartir el objetivo de salir de la dictadura, es fundamental compartir una estrategia para lograrlo. Decidir enfrentar al régimen o someterse a sus reglas y cadenas. Hoy reafirmamos nuestra decisión: enfrentar a la dictadura y jamás someternos a ella.

5. Valoramos la presión internacional como respaldo a nuestro hacer interno como venezolanos demócratas. La dictadura es un problema hemisférico y la injerencia del régimen cubano y el narcotráfico nos obliga a construir aliados internacionales que nos ayuden a restituir el orden democrático.

6. Nicolás Maduro es un usurpador, la ANC es fraudulenta y el CNE es ilegal. Reconocemos el carácter constitucional y legal de la Asamblea Nacional.

7. La dictadura se sostiene con el uso ilegal e inconstitucional que hace de las armas de la República. Nuestra constitución contempla una función y responsabilidad muy clara de la Fuerza Armada Nacional tanto para lograr la democracia como para reconstruir a Venezuela.

8. Creemos en el voto, pero no en ser legitimadores de fraudes. Lucharemos por salir de la dictadura y tener elecciones verdaderamente libres. No apoyaremos ni acompañaremos farsas organizadas por el régimen para intentar ganar estabilidad.

9. No participar en negociaciones que oxigenen al régimen. Ratificamos que no participararemos en ningún proceso de negociación que no tenga como objetivo la salida del poder de la dictadura y el paso a una transición democrática.

10. Construyamos un Gran Acuerdo de Transición y Reconstrucción Nacional. Debemos presionar a la dictadura y al mismo tiempo construir esperanza y estar listos para la transición y garantizar estabilidad democrática, convocatoria de elecciones libres, gobierno plural de unidad nacional, atención a la emergencia humanitaria, la recuperación de nuestra industria petrolera, de nuestra moneda nacional y de nuestra estructura productiva y económica. Nadie puede solo. Proponemos la postergación de las aspiraciones presidenciales para cuando tengamos elecciones libres y el compromiso de no reelección de parte del Presidente del Gobierno Constitucional de Transición.

Proponemos estos 10 puntos como la base de una estrategia unitaria para construir un movimiento de presión nacional que nos permita conquistar un nuevo 23 de Enero y desalojar del poder al dictador.

¡Fuerza y fe!

Caracas, 24 de julio de 2018

Voluntad Popular

Partidos que no participaron el #20May no podrán inscribirse para municipales – La Patilla – 13 de Julio 2018

2018-02-05T223719Z_1636837403_RC13635C0F50_RTRMADP_3_VENEZUELA-POLITICS.jpgEl CNE en la voz de la rectora Tania D´ Amelio informó que los partidos políticos que no participaron en el proceso del pasado 20 de mayo no podrán inscribir candidatos para el próximo evento del 9 de diciembre correspondiente a los concejos municipales.

A través de su cuenta de Twitter, informó que la prohibición se origina por lo publicado el 27 de diciembre del 2017 en la gaceta N° 41.308. El escrito reza que, “las organizaciones que no postularon en elecciones nacionales, regionales o municipales inmediatamente anterior a este nuevo proceso electoral municipal, no podrán postular en éste y deberán ir a un proceso de renovación”.

Un total de 4.900 cargos serán renovados en esta oportunidad, evento que se celebrará con un año de retraso, al igual que ocurrió con los de gobernadores que debieron realizarse en 2016 pero recién fueron convocados en 2017.

TSJ legítimo ordena a la AN la incorporación inmediata de los diputados Amazonas – La Patilla – 10 de Julio 2018

2016-01-07T024526Z_124658646_GF20000086081_RTRMADP_3_VENEZUELA-POLITICS.jpg

La Sala Constitucional del TSJ legítimo, en ponencia de la Magistrada Elenis Del Valle Rodríguez Martínez, anuló este lunes 9 de Julio, la Decisión No 260 (Expediente No AA70 – E- 2015 – 000146) “de la Sala Electoral del ilegítimo TSJ dictada en Diciembre de 2015” y ordenó la incorporación inmediata de los diputados por el estado Amazonas JULIO HARON IGARZA, NIRMA GUARULLA y ROMEL GUZAMANA a sus cargos y, la restitución de todos sus derechos.

La Sala acordó además enviar dicha decisión a organismos internacionales como Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), Parlamento Europeo y Grupo de Lima con la finalidad de que “examinen posibles medidas sancionatorias contra INDIRA M. ALFONZO IZAGUIRRE, MALAQUÍAS GIL RODRÍGUEZ, JHANNETT MARÍA MADRIZ SOTILLO, FANNY MÁRQUEZ CORDERO, CHRISTIAN TYRONE ZERPA” ponente y magistrados del tribunal de facto que opera en Venezuela y, quienes suscribieron la írrita sentencia que afectó derechos individuales y colectivos.

El escrito será remitido igualmente a “Tibisay Lucena, quien funge como Presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), a la Asamblea Nacional en la persona de su presidente Dr. Omar Barboza, a la Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz, y a la Fuerza Armada Nacional, en sus cuatros componentes, a los fines legales pertinentes”

Con esta decisión del TSJ legítimo, la Asamblea Nacional recupera su integración inicial producto de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, y la fracción de oposición la mayoría absoluta.

 

Resultados reales del 20M según Luis Emilio Rondón – 14 de Junio 2018

Luis Emilio Rondón – Rector del CNE:

Resultados Reales de las elecciones :

  • 20-05-18 (REP): 20.750.809
  • Votos Validos: 3.590.040 = 17,3%
  • Nicolas Maduro: 1.811.220 = 8,73%
  • Henri Falcón: 1.436.861 = 6,4%
  • Bertucci: 327.749 = 1,58%
  • Reinaldo Quijada: 14.210 = 0,0%
  • Abstención: 82,70%

Carta de amor a Roberto Ampuero, el canciller de Chile por Elizabeth Fuentes – El Cooperante – 5 de Junio 2018

 

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Caracas.- Querido Canciller:

Prometo no aburrirle ni caer en la tentación de empalagarlo o ser cursi, lo primero que ocurre cuando se trata de una declaración de amor urgente, como esta, donde el sentimiento surge a primera vista y sin previo aviso. Un flechazo radiante que creció y creció a medida que usted se dirigía a Jorge Arreaza, ese pequeño dictador venezolano sin alma en la mirada, a quien usted desnudó en los pocos minutos que duró su inolvidable intervención, una paliza verbal sin un adjetivo demás, sin una grosería mediante, pero que dejó en la lona la arrogancia del funcionario chavista, reducido al ridículo mientras en la sala y en la audiencia y en casi toda Venezuela aplaudíamos su inteligencia y su coraje.

Lamentablemente, ese pequeño dictador parecía no tener idea de quién era usted cuando trató de agredirlo, como a todos. Porque la ignorancia suele ser la gran aliada del gobierno de Venezuela, no solo ejercida desde el poder – se asombraría usted de los curriculum y experiencia de la mayoría del tren ejecutivo-, sino también alimentada meticulosamente desde el poder con miras a gobernar para siempre a un pueblo iletrado, sin el equipaje intelectual necesario para discernir. De manera que se han dedicado durante 20 años no solo a destruir escuelas, universidades, diarios, librerías y organismos dedicados a la investigación, sino a convertir a los votantes (lo único que les importa), en gente hambrienta capaz de cambiar su voto por una caja de comida porque, como dijo públicamente uno de los “próceres” de esta desgracia, “no los vamos a sacar de la pobreza para que se conviertan en escuálidos -así le dicen a los opositores- y no voten más por nosotros”.

Pequeño dictador que no debe saber que usted ha escrito más de 15 novelas, que es profesor en universidades de Estados Unidos y que pasó por la izquierda pero la abandonó nada menos que estando en Cuba, cuando se percató de que el socialismo real era una falacia, como lo escribió el año 2013 en el diario chileno El Mercurio, donde además pidió perdón públicamente por todos los errores cometidos “porque entre 1970 y 1973, desfilé por las calles convencido de que a la democracia de Chile había que arrojarla por la borda”.

Pues permítame decirle que ese pequeño dictador mintió sin vergüenza alguna frente a usted y todos los cancilleres de la OEA, usando la vieja estrategia nazi de “mientras más grande sea la mentira, más la creerán”: Aseguró que Nicolás Maduro ganó con 9 millones de votos (no llegó ni a 6 en unas elecciones injustas y fraudulentas) y dijo que durante las protestas del año pasado los opositores “quemaron vivas a 29 personas porque tenían el color de la piel oscura y los confundieron con seguidores del gobierno”. Una mentira del tamaño de las guayaberas de Nicolás Maduro, porque semejante hecho habría sido no solo una noticia a escala planetaria, sino que habría evidenciado la inutilidad de un gobierno que permitió semejante barbaridad. Cuando la verdad fue que hubo un joven quemado del bando opositor, a quien le estalló en las manos una bomba molotov, imagen terrible que dio la vuelta al mundo y por la cual el venezolano Ronaldo Schemidt se ganó el primer premio en el certamen de fotografía World Press Photo.
Aunque la más grande mentira de nuestro Goebbels tropical fue haber asegurado que el Consejo Nacional Electoral es el mejor del mundo, que ninguno de los países allí presentes tenían algo parecido y que era un garante de transparencia, cuando media humanidad sabe que ese CNE está al servicio del gobierno desde los días de Hugo Chávez, que sus rectoras son fichas claves de Nicolás Maduro y que para cada elección afinan sus trampas sin disimulo para convertir a Maduro en una suerte de Emperador.

En fin Canciller, no le aburro más. Por ahora me dedicaré a buscar sus novelas, todo un acto de amor en esta Venezuela sin librerías.Trataré de acercarme a usted de la manera más bonita posible, como es leerlo y admirarlo en secreto. Y me despido agradeciéndole ese momento magnífico que tanto bien le trajo a mi alma ( se me salió lo cursi, lo siento….), y que me puso a rebobinar esa escena de usted ante Arreaza, esa que siempre hemos querido protagonizar la mayoría de los venezolanos

 

Venezuela luego del proceso electoral por Luis Vicente León – ProDaVinci – 27 de Mayo 2018

lvl-300x359Habiamos escrito en este espacio sobre los posibles escenarios electorales para Venezuela, las incertidumbres críticas que los definian, así como sus predeterminados. Ocurrió en fecha, la variable definitoria fue la participación y el escenario al que dimos mayor probabilidad de ocurrencia se cumplió: Maduro retuvo el poder, empujado por una fuerte abstención y por el control institucional del Estado, en medio de una elección llena de vicios, miedo y ventajismo.

Aún sí, el resultado anunciado por el CNE para Maduro es muy pobre en términos de la participación de su propia base de soporte. Ni siquiera el chavismo, con toda su maquinaria, los recursos del Estado y la presión social fue capaz de mover una cantidad de electores chavistas similar a los eventos electorales previos. Se vanagloria de obtener 68% de los votos, en una elección que presenta la más alta tasa de abstención de un evento presidencial en Venezuela y en el que obtiene menos de un tercio de los votos potenciales del país. Esta elección adelantada no logró el objetivo de legitimación que buscaba. Todo lo contrario, se multiplican y refuerzan las denuncias de fraude y abuso de poder, se reunifica puntualmente la oposición, al menos en el aspecto de desconocimiento electoral y de legitimidad de origen, y la comunidad internacional reacciona en negativo, como era de esperar, agudizando sanciones y restringiendo, incluso en el caso de países de América Latina, las relaciones diplomáticas con Venezuela.

Las probabilidades de que el gobierno logre salir de la crisis de legitimidad por medio de una negociación política que distienda la situación interna son muy bajas y los escenarios que se plantean para el futuro cercano son negativos. Más sanciones, más crisis económica, más tensión interna e internacional y más represión del gobierno para evitar los riesgos inherentes a un país en crisis. El discurso de Maduro hacia el sector privado es amenazante, por lo que la posibilidad de un acuerdo por esa vía, se ve limitada. Y las amenazas y la represión, tampoco servirán -nunca han servido- para controlar el desborde cambiario y de precios, que hace la situación económica del país insostenible. La hiperinflación, por otra parte, hará lo que siempre ha hecho: incrementar sus costos exponencialmente y obligar a cambiar el modelo, quieran o no.

Las sanciones internacionales económicas, financieras y petroleras que se disparan contra la economía en general afectarán a todos los actores internos, no sólo al gobierno. Este último probablemente intentará construir un nuevo mapa de relaciones económicas internacionales, una estrategia clásica en países bajo sanciones. Aliados económicos no convencionales, pagos por compensación de deudas (para evitar transferencias) , reorientación de clientes y proveedores, y primitivizacion de la economía. Pero algo parece claro. La situación interna del chavismo es compleja. El triunfo de Maduro es débil y los propios chavistas tienen que ver su futuro y el de sus familias en riesgo severo frente a un mundo que los tiene en la mira.

El riesgo de fractura sigue presente y Maduro intenta controlarlo, por lo que la persecución interna en el chavismo clásico y el sector militar continuará y se agudizará, generando quizás miedo, pero también riesgos de implosión. Mientras tanto, la oposición sigue teniendo el reto gigante de abandonar la retórica política y todo aquello que los debilite y divida y convertir su símbolo de ilegitimidad del gobierno en acción para provocar los cambios antes de que se la coma la desesperanza y la frustración, como ocurrió antes en países con gobiernos ilegítimos y sancionados como Cuba, Corea, Zimbabue y Siria.

How Electoral Frauds are Made in Venezuela by Carlos Alberto Montaner – Latin American Herald Tribune –

 

CarlosAlbertoMontaner headshot.jpgLatin American genius Carlos Alberto Montaner on how the Venezuela Regime will never let the Opposition win a peaceful electoral route to power

Venezuela’s opposition made the right move when it decided not to vote in the presidential election on May 20.

Allowing the government to drag the opposition again to the slaughterhouse would have been foolish. With that National Electoral Council (or CNE, its acronym in Spanish), with that electoral register and without guarantees of fair play, it was impossible to participate. The opposition could not engage with that filth not even for one more minute.

President Nicolás Maduro says that more than six million Venezuelans voted for him, although the streets and polling stations were almost empty. According to the most trustworthy estimates, only 3.5 million citizens voted, and Maduro must have received a little more than 2.4 million votes. The CNE claims that 46% of the electors went to vote. Actually, only around 17.5% showed up.

The official percentage tried to approach the mythical 50% and, in any case, the 48% who voted in the Chilean elections. If that presence at the polls made Sebastián Piñera’s victory legitimate, why wouldn’t it be the same with Maduro? With 17.5%, the results could be arguable. But with 46%, the triumph was undeniable.

The first time that Hugo Chávez committed a huge electoral fraud was in the recall election of 2004. He was losing 60-40 at 6 o’clock in the afternoon, when the polling stations were supposed to close.

Dr. Jorge Rodriguez — then President of the supposedly impartial CNE and now the regime’s Minister of Information — suspiciously announced that he was going to sleep, admitting with his body language that he knew what would happen: in the early morning, when the nation dreamed of a better destiny, he announced that Chávez had won 59-41. Magically the results had been reversed. Jimmy Carter endorsed the fraud. I don’t know if he did it because he was naive, because they deceived him, out of interest or to avoid an armed confrontation.

How did they do it this time? As they have been doing it since then, when they find it necessary. I used to think it was a complex operation involving the hairy Cuban hand from a sinister computer center installed on the island, but the matter was simpler and closer to home, with good Venezuelan technicians in charge of the dirty business.

Once the voting was officially completed, the Smartmatic company, the electronic organizer of the elections, financed by the Chávez regime, obtained the real sum and calculated the size of the fraud necessary to “win”. At that time virtual votes were made, dispersed along the electoral geography and added to the final account. If the opposition demanded a manual recount, it was indefinitely postponed or denied, as happened to Henrique Capriles in 2013.

This was known with total certainty in August 2017, when Antonio Mugica, president of Smartmatic, today a serious company based in London, with hundreds of employees and multiple clients, that tries to move away from its compromising Chavista past, revealed that the elections for choosing the illegal National Constitutional Assembly had been fueled by a million false virtual votes. On May 20, they simply multiplied the fraud by three.

From a moral viewpoint, the trick does not mean anything to the Chavistas. It is only a revolutionary mean. If in 1992 they tried to topple the government through a military coup, why would they refrain from altering a ridiculous “bourgeois” election that is just a procedure to stay in power? Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena — that lady with the face of a kind and harmless grandmother — and the entire CNE, can sleep soundly. They only give the results. The votes are there, tangible and ready, placed by the electronic arm of the Chavista revolution.

But probably this time the fraud was useless. Eighty percent of the truly democratic nations will not recognize Maduro’s government and are demanding free elections, supervised by a neutral entity. U.S. Vice President Mike Pence and Senator Marco Rubio promise that their country will apply a financial harassment against Maduro’s dictatorship and a systematic persecution against the legion of corrupt Chavistas.

The United States is the only nation on the planet that can financially destroy any enemy country. It can punish China, Russia and Iran for helping Maduro’s government. It can threaten Cuba with the elimination of the exiles’ remittances to their relatives on the island or with the full application of the Helms-Burton Law, instead of suspending certain parts of the law every six months, which means that no foreign company could operate in the U.S. or with the U.S. if Cuba keeps its control over the Venezuelan armed forces.

The United States, of course, has the stick. But we don’t know if it’s able to use it.

Carlos Alberto Montaner is a journalist and writer. Born in 1943 in Cuba and exiled, Montaner is known for his more than 25 books and thousands of articles. PODER magazine estimates that more than six million readers have access to his weekly columns throughout Latin America. He is also a political analyst for CNN en Espanol. In 2012, Foreign Policy magazine named Montaner as one of the fifty most influential intellectuals in the Ibero-American world. His latest novel is A Time for Scoundrels. His latest essay is “The President: A Handbook for Voters and the Elected.” His latest book is a review of Las raíces torcidas de América Latina (The Twisted Roots of Latin America), published by Planeta and available in Amazon, in printed or digital version.

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