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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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La cartilla de racionamiento de Maduro por Alonso Moleiro – El País – 2 de Septiembre 2018

Millones de venezolanos, incluso opositores, se cobijan en el paraguas del carnet de la patria para tratar de paliar los estragos de la crisis

Venezolanos, en una protesta contra la política económica del Gobierno de Maduro. En vídeo: Doscientos jubilados venezolanos piden a Maduro que no retrase los pagos de sus pensiones. AFP | ATLAS

Gladys Judith Aular exhibe una pequeña tarjeta, similar a un documento de identidad. De este carnet dependen los exiguos beneficios con los que el aparato chavista busca asegurarse el control de la población venezolana. El pasado 20 de mayo, día en que se celebraron unas elecciones presidenciales rechazadas por la oposición y la mayoría de la comunidad internacional, esta caraqueña de 62 años salió de un centro de votación del barrio de Petare y se dirigió a uno de los puestos del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), conocidos como puntos rojos. Lo hizo para certificar su asistencia a las urnas y su fidelidad al chavismo a través del llamado carnet de la patria, la versión venezolana de una cartilla de racionamiento.

La oposición denuncia que es una herramienta de control social enfundado en un programa de asistencia, y que su puesta en práctica constituye un chantaje orquestado en el cual se oficializa la discriminación política. Un análisis extendido compara el carnet de la patria con instrumentos frecuentes en la Cuba de Fidel Castro, como las famosas cartillas de racionamiento. Existen diferencias, aunque el fin último que persiguen converge sobre un objetivo estratégico: información que permita el control político y condicione las ayudas estatales.

Ese uso quedó demostrado en las últimas elecciones, cuestionadas por fraudulentas dentro y fuera de Venezuela, y que oficializaron la reelección de Nicolás Maduro. Unas 15 millones de personas, según las cifras oficiales, tienen ese carnet. Es decir, alrededor de la mitad población antes del éxodo masivo de los últimos meses. Se trata sobre todo de militantes chavistas, aunque la catástrofe económica lleva a solicitarlo incluso a los que no tienen simpatías con Maduro.

Gasolina subsidiada

Con el paso del tiempo y el agravamiento de la situación Maduro ha procurado fortalecer un sistema de subsidios que dependen de este documento. El Ejecutivo trabaja a toda velocidad para ampliar su cobertura. El último peldaño ha sido el anuncio en el cual queda oficializado que su tenencia garantiza el combustible a precios subsidiados, así como el pago del transporte público, y el acceso al programa de vivienda.

Estos días hay en las filas de la oposición un acalorado debate en torno a la moralidad del uso del carnet de la patria. Siguen existiendo importantes sectores sociales de ciudadanos, especialmente en las clases medias y altas, que rechazan de plano la posibilidad de sacárselo, al considerarlo un instrumento de esclavitud. Pero un número creciente de dirigentes, ubicados a la izquierda del amplio espectro de la oposición, como Henrique Capriles Radonski, han justificado que los ciudadanos más humildes recurran al carnet para poder alimentarse y tratar de hacer frente a la escasez, y han pedido comprensión para quienes se ven obligados a acudir a sus beneficios, que en definitiva siguen siendo muy magros frente a la magnitud de la crisis.

Los servicios del carnet de la patria incluyen varios bonos lanzados por el Gobierno y el acceso teórico a programas como el “plan parto humanizado”, el “plan chamba juvenil” y el acceso a las bolsas de comida repartidos por los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Estas cajas contienen un puñado de productos básicos y suelen llegar con retraso a las familias.

Conforme el panorama económico del país se fue deteriorando, el acceso a los servicios del carnet de la patria pasó a convertirse en un dilema fundamental para parte importante de la población. Mientras los precios aumentaban descontroladamente, los productos comenzaron a escasear, y los funcionarios chavistas aprobaban sus inútiles operativos de fiscalización comercial, esta tarjeta ofrecía un mínimo de oxígeno. Pero también dependencia del chavismo.

El documento tiene un código QR que le permite al régimen disponer de un mapa con información sobre la población beneficiada. En una de sus alocuciones para justificar su creación, Nicolás Maduro afirmó: “El Carnet de la Patria nos permitirá llegar a donde no estamos llegando. Para llegar a las catacumbas de los hogares venezolanos, con amor, con la mano, con la protección de una revolución que tiene que renovarse”.

PROTESTAS DE JUBILADOS POR EL PAGO DE LA PENSIÓN

Jubilados venezolanos protestaron ayer frente a las entidades bancarias y bloquearon avenidas de Caracas para exigir el pago de sus pensiones en efectivo. Las protestas se producen en medio de un corralito de facto y después de que el presidente, Nicolás Maduro, anunciara el jueves que a partir de ayer podrían cobrar una parte del total, el 25% del nuevo monto de las pensiones, es decir, 450 bolívares soberanos, que equivalen a 7 dólares según la tasa oficial. Debido al proceso de reconversión monetaria que le quitó cinco ceros a la moneda y tras el abrupto aumento de las jubilaciones, el presidente anunció que este mes el pago se haría de forma fraccionada.
El anuncio de Maduro provocó que cientos de pensionistas amanecieran haciendo largas filas frente a las agencias de los bancos públicos y privados, que no abren durante los fines de semana. Los jubilados venezolanos piden cobrar sus pensiones en efectivo porque aseguran que los precios de los productos son más altos si se pagan por transferencia o con tarjeta bancaria. Entre consignas como “basta ya de engaños, queremos la pensión” y letreros en los que se podía leer “hay hambre”, algunos usaron escombros para bloquear avenidas.

Emigración, remesas y CLAP:  Las tres muletas de Maduro por Andrés Becerra – Caracas Chronicles – 9 de Agosto 2018

Muchos, tanto dentro como fuera de Venezuela (Nicholas Casey del The New York Times, por ejemplo), se preguntan con razonable incredulidad:  “¿Cómo es posible que Maduro mantenga el control de Venezuela, en medio de una crisis socioeconómica semejante? ”

Creo que ha tenido tres muletas muy útiles: emigración, remesas y CLAP.

Es difícil calcular el número de migrantes venezolanos desde 1999 (y mucho menos 2012 o 2017), por lo que algunas organizaciones hacen aproximaciones.

Consultores 21 dice que al menos 4 millones de venezolanos habían abandonado el país en diciembre de 2017, y la Organización Internacional de Migraciones indica que 944,880 venezolanos han dejado estos últimos dos años.

Además, para los que aún están en Venezuela, está muy claro cómo todo el país pierde gente a diario: conducir en Caracas es un pan comido hoy, porque no hay tráfico (causado por una gran falta de piezas y baterías).

La consecuencia de la emigración es más simple que trágica: con menos personas en el país, tienes menos protestas por comida, medicinas y servicios públicos, menos activistas políticos y patrocinadores financieros; de hecho, debe distribuir menos productos para mantener al país en paz. ,*Menos personas, menos problemas para el chavismo*.

Por supuesto, si más personas abandonan el país, los que quedan recibirían más remesas de amigos y parientes emigrados, lo que significa que hay más personas dentro que podrían enfrentar la escasez e hiperinflación.

Según Datanálisis, el 9% de los venezolanos reciben remesas (se podría argumentar que el gobierno mismo está interesado en un recorte de este pastel).

La tercera muleta es el sistema CLAP: si puedes controlar la distribución de alimentos escasos y caros, repartiendo selectivamente lo que decides dar, tienes una muy buena herramienta para mantener el control: las personas no pueden protestar si están esperando el CLAP.

Según Datanálisis, el 50% de los venezolanos han recibido una caja CLAP al menos una vez, y el 20% de la población recibe cajas CLAP regularmente.

El sistema CLAP, por cierto, tiene sus propias limitaciones en su control, como explica Anabella Abadi.

Existen otras herramientas de ingeniería social (hiperinflación, escasez, delincuencia y miedo), pero la emigración, las remesas y las cajas de CLAP están siendo muy eficientes en este momento.

¿Por cuanto tiempo? Los cálculos son un ejercicio difícil en este contexto, pero creo que el tiempo juega a favor del chavismo, precisamente por el efecto sumado del sistema antes mencionado: menos personas que mantener bajo control, menos bocas que alimentar, más remesas que ayudan a que mitiguen sus carencias.

_Beneficios por todos lados_.
*Una estrategia cubana de alta (y perversa) eficiencia*.

La peste Venezuela y el Orán de Camus por Héctor E. Schamis – El País -28 de Julio 2018

download.jpgHe seguido a Venezuela por décadas. Inicialmente por la anomalía de su democracia petrolera, luego por el colapso del puntofijismo y su consecuente vacío, un escenario propicio para el surgimiento del populismo. Más tarde fue la construcción de un régimen autoritario. Y a partir de 2014 por la crisis política profunda, la cual pensé que era irreversible e implicaba una inminente caída de dicho régimen. 

Erróneamente, pues allí sigue. Lo cual me causa perplejidad al mismo tiempo que corrobora mi ignorancia. Dicho régimen no gobierna, en el sentido estricto del término, pero sí ocupa el poder. Su rasgo más saliente es la degradación institucional causada por una fuerza política que se convirtió en organización criminal estando en control del aparato del Estado.

O de sus ruinas. Así es cuando la corrupción captura la política y los warlords venezolanos se disputan la apropiación de los recursos lícitos e ilícitos. Lo que queda de ese Estado tanto como lo que queda de la salud pública, el tejido social, la estructura productiva y la moneda en un país que parece haber sido destruido por una peste, un país convertido en el Orán de Albert Camus. 

Cómo no pensar en La peste, donde se revela lo mejor y lo peor. Está el Doctor Bernard Rieux, un médico abnegado que dedica sus esfuerzos a curar, pero también está el Doctor Richard, dubitativo y negador de la realidad, hasta que la peste lleva su propia vida. Está el periodista Raymond Rambert, a quien la peste encuentra en Oran por casualidad, pero que se queda a luchar contra la enfermedad y hace de esa lucha su prioridad. Y está también Cottard, personaje con pasado criminal para quien la peste es la oportunidad de lucrar por medio del contrabando. 

Alcanza con leer las noticias sobre Venezuela para leer a Camus. Una noticia recorre las redes. Muchos de los alimentos distribuidos por el gobierno a través del sistema CLAP no son aptos para consumo, llegan pasada su fecha de expiración. En un video que se hizo viral se observa un paquete de frijoles atiborrado con gorgojos. 

Los medios reportan rupturas en las tuberías de varias ciudades del país, produciendo fugas de agua potable y generando escasez. El problema se ha vuelto permanente en muchas urbanizaciones de Caracas. Hay casos de vecinos que se han puesto de acuerdo para contratar empresas de ingeniería privadas y realizar excavaciones en busca de pozos. O bien lo hacen por su cuenta. Allí tiene el lector una definición abreviada del concepto “Estado fallido”. 

La prensa informa acerca de una reciente investigación de Susana Raffalli, conocida experta en seguridad alimentaria. En 16 estados del país, el 15 por ciento de los niños están en riesgo de morir por desnutrición. Ello significa un retroceso de 50 años en el sector salud. No es una cifra a nivel nacional pero es suficientemente crítica. El 33% de los recién nacidos ya exhiben un atraso de crecimiento irreversible. 

Esta semana el FMI pronosticó una inflación anual de un millón por ciento en Venezuela para este año. Ello como concomitante del alto déficit fiscal, financiado con expansión monetaria, y una caída del producto proyectada de 18%, la cual debe agregarse a una contracción de 50% en los últimos cinco años. Se advierte que aumentarán las consecuencias migratorias para los países vecinos. 

Con un sistema de precios destruido, se erosiona la normatividad fundamental de toda la sociedad. Cuando nadie conoce el valor de lo cotidiano, las conductas son puro individualismo; “anomia”, lo llaman los sociólogos. Ello destruye el tejido social, tal como lo expresa el éxodo ininterrumpido. La hiperinflación también es una plaga. 

Los periódicos informan que la Asamblea Nacional, la legislatura elegida legítimamente, ha iniciado una investigación sobre la nacionalidad del presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, Miguel Ángel Martín. Lo hicieron mediante un oficio enviado a la Cónsul General de España, no a través de una consulta con el interesado. Lo absurdo es que Martín fue elegido junto con otros 12 magistrados por la propia Asamblea Nacional, cumpliendo con su prerrogativa constitucional, en julio de 2017. 

Dejaron el país a consecuencia de la persecución del gobierno. Desde el exterior el TSJ trabaja sobre casos por demás sensibles. Entre ellos, la destitución de Maduro y la formación de un gobierno en el exilio, y el caso Odebrecht con sus aportes a las campañas del oficialismo y, según algunos, de la oposición por igual. 

Venezuela hoy o el Orán de Camus en 1947, la vida, el poder, la grandeza y la miseria. Y la peste.

Índice Global revela que en Venezuela la esclavitud es política de Estado por Sabrina Martín – Panampost – 19 de julio 2018

En el país suramericano unas 174.000 personas sufren situación de esclavitud, con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes.

Unas 174.000 personas sufren esclavitud moderna en territorio venezolano con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes (Twitter)

De todo el continente americano, Venezuela y Haití lideran el Índice Global de Esclavitud moderna. El país gobernado por Nicolás Maduro ahora no solo se destaca por ser la nación con la inflación más alta del mundo y los salarios más bajos de la región, sino también por ser uno de los que mantiene en vigencia la esclavitud.

El Índice Global de Esclavitud 2018, que publica anualmente la organización de ayuda Walk Free Foundation en Australia, define la esclavitud como una “situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño”.

Según el estudio, en el país suramericano unas 174.000 personas sufren esa situación en territorio venezolano con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes. Esa proporción es similar a la de Haití, donde unas 59.000 personas serían víctimas de dicho flagelo.

A las incidencias de esclavitud moderna, también se suman República Dominicana, Cuba y Honduras, a pesar de que sus números no alcanzan las cifras de Venezuela.

Isabel Pereira, Doctora en sociología y coordinadora del Observatorio de la Propiedad de Cedice Libertad, señaló a PanAm Post que en Venezuela, como ocurre con los esclavos, los ciudadados no son libres ni en materia económica, política ni social.

“Un país que tenía las mejores condiciones ha convertido a los ciudadanos en esclavos modernos sin ninguno de sus derechos”, agregó.

“A mí no me extraña que Venezuela sea una de las primeras en esclavitud, porque lo que ha ocurrido en los últimos tiempos es una total pérdida de la libertad del ciudadano”, explicó.

Pereira señaló que no es solo que el venezolano perdió el derecho de alimentarse correctamente, es el hecho de que además perdió sus poderes: el poder de elegir, de opinar, de decidir.

“Lo que se puede llamar como esclavitud moderna en Venezuela es que hemos perdido todos nuestros derechos, nosotros no tenemos la libertad”, sentenció.

En la nación que actualmente enfrenta una dictadura moderna, se registran miles de casos de amenaza, violencia y coerción por parte del régimen.

Y es que la primera señal de esclavitud en Venezuela se da con los paupérrimos salarios de los trabajadores, pues un sueldo mínimo en ese país equivale a USD$ 1 mensual, al tiempo en que una canasta básica familiar cuesta 220 millones de bolívares (USD$ 78,5), obligando a los venezolanos a buscar más ingresos para poder sobrevivir.

Otra señal de esclavitud se da con la dependencia que tienen los venezolanos de las cajas de alimentos subsidiadas por el régimen.

Ante la escasez de alimentos que hay en el país suramericano y la hiperinflación desbordada, Nicolás Maduro ingenió un mecanismo de sumisión con el que chantajea al pueblo venezolano. Les ofrece comida a cambio de votos y apoyo popular.

Maduro ha dejado claro que con las cajas de alimentos CLAP mantiene dependientes a los trabajadores estatales y a los electores de más bajos recursos.

Pero como si esto fuera poco, el régimen también creó “el carnet de la patria”, otro mecanismo de sumisión y esclavitud con el que el Ejecutivo mantiene un control sobre la sociedad. Todo venezolano que tenga dicho “beneficio” debe ser chavista y gracias a ello obtener acceso a vacunas, vivienda, y otras misiones sociales creadas por el oficialismo.

Ante esto, los venezolanos se ven “obligados” a depender del Gobierno, trabajar por bajos sueldos o “vender sus consciencias” a cambio de comida o beneficios.

“El carnet de la patria es un instrumento de esclavitud moderna porque con comida y ‘beneficios’ te dan recursos para que financies tus necesidades básicas”, sentenció Pereira.

“En Venezuela uno no puede tener un proyecto de vida, el salario ni si quiera te permite comprar la comida, y para conseguir trabajo en la mayoría de los casos tienes que trabajar para el Gobierno, porque las empresas están cerrando. Uno no es libre en el país”, concluyó.

Red que se lucra del hambre enVenezuela opera desde Europa por Miriam Burgués/EFE – La Patilla – 16 de Julio 2018

Unknown.jpegLa red criminal trasnacional que se lucra de la venta y distribución de alimentos esenciales para la población en Venezuela, causando hambre en este país, tiene vínculos con personas y empresas que operan desde naciones de la Unión Europea (UE), según el ministro colombiano de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

La información recopilada y compartida por las autoridades de inteligencia financiera de Colombia, México, Panamá y Estados Unidos está sirviendo para que “quede evidente al mundo que el hambre que hay en Venezuela es un hambre inducida”, provocada por la “corrupción”, explicó Cárdenas durante una entrevista con Efe en Madrid.

El ministro, que participó en la capital española en un seminario sobre infraestructuras organizado por la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, es uno de los integrantes del grupo de trabajo creado por los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Estados Unidos para detectar y luchar contra los entramados corruptos vinculados al régimen del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

El grupo se reunió la semana pasada en Cartagena (Colombia) para abordar el caso específico de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) venezolanos, promovidos por el Gobierno de Maduro y encargados de distribuir alimentos de primera necesidad.

Cárdenas detalló que existe un entramado que vende esos alimentos a un sobreprecio y desvía fondos “que se mantienen en cuentas de funcionarios o testaferros del régimen de Maduro”.

Algunas de las personas y empresas de ese entramado corrupto operan desde países de la UE y, por ello, se ha invitado a la próxima reunión del grupo, fijada para septiembre en Washington, al Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac) e Infracciones Monetarias de España.

Según Cárdenas, también “se va a involucrar a las fiscalías” de los cuatro países del grupo de trabajo, dado que “el caso está ya para pasar a la etapa de imputaciones”.

La labor de las unidades de inteligencia financiera “será un insumo determinante para decisiones” frente a la crisis en Venezuela “que se puedan tomar en el escenario no solo judicial, sino también político”, aseguró el ministro.

Por otro lado, Cárdenas resaltó durante la entrevista “el momento extraordinariamente positivo” que, a su juicio, está viviendo Colombia, aunque lamentó que en la reciente campaña electoral se usara “el desprestigio” del país “como instrumento político sin ningún tipo de sustento”.

“Ha habido muchas ‘fake news’ (noticias falsas) sobre la situación en Colombia”, según Cárdenas, que entregará la cartera de Hacienda a Alberto Carrasquilla en agosto, cuando asumirá el nuevo Gobierno del presidente electo, Iván Duque.

Las reuniones de transición que ya ha mantenido con su sucesor han sido “muy cordiales, muy fluidas y con un espíritu muy constructivo”, añadió.

En su opinión, “el Gobierno que llega va a encontrar una economía en proceso de recuperación, con un crecimiento que se está acelerando”, tras un “ajuste difícil” a la nueva realidad de “convivir con menores ingresos petroleros” y a cambios “estructurales” como los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC.

Durante los procesos electorales “se tiende a descontextualizar y plantear un panorama que no es real”, puesto que “la economía colombiana está en uno de sus momentos más sólidos y fuertes”, señaló Cárdenas al destacar, entre otros, los buenos indicadores de inversión extranjera, acceso a financiación y llegada de turistas.

“El país está en una muy buena senda, el próximo Gobierno va a poder cosechar muchísimo de lo sembrado por este Gobierno”, insistió.

La conferencia “Infraestructura para la integración de América Latina”, celebrada en la Casa de América, ha reunido este lunes a ministros y responsables de Economía, Finanzas y Planificación de Bolivia, Brasil, Colombia, España, Paraguay, Perú y Uruguay, entre otras personalidades.

Se trata de la primera conferencia anual de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina en España, con objeto de ser un espacio permanente de dialogo donde representantes políticos y del sector privado compartieron experiencias y propuestas para las alianzas público-privadas.

La crisis, Maduro y la oposición por Trino Márquez – La Patilla – 4 de Julio 2018

UnknownLa crisis global que afecta a Venezuela forma parte de las conversaciones cotidianas de los venezolanos. Hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, hablan del drama que viven, en el Metro, en las paradas de autobuses y busetas, en las colas de los supermercados. En todos los espacios donde tienen oportunidad. Algunos circuitos y emisoras radiales, se convirtieron en altavoces de los millones de venezolanos que padecen la hiperinflación en los alimentos, la escases y los precios de vértigo de las medicinas, la pulverización de los salarios, el deterioro de los servicios públicos y el empobrecimiento generalizado. La ruina provocada por el régimen ha sido ampliamente documentada por distintas instituciones nacionales e investigadores particulares. The New York Times en español y otros medios internacionales dedican amplios y detallados reportajes a examinar aspectos particulares de la tragedia. La Academia de Ciencias Económicas elabora informes trimestrales. El más reciente documento de Cáritas constituye un libelo con denuncias inapelables acerca de la condición miserable de los venezolanos. El ciudadano normal siente y habla del castigo que los académicos y los medios de comunicación radiografían todos los días.

Ese cuadro -que ha provocado la estampida más grande que se conozca de venezolanos hacia el exterior y afecta seriamente a los países vecinos- no ha variado ni un milímetro, a pesar de las sanciones y la enorme presión diplomática internacionales, y de las numerosas protestas internas. Durante lo que va de 2018, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social ha contabilizado más de 5.500 manifestaciones en todo el país. Cada día registra los reclamos en las calles por algún producto que escasea, por un precio que resulta inaccesible o porque falta la electricidad, el transporte colectivo, la recolección de la basura o el agua.

Según algunos dirigentes políticos y analistas, el colapso generalizado es inducido por Nicolás Maduro, quien lo estimula. Lo multiplica y profundiza porque a medida que las penurias se ahondan, su poder se fortalece. La gente pasa a depender cada vez más de las migajas que concede el gobierno a través de los Clap, de los bonos que ocasionalmente reparte o de las distintas misiones que operan. Al individuo aislado, debilitado y abatido resulta más fácil someter. El gobierno luce invencible frente al ciudadano que lucha por sobrevivir en un medio donde no hay posibilidades de emplearse, ganar un sueldo suficiente para vivir con dignidad e independizarse. La descomposición generalizada, entonces, seria producto de una siniestra conspiración preconcebida para dominar a los venezolanos y convertirlos en esclavos de una banda de facinerosos, cuya única meta consiste en mantenerse en el poder a toda costa.

No tengo dudas de que, siguiendo las enseñanzas de sus maestros cubanos y rusos, algo de esto resulta cierto. Tanta estulticia no puede ser obra del azar. Los maduristas no quieren aprender ni siquiera de Evo Morales, quien conserva la presidencia gracias a que su liderazgo caudillista, se levanta sobre una sólida plataforma de éxitos económicos. Incluso los cubanos muestran mejores resultados en educación, salud y seguridad pública. La destrucción sistemática del país se debe a la telaraña ideológica en la que vive ese sector de la izquierda militarista. A su atraso teórico. A su infinita ignorancia. Y, desde luego, a su psicopatía. Son misántropos: figuras que por alguna razón recóndita odian a la humanidad. Es el caso de Delcy Rodríguez, quien convirtió sus deseos de venganza en la llama incandescente que la motoriza.

Sin embargo, el veneno que despiden esos seres sería menos letal si el costo político de incurrir en tantos desaciertos fuera mayor. Si destruir la nación, como están haciéndolo, les significara que podrían salir eyectados de Miraflores, seguramente se cuidarían más. Serían más comedidos en sus acciones. Reflexionarían antes de cometer las barbaridades y excesos que cometen.

Los responsables fundamentales de la demolición del país, no hay duda, son Nicolás Maduro y sus colaboradores. Los militares constituyen una pieza clave en ese entramado. Pero, sin la colaboración tácita, por omisión, de la dirigencia opositora, esa labor de exterminio no podría llevarse a cabo. Habría un contrapeso.

Nos corresponde tomar plena conciencia de que para detener esa fuerza destructora que día tras día acaba con la democracia y con cada empleo, cada empresa, cada servicio público, cada institución educativa u hospitalaria, hay que contar con una dirección política que aparezca como opción de triunfo frente a la barbarie. Mientras la dirigencia aparezca atomizada y confundida, el madurismo seguirá devastando a la nación y no servirán de nada ni la presión interna, ni la internacional.

Constituir esa dirección unitaria y esclarecida constituye una responsabilidad exclusiva nuestra. A ningún agente externo se le puede atribuir la culpa de que no exista.

¿Qué hacen los venezolanos para subsistir? por Luis Vicente León – ProDaVinci – 24 de Junio 2018

lvl-300x359Cuando uno ve la diferencia que existe entre salarios y costo de vida, no puede menos que preguntarse: ¿qué hacen los venezolanos para subsistir?

Muchos responderían que simplemente no subsisten. Si consideramos que el salario promedio no da ni para comprar un cartón de huevos, parece que esa respuesta podría tener sentido. Pero es obvio que, por muy grande que sea el segmento que se encuentra excluido y condenado a la mendicidad, éste es un grupo cercano al 14% de la población total, lo que nos obliga a pensar en el restante 86% que algo más están haciendo para vivir.

El grupo más grande de ellos (60%) se ha convertido en dependiente de las transferencias del gobierno. El ingreso de su trabajo no alcanza para cubrir necesidades básicas y su consumo está determinado por los subsidios. Quizás la política pública más importante en este sentido es el CLAP. Con una penetración irregular, pero elevada, cuando una familia accede a una caja o bolsa de comida, está recibiendo una transferencia directa superior a los 30 millones de bolívares. La media indica que más de la mitad de las familias logran obtener un CLAP por mes. En adición, este grupo recibe bonos y transferencias oficiales en un promedio de 5 millones de bolívares adicionales, que, sumado a lo que ganan directamente, nos da un ingreso superior a los 45 millones de bolívares mensuales por familia, equivalentes a unos 20 dólares (a la tasa del momento de cálculo). Es obvio que la calidad de vida de este grupo es muy baja. Sus ingresos sólo permiten cubrir un grupo de necesidades alimentarias básicas. Su situación es de pobreza y no tiene recursos para cubrir otras necesidades como salud, transporte, servicios y educación. Este grupo es lo que podríamos llamar el estrato bajo, pero con capacidad de subsistencia mínima, extremadamente dependiente del Estado, lo cual lo hace estar más preocupado por recibir sus transferencias que por protestar o participar en acciones de defensa de sus derechos económicos o políticos.

El restante 26% de la población tiene acceso a divisas extranjeras en diferentes magnitudes. El 11% porque tiene ahorros en el extranjero -una estrategia común en la época de las vacas gordas y el bolívar sobrevaluado-, que convirtió a Venezuela en el país con mayor cantidad de divisas privadas per cápita depositadas en el exterior de toda América Latina, incluso hoy, en medio de su peor crisis. Por supuesto que este ahorro privado juega un papel preponderante en el consumo actual de esa parte de la población, híper estimulada, además, por la subvaluación del bolívar, que hace que las divisas rindan mucho más en Venezuela que en el exterior (vivir en la ciudad más cara de Venezuela es cinco veces más barato que hacerlo en Miami). Otro 9% de los venezolanos están viviendo de las remesas de familiares y amigos. No es un ingreso que les haga ricos, ni les permite un consumo de lujo, pero sí los ubica muy por encima de la media de ingreso de los dependientes (tres veces más alta, para ser exactos) y les da holgura para la cobertura de necesidades básicas y emergencias. Y, finalmente, están los venezolanos que obtienen divisas producto de su trabajo en Venezuela, como compensaciones de sus patronos, participación en el mercado negro, contrabando de frontera o narcotráfico. Considerando el flujo migratorio actual, podemos proyectar que saldrán del país unas dos millones de personas más en los próximos tres años y el impacto sobre remesas será muy importante, convirtiéndolas, juntos a las repatriaciones, en las partidas principales de los ingresos futuros de la nación, lo que explica el interés manifiesto del gobierno en controlar, como sea, ese sistema.

Políticos mexicanos mala leche, cómplices de Maduro por por Juan Bustillos – Impacto – 24 de Mayo 2018

A costa de la salud de ancianos y niños venezolanos. millonario negocio inhumano

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Como si nos faltaran escándalos políticos, está por irrumpir uno mayúsculo que involucra a funcionarios federales y estatales mexicanos y a activistas de diferentes partidos políticos, en un millonario negocio inhumano a costa de la salud de ancianos y niños venezolanos.

Los nombres de los beneficiarios de este crimen contra la humanidad, están en manos de agencias norteamericanas y en cualquier momento llegarán a manos de autoridades nacionales y de la opinión pública.

No es noticia que ante la escasez y el elevado costo de los productos alimenticios en Venezuela, más de 14 millones de sus habitantes dependen de la recepción de cajas o bolsas (despensas) distribuidas a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) para alimentarse, aunque sin saberlo esta acción ponga en riesgo su vida, en especial la de niños y ancianos.

De hecho, la población más vulnerable que constituyen los menores de edad y la gente mayor, ha presentado cuadros de diarrea, vómitos y alergias, debido a la ingesta de la leche distribuida en las cajas CLAP, importada desde México con la complacencia de nuestro gobierno.

En el hospital de Catia La Mar, ubicado en el estado Vargas de Venezuela, decenas de enfermos, muchos adultos, pero sobre todo niños, llegan a diario; los padres atribuyen los síntomas de sus hijos al consumo de la leche distribuida por los CLAP porque es la única forma de ingerir lácteos porque el costo actual de la leche en polvo en Venezuela equivale a más de 2 salarios mínimos mensual.

MALA LECHE

Según los resultados de los análisis químicos realizados a varias de las presentaciones de la leche en polvo, proveniente de México y enviada a Venezuela para los CLAP, la marca “Suprema” contiene apenas 4.7 gramos de proteína por cada 100, en lugar de los 29 reflejados en la etiqueta y apenas 115.33 miligramos de calcio, comparado con los 900 que ofrece.

Por otra parte, el estudio químico realizado por la Universidad Central de Venezuela (UCV) sobre la marca “Mac Leche”, otra de las que se envían desde México al gobierno venezolano, evidenció que contiene solamente 8.79 gramos de proteína por cada 100 gramos de producto, en lugar de los 26 que ofrece, y duplica la cantidad de sodio que informa el empaque.

Además, las marcas comercializadas por esta compañía cubren apenas 1/4 de las referencias nutricionales recomendadas de proteína en la leche.

Los resultados obtenidos de estos estudios químicos demuestran que las empresas mexicanas, que desde 2017 han sido las principales surtidoras del CLAP, Grupo Brandon, Deshidratados Alimenticios e Industriales y Dilac, a través de las 6 marcas de productos lácteos distribuidas por el gobierno venezolano: “Lacto Mas”, “Suprema”, “Santa Paula”, “Mac Leche”, “KF Milk” y “Pure Milk”, no cumplen con los aportes nutricionales que necesitan tanto niños como adultos y que, por el contrario, les generan complicaciones en el sistema digestivo pues esos productos son considerados no aptos para el consumo humano.

Algunos expertos señalan que el consumo de estos productos lácteos está enriquecido con vitaminas y minerales en forma de sales, como el sulfato ferroso y carbonato de calcio, que a nivel nutricional son poco eficientes para su asimilación en el cuerpo.

Asimismo, la cantidad de sales que el producto contiene es superior a lo que normalmente se usa para la leche; como consecuencia, esto genera diarreas osmóticas, que son aquellas que se presentan, básicamente, cuando se ingieren sustancias o nutrientes que retienen el agua en parte del intestino, excediendo la capacidad de absorción del colon.

Las empresas mexicanas en complicidad con el gobierno chavista, se burlan del hambre del pueblo venezolano al ofrecerle productos que no ofrecen ningún aporte nutricional a quienes lo consumen.

 

Una ovación para el bravo pueblo de Venezuela por Tomás Lira – 23 de Mayo 2018

Ante un Estado y un sistema de partidos políticos decadentes, así como un accionar precario e ineficaz del gobierno, la Sociedad Civil tiene que sobreponerse para ser fuerte, autónoma e inteligente en aras de asumir un rol más activo en el restablecimiento del orden democrático, incluyendo la institucionalidad, el equilibrio de poder y la alternabilidad mediante el ejercicio del sufragio.

Es menester destacar que, en la farsa electoral de este domingo 20 de mayo, 2018, la población realizó una clara y valiente demostración de su talante democrático, al defender uno de los principales pilares de la democracia: El “Votum” como un acto solemne con un gran contenido de valor ético, moral, político y cultural.

A pesar de las fuertes presiones, represiones y amenazas a que fue sometido el pueblo elector por parte del gobierno nacional, y de los espejitos y baratijas ofrecidas por los nuevos cooperantes de oficio provenientes del seno opositor, rechazó firmemente las ofertas engañosas y degradantes de los principales candidatos presidenciales.

El intercambio de voto por bolsas de Clap, bonos y otras dádivas propuestas por el candidato oficialista fueron objetadas por sus propios seguidores, igualmente, el ensarte de sardinas y la dolarización del salario ofrecido por Falcón se consideró como una verdadera e irresponsable payasada, así como el plato de sopa de Bertucci, un reforzamiento a la condición de pobreza y miseria.

En un ejercicio de ciudadanía activa, el elector, como respuesta política le propinó un rotundo e irrevocable “NO” a estas indecorosas propuestas.

En efecto, de un total de 20.526.978 electores, solo el 30 % votó por Maduro y apenas el 9,3% por Falcón, mientras que el 54% se abstuvo de votar.

Estos resultados catastróficos para el gobierno indican que el Voto, no estaba en venta, ya que tiene mucha significación y valor para su propietario. Sólo lo utiliza en momentos comiciales cuando hay una oferta electoral sensata, creíble y transformadora, plena libertad y transparencia para ejercer el derecho al voto, y son eventos de naturaleza competitiva con un abanico de opciones que permitan elegir libremente. Elecciones cantadas, amañadas y/o arregladas son propias de las Monocracias Presidenciales como la actual, sustentada en una trilogía de Líder-Patria-Constituyente, en la cual el presidente monocrático se considera por encima de la Constitución y las leyes de la República, contando con el apoyo de una cúpula militar.

La conducta de la ciudadanía sobre el sufragio en esta oportunidad representó un duro golpe para el gobierno, al bloquear sus objetivos políticos:

  •  Lograr la legitimidad y legalidad del Gobierno. Este objetivo fue frustrado, ya que la meta de 10 millones resultó inalcanzable, al solo obtener el 62% de lo planificado y apenas el 38,7% de los carnetizados. Esto significa que la representatividad de la voluntad política estuvo ausente.
  •  Construir una oposición complaciente que, reflejara el carácter democrático y competitivo del sistema político y un mejor clima de gobernabilidad. Los acompañantes en la farsa comicial se le rebelaron, desconociendo los resultados electorales por estar viciados y con un ventajismo asombroso, y aquiescencia del CNE. En consecuencia, ese sueño se esfumó. ¡Ojo!, se dice que Bertucci se retractó en privado y fue invitado a Miraflores.
  •  Superar la crisis de gobernabilidad. En este fraude comicial, el oficialismo perdió parcialmente la base popular que lo sustenta, al disminuir su votación en 1.400.000 votos con respecto a las elecciones presidenciales de abril 2013. Por otra parte, las presiones de la comunidad internacional serán crecientes, más severas y de mayor impacto. Estados Unidos marca la pauta con las sanciones, al prohibir el descuento de papeles negociables en el mercado financiero norteamericano a favor de las empresas del Estado, incluyendo PDVSA y las ventas de los activos con participación accionaria igual o mayor a 50%, que tenga Venezuela en territorio estadounidense. Seguramente la presión doméstica también se acrecentará, ya la Asamblea Nacional, principal vestigio de institucionalidad, declaró inaceptable el acto comicial en referencia.

Estos cambios en la realidad política actual constituyen méritos suficientes para tributar una efusiva ovación, un !Vítor! Al bravo pueblo de Venezuela, el cual poco a poco y de manera pacífica rescata como ciudadano los derechos políticos y los valores éticos/ morales. Parafraseando inversamente al Dr. Gustavo Rosen, con base en su excelente artículo “Dignidad y Democracia”, nuestro pueblo está cambiando supervivencia por dignidad y obediencia por libertad.

Ahora, la pelota está en la cancha de un nuevo liderazgo popular que debe emerger para capitalizar esta conducta ejemplar ciudadana. El pueblo fue el único ganador en esta farsa contienda electoral, ya que sin contar con una orientación clara, seria y estratégica fue capaz de alterar la realidad política.

¿Qué hacer ahora, en el marco de una crisis humanitaria y de conflictividad social creciente?; ¿Cómo capitalizar estos resultados, y retomar la senda para diseñar e implementar una Estrategia de cambio político y transformación económica?; ¿Dónde están los nuevos líderes, luchadores y gerentes disponibles para acometer estas delicadas y riesgosas tareas, con la competencia, capacidad de negociación y pensamiento estratégico necesario para interactuar proactivamente con la comunidad internacional.?, ¿Cuán factible sería, celebrar nuevas elecciones este año?.

Les confieso con humildad que carezco de las respuestas pertinentes pero, estoy plenamente convencido y persuadido de que, bajo un esquema de alianza unitaria seria, amplia, responsable, comprometida, representativa y centrada en torno a un propósito común, la construcción de un mejor futuro para Venezuela, se encontraría la respuesta respectiva. Las palabras claves de búsqueda serían: Imaginar-Procesar-Crear-Aplicar-Innovar.

 

Venezuela: las trampas del hambre en jornada electoral por Francesco Manetto – El País – 20 de Mayo 2018

El desastre económico del país mantiene bajo el yugo a la población. Mientras, el régimen teje fidelidades ante las elecciones presidenciales

El Portugués mide las palabras y evita los aspavientos delante de los clientes. Luce un cuidado bigote con canas y entremezcla los recuerdos con la indignación detrás del mostrador de El Chamo, la carnicería que regenta desde hace décadas en Petare, el barrio popular más grande de Caracas. El Portugués vende, o vendía, solomillos, chorizos y morcillas. José Florentino, este es su verdadero nombre, que pocos conocen, rememora los sucesos del Caracazo, el sangriento estallido social que partió en dos el destino de Venezuela. Se originó en 1989 tras una fuerte subida de precios, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, y sectores del chavismo lo reivindican hoy como premisa de la llamada revolución bolivariana.

“A mí me agarró aquí y me saquearon, pero entonces era fácil porque todo era más barato. La gente ya no hace mercado”. Tras las impresiones de este comerciante, a punto de cumplir 60 años, hay dos realidades en torno a las que existe consenso incluso más allá de las posiciones políticas. Primero, la situación de la gran mayoría de la población, su odisea cotidiana para sobrevivir, nunca había sido tan insostenible. Segundo, la escasez y el yugo de los precios han tejido tramas de fidelidades que atan a los ciudadanos a las autoridades a través de las bolsas de comida y los subsidios y, al mismo tiempo, fomentan negocios informales o directamente al margen de la ley. El kilo de carne se disparó hace semanas por encima de los dos millones de bolívares, la moneda local, y llegó a rozar el salario mínimo integral, fijado en 2,5 millones. Menos de tres dólares al cambio no oficial (2,6 euros).

Hablar de costes hoy en un barrio de Caracas se ha convertido en una especie de quiniela. Los precios aumentan en cuestión de días, a veces horas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un incremento del 1.800.000% en dos años, un drama superado en este siglo solo por Zimbabue. Y mientras el desastre económico se consolida, el régimen de Nicolás Maduro busca fortalecerse en unas elecciones presidenciales convocadas con unas reglas del juego que, según las fuerzas mayoritarias de la oposición, favorecen al Gobierno y suponen un mero trámite. Algo más de 20 millones de venezolanos se debaten entre votar y no acudir a las urnas por falta de garantías como piden las principales formaciones críticas con el chavismo.

“Voy a votar porque es un deber. Un buen ciudadano debe votar”, dice Carmen Holguín, costurera de 55 años, mientras espera el autobús en una larga cola que serpentea en una esquina del sector de Catia, una de las zonas más fieles a la memoria del expresidente Hugo Chávez. “Espero un cambio que sea bueno para todos porque estamos viviendo muy mal. No alcanza el dinero para nada. Cada día suben los precios”, se lamenta. Aunque no confiesa su voto, se intuye su simpatía por Henri Falcón, el representante opositor con más peso en estos comicios. William José y Víctor Valera, transportistas, muestran su desencanto con la política, pero tienen posturas distintas. “No voy a votar, ya me cansé en 2003. Ni por uno ni por otro”, asegura el primero, mientras el segundo está dispuesto a dar su apoyo a Falcón, quien se alejó de los postulados de la revolución bolivariana en 2010. “Lo más seguro es que me lance y vaya a votar. Pienso que ese hombre tiene unas ideas muy claras. Pero la política tiene mil caras”, opina sobre las sospechas de que haya pactado con Maduro un puesto en su Gobierno.

No obstante, las elecciones y su resultado, más que previsible, no son lo que más interesa en las calles de Caracas, en los mercados, en los barrios humildes y en los municipios opositores como Chacao. Con la salvedad de los chavistas ortodoxos, los caraqueños están mucho más preocupados por la seguridad —en 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, según el Observatorio Venezolano de Violencia—, por el colapso de los servicios públicos y un modelo productivo extractivista, por la caída de PDVSA, la petrolera estatal, el desabastecimiento y el aislamiento internacional. Cientos de miles de personas huyeron en los últimos meses a la vecina Colombia en busca de oportunidades.

Dar con alguien con ganas de desahogarse no es difícil. Más complicado es superar la desconfianza inicial, relacionada con el control que ejercen sobre la población las autoridades. La advertencia es habitual: cuidado con los colectivos motorizados, los grupos de choque del chavismo. Junior Moral, de 33 años, está a vueltas con unas cuentas en un establecimiento vacío. En el mostrador, un puñado de empanadas. “Una cuesta ya 200.000 bolívares. Un desayuno, tres empanadas y un jugo serían 800.000 bolívares. Si comes dos días ya prácticamente se te murió el sueldo. ¿Con qué sobrevivimos los otros 29 días? Cada día, cada hora, cada segundo la situación se hace más difícil”, describe. Moral no votará a pesar del hartazgo. O, en realidad, precisamente por el hartazgo. “Si de verdad saliera la gente a votar, yo creo que podríamos ganar, pero como todo está comprado, no va a pasar. Creo que hace cinco años ganó Henrique Capriles”, afirma sobre las elecciones de 2013.

A pocos metros, la discusión en un puesto de plátanos gira en torno a la mala calidad de los servicios y de las misiones, los proyectos sociales de barrio impulsados por Chávez con el apoyo del Gobierno cubano. “¿Qué queremos nosotros de Maduro? Que haga como Chávez, que corte por arriba, no por abajo”, resume Gladys Contreras, de 46 años, enferma y desempleada en un sistema que el año pasado superó el 27% de paro, según el FMI. “Tengo el carnet de la patria y del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela] y yo era de las que me ponía a pelear con cualquiera. Pero no voy a votar. Por ninguno, no tiene sentido porque esto ya está arreglado”, continúa.

El carnet de la patria

El llamado carnet de la patria es un documento con el que el chavismo trata de asegurarse el apoyo de las clases populares. En el país circulan más de 16 millones. Permite acceder a bonos y servicios y, aunque sobre el papel no sirva para tener una atención preferente en la recepción de las cajas periódicas de alimentos, es un instrumento utilizado para medir la fidelidad al régimen.

En Petare, Pedro Key, jubilado de 65 años, y Romina Oporte, educadora de 34, se encargan de repartir esa bolsa a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP). Esto es, una ayuda introducida por Maduro en 2016 que, como ha denunciado en repetidas ocasiones la oposición, es la base de las redes clientelares. Cada caja contiene algunos paquetes de pasta, harina, leche, sal, arroz, azúcar, aceite, atún, tomate y mayonesa… “Soy uno de los que lleva los beneficios a una parte de la población”, explica Key, veterano militante chavista. Cada mes, en el mejor de los casos, coordina la distribución de esos productos entre 503 familias de la comunidad.

A pesar de su entrega absoluta a la causa, también transmite perplejidad sobre la situación. “Maduro dice que después, el 21, las cosas van a cambiar. Ojalá sea verdad. Él tiene que mejorar la economía, llevamos cinco años aguantando esto”, explica sobre lo que califica de “guerra económica”. “Los países que hoy tenemos un poco de revolución somos los más atacados en el planeta”, continúa. “Hay una larga tarea, hay que levantar el país”, tercia Romina Oporte. Mientras tanto, la trampa del hambre sigue siendo el principal recurso que permite al chavismo perpetuarse en el poder.

 

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