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Formas de matar: el régimen de Maduro por Miguel Henrique Otero – Editorial El Nacional – 20 de Enero 2019

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El régimen encabezado por Nicolás Maduro mata sin horario. Lo hace en todo el territorio nacional, de día o de noche. El proceso que consiste en despojar de vida a los venezolanos es permanente. Y para ello hace uso de los más diversos métodos, cuyos resultados se constatan a distintas velocidades.

El método que alcanza a un mayor número de víctimas es, sin duda, el hambre inducida. A lo largo de dos décadas, Chávez primero y a continuación Maduro construyeron un modelo económico, hoy en pleno apogeo, que funciona sobre dos premisas: hambre e hiperinflación. De forma simultánea, liquidaron el valor de la moneda -redujeron a la nada el poder adquisitivo- y extendieron entre millones de familias venezolanas, la práctica de comer cada vez menos, cada vez peor, cada vez de forma más esporádica. En el diseño de esta perversa, gigantesca operación, que tiene entre sus gloriosos antecedentes las hambrunas provocadas por Stalin y Mao, ha contado con la participación de asesores del castrismo y de Podemos.

Del plan de convertir a Venezuela en un Estado de Hambre nada ha escapado: se acabó con el Programa de Alimentación Escolar, se expropiaron fincas productivas y empresas del sector agroindustrial para arruinarlas, se han creado, una tras otras, entidades para hacer imposible la adquisición y distribución de alimentos, se han arrasado los presupuestos que, hasta 1998, permitieron el funcionamiento de comedores y servicios de alimentación en hospitales, orfanatorios, centros de la tercera edad, cárceles y otras instituciones. Una realidad que esta por reportarse y fotografiarse: los miles de cocinas industriales que, en todo el país, están hoy en condiciones inservibles, oxidadas y mugrientas.

El más significativo logro de la revolución bolivariana en su propósito de imponer una dictadura se expresa en la politización del derecho a comer: el carnet de la patria y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción -CLAP- que, en concreto, actúan bajo la más implacable lógica de la extorsión: acceso a bolsas de comida a cambio de lealtad política. El sistema CLAP, es el más extendido método de humillación y sumisión de la sociedad venezolana.

Tiene la hambruna inducida una ventaja: mata lentamente sin que sus víctimas se sumen a las estadísticas de muertes violentas. Las personas -especialmente los niños y los ancianos- adelgazan, pierden su masa corporal, se debilitan, se enferman y fallecen. La estructura de muerte funciona a la perfección: cuando el ciudadano aquejado busca la acción de los servicios de salud, no la encuentra. Así las cosas, el enfermo se convierte en una especie de náufrago: solo, perdido, huérfano de la atención sanitaria a la que tiene derecho.

Para contribuir a esta política de la muerte, el régimen realizó antes una de sus más impecables operaciones: destruyó el sistema de salud. Una visión en perspectiva de lo ocurrido, muestra los múltiples factores que se pusieron en juego: politizaron el funcionamiento y las operaciones hospitalarias; persiguieron a médicos y paramédicos, que por miles y miles escogieron huir del país; tomaron las medidas justas para crear situaciones de extrema escasez de medicamentos e insumos hospitalarios; importaron de Cuba, no a profesionales sino a piratas del ejercicio médico; estimularon el regreso de enfermedades que habían sido erradicadas y que han adquirido proporciones de epidemias; concentraron los sistemas de compras de manera de convertirlos en eficaces procedimientos para la corrupción; se hicieron compras milmillonarias de medicamentos de mala calidad o de medicamentos falsificados; destruyeron o se robaron el parque de ambulancias; saquearon las despensas de los centros de salud; crearon su propia fábrica de incompetentes con el nombre de médicos comunitarios; permitieron que los centros hospitalarios se convirtieran en guaridas de mafias y bandas delictivas; y, si mi cuenta es correcta, en dos décadas el llamado Ministerio del Poder Popular para la Salud ha tenido, léase bien, 17 ministros, uno de los más abultados carteles de un poder ejecutivo especialista en nombrar a ignorantes y ladrones como ministros.

Al doble procedimiento, insaciable y de regularidad sostenida, de matar por hambre y enfermedad, se suman decenas y decenas de otros métodos, más evidentes y cotidianos: matan a miles de ciudadanos indefensos, entre 25 y 30 mil al año, a manos de los delincuentes que mantienen bajo control las ciudades y pueblos del territorio venezolano. Mueren conductores y pasajeros de vehículos en autopistas llenas de baches, sin iluminación ni señalización, en accidentes mortales e incapacitantes. Mueren personas hambrientas tras ingerir alimentos venenosos -como la yuca amarga- desesperados por el hambre. Mueren los pacientes en quirófanos y salas de terapia intensiva como consecuencias de las amplias y reiteradas fallas del servicio eléctrico. Mueren las personas por la inexistencia de servicios de ambulancia y atención a las emergencias. Mueren familias enteras, arrastradas por el lodo y las aguas, en los días de lluvia. Mueren miles y miles de personas por falta de medicamentos e insumos para las enfermedades crónicas como las diabetes, la tensión arterial, las cardiopatías, el cáncer, el VIH y otras. Mueren los indígenas venezolanos azotados por epidemias. Mueren inocentes que viven en los barrios del país, abaleados por las luchas entre bandas o por operativos de cuerpos policiales o militares que disparan de forma indiscriminada. Mueren las víctimas de las operaciones a cargo de sicarios. Mueren en sesiones de tortura ciudadanos como Fernando Albán. Mueren los presos políticos a los que se niega atención médica. Mueren miles y miles de venezolanos bajo el yugo de un régimen que odia la vida.

La brecha social desangra Venezuela por Francesco Manetto – El País – 11 de Diciembre 2018

La crisis económica y la hiperinflación entierran el objetivo proclamado del chavismo: revertir la desigualdad

Una mujer con su hijo en un edificio en construcción de Caracas.
Una mujer con su hijo en un edificio en construcción de Caracas. JORGE SILVA REUTERS
Los vecinos del sector Valle Alto en Petare, el barrio popular más extenso de Caracas, se despertaron hace dos sábados alrededor de las tres de la madrugada. Un alboroto invadió repentinamente sus calles empinadas. Acababan de llegar los jamones que antes de cada Navidad el Gobierno de Nicolás Maduro promete a millones de familias para asegurarse su voto. Muchos salieron de sus viviendas, pero la euforia se convirtió en decepción y en cuestión de segundos la situación se precipitó. De la indignación se pasó a la rabia. Después, llegaron los altercados.

Los responsables de los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), encargados de distribuir las bolsas de comida, solo recibieron 1.160 perniles de los 6.150 anunciados. El episodio, narrado por uno de los presentes, supuso la enésima humillación para una comunidad de escasos recursos, paralizada por la crisis económica y postrada por la hiperinflación. Romina Oporte, educadora y enlace local del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), tomó finalmente la decisión de cortar los jamones en pedazos de un kilo y medio y repartirlos entre todos los vecinos.

Esa misma formación celebró cerca de allí, el 6 de diciembre, el 20º aniversario de la primera victoria de Hugo Chávez. En el cierre de la campaña electoral de las municipales del domingo, Gladys Arboleda, de 50 años y varias veces candidata, explica que entró en política precisamente por el expresidente. “Desde entonces somos todos representantes, no representados. Nos trató a todos por igual”, asegura. El objetivo que proclamó la revolución bolivariana fue, precisamente, el de reducir la desigualdad. Sin embargo, después de dos décadas de gestión chavista, en las que se multiplicaron las ayudas con misiones sanitarias, educativas y de vivienda, la vida de millones de venezolanos se ha convertido en una lucha diaria contra la miseria. Según la última encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela (Encovi), un estudio coordinado por la Universidad Católica Andrés Bello y otros centros, el 87% de la población vivía el año pasado —el último para el que hay datos— por debajo del umbral de la pobreza. En el 61% de los casos, la carestía es extrema.

Una crisis económica sin precedentes, una hiperinflación desbocada y la dolarización condenan a los ciudadanos a pelear con unos precios enloquecidos y a depender de las ayudas estatales.  La reconversión monetaria y el aumento, incluso exponencial, del salario mínimo, que ahora se sitúa en 4.500 bolívares soberanos –unos 8,2 dólares– y representa el ingreso de cerca del 70% de los trabajadores con empleo formal, solo contribuyeron a generar un círculo vicioso que dispara el valor de los productos básicos.  En el mercado del municipio de Chacao, un kilo de queso manchego producido en Venezuela costaba el pasado viernes 6.370 bolívares.

“La hiperinflación se sigue acelerando. También la contracción económica: las dos cosas se están profundizando. El Gobierno, para tratar de controlar la hiperinflación, aumentó el salario no sé cuántas veces, lo que hizo que varias empresas tuvieran problemas de flujo de caja y no estén consiguiendo financiación”, dice Henkel García, analista financiero y director de la consultora Econométrica. “El símil que pongo es que está una persona tirada en el piso y tú tratas de revivirla ahorcándola. El aumento de salario es inflacionario, porque al final tienes que ajustar los precios. Pero para que eso sea posible tienes que aumentar la masa monetaria, que no está creciendo”, señala.

El pasado mes de noviembre los precios aumentaron un 144,2%, según el cálculo que hace la Asamblea Nacional —de mayoría opositora—, una institución que sigue trabajando aunque está despojada formalmente de sus funciones desde 2017. “Van a venir más sanciones. Habrá más presión y eso va a complicar las cosas internamente. Eso puede desencadenar una crisis más profunda. Nosotros queremos que haya una transición, pero también es posible un escenario de anarquía”, considera el economista y diputado opositor Ángel Alvarado, en referencia al próximo 10 de enero, fecha en la que Nicolás Maduro renovará su mandato hasta 2025. “El 10 de enero no es una fecha mágica, es una fecha a partir de la cual Maduro pretende seguir usurpando el poder. Evidentemente, esa usurpación tiene un beneficio para él, pero un coste demasiado alto para la sociedad. Eso perpetúa la inflación, el desastre económico”.

En esa catástrofe desempeña un papel central el uso del dólar, que parece ya irreversible. “Cuando estás en hiperinflación tienes que anclarte nominalmente a algo, ¿Cómo fijas el precio?”, continúa García. “¿Cómo se anclan la gente y las empresas para sobrevivir?” Recurrriendo, explica, a fijarlo “todo en dólares”. “Estamos en un proceso de dolarización de facto. Y como la masa de dólares es limitada, entonces este proceso viene acompañado de un empequeñecimiento abrupto de la economía”. Desde las ventanas de su oficina, en la urbanización Las Mercedes, pueden verse solares en construcción, incluso algunos proyectos de lujo como la llamada Torre Luxor.

A unos kilómetros de allí, el pasado jueves por la tarde una treintena de personas asistía a un concierto en un local de la urbanización La Castellana. Entre catas de ron y cafés, algunos aprovecharon para adelantar algunas compras de Navidad. Las tabletas de turrón de Alicante superaban el valor de dos salarios mínimos. “Hoy por hoy que con el dólar compras más o menos lo que en otros países, la gente está horrorizada. No entiende que lo anormal era lo anterior y que lo normal es esto”, agrega este analista. “Pero una cosa es el poder de compra del dólar en el interior y otra tus ingresos en dólares. Es más, puede llegar un nivel de productividad tan paupérrimo que las cosas sean más caras aquí que fuera”.

Mientras tanto, Venezuela agoniza. “En 20 años pasó de ser el país más rico de la región al más pobre y no solo el más pobre, sino también con una emergencia sanitaria compleja, una hambruna, una crisis que está afectando toda la región”, denuncia Alvarado. “Hay un colapso muy, muy grande, una economía que no da para más, que no tiene que ver con las sanciones”. A pesar de todo, el gobernante PSUV se hizo el domingo con el control de los municipios en unos comicios marcados por una abstención de más del 70%.

Las últimas maniobras de Maduro para sostenerse en el poder por Zenaida Amador – KonZapata – 7 de Diciembre 2018

A un mes de finalizar el mandato presidencial para el que fue electo y de la fecha fijada -el 10 de enero- para asumir un segundo período aun con la amenaza del desconocimiento masivo internacional, Maduro acelera sus tácticas para garantizar su permanencia en el poder apalancándose en tres grandes ejes: bienestar cosmético, control social y alianzas estratégicas de supervivencia.
Maduro se reunió con Vladimir Putin en busca de ayuda financiera / Foto: @NicolasMaduro

Maduro se reunió con Vladimir Putin en busca de ayuda financiera / Foto: @NicolasMaduro

Es clara la decisión de Nicolás Maduro de sostenerse en el poder a cualquier costo. No importa la magnitud de la crisis, ni el alto nivel de descontento de la población venezolana, ni el aislamiento internacional al que ha sido sometido al separarse del camino democrático.

A un mes de finalizar el mandato presidencial para el que fue electo y de la fecha fijada -el 10 de enero- para asumir un segundo período aun con la amenaza del desconocimiento masivo internacional, Maduro acelera las tácticas para garantizar su permanencia en el poder apalancándose en tres grandes ejes: bienestar cosmético, control social y alianzas estratégicas de supervivencia.

I.

Atizando la profundización de los problemas de fondo que destruyen el aparato productivo y que llevan a la economía venezolana a una crisis de magnitudes históricas, Nicolás Maduro gestiona políticamente esa misma crisis a su favor colocando a la población en condiciones límite, potenciando su dependencia del Gobierno. Todas las medidas económicas apuntan en esta dirección.

La agenda internacional de Maduro se ha enfocado en consolidar alianzas estratégicas con los pocos países que le siguen dando una mano, que lo podrían auxiliar financieramente y abrirle canales comerciales en medio de las sanciones a cambio de tratos de interés

Sin que la nación genere mayores ingresos y sin que la actividad productiva repunte, Maduro decreta aumentos salariales, incrementos en las becas y ayudas sociales mensuales que reparte, y hasta promete completar el pago de la nómina de las empresas privadas. Estas inyecciones de recursos, sostenidas en la emisión monetaria, tienen un efecto positivo efímero sobre la población, pues el ciclo hiperinflacionario que vive el país se come el poder de compra a una velocidad de vértigo mientras se destruyen las fuentes de empleo por el efecto mismo de la crisis, más el impacto de los costos laborales.

Con cada uno de estos aumentos Maduro logra recorrer un trecho adicional y, en cada oportunidad, hace que más venezolanos necesiten la ayuda del Gobierno para subsistir. En la actualidad un 63% de la población recibe las “ayudas” del Gobierno a través de las llamadas Misiones, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2018, y en 2014 solo era el 8%. Según la firma consultora Ecoanalítica, solamente entre 10% y 20% de la población “vive de su trabajo en el sector privado”.

II.

Para la elección de concejales de este 9 de diciembre, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) hizo un nuevo despliegue de su plataforma para medir solidaridades. Esta estructura, que suele solaparse con la que emplea el Gobierno para la entrega de las ayudas sociales, usa tales beneficios como mecanismo para estimular el voto a favor del chavismo.

Para esta ocasión se desplegaron las llamadas Redes de Articulación y Acción Socio-Política (RAAS), que operan en cada comunidad, donde a su vez lo hacen los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que son los que coordinan la entrega periódica de bolsas de alimentos a quienes se registran en el sistema creado por el Gobierno. Como parte de la estrategia las redes debían verificar qué vecino se podía catalogar como voto duro del chavismo, cuál como voto blando, y cuál como opositor.Recep Tayyip Erdoğan reiteró su apoyo a Maduro / Foto: @NicolasMaduro

Según Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, las RAAS hacían un registro en aras de obtener la “caracterización sociopolítica de cada habitante y así organizarlos y darles el conocimiento necesario para vencer al enemigo”.

En las comunidades este registro fue visto como un censo que pone en riesgo la recepción de las bolsas CLAP y de las demás becas y ayudas que el Gobierno entrega con el Carnet de la Patria si alguien es etiquetado como opositor.

III.

La presión internacional crece, así como el aislamiento. Además, luce inminente que el Gobierno será desconocido por al menos 20 países a partir del 10 de enero, lo que traerá consigo sanciones de diverso tipo, como consulares, políticas y económicas. Ante esto la agenda internacional de Nicolás Maduro se ha enfocado en consolidar alianzas estratégicas con los pocos países que le siguen dando una mano, que lo podrían auxiliar financieramente y abrirle canales comerciales en medio de las sanciones a cambio de tratos de interés.

En su reciente visita a Venezuela, el mandatario turco Recep Tayyip Erdoğan reiteró su apoyo a Maduro y criticó las sanciones internacionales contra su gestión que, entre otras cosas, limitan las ventas de oro que el Gobierno venezolano viene realizando sin aprobación del Parlamento y sin rendir cuentas a la nación y que mayoritariamente incluyen a Turquía como destino. Luego del gesto de amistad, se firmaron acuerdos de cooperación en varias áreas, incluyendo petróleo y minería, que montan a 4.000 millones de euros.

De inmediato Maduro emprendió viaje a Moscú para reunirse con Vladimir Putin a la espera de cosechar nuevas ayudas financieras, acuerdos comerciales, petroleros y mineros, además de su respaldo público.En Latinoamérica a Maduro sólo le quedan Cuba y Bolivia / Foto: @NicolasMaduro

Al club de Rusia, Turquía y China, los grandes aliados a los que Maduro apuesta la supervivencia, se sumó Corea del Norte. En Latinoamérica le quedan Cuba y Bolivia, pilares del socialismo regional. Recién se abrió una ventana en México y Maduro se apresuró a decir presente en la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador para tender puentes, pese al rechazo y los abucheos.

Como bien señala el presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela en el exilioMiguel Ángel Martín, al evaluar el curso que tomaron miles de millones de dólares malversados durante la gestión del chavismo: una parte se la llevan los ‘boliburgueses’ y ‘bolichicos’ “para su disfrute”, pero otra se ha usado “para conquistar el poder político”.

Ya no existe la petrochequera milmillonaria de la que dispuso Hugo Chávez para sumar solidaridades y cerrar alianzas, pero Venezuela sigue contando con un potencial valioso y estratégico que es tentador para muchos y que Maduro está dispuesto a usar para sostenerse en el poder.

Dos países paralelos cohabitan en la Venezuela de la hiperinflación y la crisis migratoria – RunRunes – 21 de Septiembre 2018

Se van definiendo dos maneras de sobrevivir: la de las remesas o los trabajos en divisa extranjera y la de los planes sociales y subsidios del gobierno. En el medio, queda la estampida

Tras haber ocupado el puesto en 2010 como el país más igualitario de Latinoamérica, expertos señalan que hoy Venezuela es el segundo más desigual, solo detrás de Brasil

MIENTRAS LA CARNE REGULADA POR EL GOBIERNO de Nicolás Maduro está en 90 bolívares soberanos y no se consigue en mercados y carnicerías, cada mañana llega este mensaje vía Whatsapp: “Buenos días: Mechada, molida y Guisar 245 Bs Soberanos, Pulpa negra 250, Bistec de Solomo 260, Muchacho Redondo 270, Punta 260, Pellejo a 20, Costillas 190, Lomito 310”. Es carne a precio de revendedores, para los que ganan mucho más de los 1.800 soberanos del sueldo mínimo.

A otro teléfono, en otro lugar, llega un mensaje que parece salido de un doblez de la misma realidad: “Buenos días, les informo que en reunión sostenida el día de ayer de la mesa agroalimentaria se nos informó que habrá un retraso de la entrega de las CLAP ya que en La guaira se encuentran los productos pero no hay suficientes cajas para el embalaje de los mismos lo cual retrasó por una semana más el despacho. Se autoriza el cobro de la caja CLAP a 0.25 soberanos, más 0.10 de gastos administrativos para un total 0.35”.

La información la envía la jefa de calle de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Desde la reconversión monetaria, la zona en la que trabaja no ha recibido aún las cajas de alimentos subsidiados por el gobierno y, además, aumentaron de los 0,35 soberanos (35 millones fuertes) que dice el mensaje, a 100 soberanos.

Estas dos realidades funcionan en paralelo. La crisis económica ha llevado a la sociedad y la economía venezolana a ser dual: unos muy pobres, otros muy ricos, con características tan distintas y distantes entre sí que parece que cada grupo vive en un país paralelo.

En al aeropuerto de Maiquetía hay un enorme aviso que da la bienvenida a los viajeros. Dice que en el año 2010 Venezuela era uno de los países con menor desigualdad del continente. Hace ocho años el Coeficiente Gini -que mide la desigualdad, siendo más iguales las sociedades que más se acercan al cero- calculado por el Instituto Nacional de Estadísticas, era de 0,380. Esta medición dejó de publicarse en 2015, el año en que la crisis económica incrementó el crecimiento de la brecha. A pesar de que ese año el Gini fue de 0,381, las variaciones entre los quintiles demostraron el incremento de los quintiles más pobres y la disminución de los más ricos.

En la actualidad, con base en los datos recabados por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) el profesor y sociólogo Luis Pedro España ha afirmado que Venezuela es el segundo país más desigual de la región. De acuerdo a las cifras de la encuesta, que difieren de las previas oficiales, el coeficiente de Gini pasó de 0,407 en 2014 a ubicarse en 0,681 en 2017.

“Yo no había visto nada parecido. Venezuela está transitando la trayectoria de un país como Haití: una élite con acceso a dólares, con una pequeña porción de la economía donde puedes encontrar todo lo que quieres y servicios de primer mundo, y fuera de esa burbuja es la nada, es como un capítulo de The Walking Dead”, dijo el economista Omar Zambrano a Runrun.es.

La sociedad venezolana, explicó Zambrano con más detalle, se divide en dos polos opuestos. Uno de ellos está conformado por la clase media alta y alta, personas que tienen mecanismos para soportar de mejor manera la crisis. “Estas clases tienen mejores accesos al sistema financiero, a bancos seguros, tienen ahorros en moneda extranjera y tienen activos; es decir, que tienen propiedades y activos que pueden vender en tiempos malos”.

En el otro polo está la clase media baja y baja, las clases que más se han empobrecido en los últimos cinco años, quienes no cuentan con ningún activo que les permita soportar la hiperinflación, y solo cuentan con el salario que ganan si es que trabajan, y con los beneficios que les brinda el Estado. Por ello, la única forma de soportar la crisis para las personas de bajos ingresos ha sido la migración para tener ingresos en otras monedas y ayudar a sobrevivir a los seres queridos que les queden en el país.

El “polo Patria”

Para Zambrano, este polo es la debacle total. “Es una sociedad que soporta la inflación nadie sabe cómo, con ingresos que desaparecen al instante y que van cayendo durante el día”. Esta porción de la sociedad, que de acuerdo al Encovi es el 87% de los venezolanos que se encuentran en estado de vulnerabilidad económica y social, no tiene garantizados sus derechos.

Las CLAP y el carnet de la patria: En Venezuela, cada quien busca la manera de sobrevivir como puede. Los menos favorecidos son aquellos que dependen de subsidios y planes sociales como los que se pagan a través del carnet de la patria, los bonos de “ayuda y protección” que lanza el presidente mensualmente y la caja de alimentos Clap, que según el gobierno llega a unos tres millones de familias.

Joselyn Peña (37) es madre soltera de dos niños de nueve y dos años de edad. No tiene un trabajo fijo que le alcance para satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación, vive en el Barrio El Nazareno de Petare y para ella la caja del Clap es la que la salva de pasar hambre.

“No me sirve trabajar ahorita por un salario mínimo y con dos hijos que mantener, me gano la vida secando cabello y planchando ropa.La caja de comida que da el gobierno y los bonos me ayudan mucho a resolver; mis hermanos también me tienden la mano con lo que pueden, porque no cuento con el apoyo del padre de mis hijos”, dijo Peña.

Para Domingo Castañeda, un abuelo de 63 años, la historia no es distinta. Depende solo de la pensión del seguro social, de los bonos y de la caja. “Nunca tuve hijos y mi mamá, que era mi única compañía, se murió hace más de cinco años. Soy un hombre solo y ya bastante mayor, no me van a dar trabajo en ningún lado”, aseguró.

Cuando se les preguntó desde hace cuánto no comían pollo o carne, ninguno de los dos recordaron la última vez que lo hicieron. Solo huevos y mortadela es lo que pueden adquirir en pequeñas cantidades y muy de vez en cuando. Ni Peña ni Castañeda pueden pagar la carne a precios de revendedor.

Para Raúl Urbina, un mecánico de 43 años de Filas de Mariches, la caja Clap “le saca la pata del barro” cuando no puede comprar comida. “Siempre me salen trabajos de mecánica y puedo decir que tengo para alimentar a mi familia, pero como hay días buenos, hay días malos y en esos días malos la caja nos salva”, dijo.

Urbina es padre de cuatro niñas y, como son una familia de seis personas, le entregan dos cajas Clap. La esposa de Raúl no trabaja, se dedica al cuidado de las pequeñas, ya que un sueldo mínimo -que anteriormente era de Bs.S 50, no le alcanzaba ni para un kilo de queso, dijo. “Prefiero quedarme en mi casa”.

El efectivo que se duplica en los mercados: Un billete vale mucho más de lo que expresa el número impreso en el papel. Actualmente, un producto puede tener un precio hasta cinco veces mayor si se paga a través de transferencia o punto de venta.  Poseer, el ahora escaso, efectivo se ha convertido en una fuente de ingresos extra para unos pocos y en una opción de supervivencia para otros.

Luz Marina Hernández, aragüeña de 61 años, dice no vender el efectivo que consigue gracias a su pensión de la tercera edad por nada del mundo. “Gracias a eso que recibo puedo comprar más verduras en el mercado popular (de la ciudad de Maracay). El aguacate cuesta Bs.S 10 el kilo si lo compro en efectivo y 15 si lo pago con tarjeta de débito. Así pasa también con la yuca que cuesta 7 bolívares en efectivo pero 13 pagando por punto de venta. A veces no comprendo por qué la diferencia es tan grande”, comenta Hernández.

Una de las razones que argumentan los vendedores en los mercados populares sobre este diferencial es que los productores en los campos venezolanos son los primeros en solicitar el pago en efectivo, ya que algunos ni siquiera tienen cuentas bancarias.  Se ha convertido en una cadena en donde también conviven las mafias de venta de efectivo.

Aunque los pensionados forman parte de la pequeña parte de la población venezolana beneficiada con la posibilidad de conseguir efectivo, no es una tarea fácil. Muchos se ven en la obligación de pasar hasta tres días antes del pago de la pensión haciendo la cola a las afueras de los bancos. “Conseguí a alguien que hace la cola por mí pero a cambio de que le lleve comida mientras espera. El banco queda cerca de mi casa así que cada par de horas bajo y le llevo una arepita o café”, explica Hernández.

Además de la pensión, otro factor que ayuda a Luz Marina es que una de sus hijas trabaja en un banco como cajera y le permiten sacar 10 mil bolívares diarios. De esa manera, poco a poco, va juntando el dinero para hacer mercado. Aún así hay ciertos productos que están fuera de su alcance. “El tomate está impagable inclusive en efectivo. Igual la papa, el kilo está en más de 35 bolívares soberanos. Ni hablar del queso y la carne, hace rato me olvidé de eso”.

El polo de las divisas

Existe una burbuja económica a la que no todos los venezolanos pueden acceder. La entrada está garantizada para todos aquellos que tengan acceso a una moneda fuerte con la que puedan conservar el poder adquisitivo. El economista Francisco Zambrano explica que en esta burbuja existen bienes y servicios orientados a las personas que reciben, producen y consumen en dólares.

Alberto -un empresario quien pidió no ser identificado- es un ejemplo de ello. El hombre de 33 años de edad despierta a las siete de la mañana, se pone su ropa deportiva marca Nike, su Apple Watch en la muñeca derecha, prepara su bebida especial de proteínas, guarda su Iphone X en el bolsillo y sale en su camioneta año 2017, conducida por uno de sus escoltas, a uno de los gimnasios más exclusivos de la ciudad, donde su entrenador personal lo espera para comenzar su rutina de ejercicio.

El inicio de las jornadas del dueño de una empresa que goza de ocasionales contratos con el gobierno bolivariano es una muestra de la emergente clase alta formada en los últimos 20 años. Una clase que, por sus altas ganancias tanto en bolívares que convierten en dólares a través del mercado negro, o ganancias directas en dólares mediante exportaciones o contratos en el exterior, escapan de los corrosivos aspectos de la hiperinflación.

Desde la comida que consume, el seguro de salud que mantiene y los carros que compra, todo lo paga en divisas, en lugares que aseguran la disponibilidad, pero a precios que resultan inalcanzables para las personas fuera de la burbuja, indicó el economista.

Otra escena que ilustra este polo ocurrió en un centro comercial en una privilegiada zona de la Gran Caracas. Cuatro empleados atendían a la clientela de un negocio de venta y mantenimiento de teléfonos móviles y computadores de alta gama. En el centro de la tienda una tablet exhibe los precios de los productos, la mayoría con tres y cuatro cifras, pero los montos no corresponden a bolívares soberanos, sino a dólares. Allí los precios discriminan el método de pago: es más barato pagar con cash que con una transferencia, y de no tener efectivo, el monto se paga a la tasa de cambio paralela del día.

Un hombre de 27 años se acerca al mostrador para pedir el correo electrónico y pagar el arreglo de su smartphone. Es un ingeniero informático que diseña programas y páginas web como freelance, con clientes dispersos por todo el globo que depositan el pago de sus servicios en una cuenta en dólares en el exterior. “No gano lo mismo como si trabajara como programador en Estados Unidos, pero gano lo suficiente como para poder vivir bien aquí, sin preocuparme por la escasez y esos problemas”, detalló.

Lo que gana le permite comprar algunos de los productos básicos escasos, como harina o desodorante. Le permite ahorrar y le permite pagar los pasajes de su padre y madre para España a visitar a su hermana, quien emigró hace tres años.

Alejandra Díaz también ocupa esa burbuja. La chica de 25 años trabaja como asistente virtual para un artista en Estados Unidos, un trabajo que amerita estar 10 horas al día cerca de la computadora y su telefóno móvil haciendo llamadas u ocupándose de los asuntos pendientes de su jefe. Los dólares que recibe como sueldo superan incluso los salarios mínimos de otros países latinoamericanos, y en la Venezuela de la hiperinflación, le permiten mantener una vida alejada de las colas para comprar comida o para sacar dinero en efectivo de los bancos, pudiendo disfrutar de las compras internacionales que llegan a su puerta y los servicios de revendedores de billetes.

Aunque esta economía sea tan pequeña que no genera empleos en el país, el economista indica que hay una capa de gente que está orientando sus esfuerzos productivos hacia los que ganan en moneda fuerte.

El viernes se transforma en sábado y en una discoteca de Caracas, la gente sigue bailando. En el local nocturno, que funciona desde hace años en una de las zonas más costosas de la ciudad, Las Mercedes, la mayoría de las cuentas superan los antiguos millardos, unos cinco dígitos tras la reconversión monetaria. Los clientes como Alberto, que se manejan en otras monedas, también lo hacen para dar propinas. Uno de los mesoneros, quien trabaja allí desde julio de 2015, explica que las propinas son la razón por la que mantiene su trabajo. “Lo que gano aquí no me lo va a pagar nadie en otro lugar”.

En la fronteriza ciudad de San Cristóbal, en el estado Táchira, Juan Salazar trabaja como mesonero de un popular sitio nocturno, donde recibe todos los fines de semana propinas en alguna moneda extranjera. En su mayoría son pesos colombianos, traídos por los miles de venezolanos que realizan algún tipo de actividad económica en la frontera con Colombia y en otras ocasiones son dólares. Al final de la jornada de un viernes o un sábado, aseguró el hombre de 27 años, sus bolsillos terminan con un promedio equivalente a 20 dólares, mucho más de lo que le paga el local en una quincena, y si tiene una muy buena noche, puede ganar hasta 100.

Las propinas en moneda extranjera le dan la posibilidad de tener un estilo de vida que no muchas personas de su edad pueden permitirse: salidas en sus días libres, comer afuera y comprar botellas de licor, ropa nueva, y adquirir alimentos para su familia a sobreprecio en el mercado negro. Esos billetes extranjeros son también lo que le permite ahorrar para irse del país, y afirma que en los cuatro meses que lleva trabajando, ha reunido más de 500 dólares.

En esa burbuja también entran las personas que reciben remesas del exterior, una consecuencia del gran flujo migratorio que solo continúa creciendo, y que para este año se estima alcanzará los $6 mil millones en ingresos recibidos por cerca de 10 % de la población, indicó el director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros.

Ana y Humberto, de 68 y 73 años, destapan una lata de salmón para agasajar a sus invitados en una poco frecuente reunión, de esas que antes eran semanales y ahora se distancian por meses. Acompañado de un picadillo de vegetales y galletas de soda, el lujoso plato para muchos de los venezolanos que afrontan la crisis económica otrora fue un ingrediente común en la alacena de la casa de la pareja italiana, llegada a Venezuela en los años 50.

El embutido es una de las delicateses embaladas por su hijo mayor, un ingeniero de unos 45 años que emigró a Estados Unidos cuando los dos negocios familiares dejaron de producir lo suficiente para mantener a flote a sus padres y dos hermanos, quienes al momento de la visita se preparaban para pasar unos meses trabajando en el país norteamericano y regresar con ahorros.

En la misma caja venía un par de botellas de champú y acondicionador, algunos jabones, alimentos básicos y un par de exquisiteces más, que como el salmón, son un tesoro para el matrimonio, una comida que admiten, antes daban por sentado. Cada mes también reciben un par de cientos de dólares transados a bolívares para mantener a flote la casa y lo que queda de los negocios, comenta Ana.

El caso de Fernanda Gámez no es muy diferente. La joven de 26 años quedó embarazada hace cuatro años, a pocos semestres de graduarse de la universidad. Cuando ella y su pareja, otro universitario de su edad, se dieron cuenta de que a pesar de sus trabajos y la ayuda monetaria de sus familias no podrían mantenerse en el país, su pareja decidió emigrar para mantenerlos desde afuera.

Su hijo tiene ahora cuatro años, y su ahora expareja, envía regularmente unos 100 dólares cada dos semanas para los gastos usuales: comida, transporte, educación privada, deportes y las regulares consultas médicas.

La vida de Fernanda es mucho más fácil de lo que sería sin remesas. Trabaja en “tigres” cuando se presenta la oportunidad, ya que nunca pudo terminar su carrera, puede dedicar la mayor parte de su tiempo a su hijo y su familia, aunque no escapa de las colas por alimentos, de la búsqueda en el mercado negro por los alimentos que no consigue fácilmente, y de los problemas de transporte público que la llevan a depender de servicios de taxi.

Armando.Info por Ibsen Martínez – El País -23 de Octubre 2018

Poco sabríamos hoy de la magnitud y la mecánica ordinaria del saqueo bolivariano en Venezuela, de no ser por el trabajo de periodistas de investigación tan sagaces

El portal Armando.info.
El portal Armando.info.

Un satírico criollo del siglo XIX publicó en Caracas unas octavillas que compendiaban humorísticamente, en décimas octosílabas, la historia política de la Venezuela republicana. Las tituló con picardía Del saqueo como causa remota.

Según las bien averiguadas cuentas de concienzudos economistas, en los años que fueron de 1998 a 2017, el negocio petrolero generó para Venezuela 1.01 billones de dólares. El catastrófico colapso de la economía y la atroz emergencia humanitaria que vive uno de los países virtualmente más ricos del planeta lleva a preguntar adónde se fue todo ese dinero.

La respuesta más a la mano es que ha habido despilfarro, incuria, ineptitud y corrupción en la ejecución de los faraónicos planes de redención continental de Hugo Chávez. Tengo para mí, sin embargo, que un examen más detenido quizá mostraría al deliberado, rabioso, sistemático y masivo saqueo de la era chavista como único, exclusivo culpable de la tragedia venezolana.

Sea como fuere, poco sabríamos hoy de la magnitud y la mecánica ordinaria del saqueo bolivariano, de no ser por el trabajo de periodistas de investigación tan sagaces y denodados como los que animan el portal digital Armando.Info. Desde 2014 este portal produce reportajes con profundidad sobre la corrupción en Venezuela.

En febrero pasado, Armando.Info publicó un informe sobre Alex Saab Morán, el avispado empresario colombiano que lucró del hambre y la escasez que agobia a Venezuela con las célebres cajas CLAP, acrónimo de Comités Locales de Abastecimiento y Producción.

El informe revelaba que desde Veracruz, en México, la empresa Group Grand Limited, registrada hace años en Hong Kong por Saab y un asociado, había vendido, desde 2016 hasta aquella fecha, no menos de siete millones de cajas CLAP al gobierno de Venezuela.

Cada caja Saab —así son ya conocidas— era surtida por proveedores mexicanos y de otros países con productos alimenticios que tenían ya vencida la fecha de expiración.

Armando.Info hizo analizar por un laboratorio de la Universidad Central de Venezuela el contenido nutricional de la leche en polvo que viajaba en las cajas y halló que no solo no cubría requerimientos mínimos, sino que su ingestión es potencialmente letal para los humanos. El sobreprecio de cada caja llegó a ser de un 112 % por sobre su valor verdadero. Una denuncia hecha en septiembre pasado por la Asamblea Nacional venezolana calcula que, en tan solo un año, el gobierno de Maduro gastó 5000 millones de dólares en cajas CLAP.

Reportar sobre las cajas CLAP le valió a Armando.Info, en la persona del periodista marabino Joseph Polizuk, no solo el Premio Knight que otorga el prestigioso Centro Internacional de Periodismo ( ICFJ, por sus siglas en inglés) sino también que Saab demandase a sus fundadores —Ewald Scharfenberg, Joseph Polizuk, Roberto Deniz y Alfredo Meza— ante un tribunal penal de Caracas por “difamación e injuria agravadas”.

La falta de garantías procesales, característica de la justicia instrumental chavista, llevó a los cuatro periodistas a optar por el exilio sin por ello abandonar su empeño. El programa de asistencia corporeizado en las cajas CLAP se inspira, como muchas otras supercherías chavistas, en una utopía comunal, pero en la práctica propicia una red transnacional de lavado de dinero al servicio de la sanguinaria cleptocracia venezolana.

La cartilla de racionamiento de Maduro por Alonso Moleiro – El País – 2 de Septiembre 2018

Millones de venezolanos, incluso opositores, se cobijan en el paraguas del carnet de la patria para tratar de paliar los estragos de la crisis

Venezolanos, en una protesta contra la política económica del Gobierno de Maduro. En vídeo: Doscientos jubilados venezolanos piden a Maduro que no retrase los pagos de sus pensiones. AFP | ATLAS

Gladys Judith Aular exhibe una pequeña tarjeta, similar a un documento de identidad. De este carnet dependen los exiguos beneficios con los que el aparato chavista busca asegurarse el control de la población venezolana. El pasado 20 de mayo, día en que se celebraron unas elecciones presidenciales rechazadas por la oposición y la mayoría de la comunidad internacional, esta caraqueña de 62 años salió de un centro de votación del barrio de Petare y se dirigió a uno de los puestos del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), conocidos como puntos rojos. Lo hizo para certificar su asistencia a las urnas y su fidelidad al chavismo a través del llamado carnet de la patria, la versión venezolana de una cartilla de racionamiento.

La oposición denuncia que es una herramienta de control social enfundado en un programa de asistencia, y que su puesta en práctica constituye un chantaje orquestado en el cual se oficializa la discriminación política. Un análisis extendido compara el carnet de la patria con instrumentos frecuentes en la Cuba de Fidel Castro, como las famosas cartillas de racionamiento. Existen diferencias, aunque el fin último que persiguen converge sobre un objetivo estratégico: información que permita el control político y condicione las ayudas estatales.

Ese uso quedó demostrado en las últimas elecciones, cuestionadas por fraudulentas dentro y fuera de Venezuela, y que oficializaron la reelección de Nicolás Maduro. Unas 15 millones de personas, según las cifras oficiales, tienen ese carnet. Es decir, alrededor de la mitad población antes del éxodo masivo de los últimos meses. Se trata sobre todo de militantes chavistas, aunque la catástrofe económica lleva a solicitarlo incluso a los que no tienen simpatías con Maduro.

Gasolina subsidiada

Con el paso del tiempo y el agravamiento de la situación Maduro ha procurado fortalecer un sistema de subsidios que dependen de este documento. El Ejecutivo trabaja a toda velocidad para ampliar su cobertura. El último peldaño ha sido el anuncio en el cual queda oficializado que su tenencia garantiza el combustible a precios subsidiados, así como el pago del transporte público, y el acceso al programa de vivienda.

Estos días hay en las filas de la oposición un acalorado debate en torno a la moralidad del uso del carnet de la patria. Siguen existiendo importantes sectores sociales de ciudadanos, especialmente en las clases medias y altas, que rechazan de plano la posibilidad de sacárselo, al considerarlo un instrumento de esclavitud. Pero un número creciente de dirigentes, ubicados a la izquierda del amplio espectro de la oposición, como Henrique Capriles Radonski, han justificado que los ciudadanos más humildes recurran al carnet para poder alimentarse y tratar de hacer frente a la escasez, y han pedido comprensión para quienes se ven obligados a acudir a sus beneficios, que en definitiva siguen siendo muy magros frente a la magnitud de la crisis.

Los servicios del carnet de la patria incluyen varios bonos lanzados por el Gobierno y el acceso teórico a programas como el “plan parto humanizado”, el “plan chamba juvenil” y el acceso a las bolsas de comida repartidos por los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Estas cajas contienen un puñado de productos básicos y suelen llegar con retraso a las familias.

Conforme el panorama económico del país se fue deteriorando, el acceso a los servicios del carnet de la patria pasó a convertirse en un dilema fundamental para parte importante de la población. Mientras los precios aumentaban descontroladamente, los productos comenzaron a escasear, y los funcionarios chavistas aprobaban sus inútiles operativos de fiscalización comercial, esta tarjeta ofrecía un mínimo de oxígeno. Pero también dependencia del chavismo.

El documento tiene un código QR que le permite al régimen disponer de un mapa con información sobre la población beneficiada. En una de sus alocuciones para justificar su creación, Nicolás Maduro afirmó: “El Carnet de la Patria nos permitirá llegar a donde no estamos llegando. Para llegar a las catacumbas de los hogares venezolanos, con amor, con la mano, con la protección de una revolución que tiene que renovarse”.

PROTESTAS DE JUBILADOS POR EL PAGO DE LA PENSIÓN

Jubilados venezolanos protestaron ayer frente a las entidades bancarias y bloquearon avenidas de Caracas para exigir el pago de sus pensiones en efectivo. Las protestas se producen en medio de un corralito de facto y después de que el presidente, Nicolás Maduro, anunciara el jueves que a partir de ayer podrían cobrar una parte del total, el 25% del nuevo monto de las pensiones, es decir, 450 bolívares soberanos, que equivalen a 7 dólares según la tasa oficial. Debido al proceso de reconversión monetaria que le quitó cinco ceros a la moneda y tras el abrupto aumento de las jubilaciones, el presidente anunció que este mes el pago se haría de forma fraccionada.
El anuncio de Maduro provocó que cientos de pensionistas amanecieran haciendo largas filas frente a las agencias de los bancos públicos y privados, que no abren durante los fines de semana. Los jubilados venezolanos piden cobrar sus pensiones en efectivo porque aseguran que los precios de los productos son más altos si se pagan por transferencia o con tarjeta bancaria. Entre consignas como “basta ya de engaños, queremos la pensión” y letreros en los que se podía leer “hay hambre”, algunos usaron escombros para bloquear avenidas.

Emigración, remesas y CLAP:  Las tres muletas de Maduro por Andrés Becerra – Caracas Chronicles – 9 de Agosto 2018

Muchos, tanto dentro como fuera de Venezuela (Nicholas Casey del The New York Times, por ejemplo), se preguntan con razonable incredulidad:  “¿Cómo es posible que Maduro mantenga el control de Venezuela, en medio de una crisis socioeconómica semejante? ”

Creo que ha tenido tres muletas muy útiles: emigración, remesas y CLAP.

Es difícil calcular el número de migrantes venezolanos desde 1999 (y mucho menos 2012 o 2017), por lo que algunas organizaciones hacen aproximaciones.

Consultores 21 dice que al menos 4 millones de venezolanos habían abandonado el país en diciembre de 2017, y la Organización Internacional de Migraciones indica que 944,880 venezolanos han dejado estos últimos dos años.

Además, para los que aún están en Venezuela, está muy claro cómo todo el país pierde gente a diario: conducir en Caracas es un pan comido hoy, porque no hay tráfico (causado por una gran falta de piezas y baterías).

La consecuencia de la emigración es más simple que trágica: con menos personas en el país, tienes menos protestas por comida, medicinas y servicios públicos, menos activistas políticos y patrocinadores financieros; de hecho, debe distribuir menos productos para mantener al país en paz. ,*Menos personas, menos problemas para el chavismo*.

Por supuesto, si más personas abandonan el país, los que quedan recibirían más remesas de amigos y parientes emigrados, lo que significa que hay más personas dentro que podrían enfrentar la escasez e hiperinflación.

Según Datanálisis, el 9% de los venezolanos reciben remesas (se podría argumentar que el gobierno mismo está interesado en un recorte de este pastel).

La tercera muleta es el sistema CLAP: si puedes controlar la distribución de alimentos escasos y caros, repartiendo selectivamente lo que decides dar, tienes una muy buena herramienta para mantener el control: las personas no pueden protestar si están esperando el CLAP.

Según Datanálisis, el 50% de los venezolanos han recibido una caja CLAP al menos una vez, y el 20% de la población recibe cajas CLAP regularmente.

El sistema CLAP, por cierto, tiene sus propias limitaciones en su control, como explica Anabella Abadi.

Existen otras herramientas de ingeniería social (hiperinflación, escasez, delincuencia y miedo), pero la emigración, las remesas y las cajas de CLAP están siendo muy eficientes en este momento.

¿Por cuanto tiempo? Los cálculos son un ejercicio difícil en este contexto, pero creo que el tiempo juega a favor del chavismo, precisamente por el efecto sumado del sistema antes mencionado: menos personas que mantener bajo control, menos bocas que alimentar, más remesas que ayudan a que mitiguen sus carencias.

_Beneficios por todos lados_.
*Una estrategia cubana de alta (y perversa) eficiencia*.

La peste Venezuela y el Orán de Camus por Héctor E. Schamis – El País -28 de Julio 2018

download.jpgHe seguido a Venezuela por décadas. Inicialmente por la anomalía de su democracia petrolera, luego por el colapso del puntofijismo y su consecuente vacío, un escenario propicio para el surgimiento del populismo. Más tarde fue la construcción de un régimen autoritario. Y a partir de 2014 por la crisis política profunda, la cual pensé que era irreversible e implicaba una inminente caída de dicho régimen. 

Erróneamente, pues allí sigue. Lo cual me causa perplejidad al mismo tiempo que corrobora mi ignorancia. Dicho régimen no gobierna, en el sentido estricto del término, pero sí ocupa el poder. Su rasgo más saliente es la degradación institucional causada por una fuerza política que se convirtió en organización criminal estando en control del aparato del Estado.

O de sus ruinas. Así es cuando la corrupción captura la política y los warlords venezolanos se disputan la apropiación de los recursos lícitos e ilícitos. Lo que queda de ese Estado tanto como lo que queda de la salud pública, el tejido social, la estructura productiva y la moneda en un país que parece haber sido destruido por una peste, un país convertido en el Orán de Albert Camus. 

Cómo no pensar en La peste, donde se revela lo mejor y lo peor. Está el Doctor Bernard Rieux, un médico abnegado que dedica sus esfuerzos a curar, pero también está el Doctor Richard, dubitativo y negador de la realidad, hasta que la peste lleva su propia vida. Está el periodista Raymond Rambert, a quien la peste encuentra en Oran por casualidad, pero que se queda a luchar contra la enfermedad y hace de esa lucha su prioridad. Y está también Cottard, personaje con pasado criminal para quien la peste es la oportunidad de lucrar por medio del contrabando. 

Alcanza con leer las noticias sobre Venezuela para leer a Camus. Una noticia recorre las redes. Muchos de los alimentos distribuidos por el gobierno a través del sistema CLAP no son aptos para consumo, llegan pasada su fecha de expiración. En un video que se hizo viral se observa un paquete de frijoles atiborrado con gorgojos. 

Los medios reportan rupturas en las tuberías de varias ciudades del país, produciendo fugas de agua potable y generando escasez. El problema se ha vuelto permanente en muchas urbanizaciones de Caracas. Hay casos de vecinos que se han puesto de acuerdo para contratar empresas de ingeniería privadas y realizar excavaciones en busca de pozos. O bien lo hacen por su cuenta. Allí tiene el lector una definición abreviada del concepto “Estado fallido”. 

La prensa informa acerca de una reciente investigación de Susana Raffalli, conocida experta en seguridad alimentaria. En 16 estados del país, el 15 por ciento de los niños están en riesgo de morir por desnutrición. Ello significa un retroceso de 50 años en el sector salud. No es una cifra a nivel nacional pero es suficientemente crítica. El 33% de los recién nacidos ya exhiben un atraso de crecimiento irreversible. 

Esta semana el FMI pronosticó una inflación anual de un millón por ciento en Venezuela para este año. Ello como concomitante del alto déficit fiscal, financiado con expansión monetaria, y una caída del producto proyectada de 18%, la cual debe agregarse a una contracción de 50% en los últimos cinco años. Se advierte que aumentarán las consecuencias migratorias para los países vecinos. 

Con un sistema de precios destruido, se erosiona la normatividad fundamental de toda la sociedad. Cuando nadie conoce el valor de lo cotidiano, las conductas son puro individualismo; “anomia”, lo llaman los sociólogos. Ello destruye el tejido social, tal como lo expresa el éxodo ininterrumpido. La hiperinflación también es una plaga. 

Los periódicos informan que la Asamblea Nacional, la legislatura elegida legítimamente, ha iniciado una investigación sobre la nacionalidad del presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, Miguel Ángel Martín. Lo hicieron mediante un oficio enviado a la Cónsul General de España, no a través de una consulta con el interesado. Lo absurdo es que Martín fue elegido junto con otros 12 magistrados por la propia Asamblea Nacional, cumpliendo con su prerrogativa constitucional, en julio de 2017. 

Dejaron el país a consecuencia de la persecución del gobierno. Desde el exterior el TSJ trabaja sobre casos por demás sensibles. Entre ellos, la destitución de Maduro y la formación de un gobierno en el exilio, y el caso Odebrecht con sus aportes a las campañas del oficialismo y, según algunos, de la oposición por igual. 

Venezuela hoy o el Orán de Camus en 1947, la vida, el poder, la grandeza y la miseria. Y la peste.

Índice Global revela que en Venezuela la esclavitud es política de Estado por Sabrina Martín – Panampost – 19 de julio 2018

En el país suramericano unas 174.000 personas sufren situación de esclavitud, con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes.

Unas 174.000 personas sufren esclavitud moderna en territorio venezolano con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes (Twitter)

De todo el continente americano, Venezuela y Haití lideran el Índice Global de Esclavitud moderna. El país gobernado por Nicolás Maduro ahora no solo se destaca por ser la nación con la inflación más alta del mundo y los salarios más bajos de la región, sino también por ser uno de los que mantiene en vigencia la esclavitud.

El Índice Global de Esclavitud 2018, que publica anualmente la organización de ayuda Walk Free Foundation en Australia, define la esclavitud como una “situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño”.

Según el estudio, en el país suramericano unas 174.000 personas sufren esa situación en territorio venezolano con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes. Esa proporción es similar a la de Haití, donde unas 59.000 personas serían víctimas de dicho flagelo.

A las incidencias de esclavitud moderna, también se suman República Dominicana, Cuba y Honduras, a pesar de que sus números no alcanzan las cifras de Venezuela.

Isabel Pereira, Doctora en sociología y coordinadora del Observatorio de la Propiedad de Cedice Libertad, señaló a PanAm Post que en Venezuela, como ocurre con los esclavos, los ciudadados no son libres ni en materia económica, política ni social.

“Un país que tenía las mejores condiciones ha convertido a los ciudadanos en esclavos modernos sin ninguno de sus derechos”, agregó.

“A mí no me extraña que Venezuela sea una de las primeras en esclavitud, porque lo que ha ocurrido en los últimos tiempos es una total pérdida de la libertad del ciudadano”, explicó.

Pereira señaló que no es solo que el venezolano perdió el derecho de alimentarse correctamente, es el hecho de que además perdió sus poderes: el poder de elegir, de opinar, de decidir.

“Lo que se puede llamar como esclavitud moderna en Venezuela es que hemos perdido todos nuestros derechos, nosotros no tenemos la libertad”, sentenció.

En la nación que actualmente enfrenta una dictadura moderna, se registran miles de casos de amenaza, violencia y coerción por parte del régimen.

Y es que la primera señal de esclavitud en Venezuela se da con los paupérrimos salarios de los trabajadores, pues un sueldo mínimo en ese país equivale a USD$ 1 mensual, al tiempo en que una canasta básica familiar cuesta 220 millones de bolívares (USD$ 78,5), obligando a los venezolanos a buscar más ingresos para poder sobrevivir.

Otra señal de esclavitud se da con la dependencia que tienen los venezolanos de las cajas de alimentos subsidiadas por el régimen.

Ante la escasez de alimentos que hay en el país suramericano y la hiperinflación desbordada, Nicolás Maduro ingenió un mecanismo de sumisión con el que chantajea al pueblo venezolano. Les ofrece comida a cambio de votos y apoyo popular.

Maduro ha dejado claro que con las cajas de alimentos CLAP mantiene dependientes a los trabajadores estatales y a los electores de más bajos recursos.

Pero como si esto fuera poco, el régimen también creó “el carnet de la patria”, otro mecanismo de sumisión y esclavitud con el que el Ejecutivo mantiene un control sobre la sociedad. Todo venezolano que tenga dicho “beneficio” debe ser chavista y gracias a ello obtener acceso a vacunas, vivienda, y otras misiones sociales creadas por el oficialismo.

Ante esto, los venezolanos se ven “obligados” a depender del Gobierno, trabajar por bajos sueldos o “vender sus consciencias” a cambio de comida o beneficios.

“El carnet de la patria es un instrumento de esclavitud moderna porque con comida y ‘beneficios’ te dan recursos para que financies tus necesidades básicas”, sentenció Pereira.

“En Venezuela uno no puede tener un proyecto de vida, el salario ni si quiera te permite comprar la comida, y para conseguir trabajo en la mayoría de los casos tienes que trabajar para el Gobierno, porque las empresas están cerrando. Uno no es libre en el país”, concluyó.

Red que se lucra del hambre enVenezuela opera desde Europa por Miriam Burgués/EFE – La Patilla – 16 de Julio 2018

Unknown.jpegLa red criminal trasnacional que se lucra de la venta y distribución de alimentos esenciales para la población en Venezuela, causando hambre en este país, tiene vínculos con personas y empresas que operan desde naciones de la Unión Europea (UE), según el ministro colombiano de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

La información recopilada y compartida por las autoridades de inteligencia financiera de Colombia, México, Panamá y Estados Unidos está sirviendo para que “quede evidente al mundo que el hambre que hay en Venezuela es un hambre inducida”, provocada por la “corrupción”, explicó Cárdenas durante una entrevista con Efe en Madrid.

El ministro, que participó en la capital española en un seminario sobre infraestructuras organizado por la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, es uno de los integrantes del grupo de trabajo creado por los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Estados Unidos para detectar y luchar contra los entramados corruptos vinculados al régimen del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

El grupo se reunió la semana pasada en Cartagena (Colombia) para abordar el caso específico de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) venezolanos, promovidos por el Gobierno de Maduro y encargados de distribuir alimentos de primera necesidad.

Cárdenas detalló que existe un entramado que vende esos alimentos a un sobreprecio y desvía fondos “que se mantienen en cuentas de funcionarios o testaferros del régimen de Maduro”.

Algunas de las personas y empresas de ese entramado corrupto operan desde países de la UE y, por ello, se ha invitado a la próxima reunión del grupo, fijada para septiembre en Washington, al Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac) e Infracciones Monetarias de España.

Según Cárdenas, también “se va a involucrar a las fiscalías” de los cuatro países del grupo de trabajo, dado que “el caso está ya para pasar a la etapa de imputaciones”.

La labor de las unidades de inteligencia financiera “será un insumo determinante para decisiones” frente a la crisis en Venezuela “que se puedan tomar en el escenario no solo judicial, sino también político”, aseguró el ministro.

Por otro lado, Cárdenas resaltó durante la entrevista “el momento extraordinariamente positivo” que, a su juicio, está viviendo Colombia, aunque lamentó que en la reciente campaña electoral se usara “el desprestigio” del país “como instrumento político sin ningún tipo de sustento”.

“Ha habido muchas ‘fake news’ (noticias falsas) sobre la situación en Colombia”, según Cárdenas, que entregará la cartera de Hacienda a Alberto Carrasquilla en agosto, cuando asumirá el nuevo Gobierno del presidente electo, Iván Duque.

Las reuniones de transición que ya ha mantenido con su sucesor han sido “muy cordiales, muy fluidas y con un espíritu muy constructivo”, añadió.

En su opinión, “el Gobierno que llega va a encontrar una economía en proceso de recuperación, con un crecimiento que se está acelerando”, tras un “ajuste difícil” a la nueva realidad de “convivir con menores ingresos petroleros” y a cambios “estructurales” como los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC.

Durante los procesos electorales “se tiende a descontextualizar y plantear un panorama que no es real”, puesto que “la economía colombiana está en uno de sus momentos más sólidos y fuertes”, señaló Cárdenas al destacar, entre otros, los buenos indicadores de inversión extranjera, acceso a financiación y llegada de turistas.

“El país está en una muy buena senda, el próximo Gobierno va a poder cosechar muchísimo de lo sembrado por este Gobierno”, insistió.

La conferencia “Infraestructura para la integración de América Latina”, celebrada en la Casa de América, ha reunido este lunes a ministros y responsables de Economía, Finanzas y Planificación de Bolivia, Brasil, Colombia, España, Paraguay, Perú y Uruguay, entre otras personalidades.

Se trata de la primera conferencia anual de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina en España, con objeto de ser un espacio permanente de dialogo donde representantes políticos y del sector privado compartieron experiencias y propuestas para las alianzas público-privadas.

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