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Cómo funciona el esquema de la silenciosa privatización petrolera de Maduro por Zenaida Amador – ALnavío – 23 de Diciembre 2019

“El año 2020 tiene que ser el año del regreso de la industria venezolana a su nivel histórico (…) el año del crecimiento y la prosperidad que merece nuestro pueblo”, aseguró el presidente de Petróleos de Venezuela, Manuel Quevedo, en un mensaje institucional que divulgó por las redes sociales de la petrolera estatal. No es la primera vez que Quevedo promete la recuperación de PDVSA aunque su gestión siempre ha fracasado en alcanzar esa meta, pero en esta ocasión hay diferencias en el trasfondo que pueden indicar que sus comentarios tienen algo más de asidero. ¿Qué es lo que está pasando en la industria petrolera?
Maduro decidió un cambio de socios en 11 empresas mixtas / Foto: PDVSA
Maduro decidió un cambio de socios en 11 empresas mixtas / Foto: PDVSA

PDVSA pasó de producir 2,9 millones de barriles por día en 2013 a menos de 700.000 barriles diarios en noviembre de este año, según fuentes secundarias consultadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). No obstante, un reporte de la agencia de noticias estatal venezolana AVN sostiene que al 12 de diciembre el bombeo se encontraba en 931.700 barriles por día, aunque admite que en octubre el nivel llegó a un promedio diario de 650.700 barriles.

Menos de un millón de barriles por día sigue siendo un nivel precario para un país cuyos ingresos dependen en más de 90% de las exportaciones petroleras. Pero no deja de llamar la atención que se reporte un ligero aumento aun en medio de la severa crisis económica y de las sanciones internacionales que afectan al país.

¿Qué puede estar influyendo para que ocurra este cambio de tendencia?

La reorganización de PDVSA

Recientemente se informó que PDVSA hizo un proceso de reorganización para incentivar la producción. El Ministerio de Comunicación e Información de Nicolás Maduro precisó que se decidió un cambio de socios en 11 empresas mixtas que arrojaron bajos niveles volumétricos. Si bien la información circuló oficialmente el pasado 14 de diciembre los datos corresponden a decisiones adoptadas en 2018.

Estos “cambios” en efecto se han venido gestando poco a poco, favoreciendo una reconfiguración de la industria, algo que el exzar de PDVSA, Rafael Ramírez, critica abiertamente, porque “el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía y el futuro de la patria a los intereses transnacionales”.

La entrega de la que Ramírez habla comenzó en 2016, abriendo espacios para China y Rusia, los socios estratégicos de Maduro, en la industria petrolera. Pero más recientemente, según explica, a Manuel Quevedo le fueron otorgados poderes extraordinarios y anticonstitucionales para aumentar la producción petrolera en el país. Esto dio lugar a que en 2018 firmara 14 contratos “en los cuales se cede a los privados la operación y comercialización de petróleo, revirtiendo a estas la operación y control de la mayoría de los campos que habían pasado a control de PDVSA, cuando se revirtieron los Convenios Operativos durante el desarrollo de la política de Plena Soberanía Petrolera del gobierno del presidente Chávez, en el año 2006”.

Quien llegó a ser el hombre fuerte de las finanzas públicas venezolanas y que cayó en desgracia con el fortalecimiento del régimen de Nicolás Maduro ahora argumenta que estos campos se han convertido en una fuente de recursos muy importante para los empresarios del madurismo, puesto que PDVSA les reembolsa todos los sobrecostos de operación en los que dicen incurrir.

El asunto Oswaldo Cisneros

Desde inicios de diciembre Reuters informó que el régimen de Maduro y la oposición discuten la posibilidad de permitir que compañías privadas que participan en empresas mixtas con PDVSA asuman el control de los campos pese a no ser socios mayoritarios.

En línea con esto, el empresario Oswaldo Cisneros, con 40% de participación en la empresa mixta Petrodelta, afirmó que estudia con PDVSA firmar “un contrato donde nos entregan la producción a nosotros (…) nos subcontratan la operación del campo”.El presidente de PDVSA anunció un repunte de la producción / Foto: PDVSA

A tal efecto, dijo Cisneros, la compañía consiguió un financiamiento de unos 800 millones de dólares en una institución financiera de Dubái. Su objetivo es aumentar la producción en Petrodelta a unos 100.000 barriles por día en los próximos tres años, la meta que se fijó cuando entró a la empresa mixta en 2016 y aún no logra cumplir.

Cisneros forma parte del consorcio CT Energy, en el cual comparte con el presidente de Element Capital Advisors, Francisco D’Agostino, el manejo de 40% de Petrodelta.

Según Reuters, están en la mira negociaciones con Chevron, Rosneft y CNPC, para que le den un impulso renovado a la producción local.

Para Ramírez este es un proceso que ocurre con la complicidad de todos los factores políticos que se disputan el control del poder y el silencio inexplicable de los militares bolivarianos.

Aliados con muchos millones

Nicolás Maduro tiene como objetivo dar un giro en su lucha por mantener el poder, ya que PDVSA intenta una nueva estrategia para revivir la producción, señaló la semana pasada Argus en un informe sobre Venezuela. Allí destacó que PDVSA se apoya en socios de empresas conjuntas tratando de continuar con un naciente florecimiento de la producción de crudo y estar a la altura de una mejor perspectiva económica para 2020.

Parte de la estrategia se adelanta con socios nacionales, pero también con empresas foráneas que siguen mostrando interés en el petróleo venezolano aun con las férreas sanciones internacionales que pesan contra el régimen de Maduro.

Ramírez afirma que el pasado 12 de diciembre el Tribunal Supremo de Justicia de Maduro aprobó la solicitud realizada por Manuel Quevedo de crear una empresa mixta entre PDVSA y una industria de Chipre, que Ramírez califica “de maletín, carente de experiencia y capacidad, constituida para tal efecto por capitales españoles y venezolanos. Una asignación simple y pura, directa, sin ningún tipo de acuerdo o proceso de selección que la sustente. Los capitales españoles, según Ramírez, están vinculados al grupo Cortina, a José María Aznar y al Partido Popular de España. Los ‘capitales’ venezolanos están vinculados a Alejandro Betancourt y Erick Malpica Flores”, este, sobrino de Cilia Flores, esposa de Maduro. La citada empresa recibió el Bloque Junín 10, con unas reservas recuperables de 10.468 millones de barriles de petróleo.

Argus, por su parte, señaló que la nueva empresa mixta es PetroSur en la que la Corporación Venezolana de Petróleo, filial de PDVSA, se asocia con la empresa con base en Chipre Inversiones Petroleras Iberoamericanas (IPI).

Reseña que los principales socios de IPI incluyen al expresidente y director ejecutivo de la firma española Repsol, Alfonso Cortina; el ex asesor de asuntos legales de Repsol, Ramón Blanco Balin, y el venezolano Alejandro Betancourt, socio principal de Derwick Associates. La firma realizará un pago inicial de 400 millones de dólares a PDVSA por los derechos de Junín 10.

El ex ministro chavista Rafael Ramírez cargó contra el dictador Nicolás Maduro: “Entregó el futuro de la patria a los intereses transnacionales” – Infobae – 22 de Diciembre 2019

El antiguo presidente de PDVSA en tiempos de Hugo Chávez criticó los negocios con China y Rusia. “Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía”, expresó

Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017
Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017

El ex hombre fuerte del chavismo Rafael Ramírez, devenido ahora en opositor, criticó este domingo con dureza al régimen de Nicolás Maduro en una columna de opinión en la que repasó “el año infausto para la patria” vivido por Venezuela en 2019 y aseguró que el chavismo entregó “el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, especialmente chinos y rusos.

“Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía y el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, dijo en un un artículo publicado en su sitio web. “El madurismo está dispuesto a entregar la patria y hacer lo que sea para salvar su propia cabeza”, agregó.

Al hablar de estos intereses transnacionalses, el ex embajador de Venezuela ante la ONU y hombre de confianza del fallecido Hugo Chávez comenzó refiriéndose a la venta realizada el 22 de febrero de 2016 del 23,4% de la participación de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, en la empresa Petromonagas. El comprador fue Rosneft, petrolera estatal rusa, y la operación se hizo “de espaldas al país, al margen de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, nadie discute, nadie sabe el precio, ni las razones de la entrega”, de acuerdo a Ramírez.

El ex presidente de PDVSA también señaló la entrega del gas del Proyecto Mariscal Sucre, ubicado al norte de Carúpano, a empresas rusas que “no pagarán impuestos”.

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Luego, Ramírez también se refirió a la cesión del 9,9% de la participación de PDVSA en la empresa Petrosinovensa, pero esta vez entregada a la compañía china CNPC.

“Cuando las transnacionales obtienen esta alta participación en las empresas mixtas, no solo reciben una mayor tajada del mejor negocio del mundo, sino que ahora están en condiciones legales de tomar el control operacional de las empresas, como efectivamente lo hicieron” explicó.

Mencionó, asimismo, la entrega de CANTV, empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada por Chávez, a otra compañía transnacional china, “una reprivatización simple y pura de sus empresas”.

 

Deterioro económico, político y social

“La hiperinflación de 360.000% solo este año, la mega devaluación desde agosto de 2018, cuando el ya devaluado bolívar se depreció de 60 bolívares soberanos por dólar a 48.000 bolívares soberanos por dólar a la fecha; un salario de hambre, de tan solo 3,125 dólares al mes, el más bajo de todo el hemisferio”, catalogó Ramírez en el mismo artículo, a manera de resumen del “infausto” año vivido por Venezuela.

Lamentó, además, el “colapso” de PDVSA, “con una caída de 2.300.000 barriles día de petroleo en apenas 6 años, sin gas, ni gasolina”.

“Estamos frente a un país donde al trabajador le fueron arrebatadas todas las conquistas laborales, se violentaron todas las Convenciones Colectivas de la administración pública, de los obreros, con la mega devaluación se esfumaron las prestaciones sociales, el gobierno hizo la tarea sucia a la burguesía, se apropiaron de los ahorros de los trabajadores, del esfuerzo de toda su vida, ahora canjeadas por papelitos de monopolio o medio petro”, expresó.

En lo social, Ramírez resaltó una pobreza que alcanza el 83% de la población y el hecho de que siete millones de venezolanos requieran “protección humanitaria según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), 1.9 millones que sufren desnutrición aguda, la mortalidad infantil aumentó a niveles de espanto, que el gobierno no se atreve a publicar”.

“Hasta la fecha 4,7 millones de venezolanos han abandonado el país, con proyección de llegar a los 6 millones según el último informe de migraciones de la ACNUR”, se refirió en relación al llamado éxodo venezolano.

Ramírez se encuentra en Europa desde 2017, cuando entró en conflicto con Maduro y fue removido del cargo de embajador de Venezuela ante la ONU. Desde entonces se ha convertido en una voz crítica del régimen al que pertenecía, y ha sido también vinculado con hechos de corrupción en el caso Andorra, de lavado de activos y pago de sobornos, por el Ministerio Público de su país. El chavismo ha intentado arrestarlo, mientras que el ex ministro ha rechazado los cargos y denunciado una presunta venganza de parte del chavismo.

Sobre la situación política y social en su país, destacó también “la permanente violación de la Constitución y las leyes, la ausencia del Estado de Derecho, de la separación de poderes, sin garantías de ningún tipo”, las cárceles “llenas de presos políticos, trabajadores y militares secuestrados”, las familias separadas, los jóvenes desilusionados y los ancianos y niños abandonados a su suerte, en una larga descripción del deterioro en Venezuela.

“Por ello hay que insistir en denunciar una y otra vez lo que sucede en Venezuela, como se ha traicionado la esperanza de todo un pueblo, donde una nueva burguesía surge y se consolida con maduro y el madurismo, quienes han convertido al país en un negocio a la medida de sus necesidades y aspiraciones”, indicó Ramírez. “Han apuñalado el corazón de la patria, traicionado el legado de Chávez y, más allá de eso, el futuro y bienestar de todos los venezolanos, de sus hijos y los hijos de sus hijos”, concluyó.

Elliott Abrams dice que Rusia y China ya no dan armas ni dinero a Maduro porque se lo roba por Daniel Gómez – ALnavío – 20 de Diciembre 2019

Elliott Abrams, enviado especial para Venezuela de Donald Trump, dice que Rusia y China “son conscientes de cómo Maduro y su régimen están destruyendo la economía venezolana”. Por eso en 2019 no ha habido ni préstamos ni ventas de armas a Venezuela.

Elliott Abrams: Rusia y China saben que Maduro está destruyendo la economía / Foto: Secretaría de Estado
Elliott Abrams: Rusia y China saben que Maduro está destruyendo la economía / Foto: Secretaría de Estado

“Sorprendentemente, parece que no están listos para darle ni un centavo, porque saben que será robado, malgastado. Creo que saben que el régimen se irá”, declaró este viernes en Washington, Elliott Abrams, enviado especial para Venezuela del presidente de Estados UnidosDonald Trump.

El diplomático asegura que en el último año ni Rusia ni China le han dado armas o dinero al régimen chavista. “Si tomas el 2019 o los últimos seis meses no hubo información de nuevas armas rusas o chinas. Nicolás Maduro fue a Moscú en septiembre, si miras el comunicado y lo que informan los medios, desde entonces no hay novedades de inversiones y préstamos”.

Como dijo Abrams, y reseñó el diario ALnavío en su momento, en la visita de Maduro a Rusia sólo hubo palabras de apoyo del presidente Vladímir Putin. En más de una ocasión el Kremlin negó que hubiera concedido préstamos al régimen. De hecho, recordó que Maduro fue a Moscú a pagar y que todavía le quedan 3.000 millones de dólares de deuda.

Por su parte, China ha sido un país comedido en sus muestras de apoyo a Maduro. Además, los gestos han sido significativos, como la retirada del gigante petrolero CNPC cuando el gobierno de Trump firmó un nuevo paquete de sanciones contra el régimen.

“Son conscientes de cómo Maduro y su régimen están destruyendo la economía venezolana”, dijo Abrams.

En la rueda de prensa también se refirió a la estrategia de EEUU. Dice que continuarán con la presión y las sanciones. “Los venezolanos quieren a su país de vuelta”.

Se refirió también a la próxima fecha electoral. Las elecciones parlamentarias de 2020, las cuales ganarían con facilidad la oposición y Juan Guaidó. “Cualquier encuesta dice lo hace obvio: la oposición ganará si [las elecciones] son libres”, dijo.

Abrams denunció que Maduro ha tratado de manipular el reparto de fuerzas y debilitar a la oposición de cara al 5 de enero, cuando la Asamblea Nacional decidirá quién es su próximo presidente: todo apunta a que será Guaidó.

“El régimen está usando una combinación de amenazas, arrestos y sobornos de hasta 500.000 dólares por voto para frenar la reelección de Juan Guaidó”, dijo. “Creo que, hoy, Guaidó tiene los votos para ser reelegido”.

Curioso que Abrams elabore este discurso sobre Rusia y China luego de la reunión que sostuvieran hace unos días el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el canciller Serguéi Lavrov, en Washington.

Ten things keeping Maduro in power revisited – Latin American Risk Report – 17 de Diciembre 2019

Venezuela’s de facto president continues to have cash, foreign allies and loyal security forces

About one year ago I published an article about ten things keeping Maduro in power. While I’ve written several articles during the year about the threats to Maduro’s stability and still believe he remains quite vulnerable to losing power in 2020, that article in December 2018 remains among my most accurate as Venezuela’s de facto president remains in power as 2019 closes. Many of the same factors that were keeping Maduro in power at the end of 2018 remain at the end of 2019. In spite of a major push by Juan Guaido and the international community, they haven’t managed to undermine these factors.

1) Legitimacy of the status quo – Maduro lacks democratic legitimacy and popular support. There is almost no chance he could win a free and fair election. Over 50 countries recognize a different president of Venezuela. But the fact that he started the year in charge remains the key reason he is able to remain in charge. Momentum and incumbent advantage are powerful forces in politics for both democracies and authoritarian regimes. The two decades of Chavista rule have included numerous institutional maneuvers that make change difficult.

2) Balance of power based on fear of the unknown – The vast majority of Venezuelans want Maduro gone. Rumors suggest that many in his own coalition want him removed. But there remains significant fear (and rightly so!) about what comes next. Many of the individuals who have the access and ability to remove Maduro from power are afraid that they would lose power, influence and wealth in the ensuing power struggle and they very well might be correct in that assumption.

3) The security forces – There were defections in 2019. Several thousand soldiers, sailors, airmen and national guardsmen left their posts and never returned. A few key generals including the head of Sebin defected as well. And yet, the vast majority of the leadership and the lower level forces remained with Maduro. That continued support from the security forces comes from a combination of duty, corruption, and fear as well as the knowledge that those who have tried to turn against Maduro so far have failed and faced severe consequences.

4) Repression, surveillance and counter-intelligence – The government continues to shoot, torture and illegally detain political opponents. The FAES raid poor neighborhoods and execute young men. Military counter-intelligence ensures the top generals and the rank and file feel a climate of fear and do not dare to actively plot a coup. Sanctions and threat of prosecution does not appear to have slowed the levels of repression. Though there were indications that some military and police units refused to engage in brutal tactics in 2019, others including FAES and DGCIM have more than filled the gap.

5) Cuba – The Diaz-Canel regime continues to support Maduro and neither the international community nor the Guaido coalition has given Cuba a good reason to stop doing so. Cuba provides political advice and intelligence personnel who help Maduro keep his own security forces in line and undermine plots to oust him.

6) China, Russia, Turkey, Iran – Of the four, Russia has been the most important for keeping Maduro in power during 2019. Russian military forces and security contractors have an active presence in Venezuela. Russian financial ties and Rosneft oil trades have been among the most critical factors in assisting Maduro in evading sanctions. The other three still matter in terms of providing support and financing, but Russia is the Black Knight who protects Maduro more than any other.

7) Lack of regional options and will – Most of the region supports Juan Guaido. The Lima Group publishes regular statements. The OAS has discussed Venezuela. TIAR has been invoked. Unfortunately, outside of strongly worded statements and some limited individual sanctions, very little has actually been done. This has gotten worse since the wave of protests and anti-incumbent sentiment hit the region starting in September. Macri lost his reelection. Chile, Colombia and Ecuador all experienced destabilizing protests. Bolsonaro has shown himself not eager to involve Brazil. There is little reason to believe the region will be more focused on Venezuela’s need for a transition in 2020 than they have been this past year.

8) Food as a political weapon – On one hand, compared to 2018, there is an increasing amount of dollars, importation of food has been smoothed out, and there are fewer shortages. If you have dollars, you can generally get what you want in Caracas. On the other hand, most Venezuelans don’t have dollars and don’t live in Caracas. That means a majority of Venezuelans in December 2019 still fail to eat three meals per day. Children go hungry and malnourishment remains a stark problem in the country. The government continues to use its leverage over food supplies and prices to manipulate the public.

9) Refugees – The exodus of people leaving Venezuela now numbers around five million. By encouraging people to flee the country, the government gets rid of a portion of the population that would otherwise stay and protest. The mass migration also increases the amount of remittances returning to the country.

10) Cash – Sanctions evasion, corruption, and the firesale of gold have given Maduro just enough cash to hold on. The full dollarization of the economy to take advantage of remittance money has extended his rule by a few more months, though it will exacerbate tensions with those still being paid in Bolivars including government workers and police. While Maduro and his inner circle have probably not had their best year in terms of personal finances, most of the Venezuelan population is suffering far more.

Analysis: Cash, Allies and Loyalty
Maduro’s removal is almost certainly contingent on a change of three factors:

his cash flow,

his international alliances,

and the views of his inner circle and the security forces.

Those three factors are interdependent. His international alliances are key to his cash flow and the money has a direct impact on the loyalty of those around him.

The regime is running out of gold and cannot mine more fast enough out of the Orinoco belt to replace what is being strip mined out of the Central Bank. The oil industry – while exports increased in November – provides far fewer cash-producing barrels than it did at the end of 2018. Russia helps the sanctions evasion and ships pallets of hard currency in exchange for gold and oil, but as I’ve argued previously, Russia is likely pulling more resources from Venezuela than it is providing Maduro.

None of the above ten points I’ve listed are dependent on Juan Guaido, others within the coalition of Maduro opponents, or the population at large. That’s not to say that opposition cohesiveness, infighting and strategy don’t matter. They certainly play a role in keeping pressure on Maduro both domestically and internationally. The opposition’s recent infighting helps keep Maduro in power, and the Maduro regime’s attempts to repress and break apart the Guaido coalition shows that the de facto president understands that his opponents matter.

The big shift, as of the end of 2019, is the dollarization of the economy. This reversal of a long-held Chavista policy of currency controls has provided relief to the top levels of the economic pyramid. This includes many who are among the sectors who led protests in 2007, 2014 and 2017. However, dollarization has increased inequality and made life more difficult for the poorest as well as government workers. If a protest wave hits Venezuela in 2020, it very well might be led by the sectors that have been left out by the dollarization of the economy rather than the traditional opposition. That would present a different public pressure threat than the Chavistas have faced in the past two decades. It could potentially shake the loyalty of those around Maduro.

Maduro wants new legislative elections and Guaido has long insisted that new presidential elections are necessary, but with Maduro leaving power as a precondition. Any new election process, whether or not the opposition participates, is a risk to Maduro and his hold on the legitimacy of the status quo. Elections are often a key moment of pressure, even for authoritarian regimes that manipulate and abuse the process.

China National Petroleum Corp suspende carga de crudo venezolano por segundo mes consecutivo – La Patilla – 10 de Septiembre 2019

Un trabajador remueve equipos de una pieza de perforación de petróleo en un complejo de energía cerca de Midland, Texas. Febrero, 2019.

China National Petroleum Corp (CNPC), un importante comprador de petróleo venezolano, no cargará envíos por segundo mes en septiembre debido a que desea evitar sanciones de Estados Unidos, dijeron dos fuentes con conocimiento del tema.

El gigante petrolero estatal chino suspendió sorpresivamente el mes pasado la carga de crudo venezolano después de que Washington congeló activos del gobierno venezolano en Estados Unidos y autoridades advirtieron a las compañías que no hicieran negocios con la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).

“CNPC a nivel de grupo ha puesto de manifiesto no cargar petróleo venezolano”, dijo el lunes una fuente con conocimiento directo de la postura de CNPC, sin entregar detalles de cuánto tiempo duraría la suspensión.

Otra fuente de alto rango de la industria china dijo el mes pasado que CNPC interpretó el decreto del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como un potencial preludio para sanciones más profundas que podrían afectar a la compañía por ser un importante cliente de Caracas.

La decisión se da en momentos en que la petrolera estatal rusa Rosneft se ha convertido en el principal operador de crudo venezolano, enviando petróleo a otros compradores y ayudando a Caracas a contrarrestar la pérdida de operadores que están evitando esos suministros por temor a violar las sanciones de Estados Unidos, reportó Reuters el mes pasado.

Un programa de carga de crudo de PDVSA visto por Reuters confirma que hasta el momento no hay embarques previstos para CNPC para este mes.

El decreto emitido por Trump el 5 de agosto no sanciona explícitamente a las compañías extranjeras que hacen negocios con PDVSA, incluidas socias en operaciones petroleras como la francesa Total SA, ni a clientes rusos o chinos.

Sin embargo, la orden amenaza con congelar los activos en Estados Unidos de cualquier persona o compañía que se determine que ha “ayudado significativamente” al gobierno venezolano. Reuters

Why America Shouldn’t Be Too Concerned About Venezuela by Mark Falcoff – The American Conservative – 27 de Agosto 2019

Venezuelans voted themselves into this pickle. There’s no good reason for Washington to intervene.

Venezuelan President Nicolás Maduro. Credit: StringerAL/Shutterstock

Perhaps Karl Marx’s greatest (and most quoted) aphorism is: “History repeats itself; once as tragedy, the second time as farce.” Nowhere is the truth of that clearer than in the case of Venezuela. When the late Hugo Chavez was elected to the presidency there in 1998, everybody in Washington imagined that this was a replay of Fidel Castro’s adventure in Cuba, but with the important difference that this time the revolution would be financed by a bottomless pit of oil. Venezuela’s “20th-century socialism” would be one of abundance rather than scarcity.

Indeed, for some years afterwards, it appeared that there were a few similarities between the early Cuban Revolution and the Chavez regime. The country conspicuously realigned itself with the Russian Federation (the next best thing, since the Soviet Union had ceased to exist) and with assorted kleptocracies in Latin America, Asia, the Middle East, and Africa (collectively known as the Non-Aligned Movement). Chavez then went on a buying spree of weaponry he didn’t need and would never use, at one point even contemplating the purchase of a Soviet-era submarine. Cash-rich with oil selling at over $100 a barrel, he went about purchasing influence in the smaller, more vulnerable countries of Latin America (as well as some that weren’t so small and vulnerable). At home, Chavez showered his people with goodies, including subsidized groceries and free health care courtesy of Cuban doctors and dentists. All this was so successful on its own terms that Chavez could even risk repeatedly going to the ballot box, assured that he would never win less than 60 percent of the vote—a feat that Comrade Fidel, for all his appeal to the Barbara Walterses of this world, never dared to attempt.

Then two things happened. One, in spite of the best efforts of Cuban doctors, Chavez succumbed to cancer. Second, the price of oil collapsed, putting paid to the mismanagement of the state oil company. Chavez’s designated successor, Nicolás Maduro, a former bus driver hand-picked by the Cubans to run the country in the caudillo’s absence, proved far less charismatic and imaginative a leader than Chavez. Long before things turned sour, Venezuelans with money were moving their capital to Panama, Spain, or the United States, and any Venezuelan with ability and education had begun looking for other places to live. Indeed, by now, the drainage of human capital is so significant that even if Maduro were to dissolve into thin air tomorrow, it’s unlikely that Venezuela would ever recover from its adventure in tropical leftism.

In spite of Chavez’s claims, there was nothing particularly socialist about his regime. In spite of a few dramatic expropriations such as the vaunted “land reform” (which, by the way, had little impact on Venezuela’s food supply, since the country had been a net importer of foodstuffs for nearly a hundred years), many private businesses continued to operate and Chavez-friendly companies often set up partnerships with key military officers. (In this one respect, the Venezuelan regime does resemble its Cuban counterpart—in both countries, the real reigning political party is the high command of the armed forces.) The real problem was with the administration of the state oil company, formerly the most successfully run business of this type anywhere in Latin America. Over time, the departure and dismissal of key engineers and technicians, along with the appointment of political hacks to run the different divisions of the company, caused the production of oil to drop. Combined with a dramatic decline in world oil prices, the scissors effect produced a crisis in the Venezuelan economy, which has now spread to all sectors of society and caused widespread shortages of key necessities. Hundreds of thousands if not millions of Venezuelans have fled to neighboring countries, and according to some predictions, that figure will double in the foreseeable future.

Maduro has sought to stanch the bleeding by rushing off to China for huge loans, mortgaging oil shipments that have yet to emerge from the ground (and may never). As far as the Russians are concerned, Venezuela has proven a fruitful market for spare weaponry of all kinds, and particularly small arms to equip Maduro’s bully boys. But even with Chinese credits, it’s unlikely that Maduro will be able to reverse his country’s decline.

The question, of course, arises: what is the United States going to do about all this? One might well ask—why do anything at all? Let’s remember the differences between Cuba and Venezuela. Castro came to power at the height of the Cold War and set off alarm bells in Washington when he aligned politically and militarily with our then-principal enemy. His clear and stated objective was to spread his revolution (by training and equipping guerrilla bands like his own) to neighboring Latin American countries, and, at one point, even to Africa. Chavez never envisioned anything of this sort—he sought to buy influence with cash, cash Maduro no longer has. And the Cold War is over. One is justified in asking: if the Venezuelans have repeatedly voted themselves into this pickle, why should the United States be concerned at all? Indeed, to the extent that the excrescence that is the Venezuelan political system has bled into its Latin American neighbors (and indeed to countries as distant as Chile and Argentina), one might argue that the Venezuelan example is (for us) a useful one—a warning to other countries tempted to replicate the Chavista example. It is even possible that the recent victory of President Bolsonaro in Brazil was partly due to the counter-example of Venezuela.

To be sure, abandoning Venezuela to its desserts will not factor out China. Venezuela to Putin might be a mere pinprick to irritate the United States, but the Chinese are an entirely different affair. They need all the oil they can get and Venezuela has it—potentially. But getting it out of the ground will take far more effort and resources than perhaps even Beijing is ready to invest. (There is some evidence that Maduro’s recent trip to China failed to produce the kind of financing he asked for.) But even in the worst case scenario of Venezuela becoming a kind of colony of China—down to Mandarin being taught in public schools—it’s unlikely that Beijing will produce a model of development attractive to other Latin American countries. The Chinese are not interested in spreading education and health care to their little brown brothers. They just want cash on the barrelhead—or, in this case, barrels of oil. Other countries with experience dealing with the Chinese can attest to their ruthlessness and lack of interest in collateral damage to the societies where they operate.

In sum, the United States would be ill-advised to become excessively concerned with the course of Venezuelan politics. To be sure, other Latin American countries are upset about the migrants fleeing from Maduro. But then let them gather together in their many, many regional organizations (UNASUR, the Latin American Parliament, MERCOSUR, etc., etc., etc.) and work out a “regional solution” of the type they were always urging us to pursue in the past. The United States should assume a position of non-alignment in this matter, much as the Latins were happy to do with regard to our security concerns during the long years of the Cold War. To become excessively involved in Venezuela would burden America with the impossible task of restoring that country to the way it was the day before Chavez was elected.

Mark Falcoff is a retired Latin American specialist and former academic. He’s the author of Cuba the Morning After: Confronting Castro’s Legacy.

Rusia, Guyana y Venezuela por Sadio Garavini di Turno – América 2.1 -21 de Agosto 2019

download.jpgLa vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso M.V. Zacharova denunció que, en una base militar británica en Guyana, se están entrenando ciudadanos venezolanos para acometer acciones de sabotaje y terrorismo en contra del régimen de Nicolás Maduro. La Canciller guyanesa Karen Cummings declaró que la denuncia rusa es absolutamente falsa y exige un inmediato retiro de la infundada declaración. También el Foreign Office británico desmiente a la vocera rusa y subraya además que no existe ninguna base militar británica en Guyana. Sorprende la falta de escrúpulos rusa para utilizar noticias falsas y hasta ridículas, para lectores informados, en función de su interés geopolítico de apoyar al régimen de Maduro.

Los intereses de China y Turquía en Venezuela son básicamente económico- comerciales. Lo demuestra ampliamente el anunciado cierre de las cuentas del Banco Central de Venezuela por parte del mayor banco turco, el Ziirat Bank, así como la suspensión de compras de petróleo venezolano por parte de la compañía China National Petroleum Company. Ambas decisiones son producto de las más recientes sanciones norteamericanas. El apoyo cubano es relevante para el control interno, particularmente en la Fuerza Armada, por el sistema de los comisarios políticos. Pero económica y financieramente es Cuba que depende de Venezuela. El apoyo de Irán es básicamente simbólico. Por tanto, en apariencia, el apoyo ruso a Maduro es el soporte internacional más relevante para el mantenimiento del régimen. Rusia ya no es la Unión Soviética, la superpotencia de 320 millones, que fue capaz de subsidiar financieramente a Cuba por más de tres décadas con cinco millardos de dólares anuales, además de comprar su azúcar a precios de favor y financiarle todos los gastos militares.

Rusia es actualmente un país de 147 millones de habitantes con una economía inferior a la de Italia y apenas superior a la de España. Rusia no tiene la capacidad económica de subsidiar al régimen madurista, ni la capacidad militar de enfrentar a los EEUU, particularmente en el hemisferio occidental. Sin embargo, es la Rusia de Putin que ha logrado mantener en el poder a Assad en Siria. ¿Podría hacerlo en Venezuela? Siria es el más antiguo aliado de Rusia en el Medio Oriente, desde la época de la Unión Soviética y la Guerra Fría, en efecto desde 1971 en el puerto sirio de Tartús está la más importante base naval rusa fuera de Rusia y la única en el Mediterráneo. Además para EEUU era muy cuesta arriba apoyar plenamente la oposición siria a Assad, integrada, básicamente por grupos sunitas en buena parte enfrentados entre sí, entre los cuales había algunos ligados al ISIS y Al Qaeda. El éxito de Putin en Siria podría convertirse irónicamente en uno de los factores fundamentales de la caída del régimen de Maduro.

En efecto, para los EEUU permitir que Putin logre también mantener en el poder a Maduro en un país del hemisferio occidental, después de las declaraciones de todo el gobierno Trump al respecto, significaría una pérdida de credibilidad, prestigio e imagen y sobretodo una derrota geopolítica difícilmente aceptable para EEUU en su hemisferio. Es interesante subrayar que en relación a Venezuela la posición del gobierno tiene un apoyo bipartidista en el Congreso, pero es relevante también notar que parece haber, con sus diferencias y por diversos motivos, un acuerdo sobre la conveniencia de un cambio de régimen en Venezuela, entre las diferentes escuelas de relaciones internacionales norteamericanas, incluyendo a neo conservadores como Robert Kagan, Elliott Abrams e Irving Kristol, liberales como Joe Nye, John Ikenberry y Margareth Albright y realistas como Stephen Walt y John Mearsheimer. Si a esto le agregamos la importancia clave del estado de Florida en las elecciones del 2020, es posible entender la reciente frase de Elliott Abrams:” En un año estaremos haciendo la autopsia al régimen de Maduro.”

Maduro quedó atrapado entre la confrontación y la negociación por Pedro Benítez – ALnavío – 16 de Agosto 2019

Poco a poco Nicolás Maduro y Diosdado Cabello van acercándose al final del callejón sin salida donde se han metido. Deben escoger cómo quieren perder más: confrontando o negociando. Si no tienen suficiente fuerza para la confrontación, tendrán que volver a Barbados donde los representantes de un desafiante Juan Guaidó los esperan.
Maduro tiene otro problema enfrente: la posición crítica de Padrino López / Foto: Prensa FANB
Maduro tiene otro problema enfrente: la posición crítica de Padrino López / Foto: Prensa FANB

La noche del 6 de diciembre de 2015, el general Vladimir Padrino López, en su doble condición de ministro de la Defensa y comandante del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se presentó ante las cámaras de televisión para, palabras más palabras menos, garantizar el resultado de las elecciones parlamentarias que ese día la oposición venezolana ganó al obtener 2/3 partes de las bancas de la Asamblea Nacional (AN).

Los militares venezolanos, en particular la mayoría del actual alto mando de la FANB, son partidarios de la negociación. No quieren verse envueltos en una confrontación. Tampoco quieren que la crisis se prolongue. Desde el masivo apagón eléctrico del pasado mes de marzo han condicionado su apoyo a Maduro por una salida de la crisis. Esa es una de las razones que explican la participación de este en los diálogos promovidos por el gobierno noruego.

De esa noche a esta parte el general Padrino se ha actuado públicamente más como un activista político que como alto jefe militar. Sin embargo, lo que ocurrió en esa ocasión explica mucho de acontecido en Venezueladesde entonces. Al frente de la FANB como institución actuó como el árbitro final de la disputa política, lo que es coherente con lo que ha sido su actuación dentro de la corporación militar.

Por otro lado, el 23 de diciembre de ese 2015, la todavía mayoría chavista de la AN aprobó atropelladamente (violando los lapsos establecidos en la Constitución) la designación de nuevos magistrados al Tribunal Supremo de Justicia para que no lo hiciera la nueva AN que se instalaría en enero siguiente y de esa manera iniciar la maniobra para bloquearla.

El que encabezó el ardid fue Diosdado Cabello, presidente de esa Asamblea Nacional, que para justificar la operación afirmó en sus palabras de cierre de esa sesión parlamentaria que con la oposición: “No hay nada que dialogar”. Y agregó como sentencia: “La confrontación es inevitable”.

Esa fue, ha sido, y es, su posición como segundo hombre del régimen heredado por Nicolás Maduro de Hugo Chávez. Con mucho orgullo ha jugado el papel del más radical de los radicales; desde la presidencia de aquella Asamblea Nacional, como primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), desde su programa de televisión y ahora como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Por su parte Maduro se ha movido entre las dos posiciones. La del general Padrino López aquella noche y la de Diosdado Cabello. Obviamente no ha querido arriesgar perder el control de la FANB, que no obstante bastante se ha deteriorado. Pero tampoco el control político del chavismo. Por eso su guerra fría con Diosdado Cabello jugando a ver quién es más radical, el más macho, el más irresponsable o al que se le ocurre la idea más disparatada.

Uno representa el respaldo militar real. El otro el respaldo político del partido.

Uno deja margen para el acomodo. El otro ha llevado junto con Maduro al chavismo y a Venezuela toda a un callejón sin salida.

Diosdado Cabello ha querido desde hace rato que se liquide a la AN y a toda la oposición congregada en ella. Pero la víctima se le ha escapado una y otra vez, presentándose ahora con un respaldo nacional e internacional que no se esperaba.

Ocurre, además, que la situación de Venezuela ha llegado a un punto tal que todas las grandes potencias son partidarias de una salida negociada. Incluyendo China y Rusia. Y es aquí donde el peso del general Padrino López se incrementa todavía más. Porque al final del día en la política siempre habrá una negociación.

Vistas así las cosas, su reciente y sibilina declaración llamando a la oposición a regresar a la mesa de negociación de Barbados (cuando no ha sido ella la que se ha levantado esta vez, sino Maduro) toma otro sentido.

Porque una de las características de militares venezolanos, desde hace bastante tiempo, es la de evitar la confrontación. Primero entre ellos, pero también con una fuerza externa. Aplican aquello de contar los cañones.Guaidó sigue desafiando abiertamente a Maduro / Twitter: @jguaido

Guaidó sigue desafiando abiertamente a Maduro / Twitter: @jguaido

Los militares venezolanos, en particular la mayoría del actual alto mando de la FANB, son partidarios de la negociación. No quieren verse envueltos en una confrontación.

Tampoco quieren que la crisis se prolongue. Desde el masivo apagón eléctrico del pasado mes de marzo han condicionado su apoyo a Maduro por una salida de la crisis. Esa es una de las razones que explican la participación de este en los diálogos promovidos por el gobierno noruego.

No es que pretendan desplazar a Maduro del poder (o al menos eso parece), pero necesitan un acuerdo estabilizador.

Pero, además, Padrino tiene una fuerte carta a su favor: su amistad con los rusos.

El gobierno de la Federación Rusa también desea un acuerdo político “de las partes”. El presidente Vladímir Putin es consciente de los límites de su poder y de hasta dónde puede asistir militar y económicamente a su aliado al otro lado del mundo. Quiere molestar a Estados Unidos, quiere expandir su influencia mundial, pero como exagente de la KGB, la agencia de inteligencia soviética, sabe que una de las razones de la caída de la Unión Soviética consistió en el derroche de recursos destinados a respaldar a gobiernos extranjeros por razones ideológicas. No se puede dar el lujo de sostener otra Cuba indefinidamente. En el caso de Venezuela ser parte de un acuerdo le caería bien.

Puesto que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello no han conseguido su propósito de liquidar el liderazgo de Juan Guaidó, las circunstancias los colocan en el dilema de o tener que negociar con él o arriesgarse a perder el respaldo de

Guaidó sigue en Caracas desafiando abiertamente a Maduro, como una terca realidad política con 50% de respaldo de los venezolanos, según recientes estudios de opinión pública, así como el apoyo de la mayoría de las democracias del mundo que lo reconocen como Presidente Encargado de Venezuela. Detrás de él están Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de Lima.

La negociación es con él. No con quien Maduro y Cabello deseen. No puede escoger. Lo que sí pueden escoger es como quieren perder más: confrontando o negociando.

Las cinco razones que explican el posible éxito del embargo contra Maduro por Carlos Alberto Montaner – Latin American Herald Tribune – 11 de Agosto 2019

 

Carlos Alberto Montaner's picture

¿Tendrá éxito el embargo esta vez? El propósito de Washington es clarísimo: provocar en Venezuela un cambio de régimen y ponerle fin a la narcodictadura de Nicolás Maduro aliada a los terroristas islamistas. Ese es el objetivo. Contra la dictadura de los Castro no fue eficaz. ¿Por qué lo sería contra el régimen de Maduro? Yo creo que sí conseguirá desplazar a Maduro del poder.

En realidad, son situaciones muy diferentes. Los Castro consolidaron su tiranía comunista en 18 meses y tuvieron el pleno apoyo de la URSS. Este respaldo permaneció en pie hasta 1991. Después de esa fecha prevalecía en Washington la idea de que el régimen de los Castro colapsaría solo, como ocurrió con los satélites soviéticos europeos.

No contaron con la astucia policiaca y la absoluta falta de escrúpulos de Fidel, quien comenzó liquidando a los “perestroikos” de su entorno. En el verano del 89 fusiló al general Arnaldo Ochoa y al coronel Tony de la Guardia, mientras José Abrantes, el ministro del Interior, murió poco después de un “infarto” provocado mientras guardaba prisión. Fidel expulsó a todos los que olieran a reformistas de los servicios de inteligencia con el pretexto de la unificación del Ejército y la Seguridad del Estado. Eso le garantizó la uniformidad monolítica de su régimen.

Hay cinco diferencias clave entre los dos embargos:

· Primero. Cuba no comerciaba con Estados Unidos, pero sí lo hacía con el resto del planeta. Eso le permitió endeudarse con Japón, Francia, España, Argentina y Panamá. En esta oportunidad la Casa Blanca ha sido tranparente: los países y las empresas deben elegir entre hacer negocios en y con Estados Unidos, o hacerlos con Venezuela. Es muy claro lo que sucederá.

· Segundo. Estados Unidos ha creado otro foco de autoridad en Venezuela a partir de Juan Guaidó y la legítima Asamblea Nacional, y le ha procurado un considerable respaldo internacional: casi 60 países lo apoyan. El destino de CITGO, en Estados Unidos, está en manos de la oposición, y es muy posible que Guaidó y sus asesores venezolanos dispongan de cierta injerencia en la implementación del embargo. Esa posibilidad se desperdició en Cuba cuando Obama, contradiciendo sus propias palabras y declaraciones, abrió incondicionalmente las relaciones con la Isla y sólo recibió de Raúl Castro el recrudecimiento de la represión contra los demócratas de la oposición.

· Tercero. La imagen del régimen de Maduro es espantosa. Está probado que asesinan. Es obvio que atropellan al pueblo. Se sabe, por los testimonios de los encartados, que es un narcoestado corrupto. Fidel hacía lo mismo, pero su imagen era mucho mejor. Cualquier jefe de Estado mostraba con orgullo su foto con el Comandante. Iban a La Habana a verlo y a oír los disparates que decía porque despertaba cierto interés antropológico. Maduro y su “socialismo ornitológico” (Vargas Llosa dixit) es el hazmerreír general.

· Cuarto. Dada esa imagen, es relativamente fácil que China y Rusia cambien sus alianzas. ¿Por qué y para qué sostener en el poder a un narco idiota que habla con los pajaritos y encima está aliado con los terroristas islamistas que tanto en China como en Rusia han creado serios problemas? ¿Las considerables deudas contraídas por Caracas son la explicación? Es evidente que hay más posibilidades de cobrar acercándose a Guaidó que a Maduro. Incluso, John Bolton dejó abierta la posibilidad de que Estados Unidos garantizara las deudas si China y Rusia cambian sus alianzas y se colocan del lado correcto de la historia.

· Quinto. Aunque Trump y Pence continúan repitiendo como un mantra que “todas las acciones están sobre la mesa”, la predilección de Washington y sus aliados es terminar con la narcodictadura por la impecable vía electoral. Todos están de acuerdo en que hay que reemplazar el Consejo Nacional Electoral, supervisar totalmente el uso de las computadoras para que no haya fraude y purgar el registro electoral. La vía electoral prueba adonde puede marchar el país tras el cambio de régimen. Despeja el futuro. Sólo queda solucionar el difícil problema de los victimarios, pero el buen trato dado en Estados Unidos al general Manuel Ricardo Cristopher Figuera, nada menos que jefe del SEBIN, despeja toda duda. Por ahí van los tiros.
Maduro, pues, está de salida. Él se lo ha buscado.

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