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Ricos y pobres por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 29 de Noviembre 2019

downloadEvo Morales y cualquier empresario neoliberal de Chile coinciden en algo fundamental: ambos piensan que su éxito es el éxito para todo el país y debe perpetuarse. Sin duda la presidencia de Evo en los primeros años tuvo notables logros socioeconómicos y políticos. Bolivia y su mundo indígena mejoraron, lo que llevó a Evo y a su equipo a buscar la perpetuación en el poder, violando la expresa voluntad de la mayoría. Chile llegó a la salida del dictador Pinochet con una economía en auge. Por eso hasta los socialistas hicieron una transición política respetando la economía neoliberal y la Constitución que restringía las lógicas aspiraciones sociales de la población. Todo razonable excepto la perpetuación de esas restricciones.
Evo creía que su presidencia debía prolongarse por el bien de su pueblo y el neoliberal piensa que basta seguir las divinas leyes del mercado para que la prosperidad llegue a todos. Con ello unos y otros suplantan el sentir y el malestar del resto de la población y van acumulando un combustible en espera de una chispa para prender incendios indetenibles.
Vivimos en un mundo marcado por la revolución de las expectativas que unifica las aspiraciones de ricos y pobres; revolución contagiosa y general que lleva a aspirar al cambio político y a la alternancia democrática, mientras que todo presidente “revolucionario” se aferra al poder con el deseo de perpetuarse en nombre del pueblo: inevitable el choque entre el deseo de cambio y la voluntad de eternizarse en el poder. En lo económico-social la revolución de las expectativas lleva a nivelar las aspiraciones del más pobre con las del rico. Podrá restringirlas temporalmente, pero no renunciar a ellas para sí o para sus hijos. En la sociedad estamental la pertenencia a cada clase venía con las aspiraciones reducidas: se transmitía, enseñaba, aceptaba y parecía lógico que unos tuvieran más y otros menos, de acuerdo a su estamento.
Chile es una sociedad moderna, camino de la prosperidad con todas las expectativas desatadas y no acepta la fría prédica neoliberal de que con las prósperas cuentas de su empresa toda la sociedad tiene que estar feliz y agradecida esperando que el incremento macroeconómico se desborde y por “derrame” lleva la satisfacción hasta los más pobres. Lo que ciertamente no es así. Una sociedad democrática se cimienta sobre un pacto social con el objetivo de desarrollar juntos acciones que beneficien a toda la sociedad. La sociedad d que surge del pacto democrático necesita dos alas para volar: la exitosa producción económica y el bienestar, que están relacionados pero no son sinónimos. Hasta ahora en el mundo los hechos demuestran que la economía capitalista de libre mercado es superior a todas las demás. Pero ella no es igualadora sino diferenciadora: gana más, prospera más, el que más riqueza produce, más tecnología inventa, más poder tiene en el mercado. Con solo esa ala la sociedad no puede levantar vuelo y termina en unas diferencias crecientes que incrementan el malestar y llevan al conflicto. La otra ala se basa en el pacto social constitucional que sella la solidaridad y desarrolla un “instinto de conservación” y una “conciencia ética”, orientados a tender puentes entre sectores distintos y desarrollar programas sociales comunes (educación, salud, infraestructura…) para ir haciendo verdad que todos somos iguales en dignidad, en derechos y en oportunidades básicas. Hay que cultivar el diálogo que cohesiona y acerca y no la frialdad que congela las relaciones entre distintos y fomenta el deseo de cualquier aventura populista de izquierda o de derecha.
Históricamente se ha demostrado que el marxismo no sirve para lograr esto porque tiene una idea deformada de la condición humana. Aunque en la empresa (sobre todo en la liberal del siglo XIX) el capital y el trabajo explotado tienden a ser antagónicos y aquel trata de ganar más pagando menos a este y mantenerlo en la miseria, empresarios del siglo XXI – luego de guerras sociales y dramáticas guerras mundiales- por instinto de conservación y por conciencia van descubriendo que les conviene la constante mejora del trabajador y su familia con las puertas abiertas al permanente ascenso social. Pero a muchos les ciega su ambición. Al mismo tiempo la empresa del siglo XXI tiene que ir a la competencia internacional jugando en equipo y le interesa que el conjunto de su capital, gerentes y trabajadores sean de primera; lo que solo se consigue si todos ellos se proponen permanente mejoramiento educativo y desempeño productivo, todos participan en los beneficios y se sienten humanamente satisfechos. Lo que pasa es que todavía gran cantidad de empresarios dan la razón a Marx y son más del siglo XIX que del siglo XXI.
Algo similar le pasa al llamado socialismo, que se autocalifica “del siglo XXI”, pero es del XIX: cuando llegan al Estado lo convierten en dictadura sobre el proletariado y secuestran el poder para perpetuarse tratando de que “ni por las buenas ni por las malas” los desalojen, como repite en Venezuela el militar con mazo y disfraz de “socialista”. Lo que está pasando en Chile, Bolivia, Argentina, Venezuela… o va a pasar en México, Brasil etc. es inevitable mientras se busque la solución para evitar el enfrentamiento de pobres y ricos, y la negación recíproca del otro. Para que nuestros países superen la pobreza y los pobres dejen de serlo, ambas partes tienen que aliarse en la producción exitosa, para ambos ser ganadores jugando en equipo; revolucionar juntos la educación y avanzar hacia la igualdad de dignidad, de derechos y de oportunidades, aunque todos seamos distintos. De ahí surge la confianza, la convivencia y la paz social, con calidad de vida compartida. Es el bien común que solo lo pueden alcanzar juntos y con instituciones solidarias. En Venezuela a los ricos no les irá bien mientras en su bienestar no incluyan la superación de la pobreza y no se sientan un “nos-otros” con los trabajadores. Y el pobre no podrá superar sus carencias si no incluye y busca la prosperidad de las empresas y la calidad de las instituciones públicas.
La revolución de las aspiraciones es un hecho, pero para satisfacerlas hay que elevar la capacidad de producir lo que las satisface. Muy frustrante, aspirar mucho y producir poco, individual y colectivamente. Hoy lamentablemente (aquí, en Europa, en EE.UU…) se nos induce a querer más de lo que producimos. Muchos políticos ganan prometiendo lo que no pueden o no saben cómo producir y el consumismo capitalista exacerba los deseos y pone la felicitad en el mercado, es decir donde no está. Así el malestar y los estallidos sociales son inevitables.

Denuncian una cumbre de paramilitares en Venezuela para desestabilizar Iberoamérica por David Alandete – ABC – 26 de Noviembre 2019

El régimen de Maduro reunió a líderes chilenos, colombianos y de otros países para coordinar una «guerra política», según el comisario Simonovis

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El comisionado de Seguridad e Inteligencia del gobierno interino de Juan Guaidó en Venezuela ha denunciando que este mes el régimen de Nicolás Maduro reunió en la base militar de Fuerte Tiuna en Caracas a diversos líderes de grupos paramilitares y políticos de América Latina para coordinar planes para la desestabilización del continente promoviendo una «guerra política» por parte de una serie de movimientos de izquierda, en un contexto de protestas generalizadas en países democráticos como Chile y Colombia.

Según explica a ABC Iván Simonovis, esta reunión se produjo después de las protestas en Ecuador y Chile pero antes de las de Colombia. «El objetivo era potenciar algunas de las protestas que ya existían, y cambiar el foco de interés en el continente para que la atención deje de estar puesta en Venezuela», dice el comisionado. «Esto demuestra de nuevo el carácter criminal del régimen de Nicolás Maduro. Estos grupos están totalmente decididos a desestabilizar toda América Latina», añade Simonovis. El diario «El Nuevo Herald» fue el primero en informar de esta reunión.

Según Simonovis, invitaron a líderes insurgentes latinoamericanos el número dos del régimen chavista, Diosdado Cabello; la vicepresidenta Delcy Rodríguez; su hermano, Jorge Rodríguez, y el jefe de la Dirección General de ContraInteligencia Militar (DGCIM), Iván Hernández Dala. Entre los asistentes estaban el venezolano Valentín Santana, líder de la agrupación venezolana Colectivo La Piedrita; el chileno Héctor Llaitul, líder de la Coordinadora Arauco-Malleco, y el colombiano Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, alias «El Paisa Montero», líder del grupo disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)

Simonovis ha explicado a ABC que hubo más asistentes de otros países pero prefiere no dar los nombres de momento. La seguridad de los asistentes al encuentro, mantenido a puerta cerrada, corrió a cargo de la Casa Militar, encargada de proteger a Maduro. Fuerte Tiuna es sede, entre otros, del Ministerio para la Defensa, la Comandancia General del Ejército, el Círculo Militar de Caracas, el Batallón Bolívar, la residencia oficial de la vicepresidenta, además de algunas dependencias de la academia militar de Venezuela.

Simonovis vive asilado en Estados Unidos y trabaja como como enlace de Juan Guaidó con las agencias de seguridad norteamericanas, incluidas la CIA y la antidroga DEA. Según explica, «visto que la izquierda perdía terreno en América Latina en elecciones recientes, el régimen decidió dar un apoyo para que esa izquierda perviva en modo de lucha política, aprovechando la protesta». Mantiene que no tiene datos de que esa reunión sea la causa del descontento social en Ecuador o Chile, pero sí cree que puede aprovecharse de las protestas para desestabilizar el continente.

«Cabe recordar que el régimen de Maduro le conviene este descontento y las protestas en otros países. Cuando más se hable de otros sitios de América Latina menos se habla del régimen, que así puede coger aire, ya que se encuentra en situación crítica, casi ahogado y desesperado por poder tomar aire», añade Simonovis.

 

“Brisitas” y biblias: la peligrosa nueva ola que se forma en América Latina por Laureano Pérez Izquierdo – Infobae – 24 de Noviembre 2019

La caída de Evo Morales y las interminables revueltas -orquestadas o no- en toda la región dejan de manifiesto dos posiciones riesgosas para la vida democrática de los latinoamericanos

Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, escucha a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (Reuters)

Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, escucha a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (Reuters)

Habrá elecciones en BoliviaLo aprobó el congreso que cuenta con mayoría abrumadora del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales. La fecha para que la transición tome los carriles de la normalidad aún no está: faltan algunos (muchos) detalles que podrán poner una luz al final del largo túnel de violencia, represión y muerte que vive el país desde el 20 de octubre cuando se consumó el histórico fraude. Aquel día el hombre que hoy está en México bajo asilo tras su renuncia se proclamó vencedor a pesar de las irregularidades denunciadas.

Desde el país presidido por Andrés Manuel López Obrador conduce a la numerosa fracción de la agrupación que todavía le es leal. ¿Hasta cuándo? El gobierno mexicano podría transformarse en cómplice de los delitos que pudieran caberle a su huésped si continúan las órdenes de desestabilización en lugar de las de pacificación. Evo usa su condición de exiliado y sus canales de comunicación para victimizarse y agitar las calles después de haber sido un profanador serial de la Constitución Política del Estado y las leyes de Bolivia.

Para desazón de sus defensores, el líder aymara es contradictorio cuando deja fluir su subconsciente en las múltiples entrevistas que ofrece. Habla de las “horas finales” de su gobierno antes de la “sugerencia” de su Alto Mando militar para después denunciar un “golpe político y policial”. Nunca acusaba al Ejército por su dimisión. Sólo sus aliados continentales anteponen la cuestión castrense por sobre las populares. ¿Subestiman al hombre que gobernó el país durante casi 14 años y pretenden orientar su discurso? Ambas, tareas para freudianos.

Mientras tanto AMLO, su anfitrión, suma dolores de cabeza. A su desorientada estrategia de “abrazos no balazos” que pareciera hundir a México aún más en la violencia narco, suma a un invitado político que le aumentará las jaquecas. No se animará a contradecir su propio discurso, ese que ya está golpeando lo que parecía una hermética imagen positiva de su gestión. El pueblo mexicano es la principal víctima de una política laxa hacia los carteles. ¿Dónde está el estado? Ya no es cuestión de propiedad privada, como resulta en las “protestas” de Chile: se trata de la vida.

En Chile, en tanto, se inició el proceso para la reforma constitucional. Aquella carta magna dictada bajo el yugo dictatorial de Augusto Pinochetquizás debió haber visto su reestructuración hace mucho tiempo y bajo la presión de las vías democráticas: el parlamento. El camino se inició pero el caos orquestado no cesa. Intrigante: los falsos interlocutores prefieren seguir saqueando y destruyendo lo que se les atraviesa a pesar de las concesiones de un presidente -Sebastián Piñera- desconcertado.

Equiparar las revueltas en Santiago -y a lo largo de todo el territorio- con lo ocurrido en Ecuador o Colombia o lo ya crónico de Venezuela o de Bolivia podría resultar parcial. Sobre todo en estos últimos dos casos donde la base de las protestas se da en la falta de legitimidad de dos gobiernos. La dictadura de Nicolás Maduro masacró a parte de su pueblo luego de que éste se levantara por los atropellos a las instituciones y los golpes contra la Asamblea NacionalSiete mil venezolanos fueron asesinados y otros miles fueron torturados bajo el régimen de Caracas. El desconocimiento de Morales hacia su constitución fue sistemático. Nadie en el continente se ocupó de Bolivia hasta que fue demasiado tarde.

Tarde, el brasileño Lula da Silva reconoció que su “amigo” no debió presentarse a una cuarta contienda electoral. “Fue su error, sentenció. Fue el único estandarte de la izquierda latinoamericana que admitió que el líder boliviano forzó la voluntad del pueblo. Sin embargo, ya era tarde: los amigos aconsejan cuando se anotician de los “errores”. Desde 2016 que Evo viene tejiendo ese laberinto.

En tanto, el general Diosdado Cabello –presidente de la Asamblea Nacional Constitucional de Venezuela- continúa con su eslogan desestabilizador de “brisitas”. Lo anuncia provocador a los cuatro vientos. Se entusiasma con que un manto de sangre inunde a la vapuleada Bolivia. Se celebra a sí mismo y ningún dirigente que represente su espacio -en América Latina– marca la imprudencia de tales palabras. ¿Miedo? ¿Complicidad? Parecería que quienes reciben órdenes de Cuba temen contradecirlo. Algunos sobreactúan Socialismo del Siglo XXI: quizás esperan agazapados que esa “brisita” pueda llegarles.

La respuesta popular que sí podría provocar esa “brisita” es un huracán que se gesta igualmente peligroso y extemporáneo: dirigentes que esgrimen biblias como espadas y gritan versículos sagrados en templos de la democracia. El sentido común parece haberse extraviado en parte de la región.

El fantasma del chavismo por Francisco Olivares – El Universal – 23 de Noviembre 2019

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo…

Una periodista venezolana que vive en Chile, Vanesa Arenas, a quien sigo, escribe en su cuenta de Twitter @VenessaVenezia: “El del Uber es venezolano. Me dice: ¿tú crees que con todos estos rollos en Chile valga la pena seguir haciendo el sacrificio de ser inmigrante? ¿Te devuelves? le pregunto. Sí. Ya compré los pasajes. Estoy cansado de fingir que puedo ser feliz lejos de donde estoy. Me mató”.

Otro venezolano que se vio obligado a salir de Venezuela y se refugió en Chile, el psicólogo Alberto Barradas @Psicovivir, hace igualmente una reflexión sobre su situación como inmigrante: “En fin, yo el año que viene decidiré si sigo en Chile o no. Eso no es lo importante. Lo importante es que he podido ser testigo cómo Latinoamérica le falta el gen del progreso. Puedo decir que viví en una generación que se destruyó así misma. Hemos sido testigos”.

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo, inversiones, investigación o tecnología. El vandalismo apareció al final de la tarde con saqueos y destrucción de bienes públicos como el caso de las estaciones del Transmilenio vandalizadas, 33 vehículos afectados; todos de servicio público, en Bogotá; así como en Cali, Santa Marta, Cartagena, Manizales, Tunja, Pasto, Medellín, Popayán, entre otras ciudades, que también sufrieron acciones delincuenciales durante la jornada de protesta. No faltaron 9 venezolanos involucrados en el vandalismo.

Reaparecen figuras como el ex guerrillero Timochenko, eso sí, protegido con guardaespaldas, y con una larga lista de asesinatos y narcotráfico tras de sí, hablando de paz y de la futura Colombia. Como en otros países como Chile y Bolivia, reaparece también el fantasma de una Constituyente para refundar el país.

Millones de venezolanos atravesaron sus fronteras caminando, huyendo del “mar de la felicidad”, buscaron los países con las democracias más estables y progreso económico como Chile, Perú, Colombia, Argentina y Ecuador.

Un punto en común y sorprendente, en la experiencia de los migrantes es que, en esos países, especialmente las generaciones jóvenes, no comprendían las razones que llevaban a los venezolanos a abandonar su país. La propaganda de la protección a los “más vulnerables”, la “igualdad”, la “dignificación” del indígena, frente al monstruo liberal, seguía arraigado en las universidades, en los sindicatos, en los círculos intelectuales.

A sus líderes como los Kirchner, Lula Da Silva, Rafael Correa, Daniel Ortega, las FARC, Ollanta Humala, Evo Morales, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sus bases de apoyo y seguidores les permitieron el desfalco de los dineros públicos, los negocios sin control, el enriquecimiento personal y de su entorno; y en el caso de los jefes de las FARC, manejar el gran negocio del narcotráfico y la extorsión. Todos han tenido en común la necesidad de mantenerse en el poder a como dé lugar y desterrar la alternabilidad de gobiernos mediante elecciones libres.

En Bolivia no cesan de intentar el regreso al poder, en Chile buscan la destrucción de la democracia, en Colombia ya comenzó. Tarde o temprano los factores de las FARC terminarán gobernando al vecino país en complicidad con las mafias organizadas; mientras en Venezuela ya no hay nada más que destruir. La experiencia socialista con 20 años en el poder, ha llevado al derrumbe económico al país de mayor progreso educativo y perspectivas de desarrollo del continente sur.

De la experiencia venezolana, Latinoamérica parece no querer aprender. Pero no todas son malas noticias. Tarde o temprano Venezuela producirá un cambio de nuevo hacia la democracia libre. Una nueva generación dirigirá el país, con gente que habrá asimilado la experiencia “socialista” militarista o autocrática, que los historiadores y politólogos habrán de describir como un modelo fallido y autodestructivo. La amarga historia venezolana permanecerá en varias generaciones, en un proceso parecido al que vivió la Europa Oriental bajo el comunismo, o la Alemania atrapada en el “Muro de Berlín”.

Protestas buenas, protestas malas por Trino Márquez – Blog Polis – 22 de Noviembre 2019

El régimen de Nicolás Maduro celebra las protestas violentas en Chile y Bolivia. En el país del Cono Sur, los vándalos de la ultraizquierda y el anarquismo han destruido decenas de estaciones del Metro, utilizado fundamentalmente por los sectores populares y las clases medias. Han incendiado supermercados, clínicas, farmacias y hasta iglesias católicas.  Todo ha ocurrido en nombre de la lucha contra el ‘modelo neoliberal’, que según esa estereotipada versión, ha plagado de desequilibrios e injusticias a la sociedad chilena, a pesar de que durante los treinta de años que van desde la salida de Augusto Pinochet de La Moneda, hasta el presente, los socialistas han gobernado directamente, o a través de la Concertación, durante buena parte de ese período.

En Bolivia, los partidarios de Evo Morales, entre ellos los cocaleros, trancan carreteras, impiden que haya libre circulación de vehículos de carga que transportan alimentos y gasolina. La nación del altiplano confronta el serio problema del desabastecimiento, y la inflación que esta conlleva. Los protestantes exigen la renuncia de la presidente Jaenine Áñez y la restitución de Morales en el poder. Esto ocurre luego de que se comprobó de forma inapelable que el expresidente cometió un fraude escandaloso y, no contento con el delito, quebró la línea de sucesión prevista ante a la falta absoluta provocada por su renuncia, al exigirles a su Vicepresidente, al Presidente y Vice Presidente del Senado, y al Presidente de la Cámara de Diputados, que dimitieran para generar un vacío de poder y, en consecuencia, una crisis institucional que sumergiera a Bolivia en el caos. La ruptura de esa línea fue lo que condujo a que Áñez, segunda vicepresidente del Senado, asumiera la presidencia interina. Para completar el cuadro, el día que le correspondía juramentarse, los parlamentarios del Movimiento al Socialismo, partido de Morales, no concurrieron al Congreso. Luego la acusaron de ‘usurpadora’. Y entonces ¿cómo podía cubrirse la vacante respetando la Constitución, si Morales había ordenado crear un vacío de poder? Su plan apuntaba a desatar la anarquía en Bolivia. En cierta medida lo ha logrado. Actuó a lo Jalisco: si no gano, arrebato. En Bolivia, sus partidarios pretenden restituir en la Presidencia a un gobernante que cometió un delito. Veremos cuán fuertes son las instituciones, especialmente los militares, para impedir que la violación cristalice.

El gobierno venezolano celebra todos los excesos promovidos  por la izquierda afiliada al Foro de Sao Paulo. Defiende los supuestos derechos de las turbas chilenas enceguecidas por el odio, y de los grupos bolivianos que respaldan a un gobernante extraviado, que quiso arrogarse un triunfo electoral que no obtuvo en las urnas electorales, aunque poseía el control del Poder Electoral.

Todos los excesos de la izquierda extremista le parecen excelentes a Maduro. La cosa cambia cuando el protagonista es la oposición venezolana. Frente a la protesta pacífica convocada por Juan Guaidó para el 16 de noviembre, el régimen aplicó varias tácticas dictatoriales. En un país donde ocurren todas las calamidades que se conocen y en el cual abundan las razones para luchar, el gobierno insistió en que el propósito del llamado era desestabilizar la democracia. Infundió temor en los ciudadanos. Militarizó Caracas y algunas ciudades del interior desde el viernes anterior a la marcha. En la capital cerró numerosas estaciones del Metro. Tumbó la señal de internet. Los canales de televisión no pudieron transmitir informaciones relacionadas con la concentración. La condena y el cerco fueron casi totales. Tras el objetivo de minar la jornada del 16-N, encontraron un aliado circunstancial y poderoso: los enemigos internos de Guaidó, quienes se dedicaron con saña a demonizarlo y propiciar el desánimo entre los potenciales asistentes a la jornada de protesta. Entre el terrorismo de Estado y la histeria de los estratos ‘opositores’ (no entiendo por qué se autocalifican de ese modo), se formó una tenaza que afectó la concurrencia a la marcha.

A pesar de los enormes obstáculos que se levantaron frente al 16-N, la jornada fue exitosa. Más, incluso, en el interior del país. En Caracas, no tuvo el impacto, ni logró el volumen de las grandes movilizaciones de comienzos de 2019. Sin embargo, no defraudó. La gente se sacudió la modorra. Sintió que la presencia ciudadana es fundamental para cambiar el panorama. Que la pelea no es palaciega, ni de cúpulas o mesas que se reúnen a resolver los problemas que afectan a toda la nación. El cambio incluye a los ciudadanos. Asistir a las concentraciones pacíficas representa una forma democrática de contribuir con la transformación que se aspira.

Evidenciar esos enemigos que acabo de mencionar, no significa que no exista cierto agotamiento frente a la marchas,  y desencanto ante a las expectativas no satisfechas por Juan Guaidó y el plan trazado al inicio de 2019. En su discurso en el acto, Guaidó asomó una autocrítica. Conviene que la elabore mejor y proponga un plan de reconexión con los millones de venezolanos que quieren permanecer en Venezuela, y están dispuestos a resistir y luchar, no para destruir los activos de la nación o para imponer un caudillo que viola la Constitución, sino para restituir la normalidad democrática, que permite crecer e incluir.

La usurpación y las manifestaciones populares del vecindario – Editorial El Nacional – 8 de Noviembre 2019

Jamás se había visto y sentido mayor entusiasmo de un régimen ante manifestaciones populares. Nadie había escuchado mayores alborotos de júbilo desde las alturas del poder, como los ruidosos que salieron de Miraflores y de los despachos del oficialismo venezolano ante las marchas multitudinarias que sucedieron hace poco en Ecuador y Chile para protestar contra sus gobiernos. Insólita reacción, que conviene tener en cuenta para que desde ahora pensemos en lo que harán los mandones con el movimiento de protesta que las organizaciones de oposición convocan para el próximo 16 de noviembre.

Daba gusto oír a Maduro felicitándose por las protestas populares de Quito y de Santiago. El capitán Cabello llegaba al éxtasis cuando valoraba la trascendencia de las marchas masivas contra los malos gobiernos. ¡A la bimbunmbá, rarrarrá! Y ni hablar de las meticulosas descripciones hechas desde VTV, verdaderas joyas de orfebrería debido a su preocupación por los detalles de lo que sucedía en las caras comarcas de los hermanos pueblos que se levantaban ante la opresión. Tan parcos en la narración de lo propio y tan prolijos en la crónica de lo ajeno.

También llamaba la atención el énfasis puesto en la condena de la represión. Los voceros del oficialismo hablaron de hordas inhumanas que derramaban la sangre de bravíos y desarmados paladines. Se rasgaron las vestiduras ante la embestida de las fuerzas de orden, ante el avance de unos carabineros sedientos de sangre que no dejaban títere con cabeza, como si aquí jamás se hubiera quebrado un plato, como si la urbanidad y la gentileza hubieran respondido en el pasado reciente de Venezuela a los clamores callejeros contra los desastres de la usurpación. Como si un funesto repertorio de cadáveres no descubriera la descomunal impostura.

Pero quizá hayan rectificado el usurpador y sus secuaces en su entendimiento de las protestas populares y ahora las vean con ojos benévolos, con inesperada comprensión. Puede que se hayan arrepentido de las anteriores matanzas, de los atropellos y torturas antecedentes que perpetraron en la república bolivariana contra el pueblo indefenso que reclamaba sus derechos, razón que los conduce a mirar como miraron los sucesos de Ecuador y Chile, y a condenar la represión llevada a cabo por los esbirros de allá. Y razón que los conducirá, desde luego, a conductas mesuradas frente a la manifestación de protesta que se anuncia para el día 16.

¿Será posible? ¿El nacional verdugo se dolerá de los protestantes venezolanos, como se dolió en estos cercanos días de los manifestantes ecuatorianos y chilenos? Parece difícil que obre semejante portento, que ocurra tan insólita cabriola, pero el usurpador y sus secuaces permiten que abriguemos la esperanza después de su despiadada crítica a los esbirros del vecindario y de los aplausos que prodigaron a unas protestas populares que se realizaron contra la injusticia, la desigualdad y la arbitrariedad. No siempre pasa, a pesar de lo que asegura el refrán, especialmente en los predios de la política, pero en ocasiones significativas la lengua puede ser castigo del cuerpo.

Mastermind or scapegoat? Besieged South American leaders blame Venezuela’s Maduro for historic wave of unrest by Anthony Faiola, Rachelle Krygier and Patricia Garip – The Washington Post – 31 de Octubre 2019

A man injured man during a protest against Chile’s government Wednesday in Santiago. (Jorge Silva/Reuters)
A man injured man during a protest against Chile’s government Wednesday in Santiago. (Jorge Silva/Reuters)

As the streets of South America convulse in the region’s worst bout of social unrest in years, a chorus of critics on the political right are decrying what they see as one inescapable link — the nefarious hand of Venezuelan President Nicolás Maduro.

This much is true: Regional leaders who once banded together to try to bring Maduro down are now suffering a pox on their own houses, even as socialist Venezuela’s regional allies are suddenly ascendant. But is Maduro really a Joker-like figure orchestrating increasingly violent protests from his lair in Caracas? Or is he just the perfect scapegoat to explain away the genuine anger now raging in multiple South American nations?

The answer, according to more than a dozen interviews with officials, politicians, analysts and protesters in multiple nations, might be a little of both.

“I think that what’s happening is mainly the product of national circumstances,” said Michael Shifter, president of the Washington-based Inter-American Dialogue. “That doesn’t mean there is no outside agitation. But to put the blame outside is to miss the point that there are fundamental domestic problems that can account for all this unrest.”

Senior officials from Ecuador, Chile, Argentina and elsewhere are nevertheless pointing the finger at Maduro for the outbreak of severe street protests — including the ongoing mayhem in ordinarily stable Chile, where at least 20 people have died in two weeks of clashes with security forces. Chile took the serious step this week of canceling major global summits on trade and climate change scheduled for November and December.

President Trump, in a call this week with Chilean President Sebastián Piñera, denounced unspecified “foreign efforts” to undermine Chilean institutions, democracy and society.

Earlier, Michael Kozak, the State Department’s acting assistant secretary for Western Hemisphere affairs, appeared to blame the Russians, telling the EFE news service that “we have identified on social networks false accounts that emanate from Russia, which are people who pretend to be Chilean, but in reality all the [messaging] they are doing is trying to undermine all Chilean institutions and society.”

Maduro, who has dealt with bouts of serious unrest of his own this year, has vacillated between appearing to claim credit for the multiple uprisings abroad and poking fun at his enemies’ accusations. At one point, he described the regional turmoil as part of a plan hatched at a meeting of Latin America’s far left in Caracas in July — the “Foro de Sao Paulo” hosted by his government.

But he has also joked that “they think I move my mustache and bring governments down. I’m thinking, ‘Which is the next government I want to overthrow?’ ”

Demonstrators run from tear gas fired by police during protests in Santiago on Wednesday. (Rodrigo Abd/AP)
Demonstrators run from tear gas fired by police during protests in Santiago on Wednesday. (Rodrigo Abd/AP)

Maduro, a leftist autocrat who has been declared a usurper and targeted for removal by the Trump administration and its regional allies, can at the very least gaze out across a smoldering region and see a far less dangerous landscape for his future than anyone would have predicted even just a few weeks ago.

Two of his most vocal regional critics — Ecuadoran President Lenín Moreno and Chile’s Piñera — have seen serious threats develop against their own administrations in the form of large-scale street protests this month against price hikes for gas, transit, electricity and other services.

Argentine President Mauricio Macri, who had called for Maduro to step down, lost his reelection bid last week to a left-wing Peronista ticket that included former president Cristina Fernández de Kirchner, a longtime ally of Venezuela’s socialists. Bolivian President Evo Morales, a steadfast Maduro backer, has claimed victory in his country’s elections.

Maduro’s adversaries claim this is no coincidence.

In Chile last week, Piñera said the country was “at war against a powerful enemy” who “was willing to use violence and criminality with no limits even when it means the loss of lives.”

He did not specify who the enemy was, but the message was interpreted as a suggestion that Maduro was behind the violence that has racked the region’s most successful country.

 

Luis Almagro, secretary general of the Organization of American States, flatly accused Caracas of seditious intent.

“The winds of the Bolivarian regime pushed by Madurismo and the Cuban regime bring violence, looting, destruction, and a political aim to directly attack the democratic system and try to force interruptions to constitutional mandates,” he said in a statement last week. “We have seen these attempts documented in Ecuador and Colombia, we see them now in Chile.”

Ecuador’s Moreno has gone the furthest, claiming that Maduro is working with former president Rafael Correa — Moreno’s nemesis — to orchestrate a “coup” in Quito. He has claimed that the pair have sent “200 to 300” operatives disguised as Venezuelan migrants to sow chaos and topple his government.

Prosecutors in Quito are investigating possible Venezuelan links to $740,000 in cash that, according to people familiar with the investigation, was meant to be spent on anti-government activities.

Portraits of Venezuelan President Nicolás Maduro in April inside the Venezuelan Embassy in Washington. (Salwan Georges/The Washington Post)
Portraits of Venezuelan President Nicolás Maduro in April inside the Venezuelan Embassy in Washington. (Salwan Georges/The Washington Post)

Ecuadoran authorities have detained several leftist politicians who attended the Caracas summit. But they have yet to back up many of their allegations with proof. (Ecuadoran officials did not respond to requests for comment.)

In fact, some allegations have proved to be anything but concrete. Interior Minister María Paula Romo, for instance, heralded the Oct. 10 arrest of 17 foreigners, including several Venezuelan nationals, at Quito’s airport during the height of the riots in Ecuador. But all but two were later released by a judge for lack of evidence.

“Some of them were just Venezuelan Uber drivers picking people up at the airport,” said Sebastián Hurtado, president of the Ecuadoran political consultancy Profitas.

“I think the relationship is there, that Correa has asked for Maduro’s support,” he said. “But what kind of support, and how it is working, is a difficult question to answer.”

Amauri Chamorro, a political consultant who has worked with Correa and other left-wing leaders, attended the Caracas summit. He dismissed theories that it had sparked unrest around the continent as “ridiculous.”

“To believe that the forum of Sao Paulo determined, ordered and coordinated, and — most ridiculous of all — financed what has happened [in Chile and Ecuador] is a fantasy,” he said. “First, the forum doesn’t discuss this kind of thing. Second, the Sao Paulo forum doesn’t have the capacity to generate this. And third, this would be to completely ignore what is actually happening in these countries. It would be a grotesque analytical error.”

Guillermo González, president of the Chilean Equality Party, said he was one of 10 to 15 Chileans who attended the summit. They paid for their travel, but the Venezuelan government put them up in a state-owned hotel.

González expressed admiration for Venezuela and condemned regional leaders who have sought to oust Maduro. But he insisted that there were “no Venezuelans” involved in the social movement that has rocked Chile for nearly two weeks.

“What is happening in Chile is happening everywhere,” he said. “The system has collapsed because people aren’t eating, or just pasta and rice. They have no housing, no health care.”

Rodrigo Perez, an 18-year old high school student in Chile, helped organize a turnstile-jumping campaign in mid-October to protest a Metro fare hike that led to the broader unrest still roiling the country.

He described the protests as wholly organic — a response to rising costs of living and harsh inequality in one of Latin America’s richest but most unequal nations.

The burning of Metro stations in October came as a “surprise” to student organizers, he said.

“We have questions about these fires, but social discontent has been growing because public policies have ignored education,” Perez said. “So students are becoming more radicalized. There is great frustration.”

Soldiers guard a park in Quito during mid-October protests. (Fernando Vergara/AP)
Soldiers guard a park in Quito during mid-October protests. (Fernando Vergara/AP)

In Chile, students and unionists involved in the protests say they do not view Venezuela — a failed state run by a cast of characters including alleged narco-traffickers — as any kind of a model to follow.

“Chavismo is not socialism — it is capitalism dressed up as socialism,” said Simon Bousquet, 32, an information-technology specialist and union leader who has participated in the Chilean protests, referring to the Venezuelan brand of socialism named after Hugo Chávez, the late founder of its socialist state.

“Venezuela went from a neoliberal government to a bureaucracy,” he said. “It is not a model to emulate.”

Yet there is little doubt that forces on the left, whether influenced by the Venezuelans and Cubans or not, have sought to seize the momentum of the protest to push their own agendas, including demands for a new constitution in Chile.

“In big protest cycles like this one, many interests come into play,” said Miguel Ángel Martínez Meucci, a political scientist at the Austral University of Chile.

“For some of these actors, the objective is not to obtain social improvements but to subvert the instituted order and propel the surge of another one,” he said, “or even to nourish the radical agendas that would facilitate their path to power.”

 

Garip reported from Santiago. Kimberley Brown in Quito contributed to this report.

Diosdado Cabello asegura que las protestas en Chile reclaman el modelo económico de Venezuela por Ymarú Rojas – ABC – 29 de Octubre 2019

Un manifestante lanza una piedra contra los agentes antidisturbios este lunes en Santiado de Chile
Un manifestante lanza una piedra contra los agentes antidisturbios este lunes en Santiago de Chile – AFP

El número dos del régimen de Maduro señala que los manifestantes piden un modelo político con beneficios sociales similar al chavista

El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, ha dicho que las protestas en Chile responden a que esa sociedad reclama un modelo económico y político como el de Venezuela. «En Chile la gente está pidiendo la Asamblea Nacional Constituyente y ¿sabes qué piden? Pensiones igual al salario mínimo, reconocimiento de los pueblos originarios, educación libre y gratuita, ¿a qué suena eso? A Venezuela», dijo este lunes el dirigente.

Cabello cuestionó al Gobierno del presidente Sebastián Piñera, y dijo que en Chile gobierna la «dictadura» y «con la Constitución hecha por (Augusto) Pinochet». A su juicio, en el país sudamericano necesita «un proceso constituyente (…) dirigido por el propio pueblo, un gran proceso de emancipación y reconocimiento de un pueblo que ha sufrido 17 años de dictadura».

«Lo que está pasando en Perú, Chile, Ecuador, Argentina y Honduras es apenas la brisita, y viene un huracán bolivariano. Nosotros no estamos aislados en el mundo, por el contrario, Venezuela cada día está más consolidada», afirmó Cabello, al tiempo que advirtió que esa «brisa llegará» a Estados Unidos para que «gobierne alguien para el pueblo». A juicio del también presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, esos países «reventarán» en un futuro próximo por una «sobredosis de neoliberalismo».

Nicolás Maduro se le ha vinculado en una buena parte por las protestas en Ecuador, y ahora en Chile, y más aún por las recientes afirmaciones en las que dijo: «El plan va perfecto, ustedes me entienden. Todas las metas que nos hemos puesto en el Foro de Sao Paulo se han realizado. Así debemos seguir». Desde entonces, el régimen venezolano y el foro de partidos y grupos de izquierda latinoamericanos han sido señalados por presuntamente incentivar a los grupos desestabilizadores en ambos países.

Para el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, no es casualidad lo que ocurre en Latinoamérica, y ha puesto en tela de juicio las declaraciones de los líderes chavistas. «Las corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse, no a través de un proceso de reinstitucionalización y redemocratización, sino a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas».

Por otra parte, Cabello celebró el triunfo de Alberto Fernández en las elecciones presidenciales del domingo en Argentina y afirmó que la corriente de Juan Domingo Perón sigue imperando en ese país.

 

Zarpazo al Grupo de Lima por Manuel Corao – El Nacional – 28 de Octubre 2019

Las manifestaciones de calle acontecidas recientemente en América del Sur tienen un  elemento en común; la responsabilidad  de los gobiernos de Cuba y Venezuela por la maniobra indebida de terroristas en las protestas demandantes de reivindicaciones  llevadas a cabo en Chile y Ecuador.

Estos gobiernos sureños son  miembros del Grupo de Lima conglomerado político en defensa de la democracia y los derechos humanos en Venezuela.

Revoltosos que accionaron violentamente en ciudades de ambas naciones al ser detenido un número indeterminado de actores y comprobar sus identidades; cerca de 600 resultaron ser extranjeros muchos de ellos provenientes recientemente de Venezuela, quienes se dedicaron a cometer destrozos variados tales como incendios, rotura de señales en vías comunitarias, daños a la propiedad privada, enfrentamiento armado con la autoridad ciudadana al infiltrarse en las marchas cívicas, denunció el mandatario Lenín Moreno de Ecuador.

Pesquisas y confesiones grabadas judicialmente revelaron que la presencia de ellos en la ciudad encumbrada era con fines políticos contrarios a la paz vecinal.

La inherencia de una nación en los asuntos internos de otro país con la identificación de actores violentos en manifestaciones pacíficas acontecidas en Chile desde mediados de octubre; fue delatada por el gobernante Sebastián Piñera al identificar y obtener la confidencia de quienes capturados infraganti confesaron venir para atentar contra la estabilidad política del territorio austral.

Si existiese duda de lo expresado, Diosdado Cabello, segundo hombre al mando en Venezuela al conocer las revelaciones indicó burlonamente que los hechos en referencia eran un “vientecito bolivariano”, lo cual por lo elocuente es una  aceptación de la relación gubernamental en la práctica precisa ejecutada en las naciones andinas, lo cual remató con la ocultada expresión de un venidero “huracán bolivariano”.

Evaluaciones hechas sobre la hambruna en Venezuela, partiendo de los ingresos fiscales proveniente de la renta petrolera, junto a la prohibición de producir o importar el sector privado bienes de consumo alimenticio y medicinas para el ser humano, expertos llegan a la conclusión que los ingresos monetarios para la adquisición de tales rubros son desviados hacia otras actividades y ejecución de políticas ajenas al ciudadano común.

Nada justifica lo que acontece en el país ya que en  los últimos 17 años ha recibido el instituto emisor 56.000 millones de dólares de promedio amén de préstamos por casi 170.000 millones de dólares, los cuales se desconoce adónde fueron a parar gran parte de los mismos.

En  los últimos años la nación suramericana recibe 19.000 a millones de dólares dinero que decrece notablemente con el tiempo pero suficiente para enfrentar los  rótulos  alimenticios y medicinales en general de la población, pero los montos no ingresan totalmente al erario.

Es tal el desamor de Maduro Moros que solo  da prioridad a la política radical y para ello lograr  ratifica  la prohibición  de importar comida reservándose ese privilegio para el estado, iniciativa que busca  incentivar con fines intervencionistas en otros países  el éxodo de venezolanos hacia territorio vecino en busca de alimentación y ulteriores oportunidades de empleo.

Maduro lleva al terruño a la quiebra técnica financiera, pero previamente ha sacado para dar a naciones de política extremista montos en miles de millones que ha debido dedicar a sus gobernados.

Expropiaciones arbitrarias sin contraprestación, persecución fiscal de las fuentes permanente de puestos de trabajo, desabastecimiento, inflación galopante e ineficientes servicios básicos como la electricidad, marcaron el desplazamiento en millones de seres hacia América del sur principalmente.

La planificada hambruna como política de Estado logra sus metas porque junto con estos viajantes se desplazan grupos terroristas que por puertos normales de entrada a países andinos no se les facilitaría.

Una vez estas tropas debidamente entrenadas para desestabilizar, mezclados entre la diáspora se activarán en llamadas callejeras de requerimientos sociales causando ruina indiscriminada cual robots a su paso por las vías públicas, incendiando instalaciones de servicio al ciudadano, enfrentamiento con la policía comunitaria y hasta muerte entre los vecinos que reclaman creando un caos que proyecte, no siendo verdad, la incapacidad de las autoridades para ejercer el mandato conferido.

Tales actuaciones  dirigidas tienen un tiempo finito para causar los efectos de crisis buscados , es por ello  que pudimos observar al ex presidente Rafael Correa de Ecuador presentarse ante los medios de comunicación e indicar que para controlar la situación debía renunciar Lenin Moreno, presidente constitucional ecuatoriano  y convocarse a elecciones de inmediato.

No haber hecho Correa un llamado a la concordia y la paz ante el desenfreno de grupúsculos es un claro indicativo de que era un militante por la crisis y corresponsable de 7 muertos, 1.340 heridos y 1.152 detenidos.

En Chile la cita común es igualmente penetrada por terroristas, a lo que la guardia responde con prontitud y firmeza.

Sebastián Piñera, al igual que su homólogo de Ecuador, Lenín Moreno, convocan a la sociedad civil, la cual acude en su torno ratificando sus liderazgos y autoridad  constitucional.

Los mismos responsables venidos de Cuba y Venezuela llegaron a Chile saliendo derrotados por el pueblo que hoy exige justicia por 13 fallecidos en la concentración, 5 más en mano de los carabineros, 102 heridos y 962 detenidos.

Chile y Ecuador, países hermanos que conforman el Grupo de Lima, son defensores de la democracia venezolana, los derechos humanos y una nación que se niega a claudicar ante el tirano que anhela esclavizarlos.

Alerta que caminan los malandros de la izquierda extrema por América Latina por José Gregorio Meza – El Nacional – 21 de Octubre 2019

Los que se hacen llamar revolucionarios prepararon el contrataque. No esperan más y decidieron que ya está bueno de gobiernos decentes y progresistas en América Latina.

Los recientes disturbios en Chile: la destrucción de estaciones del Metro, autobuses, la quema de edificios, la destrucción de patrimonio de la nación, da cuenta que no se trata de algo casual. Esto es planificado. No queden dudas. La izquierda extrema está de vuelta y hace lo que sea para recuperar el terreno perdido.

El Mercurio

@ElMercurio_cl

Estupor y rabia en las 36 horas más violentas de Santiago desde el regreso a la democracia https://digital.elmercurio.com/2019/10/20/C/MQ3MJT0H#zoom=page-width 

Ver imagen en Twitter
Ya antes lo han hecho en Argentina, donde están a una semana de recuperar el poder a menos que ocurra un milagro, y en Ecuador, con un Lenín Moreno emproblemado porque no ha podido manejar la crisis que heredó de Rafael Correa, uno de los líderes de la contraofensiva.

«Atiendan a sus países que los tienen alborotados», recomendó Nicolás Maduro a los gobernantes del continente, en una seña clara para que dejen tranquilo al régimen, ahora con un escaño en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En una de sus alocuciones, cada vez más soporíferas, criticó al Grupo de Lima, al que calificó de cartel del narcotráfico.

Diosdado Cabello tuiteó en la misma línea de su jefe político. Luego de un toma y daca con el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, aseguró que el huracán bolivariano, del que el chavismo pretende ser dueño e intérprete, volverá a enseñorearse en el continente.

Diosdado Cabello R@dcabellor

Recuerdo perfectamente el Huracan Bolivariano que fue capaz de derrotar al alca y al imperialismo en Mar del Plata, nada ni nadie podrá detener a los Pueblos cuando luchan por su Independencia, todo mi apoyo y solidaridad, desde Venezuela decimos con ellos: Nosotros Venceremos!!

No solo están en lista Chile, Argentina y Ecuador. Perú, Colombia y Brasil también han recibido los embates de la desestabilización, y en España, lo de Cataluña no pinta bien, con infiltrados que llegan de Europa y Latinoamérica para apoyar la independencia y empantanar un deseo legítimo de una parte de la población.

Para la izquierda extrema esas protestas son legítimas, aunque acudan a la violencia y destruyan patrimonio de la nación. Todo justifica a los pueblos oprimidos, dicen. En el fondo lo que quieren es generar un caos que sea caldo de cultivo para retomar el gobierno. El discurso de la autonomía de los pueblos es basura, pero le suena bien a los que no han logrado nada en su historia de vida.

Ya lo dijo el politólogo Pedro Urruchurtu en un hilo de Twitter: las protestas sociales de Iberoamérica tienen un oscuro interés por detrás, buscan acabar con el Grupo de Lima y desestabilizar la región.

Pedro A. Urruchurtu

@Urruchurtu

[] ¿Ha escuchado usted sobre el “Grupo de Puebla”? Preste atención a este hilo y entenderá por qué mucho de lo que está pasando en Iberoamérica bajo pretexto de “protestas sociales”, tiene interés muy oscuro por detrás: Acabar con el Grupo de Lima/Desestabilizar a la región.

Ver imagen en Twitter
No es lo mismo, eso sí, acá en Venezuela, donde Maduro y su combo han creado un complejo aparato represivo y comunicacional para mantenerse en el poder y limitar al máximo a los disidentes, como ya pasó en Cuba. Protestar es subversivo y hacerlo contra un régimen de izquierda casi que es un pecado y tiene sus consecuencias, la cárcel lo menos oneroso.

Después de la semana pasada, con la vergüenza de lo que aconteció en la ONU, es claro que las cosas cambiaron. Visto lo sucedido dudo que los que se hacen llamar revolucionarios se conformen con preservar el botín que significa Venezuela, van por más. Se vienen situaciones más rudas en todo el continente. Lo de estas semanas es solo la cuota inicial de lo que nos espera.

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