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Unidad contra la nueva farsa chavista – Editorial El Mundo – 5 de Agosto 2020

Pintada de Nicolás Maduro en una calle de Caracas (Venezuela).
Pintada de Nicolás Maduro en una calle de Caracas (Venezuela). EFE

Los 27 partidos de Venezuela que no están alineados con el chavismo han acordado no participar en la farsa electoral que el régimen ha convocado para el 6 de diciembre. Maduro ya perpetró dos mascaradas en los comicios regionales y presidenciales de 2017 y 2018, respectivamente, con intención de revestir como procesos democráticos dos auténticos pucherazos en las urnas, tal como denunciaron distintas organizaciones internacionales independientes. El tirano bolivariano prepara ahora otro amaño para renovar la Asamblea Nacional y acabar así con la única institución que queda en Venezuela con mayoría opositora, por más que el régimen haya despojado a los parlamentarios de sus legítimas funciones.

El chavismo está organizando un fraude a su medida que pasa incluso por desactivar a las principales formaciones de la oposición, de manera que no haya rivales reales en las urnas. Y, así, el mes pasado Maduro fue especialmente lejos al expropiar la directiva del partido de Guaidó y sustituirla por títeres afines al oficialismo. En este contexto, el hecho de que las 27 organizaciones políticas se hayan plantado es importante no solo porque desenmascaran por completo al régimen y le dejan sin coartada alguna, sino también porque la unidad de acción de la oposición venezolana no siempre resulta sencilla. Antes Hugo Chávez y ahora su sucesor se aprovechan, justamente, de que muchas veces la división en las filas antibolivarianas les hace perder la fuerza.

El oficialismo se siente impune ya que sigue respaldado por el ejército y, además, ve cómo desde la aparición del coronavirus las potencias mundiales se muestran incapaces de ejercer presión alguna contra Caracas. Sin embargo, la situación de ruina total en el país es una bomba de relojería. De ahí que Maduro aireé de nuevo su deseo de una negociación política, aunque esta no tendrá ninguna credibilidad mientras los venezolanos ni siquiera puedan votar en libertad.

Ser chavista – Editorial  El Nacional – 29 de Julio 2020

Como regalo de cumpleaños para el difunto, el canciller del régimen y antiguo yerno trató de definir lo que es ser chavista. Si se hubiera tratado de una evaluación en algún liceo de la era democrática, el profesor le habría puesto cero, pues es bien sabido que el que trata de decir un concepto enumerando lo que no es, es porque no sabe nada.

Eso es lo primero que hay que destacar de esta declaración tan infeliz. El vicepresidente del régimen, así como los demás de la cúpula rojita, no puede definir lo que es el chavismo porque el chavismo como corriente política demostró ser una entelequia, un esperpento imposible de definir para las ciencias políticas, como no sea para decir que es un populismo más.

La primera afirmación del canciller rojo: “Ser chavista es no ser capitalista”. Y en eso muchos empresarios que ahora están arruinados pueden darle la razón. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, si se define como capitalismo el “sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado”, podría decirse que la afirmación es acertada.

Sin embargo, lo que no cuenta el ministro rojo es que muchos de sus amigotes, testaferros y enchufados son dueños de muchas de las empresas que todavía sobreviven en Venezuela. Así que, en aras de aportar algo, se lo definimos: “ser chavista es ser capitalista, siempre y cuando los dueños de los medios de producción sean nuestros amigos”.

Y sigue el canciller: “Ser chavista es no ser imperialista”. Con la ayuda del DRAE, se puede determinar si esta negación (que no definición) es real. Imperialismo es: “Actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política”

Y es aquí en donde comienza el funcionario a perder la noción de lo que dice, aunque lo más seguro es que no sea de manera involuntaria, acostumbrado como está a mentir. ¿O es que el venezolano no ha sentido en estos veinte años la dominación de Cuba hasta en lo más mínimo y cotidiano? Militar, económica y políticamente, Venezuela se mueve a ritmo de son antillano y todo eso gracias a los complejos del difunto cumpleañero, que vio en Fidel al padre que no tuvo y en Cuba el símbolo de dominación que él necesitaba.

“Ser chavista es no ser egoísta”. Ojalá los cientos de venezolanos que comen de la basura puedan leer esto, ver dónde viven los hijos de Chávez, lo que comen, los carros que importan, los guardaespaldas que tienen, las fiestas que dan, los viajes que hacen. ¿Cuándo comparten? Entre ellos y en muy contadas ocasiones. ¿Eso es pensar en el pueblo?

En fin, para que no quede dudas y el canciller se lo pueda aprender, le damos una definición más acertada: un chavista es un personaje que odia a su pueblo hasta el nivel de exterminio, que piensa en sí mismo sobre todas las cosas y por eso acumula bienes y dinero que no le pertenecen, que se escuda en una ideología fracasada importada desde Cuba para cumplir sus objetivos y que egoístamente aplica toda su maldad contra un pueblo indefenso. Y nos quedamos cortos.

España es la guarida del chavismo, una bofetada para la democracia según Moïses Naim por Rafa Latorre – El Mundo – 26 de Julio 2020

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Desde Washington, donde reside, el escritor y analista venezolano Moisés Naím vigila el efecto que la pandemia está teniendo sobre el poder. Lleva la cuenta de aquellos países donde un brote de autoritarismo amenaza la democracia. Le asombra lo violento del contraste entre la gravedad de los desafíos y la talla minúscula del liderazgo mundial. Naím está pendiente de todos aquellos fenómenos relevantes que están produciéndose en este momento y que la enfermedad no deja ver. Entre ellos una plaga de langostas más jóvenes y rápidas de la que no parece haberse enterado nadie. Como opositor al chavismo, asiste con preocupación al viraje de la posición española respecto a Venezuela.

P. ¿Qué tal lleva la pandemia? ¿Ha tenido que lamentar alguna baja personal?

R. Falleció un querido amigo. Otros colegas profesionales también murieron y otros cayeron enfermos. No hay nadie que esté protegido de esto.

P. La muerte lo inunda todo.

R. Y son muertes crueles. Hay muertes serenas y muertes crueles. La idea de estar intubado en un hospital, sabiendo que te estás muriendo y que no puedas hablar con tus seres queridos y que ellos sepan que no se podrán despedir de ti es terrible, de una crueldad enorme.

P. La trampa de este virus se escondía en su aparente baja letalidad. Al final le tienes más miedo a que no haya respiradores que a la enfermedad en sí.

R. Trágicamente creo que va a estar con nosotros un tiempo. América Latina es ahora mismo el principal brote mundial, con los sistemas de salud más precarios y con una situación financiera también muy precaria. América Latina entra en esta crisis con condiciones abrumadoramente malas. Hay una lista de causas preexistentes debilitantes y estamos viendo las consecuencias. Además de eso, en los dos países más grandes del continente, que son México y Brasil, hay presidentes que todavía hoy niegan la importancia, la gravedad, la profundidad y la celeridad de esto. Luego está Estados Unidos. Texas, Arizona, Florida… Si Florida fuera un país sería el cuarto país más infectado del mundo.

P. El mayor desafío para los liderazgos más deficientes.

R. Escribí una columna hace unas semanas que se titulaba Problemas grandes, líderes pequeños. Nos han tocado problemas demoledores, inéditos, para los que hace falta liderazgo, claridad, respeto por la ciencia y poner el interés nacional por encima del interés personal, con líderes que tienen tendencia a lo contrario.

P. Se suele reflexionar sobre cómo nos cambiará el virus pero los problemas políticos que usted señala ya estaban ahí. La pandemia los agrava.

R. Y en algunos casos los revela, porque estaban escondidos a plena vista. La desigualdad se ha manifestado claramente. Estamos viendo cómo años de desprecio y desdén por el gasto público han debilitado los sistemas de salud. Estados Unidos es el país que más gasta, como porcentaje de su economía, y es el que peor cobertura sanitaria tiene. Estados Unidos ha tenido una coexistencia relativamente pacífica con el hecho de que decenas de millones de estadounidenses no tuvieran acceso al sistema de salud.

P. Hay un restricción de las libertades que sólo nos permitimos por la docilidad que da el miedo. La gestión de la pandemia ha exigido la concesión de poderes extraordinarios a los líderes. No sé si todos se merecen ese margen de confianza.

R. He venido siguiendo la politización de la pandemia y qué consecuencias está teniendo sobre el poder. Estoy terminando un manuscrito en el que trato de explicar qué está pasando con el poder en estas circunstancias.

P. ¿Cree que la factura que pagará Donald Trump por la gestión irresponsable de la pandemia le impedirá disfrutar de un segundo mandato?

R. Tal y como aprendimos en las primeras elecciones de Trump y en el referéndum del Brexit, hay que tomar con cautela lo que dicen las encuestas. Sin embargo es lo único que tenemos además de las opiniones y todos los sondeos que se publican en EEUU, todos, aun aquellos que encarga el comité de campaña de Trump, dicen que si las elecciones fuesen hoy, Trump perdería. También sabemos que las cosas pueden cambiar drásticamente. De aquí a noviembre faltan cinco meses, en política son una eternidad y hablamos de alguien dispuesto a todo para retener el poder. Para él, estar en el poder no es sólo la posibilidad de ejecutar un proyecto político, es también una forma de supervivencia financiera. Necesita tener las protecciones que le da la presidencia para no enfrentarse a los litigios que tiene pendientes.

P. Estas elecciones cogen a la izquierda estadounidense en medio de un cisma entre tradicionales e identitarios. Entre quienes ponen la ciudadanía en el centro y quienes trabajan por una atomización de la misma en diferentes identidades agraviadas. Lo vimos en el manifiesto de Harper’s.

R. Estamos viviendo una turbulencia de categorías. ¿Qué significa ser de izquierdas? ¿Trump es de derechas? Trump hace muchas cosas que históricamente eran repudiadas por la derecha. Tenemos una ensalada de categorías y luego la polarización propiciada por las redes sociales y la proliferación de charlatanes. Estamos viviendo la edad dorada de los charlatanes. Siempre existieron pero ahora están digitalizados y globalizados. Asistimos a una capacidad extraordinaria de intervención cibernética de la política.

P. Es muy interesante lo de la digitalización de los charlatanes. Tengo la sensación de que hay chaladuras que triunfan porque los muy jóvenes, en edad de las chaladuras, tienen una pericia digital muy superior a la de sus mayores, de manera que consiguen colocar su mercancía de manera mucho más eficaz en el mercado de las ideas.

R. Eso es exactamente así, pero hay más. Hay una siembra de discordia por parte de agentes políticos furtivos. Los jóvenes son competentes en el Tik Tok o en Twitter y son capaces de hacer mil travesuras, de movilizar mil ideas y de confundir muchas más. Esa es una realidad. Pero al lado hay que incorporar el impacto que están teniendo actores furtivos, que son muchas veces controlados por los gobiernos. Estamos en un mundo tan confundido que lo demencial parece normal. El Washington Post tiene a un redactor dedicado a contarle las mentiras al presidente. Esta semana ha atravesado la barrera de las 20.000 mentiras. Afirmaciones verificablemente falsas. Hay un tipo que miente en la Casa Blanca. Bueno, se asume. Ahora en Estados Unidos estamos divididos entre quienes usan mascarilla y quienes no lo hacen. Ese es el debate. Y a todo esto súmale ahora lo de las identidades. Un punto de inflexión ocurrió en Holanda, cuando las autoridades decidieron que no le iban a preguntar más a los ciudadanos holandeses cuál era su género. Hay razones médicas para preguntarlo, razones de salud pública, para dotar los hospitales, cómo organizar el gasto sanitario. Es preciso saber a cuántas mujeres y a cuántos hombres van a atender. Pero eso ya no lo sabrán porque han decidido que no se le puede preguntar a la población cuál es su sexo.

P. Lo que está en cuestión es si cuando nos quitemos la mascarilla el liberalismo gozará de esa mala salud de hierro de siempre.

R. La pandemia está siendo aprovechada por algunos líderes para concentrar poder. Viktor Orban en Hungría, por ejemplo. Ha aumentado la vigilancia de los ciudadanos, se han restringido algunas libertades mediante la prohibición de protestas, se está ejerciendo una presión polarizante con la que algunos gobiernos exigen a los ciudadanos que se unan en torno a ellos, hemos visto disrupciones electorales para posponer comicios o restringir el sufragio. Hemos asistido a un aumento de la corrupción, del rol de las fuerzas armadas y un debate donde se cuestiona abiertamente la democracia. Se empieza a decir que lo que funciona no es la democracia sino el autoritarismo. Si esto dura mucho tiempo va a socavar la democracia tal y como la hemos conocido.

P. En España el estado de alarma se acompañó de una retórica bélica que sugería que cualquier crítica era indeseable o desleal.

R. Eso está pasando en España y en otros países. Pasó en Filipinas, en México, en Hungría, por supuesto en Rusia. Eso que ha ocurrido en España es una tendencia mundial.

P. Lo que es indudable es que un gobernante se encuentra más cómodo en un estado de alarma, pero la democracia no se inventó para la comodidad del gobernante sino más bien para lo contrario.

R. Lo que no sabemos es cuál es el resultado neto de la pandemia sobre el poder. Es decir, si va a ayudar a consolidar a los que están en el poder o los va a dejar fuera de juego.

P. En su país, Venezuela, Nicolás Maduro no necesitaba una pandemia para comportarse como un tirano.

R. La gran sorpresa es lo que ha tardado el mundo en descubrir que Maduro es un dictador. Maduro lleva actuando autocráticamente desde hace muchos años. Unas veces de una manera muy abierta y otras, muy clandestina. La sorpresa es lo que el mundo ha tardado en descubrir que no hay una equivalencia entre Maduro y las fuerzas de la oposición democrática. En Venezuela hay una dictadura que reprime, suprime, maltrata, asesina. No es equivalente.

P. Quien no lo ha entendido todavía es José Luis Rodríguez Zapatero.

R. Hace ya dos años yo escribí una columna que se titulaba Y Zapatero lo sabe, donde hacía una lista de cosas que estaban sucediendo en Venezuela, que era imposible que Zapatero no conociera y que, si se eso se sabe, es imposible simpatizar con el chavismo. Zapatero nos ha dejado perplejos por su cercanía al régimen. La oposición en Venezuela sabe que cuando está hablando con Zapatero no está hablando con un mediador objetivo, está hablando con un representante de la dictadura.

P. La mediación de Zapatero fracasa en la reunión de la República Dominicana, a partir de ahí es un mero embajador del régimen.

R. Él tiene mucha influencia en Pedro Sánchez y eso explica detalles como que el presidente interino de Venezuela, reconocido por 60 países del mundo, haga un gira por Europa y sea recibido por todos los jefes de Gobierno excepto por el de España. Es un acto diplomático y simbólico, pero muy revelador.

P. Tampoco sabemos a qué vino aquí Delcy Rodríguez. Es uno de esos temas que quedaron sepultados por la pandemia.

R. Los venezolanos de la oposición, de la que formo parte, lamentamos la tolerancia de España para permitir que violadores de los derechos humanos, gente que ha robado fortunas, estén gozando de sus bienes mal habidos y de una total libertad de tránsito. Un país democrático debía ser más solidario.

P. La destrucción de las libertades en Venezuela no fue algo repentino. Fue algo progresivo pero al fin imparable. ¿Cómo ocurre ese proceso de destrucción de la democracia?

R. Escribí una novela titulada Dos espías en Caracas que trata de responder a esa pregunta. ¿Cómo pasó lo de Venezuela? ¿Cómo uno de los países más ricos del mundo es hoy uno de los más pobres? ¿Cómo una de las democracias más viejas de América Latina termina así? Yo me di cuenta muy pronto de que Venezuela estaba siendo muy influida por Cuba y de que la relación entre Fidel Castro y Hugo Chávez generó la ocupación de un país extranjero en Venezuela. Desde hace tiempo exhorto a mis amigos periodistas y académicos para que investiguen eso y siempre regresan con las manos vacías, porque es una operación clandestina del G2 [Dirección de Inteligencia del régimen cubano], que se las arregló muy bien, de manera furtiva, para tener un rol desproporcionado en Venezuela.

P. Mis familiares venezolanos están muy alarmados por el peligro que supone una fuerza como Podemos, tan vinculada a la revolución bolivariana.

R. A mí no me preocupan los gobiernos de coalición. Que haya fuerzas distintas que se unan para gobernar no es el problema. El problema es que alguien como Pablo Iglesias tenga acceso a los secretos de la inteligencia del país. Es alguien que ha estado muy cerca de los regímenes autoritarios de América Latina. Ha estado muy cerca de Venezuela, de Bolivia, se ha lucrado personalmente de las asesorías realizadas a esos gobiernos. Sabemos que tuvo vínculos con Irán. Mi preocupación no es por razones ideológicas sino de seguridad nacional.

P. Seguramente usted reconozca muy bien los tics bolivarianos de Podemos.

R. Los hemos visto permitiendo que España se convierta en la guarida de los ladrones del chavismo y esa es una bofetada para la democracia.

“El debate tiene que fijarse en la pandemia y en los mecanismos para la salida de Maduro” por Alejandro Hernández – La Gran Aldea – 16 de Julio 2020

“El debate tiene que fijarse en la pandemia y en los mecanismos para la salida de Maduro”
Alejandro Grisanti, Economista e Ingeniero en Computación, PhD en Economía.

El economista afirma que hoy en Venezuela todos somos pobres y el ascenso social que antes daba la educación ha desaparecido. Por eso, Alejandro Grisanti estima que aun en medio de la crisis, agudizada por el Covid-19, debe quedar claro que se necesita el cambio de régimen que hará posible que el país sienta una mejora en el corto y mediano plazo. En la medida en que el deterioro crece, más tardará la recuperación.

El economista Alejandro Grisanti ha trabajado de cerca en los procesos hechos por el gobierno interino de Juan Guaidó para preservar activos de la nación y atender problemas externos, como los relacionados con la deuda. De hecho, fue hasta hace poco miembro de la Junta Administradora ad hoc de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) y parte de la Comisión Presidencial Consultiva para la renegociación de la deuda. No esconde sus opiniones y cree en la práctica de escuchar a los asesores, también es partidario de seguir levantando la voz dentro y fuera del país para lograr la transición que todo el país espera, y es uno de los expertos que le está llevando el pulso a la vulnerabilidad económica causada por la pandemia.

Su conclusión es abrumadora: El país más vulnerable dentro de la región bien sea por el impacto en exportación de materias primas, porque recibirá menos remesas, porque no tiene espacio para hacer una política fiscal contracíclica o porque no va a poder emitir deuda internamente es Venezuela.

-¿Cuál es su conclusión de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) que presentó la Universidad Católica Andrés Bello días atrás?

-Ese estudio es la mejor demostración de que el verdadero legado de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en estos 20 años, es la miseria. Hoy en Venezuela todos somos pobres y el ascenso social que antes daba la educación ha desaparecido. El chavismo nos igualó hacia la pobreza y creó una crisis absolutamente generalizada, de la que no escapa ningún venezolano.

“El chavismo nos igualó hacia la pobreza y creó una crisis absolutamente generalizada, de la que no escapa ningún venezolano”

Alejandro Grisanti

-¿Una sociedad que sufra un colapso como el que acaba de mencionar es recuperable?

-Para eso lo primero que debe pasar es un cambio de régimen, para que venga un nuevo gobierno que restituya las libertades individuales y los derechos económicos a los ciudadanos. Yo era muy optimista con el Plan País en 2016 y 2017; hoy las condiciones son un poco más complejas, pero sin embargo, la última Encovi señala que la pobreza reciente apunta al 54%, eso indica que cuando podamos dar los estímulos adecuados para traer inversión en el sector petrolero y cuando tengamos unos nuevos gobernantes, que puedan ser interlocutores ante los organismos multilaterales para poder levantar los financiamientos que sirvan de motor de arranque, tendremos una recuperación relativamente rápida de la economía, va a ser más lenta que hace dos o tres años; pero sigo pensando que cuando salgamos de esta tragedia, Venezuela sentirá una mejoría en el corto y mediano plazo.

-¿Qué tanta responsabilidad tiene Cuba en el desfalco económico impulsado por el chavismo en estos 20 años?

El chavismo le ha dado a Cuba entre 2 mil y 3 mil millones de dólares al año en subsidios de exportaciones petroleras, lo que representa entre 60 y 70 mil millones de dólares en 20 años. Por su parte, La Habana proveyó al chavismo de una mejor inteligencia policial y una mayor capacidad de acción contra la oposición. Nicolás Maduro hoy ostenta el poder y mantiene el control territorial por el apoyo que tiene del castrismo.

-¿Han medido el impacto económico que la pandemia está causando en Venezuela?

-Hay dos formas de verlo: El primero es desde el punto de vista de infectados y fallecidos, aquí el régimen no queda tan mal; pero porque Maduro nunca ha valorado el impacto de sus acciones y en toda América Latina, fuimos el país que más rápido cerró su actividad económica luego del primer caso confirmado. Es decir, Venezuela paralizó su economía tres días después de que hubo el primer contagiado de Covid-19, cuando el promedio del resto de la región es dos semanas. El otro factor que ha influido es el rápido despistaje, los regímenes totalitarios pueden hacer mejor seguimiento a las libertades y el desenvolvimiento de los ciudadanos. En Venezuela están utilizando a los organismos de seguridad e inteligencia para acuartelar a la gente y poner fronteras entre los casos positivos y la población sana.

“Vamos a terminar este año con cifras más duras en términos de pobreza, con muchos más venezolanos queriendo emigrar y con un país más desintegrado”

Alejandro Grisanti

-¿Da por ciertas las cifras que ofrece el régimen?

-Más allá de que todos dudamos de lo que publica la dictadura, la diferencia con respecto a los demás países es muy grande. Aproximadamente Venezuela tiene unos 10 mil casos, mientras Colombia, que después de nosotros tiene la menor cantidad de contagios en la región, anda por 160 mil. Entonces por más que estén trampeando los números, estamos muy lejos de las cifras del resto. Así sea el triple de lo que dicen, igual la distancia es enorme. Por más que mientan, no tenemos los más de 300 mil pacientes que hay en Chile o Perú. Debemos recordar que la crisis ha limitado mucho la movilidad de los ciudadanos, así como la falta de gasolina; y a menor movilidad menor propagación.

-Y desde el punto de vista económico, ¿qué números y proyecciones han sacado?

-Estamos sacando un índice de vulnerabilidad económica para toda América Latina, es decir, analizamos cuáles son las naciones que serán más afectadas por el Covid-19 y cuáles serán las que resistirán mejor. Nuestro estudio coloca a Venezuela como el país que saldrá más dañado por el impacto de la pandemia en toda la región, porque tenemos una alta población informal; un elevado déficit fiscal; un enorme endeudamiento internacional; unas reservas internacionales bajísimas, y un sistema monetario prácticamente desaparecido; cuando sumas estos factores concluyes que tenemos las más grandes restricciones, por consiguiente vamos a sufrir el peor efecto económico de Latinoamérica y es bien importante que lo entendamos. De segundo está El Salvador y de tercero Nicaragua, pero sus resultados no están ni cerca de los nuestros.

-¿Cómo hicieron ese estudio?

-Analizamos el impacto en tres puntos: Materias primascomercio y remesas. El Covid-19 está afectando las materias primas y sobre todo las que tienen que ver con movilidad y con energía; entonces, los países que tienen mayor exposición a exportaciones petroleras, llámese Venezuela, son los que van a padecer una mayor contracción económica. También va a interrumpir el comercio y las cadenas de producción, eso lo vamos a ver con más fuerza en el segundo semestre, y aquellas naciones que tienen un alto porcentaje de componentes intermedios e importados en su producción nacional van a experimentar más dificultades que el resto, y aquí también entra Venezuela. Por último, está el área de las remesas, hoy tenemos a 5,1 millones de venezolanos en el exterior que mandan dinero para ayudar a sus familiares que están dentro del territorio, y por la crisis global ese mecanismo se va a ver reducido, tendrá un impacto importante. En conclusión, el país más vulnerable dentro de la región bien sea porque exporta materias primas, porque va a dejar de recibir remesas, porque no tiene espacio para hacer una política fiscal contracíclica o porque no va a poder emitir deuda internamente, es Venezuela. Es un índice que va del uno al cinco, el que está más sólido se acerca al uno y el que más débil al cinco.

-¿Cómo se están protegiendo nuestros países vecinos?

-El mayor impacto de esta pandemia lo sufrirá América Latina y eso va a llevar a muchos de estos países al Fondo Monetario Internacional y a las instituciones multilaterales. También ha llevado a un proceso de reestructuración de deuda amistoso y relativamente rápido a Ecuador y Argentina. Por supuesto que todos los gobiernos también se van a apalancar en el sector privado, lamentablemente el nuestro está absolutamente destruido.

-¿Y la deuda venezolana?, ¿cómo considera que ha sido el manejo del proceso por parte del presidente interino Juan Guaidó y la Asamblea Nacional?

-Con el manejo que ha llevado el Gobierno interino yo soy muy optimista en lo grueso, porque Venezuela viene trabajando con el mejor reestructurador de deuda de los últimos 40 años, que es Lee Buchheit, sin duda es la persona más referencial en el área y siempre ha trabajado ayudando a los países y no a los acreedores. Por otra parte, ha contratado al mejor escritorio legal de Nueva York para emprender la defensa y ser exitosos en nuestros procesos judiciales. Otra cosa que me hace ser optimista es que logramos explicar cuáles serán los cuatro pasos principales que se seguirán para la reestructuración y se aprobó en la plenaria de la Asamblea Nacional. Sin embargo, hay que oír a los asesores e irnos por sus recomendaciones a la hora de tomar decisiones.

-También ha tenido notorios desacuerdos.

-Sí, son varias cosas. Los procesos de reestructuración de deuda para que sean exitosos deben ser rápidos, amigables y tienen que contar con apoyo del mayor número de acreedores posible. En Venezuela nos ha afectado que hay incentivos para que una solución rápida y amigable no se dé, es decir, hay gente que cree que no pagar a los inversionistas, no resolver la parte de las acreencias o hacer política con la deuda es una buena estrategia, pero yo creo que son decisiones muy negativas y no las comparto.

-¿Quiénes son esas personas y qué intereses usted cree que hay detrás?

-Hay factores que no están oyendo a Lee Buchheit y no creen en una salida amistosa, sino que apuestan por el enfoque de la confrontación, donde el chivo expiatorio es el inversionista, que en Venezuela despectivamente se les llama bonistas, en algunos sectores hay una mayor inclinación hacia las querellas legales, ir a juicio y pelear en la corte algunos de los procesos que estamos sufriendo.

-El ex procurador especial José Ignacio Hernández dijo en una entrevista para La Gran Aldea que la actitud de los acreedores era “intransigente” y por eso no hubo otro camino que el de ir a juicio.

-Es público que yo estuve en contra de que la República llevara a juicio a los acreedores del PDVSA 2020, pero desafortunadamente como el resultado de este proceso está por venir, no puedo dar mayores detalles, porque no quisiera que me culparan si se llega a perder. Sería inconveniente que en esta entrevista salgan argumentos que puedan ser utilizados por los bonistas en contra de Venezuela. Quiero dejar claro que espero estar equivocado y que tengan razón quienes entraron en ese litigio; sin embargo, soy muy negativo, creo que vamos a tener un fallo en contra, pero, como dije antes, no puedo darte mi análisis.

-El economista Ricardo Hausmann también declaró a La Gran Aldea y dijo que había actores dentro de la política representando los intereses de los bonistas de “formas poco legítimas”, ¿tiene usted relación laboral con algún acreedor del PDVSA 2020?

-Yo no tengo relación con ningún acreedor de deuda venezolana, ni nacional ni extranjero; pero quiero insistir en que toda América Latina, con excepción de Argentina, se ve a los tenedores de deuda como unos inversionistas, lamentablemente en el caso venezolano hay una nube negra sobre los mercados financieros, porque las emisiones nacieron de grandes actos de corrupción cuyos responsables son Nicolás Maduro, Hugo Chávez y sus ministros. Pero esa animadversión que justificadamente existe, hay que enfocarla hasta ahí y no más allá. En los últimos cuatro años yo no he tenido ninguna relación de representación o de información con nadie, por eso no me siento aludido por la afirmación de Ricardo.

-¿Pero la denuncia del economista Hausmann tiene pertinencia?

-Bueno, si tiene pruebas que las presente. Yo creo que en Venezuela se intenta crear un manto de corrupción, que no siempre está justificado, para usarlo como herramienta política. Debo decir que también se ha utilizado el tema de conflictos de interés de una manera muy manipulada, para de alguna manera entorpecer contrataciones o sacar del juego a algunos interlocutores e imponer posiciones propias.

“Hoy en Venezuela todos somos pobres y el ascenso social que antes daba la educación ha desaparecido”

Alejandro Grisanti

-¿Por qué renunció a su cargo en la Junta Administradora ad hoc de PDVSA?

-Era un trabajo ad honoren y uno puede estar en esa condición un tiempo, pero no de manera indefinida. Mis principales fuentes de generación de ingresos podían tener un conflicto de interés con mi trabajo en la junta directiva de PDVSA, y por eso tomé la decisión de dejar el cargo. Acordémonos también de que apenas acepté la responsabilidad en el Gobierno interino, renuncié de manera pública a Ecoanalítica, eso me hizo quedarme sin ingresos.

-¿La protección del Gobierno americano a Citgo se mantendría si hay un fallo en contra de Venezuela en el litigio por el bono PDVSA 2020?

-En el caso del PDVSA 2020 esos acreedores obtuvieron una licencia del Departamento del Tesoro en el 2018 para poder actuar en el caso de que PDVSA no pagara, puesto que tenían una garantía con esos bonos, es el único acreedor o demandante contra la República que hasta ahora tiene esa posibilidad, por consiguiente, habrá que esperar y ver qué puede hacer el Gobierno americano. Hasta ahora lo que han hecho es suspender por periodos cortos la posibilidad de utilizar esa licencia.

-¿Cree que la oposición debe ir o no a las elecciones parlamentarias que impulsa el régimen de Maduro?

-Estamos en una encrucijada donde todos los caminos son malos. Yo creo que es muy difícil ir a estas legislativas que plantea Maduro porque no hay condiciones; pero tampoco estoy de acuerdo en que no haya elecciones y pasemos del interinato a la perpetuidad. El periodo constitucional de la Asamblea Nacional vence en enero de 2021 y creo que intentar prolongarlo no va a servir de nada, pero insisto: Todos los caminos son malos.

-Entonces, ¿qué hacemos?

-Ver cómo le sacamos el jugo a estos seis meses, cómo logramos arrinconar a Maduro y terminar con unas elecciones con garantías. Lograr seguir levantando la voz dentro y fuera del país para lograr la transición que todo el país espera. El debate tiene que fijarse ahí, en la pandemia y en los mecanismos para la salida de Maduro. Es prematuro y caemos en la trampa del régimen, centrar toda la discusión de hoy en la participación o la perpetuidad.

-¿Cómo terminará el año 2020 para los venezolanos, en términos sociales y económicos?

-Desafortunadamente seguiremos en caída. El régimen se siente fuerte y cree que puede ir a una elección de cualquier manera y vamos a terminar este año con cifras más duras en términos de pobreza, con muchos más venezolanos queriendo emigrar y con un país más desintegrado.

«Creí en Hugo Chávez y fue un error», el artículo de Nicmer Evans que sacudió a la dictadura por Nicmer Evans – albertonews – 13 de Julio 2020

Hugo Chávez es la génesis de lo que sucede hoy en Venezuela. Lo digo como alguien que creyó en él y en sus promesas de una Venezuela mejor, más justa, menos corrupta. Pero la historia, veinte años después de que Chávez llegara al poder, demuestra lo equivocados que estábamos yo y muchos venezolanos que nos considerábamos chavistas, muchos de los que lo asesoraron, de los que lo defendimos y justificamos en privado y en público, de los que votamos por él.

Este artículo fue publicado originalmente el 27 de agosto de 2019

Hoy, con Venezuela en ruinas, admito que fue un error pensar que con Chávez había llegado una izquierda democrática, con arrastre popular y sin taras a Venezuela. No llegó. En cambio, se instauraron los cimientos de un régimen autoritario, diseñado para beneficiar a unos cuantos y económicamente fallido. Esta dolorosa equivocación de tantos de nosotros es inobjetable; es palpable en el hambre de la gente, la represión contra los civiles que protestan, los registros de tortura a militares disidentes, las ejecuciones extrajudiciales, la malnutrición infantil y la prohibición de cualquier tipo de crítica u oposición.

Estos son los saldos del chavismo en el que una vez creí. Así que es hora de hacer algo que todos los chavistas podrían hacer, una decisión muy personal e increíblemente difícil pero quizás necesaria para poder sanar y avanzar: reconocer su error y entender el enorme daño que el proyecto de Chávez le ha hecho a Venezuela.

Creo que con una especie de redención colectiva podremos empezar a salir de la hecatombe que vivimos, recoger las piezas rotas para empezar de nuevo y reinstitucionalizar el país.

A inicios del siglo, muchos intelectuales, activistas y ciudadanos estábamos deseosos de encontrar alternativas al modelo neoliberal. Cuando llegó Chávez a la presidencia, democráticamente electo en 1999, algunos vimos en su Revolución bolivariana esa vía.

Como sabemos, no lo logró. Ya en 2009, era evidente que su estilo de liderazgo era nocivo porque generaba una dependencia estatal en su persona. Ningún presidente autodenominado de izquierda debe sustentar la institucionalidad del gobierno en el personalismo y el mesianismo. En ese año lo critiqué públicamente y comenzó mi gradual deslindamiento del chavismo.

Para 2013, cuando Chávez murió, buena parte de las instituciones —que en una democracia deben ser autónomas e independientes— dependían de él y sus designios. Fue Chávez quien eligió a su sucesor, Nicolás Maduro, quien ha terminado de dejar a Venezuela en una situación de crisis humanitaria.

El chavismo y su éxito se originaron de la indignación popular y de la necesidad de superar la corrupción de los gobiernos de los partidos que se habían alternado el poder por cuarenta años sin atender la profunda desigualdad del país. Pero ya en los últimos años de Chávez, la complicidad con la corrupción y la fuga de capitales —calculada en más de 400.000 millones de dólares entre los años 1999 y 2013— dejaron claro que su revolución había sido aún más corrupta que los cuarenta años anteriores a Chávez, del que se fugaron 70.000 millones de dólares.

Siempre existirá la duda de si la situación con Chávez hubiese sido mejor o peor que con Maduro; de si el artífice del proyecto del socialismo del siglo XXI habría podido evitar el desastre venezolano. No pretendo hacer una defensa de Hugo Chávez, pero estoy seguro de que hubiese sido diferente y quizás no tan precaria como ahora.

Nicolás Maduro, pasa frente a un retrato de su antecesor, Hugo Chávez.
Nicolás Maduro, pasa frente a un retrato de su antecesor, Hugo Chávez.Credit…Federico Parra/Agence France-Presse — Getty Images

Las políticas sociales de Chávez giraban en torno a la educación, la salud y la productividad. Aunque se puede argumentar que la intención final era el control social o el rédito electoral, lo cierto es que muchos venezolanos recibieron beneficios tangibles que mejoraron su vida mientras preservaban la libertad de criterio. Las primeras fases del programa social Misión Barrio Adentro llevaba servicios médicos a los barrios más pobres del país y se crearon centenares de dispensarios populares. Con el tiempo, y especialmente con Maduro en poder, los beneficios sociales se han condicionado a la sumisión política. Antes de las elecciones presidenciales de 2018, Maduro prometió premios a quienes votaran con el Carnet de la Patria, el documento de identificación que sirve para transferir bonos —comida o pagos— a los ciudadanos. El régimen de Maduro se ha aprovechado de la dependencia alimentaria de los venezolanos que, para algunos analistas, los ha convertido en “rehenes del hambre”.

Para preservar el poder, Maduro ha recurrido a estrategias contraproducentes para el país: ha comprometido parte de la producción petrolera y mineral de Venezuela a actores extranjeros —como Cuba, China y Rusia— y ha optado por la represión y violación sistemática de los derechos humanos de los civiles.

Según el informe sobre Venezuela de la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el gobierno de Maduro ha echado a andar una estrategia para aniquilar el periodismo independiente y limitar la libertad de expresión; ha criminalizado a la oposición y ha reprimido violentamente el descontento social. El informe de la ONU le adjudica al Estado venezolano 6800 ejecuciones extrajudiciales y revela que ha sometido a prisioneros a la tortura, entre ellos, al capitán Rafael Acosta, quien mostró señales de tortura durante su juicio en el tribunal militar y murió esa misma noche. Al día de hoy, hay 217 oficiales, entre activos y retirados, que se encuentran detenidos en las cárceles venezolanas.

Para pasar página de estos veinte años de destrucción del régimen que inició Chávez podríamos asumir una dura tarea, más a los que alguna vez fuimos chavistas: refundar, con paciencia, las instituciones democráticas que Chávez socavó, empezando por el Consejo Nacional Electoral. Asegurar su funcionamiento independiente y transparente, con monitoreo de observadores electorales internacionales, es vital para empezar la reconstrucción de un sistema democrático Venezuela.

Tanto las fuerzas armadas y el sector del chavismo que aún respalda a Maduro deben dar el paso que yo y tantos venezolanos que alguna vez creímos en Chávez hemos dado: sentir empatía por el sufrimiento de los venezolanos de a pie, 4 millones de los cuales han tenido que salir del país junto a aquellos que se han exiliado por oponerse al chavismo y a la dictadura de Maduro. Es un proceso complejo, exige mucho de nosotros reconocer una equivocación, pero debemos intentarlo. Es hora de romper con Chávez y su heredero, Maduro.

El chavismo tiene posibilidad de sobrevivencia si admite sus tropiezos y redefine su proyecto político. Solo así, ese sector, aún poderoso pero leal al dictador, podrá sumarse a la reconstrucción de Venezuela cuando vuelva la democracia.”

Venezuela desahuciada… por  Gustavo Tovar-Arroyo – El Nacional – 23 de Junio 2020

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But it’s my destiny

to be the King of pain

Tristeza

He escrito en estas condiciones otras veces. Lo hago porque estoy convencido de que la historia y las nuevas generaciones deben saber que los tiempos de reflexión durante la tragedia chavista no fueron posibles, nadie reflexionó, solo sufrimos. No hubo un venezolano que no padeciera hasta la asfixia este tiempo, solo los apestados y sus nuevos ricos sonrieron durante esta perdición.

No sé si seré coherente mientras escribo, tampoco es importante si no lo soy. Esto es sentimiento, pesadumbre, pena. Esto es lo que somos los venezolanos: tristeza.

Siéntela.

Lamento

Fíjate que, en este punto, a pesar de que apenas puedo escribir, he logrado conservar las formas gramaticales y el estilo, un estilo que lo define el lamento, sí, ese penetrante lamento de reconocer en cada respiro que nuestra patria se ha hundido en la más vergonzosa de las ruinas. No sé si escribir que la ruina es moral porque escribir en esta condición no es lo más ejemplar que digamos.

Igual no importa, escribo con el mismo pulso de tu indignación y mostrando el latido de nuestra rabia. Eso es lo único honesto frente a la peste chavista: la indignación y la rabia.

¿Sigo? Sí, lo haré, que el tiempo se intoxique con nuestro lamento.

Amargura

¿Cuántos venezolanos no se han embriagado –como yo hoy– durante el holocausto suramericano llamado chavismo? ¿Cuántos no han sentido una desgarradora nostalgia por el horror que padecemos? Quién no se cuestiona: ¿cómo fue posible esta debacle? ¿cómo lo permitimos? Nadie está exento de la amargura. Nadie.

Venezuela, el país más rico de América Latina, destruido porque los mismos venezolanos permitimos que un criminal y sus delincuentes llegasen al poder.

Y ahí están.

Desaliento

No imaginamos jamás que habríamos de vivir en el destierro (sin pisar nuestra tierra, sin respirar nuestro aire), tampoco que nos quedaríamos sin gasolina, agua, luz, comida, medicinas, sin esperanza ni futuro. Ni en el más amargo escepticismo sospechamos esta debacle, peor aún, en el momento de escrito este testimonio el horror aún persiste, sabemos que incluso empeorará: más dolor y muerte asechan.

Y no exhibo mi desaliento porque he bebido de más, no, lo hago porque es el tenebroso sentimiento del venezolano que ha padecido la peste, ebrio o no.

Estamos malheridos, muy malheridos. 

Estremecimiento

No he escrito nada importante aquí ni lo haré, no hace falta, ¿cuáles pueden ser consideradas “importancias” en una nación arruinada? En esta entrega, como en el país, solo se exponen estremecimientos. Quiero que sientas mi frustración, que es la misma que la tuya, que es la misma de cada venezolano.

Quiero que quede memoria de lo que sentimos no de lo que pensamos. ¿Pensar? Para qué carajos en un país destrozado. ¿Pensar qué? ¿Esperanza?

No jodamos. 

Desahuciada

Estamos hartos de la falsificada esperanza, sabemos que tenemos que luchar contra la tiranía, pero hacerlo no por esperanza sino por honor. Sí, hay que pisotear al chavismo por honor. ¿Queremos ser la nación honorable que una vez fuimos? Hay que extirparlos, no hacerlo sería una deshonra histórica, tan grave o peor que haber permitido que el asesino Chávez llegará al poder.

Escribir en estas condiciones (ebrio) y exponer nuestro estrago moral quizá resulte política y culturalmente impropio, pero qué más da, ya mi Venezuela está desahuciada.

¿Salud?

 

La extinción de la soberanía popular por Gehard Cartay Ramírez – America 2.1 – 23 de Junio 2020

Desde hace algo más de 20 años el régimen chavista viene liquidando la soberanía popular, mediante la utilización de los Poderes Públicos bajo su control y con el apoyo de la cúpula militar.

Así ha logrado lo que durante mucho tiempo hizo el Partido Revolucionario Institucionalista (PRI) en México. Ello supone realizar aparentes procesos electorales donde la gente vota pero no elige, dentro de un entorno de corrupción, fraudes, abusos, violación de leyes y, lo que resulta peor, desprecio absoluto de la propia voluntad popular.

En nuestro caso, esta tragedia se exacerbó por la mentalidad militarista del teniente coronel Chávez Frías, quien conceptuó su elección en 1999 como una batalla militar ganada contra sus enemigos, que ponía a Venezuela bajo exclusivo dominio suyo y de su claque.

Y todo ello a pesar de que en 1998 obtuvo menos votos que Lusinchi en 1983 y CAP en 1988. Su paranoia, sin embargo, le hizo creer que la suya era una victoria absoluta, nunca antes vista. Lo demás lo agregarían sus resentimientos y taras psicológicas, que luego justificarían algunos civiles lame botas, émulos de Vallenilla Lanz, autor de la tesis gomecista del “gendarme necesario”.

En sus inicios aparentó disposición al diálogo, pero sólo para instalar el Congreso de la República electo en diciembre de 1998 –donde su partido era minoría–, cuando pactaron un acuerdo interpartidista, y facilitar así la toma de posesión del nuevo presidente. A los pocos meses, una vez que armaron su trampa constituyente (ayudados por el suicidio de aquel pusilánime parlamento elegido en 1998 y de una acobardada Corte Suprema de Justicia que, desconociendo la Constitución de 1961, le abrió las puertas a su proyecto totalitario), entonces el chavismo inició su tarea de destrucción de la soberanía popular imponiendo su modelo totalitario.

Recordemos lo que pasó en 1999 cuando fue escogida una constituyente convocada violando la vigente Carta Magna y en cuya elección participó apenas el 46% de los electores, con una abstención récord del 54%. El chavismo obtuvo 122 constituyentes con el 25% de los votos, mientras la oposición eligió sólo 8 constituyentes con el 20%, lo que significaba el estreno de su vocación fraudulenta con el famoso “kino”. Finalmente, el proyecto de Constitución fue aprobado en diciembre de 1999 por el 32% de los electores inscritos y con una altísima abstención que oficialmente se contabilizó en un 57%, aunque fue mayor, por haber coincidido con el deslave del estado Vargas y fuertes tormentas en el centro del país. Esos resultados resultaron una pírrica victoria.

En todo este tiempo han continuado en esa misma línea de desconocimiento de la soberanía popular. Desde 2003 su TSJ viene adueñándose sistemáticamente de la atribución constitucional que autoriza a la Asamblea Nacional para designar el Consejo Nacional Electoral.

En 2015 descuidaron sus trampas y la oposición ganó por mayoría absoluta la Asamblea Nacional. Pero inmediatamente su TSJ “anuló” la elección de tres diputados opositores por Amazonas, a fin de desconocer aquella mayoría. Luego declaró a la AN “en desacato”, figura que no existe en la Constitución, y luego judicializaron a Copei, BR, PPT y Podemos para entregarles las tarjetas y los símbolos de esos partidos a unos lacayos suyos. Enseguida bloquearon el revocatorio y postergaron las elecciones regionales.

Más recientemente, en 2018, adelantaron a su conveniencia una supuesta elección presidencial, que resultó un fraude gigantesco. Ahora, en este mismo mes de junio, han vuelto a nombrar un CNE a su medida –en contra de la Constitución– y han continuado el secuestro del resto de los partidos opositores para entregarles sus tarjetas electorales y símbolos a fichas al servicio del régimen (AD, Primero Justicia y próximamente Voluntad Popular).

Son demasiados hechos concretos que demuestran que estamos ante un régimen que ha liquidado la soberanía popular y consiguientemente la Constitución, el estado de Derecho y la legalidad. ¿Harán falta más pruebas de su talante antidemocrático frente a quienes todavía hablan de negociar con el régimen y llegar a acuerdos, cuando la verdad es que este siempre ha despreciado el diálogo con sus adversarios y destruido todos los puentes de entendimiento? Los hechos hablan por sí solos.

Por supuesto que en una democracia normal el diálogo, los acuerdos y las negociaciones –interpretadas en su mejor acepción– son mecanismos necesarios para discutir acuerdos y lograr la resolución de problemas en función de los intereses del país. Pero esto no es posible bajo un régimen de fuerza, de espaldas a la legalidad y la soberanía popular y que desde sus inicios canceló cualquier intento de diálogo, acuerdo o negociación con sus adversarios.

La verdadera oposición venezolana está ahora ante un tremendo reto histórico. Debe asumirlo en unidad, con coraje e inteligencia y por sobre los inmensos obstáculos que tiene ante sí. Sólo así podrá derrotar al régimen que ha destruido Venezuela y sacrificado el presente y el futuro de sus hijos.

 

 

Chavismo : La Peste del Siglo XXI – Fundacion Humano y Libre – Junio 2020

La trama empresarial de Alex Saab y Alvaro Pulido – Armandoinfo – 15 de Junio 2020

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