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El Chavismo Disidente Amenaza la Transición en Venezuela por Vanessa Novoa – Revista Digital – 11 de Mayo 2019

Vanessa Novoa
Resulta peligrosa la línea discursiva que ha insistido en mantener el Frente Amplio respecto al llamado “chavismo disidente”. Tan peligrosa, que pone en riesgo una verdadera transición en Venezuela.

En un intento por mantener el apoyo de los dirigentes chavistas que “dieron la espalda” al régimen de Nicolás Maduro, el presidente Juan Guaidó y sus portavoces han optado por reivindicar “el legado de Chávez”, rescatando la idea del “chavismo democrático” y solidarizándose con quienes hoy son perseguidos por el mismo aparato represivo que ayudaron a construir.

En el caso más reciente, el diputado José Guerra mostró su respaldo a Miguel Rodríguez Torres, la mente maestra detrás del sistema de torturas del Sebin materializado en La Tumba, que desde 2014 se convirtió en sede de torturas y asesinatos bajo el suelo de Caracas.

Ante las críticas, responde que es momento de “reconciliación” y “unidad”.

Es pertinente recordar al diputado Guerra (y a todo el Frente Amplio) que el “chavismo disidente” no desea un régimen político muy distinto al que instauró Chávez: el mismo régimen que asesinó a Franklin Brito, torturó y apresó a Simonovis y Afiuni, expropió empresas y destruyó medios de comunicación.

Una transición con Rodríguez Torres implicaría el mantenimiento de la policía política y la amenaza de que no cesarán los centros de tortura.

Una transición con Luisa Ortega Díaz implica mantener un sistema judicial viciado, al servicio de ideas y partidos nefastos y no al servicio de la justicia.

Una transición con Gabriela Ramírez implica tener en el poder a una mujer responsable de ejecutar y justificar crímenes de lesa humanidad, como las torturas.

El chavismo disidente es una oda a la injusticia. Sus intereses los llevaron a alejarse del PSUV, pero no porque se opusieran al sistema.

De hecho, muchas de sus víctimas aún pagan sus acciones en las cárceles del país. Otros, desde el exilio.

La justicia con las víctimas del chavismo exige un juicio contra todos los responsables de instaurar el régimen de terror que por 20 años destruyó el país. Sin importar lo que ahora digan. Sin excepciones.

Prohibido olvidar.

 

Felipe González: “Estamos al final del ciclo del chavismo” por Ricardo Kirschbaum / Marcelo Cantelmi – Clarin – 4 de Mayo 2019

En Venezuela, dijo en la entrevista con Clarín, hay que negociar que se vaya Nicolás Maduro, hacer un censo y conformar un gobierno provisional

Felipe González, en el hotel que se aloja en Buenos Aires Andres D’Elia

¿Cómo se observa esta crisis en la región que produce la debacle venezolana?

– Lo que más me sorprende sobre Venezuela en América Latina es que haya todavía una parte de la izquierda que sea capaz de sostener a una tiranía sin paliativos como la que representa Nicolás Maduro. Una cleptocracia ligada a los peores y más sucios negocios. Maduro ha conseguido algo que parecía imposible, destruir un país como Venezuela en un lapso tan reducido pero lo hizo, lo ha destruido institucionalmente, ha destruido la seguridad. Las muertes en Caracas son del mismo porcentaje que de la peor época de Damasco en plena guerra siria. Es lo que nos llama la atención a todos

– ¿No incluye a Hugo Chávez en esa deriva?

– Hugo Chávez crea un modelo que no es sustentable. Pero Chávez tenía algunas diferencias con Maduro.Primero de personalidad. Chávez era un caudillo militar y los militares lo reconocían como un caudillo, incluido Jair Bolsonaro en el año 2005/2006. Chávez, además, tenía instinto de conservación frente al precipicio. Maduro no, sigue destruyendo. Es una “proeza” que se cargue el 60 del PBI, que tenga el número de muertos por habitante más grande del mundo, que provoque un éxodo bíblico de venezolanos.

– ¿Cómo se sale de eso?

– Cuando me dicen de manera simplista en Europa, hay que ir de inmediato a elecciones… Es que no hay censo, no hay Consejo Nacional Electoral, no hay Tribunal Supremo. Bueno,lo hay… a las órdenes de Maduro. Por lo menos tiene que haber un censo y un consejo electoral que garantice los comicios.

–Venezuela además es zona de disputa de las potencias mundiales.

–Venezuela es una crisis sobre todo regional que sacudió como ninguna antes a toda a Latinoamericana. En cuánto a Rusia, Putin no se la jugará por Venezuela, eso es obvio. Cuba no tiene más remedio. Para Cuba es un problema de supervivencia. Pero para Moscú se trata de ver cómo intercambia algo de los problemas que más le preocupan a Putin con Trump, quien le deja todo el espacio para que figure como superpotencia en Siria.

03-05 Entrevistan al ex presidente de españa Felipe Gonzalez i. Foto: Andres D'Elia

Entrevistan al ex presidente de españa Felipe Gonzalez i. Foto: Andres D’Elia

 

-¿Qué sucede con China?

– Para empezar no tiene estrictamente una deuda que cobrar a Venezuela. China tiene un leasing petrolero que le pagan con crudo, lo mismo que tiene con Ucrania en granos. Los chinos deben tener unos 42 o 43 mil millones (de dólares) a recuperar de los 60 mil millones originales. Ese compromiso con Venezuela no es comparable con los más de 200 mil millones que ha comprometido en la región. Los chinos de verdad son pacientes, ven el largo plazo y no se van a jugar por Venezuela. Ahora quiero sí decir algo, no me resultará aceptable que vuelva a ocurrir como sucedió con Stalin o con Hitler que haya gente que diga “hombre, nosotros es que no sabíamos”. Porque obviamente Maduro va a salir, y cuando salga va a aflorar todo el horror. Quien hoy no sabe lo que sucede en Venezuela, es porque no quiere saberlo.

-La situación actual es muy preocupante con los militares dominando.

–Las bayonetas sostienen a Maduro

– ¿Es una situación no permanente?

-Creo que estamos en el final de este ciclo. Como no tengo carácter Caribe no anticipo el día D ni la hora H, una costumbre que tienen mis amigos. Hablé con Leopoldo (López). También hablaré con Juan (Guaidó). Sigo al tanto de lo qué pasa. Creo que estamos al final. Sin ser demasiado específico, afirmo que las conversaciones (con los generales) han existido y hubo bastante engaño. Veo a la inteligencia cubana tendiendo trampas. Pero hace dos años estos contactos no existían,. Por lo tanto algo se esta precipitando,

-¿Qué se supone que ocurrirá?

– En Venezuela no es necesario un golpe de Estado, alcanza con que los militares de las cuatro fuerzas se pongan de acuerdo para decirle a Maduro hasta aquí hemos llegado. Retiramos las bayonetas y usted no tiene piso. Esto es una condición necesaria pero no suficiente. Creo que habría que negociar si se puede, sino será como sea, la salida de Maduro y de su grupo. Y conformar un gobierno de transición durante dos meses que tiene que ser inclusivo. Se necesita, además, del ejército para restaurar un cierto grado de seguridad, porque hay estados tomados por la criminalidad. Y contar con una figura que no se ve todavía clara, que sea capaz de dar credibilidad respecto al rescate económico de Venezuela.

-Trump y Putin conversaron el viernes sobre Venezuela y esta semana se reúnen ambos cancilleres. ¿Es Rusia la llave de esto?

– La acción de Rusia sobre el régimen es infinitamente menor que la de Cuba. Quién más sabe de lo que pasa en Venezuela es la inteligencia de Cuba. Otro país que no tiene más remedio que saber es Colombia, que tiene un millón y pico de refugiados. Con un número similar reventó Europa, toda la UE de 500 millones de habitantes y US$ 30 mil dólares per capita. También sabe bastante la inteligencia militar brasileña. Y sabe mucho menos EE.UU. Y lo que sabe no lo operan racionalmente porque es imposible operar racionalmente con un presidente como Trump. El 5 de enero de 2018, cuando asumió Maduro, EE.UU. no tenía ninguna decisión sobre qué hacer con Venezuela, salvo el deseo de Trump de ofrecer un triunfo político internacional con la cabeza de Maduro.

Elliott Abrams le hace una oferta al chavismo y a los militares que no deberían descartar por Pedro Benítez – ALnavío – 26 de Abril 2019

El PSUV, el alto mando de la Fuerza Armada Nacional de Venezuela, e incluso Cuba deberían tomar en serio la negociación que Donald Trump, por medio de su enviado especial Elliott Abrams, les ofrece. Después de todo siempre es preferible un mal acuerdo a una buena pelea. En esta última tienen todas las de perder, y Trump y Abrams no están jugando.
Abrams: “Creemos que la transición en Venezuela dependerá de buenos militares” / Foto: WC
Abrams: “Creemos que la transición en Venezuela dependerá de buenos militares” / Foto: WC

Se le atribuye al primer ministro británico Winston Churchill la genial frase según la cual “siempre se puede contar con los estadounidenses para hacer las cosas de manera correcta después de que hayan intentado todo lo demás”. Para contribuir a llevar a Venezuela a un cambio político que culmine con la salida de Nicolás Maduro del poder, Donald Trump, el pragmático, el magnate inmobiliario que ejerce el cargo de presidente de Estados Unidos, ha decidido intentarlo todo, incluso jugarse la carta de la negociación.

Esa carta tiene nombre y apellido: Elliott Abrams. Este, en su condición de “enviado especial” para tratar la situación venezolana, ha persuadido a Trump (por ahora) de esa estrategia.

Ayer el veterano funcionario republicano la expuso claramente en su intervención ante el Atlantic Council. Su mensaje tuvo dos destinatarios: el chavismo como movimiento político y el alto mando de la Fuerza Armada Nacional venezolana (FAN).

Atlantic Council

@AtlanticCouncil

Supporters of the late Venezuelan president, Hugo Chávez, should have a place at the table in a democratic Venezuela, US Special Representative for Venezuela Elliott Abrams said at the Atlantic Council in Washington on April 25.https://www.atlanticcouncil.org/blogs/new-atlanticist/us-envoy-sees-a-role-for-chavismo-in-a-democratic-venezuela 

El argumento de Abrams es que para esos actores es preferible salir de Maduro a intentar mantener la situación actual y arriesgarse a otro tipo de desenlace.

Esta es una oferta que los interesados no deberían despreciar porque, por ahora, Estados Unidos apuesta por la negociación. Hágase hincapié en el por ahora.

Después de todo, hasta los más pragmáticos partidarios de ese tipo de desenlace saben que algún tipo de intervención militar norteamericana en Venezuela es una posibilidad real que no puede descartarse. El chavismo y la FAN no deberían hacerlo.

“Creemos que el régimen de Maduro debe terminar para que Venezuela recupere la democracia y la prosperidad. Pero al igual que todos los ciudadanos del país, el PSUV tiene el derecho de desempeñar un papel en la reconstrucción de su país”, dijo Abrams.

Abrams también se dirigió a los militares, cuyo alto mando juró lealtad a Maduro: “Creemos que la transición en Venezuela dependerá de buenos militares”.

Abrams enunció lo que a su juicio son los tres elementos de cambio en Venezuela, en los que incluyó “la participación política, el papel de los militares y el progreso económico”.

La Voz de América

Nunca un presidente de Estados Unidos, con el comando de la mayor fuerza militar que ha conocido la historia humana hasta hoy, va a desestimar esa opción. Trump no lo está haciendo.

Tampoco la presión económica sobre las finanzas del régimen de Maduro ni las de sus aliados cubanos.

En la clásica estratagema del policía malo y el policía bueno, donde el primero intimida y el segundo pretende ser razonable pero advirtiendo sobre la amenaza de su compañero (cuando en realidad los dos están coordinados) Trump está cumpliendo el rol del policía malo y Abrams (sorpresas de la vida) el del bueno.

Con un solo detalle: Trump y Abrams no están jugando. Ya lo advirtieron. Las fuerzas que dentro y fuera de Venezuela sostienen a Nicolás Maduro en el poder deben considerar esto seriamente.

La pregunta es con quién es preferible entenderse. La respuesta parece obvia. Trump puede perfectamente cambiar mañana de idea e intentar forzar la salida de Maduro por otros medios.

Los chavistas probablemente no lo quieran reconocer, pero Abrams es hoy su mejor amigo.

Funcionarios y exfuncionarios de la Administración estadounidense declaran con absoluta confianza sobre la masiva superioridad militar de la máquina de guerra de ese país, que podría pasar fácilmente por encima de la fuerza militar leal a Maduro, incluso si esta tuviera respaldo ruso. El exembajador estadounidense en Caracas, William Brownfield, lo ha recordado hace pocas horas.

Pero incluso, antes de llegar allí, Estados Unidos le va a seguir subiendo, por ejemplo, la presión a Cuba, hasta demostrarle a Raúl Castro que puede perder más persistiendo en el respaldo a su pupilo en Caracas que lo que de todas maneras va a perder (que es mucho) retirándole el apoyo.

No puede pasarse nunca por alto que, pese a la resistencia que Maduro está demostrando, Venezuela y Cuba son países arruinados, y los respectivos regímenes que les dominan están carcomidos por dentro.

Atlantic Council

@AtlanticCouncil

US Special Representative for Venezuela Elliott Abrams said that “the time to join a free debate about the future is now, and it must include young Chavistas before this regime tries to silence them as well.”https://www.atlanticcouncil.org/blogs/new-atlanticist/us-envoy-sees-a-role-for-chavismo-in-a-democratic-venezuela 

En una transición acordada, el chavismo puede mantener sus espacios de poder en gobernaciones, alcaldías e incluso en la Asamblea Nacional. Eso es preferible a perderlo todo.

Por otro lado, para Estados Unidos es más práctica y barata una negociación puesto que el continente necesita una Venezuela estable. Un colapso del régimen de Maduro por un detonante interno o por coacción militar externa no es garantía de estabilidad.

No obstante, un acuerdo pasa inevitablemente por la salida de Maduro del poder. En cualquier escenario (negociación, colapso o coacción militar externa) ese es un hecho del cual no hay escapatoria posible.

¿Debe el chavismo seguir existiendo como fuerza política una vez recuperada la democracia? por Orlando Avendaño – PanamPost – 26 de Abril 2019

¿Puede un partido, cuya principal aspiración es precisamente abolir el sistema democrático, participar y desenvolverse en el sistema? ¿Debería ilegalizarse el PSUV? Varios intelectuales y activistas responden la pregunta

Hoy el chavismo es una fuerza política degradada, agostada, que no llega a representar un porcentaje importante de la población. (Walter Vargas)

No son pocos los que han propuesto —ni siquiera insinuado— que, una vez recuperada la democracia en Venezuela, el chavismo participe en unas elecciones libres. Algunos, incluso, asoman candidatos: que sea Nicolás Maduro —o, como leí hoy, el actual ilegal gobernador del estado Miranda, el chavista Héctor Rodríguez—.

Quienes plantean el aventurado escenario desatienden algunos detalles capitales: primero, con respecto a Nicolás Maduro, que es un individuo investigado en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad y, además, enjuiciado por el legítimo Tribunal Supremo de Justicia en el exilio por corrupción y desfalco de la nación; ignoran, además, que Maduro vendría siendo el capo de una organización criminal narcotraficante y que es el responsable de una lista casi inenarrable de crímenes.

En cuanto al chavismo, se omite que, aunque fue una fuerza política legítima, constituida hoy en el Partido Socialista Unido de Venezuela pero antes en el Movimiento V República —luego de ser el Movimiento Bolivariano Revolucionario, una organización, primero, golpista—, ha devenido en una fuerza criminal responsable de la derogación de la institucionalidad venezolana.

El Partido Socialista Unido de Venezuela, plataforma política que representa al chavismo, se constituye hoy, junto a todos sus brazos armados paramilitares, en un ordenamiento delincuencial con características de Cosa Nostra. Sus representantes, su élite política, no escapa de compartir responsabilidades con Nicolás Maduro.

Un ejemplo es Diosdado Cabello, el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, señalado como el caudillo del denominado Cartel de los Soles, el grupo narcotraficante bajo el control de miembros de las fuerzas Armadas de Venezuela.

Hoy el chavismo es una fuerza política degradada, agostada, que no llega a representar un porcentaje importante de la población. Instruida bajo la ética bolivariana —esa que solo concibe el resentimiento, el revanchismo y el saqueo—, hay que sostener sin vacilar que el movimiento engendrado por Hugo Chávez no es compatible con la dinámica liberal de una República democrática.

Es cierto que pudiera ser muy poco democrático pretender la exclusión de una fuerza política que representa una cantidad —aunque despreciable— de ciudadanos; pero, ¿está necesariamente la democracia disociada de, por ejemplo, la ética y los valores intrínsecos a la propia dinámica democrática? Es decir, ¿puede un partido, cuya principal aspiración es precisamente abolir el sistema democrático, participar y desenvolverse libremente en el sistema?

Se podrían emular algunas experiencias europeas y del sudeste asiático (como Indonesia) que proscribieron partidos naturalmente antidemocráticos. Actualmente el Partido Comunista, junto a sus símbolos, es prohibido en Moldovia, Ucrania, Estonia, Lituania, República Checa, Polonia y otras naciones. Muchos de estos países extienden su prohibición hacia el nazismo y todo movimiento que pretenda restringir las libertades y los derechos humanos y sean de talante totalitario.

Alemania, luego de soportar la imposición del más cruel totalitarismo que ha concebido el mundo, alivió sus costurones con un severo proceso de desinfección que pasó por los Juicios de Núremberg y, posteriormente, la proscripción en 1952 del Partido Socialista del Reich y en 1956 el Partido Comunista Alemán.

Quizá el chavismo no ha tenido la oportunidad de extenderse territorialmente como un movimiento genocida, así como sí lo haría el Nationalsozialismus y el stalinismo; pero los delirios liberticidas son muy similares y, quizá de una manera mucho más artesanal y local, los resultados de la imposición del modelo, también.

Pero acá poco valen esta sarta de palabras. Ya hay quienes ventilan el escenario depresivo de unas elecciones —esquivando, así, los otros dos pasos de esa ruta casi sacrosanta que nos ofreció Juan Guaidó— y deliran con una eventual participación del chavismo democrático —ese extraño oxímoron que algunos insisten que existe—. La que vale es la opinión de aquellos cuyas voces trascienden. Acá, la respuesta ofrecida al PanAm Post de varios individuos valiosos, destacados en sus espacios, ante la pregunta que titula esta nota:

Antonio Ledezma, líder opositor venezolano: «El chavismo puede encauzar sus sentimiento con un partido que actúe como tal, más no con una herramienta que sea guarida de narcotraficantes, terroristas y criminales de lesa humanidad. Nosotros aspiramos restablecer la democracia y, por lo tanto, garantizar instituciones solventes que funcionen bien con apego a la ley. Donde se garanticen los derechos humanos, políticos, económicos y sociales. Eso implica que se respete el pensamiento político e ideológico, el credo religioso, la libre empresa, la propiedad privada, etcétera. El PSUV debe regenerarse, ser realmente un partido y no una montonera. Deben tener claro que, para postular candidatos, deben estar libres de compromisos con la justicia nacional e internacional. Los principios no se pactan ni la justicia se negocia».

Alejandro Armas, periodista: «Como sabemos, hay Estados que, más que prohibir ideologías, han prohibido organizaciones políticas específicas, con argumentos de que usaron el Estado para cometer crímenes atroces. El caso más conocido es Alemania. Ahí el Nsdap fue declarado inconstitucional y su Código Penal prohibe el despliegue público de símbolos de organizaciones inconstitucionales. Pero esto tiene un problema táctico. En Alemania existe al menos un partido neonazi, el NDP, que retiene buena parte de la ideología nazi pero se abstiene de usar los símbolos del Nsdap para cumplir la ley. Así, por ejemplo, no usan como imagen el rostro de Hitler pero sí el de Hess, lugarteniente de Hitler. Imagina que en una Venezuela democrática se prohibiera el PSUV y sus símbolos. Alguien podría entonces crear un partido chavista nuevo y usar el rostro de cualquier dirigente chavista, en vez de los ojos de Chávez como imagen. Ahora bien, alguien podría pensar entonces que para evitar esto lo que hay que hacer es prohibir el chavismo como ideología. Esto también es problemático porque alguien tiene que hacerlo cumplir. Por lo tanto, habría una autoridad que determine qué es chavista. Pero definir ideologías políticas no es como sumar dos y dos. ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el liberalismo? Todos podemos tener opiniones al respecto, pero no hay un consenso. Ergo, pienso que la hipotética autoridad responsable de decidir qué es el chavismo tendría demasiado poder. Poder que puede prestarse para arbitrariedades. Al final por esa vía pueden limitarse de forma abusiva las libertades políticas. Además, creo que las prohibiciones, de partidos o ideologías, pueden ser contraproducentes porque le dan a lo prohibido un aura romántica que a menudo no merece. Es lo que pasaba con los partidos comunistas cuando los prohibían en Latinoamérica antes. Por todo esto, muy a pesar de lo mucho que el chavismo me desagrada, no veo conveniente prohibirlo».

Claudio Sandoval, embajador de Venezuela en Honduras: «En lo personal, no lo creo. El fascismo y comunismo como opciones políticas reales han sido prohibidas en naciones desarrolladas, como Alemania. Del mismo modo que no imagino nazismo (fascismo) democrático, tampoco veo un chavismo (comunismo del siglo XXI) democrático. Ideologías inhumanas de probada criminalidad (delitos de lesa humanidad y violaciones graves de los derechos humanos) deberían ser ilegalizadas como en países occidentales. La democracia no puede ser ingenua o tonta para suicidarse».

Venezolanos agredidos por chavistas en una charla en Vigo esperan el juicio por María Rodríguez – ALnavío – 24 de Abril 2019

“Por supuesto que denunciamos. No íbamos a dejar pasar la agresión”, dice al diario ALnavío Manuel Pérez, presidente de la Federación de Asociaciones de Venezolanos en Galicia. Él, junto a su esposa y otra mujer, fueron agredidos en una charla prochavista en Vigo (España) hace un mes. La denuncia sigue su curso y ahora esperan el juicio. ¿Por qué acudieron si el acto lo convocaron grupos de izquierda? “Si vas a hablar de Venezuela, a mí me interesa y voy”, responde, aunque era consciente de que en la charla iba a escuchar “una realidad maquillada de Venezuela”.

La charla prochavismo se celebró en Vigo / Wikimedia Commons: Thorcho gp
La charla prochavismo se celebró en Vigo / Wikimedia Commons: Thorcho gp

Manuel Pérez, presidente de la Federación de Asociaciones de Venezolanos en Galicia, fue uno de los opositores al régimen de Nicolás Maduro agredidos hace un mes en una charla en Vigo (España), convocada por grupos de izquierda. También resultaron agredidas la esposa de Pérez, que acabó con moretones en un brazo, y otra mujer. Denunciaron los hechos a la Policía Nacional y ahora esperan el juicio. “Se denunció a dos personas. La denuncia sigue su curso normal. Se hicieron los respectivos exámenes y luego vendrá el juicio”, explica Manuel Pérez al diario ALnavío.

“Por supuesto que denunciamos. No íbamos a dejar pasar esto. Imagínate que mañana vas a escuchar una charla que habla de supuesta democracia y acabas agredido”, recalca indignado Pérez. Esa indignación también es por la reacción del cónsul de Venezuela en Vigo, Martín Pacheco, uno de los ponentes de la charla. Según el presidente de la Federación, cuando ocurrió la agresión el cónsul “bajó la mirada” y eso pese a que “su deber es defender los derechos de todos los venezolanos que estamos en Galicia”, aclara Pérez. Este diario intentó ponerse en contacto con el cónsul para obtener su versión, pero aún no obtuvo respuesta.

La charla se celebró el sábado 23 de marzo a las 21 horas en el bar del Colegio de Arquitectos de Vigo, en una céntrica calle de la ciudad. ¿El lema? ‘Hands off Venezuela: claves para entender la situación actual’, según reza el cartel del evento. En él se indicaba la intervención de Martín Pacheco y la de Agustín Otxotorena, anunciado como empresario vasco residente en Venezuela. También aparecía el nombre de Willy Toledo, actor español, activista político y claro defensor del régimen de Maduro. No obstante, no hay constancia de que Toledo participase en la charla. Tampoco que acudiese a la del municipio de Moaña, cercano a Vigo, y a la de Santiago de Compostela, celebradas los siguientes días bajo el mismo lema y con los mismos ponentes que en Vigo y en las que los medios locales reseñaron también algún pequeño altercado.

Pérez relata a este diario que, pese a que la charla estaba convocada por grupos de izquierda, prochavistas, decidió ir. “Si vas a hablar de Venezuela, a mí me interesa y voy”, insiste, aunque consciente de que en la charla iba a escuchar “una realidad maquillada de Venezuela”.

El presidente de la Federación dice que en la charla hablaron de “cómo los oligarcas roban supuestamente al pueblo”, de los apagones producto de “virus” informáticos, de que los medios de comunicación españoles estaban “completamente parcializados”, etc.

En total unos 30 venezolanos opositores a Maduro se sentaron “tranquilamente” a escuchar este “país de las maravillas”, según recalca Pérez, junto a gallegos afines al régimen de Maduro. “Nuestra idea era hacer una serie de preguntas, pero no nos dejaron”, continúa el presidente de la Federación. Entre las preguntas preparadas: por qué no promovían unas elecciones libres y democráticas tuteladas por organismos internacionales, y por qué el régimen de Maduro sigue sin pagar las pensiones a los residentes en el exterior, 4.000 sólo en Galicia.

Pérez recuerda que el momento de mayor tensión se produjo cuando el supuesto empresario Otxotorena, afín al gobierno de Maduro, dijo que en Venezuela no se pasaban necesidades, que había asistencia médica … y que todo lo tergiversaban los medios de comunicación españoles. Ahí saltó una mujer que había tenido que vender su casa para comprar pasajes a España, dijo que eso era mentira y se inició la agresión.

20 años de chavismo: el quiebre del «Estado mágico» por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Marzo/Abril 2019

La Revolución Bolivariana se benefició de un aumento del precio del petróleo de alrededor de 1.000% desde la llegada de Hugo Chávez al poder, a inicios de 1999, hasta los picos del segundo boom petrolero. No obstante, esto tendió a reforzar la dependencia de los hidrocarburos y reactualizó las ilusiones de la «Venezuela saudita», en medio de una gestión de los recursos públicos ineficiente y crecientemente autoritaria. Hoy, tras dos décadas de esa experiencia, Venezuela vive una combinación de crisis que hablan del agotamiento del proyecto chavista.

20 años de chavismo: el quiebre del «Estado mágico»

Muy pocos de los venezolanos que el 2 de febrero de 1999 estaban eufóricos por la toma de posesión de Hugo Chávez habrían podido imaginarse su país 20 años después. Ni ellos ni el grupo nada despreciable que vio la jornada como una tragedia podrían haberse hecho una idea clara de cómo marcharía el país en las siguientes dos décadas. Es probable que solo dos de las muchas ideas que entonces bullían en torno de Chávez se hayan cumplido a cabalidad, cada una sostenida por uno de los espectros polares del mapa político de aquellos días: que dos décadas más tarde el chavismo seguiría gobernando, como entonces solo se habrían atrevido a asegurar los más entusiastas (seguramente Chávez incluido entre ellos), y que el balance de su gestión sería un colapso económico y social de proporciones bíblicas, como barruntaban los más escépticos.

Demostrando, a contravía del tango, que en ciertos casos 20 años sí es mucho, el 2 de febrero de 2019, en el aniversario de aquella controvertida toma de posesión, casi nadie se acordó de ella. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional proclamado «presidente encargado» en franco desafío a Nicolás Maduro y rápidamente reconocido por varias decenas de países, fue por esos días el foco de atención. Y es un dato muy revelador del estado de la Revolución Bolivariana.

Con Chávez muerto –otra cosa que nadie habría podido pensar en 1999– y el chavismo dividido, con un presidente con 80% de rechazo, el balance de las dos últimas décadas parece desolador. Venezuela es la economía con el peor desempeño del mundo y probablemente con uno de los peores de la historia mundial. Ha sufrido una contracción de más de 50% del pib en cinco años (bajo la Gran Depresión en Estados Unidos, el retroceso fue de 30% y solo duró tres años) y sigue sumida en la hiperinflación. Según la asociación empresarial Fedecámaras, en 20 años han cerrado 60% de las empresas existentes para 1999. El salario mínimo es de alrededor de seis dólares mensuales, mientras la canasta alimentaria se ubica en unos 300 dólares al mes, según el Centro de Documentación y Análisis Social (cendas). No en vano, es una sociedad donde alrededor de 90% de las personas pueden definirse como pobres, de acuerdo con lo que arrojó la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2018, organizada por varias universidades. Cáritas alerta que alrededor de 15% de los niños sufren una desnutrición tan grave que están en riesgo de morir. La Sociedad Venezolana de Salud Pública, una organización independiente, habla de más de un millón de casos de malaria durante 2018. Es el país con una de las peores crisis migratorias en tiempo de paz de las que se tienen noticias, con tres millones de migrantes por el mundo según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (acnur) y la Organización Mundial para las Migraciones (oim). Buena parte de ellos se ha marchado a pie hacia los países vecinos, donde vive en refugios o en las calles. Esta cifra de migración es especialmente ilustrativa de la dimensión del colapso venezolano, porque está en los rangos de Afganistán (2,5 millones de refugiados), Siria (con seis millones) y Colombia (casi siete millones de desplazados internos).

¿Cómo es posible, entonces, que sin una guerra y después de recibir una bonanza petrolera de un billón de dólares durante el segundo boom petrolero, de 2004 a 2008, las cosas estén tan mal? A través de una apretada síntesis histórica esperamos dar una explicación. No podrá, por la extensión de este artículo, atender todas las variables, e incluso dejará por fuera algunas muy importantes, pero esperamos delinear los aspectos nodales: el esfuerzo de una sociedad por mantener su forma de vida y la manera en que fracasa en el intento. Nos enfocaremos en los pasos a través de los cuales la sociedad le entregó todo el poder a un hombre, este logró generar una ilusión de prosperidad por un súper boom petrolero, aprovechó la coyuntura para empujar las cosas hacia una versión moderada del socialismo real y, finalmente, cuando los petrodólares comenzaron a escasear, el país cayó en una bancarrota peor que la sufrida por la mayor parte de los socialismos reales antes de su colapso definitivo. Es también la historia del ascenso y el declive de una revolución, que pasó de ser una bocanada de esperanza aplaudida por buena parte del mundo a un régimen que hoy la mayor parte considera una dictadura ilegítima.

Contra el neoliberalismo, la naturaleza inicial de la revolución

Una primera respuesta de por qué las cosas terminaron tan lejos de cómo se imaginaron en 1999 tiene que ver con variables venezolanas, en particular con la historia anterior a la llegada de Chávez al poder. A diferencia de otros gobiernos del denominado «giro a la izquierda», que dominó la región en la primera década del siglo xxi, como los de Luiz Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, José «Pepe» Mujica y Evo Morales, el chavismo decidió llevar las cosas por un camino más radical, tomó decisiones más temerarias en la administración de los recursos, se trazó metas más altas («la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana», dice el Plan de la Patria 2013-2019), hizo más ruido internacional. Descontando los años del segundo boom petrolero (2004-2008) y los indicadores sociales que entonces hicieron aplaudir al mundo, la Revolución Bolivariana no logró ofrecer un periodo de estabilidad política, crecimiento económico, disminución de la pobreza y consolidación de las clases medias como los que, con más o con menos, ofrecieron sus aliados regionales.

En este sentido, hay que subrayar el papel del petróleo que, en esto, como en todo lo que refiere a Venezuela, moldeó el proceso. El chavismo fue inicialmente una reacción a la crisis del llamado «capitalismo rentístico», ese sistema de desarrollo financiado por los petrodólares que permitió la implementación de planes de industrialización, políticas sociales, obras públicas y negocios, y que hizo de Venezuela un país singularmente estable y libre durante la mayor parte del siglo xx. Para ver de qué se habla, baste señalar que hasta 1960 Venezuela fue el segundo productor de petróleo del mundo, cuando fue desplazado por la Unión Soviética, y el primer exportador mundial hasta inicios de los años 70, cuando Arabia Saudita ocupó ese lugar. En las décadas de 1950 y 1960, Venezuela fue uno de los 20 países más ricos del mundo si tomamos su pib per cápita. El «Estado mágico» iba más allá del «ogro filantrópico», en parte porque no era un ogro. Como por arte de magia, proveía créditos, subsidios, empleos, servicios gratuitos o casi gratuitos y un bolívar sobrevaluado que permitía comprar de todo, y les daba a todos un poco de lo que querían, creando lo que no en vano Moisés Naím y Ramón Piñango llamaron la «ilusión de armonía»1. Venezuela se volvió en gran medida una sociedad de «buscadores y reclamadores de renta», como la definió Diego Bautista Urbaneja, que vivían en un mundo ideal en el que había mucha renta petrolera que repartir2. La democracia instituida en 1958, tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, profundizó ese sistema de consensos, que inicialmente permitió sortear los golpes militares de derecha y después obtener la más rápida victoria sobre una guerrilla de izquierda de la que se tiene noticia. Aunque un estudio de 1984 del Instituto de Estudios Superiores de Administración (iesa) evidenciaba una desigualdad enorme, en la que el 20% más rico captaba el 80% de la renta, había un alto conformismo y 90% de los electores votaban por partidos del sistema. No es de extrañar: era una desigualdad que, sin embargo, permitía que alrededor de 70% de los venezolanos fueran considerados, en sentido amplio, de clase media. Todo esto explica por qué fue especialmente traumático el declive del capitalismo rentístico, así como las reformas de mercado («neoliberales», aunque en Venezuela nunca se aplicaron a fondo) de los años 90. En ese periodo la economía se contrajo 20%, poco si se compara con el 50% del último quinquenio, pero ello no le quitó dramatismo a la caída. La pobreza aumentó a más de 70% para finales del siglo xx. La serie de disturbios y saqueos, finalmente sometidos a sangre y fuego por el Ejército, conocida como el Caracazo (del 27 de febrero al 1o de marzo de 1989), no puede atribuirse tanto al «paquetazo» en sí mismo, que llevaba solo una quincena de anunciado, como a la enorme indignación provocada por la evidencia de que el sueño de volver a la bonanza de los 70 era imposible. Y en efecto, cuando, aprovechando esta coyuntura, la logia militar Movimiento Bolivariano 200, creada en 1983, decidió dar un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992, obtuvo gran apoyo.

De ese modo, el primer objetivo del chavismo, en tanto fenómeno político de gran arraigo social, no fue generar una revolución socialista, sino mantener, tanto como fuera posible, el sistema anterior. Obviamente, esto no fue declarado así, pero la «Agenda Alternativa Bolivariana» de Chávez (1996), llamada así para contraponerla a la «neoliberal» Agenda Venezuela, parecía ser el típico programa de un militar nacionalista reformista. Y fue el programa con el que obtuvo, una y otra vez, el respaldo mayoritario del electorado, que a través de una sucesión de votaciones le entregó todo el poder entre 1998 y 2006. Fue una etapa en la que Chávez sentó las bases de su poder desplazando a la vieja clase política, sobre todo con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, y sustituyendo poco a poco el neoliberalismo por controles y otras formas de intervencionismo estatal destinadas a mantener vivas las ilusiones de «armonía» y el «Estado mágico».

La Constituyente fue un enorme éxito, en la que el chavismo obtuvo 95% de las curules. La Constitución que redactó amplió algunos derechos (democracia participativa a través de referendos, admisión de la doble nacionalidad, reconocimiento del carácter pluriétnico de Venezuela, consagración de la progresividad de los derechos humanos, creación de dos poderes: el Ciudadano y el Electoral). También se cambió el nombre oficial del país, que pasó a llamarse República Bolivariana de Venezuela. Pero no fue una Constitución socialista.

Por supuesto, esto no obsta para que algunos (incluyendo, seguramente, al mismo Chávez) aspiraran a llegar tan cerca como fuera posible del socialismo real. En un principio el chavismo fue una alianza de políticos e intelectuales de izquierda y derecha, que tenían en común haber sido «antisistema» desde 1958 y haberse opuesto al neoliberalismo y, en grados diversos, a la democracia representativa3. El primer programa reformista, para la mayor parte de ellos, pareció haber sido un simple mascarón de proa.

El socialismo, 18 años después de la caída del Muro de Berlín

Rápidamente la alianza chavista se decantó hacia la izquierda. El convenio Cuba-Venezuela de 2000, la amistad estrecha con Fidel Castro, la llegada de miles de asesores cubanos y, finalmente, la Ley Habilitante de 2001, que le permitió a Chávez legislar sobre áreas sensibles como las tierras y el petróleo, fueron la voz de alerta para quienes barruntaban un camino como el cubano. Adicionalmente, a pesar del fervor popular que le hizo ganar una seguidilla de comicios, la economía estuvo lejos de mejorar. Para inicios de 2003, la popularidad de Chávez había caído a menos de 30%. Pero dos cosas vinieron en su auxilio: el golpe de 2002 y el boom de los precios petroleros en 2004.

La Ley Habilitante produjo el primer paro cívico en diciembre de 2001 y reagrupó a los sectores opuestos a Chávez. Había allí muchos grupos desplazados del poder, como los viejos partidos y sindicatos, pero también una parte de la Iglesia católica, el empresariado y casi toda la clase media, que temía al socialismo y la pérdida de la democracia. A un primer paro cívico de un día en diciembre de 2001 le siguieron unos agitados meses de protestas callejeras que desembocaron en un paro indefinido en abril de 2002, convocado por la central sindical, la empresarial y los gerentes de la industria petrolera. El gobierno se debilitó lo suficiente como para que la mayor parte del generalato lo abandonara el 11 de abril de 2002, en el marco de una multitudinaria movilización que se dirigió al Palacio de Miraflores. Chávez fue depuesto y detenido, en tanto que el presidente de la central empresarial, Pedro Carmona Estanga, se autoproclamaba presidente. Ello generó una reacción muy negativa tanto en el ámbito nacional como en el internacional, lo que precipitó que otro sector del generalato diera un contragolpe y regresara a Chávez al poder el 13 de abril. Aunque inicialmente su llamado fue de unidad y olvido, las tensiones volvieron a crecer rápidamente. En diciembre se inició otro paro, que tuvo como eje la industria petrolera. Pero tan pronto el gobierno retomó el control del sector, a inicios de 2003, el conflicto terminó siendo la oportunidad para que Chávez acabara de tomar el control de lo que le faltaba, por ejemplo, la estatal petrolera, de la que expulsó a unos 19.000 trabajadores; para que depurara el Ejército, que pasó a ser uno de sus sostenes; y para que obtuviera un aura de héroe invencible, que lo volvió a posicionar en las encuestas. También le dio una imagen internacional de revolucionario justiciero, enfrentado a las elites conservadoras, lo que solo era parcialmente cierto. En todo caso, fue en 2002, y no en 1999, cuando el sistema político fundado en 1958 terminó de morir, con la derrota de muchos de sus actores claves, como los partidos, las centrales sindicales ligadas a ellos, la gerencia de la industria petrolera y los empresarios, que hasta entonces habían gobernado el país en un sistema de consensos y reparto de la renta petrolera.

A esta situación le siguió el boom de los precios petroleros, que pasaron de unos 14 dólares a más de 100 dólares el barril en 2010. Este enorme volumen de petrodólares le permitió al Estado ser más «mágico» que nunca y a Chávez, volverse un gran demiurgo, con un rápido aumento de su popularidad, sobre todo entre los sectores populares. Y junto con el aumento de la renta vino la expansión del gasto público a través de múltiples subsidios, ayudas y otras formas de políticas asistenciales que se conocieron como misiones. Se trataba de programas para masificar el acceso a la educación y la salud, de venta de alimentos subsidiados, viviendas gratuitas y ayudas directas en dinero, que en general se englobaron, dentro del carácter cristiano que siempre enarboló el chavismo, en la llamada «Misión Cristo» (2005), cuyo objetivo era llevar a Venezuela a la «pobreza cero» en 2021. A ello se sumó un control de cambios muy severo, que sin embargo mantuvo el bolívar muy sobrevaluado, lo que permitía acceder a una gran cantidad de bienes importados. Ello significó un aumento de consumo para todos, dólares baratos (aunque racionados) para las clases medias y grandes negocios para muchos empresarios, incluyendo las transnacionales, que pudieron repatriar ganancias que no pocas veces fueron fabulosas. En este contexto, el gobierno pudo mostrar al mundo cifras muy alentadoras: los más pobres pudieron duplicar su capacidad de consumo, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello, lo que explica que la pobreza bajara de 70% en 1999 a 30% en 2013, según cálculos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal); en 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a Venezuela territorio libre de analfabetismo; en 2012, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao) señaló que el hambre se había erradicado del país; en 2013 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) señaló que el índice de desarrollo humano había subido a 0,764, lo que ubicaba a Venezuela en el puesto 67 de 187 países. Es la época de oro del chavismo, cuando la vocación venezolana de ser una potencia regional y más o menos emular a Bolívar se echó a andar. De un modo u otro, Caracas ayudó a los movimientos de izquierda que tomaron el poder en casi todo el continente, y después estableció alianzas políticas y comerciales con ellos. A diferencia de lo ocurrido en la década de 1970, esta vez existía la intención ideológica de crear un eje alternativo a Estados Unidos. En 2004 se formó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba) y en 2005, Petrocaribe. El billón de petrodólares se empleó a fondo en esto y hoy es razonable comparar la bancarrota venezolana con las españolas del siglo xvii: así como el oro y la plata americana se dilapidaron en una política imperial fracasada, en sinecuras de hidalgos y en la importación de manufacturas, los petrodólares venezolanos se deshicieron más o menos en lo mismo. Según algunos cálculos, solo por las facilidades otorgadas para obtener petróleo, Venezuela dejó de ganar unos 50.000 millones de dólares entre 2000 y 20174.

Pero no nos adelantemos. Los números de la época de oro del chavismo explican la sucesión de triunfos electorales que siguió obteniendo Chávez hasta 2006, cuando en las elecciones presidenciales duplicó la cantidad de votos del candidato de la oposición (62,84% contra 36,90%). Este triunfo marcó un parteaguas. Primero, porque Chávez, que por primera vez habló de socialismo en el Foro de San Pablo de 2005, señaló que ese era el objetivo del nuevo periodo presidencial. Probablemente pocos de sus electores repararon en la trascendencia del discurso o creyeron que se trataba de una continuidad de la bonanza. Pronto, dos hechos inesperados demostraron la debilidad de los indicadores. El primero, la crisis económica mundial de 2008, que provocó una caída en los precios del crudo. Con ello, a Venezuela volvió a pasarle, pero de forma amplificada, lo mismo que con los booms petroleros de los años 50 y, sobre todo, de los 70: todo era una especie de ilusión sostenida por petrodólares y gasto público, fenómeno ya identificado por Celso Furtado en su famoso estudio sobre Venezuela de 19575, y que después teorizó Terry Lynn Karl como la «paradoja de la abundancia»6. El segundo fue el cáncer que terminó llevándose la vida de Chávez en 2013.

El declive

Con el «Proyecto Nacional Simón Bolívar. Primer Plan Socialista del Desarrollo Económico y Social de la Nación para el periodo 2007-2013» (pps), puede afirmarse que Venezuela pasó a ser oficialmente un «Estado socialista» en 2007. Esto, inicialmente, se tradujo en una cadena de estatizaciones o, en todo caso, reestatizaciones de empresas privatizadas en los años 90, como la telefónica cantv(2007) o la Siderúrgica del Orinoco (sidor) (2008). Con respecto a las grandes fincas, el proceso había comenzado antes, en buena medida fomentando, o al menos tolerando, invasiones por parte de campesinos. Entre 2005 y 2017 se estatizó un millar de empresas, según cálculos del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (cedice)7. Esto, dentro del marco del Proyecto Nacional Simón Bolívar, que contemplaba poner en manos estatales todo lo fundamental de la economía y dejar un espacio marginal para lo privado. Lo que no se estatizó se sometió a controles rigurosos de precios, de acceso a divisas e incluso de comercialización.

El resultado de estas políticas se puede medir por algunos guarismos. Si Petróleos de Venezuela (Pdvsa), después del despido de los gerentes en 2002, vio cómo su producción pasaba de tres millones de barriles diarios en 1998 a un millón y medio para fines de 2017, en todos los demás rubros ocurrió un comportamiento similar: la producción de arroz bajó de 900.000 toneladas en 2007 a 405.000 toneladas en 2017; el maíz pasó de 2,4 millones de toneladas en 2007 a un millón de toneladas en 2017; la caña de azúcar pasó de ocho millones de toneladas en 2006 a 3,5 millones de toneladas en 2017, por solo nombrar tres rubros básicos de la dieta venezolana. De 170.000 vehículos producidos en 2007, la industria automotriz pasó a producir solo 2.768 en 2017. De cuatro millones de toneladas de acero líquido en 2008, la producción bajó a 270.000 toneladas en 2017. De 600.000 toneladas de aluminio en 2007, diez años después se pasó a unas 400.0008. Y así en todos los sectores. A la mala administración de las empresas estatizadas se sumó un férreo control de precios, que muchas veces obligaba a los empresarios a vender a pérdida. Mientras los precios del petróleo estuvieron altos, la obvia escasez que esto produce se compensó con importaciones (su valor en millones de euros pasó de unos 19.000 en 1999 a unos 39.000 en 2012), pero tan pronto los precios comenzaron a bajar, esta se disparó. Para 2017, el volumen de las importaciones ya era una cuarta parte del de 20129. No en vano la escasez en ciertos rubros, algunos tan importantes como determinados medicamentos, es de 80%. Pero era algo que ya se perfilaba en 2012 cuando el índice estaba en 16%. Para 2014, había saltado a 28%10. Fue entonces cuando se hicieron habituales en todo el país –y no solo en ciertas zonas– los racionamientos, tanto por la cantidad de productos que una persona podría comprar como por el día en que podía hacerlo según su número de la cédula de identidad; de ahí las grandes filas para acceder a determinados productos, así como la expansión del mercado negro. La ampliación del gasto público, por otra parte, mantuvo altos los índices de inflación en alrededor de 20% o 30%, más o menos similares a los que comenzaron con el boompetrolero de los años 70, hasta que en 2013 dieron un salto a 56% y desde allí siguen en ascenso hasta llegar a 720% en 2016, 2.000% en 2017 y, finalmente, 1.000.000% en 2018. Amenaza con ser la hiperinflación más larga de la historia de la humanidad.

Estamos ante la insostenibilidad del modelo rentístico, ya manifestada en la década de 1980, y su intento de rescate por el chavismo; así como ante la insostenibilidad de lo que se ideó para sustituirlo, el «socialismo bolivariano». A ello hay que sumar un correlato político. A pesar de que el chavismo se mantuvo en el poder, desde 2007 la oposición fue recuperando espacio, con un momento particular en 2015 cuando conquistó dos tercios de la Asamblea Nacional, hasta llegar al momento actual, en que tiene un presidente reconocido por gran parte de la comunidad internacional, Juan Guaidó, con control de parte de los activos del Estado venezolano en el exterior y con una representación diplomática reconocida como tal en muchos países. El primer –y en vida de Chávez, único– revés electoral del chavismo fue el referéndum para aprobar la reforma constitucional en 2007. Sorprendentemente, los mismos electores que votaron de forma abrumadora un año antes por «el Comandante» no apoyaron su intento de radicalizar la revolución. Aunque al final logró por medio de otro referéndum imponer la reelección indefinida, el funcionamiento cada vez peor de la economía, el personalismo creciente y la corrupción alejaron a muchos venezolanos del chavismo. Los resultados prácticos de un socialismo con bajos precios petroleros ahuyentaron a otros más. En 2011, Chávez anuncia, para sorpresa de todos y consternación de muchos, que padece cáncer, y la enfermedad lo aleja de la vida pública por un tiempo, para regresar después con recaídas. Debilitado física y políticamente, emprende la campaña electoral de 2012. Aunque logra vencer por unos diez puntos a Henrique Capriles Radonski, la reducción de la brecha con la oposición ya era notable. Pero fue un triunfo que no pudo disfrutar: poco después anunció en cadena nacional que, en caso de su falta absoluta, se votara por su canciller, Nicolás Maduro, lo que todos interpretaron como una confesión de la gravedad de su enfermedad. Fue la última vez que se lo vio con vida. Tras el anuncio de su muerte en marzo de 2013, en las siguientes elecciones, en medio de unos resultados muy controvertidos, Maduro ganó por apenas 1%. La erosión política del chavismo sin petrodólares y sin su líder era evidente. Desde entonces, Maduro ha logrado sobrevivir en el poder, pero cada vez con menos apoyos internos y externos y respaldándose cada vez más en las armas.

Balance

La mala marcha de la economía y la pérdida de apoyo social siguieron profundizándose con el gobierno del «hijo de Chávez». Aunque varias veces ha anunciado cambios en la conducción de la economía –cosa que incluso Chávez insinuó antes de morir–, por lo general estos terminaron siendo muy tímidos, por decir lo mínimo. El resultado ha sido el ya mencionado colapso económico. En 2018 se decretó la emergencia económica, se implementó una reconversión monetaria y se ensayó la creación de una criptomoneda, el petro, como forma de anclar los precios. Finalmente se optó por flexibilizar el control de cambios, lo que es una legalización de la dolarización de facto que ya existía, y por una contracción de la masa monetaria instrumentada mediante una especie de «corralito», que limita los montos de efectivo que se puede sacar de los bancos, y la prohibición en la práctica de los préstamos. Por otro lado, siguiendo el esquema cubano, grandes sectores de la economía han pasado al control militar, en áreas claves como la minería y el petróleo. También se ha profundizado el extractivismo, con la participación de empresas extranjeras, sobre todo (aunque no únicamente) rusas y chinas.

Pero sin duda el rasgo más nítido de la administración de Maduro ha sido la sistemática pérdida de legitimidad. De aquella visión de 2002 en la que Chávez era el líder joven y justiciero, ahora esa posición la ocupa, al menos para gran parte de la prensa internacional, el presidente de la Asamblea Nacional Guaidó o el encarcelado Leopoldo López, de su mismo partido (Voluntad Popular).

El intento de derrocar a Maduro con protestas callejeras en 2014, conocido como «La Salida», fue un fracaso que solo desilusionó a los opositores, produjo unos 40 muertos y terminó con el exilio y encarcelamiento de muchos líderes (López es el más famoso). Pero la represión desprestigió cada vez más a Maduro. La campaña #sosVenezuela fue apoyada por figuras como Cher y Madonna. La verdad es que la persecución a opositores, el cierre o el acoso de medios de comunicación independientes, el ventajismo electoral y la falta de autonomía en los poderes ya eran claros bajo el gobierno de Chávez. Según el Instituto de Prensa y Sociedad (ipys), entre 2005 y 2017 se cerró casi un centenar de medios de comunicación, sin contar con la prohibición de la transmisión de muchos canales internacionales, como cnn. Hay unos 9.000 millones de dólares en demandas por expropiaciones que, según los afectados, no cumplieron con los requisitos legales, o que cumpliéndolos no han sido canceladas. En 2010 Transparencia Internacional ubicaba a Venezuela en el puesto 164 de 178, uno de los peores del mundo. Pero con todo, Chávez se mantuvo dentro de ciertos límites que Maduro, acaso por la pérdida de respaldo popular y la falta de recursos, rompió. Cuando en las elecciones parlamentarias de 2015 la oposición obtuvo un enorme éxito con 56% de los votos y consiguió la mayoría calificada, el gobierno se limitó suprimir en los hechos a la Asamblea Nacional a través de 30 sentencias en las que el Tribunal Supremo de Justicia invalidaba cada una de sus disposiciones. En marzo de 2017 fue aún más allá y le quitó a la Asamblea, en la práctica, la capacidad legislativa. Eso produjo una de las rebeliones cívicas más largas de la historia: los 100 días de protestas y los disturbios, reprimidos con fuerza, con más de un centenar de muertos.

En medio del conflicto, Maduro convocó a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente, sin seguir los pasos que estipula la Constitución. Por ello, no fueron reconocidas como legítimas por los opositores ni por algunos países, entre ellos varios de la Unión Europea y eeuu. Otro tanto pasó con las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018, que no fueron consideradas limpias por la inhabilitación de varios partidos y dirigentes opositores, buena parte de ellos en el exilio o encarcelados, además de la manipulación de las fechas de convocatoria. Es por eso que se consideró ilegítimo el nuevo mandato de Maduro, la vacante absoluta de la Presidencia de la República y, según la Constitución, el interinato en ella del presidente de la Asamblea Nacional, que por rotación entre los principales partidos recayó en Guaidó, un joven parlamentario, hombre de aparato, muy poco conocido hasta el momento. El descabezamiento de su partido por las prisiones y los exilios de los principales líderes le dio esa oportunidad. Maduro, entre tanto, parece atrincherado fundamentalmente en las armas, los apoyos –no poco importantes– de China y sobre todo Rusia, y 20% del electorado, que no es despreciable para el nivel de crisis que vive Venezuela.

Esta es la situación en que se está actualmente. Es imposible saber hacia dónde evolucionarán las cosas, pero el apretado balance del chavismo hecho en estas líneas deja en evidencia las líneas matrices de la historia venezolana de la que forma parte: el petróleo y el capitalismo rentístico que no se ha querido o podido superar (en este terreno sí que «20 años no es nada»), la búsqueda de su sustitución por una especie de versión light del socialismo real, la inviabilidad de ambas cosas sin el sostén de los petrodólares y su desembocadura en el colapso actual. Quedan por fuera muchas otras variables, como lo específicamente ideológico, el hecho de que una porción importante de la sociedad venezolana no haya dejado en 20 años de oponerse una y otra vez, sin importar las numerosas derrotas, al chavismo; el papel de los militares y el espacio gris que ha sido la corrupción que la abundante renta petrolera potenció, y otras fuentes más o menos ilegales de financiamiento. A 20 años del 2 de febrero de 1999, Venezuela es un país quebrado y ninguna de las esperanzas que hicieron de aquel día una celebración parece haberse cumplido. Por el contrario, los males que ya existían y que se buscaba remediar han sido amplificados a grados inimaginables incluso para los peores pronósticos.

  • 1.M. Naím y R. Piñango: El caso de Venezuela. Una ilusión de armonía, IESA, Caracas, 1985.
  • 2.D.B. Urbaneja: La renta y el reclamo. Ensayo sobre petróleo y economía política en Venezuela, Alfa, Caracas, 2013.
  • 3.Entre ellos, Jorge Olavarría y el nacionalista argentino Norberto Ceresole, el filósofo con vocación socialcristiana Ernesto Mayz Vallenilla, y muchos marxistas, como José R. Núñez Tenorio, promotor de la «idea juche» en Venezuela.
  • 4.Orlando Zamora: «Cuba recibió de Venezuela 40.000 millones de dólares» en Tal Cual, 3/3/2018.
  • 5.C. Furtado: El desarrollo reciente de la economía venezolana. Planteamientos de algunos problemas, Ministerio de Fomento, Caracas, 1957.
  • 6.T.L. Karl: The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States, University of California Press, Berkeley, 1997.
  • 7.Observatorio de Derechos de Propiedad: «Informe: costo e impacto de las expropiaciones: causas de un Estado patrimonialista», CEDICE, Caracas, 2016.
  • 8.La mayor parte de las cifras se tomaron de Fernando Spiritto y T. Straka (coords.): La economía venezolana en el siglo XX. Perspectiva sectorial, Abeditores / Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro / Konrad-Adenauer-Stiftung, Caracas, 2019. Pueden encontrarse datos útiles en la página web de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), https://fedeagro.org
  • 9.Cfr. «Venezuela. Importaciones de mercancías» en Expansión. Datos Macro, s./f., https://datosmacro.expansion.com/comercio/importac…
  • 10.Una fuente útil para estudiar el caso es Human Rights Watch: «Crisis humanitaria en Venezuela. La inadecuada y represiva respuesta del gobierno ante la grave escasez de medicinas, insumos y alimentos», 2016, www.hrw.org/sites/default/files/report_pdf/venezue… V. t b. Codevida y Provea: «Informe sobre la situación del Derecho a la Salud de la población venezolana en el marco
    de una Emergencia Humanitaria Compleja», Caracas, 2018. Para la situación una década atrás, v. Víctor Maldonado C.: «2008: ¿año de escasez, desabastecimiento o especulación?», Ildis, Caracas, 2008, disponible en www.ildis.org.ve/website/administrador/uploads/Lam…

Iglesias, Monedero y Errejón se repartían 200.000 € al año en sueldos de dinero chavista por Carlos Cuesta – OK Diario – 12 de Abril 2019

 

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La documentación que el ex ministro de Finanzas venezolano Rafael Isea entregó a la Interpol sobre los pagos de la dictadura chavista a la Fundación CEPS incluye una partida salarial de 200.000 € de la que eran receptores Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, todos ellos fundadores de Podemos.

Isea ha entregado toda la información a la agencia policial internacional. En ella se detallan no sólo los pagos realizados a CEPS por valor de 7,1 millones de euros. También se mencionan partidas específicas como la destinada a gastos salariales. En el caso de Iglesias, candidato a la Presidencia del Gobierno, Monedero y Errejón el montante ascendía a 200.000 euros anuales. Una vez dejaron la Fundación CEPS para fundar Podemos, esa partido quedó a cero.

La información se desveló en la Comisión de Investigación desarrollada en el Senado. La puso en evidencia el senador del PP Luis Aznar, quien señaló en la comparecencia de Juan Carlos Monedero la existencia de todo un largo listado de documentación entregado por Isea a la Cámara. “Todos ustedes cobraban de la Fundación CEPS y se van de la fundación el día que fundan Podemos”, reveló en aquel momento el senador. “¿Y por qué se van? Porque saben que, a partir de ese momento, al menos de forma legal y transparente, ustedes no van a poder seguir cobrando”, añadió.

La documentación de Isea permitió, además, un cruce de fechas y de cifras: “Fíjese qué casualidad, la Fundación CEPS, cuando usted trabajaba para ella, destinaba 200.000 euros anuales para pagos al personal; pero el día que ustedes, el trío fundador —vamos a llamarle así—, se van de la Fundación CEPS a fundar Podemos, a partir de ese momento —y esto es documentación oficial que, como usted sabe, obra en nuestro poder—, en el capítulo 2, destinado a sueldos del personal de la Fundación CEPS, constan cero euros”, explicó.

El “trio fundador”, tal y como se refirió el senador a ellos en la Comisión de Investigación, quedaba retratado con sus nombres en otra parte de la comparecencia: hacía referencia a Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón.

Hay que recordar que Rafael Isea, ex ministro de Finanzas de Venezuela bajo el mandato de Hugo Chávez, señaló, además, por escrito a Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, fundadores de Podemos, como los receptores de 7,1 millones de euros “para crear un partido afín al chavismo en España”, tal y como ha publicado OKDIARIO.

Testigo protegido de la Interpol

El responsable de las cuentas chavistas, testigo protegido por Interpol, dejó firmada en su documento la confirmación de las sospechas de financiación ilegal del partido. El documento de Isea era concluyente: “El señor Isea, en un documento firmado por él, y cuya firma ha sido confirmada y validada, dice, y se lo voy a leer, que reconoce autorización de pago a CEPS por cuantía de 7.168.000 euros. Reconoce que expresamente usted, Juan Carlos Monedero, junto a Pablo Iglesias, participaron directamente en los trabajos que dieron lugar a esos pagos”, señala el senador popular. Y añade el representante del PP que ese documento “reconoce, expresamente, que el objetivo de las cantidades acordadas con CEPS no solo van encaminadas a pagar las asesorías, sino que, además, van a contribuir —y estoy citando al señor Isea— a crear un partido en España afín al chavismo”.

Rafael Eduardo Isea Romero fue ministro durante el Gobierno de Hugo Chávez, gobernador de Aragua entre finales del 2008 y hasta diciembre de 2012, y presidente del Banco del ALBA desde abril de 2013 hasta julio del mismo año. Él se ganó la confianza de Chávez y entró a compartir y apoyar proyectos de la máxima importancia para el régimen venezolano. Más tarde, Isea cayó en desgracia cuando Nicolás Maduro llegó a la Presidencia de Venezuela, en marzo de 2013. Ese mismo mes de septiembre, Isea se entregó a las autoridades norteamericanas y se convirtió en testigo protegido de la agencia antidroga DEA, que investiga los vínculos entre el régimen chavista y el narcotráfico internacional.

 

Laurence Debray : “Venezuela cayó en la tiranía y la narcocorrupción a gran escala” por Daniel Gigena – La Nacion – 17 de Marzo 2019

La autora de Hija de revolucionarios considera al régimen bolivariano un subproducto de Cuba; a contramano de su padre, el teórico del castrismo Régis Debray, se declara “alérgica a la ideología”
Cuando Laurence Debray (París, 1976) presentó su primer libro,Juan Carlos de España, sobre el exmonarca Borbón, le preguntaron si ella era la hija del intelectual francés que había delatado al Che Guevara en su infortunado paso por Bolivia. Es, en efecto, la hija del filósofo Régis Debray y de la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, ambos de familias acomodadas y tradicionales en sus países, que habían apoyado la causa revolucionaria de Fidel Castro y el Che en Cuba. En 1967, su padre se integró a las filas de la guerrilla en tierras bolivianas y pronto fue detenido. Meses después, Guevara fue capturado y asesinado. Todavía en Wikipedia se puede leer que o él o Ciro Bustos habrían brindado información a los militares bolivianos y a los agentes de la CIA sobre el paradero del Che. De regreso a Francia, Debray padre desarrolló una destacada carrera como teórico de la transmisión cultural, los medios de comunicación y el imperio de las imágenes. Su madre, que prosiguió sus investigaciones en antropología, se hizo muy conocida cuando publicó Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, obra de 1982 que jugó un papel fundamental en el Premio Nobel de la Paz que mereció la líder guatemalteca.

En 2014, Debray hija inició una pesquisa que involucró a los protagonistas de la historia, es decir, a su padre y su madre, ya separados; a los abuelos de una y otra rama familiar, a exguerrilleros, historiadores e intelectuales. El resultado es su segundo libro, Hija de revolucionarios (Anagrama), publicado a fines de 2018, con el que la autora obtuvo en Francia varios premios, entre ellos, el Prix du Livre Politique. Por medio de una escritura vivaz y una aguda capacidad de análisis acerca de una época ya ida, Debray ofrece el retrato de una generación que unió el compromiso social con la violencia y cierta ideología binaria (que aún pervive). “Nací unos años después del regreso de mi padre a Francia, luego de cuatro años de prisión. Fui un elemento de su reinserción a una vida más tranquila y prosaica, lejos de la lucha armada”, dice a este diario en una conversación telefónica. El libro de Debray se integra a una suerte de “biblioteca” de hijos de los hijos de la década de 1960, que revisan el pasado del compromiso político de sus padres, casi siempre de izquierda, a la luz de un nuevo horizonte histórico.

Debray vive en París con su esposo, el ingeniero especializado en inteligencia artificial Émile Servan-Schreiber, y sus dos hijos. Semanas atrás, por encargo del semanario Paris Match viajó a Venezuela para entrevistar a Juan Guaidó, líder de la oposición al régimen de Nicolás Maduro y presidente del Parlamento de ese país. “Verlo fue un shock -cuenta la autora-. Está muy delgado, casi no duerme y come poco. La gente en Venezuela está muy deprimida. Ducharse allí es un problema, conectarse a Internet es un problema, conseguir medicamentos es un problema”.

Actualmente, Debray trabaja en un documental sobre Venezuela y, como remarca, “sobre el declive de ese país”. Para ella, como cuenta en Hija de revolucionarios, Venezuela era un “edén” hasta la llegada al poder de Hugo Chávez, al que conoció en un almuerzo. “La gente no se había percatado del dominio de Fidel Castro sobre él: la revolución bolivariana se convertiría en un subproducto de la revolución cubana. Ver a tu patria naufragar resulta tan doloroso como ver apagarse a un ser querido”, escribe en las primeras páginas de su libro. La autora, que habla español con fluidez, supervisó la traducción de la edición de su libro.

¿Cómo surgió la necesidad de escribir sobre sus padres?

 

¿Qué mirada tenía usted sobre los años revolucionarios de sus padres en América Latina y de qué modo esa mirada cambió durante la escritura del libro?

Como dije, no tenía idea del pasado de mis padres. Crecí con un padre escritor y consejero de François Mitterrand y una madre que dirigía la Maison d’ Amerique latine, ¡muy lejos de la lucha armada! Fui educada por mis abuelos paternos que eran bon vivants burgueses. Cuando mis padres me enviaron a unas vacaciones en un campamento de juventudes comunistas en Cuba, me dijeron allí que mi padre era un héroe, pero realmente no sabía qué significaba eso. Hoy sé un poco más, pero todavía hay muchas preguntas que han quedado sin respuesta. Es difícil entender una época que no experimentamos.

¿Qué preguntas quedaron sin respuesta?

Muchas. ¿Por qué vamos al otro lado del mundo para participar en un movimiento revolucionario que no podemos imaginar en nuestro país? ¿Cómo se acepta apelar a la violencia para cambiar el mundo? ¿Por qué el Che decidió repentinamente implantar un foco guerrillero en Bolivia? ¿Qué se piensa durante cuatro años de encierro en prisión, como pasó mi padre? ¿Qué pensamos cuando estamos cerca de la muerte? ¿Cómo se puede soportar la tortura y cómo reconstruirse después de algo así? Tengo cientos de preguntas sin respuesta.

¿Cuáles son las dificultades a la hora de escribir sobre un pasado familiar tan vinculado con episodios políticos?

Tengo la suerte de tener una historia familiar que se entrecruza con la gran historia. Ese ya era el caso de mis abuelos, que estaban cerca de las filas de Charles de Gaulle. Mi abuela, Janine Alexandre-Debray, desempeñó un papel notable en la vida política en París. Fue una gran mujer, de las pocas que ocupaban altos cargos oficiales.

¿Qué opina sobre los ideales revolucionarios del pasado y los de la actualidad?

No los juzgo. Intento entender el compromiso político de mis padres. Era un compromiso puro y total. Hubo una contraparte que me costó aceptar, que fue la violencia. Hoy los compromisos políticos suelen ser menos nobles. Para mis padres aquello representaba una ética, una moralidad. Hoy en día, la corrupción se suele imponer sobre la ética.

¿Hizo una autocrítica la generación de sus padres por el apoyo de la lucha armada?

Depende de ellos hacer una autocrítica. No puedo hacerla por ellos. Sobre todo porque conozco el resultado de ese compromiso, y porque tengo una vida cómoda en Francia, en una época cuyos desafíos son diferentes. Pero puedo cuestionar, preguntarme, y no estar de acuerdo en todo. Solo tengo derecho a juzgar el legado político y simbólico que me dejaron.

¿Cuál es ese legado?

Es un legado muy ambivalente. En mi opinión, se trata ante todo de una generación latinoamericana perdida, que murió en la lucha o que vivió desilusionada en el exilio, y que no podría encarnar una sucesión política. Es una generación que quiso ser heroica. Pero el heroísmo en la política es una idea muy romántica y poco pragmática. Y finalmente la política real y concreta es pragmática. Nuestras luchas hoy son la ecología y una economía saludable. La generación de mis padres no previó eso.

¿Cree que las desigualdades sociales dan origen a los ideales revolucionarios o a fin de cuentas es solo afán de poder?

Al comienzo, a menudo hay preocupaciones sociales. El poder es una meta, pero también es una droga. Conocí al rey de España, Juan Carlos; cuando dejó el trono, se sentía aliviado. “¡No me gusta el poder!”, me dijo. En general, los políticos existen solo a través del poder.

¿Por qué los ideales revolucionarios prenden mejor en países periféricos?

No creo que se trate solo de los países periféricos. Francia ha hecho su revolución; Reino Unido también, en menor medida; Estados Unidos aprovechó la oportunidad para independizarse. Lo hicieron hace siglos. Hoy en día, en los países “viejos”, con estructuras políticas muy fuertes y establecidas durante siglos, sería más difícil fomentar una revolución. Pero no estamos a salvo de nada. Mire lo que pasa en Reino Unido, con el Brexit. Es una minirrevolución sin violencia, pero será radical si el Brexit tiene éxito.

Usted escribe que se ha construido en oposición a su padre. ¿Qué significa eso?

Trabajé en finanzas en Nueva York, en Wall Street, en lugar de convertirme en marxista. Vivo una vida personal muy estable y ordenada con mi esposo y mis dos hijos, en lugar de tener aventuras políticas y románticas en todas partes. Y soy alérgica a la ideología.

¿Cuál su mirada sobre América Latina? Usted es una activa luchadora en contra del chavismo en Venezuela.

Estoy a favor de la democracia y los derechos humanos en el mundo. No creo que la democracia deba ser una prerrogativa de algunos países industrializados y que deberíamos cerrar los ojos ante los excesos políticos en otros países. He visto los estragos de la revolución chavista en Venezuela y siento mucha tristeza al ver a un país tan rico con necesidad de ayuda humanitaria; un país democrático desde 1958, que cayó en la tiranía y la narcocorrupción a gran escala. Y que usa la causa de los pobres como una pantalla para permitirse saquear al pueblo.

¿Siente que en Europa las democracias liberales están en riesgo? ¿Qué las amenaza?

Creo que en todas partes la democracia está en peligro. No solo en Europa. El populismo es una amenaza seria. Responde al temor al futuro de una parte de la población que sufre los cambios y no se beneficia de ellos. La entrada al siglo XXI es muy aterradora para algunos y todavía debemos procesar la revolución tecnológica, con redes sociales incontrolables, la aplicación de inteligencia artificial que cambiará el mercado laboral, el monopolio de GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon, que además evaden el pago de impuestos). En Francia, los partidos tradicionales están desacreditados porque no se han podido renovar ni ofrecer respuestas a los problemas actuales. Por ahora, Emmanuel Macron está tratando de mantener el equilibrio, pero su tarea es inmensa y no siempre está a la altura. La política es una estructura de desilusiones. Europa se repliega sobre sí misma. Esto se debe probablemente a las dificultades relacionadas con la crisis económica, que son mucho más pequeñas que las que sufren los argentinos, y los recientes actos terroristas que han traumatizado a todos por su magnitud. La actitud hacia los refugiados revela los disensos dentro de Europa y la dificultad de adoptar una política común eficiente. Los europeos no tienen que tratar con tres millones de venezolanos como en América Latina, sino con decenas de miles de personas que no pertenecen a su cultura, su idioma o su religión. El islam, y la voluntad de algunos de no integrarse a la República Francesa, que es laica, causa un problema real. Hace veinte años, los emigrantes hicieron todo lo posible para integrarse en Francia, aprendiendo francés, enviando a sus hijos a la escuela pública, aceptando los valores de la sociedad. Hoy reclaman por sus diferencias y quieren que la república se adapte a ellas.

Volviendo a su padre, ¿qué opina sobre su desarrollo teórico posterior al episodio latinoamericano?

Mi padre es un gran pensador que ha creado un nuevo campo de estudio llamado mediología. Su voz cuenta y sus libros alimentan constantemente el debate intelectual francés. Es uno de los pocos hombres en Francia que tiene tal autoridad moral e intelectual. Además, escribe muy bien.

¿Visitará la Argentina?

Espero ir a la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires a principios de mayo. Tengo muchos deseos de hacerlo. Estuve por un breve periodo hace unos años, cuando todavía gobernaba Cristina Kirchner y noté que había varios problemas políticos. ¿Eso cambió? Esta vez espero tener más tiempo para conocer mejor el país.

El chavismo retira la inmunidad a Guaidó y lo despoja de protección ante un juicio por Florantonia Singer – El País – 3 de Abril 2019

El Parlamento afín a Maduro allana el camino para su posible arresto. El presidente de la Asamblea Nacional responde: “Si se atreven a secuestrarme, la orden para el pueblo de Venezuela es seguir movilizados”

Juan Guaidó (centro) alzan sus manos en una sesión de la Asamblea Nacional venezolana. FERNANDO LLANO (AP) / VÍDEO: ATLAS
El chavismo dio otro paso para cercar a Juan Guaidó. La Asamblea Nacional Constituyente, el Parlamento paralelo que actúa como un brazo legislativo de Nicolás Maduro, aprobó este martes el levantamiento de la inmunidad parlamentaria del líder de la oposición, que el pasado 23 de enero se juramentó como presidente encargado de Venezuela y desafió al régimen con una transición política respaldado por Estados Unidos y 50 países.

“Para que haya justicia en nuestro país y sea garantía de la paz hay que darle continuidad a la solicitud de la sala plena del Tribunal Supremo de Justicia”, dijo Diosdado Cabello, presidente de esa institución. “Se ha autorizado formalmente al Tribunal Supremo la continuación del juicio y la investigación penal contra Juan Guaidó”.

Además, Guaidó volvió a llamar a los ciudadanos a participar este sábado en una masiva protesta en todo el país, que ha explicado como un simulacro de la llamada Operación Libertad con la que pretende presionar a Nicolás Maduro para que salga de Miraflores. “Pase lo que pase, seguimos”, aseguró. “Si el régimen se atreve a secuestrarme, la orden para el pueblo de Venezuela es seguir movilizados en la calles hasta el cese de la usurpación. Señores de la Fuerza Armada Nacional: permitir mi secuestro es ponerse en contra de la República”, ha rematado.

La persecución desde el aparato judicial del chavismo ha sido en cámara lenta. A finales de enero se ordenó el congelamiento de sus bienes y cuentas y se le prohibió la salida del país. La semana pasada la Contraloría, organismo encargado de fiscalizar las finanzas públicas, lo inhabilitó para ejercer cargos públicos por 15 años. El lunes el Supremo dictó una sentencia en la que solicita a la Asamblea Nacional Constituyente revocar la inmunidad parlamentaria del líder político por haber “quebrantado” una sentencia de prohibición de salida de Venezuela, lo que lo despojaría de cualquier protección frente a un posible juicio y arresto, y le impuso una multa por 200 unidades tributarias (unos 3 euros). La víspera

La comunidad internacional que ha dado respaldo a Guaidó se ha anticipado a los planes del chavismo rechazando la medida. El ministro de exteriores español, Josep Borrell, escribió este martes en su cuenta de Twitter: “España continúa demandando que se respeten la libertad e integridad física del presidente encargado, que se restauren las competencias de la legítima Asamblea Nacional de Venezuela y que se preserve el fuero de los diputados”.

Maduro ha señalado a Guaidó como responsable de la durísima crisis eléctrica vive al país desde principios de marzo, acusándole de ser parte de un ataque al sistema diseñado en Estados Unidos, que ha obligado a aplicar un racionamiento y que también costó la salida del ministro de la cartera anunciada el lunes.

Jurídicamente, el procedimiento que intenta el chavismo está fuera de la norma constitucional, según varios intérpretes de la Ley Fundamental. Esa lectura establece que solo la Asamblea Nacional que dirige el propio Guaidó está facultada para retirar el fuero del que gozan los diputados y algunos altos funcionarios. Para los juristas se trata de un acto de usurpación de poderes públicos por parte del Supremo y de la Constituyente que se suma al bloqueo judicial que ha hecho el chavismo del Parlamento desde que quedó en manos de la oposición en 2015. El Parlamento del chavismo, electo en julio de 2017 en unos comicios señalados por fraude y que no fueron reconocidos por la oposición ni la comunidad internacional, no podría entonces emprender este proceso. Pero el aparato oficialista aún mantiene el control de los poderes fácticos.

No se conocen las sentencias que recogen los presuntos delitos por los que se enjuiciaría a Guaidó. Pero el chavismo ha señalado que sería por la violación de la prohibición de salida del país, cuando salió el pasado 23 de febrero hacia Colombia, realizó una gira por países sudamericanos y regresó por el aeropuerto Internacional Simón Bolívar sin ser detenido. Otros portavoces lo han acusado de traición a la patria, apropiación indebida de bienes de la nación y de usurpación de funciones. Este último señalamiento es el mismo con el que Guaidó ha desafiado Maduro, tras continuar en el cargo de presidente de la República luego de las elecciones del 20 de mayo pasado, que se celebraron sin observación internacional independiente.

En el debate se exigieron ser más severos. “Es muy poco el allanamiento [levantamiento de la inmunidad], porque no es constitucional quitarnos el agua y la luz. ¿Cómo se trata a los traidores de la patria? No merecen llamarse venezolanos. Yo pediría hacer tribunales populares, que el pueblo diga qué hacer con quien traiciona la patria”, dijo la diputada constituyente María León. “A Guaidó le espera un resort en Tocorón [cárcel del centro del país]”, amenazó el chavista Gilberto Pinto.

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