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¿Quién tiene la culpa? por Luis Vicente León – ProDaVinci – 15 de Julio 2018

1505317186703¿No creo que haya que profundizar en los errores cometidos por la oposición en la lucha contra el gobierno y su avance hacia el totalitarismo. Esto se ha discutido hasta el cansancio y a veces se confunden los errores con la causa del problema.  Aclaro que, por muchos errores que se hayan cometido, la crisis no se debe a la oposición, sino a la implementación de un modelo político que cercena las libertades en los diferentes aspectos de la vida. Recordarlo es clave para no confundir culpables y para evitar la apatía, frustración, desconfianza e inacción que suele generar esta confusión.

Por eso, ver a los “líderes y liderezas” radicales, fundamentalistas y autoatribuidos dueños de la verdad y los principios éticos y morales, focalizar su energía y su rabia contra los otros opositores, en sus discursos, redes sociales y medios de comunicación o en sus laboratorios de guerra sucia (que son tan feos y bajos como los de su enemigo real) me da alergia, aunque no sorpresa. Buscan convertirse en los líderes que no son -ni serán-, pese al libreto diseñado por sus asesores acartonados para intentar “tomar ventaja” de la frustración de la población.

Así como se puede proyectar el resultado negativo de los modelos intervencionistas, se puede hacer lo mismo con la respuesta de los fundamentalistas que creen que el problema se reduce a destruir a quienes no piensan como ellos (es decir, hacer lo mismo que los chicos malos). Además, sacar el líder negativo como sea (y no importa si la inestabilidad del futuro queda cantada, ni cuánta gente inocente se llevan por delante) y provocar un modelo económico concentrado estrictamente en el libre intercambio de bienes, que asumen suficiente para resolver el problema. Pero, sin entender que ese libre mercado, como planteaba el mismísimo Hayek y analiza Vargas Llosa en La llamada de la Tribu: “No funciona sin un orden legal estricto y eficiente que garantice la propiedad privada, el respeto de los contratos y un poder judicial honesto, capaz e independiente del poder político. Sin esto, se estaría condenado al mercantilismo. Entonces, no basta con abrir los mercados, sino que se requiere una reforma integral, una descentralización real y la transferencia a la sociedad civil (los individuos soberanos) de las decisiones económicas esenciales. Y la existencia de un consenso respecto a unas reglas de juego que privilegien siempre al consumidor sobre el productor, al productor sobre el burócrata, al individuo frente al Estado y al hombre vivo y concreto de aquí y ahora sobre aquella abstracción con la que justifican todos sus desafueros los totalitarios: la humanidad futura”.

Es decir, se necesita una propuesta seria y la capacidad de negociar su implementación, pero los fundamentalistas sustituyen su incapacidad de una y otra cosa… atacando por Twitter a los otros opositores. ¡Bravo! ¡Brillante!  

Es obvio que el país está destruido y claro que la revolución chavista es responsable de este desastre. Pero, la solución del problema nos exige abrir nuestra mente y entender, como plantea Isaiah Berlin, que no existe una sola respuesta verdadera para cada problema humano.  

Y entonces, ¿será que creen los radicales que van a convertirse en los grandes líderes atacando y descalificando a propios y extraños, asumiéndose monopolistas de la verdad y sin tener una oferta concreta, integradora y que haga a la gente soñar?

La verdad es que el debate político venezolano no sólo es malo, sino, sobre todo, aburrido, porque no hay nada nuevo, nada retador que ponga en jaque a nuestro propio pensamiento. La buena noticia es que la demanda (en este caso de liderazgo efectivo) suele generar su propia oferta. Ojalá estemos cerca de verlo.

Zapatero, el chavista por Orlando Avendaño – Panampost – 28 de Junio 2018

zapaterochavista.jpgEl español ha causado un gran daño. Sobre todo porque de ese adalid de la indignidad se han aferrado una serie de personajillos que presuntamente representan a la oposición venezolana

Zapatero no ha tenido la valentía de otros cretinos como Chomsky o Sean Penn. Prefiere decirse equilibrado en una pugna desequilibrada.

José Luis Rodríguez Zapatero no debiera de ser tan evidente. Pero pareciera no importarle que se sepa que es el emisario de Nicolás Maduro. En algún momento pretendió resguardarse tras una fachada de imparcialidad. Ahí, con el barniz, parloteaba, llenándose las fauces, diciendo que representaba o al Gobierno español o a la Unión Europea o a gentes antagónicas a la dictadura chavista.

Ya no puede hacerlo, y no necesariamente porque hasta la socialista Federica Mogherini dejó claro que el expresidente no era mensajero de Europa, sino porque su insolencia le estorbaría demasiado. Sería, pues, una desvergüenza desorbitada.

Con el diario La Nación —que, por cierto, ¡qué decepción!—, Zapatero se exhibió como lo que es: un impresentable, secuaz de la dictadura más perversa de la región. Al periodista Guillermo Idiart, el español le dijo: “Delcy Rodríguez (…) y Jorge Rodríguez (…) son los que han estado con el diálogo y son, sin duda alguna, personas absolutamente favorables al diálogo, a la paz”.

Con respecto a las sanciones de la Unión Europea a jerarcas del chavismo, dijo: “Estoy convencido de que la UE desconoce, yo no sé qué información puedan tener”. “Una decisión como sancionar y bloquear a un Gobierno como el chavista produce consecuencias. Y luego, si llega la catástrofe, ¿de quién será la culpa?”, agregó.

Algunos asumieron esa última frase como una amenaza. Otros, como una grosera muestra de solidaridad con los delincuentes, muy bien amonestados por los grandes países de Europa y América.

En cualquier caso, en la breve y absurda entrevista —en la que el periodista faltó por cándido— José Luis Rodríguez Zapatero desmontó vacilaciones en torno a su labor en Venezuela.

No es la primera vez que lo hace. Y por ello es que cabría decir que a Zapatero pareciera no importarle que se sepa a quién realmente representa. No obstante, su honestidad es valiosa. Mucho. Sobre todo porque aún canallas, que supuestamente no son chavistas, se esfuerzan, con todo, en mercadear la figura del expresidente español como esencial para un proceso de transición en Venezuela. Un hombre con disposiciones loables; solo empecinado en dejar un legado generoso.

Todo indiscutiblemente a millas de la realidad. Y lo sabe el mundo. Lo entiende la Unión Europea, el Grupo de Lima, Estados Unidos y el Gobierno español —o al menos lo entendía la administración del magullado Rajoy—. Y lo comprende muy bien el gran columnista y periodista, Hermann Tertsch, quien hace unas semanas dedicó un artículo en el diario ABC a Zapatero —o a “la vergüenza de España”, como él lo llama—.

“Somos muchos españoles los que ante cualquier venezolano nos disculpamos por la profunda vergüenza que suponen las actividades infames de Zapatero en Venezuela. Incluso quienes nunca nos dejamos engañar por este personaje en su devastador paso por la historia de España estamos sobrecogidos por su aventura venezolano”, escribe Tertsch.

“Aunque nunca compense el mal causado, sepan los venezolanos que millones de españoles nos unimos hoy a la trinchera de la dignidad y la verdad de Venezuela frente a las mentiras interesadas de la lamentable figura de Zapatero, esa vergüenza de España”, concluye el periodista.

Y es verdad: Zapatero ha causado un gran daño. Sobre todo porque de ese adalid de la indignidad se han aferrado una serie de personajillos que presuntamente representan a la oposición venezolana. Detrás llevan consigo a una sociedad, muchas veces inquieta, desamparada y extraviada, que respalda a quien sea que supuestamente se oponga al chavismo y que por eso ha sido engañada.

Pero Zapatero no se opone al chavismo —y obviamente tampoco lo hacen los «opositores» que sirven como anfitriones cada vez que el de España pisa Caracas—. Todos son chavistas, pero con el complejo de anunciarlo —y con la cualidad de mercenario—. No han tenido la valentía de otros cretinos como Chomsky, Sean Penn o Monedero. Prefieren, en cambio, quedar bien con todos. Decirse equilibrados en una pugna en la que un bando ejecuta un genocidio paulatino y el otro solo quiere, pues, libertad.

 

Chavismo : La Peste del siglo XXI – Documental – Junio 2018

Chavismo: entre la renovación y las rupturas internas por por ​Ociel Alí Lopez – Nueva Sociedad – Junio 2018

Nicolás Maduro parece estar surfeando la gigantesca crisis venezolana con mayor tranquilidad. Sin embargo, en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) aparecen críticas y llamados a rectificar el rumbo del gobierno. El chavismo se debate entre la «rectificación» y las rupturas internas.

A pesar de los ataques de la mayoría de los gobiernos de América Latina, del activo trabajo del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y de águilas y halcones norteamericanos, de la injerencia y de las sanciones de gobiernos de Europa, el gobierno venezolano hoy se muestra estable en el poder. Surfea olas difíciles como la hiperinflación, la paralización parcial de su industria petrolera y los periodos de violencia callejera que duraron meses.

Por su parte, la oposición -que viene de abstenerse en las presidenciales de mayo- luce ausente del espectro político nacional. Muchos de sus líderes están en el exterior y no se sabe bien por qué ni hasta cuándo. Parecen haber agotado sus municiones políticas. Además, se alarga su espera de acciones radicales del gobierno norteamericano, como por ejemplo un embargo petrolero o una intervención militar. De hecho, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, declaró a principios de junio: «Tenemos los votos para suspender a Venezuela de la OEA». Sin embargo, no lo logró, lo que evidencia ciertas debilidades de Estados Unidos para imponer su política en torno a Venezuela. Leer más de esta entrada

Venezuela luego del proceso electoral por Luis Vicente León – ProDaVinci – 27 de Mayo 2018

lvl-300x359Habiamos escrito en este espacio sobre los posibles escenarios electorales para Venezuela, las incertidumbres críticas que los definian, así como sus predeterminados. Ocurrió en fecha, la variable definitoria fue la participación y el escenario al que dimos mayor probabilidad de ocurrencia se cumplió: Maduro retuvo el poder, empujado por una fuerte abstención y por el control institucional del Estado, en medio de una elección llena de vicios, miedo y ventajismo.

Aún sí, el resultado anunciado por el CNE para Maduro es muy pobre en términos de la participación de su propia base de soporte. Ni siquiera el chavismo, con toda su maquinaria, los recursos del Estado y la presión social fue capaz de mover una cantidad de electores chavistas similar a los eventos electorales previos. Se vanagloria de obtener 68% de los votos, en una elección que presenta la más alta tasa de abstención de un evento presidencial en Venezuela y en el que obtiene menos de un tercio de los votos potenciales del país. Esta elección adelantada no logró el objetivo de legitimación que buscaba. Todo lo contrario, se multiplican y refuerzan las denuncias de fraude y abuso de poder, se reunifica puntualmente la oposición, al menos en el aspecto de desconocimiento electoral y de legitimidad de origen, y la comunidad internacional reacciona en negativo, como era de esperar, agudizando sanciones y restringiendo, incluso en el caso de países de América Latina, las relaciones diplomáticas con Venezuela.

Las probabilidades de que el gobierno logre salir de la crisis de legitimidad por medio de una negociación política que distienda la situación interna son muy bajas y los escenarios que se plantean para el futuro cercano son negativos. Más sanciones, más crisis económica, más tensión interna e internacional y más represión del gobierno para evitar los riesgos inherentes a un país en crisis. El discurso de Maduro hacia el sector privado es amenazante, por lo que la posibilidad de un acuerdo por esa vía, se ve limitada. Y las amenazas y la represión, tampoco servirán -nunca han servido- para controlar el desborde cambiario y de precios, que hace la situación económica del país insostenible. La hiperinflación, por otra parte, hará lo que siempre ha hecho: incrementar sus costos exponencialmente y obligar a cambiar el modelo, quieran o no.

Las sanciones internacionales económicas, financieras y petroleras que se disparan contra la economía en general afectarán a todos los actores internos, no sólo al gobierno. Este último probablemente intentará construir un nuevo mapa de relaciones económicas internacionales, una estrategia clásica en países bajo sanciones. Aliados económicos no convencionales, pagos por compensación de deudas (para evitar transferencias) , reorientación de clientes y proveedores, y primitivizacion de la economía. Pero algo parece claro. La situación interna del chavismo es compleja. El triunfo de Maduro es débil y los propios chavistas tienen que ver su futuro y el de sus familias en riesgo severo frente a un mundo que los tiene en la mira.

El riesgo de fractura sigue presente y Maduro intenta controlarlo, por lo que la persecución interna en el chavismo clásico y el sector militar continuará y se agudizará, generando quizás miedo, pero también riesgos de implosión. Mientras tanto, la oposición sigue teniendo el reto gigante de abandonar la retórica política y todo aquello que los debilite y divida y convertir su símbolo de ilegitimidad del gobierno en acción para provocar los cambios antes de que se la coma la desesperanza y la frustración, como ocurrió antes en países con gobiernos ilegítimos y sancionados como Cuba, Corea, Zimbabue y Siria.

Un presidente sin mandato por Michael Penfold – ProDaVinci – 22 de Mayo 2018

Unknown-1.jpegVenezuela entró en una etapa política que pareciera no tener retorno. El resultado de las elecciones del domingo se puede resumir en una sola frase: un presidente sin un claro mandato constitucional.

Tanto la comunidad internacional, como los actores políticos nacionales relevantes, incluyendo a quien decidió participar como el principal contrincante del gobierno, han desconocido los resultados presentados por el Consejo Nacional Electoral, resultados que tal como fueron presentados guardan para el análisis una referencia cualitativa más que cuantitativa.

La profunda crisis de gobernabilidad que enfrenta Venezuela se ha terminado de acelerar de una forma definitiva con unos resultados que carecen de legalidad, sobre todo a partir de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente y la usurpación de los poderes constitucionales de la Asamblea Nacional. La pregunta ya no es si existen las condiciones objetivas que pudiesen derivar en un potencial quiebre de la coalición oficialista, sino cuál puede ser la contingencia sobrevenida que dé inicio a un cambio político para Venezuela.

Es el comienzo del fin del madurismo.

Es indudable que el gobierno deseaba utilizar el 20 de mayo (o 20M) para materializar múltiples objetivos, pero ninguno de ellos pudo concretarse. Primero, ante la presión internacional, el gobierno quería compensar su falta de reconocimiento externo a través de un acto de votación que lo legitimara domésticamente. Segundo, deseaba desplazar a una oposición que le resultaba cada vez más incómoda por otra hecha a su medida. Tercero, el gobierno buscaba sustituir las estructuras chavistas tradicionales para terminar de personalizar el poder exclusivamente en la figura presidencial. Finalmente, quería aprovechar los resultados del 20 de mayo para abrir un nuevo proceso de negociación que estuviese centrado exclusivamente en los temas económicos y sociales sin tener que poner sobre la mesa el tema electoral e institucional.

Todos estos objetivos se evaporaron. El deslave abstencionista hizo ver la debilidad de la figura de Nicolás Maduro frente a una maquinaria chavista que decidió sublevarse sigilosamente. La hiperinflación pulverizó el carnet de la patria y los puntos rojos. Maduro redujo su votación en prácticamente 2 millones de votos, comparado con su cuestionado triunfo en 2013 y un nivel de participación que ha sido el más bajo comparado con cualquiera de las contiendas presidenciales de las últimas décadas. Si el objetivo era, frente a la presión internacional, ganar legitimidad en el plano nacional producto de una votación masiva, esta posibilidad quedó totalmente abortada frente a los resultados de las votaciones. La idea de una oposición leal también fue pulverizada ante la decisión correcta de Henri Falcón de desconocer los escrutinios, como consecuencia de la violación flagrante de los acuerdos electorales a los que había llegado con el gobierno. Con ello, la esperanza oficialista de una oposición dividida con la que se pudiese negociar fue definitivamente derrotada.

El chavismo también se sublevó frente a la posibilidad de personalizar el poder completamente en la Presidencia. Somos Venezuela, la plataforma electoral alternativa que Maduro diseñó para ese propósito, no obtuvo ni 5% del total de la votación del chavismo. La dependencia de Maduro de la estructura partidista del PSUV sigue siendo una realidad política, así como también lo es su mayor dependencia del sector castrense. Esta es quizás una de las mayores frustraciones para el madurismo derivada del 20M: va a tener que seguir compartiendo el poder, sin estar en una posición claramente dominante. Y una potencial negociación, con Zapatero nuevamente como un mediador poco confiable, centrada en la reconstrucción económica y social, quedó en el tintero ante el agravamiento de la crisis político-institucional y la ausencia de un interlocutor más light para el gobierno en el mundo opositor. Esa negociación, tal como ha insistido la comunidad internacional, tendrá ahora que pasar inevitablemente por un nuevo proceso electoral con garantías políticas, así como por el restablecimiento del Estado de Derecho.

En teoría, el chavismo tiene siete meses antes de la culminación del mandato constitucional de Maduro en enero de 2019 para barajar sus opciones: negociar un cambio o radicalizarse. Es imposible descartar que Maduro logre permanecer en el poder más allá de esa fecha, pero si esto ocurre, incluso para los mismos actores que lo rodean, será más una situación de facto que de jure. Es evidente que el chavismo también tiene ese periodo de tiempo para ver cómo aborda la realidad política ante la profundización de una crisis, tanto nacional como internacional, de un presidente que no posee un claro mandato para su reelección y que mientras permanezca en el poder será un obstáculo para enfrentar la hiperinflación, el colapso de la producción petrolera, la remoción de las sanciones internacionales, la emergencia social y la reactivación productiva. Las contradicciones que esta situación va a generar, y los riesgos de implosión, no son menores. Aunque es muy difícil predecir el futuro venezolano, es un hecho cierto que hemos entrado en un periodo de alta incertidumbre e inestabilidad.

 

¿Votar o no votar por Maduro? por Heinz Dieterich – Aporrea – 18 de Mayo 2018

heinz_dieterich.jpgMuchos amigos y medios internacionales me han pedido analizar la situación electoral en Venezuela. En particular, me pidieron contestar las siguientes preguntas.

1) ¿Son legítimas o ilegítimas las elecciones del domingo en Venezuela?

Las elecciones son ilegitimas, porque no existen las condiciones básicas para que los ciudadanos puedan tomar decisiones razonadas sobre el proceso y los candidatos electorales. Esta deficiencia estructural existe en varios ámbitos claves.

1. Se requiere un entorno socio-económico estable que permite a la población concentrarse en la contienda electoral y ponderar las opciones que se presentan. Con una hiperinflación de más del 10,000 %, una ausencia de medicinas y alimentos generalizada para las mayorías, una reducción del PIB en el último lustro de alrededor del 45%, una emigración económica de más de un millón de personas, y una muy alta tasa de criminalidad, esas circunstancias socio-económicas no están dadas.

2. Elecciones sólo tienen sentido cuando los candidatos representan alternativas viables de política pública progresista ante los grandes problemas de la nación y de los ciudadanos. Ninguno de los dos bandos –o bandidos– de la “oposición” cumple con esta condición. El oportunista ex chavista Henry Falcón y el oscurantista “evangélico” Javier Bertucci –los dos candidatos de mayor preferencia electoral de la “oposición”– van a ir con el FMI para recomponer la economía. Las condiciones draconianas que pondrá el FMI para dar su infame Paquete de Ajuste Estructural, harán palidecer las condiciones que la institución impuso a Grecia en su momento, porque Venezuela no es parte del Primer Mundo y tiene cero poder de negociación. En consecuencia, las condiciones infernales en que vive actualmente la mayoría de los venezolanos, empeorarán drásticamente. De hecho, ni Falcón ni Bertucci tienen un programa para regresar el país al camino del desarrollo sustentable. La dolarización y el FMI de Falcón y la “salvación del país a través de la fe”, del Rasputín pentecostalista, son el mismo proyecto: entregar la soberanía de Venezuela a Washington y el gran capital occidental.

El otro ala del espectro político, que representa Maduro, igualmente no tiene ningún programa realista ni creíble para salir del desastre económico que ha creado. Venezuela necesita un Plan Marshall para salvarse, pero la mafia usurpadora de Miraflores no tiene cabezas para diseñarlo, ni acceso a los circuitos financieros internacionales, que podrían costearlo. Desconocidas las elecciones de antemano como “ilegales”, por los centros de poder occidental, será imposible que –“ganando” Maduro– consiga los recursos para el ajuste estructural necesario del sistema económico. Sin Occidente y sin China, la elección se realiza, por así decirlo, en un catch-22, donde no hay solución electoral alguna para salvar a la economía. De ahí, que la promesa de Maduro, que si gana las elecciones, llevará a cabo “una revolución económica que sacudirá al mundo”, no es más que una patética mentira. Ninguno de los candidatos tiene un proyecto económico viable. Por eso, ninguno sirve para ser presidente.

3. El régimen de Maduro se basa en la mentira (de la guerra económica), las bayonetas de los generales faccionistas Padrino López y Néstor Reverol (represión militar), la monopolización de los dólares y la dependencia asistencialista generalizada cual medio de control socio-político, financiada con ellos (Carnet de la Patria, CLAP). La combinación de esos cuatro factores ha creado una clientela electoral cautiva para el gobierno, por una parte; y un ambiente generalizado de desmovilización, frustración, incertidumbre y tendencia hacia el abstencionismo, por otra. En ese ambiente, el debate público racional y transparente que es una precondición imprescindible para facilitar la conciencia ciudadana cual precondición del voto razonado, no se ha podido dar. La situación de manipulación sistemática de la información y del razonamiento electoral, muy semejante a la que prevaleció en Estados Unidos en la última contienda presidencial, hace imposible cumplir en Venezuela con el mandato de una votación nacional democrática que exprese la soberanía popular mayoritaria.

2) ¿Fracasó la oposición en su intento por derrotar a Nicolás Maduro o el Presidente venezolano les pasó por encima?

Las dos cosas. Era –y es—un conflicto entre la vieja clase política y la nueva clase política, que se formó durante los primeros años del Chavismo. Dos fracciones de la clase política, con iguales carencias éticas y compromisos populares, se enfrentaron, como dos mafias del barrio que procuran controlarlo. Mostraron ser más eficientes en la guerra callejera y sucia, al igual que en los pleitos de superestructura (parlamento), las cohortes de Maduro/Cabello, que las de las viejas élites políticas.

3) ¿Se radicalizará aún más el gobierno de Maduro tras los comicios o está condenado en el corto plazo?

Está condenado a colapsar relativamente pronto, por el aislamiento internacional y latinoamericano. Para impedirlo, se volverá más represivo, implementando la llamada “reforma constitucional” e imponiendo el llamado “Estado comunal”, que es, esencialmente, el Estado de Mussolini con control total del centro del poder, bajo el disfraz de un régimen popular revolucionario de nuevo tipo.

4) Finalmente Maduro se salió con la suya en cuanto a la realización de elecciones ¿Esto demuestra el fracaso o el escaso peso de los organismos internacionales y regionales?

Sin duda, que Maduro salió triunfante de las turbulencias políticas de la era post-Chavez, tanto a nivel del Partido como en cuanto a la estructura nacional de poder. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que se aprovechó de una coyuntura internacional que le benefició de múltiples maneras. En primer lugar, el bolivarianismo hemisférico que construyó Hugo Chávez con Lula, Fidel y Kirchner, le sirvió en su momento como paraguas protector al Madurismo. Sin embargo, esto se acabó ya.

En segundo lugar, las crisis mundiales en Corea, Medio Oriente y Europa oriental, desplazaron el conflicto de Venezuela a segundo y tercer plano. De todas formas, el imperialismo occidental sabe que la caída del régimen es inevitable, de ahí que no le importa, si sucede un año antes o después. Es decir, la intensidad de la presión externa imperial ha sido relativamente baja, comparada, por ejemplo, con la destrucción sistemática de la Unidad Popular chilena por Nixon, o la Revolución Sandinista nicaraguense, por Reagan, para no mencionar la agresión a la Revolución cubana. Las afirmaciones contrarias de Maduro y su aparato de propaganda son simples mentiras.

5) ¿Qué rol juegan los militares al sustentar la Presidencia de Maduro?

Como decía, junto con los dólares y las mentiras, son el tercer sostén del régimen. Sin los generales faccionistas Padrino López y Néstor Reverol, que encabezan la “pandilla de malandrines” que usurpan el Palacio de Miraflores, en palabras del general chavista Cliver Alcalá, ya no estaría en la presidencia.

6) ¿Hay una fractura interna en el chavismo?

Sí, una fractura total, como se evidencia en el hecho, de que muchos de los colaboradores militares de alto rango de Hugo Chávez, como los generales Rodríguez Torres y Raúl Baduel, el héroe que derrotó al golpe militar, están en la cárcel, mientras que muchos civiles chavistas de jerarquía están organizados en movimientos anti-maduristas. Por supuesto, hay una tercera fracción de oportunistas deleznables que pasaron sin problema moral alguno del proyecto humanista de democracia participativa del Comandante Hugo Chávez, a la miserable dictadura pequeño-burguesa de Maduro. Allá están Tarek William Saab, Alí Rodríguez y muchos otros.

7) ¿Qué podría ocurrir en Venezuela a partir del 21 de mayo?

En primer lugar, es irrelevante quién gane las elecciones, porque ninguno de los candidatos puede resolver los grandes problemas nacionales. En este sentido, no son elecciones, sino una pantomima de simulación de soluciones nacionales. En segundo lugar, si Maduro pierde, simplemente desconocerá en los hechos al nuevo gobierno, tal como desconoció a los ganadores de las elecciones parlamentarias de diciembre, 2015.

En tercer lugar, arreciará la presión internacional, habrá nuevas sanciones de Washington y Bruselas y, quizás del Grupo de Lima; es posible que haya un par de días de protestas, que serán fácilmente controladas por la policía; Maduro avanzará la preparación de la estructura política de dominación tipo Mussolini, mediante el “Estado Comunal” y una nueva Constitución, hecho a la medida; el éxodo de la emigración venezolana se intensificará; la economía colapsará vía la hiperinflación, el default externo y la creciente confiscación de la infraestructura petrolera, como ahora en la colonia holandesa de Curazao; Washington pasará a la fase del regime change y el inicio de la agresión paramilitar –similar a la agresión de Reagan contra el Frente Sandinista y la destrucción de la Unidad Popular de Allende en Chile–, regime change como en Siria y Ucrania, en pocas palabras. Un conflicto intra-militar abierto es muy probable al igual que una mayor intervención estadounidense vía el Comando Sur y la Cuarta Flota de Washington.

8. Votar como acto de masturbación

Votar en estas circunstancias es un acto fútil, una operación de autismo, sin relevancia transformadora real. Un acto apologético para el régimen, tan tragicómicamente grotesco como el cierre de campaña de Maduro, diseñado sobre los mecanismos de manipulación barata y de mercadotécnia de los charlatanes tele-evangelistas. Con un gritón ridículo que procuraba calentar a las masas, seguido por un payaso patriotero llamado Héctor Rodríguez, con intermezzo de un obsceno panzón futbolista argentino y, finalmente, la apoteosis con el panzón Presidente Obrero y la Primera Combatiente. En fin, un teatro surrealista que refleja a la perfección la naturaleza apócrifa del régimen burgués en cuyas garras ha caído el noble pueblo de Venezuela.

 

 

“Venezuela tiene tres salidas: la negociación política, la intervención del Ejército o la anarquía total” por Pablo De Llano – El País – 10 de Mayo 2018

Carlos Vecchio, número dos de Voluntad Popular, prevé que la crisis de su país se agravará tras las elecciones y defiende forzar la salida del régimen con presión civil, militar e internacional
1525910347_654215_1525910823_noticia_normal_recorte1.jpgCarlos Vecchio (1969, Caripe) es un opositor venezolano en el exilio. Afincado desde 2014 en Miami, capital de la diáspora de su país, tras escapar de Venezuela bajo orden de busca y captura, es el número dos de Voluntad Popular, partido excluido por el régimen chavista de las elecciones del 20 de mayo y cuyo líder Leopoldo López permanece en arresto domiciliario.

“Pasé tres meses escondido en Caracas moviéndome de un sitio a otro hasta que conseguí salir del país por caminos verdes”, dice y aclara: “Por vías no convencionales”. Abogado de formación, Vecchio comienza la entrevista en un hotel de Miami calificando de “baño de mentiras” la tribuna del presidente venezolano Nicolás Maduro publicada recientemente en este diario.

Pregunta. Maduro definió en ese texto la Venezuela actual como una “democracia de panas”.

Respuesta. Una corrupción entre panas es lo que hay. El chavismo es una mafia que ha saqueado al país y lo ha metido en la peor crisis de su historia contemporánea.

P. ¿Mucho de ese supuesto botín está en Miami?

R. Sin duda. Les gusta vivir en lo que llaman el imperio. Pero su dinero está por todo el sistema financiero internacional. Por eso temen tanto las sanciones de Europa, a donde se han ido moviendo por temor a las de EE UU, que daban por descontadas.

P. ¿A cuánto podría ascender el desfalco?

R. Solo lo tendremos claro cuando salgamos de la dictadura; pero, por ejemplo, en una investigación de la Asamblea Nacional se determinó que de la petrolera estatal PDVSA se habían saqueado 62.000 millones de dólares, y exministros de Chávez han dicho que el robo a través de la administración del cambio de divisas es de al menos otros 25.000 millones.

P. ¿Qué espera de las elecciones del 20 de mayo?

R. No es una elección, es un fraude montado por la dictadura de Maduro para su coronación. Imagínese que mañana Rajoy diga: “Llamo a elecciones en España pero el PSOE, Ciudadanos y Podemos están ilegalizados y además Pedro Sánchez va preso y Albert Rivera queda inhabilitado políticamente y Pablo iglesias se tiene que ir del país. Las elecciones, por lo demás, son pasado mañana. ¿Los españoles estarían de acuerdo? Eso es lo que esta pasando en Venezuela.

P. ¿Da por hecho que Maduro ganará las elecciones?

R. Ya se las robó. El resultado está marcado.

P. ¿El candidato opositor Henri Falcón no tiene posibilidades?

R. Cero. No existe posibilidad de que salga un resultado distinto al de Maduro. Eso es una fantasía que ha puesto a rodar el propio gobierno para evitar que Falcón se retire de las elecciones y procurar que la presión internacional no sea mucho más fuerte al existir la impresión de que pueda ganar alguien que no sea Nicolás Maduro.

P. ¿Caracas teme a la presión internacional?

R. Sin duda, sobre todo, como decía, la de la Unión Europea, porque muchos de los testaferros y familiares de la gente del régimen viven en Europa o mantienen sus cuentas y activos allá utilizando el sistema financiero para resguardar su dinero.

P. ¿Qué le espera a Venezuela después de los comicios?

R. La crisis se profundizará y se generará una mayor confrontación política. Para el cierre de este año Venezuela habrá perdido la mitad de su economía. Hoy tenemos un país sin oportunidades donde la pobreza alcanza a cerca del 80% de la población, cuando en 1999, cuando llegó Chávez, afectaba a cerca del 48%.

P. ¿Cuál es la propuesta de su partido para sacar a Venezuela de esta situación?

R. No hay manera de resolver el problema si no salimos de la dictadura.

P. ¿Y eso cómo podría suceder?

R. Nuestra última dictadura terminó en 1958 y salimos de ella con la presión popular de la gente y la decisión de la fuerza militar de acompañar al pueblo en el restablecimiento de la democracia. ¿Qué nos queda a nosotros ahora? El mismo camino de la presión en la calle; el uso de la Asamblea Nacional legítima, la trinchera política que aún tenemos para perseverar políticamente desde la institucionalidad; llamar a las fuerzas armadas a que respeten la Constitución y acompañen a la sociedad civil para la recuperación de la democracia; y la presión internacional de las democracias del mundo. Pero pienso que la palabra clave de todo esto es resistir, resistir hasta que logremos de nuevo que en Venezuela haya una democracia.

P. ¿Cree que el Ejército se puede volver contra el régimen?

R. Yo me atrevería a afirmar que la gran mayoría de las Fuerzas Armadas no están hoy con Maduro, incluidos cuadros medios que tienen tropa y fuerza a su mando.

P. ¿Qué escenarios contempla para un posible fin del chavismo?

R. Uno, que la anarquía total haga que esto explote. Otro, por el que apostamos nosotros, que se presione a nivel civil, institucional, militar e internacional para llevar al quiebre de la dictadura y facilitar un proceso de transición hacia unas elecciones libres y transparentes. Y el tercero, que el sector militar intervenga para restablecer el orden constitucional. Por lo tanto, contemplo una vía del caos, otra política y otra militar.

P. La primera y la última conllevan el riesgo de la violencia.

R. Sí, de la violencia extrema, por eso queremos forzar la negociación política para la salida del régimen y la celebración de unas elecciones libres y transparentes. Y para eso es muy importante la presión internacional. Porque los interese que se juegan en Venezuela no son solo los de Maduro sino también los de Cuba y los de Rusia. La comunidad internacional debe apoyar el restablecimiento de la democracia. La crisis venezolana está afectando a toda la región y otros países por efecto del narcotráfico, el lavado de dinero, el crimen organizado y el éxodo de venezolanos, que es la mayor crisis de refugiados del continente y una de las peores del mundo junto a Siria y Myanmar. El problema de Venezuela es un problema internacional.

P. ¿Qué modelo de país defienden ustedes para una Venezuela poschavista?

R. Lo primero sería rescatar la convivencia y restablecer la separación de poderes y los principios democráticos. Sobre esa base, nuestra propuesta es la de una política económica que utilice el petróleo como palanca de desarrollo, abriendo el sector a la inversión privada, y con un componente social que dé la mano a los que más lo necesitan; es decir, una economía solidaria de mercado. Pero ahora mismo, y más allá de que creo que el tema ideológico de las derechas y las izquierdas está desfasado, lo que hay en Venezuela no es una lucha entre enfoques, es una lucha entre dictadura y libertad.

 

Historia mundial del comunismo por Elizabeth Burgos – Revista Zeta – 29 de Abril 2018

Unknown.jpegUna obra magistral del francés Thierry Wolton intitulada “Una historia mundial del comunismo”, llegó a su tomo III dedicado a “Los cómplices”, un relato acusatorio del que no escapan escritores como Sartre o Aragon, pero que tangencialmente serviría de acusación a muchos, muchísimos venezolanos que siguen siendo simpatizantes del comunismo.

EL ensayista francés, Thierry Wolton, acaba de ser galardonado con el premio Prix Aujourd’hui por su obra magistral Une Histoire mondiale du Communisme, cuyo tercer tomo, acaba de ser publicado por la Editorial Grasset titulado Les complices (Los Cómplices) en el que analiza las simpatías, incluso, la complicidad, de los intelectuales franceses con un régimen como el comunismo que ha sido culpable del asesinato de millones de seres humanos.

Diez años de investigación, centenas de testigos entrevistados, miles de libros leídos, toda una vida ha invertido Thierry Wolton para dar a la luz pública un inmenso capítulo de la historia contemporánea aún ignorado y que engloba todo un mundo de países que vivieron bajo la tutela del marxismo-leninismo, y países que todavía hoy imponen a su población el régimen totalitario inventado por Lenin y Stalin: China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua. El primer tomo de la Historia Mundial del Comunismo, “Les bourreaux” (Los verdugos) (Grasset, 2015), versa sobre los dirigentes de los Jemeres Rojos, y los ideólogos del maoísmo y del estalinismo; el segundo tomo “Les victimes” (2015), sobre los millones de muertos en el Gulag y los movimientos de masa comunistas.

El tercer tomo, “Los Cómplices”, trata de todos los países no comunistas en los que, como en Francia, los intelectuales, fascinados por el comunismo, fueron amigos o mantuvieron una actitud complaciente con los regímenes comunistas. Un volumen en el que el autor revela la ausencia de lucidez ante la realidad de la represión masiva y del totalitarismo, hechos evidentes, que dominaban en la URSS, según el axioma de la época: “mejor equivocarse con Jean-Paul Sartre que tener razón con Raymond Aron”, y hoy siguen dominando en China, en Cuba, en Corea del Norte, en Venezuela, como lo denuncia el autor en una reciente entrevista.

El autor atribuye la simpatía particular, “la ceguera de los intelectuales franceses, y en general del mundo hacia la ideología del comunismo” al legado cultural de varios siglos de la Ilustración, a la noción de progreso que le es inherente y que ha nutrido el proyecto comunista. Pero el caso específico de Francia, el autor lo atribuye al hecho de que la mayoría de los intelectuales, como el caso de Sartre, etc., vivieron y continuaron publicando durante la Ocupación alemana, se plegaron al sistema de censura, y en el momento de la Liberación, sufrieron de un complejo de culpabilidad, sintiéndose en la necesidad de buscar la manera de borrar ese pecado original y entonces se sumaron al tren de los vencedores de Stalingrado, del Ejército Rojo, pero también al infierno que ese régimen representaba, mirando hacia otro lado o justificando la necesidad de la represión en aras de salvación de un régimen que proveía la felicidad en la tierra para los desposeídos y profetizaba la igualdad sobre la tierra.

El autor cita nombres como el de Sartre que se dedicó a apoyar a la URSS, a China y a cuanto movimiento terrorista aparecía en el firmamento: las Brigadas Rojas en Italia, los terroristas alemanes, su apoyo incondicional al régimen cubano, etc. Pero los dardos más certeros de Thierry Wolton los dirige al gran poeta Louis Aragon, que considera como el “bellaco de mayor envergadura” al que se le excusa de su complicidad con el estalinismo en tanto que militante del Partido Comunista Francés, bajo el pretexto de que se trata de un gran poeta, mientras que no se le perdonan a Celine, también un gran escritor, sus simpatías con el nazismo y su antisemitismo. El autor se rebela contra esa ley que hoy día se mantiene en vigor, la de dos pesas y dos medidas: a unos se les perdona y a otros no, cuando ambos incurrieron, o en la participación, o en el apoyo a millones de crímenes. Wolton ilustra su relato con citaciones de los escritores identificados con el comunismo, como también, la evolución de muchas personalidades de la política francesa a los que les dedica el capítulo “La ceguedad voluntaria”.

La trilogía de Thierry Wolton abarca 3.500 páginas en total. En las diversas entrevistas que el autor ha acordado, no disimula que su obra fue motivada por la indignación, su fuerza ha sido inspirada por la pasión de dar a conocer hasta dónde puede llegar la sumisión de inteligencias esclarecidas en los supuestos herederos del siglo de las Luces y convertirlas en propagandistas de un sistema asesino. Y hasta dónde puede llegar todavía hoy la negación de un proyecto que cuenta con 80 millones de víctimas, que no sólo sufrieron en carne propia la represión, sino que murieron en una soledad total, sufriendo el escarnio de una propaganda mentirosa que les valió el desprecio y el odio hasta de su propia familia. Pienso en el caso de los exiliados y los combatientes anti-castristas cubanos, tratados de “gusanos” que hasta época muy reciente, fueron ignorados por los organismos de solidaridad internacionales, en particular, por los latinoamericanos. El caso de la ignorancia en relación de la situación venezolana, o el apoyo al chavismo-madurismo de sectores de la izquierda latinoamericana, muchos de los cuales fueron favorecidos por la solidaridad venezolana cuando fueron víctimas de las dictaduras en sus respectivos países, es una prueba de esa ceguera que hoy denuncia Thierry Wolton y que en el caso francés sigue siendo de actualidad, como lo vemos cada día en el apoyo que se le prodiga al régimen de Maduro en los círculos de izquierda. Sin pestañar, Jean-Luc Melanchon y acólitos afirman que los 130 muertos durante las manifestaciones en Venezuela fueron obra de la oposición que está armada con armas de guerra. Que Leopoldo López, ha sido condenado por poseer un arsenal de guerra en su casa. Que los presos políticos, son políticos que han utilizado la violencia contra el Estado por lo que en un régimen democrático, y en Francia, también serían condenados.

La ceguedad y la condescendencia de los políticos demócratas latinoamericanos con respecto al régimen castrista y su inconsciencia al no percatarse de la obra de destrucción que desde el interior obraban los grupos adeptos a La Habana, carcomiendo las frágiles instituciones democráticas que comenzaban a retoñar, son los grandes responsables del retroceso que ha sufrido la democracia en el continente. Que un país como Venezuela, que sufrió una herida profunda en su naciente democracia cuyas consecuencias las está viviendo todavía de manera dramática, decidiera otorgarle a Fidel Castro un borrón y cuenta nueva, como si nada hubieses sucedido, y estableciera relaciones diplomáticas sin oponerle condición alguna, antes por el contrario, se le ofrecieran puertas abiertas, es un hecho que merece reflexión. Un mínimo de coherencia y rigor, son indispensables por parte de quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos.

Esperemos que la obra de Thierry Wolton contribuya a reflexionar y a corregir la norma de eximir unas dictaduras y condenar a otras.

En su monumental ensayo en tres tomos sobre la historia del comunismo, Thierry Wolton cuenta sin tapujos un siglo de ideología comunista.

Pero ahí siguen por Alberto Rial – El Carabobeño – 21 de Abril 2018

Se podría hacer una quiniela, como dicen los argentinos, los españoles y los mexicanos. El que adivine el escenario se lleva el premio mayor. No hay segundos ni terceros ni terminales ni aproximaciones. Un solo premio al ganador, que de paso es muy posible que quede desierto (el premio, no el ganador), porque nadie acertó con el verdadero final de la película.

¿De qué película hablamos? De la obra maestra del horror, el surrealismo y la tragedia que se llama Venezuela. Hablamos de que nadie apuesta un centavo por el régimen chavista, pero ahí sigue, con un país en ruinas, con un éxodo desesperado de gente, con sus jerarcas señalados como delincuentes, sin dinero petrolero, sancionados por casi todo el mundo civilizado… Pero ahí siguen.

Los escenarios son tantos como opinadores hay en el país, y fuera de él. Comienza por un pronunciamiento militar, que dada la calidad de fuerzas armadas que tiene el país y su falta de compromiso con lo que debería ser su función es muy poco probable. Después puede ocurrir una insurrección popular, pero la prioridad de la gente es salir del infierno por donde sea y mientras tanto rebuscarse la supervivencia. La salida electoral es tan bufa que no vale la pena ni comentarla. Como igual de bufo es el supuesto negado de que el gobierno pueda rectificar y conducir al país por un camino menos culebrero. Hay quienes apuestan por la intervención militar de una coalición internacional de salvadores, que no ocurrirá porque Venezuela no es Panamá (aunque muchos jerarcas del régimen sean peores que Noriega) y la etapa de invasiones en América Latina pasó hace ya unas décadas, por múltiples razones.

Los escenarios mixtos son más abundantes que los que apuntan a un solo factor de salida, por simple crecimiento geométrico: una protesta por aquí, unos militares descontentos por allá, unas sanciones y unos activos congelados, en múltiples combinaciones. Es lo que está sucediendo hoy, en una de sus múltiples variantes, pero no ha sido suficiente para moverle el piso a la dictadura. A pesar del rechazo internacional y del malestar de la gente, ya lo dice el refrán: palo con la baba, y la baba ahí.

Al final, tan absurda como la destrucción que le ha causado el chavismo a Venezuela es esta situación en la que una banda que no debe pasar de 100 mil personas, incluyendo a gobernantes, espías, asesores caribeños y malandros en moto, destrozan la vida de 30 millones de personas, en una remembranza de los miles de judíos que iban en fila hacia los campos de concentración flanqueados por unos pocos soldados nazis.

Si se repasa la historia reciente, lo único que ha hecho temblar de verdad al gobierno han sido las protestas masivas, aunque cualquier salida a la calle representa un riesgo de represión, detenidos y muertos. Sin embargo, la diferencia entre 2017 y hoy es que el régimen, mal que bien, está más débil y mucho más desprestigiado. Pero ahí siguen.

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