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The End por Gustavo Tovar-Arroyo – El Nacional – 7 de Abril 2020

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Ni poeta ni documentalista

En estos tiempos de perplejidad e incomprensión, cuando la humanidad para salvarse debe ser inhumana, retraída y cuidadosa del prójimo; cuando tocarse, estrechar manos, abrazarse o besarse puede ser interpretado como un acto criminal; cuando andamos de un lado al otro como enmascarados, la palabra activista se redimensiona y encarece: hay que activarse contra la peste.

En mi caso, por ejemplo, me enorgullece más ser reconocido como activista que como escritor, poeta, documentalista o abogado. Uso la poesía, el escrito, el documental o el derecho como actos que están al servicio y reivindican la libertad. No busco condecoraciones, busco libertades.

El heroísmo silencioso del activista

El activista no tiene descanso, su vida está dedicada a reivindicar derechos, lucha diariamente por ellos no de manera egoísta o individual (aunque por lo general sus esfuerzos lo sean); siempre, en todos los casos, sus reclamos favorecen el bien común. Un activista es un silencioso héroe civilizador o, al menos, sus actos lo son. Vive una soledad de escalofrío.

Ser activista siempre –como todo acto heroico– conlleva una tragedia. Los griegos no se equivocaron, desde entonces todo activista –como héroe– atiborra su espíritu de heridas, frustraciones, de incurables llagas sangrantes. Ni uno se salva, no sería un activista si estuviera exonerado del dolor y la tragedia. Todo heroísmo es trágico.

Todos para uno y uno para todos

Durante estos largos, tristes y devastadores veinte años de dictadura chavista casi cualquier venezolano decente ha sido un activista, algunos con mayor dedicación que otros, pero casi la mayoría de nosotros se ha activado para luchar por la libertad. Pocos no lo han hecho y sin duda esos pocos están vinculados con el crimen y la corrupción chavista, el desdén no existe.

Artistas, pintores, músicos, escritores, empresarios, abogados, ingenieros, estudiantes, obreros, panaderos, twitteros, maestros, enfermeras, doctores, campesinos y un largo etcétera de venezolanidad se ha activado contra el chavismo y, aunque luchamos, no hemos logrado derrocarlos. Ha sido extenuante ver al país devastarse y no poder liberarlo, ¿o no?

El método de la traición

La lucha ha sido feroz y asimétrica, el chavismo –conglomerado mafioso y criminal– una vez que llegó al poder, aparte de emplear los ortodoxos métodos de persecución, prisión, tortura y asesinato político, usó un dinero inimaginable para comprar opositores, doblegarlos y usarlos de manera grosera para sus propios fines dictatoriales y contra la libertad.

Así nos encontramos muchas veces con aberrantes casos de colaboracionismo que tanta náusea y consternación nos causaron. Las traiciones de Ricardo Sánchez, William Ojeda, Claudio Fermín, Felipe Mujica, Henri Falcón, Luis V. León, Luis Parra o José Brito han dificultado muchísimo la lucha, pero ni con ellos a su servicio han podido doblegar nuestro sueño de libertad.

El final de la película

Sin embargo, el activismo venezolano, el decente, el que no se doblega ni se vende, el que lucha día a día, el que resiste y protesta, el que denuncia aquí, allá y acullá, el que ama genuinamente a Venezuela, ha recibido al fin el espaldarazo de los aliados del mundo, quienes de manera universal le han puesto precio a la cabeza de los tiranos Maduro y Cabello. Insisto: al fin.

No solo le han puesto precio, en una acción sin precedentes han desplegado una flota militar de asalto para liberar a Venezuela de la narcotiranía terrorista sea como sea. Es una victoria del activismo ciudadano, es decir, es una victoria tuya, suya, mía: nuestra. El final de la película está escrito y llega su desenlace. Se intuye, se percibe, se siente, está cerca, llega. Lo verás.

The End.

Háganse los locos, “pónganse de acuerdo” por Alonso Moleiro – La Gran Aldea – 31 de Marzo 2020

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El acuerdo hay que promoverlo, pero la pelota la tienen quienes lo confiscaron. Son ellos los que tienen que consultar a la Academia de Medicina, a la Organización Panamericana de la Salud, informarnos sobre el número de camas, las gestiones pendientes, el dinero del fisco, la ayuda internacional. Son ellos los que deben asumir su responsabilidad en la quiebra sanitaria. Son ellos los que deben trazarle a la nación el diagrama de un acuerdo. Un acuerdo para regresar el mapa político venezolano a la zona de la honradez.

Desembarca el coronavirus en el país y en el debate venezolano comienza a abrirse paso una demanda para que cese la pugna política desmelenada e irracional, en la cual estarían enzarzados el chavismo con la oposición democrática mientras el tejido nacional se sigue deshilachando.

Con el paso de los días aumenta de volumen un clamor para que ambas partes aplacen de momento sus objetivos inmediatos y sean capaces de identificar un camino sensato de coincidencias, con el objeto de atender la emergencia sanitaria que tiene planteada el país con la propagación de la pandemia.

Comienzan a hacerse frecuente, particularmente en las redes sociales, los llamados a “los políticos” para que “se pongan de acuerdo”. Para que olviden momentáneamente sus apetencias menudas, y sepan, responsablemente, priorizar la existencia de lo que, sin dudas, es toda una emergencia nacional.

El planteamiento ha sido adelantado, sobre todo, por dirigentes políticos de la denominada Mesa de Diálogo Nacional y algunos de sus simpatizantes, y ha terminado de tomar cuerpo una vez que fuera defendido de manera inequívoca por el propio Henrique Capriles Radonski.

Aquellas proposiciones parecen recoger una inquietud legítima, compartida y que han surtido algún efecto: El propio Nicolás Maduro ha salido a su encuentro ofreciendo sus gestiones.

¿Con quién nos acordamos?

El alegato que exige prestarle atención responsable y sin fisuras a la pandemia y sus efectos luce inobjetable. Habrá que ponerle reparos, sin embargo, al empeño en retratar la crisis como un antojo intrascendente de políticos, a malquerencias “de uno y otro bando”, o a los embates silvestres de la polarización.

Cada vez que la crisis venezolana nos pide un esfuerzo adicional, cierto sector de las graderías locales se recuesta de la zona más cómoda del activismo: Trazar, a control remoto, un salomónico panorama neutral, en el cual dos sectores con atributos, poder, objetivos e intenciones similares, e igualmente válidas, deben deponer sus actitudes al mismo tiempo para concretar un acuerdo de la mano de la mágica terapia de la negociación política.

“Pónganse de acuerdo”, -¿no estamos en eso?-. Se trata de un hábil artificio, un sofisma que personajes como el Papa Francisco desarrollan con exquisita habilidad cuando tiene que aproximarse al drama nacional sin hacer definiciones de fondo y sin que nada le salpique. Un extravío intelectual que parte de la desencaminada certeza de que lo justo consiste en picarlo todo por la mitad.

Y aunque parezca increíble, en el  punto más desequilibrado y agónico de esta crisis, los mentores del “pónganse de acuerdo por Venezuela” recuestan todos sus emplazamientos sobre el bando equivocado de la discusión: El que no tiene poder, ni instrumentos para poner en vigor acuerdos, y está siendo judicializado, precisamente, por tratar de reimponer en el país la zona institucional del pacto democrático republicano que venían disfrutando los venezolanos desde el 23 de enero de 1958.

Un “acuerdo” no es una solución que se invoca como remedio casero. En Noruega y Barbadosse llevaron adelante las tentativas de negociación y  acuerdos políticos más fundamentadas y depuradas de estos 20 años. De valorar el chavismo, aunque sea por ratos, el valor moral del acuerdo institucional, Juan Guaidó se habría podido sentar sin problemas para quedar reelecto Presidente de la Asamblea Nacional y estaría en desarrollo la amnistía política propuesta por la sociedad democrática.

El acuerdo hay que promoverlo, pero la pelota la tienen quienes lo confiscaron. Lo demás no es sino una tentativa de vivir de la renta del mercadeo nostálgico del acuerdo. El reclamo hay que formulárselo a quienes usurpan el poder y quieren convertir las marramucias electorales y legales es parte del folclor cultural del país. Son ellos los que tienen que consultar a la Academia de Medicina, a la Organización Panamericana de la Salud, informarnos sobre el número de camas, las gestiones pendientes, el dinero del fisco, la ayuda internacional. Son ellos los que deben asumir su responsabilidad en la quiebra sanitaria. Los que se han negado a reconocer la violenta diáspora de médicos de estos años.

Son ellos los que deben trazarle a la nación el diagrama de un acuerdo. Un acuerdo para regresar el mapa político venezolano a la zona de la honradez.  Un acuerdo al que, finalmente, ellos jamás se van a avenir, porque llegaron al poder para romper y confiscar cualquier zona de acuerdos.

Carta a Caro Cox por Laureano Márquez – La Patilla – 3 de Abril 2020

downloadLe escribo porque vi su llamada de auxilio realizada desde Cuba, en estos duros tiempos de coronavirus, solicitando al gobierno chileno su traslado a casa. Me conduelo con usted y su angustia, pues como diría Ramos Sucre: «los dolores pasados y presentes me conmueven…».

Tiene que ser duro en estos momentos estar lejos de los suyos, porque son tiempos de tribulación global. Ojalá pueda volver pronto a Chile, tanto usted, como sus paisanos varados allá y estar en su tierra, en un país en el cual se puede estar en contra del gobierno y a la vez exigirle -como le corresponde con todo derecho- amparo, protección y auxilio.

Su video se ha viralizado -como dicen ahora- y los comentarios no han sido del todo favorables, por no decir bastante negativos, entiendo que por tal razón, ha cerrado usted su cuenta de twitter.

Seguramente el origen de tanta indignación hay que buscarlo en la evidente contradicción que se produce en regímenes como el cubano (¡y el venezolano!) entre las ideas que se proclama defender y la radical negación de las mismas en las prácticas de los sistemas políticos que los sustentan.

Una de las cosas que hemos aprendido en la tierra de Bolívar, luego de más de 20 años de chavismo, es que ser comunista es maravilloso, pero solo si se vive lejos, en un país medianamente libre, con democracia, medios de comunicación plurales y vigilancia por el respeto a los derechos humanos.

También es maravilloso si se pertenece a la nomenclatura dirigente, gozando de todo aquello lo que al resto de la población le está vedado, pero lo difícil es serlo en las naciones donde esta ideología se aplica con ausencia de todo lo señalado.

En Cuba y Venezuela, oponerse al gobierno ocasiona prisión, tortura y muerte, sin que haya en los dirigentes petición de perdón por nada, ni rectificación de las políticas criminales y destructivas del bienestar colectivo.

A los que manifiestan en las calles se les lanza a militares con armas de fuego con elevado saldo de víctimas fatales y nadie destruye el metro, porque ya el propio gobierno se encargó de hacerlo.

Cualquier cubano o venezolano podría decirle que todas esas cosas de las cuales usted se queja en su video son la cotidianidad de un régimen que, por otra parte, supongo a usted le simpatiza y lo defiende.

En Venezuela desde hace 20 años y en Cuba desde hace 60, el jabón escasea y el papel higiénico todo, tenemos las cuentas bloqueadas, no nos funcionan las tarjetas, no existen las monedas, tampoco internet, ni hay agua, ni comida, ni salud y para colmo de males no hay gasolina en el país con las mayores reservas petroleras del planeta.

Los pobres, en cuyo nombre se actuó, terminaron no solo más pobres, sino comprometiendo obligatoria lealtad a cambio de una mínima posibilidad de supervivencia.

A usted le ha tocado padecer, dolorosamente, lo que es habitual para millones de ciudadanos que no tienen gobiernos a los que acudir, porque tienen las certeza de que serán desoídos y para quienes exigir derechos es una inadmisible conspiración contrarrevolucionaria que terminará etiquetándoles como fascistas y/o aliados de los gringos, con duras consecuencias.

Bueno solo le hacía estos comentarios para animarle a comprender la oleada de indignación que su mensaje ha causado. Hay cosas que solo uno entiende bien cuando se padecen en carne propia. A usted le tocó ver -desafortunadamente- el verdadero rostro de la revolución.

Deseo de corazón que se haga realidad su ruego y consiga un vuelo para salir de Cuba muy pronto de manera segura y sin problemas, cosa que desde hace tantos años los cubanos no pueden hacer, porque deben sumar a la lista de dificultades que usted enumera, la de los tiburones en el estrecho de la Florida.

Chavismo amenaza con usar de rehenes a los venezolanos ante operación de EEUU por Sabrina Martín – PanamPost – 2 de Abril 2020

“Si los marines ponen un pie aquí, vamos por ustedes” dijo Cabello a la oposición venezolana.

 

«Les voy a dar una recomendación a los escuálidos: les están echando una vaina a ustedes, porque los marines ponen un pie aquí, y nosotros vamos por ustedes…»: Diosdado Cabello (EFE)

El régimen de Nicolás Maduro asegura «estar preparado» ante cualquier amenaza de fuerza por parte de Estados Unidos. «Nosotros vigilamos nuestras costas, les vamos a dar una sorpresita», dijo junto a Diosdado Cabello en televisión nacional. Adicionalmente amenazaron con perseguir a venezolanos ante una supuesta «intervención extranjera».

«Les voy a dar una recomendación a los escuálidos: les están echando una vaina a ustedes, porque los marines ponen un pie aquí, y nosotros vamos por ustedes… Furia bolivariana en alerta. El que entendió, entendió. No se hablé más del tema», dijo Cabello a la oposición venezolana.

Aunque la tiranía atinó a lanzar una amenaza contra la oposición y contra el Gobierno de Trump, en la práctica ha demostrado ineficiencia, improvisación y sobre todo que no estaría preparado para dar «sorpresita» alguna.

El Gobierno de Estados Unidos anunció por primera vez la operación antidrogas más grande de Occidente, tras mencionar una lucha frontal contra el régimen de Maduro acusado de impulsar y patrocinar el terrorismo y el narcotráfico.

Se trata de una especie de bloqueo naval y aéreo para reducir los ingresos del régimen provenientes de actividades ilícitas; una acción que también podría derivar en que Estados Unidos bloquee los envíos de petróleo a Cuba.

“La furia bolivariana está lista y preparada”; dijo Maduro. “Si ellos quieren vigilar el tráfico de drogas, de cocaína, que produce Colombia, no la produce Venezuela; si ellos quieren parar la cocaína de Colombia, tienen que actuar por el Pacífico, porque si se van por el Caribe están dejando libre por donde se va la droga”, dijo por su parte Diosdado Cabello.

“Nosotros estamos nervios de acero, estamos absolutamente serenos y listos para combatir en el terreno que nos toque para defender el honor, la paz, la soberanía y la independencia de nuestro país”, agregó Maduro.

La cancillería «celebró» la lucha contra el narcotráfico que ellos mismos representan

Asimismo la respuesta inmediata la dio el chavista usurpador canciller Jorge Arreaza, quien por un lado criticó los señalamientos de Trump y por el otro «celebró» que EEUUtome acciones contra el narcotráfico.

“Venezuela repudia las infamias proferidas por el gabinete de seguridad de Trump contra el Gobierno Bolivariano. Sin embargo, saluda que al fin EEUU tome acciones para controlar sus vulnerables y descuidadas fronteras de la droga proveniente del narcotráfico colombiano”, señaló.

Y es que mientras el régimen de Maduro asegura estar listo para «cualquier batalla», en la práctica ha demostrado improvisación y que ante cualquier acción militar internacional no estaría ni remotamente preparado.

Hay que recordar que el envío de tropas militares por parte de Estados Unidos al Caribe, no se trataría de un «bloqueo naval» contra Venezuela, sino contra el narcotráfico internacional, sobre todo ante las acciones ilícitas encabezadas por el régimen de Nicolás Maduro.

El pasado 30 de marzo el Guardacostas “Naiguatá”, de la Armada venezolana, se hundió en el Mar Caribe luego de colisionar con un barco de bandera portuguesa. El régimen de Maduro aseguró que «fue agredido» por el barco portugués Resolute; sin embargo la empresa Columbia Cruise Service desmintió en un comunicado la versión de la tiranía y aseguró que fue víctima de «un acto de agresión por parte de la Armada venezolana en aguas internacionales».

«Mientras el capitán estaba en contacto con la oficina central, hubo disparos de pistola y, poco después, el buque de la Armada se acercó al lado de estribor a una velocidad de 135° y colisionó deliberadamente con el Resolute. El buque militar continuó golpeando la proa de estribor en un aparente intento de girar la cabeza del barco hacia las aguas territoriales venezolanas»., señala el comunicado de la empresa.

Toda esta acción demuestra la falta de preparación y la improvisación asumida por la Armada venezolana que no supo reaccionar ante la presencia de una embarcación turística en aguas internacionales. Queda esperar cuál será el modo de operar en caso de existir algún tipo de «roce» con militares estadounidenses que ahora se apostarán en la frontera marítima con Venezuela.

Ejército venezolano en ridículo

En diversas ocasiones la Fuerza Armada venezolana ha demostrado que no está a la altura ni preparada para enfrentar ningún conflicto militar. Ante los ojos del mundo, los militares exponen su torpeza, inexperiencia y hasta ridículas e infantiles consignas que no representan amenaza alguna para un ejército como el de Estados Unidos.

Hay que recordar la burla del presidente estadounidense Donad Trump, tras el supuesto atentado con drones que se dio contra Maduro en 2018. El mandatario recordó cómo miembros de la Fuerza Armada de Venezuela huyeron despavoridos al escuchar dos explosiones.

«Nicolás Maduro, podría ser derrocado muy rápidamente por militares (…) Es un régimen que, francamente, podría ser derrocado muy rápidamente por los militares, si los militares deciden hacer eso», dijo. «¿Vieron cómo huyeron los militares apenas oyeron que explotaba una bomba encima de sus cabezas? Esos militares se estaban escapando para cubrirse. Eso no es bueno», agregó.

Que cientos de militares hayan decidido huir tras un supuesto atentado contra Maduro solo deja en evidencia que ante una posible intervención militar actuarían de manera similar.

Pero además ha quedado constancia que en el país suramericano los equipos militares no reciben el mantenimiento debido y que el personal militar no está altamente capacitado; de hecho, el 4 de mayo de 2019 se estrelló un helicóptero militar en Caracas donde murieron las siete personas a bordo porque se estrelló contra una montaña.

Maduro ha vestido de verde militar hasta a abuelitos y mujeres entaconadas en sus irrisorios «ejercicios militares» contra una supuesta invasión del imperio, donde en los últimos años han resultado heridos y fallecidos por errores en las prácticas.

Ninguno de estos ejercicios militares, en los que Maduro asegura que saldría victorioso, se pusieron en práctica ante el supuesto atentado con drones; una evidencia más de que el país suramericano no estaría preparado para enfrentar al mejor ejército del mundo, el de Estados Unidos.

Estados Unidos a la ofensiva

En los últimos días,  EEUU ha endurecido su posición contra el régimen de Maduro, primero fue cuando el 26 de marzo publicó la lista de los funcionarios que calificó como narcoterroristas, ofreciendo millones de dólares contra algunos de ellos.

Cinco días después, el 31 de marzo, el Departamento de Estado presentó la propuesta de un gobierno interino y dio los pasos que llevan al levantamiento de las sanciones.

Este miércoles 1 de abril Trump aseguró: “No vamos a permitir que los carteles de droga utilicen la pandemia para amenazar las vidas de americanos” y anunció el envío de buques al Caribe haciendo referencia exclusiva al régimen de Nicolás Maduro.

La tiranía de Maduro solo puede usar su fuerza para torturar a los venezolanos

En evidencia ha quedado la falta de preparación de las fuerzas militares para hacer frente a un ejército extranjero, sin embargo no se puede menospreciar el nivel de terror que el régimen ha infundido a los ciudadanos venezolanos durante décadas, pues es a una población desarmada a la que han pisoteado con su ejército inexperto; por eso hacen referencia a que en una posible intervención irán contra los venezolanos, pues los usan como escudo protector para seguir delinquiendo.

¿Qué alternativas tiene el chavismo ante la propuesta de Guaidó y Donald Trump? por Pedro Benítez – ALnavío – 1 de Abril 2020

Por medio de Mike Pompeo y Elliott Abrams, el gobierno de Estados Unidos ha asumido la propuesta de transición política que Juan Guaidó hizo pública en septiembre pasado y que luego dirigió a los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en una sesión de la Asamblea Nacional (AN) de Venezuela. No es una oferta que se le hace a Nicolás Maduro y a Diosdado Cabello. Se le hace a los gobernadores del PSUV, al Alto Mando Militar y al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), es decir, a la coalición cívico-militar chavista que sostiene a Maduro. ¿Es una oferta que no pueden rechazar? ¿Qué alternativas y escenarios tiene el chavismo?
La propuesta se le hace a la coalición cívico-militar que sostiene a Maduro / Foto: FANB
La propuesta se le hace a la coalición cívico-militar que sostiene a Maduro / Foto: FANB

En mayo del año pasado en una visita a Caracas el viceministro de Relaciones Exteriores de Italia, Ricardo Merlo, se llevó una sorpresa cuando Juan Guaidó le manifestó estar dispuesto a aceptar elecciones parlamentarias conjuntas con las presidenciales que exigía desde la Asamblea Nacional (AN). Contrariamente a lo que la izquierda afín al chavismo en Europa propalaba, los adversarios del régimen en Venezuela se inclinaban a un acuerdo político.

Una negociación política en la que cada parte cedería a la otra, otorgando garantías, fue la propuesta que los representantes de Guaidó llevaron a la mesa del fallido proceso de Oslo/Barbados promovido por el gobierno noruego. Es la que él mismo hizo pública en septiembre pasado, y luego, directamente, a los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en una sesión de la Asamblea Nacional (AN).

Es la que el representante especial del gobierno de Estados Unidos para Venezuela, Eliott Abrams, ha venido promoviendo desde hace meses en la Casa Blanca, en el Departamento de Estado, con los aliados europeos y americanos. Abrams es partidario de la tesis de que siempre un mal acuerdo es mejor que una buena pelea. Y este es un buen acuerdo.

Cuando se escriba esta historia no se podrá decir que a Nicolás Maduro no le dieron salidas, porque se le han dado todas.

La respuesta de Maduro a este arreglo es la misma, no ceder. Estados Unidos tampoco va a ceder. Es algo de lo que el chavismo ya ha debido tomar nota.

La diferencia entre las situaciones anteriores y esta es que Maduro se quedó sin caja. Las pocas divisas de las que disponía se las gastó en diciembre tratando de crear una sensación artificial de estabilidad económica.

Apostó de cara a este año que su aliado ruso le daría más crédito a cambio de emprender ciertas reformas aprobadas por la AN. Esa operación le salió mal. A continuación Estados Unidos aplicó sanciones contra una filial de la petrolera rusa Rosneft cerrando más el cerco.

Luego Maduro calculó que la imprevista pandemia del coronavirus era su oportunidad para aflojar esas sanciones. Pero el gobierno estadounidense no cede.

Por lo tanto, el mensaje que la Casa Blanca le envía a la coalición cívico-militar chavista es muy sencillo: Maduro no puede levantar las sanciones. No puede conseguir dinero. Es incapaz de resolver cualquier problema. Es decir, no puede cumplir nada de lo prometido a su misma gente.

Cómo puede influir la crisis de la gasolina

En estos momentos Venezuela sufre un recrudecimiento de la crisis del suministro de gasolina. No es un problema nuevo para el país, pero sí para Caracas, centro neurálgico del poder. Se ha disimulado por las medidas de confinamiento aplicadas en ocasión de la pandemia que parte de la población acata. Pero es eso, apariencias. La realidad es que Maduro necesita conseguir gasolina porque el país no puede paralizarse sin que eso provoque algún tipo de reacción y él no confía en que su aparato de represión le responda en el momento crítico. Sabe, además, que los militares que tantas manifestaciones de lealtad le hacen no lo van a acompañar ante la pérdida generalizada del orden público.

Este es el verdadero problema. No el de una hipotética invasión militar extranjera. Esto lo sabe la dirigencia chavista. Civiles y militares. A ellos va dirigida la propuesta de Guaidó y Donald Trump.EEUU ha asumido la propuesta que Juan Guaidó hizo en septiembre pasado / Foto: @jguaido

Porque el gobierno de Estados Unidos por una lado aprieta y por el otro ofrece un puente de plata.

El chavismo tiene tres alternativas

Esa oferta es la clásica transacción política que da pie a una transición al estilo de España, Nicaragua, Chile o Polonia. Frente a la misma la coalición chavista tiene tres alternativas:

1.- Negociar: Eso le permitiría mantener su presencia en el Estado. Con 18 gobernaciones, 300 alcaldías, más la mayoría del Tribunal Supremo (TSJ). A los militares la actual línea de mando en la Fuerza Armada (FAN). El PSUV intacto y que sea otro, u otros, los que tengan que lidiar con la tremenda crisis y la acumulación de todo tipo de problemas que el chavismo ha dejado en sus dos décadas de poder.

Esta es, de paso, una alternativa que mucha gente en la oposición venezolana detesta, entre otras cosas porque deja abierta la posibilidad de que el chavismo regrese al poder por la vía electoral. Pero esas son las reglas de la democracia.

El mensaje que la Casa Blanca le envía a la coalición cívico-militar chavista es muy sencillo: Maduro no puede levantar las sanciones. No puede conseguir dinero. Es incapaz de resolver cualquier problema. Es decir, no puede cumplir nada de lo prometido a su misma gente.

2.- El desmoronamiento. No ha ocurrido, pero puede ocurrir y esa posibilidad nunca como ahora ha estado más cerca. Se ha pronosticado muchas veces el colapso final del régimen chavista y lo cierto es que Maduro se las ha arreglado para sortearlo. Pero en esta ocasión está afectado un aspecto vital del funcionamiento del país que es el suministro de gasolina. Venezuela no es Cuba, ni el chavismo es el disciplinado Partido Comunista cubano. El chavismo es una alianza de burócratas que no están dispuestos a la resistencia numantina. La promesa de sus dirigentes ha sido que las sanciones cesarán, porque sus opositores son incompetentes, porque el mundo se cansará del tema Venezuela y entonces ellos podrán seguir medrando de los recursos venezolanos por los siglos de los siglos.

3.- Resistir y sobrevivir. Es la tesis de Maduro y Diosdado Cabello. Esta tormenta pasará como han pasado otras. Pero para que esto sea realidad el régimen chavista necesita el apoyo real y concreto de China y de Rusia. Dos potencias que en medio de la actual crisis económica mundial necesitan que Estados Unidos vuelva a crecer para recuperarse y que los precios del petróleo suban. Al final del día, en una economía global todos dependen de todos. Ese fue el sentido de las llamadas telefónica de Trump a Xi Jinping y Vladímir Putin.

Pero si el cálculo político prevalece sobre el político las prioridades son otras.

De modo que el futuro inmediato de Maduro está en manos de una de esas dos potencias. Bien porque China le preste más dinero (algo que no ha hecho desde 2016) o porque Rusia mande gasolina. Y esto es cuestión de días.

Sostener a Maduro va a costar dinero.

¿Otra salida? La primera alternativa, que no necesariamente implica un quiebre del régimen, porque así como los distintos miembros de la coalición chavista (comandantes militares y gobernadores) sacan sus respectivas cuentas, también lo hace Maduro. Nada en política es descartable porque por su propia naturaleza siempre es el terreno de lo posible.

Ni ante la amenaza del coronavirus es posible la unidad nacional en Venezuela por Pedro Benítez – ALnavío – 20 de marzo 2020

Dos décadas de polarización, persecuciones, cárceles, exilios, insultos, venganzas, miedos, mentiras y sectarismo promovidos por la retórica chavista, y que sus sucesivos adversarios no han podido (o no han querido) desmontar, han abierto un abismo de desconfianzas mutuas de tales dimensiones que impide que aun en una situación límite como la que se encuentra Venezuela cualquier posibilidad de acuerdo político sea posible.
Maduro sigue en su estrategia de reforzar el control militar del país / Foto: Prensa Maduro
Maduro sigue en su estrategia de reforzar el control militar del país / Foto: Prensa Maduro

En ciertos círculos políticos y de opinión venezolanos se ha despertado en las últimas horas la esperanza de que el devastador impacto que la pandemia del coronavirus puede tener en el país sea la oportunidad de algún acuerdo político entre el chavismo y el antichavismo. Entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó.

Pero por lo visto esa es una opción imposible hoy. Condicionado por un Maduro que ni aun en las presentes circunstancias le da tregua, el liderazgo del campo democrático que encarna Guaidó tiene muy poco margen de maniobra para intentar construir un puente hacia el otro país.

Una Venezuela frente a la otra. Visto así, un acuerdo político es la necesaria salida que indica el sentido común. El mecanismo para destrabar la crisis venezolana. Pero ocurre que el liderazgo chavista no lo ve así.

En los últimos días Guaidó ha jugado el rol del liderazgo responsable. Suspendió actividades de calle, designó un comité de altísimo nivel con varios de los profesionales de la salud más prestigiosos del país, ha llamado a que se acate la cuarentena y puso a la disposición del público una página web con la información respectiva. La respuesta del otro lado ha sido bloquear el acceso a ese sitio web y detener en las últimas horas a médicos, e incluso pacientes, que denuncian el estado calamitoso de la salud publica en Venezuela.

Ni siquiera ha habido un gesto hacia los 387 presos políticos recluidos en las distintas cárceles. Por el contrario, la persecución política no se ha detenido. Todas las semanas alguien relacionado con la oposición es apresado o debe asilarse en una embajada.

Maduro sigue en su estrategia de neutralizar cualquier disidencia, reforzando su control militar y policial sobre el país y aprovechando cualquier crisis para tapar otra con el propósito nada disimulado de desviar la atención pública. Es lo que está haciendo con la llegada de la pandemia a Venezuela. La ve como una oportunidad para intentar romper su aislamiento internacional.

Esto sin importarle la gravedad de la situación venezolana, que aun cuando el impacto del coronavirus fuera mucho menos de grave de lo que se espera, no podría escaparse al colapso de los precios mundiales del petróleo, secuela de la crisis económica que las medidas contra la pandemia están provocando.

Las finanzas de Maduro para seguir importando cajas de CLAP y gasolina se agotaron. Incluso antes de la actual coyuntura se le había acabado el dinero. Por eso la presión para cambiar la directiva de la Asamblea Nacional (AN) en enero pasado a fin de que la ayuda financiera rusa se concretara. Ahora se vino esta crisis global sin caja. Eso es lo que hay detrás de su extraña carta al Fondo Monetario Internacional (FMI) donde se traga 20 años de discursos anticapitalistas del chavismo. Por eso va a insistir. Necesita dólares.

Por supuesto, tiene una vía más práctica para conseguirlos; pero esa vía es la opción negada por él y por Diosdado Cabello: reconocer a la AN. Cualquier cosa (que es lo que estamos viendo) menos eso.

Porque la situación de Venezuela es paradójica. Por un lado tenemos a Maduro que cuenta con el respaldo de la Fuerza Armada Nacional (FAN) y el control del país. Control precario, pero control al fin y al cabo. Pero al mismo tiempo no tiene acceso a recursos de financiamiento externo por su falta de reconocimiento internacional. Y tampoco con los recursos humanos para gestionar adecuadamente el país, mucho menos en una crisis como la presente.

Del otro lado de la acera tenemos a Juan Guaidó que no cuenta con el respaldo de la FAN, pero tiene la llave que necesita Maduro. Tiene el reconocimiento internacional. Esta al frente de la única institución que puede legalmente aprobar esos recursos y de paso tiene el capital humano del que carece el chavismo.En los últimos días Guaidó ha jugado el rol del liderazgo responsable / Foto: @jguaido

Una Venezuela frente a la otra

Visto así, un acuerdo político es la necesaria salida que indica el sentido común. El mecanismo para destrabar la crisis venezolana. Pero ocurre que el liderazgo chavista no lo ve así. Su estrategia desde 2012 tiene el solo objetivo, la obsesión, de aferrarse al poder a cualquier costo y ven en cualquier concesión a los adversarios el riesgo de perder el monopolio de ese poder.

Incluso hasta el año pasado Maduro veía en la más mínima modificación de las absurdas políticas económicas del régimen un signo intolerable de debilidad y traición. Sólo el catastrófico choque contra la realidad ha llevado a algo de pragmatismo.

Pero ese apego a ideas fijas sin importar el costo parece ser parte sustancial del chavismo. Ese tipo de determinaciones que llevaron al fundador del movimiento a entregar su salud sin ningún tipo de reservas al sistema sanitario cubano con el consecuente desenlace fatal. Esa es la concepción de Maduro. La de aferrarse a su estrategia sin importar el costo.

Ante eso, la opción de “portarse bien” no parece ser una alternativa realista para lidiar con el chavismo. Allí están los cuatro gobernadores opositores que pese a haber ganado con votos y haber aceptado (realistamente) juramentarse ante la írrita Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Maduro igual designó a dedo unos “protectores” en sus respectivos estados, con más poderes y con más recursos. Allí está la historia de los candidatos presidenciales que reconocieron las victorias del chavismo en 2006 y 2012, es decir, que jugaron con las reglas democráticas pero terminaron inhabilitados, y uno de ellos exiliado y luego preso.

Esos antecedentes son los que explican la estrategia de la Presidencia interina que la Asamblea puso en marcha el año pasado. Se puede discutir hoy si fue correcta o no. El tiempo lo dirá. Pero detrás de ella ha habido una lógica.

Sólo un cambio profundo en la correlación de sus fuerzas internas, o un evento inesperado, puede modificar la estrategia sectaria que ha caracterizado al chavismo.

Venezuela: ¿acaso es posible negociar? por Alberto Barrera Tyszka – El País – 16 de Marzo 2020

El debate entre la izquierda y la derecha en Venezuela funciona como una mala caricatura. Son retóricas estrujadas hasta el agotamiento para justificar una realidad más signada por las pugnas de poder

Un hombre camina por el centro de Caracas, en Venezuela.
Un hombre camina por el centro de Caracas, en Venezuela. MÓNICA GONZÁLEZ

“Nos duele la patria. Nos preocupa la cruda realidad que vive nuestro pueblo, las necesidades por las están pasando los millones de venezolanos que hoy padecen esta terrible crisis histórica”. Cualquiera podría pensar que estas comillas pertenecen a Juan Guaidó, que así habló el líder de la oposición venezolana hace pocos días. Pero no. En realidad son mucho más viejas. Son palabras del teniente coronel Hugo Chávez, desde la cárcel, en 1992, pocos meses después de intentar dar un golpe de Estado. Han pasado casi treinta años – con dos décadas de “revolución” y una enorme bonanza petrolera en la mitad- pero sin embargo Venezuela sigue hundida en su tragedia. Y ahora está mucho peor: los conflictos son mayores, la violencia se ha institucionalizado, y los escenarios de solución se han agotado o son inviables. La encrucijada más bien parece un callejón sin salida.

Tras la caída del general Pérez Jiménez (1958), uno de los logros fundamentales de la democracia venezolana fue el establecimiento de la política como proceso, como experiencia, como forma de asumir y debatir los asuntos públicos y las relaciones sociales. Después de siglo y medio signado por el caudillismo militar, el país se estrenó y comenzó a desarrollarse sobre el ejercicio de poder civil. Este impulso modernizador transformó a Venezuela durante dos décadas pero, con el tiempo, comenzó a hacer aguas y a generar una crisis que -20 años después- terminaría en el fracaso del modelo neoliberal y el predominio de unas élites, políticas y económicas, hundidas en la corrupción, alejadas de las grandes mayorías e incapaces de leer la realidad. En este contexto, apareció Hugo Chávez. Como síntoma de una sociedad que parecía a punto de estallar y, también, como regreso del tentador fantasma del militarismo: la antigua idea de que el orden lleva uniforme.

Cuando en 1998, Chávez ganó en las elecciones, Teodoro Petkoff, ex guerrillero legendario, intelectual y periodista, resaltó que uno de los problemas cruciales con el nuevo mandatario era que hablaba “nuestro lenguaje”. Esta breve observación señalaba ya el tipo de proyecto que podía representar Chávez: detrás de una retórica de izquierda, seguía intacta la vocación militar, la naturaleza personalista y autoritaria. De hecho, Chávez invirtió mucho tiempo y esfuerzos en convertirse en el eje central del país, construyendo un Estado a su conveniencia, con un protagonismo cada vez mayor de los militares frente a un poder cada vez más debilitado de la ciudadanía. Su relación con Cuba, la ocupación del país que le permitió al régimen de la isla, tiene que ver mucho con esta intención. Para Chávez, Fidel era un ejemplo, un modelo exitoso, capaz de pasar más de 50 años en el poder y mantener su prestigio. Para Castro, la riqueza venezolana representaba una nueva resurrección. La ideología, en realidad, estaba en segundo plano. El llamado “socialismo del siglo XXI” terminó siendo una gran fantasía rentista. La “revolución bolivariana” fue solo una ficción de la bonanza petrolera. Cuando cayeron los precios, el país quedó al desnudo: quebrado, sin instituciones, convertido en un cuartel.

Chávez supo aprovechar su inmenso talento comunicacional para crear una narrativa radical e irritante. Actuaba como un nuevo rico, irresponsable y derrochador, pero hablaba como si fuera el Che Guevara. Reprodujo y mejoró la retórica del bloqueo (Cuba sí / Yankees no) y mantuvo internamente un continuo estado de polarización. Esto terminó produciendo también una nueva derecha en Venezuela. No solo como propuesta política, articulada a partidos y movimientos, sino sobre todo como fórmula de racionamiento, como identidad cultural, que pretende explicar toda la historia reciente con muchos adjetivos denigrantes y con un solo sustantivo: la izquierda.

Todo esto también forma parte del mismo proceso de una oposición a la que le ha sido muy difícil sobrevivir durante estas dos décadas. Desde su primer Gobierno, Chávez logró que se eliminará el financiamiento oficial a los partidos y, de manera constante, se dedicó a satanizar y descalificar a cualquiera que lo adversara. Sin embargo, también el liderazgo político opositor cometió muchos errores. Basta recordar el intento de golpe de Estado en 2002 o la decisión de no participar en las elecciones parlamentarias de 2005. Pero sin duda el tema de la unidad ha sido una de sus fragilidades principales, así como la falta de una propuesta sólida y clara, de una relación más cercana con los sectores populares, con sus códigos, con sus necesidades y aspiraciones.

La muerte de Chávez (2013), el desplome de los precios del crudo y la consecuente crisis económica, sin embargo, colocaron la encrucijada en una nueva dimensión. En diciembre de 2015, con un esfuerzo unitario y un trabajo político en todo el territorio, por primera vez la oposición obtuvo una victoria aplastante en el parlamento. Este hecho abrió la posibilidad de un cambio en el país. La oposición, con mayoría absoluta en el poder legislativo, podía cambiar la configuración de las instituciones, sobre todo del poder electoral dominado por el chavismo, así como de auditar y controlar todas las decisiones y acciones del poder ejecutivo. A partir de ese momento, el chavismo entendió que no podía seguir dependiendo de la voluntad popular. Con una maniobra inconstitucional, ocupó el Tribunal Supremo de Justicia y, desde esa instancia, comenzó a bombardear el nuevo parlamento. El clímax de esta nueva etapa estalla en 2018 cuando, en un proceso absolutamente irregular, el chavismo adelanta las elecciones presidenciales y reelige a Maduro para un nuevo período. La oposición no reconoce la legitimidad de la presidencia y una parte importante de la comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, se suman a este desconocimiento.

Durante estos últimos años, mientras el caos económico ha avanzado de forma vertiginosa, la confrontación política parece paralizada en una peculiar dinámica institucional: el país, al menos de manera nominal, tiene dos presidentes, dos asambleas, dos embajadores ante distintos organismos…La internacionalización de la crisis también ha traído el problema migratorio y el estancamiento diplomático en una mecánica de amenazas y presiones que recuerda la Guerra Fría.

En el caso de Venezuela, el debate entre la izquierda y la derecha ya solo funciona como una mala caricatura. Es un esquema que no sirve para analizar lo que ocurre en el país. Son retóricas gastadas, estrujadas hasta el agotamiento para justificar una realidad más signada actualmente por las pugnas de poder, las mafias, el narcotráfico y la corrupción… En toda la ruta de robo y lavado de casi un millón de millones de dólares, se cruzan distintas ideologías y diferentes territorios. A la hora del saqueo, no hay antagonismos políticos.

El chavismo, asentado en el poder militar y asumiendo sin pudor que la democracia solo es un simulacro, se ha refugiado en el ejercicio de la violencia. Un informe de la ONU denuncia la tortura y el asesinato político, así como más de 8.000 casos de ejecuciones extrajudiciales en los últimos años. La oposición por su parte, fragmentada y sin plan común, ofrece una imagen asociada a Trump que no solo respalda la narrativa oficialista sino que reduce las posibilidades de futuro al marco de una improbable invasión. Los dos bandos tratan de hacer política a partir de la presión internacional y ambos, además, parecen estar dispuestos a soportar el sacrificio que suponen las sanciones para una mayoría cada vez más despolitizada, cada vez más obligada a tratar de sobrevivir.

En estas circunstancias, ¿acaso se puede llegar a algún tipo de acuerdo? ¿Realmente el chavismo está dispuesto a negociar? ¿Puede la oposición llevar adelante un proceso de transición? La única alternativa que existe parece aún lejana. Quizás lo primero es hacer que la negociación sea posible. Es imprescindible salir del callejón y regresar a la encrucijada.

La carta de Venezuela en las elecciones de Estados Unidos por Ricardo Hausmann – El Nacional – 9 de Marzo 2020

Tenía que suceder. En algún momento, Venezuela iba a entrar en el debate electoral en Estados Unidos. Ahora que lo ha hecho, probablemente siga siendo un tema importante. Venezuela, después de todo, representa el mayor colapso económico del continente americano, el mayor incremento de la pobreza, la peor hiperinflación y la mayor migración masiva de los últimos siglos.

También es un caso en el que terminar con la pesadilla –y la amenaza para la estabilidad regional que representa– se ha vuelto una de las principales prioridades de política exterior de Estados Unidos. Es una de las pocas políticas del gobierno de Donald Trump que cuenta con un amplio respaldo bipartidista, como quedó demostrado en la gran ovación que recibió el presidente encargado Juan Guaidó durante el discurso del Estado de la Unión en febrero.

Sin embargo, la tragedia de Venezuela está siendo utilizada como un arma político-partidista en la carrera hacia las elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre. Según Trump, Venezuela demuestra el fracaso del “socialismo”, y los demócratas son “socialistas”. Supuestamente, si los votantes sustituyeran a Trump por un demócrata, Estados Unidos sufriría el mismo destino que Venezuela.

Claramente, este es un argumento descabellado. Los demócratas han estado al frente de la Casa Blanca durante 48 de los últimos 87 años y, en general, a Estados Unidos le ha ido bastante bien.

Pero Bernie Sanders, el favorito en la primaria demócrata, no es un demócrata tradicional. De hecho, ni siquiera es miembro del partido. Él mismo se define como socialista democrático, no como un socialdemócrata, y sus declaraciones pasadas sobre Fidel Castro, así como sus viajes a la Unión Soviética y a Nicaragua, reflejan su apoyo de décadas a la izquierda radical.

Los seguidores de Sanders destacan que el socialismo que él tiene en mente es la socialdemocracia al estilo escandinavo. Pero Sanders aún no ha articulado ninguna diferencia ideológica o política con las tiranías indeseables que ha respaldado, y se siente incómodo hablando del tema. Por el contrario, ha tendido a responder con la defensa tipo “Mussolini hizo que los trenes anden a tiempo”.

Existen, por supuesto, otras lecciones políticas que aprender de Venezuela. El economista y premio Nobel Paul Krugman responsabiliza por el destino del país a los generosos programas sociales durante los años del boom petrolero (2004-2014). Cuando el precio del petróleo cayó, el gobierno recurrió a la impresión de dinero para financiar los consiguientes grandes déficits fiscales, y esto condujo a la hiperinflación. Según este discurso, el problema fue que había buenas intenciones, pero una mala gestión macroeconómica, no “socialismo”. Por el contrario, Moisés Naím y Francisco Toro culpan principalmente a la cleptocracia por el colapso de Venezuela.

Ambas son partes importantes de la historia del chavismo, pero ninguna le da al “socialismo” su debido lugar. Es más, al igual que Sanders, no explican cómo se diferencia el “socialismo” en Escandinavia de la versión tropical.

Por cierto, estos dos sistemas son prácticamente polos opuestos. El sistema escandinavo es profundamente democrático: la gente utiliza al Estado para darse a sí misma derechos y autonomía. Un sector privado pujante crea empleos bien pagados, y las relaciones de colaboración entre capital, gerencia y trabajadores sustentan un consenso que hace hincapié en el desarrollo de capacidades, la productividad y la innovación. Es más, dadas sus poblaciones relativamente pequeñas, estos países entienden que la apertura y la integración con el resto del mundo son fundamentales para su progreso. Se han fijado impuestos lo suficientemente altos como para financiar un Estado benefactor que invierte en el capital humano de la gente y la protege de la cuna a la tumba. La sociedad ha sido lo suficientemente poderosa como para “encadenar al Leviatán”, como dicen Daron Acemoglu y James A. Robinson en su último libro.

El chavismo, por el contrario, consiste en desempoderar plenamente a la sociedad y subordinarla al Estado. Los programas sociales que menciona Krugman no son un reconocimiento de los derechos de los ciudadanos, sino privilegios concedidos por el partido gobernante a cambio de lealtad política. Grandes sectores de la economía fueron expropiados y puestos bajo propiedad y control del Estado. Esto incluyó no solo la electricidad, los servicios petroleros (la producción de petróleo ya había sido nacionalizada en 1976), el acero, las telecomunicaciones y los bancos, sino también empresas mucho más pequeñas: productores lácteos, fabricantes de detergente, supermercados, caficultores, distribuidores de gas de cocina, barcos y hoteles, así como millones de hectáreas de tierra cultivable.

Sin excepción, todas estas empresas colapsaron, incluso antes de que el precio del petróleo se derrumbara en 2014. Por otra parte, el gobierno intentó crear nuevas empresas estatales a través de asociaciones con China e Irán: ninguna de ellas está en funcionamiento, a pesar de miles de millones de dólares de inversión.

Además, los controles de precios, de las divisas, de las importaciones y del empleo tornaron prácticamente imposible la actividad económica privada, lo que desempoderó aún más a la sociedad. Se suponía que los precios tenían que ser “justos” y no vinculados a la oferta y la demanda, y por ende fijados por el gobierno, lo que llevó a desabastecimiento, mercados negros y oportunidades de corrupción y cleptocracia, mientras un gran número de gerentes y emprendedores eran encarcelados por violaciones de los “precios justos”. Durante el boom petrolero de 2004-2014, mientras se destruía la agricultura y la industria, el gobierno ocultó el colapso con importaciones masivas, que financió no solo con los ingresos petroleros, sino también con un inmenso endeudamiento externo. Obviamente, cuando los precios del petróleo cayeron y los mercados dejaron de prestar en 2014, la farsa ya no se pudo mantener. Y la farsa era la versión chavista del socialismo.

¿Pero cuál es la versión de Sanders? Un salario mínimo más alto, atención médica universal y libre acceso a una educación superior pública, como señala, son la norma en la mayoría de los países desarrollados y definitivamente no son socialistas en el sentido chavista, cubano o soviético de la palabra.

Por otra parte, Sanders casi nunca tiene algo positivo que decir sobre los emprendedores y las empresas exitosas, sean grandes o pequeñas. Es verdad, quiere justificar impuestos más altos para financiar sus políticas sociales, pero necesita de hecho que las empresas sean productivas y rentables para que paguen más impuestos. ¿Su socialismo, entonces, tiene que ver con la cooperación para empoderar al pueblo mientras impulsa a la economía, o con empoderar al Estado para ejercer un control más coercitivo sobre las empresas?

Esta pregunta debe ser respondida por razones tácticas, porque la carta de Venezuela también puede jugarse en contra de Trump. Después de todo, el chavismo ha politizado el uso de la policía y el Poder Judicial, ha pisoteado a la prensa libre, ha tratado a los opositores políticos como traidores y enemigos mortales y se ha entrometido con la imparcialidad de las elecciones. ¿Suena familiar? Ahora bien, el opositor de Trump en noviembre no puede pasar de la defensa al ataque con la carta venezolana hasta que la “cuestión del socialismo” no se aborde como corresponde.

Los votantes en las primarias demócratas hoy tienen derecho de saber si Sanders entiende lo que diferencia a Escandinavia de Venezuela. Además, deberían querer saber si su candidato luchará, junto con la coalición existente de 60 democracias de América Latina y del mundo desarrollado, para poner fin a la dictadura de Venezuela y restablecer los derechos humanos y la libertad.

Quién es el lobbista de Maduro en Washington que logró instalar el “informe del MIT” sobre Bolivia por Daniel Lozano – La Nación – 3 de Marzo 2020

Mark Weisbrot, economista y lobbista del chavismo
Mark Weisbrot, economista y lobbista del chavismo 

CARACAS.- Se llama Mark Weisbrot y es economista. Es el autor intelectual del informe que el chavismo ha usado para transformar, por arte de la propaganda, el fraude electoral de Bolivia en un golpe de Estado contra Evo Morales . Una victoria parcial para el principal lobbista de Nicolás Maduro en Estados Unidos, un reconocido agente de la revolución desde los tiempos de Hugo Chávez.

Para la historia han quedado sus sonoras carcajadas de acompañamiento a los abrazos que se repartieron el actor Sean Penn y el “comandante supremo” en uno de sus visitas a Venezuela. Eran otros tiempos, cuando Caracas porfiaba en convertirse en el modelo de la “suprema felicidad”. Tan entregado a la causa sigue Weisbrot que ha sido capaz de transformar un informe estadístico intrascendental , adornado con las siglas del MIT (el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts) y con la referencia de The Washington Post en una pieza importante para la precampaña electoral en el país andino .

La máquina puesta en marcha por Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), disparó los canales habituales de la propaganda bolivariana. Aliados y amigos multiplicaron el mensaje de norte a sur, hasta llegar incluso a Buenos Aires, donde el presidente Alberto Fernández volvió a criticar “con singular dureza, por su inconsistencia, la auditoria realizada por la OEA” .

En el montaje de Weisbrot, una mezcla de talibán ideológico capaz de blanquear los agujeros negros del chavismo, no es oro nada de lo que reluce. Primero se publicó en el blog The Monkey Cage , alojado en la web de The Washington Post , no en el propio periódico. Y después, el asesor estadounidense encargó el informe a dos técnicos formados en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), no al propio MIT.

Una opinión dirigida y personal que nada tiene que ver con el MIT y que repite la vieja táctica que el economista ha simulado en anteriores ocasiones: medio de comunicación prestigioso y economistas o instituciones de primera línea. Una buena estrategia.

Weisbrot pagó por un estudio que demostrase de alguna manera su propia tesis desde noviembre pasado, la misma que Nicolás Maduro convirtió en una bandera: “La OEA ha engañado terriblemente a los medios y al público sobre lo ocurrido en las elecciones en Bolivia. Esto ha generado una gran desconfianza en el proceso electoral y en los resultados”.

Más allá de sus señas de identidad, lo peor está dentro del estudio. En él se asegura alegremente que el “apagón” de 23 horas durante el domingo electoral del 20 de octubre no habría afectado la tendencia en favor de Morales , que necesitaba superar el 10% de ventaja para evitar la segunda vuelta. En la noche del domingo, cuando se detuvo el conteo por orden oficialista, el líder aymara superaba a Carlos Mesa por sólo 7,87%.

La inmediata respuesta de la OEA fue concluyente: “El artículo no es honesto, ni está basado en hechos ni está completo. Sobre todo, no es científico. Contiene innumerables falsedades, inexactitudes y omisiones”. Y, sobre todo, se centra solo en una de las múltiples irregularidades encontradas.

La organización demostró que el artículo ignora los principales descubrimientos de sus técnicos : cambios en las hojas de recuento, falsificación de las firmas de los funcionarios electorales, la existencia de dos servidores ocultos y sin autorización donde se manipularon datos y se falsificaron las hojas de recuento, la falta de cadena de custodia y las inexplicables incoherencias en el número de votos emitido. La Unión Europea, que contó con su propio equipo, “apoyó los hallazgos de la OEA y presentó pruebas de otras irregularidades”.

Pero en tiempos de desinformación, la no-verdad se hace su sitio como aquel jugador marrullero que pinchaba a sus rivales con una aguja. El objetivo de Weisbrot es claro: justificar el fraude electoral probado por la OEA y convertirlo en un “golpe de Estado” , de cara a laselecciones de mayo , donde el Movimiento Al Socialismo (MAS) pretende recuperar el poder.

“Hasta donde se sabía el fraude electoral era un mecanismo político y no estadístico. Pero ahora llegan los expertos del MIT y descubren la pólvora. Y encima son tan técnicos e imparciales que comienzan su estudio hablando de golpe de Estado”, advirtió Carlos Malamud, investigador de América Latina del Real Instituto Elcano.

No se trata, ni mucho menos, del primer aporte del director del CEPR a la literatura revolucionaria. “Con Maduro se fue acercando incluso más al gobierno, en calidad de asesor. Es un economista reconocido en Estados Unidos, tanto así que Jeffrey Sachs ha escrito con él. Al menos desde 2017-2018 ha estado asesorando al gobierno, pero según entiendo no le hacen mucho caso”, pormenorizó a LA NACIÓN el internacionalista Mariano de Alba, radicado en Washington.

El año pasado, junto al propio Sachs, aseguró que 40.000 personas habían muerto por culpa de las sanciones en Venezuela . Un equipo de economistas venezolanos, dirigido por el prestigioso economista Ricardo Hausmann, desnudó los datos de ambos, que casualmente olvidaban la destrucción de la economía venezolana durante toda la revolución. Hoy la caída del Producto Interior Bruto (PIB) desde la llegada de Maduro al poder se acerca al 70%.

Weisbrot también intervino en la campaña presidencial argentina , criticando duramente a Mauricio Macri en una artículo publicado en The New York Times , titulado “Quién tiene la culpa de la crisis económica en Argentina”. El asesor de Maduro se contestó a sí mismo arguyendo que “los argentinos recuerdan cómo mejoró su vida con el kirchnerismo”.

Repitiendo la misma fórmula ocurrida ahora, la prensa opositora entonces replicó el artículo con otro titular: “El NYT responsabiliza a Macri por la crisis”.

El chavismo ha invertido miles de millones en asesores, lobbistas, propagandistas y cabilderos , una inversión que no ha cesado pese a la monumental crisis. El último fichaje en Estados Unidos es el abogado Bob Amsterdam, quien no ha dudado en encararse desde el primer día con el senador Rick Scott, uno de los grandes detractores del chavismo en la Florida. Viene en el sueldo.

El coronavirus de la izquierda latinoamericana – Boletin # 41 Avila/Montserrate – 1 de Marzo 2020

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Venezuela acabó por ser un peso político para las izquierdas”. Quien esto afirma es Pablo Stefanoni, colaborador de Nueva Sociedad una revista auspiciada por la socialdemocracia alemana, a quien nadie puede acusar de ser vocero de la derecha. O del “Imperialismo”.

En un artículo titulado La izquierda latinoamericana frente a Venezuela, Stefanoni desarrolla dos argumentos para explicar cómo el chavismo pasó de ser un proyecto inspirador a convertirse en un lastre que ha contribuido a la pérdida de credibilidad y al extravío ideológico de la izquierda en la región.

El primer argumento es la enfermedad contagiosa. El chavismo se ha convertido en el coronavirus de la política latinoamericana. “Si votas por la izquierda”, dicen las campañas adversarias, “terminarás como Venezuela”. Para poder ganar las elecciones, Ollanta Humala y de la izquierda latinoamericana Manuel López Obrador tuvieron que abjurar de sus simpatías chavistas. Y, a pesar de que a última hora Petro también lo hizo en Colombia, la fórmula mágica que puso a ganar a Duque fue la consigna «Petro traerá consigo el castrochavismo».

El segundo argumento de Stefanoni es más importante. Tiene que ver con la incapacidad de las izquierdas para haber desarrollado a tiempo antídotos analíticos que dieran cuenta rápidamente de que el proceso venezolano se había ido alejando a gran velocidad de la promesa de construir un socialismo democrático para convertirse en, de nuevo Stefanoini, “un sistema crecientemente ineficiente y poco pluralista, y las semillas militaristas que contenía desde el comienzo terminaron por capturarlo”.

Es así. El chavismo construyó una sociedad Frankenstein, un cuerpo social cabezón y deforme, hecho de una colcha de retazos de los nazi fascismo, los totalitarismos comunistas y las dictaduras militares de América Latina y África que nada, o poco, tenían que ver con un pensamiento de izquierda democrático.

Pero la solidaridad mecánica de muchas izquierdas, incluyendo las muy democráticas como la uruguaya, ancladas en un esquema de la guerra fría, o enamorados de los petrodólares que recibían, les impidió ver lo que estaba ocurriendo y terminaron haciendo de alcahuetas de uno de los más espeluznantes fenómenos de violación de los derechos humanos desde los tiempos de Pinochet y Galtieri, y de uno de los procesos de destrucción de una democracia joven, un aparato productivo y una boyante industria petrolera como nunca antes había ocurrido en América Latina.

En el prólogo de un libro de obligatoria lectura para quienes todavía se asumen como “progresistas”, La izquierda como autoritarismo en el siglo XXI, Gisela Kozak, una de su compiladoras, dejó caer esta idea fuerza: “Una izquierda acorde a las exigencias de nuestro tiempo podría crear un contrapeso a una derecha que, en algunos casos, ha intentado imponer una agenda cultural conservadora. Por ello es indispensable que América Latina tenga una izquierda democrática. Pero, lamentablemente, la región está lejos de tenerla”.

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