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¿Votar o no votar por Maduro? por Heinz Dieterich – Aporrea – 18 de Mayo 2018

heinz_dieterich.jpgMuchos amigos y medios internacionales me han pedido analizar la situación electoral en Venezuela. En particular, me pidieron contestar las siguientes preguntas.

1) ¿Son legítimas o ilegítimas las elecciones del domingo en Venezuela?

Las elecciones son ilegitimas, porque no existen las condiciones básicas para que los ciudadanos puedan tomar decisiones razonadas sobre el proceso y los candidatos electorales. Esta deficiencia estructural existe en varios ámbitos claves.

1. Se requiere un entorno socio-económico estable que permite a la población concentrarse en la contienda electoral y ponderar las opciones que se presentan. Con una hiperinflación de más del 10,000 %, una ausencia de medicinas y alimentos generalizada para las mayorías, una reducción del PIB en el último lustro de alrededor del 45%, una emigración económica de más de un millón de personas, y una muy alta tasa de criminalidad, esas circunstancias socio-económicas no están dadas.

2. Elecciones sólo tienen sentido cuando los candidatos representan alternativas viables de política pública progresista ante los grandes problemas de la nación y de los ciudadanos. Ninguno de los dos bandos –o bandidos– de la “oposición” cumple con esta condición. El oportunista ex chavista Henry Falcón y el oscurantista “evangélico” Javier Bertucci –los dos candidatos de mayor preferencia electoral de la “oposición”– van a ir con el FMI para recomponer la economía. Las condiciones draconianas que pondrá el FMI para dar su infame Paquete de Ajuste Estructural, harán palidecer las condiciones que la institución impuso a Grecia en su momento, porque Venezuela no es parte del Primer Mundo y tiene cero poder de negociación. En consecuencia, las condiciones infernales en que vive actualmente la mayoría de los venezolanos, empeorarán drásticamente. De hecho, ni Falcón ni Bertucci tienen un programa para regresar el país al camino del desarrollo sustentable. La dolarización y el FMI de Falcón y la “salvación del país a través de la fe”, del Rasputín pentecostalista, son el mismo proyecto: entregar la soberanía de Venezuela a Washington y el gran capital occidental.

El otro ala del espectro político, que representa Maduro, igualmente no tiene ningún programa realista ni creíble para salir del desastre económico que ha creado. Venezuela necesita un Plan Marshall para salvarse, pero la mafia usurpadora de Miraflores no tiene cabezas para diseñarlo, ni acceso a los circuitos financieros internacionales, que podrían costearlo. Desconocidas las elecciones de antemano como “ilegales”, por los centros de poder occidental, será imposible que –“ganando” Maduro– consiga los recursos para el ajuste estructural necesario del sistema económico. Sin Occidente y sin China, la elección se realiza, por así decirlo, en un catch-22, donde no hay solución electoral alguna para salvar a la economía. De ahí, que la promesa de Maduro, que si gana las elecciones, llevará a cabo “una revolución económica que sacudirá al mundo”, no es más que una patética mentira. Ninguno de los candidatos tiene un proyecto económico viable. Por eso, ninguno sirve para ser presidente.

3. El régimen de Maduro se basa en la mentira (de la guerra económica), las bayonetas de los generales faccionistas Padrino López y Néstor Reverol (represión militar), la monopolización de los dólares y la dependencia asistencialista generalizada cual medio de control socio-político, financiada con ellos (Carnet de la Patria, CLAP). La combinación de esos cuatro factores ha creado una clientela electoral cautiva para el gobierno, por una parte; y un ambiente generalizado de desmovilización, frustración, incertidumbre y tendencia hacia el abstencionismo, por otra. En ese ambiente, el debate público racional y transparente que es una precondición imprescindible para facilitar la conciencia ciudadana cual precondición del voto razonado, no se ha podido dar. La situación de manipulación sistemática de la información y del razonamiento electoral, muy semejante a la que prevaleció en Estados Unidos en la última contienda presidencial, hace imposible cumplir en Venezuela con el mandato de una votación nacional democrática que exprese la soberanía popular mayoritaria.

2) ¿Fracasó la oposición en su intento por derrotar a Nicolás Maduro o el Presidente venezolano les pasó por encima?

Las dos cosas. Era –y es—un conflicto entre la vieja clase política y la nueva clase política, que se formó durante los primeros años del Chavismo. Dos fracciones de la clase política, con iguales carencias éticas y compromisos populares, se enfrentaron, como dos mafias del barrio que procuran controlarlo. Mostraron ser más eficientes en la guerra callejera y sucia, al igual que en los pleitos de superestructura (parlamento), las cohortes de Maduro/Cabello, que las de las viejas élites políticas.

3) ¿Se radicalizará aún más el gobierno de Maduro tras los comicios o está condenado en el corto plazo?

Está condenado a colapsar relativamente pronto, por el aislamiento internacional y latinoamericano. Para impedirlo, se volverá más represivo, implementando la llamada “reforma constitucional” e imponiendo el llamado “Estado comunal”, que es, esencialmente, el Estado de Mussolini con control total del centro del poder, bajo el disfraz de un régimen popular revolucionario de nuevo tipo.

4) Finalmente Maduro se salió con la suya en cuanto a la realización de elecciones ¿Esto demuestra el fracaso o el escaso peso de los organismos internacionales y regionales?

Sin duda, que Maduro salió triunfante de las turbulencias políticas de la era post-Chavez, tanto a nivel del Partido como en cuanto a la estructura nacional de poder. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que se aprovechó de una coyuntura internacional que le benefició de múltiples maneras. En primer lugar, el bolivarianismo hemisférico que construyó Hugo Chávez con Lula, Fidel y Kirchner, le sirvió en su momento como paraguas protector al Madurismo. Sin embargo, esto se acabó ya.

En segundo lugar, las crisis mundiales en Corea, Medio Oriente y Europa oriental, desplazaron el conflicto de Venezuela a segundo y tercer plano. De todas formas, el imperialismo occidental sabe que la caída del régimen es inevitable, de ahí que no le importa, si sucede un año antes o después. Es decir, la intensidad de la presión externa imperial ha sido relativamente baja, comparada, por ejemplo, con la destrucción sistemática de la Unidad Popular chilena por Nixon, o la Revolución Sandinista nicaraguense, por Reagan, para no mencionar la agresión a la Revolución cubana. Las afirmaciones contrarias de Maduro y su aparato de propaganda son simples mentiras.

5) ¿Qué rol juegan los militares al sustentar la Presidencia de Maduro?

Como decía, junto con los dólares y las mentiras, son el tercer sostén del régimen. Sin los generales faccionistas Padrino López y Néstor Reverol, que encabezan la “pandilla de malandrines” que usurpan el Palacio de Miraflores, en palabras del general chavista Cliver Alcalá, ya no estaría en la presidencia.

6) ¿Hay una fractura interna en el chavismo?

Sí, una fractura total, como se evidencia en el hecho, de que muchos de los colaboradores militares de alto rango de Hugo Chávez, como los generales Rodríguez Torres y Raúl Baduel, el héroe que derrotó al golpe militar, están en la cárcel, mientras que muchos civiles chavistas de jerarquía están organizados en movimientos anti-maduristas. Por supuesto, hay una tercera fracción de oportunistas deleznables que pasaron sin problema moral alguno del proyecto humanista de democracia participativa del Comandante Hugo Chávez, a la miserable dictadura pequeño-burguesa de Maduro. Allá están Tarek William Saab, Alí Rodríguez y muchos otros.

7) ¿Qué podría ocurrir en Venezuela a partir del 21 de mayo?

En primer lugar, es irrelevante quién gane las elecciones, porque ninguno de los candidatos puede resolver los grandes problemas nacionales. En este sentido, no son elecciones, sino una pantomima de simulación de soluciones nacionales. En segundo lugar, si Maduro pierde, simplemente desconocerá en los hechos al nuevo gobierno, tal como desconoció a los ganadores de las elecciones parlamentarias de diciembre, 2015.

En tercer lugar, arreciará la presión internacional, habrá nuevas sanciones de Washington y Bruselas y, quizás del Grupo de Lima; es posible que haya un par de días de protestas, que serán fácilmente controladas por la policía; Maduro avanzará la preparación de la estructura política de dominación tipo Mussolini, mediante el “Estado Comunal” y una nueva Constitución, hecho a la medida; el éxodo de la emigración venezolana se intensificará; la economía colapsará vía la hiperinflación, el default externo y la creciente confiscación de la infraestructura petrolera, como ahora en la colonia holandesa de Curazao; Washington pasará a la fase del regime change y el inicio de la agresión paramilitar –similar a la agresión de Reagan contra el Frente Sandinista y la destrucción de la Unidad Popular de Allende en Chile–, regime change como en Siria y Ucrania, en pocas palabras. Un conflicto intra-militar abierto es muy probable al igual que una mayor intervención estadounidense vía el Comando Sur y la Cuarta Flota de Washington.

8. Votar como acto de masturbación

Votar en estas circunstancias es un acto fútil, una operación de autismo, sin relevancia transformadora real. Un acto apologético para el régimen, tan tragicómicamente grotesco como el cierre de campaña de Maduro, diseñado sobre los mecanismos de manipulación barata y de mercadotécnia de los charlatanes tele-evangelistas. Con un gritón ridículo que procuraba calentar a las masas, seguido por un payaso patriotero llamado Héctor Rodríguez, con intermezzo de un obsceno panzón futbolista argentino y, finalmente, la apoteosis con el panzón Presidente Obrero y la Primera Combatiente. En fin, un teatro surrealista que refleja a la perfección la naturaleza apócrifa del régimen burgués en cuyas garras ha caído el noble pueblo de Venezuela.

 

 

“Venezuela tiene tres salidas: la negociación política, la intervención del Ejército o la anarquía total” por Pablo De Llano – El País – 10 de Mayo 2018

Carlos Vecchio, número dos de Voluntad Popular, prevé que la crisis de su país se agravará tras las elecciones y defiende forzar la salida del régimen con presión civil, militar e internacional
1525910347_654215_1525910823_noticia_normal_recorte1.jpgCarlos Vecchio (1969, Caripe) es un opositor venezolano en el exilio. Afincado desde 2014 en Miami, capital de la diáspora de su país, tras escapar de Venezuela bajo orden de busca y captura, es el número dos de Voluntad Popular, partido excluido por el régimen chavista de las elecciones del 20 de mayo y cuyo líder Leopoldo López permanece en arresto domiciliario.

“Pasé tres meses escondido en Caracas moviéndome de un sitio a otro hasta que conseguí salir del país por caminos verdes”, dice y aclara: “Por vías no convencionales”. Abogado de formación, Vecchio comienza la entrevista en un hotel de Miami calificando de “baño de mentiras” la tribuna del presidente venezolano Nicolás Maduro publicada recientemente en este diario.

Pregunta. Maduro definió en ese texto la Venezuela actual como una “democracia de panas”.

Respuesta. Una corrupción entre panas es lo que hay. El chavismo es una mafia que ha saqueado al país y lo ha metido en la peor crisis de su historia contemporánea.

P. ¿Mucho de ese supuesto botín está en Miami?

R. Sin duda. Les gusta vivir en lo que llaman el imperio. Pero su dinero está por todo el sistema financiero internacional. Por eso temen tanto las sanciones de Europa, a donde se han ido moviendo por temor a las de EE UU, que daban por descontadas.

P. ¿A cuánto podría ascender el desfalco?

R. Solo lo tendremos claro cuando salgamos de la dictadura; pero, por ejemplo, en una investigación de la Asamblea Nacional se determinó que de la petrolera estatal PDVSA se habían saqueado 62.000 millones de dólares, y exministros de Chávez han dicho que el robo a través de la administración del cambio de divisas es de al menos otros 25.000 millones.

P. ¿Qué espera de las elecciones del 20 de mayo?

R. No es una elección, es un fraude montado por la dictadura de Maduro para su coronación. Imagínese que mañana Rajoy diga: “Llamo a elecciones en España pero el PSOE, Ciudadanos y Podemos están ilegalizados y además Pedro Sánchez va preso y Albert Rivera queda inhabilitado políticamente y Pablo iglesias se tiene que ir del país. Las elecciones, por lo demás, son pasado mañana. ¿Los españoles estarían de acuerdo? Eso es lo que esta pasando en Venezuela.

P. ¿Da por hecho que Maduro ganará las elecciones?

R. Ya se las robó. El resultado está marcado.

P. ¿El candidato opositor Henri Falcón no tiene posibilidades?

R. Cero. No existe posibilidad de que salga un resultado distinto al de Maduro. Eso es una fantasía que ha puesto a rodar el propio gobierno para evitar que Falcón se retire de las elecciones y procurar que la presión internacional no sea mucho más fuerte al existir la impresión de que pueda ganar alguien que no sea Nicolás Maduro.

P. ¿Caracas teme a la presión internacional?

R. Sin duda, sobre todo, como decía, la de la Unión Europea, porque muchos de los testaferros y familiares de la gente del régimen viven en Europa o mantienen sus cuentas y activos allá utilizando el sistema financiero para resguardar su dinero.

P. ¿Qué le espera a Venezuela después de los comicios?

R. La crisis se profundizará y se generará una mayor confrontación política. Para el cierre de este año Venezuela habrá perdido la mitad de su economía. Hoy tenemos un país sin oportunidades donde la pobreza alcanza a cerca del 80% de la población, cuando en 1999, cuando llegó Chávez, afectaba a cerca del 48%.

P. ¿Cuál es la propuesta de su partido para sacar a Venezuela de esta situación?

R. No hay manera de resolver el problema si no salimos de la dictadura.

P. ¿Y eso cómo podría suceder?

R. Nuestra última dictadura terminó en 1958 y salimos de ella con la presión popular de la gente y la decisión de la fuerza militar de acompañar al pueblo en el restablecimiento de la democracia. ¿Qué nos queda a nosotros ahora? El mismo camino de la presión en la calle; el uso de la Asamblea Nacional legítima, la trinchera política que aún tenemos para perseverar políticamente desde la institucionalidad; llamar a las fuerzas armadas a que respeten la Constitución y acompañen a la sociedad civil para la recuperación de la democracia; y la presión internacional de las democracias del mundo. Pero pienso que la palabra clave de todo esto es resistir, resistir hasta que logremos de nuevo que en Venezuela haya una democracia.

P. ¿Cree que el Ejército se puede volver contra el régimen?

R. Yo me atrevería a afirmar que la gran mayoría de las Fuerzas Armadas no están hoy con Maduro, incluidos cuadros medios que tienen tropa y fuerza a su mando.

P. ¿Qué escenarios contempla para un posible fin del chavismo?

R. Uno, que la anarquía total haga que esto explote. Otro, por el que apostamos nosotros, que se presione a nivel civil, institucional, militar e internacional para llevar al quiebre de la dictadura y facilitar un proceso de transición hacia unas elecciones libres y transparentes. Y el tercero, que el sector militar intervenga para restablecer el orden constitucional. Por lo tanto, contemplo una vía del caos, otra política y otra militar.

P. La primera y la última conllevan el riesgo de la violencia.

R. Sí, de la violencia extrema, por eso queremos forzar la negociación política para la salida del régimen y la celebración de unas elecciones libres y transparentes. Y para eso es muy importante la presión internacional. Porque los interese que se juegan en Venezuela no son solo los de Maduro sino también los de Cuba y los de Rusia. La comunidad internacional debe apoyar el restablecimiento de la democracia. La crisis venezolana está afectando a toda la región y otros países por efecto del narcotráfico, el lavado de dinero, el crimen organizado y el éxodo de venezolanos, que es la mayor crisis de refugiados del continente y una de las peores del mundo junto a Siria y Myanmar. El problema de Venezuela es un problema internacional.

P. ¿Qué modelo de país defienden ustedes para una Venezuela poschavista?

R. Lo primero sería rescatar la convivencia y restablecer la separación de poderes y los principios democráticos. Sobre esa base, nuestra propuesta es la de una política económica que utilice el petróleo como palanca de desarrollo, abriendo el sector a la inversión privada, y con un componente social que dé la mano a los que más lo necesitan; es decir, una economía solidaria de mercado. Pero ahora mismo, y más allá de que creo que el tema ideológico de las derechas y las izquierdas está desfasado, lo que hay en Venezuela no es una lucha entre enfoques, es una lucha entre dictadura y libertad.

 

Historia mundial del comunismo por Elizabeth Burgos – Revista Zeta – 29 de Abril 2018

Unknown.jpegUna obra magistral del francés Thierry Wolton intitulada “Una historia mundial del comunismo”, llegó a su tomo III dedicado a “Los cómplices”, un relato acusatorio del que no escapan escritores como Sartre o Aragon, pero que tangencialmente serviría de acusación a muchos, muchísimos venezolanos que siguen siendo simpatizantes del comunismo.

EL ensayista francés, Thierry Wolton, acaba de ser galardonado con el premio Prix Aujourd’hui por su obra magistral Une Histoire mondiale du Communisme, cuyo tercer tomo, acaba de ser publicado por la Editorial Grasset titulado Les complices (Los Cómplices) en el que analiza las simpatías, incluso, la complicidad, de los intelectuales franceses con un régimen como el comunismo que ha sido culpable del asesinato de millones de seres humanos.

Diez años de investigación, centenas de testigos entrevistados, miles de libros leídos, toda una vida ha invertido Thierry Wolton para dar a la luz pública un inmenso capítulo de la historia contemporánea aún ignorado y que engloba todo un mundo de países que vivieron bajo la tutela del marxismo-leninismo, y países que todavía hoy imponen a su población el régimen totalitario inventado por Lenin y Stalin: China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua. El primer tomo de la Historia Mundial del Comunismo, “Les bourreaux” (Los verdugos) (Grasset, 2015), versa sobre los dirigentes de los Jemeres Rojos, y los ideólogos del maoísmo y del estalinismo; el segundo tomo “Les victimes” (2015), sobre los millones de muertos en el Gulag y los movimientos de masa comunistas.

El tercer tomo, “Los Cómplices”, trata de todos los países no comunistas en los que, como en Francia, los intelectuales, fascinados por el comunismo, fueron amigos o mantuvieron una actitud complaciente con los regímenes comunistas. Un volumen en el que el autor revela la ausencia de lucidez ante la realidad de la represión masiva y del totalitarismo, hechos evidentes, que dominaban en la URSS, según el axioma de la época: “mejor equivocarse con Jean-Paul Sartre que tener razón con Raymond Aron”, y hoy siguen dominando en China, en Cuba, en Corea del Norte, en Venezuela, como lo denuncia el autor en una reciente entrevista.

El autor atribuye la simpatía particular, “la ceguera de los intelectuales franceses, y en general del mundo hacia la ideología del comunismo” al legado cultural de varios siglos de la Ilustración, a la noción de progreso que le es inherente y que ha nutrido el proyecto comunista. Pero el caso específico de Francia, el autor lo atribuye al hecho de que la mayoría de los intelectuales, como el caso de Sartre, etc., vivieron y continuaron publicando durante la Ocupación alemana, se plegaron al sistema de censura, y en el momento de la Liberación, sufrieron de un complejo de culpabilidad, sintiéndose en la necesidad de buscar la manera de borrar ese pecado original y entonces se sumaron al tren de los vencedores de Stalingrado, del Ejército Rojo, pero también al infierno que ese régimen representaba, mirando hacia otro lado o justificando la necesidad de la represión en aras de salvación de un régimen que proveía la felicidad en la tierra para los desposeídos y profetizaba la igualdad sobre la tierra.

El autor cita nombres como el de Sartre que se dedicó a apoyar a la URSS, a China y a cuanto movimiento terrorista aparecía en el firmamento: las Brigadas Rojas en Italia, los terroristas alemanes, su apoyo incondicional al régimen cubano, etc. Pero los dardos más certeros de Thierry Wolton los dirige al gran poeta Louis Aragon, que considera como el “bellaco de mayor envergadura” al que se le excusa de su complicidad con el estalinismo en tanto que militante del Partido Comunista Francés, bajo el pretexto de que se trata de un gran poeta, mientras que no se le perdonan a Celine, también un gran escritor, sus simpatías con el nazismo y su antisemitismo. El autor se rebela contra esa ley que hoy día se mantiene en vigor, la de dos pesas y dos medidas: a unos se les perdona y a otros no, cuando ambos incurrieron, o en la participación, o en el apoyo a millones de crímenes. Wolton ilustra su relato con citaciones de los escritores identificados con el comunismo, como también, la evolución de muchas personalidades de la política francesa a los que les dedica el capítulo “La ceguedad voluntaria”.

La trilogía de Thierry Wolton abarca 3.500 páginas en total. En las diversas entrevistas que el autor ha acordado, no disimula que su obra fue motivada por la indignación, su fuerza ha sido inspirada por la pasión de dar a conocer hasta dónde puede llegar la sumisión de inteligencias esclarecidas en los supuestos herederos del siglo de las Luces y convertirlas en propagandistas de un sistema asesino. Y hasta dónde puede llegar todavía hoy la negación de un proyecto que cuenta con 80 millones de víctimas, que no sólo sufrieron en carne propia la represión, sino que murieron en una soledad total, sufriendo el escarnio de una propaganda mentirosa que les valió el desprecio y el odio hasta de su propia familia. Pienso en el caso de los exiliados y los combatientes anti-castristas cubanos, tratados de “gusanos” que hasta época muy reciente, fueron ignorados por los organismos de solidaridad internacionales, en particular, por los latinoamericanos. El caso de la ignorancia en relación de la situación venezolana, o el apoyo al chavismo-madurismo de sectores de la izquierda latinoamericana, muchos de los cuales fueron favorecidos por la solidaridad venezolana cuando fueron víctimas de las dictaduras en sus respectivos países, es una prueba de esa ceguera que hoy denuncia Thierry Wolton y que en el caso francés sigue siendo de actualidad, como lo vemos cada día en el apoyo que se le prodiga al régimen de Maduro en los círculos de izquierda. Sin pestañar, Jean-Luc Melanchon y acólitos afirman que los 130 muertos durante las manifestaciones en Venezuela fueron obra de la oposición que está armada con armas de guerra. Que Leopoldo López, ha sido condenado por poseer un arsenal de guerra en su casa. Que los presos políticos, son políticos que han utilizado la violencia contra el Estado por lo que en un régimen democrático, y en Francia, también serían condenados.

La ceguedad y la condescendencia de los políticos demócratas latinoamericanos con respecto al régimen castrista y su inconsciencia al no percatarse de la obra de destrucción que desde el interior obraban los grupos adeptos a La Habana, carcomiendo las frágiles instituciones democráticas que comenzaban a retoñar, son los grandes responsables del retroceso que ha sufrido la democracia en el continente. Que un país como Venezuela, que sufrió una herida profunda en su naciente democracia cuyas consecuencias las está viviendo todavía de manera dramática, decidiera otorgarle a Fidel Castro un borrón y cuenta nueva, como si nada hubieses sucedido, y estableciera relaciones diplomáticas sin oponerle condición alguna, antes por el contrario, se le ofrecieran puertas abiertas, es un hecho que merece reflexión. Un mínimo de coherencia y rigor, son indispensables por parte de quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos.

Esperemos que la obra de Thierry Wolton contribuya a reflexionar y a corregir la norma de eximir unas dictaduras y condenar a otras.

En su monumental ensayo en tres tomos sobre la historia del comunismo, Thierry Wolton cuenta sin tapujos un siglo de ideología comunista.

Pero ahí siguen por Alberto Rial – El Carabobeño – 21 de Abril 2018

Se podría hacer una quiniela, como dicen los argentinos, los españoles y los mexicanos. El que adivine el escenario se lleva el premio mayor. No hay segundos ni terceros ni terminales ni aproximaciones. Un solo premio al ganador, que de paso es muy posible que quede desierto (el premio, no el ganador), porque nadie acertó con el verdadero final de la película.

¿De qué película hablamos? De la obra maestra del horror, el surrealismo y la tragedia que se llama Venezuela. Hablamos de que nadie apuesta un centavo por el régimen chavista, pero ahí sigue, con un país en ruinas, con un éxodo desesperado de gente, con sus jerarcas señalados como delincuentes, sin dinero petrolero, sancionados por casi todo el mundo civilizado… Pero ahí siguen.

Los escenarios son tantos como opinadores hay en el país, y fuera de él. Comienza por un pronunciamiento militar, que dada la calidad de fuerzas armadas que tiene el país y su falta de compromiso con lo que debería ser su función es muy poco probable. Después puede ocurrir una insurrección popular, pero la prioridad de la gente es salir del infierno por donde sea y mientras tanto rebuscarse la supervivencia. La salida electoral es tan bufa que no vale la pena ni comentarla. Como igual de bufo es el supuesto negado de que el gobierno pueda rectificar y conducir al país por un camino menos culebrero. Hay quienes apuestan por la intervención militar de una coalición internacional de salvadores, que no ocurrirá porque Venezuela no es Panamá (aunque muchos jerarcas del régimen sean peores que Noriega) y la etapa de invasiones en América Latina pasó hace ya unas décadas, por múltiples razones.

Los escenarios mixtos son más abundantes que los que apuntan a un solo factor de salida, por simple crecimiento geométrico: una protesta por aquí, unos militares descontentos por allá, unas sanciones y unos activos congelados, en múltiples combinaciones. Es lo que está sucediendo hoy, en una de sus múltiples variantes, pero no ha sido suficiente para moverle el piso a la dictadura. A pesar del rechazo internacional y del malestar de la gente, ya lo dice el refrán: palo con la baba, y la baba ahí.

Al final, tan absurda como la destrucción que le ha causado el chavismo a Venezuela es esta situación en la que una banda que no debe pasar de 100 mil personas, incluyendo a gobernantes, espías, asesores caribeños y malandros en moto, destrozan la vida de 30 millones de personas, en una remembranza de los miles de judíos que iban en fila hacia los campos de concentración flanqueados por unos pocos soldados nazis.

Si se repasa la historia reciente, lo único que ha hecho temblar de verdad al gobierno han sido las protestas masivas, aunque cualquier salida a la calle representa un riesgo de represión, detenidos y muertos. Sin embargo, la diferencia entre 2017 y hoy es que el régimen, mal que bien, está más débil y mucho más desprestigiado. Pero ahí siguen.

La confusión por Luis Vicente León – ProDaVinci – 15 de Abril 2018

1505317186703Quiero compartir mi confusión alrededor del proceso político que vivimos. Por una parte, entiendo la frustración de quienes no creen en participar en un proceso electoral sesgado, opaco y manipulado. Si añadimos que el costo de salida del gobierno es infinito, la probabilidad de que entreguen el poder es muy baja, excepto si proviene de una implosión que, por ahora, sólo es una especulación académica. No podemos descartar esa posibilidad, pero tampoco basar el análisis en un “cisne negro” que necesita que estén alineadas demasiadas estrellas.

Pero, a la vez, entiendo la tesis de quienes creen que ir a un boicot electoral tiene una probabilidad de éxito prácticamente nula. Las explicaciones de los proboicot sobre cómo es que eso producirá un cambio son muy pobres y la capacidad de generar amenazas creíbles es más pobre aún, a excepción de las amenazas de acción internacional contra el gobierno, lo que hace que los proboicots dependan de una acción que no controlan y que, además, se plantea como sustituto y no como complemento de una acción propia, algo muy decepcionante en términos de resultados esperados.

En todo caso, si la única fuerza opositora del ala boicot son las sanciones, esto me genera otra confusión. Si hablamos de sanciones personales, supongo que su objetivo es crear presión para generar la implosión del chavismo. Entonces, llegamos al escenario donde Falcón podría representar, por ejemplo, una opción de negociación con los chavistas disidentes, convirtiéndose en una forma de salir de Maduro a través de la presión del propio chavismo para el reconocimiento del triunfo electoral opositor, atado a una negociación de salida que proteja al chavismo en su conjunto. Una especie de huida hacia adelante para quienes sienten la amenza de verse envueltos en saciones personales en el futuro. Pero, para que eso ocurra, Falcón tiene que sacar más votos que Maduro, lo cual es una inconsistencia con la propuesta de boicot.

Las sanciones económicas, financieras y petroleras son otra historia. Ahí la teoría indica que se va a por todo. Pero la evidencia ha demostrado que no funcionan. No estoy analizando la teoría, ni la lógica, ni la ética de la propuesta. Simplemente su eficiencia. Cuba, Corea, China, Rusia y Zimbabue muestran su fracaso. Y, en realidad, también Irak, Libia y Siria, donde se derivó en otra cosa. Entonces, parece que la propuesta de sanciones está basada en un error de apreciación de eficiencia o en la necesidad de hacer “algo”, aunque no funcione. Es como el padre que castiga sabiendo que no resolverá el problema, pero le da remordimiento no hacer nada. El problema es cuando lo que se hace, para cubrir un complejo ético, es peor para la vida de la población que se pretende ayudar. Ya sería fronterizo pedirle sacrificios a quienes viven dentro, mientras yo los veo desde afuera. Pero es aún más complejo pedirle a un pueblo que asuma costos brutales, sabiendo de antemano que la probabilidad de éxito es muy baja.

El resultado de todo esto podría ser que la mayoría más grande que ha tenido la oposicion en toda la era chavista no vote masivamente, sin tener una propuesta alternativa, dejando a Maduro en el poder y provocando la agudización de sanciones generales que empeorarán la vida de los venezolanos en general sin provocar un cambio de gobierno.

Claro que puede ocurrir el otro escenario. Que en el camino la gente se anime a votar contra Maduro, el chavismo implosione y los chavistas disidentes defiendan el resultado electoral como una vía para buscar una negociación transicional y salir del problema lo más elegantemente posible. Pero, para eso, otra vez, Falcón tendría que tener votos para ganar, algo que los opositores institucionales ven como un pecado mortal. Clarito, ¿no?

Un dirigente chavista que fue acusado de una masacre pide asilo en España por Fernando Peinado – El País – 6 de Abril 2018

Richard Peñalver participó como pistolero en los sucesos del golpe de 2002 en los que murieron 19 venezolanos
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Richard Peñalver, un dirigente chavista que en 2002 fue acusado de participar en una masacre de opositores venezolanos, pidió asilo este lunes en Tenerife, según han confirmado fuentes policiales a EL PAÍS.

Peñalver fue uno de los pistoleros que dispararon desde un puente contra opositores que marchaban el 11 de abril de 2002 por el centro de Caracas contra el gobierno del presidente Hugo Chávez. La protesta derivó en un intento de asalto al palacio presidencial de Miraflores. Como resultado de los sucesos de aquel día fallecieron 19 personas, entre chavistas y opositores.

En un vídeo del canal Venevisión se ve cómo Peñalver, que era concejal en Caracas, y otros chavistas armados con pistolas abren fuego contra una multitud. En una mitad de la pantalla se ve cómo los manifestantes se tiran al suelo al escuchar los disparos de los francotiradores.

Peñalver y otros tres pistoleros fueron encarcelados y juzgados pero consiguieron la absolución. La defensa argumentó que el vídeo de Venevisión era un montaje y que los pistoleros en realidad se defendían de disparos de la policía metropolitana de Caracas. Las víctimas denunciaron que el proceso estuvo plagado de irregularidades.

En otro juicio denunciado por anomalías, fueron condenados a 30 años de cárcel nueve funcionarios de seguridad que respondieron con fuego a los tiradores chavistas.

Los chavistas consideraron a Peñalver un héroe de la patria por su actuación mientras que para las víctimas y la oposición los sucesos se convirtieron en símbolo de una injusticia.

La información de la policía española confirma lo reportado previamente por medios venezolanos con base en el testimonio del abogado de inmigración José Antonio Carrero, de origen venezolano. Carrero se cruzó con Peñalver en la comisaría donde solicitó la protección al gobierno español. Peñalver iba acompañado de su mujer y sus dos hijos, según Carrero.

“La sola admisión a trámite de esta solicitud desvirtúa la naturaleza del Derecho humanitario internacional y al mismo tiempo representa un riesgo para la seguridad de España”, le dijo Carrero a EL PAÍS.

“Sería indignante que las autoridades españolas rechacen las solicitudes de asilo de venezolanos perseguidos y consideren la de esa persona”, dijo en conversación telefónica Bony Pertíñez, esposa de uno de los policías condenados, el jefe de seguridad de Caracas Iván Simonovis.

Las autoridades de España tienen el plazo de un mes para admitir a trámite la solicitud de Peñalver. Si es admitida por el órgano competente, la Oficina de Asilo y Refugio, el procedimiento debería ser resuelto por el Ministerio del Interior con la concesión o la denegación del asilo en un plazo de seis meses.

Después de que la noticia apareciera en medios de Venezuela, Peñalver ha borrado su cuenta de Twitter en la que se vanagloriaba de sus acciones. “Salvó la vida de miles de Venezolanos el 11de Abril 2002, socialista”, decía.

 

La idiotez intolerable de quien apoya el genocidio chavista desde el exterior por Orlando Avendaño – Panampost – 5 de Abril 2018

Dakotah Lilly es un joven estadounidense que, desde un país libre, defiende uno de los regímenes más perversos de la historia de la humanidad

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Dakotah Lilly representa la ordinaria imbecilidad de esa nauseabunda izquierda de caviar.

Los casos de Reinaldo Arenas, Herberto Padilla o Lezama Lima son perfectos para ilustrar el verdadero talante totalitario de los regímenes comunistas. Los grandes poetas y escritores, otrora simpatizantes de la Revolución Cubana, padecieron una brutal persecución luego de que Fidel decidiera acabar su luna de miel con la intelectualidad izquierdista de Cuba y Europa.

Durante el denominado Quinquenio gris (1971-1976), el régimen de Castro impuso, desde los órganos culturales, los principios bárbaros de la Revolución. A los eminentes Padilla y Lezama Lima les tocó el ostracismo y la censura. Los dominó la paranoia porque en todo momento algún miembro de la Seguridad del Estado los espiaba. En su imprescindible obra, Persona non grata, Jorge Edwards narra, habiendo sido protagonista, los oscuros días de los escritores y el terrible destino: encarcelamiento, maltrato y deterioro de la salud hasta la muerte.

A Reinaldo Arenas, en particular, le tocó un destino más sombrío. El régimen de Fidel Castro no solo lo despreciaba por su postura política, sino por ser homosexual. Sobre Arenas también recayó la persecución, los maltratos y hasta la cárcel —bajo condiciones inhumanas que lo impulsaron a intentar suicidarse en par de ocasiones—.

Con el «Éxodo de Mariel», Arenas pudo huir del país —aunque por su condición, el régimen de Fidel se lo prohibía, por lo que debió alterar el apellido—. Y en el exilio, el escritor tuvo que confrontar otras aberraciones: las mismas imbecilidades que hoy exhiben algunos con cinismo.

“La gran mayoría de los intelectuales (…) para dárselas de progresistas y traficar con el resentimiento lógico de los pueblos sometidos a otras calamidades, casi siempre han apoyado o han hecho la vista gorda ante los crímenes de Fidel Castro”, escribe Arenas en su gran obra, Antes que anochezca.

“Ahora descubriría una fauna que en Cuba me era desconocida; la de los comunistas de lujo. Recuerdo que en medio de un banquete en la Universidad de Harvard un profesor alemán me dijo: ‘Yo, de cierta forma comprendo que tú puedas haber sufrido en Cuba, pero yo soy un gran admirador de Fidel Castro y estoy muy satisfecho con lo que él hizo en Cuba’. En aquel momento, aquel hombre tenía un enorme plato de comida frente a sí y le dije: ‘Me parece muy bien que usted admire a Fidel Castro, pero en ese caso, no puede seguir con ese plato de comida, porque ninguna de las personas que viven en Cuba, salvo la oficialidad cubana, pueden comerse esta comida’. Cogí el plato y se lo lancé contra la pared”.

Esa fauna a la que hace referencia Reinaldo Arenas aún existe. Y trafica, no solo con la triste realidad cubana, sino con la venezolana, hoy más trágica y genocida.

En el marco de las protestas del año pasado en Venezuela la cadena Fox News dio tribuna al joven estadounidense y dirigente de la organización Students & Youth for a New America, Dakotah Lilly, para que, —desde la comodidad de un país que le permite decir estupideces en la televisión—, defendiera al régimen de Nicolás Maduro que, mientras, asesinaba estudiantes en Caracas.

De la entrevista, Lilly salió favorecido porque Tucker Carlson mantuvo una mesura cuestionable. El joven dijo, con impunidad, que Maduro lo que confrontaba era a una “oposición terrorista”. Mintió al decir que la mayoría de los muertos eran “gente de la izquierda o chavistas”.

Lilly, con una superioridad moral y una arrogancia detestable, responsabiliza al capitalismo y a Estados Unidos de lo que ocurre en Venezuela. Reconoce que existen problemas, pero que Nicolás Maduro está al tanto.

El episodio entre Carlson y Lilly pasó por debajo de la mesa en esa oportunidad —los venezolanos estaban demasiado ocupados tratando de resguardarse de la represión, los allanamientos y horrorizados por las torturas y los asesinatos—. Pero ahora el joven de Pennsylvania (según su cuenta de Facebook), ha vuelto a aparecer por una publicación en sus redes sociales.

“¡Siempre orgulloso de vestir mi mejor camisa de Chávez y mis pines de @FTTP_np! Nunca me quito mi collar de Chávez. ¡Me ayuda a recordar que un futuro mejor es inminente siempre y cuando luche por él!”, escribió en su página de Facebook y Twitter. En la publicación adjuntó tres selfies:

Dakotah Lilly publicó las fotos el 2 de abril y el post de Facebook ya ha sido compartido 2.400 veces. Tiene decenas de comentarios, la mayoría insultos. Algunos usuarios le recuerdan sus inclinaciones “socialistas”, pero le muestran una foto en la que se ve el iPhone 6 con el que escribe.

Escudriñar su página produce una repulsión atroz. Grima. Es la representación de la ordinaria imbecilidad de esa nauseabunda izquierda de caviar. La misma que aborrecía Arenas y que hoy debería producir la más grande aversión del mundo sensato.

Fotos con la franela del Ché Guevara, posts sobre los presuntos peligros del capitalismo y los crímenes de Israel contra los palestinos. Comparte lo que dice TeleSur y una organización denominada “Solidaridad por Cuba en Canadá”. Además, asume el discurso de la parte más rancia del chavismo: llama “escuálidos” y “gusanos” a los opositores de la dictadura.

Dakotah Lilly practica, además, lo que bien podría llamarse como «turismo de miseria». Así como aquellos que viajan a Cuba para posar en la Plaza de la Revolución bajo la efigie del asesino Ché Guevara; mientras a los lados toda una sociedad muere, agostada; el estadounidense ha visitado Caracas para fotografiarse junto a un mural del Ché o detrás del divinizado altar de Hugo Chávez en el Cuartel de la Montaña —tiene una foto, incluso, cerca de Maduro; en lo que parece una excursión financiada por el régimen—.

Se dice, por ello, conocedor de la realidad venezolana. Mastica la propaganda chavista, la engulle, la digiere y la vomita como su verdad. Distorsiona un drama para convertirlo, en cambio, en una excelsa epopeya. Juega, trafica —como escribiría Arenas—, con el aniquilamiento de una ciudadanía. Con la criminal abolición de una República, antes una nación ejemplar para la región.

Dakotah Lilly ignora que el régimen que defiende desde Estados Unidos destruyó un aparato productivo. Una economía colapsada. Realidad que ocurre luego de que entre 1999 y 2017 a Venezuela entraran, al menos, US$ 697 mil millones por las exportaciones del petróleo y otros negocios relacionados con PDVSA.

Luego de unos ingresos descomunales, la realidad de hoy es que en los hospitales los pacientes mueren porque no hay insumos. Los doctores deben operar contando solo con la luz de algún celular. Según CARITAS, se estima que unos 300 mil niños podrían morir de hambre este año —recomendaría leer el importante artículo de Enrique Krauze, Hell of a Fiesta, en el que hace un breve resumen de la vorágine autoritaria de la Revolución Bolivariana y el fracaso—.

El lúgubre panorama diario solo enseña familias enteras, trabajadoras, hurgando en las basuras de los restaurantes con la esperanza de conseguir algún hueso de pollo mal roído. Cada año la delincuencia —esa misma que el Estado ha protegido, armado y ahora, ignorado—, arranca la vida a más de veinte mil venezolanos. Un verdadero genocidio en cámara lenta al que se le debe sumar el práctico, aquel que se percibe sin ambages: la existencia de presos políticos, las inhumanas torturas en las cárceles, los manifestantes —desarmados-pacíficos-jóvenes-estudiantes—, asesinados por disentir.

El estadounidense, culpable de una ignorancia inaceptable que transgrede la idiotez y lo convierte en cómplice, defiende y apoya la dictadura de Nicolás Maduro y al régimen cubano. Se vuelve intolerable su connivencia con estos totalitarismos eugenésicos hábiles en realizar limpiezas sociales e ideológicas.

Si Arenas viviese y se lo encontrase, reconocería inmediatamente a la fauna que tanto despreciaba. Dakotah Lilly tendría suerte de tenerlo enfrente durante una cena, porque de lo contrario, tal vez se ganaría un puñetazo. Pero como el gran escritor ya no vive —se suicidó culpando a Castro—, otro tendrá que hacerle el favor al idiota.

Historias mínimas y ‘grancolombianas’ por Ibsen Martínez – El País – 4 de Abril 2018

UnknownLos verdugos de Venezuela se dicen bolivarianos sin que, desde 1830, hayamos sabido nunca qué habrán querido decir con ello nuestros gobernantes

Durante el asueto de Semana Santa leí la Historia mínima de Colombia, del filósofo, historiador y jardinero antioqueño Jorge Orlando Melo, un logro mayor que la inteligencia colombiana saluda ya con respeto y entusiasmo. Será larga la andadura de este libro notable.

El canon de Historia de nuestra región esperaba hace largo tiempo por este título que Salomón Kalmanovitz llama “pequeña obra maestra”. Palabras de Héctor Abad Faciolince: “No solo es uno de esos libros que nos hacían falta, sino que es un libro al que casi nada le hace falta: en su brevedad, es exhaustivamente certero, neutro, completo”.

Mientras avanzaba en su lectura, pensé muchas veces en los tristes tópicos con los que en Venezuela, desde hace casi 200 años, se despacha la tarea —mejor dicho: el deber— insoslayable de entender al país vecino. El relato que entrega Melo del violento siglo XX colombiano, y de lo ya corrido del presente siglo, es autorizadamente persuasivo. Los capítulos dedicados a la Independencia y a esa “ilusión ilustrada” que fue la Gran Colombia son un conciso dechado de erudición, pertinencia y buen decir. ¡Cuánto bien no haría su difusión en la Venezuela actual cuyos verdugos se dicen bolivarianos sin que, desde 1830, hayamos sabido nunca qué habrán querido decir con ello nuestros gobernantes!

La garrulería de Hugo Chávez, locuaz chafarote del siglo XXI, impartió a millones de oyentes venezolanos, a todas horas y durante tres lustros, la sicotrópica quincalla del culto a Simón Bolívar. Muchos adversarios del chavismo han denunciado el uso politiquero, de agitación y propaganda, que el régimen instaurado por Chávez ha dado a la memoria de Bolívar. Para ser justos, el desaparecido Gran Charlatán de Sabaneta no ha sido el único.

En los cepalistas años sesenta, por ejemplo, Venezuela fue literalmente empapelada por la cámara de industriales con un Bolívar de un metro ochenta que, señalándote con el índice, como el Tío Sam en un afiche de reclutamiento, increpaba: “Yo la hice libre, hazla tú próspera: consume productos venezolanos, ¡dile no al contrabando!”.

La firma autógrafa al pie del afiche hacía pensar que la frase corría en alguna carta al doctor José Rafael Revenga. Con todo, ningún mandatario venezolano había ido tan lejos como lo hizo Chávez cuando en 2010 contrató a Philippe Froesch, artista francoalemán que se dedica a reconstruir el rostro de figuras históricas.

Froesch admite haber sido contratado por Chávez para obtener, con tecnología digna de la serie CSI: Cyber, el “verdadero rostro” de Simón Bolívar, a partir de tomografías de su osamenta. Un vídeo muestra a la fiscal general Luisa Ortega Díaz, entonces parte de la cúpula chavista y hoy en el exilio, comentando emocionada, con presenciales gorro y bata quirúrgicos, la exhumación de los restos del Libertador ordenada por el Máximo Líder.

Un equipo de patólogos forenses, embutidos en trajes que evocan a los astronautas de 2001, Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick, abren un sarcófago y manipulan tétricamente la osamenta de Bolívar, quien murió en 1830 y yacía en el Panteón Nacional desde 1876.

El propósito era verificar que los restos exhumados fuesen verdaderamente los de Bolívar y, de ser así, corroborar o invalidar la hipótesis de que el padre de la patria no murió tuberculoso, como me enseñaron en la escuela, sino que fue envenenado por un pérfido neogranadino infiltrado en su séquito.

El autor intelectual del magnicidio habría sido Francisco de Paula Santander, rival vitalicio de Bolívar y, según Nicolás Maduro, diabólica prefiguración de Juan Manuel Santos. O Iván Duque.

¿El pronóstico de Jorge Orlando Melo sobre el posconflicto colombiano? Mejor regálense este libro, amigos, y no corran al leerlo: disfrútenlo, subráyenlo.

 

Alfonzo Iannucci: “En Venezuela vivimos la calma que precede al tsunami, lo que viene es aterrador” – Libertad Digital – 29 de Marzo 2018

Alnfonzo Iannucci, director del proyecto Diáspora Venezolana cuenta en Es la Mañana de Federico el drama que sufre el pueblo venezolano.

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“Estamos viviendo la calma que precede al tsunami, lo que viene es aterrador”, decía Alfnozo Iannucci al referirse a la situación política que vive su país, Venezula, bajo el yugo del chavismo.

Periodista e ingeniero venezolano, Alfonzo Iannucci dirige en Madrid el proyecto Diáspora Venezolana, desde el que, con un canal en Youtube, intenta conectar a los venezolanos que han tenido que huir del país. En los últimos años, decía Iannucci “han salido de Venezuela unos 4 millones de personas, según las últimas estimaciones porque el régimen de Maduro oculta las cifras oficiales”.

Se trata de una cifra que ya se acerca a la del número de desplazados por la guerra de Siria, “y eso que en Venezuela no tenemos una guerra abierta”.

Y es que Venezuela se está despoblando. “Al principio emigrábamos a EEUU y España, por vínculos familiares y cercanía”, ahora, “como la gente cada vez tiene menos recursos, coge lo que puede y emigra a otros países de Iberoamérica”. “Haciendo autostop llegan a Colombia o incluso a Argentina”, todo “para sobrevivir”.

Es más, Iannucci señalaba cómo “de mi promoción de periodistas prácticamente no queda nadie en Venezuela. Y de mi promoción de ingeniería quedan muy pocos”. Además el problema va más allá ya que se estima que “el 80% de los jóvenes quiere emigrar” y es algo que “duele” porque “es un capital humano que se va a perder”.

“El próximo objetivo es Colombia”

Alfonzo Iannucci alertaba del plan del chavismo que lleva produciéndose desde hace casi 20 años. El llamado Plan Nacional Simón Bolívar que acabará con “la implantación de las comunas, eliminación de la propiedad privada y con todos los medios de producción en manos del Estado. Vienen más hambrunas y más represión”.

Por ese motivo el director de Diáspora Venezolana decía que “perdimos la capacidad de salir por nuestra cuenta del chavismo” y que “la ONU y la OEA se han quedado caducas y tienen poco margen de maniobra. Nadie quiere una guerra en Venezuela y menos si dentro del país los que podrían apoyarte no lo hacen. No es nada fácil la situación”.

Pero el aviso de que lo que está por venir se refiere a otros países del entorno de Venezuela que pueden verse intoxicados con el virus chavista. Para Iannucci “el próximo objetivo es Colombia” y cree que “la crisis se va a volver continental”.

También tuvo duras palabras para José Luis Rodríguez Zapatero y su “lamentable” papel en la crisis de Venezuela. Para el periodista venezolano el expresidente del Gobierno español “es un propagandista de una tiranía” y piensa que con su actitud a favor del régimen “todo parece indicar que tiene vínculos económicos”.

 

¿Hasta siempre, Comandante? por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Marzo 2018

Venezuela atraviesa un período de crisis y convulsiones políticas. El legado de Hugo Chávez es motivo de disputas y debates a cinco años de su muerte.

El pasado 5 de marzo se cumplieron cinco años de la muerte de Hugo Chávez. Terminaba así una largísima agonía seguida de forma expectante por toda la sociedad. Durante más de un año no se habló de otra cosa que de aquel cáncer, cuya ubicación y naturaleza aún no sabemos bien. Hubo quienes celebraron, pero también una de las manifestaciones de duelo más grandes de la historia venezolana, con un sepelio tan largo como multitudinario. Un lustro más tarde, sin embargo, son tantos los problemas que la ocupan, que pocos tuvieron tiempo para pensar en el hecho. El Estado, naturalmente, hizo algunos actos, y sus medios, oficiales y oficiosos, dedicaron todo el espacio posible a lo que se ha llamado «el legado». Sin embargo, tuvieron en contra asuntos más urgentes, como un gran apagón que abarcó varias regiones, que lograron captar bastante más atención.

Eso no significa que el amor por Chávez haya desaparecido. Aunque según firmas como Datanálisis, la popularidad de Nicolás Maduro no llega a un 20%, los que se dicen chavistas y alegan que siguen «amando» (esa es la palabra) al Comandante, llegan a un 50%. Es decir, la mitad de los venezolanos no relaciona directamente las penurias actuales con las políticas de Chávez. En general consideran que el culpable es Maduro, que no ha sabido continuar «el legado», y por el contrario consideran que los años en que gobernó Chávez fueron los más felices de sus vidas. Si hiciera falta un ejemplo para explicar la «fortuna» en términos de Maquiavelo, Chávez lo calzaría de forma completa: entre el boom petrolero de 2004 a 2008 y el hecho de morir justo antes de que las consecuencias de sus políticas estallaran, ha logrado pasara a la memoria de muchos con su imagen más o menos impoluta.

Ante este panorama se abren dos aspectos que podrán ser claves para el futuro inmediato: ¿cómo se manifestará políticamente ese chavismo, en cuanto sector del electorado, que ahora está más o menos huérfano? ¿Qué queda del chavismo en cuanto movimiento político? Comencemos con lo segundo. En contra del pronóstico de buena parte de la gente, la muerte de Chávez no significó una salida rápida del poder de sus sucesores. Pocos apostaban a que Maduro lograra mantenerse en el poder, pero a pesar de las fuertes olas de protestas de 2014 y 2017 y de la enorme derrota electoral de 2015, no sólo sigue en Miraflores, sino que parece más consolidado que nunca. Su reelección en los comicios de mayo parece asegurada para cuando se escriben estas líneas. Ahora bien, todo esto requiere muchas puntualizaciones: esa consolidación se ha logrado con el concurso de los poderes del Estado, que primero anularon en la práctica al Parlamento en manos de la oposición a través de sistemáticas sentencias emitidas por el Tribunal Supremo; después, cerraron el camino al referéndum para revocar su mandato a través de otro conjunto de sentencias de tribunales de provincia, cuya validez muchos ponen en duda. A eso le siguió una represión a las protestas que ha valido la apertura de una investigación de la Corte Penal Internacional; y la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente con poderes supraconstitucionales electa en unos comicios que más de un centenar de países consideran írritos. A ello habría que contar los líderes opositores encarcelados o en el exilio. Maduro es muy popular en cierto sector duro del chavismo, ese 18-20% que lo ve con el campeón que ha sorteado todas las pruebas, pero está lejos de contar con el apoyo de las mayorías y de buena parte de la comunidad internacional.

Maduro, que no tiene la «fortuna» de su mentor, ha optado por aquello de que es mejor ser temido que amado. Pero el mismo Maquiavelo advertía que ese temor no debe llegar al odio, que más temprano que tarde cobra caro. Y Maduro ha hecho algo al respecto. Está compactando en torno a sí a un sector del chavismo, perfilando cada vez más eso que algunos llaman el «chavo-madurismo» y otros ya, a secas, el «madurismo». Es difícil saber cómo funciona en última instancia esa alianza de grupos que está gobernando Venezuela, y de la que, según las opiniones autorizadas, Maduro es sólo el mascarón de proa. Pero la creación de un partido propio, Somos Venezuela, distinto del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), es parte evidente de ese proceso. A ello se le suman la integración de las maquinarias para la repartición de ayudas sociales en su nuevo partido, los jingles electorales sin ninguna alusión al chavismo, y el esfuerzo por hacer cada vez más autónoma la imagen de Maduro con respecto a la de Chávez. Todo ello parece apuntar a hacerse con una parte del legado y fortalecer a ese grupo que ve en Maduro el salvador de la Revolución. Esto, claro, nos remite a la primera pregunta: si un 20% es más o menos madurista (aunque con la red de repartición de cajas de comida eso puede subir bastante electoralmente), ¿qué será del otro 30% que sigue «amando» a Chávez? En el menú chavista hay dos opciones. Una es la de Henry Falcón, un ex chavista que ha forjado un liderazgo sólido en el centro del país y que ha gravitado en la oposición, pero siempre manteniendo la distancia con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). La otra es la del chavismo disidente, formado por ex ministros con el General Miguel Rodríguez Torres a la cabeza, y la más radical Marea Socialista.

En medio del desconocimiento de la MUD a las elecciones de mayo, Falcón decidió postular su candidatura. Los sectores de la oposición ven aquello como una simple maniobra de Maduro para hacer ver los comicios como plurales y competitivos; pero en cualquier caso Falcón puede lograr la identificación de muchos otros chavistas decepcionados que desconfían de la MUD, y sentar con ellos las bases de un movimiento más amplio. Los otros disidentes no son electoralmente poderosos y se han integrado al Frente Amplio que acaba de crearse con los partidos de oposición y muchos otros sectores sociales. A cinco años de la muerte de Chávez, el chavismo aparece dividido en al menos tres bloques, uno de los cuales da signos de estarse deshaciendo de la sombra del Comandante. No sólo su modelo económico y social está en una crisis tan honda que la sociedad, a pesar del 50% de los que dicen seguirlo «amando», no tiene tiempo para recordarlo, sino que el «el legado» enfrenta una guerra de sucesión en medio de enormes tensiones internas y externas. ¿Hasta siempre Comandante? No se sabe en qué terminará todo esto, pero parece muy difícil, incluso para los mismos chavistas, cantarle este verso en las actuales circunstancias.

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