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¿Y el cese de la usurpación? por Daniel Lara Farías – PanamPost – 16 de Febrero 2020 

El tiempo apremia y los venezolanos se siguen despertando día a día ante una única realidad: Maduro continúa en Miraflores

Venezuela
Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela. (Foto: EFE)

A pesar del histrionismo del politiquero que usted pueda tener como favorito, la fulana “usurpación” declarada por la clase política que encabeza Juan Guaidó no ha terminado.

Y no porque lo diga yo, sino porque ellos mismos así lo establecen en sus actuaciones desde el mismo momento de la declaratoria. Aquel cinco de enero de 2019, cuando Juan Guaidó desde la tribuna de oradores del Palacio Federal Legislativo lanzó el concepto de “usurpación” que algún estratega iluminado decidió vender, se puso una soga en el cuello del proceso que iniciaba.

Según dicho concepto, para quien lo olvidó, la “usurpación” arrancaba el 10 de enero de 2019, cuando Maduro se juramentara ante la ilegítima Asamblea Constituyente. Se convertía en ese momento -y no antes- en usurpador, pues esa juramentación se hacía por un ente constituido de forma inconstitucional, después de unas elecciones convocadas por ese mismo ente ilegítimo con las condiciones fraudulentas construidas para garantizar el triunfo de Maduro. Siendo así, el hecho de juramentarse ante la Constituyente lo convertía en usurpador de la presidencia, dejando el cargo vacante. Y correspondía al Parlamento llenar esa vacante según lo establecido en esa constitución que Chávez se mandó a hacer a la medida en 1999, enmendándola de nuevo en 2009 cuando sintió que le quedaba pequeña.

Es allí donde arranca un entuerto de ribetes tragicómicos, dentro de ese conglomerado opositor donde conviven teóricos de la cohabitación con promotores de “rutas de coraje”, junto a zorros viejos de la corrupción, políticos “con burdel” (y de burdel, algunos) y uno que otro ingenuo devenido en tonto útil. A esa fauna de crepúsculo tropical se le entregó nada más y nada menos que el destino de la República en proceso de disolución. Y en vez de abocarse a la titánica tarea de evitar dicha disolución republicana, han preferido repartirse cargos, prebendas, embarcarse en diatribas estériles para el fin último que es, según ellos mismos aseveran desde el principio “el cese de la usurpación”.

Pero donde se nos va la vida precisamente en la espera a los venezolanos que aún soportan el rigor a lo interno y a los que nos fuimos a sobrevivir en el extranjero, porque hay urgencias en quien espera un tratamiento médico o en quien busca qué comer, o en quien trabaja de sol a sol para poder ayudar a su familia con una remesa o una caja con uno que otro paliativo temporal de la subsistencia.

Y esa espera es incompatible con el juego diplomático y electoralista. Porque el pecado original, principal y capital de ese grupo opositor es el electoralismo. No pueden vivir sin elecciones, literalmente: los corruptos necesitan participar como sea, para seguir en posiciones donde colaboren con la persistencia del status quo. Los ingenuos creen aún que participando “como sea”, le hacen un favor a una lucha supuesta, que ya lleva veinte años en la trampa electoralista.

Más que un pecado, un síntoma

¿Por qué estos políticos, supuestamente opositores, quieren participar en elecciones, hablan como si estuvieran siempre en campaña y son incapaces de plantear algo que no sea un plan de gobierno?

Parece ser el síntoma de una grave dolencia. Una carencia absoluta de escrúpulos, en algunos casos y una insuficiencia permanente de visión de Estado. Otros, simplemente son cómplices y parásitos del Estado, sea dicho Estado adecopeyano o chavista-militar. Los más, simplemente son disléxicos y discalcúlicos: ni leen la realidad ni calculan tiempos y consecuencias.

Sea cuales sean las enfermedades que padecen, el síntoma es el mismo: solo pueden actuar dentro del esquema electoral, pues fuera de él no se hallan. No hablan de toma del poder sino de gobernar. Con eso, queda claro que no saben ni qué es el poder, ni qué es el gobierno. En algunos casos de extrema gravedad, no saben aún la diferencia entre Estado y gobierno, entre nación y Estado o entre estrategia y táctica.

Así, se enfrentan leyendo El Principito de Saint-Exúpery a unos delincuentes que aplican El Príncipe de Maquiavelo.

Por eso, vemos al chavismo desplegando a nivel nacional a soldados hambrientos y oficiales sádicos con armas de todo calibre, mientras esa dirigencia opositora discute si la imagen es la de un sombrero en la mesa o la de una culebra que se tragó un elefante.

El análisis del sombrero en la mesa apunta: están asustados y muestran a esos pobres milicianos haciendo el ridículo, los Marines los acaban en quince minutos.

El análisis de la culebra que se tragó un elefante desarrolla: están enloquecidos y buscan una guerra, pero están en su peor momento.

¿Y si revisamos el dato incuestionable de un despliegue a nivel nacional? ¿Y si nos adentramos en la existencia de esa distribución de fuerzas que son las REDI, las ZODI sumados a colectivos y fuerzas insurgentes en zonas clave, más el control de zonas urbanas por parte de “pranes” y bandas criminales? ¿No nos revela de forma clara que el enemigo que ese entramado quiere aniquilar no es el invasor extranjero, sino el rehén? ¿No queda claro que esos soldados harapientos, hambrientos o simplemente sin condiciones físicas y mentales para empuñar un arma o enfrentarse a un enemigo armado, en realidad serán lanzados contra la población desarmada, cuando el régimen criminal así lo decida?

Seguramente si se le plantea esto a esa clase política, pedirán que decidamos cuál es la verdad, sometiéndolo a un referendo organizado por el CNE. Porque así de lamecharcos son.

¿Y en qué queda entonces la “usurpación”?

La usurpación terminó siendo una trampa para los politiqueros electoralistas desde el momento mismo en que conceptualizaron el asunto. Simple: si la usurpación empezó el 10 de enero de 2019 con la juramentación de Maduro ante la Constituyente, todo lo anterior se borró de la historia. No existió la ilegalidad del ejercicio como “presidente encargado” ante la ausencia de Chávez durante su agonía ni posterior a su muerte. No existió el fraude de 2013, ni la ilegal postulación de Maduro sin demostrar su nacionalidad, ni la declaratoria de “abandono del cargo” hecha por ese mismo Parlamento ¡en la misma legislatura!. No existió ni el fraude judicial para detener el referendo revocatorio convocado en 2016.

Todo eso, queda borrado cuando se establece que la usurpación arrancó el 10 de enero de 2019. De un plumazo, una oposición genuflexa y siempre muy útil al régimen que la confeccionó, decidió hacer un borrón y cuenta nueva que a estas alturas sigue teniendo saldo a favor del régimen. Porque yo no me pondré principista jamás si siento que el régimen de verdad esta siendo derribado. No me importará el método ni la vía si siento que de verdad el régimen esta cayendo y lo que va a sustituirlo es mejor. Pero en este momento, el saldo es a favor del régimen.

Y a estas alturas, quien tiene problemas con el principio del “cese de la usurpación” no soy yo ni es usted ni es el régimen.

El problema lo tiene Guaidó y la clase política variopinta que él dirige. Porque resulta ser que no se puede pelear por el cese de la usurpación como primer paso antes de ir a unas elecciones, si el tiempo corre y llega el momento establecido para hacer elecciones parlamentarias. Ese momento está establecido por esa Constitución que todos dicen respetar. En tal sentido, los electoralistas, como cualquier drogadicto, muestran en estos momentos el síndrome de abstinencia claro que los lleva al peligro de recaer en el consumo, cuando ya se les creía desintoxicados. Pues no. Ahora es cuando su adicción está viva.

Por eso, es sumamente importante que Donald Trump haya recibido en la Casa Blanca a Juan Guaidó. Por eso es sumamente importante que el comunicado del 09 de enero de 2020 emitido por el gobierno de los Estados Unidos establezca claramente que unas elecciones libres solo son posibles sin Maduro en el poder y siendo organizadas por un gobierno de transición, con condiciones estrictamente vigiladas por los 60 países aliados del gobierno interino. Porque esa vigilancia estricta no es solo para quienes están en la acera del crimen político rojo, sino también para quienes durante veinte años se han servido de las elecciones para “conservar espacios” que le han servido a ellos y a la casta militar para apoderarse de las instituciones.

La usurpación debe cesar, en el caso del régimen y en el caso de la oposición falsaria y prostibularia también.

Pero el tiempo sigue su marcha. ¿Nos alcanzará?

El régimen venezolano ha calculado mal por Uta Thofern – Deutsche Welle – 6 de Enero 2020

La farsa electoral antidemocrática para instalar a un presidente del Parlamento afín al régimen ha sido contraproducente: el líder opositor Juan Guaidó sale fortalecido tras el revuelo, afirma Uta Thofern.    

Venezuela Caracas | Juan Guaido, ehemaliger Präsident der Nationalversammlung (picture-alliance/AP Photo/M. Delacroix)

Esta vez los pseudo-socialistas de Caracas han ido demasiado lejos. Demasiado evidente fue su intento de evitar la reelección de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional bloqueando su acceso a la cámara y a su mayoría opositora. Demasiado claramente se ve esta vez el desprecio total de los chavistas por la democracia y su institución más importante, el Parlamento libremente elegido. No es nada nuevo que el régimen venezolano pisotee los derechos humanos, ignorando el Estado de derecho y socavando la separación de poderes. Y el jefe del Estado, Nicolás Maduro, probablemente también supere este bache esta vez: su poder todavía parece bien asentado en el aparato estatal. Pero se ha desacreditado internacionalmente y ha fortalecido a su, hasta ahora, oponente más peligroso.

Uta Thofern, redactora en jefe de DW para Latinoamérica.Uta Thofern, redactora en jefe de DW para Latinoamérica.

 

Juan Guaidó, el joven diputado hasta entonces desconocido que se proclamó presidente interino de Venezuela hace casi un año, obtuvo en ese momento toda la legitimidad con aquella primera elección como jefe del Parlamento. Como recordatorio: la Asamblea, con su abrumadora mayoría opositora, es la única institución con legitimidad democrática en Venezuela, después de que los chavistas pusieran primero a la Corte Suprema y, luego, a la autoridad electoral bajo su control. Después instalaron un “parlamento” alternativo y, finalmente, confirmaron a Maduro en unas controvertidas y adelantadas elecciones presidenciales sin oposición. Venezuela, según algunas interpretaciones, ya no tenía un jefe de estado legítimo. La constitución estipula en ese caso que el presidente de la Asamblea asumirá el cargo y restaurará el orden constitucional. Guaidó aprovechó la oportunidad, pero fracasó. La confirmación de su cargo en la reelección de ayer podría haber sido práctica o completamente irrelevante. Pero el complot chavista parece haber vuelto a unir a la oposición.

Medido por las promesas hechas, el líder de la oposición no ha logrado nada. Guaidó llegó para llevar a cabo unas nuevas elecciones, que en teoría debían haberse convocado en un plazo de 30 días, y para restablecer la separación de poderes en el país. Pero, a pesar de que casi sesenta países, incluida Alemania, reconocieron a Guaidó sin paliativos, el “final de la usurpación”, por más que se haya repetido como un mantra, no ha llegado. Los militares continúan apoyando a Maduro. Y el informe de la Comisión de Naciones Unidas para los Derechos Humanos que denuncia casi 7.000 ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones flagrantes de los derechos humanos no ha cambiado nada el hecho de que el jefe de Estado sigue afianzado en su puesto.

Venezuela Caracas | Wahl neuer Präsident der Nationalversammlung (Reuters/M. Quintero)Votación en una Asamblea Nacional a la que no se permitió el acceso de los diputados opositores, para que Roberto Marrrero fuera nombrado presidente de la cámara en sustituición de Juan Guaidó.

Al final, Maduro incluso logró aliviar en algo la desesperada situación económica en el país, no únicamente gracias a la ayuda de Rusia y China, sino también permitiendo negocios con el dinero de los odiados estadounidenses y, en última instancia, explotando el éxodo masivo a su favor. Los venezolanos que huyeron al extranjero están ahora con sus remesas contribuyendo oficialmente a que vuelva a haber algunos bienes de consumo en este pobre país petrolero. Además, miles de ciudadanos siguen abandonando el país a diario; las Naciones Unidas esperan que seis millones de venezolanos hayan huido para fin de año, lo que significa que Maduro habría expulsado a uno de cada cinco habitantes durante su mandato. La gran esperanza que Juan Guaidó representaba a principios del año pasado parecía haberse esfumado. Cuando la oposición, en las últimas semanas y alentada por las manifestaciones de protesta en Chile y Colombia, volvió a organizar movilizaciones masivas en Venezuela, la respuesta fue escasa.

Sin embargo, el plan de los chavistas para echar a Juan Guaidó definitivamente del ring ha fallado. Salió de la improvisada elección interna del Parlamento, organizada apresuradamente en otro lugar, como presidente con mucho más apoyo del esperado. Internacionalmente, la condena de la puesta en escena chavista fue bastante unánime. Cuando se trata de defender al Parlamento, las democracias del mundo están unidas. Incluso Argentina y México, los dos pesos pesados ​​del populismo de izquierda en América Latina, que no reconocen a Guaidó, condenaron el bloqueo de la Asamblea. Es una derrota dolorosa para Maduro. Y, sobre todo, una completamente innecesaria. Eso podría debilitarlo entre sus propias filas. Y, tal vez, los venezolanos recuperen el valor. Lo van a necesitar, porque solo ellos mismos pueden cambiar su país.

 

Deutsche Welle es la emisora internacional de Alemania y produce periodismo independiente en 30 idiomas. 

Juan Guaidó: “Necesitamos una solución en Venezuela sea como sea” por Javier Lafuente – El País – 16 de Diciembre 2019

El presidente de la Asamblea Nacional, reconocido como mandatario interino por 60 países, reflexiona sobre la situación del país tras un año convulso

juan guaido venezuela
Juan Guaidó, este sábado en su despacho de Caracas. LEO ÁLVAREZ

Hace un año, por estas fechas, Juan Guaidó (La Guaira, 36 años) era prácticamente un político desconocido incluso en Venezuela. Sabía, no obstante, que el 5 de enero sería elegido presidente de la Asamblea Nacional y aquello desencadenaría una ola de acontecimientos que pondrían durante meses en jaque al Gobierno de Nicolás Maduro. El dirigente de Voluntad Popular, el partido fundado por Leopoldo López, se proclamó el 23 de enero presidente interino de Venezuela y como tal ha sido reconocido por más de 60 países, entre ellos España. Pese a que no se ha cumplido nada del mantra que repitió hasta la saciedad —cese de la usurpación, Gobierno de transición, elecciones libres—Guaidó se muestra optimista durante la entrevista con EL PAÍS, más de una hora de charla en su despacho del edificio que ha convertido en una suerte de sede presidencial. Ha dedicado toda la mañana —y todo diciembre, explica— a reunirse con distintos sectores para tratar de ampliar sus apoyos. Cuando termina la conversación, se despide con una sonrisa y advierte: “Ya verá, va a ser otro año bien interesante, muy movido”.

Pregunta. ¿Me puede definir este 2019 en una palabra?

Respuesta. Lucha, insurgencia podríamos decir. Veníamos de un 2018 inexistente e insurgió un movimiento que pone en jaque en repetidas ocasiones a una dictadura.

P. Mucha gente siente que también ha sido un fracaso.

R. Frustración no es lo mismo que resignación.

P. Digo fracaso, no frustración.

R. Bueno, pero es que ¿cuál es la medida? ¿cuál es la variable? Si es que Maduro está en Miraflores, es una variable absurda para entrar a analizar 2019, cuando veníamos de unas expectativas de menos diez. Si esa es la variable, no solamente sería injusto para mí, sino para la sociedad venezolana, que ha resistido los embates, que mantuvo una movilización, una visibilización de la crisis, que tuvo una ratificación con el informe de la delegación de derechos humanos de Michelle Bachelet.

P. Usted siempre ha repetido que el camino era el cese de la usurpación, un Gobierno de transición y elecciones libres. Ese cese de la usurpación no se ha dado.

R. Pero todo el mundo dice que hay una usurpación en Venezuela. [Maduro] Ejerce su función como dictador, no como presidente electo. Hay terror, hay violaciones de derechos humanos, ecocidio a través del uso y abuso de los recursos del Estado. En 2018 no había expectativas, la palabra no era insurrección, era ilusión. Todo el mundo decía: “Ojalá…”.

P. Pero esa ilusión, ese ojalá, aún se mantiene.

R. No, es distinto. Ahora es cuándo o cómo. La diferencia pareciera sutil, pero es muy distinto. El cuándo implica qué estoy buscando y el cómo, que estoy buscando las herramientas para lograrlo.

P. ¿Qué puede hacer después de un año de muchas promesas y pocos resultados?

R. De nuevo, si medimos el resultado en que Maduro está en la silla de Miraflores ejerciendo como dictador, es injusto. La esperanza del cambio se mantiene. Hoy ya es mi quinto día de reuniones con sectores empresariales, magisteriales, enfermeras, estudiantes universitarios. Es decir, no solo vamos a articular el sector político, vamos a articular todo el país, hace un año no teníamos esa oportunidad. Maduro está en Miraflores y yo estoy libre a pesar de que soy una cantidad de cosas inmencionables. Si la variable es que Maduro sigue en Miraflores, ni discutamos, no hay ni siquiera debate.

P. ¿En qué se ha equivocado?

R. Probablemente subestimamos la capacidad de hacer daño de la dictadura. Creo que faltó el factor Fuerzas Armadas. No ha sido suficiente para lograr vencer el miedo, no solamente de la población sino de la coalición dominante, del círculo interno de la dictadura que se pudiera creer que por momentos están dispuestos a una salida negociada, como en el caso de la mediación de Noruega. Intentamos atraer una transición con factores de poder, en el caso de las Fuerzas Armadas, el 30 de abril, que más allá del hecho fue insuficiente para lograr generar la transición. Hoy vivimos una dictadura que escala niveles indescifrables. Todos los indicadores son de guerra. En Venezuela no hubo bombas, pero se escucha el llanto.

P. Este análisis tan duro lo han repetido en 2014, en 2017. ¿Pensó realmente que tenía menos poder del que realmente tiene?

R. ¿Hablando de Maduro?

P. Sí.

R. Pensamos que podrían haberlo abandonado más rápido. El quebrantamiento de la coalición dominante no ha sido tampoco menor: la fiscal Luisa Ortega, Rafael Ramírez, Hugo Carvajal, Cristopher Figuera, los militares de la Carlota… Seis mil hombres desertaron de las Fuerzas Armadas y lo que hicieron hace unos días fue formalizar que se fueron. El resquebrajamiento de la coalición dominante ha sido mucho más lento de lo que quisiéramos, el reto es ver cómo generamos la presión suficiente para la transición a la democracia en Venezuela. Hay que alinear todas las variables simultáneamente: la presión social, el forzar definiciones, extender los puentes con los que pudieran dar un paso y extender alternativas, incluso al dictador.

P. ¿Qué parte de lo hecho este año es consciente de que ya no le vale?

“Todos los indicadores son de guerra. No hubo bombas, pero se escucha el llanto”

R. Hay que analizar los mensajes hacia las Fuerzas Armadas, hay que mejorarlos, no es que no valgan, sino que hay que buscar alternativas. Hay un escenario donde Maduro decida inmolarse en el poder, a pesar de que su entorno quisiera dar un paso a la transición. Ese escenario es bien complejo porque nos colocaría ante una resistencia que nadie quiere. Los únicos que se están preparando para esto, por cierto, son ellos cuando le entreguen el fusil a la supuesta milicia.

P. La milicia está concebida para una respuesta militar. Usted ha repetido que todas las opciones están sobre la mesa. ¿Descarta la intervención militar, cree que tiene algún sentido?

R. Yo creo que no. Yo no veo una intervención militar formal. Yo creo que hay otra página distinta. Tenemos la posibilidad de elegir un nuevo CNE [Consejo Nacional Electoral], que abriera las puertas a unas elecciones realmente libres. Existió la iniciativa de proponer un Consejo de Estado para que se diera la transición… Poner en la mesa la opción de una intervención, que es el símil de una guerra, no creo que sea positivo, ni es factible. Lo que tenemos que buscar son herramientas para desplazar a la dictadura.

P. A nadie le ha sorprendido que el chavismo haya jugado al desgaste. Pero tampoco parece sorprender que la oposición se haya vuelto a resquebrajar. ¿Por qué han vuelto a caer en los mismos errores?

R. Creo que es dura la apreciación de que se resquebraja la unidad. Se mantiene la mayoría del Parlamento a pesar de que 31 diputados están fuera, uno preso y 30 en el exilio. La dictadura ha buscado sistemáticamente destruirnos, no solo moralmente, sino físicamente. Hay otro espectro de la oposición, no voy a hacer referencia de si son mayoritarios o minoritarios, que están ahora en una supuesta mesa de diálogo. Y luego está el espectro de María Corina Machado, importantísima, con una muy buena voz a nivel internacional, que opta más por una opción de fuerza. El reto va a ser cómo alineamos todos estos grupos.

P. Sí, da la impresión de que el desgaste de la oposición es mayor que el del chavismo. ¿Por qué sigue habiendo esa lucha de poder dentro de la oposición?

R. Es que debo diferir ahí, porque incluso numéricamente, a nivel de opinión pública, el chavismo está en su peor momento en los últimos 20 años y no así la oposición.

P. Se lo pregunto de otra manera, ¿qué le ha defraudado de la oposición?

R. Déjeme ver… Se lo voy a poner de otra manera. ¿Qué me gustaría más? Un mejor esquema comunicacional, una narrativa y una justificación histórica más clara de cara al futuro. Los necesitamos a todos, con los que tenemos hoy no fue suficiente. Incluso necesitamos un sector del chavismo. Quiero más unidad. La percepción de división puede generar daños.

P. Usted fue reconocido como presidente interino por más de 60 países. Ahora mismo, la situación en algunos países de América Latina que son aliados, como Colombia o Chile, es convulsa; Macri ya no está en el poder en Argentina. ¿Cómo siente el apoyo de la comunidad internacional?

R. Lo primero es que hay un gran resentimiento con la dictadura de Maduro por financiar grupos y células violentas en algunos países. La preocupación por Venezuela es mayor.

P. La preocupación puede ser mayor, pero la atención es indudablemente menor.

R. Creo que es un escenario mucho más adverso para él. Lo que sucedió en Bolivia, por ejemplo, no estaba en las cuentas de, probablemente, muchos; Uruguay, con Lacalle Pou; El Salvador, Guatemala, con la llegada del presidente Giammattei…

P. Pero está Argentina, que ha recibido a un ministro [Jorge Rodríguez] en su toma de posesión; México, que no lo ha reconocido como presidente; en la Asamblea de Naciones Unidas quien habló en nombre de Venezuela fue Delcy Rodríguez. Esta semana, el canciller Jorge Arreaza se ha reunido con un secretario de Estado español. ¿Qué le dice todo eso?

R. Vamos a lo práctico. Ellos necesitan de dinero y no van a recibirlo de ninguno de esos países que acaba de nombrar. Ellos necesitan esas fotos, pero el hecho es que no fue Maduro, fueron emisarios. Está solo y desesperado, está buscando alguna foto así sea con un ministro.

P. Eso mismo se le puede aplicar a usted. Si ellos tienen más visibilidad, ustedes menos.

R. Visto desde esa lógica, es cierto. Ahora, lo cierto es que este país está en dictadura, que todo mi círculo cercano está preso, en el exilio, torturado. Nosotros no tenemos la capacidad que tiene la dictadura de manejar los medios públicos, Telesur, invertir en propaganda… Nosotros hemos logrado que se hable de esto en el mundo.

P. ¿De qué les sirve tanto poder virtual?

R. Hay en elementos concretos. Hoy tengo la capacidad de movilización y articulación de los sectores de las fuerzas vivas, de la comunidad internacional, de buscar presión diplomática, de que no se permita que se trafique con oro venezolano para que financien el Estado. Es un elemento fáctico la posibilidad de construir a futuro una cooperación de muchos factores para atender la emergencia de manera inmediata, son factores que no teníamos hace un año y son elementos fácticos.

P. ¿Qué posibilidades hay de que a partir del 5 de enero no siga siendo presidente de la Asamblea Nacional?

R. Bueno, hay una posibilidad. Creo que es muy, muy escasa.

P. No ha habido cese de la usurpación. No ha habido Gobierno de transición. ¿Es hora de pensar en elecciones libres?

R. Lo estamos pensando desde el 5 de enero de este año.

P. Me refiero sin que se cumplan las otras dos variables.

R. Para que sean elecciones libres tiene que haber un árbitro independiente, poder elegir nuestros candidatos, no la dictadura a través de la inhabilitación o la persecución.

P. ¿Estudia la posibilidad de unas elecciones sin que se cumplan las otras dos variables?

R. Hay que tener unas elecciones libres. Sin un nuevo CNE no existe una elección libre. El gran dilema es: ¿es posible poder tener la reinstitucionalización y la garantía de una elección presidencial con Maduro en Miraflores? Eso es un debate en curso.

P. ¿Y usted qué opina?

R. Hoy creo que no. Eso puede cambiar a partir del 5 de enero, con un CNE electo por el Parlamento, un Parlamento en plenas funciones. Hoy con Maduro ahí no habría elecciones libres realmente.

P. Pero si cambiase del CNE…

R. En el terreno de las suposiciones y la especulación, si tenemos un nuevo CNE, todos los candidatos habilitados, los partidos legalizados, un Tribunal Supremo de Justicia imparcial, bueno, eso ya es una transición de por sí.

P. ¿Está abocada Venezuela a un pacto entre las élites políticas?

R. ¿En torno a una solución?

P. Sí.

R. Todos queremos una solución real que ponga fin al conflicto y regrese la normalidad del país, que genere dignidad, que sean los venezolanos quienes puedan expresarse y decir nuestro futuro. Necesitamos una solución sea como sea en Venezuela. Antes, queríamos cambio y lo demostramos en 2015. Hoy lo necesitamos, es un tema de subsistencia, un tema de supervivencia para el venezolano. Yo creo que el país estaría feliz de cualquier solución, sea como sea, con responsabilidad por supuesto.

P. ¿Por qué precipitaron la ofensiva del 30 de abril?

R. Más bien nos tardamos, fue el momento en que tuve la capacidad de mover las Fuerzas Armadas. Nosotros no estamos pidiendo que se rebelen las Fuerzas Armadas o que, digamos, se subleve; por el contrario, que se pongan de acuerdo para que busquemos una elección presidencial libre. En ese momento logramos el respaldo de un grupo importante. Algunos se echaron atrás.

P. ¿De qué sirvió?

R. Lo único que lamento es que no tengamos más hoy para volver a intentar una transición democrática que dé gobernabilidad.

P. Le insisto, más de siete meses después, ¿de qué cree que sirvió?

“Subestimamos la capacidad de hacer daño de la dictadura”

R. De que hablemos de esto hoy, que el mundo sepa que hay un descontento en las Fuerzas Armadas, de que no son monolíticas, de que el director de inteligencia del mismo Maduro está en contra de él. También de que no es suficiente, de que hay que buscar un mayor respaldo para poder producir la transición.

P. Hay quien cree que solo sirvió para lograr la liberación de Leopoldo López.

R. Bueno, eso es una reducción al absurdo.

P. ¿Cómo es su relación con Leopoldo López?

R. Muy buena, muy constructiva en muchos aspectos, en la consciencia de que hoy soy el presidente encargado de Venezuela, el presidente del Parlamento y él el coordinador nacional del partido que fundamos hace ya 10 años.

P. Él también es su padre político, quien le puso donde está. ¿Cuánto influye en usted?

R. Estamos en una situación inédita y quiero procurar gobernabilidad y estabilidad. Mal pudiera yo subyugarme a una persona, dos o tres. Consulto no solamente a Leopoldo, sino a muchos otros líderes de la oposición, a aliados importantes en el mundo.

P. ¿Fue un error cómo se gestionó el intento de ingreso de ayuda humanitaria el 23 de febrero?

R. Fue un error de comunicación, porque la intención era un gesto importante y todavía necesario. Se erró en comunicar esa percepción de que se perdió algo. No podría ser un error buscar ayuda para la gente.

P. ¿Y de gestión? Se terminó quemando un camión del lado opositor, no se ha vuelto a saber nada del dinero recaudado durante el concierto que organizó Richard Branson.

R. Se demostró la vocación totalitaria del régimen y que no están interesados en ayudar sino en controlar.

P. Con los meses trascendieron unas fotos suyas del momento en que cruzó la frontera, con paramilitares colombianos. ¿Cómo explica esas fotos?

R. Muy sencillo. Está cerrada la frontera colombovenezolana, está tomada no solamente por paramilitares, sino por guerrillas, ELN, fuerzas de la FARC. Muchos de los venezolanos tienen que pasar por trochas. Que quieran utilizar eso para vincularme con una cosa u otra, es un absoluto absurdo.

P. Usted cruza la frontera con Colombia, donde sabe que hay paramilitares, donde sabe que ocurre todo lo que dice y le ayuda un tipo que está armado. ¿No le pareció extraño?

R. Lo extraño es que tuve que salir por ahí, yo tuve que haber salido por el aeropuerto, pero estoy perseguido.

P. Usted se apoyó en esa gente para poder cruzar.

R. Evidentemente, no.

P. ¿No le ayudaron?

P. No.

P. Cuesta creer que sabiendo cómo está la trocha, se encuentra con un tipo armado, se hace una foto con él y diga que no colaboró, que no le ayudó a pasar. ¿Se equivocó?

R. Es que a ver, de nuevo, si yo le dijera hoy: “Vamos a cruzar a Colombia. Vámonos a San Antonio y cruzamos el puente Simón Bolívar” y a ti te está persiguiendo el Ejército, los colectivos, la Guardia nacional y todo el aparato represivo del Estado, mira, cualquier poblador en San Antonio, cualquiera, en Ureña, en San Cristóbal, te dice: “No, tranquilo, vente, pasamos por ahí”.

P. ¿Qué pensó cuando se destaparon los recientes casos de corrupción de diputados de la oposición?

R. Mucha tristeza, hemos luchado durante años contra cualquier forma de corrupción. Lo interesante es, y lo celebro, el rechazo inmediato de la sociedad y también en general de la oposición.

P. ¿Qué expectativas tiene de Josep Borrell como jefe de la diplomacia de la Unión Europea?

R. Muchísimas. En general, de Europa esperamos firmeza con respecto a la crisis de Venezuela. También de España, que tradicionalmente ha liderado todo lo que tiene que ver Europa respecto a Iberoamérica.

P. En una entrevista a este diario, Borrell dijo que las sanciones de Estados Unidos están golpeando a la gente de Venezuela.

R. Al final del día, cuando nosotros hablamos de más sanciones nos referimos a herramientas específicas de presión. Maduro no va a tener una epifanía mañana y se va a dar cuenta: “Mira, destruimos Venezuela. Vamos a abrir la compuerta al cambio y a la solución”. ¿Qué espero específicamente? Bueno, que logremos las presiones necesarias para aproximar una solución al conflicto que vive Venezuela. Llamémosle como le queramos llamar. En este caso, pareciera que una de las presiones que pudieron funcionar son las sanciones. Si encontramos otras, bienvenidas sean.

P. ¿No ha pecado de ser un esprínter dentro de un maratón?

R. Yo no hago maratón, pero troto eventualmente. Los maratonistas, una vez pasado el kilómetro 30 llaman a esa fase la muralla o la pared, donde te empiezas a cuestionar: “¿Para qué corrí?” Yo creo que estamos en esa fase en Venezuela.

P. ¿En qué kilómetro?

R. En la última fase. Yo creo que ya hemos corrido mucho.

El Efecto Calderón por Víctor Antonio Bolívar Castillo – El Nacional – 4 de Diciembre 2019

Pudiera llevarnos mucho tiempo valioso conjeturar sobre los hechos escabrosos que a la postre ocasionaron la incoherente salida del más avezado embajador con el que contábamos. Sobre esos hechos ya tendremos de los órganos competentes colombianos los debidos pronunciamientos que sin duda fijarán a cada quien su responsabilidad. Creemos sí que, mientras tanto, deben precisarse y analizarse las repercusiones de esta herida abierta que está ocasionando el desangrado de una oposición que no ha sido capaz de luchar y vencer a sus propios demonios.

Desde esta, y otras tribunas, hemos sido consecuentes con el apoyo que le hemos dado cuando lo han requerido las circunstancias, pero también hemos sido firmes en emplazar, advertir y cuestionar cuando lo hemos considerado necesario, como hoy es el caso. Se abre un capitulo inédito que trae consigo situaciones difíciles de manejar, quizá la más importante por vital, que es el rescate de la confianza de todos aquellos venezolanos que hemos creído en una salida de esta dictadura bajo el liderazgo que nos ofreció como axioma el tantas veces mentado cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Creímos en una estrategia, la aupamos y la hicimos nuestra consigna. Hoy lamentablemente vemos a ese liderazgo dividido, dando tumbos, sin un norte específico, que poco a poco quiere llevar embozalado al país a unas elecciones parlamentarias adelantadas porque tenemos a “un régimen que tiene el poder real, al que le pagamos los impuestos, y por eso se tiene que cambiar la estrategia para no ceder espacios”. Vale recordar que en otras dictaduras propias y ajenas también se pagaban impuestos. Podemos asegurar que habrá más de un jefe de partido que llevará a sus organizaciones a participar en el festín electoral parlamentario “porque es constitucional”, al que no se prestarían todos. Sería no solo un acto deshonesto con quienes hemos apostado a la salida que nos habían propuesto, sino una falta de coraje o una entrega que los haría indignos de dirigirnos.

Y es aquí en este punto donde encaja una de las repercusiones de lo que llamo “El Efecto Calderón”, que ha puesto en evidencia a una oposición que cual uróboro se devora a sí misma. El pecado original se cometió cuando, para asegurarse espacios e intereses, los partidos le pusieron al diputado Juan Guaidó una verdadera camisa de fuerza en el Estatuto para la Transición. Así lo alertamos en su momento.

Otras repercusiones habrá cuando nos mostramos al mundo y al país como determinados a tomar medidas contra los hechos de corrupción, separando de sus cargos a los parlamentarios e iniciando una investigación, con la contradictoria remoción del embajador Calderón, quien fue el denunciante, dando pie a esas investigaciones en suelo colombiano.

Repercutirá también en el ya inminente 5 de enero. Lo que ese día acontezca no estará exento del escrutinio público, más ahora cuando el país espera una indispensable reformulación que ataje el desastre. De no ser así, y regodearnos con lo que se logró en un año, que por cierto se ha venido a menos, le estaríamos concediendo ad infinitum nuestro futuro a este régimen. Vale recordar el dicho de que los gobiernos no se miden por lo que han hecho sino por lo que han dejado de hacer.

Ese cambio que necesitamos por Adriana Moran – Blog Polis – 20 de Noviembre 2019

Los venezolanos tenemos muchas razones para protestar. Las tenemos todas. Atrapados en un país que no funciona, que no nos da ninguna certeza, que nos amenaza desde hace tiempo con la caída al abismo, lo verdaderamente difícil es seguir encontrando razones ente los escombros para quedarnos. Pero a pesar de tener todas las razones para protestar, no podemos confundir la protesta genuina, el reclamo necesario, el quejido inevitable, con los objetivos que estamos obligados a perseguir y con la organización necesaria que debemos exigirle a quienes lideran el movimiento que pretende conseguir el cambio. 

Volcados a las calles en nuevas marchas, muchos demuestran que la golpeada voluntad todavía existe y que están dispuestos a perseguir sus sueños. Los que salieron a marchar el 16 de noviembre salieron porque aún tienen energías para plasmar en el asfalto su protesta. Pero los que convocados por la esperanza se sumaron a las multitudinarias manifestaciones de principios de año, y que esta vez no salieron, tienen los mismos motivos para protestar, la misma sensación de estar perdiendo el país con cada día que pasa, la misma necesidad de creer que es posible un cambio que les permita quedarse.

A estos que no salieron, a los que con las mismas razones que todos no se sintieron convocados por el llamado, no hay que silenciarlos. Hay que escucharlos como hay que escucharnos a todos si no queremos que el movimiento que impulsa el cambio se termine pareciendo al que habiendo silenciado toda disidencia entre sus filas, se siente dueño de Miraflores y de este país que es de todos.

Un liderazgo que en momentos tan difíciles se aferra a su terquedad y refuerza con acero ese chaleco de fuerza que se puso por voluntad propia en lugar de replantearse la ruta de tres pasos que empieza por un cese de la usurpación que solo podrá conseguirse si el orden se invierte y trabajamos para expresarnos electoralmente, no puede ser visto por la mayoría que se opone a lo muy malo que ya tenemos como alternativa de poder. Supeditar la lucha a ese primer paso imposible que depende del otro es condenarla a morir.

Necesitamos una oposición que se atreva a cambiar para conseguir el cambio que necesitamos.

La cucaracha no se sienta por Antonio A. Herrera-Vaillant – El Universal – 26 de Septiembre 2019

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Para los millones que sufren la dictadura la espera se hace interminable y desesperante. Pero la penosa realidad de Venezuela es compleja y no parece tener una solución providencial o instantánea. Que cese la usurpación es condición imprescindible pero no suficiente para restablecer al país al sendero de la paz, la civilización, el desarrollo, y la prosperidad.

 En tales etapas de incertidumbre se desgastan muchas energías discutiendo si un régimen de fuerza voluntariamente cede el poder. La respuesta rápida y sencilla siempre será que no, jamás lo hace voluntariamente. Tienen que confluir los factores necesarios que lo obliguen a ceder, gústele o no, en el mejor de los casos negociando algunas condiciones.

 Que la conjunción de factores sea bélica o militar es harina de otro costal. De momento la comunidad internacional ha descartado usar fuerzas militares externas para demoler a la satrapía. Tendría que sobrevenir un “casus belli” internacional suficientemente grave que justifique tal extremo. Mientras ello no ocurra resulta fantasioso insistir sobre el tema.

 Pero eso no significa que todo esté perdido, ni remotamente. El movimiento democrático interno y la comunidad internacional aún cuentan con opciones para seguir apretando paulatinamente las tuercas que implacablemente aprietan un férreo cerco hasta que se desplomen las bases cada vez más mermadas que sostienen a la dictadura, sin recurrir a un contingente armado foráneo.

 El agotamiento de sus opciones materiales, aunado a la deleznable calidad humana de sus mediocres personeros y la hoy inquebrantable voluntad democrática – nacional e internacional – de ponerle fin a esta aberración así lo han dispuesto inapelablemente. Lo que queda es dirimir el cómo y el cuándo.

 Dentro de su obtusa mentalidad criminal, el régimen ha escogido terminar de la peor manera posible, en medio de un lento pero inexorable declive con el mayor costo político, económico y social imaginable.

 Aunque es difícil predecir el instante en que comenzará el desmoronamiento interno de las fuerzas que sostienen el parapeto – si es que ya no está en marcha – esa ha sido la historia de los regímenes comunistas en casi todo el planeta, comenzando por la Unión Soviética y pasando por todas las naciones de Europa del Este.

 Hoy está fuera del alcance de los sátrapas criollos tomar el astuto camino de la evolución emprendido en China y otros en el Lejano Oriente. Y si pretendieran erigir una bizarra seudo monarquía como en Corea del Norte o la parasitaria Cuba, habría que preguntarles: ¿Con qué se sienta la cucaracha?

 

 

 

El famoso mantra por Adriana Moran – Blog Polis – 3 de Septiembre 2019

Cuando Juan Guaidó pronunció por primera vez el famoso mantra que comenzaba con el cese de la usurpación, muchos que vimos con entusiasmo la reagrupación de una oposición que hasta diciembre había estado en el subsuelo del desánimo, pensamos que por esas conversaciones que se venían dando sin que trascendiera casi nada, se tenía la certeza de que las Fuerzas Armadas ya no iban a apoyar al gobierno y que le pedirían la renuncia para que acudiéramos a elecciones. Nos negábamos a creer que ante la multitud nuevamente reunida y esperanzada se estaba recitando una petición en forma de súplica sin otras implicaciones que el deseo mayoritario de salir de un régimen que nos asfixia.
Pero fue así. No había compromisos ni mucho menos quiebres dentro de una fuerza militar que no tardó en aparecer dándole su total respaldo a su comandante en jefe (al vivo y al eterno), ante la mirada atónita de quienes no entendíamos cómo podría reiniciarse la lucha a partir de una premisa que dependía del otro cuando ese otro se mostraba aferrado a sus mismas convicciones y conservaba sus apoyos armados y sin armas. Una multitud que se atrevía a esperanzarse nuevamente era invitada a repetir una receta de tres pasos que otra vez nos dejaba en manos de la voluntad de quien ha demostrado mil veces que su voluntad es quedarse el mayor tiempo posible aferrado a su silla de mando.
Y llegó el 30 de abril, con su carga de fracaso, malas intenciones y nefastas consecuencias: un sitio de reclusión por otro para su artífice y la furia renovada del régimen para perseguir, recluir, torturar y asesinar, justificada otra vez por el eterno discurso de oposición golpista que nunca debimos darle.
No importa que tan grande sea un acto de masas organizado por un partido que incluya la palabra electoral en su convocatoria si el mensaje sigue estando amarrado a ese ruego del cese de la usurpación que depende de otro. Ojalá solo sea porque no saben como deshacerse a esta altura del pegajoso e inútil estribillo y lo usen como excusa para impulsar el verdadero mensaje que necesitamos que es el de enfrentar electoralmente al déspota que tiene sometido al hambre y a la miseria a este pueblo indefenso.
Ojalá se entienda y se tenga la valentía para decirle de una vez por todas a este país que sufre dónde reside su única fuerza y se tome la decisión de organizarla y usarla en contra de el que quiere que sigamos suplicando.

Guaidó cambió su agenda por Carlos Blanco – El Nacional – 14 de Agosto 2019

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  1. Guaidó cambió su agenda, que estipulaba como primer punto “el cese de la usurpación”, entendida como la salida del régimen y su asunción como presidente de la República en un gobierno de transición que concluyese en unas elecciones libres y limpias.
  2. Este cambio puede haber ocurrido por considerar que la salida inmediata del régimen se hizo inviable porque aunque hay apoyo de la opinión pública mayoritaria del país y de Estados Unidos, Canadá, Colombia y Brasil, no tendría apoyo de la Unión Europea y de la mayoría del Grupo de Lima. Guaidó, así se habría plegado no a Estados Unidos (que ni propició ni comparte las operaciones de Noruega y Barbados), sino a Europa.
  3. La tesis, entonces, sería buscar afanosamente elecciones sobre la razonable hipótesis de que si son “medianamente libres”, como algún sofista argumentó, no habría forma de perderlas. Por esta razón, lo que se sabe del diálogo es que se ha concentrado en el sistema electoral y la oportunidad de realización de elecciones; los delegados de Guaidó insisten en que Maduro abandone la Presidencia (que “el usurpador” acceda voluntariamente a “cesar la usurpación”) y los del régimen se oponen; pero, en la práctica, la insistencia en el tema electoral empujado sin rubor por los europeos, tiene como hipótesis la de que eventualmente podrían competir Guaidó y Maduro. Este último podría retirarse de “la Presidencia” unos meses antes de las elecciones y así se habría cumplido “el cese de la usurpación”.
  4. ¿Por qué afirmo que en la práctica hay un cambio de agenda? Porque a pesar de que se diga y rediga que el orden de prioridades no ha cambiado, ya se observa que Guaidó anda en campaña electoral, sobre la base de la idea de que debe imponerse en su propio partido y que si la usurpación no cesa, el país democrático estaría obligado a respaldar al candidato único opositor. Por el contrario, si el régimen es el que cesa y las elecciones son verdadera y francamente libres (no “medianamente libres”), no habría razón alguna para candidaturas únicas.
  5. Lo que soslaya todo este galimatías es una cuestión básica: Maduro y toda la banda descompuesta que lo acompaña no quieren, ni pueden disponerse a abandonar el poder voluntariamente, y la amenaza mortífera que lo podría obligar no se puede articular mientras los diálogos adormecedores sigan.
  6. Estimo que una rectificación de Guaidó es posible y es necesaria. Posible porque pienso que comprenderá en algún momento que no puede pasar impune de Presidente de todos a candidato, sin que se erosione su prestigio gravemente; necesaria, porque es la persona que en virtud del artículo 233 de la Constitución puede encabezar una vasta coalición nacional e internacional para, entonces sí, salir del régimen sin Maduro, sin Padrino, sin el Maikel y toda la pandilla.
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